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La ciencia de la terminología: historia y evolución
HERIBERT PICHT
PALABRAS CLAVE: aspectos históricos de la terminología, evolución de la teoría de la terminología, elementos de la teoría de la terminología, planificación terminológica
INTRODUCCIÓN
Como premisa de este artículo, quisiera esbozar algunos hechos bien conocidos y ampliamente aceptados por la mayoría de la comunidad profesional de la terminología.
1. La terminología no es un fenómeno aislado que pueda investigarse y practicarse sin un estrecho contacto con otros campos del conocimiento. La terminología es un campo de conocimiento transdisciplinario e interdisciplinario.
2. La terminología está integrada en el «discurso cultural», concepto que se ha definido como «un concepto semiótico muy general que corresponde al “discurso lingüístico” de Wittgenstein. Este discurso incluye formas verbales y no verbales de representación en distintas configuraciones cuantitativas. Las formas de representación suelen cumplir una función complementaria y pueden ser intercambiables». (Laurén, Picht 2000: 216)
3. El objetivo básico de la terminología es la transferencia de conocimientos en distintos niveles de profesionalidad, con sus correspondientes registros.
4. La terminología consta —como muchos otros campos del conocimiento— de una parte teórica y otra aplicada.
A continuación, abordaré las evoluciones que han tenido lugar en las últimas décadas, pero también señalaré algunas preguntas de investigación y problemas aún sin resolver.
ALGUNAS CONSIDERACIONES HISTÓRICAS SOBRE LA TERMINOLOGÍA QUE SIGUEN SIENDO RELEVANTES HOY
The German philosopher Oehler (2007: 83), states that Plato in an epistemological paragraph of his 7th letter points out that the cognition of an object requires several cognitive media: the name, the definition, a
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representación clara mediante una ilustración y el objeto mismo. Como terminólogos, podemos reconocer sin duda alguna esta línea de pensamiento.
En términos generales, la necesidad de terminología ha existido desde que tenemos constancia de la comunicación profesional. La cuestión de la terminología pasó a ser, y sigue siendo, central en cuanto la comunicación profesional falla o se ve obstaculizada por una terminología deficiente. Hoy en día apenas se cuestiona que la terminología constituye la parte más central de toda transferencia de conocimientos.
Al examinar los testimonios históricos, podemos señalar algunas deficiencias terminológicas fundamentales:
1. Falta de ordenación conceptual o una ordenación incorrecta. Linné (1707–1778) estableció una sistematización de los conceptos mediante sus trabajos de taxonomía. El objetivo superior de todas las clasificaciones posteriores fue ordenar el conocimiento tal como se expresa mediante términos.
2. Confusión causada por una sinonimia excesiva. Beckmann (1739–1811), profesor de filosofía y economía, criticó la multitud de sinónimos innecesarios y confusos.
3. Falta de términos para el concepto en una lengua determinada. Ya en la Edad Media, los traductores de la Escuela de Toledo tuvieron que enfrentarse a este problema.
4. Conceptos poco claros y no definidos. Clausewitz, el teórico militar alemán, escribió: Solo cuando se han aclarado los nombres y los conceptos cabe esperar avanzar con facilidad y claridad en el tratamiento del asunto.
5. Deficiencias en la planificación lingüística. Dürer intentó establecer una terminología alemana para los conceptos matemáticos, aunque sin éxito. Berthollet, de Morveau, Fourcroy y Lavoisier lograron crear una terminología química en el siglo XVIIIth. Checoslovaquia después de 1919, los Estados bálticos después de 1919 y 1990, los catalanes, los vascos y varios otros tuvieron que afrontar el problema de la planificación lingüística, un problema cada vez más acuciante en muchas comunidades lingüísticas.
De estos pocos testimonios históricos podemos deducir que fueron, ante todo, los especialistas y los mediadores de las lenguas para fines específicos (LSP) (traductores) quienes sintieron la necesidad de mejorar la comunicación profesional resolviendo problemas terminológicos básicos. El campo de la lingüística solo se interesa por la comunicación profesional o participa en ella de manera periférica. Los hermanos Grimm pueden mencionarse aquí como una excepción.
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Otra característica de los primeros intentos históricos de mejorar las terminologías es su enfoque empírico y poco científico. Se necesitaban soluciones prácticas allí y entonces, y se propusieron o llevaron a cabo sin un marco teórico y unos fundamentos sólidos. Sin embargo, eso no significa que los primeros «terminólogos» desconocieran las cuestiones teóricas ni que no se plantearan preguntas teóricas, como hicieron, por ejemplo, Platón o Clausewitz.
La investigación teórica actual sobre el desarrollo histórico de la terminología sigue siendo más bien escasa. Sin embargo, existen contribuciones académicas y lexicográficas, como artículos, trabajos de fin de carrera y listas de palabras mono- o multilingües relacionadas con este tema.
Grinev inició en 2004 un enfoque claramente académico con una fundamentación teórica correspondiente. Denominó a la nueva disciplina científica «antropolingüística». Su objetivo es investigar el desarrollo y la evolución del lenguaje humano, la cognición, la creación y la transferencia de conocimiento, principalmente desde un punto de vista diacrónico, e incluye las LSP y la terminología. El enfoque inter- y transdisciplinario resulta evidente si se considera la combinación de conocimientos e investigaciones procedentes de las siguientes disciplinas (según Grinev-Griniewicz et al., de próxima publicación): gnoseología, epistemología, lógica, semiótica, antropología, historia de la ciencia y la tecnología, inteligencia artificial, heurística, psicología evolutiva, psicología pedagógica, psicología cognitiva, psicología nacional, etnolingüística, lingüística cognitiva y estudios culturales.
EL NACIMIENTO DE LA TERMINOLOGÍA MODERNA
La intensificación de la industrialización y el aumento del comercio internacional a comienzos del siglo pasado dieron lugar a al menos dos fenómenos de importancia capital:
la normalización,
el movimiento de Wirtschaftslinguistik.
En las décadas siguientes, la normalización desempeñó, y sigue desempeñando, un papel importante en el desarrollo y la aplicación de la terminología.
El movimiento de Wirtschaftslinguistik se originó en Austria, Alemania, los Países Bajos y algunos países nórdicos, donde se sentía la necesidad y la presión de poder comunicarse sobre asuntos profesionales con otras comunidades lingüísticas. Había que establecer estudios lingüísticos relacionados con las LSP, pero ¿quiénes eran los docentes cualificados y dónde estaban? Al principio, la filología clásica-
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Los lingüistas tuvieron que reconocer la existencia de las lenguas de especialidad (LSP) —el término «Fachsprache» fue introducido por Blum en 1916— y averiguar cómo enseñar las LSP. El elemento más destacado era la terminología y, por ello, como buenos filólogos, intentaron abordar el problema desde una perspectiva diacrónica: la denominada «historische Wirtschaftslinguistik». Quizá la experiencia más importante que adquirieron fue que ninguna LSP puede enseñarse ni aprenderse sin conocimientos profesionales: conocimientos sobre los conceptos y los términos. En este momento se produjo el primer encuentro entre la lingüística y los conocimientos profesionales. La Wirtschaftslinguistik se dividió en varias ramas (Picht 1998), la más importante de las cuales fue la Wirtschaftslinguistik funcional, desarrollada en el entorno intelectual de la Escuela de Praga, especialmente en la década de 1930. Después de la Segunda Guerra Mundial, Drozd continuó y desarrolló aún más esta línea de investigación, sobre todo Hoffmann, quien la combinó con el enfoque pragmático de la lingüística en las décadas de 1970 y 1980. Otro pionero en el campo de la terminología fue el ingeniero y economista Alfred Schlomann. En 1906 inició la compilación y publicación de un total de 21 diccionarios técnicos multilingües, en los que puso en práctica uno de los requisitos clásicos de la terminología: la ordenación sistemática del conocimiento (Schlomann-Lowe, Wright 2006: 153ff).
LOS FUNDADORES: WÜSTER, DREZEN, LOTTE
El austríaco Eugen Wüster, el letón Ernst Drezen y el ruso Dmitrij Lotte son considerados los padres intelectuales de la terminología moderna. Los tres eran ingenieros que reconocieron las deficiencias de la comunicación profesional. En 1931 se publicó la tesis doctoral de Wüster, “Internationale Sprachnormung in der Technik. Besonders in der Elektrotechnik”, y ese mismo año Lotte escribió su artículo fundamental “Pressing Problems in the Field of Scientific and Technical Terminology”. Su formación común en las ciencias naturales determinó, hasta cierto punto, su enfoque sincrónico de los acuciantes problemas terminológicos. Parece natural que los tres mostraran un interés especial por la normalización como medio para reducir al mínimo las deficiencias terminológicas en la comunicación profesional entre especialistas, una limitación perfectamente comprensible dadas las circunstancias de la época, cuando la lingüística apenas se ocupaba de las LSP.
Al parecer, no hubo contacto directo entre Wüster y Lotte. Sin embargo, Wüster y Drezen se conocían; ambos eran esperantistas. Aunque sus expectativas iniciales sobre las posibilidades de comunicación de
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Esperanto en las LSP se abandonaron, la idea principal de la comunicación internacional perduró en la terminología y puede apreciarse como una especie de hilo conductor que recorre sus obras. Por cierto, Drezen promovió la traducción al ruso y la publicación de la tesis de Wüster.
Los tres fundadores compartían los siguientes enfoques básicos de la terminología:
el concepto como unidad de conocimiento,
la ordenación del conocimiento,
la formación de términos regulada por directrices,
la normalización dinámica de conceptos y términos.
EL DESARROLLO DE LOS FUNDAMENTOS TEÓRICOS DE LA CIENCIA DE LA TERMINOLOGÍA
Al principio, el desarrollo no fue muy coherente ni estuvo siquiera coordinado. Pueden observarse dos corrientes principales.
En la Unión Soviética, la evolución de la teoría de la terminología comenzó bastante pronto y ha continuado sin interrupciones importantes hasta hoy (Moschitz-Hagspiel 1994; Shelov, Leitchik 2004; Laurén, Picht 2006).
La relación entre la terminología y la lingüística ha sido bastante diferente en la Unión Soviética y en los países occidentales. En la Unión Soviética, desde muy temprano, lingüistas destacados como Reformatskij, Vinogradov, Vinokour y muchos otros participaron en el desarrollo de los fundamentos teóricos de la terminología y de las lenguas para fines específicos (LSP) (Moschitz-Hagspiel 1994).
Alexeeva quoting Leitchik (2004: 65) distinguishes three periods of development in Russia:
1. Décadas de 1930 a 1960: periodo de acumulación de conocimientos sobre el término. El término se definía como una palabra o frase especial que debía estudiarse mediante métodos de la lingüística y la lógica (figuras centrales: los fundadores ya mencionados).
2. Décadas de 1960 a 1970: periodo de comprensión de los conocimientos sobre el término. La terminología se consideraba una rama independiente de la ciencia.
3. Desde la década de 1980 hasta hoy: se caracteriza por investigaciones que rebasan los límites de la lingüística; el tema de la terminología pasó a considerarse un componente de un modelo dinámico de la ciencia.
En los países occidentales, por diversas razones, resulta menos evidente una división clara en periodos del desarrollo teórico.
En la década de 1930 parecía más urgente abordar los problemas de la terminología aplicada sobre una base empírica. En los países nórdicos, Noruega y Suecia reconocieron la necesidad del trabajo terminológico práctico y cen-
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Organismos como RTT y TNC empezaron a trabajar en diccionarios terminológicos a finales de la década de 1930 y principios de la de 1940, respectivamente. Otra prueba de esta evolución fue la publicación, en 1938, del diccionario multilingüe y ordenado sistemáticamente de la IEC, International Electrotechnical Vocabulary. La Segunda Guerra Mundial interrumpió casi toda la investigación teórica y solo a finales de la década de 1950 encontramos las primeras obras realmente orientadas a la teoría en los países occidentales; por ejemplo, el artículo de Wüster «Das Worten der Welt» (Wüster 1959/60/2000).
En las décadas de 1950 y 1960, la lingüística en general no mostró verdadero interés por el LSP ni por la terminología. Se consideraban que el LSP y la terminología eran lo mismo y se trataban como un problema lexicológico que podía resolverse mediante las teorías semánticas tradicionales, según la opinión de los lingüistas mayoritariamente generalistas. La normalización no se comprendía realmente y se combatía con el lema «la lengua no se puede normalizar». No obstante, por un lado, no se olvidó la tradición del movimiento Wirtschaftslinguistik y, por otro, lingüistas como Leo Weisgerber estaban mucho más próximos a las ideas de Wüster que la lingüística predominante de aquella época.
Además, en las décadas de 1960 y 1970 se hizo cada vez más evidente la necesidad de traductores profesionales de LSP y de otros mediadores lingüísticos, lo que llevó a establecer estudios de LSP en, por ejemplo, la Copenhagen Business School y otras instituciones académicas de países de Europa occidental. En esos entornos, eran evidentes la necesidad de terminologías y su importancia para las traducciones de LSP. También era evidente que la aplicación adecuada de las terminologías estaba inseparablemente vinculada al conocimiento profesional. Las obras de Jumpelt (1961) reflejan esta evolución.
En mi opinión, se produjo un cambio fundamental cuando Lothar Hoffmann, en su libro Kommunikation Fachsprache, combinó la lingüística textual y la pragmática con los siete enfoques siguientes del LSP y la terminología:
• el enfoque lexicológico-terminológico,
• la lingüística funcional,
• Wirtschaftslinguistik,
• la estilística funcional,
• el enfoque de las ciencias naturales y filosófico,
• el enfoque relacionado con la traducción,
• la teoría de las sublenguas (Hoffmann 1976).
Hahn (1983: 75) converted Hoffmann's description in the following model.
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Figura 1: modelo de Hoffmann de la estructura vertical de las LSP
Niveles de las LSP (L. Hoffmann)
El paso hacia la comunicación profesional, que incluye la lingüística textual y la pragmática, es bastante evidente y, aunque el elemento de la terminología es aparentemente menos visible, puede deducirse fácilmente.
Later Kalverkämper (1992: 61ff) incorporated Hoffmann’s model into a more complex LSP model including
• el sistema lingüístico,
• las variedades como categoría sociológica,
• la estratificación (modelo de Hoffmann),
• el medio (escrito y oral),
• la interlingüalidad,
• el tiempo como categoría cronológica.
¿LA TERMINOLOGÍA, UNA DISCIPLINA AUTÓNOMA?
Además de ser ingeniero, Wüster estaba muy bien informado sobre la lingüística de su época, lo cual se refleja en varias de sus obras. Por otro lado, reconocía muy bien que la terminología no es una mera disciplina lingüística; en todo caso, tal como se definía la lingüística en las décadas de 1960 y 1970. Esto puede apreciarse con bastante claridad en su extenso artículo «Die allge-
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meine Terminologielehre – ein Grenzgebiet zwischen Sprachwissenschaft, Logik, Ontologie, Informatik und den Sachwissenschaften» (1974/2000).
En los aproximadamente 25 años siguientes, se distinguieron dos posturas. Por un lado, estaban quienes defendían la terminología como una disciplina absolutamente independiente y, por otro, quienes la consideraban una disciplina lingüística perteneciente a la lingüística aplicada. Dado que en las últimas tres décadas la lingüística ha ampliado su ámbito y hoy se incluyen en su conjunto muchas otras disciplinas, como la sociolingüística, la etnolingüística, la antropolingüística y muchas más, Laurén et al. (1998) sostuvieron que la terminología cuenta hoy con la misma variedad de elementos no lingüísticos que otras disciplinas afines a la lingüística. Según este punto de vista, la terminología puede considerarse una disciplina lingüística, aunque dentro de un marco ampliado y flexible de la disciplina «lingüística». Esto significa que la terminología es una disciplina autónoma, pero no completamente independiente, de la lingüística moderna.
Hoy, la cuestión de la autonomía, que suscitó mucho debate, parece tener menos relevancia. La idea de considerar la terminología una metadisciplina necesaria y adecuada para todos los campos del conocimiento me parece muy atractiva, ya que el enfoque de la terminología moderna incluye necesariamente elementos de muchas disciplinas diferentes para abordar problemas específicos de cada ámbito (véase también Budin 2001: 20).
¿ESCUELAS TERMINOLÓGICAS?
El concepto de escuelas terminológicas se importó en la década de 1970 de la Unión Soviética. En sus obras, Felber mencionó la Escuela de Praga, la Escuela de Viena y la Escuela Rusa. Además, cabe mencionar en este contexto los enfoques nórdico y canadiense.
El problema de introducir el concepto de «escuela» radica, sin embargo, en la disparidad entre las concepciones rusa y occidental de «escuela». La concepción occidental de «escuela» implica un enfoque teórico común, una clasificación del objeto de investigación y, en lo esencial, estrategias de investigación compartidas. La introducción de un concepto extranjero con el mismo término —un falso amigo— dio lugar a la impresión de que existían enfoques fundamentalmente distintos de la teoría terminológica.
En 1993 se publicó una recopilación de artículos sobre terminología de países del Este y de Occidente. Se llevó a cabo una comparación y un análisis exhaustivos de las supuestas «escuelas» y «enfoques», a partir de los parámetros de las cuestiones centrales de la teoría terminológica. Las supuestas diferen-
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no existían diferencias que pudieran justificar la constitución de escuelas independientes. Había diferencias, por supuesto, que, sin embargo, se caracterizaban como puntos focales individuales determinados por ciertos objetivos y propósitos. En conjunto, pertenecían a la teoría terminológica y podían identificarse como complementarias (Laurén, Picht 1993: 535f).
Hoy, el debate sobre las escuelas terminológicas ha amainado; existen opiniones e ideas diferentes, como es habitual en las disciplinas científicas. El resultado del coloquio de la IITF Approaches to terminological Theories. A Contrastive Study of the State-of-the-Art, celebrado en 2005 en Bérgamo, fue una comparación actualizada que grosso modo y mutatis mutandis confirmó el análisis anterior (Laurén, Picht 2006: 163f).
CAMPOS DEL CONOCIMIENTO QUE CONTRIBUYEN A LA TEORÍA TERMINOLÓGICA
Sin entrar en los detalles de la argumentación a favor y en contra, plantearé, a modo de hipótesis, que los siguientes campos del conocimiento contribuyen a fundamentar las unidades centrales de la teoría de la terminología:
• todos los campos temáticos, como proveedores de objetos y conceptos —podemos denominarlo la semántica de la terminología—;
• la semiótica, incluida la lingüística, la sociolingüística, la lingüística cognitiva, la antropolingüística, etc., que proporcionan formas de representación y su aplicación en diferentes condiciones pragmáticas y en distintas etapas de desarrollo;
• la informática y el procesamiento de datos;
• la ingeniería del conocimiento;
• la planificación lingüística y la normalización;
• la información y la documentación, incluida la clasificación, los tesauros y otros sistemas de ordenación del conocimiento;
• la filosofía de la ciencia.
ELEMENTOS DE LA TEORÍA TERMINOLÓGICA Y SU EVOLUCIÓN
Los elementos centrales de la teoría terminológica son:
• el objeto y el concepto,
• las formas de representación de los objetos y los conceptos,
• la ordenación del conocimiento,
• la terminología.
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El objeto y el concepto
El tratamiento teórico de ambas unidades se basa firmemente en consideraciones filosóficas y cognitivas. La relación simbiótica entre ambas unidades es evidente: puede decirse que los objetos son la materia prima para la formación de cualquier concepto.
En la literatura terminológica temprana, el objeto no desempeñaba ningún papel central; aparentemente, se consideraba que los objetos eran unidades existentes que no requerían una explicación ni una investigación más exhaustivas. Sin embargo, este punto de vista ha cambiado considerablemente bajo la influencia de los trabajos del filósofo Oeser. Budin ya afirmó en 1994 la necesidad de una teoría del objeto. En trabajos posteriores míos (2003: 154f) se propuso un sistema de conceptos para distintos tipos de objetos que, a su vez, facilitaría explicar la creación de distintos tipos de conceptos. Además, sostuve que el objeto debía considerarse una unidad de conocimiento (op.cit.).
El concepto siempre se ha considerado un elemento central de la teoría terminológica. Los fundadores de la ciencia de la terminología trabajaban con conceptos, pero también otros científicos, como el islandés Finnbogason (Jónsson 2007), siguieron esta línea de pensamiento. Wüster basó su idea en Aristóteles, recurrió al enfoque de la abstracción y definió el concepto como una unidad de pensamiento (Denkelement). Otros, por ejemplo Dahlberg (1976), criticaron esta perspectiva y defendieron que el concepto se considerara una unidad de conocimiento mediante un enfoque basado en la lógica de predicados. La investigación sobre la naturaleza del concepto se intensificó a partir de finales de la década de 1980. Merecen una mención especial los trabajos de Oeser (1988), Ozeki (1987), Weissenhofer (1995), Ahmad (1996), Pilke (2000), Picht (2004), entre otros. Entre las cuestiones centrales figuraban el ciclo de vida de los conceptos, las clasificaciones de los tipos de conceptos, las distintas formas de formación de conceptos, los tipos de conceptos en relación con distintos campos temáticos, etc. Los dos últimos aspectos son especialmente interesantes. La formación de conceptos no se produce solo mediante la abstracción, sino también mediante la construcción de conceptos, que suele basarse en objetos de pensamiento y en la que la construcción se lleva a cabo mediante el debate y el consenso; esto difiere bastante de la abstracción. Muchas de estas construcciones conceptuales se encuentran en campos como el derecho, la economía, las ciencias sociales y la teología (Picht 1998: 118f; 2010: 21).
En la literatura rusa es habitual una concepción distinta del concepto. Se distingue entre concepto y noción: el concepto se expresa como término y pertenece al ámbito de la ciencia y la tecnología, mientras que las nociones
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are denoted in words and belong to everyday language (Grinev 2004b: 55). However, in practice this distinction may be difficult since concepts and notions are dynamic units and depend on cognitive processes.
Formas de representación de objetos y conceptos
Hasta aproximadamente la década de 1990, se aceptaba generalmente, por ejemplo en las normas ISO y otras normas, que los objetos y los conceptos se expresan mediante nombres o términos. Como era de esperar, el signo lingüístico como forma de representación dominó las actividades de investigación en este subcampo de la teoría terminológica. Sin embargo, pueden observarse diferencias al comparar los desarrollos en los países orientales y occidentales.
Por ejemplo, al revisar la literatura rusa, llama la atención que el concepto de «término» se convirtiera muy pronto en una cuestión central de investigación, debido a la temprana participación de lingüistas célebres en las lenguas para fines específicos (LSP) y la terminología. Alexeeva (2004: 62–78) ofrece una visión general, exhaustiva y crítica, de las distintas fases de desarrollo, los enfoques y modelos anteriores y modernos. Al referirse al signo lingüístico que denota un concepto, los investigadores rusos distinguen varios tipos de términos según su estatus; por ejemplo, Grinev (2004b: 56) distingue entre nomens, prototérminos, terminoides, pre-términos, cuasi-términos y términos. Esta diferenciación refleja los enfoques diacrónicos y sociolingüísticos y contribuye a un examen más detallado de la «condición de término»: el estatus de un signo lingüístico como representación de un objeto y un concepto en la comunicación profesional.
Esta distinción apenas se aborda en los trabajos teóricos occidentales, donde un término denota un concepto sin distinción adicional. Por supuesto, se trata la cuestión de la «condición de término», pero no se observa una clasificación clara de los términos según su estatus.
Entre los objetos de investigación habituales se encuentran cuestiones como
• el término como objeto de cognición,
• la transparencia de un término,
• la motivación del término,
• la formación de términos,
• los requisitos de los términos,
• la autonomía del término.
En la década de 1990 se cuestionó el enfoque meramente lingüístico de las formas de representación de conceptos y objetos, y se consideró demasiado limitado, ya que
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en los textos profesionales aparecen varias otras representaciones, no necesariamente lingüísticas (Galinski, Picht 1997). El enfoque semiótico se desarrolló posteriormente y puede resumirse en el siguiente modelo (Laurén et al. 2008: 106). Las normas básicas de terminología también adoptaron este enfoque ampliado al introducir el concepto de «designación», definido como «representación de un concepto mediante un signo que lo denota» (ISO 1087-1:2000).
Figura 2: Formas de representación de objetos y conceptos
Ordenación del conocimiento
La idea de ordenar conceptos en sistemas ya había sido puesta en práctica por Schlomann, como se mencionó anteriormente, y muy pronto se convirtió en un elemento clave de la teoría terminológica. Durante mucho tiempo, la investigación en este campo se ciñó a las formas clásicas de sistemas conceptuales regidos por relaciones lógicas y ontológicas. Nunca se cuestionaron ni la necesidad de ordenar el conocimiento en sistemas conceptuales ni las relaciones básicas. Sin embargo, se necesitaba una investigación más exhaustiva de los distintos tipos de relaciones, especialmente de las ontológicas.
Nuopponen (1994) realizó una contribución notable a la investigación sobre los tipos de relaciones y los sistemas conceptuales. Su punto
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Figura 3: Modelo de Wright de los recursos para la representación del conocimiento
Sue Ellen Wright (2009: 12)
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de partida fue la obra de Wüster, especialmente la parte inédita. Presentó una diferenciación detallada de las relaciones lógicas y ontológicas, así como una forma más flexible de sistemas conceptuales, el denominado «sistema satélite».
Wright presentó una considerable ampliación del tema en 2007 (2007: 157ff; 2009: 10ff). Su enfoque puede caracterizarse mediante las palabras clave: recursos para la representación del conocimiento, sistemas de organización del conocimiento, sistemas conceptuales, ontologías, clasificaciones y tesauros, y la Web Semántica. El siguiente modelo ofrece una idea de su complejidad (véase la Fig. 3).
Sin duda alguna, la idea de ordenar el conocimiento, ya presentada por los fundadores de la terminología, ha evolucionado desde sistemas conceptuales relativamente sencillos hasta modelos muy complejos que integran elementos centrales de otras disciplinas.
Terminografía
Las raíces históricas de la terminografía —un concepto relativamente reciente— se remontan a la lexicografía. Sin embargo, la representación y proliferación de terminologías en forma de diccionarios tradicionales ya modificó algunos enfoques lexicográficos básicos, por ejemplo, mediante la introducción de representaciones sistemáticas de conceptos y definiciones. Aquí hay que mencionar de nuevo la obra de Schlomann, pero también el vocabulario de la IEC (1938) y Machine Tools (1968), de Wüster.
Hoy, la terminografía se define como «parte del trabajo terminológico que se ocupa del registro y la presentación de datos terminológicos» (ISO 1087-1:2000).
La versión anterior de esta norma incluía el concepto de «procesamiento», que hoy forma parte del trabajo terminológico conceptual. Esto significa que la recopilación de datos terminológicos y el análisis terminológico, en tanto actividades meramente intelectuales, se separan de la terminografía propiamente dicha.
La llegada del procesamiento electrónico de datos y su potencial han cambiado sustancialmente el enfoque de la representación, proliferación y aplicación de los datos terminológicos. A mi juicio, podrían superarse tres obstáculos inherentes a la terminografía tradicional:
• limitación del espacio disponible para la representación del conocimiento,
• actualización e intercambio inmediatos de datos terminológicos,
• aplicación de datos terminológicos a una variedad de sistemas basados en el conocimiento.
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Fue necesario realizar grandes esfuerzos de investigación para identificar los elementos de datos terminológicos y sus categorías, su pertinencia para distintas aplicaciones y su implementación en herramientas y sistemas de gestión terminológica. Como ejemplo de un ámbito de investigación continua y trabajo práctico en terminología aplicada, cabe mencionar la localización (Reineke, Schmitz 2005).
Además, los avances en terminología teórica tuvieron que integrarse, y han de seguir integrándose, de forma continua para evitar la incongruencia entre la terminología teórica y la aplicada.
ENSEÑANZA Y FORMACIÓN EN TERMINOLOGÍA
Toda disciplina académica tiene básicamente la obligación de investigar y enseñar, así como de coordinar ambas actividades. Dado que el desarrollo de los fundamentos teóricos de la terminología fue distinto en Rusia y en los países occidentales, la evolución de la enseñanza de la terminología —al menos durante los primeros cuarenta años— siguió caminos diferentes.
En Rusia, los primeros materiales y manuales didácticos se prepararon a partir de la década de 1950 (Terpigorev 1952, Lotte 1961, Grinev 1993), y en diversas universidades de la antigua Unión Soviética se llevaron a cabo las correspondientes actividades docentes.
En los países occidentales, Wüster impartió en 1972 en Viena las primeras enseñanzas sobre los fundamentos teóricos de la terminología. Sus conferencias, que constituyen un fragmento de una obra mucho más extensa, proyectada pero inconclusa, se publicaron en 1979, dos años después de su muerte en 1977, con el título de Einführung in die Allgemeine Terminologielehre und Terminologische Lexikographie.
La introducción de los estudios de LSP en las décadas de 1960 y 1970, así como los evidentes componentes terminológicos de estos estudios, puso de manifiesto la necesidad de elaborar materiales didácticos de terminología y manuales exhaustivos. No fue hasta la década de 1980 cuando se publicaron los primeros manuales basados en investigaciones, por ejemplo, los de Arntz/Picht 1983, Felber 1984 y Felber/Budin 1989. Este comienzo relativamente tardío se debe a que, por aquel entonces, la comunidad investigadora en terminología —salvo unos pocos investigadores sénior— seguía siendo bastante pequeña y joven. Aunque en las décadas de 1960 y 1970 se crearon varios servicios de terminología (Bundessprachenamt, Siemens) y las organizaciones nacionales e internacionales de normalización publicaron las primeras normas sobre principios terminológicos, no puede pasarse por alto el hecho de que muchos terminólogos eran autodidactas, teóricamente próximos a la lexicografía tradicional y poco familiarizados con los fundamentos teóricos disponibles a finales de la década de 1970.
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Este panorama ha cambiado por completo. Hoy en día, la terminología se enseña en distintos niveles y en diversos entornos. Se han elaborado materiales didácticos y manuales adecuados y orientados a objetivos específicos. Las modalidades didácticas abarcan desde cursos introductorios y especializados para distintos grupos de usuarios hasta amplios componentes curriculares de varios semestres, integrados en su mayoría en programas académicos como los estudios de traducción de LSP y de comunicación.
La Escuela de Verano de Terminología que ofrece TermNet en colaboración con universidades, los estudios en la Fachhochschule Köln y la Universidad de Viena, y los estudios nórdicos de máster en terminología pueden servir de ejemplo.
En resumen, podemos afirmar que la terminología se ha convertido en una disciplina académica completa.
NORMALIZACIÓN Y PLANIFICACIÓN DE LAS LENGUAS DE ESPECIALIDAD
La estrecha relación entre la normalización y la terminología tiene una larga tradición. Se remonta a una época anterior incluso a la de los fundadores de la terminología. Sin embargo, muy pronto se reconoció la necesidad de intervenir de forma controlada en la gestión de las terminologías y en su desarrollo. Drezen subrayó la naturaleza dinámica de la normalización y, en la década de 1930, Wüster introdujo la idea de elaborar directrices para el trabajo terminológico práctico. La fundación de ISO/TC 37 es prueba de ello. Aunque la Segunda Guerra Mundial interrumpió este desarrollo, la idea básica sobrevivió y, después de la guerra, ISO/TC 37 continuó su labor original. Sin entrar aquí en detalles sobre el desarrollo posterior, cabe afirmar que el ámbito de trabajo del TC 37 se ha ampliado considerablemente. Una sencilla comparación entre el número y los temas de las primeras recomendaciones y normas existentes en 1972 y el abanico temático actual de normas y proyectos en distintos grados de elaboración revela, por un lado, el interés por normalizar las cuestiones metodológicas de la terminología y la necesidad de hacerlo y, por otro, la aplicación práctica de estas normas. En otras palabras, la normalización se ha desarrollado como medio de planificación de las lenguas de especialidad en campos del conocimiento susceptibles de normalización y abarca no solo el corpus, sino también el estatus, empleando la terminología de Einar Haugen.
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Toda planificación lingüística, y en especial la planificación de las lenguas de especialidad, ha tenido siempre un sesgo prescriptivo, tradicionalmente considerado lo contrario del descriptivismo. Sin embargo, esta dicotomía, como muchas otras, es una simplificación; en cualquier caso, no refleja la realidad de la planificación de las lenguas de especialidad. Para aproximarse a los hechos de la planificación de las lenguas de especialidad y de la terminología, el siguiente modelo puede ilustrar, por un lado, la propuesta de una gama de grados entre los extremos de la dicotomía y, por otro, los factores importantes que influyen en toda intervención lingüística.
Figura 4: Grados entre descripción y prescripción
(Picht 2004: 197)
Las dos líneas verticales representan la relación sincronía-diacronía e indican que las descripciones sincrónicas sucesivas en un eje temporal forman una diacronía. La línea de la izquierda indica un desarrollo gradual, mientras que la de la derecha debe interpretarse como una sucesión de intervalos, porque una terminología prescrita se fija durante cierto tiempo y el desarrollo se hace visible mediante pequeños saltos, de acuerdo con el concepto de normalización dinámica de Drezen.
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La línea horizontal representa la transición desde un desarrollo lingüístico libre hasta un desarrollo lingüístico y terminológico totalmente controlado. Los siete grados indicados son solo ejemplos; entre los extremos puede haber otros grados de prescripción, según el propósito de cada caso de prescripción.
En el centro del modelo he situado los tres factores sociolingüísticos e indicado su influencia gradual en los distintos grados de prescripción.
La planificación lingüística en general es un campo de estudio bastante antiguo, al menos en los países nórdicos y en varios otros países occidentales con lenguas minoritarias o de uso menos extendido, como Noruega y Cataluña. Muchas teorías sobre planificación lingüística han sido bastante imprecisas o se han visto influidas por la ideología. Sin embargo, durante los últimos diez años puede observarse un interés y una actividad crecientes en torno a la preservación y el desarrollo de la lengua nacional o de la lengua materna, respectivamente, especialmente como defensa frente a la creciente influencia del inglés, perceptible en las lenguas de especialidad de muchos ámbitos y justificada por la internacionalización y la globalización. Para consolidar el campo de la planificación lingüística —incluidas las lenguas de especialidad—, se ha presentado un número creciente de trabajos teóricos (p. ej., Laurén et al. 2008: 139–195).
CONCLUSIONES
Teniendo en cuenta la información y las observaciones relativamente escasas y a menudo solo fragmentarias sobre la evolución histórica de la ciencia de la terminología que pude ofrecer en menos de una hora —una descripción exhaustiva requeriría al menos un libro—, estoy convencido de que hoy se puede afirmar que:
El advenimiento de la ciencia de la terminología es la consecuencia lógica del reconocimiento de graves deficiencias en la comunicación profesional.
La ciencia de la terminología se ha desarrollado a partir de cuestiones prácticas, como directrices y recomendaciones destinadas a remediar las deficiencias de comunicación, pasando por fases de teorización y comprobación intensificadas hasta convertirse en una ciencia completa.
Hoy, la ciencia de la terminología cumple todos los requisitos de una ciencia en cuanto a sus fundamentos teóricos, la variedad de sus aplicaciones, una comunidad de investigación activa, actividades docentes y formativas bien desarrolladas en los niveles académico y práctico, y una amplia actividad editorial.
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La ciencia de la terminología tiene un estatus metacientífico entre todas las demás ciencias, ya que la terminología es una condición previa para todo tipo de creación y comunicación del conocimiento, así como para su organización, intercambio y difusión.
La ciencia de la terminología no se limita a una ciencia o grupo de ciencias en particular, sino que sirve todas las ciencias, aunque algunos enfoques teóricos deben adaptarse a la naturaleza de las distintas ciencias.
Quizá piensen que esta valoración es demasiado positiva y que aún queda mucho por hacer. Eso es absolutamente cierto: aún queda mucho por hacer, pero esto es común a todas las ciencias, porque las teorías, los enfoques y las aplicaciones tienen un ciclo de vida, hasta que nuevos hallazgos los modifican o los sustituyen. El caso de la ciencia de la terminología no es diferente; existe una base teórica fundamental que no excluye variantes ni otras opiniones, pero esas variantes y otras opiniones no invalidan el reconocimiento de la terminología como una ciencia por derecho propio; al contrario.
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TERMINOLOGIJOS MOKSLAS: ISTORIJA IR RAIDA
Straipsnis pradedamas istorinių terminologijos mokslo formavimosi aplinkybių apžvalga, kurioje aptariami Wirtschaftslinguistik judėjimas ir terminologijos pradininkų – E. Wüsterio, E. Drezeno ir D. Lotte’s – darbai. Išskiriama keletas teorinių terminologijos mokslo pagrindų raidos etapų, kuriuos parodo L. Hoffmanno ir H. Kalyverkämerio modeliai. Keliami klausimai, ar terminologija yra atskira disciplina ir ar galima kalbėti apie terminologijos mokyklas. Apžvelgiamos žinių sritys, turėjusios įtakos terminologijos teorijos raidai, t.y. objektas ir sąvoka, objektų ir sąvokų vaizdavimo formos, žinių tvarkyba ir terminografija. Kalbama apie terminologijos mokymą, terminijos standartizavimą, specialiosios kalbos ir terminologijos planavimą, aptariamas deskriptyvinis ir preskriptyvinis požiūris į terminologiją ir jos planavimą. Kaip išvados formuluojami penki teiginiai apie terminologijos teorijos bei jos taikymo raidą ir dabartinę padėtį.