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La momificación o “mirlado” en la Protohistoria canaria: ¿un rito egiptizante asimilado?

Abstract

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La momificación o “mirlado” en la Protohistoria canaria: ¿un rito egiptizante asimilado?

Author: Atoche Peña, Pablo,Ramírez Rodríguez, María Ángeles,Rodríguez Martín,Conrado César Juan
Publisher: Academia Canaria de Historia
Year: 2008
Source: https://accedacris.ulpgc.es/jspui/bitstream/10553/23037/19/ATOCHE-RAMI%cc%81REZ-RODRI%cc%81GUEZ%202008.La%20momificacio%cc%81n%20o%20mirlado%20en%20la%20Protohistoria%20canaria.pdf
P. A oche, C. Rod íguez & Mª. A. Ramí ez (eds.), 2008
MUMMIES AND SCIENCE. WORLD MUMMIES RESEARCH
La momi icación o “mi lado” en la P o ohis o ia cana ia: ¿un i o
egip izan e asimilado?
Pablo A oche Peña1, Mª.A. Ramí ez Rod íguez2y Con ado Rod íguez Ma ín3
1Uni e sidad de Las Palmas de G an Cana ia. España. E-mail:[email p o ec ed]
2In es igado a independien e. España.
3Ins i u o Cana io de Bioan opología. OAMC. Tene i e. España.
ABSTRACT: The i s se le s o he Cana y Islands we e anspo ed by people who knew he Oceanic na iga ion,
Punic-Phoenicians, du ing he i s hal o he i s millennium B.C. A e he poli ical and economical c isis a ec ing
he Roman Empi e du ing he 3RD Cen u y A.D. he paleo-Cana ian popula ions began a ime o isola ion du ing
one housand yea s and his a ou ed a speci ic de elopmen o he islands cul u e (cul u al endemism). Howe e ,
hese cul u es con inued wi h elemen s o Semi ic-No h A ican o igin, among hem hose o belie s and une a y
i uals. The main goal o his pape is o show he cul u al mix u e and adap a ion o he p ehispanic Cana ian
mummi ica ion p ocess o an island en i onmen .
K
EYWORDS
:Cana y Islands; P o ohis o y; Bioa chaeology; mummi ica ion; cul u al adap a ion.
P
ALABRAS CLAVE
: Islas Cana ias; P o ohis o ia; Bioa queología; momi icación; adap ación cul u al.
In oducción
En la p ime a mi ad del I milenio a.n.e. na e-
gan es enicio-púnicos en an en con ac o con el
A chipiélago Cana io, ins an e a pa i del cual y a lo
la go de algo más de un milenio las islas pasan a in e-
g a se en la comunidad económica y cul u al es a-
blecida po aquéllos a ambos lados del Es echo de
Gib al a . Esa si uación se modi icó a pa i del siglo
III d.n.e. debido a la c isis polí ico-económica que
a ec ó al Impe io Romano, enómeno que gene ó en
Cana ias un pe iodo de aislamien o cul u al que se
p olongó a lo la go de casi diez siglos y que p opi-
ció la apa ición de especi icidades que con i ie on
a las cul u as insula es en endemismos cul u ales
(A oche & Ramí ez, 2001).
El sis ema cul u al que se es ableció en las
Islas Cana ias con los p ime os poblado es ue el
esul ado del mes izaje de emo as adiciones
medi e áneo-a icanas con o as más ecien es
enicio-púnicas. T as su es ablecimien o en las islas
el hecho insula p opició su agmen ación en di e-
en es sis emas cul u ales que, no obs an e, man-
end án en común de e minados aspec os, en e
los que des acan aquellos de o igen semi a que
ca ac e izaban ámbi os an de e minan es de las
cul u as insula es como las c eencias o las p ác i-
cas eligiosas (libaciones de leche, man eca y agua,
ac i ud o an e con los b azos le an ados, ep esen-
aciones de o os, inhumaciones in an iles en con-
enedo es ce ámicos, ecin os une a ios exca ados
en la oca o las p ác icas des inadas a la conse a-
ción pos mo em del cadá e ).
Es e abajo es á dedicado p ecisamen e a la
búsqueda de la ascendencia cul u al de una de las
p ác icas une a ias egis adas en e los cana ios
p o ohis ó icos, la momi icación o mi lado, que si
bien ha sido conside ada po la his o iog a ía como
un cu ioso enómeno cul u al con p o undas
incógni as en o no a su o igen, desde la hipó e-
sis medi e ánea que de endemos se pe ila más
como el esul ado de un p és amo eligioso cuyo
o igen ce cano es a ía en los p ocedimien os
o ien ados a la conse ación de los cadá e es pues-
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os en p ác ica po la cul u a enicio-púnica, mien-
as que su o igen lejano se ubica ía en las écni-
cas de momi icación desa olladas en el Egip o a a-
ónico de la Baja Época.
La posible p ocedencia egipcia del mi lado
cana io cons i uye una hipó esis que se ha plan ea-
do en di e en es ocasiones, si bien no siemp e des-
de ámbi os cien í icos con as ados. Esa p opues a
econoce simili udes o males en e los i os cana-
io y egipcio, aunque no ha ace ado a esponde de
mane a adecuada al po qué y al cómo había alcan-
zado un a chipiélago oceánico ubicado al o o ex e-
mo del espacio geocul u al del que se a i maba su
p ocedencia. La hipó esis egipcia ambién ha sido
echazada (A co, 1976, 109), e incluso se ha deses-
imado un posible o igen be ebe no ea icano al
no halla se p esen e ese i o une a io en el Mag eb
(Bel án, 1971, 144), luga de p ocedencia de los
“be ebe es” que pobla on las islas.
F en e a lo an e io , la ecien e cons a ación
de la pa icipación enicio-púnica en el descub i-
mien o y colonización del A chipiélago Cana io ha
enido a p opo ciona nue as bases documen ales
que pe mi en e oma bajo o a óp ica la cues ión
de la momi icación y des ela algunas de las incóg-
ni as que encie a; no obs an e, ambién se ab en
nue os in e ogan es en o no al ca ác e de las c e-
encias que debie on sus en a el i o o a la mane-
a en que se p odujo su adap ación a unas cul u-
as insula es.
El con ex o ma e ial: a e ac os de
ascendencia egipcia egis ados en
el A chipiélago Cana io
La cons a ación a queológica de la p esencia
de elemen os o igina ios del Egip o an iguo en los
con ex os ma e iales p o ohis ó icos cana ios se ini-
cia hace apenas unos años, cuando en Lanza o e se
p oduce la iden i icación de una pequeña escul u a
que ep esen a a la deidad egipcia Tue is1(Balbín e
alii., 1995, 19). Elabo ada en basal o y con es os de
pin u a oja, es una igu a zoo-an opomo a con
ocado cilínd ico que eposa de odillas sen ada
sob e los alones, con los b azos colocados a lo la -
go de los muslos, la mi ada di igida al en e, ep o-
duciendo una ac i ud hie á ica p opia de la icono-
g a ía del Egip o a aónico. Tue is (La G ande) gozó
de una g an acep ación en e los habi an es de Ca -
ago debido a su ca ác e de diosa p o ec o a del
hoga , las muje es, los niños, la alimen ación, la leche
ma e na, el nacimien o y la supe i encia as la
mue e (Fig. 1).
En los mismos con ex os ma e iales asocia-
dos a los mahos de Lanza o e y Fue e en u a am-
bién se egis a un conside able g upo de amule-
os que, como la diosa Tue is, poseen alo
p o ec o y auma ú gico, los cuales cumplie on en
ocasiones el papel de o endas o ex o os coloca-
dos en san ua ios al ai e lib e. Fue on ab icados
en calcedonia y o as ocas du as in en ando ep o-
1A. Bel án (1971, 136), a comienzos de la década de los años 70' del pasado siglo XX, elacionaba de e minados elemen os ma e iales
p opios de la cul u a de los p ime os cana ios con la cul u a egipcia, como e a el caso de las cuen as de colla segmen adas, la epanación
o la misma p ác ica de la momi icación.
FIGURA
1. Rep esen ación an opo-zoomo a de
Tue is
. Zonzamas,
Lanza o e
P. A oche, Mª.A. Ramí ez & C. Rod íguez
144
La momi icación o “
mi lado
” en la P o ohis o ia cana ia: ¿un i o egip izan e asimilado?
duci esca abeos y/o esca aboides egipcios o
pseudo-egipcios (A oche e alii., 1999), un ipo de
obje o de amplia di usión en los ambien es eni-
cio-púnicos e indígenas del Medi e áneo an iguo2
cuyo uso du an e el I milenio a.n.e. se ex endió
en e las poblaciones ci cunmedi e áneas de la
mano de me cade es y colonos enicio-púnicos,
amoldándose a las ci cuns ancias de cada pueblo
donde ecala on lo que hizo que las o mas o ien-
alizan es se aduje an a a és de di e en es ami-
ces cul u ales.
La p esencia de obje os egipcios en los
ambien es cul u ales del Medi e áneo occiden al
y del A lán ico ecuen ados po enicio-púnicos ue
una ci cuns ancia bas an e común, hecho que pa a
J. Pad ó (1988) p ueba la impo ancia que u ie on
las elaciones egipcio- enicias du an e la e apa de
expansión colonial semi a hacia Occiden e, unas
elaciones que incluso se in ensi ica on pos e io -
men e du an e el pe iodo púnico. En ese con ex-
o, la p esencia en los ambien es cul u ales p o ohis-
ó icos cana ios de elemen os de ascendencia
cul u al egipcia cons i uye, desde nues a óp ica,
una de las e idencias documen ales más no ables
sob e la que esul a posible sus en a la hipó esis
ace ca de que el ipo de momi icación que se p ac-
icó en e las poblaciones insula es ambién cons-
i uyó en o igen un i ual egipcio, cuya ecalada en
el a chipiélago espondió a las mismas o simila es
ci cuns ancias que pa a los a e ac os más a iba
eseñados. Aunque como aquéllos, y como o os
muchos elemen os cul u ales que alcanza on las
Islas Cana ias du an e la An igüedad a día, su adap-
ación a un espacio insula do ó a la momi icación
de unas ca ac e ís icas especí icas.
Pe o ayamos po pa es y analicemos en p i-
me luga el ámbi o cul u al en el que se pusie on
en p ác ica los p ocesos di igidos a la conse ación
de los cue pos as la mue e; es deci , las concep-
ciones esca ológicas y los i uales une a ios enicios
del no e de Á ica punicizado y de las Cana ias p o-
ohis ó icas du an e el I milenio a.n.e.
Cana ias y el no e de Á ica
enicio-púnico: concepciones
esca ológicas y i os une a ios
Esca ología enicia
La ci ilización enicio-púnica adop ó muchos
elemen os cul u ales de los pueblos con los que
en ó en con ac o, siendo muy uc í e os y p o-
longados en el iempo los que man u ie on con el
Egip o a aónico. Las elaciones polí ico-económi-
cas en e Egip o y algunas ciudades de la anja
si io-pales ina (Biblos, Ti o, Megiddo,...) se inicia-
on en las pos ime ías del IV milenio a.n.e., du an-
e el B once an iguo cananeo, con inuándose a lo
la go del III y II milenios, en el B once medio y en
el B once inal, pe iodo es e úl imo en el cual el
país del Nilo consiguió la sumisión de las ciudades
cananeas. A pa i del 1200 a.n.e. se inicia on p o-
undas ans o maciones geopolí icas en el P óxi-
mo O ien e las cuales ma ca on el comienzo de la
Edad del Hie o. En ese pe iodo las elaciones niló-
ico-cananeas se ans o man, debili ándose la
in luencia egipcia en la cos a si io-pales ina en un
momen o que coincidió con el nacimien o de la
cul u a enicia, un enómeno es e úl imo que no
es u o del odo ajeno a la p olongada p esencia
egipcia en el e i o io y que se adujo en la asi-
milación de di inidades en e los pan eones eni-
cio y egipcio. Como ha señalado J.M. Fe nández
(2000, 193), “... la eligiosidad popula adop ó
algunas di inidades egipcias de ipo p o ec o y
sal ado , como la íada Osi is-Isis-Ho us, o dei-
dades como Bas e , Tue is y Bes, (...), bien acogi-
das po su ca ác e indi idual y p i ado, (...). El
mundo semi a ecibía así, de una cul u a di e-
en e, manu ac u as y elemen os de ejecución éc-
nica supe io des inados a las clases al as de la
población (po ejemplo sa có agos), mien as que
un conjun o de pequeños obje os de ca ác e eli-
gioso e an acep ados po los g upos popula es
como ep esen aciones de di inidades exó icas,
2En e las di inidades egipcias ep esen adas en las nec ópolis púnicas o a ésicas de la Península Ibé ica las más ecuen es ue on
Ho us, Bes y Ha ho , aunque ambién se ha documen ado a Isis, P ah-Pa eco y, en meno medida, a di inidades como Tho , Sobek,
Bas e , Sekhme , Tue is,... Su apa ición se inicia en el siglo VIII a.n.e., si bien los hallazgos egipcios o egip izan es se gene alizan du an e
los siglos VII-VI a.n.e., p olongándose has a el siglo III a.n.e., un enómeno en el que Gadi cons i uyó el más que p obable cen o de
edis ibución de ese ipo de manu ac u as.
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cuyo papel p o ec o con a los pelig os de la ida
co idiana pe mi ía una buena acogida. P ecisa-
men e, es os con enidos es imula on la imi ación
de los p oduc os egipcios”. El ex o an e io con-
iene, desde nues a pe spec i a, la explicación más
plausible a la p esencia de elemen os egip izan es
en las cul u as cana ias; es deci , amule os y dei-
dades p o ec o as alcanza ían las islas de la mano
de unas poblaciones, las libio enicias, en e las cua-
les a su ez esos elemen os ue on in oducidos
como esul ado de su p olongado con ac o con la
eligiosidad popula enicio-púnica es ablecida en
el no e de Á ica.
En el plano iconog á ico, algunas deidades
enicias ambién adop a on símbolos egipcios en
un enómeno de con aminación iconog á ica que
conlle ó pa icula es ans o maciones guiadas po
el canon local, aunque no pa ece que las ideas y
concep os p opios de la cul u a niló ica se hubie-
an in oducido plenamen e en el dominio de la
especulación eligiosa, sal o en casos especí icos
(Scandone, 1984, 161). En esencia, los elemen os
impo ados o imi ados de Egip o implica on una
selección, en la que p ima on los obje os con un-
ciones mágicas especí icas que u ie an una ácil
asimilación po pa e de las p opias c eencias
mágicas enicias. Pe o además, en el p oceso de
imi ación las adap aciones endie on a una “cons-
an e ulga ización” (Fe nández, 2000, 194), a la
elabo ación de p oducciones en se ie des inadas
a la expo ación, las cuales pe die on po el cami-
no pa e o odos sus con enidos mi ológicos ini-
ciales.
En esencia, as a ios milenios de in ensos
ínculos la eligión enicia acabó po mos a in lu-
jos p oceden es de la eligión egipcia, esponsables
a la pos e de sinc e ismos, cul os y c eencias cuyo
e lejo más no o io se á la inco po ación al pan e-
ón semi a de deidades como Isis, Osi is3o Bes,...
Esas in luencias se di undie on a odas las capas de
la sociedad enicia de al mane a que, como ha
señalado S. Ribichini (1997,172-173), en la eligio-
sidad popula se encon aba muy ex endido el uso
de amule os, esca abeos ( ep esen ación de la di i-
nidad egipcia Jep y) y o os pequeños obje os con
un alo apo opaico, en g an medida p oceden-
es de Egip o o imi ación de los egipcios ( ep e-
sen ando el ojo de Ho us, Bes, P ah-Pa eco, Osi-
is, Tho ,...), indica i o de la adopción po pa e
semi a de las c eencias en la magia p o ec o a de
aquéllos. Pues bien, a pa i del siglo XII a.n.e. la
expansión de las ciudades cananeas hacia Occiden-
e lle ó consigo no sólo p oduc os de su ci iliza-
ción sino de odo el P óximo O ien e (Chehab,
1968, 8).
Po o o lado, en el plano de la esca ología
enicia, las no ables in luencias de la cul u a egip-
cia en el á ea cananea pe mi en encon a p oce-
sos homólogos que se e lejan en la adap ación de
elemen os ajenos, especialmen e egipcios y g ie-
gos, que p oduje on sinc e ismos pe o ambién
in e p e aciones alejadas de los modelos o igina-
les (Ribichini, 1997, 158).
Los enicios c eían en la supe i encia as la
mue e, ins an e a pa i del cual los di un os se í-
an acogidos en un mundo de ca ác e sub e áneo
con el que los i os podían comunica se a a és
de p esen es, libaciones,..., o ecidos en ce emo-
nias celeb adas en o no a al a es, canales y cazo-
le as exca ados con la inalidad de ecibi las o en-
das deposi adas en ecipien es, que e an
de amadas median e la o u a de los mismos
(Blázquez, 1993, 47)4. En consecuencia, el cul o a
los mue os adqui ió una g an impo ancia, con-
side ándose que “... e mina ían po incidi en la
ayec o ia de los i os” (Sanma ín, 1999, 10). En
el i ual une a io se p ac icó an o la inhumación
como la incine ación, las cuales llega on a con i-
i en de e minados momen os sin que el uso de
una u o a implicase unas concepciones esca oló-
3En Egip o el mundo de los di un os e a sub e áneo, donde esidía Osi is, pe o ambién as al, dominado po Ra, la deidad sola . La
doc ina osí ica comienza a es uc u a se a pa i del Impe io An iguo, en la IV dinas ía, man eniéndose y desa ollándose a lo la go
de es milenios. En ella se insis e en la p o ección de la umba, en la in eg idad ísica de la momia y en la egula idad de las o endas.
Du an e el Impe io Medio el p i ilegio de se momi icado se ex iende a o as pe sonas además del a aón, de al mane a que hacia el
siglo V a.n.e. el cul o a Osi is es aba gene alizado a la o alidad de la población egipcia.
4Reco demos que las uen es e nohis ó icas ecogen pa a las islas la p ác ica de un i ual semejan e en e las poblaciones paleocana ias,
desa ollado en muchos casos en zonas al as, en luga es donde se han lab ado cazole as y/o canales, el cual consis ía en de ama
o endas de leche, man eca y agua median e la o u a de ecipien es ce ámicos.
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P. A oche, Mª.A. Ramí ez & C. Rod íguez
gicas con apues as5. Si la p esencia de ajua , en la
mayo pa e de los casos con un ca ác e apo o-
paico, cons i uye uno de los indica i os que con-
i ma la exis encia de c eencias elacionadas con
la supe i encia as la mue e, el o o lo cons i-
uye la pues a en p ác ica de p ocesos di igidos a
la conse ación del cadá e : “Des obse a ions
épa ses e ela i emen a di es laissen pense
que, dans ce ains cas au moins, les co ps
é aien soumis à une oile e i uelle -excep ion-
nellemen seulemen embaumés ou momi iés- puis
habillés de ê emen s d’appa a ou en eloppés de
linceuls e pa és de bijoux à aleu p ophylac i-
que. Ap ès quoi, ils é aien ins allés dans le édui
uné ai e, en supina ion le plus sou en , mais
sans ègle s ic e d’o ien a ion, a ec pa ois ce -
ains obje s au c eux des mains e le es e de leu
mobilie uné ai e au ou d’eux.” (Lipiński, 1992,
361). Unas p ác icas une a ias de las que ambién
se han hecho eco o os in es igado es: “Nel i o
dell’inumazione il cada e e eni a a ol o in
bende une a ie, co eda o di gioielli e o namen-
i, e p o uma o ( equen e, almeno ino a u o il
V secolo, è il i o amen o nelle ombe di b ocche
con o lo a ungo, adibi e a ale scopo). In a i casi
è a es a a l’imbalsamazione e l’uso di emulsio-
ni a oma iche: il co po del e di Sidone, Tabni ,
ad esempio, é s a o i o a o in un sa co ago egi-
ziano, a ol o in un impas o di esina di ced o,
e ebin o, bi ume, oglie di imo, men a e henné,
che ne ha p o oca o una pa ziale mummi icazio-
ne” (Ribichini & Xella, 1994, 36; Ribichini, 1997,
174). Sin emba go, la cons a ación de que en e los
enicios la momi icación cons i uía una p ác ica
muy an igua no nos impide econoce que la in o -
mación disponible al espec o es educida, pe mi-
iéndonos sólo islumb a el uso de unas écnicas
que aunque di ie en de las egipcias pa ecen es-
ponde a una adap ación de aquéllas. En odo caso,
ambos i uales pe seguían obje i os simila es, de
modo que la “... mue e pa ecía concebi se como
un descanso e e no y la umba como un luga de
esidencia pe manen e pa a los di un os. (...) se
conside aba impo an e que el di un o u iese
una sepul u a adecuada y que no uese en abso-
lu o iolada” (Ribichini, 1997, 174).
La ex emada a ención pues a en el a amien-
o de los cadá e es, la cual e minó po conduci
a la cul u a enicio-púnica a p ac ica p ocedimien-
os enden es a la conse ación de los cue pos, no
en ó en con adicción con la adopción de p ác i-
cas ales como la incine ación o la c emación “... y
mues a que, a pesa de los deseos desplegados
e en ualmen e pa a alen iza la descomposición
del cadá e , p. ej. po la momi icación, el cul o
de los mue os no se di igía e dade amen e sino
al p incipio i al del desapa ecido, al espí i u del
di un o,...” (Lipiński, 1992, 156). De hecho, con
independencia del i o pues o en p ác ica, la ce e-
monia une a ia se iniciaba con la pu i icación y p e-
pa ación del cadá e , que e a es ido con sus opas,
las cuales podían cons a de has a cua o ipos de
únicas di e en es, y se acompañaba de obje os pe -
sonales. T as el sepelio se celeb aban banque es
úneb es en hono del di un o, e ec uados an o en
el in e io como en el ex e io de la umba.
En el i ual de la inhumación los cue pos se
deposi aban en bancos, sa có agos de pied a o a ci-
lla, é e os de made a o más ecuen emen e sob e
un suelo de ie a ba ida. El lecho podía se p e ia-
men e apizado de a ena, a cilla o guija os, una ci -
cuns ancia que e emos epe ida en e los cana ios
p o ohis ó icos. El uso de sa có agos po pa e de los
enicios ue a dío, egis ándose sólo a pa i de ina-
les del III milenio a.n.e. y con des ino a los compo-
nen es de la éli e social. Los más an iguos, egis a-
dos en la nec ópolis eal de Biblos, es aban inspi ados
en sa có agos de made a y oca egipcios, país donde
se u iliza on desde el Impe io An iguo; p esen aban
una mo ología a iada, que iba desde las cube as ec-
angula es a los sa có agos his o iados o los “momi-
o mes” de e aco a inspi ados en la caja de momia
egipcia y los an opomo os ealizados en oca. Se
hicie on en g an núme o, comenzando a ab ica se a
5Siguiendo la adición semí ica los púnicos p ac ica on la inhumación, si bien cedie on a in luencias de los pueblos con los que en a on
en con ac o du an e la época de la colonización, abandonando esa p ác ica o combinándola con la incine ación. Incluso se ie on
in luidos po algunos i os locales, como la p ác ica de la desca nación. Inhumación e incine ación ue on i os ecuen es en las nec ópolis
púnicas de Occiden e, p edominando la p ime a has a inales del siglo V a.n.e., momen o a pa i del cual compi e o incluso es sus i uido
po la incine ación (p ac icada espo ádicamen e en los siglos VII y VI a.n.e.) y la c emación (u ilizada masi amen e desde inales del
siglo IV a.n.e.), empleándose umbas indi iduales o colec i as, és as úl imas ecuen emen e con i o mix o (Lipiński, 1992, 312 y 362).
147
La momi icación o “
mi lado
” en la P o ohis o ia cana ia: ¿un i o egip izan e asimilado?

pa i del siglo V a.n.e. u ilizando como e e en es los
a aúdes in e io es de momia egipcios, inspi ados en
el en ol o io de la momia aunque adop ando una mo -
ología más humana. También se p oduje on sa có a-
gos más comunes, empleando oca caliza, g es, yeso
o má mol blanco (Lipiński, 1992, 391-393).
Esca ología libio enicia
El es ablecimien o a inales de II milenio a.n.e.
de las p ime as colonias enicias en la cos a no ea-
icana puso en ma cha un p oceso de con ac o y
di usión de la cul u a enicia en e las poblaciones
libias que, a pa i del siglo VI a.n.e., cuando Ca a-
go acome e la explo ación del in e io de Túnez
empleando indígenas some idos, acele ó el p oce-
so de ace camien o cul u al en e colonos e indíge-
nas. No ue sólo una simbiosis cul u al, ya que en e
semi as y libios se c ea on p o undos lazos pe sona-
les y é nicos que se e leja on en con inuas alianzas
ma imoniales mix as; el esul ado é nico-cul u al
se ía la apa ición de los libio enicios6, un colec i o
que con ibuyó a eng osa los con ingen es de pobla-
ción que ue on asladados a zonas que debían que-
da bajo el con ol polí ico y económico de Ca ago
(Sicilia, Ce deña, su es e de la Península Ibé ica o el
A chipiélago Cana io,...). En consecuencia, en e
libios y enicios se es ablecie on ínculos come cia-
les pe o ambién se c ea on lazos de unión cul u al
y pe sonal, gene ándose una comunidad de elacio-
nes e in e eses que hizo más sencilla la acep ación
de los ca ac e es cul u ales de ambas pa es.
Libios y enicios in e cambia on mul i ud de ele-
men os cul u ales en una ecunda simbiosis de la que
la A queología ha egis ado nume osos indicado es
que an desde la undación en odo el no e de Á i-
ca de ciudades enicias y be ebe es (Siga, Volubilis,
Macomades, Ci a, Tipasa, Calama, Zucchaba ,...),
donde con i ie on elemen os cul u ales y é nicos p o-
ceden es de ambas ci ilizaciones, has a la adopción de
la lengua y la esc i u a púnicas po los paleobe ebe-
es. De ese enómeno de simbiosis nos in e esa aquí
lo que sucedió en el ma co de las c eencias y i os eli-
giosos, ámbi o en el que se p odujo un in e esan e p o-
ceso de sinc e ismo median e la acep ación po pa -
e de las poblaciones a icanas de dioses enicios como
Baal-Hammón o Tani . Idén ica in e acción libio- eni-
cia se p oduce a ni el de los i os une a ios. Así, po
ejemplo, se ans o ma el i ual une a io libio, aban-
donándose la inhumación en posición decúbi o la e-
al lexionado a a o de la deposición en decúbi o supi-
no sob e a mazón de made a, o se p oduce el
p og esi o ace camien o o mal y deco a i o de los
haouane locales a los hipogeos púnicos.
Ese mes izaje enicio-a icano del que hablamos
esul a esencial pa a en ende la especi icidad de las
cul u as p o ohis ó icas cana ias, oda ez que los p i-
me os poblado es que inicia on la colonización del
a chipiélago p ocedían de aquel en o no geo-cul u-
al. E an paleobe ebe es po ado es de una cul u a
mes iza en la que no esul aba ex año halla ace-
as in ensamen e inculadas al modelo social, polí-
ico y económico libio- enicio mag ebí, en especial
el del en o no unecino de Ca ago7y el del su de
la Península Ibé ica.
Esca ología cana ia
Los p ime os poblado es del A chipiélago Cana-
io p ac ica on di e sos i uales une a ios, en e los
cuales el más común8consis ía en deposi a el cadá-
e en el in e io de una cue a dispues o en posición
decúbi o supino sob e ablones de made a u o os
ipos de sopo es9(Fig. 2), ep oduciendo así una ce e-
monia que hizo su apa ición en el no e de Á ica a
aíz de la llegada de los colonizado es enicios (Lan-
6Ti o Li io (XXI, 22, 3) desc ibió a los libio enicios como esul ado del mes izaje é nico en e ca agineses y a icanos. P ecisamen e en
elación con el al o g ado de mes izaje que se p odujo, sob e odo en e los miemb os más ele an es de las o maciones sociales
paleobe ebe y enicia, G. Camps (1980, 148) asegu a que Massinissa poseía an a sang e púnica como Aníbal a icana.
7Mª Dolo es Ga alda (1985) al analiza los es os an opológicos egis ados en la nec ópolis de Mon aña Mina (Lanza o e) señala su
cla a p ocedencia no ea icana.
8Hay que excep ua las dos islas más o ien ales, Lanza o e y Fue e en u a, donde has a el p esen e la ac i idad a queológica sólo ha
podido ecupe a unos pocos es os humanos impidiéndonos ene una in o mación lo su icien emen e con as ada.
9No se acos umb aba a deposi a el cadá e di ec amen e sob e el suelo, sino que po el con a io se solían in e pone pieles u o os
elemen os ( ablones o oncos de made a -“chajasco”-, co ezas de d ago u o os ege ales, esco ias olcánicas -lapilli-, enlosados de
pied a, ie a de di e en e na u aleza que la del suelo de la cue a,...), o bien se colocaban en nichos o episas de o igen na u al o
alladas a i icialmen e, o incluso se podía delimi a con pied as el en o no del cadá e .
P. A oche, Mª.A. Ramí ez & C. Rod íguez
148
cel, 1994, 61). En las islas de La Gome a (He migua),
Tene i e (Cue a de Chabaso) y La Palma (El Espigón),
se ha a es iguado la p esencia de cadá e es inhuma-
dos en posición decúbi o la e al lexionado; en esos
casos es amos an e un i o p opiamen e a icano, cuya
p esencia en las islas con ibuye a e o za la hipó e-
sis del ca ác e mes izo de la cul u a que ecaló en el
a chipiélago a aíz del es ablecimien o de los p ime-
os colonizado es. Menos ecuen e que el i o an e-
io , si bien man eniendo en común la conexión no -
ea icana, se halla documen ada la p ác ica de la
c emación en las islas de La Palma, El Hie o y Tene-
i e, en la p ime a de ellas al menos du an e los ins-
an es inmedia os al inicio de su colonización. La c e-
mación es un i o que, a semejanza del desc i o en
p ime luga , ambién debió a los colonizado es eni-
cios su in oducción en el no e de Á ica, un espacio
geo-cul u al en el que igualmen e ue común la p ác-
ica de las inhumaciones in an iles en ecipien es ce á-
micos. Es as úl imas cons a adas en las islas de G an
Cana ia y Tene i e, donde el i ual se asemeja en g an
medida al que se conoce en los con ex os enicios de
Ibiza, Huel a o la nec ópolis unecina de Ke kouane
(Fan a , 1988, 59).
Como podemos e , si excep uamos en las
nec ópolis umula es de G an Cana ia y en algunos
casos aislados pa a el es o de las islas10, los cana ios
p o ohis ó icos no acos umb aban a en e a a sus
di un os en osas bajo ie a o en con ac o di ec o con
és a. Po el con a io, p ocedían a deposi a los cadá-
e es en el in e io de cue as na u ales (en G an Cana-
ia ambién en cue as a i iciales) o g ie as apiadas con
mu os de pied a seca, sin que la disposición del di un-
o siguiese una o ien ación ija (A co, 1976, 21) y an-
o de mane a indi idual como colec i a. En muchos
casos se acondicionó p e iamen e el luga con el in
de aisla los cue pos del con ac o di ec o con el sue-
lo median e una es uc u a sencilla del ipo yacija ege-
al o más compleja a base de un emped ado de lajas
o ablones de made a.
FIGURA
2. Momia de San And és. Museo A queológico de Tene i e
10 Una de las excepciones más llama i as la encon amos en Tene i e, en la Cue a de los Guanches, donde se ha a es iguado un en e amien o
secunda io en osa ci cula (A co e alii., 1995, 712).
La momi icación o “
mi lado
” en la P o ohis o ia cana ia: ¿un i o egip izan e asimilado?
149
Los cadá e es se di igían a la o a ida es idos
con las mismas p endas que solían lle a en ida y
en uel os en un suda io elabo ado con a ias capas de
piel de o icap inos, has a 17 en algún caso de G an
Cana ia (Fig. 3), isla en la que ocasionalmen e se han
eñido de ojo o se han empleado pieles de ce do o
mo ajas elabo adas con ejidos ege ales (junco, pal-
ma,...). En esa misma isla y en la de Tene i e se han
empleado a aúdes elabo ados median e el aciado de
oncos de á boles.
F en e a lo an e io , en G an Cana ia ambién se
encon aba muy ex endida la cos umb e de la inhu-
mación en cis as, sepul u as que e an ma cadas en
supe icie con una es uc u a umula . En es e caso,
los di un os no pa ecen habe sido en uel os en suda-
ios ni ecibido un a amien o di igido a la conse a-
ción del cadá e . Un ejemplo simila lo hallamos en
El Hie o (El Julan), donde se localizó un en e amien-
o en el que el cadá e se deposi ó sob e una capa de
lajas, cub iéndose con una abla de sabina y sob e és a
“... una pequeña pi ámide de pied as” (A co, 1976,
20); es e úl imo un elemen o que no podemos cali i-
ca como egipcio sólo po su ca ac e ís ica mo olo-
gía, pe o que sin duda esul a a odas luces llama i o
en el con ex o del ámbi o cul u al que analizamos, don-
de como hemos is o no esul an ex años los elemen-
os de in luencia egipcia.
En las islas el cul o une a io p ac icado se halla-
ba sus en ado en c eencias en la supe i encia as la
mue e semejan es a las que conocemos pa a la cul-
u a enicio-púnica; como esul ado, los di un os e an
acompañados po algunos obje os, ales como ado -
nos pe sonales, ecipien es ce ámicos comple os o más
comúnmen e agmen ados, punzones, lascas de
obsidiana, a mas de made a o excepcionalmen e (Tene-
i e) un pe o con huellas de momi icación, además
de ecibi di e en es o endas de alimen os deposi a-
das en ecipien es ce ámicos. Se a a de unos elemen-
os que dada su escasez y limi ada calidad no pe mi-
en ace ca nos a cues iones elacionadas con el
posible es a us social de los di un os. La ce emonia
úneb e apa ejaba la ealización de libaciones y o en-
das de obje os y alimen os, además de la celeb ación
de comidas i uales. Como ejemplo de es o úl imo pue-
FIGURA
3. Suda io une a io de momia de G an Cana ia. El Museo Cana io
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P. A oche, Mª.A. Ramí ez & C. Rod íguez
de se i lo que se ha apun ado pa a la isla de El Hie-
o, donde la p esencia de es os de comida en el ex e-
io de cue as une a ias ha sido in e p e ado como
consecuencia de la celeb ación de comidas i uales o
de o endas consumidas o deposi adas po las gen es
que acompaña on al/los di un o/s “... en el momen o
del en ie o (sic), o en o os días es ipulados pa a
es os i os” (Jiménez, 1993, 126)11. Lo an e io cons i-
uye un hecho que nos pone de nue o sob e la pis a
de los i os y la esca ología libio- enicia; de hecho, den-
o de la es uc u a eligiosa poli eís a que desa olla-
on los cana ios p o ohis ó icos exis ió una di inidad
p incipal conocida en las islas bajo di e en es denomi-
naciones (Aco án, Achamán,...) cuyas ca ac e ís icas
e an sin emba go simila es pa a odo el a chipiélago.
A esa di inidad se le endía un cul o p io i a io, con
i os p opicia o ios des inados a ob ene su p o ección,
en los que esul an no ables las semejanzas exis en es
con espec o a las o mas i uales semi as, an o po
lo que espec a a los luga es donde se celeb aban12
como al i ual desa ollado: “Ado aban a un Dios,
le an ando las manos al cielo. Hacíanle sac i icios
en las mon añas, de amando leche de cab as con
asos que llamaban gánigos, hechos de ba o” (Ab eu
Galindo, 1977 [1602], 57).
Po úl imo hab ía que llama la a ención sob e
una cues ión que pod ía pe mi i nos explica una de
las incógni as que hoy se nos plan ean en o no a la
momi icación p ac icada en Cana ias. Nos e e imos
a que, con independencia del i ual une a io desa-
ollado, los cadá e es que han llegado has a noso-
os lo han hecho en un po cen aje muy al o esque-
le izados (Fig. 4), si uación que excepcionalmen e
(nec ópolis de Ucazme, Tene i e) (González e alii.,
1995) se dio como esul ado de un p oceso de des-
ca namien o debido a la acción an ópica, una p ác-
ica nada habi ual en las islas pe o que ambién halla-
mos p esen e en e los i os esca ológicos
enicio-púnicos. Si conside amos que el i o mayo-
i a io lle aba implíci o la aplicación al cadá e de un
a amien o des inado a su conse ación, la explica-
ción a ese al o po cen aje de es os esquele izados
en los yacimien os une a ios cana ios en e a los
momi icados hab ía que busca lo en la calidad del
a amien o aplicado, escasa si se iene en cuen a que
és os no siemp e unciona on de la mane a espe a-
da, ci cuns ancia que debó esponde an o a una
hipo é ica inexpe iencia de los embalsamado es
como a o as cues iones elacionadas con las condi-
ciones medioambien ales exis en es en los luga es
elegidos pa a mo ada e e na de los di un os.
En consecuencia, en las islas de Tene i e, G an
Cana ia y La Palma13 nos encon amos an e a ios
ejemplos de momi icación o mi lado que implican
FIGURA 4. Fa do une a io con esquele izado. San a Lucía, G an Cana ia
11 El banque e cons i uye una an igua adición en el Medi e áneo, ampliamen e desc i a en las ob as homé icas, elacionada con los
i os une a ios y los hé oes (Maya, 1999, 327).
12 Almoga enes o e equenes, espacios al ai e lib e con canales y cazole as, si uados en luga es p ominen es, en muchos casos de ma cada
y muy posiblemen e buscada colo ación ojiza.
13 En La Palma las e idencias conse adas de momi icación son muy escasas, consis en es en algunos es os de piel adhe ida a huesos
(El Espigón, Pun allana) y una mano momi icada. No obs an e, esul a cla o que en la isla los di un os e an some idos a algún ipo de
a amien o, el cual solía inclui un en ol o io de pieles cosidas y a adas con cue das ege ales (Pais, 1996, 69-70).
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La momi icación o “
mi lado
” en la P o ohis o ia cana ia: ¿un i o egip izan e asimilado?