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Una obra de Enrique Pérez Comendador: De arte nuevo

Mergelina y Luna, Cayetano de

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DE ARTE NUEVO UNA OBRA DE ENRIQUE PÉREZ COMENDADOR La adición imagine a española, no se in e umpe, an es al con a io se igo iza, y po los iejos caminos illados po una e honda, un depu ado sen ido de la o ma y una maes ía en la ejecución, con inúa su pujan e ma cha. Es es e, un enómeno ne amen e español y sin pa , en el sen ido peculia y ca ac e ís ico que in o ma la p opia azón de se de es as g andes ob as, ob as, que una piedad eclama y unos golpes de gubia hacen b o a sob e el leño, como exp esión acabada de una emoción p eñada de eligiosidad, de li u gia, sen ido his ó ico y alo eológico. Todo ello se da en equilib ada p opo ción, pa a hace posible el milag o. Y se cumple de modo ex ao dina io en las pujan es ob as de nues os imagine os ac uales, que, cabe deci , supe an las de los iejos maes os en muy in e esan es aspec os, y en cu iosas modalidades que pudié amos llama nue as. Posiblemen e, la isión ce cana o demasiado p óxima nos lle e a cae en e o es de ap eciación, juicio o c í ica sob e la ob a de a e, pe o no obs an e, puede cons i ui índice ap eciable pa a log a en ende el ambien e que conside amos nues o y que, jus amen e, debe me ece nos especial a ención. Y, po o o lado, quizá pueda se i pa a que, en el anda del iempo, es as no as, y o as muchas (más a inadas y i nas en pe cepción) coope en a señala en qué g ado y con qué sensibilidad supimos ap ecia lo que an e noso os log aba p oduci se con in ensidad an a ia; lo que al ez pueda se i de no ma en un u u o pa a un conocimien o, posiblemen e más jus o y más equilib ado, en azón a lo que pudié amos llama depu ación a dis ancia, pues ■14 C. DE MERGEUNA an e el mundo complejo y he e ogéneo que nos odea, no es a a la posibilidad de una p esbicia en la con emplación e imp esión de una ob a de a e. La dis ancia, el iempo, puede co egi el de ec o de una acomodación inmedia a, pe o nadie pod á nega , que si nues a isión se acomoda ealmen e a nues o p opio sen ido, pa a una u u a in e p e ación del momen o ac ual, se i á es e modo de e , sen i y alo a , de una cie a e icacia. Y decíamos, que hoy, po o una, la adición de nues os g andes imagine os se man iene i a y llena de pujanza, e incluso con alcances mayo es en múl iples aspec os, como con iene a un nue o sen ido, a un alo ac ual, que sin desdeña en modo alguno la espi i ualidad y alcance del pasado, y has a iejas écnicas, sabe amo osamen e, cuidadosamen e, escan cia lo sob e nue os asos y nue os moldes de más cla a in e p e ación, de mayo es ala des e incluso de una comp ensión más lib e, sin que és a se disocie ni se con aponga a los se e os dic ados de dogma, e, li u gia, conciencia indi idual y emo i idad. Es e caso se da, po g an o una, en uno de nues os ac uales a is as, que ha sabido conquis a po su alen o y po su especial sensibilidad, ango muy des acado y ha podido si ua se en la línea al a que señalan sus magní icas concepciones. En ique Pé ez Comendado , maes o admi ado, con la gubia, con el cincel, con el palillo, con ios dedos, hábil de sus manos, supo plasma ideas su iles y delicadas, en el b once, en la made a, en el má mol, en el ba o, en mo e o, dándoles co po eidad, llena de encan o y háli os de ida insospechados. Su ob a, amplia y has a he e ogénea, en azón a su misma inquie ud espi i ual, señala modalidades di e sas, siemp e enca jadas en un especial equilib io, que man iene su i el en una cla a since idad, y a eno de es a especial i ud, se dan en el conjun o de su espléndida ob a, especiales pa adojas de ejecución, que lejos de se ales, nos si en pa a en ende , como hábilmen e pueden aduci se ideas u ilizando medios dis in os en pe ec a consonancia con ellas. El niño de la i u a; Amanece ; La campesina; F aile omano; Cisne os; Núñez de Balboa; Piza a. La encan ado a cabeci a in an il en ba o (delicadísimo e a o). Los desnudos emeninos igo osos... mundos dis in os, de delicadas sua i dades, de inos modelados, de sen idos ealismos, de ené gicas y con unden es y has a du as líneas..., mane as muy di e sas de UNA OBRA DE ENRIQUE PÉREZ COMENDADOR 15 hace y de en ende que mues an pa en es, sob e es e su amplio modo, el acue do magní ico de la i ud y agilidad de sabias manos, con la cla idad de una concepción bien madu a y mejo sen ida. Y así, bajo el sello único- de una g an since idad al se icio de una idea, se puso sen imien o y se puso olun ad, guías de esas manos, que ienen la i ud de log a una acabada exp esión, ya en oques sua es y delicados, o en du os golpes de gubia o cincel. No in en amos hace un es udio o al de la ob a de es e excelen e a is a has a el momen o ac ual (1). Sólo p e endemos da a conoce en es as páginas una ecien e y señe a p oducción, que den o del plano de la escul u a eligiosa, y más aún, de la p ocesional (con o me a es e sen ido an ne amen e español, an nues o) adquie e alo señalado y de e mina en nues o con cep o un hi o, un jalón de alo sus an i o y p opio; ob a complicada y di ícil, pe o que esuel e con singula acie o, muy di e sos p oblemas, como son, los de una in e p e ación peculia y sen ida de cada uno de los componen es que la in eg an; una pe ec a adap ación de cada elemen o a una cla a concepción escénica, y sob e odo es o, como lazo y acue do máximo, una emo i idad, no ya p o undamen e eligiosa y en al sen ido adecuada y jus a, sino algo más, y segu amen e de mayo impo ancia, un alo p o undamen e piadoso que po su p opia i ud, no ha an sólo de p oduci una admi ación (la ía admi ación de un c í ico), sino que consigue se doblen y ahinque las odillas y se musi e hondamen e una plega ia, al len o a anza del paso, en el a a dece de un día consag ado al ecue do del más g ande de los sac i icios, el que hizo posible nues a Redención. El San o En ie o: G upo de sie e i gu as de alla en made a polic omada. Ob a del escul o En ique Pé ez Comendado .-1951. Así pod ía edac a se la ía papele a de un Museo o el in en a io de una p oducción a ís ica, en las páginas de cual quie es udio que de su ob a se hicie a. El in en o de aden a nos en es a pa é ica ob a, puede excu sa se en azón a nues a p opia admi ación. (1) Pa a conoce la ob a de Comendado , aconsejamos el in e esan e es udio del ilus e académico de Bellas A es, S . La uen e Fe a i, que alcanza la p oducción del a is a has a 1947, i ulada «En ique Pé ez Comen' dado .—Escul u as y Dibujos^, Ed. Nue a Epoca. Mad id, 1947. 16 C. DE MERGELINA Del egazo amo oso y dolo ido de la Mad e, Nicodemo, acaba de a anca el cue po del Hijo, y a ello ayudan, Juan, el Discípulo amado, y José de A ima liea, quienes oda ía man ienen el lienzo que si ie a pa a descende le de la C uz. (Láms. I y II). Ella, la San a Mad e, se alza i me, e guida, magni ica en su inmenso dolo , y a iende al ins an e con exp esión de la más honda pena. Sus manos, las manos que an es aca icia an el llagado cue po, al as de él, pa ecen que e uni se, asiendo algo muy que ido que se pie de; y se ena can en e al pecho en posi ción de ecoge lo que se escapa; y iene es e ademán, algo de honda piedad y algo de ado ación, sin a ec ación alguna, sin ea alidad, como impulso an sólo del más hondo sen ido dolo oso y de la emo i idad más acen uada, p o unda e ín ima, (Lám. III). La imagen de la Vi gen Dolo osa, cons i uye el eje e ical máximo de la composición escénica, y es el é ice de ese ideal iángulo cuya base azan las manos amo osas de Ma ía de Magdala, los pies llagados y hendidos del Sal ado y los amplios pliegues de la única y man o de Ma ía Cleo ás. Y es e iángulo equilá e o que se iende en p o undidad, encie a, dos undamen ales i gu as exp esi as, la de la Mad e y la del Hijo; odo lo demás, con se de an subido mé i o y an hábil men e compues o y encajado, es acceso io, Y así, ni I^s ac i udes lógicas, pe o dispa es y con adic o ias que se c uzan, ni las líneas que se cie an, ni el p opio excesi o plegado de paños densos, que in en an cub i las ca nes, enma can o des i úan los dos elemen os undamen ales del paso; las igu as de la Mad e, es á icamen e dolo ida, y la del Hijo, ecien emen e descolgado del made o y yacen e aho a en e los iejos y ne udos b azos de Nicodemo. El conjun o de es a espléndida escena es un acie o. Los planos en que se si úan las i gu as, apa ecen coo di nados, no sólo en azón al emplazamien o jus o, desde cualquie pun o que se las obse e, sino incluso en azón a la p opia e in ima signi icación del momen o. UNA OBRA DE ENRIQUE PÉREZ COMENDADOR 17 Un al o en el camino hacia el cubículo nue o que el de A ima hea comp a a. Y de un modo ideal, desde el op obioso san o leño que man u o el Sag ado Cue po, has a el sepulc o, una línea ígida, en un sucesi o acon ece se ma ca, y un ins an e de su ayec o, supo cap a lo el a is a de modo so p enden e, es e ins an e que nos mues a en su sabia y since a composición. Hay, pues, un algo que no se e, que pasó, pe o que quedó la en e y i o sob e el mismo momen o cap ado po la in eli gencia del a is a. Hay algo que a a acon ece , la deposición del Sag ado Cue po (ya ungido amo osamen e) en e las losas de un sepulc o. Hay algo más. algo que p esien en las i gu as en sus exp esiones; la g an ic o ia i nal y g andiosa del Hijo de Dios, la Resu eción de ese Cue po, mace ado y e iblemen e llagado! que muy en b e e, esplandece á glo ioso, es imoniando su indiscu ible di inidad. Es, pues, nues a escena, como un ins an e del g an d ama, ecogido con singula emo i idad po nues o a is a. No hay en la composición, ea alidad ni a ec ación alguna. Cada elemen o se acopla a su p opia misión con especial alo y cumple la no ma que la p opia si uación la impone, sin me ma de la exp esión de hondo dolo que les emba ga. In e esa analiza el alo de es os elemen os, en los que de an emano cabe señala , la since idad con que el a is a quiso concebi los. Pudié amos deci sin iolencia alguna, que cada i gu a puede conside a se exen a, con alo p opio y sus an i o, independien e de su misión especial al acopla se a la composición escénica. Pudie a al ez decí senos, que las dos i gu as la e ales, San Juan y Ma ía Cleo ás, desen onan de ese azo geomé ico en que hemos que ido encaja la g an composición. C eo, po el con a io, que son dos admi ables acie os. Son, a mi modo de e , como dos no as ex ao dina iamen e exp esi as que, sin ehui ni desliga se del solemne is e momen o, a ienden a quien en los du os ins an es deben a ende , a la dulce y dolo ida Mad e. Y hay en el Discípulo amado, en quien acaba de oí la más aliosa ecomendación (S. Juan-18. 1-40; 19, 1-42), oda la exp e sión ansiada y i a de quien se conside a hijo. Y hay en Ma ía Cleo ás, como o o elemen o exp esi o, una in e ogan e mi ada 15 C. DE MERGELINA hacia la Vi gen, en espe a de una indicación y un deseo. Y ni Ma ía Cleo ás abandona po ello su misión en el momen o, ni en las manos del que luego esc ibi á en Pa mos, se dobla con descuido el lienzo que sos iene el Sag ado Cue po; pe o en las dos g andes i gu as, una a ención p e e en e se encauza hacia la Vi gen, eje i o del p o undo dolo que el a is a quiso cap a , log ándolo po o una, de modo ma a illoso. Las i gu as de San Juan y de Ma ía Cleo ás (damos ep o ducción de las ob as, exen as y an es de polic oma , pa a que se ap ecien mejo sus alo es) (Láms. IV y V) señalan bien es a honda emo i idad y acusan, cómo en la concepción del a is a, pudo man ene se sob e esa ^ a indi idualización, el aco de ín imo que las encaja so p enden emen e en la escena. Ellas de po sí. sin necesidad de aco da se a nada, ienen un alo eal y pueden su i la más se e a c í ica sin de imen o alguno. Mas, sob e es o, lo in e no, lo anímico, se acen úa. Obsé ese la exp esión a en a, espec an e, de Ma ía Cleo ás, enden e hacia la Vi gen, como an es apun amos, y obsé ese es o, cuando la ob a acusa oda ía las e as de la made a, po que la polic omía no las ha bo ado. (Lám. V). No es es o nue o en nues o a is a. Es algo congéni o a su modo de e e in e p e a . , , No podemos sus ae nos a da un espléndido ejemplo, como señala la cabeza de Nues a Seño a del P ime Dolo , allada en 1943, po el a is a y conse ada en Ca agena (Lám. VI). In e esa mos a la eno me ue za exp esi a, bien log ada, esplén didamen e log ada, y su ín ima compene ación con odo cuan o en sí supone. La Mad e asis e a una escena en la que po ez p ime a su e el Hijo, y hay algo espec an e, y sob e espec an e, dolo oso, que unce sus cejas y ab e sus pá pados, sin descompone la cla a y bella se enidad de las sen idas y pe ec as líneas. La Vi gen, en el «San o En ie o», es ya la ma ona cu ida en el dolo , y en su en e pu a, los años han dejado huellas. La sép ima espada acaba de hundi se en su co azón, pe o la in ensa emo i idad d amá ica, no p oduce desequilib io alguno, sino que se mani ies a en una cla a y pe ec a se enidad. Es un dolo que no g i a, ni ges icula, ni se deba e en ac i ud a ec ada. UNA OBRA DE ENRIQUE PÉREZ COMENDADOR 19 al modo de las in e p e aciones de nues os iejos imagine os; es un dolo callado, que se econcen a en su misma in ensidad, y que en su mayo pa e, pone su ue za exp esi a en el ademán de esas bendi as manos, que ienen algo de ca icia y de súplica. Véase Lám III). No es nue a es a ca ac e ís ica in e p e ación de la Vi gen, en la p oducción de nues o a is a. En 1937, allaba en Roma un bus o de la Dolo osa que puede conside a se como un an icipo, ya bien log ado, de es a g an ob a que nos ocupa. La uen e, al habla nos de ella (1), hace ya esal a la exp e sión de unas manos que se c uzan. Es as manos, en la Dolo osa del «San o En ie o» adquie en mayo y más in enso alo , como an es ano amos. No a ca ac e ís ica de nues o a is a, es su sen ido ealis a, de ese ealismo que cons i uye alo especial en la mayo ía de nues as g andes ob as, y que es algo que pudié amos llama congéni o a nues o modo de e e in e p e a el mundo. Lo almiba ado o dulzón (que a eces pasa po idealizaciones, boni as) no podía da se, en modo alguno, en un a is a de ne io. El ealismo a ul anza de un Be ugue e, o de un Juni, con sus iolencias en las lineas, o las sua es, emeninas y sensibles in e p e aciones de un G ego io Fe nández, o esas éplicas magní icas sob e modelos i os, ecogidos po Salcillo, con i iendo a la hue ana le an ina en Mad e de Dios (po no hace más p esun uosas ci as), no con ienen al empe amen o de un Pé ez Comendado . Tal ez, allá, en una dis an e pe o cla a lejanía, pudié amos encon a como ene o de es e su modo peculia y p opio de hace , un en onque con la ieja escuela se illana, donde el a is a bebe y se nu e, después de abandona su ie a ex emeña en sus años mozos. El ealismo de nues o escul o se acomoda más al sen ido de una isión in e io que a la simple búsqueda de un modelo, que pudie a encon a se en el dobla de cada esquina, como hicie on nues os g andes escul o es y nues os g andes pin o es; y sin desdeña lo i o, y aun basándose en ello, c ea su ipo, en consonancia pe ec a en e la ealidad y su p opio e ín imo sen ido. (1) Ob. ci ., pág. 20. lám. 15. 20 C. DE MERGELINA Ello no empece pa a que la i a p esencia del modelo se acuse; p uebánlo las i gu as de Ma ía Cleo ás y José de A i- ma hea. La Vi gen Dolo osa es muje , muje ansida de penas, casi ago ada en los más g andes su imien os; i a y eal, como cualquie muje -mad e, pe o es ambién en el plano de su p opia humildad y en ega magni ica, la Mad e de Dios y la Co eden- o a nues a. Y he aquí, como nues o a is a supo he mana sob e una i a y eal exp esión humana, algo que supone a más, un p o undo sen ido anímico in e no, que a su ez iene, como especial ca ac e ís ica, o o más hondo y de mayo in e és, es o es, el de se i de acica e pujan e a la comp ensión de un momen o his ó ico, y po ende, y en consonancia ín ima con él, el de hace b o a en el alma del espec ado la alo ación eli giosa de un ins an e, que iene de po sí insospechadas eso nancias, lo que ae como consecuencia necesa ia, apenas nos despojemos de pe ulancias hue as, hinca las odillas y ab i nues os labios en una sen ida plega ia. Así, el a is a consiguió da alo ín imo y eligioso a su magni ica ob a. El g upo cen al, que le componen la i gu a del Sal ado yacen e, sos enido po Nicodemo, cons i uye un acie o en sus lineas y alcanza un pe ec o sen ido en la composición. La i gu a del Seño , mues a un o so i namen e conseguido, e lejando un es udio ana ómico acabado. Ha huido el a is a de ep esen a el cue po, lace ado, undido, ume ac o y llagado; es o es, nada que descomponga la se enidad de esas i nas líneas que señalan un modelado an bien sen ido como bellamen e ejecu ado. Se ha huido, en la poli c omía, incluso de los amo a ados y de la imp esión de asga du as que sang an y de he idas en cuyos bo des se coaguló la sang e, después de de ama se en hilos sob e la ca ne dolo ida (polic omía an ca a a nues os iejos y glo iosos imagine os). El San o Cue po ha sido ya la ado y ungido amo osamen e, y como una p ueba de ello, quedan en e las ocas, los asos acíos ya, de las mix u as olo osas, mi a y áloe, que la piedad y el amo de las San as Muje es, p epa a a con solici ud sen ida y que con a ec o comp a a Nicodemo. Tan sólo la palidez ma ileña que pone la mue e, con as ando con la polic omía sabia y o denada que se de ama sob e "ül San o En ie os. Talla en made a polic omada de lín ique Pé ez Comendado . (Conjun o del pasoC (Pé ez C iinendaclii . José de e alle). J a >Va LAm,n. ,X, .El San o En ie o» (Pé ez Con endado , Conjun o del paso) UNA OBRA DE ENRIQUE PÉREZ COMENDADOR 21 únicas y man os, hace esal a y alo a más la alla magniñca que acusa el cue po del Di ino Yacen e, cen ando obligada men e nues a mi ada en el mo i o p incipal de la espléndida y dolo osa escena. En la i gu a de Nicodemo, la cabeza, se e a (Lám. VII) pe ec a en su modelado sob io, acusa asgos alien es que no menoscaban la exp esión log ada de una honda is eza. Es a i gu a, que po su adap ación en la escena es la única que pa ece desde algún pun o de is a como undida y ocul a, desde o os pun os de is a en que se la con emple, adquie e como las demás un alo de ob a exen a y lib e, has a el pun o que puede man ene , a ue de la o al since idad de la ob a, el análisis más minucioso, y como consecuencia de él, alcanza un g ado de admi ación mayo . Las sucin as pe o i as páginas del E angelio (S. Juan, 3, 1-21) nos hablan del ma a illoso coloquio en e el Sal ado y el iejo miemb o del Saned in, lección magni ica sob e los medios de alcanza la g acia; p o ecía y augu io de la que había de sucede , y al mismo iempo diseño de un ca ác e ené gico que lleno de e, osa p egun a al Rabí, con anhelos y a anes de comp ende . Más a de, es e Bonai-beniGo ion, comp a á cie lib as de pe umes, pa a ungi el cue po del Seño (S. Juan, 19, 39), pe o es e ges o delicado y ca iñoso, en nada disminuye la ene gía empe amen al, casi adus a, del iejo a iseo, quien en las pági nas bellísimas de Gab iel Mi ó (1) se nos mues a ges iculan e e i acundo, como que iendo ocul a el bocho no de una coba día (2) que comienza a desapa ece en es os solemnes momen os, y se pu ga, pu i ica y ex ingue más a de en el ma i io. Comendado se aden ó de o amen e en las páginas e an gélicas y las eleyó en busca de una inspi ación. Posiblemen e se delei ó en la p osa cincelada de Mi ó, y sob e odo es o, su sensibilidad de a is a, pudo c ea esa i gu a del iejo saned i a, que con e nu a y compunción, man iene en e sus b azos el cue po del Seño . A sus pies, Ma ía de Magdala, a odillada inclina la cabeza y iende sus b azos pa a cumpli una úl ima ca icia sob e el sag ado pie alad ado, hendido y o o po el hie o. (1) «Figu as de la Pasión». Biblio eca Nue a. Mad id, 1928. (2) Gio anni Papini. «His o ia de C is o». Ed. FAX. Mad id. 1935. ii m 22 C. DE MERGELINA Í| 1S F en e a ella, Ma ía Cleoíás, alza la esbel ez de su i gu a con la exp esión especian e que ano amos, y más allá, p óximo a la San a Mad e, de odillas y enco ado, José de A ima hea, con ambas manos, ensa el lienzo sob e el que descansa el Cue po de Jesús. La i gu a del ilus e senado (S. Ma cos 14, 1-72; 15, 1-46), discípulo del Sal ado , adquie e po su exp esi o ealismo (magni ico au o e a o), un señalado alo en e las ca ac e ís icas especiales que pueden ano a se, i gu a as i gu a, en es a bien pensada y no menos bien lle ada a cabo escena, que nos ela a uno de los ins an es más acen uadamen e ágicos y jj|^ emo i os de la Sag ada Pasión. |pí La nobleza y dignidad de esa espléndida cabeza (Lám. VIH), digna sin a ec ación en su con inen e; sob ia y ue e y igo osa i| en sus lineas; i na, delicada y sua e en su modelado, ase e a lo íí ce e o de los golpes de gubia en las manos de es e a is a, y nos || hace pensa lo que puede espe a se, cuando sob e una concep ción noble y ele ada, y sob e noble y ele ada, imp egnada de un sen ido de e y de un alo e e en e (que incluso le impulsa mos a se ac o ) se log a sabiamen e cuaja , una i a y magni ica ealidad. No se ha p e endido cap a idealmen e el asgo é nico p eciso del nacido en la ie a de Dan, y es o mismo, no solamen e se mues a en és as, sino ambién en las demás i gu as. Ni Ma ía, la que ungie a los pies de C is o, y más a de la a a con lág imas a dien es y enjuga a con c enchas de sus cabellos, los mismos sag ados pies que hendió el hie o al i ja los en la c uz; ni Ma ía Cleo ás, la compañe a llena de amo e e en e; ni Nicodemo, el solici o amigo en el Saned ín; ni Juan, el Discípulo amado, son igu as a ancadas de Magdala o de o o incón en las o illas del Tibe iades en Galilea; o de Je icó o de Be ania, en la Judea. Son igu as omadas de la ida que nos ci cunda y po consiguien e, i as, a ec i as, palpables; i gu as sin pujos é nicos (ca os a de e minados a is as), ni esabios a queológicos me iculosos y ue a, posiblemen e, de luga . Homb es y muje es .de ca ne y hueso que is en única, man o y ocas, sin o os p oblemas que aquellos que el a is a a í sí mismo se susci a, pe o homb es y muje es, modelos i os, :| que ampoco es án elegidos al aza sino que esponden a un i concep o in imo in e no de e dade a c eación, esencial en el Ni UNA OBRA DE ENRIQUE PÉREZ COMENDADOR 23 a is a con an e io idad a que los golpes de gubia los conc e en en algo palpable; y así, la ob a de Comendado , en su conjun o, y más oda ía en la obse ación de cadá uno de los elemen os que componen la escena, se nos mues a como una especial adap ación de una idea p opia, bien madu ada y sólidamen e es ablecida sob e p ecisos concep os eligiosos e his ó icos, y con un sen ido des acado de unidad. Decíamos que el a is a se c ea p oblemas, y en su solución pa ece señala una honda p eocupación que log a alcanza la me a deseada. Uno de es os, que juzgamos de especial in e és, consis e en hace i i la o ma in e na humana, la linea i a que palpi a y i e debajo de los planos y pliegues de paños pesados, como de lana upida y densa: Es o es, en lo in e no de las i gu as, no se acusa el maniquí sob e el cual ^e colga an en las ho as de es udio, las elas dobladas más o menos cap ichosamen e en busca de e ec ismos áciles de log a en manos de a is a do ado de sensibilidad, gus o y sen ido de composición. Pé ez Comen dado , enca iñado con la o ma humana, al cub i la no la ocul a sino que la señala y acusa con un especial sen ido de su alo , y así bajo las elas g uesas y blandas palpi a la línea, como pudie a palpi a i a y anca en un desnudo. Obsé ense los do sos de las i gu as de Ma ía Magdalena, de Nicodemo, A ima hea y de la misma i gu a de la Vi gen y de alles ca ac e ís icos de o as en las que a pesa de las elas i e la o ma, incluso con exage ado acuse. Es a ob a de Pé ez Comendado , en e o as salidas de su hábil gubia, al ac edi a le de magní ico escul o , pa en iza la con inuidad de la imagine ía pasional española, si uándola iqcluso en ango más al o, an o po conquis as de écnica y gus o, en a monía con el iempo, como po no decae el hondo sen ido eligioso que iene a cons i ui como su médula undamen al. C. DE Me gelina