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MOKSLO KALBOS KULTŪROS IR TERMINOLOGIJOS PROBLEMOS LIETUVIŲ KALBOTYROS KLAUSIMAI, XXIV (1985)

VALERIY NIKOLÁYEVICH CHEKMONAS

SOBRE ALGUNAS REGULARIDADES EN LA FORMACIÓN DE LA TERMINOLOGÍA DEL ANÁLISIS LINGÜÍSTICO

Llamaremos grupo terminológico (GrT) al conjunto de términos que sirven a una teoría o a uno de sus fragmentos. Por su estructura y propiedades, los GrT se asemejan en varios aspectos a los grupos temáticos (GrTém) del léxico de la lengua natural.

Así, en cada corte sincrónico, los GrT y los GrTém suelen estar representados por lexemas que difieren en su origen y en el momento de su aparición. En la mayoría de las ciencias, especialmente en las humanidades —incluida la lingüística—, la composición de los GrT se forma espontáneamente y, con mayor frecuencia, sus unidades son palabras de la lengua natural. En este proceso de formación de los GrT y los GrTém influyen prácticamente los mismos factores sociolingüísticos: la moda, las consideraciones estilísticas, la existencia de fuentes prestigiosas de préstamo, las tendencias puristas en el desarrollo de una lengua nacional determinada, etc.

En cuanto a su estructura semántica, los GrT y los GrTém se asemejan en que contienen lexemas monosémicos y polisémicos. Si para los GrTém esto es una regla y un estado natural, para los GrT la polisemia de los lexemas es indeseable, aunque prácticamente inevitable cuando sus términos están representados por lexemas de la lengua natural correspondiente. En lingüística, muchos términos se caracterizan por una polisemia encubierta (o potencial), debido a que no están definidos estrictamente, a que su interpretación admite lecturas ambiguas o a que han sido tomados de otras teorías o disciplinas afines. La polisemia encubierta o manifiesta de los lexemas de los GrT a menudo dificulta la comprensión adecuada de las nuevas tesis formuladas en el marco de una teoría determinada, pero al mismo tiempo facilita la exposición de nuevas tesis mediante términos antiguos, lo que garantiza la continuidad entre teorías. Recordemos, a este respecto, que los investigadores que procuran subrayar la originalidad y el carácter singular («la falta de continuidad») de sus construcciones teóricas suelen proponer sistemas terminológicos radicalmente distintos de los tradicionales.

La estructura y las propiedades similares de los GrT y los GrTém permiten considerar los grupos terminológicos del léxico —en primer lugar, el de las humanidades— como variedades de los grupos temáticos de la lengua pertenecientes al ámbito de la llamada léxica cultural. A nuestro juicio, este enfoque ayudará a

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comprender más profundamente las regularidades en la formación de los GrT en las humanidades.

Sin embargo, los mecanismos semánticos de formación del significado de los lexemas de los GrT y los GrTém difieren profundamente. El alcance del significado de un término está determinado principalmente por la teoría a la que sirve. La teoría también establece los rasgos diferenciales (semas) que oponen los lexemas dentro de los grupos terminológicos; asimismo, es evidente que estas semas tienen carácter enciclopédico (no sistemático, no lingüístico), puesto que la propia composición de los GrT viene determinada por la teoría.

En cambio, como es sabido, la composición de los grupos temáticos del léxico se configura históricamente, y el alcance del significado de cada lexema que los integra viene determinado por las relaciones sistémicas en el núcleo de su campo semántico; además, el significado de los lexemas de la lengua natural está estrechamente vinculado a su distribución, mientras que las características de la distribución semántica de un término dependen de la estructura de la teoría a la que sirve el GrT correspondiente.

En general, las diferencias entre la semántica de los términos y la de los lexemas de la lengua natural se deben a que los primeros constituyen la base del metalenguaje con el que se construye un modelo teórico del fenómeno, mientras que los segundos funcionan como objetos (naturales) que pueden describirse mediante algún metalenguaje.

En distintas ciencias existe una marcada tendencia a que la teoría determine no solo la semántica de los términos, sino también su estructura formal. Esta tendencia se ha materializado de manera más consecuente en la química. A nuestro juicio, algunos fragmentos de la terminología del análisis lingüístico (o de la teoría de la descripción de las lenguas naturales) también surgieron como resultado de esta tendencia. El propósito de las consideraciones que siguen es mostrar que esta hipótesis es correcta; al mismo tiempo, no entra en nuestros objetivos exponer detalladamente la historia del origen de términos particulares del análisis lingüístico.

La base del análisis lingüístico es la teoría de la descripción de las unidades y la estructura de los principales niveles de la lengua: fonético, morfológico, léxico y sintáctico. Sus unidades de partida son unidades observables y perceptibles: los sonidos del habla, las palabras, las formas de las palabras y las oraciones. Estas unidades son aisladas intuitivamente por el investigador, hablante nativo, como resultado de percibir y comprender el habla en esa lengua, y constituyen el llamado nivel ético de representación de los hechos de la lengua (o nivel de observación; el término ético se forma a partir del sufijo -ética de la palabra fonética).

La tarea principal del análisis formal (descripción) consiste en identificar y describir las unidades de esa lengua tomando como punto de partida las unidades del nivel ético. A diferencia de las unidades éticas, estas unidades son ciertos constructos teóricos, modelos de los hechos observables de la lengua. Los nombres de tales unidades contienen el sufijo -ema.

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Ya en el último cuarto del siglo pasado, I. A. Baudouin de Courtenay propuso el concepto de fonema como unidad abstracta que representa los sonidos del habla identificados intuitivamente. Después, esta unidad recibió el nombre de una unidad del nivel morfológico análoga en cuanto a su función: morfema. La «palabra», como unidad de un diccionario explicativo que representa un conjunto de formas de palabra semánticamente idénticas, recibió el nombre de lexema. Más recientemente, también se propuso el término sintaxema para designar la unidad funcional básica de la sintaxis.

Paralelamente al establecimiento de la terminología émíca, comenzaron la transformación y la unificación de la ética. La estructura formal de los nuevos términos éticos se construía de modo que subrayara su carácter no marcado con respecto a los émicos. En otras palabras, la derivación teórica y el carácter secundario de los términos émicos comenzaron a modelarse en el nivel de su estructura formal. Como resultado, surgieron los siguientes pares de términos:

fonema — fono (sonido del habla)

lexema — lex (palabra)

morfema — morfo (forma de palabra)

sintaxema —? («sintax»).

La formación de nuevos términos éticos se vio estimulada por la difusión de los términos alófono y alomorfo. Cabe subrayar que el proceso de unificación de la terminología ética se desarrolló en gran medida de forma espontánea. Por esta razón, durante mucho tiempo no se utilizó el término potencialmente posible lex y no se difundió el término alolex; en su significado sigue utilizándose palabra.

El término sintaxema es actualmente una especie de exotismo, y es poco probable que el término potencialmente posible sintax llegue a arraigar pronto.

Difícilmente haya que explicar las causas de la creación y el uso incoherentes de términos por el mero deseo de los investigadores de evitar términos inusuales. La historia de la lingüística muestra que una terminología nueva se adopta con relativa facilidad si se propone una justificación teórica sólida de la necesidad de introducirla. En nuestro caso, tal justificación podría consistir en señalar el isomorfismo del análisis formal en cada uno de los niveles principales de la lengua; sin embargo, la idea de este isomorfismo se fue desarrollando gradualmente, y puede afirmarse que la mayoría de los lingüistas aún no ha tomado conciencia de su realidad. Además, el papel y la importancia (o el peso teórico) del análisis formal varían algo en cada nivel lingüístico; en concreto, cuanto más sustancial (más rica en significado) es una unidad lingüística, menos importante parece ser para ella el análisis formal. Por esta razón, la fonología, como teoría de las unidades lingüísticas carentes de significado, es actualmente la más formalizada, tanto en esencia como terminológicamente; le siguen, en orden decreciente de formalización, la morfología y la lexicología. Es característico que зна

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La importancia del análisis formal en la descripción del léxico se ha reconocido relativamente hace poco y todavía no se le concede a menudo el debido reconocimiento. En cuanto a la sintaxis, ni siquiera está del todo claro qué debería ser tal análisis. Así pues, el grado de desarrollo y unificación de la terminología del análisis lingüístico, por un lado, y el grado de estudio teórico de los niveles de la lengua, por otro, dependen claramente el uno del otro. Este hecho confirma de manera palpable la idea de que el desarrollo de la teoría es precisamente el principal factor de formación de su terminología, tanto en el plano del contenido como en el formal.

Conviene señalar que el análisis formal no agota la problemática de la descripción de una lengua concreta, ya que, a partir de sus datos, es imposible formular reglas objetivas para la generación de unidades marcadas (con significado) de dicha lengua. Es evidente que el análisis formal debe complementarse con datos de la descripción paramétrica de las unidades lingüísticas o con la descripción de sus modos de realización y funcionamiento. En fonética, el objetivo de la descripción paramétrica es determinar las características acústicas objetivas de los segmentos del flujo del habla responsables de la realización de determinados sonidos del habla (y, por consiguiente, también de los fonemas). En morfología, la descripción paramétrica tiene por objeto identificar los significados semántico-morfológicos de los morfos individuales. En el léxico, en cambio, la problemática de la semántica sintáctica moderna, o, lo que es lo mismo, de la sintaxis semántica, es paramétrica por naturaleza. El isomorfismo de las tareas de la descripción paramétrica de los distintos niveles de la lengua apenas se reconoce en la actualidad; muchos lingüistas tampoco son conscientes de la especificidad de las tareas de la descripción paramétrica en relación tanto con el análisis intuitivo como con el formal. Por esta razón, en la literatura científica actual aparecen expresiones como descripción fonética de la lengua (es decir, prácticamente de unidades emímicas) y descripción fonológica del habla (es decir, de unidades emímicas), que, en el marco de la lingüística teórica moderna, son esencialmente contradictorias.

A nuestro juicio, la especificidad de las tareas de la descripción paramétrica acabará haciéndose evidente, lo que probablemente conduzca a la creación de términos especiales como foneta «conjunto de parámetros psicoacústicos que crean (o pueden crear, en determinadas condiciones fonéticas) el efecto de tal o cual sonido del habla (fono)»; morfeta «conjunto de significados léxico-morfológicos que condiciona las particularidades del uso de tal o cual morfo»; lexeta «conjunto de significados de una palabra que condicionan las particularidades de su combinabilidad semántica»; quizá sintaxeta, en el sentido de ciertas reglas morfosintácticas de uso de una «sintaxis». Pero repetimos que este tipo de terminología (por sus funciones), aparentemente, surgirá y se afianzará-

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rá solo después de una formulación clara y de la aplicación práctica de las ideas de la descripción paramétrica.

Por último, una última observación. Un grupo terminológico cuya estructura semántica y formal esté motivada íntegramente por la teoría a la que sirve puede denominarse «perfecto». En tal grupo desaparece el problema de la relación entre lo nacional y lo internacional, y este pasa naturalmente a ser un fragmento del lenguaje semántico (internacional) de la ciencia moderna.

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