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ACTA LINGUISTICA LITHUANICA

LI (2004), 49 – 57

Sobre la formación del adessivo1

Ilja A. Seržant

Universität zu Köln

El artículo trata sobre la formación del adessivo lituano. Se demuestra que la gramaticalización de la construcción adessiva (con la posposición proto-báltica *pie) tuvo lugar después de la operación de la ley de Leskien. Se examina críticamente y se rechaza, por razones tanto morfológicas como sintácticas, la afirmación de Rosinas (1999) según la cual las formas singulares del adessivo se construyen sobre la base de antiguos dativos. Se intenta ofrecer una explicación para las formas dialectales y del lituano antiguo del dativo singular en -i, -u y -ie de los temas en i-, u- y o-, respectivamente.

0. O B S E R V A C I O N E S I N T R O D U C T O R I A S

Como es sabido, el adessivo (y también el allativo) se ha conservado mejor en los textos del lituano antiguo2, mientras que en los dialectos lituanos modernos, salvo pocas excepciones, solo aparece en forma de adverbios3. Pueden citarse los siguientes ejemplos de dialectos en los que el adessivo aún ha conservado su función de caso: ḋiẽv́ier, vaĩkier, vẽšier de Gervėčiai (Arumaa 1930: 66), bó̇vair, marčẽ̇ir de Zietela (Stang 1958: 184).

El objetivo del artículo es precisar la cronología de la formación del adessivo, así como criticar la hipótesis planteada por Rosinas (Rosinas 1999), según la cual supuestamente las formas del adessivo singular se basan en una antigua terminación del dativo.

1. P R E M I S A S

1.1. La formación del adessivo y del allativo se remonta, con toda probabilidad, a una misma época. Así lo atestiguan tanto el principio de formación completamente idéntico como la forma de la posposición.

1.2.1. La formación del adessivo (y posiblemente también del allativo) debe remontarse a la época posterior a la aplicación de la ley de Leskien sobre la reducción de las cantidades auslautales acentuadas. Partiendo de esta hipótesis, las formas siguientes se derivan de manera completamente regular, sin recurrir a la analogía:

– adess. sing. de la declinación en i, por ejemplo sūnìp (Zinkevičius 1966: 202) < *sūnū + pi < *sūnū < *sūn-úo < *sūn-ōu (cf. védico loc. sing. paśāu). La forma no reducida *sūnōu+pi habría dado en lituano, con toda probabilidad, **sūnuopi, y en ningún caso sūnìp(i);

1 Quisiera expresar mi agradecimiento por los numerosos consejos y la ayuda a R. G. Derksen, así como a Axel Holvoet.

2 Sobre la función, véase Range (1995), Kavaliūnaitė (2001).

3 Constituyen excepciones los dialectos de Zietela, Lažūnai y Gervėčiai; cf. Zinkevičius (1966: 202).

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– el desarrollo de la forma del ades. sg. del i-declinación es absolutamente análogo: la terminación indoeuropea del locativo *-ēi, cf. véd. agnā́, gr. ático antiguo πόλῑ-ῐ (Rix 1976: 51). Esta terminación debía dar en lituano -i. Precisamente tal forma está representada en los textos lituanos antiguos (cf. Kazlauskas 1968: 153): ūgnip (DP 158₆, 158₄₁), schirdipi4 (catecismo de Mažvydas: 448₁₅, 446₆).

La aparente contradicción está constituida por la consonante nasal en las formas del plural, ya que esta debería haber desaparecido según la ley de Leskien, por ejemplo dievuosemp y no **dievuosep, con instr. sg. rankà (< *án) y acc. sg. ranką̀ (*-ăn). Esto se explica por el hecho de que, en este caso, la consonante nasal fue introducida analógicamente en la forma del adesivo pl. Aquí hay varias posibilidades, por ejemplo, por analogía con el alativo pl. dievump (-um- < gen. pl. dievų) al adesivo pl. *dievuosup > diewūsuntp (Rosinas 1999: 178–180), o bien por analogía con la terminación pronominal jamp(i) < jamip(i). El hecho de que la consonante nasal se añadiera analógicamente lo demuestra también su presencia en formas del adesivo que aún no habían sido modificadas por analogía con el inesivo en algunos textos lituanos antiguos occidentales, por ejemplo, en Vilentas y Daukša wifjūmp (véanse los ejemplos en Zinkevičius 1982: 30).

Determinar la entonación de la sílaba anterior a la posposición -p(i) es imposible por las siguientes razones. Según Zinkevičius (Zinkevičius 1966: 210; §280, 281, así como 222: §310, 311 y otros), en la mayor parte de las transcripciones de dialectos (realizadas por Būga, Arumaa y Laigonaitė), la sílaba precedente a la posposición -p(i) tenía entonación de agudo en ambos casos ad⁵. Por ello nos vemos obligados a suponer una metatonía (métatonie rude), por la cual las terminaciones originalmente circunflejas⁶ pasaron a ser agudas. Al mismo tiempo, las formas circunflejas del adesivo y del alativo pueden explicarse mediante la analogía con el circunflejo en las terminaciones de los casos principales que subyacen al adesivo y al alativo. En cambio, las terminaciones agudas no pueden explicarse por analogía, ya que todas las terminaciones del genitivo y del locativo tienen entonación circunfleja o están abreviadas según la ley de Leskien. K

4Precisamente así explica Kazlauskas (loc. cit.) la forma de la declinación en i; Stang (loc. cit.), en cambio, considera que esta terminación fue tomada de la declinación consonántica. Sin embargo, aquí cabe objetar que, en primer lugar, el proceso de préstamo se produce en la dirección inversa, es decir, las terminaciones de la declinación consonántica son sustituidas por las terminaciones de la declinación en i, y no al contrario. En segundo lugar, dado que la terminación -ip(i) (teniendo en cuenta que la ley de Leskien actúa antes de la formación definitiva del adessivo) es completamente regular, no hay ninguna necesidad de explicarla por analogía, tanto más cuanto que entonces la terminación de la declinación en -u- (sūn-up) queda sin explicación, ya que nos parece completamente inverosímil suponer primero una analogía de la declinación consonántica > con la declinación en i y después de la declinación en i > con la declinación en u.

5 Según Zinkevičius, la única excepción la constituyen Stang y Grinavetskenė, quienes establecieron una entonación circunfleja. Sin embargo, en los trabajos de Stang (por ejemplo, Stang 1966: 228), solo la terminación ades. sg. f. galvōs(p) tiene entonación circunfleja.

6 Por ejemplo, adess. sg. namtēr, cuya base es el antiguo locativo *o-osnov, cf. namiẽ, ankštiẽ (Zinkevičius 1966: 209), así como gen. sg. diẽvo (puesto que no se abrevia según Leskien (en **-а), y además sin desplazamiento del ictus desde la sílaba circunfleja según Saussure–Fortunatov), frente al agudo en el alativo, cf. dievóp(i) (Stang 1966: 228; Zinkevičius 1966: 210).

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Asimismo, las formas relictas letonas testimonian a favor de la metatonía, cf. (MEII: 320): kūr (= lit. kur̃) y (MEII: 325): kurp (= lit. **kùrpi(i))7.

1.2.2. La formación del adesivo y del alativo debe remontarse a la época de la reducción de las posposiciones en determinadas posiciones8, prácticamente análoga al ablaut indoeuropeo. Este punto requiere una explicación adicional. La cuestión es que como posposiciones de los casos secundarios analíticos en el báltico oriental se utilizaron sus variantes reducidas, cf. ades. / all. -p(i) frente a la preposición cognada priē, ill. -na (¡no **-nu!) < *no frente a la preposición cognada *no (nuo, nu-). Estos pares se remontan, en nuestra opinión, a un periodo relativamente antiguo del protobáltico, en el que existían alomorfos tónicos y átonos de las preposiciones / posposiciones / prefijos. A ellos también puede añadirse *еп en letón ie-kšā < *en-k-šā frente al lituano i < *in < *n, así como el letón sa- / sam- (por ejemplo, suods < *san-ds) < *som frente a la preposición lituana su < *sum < *sm̥.

1.3. A continuación debe señalarse que, puesto que, al menos, el adesivo existía también en prot letón —así lo atestiguan formas como šūrp, kurp—, su surgimiento debe situarse en la época en que el prot letón y el prot lituano, aunque ya se diferenciaban por ciertos matices dialectales (por ejemplo, la ley de Leskien §1.2.1), todavía podían intercambiar innovaciones libremente.

2. S I N T A X I S

La principal piedra de tropiezo en la explicación tradicional del adessivo como caso formado analíticamente a partir del locativo antiguo es la discrepancia en el uso sintáctico de las construcciones adessivas sintética y analítica: Verbo – prie(g) – Dat., pero Verbo – Loc. sing. – *prie (Rosinas 1999: 174), mientras que las construcciones alativas sintética y analítica se corresponden plenamente entre sí: Verbo – prie(g) – Gen. sing. y Verbo – Gen. sing. – *prie. Asimismo, por analogía con otras preposiciones / posposiciones: dėl to y todėl o drin to y todrin, la forma Wießpati̇r, en opinión de Rosinas, debería corresponderse plenamente con prieg Wießpati y es por ello, como en el último caso, un dativo.

7 Aún no tenemos clara la causa exacta de la metatonía (métatonie rude). Como hipótesis, puede suponerse que en la base de las formas en -ri se encuentra en realidad no la posposición p(r)ie, sino arie. En cuanto a la semántica, puede citarse como ejemplo tipológico el modo de formación del significado adessivo en ruso antiguo y en los dialectos rusos mediante la preposición o / ob (< *op-) (Toporov 1968: 188), que corresponde plenamente (semántica y etimológicamente) al lituano apie. Fonéticamente, sin embargo, la preposición apie debería haber dado un agudo, por ejemplo, en el adess. sing. de la declinación en ā, *-ai-api > *-ajapi > -áipi. Según Stang (Stang 1966: 157), la secuencia *-ViV- se comportaba de manera análoga a la secuencia -VuV-, por ejemplo, kiáutas < kẽvetas.

8 En esta misma dirección apunta también la opinión de Rosinas (1999: 174).

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Aquí quisiéramos formular la siguiente objeción. La formación del adessivo y del alativo no tuvo lugar durante la época del lituano antiguo, sino mucho antes (cf. § 1.2.2; § 1.3), y la comparación con construcciones del tipo dėl to y todėl, por tanto, no es del todo correcta, ya que, por ejemplo, en la forma pospuesta -dėl no aparece la reducción **-dėl (cf. § 1.2.2), es decir, se formó según un principio completamente distinto y, por consiguiente, en otra etapa relativa-cronológica de la historia de la lengua. Así pues, la discrepancia entre el régimen en el lituano antiguo prie + dat. y la formación del adessivo loc. + -pi < *-prie no constituye, a nuestro juicio, un argumento de peso. Aquí basta con suponer que, en la época de surgimiento del adessivo y del alativo, prie regía también el locativo. Como parece, las formas relictas letonas tūrp, kūrp, donde tūr y kūr tienen un significado semejante al del locativo, también hablan a favor de ello. Más aún, en las lenguas eslavas estrechamente emparentadas, la preposición *prie rige el locativo, cf. el ruso при доме / домах, y no **при дому / домам.

3. F O R M A L

Para derivar el adessivo singular del dativo, Rosinas (Rosinas 1999) necesita suponer toda una serie de desarrollos analógicos ilícitos:

3.1. Declinación en ā- (ē): Las formas bóbaip (1), mergáip / mergáip (4) (Zinkevičius 1966: 222) contienen, a nuestro juicio, la antigua terminación locativa *-ai < *-eh₂-i (cf. Seržant 2004). Sin embargo, si se parte exclusivamente de la forma singular de la declinación en ā, no puede adoptarse una decisión inequívoca sobre el caso que subyace al adessivo. Aquí debe atenderse al modo de formación de las demás formas del adessivo.

3.2. Declinación en i: Las formas ūgnip (DP 158₆, 158₄₁), schirdipi (Mažvydo Kat. 446₆, 448₁₅) contienen, a nuestro juicio, la antigua terminación del locativo singular de la declinación en i, abreviada por la ley de Leskien, *-ēi > *-ie > -i (cf. § 1.2). Rosinas (Rosinas 1999: 175) explica la forma del adessivo como surgida sobre la base de un dativo en -i. Sin embargo, debe señalarse que, siguiendo a Rosinas, queda sin explicar la razón por la cual la forma principal y regular del dativo de la declinación en i, -i (aviē)⁹ (Stang 1966: 208), conservada hasta nuestros días (Zinkevičius 1966: 230), no sirvió de base para la formación del adessivo, sino que la base fue la forma marginal -i, cuyo origen no está del todo claro¹⁰ (cf. también § 4.4).

3.3. Declinación en u: Aquí, en todos los textos del lituano antiguo y en los dialectos modernos, solo aparece la forma del adessivo singular en -up(i), cf. sūnup(i), mientras que la forma del dativo termina en -ui / -uo. En este caso Rosinas (Rosinas 1999: 174–

9 Cf. el dativo singular del eslavo antiguo de cinco < *-ei, sánscrito kaveḥ < *-ei.

10 La opinión principal (p. ej., Stang 1966: 208) sostiene que esta terminación fue tomada de la declinación consonántica. Sin embargo, en la indoeuropeística moderna la terminación se reconstruye exclusivamente como *-ei, no susceptible de alternancia ablaut; véanse Rix (1976: 117), Meier-Brügger (2002: 198-9, especialmente § 5), entre otros. Incluso Szemerényi (1990: 173) ya no reconstruye en absoluto las terminaciones del dativo singular **-i.

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5) explica esta discrepancia por el hecho de que en la base del adessivo se encuentra una terminación dativa más antigua -и.

Lo primero que quisiera señalar es el hecho de que en los mismos textos en los que aparece el dativo de los sustantivos en -и, también está presente el dativo pronominal en -му, cf. Јамиг DP 433₃₀, Тамиг DP 331₁₈ y otros, como señala el propio Rosinas (1999: 175). Siguiendo, sin embargo, la suposición de Rosinas, también aquí deberíamos esperar un adessivo en *-up, p. ej. **tamur, **jamur; no obstante, hasta donde sé, tales formas no se encuentran ni en los dialectos lituanos ni en los textos del lituano antiguo. Las formas pronominales conocidas del adessivo contienen, como se sabe, una antigua terminación locativa pronominal, cf. tatir (> tamp) / tamimp (-т- por analogía con el alativo).

Además, Zinkevičius (1966: 120) señala la terminación del dativo singular en -и (o su correspondiente silábica reducida) en la zona aproximadamente alrededor de Panevėžis (véase también el mapa de distribución de esta terminación N75 (Zinkevičius 1966: 520)), así como en el sur, aproximadamente en Dzūkija. Para interpretar correctamente esta terminación en la zona alrededor de Panevėžis, debe señalarse que precisamente en esta región se observa una fuerte reducción de las terminaciones; por ejemplo, el instrumental singular en Šeduva termina en -’ (ràg’), mientras que el dativo termina en -ч (ràgu) (Zinkevičius 1966: 120: §115), aunque, siguiendo a Rosinas, estas terminaciones deberían haber coincidido aquí. Más aún, para establecer un paralelismo basta comparar la ё-declinación. Aquí, en esta misma región, aparece la terminación dativa -е, y no -ei. Por lo tanto, la terminación en -и puede considerarse un dialectalismo procedente de los dialectos aukštaitianos nororientales¹¹, teniendo en cuenta que la distribución de la terminación -и forma un área continua. A nuestro juicio, esto queda demostrado inequívocamente también por el dativo de ciertos adjetivos terminados en -iam, que aparece en los mismos textos que el dativo en -и de los sustantivos, aunque se sabe que en su base se encuentra la forma pronominal jami, en la cual la última sílaba ha sido apocopada, cf. los ejemplos citados por Mažiulis (Mažiulis 1970: 108). Es decir, aquí tuvo lugar una reducción fonética de las cantidades finales. Como se indicó en 1.2–3, la época de surgimiento del adessivo y del alativo es considerablemente más antigua que tal reducción de las cantidades en posición auslautal.

También es posible explicar esta terminación como una antigua terminación locativa que penetró en el dativo, véase § 4.4. En cualquier caso, la terminación -и del dativo no puede ser antigua, puesto que no se puede derivar ni del dat. indoeuropeo de la и-declinación (< *-оуеи, cf. sъynovy, sánscr. vāhave), ni del dativo de la о-declinación (< *ōi).

Por lo tanto, la forma adessiva sī̀nūr no puede haberse formado sobre la base del dativo.

11 El hecho de que los textos del lituano antiguo no sean un reflejo monogenético de uno y el mismo dialecto queda demostrado por numerosos hechos. Como ejemplo puede aducirse la acentuación en Daukšos Postilė, donde aparecen simultáneamente tanto la acentuación antigua como la acentuación retraída una sílaba hacia atrás, característica de los dialectos aukštaitianos septentrionales.

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3.4. Declinación en o: El adessivo singular del tipo diever(i) (dievin(i), más raramente) tampoco corresponde a la terminación dativa conocida como -ui o dialectal -uo < *-uoi. En los textos del lituano antiguo, en la construcción analítica correspondiente aparece la terminación dativa -ui o -u: (...) [toios prieg anám Angelui DP 4122; (...) prieg karunawoiṃu erβkiečieys PS II 24414, también prieg + dat. en -i (-ie-, más raramente): kaip turi weiktis prieg dwari io DP 43416, prieg Sakramentu PS II 65; prieg stāli PS II 1891 (Rosinas 1999: 175). Que se trata del dativo lo demuestra el pronombre concordado: (...) kurie ik tam’ mẽti bus numirẽ DK 14612–13. Rosinas (Rosinas 1999: 176) propone explicar esta terminación según la siguiente proporción: *dat. (pirt)-ei: lok. (pirt)-ei = lok. *namei: dat. x, donde x = *(nam)ei.

En este caso debe señalarse que ni la terminación del locativo singular de la declinación en i ni la terminación del locativo singular de la declinación consonántica fue jamás **(pirt)-ei. En el primer caso era *-ēi > *-ei > -i; en el segundo, *-i > -i. Por consiguiente, para mantener esta proporción, Rosinas debe explicar la terminación del locativo singular de la declinación en i *(pirt)-ei como tomada de la declinación consonántica, que a su vez habría sido tomada de la declinación en o, p. ej. pamiẽ. Sin embargo, además de que esta explicación es absolutamente ad hoc, aún se puede objetar lo siguiente:

1. La terminación locativa indoeuropea regular del singular de las bases en consonante se conservó bien prácticamente en todos los dialectos aukštaitianos en la forma -uje, donde la antigua *-i se prolongó por analogía con el locativo singular de la declinación en ā o simplemente por analogía con el locativo plural correspondiente (así se explica también, por ejemplo, la terminación de la declinación en i -uje / (-ūje)). Las expresiones del tipo lig rači̇am vãkarie/-i son reliquias de la terminación dativa regular de la declinación consonántica (Mažiulis 1970: 146). Es decir, en la declinación consonántica había las terminaciones dat. -ie, loc. *-i (en la forma ampliada -uje), mientras que en la declinación en i había dat. -ie, loc. *-ēi > *-ie + ampliador > -i (según la ley de Leskien) + ampliador. Sin embargo, en ninguna de las dos declinaciones coincidían originalmente el dativo y el locativo. Por lo tanto, según parece, no existe ninguna confirmación fáctica de la suposición de que antiguamente en la declinación consonántica hubiera una terminación locativa -ie < *-ei; más bien al contrario, las formas del locativo de las bases consonánticas conservadas hasta hoy refutan esta suposición, pues se remontan más bien a la antigua *-i (p. ej. akmenyje, prolongación por analogía con el ilativo) y no a *-ie; por consiguiente, la primera parte de la proporción —loc. (pirt)-ei— no existía.

2. El panorama representado por Rosinas es inaceptable también en el sentido de que, según su reconstrucción, durante la formación del adessivo la terminación del dativo singular de la declinación en o habría sido supuestamente *-ei (p. ej., en dievier < *-ei-ri), es decir, una forma innovadora, mientras que la forma actual del dativo singular -ui, dzūk. -uo y sus variantes, como se sabe, es la terminación dativa singular heredada12 y, por consiguiente, más antigua que *-ei. La afirmación de que en una etapa más antigua

12 La terminación del dativo de la declinación en o en la lengua indoeuropea era exclusivamente *-o-ei > *-ōi. Puesto que esta afirmación es una opinio communis, no cito bibliografía concreta.

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el hecho de que en una época estuviera extendida una forma renovada, mientras que en la época moderna, salvo contadas excepciones, aparezca en el mismo lugar la forma antigua, contiene, a nuestro juicio, una contradicción prácticamente insuperable. Rosinas no propone variantes, ni, a nuestro juicio, es posible encontrarlas, sobre cómo, después de la formación del adessivo sobre la base del dativo reconstruido por Rosinas *-ei + *ri > *-eiri > (diev)-iép(i), esta terminación fuera sustituida por la antigua terminación del dativo –ui, lituano –uo.

La forma menos frecuente del adessivo dievip es un préstamo de la declinación en i.

Por tanto, la forma del adessivo dieviep no puede haberse formado sobre la base del dativo.

3.5. En resumen, puede decirse que, si únicamente en la declinación en ā (3.1) la flexión del adessivo puede interpretarse de dos maneras —tanto como dativo + ri como locativo + ri—, en los demás casos esto es muy improbable (declinación en i, 3.2), o simplemente imposible (declinación en u (3.3), declinación en o (3.4)). Además, si partimos de que la formación de las formas del adessivo en todas estas declinaciones no tuvo lugar en épocas de desarrollo de la lengua completamente distintas, sino en una misma etapa relativamente cronológica del desarrollo, como demuestra la naturaleza de la posposición (véase 1.2.2), es necesario suponer que la formación de todas las formas del adessivo singular tuvo lugar paralelamente y, por consiguiente, que todas contienen la terminación del locativo correspondiente con la posposición -pi.

4. R E S U L T A D O S

4.1. Rosinas (Rosinas 1999) no cuestiona la opinión generalmente aceptada hasta ahora de que las formas correspondientes del locativo están en la base de las formas plurales del adessivo. En cuanto a la exposición del desarrollo y origen de las formas plurales del adessivo, quisiéramos concordar plenamente con Rosinas (Rosinas 1999: 178–180), quien se pronuncia a favor de la interpretación propuesta y fundamentada por Stang (Stang 1966: 185–6), sobre el desarrollo del inesivo plural de la declinación en o bajo la influencia del ilativo, así como sobre la influencia de las formas del alativo plural en las formas del adessivo plural: adess. -sup(i) all. -iтp > adess. -sump > influencia del inesivo > -semp.

4.2. Quisiéramos llamar nuevamente (1.3) la atención sobre las formas letonas que Rosinas no tomó en consideración. Teniendo en cuenta el hecho de que en letón solo se conservaron reliquias del adessivo que existió antiguamente también aquí —y quisiéramos subrayar que las reliquias de formas más antiguas suelen ser especialmente resistentes a la influencia de analogías de diversa índole—, a las formas šūrp, kūrp debe concedérseles, a nuestro juicio, una importancia particularmente grande. Como puede verse, estas formas no están formadas sobre el dativo **kat(ui) + ri, sino sobre el locativo kūr. Por tanto, también los datos letones, aunque escasos, confirman la hipótesis cuestionada por Rosinas de que las formas del locativo, y no las del dativo, están en la base del adessivo.

4.3. La afirmación aceptada de que las formas del adessivo se formaron definitivamente después de la acción de la ley de Leskien permite completamente

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la derivación regular de las formas del adésivo singular y de las declinaciones en i, sin recurrir, a nuestro parecer, a una analogía muy compleja. Al mismo tiempo, no nos parece inevitable concluir que, cronológicamente, la ley de Leskien también debió de actuar en el protolatón. Aquí basta suponer que la propia construcción de la preposición / posposición *p(r)i (de *p(r)ie, véase § 1.2.2.) con un grupo nominal en locativo con significado adésivo ya existía en la época protobáltica oriental y posteriormente se desarrolló por separado en protolatón y protolitauano bajo la influencia de las lenguas fino-bálticas.

4.4. Con respecto a las terminaciones antiguolitauanas y dialectales del dativo de las declinaciones en i con -i, de las declinaciones en u con -u y de las declinaciones en o con -ie (po vakar ie), quisiéramos formular la siguiente hipótesis. Teniendo en cuenta el hecho de que todas estas formas contradicen en mayor o menor medida el desarrollo fonético regular de las correspondientes terminaciones de dativo indoeuropeas bien conocidas y, por ello, requieren suponer toda una serie de analogías / préstamos de otras declinaciones, así como el hecho de que junto a ellas se conservaron también terminaciones de dativo fonéticamente regulares (es decir, -ie, -iu/i, respectivamente), y que fonéticamente corresponden por completo a las terminaciones locativas correspondientes, puede suponerse que son, de hecho, antiguas terminaciones locativas. La razón por la que estas terminaciones comenzaron a emplearse como dativo quizá radique precisamente en que, en otro tiempo, preposiciones como pro13, prie se empleaban tanto con locativo como con dativo, pero más tarde los valores semánticos de sus usos con locativo y dativo coincidieron, como ocurrió, por ejemplo, con prie, donde, como mostró Rosinas (Rosinas 1999: 173–4), el significado de prie + dat. = adess. (= loc. + pi <- prie, 4.2). Al mismo tiempo, la propia terminación locativa se amplió a -je / -e y en algunos casos se prolongó: -u > -uje / -ūje, -i > -yje / -īje, -ie > -e; sin embargo, en las construcciones con preposición se conservó la antigua terminación locativa14 y los hablantes la interpretaron como un alomorfo del dativo: pried Wiešpati DP 4841 junto a prie Wiešpatie ⇒ Wiešpati = Wiešpatie. Más tarde, este alomorfismo se eliminó de manera diferente en cada habla: en algunos lugares se conservó únicamente la antigua terminación locativa (por ejemplo, en Dzūkija), y en otros, la antigua terminación de dativo (en las hablas žemaitias y aukštaitias orientales).

LISTA DE ABREVIATURAS

ME – Kārlis Mūlenbachs, Latviešu valodas vārdnīca. Editado, ampliado y continuado por JĀNIS ENDZELĪNS. 2.ª edición íntegra. I–VI. Chicago: Čikāgas baltu filologu kopa, 1954.

СтСл – Старославянский словарь (по рукописям X–XI веков), editado por R. M. Цейтлин, Р. Вечерка y Э. Благова. 2.ª edición, estereotipada, Moscú, 1999.

13Compárese el uso de po en eslavo antiguo con acusativo, dativo y locativo (СтСл 453).

14Como ejemplo tipológico, quisiéramos citar la expresión rusa по приезде, donde приезд es claramente una forma locativa, pese a que en el ruso moderno la preposición по se emplea exclusivamente con dativo. Este ejemplo muestra que las construcciones preposicionales pueden conservar la rección antigua en formas idiomáticas.

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BIBLIOGRAFÍA

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Ilia A. Serzhant

Universidad de Colonia

Instituto de Lingüística

Lingüística histórico-comparativa

D-50923 Colonia

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Recibido el 04-11-2004

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