DE
ARTE
NUEVO
UNA
OBRA
DE
ENRIQUE
PÉREZ
COMENDADOR
La
adición
imagine a
española,
no
se
in e umpe,
an es
al
con a io
se
igo iza,
y
po
los
iejos
caminos
illados
po
una
e
honda,
un
depu ado
sen ido
de
la
o ma
y
una
maes ía
en
la
ejecución,
con inúa
su
pujan e
ma cha.
Es
es e,
un
enómeno
ne amen e
español
y
sin
pa ,
en
el
sen ido
peculia
y
ca ac e ís ico
que
in o ma
la
p opia
azón
de
se
de
es as
g andes
ob as, ob as,
que
una
piedad
eclama
y
unos
golpes
de
gubia
hacen
b o a
sob e
el
leño,
como
exp esión
acabada
de
una
emoción
p eñada
de
eligiosidad,
de
li u gia,
sen ido
his ó ico
y
alo
eológico.
Todo
ello
se
da
en
equilib ada
p opo ción,
pa a
hace
posible
el
milag o.
Y
se
cumple
de
modo
ex ao dina io
en
las
pujan es
ob as
de
nues os
imagine os
ac uales,
que,
cabe
deci ,
supe an
las
de
los
iejos
maes os
en
muy
in e esan es
aspec os,
y
en
cu iosas
modalidades
que
pudié amos
llama
nue as.
Posiblemen e,
la
isión
ce cana
o
demasiado
p óxima
nos
lle e
a
cae
en
e o es
de
ap eciación,
juicio
o
c í ica
sob e
la
ob a
de
a e,
pe o
no
obs an e,
puede
cons i ui
índice
ap eciable
pa a
log a
en ende
el
ambien e
que
conside amos
nues o
y
que,
jus amen e,
debe
me ece nos
especial
a ención.
Y,
po
o o
lado,
quizá
pueda
se i
pa a
que,
en
el
anda
del
iempo,
es as
no as,
y
o as
muchas
(más
a inadas
y
i
nas
en
pe cepción)
coope en
a
señala
en
qué
g ado
y
con
qué
sensibilidad
supimos
ap ecia
lo
que
an e
noso os
log aba
p oduci se
con
in ensidad
an
a ia;
lo
que
al
ez
pueda
se i
de
no ma
en
un
u u o
pa a
un
conocimien o,
posiblemen e
más
jus o
y
más
equilib ado,
en
azón
a
lo
que
pudié amos
llama
depu ación
a
dis ancia,
pues
■14
C.
DE
MERGEUNA
an e
el
mundo
complejo
y
he e ogéneo
que
nos
odea,
no
es
a a
la
posibilidad
de
una
p esbicia
en
la
con emplación
e
imp esión
de
una
ob a
de
a e.
La
dis ancia,
el
iempo,
puede
co egi
el
de ec o
de
una
acomodación
inmedia a,
pe o
nadie
pod á
nega ,
que
si
nues a
isión
se
acomoda
ealmen e
a
nues o
p opio
sen ido,
pa a
una
u u a
in e p e ación
del
momen o
ac ual,
se i á
es e
modo
de
e ,
sen i
y
alo a ,
de
una
cie a
e icacia.
Y
decíamos,
que
hoy,
po
o una,
la
adición
de
nues os
g andes
imagine os
se
man iene
i a
y
llena
de
pujanza,
e
incluso
con
alcances
mayo es
en
múl iples
aspec os,
como
con iene
a
un
nue o
sen ido,
a
un
alo
ac ual,
que
sin
desdeña
en
modo
alguno
la
espi i ualidad
y
alcance
del
pasado,
y
has a
iejas
écnicas,
sabe
amo osamen e,
cuidadosamen e,
escan
cia lo
sob e
nue os
asos
y
nue os
moldes
de
más
cla a
in e
p e ación,
de
mayo es
ala des
e
incluso
de
una
comp ensión
más
lib e,
sin
que
és a
se
disocie
ni
se
con aponga
a
los
se e os
dic
ados
de
dogma,
e,
li u gia,
conciencia
indi idual
y
emo i idad.
Es e
caso
se
da,
po
g an
o una,
en
uno
de
nues os
ac uales
a is as,
que
ha
sabido
conquis a
po
su
alen o
y
po
su
especial
sensibilidad,
ango
muy
des acado
y
ha
podido
si ua se
en
la
línea
al a
que
señalan
sus
magní icas
concepciones.
En ique
Pé ez
Comendado ,
maes o
admi ado,
con
la
gubia,
con
el
cincel,
con
el
palillo,
con
ios
dedos,
hábil
de
sus
manos,
supo
plasma
ideas
su iles
y
delicadas,
en
el
b once,
en
la
made a,
en
el
má mol,
en
el
ba o,
en
mo e o,
dándoles
co po
eidad,
llena
de
encan o
y
háli os
de
ida
insospechados.
Su
ob a,
amplia
y
has a
he e ogénea,
en
azón
a
su
misma
inquie ud
espi i ual,
señala
modalidades
di e sas,
siemp e
enca
jadas
en
un
especial
equilib io,
que
man iene
su
i
el
en
una
cla a
since idad,
y
a
eno
de
es a
especial
i ud,
se
dan
en
el
conjun o
de
su
espléndida
ob a,
especiales
pa adojas
de
ejecución,
que
lejos
de
se
ales,
nos
si en
pa a
en ende ,
como
hábilmen e
pueden
aduci se
ideas
u ilizando
medios
dis in os
en
pe ec a
consonancia
con
ellas.
El
niño
de
la
i u a;
Amanece ;
La
campesina;
F aile
omano;
Cisne os;
Núñez
de
Balboa;
Piza a.
La
encan ado a
cabeci a
in an il
en
ba o
(delicadísimo
e a o).
Los
desnudos
emeninos
igo osos...
mundos
dis in os,
de
delicadas
sua i
dades,
de
inos
modelados,
de
sen idos
ealismos,
de
ené gicas
y
con unden es
y
has a
du as
líneas...,
mane as
muy
di e sas
de
UNA
OBRA
DE
ENRIQUE
PÉREZ
COMENDADOR
15
hace
y
de
en ende
que
mues an
pa en es,
sob e
es e
su
amplio
modo,
el
acue do
magní ico
de
la
i ud
y
agilidad
de
sabias
manos,
con
la
cla idad
de
una
concepción
bien
madu a
y
mejo
sen ida.
Y
así,
bajo
el
sello
único-
de
una
g an
since idad
al
se icio
de
una
idea,
se
puso
sen imien o
y
se
puso
olun ad,
guías
de
esas
manos,
que
ienen
la
i ud
de
log a
una
acabada
exp esión,
ya
en
oques
sua es
y
delicados,
o
en
du os
golpes
de
gubia
o
cincel.
No
in en amos
hace
un
es udio
o al
de
la
ob a
de
es e
excelen e
a is a
has a
el
momen o
ac ual
(1).
Sólo
p e endemos
da
a
conoce
en
es as
páginas
una
ecien e
y
señe a
p oducción,
que
den o
del
plano
de
la
escul u a
eligiosa,
y
más
aún,
de
la
p ocesional
(con o me
a
es e
sen ido
an
ne amen e
español,
an
nues o)
adquie e
alo
señalado
y
de e mina
en
nues o
con
cep o
un
hi o,
un
jalón
de
alo
sus an i o
y
p opio;
ob a
complicada
y
di ícil,
pe o
que
esuel e
con
singula
acie o,
muy
di e sos
p oblemas,
como
son,
los
de
una
in e p e ación
peculia
y
sen ida
de
cada
uno
de
los
componen es
que
la
in eg an;
una
pe ec a
adap ación
de
cada
elemen o
a
una
cla a
concepción
escénica,
y
sob e
odo
es o,
como
lazo
y
acue do
máximo,
una
emo i idad,
no
ya
p o undamen e
eligiosa
y
en
al
sen ido
adecuada
y
jus a,
sino
algo
más,
y
segu amen e
de
mayo
impo
ancia,
un
alo
p o undamen e
piadoso
que
po
su
p opia
i ud,
no
ha
an
sólo
de
p oduci
una
admi ación
(la
ía
admi ación
de
un
c í ico),
sino
que
consigue
se
doblen
y
ahinque
las
odillas
y
se
musi e
hondamen e
una
plega ia,
al
len o
a anza
del
paso,
en
el
a a dece
de
un
día
consag ado
al
ecue do
del
más
g ande
de
los
sac i icios,
el
que
hizo
posible
nues a
Redención.
El
San o
En ie o:
G upo
de
sie e
i
gu as
de
alla
en
made a
polic omada.
Ob a
del
escul o
En ique
Pé ez
Comendado .-1951.
Así
pod ía
edac a se
la
ía
papele a
de
un
Museo
o
el
in en a io
de
una
p oducción
a ís ica,
en
las
páginas
de
cual
quie
es udio
que
de
su
ob a
se
hicie a.
El
in en o
de
aden a nos
en
es a
pa é ica
ob a,
puede
excu
sa se
en
azón
a
nues a
p opia
admi ación.
(1)
Pa a
conoce
la
ob a
de
Comendado ,
aconsejamos
el
in e esan e
es udio
del
ilus e
académico
de
Bellas
A es,
S .
La uen e
Fe a i,
que
alcanza
la
p oducción
del
a is a
has a
1947,
i ulada
«En ique
Pé ez
Comen'
dado .—Escul u as
y
Dibujos^,
Ed.
Nue a
Epoca.
Mad id,
1947.
16
C.
DE
MERGELINA
Del
egazo
amo oso
y
dolo ido
de
la
Mad e,
Nicodemo,
acaba
de
a anca
el
cue po
del
Hijo,
y
a
ello
ayudan,
Juan,
el
Discípulo
amado,
y
José
de
A ima liea,
quienes
oda ía
man
ienen
el
lienzo
que
si ie a
pa a
descende le
de
la
C uz.
(Láms.
I
y
II).
Ella,
la
San a
Mad e,
se
alza
i
me,
e guida,
magni ica
en
su
inmenso
dolo ,
y
a iende
al
ins an e
con
exp esión
de
la
más
honda
pena.
Sus
manos,
las
manos
que
an es
aca icia an
el
llagado
cue po,
al as
de
él,
pa ecen
que e
uni se,
asiendo
algo
muy
que ido
que
se
pie de;
y
se
ena can
en e
al
pecho
en
posi
ción
de
ecoge
lo
que
se
escapa;
y
iene
es e
ademán,
algo
de
honda
piedad
y
algo
de
ado ación,
sin
a ec ación
alguna,
sin
ea alidad,
como
impulso
an
sólo
del
más
hondo
sen ido
dolo oso
y
de
la
emo i idad
más
acen uada,
p o unda
e
ín ima,
(Lám.
III).
La
imagen
de
la
Vi gen
Dolo osa,
cons i uye
el
eje
e ical
máximo
de
la
composición
escénica,
y
es
el
é ice
de
ese
ideal
iángulo
cuya
base
azan
las
manos
amo osas
de
Ma ía
de
Magdala,
los
pies
llagados
y
hendidos
del
Sal ado
y
los
amplios
pliegues
de
la
única
y
man o
de
Ma ía
Cleo ás.
Y
es e
iángulo
equilá e o
que
se
iende
en
p o undidad,
encie a,
dos
undamen ales
i
gu as
exp esi as,
la
de
la
Mad e
y
la
del
Hijo;
odo
lo
demás,
con
se
de
an
subido
mé i o
y
an
hábil
men e
compues o
y
encajado,
es
acceso io,
Y
así,
ni
I^s
ac i udes
lógicas,
pe o
dispa es
y
con adic o ias
que
se
c uzan,
ni
las
líneas
que
se
cie an,
ni
el
p opio
excesi o
plegado
de
paños
densos,
que
in en an
cub i
las
ca nes,
enma can
o
des i úan
los
dos
elemen os
undamen ales
del
paso;
las
igu as
de
la
Mad e,
es á icamen e
dolo ida,
y
la
del
Hijo,
ecien emen e
descolgado
del
made o
y
yacen e
aho a
en e
los
iejos
y
ne
udos
b azos
de
Nicodemo.
El
conjun o
de
es a
espléndida
escena
es
un
acie o.
Los
planos
en
que
se
si úan
las
i
gu as,
apa ecen
coo di
nados,
no
sólo
en
azón
al
emplazamien o
jus o,
desde
cualquie
pun o
que
se
las
obse e,
sino
incluso
en
azón
a
la
p opia
e
in ima
signi icación
del
momen o.
UNA
OBRA
DE
ENRIQUE
PÉREZ
COMENDADOR
17
Un
al o
en
el
camino
hacia
el
cubículo
nue o
que
el
de
A ima hea
comp a a.
Y
de
un
modo
ideal,
desde
el
op obioso
san o
leño
que
man u o
el
Sag ado
Cue po,
has a
el
sepulc o,
una
línea
ígida,
en
un
sucesi o
acon ece
se
ma ca,
y
un
ins an e
de
su
ayec o,
supo
cap a lo
el
a is a
de
modo
so p enden e,
es e
ins an e
que
nos
mues a
en
su
sabia
y
since a
composición.
Hay,
pues,
un
algo
que
no
se
e,
que
pasó,
pe o
que
quedó
la en e
y
i o
sob e
el
mismo
momen o
cap ado
po
la
in eli
gencia
del
a is a.
Hay
algo
que
a
a
acon ece ,
la
deposición
del
Sag ado
Cue po
(ya
ungido
amo osamen e)
en e
las
losas
de
un
sepulc o.
Hay
algo
más.
algo
que
p esien en
las
i
gu as
en
sus
exp esiones;
la
g an
ic o ia
i
nal
y
g andiosa
del
Hijo
de
Dios,
la
Resu eción
de
ese
Cue po,
mace ado
y
e iblemen e
llagado!
que
muy
en
b e e,
esplandece á
glo ioso,
es imoniando
su
indiscu ible
di inidad.
Es,
pues,
nues a
escena,
como
un
ins an e
del
g an
d ama,
ecogido
con
singula
emo i idad
po
nues o
a is a.
No
hay
en
la
composición,
ea alidad
ni
a ec ación
alguna.
Cada
elemen o
se
acopla
a
su
p opia
misión
con
especial
alo
y
cumple
la
no ma
que
la
p opia
si uación
la
impone,
sin
me ma
de
la
exp esión
de
hondo
dolo
que
les
emba ga.
In e esa
analiza
el
alo
de
es os
elemen os,
en
los
que
de
an emano
cabe
señala ,
la
since idad
con
que
el
a is a
quiso
concebi los.
Pudié amos
deci
sin
iolencia
alguna,
que
cada
i
gu a
puede
conside a se
exen a,
con
alo
p opio
y
sus an i o,
independien e
de
su
misión
especial
al
acopla se
a
la
composición
escénica.
Pudie a
al
ez
decí senos,
que
las
dos
i
gu as
la e ales,
San
Juan
y
Ma ía
Cleo ás,
desen onan
de
ese
azo
geomé ico
en
que
hemos
que ido
encaja
la
g an
composición.
C eo,
po
el
con
a io,
que
son
dos
admi ables
acie os.
Son,
a
mi
modo
de
e ,
como
dos
no as
ex ao dina iamen e
exp esi as
que,
sin
ehui
ni
desliga se
del
solemne
is e
momen o,
a ienden
a
quien
en
los
du os
ins an es
deben
a ende ,
a
la
dulce
y
dolo ida
Mad e.
Y
hay
en
el
Discípulo
amado,
en
quien
acaba
de
oí
la
más
aliosa
ecomendación
(S.
Juan-18.
1-40;
19,
1-42),
oda
la
exp e
sión
ansiada
y
i a
de
quien
se
conside a
hijo.
Y
hay
en
Ma ía
Cleo ás,
como
o o
elemen o
exp esi o,
una
in e ogan e
mi ada
15
C.
DE
MERGELINA
hacia
la
Vi gen,
en
espe a
de
una
indicación
y
un
deseo.
Y
ni
Ma ía
Cleo ás
abandona
po
ello
su
misión
en
el
momen o,
ni
en
las
manos
del
que
luego
esc ibi á
en
Pa mos,
se
dobla
con
descuido
el
lienzo
que
sos iene
el
Sag ado
Cue po;
pe o
en
las
dos
g andes
i
gu as,
una
a ención
p e e en e
se
encauza
hacia
la
Vi gen,
eje
i o
del
p o undo
dolo
que
el
a is a
quiso
cap a ,
log ándolo
po
o una,
de
modo
ma a illoso.
Las
i
gu as
de
San
Juan
y
de
Ma ía
Cleo ás
(damos
ep o
ducción
de
las
ob as,
exen as
y
an es
de
polic oma ,
pa a
que
se
ap ecien
mejo
sus
alo es)
(Láms.
IV
y
V)
señalan
bien
es a
honda
emo i idad
y
acusan,
cómo
en
la
concepción
del
a is a,
pudo
man ene se
sob e
esa
^ a
indi idualización,
el
aco de
ín imo
que
las
encaja
so p enden emen e
en
la
escena.
Ellas
de
po
sí.
sin
necesidad
de
aco da se
a
nada,
ienen
un
alo
eal
y
pueden
su i
la
más
se e a
c í ica
sin
de imen o
alguno.
Mas,
sob e
es o,
lo
in e no,
lo
anímico,
se
acen úa.
Obsé ese
la
exp esión
a en a,
espec an e,
de
Ma ía
Cleo ás,
enden e
hacia
la
Vi gen,
como
an es
apun amos,
y
obsé ese
es o,
cuando
la
ob a
acusa
oda ía
las
e as
de
la
made a,
po que
la
polic omía
no
las
ha
bo ado.
(Lám.
V).
No
es
es o
nue o
en
nues o
a is a.
Es
algo
congéni o
a
su
modo
de
e
e
in e p e a .
,
,
No
podemos
sus ae nos
a
da
un
espléndido
ejemplo,
como
señala
la
cabeza
de
Nues a
Seño a
del
P ime
Dolo ,
allada
en
1943,
po
el
a is a
y
conse ada
en
Ca agena
(Lám.
VI).
In e esa
mos a la
eno me
ue za
exp esi a,
bien
log ada,
esplén
didamen e
log ada,
y
su
ín ima
compene ación
con
odo
cuan o
en
sí
supone.
La
Mad e
asis e
a
una
escena
en
la
que
po
ez
p ime a
su e
el
Hijo,
y
hay
algo
espec an e,
y
sob e
espec an e,
dolo oso,
que
unce
sus
cejas
y
ab e
sus
pá pados,
sin
descompone
la
cla a
y
bella
se enidad
de
las
sen idas
y
pe ec as
líneas.
La
Vi gen,
en
el
«San o
En ie o»,
es
ya
la
ma ona
cu ida
en
el
dolo ,
y
en
su
en e
pu a,
los
años
han
dejado
huellas.
La
sép ima
espada
acaba
de
hundi se
en
su
co azón,
pe o
la
in ensa
emo i idad
d amá ica,
no
p oduce
desequilib io
alguno,
sino
que
se
mani ies a
en
una
cla a
y
pe ec a
se enidad.
Es
un
dolo
que
no
g i a,
ni
ges icula,
ni
se
deba e
en
ac i ud
a ec ada.
UNA
OBRA
DE
ENRIQUE
PÉREZ
COMENDADOR
19
al
modo
de
las
in e p e aciones
de
nues os
iejos
imagine os;
es
un
dolo
callado,
que
se
econcen a
en
su
misma
in ensidad,
y
que
en
su
mayo
pa e,
pone
su
ue za
exp esi a
en
el
ademán
de
esas
bendi as
manos,
que
ienen
algo
de
ca icia
y
de
súplica.
Véase
Lám
III).
No
es
nue a
es a
ca ac e ís ica
in e p e ación
de
la
Vi gen,
en
la
p oducción
de
nues o
a is a.
En
1937,
allaba
en
Roma
un
bus o
de
la
Dolo osa
que
puede
conside a se
como
un
an icipo,
ya
bien
log ado,
de
es a
g an
ob a
que
nos
ocupa.
La uen e,
al
habla nos
de
ella
(1),
hace
ya
esal a
la
exp e
sión
de
unas
manos
que
se
c uzan.
Es as
manos,
en
la
Dolo osa
del
«San o
En ie o»
adquie en
mayo
y
más
in enso
alo ,
como
an es
ano amos.
No a
ca ac e ís ica
de
nues o
a is a,
es
su
sen ido
ealis a,
de
ese
ealismo
que
cons i uye
alo
especial
en
la
mayo ía
de
nues as
g andes
ob as,
y
que
es
algo
que
pudié amos
llama
congéni o
a
nues o
modo
de
e
e
in e p e a
el
mundo.
Lo
almiba ado
o
dulzón
(que
a
eces
pasa
po
idealizaciones,
boni as)
no
podía
da se,
en
modo
alguno,
en
un
a is a
de
ne io.
El
ealismo
a
ul anza
de
un
Be ugue e,
o
de
un
Juni,
con
sus
iolencias
en
las
lineas,
o
las
sua es,
emeninas
y
sensibles
in e p e aciones
de
un
G ego io
Fe nández,
o
esas
éplicas
magní icas
sob e
modelos
i os,
ecogidos
po
Salcillo,
con i
iendo
a
la
hue ana
le an ina
en
Mad e
de
Dios
(po
no
hace
más
p esun uosas
ci as),
no
con ienen
al
empe amen o
de
un
Pé ez
Comendado .
Tal
ez,
allá,
en
una
dis an e
pe o
cla a
lejanía,
pudié amos
encon a
como
ene o
de
es e
su
modo
peculia
y
p opio
de
hace ,
un
en onque
con
la
ieja
escuela
se illana,
donde
el
a is a
bebe
y
se
nu e,
después
de
abandona
su
ie a
ex emeña
en
sus
años
mozos.
El
ealismo
de
nues o
escul o
se
acomoda
más
al
sen ido
de
una
isión
in e io
que
a
la
simple
búsqueda
de
un
modelo,
que
pudie a
encon a se
en
el
dobla
de
cada
esquina,
como
hicie on
nues os
g andes
escul o es
y
nues os
g andes
pin o es;
y
sin
desdeña
lo
i o,
y
aun
basándose
en
ello,
c ea
su
ipo,
en
consonancia
pe ec a
en e
la
ealidad
y
su
p opio
e
ín imo
sen ido.
(1)
Ob.
ci .,
pág.
20.
lám.
15.
20
C.
DE
MERGELINA
Ello
no
empece
pa a
que
la
i a
p esencia
del
modelo
se
acuse;
p uebánlo
las
i
gu as
de
Ma ía
Cleo ás
y
José
de
A i-
ma hea.
La
Vi gen
Dolo osa
es
muje ,
muje
ansida
de
penas,
casi
ago ada
en
los
más
g andes
su imien os;
i a
y
eal,
como
cualquie
muje -mad e,
pe o
es
ambién
en
el
plano
de
su
p opia
humildad
y
en ega
magni ica,
la
Mad e
de
Dios
y
la
Co eden-
o a
nues a.
Y
he
aquí,
como
nues o
a is a
supo
he mana
sob e
una
i a
y
eal
exp esión
humana,
algo
que
supone
a
más,
un
p o undo
sen ido
anímico
in e no,
que
a
su
ez
iene,
como
especial
ca ac e ís ica,
o o
más
hondo
y
de
mayo
in e és,
es o
es,
el
de
se i
de
acica e
pujan e
a
la
comp ensión
de
un
momen o
his ó ico,
y
po
ende,
y
en
consonancia
ín ima
con
él,
el
de
hace
b o a
en
el
alma
del
espec ado
la
alo ación
eli
giosa
de
un
ins an e,
que
iene
de
po
sí
insospechadas
eso
nancias,
lo
que
ae
como
consecuencia
necesa ia,
apenas
nos
despojemos
de
pe ulancias
hue as,
hinca
las
odillas
y
ab i
nues os
labios
en
una
sen ida
plega ia.
Así,
el
a is a
consiguió
da
alo
ín imo
y
eligioso
a
su
magni ica
ob a.
El
g upo
cen al,
que
le
componen
la
i
gu a
del
Sal ado
yacen e,
sos enido
po
Nicodemo,
cons i uye
un
acie o
en
sus
lineas
y
alcanza
un
pe ec o
sen ido
en
la
composición.
La
i
gu a
del
Seño ,
mues a
un
o so
i
namen e
conseguido,
e lejando
un
es udio
ana ómico
acabado.
Ha
huido
el
a is a
de
ep esen a
el
cue po,
lace ado,
undido,
ume ac o
y
llagado;
es o
es,
nada
que
descomponga
la
se enidad
de
esas
i
nas
líneas
que
señalan
un
modelado
an
bien
sen ido
como
bellamen e
ejecu ado.
Se
ha
huido,
en
la
poli
c omía,
incluso
de
los
amo a ados
y
de
la
imp esión
de
asga
du as
que
sang an
y
de
he idas
en
cuyos
bo des
se
coaguló
la
sang e,
después
de
de ama se
en
hilos
sob e
la
ca ne
dolo ida
(polic omía
an
ca a
a
nues os
iejos
y
glo iosos
imagine os).
El
San o
Cue po
ha
sido
ya
la ado
y
ungido
amo osamen e,
y
como
una
p ueba
de
ello,
quedan
en e
las
ocas,
los
asos
acíos
ya,
de
las
mix u as
olo osas,
mi a
y
áloe,
que
la
piedad
y
el
amo
de
las
San as
Muje es,
p epa a a
con
solici ud
sen ida
y
que
con
a ec o
comp a a
Nicodemo.
Tan
sólo
la
palidez
ma ileña
que
pone
la
mue e,
con as
ando
con
la
polic omía
sabia
y
o denada
que
se
de ama
sob e
"ül
San o
En ie os.
Talla
en
made a
polic omada
de
lín ique
Pé ez
Comendado .
(Conjun o
del
pasoC
(Pé ez
C iinendaclii .
José
de
e alle).
J
a
>Va
LAm,n.
,X,
.El
San o
En ie o»
(Pé ez
Con endado ,
Conjun o
del
paso)
UNA
OBRA
DE
ENRIQUE PÉREZ
COMENDADOR
21
únicas
y
man os,
hace
esal a
y
alo a
más
la
alla
magniñca
que
acusa
el
cue po
del
Di ino
Yacen e,
cen ando
obligada
men e
nues a
mi ada
en
el
mo i o
p incipal
de
la
espléndida
y
dolo osa
escena.
En
la
i
gu a
de
Nicodemo,
la
cabeza,
se e a
(Lám.
VII)
pe
ec a
en
su
modelado
sob io,
acusa
asgos
alien es
que
no
menoscaban
la
exp esión
log ada
de
una
honda
is eza.
Es a
i
gu a,
que
po
su
adap ación
en
la
escena
es
la
única
que
pa ece
desde
algún
pun o
de
is a
como
undida
y
ocul a,
desde
o os
pun os
de
is a
en
que
se
la
con emple,
adquie e
como
las
demás
un
alo
de
ob a
exen a
y
lib e,
has a
el
pun o
que
puede
man ene ,
a
ue
de
la
o al
since idad
de
la
ob a,
el
análisis
más
minucioso,
y
como
consecuencia
de
él,
alcanza
un
g ado
de
admi ación
mayo .
Las
sucin as
pe o
i as
páginas
del
E angelio
(S.
Juan,
3,
1-21)
nos
hablan
del
ma a illoso
coloquio
en e
el
Sal ado
y
el
iejo
miemb o
del
Saned in,
lección
magni ica
sob e
los
medios
de
alcanza
la
g acia;
p o ecía
y
augu io
de
la
que
había
de
sucede ,
y
al
mismo
iempo
diseño
de
un
ca ác e
ené gico
que
lleno
de
e,
osa
p egun a
al
Rabí,
con
anhelos
y
a anes
de
comp ende .
Más
a de,
es e
Bonai-beniGo ion,
comp a á
cie
lib as
de
pe umes,
pa a
ungi
el
cue po
del
Seño
(S.
Juan,
19,
39),
pe o
es e
ges o
delicado
y
ca iñoso,
en
nada
disminuye
la
ene gía
empe amen al,
casi
adus a,
del
iejo
a iseo,
quien
en
las
pági
nas
bellísimas
de
Gab iel
Mi ó
(1)
se
nos
mues a
ges iculan e
e
i acundo,
como
que iendo
ocul a
el
bocho no
de
una
coba día
(2)
que
comienza
a
desapa ece
en
es os
solemnes
momen os,
y
se
pu ga,
pu i ica
y
ex ingue
más
a de
en
el
ma i io.
Comendado
se
aden ó
de o amen e
en
las
páginas
e an
gélicas
y
las
eleyó
en
busca
de
una
inspi ación.
Posiblemen e
se
delei ó
en
la
p osa
cincelada
de
Mi ó,
y
sob e
odo
es o,
su
sensibilidad
de
a is a,
pudo
c ea
esa
i
gu a
del
iejo
saned i a,
que
con
e nu a
y
compunción,
man iene
en e
sus
b azos
el
cue po
del
Seño .
A
sus
pies,
Ma ía
de
Magdala,
a odillada
inclina
la
cabeza
y
iende
sus
b azos
pa a
cumpli
una
úl ima
ca icia
sob e
el
sag ado
pie
alad ado,
hendido
y
o o
po
el
hie o.
(1)
«Figu as
de
la
Pasión».
Biblio eca
Nue a.
Mad id,
1928.
(2)
Gio anni
Papini.
«His o ia
de
C is o».
Ed.
FAX.
Mad id.
1935.
ii
m
22
C.
DE
MERGELINA
Í|
1S
F en e
a
ella,
Ma ía
Cleoíás,
alza
la
esbel ez
de
su
i
gu a
con
la
exp esión
especian e
que
ano amos,
y
más
allá,
p óximo
a
la
San a
Mad e,
de
odillas
y
enco ado,
José
de
A ima hea,
con
ambas
manos,
ensa
el
lienzo
sob e
el
que
descansa
el
Cue po
de
Jesús.
La
i
gu a
del
ilus e
senado
(S.
Ma cos
14,
1-72;
15,
1-46),
discípulo
del
Sal ado ,
adquie e
po
su
exp esi o
ealismo
(magni ico
au o e a o),
un
señalado
alo
en e
las
ca ac e
ís icas
especiales
que
pueden
ano a se,
i
gu a
as
i
gu a,
en
es a
bien
pensada
y
no
menos
bien
lle ada
a
cabo
escena,
que
nos
ela a
uno
de
los
ins an es
más
acen uadamen e
ágicos
y
jj|^
emo i os
de
la
Sag ada
Pasión.
|pí
La
nobleza
y
dignidad
de
esa
espléndida
cabeza
(Lám.
VIH),
digna
sin
a ec ación
en
su
con inen e;
sob ia
y
ue e
y
igo osa
i|
en
sus
lineas;
i
na,
delicada
y
sua e
en
su
modelado,
ase e a
lo
íí
ce e o
de
los
golpes
de
gubia
en
las
manos
de
es e
a is a,
y
nos
||
hace
pensa
lo
que
puede
espe a se,
cuando
sob e
una
concep
ción
noble
y
ele ada,
y
sob e
noble
y
ele ada,
imp egnada
de
un
sen ido
de
e
y
de
un
alo
e e en e
(que
incluso
le
impulsa
mos a se
ac o )
se
log a
sabiamen e
cuaja ,
una
i a
y
magni ica
ealidad.
No
se
ha
p e endido
cap a
idealmen e
el
asgo
é nico
p eciso
del
nacido
en
la
ie a
de
Dan,
y
es o
mismo,
no
solamen e
se
mues a
en
és as,
sino
ambién
en
las
demás
i
gu as.
Ni
Ma ía,
la
que
ungie a
los
pies
de
C is o,
y
más
a de
la a a
con
lág imas
a dien es
y
enjuga a
con
c enchas
de
sus
cabellos,
los
mismos
sag ados
pies
que
hendió
el
hie o
al
i
ja los
en
la
c uz;
ni
Ma ía
Cleo ás,
la
compañe a
llena
de
amo
e e en e;
ni
Nicodemo,
el
solici o
amigo
en
el
Saned ín;
ni
Juan,
el
Discípulo
amado,
son
igu as
a ancadas
de
Magdala
o
de
o o
incón
en
las
o illas
del
Tibe iades
en
Galilea;
o
de
Je icó
o
de
Be ania,
en
la
Judea.
Son
igu as
omadas
de
la
ida
que
nos
ci cunda
y
po
consiguien e,
i as,
a ec i as,
palpables;
i
gu as
sin
pujos
é nicos
(ca os
a
de e minados
a is as),
ni
esabios
a queológicos
me iculosos
y
ue a,
posiblemen e,
de
luga .
Homb es
y
muje es
.de
ca ne
y
hueso
que
is en
única,
man o
y
ocas,
sin
o os
p oblemas
que
aquellos
que
el
a is a
a
í
sí
mismo
se
susci a,
pe o
homb es
y
muje es,
modelos
i os,
:|
que
ampoco
es án
elegidos
al
aza
sino
que
esponden
a
un
i
concep o
in imo
in e no
de
e dade a
c eación,
esencial
en
el
Ni
UNA
OBRA
DE
ENRIQUE
PÉREZ
COMENDADOR
23
a is a
con
an e io idad
a
que
los
golpes
de
gubia
los
conc e en
en
algo
palpable;
y
así,
la
ob a
de
Comendado ,
en
su
conjun o,
y
más
oda ía
en
la
obse ación
de
cadá
uno
de
los
elemen os
que
componen
la
escena,
se
nos
mues a
como
una
especial
adap ación
de
una
idea
p opia,
bien
madu ada
y
sólidamen e
es ablecida
sob e
p ecisos
concep os
eligiosos
e
his ó icos,
y
con
un
sen ido
des acado
de
unidad.
Decíamos
que
el
a is a
se
c ea
p oblemas,
y
en
su
solución
pa ece
señala
una
honda
p eocupación
que
log a
alcanza
la
me a
deseada.
Uno
de
es os,
que
juzgamos
de
especial
in e és,
consis e
en
hace
i i
la
o ma
in e na
humana,
la
linea
i a
que
palpi a
y
i e
debajo
de
los
planos
y
pliegues
de
paños
pesados,
como
de
lana
upida
y
densa:
Es o
es,
en
lo
in e no
de
las
i
gu as,
no
se
acusa
el
maniquí
sob e
el
cual
^e
colga an
en
las
ho as
de
es udio,
las
elas
dobladas
más
o
menos
cap ichosamen e
en
busca
de
e ec ismos
áciles
de
log a
en
manos
de
a is a
do ado
de
sensibilidad,
gus o
y
sen ido
de
composición.
Pé ez
Comen
dado ,
enca iñado
con
la
o ma
humana,
al
cub i la
no
la
ocul a
sino
que
la
señala
y
acusa
con
un
especial
sen ido
de
su
alo ,
y
así
bajo
las
elas
g uesas
y
blandas
palpi a
la
línea,
como
pudie a
palpi a
i a
y
anca
en
un
desnudo.
Obsé ense
los
do sos
de
las
i
gu as
de
Ma ía
Magdalena,
de
Nicodemo,
A ima hea
y
de
la
misma
i
gu a
de
la
Vi gen
y
de alles
ca ac e
ís icos
de
o as
en
las
que
a
pesa
de
las
elas
i e
la
o ma,
incluso
con
exage ado
acuse.
Es a
ob a
de
Pé ez
Comendado ,
en e
o as
salidas
de
su
hábil
gubia,
al
ac edi a le
de
magní ico
escul o ,
pa en iza
la
con inuidad
de
la
imagine ía
pasional
española,
si uándola
iqcluso
en
ango
más
al o,
an o
po
conquis as
de
écnica
y
gus o,
en
a monía
con
el
iempo,
como
po
no
decae
el
hondo
sen ido
eligioso
que
iene
a
cons i ui
como
su
médula
undamen al.
C.
DE
Me gelina