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La epidemia de gripe de 1918 en la ciudad de Lugo

Jato Díaz, Marta

Abstract

Unos meses antes de que la Primer Guerra Mundial acabase, un nuevo enemigo entró en escena. Se trataba de un virus gripal que, en pocos meses, asolaría a la humanidad provocando la mayor catástrofe sanitaria de la historia. En España hay numerosos estudios que abordan sus consecuencias en distintas provincias y ciudades, pero ninguno lo hace sobre lo que sucedió en Lugo. Por esta razón nos propusimos investigar cómo se desarrolló la pandemia en esta ciudad. Iniciamos el trabajo destacando algunos aspectos generales, menos conocidos, de la epidemia; a continuación contextualizamos la situación de la ciudad lucense en 1918 y, finalmente, hicimos el relato cronológico de lo que sucedió desde la primavera de 1918 hasta la primavera de 1919 analizando, sobre todo, su impacto demográfico y social.

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ESCUELA DE DOCT ORADO INTERN A CION AL DE LA USC Marta Jato Díaz T esis doctoral La epidemia de gripe de 1918 en la ciudad de Lugo Santiago de Compostela, 2023 Pr ograma de doctorado en Epidemiología y Salud Pública TESIS DOCTOR AL LA EPIDEMIA DE G RIPE DE 1918 EN LA CIUDAD DE LUGO Autora Marta Jato Día z Director: Juan Jesús Gestal Otero PROGRAMA D E DOCTORA DO EN EPIDEMIOLOG ÍA Y SALUD PÚBLICA SANTIAGO DE C OMPOSTELA / LUGO AGRADECIMIENTOS Cuando se ini cia un trabajo de estas características es muy difícil saber las dificultades con las que nos vamos a en contrar a medida que av anzam os en su realización. Vencerlas, a veces, no es tarea fácil si, a nuestr o lado, no contamos con una persona que nos anime y ayude a segui r hacia delante. Yo tengo la inm ensa fortuna de co ntar con el pof esor D. Juan J. G estal Otero , mi director y mi maestro. El profesor Gestal, h oy Profesor Emérito de la Universidad de Santiago Compostela, era el Catedrático Jefe del Servicio de Medicina Pre ventiva y Salud Pública del Hospital Clí nico Universitario de Sa ntiago (CHUS) y dir ector del Departamento de P siquiat rí a, Radiología y Salud Pública cuando inicié la residencia en esta especialidad. A él debo mi formac ión y g racias a él hoy es posible la defensa de esta tesis. Mi gratitud y respeto hacia él son infinitos y así quiero que quede reflejado, agradeciéndole muy especialmente el tiempo que me ha dedicado, su sabiduría, sus consejos, sugere ncias y correciones, sus ánimos , su infinita paciencia y, en definitiva, su absoluta y desinteresada entrega durante estos años. Por todo ello, y más, gracias profesor Gestal. A mi padre quien, a pes ar de su ausencia, si empre está a mi lado y sigue inculcándom e el espíritu de sacrif icio, de esfuerzo y superación. A mi madre y a mis hermanos por apoyarme siempre y no dejar que me diera nunca por vencida. A Julio Reboredo Pazos por su amabilidad y generosidad, respondiendo a mis pregunta s acerca de la ciudad y poniendo a mi disposición los libros y fotografías de las que dispone. A Fernando Arribas Arias por su disponibilidad y ayuda con su material escrito y fotográfico. A M.ª José Alonso García, a Santos Vega Vill a y Rafael Pérez de Vega y a Xoán Fontela Figueroa y Domingo Figueroa Carrera por haber puesto a mi dispo sición sus fondos documentales. Finalmente quiero mostr ar mi agradecimiento a todas las personas que, de alguna manera, han hecho posible la realización de e sta tesis. Quisiera dedicar este trabajo a todos cuantos entregaron su v ida para cuidar a lo s enfermos y a sus familias durante esta terrible pandemia. A los sacerdotes y reli giosas que no sólo prestaron auxilio espiritual sino que también, en muchas ocasiones, proporcionaron asis tenc ia social y sanitaria a quienes lo necesitaron. A los facultativos, farmacéuticos, sanitarios y a todos aquellos que, de una forma u otra, ayudaron asistencial y económicamente a los enfermos. Y de un modo muy especial a todos los médicos luc enses que trabajaron sin descanso y sin los medios sufi cient es para hacerlo y, sobre todo, a nuestros tres compañeros, los Dres. Pedro Anllo Pérez, Eduardo Fraga Sánchez y Fernando Quiroga Valcarce, que dieron su bien más preciado por cumplir con el debe r de ayudar a los demás . “ Es posible procurarse una seguridad frente a las demás c osas, pero, frente a la muerte, todos los seres humanos habitamos una ciudad sin murallas ” Epicuro, siglo III a . de C. “Ninguna profesión puede ser ejerc ida de forma inteligente si no se ilumina con la luz de la historia ” Domínguez Alcón, 1989 LISTA DE SIGLAS Y ABREVIATURAS AALu: Actas Ayuntamiento de Lugo. AFIP: Instituto de Patología de las F uerzas Armadas estadounidenses. AHPLu: Archivo Histórico Provincial de Lugo. ARN: Ácido ribonucleico. BOOL: Boletín Oficial del Obispado de Lugo. BOP: Boletín Oficial de la Provincia. C.L.C. – C.T.P.: Chinese Labour Corps ó Cuerpo de traba jadores chinos. CDC: Centros para el control y prevenc ión de las enfermedade s. COA: Colegio Oficial de Arquitectos. COF: Colegio Oficial de Farmacé uticos. COM: Colegio Oficial de Médicos. Fig.: Figura INE: Instituto Nacional de Estadística. Leg.: Legajo ME: Mortalidad específica. OMS: Organizac ión mun dial de la salud. PCR: Reacción en ca dena de la polimerasa. RC: Registro Civil. R. O.: Real Orden. R. O. C.: Real Orden Circular . S.I.C.B.: Santa Iglesia Catedral Basílica . Sign.: Signatura. TBM: Tasa de mortalidad genera l. TMG: Tasa de mortalidad por gripe . 11 ÍNDICE: RESUMEN ....................................................................................................................... 13 1 INTRODUCCIÓN .................................................................................................... 15 1.1 Descubrimien to del vir us ................................................................................................ . 16 1.2 Un misterio todavía po r resolver .................................................................................. 27 1.3 La pandemia e n las a ctividades artís ticas .................................................................. 45 1.4 Víctimas de la ep idemia .................................................................................................... 59 1.5 Consecuen cias positi vas de la pande mia .................................................................... 84 1.6 La epidemia e n Espa ña ...................................................................................................... 87 1.7 Lugo: contex to histórico ................................................................................................... 93 1.7.1 Lugo: Ciudad de las mural las, Ciudad del Sacram ento .................................................. 93 1.7.2 Lugo en 1918 ................................................................................................ .................................. 98 2 JUSTIFICACIÓN................................................................................................... 157 3 HIPÓTESIS............................................................................................................. 159 4 OBJETIVOS ........................................................................................................... 161 4.1 Objetivo princi pal ............................................................................................................ 16 1 4.2 Objetivos específ icos ....................................................................................................... 16 1 5 MATERIAL Y MÉTODOS ................................................................................... 163 5.1 Búsqueda de la informa ción acer ca de la pand emia en l a ciudad de L ugo . 163 5.2 Estudio del i mpacto demogr áfico de la epidemia en la capital luce nse ....... 164 5.3 Relato de las dis tintas a ctuaciones fr ente a la ep idemia ................................... 168 6 RESULTADOS ....................................................................................................... 171 6.1 Curso cr onológico y a ctuaciones fre nte a la epidemia ....................................... 171 6.2 Morbilidad .......................................................................................................................... 369 6.3 Mortalidad .......................................................................................................................... 375 6.3.1 Anál isis de la mortal idad en el per íodo 191 6-1921 en Lugo capital y pro vincia 375 6.3.1.1 Númer o de fallec idos y tasa d e mortal idad ge neral ................................................ 376 6.3.1.2 Númer o de fallec idos por gripe y t asa de mortalidad p or gripe ........................ 378 6.3.1.3 Tasa de m ortalid ad general (TBM) y tasa de mortalida d por gripe ( T MG) en relación con las capitale s y p rovincias gallega s ...................................................................... 382 6.3.1.4. Tasa d e m ortalida d general (TBM) y por g ripe (TMG) en relac ión con las capitales y provincia s españolas y gallegas c onsideradas en c onjunto ......................... 386 6.3.2 Anál isis de la mortal i dad durante la p andem ia en la ci udad de Lu go ..................... 390 12 6.3.2.1 Mortal idad por gr ipe ............................................................................................................ 390 6.3.2.2 Inc idencia por meses y p or días ...................................................................................... 391 6.3.2.3 Inc idencia por edad y sexo ................................................................................................ . 395 6.3.2.4 An álisis por cau sa, profesión, e stado c ivil y l ugar del fall ecimiento ................ 398 6.3.3 Anál isis de la mortal idad por en fermedad es respirat orias d urante el per íodo 1916 -1921 en la ciudad d e Lugo ................................ ......................................................................... 403 6.3.4 Anál isis de la mortal idad por en fermedad es respirat orias d urante los añ os 1918 y 1919 y el per iodo pandé mico en la ciudad de L ugo .................................................................... 408 6.4 Medidas pre ventivas y terapéuticas frente a l a gripe ......................................... 409 6.4.1 Generales ....................................................................................................................................... 409 6.4.2 En Galicia ........................................................................................................................................ 419 6.4.3 En Lugo ........................................................................................................................................... 426 6.4.4 Anuncios en pren sa ................................................................................................................... 430 7 DISCUSIÓN ........................................................................................................... 435 7.1 Material y m étodos ................................................................................................ .......... 43 5 7.2 Resultados ........................................................................................................................... 43 9 7.2.1 Morbil idad ......................................................................................................................................... 439 7.2.2 Mortalidad ......................................................................................................................................... 447 7.2.3 Actua ciones frent e a la epide mia ............................................................................................. 458 7.2.3.1 Autor idades civil es ................................................................................................................ 458 7.2.3.2 Autor idades militares .......................................................................................................... 469 7.2.3.3 Autor idades rel igiosas ......................................................................................................... 470 7.2.3.4 Actua ción sanitar ia ............................................................................................................... 472 7.2.3.5 Actua ción de la pr ensa ................................ ......................................................................... 475 7.2.3.6 Actua ción de la sociedad ..................................................................................................... 478 8 CONCLUSIONES .................................................................................................. 483 9 BIBLIOGRAFÍA .................................................................................................... 485 ÍNDICE DE FIGURAS ................................................................................................. 525 ÍNDICE DE TABLAS ................................................................................................... 537 ANEXOS ........................................................................................................................ 539 DECLARACIÓN DE CONFLICTO DE INTERESES................................ ............. 553 13 RESUME N Introducción : Unos me ses antes de que la Primera Guerra Mundial acabase un nuevo enemigo entró en escena. Se tr ataba de un virus gripal que, en pocos meses, asolaría a la humanidad provoca ndo l a mayor catástrofe sanitaria de la historia. Y aunque ya han pasado más de cien años d esde que se produjo esta pandemia, todavía se desconoce el impacto que produjo en muchos lugares del mundo. En España hay numerosos estudios que abordan sus consecuencias tanto a nivel nacional como local, de provincias o ciudades, pero ninguno lo hace sobre lo que sucedió en el municipio de Lugo y por ello nos propusimos hacerlo c on este trabajo. Comenzamos destacando algunos asp ectos generales menos conocidos de l a pandemia; a continuación, contextua l izamos la situación de la ciudad lucense e n 1918 y , finalmente, hicimos un relato cronol ógico de lo qu e h abía su cedido desd e mayo de 1918 hasta mayo de 1919, analizando sobre todo su impacto demográfico y social. Mater ial y Métodos : Con el fin de re copilar la información publicada acerca de la pandemia de gripe en la ciudad de Lugo, se realizó una búsqueda en las principales bases de datos (PubMed, Dialnet Plus, Scopus, Wos -Webof Science) utilizando el término MeSh Influenza pand emic 1918 -1919 al qu e se añadió S pain, Lugo, Galicia y G alician. También se hizo una búsqueda avanzada en la base de tesis doctorales Teseo usando las palabra s y fechas: pandemia, epidemia, gripe y 1918 en el apartado de título. Además, en Google schoolar, se realizó otra consulta utilizando las palabras: gripe española en Lugo, gripe de 1918 en Lugo, pandemia de gripe en Lugo y epidemia de gripe en Lugo. Finalmente revis amos una veintena de libros escritos en castellano sobre la pandemia. Para e studiar el impacto y las distintas actuaciones frente a la pandemi a en Lugo se revisó, entre otr a documentación, la infor mación de la época contenida en los cinco diarios locales (El Progreso, L a Voz de la Verdad, El Regional, El Norte de Galicia y La Idea Moderna), el Boletín Ofi cial de la Provin cia de L ugo (BOP), el Boletín Oficial del Ob ispado de Lugo, las actas de sesiones de la Jun ta Provincia l de Sanidad, los libros de actas de sesiones, ordinarias y e xtraordinaria s del ayunt amiento y de la diputación provincial, los libros de defunción del Registro Civil y de las feligre sías y parroquias (Albeiros, Saamasas, San Félix de Muj a, S an Froilán, San L ázaro del Puente, S an P edro, Santi ago de Lugo – A Nova y Santiago de Piugos), la documentación relativa a la Junta de C aridad, los libros de actas de l a sociedad Círculo de las Artes y los libro s de a ctas del antiguo Instituto General y Técnico. También s e consultaron otros diarios , y revistas de la época, como ABC , El Ideal Gallego , Vida Gallega , España Médica , etc. Finalmente nos entrevistamos con uno de los historiadores de la ciudad, con la H ermana Superiora del Asilo de Ancianos y con familiares de algunos de los médicos y farma céuticos que co mbatieron la pandemia en la ciudad. Una vez recogida toda la información, elaboramos las correspondientes ta blas y gráficas y calculamos las tasas d e mo rbilidad, mortalidad general y específica por gripe por meses, grupo s de eda d y s exo. R esultados : La pandemia de gripe afectó a Lugo en tres ocasiones. La pri mera en el mes de ma yo de 1918, la segunda en septiembre/octubre y la tercera en enero/ febrero de 1919. El M ARTA J ATO D ÍAZ 14 número total de fallecidos fue de 257 personas: 5 en la primera ola, 209 durante la segunda y 43 durante la tercera. Fallecier on más mujeres (53,6%) que hombres. El grupo de edad más afec tado fue el de 20 a 39 años. El diagnóstico de muerte más frecuente fue el de bronconeumonía gripal, en el 26% d e los casos. La tasa de morbilid ad hallada se sitúa entre el 404‰ y el 670‰ y la de mortalidad e n el 6,1‰. Se registró un aumento de muertes por enfermedade s respiratorias, sobre todo por bronquitis aguda, no observándose este hecho para la neumonía. Discusión : Los datos hallados por nosotros, en su mayoría, concuerdan con los obtenidos en otros trabajos. La a ctuación de las autoridad es provinciales no fue t odo lo activa que debiera h aber sido y casi siempre actúo al ritmo que le marcaba el gobierno central. Por el contrario, el al calde siempre estuvo pendiente de los problemas más a cuciantes para los lucenses, tanto sanitarios como en el ámbito de las subsistencias. La pr ensa jugó un p apel destacado informando desde el primer mom ento t anto de lo que se iba co nociendo acerca de la enfermedad como de l as medidas preventivas a poner en marcha para evitar su contagio y propagac ión. Los médicos y farmacéuticos tuvieron una a ctuación intach able y la sociedad mostró su faceta más solidaria c on los que peor lo estaban pasando. Conclusiones : La gripe llegó a Lugo al mismo tiempo que al resto de España cursando también en tres olas. Durante el t ranscurso de la epidemia, la enfermedad se fue trasladando desde el centro de la ci udad hacia las zonas más periféricas y aldeas l imítrofes. No hubo previsión de ac ción por parte de las autorid ades provinciales. Las medidas adoptadas por el gobierno municipal fueron sobre todo de carácter social. Los médicos tra bajaron al límit e de sus posibilidades a pesar de ser pocos en número y de las numerosas dificultades con las que se encontraron. Los farmacéuticos mostraron su face ta más solidaria con los más desfavorecidos. La pandemia dejó al descubierto, e hizo más patentes, muc hos p roblemas que arra straba la ciudad y s ituaciones de pobreza e insalubridad de las personas c on menos recursos. 15 1 INTR ODUCCIÓN En el año 1918, pocos m eses antes del final de la guerra, hizo su aparic ión un nuevo enemigo, invisible y más leta l que el propio enfrentamiento bélico, que a soló a la humanidad en los cinco continentes y desafió a un mundo que intentaba resurgir de los estragos de una horrible contienda (f igura 1). Su agente causa l se desconocía y para su tratamiento se emplearon fármacos muy diversos, fundamentalmente analgésicos y antitérmi cos, y no siempr e a las dosis adecuada s lo que provocó, en algunos enfermos, importantes efectos iatrogénicos. Tamb ién se recurrió a las prácticas de curanderismo más curiosas e inso spechadas e incluso se recuperaron algunos métodos curativos ya totalmente en desuso, c omo las sangrías, al ob servar que algunos pacientes parecían mejor ar después de una hemorragia nasal, tener la menstruación o sufrir un aborto. En España se presentó e n un mom ento muy delic ado, de una gran inestabilidad polí tica, con un alto po rcentaje de analfabetismo, escasa higiene, poca cultu ra sanitaria y un a formación médica muy desigual. La epidemia p rovocó una sensa ción general de im potencia. No r espetó fr onteras ni clases sociales. Puso a prueba l a capacidad d e r espuesta de los gobiernos, de la ig lesia, de la p rensa, de las instituciones sociale s y de los profe sionales de la medicina, ante una cr isi s que nunca antes se había vist o. No se pudo prevenir, ni atajar ni curar. P ero lo q ue sí se puede, y se debe, es a nalizar y comprender lo que ocurrió para no cometer los mismos errores y pod er hacer frente a aná log as situaciones que se puedan presentar en el futuro. Figura 1 . El virus gripal se extendió por to do el mundo Fuente: Vida marítima , 10. 10.1918, p. 18 M ARTA J ATO D ÍAZ 16 1.1 D ESCUBRIMIENTO DEL VIRUS En 1918, los virus todavía no habían sido descubier tos por lo que era imposible saber quién era el responsable de esa tragedia. En un principio su etiología se atribuyó, erróneamente, al Haemophilus influenzae conoc ido en ese momento como bacilo de Pfeiff er. Richard Friedrich Johannes Pfeiffer, destacado ba cter iól ogo alemán, había sido el primero en des cribir la relación d el Bacillus influenzae con la gripe epidémica de 1889-1890 (gripe rusa) al observ ar esta bacteria en l as muestras de esputo de 31 p acientes fallecidos a causa de esta en fermedad. En 1892 publicó sus resultados afirmando que ese ba cilo er a e l causante de la gripe estableciendo así la teoría del origen bacteriano de esa infección (fig. 2 ). Figura 2. I z da .: Dres. Pfeiffer (de pie) y Koc h . Dcha.: H. Influenza e Fuente: https://www.nationalgeographi c.es/ciencia/202 2/03/el-error- de - la -pandemia- de -1918-que- cambio- la -medicina-para-siempre Enseguida surgieron l as primeras dudas, pues muchos investigadore s no encontraban el bac il o ni en las muestras respiratorias de los pacientes ni en las autopsias, por lo que el primero de los postulados de Koch que indica que «el microorganismo sospechoso debe estar presente en todos los organismos que estén padeciendo la enferme dad, pero no debería encontrarse en los sanos», ya no se cumplía. Debieron transcurrir todavía doce años h asta qu e el Dr. Richard Ewin S hope, en 1931, demostrase que se trataba de un virus , al transmit ir la enfermedad entre los cerdos a través de material filtrado ( S hope, 1931 ), y quin ce hasta que los Dres. Wilson Smyt h, Christopher Howard Andr ewe s y Patrick Laidlaw, aislaran el virus de la gripe humana (fig. 3) (Smith, 1933). Figura 3. De iz da. a dcha.: D res. Shope, Smyth, Andrewes y Laidlaw F u en t e: https://www.nationalww2mus eu m.org/war/articles/ medi cal-innovations-191 8-flu ; https://es.findagrave.com/memori a l/17061388/wilson-smith#; h t t ps://www.oxforddnb.com/display/10.1093/ref:odnb/9780198614128.001.0001/odn b - 9780198614128 -e- 40059 ; https://es.wikipedia.org/wiki /P atrick_Lai d law INTR ODUCCIÓN 17 A mediados del siglo XX ya se sabía que el c ausante de la gripe era u n virus, pero faltaba conocer el nombre, los apellidos y el rostro de aq uel cruel asesino, qu e h abía devastado a la humanidad unos años antes, y ¡había que averiguarlo! En 1949 Johan Viking Hultin, un joven m édico sueco de 25 años, comenzaba su programa de doctor ado en microbiología en la U niversidad de Iowa. Al año siguiente, durante una de las clases, el reputado patólogo Willam Hale ini ció un coloquio acerca de la pandemia de gripe de 1918 y comentó el hecho de que la única forma de descubrir cuál había sido su causa era encontrando víctimas que hubiesen sid o enterradas en p ermafrost con la esperan za de que estuvieran todaví a congeladas y bien p reservadas y, de esta man era, poder aislar el virus de sus pulmones. Para Hultin ese comenta rio supuso encontrar el tema de su tesis doctoral: encontraría el virus, lo recupera ría y lo estudiaría con detalle para conocer su origen. Esta ba es una situación privilegiada, pues el verano anterior habí a estado trabajando va rias semanas con un paleontólogo alemán, lla mado Otto Geist, en una excavación en Alaska y este podría ayudarle a encontrar pueblos con áreas d e perm afrost. Al mismo ti empo escribió a distint as misiones luteranas de e sa zona para que le informasen sobre aq uellas aldeas en las que un alto porcentaje d e su población hubiese fallecido a causa de la gripe y sus registros de muerte fuesen fiables. Un año después tenía todos los datos que necesitaba. Obtuvo 10.000 dólares de la universidad y, a principios de 1951, partió hacia Alaska acompañado de un virólogo, Albert McKee, y un patólogo, Jack Layton, a los que más tarde se uniría el Dr. Geist. Hulti n había seleccionado tres a ldeas, a lo largo de la costa de la península de Seward, para llevar a cabo su investigación. Los enterramientos habían sido realizados por mineros del oro (hombres muy hábiles para ex cavar en el hielo), contratados por el gobie rno ter ritorial, que s e habían desplazado de pueblo e n pueblo durante el invi erno de 1918/19 pa ra s epultar a todas l a s víctimas en fosas comunes de unos 2 metros d e profundidad. Pero cuando llegaron a su destino, en dos de las aldeas los cadáveres ya no estaban enterrados en permafrost. En la primera, Nome , los enterramientos se habían realizado muy c erca d e un río y se habían descongelado y en la segunda, Wales, el mar se había acerca do dem asiado y las 178 víctimas de gripe que estaban allí sepultadas también se habían descongelado. Sólo quedaba Br evig M ission, un pueblecito costero de Alaska, junto al Círculo Polar Ártico. Se trataba de una comunidad pequeña, de nativos inuit, que se habí a visto afectada po r la epidemia, que cont aba con unos registros fiables de muerte y que h abían establecido sus cementerios en terrenos con permafrost. ¡Era el lugar pe rfecto! (fig. 4). Figura 4. Alaska: aldeas de Nome, Wales y Brevig Mission Fuente: https://www1.beringair.com/conten t.php?action =destinations M ARTA J ATO D ÍAZ 18 El virus había llegado a la aldea a través del correo, que venía en trineo, y del comercio con los pueblos vecinos. En tan solo cinco días (entre el 15 y el 20 de noviembre de 1918) 72 habitantes, de los 80 de aquella pequeña comunidad, f allecieron ví ctimas de la gripe quedando su población reducida a tan solo 8 habitantes. El daño que no había causado la Primera Guerra Mundia l (al vivir los esquimal es en un lugar tan aislado no habían sido llamados a filas), lo originó un «bichito» ultramicroscópico. Tras un largo y complicado viaje, los cuatro investi gadore s llegaron a la aldea. Los cadávere s estaban enterrados en una fosa común delimitada por dos grandes cruces blancas de madera, una en cada extremo y una más alta qu e otra. El D r. Hultin se r eunió con el consejo de la aldea, en el que h abía supervivientes d e la epidemia, y les explicó cuá l era el objetivo de su misión. Tras una pequeña deliberación le dieron autorizac ión para llev arla a cabo y el 25 de junio de 1951 comenzaron su tra bajo (fig. 5 ). Encendier on pequeños fuegos para ablandar la superficie d el terreno y s ólo con picos y palas, y sin ningún tipo de protección, tras cuatro días encontraron el pri mer cadáver qu e era de una niña de unos s eis a diez años. Pocos días más tarde descubrieron los de cuatro personas más. Tomaron varia s muestras d e tejido pulmonar , aún conge lado de las ví ctimas, cerraron la fosa y volvieron a Iowa. Figura 5. De izda. a dcha.: J . Hultin exc avando la fosa y, ya en su interior, con sus compañeros Fuente: https://alemontosi.blogspot.com /2020/05/il -documentario -statun itense- we -heard.html ; https://www.elmundo.es/elmundos alud/2007/07/02/biociencia/1183395943.html ; https://www.awesomestori es.com/asset/view/Searching - for -Spanis h-Flu-Answers- at - Brevig-Missi on- 1951//1 Una vez en el laboratorio, el Dr. Hultin intentó cultivar el virus (fig. 6 ). Primero lo hizo en huevos de gallina embrionados, pero no lo consig uió, y luego rociando co n extracto de t ejido pulmonar las fosas nasales de varios roedores (conejillos de indias, ratones blancos y hurones) pero tampoco pudo hacer crecer e l virus. Después de seis semanas de intentos fallidos Hultin abandonó esta línea de i nvestigación y nun ca completó su tesis doctoral sobre el virus de la influenza. Se fu e a S an Francisco y se convirtió en un prestigioso patólogo (Gómez, 2005; Owen, 2005) pero, sin s aberlo, la idea de encont ra r y cultivar el virus sie mpre pe rmanece ría en su mente. INTR ODUCCIÓN 19 Figura 6. El Dr. Hultin, en su laboratorio, en un inten to de cultivar el v irus Fuente: https://www.cdc.gov/flu/pandemi c-resources/re construction- 1918 -virus.html En 1995, otro joven patólogo de 36 años de origen alemán, el Dr. Jeffery Karl Taube nberger, jefe de patología molecular d el Instituto de Patología de las Fuer zas Armadas estadounidenses (AFI P), también estaba interesado en sab er cuál había sido e l origen de la terrible pandemia de gripe de 1918 y p ensó en obtener el virus a partir de las muestras de tejido pulmonar de soldados muertos durante la epidemia. Aunque a principios del sigl o XX la Anatomía Patológica no estaba muy desarrollada como ciencia, se conservaron muchas muestras de pulmón empapadas en fo rmaldehído (fig. 7 ) y encerradas en pequeños cu adraditos de parafina (Fleur y, 2020) El Dr. Taube nberger aplicó , a más de cien de ellas, una nue va técnica de biología molecular: la r eacción e n cadena de l a polimerasa (PCR), descrita en 1983 por Kary Banks Mullis. Pero sólo dos, las procedentes de los solda dos R oscoe Vaugh an de 21 años, del Fuerte Jackson en Carolina del S ur (fig. 8) y James Downs de 30, del campamento militar de Upton en Nueva York (ambos f allecidos el 26 de septiembre de 1918) conservaban el virus. Figura 7. Muestras de tejidos de 19 18 Figura 8. Tejido de Roscoe Vaughan Fuente: Izda.: Ricart, 2018; Dcha.: https://medicalmuseum.health .mil/index.cfm?p=visit.exhibits.virtual.1918killerflu.page_01 M ARTA J ATO D ÍAZ 20 Nadie podía pens ar que, ochenta años después, estos dos hombres prestarían un últim o servicio, y esta v ez no lo harían sólo a su p atria sino a toda la humanidad. De las muestras de su tejido pulmonar se pudier on obtener secuencias parciale s de cua tro de los ocho segmentos genéticos virales (fig. 9). No hubo posibilidad de poder secuenciar más seg mentos, porque los tejidos fueron tratados inicialmente con formaldehido y esto produjo daños en el ácido ribonucleico del virus ( ARN) (Spinney, 2018). Este hallazgo fue publicado en l a revista Science el 21 de marzo d e 1997 (Ta ubenberger, 1997). Pero el material para continuar los estudios se acababa y era necesario conseguir nuevas muestras de tejido, de otras víctimas de la e pidemia, para poder completar el genoma viral. Figura 9. El Dr. Taubenberger y la Dra. Reid revisando una secuencia genética del virus Fuente: https://www.cdc.gov/flu/pandemi c-resources/re co nstruction- 1918 - virus.htm l Al mismo tiempo, y desconociendo los trabajos de 1951 del Dr. Hultin, para la geógrafa canadiense Kirsty Duncan (fig. 10) tras la lectura del libro de Alfred Crosby La pandemia olvidada de Am érica: la gripe de 1918 , des cubrir al as esino se convirtió en una verdadera obsesión. En 1992 declaró: « Me horroriza que no sepamos qué la causó [la gripe española] y sé que, si podemos encontrar fragmentos del virus, podemos encontrar una mejor vacuna contra la gripe ». Figura 10 . Kirsty Duncan Fuente: https://electricscotland.com/canada/kirsty_duncan.htm INTR ODUCCIÓN 21 En ese momento ella no sabía nada acerca de la influenza y realizó un «curso intensivo» de virología durante seis m eses. Buscó el lugar idóneo para encontrar las m uestras y llegó a la conclusión de que ese sit io era un pequeño cementerio en Spit sberge n, una isl a situada entre Noruega y Groenlandia (fig. 11 ). Averiguó que en esa isla hubo varias minas d e carbón que estuvieron gestionadas por la misma empresa. S abía que la gripe había llegado también hasta allí y dedujo q ue alguno de los mineros tendría que haberse contagiado y fallecido durante la pandemia. Tras varias indag ac iones dirigió su búsqueda al pueblo de Longyearbyen (fig. 12), un lugar en el que durante la primavera se pescaba y durante el invi erno se extraía carbón. Revisó cientos de documentos y encontró un diario, de la empresa minera, en el que se indicaba que en uno de los cementerios había seis trabajadores, enterrados en permafrost, que habían fallecido de g ripe. Se trataba de hom bres, granj eros y pescad ores, con edades comprendidas entr e los 18 y 29 a ños que ese invierno iban a la isla para ganar algún dinero trabajando e n la mina, pero ya en el propio barco en el que viajaban se c ontagiaron y fallecieron en la primera semana de octubre de 19 18 ( The New York Times , 1998). Figura 11 . Isla de Spitsbergen Figura 12 . Cementerio de Longyearbyen Fuente: Izda.: https://www.pngwing.com/es/ free- png - zouyu ; Dcha.: https://www.shutterstock.com/es/im age -photo/white-crosses-historic-graveyard- cem etery- built- 1195191607 En 1997, mientras organizaba el viaje, la Dra. Duncan se puso en contacto con el Dr. Taubenberger y ambos colaboraron durante un tiempo . Pero pronto dejaron de hacerlo porque el doctor era demasiado metódico y discreto para congeniar con la «complicada» person alidad de la geógrafa . En agosto de 1998 y tr as cinco años de preparación (permisos para las exhumaciones, búsqueda de personal, etc .), la expedición formada por un grupo de pres tigiosos científicos (patólogos, virólogos, biólogos mol ec ulares, geólogos y arqueólogos m é dicos) de Can adá, Estados Unidos, Noruega y Reino Unido ; cinco sepultureros británicos y con un enorme presupuesto, partió hac ia Spitsbergen con equipos de máxima seguridad con los que manipular el virus y evitar un posible escape. El objetivo era tom ar m uestras de los tejidos y enviarlas a laboratorios de los cuatro pa íses participante s en la investigación. El día 20 comenzó la excavación pero, a pesar de que el reconocimiento con radar estableció que los cuerpos estaban congelados y seguramente bien cons ervados, esta búsq ueda no tuvo éxito. Los cadáveres estaban enterrados muy cerca de la superficie y se encontraban ya mu y de ter io ra dos por lo que l os escasísimos restos de tejido, ya descompuesto, no valían para lo que se pretendía ( The New York Times , 1998). A pesar de ello, la «versión oficial» fue que la misión tuvo é xito y se habían podido obtener muestras. Pero del resultado de las M ARTA J ATO D ÍAZ 22 investigaciones nada más se supo, sólo que los tejidos contenían una «señal» del ARN del virus que podría ayudar a conoc er el genoma . Mientras la Dra. Dun ca n se eterniza ba con su proyecto, lo publicitaba constantemente en entrevistas pagadas y conseguía múl tiples vías d e financiación, la idea de en contra r el vi rus que había ocasionado l a mayor catástrofe sanit aria del siglo XX, a pesar de que habían transcurr ido 46 años, continuaba en la c abeza del Dr. Hultin. Y cuando, e n 1997, el número de la re vista Science que contenía el a rtículo del Dr. Taubenberger cayó en sus manos sabía que con las nuevas técnicas de biología molecu lar esto sería posible. Con 73 años, pero con el mismo entusiasmo de aquel joven de 25, es cribió una carta a T aubenberger ofreciéndose para regre s ar a Alaska y recoger nuev as muestras de tejido. Este, en un principio se mostró reticente y, sobre todo, por los años que ha bía tarda do la expedición de la Dra. Duncan e n planificarse y obtener lo s permisos necesarios, estimando que el plaz o mínimo pa ra poder poner en marcha esta nu eva aventura s ería , como mínimo, de uno o dos años. No obstante, preguntó a Hultin cuándo podría viajar y, disculpándose primero por no pode r hacerlo en esa misma semana (porque h abía prometido a sus nie tos que acabaría la caba ña de secuoyas que les e staba construye ndo), le contestó que en la siguiente sería perfecto. Esta vez había mucho más e n juego que en la anterior y no quería qu e hubiese objeciones por parte de las agencias, de los comités de ética o que se produjeran retrasos, por lo que no permitió ni publicidad ni financiac ión. Iría solo, e n un viaje discreto y costeado por él mismo (3.200 dólares). Entre las pocas cosas que ll evó consigo estaba n las tijeras de podar de su esposa (que cogió sin su permiso) para poder abrir las cajas torác icas de los cadáveres y recoger el tejido pulmonar. Al llegar de nuevo a Bre vig Mission se reunió con el alca lde, B rian Crockett, y el conse jo de la aldea. P ensó que no le volverían dejar acceder a la tumba, pero encontró una aliada entre los mi embros del consejo, Rita Olanna , cuyos familiares habían muerto durante la pandemia y estaban allí enterrados (fig. 13 ). La Sra. Olanna comentó que su abuela fue una de los ocho supervivientes de la aldea. Tenía entonces 12 año s y la gripe mató a su madre y a todos sus hermanos. Había conocido al Dr. Hultin en su primer viaje, en 1951, y recordó que el viejo doctor siempre había tratado a los fallecidos con el máximo respe to, por lo que se le p ermitió abrir de nuevo la fosa, es ta vez ayudado por cuatro jóvene s de la aldea a los que él mismo les pagó e l salario. Si había una única pe rsona en el mundo a quien se pudiese conceder e se permiso era Johan Hultin. El 20 de agosto se inició la excavación, sólo con picos y palas como la primera vez (fig. 14 ), y observó cómo todos los cuerpos que se iba n descubrie ndo ya se habían descompuesto. Figura 13 . Rita Olanna y J. Hultin en 199 7 Figura 14 . Segunda ex cavación de la f os a Fuente: Izda.: https://alemontosi .blogspot.com/2020/05/il -documentario-statunitense- we - heard.html D c h a. : h ttps://alemontosi.blogspot.co m/2020/05/il- documentario -statun itens e- we -heard.html INTR ODUCCIÓN 23 Pero a unos 2 metros de profundidad encontró un cadáver muy bien conservado. Se trataba de una mujer, obesa, de unos 20 años, cuya abundante grasa corporal había pe rmitido , durante la época del de shielo, conservar sus órganos internos e n bue nas condiciones (fig. 15 ). Sus pulmones mostraban la apariencia macroscópica de una neumonitis viral aguda, estaban expandidos y tenían un o scuro color rojo. Llamó a esta mujer Lu cy, porque estaba convencido de que ella arrojaría luz sobre los misterios de la pandemia de 1918. Figura 15 . Johan Hultin con el cuerpo de Lucy Rodeadas con un círculo blanco están las tijeras de podar de su esposa Fuente: https://www.cdc.gov/flu/pandemi c-resources/re construction- 1918 -virus.html Recogió tejido pulmonar de Lucy y lo puso en el medio adecuado para su conservación y transporte: alea iacta est . Su trabajo en Brevig Mission no había terminado. Con el paso de los años las dos cruces blancas que delimitaban la fosa común habían desaparecido y Hulti n, que era un gran carpintero, trabajó toda una noche, las reconstruyó y las puso de nuevo en su lugar original. Se despidió de los que allí yacían y agradeció a los h abitantes de la aldea la generosidad que habían tenido con é l y co n la ciencia. Un año después r egresó y colocó dos placas de bronce en un a de las cruces. Una en el brazo c orto con la siguiente inscripción: Los siguiente s 72 esquima les i nupia t están enterrados en esta f osa común. Reza por ellos, honra y recuerda a estos vecinos que perdier on la vida en la pandemia de gripe durante el breve lapso de cinco días, del 15 al 20 de noviemb re de 1918. M ARTA J ATO D ÍAZ 24 Y, otra e n el braz o largo con los nombres de las 72 personas que murieron durante la pandemia de 1918 y que allí están enterradas (fig. 16) ( Washington Post, 2022). Figura 16 . J. Hultin y las nuevas cruces en la fosa común de Brevig Missi on Fuente: Izda.: http s://ww w.cdc.gov/flu/im ages/pandemic -resources/brevig- missio n - gravesite.jpg?_=83824?noicon. Centro y drcha.: https://www.gi.alaska.e du/alaska- sci ence - forum/vill agers-re mai ns-lead - 1918 -flu-breakthrough- 0# Tras confirmar que las muestras enviadas desde Alaska contenían fragmentos genéticos del virus, el Dr. Taubenberger y su equipo se pusieron a trabajar con los tej idos de Lucy y de los soldados V au ghn y Downs. Dos años después, en 1999, habían logrado la secuencia completa d e la hemaglutinina (Reid, 1999) y, al año si guiente, de la neur aminidasa (Reid, 2000). A partir de entonces los hallazgos de cada uno de los genes del virus se fueron sucediendo hasta que, en el año 2005, se consiguió la secuenciación completa d el geno ma del mayor asesino en serie del siglo XX (fig. 17) (Ta ubenberger, 2005) . Figura 17 . Imagen de la secuencia genética completa del virus Fuente: https://medicalmu se um.heal th.mil/index.cfm?p=visit.exhibits.virtual.1918killerflu.page_01 Ya se tenía toda la información necesaria para «r evivir» al virus, pero, pa ra lograrlo, faltaba un paso intermedio: la creación d e plásmi dos pa ra cada uno de los 8 seg mentos genómicos. Esta tarea fue realizada por los Dr es. P eter Palese, Adolfo G arcía-Sastre y Alicia Solórzano del Mount Sinai de Nueva Yor k. Una vez cr eados, los p lásmidos se enviaron a los Centers for Dis ea se Control and P re ve nti on ( CDC) p ara que pudiese comenzar el proc eso oficial de reco nstrucción (fig. 18) ( CDC, 2019) . INTR ODUCCIÓN 25 Figura 18 . Fases de reconstrucc ión del virus causa nte de la pandemia de gripe de 1918 Fuente: https://www.cdc.gov/flu/pandemi c-resources/19 18-commemoration/special-features/ask-a- scien t ist-terrence-tumpey.htm Esta responsabilidad recayó sobre el Dr. Terrence Tumpey (fig. 19) qu ien comenzó este trabajo en agosto de 2005 y en el mes de octubre ya lo había conseguido (Tumpey, 2005) . E l virus había sido resucitado y ahora h abía que empezar a estudia rlo para d escubrir sus secretos (figura 20 ). Se había detenido al asesino, pero se desconocía c ómo llevaba a cabo sus crímenes y c uál era su arma homicida. Figura 19 . Dr. Terrence Tum pey Figura 20 . Virus A H1N1 Imagen de mic roscopía electrónica Fuente: Izda.: http s://www.c dc.gov/flu/pandemic-resources/1918-commemoration/pandemic-flu- fighter-terrence-tumpey.htm ; Dcha.: https://revistaquixe.co m/2020/05/27/una-mira da- al -pasado- la - epidemia- de -gripe-espanola- de - 1918 - 1919/ El Dr. Tumpey fue l a pri mera persona en reconstruir y estudiar el virus vivo y completo en un laboratorio. Volvamos, por un momento , atrás en el ti empo. Entre el grupo de científicos que acompañaron a la Dra. Duncan, se encontraba el virólogo británico John Oxford (fig. 21), que sería uno de los mi embros del equipo que, además de todo su trabajo de campo, negociaría c on la farmacéutica Roche una parte importante de la financ iación de la expedición. M ARTA J ATO D ÍAZ 26 Figura 21 . Dr. John Oxford Fuente: Izda.: http://www.oxfordmedic ine.co/john- oxford.ph p En el año 2002, en un intento por ganar la carrera de reconstrucción del virus a los estadounidenses, se propuso encontra r alguna víctim a de la epidemia que hubiese sido enterrada en un ataúd revestido con plom o porque esta circunstancia habría permiti do una buena preservación de lo s restos mortales. Era un a labor extremadamente complicada pues s e conserva ban muy pocos registros sobre los ataúde s y era difícil encontrar a los desce ndientes de los fallecidos. Se pudo loca lizar a algunos de ellos y tras pedirle s permiso para la exhumación se comprobó que los cuerpos habían sido enterrados en ataúdes de madera y no de plomo, como figuraba en el registro, descubriéndose así una estafa de la que sin duda habrían sido objeto muchas familias en aquel momento. Sin embar go, e n 2005, se encontró un candidato perfecto: Sir Tatton Benvenuto Mark Sykes, un mi litar y diplo mático inglés fallecido en P arís, el 16 de febrero de 1919 , a los 39 años (fig. 22 ). Debido a su elevado estatus, su ataúd fue fotografiado antes de ser enterrado, lo que le convirtió en uno de los pocos casos seguros e n que un ataúd de plomo contenía los restos de un fa llecido por gripe española ( NBC N ews , 2007). Figura 22 . Iz da. : Sir Mark Sykes . Centro: Su entierro. Dcha.: Sepultura en la finca famili ar Fuente : https://archi ve.org/details/marksykeshisli fe00lesluoft/page/n3/mode/2up?view=theater ; https://www.ebay.co.uk/itm/333816968640 ; https://www.flickr.com/pho tos/23678771@N05/2875773125/in/photostream/ Tras tres años y medio de papeleo (permisos de la diócesis, consentimiento de familiares, l i c e nc ia de l Ministerio d el Inter ior británico, aprobación del comité de ética, etc.), el 8 de s e pti e mbre d e 2006 se accedió a la sepultura ( Gopalan, 2008). Pe ro al abrirla descubrieron INTR ODUCCIÓN 27 una grieta en la parte su perior del ataúd , que se había partido debido al excesivo peso que ejercía la tierra sobre él. Pudieron comprobar que el cadáver estaba en un a fase muy avanzada de d escomposición , lo que significaba que las posibilidades de encontrar una muestra válida eran esc asas. No obstante el equipo pudo extraer 17 muestras de p ulmón y tejido cerebra l a través de la rotur a en la parte superior del ataúd, que permaneció in s itu durante todo el proceso (Arnold, 2018) . Pero, a pesar de todos sus esfuerz os, en ese mom ento só lo pudieron confirmar que S ir Mark Sykes había muerto a causa de la gripe, pero no l ograron aportar nad a nuevo a lo que ya había sido descubierto por sus colegas estadounidens es unos años antes: los datos de las secuencias virales sugieren qu e se trata d e un virus aviar derivado en su totalidad de una fuente desconocida. Los 8 segmentos de su genoma son substancialmente difere ntes de los genes contemporáne os de la gripe aviar (Rabadan, 2006) . Dos años después, en 2008, el equipo de Yoshihiro Kawoka de la Un iversidad de Wisconsin pudo identificar a partir, entre otras, de las muestras de tejido pulmonar y cerebral de Mark Sykes tres gen es dentro del genoma del virus de la gripe de 1918 (PB A, PB1 y PB2). El virus produciría tres tipos de proteínas dentro de las células infectadas, debilitando el revestimiento protec tor de los bronquios y pulmones y «despejando el camino» para una colonización bacter iana s ecundaria y el desarrollo de una neumonía (Qureshi, 2016). En 2011 tras el análisis de 68 muestras de mi litares estadounidenses, que murieron entr e el 11 de mayo y el 24 de octubre de 1918 conse rvadas en el banco de te jidos del AFIP, se pudo comparar l as secuencias genéticas, que codi fican la HA, d e la primera y segunda ola. Se observó que el virus había experimentado un peque ño cambio, pero decisivo, entre la primavera y el otoño: la HA estaba peor adaptada a las aves y mejor a los humanos. Tres cuartas p artes d e los ca sos de primavera tenían una HA adaptado a las aves, mientras qu e otras tres cuartas partes de los del otoño la tenían adaptada a los human os. Pero, como los propios autores admitieron, son muy po cas muestras para poder realizar conclusiones definitivas (Sheng, 2011). En estos momentos las líneas de investigación s e c entran, po r un a parte , en conseguir muestras de gripe anteriores a la p andemia, con el fin de establecer un p aren tesco genético con las de 1918 y posteriores y, por otra, en comprobar si fue un mismo vi rus el causante d e las tres olas o si por el contrario el de los casos de primave ra er a un virus estacional y el realmente pandémic o fue el responsable de los casos del otoño y del invierno. 1.2 U N MISTERIO TODAVÍA POR RESOLVER C ERTEZAS , E NIGMAS , SINGULARIDADES Y CA RA CTERÍSTICAS ÚNICAS DE LA PANDEMIA Hace más de un siglo una pand emia d e grip e aparec ió, casi simultáneamente, e n todo e l planeta. S e p resentó con unas características clínicas y epidemiológicas inespe radas. Su repentina irrupción y su elevada tasa de mort alidad no tenían prece dentes. Ningún otro acontec imiento mató a tanta gente en un período d e tiempo tan corto. Se le ha calificado c omo «el mayor holoca usto de la historia» (Yanes, 2018). Y si bien es cierto qu e, gracias a l a secuenciación y reconstrucción del vir us, conocemos cada vez más cosas también lo es que, más de un si glo después, todavía son pocas las certezas y mucha s las incógnitas que continúan en el aire . Veamos algunas de esas certezas, enigmas, singularidades y caracter ísti cas únicas de la pandemia. ▪ Respecto al agente c ausa l de la pandemia: ¿qué sabemos?, ¿qué ignoramos? Te n emos la certeza de q ue fue causada po r un vir us ARN, de la familia Or thomyxoviridae , de l género Influenzaviru s , tipo A, subtipo H1N1. S e trataba de un virus aviar proveniente M ARTA J ATO D ÍAZ 28 de una fuente desconocid a y no de un virus recom binante surgido a partir d e otras ce pas ya existentes que hubieran adquirido nuevos genes (Rabadan, 2006). Y, desde entonces, se convirtió en un «virus f undador» de una «era p andé mica» que continúa hasta hoy. Esto quiere decir qu e, desde 1918, todas las pande mias de influenza A y las epidemias estacionales están ca usadas por sus descendientes (Morens, 2009). Sabemos que durante la pandemia circularon a la vez, y al menos, dos variantes: una con una unión de alta afinidad al receptor humano y otra con una unión de afinidad mixta a rece ptores aviares y humanos (Ge stal, 2021; Rabadan, 2006). Pero todavía quedan varias incógnitas entorno a la existencia y comportamiento de estas dos variantes. Desconocemos si en todas las olas circularon una o las dos, cuál de ellas fue p recursora de l a otra (pues no hay ning una indicación g eográfica ni cronoló gic a que lo indique), si ambos virus fueron o no igualmente transmisibles o si tenían o no patrones idénticos de repli cación en e l árbol respiratorio (Gestal, 2021 ). ▪ En cuanto a su inicio y su origen: ¿qué sabemos?, ¿qué ignoramos? Sabemos con ce rteza que apa reció de form a súbi ta y que su origen no estuvo en España. Desde el primer momen to este punto estuvo claro, pero, a p esar d e todo, acabó siendo denominada «gripe española». Ya en el mes de julio de 1918 el Dr. Émile Roux, direc tor médico del I nstituto Pasteur, re alizó unas d eclaraciones, en el Daily Mail, en las que califica ba como algo injusto apellidar «española» a l a epidemia, pues la gripe ya se había detectado en el frente occidental antes del mes de mayo y estaba afectando por igual a soldados franceses y alemanes. La en ferme dad p asó desde el país galo a España y continuó su expansión por el mundo (La epidemia de “grippe”, 5 de julio de 1918) . También el Dr. Gins, del Instituto Koch, en agosto pudo comprobar que la enfermedad se había presentado en Francia, en el frente occidental, antes de ha cer su aparic ión en España (La grippe española, 2 de agosto de 1918 ). Y en di ciembr e el p rofesor Chauffard, profesor de clínica méd ica en la Universida d de París, en la revista N uestro Tiempo , afirmaba que: « antes de llegar a España […] la gripe se había señalado en Alemania y Francia » (fig. 23). Figura 23 . F ra gmento de la revista Nuestro Tiempo , 01.12.1918, p. 126 Fuente: https://hemerotecadigital.bne.es/ Cuando la epid emia ll egó a nu estro país, los españoles todavía no sab ían que ya ha cía meses que el virus estaba presente en EE. UU . y que llevaba varias semanas circulando por Europa. La información en los p aíses combatientes en la gue rra estaba censurada y por tanto ese tipo de noticias no llegaban a España. De hecho, el 29 de junio de 1 918, D. Manuel Martín Salazar (inspector general de s anidad) declaró, en la Real Academia de Medicina, que no había recibido ningún informe de la presencia de la enferme dad e n ninguna otra ciudad de Europa (Spinney, 2018). P e ro los grandes enigmas son dónde, cómo y cuándo situar el foc o del origen de la pa nde mi a , un tema qu e ha sido objeto de mucho s debates y estudios. Tres lugares y tres teor ías so n las más aceptadas para intentar explicar el inicio y origen del virus. INTR ODUCCIÓN 29 1. Origen en China e Indochina: La primera t eoría sitúa el foco en China y el sudest e asiático. En 1914 C hina se h abía declarado neutral ante el conflicto europeo (aunque , en 1917, acabaría declarando la guerra a Alemania). E l gobierno chino que ría formar parte de l a ofensiva , sin comprometer la neutralidad, para asegurarse un puesto en la mesa de negociaciones, durante el proceso de p az, con el objetivo de recuperar algunos de los territorios que había perdido. Así, en colaboración con los gobiernos británico y fran cés, se c reó un cuerpo de trabajadores q ue no participaría en l os combates y s e en cargaría del trabajo duro detrás de las líneas (cavar trincheras, reparación de armamento, et c. ). Estos hombres, que procedían de los pueblos del norte de China, y en su mayoría, de Shandong, Hebei y Shanxi, constituyeron el Chinese Labour C orps (C.L.C.) o Cuerpo de Trabajadores Chinos (C.T.P. ) y, a partir de 1916, fueron enviados a Francia, Bélgica y Rusia (figuras 24 y 25) (Sanz, 2014). Figura 24 . Placa del C. L.C. Figura 25 . Hombres del C.L.C en el frente aliado Fuente: Izda.: http s://aphuu ruguay.wordpress.com/ 2014/01/20/trabaj adores- chino s -del- ejercito-aliado-los-olvidados- de - la -primera-guerra-mundial/; Dch a.: https://www.rtve.es/television /20210824/ejercito -olvidado-trabajadores- chino s -primera- guerra- mundial/2163620.sh tml En el invie rno de 1917, con la movi lización del C.L.C . hacia Eur opa a pleno rendimiento, se produjo en Shanxi una epidemia, que también afectó a las otras dos provincias vecinas, por una en ferme dad cuyo diagnóstico y etiología no pudieron establecerse con claridad debido a la inestabilidad del p aís, pero que resultó muy similar a la «enfermedad del invier no», es decir, a la gripe (fig. 26 ). Figura 26 . Proxim idad entre las tres provinc ias epidemiadas en China Fuente: https://sites.google.com/si te/chinaychenye/situacion M ARTA J ATO D ÍAZ 30 Junto con estos trabajadores chinos se reclutaron t ambién miles de hombres procedentes del sudeste asiático (an namitas), del antiguo reino de Annam (los actuales Vietnam, Laos y Camboya), que ta mbién viajaron a Europa y lo hicieron por dos vías: - Hacia el este, a través de Canadá, donde en la isla de Van couve r er an puestos en cuarentena. Pasado e se período iban a Mont re al y y a embarcaban hacia Europa. - Hacia el oeste, por el Cabo de Buena Esperanz a. Desde allí, por Marsella, entraban en el viejo continente. Hay dos h echos que apoyan la hipótesis d e que este gran desplazamiento de trabajadores y soldados entre 1916 y fina les de 1918 podría habe r sido la causa de la expansión el virus por todo el mundo (Humphries, 2014). Por una parte, hay indicios d e que entre los soldados de Vancouver hubo un gra n repunte de enfermedades respiratorias coincidiendo con esta movilización. Por otra parte, en los archivos de los servicios de salud del ejército francés, se han encontrado nu m erosa s referencias a una enfermedad similar a la gripe que, durante ese p eríodo, se d ifundió de manera pe riódica entre las tropas de la antigua Indochina francesa, a la que se denominó «neu monía de los annamitas», y que fácilmente podría h aber sido la prec ursora de la gripe española. Los síntomas de esta dolencia, que fueron descritos por el Dr. Cac hie en mayo de 1918, eran: […] fiebre de 38º a 40º, tos fuerte que a veces produce vóm itos, cefale a, raquialgia, agujeta s generali zadas […]. Tos cada vez más fuerte, con expectorac ión a vec e s sanguinolen ta p ero q ue, al examen , parecía de origen faríngeo, estertor es de bronqui tis diseminad a en los dos pulmones, zona s de localización congest iva en los mis mos órga nos […] (Er koreka, 2020 ). Sin embargo, est a teoría ha quedado prá ctica mente refutada al comprobarse qu e, en Europa, fueron pocos los trabajadores y soldados orientales que fallecieron a causa de la gripe en 1918. Además, el pico de su mortalidad se produjo en un momento posterior al de sus compañeros de combate de la marina france sa (fig. 27 ) (Shanks, 2016). A esto debe añadirse que no existe una certeza plena sobre la etiología de la enfermedad que se declaró en China en el invierno de 1917 (Gestal, 2021; Spinney, 2018 ). F i g u ra 27 . Mortalidad semanal por neumo nía- gripe en soldados asiático s vs marina francesa, 1918 Fuente: Shanks, 2016 INTR ODUCCIÓN 31 2. Origen europeo: La segunda teoría sitúa el origen del virus en Europa. Los británicos, ante la dificultad que conllevaban las tareas de almacén d e sum inistros, atención de los enfermos y heridos y admisión de refuerzos, construyeron un importante campamento en un pequeño puerto pesquero en el norte de Francia, Étaples, que contaba con toda clase de dotación: campos de entrenamiento, de tiro, mi les de barracones, hospitales, etc. (fig. 28). En sus inmediaciones se encontra ban los campos de prisioneros alemanes, las tropas fra ncesas de I ndoc hina y el cua rtel general y un hospital d el C.L.C. Habitualmente este lugar acogía a unas 100.000 personas y c ada dí a llegaban r efuerzos desde todas las colonias del Imperio Británico. Entre julio y noviembre de 1916 (durante la sangrienta bat alla del Somme) llegaban cada noche diez trenes ambulancia con heridos, muchos de los cuales habían estado expuestos a gas es tóxicos, como el gas mostaza. En el mes d e diciembre se de claró en el campamento un brote de una enfermedad muy similar a la gripe. S e trataba de una infección respir atoria con una fiebre muy alta, tos, c ianosis en heliotropo (que se vería con frecuencia durante la pandemia) y que provocaba una letalidad muy elevada. Un brote epidémico muy similar afectó, en 19 17, a hosp itales británicos en l a ciudad francesa de Ruan y a los cuarteles del ejército en Alderston (Inglaterra) ( Oxford, 2001; Spinney, 2018). Figura 28 . Campamento del ejército británico en Étaples, 1917 Fuente: Oxford, 2005 En julio de 1917 en la revista Lancet se describió esta enfermedad, a la que se d enominó « bronquitis purulenta » y señalaba , como características más relevantes, el color azulado del rostro y la congestión e inflamación pulmonar (fig. 29 ). El cu adro clínico era análogo al que luego se vería en 1918 (Oxfor d, 20 02 ). M ARTA J ATO D ÍAZ 32 Figura 29 . F ra gmento del artícu lo publicado en L ance t , 14.07.1917, p. 41 Fuente: https://www.sciencedirect.co m/science/article/abs/pii/S0140673601562297 Este cuadro se produjo en un contexto de guerr a, en el que convivían trabajadores y soldados de los cinco continentes, en condiciones de ha cinamiento, bajo sit uac iones de estrés, miedo, desnutrición, suciedad, exposición a elementos climáticos adversos, contacto con gases tóxicos (gas mostaza) y con animales (a ves y c erdos e ntre otros) lo que suponía una gran oportunidad para que un virus gripal sufriese un gran número de pequeñas variaciones en su genoma y s e hiciese especialmente virulento (figuras 30 y 31) (Oxford, 2005). Figura 30 . Piaras en Étaples Figura 31 . Soldados de spl umando pavos Fuente: Izda.: Oxford, 2002 ; Dcha.: Oxford, 2001 Todo esto, unido a una restricción de los viajes durante la contienda, parece ser la explicación para que e l nuevo virus mutante se hubiese mantenido durante un par de años, en pequeños brote s poblacionales mientras aumentaba su virulencia , de manera escalonada, hasta hacer su aparición de finitiva en 1918 (Oxford, 2002). Pero, una vez acabada la guerra, los so ldados regresaron a sus l ugare s de origen llevando consigo, sin saberlo, a un mortal enemigo que les fue acompañando por todos los pueblos y ciudades, lo que propi ció la p ropagación y difusión del viru s a nivel mundial. Hasta este momento no se h an procesado muestras clínicas de virus gripa l anteriores a 1918, por lo que no se INTR ODUCCIÓN 33 puede saber si los brotes de 1916 y 1917 fue ron causados ya por el de la gripe pandémica o por otro. El mayor «pero» de esta teoría, de la que el Dr. Jo hn Oxford es uno de los mayores defensores, es que la po blación civil de esas zon as no se vio afectada al mismo tiempo que la militar (Oxford, 2001, 2005). 3. Origen americano: La tercera teoría, la más aceptada en la actualidad, apunta a que la epidemia comenzó en el corazón de los EE . UU ., en Camp Funston (denominado así en honor del general de brigada Frederick Funston) - en Fort Riley - en el estado de Kansas, (Hern ández, 2020). La enfermeda d habría llegado a través de un joven recluta, un agricultor del condado de Haskell (localidad situada a unos 480 kil ómetr os de Funston) y se extendería rápidamente por todo el ca mpamento, de modo que en tres semanas ha bría más de un millar de soldados en el hospital. Desde aquí viaja ría a otros campos de EE. UU . y daría el salto a Europa con las nuevas re mesas de tropas . El campamento Funston recibía, para su adiestramiento e incorporación a l combate, reclutas d e una zona de captación que incluía el condado de Haskell, uno de los má s pobres de Kansas. En este lugar, a principios de 1918, se había producido un brote infeccioso agudo respir atorio entre los agricultores cuya grave dad, en algunos casos, fu e equiparada post eriormente a l a de la gripe. Esto alarmó mucho al médico local, el Dr. Loring Miner, que obs ervó que la enfermedad estaba afectando fund amentalmente no a niños, ancianos y enfermos crónicos, sino a individuos jóvenes y fuertes, y lo notificó al Servicio Federal de Salud Pública. El 5 de abril, el diario semanal Public Health Reports se hizo eco de la not icia y publicó la existencia del brote de in fluenza e n Haskell (fig. 32). Se considera que el Dr. Miner (fig. 33 ) fue el primero que identificó y describió el cuadro c línico de la gripe española (Barry, 2004). Figura 32 . Public Hea lth Reports , 05.04.1918, p. 502 Figura 33 . Dr. Miner Fuente: Izda.: http s://www. ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC1999792/?page=22 ; Dcha.: https://images.findagrave.com/pho tos/2020/302/16336922_8a7caebf -5b40-4740-bb4a- 17c59b2c8d50.jpeg Simultáneamente se prod ujeron otros brotes similares en los estados de Carolina del Sur y Michigan, en Detroit, entre los t rabajadores de las f ábricas Ford, aunque no fueron n otificados a las autorid ades sanitarias. Esta epidemia remitió cuando el campamento M ARTA J ATO D ÍAZ 34 Funston, que era uno de los más importantes, ya es taba lleno de sold ados enfermos (Barry, 2004; Spinney, 2018) y desde allí los hombres partían para comb atir en Europa propagando e l virus por todo el continente (fig. 34 ). Figura 34 . Rutas de partida de soldados americanos hacia Europa Fuente: Documental Bulos. La verdad sobre la Gripe Españ ola. Grandes mentiras de la histo ria. Canal Histori a. En: https://w ww.youtube.com/ watch?v=S8WLvJlO_pc Cuando e l día 4 de marzo de 1918 el soldado Al bert Gitchell (también ll amado Gilbert Mitchell en algunas publicaciones), cocinero en el campame nto Funston, acudió a la enfermería con síntomas de gripe se guro que no era la primera perso na que había contraído la enfermeda d, pero sí fue uno de los pr imeros casos que se registró de forma oficial por lo que, por consenso, se considera el paciente cero y marca el inicio de la pandemia (Spinney, 2018 ). En el mes d e abril la gripe se difundió por F rancia, entre los ejércitos amer icano y británico, de un a manera benigna. Afectó a un gr an número de soldados, pero, afortunadamente, provoc ó pocas ví ctimas (Gestal, 2021 ). Tras un estudio realizado en el año 2011, parece comprobado qu e el virus que ocasionó la epidemia de 1918 ya circulaba entre la pobla ción, al me nos, cuatro meses antes de que se detectara y reconociera la pandemia (Sheng 2011). Sea cua l sea el o rigen, lo cierto es que el virus viajó «a hombro s» de los soldados y llegó a casi todos los confines de la tierra (fig. 35 ). Figura 35 . Soldados regresando a sus lugares de origen, « acom pañados» por el virus F uente: Elaboración propia sobre imagen de : https://www.faz.net/aktuell/wis sen/spanische- grippe-wie-eine-epidemie-gesellschaften-veraenderte-15479161.html INTR ODUCCIÓN 35 ▪ En relac ión a su nom bre: ¿qué sabemos?, ¿qué ignoramos? Tenemos la certeza de que esta pandemia fue, es y será conocida como « gripe española». Y aunque y a se ha de mostrado ampliamente que esta denominación es errónea, este nombre quedó grabado a sangre y fuego para toda la historia. Pero el enigma surge en relación al por qué y cuándo se le atribuyó este gentilicio. La epidemia se pr esentó en los momentos finales de la primera guerra mundial. Al principio, en cada lugar, se le adjudicó un nombre diferente: bronquitis purulenta, enfermedad once (Francia) , fiebre de las moscas de arena (Italia), fiebre de los tres días o muer te púrpura (EE. UU .), fiebre de Flandes (Inglaterra), catarro relámpago (Alemania), gripe brasileña (Senegal), gripe alemana (Brasil), la enfermedad bolchevique (Polonia), gripe del sumo (Japón), etc. En Francia l os periodistas comenzaron a llamarla «la gripe americana», pero el hecho de que EE . UU . fuera un país aliado en la contienda «aconsejó» no asignarle tal vínculo (Vázquez-Espinosa, 2020 ). Al mi smo tiempo España era un país neutral, ajeno al conflicto y en el que la prensa no estaba expu esta a un a c ensura que le impidi ese contar lo que pasaba (como sí suc edía en los países implicados en la guerra ) ya q ue no existía el hándicap de una posible desmoralización de las tropas o de dar aliento al enemigo con la publicación de estas noticias. También, en nu estro país la gripe r ecibió varios nombres, como la enfermedad de moda, la fiebre de los tres días, la cucaracha o soldado de N ápoles entre otros. España fue la primera nación en i nfor mar a la O ficina Internacional de Higiene de París (creada en 1907, por los estados europeos) y en publicar el problema sanitario al que se enfrentaba. La noti cia saltó a la prensa internacional y el país se convirtió en el referente info rmativo. Además, los medios de comunicación extranjeros aprovecharon la enfermedad del rey Alfonso XIII, y de varios de sus minist ros, en el mes de mayo de 1918 para afianzar toda vía m ás el apelativo de «española». Este término quedaría acuñado definitivamente el día 3 de junio a partir de la publicación de la crónica que el corresponsal e n Madrid d el periódico londinense The Times había escrito el día anterior informando de lo que estaba pasando en la capital española (fig. 36). En agosto sería la Roy al Academy of Me di cine de Gran Bretaña quien volvería a reafirmarlo (Beltrán, 2009 ). Figura 36 . Noticia publicada de The Times . 03.05.1918, p. 5 Fuente: https://thetimes.co . uk/archive La realidad es que en el mundo estaban mu riendo miles de soldados y civiles víctimas de la p andemia, pero lo hacían en silencio sin que nadie se enterara. El nombre de « gripe e sp añola » fue un producto de las circ unstancias. M ARTA J ATO D ÍAZ 36 ▪ Por lo que se refiere a su evolución y difusión: ¿qué sabemos?, ¿qué ignoramos? Este aspecto constituye una de las singularida des de esta pandemia. Existe la certeza de q ue la pandemia evolucionó en olas, cada una con unas caracter ísticas diferentes y que, en menos d e un año, al ca nzó prácticamente al mundo entero. En la mayoría de los países se presentó en tres ocasiones, con distinta gravedad y una letalidad variable. Una de sus principale s caracter ísticas fue un desarroll o muy amplio en el espacio, pero muy breve e n el tiempo (Shank s, 2015). La primera ola, fue relativamente leve y tuvo lugar en la p rimavera/verano de 1918. Causó una alta morbilidad, pero baja mortalidad y tuvo una difusión geográfica limi tada. Tras un verano tr anquilo, a finales de agosto, la enfermeda d reapareció de forma muy virulenta. En esta ocasión se propagó po r todo e l mundo (con muy escasas excepciones) y dejó tras de sí mill ones de muertos. La terc era ola se prese ntó en el invierno de 1919 (fig. 37). Fue más difuminada en el tiempo y aunque menos letal que su predecesora no fue inofensiva provocando un número importante de muertes (Echeverri, 2018 ; Porras, 2020). Figura 37 . Difusión de las tres olas pandémicas Fuente: https://africacenter.org/spotli ght/lessons- 1918 - 1919 -spanish -flu-africa/ A pesar de que los viajes aére os no existían y de l as restricc iones impuestas por la guerra , la gripe se extendió por todo el plane ta. El hecho clave para esta difusió n fue el re greso , tras el final de la contienda, de los soldados de los ejércitos combatientes a sus lugares de origen, así como las cel ebra ciones que se organ izaron para recibirles. Fueron cientos de miles de hombres los que se desplazaron por el mundo entero llevando, en muchos ca sos, el virus consigo (fig. 38 ). Pero, en este punto todavía hay varios enigmas. Por una parte, la presentación de la epidemia no siguió un patrón universal. De esta manera algunos países se vieron afectados sólo por una ola (como B rasil o Australia) y sin e mbargo otros recibieron la visita del virus en más de tres oc asiones. A principios de 1920 se prod ujo un últim o brote (una cuarta ola) en Europa y Japón y en 1921 algunas islas del P ac ífico Sur sufrieron una quinta ola (Erkore ka, 2020). INTR ODUCCIÓN 37 Figura 38 . Izda.: Soldados volviendo a casa. Dcha.: Recibimien to multitudinario Fu ente: Izda.: https://ajph.aphapublic ations.org/doi/full/10.2105/AJPH.2022.306976 Dcha.: https://www.elespanol.co m/cultura/historia/20181110/entender -guerra-mundial- foto s - histor ia - nunca -explico/3517 44836_3.html#img_47 Aunque fueron muy poc os, algunos lugares del p laneta como l a Antá rtida, la isla de Santa Elena (en el Atlántico Sur) y el archipiélago de Marajó (en la des embocadura del Amazonas) consiguieron librarse de la gripe (Spinney, 2018 ). Por otra parte, llam a la atención la form a en qu e s e sucedieron las olas. L o hicieron de una manera rápida, sin apenas intervalo entre ellas y con dist inta afectación, dist ribución y mortalidad (fig. 39): Figura 39 . Distribuci ón y mortalidad de las tres olas pandémic as de gripe Fuente: Modificada de: Jordan, 1927. En: Ortiz de Lejarazu, 2018 . Dado el poco tiempo que trans currió entre ella s y el escape d el virus a la inmunidad adquirida por la población en cada una, nos lleva a plantear la pregunta de si todas las olas fueron causadas por el mismo virus, e s decir, si durante las mismas circuló sólo uno o lo hicieron dos variantes. Parece que durante la segunda y la tercera ola sí circuló un mismo virus, pero l a duda es si la primera fue una gripe estac ional. Para dilucidarlo es necesario contar c on muestras del virus de cada un a de l as olas y sólo disponemos d e la del otoño, l a más letal. ▪ Acerca de l número de víctimas: ¿qué sabemos?, ¿qué ignoramos? Este punto es otra d e sus singu laridades. Lo que hace únic a a esta pandemi a ya no es e l nú mero de víctimas en sí , sino la rapidez y simultaneidad c on las que se produjeron. M ARTA J ATO D ÍAZ 38 Tenemos la certeza de que fueron va rios los mi llones de personas qu e perdieron l a vida. La mortalidad se situó en unos valo res entr e 5 y 20 veces sup erior es a lo no rmal y con amplias variaciones entre los dist intos colectivos, ciudades y países. Algunas estimaciones señalan que causó más muer tes qu e la primera y segunda gu err as mundiales juntas (17 + 60 = 77 mill ones de muertos) y que sólo en EE . UU . la cif ra de fallecidos superó ampliamente a la producida en combate en las dos gu erras mundiales, la de Corea y la de Vietnam juntas (Brained, 2003). Pero, además del elevado número de víctimas, existe otro hec ho fundamental, que el virus de 1918 es el fundador de una «era pand émica». Esto significa que no sólo fue el responsable de los millones de mu erte s p roduc idas durante la epidemia en sí, sino también de las mue rtes adicionales re lacionadas con la in fluenz a que o currieron durante el pa sado siglo y el actual, lo que lo convierte en el responsable de la mayor catástro fe d emográfica sanitaria del siglo XX . El gran enigma continúa siendo cuál es núme ro real de víctimas que se pr odujeron durante la pandemia. L os estudios, para intentar averiguar lo , comenza ron en 1921 y todavía hoy continúan las discusiones académicas para estimar esa cifra qu e se sitúa en una amplia horquilla: entre l os 40 (Erokereka, 2020 ) y los 100 mi llones de muertos (Cirillo, 2020). Sin embargo, a pesar d e los esfuerzos, es un dato que, con tod a seguridad, nunca podremos ll egar a conoc er por muchos motivos: en muchos países faltan los registros, en otros estos re gistros se han perdido, por la dificul tad en hacer un diagnóstico correcto de la enfermedad, etc., a lo que hay que añadir una restricción en la difusión de información por razone s de guerra. ▪ En lo que respecta a la distribución de la mortalidad y su representa ción gráfica: ¿qu é sabemos?, ¿qué ignoramos? Esos dos aspectos constituyen una caracter ística exclusiva de esta pandemia. Sabemos con c erteza que la mo rtalidad sufrió una distribución a nómala entre los distintos sectores de la población. Las mayores tasas (casi la mitad de las muertes relacionadas con la g ripe) se produjeron entr e adultos jóvenes, previamente sanos, con edades comprendidas entre los 20 y los 40 años y , de forma p articular, en e l grupo de 25 a 29. El riesgo absoluto de muerte fue mayor para las personas menores de 65 años, que, para las mayores de es a edad, representando má s del 99% de todas las defunciones por exceso, r elac ionadas con la gripe, durante el perío do 1918 -1919 (Gestal, 2021). Este hecho sólo se produ jo en esta p andemia ya que lo habitual es qu e el riesgo de muerte, para este grupo de eda d, sea menor del 50% (en 1957 supuso el 36% y en 1968 el 48%). De alguna manera, la g ripe se comportó igu al que la guerra: eligió a sus ví ctimas entre la población más ac tiva, aunque no distinguió entre sexos. Por otra p arte, t ambién sabemos que la morfología de la gráfica que representa la curva d e mortalidad por eda d cambió, adoptando una forma de W asimétrica (fig. 40 ). La forma clásica de rep resentación gráfica de las epidemias, por gripe estacional, presenta forma de U porque la ma yoría de los fallecimientos se producen normalmente en los niños menores de 5 años y en los ancianos, con una frecuencia compa ra tivamente baja en las demás eda des. P ero en esta pandemia, debido precisamente a la edad de los afectados (20 - 40 años), el patrón d e la gráfica es distinto y adquiere fo rma de W: en la prim era depresión se situarían los menores de 18 años que, aunque enfermaron, fallecieron relativamente pocos y el trazo ascendente de la derecha, que está atenuado, traduciría una protección mayor pa r a los ancianos que dura nte la gripe estacional. Esto no se había visto antes de la pa ndemia y no se ha vuelto a ver después. INTR ODUCCIÓN 39 Figura 40 . Curvas de mortalidad en U y en W de gripe+neum onía, por 10 5 habitantes, en EE. UU. Fuente: Taubenberger, 2006 Lo que constituye un enigma es por qué se produjo ese cambio en e l patrón de afectación de las víctimas. A diferenc ia de otras e pidemias de gripe, en e sta ocasión l a población más afec tada fue la comprendida entre 20 y 40 años. Esto se explica ría porque el prime r contacto que tuvieron c on un virus gripal fue con el de 1889 -1890 (gripe rusa), un virus A H3N8 que poseía un epítopo inmunodomi nante de células T CD8+ que también poseía la cepa de 1918. Según la teoría del «pecado original antigénico gripal», acuñad a por Tho mas Francis en 1960 (fig. 41), cuando se entr a en conta cto con un virus gripal se responde produciendo anticuerpos frente a ese virus y también frente al primer virus d e la g ripe que nos infectó (Francis, 1960). Figura 41 . Primera página del artículo original de T. Francis Fuente: Francis, 1960 Así, cuando las p ersonas que habían t enido su primer contacto con el virus de la grip e rusa sufr ieron la inf ección por el virus pandémico, al entrar de nuevo en contacto con el epítopo inm unodominante tuvieron una re spuesta inmune e xagerada, con una producción excesiva M ARTA J ATO D ÍAZ 40 de citoquinas (quimi ocitoquinas), activación de c élulas inmunitarias y necrosis de células epiteliales del aparato respi ra torio, que aumentaron transitoriamente la s usceptibilidad a infecciones b acterianas, especialmente por cepas con las que no se había tenido contacto por el mayor aislamiento de la población de entonces, y como consec uencia, a contraer una grave n eumonía secundaria y morir. Como afirmaba Louis Cruveilhier en 1919: « si la gripe condena, las infecciones sec undarias ejecutan » (Gestal, 2021). Por el contrario, aquellas personas que s e expusieron por primera vez a ese epítopo dominante en 1918 tuvieron una respuesta primaria normal que controló la replicac ión del virus sin aumentar la susceptibilidad a una infecc ión bacteriana respiratoria. De esta manera , en 1918 (fig. 42 ): - Los na cidos después de 1901 tendrían menos de 18 años y menor probabilidad tanto de ser rec lutados como de haber estado expue stos a la c epa de 1889 -1890. Durante la pandemia este grupo de población tuvo unas altas t asas de ataque por gripe, pero baja letalidad. - Los nacidos después de 1875 y antes de 1901 (período durante el cual circuló el virus de la g ripe rusa) tend rían entre 18 y 42 años, y fueron las cohortes de nacimiento con mayor probabilidad de muerte por neumoní a secu ndaria en todo el mundo durante l a pandemia. - Los nacidos antes de 1 875, tendrían más de 4 2 años y probablemente estuvieran expuestos por primer a ve z a otros subtipos de virus de gripe. En ge neral, los adultos de mediana eda d y los ancianos tuvi eron un as tasas de at aque más bajas y menor probabilidad de muer te d urante la pandemia. Figura 42 . Tasa de ataque de la enfermedad (línea roja) y tasa de mo rtalidad general (línea negra) por [gripe+neumonía], por grupos de edad, en EE. UU. Fuente: Shanks, 2012 Los factores del huésped fueron muy importantes para determinar la letalidad del virus (Gestal, 2021; Shanks, 2012; Spinney, 2018). ▪ En cuánto a las manifestaciones clínica s: ¿qu é sa bemos?, ¿qué ignoramos? Este punto marca otra de sus importantes singularidade s. Existe la certeza de que esta pandemia se des arr olló con unas manifestaciones clínica s inusu a les. En la mayoría de los casos esta gripe fue igual, clínicamente , a las ocurr idas en los a ños previos y post eriores a ella: inicio re pentino, fiebre alta, cefalea, conjuntiviti s y INTR ODUCCIÓN 41 postración. Sin embargo, hubo tres aspectos que fueron señal ados insistentemente por los médicos militares de los campos de entrenamiento del ejército de EE . UU . que han quedado como «propios» de la epidemia de 1918 (Shanks, 2015). - Por una parte, la presentación de un fenómeno hemorrágico, especialmente en forma de epistaxis. Este signo se observó en m ás del 10% de los casos. Era una hemorragia grave, de sangre roja, bril lante, que provenía de las fosas nasales y que requería la realización de un taponamiento nasal. Esto es algo que no se produce en la gripe común. Por el contrario, los cuadros de hemop ti sis fueron poco frecuentes, pero a menudo, en el examen histológico de las mue stras de pulmón de los pacientes fallecidos, se observó la existencia de hemorragia pulmonar. El virus fue especialmente destructivo con el epitelio respiratorio, observ ándose amplias áreas d e necrosis ce lular en much os de los casos. - Por otra parte, la aparici ón de una forma dist inta de cianosis que se describió como «cianosis heliotropo» por el color de esa flor ( fig. 43) al que se parecía la t onalidad de la piel que adquirían los pacientes (Thomas, 202 0 ). Primero surgían dos manchas de color caoba en las mejillas y en pocas horas el rostro adquiría esta tonalidad. Posteriormente comenzaba a aparecer un color azul ado en las yemas de los dedos, las puntas de las orejas, la nariz y los labios , que pod ía extenderse a toda l a cara (fig. 44 ). Esto se consideró un sig no de mal pronóstico ya que, el 95% de los pacientes que lo mostraban morían en 24 horas. Se trató de describir la to nalidad de la forma más precisa posible porque cualquier cambio en su pigmentación aportaba información sobre el estado del paciente. El color fue calificado c omo un «cirue la rojizo, oscuro e intenso» y mi entras el rojo fuera el color dominante había esper anza, per o cuando se mezclaba con el violáceo o lavanda, esa espera nza se desv anecía. Ese nuevo tono azulado s e oscurecía ha sta volverse negro y aparecía primero en las extremidades (manos y pies con las uñas incluidas) y luego e n el abdomen y en el tór ax. S e decía que la muerte entraba po r la punta de los dedos y se iba apoderando del paciente , que desgrac iadamente fallecía en cuestión de muy pocas horas (Spinney, 2018). Figura 43 . Flor de hel iotropo Fuente: https://es.dreamstim e.com Un hecho que llamaba mucho la atención era que el enfermo estaba consciente casi hasta el momento de su muerte, algo que era p rácticamente imposible dada la baj a saturación de oxígeno que se puede esperar p ara ese grado de cianosis: « el paciente no tiene angustia física, pero el pronóstico es casi desesperado » (Ab rahams, 1919 ). Una posible explicación pa ra ello e s que no todo el pulmón estaba involucrado en el proceso de d estrucción del epitelio y d el llenado lí quido de los alveolos ( algo que se observaba en las autopsias). La neumonía sólo afectaba a algunos de los lóbul os M ARTA J ATO D ÍAZ 42 pulmonares lo que p ermitía, a través del tejido sano, realizar una derivación de l a sangre y proporcionar cierta oxigenac ión. El Dr. N. Roy Grist, un médico militar estadounidense, que trabajaba en Fort Devens (un campamento militar a unas 40 millas de Boston que fue uno de los sit ios más afec tados por la pandemia) envió, el 29 de septiembre de 1918, una carta a un colega suyo, el Dr. Burt, en la que escribió lo siguiente: […] Estos hombres comienzan con lo que parece ser un ataque de gripe, y cuando llegan al hospital, desarrollan rápidament e el tipo de neumon ía má s virulenta que se haya vis to. Dos hor as después del ingreso, tienen manchas caoba s obre l os póm ulos, y unas horas más tarde puede comenzar a verse la cianosis, extendiéndose des de sus orejas por toda la c a ra, hasta que s ea difícil distinguir a los ho mbres b lancos d e lo s d e color. Sólo es cuestión de unas pocas horas hasta que llega la muerte, y es simple mente una lucha por r e spirar hasta que se a hogan [… ] ( Gestal , 2021) Figura 44 . Manchas de Mahogany y cianosis heliotropo Fuente: Shanks, 2015. O rigi nal en: Abrahams, 1919 - Por último, la producción de una sobreinfección bacteriana qu e se traducía en una neumonía secundaria. L a destrucción del epitelio res piratorio permitía la entrada de bacterias qu e colonizaban el pulmón y provocaban un cuadro de n eumonía bacter iana. En los pacientes con gripe la proporción de los que de sarrollaron una neumonía bacteriana fue muy alta y e sta fue una de las razones de su e levada letalidad (fig. 45). Realmente las tasas de mortalidad por gripe no fu eron especialmente elevadas y poca s personas murieron primariamente por neumonitis o insuficiencia respiratoria. Figura 45 . Corte de un pulmón de un paciente fallecido, por gripe, en 1918 [La flecha blanca señala un foco de consolidación neumónica] Fuente: facebook.com/ Medic alMuseu m/photos/a.97395452696/10157162033092697/ INTR ODUCCIÓN 43 La mayoría de las d efunciones ocurrieron, más de una semana d espués del inicio de l a enfermedad, como consecuencia de una neumonía ba cteriana secundaria producida por colonizadore s habituales del árbol re spiratorio (fig. 46 ) (Shanks, 2015). Figura 46 . Porcentaje ac umulado de muertes por gripe- neum onía [Se mide en días desde el inici o de la enfermedad, entre los caso s mortales , en varias zonas durante la pandemia de 1918. Las flechas verticales indican la mediana de días hasta el falleci miento ] Fuente: Brundage, 2008 Todavía sigue siendo un enigma cuál es la razón exacta de estas inusu ales manifestaciones clínicas. Las neumonías letales p robablemente f ueron consecuencia de unas respuestas inmunes sin control a las infecciones por el virus gripal. Esto indujo respuestas aberrantes, incluida una producción excesiva y p rolongada de interferones, citoquinas proinflamatorias y quimioquinas, en particular entre adultos jóvenes. Esta respue sta produjo una inflamación y destrucci ón del e pitelio respiratorio, infiltra ción de cél ulas inmunes del tejido pulmona r con edema y hemorragia y, por último, la destrucción de casi todas la s defensa s físicas e inmunit aria s del tracto r espiratorio inferior, lo que per mitió la invasión por cepas bacterianas colonizadoras preexistentes o rec ién adquiridas (Morens, 2008 ; Shanks, 2012 ). ▪ Del final de la pandemia y su recuerdo: ¿qué sabemos?, ¿qué ignora mos? Es una certeza que, desp ués de arrasar el mundo, la gripe se d esvaneció de for ma súbita igual que aparec ió. Y del mismo modo desapa reció de la memoria colectiva permaneciendo sólo en la memoria indi vidual y familiar. Mientras que, a lo largo de los años, los libros recogían y divul gaban el con flicto bélico, se olvidaban de la p andemia hasta el punto de qu e ni en la 13ª edición de la Enciclopedia B ritánica de 1926 ni en el tratado de Historia de la S alud Pública de G. Rosen de 1956 se hace la más mí n ima mención a la pandemia (Gómez, 2005). No s erá hasta finales de la década de los 60 cuando la gripe comience a hacerse un hueco en los libros de historia (Esquivada, 2020 ). Aun así, cuando se examinan detalladamente los años 1918 y 1919 en la enciclopedia sobre Historia de España de Plaza y Janés, del año 1975, no se encue ntra ninguna re ferencia a l a pa n demia. Pero persiste el enigma entorno a dos misterios. Uno es el de su desigual de saparición, ya q ue su final no se pro dujo al mismo tiempo en todos los lugares del mundo. La gripe no M ARTA J ATO D ÍAZ 44 terminó como la guerra , un día y a una hora conc reta: el 11 del 11 a las 11 , sino que fue perdiendo int ensidad de manera g radua l. Para explicarlo habría dos posibilidades: que se hubiese producido una mut ac ión o bien que, de manera distinta, se fue alc anz ando progresivamente una inmunidad de rebaño y ya no quedaba ningún nicho de contagio. Para María Isabel Porras « el hecho de que la terc era ola fuese fuerte en los lugares donde la segunda había tenido poco impacto y, al contrario, que su repercusión fu era débil en los puntos más castigados por la oleada ant erior hace pensar en una inmunidad de grupo » (Badía, 2021). El virus circ ulaba por todo el mundo infectando a la mayoría de la población y ll egó un momento en que ya no hab ía suficientes personas s usceptibles para que la cepa se convirtiera en pandémica un a vez más (Markel, 2007 ). Se dic e que «la gripe llegó como un fuego que, tras quemar la leña disponibl e y de fácil acceso se consumió». El otro enigma es por qué un suceso que provocó más víctim as que la primera gu erra mundial en su mom ento pudo , hasta h ace muy po cos años, olvidarse y silenciarse fuera del ámbito científico. La razón más plausible es que la gripe fue el último zarpazo de un a carnicería humana. Cruzó el frente de batalla y af ec tó a ven cedores y venc idos por igual y todos perdieron en esa h istoria. Los héroes d ebe n morir en el campo de batalla, luchando contra el enemigo y no enfermos de grip e, en l a cama de un hospital o e n el fr ente. Pero hubo más razone s que contribuyeron a ese olvido y entre ellas podemos apuntar la ineptitud de las autoridades sa nitarias para ha cer frente a la enfermedad o e l desconocimiento médico ace rca de una patología a la que no supieron combatir. Pero hay un factor común que contribuyó tanto a su fin como a su olvido y es que l a «epidemia del mi edo» a la enfermedad desapareció y no porque ésta hubiera sido vencida sino porque la población ya no quería seguir vivi endo atemorizada y decidió que lo mejor era aprender a convivir con ella. La primer a gu err a mundi al h abía te rminado, la gente ansiaba dejar atrás la pesadilla y recuperar su vida de nuevo y … ¡vaya si lo hizo! (fig. 47). Figura 47 . Los «felices» años 20 Fuente: https://www.cambio16.com/pasada- la - pandemia- volveran-los-locos-anos-veinte- en - un - mundo - avido- de -experimen tar- lo s-exc esos-perdidos/ La historia de la g ripe es, en definitiva, la d e una gran derrota colectiva que n adie quería recordar. Pero el peligro del olvido es que estamos condenados a repetir los mismo s errores d e l pasa do, p or eso debemos seguir estudiando y rec ordando esta pandemia . INTR ODUCCIÓN 45 1.3 L A PANDEMIA EN LAS ACTIVIDADES ARTÍSTICAS “ ¿Qué es el arte? El arte nace de la alegría y del dolor , sobre todo del dolor. Crece a partir de las vidas humanas ” . Edward Munch Los artistas, a través de l as distintas manifestaciones de la cultura (cine, pintura, literatura, …) dejan constancia de las v ivencias y reacciones de la sociedad ante determi nados hechos que, de alguna manera, cambian la vida de los pueblos. Y, habitualmente los acontecimientos más trágicos son los qu e suelen quedar reflejados de u na manera más important e. Sin embargo, en el ca so de la pandemia de gripe d e 1918 esto no sucedió así. Su lega do se vio ensombrecido por la primera guerra m undial y pronto se olvidó. Los artistas se vieron más atraídos por las repre sentaciones de guerra que por los e nfermos postrados en una ca ma o muriéndose y, como era d e esperar, son pocas las obras que nos recuerdan el sufrimiento y la devastación humana ca usados por el virus que provocó esa tragedia. No e s nue stro objetivo hacer una revisión exhausti va de su presencia e n las distintas ramas del arte sino sólo mostrar algunos ejemplos. A. En el mundo audiovisual: ▪ Cine: A principios del siglo XX sólo existía el cine mudo y la epidemia y sus efectos quedaron al margen d el mundo del celuloide. Son poquísimas las producciones cin ematográficas que traten el tema e n esta época. Entre e llas se encuentra un cortometraje de 18 mi nutos, filmado a principios de 1 919 y arc hivado e n el Br itish Film Institute, titula do Dr. Wise on Influenza (fig. 48). Fue encargado como una película de información pública y con un mensaje diseñado para advertir a los ciudadanos de la gravedad de la enfermedad y que tomasen las oportunas medidas pre ve ntivas. Figura 48 . Primera imagen del cortometraje Dr. Wise on influenza Fuente: https://www.youtube.com/ watch?v=84nq2KxZMBw En el film de 1919 Daddy Long Legs (Papá piernas largas), dirigida por Marshall Neilan y protagonizada por Mary Pickford (actriz que , unos meses antes del rod aje, había padecido la g ripe ) se hace un guiño a la pandemia, que todavía estaba dando sus últimos coletazos e n e l país. M ARTA J ATO D ÍAZ 46 En un momento concret o de la cinta, la protagonista se encuentra en una estación de tren que está abarrotada y no consigue abrirse paso hacia el andén. Para lograrlo finge un estornudo que provoca el pánico entre los allí presentes (muchos de ellos con mascarilla) que inmediatamente dejan la vía libre ante el temor de que pudiera tratars e de una muj er enferma de gripe (fig. 49 ). Figura 49 . Primera imagen y fotograma del min uto 44:30 d e la película Daddy Lo ng Legs Fuente: https://eltestamentodeldoctorc aligari.com/2020/04/16/recordando -otras-pandemias-del- pasado- como - la -gripe- espano la- de - 1918 -afecto-a-hollywoo d/ En Qué bello es vivir , d e 1946 y dirigi da por Frank Capra , aunque la pandemia no forma parte del argumento pri ncipal, sí está detrás de uno de los episodios de la vida de l protagonista que evita q ue un farmacéutico, ante la desesperación de ver a su hijo morir como consecuencia de la gripe, cometa un crimen. Un film más reciente es el largometraje 1918 , dirigi do por Ken Harrison en 1985. En él se cuenta como una ciudad de EE. UU . s e enfrenta, por un lado, a la id ea y al temor de participar e n la gu erra europe a y por otro a una epidemia qu e está diezmando a l a población y que puede hacer cambiar todos los planes de futuro. Despertares , p elícula de 1990 dirigida por Penny Marshall, está basa da en la biografía del Dr. Oliver S tacks. R elata el descubrimiento del efecto beneficioso de la L -dop a sobre un grupo de pa cientes que, e n su mayoría, se ha bían contagiado de gripe durante la pandemia siendo jóvenes, y permanecían en un estado de semi inconsciencia característico de la encefa litis letárgica de Von Economo. En Canción de invierno (últ ima pelíc ula de la trilogía Sarah, Plain and Tall), de 1999 y dirigida por Glenn Jor dan, se narra la historia d e un padre que debe reencontrase con su hijo, al que abandonó c uando era un niño, y con sus ni etos. La trama se desarrolla en Kansas en el invierno de 1918, con la sombra de la muerte por todas partes: la guerra y l a gripe que azota a todo el país . En el año 2009 se rea lizó una p elícula para la televisión, rodada en blanco y negro y dirigida por Just in Hardy, titul ada Spanish flu: the forgotten fallen . Comienza en el mes d e noviembre de 1918 y se desarrolla dur ante los primeros meses, después del final de l a guerra , cuando miles de soldados exhaustos regresan a casa. Cuenta la hist oria de los heroicos esfuerzos d el Dr. Jam es Niven, of icial médico en Manchester , para combatir la segunda ola d e gripe a medida que s e propa gaba por el Reino Unido (fig. 50). INTR ODUCCIÓN 47 Figura 50 . De izda. a dcha. : Qué bello es vivir, 1918, De spertares, Canción de invier no y Spanish flu Fuente: Izda. a dcha.: https://es .wikipedia.org/wiki/Qu%C3%A9_bello_es_vivir; https://www.filmaffinity.com/ es/ ▪ Documentales: A raíz del centenario de la pandemia se han hecho varios documentales. En España, en el año 2021, s e r ea lizó: 19 18. La gripe española , dirigido por Albe rto Esteban, en el qu e se ofrece una visión científica e histórica d e l virus, con la participac ión de destacados especialistas. La epidemia de gripe española de 1918 es el título de otro documental, con e l mismo formato que el ante rior , en el que también int e rvienen importa ntes científicos internacionale s. En 2022 en Galicia se realizó y emitió, en dos capít ulos, un intere sante docum ental titulado Pandemias . Bajo la dirección científica del Prof. Gest a l Oter o se hace un recorrido temporal desde las epidemias más a ntiguas hasta la más actual de c oronavirus. La gripe se aborda e n el primer c apítulo (fig. 51 ). Figura 51 . De izda. a dch a., primera imagen de los documentales: 1918. La g ripe española ; La epidemia de gripe española de 1918 y Pandemias Fuente: De izda. a dcha.: https:// www.filmaffini ty.com/es/film768108.html ; https://www.youtube.com/watch ?v=mlECAQEV 6YU ; https ://www.crtvg.es/tvg/a-carta/pandemias- as -epidemias-que-asolaron-a-humanidade-i- 5824110 ▪ Series: También la pandemia se ha tratado en se rie s de televisión como El Se creto de Puente Viejo (capítulo 389, 2012) y Downton Abbey (e nero de 2012) emitidas por Antena 3 o El Ministerio del Tiempo (capitulo 13, titulado Un virus de otro tiempo, en 20 16) e mitida por Televisión Española. En las nuevas plataformas televisivas también se ha abordado este tema. E n Ne tflix se ha emitido una serie doc umenta l, de seis episodios, titulada P a ndemia (2020) en la que, a ra íz de la pand e mia de coronavirus, se hace un repaso de las más terribles pandemias oc u rridas e n la historia d e la humanidad y, entre ellas, de la gripe e spañola M ARTA J ATO D ÍAZ 48 ▪ Fotografía: La gripe de 1918 es la primera pandemia de la que tenemos documentos gráficos. Ha y cientos de fotos que retratan sus efectos, pero casi todas pertenecen a p aíses anglosa jones y la mayoría de ellas son ya muy conoc idas por todos. En España hay poca s fotografías que reflejen lo que sucedió. Un ejemplo de ellas son las dos que mostramos a continuación (fig. 52 y 53 ). Figura 52 . Recono cimiento y desinfección de Figura 53 . Espectadores en una corrida de viajeros y equipajes en una estaci ón de tren toros (actividad que no se proh ibió ) de Madrid Fuente : https://www.mu ndotor.com /noticia/ Fuente: Revista Mundo Gráfico 2 3.10.1918 el -gallo-belmonte-gripe-espanola/1555090 B. En la literatura: La pandemia de gripe no generó na rrativa. Quiz á porque suc edió muy rápido y la cantidad de desgracias y víctimas que causó «obligó» a los escritores de aquella generación a olvidarla. Pero lo c ierto es que , fuera la razón que fuera, no dejó gran huella en la literatura. La célebre escritora Virginia Woolf en su obra De la enfermedad , escrita en 1925, lamentaba que la gripe no se hubie ra convertido en un tema c entral en las ob ras es critas. Sin embargo, como veremos más adelante, la pandem ia tuvo alguna «consecue ncia positiva» en el mundo de la literatura. Aunque fu eron po cos, hu bo autore s que si h ablaron de ella. La poeta japon esa Yos ano Akiko abordó el tema d e la pandemia al mi smo t iempo que se estaba p roduciendo. En noviembre de 1918 escribió Desde la cama con gripe , una obra en la que va plasmando sus pensamientos mientras e stá enferma. En 1919 publicó Pe nsamientos e impresiones en el que re lata que su marido y ella han sufrido la enfermedad dos veces y muestra el miedo que le p roduce la falta de higi ene en la ciudad. En estos dos ensayos l a autora aborda asuntos prá cticos y médicos, pero en 1920 escribe El miedo a la muerte que está dedic ado a otro de los aspectos más importantes de la enfermedad: sus efectos psicológicos. (Beichman, 2020) En 1920 Thomas Sterne Eliot, que junto con su mujer Vivien, enfermó de gripe en noviembre de 1918, publ icó un poema titulado Sw ee ney entre los ruiseñores (Sweeney es un personaje creado por el poeta) e n la que una de sus estrofas dice: El lúgubre O rión y el Pe rro / Es tán velad os; y apa cigu ados los e stremecidos ma res; La persona con capa esp añola / intenta s entarse sob re las rodi llas de Sween ey . P a re c e qu e con la figura de «la persona con capa española» el a utor estaría ha ciendo una clara alusión a la gripe (Spinney, 2018 ). En 1922 escribió The Waste L and , obra en la que INTR ODUCCIÓN 49 se hace eco de un mundo sorprendido por e l triunfo de la revolución bolche vique y totalmente devastado no sólo por la carnice ría que supuso la guerra sino también por la terrible epidemia de gripe (Toledo, 2022). En 1939, la norteamericana Katherine Anne Porter publi có Pale Horse, Pale Rider . En el otoño de 1918 la aut ora tenía 28 años y trabajaba como reportera del periódico The Rocky Mountain N ews , en Denver, Colorado. Ella y su novio, teniente del ejér cito, enfermaron g ravemente de gripe . Anne, tras muchos meses e nferma, consiguió sobrevivir, pero no así su novio. L a novela es una obra autob iográfica cuya hist oria y personajes están basados en su propia experiencia (figuras 54 y 55 ) (Kohl, 2020) . Figura 54 . Anne Porter Figura 55 . Portada de Pale Ho rse, Pale Rider Fuente: Izda.: http s://elreve sdelapiel.blogspot.com /2013/05/katherine -anne-porter- 15 - de -mayo- de - 1890.html Dcha.: https://en.wikipedia.org/wiki /Pale_Horse,_Pale_Rider:_Three_Short_Novels En ese mismo año el jap onés S anea tsu Mushano koji, miembro de la so ciedad literaria d el Abedul Blanco, escribió Amor y Muerte un cuento sobre un joven al qu e, al regresar de su s viajes por Europa, le comunican la noti cia de la muerte de su novia a causa de la gripe. En esta obra describe como todo su mundo, de repe nte, se volvió somb río (Spinney, 2018 ). En España, de las pocas obras escritas en ese período, destaca El quadern gris de Josep Pla, considerada su obra cumbre. Se publi có en 1966 pero fue escrito entre mar zo de 1918 y noviembre de 1919. El punto de partida de la obra es la presenci a de la gripe en Barcelona y va narrando, a modo de dia rio, el ca mbio que esto s upuso en su vida. El libro comienza así: « 1918, 8 de marzo. Como hay ta nta gripe, han tenido que clausurar la universidad […] » (Pla, 2011). También Miguel Delibes en la primera parte de su novela Mi idolatrado hijo Sisí, publicada en 1953, recrea la situación vivida en una capital de provincia con la llegada de la gripe. El autor e scribía: […] es una gripe que no se pasa con dos días de cama y un sello de aspirina […]. […] Los médicos no des cansaba n ni de día ni de noche […]. […] se cerraron las escue las y los teatros; se suprimie ron los pas eos dominicale s; las empresas fune rarias mo ntaron un serv icio nocturno pe rmanente para atend er el exceso de enterrami entos; a los niños nuevos se les im ponía el nombre de Roque para preserv arles de la peste; las fondas y hospedajes cerraban por falta de clientes; los alumnos de la Facu ltad de Medicina r ecibieron una autorizac ión especial pa ra tratar c asos de u rgencias […] (D elibes, 2003) M ARTA J ATO D ÍAZ 50 En los últimos años se han escrito muchos libros en los que la pandemia de gripe se abo rda de una forma única y rigurosa. Su intención es ac ercar al lector a lo que su puso esta tragedia, no sólo en términos de estadísticas sino, y, sobre todo, en cuanto a las consecue ncias sociales, económicas, físicas, emocionales, y de otro tipo, que provocó en todas a quellas persona s e instituciones que tu vieron que h ac erle f rente y ayudar a combatirlo. En este campo ca be destacar, en castellano o traducidas a este idioma: El jinete pálido , de Laura Spinney (2017); La gripe de 1918. Centenario de una crisis sanitaria devastadora de José M aría Eiros, Mª Rosario Bachiller y Alberto Pére z (2018); La pandemia de gripe española: la pandemia más mortal de la historia y como cambió el mundo de Elliot Frank (2020); La gripe española 1918-1919 de Mª I sabel Porra s Gallo (2020) o La gran gripe: La pandemia más mortal de la hist oria , de John M. Barry (2020) (fig. 56 ). Figura 56 . De izda. a dch a., portadas de lo s libros: El jinete pálido ; La gripe de 1918 ; La pandemia de gripe española ; La gran gripe española de 1918 - 1918 y La gran gripe Fuente: Fotografía propia de los libros 1, 2, 4 y 5. Portada 3: htt ps://www.amazon.es/Pan demia- Gripe-Espa%C3%B1ola-Mortal-Historia/dp/B08D4VPXD2 Otras publicac iones ab orda n la epidemia en el contexto de otras grandes tragedias humanas. Entre ellos destaca el libro del Prof. G estal Otero , Pandemias. Las epidemias que asolaron la humanidad (2021), uno de los mejore s libros que se ha esc rito en los úl timos años acerca de e sta temática (fig. 57). Figura 57 . Portada del libro Pandemias Fuente: Colección propia. INTR ODUCCIÓN 51 En otros textos se compara la e pidemia de 1918 con la actual de co ronavirus para establecer diferencias y semejanzas, tratar d e aprender d e los errores cometidos y prepararnos para un p osible azote de nuevas enfermedades emergentes. Entre ellos encontramos Una nueva hist oria de la gripe española de Antón Erkoreka (2020) y La gripe española cien años después: la historia de la pandemia en España y en e l mundo. Breve crónica del COVID-19 de Bea triz Echeverri (2021) (f ig. 58). Figura 58 . De izda. a dcha., portadas de los libros de Antó n Erkoreka y Beatriz Echeverri Fuente: Izda.: Fotografía propia. Dcha.: https://www.ama zon.es/GRIPE-ESPA%C3%91OLA-CIEN - A%C3%91OS-DESPU%C3%89S-ebook/dp/B08W3KBK3Y Por último, comentar, en este breve repaso, que en algunas novelas la epidemia constituye un importante telón de fondo sobre el que se construye la trama principal de la obra. Algunos ejemplos son: La epidemia de la primavera de Empar Fe rnández; C uando ya no esté de Víc tor Baldoví; Cualquier otro día de Dennis Lehane; La coleccionista de huérfanos de Ellen Mar ie Wiseman; Mariela d e Yolanda Gu errero o Violeta de I sabel Allende (fig. 59 ). Figura 59 . De izda. a dch a., portad as de Fernández, Baldoví, Leh ane, Wiserman, Guerrero y Allende Fuente: De iz da. a dcha.: Foto grafía propia d e las portadas 1, 2 y 5; portada 3: https://www.amazon.es/Cualquier-otro-d%C3%ADa-NOVELA-PO LIC%C3%8DACA/dp/8490564027 ; portada 4: https://blogliterario .com/la-coleccionista- de -huerfanos-resena/; nº 6: https://www.fnac.es/a8556727/Isabel-Allende-Violeta C. En la música: En 1918, Darius Milhaud compuso Sonata para flauta, clarinete, oboe y piano opus 47 (fig. 60 ). S e trata de una obra que, de forma explícita, se hace e co del dolor causado por la e pid emia de gripe. Dolor que e l autor pudo sentir de primera mano en Brasil (país al que ha b ía llegado a princ ipios de ese año en calidad de secretario del embajador de Francia) M ARTA J ATO D ÍAZ 52 quien en un mom ento d e sus memorias relata: « el suministro de ataúdes s e había agotado y constantemente veía ca rretas con cadáv ere s qu e eran arrojados a las fosas comunes de los cementerios ». El últi mo movimiento de la sonata es una marc ha fúnebre en memoria de todos los fallecidos (Yáñez, 2021) Figura 60 . Portada y partitura del últim o movimiento de la sonata de D. Milhaud Fuente: https://www.trevcomusic.com/produc ts/dur - 10280 -milhaud-sonate- fl - ob - cl - pn En Argentina, como no podría se r de otra forma, e l tema de la p andemia se abordó a través de la interpretación de tangos, bien de man era instrumental ( El term óme tro de Jos é Martínez) o bien de manera cantada ( El resfriao de Ángel Metallo, Nene no te resfríes de Esther Seoane o La Gri ppe, tango contagioso d e Alfr edo Mazzucchi y Antonio Viergol ) (fig. 61 ) (Varela, 2020). Figura 61 . Portada de las partituras de los tangos El term ómetro y La grippe Fuente: https://fervor.com.ar/la-pandemia-y- el - tango/ INTR ODUCCIÓN 53 En Venezuela, a través de la gaita zuliana (género musical p ropio del estado de Zulia) , también se compusieron algunas partitura s dedicadas a la gripe (Márquez, 2011) : Después de ha ber soporta do la situación de la guerr a, hoy la gripe no s aterra en tan miserab le estado, medio mundo hay sepulta do dos metros bajo la tierra. Con la grip e aterradora que a nuestro pu eblo azo tó, en el Zulia s e cantó gaita con gripe y tambora . D. En la pintura: La pande mia de gripe tampoco tuvo una amplia presencia en la pintura. Una de las primeras representaciones de la enfermedad son las ilustraciones realizadas por W. Thornton Shiells (conside rado el prime r artista médico profesional en Gran Bretaña y para el que se creó un puesto como tal en el Hospit al Central de Middlesex) y publicadas en The Lancet en 1919 (fig. 62 ), en las que se representa la progresión de la cianosis en el rostro, uno de los signo s que ind icaba un a mayor gravedad del pa ciente y hacía pr ever que el final estaba próximo (Abrahams, 1919). Figura 62 . Publicación ori gin al de Abrahams, 1919 en The Lancet Fuente: https://www.youtube.com /watch?v=cq8La0nxh0g Son muy pocas las obras que abordan el tema y curiosamente todas e llas están r ealizadas por artistas que pa decier on o sucumbieron a la enfermedad. Entre ellas destacamos: - Autorretrato con gripe española y Autorretrato despué s de la gripe española son dos obras pint adas por Edward Munch, entre 1918 y 1919, que fo rman parte de una serie de tres pinturas y varios dibujos y acua relas. En el primer cuadro el autor, enfermo de g ripe, s e retrata a si mismo sentado en una silla de mimbre, en bata y cubie rto con un a manta. Al fondo se ve una cama deshecha . Su rostro está sin afeitar y con la boca abierta, como si tuviera problemas para respirar, con la mirada cansada y p erdida que nos transmite angustia y miedo (fig. 63). En la segunda obr a, Mun ch está mucho más recuperado, d e pie, vestido d e calle y mirando al espectador desde un plano cercano. Todavía su aspe cto es cansa do pero las mejillas ya han recuperado su color (fig. 64) (Martínez, 2020; Roca, s.f.). M ARTA J ATO D ÍAZ 54 Figura 63 . Autorretrat o con gripe española Figura 64 . Autorretrato desp ués de la gripe española Fuente: https://es.wikipedia.org/wiki/Autorretrato_con_la_gripe_espa%C3%B1ola - La familia y Retrato ag onizante de Edith Schiele . Se trata de dos cuadros realizados por Egon Schiele. El pintor murió víctima de la gripe el 31 de octubre de 1918, tres días después de que lo hiciera su esposa Edith, em bara zada de 6 meses. En sus últimos días de vida pintó al óleo el cuadr o L a familia (fig. 65), en el que refleja a una familia que no ll egó a existir formada por el autor, su esposa Edith (que no es la mujer que apare ce retratada sino su antigua amante Wally Neuzil) y su bebé que no llegó a nacer (cuyo modelo es su sobrino Toni). Sin saberlo, este cuadro se convertiría en un testimonio de la crueldad de la gripe española (Roca, s. f.; Seoane , 2018). Figura 65 . La familia Fuente: https://www.laphamsquarterly.org/roun dtable/u nwitting-monument INTR ODUCCIÓN 55 Pero, antes de mori r, Schiele hizo un último dibujo: el retrato de su esp osa en sus últimos días de vida, en el que mostró, con un a serie de tr azos rápidos, a Edith en cama con la palidez de la enferme dad en su rostro moribundo. Destaca su mirada, que es e l re flejo de l estado febril propio de la gripe, y el color oscuro de sus mejillas y labios que indi caría n la cianosi s en heliotropo y que marca un próximo final (fig. 66) (Edwars, 2021 ). Figura 66 . Retrato agonizante de Edith Schiele Fuente: https://www.laphamsquarterly.org/rou ndtable/unwitting -monument - Interior de un hospital de campaña , una a cuarela sobre papel pintada por John Singer Sargent (fig. 67 ). El C omité Británico de Memor iales de Gu erra encargó a Singer que , durante la guerra, trabajara como artista de guerra retratando a l as tropas. A finales d e septiembre d e 1918, mie ntras tom aba bocetos cer ca d e Peronn e (Francia), el auto r se contagió de gripe y fue traslada do a un hospital de campaña ( situado dentro de una tienda) cerca de Roisel, donde permaneció una semana ingr esado junto a los heridos de guerra y otros enfermos de gripe. Describió , en una carta, que las noches eran «aterradora s» debido a los lamentos y qu ejidos de los heridos y a la tos y asfixia de los enfermos de gripe. Estos días de ingreso fueron la inspiración de esta obra (Roca, s. f.) en la que reflejó, a través de los distintos colores de las m antas, el e stado de contagiosidad de los pacientes : contagioso → color rojo no contagioso → color m arrón Se trata de una obra única porque ofrece una visión, en primera persona, de los dos conflictos que, simultáne amente, estaban desangrando al mundo en ese momento: la primera guerra mundial y la pandemia de gripe (Goldst ein, 2020; Wallac e, 2017). M ARTA J ATO D ÍAZ 56 Figura 67 . Interior de un hospital de campaña. Imperial War Museum , Londres Fuente: https://painthealth.wordpress.com /tag/singer -sargent- 1856 - 1925/ - La lógica del cacique, un dibujo, realizado Daniel Rodríguez C astelao. Castelao utiliza las consecue ncias de la pandemia de gripe para denunciar, una vez más, el estado caciquil bajo el que se encontraba G alicia. Lo que traduce este dibujo es que , a ojos del cac ique, la muerte de la niña, víctim a de la epidemia, era una «bendición» para su familia al tene r u na boc a menos que alimentar en la mesa (fig. 68 ). Figura 68 . Caricatura de Castelao, en alusi ón a la gripe - Cacique: ¿Y aquella hijiña que tenías? Estará crecida ¿eh? - Padre: “A miña filla morreu” de gripe - Cacique: ¡Vamos, hombre! ¡Ya tienes una boca menos! Fuente: El Sol , 19.10.1 8, p. 4 INTR ODUCCIÓN 57 Además del cine, la li teratura , la músi ca o la pintura, la gripe también tuvo otras repre sentaciones en el mundo del arte, como ocu rrió, por ejemplo, en el campo del humor. El vínculo entre el humor y la tr agedia es algo habitual, supone una in stintiva y legítima respuesta cultural ante la amenaza de la muerte. Con la sonrisa y la risa, el horizonte de miedo e incertidumbre no van a c ambiar, pero, al men os, harán olvi dar por un inst ante la tragedia proporcionando un rayo de esperanza. Su única pretensión es intent ar entretener y abstraerse, por unos instantes, de lo que está sucediendo. En nuestro país, y dada la forma de ser de los españoles, como era de esperar pronto surgieron c histes gráficos y c aricaturas e n los diarios y revistas de todo el país casi siempre haciendo referencia al «d espiste» de las autoridades políti cas y de los facultativos acerca de la causa de la enfermeda d y a las medidas preventivas y tratamien tos p ropuestos por la ciencia médica para combatir la epidemia. A continuación, algunos ej emplos publicados en diarios de toda España (figuras 69 y 70 ). Figura 69 . Chistes gráficos en alusi ón a la g ripe I - A mí no, que vengo limpia de pecado . - S igue presentándose con carácter benigno. - ¡Señora, si esto “pa” la gripe! . - Faltan ce menterios . Fuente: El Fígaro , 31.10.18, p. 5 Fuente: El Fígaro , 25.09.1918 , p .5 Figura 70 . Chistes gráficos en alusi ón a la g ripe II ¡A callar! ¡Como seas malo llama ré al micrococo, ¡Quién! ¿Mi hija cas arse con usted? al estreptococo y al pneumococo y al meningococo ¿Con un pollo cursi, sin dos p eseta s, y hasta al para meningococo! sin tra billa, sin pulsera, F u ente: El Imparcial , 07.06. 1918, p. 3 sin la ep idemia siquiera? Fuente: España Médica, 10.06.1918, p. 5 M ARTA J ATO D ÍAZ 58 Pero este tipo de humor no fue exclusivo de aquí, también estuvo muy presentedurante la epidemia e n los periódic os y re vistas de todos los países, como Argentina (fig. 71), Brasil (fig. 72) o EE. UU. (fig. 73). Figura 71 . Viñeta gráfica publicada en Argentina - ¿Se muda usted, Don Aniceto? - No señor; es que he colocado todos esos trastos detrás de la puerta para que no entre la grippe Fuente: Caras y Caretas , 19.10.1918, p. 75 Figura 72 . Viñeta gráfica pu blicada en Brasil Figura 73 . Viñ eta gráfica publicada en EE. UU. - Dígale al director que estoy a sus órdenes . La mu erte pregunta a un hombre, con m ucho - Creo que eso no es posibl e m iedo, que viaja con la ventanill a abierta por - Cómo que no, si el doctor Seidi me ha dicho temor al co ntagio: que aquí tendría trabajo se guro . - ¿Cómo te van las cosas esta mañana? Fuente: A Gazeta de Noticias , 29. 09 .1918, p. 1 Fuente: https://www.arteic onografia.com También circularon, entre la población, divertidos chascarrillos o pequeños poemas en alusión a la enfermedad. Algunos ejemplos de ellos en España son: Maldito mes de septie mbre / te acordaste de venir, / a t rae rnos la peste, /sin acordarnos de ti. / En tre septiemb re y octubr e, / luego noviembre y dici embre, / se vistió Espa ña de lu to, / por morirse tant a gente (Fraile de Pab lo, 2005) . INTR ODUCCIÓN 59 No hay más remedio señores / que habl ar también hoy un poco / de este mal, cuyos rigores / a Madrid lo tienen loco. / El bac ilus del trancazo / se ha colado por doquie r / como, con desembar azo, / comen tábamos ayer […] ( Heraldo d e Madrid , 27 de mayo de 191 8, p. 1) Qué alegres, qué reidores, / he vis to a l os estudiantes / porqu e les a largan / las vacaciones estival es. / [… ] / Kilos pedirán al ci elo / qu e la gripe no se ac abe / que siga cerrado el cur so / que env íe d inero el pa dre. / […] / [ …] (En: https://www.voc esdecuen ca.co m/cuenca/ las -med idas-que- se - adoptaron- en - cuenca-para-frena r- la -ep idemia-de- gripe-de-1918- 19/). En los carnavales de Cá diz de 1919 una de las murgas salió a las calles a cantar entre su repertor io una copl a ti tulada L os Fumigadores M odernos con la que satirizaba la medida sanitaria de desinfec tar a los viajeros: Con tantas cala midades / yo no s é qué pasa rá / que hoy se mueren com o chinches / c on esta terrible enf ermedad [… ]. […] C om o sigan de sinfecta ndo / este año muchos tendrán / el pesc uezo como una cañ a / y hasta las tripas llenas de Zotal (Mele ro, 2022). En Argentina también se publi caron algunos de estos «poemas» (fig. 74): Suprima el beso. La cienci a el beso pr ohíb e ahora. Haga caso a la Asistencia . Suprima el beso señora. Pierda usted (¡fíjese en eso!) la costumbre de besar, pues la grip e, con el beso, se le p uede con tagiar. Figura 74 . Coplilla satírica sobre la prohibición de besar publicada en Argentina Fuente: Caras y Caretas 19.07.19, p. 3 En 1919 dura nte el carnaval de Río de Janeiro, en Brasil (que , según los historia dores, fue el más animado de la historia de e se país) , la g ripe fue el tema de algunos de los desfiles y grupos importantes (sociedades) interpretaron canciones picantes acerc a de «un a dama española» que estaba entre los br asileños (Spinney, 2018). Curiosam ente a pa rtir de ese año la samba comenzó a convertirse en el género musical protagonista de la fiesta (Royo, 2022). 1.4 V ÍCTIMAS DE LA EPIDEMIA Durante los años 1918 -1920 se calcul a que un te rcio de la población se c ontagió de gripe y que, entre el 3 y el 5 - 6%, murieron víctimas de la pandemia (Eiros, 2018). La epidemia no entendió de fronteras ni de clases sociales. Es más, en un momento en que el mundo se regía por un sistem a imperialista y colonial, se comportó siguiendo un ré gim e n democrático. Atacó sin piedad a hombres, mujeres y niños, a ricos y pobres, a nobles M ARTA J ATO D ÍAZ 60 y plebeyos, a fue rtes y débiles, a mentes brilla ntes y analfa betos, en definitiva, no hizo ninguna distinción entre sus víctimas (fig. 75). En el periódic o El Adelanto se rec ogía lo siguiente: « Muchachos en plena vida y en pleno vigor, hombres ya maduros, señoritas de sano organismo, cualquiera que sea la condición de los atacados, si estos lo son al aparat o respirato rio, mueren sin remedio » (Sánchez-Gómez , 1918). Figura 75 . Viñeta que refleja el ataque sin distinciones de la gripe Fuente: Vida Marítima , 20.09.1918, p. 17 En este aparta do, intentaremos exponer una pe queña muestra de las personas más conocidas, o relevantes de la é poca, que padecieron o murieron víctim as de la gripe durante la pandemia. ▪ Miembros de Casas Rea les: En España el rey Alfons o XIII al igual que su herma na, la infanta Isa bel, enfermaron e n mayo de 1918 (La epidemia, 31 de mayo de 1918). Los diarios de la época , refieren que la reina Victoria Eugenia t uvo que «[…] guardar cama a causa de un fuerte constipado» durante unos días (L a Reina, 21 d e junio d e 1918 ) ha sta su restablecimiento. Es práctica mente seguro qu e la reina padeció un episodio de gripe, pero no hay ningún dato, en la documentación que hemos consultado, que a sí l o confir me (fig. 76 ). Figura 76 . De izda. a dcha.: Alfonso XIII, la Infanta Isabel y la reina Victoria Eugenia F u en te: Figuras 1 y 3 en las corres pondientes entradas a sus biografías en Wi kipedia. La nº 2 en : h t tps://dbe.rah.es/biografias/8959/mari a-isabel-f rancisc a- de -asis - de -borbon-y-borbon INTR ODUCCIÓN 61 Fuera de nuestras fronteras Luisa de Orleans, condesa de París y bisabuela paterna del actual rey de España Felipe VI, sufrió la enfermedad a finales d el mes de mayo, al igual que el re y Jorge V de Inglaterra. El hermano de este último, el príncipe heredero Alberto Víctor, había fallecido en 1892, también como consecuencia de la gripe (Mckeever, 2020 ). La últim a emperatriz de Austria, Zita de Borbón, en junio de ese mis mo año « guardaba cama a causa de un fuerte ataque de inf luenza» y en diciembre se rían su es poso, Carlos de Austria (nieto del emperador Francisco José y de su esposa Elisabeth - Sissi-, beatificado por el papa Juan Pablo II en 2004) y 4 de sus ocho hijos los que se contagiaría n (Ex emperador en fermo, 19 de dicie mbre de 1918 ). La ex reina d e Portugal, Amelia de Orleans, e n octubre, p adeció «una fuerte neumonía». Todos ellos sobrevivieron a la enfermedad pero no así el príncipe Erik de Suecia, hijo me nor del rey de Suecia y Noruega Gustavo V, u n joven de frágil salud que falleció el 20 de septiembre de 1918 a los 29 años ( Muerte de un príncipe, 25 de septiembre de 1918 ) o Humberto de S aboya-Aosta, hij o del rey Amadeo I, que lo hi zo el 19 d e octubre de 1918 (Makcimovich, 2011) o el archiduque Francisco Carlos de Austri a-Toscana, también nieto del emperador Francisco José (fig. 77 ), que muri ó a los 26 años el día 10 de diciembre de 1918 (El archiduque Carlos, 13 de diciembre de 1918) . Estas muertes evidenciaron que la gripe no dist inguía entre clases sociales y s e asu mió el hecho de que aquellos que tenían acceso a la mejor atención sanitaria y a los médi cos más il ustres podían enfermar y morir igual que cualquier otra persona. Figura 77 . De izda. a dch a. y de arriba abajo: Luisa de Orleans , Jorge V, Zita de Borbón, Amelia de Orleans, Erik de Suecia, Humberto de Saboya y Francisco de Austria. Fuente: Figuras 1, 2, 4, 5 y 6 en las corres pondientes entrad as a sus biografías en Wikipedia. Figura 3 en Rev ista Blanco y Negro , 26.11.1916 y figura 7 en : https://twitter.com/emily_habsburg/status/1252960404617207810?lang=es ▪ Mandatarios, miembros del gobierno, lídere s políti cos y diplomáticos: En España, prácticamente todos los miembros del gobierno se contagiaron de gripe durant e la primera ola de la epide mia: José Pidal Rebollo (mini stro de marina), Santiago Alba B on ifaz (ministro de inst rucción pública y bellas a rtes), Álva ro Figueroa y Torres Me ndieta, C onde de Romanones (m inistro de gracia y j usticia), junto c on su esposa M ARTA J ATO D ÍAZ 62 Casilda Alonso Martínez, Antonio Maura Montaner (presidente del co nsejo), Eduardo Dato e Iradier (ministro de e st ado), Francisco Cambó y Batle (m inistro de f omento), José Marina Vega (ministro de guerra), B aldomero Argente del Castillo (s ubsecre tario de gracia y justicia), Juan Ventosa y Calvell ( comisario general de abaste cimientos), Manuel Villanueva Gómez (pre sidente del congreso), Félix Llanos Torriglia ( subsec retario de presidencia), Emili o María de Torres y González Arnao (secretario particular de Alfonso XIII) y Manuel García Prieto, marqué s de Alhu cemas (m inistro de la g oberna ción) (fig. 78 ) (Villanueva enfermo; Ministros con gripe, 27 de mayo de 1918 ; Otros e nfermos; Políticos que mejoran, 28 de mayo de 1918 ; Otra s noticias, 29 de mayo de 1918) (Gilmart, 2014). Figura 78 . De izda. a dch a. y de arriba abajo: Sres . Pidal, Alba, Figueroa, Maura, Dato, Cambó, Marina, Argente, Ventosa, Villanueva, Llanos, Torres y García Prieto. Fuente: Figuras 2, 4, 5, 6, 8, 10, 11, 12 y 13 tomadas de las correspondientes entradas en Wikipedia. Figura 1 en : https://www.senado.es/web/conocers enado/senadohistoria/senad o18341923/s enador es/fi chasenador/i ndex.html?id1=2242 ; figura 3 en : https://www.nuevatribuna.es/o pinion/candido -marquesan - millan/conde-romanones; figura 7 en : http s://www.senado.es/web/conoc ersenado/senadohistoria/senado18341923/senadores/fichasena dor/index.htm l?id1=173 2 y la figura 9 en : https://arrelsdemo cratiques.org/joan-v ento sa-i-calvell/ Durante la segunda ola, al menos, lo hicieron Augusto Gonzá lez Besa da y Mein (ministro de hacienda) (La salud de Besada y Mir anda, 22 de octubre de 1918 ), el Conde de Romanones (ministro de estado) (De l momento actual, 26 de noviembre de 1918 ), el genera l Dámaso Bere nguer Fusté (m inistro de la guerra) (Dos e nfermos, 26 de noviembre de 1918), Luis Silvela Casado (ministro de l a g obernación), el general August o Miranda y Godoy (La salud de Besada y M iranda, 22 de octubre de 1918 ), el general José María Chacón y Pery y Manuel García Prieto (presidente del Gobierno) (fig. 79 ) (Del momento actual, 26 de novie mbre de 1918). En cierto momento a la epidemia, en los medios escritos, se l e denominó como la « grippe ministerial » ya que fueron muchos los minist ros del gobierno que enfermaron, tanto en la primera como en l a segunda ola (Del momento actual, 26 d e noviembre de 1918 ). INTR ODUCCIÓN 63 Figura 79 . De izda. a dcha. : Sres. González, Figueroa, Berenguer, Silvela, Miranda, Chacón y G. Prieto Fuente: Figuras 1, 5, 6 y 7 to madas de las correspondientes entrada s en Wikipedia; figura 2 en: https://www.nuevatribuna.es/o pinion/candido-marque san-millan/conde-romanones; figura 3 en : https://www.artehistoria.com/en /node/33942 y la figura 4 en : http://www.memoriademadrid.es/busc ador.php?accion=VerFicha&id=139002&num_id=3&num_total=3 El Conde de Romanones (fig. 80), e nfermó de nuevo en fe brero de 1919. Fue e l único miembro del gobierno que se contagió en c ada una de las tres olas epidémicas, logrando batir un réc ord (Romano nes enfermo, 19 de febrero de 1919). Figura 80 . Conde de Romanones Fuente: : https://www.nuevatribuna.es/o pinion/candido- marquesan-millan/conde-romanones En el extra njero el emperador alemán, Guillermo II, enfermó dura nte la segunda ola (Guillermo enfermo, 26 de noviembre de 1918). Franklin Del ano R oosevelt, entonces subsec retario de Ma rina de los EE. UU., a principios de septiembre y según The New York Times, comenzó a presentar los síntomas de « un leve ataque de n eumonía causado por la g ripe española », cuando regresaba a casa desde Francia a bo rdo del buque de transporte d e trop as S. S. Leviathan. P ero, lo cierto es que su cuadro clínico era más g rave de lo que «oficialmente» se de cía y tuvo que ser llevado a tierra en una camilla. David Lloyd George, pri mer minist ro británico, l o hizo gravemente en s eptiembre de 1918 después de darse un baño de multitudes en Manchester. Debido a su estado debió guardar c ama durante diez días por un c uadro de fie bre muy a lta e importa nte dificultad respiratoria , llegando in cluso a temerse por su vida. Su esposa Margaret y su secretaria Frances también enfermaron. Woodrow Wilson, presid ente de los EE. UU ., estuvo grave en abril de 1919 durante la Conferenc ia de Paz de P arís. En 1918 se habían contagiado su secretaria y su hija mayo r. Se afirma que, si el presidente hubiera estado tota lmente recupera do, en la firma final del tratado nunca se hubier an aceptado las p eticiones francesas y c astigado con tanta severidad a Alemania. Pero esto es algo que nunca se pod rá llegar a saber con certeza (K abbade, 2020; Monge, 2020) También Georges Clemenceau, primer mi nistro francés (que era médic o), enfermó poc o antes de la C onferencia y asistió a ella convaleciente (figuras 81 y 82) (Sandfo rd y M ARTA J ATO D ÍAZ 64 Giner, 2020). De él es l a célebre frase: « La guerra es un asunto demasiado serio para dejar en manos de los militares ». Figura 81 . De izda. a dch a.: Guillermo II, Roosevelt, Llo yd George, Wilson y Clemenceau Fuente: Figuras tomadas de l as corres pondientes entradas a sus biografías en Wiki pedia Figura 82 . El "Comité de los Cuatro" durante la Conferenci a de Paz de París en 1919 De izda. a dcha.: Lloyd George, Vittorio Emanuel Orlando, Georges Clemenceau y Wood row Wilson. Sólo el mandatario italiano, «se libró» de la gripe. Fuente: Figura t om ada de la correspondiente entrada en Wikipedia. Mustafá Kemal, oficial d el ejército turco, contraería la gripe en Vi ena cuando regresaba a Constantinopla, tras entr evistarse con su aliado alemán el K aiser Guillermo , e n septiembre de 1918 (Spinney, 2018 ). En 1923, Kemal, se c onvertiría en el p rimer presidente d e la República de Tur quía. Mahatma Ghandi s e contagió en el otoño d e 1918 y estuvo varia s s emanas postrado en cama, con fieb re e invad ido por una « sensación de fatalidad », en la que « todo el interés por la vida había cesado ». Un tiempo después manifestaría que la enfe rmeda d le dio la oportunidad de « examinar mis principios y ponerlos a prueba ». S u hij o mayor perdió a su esposa y a un hijo (Dutta, 2020). Haile Selassie, emper ador de Etiopía, se contagió durante la segunda ola. Manife stó que, en l a c apital, Addis Abeba, h abían mue rto más de 10.000 personas, « pero yo, d espués de haber enferm ado grav eme nte, me libré de la muerte gracias a la bondad de Dios ». Ha ra Takashi, primer ministro japonés, enfermó a finale s del mes de octubre lo que le obli gó a s uspender una a udienc ia con el emperador del país (fig. 83) (Spi nney, 2018). INTR ODUCCIÓN 65 Figura 83 . De izda. a dcha.: Kem al, Ghandi, Selassie y Takashi Fuente: Figuras tomadas de las correspondientes entradas a sus biografías en Wikipedia Otros políticos no pudie ron superar la en fermedad. En Galicia, Luis Porte iro Garea, líder de las incipientes Irmandades da Fala y primer p residente da Irmandade de L ugo , falleció el 27 de octubre de 1918 , a los 28 años, a causa d e una «toxemia grippal» y «con la razón perdida». El día 18 a cudió a visi tar a su madre, q ue estaba enferma de gri pe y, a pesar de que le advirtió que no se acercara a ella porque podría contagiarlo, se despidió con un beso en la mejilla. Luis s e lo dio con cariño al tiempo que le d ecía: « Mamá, tu no me contagias nada ». Sin embargo, seguramente sí lo hizo porque el político en fermaría e l día 20, sólo un par de días después (De Cora, 2020). Francisco de Paula Rodrigues Alves, pre sidente de Brasil, fa lleció el 16 de enero de 1919. Había sido p residente de Brasil desde 1902 a 1906, y fue reelegido nuevamente p ara el cargo en 1918. Alve s no pudo tomar poses ión de este nuevo man dato debido al agrava miento de sus proble mas ca rdíacos y re spiratorios , causa dos por la enferme dad gripal, que le llevaron a la muerte (Biernath, 2021). El líder del partido bolchevique y mano de recha de Lenin, Yakov Sver dlov quien, según algunos historiadores, fue el que finalment e autorizó la ejecución d el Zar Nicolás II y su familia, fa lleció el 1 6 de marzo de 1919 sin poder ver la creac ión de su soñada Unión Soviética (Llewe llyn y T hompson, 2019). Louis Botha, primer ministro de la Unión Sudafricana y precursor del est a do moderno de Sudáfrica, fa lleció el 27 de agosto de 1919 a los 56 años (fig. 84). Figura 84 . De izda a dcha.: Po rteiro Garea, Rodrígues Alves, Sverdlov y Botha Fuente: Figuras tomadas de las correspondientes entradas a sus biografías en Wi kipedia Entre los dipl omáticos, en el mes de o ctubre d e 1918, la gripe s e cobr ó la vida de un embajador y de un agregado de embajada esp añoles. El día 3, a los 62 años, fallec ía Ant onio de Castro Casaleiz, embajador español en Austria (Pando, 2018 ) y cinco días M ARTA J ATO D ÍAZ 66 después, a los 35 años, l o hacía Fernando Quiño nes de León y Elduay en, agregado de la embajada española e n Lo ndres (fig. 85) (Abad, 2010). Figura 85 . De izda. a dcha.: Sres. Castro Casaleiz y Quiñ ones de León Fuente: Figura 1 tomada de l a entrada correspondien te a su biografía en Wikipedia. Figura 2 en: https://www.facebook.com/photo.php?fbid=5196831887001322&set=p.51968318870 01322&type=3 ▪ Pintores: Fueron varios los pintore s españoles que contrajeron la gripe durante la pandemia y no pudieron sobrevivir a ella. Germán Taibo González, pintor coruñés, fal leció en P arís el 14 de febrero de 1919 a los 30 años. Debido a q ue en junio la epidemia estaba asolando F ra n cia aba ndonó París, donde residía, y regresó a La Coruñ a, su ciudad natal, con su mujer y su hija. P ero al finalizar la guerra, y con la pandemia dando sus úl timos coletazos, a finales de año, volvi ó a la capital francesa donde enf erma ría y moriría pocos días más tarde (De San Ildefonso, 2018) . Lluïsa Vidal i Puig, la primera muj er que s e ded icó profesionalmente a la pintura en Cataluña y figura muy destacada del modernismo, falleció a los 42 años el día 22 de octubre de 1918, poco después de pintar El leñador y la muerte (Ferrer, 2016). El pintor e ilustrador murc iano Inocencio M edina Vera falleció el 28 de octubre d e 1918, a los 58 años. Realizó numerosas portadas e ilustraciones p ara A BC y Blanco y Negro que le dieron gran fama y prestigio. Era conocido como «el pintor d e la huerta» (fig. 86 ) (Alemán, 1984; Soler, 2018). Figura 86 . De izda. a dcha.: Germ án Taibo, Lluïsa Vidal e Inocencio Medina F u en te: Figuras 1 y 3, tomadas de la entra da correspondiente a su biografía en Wikipedia. Figura 2 en : https://www.lavanguardia.co m/cultura/culturas/20201031/4975824208/gripe -es panola- pandemia.html INTR ODUCCIÓN 67 Fuera de Españ a, algunas figuras de l a pintura que enfermaron d e gripe fueron Edward Munch, que se contagi ó en el invierno de 1918/19, momento en que pintó sus d os autorretratos. Georgia O’Keeffe, la artista mujer mejor pagada de EE. UU. y reconocida como la madre del modernismo americ ano, enfermó en la primavera de 1919 (Sala, 2020). John Singer Sargent, e l retratista con más éxito d e su generación, c onocid o como « el Van Dyck de nuestros tiempos » contrajo la gripe en septiembre de 1918 mi entras tra bajaba como retra tista de guerra en Francia (Chorba y Breedlove, 2018). Pero algunos artistas no sobrevivieron y Egon Schiele, uno de los máximos repre sentantes del expres ionismo austríaco, murió el 31 de octubre de 191 8 a los 28 años. Tres días antes lo habí a hecho su esposa Edith Harms embarazada d e seis mese s (L idón, 2020). También Amadeo de Souza-Cardoso, pert eneciente a la primera generación de pintores modernistas por tugueses, falleció el 25 de octubre d e 1918 a los 30 años con un a prometedora carrera internacional por delante (fig. 87 ) (Mora, 2006) . Figura 87 . De izda. a dcha.: Munch , O'Keefe, Sargent, Schi ele y de Souza- Cardoso Fuente: Figuras tomadas de la co rrespondiente entrada a su biografía en Wikipedia ▪ Escritores: En nuestro país, Ramón María del Valle Inclán, con 53 años, sufrió la gripe e n los primeros días del mes de octubr e de 1918. S uperó la enfermedad, p ero quedó muy debilitado, por lo que decidió pasar la convalecencia en G alicia. P ermaneció en su casa, en el pazo de la Merced en Pontevedra , dura nte 8 meses, período de tiem po durante el cual comenzó a escribir Luces de Bohemia y Divinas Palabras (Otero, 2020). Josep P la enfermó en febrero de 1919. En su ob ra El cuaderno gris puede leerse un fragmento e n el que refleja su estado: 24 de febrero. He pasado todo el día de aye r y una parte del de hoy en l a cama con la gripe. He sudado como un caballo. Treinta y seis horas seguidas. Me levanto pál ido y desh echo. Por un lado, me p arece que hub iera podido morir y que me he librado por lo s pelos. Cuando con stato que, a pesar de l a f atiga, me puedo levanta r, pienso que quizá ha sido una g ripe ben igna […] (P la, 2011). Vicente Blasco Ibá ñez, se contagió en 1919 durante un viaje por Norteamérica. Estuvo muy grave, debiendo permanecer en cama durante varias sema nas (Cobeta, 2018). También la epidemia se cobró algunas víctimas entre los escritores españ oles. Juli án Juderías y Loyot, consid era do como el padre d el concepto de «leyenda ne gra», no superó la enfermedad y falleció el 19 de junio de 1918, a los 40 años, por una bronconeumonía pro ducida por complicaciones de la gripe. En e l momento de su fallecimiento ocupaba el M ARTA J ATO D ÍAZ 68 car go de segundo je fe en la interpretación de lenguas del M inisterio de Est ado ya que era un hombre que llegó a dominar 16 idiomas (Españ ol, 2018). El escritor y periodista luce nse Prudencio Iglesias Hermida no sobrevivió a la enfermedad y murió el 1 7 de abril de 1919, a los 35 años , a c ausa de una bronc opulmonía fulminante. Su obra fu e muy prolífica. Es cribió novela d e aventuras, costumbrismo, crónica taurina, crítica litera ria y corresponsalía de guerra (fig. 88 ) (De Co ra, 2019). Figura 88 . De izda. a dch a.: Valle Inclán, Plá, Blasco Ibañez, Juderías e Iglesias Hermida Fuente: Figuras tomadas de l a corres pondiente entrad a a su biografía en Wikipedia Fuera de nuestro país, Fr ank Kafka contrajo la gripe a principios de octubre. En esos días escribió una carta en la que decía: « Estoy en cama con fiebre que surge directamente d e mis pulmones. Sufro t emporalmente de una respiración corta y pesada, lo que me g ene ra debilidad y sudores fríos por la noc he». Padecía desde hacía tiempo tuberc ulosis por lo que su familia, ante el temor de un fatal desenlace, decidió « confinarlo» p rohibiendo todo tipo de visi tas una decisión que, sin duda, pudo salvarle la vida. Curiosamente cuando el escritor enfermó era súb dito de la monarquía de los Habsburgo y cuando se recuperó lo hizo como ciudada no de una de mocracia checa. (Ballester e Ibarra, 2020). Mary McCarthy autora d e Memorias de una joven católica enfermó, junto con sus tres hermanos y sus padres, en noviembre d e 1918 con 6 años. Sus padres n o sobrevivieron y fallecieron, con tan sólo un día de dife renc ia, su madre con 29 años y su padre con 39 . En su libro Memorias de una joven católica , l a au tora escri bió: Al des pedir nos agita ndo l a mano en l a esta ción de S eattl e, i gnorá bamos que í ba mos a llevar a nuestros compartimentos el microbio de l a gripe, junta men te con los regalo s y las flores, y uno tras otro caímos enfer mos , mien tra s el tr en se gu ía su trayect o haci a e l este . Nosotros, l os niños, pensábamos que quizá el castañeteo de nuestros dientes y el hecho de que nuestra madre yaciera sumida en un t o rpor formaban parte del hecho de viajar, y c o menzamos a tener la certeza de que estábamos vivi endo una aventura, c ua nd o vimos que nue s tro padre sacaba un revólver y amenazaba al revisor, que in tentaba h acernos b ajar del tren en un a pequeña estac ión de madera en m edio de l as pr aderas de Dakota de l Nort e. En l a est ación de Mineáp olis , había camilla s, una silla de rued as, camilleros, preocupados funciona rios, y detrás de ellos, entre la multitud , estaba la sonrosada cara, el cigarro y el bastón de mi abuelo, y el sombrero con pluma s de mi abuela, dando ciert o aire festi vo a aquel la extraña y confu sa es cen a, e infund iéndon o s, a nosotro s, los n iñ os, la certeza de que nuestra enfermedad represen taba el com ienzo de unas deliciosas vacaciones (M cCar thy , 20 19). INTR ODUCCIÓN 69 La escritora japonesa Yo sako Akiko, se contagió en la primera ola de grip e, en noviembre de 1918. Tanto ella com o su marido y sus hijos sufrieron dos veces la enfermedad (Beichman, 2020). D. H. Lawrence, el autor de El amante de Lady Chatterley (1928) enfermó de gripe en la primavera de 1919. S ufría tuberculosis y sobrevivió, pero con grave s secuelas cardiopulmonares, unas lesiones que «legó» al guardabosques Mellors e n la citada obra, dejando así reflejada la cruel huella de la enfermedad para siempre (Seoane, 2018). Virginia Woolf se conta gió en febrero de 1918 y en diciembre de 1919 y, en ambas ocasiones, la gripe le obligó a perma necer en cama durante varios días (Maggio, 2020). Ezra Pound en noviembre de 1918 , ya finalizada la guerra, quiso observar « el efecto del armisticio en el populacho » y para ello vagó por las ca lles del Londres durante varios días tras los cuales enfermó con lo que c reía que era un «leve resfriado» que se fue convirtiendo en un c uadro grave de gripe (Spinney, 2018 ). El premio Nobel de literatura de 1915, R oman R olland, contrajo la e nf ermedad en diciembre de 1918 (fig. 89 ). Figura 89 . De izda. a dcha.: Kafka, McCarthy, Akiko, Lawerenc e, Woolf, Pund y Polland Fuente: Figuras tomadas de la correspo ndiente entr ada a su biografía en Wikipedia El direc tor de Le Populaire había pedido a Roman Rolland que escribiera un artículo con motivo de la llegada d el presidente Wilson a Francia. El escritor, al caer enfermo, le escribió la siguiente carta (fig. 90 ). En ella dice: « […] Me encuentro en la cama, donde ll evo quince días s ufriendo un obstinado ataque de gripe. Por lo tant o me es imposible escribir el artículo que desea. [… .]. [… .] Disculpe estas líneas escritas por un convaleciente [… .]» (Roll and, 1920). Figura 90 . Carta enviada por Rolland al director de El Populaire Fuente: https://en.wikisource.org/wiki/Page% 3AThe_forerunners.djvu/210 M ARTA J ATO D ÍAZ 70 Dos grandes genios de la literatura no pudieron superar la enfermedad. Edmon Eugène Alexis Rostand, autor de Cyrano de Bergerac , moría el 2 de diciembr e de 1918 en París a los 50 años. Pocos d ías antes de su muerte, Rostand había escrito una carta al rey de España agradeciéndole las gestiones rea lizadas a favor de una amiga suya durante la guer ra (Una carta del poeta Ronstand, 7 de diciembre de 1918). Guillaume Apollinaire falleció el día 9 de noviembre, a las 6 de la tarde, a los 38 años. Murió de una mane ra fulminante, dos días antes del fin de la gue rra. Apollinaire estaba recuperándose en su casa, en el número 202 del Boulevard Saint -Ge rmain, de una grave herida de metralla en la sien recibida en marzo de 1916, tras combatir voluntario en la guerra como soldado del ejército f rancés. Su es posa también en fe rmó, pero se recuperó (fig. 91) (Seoa ne, 2018). Figura 91 . Iz da. : E . Ros tand. Dch a.: G. Apolli naire Fuente: Izda.: https: //ww w.babelio.co m/auteur/Edmond- Rostand/5207; Dcha.: https://www.biografiasyvidas.com/ biografia/a/apollinaire.htm ▪ Músicos: En España, el gran violinista pontevedrés Manuel Quiroga Los ada enfermó gravemente d e gripe en la primavera de 1919 (La s alud de Manolo Quiroga, 10 de abril de 1919 ). Quiroga está considerado, junto a Juan Manén y Pablo Sarasate uno d e los mejores violini s tas españoles de la historia. Bartolomé Pérez Casas, funda dor de la Orquesta Filarmónica de Madrid, también se contagiaría, junto a la ma yoría de sus músi cos, en octubre d e 1918 tr as d ar un concierto en Lugo, en el Círculo de las Artes, con motivo de las fiestas de San Froilán. É l fue el «crea dor» del actual Himno Nacional (que se o ficializa d esde 1937 ) cu ya armonización reali zó en 1908 (fig. 92 ). Figura 92 . Izda.: Manolo Quiroga. Dcha.: Bartolomé Pérez Casas F u e nte: Izda.: https://www.facebook.com/ManuelQuirogaLosada/photos?locale=e s_ES; Dcha.: http://bellasartessantacecilia.blogspot.com/ 2017/03/bartolome-perez- cas as-historia-d el.html INTR ODUCCIÓN 71 Sin embargo, otros músicos españoles no tuvi eron tanta suerte y no sobrevivieron. Luis Foglietti Alberola, falleció el 25 mayo de 1918 a los 40 años « atacado de la gripe, su dolencia complicose degenerando en pulmonía que en brev es días le ha ll evado a la muerte ». Fue uno de los compositores más prolíficos y relevantes d el pa norama musica l madrileño del «género c hico» (García, 2018; Luis Foglietti, 27 de mayo de 1918 ). Pedro Blanco López, g ran compositor y pianista leonés, falleció el 1 de mayo de 1919, a los 36 años en P ortugal (Oporto), país en el que gozaba d e un gran pr estigio (fig. 93) (Llamazare s, 2010) . Figura 93 . Izda.: Luis Foglietti. Dcha.: Pedro Blanco Fuente: Izda.: http s://www.h ojadellunes.com/foglietti- el - music o -que- se - fue - con - el -virus/ ; Dcha. : https://you tu.be/7dk-0MAv VNY En el extranjer o, Ottorino Respighi, enfermó en la prim avera de 1918 y la gripe lo confinó en cama la mayor parte del vera no ( O’Donovan, 2020 ). A Béla Bartók, la infección gripal lo mantuvo 23 días en cama en o c tubre de 1918. La enfermedad le provocó una grave infección de oídos y definía lo que e staba padeciendo como « pequeñas hormigas rascándose y causando un picor insoportable en la profundidad de mis oídos ». El compositor estaba aterrado con la idea de quedarse sordo, como le había pa sado a B eethoven por e l qu e sentía una gran admiración (Yáñez, 2021 ). Karol Szymanowski, pasó su convalecencia en un balneario del Mar Neg ro en otoño de 1918, donde compus o la ópera King Roger ( El rey Roger), un dr ama siciliano que le « vino a la mente en una de mis “noches españolas” de insomnio » ( O’Donovan, 2020 ). Sergei Rachmaninoff comenzó a encont rarse mal el día 7 de di ciembre de 1918, en Hoboken (N ew J ersey), el día anter ior a ofrecer un concierto de piano. A pesar de su enfermedad, dio el conc ierto y lo hizo con una ejecución magnífica. Qu izá a ello pudo haberle «ayudado» el vi no caliente que se tomó poco antes del conci erto para mitigar los síntomas … Conti nuó la gira d esoyendo a los m édicos que le aconsejaro n descansar un tiempo para recupera rse ( Buniatishvili, 2015 ; Muñ oz, 2020). Ígor Stravinsky, se contagió a principios de 1919, en Suiza, pocos meses después de componer Historia de un solda do , una obra par a ser « leída, tocada y bailada » (Yáñez, 2021). Pero, el compositor estadounidense Charles Griffes, no pudo superar la enfermedad y falleció el 8 de abril de 1920 con tan solo 3 5 añ os y una p rometedora carrera por delante (fig. 94 ) (Oron, 2006). M ARTA J ATO D ÍAZ 72 Figura 94 . De izda. a dcha.: Respighi, Bartók, Szymanowski , Rachmaninoff, Stravinsky y Griffes Fuente: Figuras tomadas de l a correspo ndiente entr ada a su biografía en Wi kipedia ▪ Actores: Hoy, algunos de ellos, tan sólo son unos nombres olvidados, pero por aquel entonce s eran inmensamente populares y con una s importantes carreras. Walt Disney, pionero e n la industria de animación estadounidense, a l os 16 años decidió ayudar a su país en la guerra, falsificando su fecha de n acimiento para poder enrolarse en el cuerpo de ambulancias de la Cruz Roja Internacional. Una vez en el barco , que le iba a llevar a Francia, comenzó a sufrir una fiebre muy alta, temblor, debilidad y una tos seca que se fue convirtiendo en una grave dif icultad respiratoria. Se había contagiado de gripe y tuvo que quedarse en Nu eva York. Tres semanas d espués, prácticamente recuperado, el conflicto ya había termina do. Posiblemente, a Wa lt Disney, la gripe le salvó la vida (Sala, 2020). Las hermanas Lillian y Dorothy Gish enfermaron en febrero de 1 919. Lillian, conocida como la primera dama del cine mudo, l o hizo cuando estaba rodando una de sus mejores películas Lirios Rotos . Acudió al plató cu ando todavía estaba conv alec ient e y muy débil, lo que provocó en el dir ector un pánico irracional al contagio obligándole a llevar siempre mascarilla y a mantenerse a más de tres metros de distancia ( Anónimo, 2020). Para su hermana Dorothy « lo peor de la enfermedad es que me ha hecho estar todo e l día con horribles camisones de invierno » (Sala, 2021). La novia de América, Mary P ickford, contrajo la gripe con 27 años, en febrero de 1919. Sufrió un cuadro grave que obli gó a hospitalizarla (Sala, 2021). También s u cuñada, Olive Thom as (casada con su herma no pequeño Jack), corista de la f amosa re vista de variedades Ziegfeld Follies, padeció la enfermedad (González, 2020). Norma Talmadge, una d e las g randes estrellas de cine mudo, sufrió un severo ataque de gripe a p rincipios de 1919 . A ella se deb e la tradición de estampar l as manos de las estrellas frente al Graumna’s C hinese Theatre de spués de que accidentalmente, en 1927, dejara la huella de sus zapatos al pisar, en ese mismo lugar, sobre el cemento húmedo al salir de su coche. Curiosamente en la nochebuena de 1957 fa llecería a los 63 años a causa de otra pandemia de gripe (fig. 95 ) (López, 2006). Figura 95 . Publicación de la enfermedad de las herm anas Gish , de M. Pickford y de N. Talmadge Fuente: La S ema na Cinematográfica , 09 .01.1919, p. 2 y 20. 02.1919, p. 6 INTR ODUCCIÓN 73 El director Frank Capra, se contagió en diciembre de 1920 por lo que fue licenciado del ejército (f ig. 96 ) (Uribarri, 2022). Figura 96 . De izda. a dcha.: Walt Disney, Hnas . Gish, M. Pickfo rd, O . Thomas, F. Capra y N. Talmadge Fuente: Figuras tomadas de la co rrespondiente entrada a su biografía en Wikipedia Sin embargo, otros actor es y directores no tuviero n tanta suerte. Harold Lo ckwood falleció el 19 de octubre de 1918, en el hotel Woodward de New York a los 31 años, mi entras rodaba su última película Shadows of Suspicion (Gonzá lez, 2020). John H. Collins, uno de los cineastas ame ricanos más prometedores de la época, f alleció el 31 de o ctubre de 1918 a los 28 años en New York (Triguero, 2020 ). Vera Kholodnaya, la p rimera estrella del cine mudo ruso, fallec ió en Odesa el 16 de febrero de 1919, a los 26 años, una semana después de asistir a un ac to benéfico en el Club Literario y Artístico de esa localidad para re caudar fondos para artistas sin tr abajo. En su c ertificado de defunción puede l eerse como causa de su muerte es: ispanka (fig. 97) (Spinney, 2018) . Figura 97 . De izda. a dcha.: H. Lockwoo d, J. H. Collins y V. Kholo dnaya Fuente: Figuras tomadas de la co rrespondiente entrada a su biografía en Wikipedia ▪ Periodistas: Fueron muchos los periodistas que se contagiaron de gripe en Esp aña. Entr e ellos lo hizo el corre sponsal del diario lucense El Progr eso en Madrid, Baldomero Lois , en enero de 1919 (Ecos, 4 de febrero de 1919 ). Pero también fueron muchos los que murieron y, entre ellos hubo varios directo res d e periódicos. Así José Luis Martin Mengod, director de El Diario d e Valencia, falleció el 2 9 de septiembre de 1918 a los 48 años. S u hermano Antonio había fallecido el día anterior de la misma enfermedad (Puche, 2020). Hermenegildo Calvelo Rabuñal, director de El Diario de Orense , el 30 de septiembre d e 1918 (Vázquez, 2022); Cayetano Pare ja, director de La Gaceta de Cataluña, el 10 de octubre de 1918 (Coll, s. f.) ; Federico Yoli, dire ctor de El Diario de Cádiz, el 21 de octubre d e 1918 y Rafael Roldó Viñ ols, fundador y director del p eriódico Las Noticias de Barcelona, el 2 5 de o ctubre de 191 8 (Serra , 2015 ). M ARTA J ATO D ÍAZ 74 ▪ Médicos: El ejercicio de la medici na, durante la pandemia, fue un ejemplo de dedicación y entrega a los demás. En muchos casos se ant epuso el ejercicio de la profesión a la propia vida, aun sabiendo el riesgo que esto conllev aba para ellos y sus familiares pues madres, esposas, hijos o hermanos fueron, también en oca siones, víctimas de la epidemia. En España fallec ieron más de 200 médicos ; en Galicia superan los 30 y en Lugo, aunque en la ciudad no murió ninguno, la gripe se cobró la vida de tres facultativos que ejercían su profesión en la provincia y de un joven estudiante de medicina, hijo de un compañero. No conocemos los nombres de todos los facultativos fallecidos en Galicia, pero en la siguiente figura mencionamos los de aquellos que sí sabemos con el fin de que s ea n recordados y su labor no quede e n el olvido (fig. 98 ). F i g u ra 98 . Nombre de algunos médicos gallegos fallec idos durante la epidemia de gripe de 1918 Fuente: Elab orac ión propia a partir de distintos diarios gallegos y nacionales. Mapa tomado de https://d- m aps.com/ carte.php?num_car=28751&lang=es INTR ODUCCIÓN 75 Fuera de nuestro país cabe recordar a Sir William Osler (fig. 99 ), el padre de la medicina interna, que se contagió durante la ter cera ola y fallec ió e n diciembre de 1919 por complicaciones neumónicas. Defendió la práctica de la autopsia como procedimiento fundamental para el aprendizaje de la medicina y la suya reveló hallazgos de una neumonía bacteriana con m últiples focos, que se diseminaba por el árbol bronquial, intercalada co n cambios inflamatorios inespecíficos de orig en viral (Barondess, 1975). Distintas enfermedade s y síntom as llevan su nombre: signo de Osler, nódulos de Osler o enfermeda d de Rendu-Osler-We ber entre otras. Pero sin duda el Dr. Osler es aut or de múltiples aforismos, y uno de ellos cobra especial significado en este momento: « el j abón, el agua y el sentido común son los mejores de sinfectantes» (Kabbade, 2020). Figura 99 . Sir William Osler Fuente: https://www.biografiasyvidas.com /biografia/o/osler.htm En España es muy esca sa la presenc ia de placas, monumentos u otro tipo de re cuerdo realiza dos con el objetivo de homenajear a estos médicos abneg ados que perdieron la vid a. Uno de ellos se encuentra en la Facultad de Medicina de la Universidad de Santiago de Compostela. Se trata de una placa conmemora tiva de 167 cm de alto y 117 de ancho, elaborada en mármol bla nco y bronce, realizada p or el escultor Francisco Asor ey (que, en 1918, había ganado por oposición la plaza de escultor anatómico de esa Facultad ). Su ejecuc ión fu e acordada e n el pleno del Ayuntamiento de Santiago celebrado en día 11 de diciembre de 1918, a propuesta del banquero y abogado compostelano Homobono González Fernández, para que s e recordara « el a ltruismo de cuantos hijos de la escuela compostelana en contraron la mue rte asistiendo a los atacados por la epidemia gripal » (fig. 100). Esta placa-lápida se descubrió en el mes de julio de 1919 e inicialmente fue colocada en el claustro del edificio de Fonseca (D e Galicia. Santiago, 30 de julio de 1919 ), entonces Facultad de Medicina, y hoy puede contemplarse en el cl austro bajo de la Fac ultad de Medicina de S an Francisco. En esta ciudad fallecieron cu atro catedráticos de dicha Facultad, todos dura nte la s egunda ol a pandémica: Na rciso C arr ero Goy anes, catedrático de Medicina Legal; Francisco Romero Blanco, c atedrático de Ana t omía y Rector de la Unive rsidad; Eduardo del Río La ra, catedrático de Histología y Marc ial F e r nández Iñiguez, catedrático de Higiene (fig. 101). El P rof. de l Río, ese año, se había plan teado la posibilidad de tra sladarse a Granada, pero en mayo, y a petición de sus M ARTA J ATO D ÍAZ 76 compañeros catedráticos, accedió a quedarse en S antiago (A través de Galicia, 28 d e mayo de 1918; Carrero, 2019; Gestal, 2021 ). Figura 100 . Izda.: Momen to del descubrimiento de la placa al Dr. Carrero por el alcalde de Santiago, D. Máximo de la Riva y el rector de la Universi dad, D. Cleto Tronc oso. Dcha.: Placa homen aje en la Facultad de Medic ina de la Universidad de Santiago de Compostela [Dice así: « Homenaje de gratitud y admiración. A los médicos que durante la epidemia grippal de 1918 prestaron abnegados servicio s en la ciudad compostelana . Al Dr. Narciso Carrero Goyanes fallecido en el cumplimiento de humanitario deber »]. Fu ente: Autoría propia Figura 101 . De izda. a dcha.: Profesores Carrero, Romero , F. Iñiguez y del Río Fuente: Figuras 1 y 3 en la orla de Castelao. Figura 2 en España Médica , 01.12.18, p. 1. Figura 4 : http://consel lodacultura.gal/ album- de -galicia/detalle.php ?persoa=22283 INTR ODUCCIÓN 77 ▪ Deportistas: Tampoco los deportistas escaparon a la gripe. El 22 de octubre, en el diario La Tribuna , podía leerse : « La gripe no se li mita a entresacar sus víctimas de este mundo prosaico y real en que todos vivimos. Ha entrado también airadamente e n el mundo deportivo […]». En España el fútbol e ra, y es, el deporte rey. El torneo estrella era la Copa y El Real Unión se había proc lamado campeón de la de 1918. P ocos días despué s el Barcelona concertó dos partidos a mistosos para disputar contra el Madrid (que no fue Real hasta 1920). El primero pudo celebrarse el 12 de mayo y finalizó con la victoria blaugrana por 1 a 2, pero el segundo programado, para el día 19, ya no pudo jugarse porque la epidemia lo impidió. Había 8 jugadore s del B arc elona que estaba n « padeciendo una fiebre gripal de forma torácica», según constaba en el c ertificado médico, e mitido por el Dr. F uari Horma González. Esos jugadores eran: Paulino Alcántara, G abriel Bau, José Costa, José Juliá , Vicente Martínez, Carlos Rovira, Agustín S ancho y Franc isco Viñals, en definitiva, la «créme» del equipo. Los futboli stas, pasados unos días, se recupe raron y pudieron seguir jugando (fig. 102 ). Figura 102 . Equipo del F. C. Barcelon a en mayo de 1918 Fuente: https://www.lavanguardia.com/deportes/futbol/20200413/48448943104/gripe - espanola-paralizo-deporte-cien-anos.html Una semana despu és era el Madrid (fig. 103 ) el equipo que recibía la visi ta de «l a española» y los defensas Eulogio Arangure n y C ordero, el me dio Alberto Machimbarrena y los delanteros Santiago Bernabéu y M anolo Posada fu eron baja en el partido que se jugó contra el Ra cing Club de Madrid y que, a pesar de las ausencias, ganó el equipo blanco por 6 a 2. El 26 de mayo se programó otro partido entre ambos equipos a beneficio de la Federac ión Regional de Centro y se avisaba de las posibles bajas porque « depende del número de jugadores que haya atacados por la “canción del olvido”. A yer eran pocos, pero hoy no sabemos los que estarán en co ndiciones de jugar ». El Madrid volvi ó a ganar este encuentro por 2 a 0 (Cosín, 2020; Luque, 2020; Notas deportivas, 26 de mayo d e 1918). El Racing Club de Madrid fue un equipo del barrio de C hamberí, fundado en 1914 y disuelto en 1931, que llegó a jugar en segunda di visión. M ARTA J ATO D ÍAZ 78 Figura 103 . Equipo del Madrid en mayo de 1918 Fuente: https://www.lavanguardia.com /deportes/futbol/20200413/48448943104/gripe -espanola- paralizo-deporte-cien-anos.html En el Racing de Santander, Fernando de la Torre Isla (fig. 104 ) también se contagiaría d e gripe, durante la competición copera (Gómez, 2020). Figura 104 . Fern ando de la Torre Isla Fuente: https://www.eldiariomontanes.es /deportes/racing/racinguista -sufrio-gripe- 20201206225808 - ntvo .htm l Pero hubo futbolistas, como Domingo Ugarte «M otxa», jugador del Sporti ng de Irún que falleció en o ctubre de 1918, só lo 4 días después de presentar los primeros síntomas « cuando ya eran contados los casos ha venido c on su guadaña devastadora [la gripe] a segar la vida en plena juve ntud, cuando le sonreía la vida [ …] a aquel formidable jugador conocido por Motxa » (fig. 105 ) (Desde Irún, 24 de octubre de 1918). INTR ODUCCIÓN 79 Figura 105 . Noticia del fallecim iento de Domingo Ugarte Fuente: Madrid Sport , 24. 10.1918, pp. 12- 13 En el Reino Unido, al menos cuatro futbolistas británicos perdieron la vida. El escocés Angus Douglas, moría un mes después de la fir ma de armisticio, el 14 de diciembre de 1918, a los 30 años. Douglas sobrevivió a la guerra, pero no pudo hacerlo a la « muerte azul », que también se cobró la vida de su esposa. Los ingl eses Jack Stanley Allan y John Pattison fallecieron el 4 de mayo de 1919, a los 32 años tras haber sobrevivido también a la guerra , y el 29 de noviem bre de 1918 respectivamente En el be isbol, Ba be R uth ( el Bambino ), considerado como el mejor jugador de beisbol de la historia, sobrevivió en 1918 dos veces a la epidemia y pudo ll evar a su equipo a conseguir el título de las Series Mundiales de be isbol. En hockey sobre hielo, el defensa del Montreal Canadiens , Joe Hall (conocido como Bad Joe por su agre sivi dad sobre el hi elo ), moría cayendo desplomado sobre el hielo a causa de un a neumonía fulminante en 1919 (fig. 106 ). El entr enador de ese equipo, George Kennedy, nun ca se recu peró por completo de la enfermedad y acabó m uriendo en 1921 como consecuencia de sus complicaciones (AFP, 2020; B ellot, 2020) Figura 106 . De izda. a dcha.: Babe Ruth, Angus Dou glas y Joe Hall Fuente: Figuras tomadas de las co rrespondientes entradas a sus biografías en Wiki pedia. ▪ Otras personas famosas que enferma ron o fallecieron a causa de la gripe: Tampoco el mundo de los toros se salvó de la visi ta de «la española» y así el torero Manuel Varé García, conocido como «Varelito», no pudo tore ar l a novilla da del Corpus en Madrid « por haber sido atacado por el bizar ro y valiente, sí que también incomparable, “ So ldado de Nápoles”, que lo cogió a él com o a una de sus nuevas víctimas» (fig. 107 ). M ARTA J ATO D ÍAZ 80 Figura 107 . Noticia de la enfermedad gripal de Varelito Fuente: La Lid ia , 03.06.1918, p. 2 Ni el de la aviación al que atacó con dureza provocando, en unos casos, enfermedad y en otros la muerte. Amelia Heart, la que sería la primera mujer en c ruzar el Atlántico en solitario, enfermó de gri pe mientras trabajaba voluntaria como auxiliar d e enfermería en el hospital militar de Spadina, en Toronto. Se contagió a finales de septiemb re de 1918 y su cuadro clínico se complicó con una neumonía y una infección grave en los senos parana sales que requirió cirugía. Tardó un a ño en recuperarse y f ue durante su convalecencia, en el ve rano de 1919 , cuando ap rendió a volar. Amelia comentaba que mientras duró la pandemia contra jo dos e nfermedades: la gripe y la pasión por volar (Schinberg, 2020). Léon Mora ne, uno de los más célebres aviadores y constructor de aeroplanos del mundo, falleció en Francia el 20 de octubre de 1918 (f ig. 108) ( Aviac ión. Léon Morane, 29 de octubre de 1918 ). Figura 108 . Noticia del f allec im iento de L. Morane víctima de la gripe Fuente: El Mundo Deportivo , 29.10.1918, p. 2 Otra aviadora, esta vez pontevedresa, Elisa Patiño (conocida como Chichana Patiño) que fu e la primera aviadora de Europa , fallecía el 12 de abril d e 1919 , a los 26 años, tras v arios meses de lucha c ontra la e nfermedad grip al. U nos meses antes, su hermano peque ño Eduardo también ha bía sido v íctima de la c ruel enfermedad (fig. 109) (Fernández, 2021) . Figura 109 . De izda. a dcha.: Varelito, A. Heart, L. Morane y E. Patiño Fuente: Figuras tomadas de l as corres pondientes entradas a sus bio grafías en Wikipedia INTR ODUCCIÓN 81 Tampoco el mundo del automóvil pudo librarse del ataque de la gripe. En 1919, mientras asistían a l Salón del Aut omóvil de Nueva York, los herma nos Dod ge cayeron gravemente enfermos. John, con una tuberculosis previa, murió el 14 de enero de 1920 y su hermano Horace sufrió v aria s recaídas a lo largo de ese año falleciendo, a causa de u na neumonía el 10 de diciembre (Redacción, 2020). Enzo Ferrari, « Il Commendatore », mientras combatía con l a división de artillería en l a primera guerra mundial, contrajo una gravísima neumonía que estuvo a punto de acabar con su vida, por lo que f ue enviado a casa. Poco antes su padre Alfredo y su hermano Din o habían fallecido en e l frente a causa de la terrible epidemia (fig. 110 ) (Redacción, 2017). Figura 110 . De izda. a dcha.: John y Horace Dodge, Enzo Ferrari Fuente: Figuras 1 y 2 tomadas de la entrada a sus bio grafías en Wiki pedia; F ig. 3 en: https://diezcilindros.wordpress.com/2017/02/17/ la- leyenda- de - il -commendatore/ Manuel María Puga y Parga, conocido como «Picadillo», durante la prime ra ola en primavera , cuando todav ía se tomaba a b roma la epidemia. publicó un artículo en el que, con humor, recomendaba una «bu ena comilona» para combatir la gripe. Obviamente este tratamiento resultó no ser efectivo pues tan sólo un par de m eses más tarde (el 30 de septiembre d e 1918 ) fallecería, víctima d e esta e nferme dad , a los 44 año s. Picadillo es el autor del libro La cocina práctica y fue alcalde de La Coruña en 2 ocasi ones, la primera durante 2 mese s y la seg unda sólo durante uno. Otto Wagner, considerado «el arquitecto de Viena», murió el 11 de abril de 1918 a los 76 años (Montes-Santiago, 2010). Su estilo van guardista sirvió de influencia para otros arquitectos de su é poca, entre los que destacan Antonio Palacios. Los hermanos Francisco y Jacinta Marto Santos, que junto con su prima Lucía vieron a Nuestra Señora en Fátima el 13 de mayo de 1917, fallecieron vícti mas de la gripe. Francisco lo hizo el 4 d e abril de 1919 , con 10 años, tras en fermar en octubre del año anterior, por las complic aciones causadas por un a broncone umonía. Su h ermana Jacinta lo hizo a los 9 años, el 20 de febrero de 1920, tras una intervención quirúrgica , practicada sin anestesia, d espués de haber contraído la gripe y complicarse con una ple uresía purul enta (Castro, 2017). Maximilian Weber considerado uno de los padres de la sociología modern a, junt o co n Marx, Comte y Durkheim , murió el 14 de junio de 1920 como consecuencia d e una neumonía , tras contagiarse de gripe (fig. 111 ) (Vallespín, 2020). M ARTA J ATO D ÍAZ 82 Figura 111 . De izda. a dcha.: Picadillo , O. Wagner, hermanos Marto y M. Weber Fuente: Figuras tomadas de las correspondien tes entrada s a sus biografías en Wikipedia Sabemos que la gripe no distinguió entre ric os y pobres y, a principios de 1919, Nancy Cunard, heredera de una de las mayores fortunas de I ngl aterra, fundadora de la editorial The Hours Press (en la que publicaría Ezra Pound) y amante de T. S. Eliot, se contagiaría gravemente . S u cuadro s e complicaría con una neumonía que p rolongaría su convalecencia varios meses y todo ello le provocaría una fuerte depresión (Spinney, 2018). Su fuerte hábito tabáquico no contribuiría a la c uración del cuadro (Burke, 2020). Leo Szilard, en 1918, era un joven físico húngaro que estaba recibiendo adiestramiento para ir al combate, con su re gimiento en Austria, cuando e nfermó de gripe por lo que le concedieron un pe rmiso par a regresar a Hungría. Mientr as estaba ingresado en un hospital conoció la noticia de la muerte de t odos sus compañeros de regimiento en la batalla de Vittorio Veneto, en el frente italiano, en la que él tendría que haber combatido si no estuviese enfermo. Años más tarde sería uno de los creadores de la bomba atómica, aunque Szilard siempre se opuso a que fuese empleada con fines bélicos (Spinney, 2018 ). La pandemia también se cobró la vida de una santa: l a de santa Teresa de los Andes de Chile. La joven carmelita descalza murió el 12 de abril de 1920 a los 19 años. Fue canoniza da por Juan P ablo II en 1993 y su fie sta se celebra el 13 de julio (fig. 112 ) (Spinney, 2018). Figura 112 . De iz da. a dcha.: N. Cunard, L. Szilard y Sta. Teres a de los Andes Fuente: Figuras tomadas de l as correspondientes entradas a sus biografías en Wikipedia ▪ Familiare s de figuras c onocidas que también e nfe rmaron, o muri eron, víctimas de l a epidemia gripal: En ocasiones, no fueron las pe rsonas más famosas, sino algunos de sus familiares, quienes contrajer on o fallecieron a c ausa de la gripe. Entre ellos cabe citar a: - Frederick Trump, abuelo de Donald Trump, que falleció el 30 de mayo de 1918 por una ne umo nía. El S r. Trump era un hombr e previsor y unos años antes se había hec ho un se guro de vida. Tras su muerte, su viuda y su hijo invirtieron con gra n éxi to el dinero de INTR ODUCCIÓN 83 la póliza en inmuebles, y obtuvieron gra ndes beneficios. Y ese p arece ser el origen de la fortuna del ex presidente estadounidense (Herrero, 2018). - Arthur-Alleyne Kingsley, hij o mayor de Sir A rthur Conan Doyle (médi co y escritor escocé s, creador del S herlock Holmes) contrajo la gripe en el campo de bat alla, durante la contienda del Somme, y falleció en o ctubre de 1918, pocos días desp ués de haber cumplido 26 años y pocos días antes del final de la contienda. Su tío Inner (hermano de su padre) lo haría en f ebre ro d el añ o sigui ente, en Bélgica, también a causa de la pandemia. A raíz de estas muertes el médico y escritor se refugió en el espiritismo, quizá en un int ento de c ontactar con sus s eres qu eridos (Prego, 2018; Wilkinson, 2020). En el año 1922 escribió « Cuentos de médicos y militares ». En esta obra uno de los «cuentos», titulado « A la zaga de los tiempos », hace referencia a l a epidemia de gripe (Conan, 1996: 41-47 ). - Ali Augusto Gómez Bello hijo del presidente de Venezuela, el general Juan Vicente Gómez, murió e l 7 de noviembre de 1918 a los 26 años tan só lo tr es día s después de manifestar los primeros síntomas. También fallecier on sus hermanos Ana y Pedro y la madre de estos últimos Herme negilda. S e dic e que fue la primera vez que se vio llorar a su padre. El genera l envió un mensaje al Dr. Márquez Bustillos que decía: Con el corazón pa rtido de dolor, tengo la pen a de participa rle que hem os tenido la i n mensa desg racia de perder a mi hijo Alí, que murió a la una de la mañana ví c tima de la t err ible epidemia. En m i honda aflicción de padre, me lleno de res ignación c ristiana y pienso q ue Dios me cons olará en estos momentos tremendos. Sin embargo, y a pesar de la pena que lo afligía, no fue a ver lo du rante su enfermedad ni asistió a su entierro por un miedo irracional al contagio (Hernández , 2020). - Sophie Freud, quinta hija de Sigmund Freud y co n la que t enía más afinidad, falleció el 25 de ene ro d e 1920, con tan s olo 26 años y emba raz ada de su tercer hijo. Sophie estaba ingresada en el hospital , por complicaciones de su embar azo, cuando se contagió de gripe y se sobreinfectó con una neumonía. Al día siguiente de su muerte Freud le escribía a su m adre, A malia: « Tengo noticias tristes. Nuestra querida Sophie murió ayer por la mañana de gripe y ne umonía galopantes […]». El psicoanalist a ll eva ba el retrato d e su hija siempr e cons igo, en un med allón colgado junto a su reloj de bol sillo. Esta experiencia modificó de una manera d efinitiva su concepción acerca del duelo (Bauso, 2020). - Clementine y Marigold Churchill, esposa e hija de Winston Churchill, e nfermaron de gripe en febrero d e 1919, mientras el entonces ministro británico de A rmamentos se encontraba en París negociando los términos de la paz. Isabelle, la cuidadora de la pequeña Marigold también se contagió, pero no sobrevivió. Marigold moriría a los dos años por una septicemia (Richter-Boix, 2017; Uribarri, 2021). - Thomas Robert Tighe C hanpa mn, padr e de Thomas Edward L awre nce (más conocido con Lawrenc e de Arabia) fallec ió el 8 de abril de 1919. Lawr ence , que acompañaba a la delegac ión árabe para intentar buscar una solución adecuada para los territorios que habían pertenecido al Imperio Otomano, tuvo que regresar a Inglaterra para desp edir a su padre, lo que mermó su capacidad de acción en el tema (Spinney, 2018 ). - Estefanía Maura hija de Antonio Maura, pr esidente del Consejo de Ministros, falleció el 6 de octubre de 1918 (a dmin2107, 2021). - El padre d e Greta G arbo, Karl Alf red Gustafsson, que sufría una e nfermeda d r enal c rónica, contrajo l a gripe a finales de 1919 y m urió el 1 de junio de 1920 a causa d el M ARTA J ATO D ÍAZ 84 deterioro de la función renal sufrida como consecuencia de la infecc ión gripa l (de Prada, 2023). - El tercer hijo del Dr . Alfred Baring Garrod, uno de los pioneros en el campo de los errores congénitos del metabolismo, falleció a principios de 1919. El Dr. Baring fue quien sustituyó a Sir William Osler en l a cátedra de Medicin a de Oxford en 1920 (Fresquet, 2007). 1.5 C ONSECUENCIAS POSITI VAS DE LA PANDEMIA Además de muerte y devastación la pand emia de gripe de 1918 también tuvo consecuencias positivas. En términos generales, se lograron im portantes avances científicos y sanitarios, se consiguió una visi ón social de la medicina y se interiorizaron h ábitos y prácticas de higiene entre la población. De una mane ra global podemos decir que «gracias» a contagiarse de gripe muchos hombres se salvaron de una muerte segura en el frente, pues tr as enfermar fueron ingresados en un hospital o enviados a sus casas , para su c onvalecencia y recuperación, evitando la entrada en combate . Desde un punto d e vista anecdótico, «g ra cias» a la gripe un g enio de la literatura Ramón María del Valle-Inclán, durante su conv alecenc ia y posterior auto confinamiento en el pazo d e la Merced en A Pobra do Caramiñal, escribió Luces de Bohemia y Divinas Palabras , iniciándo se así el género teatral del esperpento (Otero, 2020). También d ebemos a la g ripe la «creación» de la caipiriña. I nicialmente la bebida, que se empleaba en Brasil habitualmente para tra tar la gripe, sólo contenía miel, ajo y limón. Pero, a nte la gravedad de los cuadros clínicos que se presentaron en 1918 se le añadió cachaza (aguardiente de caña) con el fin de aumentar el efecto terapéutico. Cuando la pandemia acabó, se c ambiaron d os ingredientes: la miel se reemplazó por azúcar y el ajo po r hielo y así persiste hasta hoy (Troncoso, 2021). Y parece que el empleo de l alcanfor en nuestros días también de debe a su uso como potente desinfectante dura nte la pande mia. Pero fue sin duda en el c ampo de la Salud Pública donde las repercusiones de la epidemia dejaron su mayo r impro nta, estimulando su avance y el d esa rrollo de la medicina social. A nivel local, las autoridades sanitarias comprendieron que l as ciudades tenían que s er m ás saludables y, de este mo do, comenzó la construcción de viviendas c on buenas condiciones higiénicas de habitabilidad y la m ejora en las canalizaciones urbanas. A ni vel gubernamental, hasta ese momento, las instituciones encargadas de la salud públi ca estaban supeditadas o dependían de los intereses de otros Ministerios. La pandemia fue una advertencia para la comunidad mundi al que entendió que h abía que independizarlas para qu e pudiesen tom ar sus propias decisiones, lo q ue se refle jó en l a reorg aniza ción d e los Ministe rios de S anidad en algunos países y en otros su creación de nuevo. Todas las naciones se co nvenc ieron de que debía existir un sistema fuerte de salud para todos los ciudadanos y, de este modo, a partir de los años 20 n ació l a sanidad pública y universal en la mayoría de los países avanzados. Rusia fue el prim ero en crear una red públic a de sa lud, cuyo impulsor fue Vladimir Lenin. Básicamente era un sistema de asistencia sanitaria ce ntralizado y totalmente público, pe ro no universal, porqu e no cubría a las poblaciones ru rales. P ero esta idea sería «copiad a» por más países y con el tiempo a ca baría siendo un sistema también universal. A nivel internacional, desde finales del siglo XIX, y a través de la celebración de varias Conferenc ias Sanitarias Internacionales, s e vio la necesidad de lleg ar a acuerdos entre las n a c iones c o n el objetivo de postular unas normas y criterios comunes y fijar un mínimo de s e rvic ios soc iales par a int entar r educir las desigu aldade s a nivel global. P ero pa ra ello hab ía INTR ODUCCIÓN 85 que contar con una institución que recogiera los datos epidemiológicos y c oordinara las respuestas de los distintos países. De este modo, en 1902, nació la Oficina Panamericana de l a Salud, vinculada a la Unión Panamericana y q ue funcionaba ligada al Servicio de Salud Pública de los EE. UU. Pero en 1903 se enten dió que lo realmente eficaz sería c rear una organización internacional permanente de s alud que coordinase todos los datos, informaciones y re spue stas a niv el epidemiológic o y así, desde 1907, comenzó a funcionar en Paris la Oficina Internacional de Higiene Pública cuya función consistía principalmente en recopilar y difundir info rmación sobre las en fermedades infecciosas, pero no en poner e n marcha programas de salud pública. Pero d espués de la Primera Guerra Mundial, y especialmente tras la pandemia de gripe, la pre vención y vigilancia de las enferme dades se convirtieron en un asunto de preocupación internacional a la vez que surgió la idea de formar a los médicos en el e studio de las condicio nes laborales y sociales que causan las enfermedade s ya no sólo con el fin de curarlas, si no de proponer la forma de prevenirlas. De esta forma, el comienzo de la epidemiología y la creación de las base s de un sistema para el control internacional de las crisis sanitarias quedaron reflejados en el Pacto o tratado que dio origen a la Liga o Sociedad de Naciones, el 28 de abril de 1919 (fig. 113 ). Figura 113 . Izda .: M i embros de la comisió n fundacional de la Soc iedad de Naciones Dcha.: Primera reunión del cons ejo en 1920 Fuente: Izda.: https://www .ungeneva.org/es /about/league- of -nations/background y dcha. : https://conversacionso brehistoria.info/2020/02/09/espana - en - la -sociedad- de -nacio nes- 1920 - 1939/ Su objetivo principal era preservar la paz, pero también se concibió c omo un centro de cooperación y coor dinaci ón internac ional. En el artículo 23 de ese tratado se recoge que: los Mie mbros de la Liga se esforzará n por tomar med idas en asunto s de interés i n ternacion al para la prevención y control de enfermedades y en el 25 que: los M iembros de la Liga acuerdan fomentar y promove r el establecim iento y la cooperación de organ izaciones nacional es voluntarias de la Cruz Roj a debida mente autorizadas que tengan como f inal idad me jorar la salud, prevenir enfermedad es y mitigar el sufrimien to en todo el mundo ( Pa cte de la Sociét é des Nations , 1920). M ARTA J ATO D ÍAZ 86 Dentro de la Liga de las Naciones, se creó l a di visión sanitaria. Pero fue entonces, bajo ese nuevo marco internacional, donde comenzaron a chocar los dos componentes de l a salud pública: el social y el político. Por ello a principios de los años 20, concre tamente en 1923, l a división sanitaria de la Sociedad de Naciones, se une a la Oficina Internacional d e Higiene Pública y se crea, como parte de la ONU, una organización sanitaria: la Organización de la Salud, una agenc ia técnica que dio origen a nuevos sistemas internacion ales de c ontrol de epidemias. Su gran innovación fu e que su dire cción corrió a c argo de médicos profesionales en ve z de diplomáticos (como ocurría hasta entonces en la Oficina Internacional d e Higiene Pública). Un poco más t arde, se incorpora la ofic ina co ntra las epidemias de la Organización Panamerica na de la Salud y esto es lo que serí a el germe n de la futur a OMS. En 1939 la Sociedad de Naciones y su división sanitaria se disolvieron y se propuso la existencia de una organización sanitaria independiente de las decisiones políticas, que sirviese para reforzar el intercambio de información médica, que incluya la mayor cantidad de países posi bles y que no dependa de ningún otro organismo (como la ONU). Este planteamiento se ll evó a la práctica con el nacimiento el 7 de abril de 1948 de la O rganización Mundia l de la Salud como una organización ya inde pendiente . D e este modo se enfatiza la idea de qu e no es posible un mundo en el que una gra n parte de su población esté enferma, y el resto sana, y de que los problemas de salud sólo pueden ser resueltos a nivel global, con ayuda en tre los distintos países (Echeverri, 1993; Porras, 2020; Tobar, 2017). A nivel científico, es cierto que la p andemia pro vocó la frustración de médicos e investigadores, pero los numerosos estudios que se pusieron e n marcha para intentar averiguar su agente causa l y la obtención de vacunas, supusieron un gran impulso para la mic robiología (con el desarrollo de la bacteriología y la configuración de la virología) y para la inmunología. También, de alguna manera, a la pandemia se debe el descubrimiento de la penicilina, pues hasta que se desc ubrió el agente causal, muchos científicos estaban convencidos de que la gripe estaba causada p or una bacteria. Uno de ellos era Alexander Fleming quien, en 19 28 en el laboratorio del Hospital St. Mary de Londres, estaba estudiando la influenza . Al volver de unas vacaciones ob servó cómo, en una de las pla cas de Petri, las colonias de Staphylococcus aureus no crecían en las zonas de cultivo que habían sido contaminadas accidentalmente por un hongo, el Penicillium no tatum : ¡el Dr. Fleming había des cubierto la penicilina!, un medic amento que c ambiaría para siempre la hist oria de la medicina y salvaría millones de vidas (fig. 114 ) (Álvarez y Vicente, 2008; Kukso, 2020). Figura 114 . Placa ori ginal en la que se "descubrió " la Penicilina Fuente: McKay, 2021 INTR ODUCCIÓN 87 A nivel social también se produjeron im portantes cambios ya que se abrieron nu evas oportunidades de trabajo para las mujere s que desempeñaron un nuevo e i mportante papel. La falta de trabajadores causado por el conflicto y por la gripe dio a la mujer la entrada al mundo laboral, jugando, especialmente a causa de esta última, un papel fundamental a nivel sanitario. Por otra parte, dado el al to número de huérfanos, viudas y discapacitados que quedaron como consecue ncia de ambos sucesos los distintos países se vieron obligados a prove er a sus ciudadanos de un «estado de bienestar» con el que ayudarles a rehacer sus vidas. Y por raro que parezca , la sociedad que resurgió tras la pandemia lo hizo con un modelo más justo y equitativo entre sus miembros. Con respec to a la vigilancia de la gripe, dada la gran variabilidad ge nética del virus, la ausencia de un recurso p rofiláctico espec ífic o y e fica z contra la enfermedad, y el miedo a que se pudiese repetir una pandemia como la de 1918, llevaron a la OMS a t omar la decisión de establecer el Programa mu ndial de lucha contra la gripe y crear en 1952 una red mundial de vigilancia de la gripe. Actualmente 146 Centros Nacionales de Gripe (CNG) integran esta red dentro del Sistema Mundial de Vigilancia y Respuesta a la Gripe (SMRVG) del que forman parte 114 estados miemb ros de la OMS. La misió n del SMVRG es el análisis continuo de los virus gripales que causan brotes estacionales en el ser humano, brotes de gripe zoonótica y posibles pandemias, y seleccionar las cepas vacunales dos veces al año: una para la temporada de gripe en el hemisferio norte y otra p ara la del hemisferio sur. España cuenta con tres CNG en Madrid, Va lladolid y B arc elona. Sin embargo, la realidad es que todavía menos de la mitad de los países cuentan con un plan nacional de prepara ción par a la gripe pandémica (Centro de prensa OMS, 2023). 1.6 L A EPIDEMIA EN E SPAÑA Durante el conflicto bélico europeo unos 2.000 españoles, de los que a proximadamente la mitad eran catala nes, via jaron a Francia como voluntarios a luchar con la Legión Extranjera. También muchos jóvenes e spañoles y portugueses fueron a l p aís vecino a trabajar como temporeros, en sustitució n de la mano de obr a de l os hombres que se habían ido a combatir en el frente. F ue con el regreso en tre n de estos soldados y tempor eros, c omo la gripe entró en nuestro país. En la primave ra de 1918 Madrid estaba en fiestas. El 15 de mayo la pradera de San I sidro estaba plagada de jóvene s, procedentes de todos los lugares, de seosos de pasa rlo bien (fig. 115 ). Entre ellos muchos habían re gresado de Europa y hacían parada en la capital: Llegó mayo, y con él nuestro San Isid ro, y con el sant o la riada de f o rasteros que viene a visita rnos para agolparse y estruj arse por las calles, paseos, teatros, cafés y tranvías […] . […] Este año t odo es júbilo para la fiesta de nuestro Santo P atrón […] (De Viu, 1918 ). Figura 115 . Imágenes de la pradera de San Isidro en mayo de 1918 Fuente: Mundo Gráfico , 2 2. 05.1918, p. 13 M ARTA J ATO D ÍAZ 88 La capital española estaba a rebosar y las aglomeraciones, propias de las verbenas, bailes y corridas de to ros, permitieron que el virus se propagase libr emente durant e días. N adie sospechaba , en esos momentos de alegr ía, que poco tiempo después to do el país se vería azotado por una brutal e pidemia de gripe que, d urante los dos años sigui entes, diezmaría la población mundial en varias olead as (Echeverr i, 1993; P orra s, 1995) . Las fiestas de S an Isidro de 1918 marcarían «oficialmente» el inicio de la epidemia en España. Y así, la gripe se presentó en tres olas. La primera, duró unos dos meses aproximadamente. Se desarrolló durante la primavera y el verano y despa reció con gran rapidez. Se produjeron muchos contagios, pero la enferme dad no fue gr ave. Tuvo una difusión extre madamente rá pida en las ciudades y se consideró que en ellas su foco estuvo en los cuarteles, hecho que se repetiría durante la se gunda ola. En ese momento las autoridades ha blaban de « numerosas invasiones » pro voca das por una enfermedad que duraba muy pocos días y que no ofrecía « gravedad alguna » (Gestal, 2021) . Se le denominó de muchas maneras: « epidemia reinante », « enfermedad d e moda », « afección gripal », … y, en genera l, fue «bautizada» por los medios como « El soldado de Nápoles », en alusión a la pegadiza canción que formaba parte de la zarzuela La canción del olvido qu e triunfaba en Madrid. En el resto de la geografía e spañola también se le atribuyeron motes de este tipo como « la bo da de B elmonte » en S evilla, « el paseo marítimo de Cambó » en Barcelona, « el discurso del señor Prieto » en Bilbao o « la cucaracha » en Levante (Hurtado, 2022; Moneo, 2020) En el siguiente fragmento , de un párrafo de El I mparcial, se pueden obs erva r varios d e los muchos nombres con que fue conocida la epidemia durante esta primera ola « La enfermedad reinante en Madrid avanza de día en día […]. […] el nú mero de ba jas que diariamente se registra, a consecuencia de la misteriosa enfermedad […]. […] esta dolencia epidémica no es grave […]. El mal, se ha cebado en los t eatros […] » (Los ataca dos se cuentan por millares, 22 de mayo de 1918, p. 1) Las zonas más afectadas fueron Extremadura, Andalucía y la mitad sur de la Meseta Central, siendo Cáceres, Córdoba, Jaén, Badajoz y Cuenca las provincias con mayor mortalidad. La tasa media de mortalidad po r gripe, a nivel provincial, osciló entre el 0,04 y el 0,65% (Echeverri, 1993) y la tasa media de exceso de mortalidad por causas respiratorias fue del 2,4‰ (rango entre provincias: 0 - 10,3‰) (f ig. 116) (Chowell, 2014; Er kore ka, 2009). Figura 116 . Primera ola. Izda.: Tasa de mortalidad (‰) p or gripe. Dcha.: Tasa de exceso de mortalidad (‰) por enfermedad es respiratorias . F u en t e: Izda.: Modificado de Echeverri, 1993. Tomado de: Beltrán, 2009. Dcha.: Mod ificado de Chowell y Eroreka 2014. Tomado de: Maldonado, 2020 INTR ODUCCIÓN 89 En otoño llegó la segunda ola y la situación cambi ó. Entre los últimos días de agosto y los primeros de septiembre la enfermedad reapareció. Alcanzó su máximo a finales de octubre y principios de noviemb re y desapareció a partir de mediados de diciembre. No es posible sabe r si la infección s e reintrodujo desde fuera de Esp aña o si el virus había permanecido l atente en algún reservorio. La aparente simultaneidad con la que apareció induce a pe nsar que hubo focos desde dentro y desde fuera del país. Así su eclosión y difusión se vio favorecida por la celebración de bod as, la recogida de las cos echas, las innumerables fiestas de fin de l ve rano y los importantes movimientos de población que se producían, fundamentalmente, por e l regre so de los tempore ros agrícolas de Franc ia (más de medio millón de ve ndimiadores desplazados en ese país) y el ir y venir de los nuevos reclutas y de los soldados ya licenciados . Parece que hubo dos vía s de expansión, ambas c on dirección norte – su r. Una de ellas seguía la dirección del ferrocarril desde Port -Bou (difundiendo la infección desde Cataluña hasta Andalucía) y la otra partí a de Irún y llegaba a Medina del Campo (pun to desde el que se distribuiría en todas d irecciones) (fig. 117 ). D ada la gran cantidad de personas que r ecorrían estos traye ctos fueron las vías más importantes de contagio, aunque no las únicas (Eche verri, 1993 ). Figura 117 . Líneas de ferrocarril en España en 1918 Fuente: Tomado de Fernández Dolón, 2020 En e l interior d el país, e l ejér cito se c onvirtió en un «eficaz sistema» de diseminación de la gripe: por una parte, los reclutas eran port adores del virus desde sus lugares de origen y por otra los soldados que se l icenciaban lo llevaban de vuelta a casa, difundiéndolo por el camino. Esta vez l a gripe se desarrolló con una inusi tada grav edad que se tradujo en unas tas as de mortalidad muy elevadas . Alrededor de un 75 -80% de l as muertes se prod ujeron durante esta segunda ola, siendo oc tubre el mes en el que más víctimas se produjeron (45%). Durante esta segunda ola, la epidemia se tom ó de una forma más seria y fu e más conocida como « gripe », « epidemia » sólo o seguida de « gripal » o « de gri pe ». El « soldado de Nápoles » ya se había marcha do (Hurtado, 2022). Las tasas de mortalidad por gripe en las provi ncias oscilaron entre el 0,5 y el 14 %, afec tando principalmente a la zona nort e y a la costa de Levante, zonas po co atacadas dur ante la primavera. Todas las provincias experimentaron unas tasas de mortalidad respiratoria muy elevada s, siendo Burgos, Almería, Zamora, Palencia, Orense y León las más a fectadas (E c he v erri, 1993). La tasa media de exceso por mortalidad respiratoria fue del 82,3‰ (ran go e ntre p rovincias 5,4- 167,7‰) (fig. 118) (Chowell, 2014; Erkoreka, 2009). M ARTA J ATO D ÍAZ 90 Figura 118 . Segunda ola. Izda.: Tasa de mortalidad (‰) p or gripe Dcha.: Tasa de e xc eso de mortalidad (‰) por enfermedad es respiratorias Fuente: Izda.: Modificado de Echeverri, 1993. Tomado de: Beltrán, 2009. Dcha.: Modific ado de Chowell y Eroreka 2014. Tomado de: Maldonado, 2020 La tercera ola s e pres entó entre los meses de enero -febrero y mayo-junio d e 1919. Fue mucho menos explosiva y tuvo una mayor incide ncia sobre aquellas zonas donde se había sufrido una primera ola intensa. Aunque la mortalidad fue inf erior a la de otoño, la enfermedad pr esentó las mismas características de virulenc ia y letalidad. La denominación más frecuente en esta tercera ola fue « epidemia gr ipal » (H urtado, 2022). La tasa de mortalidad por gripe osciló entr e 0,07 y 1,4 % ( Echeverri, 1993) y las tasa s de exceso para mortalidad respiratoria lo hicieron entre 0 y 20,9‰ (fig. 119) (Chowell, 2014; Echeverri, 1993). Figura 119 . Tercera ola. Izda.: Tasa de mortalidad (‰) po r gripe. Dcha.: Tasa de exceso de mortalidad (‰) por enfermedad es respiratorias Fuente: Izda.: Modificado de Echeverri, 1993. Tomado d e: Beltrán, 2009. Dcha.: Modificado de Chowell y Eroreka 2014. Tomado de: Maldonado, 2020 En 1920, en algunas z onas, hubo otro importante brote e pidémico que algunos han calificado como cuarta ola y que atacó fundamentalmente a los niños menores de 1 año (Echeverri, 1 993) . INTR ODUCCIÓN 91 En Galicia, la epidemia se presentó en tres olas y siguió el mismo patrón que en el resto del pa ís: una primera ola con muchos contagios y pocos fallecimientos, la segunda que fue la más letal y una tercera o la de meno r intensidad que la segunda, p ero con mayor mortalidad que la primera. Las tasas de mortalidad por g ripe registraron un a umento e n el mes de septiembre para tod a Galicia, salvo en P ontevedra. La Coruña y Pontevedra alcanzaron la mayor tasa en octubre mie ntras que Lugo y Orense lo hicie ron en no viembre. Estas dos provincias pres entaron ta mbién una mortalidad por gripe elevada dur ante el mes de diciembre (Porras, 2020). Las tasa s de mortalidad por gripe de las cu atro provincias ga llegas, en cada una de las olas y para la pandemia, se recogen en la sigui ente tabla (tabla 1). El período que hemos considerado para cada ola ha sido: de mayo a agosto de 1918 para la primera, de septiembre a diciembre de 1918 para la segunda y de enero a junio de 1919 para la tercera. Tabla 1. Tasa de mortalidad por gripe en las cuatro provinci as gallegas TASAS DE MORTALIDAD POR GRIPE ‰ 1ª OLA 2ª OLA 3ª OLA PANDEMIA ESPAÑA 0,04 - 0,65 0,5 - 14 0,07 - 1,4 8,75 GALICIA LA CORUÑA 0,09 10,7 0,4 11 LUGO 0,07 7,1 2,2 9,4 ORENS E 0,04 12,3 1 13 PONTEVEDRA 0,08 7,1 0,25 8 Fuente: Elaboración propia a partir de los datos de Ech everri, 1993 Según estos c álculos, la provincia más afectada f ue Orense, s eguida de La C oruña, Lugo y Pontevedra. Para intentar explicar las causas de la pandemia se formularon las más diversas y descabe lladas hipótesis: se re lacionó con el agua, con el su elo, el air e, los alimentos, las basuras, los pozos negros o la construcción del metro y se volvieron a invocar ca us as miasmáticas y causas religiosas: e ra la mano de Dios ( Echeverri, 1993 ). No obstante, y aunque se desconocía l a existencia de los virus, con el tiempo se fue imponi endo la teoría microbiológica que promulgaban los expe rtos. Se calcula que, en Espa ña, que por entonces tenía una población de un os 20.880.000 habitantes, la epidemia en su conjunto (gripe + e nfermedades r espiratorias) se cobró la vid a de unas 260.000 personas, un 12‰ de la poblaci ón. De ellas se estima que más de 200 eran médicos y más de 300 religiosos. Pero fueron muchas más las vid as de sanitarios/as y religiosos/as, y buenas personas, las que se perdieron mientras ayudaban a los demás prestando asistenc ia y auxil io a los enfermos y sus fa milias. Una vez finalizada la epidemia, p ero incluso durante el transcurso de l a misma, muchos profesionales d e la medi cina en nuestro país pusi eron en v alor la im portancia que tenían, a la hora enfermar, los factores socioecómicos e higiénicosanitarios tales como, el hacinamiento, la insalubridad de las v iviendas o la dificultad para conseguir, por su escasez y ca restía, artículos de primera nec esidad y medicinas. Pero también la falta de una moderna legislación sanitaria, de una adecuada infraestructura sanitaria o de una independencia sanitaria y económica de los facultativos eran elementos clave para poder explicar las consecuencias de esta tragedia. Lo cierto es que la epidemia de gripe daba la oportunidad para llevar a cabo las importantes mejoras en materia sanitaria qu e el país necesitaba. Una de ellas era la creación de un Ministerio de Sani dad, pero para eso n ecesario el aborar nuevas leyes. Así en julio de 1919 s e prese ntó, ante el Congreso de los Diputados, e l proyecto de ley sobre profilaxis públi c a de las enfermedades infecc iosas, elab orado por Juli án van Baumberghen. En M ARTA J ATO D ÍAZ 92 noviembre de ese mis mo año se presentó otr o proyecto de ley, con el mismo nombre, efec tuado por los Dres. Martín Salazar y Gimeno, pero ninguno d e los dos fue finalmente aprobado. En 1921, el Dr. Martín S alazar lo in tent ó de nuevo, esta v ez con el Dr. Pulido, aunque su proyecto también fue rechazado. Pero algo ya estaba ca mbiando y así como causa de la grip e se planteó un concepto multifactorial por lo q ue la profilaxis pública de las enfermedades infecciosas debía contemplar dos tipos de medidas: - Sanitarias: se debía aislar no sólo a las personas enfermas o sosp echosas, sino también a quienes hubieran estado e n conta cto con ellas. Para ello era necesario disponer de hospitales de infecciosos , o bien, de pabellones específicos de infecciosos en hospitales genera les. Ad emás, habí a que complementarlo con la práctica de desinfecciones, el uso de sueros y vacunas y la espec ialización de pro fesionales en otros ca mpos como en microbiología, inmunología, química , etc. Todo ello condujo al nac imiento de una nueva especialidad en E spaña : la de higienista , que hasta ese momento no existía, y también a mejorar y a crear nue vas instituciones científico-sanitarias. - Sociales: era nec esa rio una mejora de las viviend as, de las condiciones de vida y de las condiciones laborales. Por ello se propuso la reglamentac ión del trabajo, la socialización de la asistencia sanitaria y soci al, el establecimient o de todo s los seguro s sociales, como el proye cto de noviembre d e 1919 o , al menos, el de e nferme dad y maternidad de 1922 (que también incluía med idas de higien e escolar, industrial y laboral). Se int entó una transformación científica , sanit aria y social en el país mediante el Plan Nacional de Reforma de la Sanidad de 1919, pero este tampoco prosperó. E l plan comprendía, entre otr as cosas, la creación de un Ministerio de Sanidad o, a l menos, de una Dirección General de S anidad que tuviese un carácter técnico. También se pretendía fortalecer la autoridad de los inspectores provinciales de san idad, haciendo que los médicos titulares se convirtiesen e n inspectores municipales de sani dad pag ados por el Estado. Asimismo, se quería mejorar las infraestruc turas sanitarias, proporcionando una adecuada dotación a los sanatorios marítimos y de altura para abordar la tuberculosis o la poli o mielitis. Era un plan muy ambicioso para el que, además, se necesitaban unos 44 millones de pesetas, una cifra muy elevada y difícil de conseguir en ese mom ento dada la situación económica del país. Pero, aparte del dine ro, el plan no salió adela nte por el desencuentro existente entre los distintos profesionales sanitarios, especialmente con los farmacéuticos con los que no se contó para la redacc ión de este plan. En 1922 se volvió a crear la Dirección G eneral d e Sanidad, que h abía sid o suprimida en julio de 1903 al aprobarse provisionalmente la Instrucción General de Sanidad (Real Decreto del 14 de jul io de 1903. Gace ta de Madrid ). En su lugar se crearon dos Inspecciones Generales, un a de Sanidad interior y otra de Sanidad exterior, y s e fi rmó un acuerdo con la fundación Rockefeller, que entró en vigor en 19 24. Este a cuerdo supuso la cre ación de la Escuela Nacional de Sanidad , en Madrid, cuya misión principal era la for mación de los profesionales d e salud públi ca destinados en la a dministración sanitaria. La Escuela comenzó a funcionar en 1925. Ese mismo año se inauguró el Hospit al Nac ional de Enfermedades Infecciosas (cuyos terrenos fueron adquiridos en diciembre d e 19 18) y se promulgó el Regl amento de Sanidad Provincial, que creaba los Institutos Provinciales de Higiene que estaban bajo la dirección de l os inspec to res provinciales de s anidad. En 1926 se formalizaba, con el Reglam ento de INTR ODUCCIÓN 93 Sanidad Municipal, la creación del Cuerpo d e Inspectores Municipales de Sanidad. En 1927 se cre ó el Servicio Epidemiológi co Central. Lo cierto es que fueron muy pocas las medidas aprobadas y algunas de ellas tardaron varios años en ponerse en práctica y lo hicieron de una forma parcial. Se perdió una oportunidad de oro p ara l levar a cabo un a auténtica r enovación científic a, s anitaria y social en un país que lo nece sitaba y mucho (Porras, 1994, 1997, 2020). 1.7 L UG O : CONTEXTO HISTÓR ICO ¡Ilustres pie dras romana s,torreones d e silencio, que, en mudas ho stilidades, ganáis ba tallas al tiemp o ! ¡Ilustres pie dras romana s!... serpientes de an illos pé treos, que, mordiénd ose la cola, e stanca e l curso del tiempo. Ánxel Fole. Roma nce de la mural la . 1929 1.7.1 Lugo: Ciudad de las murallas, Ciu dad del Sacramento Lugo es la ciudad más an tigua de Galicia y la única de la que conocemos el nombre de su fundador. Se asient a en una meseta de la Gali cia interior, con una alt itud media de 500 metros, entre las coorde nadas 40º 00’ 40’’ de latitud N y 7º 33 ’ 30’’ de longitud O. Su origen todavía no está completamente esclarecido, pero la teoría que co bra más fuerza hoy en día es que habría sido fundada, como un campamento militar, bajo el mandato de Augusto durante el proceso de pacificación del noroeste penins ular, en el transcurso de las Guerras Cántabras. S eguramente este lugar se eligió por su estr atégica localización, por sus buenas comunicaciones y por su acceso a los r ecursos naturales (aguas termales, un río navegable, minas de hier ro o incluso una de or o muy próxima). En todo caso, entre los años 15 y 13 a. C., ya finalizada s l as Guerras Cántabras, Paulo Fabio Máxi mo, en nombre del emperador, funda Lucus Augusti . Origi na riam ent e , en cad a punt o c ardin al d e la c iudad existía u n m onoli to fundacion al en l o s que s e p odí a l eer la sigui ente inscrip ción « Mon ume nto a César Augu sto, fundado r de l a ciud ad. Paull us Fabius Ma ximus, l egado del César » (fig . 12 0 ). De ello s se co nse rva n tres. Figura 120 . Monolito fundacional de Lucus August i Izda.: Monoli to completo . Dcha.: Part e de uno con la inscr ipci ón. Centro: Inscripción. Fuente: Izda.: http://eltablerodepiedra.blogspot.com/2016/02/etimologia-urbana- de -los - terminos.html ; Centro : Autorí a propia, tomada en la exposición Lugo no tempo M ARTA J ATO D ÍAZ 94 De l origen romano de Lucus Augusti perviven el puente sobre el río Miño, las termas ( únicos baños públicos romanos que se conserva n en Galicia) y la muralla, un monumento circ ular cuyos muros dan cuerpo, alma, movimiento, imponencia y majestuosidad a esta ciudad. Fue construida entre los años 265 y 325 d. C. y tiene u nos 12 metros de altura, 5 de anchura, 2.140 metros de longitud y cubre unas 35 hectáreas de t err eno (Arias, 1983). Co nserva 72 d e los 85 cubos semicirculares primitivos y es la única mura lla del mundo con todo su trazado y perímetro original (f ig. 121 ) (Cabrera, 2018) . Figura 121 . Vista aérea actual de la ciudad de Lugo rodeada por la muralla Fuente: https://maragatosdelugo.org/sites/default/files/inli ne - images/En% 20el%20plano%20de%20la%20ciudad....JPG En 1921 fue de clarada Monumento Nacional y en el año 2000 Patrimonio de la Humanidad (Suárez , 2006). Lugo es, sin ninguna duda, la c iudad de las murallas (f igura 122 ). Figura 122 . Vista panorámica actu al de una parte de la mu ralla conocida como "La Mosquera" Fuente: https://www.elprogreso .es/articulo/lugo/la- mu ralla- de -lugo- es - una -caja- de - sorpresas/ 201611301229193 91110.htm INTR ODUCCIÓN 95 En 1833 fue elegida como capital de provinc ia, lo que dio lugar a una serie de cambios importantes. Se crearon nuevas infraestructuras viarias, se levantaron nuevas edificaciones y se generaron muchos puestos de trabajo. Además, la desamortización de los bienes de la Iglesia puso a disposici ón pública una g ran cantidad de inmuebles y de suelo, lo que constituyó el punto de partida para dar a la ciudad una nueva configuración urbana. Así, por ejemplo, en el solar de las Agustinas Recoletas, se creó la Alameda; al Convento de San Francisco se dio un nuevo uso como Casa de Beneficencia, Mate rnidad e I nclusa y el Convento de los Dominicos se acondicionó para acoger a la Escuela Normal. A partir de 1855 s e ini cia una políti ca de carácter expansionista condicionada tanto po r las necesidades de las nuevas construcciones (la cárcel, el cementerio o el nuevo hospital) como por la ll egada d e nuevos servicios (el tren). Esto trajo consigo , en tre otras cosas, la apertura de nuevas puertas en la muralla: la de San Fernando (o del Príncipe) para dar salida hacia La Coruña; la de l a Estación, por la llegada del ferrocarril; la de Obispo I zquierdo (o Campo Castillo) por la c onstrucción de l a nueva cárcel; la de Obispo Agu irre para comunicar la ciudad con el nuevo Seminario Diocesano y el cementerio y por último, en 1921, se abrió la puerta de Obispo Odo ario (o del Hospit al) por la c onstrucción del nuevo y ansiado Hospital de Santa María . San Froilán es el patrón de Lugo y las fiestas en su honor se celebra n del 4 al 12 de octubre, siendo el 5 el día grande (fig. 123). A principios del sigl o X X durante esos día s festivos la ciudad se llenaba de gente venida de t oda Galicia. Por todas partes había casetas con rifas y puestos ambulantes de paraguas, mantas, juguetes, golosinas, castañeras, barquilleros, etc. Su g ran atractivo era , y es, la d egust ación del pulpo (fig. 123) una tradición ligada a estas fiestas desde mediados del sig lo XIX) (Arribas y P ena, 2017) en unas casetas de madera o barraca s, que s e instalaban pegadas a la muralla en la zona de La Mosquera. Figura 123 . Pulpo á feira, t ípic o de las fiestas de San Froilán Fu ente: stock.adobe.com El «cronista» oficial de las fie stas era, y continúa siendo, Pelúdez un personaje de fi cción, crea do en 1908 por el dire ctor del diario El Progreso, que viste «un gabán impermeable de color café y un par aguas encarnado». Pelúdez es un buen hombre que vive en la aldea y ahorra , dur ante onc e meses, para venir a la ciudad en octubre y asistir a las fiestas y ferias de San Froilán. Dur ante uno s días lo ve y se admira por todo y aprovecha , como no, para come r el pulpo en l as tradi cionales casetas. Acude con el ánimo de divertirse y gozar d e las fiestas al tiempo que, siempre en clave de humor, h ace uno s relatos críticos d e las m ismas y un análisis del momento político que se está viviendo en el país y en la ciudad. En sus reseñas no hay lugar para los hechos tristes, por ello durante las fiestas de de 1918, la dire cción del periódico decidió prescindir d e los comentarios de este popular personaje y sólo se anunció su llegada a Lugo y la visita a la re da cción del diario (J. R., 2019). La patrona de la ciudad es Nuestra Señora de los Ojos Grandes , cuya festividad se c onme mora e l 15 de agos to (fig. 124 ). M ARTA J ATO D ÍAZ 96 Figura 124 . Iz da. : Imagen de San Froilán . Dch a.: Imagen de la Virgen de lo s Ojos Grandes Fuente: Izda.: Tomada d e la correspondiente entrada en Wikipedia . Dcha. : http://vidas-santas.blo gspot.com/2013/08/nuestra-senora- de -los- ojos - grandes.h tml La catedral, de estilo p redominanteme nte rom ánico, comenzó a construirse en 1129 y se terminó en 1273. Está dedicada a Santa María, en su advocación a la Virgen de los Ojos Grandes y ostenta dos p rivilegios papales que la convierten en un t emplo único en el mundo. Uno de ellos es la exposición permanente del S antísimo, en el Altar Ma yor, durante las 24 horas de los 365 días del año (fig. 125). Este p rivilegio, que tradicionalmente se dice que arra n ca en el siglo VI y en la fo rma solemne y actual d esde 1637 (Mariscal, 2018), trajo consigo la il uminación permanente del lugar en el que se exponía el Santísimo lo que originó que e n el templo aumentase de forma considerable el gasto destinado a la compra de velas. Por ello en el año 1669 se hizo una petición al rey Carlos II con el fin de que diese su permiso para que se pudiera realizar una ofrenda anual con el fin de ayudar a sufragar ese gasto. Desd e 1672, las siete ciudades del Antiguo Reino de Galicia (Lugo, Mondoñ edo, Betanzos, La Coruña, Santiago de Compostela, Orense y Tuy) participan cad a año (ini cialmente el día de Corpus y ahora el primer domingo que sigue a esta festividad) en la ofrenda al Santísimo en la Catedral de L ugo. Figura 125 . Exposición permanente del Santísimo F u en t e : https://www.d iocesisdelugo.org/la-indulgencia-plenaria-cotidiana- en - la -catedral- de -lugo/ INTR ODUCCIÓN 97 Esta relación de la ciudad con la Sagrada Forma está reflejada en el escudo de la capital. En él figuran dos áng eles orantes, sobre nubes, flanqueando un cáliz d e oro con la hostia de plata, radiante de oro y la divisa « Hoc hic mysteriun fidei firmiter profite rum », que significa Aquí profesamos firmemente e ste misterio de fe (fig. 126). Todo ello convierte a Lugo en la ciudad del Sacra mento. Figura 126 . Actual escudo de la ciudad de Lugo Fuente: https://es.wikipedia.org/wiki/Escudo _de_Lugo_(ciudad)#/media/Archivo:Escudo_de_Lugo_(Galicia).svg El segundo privilegio p apal con e l que cuenta la Catedral de Lugo es el de conceder la Indulgencia Plenaria, Cotidiana y P erpetua a quienes visi tan al Santísim o, de modo que « l os fi el es pod rá n ga na r la ind u lg en cia cua lq ui er d ía d el añ o a co nd i ción de q ue c um pl id as l as co nd ic io ne s ha bi tu ale s, es de ci r, c onf es ió n , com un ió n y or aci ón po r la s int en ci on es del Su mo Po nt íf ic e », ade má s v is it en « p i ado sam ent e e l S an t ís imo Sa cr am en to exp ue sto pú bl i cam en te co n el fi n d e a do r arl o du ran te un ad ec ua do es pa cio d e ti em po » (C am po , 2017). Este privil egio fue concedido por el Papa Pío XI en el año 1860 y sólo se conoce otro caso en e l mundo equiparable a este, que es el Perdón de Asís desde 1968. La Catedral fue declarada Patrimonio de la Hum anidad por la Un esco en el año 2015 (fig. 127) (Ramudo, 2021). Figura 127 . Fachada princi pal y lateral de la Catedral de Lugo Fuente: Izda.: https://es.wikipedia.org/wiki/ Catedral_de_Lugo# Dcha.: https://www.civitatis.co m/f/espana/lugo/big/visita -g uiada-lugo.jpg M ARTA J ATO D ÍAZ 98 1.7.2 Lugo en 1918 La distribución territorial lucense sólo difería de la actual en el número de parroquias. En aquel momento, su término municipal estaba constitui do por 59 parroquias (5 más que ahora) , y estaba integrado «[…] por una población rural mucho mayor que la urbana, completamente diseminado en una extensión superficial de doscientos ochenta y ocho kilómetros aproximadamente […]» (fig. 128 ) (sesió n supletoria de 26 de octubre de 1918, p . 14). La provincia, al igual que aho ra , la fo rmaban 64 municipios agrupados en 11 partidos judiciales. Figura 128 . Dispersión del término munici pal de Lugo Fuente: Sesión supletoria del 26.10.1918. Libro de actas de sesiones del ayuntamient o de Lugo, p. 14 En la ciudad, la presenc ia de la muralla «divi de» a los lucenses entre los que viven dentro del recinto amurallado (en el centro o «dentro d e murallas») y los que lo hacen fuera («fuera de murallas»). «Dentro» lo hace menos de la mitad d e la población total, de la que una parte vive en el casco urbano (en e l propio ce ntro de la ciudad) y en su radio (la zona más p róxima al perímetro interno del monumento) que es básicamente rural. Fu era de la muralla, práctica mente todo es campo, y huertas con pequeñas viviendas (fig. 1 29), y la parte más urbana la forman cuatro pequeños barrios de ag rupaciones de casas: S an Roque, Pájaro (en la zona de la Avenida de La Coruña), Recatelo y Puerta Nueva. Figura 129 . Vista parcial del Lugo, «fuera de murallas», a principios del siglo XX Fuente: https://www.rafaeldevega.es/rafael- de -vega- como -medico/ E n la sigui e n te figura, se muestra un magnífico plano de la ciudad de Lugo en 1920 (fig. 130). INTR ODUCCIÓN 99 Figura 130 . Plano de la ciudad de Lugo. 1920 Fuente: Colección de Julio Reboredo Pazos M ARTA J ATO D ÍAZ 100 Socialmente, en el centro existía una hidalguía que se va incorporando progresivamente a la burguesía (una nueva clase media acomodada cada vez más relevante) y un proletariado, o clase obrera, ocupado fu ndamenta lmente, como mano de obra. en las construcc iones públicas durante el p roce so de modernizac ión d e la ciudad (viviendas, obras de alcantarillado, creación, ac ondicionamie nto y mantenimiento de jardines, etc.). Esta clase proletaria tiene ya un cierto grado de organización y está representada por el Centro Obrero (un sindicado de ideología socialista creado en 1902) y por e l Sindicato Católico (creado por las fuerzas de derecha y por la Iglesia para contrarrestar al anterior) (fig. 131 ). Figura 131 . Sindicato Obrero Católico. 1918 Fuente: Colección de Julio Reboredo Pazos En la zona rural (extrarradio de la ciudad y parroquias limí trofe s) la clase obre ra está integrada por los labradores y jorna leros del campo. En los primeros años del siglo XX, en el «centro» viv en las familias más acomodadas y es lugar en el que se va a situar la industria y el comerc io local. En la zona más próxima a la parte interna de la muralla y «fuera» de ella (en los barrios más periféricos y parroquias) lo hacen quienes emigran del campo (desde las aldeas cercanas) a la ciudad y son quien es van a disputar los pu estos de trabajo a los obreros urbanos. En g eneral, sus condiciones económ ica s y de vida nada ti enen que v er con las que hay en el centro y, estas desigualdade s, van a tene r sus consecuencias durante la pandemia. En el año 1918 Lugo ya es una ciudad moderna. Desde 1882 cu enta con una cárcel de partido, de sistema circular, construid a por Nemesio Cobreros y con capacidad para unos 100 presos (fig. 132). INTR ODUCCIÓN 101 Figura 132 . Cárcel de Lugo a princi pios del s. XX Fuente: https://www.pinterest.es/pin/387450374192042846/ En 1894 se instala el alumbrado público eléctrico, pasando dir ectame nte de los candiles y quinqués de petróleo al a lumbrado eléctrico sin pasar por e l alumbrado de gas. Desde 1906 cuenta con traída d e agua, aunque l a que se bebe se trae directamente del r ío, se almacena en un pozo, se bombea al mont e de l as Pías y desde ahí pasa a las tub erías. E n 1913 se inicia el asfaltado d e las calles (siendo la primera en hacerlo la calle de la Reina) y la construcción de ja rdines. En 1915 comienza a funcionar el servicio de carr ozas , o coches fúnebre s, en los entierros, tras haber sacado a concurso el año anter ior « el concurso para la construcción de 4 carruages fúnebres con destino al transporte de cadáveres ». De este mo do el ayuntamiento contaba con 1 coche de primera clase, 1 de segunda, 1 de tercera y 1 p ara p árvu los que estaba esmaltado e n color blanc o (Saave dra, 2004) . En 1916 finali zan las obra s del nuevo mercado municipal (situado frente a la plaza de abastos) y en 1917 se inaugura el nuevo Campo de la Feria (uno de los más modernos de España) y se inst ala el teléfono urbano cuyo abono mensual costaba 4 pesetas para los particulares y 10 para los cafés y rest aura ntes. El parque móvil de la ciudad estaba constituido por unos cien c oches y unas 12 motos. Pero aun siendo una ciudad moderna, en el centro también hay desiguald ades. Mientr as en todo e l entorno del Ayunta miento las calles están as faltada s, iluminadas y con espacios ajardinados, como y a hemos apuntado, en las calles más próximas al perí metro interior de la muralla, los adelantos no son tantos y en zonas como la Tinería, la Plaza del Campo, la Rúa Nova, Nóreas o la calle del Sol (actual San Froil án) ni las viviendas ni las calles están en las mejores condicione s, algo que también se dejará sentir durante la epidemia. Durante el año 1918, en Lugo, al igual que en el resto de ciudades españolas, los grandes problemas van a estar c entrados en dos áreas: sanidad y economía. En materia sanitaria la epidemia gripal llevará el lut o y el hambre a muchos hogares lucenses, dejando a muchos niños huérfanos y a mu chas f amilias sin un padre que pueda aportar el sustento para vivi r. Y, en materia económica, será la escasez de subsistencias y el encarecimiento de los productos de primera n ecesidad lo que marcará el día a dí a de los lucenses desem bocando, en v ar ias ocasiones, en disturbio s con e pisodios violentos en la calle, as altos de comercios, manifestaciones y huelgas. El problema ligado a los productos de primera necesidad es común a todo el país. En los últ im o s meses de la gu erra la crisis de los alimento s es mayor que cuando se inició el M ARTA J ATO D ÍAZ 102 conflicto, aunque la rea lidad es que l a actividad productiva era m ás alta que antes . S e sembraba y recogía más trigo, ce bada, centeno y demás cereales. La explotación y producción de carbón se había intensificado, las fáb ricas de hilados y tejidos también habían aumentado su manufactura y lo mis mo ocurría con el cobre, estaño, manganeso, plom o, etc. Sin embargo, los alimentos alcanzaban pre cios desorbitados y todo se había encarecido: el vestido, los materiales de c onstruc ción, lo alquileres, … La vida de la clase trabajadora se hacía cada vez más difícil. Los salarios a pesar de que subían, n o lo hacían en l a misma proporción qu e lo hacía e l resto de las cosas y esto estaba llevando a las familias a una situación de miseri a. Pero entonces, la pregun ta es: si la producción era mucho mayo r, ¿por q ué la vida era más cara y cada vez más difícil para los ciudadanos? La razón principal residí a en la escasez de im portac iones. Antes se traían a España artícul os que ahora ya no podí a n venir. Cada país beligerante absorbía su p roduc ción (y la d e los países vecinos), no exportaban prácticamente nada y lo poco que salía de sus fr onteras lo hacía a unos prec ios muy elevados. Por todo ello España, con una posi ción neutral en el conflicto, se había convertido en un país exclusivamente de exportación, para las naciones de ambos bandos, una actividad qu e se hacía sin estudio previo y sin ningún tipo de control y que estaba sirviendo para enriquecer a unas cuantas docenas de españoles, pero con el peligro de arruinar al resto. C ada uno trataba de obtener el mayor b eneficio posible y la vida para los jornaleros y clases medias que vivían de un sueldo se estaba haciendo im posible. Ni los esfuerz os de la Comi saría General de Su bsistencias ni de lo s gobernadores civiles l ograron poner freno a la codicia de los abastecedore s, productor es e intermediarios. Se ocultaron alimentos, pero no se abarataron y en una situación así sólo se podían producir dos cosas: un aum ento exagerado en el precio de los productos o una carencia absoluta de ellos. En la ciudad lu cense el encarecimiento constante y desproporcionado de los alimentos hizo que en los mercados reinase la anarquía a la hora de compra r los prod uctos. Para evitarlo la Junta P rovincial d e Su bsistencias, en novi embre de 1917, acordó regular los precios de los artículos de primera necesidad, espe cialmente d e aquellos « de consumo di ario y forz oso » (La cuestión de l día. L as subsist enc ias en Lugo, 24 de noviembre). Pero a pes ar de este acuerdo, los problema s c ontinuaron y esto hizo que se intensificase la vigilancia y control en el mercado municipal para que se cumplieran los precios establecidos y evitar que se adulterasen los productos y/o su peso. También se exigi ó a los come rc iantes que declarasen sus existencias para que, d esde la comisaría d e abastos, se pudiera elaborar un plan de abastecimiento general para la ciudad. El propio alcalde estuvo especialmente preoc upado por los inconvenientes en lo s suministros y celebró largas r euniones con los proveed ores de los productos más necesarios para la pobl ac ión (D e subsistencias. Una circular, 26 de enero; En el ayuntamiento 26 de e nero) Paradójicamente Lugo s urtía los mercados de carne de Madrid y Barcelona, pero en el mercado local este artículo escaseaba y no era suficiente para abastecer a la población. Además, su precio subió de mane ra importante lo que c reó gran m alestar entre los ciudadanos (Seguimos sin carne , 14 de mayo ). Todos estos problemas trajer on como consecuenc ia la producción de importantes altercados en la ciudad en tr es ocasiones a lo la rgo de 1918: el 25 de agosto, el 19 de octu bre y el 30 de noviemb re, en los que la g ente que peor lo estaba pasando salió a las calles para hac er visible su estado de profundo males tar y reivindi car su derec ho a comer. D el mismo modo, a finales de ese año y en los primeros meses de 1919 , práctica mente todos los sectores de tr aba jadores fueron a la huelga para exigir un aumento de los salarios que pe rmitiesen a las familias hacer f re nte a l aumento continu o e injusti fica do de l os pre c ios e n todos los artículos. INTR ODUCCIÓN 103 Otro problema importante en la ciudad, pero de menor alcance, fue el de la escasez de gasolina que provocó, en muchas ocasiones, alteraciones en los recorridos y servicios de las líneas de los automóviles, del correo, de los viajeros o del comercio (La falt a de gasolina, 18 de enero). Uno de los e fectos que produjo en los transportes fue la substit uc ión del automóvil que transportaba el corre o de Lugo a Ch antada p or un carro tirado por un a caba llería, lo que provocaba qu e se tardase 2 días en recorrer es e tr ayec to ( Las subsistencias y los transportes. El correo de Chantad a, 22 de enero). Para intentar minimizar las consecuencias, que estab a produciendo la escasez de combustible, se ac ordó proporcionar bencina sól o a los servicios de carácter público indisp ensa bles y urgentes, es decir, a los automóviles de línea que transportaran, al mismo tiempo, correspondencia y viajeros (Lugo en el Congreso. El conflicto de la ga solina, 14 de abril ). Las dific ultades con los combustibles persistier on durante todo el año y di eron lugar a muchos problemas re lacionados con las labore s agrí colas, la entrega del correo, et c. S in embargo, en el mes de diciembre se publi c ó un Real Decreto por el que se autorizaba la libre venta de gasolina y substitutivos oficial es a los prec ios de tasa, a la ve z que se dict aron normas para evitar el acaparamiento y que los servicios públicos pudieran quedar de satend idos ( Ay er y hoy, 16 de diciembre; La gasolina, 17 de diciembre ). Se autorizó a las fábricas o refinerías de petróleo para que pudieran poner a la venta todo el sustitutivo que estuviera fabricado y se fijó el consumo total de gas olina para el mes diciembre en un mill ón de litros. De este modo a finales de 1918 había ya gas olina suficiente para e l abastecimiento del país (La libre venta de gasolina, 18 de diciembre ). Una de las grandes deficiencias importantes a la que Lugo s e enfrentaba diariamente era el transporte por ferrocarril. Se carecía de una bu ena infraestructura y los servicios que había eran muy imperfec tos, esca sos y siempre con retrasos que, a vec e s, llegaban a s er muy importantes y originaban grandes tra stornos en las ll ega das de pasajeros, correo y mercancías. Los retrasos en la ll ega da de los trenes era ya u na consta nte, que se a rrastraba desde 1916 y que se mantendría a lo largo de los años. No había una explicación que l o pudiese justificar porque ni un a sola de las estaciones fun c ionaban con normalidad. El trayecto entre La C oruña y Lugo de 117 kil ómetros, que debía recorrerse en cuatro horas y media, el tren tardaba en hacerlo 6, 7 y hasta 9 hor a s. El tren mixto directo entre M a drid y La Coruña podía ta rda r entre 35 y 40 horas, cuando debería hacerse en 20. Este pésimo funcionamiento ferr oviario acarreó, durante mucho tiempo, grandes perjuicios a los usuarios de este medio de transporte y dio origen a algún chiste (fig . 133) (Los tre nes a Galicia. Abusos incalificables, 21 de diciembre). Figura 133 . Viñeta humorística a propósito del retraso de lo s trenes a Galicia Fuente: La Voz de Galicia , 07.03.19, p. 1 M ARTA J ATO D ÍAZ 104 A continuación, desc ribiremos aspec tos un poco más concre tos de cómo era ese Lugo de 1918, al que un asesino ult ramic roscópico visitó desde mayo de 1918 hasta mayo de 1919, llevando el luto a muchos de sus hogares. Como en todas las ciu dades había una serie d e personas cuya opinió n, bien por su posición económica, soc ial o laboral, era tenida en cu enta a la ho ra de tomar decisiones importantes. En ese año las principales autoridades, y algunas de estas personas más destacadas o influyentes, eran (tabla 2 ): Tabla 2. A utori dades y personas más influyentes de la ciudad en 1918 Alcalde D. Ángel López Pérez Teniente de alcalde D. Antonio Pardo y Pardo * Secretari o D. Carlos Pardo Pallín** Gobernad or civil D. Enrique Alberola Serra*** Gobernad or militar Coronel Cosgaya Inspector de trabajo D. Jesús López del Amo Obis po D. Manuel Basulto Jiménez Director del Hospital D. Rafael de Vega Barre ra Presidente del Colegio Médi co D. Serafín Sal Otero Subdelegado de Medicina D. Carlos Iglesias Fariña Presidente del Colegio Farmacéutico D. Tomás Pérez Varela Subdelegado de Farmacia D. Salvador Castro Freire Presidente de la Diputación D. José Benito Pardo Rodrígue z Inspector provin cial de s anid ad D. Emilio Fernández Domínguez Inspector provin cial de higiene p ecuaria D. José García Armendaritz Presidente del Casino D. Rodrigo de la Peña Presidente del Círculo de las Artes D. Purificación de Cora y Más Villafuente Director del Instituto General y Técni co D. Salvador Velayos González Directora de la Escuela Normal de Maes tras Dña. Carmen Pardo Losada Rector del Se minario D. Teolindo Gallego González Presidente de la Audiencia Provincial D. Gualberto Ulloa Fernández Presidente de la Cámara de Comercio D. Jesús Bal Roca Presidente del Centro Obre ro D. Emilio López Lamas Director del diario El Regional D. Benigno Varela Pérez Director del diario La Idea M oderna D. José Vega Blanco Director del diario El Norte de Galicia D. Juan Manuel Pardo y Pardo Montenegro Director del diario El Progreso D. Antonio de Cora Sabater Director del diario La Voz de la Verd ad D. Jesús de Cora Lira // D. Antonio Cedrón Grandas *También propietario del periódic o El Norte de Galicia ** Fue compañero de A. Pérez Lujín en la Facul tad de Derecho de la USC y aparec e reflejado en el personaje d e Jesús Samoeiro y Torviscón en la novela La Casa de la Troya de 1915 *** Hub o varios cambios durante 1918 - 1919 Fuente: Elaboración propia ▪ En el ámbito político: A. / A nivel municipal: tras las e lecciones celebradas en noviembre de 1917, el día 1 de e ne ro de 191 8 se constituye la nueva Corporación Municipal en la que es elegido alcalde, por u na nim idad, D. Áng el López P érez (fig. 134 ) y toman posesión 22 conc ejale s. Ad emás, se INTR ODUCCIÓN 105 designan 6 tenientes de alcalde y 2 síndicos y se fija fecha y hora para la celebra ción de las sesiones plenarias que serán los jueves a las 12, para las sesiones ordinarias, y los sábados a la misma hora para las supletorias (S esión inaugural de 1 de e nero de 1918, p. 17; En e l ayuntamiento. La sesión de constitución, 3 de enero,). No era la primera vez, n i sería la última, que D. Ángel tomaba el bastón de mando de l a ciudad, pues ya había si do alcalde con anterioridad en dos ocasiones y lo volvería a ser en 1927 hasta la proc lamaci ón de la República en 1931. Figura 134 . Arriba: Fotografía de D. Ángel López Pérez . Abajo: Su firma Fuente: Arriba: Tomada d e Reboredo, 2022 Abajo: Tomada del Libro de Actas de sesiones del Ayuntamien to de Lugo M ARTA J ATO D ÍAZ 106 Dos días después, el tres de enero, se constituyen en el Ayuntamiento (fig. 135 ) las trece comisiones permanentes de gobierno: aba stos, alumbrado, beneficencia, ce menterios y servicios fúnebres, empadronamiento y elecciones, hacienda, higiene y salubridad, gobierno interior, instrucc ión pública , música, obra s públicas y jardines, policía rural y poli cía urbana e incendios (Sesión ordinaria de 3 de e nero de 1918, pp. 19 -20). Figura 135 . Edificio del Ayuntamiento de Lugo Fuente : Fotografía de Constanti no Rodríguez. En: Cao, 1929 D. Ángel dio una estabilidad política a Lugo nunca antes ni d espués vista. B ajo sus mandatos aunó los esfuerzos de todos los partidos p ara cre ar una ciudad bonita y moderna, basada en el higienismo. Fue un alcal de único y excepcional, cuya fama se extendió rápidamente por todo el país. El 6 de junio de 1917 en el diario La Cor respondenc ia de Españ a, en su página 3, le apodaron por ello como « la mosca blanca » y, en palabras de D. Narciso Correal, convirtió « un pueblo anti guo pre cintado por murallas » en « una ciudad histórica qu e mira de frente al porvenir ». Prueba de su fama y reconocimiento es esta poesía apa re cida en el dia rio El Progreso en el año 1927 (fig. 136). Figura 136 . Poesía en alabanza al alcalde López Pérez Fuente: El Progreso , 22.06.1927, p . 1 INTR ODUCCIÓN 107 B. / A nivel provincial: B.1.- Gobierno Civil: En el mes de abril de 1918, Enrique Alberola Serra, procedente de Baleare s (El nuevo gober nador, 26 de abril), es nombrado nuevo gobernador civil de Lugo (en substitución del médico compostelano Casimiro Torre Sánch ez -Somoz a) y ya se incorpora en la nueva sede del o rganismo ubic ada en la calle Emilio Castelar (Del go bierno civil. Nueva casa, 15 de enero). El Sr. Alberola será quien esté al frente de la Junta Provincial de S anidad durante los peores meses de la epidemia. Los primeros años del siglo XX fueron, política mente, muy convulsos e n España. Hubo varios cambios de gobierno y cada uno de esos cambios llevaba consigo la dim isión de un gobernador y el nombrami ento de otro. De este modo, en n oviembre el Sr. Alberola dim ite y Gualberto Ulloa, preside nte de la Audiencia Prov incial, asume el cargo de forma interina. Un par de días d espués Eu menio Alonso González (amigo personal del S r. García Pri eto) (Por telégrafo. Para Lugo, 8 de noviembre) es nombrado como nuevo gobernador, pero no tom ará posesión hasta el 1 diciembre. Unos 15 días después el Sr. Alonso dimitirá, quedando nuevamente en el pue sto el Sr. Ulloa. El día 13 de dicie mbre se nombra a Julio Gonzá lez Hontoria, (ex al calde de Jerez de la Frontera y gra n amigo d el presidente del go bierno, Sr. Conde de R omanones) (A yer y hoy, 14 de diciembre ) quien accederá al cargo el día 26 de es e mes. En abril de 1919, el Sr. González de ja rá su pue sto y se nombra a F rancisco Rentero Rentero, que será gobernador civil ya hasta el mes de julio (fig. 137 ). Figura 137 . Esquema con los distintos gobernadores civiles de Lugo (mayo/18 - mayo/19) Fuente: Autoría propia B.2.- Diputación provincial: esta entidad se funda en el año 1843 (fig. 138). Sus obligaciones abarca ban aspectos benéficos, sanitarios, sociales y de comunicaciones. Figura 138 . Edificio de la Dipu tación Provincial de Lugo Fuente: Colección de Julio Reboredo Pazos M ARTA J ATO D ÍAZ 108 En el libro Lugo y su Provincia ( Libro de Oro ) de 1929, se recoge que « muchos de sus servicios son susceptibles de perfeccionamiento y que algunos otros están atendidos de manera deficiente ». En e l orden b ené fico, « la hospital ización de enfermos realizada en el actual Hospital municipal de Lugo es muy deficiente por la falta de condiciones higiénico - sanitarias del edificio » (punto que veremos un poco más adelante); « la Ca sa de Maternidad y Expósitos actual es verdaderamente de plorable, instalada en un viejo c aserón destartalado, no es posi ble qu e subsi sta como está, sin avergonzar a la Diputación que la sostien e »; « carece la Diputación de C asas de Carida d y Asilos, subvencionando y utilizando los establecimientos de e sta clase existentes en la provincia ». En el orden cultural, « subvenciona la Escue la d e Artes y Oficios […] y […] da locales para ella y para la Escuela Normal e Instituto de Segunda Enseñanza» (Cao, 1929). En 1918, la institución provinc ial estaba presidida por D. José Benito Pardo R odríguez (fig. 139 ). Era la cuarta vez, desde 1899, que el Sr. Pardo ostentaba e sta presidencia. Figura 139 . Iz da. : Ret rato de José Benito Pardo Rodríguez . Dcha.: Su firm a Fuente: Cortesía de la Diputaci ón Pr ovincial ▪ En el ámbito socio - cultural: Las actividades sociales, culturales y de ocio de los lucenses se desarrollaban fundamentalmente en tr es espacios: el Círculo de las Artes (fig. 139) el Teatro – Circo (fig. 140 ) y Lugo S alón (fig. 141 ). Existía un cuarto espacio, el Casino, al que acudía la clase más «selecta» de la ciudad. 1. Círculo de las Artes: Es una entidad cultural, un centro de recreo, ateneo y casino, qu e nace en 1855 por iniciativa de medio centenar de lucenses que consti tuyen, ini cialmente , el «Circo-recreo de Artistas, Comerc iantes y Curiales». Cuatro días d espués de su fundación r ecibirá su nueva y definitiva denominación: «Círculo de las Artes» ( fig. 1 40). Su primera ubi cación fue en una casa de la Plaza Mayor, pero ensegui da se qu edó pequeña y el 16 de octubre de 18 95 s e encarga, al arquitecto Luis Bellido, un proyecto para la construcción de un nuevo edificio (que es el actual) . La nue va sede, con un coste de 87.000 pes etas, se inauguró oficialmente el 12 de diciembre de 1898 . La entidad ya contaba en ese momento con má s de 400 socios y la cuota mensual era de una peset a y veinticinco cé ntimos. Desde entonces comienz a a crecer, a formar parte de la sociedad, y adquiere un nuev o talante ya acorde con l os nuevos ti empos. A sí, e n 1912 el artículo 5º de su nuevo reglamento establecía que « podrá n asistir al Círculo l os soc ios, s us mujeres, hijos solt eros y hermanos de los socios que vivan en famil ia y tengan, INTR ODUCCIÓN 109 por lo menos, trece años ». Y, en el a rtículo 16º recogía que, para ser admitido como socio permanente era ne cesario, entre otras cosas, « tener hábitos y usar lenguaje propios de una sociedad culta » (Círculo de las Artes, s. f.) El Círculo cuenta c on salones de re creo, cafetería, biblioteca, sa las de lectura y billares. Aquí tienen lugar t ertulias de sobremesa y nocturnas. También en su s salones se va a amenizar la hora del café con conci ertos de sobr emesa a cargo de la Banda Municipal, v an a tener lugar los «asaltos» de tarde, los bailes de carnaval, fin de año, San Froilán, etc., en definitiva, los «bailes d e sociedad». Siempre fue una entidad abier ta a las innovaciones culturales y así en en ero de 1919, retomará la exhibición de p elículas de cine (qu e h abía iniciado en 1908 y cesado en 1909 ) con un cinem atógrafo de la casa Gaumond de Paris (Cine en el Círculo, 11 de febrero). En 1918, el presidente del Círculo d e las Artes es D. Purificación de Cora y Más Villafue rte. Figura 140 . Edificio del Círculo de las Art es, a princ ipios del s. XX Fuente: http://historias desd elugo.blogspot.co m/2021/04/el -circulo- de -las-artes-descarta-pagar.html En el mes de marzo, en uno de los conc iertos de sobremesa, la banda municipal interpret a La Canción del Olvido , del maestro Serrano, con su famoso fragmento « Romanza del Soldado de Nápoles », cuyo tara reo s e extenderá como la pólv ora y su melodía se escuchará a todas horas por las ca lles. Y, precisamente, será con el nombre de «soldado» o «sold adito de Nápoles» con el que se conocerá la terrible epidemia que, dos meses después de este concier to, hará su aparición en España. Se apodaría con este nombre por tres razones p rincipalmente: porque su melodía era muy «pega diza», porque «difundía fácilmente » y porque «le acompañaba la muerte» (González, 2003) 2. Teatro – Circo: En 1896 van a tener lugar dos importantes acontecimientos en la capit al lucense: el Congreso Eucarístic o y la Exposición Regional. Ante la enorme trascendencia qu e est o suponía para la ciudad, se propuso l a construcción de un nuevo te atro municipal pues el e xist e n te, inaugur ado en 1845, ya no reunía las condiciones necesarias para albergar estos e ve nto s. Así, en 1892 se encarga el p royecto pa ra un nuevo teatro municipal Luis Bellido, pero no llega a ejecutarse. Por ello, en 1895, se crea una so ciedad d e accionistas con el M ARTA J ATO D ÍAZ 110 objetivo de construir un Teatro-Circo. Este nuevo proyecto, que cuenta con un presupuesto inicial de 36.418,10 pe setas, será rea lizado por e l arquitecto municipal Juan Álv arez de Mendoza, c on la colabor ación de Nemesio Cobreros, y se termina e n enero de 1896. El nuevo Teatro s e ubica en un solar colindante con la muralla, sit uado al fondo de la calle Castelar (la que sale hacia la estación del ferrocarril). Se trata de un edificio de estilo neo-árabe, de planta rectangular y distribuido en 2 pisos (f ig. 141). En la planta baja se sitúan: la sala (de forma circular) con 226 buta ca s, de la s que 19 estaban destinadas a la orquesta, y 20 palcos principale s (1 4 de 6 asientos y 6 de 4) con antepalco. En el segundo piso: una delantera de grada con 100 asientos y detr ás 3 gradas con 300 asientos. En ambos extremos hay un espacio para 80 entradas generales sin asiento. En total tenía una capacidad para albergar a 800 personas. Durante el año 1919 s e realizan importantes obras de m ejora . Los palcos de 6 asientos se convierten en palcos d e 4, se adelanta toda la gale ría principal sobre las plateas (que quedan cubiertas) aumentando el número de localidades en la parte d e arriba, se hacen pasillos y servicios, se pintan las fachadas y se pon en a ce ras en la explanada de la entrada (En el Teatro- Ci rco. Refor mas, 24 de abril ) Su inauguración se prod uce el 8 de agosto de 1896 y mantuvo su actividad durante 25 años, en los que se centró principalmente en el teatro, los conci ertos, tanto de artistas en solitario como de grandes compañías de ópera y zarzuela nacionales e internacio nales, el cine y toda clase de espectáculos (hipnotismo, variedades, etc.). No fue un lugar habitual para la celebración de bailes. El Teatro-Circo fue el escena rio de un hecho hist órico: el 7 de julio de 18 97 , a las nueve de la noche , acogió la primera proye cc ión cine matográ fica de la ciudad, reprodu ciendo la cinta titulada El regador regado la primera pel ícula cómica de la histo ria (Arribas, 1995; Carballo, 1988). Otro gr an acontecimiento celebrado en este lugar fue la actuación, el 27 de abril de 1919, del rec onocido violinista pontevedrés Manolo Quiroga, acompañado al pi ano por su esposa Martha Lehman (fig. 139). Quiroga actuó convaleciente todavía de un cuadro de gripe española qu e había contraído hacía c asi un mes y del que no estaba totalmente recuperado (De Cora , 19 19). Figura 141 . Edificio del Teatro-Circo a princi p io s del s. XX F u en t e : https://cadenaser.co m/galicia/2022/07/08/la-lle gada-del- cine -a- lugo-cum ple- 125 -anos-radio- lugo/ INTR ODUCCIÓN 111 3. Lugo Salón: Está considerado como la primera sala de cine estable de la ciudad. Era un edificio construido en madera situado fuera de la muralla, en la calle Obispo Aguirr e muy próximo a la puerta del mismo nombre (fig. 142 ). Fue inaugurado el 14 de junio de 1911 y cerraría sus puertas a final es de 191 8. En 1912 se decide mejo rar sus inst alaciones y a mpliar su capac idad llegando a disponer de 800 localidades. En Lugo Salón se produj o la primera sesión continua, desde las 5 de la tarde hasta las 12 de la noche « coa exhibición de máis de tres mil metros d e película de asuntos cómicos, dramáticos, de costumes e de v iaxes » (Arribas, 20 06). Figura 142 . Edificio de Lugo Saló n, a la izquierda Fuente: Cortesía del Dr. Fernando Arribas En este lug ar tend ría lugar un import antísimo acontecimiento político -social para G alicia: la celebración, el 17 de noviembre de 1918, de la I Asamblea Nacion alista de Lugo presidida por Antón Losada Diéguez y a la que asistieron 63 personas. Previamente, el día 12 de enero, se constituyó la Irmandade da Fala de Lugo, un acto organizado p or Evaristo C orrea Calderón, en el Hotel M éndez Núñez, con el que se inicia «de m anera oficial» el movimiento nacionalista de la provin cia. De est a I Asamblea s alió el Manifiesto Na cionalista, en el que se define a G alicia como una n ación, se reclama la autonomía integral de Galicia y la cooficialidad de l gallego (fig. 143). Al día siguiente, en una habitac ión del Hotel Ménde z Núñez, tendría lugar la segunda asamblea de la Irmandade da Fala (fig. 144) (L a Ir mandade d a fala en Lug o. Una asamblea y un mitin , 19 de noviembre ). Y, el día 24 de noviembre, también en la sede de Lugo S alón, se funda otra organización, de corte g alleguista: la I rmandade Nazon alista d e Lugo, que encabeza Jesú s C arra cedo ( Unha Irmandade Nazonalista, 23 de noviembre, p. 2; Pardo-Gil, 2004). M ARTA J ATO D ÍAZ 112 Figura 143 . Manifesto Nazonalista Figura 144 . Placa si tuada en la fachada del hotel Méndez Núñez Fuente: Izda.: Twitter da Asoc iación Cultural Alexandre Bóveda. Dcha.: A utorí a propia 4. Casino: Estaba situado en un a casa al fondo de la Plaza de España (fig. 145). Había sido fundado en 1856 y de saparecerá a principios del siglo XX. Al igual que en el Círculo también tenían lugar bailes de sociedad, de «noche y gala», fin de año, etc., así como recitales poéticos y otras actividade s culturales. S e podría decir que los socios de esta entida d pertenecían a una clase un poco «más alta» que los del Círculo. Figura 145 . Sede del Casino, a la derecha Fuente: Colección de Julio Reboredo Pazos INTR ODUCCIÓN 113 En tre estos cuatro espacios discurren, a lo largo del año, las actividades sociales, culturales y de entretenimiento de la ciudad en el centro de Lugo. Pero también habí a otros loc ales que acogían actuaciones, sobre todo de tipo musical, como era el caso del Ca fé Moderno, situado en los soportales de la Plaza de España (fig. 146 ). Figura 146 . Anuncio del Café Moderno Fuente: El Progreso , 31.12.18 , p.3 Fuera del casco urbano tenían lugar las romerías populares, como las d e San Román en la Tolda de Castilla, la de Santiago en las Saamasas, la de San Lázaro e n el Puente o la de San Lorenzo en Albeiros. Se celebraban a lo largo de todo un día que c omenzaba con una misa. El resto de la jornada se dedicaba a comer, con la familia y amigos, y a bailar . A estas romerías solían acudir las clase s más humi ldes y habitualmente e staban amenizadas por grupos como « Os Montes » u « Os Celiñas » (fig. 147 ). Figura 147 . Izda.: Os Montes en 1916. Dcha.: Os Celiñas Fuente: González, 2014 La ciudad contaba con un magnífico coro, el Orfeón Gallego (fig. 14 8), f undado en 1887 por el ilustre compositor lucense Juan Montes, y cuyo director era Luis Junquera. Gozaba de g ran éxito en todos los concursos a los que acudía consigui endo, en muchos de ellos, alzarse con el primer puesto. M ARTA J ATO D ÍAZ 114 Figura 148 . Fotografía del Orfeón Gallego en dici embre de 1917 Fuente: Revista Mu n do Gráfico , 05.12.17, p. 22 También con una agrupación musi ca l, vocal e ins trumental, llamada Cánti gas e Aturuxos con un repertor io basado en la música tra dicional gallega (fig. 149). Esto coro fue fundado en 1915 y participó en los actos culturales más importa ntes de esa époc a, como la actuación en la I Asamblea N acionalista o la grabación del Himno gallego , en 1918. Su director musi cal er a el violinista Jesús Rodríguez Ferná ndez (González, 2015 ). Figura 149 . Fotografía de Cántigas e Aturuxos en diciembre de 1917 Fuente: Revista Mu n do Gráfico , 05.12.17, p. 12 Desde 1875 la ciudad cu enta con una Banda Mun icipal que acompaña en l os actos oficial es a la Corporación y ameniza los «paseos» los jueve s, domingos y festivos. S u primer dire ctor fue Juan Montes cuando contaba 29 a ños. En 1918 comienza a editarse una nueva revista literaria, Juvenilia , dirigida inicialmente p or Antonio Goy y después por Evaristo Corr ea Calderón. Escrita pa ra un público joven, se e dit a rá s e ma nalmente, al precio d e 10 céntimos ca da ejemplar (Ayer y hoy, 25 de abril ). En el m es de oc tub re se constituye la Sociedad Filarmónica Lucense. Nace, gracias a la iniciativa de INTR ODUCCIÓN 115 Antonio Montenegro y Antonio Martí, con el propósit o de ofrecer conciertos y trabajar en pro de la cultura musical de la ciudad de Lugo. Alguno de los puntos que recogía su reglamento son: - La cuota me nsual será de 2 pesetas. - Los músicos profesionales abonará n la mitad de la cuota. - La sociedad acordará la federación con varias filarmónicas españolas, facilitan do de este modo a sus socios la asistencia a los conciertos que se celebren en otras ciudades. - Se promoverán concursos, conferencias y todas aquellas actividades que sirvan pa ra aumentar la cultura musica l (Nueva sociedad. La Filarmónica Lucense, 14 de octubre) Tras varios años sin hacerlo, se reúne la Comisión Provincial de Monumentos, cuyo presidente era el Gober nador Civil y el secretario D. Manuel Amo r Meilán (Comisión de monumentos, 14 de mayo ). ▪ En el ámbito sanitario: A. / Colegios profesionales, médico y farmacéutico: El Colegio Médico de Lugo se constituye el 21 de a gosto de 1899. El 30 de enero de 1918 se celebra una as amblea en la que se dicta el reglamento por el que ha de regirse el Colegio Oficial de Médicos de la Provincia de Lugo y se nombra a la junta directiva, que estará p residida por el Dr. Serafín Sal Otero (fig. 150). Le acompañan como vicepresidente Carlos Iglesias Fariña, como tesorero Germán Alonso Hortas, como contador José P ardo Alfonso y como secr etario Honorio Manso R odríguez. T ambién se eli gen once vocales repre sentando a los dist intos partidos de la pro vincia (Constitución del Colegio Médico Provincial, 31 de enero). La sede d el Colegio estaba ubicada en el bajo número 12 de la c alle del Castillo y su alquiler costaba 25 p esetas mensuales. Su mobiliario estaba formado por una docena de bancos de madera de pin o, una mesa y seis sillas. El persona l estaba constituido únicamente por un conserje-escribiente que percibía un sueldo mensual de 15 pese tas. La cuota c olegial era de 6 pe setas al año, cantidad que , en 1919, s e duplicaría pasando a ser de 12 pe setas (Colegi o Oficial de Mé dicos de Lugo, s. f.). Figura 150 . Izda.: Dr. Serafín Sal. Dcha.: Sello del C.O.M Fuente: Cortesía del COM P or su parte, el 28 de f ebrero, los farmacéuticos también celebran una as amblea en la que se a prue b a su reglame nto y se procede al nombramiento de su junta directiva, que qu eda M ARTA J ATO D ÍAZ 116 formada por Tomás Pérez Varela como pr esidente (fig. 151 ), Julio I glesias Fariña como secre t ario, Carlos Alonso Hortas como tesorero, además de por un contador y 3 vocales (Asamblea farmacé utica, 1 de marzo ). Figura 151 . Izda.: Sr. Pérez Valera. Dcha.: Sello del C.O.F. Fuente: Cortesía del C.O.F B. / Servicios sanitarios: Los servicios sanitarios para dar cobertura a la ciudad lo formaban el hospital municipal, la casa de so corr o y un s ana torio privado propiedad del Dr. Rafael de Vega Barrera (director del Hospital municipal). B. 1.- El Hospital municipal ocupaba, desde diciembre de 1873, un edificio sit uado en l a plaza del mismo nombre, en el centro de la ciudad. Dicho edificio había sido construido en el año 1329 y en él había estado el convento de Sa nto Domingo hasta la desamortización de 1836 (figuras 152 a 15 6 ). Los enfermos son trasladados a este inm ueble tras e l ince ndio sufrido en el a ntiguo Hospital de San Bartolo mé, cuyas instalac iones ya no reunían las condiciones adecua das p ara servir como centro sanitario. En principio, estaba previsto que esta ubica ción fuera temporal, pero el hospital permanecerá ahí hasta 1930, fec ha en la que se inaugura el nuevo centro hospitalario de la ciudad. En palabras del farmacéutico Salv ador Castro Freire, el ahora hospi tal, estaba instalado en la planta principal del destartalado convento, en la parte posterio r de su iglesia, al que se accedía por un callejón sin salida, indecente y angosto que servía como depósito de barre duras. En definitiva, los enfermos salían de una cochiquera para entrar e n otra (Castro Freire, 1951). Actuaba como hospital civil (municipal y provincial) y militar y su g estión dependía de la Junta Municipal de Beneficencia (Regueiro, 2016 ). A nivel civil, y a cargo de la Diputación, se asistía a enfermos d e medicina, cirugía, enfermos mentales e internos de la cárcel y , a cargo del Ayunta miento, a hombre s y mujeres p obre s. Los pacientes po dían proceder tanto del partido judicial de Lugo, como de fuera del mi smo. Desde 1882, las Hermanas de la C arida d eran las enca rgadas de su administración y de la asistencia a los enfe rmos y, desde el 10 de junio de 1916, su dire ctor fue el Dr. Rafael de Vega Barrera. INTR ODUCCIÓN 117 Figura 152 . Situación del Convento de Santo Domingo. Izda.: en 1918 ; dcha.: en la actualidad Fuente: Izda.: Colección de Julio Reboredo Pazos. Dch a. : Google earth Figura 153 . Sello del hospital municipal en 1918 Fuente: Sig. 26816, l eg. 234. AHPLu Figura 154 . Iz d a.: Ub icació n d el Hospital mun icipal en el Convento de Santo Dom ingo en 1918 Fuente: Colección de Julio Reboredo Pazos. Dch a.: Google earth M ARTA J ATO D ÍAZ 118 Figura 155 . Plaza de Santo Do mingo . Izda.: Fachada del Convento en 1918 . Dcha.: en 1950 Fuente: Izda.: Colección de Julio Reboredo Pazos. Dcha.: En: Sempre en Lu go Figura 156 . Vista actual del Convento. Izda.: Fachada; Dch a.: Parte p os terior Fuente: Izda.: Concello de Lugo. Dcha.: Colección de Julio Reboredo Pazos Antes de que el Dr. V ega llegase a Lugo, y se hi ciese cargo de la Direcci ón del Hospital , ya hubo voces que clamaron por un nuevo centro hospitalario en la ciudad, pues era d e domi nio público que este no reunía ninguna de las condiciones más básica s que se exigían para este tipo de estable cimientos. El 10 de mayo de 1909 en la sesión del pleno municipal, bajo la presidencia de D. Áng el López Pérez, se lee un comunicado del gobernador, que transc ribe un informe del inspec tor de s anidad sobre el Hospital. En su visita, Ha sacado una impresión tristísima por las deficienc ias que de él se obser van de todo cuanto afecta á la higiene pública en los Hospitale s y que representa un marcado y censurabl e atraso en todo lo que la ciencia enseña y aun de mucho que á la cultura social afecta. No m e detendré á demostra r la necesidad de un nuevo Hospi tal cuya construcci ón será má s fácil empezar si el piados o pueblo de Lugo se penet ras e bien de l a s inhumanitaria s condicion es en que se encuentra e l actual […]. […] en el Hospital de Lugo tanto las sal as de hombres como de mujeres contienen enfermos de medicina y cirujía […]. […] al no di spo ner el Hospital de sala de operaciones se opera á las mu jeres en medio de la sala que les corresponde y de igual modo se opera á l o s hombres en la suya . Horroriza pensar el crimen de lesa humanidad que r esult a de operar á las m uj eres en INTR ODUCCIÓN 119 medio de o tras que esperan una operación y aún en medio de las enferm as débiles, nerv iosas y esci tables […]. […] Entre las enf e rmerías que existen hay una destina da á hombre, la sal a d e San Antonio, que solo recibe luz cenital si n otra vent ilación y que constituye otras de las vergüen zas de este desg raciado hospital. No basta que los enfermos y enfermas de afecciones i nte rnas sigan con la n atural repugnanci a la v ista de las curas hechas á sus v ecinos no siempre con arreglo á las exigenc ias de la m od erna cirujía y po r lo t an to propensa á produc ir ol o res repugnantes y otras consecuencias aun mas graves […]. […] l os retretes están tan cercanos á las salas y son de f orma tan primitiv a que constituyen o tra de las m ayores defici encias y cuya r eforma se h ace indispensab le (Ac tas de p lenos municipales de 190 9. A HPLu, A AL, sign. 7989-2, pp. 83-84 ) El día 31 de mar zo de 1910, se prese nta un escrito en el Ayuntamiento con una serie de propuestas para la mejora del Hospital. Entre e llas s e pide que : El Ayuntamiento acuerde la construcción de un retrete en el Hospita l, por cuanto e xiste uno so lo para el se rvicio de homb res, y este que carece d e condiciones higiénicas, está situado en el extre mo de una sala por la cuál tienen que pasar forzo samente los enfermos de l as ot ras […]. […] que en lo sucesivo se continue invirtiendo dicho ahorro en la limpieza é higienizac ión de la alcantarilla qu e existe en la parte po sterior del edifi cio, debien do prohibirse además que de las huertas colindantes se tiren es comb ros ni malezas al pie de l o s muros del edificio […]. […] que se adquiera una mesa de operaciones de l a cual s e carece en absoluto […] (Actas de plenos municipales d e 1910. AHP Lu, AA L, sign. 7989-3, pp. 77- 78). El Dr. Jesús Rodríguez López fue otra de las personas que expusieron la ne cesidad de construir un nu evo hospi tal en la ciudad. En febrero de 1916, en el diario E l Regional escribía « Ante la gran necesidad de un hospi tal municipal o provincial que tiene Lugo, en vista de las malísimas condiciones higiénicas del que aguantamos, parece que vuelve a despertar la idea de construir uno […]» (Rodríguez López , 1916). Cuando el Dr. Veg a, qu e era cirujano, llegó a Lugo se encontró con un hospital en las condiciones que h emos descrito y que además car ec ía de un a parte quirúrg ica, « pues no había ni una mala sala de operaciones donde poder operar ni aún los casos más sencillos ni que menos precauciones de a sepsia necesitasen». Se e ntrevistó con el alcalde y 9 días después se ordenó la realización d e una sala de op eraciones ( que en dos meses estaría concluida) con u n pequeño cuarto ane xo de stinado a sala de esterilización y curas. Como director, elaboraba una memoria anual, con el resumen de las actividades del centro, subr ayando los puntos sobre los que creía que era ne ce sario actuar pa ra conseguir mejorar la asistencia san itaria de los enfermos. En la memoria correspondiente al año 1917 (fig. 157 ), en relación con la nueva sala de operaciones, relata lo siguiente: La sala, nada m ás que pasable, es amplia, con l uz lateral que recibe por un balcón y cenital por una amplia vidriera, el suelo es baldosín y las paredes hasta dos metros de az u lejo, y el resto, así como el techo, pintado al aceite; todos los ángulos están redondeados. El m ob iliario está for mado po r una mes a de operaciones, tres mesitas étagère, dos soportes porta-botes y palanganas y un porta-irrigador es, más un lavabo adosado a la par ed. La calefacción est á sostenida po r una estufa de carbón. M ARTA J ATO D ÍAZ 120 En la s ala de cu ras y est erilización está si tuado el autocl ave y demás aparatos para la esteri lización del m a terial, así como la vitrina con el esca so material que cuenta el hos pital. Sirve además pa ra sala de curas, tanto de los enfermos del ho spital co mo de los que vienen a la casa de socorro. Y respecto a las demás estancias del hospital y a los enfermos continúa diciendo: En las salas del hospi tal no se hizo ninguna reforma, pues dada su ca p acidad , cubicación y demás condiciones no son capac es de ni nguna refor ma, pues serían inútiles cuanto s gastos se intentasen, dada s l a s condiciones tan deficientes que reúnen. En el mes de noviembre se terminó de arreglar un cuarto para los médicos y practicantes de guardia y éstas empezaron a establecerse d esde el 1º de novie mbre. El actua l Hosp ital de Lugo se reduce a una s ala de operacion es regu lar y a unas salas de enfermos (pues de algún modo las hemos de llamar) que m á s bien son cuartos grandes de una casa vieja y, co mo todos los caserones vi e jos, antihigiénico s, bajos de t e chos, sucios e imposibles de limpieza, ni de reforma útil ni práctica. Y, en este caserón se albergan de 140 a 150 enfermos, que lo primero qu e necesitan pa ra curar es estar en bu enas condiciones hi giénicas. El actual Hospital de Lugo es un verdadero crimen soc ial, pues lejos de ser un alberg ue p ara que el enfermo cu re o aliv ie sus dolencias, es un foco que l e expone a llev arse alguna otra enfermedad más de la que tr aía. Dadas las condiciones de distribuc ión de las distin tas salas del Hospi tal, e l aislamiento prácticamen te es i mposible, y a l no pode r aislar a los enfermos infecto-conta giosos, que n ecesariamen te tiene que ingres ar en el Hosp ital, todos los de más es tán expuestos a la s enfermedades contagiosas que haya en el establecimien to, así q ue en mayor o menor grado todo enfe rmo ingresado tiene una expo sición al contagio d e todos los demás enfermos […]. […] Lo s enfermos se clasif ican en dos categorías: enfermos de Medic ina y enfermos de Cirugía. Además, hay o tras do s pequeñ as salas de e nfer mos, de Sifilografía y Dementes. Los enfermos de Medicina están distribuidos en dos salas: la d e S an Roq ue par a mujere s y l a del Sagrado Corazón de Je s ús par a hombres. Los enfermos de Cirugía están distribuidos e n cuatro salas: la d e San José, San Juan y San Barto lomé para ho mbres y l a de S an Rafael para mujeres. Las sa las carec en de ven tilación, luz y sol. De los enfermos d e Cirugía, unos ingresan para sufrir operac ión y otros para aplica rles otr os tratamien tos. Éstos últimos, los enfermos con afeccio nes quirúrgica s que no nece sitan operación se dividen en dos grupos: traumát icos y no traumá ticos. […] El Hospi tal carece d e Rayos X, lo que casi parec e un cuento, pu es no se explica c ómo puede haber Hosp ital, por pequeño que sea, que carezca de este medio de diagnós tico, que es el más necesar io en casi t odo s los casos , pues para fines terapéut icos se neces itan instal aciones más cos tosas […]. […] Carec e también de todo Laborat orio y po r no haber no hay un mediano micro scopio para hac e r los más elemen tales análisis bact eriológicos , como son los exámenes de esputos, exudados y secrec iones que tan pocos elementos req uieren [… ]. Algunos de los exámenes son hechos habitual mente por el Sr. Armendari tz [de anatomí a patológic a] y el farmacéut ico Sr. Pérez Menéndez [orina y jugo gástrico] (De Veg a, 1917). INTR ODUCCIÓN 121 Figura 157 . Portada y primera página de la memo ria del Hospital de Lugo del año 1917 Fuente: A uto ría propia. Cortesía de Santos de Vega Villa En 1918, el hospital co ntaba con una plantilla de personal integrada p or 18 personas: un director, un subdirector, dos médicos auxiliar es, dos practica ntes, dos enfermeros, 9 Hermana s de la Caridad, un capellán que también hacía labores de contabili dad , y un po rtero (tabla 2 ). Tabla 3. Relación del personal del hospital y su salario en 1918 Cargo Número Nombre Salario DIRECTOR 1 D. Rafae l de Vega B arrera 5.000 pts./año + 200 pts. de paga ext raor dinari a SUBDIRECTO R 1 D. Marce lino de la Fuente Ce la 1.800 pts./año + 150 pts. de paga ext raor dinari a MÉDICO AUX ILIAR* 2 D. José Lomas Díaz 1.300 pts./año D. Pedro d el Río Miranda** PRACTICANTE 2 D. José Triviño Díaz 999 pts./año D. Juan Ló pez Gandoy ENFERMERO 2 1,25 pts./día [+ d erecho a una manut enció n] HERMANAS D E LA CARID AD 9 [8 + Superi ora] Sor Carmen B allest er 1,25 pts./día [+ 10 pts./mes para ve stido, c alzado y otros gastos parti culares] CAPELLÁN 1 D. José Castedo G onzález*** 999 pts./año PORTERO 1 D. Juan R odríguez Cast ro *En 1919 entraría también a formar parte del cuadro médico D. Manuel Pardo Valiña **En enero de 1919 lo substituirá D. Jesús Latas Folgueira ***En enero de 1919 será substituido por D. Andrés López Arias Fuente: Elaboración propia a partir del presupuesto para 1918 del hospital. Sig n. 859, leg. 730. AHP Lu y Libro de actas del Ayu ntamiento de 1918 M ARTA J ATO D ÍAZ 122 Y su dotación, en mobiliario, era la sigui ente (Relación detallada y valora da del mobiliario. Legajo 188, s ig n. 855-3. AHPLu): - 120 camas de hierro - 1 reloj regulador - 120 mesitas de noche - 1 reloj de pesas antiguo - 6 mesitas de diferentes tamaños - 1 báscula - 68 jergones metá licos - 1 romana - 60 jergones de paja - 3 aguamaniles - 101 colchones de lana - 4 sillas de re trete con bacín - 266 almohadas de lana - 2 bañeras de z inc - 180 mantas de lana - 2 bañeras de a siento - 20 mantas de a lgodón - 2 bañeras de pie - 2 camillas para transporte interno - 8 coloríferos - 2 camillas para transporte externo - 2 calenta dores - 40 sillas - 2 braseros - 8 armarios de diferentes tamaños - 2 lavabos - 1 cómoda - 2 mesas de escritorio - 3 veladore s - 2 escribanías y bad es - 1 reloj de c uadro - 2 atanor es A lo largo de ese a ño, el edificio de Santo Domingo no sólo albergaba el hospital, sino que también se utili za ba como propio convento de monjas, como escue la pública, como parque de bomberos y como cua dras de la iglesia. La siguiente memoria del hospi tal, a la que hemo s podido tener acceso, es un documento conjunto que abarca los años 1921, 1922 y 1923 (fig. 15 8). En ella el Dr. Vega Barrera incid e, con más detalle, en el lamentable estado en que se encuentra el edificio: El edificio donde está insta lado el actual Hospital de Lugo, es un caserón viejo, antiguo convento, con varias habitac iones destartalad as, sin ventilac ión suficiente y con una orientac ión desas trosa, por estar orientadas al No rte en comunicación sus huecos con los pat ios y cuadras de la p arte posterior de la s casas de la c alle de San Marcos. La sección de Cirug ía, consta de cuatro salas, tres para hombres y una para mujeres. Esta s salas son, la Sala de San José con 16 camas, la de San Antonio con 12 y l a de San Ba rtol omé con 20 camas. La p ri mera reune condiciones medianas, pero las otras dos son realmente inhabi tables, pues la de San An tonio no tiene luz directa y la recibe por una claraboya y la de San Bartolomé no recibe el sol durant e t odo el año. La altura de techos de las salas de Ciru jía no llega a 3 metros y el n úmero de metros cúbico de aire por enfermo es insuficiente. Los muros están de cal y como todo muro viejo, llenos de irregularidades y grietas muy apropó sito para que se acumule toda suc iedad. Lo s piso s son de madera de pino viejo, rotas numerosas t ablas y llenas de grietas e imposible de toda limpiez a. La sala de C irujía, de m ujeres, tiene una altura de 2 metros y medio y un número de ca mas que no baja de 24 po r los ce ros que hay que coloca r. De la sección de Cirujía lo único que reune condiciones, aunque no las que reclama la moderna Cirujía, es la sala de operacion es, que se hizo bajo mi dirección aprovechando el antiguo cuarto de guard ia del Hospi tal y bajo la iniciativa de l celoso a lcalde D. Á ngel López Pé rez […] . INTR ODUCCIÓN 123 La sección de Medicina está, aún si cabe, i nstalada en peores locales, las dos salas, una para hombres, Corazón de Jesús, es un sót ano lóbrego, húmedo y sin sol ni vent ilación su ficiente, y l a de mujeres está in mediata a u n pozo neg ro. No hay secc ión de niños po r falta de local. El sitio donde están instalados los de mentes e n observació n y los enf ermos de enfermed ades venére as, r ecuerdan los calabozo s de l a antigua inquisición , sótanos húme dos, sin luz ni ventilaci ón, llenos d e rejas. El mobiliario es deficientísi mo, las camas, modelos viejos y sin condicion es hospitalarias. El instrum ental y material quirúrgico es escaso y el que hay, data del año 1916, que e mpezamos a comp rar instru mental y mobiliario de la sala d e operaciones, con la consignación anual de 1.000 pe setas que tiene del Ayuntamient o […]. […] consignación escasa, pues con cerca de las 200 operaciones que se hace n anualmente, y la s nu merosas curas q ue se hacen diariamente, se inutiliz a bastan te. No hay instalación de Ray os X, no hay l aborato rio, no hay ningún aparat o de ele ctricidad médica, masage, mecanoterap ia, en fin, no h ay nada para la fisioterapia in dispensabl e en todo Ho spital moder no. En una pa labra, el Hospital actual de Lugo, está montado es tilo siglo XV III . El número de enfermos que se atendían diariamente, en el centro sanitario, era d e entre 150 y 160 y el de ingr esos anuales era de unos 800 (Memoria del Hospital d e Lugo, 1921 -1923, sign. 4586, AHPLu). Figura 158 . Memoria del Hospital de Lugo, 1921 -1923. Po rtada y primera página Fuente: Sign. 26816, leg. 234. A HPLu En 192 3, la Comisión Inspectora de la Cas a Municipal de Beneficencia y Hospital realiza una a udit or ía en ambos establecimientos y expone l as condiciones en las q ue se encuentra el M ARTA J ATO D ÍAZ 124 centro hospitalario en ese mom ento (fig. 159). Después de la visita de ins pección al h ospital, en el informe se rec oge lo mismo que señala el Dr. Vega Barrera en la Memoria y se añade que: El local donde se encuentr an los enfermos m entales es un verdad ero escarnio para un pu eblo. Este es un sótano que solo recibe luz por una claraboya que da a un pasillo. Hay que ten er presente que a un cuando estos so lo deben es tar el tiempo de observac ión indispens able para ser trasladad os a un manicomio, una vez arreglada la do cumenta ción, exis ten desgrac iados que en estas condicione s llevan más de do s año s. Farmacia – No existe farm acia. En el Hospital hay un bot iquín de urgenc ia servido por hermanas de Caridad. E n la actualidad el servicio farmacéutico del Hospital está sumini strado por la farmac ia del Sr. Castro Freire el que sirve desde su estableci miento directamente las rece tas de sde el 6 de mayo de 1922, sesión en que fue nombrado; con anterio ridad a esta fecha este servicio era desempeñado po r las mism as hermanas de la Caridad. Personal – Como persona l f ac ultativo consta el Hospital de dos médicos de sección, uno encargado de la Medicina y otro de l a Cirugía, un médico oculista encargado de la sección de oftal molog ía y dos médicos auxiliares ayudantes del Cirujano en las operac iones y a la vez m éd icos de guardia en la casa de Socorro, cobrando el encarg ado de la Cirugía y el de la oftalmología directament e de la Diputa ción prov incial y los res tantes del presupu esto de gastos del Hospital a razón de 2.500 pesetas el encargado de la sección de Medicina y 1.500 pesetas cada uno de los dos médicos auxiliares. Ademá s abona el Ayu ntam iento 200 pesetas a nuales respec tivamen te al Dire ctor y Sub-directo r, este último encarg ado además de l a asistencia de enfermos en la Beneficenci a. Dos practicantes encarg ados de las curas, de ayudar al Cirujano en las operac iones y de las guardias de la casa de Socorro, en unión de los médicos, a razón d e 1.100 pes e tas anuales c ada uno. D os enfermeros a razón de 1,50 pese tas dia rias ca da uno, debiendo existir una enfermera, toda vez que estando consignada en el presupues to de gas tos apa rece como pagada, según comprobante , pero no existiendo dicho se rvic io se g ún manifestación de los Médicos de es te Estable cimiento. Och o hermanas de la Carid ad y la Superiora, que hace de A dministrado ra, y una ayudante de las mismas que sustituye a una he rmana de la Caridad, cobrando todas estas diez, a razón de dos pesetas diarias. Un capellán enca rgado de la contabilidad, con el sueldo anual de 1.250 pe setas. Los Mé d icos y practi cante s, tan escasamente retribui dos, no cumplen las guardias de doce horas diarias, abandonan estas para asistir a l os enfermos de su clientela particular y ganar para poder vivir, pues por cuatro pesetas los médicos y tres los pract ican tes, no pue de exig írseles el exacto cu mplimient o El Hospital no llevaba ningún libro de contabilidad y para llevar a cabo la auditoria hubo que r e currir a la contabilidad general y libros auxiliares de l Ayuntamient o, en los q ue no se ob servó ninguna irreg ularidad . La alimentación, según informe de los Mé d icos, no es deficient e, como tampoco lo es el serv icio farmacéu tico en la ac tualidad. En estos momentos es impos ible montar los serv icios de laborato rio, Rayos X, Ele ctroterapi a y Farmacia, pu es únicamente podrían establecerse en los sótanos del Hospi tal con grave perju icio para los distintos aparatos por la humedad y malas condiciones de los locales por muchas reformas que se hicieran. No se debe intentar ninguna refo rma en el hospital viejo por ser dinero inútil mente gas tado que nad a arregla rá. INTR ODUCCIÓN 125 Según informe de los Médicos de este estab lecimient o, haría falta au mentar otro enfermero mas para poder con los otros dos turnar en el servicio de guardia duran te la noch e, lo que hoy no p ractican, q uedando solo durante la noche una he rmana de la Caridad. También har ían falta dos enfe rmeras, cosa esta que, como las de más deficiencias en cuanto a la falta de servicio, son fácilmente r emediab les, teniendo en cuen ta los crecidos bene ficios que repor ta este estableci miento económica mente al Ayuntamien to, y a la diferencia de lo que se abona al mismo por hospitalidad y a lo que sale cada una de estas (Infor me de la comisión inspector a de la casa municipal de Beneficencia y Hospital . 1923. Sign. 26816, leg. 234. AHPL u). Tras la lectura de la Me moria del director del Hospital, y de este info rme, se puede comprobar cómo, en 1923, las condiciones del centro no h abían cambiado ni mejorado en absoluto con respec to a las de 1917, p or lo que nos podemos hacer un a idea de las circunstancias en las que el personal sanitario del hospital tuvo que afrontar la epidemia de gripe. Figura 159 . Primera página del informe de la Comisió n Inspectora. 1923 Fuente: Sig n. 26816, leg. 235. AHPL M ARTA J ATO D ÍAZ 126 B. 2.- La Cas a de Socorro: Es una sala anexa al H ospit al. No tiene un edificio propio y las curas se hacen en la sala de operaciones. Las guardias son realiza das por u n médico auxiliar y un practica nte del hospital. B. 3.- Un Sanatorio priv ado, propiedad del Dr. Vega Barrer a. Estaba situado en la Ronda de la Coruña , nº 16 (fig. 160 ). Era un Sanatorio quirúrgico, moderno, que c ontaba c on instalaciones de rayos X y electroterapia y en el que se llevaban a cabo int erve nciones de cirugía gen era l y ginecología. En febrero de 19 19 se plante a el cambio de ubicación a un terreno en la calle del Seminario (El sanatorio Vega, 8 de fe brero) p ero los Hermanos Maristas adquieren esa finca y el Dr. Vega tiene que buscar otro lugar pa ra construir su nuevo edificio (Ayer y hoy, 21 de febrero). Finalmente, el 1 de mayo de 1920, se inaugura el nuevo Sanatorio Vega en la calle Montero Ríos. Figura 160 . Anuncio en prensa del sanatorio del Dr. Vega Barrera Fuente: El Regional , 03.08.18, p. 3 Dadas las malas condiciones en que se encuentra el Hospital Municipal, el alcalde es ca da vez más c onsciente de la necesidad de dotar a la ciudad de un centro hospitalario nue vo y moderno. Tras múltiples y complicados t rámites se adquieren, por 45.000 pesetas, los t errenos para su construcción y se encarga el proyecto al arquitecto D. Luis B ellido González. A mediados de 1918 el Sr. Bellido comienza a enviar los pl anos del centro sanitario (primero los de planta y de spués los de conjunto re aliza dos e n acuarela « con una p erfecc ión digna de admiración» (El futuro hospital, 19 de junio; E l n uevo hospital, 19 de junio ). El proyecto finalmente estará compuesto por un total de 46 planos, que se reciben a finales del mes de diciembre, y que serán expuestos al público desde los primeros días de 1919 (f ig. 161) (El hospital de Lugo, 31 de diciembre; El proyectado hospital, 3 de enero). Figura 161 . Iz da. : Luis Bellido en 1911 . Dcha.: Vista posteri or del proyecto del nuevo hospi tal Fuente: Izda.: Tomada de la correspondiente entrada en Wikipedia. Dcha.: Cao, 1929. El hospital estará fuera de la muralla, pero muy cerquita de ella (enfrente), adaptado a las normas dictada s por los higienistas del momento y recibirá el nombre de Hospital de Santa M a ría . Aun que se desconoce cuá l será el pres upuesto final, inicialmente se estimó que r onda ría las 500.000 pes etas, una cifra que enseguida se vio qu e equivalía , más o menos, a un INTR ODUCCIÓN 127 tercio de lo que finalme nte acabaría cost ando la obra. Por ello el alcalde, en los primeros meses de 1919, ante la falta de capital para p oder afrontar el proyecto propone crear un arbitrio sobre vinos de 10 céntimos por litr o, lo que supondría un ingreso líquido anual de 100.000 pesetas y así co n este aval pedir un c rédito para poder pagar e l im porte total de la obra. Como esto es un asunto de gran importancia, el S r. López Pérez quiere conocer la opinión de los ciudadanos y convoc a una re unión, con un cierto sector de la población, en la que los asistentes le muestran su apoyo. Faltaba conocer la opinión de los vecinos, pero confía en que también sea favorable, pues un nue vo hospit al es una mejora importantísima para la ciudad y sus ciudada nos (La re unión de ayer. Sobre el nuevo hospital, 23 d e marzo ). Los almacenistas de vino, considerándose los mayor es perjudicados se opusieron rotundamente, pero eran pocos para imponer su criterio, de forma que unos se fueron a protestar a la Cas a C onsistorial y otros se fueron a pedir ayuda al Centro O brero. Los obreros se mostra ron a favor de la realización de l as obr as. Así que en vista d e l a falta d e apoyo s e fueron a pulsar la opinión de la Cámara de Comercio, cuyos integrantes también estaban de acuerdo con la construcc ión del hospital. Y, desde las páginas de El Progreso quieren dejar fuera de tod a duda la n ecesidad de que Lugo cu ente con un nuevo centro sanitario y d ar su apoyo explícito al alc alde: Lugo no tiene hospital. Ese caserón inmundo y desta rtalado que se esconde tras d e la iglesia de Santo Domingo es una vergüen za para nuestro pu eblo. No reúne condiciones hi giénic as de ningún géne ro. Allí están mal distr ibuidos y pobremente acondicion ados los enfermo s, allí no bastan las s al as para las necesidades del pueblo, y, en época de epidem ia – cuando la de grippe pudo verse – fue más un foco de infección que un lugar de aislamiento de atacado s el viejo hospital, a pesar de l os cuidados que el personal de aquella casa pus o en sostener la incomunica ción entre las salas y con el e xterior. El hospital tiene capacid ad para 130 enfermos; pero los locos están en calabozos peo res que los de los presos; las p rostitutas e n zahúrdas inde centes e infamantes; y l os operables , los les ionados y los de enfermedades comunes e infecciosas, en amigable consorcio. Solo falta que hom bres y m ujeres están en las mismas salas (Intereses l ucenses. El nuevo hospital y el n uevo arbitrio, 25 de marzo) Tras no pocas disputas y problemas, y sortear un sinfín de obstáculos, el 9 de abril de 1921 se colocaba la primera piedra del hospital de Santa María y el 29 de juni o de 1930 se inauguraba (fig. 162) (De Abel Vile la, 2021). Figura 162 . Izda.: Colocación de la primera piedra. Dcha.: Hospital de Santa María en 1930 Fuente: Izda.: http s://www.r afaeldevega.es/biografia-del- dr -rafael- de -vega/ ; Dcha.: España Médica , nº 636, 1933 , p. 23 M ARTA J ATO D ÍAZ 128 Al día siguiente de su inauguración el Dr. d e Vega Barr era, su director, escr ibía un artíc ulo en El Pueblo Gallego en el que , aparte de mostrar su satisfacción por la entrada en funcionamiento del nuevo centro y su gratitud al alcalde López Pé rez , resaltaba los g ra ndes contrastes entre el vie jo y el nuevo hospital. Y, de esta mane ra, escribía: El viejo Hospital cuya capacidad no era mayor que para 80 camas h a llegado a albergar 180 enfermo s, teniendo que poner las camas unas ad osadas a las otras y tener qu e met erse el enfermo en la cama por la par te posterior; las altu ras de techos de algunas sala s no pasaban de dos metros y medio, una sala no tení a luces laterales y sólo tenía com o medio de ventilac ión dos pequeñas puertas que daban a otras salas ; un pozo neg ro estaba en comu nicación d irecta con dos salas hacina das de enfe rmo s; tétrica sería la descripc ión que pudiéramos hace r del departa mento des tinado a demen tes, de los lavaderos y del depósito de cadáveres, no s iendo pos ible de scribir el olor insoportable de sus retretes y patios tant o inter ior co mo exterior, almacén este último de t od as las inmundicias de la c iudad. No hacemos una descripción de las i nstalaciones del viejo Hospital, pues no exis tían; una sala de operacion es con mobil iario mediano, construid a gracias a la inicia tiva del actual alcalde, consti tuía todo lo que poseía el viejo Hospi tal; los servicios de cocina (lo único aceptable), los lavaderos (en cond iciones deplor ables de higiene ), y demás servicio s auxiliares e ran tan rudi men tarios co mo antihigién icos (De Vega, 193 0). El empeño y d esvelos del alcalde p ara que Lugo t uviese un nuevo hospital fue tal que d esde las páginas del diario El Orzán de La Coruña, en el mes de abril de 1919, le dedicaron la siguiente «coplilla»: A un alcalde mode lo Desde enton ces has ta ahora, se le puso hace rato ba jo el pelo, sin desperdicia r ni una ho ra la idea de fun dar un hosp ital sin dar paz a l a mente y a la mano como Galicia no tiene i gual . a favor de un pro yecto tan humano. D. Ángel decidió construir un hospital sin tener fondos para ello. No tuv o ayuda de ninguna institución provincial o estatal. Sólo con la gen erosidad y colaboración d e sus vecinos logró , 10 años después de haberse ini ciado, dotar a Lugo de un gran hospital. Fue un sueño de un alcalde hec ho realidad, t al vez una l ocura, lo qu e nos lleva a re cordar un a fr ase de Miguel d e Unamuno que dic e: « una locura cualquiera d eja de serlo en cuanto se hace colectiva, en cuanto es locura de todo un pueblo, de todo el género humano acaso » (Unamuno, 2004). B. 4.- Otras dotaciones sanitarias, al margen d e las hospitalarias, eran dos estufas de desinfección: - Una fija, que era propi edad del Ayuntamiento. Durante la epid emia se instaló en la calle San Marcos, frente al edificio de la Diputación Provincial. - Una móvil, que era propiedad de la Diputación. En el mes de octubre se trasladó a la estación ferroviaria de Monforte de Lemos para ll evar a cabo lab ore s de desinfección de pasa jeros y equipajes. B. 5.- Lugo contab a, y cue nta, con un b alneario de agua s te rmales (fi g. 163), cuyo p ropie tar io e ra D. Dosite o Neira Gayoso. Las obras para la construcción del edifici o, a orillas d e l río Miño , que permiten aprovechar las aguas minero-medicinales de las termas romanas INTR ODUCCIÓN 129 (sulfurada s sódicas, variedad yodo-bromuradas), comenzaron en 1839 (Castro Freire , 1951). La temporada oficial pa ra «tomar las aguas» era del 15 de junio al 30 d e septiembre y los pobres que «por orden médica» necesitasen «tomarlas» podían uti lizar los servicios de este balneario gratuitamente. Este establecimiento termal contaba entre su plantill a con un médico que también ejercía la s funciones de director del centro (Bailly-Baillière y Riera, 1922). Figura 163 . Balneario de Lugo Fuente: Colección propia C./ Profesionales sanitarios C.1. Médicos: Al no haber podido contar con información del Colegio Oficial de Médicos no es posible saber con exactitud ni c uántos ni quienes eran los médicos que ejercían su profesión, en la ciudad de Lugo, durante el año 1918. Pero, a través de la documentación que hemos consultado pudimos, al menos, conocer los nombres de algunos de ellos: - Dr. Germán Alonso Ho rtas (fig. 164). Era el director de l a Casa de Beneficencia. Tenía su c onsulta en P laza Mayor, 19 -2º. Un a de sus mayores aportaciones a la medicina fue la insi stencia con que ac onsejaba a los padres que ll evasen en verano a los niños a un puerto de mar « por el yodo que tenían los aires ». Y lo hizo en un momento en el que no s e conocían las hormonas tiroid eas ni la importancia del yodo en la formación de las m ismas. El Dr. Alonso también fue el fundador , en noviembre de 1924, de la Gota de Leche (Pardo Gómez, 2005). Figura 164 . Dr. Germán Alonso Ho rtas Fuente: Cortesía de la familia Alons o M ARTA J ATO D ÍAZ 130 - Dr. Emilio Domínguez Ferná ndez (fig. 165 ). Er a el inspector provincial de sanidad. Figura 165 . Izda.: Membrete del Dr. Domínguez. Dcha.: Su firma Fuente: Sign. 26816, leg. 234 AHPLu - Dr. Marcelino de la Fuente Cela. Ejercía e l cargo de subdirector del hospital municipal. - Dr. Leopoldo Gasalla Domínguez. Era médico oculista y tenía su consulta en la Ronda de la Coruña, 2 (fig. 166). Fue un gran higienista y era muy habitual escucharle que, en una ciudad, er a más importante la medicina preventiva que la construcción de calles y jardine s (Pardo Gómez , 2005) Figura 166 . Izda.: Dr. Gasalla. Dcha.: Anunci o de su cons ulta Fuente: Izda.: Cortesía del C.O. M. D cha . : Revista Galicia Pintoresca , 23.04.18, p. 11 - Dr. Jesús Latas Folgueira. Dirigirá las l abore s de desinfección y fumigación , durante la segunda ola de la epidemia, en la sala que se montará para tal fin, en la estación de tren de Lugo. Te nía su consulta en la calle del Miño, 23 (fig. 167). Figura 167 . Izda.: Firma del Dr. Latas. Dcha.: Anuncio de su consulta Fuente: Izda.: Sig. 26 816, leg. 234 AHPLu. Dcha.: El Progreso , 31.12.18 INTR ODUCCIÓN 131 - Dr. José Lomas Díaz ( fig. 16 8). Ejercía como médico en el hospital municipal y además tenía su consulta en la Rúa Nueva, 63. El Dr. Lomas fue uno de los facultativos luce nses que se contagió de gripe durante la epidemia. Figura 168 . izda.: Dr. Lomas. Centro: Su firma . Dch a.: Anuncio de su con sulta Fuente: Izda.: González, 2015. Centro: Archivo de la Dip utación. Dcha.: La Idea Moderna , 03.06.18, p. 3 - Dr. Luis López del Amo . Era el inspector provincial de t rabajo (Fig. 169) . Ejerció su profesión de médic o durante la epidemia. Vivía en la calle de la Reina, 8. Figura 169 . Firma del Dr. del Amo Fuente: Archivo de la Diputaci ón - Dr. Honorio Manso Rodríguez. Era el m édico mil itar de la plaza de Lugo. También era dentista y tenía su consulta en la calle Armañá, 3 (fig. 1 70). El Dr. Manso también contrajo la gripe en septiembre de 1918. Figura 170 . Izda.: Firma del Dr. Manso. Dch a.: Anuncio de la cons ulta del Dr. Manso Fuente: Sig. 26816, l eg. 234 AHPLu El Progreso , 27.10.18 - Dr. Manuel Palmeiro Arribas. Era un médico h igienista. Tenía su consulta en San Pedro, 26 (fig. 171 ). En junio de 1918 fu e de los primeros facultativos en España en hacer un d iagnóstico exacto de la enfermedad y en aconsejar la forma de prevenirla. M ARTA J ATO D ÍAZ 132 Figura 171 . Izda.: Dr. Palmeiro Arribas. Dcha.: Anunc io de su consulta Fuente: Izda.: Cortesía del COM. Dch a.: La Voz de la Verdad , 08.03.19 - Dr. José P ardo Alfonso. Ejercía como ginecólog o. Su consulta estaba situada en la calle San Roque, 11 ( fig. 17 2 ). Figura 172 . Iz da. : A nunc io de la consu lta del Dr. Pardo. Dc ha.: Su firma Fuente: Izda.: E l Progreso , 02.02.18, p. 2 . Dcha.: Archi vo de la Diputación - Dr. Manuel Pardo Valiña (fig. 173). Fue médico supernumerario del hospital municipal desde marzo de 1919, fecha a partir de la que t ambién sería m édico de la Casa de Socorro a p etición propia y sin sueld o. Se contagió de grip e durante la epidemia. Tuvo el primer apa rato de rayos X de Lugo. F alleció a los 104 años. Figura 173 . Dr. Pardo Valiña Fuente: Cortesía del C.O.M. - Dr. Pedro del Río Miranda. Era m édico supern umerario del hospital, en la casa de soc or ro, hasta enero de 1919 que fue substituido por Jesús Latas Folgueira. - Dr . E nrique Rodríguez Leonardo. Ejercía como médico forense. INTR ODUCCIÓN 133 - Dr. Juan Varela Ba lboa ( fig. 174 ): Figura 174 . Firma del Dr. Varela Balboa Fuente: Archivo de la Diputación - Dr. Rafael de Vega Barrera (fig. 175). Era el director del Hospital Municipal, desde 1916, y médico de la Benefice ncia Municipal. Era también e l propie tario de un sanatorio quirúrgico en la Ronda de la Coruña . El Dr. Vega ejerció su trab ajo, durante 14 años, en las habitac iones de un convento que él mismo tuvo que adaptar para que cumpliesen con unas mínimas condiciones sanitarias. Esto , sin duda, fue el refle jo de un hombre de una gran constancia y de un sentido del deber supremo. El Dr. Vega er a republicano (el 14 de abril de 1931 proclamó la República de sde el balcón del Ayuntamiento) y en 1936, al estallar la guerra civil , fue fusilado por las fuerzas nacionales. Figura 175 . Iz da. : Dr. Vega Barrera . D cha.: Su firma Fuente: Izda.: Tomado de la entrada a su biografía en Wikipedia . Dcha. : Sig. 26816, leg. 234. AHPLu La asistencia a los enfermos más pobres del término mun icipal corría a cargo de la Benefice ncia Municip al y la ej ercían los médicos titulares del ayuntamien to. Para facilitar su trabajo, el territorio se dividía en seis zonas y de cada una de ellas se encargaba un facultativo. Pero lo cierto es que, ya antes de que hiciese su aparic ión la e pidemia de gripe, la cuarta zona carecía de titular, por lo que la asistencia de estos pacientes corría a cargo del de la tercera. Esta situación se mantuvo hasta el me s de abril de 1919, en q ue la plaza salió a concurso. El sueldo «bruto» de estos profesionales era de 2.500 pesetas, es decir, de 208,33 pesetas al mes. Pero, de esa cantidad, había que descontar el 12%, en concepto de «contribución sobre utilidades de la riqueza mobil iaria», por lo que su sueldo neto era de 183,33 pesetas mensuales. L os médicos sobre los que recayó el peso de la atención a los enfermos más necesitados de la c i udad, durante la pandemia de gripe, fueron : M ARTA J ATO D ÍAZ 134 - Dr. Manuel Barrio Basadre . Médico titular desd e 1914 (fig. 17 6). Se contag ió de gripe durante la epidemia. Figura 176 . Izda.: Dr. Barrio Basadre. Dch a.: Su firma Fuente: Izda.: Cortesía del COM. Dch a.: Archivo de la Diputaci ón - Dr. Carlos Iglesia s F ariña. Ejercía como subdel egado de Medicina (Fig. 177). Era hermano del farmacéutico Julio Iglesias Fariña y vivía en la calle Conde P allares nº 6, en un piso de la ca sa en la que estab a ubica da la farmacia . Figura 177 . Izda.: Firma del Dr. Ig lesi as Fariña. Dcha.: Su fotografía Fuente: Dcha.: Archivo de la Diputació n. Izda.: Cortesía del CO M - Dr. Hermenegildo López Vázquez. Ocupaba su plaza desde 1917 (fig. 1 78). Era el médico titular de l a segunda zona de pobres d e la capital (sur). También contrajo la gripe durante la pandemia. Figura 178 . Dr. López Vázquez Fuente: Cortesía del C.O.M INTR ODUCCIÓN 135 - Dr. Manuel Roca Varela. Ocupaba su plaza de sde 1907 (fig. 17 9). Era el médico titular de la sexta zona de pobres de la capital. Figura 179 . Izda.: Dr. Roca Varela. Dcha.: Su firma Fuente: Izda.: Colección de Juli o Reboredo Pazos. Dcha.: Archivo de la Diputació n - Dr. Serafín Sal Otero. Ocupaba el cargo de p residente del Colegio Médico de Lugo. Tenía su plaza desde 1895 (fig. 180 ). Figura 180 . Izda.: Firma del Dr. Sal. Dcha.: Su fotografí a Fuente: Dcha.: Archivo de la Diputación. Izda.: Cortesía del CO M Pero algunos de ellos se contagiaron y enfermaron de gripe , por lo qu e otros compañeros tuvieron que hacerse cargo de sus pacientes. Así cua ndo el Dr. Barrio Basadre se contagió, el Dr. López del Amo lo substituyó y c uando lo hizo el Dr. López Vázquez, lo hicieron los Dres. Latas y Lomas. En algún momento de la epidemia también los Dr es. Domínguez, Pardo Valiña, Varela Balboa y Vega Barrera no dudaron en prestar su asistencia a aquellos que más lo necesitaba n en nuestra ciudad. C.2 Matronas: En Lugo había, al menos, dos matronas o, c omo se denominaban entonces, dos «profesoras en partos»: Josefa Márque z Tallón y Manuela Mé ndez (fig. 181 ). M ARTA J ATO D ÍAZ 136 Figura 181 . Anuncios de las matron as Josefa Márquez y Manuela Méndez Fuente: El Progreso , 16.01.18, p. 3 C.3 Farmacéuticos: Lo mismo que sucedió con la información, en el caso de los médicos, se repitió para el de los farmac éuticos. Y e s también, fundamentalmente, a tra vés de la prensa, el medio por el cual podemos conocer el nombre de la mayorí a de ellos y la calle en la qu e tenían sus oficinas de farmacia. - D. Carlos Alonso Hortas . Su farmacia estab a situada en la P laz a del Cam po, 5. Tambié n era laboratorio para análisis clínicos y químicos – micrográfic os (fig. 182). Era hermano de l Dr. Germán Alonso Hortas. Figura 182 . Izda.: D. Carlos Alonso . Dcha.: Sello de su farmacia. Ab ajo: Su firma Fuente: Izda.: Cortesía de la familia Alons o - D. Salvador Castro Freire. Ejercía también como s ubdelegado de Farmacia. Su farma cia s e encontraba en la calle San P edro, 30 (fig. 18 3) y se mantuvo abierta hasta 1935. Fue un hombre pionero en el uso de muchos inventos que llegaba n a Lugo de su mano: la primera máquina re gistradora en 1906, uno de los primer os automó viles, el primer fonógrafo o el prime r tri ciclo. En su rebotica tenía lugar una de las tertulias más animadas de la ciudad. Ade más d e farmacéutico Castro Freire fue un gran fotógrafo (De Cora , 2019). INTR ODUCCIÓN 137 Figura 183 . Izda .: D . Salvador Castro Freire. Dcha.: Facha da de su farmacia. Abajo: Su firm a Fuente: López y Saavedra, 1998 - D. Manuel Figueroa Barros: Era el ti tular d e la Farmacia Central, que se encuentra haciendo esquina, en la calle San Pedro 2 con la Plaza Mayor, pegad a al edific io del Ayuntamiento. Sigue abierta hoy en día y perteneciendo a sus descendientes (fig. 184). Figura 184 . D. Manuel Figueroa y f otografía de su farmac ia. Abajo su firma Fuente: Cortesía de la familia Figueroa - D. Jaime García Murga ( fig. 185). Su botica se e ncontraba en la calle San Pedro nº 25, al lado de la del Sr. Castro Fre ire. También era un a droguería. M ARTA J ATO D ÍAZ 138 Figura 185 . Firma del Sr. García Murga Fuente: Cortesía del COF - D. Julio I glesias Fariña. Su fa rmacia estaba en la calle Conde Pallares, 6 (f ig. 186). También vendía pr odu ctos de droguería. Julio era hermano del Dr. Carlos Iglesias Fariña. Figura 186 . Izda .: Sr. Iglesias Fariña . Centro .: A nun cio de la farmacia Iglesias. Dcha.: Cuño Fuente: Colección de Julio Reboredo Pazos. Cortesía del C.O.F. El Progreso , 31.12.1918, p. 3 - D. José Pedrosa Pérez. Era el titular de la farmacia situada en la Plaza de Santo Domingo nº 2 (Fig. 187). Figura 187 . Sello de la farmac ia Pedrosa Fuente: Colección de Julio Reboredo Pazos - D. To más Pérez Menéndez, hijo de D. T omás Pérez Varela. INTR ODUCCIÓN 139 - D. Tomás Pérez Vare la. Ejercía c omo pr esidente del Colegio de Farmacéuticos de Lugo y tenía la oficina de farmacia en la calle de la Reina nº 16 (fig. 188 ). Figura 188 . Izda.: Tomás Pérez Varela. Dcha.: Anunc io de su farmacia . A bajo: Su firma Fuente: Cortesía del COF. El Pro g res o , 31.12.18 ▪ En el ámbito de la asistencia social: En este c ampo, Lugo contaba con dos inst i tuciones benéficas y vari as aso ciaciones dedi cadas a la ayuda social. 1.- Casa de Beneficenci a, Maternidad y Expósitos: Se constituye en el año 1845 y sus dependencias se instalan en un edificio de 1240, que era el antiguo C onvento de San Francisco, en la Plaza de la Soledad (fig. 189). Figura 189 . Casa de Beneficenci a, Mat ernidad y Ex pósi tos Fuente: Álvez, 2022 M ARTA J ATO D ÍAZ 140 La institución contaba con un torno de madera para recoger a los bebés que sus madres se veían obligadas a abandonar (el torno «de la vergüenza»). Aquí eran recogidos por las Hermana s de la Caridad y se llevaban a una c asa situada en la calle R uanova hasta qu e cumplían 3 años. Las Hermana s de la Caridad, cuya superiora era Sor Marcela Valle y Díaz, eran las encargadas de la atención a los internos y un sacerdote se ocupaba de la administración y c ape llanía. También se contaba con personal auxiliar que estaba formado por un sastre, un carpintero y un maestro, que enseñaba a los niños a leer y a escribir. El director de la Casa era el Dr. Alonso Hortas. Los medios con los que contaban para la subsistencia eran escasos y para ayudar económicamente a la manutención, los niños se encargaban del cobro del importe por ocupación de las sillas del paseo (que eran p ropieda d del ayuntamiento) y acudían, portando fachone s, a los entierros previo pago de 1 peseta (fig. 190). La presencia de los niños en los entierros quedará prohibida durante la epidemia (Redacción, 2006). F i g u ra 1 90 . Arriba: Sillas co locadas en la zona del paseo. Abajo: Niños con fachones en un entierro Fuente: Arriba: Blanco y N eg ro , 1918. Abajo: Colección de Julio Reboredo Pazos INTR ODUCCIÓN 141 Cuando los niños salían de la institución lo hacían vistiendo las «prendas de salir» pero, dentro del recinto, estaban descalzos, sólo llev aban un pantalón y unas blusas grandes y largas que, por lo general, esta ban sucias y remendadas. (fig. 191). Figu ra 191 . Interior de la Cas a de Beneficenci a . Claustro del antiguo convento de San Francisco Fuente: Colección de Julio Reboredo Pazos 2.- Casa Asilo: S ituada en la calle San Roque , en un edi ficio construido por Nemesio Cobreros (fig. 192 ). En el año 1879 comienza a funcionar y las Hermanas de la Caridad se encargan de su administración y asistencia a los asilados , pero el centro no será inaugurado oficialmente hasta el 5 de diciembre de 1887. En enero de 1918, en el asilo había 15 Hermana s y 75 ancianos. Al igual que h acían los niños de la Casa de Beneficencia, los ancianos acudían a los entierros portando fachones , una actividad que, durante la pandemia, también quedará suprimida. Respecto al estado y fun cionamiento de esta insti tución, e n la auditoría ll evada a cabo en 1923 por la Comisión Inspec tora de la Casa Municipal de B enefic encia y Hospital , ya citada anteriormente , puede leerse: M ARTA J ATO D ÍAZ 142 Está atendid a por o cho he rmanas d e la Car idad, que cobran a razón de dos pesetas diarias . Existen además un maestro de t alle r de zapatería y otro s de sastrería, que cobran a r azón de 100 pesetas mensua les. El l o cal, en genera l, no es malo y el sitio donde tiene la enfermería es una habitación bien orientada. A dar mejor aspec to contribuye la limpieza que en todas las dependenc ias se obse rva. La asistencia de los enfermos corre a cargo de un Médico del Hospital, Sud - director d el mismo. La alimentación en general es insuficiente para el asilado y constituida en una sopa por la m aña na y dos caldos gallego s, uno al mediodía y otro por la tarde con el pan correspond iente. Esta Comisión no cree que tal alimentación pueda llevar el número de calorías sufici entes para el sostenim iento de una persona, pero con el coste de estanci a de cada asilado no es pos ible ha cer otra cosa (Info rme de la comisión inspectora de la casa m unicip al de Beneficencia y Hospital . 1923. Sign. 26816, leg. 23 4. AHPLu). Figura 192 . Edificio del asilo de anciano s Fuente: Colección de Julio Reboredo Pazos 3.- Junta de P rotecc ión a la Infancia que, entre otras cosas se encarga de recaudar fondo s y organiza r las colonias escolares (fig. 193). Las colonias escolares se crea n por una Real Orden de 26 de julio de 1892 c omo « una obra esencialmente pedagógica y de higiene preventiva a favor d e los niños débiles de las es cuelas públicas, de los m ás pobres entre los débiles y de los más necesitados entre los más pobres ». Su principal fin era, ante todo, « procurar la salud por medio del ejer cicio natu ral en pleno campo, por la limpieza, el buen alimento y la alegría ». En definitiva, su objetivo era el cuid ado del desarrollo corporal de los niños y su educación moral en un a mbiente apropiado, cercano a un pue blo de montaña o de mar, bajo la d ire c c ión de una persona que tuviese pre paración peda gógica. INTR ODUCCIÓN 143 En Lugo, la primera colonia se realiza en el año 1915 (Pereira, 2010) y, desde entonce s, en verano llevaban a 40 niños (20 niños y 20 niñas), durante 25 días, a di stintos pueblos de la costa lucense . Figura 193 . Colonia escolar de niños y niñas en Benquerencia (Barreiros). 1920 Fuente: Colección de Julio Reboredo Pazos A través de la Junta de Caridad también se ge stionaban las Ca ntinas escolares donde se llevaba a cabo una actividad similar a la de un comedor escolar, pero destinada sólo a un grupo muy reducido de niños. Estos niños debían ser de «reconocida pobreza» y tenían preferenc ia los huérfanos de padre y madre y luego los de un solo progenitor. Normalme nte se daba de comer a 14 niños, pero durante la epidemia hubo que ampliar sus plazas a 50. Estaba gestionado por las Hermanas de la Caridad y el menú consistía en u na taza de caldo, un guiso de patatas o arr oz con carne y me dia libra de pa n. El c oste de c ada ración era de 0,40 pesetas (Cantinas escolares, 3 de enero, p. 2) . Económicamente se sostenían gracias a la Junta de Carida d y a d onaciones particulare s. 4.- Cocina Económica: Situada en e l edificio de l a Casa de B eneficencia, fue promovida por el obispo D. Benito M urúa López en diciemb re de 1896 y com enzó a funcionar el día 5 de ese mi smo mes. Estaba patrocinada por el p relado de la diócesis y su labor era dar de comer a las personas más pobres de la ciudad. Su atención corría a cargo de las He rmanas de la Caridad. Su fun cionamiento era mediante «fichas»: las pe rsonas que deseaban ayuda r compraban estas fichas, por un valor de 5 c éntimos. En el obispado se las daban a los pobres , a modo de limosna, y ya se podían «canjear» por comida. En el anverso de estas «fichas» figuraba su valor (5 céntimos) rodeado por las palabras Comedor de San Francisco y en el reverso el escudo de Lugo rodeado por las palabra s Hijas de la Caridad (fig . 194). M ARTA J ATO D ÍAZ 144 Figura 194 . Fic ha de la cocina económi ca Fuente: Colección de Julio Reboredo Pazos ▪ En el ámbito religioso: El titular de la diócesis era D. Manuel Basulto Jiménez , que fue obispo de Lugo desde enero de 1910 hasta dici embre de 1919 (fig. 195 ). Ese año fue trasladado a Jaén y le sucedió Plácido Ángel Rey Lemos. El obispo Basulto f alleció en a gosto de 1936, a los 67 años, asesinado por las milicias republicanas. Fue be atificado el 13 de octubre de 2013 y su festividad se ce lebra el 6 de noviembre . Figura 195 . Izda.: Palacio episcopal. Dcha.: D. Manuel Basulto, obispo de Lugo Fuente: Colección de Julio Reboredo Pazos La sede episcopal de la diócesis de Lugo es la ya menc ionada Catedral de S anta María . De estilo predominantemente románico comenzó a construirse en el año 1129 y se terminó en 1273. Está dedicada a Santa María e n su advocaci ón a la V irgen de los Ojos Grandes. En 1918, en la basílica, se instaló un nuevo órga no que estaba dotado de los mayores adelantos de la época : En el mes de septiembre de 1918 se coloca un nuevo órgano, de sistema tubular neumático, constituido por más de 3.000 tubos, 2 teclados manuales y uno de pedal con 40 registros completos. Es un instrumento impresionante, construido por Fray Ma nuel Fernández franciscano del INTR ODUCCIÓN 145 convento de Lugo, y está dotado de todas las ventajas y adelantos que se conoce n hasta la fecha (El nuevo órgano, 1º de septiembre) . Además de la Catedral, en el centro de la ciudad había 4 parroquias: San Froilán (cuyo párroc o era D. Francisco Rodríguez Vá zquez), San Pedro (pá rroco: D. Ave lino González López), Santiago (p árroco: D. Manuel Lorenzo Blanco) y Soledad (párroco: D. José Fernández). También la ciudad cuenta con un Seminario que, desde 1893, ocup a un nu evo y magnifico edificio situad o fuera, pero pegado a la muralla, en la calle Ángel López Pérez (fig. 196). Se impartían estud ios de Sagrada Teología, Filosofía y Latín , y Humanidades. En el curso 1917/18 su número de alumnos fue de 67 e n Teología , de los que todos estaban internos; 51 de Filosofía de los que lo estaban 31; y 157 de L atín y Humanidades, de los que sólo 7 vivían internos. El precio de la estancia era de 25 pesetas al trimestre (Fraga, 1989). Figura 196 . Edificio del Seminario . 1918 Fuente: Colección de Julio Reboredo Pazos ▪ En el ámbito militar y cuerpos de seguridad: El cargo de Gobernador Mil itar lo ejerc ía el coronel más antiguo con mando en tropa que resida en la capital. En 1 919 ese puesto lo ocupará el coron el jefe del regimiento de Z amora D. Modesto Salgado Díaz. La ciudad cuenta con do s cuarteles para el alojamiento de las trop as: el de San Fernando y el de Las Merce des. El cuarte l de San Fernando (fig. 197), se construyó a fina les del siglo XVIII con la finalidad de albergar inválidos del ejército. Está situado en la calle San Fernando, junt o a la puerta de la muralla y frente a la iglesia de San Froilán. Es un edificio de dos pl antas, una baja y otra alta con un gr an pati o central rodeado de soportales. Hast a el año 1931 albergó a los soldad os del Regimiento Zamora númer o 8, conocido como «El Fiel». M ARTA J ATO D ÍAZ 146 El cuartel de Las Mercedes (fig. 198) , cuyo nombre es un homena je a la e sposa de Alfonso XII, fue construido en 1885 como un hospicio para niños, aunque nunca llegó a usarse como tal. El edificio se ofreció al estado, que lo acepta y lo cede al Ministerio de la Guerra. En 1918 está deshabitado porque cuando se produce la distribución y adjudicación de fuerzas, a Lugo, sólo le corresponde el regim iento de inf antería Zamora nº 8 y éste ya tiene su sitio en el cuartel de San Fe rnando. El edificio desapareció en los años 60 (Anónimo, 2018). Figura 197 . Izda.: Fachada del cuartel de San Fernando en 1918. Dcha.: Vista aérea actual Fuente: Izda.: Colección de Julio Reboredo Pazos. Dch a. : https://elviajerohis torico.wo rdpress.co m/2018/08/08/el- lugo-mi litar/ Figura 198 . Cuartel de Las Mercedes, 1918 Fuente: https://elviajerohistorico.wordpress.com/2018/08/08/el-lugo- mi litar/ La ciudad también cuenta con un polí gono d e tiro , construido por el municipi o, para artillería de campaña y con los polvorines de las Gándaras de Piñeiro. En septiembre de 1918 s e destinan a Lugo un par que de artillería y uno de Intende ncia d e campaña (que serán los únicos parques d e la o ctava r egión fuera d e la C apitanía regional ), pero no se instalarán e n la ciudad hasta 1920 . El de Intendenc ia ten drá a su cargo l a adquisición, construc ción, reforma, r ec omposición y remesa del material de campame nto, con todo el material necesario. Su personal estará constituido por un Teniente C orone l de Intendenc ia, un Capitán y un subalterno ( Pa rque de Artillería en Lugo; Otro parque p ara Lugo ; Lugo y la organizac ión militar regional, 28 de septiembre). La vigilancia, seguridad y orden público de la ciudad corren a cargo de tres cuerpos: - La guardia civil, que act úa fundam entalmente en el medio ru ral. Vigil a carreteras, c a m inos y alde as y cuenta con una dotación aproximada de 12 gu ardias, 2 cabos y 1 INTR ODUCCIÓN 147 sargento. Lugo cuenta con este cuerpo desde finales de 1844 (poco desp ués de su creación) y en agosto de 1845 llega la sección de c aballería . La cas a -cuartel está situada en la calle Manuel Bece rra (actual calle del Progreso). - La policía de seguridad, que se encarga de mantener el orden público. S e crea en 1913 y está compuesto por 1 Jefe, 3 cabos y 25 g uardias. Tiene sus d ependencias en la calle del T eatro, en l a sede d el Gobie rno Ci vil (Memoria del A yuntamiento de Lugo, 1918). - La guardia municipal, que nace en 1862, es quien vela po r el cumplimiento de las ordenanzas. Ta mbién se encuentra en la sede del Gobierno Civil. - Desde finales del siglo XIX la ciudad cu enta con un cuerpo de vigilantes nocturnos (serenos). Pero se ca rece de un a sección mont ada de la gua rdia c ivil . Por ello, y a iniciativa del alcalde y la corporación, se solicita al diputado en C ortes, Sr. Rodríguez Viguri que haga una petición en el Congreso. Esta se hace e fectiva, ante los ministros de gobernación y de g uerra, en la sesión del 20 de novi embre de 1918. El Sr. R odríguez Viguri justifica su p etición argumentando qu e Lugo, ti ene una pobla ción rural que es el doble de la población urban a y además sus habitantes v iven en casas diseminadas y no hay fuerza d e caballería capaz de prestar un servicio permanente. Cuando hay un conflicto tienen que acudir desde otros puntos, (algunos distan más d e 15 kilómetros de la capital), lo que hace qu e se retrasen mucho en su llegada (Cámara de Comercio, 7 de diciembre). ▪ En el ámbito educa tivo: Según el anuario estadístico de 1917, la provincia de Lugo ocupa la posición 27 e n cuanto a población analfabeta, con un 63,66 %, ci fra superior a la m edia es pañola que se sitúa en un 59,35% (Ayer y hoy, 24 de enero ). La ciudad cuenta con un a escuela nacion al de ni ños, en la ca lle San Marcos, regentada por D. Juan Encinar que a partir de noviembre de 1918 se trasladará a la planta baja del convento de Santo Domingo (Mejora s local es. Nuevos servicios públicos, 14 de octubre) . Y, con una escuela n acional de niñas, en la calle M anuel Becerra, dirigi da p or Dña. Esperanza Reboredo Blanco. También hay colegios privados. El masculino era el colegio del Sagrado Corazón (fig. 199), regentado por los Hermanos Maristas que, desde 1908, estaba en la calle Obispo Aguirre. Admitía alumnos internos, medio pensionistas y externos. El colegio femenino era el de la Milagrosa y e staba sit uado en la Plaza de San Fernando. Además, hay va rias aca demias de segunda ens eñanza [El Prog reso, Nue stra Señora del Carmen, Balmes o Nue stra Señora de los Ojos Grandes ( fig. 200 )] que preparaban a los alumnos en diversos gra dos y mat erias acadé micas . M ARTA J ATO D ÍAZ 148 Figura 199 . Anterior : Anuncio publicitario del colegio de l Sagrado Corazón. Arriba : F otografía del mismo Fuente: A rriba : Revista Galici a Pintoresca, 23.04. 18, p. 11 Abajo: https://www.pinterest.es/pin/310818811758193388/ ; Figura 200 . Anuncio de la academia Nues tra Señora de los Ojos Grandes y del Colegio Balmes Fuente: El Progres o , 03 .09.18, p. 3 El Instituto Ge neral y Téc nico estaba ubicado, desde 1877, en e l edificio de la Diputac ión Provincial y su director era D. Salvador Velayos (fig. 201). Este edificio t ambién alb erga la Es cue la de Art es y Oficios, fundada en 18 88 y en la que se imparten clases de fotografía y otras actividades de artesanía. Su director es D. Antonio Belón Ventosinos. La Escuela Normal d e Maestras, se inaugura en 1849. Está situada en el c onvento de Sa nto Domingo y su direc tora es Dña. Carmen Pardo Losada. Además, hay un centro q ue se encarga de ens eñar a las chicas más jóvenes las tareas del servicio doméstico. Es el Colegio Domini ca l d e la Purísima y las clases se imparten los domingos por la mañana. [Document text truncated for crawler view.]