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Los Benedictinos de Monforte / por Antolín López Peláez (Acarinto Gerenio)

López Peláez, Antolín

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se n coMPoSi i DE SANTIAGO 01 l os jemos de mom e LOS HEMIM DE MSFORTE (OBRA PREMIADA EN EL CERTAMEN DE DICHA CIUDAD) POR EL ídmii. (A.cai ’ in o Ge enio) 5) í . si SiMionei y. Sic. m Sco oaia, 9so a3o S)oiH¿i ico 3c- Su Sai ida9, ‘ 3 LcKy í a • 3c. ía. S. 3. S. 3» ¿ligo, cV&o jio c^í Somii a io, élícaSe Sío» ano, eapa íáu- 3c- JCono , S c3ica3o 3c S. 91L., 9K-i>íon-oco ¿l poi ó ico. 61ca3¿niico So ssípoi Sio c. 3e ía» 3o Ca JCio ocia, 3¿ SBíí a» ¿li e» 3c San ccnanSo, j Se illana 3o cBuonao ¿e sa», Socio 9o a ¿lí ij ico-Cliguco óg'ica-íBaxco oncaa, ia pi ian JConoza io 3c- a- San a 6a»a, 34103 Sinocaí, o o. CORUÑA ' IMPRENTA Y LIBRERÍA DE E. CABRÉ REAL 30 Y GALERA 23 H895 u SC dc san iago — li  les ie a desa olla se cou aquella ma a illosa lo escencia que en el siglo XIII, el siglo más g ande de la his o ia, se dejó e pomposa y lo  zana en las se e as páginas de la Suma eológi  ca; mos ó la a iedad b illan ísima de sus o  mas y de sus colo es en las lo es as li e a ias del Pa aíso pe dido, y halló su exp esión más ade  cuada en los poemas de pied a de las ca ed ales gó icas, cuyas lineas ondulan es, como las llamas de un incendio, cuyas espi ales e o cidas, ima  gen de los desespe ados es ue zos con que in en  ábase ealiza el ideal de la belleza, y cuyas al  ísimas o es ele adas al cielo, como b azos gi  gan escos de una gene ación de i anes, e elan el espí i u es o zado, idealis a y e o oso de sus cons uc o es. Cada casa benedic ina enia su biblio eca, que se conside aba como una de las piezas más p inci  pales y se odeaba de ue es mu os, cub iéndola con espesas bó edas, pa a p ese a la de las lla  mas en caso de incendio: los olúmenes más in  e esan es solían es a suje os á la pa ed con du  as cadenas, pa a lib a los de la apacidad, que si log aba a anca los de su si io, quedaba ella ama  u ada con o as más e ibles, con las de la exco  munión mayo , emida en onces como nunca. Pa a busca una ob a cu iosa, pa a en iquece la lib e ía con un olumen in e esan e, hacían los benedic inos iajes la gos, di íciles y penosos, sin epa a en gas os ni en sac i icios de ninguna especie, con el in no sólo de ec ea su espí i u é ilus a su in eligencia con la lec u a, sino que ambién pa a asmi i los á la pos e idad, lib án  dolos de la des ucción á que se exponían en las casas de los pa icula es, en aquellos iempos de espan osa con usión y de con inuas e uel as. Es cosa que admi a lee los ca álogos de las biblio ecas benedic inas en el la go pe íodo de la Edad IMedia. Según Hu e , la abadía de C oy- land poseía en el siglo XI nada menos que es mil olúmenes. Dos siglos después la de Glas o- nebu y se eno gullecía legí imamen e con su se  lec a colección de cua ocien os omos, en e los que se encon aban muchos de poesía y de his o  ia omana. En aquel mismo iempo se eían en e los doscien os cua en a y sie e in olios del con en o de Benedic beu en las ob as de Ho acio, de Vi  — 13 — o-ilio, de Lucano y de Salus io. El de San Miguel., ce ca de Bambe ga, e a amoso po su iquísima biblio eca, que gua daba ines imables eso os li  e a ios de la an igüedad clásica, asi pagana co  mo c is iana, sin que apenas dejase de ene e  p esen ación en ella ninguno de los poe as la inos. Aun con odo, apesa del exquisi o cuidado que ponían los monjes en la adquisición y cus odia de los lib os más in e esan es, ya ue an de au o es ca ólicos, ya de gen iles y aun de he ejes, se han pe dido, pa a desdicha de las le as, .milla es de Volúmenes, que sólo conocemos po los encomios y ponde aciones con que los enca ecie on sus coe  áneos. ¿Qué se ia, si no hubie an exis ido desde p incipios del siglo VI, sin in e upción, milla es de pe sonas espa cidas po oda la edondez de la ie a y i iendo en luga es apa ados y segu os, pa a, según la egla que se habían obligado ú cumpli , dedica se, lib es de los cuidados y de las ambiciones del mundo, con odo el a do y cons  ancia de quien espe a po sus abajos e e na ecompensa, á ecoge y copia ejempla es de ob as impo an es, en onces muy a os y de g an  dísimo p ecio? u — 14 — No había ningún monas e io de impo ancia, " que no u ie a su sc ip o ium, o icina de la in e  ligencia, donde se suplía la al a del a e de im  p imi , con un abajo an ilus ado como con i  nuo y con un esme o y una asiduidad que han hecho pa a siemp e amosa la paciencia benedic i  na. Recoge manusc i os sin p ocu a su ep odu- ción, e a sólo p ese a de la uina po algún iempo á la ciencia. Homb es de sac i icio y de abnegación, no en iquecían, lo di emos o a ez, sus biblio ecas los benedic inos pa a su exclusi a ins ucción y delei e. Si, du an e aquellos siglos de sequía y es e ilidad del ingenio humano, eco  gían en las p o undidades de sus monas e ios los hilos de agua de la adición, depu ándola del lo  do de la he egía, e a pa a o ma manan ial abundan ísimo, cuyos limpios audales, encauza  dos y di igidos con enien emen e ’ , lle a an la ecundidad y la ida á los más apa ados paí  ses. Jun aban en uno los haces dispe sos de la luz de la in eligencia; mas pa a hace los pa  sa po la len e con e gen e de su es udio, o  mando po en e oco, cuyos ayos deslumb ado  es pudie an ompe las densas inieblas de igno  u ancia y de ba ba ie que en ol ían al mundo. Mien as unos se dedicaban á desmon a bos  ques, á canaliza o en es y á cons ui ciudades, sus compañe os de hábi o, p o eso ea an es quizá de las en onces desie as academias, ó nobles de la más ilus e p osapia, ol idados de odo lo exis en - , e pa a consag a se no más que á Dios y al po e  ni de la ciencia, consumían la mayo pa e de las ho as del día, y odos los días del año y odos los años de una exis encia que solía p olonga se no  ablemen e, sen ados an e un pupi e copiando có  dices con esme o an exquisi o, con pe ección an acabada y ado nándolos á eces con iluminacio  nes, minia u as, le as capi ales y iñe as an he mosas, que no hay palab as pa a ponde a de  bidamen e su belleza y elegancia. A eces la ida en e a de un homb e no bas a  ba pa a da é mino á la ep oducción de un códi  ce: el que había esc i o el Inclpl líbe , ó mula gene alizada po el Doc o Máocimo y nues o compa io a O osio, no siemp e podía llega al Ea:- plici ' ehcl e ] y al baja á la umba, cedía el pues o y el g apH' um, el calamus ó el a undo á o o compañe o; y así, añadiendo idas á idas, — 16- se log aba da cima á abajos que son el asomb o de es e siglo lige o del apo y de la elec icidad. En ocasiones el sc ip o ponía su i ma al in del olumen asladado; pe o e a lo más ecuen e omi i la, esc ibiendo en su luga sencilla y con  mo edo a acción de g acias al Se Sup emo. Pa a aquellos homb es de supe io y ex ao dina io emple de alma e an lo de menos, en compa ación con el cumplimien o del debe , los elogios de la pos e idad. Al lado de su mesa de esc ibi eían al ángel cus odio con do ada pluma en la mano,, consignando po modo imbo able con áu eos ca  ac e es sus ac os de abnegación y de sac i icio; y enían po a e iguado é indiscu ible que las go  as de sudo e idas en bene icio de la humani  dad y de la ciencia, un Dios, pa a quien nada pasa inad e ido, las ocaba en b illado es dia  man es que esplandece ían inde ec iblemen e en su diadema de iun o. Como la oscu a abeja que en las la gas ho as, del c udo in ie no lab a soli a iamen e panal sa  b osísimo, así la O den benedic ina, en la in e mi  nable noche de la Edad Media, gas ó odas sus ue zas y ene gías en liba en las lo es de la u - 11 - e udición clásica el jugo i al de la ciencia, que, elabo ado y as o mado con enien emen e en la soledad y en el silencio, había de se alimen o dulcísimo pa a las u u as gene aciones, algunas de las cuales, sin emba go, desp ecia ían á quie  nes, sin in e és ninguno humano, y solamen e po su amo al p ójimo, conse a on y pe ecciona on el sus en o de la in eligencia en bene icio de las más emo as edades. El i giliano Sic os, non obis, mellilica is, apes, es aplicable exac amen e á los an iguos benedic inos. El iaje o que, en alas del apo , a a iesa las mon añas, c uza los o en es y sal a los p ecipi  cios, no suele aco da se de la alange de ob e os que consumie on su ida en las en añas de la ie  a, ho adando los peñascos y cons uyemlo el ú  nel po donde uela la locomo o a sup imiendo las dis ancias. Cuando se e en el Océano la isla mad epó ica, cubie a de he mosu a, encan ada la is a con su belleza, no se a iende al sinnúme o de pólipos que la o ma on. Hoy que es á al alcan  ce de una mediana o una el adqui i ica biblio  eca, y an os medios hay pa a consul a sin g au dispendio ni abajo oda clase de lib os, es di í- 3 u - 18 - cil o ma se idea exac a de la incesan e y p olon  gada labo que emplea on los benedic inos al obje  o de en iquece sus lib e ías y asmi i á la pos  e idad cuan iosa suma de conocimien os, base in  dispensable pa a le an a el majes uoso edi icio que eno gullece con jus icia á la ciencia eon em- po ánea. A la ez que las ob as de la an igüedad, a en  dían con singula esme o los benedic inos á con se a , ijándolos po medio de la esc i u a, los hechos más no ables de sus con empo áneos. Las c ónicas de los monjes de San Beni o son insus i  uibles en algunas épocas, y si po un momen o se p escindiese de ellas, al a ía el hilo de A iadna pa a sali del labe in o inex icable de lo pasado; denso elo de inieblas cub i ía pun os muy culminan es de la his o ia, y queda ían en la na ación inmensas lagunas muy di íciles de llena po o o medio. Hay en ellas un ondo de since idad, un cie o cando in an il, al acen o de con icción y an o cuidado en no al e a á sabien  das la e dad, que po es o sólo pod ía pe doná  seles las muchas al as que, á la luz de la c í ica mode na, come en en la o ma y en la sus ancia de u — 19 — la na ación. No se comp ende cómo algunos his o  iado es, po ejemplo, Vice o, en su His o ia de Galicia, ol idando odo el bien que han me ecido de las ciencias his ó icas, po no más que habe pues o á Jas eces mayo diligencia en con a los sucesos eligiosos, que no los polí icos y mili a es, di igen e oces y b u ales ec iminaciones á los benedic inos, que no pudie on sus ae se a las in  luencias del medio ambien e li e a io de su épeca, y debían no pe de de is a que la b e edad e a necesa ia, si habían de saca se muchas copias á in de que el lib o, con el co e del iempo, no i  nie a á pe de se. La impa cialidad nos obliga á ad e i lo que, po o a pa e, no es. necesa io, eniendo en cuen a que el homb e no deja de se lo po cub i se con un hábi o eligioso, ni pie den su b ío las pasio  nes con ence a las en la soledad de un claus o: los benedic inos no en odas pa es ni igualmen e en odos los iempos se conse a on ieles á su misión ci ilizado a y á la aus e idad de la sapien  ísima egla que les impuso el san o pa ia ca. Es ho ible la desc ipción que a ios Concilios, como los de T osly y de Me z, hacen del es ado de la u ida eligiosa en de e minadas épocas. Pe o una singula p o idencia elaba po el esplendo de es a O den, y, á la co upción, no a daba en se  gui una comple ísima y gene al e o ma. Decaída ya á p incipios del siglo VIII la disci  plina monás ica, á consecuencia de los as o nos sociales de aquel iempo, encon ó en San Boni a  cio un es au ado ilus e, á quien debie on su o i  gen los amosos con en os de He s eld y de Ful- da, en Alemania. La necesidad de nue a e o ma se dejó sen i bien p on o, y en onces un segundo Beni o, el de Aniana, hizo e lo ece en la O den las i udes que ilus a on su cuna. Empe o la es au ación más impo an e, po su in luencia ex ensísima y po su la ga du ación, debióse á los monjes cluniacenses, en cuyos p ime  os abades, Be nón, Odón, Ayma , Mayeul, Odi- lón y Hugo, pa ecía esuci ada, con el celo de los após oles, la aus e idad de los p imi i os anaco  e as, po lo que muy p on o nume osos monas e  ios de oda la c is iandad, sin exclui á España, se pusie on bajo su di ección y dependencia. Dos siglos más a de ino la ibieza y languidez, que p odujo en b e e una saludable eacción, ini  O ig en d el M o n a s e io Cos umb e es, seguida gene almen e po los his o iado es pa icula es, al llega á la in es i  gación del comienzo de la ins i ución de que a  an, busca lo en la más emo a an igüedad., pe  diéndose en un ma de conje u as, y undando sus deducciones en los da os más obscu os é . insigni  ican es. Ancho campo end ía pa a ello el que quisie a ija la' época p ecisa en que los benedic inos un  da on su céleb e casa en la cima del cas o Luc- onio; pues nada se consigna en las esc i u as au- — 28 — én icas an iguas, único medio pa a sa is ace la na u al cu iosidad que inspi a es e pun o. Quizá no sucede ía lo p opio, si no se hubie an quemado ya an es del siglo XII los ins umen os - del a chi o del monas e io. Es e incendio de im  po an es documen os cons a de una esc i u a de D. Ramón de Bo goña, ma ido de D. n U aca, hi  ja de Al onso VI, en que se hace de nue o al con en o me ced de muchas posesiones donadas po los eyes, cuyas esc i u as habían sido pas o de las llamas. La con i mación del conde D. Ra  món se hizo y esc ibió en el año 1094, no en el de 1074, como dice equi ocadamen e Tepes: pues en es e año aun no gobe naba á Galicia el de Bo  goña. No obs an e es e incendio, pudie on llega á la pos e idad algunas esc i u as en que se hace men  ción del monas e io: una de ellas es an o más cu  iosa, cuan o que e ie e uno de los -juicios de Dios an usados en aquella época de ba ba ie, que so  lían hace se ó sume giendo al acusado en agua ía, pa a que demos a a su inocencia sob ena  dando, ó pe mi iéndole indica se po la ue za de las a mas en duelo singula . A eces se usaba pa  u — 29 — a el mismo e ec o la p ueba ¿le la c uz, ¿le que hablan las Capi ula e^ de los eyes F ancos, con  sis en e en ene los b azos ex endidos mien as se ezaba alguna o ación: y el juicio ¿leí pan -y queso, que explica Du-Cange en su G-losa io', di  ciendo que se educía á que si .comían de una ez cie a can idad dé queso y pan bendi os, quedaban absuel os de odas las impu aciones. Pe o las p uebas más usuales se hacían po el uego: á e  ces se calen aba agua y en ella, después de a ias ce emonias, me ía el b azo el acusado, quedando lib e si salía sin lesión ni señal alguna: en o as, ocasiones el que que ía mos a se inculpable, de  bía ene en la mano, sin quemadu a, un hie o a  diendo, ó pasa con los pies desnudos sob e ca bo  nes encendidos, como hizo San a Cunegunde, al deci de Su io: < ’ > a a esa po medio de las lla  mas, lo que e ec uó el ene able Ped o Igneo, abad de Valle Umb oso, pa a con ence de simo- níaco al a zobispo de Flo encia. Los benedic inos acos umb aban á emplea la p ueba del agua ía — una de las más humanas, — como e ie e su mismo his o iado Mabilouio: el concilio ibu ense pa ece pone en e las p uebas u — 30 — admi idas como canónicas, las del hie o canden e y del agua hi iendo; pe o la Iglesia omana siem  p e echazó odas las o dolias y bá ba as pu i i  caciones ulga es, y se hallan en las Dec e ales e minan emen e ep obadas. Nada enía de ex año que en ales p uebas, si al ez se excep úa la del agua ía de los benedic  inos, el acusado no p obase nada á su a o ; po eso es de no a que en la esc i u a á que nos e e  imos., se consigne que, e i icada á p esencia del público la p ueba calda ia con un al Macedonio, és e salió ileso, según asegu an habe lo is o 25 es igos mayo es de oda excepción. En el e e ido documen o, esc i o en la e a de 953 ó séase año de 915, se hace ya elación de la iglesia de San Vi  cen e in Cas o Luc onio Aún exis e o o ins umen o más an iguo donde se menciona el con en o de San Vicen e del Pino de Mon o e, en onces dicho de cas o Luc onio; y es el amosísimo que p incipia po es ás pala  b as: E a 829. Unc us es in Regno p odic us ex Magnas Al onsus, el cual, según Amb osio de Mo  ales, ue ex endido en iempo de Al onso II ó sea á p incipios del siglo IX; pe o aunque se haya e- u — 31 — d ac ado siendo ey Al onso III, siemp e esul a g ande la an igüedad del con en o que allí se nomb a. Cons a, pues, e iden emen e, que el monas e io mon o ino es aba undado an es del siglo IX; que es an e io , po an o, á la g an es au ación monás ica lle ada á eliz é mino en Galicia du  an e la úl ima cen u ia; y que no se á a en u a  do supone que su exis encia en los comienzos mismos de la econquis a se debe á que ya en la época isigó ica hab ía allí alguna undación mo  nás ica. Se explica que, po la de oción al glo ioso San Vicen e, el con en o, á él consag ado, lle a a su nomb e; pe o no es an íácil a e igua po qué se le llama del pino - , pudo se en azón de que en al luga hubie a algún pino co pulen o y no able, ó po gue lo ele ado del si io le hace pa ece un pi  náculo: el nomb e de Pino se e ie e mas bien al cas o que no al con en o; y así en la esc i u a de D. a Gon oda se dice que es e se hallaba edi icado en Cas o Luc onio po nomb e Pino, in cas o lac onio, <iuod (Lici u Pino. Aunque no cons a que se deba á los eyes su u - 32 - undación, po lo mismo que és u se en uel e en las obscu as somb as ca ac e ís icas de emo a an  igüedad, po los muchos p i ilegios con que le dis inguió la egia muni icencia, lle a jus amen e el monas e io el nomb e de eal, y nada más e  cuen e en sus documen os que consigna se" es a exp esión, San Vicen e el Keal del Pino. II E l A ba d É spa sa n d ó La al a de documen os, consecuencia de las al  e aciones de los iempos, de la incu ia de los hom  b es, y xíl imamen é de la ba ba ie de los mode  nos e oluciona ios españoles, que, más inconside- íados que las mismas ho das de A ila, a oja on á las llamas ó dispe sa on á los cua o ien os las ene ables eliquias li e a ias de los siglos euda  les, han hecho que hayan quedado, en la obscu idad muchos nomb es de p elados de San Vicen e del Pino, que indudablemen e end ían glo iosos í u  u — 34 — los á la es imación y al espe o de las u u as ge  ne aciones. Del mismo modo que en la la ga época de la e  conquis a se pensaba más en pelea que en esc i  bi , en gana palmo á palmo la pe dida pa ia, que en consigna los í ulos po los que és a debía se econocida á an os gene osos campeones y es o  zados adalides que de ama on su sang e en a as del pa io ismo, así los eligiosos, con encidos de que sus buenas ob as se esc ibían en el lib o ce  les ial de la ida, y sus abajos se ían ecompen  sados e e namen e po el que no deja sin p emio la acción más insigni ican e, no se cu aban de los elogios que de ellos pudie an hace las gene acio  nes po eni , y en es a su humildad p o undísi  ma ha de busca se una de las causas de la obscu i  dad que odea cie os hechos po . o a pa e impo  an ísimos. Uno de los abades de San Vicen e del Pino, de quienes se conse an más memo ias, es el ilus e Espasando: és e es el que i mó en 932 la esc i u  a, en que, siendo obispo de Compos ela Sisnan- do, die on mucha hacienda pa a la iglesia del Após ol los nobles Daga edo y Tin asindo. Tam- u bien se encuen a su nomb e con el del ene able T anquila, abad de San Es eban de Ri as del Sil, y los de a ios obispos, en el ins umen o po el que Adel io hace á Sainos donación de g andes iquezas. En la amosa esc i u a de donación o o  gada po San a Ildua a, mad e de San Rosendo, al con en o de Celano a, con los obispos Rude- sindo, Bisando, León, Diego, Sigila, E mógio, Obeco, E megildo, Salomón, y E o, susc ibe asi  mismo Espasando, abad de San Vicen e del Pino. El hecho más no able de es e abad ó p elado ue el oma pa e en el Concilio de O iedo, en iempo del ey D. Al onso, i ma sus ac as, y ob  ene pa a su monas e io g andes exenciones, no  able ju isdicción y señaladísimos p i ilegios. Como en O iedo, con obje o de e igi su ca e  d al en me opoli ana, hubo dos concilios, según opinión muy p obable, y el Al onso 'que en onces einaba, lo mismo pudo se el Cas o que el Mag  no, es dudoso, en que iempo i ió Espasando, a endiendo á es e da o únicamen e. Amb osio de Mo ales, diligen ísimo egis ado de a chi os y biblio ecas, y c í ico, pa a su iempo, en g an mane a concienzudo, c ee que el Concilio - 36 - de que se a a, se celeb ó en el einado del se  gundo Al onso, y que nues o Esposando lo eció po los años de 830. El p i ilegio de Mon o e que consiguió Espasando en el Concilio de O ie  do, habla e ec i amen e, al p incipio, de Al onso II; mas es o no p ueba en mane a alguna que en su iempo se hubiese esc i o. Fijando la a ención en él, se no a que, desde la mi ad, a a de o o so  be ano, de Al onso III, cosa na u al si se a iende á que su obje o es ad e i , en b e es ases y sin gua da un mé odo igu oso, po qué caminos y mane as llegó el con en o á posee su amplia ju  isdicción. La ci cuns ancia de llama se Juan al Papa que en onces gobe naba la na e de Ped o, bas a pa a mos a que el concilio no se celeb ó en iempo de Al onso II, en el cual no hubo nin  gún Pon í ice de aquel nomb e. Si el Concilio á que asis ió Espasando en O iedo, se hubie a jun  ado einando Al onso II, como se le e poniendo su i ma en documen os hechos un siglo después, hab ía que eni á la consecuencia de que el al abad e a una especie de Ma usalén. Es, pues, in  dudable que Espasando ilus ó con sus i udes el einado de Al onso III. u III E l C on en o en c o men d a d o y a n eja d o Las encomiendas, con a las que an o se ha declamado, conside adas en absolu o, no pueden ap oba se, ni desap oba se, como no a muy bien Rigau , en sus p eciosos comen a ios sob e las e  glas de la Cancela ía pon i icia. Que una iglesia se encomiende empo almen e á un clé igo, po ejemplo, mien as no se la dé un Pas o e ec i o, nada iene de chocan e, ni de e  p ensible; y así lo hizo en la diócesis, denominada ad Fo um Co nelu, el g an pad e San Amb osio: — 44 — del mismo modo, se hallan casos de con en os en  comendados en el concilio 3.° de O ange, Cuando algunas ca ed ales e an des uidas, co  mo sucedió á an as en España con mo i o de la in asión de los sa acenos, pa ecía na u al que á los obispos de ellas se les diese el gobie no de monas e ios pode osos, pa a que se sus en a an decen emen e con sus en as y eje cie an á la ez el minis e io episcopal; lo cual hizo con muchos P elados el g an Pon í ice San G- ego io. Tampoco ha de ep ende se el que si un clé igo benemé i o no podía man ene se con las en as de su bene icio, se le pusie a al en e de alguna ca  sa eligiosa, á in de que goza a de pa e de sus emolumen os. De la misma mane a, cuando algún monas e io, en su pa e mo a), enía á decae las imosamen e, y no se encon aba emedio más del caso, no podía pa ece inopo uno, ni a bi a io, el que se die a su di ección á o os clé igos capaces de es  i ui la pe dida disciplina y hace lo ece con igo y lozanía la jus a obse ancia monás ica. Los Papas, al encomenda los monas e ios á clé igos que no pe enecían ni á la comunidad, ni — 45 — á la o den.ni al monaca o, ob aban comple amen e den o de sus a ibuciones: pues en ellas es á el dis ibui los bienes eclesiás icos, — sob e los cua  les ienen, po lo menos, el dominio al o ó de so  be anía, — en e las pe sonas sag adas, del modo y en la o ma que les pa ezca más con enien e. Lejos de a o ece el mí me o excesi o de enco  miendas, los Pon í ices a a on de disminui las y de qui ai* las que cons i uían un e dade o abuso. Más de una ez se opusie on á las p e ensiones de los P íncipes en es a pa e. Clemen e V quiso se aboliesen cuan as se habían concedido inconsi  de adamen e; y Benedic o XII mandó sup imi odas las que ad i ió edundaban en no able pe  juicio de los monas e ios. Pe o es jus o con esa que mien as es u o la San a Sede en F ancia, en aquellos iempos que llaman elices los esc i o es ul api enáicos, y ue  on una inmensa calamidad pa a la Iglesia, pa  en izando que los Obispos de Roma con iene que es én con independencia absolu a, en la Ciudad E e na, las encomiendas llega on á se una e  dade a plaga, se mul iplica on escándalosamen e y con dolo de los buenos, g acias á la apacidad u inaudi a y al inc eíble descoco de los cu iales anceses que odeaban á la có e pon i icia du  an e el cau i e io de A ignón. De los abades comenda a ios, unos no enían de supe io es eligiosos más que el cob o de las pin  gües en as, sin cuida se de esidi en los. monas  e ios; y los que allí i ían, po lo com in, e a con el exclusi o obje o de saca más ganancia, in es  igando y explo ando po sí las uen es de p o  ducción. A eces los ales abades ni siquie a e an clé igos: los eyes solían nomb a á sus soldados, bajo el especioso p e ex o de que, con los p oduc  os, man u iesen la gen e en pié de gue a con a los enemigos de la eligión c is iana: y no pocos monas e ios, á a o de los as o nos y desquicia  mien o social de la época, inie on á pa a á ma  nos de segla es, consumándose así su o al uina. El monas e io de Mon o e, no obs an e su an  igüedad, su his o ia y sus p i ilegios, no pudo lib a se de la pes e de las encomiendas, que in es  aba con su pe nicioso con agio las ó denes mo  nás icas, y llegó á causa los mayo es desas es, singula men e en los siglos XV y XVII. Quizá sus mismas iquezas ue on la causa mo o a, exci- — 47 — ando los codiciosos ins in os de hidalgos y icos- homes, quienes, du an e no poco iempo, se apode  a on de las en as de la comunidad, á í ulo de encomienda. • Los males que po ello se siguie on, no son pa  a con a se: aquel monas e io an lo ecien e, an obse an e y an ico, es u o á pun o de e su o al i epa able uina. Lo que en o as ci cuns ancias se hubie a eni  do po una g an desg acia, ue lo que con ibuyó á le an a la p ospe idad del monas e io, que á an las imoso es ado había enido en manos de legos comenda a ios. Se le anejó al p io a o del Ceb e o, y de es e modo sus en as p incipia on á se bien empleadas, dedicándose al sos enimien o del amo  so hospi al y albe gue ía que, en obsequio de los que caminaban po aquellas aspe ezas y de los que iban en pe eg inación á San iago, enían allí los benedic inos. Po Bula de 1496, expedida á ins ancia de los Reyes Ca ólicos po el Papa español Alejand o VI, se anejó el P io a o del Ceb e o y con él, po consiguien e, San Vicen e del Pino, al monas e io de San Beni o el Real de V alladolid. se VNIVCRS DADC — 48 - La ag egación de los con en os benedic inos al de la capi al de Cas illa, si bien muy en ajosa pa a la causa del c is ianismo y de la o den, no hizo gana mucho á cada uno de ellos en pa icu  la , y más si se a a de los de Galicia. Como la unión es la ue za, is imi a o io , la Cong ega  ción o mada po los monas e ios de la o den be  nedic ina, se hizo pode osa y espe able, y se ha  lló con ecu sos pa a consegui sus ines: hubo más uni o midad de mi as; y ué más ácil la co  ección de cos umb es y la conse ación de la aus e idad p imi i a, po la edi icación mu ua, po la ecuen e y pe iódica eno ación de los su  pe io es, y po la igilancia y cas igo que eje cía un je e expe imen ado y e es ido de la mayo au o idad. En cambio, pe die on así su independencia los monas e ios, al ándoles con ella uno de los gé  menes más ecundos del es ue zo indi idual y de las inicia i as ápidas y igo osas: su his o ia se con undió, como las go as de agua en el Océano, con la na ación gene al de los hechos de la Con  g egación: al óles el sabo local, la isonomía p o  pia, los asgos ca ac e ís icos que an es los dis iu- — 49 — guían y hacían á cada uno ac eedo á a ención es  pecial: la enida de abades ex años á la egión, ajenos á la his o ia del país, desligados de las a  diciones de la comunidad, ué pa e á que los mo  nas e ios, co ados odos como po un mismo pa  ón, deja an de ene ida p opia pa a con e i  se en uedas sin impo ancia ó muy secunda ias de una máquina po en e é inmensa, en miemb os lánguidos de un o ganismo ple ó ico abso ben e y cen alizado! ’ : las p opiedades monacales se con  se a on; pe o sus endimien os no solían queda en la egión que los p oducía, sino que iban á dis  ibui se en lejanas ie as ó á ecoge se y gua  da se en la casa gene alicia. San Vicen e del Pino ué uno de los pocos mo  nas e ios gallegos que gana on con la e o ma. El pode de la Cong egación le puso á cubie o de los da dos de sus pa icula es enemigos; las api  ñas de los legos encon a on un allada insupe  able en la ene gía ilus ada del gene al de la o  den: con los monjes enidos á él del obse an e con en o eal de Valladolid, ecibió sang e jo en y gene osa aquel cue po anémico y en laquecido; se in undió nue a y i i ican e sa ia en el á bol 7 se UN a scixü coM o-sni.' u - 50 - ca comido y expues o á cae en ie a: epoblóse el monas e io, alcanzando sus habi ado es una espe  able ci a; y sus en as, me ced á una buena ad  minis ación y al econocimien o y ecob o de las an iguas posesiones, aumen a on no ablemen e. Anejado ya el monas e io á la Cong egación de Valladolid, ue cuando se cons uyó la ac ual iglesia, de la que dice un his o iado del siglo pasado que es una de Zas mejo es de GaUdé . Tie  ne en e ec o la en aja de que su es ilo de ansi  ción del oji al no se halle a eado con mezclas de o os di e en es, como ocu e en la mayo pa e de los edi icios eligiosos; su bó eda de ne adu  a complicada y de obus a c uce ía, iene no pe  queña ele ación; y son muy ai osos sus es ábsi  des y muy amplio el c uce o de o ma la ina. El e ablo del al a mayo se hizo dos siglos más a  de que la ac ual iglesia, en el XVIII; y, pa a se de aquella época en que an dep a ado es aba el gus o, puede cali ica se de no able. Los monjes die on una p ueba de su amo á las a es, ado  nando el emplo con g an núme o de cuad os, mu  chos de los cuales han ido desapa eciendo: en e los exis en es, me ece ci a se po su magni ud, y u — 51 — de él hace mención Mu guia, el ma i io de San Lo enzo, y, po la p opiedad del colo ido, el e a  o del cu a de To beo, que se c ee habe ayudado á cos ea el edi icio; y con escul u as an in e e  san es como el g upo de San a Ana, que pa ece abajado an es de aneja se el con en o al eal de Valladolid, y en aña singula impo ancia pa a el es udio del desa ollo del a e egional. A ae ambién las mi adas, po su an igüedad y pe ec  ción, la ado ación de los monjes á la Vi gen. La pu eza de la a qui ec u a del emplo es más de no a , po que, como dice D. n Emilia Pa do Ba- zán, en su p ecioso lib o De mi ie a, mien as los anciscanos, ligados á su dama y seño a la Pob eza, i iendo de las limosnas que ecogían, no in oduje on modi icaciones en los p imi i os edi icios cons uidos del XIII al XIV, y po eso hoy se conse an los con en os de meno es al cual se unda on, los benedic inos, dueños de pin  gües en as, pe suadidos de que debían da aba  jo y omen a el desa ollo a ís ico, á cada paso econs uían y ado naban sus casas con la sun  uosidad p opia de quien no sólo dispone de i  quezas, sino de iempo y espacio, y i e en épocas - 52 — más apacibles que es a nues a de hoy, que odo lo ap esu a y malog a. No en amos en más de alles ace ca del edi icio que an iguamen e ue San Vicen e del Pino, po  que no los c eemos obje o de la p esen e memo ia. Sob e es e asun o esc ibió hace años en el pe • iódico ca ólico de Lugo, un bien medi ado a í  culo, el S . D. Ba olomé Teijei o, de la Academia de San Fe nando. La e olución engend ada po el odio sa ánico á la Iglesia de C is o, a ojó de sus casas á los ailes que e an su glo ia y su co ona de hono , y les a eba ó sus p opiedades, á las cuales enían í ulos an legí imos ó más que cualquie o o ha  cendado, ab iendo así el camino á los a aques con a la p opiedad colec i a, con a las socieda  des de c édi o y compañías anónimas, p incipio de la incesan e ba alla en e el capi al y el aba  jo, en e el dominio de la iqueza y el dominio de la ue za y del núme o: la eacción eligiosa que Dios, en los designios amo osos de su P o iden  cia, ha enido p epa ando y acen uando en nues  a pa ia, no ha hecho aún que los benedic inos, á quienes an o debe Mon o e, uel an á habi a u palos, á no de ende se en que e coge pied as.» P e endiendo el donado, que lle aba la c uz de San Vicen e del Pino, llega has a el Colegio, los jesuí as «lo esis ie on y con dispu as de unos y o os echa on dicha c uz en ie a»; cuyos lan  ces, dicen los es igos, que « ue on de mucho es  cándalo.» En el siglo XVII se lle ó ambién á la Au  diencia un plei o sob e el uso de una colgadu a, que al con en o de los anciscanos de Mon o e había dejado la condesa deLemos, D. n Ca alina de Zúñiga. Las concesiones ju isdiccionales que ob u o San Vicen e del Pino, da an de muy an iguo, aun  que no sea ácil de e mina cual ha de ene se po la p ime a. Desde el Concilio de O iedo, eje cie on pací i  camen e los abades de Mon o e su ju isdicción en la ie a de Lemos, has a los años de 1232, en cu  yo iempo el obispo de Lugo D. Ma ín y su ca  bildo les mo ie on cues ión, pa a di imi la cual, se nomb ó po á bi os amigables á unos canóni  gos de Mondoñedo, que de e mina on cediese el Monas e io á la Mi a 13 iglesias. — 60 — .San Vicen e enía Bulas de Inocencio III, de Julio II y de Eugenio IV, po las cuales su ju  isdicción se ex endía ad loca, cas a, ju a... e ad omnia lona; cum libé a e o ali ab au o i a e, po es a e, dominio, di ione, ju isdi ione, isi a io- ue e e o ma ione episcopo um. Hacia el siglo IX, po ol Concilio de O iedo, se le concedió ju isdicción espi i ual sob e más de 40 iglesias. Con los as o nos de los iempos y las di e en  es dema caciones de los obispados, en el siglo XVI no quedaban suje as á la ju isdicción del Monas e io más que las iglesias de la población, o as cua o cuyos bene icios le es aban anejos, y las 28 (1) del a cediana o, que poseían los Abades. ■ (1) Las iglesias del A cediana o de Mon o e e an: San Cosme de Lina es; San a Ma ía de Bamo o; San Cosme de Tiolleda: San Juan de To ; San a Ma ia de Toi- iz; San alla de Toi iz; San Román; San Sal ado de Mo e  da; Sanjillao de To ; San Gib ián da ide; San And és de Den iz; San Ma in de Gánda a; San Cisclo de Guyade; - San a Ma ia de la Penela; San a Ma ina del Mon e; San a- l!a de Caneda; San iz de Villama ín; San a Ma ia de Poza- bales: San Mamés de Vilachá; San Ped o de Sind án; San Es éban de las Nocedas; San Sal ado de Ci isa; San Ma in de Vas os, y San Sal ado de Ped oso. u — 61 — " La ju isdicción de és os en las e e idas iglesias e a. al p incipio, o dina ia, y de isi a, en odas . las causas, sin que de sus allos se pudie a apela al Obispo, ni al Me opoli ano, sino solamen e al Papa. Una de las causas más cu iosas en que u o que en ende el Vica io P o iso del Abad de San Vicen e del Pino, ué la de Magdalena das Pe- ei as, po o o nomb e la Vedo ei a de Canide. Es a muje , de o icio lab ado a, se dedicaba .á da adi inaciones y hace oda clase de emedios, c eyendo que, po dos eces, se le había apa ecido el Espí i u San o en igu a de paloma y le había enseñado unas ye bas con las que pod ía sana odas las en e medades. Tan a e a la ama que había cogido y la é que se la enía, que el mismo Conde de Lemos, habiéndole al ado del apa ado un sale o de pla a sob edo ada, la en ió un c ia  do con dos eales, p egun ándole quién se lo había hu ado, á lo que con es ó la adi inado a, y pa e  ce no se equi ocó, que la alhaja hallábase en el a cón de las cas añas; si bien el Conde la mandó «que no usase de aquel a o», obedeciendo á lo •pual, ehpsó la Vedo ei a esponde á unas c ia- . u — 62 — das que que ían a e igua quién las había qui a  do unos es idos. El Vica io de los benedic inos la puso en la cá cel el año de 1646, cuando ella enía ce ca de sesen a de edad; mas como se a aba de causa pe enecien e al San o T ibunal de la In  quisición, ue p esen ada, al hace su isi a á Mon o e, al inquisido D. An onio Ozo es, acu  sándosela, según la elación que se hizo al Su  p emo Consejo, de que había dado un hechizo pa a que cie o homb e no deja a de casa se con una jo en con la que sos enía elaciones ilí  ci as. . Uno de los es igos en la causa mani es ó que yendo po segunda ez un lab ado á consul a á la b uja, «la halló llo osa, po que decía la que ía p ende cie o comisa io, como Vica io de los ai  les beni os de Mon o e, y consolándola, ella es  pondió que no la podían hace ningún ag a io sino po que adi inaba.» Se la lle ó á las cá celes sec e as en 4 de Mayo de 1650, donde, en e a ias cosas, decla ó lo si  guien e, que hace á nues o caso: <y po que un cu a la había enido p egun ando quién le había — 63 — queb ado una cosa, y le espondió ella que no e a muje que supiese esas a es ni o as... la denun  ció delan e del Vica io de los ailes de Mon o e, el cual la ep endió.» La ex ensión del pode ju isdiccional de los abades se limi ó ya bas an e en el siglo XX I. En odas las iglesias, así del dis i o aba  cial, como del a cediana o, enían an es ju is  dicción absolu a, de la cual no cabía apelación, ni al obispo, ni al Me opoli ano y si solo al Papa. Pe o en 1547, el obispo S . Suá ez de Ca ajal, les puso plei o, y, uese po sen encia ó po con co dia, la ju isdicción se hizo acumula i a y al  e na i a la isi a. Publicado el Concilio de T en o en iM, un  dándose en él, el obispo quiso isi a la iglesia del Monas e io; con lo cual se siguió un la go plei o en Roma, que pe dió el p elado con cos as que impo a on 90 escudos de o o. Puso de nue o plei o con el mismo mo i o el obispo O adui, de lo cual esul ó hace se con él conco dia en 1594. El conocimien o de odas las causas decla óse u - <54 - pe enecien e po igual, á -p e ención, (1) al obis  po y al con en o, sin apelación de uno á o o, pe  o sí al a zobispo de San iago: la isi a de las iglesias del a cediana o de Mon o e se hacia ya po u no, pe eneciendo un año al P elado de la Ca ed al, y o o al P elado del con en o. En 28 de No iemb e de 1596 en e el mismo Obispo y el Abad F . Je ónimo Ma ión, en is a de los muchos gas os, según con esión de ellos, que hubo con los con inuados li igios, se hizo se  gunda conco dia, po la que: l.° se dejaba al mo  nas e io la ju isdicción sob e el a cediana o: 2." la ju isdicción de Mon o e se end ía cumula i a  men e: 3.° odas las causas de que conociese el Abad, se ian apelables al Obispo: 4." los anejos de dicho monas e io se se i ían po clé igos secula  es con nomb amien o del Abad y examen y ap o  bación del Obispo: 5.° si sob e las apelaciones que se in e pusie en an e el Obispo, se susci ase al  gún plei o, hab ía de segui lo és e con el Me o  poli ano. . (1) La p ecención, en es e caso, consis ía en que podía juzga una causa, el que p ime o ci ase, pusie a secues  o ó enca cela a. u — 65 — ' Como el Abad no p esen ó den o del plazo p e  ijado la ap obación del gene al, y además, con a lo que c eía el P elado de echo exclusi o de la Mi a, había p omulgado censu as p o ebús pe - di is, el Obispo, dos años después, decla ó anula  da la conco dia; en lo que no ino de buena o  lun ad el Supe io de San Vicen e. Mien as conse a on los Abades su ju isdic  ción sob e odo el A cediana o llamado de Mon- o e, odos los clé igos de él enían los es úl i  mos ie nes de cua esma, y el e ce día de las Le anías, después de habe andado en p ocesión con los eligiosos po el claus o, á la cáma a aba  cial: y enían una especie de Sínodo, á que daban el nomb e de capí ulo de co ección de cos umb es. En el siglo XVII pe dió el monas e io casi en  e amen e la ju isdicción sob e el A cediana o mon o ino, quedándole, en unión con el" Obispo, sob e la illa y a abales de Mon o e, y p i a i - amen e en San Ma ín de Doade, San Ped o de Val e de, San Ped o de Ri as Al as, San Ma- més de Villachá y San a Lucía de Gon ín: la i  si a de es as iglesias co espondía al Abad exclu  si amen e, el cual seguía poniendo, como an es, 9 u SC - 66 - . a cip es e, amo ible ad mi um, pa a odo el a ce- dianadgo. • El Abad e a el que daba á los monjes la ap o  bación pa a adminis a sac amen os; y ponía y qui aba po sí, en las iglesias del con en o y de los anejos bene icios, clé igos que adminis asen el pas o espi i ual, los que, po e o mas hechas en la disciplina eclesiás ica, debían ob ene del Obis  po la ap obación pa a pode eje ce la cu a de almas, quedando, no obs an e, suje os p i a i a  men e á la co ección del Abad. Es e, además, enía la p esen ación in solidum de diez cu a os, que e an: San a Ma ina de Mon e, San a Ma ía de Penela, San Ma iño, San a Ma ía de Se  o en os, . San Ceb ián de la Vid, San Miguel de Ma celá, San Acisclo de Gullade, San iago de Ri as Pequeñas, San Fiz de Villama ín y San Cosme de Lina es. An es del Concilio de T en o no sólo p esen aba el Abad es os cu a os, sino que daba la colación é ins i ución canó  nica. Po la conco dia hecha con el Obispo Ca ajal, en 1605, pe dió mucha ju isdicción el monas e io; y con ella p incipia lo que podemos llama el e  u — 67 — ce o de los cua o es ados que, en sus icisi udes, apa ecen cla amen e de inidos. El más udo golpe lo ecibió á p incipios del pasado siglo la ju isdicción del monas e io. Ve  dade amen e, hay que con esa que en- el es ado á que habían llegado las cosas, e a un bien que se aco a a g andemen e la ju isdicción de los Aba  des, ya que se había iniciado, desde el concilio de T en o, un mo imien o de opinión a o able a la au o idad de los Obispos, la cual a aban de o  bus ece los Romanos Pon í ices, disminuyendo las a ibuciones de los egula es exen os. Con mo  i o de los iun os alcanzados po la po es ad episcopal, y del e eno ganado palmo á palmo en la po iada y muchas eces cen ena dispu a, ha  bía dos Audiencias en Mon o e (1) ep esen an  es de dos pode es, no siemp e amigos, amén del (1) Un nomb amien o de Vica io de Mon o e hecho po el S . Bu uaga en 1767, decía asi: «Po cuan o es p opio y co espondien e á nues a Dig  nidad nomb a un Juez Ecónomo en la illa de Mon o e de Lemos, que conozca en odas las causas así ci iles co  mo c iminales en dicha illa y que adminis e jus icia p i  a i a y acumula i amen e, á quien se la pida...» — 68 — a asallado p edominio ju isdiccional de los Con  des: los choques de compe encia en e ambas e an ecuen es, y deplo ables po más de un mo i o; de donde, según con esión esc i a de un Obispo y un Abad, con habe an os ibunales de jus i  cia, lo que esul aba e a que és a no se adminis  aba, ni pa ecía po ninguna pa e en ie a de Lemos. En a ención á ello, sin duda, los Abades con  sin ie on en cede lo que po an as cen u ias an obs inadamen e habían de endido; comp ome ién  dose el monas e io á deja del odo su ju isdicción in ye pe uum á la Mi a, «con el de echo de isi a en dicha illa como en cualquie a o a iglesia del Obispado,» según eza la esc i u a con i ma o ia del pac o; sin que le quedase al Abad más ju is  dicción «que la que iene po sí cualquie P ela  do egula .» Se ia ambién de cuen a del monas  e io abona « odas las ca gas y de echu as de isi a,» que no e an pocas ni pequeñas en aque  llos iempos. Todas las causas ci iles, c iminales, bene icíales y ma imoniales, se ian de la exclusi  a compe encia del Obispo. El cu a de San Vi  cen e debía lee , como los o os pá ocos, al o e  u — 75 — iino as os desie os ó incul as mon añas que, al poco, con el sudo de los benedic inos, se ecundi  zaban y con e ían en he mosas egas y en p o  duc i os campos. Los benedic inos del con en o de Fulda des  mon a on diez y seis leguas de ci cun e encia, y muy p on o u ie on diez y ocho mil casas de campo: los de San Beni o-Poli onés en I alia, cul  i aban la ie a con es mil pa es de bueyes. Del mismo modo que el espec áculo de an os miles de homb es consag ados á Dios y quizá en el siglo pe enecien es á la p ime a nobleza, que pasaban oda la ida emo iendo e ones y ma  nejando la azada, debió con ibui á que los seño  es eudales pe diesen su ho o á los abajos de la ag icul u a, que se concep uaban p opios no más que de sie os, asi, ue muy a o able á la economía u al y á la conse ación y mul iplica  ción de los animales de lab anza, el que no pudie  an come ca ne los benedic inos, an nume osos, que había muchos con en os que enían á más de mil ailes cada uno. El izconde de Cha eaub iand da es imonio de que aun en su iempo no habían pe dido los bene  u — 76 — dic inos su genio ú il y en g an mane a labo ioso, y que las mejo es lab anzas, los cul i ado es más icos, los más bien man enidos y menos ejados ob e os, los ape os de abajo de pe ección más no able, los ganados más lucidos y los co ijos más bien cuidados se encon aban en las abadías, iniendo á se de es e modo los ailes los e da  de os pad es de la ag icul u a, ya como lab ado  es ellos mismos, ya como maes os de los lab a  do es. Las mismas monjas benedic inas, de quienes an o se ha mu mu ado al habla de los con en  os dúplices, se dedica on, en cuan o podían, á la ag icul u a: de las de Mon euil-les-Dames cuen  a He nán, que no sólo cosían ó hilaban, sino que ocupábanse en desmon a los espinos de la Sel a. El P. Sa mien o, en su inédi a ob a ¿le 630 plie  gos, hace muchas y en su mayo ía muy a inadas obse aciones, pa a mos a cuan ú il e a la ique  za de los benedic inos, comba ida po a ios abo  gados de la Co uña. A cada casa benedic ina, esc ibe el S . Villaa- mil y Cas o, en su C ónica de la p o incia de u — 77 - Lugo (1), á p opósi o de San Vicen e del Pino, seguía cons an emen e un bu go ó pequeña aldea, «en la que se acomodaban las pe sonas necesa  ias pa a cie as unciones mecánicas del monas  e io.» En aquella época u bulen a, en que nada hu  mano se espe aba, las ce canías de las casas ha  bi adas po los minis os de Dios y po los hom  b es consag ados pe pé uamen e á su se icio, e an el luga más segu o pa a lle a una ida ela i amen e anquila. Los mismos enemigos de nues a eligión que dis inguían con su odio más e oz á los monjes, muchas eces sen ían an e ellos igual e o que á las pue as de Roma en p esencia de San León Magno sin ió A ila, el im  placable je e de las bandas sal ajes de los hunos, y lib aban del saqueo y de la mue e á sus asa  llos y á sus pueblos. Los eyes, que eían en las undaciones monás icas el medio más segu o de a i ma y a ianza el impe io del o den y de la i ud, concedían á los que i iesen en sus ie as oda sue e de anquicias y exenciones. Los que (1) P. 70. u — 78 — es aban expues os á la con inua á se íc imas de las apacidades y de la insolencia de los a a os y o gullosos eyezuelos del eudalismo, sen ían e  nace la anquilidad, al hace se súbdi os de las abadías y e se p o egidos po el báculo pas o al, espe ado o dina iamen e en onces po los mismos que no e enaban sus co celes, ni ol ían la espa  da á la aina an e conside ación alguna. De es e modo ue on ag upándose los case íos á la somb a sag ada de los san ua ios monacales, como lo habían es ado en o os iempos al ededo de los ecin os eligiosos de los cel as: la campana que cong egaba á los monjes en el co o á eza las alabanzas di inas, llamaba á la sociedad y á la unión á los dispe sos del Guadale e y á los que, ugi i os de los mo os, se escondían en las sel as: cada con en o que se undaba e a un núcleo de esis encia con a el in aso , un oasis en aquellos as os desie os semb ados de uinas, un cen o á donde con e gían y donde se j un aban pa a los ines de la sociedad los que, dejándose lle a del exage ado indi idualismo de las azas del No e, comba ían aisladamen e en la de ensa de sus ho  ga es con a el enemigo común . u La hoy ciudad de Mon o e és la p ueba más con incen e de lo que enimos diciendo. Rod igo Mendez de Sil a (1) asien a que Mon  o e de Lemos debió sus p incipios, 1170 años an es de la e a c is iana, á los g iegos en iempos de Teuc o, As ií , An iloco, Diómedes y compa  ñía. ' . Lo indubi able es que hacia su si io ac ual es  u o edi icada la capi al de los Lema os, de que hablan los geóg a os é his o iado es de Roma, nomb e que indica á las cla as una p ocedencia cél ica; pues en es e idioma, según Bulle , lemán signi ica e i o io é il, lo cual cuad a pe ec a  men e á la ie a mon o ina; á más de que, en sen i del P. Flo ez, pudie on los cel as, al impo  ne le es e nomb e, que e aludi á su ciudad le- momcense, hoy Limoge.s, en F ancia, si uada, co  mo Mon o e, sob e una colina, y eniendo á sus pies igualmen e un alle é il y un abundan e ío. La cabeza de los lema os, según el geóg a o an  iguo P olomeo, se llamaba Dac onio, que, como (1) De la población de España. - 80' - dice Gánda a (1) y es e iden e, co esponde á la p esen e población mon o ina, aunque Ab aham O elio, sin azón ninguna, quie e que Vi e o sea la Dac onio amosa. La pálab a Lema os con que los geóg a os gen  iles dis inguían ya á los habi an es de la ie a donde se asen ó el monas e io de San Vicen e del Pino, ué poco á poco co ompiéndose. En el ins umen o o o gado po el ey Al onso, en el siglo IX, á a o del monas e io benedic i  no, se llama al país é a de Lemabus. En el documen o po , el cual el ey Fe nando II en el concilio de Salamanca de 1178 señala las pe  enencias de la ca ed al de Lugo, enume a á Deo- mundi, Vae y A o in Lemabus. Fe nando III, con i mando, en 1231, un p i i  legio de su pad e el ey Al onso, añade á las di  chas pa oquias las de Cancella a, En oad y Ven osa, que se hallaban igualmen e in é a de Lemos. . Ya an es se e llamado al e i o io mon o ino ie a de Lemos, como en la conco dia en e la (1) Palmas y iun os de Galicia - 81 - iglesia de O iedo y la de Lugo con i mada po Al onso Vil en 1154, El Papa Eugenio en la ca a que esc ibió, y ué copiada en el Líbe idei de B aga, al pueblo de Mon o e, llaína á és e pópulo de Len os. En la esc i u a de D. F oila, de que habla e* mos luego, se llama á Lomos, Leznabiise. Lemus po Len os ambién ué muy usado. Risco p e ende que se le an epuso el nomb e de Cas o, como se hizo con o as ciudades, . g. Cas* oje íz y Cas obili io, hoy Na o, po la cos um  b e in oducida de llama cas o á odo pueblo co  locado en alguna eminencia; pe o no es á en lo cie o el doc o his o iado , pues si á dac onio se llama cas o, es po que en ealidad e a un cas- iun en la época omana: odo indica habe sido un campo o i icado, y de g ande impo ancia es  a égica, sin duda po las condiciones na u ales de de ensa, como lo ue on P oendos y Ra ela en sus inmediaciones, donde se han descubie o es  os de mosaico y de ue es mu allas. La p ime a esc i u a en que se llama cas o á dac onío es una del año 1080, po la que D. a Gon- oda Guudisal iz hace donación de a ias ha  ll 82 — ciencias á los benedic inos. El nomb e Dac onio ué co ompiéndose, p incipalmen e quizá po in  cu ia de los copian es, con i iéndose en lac onio, lic onio, luc onio, ac onio y au onio. Sob e los es os de es a o aleza, se le an ó el monas e io, y no a da ía mucho en habe casas á su de edo , como con odos sucedía, las cuales, aumen ando en núme o y jun ándose unas con o as, o ma ían pueblo, con ibuyendo á ello no poco la de oción en que e an enidos los monjes y el deseo de mo a jun o á los ene ables sie os de Dios. En el año de 1104 los eyes D. Al onso y doña Cons anza y los in an es D. a U aca y D. Ramón die on á D. F oilán Diez y á su esposa D. n Es e  anía Sánchez el seño ío de los e i o ios de Sa  ia y de Demos: los benedic inos dona on á los nue os seño es las ie as ce ca djl monas e io, que les pidie on pa a edi ica en ellas; y el Abad Miguel dispuso sabiamen e, de acue do con ellos, que se celeb asen con ecuencia e ias y se p o  cu a a iniesen muchas pe sonas á habi a las i  iendas que §e es aban cons uyendo. Ag adecido D. F oilán, hizo es casas pa a los monjes, y u — 83 — mos ó de o as mane as su p o undo econoci  mien o, como lo da á en ende po es as sus pala  b as p opias del la ín bá ba o de la época: U scia is guan a e (¿ualia bona ecimus ad, ipsum locum Sanc i Vincen ii, e ad adicem ipsius mon is Lemobuse, edi ica e popula u am in he e- di a em ipsius Monas c ii pe consensúan ipsius Abba Michael e ce e o um. Fi man es e ins umen o, con los eyes y p ín  cipes, el conde Regenando, a ios obispos y los abades Gudes eo, Be emundo y Beliul o: po las insc ipciones se echa de e que andu o equi oca  do Yepes, al señala po echa de es a esc i u a el año 1074; pues o que Alonso VI, que la i ma co  mo ey de Toledo, no conquis ó es a ciudad has a el 1085, ni en 1074 e a D. Ramón Conde de Gali  cia, ni en onces e an obispos odos los i man es como ales. La equi ocación nació de habe leido en la e  cha, e a MCXII, 1.112, sin ija se en que la x e  nía el asguillo ó i gulilla que le hace ale 40, debiendo lee , e a 1142, ó sea, año 1104. Gene almen e los que copia on los bece os, no a endie on á la i gulilla, ab e ia u a de la L, y u — 84: — * die on así luga á mil equi ocaciones, de lo cual es buen ejemplo la amosa his o ia del a zobispo D. Rod igo. Amb osio de Mo ales, á pesa de ha  be leído an os cen ena es de ins umen os en le  a gó ica, pa ece que no hizo ó ad e encia ó ca  so del an edicho signo, iéndose muchas eces, po es a causa, pe plejo y con uso sin pode a ina con la echa e dade a de los sucesos que e ie e, y eniendo, pa a e i a anac onismos palpables, que oma los e as po a los, sin que en ocasiones le alie a es e emedio pa a no incu i en con  adicciones mani ies as, po la di e encia que hay en e 30 y 38, que añaden espec i amen e la i  gulilla y la e a. En Galicia, sob e odo, donde se conse ó an o iempo el uso de la le a gó ica, es muy ecuen e en los ins umen os la i gulilla, y lo mismo en las insc ipciones lapida ias y en los documen os en lengua del país. Pe o que an es de la echa indicada había ya ecinos en Mon o e, lo p ueba un ins umen o hecho gobe nando á Galicia D. Ramón y Doña U aca, cuando aún i ía la eina D. a Cons anza, que mu ió en el año de 1092, donde se habla de la iglesia pa oquial de San a Ma ía de Regla, u — 91 — en la his o ia, á causade la igno ancia ó de la c e  dulidad de los c onis as, o eciendo, de es a sue  e, á la c í ica no pequeño óbice pa a ob ene y depu a la e dad de los hechos. San A ícen e del Pino ha dado ambién p e ex  o á una leyenda muy ex endida, que, pa a mu  chos, despojándola de algunos a a íos con que la engalanó y des igu ó la cap ichosa an asía de los poe as, iene el ca ác e de incon o e ible e  dad his ó ica, y ha se ido de ema pa a no elas como el Sec e o de una umba, de D. Manuel Amo Meilán, y poemas como ¡Leuda de ho o e! de D. Galo Salinas, y Co ona de uego, del poe a D. Nicolás Taboada. He aquí, en sus ancia, á qué iene á educi se el ela o de un esc i o y poe a (1) ace ca de es e pun o: L n conde de Lemos ué llamado po el ey Al onso X á gue ea con la mo isma, dejando, en e an o, á su hija única, al cuidado de su deudo el Abad de San A ícen e. Es e se enamo ó, has a la locu a, de la pudo osa y linda jo en, y, pa a lo  g a sus c iminales in en os, alióse de un na có- (1) D. Galo Salinas y Rod íguez. u — 92 - ico que le p opo cionó un judio de Mon o e, y de la complicidad del aya de aquélla. A in de e i a que se conocie a la deshon a de la hija del conde y el causan e de ella, concluyó po en enena la, coincidiendo su en ie o con la llegada del de Le- mos, que ol ía ca gado de lau eles. Descubie o á poco el deli o, po con esión de un paje á quien en la ho ádela mue e se lo había e elado la cómpli  ce del Abad, p opúsose el conde oma una enganza e oz y ho ipilan e: con idó á un es ín en su cas illo á los nobles de sus es ados, al que p esidia el supe io de San Vicen e del Pino; al inal ma  ni es ó la aición de és e, y «...men es que ús sujei an ó Abade Os ou os, con eazas e ma elos, Coloca on n-a es a do pe ju o A mi a ei a b asa, oxa, a dendo... O sang e pol-o os o, escachoan e, P oduz un a u an e chespo eo... O ade se e o ce n-o seu po o... ¡E ó in odo e mina! Cai un co po E a yalma ai indi con as ó E e no.» La base de odo cuan o se ha ingido y dispa- UN? < TR$l — 93 — a ado con ocasión de la leyenda popula de San Vicen e del Pino, es la imposición de una co ona de hie o canden e á un Abad de Mon o e po un Conde de Lemos. En los iempos e uel os y bá  ba os del eudalismo se desa olla on agedias ho ibles y espan osas, y hubo episod^s, que pa  san pa a la c í ica con au o idad de cosa juzgada, los cuales aún hoy espeluznan y ho ipilan con sólo su ecue do, - pe o no es ácil encon a mucho que se pa ezca á es a escena epugnan e de sal a  jismo b u al. La época en que se dice sucedió es e hecho so  p enden e, no es á muy lejos de noso os: po apa  gados y pe didos que se supongan los ins in os de humanidad, no es posible que una enganza an singula po los pe sonajes de ella y po la mane a e ocísima con que ue in en ada, no lla  ma a pode osamen e la a ención pública, dejando de consigna se en las na aciones de los c onis as y en los e sos de los o ado es. Aunque el c imen del Abad ue a an eno me como quie a imagina se, el habe omado el Conde la jus icia po su mano, y con c ueldad an inau  di a, en un sace do e y seño an pode oso, á la se TMIVCRSIDABE IC CGKPSS7CLA u - 94: — ez que an espe ado y lleno de p i ilegios y exenciones, como e an los p elados odos del con  en o benedic ino de Mon o e, no hubiese dejado de p omo e p o es as.de pa e de la misma San a Sede y de a anca un g i o de indignación de oda la o d^i; y aunque el de Lemos e a uno de los magna es de más cuen a, y su espada pesaba mucho en la balanza de los negocios polí icos, su mismo pode le aía en idia y enemis ades, y sus émulos no despe dicia ían ocasión an opo una pa a lanza sob e él las i as de la Có e: de lo que ampoco hay en los documen os el meno es i  gio. Po lo mismo que los abades y los condes mon- o inos no se hallaban siemp e en la mejo ha  monía, aquéllos es aban in e esados en conse a la memo ia au én ica de ul aje an ho ible, que se ia un bo ón e e no en el escudo condal, ha ía mi a con p e ención á los descendien es de pe  sonaje an bá ba amen e c uel, y como c eíbles y áciles, a ándose de condes mon o inos, los ex  cesos y abusos de que con sob ada ecuencia se quejaban los monjes de San Vicen e: se comp en  de, en odo caso, que és os calla an en ida del u — 9o — que la qui ó á su abad, y que si el asesino ue an a ozmen e ul ajado, omi ie an ó des igu a an la causa del homicidio; pe o en una ó en o a o ma, en uno lí o o iempo, ¿cómo se explica, ni se con  cibe, que descuida an el consigna un suceso que debió se an uidoso, y más no able que el cual, ninguno, cie amen e, podía e e i se? Los his o  iado es benedic inos, cuya paciencia en e ol e a chi os, desempol a legajos y desci a documen  os, h¿ llegado á se p o e bial, y cuya esc upu  losidad en ansc ibi oda clase de no icias in e  esan es no podía se más g ande, ¿cómo hubie an pasado en el más absolu o silencio suceso de an a mon a, ocu ido en una de sus más impo an es casas? ' Una leyenda pa ecida se halla en los pueblos de Alemania, y bien- pudo se que la ajesen á Galicia los pe eg inos eu ónicos que c uzaban el país en di ección á San iago, y que, más adelan  e, se la diese ca a de na u aleza española, a e  cindándola en Mon o e, donde an i os y e- ’ cuen es e an los al e cados en e condes y abades. Se ha que ido a i ma que se conse aba la umba del Abad de la mi a encendida, y que en u se VNIVC iSIDAIiC - 96 — los huesos del c áneo se no aba aún la señal de la quemadu a, y que en la pied a del sepulc o decla  aba odo el caso una insc ipción. La caja mo uo  ia de e e encia se halla en el lado izquie do de la na e, bajo un a co de medio pun o, ce ca de la pue a p incipal: es casi lo único que se conse a del emplo an e io , y al e lo gua dado en el p esen e, se conoce la impo ancia que los monjes le daban, y que azones muy especiales debían exis i pa a ene en la nue a iglesia aquella sola sepul u a; pe o ni den o hay algo que si a pa a con i mación de la in e osímil pa aña, ni la ins  c ipción ex e io dice o a cosa sino que en la e a MCCCLXXII, el dia 20 de No iemb e, mu ió D. Diego Ga cía, Abad. Las ci cuns ancias con adic o ias de que se p esen a e es ido es e hecho ex ao dina io y los anac onismos que hay en el ela o adicional de él, no p oba án nada, si se quie e, con a su exis  encia; pe o las azones que an e io men e hemos apun ado, bas an pa a hace e que ca ece de o  do undamen o his ó ico la amosa na ación, de que ya en el siglo pasado daba cuen a mi bene  dic ino. u — 97 — La ho ible leyenda de la mi a de uego, con ada po poe as y no elis as, se pa ece mucho, en su p ime a pa e, á la que se e ie e de Ga in, el e mi año de Monse a , que abusó de la con ianza en él deposi ada po el Conde de Ca aluña. La adición popula que hoy exis e en Mon- o e y hemos oido de labios de muchas pe sonas, es bien dis in a en cuan o á la causa de la en  ganza del conde, pues a i ma que és e omó una de e minación an bá ba a, esen ido de que los monjes no le pe mi ie an ab i una pue a en lo al o de la iglesia del con en o, pa a, desde el pa  lacio, que es á muy p óximo, hecho un pasadizo, i á una ibuna sin baja á la calle. Tan alsa es una na ación como o a; pe o lo que anda en boca del pueblo, es menos inc eíble. En hono de la e dad, debe consigna se que en Mon o e apenas se conoce la leyenda que p ime  o expusimos y ha sido an explo ada po no elis-^ as y poe as. No sucede lo p opio con la segunda e sión, que pa a muchos no puede pone se en duda. •No odos ienen po abad, de la mi a canden e al que hállase en e ado en la ac ual iglesia. 13 u — 98 — Dicen algunos que el nomb e de aquel desg a  ciado eligioso no e a F . Diego Ga cía, sino ay Ped o Pa do, que igió á San Vicen e desde 1409 á 1413, si bien el S . Teijeii-o le hace i i un si  glo más a de. Hay quien ha oido á ancianos de Mon o e, que habían ellos aún is o jun o á la pue a de la iglesia pa oquial de la Régoa, que e a de la ju  isdicción de los benedic inos, el sepulc o del abad Pa do, al cual conje ú ase no se le en e ó en San Vicen e, po no exci a las i as de los con  des, que enían su palacio con iguo al monas e  io, más aún que lo es á el ac ual, con halla se an o. Mas, concedido que, has a los úl imos iempos, has a su demolición, si se quie e, había en la Ré  goa un sepulc o, y supongamos que no hubiese o o de un abad de San Vicen e, ¿de dónde se de  duce que mu ió po habé sele pues o un hie o a diendo en la cabeza en o ma de co ona ó de mi a? ¿No podía cons uí sele un mausoleo po o a causa que po mo i de endiendo los de echos de la comunidad?"¿Cómo és a no halló opo uni  dad, alguna ez, de g aba sob e la umba la e- — 99 — lación de aquel singula y ex ao dina io suceso? Y si lo hizo y has a ha poco se conse ó el sepul  c o, ¿es posible que no se hubiese copiado y as  mi ido una insc ipción an po odos concep os cu iosa é in e esan e? También se dice que un eligioso exclaus ado de San Vicen e a i maba que el plei o en e el Abad y el Conde, sob e cons ui un iaduc o pa  a comunica la iglesia con el palacio, mo i o de la enganza del seño de Lemos, se conse ó has  a la expulsión de los monjes, época eu que, po los años del 20 al 23, desapa eció del a chi o. Es muy ex año que, habiéndose conse ado an os o os plei os, ue a p ecisamen e á desapa  ece uno an cu ioso que, sob e odo, no i iendo ya en Lemos los condes, á nadie pe judicaba, y á cuan os ienen a ición al es udio de la his o ia con enía sal a . De habe se esc i o al causa, segu amen e se ha ía alusión á ella en algunos de los pe enecien  es á las muchas que se siguie on en la Audien  cia po dispu a de de echos en e Condes y Aba  des, y allí se hallan a chi adas; cosa que no su  cede. u — 100 — Si se ' u ie a, á lo menos, un es imonio dé aquel li igio, que ajo po consecuencia el asesi  na o del Abad, ó si lle ada á cabo la exclaus a  ción p ime a, cualquie eligioso de San Ícen e hubiese decla ado bajo su i ma habe lo is o en alguna ocasión, o a se ía la ue za del a gumen  o de los que dicen que el Abad de la mi a de uego e a ene ado como san o en la comuni  dad. Po lo que hace al conde que asesinó al abad, la adición e dade amen e popula en Mon o e dice que se a epin ió y ue pe donado, imponién  dosele como peni encia el edi ica el con en o mon- o ino de San An onio: lo cual cons i uye un g a  e anac onismo. La adición, que podemos llama poé ica, le su  pone de o ado po los emo dimien os, que no da  ban egua á su a ligido espí i u. Has a en es o no es o iginal la leyenda, lo cual no quie e deci que sea plagiada. Así lo hace no a el Dipu ado á Co es po lo - osa, S . Maluque Vilado , en La Renaixensa, cuyas son es as palab as, después de habe dicho que la al leyenda es ana llegenda ^ól sobada. ■ u — 107 — 'Teniendo es o ad e ido, y más que pudie a de  ci se, comp éndese que se ía emp esa eme a ia la de los benedic inos osando le an a bande a con a bande a, aliéndose de sus iquezas cuan  iosas, de sus nume osos asallos y de su pode mo al incalculable, pa a ence y ahuyen a los e oces lobos que campaban en el escudo de los Oso ios, dueños de p opiedades inmensas: ni lo pe mi ía ampoco su ins i u o in o mado po el espí i u de paz, de humildad y de mo i icación. Jus o es con esa , no obs an e, que más de una ez la necesidad de de ende sus legí imos de e  chos y sus bienes, que e an el alimen o del pob e, obligó á los eligiosos á man ene con po ía y con empeño obs inado la gos plei os o igen de dis  co dias y encillas; y que, con alguna ecuencia, los seño es eudales del es ado de Lemos, p e en  die on a asalla y subyuga á sus cap ichos á los monjes que i ían en la casa con igua á su es  pléndido palacio. Noso os echazamos po apóc i a y de ningún alo posi i o , la leyenda de la mi a de uego, pe o la c eemos admisible en pa e, como símbolo poé ico exage ado de los b u ales a opellos con — 108 — que la ie a udeza de los condes mal a a ía én más de una ocasión á aquellos ene ables sie os del Al ísimo. Hubo un iempó en que la. c í ica his ó ica no exis ía ni aún en el nomb e, y las ic  ciones más absu das, o jadas en ce eb os calen u  ien os y desequilib ados, pasaban en au o idad de cosa juzgada desde la ho a y pun o que se po  nían en molde: la eacción ino p on o, pa a bien de la ciencia de lo pasado; pe o ue más allá de sus jus os lími es, mos ándose la c í ica en onces quisquillosa y se e a en exceso, desechando, po acceso ios y pegadizos imposibles, hechos p oba- dós y e iden es, y poniendo en en edicho los ele  men os aliosos de la adición y de la poesía: hoy, pa alelamen e al p og eso de la iloso ía de la his o ia, se ha desa ollado con no able c eci  mien o el espí i u de obse ación y de análisis aplicado al es udio de las edades p e é i as, y g a  cias á él se pasan po inísimo amiz los sedimen  os y a enas que los alu iones de los siglos aje  on has a noso os, pa a busca , en e an os ob  je os desp eciables, los g anos de o o con que haya de hace se los ue es eslabones de la p eciosa ca  dena que al p esen e une el iempo pasado, aíz é u — 109 — imagen de lo u u o. T adiciones que, pa a el es  cep icismo í olo y supe icial de la an e io cen  u ia, e an obje o de desdén, cuando no de bu la y esca nio, a aen hoy las mi adas de los sabios, que encuen an en ellas un g an ondo de e dad y la cla e ecunda y ma a illosa de buen núme o de enigmas y obscu ísimos mis e ios inapeables é imposibles de desci a con las solas luces de los á idos é indiges os c onicones. Pa a noso os, la leyenda del Abad c uelmen e asesinado, y colgado de la o e del homenaje, has a que la cue da, á los igo es de la in empe ie, ino á ompe se, y el cue po, de o adas las ca nes po las a es de api  ña, cayó al ondo del oso del cas illo, encie a muy impo an es enseñanzas, y asmi ió de gene  ación en gene ación, abul ado po la an asía de los uoe as, el ecue do i o de las con iendas en  e seño es y abades, susci adas en g an pa e po la codicia de aquellos á quienes no podían mel nos de en a los iquísimos p edios de los eligio  sos, y al ez des igu adas, y a ibuidas al mal p ocede de és os, po la"adulación de o ado es se iles, co ompidos y enales. Sea de ello lo que quie a, es lo indubi able que u — 110 — de da os ehacien es cons a no habe sido en odo iempo an amis osas como con end ía, las ela  ciones, en e el con en o y el cas illo. Muy bien pudie a oma se en sen ido igu ado lo que esc i  bía Yepes, el g a e, clásico y majes uoso c onis a: «Como los Condes ienen allí ecino su palacio, es á el con en o algo es echo y angos o, y se pa  san en aquel si io algunas incomodidades.» En cambio, no aba Risco, en el siglo úl imo, «su em  plo es uno de los mejo es de Galicia, y se halla con odo el o na o necesa io pa a las unciones de iglesia, que en él se celeb an con g au solemnidad y magni icencia.» • Y en e dad que los Seño es de Lemos enían mucho po qué se de e en es con los eligiosos. Pa a le an a en la alda del mon e i iendas don  de habi asen nume osos asallos, hubie on de pe  di á los monjes les cediesen e eno en que edi i  ca . Su mismo'palacio es aba undado sob e una posesión del monas e io. La iglesia de San An o  nio, que con u o las más no ables sepul u as de la casa, es aba igualmen e, has a que el sal ajismo b u al é inconcebible de la e olución la puso po ie a, en si io donado po el con en o con la nada one osa condición de que paga an los Condes anualmen e cinco egas de cen eno, cinco ma a e  dís de en a y o o pe pé uo. El p ime gobe nado de Lemos y Sa ia don F oilán Diez, nomb ado po D. Al onso VI, se man u o en paz con los monjes en el la go iempo, desde 1080 á lili, que p esidió en Mon o e; y ue g an amigo' del Abad Miguel, á quien hizo en e o no muy no ables a o es. Su suceso D. Rod igo Velaz, inquie o, incons  an e y e ol oso, que an o suena en la his o ia de los dis u bios de su siglo, y an o puso á p ue  ba la paciencia de los Obispos de Mondoñedo y de los eligiosos de Lo enzana, segu amen e, no da  ía poco que hace y quizá que sen i á sus eci  nos los ailes de Mon o e. Pa a que pueda juzga se de las iolencias y a opellos come idos po algunos seño es de la ie  a de Lemos, bas a á ci a el documen o que mandó hace y i mó el Conde D. Rod igo en el año lili. En él con iesa que a eba ado de dia  bólico u o , saliendo ue a de si misino, con mano a mada, cayó sob e la iglesia de San a Ma  ía de To al, en el e i o io de Ven osa, y la de- — 11-2 - liiolió en pa e y edujo el es o á cenizas, po lo que deseando ene á Dios p opicio, en compo  sición del sac ilegio, daba al Obispo de Lugo, Juan, y á sus suceso es, la iglesia de San Sal a  do de Sa ia á in de que Dios, en is a ds es a donación ad salu en anim e me e eide e non dedig- ne u . O as a ias cues iones u ie on los condes con los Obispos, po donde pueden colegi se las que hab ía con el monas e io. El Seño de Cab e a y Ribe a, el in an e D. Fe  lipe, Pe igue o Mayo de San iago, mandó hace una o aleza sob e la pue a de San Ped o de la ciudad de Lugo, que e a del seño ío del Obispo, dando asi luga á eclamaciones que mo i a on el que D. Felipe p ome ie a po documen o pxíblico, en 1327, en ega la o aleza, al iempo de su mue e, al Obispo de Lugo. Pocos años después, o o Seño de Cab e a y Pe igue o de San iago, D. Fe án Ruiz, conde de Lemos, donó, po esc i u a hecha en 13G6, al Obispo lucense D. F . Ped o López de A guia los co os de San Payo de Diomonde y Belsa , po moy os daños, e des uimen os gue eceben en as u — 113 — he edades, é casa es da sua Iglesia de Lago po inin, é po mi ia oz. Don Ramón de Bo goña, ye no de Al onso VII, u o que con i ma los de echos, p i ilegios y po  sesiones de San Vicen e del Pino, po que, como él mismo dice en el ins umen o de e e encia, sus enemigos habían hecho desapa ece las esc i u as del a chi o; á lo cual, p obablemen e, no se ían ajenos los condes, como más in e esados que nadie en la disminución de las incon ables anquicias y p e oga i as de que gozaban los benedic inos de Mon o e. A los diez años de habe o o gado, en 1139, D. Al onso VII, llamado el Empe ado , al Abad don E o y á sus suceso es la e ce a pa e de la población y de los de echos eales de las e ias y de los me cados que se celeb aban cada mes, ya se ió en la p ecisión de con i ma solemnemen e el p i ilegio concedido; p ueba de que enemigos pode osos, y nadie como los condes, se oponían á la ejecución de las me cedes eales. Las disensiones y ozamien os debie on se ma  yo es desde que la illa de Mon o e ino á se cabeza y capi al de odo el condado y ie a de 15 u — 114 - Lemos. De es e impo an e es ado - oma on pose  sión los Fe nández de Cas o, como an es se dijo; y aunque algunas eces ue on desposeídos de él, siendo p eciso, po ejemplo, que el mismo Al on  so el Sabio se lo de ol ie a á D. Ped o Fe nández de Cas o, lo cual no impidió que p on o Fe nán Ruiz de Cas o u ie a que ecob a lo á pun a de espada, puede deci se que siemp e ue on los due  ños de Mon o e: unida á ellos po ínculos ma  imoniales la pode osa amilia de los Oso ios y empa en ados con los eyes de León y de Cas illa, sólo los And ades podían se sus ad e sa ios en oda la egión gallega; y du an e los siglos XIII y XIV, si su leal ad no se lo hubie a impedido, hab ían ácilmen e log ado lab a se un ono y hace lib e é independien e á Galicia. La p oximidad de an al os y ale osos seño  es no podía deja de ae a las eces po con  secuencia disgus os y daño á los monjes; po  que, como dice el seño Mu guía, «la ecindad del pode oso nunca es p o echosa al que no lo es an o.» De las desa enencias en e los condes de Lemos y los abades de San Vicen e puede o ma se idea- u — 115 — po los plei os que sos u ie on y exis en a chi a  dos en el Gene al de Galicia. Sólo en el siglo XVI, po no habla de los si  guien es, hubo a ios li igios sos enidos, po am  bas pa es con empeño y enacidad dignos de me  jo causa. La ju isdicción, p incipalmen e, sob e los co os de Val e de y Doade, dió luga á i as con o e sias con los condes, y de un modo pa i  cula con D. Rod igo Oso io: si ió ambién de mo i o pa a o os plei os, que se hallan igualmen  e en el A chi o Gene al de Galicia, en e la co- muni lad y el Alcalde Mayo de Mon o e, Don F ancisco Bello de A aujo, en lo que se e ie e al co o de Doade, y de aquélla con An onio y Juan He mida y o os ecinos, sob e el co o de Val- e de. La pesca del io Cabe y el dis u e de sus ace  ñas se dispu ó eciamen e en e la abadía y el condado, de lo cual es cu ioso ejemplo el plei o que de aquel siglo se conse a. El de echo de po azgos, en ie as de Lemos, que eje cían condes y abades, po la di e sa in e  ligencia que se le daba y po no con eni ace ca *de la ex ensión de sus lími es espec i os, ocasio  u se — 116 — nó un choque en e las dos au o idades p i ilegia  das, de que da es imonio el uidoso plei o del si  glo indicado, cuyos au os, señalados con las le as G. L. y el núme o 5, se gua dan en el A chi o de la Co uña. Quizá ampoco se ia ajena la mano de los con  des al plei o que p omo ió el con en o de San An onio de Padua, po ellos undado, á los monjes benedic inos, sob e la pa oquialidad de Mon o e y el de echo de en e a en el cemen e io de San Vicen e á odos los que mo ían sin hace es a  men o. Algunos de es os plei os du a on muchos años, siguiéndose po odos los ámi es judiciales has a la úl ima apelación: y sabiéndose cuan o suelen ama ga los ánimos y al e a los co azones las con o e sias que se en ilan en los ibunales, po es o sólo se echa ya de e has a que pun  o debie on se i an es las elaciones en e los que enían seño ío empo al en la misma pobla  ción y con iguas las casas, en en e la una de la o a. * Pe o no siemp e ue on igualmen e g andes y p o undas las di e encias que sepa aban y di i- u — 123 - de la sen encia dada po el abad con a los clé i  gos Je ónimo Al a e? y An onio, que habían mal  a ado de ob a á Ped o de Gaibo : po cie o que de lo que és e, na u al de Mon o e, más se que  jaba, e a que le hubiesen llamado iud-w; el P o i  so lib ó despacho de inhibición. En 23 de Mayo de 1562, el Abad condenó al p esbí e o D. F ancisco Co ea, po habe ma ado á Jácome Rod íguez, á manda deci 150 misas po el alma del in e ec o, la mi ad en San Vicen  e y la o a mi ad en San An onio, ein e mil ma a edís pa a la iuda, y suspensión de misa po un año, du an e el cual debía pe manece en la cá cel del con en o; ugóse de ella el asesino, y se p endió en onces á su iado Juan Co ea, quien p o es ó judicialmen e del hecho. Las con iendas en e Obispos y Abades da an de muy an iguo en Mon o e. Examinando los oluminosos legajos de plei  os que en g an míme o se conse an en a  ios a chi os, y p incipalmen e en el de Ha  cienda de es a capi al, encon amos ya del año 1506 una ansacción o zosa en e los li igan  es, po la que salía pe diendo la Mi a, á u — 124 — la cual se impusie on, además, ue es cos as. Desde en onces ue on muy ecuen es los dis  gus os, á que daban ocasión los cambios de disci  plina, que espec o de las exenciones monacales se enían e ec uando en la Iglesia. En l.° de Junio de 1529 F ancisco de Ombe- os, No a io Apos ólico, espondiendo á una p o  isión lib ada po D. Juan Ma quina, Abad del monas e io de Junque a de Espadañado, á pedi  men o de los Abades de Samos, de San Es eban de Ri as del Sil y de F . Juan de San Cib ián, Abad, de Mon o e, con a el S . Ribe a, Obispo de Lu  go, mandó á és e, au o i a e apos ólica, pena de excomunión mayo , que en adelan e no moles ase á dichos Abades y no los isi a a á ellos ni á sus casas, y que den o de es días, po sí ó po p o  cu ado , se p esen ase en O ense. En 1544, hallándose ce ca de Mon o e, en la isi a, el Obispo Ca ajal, en iá onle á deci los benedic inos, que sabían pensaba i á isi a el con en o y le ogaban desis iese de su p opósi o, po se con a de echo: á lo que espondió el P e  lado, que i ía «y si le ce asen las pue as las ompe ía.» u — 125 — El dia 25 de Sep iemb e, es ando la comunidad en la capilla de San Miguel, en ó el Obispo, se puso es ola y oque e, ue al al a mayo diciendo que p incipiaba la isi a, y sacó el a a del al a mani es ándola á los ci cuns an es: á cuyo iempo la comunidad p o umpió en es as oces: «Ay de Dios; ay del Papa y el ey: ay de la jus icia, que el S . Obispo nos ue za en isi a nos...» El P e  lado desce ajó la cus odia pa a e como es aba el Sac amen o, y el Abad epi ió las mismas o  ces, y ogó á los ci cuns an es, que subiesen al P esbi e io, á e lo qu,e se hacía; pe o se les echó á empellones, y un c iado del Obispo dió un empu  jón al Abad y a ó de mal a a le con un cande- le o, y se hizo oda po las g adas á a ios monjes. Es ando el Obispo con i mando en la iglesia del con en o, llega on las esc i u as que habían pedi  do á Sainos los monjes, y las leye on allí mismo á p esencia de odos en oz al a, pa a que se iese la sin azón del P elado. El mismo día, hallándose el Obispo en el con  en o anciscano de San An onio, se p esen ó el Abad de San Vicen e, F . Alonso de Be ea, e- u — 126 — qui iéndole que die a po nulo odo lo hecho, pues, de lo con a io, queda ía incu so en excomunión. El Obispo con es ó que de los p i ilegios que le habían mos ado y en que se undaba la exención» unos eman «especie de alsedad» y le e a dudosa la au en icidad de o os. Dicho P elado quiso pone pila bau ismal y Sa  c amen o en la Régoa, nomb ando cu a y señalan - do elig eses: opúsose el con en o, po se aquella iglesia e mi a suya: el 23 de Oc ub e de 1544, yendo un monje, como de cos umb e, á deci misa en la Régoa, encon ó á la pue a dos homb es a  mados que le impidie on la en ada. El 6 de Di  ciemb e dijo misa en la men ada iglesia el sace  do e, ecino de Mon o e, Juan A es A mes o, como pá oco nomb ado po el Obispo, y en ella anunció que los monjes es aban excomulgados, y que no se podía ecibi de manos de ellos los Sa  c amen os. Al día siguien e ué un aile á deci misa, y es ándose poniendo el alba, se la qui ó el A mes o, diciendo que en el al a mayo de Nues  a Seño a de la Régoa nadie decía misa sino el nomb ado po el Obispo: con lo cual el aile g i ó el acos umb ado Ai/ de Dios, u — 127 — El día 14, es ando el e e ido A mes o pa a de  ci misa en la Régoa, se p esen a on dos monjes, uno de ellos el juez conse ado , ad i iendo á los asis en es, que no la oye an, po se de un exco  mulgado: con lo que, i i ado A mes o, se ue con  a ellos, eniendo pues as las es idu as sag a  das, y les «dió algunos empujones.» Dos días más a de, al o e o io de la misa, el mismo A mes o leyó una excomunión del Obispo con a los an iguos elig eses de San Vicen e, que no quisie an se lo de la Régoa. Poco después, una noche, de oi;den del Obispo, se ompie on las pue as de la Régoa «y con g ande albo o o y escándalo en a on ‘ una pila muy c ecida pa a hace la pa oquia.» El P o iso del con en o decla ó incu so en excomunión á Juan A es A mes o: se le no i icó el despacho un domingo, es ando pa a celeb a la San a Misa, á cuyo iempo, se lee en un plei o, «empezó á es o nuda ab iendo la boca y diciendo que ya el diablo salía ue a del cue po.» Siendo obispo de Lugo el ilus e esc i o seño Velosillo, en 1572, u o luga el siguien e desa  g adable suceso: el P elado mandó lee en la igle- se — 128 — sia de San Vicen e una paulina^ ó sea un edic o de excomunión con a el que no de ol ie a lo o  bado; el abad, E . Beni o Subi á, no pe mi ió la lec u a, alegando los p i ilegios de su O den y una decisión de la Ro a Romana en que se conde  naba al obispo de Lugo á paga 90 ducados de o o, po impedi la ju isdicción de San A Ícen e del Pino. En 12 de No iemb e de aquel mismo año, .G ego io XIII expidió unas Le as Apos ó  licas inhibiendo á los abades de Mon o e del co  nocimien o de las causas de la ju isdicción epis  copal; pe o los ailes espondie on que dichas Le  as habían sido ganadas con sinies a elación. Al año siguien e se dic ó sen encia, sin pe mi i apelación, decla ando al abad incu so en exco ■ munión mayo y penándole con la mul a de 500 ducados, pagade os en 6 días, de los cuales, 300 se des ina ían á ayuda' de su aga los gas os de la gue a con a el u co. No esca men ado con ello el abad, un año des  pués, p ecisamen e al día siguien e del en que se le no i icó un mo a p op io de Su San idad e o  cando a ios p i ilegios de las Religiones, y e  co dando que, según el Concilio de T en o, no se u podía di igi la di ina palab a sin licencia del diocesano, hizo an e sí p edica á un monje en la Régoa, y luego, al o e o io, mani es ó al público que el obispo y el P o iso es aban excomulgados, y que jio se debía ni podía a a ni comunica con ellos: conduc a que pa ece á menos ex aña, eniendo ad e ido que en aquellos iempos, y en los p óximos siguien es, había quienes decla aban á su p ójimo po sepa ado de la comunión ecle  siás ica con an a acilidad como aquel ica io de Alcalá, que excomulgó al ec o de la Uni e sidad, po una cues ión de p ecedencia en una p ocesión, siendo á su ez excomulgado, á causa de ello y en is a de la queja del Claus o, po el comenda  do de la Me ced; ó como el cu a de Fuensalida, que decla ó al alcalde incu so nada menos que en las e ibles censu as de la Bula in Coena Domi- ni po manda un alojado á una casa en que i ía un p esbí e o. El obispo de Lugo en ió un p opio á hace el em plazamien o" del abad; mas le p endie on los mon  jes y le qui a on el despacho. Al in, se dió, po que ella de ue za, Real Au o o dina io p e inien  do al obispo que no pe u base al abad y á los mon* — 130 — jes en el eje cicio de la ju isdicción eclesiás ica ; Po cie o que á es e abad, que an o y an a o  unadamen e luchó con el obispo de Lugo, se le o mó después causa en el p o iso a o, po aman  cebamien o. En 1577, siendo obispo oda ía el S . Velo sillo, yendo en su nomb e el canónigo Robles á isi a la iglesia de Régoa, la halló ce ada de o den de los monjes, quienes no se la quisie on ab i . En 1588 se esis ió el cu a de San Es eban de Reocedas á la isi a del abad como A cediano: po lo cual és e le decla ó incu so en excomunión é i egula idad, imponiéndole ambién una ue e mul a: con cuyo mo i o omó ca as en el asun o el obispo. Al año siguien e, se p ocedió de o icio po el P elado lucense, D. Juan Ruiz de Villa án, con a el abad D. Alonso de P ado, po isi a el a ce- diana o de Mon o e sin su pe miso: en 21 de Di  ciemb e del mismo año sucedió que, hallándose el P elado en San Vicen e, jun o al al a mayo , en su es ado, pa a oi la Te cia, la empezó el monje ay Iñigo de He mosilla, á quien mandó en onces el Obispo «echa del co o.» — 131 — Un año más a de se o mó expedien e á un e  ligioso de San Vicen e del Pino, que, al explica las indulgencias ganadas po los que habían acom  pañado el San ísimo Viá ico, añadió 40 días de pa e del Abad. En el mismo año de 1590 se siguió causa en el P o iso a o de Lugo, al monje de San Vicen e ay Iñigo He mosilla, an e io men e nomb ado, po adul e io. Al año siguien e, yendo el Obispo á isi a el cemen e io de la Régoa, se le equi ió pa a que no en a a en la iglesia en calidad de isi ado ; se ce ó la pue a p incipal y se coloca on allí algu  nos eligiosos; pe o «aga ándoles y ompiéndoles los hábi os algunos c iados y capellanes de su Ilus ísima, con unas enazas y ma illos desqui  cia on la ce adu a» y una ez den o, el Obispo mandó publica un edic o del San o T ibunal. En cambio, segiín deposición de a ios es igos, los monjes que á la pue a es aban, a a on indeco  osamen e á su Re e endísima, y subiéndose dos á un banco den o de la iglesia, dije on les pa ecía que el Obispo sen ía mal de las Le as Apos óli  cas, de lo que él dió pa e al Nuncio de Su San i- u se UNP/IRSC WC — 132 — 4ad, quien emi ió la causa á la S. Cong egación, mandando desde luego que el Obispo emi ie a al Abad un aile que había hecho p ende . El Papa Six o V, en el mismo año, expidió unas Le as mandando que los benedic inos de Mon o - e no se opusie an á la isi a episcopal. El Abad, F . Diego de Viana, con es ó á la in i  mación, diciendo que obedecía al Papa; pe o que, si el Obispo pasaba á hace la isi a «p o es aba la apelación y eal auxilio de ue za». Y cuando ue allá el Obispo, ce a on las pue as de la igle  sia, « ocando las campanas á albo o o», po lo cual su Ilus ísima de nue o los decla ó excomulgados, á la ez que ellos, los eligiosos, hacían lo mismo con él y sus acompañan es. En 1595 su gie on a ias cues iones en e el Obispo y los ailes; siendo la p incipal la causa seguida al Abad F . Ma ín. Co al, po que isi a  ba las co adías de legos y, en la unción p incipal de la illa, pe mi ió que el p edicado — un Pad e jesuí a — le pidiese de odillas la bendición, es an  do él sen ado bajo dosel muy lujoso ecibiendo in  cienso. En 1596, siendo Obispo el S . O adui, hubo u — 139 — la Concepción, que en el mundo e a una de las p incipales seño as de la co e de España. P inci  pió el Obispo la isi a de la es amen a ia en 1686 y u o que suspende la po habé sele no i i  cado una inhibi o ia del Nuncio; pe o como pa e  ce que «había sido ganada con sinies a elación po pa e del abad de San Vicen e», el mismo Nuncio la mandó le an a . Sucedió en onces, que mien as el Obispo man  daba á los es amen a ios, bajo pena de excomu  nión, le mos asen las cuen as, lo p ohibía bajo la misma pena el abad; acudie on, en an ex año ca  so, los albaceas al juez me opoli ano, y és e man  dó al Obispo, so pena de en edicho, que suspen  diese las censu as; á lo que con es ó el P elado que apelaba de las penas que se le imponían y p o es aba «el eal auxilio de ue za.» En 1689 es aban ya dispues os los es amen a  ios á endi cuen as al Obispo, y hallándose e  unidos con es e obje o, el No a io de los benedic i  nos les hizo sabe que incu ían en excomunión, si la p esen aban á o o que al Abad. El Obispo, en  onces, excomulgó á és e y á sus No a ios, po pe  u bado es de la ju isdicción episcopal: mas ellos, se uN ymsc xDc XOM OSJ U u — 140 — á su ez, excomulga on al capellán de las monjas, po no lle a á San Vicen e las cuen as; y á un c iado del Obispo; cuando iba á ija en la pue a del monas e io benedic ino una anula o ia de las censu as abaciales, «le aga a on y p endie on, poniéndole en igu osas p isiones, en donde le u  ie on algunos días;» y, lo mismo que el Co egi  do y es amen a ios excomulgados po el Obispo, menosp ecia on la excomunión. Dada cuen a de odo al Nuncio po el Abad, en 17 de Diciemb e de 1G89, mandó al Obispo, que ’ , no con inua a la isi a de la es amen a ía; el P elado le suplicó que e ocase su manda o, pues, de lo con a io, apelaba. En 17 de Ma zo del año siguien e, el ep esen an e del Papa le an ó la inhibi o ia que había pues o al Obispo en la isi  a de la es amen a ía; pe o, que iendo con inua  la, dije on los albaceas, que habían ecibido unas le as To ales pa a que no diesen isi a ni á él, ni al Abad de San Vicen e, sino al Obispo más p ó  ximo. En el mismo año, habiéndose quejado los bene  dic inos de que, no obs an e halla se en plei o en la Ro a con el Obispo, sob e la úl ima conco dia, u — 141 és e les moles aba y les había pues o censu as, el Audi o S . Cap a a le mandó que se diese po inhibido de conoce en semejan e causa, y que, bajo ue es penas, compa eciese, po sí ó median  e p ocu ado , en el é mino de 30 días, pa a com  pulsa cie os papeles: á lo cual espondió el Obis  po, que el Abad, pa a gana dichas Le as, había hecho sinies a elación. En 28 de Diciemb e de 1692, el Abad de San Vicen e p omulgó un edic o de pecados públicos, pa a que las pe sonas que algo supiesen se lo no  icia an sopeña de excomunión mayo ; ué á isi  a la iglesia del hospi al de Sanc i Spi i us; y o denó, en 7 de No iemb e, bajo pena de excomu  nión, que en el plazo de seis días, las pe sonas que u iesen A su cuidado ob as pías le diesen isi a desde la úl ima de 1690: de odo lo cual p o es ó en o ma el juez eclesiás ico pues o po la Mi a en Mon o e. La conco dia úl ima de que enemos no icia, ué la de 1707 en e el Obispo Bus os y el Abad Rui- loba. Al año siguien e, aducida al la ín, ué p esen ada á la Sag ada Cong egación del Conci  lio po el P ocu ado gene al de la o den y se e- — 142 — ini ió á in o me del Ca denal Fe a i: en 1709 aún es aba pendien e de esolución. Una ez con  i mada, el cu a de Penela y sus elig eses, á quienes in e esaba más de ce ca, la ecibie on con i as p o es as y g ande oposición. Cuando se pac ó es a conco dia, el plei o que en e la Abadía y la Mi a se había seguido po sus ámi es legales en odos los ibunales com  pe en es ace ca del de echo de isi a, es aba ya en la Ro a; y se conoce que el Obispo lo daba allí po pe dido, pues o que se p epa aba á busca mane a de nue a apelación. • A in de que lo pac ado se cumplie a i e oca  blemen e, y la buena ha monía uese du ade a y es able, además de los ju amen os y solemnidades de úb ica en es os casos, se comp ome ie on las pa es á que, si una mo ía plei o sob e las cues  iones ansigidas, ó ehusaba pone en ejecución alguno de los pun os aco dados, paga ía á.la o a 22.000 eales y da ía o os an os pa a la gue a con a in ieles. Fue és a muy sabia disposición; po que, en la conco dia e ec uada eii iempo de Paulo V, se ha  bía dispues o que en oaso de duda sob e su in eli  u — 143 — gencia, el Obispo de Valladolid, ó el de Falencia, como delegados de la Sede Apos ólica, pa a e i a nue as con iendas, conocie an y decidiesen suma  iamen e, sin pe mi i ecu so ni apelación de ningún géne o; pe o aquel emedio ideado pa a co a los plei os, no bas ó, y és os con inua on en los años siguien es, como ya hemos is o, dando luga á causas muy deba idas en la cu ia omana, algunas de las que, o mando muchas páginas, he  mos is o edi adas po las imp en as de las Con  g egaciones espec i as á que se lle a on. Después de algunos años pasados en paz, u ba  da solamen e po cues iones de e ique a en e los monjes y el ica io del Obispo . en Mon o e, en 1723, el Abad acudió á la Ro a, mani es ando que, sin emba go de las decisiones de los Ca denales Nelcio, Ce o y Cap a a á a o del monas e io, el Obispo, S . San a Ma ía, al hace la isi a de Mon o e, se había p opasado «á más de lo que conce nía ad. ci an anima -um:» en is a de es e esc i o, la Ro a mandó al Obispo, que compa ecie  se en el é mino de 60 días, y se le p ohibió que inno ase cosa alguna en la ju isdicción, bajo pena de en edicho y de mul a de mil du os de o o. A u — 144 — lo que con es ó el Obispo, que obedecia, poniendo á la ez plei o á los benedic inos, que se siguió en Roma, sob e acul ad pa a lee en San Vicen e el edic o de pecados públicos. A pesa de lo que hemos ebuscado, no encon  amos documen o alguno ela i o á San Vicen e, en la segunda mi ad del úl imo siglo. Es p obable que, du an e ese iempo, comba ida la iglesia española po las abso ben es y despó i  cas in usiones del egalismo y amenazada po las doc inas del iloso ismo ancés, que lle aban su i us ponzoñoso á odos los países eu opeos, ei  na a, pa a bien de ambos y á in de a ende á la de ensa de más al os in e eses, la paz, que nunca debie a habe se al e ado, en e los monjes y los Obispos. En 1798 ue, si no es amos equi ocados, cuan  do los Abades de San Vicen e pe die on en abso  lu o la ju isdicción sob e, la iglesia de la Régoa, po la cual an as disensiones hubo. ■ u s IX E l C a bil d o l u c en se y l a C o mu n id a d B en ed ic in a No sólo como Senado y Consejo del Obispo, que son los Cabildos odos, en ase del Concilio i- den ino, sino po la mancomunidad de los in e e  ses de la mesa capi ula y del P elado, en an e io  es épocas, en las ecuen es disco dias en e obis  pos y abades, u o la co po ación que oma una pa e muy ac i a, apenas comp ensible hoy, que el pode de los Cabildos es menos que una somb a de su pasada esplendo osa g andeza. Como, po o a pa e, el Cabildo de Lugo eje - ií ) — 146 — cía una ju isdicción e dade amen e no able, isi  ando un año la mi ad y al o o lo es an e de la diócesis; uniendo, dando y pe mu ando bene icios; eniendo po mi ad con el Obispo el seño ío de Lugo y de sus al ededo es, y ju isdicción con en  ciosa pa a oda sue e de juicios y la c iminal p i a i amen e y en p ime a ins ancia; y ejecu  ando mul i ud de ac os ju isdiccionales en di e  sos pun os del obispado, se explica (pie, po azón de los lími es de sus a ibuciones, u iese algunas di e encias y disco dias con el ambién muy po  de oso con en o de Mon o e; de lo que hay a  ias no icias en los lib os de ac as de la co po a  ción capi ula . Aun después del Concilio de Tien o, que an o limi ó las exenciones, hubo algunas con o e sias. A úl imos del mismo siglo XVI se p omo ió un la go plei o con mo i o de la ex ensión del de e  cho de isi a, en que lle ó el monas e io la peo pa e; sin emba go, los gas os ocasionados con an os inciden es ue on ales que el Dean u o que p es a de su peculio 200 eales al A cediano de Dozón, ep esen an e judicial del Cabildo, pa a acaba de segui el li igio. u — 147 — Las con iendas en e el con en o y el Obispo D. Juan B a o Lusp illo, ace ca de la espec i a ju isdicción, llega on á un g ado al que, como a ás se dijo, los ailes publica on ' y ija on un mani ies o decla ándole excomulgado. En onces el Cabildo, dando una mues a de su a ec o al P ela  do, á quien an o debe la Co adía de Nx es a Se  ño a la G ande, como en onces se llamaba á la ex  celsa Pa ón a de Lugo, de e minó, en 3 de Oc u  b e de 1654, manda un p opio al luga donde se hallaba el S . B a o, «o eciéndole asis encia en odo lo que uese menes e » A los pocos días, «los ailes de Mon o e aje on xuez con a el seño Obispo» . En is a de lo cual, el Cabildo, á p o  pues a del canónigo deán, u o la ina y delicada a ención de esc ibi al a lijido P elado, «pa a su consuelo, si gus a de la asis encia de algunos se  ño es P ebendados ó de o a cualquie a diligen  cia». A p incipios del siglo pasado, el Cabildo c eyó e en la en onces p oyec ada conco dia en e el Abad y el Obispo, un pe juicio no able pá alos in e eses de la co po ación, y esol ió o o ga po  de «pa a la con adicción en la Cu ia Romana.» u — 148 — Mas luego se a ó de esol e el asun o pací iea- men e. Se exigió y consiguió del . Abad que, pa a compensa el p oduc o de las cud ias que la mesa capi ula pe cibía en las acan es de los dos cu a  os que se in en aba uni á San Vicen e del Pino, paga ía és e 300 eales cada año, «dejando en pié cualquie a pensión que haya». P opuso asimismo el Cabildo que dándosele el bene icio de San a Ma ía de Sie e ien os, con la acul ad de pone ica io a l nu um, abona ía los gas os de la Bula de unión,y en a ía en la conco dia que planeaba el P elado. Vino en ello de buen g ado el Abad, y el día 25 de Mayo de 1707, se dió pode al Doc o  al y al Magis al, «pa a o o ga dicha conco dia con oda la solemnidad necesa ia.» Cua en a} 7 cinco años después, el monas e io p e endió pe mu a de ju isdicción, consignando los p opues os a ículos en un papel que, en cabil  do de 11 de Ene o, se aco dó co iese' «po casa de cada seño capi ula pa a en e a se de él». Pa- écenos que el Abad no llegó á consegui lo que deseaba. Los abades de Mon o e, lo mismo que los de Samos, y como los de Celano a en O ense, e an u