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Reflexiones sobre el gran lingüista y terminólogo Jonas Jablonskis con motivo del 150.º aniversario de su nacimiento
STASYS KEINYS
Instituto de la Lengua Lituana
Pues, si no fuera por los manuales de Jablonskis y sus correcciones constantes y acertadas, incluso sería difícil imaginar qué lengua literaria tendríamos ahora y cómo sonaría en la escuela y en la vida pública.
Jonas Palionis
Fotografía del archivo de la familia Jablonskis.
A finales de 1930, el año de Vytautas el Grande, el 30 de diciembre, debía rendirse homenaje a Jonas Jablonskis (K. Obelaitis, Petras Kriaušaitis, Jonas de Rygiškiai) con motivo de sus setenta años. Sin embargo, este importante, quizá decisivo, aniversario en la vida de la gente tuvo que conmemorarse sin el propio homenajeado: en la tarde del domingo 23 de febrero de ese mismo año, «el mayor creador de nuestra lengua común», «el gran hombre de la lengua»1 partió hacia la eternidad
1 Así describió a J. Jablonskis el editor Pr. Skardžius, al comunicar la triste noticia en el primer número de la revista de lengua común Kalba (p. 5), que acababa de empezar a publicarse.
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Tras el descanso, y al atardecer del 25 de febrero, después de haber velado durante un día en la basílica de Kaunas, el difunto fue sepultado en el cementerio panteónico de la avenida Vytautas, no lejos de Kazimieras Jaunius, Kazimieras Būga y otras grandes figuras de la nación2.
Los méritos de J. Jablonskis para nuestra lengua y la lingüística son tan grandes que, ya en vida, se le llamaba padre de la lengua lituana escrita (así se denominaba entonces la lengua estándar). Así lo llamó en 1922 K. Būga, en una propuesta escrita de su puño y letra y firmada junto con Vincas Krėvė-Mickevičius y Eduardas Volteris, para nombrar a J. Jablonskis profesor honorario de la Universidad de Lituania (Piročkinas 1978: 145). Ese título honorífico aparece también en los rasgos de las memorias del expresidente de la República Antanas Smetona, antiguo alumno suyo, incluidos en el segundo cuaderno de la revista Kalbos dedicado a la memoria del difunto y titulado Atsiminimų bruožuose. Allí se lee: «J. Jablonskis no solo es el padre de nuestra lengua estándar, escrita, sino también el más destacado revitalizador de la nación lituana. Por eso, su vida interesa no solo al lingüista, sino también al político y al investigador de nuestro renacimiento. Cuando comenzó su labor, encontró una nación lituana muy pequeña y pocas personas conscientes de su identidad; y aún menos personas instruidas, intelectuales. Aquí y allá3 brillaban como luciérnagas de San Juan en una noche oscura» (Smetona 1930: 37).
No cabe la menor duda de que J. Jablonskis estuvo, está y seguirá estando entre quienes más hicieron durante el Renacimiento Nacional, cada cual en su ámbito y todos con una voluntad, dedicación, trabajo y sacrificio vital compartidos. No es casual que se le recuerde siempre junto a los grandes del Renacimiento. El neuropatólogo doctor Viktoras Vaičiūnas, padre de la poeta Judita Vaičiūnaitė, comenzó sus memorias contando que, al ser llevado por primera vez en 1927 a la clínica de enfermedades nerviosas del Hospital Militar, J. Jablonskis «fue instalado en la misma sala donde había yacido en 1924 el difunto Jonas Basanavičius» (Vaičiūnas 1930: 66). Quizá tampoco sea casual que el prelado Jonas Mačiulis, el gran poeta del Renacimiento Maironis, oficiara las exequias por el difunto. Y en el cementerio, además de muchos otros oradores destacados, pronunció el discurso de despedida el presidente de la República (Merkelis 1930: 36).
J. Jablonskis es uno de nuestros pedagogos más destacados (muchas figuras de la ciencia, la cultura, la política y otros ámbitos de la nación independiente restablecida se enorgullecían de haber sido alumnos suyos, incluso décadas después), y fue colaborador de la prensa desde los tiempos de Aušros (más tarde, durante un tiempo, también miembro de su plantilla), defensor de los derechos de la lengua lituana y activista social. Sus méritos para nuestra literatura de ficción son enormes: dedicó gran parte de su tiempo a editar y corregir las obras de Žemaitė y otros escritores, y también, en ocasiones, a ocuparse de su publicación.
2 Un cuarto de siglo después, cuando era estudiante de lingüística, cada vez que iba a tomar el tren a Vilna, antes de cambiar de tren, me acercaba a rendir homenaje a las tumbas de nuestros grandes lingüistas. Más tarde, al destruirse aquel cementerio, fueron trasladados a Petrašiūnai.
3 La ortografía y la lengua de las citas y los ejemplos del artículo se han dejado sin corregir.
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defensor de los derechos de la lengua lituana y activista social. Sus méritos para nuestra literatura de ficción son enormes: dedicó gran parte de su tiempo a editar y corregir las obras de Žemaitė y otros escritores, y también, en ocasiones, a ocuparse de su publicación.
En 1893, al llegar para trabajar como profesor de lenguas clásicas en el gimnasio de Mintauja (en letón, Jelgava), J. Jablonskis pronto se dio a conocer también como hombre dedicado al trabajo científico. La lingüista letona Ina Druvietė escribió en su monografía sobre Kārlis Mīlenbahs que el ejemplo de J. Jablonskis, un joven colega poco común en los gimnasios de aquella época, quizá animó a este pedagogo letón a expresar con mayor audacia su opinión en el campo de la ciencia del lenguaje, y que Jablonskis le conseguía libros a Mīlenbahs y era una fuente de información sobre los dialectos lituanos y la vida de los lituanos (Druviete 1990: 35). Por otra parte, el propio J. Jablonskis también tenía mucho que aprender de la vida cultural letona, mucho más dinámica y libre de las restricciones de la prohibición de prensa, y de los trabajos de normalización lingüística.
No hay que olvidar las circunstancias terriblemente difíciles en las que J. Jablonskis emprendió la labor de crear una lengua estándar. Despreciada y denigrada por los propios compatriotas desnacionalizados y por los extranjeros, empujada hacia la perdición sin esperanza alguna, excluida de la cultura y de la ciencia: así era la lengua de una nación que ni siquiera tenía una escuela primaria en su propio idioma y que era perseguida y castigada por poseer y leer cualquier escrito en alfabeto latino, mientras los nombres de personas y lugares eran sometidos a la polonización, la rusificación y la germanización. Esa era la vida cotidiana de los habitantes de Lituania durante la infancia y la juventud de Jablonskis. Y él mismo era Jan Jablonski para unos e Иван Осипович Яблонский [Ivan Osipovič Jablonskij] para otros, nacido en la parroquia de Vladislavovas (nombre oficial de Naumiestis en aquella época) (Piročkinas 1974: 36–38). Antes de que Jablonskis comenzara su labor lingüística, Aušra ya había despertado el espíritu lituano en más de un lector, había fortalecido el amor por la lengua propia y mostrado su importancia y necesidad para la vida de toda la nación; sin embargo, en esencia, no había ido más allá de las reflexiones sociolingüísticas sobre la existencia de la lengua.
Los trabajos de lingüística de J. Jablonskis y toda su actividad relacionada con la lengua conservan un valor perdurable, pues inauguran una nueva etapa, basada en la ciencia, en la creación y el desarrollo de la lengua estándar. Aunque conocía bien las lenguas clásicas y, como discípulo de los grandes de la lingüística histórico-comparativa rusa de finales del siglo XIX y comienzos del XX, Fylip Fortunatovas, Fiodor Koršas y otros, había aprendido mucho de ellos y había recibido de ellos el estímulo para investigar la lengua lituana, J. Jablonskis se dedicó a los estudios lingüísticos sincrónicos, a encauzar la lengua estándar ejemplar (escrita) o, en la expresiva formulación de Arnoldo Piročkinas, a abrirse camino por la jungla lingüística (Piročkinas 1978: 14), es decir, a elaborarla, normalizarla y desarrollarla, y la condujo a su madurez. En verdad
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No hay ámbito de la lengua común en el que J. Jablonskis no haya dejado huellas claramente visibles. Es más, en más de uno fue su primer impulsor y, en muchos aspectos, no ha sido superado. Pranas Skardžius llamó la atención sobre ello en el artículo «J. Jablonskis», publicado con motivo del primer aniversario de la muerte del lingüista; escribió que, gracias a su agudo sentido de la lengua y a su capacidad para «separar la paja del grano en el idioma», «pudo descubrir antes que otros muchas leyes de nuestra lengua y aplicarlas a la lengua común; por ello fue el primero en sentar las bases de nuestra terminología, sintaxis y, en general, de la lengua escrita» (Skardžius 1931: 9).
Así pues, J. Jablonskis, además de innumerables otros trabajos, fue el primero en sentar también las bases de nuestra terminología. Es cierto que más de uno probablemente objetaría, recordando que las bases de nuestra terminología escrita —tanto de los propios términos como de sus sistemas— empezaron a establecerse ya en los siglos XVI–XVII, y que también trabajaron en ello los hombres de letras de siglos posteriores. J. Jablonskis se incorporó a este ámbito de la práctica lingüística a finales del siglo XIX, es decir, casi tres siglos y medio después del libro de Martynas Mažvydas, en cuya portada se lee: «Katechismusa prasty Szadei, Makslas skaitima raschta yr giesmes del kriksczianistes bei del berneliu iaunu nauiey sugulditas Karaliavczvi VIII dena Meneses Sausia, Metu vszgimima Diewa M. D. XLVII. Soli Deo gloria». Por tanto, es más exacto decir que Jablonskis sentó las bases de la terminología de la actual lengua común lituana, tanto al establecer una concepción que, en esencia, sigue vigente sobre qué debe ser la terminología, cómo se crea, de dónde se toman sus elementos y cómo se forman, como al desarrollar y ordenar términos de diversos ámbitos, creándolos él mismo cuando era necesario y ayudando a otros a hacerlo.
J. Jablonskis se dedicó a la terminología desde el comienzo mismo de su labor lingüística, pues, al sentar las bases de la actual lengua común —el principal medio de comunicación que une a toda la nación— y equipararla, por su función y sus posibilidades expresivas, a las lenguas desarrolladas desde antiguo, no se puede dejar de lado el trabajo de creación y perfeccionamiento de la lengua especializada y su terminología. Por eso no sorprende que ya en el primero de los artículos publicados bajo el título «Kalbos dalykai» en 1892 en Varpe, entre otras cosas, demostrara la corrección de las palabras y términos tardyti, tardymas y tardytojas; propusiera usar las palabras valdininkas, viršininkas, prekymetis, velionis en lugar del híbrido urėdninkas, el calco metturgis y el préstamo nabašnikas; recomendara sustituir la derivación incorrecta rašėjas por las palabras correctamente formadas y de distinto significado rašytojas y raštininkas; y defendiera los términos prestados redaktorius y gubernija, censurando que en su lugar se emplearan los supuestamente lituanos rėdytojas, rėdyba, entre otros.
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etc. (JR IV 12–18). El gran cultivador de la lengua modificó con acierto muchos términos, incluso al corregir textos que no eran diccionarios. Por ejemplo, en el artículo de 1927 sobre el lenguaje del periódico Ūkininko patarėjo («Ir vėl laikraštinės kalbos dalykai»), en la sección dedicada a corregir cuestiones sintácticas, sustituyó el participio de la expresión importuoti veisliniai paukščiai por el adjetivo lituano atvežtiniai, y volvió más claro y más lituano el término apícola magazininiai rėmai, transformándolo en sandėliniai avilio rėmai (JR V 165–167), mostrando así que a la gente del campo, y no solo a ella, hay que escribirle de la manera más comprensible posible y, por tanto, también en un lituano más genuino. En el último artículo citado, publicado en 1930 en el primer fascículo de Kalbos, «Laikraštinės kalbos dalykai», también se corrigieron muchos términos; por ejemplo: dvasiškija, dvasiškiai (= dvasininkai), kariškiai (= kariai), kanoniškos teisės (= kanonų, kanoninės teisės), konkordato pildymas (= konkordato vykdymas), labdaringa draugija (= labdarių, labdaros draugija), patriotinis auklėjimas (= patriotiškas auklėjimas), susilaikymas nuo balsavimo (= nebalsavimas), etc. (JR V 223–225).
En sus artículos y notas sobre la lengua, y en las reseñas de manuales y otras publicaciones, durante casi cuatro décadas J. Jablonskis corrigió más de mil términos, eliminando de nuestra terminología barbarismos y otros préstamos innecesarios, híbridos y calcos, palabras de uso o neologismos poco claros, opacos y, por ello, inadecuados para expresar términos, así como formaciones incorrectas. Por otra parte, en esos escritos y otros trabajos propuso no menos términos; al parecer, la mayor parte de sus propuestas arraigó firmemente en nuestra terminología y, en más de un caso, llegó a constituir su núcleo. Con los términos que proponía y mediante observaciones y explicaciones no tan infrecuentes como suele decirse —aunque a menudo breves, pero a veces, cuando hacía falta, extensas—, enseñaba a los lectores de sus escritos a tomar los términos ante todo de la gente, es decir, de la lengua viva, o, cuando fuera necesario, a formarlos del modo habitual entre esa misma gente. Nadie podrá contar jamás cuántos términos corrigió y propuso oralmente a las personas de los más diversos ámbitos que acudían a él en busca de consejo o ayuda.
Una parte muy valiosa del legado del gran terminólogo es la escuela del trabajo colaborativo. En efecto, un trabajo terminológico serio y fructífero no es posible sin conocer la materia —y conocerla bien— ni sin dominar la lengua y percibir su espíritu. Por eso, por lo general, una persona sola puede hacer aquí muy poco. Además, es muy útil debatir y examinar más a fondo los términos propuestos, para que no resulten adecuados solo a quienes los seleccionan o acuñan. A J. Jablonskis le habría gustado consultar sobre cuestiones terminológicas tanto con especialistas de otros campos como con lingüistas.
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lingüistas. Así lo muestran las reuniones celebradas a comienzos del siglo XX para tratar el lenguaje religioso, la sintaxis y otros términos. Durante la Primera Guerra Mundial —llamada entonces la Gran Guerra—, maestros lituanos de las escuelas para refugiados de guerra lituanos que funcionaban en la ciudad rusa de Voronezh (en ellas se enseñaba en ruso), preparándose para las futuras escuelas lituanas, debatían y acordaban términos de distintas materias escolares y preparaban manuales en lituano (Jablonskis también los animó a hacerlo: él mismo preparó el libro de lecturas Vargo mokyklai, Mūsų žodynėli, escribió la Lietuvių kalbos gramatiką, publicada en Vilna en 1919, y tradujo un manual de aritmética). Los recuerdos de los participantes en esas deliberaciones muestran que la figura principal y guía era el maestro J. Jablonskis (véase Mašiotas 1930: 48, Žemaitis 1956: 34–36; para más detalles, véase Piročkinas 1978: 136–139).
Los trabajos terminológicos realizados en Voronezh, y probablemente también con anterioridad, quedan reflejados en cierta medida en el ya mencionado Mūsų žodynėlis. Vargo mokyklos4 priedėlis, publicado en esa ciudad en 1918 y recopilado (en el diccionario se dice «reunido») por Rygiškių Jonas (el seudónimo que J. Jablonskis más apreciaba tras el levantamiento de la prohibición de la prensa). Este pequeño diccionario incluye, además de otras palabras, un buen conjunto de términos de diversos campos. La mayor parte de ellos se ha arraigado firmemente en nuestra lengua común; desde la época escolar son conocidos y los usan, cuando es necesario, prácticamente todos los habitantes de Lituania. Es más, muchos de esos términos se afianzaron en lugar de los llamados internacionalismos (y términos internacionales). He aquí una muestra de términos del diccionario cuyos primeros o uno de los primeros testimonios en el gran Lietuvių kalbos žodyne proceden de los escritos de Jablonskis: akìratis «горизонтъ», ántspaudas «печать», apýskaita «отчетъ» (Dabar pajamų ir išlaidų a p y š k a i t ą rašau), ašigalis «полюсть (земли)», atèminys «вычитаемое», atimtìs «вычитание (veiksmas)», atógraža «тропикъ», atóstogos «отпускъ (для отдыха), каникулы», àtšvaitas «рефлекторъ», ãtvaizdas «портретъ», bendróvė «товарищество, общество», braižýba «черчение (menas)», braižìklis «kuo braižoma, brėžtukas», brėžinỹs «чертежъ», dabità «франтъ», daigýnas «питомникъ», dalýba «дѣленіе (veiksmas)», dalìklis «дѣлитель (veiksmo skaičius)», dalinỹs «дѣлимое», dalmuõ «частное (veiksmo skaičius)», daugýba «умноженіе (veiksmas)», daugìklis «множитель (veiksmo skaičius)», dauginỹs «множимое», deguonìs (dẽguonì) «кислородъ», dienóvidinis «меридіанъ», dùjos «газы, газъ», eilėraštis «стихотвореніе», esmẽ «суть, сущность», grýnan glis «углеродъ», įstaiga «учрежденіе» (mokslo, darbo į s t a i g a), kainóraštis «прейскурантъ», kū́ryba «(dailės) daryba;»
4 Vargo mokyklai. Būrelio mokytojų rinktinys kalbos mokslo reikalui es un libro de lecturas en dos volúmenes preparado por J. Jablonskis. La primera edición apareció en 1916 en San Petersburgo.
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«творчество» (creación popular, creación del pueblo), glaciar «глетчер», chaleco «жилет», peso específico «удѣльный вѣсъ», miembro de una ecuación «половина уравнения», escala «масштабъ», parcela «участокъ», fábula «басня», resistencia «выдержка, стойкость», dibujo «рисунокъ; очеркъ (Dibujo de dibujos; dibujo de carbón)», lápiz «карандашъ», estuche «пеналъ», giro «оборотъ, конструкція (expresión)», ecuador «экваторъ», signo escrito «письменный знакъ», fenómeno «явление, выражение (No todos advierten el fenómeno del lenguaje y de la electricidad. Expresión algebraica)»; producto «произведение (número de la operación)», cuaderno «тетрадь», cuenta «счетъ», autogobierno «самоуправление», concepto «понятие», numerador «числитель» (numerador de la fracción), cifra «цифра», impreso «lo publicado, lo que se imprime», círculo polar «полярный кругъ», suma «сложение; составъ», identidad «тождество», pintura «живопись», pintura «lo que se pinta, lo pintado», pincel «кисточка, кисть», fracción «дробь» (fracciones comunes y decimales), regulador «регуляторъ», administración «вѣломство» (Trabajó en la administración de caminos), imaginación «воображение», hidrógeno «водородъ», denominador «знаменатель» (denominador de la fracción), continente «материкъ» y pieza de cerámica «гончарное изделіе». Pronto, varios de estos términos también pasaron a los manuales de matemáticas y de otras disciplinas, así como a los glosarios y recopilaciones terminológicas publicados ya en la propia Lituania.
Para conocer los orígenes de nuestra terminología actual, también es importante el glosario incluido en el librito traducido de Samuel Smiles, Pareiga ir tiesumas, publicado en 1924, donde se explican «unos doscientos vocablos y expresiones lingüísticos, no siempre sencillos para el lector, empleados en este y otros escritos del mismo género» (p. 34). Se trata principalmente de términos y palabras de ética. También de este glosario, al igual que de Mūsų žodynėlio, se ofrece aquí una selección de términos, por ejemplo: asmenybė (asmenybė) «Persönlichkeit; ličnost», bėydis, -dė ir bėydiškas, -ka «sin defectos, sin vicios, intachable» (él es intachable y su vida entera también lo es), dorópročiai, -čių «hábitos morales (moralidad)», doróvė «Sittlichkeit; moralność; nravstvennost’», garbėtroška (y garbėmyla) «persona ambiciosa, ambiciosa de honores; ambición; ehrgeiziger Mensch, Ehrgeiz; čestoliubivec, -liubije»5, įtaiga «Einflüsterung, Eingebung; vnušenije (sugestión)», nedoróvė «Unsittlichkeit; niemoralność; beznravstvennost’», núotaika «Gemütsstimmung;»
5 Por cierto, en el Diccionario de la lengua lituana no se incluyó la palabra garbánōris, -rė, con la variante garbanōris, utilizada al comienzo de la explicación de garbėtroškos y en los ejemplos de uso; tampoco se incluyó, en ninguna de las dos ediciones del primer tomo, la primera variante acentual presentada en este glosario: asmenybė.
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«raspolōženije ducha», pareigininkas, –kė «persona capaz (y habituada) de cumplir sus deberes» (P a r e i g i n i n k a s vigila que los demás también cumplan honestamente sus deberes)6, patvara «capacidad de resistir (aguantar) durante mucho tiempo», pótroškis «gran deseo de algo (ansia)», prieraiša «Anhänglichkeit; priviazannost’», šántūra, šántūris «Enthaltsamkeit; vozderžanije, vozderžnost’, vozderžannost’ (abstinencia)», šántvarka «Verfassung, Ordnung; stroj, ustrojstvo», savištaba «Selbstbeobachtung; samonabliudenije», tėvynėtis, –tė «Landsmann…; sootečestvennik, –nica; persona de la misma patria (de la misma región que otra persona)», valdýsena «Regierungsform; sposob pravlenija», visuomenininkas, –kė «persona activa en la vida pública», žemietis, –tė «persona de la misma tierra, de la misma región que otra; Landsmann; zemliak, zemec».
No hay razón para dudar de que J. Jablonskis contribuyó en gran medida a que las palabras de ambos glosarios mencionados se incorporaran a nuestra lengua común y a su terminología y arraigaran en ellas. Es más difícil determinar cuáles de esas palabras fueron realmente acuñadas por él. Sin embargo, para quien conoce bien los escritos lingüísticos y otros textos del lingüista resulta muy claro que fue un gran maestro de las palabras y, en su época, el más grande. Esto se debió a su empeño constante por conocer a fondo y ampliamente los dialectos y hablas, el folclore y el lenguaje de los mejores escritores, así como a su extraordinaria percepción de la lituanidad de la lengua —la llamada esencia de la lengua—, especialmente dadas las circunstancias de aquella época, sobre todo en las primeras décadas del siglo XX. También influyó en ello que, aplicando las palabras del prefacio del manual Gramática de la lengua lituana. Manual para escritores y lectores (1901), supiera distinguir multitud de palabras extranjeras y «numerosos fenómenos que contaminan y contaminan el habla de nuestra gente», es decir, separar la paja de los granos, pues «para la gramática solo deberían aprovecharse los granos del habla de la gente» (Kriaušaitis 1901: 1). Para esto último fue de gran ayuda su sólida formación filológica y el dominio de las lenguas clásicas y de más de una lengua moderna. J. Jablonskis dedicó toda su vida de lingüista a conocer cada vez mejor la lengua y a reconocer sus impurezas mediante el estudio. Por ello, cuanto más avanzaba, mejor se ajustaban a los conceptos designados las palabras que empleaba y proponía, hasta el punto de que no resulta fácil decir si una palabra o un término los había oído en alguna parte, los había encontrado en escritos o los había acuñado él mismo. La mayoría carece de rasgos individuales, e incluso las formaciones transparentes no parecen neologismos. Y esas palabras no solo están reunidas en los glosarios que él mismo preparó, sino también dispersas en sus numerosos trabajos escritos, dedicados tanto a la lengua como a otras disciplinas y cuestiones de la vida social; finalmente, esto
6 En esta palabra, al parecer, confluyeron los significados de «persona que cumple deberes» y del actual funcionario.
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en textos redactados por otros o expresadas oralmente a quienes preguntaban o solicitaban consejo.
Lo claro, sencillo y vivo que escribía J. Jablonskis para la gente se aprecia muy bien en su folleto Kolera artinas – pasisaugokite!7, publicado en 1908 como suplemento del periódico Vilties (Merkelis 1931: 24), del que aquí se incluyen dos fragmentos.
1) El cólera es una terrible enfermedad asiática. Desde Asia, su tierra natal, a veces llega también a Europa y siega a sus habitantes. A los habitantes de Lituania los diezma, a decir verdad, no muy a menudo, pero lleva ya bastante tiempo haciéndolo. Desde que empezó a visitar nuestra región, habrán pasado casi cien años... (p. 1).
2) ¿Cómo reconocer el cólera? Una persona que ha contraído el cólera tiene diarrea, se le suelta el vientre. Sus deposiciones se vuelven cada vez más líquidas y frecuentes. Además, la persona empieza a vomitar y las piernas se le acalambran. Los dolores aumentan; la persona no puede contenerse y grita a voz en cuello. Pasan unas horas y el enfermo cambia por completo: se le hunden los ojos, se le afila la nariz, todo el cuerpo parece muy delgado; la piel se amorata y se enfría. El enfermo tiene sed, pero no puede beber, porque todo lo que ingiere lo vomita enseguida (p. 3).
Solo algún que otro detalle ortográfico (las formas piauna, mūsų, skystyn, akis se escriben ahora pjauna, mūsų, skystyn, akys), para quien no se rige por la «ortografía» actual de internet y del teléfono, y además el adverbio senai, en cuyo lugar casi todos están acostumbrados o han aprendido a usar seniai, muestran que no todo en la escritura del autor de ese folleto se escribe como él mismo empezó a hacerlo algo más tarde y como se enseña hoy. Por lo demás, es una lengua excelente y perfectamente correcta para nuestros días, aunque fue escrita hace más de cien años. Leer textos escritos, editados o corregidos por Jablonskis es un verdadero placer: las ideas son claras y fáciles de entender, y la lengua es fluida y precisa, sin palabras ni expresiones incomprensibles. Conocía bien los recursos de la lengua, sabía aprovecharlos personalmente y, al corregir la lengua de otros, no restringía la diversidad de expresión del pensamiento.
En sus numerosos artículos de fomento lingüístico, J. Jablonskis no solo corregía, entre otras cosas, términos desacertados, sino que también expresaba ideas generales sobre cómo debían ser los términos y cómo debía llevarse a cabo el trabajo terminológico8. Ante todo, esas ideas surgían de principios generales de ordenación y desarrollo de la lengua establecidos desde temprano, así como de cierto ideal de la lengua común —en sus términos, la lengua escrita—, es decir, de la concepción de cómo debía ser para que, sin dejar de ser verdaderamente lituana, satisficiera mejor las necesidades de comunicación de la sociedad en todas las circunstancias de la vida de la nación y, más tarde, de su propio Estado.
7 Muchas gracias a la colega Palmira Zemlevičiūtė, que facilitó el texto de este opúsculo.
8 Véase con más detalle el artículo «Panorama de la creación de terminología lituana (hasta 1940)», publicado en el vol. XVIII de Kalbotyra (1967), pp. 21–25.
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El fundamento de todos los trabajos de creación y desarrollo de la lengua común —y, por tanto, también de la terminología—, así como el criterio para medir su valor, eran para J. Jablonskis y su escuela la lengua viva, a la que el propio lingüista solía llamar lengua del pueblo. Con este término se designaba la lengua de los dialectos y del folclore, y también se mencionaba la lengua de los escritores que habían escrito y escribían en una lengua viva (entre ellos, probablemente se recordaba con mayor frecuencia a K. Donelaitis, S. Daukantas, M. Valančius y Žemaitė). Sin embargo, como ya se ha dicho, no debían incorporarse a la lengua común —y, por ello, había que eliminarlos— los elementos del léxico, de la gramática y de otros ámbitos que, a lo largo de los siglos, se habían introducido e impuesto desde lenguas extranjeras. Esta recomendación se recordó también a quienes corregían la lengua en el artículo publicado en 1925, «Pequeñeces y cuestiones de peso (en la ciencia del lenguaje)». Al responder a los argumentos imprecisos de A. Vireliūnas en favor de usar įsivaizdink plačią upę en lugar de įsivaizduok plačią upę, J. Jablonskis llamó la atención sobre el asunto con estas palabras: «Para respaldar su opinión, el autor del artículo toma numerosos ejemplos lingüísticos, recopilados en determinados escritos [más adelante se menciona el primer cuaderno del diccionario de A. Juška. – St. K.] y en la lengua del pueblo. Pero el recopilador debe ser prudente con esos escritos y con la lengua del pueblo; al exponer en esta ocasión toda su “verdad”, A. Vireliūnas fue precisamente poco prudente» (JR IV 305). Para actuar con esa prudencia hacen falta tanto la ciencia del lenguaje como el buen juicio. En el extenso artículo publicado en 1928, más bien un estudio, «Cuestiones del pequeño diccionario de nuestra lengua», que ofrece no solo muchísimas, en palabras del propio autor, «observaciones particulares» sobre el Trumpo kalbos netaisyklingumų ir barbarizmų žodynėlio de V. Kamantauskas, sino también reflexiones de carácter general y consejos para quienes corrigen la lengua, el gran maestro del idioma escribió estas palabras fundamentales y programáticas: «Me parece que no tanto las palabras en sí como su significado deben traducirse de manera h u m a n a a nuestra lengua»; y enseñó a quienes la corrigen: «¡corrijan de manera h u m a n a, y eso es todo!» (JR V 181), desarrollando luego esa idea así: «Corrijan en la lengua todo lo que deba corregirse, todo lo que se haya expresado de manera inhumana o incorrecta; cuando sea necesario, corrijan no solo las palabras del texto que el autor de este diccionario considera extranjerismos que deben evitarse» (JR V 184).
En más de una ocasión, J. Jablonskis enseñó que los términos nuevos debían crearse del mismo modo que el pueblo crea las palabras corrientes (JR III 37, IV 143–144, V 14 y otros). Como adversario de los neologismos innecesarios, recomendó expresamente no forjar palabras y términos superfluos y rebuscados: «<...> dejemos que ella [nuestra lengua – St. K.] crezca a su manera, conforme a las reglas propias de la nación; no le metamos a la fuerza, sin motivo alguno, t o d a c l a s e d e n e o l o g i s m o s, al menos aquellos que nosotros mismos podemos inventar de una manera u otra, sin aportar ninguna mejora real a la materia social expuesta en esa lengua» (JR V
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216). Así escribió J. Jablonskis sobre los neologismos que A. Vireliūnas había incluido en su librito Mūsų kalbos ugdymo, algunos de los cuales sustituían ciertos términos lituanos ya consolidados o sus componentes; por ejemplo: balsių kaita (balsių kityba), pirmykštės tautos (pradžioiškos tautos), visata (visas visetas), así como los llamados términos internacionales; por ejemplo: dialogas (dvikalbis), istorija (būtovė), klimatas (orovė), kultūra (įdarbė), literatūra (raštumenė), metodika (mokysta), organas (kūnojas), pedagogija (auklyba), simbolis (reikšlas), entre otros (JR V 213–215). Por cierto, ya al comienzo de su fecunda labor lingüística, nuestro lingüista formuló la esencia del desarrollo de su vocabulario: «nunca se debe recurrir a la excepción [a lo excepcional – St. K.] al crear una nueva palabra escrita» (JR IV 22).
Un rasgo importante y muy aleccionador del carácter y el trabajo de J. Jablonskis era que no se empecinaba, dejaba espacio para las opiniones ajenas bien fundamentadas y libertad para elegir. Muy a menudo no ofrecía una única corrección ni una sola propuesta de expresión mejor o más precisa: quería que el lector tuviera varias opciones entre las que escoger, pero, sobre todo, que incluso un uso distinto del propuesto por el lingüista se ajustara a las leyes de la lengua del pueblo. A. Piročkinas resumió admirablemente este rasgo de la labor del gran promotor de la lengua en su libro Prie bendrinės kalbos ištakų, al escribir que elevar la lengua popular a fundamento de la lengua común «fue también un camino profundamente democrático: no imponer al pueblo una lengua “intelectual”, sino, junto con el pueblo, convertir su lengua en la lengua de los intelectuales y de la intelectualidad» (Piročkinas 1977: 99).
Aunque no escribió libros ni artículos teóricos sobre la normalización de la lengua común y la terminología, con sus trabajos de normalización lingüística, los manuales y libros de otras disciplinas que tradujo, editó o corrigió, sus consejos a especialistas de diversos campos y su labor conjunta en lengua y terminología en determinadas reuniones y comisiones, sentó también las bases teóricas y prácticas para el desarrollo de la lengua común, así como de la terminología y su trabajo; además, formó a un numeroso grupo de trabajadores activos y entregados a nuestra lengua y su terminología, quienes, a su vez, transmitieron a sus discípulos el saber y el espíritu de Jablonskis.
Al valorar y resumir la obra del lingüista, su compañero Juozas Balčikonis escribió en el primer tomo de Jablonskio Raštų: «Mientras nuestra lengua resuene entre los pueblos de esta tierra, purificada por él de la basura extranjera, depurada y enriquecida con palabras nuevas, anunciará su nombre de generación en generación. De mero medio de comunicación de los campesinos, que era como se consideraba la lengua lituana, en casi medio siglo de trabajo incesante la convirtió en un instrumento perfecto del pensamiento, apto para usarse en todos los ámbitos culturalmente organizados del país-
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S. Keinys | Mintys apie didelį kalbininką ir terminologą Joną Jablonskį 150-tų...
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to gyvenimo srityse“ (J. B. 1932: XI). Tarsi tęsd amas šias mintis, kalbininkas Alfonsas Kalnius atsiminimuose apie J. Jablonskį po keturiasdešimt metų teigė: „Be Jablonskio didžiulio indėlio tiesiog neįmanoma suprasti mūsų bendrinės kalbos – didžiausios tautos kūrybos ir turto – susidarymo“ (Kalnius 1974: 19). J. Jablonskis buvo didžiausias dabartinės bendrinės mūsų kalbos kūrimo meto triūsėjas. Jis įstatė tą kalbą į brandos kelią ir gerai pavarė į priekį jos brandinimo darbus. Į tą kelią jis įstatė taip pat mūsų terminologiją ir pats buvo žymiausias ypač mokykloms ir viešajam gyvenimui reikalingų terminų kūrėjas. Tuo atžvilgiu J. Jablonskis gali būti vadinamas dabartinės mūsų terminologijos tėvu.
Los escritos de J. Jablonskis son desde hace mucho un clásico de nuestra lingüística y de la normalización lingüística. Varias generaciones han pasado por su escuela de lengua. A ella debería acudir también hoy cualquiera a quien le importe el carácter lituano de la lengua, pero nuestras escuelas deberían volver a ella de manera especial. Y todos los que trabajan en el ámbito lingüístico, en particular los numerosos normalizadores y correctores actuales, deberían graduarse en la universidad de Jablonskis; es decir, estudiar y comprender su legado a fondo. Si queremos que nuestra lengua ancestral siga siendo lituana en el futuro y continúe siendo fuente de orgullo nacional, no debemos permitir que se extinga la luz de Jonas Jablonskis–Rygiškių Jonas.
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REFLEXIONES SOBRE EL GRAN LINGÜISTA Y TERMINÓLOGO JONAS JABLONSKIS. CON MOTIVO DEL 150.º ANIVERSARIO DE SU NACIMIENTO
El artículo ofrece una visión general de la contribución del gran lingüista lituano, el profesor Jonas Jablonskis (1860–1930), al desarrollo, la normalización y la consolidación del lituano estándar moderno; al aumento de su importancia y a la ampliación de sus funciones; y al desarrollo de la terminología lituana, casi desde el inicio del movimiento de renacimiento nacional, a finales del siglo XIXth. Desarrolló su labor en condiciones muy difíciles, marcadas por la persecución zarista, la prohibición de la prensa lituana en alfabeto latino (hasta 1904), la polonización y la rusificación del país y, finalmente, en el Estado independiente de Lituania, restablecido en 1918. Durante casi cinco décadas de intensa actividad, el lituano estándar alcanzó su etapa de madurez. El artículo también expone los principios teóricos de la normalización lingüística y de la creación y el desarrollo de la terminología que Jablonskis aplicó.
El papel de Jablonskis en el desarrollo del lituano estándar fue tan importante que ya en vida se le llamó el padre del lituano estándar.
Recibido el 2010-12-03
Stasys Keinys, Instituto de la Lengua Lituana, P. Vileišio g. 5, LT-10308 Vilnius. Correo electrónico: [email protected]
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