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RECENZIJOS
Mvnera lingvistica et philologica dedicados a Michaeli Hasivk.
Editaron Józef Marcinkiewicz y Norbert Ostrowski
Poznań: Uniwersytet im. Adama Mickiewicza w Poznaniu, Katedra Skandynawistyki i Baltologii, 2001, 273 p., ISBN 83-232-1198-1.
(Estudios bálticos de Poznań, 1.)
Es simbólico que en los últimos años varios volúmenes conmemorativos de artículos dedicados a baltistas extranjeros hayan inaugurado nuevas colecciones de libros de estudios bálticos. Así, en 2000 apareció el volumen Aspekte baltistischer Forschung, en homenaje al destacado eslavista y baltista alemán Rainer Eckert Aspekte baltistischer Forschung, primer libro de la colección «Schriften des Instituts für Baltistik der Ernst-Moritz-Arndt-Universität Greifswald». También mantiene esta tradición el volumen de artículos dedicado al profesor Michał Hasiuk, promotor de los estudios bálticos en Polonia: marca el comienzo de la colección «Poznańskie Studia Bałtystyczne». Por otro lado, como se desprende del prólogo de los editores, Józef Marcinkiewicz y Norbert Ostrowski, también constituye una suerte de continuación de la antigua colección «Seria Filologii Bałtyckiej» de la Universidad Adam Mickiewicz de Poznań, a la que pertenecían tres importantes libros para los baltistas, publicados ya en la segunda mitad de los años setenta del siglo XX1.
Además de la lista de felicitaciones con motivo del 70.º cumpleaños del profesor Hasiuk y de la bibliografía completa de sus obras, el mencionado volumen de artículos presenta brevemente los episodios más importantes de la vida del homenajeado, en particular de su actividad científica (pp. XV–XVII, Eugeniusz Rajnik). El perfil destaca varias de las principales líneas de interés científico de Hasiuk: la dialectología y la fonología y fonética lituanas, así como la historia de las lenguas bálticas. Naturalmente, los editores procuraron que la mayor parte de los artículos del volumen abordara cuestiones precisamente de estos campos, cercanos al homenajeado. También se incluyeron trabajos de crítica literaria, pues Michałas Hasiukas, que dedicó muchos esfuerzos al desarrollo de los estudios lituanos en Polonia, sobre todo en Poznań (desde 1987 dirigía la Cátedra de Lenguas Bálticas de la Universidad de Poznań), apoyó mucho también su vertiente literaria.
Un examen más detenido de los trabajos publicados en el volumen deja claro que la mayor parte está dedicada a los estudios diacrónicos de las lenguas bálticas. Numerosos artículos se ocupan de la historia de las palabras: etimología, formación histórica e morfología histórica.
Una parte de los trabajos etimológicos desarrolla la investigación sobre los préstamos. En el artículo de título lacónico «Lie. (ž.) ābrinas» (pp. 73–79), Vincas Urbutis amplía la historia del léxico lituano con varios préstamos más cuya etimología ha sido esclarecida. En esta ocasión demuestra convincentemente que el žemaitiano ābrinas, «recipiente de madera alto, con tapa, para guardar mantequilla u otras cosas», incluido en DŽ₁₋₄ como palabra autóctona, es en realidad un letismo tardío, tomado de las hablas letonas del extremo suroccidental de Curlandia. De paso, se mencionan también otros nombres de la antigua mantequera de madera, en particular el supuesto eslavismo vogōnas. Resulta interesante la evolución semántica de ābrinas y vogōnas. El significado de ambas palabras se aparta bastante del de sus fuentes de préstamo, las palabras letonas y eslavas; la. abra significa habitualmente «artesa para amasar, artesa de pan», sentido que tampoco es ajeno a algunos ejemplos eslavos. El investigador sostiene con razón que el significado de los préstamos lituanos pudo pasar de «artesa para amasar, artesa de pan» a «antigua mantequera de madera, abrinas» bien a través del significado intermedio «cuenco (de madera) (con tapa)», bien mediante una especialización directa; compárese el lituano dežė, «arca, arca pequeña» y «abrinas», derivado del bielorruso дзяжа y del polaco dzieża, «artesa para amasar».
1 Kolbuszewski (1977), Kudzinowski (1977), Hasiuk (1978).
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Basándose en ciertas peculiaridades ortográficas de los textos prusianos, Pietro U. Dini identificó un germanismo en prusiano en «Linguistics and Baltic Philology: On EV 469 Scrundus, EV 558 Scrundos» (pp. 131–136). Según él, pr. scrundus, scrundos ‘tijeras’, cuyo significado original sería ‘*separación, desgarro’, refleja pr. [[rund-] y está relacionado con alto alemán medio schrunde ‘grieta, desgarro en la piel’, schründic ‘que tiene grietas en la piel’ (cf. alto alemán medio schrinden ‘desgarrarse, agrietarse, resquebrajarse’). Dado que, en los derivados alemanes con el llamado sufijo cero, el significado de objeto o resultado de la acción suele estar estrechamente relacionado con el significado de nomina actionis, tal préstamo parece bastante verosímil. Quizá, en vista del significado instrumental adquirido por el germanismo prusiano, habría sido conveniente presentar otros paralelos.
El artículo de Lembit Vaba «Is the Finnic lanko a Germanic or a Baltic loan?» (pp. 157–160) pone de relieve interesantes conexiones con la historia de las palabras lituanas. Aunque se examina el caso de una palabra de las lenguas finesas, la etimología propuesta para lanko ‘parientes por matrimonio [etc.]’, denominación de los parientes políticos, depende directamente de esclarecer el origen de la fuente del préstamo, la palabra lituana. Vaba considera semánticamente infundados los intentos de Kari Liukkonen de relacionar el finés lanko con el lit. (dial.) nuolanka, lankà ‘humildad, sumisión; las nueras se inclinan ante los parientes del marido’. Es cierto que en el artículo se presenta de manera poco fiel esta etimología rechazada: junto a nuolanka no se indica el significado ‘humildad, sumisión, respeto’; por tanto, la conexión etimológica parece completamente incomprensible, cuando en realidad debería criticarse, sobre todo, por la novedad y la distribución limitada del derivado samogitio elegido. La fuente del préstamo en las lenguas finesas elegida por el propio investigador estonio —el lit. laigonas— parece más adecuada desde los puntos de vista semántico, de distribución y de antigüedad. Pero, como reconoce también el autor del trabajo, en ese caso surgen dificultades fonéticas y es necesario abordar problemas de etimología de la palabra lituana y de fonología histórica. Es lamentable que Vaba no consultara la monografía de Rūta Buivydienė Lietuvių kalbos vedybų giminystės pavadinimai (1997), en la que se presenta detalladamente la historia de los estudios sobre laigono y se evalúan las etimologías propuestas. Buivydienė da razonablemente preferencia a la relación con palabras derivadas de la raíz indoeuropea *leik- ‘unir, atar’, ‘alcanzar, comprometerse’. Así pues, probablemente el lingüista podría haber dedicado menos espacio a otras alternativas menos fundamentadas. El artículo considera que el prototipo de la palabra finesa sería el lit. *langonas, que, según se conjetura, pudo haber coexistido con laigonas, de manera similar a las variantes aldra // audra; bengti // baigti; tvankas // tvaikas; strungas // strugas. Sin embargo, la alternancia entre sonante y vocal —o, más precisamente, quizá entre diptongo y vocal doble— en la raíz o el sufijo es un fenómeno lingüístico bastante problemático y no del todo claro. Tampoco está clara por completo la relación entre los ejemplos presentados; al menos algunos reflejan distintas regularidades lingüísticas: aldra // audra y otras variantes similares son resultado de la alternancia al // au característica de algunos dialectos (véase más ampliamente Zinkevičius 1966: 164); la n de bengti, que se formó posteriormente junto a baigti, beigti, es de origen infijo (véase Urbutis 1981: 100–104); no hay consenso sobre la relación entre tvaikas y tvankas (Urbutis 1981: 102, nota 26), etc.2 Así pues, la explicación propuesta del finés lanko sigue siendo excesivamente hipotética.
La investigación de Mariola Walczak-Mikolaiczakowa («Балтизмы в болгарском языке», pp. 167–173) constituye una revisión y precisión del diccionario de baltismos Словарь балтизмов в славянских языках (1982), preparado por Jūratė Laučiūtė. Otros investigadores ya habían realizado trabajos similares; cf. la reseña de Vincas Urbutis (Urbutis 1984: 184–191) y las observaciones de Aleksandr Anikin (Anikin 2001: 8–10). El artículo en cuestión pone razonablemente en duda que nueve palabras búlgaras mencionadas en el diccionario de Laučiūtė puedan ser
2 Tampoco sería aplicable a los cambios fonéticos postulados para la palabra el fenómeno, estudiado exhaustivamente por Vytautas Vitkauskas, de sustitución de vocales nasales por diptongos o grupos vocálicos como resultado de la epéntesis (Vitkauskas 2001: 120–126).
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baltismos. Solo uno de ellos —вепер— es indiscutiblemente de origen báltico, pero desde el punto de vista del búlgaro es un rusismo. De manera similar, algunas de las demás palabras mencionadas en el diccionario llegaron al búlgaro a través de lenguas eslavas más próximas, mientras que las restantes son, probablemente, simplemente palabras emparentadas que se remontan a la época común báltico-eslava.
Entre los estudios sobre el origen de palabras bálticas cabe mencionar ante todo el trabajo de Wojciech Smoczyński. En el artículo «Litewskie stógas obok innych refleksów pie. pierwiatków na *h₂Te» (pp. 15–27), desarrolla una idea planteada en trabajos anteriores, «Indoeuropėjiškie podstawy słownictwa litewskiego» y «Komentar laryngalistyczny do wybranych formacji litewskich» (Smoczyński 2001: 131 ss., 252), sobre el origen del lit. stógas, o más precisamente, del bal. *stág-a-. En su opinión, esta palabra aislada sería un derivado del verbo lituano desaparecido *stógti, stóga, stógo ‘filtrarse gota a gota, rezumar, gotear’ (con cognados en griego)3. El significado original de stógas habría sido entonces ‘canalón de desagüe (del tejado), alero del tejado por el que se evacua el agua de lluvia’, y el significado actual se habría desarrollado por metonimia. El aspecto semántico de la hipótesis propuesta suscita algunas dudas. Faltan paralelos más evidentes en otras lenguas. Así, la motivación de las principales palabras que designan ‘tejado’ en una parte considerable de las lenguas indoeuropeas está relacionada, no obstante, con la idea de cubrir: alemán Dach, germánico *þaka-, latín toga, ruso y bielorruso крыша, etc.; cf. también el dialectal lituano dangtis ‘tejado’ (LKŽII 259). Por ello, parece más fiable la etimología de Vytautas Mažiulis, no mencionada en el artículo, que figura en Prūsų kalbos etimologiniame žodyne y retoma los intentos anteriores de relacionar la palabra con la raíz indoeuropea *(s)teg- ‘cubrir’: bal. (dial.) *stágas es un derivado flexivo del verbo bal. *stīg- / stag- ‘cubrir’ ← *stag-, que existía junto al verbo bal. *steg- ‘cubrir’; cf. el emparentado pr. steege ‘granero’<, pr. *stēgē ‘cubierta’<, pr. stēg- ‘cubrir’<, bal. *steg- ‘ídem’, etc. (Mažiulis 1997: 157 ss.). Además de la etimología de stogas, el artículo de Smoczyński analiza una docena de palabras lituanas cuya estructura fonológica corresponde a la forma postulada *stág- < *stéh₁g-, es decir, *C(C)eh₂T. El autor ya había mencionado en trabajos anteriores algunas de las explicaciones etimológicas de las palabras analizadas aquí. Sin embargo, también hay conexiones etimológicas completamente nuevas que, con material nuevo, amplían la conocida obra de los lingüistas alemanes Lexikon der indogermanischen Verben (véase Rix 1998).
Los estudios etimológicos presentados por Piotr Stalmaszczyk y Krzysztof T. Witczak («On two Baltic-Celtic terms for ‘stallion’», pp. 29–32) son bastante problemáticos. Como se desprende del artículo, están estrechamente vinculados al proyecto de un nuevo diccionario etimológico comparativo de las lenguas indoeuropeas que se prepara en la Universidad de Łódź. Los lingüistas presentan dos nuevas etimologías de palabras bálticas que designan al semental o caballo. Se sostiene que la fuente del préstamo del pr. sveriapis ‘caballo de torneo’ y del eslavo eclesiástico antiguo *swerjepъ sería *swerihāpos ‘semental’, de un dialecto céltico oriental desaparecido; cf. irlandés antiguo serrach ‘caballo joven, potro’, etc. No obstante, no se descarta que los prusianos tomaran prestada directamente esta supuesta palabra céltica y que incluso existiera una palabra común báltico-eslava *sweriapas. Lo más probable, como consideran muchos de los principales prusistas actuales, es que se trate de un polonismo en prusiano. Además, ni en las lenguas eslavas —y mucho menos en las bálticas— se ha identificado un solo caso fiable de préstamo del celta ni una isoglosa exclusivamente báltico-céltica plenamente convincente (cf. Dini 2000: 53 ss., 152 ss.). Por ello, resulta mucho más aceptable, en lugar de la etimología compleja y enrevesada propuesta, la relación sugerida ya por Trautmann y Vasmer entre polaco świerzepa ‘yegua’, checo sveřep(ec) ‘maleza silvestre; semental reproductor’, etc., y un adjetivo no conservado en polaco, pero atestiguado en otras lenguas eslavas; cf. antiguo ruso eclesiástico swerěpъ ‘salvaje’, esloveno srěp ‘severo, áspero’, etc. Una nueva conexión etimológica hipotética entre las lenguas bálticas, célticas e indo-iranias: báltico oriental *kumelias ‘potro’ (*ku-
3Por cierto, no queda claro por qué la formación de la palabra reconstruida se remonta solo a la época protolituana, puesto que stogas es una palabra común a todas las lenguas bálticas.
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melias), irl. ant. meile ‘caballo’ < y céltico *melyos, sánscrito máryaḥ ‘semental’: también parece discutible. La palabra sánscrita márva-, con el significado de ‘semental’, supuestamente documentada en el Rigveda, solo aparece en los antiguos diccionarios de sánscrito de finales del siglo XIX. En los trabajos académicos recientes no se recoge en absoluto este significado (cf. Mayrhofer 1996: 326; Geldner 1951 a: 191.13; 1951 b: IX 97.18). Por tanto, es probable que la palabra no existiera con ese significado en la lengua india antigua. Y no es posible establecer con seguridad las relaciones genéticas del supuesto cognado irlandés antiguo meile, debido a que su significado no está del todo claro.
El artículo de Ignacas R. Dankas escrito en latín, «De Balticis ciconiae nominibus» (p. 1–4), con el que los editores abrieron la publicación y, por así decirlo, la representaron, constituye un claro ejemplo de ideologización de los estudios indoeuropeísticos y de desconocimiento de la bibliografía etimológica. El trabajo presenta una panorámica de las investigaciones sobre el origen de algunos nombres bálticos de la cigüeña. En su mayor parte, se limita a los trabajos de los clásicos indoeuropeístas de antaño, sin tener en cuenta lo que los baltistas escribieron en la segunda mitad del siglo XX. Así, el lituanogužas, gužutis, supuestamente no analizado desde los tiempos de Pokorny, se considera una herencia indoeuropea, cuando en realidad, como determinó Vincas Urbutis, es una formación de la época del lituano (cf. gūžinti ‘andar encorvado, con la espalda curvada’, gūžinėti ‘andar encogido, deambular’, gūžtis ‘hacerse un ovillo, encogerse’, gaužtis ‘encorvarse, retraer el cuello, agacharse’, etc.; véase Urbutis 1981: 33 y n. 43). Tampoco se mencionan otras etimologías analizadas en detalle por Urbutis en su estudio Baltų kalbų garrnio pavadinimai, como las del lituano garnys, genė, etc., y el letón dialectal guoris (Urbutis 1981: 18, 24 ss., 32 ss.), aunque están mucho mejor fundamentadas que las que se relatan en el artículo. Aún más extraño resulta que se considere prácticamente como única la procedencia germánica de la palabra gandras, sin hablar de otras posibilidades, cuando al examinar la bibliografía citada en la nota (p. 2, n. 4), que parece respaldar esta única vía, se descubre que allí se da prioridad a explicaciones etimológicas completamente distintas. Además, el artículo recurre varias veces a un glosario polaco de yotvingios que Z. Zinkevičius dio a conocer hace tiempo, del que se citan supuestos equivalentes yotvingios (sterkas, gerwe), aunque Wolfgang Schmid determinó de manera bastante convincente que la lengua registrada en este opúsculo no es en absoluto el yotvingio⁴. Ni siquiera la opinión expuesta más tarde por Zinkevičius, según la cual allí se registraron palabras yotvingias (de los yotvingios como cierta unión de tribus bálticas) y lituanas, pertenecientes a quienes vivían en la cuenca del río Narew (Zinkevičius 1992: 99–133), justifica una consideración tan confiada e acrítica de esta fuente. Todos subrayan expresamente que los datos deben valorarse con mucha cautela.
La publicación contiene varios trabajos dedicados a la onomástica. Józef Marcinkiewicz examina el origen del sufijo -ukas de los nombres personales suvalquianos («The -uk- affix in Lithuanian personal names of the Suwałki region», p. 55–62). Basándose en los datos de los llamados registros de Grininkai publicados por Falk (siglos XVII–XVIII), sostiene que el sufijo mencionado de los nombres personales suvalquianos es lituano y no bielorruso (origen que bastantes investigadores le atribuyen). Sin embargo, los hechos presentados no permiten una respuesta definitiva: algunos nombres latinos de santos llegaron al lituano precisamente a través del bielorruso o del polaco, y resulta muy difícil determinar cómo se lituanizaron típicamente ciertas variantes en un contexto de estrechos vínculos entre polacos, lituanos y bielorrusos. A veces también falta precisión. Por ejemplo, se afirma que los bielorrusismos de los dialectos polacos mencionados por otros lingüistas son «really Lithuanian origin (sic)» (p. 56, n. 4), aunque los equivalentes lituanos de algunos de ellos, por ejemplo, pacuki (cf. paciūkas), kańcuk (cf. kańčukas), kindžuk (cf. kindžiūkas), son préstamos.
La adaptación de los topónimos y antropónimos bálticos en la zona fronteriza entre polacos, bielorrusos y lituanos se aborda en el artículo de Michal Kondratiuk, «О славянизации балтийских топонимов и антропонимов на
4 En el glosario se registra, en efecto, una mezcla de lituano, letón y alemán, que pudo haber hablado un judío llegado allí y que no dominaba bien el lituano ni el letón (véase Schmid 1986: 273–286).
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polsko-belorussko-litovskom pogranič’e» (p. 161–166). Estas investigaciones se derivan de trabajos anteriores del estudioso (cf. especialmente Kondratiuk 1985 y 2000). La base de datos de nombres recopilada en la región de Białystok, en Polonia, y en los alrededores de Grodno, en Bielorrusia, permitió examinar los procedimientos de eslavización de topónimos y antropónimos lituanos identificados: adaptación fonética, fonético-morfológica, diversas variantes de carácter híbrido (raíz léxica báltica y otro elemento eslavo), translacional y de tipo etimología popular.
Interesante, aunque controvertido, es el trabajo de Mykolas Letas Palmaitis, que analiza el origen de algunos topónimos y antropónimos prusiano-rusos («Old Prussian Share in Creating the First Russian State», p. 141–153). Basándose en datos históricos y protohistóricos (crónicas y leyendas), arqueológicos y onomásticos, el lingüista reconstruye (¿inventa?) un fragmento de la historia de Prusia de los siglos IX–XIII, estrechamente vinculado a la formación de la Rus de Kiev. De este modo desarrolla la teoría normanda sobre el origen del Estado. Los prusianos aparecen aquí como aliados e intermediarios singulares de los normandos o vikingos, los varegos. En este contexto, propone una explicación particular para el origen del nombre Russia y del etnónimo rusos: sería una generalización, a partir del nombre de los prusianos que vivían en la cuenca del río Rusnė (Russ / *Rusā), del nombre *Rus(ai), Russes, relacionado con el nombre vikingo Rūs < Rōs, cf. nórdico antiguo róþs-menn ‘remeros’. En general, el material de crónicas y leyendas suele ser polifacético, de significado ambiguo y no verificable, por lo que resulta muy difícil —o quizá imposible— evitar la especulación. El «prusocentrismo» de las hipótesis formuladas por Palmaitis suscita de inmediato serias dudas. El manejo de los hechos y del material lingüístico parece demasiado supeditado a una sola idea: la palabra vitjaz’, que habría llegado al ruso a través del prusiano (← prusiano *vītingis ← germánico antiguo vikingr), se basa en la raíz prusiana jō; en cambio, el nombre del príncipe varego Oleg, considerado de origen prusiano (← prusiano *Algis, antropónimo prusiano que, eso sí, no está documentado), se explica a partir de la supuesta raíz en *Algas del genitivo y de otros casos, con ō. También se relacionan etimológicamente algunos antiguos antropónimos bitemáticos del germánico septentrional, el báltico y el eslavo.
También pertenece al ámbito de la onomástica el artículo de Henryk Jankowski «The names of habitation places of Polish-Lithuanian Tatars» (p. 189–200). Se examina aquí el origen de los topónimos de los lugares de residencia de los tártaros en Trakai, Vilna y algunas zonas de Bielorrusia y Polonia, que, según se supone, es de origen turco. Además de los topónimos con el sufijo turco -Lar, se analizan topónimos derivados de antropónimos tártaros con sufijos eslavos o lituanos añadidos. Por cierto, el sufijo lituano -išk- (en la forma eslavizada -iški) se considera inexplicablemente, e inexactamente, eslavo o incluso lituano-eslavo. También resulta interesante el intento, aún pendiente de la evaluación de los onomastas lituanos, de relacionar el nombre del río Vokė con el nombre propio turco Waq.
El trabajo de Witold Mańczak «Coup d’oeil sur le dictionnaire de fréquence du lituanien» (p. 47–53) relaciona de manera particular los estudios sincrónicos y diacrónicos de palabras y formas. En él se desarrolla y fundamenta la idea del autor de que los cambios fonéticos irregulares pueden deberse al uso frecuente de una palabra. A partir del Dažniniu dabartinės rašomosios lietuvių kalbos žodynu (1997) de Laima Grumadienė y Vida Žilinskienė, se presenta una lista de palabras de uso especialmente frecuente cuyo origen no se explica mediante leyes fonéticas ni por la actuación de la analogía. Se observa que la mayoría de estas palabras o formas se han acortado; otras se han formado por contracción de varias palabras más largas y otras presentan sonidos alterados. Resulta extraño que el artículo no cite en absoluto la bibliografía utilizada para determinar el origen de las palabras. No queda claro si, además de la obra de Fraenkel, mencionada varias veces (¿probablemente su Litauisches etymologisches Wörterbuch?), se tuvieron en cuenta otros trabajos. Lo más probable es que no. Por ello, es preciso revisar los comentarios sobre algunas palabras: existen opiniones bastante divergentes y contradictorias acerca del origen de namō y žemyn; no necesariamente son formas acortadas (véase Zinkevičius 1981: 170, 182 ss., con bibliografía). Tampoco está del todo claro que el germanismo pinigas sea una forma acortada. Según Kazimieras Būga, solo los dialectos samogitios adoptaron la variante más larga piningas (del alto alemán medio penning), mientras que pinigas se incorporó algo después (hacia 1200) del alto alemán medio pennig
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buvo perimtas aukštaĩčiu (Būga 1959: 91). Vadinasi, čia susiduriame ne su vienos formos trumpėjimu, o su kelių formų konkurencijos išdava. Tikslumo kartais trūksta pateikiant Fraenkelio žodyno duomenis. Teigiama, jog dalelytė gi yra sutrumpėjusi veiksmažodžio girdi forma. O iš tiesų ta dažniausiai vartojama pabrėžiamoji dalelytė gi laikoma archajiška ir siejama su senuosiuose tekstuose paplitusiomis -ge, -ga, -gu, taip pat su slavų ir kitų kalbų atitikmenimis (Fraenkel 1962: 126; Zinkevičius 1981: 197). Dėl pakartotos kitos Fraenkelio (remiantis Endzelynu 1939: 74, 188) hipotezės apie homonimišką gi, pasitaikančią sakinio pradžioje ir neva kilusią iš girdi, galima ir paabejoti⁵. Kad ir kaip ten būtų, į dažninį žodyną veikiausiai buvo įtraukta tik įprastinė archajiškoji dalelytė gi. Taip pat svarstytina, ar verta nedėsningu trumpinimu laikyti dūrinio pirmojo sando galūnės (arba istorinio kamiengalio su galūne) numetimą, plg. šimtmetis, viešbutis komentarus⁶. Dūrinių formavimasis iš dviejų žodžių junginio vyksta ne chaotiškai, o pagal tam tikrus dėsningumus. Autoriaus hipotezę atitinkančiu trumpėjimu nebent būtų galima laikyti dūrinio jungiamojo balsio išmetimą, tačiau naujadaras viešbutis, neturįs ilgesnių variantų, čia taip pat netiktų. Turbūt korektūros klaida laikytinas nors kildinimas iš noris, o ne iš noris.
Un trabajo similar de W. Mańczak, dedicado a la lengua prusiana, es comentado y corregido también en otro artículo de la publicación reseñada, con el título elegante y sutilmente ingenioso «A note on Old Prussian dewas, Marx and engels» (p. 155–156). Su autor, Williams Schmalstieg, corrige varios ejemplos prusianos citados que ilustran de manera inadecuada la relación entre la frecuencia de las palabras mencionadas y los cambios fonéticos irregulares. Las formas abreviadas de la palabra dewas y de otras palabras de tema en *ǭ no pueden considerarse formas de nom. sg. en -is (dewis, etc.), pues solo estas (sin que aparezca ninguna variante dewas) se emplean en el texto prusiano más antiguo, el vocabulario de Elbing. Tampoco está abreviada la forma de gen. sg. sīras ‘del corazón’: el s. ecl. esl. česo, comparado por Mańczak, refleja en realidad un tema en *ǭ, mientras que la forma prusiana es de tema consonántico; compárese con gr. χῆρος.
Norbert Ostrowski investiga el verbo lituano desde la perspectiva de la morfología histórica («Zu den litauischen nasalinfigierenden Verben des Typs ved. punāti», p. 69–71). Según el autor, en lituano pueden encontrarse varios verbos con el antiguo infijo nasal n: trinti, skinti y minti; deben descartarse los representantes de este tipo identificados por investigadores anteriores, žinoti y gauti (gauna).
Frederik Kortlandt examina cuestiones de formación histórica («OPr. -snā, Lith. -sena, Latv. -šana», p. 137–139). Se trata de otro intento de establecer el vínculo genético entre los sufijos lituano -sena, letón -šana y prusiano -snā (sobre otros intentos, véase Ambrazas 1993: 60tt.). Kortlandt reconstruye el siguiente paradigma báltico-eslavo: nom. sg. -sin, acc. sg. -senin, los demás casos con -snā-.
Karl H. Schmidt examina formas bálticas reflexivas arcaicas, consideradas herencia indoeuropea («Zum baltischen Reflexivum», p. 5–14). La posición del pronombre enclítico s(i) en las palabras y en las oraciones de los antiguos textos bálticos, así como el uso en la oración del genitivo posesivo del pronombre reflexivo savo, se comparan con sus equivalentes en lenguas indoeuropeas antiguas (indoiranias, tocarias, griegas, etc.) y, desde una perspectiva tipológica, también con las tendencias de las oraciones ergativas de las lenguas kartvelianas no indoeuropeas.
5 Fraenkel indica que su significado es ‘sin embargo, y, pero’. No obstante, el LKŽ no registra ese significado, y el uso parecido de gi que se da en el habla (corregido en las obras sobre el uso correcto de la lengua) en oraciones coordinadas comparativas o adversativas se debe a la conjunción y partícula rusa že. Por otra parte, no convendría descartar por completo la idea de Endzelīns. A diferencia de Fraenkel, el lingüista letón no indicó un segundo significado claro de la partícula gi. Es posible que el significado de jaugi que mencionó más tarde —‘cierto, sí, por cierto’ (también incluido en el LKŽ)— tenga realmente su origen en la forma verbal girdi.
6 Por cierto, las palabras que sirvieron de base para el compuesto viešpilas, señalado como modelo (prototipo) de la palabra viešbutis, quizá no fueran viešas y pilis, sino viešas y pilti.
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Los varios paralelos semánticos presentados de las lenguas caucásicas y el vasco respecto a la etimología del pronombre enfático *patis respaldan la interpretación de numerosos lingüistas —por ejemplo, Delbrück, Gamkrelidze, Ivanov y, más recientemente y con especial rigor argumentativo, Rosinas— según la cual el significado original del indoeuropeo *pot era ‘soberano, dueño’ (véase Rosinas 2000: 129–140).
El único artículo dedicado al complejo tema de la acentología histórica báltica es el trabajo de Rick Derksen, «Tonal oppositions on non-initial syllables in Latvian» (p. 81–87). En él se examina la afirmación de Steven Young de que el acento circunflejo secundario de los dialectos del centro de Letonia sustituye casi regularmente al circunflejo primario en sílabas no iniciales de palabra. El análisis muestra que la regularidad observada no es sistemática: algunos de los ejemplos aducidos por Young también pueden interpretarse de maneras muy distintas; en los dialectos de Letonia y Lituania hay numerosas variantes de acentuación contradictorias y, además, se ha absolutizado injustificadamente la actuación de la ley de Saussure-Fortunatov en sílabas no iniciales. Para quienes sigan investigando el origen del acento circunflejo en sílabas no iniciales, Derksen propone una serie de etapas coherentes: primero, tener en cuenta las variantes existentes en los dialectos letones; después, compararlas con los datos de los dialectos lituanos; y, por último, recurrir a la etimología del morfema. Por cierto, los datos de los préstamos quizá podrían aportar también una perspectiva propia a estos estudios; compárense los germanismos mencionados en el artículo, sī-puōls, maguōne, y el eslavismo čilvēks (cilvēks).
En la publicación se presentan dos trabajos letonísticos procedentes de investigaciones sobre la historia de los textos antiguos. Gvidas Michelinis estudia las fuentes de la primera obra impresa en letón: la traducción del catecismo católico de Petrus Canisius de 1585 («Fuentes del catecismo letón de 1585», pp. 121–129). Mediante extensas citas se muestra que no se ha logrado encontrar una fuente clara para el catecismo. El texto letón se parece más a los catecismos menores alemanes de Canisius; los más cercanos son El catecismo menor de 1584 y Catechismus In Kurtze Frag. de 1581. Sin embargo, según el autor, aún quedan bastantes pasajes del texto sin equivalentes claros. Se plantean dos hipótesis: o bien la obra letona se compuso a partir de traducciones de varios catecismos diferentes de Canisius preparados con anterioridad, o bien se utilizó algún texto manuscrito (alemán) compilado. Cabe añadir que la comprobación de la hipótesis sobre la autoría del traductor, inexplicablemente silenciada en el artículo, quizá podría aportar información adicional sobre la cuestión: se supone que el traductor del catecismo pudo haber sido el alemán Erthmannis Tolgsdorffas. Por cierto, el apellido del editor de la edición facsimilar del catecismo está citado incorrectamente: debería ser Günther, no Günter.
El artículo de Toshikazo Inoue, «Некоторые заметки к изданному Бецценбергером тексту латышского Катехизиса 1586 года» (pp. 113–119), examina otro antiguo catecismo letón: la traducción del Enchiridion de Martín Lutero de 1586. En realidad, se presenta aquí una lista de discrepancias y pequeños errores encontrados en la edición crítica del Enchiridion letón de Adalbert Bezzenberger (1875). La propuesta del autor de una lectura íntegra del texto con comentarios en japonés se publicó en Japón. Estas observaciones textuales son solo el inicio de un gran trabajo previsto: cotejar los tres textos bálticos del Enchiridion. Este propósito también se ve favorecido por el estudio bastante minucioso de las fuentes de los textos prusiano y letón por parte de los investigadores (véase Trautmann 1909: 217–479; Mažiulis 1966: 33–40; Vanags 1995: 52–62). Es cierto que, tras el estudio de Trautmann, al parecer nadie ha vuelto a investigar la relación del texto lituano de Baltramiejus Vilentas ENCHIRIDION Catechijmas maþas con sus fuentes; la obra de Vilentas también se incluyó como una parte ampliada de un catecismo de 1547 traducido del polaco (probablemente obra del propio Martynas Mažvydas).
La publicación reseñada contiene varios artículos dedicados a la investigación dialectológica. Podrían haber sido más, pues el estudio de los dialectos es quizá el principal ámbito de interés científico de Michał Hasiuk. Casi todos los trabajos dialectológicos analizan los dialectos de los lituanos de Polonia. Kazimieras Garšva
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En el artículo se examinan y presentan las características fonológicas y algunas de las acentológicas de estos dialectos («The Lithuanian dialects of the Seinai region», p. 33–38). Se destacan especialmente las interpretaciones fonológicas de las variantes de la vocal i:, así como de a y e; los problemas para determinar la cantidad de las vocales finales y postónicas; y también se aborda la nivelación de los tonos de las vocales largas. En cuanto al mencionado endurecimiento de las consonantes l, r, s, también caben valoraciones opuestas: véase Kardelis (2001: 141–150 con bibliografía).
Los estudios dialectológicos de Piotr Grablunas y Jowita Niewulis son bastante estudiantiles. En el trabajo de Grablunas, «Algunas (sic!) cuestiones sobre el uso del locativo en el dialecto dzukio de Polonia» (p. 39–46), llama la atención el uso muy torpe y confuso de los términos para designar el locativo. Por el comienzo del artículo y el resumen en inglés se entiende que las denominaciones locativo / inesivo e ilativo / directivo se emplean como sinónimos, es decir, respectivamente, para el inesivo y el ilativo. Sin embargo, los ejemplos muestran otra cosa: «El inesivo puede usarse a) para expresar el locativo y b) el inesivo» (p. 40); «El ilativo también puede usarse a) para expresar el inesivo y b) el locativo» (p. 40), «Asimismo, por su significado, el ilativo se aproxima al directivo, y no al locativo» (p. 44)7. En cualquier caso, al revisar el análisis del uso terminológico de los locativos, basado en la clasificación de los significados de los casos de Jonas Šukys, se observa que muchos de los sintagmas locativos descritos son calcos sintácticos de las lenguas eslavas (el artículo solo trata de la adopción de algunas construcciones del polaco). En el artículo de Jowita Niewulis, «La peculiaridad de los pronombres del dialecto de Punskas» (p. 62–67), se analizan las formas más singulares de algunos pronombres de dicho dialecto. También aquí hay ciertas imprecisiones. Así, las formas jisai, jinai, tasai se consideran formas pronominales definidas, cuando en realidad son formas ampliadas con las partículas pospuestas -ai, -nai, que en algunos dialectos se tratan como formas definidas (cf. Zinkevičius 1966: 430ss.).
Un estudio dedicado a otra variedad dialectal singular, o quizá incluso a otra lengua, es el artículo-publicación de Friedhelm Hinze «Mehrsprachigkeit rund um das Kurische Haff im Bewusstsein meines Gewährsmannes Fritz Peleikis (1904–1984) aus Preil» (p. 98–111). Se publica aquí un texto tardío en lengua kuršininkai, escrito por Fritz Peleikis, antiguo pescador de Neringa. Es valioso que se haya anotado además el tono ascendente que pronuncia el informante mientras comenta el texto. También se incluyen comentarios detallados sobre los topónimos y ciertas formas de palabras, con comparaciones con el alemán y las lenguas bálticas. El autor subraya que, al igual que otros textos tardíos del siglo XX, la «Panorama» de Peleikis muestra claros indicios de una variedad dialectal en vías de desaparición.
Un artículo interesante relacionado con la lexicología y el folclore letones es el de Rainer Eckert, «Satzgliedwertige und satzwertige Phraseologismen aus der Sprache der lettischen Folklore» (p. 89–98). El lingüista estudia una familia de unidades fraseológicas cuyo núcleo son las palabras siets y sijāt. La comparación de diversos fraseologismos folclóricos y proverbios revela de manera convincente el significado de expresiones como caur sietu sijāt kādu, etc., ‘despreciar, insultar, maltratar’, y refuta la opinión de Artūrs Ozols de que en el folclore letón cantado solo hay «brotes» de fraseologismos aún sin desarrollar.
Joanna Ostaszewska y Tomasz Wicherkiewicz representan la sociolingüística, una rama de la lingüística todavía relativamente joven en Lituania y Letonia, con su artículo «Žemaitisch und Latgalisch als europäische Regionalsprachen» (p. 175–188). Los autores concluyen que, por sus rasgos característicos, tanto el samogitio como el latgalio pueden considerarse lenguas regionales. Al relatar hechos de la historia samogitia, el trabajo contiene algunas imprecisiones. La región samogitia (dialectal) se confunde con la histórica XV–
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En los dos primeros casos puede haberse deslizado un error tipográfico: por las frases dialectales parece que, en lugar de «inesivo», debería decir «ilativo»; cf. ind’e:j’p’uodi p’inigus; nuv’3:jo: lauk’uosna darb’u: dzi:rpcie.
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el ducado samogitio del siglo XVII (y el obispado, cuya fecha de fundación y fundador también se indican erróneamente), que abarcaba sobre todo tierras del centro de Lituania, de habla aukštaitiana, e impuso la variante aukštaitiana de la lengua escrita. Por eso, Mikalojus Daukša, que escribía en el dialecto aukštaitiano central, es mencionado erróneamente como autor samogitio, mientras que junto a Skuodas, realmente samogitio, se mencionan Jurbarkas y Kėdainiai, de habla aukštaitiana. Los sacerdotes y monjes promovieron la idea de una lengua estándar samogitia no en el siglo XVIII, sino en el XIX. También se podrían haber dicho al menos unas palabras sobre el siglo XVIII: fue precisamente entonces (y no en el siglo XX) cuando empezó a formarse una ortografía samogitia propia. Además, difícilmente puede aceptarse la afirmación de que los samogitios siguen teniendo un aspecto diferente al de los aukštaitianos (al parecer, se los confundió con los latgalios, que sí tienen un aspecto característico).
Además de este trabajo de lingüística externa, cabe mencionar otros artículos que rebasan los límites de la lingüística tradicional: el estudio de Alfred Majewicz «Bronisław Piłsudski and Lithuania» (p. 201–214), sobre los vínculos del célebre etnógrafo Piłsudski con Lituania, y la investigación de Bernard Piotrowski «W oczekiwaniu na niepodległość. Litwini amerykańscy i z Prus Wschodnich wobec spraw narodowych (1914–1915)» (p. 215–227), sobre las expectativas políticas de los lituanos de Prusia Oriental y de América en 1914–1915.
Como ya se ha dicho, el volumen también contiene trabajos de crítica literaria. Todos ellos están relacionados de una manera u otra con la literatura lituana. Sin embargo, solo el artículo de Juozas Girdzijauskas «Liudvikas Adomas Jucevičius kultūrų kryžkelėje» (p. 241–249) y la reseña bastante estudiantil de Monika Pokorska-Iwaniuk «Maironis – didysis lietuvių poetas» (p. 251–263) analizan a autores lituanos y su obra. Los otros dos trabajos interesantes pertenecen ya a la historia de la literatura polaca: el artículo, escrito con gran expresividad, de Jerzy Borowczyk y Radosław Okulicz-Kozaryn, «Diversiones en tiempos sombríos entre los basilianos. Las costumbres de los filomatas en la parte III de Dziady» (p. 229–239), y el trabajo de Justyna Prusinowska «El lamento de Witold: una canción lituana olvidada de J. I. Kraszewski» (p. 265–270). Es una pena que en el trabajo de Prusinowska no se compare el original de Kraszewski con la traducción al lituano de Andrius Vištelis.
Así pues, la colección dedicada a Michał Hasiuk reúne artículos muy diversos: desde estudios científicos rigurosos hasta reseñas modestas, de las que quizá sus editores podrían haber prescindido. El volumen queda deslucido por el lenguaje sorprendentemente poco editado y plagado de errores de corrección y de uso idiomático en algunos artículos traducidos (¿o escritos?) al lituano, sobre todo en los trabajos de crítica literaria. Por ejemplo: nesąmonė (p. 66), sudominavo įvardį (p. 66), atitikmenys bendrinėje kalboje (p. 64), pagrindinė skirstymo kriterija (p. 37), veikalo užuomazga pasireiškė [...] Improvizacijos kūrybinėje eksplozijoje (p. 299), manuskriptu analize (p. 299), taip vadinamą (p. 230), provokacingoje [...] dramoj (p. 230), tris metus (p. 231), poetiniame mate įgy dav o gl esnę prasmę (p. 232), o tuo pačiu (p. 267), būt ybes be kritiškai priskiria (p. 267), etc., etc. Por tanto, a los editores, que seguirán publicando libros de la colección científica «Poznańskie Studia Bałtystyczne», les deseamos mayor esmero y cuidado.
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Birutė Kabašinskaitė Baltistikos ir bendrosios kalbotyros katedra Vilniaus universitetas Universiteto g. 5, 2734 Vilnius, Lietuva [email protected]
Gauta 2002 12 20