se
n
coMPoSi i
DE
SANTIAGO
01
l os
jemos
de
mom e
LOS
HEMIM
DE
MSFORTE
(OBRA
PREMIADA
EN
EL
CERTAMEN
DE
DICHA
CIUDAD)
POR
EL
ídmii.
(A.cai
’
in o
Ge enio)
5)
í
.
si
SiMionei
y.
Sic.
m
Sco oaia,
9so a3o
S)oiH¿i ico
3c-
Su
Sai ida9,
‘
3 LcKy í a
•
3c.
ía.
S.
3.
S.
3»
¿ligo,
cV&o jio
c^í
Somii a io,
élícaSe
Sío» ano,
eapa íáu-
3c-
JCono ,
S c3ica3o
3c
S.
91L.,
9K-i>íon-oco
¿l
poi ó ico.
61ca3¿niico
So ssípoi Sio c.
3e
ía»
3o
Ca
JCio ocia,
3¿
SBíí a»
¿li e»
3c
San
ccnanSo,
j
Se illana
3o
cBuonao
¿e sa»,
Socio
9o
a
¿lí ij ico-Cliguco óg'ica-íBaxco oncaa,
ia
pi ian
JConoza io
3c-
a-
San a
6a»a,
34103
Sinocaí,
o o.
CORUÑA
'
IMPRENTA
Y
LIBRERÍA
DE
E.
CABRÉ
REAL
30
Y
GALERA
23
H895
u
SC
dc
san iago
—
li
les
ie a
desa olla se
cou
aquella
ma a illosa
lo escencia
que
en
el
siglo
XIII,
el
siglo
más
g ande
de
la
his o ia,
se
dejó
e
pomposa
y
lo
zana
en
las
se e as
páginas
de
la
Suma
eológi
ca;
mos ó
la
a iedad
b illan ísima
de
sus
o
mas
y
de
sus
colo es
en
las
lo es as
li e a ias
del
Pa aíso
pe dido,
y
halló
su
exp esión
más
ade
cuada
en
los
poemas
de
pied a
de
las
ca ed ales
gó icas,
cuyas
lineas
ondulan es,
como
las
llamas
de
un
incendio,
cuyas
espi ales
e o cidas,
ima
gen
de
los
desespe ados
es ue zos
con
que
in en
ábase
ealiza
el
ideal
de
la
belleza,
y
cuyas
al
ísimas
o es
ele adas
al
cielo,
como
b azos
gi
gan escos
de
una
gene ación
de
i anes,
e elan
el
espí i u
es o zado,
idealis a
y
e o oso
de
sus
cons uc o es.
Cada
casa
benedic ina
enia
su
biblio eca,
que
se
conside aba
como
una
de
las
piezas
más
p inci
pales
y
se
odeaba
de
ue es
mu os,
cub iéndola
con
espesas
bó edas,
pa a
p ese a la
de
las
lla
mas
en
caso
de
incendio:
los
olúmenes
más
in
e esan es
solían
es a
suje os
á
la
pa ed
con
du
as
cadenas,
pa a
lib a los
de
la
apacidad,
que
si
log aba
a anca los
de
su
si io,
quedaba
ella
ama
u
ada
con
o as
más
e ibles,
con
las
de
la
exco
munión
mayo ,
emida
en onces
como
nunca.
Pa a
busca
una
ob a
cu iosa,
pa a
en iquece
la
lib e ía
con
un
olumen
in e esan e,
hacían
los
benedic inos
iajes
la gos,
di íciles
y
penosos,
sin
epa a
en
gas os
ni
en
sac i icios
de
ninguna
especie,
con
el
in
no
sólo
de
ec ea
su
espí i u
é
ilus a
su
in eligencia
con
la
lec u a,
sino
que
ambién
pa a
asmi i los
á
la
pos e idad,
lib án
dolos
de
la
des ucción
á
que
se
exponían
en
las
casas
de
los
pa icula es,
en
aquellos
iempos
de
espan osa
con usión
y
de
con inuas
e uel as.
Es
cosa
que
admi a
lee
los
ca álogos
de
las
biblio ecas
benedic inas
en
el
la go
pe íodo
de
la
Edad
IMedia.
Según
Hu e ,
la
abadía
de
C oy-
land
poseía
en
el
siglo
XI
nada
menos
que
es
mil
olúmenes.
Dos
siglos
después
la
de
Glas o-
nebu y
se
eno gullecía
legí imamen e
con
su
se
lec a
colección
de
cua ocien os
omos,
en e
los
que
se
encon aban
muchos
de
poesía
y
de
his o
ia
omana.
En
aquel
mismo
iempo
se
eían
en e
los
doscien os
cua en a
y
sie e
in olios
del
con en o
de
Benedic beu en
las
ob as
de
Ho acio,
de
Vi
—
13
—
o-ilio,
de
Lucano
y
de
Salus io.
El
de
San
Miguel.,
ce ca
de
Bambe ga,
e a
amoso
po
su
iquísima
biblio eca,
que
gua daba
ines imables
eso os
li
e a ios
de
la
an igüedad
clásica,
asi
pagana
co
mo
c is iana,
sin
que
apenas
dejase
de
ene
e
p esen ación
en
ella
ninguno
de
los
poe as
la inos.
Aun
con
odo,
apesa
del
exquisi o
cuidado
que
ponían
los
monjes
en
la
adquisición
y
cus odia
de
los
lib os
más
in e esan es,
ya
ue an
de
au o es
ca ólicos,
ya
de
gen iles
y
aun
de
he ejes,
se
han
pe dido,
pa a
desdicha
de
las
le as,
.milla es
de
Volúmenes,
que
sólo
conocemos
po
los
encomios
y
ponde aciones
con
que
los
enca ecie on
sus
coe
áneos.
¿Qué
se ia,
si
no
hubie an
exis ido
desde
p incipios
del
siglo
VI,
sin
in e upción,
milla es
de
pe sonas
espa cidas
po
oda
la
edondez
de
la
ie a
y
i iendo
en
luga es
apa ados
y
segu os,
pa a,
según
la
egla
que
se
habían
obligado
ú
cumpli ,
dedica se,
lib es
de
los
cuidados
y
de
las
ambiciones
del
mundo,
con
odo
el
a do
y
cons
ancia
de
quien
espe a
po
sus
abajos
e e na
ecompensa,
á
ecoge
y
copia
ejempla es
de
ob as
impo an es,
en onces
muy
a os
y
de
g an
dísimo
p ecio?
u
—
14
—
No
había
ningún
monas e io
de
impo ancia,
"
que
no
u ie a
su
sc ip o ium,
o icina
de
la
in e
ligencia,
donde
se
suplía
la
al a
del
a e
de
im
p imi ,
con
un
abajo
an
ilus ado
como
con i
nuo
y
con
un
esme o
y
una
asiduidad
que
han
hecho
pa a
siemp e
amosa
la
paciencia
benedic i
na.
Recoge
manusc i os
sin
p ocu a
su
ep odu-
ción,
e a
sólo
p ese a
de
la
uina
po
algún
iempo
á
la
ciencia.
Homb es
de
sac i icio
y
de
abnegación,
no
en iquecían,
lo
di emos
o a
ez,
sus
biblio ecas
los
benedic inos
pa a
su
exclusi a
ins ucción
y
delei e.
Si,
du an e
aquellos
siglos
de
sequía
y
es e ilidad
del
ingenio
humano,
eco
gían
en
las
p o undidades
de
sus
monas e ios
los
hilos
de
agua
de
la
adición,
depu ándola
del
lo
do
de
la
he egía,
e a
pa a
o ma
manan ial
abundan ísimo,
cuyos
limpios
audales,
encauza
dos
y
di igidos
con enien emen e
’
,
lle a an
la
ecundidad
y
la
ida
á
los
más
apa ados
paí
ses.
Jun aban
en
uno
los
haces
dispe sos
de
la
luz
de
la
in eligencia;
mas
pa a
hace los
pa
sa
po
la
len e
con e gen e
de
su
es udio,
o
mando
po en e
oco,
cuyos
ayos
deslumb ado
es
pudie an
ompe
las
densas
inieblas
de
igno
u
ancia
y
de
ba ba ie
que
en ol ían
al
mundo.
Mien as
unos
se
dedicaban
á
desmon a
bos
ques,
á
canaliza
o en es
y
á
cons ui
ciudades,
sus
compañe os
de
hábi o,
p o eso ea
an es
quizá
de
las
en onces
desie as
academias,
ó
nobles
de
la
más
ilus e
p osapia,
ol idados
de
odo
lo
exis en
-
,
e
pa a
consag a se
no
más
que
á
Dios
y
al
po e
ni
de
la
ciencia,
consumían
la
mayo
pa e
de
las
ho as
del
día,
y
odos
los
días
del
año
y
odos
los
años
de
una
exis encia
que
solía
p olonga se
no
ablemen e,
sen ados
an e
un
pupi e
copiando
có
dices
con
esme o
an
exquisi o,
con
pe ección
an
acabada
y
ado nándolos
á
eces
con
iluminacio
nes,
minia u as,
le as
capi ales
y
iñe as
an
he mosas,
que
no
hay
palab as
pa a
ponde a
de
bidamen e
su
belleza
y
elegancia.
A
eces
la
ida
en e a
de
un
homb e
no
bas a
ba
pa a
da
é mino
á
la
ep oducción
de
un
códi
ce:
el
que
había
esc i o
el
Inclpl
líbe ,
ó mula
gene alizada
po
el
Doc o
Máocimo
y
nues o
compa io a
O osio,
no
siemp e
podía
llega
al
Ea:-
plici
'
ehcl e ]
y
al
baja
á
la
umba,
cedía
el
pues o
y
el
g apH' um,
el
calamus
ó
el
a undo
á
o o
compañe o;
y
así,
añadiendo
idas
á
idas,
—
16-
se
log aba
da
cima
á
abajos
que
son
el
asomb o
de
es e
siglo
lige o
del
apo
y
de
la
elec icidad.
En
ocasiones
el
sc ip o
ponía
su
i ma
al
in
del
olumen
asladado;
pe o
e a
lo
más
ecuen e
omi i la,
esc ibiendo
en
su
luga
sencilla
y
con
mo edo a
acción
de
g acias
al
Se
Sup emo.
Pa a
aquellos
homb es
de
supe io
y
ex ao dina io
emple
de
alma
e an
lo
de
menos,
en
compa ación
con
el
cumplimien o
del
debe ,
los
elogios
de
la
pos e idad.
Al
lado
de
su
mesa
de
esc ibi
eían
al
ángel
cus odio
con
do ada
pluma
en
la
mano,,
consignando
po
modo
imbo able
con
áu eos
ca
ac e es
sus
ac os
de
abnegación
y
de
sac i icio;
y
enían
po
a e iguado
é
indiscu ible
que
las
go
as
de
sudo
e idas
en
bene icio
de
la
humani
dad
y
de
la
ciencia,
un
Dios,
pa a
quien
nada
pasa
inad e ido,
las
ocaba
en
b illado es
dia
man es
que
esplandece ían
inde ec iblemen e
en
su
diadema
de
iun o.
Como
la
oscu a
abeja
que
en
las
la gas
ho as,
del
c udo
in ie no
lab a
soli a iamen e
panal
sa
b osísimo,
así
la
O den
benedic ina,
en
la
in e mi
nable
noche
de
la
Edad
Media,
gas ó
odas
sus
ue zas
y
ene gías
en
liba
en
las
lo es
de
la
u
-
11
-
e udición
clásica
el
jugo
i al
de
la
ciencia,
que,
elabo ado
y
as o mado
con enien emen e
en
la
soledad
y
en
el
silencio,
había
de
se
alimen o
dulcísimo
pa a
las
u u as
gene aciones,
algunas
de
las
cuales,
sin
emba go,
desp ecia ían
á
quie
nes,
sin
in e és
ninguno
humano,
y
solamen e
po
su
amo
al
p ójimo,
conse a on
y
pe ecciona on
el
sus en o
de
la
in eligencia
en
bene icio
de
las
más
emo as
edades.
El
i giliano
Sic
os,
non
obis,
mellilica is,
apes,
es
aplicable
exac amen e
á
los
an iguos
benedic inos.
El
iaje o
que,
en
alas
del
apo ,
a a iesa
las
mon añas,
c uza
los
o en es
y
sal a
los
p ecipi
cios,
no
suele
aco da se
de
la
alange
de
ob e os
que
consumie on
su
ida
en
las
en añas
de
la
ie
a,
ho adando
los
peñascos
y
cons uyemlo
el
ú
nel
po
donde
uela
la
locomo o a
sup imiendo
las
dis ancias.
Cuando
se
e
en
el
Océano
la
isla
mad epó ica,
cubie a
de
he mosu a,
encan ada
la
is a
con
su
belleza,
no
se
a iende
al
sinnúme o
de
pólipos
que
la
o ma on.
Hoy
que
es á
al
alcan
ce
de
una
mediana
o una
el
adqui i
ica
biblio
eca,
y
an os
medios
hay
pa a
consul a
sin
g au
dispendio
ni
abajo
oda
clase
de
lib os,
es
di í-
3
u
-
18
-
cil
o ma se
idea
exac a
de
la
incesan e
y
p olon
gada
labo
que
emplea on
los
benedic inos
al
obje
o
de
en iquece
sus
lib e ías
y
asmi i
á
la
pos
e idad
cuan iosa
suma
de
conocimien os,
base
in
dispensable
pa a
le an a
el
majes uoso
edi icio
que
eno gullece
con
jus icia
á
la
ciencia
eon em-
po ánea.
A
la
ez
que
las
ob as
de
la
an igüedad,
a en
dían
con
singula
esme o
los
benedic inos
á
con
se a ,
ijándolos
po
medio
de
la
esc i u a,
los
hechos
más
no ables
de
sus
con empo áneos.
Las
c ónicas
de
los
monjes
de
San
Beni o
son
insus i
uibles
en
algunas
épocas,
y
si
po
un
momen o
se
p escindiese
de
ellas,
al a ía
el
hilo
de
A iadna
pa a
sali
del
labe in o
inex icable
de
lo
pasado;
denso
elo
de
inieblas
cub i ía
pun os
muy
culminan es
de
la
his o ia,
y
queda ían
en
la
na ación
inmensas
lagunas
muy
di íciles
de
llena
po
o o
medio.
Hay
en
ellas
un
ondo
de
since idad,
un
cie o
cando
in an il,
al
acen o
de
con icción
y
an o
cuidado
en
no
al e a
á
sabien
das
la
e dad,
que
po
es o
sólo
pod ía
pe doná
seles
las
muchas
al as
que,
á
la
luz
de
la
c í ica
mode na,
come en
en
la
o ma
y
en
la
sus ancia
de
u
—
19
—
la
na ación.
No
se
comp ende
cómo
algunos
his o
iado es,
po
ejemplo,
Vice o,
en
su
His o ia
de
Galicia,
ol idando
odo
el
bien
que
han
me ecido
de
las
ciencias
his ó icas,
po
no
más
que
habe
pues o
á
Jas
eces
mayo
diligencia
en
con a
los
sucesos
eligiosos,
que
no
los
polí icos
y
mili a es,
di igen
e oces
y
b u ales
ec iminaciones
á
los
benedic inos,
que
no
pudie on
sus ae se
a
las
in
luencias
del
medio
ambien e
li e a io
de
su
épeca,
y
debían
no
pe de
de
is a
que
la
b e edad
e a
necesa ia,
si
habían
de
saca se
muchas
copias
á
in
de
que
el
lib o,
con
el
co e
del
iempo,
no
i
nie a
á
pe de se.
La
impa cialidad
nos
obliga
á
ad e i
lo
que,
po
o a
pa e,
no
es.
necesa io,
eniendo
en
cuen a
que
el
homb e
no
deja
de
se lo
po
cub i se
con
un
hábi o
eligioso,
ni
pie den
su
b ío
las
pasio
nes
con
ence a las
en
la
soledad
de
un
claus o:
los
benedic inos
no
en
odas
pa es
ni
igualmen e
en
odos
los
iempos
se
conse a on
ieles
á
su
misión
ci ilizado a
y
á
la
aus e idad
de
la
sapien
ísima
egla
que
les
impuso
el
san o
pa ia ca.
Es
ho ible
la
desc ipción
que
a ios
Concilios,
como
los
de
T osly
y
de
Me z,
hacen
del
es ado
de
la
u
ida
eligiosa
en
de e minadas
épocas.
Pe o
una
singula
p o idencia
elaba
po
el
esplendo
de
es a
O den,
y,
á
la
co upción,
no
a daba
en
se
gui
una
comple ísima
y
gene al
e o ma.
Decaída
ya
á
p incipios
del
siglo
VIII
la
disci
plina
monás ica,
á
consecuencia
de
los
as o nos
sociales
de
aquel
iempo,
encon ó
en
San
Boni a
cio
un
es au ado
ilus e,
á
quien
debie on
su
o i
gen
los
amosos
con en os
de
He s eld
y
de
Ful-
da,
en
Alemania.
La
necesidad
de
nue a
e o ma
se
dejó
sen i
bien
p on o,
y
en onces
un
segundo
Beni o,
el
de
Aniana,
hizo
e lo ece
en
la
O den
las
i udes
que
ilus a on
su
cuna.
Empe o
la
es au ación
más
impo an e,
po
su
in luencia
ex ensísima
y
po
su
la ga
du ación,
debióse
á
los
monjes
cluniacenses,
en
cuyos
p ime
os
abades,
Be nón,
Odón,
Ayma ,
Mayeul,
Odi-
lón
y
Hugo,
pa ecía
esuci ada,
con
el
celo
de
los
após oles,
la
aus e idad
de
los
p imi i os
anaco
e as,
po
lo
que
muy
p on o
nume osos
monas e
ios
de
oda
la
c is iandad,
sin
exclui
á
España,
se
pusie on
bajo
su
di ección
y
dependencia.
Dos
siglos
más
a de
ino
la
ibieza
y
languidez,
que
p odujo
en
b e e
una
saludable
eacción,
ini
O
ig en
d el
M
o n a s e io
Cos umb e
es,
seguida
gene almen e
po
los
his o iado es
pa icula es,
al
llega
á
la
in es i
gación
del
comienzo
de
la
ins i ución
de
que
a
an,
busca lo
en
la
más
emo a
an igüedad.,
pe
diéndose
en
un
ma
de
conje u as,
y
undando
sus
deducciones
en
los
da os
más
obscu os
é
.
insigni
ican es.
Ancho
campo
end ía
pa a
ello
el
que
quisie a
ija
la'
época
p ecisa
en
que
los
benedic inos
un
da on
su
céleb e
casa
en
la
cima
del
cas o
Luc-
onio;
pues
nada
se
consigna
en
las
esc i u as
au-
—
28
—
én icas
an iguas,
único
medio
pa a
sa is ace
la
na u al
cu iosidad
que
inspi a
es e
pun o.
Quizá
no
sucede ía
lo
p opio,
si
no
se
hubie an
quemado
ya
an es
del
siglo
XII
los
ins umen os
-
del
a chi o
del
monas e io.
Es e
incendio
de
im
po an es
documen os
cons a
de
una
esc i u a
de
D.
Ramón
de
Bo goña,
ma ido
de
D.
n
U aca,
hi
ja
de
Al onso
VI,
en
que
se
hace
de
nue o
al
con en o
me ced
de
muchas
posesiones
donadas
po
los
eyes,
cuyas
esc i u as
habían
sido
pas o
de
las
llamas.
La
con i mación
del
conde
D.
Ra
món
se
hizo
y
esc ibió
en
el
año
1094,
no
en
el
de
1074,
como
dice
equi ocadamen e
Tepes:
pues
en
es e
año
aun
no
gobe naba
á
Galicia
el
de
Bo
goña.
No
obs an e
es e
incendio,
pudie on
llega
á
la
pos e idad
algunas
esc i u as
en
que
se
hace
men
ción
del
monas e io:
una
de
ellas
es
an o
más
cu
iosa,
cuan o
que
e ie e
uno
de
los
-juicios
de
Dios
an
usados
en
aquella
época
de
ba ba ie,
que
so
lían
hace se
ó
sume giendo
al
acusado
en
agua
ía,
pa a
que
demos a a
su
inocencia
sob ena
dando,
ó
pe mi iéndole
indica se
po
la
ue za
de
las
a mas
en
duelo
singula .
A
eces
se
usaba
pa
u
—
29
—
a
el
mismo
e ec o
la
p ueba
¿le
la
c uz,
¿le
que
hablan
las
Capi ula e^
de
los
eyes
F ancos,
con
sis en e
en
ene
los
b azos
ex endidos
mien as
se
ezaba
alguna
o ación:
y
el
juicio
¿leí
pan
-y
queso,
que
explica
Du-Cange
en
su
G-losa io',
di
ciendo
que
se
educía
á
que
si
.comían
de
una
ez
cie a
can idad
dé
queso
y
pan
bendi os,
quedaban
absuel os
de
odas
las
impu aciones.
Pe o
las
p uebas
más
usuales
se
hacían
po
el
uego:
á
e
ces
se
calen aba
agua
y
en
ella,
después
de
a ias
ce emonias,
me ía
el
b azo
el
acusado,
quedando
lib e
si
salía
sin
lesión
ni
señal
alguna:
en
o as,
ocasiones
el
que
que ía
mos a se
inculpable,
de
bía
ene
en
la
mano,
sin
quemadu a,
un
hie o
a
diendo,
ó
pasa
con
los
pies
desnudos
sob e
ca bo
nes
encendidos,
como
hizo
San a
Cunegunde,
al
deci
de
Su io:
<
’
>
a a esa
po
medio
de
las
lla
mas,
lo
que
e ec uó
el
ene able
Ped o
Igneo,
abad
de
Valle
Umb oso,
pa a
con ence
de
simo-
níaco
al
a zobispo
de
Flo encia.
Los
benedic inos
acos umb aban
á
emplea
la
p ueba
del
agua
ía
—
una
de
las
más
humanas,
—
como
e ie e
su
mismo
his o iado
Mabilouio:
el
concilio
ibu ense
pa ece
pone
en e
las
p uebas
u
—
30
—
admi idas
como
canónicas,
las
del
hie o
canden e
y
del
agua
hi iendo;
pe o
la
Iglesia
omana
siem
p e
echazó
odas
las
o dolias
y
bá ba as
pu i i
caciones
ulga es,
y
se
hallan
en
las
Dec e ales
e minan emen e
ep obadas.
Nada
enía
de
ex año
que
en
ales
p uebas,
si
al
ez
se
excep úa
la
del
agua
ía
de
los
benedic
inos,
el
acusado
no
p obase
nada
á
su
a o ;
po
eso
es
de
no a
que
en
la
esc i u a
á
que
nos
e e
imos.,
se
consigne
que,
e i icada
á
p esencia
del
público
la
p ueba
calda ia
con
un
al
Macedonio,
és e
salió
ileso,
según
asegu an
habe lo
is o
25
es igos
mayo es
de
oda
excepción.
En
el
e e ido
documen o,
esc i o
en
la
e a
de
953
ó
séase
año
de
915,
se
hace
ya
elación
de
la
iglesia
de
San
Vi
cen e
in
Cas o
Luc onio
Aún
exis e
o o
ins umen o
más
an iguo
donde
se
menciona
el
con en o
de
San
Vicen e
del
Pino
de
Mon o e,
en onces
dicho
de
cas o
Luc onio;
y
es
el
amosísimo
que
p incipia
po
es ás
pala
b as:
E a
829.
Unc us
es
in
Regno
p odic us
ex
Magnas
Al onsus,
el
cual,
según
Amb osio
de
Mo
ales,
ue
ex endido
en
iempo
de
Al onso
II
ó
sea
á
p incipios
del
siglo
IX;
pe o
aunque
se
haya
e-
u
—
31
—
d
ac ado
siendo
ey
Al onso
III,
siemp e
esul a
g ande
la
an igüedad
del
con en o
que
allí
se
nomb a.
Cons a,
pues,
e iden emen e,
que
el
monas e io
mon o ino
es aba
undado
an es
del
siglo
IX;
que
es
an e io ,
po
an o,
á
la
g an
es au ación
monás ica
lle ada
á
eliz
é mino
en
Galicia
du
an e
la
úl ima
cen u ia;
y
que
no
se á
a en u a
do
supone
que
su
exis encia
en
los
comienzos
mismos
de
la
econquis a
se
debe
á
que
ya
en
la
época
isigó ica
hab ía
allí
alguna
undación
mo
nás ica.
Se
explica
que,
po
la
de oción
al
glo ioso
San
Vicen e,
el
con en o,
á
él
consag ado,
lle a a
su
nomb e;
pe o
no
es
an
íácil
a e igua
po
qué
se
le
llama
del
pino
-
,
pudo
se
en
azón
de
que
en
al
luga
hubie a
algún
pino
co pulen o
y
no able,
ó
po gue
lo
ele ado
del
si io
le
hace
pa ece
un
pi
náculo:
el
nomb e
de
Pino
se
e ie e
mas
bien
al
cas o
que
no
al
con en o;
y
así
en
la
esc i u a
de
D.
a
Gon oda
se
dice
que
es e
se
hallaba
edi icado
en
Cas o
Luc onio
po
nomb e
Pino,
in
cas o
lac onio,
<iuod
(Lici u
Pino.
Aunque
no
cons a
que
se
deba
á
los
eyes
su
u
-
32
-
undación,
po
lo
mismo
que
és u
se
en uel e
en
las
obscu as
somb as
ca ac e ís icas
de
emo a
an
igüedad,
po
los
muchos
p i ilegios
con
que
le
dis inguió
la
egia
muni icencia,
lle a
jus amen e
el
monas e io
el
nomb e
de
eal,
y
nada
más
e
cuen e
en
sus
documen os
que
consigna se"
es a
exp esión,
San
Vicen e
el
Keal
del
Pino.
II
E
l
A
ba d
É
spa sa n d ó
La
al a
de
documen os,
consecuencia
de
las
al
e aciones
de
los
iempos,
de
la
incu ia
de
los
hom
b es,
y
xíl imamen é
de
la
ba ba ie
de
los
mode
nos
e oluciona ios
españoles,
que,
más
inconside-
íados
que
las
mismas
ho das
de
A ila,
a oja on
á
las
llamas
ó
dispe sa on
á
los
cua o
ien os
las
ene ables
eliquias
li e a ias
de
los
siglos
euda
les,
han
hecho
que
hayan
quedado,
en
la
obscu idad
muchos
nomb es
de
p elados
de
San
Vicen e
del
Pino,
que
indudablemen e
end ían
glo iosos
í u
u
—
34
—
los
á
la
es imación
y
al
espe o
de
las
u u as
ge
ne aciones.
Del
mismo
modo
que
en
la
la ga
época
de
la
e
conquis a
se
pensaba
más
en
pelea
que
en
esc i
bi ,
en
gana
palmo
á
palmo
la
pe dida
pa ia,
que
en
consigna
los
í ulos
po
los
que
és a
debía
se
econocida
á
an os
gene osos
campeones
y
es o
zados
adalides
que
de ama on
su
sang e
en
a as
del
pa io ismo,
así
los
eligiosos,
con encidos
de
que
sus
buenas
ob as
se
esc ibían
en
el
lib o
ce
les ial
de
la
ida,
y
sus
abajos
se ían
ecompen
sados
e e namen e
po
el
que
no
deja
sin
p emio
la
acción
más
insigni ican e,
no
se
cu aban
de
los
elogios
que
de
ellos
pudie an
hace
las
gene acio
nes
po
eni ,
y
en
es a
su
humildad
p o undísi
ma
ha
de
busca se
una
de
las
causas
de
la
obscu i
dad
que
odea
cie os
hechos
po .
o a
pa e
impo
an ísimos.
Uno
de
los
abades
de
San
Vicen e
del
Pino,
de
quienes
se
conse an
más
memo ias,
es
el
ilus e
Espasando:
és e
es
el
que
i mó
en
932
la
esc i u
a,
en
que,
siendo
obispo
de
Compos ela
Sisnan-
do,
die on
mucha
hacienda
pa a
la
iglesia
del
Após ol
los
nobles
Daga edo
y
Tin asindo.
Tam-
u
bien
se
encuen a
su
nomb e
con
el
del
ene able
T anquila,
abad
de
San
Es eban
de
Ri as
del
Sil,
y
los
de
a ios
obispos,
en
el
ins umen o
po
el
que
Adel io
hace
á
Sainos
donación
de
g andes
iquezas.
En
la
amosa
esc i u a
de
donación
o o
gada
po
San a
Ildua a,
mad e
de
San
Rosendo,
al
con en o
de
Celano a,
con
los
obispos
Rude-
sindo,
Bisando,
León,
Diego,
Sigila,
E mógio,
Obeco,
E megildo,
Salomón,
y
E o,
susc ibe
asi
mismo
Espasando,
abad
de
San
Vicen e
del
Pino.
El
hecho
más
no able
de
es e
abad
ó
p elado
ue
el
oma
pa e
en
el
Concilio
de
O iedo,
en
iempo
del
ey
D.
Al onso,
i ma
sus
ac as,
y
ob
ene
pa a
su
monas e io
g andes
exenciones,
no
able
ju isdicción
y
señaladísimos
p i ilegios.
Como
en
O iedo,
con
obje o
de
e igi
su
ca e
d al
en
me opoli ana,
hubo
dos
concilios,
según
opinión
muy
p obable,
y
el
Al onso
'que
en onces
einaba,
lo
mismo
pudo
se
el
Cas o
que
el
Mag
no,
es
dudoso,
en
que
iempo
i ió
Espasando,
a endiendo
á
es e
da o
únicamen e.
Amb osio
de
Mo ales,
diligen ísimo
egis ado
de
a chi os
y
biblio ecas,
y
c í ico,
pa a
su
iempo,
en
g an
mane a
concienzudo,
c ee
que
el
Concilio
-
36
-
de
que
se
a a,
se
celeb ó
en
el
einado
del
se
gundo
Al onso,
y
que
nues o
Esposando
lo eció
po
los
años
de
830.
El
p i ilegio
de
Mon o e
que
consiguió
Espasando
en
el
Concilio
de
O ie
do,
habla
e ec i amen e,
al
p incipio,
de
Al onso
II;
mas
es o
no
p ueba
en
mane a
alguna
que
en
su
iempo
se
hubiese
esc i o.
Fijando
la
a ención
en
él,
se
no a
que,
desde
la
mi ad,
a a
de
o o
so
be ano,
de
Al onso
III,
cosa
na u al
si
se
a iende
á
que
su
obje o
es
ad e i ,
en
b e es
ases
y
sin
gua da
un
mé odo
igu oso,
po
qué
caminos
y
mane as
llegó
el
con en o
á
posee
su
amplia
ju
isdicción.
La
ci cuns ancia
de
llama se
Juan
al
Papa
que
en onces
gobe naba
la
na e
de
Ped o,
bas a
pa a
mos a
que
el
concilio
no
se
celeb ó
en
iempo
de
Al onso
II,
en
el
cual
no
hubo
nin
gún
Pon í ice
de
aquel
nomb e.
Si
el
Concilio
á
que
asis ió
Espasando
en
O iedo,
se
hubie a
jun
ado
einando
Al onso
II,
como
se
le
e
poniendo
su
i ma
en
documen os
hechos
un
siglo
después,
hab ía
que
eni
á
la
consecuencia
de
que
el
al
abad
e a
una
especie
de
Ma usalén.
Es,
pues,
in
dudable
que
Espasando
ilus ó
con
sus
i udes
el
einado
de
Al onso
III.
u
III
E
l
C
on en o
en c o men d a d o
y
a n eja d o
Las
encomiendas,
con a
las
que
an o
se
ha
declamado,
conside adas
en
absolu o,
no
pueden
ap oba se,
ni
desap oba se,
como
no a
muy
bien
Rigau ,
en
sus
p eciosos
comen a ios
sob e
las
e
glas
de
la
Cancela ía
pon i icia.
Que
una
iglesia
se
encomiende
empo almen e
á
un
clé igo,
po
ejemplo,
mien as
no
se
la
dé
un
Pas o
e ec i o,
nada
iene
de
chocan e,
ni
de
e
p ensible;
y
así
lo
hizo
en
la
diócesis,
denominada
ad
Fo um
Co nelu,
el
g an
pad e
San
Amb osio:
—
44
—
del
mismo
modo,
se
hallan
casos
de
con en os
en
comendados
en
el
concilio
3.°
de
O ange,
Cuando
algunas
ca ed ales
e an
des uidas,
co
mo
sucedió
á
an as
en
España
con
mo i o
de
la
in asión
de
los
sa acenos,
pa ecía
na u al
que
á
los
obispos
de
ellas
se
les
diese
el
gobie no
de
monas e ios
pode osos,
pa a
que
se
sus en a an
decen emen e
con
sus
en as
y
eje cie an
á
la
ez
el
minis e io
episcopal;
lo
cual
hizo
con
muchos
P elados
el
g an
Pon í ice
San
G- ego io.
Tampoco
ha
de
ep ende se
el
que
si
un
clé igo
benemé i o
no
podía
man ene se
con
las
en as
de
su
bene icio,
se
le
pusie a
al
en e
de
alguna
ca
sa
eligiosa,
á
in
de
que
goza a
de
pa e
de
sus
emolumen os.
De
la
misma
mane a,
cuando
algún
monas e io,
en
su
pa e
mo a),
enía
á
decae
las imosamen e,
y
no
se
encon aba
emedio
más
del
caso,
no
podía
pa ece
inopo uno,
ni
a bi a io,
el
que
se
die a
su
di ección
á
o os
clé igos
capaces
de
es
i ui
la
pe dida
disciplina
y
hace
lo ece
con
igo
y
lozanía
la
jus a
obse ancia
monás ica.
Los
Papas,
al
encomenda
los
monas e ios
á
clé igos
que
no
pe enecían
ni
á
la
comunidad,
ni
—
45
—
á
la
o den.ni
al
monaca o,
ob aban
comple amen e
den o
de
sus
a ibuciones:
pues
en
ellas
es á
el
dis ibui
los
bienes
eclesiás icos,
—
sob e
los
cua
les
ienen,
po
lo
menos,
el
dominio
al o
ó
de
so
be anía,
—
en e
las
pe sonas
sag adas,
del
modo
y
en
la
o ma
que
les
pa ezca
más
con enien e.
Lejos
de
a o ece
el
mí
me o
excesi o
de
enco
miendas,
los
Pon í ices
a a on
de
disminui las
y
de
qui ai*
las
que
cons i uían
un
e dade o
abuso.
Más
de
una
ez
se
opusie on
á
las
p e ensiones
de
los
P íncipes
en
es a
pa e.
Clemen e
V
quiso
se
aboliesen
cuan as
se
habían
concedido
inconsi
de adamen e;
y
Benedic o
XII
mandó
sup imi
odas
las
que
ad i ió
edundaban
en
no able
pe
juicio
de
los
monas e ios.
Pe o
es
jus o
con esa
que
mien as
es u o
la
San a
Sede
en
F ancia,
en
aquellos
iempos
que
llaman
elices
los
esc i o es
ul api enáicos,
y
ue
on
una
inmensa
calamidad
pa a
la
Iglesia,
pa
en izando
que
los
Obispos
de
Roma
con iene
que
es én
con
independencia
absolu a,
en
la
Ciudad
E e na,
las
encomiendas
llega on
á
se
una
e
dade a
plaga,
se
mul iplica on
escándalosamen e
y
con
dolo
de
los
buenos,
g acias
á
la
apacidad
u
inaudi a
y
al
inc eíble
descoco
de
los
cu iales
anceses
que
odeaban
á
la
có e
pon i icia
du
an e
el
cau i e io
de
A ignón.
De
los
abades
comenda a ios,
unos
no
enían
de
supe io es
eligiosos
más
que
el
cob o
de
las
pin
gües
en as,
sin
cuida se
de
esidi
en
los.
monas
e ios;
y
los
que
allí
i ían,
po
lo
com in,
e a
con
el
exclusi o
obje o
de
saca
más
ganancia,
in es
igando
y
explo ando
po
sí
las
uen es
de
p o
ducción.
A
eces
los
ales
abades
ni
siquie a
e an
clé igos:
los
eyes
solían
nomb a
á
sus
soldados,
bajo
el
especioso
p e ex o
de
que,
con
los
p oduc
os,
man u iesen
la
gen e
en
pié
de
gue a
con a
los
enemigos
de
la
eligión
c is iana:
y
no
pocos
monas e ios,
á
a o
de
los
as o nos
y
desquicia
mien o
social
de
la
época,
inie on
á
pa a
á
ma
nos
de
segla es,
consumándose
así
su
o al
uina.
El
monas e io
de
Mon o e,
no
obs an e
su
an
igüedad,
su
his o ia
y
sus
p i ilegios,
no
pudo
lib a se
de
la
pes e
de
las
encomiendas,
que
in es
aba
con
su
pe nicioso
con agio
las
ó denes
mo
nás icas,
y
llegó
á
causa
los
mayo es
desas es,
singula men e
en
los
siglos
XV
y
XVII.
Quizá
sus
mismas
iquezas
ue on
la
causa
mo o a,
exci-
—
47
—
ando
los
codiciosos
ins in os
de
hidalgos
y
icos-
homes,
quienes,
du an e
no
poco
iempo,
se
apode
a on
de
las
en as
de
la
comunidad,
á
í ulo
de
encomienda.
•
Los
males
que
po
ello
se
siguie on,
no
son
pa
a
con a se:
aquel
monas e io
an
lo ecien e,
an
obse an e
y
an
ico,
es u o
á
pun o
de
e
su
o al
i epa able
uina.
Lo
que
en
o as
ci cuns ancias
se
hubie a
eni
do
po
una
g an
desg acia,
ue
lo
que
con ibuyó
á
le an a
la
p ospe idad
del
monas e io,
que
á
an
las imoso
es ado
había
enido
en
manos
de
legos
comenda a ios.
Se
le
anejó
al
p io a o
del
Ceb e o,
y
de
es e
modo
sus
en as
p incipia on
á
se
bien
empleadas,
dedicándose
al
sos enimien o
del
amo
so
hospi al
y
albe gue ía
que,
en
obsequio
de
los
que
caminaban
po
aquellas
aspe ezas
y
de
los
que
iban
en
pe eg inación
á
San iago,
enían
allí
los
benedic inos.
Po
Bula
de
1496,
expedida
á
ins ancia
de
los
Reyes
Ca ólicos
po
el
Papa
español
Alejand o
VI,
se
anejó
el
P io a o
del
Ceb e o
y
con
él,
po
consiguien e,
San
Vicen e
del
Pino,
al
monas e io
de
San
Beni o
el
Real
de
V
alladolid.
se
VNIVCRS DADC
—
48
-
La
ag egación
de
los
con en os
benedic inos
al
de
la
capi al
de
Cas illa,
si
bien
muy
en ajosa
pa a
la
causa
del
c is ianismo
y
de
la
o den,
no
hizo
gana
mucho
á
cada
uno
de
ellos
en
pa icu
la ,
y
más
si
se
a a
de
los
de
Galicia.
Como
la
unión
es
la
ue za,
is
imi a
o io ,
la
Cong ega
ción
o mada
po
los
monas e ios
de
la
o den
be
nedic ina,
se
hizo
pode osa
y
espe able,
y
se
ha
lló
con
ecu sos
pa a
consegui
sus
ines:
hubo
más
uni o midad
de
mi as;
y
ué
más
ácil
la
co
ección
de
cos umb es
y
la
conse ación
de
la
aus e idad
p imi i a,
po
la
edi icación
mu ua,
po
la
ecuen e
y
pe iódica
eno ación
de
los
su
pe io es,
y
po
la
igilancia
y
cas igo
que
eje cía
un
je e
expe imen ado
y
e es ido
de
la
mayo
au o idad.
En
cambio,
pe die on
así
su
independencia
los
monas e ios,
al ándoles
con
ella
uno
de
los
gé
menes
más
ecundos
del
es ue zo
indi idual
y
de
las
inicia i as
ápidas
y
igo osas:
su
his o ia
se
con undió,
como
las
go as
de
agua
en
el
Océano,
con
la
na ación
gene al
de
los
hechos
de
la
Con
g egación:
al óles
el
sabo
local,
la
isonomía
p o
pia,
los
asgos
ca ac e ís icos
que
an es
los
dis iu-
—
49
—
guían
y
hacían
á
cada
uno
ac eedo
á
a ención
es
pecial:
la
enida
de
abades
ex años
á
la
egión,
ajenos
á
la
his o ia
del
país,
desligados
de
las
a
diciones
de
la
comunidad,
ué
pa e
á
que
los
mo
nas e ios,
co ados
odos
como
po
un
mismo
pa
ón,
deja an
de
ene
ida
p opia
pa a
con e i
se
en
uedas
sin
impo ancia
ó
muy
secunda ias
de
una
máquina
po en e
é
inmensa,
en
miemb os
lánguidos
de
un
o ganismo
ple ó ico
abso ben e
y
cen alizado!
’
:
las
p opiedades
monacales
se
con
se a on;
pe o
sus
endimien os
no
solían
queda
en
la
egión
que
los
p oducía,
sino
que
iban
á
dis
ibui se
en
lejanas
ie as
ó
á
ecoge se
y
gua
da se
en
la
casa
gene alicia.
San
Vicen e
del
Pino
ué
uno
de
los
pocos
mo
nas e ios
gallegos
que
gana on
con
la
e o ma.
El
pode
de
la
Cong egación
le
puso
á
cubie o
de
los
da dos
de
sus
pa icula es
enemigos;
las
api
ñas
de
los
legos
encon a on
un
allada
insupe
able
en
la
ene gía
ilus ada
del
gene al
de
la
o
den:
con
los
monjes
enidos
á
él
del
obse an e
con en o
eal
de
Valladolid,
ecibió
sang e
jo en
y
gene osa
aquel
cue po
anémico
y
en laquecido;
se
in undió
nue a
y
i i ican e
sa ia
en
el
á bol
7
se
UN a scixü
coM o-sni.'
u
-
50
-
ca comido
y
expues o
á
cae
en
ie a:
epoblóse
el
monas e io,
alcanzando
sus
habi ado es
una
espe
able
ci a;
y
sus
en as,
me ced
á
una
buena
ad
minis ación
y
al
econocimien o
y
ecob o
de
las
an iguas
posesiones,
aumen a on
no ablemen e.
Anejado
ya
el
monas e io
á
la
Cong egación
de
Valladolid,
ue
cuando
se
cons uyó
la
ac ual
iglesia,
de
la
que
dice
un
his o iado
del
siglo
pasado
que
es
una
de
Zas
mejo es
de
GaUdé .
Tie
ne
en
e ec o
la
en aja
de
que
su
es ilo
de
ansi
ción
del
oji al
no
se
halle
a eado
con
mezclas
de
o os
di e en es,
como
ocu e
en
la
mayo
pa e
de
los
edi icios
eligiosos;
su
bó eda
de
ne adu
a
complicada
y
de
obus a
c uce ía,
iene
no
pe
queña
ele ación;
y
son
muy
ai osos
sus
es
ábsi
des
y
muy
amplio
el
c uce o
de
o ma
la ina.
El
e ablo
del
al a
mayo
se
hizo
dos
siglos
más
a
de
que
la
ac ual
iglesia,
en
el
XVIII;
y,
pa a
se
de
aquella
época
en
que
an
dep a ado
es aba
el
gus o,
puede
cali ica se
de
no able.
Los
monjes
die on
una
p ueba
de
su
amo
á
las
a es,
ado
nando
el
emplo
con
g an
núme o
de
cuad os,
mu
chos
de
los
cuales
han
ido
desapa eciendo:
en e
los
exis en es,
me ece
ci a se
po
su
magni ud,
y
u
—
51
—
de
él
hace
mención
Mu guia,
el
ma i io
de
San
Lo enzo,
y,
po
la
p opiedad
del
colo ido,
el
e a
o
del
cu a
de
To beo,
que
se
c ee
habe
ayudado
á
cos ea
el
edi icio;
y
con
escul u as
an
in e e
san es
como
el
g upo
de
San a
Ana,
que
pa ece
abajado
an es
de
aneja se
el
con en o
al
eal
de
Valladolid,
y
en aña
singula
impo ancia
pa a
el
es udio
del
desa ollo
del
a e
egional.
A ae
ambién
las
mi adas,
po
su
an igüedad
y
pe ec
ción,
la
ado ación
de
los
monjes
á
la
Vi gen.
La
pu eza
de
la
a qui ec u a
del
emplo
es
más
de
no a ,
po que,
como
dice
D.
n
Emilia
Pa do
Ba-
zán,
en
su
p ecioso
lib o
De
mi
ie a,
mien as
los
anciscanos,
ligados
á
su
dama
y
seño a
la
Pob eza,
i iendo
de
las
limosnas
que
ecogían,
no
in oduje on
modi icaciones
en
los
p imi i os
edi icios
cons uidos
del
XIII
al
XIV,
y
po
eso
hoy
se
conse an
los
con en os
de
meno es
al
cual
se
unda on,
los
benedic inos,
dueños
de
pin
gües
en as,
pe suadidos
de
que
debían
da
aba
jo
y
omen a
el
desa ollo
a ís ico,
á
cada
paso
econs uían
y
ado naban
sus
casas
con
la
sun
uosidad
p opia
de
quien
no
sólo
dispone
de
i
quezas,
sino
de
iempo
y
espacio,
y
i e
en
épocas
-
52
—
más
apacibles
que
es a
nues a
de
hoy,
que
odo
lo
ap esu a
y
malog a.
No
en amos
en
más
de alles
ace ca
del
edi icio
que
an iguamen e
ue
San
Vicen e
del
Pino,
po
que
no
los
c eemos
obje o
de
la
p esen e
memo ia.
Sob e
es e
asun o
esc ibió
hace
años
en
el
pe
•
iódico
ca ólico
de
Lugo,
un
bien
medi ado
a í
culo,
el
S .
D.
Ba olomé
Teijei o,
de
la
Academia
de
San
Fe nando.
La
e olución
engend ada
po
el
odio
sa ánico
á
la
Iglesia
de
C is o,
a ojó
de
sus
casas
á
los
ailes
que
e an
su
glo ia
y
su
co ona
de
hono ,
y
les
a eba ó
sus
p opiedades,
á
las
cuales
enían
í ulos
an
legí imos
ó
más
que
cualquie
o o
ha
cendado,
ab iendo
así
el
camino
á
los
a aques
con a
la
p opiedad
colec i a,
con a
las
socieda
des
de
c édi o
y
compañías
anónimas,
p incipio
de
la
incesan e
ba alla
en e
el
capi al
y
el
aba
jo,
en e
el
dominio
de
la
iqueza
y
el
dominio
de
la
ue za
y
del
núme o:
la
eacción
eligiosa
que
Dios,
en
los
designios
amo osos
de
su
P o iden
cia,
ha
enido
p epa ando
y
acen uando
en
nues
a
pa ia,
no
ha
hecho
aún
que
los
benedic inos,
á
quienes
an o
debe
Mon o e,
uel an
á
habi a
u
palos,
á
no
de ende se
en
que e
coge
pied as.»
P e endiendo
el
donado,
que
lle aba
la
c uz
de
San
Vicen e
del
Pino,
llega
has a
el
Colegio,
los
jesuí as
«lo
esis ie on
y
con
dispu as
de
unos
y
o os
echa on
dicha
c uz
en
ie a»;
cuyos
lan
ces,
dicen
los
es igos,
que
« ue on
de
mucho
es
cándalo.»
En
el
siglo
XVII
se
lle ó
ambién
á
la
Au
diencia
un
plei o
sob e
el
uso
de
una
colgadu a,
que
al
con en o
de
los
anciscanos
de
Mon o e
había
dejado
la
condesa
deLemos,
D.
n
Ca alina
de
Zúñiga.
Las
concesiones
ju isdiccionales
que
ob u o
San
Vicen e
del
Pino,
da an
de
muy
an iguo,
aun
que
no
sea
ácil
de e mina
cual
ha
de
ene se
po
la
p ime a.
Desde
el
Concilio
de
O iedo,
eje cie on
pací i
camen e
los
abades
de
Mon o e
su
ju isdicción
en
la
ie a
de
Lemos,
has a
los
años
de
1232,
en
cu
yo
iempo
el
obispo
de
Lugo
D.
Ma ín
y
su
ca
bildo
les
mo ie on
cues ión,
pa a
di imi
la
cual,
se
nomb ó
po
á bi os
amigables
á
unos
canóni
gos
de
Mondoñedo,
que
de e mina on
cediese
el
Monas e io
á
la
Mi a
13
iglesias.
—
60
—
.San
Vicen e
enía
Bulas
de
Inocencio
III,
de
Julio
II
y
de
Eugenio
IV,
po
las
cuales
su
ju
isdicción
se
ex endía
ad
loca,
cas a,
ju a...
e
ad
omnia
lona;
cum
libé a e
o ali
ab
au o i a e,
po es a e,
dominio,
di ione,
ju isdi ione,
isi a io-
ue
e
e o ma ione
episcopo um.
Hacia
el
siglo
IX,
po
ol
Concilio
de
O iedo,
se
le
concedió
ju isdicción
espi i ual
sob e
más
de
40
iglesias.
Con
los
as o nos
de
los
iempos
y
las
di e en
es
dema caciones
de
los
obispados,
en
el
siglo
XVI
no
quedaban
suje as
á
la
ju isdicción
del
Monas e io
más
que
las
iglesias
de
la
población,
o as
cua o
cuyos
bene icios
le
es aban
anejos,
y
las
28
(1)
del
a cediana o,
que
poseían
los
Abades.
■
(1)
Las
iglesias
del
A cediana o
de
Mon o e
e an:
San
Cosme
de
Lina es;
San a
Ma ía
de
Bamo o;
San
Cosme
de
Tiolleda:
San
Juan
de
To ;
San a
Ma ia
de
Toi-
iz;
San alla
de
Toi iz;
San
Román;
San
Sal ado
de
Mo e
da;
Sanjillao
de
To ;
San
Gib ián
da ide;
San
And és
de
Den iz;
San
Ma in
de
Gánda a;
San
Cisclo
de
Guyade;
-
San a
Ma ia
de
la
Penela;
San a
Ma ina
del
Mon e;
San a-
l!a
de
Caneda;
San iz
de
Villama ín;
San a
Ma ia
de
Poza-
bales:
San
Mamés
de
Vilachá;
San
Ped o
de
Sind án;
San
Es éban
de
las
Nocedas;
San
Sal ado
de
Ci isa;
San
Ma in
de
Vas os,
y
San
Sal ado
de
Ped oso.
u
—
61
—
"
La
ju isdicción
de
és os
en
las
e e idas
iglesias
e a.
al
p incipio,
o dina ia,
y
de
isi a,
en
odas
.
las
causas,
sin
que
de
sus
allos
se
pudie a
apela
al
Obispo,
ni
al
Me opoli ano,
sino
solamen e
al
Papa.
Una
de
las
causas
más
cu iosas
en
que
u o
que
en ende
el
Vica io
P o iso
del
Abad
de
San
Vicen e
del
Pino,
ué
la
de
Magdalena
das
Pe-
ei as,
po
o o
nomb e
la
Vedo ei a
de
Canide.
Es a
muje ,
de
o icio
lab ado a,
se
dedicaba
.á
da
adi inaciones
y
hace
oda
clase
de
emedios,
c eyendo
que,
po
dos
eces,
se
le
había
apa ecido
el
Espí i u
San o
en
igu a
de
paloma
y
le
había
enseñado
unas
ye bas
con
las
que
pod ía
sana
odas
las
en e medades.
Tan a
e a
la
ama
que
había
cogido
y
la
é
que
se
la
enía,
que
el
mismo
Conde
de
Lemos,
habiéndole
al ado
del
apa ado
un
sale o
de
pla a
sob edo ada,
la
en ió
un
c ia
do
con
dos
eales,
p egun ándole
quién
se
lo
había
hu ado,
á
lo
que
con es ó
la
adi inado a,
y
pa e
ce
no
se
equi ocó,
que
la
alhaja
hallábase
en
el
a cón
de
las
cas añas;
si
bien
el
Conde
la
mandó
«que
no
usase
de
aquel
a o»,
obedeciendo
á
lo
•pual,
ehpsó
la
Vedo ei a
esponde
á
unas
c ia-
.
u
—
62
—
das
que
que ían
a e igua
quién
las
había
qui a
do
unos
es idos.
El
Vica io
de
los
benedic inos
la
puso
en
la
cá cel
el
año
de
1646,
cuando
ella
enía
ce ca
de
sesen a
de
edad;
mas
como
se
a aba
de
causa
pe enecien e
al
San o
T ibunal
de
la
In
quisición,
ue
p esen ada,
al
hace
su
isi a
á
Mon o e,
al
inquisido
D.
An onio
Ozo es,
acu
sándosela,
según
la
elación
que
se
hizo
al
Su
p emo
Consejo,
de
que
había
dado
un
hechizo
pa a
que
cie o
homb e
no
deja a
de
casa se
con
una
jo en
con
la
que
sos enía
elaciones
ilí
ci as.
.
Uno
de
los
es igos
en
la
causa
mani es ó
que
yendo
po
segunda
ez
un
lab ado
á
consul a
á
la
b uja,
«la
halló
llo osa,
po que
decía
la
que ía
p ende
cie o
comisa io,
como
Vica io
de
los
ai
les
beni os
de
Mon o e,
y
consolándola,
ella
es
pondió
que
no
la
podían
hace
ningún
ag a io
sino
po que
adi inaba.»
Se
la
lle ó
á
las
cá celes
sec e as
en
4
de
Mayo
de
1650,
donde,
en e
a ias
cosas,
decla ó
lo
si
guien e,
que
hace
á
nues o
caso:
<y
po que
un
cu a
la
había
enido
p egun ando
quién
le
había
—
63
—
queb ado
una
cosa,
y
le
espondió
ella
que
no
e a
muje
que
supiese
esas
a es
ni
o as...
la
denun
ció
delan e
del
Vica io
de
los
ailes
de
Mon o e,
el
cual
la
ep endió.»
La
ex ensión
del
pode
ju isdiccional
de
los
abades
se
limi ó
ya
bas an e
en
el
siglo
XX
I.
En
odas
las
iglesias,
así
del
dis i o
aba
cial,
como
del
a cediana o,
enían
an es
ju is
dicción
absolu a,
de
la
cual
no
cabía
apelación,
ni
al
obispo,
ni
al
Me opoli ano
y
si
solo
al
Papa.
Pe o
en
1547,
el
obispo
S .
Suá ez
de
Ca ajal,
les
puso
plei o,
y,
uese
po
sen encia
ó
po
con
co dia,
la
ju isdicción
se
hizo
acumula i a
y
al
e na i a
la
isi a.
Publicado
el
Concilio
de
T en o
en
iM,
un
dándose
en
él,
el
obispo
quiso
isi a
la
iglesia
del
Monas e io;
con
lo
cual
se
siguió
un
la go
plei o
en
Roma,
que
pe dió
el
p elado
con
cos as
que
impo a on
90
escudos
de
o o.
Puso
de
nue o
plei o
con
el
mismo
mo i o
el
obispo
O adui,
de
lo
cual
esul ó
hace se
con
él
conco dia
en
1594.
El
conocimien o
de
odas
las
causas
decla óse
u
-
<54
-
pe enecien e
po
igual,
á
-p e ención,
(1)
al
obis
po
y
al
con
en o,
sin
apelación
de
uno
á
o o,
pe
o
sí
al
a zobispo
de
San iago:
la
isi a
de
las
iglesias
del
a cediana o
de
Mon o e
se
hacia
ya
po
u no,
pe eneciendo
un
año
al
P elado
de
la
Ca ed al,
y
o o
al
P elado
del
con en o.
En
28
de
No iemb e
de
1596
en e
el
mismo
Obispo
y
el
Abad
F .
Je ónimo
Ma ión,
en
is a
de
los
muchos
gas os,
según
con esión
de
ellos,
que
hubo
con
los
con inuados
li igios,
se
hizo
se
gunda
conco dia,
po
la
que:
l.°
se
dejaba
al
mo
nas e io
la
ju isdicción
sob e
el
a cediana o:
2."
la
ju isdicción
de
Mon o e
se
end ía
cumula i a
men e:
3.°
odas
las
causas
de
que
conociese
el
Abad,
se ian
apelables
al
Obispo:
4."
los
anejos
de
dicho
monas e io
se
se i ían
po
clé igos
secula
es
con
nomb amien o
del
Abad
y
examen
y
ap o
bación
del
Obispo:
5.°
si
sob e
las
apelaciones
que
se
in e pusie en
an e
el
Obispo,
se
susci ase
al
gún
plei o,
hab ía
de
segui lo
és e
con
el
Me o
poli ano.
.
(1)
La
p ecención,
en
es e
caso,
consis ía
en
que
podía
juzga
una
causa,
el
que
p ime o
ci ase,
pusie a
secues
o
ó
enca cela a.
u
—
65
—
'
Como
el
Abad
no
p esen ó
den o
del
plazo
p e
ijado
la
ap obación
del
gene al,
y
además,
con a
lo
que
c eía
el
P elado
de echo
exclusi o
de
la
Mi a,
había
p omulgado
censu as
p o
ebús
pe -
di is,
el
Obispo,
dos
años
después,
decla ó
anula
da
la
conco dia;
en
lo
que
no
ino
de
buena
o
lun ad
el
Supe io
de
San
Vicen e.
Mien as
conse a on
los
Abades
su
ju isdic
ción
sob e
odo
el
A cediana o
llamado
de
Mon-
o e,
odos
los
clé igos
de
él
enían
los
es
úl i
mos
ie nes
de
cua esma,
y
el
e ce
día
de
las
Le anías,
después
de
habe
andado
en
p ocesión
con
los
eligiosos
po
el
claus o,
á
la
cáma a
aba
cial:
y
enían
una
especie
de
Sínodo,
á
que
daban
el
nomb e
de
capí ulo
de
co ección
de
cos umb es.
En
el
siglo
XVII
pe dió
el
monas e io
casi
en
e amen e
la
ju isdicción
sob e
el
A cediana o
mon o ino,
quedándole,
en
unión
con
el"
Obispo,
sob e
la
illa
y
a abales
de
Mon o e,
y
p i a i
-
amen e
en
San
Ma ín
de
Doade,
San
Ped o
de
Val e de,
San
Ped o
de
Ri as
Al as,
San
Ma-
més
de
Villachá
y
San a
Lucía
de
Gon ín:
la
i
si a
de
es as
iglesias
co espondía
al
Abad
exclu
si amen e,
el
cual
seguía
poniendo,
como
an es,
9
u
SC
-
66
-
.
a cip es e,
amo ible
ad
mi um,
pa a
odo
el
a ce-
dianadgo.
•
El
Abad
e a
el
que
daba
á
los
monjes
la
ap o
bación
pa a
adminis a
sac amen os;
y
ponía
y
qui aba
po
sí,
en
las
iglesias
del
con en o
y
de
los
anejos
bene icios,
clé igos
que
adminis asen
el
pas o
espi i ual,
los
que,
po
e o mas
hechas
en
la
disciplina
eclesiás ica,
debían
ob ene
del
Obis
po
la
ap obación
pa a
pode
eje ce
la
cu a
de
almas,
quedando,
no
obs an e,
suje os
p i a i a
men e
á
la
co ección
del
Abad.
Es e,
además,
enía
la
p esen ación
in
solidum
de
diez
cu a os,
que
e an:
San a
Ma ina
de
Mon e,
San a
Ma ía
de
Penela,
San
Ma iño,
San a
Ma ía
de
Se
o
en os,
.
San
Ceb ián
de
la
Vid,
San
Miguel
de
Ma celá,
San
Acisclo
de
Gullade,
San iago
de
Ri as
Pequeñas,
San
Fiz
de
Villama ín
y
San
Cosme
de
Lina es.
An es
del
Concilio
de
T en o
no
sólo
p esen aba
el
Abad
es os
cu a os,
sino
que
daba
la
colación
é
ins i ución
canó
nica.
Po
la
conco dia
hecha
con
el
Obispo
Ca ajal,
en
1605,
pe dió
mucha
ju isdicción
el
monas e io;
y
con
ella
p incipia
lo
que
podemos
llama
el
e
u
—
67
—
ce o
de
los
cua o
es ados
que,
en
sus
icisi udes,
apa ecen
cla amen e
de inidos.
El
más
udo
golpe
lo
ecibió
á
p incipios
del
pasado
siglo
la
ju isdicción
del
monas e io.
Ve
dade amen e,
hay
que
con esa
que
en-
el
es ado
á
que
habían
llegado
las
cosas,
e a
un
bien
que
se
aco a a
g andemen e
la
ju isdicción
de
los
Aba
des,
ya
que
se
había
iniciado,
desde
el
concilio
de
T en o,
un
mo imien o
de
opinión
a o able
a
la
au o idad
de
los
Obispos,
la
cual
a aban
de
o
bus ece
los
Romanos
Pon í ices,
disminuyendo
las
a ibuciones
de
los
egula es
exen os.
Con
mo
i o
de
los
iun os
alcanzados
po
la
po es ad
episcopal,
y
del
e eno
ganado
palmo
á
palmo
en
la
po iada
y
muchas
eces
cen ena
dispu a,
ha
bía
dos
Audiencias
en
Mon o e
(1)
ep esen an
es
de
dos
pode es,
no
siemp e
amigos,
amén
del
(1)
Un
nomb amien o
de
Vica io
de
Mon o e
hecho
po
el
S .
Bu uaga
en
1767,
decía
asi:
«Po
cuan o
es
p opio
y
co espondien e
á
nues a
Dig
nidad
nomb a
un
Juez
Ecónomo
en
la
illa
de
Mon o e
de
Lemos,
que
conozca
en
odas
las
causas
así
ci iles
co
mo
c iminales
en
dicha
illa
y
que
adminis e
jus icia
p i
a i a
y
acumula i amen e,
á
quien
se
la
pida...»
—
68
—
a asallado
p edominio
ju isdiccional
de
los
Con
des:
los
choques
de
compe encia
en e
ambas
e an
ecuen es,
y
deplo ables
po
más
de
un
mo i o;
de
donde,
según
con esión
esc i a
de
un
Obispo
y
un
Abad,
con
habe
an os
ibunales
de
jus i
cia,
lo
que
esul aba
e a
que
és a
no
se
adminis
aba,
ni
pa ecía
po
ninguna
pa e
en
ie a
de
Lemos.
En
a ención
á
ello,
sin
duda,
los
Abades
con
sin ie on
en
cede
lo
que
po
an as
cen u ias
an
obs inadamen e
habían
de endido;
comp ome ién
dose
el
monas e io
á
deja
del
odo
su
ju isdicción
in
ye pe uum
á
la
Mi a,
«con
el
de echo
de
isi a
en
dicha
illa
como
en
cualquie a
o a
iglesia
del
Obispado,»
según
eza
la
esc i u a
con i ma o ia
del
pac o;
sin
que
le
quedase
al
Abad
más
ju is
dicción
«que
la
que
iene
po
sí
cualquie
P ela
do
egula .»
Se ia
ambién
de
cuen a
del
monas
e io
abona
« odas
las
ca gas
y
de echu as
de
isi a,»
que
no
e an
pocas
ni
pequeñas
en
aque
llos
iempos.
Todas
las
causas
ci iles,
c iminales,
bene icíales
y
ma imoniales,
se ian
de
la
exclusi
a
compe encia
del
Obispo.
El
cu a
de
San
Vi
cen e
debía
lee ,
como
los
o os
pá ocos,
al
o e
u
—
75
—
iino
as os
desie os
ó
incul as
mon añas
que,
al
poco,
con
el
sudo
de
los
benedic inos,
se
ecundi
zaban
y
con e ían
en
he mosas
egas
y
en
p o
duc i os
campos.
Los
benedic inos
del
con en o
de
Fulda
des
mon a on
diez
y
seis
leguas
de
ci cun e encia,
y
muy
p on o
u ie on
diez
y
ocho
mil
casas
de
campo:
los
de
San
Beni o-Poli onés
en
I alia,
cul
i aban
la
ie a
con
es
mil
pa es
de
bueyes.
Del
mismo
modo
que
el
espec áculo
de
an os
miles
de
homb es
consag ados
á
Dios
y
quizá
en
el
siglo
pe enecien es
á
la
p ime a
nobleza,
que
pasaban
oda
la
ida
emo iendo
e ones
y
ma
nejando
la
azada,
debió
con ibui
á
que
los
seño
es
eudales
pe diesen
su
ho o
á
los
abajos
de
la
ag icul u a,
que
se
concep uaban
p opios
no
más
que
de
sie os,
asi,
ue
muy
a o able
á
la
economía
u al
y
á
la
conse ación
y
mul iplica
ción
de
los
animales
de
lab anza,
el
que
no
pudie
an
come
ca ne
los
benedic inos,
an
nume osos,
que
había
muchos
con en os
que
enían
á
más
de
mil
ailes
cada
uno.
El
izconde
de
Cha eaub iand
da
es imonio
de
que
aun
en
su
iempo
no
habían
pe dido
los
bene
u
—
76
—
dic inos
su
genio
ú il
y
en
g an
mane a
labo ioso,
y
que
las
mejo es
lab anzas,
los
cul i ado es
más
icos,
los
más
bien
man enidos
y
menos
ejados
ob e os,
los
ape os
de
abajo
de
pe ección
más
no able,
los
ganados
más
lucidos
y
los
co ijos
más
bien
cuidados
se
encon aban
en
las
abadías,
iniendo
á
se
de
es e
modo
los
ailes
los
e da
de os
pad es
de
la
ag icul u a,
ya
como
lab ado
es
ellos
mismos,
ya
como
maes os
de
los
lab a
do es.
Las
mismas
monjas
benedic inas,
de
quienes
an o
se
ha
mu mu ado
al
habla
de
los
con en
os
dúplices,
se
dedica on,
en
cuan o
podían,
á
la
ag icul u a:
de
las
de
Mon euil-les-Dames
cuen
a
He nán,
que
no
sólo
cosían
ó
hilaban,
sino
que
ocupábanse
en
desmon a
los
espinos
de
la
Sel a.
El
P.
Sa mien o,
en
su
inédi a
ob a
¿le
630
plie
gos,
hace
muchas
y
en
su
mayo ía
muy
a inadas
obse aciones,
pa a
mos a
cuan
ú il
e a
la
ique
za
de
los
benedic inos,
comba ida
po
a ios
abo
gados
de
la
Co uña.
A
cada
casa
benedic ina,
esc ibe
el
S .
Villaa-
mil
y
Cas o,
en
su
C ónica
de
la
p o incia
de
u
—
77
-
Lugo
(1),
á
p opósi o
de
San
Vicen e
del
Pino,
seguía
cons an emen e
un
bu go
ó
pequeña
aldea,
«en
la
que
se
acomodaban
las
pe sonas
necesa
ias
pa a
cie as
unciones
mecánicas
del
monas
e io.»
En
aquella
época
u bulen a,
en
que
nada
hu
mano
se
espe aba,
las
ce canías
de
las
casas
ha
bi adas
po
los
minis os
de
Dios
y
po
los
hom
b es
consag ados
pe pé uamen e
á
su
se icio,
e an
el
luga
más
segu o
pa a
lle a
una
ida
ela i amen e
anquila.
Los
mismos
enemigos
de
nues a
eligión
que
dis inguían
con
su
odio
más
e oz
á
los
monjes,
muchas
eces
sen ían
an e
ellos
igual
e o
que
á
las
pue as
de
Roma
en
p esencia
de
San
León
Magno
sin ió
A ila,
el
im
placable
je e
de
las
bandas
sal ajes
de
los
hunos,
y
lib aban
del
saqueo
y
de
la
mue e
á
sus
asa
llos
y
á
sus
pueblos.
Los
eyes,
que
eían
en
las
undaciones
monás icas
el
medio
más
segu o
de
a i ma
y
a ianza
el
impe io
del
o den
y
de
la
i ud,
concedían
á
los
que
i iesen
en
sus
ie as
oda
sue e
de
anquicias
y
exenciones.
Los
que
(1)
P.
70.
u
—
78
—
es aban
expues os
á
la
con inua
á
se
íc imas
de
las
apacidades
y
de
la
insolencia
de
los
a a os
y
o gullosos
eyezuelos
del
eudalismo,
sen ían
e
nace
la
anquilidad,
al
hace se
súbdi os
de
las
abadías
y
e se
p o egidos
po
el
báculo
pas o al,
espe ado
o dina iamen e
en onces
po
los
mismos
que
no
e enaban
sus
co celes,
ni
ol ían
la
espa
da
á
la
aina
an e
conside ación
alguna.
De
es e
modo
ue on
ag upándose
los
case íos
á
la
somb a
sag ada
de
los
san ua ios
monacales,
como
lo
habían
es ado
en
o os
iempos
al ededo
de
los
ecin os
eligiosos
de
los
cel as:
la
campana
que
cong egaba
á
los
monjes
en
el
co o
á
eza
las
alabanzas
di inas,
llamaba
á
la
sociedad
y
á
la
unión
á
los
dispe sos
del
Guadale e
y
á
los
que,
ugi i os
de
los
mo os,
se
escondían
en
las
sel as:
cada
con en o
que
se
undaba
e a
un
núcleo
de
esis encia
con a
el
in aso ,
un
oasis
en
aquellos
as os
desie os
semb ados
de
uinas,
un
cen o
á
donde
con e gían
y
donde
se
j
un aban
pa a
los
ines
de
la
sociedad
los
que,
dejándose
lle a
del
exage ado
indi idualismo
de
las
azas
del
No e,
comba ían
aisladamen e
en
la
de ensa
de
sus
ho
ga es
con a
el
enemigo
común
.
u
La
hoy
ciudad
de
Mon o e
és
la
p ueba
más
con incen e
de
lo
que
enimos
diciendo.
Rod igo
Mendez
de
Sil a
(1)
asien a
que
Mon
o e
de
Lemos
debió
sus
p incipios,
1170
años
an es
de
la
e a
c is iana,
á
los
g iegos
en
iempos
de
Teuc o,
As ií ,
An iloco,
Diómedes
y
compa
ñía.
'
.
Lo
indubi able
es
que
hacia
su
si io
ac ual
es
u o
edi icada
la
capi al
de
los
Lema os,
de
que
hablan
los
geóg a os
é
his o iado es
de
Roma,
nomb e
que
indica
á
las
cla as
una
p ocedencia
cél ica;
pues
en
es e
idioma,
según
Bulle ,
lemán
signi ica
e i o io
é il,
lo
cual
cuad a
pe ec a
men e
á
la
ie a
mon o ina;
á
más
de
que,
en
sen i
del
P.
Flo ez,
pudie on
los
cel as,
al
impo
ne le
es e
nomb e,
que e
aludi
á
su
ciudad
le-
momcense,
hoy
Limoge.s,
en
F ancia,
si uada,
co
mo
Mon o e,
sob e
una
colina,
y
eniendo
á
sus
pies
igualmen e
un
alle
é il
y
un
abundan e
ío.
La
cabeza
de
los
lema os,
según
el
geóg a o
an
iguo
P olomeo,
se
llamaba
Dac onio,
que,
como
(1)
De
la
población
de
España.
-
80'
-
dice
Gánda a
(1)
y
es
e iden e,
co esponde
á
la
p esen e
población
mon o ina,
aunque
Ab aham
O elio,
sin
azón
ninguna,
quie e
que
Vi e o
sea
la
Dac onio
amosa.
La
pálab a
Lema os
con
que
los
geóg a os
gen
iles
dis inguían
ya
á
los
habi an es
de
la
ie a
donde
se
asen ó
el
monas e io
de
San
Vicen e
del
Pino,
ué
poco
á
poco
co ompiéndose.
En
el
ins umen o
o o gado
po
el
ey
Al onso,
en
el
siglo
IX,
á
a o
del
monas e io
benedic i
no,
se
llama
al
país
é a
de
Lemabus.
En
el
documen o
po
,
el
cual
el
ey
Fe nando
II
en
el
concilio
de
Salamanca
de
1178
señala
las
pe
enencias
de
la
ca ed al
de
Lugo,
enume a
á
Deo-
mundi,
Vae
y
A o
in
Lemabus.
Fe nando
III,
con i mando,
en
1231,
un
p i i
legio
de
su
pad e
el
ey
Al onso,
añade
á
las
di
chas
pa oquias
las
de
Cancella a,
En oad
y
Ven osa,
que
se
hallaban
igualmen e
in
é a
de
Lemos.
.
Ya
an es
se
e
llamado
al
e i o io
mon o ino
ie a
de
Lemos,
como
en
la
conco dia
en e
la
(1)
Palmas
y
iun os
de
Galicia
-
81
-
iglesia
de
O iedo
y
la
de
Lugo
con i mada
po
Al onso
Vil
en
1154,
El
Papa
Eugenio
en
la
ca a
que
esc ibió,
y
ué
copiada
en
el
Líbe
idei
de
B aga,
al
pueblo
de
Mon o e,
llaína
á
és e
pópulo
de
Len os.
En
la
esc i u a
de
D.
F oila,
de
que
habla e*
mos
luego,
se
llama
á
Lomos,
Leznabiise.
Lemus
po
Len os
ambién
ué
muy
usado.
Risco
p e ende
que
se
le
an epuso
el
nomb e
de
Cas o,
como
se
hizo
con
o as
ciudades,
.
g.
Cas*
oje íz
y
Cas obili io,
hoy
Na o,
po
la
cos um
b e
in oducida
de
llama
cas o
á
odo
pueblo
co
locado
en
alguna
eminencia;
pe o
no
es á
en
lo
cie o
el
doc o
his o iado ,
pues
si
á
dac onio
se
llama
cas o,
es
po que
en
ealidad
e a
un
cas-
iun
en
la
época
omana:
odo
indica
habe
sido
un
campo
o i icado,
y
de
g ande
impo ancia
es
a égica,
sin
duda
po
las
condiciones
na u ales
de
de ensa,
como
lo
ue on
P oendos
y
Ra ela
en
sus
inmediaciones,
donde
se
han
descubie o
es
os
de
mosaico
y
de
ue es
mu allas.
La
p ime a
esc i u a
en
que
se
llama
cas o
á
dac onío
es
una
del
año
1080,
po
la
que
D.
a
Gon-
oda
Guudisal iz
hace
donación
de
a ias
ha
ll
82
—
ciencias
á
los
benedic inos.
El
nomb e
Dac onio
ué
co ompiéndose,
p incipalmen e
quizá
po
in
cu ia
de
los
copian es,
con i iéndose
en
lac onio,
lic onio,
luc onio,
ac onio
y
au onio.
Sob e
los
es os
de
es a
o aleza,
se
le an ó
el
monas e io,
y
no
a da ía
mucho
en
habe
casas
á
su
de edo ,
como
con
odos
sucedía,
las
cuales,
aumen ando
en
núme o
y
jun ándose
unas
con
o as,
o ma ían
pueblo,
con ibuyendo
á
ello
no
poco
la
de oción
en
que
e an
enidos
los
monjes
y
el
deseo
de
mo a
jun o
á
los
ene ables
sie os
de
Dios.
En
el
año
de
1104
los
eyes
D.
Al onso
y
doña
Cons anza
y
los
in an es
D.
a
U aca
y
D.
Ramón
die on
á
D.
F oilán
Diez
y
á
su
esposa
D.
n
Es e
anía
Sánchez
el
seño ío
de
los
e i o ios
de
Sa
ia
y
de
Demos:
los
benedic inos
dona on
á
los
nue os
seño es
las
ie as
ce ca
djl
monas e io,
que
les
pidie on
pa a
edi ica
en
ellas;
y
el
Abad
Miguel
dispuso
sabiamen e,
de
acue do
con
ellos,
que
se
celeb asen
con
ecuencia
e ias
y
se
p o
cu a a
iniesen
muchas
pe sonas
á
habi a
las
i
iendas
que
§e
es aban
cons uyendo.
Ag adecido
D.
F oilán,
hizo
es
casas
pa a
los
monjes,
y
u
—
83
—
mos ó
de
o as
mane as
su
p o undo
econoci
mien o,
como
lo
da
á
en ende
po
es as
sus
pala
b as
p opias
del
la ín
bá ba o
de
la
época:
U
scia is
guan a
e
(¿ualia
bona
ecimus
ad,
ipsum
locum
Sanc i
Vincen ii,
e
ad
adicem
ipsius
mon is
Lemobuse,
edi ica e
popula u am
in
he e-
di a em
ipsius
Monas c ii
pe
consensúan
ipsius
Abba
Michael
e
ce e o um.
Fi man
es e
ins umen o,
con
los
eyes
y
p ín
cipes,
el
conde
Regenando,
a ios
obispos
y
los
abades
Gudes eo,
Be emundo
y
Beliul o:
po
las
insc ipciones
se
echa
de
e
que
andu o
equi oca
do
Yepes,
al
señala
po
echa
de
es a
esc i u a
el
año
1074;
pues o
que
Alonso
VI,
que
la
i ma
co
mo
ey
de
Toledo,
no
conquis ó
es a
ciudad
has a
el
1085,
ni
en
1074
e a
D.
Ramón
Conde
de
Gali
cia,
ni
en onces
e an
obispos
odos
los
i man es
como
ales.
La
equi ocación
nació
de
habe
leido
en
la
e
cha,
e a
MCXII,
1.112,
sin
ija se
en
que
la
x
e
nía
el
asguillo
ó
i gulilla
que
le
hace
ale
40,
debiendo
lee ,
e a
1142,
ó
sea,
año
1104.
Gene almen e
los
que
copia on
los
bece os,
no
a endie on
á
la
i gulilla,
ab e ia u a
de
la
L,
y
u
—
84:
—
*
die on
así
luga
á
mil
equi ocaciones,
de
lo
cual
es
buen
ejemplo
la
amosa
his o ia
del
a zobispo
D.
Rod igo.
Amb osio
de
Mo ales,
á
pesa
de
ha
be
leído
an os
cen ena es
de
ins umen os
en
le
a
gó ica,
pa ece
que
no
hizo
ó
ad e encia
ó
ca
so
del
an edicho
signo,
iéndose
muchas
eces,
po
es a
causa,
pe plejo
y
con uso
sin
pode
a ina
con
la
echa
e dade a
de
los
sucesos
que
e ie e,
y
eniendo,
pa a
e i a
anac onismos
palpables,
que
oma
los
e as
po
a los,
sin
que
en
ocasiones
le
alie a
es e
emedio
pa a
no
incu i
en
con
adicciones
mani ies as,
po
la
di e encia
que
hay
en e
30
y
38,
que
añaden
espec i amen e
la
i
gulilla
y
la
e a.
En
Galicia,
sob e
odo,
donde
se
conse ó
an o
iempo
el
uso
de
la
le a
gó ica,
es
muy
ecuen e
en
los
ins umen os
la
i gulilla,
y
lo
mismo
en
las
insc ipciones
lapida ias
y
en
los
documen os
en
lengua
del
país.
Pe o
que
an es
de
la
echa
indicada
había
ya
ecinos
en
Mon o e,
lo
p ueba
un
ins umen o
hecho
gobe nando
á
Galicia
D.
Ramón
y
Doña
U aca,
cuando
aún
i ía
la
eina
D.
a
Cons anza,
que
mu ió
en
el
año
de
1092,
donde
se
habla
de
la
iglesia
pa oquial
de
San a
Ma ía
de
Regla,
u
—
91
—
en
la
his o ia,
á
causade
la
igno ancia
ó
de
la
c e
dulidad
de
los
c onis as,
o eciendo,
de
es a
sue
e,
á
la
c í ica
no
pequeño
óbice
pa a
ob ene
y
depu a
la
e dad
de
los
hechos.
San
A
ícen e
del
Pino
ha
dado
ambién
p e ex
o
á
una
leyenda
muy
ex endida,
que,
pa a
mu
chos,
despojándola
de
algunos
a a íos
con
que
la
engalanó
y
des igu ó
la
cap ichosa
an asía
de
los
poe as,
iene
el
ca ác e
de
incon o e ible
e
dad
his ó ica,
y
ha
se ido
de
ema
pa a
no elas
como
el
Sec e o
de
una
umba,
de
D.
Manuel
Amo
Meilán,
y
poemas
como
¡Leuda
de
ho o e!
de
D.
Galo
Salinas,
y
Co ona
de
uego,
del
poe a
D.
Nicolás
Taboada.
He
aquí,
en
sus ancia,
á
qué
iene
á
educi se
el
ela o
de
un
esc i o
y
poe a
(1)
ace ca
de
es e
pun o:
L
n
conde
de
Lemos
ué
llamado
po
el
ey
Al onso
X
á
gue ea
con
la
mo isma,
dejando,
en e an o,
á
su
hija
única,
al
cuidado
de
su
deudo
el
Abad
de
San
A
ícen e.
Es e
se
enamo ó,
has a
la
locu a,
de
la
pudo osa
y
linda
jo en,
y,
pa a
lo
g a
sus
c iminales
in en os,
alióse
de
un
na có-
(1)
D.
Galo
Salinas
y
Rod íguez.
u
—
92
-
ico
que
le
p opo cionó
un
judio
de
Mon o e,
y
de
la
complicidad
del
aya
de
aquélla.
A
in
de
e i a
que
se
conocie a
la
deshon a
de
la
hija
del
conde
y
el
causan e
de
ella,
concluyó
po
en enena la,
coincidiendo
su
en ie o
con
la
llegada
del
de
Le-
mos,
que
ol ía
ca gado
de
lau eles.
Descubie o
á
poco
el
deli o,
po
con esión
de
un
paje
á
quien
en
la
ho ádela
mue e
se
lo
había
e elado
la
cómpli
ce
del
Abad,
p opúsose
el
conde
oma
una
enganza
e oz
y
ho ipilan e:
con idó
á
un
es ín
en
su
cas illo
á
los
nobles
de
sus
es ados,
al
que
p esidia
el
supe io
de
San
Vicen e
del
Pino;
al
inal
ma
ni es ó
la
aición
de
és e,
y
«...men es
que
ús
sujei an
ó
Abade
Os
ou os,
con
eazas
e
ma elos,
Coloca on
n-a
es a
do
pe ju o
A
mi a
ei a
b asa,
oxa,
a dendo...
O
sang e
pol-o
os o,
escachoan e,
P oduz
un
a u an e
chespo eo...
O
ade
se
e o ce
n-o
seu
po o...
¡E
ó
in
odo
e mina!
Cai
un
co po
E
a
yalma
ai
indi
con
as
ó
E e no.»
La
base
de
odo
cuan o
se
ha
ingido
y
dispa-
UN?
<
TR$l
—
93
—
a ado
con
ocasión
de
la
leyenda
popula
de
San
Vicen e
del
Pino,
es
la
imposición
de
una
co ona
de
hie o
canden e
á
un
Abad
de
Mon o e
po
un
Conde
de
Lemos.
En
los
iempos
e uel os
y
bá
ba os
del
eudalismo
se
desa olla on
agedias
ho ibles
y
espan osas,
y
hubo
episod^s,
que
pa
san
pa a
la
c í ica
con
au o idad
de
cosa
juzgada,
los
cuales
aún
hoy
espeluznan
y
ho ipilan
con
sólo
su
ecue do,
-
pe o
no
es
ácil
encon a
mucho
que
se
pa ezca
á
es a
escena
epugnan e
de
sal a
jismo
b u al.
La
época
en
que
se
dice
sucedió
es e
hecho
so
p enden e,
no
es á
muy
lejos
de
noso os:
po
apa
gados
y
pe didos
que
se
supongan
los
ins in os
de
humanidad,
no
es
posible
que
una
enganza
an
singula
po
los
pe sonajes
de
ella
y
po
la
mane a
e ocísima
con
que
ue
in en ada,
no
lla
ma a
pode osamen e
la
a ención
pública,
dejando
de
consigna se
en
las
na aciones
de
los
c onis as
y
en
los
e sos
de
los
o ado es.
Aunque
el
c imen
del
Abad
ue a
an
eno me
como
quie a
imagina se,
el
habe
omado
el
Conde
la
jus icia
po
su
mano,
y
con
c ueldad
an
inau
di a,
en
un
sace do e
y
seño
an
pode oso,
á
la
se
TMIVCRSIDABE
IC
CGKPSS7CLA
u
-
94:
—
ez
que
an
espe ado
y
lleno
de
p i ilegios
y
exenciones,
como
e an
los
p elados
odos
del
con
en o
benedic ino
de
Mon o e,
no
hubiese
dejado
de
p omo e
p o es as.de
pa e
de
la
misma
San a
Sede
y
de
a anca
un
g i o
de
indignación
de
oda
la
o d^i;
y
aunque
el
de
Lemos
e a
uno
de
los
magna es
de
más
cuen a,
y
su
espada
pesaba
mucho
en
la
balanza
de
los
negocios
polí icos,
su
mismo
pode
le
aía
en idia
y
enemis ades,
y
sus
émulos
no
despe dicia ían
ocasión
an
opo una
pa a
lanza
sob e
él
las
i as
de
la
Có e:
de
lo
que
ampoco
hay
en
los
documen os
el
meno
es i
gio.
Po
lo
mismo
que
los
abades
y
los
condes
mon-
o inos
no
se
hallaban
siemp e
en
la
mejo
ha
monía,
aquéllos
es aban
in e esados
en
conse a
la
memo ia
au én ica
de
ul aje
an
ho ible,
que
se ia
un
bo ón
e e no
en
el
escudo
condal,
ha ía
mi a
con
p e ención
á
los
descendien es
de
pe
sonaje
an
bá ba amen e
c uel,
y
como
c eíbles
y
áciles,
a ándose
de
condes
mon o inos,
los
ex
cesos
y
abusos
de
que
con
sob ada
ecuencia
se
quejaban
los
monjes
de
San
Vicen e:
se
comp en
de,
en
odo
caso,
que
és os
calla an
en
ida
del
u
—
9o
—
que
la
qui ó
á
su
abad,
y
que
si
el
asesino
ue
an
a ozmen e
ul ajado,
omi ie an
ó
des igu a an
la
causa
del
homicidio;
pe o
en
una
ó
en
o a
o ma,
en
uno
lí
o o
iempo,
¿cómo
se
explica,
ni
se
con
cibe,
que
descuida an
el
consigna
un
suceso
que
debió
se
an
uidoso,
y
más
no able
que
el
cual,
ninguno,
cie amen e,
podía
e e i se?
Los
his o
iado es
benedic inos,
cuya
paciencia
en
e ol e
a chi os,
desempol a
legajos
y
desci a
documen
os,
h¿
llegado
á
se
p o e bial,
y
cuya
esc upu
losidad
en
ansc ibi
oda
clase
de
no icias
in e
esan es
no
podía
se
más
g ande,
¿cómo
hubie an
pasado
en
el
más
absolu o
silencio
suceso
de
an a
mon a,
ocu ido
en
una
de
sus
más
impo an es
casas?
'
Una
leyenda
pa ecida
se
halla
en
los
pueblos
de
Alemania,
y
bien-
pudo
se
que
la
ajesen
á
Galicia
los
pe eg inos
eu ónicos
que
c uzaban
el
país
en
di ección
á
San iago,
y
que,
más
adelan
e,
se
la
diese
ca a
de
na u aleza
española,
a e
cindándola
en
Mon o e,
donde
an
i os
y
e-
’
cuen es
e an
los
al e cados
en e
condes
y
abades.
Se
ha
que ido
a i ma
que
se
conse aba
la
umba
del
Abad
de
la
mi a
encendida,
y
que
en
u
se
VNIVC iSIDAIiC
-
96
—
los
huesos
del
c áneo
se
no aba
aún
la
señal
de
la
quemadu a,
y
que
en
la
pied a
del
sepulc o
decla
aba
odo
el
caso
una
insc ipción.
La
caja
mo uo
ia
de
e e encia
se
halla
en
el
lado
izquie do
de
la
na e,
bajo
un
a co
de
medio
pun o,
ce ca
de
la
pue a
p incipal:
es
casi
lo
único
que
se
conse a
del
emplo
an e io ,
y
al
e lo
gua dado
en
el
p esen e,
se
conoce
la
impo ancia
que
los
monjes
le
daban,
y
que
azones
muy
especiales
debían
exis i
pa a
ene
en
la
nue a
iglesia
aquella
sola
sepul u a;
pe o
ni
den o
hay
algo
que
si a
pa a
con i mación
de
la
in e osímil
pa aña,
ni
la
ins
c ipción
ex e io
dice
o a
cosa
sino
que
en
la
e a
MCCCLXXII,
el
dia
20
de
No iemb e,
mu ió
D.
Diego
Ga cía,
Abad.
Las
ci cuns ancias
con adic o ias
de
que
se
p esen a
e es ido
es e
hecho
ex ao dina io
y
los
anac onismos
que
hay
en
el
ela o
adicional
de
él,
no
p oba án
nada,
si
se
quie e,
con a
su
exis
encia;
pe o
las
azones
que
an e io men e
hemos
apun ado,
bas an
pa a
hace
e
que
ca ece
de
o
do
undamen o
his ó ico
la
amosa
na ación,
de
que
ya
en
el
siglo
pasado
daba
cuen a
mi
bene
dic ino.
u
—
97
—
La
ho ible
leyenda
de
la
mi a
de
uego,
con
ada
po
poe as
y
no elis as,
se
pa ece
mucho,
en
su
p ime a
pa e,
á
la
que
se
e ie e
de
Ga in,
el
e mi año
de
Monse a ,
que
abusó
de
la
con ianza
en
él
deposi ada
po
el
Conde
de
Ca aluña.
La
adición
popula
que
hoy
exis e
en
Mon-
o e
y
hemos
oido
de
labios
de
muchas
pe sonas,
es
bien
dis in a
en
cuan o
á
la
causa
de
la
en
ganza
del
conde,
pues
a i ma
que
és e
omó
una
de e minación
an
bá ba a,
esen ido
de
que
los
monjes
no
le
pe mi ie an
ab i
una
pue a
en
lo
al o
de
la
iglesia
del
con en o,
pa a,
desde
el
pa
lacio,
que
es á
muy
p óximo,
hecho
un
pasadizo,
i
á
una
ibuna
sin
baja
á
la
calle.
Tan
alsa
es
una
na ación
como
o a;
pe o
lo
que
anda
en
boca
del
pueblo,
es
menos
inc eíble.
En
hono
de
la
e dad,
debe
consigna se
que
en
Mon o e
apenas
se
conoce
la
leyenda
que
p ime
o
expusimos
y
ha
sido
an
explo ada
po
no elis-^
as
y
poe as.
No
sucede
lo
p opio
con
la
segunda
e sión,
que
pa a
muchos
no
puede
pone se
en
duda.
•No
odos
ienen
po
abad,
de
la
mi a
canden e
al
que
hállase
en e ado
en
la
ac ual
iglesia.
13
u
—
98
—
Dicen
algunos
que
el
nomb e
de
aquel
desg a
ciado
eligioso
no
e a
F .
Diego
Ga cía,
sino
ay
Ped o
Pa do,
que
igió
á
San
Vicen e
desde
1409
á
1413,
si
bien
el
S .
Teijeii-o
le
hace
i i
un
si
glo
más
a de.
Hay
quien
ha
oido
á
ancianos
de
Mon o e,
que
habían
ellos
aún
is o
jun o
á
la
pue a
de
la
iglesia
pa oquial
de
la
Régoa,
que
e a
de
la
ju
isdicción
de
los
benedic inos,
el
sepulc o
del
abad
Pa do,
al
cual
conje ú ase
no
se
le
en e ó
en
San
Vicen e,
po
no
exci a
las
i as
de
los
con
des,
que
enían
su
palacio
con iguo
al
monas e
io,
más
aún
que
lo
es á
el
ac ual,
con
halla se
an o.
Mas,
concedido
que,
has a
los
úl imos
iempos,
has a
su
demolición,
si
se
quie e,
había
en
la
Ré
goa
un
sepulc o,
y
supongamos
que
no
hubiese
o o
de
un
abad
de
San
Vicen e,
¿de
dónde
se
de
duce
que
mu ió
po
habé sele
pues o
un
hie o
a diendo
en
la
cabeza
en
o ma
de
co ona
ó
de
mi a?
¿No
podía
cons uí sele
un
mausoleo
po
o a
causa
que
po
mo i
de endiendo
los
de echos
de
la
comunidad?"¿Cómo
és a
no
halló
opo uni
dad,
alguna
ez,
de
g aba
sob e
la
umba
la
e-
—
99
—
lación
de
aquel
singula
y
ex ao dina io
suceso?
Y
si
lo
hizo
y
has a
ha
poco
se
conse ó
el
sepul
c o,
¿es
posible
que
no
se
hubiese
copiado
y
as
mi ido
una
insc ipción
an
po
odos
concep os
cu iosa
é
in e esan e?
También
se
dice
que
un
eligioso
exclaus ado
de
San
Vicen e
a i maba
que
el
plei o
en e
el
Abad
y
el
Conde,
sob e
cons ui
un
iaduc o
pa
a
comunica
la
iglesia
con
el
palacio,
mo i o
de
la
enganza
del
seño
de
Lemos,
se
conse ó
has
a
la
expulsión
de
los
monjes,
época
eu
que,
po
los
años
del
20
al
23,
desapa eció
del
a chi o.
Es
muy
ex año
que,
habiéndose
conse ado
an os
o os
plei os,
ue a
p ecisamen e
á
desapa
ece
uno
an
cu ioso
que,
sob e
odo,
no
i iendo
ya
en
Lemos
los
condes,
á
nadie
pe judicaba,
y
á
cuan os
ienen
a ición
al
es udio
de
la
his o ia
con enía
sal a .
De
habe se
esc i o
al
causa,
segu amen e
se
ha ía
alusión
á
ella
en
algunos
de
los
pe enecien
es
á
las
muchas
que
se
siguie on
en
la
Audien
cia
po
dispu a
de
de echos
en e
Condes
y
Aba
des,
y
allí
se
hallan
a chi adas;
cosa
que
no
su
cede.
u
—
100
—
Si
se
'
u ie a,
á
lo
menos,
un
es imonio
dé
aquel
li igio,
que
ajo
po
consecuencia
el
asesi
na o
del
Abad,
ó
si
lle ada
á
cabo
la
exclaus a
ción
p ime a,
cualquie
eligioso
de
San
Ícen e
hubiese
decla ado
bajo
su
i ma
habe lo
is o
en
alguna
ocasión,
o a
se ía
la
ue za
del
a gumen
o
de
los
que
dicen
que
el
Abad
de
la
mi a
de
uego
e a
ene ado
como
san o
en
la
comuni
dad.
Po
lo
que
hace
al
conde
que
asesinó
al
abad,
la
adición
e dade amen e
popula
en
Mon o e
dice
que
se
a epin ió
y
ue
pe donado,
imponién
dosele
como
peni encia
el
edi ica
el
con en o
mon-
o ino
de
San
An onio:
lo
cual
cons i uye
un
g a
e
anac onismo.
La
adición,
que
podemos
llama
poé ica,
le
su
pone
de o ado
po
los
emo dimien os,
que
no
da
ban
egua
á
su
a ligido
espí i u.
Has a
en
es o
no
es
o iginal
la
leyenda,
lo
cual
no
quie e
deci
que
sea
plagiada.
Así
lo
hace
no a
el
Dipu ado
á
Co es
po
lo -
osa,
S .
Maluque
Vilado ,
en
La
Renaixensa,
cuyas
son
es as
palab as,
después
de
habe
dicho
que
la
al
leyenda
es
ana
llegenda
^ól
sobada.
■
u
—
107
—
'Teniendo
es o
ad e ido,
y
más
que
pudie a
de
ci se,
comp éndese
que
se ía
emp esa
eme a ia
la
de
los
benedic inos
osando
le an a
bande a
con a
bande a,
aliéndose
de
sus
iquezas
cuan
iosas,
de
sus
nume osos
asallos
y
de
su
pode
mo al
incalculable,
pa a
ence
y
ahuyen a
los
e oces
lobos
que
campaban
en
el
escudo
de
los
Oso ios,
dueños
de
p opiedades
inmensas:
ni
lo
pe mi ía
ampoco
su
ins i u o
in o mado
po
el
espí i u
de
paz,
de
humildad
y
de
mo i icación.
Jus o
es
con esa ,
no
obs an e,
que
más
de
una
ez
la
necesidad
de
de ende
sus
legí imos
de e
chos
y
sus
bienes,
que
e an
el
alimen o
del
pob e,
obligó
á
los
eligiosos
á
man ene
con
po ía
y
con
empeño
obs inado
la gos
plei os
o igen
de
dis
co dias
y
encillas;
y
que,
con
alguna
ecuencia,
los
seño es
eudales
del
es ado
de
Lemos,
p e en
die on
a asalla
y
subyuga
á
sus
cap ichos
á
los
monjes
que
i ían
en
la
casa
con igua
á
su
es
pléndido
palacio.
Noso os
echazamos
po
apóc i a
y
de
ningún
alo
posi i o
,
la
leyenda
de
la
mi a
de
uego,
pe o
la
c eemos
admisible
en
pa e,
como
símbolo
poé ico
exage ado
de
los
b u ales
a opellos
con
—
108
—
que
la
ie a
udeza
de
los
condes
mal a a ía
én
más
de
una
ocasión
á
aquellos
ene ables
sie os
del
Al ísimo.
Hubo
un
iempó
en
que
la.
c í ica
his ó ica
no
exis ía
ni
aún
en
el
nomb e,
y
las
ic
ciones
más
absu das,
o jadas
en
ce eb os
calen u
ien os
y
desequilib ados,
pasaban
en
au o idad
de
cosa
juzgada
desde
la
ho a
y
pun o
que
se
po
nían
en
molde:
la
eacción
ino
p on o,
pa a
bien
de
la
ciencia
de
lo
pasado;
pe o
ue
más
allá
de
sus
jus os
lími es,
mos ándose
la
c í ica
en onces
quisquillosa
y
se e a
en
exceso,
desechando,
po
acceso ios
y
pegadizos
imposibles,
hechos
p oba-
dós
y
e iden es,
y
poniendo
en
en edicho
los
ele
men os
aliosos
de
la
adición
y
de
la
poesía:
hoy,
pa alelamen e
al
p og eso
de
la
iloso ía
de
la
his o ia,
se
ha
desa ollado
con
no able
c eci
mien o
el
espí i u
de
obse ación
y
de
análisis
aplicado
al
es udio
de
las
edades
p e é i as,
y
g a
cias
á
él
se
pasan
po
inísimo
amiz
los
sedimen
os
y
a enas
que
los
alu iones
de
los
siglos
aje
on
has a
noso os,
pa a
busca ,
en e
an os
ob
je os
desp eciables,
los
g anos
de
o o
con
que
haya
de
hace se
los
ue es
eslabones
de
la
p eciosa
ca
dena
que
al
p esen e
une
el
iempo
pasado,
aíz
é
u
—
109
—
imagen
de
lo
u u o.
T adiciones
que,
pa a
el
es
cep icismo
í olo
y
supe icial
de
la
an e io
cen
u ia,
e an
obje o
de
desdén,
cuando
no
de
bu la
y
esca nio,
a aen
hoy
las
mi adas
de
los
sabios,
que
encuen an
en
ellas
un
g an
ondo
de
e dad
y
la
cla e
ecunda
y
ma a illosa
de
buen
núme o
de
enigmas
y
obscu ísimos
mis e ios
inapeables
é
imposibles
de
desci a
con
las
solas
luces
de
los
á idos
é
indiges os
c onicones.
Pa a
noso os,
la
leyenda
del
Abad
c uelmen e
asesinado,
y
colgado
de
la
o e
del
homenaje,
has a
que
la
cue da,
á
los
igo es
de
la
in empe ie,
ino
á
ompe se,
y
el
cue po,
de o adas
las
ca nes
po
las
a es
de
api
ña,
cayó
al
ondo
del
oso
del
cas illo,
encie a
muy
impo an es
enseñanzas,
y
asmi ió
de
gene
ación
en
gene ación,
abul ado
po
la
an asía
de
los
uoe as,
el
ecue do
i o
de
las
con iendas
en
e
seño es
y
abades,
susci adas
en
g an
pa e
po
la
codicia
de
aquellos
á
quienes
no
podían
mel
nos
de
en a
los
iquísimos
p edios
de
los
eligio
sos,
y
al
ez
des igu adas,
y
a ibuidas
al
mal
p ocede
de
és os,
po
la"adulación
de
o ado es
se iles,
co ompidos
y
enales.
Sea
de
ello
lo
que
quie a,
es
lo
indubi able
que
u
—
110
—
de
da os
ehacien es
cons a
no
habe
sido
en
odo
iempo
an
amis osas
como
con end ía,
las
ela
ciones,
en e
el
con en o
y
el
cas illo.
Muy
bien
pudie a
oma se
en
sen ido
igu ado
lo
que
esc i
bía
Yepes,
el
g a e,
clásico
y
majes uoso
c onis a:
«Como
los
Condes
ienen
allí
ecino
su
palacio,
es á
el
con en o
algo
es echo
y
angos o,
y
se
pa
san
en
aquel
si io
algunas
incomodidades.»
En
cambio,
no aba
Risco,
en
el
siglo
úl imo,
«su
em
plo
es
uno
de
los
mejo es
de
Galicia,
y
se
halla
con
odo
el
o na o
necesa io
pa a
las
unciones
de
iglesia,
que
en
él
se
celeb an
con
g au
solemnidad
y
magni icencia.»
•
Y
en
e dad
que
los
Seño es
de
Lemos
enían
mucho
po
qué
se
de e en es
con
los
eligiosos.
Pa a
le an a
en
la
alda
del
mon e
i iendas
don
de
habi asen
nume osos
asallos,
hubie on
de
pe
di
á
los
monjes
les
cediesen
e eno
en
que
edi i
ca .
Su
mismo'palacio
es aba
undado
sob e
una
posesión
del
monas e io.
La
iglesia
de
San
An o
nio,
que
con u o
las
más
no ables
sepul u as
de
la
casa,
es aba
igualmen e,
has a
que
el
sal ajismo
b u al
é
inconcebible
de
la
e olución
la
puso
po
ie a,
en
si io
donado
po
el
con en o
con
la
nada
one osa
condición
de
que
paga an
los
Condes
anualmen e
cinco
egas
de
cen eno,
cinco
ma a e
dís
de
en a
y
o o
pe pé uo.
El
p ime
gobe nado
de
Lemos
y
Sa ia
don
F oilán
Diez,
nomb ado
po
D.
Al onso
VI,
se
man u o
en
paz
con
los
monjes
en
el
la go
iempo,
desde
1080
á
lili,
que
p esidió
en
Mon o e;
y
ue
g an
amigo'
del
Abad
Miguel,
á
quien
hizo
en
e o no
muy
no ables
a o es.
Su
suceso
D.
Rod igo
Velaz,
inquie o,
incons
an e
y
e ol oso,
que
an o
suena
en
la
his o ia
de
los
dis u bios
de
su
siglo,
y
an o
puso
á
p ue
ba
la
paciencia
de
los
Obispos
de
Mondoñedo
y
de
los
eligiosos
de
Lo enzana,
segu amen e,
no
da
ía
poco
que
hace
y
quizá
que
sen i
á
sus
eci
nos
los
ailes
de
Mon o e.
Pa a
que
pueda
juzga se
de
las
iolencias
y
a opellos
come idos
po
algunos
seño es
de
la
ie
a
de
Lemos,
bas a á
ci a
el
documen o
que
mandó
hace
y
i mó
el
Conde
D.
Rod igo
en
el
año
lili.
En
él
con iesa
que
a eba ado
de
dia
bólico
u o ,
saliendo
ue a
de
si
misino,
con
mano
a mada,
cayó
sob e
la
iglesia
de
San a
Ma
ía
de
To al,
en
el
e i o io
de
Ven osa,
y
la
de-
—
11-2
-
liiolió
en
pa e
y
edujo
el
es o
á
cenizas,
po
lo
que
deseando
ene
á
Dios
p opicio,
en
compo
sición
del
sac ilegio,
daba
al
Obispo
de
Lugo,
Juan,
y
á
sus
suceso es,
la
iglesia
de
San
Sal a
do
de
Sa ia
á
in
de
que
Dios,
en
is a
ds
es a
donación
ad
salu en
anim e
me e
eide e
non
dedig-
ne u .
O as
a ias
cues iones
u ie on
los
condes
con
los
Obispos,
po
donde
pueden
colegi se
las
que
hab ía
con
el
monas e io.
El
Seño
de
Cab e a
y
Ribe a,
el
in an e
D.
Fe
lipe,
Pe igue o
Mayo
de
San iago,
mandó
hace
una
o aleza
sob e
la
pue a
de
San
Ped o
de
la
ciudad
de
Lugo,
que
e a
del
seño ío
del
Obispo,
dando
asi
luga
á
eclamaciones
que
mo i a on
el
que
D.
Felipe
p ome ie a
po
documen o
pxíblico,
en
1327,
en ega
la
o aleza,
al
iempo
de
su
mue e,
al
Obispo
de
Lugo.
Pocos
años
después,
o o
Seño
de
Cab e a
y
Pe igue o
de
San iago,
D.
Fe án
Ruiz,
conde
de
Lemos,
donó,
po
esc i u a
hecha
en
13G6,
al
Obispo
lucense
D.
F .
Ped o
López
de
A
guia
los
co os
de
San
Payo
de
Diomonde
y
Belsa ,
po
moy os
daños,
e
des uimen os
gue
eceben
en
as
u
—
113
—
he edades,
é
casa es
da
sua
Iglesia
de
Lago
po
inin,
é
po
mi ia
oz.
Don
Ramón
de
Bo goña,
ye no
de
Al onso
VII,
u o
que
con i ma
los
de echos,
p i ilegios
y
po
sesiones
de
San
Vicen e
del
Pino,
po que,
como
él
mismo
dice
en
el
ins umen o
de
e e encia,
sus
enemigos
habían
hecho
desapa ece
las
esc i u as
del
a chi o;
á
lo
cual,
p obablemen e,
no
se ían
ajenos
los
condes,
como
más
in e esados
que
nadie
en
la
disminución
de
las
incon ables
anquicias
y
p e oga i as
de
que
gozaban
los
benedic inos
de
Mon o e.
A
los
diez
años
de
habe
o o gado,
en
1139,
D.
Al onso
VII,
llamado
el
Empe ado ,
al
Abad
don
E o
y
á
sus
suceso es
la
e ce a
pa e
de
la
población
y
de
los
de echos
eales
de
las
e ias
y
de
los
me cados
que
se
celeb aban
cada
mes,
ya
se
ió
en
la
p ecisión
de
con i ma
solemnemen e
el
p i ilegio
concedido;
p ueba
de
que
enemigos
pode osos,
y
nadie
como
los
condes,
se
oponían
á
la
ejecución
de
las
me cedes
eales.
Las
disensiones
y
ozamien os
debie on
se
ma
yo es
desde
que
la
illa
de
Mon o e
ino
á
se
cabeza
y
capi al
de
odo
el
condado
y
ie a
de
15
u
—
114
-
Lemos.
De
es e
impo an e
es ado
-
oma on
pose
sión
los
Fe nández
de
Cas o,
como
an es
se
dijo;
y
aunque
algunas
eces
ue on
desposeídos
de
él,
siendo
p eciso,
po
ejemplo,
que
el
mismo
Al on
so
el
Sabio
se
lo
de ol ie a
á
D.
Ped o
Fe nández
de
Cas o,
lo
cual
no
impidió
que
p on o
Fe nán
Ruiz
de
Cas o
u ie a
que
ecob a lo
á
pun a
de
espada,
puede
deci se
que
siemp e
ue on
los
due
ños
de
Mon o e:
unida
á
ellos
po
ínculos
ma
imoniales
la
pode osa
amilia
de
los
Oso ios
y
empa en ados
con
los
eyes
de
León
y
de
Cas illa,
sólo
los
And ades
podían
se
sus
ad e sa ios
en
oda
la
egión
gallega;
y
du an e
los
siglos
XIII
y
XIV,
si
su
leal ad
no
se
lo
hubie a
impedido,
hab ían
ácilmen e
log ado
lab a se
un
ono
y
hace
lib e
é
independien e
á
Galicia.
La
p oximidad
de
an
al os
y
ale osos
seño
es
no
podía
deja
de
ae
a
las
eces
po
con
secuencia
disgus os
y
daño
á
los
monjes;
po
que,
como
dice
el
seño
Mu guía,
«la
ecindad
del
pode oso
nunca
es
p o echosa
al
que
no
lo
es
an o.»
De
las
desa enencias
en e
los
condes
de
Lemos
y
los
abades
de
San
Vicen e
puede
o ma se
idea-
u
—
115
—
po
los
plei os
que
sos u ie on
y
exis en
a chi a
dos
en
el
Gene al
de
Galicia.
Sólo
en
el
siglo
XVI,
po
no
habla
de
los
si
guien es,
hubo
a ios
li igios
sos enidos,
po
am
bas
pa es
con
empeño
y
enacidad
dignos
de
me
jo
causa.
La
ju isdicción,
p incipalmen e,
sob e
los
co os
de
Val e de
y
Doade,
dió
luga
á
i as
con o e sias
con
los
condes,
y
de
un
modo
pa i
cula
con
D.
Rod igo
Oso io:
si ió
ambién
de
mo i o
pa a
o os
plei os,
que
se
hallan
igualmen
e
en
el
A chi o
Gene al
de
Galicia,
en e
la
co-
muni
lad
y
el
Alcalde
Mayo
de
Mon o e,
Don
F ancisco
Bello
de
A aujo,
en
lo
que
se
e ie e
al
co o
de
Doade,
y
de
aquélla
con
An onio
y
Juan
He mida
y
o os
ecinos,
sob e
el
co o
de
Val-
e de.
La
pesca
del
io
Cabe
y
el
dis u e
de
sus
ace
ñas
se
dispu ó
eciamen e
en e
la
abadía
y
el
condado,
de
lo
cual
es
cu ioso
ejemplo
el
plei o
que
de
aquel
siglo
se
conse a.
El
de echo
de
po azgos,
en
ie as
de
Lemos,
que
eje cían
condes
y
abades,
po
la
di e sa
in e
ligencia
que
se
le
daba
y
po
no
con eni
ace ca
*de
la
ex ensión
de
sus
lími es
espec i os,
ocasio
u
se
—
116
—
nó
un
choque
en e
las
dos
au o idades
p i ilegia
das,
de
que
da
es imonio
el
uidoso
plei o
del
si
glo
indicado,
cuyos
au os,
señalados
con
las
le as
G.
L.
y
el
núme o
5,
se
gua dan
en
el
A chi o
de
la
Co uña.
Quizá
ampoco
se ia
ajena
la
mano
de
los
con
des
al
plei o
que
p omo ió
el
con en o
de
San
An onio
de
Padua,
po
ellos
undado,
á
los
monjes
benedic inos,
sob e
la
pa oquialidad
de
Mon o e
y
el
de echo
de
en e a
en
el
cemen e io
de
San
Vicen e
á
odos
los
que
mo ían
sin
hace
es a
men o.
Algunos
de
es os
plei os
du a on
muchos
años,
siguiéndose
po
odos
los
ámi es
judiciales
has a
la
úl ima
apelación:
y
sabiéndose
cuan o
suelen
ama ga
los
ánimos
y
al e a
los
co azones
las
con o e sias
que
se
en ilan
en
los
ibunales,
po
es o
sólo
se
echa
ya
de
e
has a
que
pun
o
debie on
se
i an es
las
elaciones
en e
los
que
enían
seño ío
empo al
en
la
misma
pobla
ción
y
con iguas
las
casas,
en en e
la
una
de
la
o a.
*
Pe o
no
siemp e
ue on
igualmen e
g andes
y
p o undas
las
di e encias
que
sepa aban
y
di i-
u
—
123
-
de
la
sen encia
dada
po
el
abad
con a
los
clé i
gos
Je ónimo
Al
a e?
y
An onio,
que
habían
mal
a ado
de
ob a
á
Ped o
de
Gaibo :
po
cie o
que
de
lo
que
és e,
na u al
de
Mon o e,
más
se
que
jaba,
e a
que
le
hubiesen
llamado
iud-w;
el
P o i
so
lib ó
despacho
de
inhibición.
En
23
de
Mayo
de
1562,
el
Abad
condenó
al
p esbí e o
D.
F ancisco
Co ea,
po
habe
ma ado
á
Jácome
Rod íguez,
á
manda
deci
150
misas
po
el
alma
del
in e ec o,
la
mi ad
en
San
Vicen
e
y
la
o a
mi ad
en
San
An onio,
ein e
mil
ma a edís
pa a
la
iuda,
y
suspensión
de
misa
po
un
año,
du an e
el
cual
debía
pe manece
en
la
cá cel
del
con en o;
ugóse
de
ella
el
asesino,
y
se
p endió
en onces
á
su
iado
Juan
Co ea,
quien
p o es ó
judicialmen e
del
hecho.
Las
con iendas
en e
Obispos
y
Abades
da an
de
muy
an iguo
en
Mon o e.
Examinando
los
oluminosos
legajos
de
plei
os
que
en
g an
míme o
se
conse an
en
a
ios
a chi os,
y
p incipalmen e
en
el
de
Ha
cienda
de
es a
capi al,
encon amos
ya
del
año
1506
una
ansacción
o zosa
en e
los
li igan
es,
po
la
que
salía
pe diendo
la
Mi a,
á
u
—
124
—
la
cual
se
impusie on,
además,
ue es
cos as.
Desde
en onces
ue on
muy
ecuen es
los
dis
gus os,
á
que
daban
ocasión
los
cambios
de
disci
plina,
que
espec o
de
las
exenciones
monacales
se
enían
e ec uando
en
la
Iglesia.
En
l.°
de
Junio
de
1529
F ancisco
de
Ombe-
os,
No a io
Apos ólico,
espondiendo
á
una
p o
isión
lib ada
po
D.
Juan
Ma quina,
Abad
del
monas e io
de
Junque a
de
Espadañado,
á
pedi
men o
de
los
Abades
de
Samos,
de
San
Es eban
de
Ri as
del
Sil
y
de
F .
Juan
de
San
Cib ián,
Abad,
de
Mon o e,
con a
el
S .
Ribe a,
Obispo
de
Lu
go,
mandó
á
és e,
au o i a e
apos ólica,
pena
de
excomunión
mayo ,
que
en
adelan e
no
moles ase
á
dichos
Abades
y
no
los
isi a a
á
ellos
ni
á
sus
casas,
y
que
den o
de
es
días,
po
sí
ó
po
p o
cu ado ,
se
p esen ase
en
O ense.
En
1544,
hallándose
ce ca
de
Mon o e,
en
la
isi a,
el
Obispo
Ca ajal,
en iá onle
á
deci
los
benedic inos,
que
sabían
pensaba
i
á
isi a
el
con en o
y
le
ogaban
desis iese
de
su
p opósi o,
po
se
con a
de echo:
á
lo
que
espondió
el
P e
lado,
que
i ía
«y
si
le
ce asen
las
pue as
las
ompe ía.»
u
—
125
—
El
dia
25
de
Sep iemb e,
es ando
la
comunidad
en
la
capilla
de
San
Miguel,
en ó
el
Obispo,
se
puso
es ola
y
oque e,
ue
al
al a
mayo
diciendo
que
p incipiaba
la
isi a,
y
sacó
el
a a
del
al a
mani es ándola
á
los
ci cuns an es:
á
cuyo
iempo
la
comunidad
p o umpió
en
es as
oces:
«Ay
de
Dios;
ay
del
Papa
y
el
ey:
ay
de
la
jus icia,
que
el
S .
Obispo
nos
ue za
en
isi a nos...»
El
P e
lado
desce ajó
la
cus odia
pa a
e
como
es aba
el
Sac amen o,
y
el
Abad
epi ió
las
mismas
o
ces,
y
ogó
á
los
ci cuns an es,
que
subiesen
al
P esbi e io,
á
e
lo
qu,e
se
hacía;
pe o
se
les
echó
á
empellones,
y
un
c iado
del
Obispo
dió
un
empu
jón
al
Abad
y
a ó
de
mal a a le
con
un
cande-
le o,
y
se
hizo
oda
po
las
g adas
á
a ios
monjes.
Es ando
el
Obispo
con i mando
en
la
iglesia
del
con en o,
llega on
las
esc i u as
que
habían
pedi
do
á
Sainos
los
monjes,
y
las
leye on
allí
mismo
á
p esencia
de
odos
en
oz
al a,
pa a
que
se
iese
la
sin azón
del
P elado.
El
mismo
día,
hallándose
el
Obispo
en
el
con
en o
anciscano
de
San
An onio,
se
p esen ó
el
Abad
de
San
Vicen e,
F .
Alonso
de
Be ea,
e-
u
—
126
—
qui iéndole
que
die a
po
nulo
odo
lo
hecho,
pues,
de
lo
con a io,
queda ía
incu so
en
excomunión.
El
Obispo
con es ó
que
de
los
p i ilegios
que
le
habían
mos ado
y
en
que
se
undaba
la
exención»
unos
eman
«especie
de
alsedad»
y
le
e a
dudosa
la
au en icidad
de
o os.
Dicho
P elado
quiso
pone
pila
bau ismal
y
Sa
c amen o
en
la
Régoa,
nomb ando
cu a
y
señalan
-
do
elig eses:
opúsose
el
con en o,
po
se
aquella
iglesia
e mi a
suya:
el
23
de
Oc ub e
de
1544,
yendo
un
monje,
como
de
cos umb e,
á
deci
misa
en
la
Régoa,
encon ó
á
la
pue a
dos
homb es
a
mados
que
le
impidie on
la
en ada.
El
6
de
Di
ciemb e
dijo
misa
en
la
men ada
iglesia
el
sace
do e,
ecino
de
Mon o e,
Juan
A es
A mes o,
como
pá oco
nomb ado
po
el
Obispo,
y
en
ella
anunció
que
los
monjes
es aban
excomulgados,
y
que
no
se
podía
ecibi
de
manos
de
ellos
los
Sa
c amen os.
Al
día
siguien e
ué
un
aile
á
deci
misa,
y
es ándose
poniendo
el
alba,
se
la
qui ó
el
A mes o,
diciendo
que
en
el
al a
mayo
de
Nues
a
Seño a
de
la
Régoa
nadie
decía
misa
sino
el
nomb ado
po
el
Obispo:
con
lo
cual
el
aile
g i ó
el
acos umb ado
Ai/
de
Dios,
u
—
127
—
El
día
14,
es ando
el
e e ido
A mes o
pa a
de
ci
misa
en
la
Régoa,
se
p esen a on
dos
monjes,
uno
de
ellos
el
juez
conse ado ,
ad i iendo
á
los
asis en es,
que
no
la
oye an,
po
se
de
un
exco
mulgado:
con
lo
que,
i i ado
A mes o,
se
ue
con
a
ellos,
eniendo
pues as
las
es idu as
sag a
das,
y
les
«dió
algunos
empujones.»
Dos
días
más
a de,
al
o e o io
de
la
misa,
el
mismo
A mes o
leyó
una
excomunión
del
Obispo
con a
los
an iguos
elig eses
de
San
Vicen e,
que
no
quisie an
se lo
de
la
Régoa.
Poco
después,
una
noche,
de
oi;den
del
Obispo,
se
ompie on
las
pue as
de
la
Régoa
«y
con
g ande
albo o o
y
escándalo
en a on
‘
una
pila
muy
c ecida
pa a
hace la
pa oquia.»
El
P o iso
del
con en o
decla ó
incu so
en
excomunión
á
Juan
A es
A mes o:
se
le
no i icó
el
despacho
un
domingo,
es ando
pa a
celeb a
la
San a
Misa,
á
cuyo
iempo,
se
lee
en
un
plei o,
«empezó
á
es o nuda
ab iendo
la
boca
y
diciendo
que
ya
el
diablo
salía
ue a
del
cue po.»
Siendo
obispo
de
Lugo
el
ilus e
esc i o
seño
Velosillo,
en
1572,
u o
luga
el
siguien e
desa
g adable
suceso:
el
P elado
mandó
lee
en
la
igle-
se
—
128
—
sia
de
San
Vicen e
una
paulina^
ó
sea
un
edic o
de
excomunión
con a
el
que
no
de ol ie a
lo
o
bado;
el
abad,
E .
Beni o
Subi á,
no
pe mi ió
la
lec u a,
alegando
los
p i ilegios
de
su
O den
y
una
decisión
de
la
Ro a
Romana
en
que
se
conde
naba
al
obispo
de
Lugo
á
paga
90
ducados
de
o o,
po
impedi
la
ju isdicción
de
San
A
Ícen e
del
Pino.
En
12
de
No iemb e
de
aquel
mismo
año,
.G ego io
XIII
expidió
unas
Le as
Apos ó
licas
inhibiendo
á
los
abades
de
Mon o e
del
co
nocimien o
de
las
causas
de
la
ju isdicción
epis
copal;
pe o
los
ailes
espondie on
que
dichas
Le
as
habían
sido
ganadas
con
sinies a
elación.
Al
año
siguien e
se
dic ó
sen encia,
sin
pe mi i
apelación,
decla ando
al
abad
incu so
en
exco
■
munión
mayo
y
penándole
con
la
mul a
de
500
ducados,
pagade os
en
6
días,
de
los
cuales,
300
se
des ina ían
á
ayuda'
de
su aga
los
gas os
de
la
gue a
con a
el
u co.
No
esca men ado
con
ello
el
abad,
un
año
des
pués,
p ecisamen e
al
día
siguien e
del
en
que
se
le
no i icó
un
mo a
p op io
de
Su
San idad
e o
cando
a ios
p i ilegios
de
las
Religiones,
y
e
co dando
que,
según
el
Concilio
de
T en o,
no
se
u
podía
di igi
la
di ina
palab a
sin
licencia
del
diocesano,
hizo
an e
sí
p edica
á
un
monje
en
la
Régoa,
y
luego,
al
o e o io,
mani es ó
al
público
que
el
obispo
y
el
P o iso
es aban
excomulgados,
y
que
jio
se
debía
ni
podía
a a
ni
comunica
con
ellos:
conduc a
que
pa ece á
menos
ex aña,
eniendo
ad e ido
que
en
aquellos
iempos,
y
en
los
p óximos
siguien es,
había
quienes
decla aban
á
su
p ójimo
po
sepa ado
de
la
comunión
ecle
siás ica
con
an a
acilidad
como
aquel
ica io
de
Alcalá,
que
excomulgó
al
ec o
de
la
Uni e sidad,
po
una
cues ión
de
p ecedencia
en
una
p ocesión,
siendo
á
su
ez
excomulgado,
á
causa
de
ello
y
en
is a
de
la
queja
del
Claus o,
po
el
comenda
do
de
la
Me ced;
ó
como
el
cu a
de
Fuensalida,
que
decla ó
al
alcalde
incu so
nada
menos
que
en
las
e ibles
censu as
de
la
Bula
in
Coena
Domi-
ni
po
manda
un
alojado
á
una
casa
en
que
i ía
un
p esbí e o.
El
obispo
de
Lugo
en ió
un
p opio
á
hace
el
em
plazamien o"
del
abad;
mas
le
p endie on
los
mon
jes
y
le
qui a on
el
despacho.
Al
in,
se
dió,
po
que ella
de
ue za,
Real
Au o
o dina io
p e inien
do
al
obispo
que
no
pe u base
al
abad
y
á
los
mon*
—
130
—
jes
en
el
eje cicio
de
la
ju isdicción
eclesiás ica
;
Po
cie o
que
á
es e
abad,
que
an o
y
an
a o
unadamen e
luchó
con
el
obispo
de
Lugo,
se
le
o mó
después
causa
en
el
p o iso a o,
po
aman
cebamien o.
En
1577,
siendo
obispo
oda ía
el
S .
Velo
sillo,
yendo
en
su
nomb e
el
canónigo
Robles
á
isi a
la
iglesia
de
Régoa,
la
halló
ce ada
de
o den
de
los
monjes,
quienes
no
se
la
quisie on
ab i .
En
1588
se
esis ió
el
cu a
de
San
Es eban
de
Reocedas
á
la
isi a
del
abad
como
A cediano:
po
lo
cual
és e
le
decla ó
incu so
en
excomunión
é
i egula idad,
imponiéndole
ambién
una
ue e
mul a:
con
cuyo
mo i o
omó
ca as
en
el
asun o
el
obispo.
Al
año
siguien e,
se
p ocedió
de
o icio
po
el
P elado
lucense,
D.
Juan
Ruiz
de
Villa án,
con a
el
abad
D.
Alonso
de
P ado,
po
isi a
el
a ce-
diana o
de
Mon o e
sin
su
pe miso:
en
21
de
Di
ciemb e
del
mismo
año
sucedió
que,
hallándose
el
P elado
en
San
Vicen e,
jun o
al
al a
mayo ,
en
su
es ado,
pa a
oi
la
Te cia,
la
empezó
el
monje
ay
Iñigo
de
He mosilla,
á
quien
mandó
en onces
el
Obispo
«echa
del
co o.»
—
131
—
Un
año
más
a de
se
o mó
expedien e
á
un
e
ligioso
de
San
Vicen e
del
Pino,
que,
al
explica
las
indulgencias
ganadas
po
los
que
habían
acom
pañado
el
San ísimo
Viá ico,
añadió
40
días
de
pa e
del
Abad.
En
el
mismo
año
de
1590
se
siguió
causa
en
el
P o iso a o
de
Lugo,
al
monje
de
San
Vicen e
ay
Iñigo
He mosilla,
an e io men e
nomb ado,
po
adul e io.
Al
año
siguien e,
yendo
el
Obispo
á
isi a
el
cemen e io
de
la
Régoa,
se
le
equi ió
pa a
que
no
en a a
en
la
iglesia
en
calidad
de
isi ado ;
se
ce ó
la
pue a
p incipal
y
se
coloca on
allí
algu
nos
eligiosos;
pe o
«aga ándoles
y
ompiéndoles
los
hábi os
algunos
c iados
y
capellanes
de
su
Ilus ísima,
con
unas
enazas
y
ma illos
desqui
cia on
la
ce adu a»
y
una
ez
den o,
el
Obispo
mandó
publica
un
edic o
del
San o
T ibunal.
En
cambio,
segiín
deposición
de
a ios
es igos,
los
monjes
que
á
la
pue a
es aban,
a a on
indeco
osamen e
á
su
Re e endísima,
y
subiéndose
dos
á
un
banco
den o
de
la
iglesia,
dije on
les
pa ecía
que
el
Obispo
sen ía
mal
de
las
Le as
Apos óli
cas,
de
lo
que
él
dió
pa e
al
Nuncio
de
Su
San i-
u
se
UNP/IRSC WC
—
132
—
4ad,
quien
emi ió
la
causa
á
la
S.
Cong egación,
mandando
desde
luego
que
el
Obispo
emi ie a
al
Abad
un
aile
que
había
hecho
p ende .
El
Papa
Six o
V,
en
el
mismo
año,
expidió
unas
Le as
mandando
que
los
benedic inos
de
Mon o -
e
no
se
opusie an
á
la
isi a
episcopal.
El
Abad,
F .
Diego
de
Viana,
con es ó
á
la
in i
mación,
diciendo
que
obedecía
al
Papa;
pe o
que,
si
el
Obispo
pasaba
á
hace
la
isi a
«p o es aba
la
apelación
y
eal
auxilio
de
ue za».
Y
cuando
ue
allá
el
Obispo,
ce a on
las
pue as
de
la
igle
sia,
« ocando
las
campanas
á
albo o o»,
po
lo
cual
su
Ilus ísima
de
nue o
los
decla ó
excomulgados,
á
la
ez
que
ellos,
los
eligiosos,
hacían
lo
mismo
con
él
y
sus
acompañan es.
En
1595
su gie on
a ias
cues iones
en e
el
Obispo
y
los
ailes;
siendo
la
p incipal
la
causa
seguida
al
Abad
F .
Ma ín.
Co al,
po que
isi a
ba
las
co adías
de
legos
y,
en
la
unción
p incipal
de
la
illa,
pe mi ió
que
el
p edicado
—
un
Pad e
jesuí a
—
le
pidiese
de
odillas
la
bendición,
es an
do
él
sen ado
bajo
dosel
muy
lujoso
ecibiendo
in
cienso.
En
1596,
siendo
Obispo
el
S .
O adui,
hubo
u
—
139
—
la
Concepción,
que
en
el
mundo
e a
una
de
las
p incipales
seño as
de
la
co e
de
España.
P inci
pió
el
Obispo
la
isi a
de
la
es amen a ia
en
1686
y
u o
que
suspende la
po
habé sele
no i i
cado
una
inhibi o ia
del
Nuncio;
pe o
como
pa e
ce
que
«había
sido
ganada
con
sinies a
elación
po
pa e
del
abad
de
San
Vicen e»,
el
mismo
Nuncio
la
mandó
le an a .
Sucedió
en onces,
que
mien as
el
Obispo
man
daba
á
los
es amen a ios,
bajo
pena
de
excomu
nión,
le
mos asen
las
cuen as,
lo
p ohibía
bajo
la
misma
pena
el
abad;
acudie on,
en
an
ex año
ca
so,
los
albaceas
al
juez
me opoli ano,
y
és e
man
dó
al
Obispo,
so
pena
de
en edicho,
que
suspen
diese
las
censu as;
á
lo
que
con es ó
el
P elado
que
apelaba
de
las
penas
que
se
le
imponían
y
p o es aba
«el
eal
auxilio
de
ue za.»
En
1689
es aban
ya
dispues os
los
es amen a
ios
á
endi
cuen as
al
Obispo,
y
hallándose
e
unidos
con
es e
obje o,
el
No a io
de
los
benedic i
nos
les
hizo
sabe
que
incu ían
en
excomunión,
si
la
p esen aban
á
o o
que
al
Abad.
El
Obispo,
en
onces,
excomulgó
á
és e
y
á
sus
No a ios,
po
pe
u bado es
de
la
ju isdicción
episcopal:
mas
ellos,
se
uN ymsc xDc
XOM OSJ U
u
—
140
—
á
su
ez,
excomulga on
al
capellán
de
las
monjas,
po
no
lle a
á
San
Vicen e
las
cuen as;
y
á
un
c iado
del
Obispo;
cuando
iba
á
ija
en
la
pue a
del
monas e io
benedic ino
una
anula o ia
de
las
censu as
abaciales,
«le
aga a on
y
p endie on,
poniéndole
en
igu osas
p isiones,
en
donde
le
u
ie on
algunos
días;»
y,
lo
mismo
que
el
Co egi
do
y
es amen a ios
excomulgados
po
el
Obispo,
menosp ecia on
la
excomunión.
Dada
cuen a
de
odo
al
Nuncio
po
el
Abad,
en
17
de
Diciemb e
de
1G89,
mandó
al
Obispo,
que
’
,
no
con inua a
la
isi a
de
la
es amen a ía;
el
P elado
le
suplicó
que
e ocase
su
manda o,
pues,
de
lo
con a io,
apelaba.
En
17
de
Ma zo
del
año
siguien e,
el
ep esen an e
del
Papa
le an ó
la
inhibi o ia
que
había
pues o
al
Obispo
en
la
isi
a
de
la
es amen a ía;
pe o,
que iendo
con inua
la,
dije on
los
albaceas,
que
habían
ecibido
unas
le as
To ales
pa a
que
no
diesen
isi a
ni
á
él,
ni
al
Abad
de
San
Vicen e,
sino
al
Obispo
más
p ó
ximo.
En
el
mismo
año,
habiéndose
quejado
los
bene
dic inos
de
que,
no
obs an e
halla se
en
plei o
en
la
Ro a
con
el
Obispo,
sob e
la
úl ima
conco dia,
u
—
141
és e
les
moles aba
y
les
había
pues o
censu as,
el
Audi o
S .
Cap a a
le
mandó
que
se
diese
po
inhibido
de
conoce
en
semejan e
causa,
y
que,
bajo
ue es
penas,
compa eciese,
po
sí
ó
median
e
p ocu ado ,
en
el
é mino
de
30
días,
pa a
com
pulsa
cie os
papeles:
á
lo
cual
espondió
el
Obis
po,
que
el
Abad,
pa a
gana
dichas
Le as,
había
hecho
sinies a
elación.
En
28
de
Diciemb e
de
1692,
el
Abad
de
San
Vicen e
p omulgó
un
edic o
de
pecados
públicos,
pa a
que
las
pe sonas
que
algo
supiesen
se
lo
no
icia an
sopeña
de
excomunión
mayo ;
ué
á
isi
a
la
iglesia
del
hospi al
de
Sanc i
Spi i us;
y
o denó,
en
7
de
No iemb e,
bajo
pena
de
excomu
nión,
que
en
el
plazo
de
seis
días,
las
pe sonas
que
u iesen
A
su
cuidado
ob as
pías
le
diesen
isi a
desde
la
úl ima
de
1690:
de
odo
lo
cual
p o es ó
en
o ma
el
juez
eclesiás ico
pues o
po
la
Mi a
en
Mon o e.
La
conco dia
úl ima
de
que
enemos
no icia,
ué
la
de
1707
en e
el
Obispo
Bus os
y
el
Abad
Rui-
loba.
Al
año
siguien e,
aducida
al
la ín,
ué
p esen ada
á
la
Sag ada
Cong egación
del
Conci
lio
po
el
P ocu ado
gene al
de
la
o den
y
se
e-
—
142
—
ini ió
á
in o me
del
Ca denal
Fe a i:
en
1709
aún
es aba
pendien e
de
esolución.
Una
ez
con
i mada,
el
cu a
de
Penela
y
sus
elig eses,
á
quienes
in e esaba
más
de
ce ca,
la
ecibie on
con
i as
p o es as
y
g ande
oposición.
Cuando
se
pac ó
es a
conco dia,
el
plei o
que
en e
la
Abadía
y
la
Mi a
se
había
seguido
po
sus
ámi es
legales
en
odos
los
ibunales
com
pe en es
ace ca
del
de echo
de
isi a,
es aba
ya
en
la
Ro a;
y
se
conoce
que
el
Obispo
lo
daba
allí
po
pe dido,
pues o
que
se
p epa aba
á
busca
mane a
de
nue a
apelación.
•
A
in
de
que
lo
pac ado
se
cumplie a
i e oca
blemen e,
y
la
buena
ha monía
uese
du ade a
y
es able,
además
de
los
ju amen os
y
solemnidades
de
úb ica
en
es os
casos,
se
comp ome ie on
las
pa es
á
que,
si
una
mo ía
plei o
sob e
las
cues
iones
ansigidas,
ó
ehusaba
pone
en
ejecución
alguno
de
los
pun os
aco dados,
paga ía
á.la
o a
22.000
eales
y
da ía
o os
an os
pa a
la
gue a
con a
in ieles.
Fue
és a
muy
sabia
disposición;
po que,
en
la
conco dia
e ec uada
eii
iempo
de
Paulo
V,
se
ha
bía
dispues o
que
en
oaso
de
duda
sob e
su
in eli
u
—
143
—
gencia,
el
Obispo
de
Valladolid,
ó
el
de
Falencia,
como
delegados
de
la
Sede
Apos ólica,
pa a
e i a
nue as
con iendas,
conocie an
y
decidiesen
suma
iamen e,
sin
pe mi i
ecu so
ni
apelación
de
ningún
géne o;
pe o
aquel
emedio
ideado
pa a
co a
los
plei os,
no
bas ó,
y
és os
con inua on
en
los
años
siguien es,
como
ya
hemos
is o,
dando
luga
á
causas
muy
deba idas
en
la
cu ia
omana,
algunas
de
las
que,
o mando
muchas
páginas,
he
mos
is o
edi adas
po
las
imp en as
de
las
Con
g egaciones
espec i as
á
que
se
lle a on.
Después
de
algunos
años
pasados
en
paz,
u ba
da
solamen e
po
cues iones
de
e ique a
en e
los
monjes
y
el
ica io
del
Obispo
.
en
Mon o e,
en
1723,
el
Abad
acudió
á
la
Ro a,
mani es ando
que,
sin
emba go
de
las
decisiones
de
los
Ca denales
Nelcio,
Ce o
y
Cap a a
á
a o
del
monas e io,
el
Obispo,
S .
San a
Ma ía,
al
hace
la
isi a
de
Mon o e,
se
había
p opasado
«á
más
de
lo
que
conce nía
ad.
ci an
anima -um:»
en
is a
de
es e
esc i o,
la
Ro a
mandó
al
Obispo,
que
compa ecie
se
en
el
é mino
de
60
días,
y
se
le
p ohibió
que
inno ase
cosa
alguna
en
la
ju isdicción,
bajo
pena
de
en edicho
y
de
mul a
de
mil
du os
de
o o.
A
u
—
144
—
lo
que
con es ó
el
Obispo,
que
obedecia,
poniendo
á
la
ez
plei o
á
los
benedic inos,
que
se
siguió
en
Roma,
sob e
acul ad
pa a
lee
en
San
Vicen e
el
edic o
de
pecados
públicos.
A
pesa
de
lo
que
hemos
ebuscado,
no
encon
amos
documen o
alguno
ela i o
á
San
Vicen e,
en
la
segunda
mi ad
del
úl imo
siglo.
Es
p obable
que,
du an e
ese
iempo,
comba ida
la
iglesia
española
po
las
abso ben es
y
despó i
cas
in usiones
del
egalismo
y
amenazada
po
las
doc inas
del
iloso ismo
ancés,
que
lle aban
su
i us
ponzoñoso
á
odos
los
países
eu opeos,
ei
na a,
pa a
bien
de
ambos
y
á
in
de
a ende
á
la
de ensa
de
más
al os
in e eses,
la
paz,
que
nunca
debie a
habe se
al e ado,
en e
los
monjes
y
los
Obispos.
En
1798
ue,
si
no
es amos
equi ocados,
cuan
do
los
Abades
de
San
Vicen e
pe die on
en
abso
lu o
la
ju isdicción
sob e,
la
iglesia
de
la
Régoa,
po
la
cual
an as
disensiones
hubo.
■
u
s
IX
E
l
C
a bil d o
l u c en se
y
l a
C
o mu n id a d
B
en ed ic in a
No
sólo
como
Senado
y
Consejo
del
Obispo,
que
son
los
Cabildos
odos,
en
ase
del
Concilio
i-
den ino,
sino
po
la
mancomunidad
de
los
in e e
ses
de
la
mesa
capi ula
y
del
P elado,
en
an e io
es
épocas,
en
las
ecuen es
disco dias
en e
obis
pos
y
abades,
u o
la
co po ación
que
oma
una
pa e
muy
ac i a,
apenas
comp ensible
hoy,
que
el
pode
de
los
Cabildos
es
menos
que
una
somb a
de
su
pasada
esplendo osa
g andeza.
Como,
po
o a
pa e,
el
Cabildo
de
Lugo
eje -
ií
)
—
146
—
cía
una
ju isdicción
e dade amen e
no able,
isi
ando
un
año
la
mi ad
y
al
o o
lo
es an e
de
la
diócesis;
uniendo,
dando
y
pe mu ando
bene icios;
eniendo
po
mi ad
con
el
Obispo
el
seño ío
de
Lugo
y
de
sus
al ededo es,
y
ju isdicción
con en
ciosa
pa a
oda
sue e
de
juicios
y
la
c iminal
p i a i amen e
y
en
p ime a
ins ancia;
y
ejecu
ando
mul i ud
de
ac os
ju isdiccionales
en
di e
sos
pun os
del
obispado,
se
explica
(pie,
po
azón
de
los
lími es
de
sus
a ibuciones,
u iese
algunas
di e encias
y
disco dias
con
el
ambién
muy
po
de oso
con en o
de
Mon o e;
de
lo
que
hay
a
ias
no icias
en
los
lib os
de
ac as
de
la
co po a
ción
capi ula .
Aun
después
del
Concilio
de
Tien o,
que
an o
limi ó
las
exenciones,
hubo
algunas
con o e sias.
A
úl imos
del
mismo
siglo
XVI
se
p omo ió
un
la go
plei o
con
mo i o
de
la
ex ensión
del
de e
cho
de
isi a,
en
que
lle ó
el
monas e io
la
peo
pa e;
sin
emba go,
los
gas os
ocasionados
con
an os
inciden es
ue on
ales
que
el
Dean
u o
que
p es a
de
su
peculio
200
eales
al
A cediano
de
Dozón,
ep esen an e
judicial
del
Cabildo,
pa a
acaba
de
segui
el
li igio.
u
—
147
—
Las
con iendas
en e
el
con en o
y
el
Obispo
D.
Juan
B a o
Lusp illo,
ace ca
de
la
espec i a
ju isdicción,
llega on
á
un
g ado
al
que,
como
a ás
se
dijo,
los
ailes
publica on
'
y
ija on
un
mani ies o
decla ándole
excomulgado.
En onces
el
Cabildo,
dando
una
mues a
de
su
a ec o
al
P ela
do,
á
quien
an o
debe
la
Co adía
de
Nx es a
Se
ño a
la
G ande,
como
en
onces
se
llamaba
á
la
ex
celsa
Pa ón
a
de
Lugo,
de e minó,
en
3
de
Oc u
b e
de
1654,
manda
un
p opio
al
luga
donde
se
hallaba
el
S .
B a o,
«o eciéndole
asis encia
en
odo
lo
que
uese
menes e »
A
los
pocos
días,
«los
ailes
de
Mon o e
aje on
xuez
con a
el
seño
Obispo»
.
En
is a
de
lo
cual,
el
Cabildo,
á
p o
pues a
del
canónigo
deán,
u o
la
ina
y
delicada
a ención
de
esc ibi
al
a lijido
P elado,
«pa a
su
consuelo,
si
gus a
de
la
asis encia
de
algunos
se
ño es
P ebendados
ó
de
o a
cualquie a
diligen
cia».
A
p incipios
del
siglo
pasado,
el
Cabildo
c eyó
e
en
la
en onces
p oyec ada
conco dia
en e
el
Abad
y
el
Obispo,
un
pe juicio
no able
pá alos
in e eses
de
la
co po ación,
y
esol ió
o o ga
po
de
«pa a
la
con adicción
en
la
Cu ia
Romana.»
u
—
148
—
Mas
luego
se
a ó
de
esol e
el
asun o
pací iea-
men e.
Se
exigió
y
consiguió
del
.
Abad
que,
pa a
compensa
el
p oduc o
de
las
cud ias
que
la
mesa
capi ula
pe cibía
en
las
acan es
de
los
dos
cu a
os
que
se
in en aba
uni
á
San
Vicen e
del
Pino,
paga ía
és e
300
eales
cada
año,
«dejando
en
pié
cualquie a
pensión
que
haya».
P opuso
asimismo
el
Cabildo
que
dándosele
el
bene icio
de
San a
Ma ía
de
Sie e ien os,
con
la
acul ad
de
pone
ica io
a l
nu um,
abona ía
los
gas os
de
la
Bula
de
unión,y
en a ía
en
la
conco dia
que
planeaba
el
P elado.
Vino
en
ello
de
buen
g ado
el
Abad,
y
el
día
25
de
Mayo
de
1707,
se
dió
pode
al
Doc o
al
y
al
Magis al,
«pa a
o o ga
dicha
conco dia
con
oda
la
solemnidad
necesa ia.»
Cua en a}
7
cinco
años
después,
el
monas e io
p e endió
pe mu a
de
ju isdicción,
consignando
los
p opues os
a ículos
en
un
papel
que,
en
cabil
do
de
11
de
Ene o,
se
aco dó
co iese'
«po
casa
de
cada
seño
capi ula
pa a
en e a se
de
él».
Pa-
écenos
que
el
Abad
no
llegó
á
consegui
lo
que
deseaba.
Los
abades
de
Mon o e,
lo
mismo
que
los
de
Samos,
y
como
los
de
Celano a
en
O ense,
e an
u