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Instituto de la Lengua Lituana
Líneas de investigación: prosodia del griego y del latín antiguos, acentuación de la lengua lituana, bases de datos lexicográficas.
DOI: doi.org/10.35321/all85-03
CAPÍTULO SOBRE LA ACENTUACIÓN EN LA GRAMÁTICA DE LA LENGUA LITUANA DE 1737
El capítulo sobre la acentuación en la gramática lituana de 1737
ANOTACIÓN
La gramática de la lengua lituana publicada en 1737 por un autor desconocido bajo el título Universitas Linguarum Lituaniae es la fuente más antigua conocida en la que los tonos silábicos de la lengua lituana están descritos y marcados correctamente. No obstante, las descripciones de los tonos silábicos que se presentan en esa gramática a veces resultan difíciles de comprender para el lector moderno debido a la inusual terminología latina del siglo XVIII; una traducción literal no ayuda demasiado en este caso. Una vez aclarada la terminología de la época, se hace evidente que todo lo que allí se atestigua sobre los tonos silábicos de la lengua lituana coincide plenamente con lo que hoy se sabe sobre ellos.
PALABRAS CLAVE: acentuación, tonos silábicos, 1737, Universitas Linguarum Lituaniae, cantidad silábica, latín, traducción.
ANOTACIÓN
Una gramática del lituano, escrita en latín y publicada en 1737 en Vilna sin el nombre del autor bajo el título Universitas Linguarum Lituaniae, es la obra más antigua conocida que describe correctamente los tonos silábicos del lituano. Sin embargo, la descripción de los tonos silábicos en esta gramática no siempre es fácil de comprender para un lector moderno debido a su inusual terminología del siglo 18th. Al desentrañarla, se hace evidente que todo lo que la gramática atestigua sobre los tonos silábicos del lituano concuerda plenamente con lo que hoy sabemos sobre su pronunciación.
PALABRAS CLAVE: acentuación, tonos silábicos, 1737, Universitas Linguarum Lituaniae, cantidad silábica, latín, traducción.
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La gramática de la lengua lituana escrita en latín por un autor desconocido y publicada en 1737 en Vilna, conocida como Universitas Linguarum Lituaniae (literalmente «conjunto de las lenguas de Lituania», lo que significa «forma universal de la lengua lituana» o «dialecto comprendido universalmente en Lituania»), se distingue por que en ella, por primera vez en la historia de los estudios lituanos, los tonos silábicos de la lengua lituana fueron descritos y marcados con precisión. No obstante, en sus capítulos que describen el acento y los tonos silábicos también hay ambigüedades; algunas se deben a la traducción inexacta publicada en 1981, mientras que otras suenan oscuras incluso en el texto latino original. El objetivo de este artículo es traducir con la mayor precisión posible la descripción de los tonos silábicos de la lengua lituana y esclarecer el pensamiento del autor que se oculta tras una terminología inusual en nuestros días. Para alcanzar este objetivo, un método adecuado sería aclarar los términos del siglo XVIII revisando sus usos en otras obras de la época, donde el significado de los términos se desprenderá del contexto.
Toda la descripción de los tonos silábicos de la lengua lituana en la gramática Universitas se encuentra en la página 4, sin numerar, del capítulo 3, dividido en subsecciones del 1 al 5, y en todo el texto de la gramática los tonos silábicos están marcados en todas las palabras (con pequeñas excepciones debidas a errores de imprenta). Para la marcación se emplean los siguientes signos: 1) la última sílaba breve de la palabra se marca con el signo izquierdo (grave), como actualmente; 2) las vocales con tono descendente se marcan con un circunflejo angular (â, ê, etc.; en nuestros días este signo es utilizado por los lituanistas con otro fin y, cuando necesita un nombre, se denomina «tejadillo»); 3) las vocales y diptongos con tono ascendente se marcan con una letra de tipo redondo (litera antiqua) insertada en una palabra impresa en cursiva. Es muy probable que en el manuscrito original del autor el tono ascendente estuviera marcado con el signo derecho (agudo), y que el método de las letras antiqua fuera elegido en la imprenta debido a dificultades técnicas, por falta de una cantidad suficiente de tipos con agudos; esto se desprende tanto de los errores de imprenta que revelan el estado del manuscrito como del hecho de que difícilmente alguien se pondría a escribir en el manuscrito una sola letra con una grafía diferente (Strockis 2007: 107). 4) Los diptongos con tono descendente que no se encuentran en la última sílaba de la palabra se marcan con el mismo signo grave que las vocales breves situadas al final de la palabra. Existe la posibilidad, aunque no muy grande, de que en el manuscrito original se utilizara para los diptongos con tono descendente el signo latino de la tilde (ũ, etc.; Strockis 2007: 108), idéntico al circunflejo griego, empleado también en la marcación actual de los tonos silábicos desde la época de Kuršaitis; al agotarse los tipos de imprenta correspondientes, se volvió a utilizar el signo grave. 5) Si la vocal breve aparece en una sílaba que no es la última de la palabra, normalmente se deja sin signo de acento; esto no se trata en el capítulo sobre la acentuación, pero compárese la declinación del participio buvęs en la página 27 (como se ha mencionado, sin numerar): Buwias, Buwufio, Buwufiam, Buwufi, etc. Si en la última sílaba de la palabra aparece un diptongo con tono descendente, o bien se deja sin signo de acento, o bien se marca con un grave, pero en el breve texto de la gramática no hay muchas palabras de este tipo, y los errores de imprenta también dificultan el intento de comprender la intención del autor; compárese en la página 49 ardaw (ardaũ), ardiev,
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pero žinau en las líneas contiguas; y también el evidente error de imprenta que aparece al lado, ardžiau (ardžiau). Que el autor tuvo que adaptarse a las imperfecciones de la imprenta se ve también en que la imprenta no disponía de las letras į y ų (y menos aún acentuadas), de modo que, por ejemplo, la palabra pažįsta tuvo que escribirse pažįnsta (con una letra de tipo redondo en lugar del signo agudo y con la letra n en lugar de la nasal), y añadirse la nota: Notandū quod non proferatur hic in ſed i cancellatū «debe señalarse que aquí no debe pronunciarse in, sino la i tachada»¹. De aquí se puede conjeturar razonablemente que en el manuscrito inicial del autor había una i nasal acentuada, y que las nasales en aquella época todavía se escribían a mano de forma arcaica, es decir, como letras tachadas, aunque impresas en tipo antiqua ya tenían la forma actual.
Es evidente que la gramática Universitas estaba destinada a estudiantes cuya lengua materna era el polaco, que estudiaban en la Universidad de Vilna de aquella época (Eigminas 1981: 20) y tenían la intención de convertirse en sacerdotes en parroquias lituanas. Esto se ve en que, aunque el texto de la gramática está escrito en latín, las palabras lituanas no se traducen al latín, sino al polaco. Por tanto, cabe esperar que las descripciones gramaticales, incluida la de los tonos silábicos del lituano, estuvieran adaptadas a los estudiantes polacos. Asimismo, tras examinar el capítulo sobre los tonos silábicos, no quedarán dudas de que el autor de Universitas enseñaba personalmente la lengua lituana, pues algunas frases solo pudo escribirlas alguien que hubiera oído personalmente los errores de los estudiantes.
Por tanto, conviene revisar el texto de la página 4, que explica los tonos silábicos del lituano.
Accentus eſt multiplex, summa autem ejus obſervandi neceſſitas, quia contra accentum loquens ferè non intelligitur, (ut patebit ex praxi) quare licet non poſſunt omnes dictiones in hoc libello compingi, tamen saltem super his quæ ponuntur adjungentur notæ; et quidem.
«El acento es de diversos tipos y es sumamente necesario observarlo, porque quien habla contra el acento resulta casi incomprensible, como se verá en la práctica; por eso, aunque no sea posible incluir todas las palabras en este librito, al menos en las que se presentan se añadirán signos [de acento]. Esto es:...»
En este texto se percibe con toda claridad algo parecido a una discusión con la gramática de Kleino, publicada 84 años antes. En la gramática de Kleino se dice lo siguiente sobre la marcación del acento:
¹ En la edición de 1981 se tradujo interpretando «i por la nariz» (ULL 1981: 105). Tal interpretación es, naturalmente, totalmente correcta, aunque no refleja la formulación del original. Los estudiantes polacos aprendían la lengua lituana con este libro y, naturalmente, a partir de las letras q y ę de su lengua materna debían de saber perfectamente cómo se pronunciaban las letras «tachadas».
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Accentus triplex est, ut apud Græcos: Acut[us], Gravis, & Circumflexus; qui tamen non semper dictionibus imponuntur, nisi interdum discriminis & perspicuitatis gratiā. (PLKG 1957: 115; página 21 de la edición original).
«El acento es de tres clases, como en griego: agudo, grave y circunflejo; sin embargo, no siempre se colocan [estos signos] en las palabras, sino solo a veces, para distinguir y aclarar».
Por supuesto, Universitas durante la vida del autor la gramática de Kleino había sido publicada hacía mucho tiempo, lejos y, además, en un entorno luterano, mientras que el autor de Universitas enseñaba en la Universidad católica de Vilnius. Por ello, es dudoso que pudiera utilizarla oficialmente como material didáctico (antes de escribir la suya); no obstante, estas frases sobre la notación del acento prácticamente no dejan dudas de que el autor de Universitas había leído la gramática de Kleino y había reflexionado sobre sus deficiencias. Kleino dice que «el acento es de tres tipos, como en griego», refiriéndose a tres signos de acento: el agudo, el grave y el circunflejo (angular), que utilizaba de manera distinta a la actual, como signos diacríticos explicativos que, siguiendo el modelo de la ortografía latina de los siglos XVI–XVIII, aclaraban la forma gramatical de la palabra (Strockis 2007: 44–105). Naturalmente, tal sistema sería difícil de utilizar con fines didácticos: si, como es habitual en la ortografía de Kleino, el circunflejo angular se coloca en la terminación del genitivo, tanto en la sílaba acentuada como en la no acentuada (por ejemplo, tanto garbės como motės), ¿cómo podría un estudiante polaco saber que en una palabra hay que acentuar tal terminación y en la otra no? Aquí la discusión con Kleino es evidente: Kleino dice que el acento es «de tres tipos»; el autor de Universitas responde que el acento es de diversos tipos (teniendo en mente al menos 4 variantes fonéticas); Kleino dice que los signos de acento no se marcan en todas partes, sino solo en algunos lugares («discriminis gratia», es decir, por lo general allí donde resultan útiles para distinguir formas homógrafas, como en la ortografía latina de la época); el autor de Universitas responde que los signos de acento se escriben en todas partes, porque sin ellos quien aprende no podrá acentuar correctamente las palabras lituanas, y es casi imposible entender el habla de quien acentúa incorrectamente.
A continuación, en la página 4 de Universitas se habla de los signos de acento particulares.
1. gravis accentus colocado en las sílabas finales indica que deben pronunciarse con una brevedad singular, v[erbi] g[ratia] awīs.
El signo grave, colocado en las últimas sílabas, indica que deben pronunciarse con una brevedad particular, por ejemplo, awīs.
En polaco la cantidad vocálica desapareció en el límite entre los siglos XV y XVI (Długosz–Kurczabowa 2006: 134); por tanto, al estudiante polaco del siglo XVIII, igual que al actual, hay que explicarle la particular brevedad (desde el punto de vista de la lengua polaca
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de la lengua1)) de las vocales breves lituanas. Al pronunciar una palabra como avis con acento polaco, al lituano podría sonarle como una palabra sin sentido, algo parecido a «avÿs».
2. Accentus circumflexus notat syllabam longam pronunciandam quafi duplicando vocalem v[erbi] g[ratia] Pōnás [error de imprenta; debería haber sido Pōnas].
El acento [circunflejo] circunflejo [es decir, el signo de acento] indica una sílaba larga, que se pronuncia como si se duplicara la vocal, por ejemplo, pōnas.
El agudo en la terminación –ás, a juzgar por todo, es un error de imprenta. ¿La vocal o de qué lengua habría que duplicar al pronunciar el õ lituano con tono descendente? Naturalmente, la polaca; un polaco nativo del siglo XVIII, para pronunciar en lituano la palabra pōnas, debería pronunciarla como una o polaca doble, como si dijera [poˈonas] con sonidos polacos. Cabe suponer que, al pronunciar esa o doble, habría que acentuar la segunda y así se obtendría una imitación aceptable del tono descendente lituano2.
3. Litera antiqua inter curſiva poſita notat ſyllabam longam quidem, ſed diverſæ longitudinis à circumflexa, & cum attenuatione quadam vocis efferendam: v[erbi] g[ratia] ſiena ſciana. Wienas jeden.
«Antiqua [es decir, de tipo redondo] letra [en lugar del signo agudo en el manuscrito], insertada entre las letras cursivas, indica una sílaba larga, pero de una longitud distinta de la circunfleja, y pronunciada con cierto debilitamiento de la voz; por ejemplo, siena, vienas.
² Puede compararse la comparación, escrita algo más de un siglo después por Kuršaitis, entre la vocal lituana y la polaca o: «Es necesario subrayar que las lenguas eslavas [...] no tienen una o larga y cerrada. En ruso y en polaco esta vocal se pronuncia sin excepción de manera breve y abierta. Para los eslavos es casi imposible pronunciarla cerrada. Si alguien logra con grandes dificultades prolongarla, sigue pareciéndose a una a semicerrada.» (Kuršaitis 2013: 54, § 50; traducción de Alfonsas Tekorius). Texto original: «Es ist bemerkenswerth, dass das Slavische [...] kein langes, geschlossenes o hat. Im Russischen und Polnischen wird dieser Vocal ohne Ausnahme nur kurz und offen gesprochen. Dasselbe geschlossen auszusprechen ist dem Slaven fast unmöglich. Denn wenn er in dessen Aussprache auch mit Mühe eine Dehnung zu Stande bringt, so bleibt es bleicht dennoch einem halben a gleich.» (Kurschat 1876: 18, § 50). Naturalmente, esto fue escrito más de un siglo después y compara los dialectos de la Lituania Menor; por desgracia, no disponemos de un testimonio similar del siglo XVIII sobre los dialectos de la Gran Lituania; aun así, este testimonio de Kuršaitis también ayuda a formarse una idea de la diferencia entre la vocal o de las lenguas lituana y polaca en épocas anteriores.
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La expresión «con cierto [o “algún tipo de”] debilitamiento de la voz» (attenuatione)3 puede entenderse de modo que, al pronunciar el tono ascendente, la voz debe parecer debilitarse hacia el final de la sílaba. Las palabras latinas ciertamente no significan que ese tono se pronuncie «con una voz más débil», como se tradujo en la edición de 1981 (ULL 1981: 61).
4. El accentus gravis en una sílaba que no sea la última indica también una sílaba larga, de una longitud diferente de ambas anteriores, y que debe pronunciarse más duramente: v[erbi] g[ratia] kàlba.
El acento grave [el signo de acento] en una sílaba que no es la última indica también una sílaba larga [sílaba], pero de una longitud distinta de las dos anteriores y que debe pronunciarse con mayor dureza, por ejemplo, kalba.
¿Qué significa aquí la palabra «con mayor dureza» (durius)? No significa en absoluto «pronunciada con mayor fuerza», como se traduce en la edición de 1981 (ULL 1981: 62). El adjetivo durus en latín significa «duro, firme, áspero», y no «fuerte, intenso». ¿Qué quiso decir con ello el autor de Universitas a los estudiantes polacos?
En la gramática polaca se habla de consonantes duras y blandas, de manera semejante a la lengua lituana. Ya en el siglo XVII, en las gramáticas de la lengua polaca escritas en latín, se emplean las palabras durus («duro») y mollis («blando»), como también hoy. Por ejemplo, en la gramática de Volkmar Compendium linguæ Polonicæ (Volkmar 1640: 7–8) se dice que consonantes polacas como ź «se caracterizan por su blandura» (excedunt in mollitie), mientras que otras como ż se caracterizan por su «dureza» (duritie). Asimismo, en la gramática de Woyna de 1690 Compendiosa linguæ Polonicæ institutio se escribe que la consonante ł (que en aquella época, según se puede deducir de la descripción, todavía se pronunciaba [ł], y no [w], como ahora) se pronuncia «duramente» (dure) (Zwoliński 1952: 396). Por tanto, en el siglo XVIII, cuando se escribió la gramática Universitas, tal término ya era conocido en los estudios de la lengua polaca. Así pues, al escribir en latín durius, se tenía en mente la palabra polaca «twardziej», «más duramente». Sin embargo, es habitual hablar así de las consonantes; ¿qué significa una expresión semejante aplicada a una vocal (o un diptongo)?
Al menos en la lengua polaca actual, las vocales situadas entre dos consonantes blandas se adelantan (Ostas zewska, Tambor 2000: 52–53), por ejemplo, [a] se convierte en [æ] (en el libro mencionado se utiliza la transcripción [ä]). En la lengua hablada, la vocal polaca i a veces se denomina «vocal blanda» (samogłoska miękka), aunque este no es un término oficial de la lingüística polaca (P) 2006). No hay motivos para pensar que la situación fuera esencialmente distinta en el siglo XVIII; por tanto, la relación entre lo que en polaco puede denominarse vocal «dura» y lo que se llamaría
3 También puede mencionarse aquí que en el diccionario de Sirvydas de 1642 attenuatione se traduce como «reducción» (SD: 457) y «adelgazamiento» (SD: 493).
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«vocal blanda» es el mismo que el de [ɑ] con [æ] o, por ejemplo, el de la y polaca [ĩ ~ ɪ] con la i [i].
Por tanto, la expresión según la cual la sílaba con tono descendente en una palabra como kalba se pronuncia «con mayor dureza» debería significar que la vocal a se vuelve más posterior aquí. De ello se puede deducir que el autor tenía en mente una pronunciación no [kaːba], sino algo parecido a [ˈkɛːba] (transcribiendo de forma simplificada y sin marcar los tonos silábicos). Esto no contradice la identificación del dialecto del autor de Universitas expuesta en ULL 1981: 23–38⁴
5. Si la 1.ª sílaba tiene cualquier acento, las restantes son breves.
Literalmente parece que esta frase dice «Si la primera sílaba [de la palabra] tiene algún acento [cualquiera de los signos de acento mencionados], las restantes son breves». Así se tradujo también en la edición de 1981 (ULL 1981: 62). Esta es la frase más difícil de comprender de toda la descripción del acento de Universitas.
El autor de Universitas no habla en ningún otro lugar de la cantidad de las sílabas átonas; la cantidad se trata únicamente como una característica del acento y del tono silábico. En ningún lugar del texto de Universitas hay instrucciones sobre cómo determinar la cantidad de una sílaba átona. Además, esta generalización, naturalmente, no es correcta: en lituano la cantidad silábica no depende de la posición del acento. Incluso si, hipotéticamente, fuera correcta, surgiría la pregunta de para qué hacía falta tal generalización si no se mencionaban otros casos (por ejemplo, cuál sería la cantidad de las sílabas átonas si la acentuada no fuera la primera, sino cualquier otra sílaba de la palabra). Por ello surge la sospecha de que aquí no se habla de la cantidad silábica tal como se entiende ahora. Syllaba brevis significa aquí «sílaba átona».
Como es de conocimiento general, en la lengua latina clásica la posición del acento depende automáticamente de la cantidad silábica: si la penúltima sílaba de la palabra es larga, también recibe el acento; si la penúltima sílaba es breve, recibe el acento la que la precede, es decir, la antepenúltima. En nuestros días, los manuales de latín suelen marcar la cantidad de todas las vocales, pero en los manuales antiguos puede observarse la práctica de marcar con el signo de cantidad solo la penúltima sílaba, de modo que el signo de cantidad se convertía de facto en signo de acento (por ejemplo, legĕre, pero habēre). Así, las palabras «sílaba breve» se convierten en una manera cómoda de decir en latín
⁴ También puede compararse la grafía del diptongo con tono descendente -ai con la grafía -ey en el hexámetro de 1589 (véanse el texto transcrito y el análisis métrico en Brender 1933: 35–45), por ejemplo tev (tāi), Sismundey (vocativo; abreviación del nombre Sigismundai «Žygimantai» según el modelo de la forma poética latina debido a la licentia poetica; según el esquema del hexámetro, esta terminación debía llevar el ictus, es decir, al declamar se acentuaba); es cierto que unas líneas más abajo aparece también skaytykte con -ay-. Esta fluctuación ortográfica revela una pronunciación del diptongo átono y con tono descendente ai no como [ai], sino quizá como [ɛɪ], [ʌɪ] o incluso [əɪ].
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«sílaba átona». En realidad, en el siglo XVIII era difícil encontrar otra manera de decirlo claramente. Los filólogos romanos antiguos llamaban a la sílaba átona syllaba grauis («sílaba pesada», Strockis 2007: 34, 81, 118 n.), traduciendo literalmente el término griego συλλαβὴ βαρεῖα (Strockis 2007: 19), pero en tiempos más recientes, al cambiar el significado del término «gravis» por el que conocemos, tal expresión habría sonado absurda: el intento de decir «si prima syllaba habet accentum quemcumque (e. g. gravem), reliquae graves sunt» significaría «si la primera sílaba tiene algún acento (por ejemplo, grave), las restantes tienen grave». En el Renacimiento también se empleaban otras expresiones; por ejemplo, el gramático Petrus Ramus escribía en 1559 gravi syllaba deprimitur (Strockis 2007: 76), que literalmente significaba «la sílaba marcada con grave es oprimida [es decir, no acentuada]» (según la doctrina de los filólogos de la Antigüedad; más tarde, como se ha mencionado, el significado del signo grave cambió al que conocemos hoy, Strockis 2007: 31). Sin embargo, tampoco habría sido una expresión muy clara y habitual para los estudiantes del siglo XVIII.
Que «sílaba breve» y «sílaba átona» significaban lo mismo en el siglo XVIII, especialmente en Polonia, se ve en el antiguo dicho Nos Poloni non curamus quantitatem syllabarum «nosotros, los polacos, no nos preocupamos por la cantidad de las sílabas», es decir, al hablar latín no nos preocupamos por la posición del acento. Para producir un efecto cómico, hay que pronunciarlo acentuando incorrectamente cada palabra posible: Nos Pōloni non cūrāmus quantĭtātem syllābarum. En la bibliografía se puede encontrar la mención de que este dicho surgió en el siglo XVIII, pero Knie 1887: 661 remonta sus orígenes hasta una publicación de 1591, en la que incluso se habría publicado un dístico elegíaco con cantidades silábicas absurdamente incorrectas y, por tanto, también con ictus del dístico elegíaco, que parodiaban la acentuación polaca:
Los germanos y los polacos antiguamente competían entre sí: «No me preocupo por la cantidad de sílabas…»
(«Un alemán y un polaco discutían una vez entre sí: no me preocupo por la cantidad de las sílabas…»)
En el mismo lugar también se cita el dicho mencionado, marcando con signos de cantidad las sílabas acentuadas y átonas incorrectamente siempre que era posible: Nos Pōlōni non cūrāmus quantĭtātem syllābārum. Una historia semejante se cuenta también en von Gotschall 1884, 354, donde se escribe que así se burlaban los alemanes de la acentuación latina incorrecta de los polacos, mientras que ellos mismos acentuaban correctamente (Nós Polōni non curāmus quantĭtātem syllabārum). Finalmente, Büchmann 1877: 224 encuentra los orígenes de la historia en el siglo XV, cuando el entonces rey de Polonia Casimiro Jagellón se encontró con el rey de Suecia Carlos VIII. En aquel encuentro, el rey sueco hablaba en latín, pero nadie de la delegación polaca lo entendía, por lo que fue necesario
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convocar a un monje intérprete. Enfurecido, Casimiro Jagellón indicó entonces que nadie en Polonia podría ocupar altos cargos del Estado si no sabía hablar latín. Por ello el latín se extendió en Polonia, pero las personas menos instruidas lo acentuaban mal; de ahí surgió también el dicho. Este artículo no pretende confirmar ni refutar esta historia, pero vemos que para decir «la posición del acento» se decía «la cantidad silábica».
Finalmente, tal broma llegó incluso al drama «Demetrius» de Friedrich von Schiller. El personaje Marina Mniszech dice en la dieta de Cracovia: «¿Me juráis fidelidad?», y los presentes responden: «Jurāmus! ¡Juramos!». Aquí se parodia la acentuación latina polaca incorrecta jurāmus (según el dicho mencionado); lo correcto sería jurāmus, pero la posición incorrecta del acento también queda confirmada por el ritmo del verso yámbico alemán:
¿Me juráis fidelidad? – ¡Jurāmus! ¡Juramos!
Como se desprende de la nota a pie de página de la edición de Boxberger para este pasaje, algunos especialistas en literatura alemana no entendieron la broma y la consideraron un error del poeta. Conociendo toda la historia, resulta verdaderamente muy cómica (como si no bastara, después de estas palabras los miembros de la dieta de Cracovia, desenvainando sus espadas, gritan «Vivat Marina! Russiae regina!», esta vez, al parecer, acentuando correctamente), pero conviene señalar que la sílaba átona en el texto de Schiller estaba marcada como breve (Boxberger 1878: 199), es decir, se entendía que «sílaba breve» = «sílaba átona».
Ya se puede considerar aclarado que «sílaba breve» debía significar «átona». Sin embargo, ¿qué quiso decir con ello el autor de Universitas? «¿Si la primera sílaba tiene algún acento, las restantes son átonas?» A primera vista, esto suena a tautología.
Como se ha mencionado, la gramática estaba destinada a estudiantes polacos. Desde la época de la protolengua eslava, el acento del polaco era libre; más tarde, quizá desde el siglo XIV, se acentuaba la primera sílaba de la palabra, y aún después apareció un acento secundario en la penúltima sílaba de las palabras largas, que en el siglo XVIII se convirtió en el acento principal de la palabra (Długosz-Kurczabowa 2006: 133–134); así surgió el sistema acentual del polaco tal como lo conocemos hoy. Universitas La gramática fue creada a comienzos del siglo XVIII; por tanto, es muy probable que en aquella época en polaco aún pudiera existir una etapa de transición en la que las palabras largas todavía tuvieran dos acentos, en la primera y en la penúltima sílaba. Así pues, el autor de Universitas enseña a los estudiantes polacos a no hacer eso en lituano: si la primera sílaba de la palabra está marcada como acentuada, todas las restantes son «breves»; dicho de otro modo, en las palabras lituanas largas los estudiantes deberían procurar no pronunciar un segundo acento en la penúltima sílaba, por mucho que lo exigiera su lengua materna. Esto revela que el autor de Universitas enseñaba personalmente lituano, pues solo alguien que hubiera oído por sí mismo tal acentuación de los estudiantes podía
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haber consignado en su gramática que, al pronunciar una palabra lituana larga, por ejemplo, būdāvorne, la pronunciaban «būdā vorme» (o incluso «būdā vome», si el antiguo acento secundario polaco ya estaba convirtiéndose en el principal), como palabras de su lengua materna5.
Por tanto, la frase analizada «Si 1ma fyllaba habet accentum quęmčīną [ue] reliquę breues sunt» significa:
«Si la primera sílaba tiene algún acento, las restantes no están acentuadas
[= no tienen el acento secundario característico del polaco de aquella época].»
Por último, la última frase:
Puesto que estos acentos no pueden ejemplificarse con palabras polacas ni con otras, debe observarse cómo hablan los lituanos nativos; así se dirán al final con otros ejemplos.
«Dado que estos acentos [tonos] no pueden ilustrarse con palabras polacas ni de otras lenguas, hay que escuchar cómo hablan los lituanos nativos; así se aprenderán sin otros ejemplos.»
Naturalmente, los tonos existen en letón, una de las lenguas vecinas, pero en aquellos tiempos el conocimiento del letón no estaba extendido en Lituania. Es cierto que en 1732, es decir, apenas 5 años antes que Universitas, y en el mismo lugar, es decir, en la imprenta de la entonces Universidad de Vilna (la academia jesuita), también se publicó una gramática letona, titulada Dispositio imperfecti ad optimum seu Rudimenta grammatices Lotavicae. Al igual que Universitas, Dispositio se publicó sin el nombre del autor, pero en nuestros tiempos se ha establecido que fue creada por el jesuita letón dr. theol. Juris Spuņģēns (llamado Jerzy Szpungiański en las fuentes polacas y, en ocasiones, Georgs Špungjanskis en las letonas), que también enseñó en la Universidad de Vilna (Eigminas 1981: 18). Sin embargo, no hay información de que su gramática letona describiera los tonos; se desconoce si el autor de Universitas conocía a Spuņģēns y si ambos, siendo colegas y autores de gramáticas, pudieron consultar entre sí cuestiones lingüísticas.
5 Es posible que estas particularidades históricas de la acentuación polaca contribuyeran también al surgimiento de la mencionada expresión Nos Pōloni non cūramus..., pero eso ya sería objeto de un estudio de polonística.
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CONCLUSIONES
Una vez aclarada la terminología latina del siglo XVIII, inusual en nuestros tiempos, queda claro que las observaciones del autor de Universitas sobre el acento lituano significan lo siguiente (repitiendo la numeración de los subapartados del original):
Los tonos (más precisamente, sus variantes fonéticas) son diversos y, con fines didácticos, es necesario marcarlos en todas partes en la gramática, pues la marcación habitual hasta entonces de signos diacríticos explicativos, como en la gramática de Kleino, ayuda muy poco a quienes están aprendiendo.
Hay cuatro casos fonéticos de tonos que deben aprenderse a pronunciar con la mayor precisión posible, para que un lituano nativo comprenda lo que se dice:
1. Las sílabas breves deben ser especialmente breves en comparación con el polaco. Se marcan con el signo grave.
2. Los polacos pueden imitar el tono descendente en los monoptongos pronunciándolo como una doble vocal polaca en la misma sílaba (acentuando, según parece, la segunda de las dos; es decir, la palabra pōnas pueden pronunciarla bastante bien como si dijeran en polaco [po˙onas]). Este tono se marca con un circunflejo angular (que era habitual en el alfabeto latino).
3. El tono ascendente se pronuncia al final de una sílaba larga debilitando la voz. Se marca con el signo agudo, que en la edición impresa, por necesidad técnica, fue sustituido por una letra en tipo antiqua sin diacrítico.
4. Al pronunciar el tono descendente en un diptongo, la vocal, al menos la a, se pronuncia «con más dureza», es decir, se vuelve como reducida o, dicho de otro modo, más posterior; según se puede suponer, ya no es [a], sino más cercana a [ę]. Este caso del tono se marca en la edición impresa con el signo grave si no se trata de la última sílaba de la palabra.
En las demás lenguas que podían conocer los estudiantes de aquella época no existen tales tonos.
La distinción de estos cuatro casos estaba plenamente justificada, porque la pronunciación de una vocal descendente (monoptongo) y la pronunciación de esa misma vocal en un diptongo difieren considerablemente, y esto es importante al enseñar a estudiantes no nativos. No se menciona la diferencia fonética entre monoptongos ascendentes y diptongos (como pūlė, pilti, etc.), y en el texto de la edición se marcan del mismo modo (con una letra antiqua); de ello se puede suponer que en el dialecto del autor la diferencia no era muy grande o no parecía muy importante desde el punto de vista didáctico.
5. Si una palabra larga tiene el acento en la primera sílaba (en formas como, por ejemplo, būdavome), los estudiantes deberían procurar no pronunciar un acento secundario en la penúltima sílaba, por mucho que lo exigiera su lengua polaca del siglo XVIII.
Así pues, es evidente que todo esto coincide con lo que se sabe sobre los tonos de la lengua lituana en nuestros tiempos, y aquí no se afirma ninguna rareza. Lo esencial del siglo XVIII
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era que los tonos se distinguían siempre con claridad de los actuales.
A veces se afirma en la bibliografía que el autor de Universitas «todavía no había comprendido del todo la esencia de los tonos» (Eigminas 191: 45); decirlo así no es honesto ni correcto. Solo cabe preguntar: ¿quién los comprendía mejor en aquella época? O bien: ¿qué errores concretos cometió al explicar los tonos? Lo único que no coincidiría con la explicación habitual de nuestros tiempos es que el tono descendente en monoptongos y diptongos fue descrito por el autor de Universitas como dos casos separados, pero esto está justificado tanto desde el punto de vista fonético como didáctico, y el objetivo de la gramática de Universitas era precisamente didáctico. En realidad, el primero que detectó y describió con precisión los tonos de la lengua lituana, sin disponer de ejemplos en las gramáticas de otras lenguas⁶, el autor de Universitas fue un talento de la lingüística, digno de ser honrado al mismo nivel que Būga, Jablonskis y Kuršaitis; lamentablemente, en nuestros tiempos ni siquiera se conoce su nombre. Si hubiera nacido en otra época y se hubiera convertido no en sacerdote jesuita, sino en profesor de lingüística, se lo mencionaría entre los investigadores más destacados de la lengua lituana.
LITERATŪRA
Boxberger Robert 1878: Schiller’s sämtliche Werke, hrsg. von R. Boxberger, Siebenter Band, Berlin: G. Grote’sche Verlagsbuchhandlung.
Brender Franz 1933: Zur Metrik der litauischen Hexameter von 1589. – Archivum Philologicum 4, 35–45.
Büchmann Georg 1877: Geflügelte Worte. Der Cit atenschatz des Deutschen Volks. Zehnte verbesserte und vermehrte Aufl., Berlin: Haudeund Spener’sche Buchhandlung.
Eigminas Kazimieras 1981: Lietuvių kalbos gramatikos iki 1737 m. ir „Universitas lingvarum Litvaniae“ atsiradimo sąlygos. – Universitas Lingvarum Litvaniae, Vilnius: Mokslas.
Gottschall Rudolf von 1884: Unsere Zeit. Deutsche Revue der Gegenwart, hrsg. von R. von Gottschall, Erster Band, Leipzig: F. A. Brockhaus.
Długosz-Kurczabowa Krystyna, Dubisz Stanisław 2006: Gramatyka historyczna języka polskiego, Warszawa: Wydawnictwa Uniwersytetu Warszawskiego.
PLKG 1957: Pirmoji lietuvių kalbos gramatika, Vilnius: Valstybinė politinės ir mokslinės literatūros leidykla.
⁶ Kaip minėta, latvių kalbos mokėjimas tais laikais Lietuvoje nebuvo paplitęs, o senosios graikų kalbos priegaidės buvo mirusios prieš pusantro tūkstančio metų ir niekam negirdėtos, tad skirtingi graikų kirčio ženklai tais laikais galėjo atrodyti tik kaip bizantiškos rašybos įmantrybė.
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Page 13Kirčiavimo skyrius 1737 metų lietuvių kalbos gramatikoje
Knie Ferdinand 1887: Geistesblitze. Die geflügelten Worte und Zitate des deutschen Volkes, Zusammengestellt von F. Knie, Zweiter Teil, Paderborn: Druck und Verlag der Bonifacius-Druckerei.
Kurschat Friedrich 1876: Grammatik der littauischen Sprache, Halle: Verlag der Buchhandlung des Waisenhauses.
Kuršaitis Frydrichas 2013: Lietuvių kalbos gramatika, 1876, Vilnius: Vilniaus universiteto leidykla.
PJ 2006: Poradnia językowa (lenkų kalbos konsultacijos). Prieiga internete: https://sjp.pwn.pl/poradnia/haslo/samogloski-miekkie;6644.html [žiūrėta 2021–11–26].
SD 1642: Dictionarium trium linguarum In usum Studioсаs Juventutis, auctore Constantino Szyrwiɗ è Societate Jesu, Vilnæ: Typis Academicis Societatis Jesu.
Strockis Mindaugas 2007: Klasikinių kalbų kirčio žymėjimo įtaka lietuvių kirčio žymėjimui: daktaro disertacija, Vilnius: Vilniaus universitetas.
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Volkmar Nicolaus 1640: Compendium linguæ Polonicæ in gratiam Juventutis Dantiscanae collectum à Nicolao Volkmaro, Dantisci: Sumptibus Andreæ Hünefeldii Bibliopolæ.
Zwoliński Przemysław 1952: Wypowiedzi gramatyków XVI i XVII wieku o dialektyzmach w ówczesnej polszczyźnie. – Pamiętnik Literacki: czasopismo kwartalne poświęcone historii i krytyce literatury polskiej 43/1–2, 375–407.
The Chapter on Accentuation in the 1737 Lithuanian Grammar
SUMMARY
This grammar of Lithuanian, written in Latin and published without an author’s name in Vilnius in 1737, is titled Universitas Linguarum Lithuaniae, which can be translated, not literally but according to the author’s intended meaning, as ‘A universal form of Lithuanian’ or ‘A dialect universally understood in all Lithuania’. It is the earliest known source to correctly describe the syllable tones of Lithuanian and to mark them correctly throughout in the text. However, the description of the syllable tones in this grammar is not always easy to understand for a modern reader because of its unusual 18th century terminology.
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The grammar was intended for students of Lithuanian whose native tongue was Polish, so all grammatical descriptions were adapted to the needs of Polish students. The words cum attenuatĭone quadam vocis, used to describe the pronunciation of the Lithuanian acute tone, clearly mean ‘with a certain weakening of voice [towards the end of the syllable]’, which is congruous with Lithuanian pronunciation. The word durius (‘harder’), used to describe the pronunciation of the circumflex tone in diphthongs, quite obviously corresponds to the Polish word twardziej (‘harder’ or ‘tougher’), that is, with a certain backward quality of the vowel. The term syllaba brevis actually means not a short syllable, but an unstressed syllable, as was common practice at the time, especially in Polish contexts. There is an old saying, describing incorrect accentuation of Latin by the Poles, Nos Póloni non cúramus quantĭtatem syllabārum, whose origin can be traced to the 16th century, if not earlier. It is notable that while the meaning is ‘We Poles do not care about correct accentuation [of Latin]’, the literal meaning of the Latin is ‘We Poles do not care about syllable quantities’. A joke based on this story even found its way into Friedrich von Schiller’s drama Demetrius, where the character Marina Mniszech says in front of the Cracow Diet, ‘Do you swear allegiance to me?’, and all present answer ‘Jurāmus!’ We swear!’ The wrong accentuation is confirmed by the rhythm of the German iambic line: Schwört ihr mir Treue? – Jurāmus! Wir schwören!, yet the unstressed syllable (which indeed had to be stressed in correct Latin) was marked with a breve mark in Schiller’s text.
Finally, as has been established by researchers into historical grammar of Polish, in the 18th century long Polish words could have been given two stresses, one on the first syllable, and another on the second-last syllable (which eventually became the primary, and then the only, word stress in modern Polish). So the instruction in the 18th century Lithuanian grammar si prima syllaba habet accentum quemcumque, reliquae breves sunt does not mean ‘if the first syllable has an accent mark of any kind, the remainder are short’; in fact it means that if a Lithuanian word has the stress on the first syllable the learners should be careful not to add a secondary stress on the penult, as they would likely do in their native language, 18th century Polish.
It appears that all that the 1737 grammar says about Lithuanian accentuation and syllable tones is fully in line with Lithuanian pronunciation as we know it today. The only difference between 18th century Lithuanian syllable tones and modern ones is that the former were always clearly distinct without any blurring or hesitation.
Įteikta 2021 m. lapkričio 26 d.
MINDAUGAS STROCKIS
Lietuvių kalbos institutas
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