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CHRISTIAN ZSCHIESCHANG

Instituto Serbski / Instituto Sorbio

Campos de investigación: nombres geográficos en un contexto interdisciplinario, nombres geográficos como evidencia de la historia medieval en la zona de contacto germano-eslava, importancia política de los nombres de asentamientos en el contexto lingüístico germano-sorbio-polaco en los siglos XIXth y XXth, nombres de lugar menores / microtopónimos.

DOI: doi.org/10.35321/all83-09

ANTES DEL GIRO ESPACIAL: EL ASPECTO AREAL EN LA ONOMÁSTICA ALEMANA DE LA DÉCADA DE 1980 Y SU APLICACIÓN EN LA INVESTIGACIÓN ACTUAL

Antes del giro espacial: el aspecto areal en la onomástica alemana de la década de 1980 y su aplicación en la investigación científica actual

ANOTACIÓN

La cartografía no es solo cartografía. Lejos de ser una cuestión sencilla, la presentación y el análisis de los topónimos en los mapas plantean desafíos teóricos y prácticos. En la investigación onomástica de Leipzig, hace décadas se concluyó que el aspecto areal era uno de los tres aspectos principales útiles para investigar el contacto lingüístico. En consecuencia, la distribución geográfica de los nombres debe examinarse dentro del contexto lingüístico, cultural y social más amplio. Por tanto, el aspecto areal parece ser un precursor del «giro espacial». La «onomástica areal» también desempeñó un papel destacado en la investigación checa.

Entre los problemas prácticos se incluyen garantizar un diseño cartográfico claro, interpretar cuidadosamente la cartografía sin extraer conclusiones indebidas, definir las áreas de los topónimos y elegir un mapa base adecuado para el objetivo de la presentación cartográfica. Dado que el objetivo de cartografiar los topónimos es utilizarlos como evidencia del paisaje histórico del poblamiento, el mapa base

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también debería mostrar el paisaje anterior con la mayor precisión posible. Esto significa, por ejemplo, que los elementos contemporáneos, como los embalses y los canales, etc., deberían eliminarse de los mapas topográficos actuales, mientras que deben tenerse en cuenta elementos como las líneas costeras históricas.

PALABRAS CLAVE: nombres de lugares, nombres de asentamientos, cartografía, giro espacial, paisaje histórico de asentamientos.

ANOTACIÓN

Los mapas no son solo cartografía. Señalar los nombres de lugares en los mapas y analizarlos es bastante complejo tanto desde el punto de vista teórico como práctico. En la investigación onomástica llevada a cabo en Leipzig, hace varias décadas se determinó que el aspecto areal era uno de los principales aspectos necesarios para estudiar los contactos lingüísticos. Por consiguiente, la distribución geográfica de los nombres debe examinarse en un contexto lingüístico, cultural y social más amplio. Así pues, parece que el aspecto areal es un precursor del «giro espacial». La «onomástica espacial (areal)» también desempeñó un papel importante en la investigación checa.

El ámbito de la resolución de cuestiones prácticas abarca garantizar la claridad de los mapas elaborados, explicar detalladamente su contenido sin extraer conclusiones injustificadas, determinar las áreas de los topónimos y seleccionar el mapa base adecuado para la presentación cartográfica final. Con el objetivo de representar los topónimos como testimonios del paisaje histórico de los asentamientos, el mapa base también debería mostrar con la mayor precisión posible el paisaje anterior. Por ejemplo, esto significaría que los objetos actuales, como los embalses (estanques), los canales, etc., podrían eliminarse de los mapas topográficos actuales; sin embargo, es necesario tener en cuenta características de estos, como las antiguas líneas de costa.

PALABRAS CLAVE: topónimos, nombres de asentamientos, cartografía, giro espacial, paisaje histórico de los lugares habitados (paisaje).

INTRODUCCIÓN

La cartografía no consiste simplemente en colocar signos sobre algún mapa base. Es una tarea compleja que requiere premisas teóricas adecuadas y cuidado práctico para lograr un resultado convincente y fiable.

Como en todas las demás escuelas de onomástica de diversos países,¹ la onomástica en Leipzig también desarrolló una base teórica y metodológica. En lo que respecta al contacto lingüístico (especialmente germano-eslavo), se identificaron tres aspectos que debían tenerse en cuenta conjuntamente en todos los estudios.²

El aspecto de los niveles lingüísticos, el aspecto sociolingüístico, el aspecto areal.

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Esta teoría también constituyó una máxima innovadora del trabajo onomástico práctico. El aspecto de los niveles lingüísticos estructuró la sección de evaluación de los diccionarios toponímicos,3 donde se exponían exhaustivamente la fonética / fonología, la morfología o tipología y la lexicología o semántica de los nombres examinados. Su importancia se hace evidente por el hecho de que no seguían al diccionario (como habría cabido esperar dada la lógica del proceso aplicado), sino que lo precedían. La consideración de los niveles lingüísticos y la evaluación de los nombres en términos de historia del poblamiento eran lo que constituía la onomástica propiamente dicha; el diccionario de nombres proporcionaba «meramente» la base para el trabajo. Ciertamente, esta base se compilaba con un gran esfuerzo y era considerada por muchos, especialmente por los usuarios no lingüistas, como el principal resultado de la investigación onomástica.

El aspecto sociolingüístico consideraba la “realización de un onym perteneciente al código en sociolectos e idiolectos y la correspondiente clasificación de las variantes de los nombres”4 (Eichler 1981: 10), es decir, las relaciones entre los nombres y las estructuras sociales. También desempeñó un papel importante en la investigación onomástica. Los estudios relacionados tendían a estar contenidos en numerosos ensayos, en lugar de constituir monografías independientes.5 También pueden encontrarse explicaciones correspondientes en los diccionarios de nombres pertinentes (p. ej., Walther 1971 [DS 26]: 47–57; Hengst 2003 [DS 39]: 192–207).

Estos dos factores se vieron complementados por el aspecto areal. Los aspectos areales resumían dos perspectivas opuestas pero complementarias: la fijación de los ónimos en el área y la formación de áreas (Eichler 1981: 10). Abordaba tanto la cuestión de cómo se constituyen las áreas a partir de nombres individuales (de lo individual al conjunto) como la posición que adoptan los nombres individuales dentro de las áreas (del conjunto a lo individual). Junto a las perspectivas gramatical y lingüística, se concedía gran importancia a la localización de la onimia en la superficie terrestre. (Resulta notable que la historia no se mencione en estos tres aspectos, pese a estar prácticamente implícita en la investigación diacrónica). En principio, esto no era nuevo, pues desde los comienzos del trabajo erudito o, desde el punto de vista actual, cuasierudito sobre los nombres propios, su cartografía había sido una de las actividades fundamentales. Así lo demuestra la cita atemporal que se repite con frecuencia en la literatura de investigación: «Concedemos particular importancia a los mapas. Su

3 Véase la panorámica en Walther (2004: 115–123) y, desde entonces, Eichler & Zschieschang 2011. Los diccionarios de nombres de lugar del Brandenburgisches Namenbuch (BNB) tienen una estructura similar. En cambio, se encuentra una estructura diferente en Hengst 2003; Eichler & Walther 2010 y Foster & Willich 2007.

4 Originalmente en alemán: „Realisierung eines dem Kode angehörigen Onyms in Soziolekten und Idiolekten und die entsprechende Einordnung von Namenvarianten“.

5 Véase, por ejemplo, Namenforschung heute: 42–50, así como «Der Name in Sprache und Gesellschaft», que contiene varios artículos, Walther 1973 [DS 27].

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la naturaleza demostrativa puede decir más que el discurso de muchas páginas”6 (Frings 1957: 9; citado por Udolph 1979: 12, nota 1; Obst 2001: 107, nota 1). Esta declaración ya se basaba en décadas de experiencia cuando fue acuñada y, por tanto, refleja el contexto de la investigación onomástica que abarca todo un siglo.

¿Están los seres humanos condicionados espiritualmente para dedicarse a abstracciones cartográficas de su entorno? Algunos investigadores subrayan con entusiasmo en los títulos de sus ensayos que se han incluido mapas en color. No obstante, no hay nada de malo en ello, especialmente si recordamos que, al parecer, a algunos investigadores ni siquiera se les ocurre utilizar mapas para representar circunstancias geográficas complejas.

Obsérvese que el tercer aspecto mencionado se denominó «areal», en lugar de espacial, geográfico o cartográfico. Aunque los mapas de épocas pasadas a menudo parezcan algo primitivos debido a las limitadas posibilidades técnicas existentes cuando fueron elaborados, no debe subestimarse la innovación de nuestros antepasados, no solo en Leipzig. Además de ser redactores de diccionarios interesados en la etimología, también nos legaron un tesoro de consideraciones conceptuales, metodológicas y teóricas demasiado valioso para que la posteridad lo ignore. Ciertamente, penetrar en esta montaña de lecturas y relacionarla con la investigación actual requerirá un esfuerzo considerable.

En cierto modo, el aspecto areal anticipó lo que el giro espacial de la historiografía representaría posteriormente (Lübke 2018: 327–328, incluida la referencia explícita a la onomástica en Leipzig): el hecho de que los nombres no se cartografían simplemente. En cambio, examinó cómo las propiedades y especificidades de la onimia adquirieron relevancia espacial, no de forma abstracta, sino en relación con los habitantes humanos, su lengua y su socialización. Aparte de describir el área ocupada por nombres formados con un sufijo determinado, es esencial intentar al menos explicar por qué esta área se constituye de este modo, así como identificar los demás componentes e influencias implicados. Esto está estrechamente relacionado con la dialectología,7 en la que, además de cartografiar determinados desarrollos lingüísticos, se identifican áreas lingüísticas. En la década de 1990, inspirados sobre todo por el monumental Hessian Flurnamenatlas (Ramge 1987), los «espacios de nombres» fueron un tema de investigación muy popular.

6 Originalmente en alemán: „Den Karten messen wir besondere Bedeutung zu. Ihre plastische Art vermag mehr zu sagen als das Gerede vieler Seiten“.

7 Šrámek 2007: 292–301. Para mayor claridad, se han omitido los títulos de los ensayos individuales de este volumen y los lugares originales de publicación. La información correspondiente puede encontrarse fácilmente en la publicación citada.

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Afortunadamente, se decidió utilizar el término «áreas» para estas perspectivas geográficas, en lugar de espacios o distritos. Sin duda, valdría la pena hacer prevalecer area sobre space en la terminología.

El aspecto areal también desempeñó un papel importante en la onomástica checa. En este sentido, la investigación onomástica alemana y checa resultó ser mutuamente inspiradora. Sobre todo, Rudolf Šrámek enfatizó repetidamente la importancia central y sistémica de cartografiar los nombres en su contextualización lingüística y social (cf. Šrámek 2007: 292–294, 300, 305–324).

La arealidad es, por tanto, uno de los requisitos previos necesarios para la realización del lenguaje y, al mismo tiempo, una de las características (señales) fundamentales que determinan la existencia del lenguaje, aunque la arealidad en sí misma no sea inherentemente lingüística. La arealidad de un fenómeno lingüístico solo adquiere relevancia lingüística como resultado del proceso de comunicación entre las personas. Puede decirse que el lenguaje también está estrechamente vinculado, por medio de su arealidad («espacio geográfico»), con los tipos de entorno social, geográfico, económico y cultural que asimismo pueden clasificarse como un síntoma de la vida social, incluso en términos geográficos, es decir, a través de su arealidad. Y por eso las áreas de las realidades, los objetos y los términos forman las condiciones y la red extralingüística fundamental para las áreas de su expresión lingüística o de su denominación (Šrámek 2007: 292).8

A pesar de su complejidad, esta afirmación expresa el objetivo real: que las áreas de nombres no existen de forma aislada, sino que están integradas en la suma de la cultura humana en el sentido más amplio. Una visión tan integral constituye también el requisito fundamental para que la onomástica pueda participar en discursos interdisciplinarios (Šrámek 2007: 212).

El resultado de esta base teórica es que no basta con introducir elementos simplemente en un mapa cualquiera. De hecho, la cartografía «casual» es casi peligrosa. Este artículo aborda algunos de los problemas relacionados.

8 Originalmente en alemán: “La arealidad constituye, por tanto, uno de los requisitos necesarios para la realización de la lengua y, al mismo tiempo, una de las características fundamentales (indicios) que condicionan la existencia de la lengua, aunque la arealidad no sea lingüística de por sí. La arealidad de un fenómeno lingüístico adquiere relevancia lingüística solo como resultado del proceso de comunicación entre las personas. Se puede decir que la lengua también está estrechamente vinculada, mediante la arealidad (la espacialidad geográfica), con los tipos de entorno social, geográfico, económico y cultural, que, como síntoma de la vida social, también pueden clasificarse, entre otros aspectos, desde el punto de vista geográfico, es decir, por su arealidad. Y por eso las áreas de las realidades, los objetos y los conceptos constituyen las condiciones y la red extralingüística fundamental de las áreas de su expresión lingüística o de su denominación”.

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Problema 1: Representación en mapas

Un año después de la construcción del Muro de Berlín, uno de los principales geógrafos de Alemania Oriental publicó un breve ensayo (véase Ogrissek 1983) titulado «Requisitos metodológicos y cartográficos fundamentales para los mapas toponomásticos» (Ogrissek 1962). En él se explicaban los principios básicos para que la representación cartográfica resultara significativa y comprensible. Entre ellos figuraban la necesidad de evitar que el contenido de los mapas estuviera sobrecargado y de garantizar que los objetos representados fueran claramente distinguibles. Este ensayo siguió siendo citado décadas más tarde, y se reclamó la realización de trabajos adicionales en este campo (p. ej., Šrámek 2007: 324). Es fácil comprender esta demanda al enfrentarse a algunos mapas de distribución de nombres, muchos de los cuales contienen símbolos y áreas difíciles de distinguir y, para empeorar las cosas, intentan mostrar demasiados objetos. Incluso se ignora la deficiencia visual más común: a menudo se contrastan el rojo y el verde, dos colores que algunas personas no pueden distinguir. Pero este es un tema que merece un tratamiento propio. Además, el autor de este artículo no afirma que sus propios mapas sean perfectos.

Problema 2: Interpretar con cautela

Por muy bien que se haya trazado un mapa, debe observarse con lucidez para resistirse a la sugestión de la imagen cartografiada. Los geógrafos también perciben en los productos generados mediante SIG, con su aparente precisión y su impresionante colorido, el riesgo del determinismo de la distancia (originalmente en alemán: “Distanzdeterminismus”), propiciado por los sistemas de información geográfica y sus visualizaciones (Tschaschel, Wild, Lentz 2007: 5). Esto tienta al observador a extraer conclusiones que en realidad no están indicadas por el material cartografiado. Por ejemplo, a menudo se da a entender una precisión mensurable porque los datos y el mapa proceden de un ordenador, cuando en realidad solo existe una significación vaga.

Esto se aplica, por ejemplo, a la distinción entre tipos de nombres más antiguos y más recientes. Su productividad temporal puede describirse mejor mediante la curva de campana gaussiana, porque está en la naturaleza de muchas características adoptar esta forma de distribución (Quatem­ber 2011: 103). Según esta distribución normal, un tipo de nombre se emplea inicialmente solo de manera esporádica, pero más adelante se utiliza con una frecuencia creciente. En cierto momento alcanza el máximo de su productividad, que luego vuelve a disminuir y desaparece gradualmente. Las curvas de productividad de diferentes tipos de nombres podrían visualizarse mediante gráficos de diagramas de caja, comúnmente utilizados en estadística. Sin embargo, esto es puramente teórico, ya que por lo general desconocemos las épocas en que, por ejemplo, se nombraron los asentamientos en Europa central, por lo que no pueden trazarse los gráficos correspondientes. Aun así, los gráficos de diagramas de caja (Fig. 1) resultan extremadamente ilustrativos para modelizar la diferenciación cronológica entre distintos tipos de nombres.

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Fig. 1: Modelo estadístico de la cronología de los tipos de nombres de lugar

No puede suponerse que los ónimos pertenecientes a tipos de nombres anteriores sean todos más antiguos que los más recientes. Por el contrario, debe suponerse que las curvas de productividad se superponen. Esto significa que, aunque los periodos de productividad se concentren en momentos diferentes, es imposible establecer una distinción clara y solo pueden identificarse tendencias. En un mapa, sin embargo, dos grupos distintos formados por dos nubes de puntos situados con precisión se representan mediante dos símbolos diferentes. No obstante, solo pueden interpretarse —y esto es, en última instancia, en lo que consiste el enfoque científico— junto con su trasfondo metodológico. La nube de puntos de los tipos de nombres más antiguos no es per se el área de asentamiento más antigua, sino que simplemente la indica. Por tanto, el mapa solo constituye un reflejo más o menos pálido de una situación más compleja que existió en otro tiempo. Y esto significa que es esencial evitar las interpretaciones descuidadas de los patrones geométricos de distribución de los nombres.

Problema 3: Áreas de nombres

En este contexto, debemos preguntarnos cómo se define un área de nombres. Dada la práctica predominante, la respuesta solo puede ser: «a ojo». Por regla general, las nubes de puntos se examinan visualmente y determinadas aglomeraciones y concentraciones se declaran áreas. Teniendo esto presente, valdría la pena explorar si podrían desarrollarse instrumentos analíticos para definir áreas mediante métodos matemáticos. La palabra clave aquí es «si», porque solo se consideran los relictos de la onimia anterior. Los vacíos, los nombres perdidos que desconocemos, podrían falsear los resultados (a través del determinismo de la distancia mencionado anteriormente) sin que pudiéramos calibrar el grado de falsificación.

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No obstante, vale la pena considerar si unos búferes simples alrededor de cada punto del mapa serían útiles para definir áreas de asentamiento. Puesto que cada asentamiento rural dispone de cierta superficie de tierras aprovechables en sus alrededores, podría modelizarse aproximadamente mediante un búfer con un radio de 500, 1.000 o 2.000 metros, reminiscente de los anillos concéntricos de von Thünen. Podría considerarse entonces que existe un área de asentamiento cuando estos búferes se encuentran o se solapan, formando un área continua. Otra posibilidad sería definir distancias máximas entre las localidades indicadas mediante puntos y representar así el área como una red de líneas de conexión de hasta cierta longitud entre las localidades. Los arqueólogos ya han desarrollado modelos correspondientes de las estructuras espaciales de los asentamientos tempranos (véase, por ejemplo, Łosiński 1982: 168–176, Figs. 52–57; reproducidos parcialmente por Gringmuth–Dallmer 1996: 10; Volkmann 2009: 228–229, 241 y 243), que también podrían utilizarse, en un sentido interdisciplinario, para la toponimia.

Problema 4: Mapas base

También es importante elegir el mapa base adecuado. A menudo, por ejemplo, los elementos de la Alta Edad Media se presentan irreflexivamente junto a, por ejemplo, la línea costera actual del mar del Norte, la red de autopistas o las explotaciones mineras abandonadas. En este último caso, cuando estas minas a cielo abierto han quedado posteriormente inundadas, algunos de los símbolos cartografiados pueden aparecer dentro del agua. En consecuencia, los pueblos históricos y demás lugares cuyos nombres se han cartografiado parecen haber estado situados en islas o plataformas flotantes. Por tanto, el mapa base sobre el que se presentan los nombres debe corresponderse con la información mostrada, algo que, en última instancia, se aplica a toda cartografía onomástica. Hay que tener en cuenta que la cartografía de los nombres puede basarse en dos premisas diferentes:

• Mostrar dónde se encuentran estos nombres para que el lector pueda relacionarlos con su percepción espacial actual, o

• Relacionar los nombres con el paisaje histórico para mostrar cómo la topografía influyó en el paisaje de nombres y cómo este se integró en ella en el momento de su creación.

Si se adopta el enfoque anterior, por ejemplo, en los mapas generales de los diccionarios de nombres de lugar, no resulta ridículo que algunos lugares parezcan flotar sobre el agua. De hecho, esto puede ser incluso muy relevante si en el texto se describe un asentamiento como, por ejemplo, «abandonado» o «devastado». Es evidente que, vistos en su contexto histórico, los nombres de asentamientos no flotaban originalmente sobre el agua.

Por otro lado, la referencia al paisaje histórico es importante para los numerosos análisis lingüísticos e históricos. Sin embargo, representar un paisaje histórico en un mapa base requiere mucho trabajo y también implica concesiones. No siempre se dispone de mapas base adecuados. Incluso los escaneos LIDAR en color (véase, por ejemplo, Westphalen, Zschieschang 2015: 65, Fig. 5), tan populares últimamente, muestran no solo

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el relieve del terreno (en cierta medida) atemporal, pero también detalles de la superficie terrestre actual, como edificios y carreteras, etc. Si esto perturba o distorsiona la representación del paisaje histórico, será necesaria una corrección manual.

Permítanme ilustrar este problema con un ejemplo práctico en el que la toponimia debía clasificarse dentro del paisaje histórico en relación con fuentes escritas y hallazgos arqueológicos (Altmann 2012; Altmann 2017; Zschieschang 2017). En primer lugar, hubo que borrar las minas de lignito a cielo abierto. Además, el tamaño y la posición de los lagos de Mansfeld tuvieron que ajustarse, al menos aproximadamente, a su estado medieval (Fig. 2a). Mientras que hoy solo permanece el Süsser See («Lago Dulce»), su homólogo conocido como Salziger See («Lago Salado») también existió hasta la era industrial, antes de desaparecer a finales del siglo XIX, cuando el agua se filtró en el subsuelo debido a las actividades mineras. Aunque no fue una catástrofe, sin duda se trató de un fenómeno impresionante (Ule 1994 [1895]). Asimismo, dado que ambos lagos ya se habían reducido en siglos anteriores, hubo que incorporar las líneas de costa registradas en fechas lo más antiguas posible. Además, cerca de Eisleben existió en otro tiempo un tercer lago conocido como Fauler See («Lago Pútrido»).

Fig. 2: Los lagos de Mansfeld, estado actual (a) y medieval (b)

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Por tanto, las líneas de costa debían modificarse,⁹ en cierta medida a ojo (Fig. 2b). Por supuesto, no todos los cambios pudieron reconstruirse en detalle debido a la falta de fuentes. No obstante, el paisaje natural de la Alta Edad Media pudo mostrarse al menos de manera aproximada. Se puede observar que los lagos mencionados anteriormente tuvieron un impacto mucho más significativo en el paisaje (ya que eran más grandes y había más) que en la actualidad. Especialmente hacia el norte, formaban una extensa barrera. Aunque detenerse en los detalles de la toponimia y la topografía históricas de la región excedería el alcance de este artículo (véase Zschieschang 2017), debe mencionarse que el nombre Seeburg (‘Castillo del lago’) respondía a una ubicación mucho más prominente que la indicada por la topografía actual en el extremo meridional del Süßer See. Resulta que en el pasado Seeburg estaba rodeado en varias direcciones por el Süßer See, sus antiguos afluentes y el Salziger See.

Esto no constituye en absoluto una excepción rara. Algunos cambios topográficos afectaron incluso a regiones enteras. Por ejemplo, en tiempos históricos, grandes partes del norte de Alemania se vieron afectadas por cambios ambientales masivos. El desarrollo de las tierras alemanas durante la Alta Edad Media, que implicó una deforestación extensa, provocó una erosión del suelo a gran escala. El material arrastrado se acumuló aguas abajo, hasta el punto de que, con el tiempo, los valles glaciares del norte de Alemania se rellenaron con depósitos aluviales de varios metros de espesor. En consecuencia, el paisaje de nombres de la Alta Edad Media quedó literalmente enterrado, y solo subsistieron algunos vestigios. En esta situación, los mapas de los nombres de asentamientos eslavos no pueden considerarse simplemente reflejos de los paisajes de asentamiento altomedievales. Por el contrario, también deben tenerse en cuenta la distribución de los limos aluviales y la pérdida de asentamientos y de sus nombres (Zschieschang, en prensa).

El estudio de los nombres de campo puede revelar relictos onímicos de asentamientos anteriores. Por un lado, existen referencias directas como Wörplitzen, Wörblichen y Werbitzen. Este ejemplo solo está documentado en registros escritos del siglo XIX mediante las distintas formas enumeradas. Solo puede tratarse de un topónimo patronímico *Virb_l’+ici basado en un nombre personal *Virb_l’ (Zschieschang 2003: 71, 327; Zschieschang 2020: 336). Luego existen referencias indirectas en forma de nombres basados en rasgos locales, como Hofstätten, Altes Dorf y Wüste Mark. Referencias como estas hacen que el examen, sumamente laborioso, de los nombres de lugar sea enormemente importante. Aún más importante sería la colaboración con arqueólogos, geólogos y sedimentólogos para evaluar la extensión y la antigüedad de todos los depósitos aluviales (véanse, por ejemplo, Brachmann 1979: 81–82; Schulz

⁹ Esto se hizo basándose en la información de Neuß (1995: 56–58), así como en Krümmling (1933), con superficies de agua incluso mayores, que aún no se habían tenido en cuenta en Zschieschang (2017).

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1998; Schulz 2002; Tinapp, Meller, Baumhauer 2008; Kaiser et al. 2012; Laurat 2018; Zschieschang 2020: 333–335).

Los efectos de la construcción de presas para molinos no fueron menos significativos. La construcción de molinos de agua en la Alta Edad Media, junto con las presas necesarias, de quizás uno o dos metros de altura, tuvo a veces graves consecuencias en las tierras bajas, al quedar regiones enteras inundadas o anegadas. Por ejemplo, en la región de Brandenburg, sobre el río Havel, se construyó “una de las mayores estructuras antropogénicas de presa-lago de tiempos históricos a escala mundial” (Kaiser et al. 2018: 253).

No tener en cuenta tales cambios del paisaje puede distorsionar significativamente los análisis de la distribución geográfica de los nombres de lugar. Esto se agrava si solo se examinan los nombres de los asentamientos que aún existen, ignorando las evidencias de aldeas que ya no existen. Esto muestra cuán importante es contemplar la toponimia cartografiada en un contexto amplio, incluido el entorno natural.

CONCLUSIÓN

Los ejemplos de este artículo pretenden ilustrar que, al cartografiar nombres geográficos, no basta con utilizar una u otra herramienta cartográfica e interpretar después geométricamente los patrones de distribución. Al analizar e interpretar las cartografías, hay que tener cuidado al elegir el mapa base y el formato de presentación, así como al verificar las fuentes, para que los resultados obtenidos sean verdaderamente válidos y no se interpreten erróneamente. Además, más allá del trabajo práctico, deben tenerse en cuenta ciertos fundamentos teóricos, idealmente desde una perspectiva interdisciplinaria. Especialmente ante los recientes avances técnicos, que hacen que la elaboración de mapas sea más fácil que nunca, es importante garantizar que la investigación no se quede rezagada respecto de los hallazgos, establecidos desde hace mucho tiempo, de la «onomástica areal» (Šrámek 2007: 36–37) citados al principio.

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Iki erdvinio posūkio: arealinis aspektas vokiečių onomastikoje XX amžiaus 9 dešimtmetyje ir jo pritaikymas dabartiniuose moksliniuose tyrimuose

SANTRAUKA

Žemėlapių sudarymas yra ne tik ženklų žymėjimas tam tikruose žemėlapiuose. Tai sudėtinga užduotis, reikalaujanti tinkamų teorinių nuostatų ir praktinių įgūdžių tam, kad būtų pasiektas įtikinantis ir patikimas rezultatas.

Kaip ir visose kitose onomastikos mokyklose visame pasaulyje, Leipcigo onomastikos mokykla taip pat ištobulino teorinius ir metodinius pagrindus. Jau prieš kelis dešimtmečius siekiant nustatyti kalbų (ypač vokiečių ir slavų) kontaktus buvo numatyti trys aspektai, į kuriuos reikėjo atsižvelgti visuose tyrimuose: 1) kalbos lygmenų aspektas, 2) sociolingvistinis aspektas, 3) teritorinis aspektas. Būtent pastarasis ir sprendė klausimą, kaip teritorijos sudaromos iš atskirų vardų (nuo paskirų iki vardų visumos), ir iš kitos pozicijos – kokie paskiri vardai tose vietovėse (nuo vardų visumos prie paskirų vardų). Iš esmės tai nebuvo naujiena. Arealinė onomastika taip pat vaidino svarbų vaidmenį atliekant tyrimus Čekijoje. Nuo pat pradžių, žvelgiant iš mokslinių, ar šiandienos požiūriu, pusiau mokslinių, pozicijų, tikrinių žodžių tyrimų vienas iš pagrindinių tikslų yra vietų vardų žemėlapių sudarymas.

Tam tikra prasme teritorinis aspektas numatė tai, ką vėliau patvirtino istoriografijos erdvinis posūkis – vietų vardai nėra paprasčiausiai pažymimi žemėlapiuose. Be to, šiuo aspektu buvo tiriama, kaip onimijos ypatybės ir specifika tapo erdviškai reikšmingos – ne

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abstrakčiai, bet santykiaudamos su žmonių gyvenamosiomis vietomis, jų kalba ir socialinėmis reikšmėmis.

Greta vietovardžių, sudarytų su tam tikra priesaga, teritorijos apibūdinimo, būtina bent pabandyti paaiškinti, kodėl šios teritorijos vietovardžiai taip sudaromi, taip pat nustatyti veiksnius ir aprašyti kitas teritorijos sudedamąsias dalis.

Taigi vietovardžių teritorijos neegzistuoja atskirai, jos yra integruotos į žmogiškąją kultūrą plačiąja prasme. Toks platus požiūris taip pat yra pagrindinis reikalavimas onomastikai, siekiant ją įtraukti į tarpsritinius diskursus. Šių teorinių nuostatų pamatu parodoma, kad nepakanka tiesiog nurodyti objektus viename ar kitame žemėlapyje. Iš tiesų „atsitiktinis“ žemėlapių sudarymas yra netgi pavojingas. Šiame straipsnyje ir aptariamos kai kurios su tuo susijusios problemos. Praktinis problemų sprendimas užtikrina aiškų žemėlapio sudarymą (1 problema šiame straipsnyje), tikslų žemėlapių paaiškinimą be nepagrįstų išvadų (2 problema), vietovardžių sričių nustatymą (3 problema) ir galutinio žemėlapio, reprezentuojančio kartografinį, pateikimą (4 problema). Nesvarbu, kaip gerai bebūtų sudarytas žemėlapis, į jį reikia žvelgti objektyviai tam, kad būtų įmanoma atsispirti siūlomam suplanuotam (netikram) vaizdui. Pavyzdžiui, erdvinių išmatavimų tikslumas dažnai yra numanomas, nes duomenys ir žemėlapis yra paimti iš kompiuterio, tuo tarpu tikrovė turi tik neaiškius parametrus. Tai, pavyzdžiui, taikoma atskiriant ankstesnių ir naujausius vietų vardų tipus.

Paprastai taškinių duomenų sritys yra tikrinamos vizualiai, o tam tikros aglomeracijos ir koncentracijos yra deklaruojamos teritorijos. Turint tai omenyje, vertėtų išsiaiškinti, ar nebūtų galima sukurti analitinius instrumentus, apibrėžiančius teritorijas matematiniais metodais. Taip pat svarbu pasirinkti tinkamą atraminį žemėlapį. Pavyzdžiui, dažnai, ankstyvųjų viduramžių objektai yra neapgalvotai pateikiami šalia, tarkime, šiandienos Šiaurės jūros pakrantės, greitkelių tinklo ar apleistų kasyklų. Paprastai gyvenviečių vardų žemėlapiai gali būti grindžiami dviem skirtingomis nuostatomis: (1) parodyti, kur yra šie vardai, kad vartotojas galėtų juos susieti su esama padėtimi erdvėje arba (2) susieti vardus su istoriniu kraštovaizdžiu, siekiant parodyti, kaip kraštovaizdžio vardynas buvo paveiktas topografijos ir integruotas į ją sukūrimo metu. Atsižvelgiant į tikslą pažymėti vietovardžius kaip istorinio gyvenvietės kraštovaizdžio liudininkus žemėlapyje, turėtų būti kuo tiksliau atspindėtas ir buvęs kraštovaizdis. Pavyzdžiui, tai reiškia, kad dabartiniai objektai, tokie kaip vandens rezervuarai (tvenkiniai), kanalai ir pan. galėtų ir nepatekti į šių dienų topografinius žemėlapius, atsižvelgiant į tokias jų charakteristikas, kaip istorinės krantų linijos. Pastarasis aspektas yra būtinas, nes vykę istoriniai topografiniai pokyčiai paveikė ištisus regionus. Neatsižvelgus į kraštovaizdžio pokyčius, vietovardžių geografinio išsidėstymo duomenys gali būti iškraipomi. Dar blogiau, jei yra tiriami tik vis dar egzistuojančių gyvenviečių vardai, ignoruojant įrodymus apie nebeegzistuojančias gyvenvietes. Ypač tiksliai atskleisti ankstesnių gyvenviečių onominius reliktus galima tiriant laukų vardus.

Šiame straipsnyje pateikti pavyzdžiai yra skirti iliustruoti, kaip kartografuojant geografinius vardus nepakanka vien tik naudoti tam tikrus žemėlapių sudarymo įrankius, o po to interpretuoti vietovardžių išsidėstymą geometriškai. Analizuojant ir aiškinant vietovardžių pateikimą žemėlapiuose, reikia atsargiai pasirinkti pagrindinį žemėlapį ir pateikimo formatą,

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taip pat patikrinti šaltinius, kad gauti rezultatai būtų teisingi ir nebūtų klaidingai interpretuojami. Ypač atsižvelgiant į naujausius technologinius pokyčius, kurie palengvina žemėlapių sudarymą kaip niekad anksčiau, svarbu užtikrinti, kad tyrimai neatsiliktų nuo seniai žinomų arealinės (teritorinės) onomastikos išvadų.

Įteikta 2020 m. birželio 25 d.

CHRISTIAN ZSCHIESCHANG Serbski institut / Sorbisches Institut Wótnožka za dolnoserbske slěženja Zweigstelle für niedersorbische Forschungen Droga Augusta Bebela 82 August-Bebel-Straße 82 D-03046 Chóśebuz / Cottbus [email protected] [email protected]

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