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Visión de Andalucía en la obra de Reyles

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Visión de Andalucía en la obra de Reyles

Author: Mora Valcárcel, Carmen de
Year: 1981
Source: https://idus.us.es/bitstreams/87262b69-e019-4df3-bfb0-ebca6c19f1c2/download
VlSlON DE ANDALUCIA
EN LA OBRA DE REYLES
Ca men de Mo a Valcá cel
UNIVERSIDAD INTERNACIONAL DE ANDALUCIA
GRANADA
J
AEN
CORDOBA
HUELVA
MALAGA.
,.
SEVILLA
.. .
UNIVERSIDAD INTERNACIONAL DE ANDALUCIA
In oducción
El abajo que p esen o en es as p ime as
jo nadas~'cle~; Ídalucía
y Amé ica oca una pe-
queña pa cela de lo que cons i uye un amplio y p o undo in e cambio cul u al en e la egión
andaluza y los paises hispanoame icanos.
Como es bien sabido, una ez debili ados y o os los ínculos polí icos y me can iles en
el siglo xix, se desa olló en el plano cul u al una uc í e a elación po la que Amé ica
de ol ía a España con c eces la he encia ecibida.
El iaje esul a á el p e ex o idóneo pa a una se ie de encuen os en los que Andalucía
se á uno de los p incipales cen os de eunión. Los iajes a España de Rubén Da ío en 1898
de Huidob o en 1918, de Bo ges en 1920 y, pos e io men e los de Vallejo, Ne uda y Nicolás
Guillén ue on hi os impo an isimos den o de una endencia que ha enido man eniendo es-
e ipo de con ac os de o ma con inua has a la ac ualidad.
Lo mismo cabe a i ma de los au o es españoles que a a esa on el Océano y deja on en
Amé ica la imp on a de sus ideas es é icas y sus lib os de poemas, como Mo eno Villa, Juan
Ramón Jiménez, Ga cía Lo ca, Jo ge Guillén y la plana mayo de la gene ación del
27.
Den o de es e ma co hay que si ua la no ela que in en a é analiza en es e es udio
El
Emb ujo de Se illa
de Ca los Reyles, u o ambién de los iajes que el esc i o u uguayo
ealiza a a la ciudad desde 1892.
En ella, el au o , de sang e andaluza po pa e ma e na, inde homenaje a Se illa
ec eando es é icamen e los aspec os que más le imp esiona on desde su pe spec i a como
miemb o de la al a bu guesía u uguaya, como son el baile, el can e, el o eo y las ies as po-
pula es.
El esc i o u uguayo Ca los Reyles se inse a en esa mani es ación li e a ia conocida po
el nomb e de mode nismo c iollis a que aba ca c onológicamen e el úl imo e cio del siglo
xix
y del
xx,
como esul ado de la usión del ealismo adicional, ya eno ado po la
in luencia na u alis a, con el legado cul o y es e icis a de la co ien e a ís ica del mode nis-
mo. Es a con luencia de endencias o igina di e sos ipos de no elas según la modalidad que
p e alezca. El p opio Reyles cul i ó la e a na u alis a en sus no elas
Po la ida
(1888) y
Be-
ba
(1894),
la sicológica en
La aza de Caln
(1900), la c iollis a en
El Te uño
(1 91
6)
y
Elgaucho
Flo ido
(19321, y la a ís ica en
El Emb ujo de Se illa
(1922).
Pues o que
El Emb ujo
es la no ela que me dispongo a analiza , in e esa deja apun ados
algunos asgos de la endencia a ís ica, ales como su ema, ecuen emen e exó ico, las
dig esiones in elec ualis as y es é icas que in e umpen el desa ollo de la ama, y, sob e o-
do, la subo dinación de los elemen os na a i os a la in ención a ís ica, que es el e dade o
eje es uc u ado de la no ela.
Pe o, a poco que pene emos en es a ob a, nos damos cuen a de que los asgos apun a-
dos esul an insu icien es; que el posible exo ismo que pudie a ep esen a pa a un hispano-
ame icano el ema de Se illa y el andalucismo queda compensado po la p o undidad y la a-
milia idad con que el au o a a de ap oxima se a una emá ica an ajena al es o de su p o-
ducción. Po ello, aunque de o den ex ali e a io, no podemos deses ima o os ac o es co-
mo la ascendencia andaluza del au o po el lado ma e no y sus asiduos iajes a la capi al an-
daluza con la que se sen ía plenamen e iden i icado. De odas las imágenes que le o ecía la
ciudad, Reyles elige su ace a a ís ica, que cons i uye pa a él la esencia de lo andaluz.
An es de en a en el análisis y alo ación de la no ela epasa é b e emen e los juicios
más signi ica i os que se han emi ido sob e ella y, pp lo an o, han con ibuido a ca aloga la.
A u o To es-Rioseco des aca en su ex enso comen a io es aspec os undamen ales
UNIVERSIDAD INTERNACIONAL DE ANDALUCIA
Se illa;
de ((Mansilla y el pial)),
El Gaucho Flo ido;
de «Una muje pasó)),
A
ba allas de amo
campos de pluma.
Se a a de un enómeno de in e ex ualidad en el sen ido exp esado po Lau en Jenny
de que encon amos en un ex o elemen os es uc u ados an e io men e a él
6.
En es e caso conc e o, exis e un cuen o inicial, ((Cap icho de
Gaya)),
que se inse a en
o o ex o, la no ela
El
Emb ujo,
pa a cons i ui un géne o na a i o dis in o y un ex o am-
bién dis in o.
La igu a e ó ica en i ud de la cual se ealiza aquí la in e ex ualidad es la ampli ica-
ción, es o es, la ans o mación de un ex o o iginal po desa ollo de sus i ualidades se-
mán ica~. Si bien, es un caso de in e ex ualidad es ingida po a a se de elaciones en e
ex os del mismo au o .
No concluyen ahí las ansposiciones de Reyles, sino que en un lib o de ensayos de
1936,
Inci aciones,
dedica la sección i ulada ((Resonancias de Se illa)) a e oca los mo i os
más in e esan es de su no ela ansc ibiendo en el ensayo ases y pá a os de la misma, o
ec eándolos con da os his ó icos. Pe o e&e enómeno en a más bien en lo que se conoce
como ((pues a en abismo», po cuan o el au o , en dicho ensayo, ci a exp esamen e
El
Emb ujo,
sin duda, con obje o de o alece la esis en ella sos enida y ga an iza su in e p e-
ación.
De es e modo, compone un ensayo es e icis a, muy al gus o del mode nismo, median e
el ecu so ic icio de un iaje o que pasea en una manola po las calles de Se illa y a e-
gis ando sus imp esiones; po de ás de la alego ía lo que descub imos en ealidad es al p o-
pio Reyles paseando su mi ada po las páginas de la no ela y econs uyéndolas en el ensayo.
Más allá de an o juego in e ex ual in e esa aho a calib a el alcance de dicho a i icio li-
e a io.
Po lo que espec a al ensayo, me pa ece no sólo adecuado, sino opo uno en la medida
en que, de ese modo, Reyles es aba o eciendo al lec o las cla es pa a la lec u a de su no e-
la, seleccionando las pa es más log adas y deses imando el plano a gumen a1 que, e ec i a-
men e, ca ece de in e és.
No puedo opina lo mismo de la cos umb e de con e i el cuen o en no ela. El cuen o,
cuando es á bien concebido, posee una es uc u a ce ada, acabada, en que los elemen os
cons i u i os se hallan an i memen e en elazados que no puede añadi se ni qui a se nada
sin que su es uc u a se ea nega i amen e a ec ada. Po ello, la ama del ((Cap icho de Go-
ya)), es o es, el ágico desenlace de los amo es del o e o Paco Quiñones y la bailado a Pu a,
no casa con los juicios e lexi os y doc inales inco po ados a la no ela sob e el a e andaluz,
esul ando de ello, a pesa de su elación, una ob a híb ida compues a de dos cue pos ex a-
ños con e iden e de imen o de su alo li e a io.
Es e ac o cambia o almen e nues a pe spec i a como lec o es; si la leemos exclusi a-
men e como no ela nues a alo ación esul a, cla o es á, nega i a. En cambio, si la conside-
amos como un lib o de imp esiones y e lexiones de un iaje o que conoce po 'p ime a ez la
ciudad, el lib o a ae en mayo medida nues o in e és.
Tal ez, insis o, si mi hipó esis esul a cie a, el au o se die a cuen a de que su no ela
es aba mal u dida
y
nos o eción en o ma de ensayo lo
e dade amen e esca able
de ella.
De odos modos, el icio de la ob a híb ida lo a as a la li e a u a hispanoame icana des-
de su p ime a mues a en 1816,
El Pe iquillo Sa nien o,
de Liza di, po lo que ya ha pasado a
con e i se casi en un asgo de ini o io.
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Cos umb ismo
La no ela hispanoame icana halla en
El Emb ujo
cumplida mani es ación de un asgo
que en palab as de Usla Pie i le da unidad y ca ác e a oda la no ela del siglo xix: «La en-
dencia a concebi la no ela como una sucesión de cuad os de cos umb es, a busca
y
des a-
ca lo pin o esco, lo cu ioso, lo ípico en la ealidad. No oda la ida. no oda la ealidad. sino
la ida pin o esca, la ealidad peculia .
A
al a de mejo palab a y sacando el ocablo de su
empleo gené ico, pod íamos llama es e asgo
cos umb ismo» 7.
F u o a dío más que e dade o anac onismo, la no ela de Reyles cons i uye un ejemplo
ípico de usión en e mode nismo, cos umb ismo y no ela de esis, obedeciendo es e úl imo
aspec o al p opósi o de da un alcance ascenden e o me a ísico a los elemen os ípicos de la
ealidad.
Den o de la no ela, es el au o quien se enca ga de jus i ica la inco po ación de de alles
cos umb is as: ((...hay que empeza a hundi el bis u í en lo genuinamen e nues o: los i-
pos, las cos umb es y los sen imien os popula es. Los que quie an palpa el alma de Se illa
sin la plaza, el
ablao
y las p ocesiones, no saben lo que se pescan)) El cos umb ismo, pues,
no es un in en sí mismo, sino más bien un modo de ap oxima se a los pueblos pa a cono-
ce los en p o undidad. Desde es a pe spec i a, Reyles in oduce unas cuan as desc ipciones
es a égicamen e ubicadas en la no ela: «El T onío, Ca é de can e y baile lamencos, calles
ípicas y con leyenda, el ba io de T iana, una escena de co al, la plaza de o os, ambien a-
ción se illana en los p elimina es de la Semana San a, y las p ocesiones de la mad ugada del
Vie nes San o.
La desc ipción que p eside las páginas del
Emb ujo
pone de elie e la impo ancia del
Ca é'como espacio u ópico donde se cumplen las unciones-núcleo del ela o:
1
.O)
la p ime-
a ac uación de Pu a desde su eg eso a España con e ida en «La T iane a)), quien g acias a
su a e consigue gana se la de oción del público;
2.")
el encuen o de la bailado a con el o-
e o Paco Quiñones, que se a su nue o amo , y con Pi oche, «can ao » gi ano con quien es-
u o amancebada en iempos, y al que le unen inexplicables pe o pode osos sen imien os;
3.")
en ese mismo Ca é Pu a ases a á una puñalada a su aman e pa a sal a al gi ano Pi oche
sin ningún enco po los malos a os que le daba an es de su iun o
lo.
Po Úl imo, eco de-
mos las cha las que anscu en en «El T onío)) en e los ac o es p incipales de la no ela co-
mo p e ex o pa a in oduci la isión eylesiana del alma andaluza
'1.
En cambio, el espacio pa a ópico que odea al an e io y en el que ocu en acciones p e-
pa a o ias o secunda ias, es á cons i uido po las calles se illanas, campos, hue as
y
ja di-
nes. Es as desc ipciones poseen un léxico básico común compues o po sus an i os
y
adje i-
os asociados a di e sas sensaciones con obje o de consigna las imp esiones de las cosas
y
no las cosas mismas, como equie e la écnica imp esionis a an amilia en es a ob a:
1
.O
Sensaciones óp icas
y
c omá icas: sol, pa edes blancas, ugu ios somb íos, só di-
das callejuelas, ((ba idas albas sob e las in as neg as de los mu os)), puen es eb ios de sol,
añil del
cielo.
2.'
Sensaciones acús icas
y
musicales: gui a as, cas añuelas, o ganillos, coplas, calles
umo osas.
3.O
Sensaciones ol a i as y c oma icas: la ciudad en e a huele a
ino,
a cla eles
y
a opa
blanca de muje , bo ones, yemas,
capullos, ge anios, osas, a omas de azaha .
Cuando no, se e ie en a de alles u banís icos
y
monumen ales.
o.
simplemen e. a ele-
men os o namen ales que pe ilan la isonomía de la ciudad: ejados,. ejadillos, ale os, en a-
nas lo ecidas, pa edes blancas, en anas pequeñas. en anucos angos os. calles amplias.
oscu as callejuelas, somb íos callejones, azulejos, ejas, abe nas. pues os de cas añas. la
.
To e mau i ana. la To e del O o, el Alcáza . el A chi o de Indias, el Guadalqui i .
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El elemen o humano popula ocupa un educido espacio en la no ela ensomb ecido
siemp e po la igu a de los p o agonis as, y s61o muy acceso iamen e pa icipa en la ama.
En el mejo de los casos, si e de elón de ondo pa a las escenas cos umb is as; así, po
ejemplo, en un paseo en manola po el ba io de T iana, los pe sonajes obse an: a las ego-
nas que (( ecogidas las sayas, a emangados los b azos, ba ían las e edas; las comad es de
pa illas aca acoladas y moñe e chismeaban en las esquinas; endedo es de muy di e sos
a ículos, a pie o sen ados en las angulosas ancas de los bo iquillos mo unos, pasaban
...
Cie o endedo de al ajo es los p egonaba con un can o
ga gan eao
...
Como e a Domingo
de Resu ección, los espa e os, los alba done os, los emendones, no abajaban en los so-
po ales de las casas o a las pue as de ellas, ni lucían colgadas de cla os y co dones sus pin-
o escas me cade ías; pe o las calles, limpias y blancas, las casi as diminu as como jugue es,
las ejas lo idas, las pe sianas e des, las jaulas de pája os, los os os ien es de los chi-
quillos que, po docenas, jugaban en medio del a oyo, encan aban los ojos y e escaban el
alma)).
(E,
72).
Uno de los ins an es desc ip i os más a o unados de la no ela co esponde a una is a
pano ámica de la ciudad y pueblos adyacen es desde la Gi alda; allí, en el úl imo cue po de la
To e, los p o agonis as, como si su mi ada ue a el obje i o de una cáma a, an en ocando
sucesi amen e la Lonja, la Fáb ica de Tabacos, San Telmo, el puen e de T iana, el ojo on-
is de San Jacin o, y, a lo lejos, los puebleci os de Co ias, Gel es, San Juan de Aznal a ache,
Cas illeja de la Cues a, Camas y, a la de echa, San iponce.
En odas es as desc ipciones p edomina el ca ác e usionis a de las sensaciones p opio
del mode nismo y de la écnica imp esionis a, pe o en ninguna alcanza al abiga amien o de
manchas y colo es como en la de una a de de o os, donde los elemen os plás icos ad-
quie en po su i eza pode es ciné icos y c omá icos que opacan las igu as humanas que les
si en de sopo e. La desc ipción, en es planos, p esen a: abajo, el ama illo y ojo del
uedo; en el medio, la abiga ada colo ación de la muchedumb e; en lo al o, el zaul abioso
del cielo.
La igu a e ó ica que p eside el ex o es la me onimia: ((Las man illas de neg os mad o-
ños o ní eo encaje, las peinas jaca andosas, los cla eles y las osas de uego, los ojos gacho-
nes,
...
los man ones de Manila, ex endidos, pa ecían a ia es de lo es. Mi adas pegajosas
como moscas e olo eaban al ededo de los cuellos ágiles y los esco es mó bidos. El sol
caía a pleno sob e la a ena, ocándola en opacio ulgu an e. Oíase como un zumbido de
abejas. De ez en cuando una exclamación g aciosa, un dicho opo uno hacía eí a la plaza
en e a. El ai e he ía. Los abanicos ale eaban en los palcos, y en los endidos de sol las bo as
de ino ci culaban de mano en mano. Po aquella pa e, la somb a de los
anchos
les ponía
neg os an i aces a los os os de los homb es. Los man ones de alle y las blusas de las
hemb as des acaban sus colo es o undos sob e la masa del público; los ebozos de espu-
milla neg a enían e lejos o nasolados; las cabezas, ca gadas de cla eles e en ones,
pa ecían i as ma iposas))
(E,
137).
Po úl imo, una buena pa e de los capí ulps XIV y XV es án dedicados a la Semana San-
a, ies a que Reyles sabe sen i no como ex anje o, sino como un se illano más de esos que
él nos desc ibe en una imagen de la calle Sie pes en los p elimina es de an eligiosa celeb a-
ción: ((De ás de las g andes id ie as de los clubs, los ca és y las peluque ías de la amosa
calle, epan igados en muelles sillones, iendo pasa la gen e, los buenos se illanos discu ían
las medidas adop adas po las au o idades y co adías pa a asegu a el éxi o y esplendo de
las ies as))
(E,
275). No'éscapa a su mi ada a en a la labo me i o ia y anónima de las cama e-
as que limpian los man os, encajes y joyas que habían de luci las imágenes, ni la i alidad
en e las dis in as He mandades: ((Cada Co adía y cqda He mandad se es o zaba po se la
pdme a en impo ancia y pompa))
(E,
275).
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El
ca ác e andaluz
En es aspec os cen a Reyles lo que hemos denominado su isión de Andalucía: el sa-
ác e andaluz, el signi icado de su a e y la ascendencia de lo andaluz.
Las i udes y de ec os del ca ác e andaluz se enca nan undamen almen e en el pe so-
naje de Paco Quiñones, en pa icula , el es oicismo an e los a a a es del des ino, la des-
p eocupación
y
la indolencia; mas, como si el au o quisie a lima las aspe ezas de an a pasi-
idad, la con a es a concediéndole una g an capacidad de eacción. impulsi a aunque
a día; así el p o agonis a, miemb o de la a is oc acia andaluza, que dilapida su o una en la
jue ga has a queda o almen e a uinado, se sob epone dedicándose al o eo
y
a iesgando
con ello su posición y su ida.
En él, Reyles le o ece al lec o la adiog a ía de un de e minado sec o de la sociedad en
la Se illa de in de siglo: ((Paco, como la gene alidad de los andaluces de su condición, no
enía o os p opósi os ni o as ambiciones que sa is ace sus gus os y cap ichos,
y
i i lo
más egaladamen e posible. Los cálculos p olijos, la ac i idad e lexi a, no es aban en sus
lib os
...
comp endía y admi aba la ida in ensa de yanquis, ingleses y alemanes, pe o p e e ía
el deja se co e se illano»
(E,
62-63).
Cie amen e es a imagen con as a con la o a ca a de Se illa, la que ha sido analizada
po Nicolás Salas en su lib o
Se illa. C ónicas del siglo
xx,
donde nos p esen a con neg as
'
in as los asgos de una ciudad asolada po la plaga del hamb e, que hacía lanza se al pueblo
a las calles, la igno ancia -se ca ecía de la más mínima ilus ación-, y la mue e, en la que
alcanzaba an al as co as que colocó a Se illa en el e ce luga del mundo en índice de
mo andad
12.
Sin duda, el esc i o u uguayo conocía esa Se illa, pe o u o buen cuidado de igno a la
po que ca ecía de las i ualidades es é icas que an a anosamen e buscaba en la ((se illa del
u is a)) -como la llama Nicolás Salas-
y
que desde luego ambién e a una az, la más ex-
e na, de la ciudad.
La de Paco Quiñones es una iloso ía del ins an e que demues a un desp ecio olímpico
po la His o ia
y
un iun alismo que pa ece esumi su sen ido en el ópico an la ino del «ca -
pe diem)) ho aciano: «Un pueblo -dice- que desp ecia el pellejo, el abajo, la iqueza
y
el
sabe , y ama el onío, la alen ía, la g acia y el goce, no es á de más en es e píca o mundo))
(E,
65).
Sal ando las dis ancias, ambién Ce nuda había can ado el goce de i i del andaluz en
su amoso poema «El indolen e)):
As/; al pone se la a de, u pod ias
de un ino anspa en e bebe el colo ubio
mo diendo la delicia de un pan
y
de una u a,
y
luego silencioso, endido jun o al ~ío,
e la i en la honda noche las es ellas.
En con aposición con la ac i ud «paso is a» de Quiñones. Pu a, a a és de sus iajes
y
expe iencias en el ex anje o, descub e que el mal de los andaluces, su a aso, se debe a la
al a de aspi aciones, de me as: «Si ie as cómo son po allá. Todos ienen su chalau a; o-
dos quie en i lejos, cada cual en lo suyo. Noso os, no, y po eso nos amos quedando
a ás))
(E,
621.
En consecuencia, el sen i de Reyles pa ece inclina se hacia la conjunción de ambas
i-
siones opues as: p og eso, si, pe o sin enuncia a esos alo es an p opios del andaluz que le
p edisponen de modo especial pa a el goce de i i , pa a sabe odea se de belleza
y
aleg ía,
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p ecioso legado de sus an eceso es á abes an dados a la olup uosidad y el e inamien o.
De odos los asgos del ca ec e se illano el que mejo condensa su iden idad es lo e -
sá il, el pode de ans igu ación como u o de la usión B nica subyacen e: ((¡Tie a ica y
ie a pob e, ie a aleg e y ie a is e; ie a de hechizos incompa ables y de ealidades só -
didasl
s
También Ce nuda es uc u a su poema «El Andaluz)) en o no a las ambi alencias y
con as es de su alma:
Somb a hecha de luz
que emplando epele,
Es uego con nie e
El andaluz,
Enigma al asluz,
Pues a en e gen e solo,
Es amo con odio
El andaluz.
Oh
he mano mío, ú.
Dios, que e c ea,
Se á quien comp enda
Al
andaluz.
Signi icado del a e andaluz
Dos mani es aciones del a e andaluz, el lamenco -en endido como can e y baile- y
el o eo, discu en de modo pa alelo, según Reyles, en el sen i del público; dies os y gana-
de os eían en el ablao la ad~ i~u ación a ís ica de la alen ía de la plaza, y en és a la en-
ca nación eal de los desplan es del abla~.
El can e. El alo del can e es iba en se exp esión au én ica del sen imien o popula :
((Ninguna música, ue a de la música de Bee ho en, me emue e las en añas como ese llo o
de gi anos, po que ninguna es an pueblo, an mise able, an humana..
.
»
(E,
31
1,
pe o, sen i-
mien o en endido como dolo : «El can ao sin su imien o es una gui a a sin co daje: hace
uido pe o no suena)), nos dice Sil e io, dueño del «T onío».
El baile. La obse ación más aguda en es e dominio co esponde al e es imie l o e ó ico
del a e del ablao; después de desc ibi los ges os p o ocado es-e ocado es del juego e ó i-
co que la T iane a despliega en su baile, ae a la memo ia los o ígenes de ese e o ismo:
«Aquel baile, asun o iel de la olup uosidad mo a
y
del o gullo español, les e ol ía en los
an os más ecóndi os del alma los ins in os oscu os, las le adu as ex añas del abandono e
impe io, de dolo y place , de ida y mue e que e men an en odo e o ismo))
l3
(E,
42).
El o eo.
Es
en el o eo donde Reyles juega la ca a más pelig osa de su esis al conce-
de le
un
sígni icado que asciende lo me amen e a ís ico y ágico de la aena: «Sin duda, el
o e o céleb e es, aunque pa ezca pa adoja o eno me disla e, el p o eso de ene gía e idealis-
mo de nues as mul i udes. El les habla del lenguaje que ellas en ienden y les llena el alma de
ape encias de o o y ambición de glo ia. Es un es imulan e, el único que poseen. Exis en, a no
duda lo, o as in luencias más nobles, pe o ninguna llega al pueblo, y és e, sin el lidiado que
condenan a cíegas los mo alis as se queda ía ayuno de odo alimen o espi i ual))
(E,
34).
Con es a de ensa a ul anzas pues a en boca dd don Gaspa -abogado de la Emp esa
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