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ACTA LINGUISTICA LITHUANICA

LIETUVIŲ KALBOTYROS KLAUSIMAI XLI (1999)

Reseñas. Recensiones. Observaciones. Opinions. Reviews. Observations. Überblicke. Rezensionen. Anmerkungen

UNA OBRA SIGNIFICATIVA DE ANTROPONIMIA LITUANA

Alvydas Butkus. Lietuvių pravardės, Kaunas, 1995: Aesti, 464 P.

Los nuevos trabajos de antroponimia lituana no son, ciertamente, un fenómeno frecuente. Por ello, deberían analizarse y evaluarse con especial detenimiento. Sin embargo, esto no ocurrió con el trabajo de A. Butkus sobre los apodos. Aparte de la anotación de D. Sviderskienė1 y la reseña de J. Liutkutė2, parece que no se ha hablado más de este importante estudio.

Al leer «Apodos lituanos» y recurrir con bastante frecuencia a este estudio al realizar diversos trabajos de antroponimia y toponimia lituanas, a la autora de estas líneas se le ocurrieron algunas ideas que desea exponer en esta reseña3.

El libro de A. Butkus constituye una obra completamente nueva en nuestra antroponimia, y esto se debe ante todo al objeto de estudio elegido: los apodos lituanos. Hasta ahora, ciertamente, no se había escrito sobre ellos con tanto detalle: existe un considerable artículo científico de Ž. Urbanavičiūtė y V. Žičkutė4, además de algún que otro artículo divulgativo dedicado a los apodos. Es cierto que se alude a los apodos, o a los antropónimos de origen apodístico, en algunos trabajos de antroponimia histórica5; sin embargo, esto, desde luego, no guarda relación con una evaluación o un estudio exhaustivos de los apodos actuales.

La obra consta de dos partes. En la primera, el autor presenta un análisis de los apodos lituanos (p. 19–134), mientras que la segunda parte es un extenso diccionario de todos los apodos recopilados, en el que se registran unos 22 500 antropónimos (p. 135–462). Esta estructura del libro constituye una ventaja indudable, pues el estudio científico de los apodos y sus conclusiones, junto con el conjunto de antropónimos estudiados que se adjunta, son, en efecto, elementos inseparables. Además, precisamente esto permitió al autor no recargar la pri-

1 Baltistica 31(1), 1996, 128–129.

2 Liutkutė J. Nueva información sobre lo antiguo. – Darbai ir dienos 2(11), 1996, 246–248.

3 En una de las páginas preliminares del libro se indica que V. Macijauskienė es una de las personas que revisaron la obra. Lo dicho antes de la publicación de «Apodos lituanos» es una breve recomendación de publicar este trabajo. Aquí se ofrece una evaluación más detallada del libro.

4 Urbanavičiūtė Ž., Žičkutė V. Apodos lituanos. – Kalbotyra 26(1), 1974, 55–61.

5 Cf. Zinkevičius Z. Antroponimia lituana, Vilnius: Mokslas, 1977; Maciejauskienė V. Formación de los apellidos lituanos, Vilnius: Mokslas, 1991, etc.

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… con datos que ilustran las afirmaciones de las partes descriptiva, investigadora y práctica, presentando todas las apodos en un diccionario6.

La primera parte del trabajo, denominada monografía en el prefacio (p. 7), consta de una «Introducción», 12 capítulos y una sección de «Observaciones finales». La estructura del trabajo viene determinada por sus objetivos.

Los apodos, como otros nombres propios, pueden estudiarse desde diversos aspectos. El autor del trabajo reseñado centró su atención principalmente en el estudio de los motivos de los apodos lituanos, mencionando brevemente también aspectos de la formación de algunos apodos (familiares, interjectivos y que indican el lugar de residencia). La clasificación de los motivos dio lugar a once grupos, cada uno de los cuales se analiza en uno de los once capítulos del trabajo (incluida la sección «Apodos inmotivados»); en el duodécimo se presenta un retrato del lituano, elaborado a partir de los motivos de apodos más característicos y frecuentes.

Teniendo en cuenta que este trabajo es el primer estudio exhaustivo de los apodos lituanos, el autor tuvo que abordar muchas cuestiones, por así decirlo, por primera vez. Así, en la «Introducción» se examina el concepto de apodo, se polemiza al respecto con lingüistas de otros países, cuyas obras exponen opiniones diferentes sobre la cuestión, y finalmente se ofrece la siguiente definición de apodo: «se considera apodo un nombre personal no oficial que informa sobre alguna característica de la persona apodada» (p. 21). Esta concepción del apodo se mantiene consecuentemente a lo largo de todo el trabajo. Sin negar en lo esencial la definición propuesta, cabría considerar si no sería mejor emplear «característica de la persona» en lugar de característica de la persona apodadacaracterística de la persona7.

A continuación, en la «Introducción», se explica el origen de los apodos y las razones de su uso, distinguiendo entre causas onomásticas (objetivas) y psicológicas (subjetivas). Cabría añadir que, en muchos casos, ambas están indisolublemente relacionadas y se complementan: la causa onomástica determina la necesidad de que surja el apodo, cuya realización facilita la causa psicológica del uso de apodos.

En esta misma sección, titulada «Motivos de los apodos», se alude al complejo problema de la motivación de los apodos. Se sostiene que, a diferencia de otros nombres, los apodos «tienen una motivación onomástica auténtica» (p. 26). A continuación se afirma que los apodos son «un puente de la léxica común a la onomástica» y que «sin duda también tienen un concepto» (ibíd.). De lo dicho queda claro,

6 Es cierto que, al leer la primera parte del libro, a veces (sobre todo cuando las afirmaciones y los argumentos del autor suscitan dudas o podrían interpretarse de otro modo) serían útiles más ejemplos. Entre otras cosas, este deseo vendría determinado también por el nivel actual de la antroponimia lituana, que muestra que a menudo es precisamente el material —es decir, los datos recopilados y presentados— el único argumento que confirma las afirmaciones de la investigación.

7 Compárese con las definiciones del término apodo que aparecen en otros trabajos de antroponimia y en diccionarios de términos. Véase Gaivenis K., Keinys S. Kalbotyros terminų žodynas, Kaunas: Šviesa, 1990, 154; Maciejauskienė V. Lietuvių pavardžių susidarymas, 17–18.

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qué postura se adopta en el trabajo al valorar los apodos como nombres propios. Sin embargo, teniendo en cuenta que en el libro los apodos se clasifican y estudian precisamente según los motivos de su aparición, cabría esperar también un análisis y comentario más amplio del complejo problema de la motivación de los apodos.

El motivo de un apodo es la descripción de alguna característica distintiva de una persona, individualizándola de este modo. Estas características son numerosas y diversas, y en el trabajo se dividen en diez grupos: características físicas, parentesco, actividad, contenido del habla, carácter, asociaciones, lugar de residencia, bienes, origen y nacionalidad, otros motivos (pp. 26–27). Esta es la opinión del autor del libro (otro investigador quizá propondría una clasificación diferente), y se puede estar de acuerdo con ella. Solo suscitaría dudas la denominación del sexto grupo, asociaciones, que se distingue de los demás por su excesiva abstracción. Sobre todo porque aquí se alude únicamente a «las asociaciones que suscita la fonética del nombre o apellido de una persona y, con menor frecuencia, su semántica» (p. 27), mientras que en la p. 25 se afirma que las asociaciones son una condición previa para que «una palabra común se convierta en nombre». Así pues, parece que, en muchos casos, no es posible prescindir de las asociaciones al crear apodos.

Uno de los objetivos del autor del libro era destacar también las particularidades geográficas de los motivos de los apodos lituanos. Para ello, combinando criterios lingüísticos, etnográficos, folclóricos e históricos, se distinguen las siguientes regiones etnográficas de Lituania: Užnemunė, Dzūkija, Aukštaitija, Lituania Central y Žemaitija, cuyos límites se definen con gran detalle (pp. 29–30). Una vez hecho esto, se presentan los principales motivos de los apodos y las diferencias en su uso en distintas zonas de Lituania (pp. 30–31). Resulta que en Dzūkija y Aukštaitija el motivo más frecuente de los apodos es el parentesco, mientras que en Žemaitija, Užnemunė y Lituania Central son las características físicas. Además, los habitantes de Užnemunė y los lituanos de Lituania Central tienen más apodos motivados por la actividad de la persona, y los dzūkienses muchos menos. En Žemaitija y Lituania Central son más frecuentes que en otras zonas los apodos originados por el contenido del habla de la persona, etc. El autor ofrece una representación estadística (con porcentajes) de la frecuencia de los motivos de los apodos en las distintas zonas de Lituania. Se trata de datos muy interesantes.

En la «Introducción» también se aborda el problema de la formación de los apodos y su relación con la motivación (pp. 31–34); al final se ofrece una reseña de los estudios sobre los apodos (que habría encajado mejor al principio de la «Introducción», por ejemplo, después de tratar el concepto de apodo o antes de hacerlo).

En el libro, los apodos clasificados según sus motivos se analizan siguiendo la jerarquía de estos. Así pues, el primer capítulo del trabajo trata los apodos cuyo motivo de aparición es el más frecuente. Se trata de diversas características físicas de la persona nombrada (el capítulo se titula «Apodos por características físicas»). Todos los apodos que aquí se presentan se clasifican con gran detalle y precisión: 1. Apariencia (subdividida a su vez en características de la cabeza y el rostro, estatura, complexión, brazos y piernas, vestimenta, postura y otros rasgos de la apariencia). 2. Habla (pronunciación, calidad de la voz, sonidos no lingüísticos producidos con los órganos del habla). 3. Motricidad (subdividida en manera de andar y otros movimientos). 4. Capacidad física (agilidad, lentitud, fuerza, debilidad, sordera y mudez, mala visión, otras características). 5. Fisiología.

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debilidad, sordera y mudez, mala visión, otras características). 5. Fisiología.

Estos son los criterios de clasificación de los apodos de este capítulo. A continuación, los apodos de cada subsección se subdividen aún más; por ejemplo, la pronunciación se desglosa en ceceo, habla rápida, habla poco clara, tartamudeo, susurro y otras formas de pronunciar (pp. 51–52); las características de la cabeza y el rostro, en cabello, barba y bigote, rostro, partes del rostro, cabeza y cuello (y, por ejemplo, las partes del rostro se subdividen a su vez en nariz, ojos, dientes, boca, labios, orejas y barbilla), etc.

Los apodos no solo del primer capítulo, sino también de los demás, se clasifican con tanto detalle y precisión. Así, el tercer capítulo del trabajo trata los apodos cuyo motivo de aparición es la actividad de la persona nombrada (el capítulo se titula «Apodos por actividad»). Primero se agrupan según cinco motivos (oficio y servicio, afición, negocio, situación, presencia), mientras que en un sexto grupo se reúnen los apodos surgidos por otros motivos relacionados con la actividad de la persona. A continuación, el primer grupo de motivos (oficio y servicio) se subdivide en: a) oficio, profesión (p. 68); b) servicio, cargo (p. 72). El subgrupo a) se detalla nuevamente: herreros, sastres, zapateros, carreteros, fabricantes de ruedas, carpinteros, toneleros, etc. (¡unos 20 nombres más de oficios y profesiones!) (pp. 68–72).

En todos los capítulos se indica la frecuencia de los apodos originados por unos u otros motivos y se ofrecen datos estadísticos.

Sorprenden el esmero y el ingenio del autor del trabajo, que sin duda exigieron una clasificación tan detallada de los apodos y el tratamiento estadístico de los datos presentados en el libro. Por ello, merece muchos elogios, que expresan también nuestro acuerdo con lo realizado.

Si otro investigador hubiera clasificado los apodos según los motivos de su aparición, quizá ahora tendríamos una distribución algo distinta. Al presentar una clasificación tan detallada y desglosada hasta el más mínimo detalle, resulta muy difícil evitar una valoración excesivamente subjetiva de uno u otro apodo. Así, por ejemplo, en la p. 36 el autor no está de acuerdo con la postura de incluir entre los apodos que describen rasgos o características del carácter aquellos cuyo motivo es el robo. En el libro, este tipo de apodos aparece en el tercer capítulo, dedicado a los motivos relacionados con la actividad que dieron lugar a su aparición. El tercer subapartado de motivos, titulado «Negocio», se divide en comercio, robo, caza, pesca, recolección y otros tipos de negocio; bajo el motivo «robo» se presentan los apodos Avininkas, Vištinis, Šūrvagis, Vištavagis (según los nombres de los objetos robados), Lāpė, Vānagas (apodos de quienes robaban gallinas), etc. ¿No sería más adecuado llamar situacionales a estos apodos y tratarlos en el siguiente subapartado, titulado «Situación»? Teniendo en cuenta que el libro estudia únicamente apodos de habitantes rurales, cabría suponer que alguien tomó algo ajeno una sola vez y que, por ese hecho, se le «pegó» un apodo asociado con el incidente para el resto de su vida.

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También podrían plantearse más dudas de este tipo, pero en modo alguno refutan la postura del autor del trabajo; se trata únicamente de otro caso de valoración subjetiva de uno u otro apodo y de expresión de una opinión diferente.

La segunda parte del libro «Apodos lituanos» es el «Diccionario de apodos» (pp. 135–462). Los nombres personales que presenta (unos 22 500) constituyen un patrimonio verdaderamente enorme de la antroponimia lituana y dan testimonio de cuánto se ha logrado mediante la recopilación sistemática y metódica de nuestros apodos. Sobre todo porque registrarlos es, en efecto, una tarea difícil (cuesta averiguar los motivos reales por los que surgieron los apodos, hay que ayudar a quien los proporciona a superar cierta barrera psicológica, etc.).

En el diccionario, los apodos aparecen ordenados alfabéticamente; se indican sus motivos, su localización (con precisión de zona) y otros datos. Como se afirma en el apartado «Estructura del diccionario», «... los apodos se han adaptado a la lengua estándar» (p. 137). Se refiere a la normalización de los apodos, explicando muy brevemente cómo se procedió: se respetaron las variantes morfológicas dialectales; de las variantes fonéticas dialectales se conservaron aquellas que motivan el apodo (por ejemplo, Alyvos Vumždis, Kuoti-nas); se normalizó la acentuación de los apodos (solo se hicieron excepciones con los apodos surgidos de una muletilla que no se ha convertido en sustantivo, por ejemplo, Supranti Ūfa, y con aquellos que tienen sufijos acentuados según el dialecto, por ejemplo, los de Kaunas -aitė, -ybė, etc.) (p. 138).

Los apodos son nombres propios. Junto con nuestros topónimos, nombres y apellidos, constituyen una parte inseparable del repertorio onomástico lituano. Como se sabe, los topónimos se normalizan de acuerdo con una tradición determinada, establecida ya antes de la guerra por lingüistas lituanos; sus principios fundamentales quedaron recogidos en más de un trabajo de carácter normativo de los lingüistas de la posguerra. Para el uso oficial de la lengua estándar se recomienda —es decir, se considera normativo— no la pronunciación dialectal, sino la pronunciación estándar de los topónimos. A la lengua estándar se trasladan únicamente los rasgos fonéticos regulares de los dialectos. Todo lo demás —los cambios fonéticos irregulares, cuestiones de formación de palabras, etc.— se conserva en los topónimos8.

Los nombres lituanos también se normalizan y se recomiendan para el uso oficial de la lengua estándar conforme a los mismos principios.

Con nuestros apellidos sucede otra cosa. No se normalizan, debido a que nuestros apellidos no son solo un hecho lingüístico, sino también un hecho jurídico. Así, en el uso oficial coexisten formas de apellidos lituanos que son correctas desde el punto de vista de la lengua estándar, dialectales y también deformadas de diversas maneras, eslavizadas, etc.9.

Hasta ahora, al parecer, no se ha tratado ampliamente en ningún lugar la cuestión de la normalización de los apodos (aquí se alude únicamente a los apodos lituanos). De lo que ha dicho el autor,

8 Para más información sobre los principios de normalización de los topónimos, véase Vanagas A. Principios de normalización de los topónimos. – Gimtoji kalba 4, 1991, 11–14.

9 Para más información, véase: Diccionario de apellidos lituanos 1, Vilnius: Mokslas, 1985, 16–18; Maciejauskienė V. Uso de los apellidos lituanos. – Gimtoji kalba 7, 1994, 1–3.

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se puede entender que se ha intentado seguir los principios ya establecidos para normalizar los topónimos. Es cierto que se hace una excepción con los dialectalismos fonéticos que, según se afirma, «motivan el apodo» (p. 138). Al parecer, se procede así tanto con las particularidades fonéticas dialectales regulares como con las irregulares (esto no queda claro a partir de los dos ejemplos que se ofrecen aquí). De este modo, parece reconocerse que los apodos, como palabras (nombres propios) muy específicos, pueden normalizarse también de manera algo distinta a, por ejemplo, los topónimos lituanos.

Los apodos son nombres personales no oficiales que funcionan en un entorno muy delimitado, generalmente en el territorio de la aldea donde vive la persona apodada. Sus formas, surgidas en el área de uno u otro dialecto, reflejan sin duda todas las particularidades y la idiosincrasia de ese dialecto concreto. ¿Qué utilidad tiene normalizar los apodos? Sobre todo teniendo en cuenta que nunca se propondrán para el uso oficial de la lengua estándar, ni individualmente ni en conjunto. Si el diccionario hubiera presentado las formas auténticas y dialectales de los apodos, se habría convertido en una fuente inestimable de datos sobre los dialectos lituanos en vías de desaparición. Los datos sobre la localización que acompañan a los apodos habrían facilitado, cuando fuera necesario, la transposición de los nombres personales a la lengua estándar, algo que en muchos casos no habría resultado difícil para los especialistas. Cabe mencionar además otra forma de presentar los apodos en el diccionario: después de los nombres personales normalizados, se podrían haber indicado sus formas dialectales. Así, además de registrar datos dialectológicos muy necesarios, la obra habría adquirido mayor valor científico y, por otra parte, todos los lectores interesados en los apodos lituanos podrían haberla utilizado fácilmente.

Las ideas expuestas aquí sobre la normalización de los apodos no pretendían en absoluto refutar el criterio elegido por el autor ni su postura (es un derecho del investigador). Simplemente se quería señalar que algunos aspectos relacionados con la normalización de los apodos merecen sin duda un análisis más detallado, que se echa en falta en el apartado «Estructura del diccionario».

La acentuación de estos nombres propios también está relacionada con la normalización de los apodos (así como de los topónimos).

En la lengua estándar, nuestros topónimos se acentúan tal como los acentúan los habitantes del lugar donde el topónimo se originó y funciona. Así, se respeta la acentuación auténtica de los topónimos, y se considera normal que un topónimo de la misma formación y origen, usado en distintas localidades de Lituania, se pronuncie de manera diferente (por ejemplo, Jõnalaukis, aldea del distrito de Jonava, y Jonãlaukis, aldea del distrito de Ignalina; Lengvėniškės, aldea del distrito de Prienai, y Lengveniškės, aldea del distrito de Zarasai). Solo se normalizan aquellos casos de acentuación de topónimos que están relacionados con el desplazamiento regular del acento10.

También se valoran las variantes de acentuación, muy frecuentes en Lituania, de un mismo apellido (por ejemplo, Bálnanosis, Balñanosis, Balnanõsis; Dargūžis y Dargužis). En ellas

10 Véase también Vanagas A. Principios de normalización de topónimos (2). – Gimtoji kalba 5, 1991, 4–7.

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se consideran equivalentes y correctas, y todas ellas se proponen para el uso de la lengua estándar11.

Al parecer, los mismos principios de acentuación deberían aplicarse también a los apodos. Por tanto, en la lengua estándar habría que acentuar estos nombres personales tal como los acentúan los habitantes de los lugares donde el apodo se originó y funciona. Por eso no queda del todo claro qué quiere decir el autor del libro cuando afirma que la acentuación de los apodos que presenta el diccionario está normalizada y señala las excepciones ya mencionadas (p. 138). Esta ambigüedad no existiría si el investigador hubiera tratado más detenidamente su perspectiva sobre las particularidades de la acentuación de los apodos y de su normalización (o falta de normalización).

Reconociendo la actualidad, la necesidad y el valor de «Lietuvių pravardės», cabe decir que el libro merece sin duda muchos elogios. Por otra parte, la aparición de un nuevo trabajo de onomástica brinda la oportunidad de debatir algunas cuestiones relacionadas con la investigación en este campo. Por ello, además de lo ya señalado en la reseña, quisiéramos llamar la atención sobre uno o dos aspectos más.

La onomástica lituana es una rama relativamente joven de nuestra lingüística, por lo que los autores de trabajos sobre este tema suelen encontrarse con problemas relativos al uso de la terminología.

El objeto de estudio de la onomástica son los nombres propios, u onimos. El término onimas, incluido y definido en el diccionario ruso de términos de onomástica12, se utiliza en los trabajos de investigadores de distintos países, también de Lituania, por supuesto. Así pues, todos los nombres propios de la lengua lituana (topónimos, nombres personales, etc.) deben denominarse onimos. El conjunto de nombres propios, u onimos, se designa con el término onimija13. Por consiguiente, no debería haber duda de que los apodos también son onimos. Por ello, no se puede estar de acuerdo con el autor del libro reseñado cuando llama onimos a las palabras de las que surgieron (o de las que pueden derivarse) los apodos (p. 25). Más aún, la explicación de este uso del término onimas con el argumento de que los apodos pueden derivarse tanto de palabras comunes como de nombres propios no resulta en absoluto convincente (véase la nota de la p. 25). Según el autor, los onimai son tanto nombres propios como palabras comunes. Compárense, por ejemplo, las afirmaciones: «Aquí los onimos son nombres de animales: Bebras, Lapė, Voverė...» (p. 37); «Como onimos se toman nombres de aves de pico curvo (el apodo más frecuente es Vānagas)...» (p. 41); «Aquí los onimos son nombres de animales pequeños: Cýrule, Puokis...» (p. 45); «Con menor frecuencia, los onimos son nombres personales y zoónimos apelativos (Rickus,... arklys, gaidys)» (p. 76), etc. Esto contradice esencialmente el concepto del término onimas establecido en la terminología onomástica. Es cierto que, en ocasiones, las palabras de las que se deriva un apodo no se denominan onimos, sino que se describen de otro modo, por ejemplo, palabra motivadora (p. 31), apelativos de los apodos (pp. 75, 96, 99), pero lo más habitual es emplear para este fin el término ya mencionado onimas.

11 Véase más ampliamente Maciejauskienė V. Uso de los apellidos lituanos, 5–6.

12 Подольская Н. Словарь русской ономастической терминологии, Москва: Наука, 1978, 95.

13 Žr. Jakaitienė E. Lietuvių kalbos leksikologija, Vilnius: Mokslas, 1980, 86.

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También cabe señalar que, al enumerar las raíces de los apodos derivados de distintas palabras, en el libro estas se escriben con mayúscula inicial, por ejemplo: Balt-, Juod-, Rud-, Žil- (p. 37), Murz-, Žebr- (p. 39), Maž-, Trump- (p. 45), Klib-, Šlub-, etc. (p. 54), etc. En nuestros trabajos de antroponimia, en estos casos es habitual escribir con minúscula las raíces (los temas) de los nombres personales14.

Al abordar uno de los tipos de apodos familiares, es decir, los apodos patronímicos, se mencionan los términos tėvavardis y patronimas (p. 21, 57 y otras). Se usan como sinónimos, entendiendo que ambos designan el mismo concepto: un nombre personal formado a partir del nombre, el apellido, el apodo o algo similar del padre. Esto indicaría que el libro no suscribe la postura de distinguir estos términos y considerarlos designaciones de conceptos de distinta extensión (patronimas: cualquier derivado de un nombre personal del padre, es decir, de su nombre, apellido, apodo o seudónimo; mientras que tėvavardis: un derivado del nombre del padre con sufijo patronímico)15.

Al leer sobre los apodos patronímicos, se pueden encontrar algunas otras afirmaciones discutibles. Así, por ejemplo, en la p. 21 se escribe que «en lituano, el patronímico suele constar de dos palabras (p. ej., Adomo sūnus) o de una sola palabra en genitivo (Adomo)». Si se sigue la concepción del patronímico ya mencionada (un nombre personal formado a partir del nombre del padre mediante sufijos patronímicos), no es apropiado hablar de un patronímico de dos palabras (ni tampoco de uno de una sola palabra en genitivo). A lo que el autor llama aquí patronímico se le podría llamar referencia al nombre del padre o algo similar. O bien: en la p. 60 se mencionan patronímicos compuestos: Sūnelio Aldoną (el apodo del padre es Sūnelis), Žento Jūlius (el apodo del padre es Žentas). Como se ve, se trata de apodos compuestos, uno de cuyos componentes es una referencia al apodo del padre.

Tampoco resulta del todo aceptable que en el estudio de antroponimia no se distingan los patronímicos de los matronímicos (derivados del nombre de la madre). Según afirma el autor, esto se hace «por motivos de simplicidad» (nota al pie, p. 57). Es cierto que no se sigue esta postura de manera consecuente y que en algunos lugares sí se mencionan los matronímicos, o nombres maternos (por ejemplo, p. 59: metronimus, metroniminių priesagų; aquí met-, en lugar de mat-, probablemente se debe a un error tipográfico).

Probablemente tampoco cabe aprobar casos en los que el autor sustituye el término habitual patroniminė priesaga por una forma más breve: patropriesaga (p. 59, 64 y otras) (¿sufijo paterno?), o emplea el término patroformantas (p. 124), y escribe parazitzodis (p. 84, 87) en lugar de parazitinis žodis, etc.

Como ya se ha mencionado, dado el enfoque elegido para estudiar los apodos, las cuestiones relativas a su formación no se tratan ampliamente en el trabajo, aunque se abordan en algunos capítulos. Uno de ellos es «La formación de los apodos y su relación con la motivación» (p. 31).

14 Cf. Kuzavinis K., Savukynas B. Lietuvių vardų kilmės žodynas, Vilnius: Mokslas, 1987; Lietuvių pavardžių žodynas, Maciejauskienė V. Lietuvių pavardžių susidarymas, etc.

15 Véase Maciejauskienė V. Op. cit., 17.

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Aquí se afirma que, desde el punto de vista de su formación, los apodos «pueden dividirse en primarios y derivados (p. 31, 33 y ss.)». De las consideraciones posteriores cabe entender que apodos como Baltakys, Išverstakis, Kreivažandis, etc., también se incluyen en el grupo de los derivados, aunque se los denomina apodos de dos temas y, en ocasiones, compuestos. Si se considera que los apodos mencionados surgieron de un apelativo existente o potencial, desde el punto de vista de su formación podrían calificarse de primarios. Sin embargo, ciertamente no pueden llamarse derivados (un derivado, o palabra derivada, es una palabra que «se basa en una única palabra base y tiene un formante derivativo»16). Son compuestos, es decir, apodos formados por composición17. Así pues, parecería que en este capítulo del libro la derivación se entiende como el conjunto de procedimientos de formación de palabras. Esta concepción se repite también en el segundo capítulo del libro («Apodos de parentesco»): «La otra mitad de los apodos son derivados; un tercio de ellos son compuestos, formados a partir del antropónimo del suegro (por lo general, el apellido) y un apelativo yerno...» (Bružentis, Lapėnžentis, Šimkažentis) (p. 65). Sin embargo, no se mantiene esta distinción de manera coherente.

Al tratar la formación de los apodos en el séptimo capítulo del libro («Apodos relacionados con el lugar de residencia»), además de palabras derivadas, ya se mencionan también compuestos (p. 111, 113). Entre estos últimos se incluyen apodos compuestos (Kalno Juodėlis, Jonis Šilinis) y apodos de dos temas (Miškāpet ris, Plikbalis, Vienasėdis) (p. 113). Los apodos compuestos (Antano Pašily s, Sūnelio Aldonā) también se mencionan en la p. 60; se alude a compuestos, palabras compuestas y apodos compuestos en las pp. 116, 117 y ss. Así pues, parece que cabría echar en falta cierta coherencia al analizar la formación de los apodos.

Al hablar de los apodos compuestos, se los denomina compuestos (pp. 32, 38, 65 y ss.) o apodos de dos temas (pp. 32, 38, 113 y ss.). Aunque cabe aceptar el uso de los términos apodo compuesto y compuesto, puede ponerse en duda la conveniencia de emplear apodo de dos temas. En la antroponimia lituana, es habitual llamar de dos temas a los antiguos nombres personales bálticos (p. ej., Algirdas, Mindaugas, Vytautas, etc.).

Cabe señalar algún otro error relacionado con el análisis de la formación de los apodos. Así, al tratar la formación de apodos femeninos, se menciona el sufijo -ienė (Kūgelienė, Žirafienė) y, a modo de comparación, se ofrecen las palabras comunes sukčiuvienė, snaudžiuvienė (p. 67). Pero estas últimas llevan el sufijo -(i)uvienė. No es preciso calificar el apodo Motė como derivado mediante desinencia de Motiejus.

Para concluir, cabría plantear la cuestión de si los apodos pueden carecer de motivación (cf. el capítulo undécimo del libro, «Apodos inmotivados»). En el apartado «Motivos de los apodos», el autor afirma: «... la opinión de que un apodo no puede existir sin motivo es excesivamente categórica, pues hay apodos cuyo motivo se ha olvidado» (p. 26). Probablemente lo más importante sea que un apodo no puede surgir sin motivo, pero sí puede existir una vez surgido (aunque se desconozca, se haya olvidado, etc. el motivo). Esto

16 G a i v e n i s K., K e i n y s S. Diccionario de términos lingüísticos, 47, 225.

17 Plg. U r b u t i s V. Žodžių darybos teorija, Vilnius: Mokslas, 1978, 283; V a n a g a s A. Lietuvos TSR hidronimų daryba, Vilnius: Mintis, 1970, 25.

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¿o el concepto de apodos inmotivados contradice la propia noción de apodo? Pues si los motivos por los que se eligieron los apodos Bebras, Erkė, Kreidaklynis (p. 119), entre otros, no quedaron registrados, ello no demuestra que surgieran de un modo distinto al de todos los apodos lituanos, es decir, que sean inmotivados.

Al valorar «Lietuvių pravardės», ante todo se ha intentado llamar la atención de los lectores sobre los méritos de esta nueva obra de antroponimia lituana. Las observaciones polémicas aquí presentadas, o las opiniones distintas de las del autor sobre algunas cuestiones, quizá resulten útiles para futuras investigaciones de este singular estrato de nombres personales lituanos.

Vitalija Maciejauskienė

Benita Laumane. Zeme, jūra, zveivietas. Zvejniecības leksika Latvijas piekrastē. Rīga, 1996: Zinātne, 397 lpp.: il., [8] lp. kr. il.

En los últimos años han aparecido numerosas obras importantes de onomástica báltica. Sin duda, una de ellas es el libro de la lingüista letona B. Laumane, publicado en 1996, dedicado al estudio del léxico pesquero de las zonas de la costa del mar Báltico pertenecientes a Letonia¹. Esta obra resume y complementa los estudios anteriores de la autora².

Cabe decir que se trata de la primera obra de este tipo en la onomástica báltica (y, en general, en la lingüística): en ella se examina de manera muy completa y detallada el léxico apelativo y onímico de un territorio bastante específico: el litoral. Es cierto que también se ha escrito algo sobre los topónimos de las localidades de la costa báltica en territorio lituano³, pero se trata más bien de una presentación de la toponimia que de un análisis exhaustivo.

El libro de B. Laumane consta de un «Prefacio», una «Introducción» y tres amplios capítulos: «Nombres de asentamientos pesqueros y embarcaderos» («Zvejniekciemu un valgumu nosaukumi»), «Nombres del relieve» («Reljefa apzīmējumi») y «Nombres de lugares de pesca» («Zvejvietu nosaukumi»). Estos capítulos se dividen en varios subapartados más detallados.

La introducción (pp. 5–16) ofrece una caracterización polifacética de la zona costera del mar Báltico: se reseñan la historia del surgimiento de los asentamientos pesqueros, el desarrollo de la actividad pesquera, la composición étnica de la población y sus cambios. Los datos de las fuentes históricas-

1 Sin duda, el libro merece una reseña exhaustiva o un análisis detallado. Por el momento, nos limitamos a presentarlo.

2 Plg. Лаумане Б. Семантика и структура названий тоней побережья Латвийской ССР. – Baltu valodas senāk un tagad, Rīga: Zinātne, 1985, 115–127; Laumane B. Zvejvietu nosaukumi Latvijas PSR piekrastē, Rīga: Zinātne, 1987 ir kt.

3 Véase Гуделис В. Список географических названий залива Куршю марес и прилегающей к нему территории. – Куршю марес, Вильнюс, 1959, 541–546; Vanagas A. Nombres de aguas de nuestra costa. – Baltija, Vilnius: Mintis, 1984, 72–77; Razmukaitė M. Nombres de lugares de la península de Curlandia y de la laguna de Curlandia. – Kalbos kultūra 69, 1997, 74–81.

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