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ULRICH GEUPEL

Philipps-Universität Marburg

Instituciones de investigación científica: lingüística comparada, estudios celtas.

DICCIONARIO ETIMOLÓGICO DEL LITUANO ANTIGUO

(ALEW)

Ed. por Wolfgang Hock et al.

3 Bde. Hamburg: Baar, 2015, 1639 S. ISBN 978-3-93536-74-5

En los últimos tiempos se ha producido una multiplicación inesperada de los recursos disponibles para los baltistas y los lingüistas interesados en las lenguas bálticas. Tras la segunda edición del PKŽ de Vytautas Mažiulis sobre el prusiano antiguo, el SEJL de Wojciech Smoczyński (incluidos los addenda de Smoczyński de 2008 y 2009) sobre el lituano a través de las épocas lingüísticas, que tienen en cuenta en distinto grado el estado actual del debate en lingüística histórico-comparativa, así como el rico en datos LKŽ, en 2015 aparecieron dos diccionarios nuevos que examinan las lenguas bálticas desde una perspectiva indoeuropea. Primero, el Etymological Dictionary of the Baltic Inherited Lexicon de Rik Dekken, publicado por la editorial neerlandesa Brill, y poco después el Altlitauische Etymologische Wörterbuch aquí presentado, concebido bajo la dirección de Wolfgang Hock por un grupo de trabajo de la Universidad Humboldt de Berlín y publicado por la editorial Baar de Hamburgo. Mientras que el primero abarca sistemáticamente todas las lenguas bálticas, el segundo se centra en una lengua específica.

Una clara desventaja del PKŽ de V. Mažiulis, el SEJL de W. Smoczyński y el LKŽ es que, para muchos investigadores que no son expertos en el campo de la baltística

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suponen una difícil accesibilidad lingüística, ya que no están redactados en lenguas modernas de la ciencia generalmente conocidas. Por ello, los indoeuropeístas seguían recurriendo hasta ahora, en primer lugar, al LEW de Ernst Fraenkel, obsoleto por todos lados. Al menos para el último grupo mencionado, que busca información sincrónica e histórico-etimológica fiable sobre las palabras lituanas para elaborar etimologías indoeuropeas, el ALEW ofrece una herramienta nueva e indispensable que en gran medida sustituirá al LEW.

Las observaciones preliminares son breves y, en nueve páginas, introducen el objeto y el propósito de la obra, la lematización, la estructura de los artículos, el sistema de citas, el material lingüístico utilizado, así como el proyecto y sus colaboradores. Así pues, la parte propiamente lexicográfica (1323 páginas), distribuida entre el primer y el segundo volumen, ocupa con diferencia la mayor parte de la obra. Se incluye un volumen separado y más delgado con listas de las fuentes textuales abreviadas, una bibliografía y detallados índices de todas las lenguas citadas. El tercer volumen se completa con un mapa en color que muestra la distribución de los dialectos lituanos a comienzos del siglo XXI.

Verzichtet wird, anders als in Derksen 2015, auf die Besprechung theoretischer Hintergründe und linguistischer Vorannahmen, etwa zur Gültigkeit umstrittener Lautgesetze, was dazu verpflichtet, bei strittigen Fragen in den Einzelfällen Stellung zu beziehen. Dem kommt das ALEW auch konsequent immer dann nach, wenn es von der Communis Opinio abweicht.

A la entrada de cada lema le siguen breves datos gramaticales y acepciones acompañadas de citas de los originales. En el caso de las palabras heredadas, estas van seguidas, marcadas únicamente con un cuadrado negro, primero por una lista de cognados bálticos y eslavos, y luego por palabras emparentadas de otras lenguas indoeuropeas, por lo general con indicación de la raíz protoindoeuropea. En un nuevo párrafo sigue una discusión breve o de extensión media sobre cuestiones filológicas del material del lituano antiguo y del báltico, así como sobre la agrupación etimológica; se tratan principalmente problemas de fonética, morfología y semántica. La primera sección de cada lema, que ofrece una exposición detallada del material primario con sus contextos y enumera los cognados baltoeslavos, está impresa en un cuerpo de letra mayor que la discusión histórico-lingüística que viene a continuación. Sin embargo, la impresión que puede producirse a primera vista —la de un diccionario de testimonios del lituano antiguo con información etimológica adicional en «letra pequeña»— no refleja el enfoque de la obra ni la calidad de sus excelentes discusiones, y solo obedece a razones de espacio.

La base de datos del ALEW está constituida por fuentes primarias del lituano antiguo, a las que se remite en los lemas mediante siglas. Se consideran lituanos antiguos los textos que

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se compusieron antes de 1700. Se incluyeron las principales fuentes textuales de esa época disponibles en ediciones. Hubo que prescindir de algunas obras menores que aún no se han editado. Los cognados bálticos citados, tomados de los diccionarios pertinentes y de la bibliografía especializada, abarcan todas las demás lenguas de la rama; además, el curonio de la lengua de Curonia se incorporó sistemáticamente. El índice contiene más de 700 lexemas curonios.

El ALEW se distingue de la mayoría de los diccionarios etimológicos por su tratamiento ejemplar de la semántica sincrónica y diacrónica, que conjuga el trabajo filológico sobre las fuentes primarias con la historia de la lengua, como muestra el siguiente extracto: «Desde el punto de vista semántico, cabe suponer que el verbo basado en blagnas ‘inadecuado, inútil’ quedó restringido secundariamente a la descripción del estado de resaca, de donde procede luego ‘despejarse’. El uso más general del verbo anterior a esta especialización semántica parece estar directamente atestiguado en MgT 134₁₇, donde blagnimas se empleó para traducir el latín levitas ‘ligereza, frivolidad’» (I 119 s.v. blagnas).

La formación de palabras también se trata de manera concisa allí donde los autores lo consideran necesario, y a menudo se ofrecen referencias a la obra de referencia que sigue siendo fundamental, la de Panas Skardžius (1943). Aquí y allá se alude al sistema Caland y al tipo tomós de los sustantivos protoindoeuropeos; en conjunto, sin embargo, la descripción de la semántica específica de la formación sufijal se mantiene dentro de los límites habituales y, por tanto, limitados. El artículo sobre āklas ‘arado’ (I 55) es ejemplar en la identificación de los morfemas implicados y de su función morfemática: informa al lector sobre la variación y distribución de los sufijos con la función de «nombres de instrumento», así como sobre la formación de arklys ‘caballo’ como lexicalización de un derivado formado mediante el sufijo de pertenencia *i̯o-. La descripción, presente en la mayoría de las entradas, de las relaciones morfológicas claras y observables entre lexemas etimológicamente emparentados proporciona al usuario una base útil para futuras investigaciones en este ámbito. Un ejemplo típico se encuentra en s.v. balā (I 91): «El sustantivo lituano, hoy en desuso, y su equivalente letón dan la impresión de ser un derivado sufijal con grado o de un verbo primario desaparecido (véase Skardžius 1943: 377 y ss. sobre este patrón de formación de palabras)». La recopilación de estos casos, fácilmente posible con ayuda del ALEW, y su examen cronológico podrían respaldar también para el báltico la idea —que aún no se ha convertido en communis opinio— de la introducción facultativa de un grado o al sustantivar un adjetivo (verbal) del tipo protoindoeuropeo *bʰ(e)rnó- ‘nacido’ (cf. letón bērns ‘niño’) → protogermánico *bʰorno- (> gótico barn ‘niño’ (cf. Neri 2013: 198).»

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El grado o aparece, por último, también en otros casos de formación de sustantivos baltoeslavos; cf. el ruso zob ‘forraje, alimento’ frente al lituano žėbù ‘comer despacio, masticar’, que probablemente refleja una relación antigua, a menos que el sustantivo derive directamente del verbo protobaltoeslavo *zobati, posibilidad menos probable.

Debido a la limitación al léxico (del) lituano, no pudieron incluirse unos pocos continuadores interesantes de palabras heredadas protoindoeuropeas en báltico, como el prusiano antiguo genō ‘mujer’ (protoindoeuropeo *ǵenh₂-), el letón kũns ‘sordo’ (protoindoeuropeo *k̑urna-) y el letón dargs ‘querido, caro’ (emparentado con el eslavo eclesiástico antiguo dragъ y el ruso dorogój ‘íd.’). En estos casos, el investigador puede consultar el nuevo Etymological Dictionary of the Baltic Inherited Lexicon de Derksen, siempre que la palabra figure en su selección, muy incompleta, así como el LEV de Konstantins Karulis y el PEŽ. Sin embargo, en algunos casos los autores del ALEW no pudieron resistirse a señalar sinónimos bálticos de importancia histórico-lingüística que carecen de cognado en lituano; por ejemplo, el letón asins ‘sangre’ (letón de Latgalia asnis) s.v. kraujas, al que corresponde una gran importancia histórico-lingüística por ser el único continuador báltico y eslavo de la forma protoindoeuropea *h₁ēsh₂-r/n- (I 521), y el prusiano antiguo warus ‘labio’ s.v. lituano lūpà ‘íd.’ (I 602). En este último caso, la sección de discusión en letra pequeña ofrece una panorámica de las distintas palabras bálticas con el significado de ‘labio’. Aunque por lo general no se ofrece ninguna otra etimología, este proceder resulta útil para los lectores interesados en la historia de las lenguas, pues permite investigar posibles cambios semánticos derivados de la sustitución léxica o influencias analógicas recíprocas.

Cuando la raíz está atestiguada en lituano antiguo, por regla general se remite a todos los derivados pertinentes de las demás lenguas bálticas, incluso cuando no tienen una correspondencia exacta en lituano. Naturalmente, la exposición no puede ser exhaustiva en todos los casos histórico-lingüísticamente difíciles, como el de los derivados de una raíz que se separaron léxicamente en una época temprana. Así, el letón gaļa ‘carne’ y el letón de Latgalia gala ‘íd.’, que no figuran en el ALEW, probablemente deban relacionarse con el lituano galas ‘fin, meta’ y, por tanto, con la raíz protoindoeuropea *ǵʰelH- ‘atormentar, pinchar’; sin embargo, la discusión de las distintas evoluciones semánticas habría excedido el marco previsto.

La limitación al material del lituano antiguo ofrece varias ventajas. En primer lugar, en lingüística histórico-comparativa es habitual partir de la fase más antigua de una lengua, pues esta potencialmente ha conservado más arcaísmos y está más cerca de una etapa anterior reconstruida. Ahora bien, la profundidad temporal del lituano, como la de las demás lenguas bálticas, no es muy grande; por ello, pesa más una segunda razón: de este modo puede abarcarse el corpus de forma relativamente completa y queda espacio para comentar los testimonios pertinentes. De la obra, que sigue siendo muy extensa,

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Pese a todo, por la propia naturaleza del corpus del lituano antiguo, hubo que hacer una selección. El ALEW escogió los lexemas que revisten interés para la historia de la lengua: «su valor probatorio para la lingüística histórico-comparativa o para el estadio lingüístico específicamente lituano antiguo [...]; además, se tuvieron en cuenta criterios histórico-culturales y cuantitativos (interés por la historia intelectual y por los conocimientos sobre las cosas, así como frecuencia y distribución)» (Introducción: I 7). A diferencia de la obra de R. Derksen, concebida para las necesidades de los indoeuropeístas, esta concepción tuvo en cuenta sistemáticamente los préstamos, aunque ese es el ámbito en el que hubo que hacer algunas concesiones. Así, el lector echará en falta algunas entradas de préstamos del eslavo, sin que quede claro por qué precisamente estas no se incluyeron; por ejemplo, pūkas «pueblo, ejército, comunidad» (cf. Skardžius 1931: 83), tratado en el LEW s.v. y bien atestiguado en lituano antiguo, por ejemplo, en BrBXX. La omisión resulta aún más sorprendente, pues, por ejemplo, sí se incluyó ābas «campamento, campamento militar, ejército» (p. 17). El usuario bien podría tener interés en pūkas, ya que la palabra está muy extendida en las lenguas bálticas y la lengua donante no resulta evidente a primera vista. En todas las voces prestadas incluidas, sin embargo, estos dos aspectos —la distribución dentro del ámbito báltico y las vías de préstamo— se examinan de manera ejemplar, en la medida en que lo permiten el espacio y el estado actual de la investigación. Así, se sientan buenas bases para el necesario estudio especializado más detallado de los numerosos préstamos tan antiguos que todavía no pueden atribuirse inequívocamente al polaco o al bielorruso. Para los baltistas resulta también muy valiosa la visión de conjunto que ofrece la obra sobre los testimonios del corpus del lituano antiguo, incluida —a diferencia del diccionario de Fraenkel— la indicación de la primera atestiguación.

Los indoeuropeístas que no sean baltistas especializados sin duda habrían agradecido que un capítulo introductorio profundizara en cuestiones teóricas y metodológicas, como la reconstrucción, por ejemplo, del proto-báltico o del proto-baltoeslavo, y en si estas deben incorporarse sistemáticamente a los debates indoeuropeístas sobre la historia de las lenguas bálticas. No cabe duda de que la situación en estas ramas lingüísticas es más compleja que, por ejemplo, en las lenguas germánicas, para las cuales el EWahd y el Etymological dictionary of Proto-Germanic de Guus Kroonen trabajan sistemáticamente con reconstrucciones protogermánicas. Es cierto que tampoco existe unanimidad en la bibliografía de investigación sobre la profundidad de las reconstrucciones ni sobre muchas cuestiones particulares de esa protolengua, pero ello no impide que se indiquen regularmente esas propuestas. Las formas reconstruidas del proto-báltico antiguo podrían servir de base útil para comparar la evolución de cada lengua báltica y, al

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contrastarlas con las propuestas de R. Derksen, quien reconstruye de manera sistemática las formas de las etapas anteriores, podrían ser útiles para centrar el debate.

La exposición adicional de supuestos teóricos —por ejemplo, de leyes fonéticas particulares defendidas por los autores y de la evolución del sistema acentual—, que se discuten en un capítulo introductorio de los diccionarios de la serie de Leiden, entre ellos los ya mencionados de R. Derksen y G. Kroonen, resulta sin duda útil para quienes no son expertos en las lenguas bálticas. No obstante, el ALEW también puede consultarse fácilmente sin esa información, pues cuando hace falta la discusión señala los supuestos problemáticos, como en I 617: «Si el vocalismo radical -a- del latín surgió regularmente del protoindoeuropeo *o /#m_ con Schrijver (1991: 454f.) [...]»; esta ley fonética, al fin y al cabo, no cuenta con testimonios indudables aparte de la palabra latina para ‘mar’, mare. Como complemento y marco teórico de las propuestas actuales sobre la gramática histórica del baltoeslavo, junto con una bibliografía extensa que, sin embargo, ya ha quedado algo desactualizada, el lector puede consultar además los dos artículos de Wolfgang Hock, editor del ALEW, publicados en la revista Kratylos: Hock 2004 y Hock 2005.

El báltico resulta especialmente interesante para las cuestiones indoeuropeístas en aquellos aspectos en los que se considera excepcionalmente arcaico. Ahora bien, se sabe que no todos los grados ablaut y otros patrones de formación de palabras atestiguados en báltico reflejan una herencia directa de la lengua protoindoeuropea, sino que su arcaísmo consiste precisamente en haber conservado durante mucho tiempo esos procesos como mecanismos productivos. Aquí reside una de las grandes virtudes del ALEW: primero examina y sopesa el material báltico interno en su forma superficial, teniendo en cuenta también todas las formas dialectales divergentes, y procede con cautela antes de trasladar el derivado concreto, tal cual, al protoindoeuropeo. Al mismo tiempo, la omisión ocasional de la época de formación de la forma en cuestión deja un vacío en la exposición y obliga al usuario a tomar una decisión. También cabe destacar la inclusión, acorde con los tiempos, de raíces nuevas procedentes de construcciones con light verb (cf., por ejemplo, I 331 s.v. gridí ← protoindoeuropeo gʷer(H)- dʰeh₁- ‘dar noticia’), que, precisamente en las lenguas bálticas y eslavas, pudieron seguir creándose durante mucho tiempo gracias a su morfología transparente.

La extensión de la obra y el tiempo dedicado a su elaboración hacen inevitable que haya que ponderar los distintos aspectos de la historia de una palabra que deben tratarse. Destaca el tratamiento, muy superior a la media, de la semántica sincrónica y diacrónica. Por otro lado, a veces algún lector podría echar en falta una clasificación más detallada

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de los cognados. En algunos casos habría sido posible aportar más datos sobre qué formas coinciden exactamente una vez aplicadas las leyes fonéticas, cuáles derivan unas de otras y cuáles solo comparten raíz, pese a tener historias derivativas completamente distintas. Como ejemplo, considérese el lituano kràjas ‘sangre’: el letón kreve ‘sangre coagulada, costra’ parece formalmente un derivado suyo (una transposición al proto-baltoeslavo supondría una derivación mediante el sufijo *-ęh₂ con sentido colectivo); sin embargo, la correspondencia formal exacta se da entre el lituano kràjas y el adjetivo védico kravyá- ‘sanguinolento’, ambos procedentes virtualmente del protoindoeuropeo < *krou̯(h₂)-ió-. También se enumera el eslavo eclesiástico antiguo krъvь. El ALEW no quiere pronunciarse con mayor precisión y señala (I 521): «En eslavo predomina otra formación a partir de la misma raíz». En cambio, en el diccionario de R. Derksen el lector encuentra una formulación breve, pero que toma posición sobre la historia derivativa: «The baltic forms present a derivative in *-io- of the root not reflected in Slavic» (p. 255). El ALEW ofrece, en cambio, un análisis semántico más detallado: así, se informa al lector de que el lema lituano es la palabra no marcada (es decir, genérica) para ‘sangre’, un dato importante para el lexicólogo interesado en el campo semántico, y de que el letón refleja el significado antiguo que cabe suponer, ‘sangre fuera del cuerpo’.

Un diccionario etimológico que abarque toda la lengua no puede incluir todas las propuestas etimológicas imaginables ni todas las defendidas en la bibliografía secundaria; por ello, la investigación futura dispondrá de margen suficiente para debatir vínculos concretos entre lexemas bálticos y posibles cognados indoeuropeos. Por ejemplo, cabe preguntarse si el lituano kę̃kti ‘dañar’ (I 477) podría ser el verbo primario, desaparecido en las demás lenguas, correspondiente al griego κακός y al albanés keq (< protoindoeuropeo *k̑n̥k(í)ó-), con el sustantivo lituano kañka ‘tormento, pena’ (I 447), derivado con grado o. Asimismo, cabría considerar si el conjunto de palabras formado por el lituano rū́ti, rū̃kas ‘humear, humo’ (II 878) tiene que ser necesariamente un préstamo del germánico, ya que el consonantismo correspondiente no es muy concluyente debido a las formas con alternancia de la familia germánica (cf. Kroonen 2013: 410 s.v. reukan ~ rūkan), por lo que no habría que excluir del todo una *k antigua y, de momento, se podría constatar con mayor cautela una isoglosa entre el báltico y el germánico.

Uno de los problemas del báltico o del baltoeslavo que siguen siendo más apasionantes tanto desde el punto de vista de la historia fonética como de la geografía dialectal, y que aún carecen de una solución generalmente aceptada, es la evolución irregular de las palatales primarias protoindoeuropeas *ḱ, *ǵ, *ǵʰ. Este problema también debe abordarse en un diccionario etimológico; por eso, en todas las palabras pertinentes, el ALEW remite a la evolución particular correspondiente. En la entrada pertinente, klausyti (I 503), aparece, en consecuencia, también un

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Una mirada somera a las hipótesis sobre la representación desigual del protoindoeuropeo *ḱl- en estos juegos de palabras, que en báltico y eslavo continúa unas veces como *šl- y otras como *kl-: «Para las hipótesis propuestas hasta ahora, véase Stang (1966: 91f.). Kortlandt (2009: 29f.) calcula, siguiendo a Meillet, un desarrollo fonético regular del protoindoeuropeo *ḱl > al proto-báltico *kl ante vocales posteriores» y concluye con razón: «La distribución anómala de los reflejos proto-bálticos *kl- y *šl- no encuentra, sin embargo, respaldo en el material aquí presentado». Además de las obras citadas, algunas de ellas de fecha más antigua, podría haberse mencionado el estudio más reciente sobre este problema, Reiner Lipp (2009), también tenido en cuenta en el presente trabajo, quien, considerando asimismo el material baltoeslavo, defiende una innovación temprana posterior a la protolengua común en los dialectos satem: la fonologización de alófonos sensibles al contexto ante vocales anteriores, convirtiéndolos en palatales fonológicos. La idea de una difusión en ondas de la satemización que no habría alcanzado por completo el noroeste también se aborda, aunque de manera implícita, en la bibliografía reciente y en EWAh (IV, 1254), s.v. huf: «[...] si el protoindoeuropeo *ḱ hubiera aparecido como *k semítico occidental en lugar del esperado *s», donde la terminología remite a los trabajos del baltista Harvey E. Mayer.

La renuncia, ya mencionada, a reconstruir sistemáticamente las formas protobálticas y protobaltoeslavas podría llevar, a primera vista, al lector a suponer que los autores rechazan la existencia de un antepasado común para cada una de ellas. Sin embargo, una mirada más detenida a la discusión del material presentado muestra que, siempre que los autores lo consideraron necesario para su argumentación, dataron en las lenguas correspondientes los cambios fonéticos y semánticos, así como las formaciones de palabras y las nuevas raíces. Tampoco se renunció por completo a indicar formas protobálticas; el reseñador pudo observar, por ejemplo, las siguientes reconstrucciones: protobáltico *berd(i)jā ‘fértil, preñada’ (N.Sg.f. de un adjetivo, I 109), *dero- ‘madera’ (I 196), *aitaut- ‘crecer’ (I 410), *karua- ‘animal, toro’ (I 461), *modl- ‘pedir’ (I 633), *sun ‘con’ (II 986), *ins- (II 1102). Con mayor frecuencia, siguiendo las convenciones habituales, se recurre a reconstrucciones y procesos «preprotobaltoeslavos» cuando se trata de una innovación tardía de la protolengua o temprana de la época dialectal. Las formas protobálticas también se citan con cierta frecuencia, aunque, a diferencia de Derksen 2015, no de manera sistemática.

De entre la multitud de aspectos que deben tenerse en cuenta al elaborar una obra de este tipo, y dadas las limitaciones de espacio, ALEW ha tomado, como ya se ha señalado, decisiones muy acertadas; echar en falta información adicional a la ofrecida solo puede obedecer a preferencias individuales. Puesto que no constituyen el foco de ALEW ni de la mayoría de sus usuarios, apenas se registran los préstamos tempranos de palabras bálticas a otras lenguas. Como es natural

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importantes lenguas de contacto tempranas, además del eslavo, son las lenguas fino-bálticas, que mantuvieron intercambios con el ámbito de habla báltica en distintas épocas; véase el perspicaz panorama de Sepo Suhonen (1988), organizado según la distribución de las palabras. Sin embargo, dada la antigüedad, a veces considerable, de estos préstamos, también podrían ser de interés para la prehistoria y la historia temprana del báltico, así como para aspectos de la historia cultural, y sería deseable que se tuvieran en cuenta en futuros trabajos centrados en estos temas. Aunque el número de préstamos está muy lejos de alcanzar el de los préstamos germánicos en finés, algunos de ellos son incluso más antiguos. Los trabajos más recientes sobre la influencia del báltico en estas lenguas vecinas que conoce el reseñador son Lars-Gunnar Larsson (2001) y Petri Kallio (2008); el primero muestra que algunos préstamos bálticos en sami no presentan rastros de cambios fonéticos finlandeses, sino de desarrollos samis tempranos, por ejemplo, el sami septentrional suodnī ‘rocío, niebla, vapor’ (finés halla ‘escarcha’), del lituano šalną etc. ‘escarcha’, o el sami septentrional suodni ‘heno’ (finés heinä ‘íd.’), del lituano šienas etc. ‘heno’; por tanto, debieron transmitirse directamente desde el báltico o a través de una tercera lengua desconocida, y en cualquier caso en una época muy temprana. La inclusión sistemática de estos préstamos en los manuales de lenguas indoeuropeas sería, además, una ayuda muy bienvenida para los finougrianistas.

Los pequeños errores o incoherencias son inevitables en una obra de dimensiones tan monumentales, pero, afortunadamente, aparecen en número reducido. Para demostrar que se trata solo de detalles menores, presentamos algunos ejemplos:

(II 1019): «[...] una derivación ṛdhi independiente directamente del protoindoeuropeo *ḱerd ~ *ḱrd-nt. ‘corazón’.» — Para mayor claridad, debería haberse indicado aquí que el punto de partida de la derivación ha de ser únicamente el tema débil.

(II 1291): El ruso zód aparece una vez anotado erróneamente como zōd.

(II 1291): «Discordancia en la pronunciación de la velar» (y en otros pasajes) — aquí se emplea el término inusual «pronunciación» para referirse a la naturaleza fonética precisa (sonora/sorda, etc.).

La notación es inconsistente en el siguiente caso: «desarrollo/doblete kentum» y «satem-» (I 25 s.v. akēti, 28 s.v. akmuõ, 29 s.v. aksómnas, 30 s.v. akúotas, -a, 63 s.v. ášutas, 116 s.v. bìngti) frente a «centum-» (II 1014 s.v. šáuti y 1021 s.v. šénti) (hasta donde ha podido observar el reseñador).

Como resulta evidente de inmediato, se trata de aspectos muy marginales, que apenas merecen mención y que no afectan en modo alguno al uso de la obra.

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A la luz de todo lo expuesto, la conclusión ha de ser plenamente positiva. Estamos ante una importante ampliación de los instrumentos de investigación sobre el antiguo lituano y la etimología de las lenguas bálticas, que se beneficia de la minuciosa preparación del material y de la cautela con que se aborda la historia lingüística; por ello, Wolfgang Hock y su equipo merecen un profundo agradecimiento.

Sin duda, es una ventaja que el Etymological Dictionary of the Baltic Inherited Lexicon de R. Derksen y el ALEW hayan aparecido casi en paralelo, pues así no se remiten el uno al otro y cada obra puede presentar su propio enfoque, que a menudo coincide con el de la otra, pero resulta especialmente interesante cuando hay discrepancias. Quienes se ocupan de la historia lingüística del lituano y de las lenguas bálticas en general tienen ahora la suerte de poder elegir, entre un conjunto más amplio de obras pertinentes y actuales, la que mejor se ajuste a sus propósitos y, en el mejor de los casos, consultar todas las obras relevantes, ya que se complementan mutuamente y, cuando tratan los mismos temas, dan cabida a distintas perspectivas y opiniones. Gracias, como mínimo, al ALEW, es de esperar que crezca aún más la atención que recibe la rama báltica de la familia de lenguas indoeuropeas, en consonancia con la intensa investigación báltica actual, pues su rico caudal de etimones y patrones de formación de palabras constituye un verdadero tesoro para todo indoeuropeísta comparatista. Por último, también es una herramienta importante para el trabajo filológico con textos antiguos.

Habida cuenta de las distintas limitaciones de tiempo y de personal, el ALEW puede situarse, por su exhaustividad y por reflejar el estado actual de la lingüística indoeuropea, al mismo nivel que el Etymologisches Wörterbuch des Altindorischen de Mayrhofer y el Etymologisches Wörterbuch des Althochdeutschen. Sería deseable que la obra estuviera disponible en línea y se ampliara; como mínimo, sería muy útil mantener una relación actualizada de adiciones (y, en su caso, correcciones menores), por ejemplo, a la luz de nuevos materiales lingüísticos lituanos dados a conocer por nuevas ediciones de textos, así como de otros préstamos eslavos.

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DICCIONARIO ETIMOLÓGICO DEL LITUANO ANTIGUO (ALEW)

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Suhonen Seppo 1988: Die baltischen Lehnwörter der finnisch-ugrischen Sprachen. – The Uralic languages. Description, history and foreign influences, hrsg. von Denis Sinor. Leiden [u.a.]: Brill, 616–637.

Recibido el 18 de mayo de 2017.

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Acta Linguistica Lithuanica LXXVI