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Vilniaus universitetas
Líneas de investigación: historia de la lengua escrita lituana, cultura general de la lengua, publicación y estudio de los antiguos escritos lituanos, onomástica.
Evalda Jakaitienė
LEXICOLOGÍA
Libro de estudio
Vilnius: Vilniaus universiteto leidykla, 2009, 352 p.
ISBN 978-9955-33-445-3
El libro de Evalda Jakaitienė, profesora de la Universidad de Vilna, publicado hace unos años, parece no haber recibido hasta ahora el reconocimiento que merece, aunque es uno de los trabajos de lituanística más importantes de finales de la primera década del siglo XXI. En su prólogo se señala que se trata de una guía de estudio destinada a los estudiantes de Lituania, en la que «se intenta exponer los principales problemas teóricos de la lexicología» (p. 5). Sin embargo, este libro, escrito por una eminente investigadora del léxico lituano, especialmente de la semántica léxica, supera con creces las exigencias planteadas a los estudiantes de filología y se distingue por su madurez científica.
El libro consta de nueve capítulos, de mayor o menor extensión: 1) OBJETIVOS Y TAREAS DE LA LEXICOLOGÍA [...], 2) EL CONCEPTO DE PALABRA EN LEXICOLOGÍA, 3) SEMÁNTICA LÉXICA [...], 4) PRAGMÁTICA LÉXICA [...], 5) ASPECTOS SOCIALES DEL LÉXICO [...], 6) ETIMOLOGÍA Y FORMACIÓN DE PALABRAS [...], 7) ONOMÁSTICA [...], 8) FRASEOLOGÍA [...] y 9) LEXICOGRAFÍA [...]. Aquí se presentan únicamente las partes iniciales de los títulos de los capítulos, impresas en negrita y mayúsculas; a partir del tercer título, se añaden también explicaciones lituanas de los términos internacionales (los títulos completos se indicarán aquí al tratar cada capítulo por separado). Al final de todos los capítulos y de algunos subcapítulos se incluyen conjuntos de ejercicios, más o menos extensos, y listas muy detalladas de la bibliografía básica correspondiente (incluso con indicación de las páginas). Al final del libro se incluye además una colección de «Cuestiones fundamentales de lexicología», agrupadas por capítulos (60 preguntas en total (p. 335–337)). A continuación figuran también una bibliografía bastante extensa (p. 338–343), un registro de abreviaturas (p. 344–346) y un índice temático (p. 347–351).
En el primer capítulo (p. 7–9) se explica el concepto de lexicología y, en lingüística, se distinguen desde diversos puntos de vista las siguientes clases de esta rama de la ciencia del lenguaje: lexicología general, especial y contrastiva, semasiología, pragmática léxica, socio-
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lexicología, etimología, formación de palabras, onomástica. A estas se suman también la fraseología y la lexicografía; a la primera a veces se tiende a considerarla una rama independiente de la lingüística (véase KTŽ 66), mientras que la segunda constituye la teoría y la práctica de la lexicología aplicada (cf. Jakaitienė 2005: 9).
Los nombres de muchas de las ramas de la lexicología mencionadas aquí se han heredado de la lingüística tradicional. Sin embargo, la pragmática léxica y la sociolexicología son ya creaciones de la ciencia del lenguaje de una nueva época. Sin entrar en un examen más amplio de las ramas mencionadas (que también se describen brevemente en este capítulo), quisiera expresar mis dudas únicamente sobre la definición del objeto de la etimología: «[...] su objeto son solo las palabras cuyo origen no está claro sincrónicamente» (p. 9). A mi parecer, esta definición es demasiado estrecha. ¿Por qué se limita a las palabras cuyo origen no está claro sincrónicamente? ¿Y qué ciencia estudia las palabras cuyo origen sí está claro sincrónicamente? Por eso es más precisa la definición de KTŽ: «Rama de la lingüística que estudia el origen de las palabras y sus relaciones de parentesco con otras palabras de la misma lengua o de otras lenguas» (p. 60).
En el segundo capítulo (pp. 11–37), el concepto de palabra se examina de manera polifacética y original. Se distinguen tres tipos de concepción de la palabra: óntica, científica y lingüística. La autora fue quizá la primera lingüista lituana en utilizar aquí el término óntica (derivado del griego on, gen. οὖσις, ‘ser’) para designar la concepción de la palabra como perteneciente al ser. Tal vez por eso el libro dedica bastante espacio a explicar esta concepción: se escribe sobre la especificidad de la palabra como fenómeno social complejo de naturaleza sígnica, sus funciones y los tipos funcionales de palabras. Se considera que la función más importante de la palabra es la representativa (p. 15). Sin embargo, cabe ponerlo en duda. A mi parecer, la función más importante de la palabra, en tanto que principal medio de expresión lingüística, no es «representar algo», sino comunicarse unos con otros, es decir, la función comunicativa. Por supuesto, entender así la función principal de la palabra no niega la existencia de la función representativa (la palabra, al igual que otras unidades del sistema lingüístico, representa al ser humano que participa en el proceso del habla). En general, la descripción de la función representativa tanto en el sistema lingüístico como en la actividad de habla resulta algo confusa. La afirmación de que «En el sistema lingüístico la palabra adquiere por primera vez el estatus de signo [...]» (p. 19), mientras que «cuando se usa en una actividad concreta de habla, cumple por segunda vez la función representativa del signo» (p. 20), puede no resultar muy clara al lector, especialmente al estudiante; tampoco queda más explícita en las páginas posteriores señaladas (pp. 26–27).
No cabe duda respecto de las demás funciones de la palabra, que se clasifican en generales y específicas y se ilustran con ejemplos en una tabla. Solo cabe añadir que en los trabajos de algunos lingüistas se distingue también la función impresiva (por ejemplo, en las órdenes militares: ¡firmes!, ¡de frente, mar!) y la función fática (por ejemplo, la palabra telefónica ¡hola!) (cf. Bańczerowski, Pogonowski, Zgółka 1982: 36–37). Pero estos son ya matices innecesarios en un manual de lexicología destinado a estudiantes.
También es interesante el subapartado del segundo capítulo, titulado en forma de pregunta «¿Es PALABRA un buen término lingüístico?» (p. 28). En efecto, como señala la autora, en la lengua hablada no se ha convertido en un término científico riguroso, mientras que en la literatura lingüística las definiciones de palabra varían mucho.
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El célebre lingüista francés Antoine Meillet dijo que, en principio, la palabra sería indefinible: «le mot est en principe indéfinissable» (citado de: Doroszewski 1954: 5). A mi parecer, lo más conveniente sería denominar lexema a la palabra como unidad del sistema lingüístico (cf. los términos análogos fonema, morfema, sintaxema), y palabra a la unidad correspondiente del habla. El término onomatema propuesto en el libro podría aceptarse con un único significado definido: «grupo de lexemas que tienen el mismo significado fonético» (p. 29).
También discrepo de la autora en cuanto a la idoneidad de los equivalentes lituanos kalbėjimas, kalbėjimo veikla (p. 19) para el término saussureano parole. A mi parecer, una alternativa más adecuada y práctica es el equivalente de una sola palabra utilizado por lingüistas de muchos otros pueblos: šneka (una palabra corriente de la lengua popular convertida en término)1. Además de su brevedad, este equivalente es más adecuado porque puede emplearse no solo con el significado de «habla» o «actividad lingüística», sino también con el de «conjunto de medios de expresión lingüística acumulados por un individuo concreto, idiolecto» (el šneka de Jonas, Petro u Ona). Kalbėjimas, kalbėjimo veikla solo significa el proceso de uso de la lengua. Por cierto, la expresión terminológica šnekos aktai también la utiliza la propia autora en el cuarto capítulo posterior (pp. 143–146).
En el extenso tercer capítulo, SEMÁNTICA LÉXICA, o QUÉ SIGNIFICAN LAS PALABRAS Y CÓMO LO HACEN (pp. 38–142), se analizan los principales problemas de la semántica de la palabra. Al comienzo se ofrece información sobre la historia de la semántica léxica y, en los subapartados siguientes, se trata la concepción y la estructura del significado léxico, los homónimos y las relaciones sistemáticas entre las palabras y sus significados. Muchos problemas de este tipo ya se habían abordado en el manual de la autora de 1980, Lietuvių kalbos leksikologija, y, en particular, en la monografía Leksinė semantika, publicada en 1988. Sin embargo, en el libro reseñado se reconsideran, se evalúan críticamente y se complementan con datos de las investigaciones realizadas durante las décadas posteriores por lingüistas lituanos y de otros países.
Puesto que la historia de la semántica léxica ya se había tratado ampliamente en la monografía de la autora de 1988, el libro reseñado dedica más espacio únicamente a la exposición y caracterización de las corrientes semánticas más destacadas y sus representantes. En cambio, tanto la concepción del significado como, en particular, su clasificación reciben poca atención en los dos libros de la autora. Además, es especialmente importante que el libro reseñado incluya numerosos problemas de semántica léxica tratados de manera diferente y más novedosa.
Uno de ellos es la concepción aún no consolidada del significado de la palabra. Al igual que en Leksinė semantika, también en el libro reseñado se distinguen dos grandes tipos de esta concepción: el cognitivo y el estructural, y ambos se clasifican a su vez en determinados
1 Además de los equivalentes ingleses speech, alemán Rede, francés parole, polaco mowa y ruso речь que se indican en el libro, cabe añadir el checo řeč o mluka, y el serbio y croata govor.
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subtipos. Sin embargo, en Leksinėje semantikoje hay más subtipos tanto de las clasificaciones cognitivas como de las estructurales; además, aquí se describen con mayor detalle algunos subtipos (por ejemplo, el significado designatinė y el konotacinė). Por otra parte, en Leksikologijoje se han omitido algunos conceptos y términos descritos en Leksinėje semantikoje (por ejemplo, el valor derivativo, el valor designativo y el valor paradigmático, como ciertos rasgos del significado estructural).
Sin entrar a comparar en detalle el contenido de los dos libros de la autora, cabe señalar que Leksikologijoje amplía considerablemente la problemática relacionada con la semántica léxica. En los apartados del tercer capítulo se trata con más detalle la estructura semántica de las palabras polisémicas (p. 86–100), la homonimia (p. 101–112) y, especialmente, las relaciones sistemáticas entre las palabras y sus significados (p. 113–142).
Como no tengo observaciones críticas de mayor peso sobre este capítulo, quisiera mencionar tan solo una o dos formulaciones que suscitan dudas o cuestiones discutibles (se presentan aquí siguiendo el orden de las páginas).
En la página 66, al tratar la valencia sintáctica, o capacidad combinatoria, y comentar los casos de capacidad combinatoria de los verbos priklausyti ir virti (Namas priklauso kaimynui ‖ Pergalė priklauso nuo sėkmės; Sriuba verda ‖ Mama verda sriubą), se afirma que esos verbos tienen dos lexemas cada uno. Si se sostiene que el lexema es la palabra «como conjunto de todas las formas paradigmáticas y los significados que les corresponden» (KTŽ 113), tal afirmación carece de fundamento, pues se atribuye un significado sintáctico al leksemai, entendido como término lexicológico.
En la página 101 se distinguen dos tipos de homónimos: verdaderos y parciales. Aquí no queda claro el criterio de clasificación ni el término verdaderos. La oposición de «parciales» sería no parciales o, como suele llamárseles, absolutos. Algunos diccionarios de términos lingüísticos presentan también otros tipos de homónimos. En «Etimología», asimismo, teniendo en cuenta las fuentes de los homónimos y las causas de su aparición, se distinguen otros tres tipos: etimológicos, derivativos y semánticos (p. 104–111).
En la definición de sinónimos que aparece en la página 123 convendría suprimir dos palabras relacionadas con su clasificación, «idéntico o» (las he puesto entre corchetes): «Los sinónimos son unidades léxicas de significado [idéntico o] similar cuyos componentes semánticos principales coinciden, mientras que los componentes semánticos que los diferencian pueden neutralizarse en ciertos contextos». Esta inserción es necesaria porque en la p. 127 la propia autora habla de sinónimos absolutos (karvelis ‖ balandis, kiškis ‖ zuikis). Pero es probable que esas palabras se hayan omitido por un simple descuido (¿o quizá por una errata de imprenta?).
En el cuarto capítulo, titulado PRAGMÁTICA LÉXICA, o LAS PALABRAS EN LOS ACTOS DE HABLA (p. 143–170), cuya problemática no se había abordado en Leksinėje semantikoje, se trata de una nueva rama de la lingüística surgida en la década de 1960. Primero se explica el concepto mismo de šnekos akto y, a continuación, se describen los principales conceptos y términos relacionados con los actos de habla:
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ilokucija, perlokucija, así como los tipos más característicos de léxico de los actos de habla: performatyvieji veiksmažodžiai, etiketo leksika, emotyvai y ekspresyvai, modaliniai žodžiai. Son temas nuevas que, hasta la publicación de Leksikologijos, probablemente no solo no se enseñaban a los estudiantes de humanidades de las universidades lituanas, sino que eran desconocidas para muchos docentes de esas especialidades. Por eso, el cuarto capítulo es significativo, entre otras cosas, por lo novedoso de su temática en la bibliografía lingüística lituana.
En el quinto capítulo, ASPECTOS SOCIALES DEL LÉXICO, o INTERACCIÓN MUTUA ENTRE LA SOCIEDAD Y EL LÉXICO (p. 171–221), como ya indica el título, se aborda la relación de las palabras con la sociedad y con sus diversos estratos. Primero se distinguen dos tipos de léxico según la posición social de los «miembros de la sociedad»: léxico visuotinė, o bendratautė, y specialioji. Este último, a su vez, se subdivide en léxico tarminė, profesinė y žargoninė (p. 173).
Cabe hacer varias observaciones sobre esta clasificación. A mi parecer, la división del léxico en visuotinę (bendratautę) y specialiąją se basa no en un criterio social, sino en la extensión de uso; además, sería preferible emplear el término bendroji o bendratautė en lugar de visuotinės, pues los dos primeros tienen una tradición más antigua en la lingüística lituana y no presentan objeciones ni semánticas ni derivativas. También suscita dudas que el léxico dialectal se incluya en el léxico especial, ya que el dialecto es una variedad territorial de la lengua, mientras que el léxico especial está relacionado con el ámbito científico y puede denominarse terminija. Es cierto que la autora considera los terminus y los profesionalizmus tipos desiguales de léxico profesional (p. 181), y hay motivos para adoptar esta concepción. Sin embargo, desde el punto de vista lógico, lo opuesto al léxico dialectal es el léxico de la lengua estándar.
Se considera que el núcleo del llamado léxico general es el término pagrindinis žodyno fondas. A mi parecer, sería mejor decir pagrindinis leksikos fondas. No por razones políticas, sino porque habría que distinguir con mayor rigor žodyno, entendido como «libro que reúne palabras», de leksikos, entendido como «conjunto determinado de palabras» (de una lengua, varias lenguas o un dialecto, una especialidad, etc.), aunque es difícil evitar que estos términos se usen como sinónimos.
Ya se ha mencionado que la autora distingue en el léxico profesional los terminai y los profesionalizmai como tipos separados y desiguales. El término se define como una palabra cuyo «contenido está fijado con precisión, es muy específico y completamente independiente del contexto» (p. 182). A mi parecer, esta definición, aunque concisa, está justificada, porque en los trabajos de nuestros lingüistas a veces se llama terminais también a palabras corrientes bendriesiems, o bendrautačiams, (por ejemplo, se consideran términos médicos palabras como akis, ausis, širdis, «ojo, oído, corazón», etc.) (Zemlevičiūtė 2008: 143–144). Sin embargo, la descripción de los profesionalismos como parte del léxico profesional —«son palabras no de la lengua estándar, sino de la lengua hablada» (p. 185)— requiere una precisión, pues no queda claro si se refiere a la variedad coloquial estándar o a una variedad intermedia entre el dialecto y la lengua estándar, que los lingüistas alemanes llaman Umgangsprache y para la cual, al parecer, no tenemos…
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… no hay un término lituano establecido (¿quizá serviría lengua coloquial cotidiana?). Por otra parte, los ejemplos de usos profesionales que se ofrecen en el libro —kyla, empleado por los deportistas en lugar de kamuolio ‘balón’, baranka, empleado por los conductores en lugar de vairo ‘volante’, y otras palabras similares— pueden tratarse como términos de jerga. Pero son cuestiones discutibles que no restan valor a la descripción original y sustanciosa de los conceptos terminológicos fundamentales.
El sexto capítulo, ETIMOLOGÍA Y FORMACIÓN DE PALABRAS, o DE DÓNDE Y CÓMO SURGEN LAS PALABRAS (pp. 222–262), como indica el título, trata de dos ramas afines de la lingüística. Una estudia el origen de las palabras y la otra su formación o creación. En el libro se concede prioridad, por el espacio dedicado, a la problemática del origen de las palabras: se explican los conceptos de «heredadas» y «derivadas», y se analizan con bastante detalle, a partir de ejemplos del lituano y de otras lenguas, los préstamos desde la perspectiva de su origen y antigüedad. En cuanto a su origen, en el léxico lituano se distinguen y examinan eslavismos (polonismos, rusismos), germanismos (anglicismos)2, letonismos, palabras internacionales (junto a ellas se presentan, generalmente entre paréntesis, términos con el sufijo -izmas: eslavismos, germanismos, etc.). El uso de términos de este tipo no suscita dudas: prácticamente todos los lingüistas lituanos los emplean, según convenga (con la posible excepción de vokietybė).
Tampoco suscita dudas la clasificación de los préstamos «por antigüedad» en antiguos y nuevos, salvo por el hecho de que entre los «préstamos incorporados al lituano después de la Segunda Guerra Mundial» se incluyen (p. 234) bulka ‘bollo’ y napilnykas ‘lima’, que ya se usaban antes en la lengua coloquial. La forma napilnykas no está registrada en el gran Diccionario de la lengua lituana, y en mi habla natal de Punia, antes de aquella guerra, solo se usaba la forma nopiėlnykas (un evidente rusismo; cf. напильник).
Un asunto problemático son las abreviaturas formadas por letras, a las que el libro dedica muy poca atención. Solo enumera cinco de ellas —CO, DVO, PC y SMS— y afirma que se han convertido en palabras (p. 234). Cabe dudar de que deban considerarse palabras, pues sin descifrarlas no es posible conocer su significado. Son abreviaciones alfabéticas peculiares, para las que, me parece, también podría servir la denominación símbolos. Petro Jonikas escribió sobre estas y otras abreviaturas en 1940 en Gimtojoje kalboje (Jonikas 1940: 118–123), por lo que habría sido conveniente tratarlas más ampliamente también en el libro reseñado.
En el subapartado «Análisis derivativo de las palabras», que sigue a la sección de etimología, se explican el concepto de motivación derivativa, los principios del análisis de palabras derivadas, sus tipos, así como los tipos y las categorías de formación. Aunque todo ello se analiza con bastante detalle en el estudio de Vincas Urbutis Žodžių darybos teorija (1978; segunda edición, 2009), el libro de E. Jakaitienė lo presenta de forma más accesible para los estudiantes y, además, la interpretación de problemas concretos se apoya en investigaciones más recientes sobre el tema.
En el séptimo capítulo, ONOMÁSTICA, o A QUIÉNES Y QUÉ NOMBRES SE PONEN (pp. 263–278), se explica la relación entre los nombres propios y los comunes, se definen los tipos de nombres propios y los principios de análisis de los nombres propios. Se consideran nombres propios aquellos que designan objetos determinados sin señalar «ni siquiera sus características más generales» (p. 264); además, no pueden expresar directamente un concepto, aunque «es posible (y a veces incluso necesario) vincularlos con un concepto» (p. 265). En opinión de la autora, los nombres propios también tienen un significado específico, cuya existencia niegan algunos lingüistas.
2 Por alguna razón no se emplea el término vokietybė.
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tipos de palabras y principios de análisis de los nombres propios. Aquí se consideran propios aquellos nombres que designan ciertos objetos sin indicar «ni siquiera sus características más generales» (p. 264); además, no pueden expresar directamente un concepto, pero «se los puede (y a veces incluso se debe) asociar con un concepto» (p. 265). En opinión de la autora, los nombres propios también tienen un significado determinado y específico, cuya existencia niegan algunos lingüistas.
En el libro, los nombres propios se clasifican según su significado en dos grandes tipos: nombres de seres vivos y nombres de «cosas inanimadas». El tipo de nombres de seres vivos se subdivide en tres grupos: nombres de personas, o antropónimos, zoónimos y mitónimos. Los nombres de objetos inanimados, por su parte, se dividen en nombres de lugar, o topónimos, de los que también se distinguen varios grupos: oicónimos, hidrónimos, drimónimos y orónimos.
No tengo dudas acerca de esta concepción de los nombres propios ni de su clasificación. Solo tengo un par de observaciones: una sobre la relación entre los apellidos y las características personales, y otra sobre el origen de algunos apellidos. En la p. 268, siguiendo a Aleksandras Vanagas, se afirma que «el apellido no depende en absoluto de sus [es decir, de la persona, – J. P.] características personales». Esta afirmación será correcta si no tenemos en cuenta la etapa inicial de su aparición. Sin embargo, durante el período de formación de los apellidos, una parte considerable de ellos tuvo origen en apodos, y en ellos la relación con las características personales era evidente (por ejemplo, apellidos como Kairỹs, Kuprius, Rudis, entre otros). Así pues, desde una perspectiva histórica, también puede hablarse de la dependencia de ciertos apellidos respecto de las características personales. En la p. 272, entre los apellidos de «origen propio» se incluyen apellidos derivados de apodos de origen eslavo, Burō-kas, Kisiėlius y Ridìkas. En ese mismo pasaje, el nombre del riachuelo que atraviesa Klaipėda, Dãnė, se relaciona con el osetio don ‘río’, pero resulta más fiable derivar este nombre del куршский (véase Mažiulis 1999: 95).
En el octavo capítulo, FRAZEOLOGIJA, o PALABRAS EN COMBINACIONES FIJAS (pp. 279–307), se trata de las combinaciones libres y estables de palabras, de la semántica, el origen, la estructura y las funciones de las unidades fraseológicas. En la subsección introductoria del capítulo se examinan tanto la concepción tradicional más restringida de la unidad fraseológica, según la cual se consideran unidades fraseológicas «combinaciones de palabras fijas e indivisibles, más o menos figurativas» (p. 281), como la más reciente y amplia, según la cual el rasgo más importante y fiable de las unidades fraseológicas sería «la fijación, la frecuente aparición conjunta de las mismas palabras» (p. 280). Suscribiendo en parte la concepción más amplia, E. Jakaitienė destaca otros dos rasgos importantes de las unidades fraseológicas: «un entorno fraseológico definido» (p. 282) y el hecho de que «se recuperan de la memoria» (p. 284). Todo ello resulta convincente y se ilustra en el libro con ejemplos del lituano bien escogidos.
Desde el punto de vista semántico, las unidades fraseológicas se dividen en motivadas e inmotivadas, o idiomas. Las motivadas se subdividen, a su vez, en tres tipos: 1) trópicas, 2) comparativas y 3) de combinación léxica. Las trópicas se subdividen, a su vez, en metafóricas y metonímicas. Desde el punto de vista del origen, se distinguen unidades fraseológicas autóctonas y prestadas. Resultan especialmente interesantes y muy raros ejemplos que la autora presenta, como aitais eiti ‘convertirse en nada’, pruojais eiti ‘desaparecer’, į kapendą išankinti ‘engañar’,
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šurkais eiti ‘ir a toda velocidad’ (p. 295). Sin embargo, difícilmente pueden considerarse fraseologismos las combinaciones tautológicas de palabras aiškių aiškiausias, galų gale, šimtų šimtai, que, aunque estén más o menos fijadas, carecen de expresividad y algunas se forman según un determinado modelo sintáctico (compárese gerų geriausias, piktų pikčiausias, dývų dývai y similares). Por eso quizá convendría llamarlas combinaciones de palabras apylaisviais. A la pregunta de si los proverbios y refranes que tienen «la estructura de una oración simple [es decir, unimembre: J. P.] o compuesta» deben considerarse fraseologismos, E. Jakaitienė tiende a responder negativamente (p. 303), porque los fraseologismos se consideran combinaciones de palabras, no oraciones. Esta opinión me parece plenamente justificada desde el punto de vista lógico, pues los proverbios y refranes (al menos en lituano) suelen tener la forma de una oración, de un tipo u otro, y no la de una combinación de palabras. También cabe estar de acuerdo con su propuesta de denominar a los proverbios y refranes con el término expresiones aladas (ibíd.).
En el último capítulo, el noveno, LEXICOGRAFÍA, o LAS PALABRAS EN LOS DICCIONARIOS (pp. 308–334), se trata la teoría y la práctica de la elaboración de diccionarios. La autora ya había preparado anteriormente un estudio bastante extenso sobre este tema (Jakaitienė 2005). Por ello, para este capítulo pudo servirse —y, sin duda, se sirvió— de los resultados de investigación presentados en ese estudio, adaptándolos a los estudiantes universitarios de especialidades humanísticas. Así lo demuestra también la coincidencia de los títulos de dos apartados de este capítulo: «Objetivos y tareas de la lexicografía» y «Tipos de diccionarios».
Sin duda, el segundo apartado, dedicado a los tipos de diccionarios y su clasificación, es más problemático. Aquí, como en los trabajos de muchos otros lingüistas, se distinguen primero los diccionarios lingüísticos y enciclopédicos. A su vez, los lingüísticos se dividen en monolingües y paralelos; los monolingües, en generales y especializados; los generales, en exhaustivos y diferenciales. Además, se distinguen los explicativos y los de índices, los universales y los de aspectos, los sincrónicos y los diacrónicos (estos últimos se subdividen en históricos y etimológicos); los bilingües, en activos y pasivos, generales y selectivos, unidireccionales y bidireccionales. Así pues, se presenta una gran variedad de tipos de diccionarios, que no es fácil meter en la cabeza de un estudiante. En algunos diccionarios de términos lingüísticos pueden encontrarse todavía más tipos y una mayor diversidad terminológica.
Dejando de lado la caracterización de los tipos presentada en el libro reseñado, cabe cuestionar la pertinencia del nombre de uno de ellos. Por ejemplo, a mi parecer, el término exhaustivos para los diccionarios (p. 314) no es muy acertado, pues probablemente no existan diccionarios completamente exhaustivos. Aquí sería más adecuado el término generales, como opuesto a diferenciales (el término exhaustivos es totalmente innecesario). Desde el punto de vista de la norma, es más apropiado el término Leksikografijoje empleado en Lexicografía: paralelinis en lugar de paraleliojo (ibíd.). También es dudoso que los diccionarios generales «expliquen todas las palabras de una lengua o todas las palabras de un dialecto» (p. 315) [la palabra visus sobra aquí]. Pero son detalles menores que no desmerecen en absoluto el valioso capítulo de lexicografía.
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Para concluir la reseña, quisiera añadir un par de observaciones de carácter general.
1) En el prólogo del libro se señala, sin falsa modestia, que es «un sólido manual de estudio» (p. 5). Y, en efecto, lo es. En él, los temas se exponen de manera problemática, examinando diversos puntos de vista y respaldando los propios con argumentos sólidos. Si los títulos de los capítulos no incluyeran palabras explicativas y al final de todos los capítulos y de muchos apartados no se añadieran «Ejercicios» y la «Bibliografía básica» recomendada, con referencias a las páginas, podría calificarse no solo de sólido manual dirigido a estudiantes, sino también, en general, de obra lingüística de gran valor.
2) Aunque en el libro se utilizan principalmente ejemplos del lituano, abundan también los datos de otras lenguas, entre ellas el noruego, que aparecen muy raramente en la literatura lingüística lituana (la autora aprendió bien esta lengua mientras trabajaba en Noruega). Por ello, el libro debería resultar interesante no solo para los especialistas en lituano, sino también para docentes y estudiantes de cursos superiores de otras especialidades humanísticas y, en general, para quienes se interesan por la ciencia de las palabras.
LITERATŪRA
Bańczerowski Jerzy, Pogonowski Jerzy, Zgółka Tadeusz 1982: Wstęp do językoznawstwa. Poznań: Wydawnictwo Naukowe Uniwersytetu im. Adama Mickiewicza w Poznaniu.
Doroszewski Witold 1954: Z zagadnień leksykografii polskiej. Warszawa: PWN.
Jakaitienė Evalda 2005: Leksikografija. Vilnius: Mokslo ir enciklopedijų leidybos institutas.
Jonikas Petras 1940: Santrumpos. – Gimtoji kalba, 9–10 sąs., 118–123.
KTŽ – Gaivenis Kazimieras, Keinys Stasys. Kalbotyros terminų žodynas. Kaunas: Šviesa, 1990.
Mažiulis Vytautas 1999: Ne Dãnė, o Dangė. – Baltistica 34(1), 93–98.
Urbutis Vincas 1978: Žodžių darybos teorija. Vilnius: Mokslas; antras leidimas, 2009.
Zemlevičiūtė Palmira 2008: Lietuviški Vinco Kudirkos medicinos terminai. – Terminologija, 142–155.
Įteikta 2014 m. rugsėjo 25 d.
JONAS PALIONIS
Vilniaus universitetas
Juozo Tumo-Vaižganto g. 9-27, LT-01108 Vilnius, Lietuva
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