Page 1ACTA LINGUISTICA LITHUANICA
LIETUVIŲ KALBOTYROS KLAUSIMAI XLII (2000)
Rasუolė VLADARSKIENĖ
Vytauto Didžiojo universitetas, Kaunas
ACERCA DE LOS ESTILOS FUNCIONALES Y LOS REGISTROS
El surgimiento de la estilística funcional, una rama de la estilística lingüística, estuvo determinado por las ideas de los representantes de la Escuela Lingüística de Praga sobre el estudio de las funciones del lenguaje y su relación con factores no lingüísticos. Fueron importantes para esta teoría las reflexiones de B. Havránek, según las cuales la lengua estándar puede dividirse en lenguas funcionales, que difieren no solo en los medios de expresión, sino también en su organización estructural (Gavranek 1967: 435). Estas ideas y la estilística funcional se desarrollaron en Europa central y oriental (por lingüistas rusos, eslovacos, checos, alemanes, polacos y búlgaros). Los lingüistas rusos estudiaron los estilos funcionales con especial detalle.
La estilística funcional define los estilos según los rasgos que permiten distinguir estas variantes lingüísticas del conjunto de la lengua estándar. Al definir un estilo funcional, suele destacarse el ámbito de la actividad comunicativa (a veces relacionado con las formas de conciencia social) o la situación de habla (asociada con una situación social estereotipada), cuyos objetivos y tareas determinan la selección de los recursos lingüísticos.
Otros lingüistas, al definir los estilos funcionales, consideran que lo más importante no es el ámbito de comunicación ni la situación de habla, sino las funciones principales del lenguaje. Los lingüistas de la Escuela de Praga también siguieron el principio de las funciones (Gavranek 1967: 436); de ahí surgió asimismo el término estilo funcional. La lingüista rusa I. Arnold considera que este término es muy acertado, porque las características de las funciones del lenguaje en un ámbito determinado de comunicación determinan la especificidad de cada estilo (Arnold 1990: 247). Por su parte, K. Župerka considera que los criterios principales para definir y clasificar los estilos funcionales son de carácter comunicativo (Župerka 1985: 57).
Al definir los estilos funcionales, los lingüistas lituanos combinaron estos dos enfoques, que en esencia no se contradicen. En la estilística lituana, J. Pikčilingis formuló la primera definición de estilo funcional: «El estilo es una rama o variedad de la lengua común, formada históricamente, cuyas características y especificidad están determinadas por el ámbito de uso de la lengua y la función que desempeña» (Pikčilingis 1971: 6). K. Župerka definió el estilo funcional de manera similar, aunque añadió el contenido de la lengua a los dos factores principales que lo determinan: el ámbito de uso de la lengua y sus funciones (Župerka 1997: 78–79). Una definición breve que destaca un único rasgo principal figura en el «Diccionario de términos lingüísticos»: «Estilo funcional: variedad de la lengua utilizada en un ámbito determinado de la actividad humana» (Gaivenis, Keinys 1990: 67).
Se ha debatido mucho y acaloradamente sobre si el estilo funcional pertenece a la lengua o al habla (véase una exposición más amplia en Bitinienė 1983: 5–7). Algunos lingüistas intentaron discernir los estilos func-
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Page 2la diferenciación estilística, basándose en Ch. Bally, quien sostenía que en la lengua hay elementos neutros y elementos con un matiz estilístico adicional, denominado matiz social (Bally 1921: 9). Por ejemplo, M. Kožina fundamentó la distinción de los estilos funcionales en unidades lingüísticas estilísticamente marcadas (Kožina 1973: 194). Este enfoque ha sido criticado porque en la lengua hay relativamente pocas unidades estilísticamente marcadas y, además, «los textos adscritos a un estilo funcional determinado se componen, en su mayor parte, de unidades de uso generalizado en otros estilos funcionales y que no constituyen un rasgo específico de ningún estilo en particular» (Dolinin 1987: 77). Otros lingüistas sostienen que los estilos funcionales se forman en el proceso del habla al seleccionar los recursos expresivos, y afirman que corresponden únicamente al habla. Se ha intentado acercar estas perspectivas y distinguir el estilo de la lengua como una categoría del sistema dotada de fundamento científico, y el estilo del habla como la realización concreta de esa categoría en el proceso comunicativo (Gal'perin 1980: 13).
Los rasgos principales que caracterizan un estilo funcional son los factores extralingüísticos, la orientación específica de la comunicación, las características estilísticas y los rasgos lingüísticos (véase un análisis más amplio en Bitinienė 1983: 8–13).
El conjunto de factores extralingüísticos es bastante complejo; solo hay consenso con respecto a los factores extralingüísticos principales. M. Kožina los dividió en principales, que determinan las características distintivas de los estilos funcionales, y secundarios, de los que depende la diferenciación del estilo funcional (Kožina 1983: 68). A. Vasiljeva intentó definir el conjunto de factores que determinan los estilos. Según el esquema que elaboró, la lingüista analizó cinco estilos funcionales, caracterizando cada uno de ellos según doce factores extralingüísticos: el ámbito de uso de la lengua, los tipos de actividad, el tipo de pensamiento, los objetivos de la comunicación, el estatus del emisor, el estatus del destinatario, las formas de contacto, el grado de preparación del contenido y la forma del habla, la forma principal de expresión del habla, la forma de organización de la comunicación, el tipo de atmósfera comunicativa y la naturaleza e importancia del contenido de las situaciones estandarizadas (Vasil'eva 1986: 4–5).
Otros lingüistas también enumeran factores extralingüísticos similares (Fleischer, Michel 1975: 238; Kožina 1983: 68). La interpretación del fenómeno del estilo funcional determina cuáles de estos factores se consideran más importantes. Por lo general, se habla de las mismas cuestiones y se enumeran los mismos factores, aunque desde una perspectiva ligeramente distinta. Normalmente se distinguen dos enfoques sobre los factores extralingüísticos y su influencia en el estilo funcional.
El primer enfoque, basado en los trabajos de G. Vinokur y V. Vinogradov, se denomina convencionalmente comunicativo-cognitivo. Sus representantes consideran que el factor más importante que determina el estilo funcional es la forma de conciencia social y su función en la sociedad (Kožina 1982: 29). La forma de conciencia social se vincula con el ámbito de comunicación y el tipo de actividad correspondientes. Sus tareas y objetivos determinan la especificidad del estilo funcional, pues de ellos dependen los principios de selección y uso de los recursos lingüísticos (Möller 1980: 14). Las tareas y los objetivos del ámbito de comunicación están determinados no solo por la forma de conciencia social, sino también por el tipo de pensamiento que le es propio, el tipo de contenido transmitido y la situación comunicativa. Todos estos factores extralingüísticos están estrechamente relacionados y son interdependientes. Constituyen la base extralingüística del estilo funcional. Qué unidades se emplean en un determinado ámbito de comu-
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Page 3nicación depende del principio de pertinencia comunicativa: del sistema lingüístico se seleccionan las unidades que mejor se adecúan a transmitir las particularidades de la comunicación propias de ese ámbito (Kožina 1983: 48). Por ejemplo, el objetivo principal del estilo científico es transmitir contenidos intelectuales de manera precisa y argumentada; esto se tiene en cuenta al elegir los recursos lingüísticos.
Los partidarios del otro enfoque entienden el estilo funcional como un fenómeno sociopsicológico. Su interpretación del estilo funcional se basa en la sociología y la psicología social. Aquí es importante el concepto de rol social, es decir, las formas establecidas de comportarse y actuar en una situación determinada. Puesto que los roles sociales solo son posibles en la interacción, también son roles del habla (Karaliūnas 1997: 89). El estilo funcional se considera un conjunto de géneros del habla generalizados, relacionados con roles sociales igualmente generalizados, como los de científico, político, administrador o periodista (Dolinin 1987: 74). Así pues, los estilos funcionales son normas lingüísticas que la sociedad ha interiorizado profundamente, y el propio sujeto hablante sabe qué conducta lingüística se espera de él. Debe comportarse (y hablar) como lo exige la sociedad o un grupo social concreto si quiere que su discurso alcance su objetivo, es decir, que produzca el efecto deseado en el destinatario. Para analizar con mayor detalle la interacción de los roles sociales, es necesario recurrir a la teoría de la transmisión de información, cuyos principios sustentan el modelo de comunicación lingüística (véase un análisis más amplio en Karaliūnas 1997: 99–107). Existen diversos esquemas de actos comunicativos. Sus elementos principales son: emisor, canal, mensaje, código de comunicación y destinatario (Sanders 1973: 69–70). Estas características son los factores principales que determinan la expresión del mensaje (es decir, los recursos lingüísticos) y, por tanto, también los factores principales que determinan los estilos. El papel social de los participantes en la comunicación es especialmente importante, pues comprende también otras coordenadas externas de la comunicación (es decir, los factores extralingüísticos): el ámbito de comunicación, su función dominante, la modalidad comunicativa y las relaciones entre los participantes (Dolinin 1982: 72–74). En consecuencia, los representantes de ambos enfoques distinguen, en la práctica, los mismos factores extralingüísticos. Los estilos funcionales tradicionales solo se diferencian de los géneros del habla por el grado de generalización y deben considerarse clases de géneros del habla que comparten el ámbito y la naturaleza de la actividad (Dolinin 1982: 75).
Por lo general, se afirma que la especificidad del estilo funcional está determinada por los objetivos comunicativos: el texto se crea con los recursos lingüísticos que mejor se ajustan a la información que se desea transmitir. Los estilos funcionales reflejan no solo la especificidad de la actividad comunicativa, sino también la concepción tradicional de esta actividad, arraigada en una sociedad determinada (Dolinin 1987: 75). Cuando cambia la perspectiva de la sociedad sobre un ámbito de actividad, también cambian los recursos que se eligen para crear textos de ese ámbito. Por ejemplo, los inicios del estilo administrativo lituano en la Lituania Menor revelan la necesidad, propia de la sociedad de la época, de venerar al soberano: las órdenes se caracterizaban por «enumerar todos los títulos del soberano y añadir a estos diversos epítetos pomposos» (Palionis 1995: 96). Los textos de un mismo ámbito pueden diferir en algunos rasgos estilísticos según la cultura. Por ejemplo, el estilo científico francés es más emotivo y personal-
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Page 4… que el lituano o el ruso. K. Dolinin explica este hecho no solo por la tradición. Considera que la propia tradición se conserva mientras responde a alguna necesidad de la sociedad (Dolin in 1982: 73).
Otra cuestión debatida de la estilística funcional es la nomenclatura y la clasificación de los estilos. A menudo surgen debates porque los mismos fenómenos se interpretan de manera diferente. Ha habido clasificaciones de estilos de todo tipo (véase Župerka 1985: 55–60; Fleischer, Michel 1975: 61).
El término estilo funcional sugeriría que la clasificación debe basarse en las funciones del lenguaje. Eso fue precisamente lo que hizo B. Havránek al distinguir cuatro lenguas (estilos) según cuatro funciones: la función comunicativa, correspondiente al habla coloquial; la función práctica especializada, correspondiente al lenguaje administrativo; la función teórica especializada, correspondiente al lenguaje científico; y la función estética, correspondiente al lenguaje de la literatura. J. Mistrík considera las tres primeras funciones como aspectos de una sola función —la transmisión de información— (Mistrik 1985: 25). También se ha criticado la clasificación de V. Vinogradov de cinco estilos funcionales (coloquial, administrativo, científico, periodístico y literario) según tres funciones del lenguaje (comunicación, transmisión de información e influencia), ya que se distinguen más estilos funcionales que funciones del lenguaje. Los lingüistas se basaron en las funciones del acto de habla al aplicar las teorías de K. Bühler y R. Jakobson (véase Bitinienė 1983: 13–14). Se ha criticado el principio funcional de clasificación porque un estilo puede caracterizarse por más de una función (Kožina 1982: 28; Solganik 1982: 43).
Otra línea de clasificación se basa en los factores que determinan los estilos. Pueden distinguirse dos grupos de clasificaciones basadas en factores extralingüísticos. El primer grupo comprende la clasificación de los estilos funcionales según las formas de conciencia social. M. Kožina, quien fundamentó esta clasificación, sostenía que lo lógico es distinguir los estilos funcionales teniendo en cuenta las formas de conciencia social (ciencia, política, derecho, arte), a las que corresponden determinados tipos de actividad y ámbitos de comunicación (Kožina 1983: 67–68). Sin embargo, el estilo coloquial no tiene una forma de conciencia social correspondiente. Hay clasificaciones basadas en los tipos de actividad o los ámbitos de comunicación que no destacan su relación con las formas de conciencia social (Vasil'eva 1986: 4). El segundo grupo comprende la distinción de variedades lingüísticas según los roles sociales de los hablantes y el contexto sociocultural (Dolin in 1987: 74). Según K. Dolinin, los estilos funcionales son géneros discursivos generales que reflejan roles sociales; su número no está determinado con exactitud: pueden ser cinco o siete (como en las clasificaciones tradicionales), o incluso más.
Los seguidores de la Escuela Lingüística de Praga consideran que los estilos funcionales pueden clasificarse teniendo en cuenta los factores objetivos y subjetivos que influyen en ellos. Los estilos científico y administrativo están condicionados por factores objetivos; los estilos coloquial y artístico, por factores subjetivos; y los estilos periodístico, retórico y ensayístico, por factores tanto objetivos como subjetivos (Mistrik 1985: 423).
La estilística lituana no cuenta con una clasificación propia de los estilos. Sus investigadores se han basado en la experiencia de lingüistas de otros países. J. Pikčilingis distinguió los estilos funcionales según los ámbitos de actividad social, al igual que los lingüistas rusos (Pikčilingis 1971: 276–277). K. Župerka clasificó los estilos funcionales según el principio de dicotomía, basándose en la división de las palabras…
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Page 5kų stilistika ir atsižvelgdamas į visuomeninės veiklos rūšis (Župerka 1983: 99; 1997: 79).
Es interesante que, con criterios distintos, se distingan, por así decirlo, los mismos estilos funcionales. Se distinguen intuitivamente y, después, cada investigador explica a su manera su fundamento extralingüístico (Vasiljeva 1986: 4).
J. Skrebnev criticó todas las clasificaciones de estilos, sosteniendo que en realidad no existen «estilos tradicionales»: solo hay clasificaciones individuales de estilos —los estilos distinguidos por V. Vinogradov, los postulados por I. R. Galperin, E. S. Riesel, J. S. Stepanov, etc. (Skrebnev 1975: 48–49). K. Župerka, investigador de la estilística lituana, no considera que la situación existente sea problemática: «una clasificación basada en un solo criterio no permite examinar exhaustivamente el complejo fenómeno del estilo; se necesitan diversas clasificaciones de estilos» (Župerka 1987: 195).
La teoría de los registros, surgida en la lingüística textual inglesa, está relacionada con la estilística funcional y tiene mucho en común con la interpretación de los estilos funcionales desde una perspectiva sociopsicológica. Según K. Župerka, para describir la diversidad de las funciones estilísticas del lenguaje, teniendo en cuenta los numerosos factores del acto de habla, es necesario subdividir esos estilos con mayor detalle (Župerka 1995: 8).
El término registro se utiliza a menudo para designar cualquier variedad lingüística, por lo que a veces es objeto de críticas. D. Crystal propone reservar este término para las variedades del lenguaje (del habla) que se distinguen según las situaciones sociales (por ejemplo, los registros científico y religioso) (Crystal 1990: 260). Así, los lingüistas ingleses utilizan el término registro al hablar del habla propia de distintos ámbitos de comunicación, y reservan el término estilo exclusivamente para la literatura, que no se considera un registro aparte.
En distintas situaciones se utiliza un habla distinta. La elección del habla no viene determinada por el hecho que se aborda ni por el deseo de describirlo, sino por el hecho de que, en cada caso concreto, se emplea un tipo de habla determinado, es decir, una variedad lingüística definida como registro (Halliday ir kt. 1964: 87). En una situación comunicativa se actúa según lo que exigen los roles sociales, que también influyen en la elección del registro adecuado (a menudo de manera inconsciente). Si el registro elegido no se ajusta a la situación comunicativa, se cometen errores de estilo, especialmente frecuentes cuando se habla una lengua no materna (Sanders 1977: 139).
Los registros se diferencian entre sí por diversos recursos expresivos —sintácticos, léxicos y fonológicos— (por ejemplo, la lengua eclesiástica inglesa se distingue de otros registros únicamente por una calidad de voz característica). La pertenencia a un registro no la indica una unidad lingüística aislada, sino la combinación de varias unidades; en el lenguaje también hay unidades universales que se emplean en distintos registros (Halliday ir kt. 1964: 88). Los lingüistas de Europa oriental y central han formulado afirmaciones similares sobre los estilos funcionales: las mismas unidades lingüísticas pueden emplearse en diversos estilos funcionales, pero sus combinaciones son características de estilos concretos. La clasificación de los estilos funcionales y la de los registros difieren: estos últimos se subdividen con mucho más detalle.
Hay dos clasificaciones principales de los registros, que difieren en el número de factores, pero que, en esencia, no se contradicen: la segunda amplía la primera.
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Page 6Una de ellas es la clasificación según tres factores que influyen en la elección del registro:
1) el ámbito del habla: el ámbito de actividad social en el que se utiliza el habla; según este factor se distinguen los registros de la política, las ciencias técnicas y las relaciones personales;
2) la forma del habla: el modo de actividad verbal, en particular la diferencia entre la lengua hablada y la escrita; por ejemplo, puede haber registros hablados y escritos de la política;
3) la calidad del habla: la relación entre los participantes en el acto de habla, definida habitualmente según la oposición entre familiaridad y formalidad; en función de este factor, el registro de las relaciones personales puede subdividirse en amistoso, respetuoso o familiar (Halliday ir kt. 1964: 87; Crystal 1990: 187, 196, 260–261).
R. Hasan elaboró una segunda clasificación basándose en las investigaciones de M. A. K. Halliday y otros lingüistas (J. Ellis, J. Ure). Señaló cinco factores según los cuales se clasifican los registros:
1) el tema del habla,
2) el tipo de situación comunicativa,
3) los roles de los participantes en el habla,
4) el carácter del habla,
5) la forma del habla (Hasan 1975: 215–221).
El tema del habla se define como aquello de lo que se habla. Constituye el contenido del habla. El tema del habla determina en parte la elección del léxico; por ejemplo, el léxico característico al hablar de volcanes será distinto del empleado al hablar de una composición musical.
El tipo de situación comunicativa se caracteriza por el objetivo de la interacción entre los participantes, que da lugar al uso del habla. Los posibles tipos de situación están relacionados con el tema del habla. He aquí dos ejemplos en los que el tema del habla es el mismo —las joyas—, pero los tipos de situación son diferentes: la tasación de un experto (1) y la venta (2). En consecuencia, se utilizan registros distintos:
1. El anillo está hecho de oro de ley 585⁰; el peso del oro es de 2 g y la piedra es una gema de clase III. El anillo vale 300 Lt.
2. ¡Qué joya tan magnífica! El anillo está hecho con mucho gusto. La piedra resplandece maravillosamente a la luz del día, y aún más bajo la luz eléctrica. Combinará de maravilla con un vestido de noche. Pruébeselo. ¿Ve? Le queda perfecto en la mano.
Los roles de los participantes en el habla son los roles sociales de las personas que se comunican y utilizan la lengua: padre, hijo, profesor, vendedor, etc. En cada caso concreto, el hablante actuará de acuerdo con el papel que desempeña y elegirá los recursos lingüísticos que se ajusten a él. Los roles de los participantes en el acto de habla también dependen en gran medida del tipo de situación. Por ejemplo, en una situación pedagógica, los roles sociales son los de profesor y alumno. Si una profesora se comunica en clase con una alumna que además es su hija, su relación de roles será la de profesora y alumna, no la de madre e hija. También es importante la distancia en las relaciones entre los participantes, que se expresa mediante la atmósfera comunicativa. Esta evalúa
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Page 7según la relación entre formalidad y familiaridad. Esta característica es especialmente marcada en los registros de las relaciones personales. Los papeles de los participantes en la conversación y la distancia entre ellos influyen en la elección de los recursos léxicos y sintácticos del registro.
La naturaleza del discurso puede estar relacionada con los tres factores ya tratados. Por ejemplo, en una situación de venta, donde el tema de la conversación es una compra y los papeles de los participantes son los de vendedor y comprador, el discurso será persuasivo, mientras que el imperativo será imposible. El vendedor halaga, pero no da órdenes. En una situación de explicación de hipótesis, el discurso será explicativo, no suplicante. Es posible prever las características estructurales típicas de los textos correspondientes a diversos tipos de discurso; por ejemplo, en un texto persuasivo son claras las relaciones de causa.
La forma del discurso está relacionada con el canal de comunicación y puede ser escrita u oral. Sin embargo, no depende directamente de la forma material en que se transmite el mensaje. Por ejemplo, las transcripciones de las sesiones del Parlamento, publicadas en volúmenes separados, no son un ejemplo de la forma escrita, aunque se presenten por escrito. Y las noticias que se leen por televisión o radio no pertenecen a la forma oral. Por tanto, lo más importante no es el modo en que se transmite el mensaje, sino las características de sus recursos lingüísticos: estas constituyen el rasgo distintivo de los registros. Por ejemplo, al iniciar una conversación en la calle con un extranjero que habla bien lituano, percibimos que no habla como debería: habla correctamente, pero emplea rasgos propios de la lengua escrita, porque aún no domina la lengua lo suficiente como para percibir las diferencias entre registros. La forma del discurso influye en la elección de los recursos sintácticos: en la lengua oral abundan las elipsis y las oraciones incompletas, pues la información no se transmite únicamente de forma verbal; junto a ella se emplean formas no verbales de comunicación —gestos y expresiones faciales—, y también son relevantes las circunstancias en que se habla.
Cada uno de los cinco factores mencionados influye en la selección de los recursos lingüísticos durante el proceso discursivo (así se elige el registro adecuado); por eso, si cambia uno de ellos, también cambia el registro. El número de registros no está establecido, pues no se han contado con exactitud las variantes de cada factor por separado, con la excepción de las formas del discurso, que son dos. Por cierto, aunque teóricamente podría haber todo tipo de combinaciones de factores, no se puede afirmar que estos no estén relacionados entre sí; por ejemplo, si el objeto del discurso es la lingüística, es poco probable que su naturaleza sea halagadora o provocadora. Así pues, los factores más importantes son el objeto del discurso y el tipo de situación, que determinan en parte la influencia de los demás factores.
De las descripciones presentadas de los estilos funcionales y los registros se desprende que estas teorías lingüísticas consideran de manera similar algunos fenómenos discursivos, y que también son semejantes los factores según los cuales se distinguen los estilos funcionales y los registros. Los estilos funcionales definidos por K. Dolinin son especialmente cercanos a los registros. Es cierto que la teoría de los registros se basa en la semántica del texto, por lo que no se la puede identificar con la estilística funcional; su ámbito de investigación es más amplio. Sin embargo, estas teorías pueden combinarse eficazmente al estudiar los estilos no literarios (sobre todo los cotidianos), lo que permitiría revelar más exhaustivamente las regularidades del discurso en determinados ámbitos de comunicación.
Recibido el 24 de febrero de 1999
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Page 9ON FUNCTIONAL STYLES AND REGISTERS
Summary
The paper reviews the main theories of functional styles and registers. On the basis of the extralinguistic factors defining a functional style, a distinction is made between two of its treatments. Following the first one, the main factor deciding the type of functional style is the form of social consciousness and its role in a society; it is related to the type of activities or area of communication. Adherents of the second treatment take a functional style as a social and psychological phenomenon.
There is a variety of classifications of functional styles. Some of them are motivated on the basis of the language functions, whereas the others are based on the decisive factors of the style. Therefore, different criteria lead to the distinction of the same functional styles – scientific, administrative, publicistic, colloquial (everyday), artistic (belles-lettres). The variety of styles is important for us in order to be able to exhaustively define the complicated phenomenon of style. The register theory, which evolved in English text linguistics, like the theory of functional styles, dwells on the usage of different language varieties in different social situations. The theories of functional styles and registers could be combined when studying non-artistic styles, especially everyday, or colloquial, style.
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