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Acta Linguistica Lithuanica 2025, t. 92, pp. 1–24 Enlace al contenido / Enlace al índice ISSN 2669-218X (en línea / electrónico)
INFLUENCIA DE LA SONORIDAD DE LAS CONSONANTES EN LA ESTRUCTURA FORMÁNTICA DE LAS VOCALES DEL LITUANO ESTÁNDAR: ANÁLISIS FACTORIAL
Efectos de la sonoridad de las consonantes en la distribución de los formantes vocálicos del lituano estándar: un análisis factorial
EVALDAS ŠVAGERIS Instituto de la Lengua Lituana Correo electrónico: [email protected] ORCID ID: https://orcid.org/0009-0002-5624-7275 Líneas de investigación: fonética experimental, prosodia y vocalismo de las lenguas bálticas.
https://doi.org/10.35321/all92-10
RESUMEN
Este artículo continúa los estudios experimentales sobre la dinámica de los fenómenos del vocalismo del lituano estándar (su variación posicional). La atención se centra en las relaciones y la jerarquía de los factores que influyen directamente en la estructura formántica de las vocales. Tras ampliar los datos empíricos con combinaciones vocálicas junto a consonantes oclusivas sonoras, se analizó cuál es, en el conjunto considerado, la capacidad del factor de sonoridad para influir en la distribución de F1 y F2 en el espectro. Para ello se realizó un análisis factorial de los datos (ANOVA), con el objetivo de determinar las posiciones jerárquicas y el potencial del factor de sonoridad consonántica para coordinar su acción con otros factores. Los resultados revelaron que las posiciones débiles del factor examinado en las cadenas jerárquicas indican un nivel bastante bajo de autonomía. Se observa que su fuerza relativa correlaciona con la serie articulatoria de las vocales: cuanto más posterior es la vocal, más marcadas son las diferencias formánticas determinadas por el factor de sonoridad. Además, aunque este factor no posee una gran capacidad diferencial, amplía el espacio articulatorio-espectral para que los factores competidores actúen con mayor fuerza (por ejemplo, acentúa la anteriorización de las vocales posteriores altas en posición entre consonantes oclusivas dentales).
Este estudio tiene como objetivo continuar la investigación experimental sobre la dinámica de la distribución de los formantes vocálicos en el lituano estándar. La atención principal se centra en la interacción y la jerarquía de los factores que influyen directamente
la posición de los formantes en los espectros de las vocales lituanas. Tras añadir al conjunto de datos combinaciones CVC con consonantes oclusivas sonoras, se analizó la capacidad diferencial del factor de sonoridad. Se realizó un análisis factorial (ANOVA de dos vías) para determinar qué posición puede ocupar el factor de sonoridad en la jerarquía. Además, se planteó la cuestión de la coordinación de los factores en el ámbito de la distribución formántica. Los resultados sugieren que el factor de sonoridad ocupa posiciones débiles en la jerarquía y presenta un bajo nivel de autonomía. En cierta medida, su fuerza relativa correlaciona con la posterioridad de la vocal: al desplazarse hacia la posición posterior de la lengua, aumentan las diferencias en la distribución formántica implicadas por el factor de sonoridad consonántica. Aunque no tiene un impacto significativo, la sonoridad consonántica desempeña un papel en la expansión del espacio espectral, permitiendo que otros factores ejerzan una influencia mayor (por ejemplo, crea las condiciones para que las vocales posteriores altas sean más anteriores en un entorno de oclusivas dentales).
Los primeros intentos de analizar con mayor detalle, mediante métodos experimentales, la dinámica de la variación del vocalismo del lituano estándar —más exactamente, las relaciones entre los factores que determinan la estructura fonética de las vocales— dieron, en esencia, resultados positivos (Švageris 2024; Švageris, Urbanavičienė 2024). Aunque la limitada extensión del material empírico y el reducido número de factores incluidos en el análisis no han permitido por ahora extraer conclusiones de amplio alcance, sí puede observarse que la dimensión dinámica de los rasgos cuantitativos y cualitativos de las vocales no es caótica (sobre investigaciones extranjeras basadas en una concepción similar, véase, por ejemplo: Lindblom, Moon 1994: 40–55; Roesler, Yung 2018: 535–540; desde una perspectiva más teórica, véase Lindblom 1990: 65–100). Se observa que los factores están vinculados por relaciones jerárquicas, y que las características espectrales de las variantes vocálicas posicionales pueden inferirse de las correlaciones establecidas mediante cálculos estadísticos. Por ejemplo, cuanto más abierta es una vocal, más depende su espectro de frecuencias del factor prosódico (la posición con respecto al acento de frase); cuanto más posterior es, con mayor claridad su estructura formántica señala el tipo articulatorio de la consonante oclusiva adyacente, etc. Además, los resultados revelaron que la práctica investigadora de basarse en las características acústicas de sonidos del habla pronunciados de forma aislada puede distorsionar las tendencias consideradas habituales. En las condiciones mencionadas suele aumentar la influencia del factor subjetivo de los locutores (es posible la hiperarticulación; sobre este factor véase Johnson et al. 1993: 701–714; Lee et al. 2019: 1568–1579; desde la perspectiva de las lenguas bálticas véase Čeirane, Indričianė 2012: 43; Ambrazevičius, Leskauskaitė 2014: 168; Kazlauskienė 2018: 41), lo que a veces nivela, por ejemplo, las diferencias cualitativas entre las vocales largas y breves; por ello parece lógica y justificada la conclusión más general de que la naturalidad del habla es una condición importante de su sistematicidad (Švageris, Urbanavičienė 2024).
Desde una perspectiva futura, la utilidad de este tipo de investigaciones podría ser doble. En primer lugar, esta línea de análisis podría, a largo plazo, ampliar y complementar el discurso de los estudios experimentales sobre el vocalismo lituano y servir de base para trabajos comparativos con materiales análogos de otras lenguas (Hillenbrand et al. 2001: 754–755; Roesler, Yung 2018: 535–540). En segundo lugar, si el aumento del número de factores y de datos empíricos condujera a resultados aún más claros y concretos, aumentaría la posibilidad de predecir y modelizar los rasgos de las variantes vocálicas posicionales (aspecto aplicado). Dicho de otro modo, desde el punto de vista de la síntesis aplicada del habla, sería útil perfeccionar un modelo que clasifique el conjunto de rasgos de las variantes vocálicas posicionales desde la perspectiva de las relaciones entre los factores que las influyen directamente. Una alternativa adicional para predecir
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la estructura acústica de los sonidos del habla podría contribuir a mejorar la naturalidad de la voz humana reproducida por ordenador. Todo ello parece un estímulo suficiente para continuar las investigaciones iniciadas.
1. Problema, objetivo y tareas de la investigación
La problemática de este estudio experimental se deriva de la necesidad de aumentar el número de factores que influyen directamente en los espectros cualitativos de las vocales del lituano estándar. Naturalmente, cuantos más factores se incorporen al modelo, más completos y universales deberían ser los resultados obtenidos. Puesto que se trata, en esencia, de una continuación de trabajos iniciados (Švageris 2024; Švageris, Urbanavičienė 2024), esta vez se añade a los factores incorporados en etapas anteriores a la investigación (locutor, cantidad fonológica, tipo articulatorio de las consonantes oclusivas y acento de frase) el factor de sonoridad de las consonantes oclusivas. En los estudios experimentales del lituano, el posible efecto de este factor sobre la distribución de los formantes vocálicos parece no haber sido detallado hasta ahora. Solo pueden observarse vínculos indirectos en algunos trabajos aislados y, sobre todo, al hablar de la coarticulación de los sonidos del habla (Ambrazevičius, Leskauskaitė 2014: 202–225; Jaroslavienė et al. 2019: 62–167; desde la perspectiva de otras lenguas, véase Kewley-Port 1982). Los investigadores extranjeros señalan que, comparativamente, las vocales situadas entre consonantes sonoras se caracterizan por un descenso del primer formante. La distribución formántica de las vocales anteriores se ve más afectada por este factor (F1 desciende en promedio ~100 Hz), mientras que en las vocales de la serie central y posteriores este efecto sería mucho más débil (~20 Hz; véase Stevens, House 1963: 111–128; Hillenbrand et al. 2001: 754–755; también Adriaans 2018: 21–25). Es cierto que dejan una huella mayor en el espectro las consonantes de posiciones prevocálicas que las de posiciones posvocálicas. Los investigadores suponen que esta correlación probablemente es un reflejo espectral de la variación de la posición de la laringe (al pronunciar consonantes sonoras, la laringe desciende). En términos más generales, estas configuraciones parecen estar relacionadas con la dinámica de la variación de la presión subglótica y supraglótica, necesaria para (des)activar la fonación de los pliegues vocales (Ambrazevičius, Leskauskaitė 2014: 171). Para mantener la fonación el mayor tiempo posible durante la fase de explosión de las consonantes oclusivas sonoras, es necesario reducir la presión supraglótica (aumentar el volumen de la cavidad supraglótica del tracto vocal); por ello, el descenso de la laringe parece claramente motivado desde este punto de vista (Stevens 1998: 465–485). Además, si se detallara la configuración del tracto vocal conforme a la lógica de la teoría de las perturbaciones, habría que constatar que, en la zona de la laringe, el tracto no solo se ensancha, sino que también se dilata (lo que constituye otra condición favorable para que disminuya la presión supraglótica). Más exactamente, el primer formante puede descender en dos casos: cuando la vocal se labializa (porque el antinodo del primer modo resonante se localiza en los labios) o cuando el tracto vocal se ensancha en la zona de la laringe (donde se localiza el nodo de dicho modo; véase Chiba, Kajiyama 1941; Kent, Read 2002: 28–32).
Así pues, el objetivo de este artículo es determinar, mediante métodos experimentales, la potencia relativa del factor de sonoridad de las consonantes oclusivas para influir en la distribución de los formantes de las vocales del lituano estándar. Es cierto que probablemente haya pocas dudas de que la influencia de este factor, desde el punto de vista considerado, diferiría significativamente de la establecida en investigaciones análogas sobre otras lenguas. Se trata más bien de una universal fonética, determinada exclusivamente por la anatomía humana y por las causas físicas de la generación de los sonidos del habla (es decir, por las condiciones necesarias para la fonación de las consonantes oclusivas sonoras
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consonantes), y no de una manifestación de la especificidad lingüística (Stevens 1998: 465–485). Por ello, como ya se ha mencionado, para esta investigación es más relevante la propia ampliación del análisis factorial (la incorporación de un factor más), tras la cual debería aclararse si, al aumentar el número de factores, cambian sus relaciones jerárquicas. Por ejemplo, sería útil saber si el factor de sordez-sonoridad se convierte en un obstáculo serio para diferenciar la estructura formántica de las vocales según aquellos factores cuya influencia, basándose en datos anteriores, se reflejaba más en las diferencias del primer formante. Para elaborar una imagen dinámica general de los rasgos cualitativos de las vocales no solo es importante la fuerza de los factores, sino también sus direcciones de acción y su compatibilidad; por ello, todos estos objetivos determinan unas tareas: de investigación algo más amplias:
1. Ampliar y complementar el material empírico del estudio (Švageris 2024; Švageris, Urbanavičienė 2024) con datos clasificados según el factor de sonoridad consonántica (es decir, registrar e incorporar al estudio todas las posiciones idénticas con consonantes oclusivas sonoras).
2. Comparar estadísticamente la fuerza relativa de cinco factores —locutores, cantidad fonológica, acento de frase, lugar de articulación de las consonantes y sonoridad consonántica— para influir en la estructura formántica de las vocales, así como detallar sus direcciones de acción y su compatibilidad.
3. Complementar y, si es necesario, precisar las cadenas jerárquicas de factores establecidas en la etapa anterior de la investigación (es decir, ampliar el modelo mismo) y determinar la posición del factor de sonoridad consonántica en ellas.
2. Breve revisión de las investigaciones, material empírico y método
Dado que este estudio continúa trabajos ya iniciados, en principio se mantienen las mismas directrices metodológicas (Švageris 2024; Švageris, Urbanavičienė 2024). Los trabajos de temática más próxima ya se han examinado con mayor detalle, por lo que aquí solo cabe resumir brevemente lo que se desprendió de los resultados del análisis factorial más reciente (Švageris 2024). Como se sabe, diversos factores lingüísticos y extralingüísticos influyen en los rasgos cuantitativos y cualitativos de las vocales (desde una perspectiva general sobre la influencia de diversos factores en las características espectrales de las vocales lituanas, véase Vaitkevičiūtė 1961; Pakerys 1982: 132–134; 2003 [1986]: 24, 35–36, 190–191; Kaukėnienė 2002; Kudirka 2009; Jaroslavienė 2014; 2015; Urbanavičienė et al. 2019: 78; Ledichova 2020a: 1–33; 2020b; compárese también con investigaciones de otras lenguas: Johnson et al. 1993: 701–714; Hillenbrand et al. 2001; Tsukada 2009). La distribución de los formantes de una vocal en el espectro de frecuencias —es decir, cómo se articula la vocal— depende de la altura y la serie de las vocales, de los factores fonotácticos y prosódicos del habla, de la articulación individual del hablante, etc. (ibid.). Sin embargo, una imagen acústica más detallada de las vocales puede obtenerse cuando todos estos factores se consideran desde una perspectiva interaccional, cuando mediante criterios objetivos
¹ Recordemos que en este análisis factorial (mediante métodos estadísticos) se pretende esclarecer las relaciones y la jerarquía de los factores que determinan la variación de los sonidos del habla.
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se evalúa el peso comparativo de cada uno. Los datos analizados de este modo muestran que, por su influencia en la distribución de F1 y F2, las posiciones jerárquicas más altas las ocupa, en términos generales, la cantidad fonológica (Švageris 2024)2. No obstante, esta conclusión pierde fuerza probatoria cuando los subgrupos articulatorios de vocales se analizan por separado. Cuando el centro del análisis pasa a ser el de las vocales posteriores, el factor de las consonantes oclusivas desplaza de la posición dominante a la longitud fonológica de las vocales. Esto significa que, sin agrupar los datos, del conjunto general de la distribución formántica pueden distinguirse con mayor probabilidad las oclusivas sordas [p], [k] y [t] adyacentes a las vocales [ɑː / ɛ] y [uː / ʊ]. Más concretamente, el mayor cambio cualitativo en el espectro de la vocal posterior baja [ɑː / ɛ] lo determina la articulación de la consonante oclusiva bilabial (p[ɑː / ɛ]p se distingue con gran claridad de las variantes k[ɑː / ɛ]k y t[ɑː / ɛ]t por el descenso de F2, de 200 Hz en promedio). El espectro cualitativo de la vocal posterior alta [uː / ʊ] se separa más de las demás variantes posicionales cuando aparece rodeado por la [t] dental anterior de la lengua (F2 se eleva en los mismos 200 Hz de promedio; este fenómeno también debe considerarse una universalidad fonética; véase Hillenbrand et al. 2001). También cuentan con una sólida base estadística varias otras correlaciones: entre la apertura vocálica y el acento de frase (cuanto más abierta es la vocal, más depende la estructura formántica de su posición con respecto al acento de frase); entre la anterioridad / altura vocálica y la cantidad fonológica (cuanto más anterior y más alta es la vocal, con mayor claridad los formantes distinguen sus variantes breves y largas); y entre la tensión articulatoria y el peso del factor de los locutores (cuanto más tensa es la articulación de la voz y más alejada del centro del espectro acústico, más altas son las posiciones que ocupa el factor de los locutores en la cadena jerárquica). Conservan asimismo un valor añadido duradero los casos observados de acción unidireccional de los factores. Al parecer, la labialización de las vocales abiertas entre consonantes labiales es orgánicamente compatible con las diferencias de apertura de [ɑː / ɛ] implicadas por el acento de frase. Distinto es el caso de la relación entre este último factor y la cantidad fonológica, pues, como muestran los datos, su influencia no puede aumentar paralelamente: al aumentar la influencia del primero, la del segundo disminuye tendencialmente al mismo tiempo (lo que significa que sus direcciones de acción no son compatibles).
Para poder comparar los datos más recientes con los anteriores, es necesario atenerse a una selección estricta de los datos empíricos. Esto se aplica ante todo a los locutores. Si en esta etapa de la investigación se grabaran otros locutores, naturalmente habría que eliminar este factor del análisis (pues los datos no podrían compararse directamente). Por esta razón, para registrar el material adicional se invitó a los mismos hombres de 38 años (D1) y 20 años (D2), que pueden considerarse representantes adecuados del subestándar del lituano estándar (Miliūnaitė 2018: 53). Recordemos que para el análisis se eligieron combinaciones ternarias de tipo CVC con las llamadas vocales «extremas» (en inglés corner vowels), [iː / ɪ], [uː / ʊ] y [ɑː / ɛ], que representan las posiciones linguales más alejadas de la neutral (Titze 2000: 162–163). En total, con las consonantes oclusivas [p], [t], [k], [b], [d], [g] y las vocales breves [ɪ], [ʊ] y [ɛ], así como las largas [iː], [uː] y [ɑː], se formaron 36 combinaciones, con las que se construyeron frases breves de tres palabras (por ejemplo: «tark KAK taip»; «tark BŪB taip»). Al variarlas adicionalmente según los demás factores analizados (la posición de las combinaciones respecto al acento de frase, se prepararon para la grabación 108 diapositivas, que se pidió a ambos locutores leer veinte veces cada una (cinco por sesión). En total se registraron 4320 casos.
2 Aquí debe subrayarse que se entiende la similitud relativa de la cantidad fonológica, basada en cálculos estadísticos, con respecto a los tres factores restantes (acento de frase, consonantes oclusivas sordas y locutores). Al aumentar el número de factores analizados, naturalmente puede cambiar su disposición jerárquica.
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(posición de las combinaciones con respecto al acento de frase), se prepararon para la grabación 108 diapositivas, que se pidió a ambos locutores leer veinte veces cada una (cinco por sesión). En total se registraron 4320 casos. Las grabaciones se realizaron en el laboratorio de fonética de la Universidad de Vilna con equipo profesional, respetando los requisitos habituales para este tipo de experimentos. Todas las combinaciones grabadas se recortaron, anotaron y procesaron con el programa de análisis de sonido Praat. Mediante un guion especial de este programa se extrajeron automáticamente los datos necesarios para la investigación: los valores (en hercios) de los tres primeros formantes (F1, F2, F3) de las partes centrales de las vocales, con los que posteriormente se realizaron los cálculos del análisis de varianza bifactorial (TWO-WAY ANOVA, Rietvel, van Hout 2005). En primer lugar, mediante este modelo estadístico se evaluó la capacidad del factor de sonoridad consonántica para diferenciar los datos en términos generales, es decir, cuando los datos empíricos no se agrupan de ningún modo según otros factores (estos resultados se ilustran en gráficos tridimensionales). Después, al crear condiciones de competencia directa (cuando se intercambian los factores competidores), mediante el mismo modelo se calcularon para cada tipo articulatorio de vocal cadenas jerárquicas de factores. En esta ocasión, la compatibilidad de los factores se analizó con recursos gráficos adicionales. En este caso no solo se calculó cuántas veces los factores superaban a los demás (en términos porcentuales), sino que también se registraron los casos en que, pese a la superioridad de uno de ellos, los datos se diferenciaban correctamente según ambos factores directamente competidores. Si en ambos casos de comparación no se supera el umbral crítico p = 0,05, se considera que la influencia de ambos factores sobre el espectro de frecuencias es compatible. También se ilustraron mediante recursos gráficos adicionales las direcciones de acción de los factores (tomando como punto de referencia condicional la vocal neutra šva). Estos datos gráficos se presentan para detallar al máximo los desplazamientos dinámicos de los formantes y relacionarlos con mayor claridad con los cambios articulatorios de las vocales (para todos los demás detalles de la metodología de investigación, véase Švageris 2024; Švageris, Urbanavičienė 2024).
3. Resultados de la investigación. Influencia de la sonoridad consonántica en la distribución de los formantes de la vocal posterior baja [ɑː/ɑ]
Lo óptimo es comenzar el análisis factorial con la cuestión de cuál es la probabilidad estadística de distinguir, en el conjunto general de datos (1440 casos en total), las variantes cualitativas [ɑː / ɑ] situadas entre consonantes oclusivas sonoras y las situadas entre oclusivas sordas. Naturalmente, sin una agrupación más detallada de los datos, se resiente la homogeneidad (integridad) de las muestras comparadas y disminuye la fiabilidad de los resultados estadísticos. No obstante, a juzgar por la distribución gráfica general de los datos (véase el diagrama 1) y por la estimación probabilística calculada (p = 1,72765E−12), parece haber fundamento suficiente para considerar que el factor de sonoridad consonántica contribuye considerablemente a diferenciar el espectro cualitativo de las vocales posteriores bajas. Aunque en el espacio gráfico tridimensional podrían observarse diferencias en ambos formantes, los valores medios indican claramente que las variantes vocálicas posicionales de este tipo se distinguen únicamente por el primer formante (entre las sordas: F1 = 714 Hz, F2 = 1298 Hz; entre las sonoras: F1 = 634 Hz, F2 = 1283 Hz; diferencia ~ 80 Hz). En esencia, se confirma la universalidad fonética señalada en la introducción del artículo (descenso adicional de la laringe para activar la fonación → descenso de F1). También habría que añadir que los resultados de estudios análogos en otras lenguas suponían para las vocales posteriores una influencia mucho menor
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y, en principio, carente de significación estadística de este factor (las diferencias del primer formante apenas alcanzaban 15–20 Hz; Hillenbrand et al. 2001).
Diagrama 1. Distribución de los dos primeros formantes de las vocales posteriores bajas [ɑː / ɛ] según el factor de sonoridad consonántica (p = 1,72765E−12)³
Además, pese a la tendencia sugerida por los cálculos estadísticos, llama la atención otro detalle de la dispersión gráfica de los datos. Se observan errores desiguales en la variación de los formantes, que los valores medios no reflejan. La sordez de las consonantes (elipse roja) parece limitar en cierta medida los desplazamientos de F2 de [ɑː / ɛ] en el espectro. De ello se desprende lógicamente la hipótesis de que la articulación de las consonantes oclusivas sordas, considerada tradicionalmente más tensa (Pickett 1999: 125), correlaciona en estos casos con una menor movilidad de la posición horizontal de la lengua, mientras que la región glotal ensanchada (el descenso general de F1) en las combinaciones con consonantes sonoras abre el camino a cambios algo mayores de F2 de las vocales.
La dirección de acción del factor de sordez-sonoridad y, lo que es más importante, su correlación con los vectores correspondientes de otros factores puede observarse en el diagrama 2. Los puntos situados en este último (valores de F1 y F2) ilustran las mayores diferencias cualitativas registradas en las vocales del grupo examinado con respecto a cada uno de los factores. Por ejemplo, según el factor de los locutores, se distinguieron con la estimación estadística más alta (p = 1,6E−14) las vocales largas postónicas [ɑː] en combinación con las dentales sonoras [d]. Las medias formánticas de este caso concreto también aparecen en el diagrama (D1 F1 = 614 Hz, F2 = 1414 Hz: D2 F1 = 672, F2 = 1173 Hz). Siguiendo el mismo principio, se dispusieron también los puntos análogos de los demás factores. Este enfoque analítico de los datos crea una impresión visual de los límites de variación de las características espectrales que las variantes posicionales [ɑː / ɛ] pueden alcanzar cuando los factores actúan con la máxima fuerza (extrayendo la mayor probabilidad estadística de diferencia).
³ Entre las consonantes sordas: la elipse roja; entre las sonoras: la azul (conjunto general de datos).
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cuando los factores actúan con la máxima fuerza (obteniéndose la mayor probabilidad estadística de diferencia).
Diagrama 2. Direcciones potenciales de acción de los factores (espacio espectral de [ɑ: / e])
Tomando como punto de referencia convencional las dos primeras formantes de la vocal neutra šva (F1 = 500 Hz, F2 = 1500 Hz; punto negro grande en el diagrama), el efecto de los factores sobre el espectro cualitativo de las vocales puede evaluarse desde la perspectiva de la (falta de) tensión articulatoria (desplazamiento de F1 y F2 desde/hacia el centro del espectro acústico). Desde este punto de vista, el factor del entorno consonántico se distingue con mayor claridad: diferencia el espectro en el mayor grado (p = 1E-28), esencialmente solo según el eje de ordenadas y (debido a la marcada labialización en las combinaciones con consonantes labiales), mientras que todos los demás factores actúan casi en una única dirección de (des)centralización. Si todo el estudio se limitara a este material gráfico, podría constatarse que, en estos pares, algunos de sus miembros se articulan simplemente con menor intensidad (con menor tensión). Es natural que, en la dirección de la centralización, las variantes vocálicas breves se desplacen más que las largas; lo inesperado es que su mayor diferencia estadística (p = 2,1E-22) se haya establecido en la posición postónica, en una combinación con consonantes velares sonoras (D2, medias: g[ɑ:]g F1 = 591 Hz, F2 = 1332 Hz; g[ɑ:]g F1 = 667 Hz; F2 = 1166 Hz). En consecuencia, las vocales situadas entre consonantes sonoras se alejan más del centro del espectro (p = 1E-14) que las situadas entre consonantes sordas (D2; posición postónica; medias: k[ɑ:]k F1 = 629 Hz, F2 = 1326 Hz; g[ɑ:]g F1 = 667 Hz, F2 = 1164 Hz). También se observa una diferencia acústica del mismo tipo (p = 1,6E-14) entre los locutores (posición postónica, largas d[ɑ:]d; medias: D1 F1 = 614
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Hz, F2 = 1414 Hz; D2 F1 = 672 Hz, F2 = 1173 Hz), y entre las posiciones respecto al acento de frase (p = 7E-18; D2, largas k[aː]k; medias: tónicas F1 = 782 Hz, F2 = 1228 Hz; postónicas F1 = 629 Hz, F2 = 1326 Hz). Es cierto que la expresión espectral y el peso estadístico de todas estas diferencias no se correlacionan. La potencia estadística de la cantidad fonológica y del tipo articulatorio de las consonantes es mayor que la de todos los demás factores, pero esta ventaja no siempre va acompañada de la mayor distancia gráfica entre los puntos. De nuevo, este plano gráfico es solo una ilustración de las diferencias más marcadas. No debe olvidarse que, en ocasiones, los indicadores acústicos diferían poco o no diferían en absoluto según todos estos factores, por lo que la informatividad de estos datos no es absoluta. Cada realización fonética de una vocal es el resultado, de un modo u otro, de la interacción de TODOS los factores; por ello, el valor añadido de este diagrama consiste únicamente en poner de relieve sus posibles direcciones de acción. De lo anterior debería desprenderse la posibilidad de compatibilizar la influencia de los factores sobre la estructura formántica de las vocales.
El análisis de la competencia directa entre los factores también confirma la posición dominante de las consonantes. El triple aumento de los datos, considerado en su conjunto, no debilita el efecto labializante de [p] y [b] (descenso de F2) sobre las vocales posteriores bajas más abiertas. Al aumentar de 16 a 44 el número de pares comparados directamente en este aspecto, la expresión porcentual de la superioridad de este factor frente a los demás siguió siendo la mayor (79 por ciento; véase el diagrama 3). Esto significa que, en casi cuatro de cada cinco casos, al analizar los datos mixtos puede determinarse con bastante fiabilidad entre qué consonantes oclusivas (más exactamente, entre labiales o no labiales) se encuentran las vocales del subgrupo [ɑː / ɛ]. Esto también queda claramente demostrado por las medias del conjunto de datos ([p]/[b] F1 = 689 Hz, F2 = 1178 Hz, [t]/[d] F1 = 675 Hz, F2 = 1337; [k]/[g] F1 = 675 Hz, F2 = 1357 Hz; probabilidad de interacción enorme p = 1,8E−122). Todo este conjunto de indicadores muestra que, en el caso más general, el factor consonántico ocupa claramente la posición más alta por su influencia sobre la estructura formántica de las vocales posteriores bajas.
Las posiciones jerárquicas de los factores restantes son mucho más problemáticas. Es evidente que el aumento del volumen de datos reforzó la potencia del factor de los locutores. Al parecer, las combinaciones vocálicas con consonantes sonoras (frente a las sordas) ofrecen un entorno más favorable para la articulación individual. Quizá no sea casualidad que las direcciones de acción de estos dos últimos factores sean muy similares (véase el diagrama 2). Cuando solo se compararon cuatro factores (Švageris 2024), era bastante difícil distinguir un locutor de otro a partir de la distribución de las dos primeras formantes (apenas un 23 por ciento), mientras que ahora esta probabilidad es el doble (55 por ciento). Las medias generales (sin consonantes sonoras – D1 F1 = 736 Hz F2 = 1326 Hz; D2 F1 = 692 Hz F2 = 1269 Hz; con consonantes sonoras D1 F1 = 682 Hz F2 = 1340 Hz; D2 F1 = 672 F2 = 1239 Hz) sugieren que el espacio para la articulación individual se amplió por dos razones: por el efecto más intenso de las consonantes sonoras en la región glotal de D1 (descenso de F1) y, probablemente, por la labialización de D2 intensificada en estas condiciones (descenso más marcado de F2). El probable debilitamiento de las posiciones del acento de frase es consecuencia del aumento de la potencia de los factores de sonoridad consonántica y de los locutores. El criterio de cantidad fonológica sigue siendo el más débil en todo este contexto. La probabilidad de distinguir las [ɛ] breves de las [ɑː] largas es la menor (38 por ciento), aunque, para ser precisos, cabe decir que el retraso de este factor respecto de los factores del acento de frase y de la sonoridad probablemente no supera los límites del error estándar.
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Diagrama 3. Potencia relativa de los factores en condiciones de competencia directa ([αː / ɛ] diferenciación de F1 y F2)
Por tanto, debe constatarse que una separación más marcada se forma únicamente entre el tipo articulatorio de las consonantes y todos los factores restantes (la diferenciación de los locutores es algo más significativa); según los resultados del análisis de la competencia directa, puede establecerse la siguiente cadena jerárquica (de mayor a menor fuerza): lugar de articulación de las consonantes → locutores → acento de frase → sonoridad → cantidad fonológica.
Es posible concretar algo más todas las ideas expuestas basándose en los resultados del análisis de compatibilidad de los factores (véase el diagrama 4). Cabe recordar que, en este caso, se evalúa si el intercambio de posiciones entre los factores se convierte en un obstáculo para que ambos lados opuestos clasifiquen los datos con un nivel estadístico suficientemente alto (cuando p <0,05). Si, por ejemplo, la falta de separación entre vocales largas y breves (su inclusión en una muestra común) no impidió distinguir fiablemente D1 de D2 según la distribución de F1 y F2, y si, al mismo tiempo, la falta de separación entre locutores no impidió diferenciar las vocales también según el criterio de cantidad fonológica, se considera que la acción de los factores es compatible. Puesto que son numerosos los contextos fonéticos en los que se comparan estos aspectos, puede calcularse sencillamente cuántas veces los datos se separaron fiablemente según ambos factores que compiten directamente y cuántas veces solo según uno de ellos. El espacio gráfico (véase el diagrama 4) refleja la expresión porcentual de esta relación: cuanto mayor es el porcentaje, mayor es el número de casos en los que, desde el punto de vista estadístico, la influencia de los distintos factores fue compatible. Así se puede saber si las posiciones jerárquicas altas/bajas de los factores encuentran algún reflejo en su tendencia a coordinar mutuamente su potencia. Dicho sencillamente, se estudia si, en condiciones experimentales especiales, ambos factores son fuertes o solo uno de ellos. Si es más frecuente el primer escenario, se plantea la cuestión de cuáles de los factores tienen potencial para formar estos pares «coherentes». De este modo se complementan las tendencias observadas en el análisis gráfico de las direcciones de acción de los factores.
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Diagrama 4. Compatibilidad de los factores (espacio espectral de [ɑː / ɛ])
El espacio gráfico de este tipo está bastante ampliamente ocupado (la zona oscura cubre una gran superficie del radar). Cuanto mayor es el porcentaje de compatibilidad, mayor es el área cubierta. Esto debería sugerir que el espacio espectral/la movilidad articulatoria de la vocal posterior baja es bastante favorable para coordinar la influencia de los factores. Se hace evidente que la posición jerárquica más alta del factor del entorno consonántico va acompañada de la mayor puntuación de compatibilidad (la media general alcanza el 77 por ciento). Surge la idea de que, al menos en estos casos, la influencia del factor lingüístico sobre la distribución de F1 y F2 depende de su potencial para interactuar (actuar en las mismas direcciones de diferenciación) con otros factores. La oposición más marcada a este respecto la forman los locutores, pues su compatibilidad es del nivel más bajo (54 por ciento). Esta separación no debería sorprender, ya que ambos factores difieren por naturaleza: la articulación de las consonantes está directamente condicionada, en lo esencial, por el sistema lingüístico (criterio objetivo), mientras que la pronunciación individual depende de la elección del hablante y de unas u otras circunstancias lingüísticas (criterio subjetivo). Estos últimos datos gráficos rehabilitan en cierta medida las posiciones del acento de frase (64 por ciento) y de la cantidad fonológica (69 por ciento). Aunque, por su potencia absoluta, estos factores no pueden igualar al tipo articulatorio de las consonantes ni a los locutores, su potencial para adaptarse a otros factores aumenta ligeramente su peso relativo. El panorama de la sonoridad consonántica se interpreta de manera muy similar (64 por ciento). Como orientación, puede señalarse que, en este contexto, los factores menos compatibles son la sonoridad y los locutores (39 por ciento), y los más compatibles, la sonoridad y las consonantes (83 por ciento).
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4. Influencia de la sonoridad consonántica en la distribución de las formantes de la vocal alta anterior [iː / ɪ]
Se presenta un panorama completamente distinto cuando, desde las mismas perspectivas, se observa la realización espectral de las vocales altas anteriores y las relaciones entre los factores que la influyen directamente. Sin agrupar cuidadosamente los datos, no hay ninguna posibilidad (p = 0,16) de determinar si las consonantes oclusivas adyacentes a estas vocales son sonoras o sordas. Naturalmente, se trata del conjunto general de datos, en el que una influencia de menor grado sobre la distribución F1–F2 puede no hacerse visible (medias generales: [iː / ɪ] entre sordas – F1 = 360 Hz, F2 = 2133 Hz, [iː / ɪ] entre sonoras F1 = 359 Hz, F2 = 2104 Hz). Sin embargo, se aplicaron los mismos criterios en el análisis de la vocal posterior baja, y allí se observó una diferenciación de los datos completamente distinta (véase el diagrama 1). Esta es probablemente la primera señal de advertencia de que, al desplazarse las vocales hacia la serie anterior y alcanzar una elevación alta, el factor de sonoridad pierde esencialmente su potencia. Esta conclusión sería algo inesperada, pues el efecto de este factor registrado por investigadores extranjeros (descenso de F1) se producía precisamente en las vocales anteriores (Hillenbrand y cols. 2001).
Diagrama 5. Distribución de las dos primeras formantes de las vocales altas anteriores [iː / ɪ] según el factor de sonoridad consonántica (p = 0,16)⁴
Lo mismo sugieren las escalas del plano gráfico destinado a ilustrar las posibles direcciones de acción de los factores (véase el diagrama 6). Dominan claramente los factores de cantidad fonológica y de los locutores, que destacan del contexto general tanto por su mayor probabilidad estadística como por la distancia gráfica. Por la dirección vectorial, vuelve a separarse ligeramente de los demás el factor del entorno consonántico
⁴ Entre las consonantes sordas, la elipse roja; entre las sonoras, la azul (conjunto general de datos).
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el factor, que esta vez, debido a la articulación (no)palatal, extrae diferencias únicamente en la segunda formante (D2, posición preacentual, vocales breves, entorno de consonantes sonoras – medias: b[ɫ]b F1 = 415 Hz, F2 = 1654 Hz; d[ʲ]d F1 = 419 Hz, F2 = 1701 Hz; g[ʲ]g F1 = 398 Hz, F2 = 2041 Hz; p = 4E−38). La variación espectral implicada por todos los demás factores coincide, en principio, con el eje de (de)centralización. Desde este punto de vista, la diferencia acústica entre vocales largas y breves es la que menos dudas plantea. Es interesante que el mayor indicador estadístico se haya registrado de nuevo en la posición débil de la frase (D2, posición preacentual – medias: d[ʲ]d F1 = 419 Hz, F2 = 1701 Hz; d[ʲː]d 302 Hz, F2 = 2420 Hz; p = 1,03E−61). Esta circunstancia fáctica reproduce las posiciones jerárquicas débiles del acento de frase establecidas anteriormente respecto a su influencia sobre la estructura formántica de las vocales de este grupo (Švageris 2024). El factor de los locutores tampoco queda muy atrás (posición postónica, breves, combinaciones con consonantes labiales sonoras b[ɫ]b – medias D1 F1 = 348 Hz, F2 = 2048 Hz; D2 F1 = 451 Hz, F2 = 1596 Hz; p = 5E−44). Se articulan con menor fuerza las vocales situadas entre consonantes sonoras (D2, posición tónica, breves, g[ʲ]g – medias: F1 = 463 Hz, F2 = 1731 Hz), y no entre sordas (respectivamente, F1 = 448 Hz, F2 = 1831 Hz, p = 7E−08) y, como es comprensible, las vocales situadas en la posición débil de la frase (D2, breves, p[ʲ]p – medias: preacentuales F1 = 413 Hz, F2 = 1695 Hz, tónicas F1 = 422 Hz, F2 = 1833 Hz, postónicas F1 = 446 Hz, F2 = 1558 Hz; p = 6E−22). Entre los detalles observados también podría señalarse que, respecto de la vocal neutra, las posiciones de los puntos se intercambian en algunos lugares según el criterio de sonoridad consonántica: en el plano espectral de [α / ɐ], las vocales situadas entre consonantes sordas estaban más cerca de šva, mientras que en este caso ocurre lo contrario. En qué medida esto es regular podrá decirse objetivamente en el párrafo siguiente, pero, por ahora, este cambio constituye un indicio de la falta de autonomía del factor de sonoridad.
Diagrama 6. Posibles direcciones de acción de los factores (en el espacio espectral de [iː / ɪ])
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Los resultados del análisis de la competencia directa entre los factores aportan aún más fundamento a todas estas ideas (véase el diagrama 7). No cabe duda de que, en general, a partir de la distribución de las dos primeras formantes en el espectro pueden distinguirse con la mayor probabilidad estadística las variantes largas de las vocales de este subgrupo frente a las breves. La posición jerárquica más alta de la cantidad fonológica es más que evidente (95 por ciento). Las medias generales tampoco cambian mucho (sin el factor de sonoridad: largas [iː] F1 = 325 Hz, F2 = 2318 Hz; breves [ɪ] F1 = 393 Hz, F2 = 1958 Hz; con el factor de sonoridad: largas [iː] F1 = 320 Hz, F2 = 2307 Hz; breves [ɪ] F1 = 400 Hz, F2 = 1935 Hz). La inclusión del factor de sonoridad consonántica en el análisis parece actuar como catalizador. Aunque no posee una potencia significativa (11 por ciento), este factor crea espacio adicional para que se fortalezcan los factores restantes (lugar de articulación de las consonantes 31% → 40%, locutores 47% → 65%, acento de frase 6% → 29%). Al comparar la jerarquía visible en este diagrama con la establecida en la etapa anterior del estudio (naturalmente, sin el factor de sonoridad; Švageris 2024), puede constatarse que ambas se reproducen mutuamente. Los factores que diferencian el espectro cualitativo de las vocales posteriores bajas formaban, según el índice de potencia, dos bloques más marcados: el tipo articulatorio de las consonantes oclusivas y todos los demás; en este caso, la jerarquía es más clara y coherente. Dicho de otro modo, se constata una serie de factores que se debilitan gradualmente. Esta constituye un argumento sólido para repetir las correlaciones formuladas anteriormente: al aumentar la tensión articulatoria en la dirección de la anteriorización/el cierre, aumenta el peso estadístico de la diferenciación cualitativa según la longitud fonológica y los locutores (cuanto más tensa es la vocal, más favorables son las condiciones para la articulación individual). También se había dicho que la elevación alta de las vocales constituye un obstáculo serio para reflejar mediante las características espectrales las posiciones de los sonidos estudiados respecto al acento de frase. Como muestran los datos, ninguna de estas dos tendencias ha cambiado esencialmente (la potencia del acento de frase en condiciones de competencia directa apenas alcanza el 29 por ciento).
Es difícil decir por qué la posición del factor de sonoridad es tan débil. Por ahora, sugeriría que la influencia del factor de sonoridad consonántica sobre la distribución de F1 y F2 es inversamente proporcional a la anterioridad de las vocales: a medida que la vocal se anterioriza, disminuye. Es evidente que, en muchos casos, el peso estadístico de las diferencias está determinado por la segunda formante, la resonancia de la cavidad oral. Cuando las diferencias de F2 son tan grandes, las variaciones de F1, mucho menores, determinadas en la región glotal por la oposición entre sordez y sonoridad, quizá ya no se registren mediante procedimientos estadísticos. Por otra parte, esto debería ser un indicio objetivo de que, en conjunto, carecen de importancia. Por tanto, teniendo todo esto en cuenta, puede establecerse la siguiente cadena jerárquica: cantidad fonológica → locutores → lugar de articulación de las consonantes → acento de frase → sonoridad.
El diagrama que ilustra la compatibilidad de los factores también revela aspectos importantes. En primer lugar, al compararlo con el material gráfico correspondiente de la vocal [ɑː / ɛ] (véase el diagrama 4), se observa que la zona gris cubre una superficie del radar mucho menor. Esto significa que la articulación de [iː / ɪ] no es tan favorable para coordinar los factores. El factor que más difícilmente se combina con los demás es el de la sonoridad (su media es del 36 por ciento). Si antes se había supuesto que un bajo porcentaje de compatibilidad podía expresar una gran potencia del factor, esta vez hay que extraer la conclusión contraria. Al enlazar en una sola cadena lógica los resultados del análisis de la competencia directa entre los factores y los datos de este diagrama,
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debe constatarse una vez más que los demás factores prácticamente no dejan espacio para una realización espectral diferenciada de [iː / i] según el criterio de sordez y sonoridad de las consonantes. Al parecer, esto solo puede ser una cuestión de casos y posiciones aislados, que de ningún modo determina la distribución general de los dominios espectrales.
Diagrama 7. Potencia relativa de los factores en condiciones de competencia directa ([iː / i] diferenciación de F1 y F2)
Diagrama 8. Compatibilidad de los factores (espacio espectral de [iː / i])
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Además, cabe concluir que la compatibilidad de un factor y su potencia efectiva no se correlacionan directamente. Para comprender mejor esta relación, es necesario profundizar aún más en la dinámica articulatoria y espectral de las vocales (en otras palabras, pasar al nivel de la microarticulación). El menor obstáculo para que los demás factores produzcan diferencias de F1 y F2 lo ofrecen las consonantes oclusivas. La combinación más orgánica desde este punto de vista es la de consonantes y acento de frase (la compatibilidad de este par es del 75 por ciento), mientras que lo más difícil es distinguir las oclusivas velares de las no velares sin agrupar los datos según los locutores (55 por ciento). Es cierto que los índices generales de compatibilidad de los factores de cantidad fonológica y de los locutores, que ocupan las posiciones jerárquicas más altas, son similares (46 por ciento y 40 por ciento, respectivamente). El acento de frase ocupa una posición intermedia según este indicador (52 por ciento).
5. Influencia de la sonoridad consonántica en la distribución de las formantes de la vocal alta posterior [uː / ʊ]
Finalmente, las características espectrales de la vocal alta posterior [uː / ʊ], por sus relaciones con la sonoridad y la sordez de las consonantes oclusivas, parecen ocupar una posición intermedia entre las dos vocales examinadas anteriormente. La separación que divide el conjunto general de datos en dos grupos según este criterio posee una base estadística tangible (p = 1,95E−07), pero las medias (entre sordas: F1 = 372, F2 = 885 Hz; entre sonoras: F1 = 387, F2 = 1019 Hz) no muestran ninguna relación articulatoria con la región glotal (F1 permanece esencialmente estable). El peso estadístico de la diferencia corresponde a la segunda formante (diferencia de ~ 100 Hz), que sugiere una dinámica configuracional de la parte anterior de la cavidad oral. Las desviaciones generales muestran claramente que las consonantes sonoras (como en el caso de las vocales posteriores bajas) se convierten en un estímulo adicional para desplazamientos linguales más libres en el eje horizontal. Además, si la superposición de las elipses en el espacio tridimensional no es simplemente una casualidad o una consecuencia de la heterogeneidad de los datos empíricos (aunque, en teoría, una gran cantidad de datos debería reducir esta probabilidad), habría que afirmar lo contrario de lo que sugiere el discurso teórico: las vocales de este grupo pueden alcanzar valores de F1 más bajos con mayor frecuencia junto a consonantes oclusivas sordas (¡y no sonoras!). Así pues, aunque se ha obtenido un resultado favorable a la realización diferenciada de los datos, su interpretación sigue siendo por ahora bastante problemática.
Las direcciones de acción de los factores en el espacio espectral de [uː / ʊ] son quizá las más confusas. Ya no basta con apoyarse únicamente en el vector de (de)centralización y hay que constatar una dispersión de los datos mucho más polifacética (más exactamente, multidireccional). Puesto que las escalas de ambos ejes tienen pasos («incrementos») iguales (cada 100 Hz), puede comprobarse fácilmente que las variantes vocálicas posicionales difieren más respecto al eje de ordenadas (F2). Por el tamaño de los vectores y su peso estadístico, destacan de los demás los factores del lugar de articulación de las consonantes y de la cantidad fonológica. Sus direcciones de acción, al menos según este material gráfico, no coinciden claramente. El vector del primero de ellos ilustra un universal fonético, pues reproduce lo señalado por investigadores extranjeros: un marcado ascenso de F2 junto a consonantes oclusivas dentales anteriores. El mayor contraste de este tipo (p = 1E−60) se registró en la posición anterior entre consonantes sonoras (D2, vocales breves – medias: g[ʊ]g F1 = 397 Hz, F2 = 1022 H; b[ʊ]b F1 = 413, F2 = 943 Hz; d[ʊ]d F1 = 403 Hz, F2 = 1394 Hz).
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Diagrama 9. Distribución de las dos primeras formantes de las vocales altas posteriores [u / ɔ] según el factor de sonoridad consonántica (p = 1,95E-07)⁵
Diagrama 10. Posibles direcciones de acción de los factores (en el espacio espectral de [u: / ɔ])
⁵ Entre las consonantes sordas, la elipse roja; entre las sonoras, la azul (conjunto general de datos).
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La cantidad fonológica desplaza de manera bastante regular las variantes breves de estas vocales hacia el epicentro del espectro (D2, posición preacentual, entorno de consonantes oclusivas dentales sonoras – medias: d[ʉ̯]d F1 = 403 Hz, F2 = 1394 Hz; d[u̟]d F1 = 329 Hz, F2 = 712 Hz; p = 4E–45). Es bastante inusual que el factor del acento de frase no siga el mismo vector y, al parecer, se someta a la influencia de las consonantes (D2, breves, entorno de consonantes oclusivas dentales sonoras – medias: preacentuales F1 = 403 Hz, F2 = 1394 Hz; tónicas F1 = 459 Hz, F2 = 1293 Hz; postónicas F1 = 431 Hz, F2 = 1290 Hz; p = 3E–20). Las diferencias de articulación individual adquieren rasgos de tendencia. Al comparar los vectores correspondientes de las tres vocales, puede observarse que D1 tiende, en el caso general, a centralizar ligeramente las vocales bajas, mientras que D2 tiende a centralizar las altas. Esta última regularidad también queda ilustrada por el gráfico de este capítulo (posición postónica, vocales breves, entorno de consonantes oclusivas labiales sordas – medias: D1 F1 = 370 Hz, F2 = 671 Hz; D2 F1 = 399 Hz, F2 = 883 Hz; p = 5E−19). En cambio, el desplazamiento espectral irregular según el criterio de sonoridad probablemente atestigua la falta de autonomía del propio factor. El descenso esperado de F1 se registra en las vocales situadas junto a consonantes sordas, mientras que la significación estadística de la diferencia está determinada esencialmente por un marcado ascenso de F2 (D1, posición postónica, vocales breves – medias: t[ʉ̯]t F1 = 345 Hz, F2 = 973 Hz; d[ʉ̯]d F1 = 372 Hz, F2 = 1268 Hz). Conviene observar que en las oposiciones más marcadas (es decir, las que presentan mayor significación estadística), según los factores del acento de frase, la sonoridad y la cantidad figuraban consonantes dentales; por tanto, no puede descartarse la influencia de las consonantes sobre la propia dirección vectorial. No debe olvidarse que todas estas direcciones de acción de los factores son meramente orientativas: ilustran el efecto máximo de estos sobre la estructura formántica de la vocal [uː / ʊ]. Los factores están constantemente vinculados por relaciones jerárquicas, por lo que los vectores que se destacan en este gráfico probablemente se ven fuertemente corregidos por su mecanismo interactivo (en principio, no pueden actuar de forma aislada, independientemente unos de otros).
Diagrama 11. Potencia relativa de los factores en condiciones de competencia directa ([uː / ʊ] diferenciación de F1 y F2)
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Al competir directamente entre sí, todos los factores examinados se posicionan con bastante claridad unos respecto de otros (véase el diagrama 11). A primera vista, parecería que se repite el escenario observado en la sección correspondiente a [iː / i], es decir, que, al añadir el factor de sonoridad al conjunto de componentes, este no adquiere un estatus de autonomía ni un poder tangible, pero amplía el espacio articulatorio-espectral para que los demás factores actúen con mayor fuerza. Sin embargo, impide asumirlo su posición jerárquica, que no es la más baja. Según este criterio, el más débil es el acento de frase, que contribuyó en menor medida a la distribución de F1 y F2 también cuando solo se analizaron cuatro factores (el cambio es pequeño: 18% → 20%; Švageris 2024). El poder de la universalidad fonética (entorno de consonantes dentales → elevación de F2 de [uː / ʊ]) sigue siendo incuestionable (75%) y resulta completamente irrelevante si la sonoridad de las consonantes figura en este plano dinámico (promedios generales: entorno de consonantes velares – F1 = 376 Hz, F2 = 803 Hz; labiales – F1 = 383 Hz, F2 = 756 Hz; dentales – F1 = 375 Hz, F2 = 1012 Hz; p = 2,63E-83) o no (respectivamente, entorno de consonantes velares – F1 = 373 Hz, F2 = 770 Hz; labiales – F1 = 371 Hz, F2 = 729 Hz; dentales – F1 = 363 Hz, F2 = 956 Hz; p = 5,05E-51). Al menos los valores medios atestiguan que el nuevo factor se convirtió en un estímulo adicional para reforzar el efecto de anteriorización de las vocales altas posteriores entre las consonantes dentales. En comparación con los datos del estudio anterior, las posiciones del factor de cantidad se fortalecen en cierta medida (57% → 71%). Este cambio permite afirmar con mayor fundamento que la influencia de la longitud fonológica en la distribución de los dos primeros formantes correlaciona con el desplazamiento de las vocales hacia la serie anterior y la elevación alta. Cabe pensar que, al elevarse aún más F2 entre las consonantes dentales sonoras (en el caso más general, 956 Hz → 1012 Hz), se amplió el espacio para la diferenciación espectral de estas vocales según la cantidad. Se mantiene estable la posición de los locutores. Aunque, naturalmente, este factor no puede igualar en poder de influencia ni a la longitud vocálica ni al tipo articulatorio de las consonantes oclusivas, su influencia conjunta en el espectro cualitativo sigue siendo bastante significativa (46%). La evaluación del índice de sonoridad consonántica es la más enigmática en este contexto. Todas las indicaciones anteriores sugerirían que una valoración relativamente alta de este tipo (35%) carece de una base más racional. Probablemente, como ya se ha mencionado, la resolución de esta cuestión requiere un análisis aún más detallado de los fenómenos de microarticulación. Por ahora solo puede decirse aproximadamente que, quizá al actuar en la misma dirección que otros factores (principalmente el factor consonántico y la cantidad fonológica), este factor conserva ciertas posiciones, y su influencia correlaciona con la serie posterior de las vocales: cuanto más se aleja de la serie anterior, más claramente se observa el efecto de la sonoridad-sordez en la distribución de F1 y F2. Solo cabe añadir que la disposición jerárquica de todos estos factores es la siguiente: lugar de articulación de las consonantes → cantidad fonológica → locutores → sonoridad → acento de frase.
El hecho de que la dinámica del espectro cualitativo de las vocales altas posteriores sea la más difícil de analizar queda bien ilustrado por el gráfico de compatibilidad de los factores (véase el diagrama 12). No cabe duda de que el espectro y la articulación de [uː / ʊ] constituyen el ámbito más problemático para coordinar los factores. Solo en casos muy poco frecuentes el porcentaje de compatibilidad supera el umbral del 50%. Los factores que muestran un potencial más visible para coordinar su poder son los de las consonantes y los locutores (67%), así como los de las consonantes y la cantidad (58%). Todas las demás parejas quedan por debajo del umbral del cincuenta por ciento. Por esta razón, el espacio gráfico parece muy vacío, y la zona oscura solo cubre una pequeña parte del radar.
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Si nos basáramos en los promedios generales, según el criterio de compatibilidad los factores se dispondrían en el siguiente orden: lugar de articulación de las consonantes (51%) → locutores (36%) → sonoridad (30%) → cantidad (28%) → acento de frase (24%). Es interesante que hubo casos en los que la compatibilidad no era posible en principio (la interacción entre la cantidad y el acento de frase equivale a cero desde este punto de vista). Probablemente, la especificidad articulatoria de este tipo de vocales desequilibra las relaciones interactivas, reforzando selectivamente el poder de determinados factores. Es cierto que, desde los puntos de vista teórico y práctico, resulta más pertinente la correlación recurrente entre el poder relativo del factor consonántico y la serie vocálica (cuanto más posterior es la vocal, con mayor claridad la estructura formántica distingue el tipo articulatorio de las consonantes oclusivas adyacentes), que los datos actuales confirman aún más claramente. No obstante, en el futuro habría que examinar con mayor profundidad todas las tendencias observadas.
Diagrama 12. Compatibilidad de los factores (espacio espectral de [uː / ʊ])
CONCLUSIONES
1. El material del estudio analizado permite establecer las siguientes cadenas jerárquicas de factores según el peso estadístico de su influencia en la estructura formántica de las vocales (de mayor a menor): [ɑː / e] – lugar de articulación de las consonantes → locutores → acento de frase → sonoridad → cantidad fonológica; [iː / ɪ] – cantidad fonológica → locutores → lugar de articulación de las consonantes → acento de frase → sonoridad; [uː / ʊ] – lugar de articulación de las consonantes → cantidad fonológica → locutores → sonoridad → acento de frase.
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2. La incorporación del nuevo factor de sonoridad al análisis no modificó esencialmente las correlaciones establecidas en las etapas anteriores del estudio. La influencia del tipo de consonantes oclusivas en la distribución de F1 y F2 siguió correlacionando con la serie vocálica (cuanto más posterior es la vocal, mayor es esta influencia); la de la cantidad fonológica, con la serie y la elevación vocálicas (cuanto más se aproxima la articulación al tipo de [i], más marcadas son las diferencias espectrales entre las vocales cortas y largas); y la del acento de frase, con la abertura vocálica (cuanto más abierta es la vocal, mayor es la influencia del factor prosódico). El poder relativo del propio factor de sonoridad de las consonantes parece depender del desplazamiento articulatorio de las vocales hacia la serie posterior (cuanto más marcado es este, más perceptibles son las diferencias formánticas determinadas por dicho factor).
3. Las posiciones débiles del factor de sonoridad en las cadenas jerárquicas suponen un bajo nivel de autonomía. Esta podría ser una de las causas de las diferencias bastante irregulares en la distribución de F1 y F2 según este factor. Los datos del lituano estándar no confirman la regularidad fonética atestiguada por los datos de otras lenguas: el descenso de F1 de las vocales anteriores en el entorno de consonantes sonoras. Esta hipótesis solo recibe apoyo parcial de los indicadores de las vocales bajas posteriores. Hay más motivos para pensar que, al ampliar el conjunto de datos y sin adquirir una influencia significativa, el factor de sonoridad amplía el espacio articulatorio-espectral para que los factores competidores actúen con mayor fuerza, por ejemplo, para acentuar la anteriorización de las vocales altas posteriores en posiciones entre consonantes oclusivas dentales. Es cierto que no puede descartarse la posible existencia de diferencias microarticulatorias entre las vocales asociadas con el factor examinado, cuya detección se ve obstaculizada por la influencia excesivamente grande de otros factores en el espectro cualitativo.
4. El análisis adicional de la compatibilidad de los factores reveló que el espacio espectral de la vocal posterior baja [ɑ] es el ámbito más favorable para coordinar la influencia de todos ellos. En otras palabras, cuanto más abierta es la vocal, más fácilmente se coordina la influencia de los factores que configuran su estructura formántica. Esto, entre otras cosas, debería significar que el espacio de variación de F1 y F2 de las vocales abiertas es el más amplio.
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Effects of Consonant Voicing on Vowel Formant Distribution in Standard Lithuanian: A Factorial Analysis
SUMMARY
It is well known that from the phonetic point of view, any speech sound is a matter of great dynamicity. The vowel system in a language is no exception. In more general terms, the spectral characteristics of the vowel depend on a great number of both linguistic and extralinguistic factors. This is the reason why a factorial analysis must be conducted to gain a better understanding of the dynamicity of the speech.
The first attempt to analyse the dynamics of the phonetic vowel realisation in Standard Lithuanian has yielded positive results. Although for some reason, far-reaching conclusions cannot be drawn yet, it can nevertheless be observed that the dynamic plane of quantitative and qualitative vowel features is not fully chaotic. It can be seen that all related factors are linked by hierarchical relationships.
This study aimed to determine what position in the hierarchy of factors (i.e. between consonantal environment, phonological length, prosodic focus and speaker) directly influences formant distribution in the spectra of Lithuanian vowels (so-called corner vowels [iː / ɪ], [uː / ʊ] and [ɑː / ɐ]) is occupied by the consonant voicing factor. A factorial analysis (two-way ANOVA) was performed for this purpose. Results revealed quite weak positions of the voicing factor in the hierarchy and its low-level autonomy. Its relative power on F1–F2 distribution correlates with the backness of the vowel, as it shifts towards the back position of the tongue, differences implied by the consonant voicing factor on formants can be noticed more reliably. Although having no significant impact, the consonant voicing plays some role in the expansion of the spectral space for other factors to act with greater power (for example, it creates conditions for high back vowels to be more fronted in a dental stop environment). There may indeed be microarticulatory differences related to the factor in question, but quite obviously, their detection is hindered by the excessive influence of co-acting factors. Further analysis is to be conducted to get this dynamic picture in more detail.