LA TOPONIMIA DE LAS ISLAS CANARIAS: NUEVOS CORPUS Y NUEVOS MÉTODOS DE ESTUDIO
1909
BIBLIOTECA FILOLÓXICA GALEGA INSTITUTO DA LINGUA GALEGA ACTAS DO XX CONGRESO INTERNACIONAL DE CIENCIAS
ONOMÁSTICAS. SANTIAGO, 1999. A CORUÑA, 2002: 1909-1927.
LA TOPONIMIA DE LAS ISLAS CANARIAS:
NUEVOS CORPUS Y NUEVOS MÉTODOS DE ESTUDIO
Maximiano T ape o / Eladio San ana Ma el
Uni e sidad de Las Palmas de G an Cana ia
1. UN PROYECTO DE INVESTIGACIÓN
Desde 1990, un equipo in e disciplina inculado a las Uni e sidades de Las Palmas de
G an Cana ia y de La Laguna, y a o as ins i uciones insula es, di igido po el D . Maxi-
miano T ape o, iene es udiando la oponimia de las Islas Cana ias, den o de un P o-
yec o global de in es igación que p e ende los siguien es obje i os, a pa i de es ases
sucesi as de ac uación:
1. Nue a ecolección sis emá ica de la oponimia de cada isla, ecogida de la adición
o al.
2. In en a io y ca og a iado del co pus oponímico de cada isla.
3. Es udio lingüís ico ( onológico, mo osin ác ico, léxico y semán ico) del co pus
oponímico de cada isla.
In e esa el es udio lingüís ico de la oponimia po dos ipos de azones di e en es,
pe o undamen ales las dos: las p ime as, po que se a a de ecupe a unos conjun os
léxicos que, en su g an mayo ía, i en sólo en la adición o al (la esc i u a ca og á ica
sólo da cuen a de una pa e muy pequeña del co pus oponymicum e dade o de cada
isla) y que es án, en es os momen os más que nunca, expues os a su desapa ición po los
cambios adicales de uso (po in luencia mayo i a ia del u ismo) que es án eniendo los
suelos isleños y po el abandono casi o al de las labo es adicionales de u ilización del
e i o io; las segundas, po que en sus espec i os co pus se conse a un léxico muy pe-
culia de cada isla, especialmen e muchos guanchismos nunca egis ados ni oídos ue a
de los ámbi os es ingidos en los que i en.
Pa imos del con encimien o de que, an es que nada, la oponimia es una ama de la
lingüís ica, que debe se obje o de es udio especí ico de la lexicología, y del hecho cons-
a able de que la oponimia, como co pus léxico que se con igu a en cada luga con
MAXIMIANO TRAPERO / ELADIO SANTANA MARTEL
1910 ca ac e ís icas dialec ales pa icula es, es una a ea de es udio que es á po hace . Como
hemos dicho en o as pa es, el léxico de la oponimia ha in e esado a la lingüís ica sólo
en lo que se e ie e a la e imología, y además de una mane a espo ádica, ijándose sólo
en los é minos más ex años y exó icos (sin duda, los más di íciles, en los que podían
pone se a p ueba odas las eo ías e hipó esis e imológicas). Además, en el caso de es u-
dia conjun os oponímicos más o menos amplios, ep esen a i os de un luga o de una
coma ca de e minada, esos co pus e an más “his ó icos” (de a chi o o de mapa) que ac-
uales, y más ep esen an es de la oponimia mayo (nomb es de ciudades, pueblos y
acciden es ele an es del e eno, íos, mon es, e c.) que de la meno , que nomb a los
acciden es más menudos de la geog a ía con una e minología más a ín y p óxima a la
no ma dialec al del luga . Es a ha sido, jus amen e, una de las ca encias que ha enido la
g an mayo ía de los es udios que has a aho a se han dedicado a la oponimia: se han
de enido más en la a eza del nomb e que en “el odo semán ico” que ca ac e iza al léxi-
co oponímico de cada luga , que se cons i uye como un conjun o léxico dialec al.
Nues o p oyec o con empla un Co pus oponymicum cana iense complemen ado y
ep esen ado en una nue a ca og a ía. Como conjun o léxico que es, desde el pun o de
is a lingüís ico, un co pus oponímico cualquie a puede ene sen ido y u ilidad po sí
solo, en lis a abie a y o denada, y más cuando es á a ado in o má icamen e, pues en-
onces las posibilidades de búsqueda, de elación y de con as e o ecen no ísimas y so -
p enden es lec u as que en iquecen ex ao dina iamen e la isión ilológica y cul u al que
de él se podía ene an es. Pe o no cabe duda de que el ámbi o na u al de la oponimia es la
ca og a ía: los mapas han sido siemp e el ehículo po excelencia pa a la di usión de los
opónimos, y és os son los elemen os i ales de los mapas. Se puede concebi , como deci-
mos, un co pus oponímico sin el sopo e de la ca og a ía, pe o no es concebible un mapa
sin opónimos. En los mapas oman los opónimos su e dade a dimensión y sólo desde
ellos pueden explica se los múl iples p oblemas que plan ean: su e e encia geog á ica, su
dimensión, el p oceso ecu en e que oman muchos de ellos; la p opia cons i ución del
opónimo como sin agma nominal (La Mon aña → El Lomo de la Mon aña → Cue a del
Lomo de la Mon aña, e c.); la ca og a ía esuel e muchas dudas de in e p e ación de
opónimos que en simples lis as al abé icas son inin e p e ables; e c.
Cada uno de los obje i os que p oponemos, en cada una de las ases y en cada una de
las islas del A chipiélago, iene p oblemá ica pa icula , pe o pa a odos ellos y pa a odas
las islas se p e ende u iliza una misma me odología que pe mi a al culmina odo el
p oyec o ene una isión homogénea y sis emá ica del conjun o de la oponimia cana ia.
2. LA ISLA COMO UNIDAD, NECESIDAD DE NUEVOS CORPUS Y LA INFORMÁTICA COMO
SOPORTE
En es aspec os conc e os del p oyec o que emos insis i aquí, po cuan o ma can las
ca ac e ís icas del mismo en su plan eamien o inicial.
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2.1. La isla como unidad e i o ial
La in es igación se ealiza isla po isla, y no en el conjun o del A chipiélago, po cuan o
cada isla supone la “unidad” e i o ial, y geológica, e his ó ica, incluso lingüís ica, del
a chipiélago cana io. En e ec o, el a chipiélago cana io es á con igu ado po sie e islas
habi adas (en ealidad, ocho, con ando a La G aciosa, que siemp e se anexa a Lanza o e),
más un conjun o de islo es (Lobos, Aleg anza y Mon aña Cla a) y de oques deshabi ados.
Cuando se conside an en su conjun o, bien sea desde el pun o de is a geog á ico, bien
desde el pun o de is a his ó ico, las Islas apa ecen como un odo uni a io; sin emba go,
cuando se es udian con de alle, las di e encias son an no ables, y de odo ipo, que obligan
a hace conside aciones pa icula es. Nadie duda de que el A chipiélago en e o es u o de
un mismo enómeno geológico, las e upciones olcánicas, pe o ocu idas és as en iempo
an dila ado y con an a di e encia en e sí, que, así, hoy pueden e se paisajes de an o
con as e como los que o ecen, po ejemplo, Timan aya, en Lanza o e, que no es sino un
“paisaje luna ”, como se le ha bau izado u ís icamen e, es deci , un e i o io o almen e
calcinado, en el que las bocas del olcán se suceden en un pano ama a e ado y bellísimo,
a la ez, en el que no exis e ni la más le e b izna de hie ba, y el uego en el subsuelo es an
cie o que bas a esca ba unos cen íme os la ie a pa a sen i lo, y, po o a pa e, el Mon e
del Ced o, en La Gome a, con una ege ación an upida e in incada que los ayos del sol
hace millones de años que no en el suelo. Las di e encias en e las Islas (incluso los di e -
sos e i o ios den o de cada isla) las ha ma cado el olcán que las o mó, pe o ambién el
iempo (hablamos de millones de años) y ambién la his o ia. Dejando apa e el pe íodo en
que las Islas es u ie on habi adas po los guanches, del que enemos eno mes lagunas de
conocimien o, y que hoy sólo se mani ies an, en el e eno de la lengua, en una p oble-
má ica, compleja y muy di e sa oponimia, la his o ia del A chipiélago ampoco ha sido
homogénea: las sie e islas ni ue on conquis adas a la ez (la conquis a du ó un siglo,
desde 1402 has a 1496), ni lo ue on po unos mismos homb es (seño es eudales, unos, y
ep esen an es de la Co ona española, o os), ni sus poblado es y colonizado es p ocedían
de un mismo luga (hubo, sí, un componen e andaluz mayo i a io, pe o ambién llega on
leoneses, y as u ianos, y cas ellanos, y po ugueses, e c.), ni el sis ema polí ico adminis a-
i o que se implan ó ue el mismo pa a odas (“islas de ealengo” ue on G an Cana ia,
Tene i e y La Palma, e “islas de seño ío” ue on Lanza o e, Fue e en u a, La Gome a y
El Hie o). En consecuencia, la lengua hablada en cada una de ellas, y más en el aspec o
del léxico e e ido a la mo ología del e eno, ha llegado a ene pa icula idades muy
no ables. Desde es e pun o de is a, cada isla del a chipiélago cana io se cons i uye en un
‘mic omundo’ oponímico, po aplicación del mic omundo geológico y biológico que
desde su o igen ha sido y, po ex ensión, po el mic omundo his ó ico-cul u al y lin-
güís ico que se ha desa ollado den o de cada una de ellas.
2.2. Ven ajas y “necesidad” de un p og ama in o má ico
La inco po ación de los ecu sos in o má icos se ha ex endido a odas las amas de la
in es igación, incluida ambién la ilología, aunque en és a de o ma ímida y oda ía no
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ha llegado a gene aliza se. La popula ización del uso de o denado es, la bajada de los
p ecios, an o de las máquinas como de los p og amas (ha dwa e y so wa e) y, sob e
odo, el que la mayo pa e de és os se encuen en esc i os en lenguajes de al o ni el1
pe mi en al usua io medio la u ilización de p og amas come ciales pa a se aplicados a
las a eas co idianas sin que se equie an conocimien os especiales de in o má ica.
Bas an la u ilización de un buen manual de ins ucciones del p og ama y la dedicación
de algún iempo pa a conoce las ó denes p incipales que el p og ama necesi a. Bien es
cie o que el conocimien o de lenguajes de p og amación –de cualquie lenguaje de p o-
g amación- aco a á no ablemen e el iempo exigido pa a llega a domina el uncio-
namien o y descub i la en abilidad del p og ama.
Con esas condiciones, el o denado se ans o ma en una he amien a de abajo más
que acili a y agiliza la labo in es igado a. Pe o no e minan aquí las bondades de la
u ilización de p og amas in o má icos. Es a he amien a le ab e nue os caminos –has a
aho a insospechados– a la ac i idad in es igado a en ilología. Du an e muchos años,
es a disciplina se ha man enido en unos mismos ni eles de p ocedimien os de in es iga-
ción. La sola p esencia del o denado en es a ac i idad, da luga , po an o, a la apa i-
ción de líneas de in es igación absolu amen e nue as que apo a án a la ilología la
sa ia eno ado a que oda ciencia necesi a pa a que siga conside ándose como al.
El uso de p og amas in o má icos encuen a la mayo jus i icación cuando la
can idad de da os que se maneja es ele ada, de o ma que se á la máquina la enca gada
de ealiza las ges iones u ina ias –gene almen e ediosas, len as y abu idas– de e-
cuen os, o denaciones, elaciones, o cualquie o a ac i idad en que de e minadas a eas
se epi en con ecuencia. Con amos, además, con una ca ac e ís ica que apo a la u ili-
zación de la máquina: el igo y la exac i ud de los da os de uel os po és a, lo que
ans o ma su u ilización en la mayo ga an ía del p ocedimien o cien í ico. Cons an-
emen e la máquina nos es á impa iendo una pe manen e lección de humildad: la má-
quina nunca se equi oca. Cuando se p oduce el e o , és e siemp e end á o igen
humano. La a ea del nue o in es igado debe á cen a se en la p epa ación del sopo e
in o má ico (me odología) y en la in e p e ación de los da os que la máquina a oja
(conclusiones). Todo el camino in e medio de análisis de da os (imp escindible en cual-
quie in es igación) ha quedado en las “manos” de la máquina, con la ga an ía de exac-
i ud que es o implica. Po nues a pa e no enemos duda: los nue os caminos de la
in es igación es án abie os.
De los di e sos ipos de p og amas in o má icos exis en es, uno de los que mayo
in e és o ece al in es igado en las amas de Humanidades es el que pe mi e el alma-
1 En in o má ica se dis inguen dos ipos de lenguajes de p og amación: los de al o ni el (high le el) y los de
bajo ni el (low le el). Los p ime os pe mi en esc ibi las ó denes que se en ían a la máquina con exp esiones
con encionales de los lenguajes na u ales (en iéndase, inglés). La u ilización de es as ó denes esul a ela i a-
men e sencilla pa a el usua io no especializado en in o má ica. Los lenguajes de bajo ni el, más ápidos en la
ejecución, obligan a que la ansmisión de ó denes a la máquina se ealice con códigos bina ios.
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cenamien o de g andes can idades de da os de mane a no edundan e y que acili a la
consul a inmedia a. Es o se log a median e la u ilización de las llamadas bases de da os
elacionales. Pe o no es sólo la apidez de acceso la única en aja de las bases de da os,
sino, sob e odo, su g an lexibilidad, de o ma que pe mi e –en cualquie ins an e– la
ealización de consul as con esquemas no p e is os inicialmen e. Es a ca ac e ís ica
adquie e especial ele ancia cuando las posibilidades de elación en e los dis in os ele-
men os de la base son di e sas y no han sido de e minadas de an emano. Si a es o aña-
dimos la acilidad con que se puede modi ica la es uc u a de una base, y la u ilización
de a ias bases –con in o mación di e en e en cada una– de o ma simul ánea, el manejo
de una base de da os es á jus i icado plenamen e.
2.3. Necesidad de nue os co pus oponymicum
En Cana ias es una necesidad eal el con a con nue os co pus de opónimos po cada
una de las islas, pues los disponibles, además de se absolu amen e insu icien es, son
ambién muy de icien es. En cuan o a la can idad, bien puede supone se que la exhaus-
i idad absolu a es imposible en la oponimia, pe o sí es imp escindible una abundancia
que sea su icien emen e ep esen a i a de la oponimia eal. Y en cuan o a la idelidad
de los co pus oponímicos, és a sí que es condición absolu amen e imp escindible pa a
a on a sob e ellos es udios de ipo lingüís ico.
Como ocu e en el es o del e i o io español, la ca og a ía oponímica más au o i-
zada y de mayo escala disponible pa a el A chipiélago has a aho a ha sido la ealizada
po el Se icio Ca og á ico del Ejé ci o a pa i de los años 60 del siglo XX, en mapas
de escala 1: 50.000 y 1: 25.000, según cada isla en pa icula . Puede deci se que, has a
en onces, las Islas Cana ias ca ecie on de una ca og a ía a g an escala, y que desde la
cons i ución de la Au onomía, po pa e de de e minados o ganismos (Cabildos Insula-
es y el p opio Gobie no de Cana ias), han enido ensayándose nue as ca og a ías, a
mayo escala que las mili a es, pe o, sal o mínimas co ecciones –a eces ni siquie a
a o unadas–, copiando sin modi icación alguna la oponimia ecogida po el Ejé ci o.
Con ó és e en aquel en onces con sus g andes medios humanos y sus especializados
ma e iales pa a pode hace una ecogida de ma e iales oponímicos a g an escala, y
ealizó una ob a an me i o ia que, sin duda alguna, se ha con e ido en la ca og a ía
“o icial” del A chipiélago, en el pun o de e e encia inexcusable en ma e ia ca og á ica
y en el pun o de pa ida de cualquie ipo de es udio elacionado con la oponimia. Pe o
los mapas mili a es no dejan de ene se ios de ec os en ma e ia oponímica (apa e los
de ipo ca og á ico), unos cuan i a i os y o os cuali a i os.
En p ime luga , la escala en la que ue on elabo ados ue insu icien e pa a pode
con ene una ca ga oponímica que ep esen a a ealmen e lo que se en iende común-
men e po la “ oponimia meno ”, es deci , po los nomb es de los acciden es meno es:
ba ancos, mon añe as, picos, oques, lomos, pun as, playas, e c., y no sólo los nomb es
de las localidades y de los acciden es mayo es.
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1914 A í ulo compa a i o, puede e se la di e encia en e la oponimia ecogida en los
mapas mili a es y la que cons a en nues as nue as ecopilaciones:
Ca . mili a Ca . nues a
G an Cana ia 2.300 12.800
El Hie o 659 3.500
La Palma 864 10.000
Lanza o e 873 2.500
Fue e en u a 2.060 4.500
Tene i e 3.563 3.563*
La Gome a 698 698*
* Quie e deci que de Tene i e y de La Gome a no con amos aún con ecolecciones
nue as.
En segundo luga , en los mapas mili a es hay de iciencias de ipo cuali a i o muy
impo an es. Las pe sonas que ealiza on la ecogida de ma e iales en las Islas o no
enían la su icien e especialización lingüís ica o ca ecían del necesa io conocimien o de
la ealidad dialec al de las hablas de Cana ias. Los de ec os de ipo lingüís ico más
sob esalien es que con ienen ya ue on pues os de mani ies o po Manuel Al a al da
no icia de sus p ime as explo aciones oponímicas en las islas de Lanza o e y de Fue -
e en u a (Al a 1972 y 1973, espec i amen e): e óneas in e p e aciones, alsa o o-
g a ía, opónimos no comp obados, adap ación de la oné ica dialec al a la no ma del
español es ánda , e c. Po ejemplo, en la ca og a ía mili a apa ecen muchos opónimos
con el nomb e de Bahía, cuando es e é mino es ex año a los usos léxicos de las Islas;
los nomb es de muchas poblaciones apa ecen an ecedidas del gené ico Case ío, cuando
es e é mino no se usa nunca en la oponimia adicional de las Islas; muchas mon añas
y picos ienen el nomb e de C á e , cuando es e é mino es de uso écnico, desconocido
en el uso popula y sólo p esen e en poquísimas ocu encias oponímicas de La Palma;
po el con a io, hay una ausencia documen al del opónimo Tosca en La Palma, cuando
es de uso co ien e; con usiones del ipo Ba anco del Tabaco po Ba anco del
Tabuco, Mon aña de la G uesa po Mon aña de las Huesas, Mon aña de la Aleg ía po
Mon aña de la Almag ía; alsas o og a ías, como El Julán o El Julián po El Julan (en
la isla del Hie o), Los Be mejos po los Me mejos, según la p onunciación dialec al,
Playa del Ca bón po Playa del Cab ón o El Descolo ado po El Descojonado (los dos
po eu emismo), e c.
Un ejemplo conc e o nos da á la medida del an es y del aho a de los que hablamos.
La ca og a ía mili a di ide la isla de El Hie o (escala 1:25.000) en 38 mapas; elegido
al aza uno de ellos, el mapa nº 7, que comp ende una po ción del no oes e de la isla, en
él hallamos 29 opónimos; noso os hemos ecogido y ca og a iado 153; y de los 29, 10
es án mal ubicados (E ese, Ja ales, Mon aña del Cascajo, Los Palacios, Las Lajas, Risco
de Tibaja e, Playa del Can adal, La Res inga y Las Casi as), 6 son inexis en es en la
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ac ualidad (El Chijo, Mo o de la Hoya Reyes, To e, Las Tabladas, Los Molinos y E a
Ca i o), 2 es án más ansc i os (Ca azoca en ez de Gua asoca y Ja ales en ez de
Los Ja ales), y po an o sólo 11 es án bien colocados y esc i os con o me a su e da-
de a na u aleza o al (La Sabina, Mon aña la Pelo a, Roque el Rey, Casas del Mon e, Las
Mon añe as, Mon aña del Risco, La Vuel a G ande, Llano de la Pun a, La Cale illa, La
Laji a y Pun a G ande). Es deci , que si es e mapa 7 de El Hie o es ep esen a i o de la
labo que el Ejé ci o hizo en la isla en cuan o a su oponimia, a sólo una e ce a pa e de
ella debemos da c édi o.
3. PRESUPUESTOS LINGÜÍSTICOS TEÓRICOS
En luga es a ios hemos insis ido en la necesidad de analiza el léxico de la oponimia
que p ocede del léxico común (aquel léxico que es “desc ip i o” y no me amen e “no-
mina i o”, es deci , aquél que signi ica) bajo el p isma de la eo ía de los campos se-
mán icos, de la misma mane a que se hace con el léxico común. Hemos diseñado el
ma co eó ico en que ha de encuad a se (T ape o 1995:57-83); adelan amos de mane a
p o isional las pa celas del léxico de la oponimia que los cons i uyen (Ibid.: especial-
men e, 80-83) y ensayamos un p ime es udio sob e el léxico de los colo es de la ie a
en la oponimia (la c omo oponimia) de G an Cana ia (Ibid.:85-121). Damos, po an o,
po explicado nues o pun o de pa ida eó ico, sob e la base de los siguien es pos-
ulados:
a) En la oponimia con i en dos ipos de é minos, desde el pun o de is a de su capa-
cidad semán ica: en e minología de Cose iu (1985:66-102, especialmen e 82), los
que son “desc ip i os”, es deci , los que signi ican, ipo Mon aña de, Valle de, Lla-
no de, e c., y los me amen e “nomina i os”, los que sólo designan, ipo Teide, Inge-
nio, La Gome a, e c.
b) Los p ime os, o bien han pasado al dominio de la oponimia desde el léxico común
(“ opónimos secunda ios” los hemos llamados noso os: T ape o 1995:34-38), ipo
cue a, uen e, hoyo, ie a, e c., uncionando en la oponimia, gene almen e, con el
mismo signi icado que ienen en el lenguaje común (aunque no es in ecuen e que
hayan adqui ido un signi icado especializado en el dominio de la oponimia, de ahí
que sean “ma cas oponímicas”), o bien son é minos cuya unción “p ima ia” es,
jus amen e, la de e e i una ealidad geomo ológica, es deci , la de se “apela i os
oponímicos”, ipo ío, ba anco, isco, oque, mon aña, e c.
c) Es os é minos ( an o los que cons i uyen opónimos “p ima ios” como los “secun-
da ios”) son, en oda su ex ensión, ambién en e minología de Cose iu (1981:
287-315), léxico común y “ uncional”, en el que ope an con na u alidad y en pleni-
ud (a eces, con mayo “explo ación” del sis ema de la lengua que en el léxico
común) odos los p ocedimien os de la “ écnica del discu so”: cambios en los
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1916 mo emas de géne o (Lomo / Loma, Hoyo / Hoya, Cha co / Cha ca…) y núme o
(La Llanía, La Angos u a, Las Mon añas…), que implican di e enciación semán-
ica; p ocesos de i a i os insóli os (Mon añón, Lomi ón, Manchón, Manchon-
cillo…); p ocesos composi i os plenamen e lexicalizados (Vallehe moso, Val e de,
Mad elagua, Malpaís…); o mación de pe í asis léxicas (La Tie a que Suena, La
Pied a que Reluce, La Pun a que se Juye…), e c.
d) Es e léxico oponímico se con igu a en cada egión como un e dade o co pus
dialec al, an o po lo que se e ie e a las acomodaciones de los signi ican es (p.e., en
Cana ias: Malpaís, Solapa, Caide o, Roque, Bu ade o…), como, sob e odo, po lo
que a ec a a sus signi icados (Mon e, Mon aña, Valle, Cañada, Cos a…). Es es e un
camino abie o, apenas ansi ado, que debe á eco e se si se quie e hace e dade a
semán ica dialec al, ambién en es a pa cela de la oponimia, que e leja como pocas
o as pa celas del léxico gene al la e dade a pe sonalidad del léxico dialec al.
e) Finalmen e, es e léxico oponímico se o ganiza en es uc u as semán icas, al igual
que el léxico común, de al o ma, que el alo semán ico de cada é mino depende
de las elaciones y oposiciones que con ae con el es o de los é minos de su
campo léxico; así, po ejemplo, en el campo léxico ‘ele ación del e eno’, en la
oponimia de Cana ias, es án p esen es é minos como Mon aña, Lomo, Roque, Al-
o, Pico, Mesa, Cuchillo, Mo o, e c., den o de cuyo pa adigma pueden, a su ez,
de e mina se subconjun os ca ac e izados po una mayo homogeneidad semán ica,
como, po ejemplo, ‘ele aciones que e minan en pun a’, ‘ele aciones con supe i-
cie plana’, ‘ele aciones con o ma ala gada’, e c.
4. LO HECHO Y LO QUE FALTA POR HACER
En el caso conc e o de Cana ias, con amos con dos an eceden es que que emos des aca ,
po cuan o, en cie os aspec os, son modelos de nues a me odología y obje i os. Nos
e e imos, p ime o, a la ecolección oponímica e ec uada, al comienzo de la década de
los 70, po Manuel Al a y un g upo de sus en onces alumnos de la Uni e sidad Com-
plu ense de Mad id, en algunas de las islas del A chipiélago, y de la que el p opio
Manuel Al a ha publicado una no icia ex ensa, po lo que se e ie e a las islas de
Lanza o e y de Fue e en u a (1993:445-476 y 417-444, espec i amen e).
Ad i iendo las de iciencias que en ma e ia oponímica con enían los mapas
mili a es, Manuel Al a se p opuso, una ez concluidas las encues as de su ALEICan,
ealiza una nue a y sis emá ica ecogida de la oponimia del A chipiélago, isla po isla,
con el p opósi o de o ma un nue o y au o izado Co pus Toponymicum Cana iense,
que sumado a los que debe ían hace se en el es o de los e i o ios españoles, al cual
había plani icado Joan Co ominas (1972:I, 61-65), y al es ilo de los Dic ionnai es
Topog aphiques anceses.
LA TOPONIMIA DE LAS ISLAS CANARIAS: NUEVOS CORPUS Y NUEVOS MÉTODOS DE ESTUDIO
1917
De en e las múl iples “ ecomendaciones” que se desp enden de los in o mes de
Al a , una nos pa ece a noso os c ucial: la selección de los in o man es. Nadie conoce
mejo la oponimia de un luga que sus p opios habi an es na u ales, y po an o ninguna
uen e puede habe más au o izada ni mejo que la de la adición o al. Y en e odos,
los que mejo conocen el e eno y sus denominaciones son los pas o es, mucho más
que los ag icul o es; és os se limi an a unos i ine a ios ijos, que an del pueblo a sus
p opias incas, mien as que los pas o es deben eco e odos los e i o ios, de acá pa a
allá, has a llega a conoce el suelo palmo a palmo y sabe el nomb e de los acciden es
más insigni ican es, “pues en cualquie a se encon a án las b iznillas e des que nece-
si an sus animales”, dice Al a (1993:455). Y en cuan o a la oponimia de la cos a, nin-
guno la conoce mejo que los pescado es de o illa de cada zona, que han de eco e a
dia io la cos a con sus ba cas y han de oma cualquie acciden e cos e o como pun o de
e e encia pa a su o ien ación.
Los ma e iales oponímicos ecogidos po Al a y su equipo, lamen ablemen e, si-
guen inédi os, pe o su au o , con gene oso desp endimien o, los ha pues o en nues as
manos pa a su publicación y es udio. De momen o, con la colabo ación, a su ez, de
p o eso es y beca ios de la Uni e sidad de Las Palmas, disponemos ya de los co pus de
Fue e en u a ( ealizado po Geno e a To es Cab e a) y de Lanza o e ( ealizado po
Ma ía Bení ez Rod íguez), en ambos casos como paso p e io pa a la ealización de sen-
das esis doc o ales sob e dichos ma e iales oponímicos.
El o o an eceden e es la ecopilación y el es udio que Ca men Díaz Alayón hizo de
la oponimia de la isla de La Palma, como obje o de su esis doc o al, en e los años
1984 y 1987, y cuyos ma e iales oponímicos publicó en mic o ichas (1987, mic o i-
chas), además de un es udio pa cial de los mismos (1987).
La in es igación sob e la oponimia de G an Cana ia ha sido, has a aho a, la más
in ensa y la más comple a. La ecogida de opónimos la hizo un equipo de pe sonas
capaci adas, en e 1988 y 1992; pos e io men e se sumó al p oyec o un g upo de espe-
cialis as (lingüis as, geóg a os, his o iado es, biólogos, ca óg a os, in o má icos, e c.),
quien no malizó la esc i u a de los opónimos, ijó el co pus, hizo la ca og a ía, es a-
bleció la clasi icación de los ma e iales y o eció una alo ación de la oponimia o al de
la isla desde cua o aspec os complemen a ios: geog á ico, biológico, his ó ico-cul u al
y lingüís ico. F u o de odo ello es La oponimia de G an Cana ia (1997, 2 ols. y un
CD Rom). Además, Eladio San ana Ma el ha e ec uado un es udio mo osin ác ico de
la oponimia de G an Cana ia, como obje o de su esis doc o al (1998), c eando, pa a
ello, un nue o mé odo in o má ico de análisis de los ma e iales lingüís icos de un
co pus oponymicum, de aplicación a cualquie a que sea.
El nue o co pus oponymicum de El Hie o ue u o de un p oyec o de in es i-
gación becado po el Minis e io de Educación y Cul u a (Plan Nacional I + D, P oyec o
DGICYT PS93-0111), ealizado en e 1994 y 1997 po un equipo o mado po Maxi-
miano T ape o (di ec o ), Eladio San ana Ma el, Manuel Domínguez Lle a, Ca men
MAXIMIANO TRAPERO / ELADIO SANTANA MARTEL
1924 que mos amos seguidamen e. Hemos seleccionado la co espondien e al ejemplo inicial,
ya que es á cons i uido po cua o unidades léxicas con in o mación en odos los campos.
NOMBRE Cañada del Caide o de Cha Ú sula MUN SLT NR 1675
EL 6 UL 4 EM 417 EMA np npnn ES 404 ESA N+A[E+D+N+A<E+N+A>] MAPA 485 COOR F18
CM1 n s CM2 nms CM3 n s CM4 m
TP1 s-n—0 TP2 w- en1 TP3 TP4
NUC Cañada ADY del Caide o de Cha Ú sula ULNN Ú sula
LN 6 NEN 212 NEA 21 LA 26 NN 2
DIC sd3 NOTAS c 3nn4 ART ¦
La base ha sido diseñada pa a albe ga una can idad de in o mación, que, en el conjun o
de los 12.777 egis os, po encialmen e pod ía admi i 3.232.581 ca ac e es. Si enemos
en cuen a que en cada icha pod ía habe has a 73 unidades in o ma i as di e en es3, la
base de da os ep esen a un olumen de 932.721 unidades in o ma i as po enciales.
Podemos ans o ma es a i ualidad en da os e ec i os conside ando el p omedio de
unidades léxicas de la base (1,75), el núme o de unidades in o ma i as mínimas que han
de apa ece en cada egis o (23), que p omediadas suponen 40, y el núme o de opóni-
mos del conjun o, 12.777. Mul iplicando los dos úl imos ac o es nos encon amos con
que nos a oja una ci a supe io al medio millón de unidades in o ma i as eales que
han sido analizadas una a una.
Como odo p oceso de análisis exige o o de sín esis, ealizamos un ecuen o es a-
dís ico, e lejo de las endencias que la cons ucción oponímica p esen a en un de e mi-
nado dominio. Hemos u ilizado los alo es habi uales de la Es adís ica, undamen al-
men e aquéllos que se elacionan con la ecuencia, median e los que ijamos los
siguien es alo es:
Núme o de palab as u ilizadas en el co pus de G an Cana ia (36.880).
Núme o de unidades léxicas (22.396).
Unidades léxicas que cons i uyen el opónimo ipo (2).
De e minación del opónimo ipo: dos nomb es apela i os, masculinos, en singula ,
o mados po emas simples y en cuya cons i ución sin ác ica, el segundo unciona
como complemen o del p ime o: Ba anco del Álamo, po ejemplo.
F ecuencia de p ocedimien os lexicogenésicos (11)
F ecuencia de su ijos di e en es (65).
bado in o ma i amen e, que no puede o ece más da os que aquéllos que con iene. Po el con a io, la “ icha”
de una base de da os cons i uye una ep esen ación isual de la pa e del con enido que –en un momen o de-
e minado– deseamos mos a . La can idad de in o mación que se puede ob ene –po p ocedimien os ela-
cionales– desde una icha es an g ande que esul a ía imposible mos a la de una ez.
3 In e p e amos como unidad in o ma i a cada una de las in o maciones dis in as que en cada campo pueden
apa ece . Así, po ejemplo, el campo NOMBRE o ece una sola unidad in o ma i a; pe o cada uno de los
campos TP con ienen has a ocho unidades de in o mación.
LA TOPONIMIA DE LAS ISLAS CANARIAS: NUEVOS CORPUS Y NUEVOS MÉTODOS DE ESTUDIO
1925
Relación y ecuencia de las es uc u as sin ác icas (50).
Relación y ecuencia de las es uc u as mo ológicas (93).
Hemos añadido además una alo ación o mulada po noso os que p e ende medi
con ecu sos es adís icos la capacidad p oduc i a de los p ocedimien os de o ma-
ción de palab as. Denominamos p oduc i idad a es a alo ación, y pa a ello, inco -
po amos al análisis los siguien es alo es: ecuencia absolu a, ecuencia ela i a,
núme o de palab as di e en es y núme o de bases léxicas c eadas po el p ocedi-
mien o. Concebimos el índice de p oduc i idad como un esul ado que es di ec a-
men e p opo cional al p oduc o de las bases léxicas y la aíz cuad ada de la
ecuencia ela i a, e in e samen e p opo cional a la aíz cuad ada del núme o de
palab as di e en es. Según nues as comp obaciones, la ó mula p opues a unciona
en odos los casos. El esul ado se á siemp e un alo que oscila en e 0 y 9,224, el
máximo que en nues o análisis hemos obse ado. La exis encia de un da o ma e-
má ico p eciso ligado a cada p ocedimien o de c eación de nue os é minos mues a
de mane a obje i a cuáles son las endencias y qué capacidad c ea i a p esen an los
p ocedimien os de o mación de palab as en un co pus oponímico conside ado.
8. DICCIONARIO DE TOPONIMIA CANARIA
Un Dicciona io Gene al de Toponimia es una ob a de culminación y de sín esis. De
culminación, po que an es de pode abo da lo es necesa io dispone de odos los
ma e iales léxicos, y ellos se consiguen, en el caso conc e o de Cana ias, no de o a o -
ma que a a és de una minuciosa y sis emá ica in es igación en cada una de las islas. Y
si el egis o que se quie e es o al y “ e dade o” ( i o y uncional), no queda más
emedio que ealiza una ecolección de ma e iales a pa i de la adición o al pa a
complemen a los egis os ya ano ados en la ca og a ía exis en e y en los documen os
an iguos, undamen almen e en lib os de epa os, de donaciones y de sucesiones y en
los ca as os municipales. Y es una ob a de sín esis, po cuan o en el Dicciona io se am-
plía la mi ada y se ele a la conside ación sob e odas las pa icula idades que exis en en
cada uno de los opónimos, conside ados és os an es indi idualmen e.
El dicciona io que noso os p oyec amos es gene al y exhaus i o, un dicciona io que
pueda da cuen a de odos los nomb es que en Cana ias ienen (o han enido) la unción
de opónimo, con independencia de su e e encia “mayo ” o “meno ” (los llamados o-
pónimos “mayo es” y “meno es”), incluso del ni el de ecu encia que cada opónimo
enga, ya sea g ande (Lomo, Mon aña, Mo o o Ba anco), media (Risco, Roque, Valle
o Ce cado), escasa (Fajana, Fa allón, Longue a o Res inga) o mínima (A no, Bo que,
Lama o Rel a), y con independencia de su pe i encia o no en el léxico común dialec al
cana io. Que pueda da cuen a, en in, de las di e encias in e insula es que exis en en la
MAXIMIANO TRAPERO / ELADIO SANTANA MARTEL
1926 oponimia y de las di e encias que la oponimia cana ia, en gene al, iene espec o a la
de la España peninsula .
Aún es amos lejos de pode cumpli ese obje i o gene al, pues al an in es igaciones
impo an es que ealiza en algunas islas en pa icula , en algunas pa celas conc e as del
léxico oponímico y en algunos aspec os lingüís icos de impo ancia. Pe o un p ime
paso es á ya dado pa a ese Dicciona io Gene al con el es udio del léxico de e e encia
o onímica (T ape o 1999), concebido és e como un conjun o de es uc u as y o gani-
zado como un e dade o dicciona io semán ico.
9. VALORACIÓN
Como alo ación del abajo que se es á lle ando a cabo, algan las palab as que Ma-
nuel Al a esc ibió en el P ólogo de Toponimia de G an Cana ia: “Nunca se ha in en-
ado en España una ob a oponímica como és a […], pues, al ca ác e exhaus i o que
debe p esidi es os quehace es, se añaden muchos in en os de ase ea el es udio desde
di e sos pun os de is a” (1997:49). Y más adelan e: “El es udio es de una iqueza im-
p esionan e y, además, lle ado a cabo con el más implacable igo ; ello pe mi e al can-
idad de análisis que el lec o queda anonadado” (Ibid.:50). Pa a conclui : “Quedan en
us manos, amigo lec o , unos inmensos ma e iales pa a que medi es y es udies; quedan
los undamen os eó icos pa a su buen ap o echamien o y una olun ad –aho a el a o is-
mo no esul a me a ó ico– capaz de mo e mon añas” (Ibid.:52).
Y a más abundancia, las palab as que Eugenio Cose iu ha esc i o muy ecien emen e
en el P ólogo al Dicciona io de Toponimia Cana ia: “C eo que no exage o en absolu o
al a i ma que la lingüís ica oponímica de T ape o, como eo ía y p axis desc ip i a,
ep esen a una e olución en la oponomás ica, […po cuan o] hace de la oponomás ica
una disciplina lingüís ica e ec i amen e au ónoma, con obje o p opio y con la inalidad
“en sí misma”, en cuan o es udio lingüís ico de los opónimos, que se p egun a cómo
son los nomb es de luga y cómo se hacen en las lenguas y, en cada caso, en una lengua
de e minada; con lo cual p opo ciona un undamen o mucho más sólido ambién pa a la
oponomás ica his ó ica y aplicada” (T ape o 1999: 15). Y más adelan e: “El modelo de
oponomás ica desc ip i a y analí ica elabo ado po T ape o, en máxima pa e, con
e e encia al español cana io y a pa i de la oponimia cana ia, ale, na u almen e, pa a
cualquie lengua y pa a cualquie egión” (ibid.: 22).
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
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