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La epidemia de gripe de 1918 en la ciudad de Lugo

Author: Jato Díaz, Marta
Year: 2023
Source: https://minerva.usc.es/bitstreams/04fe572a-4b62-446a-b384-5f3cf081c0d3/download
ESCUELA DE DOCT ORADO
INTERN A CION AL DE LA USC
Marta
Jato Díaz
T esis doctoral
La epidemia de gripe de 1918
en la ciudad de Lugo
Santiago de Compostela, 2023
Pr ograma de doctorado en Epidemiología y Salud Pública

TESIS DOCTOR AL
LA EPIDEMIA DE G RIPE DE 1918
EN LA CIUDAD DE LUGO

Autora
Marta Jato Día z

Director: Juan Jesús Gestal Otero

PROGRAMA D E DOCTORA DO EN EPIDEMIOLOG ÍA Y SALUD PÚBLICA
SANTIAGO DE C OMPOSTELA / LUGO

AGRADECIMIENTOS

Cuando se ini cia un trabajo de estas características es muy difícil saber las dificultades con las
que nos vamos a en contrar a medida que av anzam os en su realización. Vencerlas, a veces, no
es tarea fácil si, a nuestr o lado, no contamos con una persona que nos anime y ayude a segui r
hacia delante. Yo tengo la inm ensa fortuna de co ntar con el pof esor D. Juan J. G estal Otero ,
mi director y mi maestro. El profesor Gestal, h oy Profesor Emérito de la Universidad de
Santiago Compostela, era el Catedrático Jefe del Servicio de Medicina Pre ventiva y Salud
Pública del Hospital Clí nico Universitario de Sa ntiago (CHUS) y dir ector del Departamento
de P siquiat rí a, Radiología y Salud Pública cuando inicié la residencia en esta especialidad. A
él debo mi formac ión y g racias a él hoy es posible la defensa de esta tesis.
Mi gratitud y respeto hacia él son infinitos y así quiero que quede reflejado, agradeciéndole
muy especialmente el tiempo que me ha dedicado, su sabiduría, sus consejos, sugere ncias y
correciones, sus ánimos , su infinita paciencia y, en definitiva, su absoluta y desinteresada
entrega durante estos años. Por todo ello, y más, gracias profesor Gestal.

A mi padre quien, a pes ar de su ausencia, si empre está a mi lado y sigue inculcándom e el
espíritu de sacrif icio, de esfuerzo y superación.

A mi madre y a mis hermanos por apoyarme siempre y no dejar que me diera nunca por
vencida.

A Julio Reboredo Pazos por su amabilidad y generosidad, respondiendo a mis pregunta s
acerca de la ciudad y poniendo a mi disposición los libros y fotografías de las que dispone.

A Fernando Arribas Arias por su disponibilidad y ayuda con su material escrito y fotográfico.

A M.ª José Alonso García, a Santos Vega Vill a y Rafael Pérez de Vega y a Xoán Fontela
Figueroa y Domingo Figueroa Carrera por haber puesto a mi dispo sición sus fondos
documentales.

Finalmente quiero mostr ar mi agradecimiento a todas las personas que, de alguna manera, han
hecho posible la realización de e sta tesis.

Quisiera dedicar este trabajo a todos cuantos entregaron su v ida para cuidar a lo s
enfermos y a sus familias durante esta terrible pandemia.
A los sacerdotes y reli giosas que no sólo prestaron auxilio espiritual sino que
también, en muchas ocasiones, proporcionaron asis tenc ia social y sanitaria a quienes lo
necesitaron.
A los facultativos, farmacéuticos, sanitarios y a todos aquellos que, de una forma u
otra, ayudaron asistencial y económicamente a los enfermos.
Y de un modo muy especial a todos los médicos luc enses que trabajaron sin descanso
y sin los medios sufi cient es para hacerlo y, sobre todo, a nuestros tres compañeros, los Dres.
Pedro Anllo Pérez, Eduardo Fraga Sánchez y Fernando Quiroga Valcarce, que dieron su
bien más preciado por cumplir con el debe r de ayudar a los demás .

“ Es posible procurarse una seguridad frente a las demás c osas,
pero, frente a la muerte, todos los seres humanos
habitamos una ciudad sin murallas ”
Epicuro, siglo III a . de C.

“Ninguna profesión puede ser ejerc ida de forma inteligente
si no se ilumina con la luz de la historia ”
Domínguez Alcón, 1989

LISTA DE SIGLAS Y ABREVIATURAS

AALu: Actas Ayuntamiento de Lugo.
AFIP: Instituto de Patología de las F uerzas Armadas estadounidenses.
AHPLu: Archivo Histórico Provincial de Lugo.
ARN: Ácido ribonucleico.
BOOL: Boletín Oficial del Obispado de Lugo.
BOP: Boletín Oficial de la Provincia.
C.L.C. – C.T.P.: Chinese Labour Corps ó Cuerpo de traba jadores chinos.
CDC: Centros para el control y prevenc ión de las enfermedade s.
COA: Colegio Oficial de Arquitectos.
COF: Colegio Oficial de Farmacé uticos.
COM: Colegio Oficial de Médicos.
Fig.: Figura
INE: Instituto Nacional de Estadística.
Leg.: Legajo
ME: Mortalidad específica.
OMS: Organizac ión mun dial de la salud.
PCR: Reacción en ca dena de la polimerasa.
RC: Registro Civil.
R. O.: Real Orden.
R. O. C.: Real Orden Circular .
S.I.C.B.: Santa Iglesia Catedral Basílica .
Sign.: Signatura.
TBM: Tasa de mortalidad genera l.
TMG: Tasa de mortalidad por gripe .

11

ÍNDICE:

RESUMEN ....................................................................................................................... 13
1 INTRODUCCIÓN .................................................................................................... 15
1.1 Descubrimien to del vir us ................................................................................................ . 16
1.2 Un misterio todavía po r resolver .................................................................................. 27
1.3 La pandemia e n las a ctividades artís ticas .................................................................. 45
1.4 Víctimas de la ep idemia .................................................................................................... 59
1.5 Consecuen cias positi vas de la pande mia .................................................................... 84
1.6 La epidemia e n Espa ña ...................................................................................................... 87
1.7 Lugo: contex to histórico ................................................................................................... 93
1.7.1 Lugo: Ciudad de las mural las, Ciudad del Sacram ento .................................................. 93
1.7.2 Lugo en 1918 ................................................................................................ .................................. 98
2 JUSTIFICACIÓN................................................................................................... 157
3 HIPÓTESIS............................................................................................................. 159
4 OBJETIVOS ........................................................................................................... 161
4.1 Objetivo princi pal ............................................................................................................ 16 1
4.2 Objetivos específ icos ....................................................................................................... 16 1
5 MATERIAL Y MÉTODOS ................................................................................... 163
5.1 Búsqueda de la informa ción acer ca de la pand emia en l a ciudad de L ugo . 163
5.2 Estudio del i mpacto demogr áfico de la epidemia en la capital luce nse ....... 164
5.3 Relato de las dis tintas a ctuaciones fr ente a la ep idemia ................................... 168
6 RESULTADOS ....................................................................................................... 171
6.1 Curso cr onológico y a ctuaciones fre nte a la epidemia ....................................... 171
6.2 Morbilidad .......................................................................................................................... 369
6.3 Mortalidad .......................................................................................................................... 375
6.3.1 Anál isis de la mortal idad en el per íodo 191 6-1921 en Lugo capital y pro vincia 375
6.3.1.1 Númer o de fallec idos y tasa d e mortal idad ge neral ................................................ 376
6.3.1.2 Númer o de fallec idos por gripe y t asa de mortalidad p or gripe ........................ 378
6.3.1.3 Tasa de m ortalid ad general (TBM) y tasa de mortalida d por gripe ( T MG) en
relación con las capitale s y p rovincias gallega s ...................................................................... 382
6.3.1.4. Tasa d e m ortalida d general (TBM) y por g ripe (TMG) en relac ión con las
capitales y provincia s españolas y gallegas c onsideradas en c onjunto ......................... 386
6.3.2 Anál isis de la mortal i dad durante la p andem ia en la ci udad de Lu go ..................... 390

12
6.3.2.1 Mortal idad por gr ipe ............................................................................................................ 390
6.3.2.2 Inc idencia por meses y p or días ...................................................................................... 391
6.3.2.3 Inc idencia por edad y sexo ................................................................................................ . 395
6.3.2.4 An álisis por cau sa, profesión, e stado c ivil y l ugar del fall ecimiento ................ 398
6.3.3 Anál isis de la mortal idad por en fermedad es respirat orias d urante el per íodo
1916 -1921 en la ciudad d e Lugo ................................ ......................................................................... 403
6.3.4 Anál isis de la mortal idad por en fermedad es respirat orias d urante los añ os 1918 y
1919 y el per iodo pandé mico en la ciudad de L ugo .................................................................... 408
6.4 Medidas pre ventivas y terapéuticas frente a l a gripe ......................................... 409
6.4.1 Generales ....................................................................................................................................... 409
6.4.2 En Galicia ........................................................................................................................................ 419
6.4.3 En Lugo ........................................................................................................................................... 426
6.4.4 Anuncios en pren sa ................................................................................................................... 430
7 DISCUSIÓN ........................................................................................................... 435
7.1 Material y m étodos ................................................................................................ .......... 43 5
7.2 Resultados ........................................................................................................................... 43 9
7.2.1 Morbil idad ......................................................................................................................................... 439
7.2.2 Mortalidad ......................................................................................................................................... 447
7.2.3 Actua ciones frent e a la epide mia ............................................................................................. 458
7.2.3.1 Autor idades civil es ................................................................................................................ 458
7.2.3.2 Autor idades militares .......................................................................................................... 469
7.2.3.3 Autor idades rel igiosas ......................................................................................................... 470
7.2.3.4 Actua ción sanitar ia ............................................................................................................... 472
7.2.3.5 Actua ción de la pr ensa ................................ ......................................................................... 475
7.2.3.6 Actua ción de la sociedad ..................................................................................................... 478
8 CONCLUSIONES .................................................................................................. 483
9 BIBLIOGRAFÍA .................................................................................................... 485
ÍNDICE DE FIGURAS ................................................................................................. 525
ÍNDICE DE TABLAS ................................................................................................... 537
ANEXOS ........................................................................................................................ 539
DECLARACIÓN DE CONFLICTO DE INTERESES................................ ............. 553

13
RESUME N
Introducción : Unos me ses antes de que la Primera Guerra Mundial acabase un nuevo
enemigo entró en escena. Se tr ataba de un virus gripal que, en pocos meses, asolaría a la
humanidad provoca ndo l a mayor catástrofe sanitaria de la historia.
Y aunque ya han pasado más de cien años d esde que se produjo esta pandemia, todavía se
desconoce el impacto que produjo en muchos lugares del mundo. En España hay numerosos
estudios que abordan sus consecuencias tanto a nivel nacional como local, de provincias o
ciudades, pero ninguno lo hace sobre lo que sucedió en el municipio de Lugo y por ello nos
propusimos hacerlo c on este trabajo.
Comenzamos destacando algunos asp ectos generales menos conocidos de l a pandemia; a
continuación, contextua l izamos la situación de la ciudad lucense e n 1918 y , finalmente,
hicimos un relato cronol ógico de lo qu e h abía su cedido desd e mayo de 1918 hasta mayo de
1919, analizando sobre todo su impacto demográfico y social.
Mater ial y Métodos : Con el fin de re copilar la información publicada acerca de la
pandemia de gripe en la ciudad de Lugo, se realizó una búsqueda en las principales bases de
datos (PubMed, Dialnet Plus, Scopus, Wos -Webof Science) utilizando el término MeSh
Influenza pand emic 1918 -1919 al qu e se añadió S pain, Lugo, Galicia y G alician. También se
hizo una búsqueda avanzada en la base de tesis doctorales Teseo usando las palabra s y fechas:
pandemia, epidemia, gripe y 1918 en el apartado de título. Además, en Google schoolar, se
realizó otra consulta utilizando las palabras: gripe española en Lugo, gripe de 1918 en Lugo,
pandemia de gripe en Lugo y epidemia de gripe en Lugo. Finalmente revis amos una veintena
de libros escritos en castellano sobre la pandemia.
Para e studiar el impacto y las distintas actuaciones frente a la pandemi a en Lugo se
revisó, entre otr a documentación, la infor mación de la época contenida en los cinco diarios
locales (El Progreso, L a Voz de la Verdad, El Regional, El Norte de Galicia y La Idea
Moderna), el Boletín Ofi cial de la Provin cia de L ugo (BOP), el Boletín Oficial del Ob ispado
de Lugo, las actas de sesiones de la Jun ta Provincia l de Sanidad, los libros de actas de
sesiones, ordinarias y e xtraordinaria s del ayunt amiento y de la diputación provincial, los
libros de defunción del Registro Civil y de las feligre sías y parroquias (Albeiros, Saamasas,
San Félix de Muj a, S an Froilán, San L ázaro del Puente, S an P edro, Santi ago de Lugo – A
Nova y Santiago de Piugos), la documentación relativa a la Junta de C aridad, los libros de
actas de l a sociedad Círculo de las Artes y los libro s de a ctas del antiguo Instituto General y
Técnico. También s e consultaron otros diarios , y revistas de la época, como ABC , El Ideal
Gallego , Vida Gallega , España Médica , etc. Finalmente nos entrevistamos con uno de los
historiadores de la ciudad, con la H ermana Superiora del Asilo de Ancianos y con familiares
de algunos de los médicos y farma céuticos que co mbatieron la pandemia en la ciudad.
Una vez recogida toda la información, elaboramos las correspondientes ta blas y gráficas
y calculamos las tasas d e mo rbilidad, mortalidad general y específica por gripe por meses,
grupo s de eda d y s exo.
R esultados : La pandemia de gripe afectó a Lugo en tres ocasiones. La pri mera en el mes
de ma yo de 1918, la segunda en septiembre/octubre y la tercera en enero/ febrero de 1919. El

M ARTA J ATO D ÍAZ
14
número total de fallecidos fue de 257 personas: 5 en la primera ola, 209 durante la segunda y
43 durante la tercera. Fallecier on más mujeres (53,6%) que hombres. El grupo de edad más
afec tado fue el de 20 a 39 años. El diagnóstico de muerte más frecuente fue el de
bronconeumonía gripal, en el 26% d e los casos. La tasa de morbilid ad hallada se sitúa entre el
404‰ y el 670‰ y la de mortalidad e n el 6,1‰. Se registró un aumento de muertes por
enfermedade s respiratorias, sobre todo por bronquitis aguda, no observándose este hecho para
la neumonía.
Discusión : Los datos hallados por nosotros, en su mayoría, concuerdan con los obtenidos
en otros trabajos. La a ctuación de las autoridad es provinciales no fue t odo lo activa que
debiera h aber sido y casi siempre actúo al ritmo que le marcaba el gobierno central. Por el
contrario, el al calde siempre estuvo pendiente de los problemas más a cuciantes para los
lucenses, tanto sanitarios como en el ámbito de las subsistencias. La pr ensa jugó un p apel
destacado informando desde el primer mom ento t anto de lo que se iba co nociendo acerca de
la enfermedad como de l as medidas preventivas a poner en marcha para evitar su contagio y
propagac ión. Los médicos y farmacéuticos tuvieron una a ctuación intach able y la sociedad
mostró su faceta más solidaria c on los que peor lo estaban pasando.
Conclusiones : La gripe llegó a Lugo al mismo tiempo que al resto de España cursando
también en tres olas. Durante el t ranscurso de la epidemia, la enfermedad se fue trasladando
desde el centro de la ci udad hacia las zonas más periféricas y aldeas l imítrofes. No hubo
previsión de ac ción por parte de las autorid ades provinciales. Las medidas adoptadas por el
gobierno municipal fueron sobre todo de carácter social. Los médicos tra bajaron al límit e de
sus posibilidades a pesar de ser pocos en número y de las numerosas dificultades con las que
se encontraron. Los farmacéuticos mostraron su face ta más solidaria con los más
desfavorecidos. La pandemia dejó al descubierto, e hizo más patentes, muc hos p roblemas que
arra straba la ciudad y s ituaciones de pobreza e insalubridad de las personas c on menos
recursos.

15

1 INTR ODUCCIÓN
En el año 1918, pocos m eses antes del final de la guerra, hizo su aparic ión un nuevo enemigo,
invisible y más leta l que el propio enfrentamiento bélico, que a soló a la humanidad en los
cinco continentes y desafió a un mundo que intentaba resurgir de los estragos de una horrible
contienda (f igura 1).
Su agente causa l se desconocía y para su tratamiento se emplearon fármacos muy
diversos, fundamentalmente analgésicos y antitérmi cos, y no siempr e a las dosis adecuada s lo
que provocó, en algunos enfermos, importantes efectos iatrogénicos. Tamb ién se recurrió a
las prácticas de curanderismo más curiosas e inso spechadas e incluso se recuperaron algunos
métodos curativos ya totalmente en desuso, c omo las sangrías, al ob servar que algunos
pacientes parecían mejor ar después de una hemorragia nasal, tener la menstruación o sufrir un
aborto.
En España se presentó e n un mom ento muy delic ado, de una gran inestabilidad polí tica,
con un alto po rcentaje de analfabetismo, escasa higiene, poca cultu ra sanitaria y un a
formación médica muy desigual.
La epidemia p rovocó una sensa ción general de im potencia. No r espetó fr onteras ni clases
sociales. Puso a prueba l a capacidad d e r espuesta de los gobiernos, de la ig lesia, de la p rensa,
de las instituciones sociale s y de los profe sionales de la medicina, ante una cr isi s que nunca
antes se había vist o. No se pudo prevenir, ni atajar ni curar. P ero lo q ue sí se puede, y se debe,
es a nalizar y comprender lo que ocurrió para no cometer los mismos errores y pod er hacer
frente a aná log as situaciones que se puedan presentar en el futuro.

Figura 1 . El virus gripal se extendió por to do el mundo
Fuente: Vida marítima , 10. 10.1918, p. 18

M ARTA J ATO D ÍAZ
16
1.1 D ESCUBRIMIENTO DEL VIRUS
En 1918, los virus todavía no habían sido descubier tos por lo que era imposible saber quién
era el responsable de esa tragedia. En un principio su etiología se atribuyó, erróneamente, al
Haemophilus influenzae conoc ido en ese momento como bacilo de Pfeiff er. Richard Friedrich
Johannes Pfeiffer, destacado ba cter iól ogo alemán, había sido el primero en des cribir la
relación d el Bacillus influenzae con la gripe epidémica de 1889-1890 (gripe rusa) al observ ar
esta bacteria en l as muestras de esputo de 31 p acientes fallecidos a causa de esta en fermedad.
En 1892 publicó sus resultados afirmando que ese ba cilo er a e l causante de la gripe
estableciendo así la teoría del origen bacteriano de esa infección (fig. 2 ).

Figura 2. I z da .: Dres. Pfeiffer (de pie) y Koc h . Dcha.: H. Influenza e
Fuente: https://www.nationalgeographi c.es/ciencia/202 2/03/el-error- de - la -pandemia- de -1918-que-
cambio- la -medicina-para-siempre

Enseguida surgieron l as primeras dudas, pues muchos investigadore s no encontraban el bac il o
ni en las muestras respiratorias de los pacientes ni en las autopsias, por lo que el primero de
los postulados de Koch que indica que «el microorganismo sospechoso debe estar presente en
todos los organismos que estén padeciendo la enferme dad, pero no debería encontrarse en los
sanos», ya no se cumplía.
Debieron transcurrir todavía doce años h asta qu e el Dr. Richard Ewin S hope, en 1931,
demostrase que se trataba de un virus , al transmit ir la enfermedad entre los cerdos a través de
material filtrado ( S hope, 1931 ), y quin ce hasta que los Dres. Wilson Smyt h, Christopher
Howard Andr ewe s y Patrick Laidlaw, aislaran el virus de la gripe humana (fig. 3) (Smith,
1933).

Figura 3. De iz da. a dcha.: D res. Shope, Smyth, Andrewes y Laidlaw
F u en t e: https://www.nationalww2mus eu m.org/war/articles/ medi cal-innovations-191 8-flu ;
https://es.findagrave.com/memori a l/17061388/wilson-smith#;
h t t ps://www.oxforddnb.com/display/10.1093/ref:odnb/9780198614128.001.0001/odn b -
9780198614128 -e- 40059 ; https://es.wikipedia.org/wiki /P atrick_Lai d law

INTR ODUCCIÓN
17
A mediados del siglo XX ya se sabía que el c ausante de la gripe era u n virus, pero faltaba
conocer el nombre, los apellidos y el rostro de aq uel cruel asesino, qu e h abía devastado a la
humanidad unos años antes, y ¡había que averiguarlo!
En 1949 Johan Viking Hultin, un joven m édico sueco de 25 años, comenzaba su
programa de doctor ado en microbiología en la U niversidad de Iowa. Al año siguiente, durante
una de las clases, el reputado patólogo Willam Hale ini ció un coloquio acerca de la pandemia
de gripe de 1918 y comentó el hecho de que la única forma de descubrir cuál había sido su
causa era encontrando víctimas que hubiesen sid o enterradas en p ermafrost con la esperan za
de que estuvieran todaví a congeladas y bien p reservadas y, de esta man era, poder aislar el
virus de sus pulmones.
Para Hultin ese comenta rio supuso encontrar el tema de su tesis doctoral: encontraría el
virus, lo recupera ría y lo estudiaría con detalle para conocer su origen. Esta ba es una situación
privilegiada, pues el verano anterior habí a estado trabajando va rias semanas con un
paleontólogo alemán, lla mado Otto Geist, en una excavación en Alaska y este podría ayudarle
a encontrar pueblos con áreas d e perm afrost. Al mismo ti empo escribió a distint as misiones
luteranas de e sa zona para que le informasen sobre aq uellas aldeas en las que un alto
porcentaje d e su población hubiese fallecido a causa de la gripe y sus registros de muerte
fuesen fiables. Un año después tenía todos los datos que necesitaba. Obtuvo 10.000 dólares de
la universidad y, a principios de 1951, partió hacia Alaska acompañado de un virólogo, Albert
McKee, y un patólogo, Jack Layton, a los que más tarde se uniría el Dr. Geist. Hulti n había
seleccionado tres a ldeas, a lo largo de la costa de la península de Seward, para llevar a cabo su
investigación. Los enterramientos habían sido realizados por mineros del oro (hombres muy
hábiles para ex cavar en el hielo), contratados por el gobie rno ter ritorial, que s e habían
desplazado de pueblo e n pueblo durante el invi erno de 1918/19 pa ra s epultar a todas l a s
víctimas en fosas comunes de unos 2 metros d e profundidad. Pero cuando llegaron a su
destino, en dos de las aldeas los cadáveres ya no estaban enterrados en permafrost. En la
primera, Nome , los enterramientos se habían realizado muy c erca d e un río y se habían
descongelado y en la segunda, Wales, el mar se había acerca do dem asiado y las 178 víctimas
de gripe que estaban allí sepultadas también se habían descongelado.
Sólo quedaba Br evig M ission, un pueblecito costero de Alaska, junto al Círculo Polar
Ártico. Se trataba de una comunidad pequeña, de nativos inuit, que se habí a visto afectada po r
la epidemia, que cont aba con unos registros fiables de muerte y que h abían establecido sus
cementerios en terrenos con permafrost. ¡Era el lugar pe rfecto! (fig. 4).

Figura 4. Alaska: aldeas de Nome, Wales y Brevig Mission
Fuente: https://www1.beringair.com/conten t.php?action =destinations

M ARTA J ATO D ÍAZ
18
El virus había llegado a la aldea a través del correo, que venía en trineo, y del comercio con
los pueblos vecinos. En tan solo cinco días (entre el 15 y el 20 de noviembre de 1918) 72
habitantes, de los 80 de aquella pequeña comunidad, f allecieron ví ctimas de la gripe
quedando su población reducida a tan solo 8 habitantes. El daño que no había causado la
Primera Guerra Mundia l (al vivir los esquimal es en un lugar tan aislado no habían sido
llamados a filas), lo originó un «bichito» ultramicroscópico.
Tras un largo y complicado viaje, los cuatro investi gadore s llegaron a la aldea. Los
cadávere s estaban enterrados en una fosa común delimitada por dos grandes cruces blancas de
madera, una en cada extremo y una más alta qu e otra. El D r. Hultin se r eunió con el consejo
de la aldea, en el que h abía supervivientes d e la epidemia, y les explicó cuá l era el objetivo de
su misión. Tras una pequeña deliberación le dieron autorizac ión para llev arla a cabo y el 25
de junio de 1951 comenzaron su tra bajo (fig. 5 ).
Encendier on pequeños fuegos para ablandar la superficie d el terreno y s ólo con picos y
palas, y sin ningún tipo de protección, tras cuatro días encontraron el pri mer cadáver qu e era
de una niña de unos s eis a diez años. Pocos días más tarde descubrieron los de cuatro personas
más. Tomaron varia s muestras d e tejido pulmonar , aún conge lado de las ví ctimas, cerraron la
fosa y volvieron a Iowa.

Figura 5. De izda. a dcha.: J . Hultin exc avando la fosa y, ya en su interior, con sus compañeros
Fuente: https://alemontosi.blogspot.com /2020/05/il -documentario -statun itense- we -heard.html ;
https://www.elmundo.es/elmundos alud/2007/07/02/biociencia/1183395943.html ;
https://www.awesomestori es.com/asset/view/Searching - for -Spanis h-Flu-Answers- at - Brevig-Missi on-
1951//1

Una vez en el laboratorio, el Dr. Hultin intentó cultivar el virus (fig. 6 ). Primero lo hizo en
huevos de gallina embrionados, pero no lo consig uió, y luego rociando co n extracto de t ejido
pulmonar las fosas nasales de varios roedores (conejillos de indias, ratones blancos y hurones)
pero tampoco pudo hacer crecer e l virus. Después de seis semanas de intentos fallidos Hultin
abandonó esta línea de i nvestigación y nun ca completó su tesis doctoral sobre el virus de la
influenza. Se fu e a S an Francisco y se convirtió en un prestigioso patólogo (Gómez, 2005;
Owen, 2005) pero, sin s aberlo, la idea de encont ra r y cultivar el virus sie mpre pe rmanece ría
en su mente.

INTR ODUCCIÓN
19

Figura 6. El Dr. Hultin, en su laboratorio, en un inten to de cultivar el v irus
Fuente: https://www.cdc.gov/flu/pandemi c-resources/re construction- 1918 -virus.html

En 1995, otro joven patólogo de 36 años de origen alemán, el Dr. Jeffery Karl Taube nberger,
jefe de patología molecular d el Instituto de Patología de las Fuer zas Armadas estadounidenses
(AFI P), también estaba interesado en sab er cuál había sido e l origen de la terrible pandemia
de gripe de 1918 y p ensó en obtener el virus a partir de las muestras de tejido pulmonar de
soldados muertos durante la epidemia. Aunque a principios del sigl o XX la Anatomía
Patológica no estaba muy desarrollada como ciencia, se conservaron muchas muestras de
pulmón empapadas en fo rmaldehído (fig. 7 ) y encerradas en pequeños cu adraditos de parafina
(Fleur y, 2020)
El Dr. Taube nberger aplicó , a más de cien de ellas, una nue va técnica de biología
molecular: la r eacción e n cadena de l a polimerasa (PCR), descrita en 1983 por Kary Banks
Mullis. Pero sólo dos, las procedentes de los solda dos R oscoe Vaugh an de 21 años, del Fuerte
Jackson en Carolina del S ur (fig. 8) y James Downs de 30, del campamento militar de Upton
en Nueva York (ambos f allecidos el 26 de septiembre de 1918) conservaban el virus.

Figura 7. Muestras de tejidos de 19 18 Figura 8. Tejido de Roscoe Vaughan
Fuente: Izda.: Ricart, 2018;
Dcha.: https://medicalmuseum.health .mil/index.cfm?p=visit.exhibits.virtual.1918killerflu.page_01

M ARTA J ATO D ÍAZ
20
Nadie podía pens ar que, ochenta años después, estos dos hombres prestarían un últim o
servicio, y esta v ez no lo harían sólo a su p atria sino a toda la humanidad. De las muestras de
su tejido pulmonar se pudier on obtener secuencias parciale s de cua tro de los ocho segmentos
genéticos virales (fig. 9). No hubo posibilidad de poder secuenciar más seg mentos, porque los
tejidos fueron tratados inicialmente con formaldehido y esto produjo daños en el ácido
ribonucleico del virus ( ARN) (Spinney, 2018). Este hallazgo fue publicado en l a revista
Science el 21 de marzo d e 1997 (Ta ubenberger, 1997).
Pero el material para continuar los estudios se acababa y era necesario conseguir nuevas
muestras de tejido, de otras víctimas de la e pidemia, para poder completar el genoma viral.

Figura 9. El Dr. Taubenberger y la Dra. Reid revisando una secuencia genética del virus
Fuente: https://www.cdc.gov/flu/pandemi c-resources/re co nstruction- 1918 - virus.htm l

Al mismo tiempo, y desconociendo los trabajos de 1951 del Dr. Hultin, para la geógrafa
canadiense Kirsty Duncan (fig. 10) tras la lectura del libro de Alfred Crosby La pandemia
olvidada de Am érica: la gripe de 1918 , des cubrir al as esino se convirtió en una verdadera
obsesión. En 1992 declaró: « Me horroriza que no sepamos qué la causó [la gripe española] y
sé que, si podemos encontrar fragmentos del virus, podemos encontrar una mejor vacuna
contra la gripe ».

Figura 10 . Kirsty Duncan
Fuente: https://electricscotland.com/canada/kirsty_duncan.htm

INTR ODUCCIÓN
21
En ese momento ella no sabía nada acerca de la influenza y realizó un «curso intensivo» de
virología durante seis m eses. Buscó el lugar idóneo para encontrar las m uestras y llegó a la
conclusión de que ese sit io era un pequeño cementerio en Spit sberge n, una isl a situada entre
Noruega y Groenlandia (fig. 11 ).
Averiguó que en esa isla hubo varias minas d e carbón que estuvieron gestionadas por la
misma empresa. S abía que la gripe había llegado también hasta allí y dedujo q ue alguno de
los mineros tendría que haberse contagiado y fallecido durante la pandemia.
Tras varias indag ac iones dirigió su búsqueda al pueblo de Longyearbyen (fig. 12), un
lugar en el que durante la primavera se pescaba y durante el invi erno se extraía carbón.
Revisó cientos de documentos y encontró un diario, de la empresa minera, en el que se
indicaba que en uno de los cementerios había seis trabajadores, enterrados en permafrost, que
habían fallecido de g ripe. Se trataba de hom bres, granj eros y pescad ores, con edades
comprendidas entr e los 18 y 29 a ños que ese invierno iban a la isla para ganar algún dinero
trabajando e n la mina, pero ya en el propio barco en el que viajaban se c ontagiaron y
fallecieron en la primera semana de octubre de 19 18 ( The New York Times , 1998).

Figura 11 . Isla de Spitsbergen Figura 12 . Cementerio de Longyearbyen
Fuente: Izda.: https://www.pngwing.com/es/ free- png - zouyu ;
Dcha.: https://www.shutterstock.com/es/im age -photo/white-crosses-historic-graveyard- cem etery-
built- 1195191607

En 1997, mientras organizaba el viaje, la Dra. Duncan se puso en contacto con el Dr.
Taubenberger y ambos colaboraron durante un tiempo . Pero pronto dejaron de hacerlo porque
el doctor era demasiado metódico y discreto para congeniar con la «complicada» person alidad
de la geógrafa .
En agosto de 1998 y tr as cinco años de preparación (permisos para las exhumaciones,
búsqueda de personal, etc .), la expedición formada por un grupo de pres tigiosos científicos
(patólogos, virólogos, biólogos mol ec ulares, geólogos y arqueólogos m é dicos) de Can adá,
Estados Unidos, Noruega y Reino Unido ; cinco sepultureros británicos y con un enorme
presupuesto, partió hac ia Spitsbergen con equipos de máxima seguridad con los que
manipular el virus y evitar un posible escape. El objetivo era tom ar m uestras de los tejidos y
enviarlas a laboratorios de los cuatro pa íses participante s en la investigación. El día 20
comenzó la excavación pero, a pesar de que el reconocimiento con radar estableció que los
cuerpos estaban congelados y seguramente bien cons ervados, esta búsq ueda no tuvo éxito.
Los cadáveres estaban enterrados muy cerca de la superficie y se encontraban ya mu y
de ter io ra dos por lo que l os escasísimos restos de tejido, ya descompuesto, no valían para lo
que se pretendía ( The New York Times , 1998). A pesar de ello, la «versión oficial» fue que la
misión tuvo é xito y se habían podido obtener muestras. Pero del resultado de las

M ARTA J ATO D ÍAZ
22
investigaciones nada más se supo, sólo que los tejidos contenían una «señal» del ARN del
virus que podría ayudar a conoc er el genoma .
Mientras la Dra. Dun ca n se eterniza ba con su proyecto, lo publicitaba constantemente en
entrevistas pagadas y conseguía múl tiples vías d e financiación, la idea de en contra r el vi rus
que había ocasionado l a mayor catástrofe sanit aria del siglo XX, a pesar de que habían
transcurr ido 46 años, continuaba en la c abeza del Dr. Hultin. Y cuando, e n 1997, el número
de la re vista Science que contenía el a rtículo del Dr. Taubenberger cayó en sus manos sabía
que con las nuevas técnicas de biología molecu lar esto sería posible. Con 73 años, pero con el
mismo entusiasmo de aquel joven de 25, es cribió una carta a T aubenberger ofreciéndose para
regre s ar a Alaska y recoger nuev as muestras de tejido. Este, en un principio se mostró
reticente y, sobre todo, por los años que ha bía tarda do la expedición de la Dra. Duncan e n
planificarse y obtener lo s permisos necesarios, estimando que el plaz o mínimo pa ra poder
poner en marcha esta nu eva aventura s ería , como mínimo, de uno o dos años. No obstante,
preguntó a Hultin cuándo podría viajar y, disculpándose primero por no pode r hacerlo en esa
misma semana (porque h abía prometido a sus nie tos que acabaría la caba ña de secuoyas que
les e staba construye ndo), le contestó que en la siguiente sería perfecto. Esta vez había mucho
más e n juego que en la anterior y no quería qu e hubiese objeciones por parte de las agencias,
de los comités de ética o que se produjeran retrasos, por lo que no permitió ni publicidad ni
financiac ión. Iría solo, e n un viaje discreto y costeado por él mismo (3.200 dólares). Entre las
pocas cosas que ll evó consigo estaba n las tijeras de podar de su esposa (que cogió sin su
permiso) para poder abrir las cajas torác icas de los cadáveres y recoger el tejido pulmonar.
Al llegar de nuevo a Bre vig Mission se reunió con el alca lde, B rian Crockett, y el conse jo
de la aldea. P ensó que no le volverían dejar acceder a la tumba, pero encontró una aliada entre
los mi embros del consejo, Rita Olanna , cuyos familiares habían muerto durante la pandemia y
estaban allí enterrados (fig. 13 ). La Sra. Olanna comentó que su abuela fue una de los ocho
supervivientes de la aldea. Tenía entonces 12 año s y la gripe mató a su madre y a todos sus
hermanos. Había conocido al Dr. Hultin en su primer viaje, en 1951, y recordó que el viejo
doctor siempre había tratado a los fallecidos con el máximo respe to, por lo que se le p ermitió
abrir de nuevo la fosa, es ta vez ayudado por cuatro jóvene s de la aldea a los que él mismo les
pagó e l salario. Si había una única pe rsona en el mundo a quien se pudiese conceder e se
permiso era Johan Hultin.
El 20 de agosto se inició la excavación, sólo con picos y palas como la primera vez (fig.
14 ), y observó cómo todos los cuerpos que se iba n descubrie ndo ya se habían descompuesto.

Figura 13 . Rita Olanna y J. Hultin en 199 7 Figura 14 . Segunda ex cavación de la f os a
Fuente: Izda.: https://alemontosi .blogspot.com/2020/05/il -documentario-statunitense- we - heard.html
D c h a. : h ttps://alemontosi.blogspot.co m/2020/05/il- documentario -statun itens e- we -heard.html

INTR ODUCCIÓN
23
Pero a unos 2 metros de profundidad encontró un cadáver muy bien conservado. Se trataba de
una mujer, obesa, de unos 20 años, cuya abundante grasa corporal había pe rmitido , durante la
época del de shielo, conservar sus órganos internos e n bue nas condiciones (fig. 15 ). Sus
pulmones mostraban la apariencia macroscópica de una neumonitis viral aguda, estaban
expandidos y tenían un o scuro color rojo. Llamó a esta mujer Lu cy, porque estaba convencido
de que ella arrojaría luz sobre los misterios de la pandemia de 1918.

Figura 15 . Johan Hultin con el cuerpo de Lucy
Rodeadas con un círculo blanco están las tijeras de podar de su esposa
Fuente: https://www.cdc.gov/flu/pandemi c-resources/re construction- 1918 -virus.html

Recogió tejido pulmonar de Lucy y lo puso en el medio adecuado para su conservación y
transporte: alea iacta est .
Su trabajo en Brevig Mission no había terminado. Con el paso de los años las dos cruces
blancas que delimitaban la fosa común habían desaparecido y Hulti n, que era un gran
carpintero, trabajó toda una noche, las reconstruyó y las puso de nuevo en su lugar original.
Se despidió de los que allí yacían y agradeció a los h abitantes de la aldea la generosidad que
habían tenido con é l y co n la ciencia.
Un año después r egresó y colocó dos placas de bronce en un a de las cruces. Una en el
brazo c orto con la siguiente inscripción:

Los siguiente s 72 esquima les i nupia t están enterrados en esta f osa común. Reza
por ellos, honra y recuerda a estos vecinos que perdier on la vida en la pandemia
de gripe durante el breve lapso de cinco días, del 15 al 20 de noviemb re de
1918.

M ARTA J ATO D ÍAZ
24
Y, otra e n el braz o largo con los nombres de las 72 personas que murieron durante la
pandemia de 1918 y que allí están enterradas (fig. 16) ( Washington Post, 2022).

Figura 16 . J. Hultin y las nuevas cruces en la fosa común de Brevig Missi on
Fuente: Izda.: http s://ww w.cdc.gov/flu/im ages/pandemic -resources/brevig- missio n -
gravesite.jpg?_=83824?noicon. Centro y drcha.: https://www.gi.alaska.e du/alaska- sci ence -
forum/vill agers-re mai ns-lead - 1918 -flu-breakthrough- 0#

Tras confirmar que las muestras enviadas desde Alaska contenían fragmentos genéticos del
virus, el Dr. Taubenberger y su equipo se pusieron a trabajar con los tej idos de Lucy y de los
soldados V au ghn y Downs.
Dos años después, en 1999, habían logrado la secuencia completa d e la hemaglutinina
(Reid, 1999) y, al año si guiente, de la neur aminidasa (Reid, 2000). A partir de entonces los
hallazgos de cada uno de los genes del virus se fueron sucediendo hasta que, en el año 2005,
se consiguió la secuenciación completa d el geno ma del mayor asesino en serie del siglo XX
(fig. 17) (Ta ubenberger, 2005) .

Figura 17 . Imagen de la secuencia genética completa del virus
Fuente: https://medicalmu se um.heal th.mil/index.cfm?p=visit.exhibits.virtual.1918killerflu.page_01

Ya se tenía toda la información necesaria para «r evivir» al virus, pero, pa ra lograrlo, faltaba
un paso intermedio: la creación d e plásmi dos pa ra cada uno de los 8 seg mentos genómicos.
Esta tarea fue realizada por los Dr es. P eter Palese, Adolfo G arcía-Sastre y Alicia Solórzano
del Mount Sinai de Nueva Yor k.
Una vez cr eados, los p lásmidos se enviaron a los Centers for Dis ea se Control and
P re ve nti on ( CDC) p ara que pudiese comenzar el proc eso oficial de reco nstrucción (fig. 18)
( CDC, 2019) .

INTR ODUCCIÓN
25

Figura 18 . Fases de reconstrucc ión del virus causa nte de la pandemia de gripe de 1918
Fuente: https://www.cdc.gov/flu/pandemi c-resources/19 18-commemoration/special-features/ask-a-
scien t ist-terrence-tumpey.htm

Esta responsabilidad recayó sobre el Dr. Terrence Tumpey (fig. 19) qu ien comenzó este
trabajo en agosto de 2005 y en el mes de octubre ya lo había conseguido (Tumpey, 2005) . E l
virus había sido resucitado y ahora h abía que empezar a estudia rlo para d escubrir sus secretos
(figura 20 ). Se había detenido al asesino, pero se desconocía c ómo llevaba a cabo sus
crímenes y c uál era su arma homicida.

Figura 19 . Dr. Terrence Tum pey Figura 20 . Virus A H1N1
Imagen de mic roscopía electrónica
Fuente: Izda.: http s://www.c dc.gov/flu/pandemic-resources/1918-commemoration/pandemic-flu-
fighter-terrence-tumpey.htm ; Dcha.: https://revistaquixe.co m/2020/05/27/una-mira da- al -pasado- la -
epidemia- de -gripe-espanola- de - 1918 - 1919/

El Dr. Tumpey fue l a pri mera persona en reconstruir y estudiar el virus vivo y completo en un
laboratorio.
Volvamos, por un momento , atrás en el ti empo. Entre el grupo de científicos que
acompañaron a la Dra. Duncan, se encontraba el virólogo británico John Oxford (fig. 21), que
sería uno de los mi embros del equipo que, además de todo su trabajo de campo, negociaría
c on la farmacéutica Roche una parte importante de la financ iación de la expedición.

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Figura 21 . Dr. John Oxford
Fuente: Izda.: http://www.oxfordmedic ine.co/john- oxford.ph p

En el año 2002, en un intento por ganar la carrera de reconstrucción del virus a los
estadounidenses, se propuso encontra r alguna víctim a de la epidemia que hubiese sido
enterrada en un ataúd revestido con plom o porque esta circunstancia habría permiti do una
buena preservación de lo s restos mortales. Era un a labor extremadamente complicada pues s e
conserva ban muy pocos registros sobre los ataúde s y era difícil encontrar a los desce ndientes
de los fallecidos. Se pudo loca lizar a algunos de ellos y tras pedirle s permiso para la
exhumación se comprobó que los cuerpos habían sido enterrados en ataúdes de madera y no
de plomo, como figuraba en el registro, descubriéndose así una estafa de la que sin duda
habrían sido objeto muchas familias en aquel momento.
Sin embar go, e n 2005, se encontró un candidato perfecto: Sir Tatton Benvenuto Mark
Sykes, un mi litar y diplo mático inglés fallecido en P arís, el 16 de febrero de 1919 , a los 39
años (fig. 22 ). Debido a su elevado estatus, su ataúd fue fotografiado antes de ser enterrado, lo
que le convirtió en uno de los pocos casos seguros e n que un ataúd de plomo contenía los
restos de un fa llecido por gripe española ( NBC N ews , 2007).

Figura 22 . Iz da. : Sir Mark Sykes . Centro: Su entierro. Dcha.: Sepultura en la finca famili ar
Fuente : https://archi ve.org/details/marksykeshisli fe00lesluoft/page/n3/mode/2up?view=theater ;
https://www.ebay.co.uk/itm/333816968640 ;
https://www.flickr.com/pho tos/23678771@N05/2875773125/in/photostream/

Tras tres años y medio de papeleo (permisos de la diócesis, consentimiento de familiares,
l i c e nc ia de l Ministerio d el Inter ior británico, aprobación del comité de ética, etc.), el 8 de
s e pti e mbre d e 2006 se accedió a la sepultura ( Gopalan, 2008). Pe ro al abrirla descubrieron

INTR ODUCCIÓN
27
una grieta en la parte su perior del ataúd , que se había partido debido al excesivo peso que
ejercía la tierra sobre él.
Pudieron comprobar que el cadáver estaba en un a fase muy avanzada de d escomposición ,
lo que significaba que las posibilidades de encontrar una muestra válida eran esc asas. No
obstante el equipo pudo extraer 17 muestras de p ulmón y tejido cerebra l a través de la rotur a
en la parte superior del ataúd, que permaneció in s itu durante todo el proceso (Arnold, 2018) .
Pero, a pesar de todos sus esfuerz os, en ese mom ento só lo pudieron confirmar que S ir Mark
Sykes había muerto a causa de la gripe, pero no l ograron aportar nad a nuevo a lo que ya había
sido descubierto por sus colegas estadounidens es unos años antes: los datos de las secuencias
virales sugieren qu e se trata d e un virus aviar derivado en su totalidad de una fuente
desconocida. Los 8 segmentos de su genoma son substancialmente difere ntes de los genes
contemporáne os de la gripe aviar (Rabadan, 2006) .
Dos años después, en 2008, el equipo de Yoshihiro Kawoka de la Un iversidad de
Wisconsin pudo identificar a partir, entre otras, de las muestras de tejido pulmonar y cerebral
de Mark Sykes tres gen es dentro del genoma del virus de la gripe de 1918 (PB A, PB1 y PB2).
El virus produciría tres tipos de proteínas dentro de las células infectadas, debilitando el
revestimiento protec tor de los bronquios y pulmones y «despejando el camino» para una
colonización bacter iana s ecundaria y el desarrollo de una neumonía (Qureshi, 2016).
En 2011 tras el análisis de 68 muestras de mi litares estadounidenses, que murieron entr e
el 11 de mayo y el 24 de octubre de 1918 conse rvadas en el banco de te jidos del AFIP, se
pudo comparar l as secuencias genéticas, que codi fican la HA, d e la primera y segunda ola. Se
observó que el virus había experimentado un peque ño cambio, pero decisivo, entre la
primavera y el otoño: la HA estaba peor adaptada a las aves y mejor a los humanos. Tres
cuartas p artes d e los ca sos de primavera tenían una HA adaptado a las aves, mientras qu e
otras tres cuartas partes de los del otoño la tenían adaptada a los human os. Pero, como los
propios autores admitieron, son muy po cas muestras para poder realizar conclusiones
definitivas (Sheng, 2011).
En estos momentos las líneas de investigación s e c entran, po r un a parte , en conseguir
muestras de gripe anteriores a la p andemia, con el fin de establecer un p aren tesco genético
con las de 1918 y posteriores y, por otra, en comprobar si fue un mismo vi rus el causante d e
las tres olas o si por el contrario el de los casos de primave ra er a un virus estacional y el
realmente pandémic o fue el responsable de los casos del otoño y del invierno.
1.2 U N MISTERIO TODAVÍA POR RESOLVER
C ERTEZAS , E NIGMAS , SINGULARIDADES Y CA RA CTERÍSTICAS ÚNICAS DE LA PANDEMIA
Hace más de un siglo una pand emia d e grip e aparec ió, casi simultáneamente, e n todo e l
planeta. S e p resentó con unas características clínicas y epidemiológicas inespe radas. Su
repentina irrupción y su elevada tasa de mort alidad no tenían prece dentes. Ningún otro
acontec imiento mató a tanta gente en un período d e tiempo tan corto. Se le ha calificado c omo
«el mayor holoca usto de la historia» (Yanes, 2018).
Y si bien es cierto qu e, gracias a l a secuenciación y reconstrucción del vir us, conocemos
cada vez más cosas también lo es que, más de un si glo después, todavía son pocas las certezas
y mucha s las incógnitas que continúan en el aire . Veamos algunas de esas certezas, enigmas,
singularidades y caracter ísti cas únicas de la pandemia.

▪ Respecto al agente c ausa l de la pandemia: ¿qué sabemos?, ¿qué ignoramos?
Te n emos la certeza de q ue fue causada po r un vir us ARN, de la familia Or thomyxoviridae ,
de l género Influenzaviru s , tipo A, subtipo H1N1. S e trataba de un virus aviar proveniente

M ARTA J ATO D ÍAZ
28
de una fuente desconocid a y no de un virus recom binante surgido a partir d e otras ce pas ya
existentes que hubieran adquirido nuevos genes (Rabadan, 2006). Y, desde entonces, se
convirtió en un «virus f undador» de una «era p andé mica» que continúa hasta hoy. Esto
quiere decir qu e, desde 1918, todas las pande mias de influenza A y las epidemias
estacionales están ca usadas por sus descendientes (Morens, 2009).
Sabemos que durante la pandemia circularon a la vez, y al menos, dos variantes: una
con una unión de alta afinidad al receptor humano y otra con una unión de afinidad mixta a
rece ptores aviares y humanos (Ge stal, 2021; Rabadan, 2006).
Pero todavía quedan varias incógnitas entorno a la existencia y comportamiento de
estas dos variantes. Desconocemos si en todas las olas circularon una o las dos, cuál de
ellas fue p recursora de l a otra (pues no hay ning una indicación g eográfica ni cronoló gic a
que lo indique), si ambos virus fueron o no igualmente transmisibles o si tenían o no
patrones idénticos de repli cación en e l árbol respiratorio (Gestal, 2021 ).

▪ En cuanto a su inicio y su origen: ¿qué sabemos?, ¿qué ignoramos?
Sabemos con ce rteza que apa reció de form a súbi ta y que su origen no estuvo en España.
Desde el primer momen to este punto estuvo claro, pero, a p esar d e todo, acabó siendo
denominada «gripe española». Ya en el mes de julio de 1918 el Dr. Émile Roux, direc tor
médico del I nstituto Pasteur, re alizó unas d eclaraciones, en el Daily Mail, en las que
califica ba como algo injusto apellidar «española» a l a epidemia, pues la gripe ya se había
detectado en el frente occidental antes del mes de mayo y estaba afectando por igual a
soldados franceses y alemanes. La en ferme dad p asó desde el país galo a España y continuó
su expansión por el mundo (La epidemia de “grippe”, 5 de julio de 1918) .
También el Dr. Gins, del Instituto Koch, en agosto pudo comprobar que la enfermedad
se había presentado en Francia, en el frente occidental, antes de ha cer su aparic ión en
España (La grippe española, 2 de agosto de 1918 ). Y en di ciembr e el p rofesor Chauffard,
profesor de clínica méd ica en la Universida d de París, en la revista N uestro Tiempo ,
afirmaba que: « antes de llegar a España […] la gripe se había señalado en Alemania y
Francia » (fig. 23).

Figura 23 . F ra gmento de la revista Nuestro Tiempo , 01.12.1918, p. 126
Fuente: https://hemerotecadigital.bne.es/

Cuando la epid emia ll egó a nu estro país, los españoles todavía no sab ían que ya ha cía
meses que el virus estaba presente en EE. UU . y que llevaba varias semanas circulando por
Europa. La información en los p aíses combatientes en la gue rra estaba censurada y por
tanto ese tipo de noticias no llegaban a España. De hecho, el 29 de junio de 1 918, D.
Manuel Martín Salazar (inspector general de s anidad) declaró, en la Real Academia de
Medicina, que no había recibido ningún informe de la presencia de la enferme dad e n
ninguna otra ciudad de Europa (Spinney, 2018).
P e ro los grandes enigmas son dónde, cómo y cuándo situar el foc o del origen de la
pa nde mi a , un tema qu e ha sido objeto de mucho s debates y estudios. Tres lugares y tres
teor ías so n las más aceptadas para intentar explicar el inicio y origen del virus.

INTR ODUCCIÓN
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1. Origen en China e Indochina:
La primera t eoría sitúa el foco en China y el sudest e asiático. En 1914 C hina se h abía
declarado neutral ante el conflicto europeo (aunque , en 1917, acabaría declarando la
guerra a Alemania). E l gobierno chino que ría formar parte de l a ofensiva , sin
comprometer la neutralidad, para asegurarse un puesto en la mesa de negociaciones,
durante el proceso de p az, con el objetivo de recuperar algunos de los territorios que
había perdido. Así, en colaboración con los gobiernos británico y fran cés, se c reó un
cuerpo de trabajadores q ue no participaría en l os combates y s e en cargaría del trabajo
duro detrás de las líneas (cavar trincheras, reparación de armamento, et c. ). Estos
hombres, que procedían de los pueblos del norte de China, y en su mayoría, de
Shandong, Hebei y Shanxi, constituyeron el Chinese Labour C orps (C.L.C.) o Cuerpo de
Trabajadores Chinos (C.T.P. ) y, a partir de 1916, fueron enviados a Francia, Bélgica y
Rusia (figuras 24 y 25) (Sanz, 2014).

Figura 24 . Placa del C. L.C. Figura 25 . Hombres del C.L.C en el frente aliado
Fuente: Izda.: http s://aphuu ruguay.wordpress.com/ 2014/01/20/trabaj adores- chino s -del-
ejercito-aliado-los-olvidados- de - la -primera-guerra-mundial/; Dch a.:
https://www.rtve.es/television /20210824/ejercito -olvidado-trabajadores- chino s -primera- guerra-
mundial/2163620.sh tml

En el invie rno de 1917, con la movi lización del C.L.C . hacia Eur opa a pleno
rendimiento, se produjo en Shanxi una epidemia, que también afectó a las otras dos
provincias vecinas, por una en ferme dad cuyo diagnóstico y etiología no pudieron
establecerse con claridad debido a la inestabilidad del p aís, pero que resultó muy similar
a la «enfermedad del invier no», es decir, a la gripe (fig. 26 ).

Figura 26 . Proxim idad entre las tres provinc ias epidemiadas en China
Fuente: https://sites.google.com/si te/chinaychenye/situacion

M ARTA J ATO D ÍAZ
30
Junto con estos trabajadores chinos se reclutaron t ambién miles de hombres procedentes
del sudeste asiático (an namitas), del antiguo reino de Annam (los actuales Vietnam,
Laos y Camboya), que ta mbién viajaron a Europa y lo hicieron por dos vías:
- Hacia el este, a través de Canadá, donde en la isla de Van couve r er an puestos
en cuarentena. Pasado e se período iban a Mont re al y y a embarcaban hacia
Europa.
- Hacia el oeste, por el Cabo de Buena Esperanz a. Desde allí, por Marsella,
entraban en el viejo continente.

Hay dos h echos que apoyan la hipótesis d e que este gran desplazamiento de trabajadores
y soldados entre 1916 y fina les de 1918 podría habe r sido la causa de la expansión el
virus por todo el mundo (Humphries, 2014). Por una parte, hay indicios d e que entre los
soldados de Vancouver hubo un gra n repunte de enfermedades respiratorias
coincidiendo con esta movilización. Por otra parte, en los archivos de los servicios de
salud del ejército francés, se han encontrado nu m erosa s referencias a una enfermedad
similar a la gripe que, durante ese p eríodo, se d ifundió de manera pe riódica entre las
tropas de la antigua Indochina francesa, a la que se denominó «neu monía de los
annamitas», y que fácilmente podría h aber sido la prec ursora de la gripe española. Los
síntomas de esta dolencia, que fueron descritos por el Dr. Cac hie en mayo de 1918, eran:

[…] fiebre de 38º a 40º, tos fuerte que a veces produce vóm itos, cefale a,
raquialgia, agujeta s generali zadas […]. Tos cada vez más fuerte, con
expectorac ión a vec e s sanguinolen ta p ero q ue, al examen , parecía de origen
faríngeo, estertor es de bronqui tis diseminad a en los dos pulmones, zona s de
localización congest iva en los mis mos órga nos […] (Er koreka, 2020 ).

Sin embargo, est a teoría ha quedado prá ctica mente refutada al comprobarse qu e, en
Europa, fueron pocos los trabajadores y soldados orientales que fallecieron a causa de la
gripe en 1918. Además, el pico de su mortalidad se produjo en un momento posterior al
de sus compañeros de combate de la marina france sa (fig. 27 ) (Shanks, 2016). A esto
debe añadirse que no existe una certeza plena sobre la etiología de la enfermedad que se
declaró en China en el invierno de 1917 (Gestal, 2021; Spinney, 2018 ).

F i g u ra 27 . Mortalidad semanal por neumo nía- gripe en soldados asiático s vs marina francesa, 1918
Fuente: Shanks, 2016

INTR ODUCCIÓN
31
2. Origen europeo:
La segunda teoría sitúa el origen del virus en Europa. Los británicos, ante la dificultad
que conllevaban las tareas de almacén d e sum inistros, atención de los enfermos y
heridos y admisión de refuerzos, construyeron un importante campamento en un
pequeño puerto pesquero en el norte de Francia, Étaples, que contaba con toda clase de
dotación: campos de entrenamiento, de tiro, mi les de barracones, hospitales, etc. (fig.
28).
En sus inmediaciones se encontra ban los campos de prisioneros alemanes, las
tropas fra ncesas de I ndoc hina y el cua rtel general y un hospital d el C.L.C.
Habitualmente este lugar acogía a unas 100.000 personas y c ada dí a llegaban r efuerzos
desde todas las colonias del Imperio Británico. Entre julio y noviembre de 1916 (durante
la sangrienta bat alla del Somme) llegaban cada noche diez trenes ambulancia con
heridos, muchos de los cuales habían estado expuestos a gas es tóxicos, como el gas
mostaza. En el mes d e diciembre se de claró en el campamento un brote de una
enfermedad muy similar a la gripe. S e trataba de una infección respir atoria con una
fiebre muy alta, tos, c ianosis en heliotropo (que se vería con frecuencia durante la
pandemia) y que provocaba una letalidad muy elevada.
Un brote epidémico muy similar afectó, en 19 17, a hosp itales británicos en l a
ciudad francesa de Ruan y a los cuarteles del ejército en Alderston (Inglaterra) ( Oxford,
2001; Spinney, 2018).

Figura 28 . Campamento del ejército británico en Étaples, 1917
Fuente: Oxford, 2005

En julio de 1917 en la revista Lancet se describió esta enfermedad, a la que se d enominó
« bronquitis purulenta » y señalaba , como características más relevantes, el color azulado
del rostro y la congestión e inflamación pulmonar (fig. 29 ). El cu adro clínico era
análogo al que luego se vería en 1918 (Oxfor d, 20 02 ).

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32

Figura 29 . F ra gmento del artícu lo publicado en L ance t , 14.07.1917, p. 41
Fuente: https://www.sciencedirect.co m/science/article/abs/pii/S0140673601562297

Este cuadro se produjo en un contexto de guerr a, en el que convivían trabajadores y
soldados de los cinco continentes, en condiciones de ha cinamiento, bajo sit uac iones de
estrés, miedo, desnutrición, suciedad, exposición a elementos climáticos adversos,
contacto con gases tóxicos (gas mostaza) y con animales (a ves y c erdos e ntre otros) lo
que suponía una gran oportunidad para que un virus gripal sufriese un gran número de
pequeñas variaciones en su genoma y s e hiciese especialmente virulento (figuras 30 y
31) (Oxford, 2005).

Figura 30 . Piaras en Étaples Figura 31 . Soldados de spl umando pavos
Fuente: Izda.: Oxford, 2002 ; Dcha.: Oxford, 2001

Todo esto, unido a una restricción de los viajes durante la contienda, parece ser la
explicación para que e l nuevo virus mutante se hubiese mantenido durante un par de
años, en pequeños brote s poblacionales mientras aumentaba su virulencia , de manera
escalonada, hasta hacer su aparición de finitiva en 1918 (Oxford, 2002). Pero, una vez
acabada la guerra, los so ldados regresaron a sus l ugare s de origen llevando consigo, sin
saberlo, a un mortal enemigo que les fue acompañando por todos los pueblos y ciudades,
lo que propi ció la p ropagación y difusión del viru s a nivel mundial. Hasta este momento
no se h an procesado muestras clínicas de virus gripa l anteriores a 1918, por lo que no se

INTR ODUCCIÓN
33
puede saber si los brotes de 1916 y 1917 fue ron causados ya por el de la gripe
pandémica o por otro.
El mayor «pero» de esta teoría, de la que el Dr. Jo hn Oxford es uno de los mayores
defensores, es que la po blación civil de esas zon as no se vio afectada al mismo tiempo
que la militar (Oxford, 2001, 2005).

3. Origen americano:
La tercera teoría, la más aceptada en la actualidad, apunta a que la epidemia comenzó en
el corazón de los EE . UU ., en Camp Funston (denominado así en honor del general de
brigada Frederick Funston) - en Fort Riley - en el estado de Kansas, (Hern ández, 2020).
La enfermeda d habría llegado a través de un joven recluta, un agricultor del condado de
Haskell (localidad situada a unos 480 kil ómetr os de Funston) y se extendería
rápidamente por todo el ca mpamento, de modo que en tres semanas ha bría más de un
millar de soldados en el hospital. Desde aquí viaja ría a otros campos de EE. UU . y daría
el salto a Europa con las nuevas re mesas de tropas .
El campamento Funston recibía, para su adiestramiento e incorporación a l combate,
reclutas d e una zona de captación que incluía el condado de Haskell, uno de los má s
pobres de Kansas. En este lugar, a principios de 1918, se había producido un brote
infeccioso agudo respir atorio entre los agricultores cuya grave dad, en algunos casos, fu e
equiparada post eriormente a l a de la gripe. Esto alarmó mucho al médico local, el Dr.
Loring Miner, que obs ervó que la enfermedad estaba afectando fund amentalmente no a
niños, ancianos y enfermos crónicos, sino a individuos jóvenes y fuertes, y lo notificó al
Servicio Federal de Salud Pública. El 5 de abril, el diario semanal Public Health Reports
se hizo eco de la not icia y publicó la existencia del brote de in fluenza e n Haskell (fig.
32).
Se considera que el Dr. Miner (fig. 33 ) fue el primero que identificó y describió el
cuadro c línico de la gripe española (Barry, 2004).

Figura 32 . Public Hea lth Reports , 05.04.1918, p. 502 Figura 33 . Dr. Miner
Fuente: Izda.: http s://www. ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC1999792/?page=22 ;
Dcha.: https://images.findagrave.com/pho tos/2020/302/16336922_8a7caebf -5b40-4740-bb4a-
17c59b2c8d50.jpeg

Simultáneamente se prod ujeron otros brotes similares en los estados de Carolina del Sur
y Michigan, en Detroit, entre los t rabajadores de las f ábricas Ford, aunque no fueron
n otificados a las autorid ades sanitarias. Esta epidemia remitió cuando el campamento

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34
Funston, que era uno de los más importantes, ya es taba lleno de sold ados enfermos
(Barry, 2004; Spinney, 2018) y desde allí los hombres partían para comb atir en Europa
propagando e l virus por todo el continente (fig. 34 ).

Figura 34 . Rutas de partida de soldados americanos hacia Europa
Fuente: Documental Bulos. La verdad sobre la Gripe Españ ola. Grandes mentiras de la histo ria.
Canal Histori a. En: https://w ww.youtube.com/ watch?v=S8WLvJlO_pc

Cuando e l día 4 de marzo de 1918 el soldado Al bert Gitchell (también ll amado Gilbert
Mitchell en algunas publicaciones), cocinero en el campame nto Funston, acudió a la
enfermería con síntomas de gripe se guro que no era la primera perso na que había
contraído la enfermeda d, pero sí fue uno de los pr imeros casos que se registró de forma
oficial por lo que, por consenso, se considera el paciente cero y marca el inicio de la
pandemia (Spinney, 2018 ). En el mes d e abril la gripe se difundió por F rancia, entre los
ejércitos amer icano y británico, de un a manera benigna. Afectó a un gr an número de
soldados, pero, afortunadamente, provoc ó pocas ví ctimas (Gestal, 2021 ).
Tras un estudio realizado en el año 2011, parece comprobado qu e el virus que
ocasionó la epidemia de 1918 ya circulaba entre la pobla ción, al me nos, cuatro meses
antes de que se detectara y reconociera la pandemia (Sheng 2011).
Sea cua l sea el o rigen, lo cierto es que el virus viajó «a hombro s» de los soldados y
llegó a casi todos los confines de la tierra (fig. 35 ).

Figura 35 . Soldados regresando a sus lugares de origen, « acom pañados» por el virus
F uente: Elaboración propia sobre imagen de : https://www.faz.net/aktuell/wis sen/spanische-
grippe-wie-eine-epidemie-gesellschaften-veraenderte-15479161.html

INTR ODUCCIÓN
35
▪ En relac ión a su nom bre: ¿qué sabemos?, ¿qué ignoramos?
Tenemos la certeza de que esta pandemia fue, es y será conocida como « gripe española».
Y aunque y a se ha de mostrado ampliamente que esta denominación es errónea, este
nombre quedó grabado a sangre y fuego para toda la historia.
Pero el enigma surge en relación al por qué y cuándo se le atribuyó este gentilicio. La
epidemia se pr esentó en los momentos finales de la primera guerra mundial. Al principio,
en cada lugar, se le adjudicó un nombre diferente: bronquitis purulenta, enfermedad once
(Francia) , fiebre de las moscas de arena (Italia), fiebre de los tres días o muer te púrpura
(EE. UU .), fiebre de Flandes (Inglaterra), catarro relámpago (Alemania), gripe brasileña
(Senegal), gripe alemana (Brasil), la enfermedad bolchevique (Polonia), gripe del sumo
(Japón), etc. En Francia l os periodistas comenzaron a llamarla «la gripe americana», pero
el hecho de que EE . UU . fuera un país aliado en la contienda «aconsejó» no asignarle tal
vínculo (Vázquez-Espinosa, 2020 ). Al mi smo tiempo España era un país neutral, ajeno al
conflicto y en el que la prensa no estaba expu esta a un a c ensura que le impidi ese contar lo
que pasaba (como sí suc edía en los países implicados en la guerra ) ya q ue no existía el
hándicap de una posible desmoralización de las tropas o de dar aliento al enemigo con la
publicación de estas noticias. También, en nu estro país la gripe r ecibió varios nombres,
como la enfermedad de moda, la fiebre de los tres días, la cucaracha o soldado de N ápoles
entre otros. España fue la primera nación en i nfor mar a la O ficina Internacional de Higiene
de París (creada en 1907, por los estados europeos) y en publicar el problema sanitario al
que se enfrentaba. La noti cia saltó a la prensa internacional y el país se convirtió en el
referente info rmativo. Además, los medios de comunicación extranjeros aprovecharon la
enfermedad del rey Alfonso XIII, y de varios de sus minist ros, en el mes de mayo de 1918
para afianzar toda vía m ás el apelativo de «española».
Este término quedaría acuñado definitivamente el día 3 de junio a partir de la
publicación de la crónica que el corresponsal e n Madrid d el periódico londinense The
Times había escrito el día anterior informando de lo que estaba pasando en la capital
española (fig. 36). En agosto sería la Roy al Academy of Me di cine de Gran Bretaña quien
volvería a reafirmarlo (Beltrán, 2009 ).

Figura 36 . Noticia publicada de The Times . 03.05.1918, p. 5
Fuente: https://thetimes.co . uk/archive

La realidad es que en el mundo estaban mu riendo miles de soldados y civiles víctimas de
la p andemia, pero lo hacían en silencio sin que nadie se enterara. El nombre de « gripe
e sp añola » fue un producto de las circ unstancias.

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36
▪ Por lo que se refiere a su evolución y difusión: ¿qué sabemos?, ¿qué ignoramos?
Este aspecto constituye una de las singularida des de esta pandemia.
Existe la certeza de q ue la pandemia evolucionó en olas, cada una con unas
caracter ísticas diferentes y que, en menos d e un año, al ca nzó prácticamente al mundo
entero. En la mayoría de los países se presentó en tres ocasiones, con distinta gravedad y
una letalidad variable. Una de sus principale s caracter ísticas fue un desarroll o muy amplio
en el espacio, pero muy breve e n el tiempo (Shank s, 2015).
La primera ola, fue relativamente leve y tuvo lugar en la p rimavera/verano de 1918.
Causó una alta morbilidad, pero baja mortalidad y tuvo una difusión geográfica limi tada.
Tras un verano tr anquilo, a finales de agosto, la enfermeda d reapareció de forma muy
virulenta. En esta ocasión se propagó po r todo e l mundo (con muy escasas excepciones) y
dejó tras de sí mill ones de muertos.
La terc era ola se prese ntó en el invierno de 1919 (fig. 37). Fue más difuminada en el
tiempo y aunque menos letal que su predecesora no fue inofensiva provocando un número
importante de muertes (Echeverri, 2018 ; Porras, 2020).

Figura 37 . Difusión de las tres olas pandémicas
Fuente: https://africacenter.org/spotli ght/lessons- 1918 - 1919 -spanish -flu-africa/

A pesar de que los viajes aére os no existían y de l as restricc iones impuestas por la guerra ,
la gripe se extendió por todo el plane ta. El hecho clave para esta difusió n fue el re greso ,
tras el final de la contienda, de los soldados de los ejércitos combatientes a sus lugares de
origen, así como las cel ebra ciones que se organ izaron para recibirles. Fueron cientos de
miles de hombres los que se desplazaron por el mundo entero llevando, en muchos ca sos,
el virus consigo (fig. 38 ).
Pero, en este punto todavía hay varios enigmas. Por una parte, la presentación de la
epidemia no siguió un patrón universal. De esta manera algunos países se vieron afectados
sólo por una ola (como B rasil o Australia) y sin e mbargo otros recibieron la visita del virus
en más de tres oc asiones. A principios de 1920 se prod ujo un últim o brote (una cuarta ola)
en Europa y Japón y en 1921 algunas islas del P ac ífico Sur sufrieron una quinta ola
(Erkore ka, 2020).

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37

Figura 38 . Izda.: Soldados volviendo a casa. Dcha.: Recibimien to multitudinario
Fu ente: Izda.: https://ajph.aphapublic ations.org/doi/full/10.2105/AJPH.2022.306976
Dcha.: https://www.elespanol.co m/cultura/historia/20181110/entender -guerra-mundial- foto s -
histor ia - nunca -explico/3517 44836_3.html#img_47

Aunque fueron muy poc os, algunos lugares del p laneta como l a Antá rtida, la isla de Santa
Elena (en el Atlántico Sur) y el archipiélago de Marajó (en la des embocadura del
Amazonas) consiguieron librarse de la gripe (Spinney, 2018 ).
Por otra parte, llam a la atención la form a en qu e s e sucedieron las olas. L o hicieron de
una manera rápida, sin apenas intervalo entre ellas y con dist inta afectación, dist ribución y
mortalidad (fig. 39):

Figura 39 . Distribuci ón y mortalidad de las tres olas pandémic as de gripe
Fuente: Modificada de: Jordan, 1927. En: Ortiz de Lejarazu, 2018 .

Dado el poco tiempo que trans currió entre ella s y el escape d el virus a la inmunidad
adquirida por la población en cada una, nos lleva a plantear la pregunta de si todas las olas
fueron causadas por el mismo virus, e s decir, si durante las mismas circuló sólo uno o lo
hicieron dos variantes. Parece que durante la segunda y la tercera ola sí circuló un mismo
virus, pero l a duda es si la primera fue una gripe estac ional. Para dilucidarlo es necesario
contar c on muestras del virus de cada un a de l as olas y sólo disponemos d e la del otoño, l a
más letal.

▪ Acerca de l número de víctimas: ¿qué sabemos?, ¿qué ignoramos?
Este punto es otra d e sus singu laridades. Lo que hace únic a a esta pandemi a ya no es e l
nú mero de víctimas en sí , sino la rapidez y simultaneidad c on las que se produjeron.

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38
Tenemos la certeza de que fueron va rios los mi llones de personas qu e perdieron l a
vida. La mortalidad se situó en unos valo res entr e 5 y 20 veces sup erior es a lo no rmal y
con amplias variaciones entre los dist intos colectivos, ciudades y países. Algunas
estimaciones señalan que causó más muer tes qu e la primera y segunda gu err as mundiales
juntas (17 + 60 = 77 mill ones de muertos) y que sólo en EE . UU . la cif ra de fallecidos
superó ampliamente a la producida en combate en las dos gu erras mundiales, la de Corea y
la de Vietnam juntas (Brained, 2003).
Pero, además del elevado número de víctimas, existe otro hec ho fundamental, que el
virus de 1918 es el fundador de una «era pand émica». Esto significa que no sólo fue el
responsable de los millones de mu erte s p roduc idas durante la epidemia en sí, sino también
de las mue rtes adicionales re lacionadas con la in fluenz a que o currieron durante el pa sado
siglo y el actual, lo que lo convierte en el responsable de la mayor catástro fe d emográfica
sanitaria del siglo XX .
El gran enigma continúa siendo cuál es núme ro real de víctimas que se pr odujeron
durante la pandemia. L os estudios, para intentar averiguar lo , comenza ron en 1921 y
todavía hoy continúan las discusiones académicas para estimar esa cifra qu e se sitúa en una
amplia horquilla: entre l os 40 (Erokereka, 2020 ) y los 100 mi llones de muertos (Cirillo,
2020). Sin embargo, a pesar d e los esfuerzos, es un dato que, con tod a seguridad, nunca
podremos ll egar a conoc er por muchos motivos: en muchos países faltan los registros, en
otros estos re gistros se han perdido, por la dificul tad en hacer un diagnóstico correcto de la
enfermedad, etc., a lo que hay que añadir una restricción en la difusión de información por
razone s de guerra.

▪ En lo que respecta a la distribución de la mortalidad y su representa ción gráfica: ¿qu é
sabemos?, ¿qué ignoramos?
Esos dos aspectos constituyen una caracter ística exclusiva de esta pandemia.
Sabemos con c erteza que la mo rtalidad sufrió una distribución a nómala entre los
distintos sectores de la población. Las mayores tasas (casi la mitad de las muertes
relacionadas con la g ripe) se produjeron entr e adultos jóvenes, previamente sanos, con
edades comprendidas entre los 20 y los 40 años y , de forma p articular, en e l grupo de 25 a
29. El riesgo absoluto de muerte fue mayor para las personas menores de 65 años, que,
para las mayores de es a edad, representando má s del 99% de todas las defunciones por
exceso, r elac ionadas con la gripe, durante el perío do 1918 -1919 (Gestal, 2021). Este hecho
sólo se produ jo en esta p andemia ya que lo habitual es qu e el riesgo de muerte, para este
grupo de eda d, sea menor del 50% (en 1957 supuso el 36% y en 1968 el 48%).
De alguna manera, la g ripe se comportó igu al que la guerra: eligió a sus ví ctimas entre
la población más ac tiva, aunque no distinguió entre sexos.
Por otra p arte, t ambién sabemos que la morfología de la gráfica que representa la
curva d e mortalidad por eda d cambió, adoptando una forma de W asimétrica (fig. 40 ). La
forma clásica de rep resentación gráfica de las epidemias, por gripe estacional, presenta
forma de U porque la ma yoría de los fallecimientos se producen normalmente en los niños
menores de 5 años y en los ancianos, con una frecuencia compa ra tivamente baja en las
demás eda des. P ero en esta pandemia, debido precisamente a la edad de los afectados (20 -
40 años), el patrón d e la gráfica es distinto y adquiere fo rma de W: en la prim era depresión
se situarían los menores de 18 años que, aunque enfermaron, fallecieron relativamente
pocos y el trazo ascendente de la derecha, que está atenuado, traduciría una protección
mayor pa r a los ancianos que dura nte la gripe estacional.
Esto no se había visto antes de la pa ndemia y no se ha vuelto a ver después.

INTR ODUCCIÓN
39

Figura 40 . Curvas de mortalidad en U y en W de gripe+neum onía, por 10 5 habitantes, en EE. UU.
Fuente: Taubenberger, 2006

Lo que constituye un enigma es por qué se produjo ese cambio en e l patrón de afectación
de las víctimas. A diferenc ia de otras e pidemias de gripe, en e sta ocasión l a población más
afec tada fue la comprendida entre 20 y 40 años. Esto se explica ría porque el prime r
contacto que tuvieron c on un virus gripal fue con el de 1889 -1890 (gripe rusa), un virus A
H3N8 que poseía un epítopo inmunodomi nante de células T CD8+ que también poseía la
cepa de 1918.
Según la teoría del «pecado original antigénico gripal», acuñad a por Tho mas Francis
en 1960 (fig. 41), cuando se entr a en conta cto con un virus gripal se responde produciendo
anticuerpos frente a ese virus y también frente al primer virus d e la g ripe que nos infectó
(Francis, 1960).

Figura 41 . Primera página del artículo original de T. Francis
Fuente: Francis, 1960

Así, cuando las p ersonas que habían t enido su primer contacto con el virus de la grip e rusa
sufr ieron la inf ección por el virus pandémico, al entrar de nuevo en contacto con el epítopo
inm unodominante tuvieron una re spuesta inmune e xagerada, con una producción excesiva

M ARTA J ATO D ÍAZ
40
de citoquinas (quimi ocitoquinas), activación de c élulas inmunitarias y necrosis de células
epiteliales del aparato respi ra torio, que aumentaron transitoriamente la s usceptibilidad a
infecciones b acterianas, especialmente por cepas con las que no se había tenido contacto
por el mayor aislamiento de la población de entonces, y como consec uencia, a contraer una
grave n eumonía secundaria y morir. Como afirmaba Louis Cruveilhier en 1919: « si la
gripe condena, las infecciones sec undarias ejecutan » (Gestal, 2021).
Por el contrario, aquellas personas que s e expusieron por primera vez a ese epítopo
dominante en 1918 tuvieron una respuesta primaria normal que controló la replicac ión del
virus sin aumentar la susceptibilidad a una infecc ión bacteriana respiratoria.
De esta manera , en 1918 (fig. 42 ):
- Los na cidos después de 1901 tendrían menos de 18 años y menor probabilidad tanto
de ser rec lutados como de haber estado expue stos a la c epa de 1889 -1890. Durante la
pandemia este grupo de población tuvo unas altas t asas de ataque por gripe, pero baja
letalidad.
- Los nacidos después de 1875 y antes de 1901 (período durante el cual circuló el virus
de la g ripe rusa) tend rían entre 18 y 42 años, y fueron las cohortes de nacimiento con
mayor probabilidad de muerte por neumoní a secu ndaria en todo el mundo durante l a
pandemia.
- Los nacidos antes de 1 875, tendrían más de 4 2 años y probablemente estuvieran
expuestos por primer a ve z a otros subtipos de virus de gripe. En ge neral, los adultos
de mediana eda d y los ancianos tuvi eron un as tasas de at aque más bajas y menor
probabilidad de muer te d urante la pandemia.

Figura 42 . Tasa de ataque de la enfermedad (línea roja) y tasa de mo rtalidad general (línea negra)
por [gripe+neumonía], por grupos de edad, en EE. UU.
Fuente: Shanks, 2012

Los factores del huésped fueron muy importantes para determinar la letalidad del virus
(Gestal, 2021; Shanks, 2012; Spinney, 2018).

▪ En cuánto a las manifestaciones clínica s: ¿qu é sa bemos?, ¿qué ignoramos?
Este punto marca otra de sus importantes singularidade s.
Existe la certeza de que esta pandemia se des arr olló con unas manifestaciones clínica s
inusu a les. En la mayoría de los casos esta gripe fue igual, clínicamente , a las ocurr idas en
los a ños previos y post eriores a ella: inicio re pentino, fiebre alta, cefalea, conjuntiviti s y

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41
postración. Sin embargo, hubo tres aspectos que fueron señal ados insistentemente por los
médicos militares de los campos de entrenamiento del ejército de EE . UU . que han
quedado como «propios» de la epidemia de 1918 (Shanks, 2015).
- Por una parte, la presentación de un fenómeno hemorrágico, especialmente en forma
de epistaxis. Este signo se observó en m ás del 10% de los casos. Era una hemorragia
grave, de sangre roja, bril lante, que provenía de las fosas nasales y que requería la
realización de un taponamiento nasal. Esto es algo que no se produce en la gripe
común. Por el contrario, los cuadros de hemop ti sis fueron poco frecuentes, pero a
menudo, en el examen histológico de las mue stras de pulmón de los pacientes
fallecidos, se observó la existencia de hemorragia pulmonar. El virus fue
especialmente destructivo con el epitelio respiratorio, observ ándose amplias áreas d e
necrosis ce lular en much os de los casos.
- Por otra parte, la aparici ón de una forma dist inta de cianosis que se describió como
«cianosis heliotropo» por el color de esa flor ( fig. 43) al que se parecía la t onalidad de
la piel que adquirían los pacientes (Thomas, 202 0 ). Primero surgían dos manchas de
color caoba en las mejillas y en pocas horas el rostro adquiría esta tonalidad.
Posteriormente comenzaba a aparecer un color azul ado en las yemas de los dedos, las
puntas de las orejas, la nariz y los labios , que pod ía extenderse a toda l a cara (fig. 44 ).
Esto se consideró un sig no de mal pronóstico ya que, el 95% de los pacientes que lo
mostraban morían en 24 horas. Se trató de describir la to nalidad de la forma más
precisa posible porque cualquier cambio en su pigmentación aportaba información
sobre el estado del paciente. El color fue calificado c omo un «cirue la rojizo, oscuro e
intenso» y mi entras el rojo fuera el color dominante había esper anza, per o cuando se
mezclaba con el violáceo o lavanda, esa espera nza se desv anecía. Ese nuevo tono
azulado s e oscurecía ha sta volverse negro y aparecía primero en las extremidades
(manos y pies con las uñas incluidas) y luego e n el abdomen y en el tór ax. S e decía
que la muerte entraba po r la punta de los dedos y se iba apoderando del paciente , que
desgrac iadamente fallecía en cuestión de muy pocas horas (Spinney, 2018).

Figura 43 . Flor de hel iotropo
Fuente: https://es.dreamstim e.com

Un hecho que llamaba mucho la atención era que el enfermo estaba consciente casi
hasta el momento de su muerte, algo que era p rácticamente imposible dada la baj a
saturación de oxígeno que se puede esperar p ara ese grado de cianosis: « el paciente no
tiene angustia física, pero el pronóstico es casi desesperado » (Ab rahams, 1919 ). Una
posible explicación pa ra ello e s que no todo el pulmón estaba involucrado en el
proceso de d estrucción del epitelio y d el llenado lí quido de los alveolos ( algo que se
observaba en las autopsias). La neumonía sólo afectaba a algunos de los lóbul os

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42
pulmonares lo que p ermitía, a través del tejido sano, realizar una derivación de l a
sangre y proporcionar cierta oxigenac ión.
El Dr. N. Roy Grist, un médico militar estadounidense, que trabajaba en Fort
Devens (un campamento militar a unas 40 millas de Boston que fue uno de los sit ios
más afec tados por la pandemia) envió, el 29 de septiembre de 1918, una carta a un
colega suyo, el Dr. Burt, en la que escribió lo siguiente:

[…] Estos hombres comienzan con lo que parece ser un ataque de gripe, y
cuando llegan al hospital, desarrollan rápidament e el tipo de neumon ía má s
virulenta que se haya vis to. Dos hor as después del ingreso, tienen manchas
caoba s obre l os póm ulos, y unas horas más tarde puede comenzar a verse la
cianosis, extendiéndose des de sus orejas por toda la c a ra, hasta que s ea difícil
distinguir a los ho mbres b lancos d e lo s d e color. Sólo es cuestión de unas
pocas horas hasta que llega la muerte, y es simple mente una lucha por r e spirar
hasta que se a hogan [… ] ( Gestal , 2021)

Figura 44 . Manchas de Mahogany y cianosis heliotropo
Fuente: Shanks, 2015. O rigi nal en: Abrahams, 1919

- Por último, la producción de una sobreinfección bacteriana qu e se traducía en una
neumonía secundaria. L a destrucción del epitelio res piratorio permitía la entrada de
bacterias qu e colonizaban el pulmón y provocaban un cuadro de n eumonía bacter iana.
En los pacientes con gripe la proporción de los que de sarrollaron una neumonía
bacteriana fue muy alta y e sta fue una de las razones de su e levada letalidad (fig. 45).
Realmente las tasas de mortalidad por gripe no fu eron especialmente elevadas y poca s
personas murieron primariamente por neumonitis o insuficiencia respiratoria.

Figura 45 . Corte de un pulmón de un paciente fallecido, por gripe, en 1918
[La flecha blanca señala un foco de consolidación neumónica]
Fuente: facebook.com/ Medic alMuseu m/photos/a.97395452696/10157162033092697/

INTR ODUCCIÓN
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La mayoría de las d efunciones ocurrieron, más de una semana d espués del inicio de l a
enfermedad, como consecuencia de una neumonía ba cteriana secundaria producida por
colonizadore s habituales del árbol re spiratorio (fig. 46 ) (Shanks, 2015).

Figura 46 . Porcentaje ac umulado de muertes por gripe- neum onía
[Se mide en días desde el inici o de la enfermedad, entre los caso s mortales , en varias zonas durante
la pandemia de 1918. Las flechas verticales indican la mediana de días hasta el falleci miento ]
Fuente: Brundage, 2008

Todavía sigue siendo un enigma cuál es la razón exacta de estas inusu ales manifestaciones
clínicas. Las neumonías letales p robablemente f ueron consecuencia de unas respuestas
inmunes sin control a las infecciones por el virus gripal. Esto indujo respuestas aberrantes,
incluida una producción excesiva y p rolongada de interferones, citoquinas proinflamatorias
y quimioquinas, en particular entre adultos jóvenes. Esta respue sta produjo una
inflamación y destrucci ón del e pitelio respiratorio, infiltra ción de cél ulas inmunes del
tejido pulmona r con edema y hemorragia y, por último, la destrucción de casi todas la s
defensa s físicas e inmunit aria s del tracto r espiratorio inferior, lo que per mitió la invasión
por cepas bacterianas colonizadoras preexistentes o rec ién adquiridas (Morens, 2008 ;
Shanks, 2012 ).

▪ Del final de la pandemia y su recuerdo: ¿qué sabemos?, ¿qué ignora mos?
Es una certeza que, desp ués de arrasar el mundo, la gripe se d esvaneció de for ma súbita
igual que aparec ió. Y del mismo modo desapa reció de la memoria colectiva
permaneciendo sólo en la memoria indi vidual y familiar. Mientras que, a lo largo de los
años, los libros recogían y divul gaban el con flicto bélico, se olvidaban de la p andemia
hasta el punto de qu e ni en la 13ª edición de la Enciclopedia B ritánica de 1926 ni en el
tratado de Historia de la S alud Pública de G. Rosen de 1956 se hace la más mí n ima
mención a la pandemia (Gómez, 2005). No s erá hasta finales de la década de los 60 cuando
la gripe comience a hacerse un hueco en los libros de historia (Esquivada, 2020 ). Aun así,
cuando se examinan detalladamente los años 1918 y 1919 en la enciclopedia sobre Historia
de España de Plaza y Janés, del año 1975, no se encue ntra ninguna re ferencia a l a
pa n demia.
Pero persiste el enigma entorno a dos misterios. Uno es el de su desigual de saparición,
ya q ue su final no se pro dujo al mismo tiempo en todos los lugares del mundo. La gripe no

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terminó como la guerra , un día y a una hora conc reta: el 11 del 11 a las 11 , sino que fue
perdiendo int ensidad de manera g radua l. Para explicarlo habría dos posibilidades: que se
hubiese producido una mut ac ión o bien que, de manera distinta, se fue alc anz ando
progresivamente una inmunidad de rebaño y ya no quedaba ningún nicho de contagio. Para
María Isabel Porras « el hecho de que la terc era ola fuese fuerte en los lugares donde la
segunda había tenido poco impacto y, al contrario, que su repercusión fu era débil en los
puntos más castigados por la oleada ant erior hace pensar en una inmunidad de grupo »
(Badía, 2021). El virus circ ulaba por todo el mundo infectando a la mayoría de la
población y ll egó un momento en que ya no hab ía suficientes personas s usceptibles para
que la cepa se convirtiera en pandémica un a vez más (Markel, 2007 ). Se dic e que «la gripe
llegó como un fuego que, tras quemar la leña disponibl e y de fácil acceso se consumió».
El otro enigma es por qué un suceso que provocó más víctim as que la primera gu erra
mundial en su mom ento pudo , hasta h ace muy po cos años, olvidarse y silenciarse fuera del
ámbito científico. La razón más plausible es que la gripe fue el último zarpazo de un a
carnicería humana. Cruzó el frente de batalla y af ec tó a ven cedores y venc idos por igual y
todos perdieron en esa h istoria. Los héroes d ebe n morir en el campo de batalla, luchando
contra el enemigo y no enfermos de grip e, en l a cama de un hospital o e n el fr ente. Pero
hubo más razone s que contribuyeron a ese olvido y entre ellas podemos apuntar la
ineptitud de las autoridades sa nitarias para ha cer frente a la enfermedad o e l
desconocimiento médico ace rca de una patología a la que no supieron combatir.
Pero hay un factor común que contribuyó tanto a su fin como a su olvido y es que l a
«epidemia del mi edo» a la enfermedad desapareció y no porque ésta hubiera sido vencida
sino porque la población ya no quería seguir vivi endo atemorizada y decidió que lo mejor
era aprender a convivir con ella. La primer a gu err a mundi al h abía te rminado, la gente
ansiaba dejar atrás la pesadilla y recuperar su vida de nuevo y … ¡vaya si lo hizo! (fig. 47).

Figura 47 . Los «felices» años 20
Fuente: https://www.cambio16.com/pasada- la - pandemia- volveran-los-locos-anos-veinte- en - un -
mundo - avido- de -experimen tar- lo s-exc esos-perdidos/

La historia de la g ripe es, en definitiva, la d e una gran derrota colectiva que n adie quería
recordar. Pero el peligro del olvido es que estamos condenados a repetir los mismo s errores
d e l pasa do, p or eso debemos seguir estudiando y rec ordando esta pandemia .

INTR ODUCCIÓN
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1.3 L A PANDEMIA EN LAS ACTIVIDADES ARTÍSTICAS

“ ¿Qué es el arte? El arte nace de la alegría y del dolor ,
sobre todo del dolor. Crece a partir de las vidas humanas ” .
Edward Munch

Los artistas, a través de l as distintas manifestaciones de la cultura (cine, pintura, literatura, …)
dejan constancia de las v ivencias y reacciones de la sociedad ante determi nados hechos que,
de alguna manera, cambian la vida de los pueblos. Y, habitualmente los acontecimientos más
trágicos son los qu e suelen quedar reflejados de u na manera más important e. Sin embargo, en
el ca so de la pandemia de gripe d e 1918 esto no sucedió así. Su lega do se vio ensombrecido
por la primera guerra m undial y pronto se olvidó. Los artistas se vieron más atraídos por las
repre sentaciones de guerra que por los e nfermos postrados en una ca ma o muriéndose y,
como era d e esperar, son pocas las obras que nos recuerdan el sufrimiento y la devastación
humana ca usados por el virus que provocó esa tragedia.
No e s nue stro objetivo hacer una revisión exhausti va de su presencia e n las distintas
ramas del arte sino sólo mostrar algunos ejemplos.

A. En el mundo audiovisual:
▪ Cine:
A principios del siglo XX sólo existía el cine mudo y la epidemia y sus efectos quedaron al
margen d el mundo del celuloide. Son poquísimas las producciones cin ematográficas que
traten el tema e n esta época. Entre e llas se encuentra un cortometraje de 18 mi nutos,
filmado a principios de 1 919 y arc hivado e n el Br itish Film Institute, titula do Dr. Wise on
Influenza (fig. 48).
Fue encargado como una película de información pública y con un mensaje diseñado
para advertir a los ciudadanos de la gravedad de la enfermedad y que tomasen las
oportunas medidas pre ve ntivas.

Figura 48 . Primera imagen del cortometraje Dr. Wise on influenza
Fuente: https://www.youtube.com/ watch?v=84nq2KxZMBw

En el film de 1919 Daddy Long Legs (Papá piernas largas), dirigida por Marshall Neilan y
protagonizada por Mary Pickford (actriz que , unos meses antes del rod aje, había padecido
la g ripe ) se hace un guiño a la pandemia, que todavía estaba dando sus últimos coletazos
e n e l país.

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En un momento concret o de la cinta, la protagonista se encuentra en una estación de
tren que está abarrotada y no consigue abrirse paso hacia el andén. Para lograrlo finge un
estornudo que provoca el pánico entre los allí presentes (muchos de ellos con mascarilla)
que inmediatamente dejan la vía libre ante el temor de que pudiera tratars e de una muj er
enferma de gripe (fig. 49 ).

Figura 49 . Primera imagen y fotograma del min uto 44:30 d e la película Daddy Lo ng Legs
Fuente: https://eltestamentodeldoctorc aligari.com/2020/04/16/recordando -otras-pandemias-del-
pasado- como - la -gripe- espano la- de - 1918 -afecto-a-hollywoo d/

En Qué bello es vivir , d e 1946 y dirigi da por Frank Capra , aunque la pandemia no forma
parte del argumento pri ncipal, sí está detrás de uno de los episodios de la vida de l
protagonista que evita q ue un farmacéutico, ante la desesperación de ver a su hijo morir
como consecuencia de la gripe, cometa un crimen.
Un film más reciente es el largometraje 1918 , dirigi do por Ken Harrison en 1985. En
él se cuenta como una ciudad de EE. UU . s e enfrenta, por un lado, a la id ea y al temor de
participar e n la gu erra europe a y por otro a una epidemia qu e está diezmando a l a
población y que puede hacer cambiar todos los planes de futuro.
Despertares , p elícula de 1990 dirigida por Penny Marshall, está basa da en la biografía
del Dr. Oliver S tacks. R elata el descubrimiento del efecto beneficioso de la L -dop a sobre
un grupo de pa cientes que, e n su mayoría, se ha bían contagiado de gripe durante la
pandemia siendo jóvenes, y permanecían en un estado de semi inconsciencia característico
de la encefa litis letárgica de Von Economo.
En Canción de invierno (últ ima pelíc ula de la trilogía Sarah, Plain and Tall), de 1999 y
dirigida por Glenn Jor dan, se narra la historia d e un padre que debe reencontrase con su
hijo, al que abandonó c uando era un niño, y con sus ni etos.
La trama se desarrolla en Kansas en el invierno de 1918, con la sombra de la muerte por
todas partes: la guerra y l a gripe que azota a todo el país .
En el año 2009 se rea lizó una p elícula para la televisión, rodada en blanco y negro y
dirigida por Just in Hardy, titul ada Spanish flu: the forgotten fallen . Comienza en el mes d e
noviembre de 1918 y se desarrolla dur ante los primeros meses, después del final de l a
guerra , cuando miles de soldados exhaustos regresan a casa.
Cuenta la hist oria de los heroicos esfuerzos d el Dr. Jam es Niven, of icial médico en
Manchester , para combatir la segunda ola d e gripe a medida que s e propa gaba por el Reino
Unido (fig. 50).

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Figura 50 . De izda. a dcha. : Qué bello es vivir, 1918, De spertares, Canción de invier no y Spanish flu
Fuente: Izda. a dcha.: https://es .wikipedia.org/wiki/Qu%C3%A9_bello_es_vivir;
https://www.filmaffinity.com/ es/

▪ Documentales:
A raíz del centenario de la pandemia se han hecho varios documentales. En España, en el
año 2021, s e r ea lizó: 19 18. La gripe española , dirigido por Albe rto Esteban, en el qu e se
ofrece una visión científica e histórica d e l virus, con la participac ión de destacados
especialistas.
La epidemia de gripe española de 1918 es el título de otro documental, con e l mismo
formato que el ante rior , en el que también int e rvienen importa ntes científicos
internacionale s.
En 2022 en Galicia se realizó y emitió, en dos capít ulos, un intere sante docum ental
titulado Pandemias . Bajo la dirección científica del Prof. Gest a l Oter o se hace un recorrido
temporal desde las epidemias más a ntiguas hasta la más actual de c oronavirus. La gripe se
aborda e n el primer c apítulo (fig. 51 ).

Figura 51 . De izda. a dch a., primera imagen de los documentales: 1918. La g ripe española ; La
epidemia de gripe española de 1918 y Pandemias
Fuente: De izda. a dcha.: https:// www.filmaffini ty.com/es/film768108.html ;
https://www.youtube.com/watch ?v=mlECAQEV 6YU ; https ://www.crtvg.es/tvg/a-carta/pandemias-
as -epidemias-que-asolaron-a-humanidade-i- 5824110

▪ Series:
También la pandemia se ha tratado en se rie s de televisión como El Se creto de Puente Viejo
(capítulo 389, 2012) y Downton Abbey (e nero de 2012) emitidas por Antena 3 o El
Ministerio del Tiempo (capitulo 13, titulado Un virus de otro tiempo, en 20 16) e mitida por
Televisión Española.
En las nuevas plataformas televisivas también se ha abordado este tema. E n Ne tflix se
ha emitido una serie doc umenta l, de seis episodios, titulada P a ndemia (2020) en la que, a
ra íz de la pand e mia de coronavirus, se hace un repaso de las más terribles pandemias
oc u rridas e n la historia d e la humanidad y, entre ellas, de la gripe e spañola

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▪ Fotografía:
La gripe de 1918 es la primera pandemia de la que tenemos documentos gráficos. Ha y
cientos de fotos que retratan sus efectos, pero casi todas pertenecen a p aíses anglosa jones y
la mayoría de ellas son ya muy conoc idas por todos.
En España hay poca s fotografías que reflejen lo que sucedió. Un ejemplo de ellas son
las dos que mostramos a continuación (fig. 52 y 53 ).

Figura 52 . Recono cimiento y desinfección de Figura 53 . Espectadores en una corrida de
viajeros y equipajes en una estaci ón de tren toros (actividad que no se proh ibió )
de Madrid Fuente : https://www.mu ndotor.com /noticia/
Fuente: Revista Mundo Gráfico 2 3.10.1918 el -gallo-belmonte-gripe-espanola/1555090

B. En la literatura:
La pandemia de gripe no generó na rrativa. Quiz á porque suc edió muy rápido y la cantidad
de desgracias y víctimas que causó «obligó» a los escritores de aquella generación a
olvidarla. Pero lo c ierto es que , fuera la razón que fuera, no dejó gran huella en la
literatura. La célebre escritora Virginia Woolf en su obra De la enfermedad , escrita en
1925, lamentaba que la gripe no se hubie ra convertido en un tema c entral en las ob ras
es critas. Sin embargo, como veremos más adelante, la pandem ia tuvo alguna
«consecue ncia positiva» en el mundo de la literatura.
Aunque fu eron po cos, hu bo autore s que si h ablaron de ella. La poeta japon esa Yos ano
Akiko abordó el tema d e la pandemia al mi smo t iempo que se estaba p roduciendo. En
noviembre de 1918 escribió Desde la cama con gripe , una obra en la que va plasmando sus
pensamientos mientras e stá enferma. En 1919 publicó Pe nsamientos e impresiones en el
que re lata que su marido y ella han sufrido la enfermedad dos veces y muestra el miedo
que le p roduce la falta de higi ene en la ciudad. En estos dos ensayos l a autora aborda
asuntos prá cticos y médicos, pero en 1920 escribe El miedo a la muerte que está dedic ado
a otro de los aspectos más importantes de la enfermedad: sus efectos psicológicos.
(Beichman, 2020)
En 1920 Thomas Sterne Eliot, que junto con su mujer Vivien, enfermó de gripe en
noviembre de 1918, publ icó un poema titulado Sw ee ney entre los ruiseñores (Sweeney es
un personaje creado por el poeta) e n la que una de sus estrofas dice:

El lúgubre O rión y el Pe rro / Es tán velad os; y apa cigu ados los e stremecidos ma res;
La persona con capa esp añola / intenta s entarse sob re las rodi llas de Sween ey .

P a re c e qu e con la figura de «la persona con capa española» el a utor estaría ha ciendo una
clara alusión a la gripe (Spinney, 2018 ). En 1922 escribió The Waste L and , obra en la que

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se hace eco de un mundo sorprendido por e l triunfo de la revolución bolche vique y
totalmente devastado no sólo por la carnice ría que supuso la guerra sino también por la
terrible epidemia de gripe (Toledo, 2022).
En 1939, la norteamericana Katherine Anne Porter publi có Pale Horse, Pale Rider . En
el otoño de 1918 la aut ora tenía 28 años y trabajaba como reportera del periódico The
Rocky Mountain N ews , en Denver, Colorado. Ella y su novio, teniente del ejér cito,
enfermaron g ravemente de gripe . Anne, tras muchos meses e nferma, consiguió sobrevivir,
pero no así su novio. L a novela es una obra autob iográfica cuya hist oria y personajes están
basados en su propia experiencia (figuras 54 y 55 ) (Kohl, 2020) .

Figura 54 . Anne Porter Figura 55 . Portada de Pale Ho rse, Pale Rider
Fuente: Izda.: http s://elreve sdelapiel.blogspot.com /2013/05/katherine -anne-porter- 15 - de -mayo- de -
1890.html
Dcha.: https://en.wikipedia.org/wiki /Pale_Horse,_Pale_Rider:_Three_Short_Novels

En ese mismo año el jap onés S anea tsu Mushano koji, miembro de la so ciedad literaria d el
Abedul Blanco, escribió Amor y Muerte un cuento sobre un joven al qu e, al regresar de su s
viajes por Europa, le comunican la noti cia de la muerte de su novia a causa de la gripe. En
esta obra describe como todo su mundo, de repe nte, se volvió somb río (Spinney, 2018 ).
En España, de las pocas obras escritas en ese período, destaca El quadern gris de
Josep Pla, considerada su obra cumbre. Se publi có en 1966 pero fue escrito entre mar zo de
1918 y noviembre de 1919. El punto de partida de la obra es la presenci a de la gripe en
Barcelona y va narrando, a modo de dia rio, el ca mbio que esto s upuso en su vida. El libro
comienza así: « 1918, 8 de marzo. Como hay ta nta gripe, han tenido que clausurar la
universidad […] » (Pla, 2011).
También Miguel Delibes en la primera parte de su novela Mi idolatrado hijo Sisí,
publicada en 1953, recrea la situación vivida en una capital de provincia con la llegada de
la gripe. El autor e scribía:

[…] es una gripe que no se pasa con dos días de cama y un sello de aspirina
[…]. […] Los médicos no des cansaba n ni de día ni de noche […]. […] se
cerraron las escue las y los teatros; se suprimie ron los pas eos dominicale s; las
empresas fune rarias mo ntaron un serv icio nocturno pe rmanente para atend er el
exceso de enterrami entos; a los niños nuevos se les im ponía el nombre de
Roque para preserv arles de la peste; las fondas y hospedajes cerraban por falta
de clientes; los alumnos de la Facu ltad de Medicina r ecibieron una
autorizac ión especial pa ra tratar c asos de u rgencias […] (D elibes, 2003)

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En los últimos años se han escrito muchos libros en los que la pandemia de gripe se abo rda
de una forma única y rigurosa. Su intención es ac ercar al lector a lo que su puso esta
tragedia, no sólo en términos de estadísticas sino, y, sobre todo, en cuanto a las
consecue ncias sociales, económicas, físicas, emocionales, y de otro tipo, que provocó en
todas a quellas persona s e instituciones que tu vieron que h ac erle f rente y ayudar a
combatirlo.
En este campo ca be destacar, en castellano o traducidas a este idioma: El jinete pálido ,
de Laura Spinney (2017); La gripe de 1918. Centenario de una crisis sanitaria
devastadora de José M aría Eiros, Mª Rosario Bachiller y Alberto Pére z (2018); La
pandemia de gripe española: la pandemia más mortal de la historia y como cambió el
mundo de Elliot Frank (2020); La gripe española 1918-1919 de Mª I sabel Porra s Gallo
(2020) o La gran gripe: La pandemia más mortal de la hist oria , de John M. Barry (2020)
(fig. 56 ).

Figura 56 . De izda. a dch a., portadas de lo s libros: El jinete pálido ; La gripe de 1918 ; La pandemia
de gripe española ; La gran gripe española de 1918 - 1918 y La gran gripe
Fuente: Fotografía propia de los libros 1, 2, 4 y 5. Portada 3: htt ps://www.amazon.es/Pan demia-
Gripe-Espa%C3%B1ola-Mortal-Historia/dp/B08D4VPXD2

Otras publicac iones ab orda n la epidemia en el contexto de otras grandes tragedias
humanas. Entre ellos destaca el libro del Prof. G estal Otero , Pandemias. Las epidemias que
asolaron la humanidad (2021), uno de los mejore s libros que se ha esc rito en los úl timos
años acerca de e sta temática (fig. 57).

Figura 57 . Portada del libro Pandemias
Fuente: Colección propia.

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En otros textos se compara la e pidemia de 1918 con la actual de co ronavirus para
establecer diferencias y semejanzas, tratar d e aprender d e los errores cometidos y
prepararnos para un p osible azote de nuevas enfermedades emergentes. Entre ellos
encontramos Una nueva hist oria de la gripe española de Antón Erkoreka (2020) y La
gripe española cien años después: la historia de la pandemia en España y en e l mundo.
Breve crónica del COVID-19 de Bea triz Echeverri (2021) (f ig. 58).

Figura 58 . De izda. a dcha., portadas de los libros de Antó n Erkoreka y Beatriz Echeverri
Fuente: Izda.: Fotografía propia. Dcha.: https://www.ama zon.es/GRIPE-ESPA%C3%91OLA-CIEN -
A%C3%91OS-DESPU%C3%89S-ebook/dp/B08W3KBK3Y

Por último, comentar, en este breve repaso, que en algunas novelas la epidemia constituye
un importante telón de fondo sobre el que se construye la trama principal de la obra.
Algunos ejemplos son: La epidemia de la primavera de Empar Fe rnández; C uando ya no
esté de Víc tor Baldoví; Cualquier otro día de Dennis Lehane; La coleccionista de
huérfanos de Ellen Mar ie Wiseman; Mariela d e Yolanda Gu errero o Violeta de I sabel
Allende (fig. 59 ).

Figura 59 . De izda. a dch a., portad as de Fernández, Baldoví, Leh ane, Wiserman, Guerrero y Allende
Fuente: De iz da. a dcha.: Foto grafía propia d e las portadas 1, 2 y 5; portada 3:
https://www.amazon.es/Cualquier-otro-d%C3%ADa-NOVELA-PO LIC%C3%8DACA/dp/8490564027 ;
portada 4: https://blogliterario .com/la-coleccionista- de -huerfanos-resena/; nº 6:
https://www.fnac.es/a8556727/Isabel-Allende-Violeta

C. En la música:
En 1918, Darius Milhaud compuso Sonata para flauta, clarinete, oboe y piano opus 47
(fig. 60 ). S e trata de una obra que, de forma explícita, se hace e co del dolor causado por la
e pid emia de gripe. Dolor que e l autor pudo sentir de primera mano en Brasil (país al que
ha b ía llegado a princ ipios de ese año en calidad de secretario del embajador de Francia)

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quien en un mom ento d e sus memorias relata: « el suministro de ataúdes s e había agotado
y constantemente veía ca rretas con cadáv ere s qu e eran arrojados a las fosas comunes de
los cementerios ». El últi mo movimiento de la sonata es una marc ha fúnebre en memoria de
todos los fallecidos (Yáñez, 2021)

Figura 60 . Portada y partitura del últim o movimiento de la sonata de D. Milhaud
Fuente: https://www.trevcomusic.com/produc ts/dur - 10280 -milhaud-sonate- fl - ob - cl - pn

En Argentina, como no podría se r de otra forma, e l tema de la p andemia se abordó a través
de la interpretación de tangos, bien de man era instrumental ( El term óme tro de Jos é
Martínez) o bien de manera cantada ( El resfriao de Ángel Metallo, Nene no te resfríes de
Esther Seoane o La Gri ppe, tango contagioso d e Alfr edo Mazzucchi y Antonio Viergol )
(fig. 61 ) (Varela, 2020).

Figura 61 . Portada de las partituras de los tangos El term ómetro y La grippe
Fuente: https://fervor.com.ar/la-pandemia-y- el - tango/

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En Venezuela, a través de la gaita zuliana (género musical p ropio del estado de Zulia) ,
también se compusieron algunas partitura s dedicadas a la gripe (Márquez, 2011) :

Después de ha ber soporta do
la situación de la guerr a,
hoy la gripe no s aterra
en tan miserab le estado,
medio mundo hay sepulta do
dos metros bajo la tierra.
Con la grip e aterradora
que a nuestro pu eblo azo tó,
en el Zulia s e cantó
gaita con gripe y tambora .

D. En la pintura:
La pande mia de gripe tampoco tuvo una amplia presencia en la pintura. Una de las
primeras representaciones de la enfermedad son las ilustraciones realizadas por W.
Thornton Shiells (conside rado el prime r artista médico profesional en Gran Bretaña y para
el que se creó un puesto como tal en el Hospit al Central de Middlesex) y publicadas en The
Lancet en 1919 (fig. 62 ), en las que se representa la progresión de la cianosis en el rostro,
uno de los signo s que ind icaba un a mayor gravedad del pa ciente y hacía pr ever que el final
estaba próximo (Abrahams, 1919).

Figura 62 . Publicación ori gin al de Abrahams, 1919 en The Lancet
Fuente: https://www.youtube.com /watch?v=cq8La0nxh0g

Son muy pocas las obras que abordan el tema y curiosamente todas e llas están r ealizadas
por artistas que pa decier on o sucumbieron a la enfermedad. Entre ellas destacamos:
- Autorretrato con gripe española y Autorretrato despué s de la gripe española son dos
obras pint adas por Edward Munch, entre 1918 y 1919, que fo rman parte de una serie
de tres pinturas y varios dibujos y acua relas.
En el primer cuadro el autor, enfermo de g ripe, s e retrata a si mismo sentado en
una silla de mimbre, en bata y cubie rto con un a manta. Al fondo se ve una cama
deshecha . Su rostro está sin afeitar y con la boca abierta, como si tuviera problemas
para respirar, con la mirada cansada y p erdida que nos transmite angustia y miedo (fig.
63).
En la segunda obr a, Mun ch está mucho más recuperado, d e pie, vestido d e calle y
mirando al espectador desde un plano cercano. Todavía su aspe cto es cansa do pero las
mejillas ya han recuperado su color (fig. 64) (Martínez, 2020; Roca, s.f.).

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Figura 63 . Autorretrat o con gripe española Figura 64 . Autorretrato desp ués de
la gripe española
Fuente: https://es.wikipedia.org/wiki/Autorretrato_con_la_gripe_espa%C3%B1ola

- La familia y Retrato ag onizante de Edith Schiele . Se trata de dos cuadros realizados
por Egon Schiele. El pintor murió víctima de la gripe el 31 de octubre de 1918, tres
días después de que lo hiciera su esposa Edith, em bara zada de 6 meses.
En sus últimos días de vida pintó al óleo el cuadr o L a familia (fig. 65), en el que
refleja a una familia que no ll egó a existir formada por el autor, su esposa Edith (que
no es la mujer que apare ce retratada sino su antigua amante Wally Neuzil) y su bebé
que no llegó a nacer (cuyo modelo es su sobrino Toni). Sin saberlo, este cuadro se
convertiría en un testimonio de la crueldad de la gripe española (Roca, s. f.; Seoane ,
2018).

Figura 65 . La familia
Fuente: https://www.laphamsquarterly.org/roun dtable/u nwitting-monument

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Pero, antes de mori r, Schiele hizo un último dibujo: el retrato de su esp osa en sus
últimos días de vida, en el que mostró, con un a serie de tr azos rápidos, a Edith en
cama con la palidez de la enferme dad en su rostro moribundo. Destaca su mirada, que
es e l re flejo de l estado febril propio de la gripe, y el color oscuro de sus mejillas y
labios que indi caría n la cianosi s en heliotropo y que marca un próximo final (fig. 66)
(Edwars, 2021 ).

Figura 66 . Retrato agonizante de Edith Schiele
Fuente: https://www.laphamsquarterly.org/rou ndtable/unwitting -monument

- Interior de un hospital de campaña , una a cuarela sobre papel pintada por John Singer
Sargent (fig. 67 ). El C omité Británico de Memor iales de Gu erra encargó a Singer que ,
durante la guerra, trabajara como artista de guerra retratando a l as tropas. A finales d e
septiembre d e 1918, mie ntras tom aba bocetos cer ca d e Peronn e (Francia), el auto r se
contagió de gripe y fue traslada do a un hospital de campaña ( situado dentro de una
tienda) cerca de Roisel, donde permaneció una semana ingr esado junto a los heridos
de guerra y otros enfermos de gripe. Describió , en una carta, que las noches eran
«aterradora s» debido a los lamentos y qu ejidos de los heridos y a la tos y asfixia de los
enfermos de gripe.
Estos días de ingreso fueron la inspiración de esta obra (Roca, s. f.) en la que
reflejó, a través de los distintos colores de las m antas, el e stado de contagiosidad de
los pacientes :

contagioso → color rojo
no contagioso → color m arrón

Se trata de una obra única porque ofrece una visión, en primera persona, de los dos
conflictos que, simultáne amente, estaban desangrando al mundo en ese momento: la
primera guerra mundial y la pandemia de gripe (Goldst ein, 2020; Wallac e, 2017).

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Figura 67 . Interior de un hospital de campaña. Imperial War Museum , Londres
Fuente: https://painthealth.wordpress.com /tag/singer -sargent- 1856 - 1925/

- La lógica del cacique, un dibujo, realizado Daniel Rodríguez C astelao. Castelao
utiliza las consecue ncias de la pandemia de gripe para denunciar, una vez más, el
estado caciquil bajo el que se encontraba G alicia. Lo que traduce este dibujo es que , a
ojos del cac ique, la muerte de la niña, víctim a de la epidemia, era una «bendición»
para su familia al tene r u na boc a menos que alimentar en la mesa (fig. 68 ).

Figura 68 . Caricatura de Castelao, en alusi ón a la gripe
- Cacique: ¿Y aquella hijiña que tenías? Estará crecida ¿eh?
- Padre: “A miña filla morreu” de gripe
- Cacique: ¡Vamos, hombre! ¡Ya tienes una boca menos!
Fuente: El Sol , 19.10.1 8, p. 4

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Además del cine, la li teratura , la músi ca o la pintura, la gripe también tuvo otras
repre sentaciones en el mundo del arte, como ocu rrió, por ejemplo, en el campo del humor. El
vínculo entre el humor y la tr agedia es algo habitual, supone una in stintiva y legítima
respuesta cultural ante la amenaza de la muerte. Con la sonrisa y la risa, el horizonte de miedo
e incertidumbre no van a c ambiar, pero, al men os, harán olvi dar por un inst ante la tragedia
proporcionando un rayo de esperanza. Su única pretensión es intent ar entretener y abstraerse,
por unos instantes, de lo que está sucediendo.
En nuestro país, y dada la forma de ser de los españoles, como era de esperar pronto
surgieron c histes gráficos y c aricaturas e n los diarios y revistas de todo el país casi siempre
haciendo referencia al «d espiste» de las autoridades políti cas y de los facultativos acerca de la
causa de la enfermeda d y a las medidas preventivas y tratamien tos p ropuestos por la ciencia
médica para combatir la epidemia. A continuación, algunos ej emplos publicados en diarios de
toda España (figuras 69 y 70 ).

Figura 69 . Chistes gráficos en alusi ón a la g ripe I
- A mí no, que vengo limpia de pecado . - S igue presentándose con carácter benigno.
- ¡Señora, si esto “pa” la gripe! . - Faltan ce menterios .
Fuente: El Fígaro , 31.10.18, p. 5 Fuente: El Fígaro , 25.09.1918 , p .5

Figura 70 . Chistes gráficos en alusi ón a la g ripe II
¡A callar! ¡Como seas malo llama ré al micrococo, ¡Quién! ¿Mi hija cas arse con usted?
al estreptococo y al pneumococo y al meningococo ¿Con un pollo cursi, sin dos p eseta s,
y hasta al para meningococo! sin tra billa, sin pulsera,
F u ente: El Imparcial , 07.06. 1918, p. 3 sin la ep idemia siquiera?
Fuente: España Médica, 10.06.1918, p. 5

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Pero este tipo de humor no fue exclusivo de aquí, también estuvo muy presentedurante la
epidemia e n los periódic os y re vistas de todos los países, como Argentina (fig. 71), Brasil
(fig. 72) o EE. UU. (fig. 73).

Figura 71 . Viñeta gráfica publicada en Argentina
- ¿Se muda usted, Don Aniceto?
- No señor; es que he colocado todos esos trastos
detrás de la puerta para que no entre la grippe
Fuente: Caras y Caretas , 19.10.1918, p. 75

Figura 72 . Viñeta gráfica pu blicada en Brasil Figura 73 . Viñ eta gráfica publicada en EE. UU.
- Dígale al director que estoy a sus órdenes . La mu erte pregunta a un hombre, con m ucho
- Creo que eso no es posibl e m iedo, que viaja con la ventanill a abierta por
- Cómo que no, si el doctor Seidi me ha dicho temor al co ntagio:
que aquí tendría trabajo se guro . - ¿Cómo te van las cosas esta mañana?
Fuente: A Gazeta de Noticias , 29. 09 .1918, p. 1 Fuente: https://www.arteic onografia.com

También circularon, entre la población, divertidos chascarrillos o pequeños poemas en alusión
a la enfermedad. Algunos ejemplos de ellos en España son:

Maldito mes de septie mbre / te acordaste de venir, / a t rae rnos la peste, /sin
acordarnos de ti. / En tre septiemb re y octubr e, / luego noviembre y dici embre,
/ se vistió Espa ña de lu to, / por morirse tant a gente (Fraile de Pab lo, 2005) .

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No hay más remedio señores / que habl ar también hoy un poco / de este mal,
cuyos rigores / a Madrid lo tienen loco. / El bac ilus del trancazo / se ha colado
por doquie r / como, con desembar azo, / comen tábamos ayer […] ( Heraldo d e
Madrid , 27 de mayo de 191 8, p. 1)

Qué alegres, qué reidores, / he vis to a l os estudiantes / porqu e les a largan / las
vacaciones estival es. / [… ] / Kilos pedirán al ci elo / qu e la gripe no se ac abe /
que siga cerrado el cur so / que env íe d inero el pa dre. / […] / [ …] (En:
https://www.voc esdecuen ca.co m/cuenca/ las -med idas-que- se - adoptaron- en -
cuenca-para-frena r- la -ep idemia-de- gripe-de-1918- 19/).

En los carnavales de Cá diz de 1919 una de las murgas salió a las calles a cantar entre su
repertor io una copl a ti tulada L os Fumigadores M odernos con la que satirizaba la medida
sanitaria de desinfec tar a los viajeros:

Con tantas cala midades / yo no s é qué pasa rá / que hoy se mueren com o
chinches / c on esta terrible enf ermedad [… ]. […] C om o sigan de sinfecta ndo /
este año muchos tendrán / el pesc uezo como una cañ a / y hasta las tripas llenas
de Zotal (Mele ro, 2022).

En Argentina también se publi caron algunos de estos «poemas» (fig. 74):

Suprima el beso. La cienci a el beso pr ohíb e ahora. Haga caso a la Asistencia .
Suprima el beso señora. Pierda usted (¡fíjese en eso!) la costumbre de besar,
pues la grip e, con el beso, se le p uede con tagiar.

Figura 74 . Coplilla satírica sobre la prohibición de besar publicada en Argentina
Fuente: Caras y Caretas 19.07.19, p. 3

En 1919 dura nte el carnaval de Río de Janeiro, en Brasil (que , según los historia dores, fue
el más animado de la historia de e se país) , la g ripe fue el tema de algunos de los desfiles y
grupos importantes (sociedades) interpretaron canciones picantes acerc a de «un a dama
española» que estaba entre los br asileños (Spinney, 2018). Curiosam ente a pa rtir de ese
año la samba comenzó a convertirse en el género musical protagonista de la fiesta (Royo,
2022).
1.4 V ÍCTIMAS DE LA EPIDEMIA
Durante los años 1918 -1920 se calcul a que un te rcio de la población se c ontagió de gripe y
que, entre el 3 y el 5 - 6%, murieron víctimas de la pandemia (Eiros, 2018).
La epidemia no entendió de fronteras ni de clases sociales. Es más, en un momento en
que el mundo se regía por un sistem a imperialista y colonial, se comportó siguiendo un
ré gim e n democrático. Atacó sin piedad a hombres, mujeres y niños, a ricos y pobres, a nobles

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y plebeyos, a fue rtes y débiles, a mentes brilla ntes y analfa betos, en definitiva, no hizo
ninguna distinción entre sus víctimas (fig. 75).
En el periódic o El Adelanto se rec ogía lo siguiente: « Muchachos en plena vida y en pleno
vigor, hombres ya maduros, señoritas de sano organismo, cualquiera que sea la condición de
los atacados, si estos lo son al aparat o respirato rio, mueren sin remedio » (Sánchez-Gómez ,
1918).

Figura 75 . Viñeta que refleja el ataque sin distinciones de la gripe
Fuente: Vida Marítima , 20.09.1918, p. 17

En este aparta do, intentaremos exponer una pe queña muestra de las personas más conocidas,
o relevantes de la é poca, que padecieron o murieron víctim as de la gripe durante la pandemia.

▪ Miembros de Casas Rea les:
En España el rey Alfons o XIII al igual que su herma na, la infanta Isa bel, enfermaron e n
mayo de 1918 (La epidemia, 31 de mayo de 1918). Los diarios de la época , refieren que la
reina Victoria Eugenia t uvo que «[…] guardar cama a causa de un fuerte constipado»
durante unos días (L a Reina, 21 d e junio d e 1918 ) ha sta su restablecimiento. Es
práctica mente seguro qu e la reina padeció un episodio de gripe, pero no hay ningún dato,
en la documentación que hemos consultado, que a sí l o confir me (fig. 76 ).

Figura 76 . De izda. a dcha.: Alfonso XIII, la Infanta Isabel y la reina Victoria Eugenia
F u en te: Figuras 1 y 3 en las corres pondientes entradas a sus biografías en Wi kipedia. La nº 2 en :
h t tps://dbe.rah.es/biografias/8959/mari a-isabel-f rancisc a- de -asis - de -borbon-y-borbon

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Fuera de nuestras fronteras Luisa de Orleans, condesa de París y bisabuela paterna del
actual rey de España Felipe VI, sufrió la enfermedad a finales d el mes de mayo, al igual
que el re y Jorge V de Inglaterra. El hermano de este último, el príncipe heredero Alberto
Víctor, había fallecido en 1892, también como consecuencia de la gripe (Mckeever, 2020 ).
La últim a emperatriz de Austria, Zita de Borbón, en junio de ese mis mo año « guardaba
cama a causa de un fuerte ataque de inf luenza» y en diciembre se rían su es poso, Carlos de
Austria (nieto del emperador Francisco José y de su esposa Elisabeth - Sissi-, beatificado
por el papa Juan Pablo II en 2004) y 4 de sus ocho hijos los que se contagiaría n (Ex
emperador en fermo, 19 de dicie mbre de 1918 ). La ex reina d e Portugal, Amelia de
Orleans, e n octubre, p adeció «una fuerte neumonía».
Todos ellos sobrevivieron a la enfermedad pero no así el príncipe Erik de Suecia, hijo
me nor del rey de Suecia y Noruega Gustavo V, u n joven de frágil salud que falleció el 20
de septiembre de 1918 a los 29 años ( Muerte de un príncipe, 25 de septiembre de 1918 ) o
Humberto de S aboya-Aosta, hij o del rey Amadeo I, que lo hi zo el 19 d e octubre de 1918
(Makcimovich, 2011) o el archiduque Francisco Carlos de Austri a-Toscana, también nieto
del emperador Francisco José (fig. 77 ), que muri ó a los 26 años el día 10 de diciembre de
1918 (El archiduque Carlos, 13 de diciembre de 1918) . Estas muertes evidenciaron que la
gripe no dist inguía entre clases sociales y s e asu mió el hecho de que aquellos que tenían
acceso a la mejor atención sanitaria y a los médi cos más il ustres podían enfermar y morir
igual que cualquier otra persona.

Figura 77 . De izda. a dch a. y de arriba abajo: Luisa de Orleans , Jorge V, Zita de Borbón, Amelia de
Orleans, Erik de Suecia, Humberto de Saboya y Francisco de Austria.
Fuente: Figuras 1, 2, 4, 5 y 6 en las corres pondientes entrad as a sus biografías en Wikipedia.
Figura 3 en Rev ista Blanco y Negro , 26.11.1916 y figura 7 en :
https://twitter.com/emily_habsburg/status/1252960404617207810?lang=es

▪ Mandatarios, miembros del gobierno, lídere s políti cos y diplomáticos:
En España, prácticamente todos los miembros del gobierno se contagiaron de gripe durant e
la primera ola de la epide mia: José Pidal Rebollo (mini stro de marina), Santiago Alba
B on ifaz (ministro de inst rucción pública y bellas a rtes), Álva ro Figueroa y Torres
Me ndieta, C onde de Romanones (m inistro de gracia y j usticia), junto c on su esposa

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Casilda Alonso Martínez, Antonio Maura Montaner (presidente del co nsejo), Eduardo
Dato e Iradier (ministro de e st ado), Francisco Cambó y Batle (m inistro de f omento), José
Marina Vega (ministro de guerra), B aldomero Argente del Castillo (s ubsecre tario de gracia
y justicia), Juan Ventosa y Calvell ( comisario general de abaste cimientos), Manuel
Villanueva Gómez (pre sidente del congreso), Félix Llanos Torriglia ( subsec retario de
presidencia), Emili o María de Torres y González Arnao (secretario particular de Alfonso
XIII) y Manuel García Prieto, marqué s de Alhu cemas (m inistro de la g oberna ción) (fig.
78 ) (Villanueva enfermo; Ministros con gripe, 27 de mayo de 1918 ; Otros e nfermos;
Políticos que mejoran, 28 de mayo de 1918 ; Otra s noticias, 29 de mayo de 1918) (Gilmart,
2014).

Figura 78 . De izda. a dch a. y de arriba abajo: Sres . Pidal, Alba, Figueroa, Maura, Dato, Cambó,
Marina, Argente, Ventosa, Villanueva, Llanos, Torres y García Prieto.
Fuente: Figuras 2, 4, 5, 6, 8, 10, 11, 12 y 13 tomadas de las correspondientes entradas en
Wikipedia. Figura 1 en :
https://www.senado.es/web/conocers enado/senadohistoria/senad o18341923/s enador es/fi chasenador/i
ndex.html?id1=2242 ; figura 3 en : https://www.nuevatribuna.es/o pinion/candido -marquesan -
millan/conde-romanones; figura 7 en :
http s://www.senado.es/web/conoc ersenado/senadohistoria/senado18341923/senadores/fichasena
dor/index.htm l?id1=173 2 y la figura 9 en : https://arrelsdemo cratiques.org/joan-v ento sa-i-calvell/

Durante la segunda ola, al menos, lo hicieron Augusto Gonzá lez Besa da y Mein (ministro
de hacienda) (La salud de Besada y Mir anda, 22 de octubre de 1918 ), el Conde de
Romanones (ministro de estado) (De l momento actual, 26 de noviembre de 1918 ), el
genera l Dámaso Bere nguer Fusté (m inistro de la guerra) (Dos e nfermos, 26 de noviembre
de 1918), Luis Silvela Casado (ministro de l a g obernación), el general August o Miranda y
Godoy (La salud de Besada y M iranda, 22 de octubre de 1918 ), el general José María
Chacón y Pery y Manuel García Prieto (presidente del Gobierno) (fig. 79 ) (Del momento
actual, 26 de novie mbre de 1918).
En cierto momento a la epidemia, en los medios escritos, se l e denominó como la
« grippe ministerial » ya que fueron muchos los minist ros del gobierno que enfermaron,
tanto en la primera como en l a segunda ola (Del momento actual, 26 d e noviembre de
1918 ).

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Figura 79 . De izda. a dcha. : Sres. González, Figueroa, Berenguer, Silvela, Miranda, Chacón y G. Prieto
Fuente: Figuras 1, 5, 6 y 7 to madas de las correspondientes entrada s en Wikipedia; figura 2 en:
https://www.nuevatribuna.es/o pinion/candido-marque san-millan/conde-romanones; figura 3 en :
https://www.artehistoria.com/en /node/33942 y la figura 4 en :
http://www.memoriademadrid.es/busc ador.php?accion=VerFicha&id=139002&num_id=3&num_total=3

El Conde de Romanones (fig. 80), e nfermó de nuevo en fe brero de 1919. Fue e l único
miembro del gobierno que se contagió en c ada una de las tres olas epidémicas, logrando
batir un réc ord (Romano nes enfermo, 19 de febrero de 1919).

Figura 80 . Conde de Romanones
Fuente: : https://www.nuevatribuna.es/o pinion/candido- marquesan-millan/conde-romanones

En el extra njero el emperador alemán, Guillermo II, enfermó dura nte la segunda ola
(Guillermo enfermo, 26 de noviembre de 1918).
Franklin Del ano R oosevelt, entonces subsec retario de Ma rina de los EE. UU., a
principios de septiembre y según The New York Times, comenzó a presentar los síntomas
de « un leve ataque de n eumonía causado por la g ripe española », cuando regresaba a casa
desde Francia a bo rdo del buque de transporte d e trop as S. S. Leviathan. P ero, lo cierto es
que su cuadro clínico era más g rave de lo que «oficialmente» se de cía y tuvo que ser
llevado a tierra en una camilla.
David Lloyd George, pri mer minist ro británico, l o hizo gravemente en s eptiembre de
1918 después de darse un baño de multitudes en Manchester. Debido a su estado debió
guardar c ama durante diez días por un c uadro de fie bre muy a lta e importa nte dificultad
respiratoria , llegando in cluso a temerse por su vida. Su esposa Margaret y su secretaria
Frances también enfermaron.
Woodrow Wilson, presid ente de los EE. UU ., estuvo grave en abril de 1919 durante la
Conferenc ia de Paz de P arís. En 1918 se habían contagiado su secretaria y su hija mayo r.
Se afirma que, si el presidente hubiera estado tota lmente recupera do, en la firma final del
tratado nunca se hubier an aceptado las p eticiones francesas y c astigado con tanta severidad
a Alemania. Pero esto es algo que nunca se pod rá llegar a saber con certeza (K abbade,
2020; Monge, 2020)
También Georges Clemenceau, primer mi nistro francés (que era médic o), enfermó
poc o antes de la C onferencia y asistió a ella convaleciente (figuras 81 y 82) (Sandfo rd y

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Giner, 2020). De él es l a célebre frase: « La guerra es un asunto demasiado serio para
dejar en manos de los militares ».

Figura 81 . De izda. a dch a.: Guillermo II, Roosevelt, Llo yd George, Wilson y Clemenceau
Fuente: Figuras tomadas de l as corres pondientes entradas a sus biografías en Wiki pedia

Figura 82 . El "Comité de los Cuatro" durante la Conferenci a de Paz de París en 1919
De izda. a dcha.: Lloyd George, Vittorio Emanuel Orlando, Georges Clemenceau y Wood row
Wilson. Sólo el mandatario italiano, «se libró» de la gripe.
Fuente: Figura t om ada de la correspondiente entrada en Wikipedia.

Mustafá Kemal, oficial d el ejército turco, contraería la gripe en Vi ena cuando regresaba a
Constantinopla, tras entr evistarse con su aliado alemán el K aiser Guillermo , e n septiembre
de 1918 (Spinney, 2018 ). En 1923, Kemal, se c onvertiría en el p rimer presidente d e la
República de Tur quía.
Mahatma Ghandi s e contagió en el otoño d e 1918 y estuvo varia s s emanas postrado en
cama, con fieb re e invad ido por una « sensación de fatalidad », en la que « todo el interés
por la vida había cesado ». Un tiempo después manifestaría que la enfe rmeda d le dio la
oportunidad de « examinar mis principios y ponerlos a prueba ». S u hij o mayor perdió a su
esposa y a un hijo (Dutta, 2020).
Haile Selassie, emper ador de Etiopía, se contagió durante la segunda ola. Manife stó
que, en l a c apital, Addis Abeba, h abían mue rto más de 10.000 personas, « pero yo, d espués
de haber enferm ado grav eme nte, me libré de la muerte gracias a la bondad de Dios ».
Ha ra Takashi, primer ministro japonés, enfermó a finale s del mes de octubre lo que le
obli gó a s uspender una a udienc ia con el emperador del país (fig. 83) (Spi nney, 2018).

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Figura 83 . De izda. a dcha.: Kem al, Ghandi, Selassie y Takashi
Fuente: Figuras tomadas de las correspondientes entradas a sus biografías en Wikipedia

Otros políticos no pudie ron superar la en fermedad. En Galicia, Luis Porte iro Garea, líder
de las incipientes Irmandades da Fala y primer p residente da Irmandade de L ugo , falleció
el 27 de octubre de 1918 , a los 28 años, a causa d e una «toxemia grippal» y «con la razón
perdida». El día 18 a cudió a visi tar a su madre, q ue estaba enferma de gri pe y, a pesar de
que le advirtió que no se acercara a ella porque podría contagiarlo, se despidió con un beso
en la mejilla. Luis s e lo dio con cariño al tiempo que le d ecía: « Mamá, tu no me contagias
nada ». Sin embargo, seguramente sí lo hizo porque el político en fermaría e l día 20, sólo un
par de días después (De Cora, 2020).
Francisco de Paula Rodrigues Alves, pre sidente de Brasil, fa lleció el 16 de enero de
1919. Había sido p residente de Brasil desde 1902 a 1906, y fue reelegido nuevamente p ara
el cargo en 1918. Alve s no pudo tomar poses ión de este nuevo man dato debido al
agrava miento de sus proble mas ca rdíacos y re spiratorios , causa dos por la enferme dad
gripal, que le llevaron a la muerte (Biernath, 2021).
El líder del partido bolchevique y mano de recha de Lenin, Yakov Sver dlov quien,
según algunos historiadores, fue el que finalment e autorizó la ejecución d el Zar Nicolás II
y su familia, fa lleció el 1 6 de marzo de 1919 sin poder ver la creac ión de su soñada Unión
Soviética (Llewe llyn y T hompson, 2019).
Louis Botha, primer ministro de la Unión Sudafricana y precursor del est a do moderno
de Sudáfrica, fa lleció el 27 de agosto de 1919 a los 56 años (fig. 84).

Figura 84 . De izda a dcha.: Po rteiro Garea, Rodrígues Alves, Sverdlov y Botha
Fuente: Figuras tomadas de las correspondientes entradas a sus biografías en Wi kipedia

Entre los dipl omáticos, en el mes de o ctubre d e 1918, la gripe s e cobr ó la vida de un
embajador y de un agregado de embajada esp añoles. El día 3, a los 62 años, fallec ía
Ant onio de Castro Casaleiz, embajador español en Austria (Pando, 2018 ) y cinco días

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después, a los 35 años, l o hacía Fernando Quiño nes de León y Elduay en, agregado de la
embajada española e n Lo ndres (fig. 85) (Abad, 2010).

Figura 85 . De izda. a dcha.: Sres. Castro Casaleiz y Quiñ ones de León
Fuente: Figura 1 tomada de l a entrada correspondien te a su biografía en Wikipedia. Figura 2 en:
https://www.facebook.com/photo.php?fbid=5196831887001322&set=p.51968318870 01322&type=3

▪ Pintores:
Fueron varios los pintore s españoles que contrajeron la gripe durante la pandemia y no
pudieron sobrevivir a ella.
Germán Taibo González, pintor coruñés, fal leció en P arís el 14 de febrero de 1919 a
los 30 años. Debido a q ue en junio la epidemia estaba asolando F ra n cia aba ndonó París,
donde residía, y regresó a La Coruñ a, su ciudad natal, con su mujer y su hija. P ero al
finalizar la guerra, y con la pandemia dando sus úl timos coletazos, a finales de año, volvi ó
a la capital francesa donde enf erma ría y moriría pocos días más tarde (De San Ildefonso,
2018) .
Lluïsa Vidal i Puig, la primera muj er que s e ded icó profesionalmente a la pintura en
Cataluña y figura muy destacada del modernismo, falleció a los 42 años el día 22 de
octubre de 1918, poco después de pintar El leñador y la muerte (Ferrer, 2016).
El pintor e ilustrador murc iano Inocencio M edina Vera falleció el 28 de octubre d e
1918, a los 58 años. Realizó numerosas portadas e ilustraciones p ara A BC y Blanco y
Negro que le dieron gran fama y prestigio. Era conocido como «el pintor d e la huerta» (fig.
86 ) (Alemán, 1984; Soler, 2018).

Figura 86 . De izda. a dcha.: Germ án Taibo, Lluïsa Vidal e Inocencio Medina
F u en te: Figuras 1 y 3, tomadas de la entra da correspondiente a su biografía en Wikipedia. Figura
2 en : https://www.lavanguardia.co m/cultura/culturas/20201031/4975824208/gripe -es panola-
pandemia.html

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Fuera de Españ a, algunas figuras de l a pintura que enfermaron d e gripe fueron Edward
Munch, que se contagi ó en el invierno de 1918/19, momento en que pintó sus d os
autorretratos.
Georgia O’Keeffe, la artista mujer mejor pagada de EE. UU. y reconocida como la
madre del modernismo americ ano, enfermó en la primavera de 1919 (Sala, 2020).
John Singer Sargent, e l retratista con más éxito d e su generación, c onocid o como « el
Van Dyck de nuestros tiempos » contrajo la gripe en septiembre de 1918 mi entras tra bajaba
como retra tista de guerra en Francia (Chorba y Breedlove, 2018).
Pero algunos artistas no sobrevivieron y Egon Schiele, uno de los máximos
repre sentantes del expres ionismo austríaco, murió el 31 de octubre de 191 8 a los 28 años.
Tres días antes lo habí a hecho su esposa Edith Harms embarazada d e seis mese s (L idón,
2020).
También Amadeo de Souza-Cardoso, pert eneciente a la primera generación de
pintores modernistas por tugueses, falleció el 25 de octubre d e 1918 a los 30 años con un a
prometedora carrera internacional por delante (fig. 87 ) (Mora, 2006) .

Figura 87 . De izda. a dcha.: Munch , O'Keefe, Sargent, Schi ele y de Souza- Cardoso
Fuente: Figuras tomadas de la co rrespondiente entrada a su biografía en Wikipedia

▪ Escritores:
En nuestro país, Ramón María del Valle Inclán, con 53 años, sufrió la gripe e n los
primeros días del mes de octubr e de 1918. S uperó la enfermedad, p ero quedó muy
debilitado, por lo que decidió pasar la convalecencia en G alicia. P ermaneció en su casa, en
el pazo de la Merced en Pontevedra , dura nte 8 meses, período de tiem po durante el cual
comenzó a escribir Luces de Bohemia y Divinas Palabras (Otero, 2020).
Josep P la enfermó en febrero de 1919. En su ob ra El cuaderno gris puede leerse un
fragmento e n el que refleja su estado:

24 de febrero. He pasado todo el día de aye r y una parte del de hoy en l a cama
con la gripe. He sudado como un caballo. Treinta y seis horas seguidas. Me
levanto pál ido y desh echo. Por un lado, me p arece que hub iera podido morir y
que me he librado por lo s pelos. Cuando con stato que, a pesar de l a f atiga, me
puedo levanta r, pienso que quizá ha sido una g ripe ben igna […] (P la, 2011).

Vicente Blasco Ibá ñez, se contagió en 1919 durante un viaje por Norteamérica. Estuvo
muy grave, debiendo permanecer en cama durante varias sema nas (Cobeta, 2018).
También la epidemia se cobró algunas víctimas entre los escritores españ oles. Juli án
Juderías y Loyot, consid era do como el padre d el concepto de «leyenda ne gra», no superó
la enfermedad y falleció el 19 de junio de 1918, a los 40 años, por una bronconeumonía
pro ducida por complicaciones de la gripe. En e l momento de su fallecimiento ocupaba el

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car go de segundo je fe en la interpretación de lenguas del M inisterio de Est ado ya que era
un hombre que llegó a dominar 16 idiomas (Españ ol, 2018).
El escritor y periodista luce nse Prudencio Iglesias Hermida no sobrevivió a la
enfermedad y murió el 1 7 de abril de 1919, a los 35 años , a c ausa de una bronc opulmonía
fulminante. Su obra fu e muy prolífica. Es cribió novela d e aventuras, costumbrismo,
crónica taurina, crítica litera ria y corresponsalía de guerra (fig. 88 ) (De Co ra, 2019).

Figura 88 . De izda. a dch a.: Valle Inclán, Plá, Blasco Ibañez, Juderías e Iglesias Hermida
Fuente: Figuras tomadas de l a corres pondiente entrad a a su biografía en Wikipedia

Fuera de nuestro país, Fr ank Kafka contrajo la gripe a principios de octubre. En esos días
escribió una carta en la que decía: « Estoy en cama con fiebre que surge directamente d e
mis pulmones. Sufro t emporalmente de una respiración corta y pesada, lo que me g ene ra
debilidad y sudores fríos por la noc he». Padecía desde hacía tiempo tuberc ulosis por lo
que su familia, ante el temor de un fatal desenlace, decidió « confinarlo» p rohibiendo todo
tipo de visi tas una decisión que, sin duda, pudo salvarle la vida. Curiosamente cuando el
escritor enfermó era súb dito de la monarquía de los Habsburgo y cuando se recuperó lo
hizo como ciudada no de una de mocracia checa. (Ballester e Ibarra, 2020).
Mary McCarthy autora d e Memorias de una joven católica enfermó, junto con sus tres
hermanos y sus padres, en noviembre d e 1918 con 6 años. Sus padres n o sobrevivieron y
fallecieron, con tan sólo un día de dife renc ia, su madre con 29 años y su padre con 39 . En
su libro Memorias de una joven católica , l a au tora escri bió:

Al des pedir nos agita ndo l a mano en l a esta ción de S eattl e, i gnorá bamos
que í ba mos a llevar a nuestros compartimentos el microbio de l a gripe,
junta men te con los regalo s y las flores, y uno tras otro caímos enfer mos ,
mien tra s el tr en se gu ía su trayect o haci a e l este . Nosotros, l os niños,
pensábamos que quizá el castañeteo de nuestros dientes y el hecho de que
nuestra madre yaciera sumida en un t o rpor formaban parte del hecho de
viajar, y c o menzamos a tener la certeza de que estábamos vivi endo una
aventura, c ua nd o vimos que nue s tro padre sacaba un revólver y
amenazaba al revisor, que in tentaba h acernos b ajar del tren en un a
pequeña estac ión de madera en m edio de l as pr aderas de Dakota de l
Nort e. En l a est ación de Mineáp olis , había camilla s, una silla de rued as,
camilleros, preocupados funciona rios, y detrás de ellos, entre la multitud ,
estaba la sonrosada cara, el cigarro y el bastón de mi abuelo, y el
sombrero con pluma s de mi abuela, dando ciert o aire festi vo a aquel la
extraña y confu sa es cen a, e infund iéndon o s, a nosotro s, los n iñ os, la
certeza de que nuestra enfermedad represen taba el com ienzo de unas
deliciosas vacaciones (M cCar thy , 20 19).

INTR ODUCCIÓN
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La escritora japonesa Yo sako Akiko, se contagió en la primera ola de grip e, en noviembre
de 1918. Tanto ella com o su marido y sus hijos sufrieron dos veces la enfermedad
(Beichman, 2020).
D. H. Lawrence, el autor de El amante de Lady Chatterley (1928) enfermó de gripe en
la primavera de 1919. S ufría tuberculosis y sobrevivió, pero con grave s secuelas
cardiopulmonares, unas lesiones que «legó» al guardabosques Mellors e n la citada obra,
dejando así reflejada la cruel huella de la enfermedad para siempre (Seoane, 2018).
Virginia Woolf se conta gió en febrero de 1918 y en diciembre de 1919 y, en ambas
ocasiones, la gripe le obligó a perma necer en cama durante varios días (Maggio, 2020).
Ezra Pound en noviembre de 1918 , ya finalizada la guerra, quiso observar « el efecto
del armisticio en el populacho » y para ello vagó por las ca lles del Londres durante varios
días tras los cuales enfermó con lo que c reía que era un «leve resfriado» que se fue
convirtiendo en un c uadro grave de gripe (Spinney, 2018 ).
El premio Nobel de literatura de 1915, R oman R olland, contrajo la e nf ermedad en
diciembre de 1918 (fig. 89 ).

Figura 89 . De izda. a dcha.: Kafka, McCarthy, Akiko, Lawerenc e, Woolf, Pund y Polland
Fuente: Figuras tomadas de la correspo ndiente entr ada a su biografía en Wikipedia

El direc tor de Le Populaire había pedido a Roman Rolland que escribiera un artículo con
motivo de la llegada d el presidente Wilson a Francia. El escritor, al caer enfermo, le
escribió la siguiente carta (fig. 90 ).
En ella dice: « […] Me encuentro en la cama, donde ll evo quince días s ufriendo un
obstinado ataque de gripe. Por lo tant o me es imposible escribir el artículo que desea.
[… .]. [… .] Disculpe estas líneas escritas por un convaleciente [… .]» (Roll and, 1920).

Figura 90 . Carta enviada por Rolland al director de El Populaire
Fuente: https://en.wikisource.org/wiki/Page% 3AThe_forerunners.djvu/210

M ARTA J ATO D ÍAZ
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Dos grandes genios de la literatura no pudieron superar la enfermedad. Edmon Eugène
Alexis Rostand, autor de Cyrano de Bergerac , moría el 2 de diciembr e de 1918 en París a
los 50 años. Pocos d ías antes de su muerte, Rostand había escrito una carta al rey de
España agradeciéndole las gestiones rea lizadas a favor de una amiga suya durante la guer ra
(Una carta del poeta Ronstand, 7 de diciembre de 1918).
Guillaume Apollinaire falleció el día 9 de noviembre, a las 6 de la tarde, a los 38 años.
Murió de una mane ra fulminante, dos días antes del fin de la gue rra. Apollinaire estaba
recuperándose en su casa, en el número 202 del Boulevard Saint -Ge rmain, de una grave
herida de metralla en la sien recibida en marzo de 1916, tras combatir voluntario en la
guerra como soldado del ejército f rancés. Su es posa también en fe rmó, pero se recuperó
(fig. 91) (Seoa ne, 2018).

Figura 91 . Iz da. : E . Ros tand. Dch a.: G. Apolli naire
Fuente: Izda.: https: //ww w.babelio.co m/auteur/Edmond- Rostand/5207;
Dcha.: https://www.biografiasyvidas.com/ biografia/a/apollinaire.htm

▪ Músicos:
En España, el gran violinista pontevedrés Manuel Quiroga Los ada enfermó gravemente d e
gripe en la primavera de 1919 (La s alud de Manolo Quiroga, 10 de abril de 1919 ). Quiroga
está considerado, junto a Juan Manén y Pablo Sarasate uno d e los mejores violini s tas
españoles de la historia.
Bartolomé Pérez Casas, funda dor de la Orquesta Filarmónica de Madrid, también se
contagiaría, junto a la ma yoría de sus músi cos, en octubre d e 1918 tr as d ar un concierto en
Lugo, en el Círculo de las Artes, con motivo de las fiestas de San Froilán. É l fue el
«crea dor» del actual Himno Nacional (que se o ficializa d esde 1937 ) cu ya armonización
reali zó en 1908 (fig. 92 ).

Figura 92 . Izda.: Manolo Quiroga. Dcha.: Bartolomé Pérez Casas
F u e nte: Izda.: https://www.facebook.com/ManuelQuirogaLosada/photos?locale=e s_ES; Dcha.:
http://bellasartessantacecilia.blogspot.com/ 2017/03/bartolome-perez- cas as-historia-d el.html

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Sin embargo, otros músicos españoles no tuvi eron tanta suerte y no sobrevivieron. Luis
Foglietti Alberola, falleció el 25 mayo de 1918 a los 40 años « atacado de la gripe, su
dolencia complicose degenerando en pulmonía que en brev es días le ha ll evado a la
muerte ». Fue uno de los compositores más prolíficos y relevantes d el pa norama musica l
madrileño del «género c hico» (García, 2018; Luis Foglietti, 27 de mayo de 1918 ).
Pedro Blanco López, g ran compositor y pianista leonés, falleció el 1 de mayo de 1919,
a los 36 años en P ortugal (Oporto), país en el que gozaba d e un gran pr estigio (fig. 93)
(Llamazare s, 2010) .

Figura 93 . Izda.: Luis Foglietti. Dcha.: Pedro Blanco
Fuente: Izda.: http s://www.h ojadellunes.com/foglietti- el - music o -que- se - fue - con - el -virus/ ;
Dcha. : https://you tu.be/7dk-0MAv VNY

En el extranjer o, Ottorino Respighi, enfermó en la prim avera de 1918 y la gripe lo confinó
en cama la mayor parte del vera no ( O’Donovan, 2020 ).
A Béla Bartók, la infección gripal lo mantuvo 23 días en cama en o c tubre de 1918. La
enfermedad le provocó una grave infección de oídos y definía lo que e staba padeciendo
como « pequeñas hormigas rascándose y causando un picor insoportable en la
profundidad de mis oídos ». El compositor estaba aterrado con la idea de quedarse sordo,
como le había pa sado a B eethoven por e l qu e sentía una gran admiración (Yáñez, 2021 ).
Karol Szymanowski, pasó su convalecencia en un balneario del Mar Neg ro en otoño
de 1918, donde compus o la ópera King Roger ( El rey Roger), un dr ama siciliano que le
« vino a la mente en una de mis “noches españolas” de insomnio » ( O’Donovan, 2020 ).
Sergei Rachmaninoff comenzó a encont rarse mal el día 7 de di ciembre de 1918, en
Hoboken (N ew J ersey), el día anter ior a ofrecer un concierto de piano. A pesar de su
enfermedad, dio el conc ierto y lo hizo con una ejecución magnífica. Qu izá a ello pudo
haberle «ayudado» el vi no caliente que se tomó poco antes del conci erto para mitigar los
síntomas … Conti nuó la gira d esoyendo a los m édicos que le aconsejaro n descansar un
tiempo para recupera rse ( Buniatishvili, 2015 ; Muñ oz, 2020).
Ígor Stravinsky, se contagió a principios de 1919, en Suiza, pocos meses después de
componer Historia de un solda do , una obra par a ser « leída, tocada y bailada » (Yáñez,
2021).
Pero, el compositor estadounidense Charles Griffes, no pudo superar la enfermedad y
falleció el 8 de abril de 1920 con tan solo 3 5 añ os y una p rometedora carrera por delante
(fig. 94 ) (Oron, 2006).

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Figura 94 . De izda. a dcha.: Respighi, Bartók, Szymanowski , Rachmaninoff, Stravinsky y Griffes
Fuente: Figuras tomadas de l a correspo ndiente entr ada a su biografía en Wi kipedia

▪ Actores:
Hoy, algunos de ellos, tan sólo son unos nombres olvidados, pero por aquel entonce s eran
inmensamente populares y con una s importantes carreras.
Walt Disney, pionero e n la industria de animación estadounidense, a l os 16 años
decidió ayudar a su país en la guerra, falsificando su fecha de n acimiento para poder
enrolarse en el cuerpo de ambulancias de la Cruz Roja Internacional. Una vez en el barco ,
que le iba a llevar a Francia, comenzó a sufrir una fiebre muy alta, temblor, debilidad y una
tos seca que se fue convirtiendo en una grave dif icultad respiratoria. Se había contagiado
de gripe y tuvo que quedarse en Nu eva York. Tres semanas d espués, prácticamente
recuperado, el conflicto ya había termina do. Posiblemente, a Wa lt Disney, la gripe le salvó
la vida (Sala, 2020).
Las hermanas Lillian y Dorothy Gish enfermaron en febrero de 1 919. Lillian,
conocida como la primera dama del cine mudo, l o hizo cuando estaba rodando una de sus
mejores películas Lirios Rotos . Acudió al plató cu ando todavía estaba conv alec ient e y muy
débil, lo que provocó en el dir ector un pánico irracional al contagio obligándole a llevar
siempre mascarilla y a mantenerse a más de tres metros de distancia ( Anónimo, 2020).
Para su hermana Dorothy « lo peor de la enfermedad es que me ha hecho estar todo e l día
con horribles camisones de invierno » (Sala, 2021).
La novia de América, Mary P ickford, contrajo la gripe con 27 años, en febrero de
1919. Sufrió un cuadro grave que obli gó a hospitalizarla (Sala, 2021). También s u cuñada,
Olive Thom as (casada con su herma no pequeño Jack), corista de la f amosa re vista de
variedades Ziegfeld Follies, padeció la enfermedad (González, 2020).
Norma Talmadge, una d e las g randes estrellas de cine mudo, sufrió un severo ataque
de gripe a p rincipios de 1919 . A ella se deb e la tradición de estampar l as manos de las
estrellas frente al Graumna’s C hinese Theatre de spués de que accidentalmente, en 1927,
dejara la huella de sus zapatos al pisar, en ese mismo lugar, sobre el cemento húmedo al
salir de su coche. Curiosamente en la nochebuena de 1957 fa llecería a los 63 años a causa
de otra pandemia de gripe (fig. 95 ) (López, 2006).

Figura 95 . Publicación de la enfermedad de las herm anas Gish , de M. Pickford y de N. Talmadge
Fuente: La S ema na Cinematográfica , 09 .01.1919, p. 2 y 20. 02.1919, p. 6

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El director Frank Capra, se contagió en diciembre de 1920 por lo que fue licenciado del
ejército (f ig. 96 ) (Uribarri, 2022).

Figura 96 . De izda. a dcha.: Walt Disney, Hnas . Gish, M. Pickfo rd, O . Thomas, F. Capra y N. Talmadge
Fuente: Figuras tomadas de la co rrespondiente entrada a su biografía en Wikipedia

Sin embargo, otros actor es y directores no tuviero n tanta suerte. Harold Lo ckwood falleció
el 19 de octubre de 1918, en el hotel Woodward de New York a los 31 años, mi entras
rodaba su última película Shadows of Suspicion (Gonzá lez, 2020). John H. Collins, uno de
los cineastas ame ricanos más prometedores de la época, f alleció el 31 de o ctubre de 1918 a
los 28 años en New York (Triguero, 2020 ). Vera Kholodnaya, la p rimera estrella del cine
mudo ruso, fallec ió en Odesa el 16 de febrero de 1919, a los 26 años, una semana después
de asistir a un ac to benéfico en el Club Literario y Artístico de esa localidad para re caudar
fondos para artistas sin tr abajo. En su c ertificado de defunción puede l eerse como causa de
su muerte es: ispanka (fig. 97) (Spinney, 2018) .

Figura 97 . De izda. a dcha.: H. Lockwoo d, J. H. Collins y V. Kholo dnaya
Fuente: Figuras tomadas de la co rrespondiente entrada a su biografía en Wikipedia

▪ Periodistas:
Fueron muchos los periodistas que se contagiaron de gripe en Esp aña. Entr e ellos lo hizo el
corre sponsal del diario lucense El Progr eso en Madrid, Baldomero Lois , en enero de 1919
(Ecos, 4 de febrero de 1919 ). Pero también fueron muchos los que murieron y, entre ellos
hubo varios directo res d e periódicos. Así José Luis Martin Mengod, director de El Diario
d e Valencia, falleció el 2 9 de septiembre de 1918 a los 48 años. S u hermano Antonio había
fallecido el día anterior de la misma enfermedad (Puche, 2020). Hermenegildo Calvelo
Rabuñal, director de El Diario de Orense , el 30 de septiembre d e 1918 (Vázquez, 2022);
Cayetano Pare ja, director de La Gaceta de Cataluña, el 10 de octubre de 1918 (Coll, s. f.) ;
Federico Yoli, dire ctor de El Diario de Cádiz, el 21 de octubre d e 1918 y Rafael Roldó
Viñ ols, fundador y director del p eriódico Las Noticias de Barcelona, el 2 5 de o ctubre de
191 8 (Serra , 2015 ).

M ARTA J ATO D ÍAZ
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▪ Médicos:
El ejercicio de la medici na, durante la pandemia, fue un ejemplo de dedicación y entrega a
los demás. En muchos casos se ant epuso el ejercicio de la profesión a la propia vida, aun
sabiendo el riesgo que esto conllev aba para ellos y sus familiares pues madres, esposas,
hijos o hermanos fueron, también en oca siones, víctimas de la epidemia.
En España fallec ieron más de 200 médicos ; en Galicia superan los 30 y en Lugo,
aunque en la ciudad no murió ninguno, la gripe se cobró la vida de tres facultativos que
ejercían su profesión en la provincia y de un joven estudiante de medicina, hijo de un
compañero.
No conocemos los nombres de todos los facultativos fallecidos en Galicia, pero en la
siguiente figura mencionamos los de aquellos que sí sabemos con el fin de que s ea n
recordados y su labor no quede e n el olvido (fig. 98 ).

F i g u ra 98 . Nombre de algunos médicos gallegos fallec idos durante la epidemia de gripe de 1918
Fuente: Elab orac ión propia a partir de distintos diarios gallegos y nacionales.
Mapa tomado de https://d- m aps.com/ carte.php?num_car=28751&lang=es

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Fuera de nuestro país cabe recordar a Sir William Osler (fig. 99 ), el padre de la medicina
interna, que se contagió durante la ter cera ola y fallec ió e n diciembre de 1919 por
complicaciones neumónicas. Defendió la práctica de la autopsia como procedimiento
fundamental para el aprendizaje de la medicina y la suya reveló hallazgos de una neumonía
bacteriana con m últiples focos, que se diseminaba por el árbol bronquial, intercalada co n
cambios inflamatorios inespecíficos de orig en viral (Barondess, 1975). Distintas
enfermedade s y síntom as llevan su nombre: signo de Osler, nódulos de Osler o enfermeda d
de Rendu-Osler-We ber entre otras. Pero sin duda el Dr. Osler es aut or de múltiples
aforismos, y uno de ellos cobra especial significado en este momento: « el j abón, el agua y
el sentido común son los mejores de sinfectantes» (Kabbade, 2020).

Figura 99 . Sir William Osler
Fuente: https://www.biografiasyvidas.com /biografia/o/osler.htm

En España es muy esca sa la presenc ia de placas, monumentos u otro tipo de re cuerdo
realiza dos con el objetivo de homenajear a estos médicos abneg ados que perdieron la vid a.
Uno de ellos se encuentra en la Facultad de Medicina de la Universidad de Santiago de
Compostela. Se trata de una placa conmemora tiva de 167 cm de alto y 117 de ancho,
elaborada en mármol bla nco y bronce, realizada p or el escultor Francisco Asor ey (que, en
1918, había ganado por oposición la plaza de escultor anatómico de esa Facultad ). Su
ejecuc ión fu e acordada e n el pleno del Ayuntamiento de Santiago celebrado en día 11 de
diciembre de 1918, a propuesta del banquero y abogado compostelano Homobono
González Fernández, para que s e recordara « el a ltruismo de cuantos hijos de la escuela
compostelana en contraron la mue rte asistiendo a los atacados por la epidemia gripal »
(fig. 100). Esta placa-lápida se descubrió en el mes de julio de 1919 e inicialmente fue
colocada en el claustro del edificio de Fonseca (D e Galicia. Santiago, 30 de julio de 1919 ),
entonces Facultad de Medicina, y hoy puede contemplarse en el cl austro bajo de la
Fac ultad de Medicina de S an Francisco. En esta ciudad fallecieron cu atro catedráticos de
dicha Facultad, todos dura nte la s egunda ol a pandémica: Na rciso C arr ero Goy anes,
catedrático de Medicina Legal; Francisco Romero Blanco, c atedrático de Ana t omía y
Rector de la Unive rsidad; Eduardo del Río La ra, catedrático de Histología y Marc ial
F e r nández Iñiguez, catedrático de Higiene (fig. 101). El P rof. de l Río, ese año, se había
plan teado la posibilidad de tra sladarse a Granada, pero en mayo, y a petición de sus

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compañeros catedráticos, accedió a quedarse en S antiago (A través de Galicia, 28 d e mayo
de 1918; Carrero, 2019; Gestal, 2021 ).

Figura 100 . Izda.: Momen to del descubrimiento de la placa al Dr. Carrero por el alcalde de Santiago,
D. Máximo de la Riva y el rector de la Universi dad, D. Cleto Tronc oso.
Dcha.: Placa homen aje en la Facultad de Medic ina de la Universidad de Santiago de Compostela
[Dice así: « Homenaje de gratitud y admiración. A los médicos que durante la epidemia grippal de 1918
prestaron abnegados servicio s en la ciudad compostelana . Al Dr. Narciso Carrero Goyanes fallecido en el
cumplimiento de humanitario deber »].
Fu ente: Autoría propia

Figura 101 . De izda. a dcha.: Profesores Carrero, Romero , F. Iñiguez y del Río
Fuente: Figuras 1 y 3 en la orla de Castelao. Figura 2 en España Médica , 01.12.18, p. 1. Figura 4 :
http://consel lodacultura.gal/ album- de -galicia/detalle.php ?persoa=22283

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▪ Deportistas:
Tampoco los deportistas escaparon a la gripe. El 22 de octubre, en el diario La Tribuna ,
podía leerse : « La gripe no se li mita a entresacar sus víctimas de este mundo prosaico y
real en que todos vivimos. Ha entrado también airadamente e n el mundo deportivo […]».
En España el fútbol e ra, y es, el deporte rey. El torneo estrella era la Copa y El Real
Unión se había proc lamado campeón de la de 1918. P ocos días despué s el Barcelona
concertó dos partidos a mistosos para disputar contra el Madrid (que no fue Real hasta
1920). El primero pudo celebrarse el 12 de mayo y finalizó con la victoria blaugrana por 1
a 2, pero el segundo programado, para el día 19, ya no pudo jugarse porque la epidemia lo
impidió. Había 8 jugadore s del B arc elona que estaba n « padeciendo una fiebre gripal de
forma torácica», según constaba en el c ertificado médico, e mitido por el Dr. F uari Horma
González. Esos jugadores eran: Paulino Alcántara, G abriel Bau, José Costa, José Juliá ,
Vicente Martínez, Carlos Rovira, Agustín S ancho y Franc isco Viñals, en definitiva, la
«créme» del equipo. Los futboli stas, pasados unos días, se recupe raron y pudieron seguir
jugando (fig. 102 ).

Figura 102 . Equipo del F. C. Barcelon a en mayo de 1918
Fuente: https://www.lavanguardia.com/deportes/futbol/20200413/48448943104/gripe -
espanola-paralizo-deporte-cien-anos.html

Una semana despu és era el Madrid (fig. 103 ) el equipo que recibía la visi ta de «l a
española» y los defensas Eulogio Arangure n y C ordero, el me dio Alberto Machimbarrena
y los delanteros Santiago Bernabéu y M anolo Posada fu eron baja en el partido que se jugó
contra el Ra cing Club de Madrid y que, a pesar de las ausencias, ganó el equipo blanco por
6 a 2. El 26 de mayo se programó otro partido entre ambos equipos a beneficio de la
Federac ión Regional de Centro y se avisaba de las posibles bajas porque « depende del
número de jugadores que haya atacados por la “canción del olvido”. A yer eran pocos,
pero hoy no sabemos los que estarán en co ndiciones de jugar ». El Madrid volvi ó a ganar
este encuentro por 2 a 0 (Cosín, 2020; Luque, 2020; Notas deportivas, 26 de mayo d e
1918). El Racing Club de Madrid fue un equipo del barrio de C hamberí, fundado en 1914
y disuelto en 1931, que llegó a jugar en segunda di visión.

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Figura 103 . Equipo del Madrid en mayo de 1918
Fuente: https://www.lavanguardia.com /deportes/futbol/20200413/48448943104/gripe -espanola-
paralizo-deporte-cien-anos.html

En el Racing de Santander, Fernando de la Torre Isla (fig. 104 ) también se contagiaría d e
gripe, durante la competición copera (Gómez, 2020).

Figura 104 . Fern ando de la Torre Isla
Fuente: https://www.eldiariomontanes.es /deportes/racing/racinguista -sufrio-gripe-
20201206225808 - ntvo .htm l

Pero hubo futbolistas, como Domingo Ugarte «M otxa», jugador del Sporti ng de Irún que
falleció en o ctubre de 1918, só lo 4 días después de presentar los primeros síntomas
« cuando ya eran contados los casos ha venido c on su guadaña devastadora [la gripe] a
segar la vida en plena juve ntud, cuando le sonreía la vida [ …] a aquel formidable jugador
conocido por Motxa » (fig. 105 ) (Desde Irún, 24 de octubre de 1918).

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Figura 105 . Noticia del fallecim iento de Domingo Ugarte
Fuente: Madrid Sport , 24. 10.1918, pp. 12- 13

En el Reino Unido, al menos cuatro futbolistas británicos perdieron la vida. El escocés
Angus Douglas, moría un mes después de la fir ma de armisticio, el 14 de diciembre de
1918, a los 30 años. Douglas sobrevivió a la guerra, pero no pudo hacerlo a la « muerte
azul », que también se cobró la vida de su esposa. Los ingl eses Jack Stanley Allan y John
Pattison fallecieron el 4 de mayo de 1919, a los 32 años tras haber sobrevivido también a la
guerra , y el 29 de noviem bre de 1918 respectivamente
En el be isbol, Ba be R uth ( el Bambino ), considerado como el mejor jugador de beisbol
de la historia, sobrevivió en 1918 dos veces a la epidemia y pudo ll evar a su equipo a
conseguir el título de las Series Mundiales de be isbol.
En hockey sobre hielo, el defensa del Montreal Canadiens , Joe Hall (conocido como
Bad Joe por su agre sivi dad sobre el hi elo ), moría cayendo desplomado sobre el hielo a
causa de un a neumonía fulminante en 1919 (fig. 106 ). El entr enador de ese equipo, George
Kennedy, nun ca se recu peró por completo de la enfermedad y acabó m uriendo en 1921
como consecuencia de sus complicaciones (AFP, 2020; B ellot, 2020)

Figura 106 . De izda. a dcha.: Babe Ruth, Angus Dou glas y Joe Hall
Fuente: Figuras tomadas de las co rrespondientes entradas a sus biografías en Wiki pedia.

▪ Otras personas famosas que enferma ron o fallecieron a causa de la gripe:
Tampoco el mundo de los toros se salvó de la visi ta de «la española» y así el torero
Manuel Varé García, conocido como «Varelito», no pudo tore ar l a novilla da del Corpus en
Madrid « por haber sido atacado por el bizar ro y valiente, sí que también incomparable,
“ So ldado de Nápoles”, que lo cogió a él com o a una de sus nuevas víctimas» (fig. 107 ).

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Figura 107 . Noticia de la enfermedad gripal de Varelito
Fuente: La Lid ia , 03.06.1918, p. 2

Ni el de la aviación al que atacó con dureza provocando, en unos casos, enfermedad y en
otros la muerte. Amelia Heart, la que sería la primera mujer en c ruzar el Atlántico en
solitario, enfermó de gri pe mientras trabajaba voluntaria como auxiliar d e enfermería en el
hospital militar de Spadina, en Toronto. Se contagió a finales de septiemb re de 1918 y su
cuadro clínico se complicó con una neumonía y una infección grave en los senos
parana sales que requirió cirugía. Tardó un a ño en recuperarse y f ue durante su
convalecencia, en el ve rano de 1919 , cuando ap rendió a volar. Amelia comentaba que
mientras duró la pandemia contra jo dos e nfermedades: la gripe y la pasión por volar
(Schinberg, 2020).
Léon Mora ne, uno de los más célebres aviadores y constructor de aeroplanos del
mundo, falleció en Francia el 20 de octubre de 1918 (f ig. 108) ( Aviac ión. Léon Morane, 29
de octubre de 1918 ).

Figura 108 . Noticia del f allec im iento de L. Morane víctima de la gripe
Fuente: El Mundo Deportivo , 29.10.1918, p. 2

Otra aviadora, esta vez pontevedresa, Elisa Patiño (conocida como Chichana Patiño) que
fu e la primera aviadora de Europa , fallecía el 12 de abril d e 1919 , a los 26 años, tras v arios
meses de lucha c ontra la e nfermedad grip al. U nos meses antes, su hermano peque ño
Eduardo también ha bía sido v íctima de la c ruel enfermedad (fig. 109) (Fernández, 2021) .

Figura 109 . De izda. a dcha.: Varelito, A. Heart, L. Morane y E. Patiño
Fuente: Figuras tomadas de l as corres pondientes entradas a sus bio grafías en Wikipedia

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Tampoco el mundo del automóvil pudo librarse del ataque de la gripe. En 1919, mientras
asistían a l Salón del Aut omóvil de Nueva York, los herma nos Dod ge cayeron gravemente
enfermos. John, con una tuberculosis previa, murió el 14 de enero de 1920 y su hermano
Horace sufrió v aria s recaídas a lo largo de ese año falleciendo, a causa de u na neumonía el
10 de diciembre (Redacción, 2020).
Enzo Ferrari, « Il Commendatore », mientras combatía con l a división de artillería en l a
primera guerra mundial, contrajo una gravísima neumonía que estuvo a punto de acabar
con su vida, por lo que f ue enviado a casa. Poco antes su padre Alfredo y su hermano Din o
habían fallecido en e l frente a causa de la terrible epidemia (fig. 110 ) (Redacción, 2017).

Figura 110 . De izda. a dcha.: John y Horace Dodge, Enzo Ferrari
Fuente: Figuras 1 y 2 tomadas de la entrada a sus bio grafías en Wiki pedia; F ig. 3 en:
https://diezcilindros.wordpress.com/2017/02/17/ la- leyenda- de - il -commendatore/

Manuel María Puga y Parga, conocido como «Picadillo», durante la prime ra ola en
primavera , cuando todav ía se tomaba a b roma la epidemia. publicó un artículo en el que,
con humor, recomendaba una «bu ena comilona» para combatir la gripe. Obviamente este
tratamiento resultó no ser efectivo pues tan sólo un par de m eses más tarde (el 30 de
septiembre d e 1918 ) fallecería, víctima d e esta e nferme dad , a los 44 año s. Picadillo es el
autor del libro La cocina práctica y fue alcalde de La Coruña en 2 ocasi ones, la primera
durante 2 mese s y la seg unda sólo durante uno.
Otto Wagner, considerado «el arquitecto de Viena», murió el 11 de abril de 1918 a los
76 años (Montes-Santiago, 2010). Su estilo van guardista sirvió de influencia para otros
arquitectos de su é poca, entre los que destacan Antonio Palacios.
Los hermanos Francisco y Jacinta Marto Santos, que junto con su prima Lucía vieron
a Nuestra Señora en Fátima el 13 de mayo de 1917, fallecieron vícti mas de la gripe.
Francisco lo hizo el 4 d e abril de 1919 , con 10 años, tras en fermar en octubre del año
anterior, por las complic aciones causadas por un a broncone umonía. Su h ermana Jacinta lo
hizo a los 9 años, el 20 de febrero de 1920, tras una intervención quirúrgica , practicada sin
anestesia, d espués de haber contraído la gripe y complicarse con una ple uresía purul enta
(Castro, 2017).
Maximilian Weber considerado uno de los padres de la sociología modern a, junt o co n
Marx, Comte y Durkheim , murió el 14 de junio de 1920 como consecuencia d e una
neumonía , tras contagiarse de gripe (fig. 111 ) (Vallespín, 2020).

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82

Figura 111 . De izda. a dcha.: Picadillo , O. Wagner, hermanos Marto y M. Weber
Fuente: Figuras tomadas de las correspondien tes entrada s a sus biografías en Wikipedia

Sabemos que la gripe no distinguió entre ric os y pobres y, a principios de 1919, Nancy
Cunard, heredera de una de las mayores fortunas de I ngl aterra, fundadora de la editorial
The Hours Press (en la que publicaría Ezra Pound) y amante de T. S. Eliot, se contagiaría
gravemente . S u cuadro s e complicaría con una neumonía que p rolongaría su convalecencia
varios meses y todo ello le provocaría una fuerte depresión (Spinney, 2018). Su fuerte
hábito tabáquico no contribuiría a la c uración del cuadro (Burke, 2020).
Leo Szilard, en 1918, era un joven físico húngaro que estaba recibiendo
adiestramiento para ir al combate, con su re gimiento en Austria, cuando e nfermó de gripe
por lo que le concedieron un pe rmiso par a regresar a Hungría. Mientr as estaba ingresado
en un hospital conoció la noticia de la muerte de t odos sus compañeros de regimiento en la
batalla de Vittorio Veneto, en el frente italiano, en la que él tendría que haber combatido si
no estuviese enfermo. Años más tarde sería uno de los creadores de la bomba atómica,
aunque Szilard siempre se opuso a que fuese empleada con fines bélicos (Spinney, 2018 ).
La pandemia también se cobró la vida de una santa: l a de santa Teresa de los Andes de
Chile. La joven carmelita descalza murió el 12 de abril de 1920 a los 19 años. Fue
canoniza da por Juan P ablo II en 1993 y su fie sta se celebra el 13 de julio (fig. 112 )
(Spinney, 2018).

Figura 112 . De iz da. a dcha.: N. Cunard, L. Szilard y Sta. Teres a de los Andes
Fuente: Figuras tomadas de l as correspondientes entradas a sus biografías en Wikipedia

▪ Familiare s de figuras c onocidas que también e nfe rmaron, o muri eron, víctimas de l a
epidemia gripal:
En ocasiones, no fueron las pe rsonas más famosas, sino algunos de sus familiares, quienes
contrajer on o fallecieron a c ausa de la gripe. Entre ellos cabe citar a:
- Frederick Trump, abuelo de Donald Trump, que falleció el 30 de mayo de 1918 por una
ne umo nía. El S r. Trump era un hombr e previsor y unos años antes se había hec ho un
se guro de vida. Tras su muerte, su viuda y su hijo invirtieron con gra n éxi to el dinero de

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la póliza en inmuebles, y obtuvieron gra ndes beneficios. Y ese p arece ser el origen de la
fortuna del ex presidente estadounidense (Herrero, 2018).
- Arthur-Alleyne Kingsley, hij o mayor de Sir A rthur Conan Doyle (médi co y escritor
escocé s, creador del S herlock Holmes) contrajo la gripe en el campo de bat alla, durante
la contienda del Somme, y falleció en o ctubre de 1918, pocos días desp ués de haber
cumplido 26 años y pocos días antes del final de la contienda. Su tío Inner (hermano de
su padre) lo haría en f ebre ro d el añ o sigui ente, en Bélgica, también a causa de la
pandemia. A raíz de estas muertes el médico y escritor se refugió en el espiritismo,
quizá en un int ento de c ontactar con sus s eres qu eridos (Prego, 2018; Wilkinson, 2020).
En el año 1922 escribió « Cuentos de médicos y militares ». En esta obra uno de los
«cuentos», titulado « A la zaga de los tiempos », hace referencia a l a epidemia de gripe
(Conan, 1996: 41-47 ).
- Ali Augusto Gómez Bello hijo del presidente de Venezuela, el general Juan Vicente
Gómez, murió e l 7 de noviembre de 1918 a los 26 años tan só lo tr es día s después de
manifestar los primeros síntomas. También fallecier on sus hermanos Ana y Pedro y la
madre de estos últimos Herme negilda. S e dic e que fue la primera vez que se vio llorar a
su padre. El genera l envió un mensaje al Dr. Márquez Bustillos que decía:

Con el corazón pa rtido de dolor, tengo la pen a de participa rle que hem os
tenido la i n mensa desg racia de perder a mi hijo Alí, que murió a la una de la
mañana ví c tima de la t err ible epidemia. En m i honda aflicción de padre, me
lleno de res ignación c ristiana y pienso q ue Dios me cons olará en estos
momentos tremendos.

Sin embargo, y a pesar de la pena que lo afligía, no fue a ver lo du rante su enfermedad ni
asistió a su entierro por un miedo irracional al contagio (Hernández , 2020).
- Sophie Freud, quinta hija de Sigmund Freud y co n la que t enía más afinidad, falleció el
25 de ene ro d e 1920, con tan s olo 26 años y emba raz ada de su tercer hijo. Sophie estaba
ingresada en el hospital , por complicaciones de su embar azo, cuando se contagió de
gripe y se sobreinfectó con una neumonía. Al día siguiente de su muerte Freud le
escribía a su m adre, A malia: « Tengo noticias tristes. Nuestra querida Sophie murió
ayer por la mañana de gripe y ne umonía galopantes […]». El psicoanalist a ll eva ba el
retrato d e su hija siempr e cons igo, en un med allón colgado junto a su reloj de bol sillo.
Esta experiencia modificó de una manera d efinitiva su concepción acerca del duelo
(Bauso, 2020).
- Clementine y Marigold Churchill, esposa e hija de Winston Churchill, e nfermaron de
gripe en febrero d e 1919, mientras el entonces ministro británico de A rmamentos se
encontraba en París negociando los términos de la paz. Isabelle, la cuidadora de la
pequeña Marigold también se contagió, pero no sobrevivió. Marigold moriría a los dos
años por una septicemia (Richter-Boix, 2017; Uribarri, 2021).
- Thomas Robert Tighe C hanpa mn, padr e de Thomas Edward L awre nce (más conocido
con Lawrenc e de Arabia) fallec ió el 8 de abril de 1919. Lawr ence , que acompañaba a la
delegac ión árabe para intentar buscar una solución adecuada para los territorios que
habían pertenecido al Imperio Otomano, tuvo que regresar a Inglaterra para desp edir a
su padre, lo que mermó su capacidad de acción en el tema (Spinney, 2018 ).
- Estefanía Maura hija de Antonio Maura, pr esidente del Consejo de Ministros, falleció el
6 de octubre de 1918 (a dmin2107, 2021).
- El padre d e Greta G arbo, Karl Alf red Gustafsson, que sufría una e nfermeda d r enal
c rónica, contrajo l a gripe a finales de 1919 y m urió el 1 de junio de 1920 a causa d el

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deterioro de la función renal sufrida como consecuencia de la infecc ión gripa l (de
Prada, 2023).
- El tercer hijo del Dr . Alfred Baring Garrod, uno de los pioneros en el campo de los
errores congénitos del metabolismo, falleció a principios de 1919. El Dr. Baring fue
quien sustituyó a Sir William Osler en l a cátedra de Medicin a de Oxford en 1920
(Fresquet, 2007).
1.5 C ONSECUENCIAS POSITI VAS DE LA PANDEMIA
Además de muerte y devastación la pand emia de gripe de 1918 también tuvo consecuencias
positivas. En términos generales, se lograron im portantes avances científicos y sanitarios, se
consiguió una visi ón social de la medicina y se interiorizaron h ábitos y prácticas de higiene
entre la población.
De una mane ra global podemos decir que «gracias» a contagiarse de gripe muchos
hombres se salvaron de una muerte segura en el frente, pues tr as enfermar fueron ingresados
en un hospital o enviados a sus casas , para su c onvalecencia y recuperación, evitando la
entrada en combate .
Desde un punto d e vista anecdótico, «g ra cias» a la gripe un g enio de la literatura Ramón
María del Valle-Inclán, durante su conv alecenc ia y posterior auto confinamiento en el pazo d e
la Merced en A Pobra do Caramiñal, escribió Luces de Bohemia y Divinas Palabras ,
iniciándo se así el género teatral del esperpento (Otero, 2020). También d ebemos a la g ripe la
«creación» de la caipiriña. I nicialmente la bebida, que se empleaba en Brasil habitualmente
para tra tar la gripe, sólo contenía miel, ajo y limón. Pero, a nte la gravedad de los cuadros
clínicos que se presentaron en 1918 se le añadió cachaza (aguardiente de caña) con el fin de
aumentar el efecto terapéutico. Cuando la pandemia acabó, se c ambiaron d os ingredientes: la
miel se reemplazó por azúcar y el ajo po r hielo y así persiste hasta hoy (Troncoso, 2021). Y
parece que el empleo de l alcanfor en nuestros días también de debe a su uso como potente
desinfectante dura nte la pande mia.
Pero fue sin duda en el c ampo de la Salud Pública donde las repercusiones de la epidemia
dejaron su mayo r impro nta, estimulando su avance y el d esa rrollo de la medicina social. A
nivel local, las autoridades sanitarias comprendieron que l as ciudades tenían que s er m ás
saludables y, de este mo do, comenzó la construcción de viviendas c on buenas condiciones
higiénicas de habitabilidad y la m ejora en las canalizaciones urbanas. A ni vel gubernamental,
hasta ese momento, las instituciones encargadas de la salud públi ca estaban supeditadas o
dependían de los intereses de otros Ministerios. La pandemia fue una advertencia para la
comunidad mundi al que entendió que h abía que independizarlas para qu e pudiesen tom ar sus
propias decisiones, lo q ue se refle jó en l a reorg aniza ción d e los Ministe rios de S anidad en
algunos países y en otros su creación de nuevo.
Todas las naciones se co nvenc ieron de que debía existir un sistema fuerte de salud para
todos los ciudadanos y, de este modo, a partir de los años 20 n ació l a sanidad pública y
universal en la mayoría de los países avanzados. Rusia fue el prim ero en crear una red públic a
de sa lud, cuyo impulsor fue Vladimir Lenin. Básicamente era un sistema de asistencia
sanitaria ce ntralizado y totalmente público, pe ro no universal, porqu e no cubría a las
poblaciones ru rales. P ero esta idea sería «copiad a» por más países y con el tiempo a ca baría
siendo un sistema también universal.
A nivel internacional, desde finales del siglo XIX, y a través de la celebración de varias
Conferenc ias Sanitarias Internacionales, s e vio la necesidad de lleg ar a acuerdos entre las
n a c iones c o n el objetivo de postular unas normas y criterios comunes y fijar un mínimo de
s e rvic ios soc iales par a int entar r educir las desigu aldade s a nivel global. P ero pa ra ello hab ía

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85
que contar con una institución que recogiera los datos epidemiológicos y c oordinara las
respuestas de los distintos países. De este modo, en 1902, nació la Oficina Panamericana de l a
Salud, vinculada a la Unión Panamericana y q ue funcionaba ligada al Servicio de Salud
Pública de los EE. UU. Pero en 1903 se enten dió que lo realmente eficaz sería c rear una
organización internacional permanente de s alud que coordinase todos los datos,
informaciones y re spue stas a niv el epidemiológic o y así, desde 1907, comenzó a funcionar en
Paris la Oficina Internacional de Higiene Pública cuya función consistía principalmente en
recopilar y difundir info rmación sobre las en fermedades infecciosas, pero no en poner e n
marcha programas de salud pública. Pero d espués de la Primera Guerra Mundial, y
especialmente tras la pandemia de gripe, la pre vención y vigilancia de las enferme dades se
convirtieron en un asunto de preocupación internacional a la vez que surgió la idea de formar
a los médicos en el e studio de las condicio nes laborales y sociales que causan las
enfermedade s ya no sólo con el fin de curarlas, si no de proponer la forma de prevenirlas. De
esta forma, el comienzo de la epidemiología y la creación de las base s de un sistema para el
control internacional de las crisis sanitarias quedaron reflejados en el Pacto o tratado que dio
origen a la Liga o Sociedad de Naciones, el 28 de abril de 1919 (fig. 113 ).

Figura 113 . Izda .: M i embros de la comisió n fundacional de la Soc iedad de Naciones
Dcha.: Primera reunión del cons ejo en 1920
Fuente: Izda.: https://www .ungeneva.org/es /about/league- of -nations/background y dcha. :
https://conversacionso brehistoria.info/2020/02/09/espana - en - la -sociedad- de -nacio nes- 1920 - 1939/

Su objetivo principal era preservar la paz, pero también se concibió c omo un centro de
cooperación y coor dinaci ón internac ional. En el artículo 23 de ese tratado se recoge que:

los Mie mbros de la Liga se esforzará n por tomar med idas en asunto s de
interés i n ternacion al para la prevención y control de enfermedades y en el 25
que: los M iembros de la Liga acuerdan fomentar y promove r el
establecim iento y la cooperación de organ izaciones nacional es voluntarias de
la Cruz Roj a debida mente autorizadas que tengan como f inal idad me jorar la
salud, prevenir enfermedad es y mitigar el sufrimien to en todo el mundo ( Pa cte
de la Sociét é des Nations , 1920).

M ARTA J ATO D ÍAZ
86
Dentro de la Liga de las Naciones, se creó l a di visión sanitaria. Pero fue entonces, bajo ese
nuevo marco internacional, donde comenzaron a chocar los dos componentes de l a salud
pública: el social y el político. Por ello a principios de los años 20, concre tamente en 1923, l a
división sanitaria de la Sociedad de Naciones, se une a la Oficina Internacional d e Higiene
Pública y se crea, como parte de la ONU, una organización sanitaria: la Organización de la
Salud, una agenc ia técnica que dio origen a nuevos sistemas internacion ales de c ontrol de
epidemias. Su gran innovación fu e que su dire cción corrió a c argo de médicos profesionales
en ve z de diplomáticos (como ocurría hasta entonces en la Oficina Internacional d e Higiene
Pública). Un poco más t arde, se incorpora la ofic ina co ntra las epidemias de la Organización
Panamerica na de la Salud y esto es lo que serí a el germe n de la futur a OMS. En 1939 la
Sociedad de Naciones y su división sanitaria se disolvieron y se propuso la existencia de una
organización sanitaria independiente de las decisiones políticas, que sirviese para reforzar el
intercambio de información médica, que incluya la mayor cantidad de países posi bles y que
no dependa de ningún otro organismo (como la ONU). Este planteamiento se ll evó a la
práctica con el nacimiento el 7 de abril de 1948 de la O rganización Mundia l de la Salud como
una organización ya inde pendiente . D e este modo se enfatiza la idea de qu e no es posible un
mundo en el que una gra n parte de su población esté enferma, y el resto sana, y de que los
problemas de salud sólo pueden ser resueltos a nivel global, con ayuda en tre los distintos
países (Echeverri, 1993; Porras, 2020; Tobar, 2017).
A nivel científico, es cierto que la p andemia pro vocó la frustración de médicos e
investigadores, pero los numerosos estudios que se pusieron e n marcha para intentar averiguar
su agente causa l y la obtención de vacunas, supusieron un gran impulso para la mic robiología
(con el desarrollo de la bacteriología y la configuración de la virología) y para la inmunología.
También, de alguna manera, a la pandemia se debe el descubrimiento de la penicilina,
pues hasta que se desc ubrió el agente causal, muchos científicos estaban convencidos de que
la gripe estaba causada p or una bacteria. Uno de ellos era Alexander Fleming quien, en 19 28
en el laboratorio del Hospital St. Mary de Londres, estaba estudiando la influenza . Al volver
de unas vacaciones ob servó cómo, en una de las pla cas de Petri, las colonias de
Staphylococcus aureus no crecían en las zonas de cultivo que habían sido contaminadas
accidentalmente por un hongo, el Penicillium no tatum : ¡el Dr. Fleming había des cubierto la
penicilina!, un medic amento que c ambiaría para siempre la hist oria de la medicina y salvaría
millones de vidas (fig. 114 ) (Álvarez y Vicente, 2008; Kukso, 2020).

Figura 114 . Placa ori ginal en la que se "descubrió " la Penicilina
Fuente: McKay, 2021

INTR ODUCCIÓN
87
A nivel social también se produjeron im portantes cambios ya que se abrieron nu evas
oportunidades de trabajo para las mujere s que desempeñaron un nuevo e i mportante papel. La
falta de trabajadores causado por el conflicto y por la gripe dio a la mujer la entrada al mundo
laboral, jugando, especialmente a causa de esta última, un papel fundamental a nivel sanitario.
Por otra parte, dado el al to número de huérfanos, viudas y discapacitados que quedaron como
consecue ncia de ambos sucesos los distintos países se vieron obligados a prove er a sus
ciudadanos de un «estado de bienestar» con el que ayudarles a rehacer sus vidas. Y por raro
que parezca , la sociedad que resurgió tras la pandemia lo hizo con un modelo más justo y
equitativo entre sus miembros.
Con respec to a la vigilancia de la gripe, dada la gran variabilidad ge nética del virus, la
ausencia de un recurso p rofiláctico espec ífic o y e fica z contra la enfermedad, y el miedo a que
se pudiese repetir una pandemia como la de 1918, llevaron a la OMS a t omar la decisión de
establecer el Programa mu ndial de lucha contra la gripe y crear en 1952 una red mundial de
vigilancia de la gripe. Actualmente 146 Centros Nacionales de Gripe (CNG) integran esta red
dentro del Sistema Mundial de Vigilancia y Respuesta a la Gripe (SMRVG) del que forman
parte 114 estados miemb ros de la OMS. La misió n del SMVRG es el análisis continuo de los
virus gripales que causan brotes estacionales en el ser humano, brotes de gripe zoonótica y
posibles pandemias, y seleccionar las cepas vacunales dos veces al año: una para la temporada
de gripe en el hemisferio norte y otra p ara la del hemisferio sur. España cuenta con tres CNG
en Madrid, Va lladolid y B arc elona.
Sin embargo, la realidad es que todavía menos de la mitad de los países cuentan con un
plan nacional de prepara ción par a la gripe pandémica (Centro de prensa OMS, 2023).
1.6 L A EPIDEMIA EN E SPAÑA
Durante el conflicto bélico europeo unos 2.000 españoles, de los que a proximadamente la
mitad eran catala nes, via jaron a Francia como voluntarios a luchar con la Legión Extranjera.
También muchos jóvenes e spañoles y portugueses fueron a l p aís vecino a trabajar como
temporeros, en sustitució n de la mano de obr a de l os hombres que se habían ido a combatir en
el frente. F ue con el regreso en tre n de estos soldados y tempor eros, c omo la gripe entró en
nuestro país. En la primave ra de 1918 Madrid estaba en fiestas. El 15 de mayo la pradera de
San I sidro estaba plagada de jóvene s, procedentes de todos los lugares, de seosos de pasa rlo
bien (fig. 115 ). Entre ellos muchos habían re gresado de Europa y hacían parada en la capital:

Llegó mayo, y con él nuestro San Isid ro, y con el sant o la riada de f o rasteros
que viene a visita rnos para agolparse y estruj arse por las calles, paseos,
teatros, cafés y tranvías […] . […] Este año t odo es júbilo para la fiesta de
nuestro Santo P atrón […] (De Viu, 1918 ).

Figura 115 . Imágenes de la pradera de San Isidro en mayo de 1918
Fuente: Mundo Gráfico , 2 2. 05.1918, p. 13

M ARTA J ATO D ÍAZ
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La capital española estaba a rebosar y las aglomeraciones, propias de las verbenas, bailes y
corridas de to ros, permitieron que el virus se propagase libr emente durant e días. N adie
sospechaba , en esos momentos de alegr ía, que poco tiempo después to do el país se vería
azotado por una brutal e pidemia de gripe que, d urante los dos años sigui entes, diezmaría la
población mundial en varias olead as (Echeverr i, 1993; P orra s, 1995) . Las fiestas de S an Isidro
de 1918 marcarían «oficialmente» el inicio de la epidemia en España. Y así, la gripe se
presentó en tres olas.
La primera, duró unos dos meses aproximadamente. Se desarrolló durante la primavera y
el verano y despa reció con gran rapidez. Se produjeron muchos contagios, pero la enferme dad
no fue gr ave. Tuvo una difusión extre madamente rá pida en las ciudades y se consideró que en
ellas su foco estuvo en los cuarteles, hecho que se repetiría durante la se gunda ola. En ese
momento las autoridades ha blaban de « numerosas invasiones » pro voca das por una
enfermedad que duraba muy pocos días y que no ofrecía « gravedad alguna » (Gestal, 2021) .
Se le denominó de muchas maneras: « epidemia reinante », « enfermedad d e moda », « afección
gripal », … y, en genera l, fue «bautizada» por los medios como « El soldado de Nápoles », en
alusión a la pegadiza canción que formaba parte de la zarzuela La canción del olvido qu e
triunfaba en Madrid. En el resto de la geografía e spañola también se le atribuyeron motes de
este tipo como « la bo da de B elmonte » en S evilla, « el paseo marítimo de Cambó » en
Barcelona, « el discurso del señor Prieto » en Bilbao o « la cucaracha » en Levante (Hurtado,
2022; Moneo, 2020)
En el siguiente fragmento , de un párrafo de El I mparcial, se pueden obs erva r varios d e
los muchos nombres con que fue conocida la epidemia durante esta primera ola « La
enfermedad reinante en Madrid avanza de día en día […]. […] el nú mero de ba jas que
diariamente se registra, a consecuencia de la misteriosa enfermedad […]. […] esta dolencia
epidémica no es grave […]. El mal, se ha cebado en los t eatros […] » (Los ataca dos se
cuentan por millares, 22 de mayo de 1918, p. 1)
Las zonas más afectadas fueron Extremadura, Andalucía y la mitad sur de la Meseta
Central, siendo Cáceres, Córdoba, Jaén, Badajoz y Cuenca las provincias con mayor
mortalidad. La tasa media de mortalidad po r gripe, a nivel provincial, osciló entre el 0,04 y el
0,65% (Echeverri, 1993) y la tasa media de exceso de mortalidad por causas respiratorias fue
del 2,4‰ (rango entre provincias: 0 - 10,3‰) (f ig. 116) (Chowell, 2014; Er kore ka, 2009).

Figura 116 . Primera ola. Izda.: Tasa de mortalidad (‰) p or gripe.
Dcha.: Tasa de exceso de mortalidad (‰) por enfermedad es respiratorias .
F u en t e: Izda.: Modificado de Echeverri, 1993. Tomado de: Beltrán, 2009. Dcha.: Mod ificado de
Chowell y Eroreka 2014. Tomado de: Maldonado, 2020

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En otoño llegó la segunda ola y la situación cambi ó. Entre los últimos días de agosto y los
primeros de septiembre la enfermedad reapareció. Alcanzó su máximo a finales de octubre y
principios de noviemb re y desapareció a partir de mediados de diciembre. No es posible sabe r
si la infección s e reintrodujo desde fuera de Esp aña o si el virus había permanecido l atente en
algún reservorio. La aparente simultaneidad con la que apareció induce a pe nsar que hubo
focos desde dentro y desde fuera del país. Así su eclosión y difusión se vio favorecida por la
celebración de bod as, la recogida de las cos echas, las innumerables fiestas de fin de l ve rano y
los importantes movimientos de población que se producían, fundamentalmente, por e l
regre so de los tempore ros agrícolas de Franc ia (más de medio millón de ve ndimiadores
desplazados en ese país) y el ir y venir de los nuevos reclutas y de los soldados ya licenciados .
Parece que hubo dos vía s de expansión, ambas c on dirección norte – su r. Una de ellas seguía
la dirección del ferrocarril desde Port -Bou (difundiendo la infección desde Cataluña hasta
Andalucía) y la otra partí a de Irún y llegaba a Medina del Campo (pun to desde el que se
distribuiría en todas d irecciones) (fig. 117 ). D ada la gran cantidad de personas que r ecorrían
estos traye ctos fueron las vías más importantes de contagio, aunque no las únicas (Eche verri,
1993 ).

Figura 117 . Líneas de ferrocarril en España en 1918
Fuente: Tomado de Fernández Dolón, 2020

En e l interior d el país, e l ejér cito se c onvirtió en un «eficaz sistema» de diseminación de la
gripe: por una parte, los reclutas eran port adores del virus desde sus lugares de origen y por
otra los soldados que se l icenciaban lo llevaban de vuelta a casa, difundiéndolo por el camino.
Esta vez l a gripe se desarrolló con una inusi tada grav edad que se tradujo en unas tas as de
mortalidad muy elevadas . Alrededor de un 75 -80% de l as muertes se prod ujeron durante esta
segunda ola, siendo oc tubre el mes en el que más víctimas se produjeron (45%).
Durante esta segunda ola, la epidemia se tom ó de una forma más seria y fu e más
conocida como « gripe », « epidemia » sólo o seguida de « gripal » o « de gri pe ». El « soldado de
Nápoles » ya se había marcha do (Hurtado, 2022).
Las tasas de mortalidad por gripe en las provi ncias oscilaron entre el 0,5 y el 14 %,
afec tando principalmente a la zona nort e y a la costa de Levante, zonas po co atacadas dur ante
la primavera. Todas las provincias experimentaron unas tasas de mortalidad respiratoria muy
elevada s, siendo Burgos, Almería, Zamora, Palencia, Orense y León las más a fectadas
(E c he v erri, 1993). La tasa media de exceso por mortalidad respiratoria fue del 82,3‰ (ran go
e ntre p rovincias 5,4- 167,7‰) (fig. 118) (Chowell, 2014; Erkoreka, 2009).

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Figura 118 . Segunda ola. Izda.: Tasa de mortalidad (‰) p or gripe
Dcha.: Tasa de e xc eso de mortalidad (‰) por enfermedad es respiratorias
Fuente: Izda.: Modificado de Echeverri, 1993. Tomado de: Beltrán, 2009. Dcha.: Modific ado de
Chowell y Eroreka 2014. Tomado de: Maldonado, 2020

La tercera ola s e pres entó entre los meses de enero -febrero y mayo-junio d e 1919. Fue mucho
menos explosiva y tuvo una mayor incide ncia sobre aquellas zonas donde se había sufrido una
primera ola intensa. Aunque la mortalidad fue inf erior a la de otoño, la enfermedad pr esentó
las mismas características de virulenc ia y letalidad.
La denominación más frecuente en esta tercera ola fue « epidemia gr ipal » (H urtado,
2022).
La tasa de mortalidad por gripe osciló entr e 0,07 y 1,4 % ( Echeverri, 1993) y las tasa s de
exceso para mortalidad respiratoria lo hicieron entre 0 y 20,9‰ (fig. 119) (Chowell, 2014;
Echeverri, 1993).

Figura 119 . Tercera ola. Izda.: Tasa de mortalidad (‰) po r gripe.
Dcha.: Tasa de exceso de mortalidad (‰) por enfermedad es respiratorias
Fuente: Izda.: Modificado de Echeverri, 1993. Tomado d e: Beltrán, 2009. Dcha.: Modificado de
Chowell y Eroreka 2014. Tomado de: Maldonado, 2020

En 1920, en algunas z onas, hubo otro importante brote e pidémico que algunos han calificado
como cuarta ola y que atacó fundamentalmente a los niños menores de 1 año (Echeverri,
1 993) .

INTR ODUCCIÓN
91
En Galicia, la epidemia se presentó en tres olas y siguió el mismo patrón que en el resto
del pa ís: una primera ola con muchos contagios y pocos fallecimientos, la segunda que fue la
más letal y una tercera o la de meno r intensidad que la segunda, p ero con mayor mortalidad
que la primera. Las tasas de mortalidad por g ripe registraron un a umento e n el mes de
septiembre para tod a Galicia, salvo en P ontevedra. La Coruña y Pontevedra alcanzaron la
mayor tasa en octubre mie ntras que Lugo y Orense lo hicie ron en no viembre. Estas dos
provincias pres entaron ta mbién una mortalidad por gripe elevada dur ante el mes de diciembre
(Porras, 2020).
Las tasa s de mortalidad por gripe de las cu atro provincias ga llegas, en cada una de las
olas y para la pandemia, se recogen en la sigui ente tabla (tabla 1). El período que hemos
considerado para cada ola ha sido: de mayo a agosto de 1918 para la primera, de septiembre a
diciembre de 1918 para la segunda y de enero a junio de 1919 para la tercera.

Tabla 1. Tasa de mortalidad por gripe en las cuatro provinci as gallegas

TASAS DE MORTALIDAD POR GRIPE ‰

1ª OLA

2ª OLA

3ª OLA

PANDEMIA

ESPAÑA

0,04 - 0,65

0,5 - 14

0,07 - 1,4

8,75

GALICIA

LA CORUÑA

0,09

10,7

0,4

11

LUGO

0,07

7,1

2,2

9,4

ORENS E

0,04

12,3

1

13

PONTEVEDRA

0,08

7,1

0,25

8

Fuente: Elaboración propia a partir de los datos de Ech everri, 1993

Según estos c álculos, la provincia más afectada f ue Orense, s eguida de La C oruña, Lugo y
Pontevedra.
Para intentar explicar las causas de la pandemia se formularon las más diversas y
descabe lladas hipótesis: se re lacionó con el agua, con el su elo, el air e, los alimentos, las
basuras, los pozos negros o la construcción del metro y se volvieron a invocar ca us as
miasmáticas y causas religiosas: e ra la mano de Dios ( Echeverri, 1993 ). No obstante, y
aunque se desconocía l a existencia de los virus, con el tiempo se fue imponi endo la teoría
microbiológica que promulgaban los expe rtos.
Se calcula que, en Espa ña, que por entonces tenía una población de un os 20.880.000
habitantes, la epidemia en su conjunto (gripe + e nfermedades r espiratorias) se cobró la vid a
de unas 260.000 personas, un 12‰ de la poblaci ón. De ellas se estima que más de 200 eran
médicos y más de 300 religiosos. Pero fueron muchas más las vid as de sanitarios/as y
religiosos/as, y buenas personas, las que se perdieron mientras ayudaban a los demás
prestando asistenc ia y auxil io a los enfermos y sus fa milias.
Una vez finalizada la epidemia, p ero incluso durante el transcurso de l a misma, muchos
profesionales d e la medi cina en nuestro país pusi eron en v alor la im portancia que tenían, a la
hora enfermar, los factores socioecómicos e higiénicosanitarios tales como, el hacinamiento,
la insalubridad de las v iviendas o la dificultad para conseguir, por su escasez y ca restía,
artículos de primera nec esidad y medicinas. Pero también la falta de una moderna legislación
sanitaria, de una adecuada infraestructura sanitaria o de una independencia sanitaria y
económica de los facultativos eran elementos clave para poder explicar las consecuencias de
esta tragedia. Lo cierto es que la epidemia de gripe daba la oportunidad para llevar a cabo las
importantes mejoras en materia sanitaria qu e el país necesitaba. Una de ellas era la creación
de un Ministerio de Sani dad, pero para eso n ecesario el aborar nuevas leyes. Así en julio de
1919 s e prese ntó, ante el Congreso de los Diputados, e l proyecto de ley sobre profilaxis
públi c a de las enfermedades infecc iosas, elab orado por Juli án van Baumberghen. En

M ARTA J ATO D ÍAZ
92
noviembre de ese mis mo año se presentó otr o proyecto de ley, con el mismo nombre,
efec tuado por los Dres. Martín Salazar y Gimeno, pero ninguno d e los dos fue finalmente
aprobado. En 1921, el Dr. Martín S alazar lo in tent ó de nuevo, esta v ez con el Dr. Pulido,
aunque su proyecto también fue rechazado.
Pero algo ya estaba ca mbiando y así como causa de la grip e se planteó un concepto
multifactorial por lo q ue la profilaxis pública de las enfermedades infecciosas debía
contemplar dos tipos de medidas:
- Sanitarias: se debía aislar no sólo a las personas enfermas o sosp echosas, sino también a
quienes hubieran estado e n conta cto con ellas. Para ello era necesario disponer de
hospitales de infecciosos , o bien, de pabellones específicos de infecciosos en hospitales
genera les. Ad emás, habí a que complementarlo con la práctica de desinfecciones, el uso
de sueros y vacunas y la espec ialización de pro fesionales en otros ca mpos como en
microbiología, inmunología, química , etc. Todo ello condujo al nac imiento de una
nueva especialidad en E spaña : la de higienista , que hasta ese momento no existía, y
también a mejorar y a crear nue vas instituciones científico-sanitarias.
- Sociales: era nec esa rio una mejora de las viviend as, de las condiciones de vida y de las
condiciones laborales. Por ello se propuso la reglamentac ión del trabajo, la
socialización de la asistencia sanitaria y soci al, el establecimient o de todo s los seguro s
sociales, como el proye cto de noviembre d e 1919 o , al menos, el de e nferme dad y
maternidad de 1922 (que también incluía med idas de higien e escolar, industrial y
laboral).

Se int entó una transformación científica , sanit aria y social en el país mediante el Plan
Nacional de Reforma de la Sanidad de 1919, pero este tampoco prosperó. E l plan comprendía,
entre otr as cosas, la creación de un Ministerio de Sanidad o, a l menos, de una Dirección
General de S anidad que tuviese un carácter técnico. También se pretendía fortalecer la
autoridad de los inspectores provinciales de san idad, haciendo que los médicos titulares se
convirtiesen e n inspectores municipales de sani dad pag ados por el Estado. Asimismo, se
quería mejorar las infraestruc turas sanitarias, proporcionando una adecuada dotación a los
sanatorios marítimos y de altura para abordar la tuberculosis o la poli o mielitis. Era un plan
muy ambicioso para el que, además, se necesitaban unos 44 millones de pesetas, una cifra
muy elevada y difícil de conseguir en ese mom ento dada la situación económica del país.
Pero, aparte del dine ro, el plan no salió adela nte por el desencuentro existente entre los
distintos profesionales sanitarios, especialmente con los farmacéuticos con los que no se
contó para la redacc ión de este plan.
En 1922 se volvió a crear la Dirección G eneral d e Sanidad, que h abía sid o suprimida en
julio de 1903 al aprobarse provisionalmente la Instrucción General de Sanidad (Real Decreto
del 14 de jul io de 1903. Gace ta de Madrid ). En su lugar se crearon dos Inspecciones
Generales, un a de Sanidad interior y otra de Sanidad exterior, y s e fi rmó un acuerdo con la
fundación Rockefeller, que entró en vigor en 19 24. Este a cuerdo supuso la cre ación de la
Escuela Nacional de Sanidad , en Madrid, cuya misión principal era la for mación de los
profesionales d e salud públi ca destinados en la a dministración sanitaria. La Escuela comenzó
a funcionar en 1925.
Ese mismo año se inauguró el Hospit al Nac ional de Enfermedades Infecciosas (cuyos
terrenos fueron adquiridos en diciembre d e 19 18) y se promulgó el Regl amento de Sanidad
Provincial, que creaba los Institutos Provinciales de Higiene que estaban bajo la dirección de
l os inspec to res provinciales de s anidad. En 1926 se formalizaba, con el Reglam ento de

INTR ODUCCIÓN
93
Sanidad Municipal, la creación del Cuerpo d e Inspectores Municipales de Sanidad. En 1927
se cre ó el Servicio Epidemiológi co Central.
Lo cierto es que fueron muy pocas las medidas aprobadas y algunas de ellas tardaron
varios años en ponerse en práctica y lo hicieron de una forma parcial. Se perdió una
oportunidad de oro p ara l levar a cabo un a auténtica r enovación científic a, s anitaria y social en
un país que lo nece sitaba y mucho (Porras, 1994, 1997, 2020).
1.7 L UG O : CONTEXTO HISTÓR ICO

¡Ilustres pie dras romana s,torreones d e silencio,
que, en mudas ho stilidades, ganáis ba tallas al tiemp o !
¡Ilustres pie dras romana s!... serpientes de an illos pé treos,
que, mordiénd ose la cola, e stanca e l curso del tiempo.
Ánxel Fole. Roma nce de la mural la . 1929

1.7.1 Lugo: Ciudad de las murallas, Ciu dad del Sacramento
Lugo es la ciudad más an tigua de Galicia y la única de la que conocemos el nombre de su
fundador. Se asient a en una meseta de la Gali cia interior, con una alt itud media de 500
metros, entre las coorde nadas 40º 00’ 40’’ de latitud N y 7º 33 ’ 30’’ de longitud O.
Su origen todavía no está completamente esclarecido, pero la teoría que co bra más fuerza
hoy en día es que habría sido fundada, como un campamento militar, bajo el mandato de
Augusto durante el proceso de pacificación del noroeste penins ular, en el transcurso de las
Guerras Cántabras. S eguramente este lugar se eligió por su estr atégica localización, por sus
buenas comunicaciones y por su acceso a los r ecursos naturales (aguas termales, un río
navegable, minas de hier ro o incluso una de or o muy próxima). En todo caso, entre los años
15 y 13 a. C., ya finalizada s l as Guerras Cántabras, Paulo Fabio Máxi mo, en nombre del
emperador, funda Lucus Augusti .
Origi na riam ent e , en cad a punt o c ardin al d e la c iudad existía u n m onoli to fundacion al
en l o s que s e p odí a l eer la sigui ente inscrip ción « Mon ume nto a César Augu sto, fundado r
de l a ciud ad. Paull us Fabius Ma ximus, l egado del César » (fig . 12 0 ). De ello s se co nse rva n
tres.

Figura 120 . Monolito fundacional de Lucus August i
Izda.: Monoli to completo . Dcha.: Part e de uno con la inscr ipci ón. Centro: Inscripción.
Fuente: Izda.: http://eltablerodepiedra.blogspot.com/2016/02/etimologia-urbana- de -los -
terminos.html ; Centro : Autorí a propia, tomada en la exposición Lugo no tempo

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De l origen romano de Lucus Augusti perviven el puente sobre el río Miño, las termas ( únicos
baños públicos romanos que se conserva n en Galicia) y la muralla, un monumento circ ular
cuyos muros dan cuerpo, alma, movimiento, imponencia y majestuosidad a esta ciudad. Fue
construida entre los años 265 y 325 d. C. y tiene u nos 12 metros de altura, 5 de anchura, 2.140
metros de longitud y cubre unas 35 hectáreas de t err eno (Arias, 1983). Co nserva 72 d e los 85
cubos semicirculares primitivos y es la única mura lla del mundo con todo su trazado y
perímetro original (f ig. 121 ) (Cabrera, 2018) .

Figura 121 . Vista aérea actual de la ciudad de Lugo rodeada por la muralla
Fuente: https://maragatosdelugo.org/sites/default/files/inli ne -
images/En% 20el%20plano%20de%20la%20ciudad....JPG

En 1921 fue de clarada Monumento Nacional y en el año 2000 Patrimonio de la Humanidad
(Suárez , 2006). Lugo es, sin ninguna duda, la c iudad de las murallas (f igura 122 ).

Figura 122 . Vista panorámica actu al de una parte de la mu ralla conocida como "La Mosquera"
Fuente: https://www.elprogreso .es/articulo/lugo/la- mu ralla- de -lugo- es - una -caja- de -
sorpresas/ 201611301229193 91110.htm

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95
En 1833 fue elegida como capital de provinc ia, lo que dio lugar a una serie de cambios
importantes. Se crearon nuevas infraestructuras viarias, se levantaron nuevas edificaciones y
se generaron muchos puestos de trabajo. Además, la desamortización de los bienes de la
Iglesia puso a disposici ón pública una g ran cantidad de inmuebles y de suelo, lo que
constituyó el punto de partida para dar a la ciudad una nueva configuración urbana. Así, por
ejemplo, en el solar de las Agustinas Recoletas, se creó la Alameda; al Convento de San
Francisco se dio un nuevo uso como Casa de Beneficencia, Mate rnidad e I nclusa y el
Convento de los Dominicos se acondicionó para acoger a la Escuela Normal.
A partir de 1855 s e ini cia una políti ca de carácter expansionista condicionada tanto po r
las necesidades de las nuevas construcciones (la cárcel, el cementerio o el nuevo hospital)
como por la ll egada d e nuevos servicios (el tren). Esto trajo consigo , en tre otras cosas, la
apertura de nuevas puertas en la muralla: la de San Fernando (o del Príncipe) para dar salida
hacia La Coruña; la de l a Estación, por la llegada del ferrocarril; la de Obispo I zquierdo (o
Campo Castillo) por la c onstrucción de l a nueva cárcel; la de Obispo Agu irre para comunicar
la ciudad con el nuevo Seminario Diocesano y el cementerio y por último, en 1921, se abrió la
puerta de Obispo Odo ario (o del Hospit al) por la c onstrucción del nuevo y ansiado Hospital
de Santa María .
San Froilán es el patrón de Lugo y las fiestas en su honor se celebra n del 4 al 12 de
octubre, siendo el 5 el día grande (fig. 123). A principios del sigl o X X durante esos día s
festivos la ciudad se llenaba de gente venida de t oda Galicia. Por todas partes había casetas
con rifas y puestos ambulantes de paraguas, mantas, juguetes, golosinas, castañeras,
barquilleros, etc. Su g ran atractivo era , y es, la d egust ación del pulpo (fig. 123) una tradición
ligada a estas fiestas desde mediados del sig lo XIX) (Arribas y P ena, 2017) en unas casetas de
madera o barraca s, que s e instalaban pegadas a la muralla en la zona de La Mosquera.

Figura 123 . Pulpo á feira, t ípic o de las fiestas de San Froilán
Fu ente: stock.adobe.com

El «cronista» oficial de las fie stas era, y continúa siendo, Pelúdez un personaje de fi cción,
crea do en 1908 por el dire ctor del diario El Progreso, que viste «un gabán impermeable de
color café y un par aguas encarnado». Pelúdez es un buen hombre que vive en la aldea y
ahorra , dur ante onc e meses, para venir a la ciudad en octubre y asistir a las fiestas y ferias de
San Froilán. Dur ante uno s días lo ve y se admira por todo y aprovecha , como no, para come r
el pulpo en l as tradi cionales casetas. Acude con el ánimo de divertirse y gozar d e las fiestas al
tiempo que, siempre en clave de humor, h ace uno s relatos críticos d e las m ismas y un análisis
del momento político que se está viviendo en el país y en la ciudad. En sus reseñas no hay
lugar para los hechos tristes, por ello durante las fiestas de de 1918, la dire cción del periódico
decidió prescindir d e los comentarios de este popular personaje y sólo se anunció su llegada a
Lugo y la visita a la re da cción del diario (J. R., 2019).
La patrona de la ciudad es Nuestra Señora de los Ojos Grandes , cuya festividad se
c onme mora e l 15 de agos to (fig. 124 ).

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Figura 124 . Iz da. : Imagen de San Froilán . Dch a.: Imagen de la Virgen de lo s Ojos Grandes
Fuente: Izda.: Tomada d e la correspondiente entrada en Wikipedia .
Dcha. : http://vidas-santas.blo gspot.com/2013/08/nuestra-senora- de -los- ojos - grandes.h tml

La catedral, de estilo p redominanteme nte rom ánico, comenzó a construirse en 1129 y se
terminó en 1273. Está dedicada a Santa María, en su advocación a la Virgen de los Ojos
Grandes y ostenta dos p rivilegios papales que la convierten en un t emplo único en el mundo.
Uno de ellos es la exposición permanente del S antísimo, en el Altar Ma yor, durante las 24
horas de los 365 días del año (fig. 125). Este p rivilegio, que tradicionalmente se dice que
arra n ca en el siglo VI y en la fo rma solemne y actual d esde 1637 (Mariscal, 2018), trajo
consigo la il uminación permanente del lugar en el que se exponía el Santísimo lo que originó
que e n el templo aumentase de forma considerable el gasto destinado a la compra de velas.
Por ello en el año 1669 se hizo una petición al rey Carlos II con el fin de que diese su permiso
para que se pudiera realizar una ofrenda anual con el fin de ayudar a sufragar ese gasto. Desd e
1672, las siete ciudades del Antiguo Reino de Galicia (Lugo, Mondoñ edo, Betanzos, La
Coruña, Santiago de Compostela, Orense y Tuy) participan cad a año (ini cialmente el día de
Corpus y ahora el primer domingo que sigue a esta festividad) en la ofrenda al Santísimo en la
Catedral de L ugo.

Figura 125 . Exposición permanente del Santísimo
F u en t e : https://www.d iocesisdelugo.org/la-indulgencia-plenaria-cotidiana- en - la -catedral- de -lugo/

INTR ODUCCIÓN
97
Esta relación de la ciudad con la Sagrada Forma está reflejada en el escudo de la capital. En él
figuran dos áng eles orantes, sobre nubes, flanqueando un cáliz d e oro con la hostia de plata,
radiante de oro y la divisa « Hoc hic mysteriun fidei firmiter profite rum », que significa Aquí
profesamos firmemente e ste misterio de fe (fig. 126). Todo ello convierte a Lugo en la ciudad
del Sacra mento.

Figura 126 . Actual escudo de la ciudad de Lugo
Fuente:
https://es.wikipedia.org/wiki/Escudo _de_Lugo_(ciudad)#/media/Archivo:Escudo_de_Lugo_(Galicia).svg

El segundo privilegio p apal con e l que cuenta la Catedral de Lugo es el de conceder la
Indulgencia Plenaria, Cotidiana y P erpetua a quienes visi tan al Santísim o, de modo que « l os
fi el es pod rá n ga na r la ind u lg en cia cua lq ui er d ía d el añ o a co nd i ción de q ue c um pl id as l as
co nd ic io ne s ha bi tu ale s, es de ci r, c onf es ió n , com un ió n y or aci ón po r la s int en ci on es del
Su mo Po nt íf ic e », ade má s v is it en « p i ado sam ent e e l S an t ís imo Sa cr am en to exp ue sto
pú bl i cam en te co n el fi n d e a do r arl o du ran te un ad ec ua do es pa cio d e ti em po » (C am po ,
2017). Este privil egio fue concedido por el Papa Pío XI en el año 1860 y sólo se conoce otro
caso en e l mundo equiparable a este, que es el Perdón de Asís desde 1968.
La Catedral fue declarada Patrimonio de la Hum anidad por la Un esco en el año 2015 (fig.
127) (Ramudo, 2021).

Figura 127 . Fachada princi pal y lateral de la Catedral de Lugo
Fuente: Izda.: https://es.wikipedia.org/wiki/ Catedral_de_Lugo#
Dcha.: https://www.civitatis.co m/f/espana/lugo/big/visita -g uiada-lugo.jpg

M ARTA J ATO D ÍAZ
98
1.7.2 Lugo en 1918
La distribución territorial lucense sólo difería de la actual en el número de parroquias. En
aquel momento, su término municipal estaba constitui do por 59 parroquias (5 más que ahora) ,
y estaba integrado «[…] por una población rural mucho mayor que la urbana,
completamente diseminado en una extensión superficial de doscientos ochenta y ocho
kilómetros aproximadamente […]» (fig. 128 ) (sesió n supletoria de 26 de octubre de 1918, p .
14). La provincia, al igual que aho ra , la fo rmaban 64 municipios agrupados en 11 partidos
judiciales.

Figura 128 . Dispersión del término munici pal de Lugo
Fuente: Sesión supletoria del 26.10.1918. Libro de actas de sesiones del ayuntamient o de Lugo, p. 14

En la ciudad, la presenc ia de la muralla «divi de» a los lucenses entre los que viven dentro del
recinto amurallado (en el centro o «dentro d e murallas») y los que lo hacen fuera («fuera de
murallas»). «Dentro» lo hace menos de la mitad d e la población total, de la que una parte vive
en el casco urbano (en e l propio ce ntro de la ciudad) y en su radio (la zona más p róxima al
perímetro interno del monumento) que es básicamente rural. Fu era de la muralla,
práctica mente todo es campo, y huertas con pequeñas viviendas (fig. 1 29), y la parte más
urbana la forman cuatro pequeños barrios de ag rupaciones de casas: S an Roque, Pájaro (en la
zona de la Avenida de La Coruña), Recatelo y Puerta Nueva.

Figura 129 . Vista parcial del Lugo, «fuera de murallas», a principios del siglo XX
Fuente: https://www.rafaeldevega.es/rafael- de -vega- como -medico/

E n la sigui e n te figura, se muestra un magnífico plano de la ciudad de Lugo en 1920 (fig. 130).

INTR ODUCCIÓN
99

Figura 130 . Plano de la ciudad de Lugo. 1920
Fuente: Colección de Julio Reboredo Pazos

M ARTA J ATO D ÍAZ
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Socialmente, en el centro existía una hidalguía que se va incorporando progresivamente a la
burguesía (una nueva clase media acomodada cada vez más relevante) y un proletariado, o
clase obrera, ocupado fu ndamenta lmente, como mano de obra. en las construcc iones públicas
durante el p roce so de modernizac ión d e la ciudad (viviendas, obras de alcantarillado,
creación, ac ondicionamie nto y mantenimiento de jardines, etc.).
Esta clase proletaria tiene ya un cierto grado de organización y está representada por el
Centro Obrero (un sindicado de ideología socialista creado en 1902) y por e l Sindicato
Católico (creado por las fuerzas de derecha y por la Iglesia para contrarrestar al anterior) (fig.
131 ).

Figura 131 . Sindicato Obrero Católico. 1918
Fuente: Colección de Julio Reboredo Pazos

En la zona rural (extrarradio de la ciudad y parroquias limí trofe s) la clase obre ra está
integrada por los labradores y jorna leros del campo.
En los primeros años del siglo XX, en el «centro» viv en las familias más acomodadas y
es lugar en el que se va a situar la industria y el comerc io local.
En la zona más próxima a la parte interna de la muralla y «fuera» de ella (en los barrios más
periféricos y parroquias) lo hacen quienes emigran del campo (desde las aldeas cercanas) a la
ciudad y son quien es van a disputar los pu estos de trabajo a los obreros urbanos. En g eneral,
sus condiciones económ ica s y de vida nada ti enen que v er con las que hay en el centro y,
estas desigualdade s, van a tene r sus consecuencias durante la pandemia.
En el año 1918 Lugo ya es una ciudad moderna. Desde 1882 cu enta con una cárcel de
partido, de sistema circular, construid a por Nemesio Cobreros y con capacidad para unos 100
presos (fig. 132).

INTR ODUCCIÓN
101

Figura 132 . Cárcel de Lugo a princi pios del s. XX
Fuente: https://www.pinterest.es/pin/387450374192042846/

En 1894 se instala el alumbrado público eléctrico, pasando dir ectame nte de los candiles y
quinqués de petróleo al a lumbrado eléctrico sin pasar por e l alumbrado de gas. Desde 1906
cuenta con traída d e agua, aunque l a que se bebe se trae directamente del r ío, se almacena en
un pozo, se bombea al mont e de l as Pías y desde ahí pasa a las tub erías. E n 1913 se inicia el
asfaltado d e las calles (siendo la primera en hacerlo la calle de la Reina) y la construcción de
ja rdines. En 1915 comienza a funcionar el servicio de carr ozas , o coches fúnebre s, en los
entierros, tras haber sacado a concurso el año anter ior « el concurso para la construcción de 4
carruages fúnebres con destino al transporte de cadáveres ». De este mo do el ayuntamiento
contaba con 1 coche de primera clase, 1 de segunda, 1 de tercera y 1 p ara p árvu los que estaba
esmaltado e n color blanc o (Saave dra, 2004) . En 1916 finali zan las obra s del nuevo mercado
municipal (situado frente a la plaza de abastos) y en 1917 se inaugura el nuevo Campo de la
Feria (uno de los más modernos de España) y se inst ala el teléfono urbano cuyo abono
mensual costaba 4 pesetas para los particulares y 10 para los cafés y rest aura ntes. El parque
móvil de la ciudad estaba constituido por unos cien c oches y unas 12 motos.
Pero aun siendo una ciudad moderna, en el centro también hay desiguald ades. Mientr as
en todo e l entorno del Ayunta miento las calles están as faltada s, iluminadas y con espacios
ajardinados, como y a hemos apuntado, en las calles más próximas al perí metro interior de la
muralla, los adelantos no son tantos y en zonas como la Tinería, la Plaza del Campo, la Rúa
Nova, Nóreas o la calle del Sol (actual San Froil án) ni las viviendas ni las calles están en las
mejores condicione s, algo que también se dejará sentir durante la epidemia.
Durante el año 1918, en Lugo, al igual que en el resto de ciudades españolas, los grandes
problemas van a estar c entrados en dos áreas: sanidad y economía. En materia sanitaria la
epidemia gripal llevará el lut o y el hambre a muchos hogares lucenses, dejando a muchos
niños huérfanos y a mu chas f amilias sin un padre que pueda aportar el sustento para vivi r. Y,
en materia económica, será la escasez de subsistencias y el encarecimiento de los productos
de primera n ecesidad lo que marcará el día a dí a de los lucenses desem bocando, en v ar ias
ocasiones, en disturbio s con e pisodios violentos en la calle, as altos de comercios,
manifestaciones y huelgas.
El problema ligado a los productos de primera necesidad es común a todo el país. En los
últ im o s meses de la gu erra la crisis de los alimento s es mayor que cuando se inició el

M ARTA J ATO D ÍAZ
102
conflicto, aunque la rea lidad es que l a actividad productiva era m ás alta que antes . S e
sembraba y recogía más trigo, ce bada, centeno y demás cereales. La explotación y producción
de carbón se había intensificado, las fáb ricas de hilados y tejidos también habían aumentado
su manufactura y lo mis mo ocurría con el cobre, estaño, manganeso, plom o, etc. Sin embargo,
los alimentos alcanzaban pre cios desorbitados y todo se había encarecido: el vestido, los
materiales de c onstruc ción, lo alquileres, … La vida de la clase trabajadora se hacía cada vez
más difícil. Los salarios a pesar de que subían, n o lo hacían en l a misma proporción qu e lo
hacía e l resto de las cosas y esto estaba llevando a las familias a una situación de miseri a.
Pero entonces, la pregun ta es: si la producción era mucho mayo r, ¿por q ué la vida era
más cara y cada vez más difícil para los ciudadanos? La razón principal residí a en la escasez
de im portac iones. Antes se traían a España artícul os que ahora ya no podí a n venir. Cada país
beligerante absorbía su p roduc ción (y la d e los países vecinos), no exportaban prácticamente
nada y lo poco que salía de sus fr onteras lo hacía a unos prec ios muy elevados.
Por todo ello España, con una posi ción neutral en el conflicto, se había convertido en un
país exclusivamente de exportación, para las naciones de ambos bandos, una actividad qu e se
hacía sin estudio previo y sin ningún tipo de control y que estaba sirviendo para enriquecer a
unas cuantas docenas de españoles, pero con el peligro de arruinar al resto. C ada uno trataba
de obtener el mayor b eneficio posible y la vida para los jornaleros y clases medias que vivían
de un sueldo se estaba haciendo im posible. Ni los esfuerz os de la Comi saría General de
Su bsistencias ni de lo s gobernadores civiles l ograron poner freno a la codicia de los
abastecedore s, productor es e intermediarios. Se ocultaron alimentos, pero no se abarataron y
en una situación así sólo se podían producir dos cosas: un aum ento exagerado en el precio de
los productos o una carencia absoluta de ellos.
En la ciudad lu cense el encarecimiento constante y desproporcionado de los alimentos
hizo que en los mercados reinase la anarquía a la hora de compra r los prod uctos. Para evitarlo
la Junta P rovincial d e Su bsistencias, en novi embre de 1917, acordó regular los precios de los
artículos de primera necesidad, espe cialmente d e aquellos « de consumo di ario y forz oso » (La
cuestión de l día. L as subsist enc ias en Lugo, 24 de noviembre). Pero a pes ar de este acuerdo,
los problema s c ontinuaron y esto hizo que se intensificase la vigilancia y control en el
mercado municipal para que se cumplieran los precios establecidos y evitar que se adulterasen
los productos y/o su peso. También se exigi ó a los come rc iantes que declarasen sus
existencias para que, d esde la comisaría d e abastos, se pudiera elaborar un plan de
abastecimiento general para la ciudad. El propio alcalde estuvo especialmente preoc upado por
los inconvenientes en lo s suministros y celebró largas r euniones con los proveed ores de los
productos más necesarios para la pobl ac ión (D e subsistencias. Una circular, 26 de enero; En
el ayuntamiento 26 de e nero)
Paradójicamente Lugo s urtía los mercados de carne de Madrid y Barcelona, pero en el
mercado local este artículo escaseaba y no era suficiente para abastecer a la población.
Además, su precio subió de mane ra importante lo que c reó gran m alestar entre los ciudadanos
(Seguimos sin carne , 14 de mayo ). Todos estos problemas trajer on como consecuenc ia la
producción de importantes altercados en la ciudad en tr es ocasiones a lo la rgo de 1918: el 25
de agosto, el 19 de octu bre y el 30 de noviemb re, en los que la g ente que peor lo estaba
pasando salió a las calles para hac er visible su estado de profundo males tar y reivindi car su
derec ho a comer. D el mismo modo, a finales de ese año y en los primeros meses de 1919 ,
práctica mente todos los sectores de tr aba jadores fueron a la huelga para exigir un aumento de
los salarios que pe rmitiesen a las familias hacer f re nte a l aumento continu o e injusti fica do de
l os pre c ios e n todos los artículos.

INTR ODUCCIÓN
103
Otro problema importante en la ciudad, pero de menor alcance, fue el de la escasez de
gasolina que provocó, en muchas ocasiones, alteraciones en los recorridos y servicios de las
líneas de los automóviles, del correo, de los viajeros o del comercio (La falt a de gasolina, 18
de enero). Uno de los e fectos que produjo en los transportes fue la substit uc ión del automóvil
que transportaba el corre o de Lugo a Ch antada p or un carro tirado por un a caba llería, lo que
provocaba qu e se tardase 2 días en recorrer es e tr ayec to ( Las subsistencias y los transportes.
El correo de Chantad a, 22 de enero). Para intentar minimizar las consecuencias, que estab a
produciendo la escasez de combustible, se ac ordó proporcionar bencina sól o a los servicios de
carácter público indisp ensa bles y urgentes, es decir, a los automóviles de línea que
transportaran, al mismo tiempo, correspondencia y viajeros (Lugo en el Congreso. El
conflicto de la ga solina, 14 de abril ). Las dific ultades con los combustibles persistier on
durante todo el año y di eron lugar a muchos problemas re lacionados con las labore s agrí colas,
la entrega del correo, et c. S in embargo, en el mes de diciembre se publi c ó un Real Decreto
por el que se autorizaba la libre venta de gasolina y substitutivos oficial es a los prec ios de
tasa, a la ve z que se dict aron normas para evitar el acaparamiento y que los servicios públicos
pudieran quedar de satend idos ( Ay er y hoy, 16 de diciembre; La gasolina, 17 de diciembre ).
Se autorizó a las fábricas o refinerías de petróleo para que pudieran poner a la venta todo
el sustitutivo que estuviera fabricado y se fijó el consumo total de gas olina para el mes
diciembre en un mill ón de litros. De este modo a finales de 1918 había ya gas olina suficiente
para e l abastecimiento del país (La libre venta de gasolina, 18 de diciembre ).
Una de las grandes deficiencias importantes a la que Lugo s e enfrentaba diariamente era
el transporte por ferrocarril. Se carecía de una bu ena infraestructura y los servicios que había
eran muy imperfec tos, esca sos y siempre con retrasos que, a vec e s, llegaban a s er muy
importantes y originaban grandes tra stornos en las ll ega das de pasajeros, correo y mercancías.
Los retrasos en la ll ega da de los trenes era ya u na consta nte, que se a rrastraba desde 1916
y que se mantendría a lo largo de los años. No había una explicación que l o pudiese justificar
porque ni un a sola de las estaciones fun c ionaban con normalidad. El trayecto entre La C oruña
y Lugo de 117 kil ómetros, que debía recorrerse en cuatro horas y media, el tren tardaba en
hacerlo 6, 7 y hasta 9 hor a s. El tren mixto directo entre M a drid y La Coruña podía ta rda r entre
35 y 40 horas, cuando debería hacerse en 20. Este pésimo funcionamiento ferr oviario acarreó,
durante mucho tiempo, grandes perjuicios a los usuarios de este medio de transporte y dio
origen a algún chiste (fig . 133) (Los tre nes a Galicia. Abusos incalificables, 21 de diciembre).

Figura 133 . Viñeta humorística a propósito del retraso de lo s trenes a Galicia
Fuente: La Voz de Galicia , 07.03.19, p. 1

M ARTA J ATO D ÍAZ
104
A continuación, desc ribiremos aspec tos un poco más concre tos de cómo era ese Lugo de
1918, al que un asesino ult ramic roscópico visitó desde mayo de 1918 hasta mayo de 1919,
llevando el luto a muchos de sus hogares.
Como en todas las ciu dades había una serie d e personas cuya opinió n, bien por su
posición económica, soc ial o laboral, era tenida en cu enta a la ho ra de tomar decisiones
importantes. En ese año las principales autoridades, y algunas de estas personas más
destacadas o influyentes, eran (tabla 2 ):

Tabla 2. A utori dades y personas más influyentes de la ciudad en 1918

Alcalde

D. Ángel López Pérez

Teniente de alcalde

D. Antonio Pardo y Pardo *

Secretari o

D. Carlos Pardo Pallín**

Gobernad or civil

D. Enrique Alberola Serra***

Gobernad or militar

Coronel Cosgaya

Inspector de trabajo

D. Jesús López del Amo

Obis po

D. Manuel Basulto Jiménez

Director del Hospital

D. Rafael de Vega Barre ra

Presidente del Colegio Médi co

D. Serafín Sal Otero

Subdelegado de Medicina

D. Carlos Iglesias Fariña

Presidente del Colegio Farmacéutico

D. Tomás Pérez Varela

Subdelegado de Farmacia

D. Salvador Castro Freire

Presidente de la Diputación

D. José Benito Pardo Rodrígue z

Inspector provin cial de s anid ad

D. Emilio Fernández Domínguez

Inspector provin cial de higiene p ecuaria

D. José García Armendaritz

Presidente del Casino

D. Rodrigo de la Peña

Presidente del Círculo de las Artes

D. Purificación de Cora y Más Villafuente

Director del Instituto General y Técni co

D. Salvador Velayos González

Directora de la Escuela Normal de Maes tras

Dña. Carmen Pardo Losada

Rector del Se minario

D. Teolindo Gallego González

Presidente de la Audiencia Provincial

D. Gualberto Ulloa Fernández

Presidente de la Cámara de Comercio

D. Jesús Bal Roca

Presidente del Centro Obre ro

D. Emilio López Lamas

Director del diario El Regional

D. Benigno Varela Pérez

Director del diario La Idea M oderna

D. José Vega Blanco

Director del diario El Norte de Galicia

D. Juan Manuel Pardo y Pardo Montenegro

Director del diario El Progreso

D. Antonio de Cora Sabater

Director del diario La Voz de la Verd ad

D. Jesús de Cora Lira // D. Antonio Cedrón Grandas

*También propietario del periódic o El Norte de Galicia
** Fue compañero de A. Pérez Lujín en la Facul tad de Derecho de la USC y aparec e reflejado en el personaje d e
Jesús Samoeiro y Torviscón en la novela La Casa de la Troya de 1915
*** Hub o varios cambios durante 1918 - 1919
Fuente: Elaboración propia

▪ En el ámbito político:
A. / A nivel municipal: tras las e lecciones celebradas en noviembre de 1917, el día 1 de
e ne ro de 191 8 se constituye la nueva Corporación Municipal en la que es elegido alcalde, por
u na nim idad, D. Áng el López P érez (fig. 134 ) y toman posesión 22 conc ejale s. Ad emás, se

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designan 6 tenientes de alcalde y 2 síndicos y se fija fecha y hora para la celebra ción de las
sesiones plenarias que serán los jueves a las 12, para las sesiones ordinarias, y los sábados a la
misma hora para las supletorias (S esión inaugural de 1 de e nero de 1918, p. 17; En e l
ayuntamiento. La sesión de constitución, 3 de enero,).
No era la primera vez, n i sería la última, que D. Ángel tomaba el bastón de mando de l a
ciudad, pues ya había si do alcalde con anterioridad en dos ocasiones y lo volvería a ser en
1927 hasta la proc lamaci ón de la República en 1931.

Figura 134 . Arriba: Fotografía de D. Ángel López Pérez . Abajo: Su firma
Fuente: Arriba: Tomada d e Reboredo, 2022
Abajo: Tomada del Libro de Actas de sesiones del Ayuntamien to de Lugo

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Dos días después, el tres de enero, se constituyen en el Ayuntamiento (fig. 135 ) las trece
comisiones permanentes de gobierno: aba stos, alumbrado, beneficencia, ce menterios y
servicios fúnebres, empadronamiento y elecciones, hacienda, higiene y salubridad, gobierno
interior, instrucc ión pública , música, obra s públicas y jardines, policía rural y poli cía urbana e
incendios (Sesión ordinaria de 3 de e nero de 1918, pp. 19 -20).

Figura 135 . Edificio del Ayuntamiento de Lugo
Fuente : Fotografía de Constanti no Rodríguez. En: Cao, 1929

D. Ángel dio una estabilidad política a Lugo nunca antes ni d espués vista. B ajo sus mandatos
aunó los esfuerzos de todos los partidos p ara cre ar una ciudad bonita y moderna, basada en el
higienismo. Fue un alcal de único y excepcional, cuya fama se extendió rápidamente por todo
el país. El 6 de junio de 1917 en el diario La Cor respondenc ia de Españ a, en su página 3, le
apodaron por ello como « la mosca blanca » y, en palabras de D. Narciso Correal, convirtió
« un pueblo anti guo pre cintado por murallas » en « una ciudad histórica qu e mira de frente al
porvenir ». Prueba de su fama y reconocimiento es esta poesía apa re cida en el dia rio El
Progreso en el año 1927 (fig. 136).

Figura 136 . Poesía en alabanza al alcalde López Pérez
Fuente: El Progreso , 22.06.1927, p . 1

INTR ODUCCIÓN
107
B. / A nivel provincial:
B.1.- Gobierno Civil: En el mes de abril de 1918, Enrique Alberola Serra, procedente de
Baleare s (El nuevo gober nador, 26 de abril), es nombrado nuevo gobernador civil de Lugo (en
substitución del médico compostelano Casimiro Torre Sánch ez -Somoz a) y ya se incorpora en
la nueva sede del o rganismo ubic ada en la calle Emilio Castelar (Del go bierno civil. Nueva
casa, 15 de enero). El Sr. Alberola será quien esté al frente de la Junta Provincial de S anidad
durante los peores meses de la epidemia.
Los primeros años del siglo XX fueron, política mente, muy convulsos e n España. Hubo
varios cambios de gobierno y cada uno de esos cambios llevaba consigo la dim isión de un
gobernador y el nombrami ento de otro. De este modo, en n oviembre el Sr. Alberola dim ite y
Gualberto Ulloa, preside nte de la Audiencia Prov incial, asume el cargo de forma interina. Un
par de días d espués Eu menio Alonso González (amigo personal del S r. García Pri eto) (Por
telégrafo. Para Lugo, 8 de noviembre) es nombrado como nuevo gobernador, pero no tom ará
posesión hasta el 1 diciembre. Unos 15 días después el Sr. Alonso dimitirá, quedando
nuevamente en el pue sto el Sr. Ulloa. El día 13 de dicie mbre se nombra a Julio Gonzá lez
Hontoria, (ex al calde de Jerez de la Frontera y gra n amigo d el presidente del go bierno, Sr.
Conde de R omanones) (A yer y hoy, 14 de diciembre ) quien accederá al cargo el día 26 de es e
mes. En abril de 1919, el Sr. González de ja rá su pue sto y se nombra a F rancisco Rentero
Rentero, que será gobernador civil ya hasta el mes de julio (fig. 137 ).

Figura 137 . Esquema con los distintos gobernadores civiles de Lugo (mayo/18 - mayo/19)
Fuente: Autoría propia

B.2.- Diputación provincial: esta entidad se funda en el año 1843 (fig. 138). Sus
obligaciones abarca ban aspectos benéficos, sanitarios, sociales y de comunicaciones.

Figura 138 . Edificio de la Dipu tación Provincial de Lugo
Fuente: Colección de Julio Reboredo Pazos

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108
En el libro Lugo y su Provincia ( Libro de Oro ) de 1929, se recoge que « muchos de sus
servicios son susceptibles de perfeccionamiento y que algunos otros están atendidos de
manera deficiente ». En e l orden b ené fico, « la hospital ización de enfermos realizada en el
actual Hospital municipal de Lugo es muy deficiente por la falta de condiciones higiénico -
sanitarias del edificio » (punto que veremos un poco más adelante); « la Ca sa de Maternidad y
Expósitos actual es verdaderamente de plorable, instalada en un viejo c aserón destartalado,
no es posi ble qu e subsi sta como está, sin avergonzar a la Diputación que la sostien e »;
« carece la Diputación de C asas de Carida d y Asilos, subvencionando y utilizando los
establecimientos de e sta clase existentes en la provincia ».
En el orden cultural, « subvenciona la Escue la d e Artes y Oficios […] y […] da locales
para ella y para la Escuela Normal e Instituto de Segunda Enseñanza» (Cao, 1929).
En 1918, la institución provinc ial estaba presidida por D. José Benito Pardo R odríguez
(fig. 139 ). Era la cuarta vez, desde 1899, que el Sr. Pardo ostentaba e sta presidencia.

Figura 139 . Iz da. : Ret rato de José Benito Pardo Rodríguez . Dcha.: Su firm a
Fuente: Cortesía de la Diputaci ón Pr ovincial

▪ En el ámbito socio - cultural:
Las actividades sociales, culturales y de ocio de los lucenses se desarrollaban
fundamentalmente en tr es espacios: el Círculo de las Artes (fig. 139) el Teatro – Circo (fig.
140 ) y Lugo S alón (fig. 141 ). Existía un cuarto espacio, el Casino, al que acudía la clase más
«selecta» de la ciudad.

1. Círculo de las Artes:
Es una entidad cultural, un centro de recreo, ateneo y casino, qu e nace en 1855 por
iniciativa de medio centenar de lucenses que consti tuyen, ini cialmente , el «Circo-recreo de
Artistas, Comerc iantes y Curiales». Cuatro días d espués de su fundación r ecibirá su nueva y
definitiva denominación: «Círculo de las Artes» ( fig. 1 40). Su primera ubi cación fue en una
casa de la Plaza Mayor, pero ensegui da se qu edó pequeña y el 16 de octubre de 18 95 s e
encarga, al arquitecto Luis Bellido, un proyecto para la construcción de un nuevo edificio
(que es el actual) . La nue va sede, con un coste de 87.000 pes etas, se inauguró oficialmente el
12 de diciembre de 1898 . La entidad ya contaba en ese momento con má s de 400 socios y la
cuota mensual era de una peset a y veinticinco cé ntimos. Desde entonces comienz a a crecer, a
formar parte de la sociedad, y adquiere un nuev o talante ya acorde con l os nuevos ti empos.
A sí, e n 1912 el artículo 5º de su nuevo reglamento establecía que « podrá n asistir al Círculo
l os soc ios, s us mujeres, hijos solt eros y hermanos de los socios que vivan en famil ia y tengan,

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109
por lo menos, trece años ». Y, en el a rtículo 16º recogía que, para ser admitido como socio
permanente era ne cesario, entre otras cosas, « tener hábitos y usar lenguaje propios de una
sociedad culta » (Círculo de las Artes, s. f.)
El Círculo cuenta c on salones de re creo, cafetería, biblioteca, sa las de lectura y billares.
Aquí tienen lugar t ertulias de sobremesa y nocturnas. También en su s salones se va a
amenizar la hora del café con conci ertos de sobr emesa a cargo de la Banda Municipal, v an a
tener lugar los «asaltos» de tarde, los bailes de carnaval, fin de año, San Froilán, etc., en
definitiva, los «bailes d e sociedad». Siempre fue una entidad abier ta a las innovaciones
culturales y así en en ero de 1919, retomará la exhibición de p elículas de cine (qu e h abía
iniciado en 1908 y cesado en 1909 ) con un cinem atógrafo de la casa Gaumond de Paris (Cine
en el Círculo, 11 de febrero). En 1918, el presidente del Círculo d e las Artes es D.
Purificación de Cora y Más Villafue rte.

Figura 140 . Edificio del Círculo de las Art es, a princ ipios del s. XX
Fuente: http://historias desd elugo.blogspot.co m/2021/04/el -circulo- de -las-artes-descarta-pagar.html

En el mes de marzo, en uno de los conc iertos de sobremesa, la banda municipal interpret a La
Canción del Olvido , del maestro Serrano, con su famoso fragmento « Romanza del Soldado de
Nápoles », cuyo tara reo s e extenderá como la pólv ora y su melodía se escuchará a todas horas
por las ca lles. Y, precisamente, será con el nombre de «soldado» o «sold adito de Nápoles»
con el que se conocerá la terrible epidemia que, dos meses después de este concier to, hará su
aparición en España. Se apodaría con este nombre por tres razones p rincipalmente: porque su
melodía era muy «pega diza», porque «difundía fácilmente » y porque «le acompañaba la
muerte» (González, 2003)

2. Teatro – Circo:
En 1896 van a tener lugar dos importantes acontecimientos en la capit al lucense: el
Congreso Eucarístic o y la Exposición Regional. Ante la enorme trascendencia qu e est o
suponía para la ciudad, se propuso l a construcción de un nuevo te atro municipal pues el
e xist e n te, inaugur ado en 1845, ya no reunía las condiciones necesarias para albergar estos
e ve nto s. Así, en 1892 se encarga el p royecto pa ra un nuevo teatro municipal Luis Bellido,
pero no llega a ejecutarse. Por ello, en 1895, se crea una so ciedad d e accionistas con el

M ARTA J ATO D ÍAZ
110
objetivo de construir un Teatro-Circo. Este nuevo proyecto, que cuenta con un presupuesto
inicial de 36.418,10 pe setas, será rea lizado por e l arquitecto municipal Juan Álv arez de
Mendoza, c on la colabor ación de Nemesio Cobreros, y se termina e n enero de 1896.
El nuevo Teatro s e ubica en un solar colindante con la muralla, sit uado al fondo de la
calle Castelar (la que sale hacia la estación del ferrocarril). Se trata de un edificio de estilo
neo-árabe, de planta rectangular y distribuido en 2 pisos (f ig. 141). En la planta baja se sitúan:
la sala (de forma circular) con 226 buta ca s, de la s que 19 estaban destinadas a la orquesta, y
20 palcos principale s (1 4 de 6 asientos y 6 de 4) con antepalco. En el segundo piso: una
delantera de grada con 100 asientos y detr ás 3 gradas con 300 asientos. En ambos extremos
hay un espacio para 80 entradas generales sin asiento. En total tenía una capacidad para
albergar a 800 personas. Durante el año 1919 s e realizan importantes obras de m ejora . Los
palcos de 6 asientos se convierten en palcos d e 4, se adelanta toda la gale ría principal sobre
las plateas (que quedan cubiertas) aumentando el número de localidades en la parte d e arriba,
se hacen pasillos y servicios, se pintan las fachadas y se pon en a ce ras en la explanada de la
entrada (En el Teatro- Ci rco. Refor mas, 24 de abril )
Su inauguración se prod uce el 8 de agosto de 1896 y mantuvo su actividad durante 25
años, en los que se centró principalmente en el teatro, los conci ertos, tanto de artistas en
solitario como de grandes compañías de ópera y zarzuela nacionales e internacio nales, el cine
y toda clase de espectáculos (hipnotismo, variedades, etc.). No fue un lugar habitual para la
celebración de bailes.
El Teatro-Circo fue el escena rio de un hecho hist órico: el 7 de julio de 18 97 , a las nueve
de la noche , acogió la primera proye cc ión cine matográ fica de la ciudad, reprodu ciendo la
cinta titulada El regador regado la primera pel ícula cómica de la histo ria (Arribas, 1995;
Carballo, 1988). Otro gr an acontecimiento celebrado en este lugar fue la actuación, el 27 de
abril de 1919, del rec onocido violinista pontevedrés Manolo Quiroga, acompañado al pi ano
por su esposa Martha Lehman (fig. 139). Quiroga actuó convaleciente todavía de un cuadro
de gripe española qu e había contraído hacía c asi un mes y del que no estaba totalmente
recuperado (De Cora , 19 19).

Figura 141 . Edificio del Teatro-Circo a princi p io s del s. XX
F u en t e : https://cadenaser.co m/galicia/2022/07/08/la-lle gada-del- cine -a- lugo-cum ple- 125 -anos-radio-
lugo/

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3. Lugo Salón:
Está considerado como la primera sala de cine estable de la ciudad. Era un edificio
construido en madera situado fuera de la muralla, en la calle Obispo Aguirr e muy próximo a
la puerta del mismo nombre (fig. 142 ). Fue inaugurado el 14 de junio de 1911 y cerraría sus
puertas a final es de 191 8. En 1912 se decide mejo rar sus inst alaciones y a mpliar su capac idad
llegando a disponer de 800 localidades.
En Lugo Salón se produj o la primera sesión continua, desde las 5 de la tarde hasta las 12
de la noche « coa exhibición de máis de tres mil metros d e película de asuntos cómicos,
dramáticos, de costumes e de v iaxes » (Arribas, 20 06).

Figura 142 . Edificio de Lugo Saló n, a la izquierda
Fuente: Cortesía del Dr. Fernando Arribas

En este lug ar tend ría lugar un import antísimo acontecimiento político -social para G alicia: la
celebración, el 17 de noviembre de 1918, de la I Asamblea Nacion alista de Lugo presidida
por Antón Losada Diéguez y a la que asistieron 63 personas. Previamente, el día 12 de enero,
se constituyó la Irmandade da Fala de Lugo, un acto organizado p or Evaristo C orrea
Calderón, en el Hotel M éndez Núñez, con el que se inicia «de m anera oficial» el movimiento
nacionalista de la provin cia. De est a I Asamblea s alió el Manifiesto Na cionalista, en el que se
define a G alicia como una n ación, se reclama la autonomía integral de Galicia y la
cooficialidad de l gallego (fig. 143).
Al día siguiente, en una habitac ión del Hotel Ménde z Núñez, tendría lugar la segunda
asamblea de la Irmandade da Fala (fig. 144) (L a Ir mandade d a fala en Lug o. Una asamblea y
un mitin , 19 de noviembre ).
Y, el día 24 de noviembre, también en la sede de Lugo S alón, se funda otra organización,
de corte g alleguista: la I rmandade Nazon alista d e Lugo, que encabeza Jesú s C arra cedo ( Unha
Irmandade Nazonalista, 23 de noviembre, p. 2; Pardo-Gil, 2004).

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Figura 143 . Manifesto Nazonalista Figura 144 . Placa si tuada en la fachada del
hotel Méndez Núñez
Fuente: Izda.: Twitter da Asoc iación Cultural Alexandre Bóveda. Dcha.: A utorí a propia

4. Casino:
Estaba situado en un a casa al fondo de la Plaza de España (fig. 145). Había sido fundado
en 1856 y de saparecerá a principios del siglo XX. Al igual que en el Círculo también tenían
lugar bailes de sociedad, de «noche y gala», fin de año, etc., así como recitales poéticos y
otras actividade s culturales. S e podría decir que los socios de esta entida d pertenecían a una
clase un poco «más alta» que los del Círculo.

Figura 145 . Sede del Casino, a la derecha
Fuente: Colección de Julio Reboredo Pazos

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113
En tre estos cuatro espacios discurren, a lo largo del año, las actividades sociales, culturales y
de entretenimiento de la ciudad en el centro de Lugo. Pero también habí a otros loc ales que
acogían actuaciones, sobre todo de tipo musical, como era el caso del Ca fé Moderno, situado
en los soportales de la Plaza de España (fig. 146 ).

Figura 146 . Anuncio del Café Moderno
Fuente: El Progreso , 31.12.18 , p.3

Fuera del casco urbano tenían lugar las romerías populares, como las d e San Román en la
Tolda de Castilla, la de Santiago en las Saamasas, la de San Lázaro e n el Puente o la de San
Lorenzo en Albeiros.
Se celebraban a lo largo de todo un día que c omenzaba con una misa. El resto de la
jornada se dedicaba a comer, con la familia y amigos, y a bailar .
A estas romerías solían acudir las clase s más humi ldes y habitualmente e staban
amenizadas por grupos como « Os Montes » u « Os Celiñas » (fig. 147 ).

Figura 147 . Izda.: Os Montes en 1916. Dcha.: Os Celiñas
Fuente: González, 2014

La ciudad contaba con un magnífico coro, el Orfeón Gallego (fig. 14 8), f undado en 1887 por
el ilustre compositor lucense Juan Montes, y cuyo director era Luis Junquera. Gozaba de g ran
éxito en todos los concursos a los que acudía consigui endo, en muchos de ellos, alzarse con el
primer puesto.

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Figura 148 . Fotografía del Orfeón Gallego en dici embre de 1917
Fuente: Revista Mu n do Gráfico , 05.12.17, p. 22

También con una agrupación musi ca l, vocal e ins trumental, llamada Cánti gas e Aturuxos con
un repertor io basado en la música tra dicional gallega (fig. 149). Esto coro fue fundado en
1915 y participó en los actos culturales más importa ntes de esa époc a, como la actuación en la
I Asamblea N acionalista o la grabación del Himno gallego , en 1918. Su director musi cal er a
el violinista Jesús Rodríguez Ferná ndez (González, 2015 ).

Figura 149 . Fotografía de Cántigas e Aturuxos en diciembre de 1917
Fuente: Revista Mu n do Gráfico , 05.12.17, p. 12

Desde 1875 la ciudad cu enta con una Banda Mun icipal que acompaña en l os actos oficial es a
la Corporación y ameniza los «paseos» los jueve s, domingos y festivos. S u primer dire ctor fue
Juan Montes cuando contaba 29 a ños.
En 1918 comienza a editarse una nueva revista literaria, Juvenilia , dirigida inicialmente
p or Antonio Goy y después por Evaristo Corr ea Calderón. Escrita pa ra un público joven, se
e dit a rá s e ma nalmente, al precio d e 10 céntimos ca da ejemplar (Ayer y hoy, 25 de abril ). En el
m es de oc tub re se constituye la Sociedad Filarmónica Lucense. Nace, gracias a la iniciativa de

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115
Antonio Montenegro y Antonio Martí, con el propósit o de ofrecer conciertos y trabajar en pro
de la cultura musical de la ciudad de Lugo. Alguno de los puntos que recogía su reglamento
son:
- La cuota me nsual será de 2 pesetas.
- Los músicos profesionales abonará n la mitad de la cuota.
- La sociedad acordará la federación con varias filarmónicas españolas, facilitan do de este
modo a sus socios la asistencia a los conciertos que se celebren en otras ciudades.
- Se promoverán concursos, conferencias y todas aquellas actividades que sirvan pa ra
aumentar la cultura musica l (Nueva sociedad. La Filarmónica Lucense, 14 de octubre)
Tras varios años sin hacerlo, se reúne la Comisión Provincial de Monumentos, cuyo
presidente era el Gober nador Civil y el secretario D. Manuel Amo r Meilán (Comisión de
monumentos, 14 de mayo ).

▪ En el ámbito sanitario:
A. / Colegios profesionales, médico y farmacéutico:
El Colegio Médico de Lugo se constituye el 21 de a gosto de 1899. El 30 de enero de
1918 se celebra una as amblea en la que se dicta el reglamento por el que ha de regirse el
Colegio Oficial de Médicos de la Provincia de Lugo y se nombra a la junta directiva, que
estará p residida por el Dr. Serafín Sal Otero (fig. 150). Le acompañan como vicepresidente
Carlos Iglesias Fariña, como tesorero Germán Alonso Hortas, como contador José P ardo
Alfonso y como secr etario Honorio Manso R odríguez. T ambién se eli gen once vocales
repre sentando a los dist intos partidos de la pro vincia (Constitución del Colegio Médico
Provincial, 31 de enero).
La sede d el Colegio estaba ubicada en el bajo número 12 de la c alle del Castillo y su
alquiler costaba 25 p esetas mensuales. Su mobiliario estaba formado por una docena de
bancos de madera de pin o, una mesa y seis sillas. El persona l estaba constituido únicamente
por un conserje-escribiente que percibía un sueldo mensual de 15 pese tas.
La cuota c olegial era de 6 pe setas al año, cantidad que , en 1919, s e duplicaría pasando a
ser de 12 pe setas (Colegi o Oficial de Mé dicos de Lugo, s. f.).

Figura 150 . Izda.: Dr. Serafín Sal. Dcha.: Sello del C.O.M
Fuente: Cortesía del COM

P or su parte, el 28 de f ebrero, los farmacéuticos también celebran una as amblea en la que se
a prue b a su reglame nto y se procede al nombramiento de su junta directiva, que qu eda

M ARTA J ATO D ÍAZ
116
formada por Tomás Pérez Varela como pr esidente (fig. 151 ), Julio I glesias Fariña como
secre t ario, Carlos Alonso Hortas como tesorero, además de por un contador y 3 vocales
(Asamblea farmacé utica, 1 de marzo ).

Figura 151 . Izda.: Sr. Pérez Valera. Dcha.: Sello del C.O.F.
Fuente: Cortesía del C.O.F

B. / Servicios sanitarios:
Los servicios sanitarios para dar cobertura a la ciudad lo formaban el hospital municipal,
la casa de so corr o y un s ana torio privado propiedad del Dr. Rafael de Vega Barrera (director
del Hospital municipal).

B. 1.- El Hospital municipal ocupaba, desde diciembre de 1873, un edificio sit uado en l a
plaza del mismo nombre, en el centro de la ciudad. Dicho edificio había sido construido en el
año 1329 y en él había estado el convento de Sa nto Domingo hasta la desamortización de
1836 (figuras 152 a 15 6 ). Los enfermos son trasladados a este inm ueble tras e l ince ndio
sufrido en el a ntiguo Hospital de San Bartolo mé, cuyas instalac iones ya no reunían las
condiciones adecua das p ara servir como centro sanitario.
En principio, estaba previsto que esta ubica ción fuera temporal, pero el hospital
permanecerá ahí hasta 1930, fec ha en la que se inaugura el nuevo centro hospitalario de la
ciudad. En palabras del farmacéutico Salv ador Castro Freire, el ahora hospi tal, estaba
instalado en la planta principal del destartalado convento, en la parte posterio r de su iglesia, al
que se accedía por un callejón sin salida, indecente y angosto que servía como depósito de
barre duras. En definitiva, los enfermos salían de una cochiquera para entrar e n otra (Castro
Freire, 1951).
Actuaba como hospital civil (municipal y provincial) y militar y su g estión dependía de la
Junta Municipal de Beneficencia (Regueiro, 2016 ). A nivel civil, y a cargo de la Diputación,
se asistía a enfermos d e medicina, cirugía, enfermos mentales e internos de la cárcel y , a
cargo del Ayunta miento, a hombre s y mujeres p obre s. Los pacientes po dían proceder tanto
del partido judicial de Lugo, como de fuera del mi smo.
Desde 1882, las Hermanas de la C arida d eran las enca rgadas de su administración y de la
asistencia a los enfe rmos y, desde el 10 de junio de 1916, su dire ctor fue el Dr. Rafael de
Vega Barrera.

INTR ODUCCIÓN
117

Figura 152 . Situación del Convento de Santo Domingo. Izda.: en 1918 ; dcha.: en la actualidad
Fuente: Izda.: Colección de Julio Reboredo Pazos. Dch a. : Google earth

Figura 153 . Sello del hospital municipal en 1918
Fuente: Sig. 26816, l eg. 234. AHPLu

Figura 154 . Iz d a.: Ub icació n d el Hospital mun icipal en el Convento de Santo Dom ingo en 1918
Fuente: Colección de Julio Reboredo Pazos. Dch a.: Google earth

M ARTA J ATO D ÍAZ
118

Figura 155 . Plaza de Santo Do mingo . Izda.: Fachada del Convento en 1918 . Dcha.: en 1950
Fuente: Izda.: Colección de Julio Reboredo Pazos. Dcha.: En: Sempre en Lu go

Figura 156 . Vista actual del Convento. Izda.: Fachada; Dch a.: Parte p os terior
Fuente: Izda.: Concello de Lugo. Dcha.: Colección de Julio Reboredo Pazos

Antes de que el Dr. V ega llegase a Lugo, y se hi ciese cargo de la Direcci ón del Hospital , ya
hubo voces que clamaron por un nuevo centro hospitalario en la ciudad, pues era d e domi nio
público que este no reunía ninguna de las condiciones más básica s que se exigían para este
tipo de estable cimientos. El 10 de mayo de 1909 en la sesión del pleno municipal, bajo la
presidencia de D. Áng el López Pérez, se lee un comunicado del gobernador, que transc ribe un
informe del inspec tor de s anidad sobre el Hospital. En su visita,

Ha sacado una impresión tristísima por las deficienc ias que de él se obser van
de todo cuanto afecta á la higiene pública en los Hospitale s y que representa
un marcado y censurabl e atraso en todo lo que la ciencia enseña y aun de
mucho que á la cultura social afecta. No m e detendré á demostra r la necesidad
de un nuevo Hospi tal cuya construcci ón será má s fácil empezar si el piados o
pueblo de Lugo se penet ras e bien de l a s inhumanitaria s condicion es en que se
encuentra e l actual […].
[…] en el Hospital de Lugo tanto las sal as de hombres como de mujeres
contienen enfermos de medicina y cirujía […]. […] al no di spo ner el Hospital
de sala de operaciones se opera á las mu jeres en medio de la sala que les
corresponde y de igual modo se opera á l o s hombres en la suya . Horroriza
pensar el crimen de lesa humanidad que r esult a de operar á las m uj eres en

INTR ODUCCIÓN
119
medio de o tras que esperan una operación y aún en medio de las enferm as
débiles, nerv iosas y esci tables […]. […] Entre las enf e rmerías que existen hay
una destina da á hombre, la sal a d e San Antonio, que solo recibe luz cenital si n
otra vent ilación y que constituye otras de las vergüen zas de este desg raciado
hospital. No basta que los enfermos y enfermas de afecciones i nte rnas sigan
con la n atural repugnanci a la v ista de las curas hechas á sus v ecinos no
siempre con arreglo á las exigenc ias de la m od erna cirujía y po r lo t an to
propensa á produc ir ol o res repugnantes y otras consecuencias aun mas graves
[…].
[…] l os retretes están tan cercanos á las salas y son de f orma tan primitiv a
que constituyen o tra de las m ayores defici encias y cuya r eforma se h ace
indispensab le (Ac tas de p lenos municipales de 190 9. A HPLu, A AL, sign.
7989-2, pp. 83-84 )

El día 31 de mar zo de 1910, se prese nta un escrito en el Ayuntamiento con una serie de
propuestas para la mejora del Hospital. Entre e llas s e pide que :

El Ayuntamiento acuerde la construcción de un retrete en el Hospita l, por
cuanto e xiste uno so lo para el se rvicio de homb res, y este que carece d e
condiciones higiénicas, está situado en el extre mo de una sala por la cuál
tienen que pasar forzo samente los enfermos de l as ot ras […]. […] que en lo
sucesivo se continue invirtiendo dicho ahorro en la limpieza é higienizac ión
de la alcantarilla qu e existe en la parte po sterior del edifi cio, debien do
prohibirse además que de las huertas colindantes se tiren es comb ros ni
malezas al pie de l o s muros del edificio […]. […] que se adquiera una mesa
de operaciones de l a cual s e carece en absoluto […] (Actas de plenos
municipales d e 1910. AHP Lu, AA L, sign. 7989-3, pp. 77- 78).

El Dr. Jesús Rodríguez López fue otra de las personas que expusieron la ne cesidad de
construir un nu evo hospi tal en la ciudad. En febrero de 1916, en el diario E l Regional escribía
« Ante la gran necesidad de un hospi tal municipal o provincial que tiene Lugo, en vista de las
malísimas condiciones higiénicas del que aguantamos, parece que vuelve a despertar la idea
de construir uno […]» (Rodríguez López , 1916).
Cuando el Dr. Veg a, qu e era cirujano, llegó a Lugo se encontró con un hospital en las
condiciones que h emos descrito y que además car ec ía de un a parte quirúrg ica, « pues no había
ni una mala sala de operaciones donde poder operar ni aún los casos más sencillos ni que
menos precauciones de a sepsia necesitasen». Se e ntrevistó con el alcalde y 9 días después se
ordenó la realización d e una sala de op eraciones ( que en dos meses estaría concluida) con u n
pequeño cuarto ane xo de stinado a sala de esterilización y curas.
Como director, elaboraba una memoria anual, con el resumen de las actividades del
centro, subr ayando los puntos sobre los que creía que era ne ce sario actuar pa ra conseguir
mejorar la asistencia san itaria de los enfermos. En la memoria correspondiente al año 1917
(fig. 157 ), en relación con la nueva sala de operaciones, relata lo siguiente:

La sala, nada m ás que pasable, es amplia, con l uz lateral que recibe por un
balcón y cenital por una amplia vidriera, el suelo es baldosín y las paredes
hasta dos metros de az u lejo, y el resto, así como el techo, pintado al aceite;
todos los ángulos están redondeados. El m ob iliario está for mado po r una mes a
de operaciones, tres mesitas étagère, dos soportes porta-botes y palanganas y
un porta-irrigador es, más un lavabo adosado a la par ed. La calefacción est á
sostenida po r una estufa de carbón.

M ARTA J ATO D ÍAZ
120
En la s ala de cu ras y est erilización está si tuado el autocl ave y demás
aparatos para la esteri lización del m a terial, así como la vitrina con el esca so
material que cuenta el hos pital. Sirve además pa ra sala de curas, tanto de los
enfermos del ho spital co mo de los que vienen a la casa de socorro.

Y respecto a las demás estancias del hospital y a los enfermos continúa diciendo:

En las salas del hospi tal no se hizo ninguna reforma, pues dada su ca p acidad ,
cubicación y demás condiciones no son capac es de ni nguna refor ma, pues
serían inútiles cuanto s gastos se intentasen, dada s l a s condiciones tan
deficientes que reúnen. En el mes de noviembre se terminó de arreglar un
cuarto para los médicos y practicantes de guardia y éstas empezaron a
establecerse d esde el 1º de novie mbre.
El actua l Hosp ital de Lugo se reduce a una s ala de operacion es regu lar y a
unas salas de enfermos (pues de algún modo las hemos de llamar) que m á s
bien son cuartos grandes de una casa vieja y, co mo todos los caserones vi e jos,
antihigiénico s, bajos de t e chos, sucios e imposibles de limpieza, ni de reforma
útil ni práctica. Y, en este caserón se albergan de 140 a 150 enfermos, que lo
primero qu e necesitan pa ra curar es estar en bu enas condiciones hi giénicas.
El actual Hospital de Lugo es un verdadero crimen soc ial, pues lejos de ser
un alberg ue p ara que el enfermo cu re o aliv ie sus dolencias, es un foco que l e
expone a llev arse alguna otra enfermedad más de la que tr aía.
Dadas las condiciones de distribuc ión de las distin tas salas del Hospi tal, e l
aislamiento prácticamen te es i mposible, y a l no pode r aislar a los enfermos
infecto-conta giosos, que n ecesariamen te tiene que ingres ar en el Hosp ital,
todos los de más es tán expuestos a la s enfermedades contagiosas que haya en
el establecimien to, así q ue en mayor o menor grado todo enfe rmo ingresado
tiene una expo sición al contagio d e todos los demás enfermos […].
[…] Lo s enfermos se clasif ican en dos categorías: enfermos de Medic ina y
enfermos de Cirugía. Además, hay o tras do s pequeñ as salas de e nfer mos, de
Sifilografía y Dementes. Los enfermos de Medicina están distribuidos en dos
salas: la d e S an Roq ue par a mujere s y l a del Sagrado Corazón de Je s ús par a
hombres. Los enfermos de Cirugía están distribuidos e n cuatro salas: la d e San
José, San Juan y San Barto lomé para ho mbres y l a de S an Rafael para
mujeres. Las sa las carec en de ven tilación, luz y sol.
De los enfermos d e Cirugía, unos ingresan para sufrir operac ión y otros
para aplica rles otr os tratamien tos. Éstos últimos, los enfermos con afeccio nes
quirúrgica s que no nece sitan operación se dividen en dos grupos: traumát icos
y no traumá ticos.
[…] El Hospi tal carece d e Rayos X, lo que casi parec e un cuento, pu es no
se explica c ómo puede haber Hosp ital, por pequeño que sea, que carezca de
este medio de diagnós tico, que es el más necesar io en casi t odo s los casos ,
pues para fines terapéut icos se neces itan instal aciones más cos tosas […].
[…] Carec e también de todo Laborat orio y po r no haber no hay un
mediano micro scopio para hac e r los más elemen tales análisis bact eriológicos ,
como son los exámenes de esputos, exudados y secrec iones que tan pocos
elementos req uieren [… ].
Algunos de los exámenes son hechos habitual mente por el Sr. Armendari tz
[de anatomí a patológic a] y el farmacéut ico Sr. Pérez Menéndez [orina y jugo
gástrico] (De Veg a, 1917).

INTR ODUCCIÓN
121

Figura 157 . Portada y primera página de la memo ria del Hospital de Lugo del año 1917
Fuente: A uto ría propia. Cortesía de Santos de Vega Villa

En 1918, el hospital co ntaba con una plantilla de personal integrada p or 18 personas: un
director, un subdirector, dos médicos auxiliar es, dos practica ntes, dos enfermeros, 9
Hermana s de la Caridad, un capellán que también hacía labores de contabili dad , y un po rtero
(tabla 2 ).

Tabla 3. Relación del personal del hospital y su salario en 1918

Cargo

Número

Nombre

Salario

DIRECTOR

1

D. Rafae l de Vega B arrera

5.000 pts./año + 200 pts. de paga ext raor dinari a

SUBDIRECTO R

1

D. Marce lino de la Fuente Ce la

1.800 pts./año + 150 pts. de paga ext raor dinari a

MÉDICO AUX ILIAR*

2

D. José Lomas Díaz

1.300 pts./año

D. Pedro d el Río Miranda**

PRACTICANTE

2

D. José Triviño Díaz

999 pts./año

D. Juan Ló pez Gandoy

ENFERMERO

2

1,25 pts./día [+ d erecho a una manut enció n]

HERMANAS D E LA CARID AD

9
[8 + Superi ora]

Sor Carmen B allest er

1,25 pts./día [+ 10 pts./mes para ve stido, c alzado
y otros gastos parti culares]

CAPELLÁN

1

D. José Castedo G onzález***

999 pts./año

PORTERO

1

D. Juan R odríguez Cast ro

*En 1919 entraría también a formar parte del cuadro médico D. Manuel Pardo Valiña
**En enero de 1919 lo substituirá D. Jesús Latas Folgueira
***En enero de 1919 será substituido por D. Andrés López Arias
Fuente: Elaboración propia a partir del presupuesto para 1918 del hospital. Sig n. 859, leg. 730.
AHP Lu y Libro de actas del Ayu ntamiento de 1918

M ARTA J ATO D ÍAZ
122
Y su dotación, en mobiliario, era la sigui ente (Relación detallada y valora da del mobiliario.
Legajo 188, s ig n. 855-3. AHPLu):

- 120 camas de hierro - 1 reloj regulador
- 120 mesitas de noche - 1 reloj de pesas antiguo
- 6 mesitas de diferentes tamaños - 1 báscula
- 68 jergones metá licos - 1 romana
- 60 jergones de paja - 3 aguamaniles
- 101 colchones de lana - 4 sillas de re trete con bacín
- 266 almohadas de lana - 2 bañeras de z inc
- 180 mantas de lana - 2 bañeras de a siento
- 20 mantas de a lgodón - 2 bañeras de pie
- 2 camillas para transporte interno - 8 coloríferos
- 2 camillas para transporte externo - 2 calenta dores
- 40 sillas - 2 braseros
- 8 armarios de diferentes tamaños - 2 lavabos
- 1 cómoda - 2 mesas de escritorio
- 3 veladore s - 2 escribanías y bad es
- 1 reloj de c uadro - 2 atanor es

A lo largo de ese a ño, el edificio de Santo Domingo no sólo albergaba el hospital, sino que
también se utili za ba como propio convento de monjas, como escue la pública, como parque de
bomberos y como cua dras de la iglesia.
La siguiente memoria del hospi tal, a la que hemo s podido tener acceso, es un documento
conjunto que abarca los años 1921, 1922 y 1923 (fig. 15 8). En ella el Dr. Vega Barrera incid e,
con más detalle, en el lamentable estado en que se encuentra el edificio:

El edificio donde está insta lado el actual Hospital de Lugo, es un caserón viejo,
antiguo convento, con varias habitac iones destartalad as, sin ventilac ión
suficiente y con una orientac ión desas trosa, por estar orientadas al No rte en
comunicación sus huecos con los pat ios y cuadras de la p arte posterior de la s
casas de la c alle de San Marcos.
La sección de Cirug ía, consta de cuatro salas, tres para hombres y una para
mujeres. Esta s salas son, la Sala de San José con 16 camas, la de San Antonio
con 12 y l a de San Ba rtol omé con 20 camas. La p ri mera reune condiciones
medianas, pero las otras dos son realmente inhabi tables, pues la de San An tonio
no tiene luz directa y la recibe por una claraboya y la de San Bartolomé no
recibe el sol durant e t odo el año. La altura de techos de las salas de Ciru jía no
llega a 3 metros y el n úmero de metros cúbico de aire por enfermo es
insuficiente.
Los muros están de cal y como todo muro viejo, llenos de irregularidades y
grietas muy apropó sito para que se acumule toda suc iedad. Lo s piso s son de
madera de pino viejo, rotas numerosas t ablas y llenas de grietas e imposible de
toda limpiez a.
La sala de C irujía, de m ujeres, tiene una altura de 2 metros y medio y un
número de ca mas que no baja de 24 po r los ce ros que hay que coloca r.
De la sección de Cirujía lo único que reune condiciones, aunque no las que
reclama la moderna Cirujía, es la sala de operacion es, que se hizo bajo mi
dirección aprovechando el antiguo cuarto de guard ia del Hospi tal y bajo la
iniciativa de l celoso a lcalde D. Á ngel López Pé rez […] .

INTR ODUCCIÓN
123
La sección de Medicina está, aún si cabe, i nstalada en peores locales, las
dos salas, una para hombres, Corazón de Jesús, es un sót ano lóbrego, húmedo y
sin sol ni vent ilación su ficiente, y l a de mujeres está in mediata a u n pozo neg ro.
No hay secc ión de niños po r falta de local.
El sitio donde están instalados los de mentes e n observació n y los enf ermos
de enfermed ades venére as, r ecuerdan los calabozo s de l a antigua inquisición ,
sótanos húme dos, sin luz ni ventilaci ón, llenos d e rejas.
El mobiliario es deficientísi mo, las camas, modelos viejos y sin condicion es
hospitalarias.
El instrum ental y material quirúrgico es escaso y el que hay, data del año
1916, que e mpezamos a comp rar instru mental y mobiliario de la sala d e
operaciones, con la consignación anual de 1.000 pe setas que tiene del
Ayuntamient o […]. […] consignación escasa, pues con cerca de las 200
operaciones que se hace n anualmente, y la s nu merosas curas q ue se hacen
diariamente, se inutiliz a bastan te.
No hay instalación de Ray os X, no hay l aborato rio, no hay ningún aparat o
de ele ctricidad médica, masage, mecanoterap ia, en fin, no h ay nada para la
fisioterapia in dispensabl e en todo Ho spital moder no. En una pa labra, el Hospital
actual de Lugo, está montado es tilo siglo XV III .

El número de enfermos que se atendían diariamente, en el centro sanitario, era d e entre 150 y
160 y el de ingr esos anuales era de unos 800 (Memoria del Hospital d e Lugo, 1921 -1923,
sign. 4586, AHPLu).

Figura 158 . Memoria del Hospital de Lugo, 1921 -1923. Po rtada y primera página
Fuente: Sign. 26816, leg. 234. A HPLu

En 192 3, la Comisión Inspectora de la Cas a Municipal de Beneficencia y Hospital realiza una
a udit or ía en ambos establecimientos y expone l as condiciones en las q ue se encuentra el

M ARTA J ATO D ÍAZ
124
centro hospitalario en ese mom ento (fig. 159). Después de la visita de ins pección al h ospital,
en el informe se rec oge lo mismo que señala el Dr. Vega Barrera en la Memoria y se añade
que:

El local donde se encuentr an los enfermos m entales es un verdad ero escarnio
para un pu eblo. Este es un sótano que solo recibe luz por una claraboya que da
a un pasillo. Hay que ten er presente que a un cuando estos so lo deben es tar el
tiempo de observac ión indispens able para ser trasladad os a un manicomio, una
vez arreglada la do cumenta ción, exis ten desgrac iados que en estas condicione s
llevan más de do s año s.
Farmacia – No existe farm acia. En el Hospital hay un bot iquín de urgenc ia
servido por hermanas de Caridad. E n la actualidad el servicio farmacéutico del
Hospital está sumini strado por la farmac ia del Sr. Castro Freire el que sirve
desde su estableci miento directamente las rece tas de sde el 6 de mayo de 1922,
sesión en que fue nombrado; con anterio ridad a esta fecha este servicio era
desempeñado po r las mism as hermanas de la Caridad.
Personal – Como persona l f ac ultativo consta el Hospital de dos médicos
de sección, uno encargado de la Medicina y otro de l a Cirugía, un médico
oculista encargado de la sección de oftal molog ía y dos médicos auxiliares
ayudantes del Cirujano en las operac iones y a la vez m éd icos de guardia en la
casa de Socorro, cobrando el encarg ado de la Cirugía y el de la oftalmología
directament e de la Diputa ción prov incial y los res tantes del presupu esto de
gastos del Hospital a razón de 2.500 pesetas el encargado de la sección de
Medicina y 1.500 pesetas cada uno de los dos médicos auxiliares. Ademá s
abona el Ayu ntam iento 200 pesetas a nuales respec tivamen te al Dire ctor y
Sub-directo r, este último encarg ado además de l a asistencia de enfermos en la
Beneficenci a. Dos practicantes encarg ados de las curas, de ayudar al Cirujano
en las operac iones y de las guardias de la casa de Socorro, en unión de los
médicos, a razón d e 1.100 pes e tas anuales c ada uno. D os enfermeros a razón
de 1,50 pese tas dia rias ca da uno, debiendo existir una enfermera, toda vez que
estando consignada en el presupues to de gas tos apa rece como pagada, según
comprobante , pero no existiendo dicho se rvic io se g ún manifestación de los
Médicos de es te Estable cimiento. Och o hermanas de la Carid ad y la
Superiora, que hace de A dministrado ra, y una ayudante de las mismas que
sustituye a una he rmana de la Caridad, cobrando todas estas diez, a razón de
dos pesetas diarias. Un capellán enca rgado de la contabilidad, con el sueldo
anual de 1.250 pe setas.
Los Mé d icos y practi cante s, tan escasamente retribui dos, no cumplen las
guardias de doce horas diarias, abandonan estas para asistir a l os enfermos de
su clientela particular y ganar para poder vivir, pues por cuatro pesetas los
médicos y tres los pract ican tes, no pue de exig írseles el exacto cu mplimient o
El Hospital no llevaba ningún libro de contabilidad y para llevar a cabo la
auditoria hubo que r e currir a la contabilidad general y libros auxiliares de l
Ayuntamient o, en los q ue no se ob servó ninguna irreg ularidad .
La alimentación, según informe de los Mé d icos, no es deficient e, como
tampoco lo es el serv icio farmacéu tico en la ac tualidad.
En estos momentos es impos ible montar los serv icios de laborato rio,
Rayos X, Ele ctroterapi a y Farmacia, pu es únicamente podrían establecerse en
los sótanos del Hospi tal con grave perju icio para los distintos aparatos por la
humedad y malas condiciones de los locales por muchas reformas que se
hicieran. No se debe intentar ninguna refo rma en el hospital viejo por ser
dinero inútil mente gas tado que nad a arregla rá.

INTR ODUCCIÓN
125
Según informe de los Médicos de este estab lecimient o, haría falta au mentar
otro enfermero mas para poder con los otros dos turnar en el servicio de
guardia duran te la noch e, lo que hoy no p ractican, q uedando solo durante la
noche una he rmana de la Caridad.
También har ían falta dos enfe rmeras, cosa esta que, como las de más
deficiencias en cuanto a la falta de servicio, son fácilmente r emediab les,
teniendo en cuen ta los crecidos bene ficios que repor ta este estableci miento
económica mente al Ayuntamien to, y a la diferencia de lo que se abona al
mismo por hospitalidad y a lo que sale cada una de estas (Infor me de la
comisión inspector a de la casa municipal de Beneficencia y Hospital . 1923.
Sign. 26816, leg. 234. AHPL u).

Tras la lectura de la Me moria del director del Hospital, y de este info rme, se puede comprobar
cómo, en 1923, las condiciones del centro no h abían cambiado ni mejorado en absoluto con
respec to a las de 1917, p or lo que nos podemos hacer un a idea de las circunstancias en las que
el personal sanitario del hospital tuvo que afrontar la epidemia de gripe.

Figura 159 . Primera página del informe de la Comisió n Inspectora. 1923
Fuente: Sig n. 26816, leg. 235. AHPL

M ARTA J ATO D ÍAZ
126
B. 2.- La Cas a de Socorro: Es una sala anexa al H ospit al. No tiene un edificio propio y las
curas se hacen en la sala de operaciones. Las guardias son realiza das por u n médico auxiliar y
un practica nte del hospital.
B. 3.- Un Sanatorio priv ado, propiedad del Dr. Vega Barrer a. Estaba situado en la Ronda
de la Coruña , nº 16 (fig. 160 ). Era un Sanatorio quirúrgico, moderno, que c ontaba c on
instalaciones de rayos X y electroterapia y en el que se llevaban a cabo int erve nciones de
cirugía gen era l y ginecología. En febrero de 19 19 se plante a el cambio de ubicación a un
terreno en la calle del Seminario (El sanatorio Vega, 8 de fe brero) p ero los Hermanos
Maristas adquieren esa finca y el Dr. Vega tiene que buscar otro lugar pa ra construir su nuevo
edificio (Ayer y hoy, 21 de febrero). Finalmente, el 1 de mayo de 1920, se inaugura el nuevo
Sanatorio Vega en la calle Montero Ríos.

Figura 160 . Anuncio en prensa del sanatorio del Dr. Vega Barrera
Fuente: El Regional , 03.08.18, p. 3

Dadas las malas condiciones en que se encuentra el Hospital Municipal, el alcalde es ca da vez
más c onsciente de la necesidad de dotar a la ciudad de un centro hospitalario nue vo y
moderno. Tras múltiples y complicados t rámites se adquieren, por 45.000 pesetas, los t errenos
para su construcción y se encarga el proyecto al arquitecto D. Luis B ellido González. A
mediados de 1918 el Sr. Bellido comienza a enviar los pl anos del centro sanitario (primero los
de planta y de spués los de conjunto re aliza dos e n acuarela « con una p erfecc ión digna de
admiración» (El futuro hospital, 19 de junio; E l n uevo hospital, 19 de junio ). El proyecto
finalmente estará compuesto por un total de 46 planos, que se reciben a finales del mes de
diciembre, y que serán expuestos al público desde los primeros días de 1919 (f ig. 161) (El
hospital de Lugo, 31 de diciembre; El proyectado hospital, 3 de enero).

Figura 161 . Iz da. : Luis Bellido en 1911 . Dcha.: Vista posteri or del proyecto del nuevo hospi tal
Fuente: Izda.: Tomada de la correspondiente entrada en Wikipedia. Dcha.: Cao, 1929.

El hospital estará fuera de la muralla, pero muy cerquita de ella (enfrente), adaptado a las
normas dictada s por los higienistas del momento y recibirá el nombre de Hospital de Santa
M a ría . Aun que se desconoce cuá l será el pres upuesto final, inicialmente se estimó que
r onda ría las 500.000 pes etas, una cifra que enseguida se vio qu e equivalía , más o menos, a un

INTR ODUCCIÓN
127
tercio de lo que finalme nte acabaría cost ando la obra. Por ello el alcalde, en los primeros
meses de 1919, ante la falta de capital para p oder afrontar el proyecto propone crear un
arbitrio sobre vinos de 10 céntimos por litr o, lo que supondría un ingreso líquido anual de
100.000 pesetas y así co n este aval pedir un c rédito para poder pagar e l im porte total de la
obra. Como esto es un asunto de gran importancia, el S r. López Pérez quiere conocer la
opinión de los ciudadanos y convoc a una re unión, con un cierto sector de la población, en la
que los asistentes le muestran su apoyo. Faltaba conocer la opinión de los vecinos, pero confía
en que también sea favorable, pues un nue vo hospit al es una mejora importantísima para la
ciudad y sus ciudada nos (La re unión de ayer. Sobre el nuevo hospital, 23 d e marzo ).
Los almacenistas de vino, considerándose los mayor es perjudicados se opusieron
rotundamente, pero eran pocos para imponer su criterio, de forma que unos se fueron a
protestar a la Cas a C onsistorial y otros se fueron a pedir ayuda al Centro O brero. Los obreros
se mostra ron a favor de la realización de l as obr as. Así que en vista d e l a falta d e apoyo s e
fueron a pulsar la opinión de la Cámara de Comercio, cuyos integrantes también estaban de
acuerdo con la construcc ión del hospital. Y, desde las páginas de El Progreso quieren dejar
fuera de tod a duda la n ecesidad de que Lugo cu ente con un nuevo centro sanitario y d ar su
apoyo explícito al alc alde:

Lugo no tiene hospital. Ese caserón inmundo y desta rtalado que se esconde
tras d e la iglesia de Santo Domingo es una vergüen za para nuestro pu eblo. No
reúne condiciones hi giénic as de ningún géne ro. Allí están mal distr ibuidos y
pobremente acondicion ados los enfermo s, allí no bastan las s al as para las
necesidades del pueblo, y, en época de epidem ia – cuando la de grippe pudo
verse – fue más un foco de infección que un lugar de aislamiento de atacado s
el viejo hospital, a pesar de l os cuidados que el personal de aquella casa pus o
en sostener la incomunica ción entre las salas y con el e xterior.
El hospital tiene capacid ad para 130 enfermos; pero los locos están en
calabozos peo res que los de los presos; las p rostitutas e n zahúrdas inde centes e
infamantes; y l os operables , los les ionados y los de enfermedades comunes e
infecciosas, en amigable consorcio. Solo falta que hom bres y m ujeres están en
las mismas salas (Intereses l ucenses. El nuevo hospital y el n uevo arbitrio, 25
de marzo)

Tras no pocas disputas y problemas, y sortear un sinfín de obstáculos, el 9 de abril de 1921 se
colocaba la primera piedra del hospital de Santa María y el 29 de juni o de 1930 se inauguraba
(fig. 162) (De Abel Vile la, 2021).

Figura 162 . Izda.: Colocación de la primera piedra. Dcha.: Hospital de Santa María en 1930
Fuente: Izda.: http s://www.r afaeldevega.es/biografia-del- dr -rafael- de -vega/ ;
Dcha.: España Médica , nº 636, 1933 , p. 23

M ARTA J ATO D ÍAZ
128
Al día siguiente de su inauguración el Dr. d e Vega Barr era, su director, escr ibía un artíc ulo en
El Pueblo Gallego en el que , aparte de mostrar su satisfacción por la entrada en
funcionamiento del nuevo centro y su gratitud al alcalde López Pé rez , resaltaba los g ra ndes
contrastes entre el vie jo y el nuevo hospital. Y, de esta mane ra, escribía:

El viejo Hospital cuya capacidad no era mayor que para 80 camas h a llegado a
albergar 180 enfermo s, teniendo que poner las camas unas ad osadas a las otras
y tener qu e met erse el enfermo en la cama por la par te posterior; las altu ras de
techos de algunas sala s no pasaban de dos metros y medio, una sala no tení a
luces laterales y sólo tenía com o medio de ventilac ión dos pequeñas puertas
que daban a otras salas ; un pozo neg ro estaba en comu nicación d irecta con dos
salas hacina das de enfe rmo s; tétrica sería la descripc ión que pudiéramos hace r
del departa mento des tinado a demen tes, de los lavaderos y del depósito de
cadáveres, no s iendo pos ible de scribir el olor insoportable de sus retretes y
patios tant o inter ior co mo exterior, almacén este último de t od as las
inmundicias de la c iudad. No hacemos una descripción de las i nstalaciones del
viejo Hospital, pues no exis tían; una sala de operacion es con mobil iario
mediano, construid a gracias a la inicia tiva del actual alcalde, consti tuía todo lo
que poseía el viejo Hospi tal; los servicios de cocina (lo único aceptable), los
lavaderos (en cond iciones deplor ables de higiene ), y demás servicio s
auxiliares e ran tan rudi men tarios co mo antihigién icos (De Vega, 193 0).

El empeño y d esvelos del alcalde p ara que Lugo t uviese un nuevo hospital fue tal que d esde
las páginas del diario El Orzán de La Coruña, en el mes de abril de 1919, le dedicaron la
siguiente «coplilla»:

A un alcalde mode lo Desde enton ces has ta ahora,
se le puso hace rato ba jo el pelo, sin desperdicia r ni una ho ra
la idea de fun dar un hosp ital sin dar paz a l a mente y a la mano
como Galicia no tiene i gual . a favor de un pro yecto tan humano.

D. Ángel decidió construir un hospital sin tener fondos para ello. No tuv o ayuda de ninguna
institución provincial o estatal. Sólo con la gen erosidad y colaboración d e sus vecinos logró ,
10 años después de haberse ini ciado, dotar a Lugo de un gran hospital. Fue un sueño de un
alcalde hec ho realidad, t al vez una l ocura, lo qu e nos lleva a re cordar un a fr ase de Miguel d e
Unamuno que dic e: « una locura cualquiera d eja de serlo en cuanto se hace colectiva, en
cuanto es locura de todo un pueblo, de todo el género humano acaso » (Unamuno, 2004).

B. 4.- Otras dotaciones sanitarias, al margen d e las hospitalarias, eran dos estufas de
desinfección:

- Una fija, que era propi edad del Ayuntamiento. Durante la epid emia se instaló en
la calle San Marcos, frente al edificio de la Diputación Provincial.
- Una móvil, que era propiedad de la Diputación. En el mes de octubre se trasladó a
la estación ferroviaria de Monforte de Lemos para ll evar a cabo lab ore s de
desinfección de pasa jeros y equipajes.

B. 5.- Lugo contab a, y cue nta, con un b alneario de agua s te rmales (fi g. 163), cuyo
p ropie tar io e ra D. Dosite o Neira Gayoso. Las obras para la construcción del edifici o, a orillas
d e l río Miño , que permiten aprovechar las aguas minero-medicinales de las termas romanas

INTR ODUCCIÓN
129
(sulfurada s sódicas, variedad yodo-bromuradas), comenzaron en 1839 (Castro Freire , 1951).
La temporada oficial pa ra «tomar las aguas» era del 15 de junio al 30 d e septiembre y los
pobres que «por orden médica» necesitasen «tomarlas» podían uti lizar los servicios de este
balneario gratuitamente. Este establecimiento termal contaba entre su plantill a con un médico
que también ejercía la s funciones de director del centro (Bailly-Baillière y Riera, 1922).

Figura 163 . Balneario de Lugo
Fuente: Colección propia

C./ Profesionales sanitarios
C.1. Médicos:
Al no haber podido contar con información del Colegio Oficial de Médicos no es posible
saber con exactitud ni c uántos ni quienes eran los médicos que ejercían su profesión, en la
ciudad de Lugo, durante el año 1918. Pero, a través de la documentación que hemos
consultado pudimos, al menos, conocer los nombres de algunos de ellos:
- Dr. Germán Alonso Ho rtas (fig. 164). Era el director de l a Casa de Beneficencia.
Tenía su c onsulta en P laza Mayor, 19 -2º. Un a de sus mayores aportaciones a la
medicina fue la insi stencia con que ac onsejaba a los padres que ll evasen en verano a
los niños a un puerto de mar « por el yodo que tenían los aires ». Y lo hizo en un
momento en el que no s e conocían las hormonas tiroid eas ni la importancia del yodo
en la formación de las m ismas. El Dr. Alonso también fue el fundador , en noviembre
de 1924, de la Gota de Leche (Pardo Gómez, 2005).

Figura 164 . Dr. Germán Alonso Ho rtas
Fuente: Cortesía de la familia Alons o

M ARTA J ATO D ÍAZ
130
- Dr. Emilio Domínguez Ferná ndez (fig. 165 ). Er a el inspector provincial de sanidad.

Figura 165 . Izda.: Membrete del Dr. Domínguez. Dcha.: Su firma
Fuente: Sign. 26816, leg. 234 AHPLu

- Dr. Marcelino de la Fuente Cela. Ejercía e l cargo de subdirector del hospital
municipal.
- Dr. Leopoldo Gasalla Domínguez. Era médico oculista y tenía su consulta en la Ronda
de la Coruña, 2 (fig. 166). Fue un gran higienista y era muy habitual escucharle que,
en una ciudad, er a más importante la medicina preventiva que la construcción de
calles y jardine s (Pardo Gómez , 2005)

Figura 166 . Izda.: Dr. Gasalla. Dcha.: Anunci o de su cons ulta
Fuente: Izda.: Cortesía del C.O. M. D cha . : Revista Galicia Pintoresca , 23.04.18, p. 11

- Dr. Jesús Latas Folgueira. Dirigirá las l abore s de desinfección y fumigación , durante
la segunda ola de la epidemia, en la sala que se montará para tal fin, en la estación de
tren de Lugo. Te nía su consulta en la calle del Miño, 23 (fig. 167).

Figura 167 . Izda.: Firma del Dr. Latas. Dcha.: Anuncio de su consulta
Fuente: Izda.: Sig. 26 816, leg. 234 AHPLu. Dcha.: El Progreso , 31.12.18

INTR ODUCCIÓN
131
- Dr. José Lomas Díaz ( fig. 16 8). Ejercía como médico en el hospital municipal y
además tenía su consulta en la Rúa Nueva, 63. El Dr. Lomas fue uno de los
facultativos luce nses que se contagió de gripe durante la epidemia.

Figura 168 . izda.: Dr. Lomas. Centro: Su firma . Dch a.: Anuncio de su con sulta
Fuente: Izda.: González, 2015. Centro: Archivo de la Dip utación.
Dcha.: La Idea Moderna , 03.06.18, p. 3

- Dr. Luis López del Amo . Era el inspector provincial de t rabajo (Fig. 169) . Ejerció su
profesión de médic o durante la epidemia. Vivía en la calle de la Reina, 8.

Figura 169 . Firma del Dr. del Amo
Fuente: Archivo de la Diputaci ón

- Dr. Honorio Manso Rodríguez. Era el m édico mil itar de la plaza de Lugo. También
era dentista y tenía su consulta en la calle Armañá, 3 (fig. 1 70). El Dr. Manso también
contrajo la gripe en septiembre de 1918.

Figura 170 . Izda.: Firma del Dr. Manso. Dch a.: Anuncio de la cons ulta del Dr. Manso
Fuente: Sig. 26816, l eg. 234 AHPLu El Progreso , 27.10.18

- Dr. Manuel Palmeiro Arribas. Era un médico h igienista. Tenía su consulta en San
Pedro, 26 (fig. 171 ). En junio de 1918 fu e de los primeros facultativos en España en
hacer un d iagnóstico exacto de la enfermedad y en aconsejar la forma de prevenirla.

M ARTA J ATO D ÍAZ
132

Figura 171 . Izda.: Dr. Palmeiro Arribas. Dcha.: Anunc io de su consulta
Fuente: Izda.: Cortesía del COM. Dch a.: La Voz de la Verdad , 08.03.19

- Dr. José P ardo Alfonso. Ejercía como ginecólog o. Su consulta estaba situada en la
calle San Roque, 11 ( fig. 17 2 ).

Figura 172 . Iz da. : A nunc io de la consu lta del Dr. Pardo. Dc ha.: Su firma
Fuente: Izda.: E l Progreso , 02.02.18, p. 2 . Dcha.: Archi vo de la Diputación

- Dr. Manuel Pardo Valiña (fig. 173). Fue médico supernumerario del hospital
municipal desde marzo de 1919, fecha a partir de la que t ambién sería m édico de la
Casa de Socorro a p etición propia y sin sueld o. Se contagió de grip e durante la
epidemia. Tuvo el primer apa rato de rayos X de Lugo. F alleció a los 104 años.

Figura 173 . Dr. Pardo Valiña
Fuente: Cortesía del C.O.M.

- Dr. Pedro del Río Miranda. Era m édico supern umerario del hospital, en la casa de
soc or ro, hasta enero de 1919 que fue substituido por Jesús Latas Folgueira.
- Dr . E nrique Rodríguez Leonardo. Ejercía como médico forense.

INTR ODUCCIÓN
133
- Dr. Juan Varela Ba lboa ( fig. 174 ):

Figura 174 . Firma del Dr. Varela Balboa
Fuente: Archivo de la Diputación

- Dr. Rafael de Vega Barrera (fig. 175). Era el director del Hospital Municipal, desde
1916, y médico de la Benefice ncia Municipal. Era también e l propie tario de un
sanatorio quirúrgico en la Ronda de la Coruña . El Dr. Vega ejerció su trab ajo, durante
14 años, en las habitac iones de un convento que él mismo tuvo que adaptar para que
cumpliesen con unas mínimas condiciones sanitarias. Esto , sin duda, fue el refle jo de
un hombre de una gran constancia y de un sentido del deber supremo. El Dr. Vega er a
republicano (el 14 de abril de 1931 proclamó la República de sde el balcón del
Ayuntamiento) y en 1936, al estallar la guerra civil , fue fusilado por las fuerzas
nacionales.

Figura 175 . Iz da. : Dr. Vega Barrera . D cha.: Su firma
Fuente: Izda.: Tomado de la entrada a su biografía en Wikipedia . Dcha. : Sig. 26816, leg. 234. AHPLu

La asistencia a los enfermos más pobres del término mun icipal corría a cargo de la
Benefice ncia Municip al y la ej ercían los médicos titulares del ayuntamien to. Para facilitar su
trabajo, el territorio se dividía en seis zonas y de cada una de ellas se encargaba un
facultativo. Pero lo cierto es que, ya antes de que hiciese su aparic ión la e pidemia de gripe, la
cuarta zona carecía de titular, por lo que la asistencia de estos pacientes corría a cargo del de
la tercera. Esta situación se mantuvo hasta el me s de abril de 1919, en q ue la plaza salió a
concurso. El sueldo «bruto» de estos profesionales era de 2.500 pesetas, es decir, de 208,33
pesetas al mes. Pero, de esa cantidad, había que descontar el 12%, en concepto de
«contribución sobre utilidades de la riqueza mobil iaria», por lo que su sueldo neto era de
183,33 pesetas mensuales.
L os médicos sobre los que recayó el peso de la atención a los enfermos más necesitados
de la c i udad, durante la pandemia de gripe, fueron :

M ARTA J ATO D ÍAZ
134
- Dr. Manuel Barrio Basadre . Médico titular desd e 1914 (fig. 17 6). Se contag ió de
gripe durante la epidemia.

Figura 176 . Izda.: Dr. Barrio Basadre. Dch a.: Su firma
Fuente: Izda.: Cortesía del COM. Dch a.: Archivo de la Diputaci ón

- Dr. Carlos Iglesia s F ariña. Ejercía como subdel egado de Medicina (Fig. 177). Era
hermano del farmacéutico Julio Iglesias Fariña y vivía en la calle Conde P allares nº 6,
en un piso de la ca sa en la que estab a ubica da la farmacia .

Figura 177 . Izda.: Firma del Dr. Ig lesi as Fariña. Dcha.: Su fotografía
Fuente: Dcha.: Archivo de la Diputació n. Izda.: Cortesía del CO M

- Dr. Hermenegildo López Vázquez. Ocupaba su plaza desde 1917 (fig. 1 78). Era el
médico titular de l a segunda zona de pobres d e la capital (sur). También contrajo la
gripe durante la pandemia.

Figura 178 . Dr. López Vázquez
Fuente: Cortesía del C.O.M

INTR ODUCCIÓN
135
- Dr. Manuel Roca Varela. Ocupaba su plaza de sde 1907 (fig. 17 9). Era el médico
titular de la sexta zona de pobres de la capital.

Figura 179 . Izda.: Dr. Roca Varela. Dcha.: Su firma
Fuente: Izda.: Colección de Juli o Reboredo Pazos. Dcha.: Archivo de la Diputació n

- Dr. Serafín Sal Otero. Ocupaba el cargo de p residente del Colegio Médico de Lugo.
Tenía su plaza desde 1895 (fig. 180 ).

Figura 180 . Izda.: Firma del Dr. Sal. Dcha.: Su fotografí a
Fuente: Dcha.: Archivo de la Diputación. Izda.: Cortesía del CO M

Pero algunos de ellos se contagiaron y enfermaron de gripe , por lo qu e otros compañeros
tuvieron que hacerse cargo de sus pacientes. Así cua ndo el Dr. Barrio Basadre se
contagió, el Dr. López del Amo lo substituyó y c uando lo hizo el Dr. López Vázquez, lo
hicieron los Dres. Latas y Lomas.
En algún momento de la epidemia también los Dr es. Domínguez, Pardo Valiña, Varela
Balboa y Vega Barrera no dudaron en prestar su asistencia a aquellos que más lo
necesitaba n en nuestra ciudad.

C.2 Matronas:
En Lugo había, al menos, dos matronas o, c omo se denominaban entonces, dos
«profesoras en partos»: Josefa Márque z Tallón y Manuela Mé ndez (fig. 181 ).

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136

Figura 181 . Anuncios de las matron as Josefa Márquez y Manuela Méndez
Fuente: El Progreso , 16.01.18, p. 3

C.3 Farmacéuticos:
Lo mismo que sucedió con la información, en el caso de los médicos, se repitió para el de
los farmac éuticos. Y e s también, fundamentalmente, a tra vés de la prensa, el medio por el
cual podemos conocer el nombre de la mayorí a de ellos y la calle en la qu e tenían sus oficinas
de farmacia.

- D. Carlos Alonso Hortas . Su farmacia estab a situada en la P laz a del Cam po, 5. Tambié n
era laboratorio para análisis clínicos y químicos – micrográfic os (fig. 182). Era hermano de l
Dr. Germán Alonso Hortas.

Figura 182 . Izda.: D. Carlos Alonso . Dcha.: Sello de su farmacia. Ab ajo: Su firma
Fuente: Izda.: Cortesía de la familia Alons o

- D. Salvador Castro Freire. Ejercía también como s ubdelegado de Farmacia. Su farma cia s e
encontraba en la calle San P edro, 30 (fig. 18 3) y se mantuvo abierta hasta 1935. Fue un
hombre pionero en el uso de muchos inventos que llegaba n a Lugo de su mano: la primera
máquina re gistradora en 1906, uno de los primer os automó viles, el primer fonógrafo o el
prime r tri ciclo. En su rebotica tenía lugar una de las tertulias más animadas de la ciudad.
Ade más d e farmacéutico Castro Freire fue un gran fotógrafo (De Cora , 2019).

INTR ODUCCIÓN
137

Figura 183 . Izda .: D . Salvador Castro Freire. Dcha.: Facha da de su farmacia. Abajo: Su firm a
Fuente: López y Saavedra, 1998

- D. Manuel Figueroa Barros: Era el ti tular d e la Farmacia Central, que se encuentra
haciendo esquina, en la calle San Pedro 2 con la Plaza Mayor, pegad a al edific io del
Ayuntamiento. Sigue abierta hoy en día y perteneciendo a sus descendientes (fig. 184).

Figura 184 . D. Manuel Figueroa y f otografía de su farmac ia. Abajo su firma
Fuente: Cortesía de la familia Figueroa

- D. Jaime García Murga ( fig. 185). Su botica se e ncontraba en la calle San Pedro nº 25, al
lado de la del Sr. Castro Fre ire. También era un a droguería.

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138

Figura 185 . Firma del Sr. García Murga
Fuente: Cortesía del COF

- D. Julio I glesias Fariña. Su fa rmacia estaba en la calle Conde Pallares, 6 (f ig. 186).
También vendía pr odu ctos de droguería. Julio era hermano del Dr. Carlos Iglesias Fariña.

Figura 186 . Izda .: Sr. Iglesias Fariña . Centro .: A nun cio de la farmacia Iglesias. Dcha.: Cuño
Fuente: Colección de Julio Reboredo Pazos. Cortesía del C.O.F. El Progreso , 31.12.1918, p. 3

- D. José Pedrosa Pérez. Era el titular de la farmacia situada en la Plaza de Santo Domingo
nº 2 (Fig. 187).

Figura 187 . Sello de la farmac ia Pedrosa
Fuente: Colección de Julio Reboredo Pazos

- D. To más Pérez Menéndez, hijo de D. T omás Pérez Varela.

INTR ODUCCIÓN
139
- D. Tomás Pérez Vare la. Ejercía c omo pr esidente del Colegio de Farmacéuticos de Lugo y
tenía la oficina de farmacia en la calle de la Reina nº 16 (fig. 188 ).

Figura 188 . Izda.: Tomás Pérez Varela. Dcha.: Anunc io de su farmacia . A bajo: Su firma
Fuente: Cortesía del COF. El Pro g res o , 31.12.18

▪ En el ámbito de la asistencia social:
En este c ampo, Lugo contaba con dos inst i tuciones benéficas y vari as aso ciaciones dedi cadas
a la ayuda social.
1.- Casa de Beneficenci a, Maternidad y Expósitos: Se constituye en el año 1845 y sus
dependencias se instalan en un edificio de 1240, que era el antiguo C onvento de San
Francisco, en la Plaza de la Soledad (fig. 189).

Figura 189 . Casa de Beneficenci a, Mat ernidad y Ex pósi tos
Fuente: Álvez, 2022

M ARTA J ATO D ÍAZ
140
La institución contaba con un torno de madera para recoger a los bebés que sus madres se
veían obligadas a abandonar (el torno «de la vergüenza»). Aquí eran recogidos por las
Hermana s de la Caridad y se llevaban a una c asa situada en la calle R uanova hasta qu e
cumplían 3 años. Las Hermana s de la Caridad, cuya superiora era Sor Marcela Valle y Díaz,
eran las encargadas de la atención a los internos y un sacerdote se ocupaba de la
administración y c ape llanía. También se contaba con personal auxiliar que estaba formado
por un sastre, un carpintero y un maestro, que enseñaba a los niños a leer y a escribir. El
director de la Casa era el Dr. Alonso Hortas.
Los medios con los que contaban para la subsistencia eran escasos y para ayudar
económicamente a la manutención, los niños se encargaban del cobro del importe por
ocupación de las sillas del paseo (que eran p ropieda d del ayuntamiento) y acudían, portando
fachone s, a los entierros previo pago de 1 peseta (fig. 190). La presencia de los niños en los
entierros quedará prohibida durante la epidemia (Redacción, 2006).

F i g u ra 1 90 . Arriba: Sillas co locadas en la zona del paseo. Abajo: Niños con fachones en un entierro
Fuente: Arriba: Blanco y N eg ro , 1918. Abajo: Colección de Julio Reboredo Pazos

INTR ODUCCIÓN
141
Cuando los niños salían de la institución lo hacían vistiendo las «prendas de salir» pero,
dentro del recinto, estaban descalzos, sólo llev aban un pantalón y unas blusas grandes y largas
que, por lo general, esta ban sucias y remendadas. (fig. 191).

Figu ra 191 . Interior de la Cas a de Beneficenci a . Claustro del antiguo convento de San Francisco
Fuente: Colección de Julio Reboredo Pazos

2.- Casa Asilo: S ituada en la calle San Roque , en un edi ficio construido por Nemesio
Cobreros (fig. 192 ). En el año 1879 comienza a funcionar y las Hermanas de la Caridad se
encargan de su administración y asistencia a los asilados , pero el centro no será inaugurado
oficialmente hasta el 5 de diciembre de 1887. En enero de 1918, en el asilo había 15
Hermana s y 75 ancianos.
Al igual que h acían los niños de la Casa de Beneficencia, los ancianos acudían a los
entierros portando fachones , una actividad que, durante la pandemia, también quedará
suprimida.
Respecto al estado y fun cionamiento de esta insti tución, e n la auditoría ll evada a cabo en
1923 por la Comisión Inspec tora de la Casa Municipal de B enefic encia y Hospital , ya citada
anteriormente , puede leerse:

M ARTA J ATO D ÍAZ
142
Está atendid a por o cho he rmanas d e la Car idad, que cobran a razón de dos
pesetas diarias . Existen además un maestro de t alle r de zapatería y otro s de sastrería,
que cobran a r azón de 100 pesetas mensua les.
El l o cal, en genera l, no es malo y el sitio donde tiene la enfermería es una
habitación bien orientada. A dar mejor aspec to contribuye la limpieza que en todas
las dependenc ias se obse rva.
La asistencia de los enfermos corre a cargo de un Médico del Hospital, Sud -
director d el mismo.
La alimentación en general es insuficiente para el asilado y constituida en una
sopa por la m aña na y dos caldos gallego s, uno al mediodía y otro por la tarde con el
pan correspond iente. Esta Comisión no cree que tal alimentación pueda llevar el
número de calorías sufici entes para el sostenim iento de una persona, pero con el
coste de estanci a de cada asilado no es pos ible ha cer otra cosa (Info rme de la
comisión inspectora de la casa m unicip al de Beneficencia y Hospital . 1923. Sign.
26816, leg. 23 4. AHPLu).

Figura 192 . Edificio del asilo de anciano s
Fuente: Colección de Julio Reboredo Pazos

3.- Junta de P rotecc ión a la Infancia que, entre otras cosas se encarga de recaudar fondo s
y organiza r las colonias escolares (fig. 193). Las colonias escolares se crea n por una Real
Orden de 26 de julio de 1892 c omo « una obra esencialmente pedagógica y de higiene
preventiva a favor d e los niños débiles de las es cuelas públicas, de los m ás pobres entre los
débiles y de los más necesitados entre los más pobres ». Su principal fin era, ante todo,
« procurar la salud por medio del ejer cicio natu ral en pleno campo, por la limpieza, el buen
alimento y la alegría ».
En definitiva, su objetivo era el cuid ado del desarrollo corporal de los niños y su
educación moral en un a mbiente apropiado, cercano a un pue blo de montaña o de mar, bajo la
d ire c c ión de una persona que tuviese pre paración peda gógica.

INTR ODUCCIÓN
143
En Lugo, la primera colonia se realiza en el año 1915 (Pereira, 2010) y, desde entonce s,
en verano llevaban a 40 niños (20 niños y 20 niñas), durante 25 días, a di stintos pueblos de la
costa lucense .

Figura 193 . Colonia escolar de niños y niñas en Benquerencia (Barreiros). 1920
Fuente: Colección de Julio Reboredo Pazos

A través de la Junta de Caridad también se ge stionaban las Ca ntinas escolares donde se
llevaba a cabo una actividad similar a la de un comedor escolar, pero destinada sólo a un
grupo muy reducido de niños. Estos niños debían ser de «reconocida pobreza» y tenían
preferenc ia los huérfanos de padre y madre y luego los de un solo progenitor. Normalme nte se
daba de comer a 14 niños, pero durante la epidemia hubo que ampliar sus plazas a 50.
Estaba gestionado por las Hermanas de la Caridad y el menú consistía en u na taza de
caldo, un guiso de patatas o arr oz con carne y me dia libra de pa n. El c oste de c ada ración era
de 0,40 pesetas (Cantinas escolares, 3 de enero, p. 2) . Económicamente se sostenían gracias a
la Junta de Carida d y a d onaciones particulare s.

4.- Cocina Económica: Situada en e l edificio de l a Casa de B eneficencia, fue promovida
por el obispo D. Benito M urúa López en diciemb re de 1896 y com enzó a funcionar el día 5 de
ese mi smo mes. Estaba patrocinada por el p relado de la diócesis y su labor era dar de comer a
las personas más pobres de la ciudad. Su atención corría a cargo de las He rmanas de la
Caridad. Su fun cionamiento era mediante «fichas»: las pe rsonas que deseaban ayuda r
compraban estas fichas, por un valor de 5 c éntimos. En el obispado se las daban a los pobres ,
a modo de limosna, y ya se podían «canjear» por comida. En el anverso de estas «fichas»
figuraba su valor (5 céntimos) rodeado por las palabras Comedor de San Francisco y en el
reverso el escudo de Lugo rodeado por las palabra s Hijas de la Caridad (fig . 194).

M ARTA J ATO D ÍAZ
144

Figura 194 . Fic ha de la cocina económi ca
Fuente: Colección de Julio Reboredo Pazos

▪ En el ámbito religioso:
El titular de la diócesis era D. Manuel Basulto Jiménez , que fue obispo de Lugo desde
enero de 1910 hasta dici embre de 1919 (fig. 195 ). Ese año fue trasladado a Jaén y le sucedió
Plácido Ángel Rey Lemos. El obispo Basulto f alleció en a gosto de 1936, a los 67 años,
asesinado por las milicias republicanas. Fue be atificado el 13 de octubre de 2013 y su
festividad se ce lebra el 6 de noviembre .

Figura 195 . Izda.: Palacio episcopal. Dcha.: D. Manuel Basulto, obispo de Lugo
Fuente: Colección de Julio Reboredo Pazos

La sede episcopal de la diócesis de Lugo es la ya menc ionada Catedral de S anta María . De
estilo predominantemente románico comenzó a construirse en el año 1129 y se terminó en
1273. Está dedicada a Santa María e n su advocaci ón a la V irgen de los Ojos Grandes.
En 1918, en la basílica, se instaló un nuevo órga no que estaba dotado de los mayores
adelantos de la época :

En el mes de septiembre de 1918 se coloca un nuevo órgano, de sistema
tubular neumático, constituido por más de 3.000 tubos, 2 teclados
manuales y uno de pedal con 40 registros completos. Es un instrumento
impresionante, construido por Fray Ma nuel Fernández franciscano del

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convento de Lugo, y está dotado de todas las ventajas y adelantos que
se conoce n hasta la fecha (El nuevo órgano, 1º de septiembre) .

Además de la Catedral, en el centro de la ciudad había 4 parroquias: San Froilán (cuyo
párroc o era D. Francisco Rodríguez Vá zquez), San Pedro (pá rroco: D. Ave lino González
López), Santiago (p árroco: D. Manuel Lorenzo Blanco) y Soledad (párroco: D. José
Fernández).
También la ciudad cuenta con un Seminario que, desde 1893, ocup a un nu evo y
magnifico edificio situad o fuera, pero pegado a la muralla, en la calle Ángel López Pérez (fig.
196). Se impartían estud ios de Sagrada Teología, Filosofía y Latín , y Humanidades. En el
curso 1917/18 su número de alumnos fue de 67 e n Teología , de los que todos estaban
internos; 51 de Filosofía de los que lo estaban 31; y 157 de L atín y Humanidades, de los que
sólo 7 vivían internos. El precio de la estancia era de 25 pesetas al trimestre (Fraga, 1989).

Figura 196 . Edificio del Seminario . 1918
Fuente: Colección de Julio Reboredo Pazos

▪ En el ámbito militar y cuerpos de seguridad:
El cargo de Gobernador Mil itar lo ejerc ía el coronel más antiguo con mando en tropa que
resida en la capital. En 1 919 ese puesto lo ocupará el coron el jefe del regimiento de Z amora
D. Modesto Salgado Díaz.
La ciudad cuenta con do s cuarteles para el alojamiento de las trop as: el de San Fernando
y el de Las Merce des.
El cuarte l de San Fernando (fig. 197), se construyó a fina les del siglo XVIII con la
finalidad de albergar inválidos del ejército. Está situado en la calle San Fernando, junt o a la
puerta de la muralla y frente a la iglesia de San Froilán. Es un edificio de dos pl antas, una baja
y otra alta con un gr an pati o central rodeado de soportales. Hast a el año 1931 albergó a los
soldad os del Regimiento Zamora númer o 8, conocido como «El Fiel».

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El cuartel de Las Mercedes (fig. 198) , cuyo nombre es un homena je a la e sposa de
Alfonso XII, fue construido en 1885 como un hospicio para niños, aunque nunca llegó a
usarse como tal. El edificio se ofreció al estado, que lo acepta y lo cede al Ministerio de la
Guerra. En 1918 está deshabitado porque cuando se produce la distribución y adjudicación de
fuerzas, a Lugo, sólo le corresponde el regim iento de inf antería Zamora nº 8 y éste ya tiene su
sitio en el cuartel de San Fe rnando. El edificio desapareció en los años 60 (Anónimo, 2018).

Figura 197 . Izda.: Fachada del cuartel de San Fernando en 1918. Dcha.: Vista aérea actual
Fuente: Izda.: Colección de Julio Reboredo Pazos. Dch a. :
https://elviajerohis torico.wo rdpress.co m/2018/08/08/el- lugo-mi litar/

Figura 198 . Cuartel de Las Mercedes, 1918
Fuente: https://elviajerohistorico.wordpress.com/2018/08/08/el-lugo- mi litar/

La ciudad también cuenta con un polí gono d e tiro , construido por el municipi o, para artillería
de campaña y con los polvorines de las Gándaras de Piñeiro.
En septiembre de 1918 s e destinan a Lugo un par que de artillería y uno de Intende ncia d e
campaña (que serán los únicos parques d e la o ctava r egión fuera d e la C apitanía regional ),
pero no se instalarán e n la ciudad hasta 1920 . El de Intendenc ia ten drá a su cargo l a
adquisición, construc ción, reforma, r ec omposición y remesa del material de campame nto, con
todo el material necesario. Su personal estará constituido por un Teniente C orone l de
Intendenc ia, un Capitán y un subalterno ( Pa rque de Artillería en Lugo; Otro parque p ara
Lugo ; Lugo y la organizac ión militar regional, 28 de septiembre).
La vigilancia, seguridad y orden público de la ciudad corren a cargo de tres cuerpos:
- La guardia civil, que act úa fundam entalmente en el medio ru ral. Vigil a carreteras,
c a m inos y alde as y cuenta con una dotación aproximada de 12 gu ardias, 2 cabos y 1

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sargento. Lugo cuenta con este cuerpo desde finales de 1844 (poco desp ués de su
creación) y en agosto de 1845 llega la sección de c aballería . La cas a -cuartel está
situada en la calle Manuel Bece rra (actual calle del Progreso).
- La policía de seguridad, que se encarga de mantener el orden público. S e crea en
1913 y está compuesto por 1 Jefe, 3 cabos y 25 g uardias. Tiene sus d ependencias en
la calle del T eatro, en l a sede d el Gobie rno Ci vil (Memoria del A yuntamiento de
Lugo, 1918).
- La guardia municipal, que nace en 1862, es quien vela po r el cumplimiento de las
ordenanzas. Ta mbién se encuentra en la sede del Gobierno Civil.
- Desde finales del siglo XIX la ciudad cu enta con un cuerpo de vigilantes nocturnos
(serenos).

Pero se ca rece de un a sección mont ada de la gua rdia c ivil . Por ello, y a iniciativa del alcalde y
la corporación, se solicita al diputado en C ortes, Sr. Rodríguez Viguri que haga una petición
en el Congreso. Esta se hace e fectiva, ante los ministros de gobernación y de g uerra, en la
sesión del 20 de novi embre de 1918. El Sr. R odríguez Viguri justifica su p etición
argumentando qu e Lugo, ti ene una pobla ción rural que es el doble de la población urban a y
además sus habitantes v iven en casas diseminadas y no hay fuerza d e caballería capaz de
prestar un servicio permanente. Cuando hay un conflicto tienen que acudir desde otros puntos,
(algunos distan más d e 15 kilómetros de la capital), lo que hace qu e se retrasen mucho en su
llegada (Cámara de Comercio, 7 de diciembre).

▪ En el ámbito educa tivo:
Según el anuario estadístico de 1917, la provincia de Lugo ocupa la posición 27 e n
cuanto a población analfabeta, con un 63,66 %, ci fra superior a la m edia es pañola que se sitúa
en un 59,35% (Ayer y hoy, 24 de enero ).
La ciudad cuenta con un a escuela nacion al de ni ños, en la ca lle San Marcos, regentada
por D. Juan Encinar que a partir de noviembre de 1918 se trasladará a la planta baja del
convento de Santo Domingo (Mejora s local es. Nuevos servicios públicos, 14 de octubre) . Y,
con una escuela n acional de niñas, en la calle M anuel Becerra, dirigi da p or Dña. Esperanza
Reboredo Blanco.
También hay colegios privados. El masculino era el colegio del Sagrado Corazón (fig.
199), regentado por los Hermanos Maristas que, desde 1908, estaba en la calle Obispo
Aguirre. Admitía alumnos internos, medio pensionistas y externos. El colegio femenino era el
de la Milagrosa y e staba sit uado en la Plaza de San Fernando.
Además, hay va rias aca demias de segunda ens eñanza [El Prog reso, Nue stra Señora del
Carmen, Balmes o Nue stra Señora de los Ojos Grandes ( fig. 200 )] que preparaban a los
alumnos en diversos gra dos y mat erias acadé micas .

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Figura 199 . Anterior : Anuncio publicitario del colegio de l Sagrado Corazón. Arriba : F otografía del mismo
Fuente: A rriba : Revista Galici a Pintoresca, 23.04. 18, p. 11
Abajo: https://www.pinterest.es/pin/310818811758193388/ ;

Figura 200 . Anuncio de la academia Nues tra Señora de los Ojos Grandes y del Colegio Balmes
Fuente: El Progres o , 03 .09.18, p. 3

El Instituto Ge neral y Téc nico estaba ubicado, desde 1877, en e l edificio de la Diputac ión
Provincial y su director era D. Salvador Velayos (fig. 201).
Este edificio t ambién alb erga la Es cue la de Art es y Oficios, fundada en 18 88 y en la que
se imparten clases de fotografía y otras actividades de artesanía. Su director es D. Antonio
Belón Ventosinos.
La Escuela Normal d e Maestras, se inaugura en 1849. Está situada en el c onvento de
Sa nto Domingo y su direc tora es Dña. Carmen Pardo Losada.
Además, hay un centro q ue se encarga de ens eñar a las chicas más jóvenes las tareas del
servicio doméstico. Es el Colegio Domini ca l d e la Purísima y las clases se imparten los
domingos por la mañana.

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