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LIETUVIŲ KALBOTYROS KLAUSIMAI XXXVII (1997)

LEKSIKOGRAFIJOS IR LEKSIKOLOGIJOS PROBLEMOS

Juozas KARACIEJUS

SOBRE LOS DICCIONARIOS HISTÓRICO Y ETIMOLÓGICO DE LA LENGUA LITUANA

La publicación del gran «Diccionario de la lengua lituana», aunque avanza lentamente, se acerca, no obstante, a su fin. Pero de ningún modo puede sustituir a un diccionario de los escritos antiguos o a un diccionario histórico de la lengua lituana, cuya ausencia echamos cada vez más en falta. Un diccionario así es necesario no solo para los historiadores de la lengua, sino también para quienes la utilizan en la práctica, pues un diccionario histórico de la lengua lituana, que debería abarcar todos los testimonios de nuestra lengua, tanto impresos como manuscritos, al menos hasta comienzos del siglo XIX, tendría que indicar no solo la frecuencia de uso de las palabras, sino también los sentidos con que se emplea cada palabra y qué particularidades de su uso pudieron estar condicionadas por otras lenguas. Sin embargo, preparar un diccionario así no es tan sencillo. Ante todo, sus compiladores deben familiarizarse a fondo con todos nuestros escritos antiguos y con sus particularidades. Por consiguiente, el núcleo de quienes preparen el diccionario histórico de la lengua lituana debería estar formado por especialistas en la historia de la lengua lituana. Por eso se entiende perfectamente que, hace algo más de una década, en el entonces Instituto de la Lengua y la Literatura Lituanas se empezara a hablar con bastante insistencia de un diccionario histórico de la lengua lituana. El iniciador de esta idea fue el Departamento de Historia de la Lengua y Dialectología. La cuestión del diccionario histórico de la lengua lituana llegó incluso a debatirse en el entonces activo consejo especial para el desarrollo y la coordinación de las ciencias filológicas. Pero, salvo por las expresiones vagas y poco vinculantes que tanto nos gustaba emplear en la posguerra y que seguimos usando con celo hasta hoy encargar, considerar, encomendar, no se hizo nada más. Por supuesto, ahora, al recordar aquellos tiempos, quizá podríamos valorar positivamente esas deliberaciones, en el sentido de que plantearon un problema verdaderamente apremiante. Lamentablemente, después de una o dos reuniones y deliberaciones, el entusiasmo empezó a decaer, y cada vez se hablaba menos del diccionario histórico de la lengua lituana.

Cabe preguntarse por qué ocurrió así. La respuesta es muy sencilla. Durante todo el período de posguerra, aunque se destacaban los logros de los estudios lituanos, en particular de la lingüística lituana, cuando se repartían los fondos para la investigación científica, los estudios lituanos quedaban al final de la lista de candidatos. Es cierto que esta afirmación no puede refutarse: en la posguerra, los estudios lituanos lograron avances notables. En la mayoría de los casos, estos se debieron al entusiasmo de quienes se incorporaron a los estudios lituanos en aquellos años, a su amor por la lengua materna y por su país. Sin embargo, no se crearon condiciones adecuadas para su trabajo. Con semejantes planteamientos, no solo no se asignaron fondos adicionales para preparar el diccionario histórico de la lengua lituana, sino que ni siquiera se llegó a considerar quién podría prepararlo ni cuántas personas, y con qué cualificaciones, harían falta para esa tarea.

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Es cierto que el Departamento de Historia de la Lengua y Dialectología había empezado a recopilar por sus propios medios materiales para el diccionario histórico: se transcribían en fichas oraciones de algunos testimonios de escritos antiguos, para poder reproducirlas y así formar el fichero del diccionario histórico de la lengua lituana. Este método es posible, pero solo como último recurso, porque no siempre es fácil determinar el significado de las palabras de los escritos antiguos a partir de un sintagma, sea breve o extenso. A menudo tenemos que examinar el contexto con mayor detenimiento y, no pocas veces, si el texto lituano es una traducción, compararlo también con el original, averiguar qué palabra de la lengua original se traduce mediante esa palabra lituana y precisar con qué sentidos empleaban entonces los traductores lituanos la palabra de la lengua original. Lo mismo puede decirse de los equivalentes lituanos y su variación en los diccionarios bilingües manuscritos preparados en la Lituania Menor en los siglos XVII–XVIII, pues en esos diccionarios los equivalentes lituanos suelen aparecer sin oraciones ilustrativas. Además, como muestran las investigaciones más recientes, estos diccionarios esconden todavía muchos enigmas sin resolver (cf. Drotvinas 1984: 163–167; Urbutis 1987: 57–75).

Un segundo factor que dificulta considerablemente la preparación del diccionario histórico de la lengua lituana es que la lengua de nuestros escritos antiguos aún se ha estudiado relativamente poco. Se han analizado con mayor detalle los textos de M. Mažvydas (Zinkevičius 1977–1979), M. Daukša (Kudz inoc?

Los aspectos relativos a la estructura del futuro diccionario histórico de la lengua lituana también deben examinarse y debatirse.

Con estas observaciones no se pretende alcanzar una verdad absoluta. Solo se quería mostrar que no se puede empezar a preparar un diccionario histórico de la lengua lituana sin llevar a cabo numerosos trabajos preparatorios. Estos consistirían en redactar diccionarios-índices de testimonios escritos individuales y, al mismo tiempo, estudiar la lengua de esos testimonios.

* * *

Los problemas relacionados con la preparación de un diccionario histórico de la lengua lituana están estrechamente vinculados con los de la preparación de un diccionario etimológico de la lengua lituana, sobre todo porque últimamente se publican cada vez más diccionarios histórico-etimológicos de distintas lenguas, en los que la explicación del origen de una palabra comienza por su historia, ya que, según K. Baltinger, «en un sentido más moderno, la etimología es la biografía de una palabra» (Baltinger 1977: 219). Entre ellos figuran los conocidos diccionarios etimológicos de la lengua latina de los lingüistas franceses A. Ernout y A. Meillet (Ernout, Meillet 1959), y de la lengua griega de P. Chantraine (Chantraine I–IV). Los diccionarios etimológicos tradicionales tampoco han perdido su importancia. Hay incluso más de estos, y sus principios de compilación difieren. En ellos apenas se examinan la semántica de la palabra y su evolución; basándose en palabras emparentadas de otras lenguas, se intenta reconstruir su arquetipo.

Aunque la lengua lituana es una de las lenguas indoeuropeas vivas más arcaicas, todavía no contamos con un diccionario etimológico de la lengua lituana. En «La lengua y la antigüedad», K. Būga escribió en 1922: «Será fácil redactar un diccionario etimológico de la lengua lituana cuando se haya reunido para él abundante material en la bibliografía» (Būga II 293). Hoy disponemos no solo de material suficiente en la bibliografía lingüística, sino también del «Diccionario etimológico de la lengua lituana» del destacado baltista alemán E. Fraenkel; en las numerosas reseñas y anotaciones dedicadas a este se señalaron tanto sus aspectos positivos como las inexactitudes y deficiencias que contenía, y se expresó también con cautela la idea de que, en el futuro, al preparar una nueva edición de este diccionario o incluso un nuevo diccionario etimológico de la lengua lituana, habría que evitar deficiencias semejantes. Pero, tras estas propuestas, siguieron largos años de silencio, y solo por iniciativa del Departamento de Filología Báltica de la Universidad de Vilna comenzó a reunirse material para un diccionario etimológico de la lengua lituana. Sin embargo, recopilar material etimológico, es decir, elaborar el fichero de un diccionario etimológico, difiere considerablemente de la elaboración de ficheros para diccionarios de otros tipos. En primer lugar, porque aquí hay que revisar atentamente una gran cantidad de bibliografía lingüística, ya que a menudo no se puede deducir del título de un artículo o una monografía si ese trabajo contiene material útil para un diccionario etimológico de la lengua lituana. Lamentablemente, nuestras bibliotecas cuentan con pocas publicaciones lingüísticas editadas en el extranjero. Por eso, apenas tiene sentido hablar de un trabajo sistemático. Un segundo factor que ralentiza considerablemente la recopilación de material etimológico es la forma en que se presentan las etimologías en los trabajos lingüísticos. A menudo, tras una primera lectura, no queda claro qué es lo más importante ni qué habría que anotar en la ficha. Y, sin embargo, cada futuro

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La base del diccionario es el fichero de fichas, y de él depende también la estructura del diccionario. En este caso surge otro problema, que podría denominarse el problema de la selección de fuentes o de los trabajos «serios» y «no serios», es decir, si se debe recopilar material de todas las fuentes o, tras clasificarlas en «serias» y «no serias», no prestar atención a estas últimas. Sin embargo, es dudoso que entonces se pueda hablar de un buen fichero de fichas. Para aclararlo, presentaré un par de ejemplos. En los trabajos de los indoeuropeístas belgas, por ejemplo, los del destacado especialista en tocario A. J. Van Windenken’s, se citan con relativa frecuencia los trabajos de A. Carnoy (Carnoy 1955, 1957), en los que también se recurre a datos de la lengua lituana. Sin embargo, al reseñar los trabajos mencionados de A. Carnoy, E. Benveniste señaló que la lengua protoindoeuropea que A. Carnoy denomina así y cuyo vocabulario presenta recuerda en muchos casos mucho a la lengua que A. J. Van Windenkensas llama «pelásgica», y añadió lo siguiente: «Hay que decir claramente que no solo la “lengua pelásgica” es pura ficción [...], sino que los métodos etimológicos empleados para introducir esta idea contradicen todo el método de la etimología y engendran las combinaciones más infundadas» (BSL 1957–1958: 53(2): 52). Tras leer palabras tan tajantes de un indoeuropeísta de renombre, uno se desconcierta de inmediato y, naturalmente, ya no se siente inclinado a recopilar material etimológico de los trabajos de A. Carnoy. Si, siguiendo a E. Benveniste, podemos dejar de lado a A. Carnoy, ¿qué debemos hacer con los trabajos de A. J. Van Windenken’s dedicados a los problemas de la «lengua pelásgica», máxime cuando el primero de sus trabajos sobre este tema (Van Windenkens 1952) también figura en la bibliografía del «Diccionario etimológico de la lengua lituana» de E. Fraenkel? Después de ese trabajo, A. J. Van Windenkensas publicó además «Investigaciones sobre la lengua pelásgica» (Van Windenkens 1960) y también se basó en esta teoría al redactar los suplementos al «Diccionario etimológico de la lengua griega» de P. Chantraine. Asimismo, en un artículo publicado en 1982 en la revista «Indogermanische Forschungen» sobre la estructura y el significado original de los numerales indoeuropeos «cuatro» y «cinco», basándose en los trabajos de A. Cuny y A. Carnoy, explica que el indoeuropeo *qʷet̯uor «cuatro» está formado por *qʷe, que significa «y», y la raíz *tuor, que encontramos en las palabras lituanas tveriu, turiu (Van Windekens 1982: 9).

Un segundo ejemplo sería el diccionario etimológico temático de las lenguas indoeuropeas de X. Delamarre, publicado en París en 1984 (Delamarre 1984), cuyo lema es una estrofa del poema de Maironis «Aš norėčiau prikelti...» y cuyo «Prólogo» señala que se publica porque en francés no existe una obra semejante a los diccionarios de Waldes-Pokorny, Pokorny y Buck. También recurre muy a menudo a datos de la lengua lituana, que con frecuencia se presentan de forma inexacta. Sin embargo, M. Mayrhofer concluye la reseña de este diccionario en la revista «Kratylos» (1986, 31: 186–187) con una fórmula muy tajante: «Darum: in den Giftschrank». Por supuesto, también en este caso lo más fácil sería fiarse de la opinión de un etimólogo eminente y no prestar atención a publicaciones de este tipo. Pero ¿qué hacer cuando no existen valoraciones semejantes? Al fin y al cabo, las reseñas de artículos, y mucho más las reseñas críticas, se escriben muy raramente. Además, incluso contando con valoraciones tan negativas, uno empieza a preguntarse si, al prescindir de esas obras, tendremos un buen fichero de fichas y, por tanto, un buen diccionario etimológico; es decir, si no las necesitaremos al redactar un diccionario etimológico de la lengua lituana. Además, también despierta curiosidad cómo se presentan en publicaciones de este tipo

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los datos de la lengua lituana, cómo se interpretan, si inducirán a error a los investigadores que no conocen bien el lituano, etc. Todas estas son preguntas que surgen al realizar este trabajo y a las que es necesario responder de una manera u otra.

LITERATŪRA

Baltinger K. 1977: L’étymologie hier et aujourd’hui. – Etymologie (Wege der Forschung 373), Darmstadt, 201–224.

BSL – Bulletin de la Société de linguistique de Paris, Paris, 1868.

Būga K. II: Kalba ir senovė. – Būga K. Rinktiniai raštai 2, Vilnius, 1959, 7–328.

Carnoy A. 1955: Dictionnaire étymologique du protoindoeuropéen, Louvain.

Carnoy A. 1957: Dictionnaire étymologique de la mythologie greco-romaine, Paris.

Chantraine P. I–IV: Dictionnaire étymologique de la langue grecque. Histoire des mots 1–4, Paris, 1968–1980.

Drotvinas V. 1984: Kada parašytas vadinamasis Krauzės žodynas. – Baltistica 22(2), 163–167.

Delamarre X. 1984: Le vocabulaire indo-européen. Lexique étymologique thématique, Paris.

Ernout A., Meillet A. 1959: Dictionnaire étymologique de la langue latine. Histoire des mots 4 éd., Paris.

Kruopas J. 1970: 1598 m. Merkelio Petkevičiaus katekizmo leksika. – Lietuvių kalbotyros klausimai 12, 83–154.

Kudzinowski Cz. 1977: Indeks-słownik do “Daukšos Postilė”. Oprac. Cz. Kudzinowski, 1–2, Poznań.

Mayrhofer M. 1986: [rec.] X. Delamarre. Le vocabulaire indo-europeen Lexique etymologique thematique, Paris, 1984, 332 p. – Kratylos 31, 186–187.

Morkūnas K. 1980: Konstantino Širvydo “Punktų sakymų” veiksmžodis (indeksas). – Lietuvių kalbotyros klausimai 20, 109–222.

Pakalka K. 1979: K. Širvydo “Dictionarium trium linguarum”. – Pirmasis lietuvių kalbos žodynas: K. Širvydas. Dictionarium trium linguarum, Vilnius, 13–83.

Palionis J. 1995: 1595 metų katekizmo žodžių formų rodyklė. – Mikalojaus Daukšos 1595 metų katekizmas, 627–748.

Urbutis V. 1987: 1728 m. klaipėdiškių žodyno leksikografiniai šaltiniai. – Baltistica 23(1), 57–75.

Van Windekens A. J. 1952: Le pélasgique, Louvain.

Van Windekens A. J. 1960: Études pélasgique, Louvain.

Van Windekens A. J. 1982: Structure et sens primitif des noms de nombre indoeuropéens *qʷetour “quatre” et *penqʷe “eing”. – Indogermanische Forschungen 87, 8–14.

Zinkevičius Z. 1970–1971: M. Petkevičiaus Katekizmo (1598) tarmė. – Baltistica 6(2), 227–243; 7(1), 67–86.

Zinkevičius Z. 1971: Dėl K. Sirvydo “Punktų sakymų” genezės ir kalbos. – Baltistica 7(2), 153–167.

Zinkevičius Z. 1977–1979: M. Mažvydo raštų kalba. – Baltistica 13(2), 358–371; 14(1), 38–44; 14(2), 139–146; 15(1), 16–22.

Žulys V. 1966: Kaip J. Rėza keitė J. Bretkūno leksiką. – Kalbotyra 14, 149–159.

Žulys V. 1970: Jono Rėzos raštų leksika. Filologijos m. daktaro disertacijos rankraštis.

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ON HISTORICAL AND ETYMOLOGICAL DICTIONARIES OF THE LITHUANIAN LANGUAGE

Summary

We have been missing a historical dictionary more and more frequently. Its preparation, however, is very complicated work, as it should contain not only the statistics of word usage but also indication of the meanings in whish the words are used most frequently or most seldom. Without thorough investigation of the language of separate written records this is impossible to do. Therefore, the first thing to start with is dictionaries – indexes of separate written records.

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The structure of a new etymological dictionary of the Lithuanian language can be discussed only after all the material has been collected. Compiling the card index of an etymological dictionary is not an easy task. Therefore, the paper concentrates on the principles of compiling a card index and the problems related to this work.

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