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La creación de espacios en la dramaturgia de Lope de Vega

Abstract

Programa de doctorado: Literatura y Teoría de la Literatura

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La creación de espacios en la dramaturgia de Lope de Vega

Author: Alonso Vega, Sonia
Year: 2015
Source: https://accedacris.ulpgc.es/jspui/bitstream/10553/13018/2/0707790_00000_0000.pdf
La creación de espacios en la d ramaturgia d e
Lope de Vega

Tesis doct oral present ada por: S onia Al onso V ega
Dirigida por: Lu ciano García Loren zo y C armen Márquez Monte s

Las Palmas de Gran Canaria, julio de 2014
Tesis realizada con la beca de Investigación concedida por la Agencia Canaria de Investigación, Innovación y
Sociedad de la Información del Gobierno de Canarias

ÍNDICE

INTROD UCCIÓN ………………… … ………………… … ………......

7

CAPÍTULO I: Los espaci o s del teat ro en e l S ig lo de Or o ..………...…. ..... .... ..

17

CAPÍTULO II: Lope de Veg a, obra y es pacios………… ……… ………

55

II. 1 .- Corpus dramático y su c lasific ación.…………… .……….. ..…

55

II. 2 .- El Arte nuev o de hacer co medias ……………… ….… ……….... ......

71

II. 3 .- Lope de Ve ga de senectute o e l últim o Lope…….. .……… ….......

89

CAPÍTULO III: El es pacio en el Lop e de Vega de sene ctute …….… ……..

98

III .1 . - Comedias de santos……… ...… ……………. ..……… …...…

100

III .2 . - Comedias urbanas……… ……………… ……..… … ……….

147

III .3 . - Comedias y dramas p alatinos…………… ……… ...………. ...

249

III .4 . - Dramas his tóricos………… ……………… ……… ….......… .

372

III .5 . - Drama mit ológico………… … ………………… … …...….....

451

CONCLUSI ONES… ………………… … ………………… ….……….

490

BIBLIOG RAFÍA…………… ……… …………… …….…… …………

513

ANEXOS

Anexo I: Imágene s……………… …… ………………… ....………

2

Anexo II: Ficha d e obras……… ……………… ……… …...……. ...

6

Anexo III: Cuadros de es pacios , escenas y a cotaciones… ….……….

67

INTRODUCCI ÓN

EL ESPACIO EN EL TEATRO

En esta te sis se h ace u n estudio de la presencia de las indicaciones
realizadas por Lope de Vega sobre el esp acio en sus obras de senec tute . Si bien no
se desea hacer un recorrido extens o por las diversas teorías que exis ten s obre el
espac io en el teatr o, sí que , al menos, se hace imprescindible realiz ar un suscinto
estado de la cuestión, s obre todo para explic ar el modo en que se afronta la
investig ación .
El espa cio teat ral es u n compon ente ese ncial de l text o dr amát ic o y de la
representaci ó n, que r el acion a todos lo s d emás e le mento s que compone n u na
obra d ram á tica. Es el p rincipal respons a ble de que un texto pueda ser imagin ado
por el lector como una p osi ble represent a ción y no se quede en un texto literari o
simil ar al de otro gé n ero.
Se puede afi rm ar que el tema de la repres en taci ón de los textos dramático s
es un asunto polémic o sobre el cual la crítica parece no a lca nzar un acuerdo .
Jorge Urrutia 1 s eñala que deben existir dos maner as de enfrent a rse al hecho
teat ral, como texto dr a mático “ particularmente ordenado” o en relación con s u
posible r epresent ación. J . Barg a lló, por s u parte, opina en se n tido contrari o
cuando afi r ma qu e l a re p re sen ta c ió n no e s l a funció n ese ncial de l tex to
dramático: “No todo texto dra máti c o está destinado a ser representado, n i todo

1 URRUTIA, Jorge (1979 ). “Del espacio vacío al va cío textual”. ADE . nº 76, (junio -
sept iemb re), pp. 61 - 63.

Introducción | 8

texto teatr a l tiene porqué ser liter a rio, ni todo texto literario tie ne po rqué ser
teatral ” 2 .
Frente a estas posturas está la de Patrice P avis, qu ie n defie nde q ue tod o
texto dramático puede ser teatraliz a ble:

El texto dramátic o es un guión incompleto y que est á a la espera de un escenario. Solo
adquiere su sentido e n la representación, pue sto que por naturaleza e stá dividido en
tiradas y pape les , y solo es comprensible si lo profieren los actores e n un contexto de
enunciación previamente escogido por el director de escena 3 .

Lo cierto e s qu e, en princip io, todo tex t o teatral está e sc rito teniendo en
cuenta s u p osi b le representa ción, otra cosa es que se pueda llevar o no a escena.
Lo fundament a l de toda est a po lémica es q ue el texto te atral, como afir ma
Urrutia, puede ser estu d iado de dos maneras sin que ello quiera decir que una sea
más rigurosa que l a otra. Estos d os enfoques se deben realizar pa ra llegar al
estudio exhaustivo y completo de un te x to, son, por t a nto, p roc ed imie n tos de
análisis que p ue den llegar a ser com p lement arios.
Parece que la postura más adecuada y que mejor s e adapt a al análisis y a la
constitució n misma del te x to dramático e s la que men c iona Bobes N a ves, pues
distingue el texto dramático del l írico en algo fundamental y es que el primer o
contiene su pr opia represe ntación, lo qu e ella de nomina “Te x to Es p ectacul ar”:

Formado por las ac otaciones, muchas o poca s, s e gún épocas y há bitos, y también
incluye en el diálogo indicios que precisan el lugar donde ha de ser representado, e
indican cómo ha de ser repr esentado: las a ctitudes, las distancia s, los movimientos que
han de mantener, han de v er o hace r los a ctores para da r vida a los personajes y para
realizar el diálogo en direc to 4 .

De e s te mo do, el t exto dra m ático se compone del t exto literari o más el
texto e spectacu lar. Se debe a clarar que las indicaciones para la p osi b le

2 BA RGA LLO, Juan (19 89). "Del texto dra má tico al texto espe ctac ula r" . Discurso , nº 3 - 4, S e vil la :
Asociación Andaluza de Semiótica - Alfar. pp. 127 - 140 , p. 58.
3 PAVIS, Patric e (1996 ). Diccionario de teatro. Dramatur gia, estética, semiología . Barcelona : Paidós ,
p.470.
4 BO BES NAV ES, M.C . (2001). Semiótica de la escena. Análisis comparativo de los espacios dramáticos
en el teatro eur o peo . Madrid: A rco/Libros , p. 14.

Introducción | 9

representaci ó n puede n estar exentas, aparte del diálogo , en las acotaciones o
inclu idas en él. En este ú ltim o caso se h abl ar á de did asca lias , aunqu e otros
autores como P a vis pr efieran el términ o indicac iones escén i cas 5 .
La crítica h a utilizado numer o sas d efin iciones del e spacio en el te a tro.
Cada una de ellas confier e mayor i m p ortanc ia a uno u otro aspecto del térmi n o.
Denis Bablet lo define como :

Un lugar donde se realiza una a cción gestual, hablada, cantada o bailada, representada
ante unos hombres por otros ho mbres. Es un luga r de reunión de a ctores, r eunión de
público, creación de una c omunidad de a ctores y espectadores que se e ncuentran ca ra
a ca ra por un tiempo det erminado: un tiempo en el que cada uno va a participar de
diferente modo. Es un lugar de interca mbio (1996: 176) 6 .

En este caso , lo que p arece p rim ar a la h ora de dar una definición es la
identif icación con el lugar donde se exhibe el espe ctáculo . Efect ivament e, el
conce pto de esp acio teatral es el que men o s debate ha suscit ado ya que con él se
hace referenc i a a lo qu e se conoce tra dicionalmente com o edif icio teatr a l.
La verdadera c ondici ón indispensab l e para que exista un espacio teatral es
la opos ición actor - esp ec tad or, es decir, e n tre el que observa y el que es
observado.
Bobes Naves adelant a los tipos de espa cios aludie ndo a esta confront ación
acto r - es pec tado r :

En situación, c ara-a- car a (Face - to - face) e xige la e specialización presente de los lugares
dramáticos de la fá bula (espacios dramáticos) en un escena rio (espacio escé nico), o un
lugar dispuesto pa ra l a acción, donde se puedan move r los actores (espaci o lúdico)
entre los objetos que reproducen con una e stética determinada: realista, simbolista,
arqueológica, etc. los lug a res de la fábula (espacio escenográfico); la obra dr amática
implica una virtual realiz ac ión que articulará e n una unidad los diversos espacios .
(BOBES , 2001: 10 ).

5 PAVIS continúa mencionando la definición de didascalias como “Instruc ciones dada s por el
autor a sus actores (en el teatro gr iego por ejemplo) para interpretar el texto dramático. Por extensión,
en el uso mod erno del término, indicaciones escénica s […]. Término mucho más usado en la
actualida d, parece más adecuado para describir el papel me talingüístico de este texto secundario
(INGARDEN, 1971).” (199 6: 130) .
6 Opinión simila r defiende DE BLAS G ÓMEZ (200 9: 35) .

Introducción | 10

Para que esta tipolog ía sea comp rend ida es n e c esario ac lar a r cada uno de
los ti po s d e es pa cio s d e maner a separada, ya que la crític a no está del to d o de
acuerdo y usa n la term inología de man era dif erente.
Cueto P érez me n ciona que son cuatro los espacios t ea tral es: espacios
dramáticos, “lugares de la ficción d ramátic a” ; esp acios lúdic os, “creados por el
actor” ; esp acios escen o gráficos, “d ecorad os que sim ulan en escena los luga res
dramáticos” y e spacio escé nico “lugar físico dond e se r ep res entan lo s otr os
espac ios”. A todos e llos añade el e s pacio t eatral en el q ue “ se i ncl uye la prop ia
escena, lugar de los actores y de la ficción, y la sala, destinada a los espectadores ”
(2007: 5) .
El espacio dramátic o sería aquel que el lect or-espectador reconst ruye p ara
enmarcar la acción de la obra. Por tanto, n o se percibe en escena, pero sí p a rt e
de lo qu e en ell a suce de (o de la lect ura de un text o). De est a ma nera cada lect or
creará “su” espacio dramático a partir del mensaje recibido. Es obvio que la
lectura de un texto no da como resu ltad o la misma noción de espacio dram átic o
que la que r es ult a de ve r la representación . En este último caso, el espectador
está mediatiz ado por los objet os y movimi entos de los actor es en es cena. En el
texto cada l ector “obten drá en su memoria su propia re alización especta c ular del
texto c on ayuda de las acotaciones y didascalias ”.
El esp acio escén ico , definido con anterioridad como “lugar físico donde
se representan los o t ro s espacios” , debe sufrir una ampliación, p ue s Bob es
Naves señala que exis ten varias ace pcion es para la l exí a , una de carácter general ,
como sinónimo de e spacio d ramático y otra que hace alu sión al escen ario 7 . En
este últ imo caso, se d efine el espacio escénico por oposición al lug a r que ocupan
los espe ctadores , “un espacio real que rep res en ta e l es pac io d e la ficció n […]
frente al es pacio de la re alida d que acoge a l os espect ado res” (2001: 19) .

7 Por el cont rario Patrice Pavis sostiene : “Es el espa cio rea l del escenario donde se mueven los
actores, tanto si l o hacen en e l escenario propia mente dic ho como entre el público” (1 996 : 175 ).

Introducción | 11

Cueto Pé rez pre fier e ver en e l espacio escénico un l ug ar que está fuera de
la realidad, se r ía un á mbito abstracto que se define por las relacione s
dentro/fuera , presen cia/ausen cia, “to do lo que lo s personajes dicen y hacen,
todo lo que está en el te xto principal, está dentro del espacio escénico, se dice y
se hace dentro d e él” . ( 2007: 7 ).
Frente a esta propues ta de abstracción, Bobes Nave s lo defi ne co mo un
espacio real que pu e de llegar a confun di rse c on el lugar t ea tral , es decir, con e l
edificio a rquit e ctóni co o lugar d elimit a do por o tro tipo d e s igno s (ilumin ación,
disposición d e los esp ectadores ant e el esce na rio, etc.):

El espacio e scénico e s el es pa cio a rquitectónico rea l, donde se representan lo s espacios
dramáticos, es un espacio previo a la obra, dispuesto para el espectáculo, y
circustancialmente, puede ser un lugar, urbano o ca mpestre, interior o exterior, e legido
para una representación concreta (espacios escénicos hallados) […] que se ha bilitan
par una representación y luego vuelve a su ser y a su propia finalidad.

Aclara la autora que el espacio real no es para la obra dramática un espacio
vacío que se adapta escenogr áficament e. Tamp oc o e s como un ma rc o p ara una
pintur a 8 porque convergen en uni d ad semiótica to d os los e s pacio s (dramático ,
escénico, escenográfic o ), d e modo que, el sentido de la f ábula y su lectura viene
dado por la sum a de todos e s tos el emen tos .
El p roblema surge cuando se utiliza la misma terminología para definir las
diferentes y com p lejas re alidades que a barca el espacio teatr a l 9 . Es e l caso del
espac io escénic o, para el qu e la c rític a no parece a lcanzar un acuerdo sobre su
def ini ción y delimi t ac ión . Anxo A bu ín afirma que cons iste en

la concretización del espacio dramático por parte de un director de escena gracias al
decorado y a otros eleme ntos escénicos (il uminación, objetos, plataformas,
paneles,…). Se trata por tanto de hacer perceptible, metonímicamente, una parte del

8 BO BES NAVE S , M.C. (2001: 11) cit a a M ACKINT OSH, Ian ( 1993) La arquitectura, el actor y
el público . Madrid: A rcolibros.
9 PAVIS (1996: 175) Identifica es pacio tea tr al con e spacio escenográfico.

Introducción | 12

espacio dramático, donde se localizará la ac c ión tanto f ísica como mental de los
personajes. (2007: 19).

Este crítico englob a en el co nce pto de espacio escén ico lo que se definir á
a co ntinu ació n , por parte de otros autores, como espac io escenográfi co 10 .
Entonces, para él el espacio e scenográ fi co sería “la organizació n espacial que, en
el int erior de l lugar teatral pone en re lación a los em isores y rec ep tores d e un
espect áculo ” (200 7 :18 ).
El espacio escénico se propone crear un mundo nuevo y a utó n omo, un
lugar donde se proyecta el mundo creado por el aut or, el cual está del imitad o y
determina do por un conjunto de s ignos de muy diversa naturaleza: los elementos
escenográfic o s, los personajes con todas sus ca ract erizaciones , diálog os, gestos ,
movi mientos , e t c., así como todos l os acontecimient o s que desarr ollan e n él. Por
lo tanto, es n e ces a rio s eñalar que con espacio e scénico se alu d e no solo a los
elementos escenográficos y técnico s (sonido, iluminación, etc.) que men cion a el
autor en las didascalias, sino tam bi én a t odas las referenc ias que hacen los
personajes e n su discurso.
Lo ci erto e s que la may or p arte de la crítica 11 está de acuerdo en que el
espac io e scenográfico h ace ref e rencia a “lo s ob jetos y s u situa ción en e scena ”
(BOBES 2001: 13). Ha y que a ñadir los espacios latentes contiguos y los espaci os
narrativos que el texto l iterar io pone en relación con el escenario . P ara
interpretar el sentido de los espacios escenográficos hay que tener en c ue n ta: lo s
objet os y las distanc ias entr e ell os y con lo s pe rson ajes y la segme nta ció n relativa
del mismo espacio . Para lograr el prop ósito de tr ansmitir todo lo qu e está
presente en una obra se uti liza u na decoración de acuerdo a la estética que siga
el e scenóg rafo o el sentido que q uiera da rle el director de e scena. Bobes Naves
(2001 : 13 ) señala, a de más, que otros prefie re n un espacio vacío y sugieren la
escenografía a t ravés de otro s medios c omo la palabra, signos luminoso s o

10 Como BOBES, CU ETO, BABLET.
11 Como BOB ES NAVES, UBERSFEL D, De BLAS, CUE TO.

Introducción | 13

acúst ico s. En to do cas o, e ste espacio vacío también apo rt a si g n ificado en la
recepc ió n q ue ob ten ga e l esp ec tad or.
El espac i o l údi co 12 es a quel creado por la interpreta c ión de los ac tore s
gracias a su gestuali dad y movimientos ( cfr . ABUÍN, 2007: 20) . A esta d efinición
hay que añadir que los movimient os de los actores están condicionado s por los
elementos esce nográficos prese n tes en el escenar io y po r la a m plitud de éste.
Abarca la palabra, las p osiciones , las distancias relativas en tre ellos, etc.; es dec ir,
todo aquello que el actor, medi a nte su manera de actuar influye en la rece pci ón
qu e el espect a dor obt iene de la r e presenta c ión. Pavis añ ad e q ue su s l ím it es s on
“expansible s e imprevisibles, mientras que e l espacio escénic o , aunque parezc a
inmenso, está delimitado de hecho por l a estructur a escenográfi ca de la sa la”
(1996: 175) .
El espacio esce nogr á fico y el lúdico s er ían más bien lo s medi os a tr avés de
los cuales el espacio e scénico s e conviert e en espacio d ramátic o. Los d os son
conju ntos de signos icónic os, son “s ignif ican tes espa ciale s de s ignif icados
espac ia l es, estáti cos (espac io escenogr áfico) o din ámicos (esp acio lúdic o) .”
(CUETO 2007: 10) . Por medio del esp acio escenográfico y lúd i co el espacio
escénico se c o nviert e en signific a nte.
Según Manf re d Pfister 13 ex isten tres concepciones básicas del espacio: la
neutralidad en l a q ue e l e s cenario s e vue lve abstracto y u tópico; l a estilización que
permite jugar metonímic a mente con los elementos presente s en la
representaci ó n y l a real ización qu e da al espectad o r una versión realista,
identificable c o n un e spacio con creto de la acción dramáti ca .

12 Introducido por PAVIS que en su Dicciona ri o lo define como “Este espacio es creado por la
evolución de los actores. A través de sus acciones, s u s relaciones de proximidad o alejamiento, s us
libres expansiones o su confinamiento en un área mínima de actuación, los actores trazan los límite s
exact os de su territorio individu al y colectivo. El espacio s e organiza a través de ell os, como alrededor
de un pivote, el c ual también ca m bia de posición cua ndo la a cción lo exig e” (1996: 174 ).
13 PFISTER, M . (1984 ) “Ou lines o f communicative an d pragmatic theo r y of the dramatic
figure .” Estudios sobr e los géneros lite rarios . Vol. 2. pp. 11 - 32. Citado por ABUÍN (200 7: 20).

Los espacios e n el teatro del Siglo de Oro |

20

Construyeron contra la pared de la iglesia de un conve nto, en la que ya ha bía una hilera
de rejas […], una gal ería de palcos o aposentos de dos pisos […]. Del pi so de aba jo
bajaba una serie de gradas al suelo. Frente a la s gradas y galerías armaron un tablado de
cuarenta pies (11.2 m.) de largo, que c on la adición de un carro de quince pies (4.2 m.)
de largo a cada lado daba una extensión de setenta pies (19.6 m.) (2003: 6 51).

Con este eje mplo se pu ede obt ene r una idea de lo que signific aba la
representaci ó n de los autos sacramenta les, montajes que e ran muy espectacul are s
y tenían lug ar en tablados en o rmes si se c omparan con el escenario de un c o rral.
Es importa n te señal ar que , aunqu e en el siglo XVI I habí a acabad o casi la
representaci ó n de aut os dentro d e las igle sias, no signif ica que no ex isties e u n
teatro en espacios sacros. Según Allen (2003: 651), element os teatr ales y
parateatrales había en otros actos como l as can onizacion e s –la de san t a Teresa
que s e acaba mencionar –, el trasl a do de reliq uia s, las fiest as patronales , además
de las numero s as re presentacio nes en co nventos y sacri s tías 25 .
Otro es pac io exterior privilegiado es la plaza del p ueblo o ciudad, que s e
utilizaba con asiduidad en aquell a s pobl a ci ones en las que no hab ía corrales de
comedias. Se trataba, gene r almente, de representaciones gratuitas para celebrar y
festejar acont e cimient os de staca dos .
En las plazas de los palacios se hacían espect á culos , juegos deporti vos,
toros y fiestas cortesanas. Se trataba de montajes con un gr a n com ponente de
teatralidad y co n un a paratoso espe ctáculo. Tam bi én s e re presentaban aut os
sacrament ales para l os integrantes d el servi c io de palacio. Díe z Borque señala
que lo importa n te de la fiesta cortesana e ra la dif erencia entre conte m p lar y
participar, o l o que es lo mism o , entr e espect áculo y actua ción:

Los nobles, incluso el pr opio rey, participaba n en la fiesta, en el c ortejo-procesión e n
su variedad de posibilid ades, mientras que para e l servicio de palac io y otros
cortesanos –a veces tam bié n se pe rmitía l a entr a da al pue blo – e ran un fastuoso
espectáculo de propaganda y exaltación de la realeza (DÍEZ BORQ UE, 2002: 54) .

25 Conf rónt ese, en e st e sen t id o , DÍEZ BORQUE , J.M. (2 002: 60- 63).

Los espacios e n el teatro del Siglo de Oro |

21

El teatro co rt e sano se representa ba también en espacios interiore s, como
los salones de la familia real, antes de la c onstruc c ión del Coliseo del Buen
Retiro. Que d a constancia de que se montaban con gran aparato e scénico , que a
principios d el sig lo XVII se p resentab a n en te atros ef ímero s, p ero cada vez
fueron construyén d os e espacios más ad ecuados ; baste citar como ejemplo la
representaci ó n en un s alón del P alaci o Re al de Vall adol id en 1605 que menci ona
Teresa Ferrer:

Tenía una gra n pue rta de e ntrada, suficiente para que entrara un carro triunfal de má s
de cinc o metros de alto, llevando a unas damas de la corte y a l a infanta doña Ana,
representando va rias figuras a legóricas. Se instalaban las da mas en un palco –eleme nto
escenográfico y palco a la vez –al otro extremo par a ver el espectáculo, que se montó
frente a la pue rta por do nde ha bían entrado, descolgándose unos lienzos que cubrían
todo el anc ho de la sala y e n lo alto de ella, sobre l a puerta por donde salió el ca rro de
la Virtud 26 .

Co ntinúa afirmando qu e había un corred or que rodeaba t oda la sala ,
ocupada p or e spe ctadores, y que debajo de éste había aposentos pa ra acoger a
más espectado res, aña de que , a ni vel d el s uelo, existían más bancos para e l
público. Prosigu e con el decorado:

Al caerse los lie nzos colgados a nte la puerta de la entrada, apareció “un largo aposento
como cimborio de templ o, fabricado por l o alto y por los la dos con muchas luna s de
espejos, denotando que aquella era el cielo.

La cita continúa pero parece sufici en te co mo ejempl o de lo fas tuosas y
espectacul ares que eran las represent a ciones del teatro cortesano incluso antes de
hacerse en lug a res pr ofesional es.
Díez Borque p on e vari os ejemplos que demue stran q ue h ubo
representaci o nes en el Pa lac io del Pardo, en el Real Sitio de San Lorenzo, en el

26 FERRE R VALLS, Tere sa (1 995 ) . Para m ás i nformación s obre este tema remito t amb i én a
La práctica es cénica cortesana : de la época del emp erador a la de Felip e III , citado por AL LEN (2003 : 638).

Los espacios e n el teatro del Siglo de Oro |

22

Palacio de la Azeca, etc. por l o qu e c oncluye que “no e s arriesga d o pens ar qu e
los distintos espa cios reales er a n potenc i alme n te lugar de re pre sent a ción teatr a l, y
que para ello s e utilizaron c on mayor o me nor frecuencia” (20 02: 57) .
El Coliseo del Buen Retiro es considerado un e s pacio profesional c reado
para e l teatro, es el primer teatro permanente específi camente habi litado para los
grandes espectá culos del teatro cort e sano. Fue d iseñado p or Cosimo Lotti 27 .
Ini cial mente, h u b o un intento de que se reproduj era en él el ambiente d e los
corrales 28 .
Se s igue respetand o l a disposici ón del pú b lico siguiendo una jerarquía
social que , como se verá más adelante, es ca rac te rís t ica del corral de comedias: el
rey y s u familia apartados de los demás espectadores, zo nas e specialme nte
delimitadas para las da m as, caballeros, clero, e t c. La diferenci a fundamental
estriba en que “el esp a cio para el p úblico e n los teatros cort esanos debe más a
los p eculiares a rreglos d e los corrales de la cort e que a los model os italiano s que
se podían haber i mit ado com o en el cas o d e la escenificaci ón” (ALLEN , 2003 :
646). Su construcción co mienz a en 1638 y concluye en 1 680. E l palaci o había
sido e spaci o polivalente para representa ciones teatrales en muchas de su s
dependencia s, tanto exteriores (el jardín) c omo interiores (sus salones) 29 . Con la
construcció n d el C oliseo se ll egó a un lug a r específicam ente creado para el
montaj e de obras teatral es:

Destaca por ser un teatro más perfecc ionado, que no tiene la estructura de los pa tios
de vec indad de los corrales de come dias, sino las características de un “verdadero
teatro” concebido como tal y e specializado, consecuentemente para su función […].
En definitiva , la comedia grand e o de tramoya va a tener un lugar propio de real ización en
este nuevo espacio (DIEZ BORQUE, 2002: 69).

27 “Ingeniero y p intor f lo rentino del siglo XVII, especializado en la realizaci ón de complicadas
esceno graf ías ” ( GÓ MEZ ,19 97: 491).
28 J. All en come nta que se ina uguró en 1640 con la comed ia de capa y espada de Rojas Zorrilla
La gr an comedi a de los bando s de Verona , “con todas las señas de una represent ación de corral:
descubrimiento de la tumba de Julieta en el lugar de las apariencias; cambio de esc enas pos ibilitado
cuando el e scenario queda v acío, salidas y entrada s por p uertas practicables” (2003 : 644 ) .
29 Para profundizar en el jardín como espacio teatral remito a José M aría Díez Borqu e (2002:
46 - 51).

Los espacios e n el teatro del Siglo de Oro |

23

El edificio que se va a e studiar en profu ndidad , como se ha comen tado en
páginas anteriores, es el c orral de comedias, espacio teatra l p rofesion al y
comercial qu e ma rca u n profu n do ca m b io e n l a concepción del e s pectácul o
teatral.
Los corrales de Comedi as, o c as as de Comed ias, c omo s e la s de nomi naba
cuando a pareci e ron, se asen t aban en el p atio in terio r de una edificació n
existente. Se trat a ba de espacios a biertos, originalment e estaban en los patios
interiores de las c as as u hos pitales , con la función inicial fundam ental de simpl e
corral. Son espacios estables donde no cabía la posibili dad d e estar montan d o y
des mont and o s us el ementos con stituye ntes. E n cuanto a l os a ccesos , se entr aba
a trav é s de distintos puntos: puertas, ves tíb ulos, esc aleras…, mezcla d os con
tiendas, tab ernas, etc.
Se de duce de lo anterior qu e los esp a cios escénicos del teat ro españo l
fueron, en sus ini cios, “espaci o s h alla dos” , de nomi naci ón de B o bes Na ves, y
consi sten en :

Un corral, el patio rectangular de la s posadas o de los castillos de planta romana en la
España del Sur, con impluv ium y con g alerías en el primer piso, que diseñan un ámbito
envolvente, no de l todo cerr a do, en torno a un escenario que e ra un tablado adosado al
lado del fondo, sin sepa r a r de l a sala, a no ser por un telón que circunstancial (20 01:
419).

Para ilustrar c ómo eran estos e spe c táculo s se hace alusión a la famosa cit a
de C e rvantes en t orn o a es to s e spa cio s e scé n icos , cuand o vio a ctuar a la
compañía de Lo pe de Rueda: “Cuatro bancos en cuadro y cuatro o seis tablas
encima, con qu e se levantaban del suelo cuat ro palmos” 30 .
Se componí a de un t ablado qu e se p odí a transformar fácil me nt e y que se
colocaba en la plaza del pueblo , el público se colocaba alrede d or en un círculo
sin cerrar (para dejar espacio al tablado). Con frecuenci a e ste tablado se adosa ba

30 Cita tomada de ZA MORA VICEN TE (1969).

Los espacios e n el teatro del Siglo de Oro |

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al fon do de u na c alle c iega , cu ando l a hab ía, y los ba lcone s y v enta nas, a demá s d e
la calle, servían de l ocalidades para el público. Éste es el origen arquitectónico de
los edificio s teatrales q ue seguirán llamándo se corrales.
Desde luego , o frecí an pocas c omodid a des al público y a lo s actores; tanto
en el es cenario como en el patio carecían de t oldos y, si ha cía mal ti empo se
interrumpían l as representacio n es o se m ojaban los espe ctadores.
Como se ha dic ho , se utilizaban los m edios arquitectónicos que estos
patios ofrecí a n:

Las ventanas, c on sus rejas y ce losías, funcionaban c omo hoy lo hacen lo s palcos.
Estas ve ntanas eran propiedad de los due ños de la s distintas casas en que se situaban.
A veces las alquilaban a las propias cofradías, otras e ran los inquilinos qui enes debían
pagar una cantida d por s u utilización. Lo normal fue que, poco a poco, las cofradías
compraran los edificios que cerca b an los corrales 31 .

El escenario o tablado tenía unos o cho metros de boca y una profundida d
que variaba entre los cuatro y los seis metros. Se trata de un espacio casi
des nud o, como un e s pacio va c ío, d ispuesto a a coger la e s cen o grafía qu e le
pusiesen. Tenía al menos dos puertas, qu e dan acceso al espacio latente del
fondo, y arriba una galería a la que se a cce d e desde el escenari o por dos escaleras
situadas a los lados. Se situaba a unos dos metros s obre el nivel d el s u e lo,
circunstancia que permitía la perfecta visibilidad des de cualqui er localidad, así
como utilizar su in t erior sobre todo co mo ve stu a rio de los ho mbre s, aunqu e
también se e mp leaba para colocar a determinados músicos o para subir desde lo s
escotillones. El vestuario d e las mujeres estaba detrás de las puertas del fondo, a l
nive l d e la escen a.

31 La cita está tomada de Bobes Naves (2011: 171). Obvia m ente, la fecha del libro de esta
autora hace que haya t enid o en cuenta tr abajo s tan importantes como el de Mercedes de los R eye s
(2004), “Lugares de repr esentació n y escen ografía en la Esp aña barroca”, HIDALGO, J. C. (ed.).
Espacios escénico s. El lugar de re presentación en la historia d el teatro occid ental . Sevilla: Centro de Doc ume nta ció n
de las Artes Escénicas , pp. 133 -185; y el de J. Allen y Ruano de la H aza (1994). Los teatros co m ercia les d el
siglo XVII y la e sce nificaci ón de la comedia. Madrid: Casta lia.

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No ex iste un tipo de corra l fijo, como ocurre co n el resto de teatros
europeos, pue s de pende de la forma que tuviesen lo s patio s , más o menos
cuadrados o rect a ngul ares, y d e la form a y disposición de vent anas y balcones de
las casas de la calle, o bien las galerías d e los pa tios o corredores d e las posadas
(BOBES NAVES , 2001: 420). En la ca vea 32 (alargada) se distribuí a n grad a s en
tres lados (a finales del siglo X VI parece que se cubría todo el espa cio con lonas ,
más tar de se hace n techados). Los espectadores permanecían d e pi e hasta
mediados d el XVII , m omento en el que s e empiezan a us ar bancos.
Si se atiende al m o del o español de e spac i o escénico s e p ue d e afirmar q ue:

Tiene e lementos que coinciden con otros teatros: el isabelino (varios niveles y varios
espacios escénicos), el ita li ano (la pla nta re c tangular): l a plataform a parece c oincidir
con e l tabla do tradicional de Lope de R ueda, en España, o de la Comedia del Arte
italiana (BOVES NAVES, 2001: 421).

Según Díez Borque (2002: 14), e l hecho fundamental que determina el
gran auge del teatro en Madrid, y s u conversión en lucrativo negocio, es la
“adecuación” del Teatro de la Cruz y del Príncipe, p ero an t e s y a habían ex istid o
otros lugare s de representaci ó n con c arácter más o m e nos fijo .
Oliva y Torres (1999: 169), p or su parte, señalan que hasta 15 75 la af ición
por el tea tro no está del todo fijada; sin embargo, habí a l ocal es en Má la ga (15 20 ),
Valencia (1526) , Sevilla ( 1550) y Val ladolid (1554) . En 1 568 h abía cinco e n
Madrid: dos e n la ca ll e Príncipe (Burg uill os y el de la Pachec a), uno en la calle
Sol, otro en l a del Lob o y el de la c a lle de la Cruz.
Las cofradías o h erma n dades era n dueña s de es tos l ocales, y co nsti tuye n

los más direc tos precedentes del e mpresario teatral moderno. Tomaban un patio e n
alquiler y c reaban una a ut éntica estructur a esc éni ca, de la que s a lían beneficiados el
concejo, los ac tos de ca ridad que mantenía n di chas y el pr opio teatro a través de su s
profesionales. La nueva concepc ión del arte escénico surge preci samente cuando dej a

32 “Cada una de las dos zonas en que se dividía la gradería, destinada al público, de los te atros y
circos romano s ” ( GÓM EZ , 1997: 170).

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de ser un hecho restringido para c onvertirse en un producto competitivo , que se
mueve en el vaivén de la oferta y la dema nd a (OLIVA y TORRES, 1990: 169).

Hacia 1567 las Cofr adí a s de l a Soledad y la Pasión ya tien e n sus lugares
para la represent ación de co medi a s (Pacheca, Príncipe , Valdivieso y Puente), y sí
pueden considerarse, con propiedad, corrales . S u estructur a se rá imitada por lo s
teatros prep arados e xpresame n te. En estos co rrales ya hay un a organizació n
administrativ a de los mismos: días de re presentación, p recios d e arriendo,
reparto de din ero a las cofradías, precio d e entra da, etc. 33 .
Las cofradías em pi eza n a utilizar sus teatros específico s, primero el de la
Cruz en 1579 y l uego e l d el Príncipe en 1583. Fue el rendimiento del primero el
que llevó a la Cofradía de la Soled ad y Niñ os E x pósit os a h abilitar el otro. S on
muy parecidos y ad emás im itan a los viejos patios por lo que a su estructur a se
refiere (Cfr. DÍEZ BO R QUE, 198 8: 16 ) .
Los corrales destinados a rep r esentacion es públicas s e construyen a part ir
del mode lo de esto s esp acios ; en e ll os, c omo ya se ha com ent ad o, el tabl ado se
adosaba al fondo con gale rías y balcones y la sala se beneficiab a tam bién de est a
circ un s ta n ci a, pues las g a lerías o bal c ones se consideraron parte del ámbit o
teatral , incluso algunos de ello s se utilizó como espacio escénico 34 . Se const ruyen
los corrales y se caracterizan por adoptar algunos elementos inspirados en la s
galerías que rodeaban to do el espacio de la representación (recreando el á mbit o
en forma d e U) .
En cu anto a los espaci os destin ados al p úblico que , junto e l espa cio
escéni co 35 componen el ámbito teatral, so l o haremo s un a bre v e descripción.
Dentro de la s ala se difere n cian diversos espacios: e l patio const ituye el element o
central d e los espaci os para el p úblico, tenía localidades de asiento para los más
pudi entes en b a nco s frente al escenario y en los laterales, y lo calidades de a pie

33 DÍEZ BORQUE , J.M. (198 8). El teatro en el si glo XVI I . Madrid: Tauru s , p. 15.
34 Cfr. B OBES NAVES (2001 :423), quien cita como ejemplo de este caso concreto el corr al de
Almagro .
35 Este se tratará unas páginas más adela nt e cuando se ana licen los espac ios escé n ic os de los
corr ales.

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para los “m o squet eros”. La cazue la e stá sit uada en la p a rte tr asera, un poco
elevada. Era el lugar designado para acoger a las mujer es, que a cudí a n en masa al
teatro , que acce día n por una e scalera lateral. Se si tú a n separadas de los hombres
con el fi n de que n o se produjeran conflictos “de ín dol e no p recisament e
dramática”, s egú n a firman OLIVA y TORRES (1999: 171). Los aposentos
estaban constituidos por l os balcones y ven tan a s de las c as as que daba n al patio ,
cuando era u n corral i mprovisa d o en la calle, o bien las g alerías laterales y de
fondo cuando se constr u y eron los edificios tea tr ales. E ra n un a es pe ci e d e p alco s
propiedad de l os nobles, o bi en estos los alq uilaban. Los desvanes s e situa ban en
la última planta, b ajo t e cho, y est a ban d estinados a los rel i giosos.
Los desvanes y apose ntos podían llevar cel osías para que el público no
viera a l o s nobles (so b re t odo a l a s damas o al rey). Eran el equivalente a los
palco s del te atr o a la it alian a pero Bobes N aves dice que t ien en una no table
diferencia:

Mientras en Italia el espectáculo de la sala se añade al del escenario, dado el sentido
lúdico del tea tro en es e país, en España, la s celo sías oc ultan a los espectadores e
indicaban claramente que e l especta dor no busca l a exhibición personal, sino que va al
teatro para ver lo que esta ocurriendo en el escenario (2001: 426).

Había u n aposento l lama do tertulia, donde se reunían los en t endidos y
discutían sobr e el valo r d e las o bras y la re presentació n.
La a lojería se s ituaba a un lado del patio, se trata d e un a espe cie de ba r
públi co do nde se vend ía l a aloj a (m iel con ag ua).
El balcón era un o de lo s elementos más int eresantes, una galería situada
en la part e de a trás del escenario en el pri mer piso, sostenido p or pilares y , a
veces , te n ía encima un segun d o balc ón. El espacio debajo de l primer balcón lo
ocupan los vestuarios , desde donde salían l os acto res a e scena , cubiertos por
cortinas (el paño).
A v eces , e stos espacios detrás d e las cort inas er a n aprovechados para
escenas de vi o lenc ia o escenas de in teri or, c o nvirtiénd ose así en una especie de

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retroescena 36 , como la del teatr o inglés, que dejaba ver el in teri or de una ta ber n a
a través de las puert a s o vent anas. Esto nos permit e h ablar, dic e Bobes Naves , de
un te atro p oliescén ico:

Frente al teatro “a la italiana” que concentra toda la atención del públic o en un espacio
único, el escenario, el teatro inglés y el teatro español tuvieron tendencia a desarrollar
diversos lugares escénicos para la repre sentación: los actores podían oc upar el
escenario, e l balcón de las apa riencias, los balc ones o gal erías laterales y también los
espacios la terales, que se hace n patentes, al menos parcia lmente, a l descorrer las
cortinas o paños. Es una c ircunstancia que interpretamos dentro del espíritu humanista
y rena centista de ofrece r diferentes perspectivas, y en rela ción con e l antropocentrismo
que sustituye al teocentrismo medie val, pues mie ntras éste ofrece sólo un punto último
de referencia absoluta, la pe rspectiva huma na es siempre múltiple , pe ro rela tiva (2001:
426).

Como se ha descrito , los lugares destinad o s a la acogida del público
estaban separados tenien do en cuenta la cate goría socia l y el sexo 37 . Bobes Naves
afirma que se trata de un espectácu l o muy d emocrátic o, las representaciones
públicas tenían u n carácter e mine n tem e nte popular que un ía a las clase s soc iales ,
es decir, todos podían ve r el espectáculo, p ero si n olvidar el si tio qu e les
correspondí a a cada uno:

Por enc ima de la clase social, todos comparten la s ide as sobre la estructuración socia l,
todos estaban con e l modelo político que rige la vida y refleja la c omedia: la monarquía
hereditaria, absoluta, de procedencia divina; todos comparten el sistema ético, que
coincide c on la moral c atólica, otra cosa es que se cumpla en las acci on es concretas de
la vida o de la come dia; y todos tie nen grosso modo los mismos idea les estéticos que
reflejan las obras y el e scenario, y son los que pasa n paula tinamente de la ve rdad y el
idealismo renace ntista a la apariencia y el desengaño barroco (2001: 430).

Rubiera señala que , aunqu e en Sevilla y en Va lencia se llevó a cabo una
vida teatral de primer orden, los corrales que mejor han sido es tu d ia do s s on el
Corral de la Cruz y e l d el Príncipe, ambos madrileños. El lugar teatral se si tú a

36 Se hablará de este tema cua ndo se analice el e s pacio esc énico en los corrales.
37 Para un may or con ocimien to s ob re las est ructuras so cial es y su reflej o en los corr ales cfr.
DÍEZ BORQUE ( 1978 ) .

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normalmente en el centro de la urbe, a d ifer e ncia de otros teatros europeos de la
época c omo el “Lon dres isabelino que marginaba los edificios teatrales al o tr o
lado del río, en barrios de n o muy buena r eputación , destinados al p lacer” 38 .
En e l espacio del corral se re úne a actores y espectadores e n un ámbito
escénico en U, se recuerd a que se trata de un ámbito envolvente , y q ue el públi co
rodea por tres la dos el ta blado p rinc i pal de la representación. Los es pectadores ,
por su p arte, se pueden situar frontalment e al espectáculo (patio, cazuela, etc.) ,
pero pueden ocupar en el mismo nivel del tablado, unos tabladillos la tera l es ,
además de las grad as laterales del pa ti o y los apo sen tos y des van es, q ue
proporcionan vi sión desd e l os lado s. E sto tien e consecu encias mu y importantes

que van desde e l hec ho de que con un ámbito en U no se p ropicia una repre sentación
mimética e ilusionista sin más bi en simbólica (al no separar a bsolutamente a ac tores y
público), hast a el hecho de que los representantes se saben observados y e scuchados
desde tres o rientaciones diferentes, por lo que su técnic a de actuación debe responder
a una situación distinta a las de un ámbito enfrentado, en la que el actor solo es visto y
oído de frente (RUBIERA, 2005: 86).

Con respec t o a este tipo de á m bito, prosigue Rubiera (2005) , se dist ingue n
unos el em entos fijos que comprenden: el espaci o de la sala, que se compone del
patio, la s gradas laterales, la cazuel a, los aposentos y l os devanes; el espacio del
escenario, que const a de tablado central y los tabladillos la t e ral e s que no son
permanentes, además d el vestuario – tam b ié n de n o mi nad o f a ch ad a – con
corredores, con sus p uertas y cortinas , y el tercer elemento fijo del ámbit o
escéni co lo de n omi na “es pacios ocult os” , qu e corresponde al vestuario
femenino, vestuario masculino, escaler as q ue unen l os dife rentes piso s del
edificio del vestu ario, etc.
Para una des cripción más detallada de cómo eran lo s corr ales se s iguen la s
indic a ci ones de Ruano 39 :

38 RUBIE RA, J. (2005 ). La construcción del espacio en la comed ia espa ñola del Siglo de O ro. Madrid:
Arco/Libros , p. 85.

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Murió el bárbaro rabiando
y ahogando l os dos Abeles;
se libró Jerusalén
de sus tiránicas leyes.
Sirva su vista de espanto,
y demos fin, con su muerte,
a su inaudita crueldad
y lástima a los presentes (2000: 226).

Este ejemplo da testi mo nio de la prepon derancia del elemento rel igioso en
las apariencias. A ñade Ruan o:

Resulta tentador concluir que las aparienc ias sir v en casi exclusivamente para mos trar
una figura, imagen o cua d ro religi oso, por l o cual no es de extrañar que tenga n cie rto
parecido con los pasos de S emana Santa o c on un retablo de iglesia (RUANO, 2 000:
236).

En cuanto al e spaci o es cénico adecuado para la utilización de las
apariencias se s abe que podí a n ser revela das al públic o en cualquier a d e los nu e ve
espacios q ue había en la f a chada del teatro y n o solo en e l central d el vestu ario.
Las tramoy a s c onsistían en a pari encia s mont adas sobre una máquin a
elevadora, y tenían la misma función que las señaladas para la anterior
maquinaria escénica, sorprender al público c on e scenas qu e n o se po dían o
debían repre sentar so bre el tablado.
Con respecto al escoti l lón, el Dicc ionario d e A utoridades lo defin e co mo “u na
puerta o tap a c erradi z a en el suelo” y aña d e “llámanse así las aber turas que hay
en los tablados d onde se representan la s comedias”.
Se a brían no solamente en el tablado de la representació n s ino tam bién en
el vestuar io y los corredores de la f acha d a del teatro. Solía usarse para la
aparición del d emonio qu e emergía de los infiern os.
El bofetón era muy popul a r en los teatro s comer ciales del S ig lo de Oro ,
pero es el artilugio e scén ico más difícil de imaginar por el espectador moderno.
El Dicc ion a rio de Autor idades ta mbién lo d efin e así: “En los teatros e s una tram oya
que se fo rma s iempr e en un lado d e la fachada para ir a l medio, la cual s e f un da

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sobre u n gorró n o quicio como de pu e rta; y si hay dos bof e tones se mu even
como dos medias pue rta s; en e ll os van las figuras u nas veces sentadas, otras en
pie, conforme l o pide l a represent a ció n. Su movimi e nto si e mpre e s rá pido, p or lo
cual s e llamó b ofetó n ” 47 .
Dentr o del es pacio es cen o gráfic o ta mbié n se incluyen, ade m ás d e la
maquinaria escénica ya mencionada, los accesor ios escénic os 48 .Con este térmi no
se alude a “todo objeto o utensilio movibl e o portátil (aparte de decora d os y
vestuario) utilizado por lo s actores con una función d ramáti ca” (RUANO, 2000:
100).
Gracias a estos a cce sorios escénicos, que s e c onvierten en signos y que el
público e s capaz d e interpretar , se puede identificar a un personaje y, lo que más
interesa, puede situ á r sele en un lugar determina do. Tamb i én permiten a lo s
actores “llevar a cabo una labor en esc e na, como escribir una carta; pe ro tambi én
cumplen ciert a s funci o nes o s tensivas y dramáticas” ( RUANO , 2 000: 225) .
Los objetos que componen e l atr ezzo 49 necesario para una repre s entació n
se pue de clasificar e n d os tipos : utilería d e esce na y de perso n aje.
La utilería de e scen a p uede utilizarse para situar e l lugar d e la acción de
un a es cena pero, lo hab it ual es que posea una función más práctica: permitir a
los actores desarrollar acciones cotidianas como comer, sentarse, escribir, etc .
Una manera de m ostrarla al p úb lico es a través de las apa r iencias del vestu a rio .
Aunque, ha bitualmente son l os actores lo s qu e la s a can a esce na:

Una gran proporción de la utilería de escena, sobre todo la que es sacada a l tablado por
los mismos pe rsonajes, no posee función dec orativa o simbólica alguna, siendo su uso
puramente funcional o convencional , y a veces, desde una perspectiva realista, poco
apropiado (RUA NO, 2000: 107).

47 “Artifi cio girator io, tr am oya de teatro que se funda en un quicio como de puerta y que, al
girar sobre la devanadera, h ace aparecer o desaparecer ante los e s pectadore s personas u o bjeto s ”
( GÓMEZ , 1997: 107).
48 “Elementos muebles, norma lmente de pequeño volumen, que integra n la utilería, atrecer ía o
<<atrezz o >> de un decora do ” ( GÓMEZ , 1997: 11).
49 Gómez remite a utilería: “a trecería, conjunto de útiles necesario s para realizar la
representaci ón. En ocasiones se distingue entre utilería o atrecería (útiles y objetos de gran volumen) y
accesor io s (útiles de peq ueña dimens ión)”(19 97: 853).

Los espacios e n el teatro del Siglo de Oro |

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Para aclarar esta afirmación, Ruan o (20 00 ) pone el ejemplo de las sill a s
que s e usaban con frecuencia p ara qu edarse dormido . Las sac a ban a escen a los
mozos de la comedia o “metesillas”, como los llama José Alcázar: “l a s perso nas
mudas que se lla man metesillas [y saca muerto s ], porque la s en tran e n el tablado. Y
cuando no son neces arias las sacan de él, porque no emb aracen” 50 . Aunque
también pueden ser usadas por el dramaturg o mediante su desaparición, como
parte de la acción.
La u ti lería de e scena era de lo m á s variada: ata ú d es, azadones, cántaros,
leña, pintur a s , tien d as, etc. “y o tras muchas co sas tan va ria d as com o los ob j etos
de l a vi da cot idi ana ”( RUAN O , 200 0: 108 ) .
En c u a nto a la utilerí a del personaje, al contrario que la de la escena, posee
a menudo un valor simbólico. Es empleada pa r a transmitir info rm a ción al
público sobre el p orta d or:

Más allá de la proporcionada por la ropa que lleva. Espada s, varas de alcalde, lanzas,
cadena s, martillos, astrolabios, suministran una notici a precisa sobre su posici ón social,
oficio, o situación actual ade más de poder situarlo, en ocasiones, en un de ter minado
espacio teatral (RUANO, 2000: 109).

Se puede concluir que la utilería, tanto d e escena como de personaj e,
siempre perseguía un objetivo determinado en los tablado s del S iglo de Oro , ya
fuera éste funcional, de carácter simbólico, temáti co, o el que se usaba sólo para
sorprender al p úblico .
Hay que hacer un inciso en lo que se refiere al decorado básico; en el S igl o
de O ro la palabra teatro se utilizaba, generalmente , para designar el lugar d on d e
se representaba – el espac io e scé nic o – y comprendía no solo el ta blado sino
también el vestuario y los corred o res que se situaban encima de él. A co mi enzo s
del siglo XVI I , los elemento s bási cos del espacio escénico son tres : una
plataforma rectangul ar de madera , rodeada de p úblic o en tres de sus lados y

50 Citado por Ruano (2000: 345).

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elevada un metro y medio del suelo ; un “vestuario”, c ubierto por una co rtin a, al
fondo de l tabl ado; y un balc ón o co rre d or, encima del “vestuario”. Se hacía así
en cualquier lug ar elegido para la r epresent ación. Ruano las llama “come dias
pobres”, ya que no requ erían decorado alguno, “bastando para su escenif icación
la cortina al f ondo, e l ba lcó n o corre dor, la vestimenta de los actores, la músi c a y
los accesori os escénic os ” (RUA NO, 20 00: 13 0) .
Este espacio vací o es el que permite m ayor flexibilidad al au to r de
come dias , ya qu e, gracia s a la imag inac ión del público y al in genio del poe ta ,
logra tran sformarse en lugares extraordinari amente o rigi nales. Ruano (2000: 131)
pone el ejemplo de l a primera j o rna d a d e El al cald e d e Zal amea de Cald erón , que
se d esarroll a en tres lugares d ifer e ntes: el camino qu e con d uce a Zalamea, la calle
donde está la casa d e Pedro Crespo, y l a habitación superior de su casa, donde
se esc o nde su hija Isa b el. No hay ruptu ra del curso d e la acción dra m ática, ni se
hace n ece sa rio mostrar decorado a lguno (a ex cep ción d e la ve ntan a), e sta
primera jornada s e represe nta ininterrum p idam ente:

El único momento en qu e el e sc enario qued a vacío es poco antes de que Rebolledo,
seguido por el C apitán, entre e n el cuarto donde se encuentra Isabel. Pero esta breve
pausa solo sirve para indi car el segundo cambio de lug ar –el primero, del ca mino que
lleva a Zalamea a la calle de Pedro Crespo, sucede imperce ptiblemente, sin que el
escenario quede vacío un solo momento– y no impl ica necesariamente una pausa en la
acción dramá ti ca (RUANO, 2000: 131).

Sin e m bargo, no se puede caer en gen eralizaciones falsas, pero es
razonable concluir que el tablado vacío se co nvirtió en un signo, que
representaba, si no se señalaba otra cosa en el d iál ogo, un lugar indeterminado
que el d ramaturg o había decidido no definir y al que recurría cuando, por
razones dramát i cas , necesitaba un espacio es c énico impr ec iso o c ambiante .
Exist í a un elemento pe rtene c iente al espacio escenográ f ico cumplie ndo
una misión destaca d a dentro de la configuración del espacio escén i co en las
come dias áurea s: l a s cortinas. Su primera función co ns is tía en permitir l as
entr a das y sa lidas de l os p erson ajes; s u segun do uso es c onvencio nal, si el

Los espacios e n el teatro del Siglo de Oro |

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personaje qu ería ocultarse de los otro s en el tabla d o pero ser visto p or el público,
salía “al paño”, asomando su cabeza por la c ortina. Aunque el uso más
generalizado de las cortina es el pri me ro 51 , Ruano apunta que, en o pinión d e J.E .
Varey y D.N. Shergold, los teatros comerciales d el siglo XVII carecían de
puertas permanentes en los espacios laterales del nivel inferior de la fachada del
teatro, llam á ndose convencionalme nte de e sta forma a los extremos de las
cortinas del “ve stuario” 52 .
La utilización de las cortinas, además d el uso y a señalado como puerta, se
convierte en el p rimer juego escénico al que s e debe atender en el tab la d o de un
corral , pu es permite diferenciar d os partes en éste : un de lante y un detrás.
Echada la cortina, las escenas represe ntan todos o la mayorí a de los exteriores:
campo, extramuros de l a ciudad, calle, etc. En otras ocasiones, el cambio de
decoración lo marc aba el movimiento d e los a ctore s : qui e n es ha b ían
desaparecido p o r un l a do, tras d ejar la e sce n a vacía, vol v ían a apa recer p o r el
lado contrario denotando un n uevo lugar. Corridas las cortinas, la e sc ena f ij a del
corral configur a la mayoría de los interiores , que estaban fo rma das por los
accesos a las c asas a través de puert a s que, como solían se r dos o tres,
signi ficaban otr as tant as cas as; por ejemplo, una para e l galán principal, otra para
la dam a, y una ter cera p ara el s egundo g alán (Cfr. OLIVA y TORRES, 199 9 :
174) .
La evolució n en el uso de las cortinas se desarrolla de tal manera qu e:

Este juego pronto quedó superado por la utilizac ión de c ada uno de l os nue ve huecos
o nichos del fondo del corral c omo metonimia escénica determinada. Los corrale s má s
importantes tenían hasta nueve nichos, tres por planta, incluyendo las puertas (abaj o) y
los balc ones (dos pisos superiores). Hay indica cione s de poe tas que describen que tales
nichos debía n adornarse con roca o fuente o con cual quier otro e lemento, significa ndo
con ello que la escena se refiere a uno de esos lugares (OLI VA y TORRE S, 1999 : 174).

51 Sobre la f unción de las cortinas como puertas laterales del vestuario y sobre la exis tencia o
no de estas puerta s en los corrales con f róntese RUANO (2000 : 137- 154) .
52 VAREY, J. E. (1 987). Cosmovi sió n y es cenogra fía . Madrid: Ca stalia, p. 58.

Los espacios e n el teatro del Siglo de Oro |

41

Todos estos elementos h acen posible recrear por parte d el lecto r-
espectador el e spacio d e la ficci ó n.
Otro de l os elementos d el espacio escenográfico que ayuda a confi gurar el
esp acio dramátic o en la mente del espectador e s la música. F ue u n co m po ne n te
fundam enta l en la s com ed i as .
La música, tanto cantada como instrum e ntal , fue de vital importanc ia en el
desarrollo de la comedia en el S iglo de O ro . La música era utilizada para sub ra yar
la a cci ón de la comedia, para indic a r cambios en el l ugar de la acción y ta m bién
para anun ciar e ntra das y salidas de personajes. Sirva co m o ejemplo que la
entrada y salida de rey es y emper a dores se anunciaba mediante el sonid o de caja s
y trompe t a s, a unque , en otras ocasiones, se emple aban para lo mismo otros
instrumentos d e la época, c omo lo s ata bali ll os y la s chir imías.
Según el ti po de música utilizada, se podía conocer el lug ar donde se
desarrollaba la acció n. E l siguie nte ejemplo d e dos obras de Calderón 53 justific a
lo dich o:

El comienzo de la representación y la a parición del personaje real se a nuncia en La
cisma de Inglaterra c on e l sonido de chirimía s […]. Y en E l g ran príncipe de Fez con
cajas y trompetas […]. La diferencia de sonidos s e explica por el lugar donde se
desarrollan las escenas. La primera tiene lugar en l os a posentos privados del rey y la
segunda en una tienda de campaña . De esta mane ra, la música podía ayudar a situar el
lugar de la acción de determinado cuadro (RUANO, 2000: 116).

Por otra parte, a veces los propios personaj es a pare cen cantando; se trata ,
sobre todo , de aquell o s que represe n tan án gel es en las comedia s d e sa ntos o
dioses paga n os en las mito lógic a s, además de o tros personajes sobrenaturales. La
finalidad de estas representacione s cantadas, y es una más de las aportaciones de
Ruano, es “situar a los person a jes e n un plano difere nte de la re a lidad esc é nica”.
También se utiliz aban cancio n es y bai les típic os , sob re t od o en las bod as
de campesi nos, se inc l uían en el las rom a nc es , villanc icos y todo tip o de letras

53 Según Ruano “Calderón re s erva la música generalmente para los dioses paganos, con el
objetivo obvi o de most rar que no pertenec en al género humano” (20 00: 122 ).

Los espacios e n el teatro del Siglo de Oro |

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popu lares 54 . Aportaban a la comedi a color local, costumbri smo y contribu ían a
crear un ambie nte de alegrí a reque rido para tal situ a ción.
Estas son a lgu nas de las funci ones de la músic a en l as come dias , au nqu e
no son todos los c asos , ya que sería imposible docume nta rlos p ero sí se pue de
afirmar que en l a mayoría de obras del S igl o de Oro se encuentr a n indic a cio nes
musicales, t a nto en l as acotacio nes como en el diálogo de los perso n ajes 55 .
Un element o de vital import a ncia en las comedias áureas es la creación del
espac io media nte la p alabra, u n p r o ce dimie nto que l o s poetas del S iglo de O ro
usaron asiduam en t e y supieron explo tar c on una gran maestrí a.
Las acotaciones no eran abundante s en este periodo, por lo que l a crític a
sugiere que la palabra era el p rincipa l elemento creador del espacio ; si bien hay
ciertas di s crepancias, Ru biera cree que

tras los estudios de los últimos años de Shergold, Va re y, de la Granja o Ruano es
inevitable concluir, al menos frente a los que radicalizan una postura ve rbalista, que no
siempre fueron tan sugeridas las cosas en nuestro t ea tro antiguo (2005: 100).

La función de la palabra como creadora de l espacio está confirmada, si n
entrar en la polémica de si es eleme nto único o no, sí se p u e de a firmar que su
valor en el teatro d el S iglo de Oro es impo rtantísima . N i siqui era en el e spaci o
escéni co se ve todo hast a qu e la palabra lo completa. La p ercepci ó n visu a l no es
un h echo direc t o e inme d iato. A rellan o sugiere, con razón, que la mirada e s
incapaz de p ercibir todos lo s detalles que o frece un espectáculo:

La mirada del espectador es una mirada discriminadora, selectiva. Y es precisamente el
texto e que desempeña la f unción orientadora e in te rpretadora de l o v isual que debe
ser percibido como componente ac tivo del espacio es c énico 56 .

54 Confróntese GA R CÍA L ORENZO (19 89).
55 Para ampliar informac ión sobre este tema de la músic a r emito a: VIRGIL I BLANQUET,
M.A. GARGÍA - LUENG OS, G. y CABALLE RO FRENÁ NDEZ -RUFE T E, C. (eds.) (1997) ,
MOLIN A JIMÉ NEZ, M.B. (20 08) Literatura y Música en el Siglo de Or o Español . Tesis doctoral dirigida
por Manuel Mar tínez Arnaldos y Juan M iguel Go nzález Martínez. Unive rs idad de Murcia.
56 AR ELLANO , I. (19 99) . Convenci ó n y recepción. Estu dios sobre el teatro del Si glo de Oro . Madrid:
Gredos , pp. 204- 205 .

Los espacios e n el teatro del Siglo de Oro |

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Como pue de com p robarse, aquí radica la diferenc ia entre las acot aciones
(didascalia s exp líc itas ) y la s dida scal ia s implíc it as (el diál og o) del tea tro de l S ig lo
de Oro . Las didascalias explícitas son generalme n te neutras, sol o informan de
detalles materiales de la represent ación; las implícitas son valorativas, la
visuali d ad qu e implican no e s siem pre denot ativa, sino connot a t iva.
La función compleme ntaria o sustituyente de l a palabra tiene que po nerse
en práctica cada vez que algo s ea imposible de repres entar a la vista, bien por
razones técnicas (ento n ces se suele re curr ir al decorado verbal y a la tic oscopia 57 ),
bien por razones éti cas, de d e cencia m oral… (ARELLANO , 199 9: 210).
En la comedia barro ca se explotarán este t ipo de escenas que mueven
fuertemente el ánimo del e spe ctador, como ejem plo baste n los casos de El al ca ld e
de Zal amea , con el c apitán a garrotad o , o El médico de su honra , con d oñ a Mencí a
desangrada en su lec ho funeral.
Una de las f un ciones más importantes que desemp e ña la palabra en esta
construcció n de la visu alidad escéni c a es, precisamente, resalt ar 58 , elegir los
punto s clar os qu e el ojo debe ver en el espacio escé nico y facilitar la capt a ció n
del significa d o, qu e sin la palabra pu e de re sultar ambiguo o neutr o.
En algunos casos la palabra simplemente pone de re lieve a lgo en l o que e l
espectador sin d u d a ha reparado ya, pero quizá no con toda la intensidad que e l
po eta quiere, por e jempl o lo s c a sos de las e xclamaciones tópicas s obre l a
ridiculez y lo h orrible de c i ertas f i guras c omo el gra ci oso 59 .
En o tras o casiones , el objeto sería i nvisible sin la activación verbal. En el
espac io escén ico h a y muchos el emento s cu ya existe n cia materi al es irrelevant e
hasta que la palabra los n ombra y los si tú a . Por e jempl o , en Da rlo todo se po ne e n
escen a l a famosa e ntrev ista entre Diógen es cínico y Aleja ndro. El filós ofo, para
demostrar el poco po der que tiene A l ejandr o , le pide que ha ga una s impl e f lo r:

57 Se describi rá este término d etalladamente en pág inas s uc esivas.
58 Arellano lo llama “ activac ión s electiv a” (1999: 2 11).
59 Arellano pone nume r oso s ejemplos, cf r . (1999: 21 1).

Los espacios e n el teatro del Siglo de Oro |

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ALEJANDRO: ¿Qué queréis que haga por vos?
Levanta Diógenes una fl or del suelo.
DIÓGENES: Sola otra flor como esta.

La flor se s upone que ha estado prepar ada desde el comienzo de la escena
en el suelo, pero solo se ac tiva su presencia es cénica cuando Dióg en es la recoge
y la menciona e n su p arla mento 60 .
En o tros casos el objeto, a ún estan d o materialme n te en el escenario, no
puede ser percibido con precisión por el espect ado r sino a través de la mediació n
verbal. Son los casos de cartas en la esce na: el espectador puede verlas pero no
conoce su co ntenido hasta que el di scurso v erbal lo comunic a .
Según Díez Borque, son tres las formas de indicar verbalmente
significados que deberían aparecer e n escena m ediante signos vi su ales:

a) Haciendo referencia a e llos en el diá logo.
b) Un personaje ve lo que los espectadores no ven. A cción “dentro”.
c) De scribiendo como si se trata se de otro gé nero literario, pero como si e stuviese
presente el objeto de la descripción (Cfr. 2002: 108- 114).

La primer a form a se produce si a través de l verso y d e la voz de l os
personajes s e nom b ra y describe lo qu e se representa en e scena ; se den omin a
decorado verbal. Rubiera (2005: 92) añade que este recurso se puede complet a r o
no co n l a materialización en e l escenario de la referencia verbal, ahor a bie n si
aparece tanto en el texto escrito co mo en la didascalia la referen cia a un objeto ,
es verosímil pensar que se representaría así en los tea tr os de la época, aunq ue el
hecho de que no aparezca no quiere decir que no se represent ara, ya q ue era
común, com o se ha mencionado, que a lgu nas cosas por co nsabidas no era
necesario es pecificarlas en la re p resent a ción.
También puede consider arse decorado verbal la sugere ncia de la oscuridad
y la noche (aunqu e en el teatro de co rt e era posible la luz artifici a l, en el conj u n t o
del teatro áure o las noches s e crean, sobre todo, verbalmente) , esenc i al pa ra

60 Ejemplo citado po r Arellano (1999: 2 12).

Los espacios e n el teatro del Siglo de Oro |

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multitud d e escenas ; así com o la suger encia de ciertos fenó menos naturales
como la lluvia y la n ieve que están ca ye ndo o l a serenidad y cla ridad de la
atmó sfer a (C fr . Arella no, 1999: 23 1 - 232) .
En los casos de esc enas de interior, s in embargo , es más f r ecu ente el
objet o esc énico q ue ya se men cion ó en el es pacio esce nogr á fi co.
El segundo caso hac e referencia a la denominada “acci ón dentro”, tan
común en la esce na del S igl o de Oro, y que tiene lugar fuera de la vista del
públi co. Tam bié n se inclu ye n en e st e segundo apa rt a do l os casos e n los que u n
personaje relata o descr ibe lo que dice ver fuera de escena; se habla de l
procedimiento de tic oscopia y se denomin a también “ bast idores habla dos ” . Se
trata de una técnic a bien conocida y muy utilizada que consiste en ampliar los
límites del e scenario para integrar en ellos ob jetos, paisajes, acciones que no
pueden representarse mate rialm e nte en l as tablas , etc . El tea t ro se d iferencia de
los demás géner os literarios por su carácter inmediato, la repres e ntación es u n
hecho que s e mani fie sta “aqu í y ahor a ”. Por es o Ar ellano afirma:

La impresión de mayor in mediatez que da el teatro frente a otros géneros li terarios se
debe a que estos decorados verbal es y efectos de ticoscopia (relato de lo que s e supone
ve fuera de escena un personaje en escena) se comunica n al espectador como
presentes, y se delimitan y complementan con signos f í sicamente presentes en el
escenario. […]. El decorado ve rbal fija el esquema espacial en el que l os personajes se
mueven, orga niza las a cciones y además proyecta una dimensión simbólic a que
culmina los temas de las comedias (1999: 229- 231).

Como se vie ne exp on ien do, se p l antea lo que está o currien d o fuera de
escen a. E l corral era un lugar privile g i ado en e st e sentido ya que no e staba
techado, el person aje, con ayuda d e algú n movimi e nto d eíctic o, con o bligadas
referencias verbales y s eñalan do hacia fuera, hac í a que el público aceptara sin
problemas estos hechos que ocurrían fuera de su vista. Señala Díez Bo rque que
este procedimi ento se utiliza ba c on muc ha f rec uenc ia , pues permitía “ prolo ngar
la escena, rom p ien do el espacio cerr ado y las li mit aciones de m aquinaria por el

Los espacios e n el teatro del Siglo de Oro |

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que procede del contexto eclesiástico , tal y como se halla en la o ctav a acepci ón
del D RAE . :

CORO: 8. C onjunto de eclesiásticos, rel igiosos congregados en el templo para cantar o
rezar los divinos oficios. // 10. Cada una de las dos bandas, derecha e iz quierda, e n
que se divide e l coro para ca ntar alternada mente. // habla r a coros. fr. coloq. Hablar
alternativamente, sin interrumpir se unos a ot ros. // reza r a coros. fr. coloq. R ezar
alternativamente, empezando unos y respondiendo otros .

Sobre el posible o rig en de las subescen a s simultáneas podemos afirmar
que se encuent ra en la Tragicomedia de C alixto y Melib ea ; e l ejemplo h abla p or sí
solo:

Llegando media noche, Calisto, Sempronio y Pármeno, armados, van a casa de
Melibea. Lucrecia y Melibea están ca be la puerta, aguardando a Calisto. Viene Calisto.
Háblale primero Lucrecia . Llama a Meli bea. Apá rtas e Lucrecia. Háblanse por entre las
puertas Meli bea y Calisto. Pá rmeno y Sempronio de su cabo depar ten […]
(RUBIER A, 20 05: 138).

Pero es en la comedia b arroca, en el ta blado de los corrales, don de se verá
triunfar este pr o cedim iento , y a que :

El c orral conserva el carácter múltiple de la escena a nterior, con muy variadas
soluciones escéni cas para representar diversos l ugares que ya no se mue stran de modo
simultáneo a los ojos del e spectador, sino de modo sucesivo, obligando a los ac tores a
salir de e scena para ocupar un nuev o espacio a l volver a entrar o jug ando con l a
posibilidad de los espacios cubiertos con una cortina (RUBIERA, 2005: 139).

Para concluir este capítulo, es obligada la referenci a a la situación actual d e
los estu d i os sobr e el esp a ci o en el S iglo de Oro . No cabe duda de que la
situación ha mejorado notablement e respecto a décadas anteriores. Son
numerosos los trabajos 68 sob re el tema, per o es conveniente sug erir posibles
mejoras pa r a el estudio espacial. E n este sentido, e s necesaria la colaboración
entre los investigador es y los profesionales que mo ntan las obras. Ruano se ñala

68 Recogidos en la bibliografía de este trabajo.

Los espacios e n el teatro del Siglo de Oro |

53

que debe existir un diálogo entre ambos y una colaboración activ a entre las
gentes de teatro y l a s de la u niversidad. El investigador debe centrar su s
esfuerzos en tres áreas: las condi c iones de escenificació n originales, la
elucidación d el sentid o del texto y l a caracte rización de los person a jes 69 .
Con respecto al p rime r punto, hay que señ alar que e n España, al contr ario
que e n otros países europeos como Fr ancia o Inglaterra, no h a y cono cimient o
de nuestr a tra dición. Es to provoca con f usión en el e spect ado r y conlleva a qu e
cuando vea el mo n ta je de una obra de nuestr o S iglo de Oro se que d e igual que si
no l a hubiera visto: “en España la mayor parte de e stos montajes son los
primeros y último s que verán los e sp ecta dores. No h a y, pues, ni renovación, ni
descubrimie nto. Lo qu e hay es p erplejida d” 70 (RUANO, 2001: 204).
Respecto al te xto, hay que entender su sentido d e sde la p erspe ct iva
señalada con anterioridad; no se puede conocer qué sig nificado tiene
determina da pieza si el investiga dor no la sitúa en las condicion es ori gi nales de
puesta e n escena. I n te ntar es clarecer e ste sentido de la obra sola mente desde l a
visión y concepci ó n d e mundo actu al solo origina un se ntido dis to rsionado de l
texto. Es una c ondici ón previa absolutame nte ne ces a ria para una buena puest a
en escena mod erna. El investigador m oderno es de gran ayu d a al di recto r 71 .
En cuanto a l a ca ra cteriz ación de los pers onajes e s un asunto del que
quizá podrían a prende r más los inve stigador e s de los d irectores d e escen a .
A estas tr e s sugerencias de Ruano se pueden sumar otras como l o visto en
torno a la visualidad de a pa la b ra y cómo se co nsigue llega r a montar ese espaci o
itinerante y lúdico e n las o bras de nuestros poetas . Las nuev as m a neras de
enfrentarse a los te xtos del S igl o de Oro originan un nuevo se n tido de estas
piezas. Si se tiene en cuen t a que las p uestas en esce n a s olo se c onocen en

69 RUA NO DE LA HAZA, J.M. (2001 ). “Los investigad ores modernos y la puesta en escena
del teatro clásic o”. En torno al teatro del Siglo de Or o . XV Jornadas Almería: Instituto de Estudi os
Almerien ses, pp. 201- 209.
70 La afirmación nos parece u n tanto descalifica dor a.
71 Ruan o pone un ejempl o de La vi da e s s ueño , una escena q ue suele r ecortarse y que hace
alusión a una pa r te del corral, aquella que es taba res e r vada a los nobles, los aposento s de ventana. Esta
alusi ón es tá i nserta en el tex to, si no se tien e en cu enta l a est ructura del corral y la referencia exacta a
una parte de ell os, esa parte del texto no se conocerá c on ex actitud (2001: 2 10).

Los espacios e n el teatro del Siglo de Oro |

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contadas ocasiones, el texto se e rige como fu ente f undam e nta l. De l t ra to que e l
investigador dé a esto s docume n tos y textos resultará un estu dio más completo y
fiable de cómo puedo ser e sa fi esta del teatro que se mencion aba al inicio del
capítulo. Díe z Borque dice, con mu cho aciert o:

Nuestros c lásicos puede n seguir siendo vida, si se les dev uelve el c alor de proximidad
que tuvieron en su momento y no se les sepulta con una pobre arqueología
reconstructiva. Por ello me parece muy significativo que en l a s sucesivas Jornadas d e
Teatro Clásico de A lmagro, c on posturas e ncontrada s a veces, hombres de tea tro y de
universidad se pregunten junt os por lo que hay que hace r para revivir lo que no estuvo
muerto, frente a lo que puede ser la le tra aislada de los textos, contando con e l papel
esencial del “dramaturgo” ac tual como intermedia ri o entre e l poeta y el público (2002:
177 - 178).

CAPÍTULO II

LOPE D E V EGA : OBRA Y ESPACIOS

II.1 . - CORPUS DRA M ÁTICO Y SU CLA SIFICACI ÓN 72
Lope d e Vega consideró s iempre su obra d ramát ica, al menos l a mayor
parte de ella, c omo fru to de l a nec esid ad:

El poeta de pan e l ucrando , se confesaba en ca rta al conde de Lemos 73 –, y a ún cu and o
la rea lidad de su éxito vini e ra a imponérsele, y con ella e l orgullo y la defensa de su
creación y la dignidad de la “come dia”, no por el lo dejó de manifestar en reiteradas
ocasiones s u disculpa, al menos en la teoría, po r la pr áctica de un g énero de
literatura que c onsideraba artísticamente más c ulta, y en la que no dejó tampoco de
intentar demostrar sus habilidades 74 .

Considera L o pe que su tarea como escritor de co m edias no está a la
altura de su faceta lírica e, in cl uso al f ina l d e s us dí as , exist en ejem plos de esta
consi deración suy a. A pesar d e ello, no duda en d efenderse ante los d emás
considerándo se a sí mismo u n gran de del teatro. Así en la Égl oga a Claud io :

72 No e stimamos necesario detenernos e n la biografía del protagonista de nuestra tesis ya que,
excepto en mo mentos muy e specífic os, la vida de Lope no condic iona el trabajo que nos hem os propuesto.
73 La carta de L ope de Vega al conde de Lemos está fechada en Madrid, el 6 de mayo de
1620, y en ella el poeta alude a un donativo que el duque de Osuna la había enviad o y que le había
permitido durante un año remitir el ritmo de su producc ión, dr amática s e entiende , que era la que
fundamentalmen te lo sustentaba.
74 FERRE R VALLS. (2005 ). “ Sustento, en fin, lo que escribí: Lope de Vega y el conflicto
de la c reación", Facundo Tomás e Isabel Justo (ed s.), Pigmal ión o el amor p or lo crea do , B ar celona:
Anthr opos, pp. 99 -112. C ita e n p . 100.

Lope de Vega: Obra y espacios |

56

especie de balance literario de su trayectoria, que Lope redacta tres a ños a nt es de su
muerte, vue lve a utilizar los mismos argumentos qu e tanta s veces había expue sto en
defensa de su teatro, de finiéndose como un “gig ante” y juzga ndo “ena nos” a
aquellos imitadores c uya “va na hipocresía” les llevaba a “hurtar de noche y
murmurar de día.” (FERRER, 2 005: 110).

Sin embargo, en la mayo ría de declaraciones del Fénix sobre s u
quehacer como dra m aturg o se decanta por afirmar que lo ha hecho po r pura
nece sid ad. No duda en admiti r q ue ha prost ituido su pluma:

Del “vulgo” vil s ol icité la risa
siempre ocupado en fábulas de amores […]
Hubiera sido yo de alg ún provecho
si tuviera mecenas mi fortun a;
unas fue tan importuna,
que gobernó mi pluma a mi despecho,
tanto que sale (¡qué inmortal porfía!)
a cinco pliegos de mi vida el día.
Por no faltar a quien mi cuello oprime
nunca pude ocuparme de cosas serias;
que en humildes materias
no hay estilo sublime,
porque es hacer efímeras poemas
sellar para romper frágiles nemas 75 ( Rimas …, 703- 70 4) .

Pese a sus qu ejas sobre su tarea como poeta, el teatro le procura unos
ingresos excelente s 76 ; Profeti recuerda, por ejemplo, el caso que ya estudió
Agustín de l a Gr anja 77 en el que Lope salva a Alonso d e Riquelme de la cárcel
solo con escribirle los autos del Corpus de 1608. Que Lope tenía una estrecha
relación co n las co mp añ ía s es un fe n ó men o c on oc id o; lo importante serí a
relacionar s u p roducc ión con una serie de datos y fechas concretas pa ra poder

75 Citado por Ferre r (2005: 1 11- 112).
76 Profeti añade que “incluso durante el destierro va lenciano continua escribiend o par a l a
capital, con correos que van y vienen regularmente; logra así organizar una serie de estrategias de
escritura, que le permiten producir texto s que podían determinar la fortuna de una compañía
teatral” (2003: 7 86). Para más in formación sobre este tema remito tambié n a DÍE Z BO RQUE
(1978).
77 DE LA GRANJA ( 1989). «Lope de Vega, Alons o de Riquelme y las fiestas del Corpus :
1606 - 1616», E l mundo del teatro español en su Si g lo de Oro: ensayo s dedicad o s a John Varey , O ttawa:
Dovehouse, pp. 57 - 79.

Lope de Vega: Obra y espacios |

57

comprobar porqué es c ribe un determin ado tipo de comedi a s en e sas fechas ,
ya que puede ser que este hecho esté relacio nado con ciert os a con te cimient o s
biogr áfico s.
Profeti te st i mo ni a la afirmación an teri or con una serie de come dias que
escribe entre 15 95 y 1610 par a Baltasar Pinedo; en ellas s e prevé la p res e nci a
de n i ños , Lope pod ía co ntar con sus h ijo s , con su mu j er, Juana de Guardo
(especializad a en papel es de mujer v aronil) y c on un leó n domestic ado:

Presencias de la s que L ope sabrá sacar partido hábilme nte, utilizando diversas fuentes
históricas […] para construi r un fondo creíble para los casos de personaje s tan dispares.
Nacen así comedias como La fuerza lastimosa , La Santa Liga , La varona castellan a , Las pobreza s
de R einaldo s, Los B enavides , Los Porce les de M urci a , Las pac es de los rey es , El Gran D uque de
Mosco via ; y hasta una comedia que ha sido considera da “devota” , El niñ o inocente de la
Guardia 78 .

El tr abajo lit e rario de Lo pe t a mb ién incluye enc a rgos por pa rte de
ciudades, instituciones , cofr adías religiosa s, nobles, etc . A cada cual el poeta
sabe d ar e l producto que busca. P or ej emplo, el encargo que el conde de
Villahermosa hace a Lop e (16 17 ) de dos c omedias sobre la h istoria de su
familia , acer ca d e las c ua les i n cluso l e c om unica que la s va a mandar
representar en el patio de s u casa. Es una ci rcu nstancia que debe tenerse en
cuenta por parte de los estudio so s, so n elementos extralit e rarios que
configuran cóm o va escri b ir la o bra (cfr. Pr o feti, 2 0 03: 787) .
Estas estrategi as de redacci ón deben ser valoradas para un es tudi o de la
obra dramátic a que preten da ser serio y e x ha ustiv o.
De l a mis ma manera , se c onsider a un asunto de vital importanci a qué
acciones lleva a cabo Lo pe en la promoción de su obr a. En e st e sen tid o, la
imprenta puede ser peligros a pa ra los in t e lec tual es de l Siglo de Oro, el p ropio
poeta comenta lo grande y temible que es e sta in nov ación en Fuenteove juna (II,

78 PROFE TI , G. (1992). La vil qu imera de este monstruo c ómico . Kassel: Reinchenberger, pp.
173 - 195.

Lope de Vega: Obra y espacios |

58

vv. 895 - 930 ), en l a q ue los campesinos discut en sobre el tema en un a mbien te
bucól ico:

En un remanso feliz del texto y en medio de la plaza del pueblo, espacio de la me diación
pública; e l interlocuto r de los “vil lanos” e s el estu diante que vuelv e de Sa lamanca,
universidad que r epre s enta el ámbito t radicional del saber. Lo p úblico y lo privado, la
tradición y la innovac ión se ponen así en c ontacto (PROFE TI , 2 003 : 7 88) .

En el Arte Nuevo t ambién re flexiona s obre la difusión d e la obra te atral:

Lope de Rueda f ue en E spaña ej emplo
destos precept os ; y hoy s e v en impresas
sus c omedia s de pro s a, tan v ulgares
que introduc e mecánic os ofi cios
y el amor de la hija de un he rr ero (vv. 64- 68).

Si la s co medi a s d e Lope de Rueda, esc rita s en prosa y vulgares a juic io
de Lope, se han visto impresas, es decir, si han a lcanz a do d ifusión y
permanencia en el ti empo, hay que pensar qué se puede lograr co n estas
comedias en verso tan alejadas de las vulgari dades. La profesora Profeti señala
al respecto:

La más patente de las estrategia s editoriales de Lope […] es la que tuvo que lleva r a cabo
para la edición directa de sus obras teatrales; ya que en España, como bien sabemos, hasta
fechas bastante ta r días la prax is no prevé que los comediógrafo s impriman dir ecta mente su
obra: la comedia se escribía para la compañía que la compraba e inmediatame nte después la
representaba. La edición misma de las comedias de L ope empieza hacia 1603- 1604 (2003 :
788).

En nota a pie de pág ina esta estu diosa com enta, adem ás, que L as Seis
come dias d e Lope aparecen en 1603 e n dos emisiones: el text o se imprimió
probablement e en Lisboa y se vuelve a proponer en Madrid. Para la Primera
Parte 79 se da l a fecha de 1603 - 4, pero habrá que esperar hasta 1609 para la

79 Para más info r mación re mito a Profeti (1995).

Lope de Vega: Obra y espacios |

59

Segunda Parte de las comedias de Lope d e Veg a . La dudosa Tercera Parte de la s
come dias de Lo p e de Veg a y otro s aut ores es de 161 2 80 .
Por lo tant o, de sde 1603 Lope ve impresos sus tex tos pero fuera de su
control, los qu e se e nriquecen s on los im p resore s que l as ven den a precios
muy bajos porque ya han s ido represe ntadas. En 1617 Lope d eci d e tomar las
riendas de es t a si tuación – ad emás nece sita los ingr esos 81 – y lo pri mero qu e
hace es definir s u propio corpus. En 1604 había proporcionado la lista de sus
come dias en E l peregrino de su patria . Se ñ ala Profeti que s e c o nsi dera e sta obra
como una especie de b iblia de los aficionados de Lo p e, la crít ica it a liana
menciona los d ivers os motivos qu e tienen las pala bras de l F énix :

Numerosas y convenc ion al es a labanzas que el Fénix dir ige a los va r ios “auto r es de
comedias” en la despedida del Peregrino (pp. 481 - 482) no son pr eci sa mente neut rale s: Lop e
pretende estable cer buena s rela ciones con los po s eedore s de s us “originale s” (2003 : 789 -
790).

Añade que Lope debe v alorar su obra desde el p unt o de vista liter ario y
esto es lo q ue le lleva a escri b ir su mani fi est o teó rico s obre su f a ce ta d e poeta:

E l Arte Nuevo , que yo leo, desde mi punto de vista, como reivindic ación de la naturale za
“literaria ” del texto t eat ral 82 , como afirmac ión de s u dignidad “artística”, como intento de
enmarcarlo en la tradición clásica, a pesar de lo s cambios de estructu ra y de “regla s”;
características t odas ellas que lo sustraen a l dominio defi nitivo y absoluto de los “autores de
comedias” (P ROFETI, 2003 : 790).

Otros autore s contem p oráneos de Lope, co mo Juan de la Cuev a, al cual
se debe el intento de imprimir directame n te sus textos, reflexiona d e la misma
manera s obre este asunto de la natura leza de la co me dia en su Ej emplar poético

80 PROFE TI, G. (199 3). “Los t extos literarios para el teatro: recens ión bibliográfica y
problemas ecdótico s”, en Trab ajos de la asociación e s pañ ola de bibli ografía . Madrid: M ini ste rio de Cultura -
Biblioteca Naciona l, p. 262.
81 Profeti dice que hay constancia de sus continuas quejas al Duque d e Sess a s obre el tem a
económic o ( 2003: 7 89).
82 Tema que desa rr olla en s u traba jo de 1999.

Lope de Vega: Obra y espacios |

60

(1606 y 1609). Más ta rde, Lope continúa su reivindicación de las varias Partes
de su s com edia s.
Logrará por fin publicar sus comedi as; en 1617 a parece la Pa r te IX , con
el título de Doce comedia s d e Lop e de V ega C a rpio, sacadas de sus origina le s por él
mismo y se hace cargo además de la impresión de la s si gui ent es Pa rte s , desde la
IX a la XX . Resulta muy gratificante para el poeta recuperar sus textos, como
se observa en e l título an terior , pero tambié n hay que decir que la empresa era
arriesgada pues ya había perd ido un juici o contra el impresor Francisco de
Ávila , por publicar sin su p ermis o y revi s ión varios textos que el impresor dijo
haber compra do a autores de comedias, qu e a firmar on haberlos re cibi do de
mano de Lo pe. Se queja en el “Prólo g o ” de la Parte IX de que los text os , al
pasar por las m a nos de las compañías, result an muy ad ult erados:

Viendo imprimir cada día mis comedia s de s uer te que era imposible llamarlas mía s , y que
los pleitos de esta defensa siempr e me condena b an los que tenían más solicitud y dicha
para seguirlos, me he resuelto a imprimirlas por mis originale s , que aunque es verdad que
no las escribí para este ánimo, ni para que de los oíd os de l t eatro se trasladaran a la censura
de los aposentos, ya lo te ngo por mejor que ver la cruelda d con que despedaz an mi opinión
alguno s int ereses. Ést e s erá el p rim er tomo, q ue comienza po r est a noven a p arte, y as í ir án
prosiguiendo lo s demá s (PR O FETI, 2003 : 790- 791 ).

Los ejemplos sobre estas quej a s de Lope s on nume rosos. As í, en el
Prólogo a La Dorotea , (1632) e l dramaturgo expresaba su disgusto porque
publicasen bajo s u no mbre “comedias de hombres ignorantes que él ja m ás vio
ni imaginó, que es harta lástima y poca conciencia quitarl e la opinión con
des ati nos ” 83 . Y en la Égl oga a Cl audio , redactada p rob a blemente a princ ipi os de
ese mismo añ o , se la ment aba :

Mas ha llegado, Claudio, la codicia
a imprimir con mi nombre la s ajenas,

83 Señala Tere sa Ferr er que el Prólogo, a unque bajo o tra firma, como ya ad virtió Morby al editar esta
obra, fue escrito por el prop i o Lope d e Vega (2 0 05: 109). La ed ición de Mo r by es de 1968, La Dorote a ,
(edición e introdu cción) Mad rid, Castalia, pp. 54- 55.

Lope de Vega: Obra y espacios |

61

de mil errores llenas;
¡oh ignorancia, oh malicia!
y aunque esto siento más, menos condeno
algunas mías con el nombre ajeno (FE RRER 2005 : 107 - 108) .

Señala Te resa Ferrer, que a pa rtir de que el Fénix s e hace cargo de la
publi cación de sus comedi as in t roduce en ellas comentario s en forma poétic a
con person a jes alegóricos c omo el Tea tro. Lope utili za estos prólogos para
transmitir sus id eas , t ant o poéti cas com o personale s, a demás de hacer ver al
lector cuáles e r an sus preocupacione s en l o que a l teatro s e re fiere. E l má s
importante tiene que ver con e l recono cimiento del val o r de su pro pia ob ra ,
“es la preocupación má s constante de l autor a lo la rg o de los años,
manifestada en mu c hos luga res de su obra y todavía p rese n te e n los últi m os
años d e su vi da” (FE R RER, 2005: 107).
Se int errumpe la pu bl icac ión de las Part e s porque s e suspen den l as
licenc ias en 1621 para l a impresión de libros d e comedias y novelas, por u na
propuesta de Felipe IV al Co nsejo de C astilla. Pero Lope no se rind e e inv en ta
un géne ro mixto; ejem plo de ello son Filomena y Circe : “una ser ie de
colecc iones poéti cas, con la cual continúa su campañ a de autopromoción,
como atestiguan los importantes preliminar e s de los vo lúm e nes” (PROFETI,
2003: 791) .
Otros recursos que utilizó p ara poder segui r publicando s u teatr o fue
esconderse bajo otra i dentidad, por ejemplo, en La Dorot ea bajo la de
Francisco Ló pez de Aguilar , en la que se qu eja de las prohibi ciones. O com o
cuando insertó La se lva sin amor en El laurel de Apolo , o intro ducien do ocho
come dias en la Vega de l Parnaso 84 .
Finalmente, a pesar de sus quejas e intentos de b url a r la prohibició n , no
pud o ver i m p resas las Pa r te s X X I - XX V despu és del le vantam ient o de la
prohibición a fin ales de 1634, debido a que no pudieron llegar a imprent a
antes de su mu erte.

84 Profeti señala que se publica ron póstumamente e n 1637 (2003 : 791) .

Lope de Vega: Obra y espacios |

68

Otros intentos de sis tema tizar la pr oducción dramática de Lop e se
basan, por ejemplo , en criterios teatrales; Ca still ejo (1984) utiliza p arámetr os
como “comedias clasificadas s egún s u representa bilidad”. Marí n (1987)
prefiere u tilizar c riteri o s estructurale s y así distingue entre acción primaria y
secundaria dentro de la comedi a.
Dentro de todas es t as prop ue s tas c lasific atorias 104 Pro feti a firma que la
más acertada sería aquella que utiliza el a nálisis por núcleos 105 , tenie ndo en
cuenta sus carac ter ísticas, f u nciones y contenido (2 0 03 : 80 2 - 820) . La autora
prefiere dividir el g ran corpus de la produ c ción dramátic a de Lope en los
subgéneros que cultivó y propone que es mejor ir analizando los ca mbios que
se producen en e l los q ue hacer una divisió n temáti ca:

Si observamos el corpus de Lope desde el punto de vista de la práctica teatral,
muchas de las cuestiones críticas que h a sta a hora parec ían más candentes pie rden
su interés, incluso la relación entre teoría y praxis, entre los “prec eptos” del Arte
Nuevo y la drama turgia del autor. […] C obran nuevo interés “ subgéneros”
dramáticos de l Fénix hasta a hora poco estudiados, textos que a lo mejor, o ha n
llegado a ser canónicos: la comedia de enredo, la de santos, la represen taci ón
palatina (2003: 802).

Distingue entre cuatro tipos de subgén eros dramáticos dentro de la
producción literaria de Lope: la comedia de enredo, la co m edia de santos y el
auto, los es pectáculos de palacio y la c o me dia histórica 106 .
La co m e dia de enredo es un tipo de come d i a liger a, cómi ca, que estaba
destinada a la represe ntación en el corr a l. Se o bserva un a evolución en e lla
desde los primeros años ( La s f er i a s d e M ad r i d ) h asta las form as m ás comp leja s y

104 Sólo he mencionad o alguna de las muchas exi stentes.
105 Para más infor mación conf rónt es e M ar í a G r a ci a P r o fet i (1 9 78 ) , qu i en s eñ al a q ue l os
rasgos que definen estos núcl eos son: la aparició n o desaparici ón de personaj es, los posible s
cambios de acc ión , lugar y ti empo y, en ocasione s , de me tro.
106 Profeti señala que a esto s se le une el com enta rio de una “tr agedia española”, El ca stig o
sin venganza (20 03: 815).

Lope de Vega: Obra y espacios |

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sofisticad as de su última etap a, p asando por las “transgresora s ” com edi as
“va lencian as” 107 .
Por su parte, la com ed ia de santos y el auto están conforma dos por
aquellas piez as que solicita b an a Lo pe mu nicipios, institucio nes, cofradías
religiosas… Se re presentaban en plaz a s, p a tios de e sc uela s , igl e sias . Estos
espectácul os fueron poco a poco influido s por las representacio n es palaciegas.
Son textos literarios que determi nan espectá c ulos “que se consuman con gran
pompa dentro d e la fiesta pública y p rivada ” 108 . La materia de e stos te xtos no
puede ser alterada demasia do por el poeta, pues se refiere a he chos qu e el
público conoc e. Lo que pro p one L o pe, en g ene ra l , son

episodios ensartados e n una repetición que subraya progresivament e las
características excepcionales del sanc tus y del pecador salvado, […] la ex p eriencia
de la vic toria sobre el mal se derrama del prototipo “e jemplar” del pecador a todos
los hombres; la redención se reitera y opera para cada uno a todos los n iveles
sociales y existenciales. El mensaje pasa del protagonista a los c omprimarios para
llegar a los especta dores 109 .

De l os 400 autos que le atribuye M ont a lbán a Lope s e conservan unos
50. La crítica sue le co n siderarl o s ob ras menores, s i s e le compara con los d e
Calderón 110 . Lo que ocurre es que el sistema de producción es distinto al de la
segun da mitad de sigl o; los auto s son e n car gad os p or las c ompañías (no p or
los m un ic ipi o s), el f o ndo esc e nográf i co se c ompone de dos carr os (frente a l o s
cuatro carros d e Calder ó n), ademá s de q ue la exte nsión del texto es más
reducida:

107 Profeti dedica algunas páginas al análisis de varias de estas comedias : La hermosa fea , La
dama boba, Los locos de Va lencia , El caballero del milagro (200 3: 802- 805).
108 Profeti rec uerda el m ontaje de La niñez y la juventud de San Isidro , e n cargada por e l
Ayuntamiento de Madrid en 1622 y que el propio Lope describe en Relación de fiesta s q ue la in sig ne vil la
de M adrid hizo en la C anoniza ción de San Isidro , destacando la espectacularidad de los ve s tidos de los
actor es (2003: 805 - 806).
109 Para más inf ormación remito a PROFET I M. G. (1976 ) Paradigma y desviaci ón (L o pe,
Calderón y un te ma barroco: El pu rgatorio de San Isidr o ), Barcel ona: Planeta.
110 Ruiz Ramón piensa que p ocos d ramaturgos de la escue la lopesca “debían s enti r una
verdadera vocación para escribirlos. Aun Lope de Vega, el mayor de ellos, da cierta impresión de
intranquilidad. No siempre logra amoldar s u genio a la limitación espacial y temática de los autos”.
RUIZ RAM ÓN, F. (19 67) . Histo ria del teatro español, Vol. I, pp. 276.

Lope de Vega: Obra y espacios |

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El Fénix ll ena un a forma, consagrada por la tradición, con el lirismo de la s
cancione s populares (La siega), con l a ternura de estampas evangélicas […];
construye di álogos a fectuos os, reela bora c anciones de gra n éxito, […], y vuelve a
proponer, como ha rá después Ca lderón, temas de sus comedia s que habían llega do
a ser famosas: los límites de lo religioso se rompen a través de un mestizaje, de un
hibridismo que dará sus frutos en la etapa sucesiva (P R OFETI, 2003: 807).

El es pec tác ulo de p ala cio es un o de los a spe cto s meno s val ora dos y
compr endi d os dentr o de la produ cción dramática de Lope (PROFETI, 2003:
806 - 807) . Al lado de la escritura para el corral, Lope c ompone pie za s
destinadas a ambientes palaciegos , aspecto muy imp o rtante p ara c onocer su
relación c on los m e cenas y l a corte y además para co n ocer su postur a e n
cuant o a las novedades es cen o gráfic as q ue s e es taban impo rtando de sde
Ital ia 111 .
Algunos de estos espectác ulos son El vel locino d e oro (1 622) y La selva sin
amo r (1627). Esta ú ltima y su maqu inaria se debe al italiano Cosimo Lotti, “por
primera vez se da forma a un teatro desmontable , que utiliz a el boccascena , con
telón de boca, luz artificial y en perspecti va ” (PROFETI , 2003 : 813). Esta
representaci ó n inaugura las formas italianas que se estaban i ntro d ucien d o en
Españ a y Lope no pod ía ignorar la s 112 . Cultivó e l t eatro cortesa n o hasta los
últi mos años de su vi da 113 .
La co med i a his t ó rica va aumentando como subgénero dramático a
medida que av anza el siglo XVI I, L ope re curre a la histori a desde su s
comi enzos

111 Profeti desarrolla un ejempl o que se encuentra en la Relación de la famosa comedi a de l Pr emio
de la herm osura y Amor enamo rado (1614) que realiza el propio Lope, dedica la pieza al Conde Duque
de Olivares y en ella se hace referencia a las circunstancias de la representación, prepa ra papeles que
repre senta rán la misma fami lia real, con un apara to escéni co imponen te, con e scena múltipl e pero
fija, también se encuen tran otros datos inte r esante s para el estudio del espac io es cen ográfico, como
las damas represen tando papeles masculino s (2003: 8 08- 809) .
112 Pr ofeti añade que “Lope había conocido en Madrid en 1626 a Fr ancesco B arberini,
sobrino de Maf feo B a r berini, Papa U rba no VIII, y a G iulio Rosp igl io si, el futu ro Papa Cleme nte
IX, apasionado hombre de teatro […] Como se puede ve r, un entramado de relacion es personales y
sugestiones ar t ístic as a las cu ales el Fénix no podía perma necer insensible” (2003: 811).
113 Profeti desarrolla má s ejemplos en la s páginas señaladas (2003: 811- 12).

Lope de Vega: Obra y espacios |

71

como una mina de la cual extraer temas, c ono cidos por el público a trav és de l
romancero o de referencias semidocta s; en varios casos por enca rgo de una familia
noble y con intención de halaga r algunos l inajes (PROF ETI, 2003: 813).

Se trata de una producción abundante, y el fo ndo histórico ll eg a a su
madurez con textos c omo Fuenteo vejuna o El caballero de Olme do , entre o tr os
muchos.
Con es te recorrido, Pro feti propone ana lizar l a evolución de e stos
núcleos temáticos con el fin de que subgéne ros que n o s e suelen estudiar por
parte de la crític a ocup en el lug a r que mer ecen.
De cualquier forma no es posible abarcar una producción dramática tan
abundante si no se hace a t e ndien d o a cada una d e las obras de Lope,
valo rando ca d a una e n relación c o n su vid a , los disti n tos cambi os culturales,
social es y po lít ico s d e l a é poca en que le tocó vivir. Díez B o rque ahon da e n
esta idea de l a genial idad del Fénix:

Más allá del problema p ráctico de la s cómodas clasificaci ones hay un gru po de
piezas que se han incorp orado a la cultura c omún: sean la s de a buso de pode r y
“dignidad villa na” ( Peribañez , Fuenteovejuna , El m ejor alcalde, el rey ); sean las de al cance
trágico ( El caballer o d e Olm edo , E l castigo sin venganza , Las p aces de lo s Reye s ); sean las de
continuada tensión por desigualdad social de los a ma ntes ( La m oza del cántaro , El
perro del h ortelano ); sea n aq uellas en que e l enredo de amor, lejos de los “ grandes
motivos”, crea personajes y situaciones de una gran rentabilidad dramatúrgi ca ( La
dama bo ba ), etc. (1988:83).

II. 2. - EL ARTE NUEVO DE HACER COMEDI AS .
Otro aspecto fundam en tal en la tray ectoria del Féni x l o cons titu ye su
tratado teórico sobre tea tro, el Arte Nuevo d e hacer comedias . En 1 609 s al e en la
imprenta de Alons o Martín l a edición m adrileña de las Rimas de Lope 114 y al

114 Según R oza s se conserv ó dentro de este poemario y no fue un manifiesto al alcance de
todos. Comenta qu e existier on dos textos y que esto ha creado confusiones. Uno e ra el de Lope y el

Lope de Vega: Obra y espacios |

72

final de la segunda parte aparec e el Arte Nuevo de hacer come dias en este tiemp o. Se
supo ne que se leyó a finales de 1607 o pr incipios de 160 8, encargada por
Diego Gómez de Sandov al, Conde de Saldaña y miembro de la Academia de
Madrid 115 . Según Garcí a Santo- Tomá s el Arte Nuevo
nace como c ontestación a muchos y variados asuntos no solo con sus receptores
más inmediatos, sino también c on el gran lector implícito que era el mundo artístico
de cambio de siglo. Sup one, además, un intento de fija c ión escrita de toda la
práctica dramática del má s inclasificabl e de l o s escritores de su genera ción,
marcando un hito en preceptiva teatral áurea y orientado al c rítico en la concepción
más gene ral que de l teatro tenían tanto Lope como sus seguidores; se trata , pues, de
una sagaz intervención crítica donde la teoría se hac e práctica y la prá ctica se teoriza
(2006: 44 - 45).

José Fernández Montesinos (1967) co m enta sobre la orig inalidad de la
obra que no s up one nada o rig inal en cuanto a su elaboración y e strategia s
retóricas, por lo que no se trata de un texto inaugural n i de un “arte n u evo”,
sino más bien un texto que pon e de relieve el e stado de la cuestión en lo que
se refiere al gusto d e los españoles y s us p referenc ias e stéticas: “una
radiografía de la naturaleza de sus h orizonte s de expectativas tras nada menos
que 483 comedias escritas” 116 . El Arte Nuevo se estructura según se ind ic a a
continu ación 117 .

otro u na edición posterior en la que el editor s e equiv ocó y la dio por original . Lo señala en: (1976) .
Significado y doctrina del Arte Nuevo . Madrid: S ociedad Española de Librería, pp. 259- 29 3.
115 García Santo - Tomá s (200 6) en not a a pie de pági na dice que a esa Academia
pertenecieron muchos persona jes importantes de la cultura , a demás, r emite a DE JOSÉ PRAD ÉS,
(1971) .
116 FERNÁNDEZ M ONTES INO S, J. (1967). “La paradoja del Arte Nuevo ”. M cGR AD Y,
D. (ed.) Lo p e d e Veg a : Per i ba ñ ez y e l C o m e nd ad o r de O c añ a . Bar c elo n a: C rí tica . Lo cita García Santo -
Tomá s en (2006: 45 ).
117 García Santo - Tomás menc iona que e n su propuest a de estr uctura sig ue a ROZ AS
(1976). En esta p arte central se advierten diez apartados de diversa longitud: 1.- Concepto de
tragicomedia (vv. 157- 180). 2. - Las unidades (vv. 181- 21 0). 3. - División del drama (vv . 211- 245). 4. -
Lengu aje (vv. 246 - 297). 5. - Métrica (vv . 305 - 312). 6. - Figuras retórica s (vv. 313- 318). 7. - Temá tica
(vv. 319 - 337). 8. - Duración de la comedi a (vv. 33 8- 340). 9. - Uso de la sátira: intenc ionalidad (vv.
341 - 346). 10. - Sobre la representación ( v. 346 - 361). El estudioso com enta que va a h acer una
ordenación funcional. Has ta el verso 146 el texto tiene un sentido prologal. La parte II sería la
central o doctrinal (vv. 147-361). Fuera de esta parte lo que se encuentra es una captatio benev o lentiae .

Lope de Vega: Obra y espacios |

73

Comienza el texto con un exo rdio (vv. 1- 48). En él se procede a saludar
y el ogi ar a los miembros de la Academ ia. A con t i nuación , se suceden una se rie
de a labanzas a los doctos y a clara que quien escribe los versos no es un
erudito sino un escri tor de teatro. A partir del verso 22 Lope justifica su
carrera de poeta, rectificando el oscuro panorama en el que se encontr aban l as
comedias y aclarando que los que se atengan a l os pri ncipios clásicos no
lograrán el éxito . Confiesa que ha escrito “siguiendo el a rte qu e co no ce n
pocos” (v. 34). Acto s eguido e ntra en el problema citadísim o del g usto del
“vul go” : para satisface rlo lo que hay que hacer es “encerr a r los p receptos con
seis llave s” (v. 43), hacer caso omiso de la preceptiva clásica, porq ue a fin de
cuent as es qu ien pag a y además es su princip al medio de su bsistencia.
E l segundo bloque te mático corr esponde a la def inición aqu ell a de los
rasgos de la co me dia (vv. 49-127). En e ste a partado se d an las carac teríst icas
de l a come dia cl ásic a y se c omen ta el es ta do a nt e rior a la llegada de Lope a l
teatro, d esde los clási co s hasta Lope de Ru eda. Se remonta en este repas o al
teatro griego, c oment a el origen de la tragedia y la com edia. A ésta última la
configura como u n espejo de costumbr e s.
El tercer bloque es una tra ns ición tem átic a (v v. 128 -156). Lope ofrece
un amplio ca t álogo de referencias cultas y una s erie de sugerenci a s de cómo
considera qu e deberí a ser la comedia.
Un cuart o apartado e s tá dedicado a las c aracterísticas de la c omedia
nuev a (vv . 157 - 16 1). En e ste caso Lo p e defiende la libert ad temática, la mezcl a
de pe rsonajes de diversos ámbitos, así c omo la no ción de “ tragicome dia”, ya
que consti tuye un nuevo género “cuya variedad dele ita mucho” ( v. 178) y
adem ás es ref lejo de la propia naturaleza humana. A dm ite la unid a d de a cció n
pero rech aza la de tiempo. Prosigue con una serie de consej os en cuanto a la
redacción de la comedia como el guión previo en prosa y la división e n tres
actos. Pr o pon e que cada p ersonaje tenga un habla pro pia a su co ndició n

El análisis de este núcleo ha r á que se comprendan mejor las otr as partes del Arte Nuevo (2006 : 12 0 y
ss.).

Lope de Vega: Obra y espacios |

74

social . Asim ismo trat a el tem a del decoro, l a v erosim i litud de las situaciones,
de la versificació n, del uso d e figuras retóric a s, también recomienda utilizar e l
doble se n tido en el hab la para agra dar a l público buscando su complici dad,
sobre la exte nsión qu e debe ten er y s obre la escenografía y vestu ari os, de los
que dice qu e no debe n caer en an a croni smos.
Se cierra con el epílo go (vv. 362- 38 9) , en el que Lope se justifi ca po r
dejarse “llevar d e la vu lgar co rrie nte ” (v. 36 5) , además de a dmitir qu e ha esc rit o
483 come di as h asta la f echa , de las cuales seis “p e caro n contra e l arte
gravemente” (v.371) . “Se tra ta de u na declaración de modestia – alg un os
críticos han hablado de un fingido arrepentimiento– acomp añada , eso sí, de la
certeza d e la fa ma transnacional de su nombre” (GARCÍA SANTO-TOMÁS,
2006: 51). Cierra el tratado con un guiño al lector donde insi ste so bre el
carácter prove c hoso de la come dia:

Oye atento, y del arte no disputes,
que en la comedia se hallará de modo
que oyéndola se pu e de saber todo ( vv. 387 - 389).

Según este análisis formal se pued en o bten er al gun a s conclusiones que
ya seña laba Rozas 118 :
1. - El Arte Nuevo se art icula en dos líneas: la doctrin al (10 apartados)
señala cómo es la comedia de 1609. La otra lí nea es complementaria ,
captatio b enevo lentiae d el prólogo (I ) y del epílog o (II).
2. - Se cruz a n tre s e lementos: ironía, erudic ió n y e xperie nc ia. C ada una
de ellas se concentr a en una de las part es señaladas: parte II, la
experiencia; pa rt e I, la erudi ció n y la ironía se concentra en los
parea dos.
3. - Señala que es un t exto corto solo si se compara co n un tra tado de
estética del sigl o XIX. Pero cumplía perf ectam ente con su fun ci ón.

118 ROZA S, J.M. (19 76). “ El significado de l A rte N uevo” , Alicante, Biblioteca Virtual Miguel
de Cervante s , 2002.

Lope de Vega: Obra y espacios |

75

4. - La diferencia entre los apa rt ados se debe a la importanci a que Lope
d io a lo nu evo, a l a com posición ; por eso de dica má s v ersos a la
tragicome dia y a las unidades que a las figuras retóric a s o los temas. La
prisa hace qu e dediqu e so lo doc e ve rso s a l m o ntaje.
5. - 146 versos del prólogo son demasiados pero señ ala que es
fundamental “la falta de economía en esa parte era obli gada, si quería
hacerse perd onar la II ” (ROZAS, 197 6 : s/p ).

La c rític a es prácticamente unánime a l a hora d e considerar que s i hay
un tema cen tral en el Arte Nuevo es el relacionado con el gusto de l “vul go” .
Este hecho está vincu lado con el sentid o del te xto, que n o e s otro que el que
tiene el teatro en el siglo XVII, particularmente el teatro en corrales. Es un
teatro de la mo dernidad y s up one dar un paso de cisivo h aci a la v enalid ad, al
producto que s e vende y se c ompra. Lop e justific a su teatro, prec isam ent e,
por esta ven alidad 119 .
Para c omenz ar se dirá que existen reflexi ones que provienen de o tros
autores teatrales y que les sirven para justificar su producción c omo producto
des tin ado a la vent a, así Cer vante s dice ; “y así el poeta p rocura acomodarse
con l o q ue el representante que le ha de pagar su obra le pida” (DÍEZ
BORQUE, 199 6: 38 ). Otros, como Rey de Artieda (1605) y Juan de la
Cueva 120 (1606) también de fie n den el gusto del p úblic o c omo p rimera norma
de la com edi a. Otro ejemplo lo recog e Sirer a: se trata de una carta de Virués,
fechada en 1581 , al M a rqués d e Cuél lar sobr e la comedia:

Digo que España e stá e n su edad robusta
y como en leng u as y armas valga y pueda
me parece gustar de lo que gusta (1982: 59).

119 DÍEZ B ORQUE, J. Mª. (1996). Teoría, forma y funci ó n del teatro es pañ ol de los Siglos de Oro .
Palma de Mallorca: José J. de Olañeta, p. 38.
120 Citados por Díez Bor que (199 6: 38).

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Por su parte, Juan de la Cueva hace una apología de su teatro d onde
también se afirma la supremacía del gust o de sus co ntemporáneos so bre la
teoría de los cl ásicos:
Introdujimos otras novedades
de los antiguos alternado el uso,
conformes a este tiempo y calida des (S IRER A, 1982: 60).

Tirso de Molina, también h ace su a portaci ó n a favor del teatro a la
manera de Lope en lo que al gusto del “vul go” se refiere en Los c igarra les de
Toledo :
Que si él (Lope de Vega) en mucha s de partes de sus e scritos dic e que él no guarda
este arte a ntiguo, lo hac e por conformarse con el gusto de l a plebe, que nunca
consintió el freno de leyes y preceptos 121 .

Lope reiteró e s ta id ea en bast antes ocasi ones:

Ríense de los rigores del arte, dic iendo lo más agudos que si ac aso se t raza a g usto
de los oyentes, que e s el fin que se pretende, viene a importar poco mezclar la s
especies, como si escribir a rienda suelta del albedrío, sin obligarse a ley alguna 122 .

Mucho se ha dicho sobre el carácter d e los versos de l Arte Nuevo en
los que se alude a l “vulgo” : dis tan ciamient o del poeta, palinodia, iro nía, etc.
Hay qu e a clarar que Lope n o renuncia a su tea tro , solo tie ne la necesi dad de
explicar para el “vu lgo” algu n os d e los elementos que integran sus comedias,
“poniéndose así a s alv o como escritor culto […] se siente a salvo po rque tiene
poesía épic a, novela…, porqu e cultiva dis tintos gé ne ros y no solament e
teatro” (DÍEZ BOQ UE, 1 99 6: 4 2).
Si se h ace un rep a so de lo d icho por la crítica sobre la relación “vulgo ” -
Lope, s e observa n di versas opiniones: para Menén d ez P elayo ( 1925 : 196 )

121 Díez Bo rque recoge nu merosos testimonios sobre la postura de escritores que
convivieron con Lope y de fendían la idea de la suprema cía del gusto sobre los prece ptos clásico s.
Como el testi m onio de l pr opio Lope (199 6: 38).
122 Lo recoge de SÁNC HEZ E SCRIBANO y PORQUE RAS MAYO (1972 ).

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demuestra un a contradicción int eri or que le lleva a hacer una “ l amentabl e
palin odia”, G reen (19 57 ) analiza el térmi n o “vulgo ” en el sentid o de vil lano,
como literatura en co ntacto con la humilde realidad, Bahner (1958) pl antea
“vul go” como p úbli co g eneral del te atro y en la m isma lí nea se m uestr an
Porqueras y S ánchez c uando afirman :

Lope mane ja este concepto para injertarlo de connotac iones positivas hasta
engrandecerlo y dig nificarlo […] Lope parte del “vulgo” como alg o negativ o para
inyectarle otras manifestaciones hasta identificarlo c on e l públ ico de los teatros
españoles 123 (DÍEZ BORQUE, 1986: 43).

Por s u parte, Díez Borque añade que no es este el signifi cado que tiene
“ vulg o” en el Arte Nuevo ; no se tra t a de un sentido i róni c o, ni tampoco es
sinónimo de público en g eneral, la c o medi a debe ser e n tendi da como un
producto ven dible, el poet a entonces:

Hará lo que hace no por incul tura, sino porque tiene que vivir de algo que escapa a
los conocimientos y gustos de los humanistas pero que impone quien paga, y quizá
Lope no estuviera del todo orgull oso de ello, como se ha pretendido, y sintió
necesidad de jus tifica rlo no por é l, sino por e l “ vulgo”. […] A pesar de todo
escribió un tea tro que superó contradicci ones y por su genialida d pasó la difícil
barrera del tiempo está fu era de toda duda. Pero hay también mucha s repeticiones
en temas, e structur a y fo rma –que a Lope no se le ocultaban –, hay mucho de
recetario con é xito bien probado. Hay una “pre c eptiva” f rente a la pretendida
espontaneidad creadora (otra c osa es su innata facilidad para cumplirla comedia a
comedia) (DÍEZ BORQUE, 1996: 57).

Por todo lo señ al ad o, l a co med ia es un produ ct o que se ven de y, por
tanto, e stá hecha para es e fin y n o otro. Lope cierra s u preceptiva en el
epílogo repiti e ndo el topos de la mo destia y reafirmando la importancia del
gusto :

Sustento en fin lo que escribí, y conozco
que aunque fueran mejor de otra manera,
no tuvieran el gusto que han tenido,

123 Lo recoge de PORQUERAS MAYO y SÁNC H EZ E SC R IBANO (19 72).

Lope de Vega: Obra y espacios |

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Para finalizar c on est a cita d e a ut o ridades menciona l as Epís tola s de Horac io
(GARCÍ A SANTO-T OM ÁS, 2 0 06: 150) .
Al referirse al vestu a rio, Lope cita a Julio Pólux (135- 188 d. C. ),
gramático y sofista, a utor del Onomastico n 132 , d iez l ibro s d e ca ráct e r
enciclopédico q ue s e convirti eron en fuent e d e num erosas citas po r parte de
los eru d itos de l o s siglos XV I y XV II; el tomo IV es el dedica d o a l teatro,
inclu yend o el vestuar io (GARCÍA SANTO-TOMÁS , 2006: 151). Lo pe era
consci ente de que el poet a solo se limitaba a referir algunas e xpre siones e n sus
textos sobr e el v estu ari o como : de cami no, de no che, t apada, bi zarro… El
poeta toma e sta postura porq ue:

Como e n el caso del decoro lingüístico, a Lope no le queda más remedio para sus
alusiones a l vestuario que adoptar lo que llamaría Roland Barthes una <<mora a fín
al gestus social>> , c entrada en e l papel funcional de dicho ve stuario, un papel de
orden intelectual más qu e plástico o emocional 133 (R ODRÍGUE Z CUAD ROS ,
2011: 211).

Por tanto, l a conclus ión que se p uede extrae r de estos versos, sobre e l
espac io escénic o y esc enográfi co , es la s uge ren cia de Lope sobre el hecho de
que tanto la escenog rafía c omo l a indume ntaria de los personajes no deben
caer en anacr onismos.
Si se tiene en cuenta la proporción de versos dedicados a un elemento
fundamental en el te atro, como e s el es pacio en to d as sus tipol o gía s , se
advierte que solo lo me ncio na de pasada , casi al final del Arte Nuevo . Rozas
justifica este h ech o basándose en l a prisa del d ramaturg o por terminar e l
tratado . Obviame nte, un autor como Lope no caería en esta manera de

132 S obre esta obra s Evangeli na Rodríguez comenta que “no es posible que Lope alca nzara
a conocer al detalle t odas estas obras, aunque s í las b orr os as r eferencia s a los lienzos con árboles y
cabañas, con casas o fingidos mármoles que ev identem ente apena s se verían más que en algunos
apuntes de teloncil los en el corral […]. Pero Lope no fue ajeno a las r epresent acion e s
espectacul ares aunque, habit ualmente las desdeña ra frent e a las de corral” (20 11: 207 ).
133 Rodríguez Cuadro s señala que “ es to ú ltimo h abrí a que bus carlo en el <<v erismo
arqueológico>> ( cuando no exacerbada fantasía) del ves tuario de dos género s que no se citan en el
Arte Nuevo ; a sabe r : lo s autos sac r amentale s y el teat r o mitológic o- palac iego” (2011: 21 1 ).

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acer case a un te ma , te n ie nd o e n cu en ta que dedi ca tantos versos a explicar
cada detall e de la c reac ión de u na c ome dia . La explicación puede en contr arse
en la diferenciación que se hacía entre poeta y autor de come dias. Por eso, en
el Arte Nuevo Lope dic e que “to ca al a utor” (v. 352) hacerse cargo d el montaje
de la obra, es decir, al d irector de compañías, verdadero responsable de hace r
representabl es los textos (SIRERA , 1982: 62 y ROZAS, 1976). Aña d e Ro za s
que si e l poeta hubiese re flexiona d o sobre estas cuestiones con mayo r
dete nimi ent o, se h ubiera p erjud icado a sí mismo por los malo s montaje s que
se hací a n en la époc a o lo que es l o mis mo: “sacar un turco un cuello de
cristiano/ y c a lzas at acad as a un roman o ” (v v. 360 - 36 1) .
Evang elin a Rodríguez coi ncide t ambién e n el planteamie nto anter ior y
añad e q ue Lope e s, en e l Arte Nuevo :

Poeta y hace poesía (dramática, pero poesía). Ya casi al final de su Arte Nuevo no
desea demorarse e n asuntos que no le compete n; y más pa ra la e xtrema senc illez
funcional del corral –espacio en el que piensa sin duda mientras compone el
tratadillo (2011: 207).

Además de lo ya se ñalado , otro motivo p ud iera ser l a situa c ión d e la
escenografía en ese momento. C uando s e publica el Arte Nu evo (1609) se
estab an inici ando import antes cambios en el es pac io es c éni co, el
escenográfic o y t eatral en g eneral . Se ha comentado en el capítul o anterior la
gran cantidad de e spa cios y los distintos géne ros tea tr ales para cada uno de
ellos, d esd e la fastuosa esce nificación en los s itios reales, hasta las sencillas
come dias de capa y e spada, pasando por el co mp licado aparato de los carros
para el Corpus Chr i sti de los A utos Sa c rame nta les o las tramoyas de las
Comedias de Sa n tos.
Rozas señ a la qu e Shergold en s u History of t he S panish Stage marca la
fecha d e 1604 (cerc a na al Arte Nuevo ) como p rincipio de una etapa es cén ica
que va hast a la muerte d e Lope :

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Es el princ ipio de los in tentos de una aceptabl e mejora en la escenografía, que
luego, influida por l as representaci ones regia s y por los autos sacra mentales, se
perfeccionaría –siempre a igua l nive l artístico y económic o- en las etapas sucesivas
(ROZAS, 1976: 54).

Se había producido un g ra n cam b io d e sd e 1560 a 1604 com o es la
profesionaliza ción de los espacios para el teatro. El testi m o nio recogid o s obre
las rep res e ntacion e s anteriore s a Lope hace refe ren c ia a este hecho. Es el caso
de Juan Rufo (15 96) 134 y de Agustí n de Rojas, que c oment a que las muj e res
eran represent adas por niños o el de Cervantes, cuan d o de niño vio
representar a Lop e de Rueda. Sea como fu ere la situación, lo ciert o es qu e
Lope no quiso entrometerse en el Arte Nuevo en cuesti ones que si bien
conocía de primer a m a no no eran las que re querían su oficio de p o eta.
La crítica ha he cho los más divers o s c oment arios a lo largo de la
historia 135 , per o es un ánime en el hecho de que Lope respeta la tradición.
H ast a el mom ent o de la publi cació n del Arte Nuevo la teoría teatral estaba
dominada por una vi sión n eo-arist otélica del teatro, cuyo m áximo exponente
era la Filoso fía Antig ua d e l Pinciano (1596 ) : “S e tra ta de una concepción
teoricista, desvincula da de la práct ica e scén ica contemp o ránea, que se suele
condenar a causa , precisam e nte de su alej amiento de los patrones clásicos”
(SIRERA: 1982: 58). E xisten o tras reflexiones que provienen de autores
teatrales y que les s irven p ara justificar su prod ucc ión: Virués (1604),

134 Recogido por R O ZAS (1976) “Quie n vio, apenas ha treinta años, / de las farsas la
pobreza, / de su estilo la rudeza , / y s us más que humildes paños, / quien vio que Lope de Rueda,
/ inimitable va r ón, / nu nca salió de un mesón, / ni alcanzó a ve stir de seda, / seis pe llicos y
caya dos, / dos flautas y un tamborino, / tr e s vestidos de camino / con s us fieltros gironados; / una
u dos comedias solas, / como camisas de p obre, / la entrada, a tarja de cobr e, / y el teatro, casi a
solas, / por qu e era un patio crüel, / fragua ardiente en el estío, / de invie rno un helado r ío, / que
aun agora tiembla n dé”.
135 ROZAS (1976) o rganiza las etapa s de la crítica en cuatro fases: 0 ) E TAP A
COETÁNEA: Dramaturgos y críticos contemporáne os de Lope. Dividida en tres grupos: a)
Disc ípulos de L ope (Tirso, Guillén, R icar do de Turia) que seguían al maestro. b) Los clasicista s y
los aristotélicos que no menc ionan la obra pero la tiene n presente a la hora de elaborar sus teorías.
c) Discípulos de Calde rón que la entiende n y la valoran des de el a r te de C alder ón. 1) ETAPA
PREHISTÓ R ICA: Desde Lessing hasta Grillparze r en la que Lope empieza a ser valorado. 2)
ETAPA HIS T ÓRICA (E HISTOR ICISTA). Los lopista s que s e apasionaron con las comedias y se
decepci onaron con el Arte Nuevo. 3) ETAPA CR ÍTI CA. Se produce una avalanc ha de trabajos. Da
una serie de no m bres de c r ític o s y las di ferencias de in terpretación de la ob r a.

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Cervantes, que defiende en el Quijote un modelo teatral que difiere de l de
Lope, Rey d e Artieda (16 05) o Ju an d e la Cueva (1606). Por lo ta n to, el Arte
Nuevo rec oge la tr adición teórica de va rio s auto re s p relo pistas 136 (SIRERA,
1982: 59) .
En el Arte Nuevo Lo pe combina reflexiones de tipo histórico sobre
teoría teatral y consejos práctico s para l lev a rlas a escena . El pri mer aspecto
que suele señ a larse e s que Lo pe formuló es ta teorí a para justifi c arse a nte los
doc tos , que le ac usaban de ignorante por escribir sobre un teatro que tanto se
apartaba de las teor ías de lo s c lási cos ( MENÉNDEZ PIDA L, 1947: 30).
Otros críticos pi ens an que lo que hizo fue adoptar una posición de humilda d
irónica para burlar se de los que l e atacaban 137 .
Menéndez Pel a yo 138 fue el prime ro de lo s críticos mo d ernos que di jo
en su Historia d e las ideas estétic as , com o se señal ó en pág in as ant er ior es , q ue es te
texto era una palinodi a, un a avergonzada “retractación” que servía para
justificar ante los pre ceptist as las acu sacio nes de no con ocer a los cl ásico s .
Menéndez Pidal, por su parte, lo v io como un texto re b elde a los preceptos,
de gra n va lor crítico y es tét ico, afirmando que “Lope en el Arte Nuev o presenta
la comedia co m o un h ijo nacid o fuera de la ley, sin dere chos dentro de la
familia artística”. Montesin o s había afirmado años antes que la intervención
de Menéndez Pela yo había sido “el nivel más bajo de la crítica” (1967: 6).
Romera Navarro (1 935) y Vossl er (19 40) defendieron la idea de un Lope
irónico, que q uería b urla rse de sus críticos por medio de un diseño muy
medido. Esta afirmación se fundamenta en la creencia de una superior idad de
la Aca demia fr ente a los c orrale s, cosa que no es c iert a; en el Arte Nuev o , Lope
no habla a sus receptores desde una posici ón de inferioridad si no desde el

136 Para ver el estado de la cuestión teórica del teatro ant es de la aparición del Arte Nuevo
ver la magnífica introducción que hace García Santo-To más (2006).
137 Para más info rmación sobre este te ma remi to a VOSSLE R (1940 ) y RO MERA -
NAVARRO (1935 ) . SIRERA (1982: 59 - 60) opina que s e r efuerza es ta t eoría ya que hace un anális is
de los orígenes del teatro un tanto s u p erficial. Otra refere ncia para este tema es DE JOSÉ
PRADÉS, J. (1971) .
138 MENÉND EZ PE LAYO, M. (1925). Historia so br e las ideas estéticas en España . Madrid:
CSIC.

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éxito, no necesita just ificarse. (GARCÍA S ANTO-TOMÁS, 200 6: 53- 61). A
este res pec to , Emilio Orozco comenta:

El Arte Nuevo no es […] formalmente un poema didáctico, ni una e pístola de
contenido doctrinal simplemente concebida pa ra ser leída con forma y tono
personal; es e sencialmente una pie za oratoria, un nuev o tipo especia l de discurso
acadé mi co de vivo y cambiante tono entre engolado y familiar con sus toques de
humor –más ce rcano a una breve cha rla de hoy –concebido, espontáneamente, en
relación con el sentido del soliloquio; pero desarrollado atendiendo a las partes y
normas de la retórica aristotélica, a unque dentro de la libre –y a veces contradictoria
–interpretación de ésta que le da el Barroco 139 .

En los años 8 0 d el sigl o XX se ocup aro n sob re tod o d e c ues tio nes
formales del texto 140 . Otra c rític a más reciente s itúa l a obra dentro d e una
perspectiva comparat ista en la que se afirma que el Arte Nuev o es pioner o por
se r la primera teorización que no parte de una conce pción teórica y libresca de
lo que debe s er el t ea tro, sino que toma la realidad y la ex periencia, l o s
elementos qu e conf i guran el gu s t o del pú bl ico, que es, fina lmente, qui en
conce de o nieg a el éxi to 141 . Esta es una pos tura má s a co rde a lo qu e s e dice e n
el text o , siempre que se ten g a en cuenta todo l o d icho s obre el gusto d el
“vul go” y la necesidad de agradarle. E l poeta fue muy consci ente de lo que el
hecho teatral suponía si era concebido como un material cu ltural que se ven de
y se compra; vio antes que na die que una obra teatral d ebe estar ba sada, en
primer lugar, en el gusto del espect a dor q ue va a v erla . De su percepción
depende el é xito o fracaso de la misma, y de ellos el del poeta y autor de
compañ ías.
Como conclusión so bre el trat a do teórico del Fé n ix se sigu en las
acertadas palabras de Evangelina Rodríg uez sobre qué e s lo que queda “ de
nuev o ” en el Arte Nuevo :

139 OROZCO (1978), c itada por García Sa nto - Tomás (200 6: 55).
140 Para má s in formaci ón remit o a PORQUE RAS MAY O (1985) , FRI ED M AN (19 91),
WEIGER (19 81).
141 Conf rónt ese PÉREZ MAG ALLÓN (2000) .

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Es posible así que del Ar te Nuevo quede el hecho de que no pretendió subvertir ni
fijar preceptos que no estuvieran ya experimentados positivamente en escena,
presintiendo que l legaría un día en que las revoluciones teatrale s no se iba n a hacer
desde los libros o desde las poétic as a l uso, s i no desde un concepto, e l de la
dramaturgia, que englobara una suma de experiencias diversas, quizá fragmentadas
–la escritura dramá ti ca, la dirección escénica, la interpretación, el diseño del espacio
y su conve rsión en á mbito sonoro– y que serían estas expe riencias las que
produjeran teorías e interpretaciones, no al revé s (2 011: 231).

II. 3. - LOP E DE SENECTUTE O EL ÚLTIMO LO PE.
Una vez e xpuest o s estos ap u n tes sobre la p roducc ión d ramát ica de
Lope y de ac lar a r cuál fue s u pos tura en cuanto al espac io teatral en el Arte
Nuevo, se analizará el co mpon ente e sp a cial en diecisiete p ieza s qu e se sitúan
cronológicame n te entre 1627 y 1635 . Este periodo se c o rresp onde a una
década que se caracteriza por una renovación de la s formas teatrale s con una
serie de t ip os l iterarios que se van impon iendo:
1. - C omedia ligera o de enredo (ca p a y espada) con rasgos
determina dos y cerrad os.
2. - Come d ia trágica (b a sada e n el honor).
3. - Comedi a de santos (por el a ug e de los e x perim e ntos
escen otécnicos) 142 .
Por tanto, es un momento funda mental p ara e l t eatro á ur e o, “cuya
bisagra se puede cons id erar la muerte del propio Lope en 1635” (PROFETI,
1997:11) . As imismo , s e c orres p onde este i ntervalo temporal con l o q ue la
crítica ha denomi nado Lope d e senectute , si se si gue la línea tra dicion al
inaugurada por Juan M anuel Rozas, o “ e l último Lope ” si s e a tiend e a otra
parte de la crític a, cuya figura princi p al sería María Grazia Profet i.

142 PROFE TI , Maria Grazia , ( 1997). «El último Lope», en PED RAZA y GONZÁL EZ ,
1997: 11 - 39.

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Se trata de dos maneras de a frontar la dramaturg i a última del Fénix, las
cual es se tra t arán a continuación con el f in d e desterrar falsos prejuicios si l os
hubiera y considerar la posibilidad de adoptar un posicionamiento co n
respecto a este tem a.
El primero que habló de esta etapa y l a calificó con el nombre de etapa
de senectute fue , como hemos dic ho, Juan Manuel Rozas 143 . Señala que es a
finale s de 1630 cuan do la preocu pación y el desánim o se incr ement a n en
Lope. Concretame n te, le preocupa la cercanía de l a muerte, su deseo de no
seguir e scribiendo comedias para los corrales y su s c o nstantes problemas
económ icos. Para jus t ificar esta s afirm a ciones, Rozas alud e a una carta que
Lope envía al d uqu e de Sessa en 16 30 . En e lla el poeta afirma:

Ahora, Se ñor excm.º, que con desagradar al pueblo dos historias que le di bien
escritas y mal escuchada s, e conocido, o que quieren ve rdes años, o que no qui ere el
cielo que ha lle la muerte a v n sacerdote escriuiendo l acayos de comedias, e
propuesto dexarlas de todo punto, por no ser como las muje res hermosas, qu e a la
vegez todos se burlan dellas 144 .

En la misiva se puede n destacar d os a spectos releva ntes:

El gra ve acento de senect ud que ella tiene, y el que sea –en contra de lo que s uelen
ser el resto de sus misivas a Sessa– monográfica, un verdadero me morial, por el que
pretende, tras deja r el teatro, pasar a la nómina fija del Duque como c apellán”.
Aunque s eñala que esta i ntención de de jar el teatr o no es nueva y así lo d ice al
principio de la misiva (R O ZAS, 2002).

En un intento por escl arecer en qué fechas Lope comie n za a ma nif e star
estas inquiet ud e s , Roz as señala que se puede establecer es t e da t o c ronológic o

143 ROZAS, J.M. Lope de Vega y Felipe I V en el <<cic lo de senectute >> Lo p e de V ega y Fe lipe
IV en el «ciclo de s enectute» , Alicante, B iblioteca Virtual Miguel de Cervantes, 2002; El «ci cl o de se nectut e»,
discurso e n la so lemne apertura del C urso Acad ém ico 1982- 1983 , Badajoz; Cáceres, UNEX, 1982; Estudios
sobre L ope de Vega , Je sús Cañas Murillo ed., Madrid, Cátedra, 1990, pp. 73- 133. Se sigue aquí la
versión de C ervantes Vi r tual .
144 Epistolario , IV, pp. 143 -144. Dice Ro zas que “a la cuenta negativa de Sessa, de la qu e
hablo más adelante, hay que s umar la frase de Montalbán ( F ama póstu m a , O. S ., XX, pág. 48): «Más
quatrociento s ducado s p ara s u p lato, de muchos años a esta parte, porque le dixo [a Sess a] que no
quería escribir más Comedias». Creo que se refiere a los sucesos que aquí narro. Los «mucho s año s»
serán exagerac ión de Montalbán e n elogio del Duque” .

Lope de Vega: Obra y espacios |

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si se analiz an al gun os datos biográficos del escritor . Así el 4 de fe brero de
1627 e l poeta fi rm a su primer testament o s in que se conozc a si emprendió
esta acción motivado por alguna enferme d ad. Parece que no , ya que fu e
escrito de su puño y letra y , adem ás, se t rata de “una pieza esc rita co n
cuidado, en la que se recrea en donar a s us amigos más queri dos, d e acuerdo
con s us gustos, l ibros, cuadros e imágen es”. Es, precis amente, que no se haya
escrito por enfermedad por lo que Rozas afirma que : “ co mp rende mo s qu e el
poeta se pla n tea a hora, al c aminar hacia los se sent a y cin co años, co n toda
crudeza el tem a d e su edad y de la muerte” (RO Z AS, 2002).
Queda est ablecido a sí el perio d o que aba rca e st a ú ltim a et apa en l a
producción li terari a de Lope. Las fechas se sitúan e ntre 162 7 145 (redacción d e
su primer test a me nto) y 1635, a ño en que mu ere el Fénix .
Rozas insiste en que e sta preocupación por la vejez la orienta en tres
plano s: el mor al y existenci al, el económico y el lit erario. El p rimero de ellos
hace referenci a no solo a la cercanía de la muerte que s entía el poeta sino
también a ese deseo que Lope expresó en numeros as ocasiones de “vivir
dentro de la moral cristiana”. Dice que Am ezúa 146 ha mostrado que el amor
frenético po r Marta de Nevare s se ha transformado en una “plácid a
convivencia, p lató n ica y f amiliar, en la que el p oeta pecha con la necesidad de
ayudar a su amante”. Por ello, la ceguera en 16 28 de Marta, unida a una grave
enfermed ad que pad eció Lope , son ejem plos que demuestran e sta angusti a
que a cuciaba al poe ta .
En cuan t o a los p roblemas económicos, la preocupación del Fénix está
relacionada con su faceta de esposo y padre. Y es, precisa mente, su relac ión
con Marta la que le impide ob tener estos beneficios de l a corte que no se

145 PEDRAZA , F. (20 08) Lope de Vega: vida y lite r atur a . Valladolid: Unive r sidad de
Valladolid. Pedraza dist ingu e tr es etapas en la producción dramática de Lop e además de los autos.
Las f echas que aba rca para esta etapa s on de 1618 a 1 635. “A la espontaneidad y soltura de las
piezas anteriores s ucede ahora un arte más reflexivo, una concatenac ión más r igu r osa de los lances
escénicos, una uni dad de acción más vigo rosa y un mayo r equilibrio dr amático”, p. 167.
146 Epistolario , II, p p. 510- 522.

Lope de Vega: Obra y espacios |

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cansó de solicit ar a lo la rgo de su vida y que se acent úan es os últi mos a ños. A
esto hay que aña dir

hechos no esperados, c omo el incumplimiento de Sessa en pagar la dote de
Marcela, el desvío momentáneo del Duque –desterrado en sus pose siones
andaluza s por orden de l Rey–, y la inflación económica, con l a bajada de la m oneda
de vellón, y la a parición de numerosos rivale s en el teatro, hecho e ste esencial,
desde la dicotomía vejez/juventud, en la configuración del ciclo de senectute
(ROZAS, 2002).

El aspe cto liter ario in ci de en esta misma lí nea. Lope in t e nta mantener
su estatus de gran p oe ta ante los nuev o s escritores (Góngora muere en 1627).
Tanto es a sí que Rozas c o menta que El Laurel de Apolo es u na e s tra teg ia de
autopropaganda p o r parte d e Lope :

La de l más famoso de los escritor e s, y, a la vez , ing enio humilde , admira d or de
todos y maestro de lo s má s jóvenes; la de l que escribe l a mag na apol ogía de los
poetas de su tiempo, sin tener en cue nta la s envidias, murmuraciones y zancadillas
que dice recibir (ROZ AS, 2002) .

Hay que re cord ar que en 1627 se abre un n uevo capítulo en su lucha
por conseguir el mecenazgo, acu diendo a la igle sia com o ya se señaló en
pági nas anteriores, dedic and o La Corona T rá g ic a al Pap a Ur bano. Per o lo que
late en est a obra no es solo la cu est ión de las prebendas sino el ton o de sene ct u t e
con el que está escrit a 147 . Lo pe redact a además varias cartas po r esto s a ños en
las que continu a co n esta di co to mía juven tud / veje z y no se cansa de repetir,
en bast antes o casione s , que no quiere a cabar sus días es c ribie ndo come dias 148 .
Los e n cargos de comedias le permiten seguir v ivie n do aunque es
continua su insiste ncia en que lo hace po r necesidad, hecho que ya se ha
come ntado . Con respecto a la prohibición de publicar las , Lope en 1628 se

147 Ejemplos de e st e marca do t on o de veje z en ROZAS, 2002.
148 ROZAS (2002) s eñala que dirige una a Faría y Sousa en la que Lope comenta qu e “ya
casi n o escr ibe vers os a otros as untos que << quieren verdes años >>, mientras que estas materias
graves << no se disp onen mal a s angre fría>>”. Al embajador Solí s le escrib e en término s
parecidos.

Lope de Vega: Obra y espacios |

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queja de que s e ha permitido publicar las comedias de Ruiz d e Alarcón y de
que <<solo p a ra mí n o hay li cencia>>. Es una lucha que terminará c on la
carta de finales de 1 630 al duque de Ses s a.
Hay q ue añadir que Lop e se niega a esc ribir d os co m e dias en
competencia, “una hecha por Calderón, Vél ez y M ira, y otra por Lope,
Mon ta lbán y G odí nez . R ehúsa argumentando que e se añ o es Capellá n May or
de la Congreg ación, por lo que no le p arece digno e scrib ir te atr o” (ROZAS,
2002) .
Según Rozas, l a negat iv a de Ses sa d e p one rlo en nómina hace q ue al
poeta no le quede más reme dio, para dejar d e competir con l os au tores más
jóvenes en los co rrale s, que “hac e rse d e nuevo pretendiente ante la Corona”.
Por eso, cuando frac asa en su nuevo inte n t o para acceder al c argo de Cro nista
Real en 1629 (lo obtiene Pellicer) s olic ita otro oficio o ayuda a fina le s de 1630
en l a cit ada mi siva.
Los cinco años que le restan de vida ins istirá en estas petic iones de
ayu da ec onómi ca d e la que hay const anci a en su segu ndo test am ento , he cho
unas horas a ntes de mori r. Por todo lo d icho, Rozas concluye que l as fechas
del periodo de sene ctute están pl enament e ju stific adas:

Así pues, en su sentido más extenso, entiendo que el ciclo de senectute arranca desde
1627 –testamento, C orona Trágica, enfermedad, etc.– y lle ga ha sta su muerte. Pero
muestra dos ge stos, además de las diversas vicisitudes que veremos: la et apa en la
que se va gestando, d e 1627 a 1 630, que es la que hast a aquí he analizado
someramente; y la específica y definitiva, donde la cuestión del oficio e n la Corte es
la gran obsesión, ya que va de principi os de 1631 ha sta su muerte.

Al contrario que Rozas, Profeti opina que se tie ne un concepto erróneo
de los últim os año s de Lo pe. Se ha pintado un retrato d e un Lope amargado,
ale jado del t eatr o c on pre mi sas que p arecen contrarias :

Por e jemplo, se subraya la resistencia y hast a el me nosprecio de l Fénix hacia la s
nuevas formas teatrales, y al mismo tiempo se a rguye que Lope se siente frustrado
al tener ya poc os encargos palaciegos, o se afirma que < <Lope se dio cuenta de que

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Más pueden ce l os que amor
La mayor virt ud de un rey
No so n todos ruiseñores
La noche de San Juan 153
Porfiando ve nce amor
¡Si no vieran las m ujeres!
Los T ellos de Meneses
Los trab ajos d e Jac ob

Estas piezas s e van a dividir en subgéneros, siguiendo la temática de las
mismas. Se trata de i ntentar esclare cer s i se ap r ecian característic as espaciales
comunes, adem ás de difere n cias qu e puedan ju sti ficarse t emáti camente . Por
ello, que darán establec idos los sigui entes ap artados:

1. - COMEDIA DE S ANTO S:
La vida de San Pe d ro Nolasco (1629 ) 154
2. - CO MEDIAS URBA NAS:
Amar, ser vir e sperar (16 2 4 - 1635) 155
Las b izarría s de B elisa (1634)
El d esp recio a grad ecid o ( 163 3 ) 156
No so n todos ruiseñores (1630 ) 157
La noche de San Juan (1631)
3. - CO MEDIAS Y D RAMAS PALA TINOS:

153 Morley y Bruer t on no inc luy en esta pieza .
154 ArteLope: “Esta obra fue escrita en 1629 para las fiestas que la Orden de la Merced
celebró entre el 2 1 de ab r il y 8 de mayo en hono r de su fu ndador.
155 Fecha que proponen en Art eLop e y se s egui rá esta propuesta cronológica para todas las
piezas de este t r ab ajo.
156 ArteLope: “Una alusión del texto a una f alsa Parte XXVI de Lope, que s e public ó
hipotéticamente en 1633, pe r mite datar la comedia en e sta fecha. Por otra parte la obra alude al
Duque de Sess a, mecenas de L ope, como pr ot ector de l protagonista, D . B ern ardo, en unas
circunstancias ce rcanas a 163 0. Es pues una de las come dias más tardías de Lope”.
157 Según M orley y Bruerton, se menciona el nacimiento de B altasar Carlos (17 de octubr e
de 1629) y el matrimonio de M aría de Austria con el emperador Fernando (1630) y puede
suponerse casi co n certeza qu e se escribió poco de spués, por ello la fecha n “hac ia 1630”.

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La boba para los o tros y discr eta para si (16 23 - 1635)
Porfiando ve nce amor (1624 - 1 630)
¡Si no vieran las m ujeres! (1631 - 16 32)
Más pueden ce l os que amor (1627)
El castigo s in venganza (1631)
Del monte sale quien el m onte quema (1627) 158
4. - DRAMAS HI STÓR ICOS:
El guante de doña Blanca (1630 - 1635)
La mayor virt ud de un rey ( 1625 - 16 35)
Los T ellos de Meneses ( 1620 - 162 8)
Los trab ajos d e Jac ob (1620 - 1630)
5. - DRAMA M ITOL ÓGICO:
El amor enamor a do ( 1625 - 1635) 159

III.1 . - COMEDIAS DE SANTOS 160 .
La come dia de santos es un “subgénero dramático que teatraliza uno o
más e pis o dios de l a vida de un sa nto (real o legendario)” 161 . Otras d efinici o nes
insiste n en la presenc ia de similit u des entre este sub tipo de c ome dias y otra s ,

158 Estas dos últimas c on side radas habitualmente tragedias por la crítica. Para este estudio
espacial interesa el espa cio en el que s e desarrolla n y, en menor medida, el subgé nero al que se
adscriben las pie zas. Por ello se han inc luido ta mbién en el grupo de d ramas palatin os.
159 ArteLope dice que, probableme nt e es de 1630 y que Morley y Bruerton aluden tam bién
a estas fechas basándose en el porcentaj e de romance s y redondilla s. A ñaden que “Hoy sabemo s
que la obra fue r ep r esentad a en el R etiro en 1635”. Se profundizará en la represe ntación de esta
comedia cu ando se elabore e l análisis espacial .
160 ARELLANO , I. ( 1999) “Escenar io y p uesta en escena en la co med ia de santos”,
Convención y recep ción. Estudi o s sobre el teatro áureo . Madrid: Gredos, pp. 238- 263. Señal a es ta bibl iog rafí a
para una introducció n al g énero: AR A GO NE, E., St udio sulle Comedias de Santos si Lope de Veg a ,
Firenze: Casa Editrice D’Anna , 1971. APARI CIO M AYDEU, “ Juntar la ti erra con el cie lo : la recepción
crítica de la c omedia de s a nto s como conflicto entre emoción y devoc ión”, Diálogos hispán icos de
Amsterda m , 8/II, 1989, pp. 323- 32. P ara la escenografía a ROUX, (19 75) . “ L a esce n ografía en las
comedias de santos de Ant onio Mira de Amescua”, Texto y espectáculo . Selected pro ceeding of the
Fifteen International Golden Age Spanish Theatre Symposium…, ed. J.L. Suárez , South Carolina,
Spanish Literatu re Publicatio ns Company, p p. 1- 33.
161 SIRERA y VA LL EJO (2002) “Comedia de santos”, CASA, F.P.; GA R C Í A
LORENZO, L. y VEGA, G. Di ccionario de la co m edia del Siglo de Or o . Madrid: Ca s talia, p p. 54- 55.

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que se cultivaron durante el Siglo de Oro. De esta manera, Gómez afi rm a que
también se le d eno mina retablo y qu e “está emparentada, co m o las
moralidades y l os autos sacramental es, co n los mist eri os medi eva les , y tien e
por asunto los milagros y hechos piado s os de los s antos d e la Igl esi a
Cató lica ” 162 . Se dr amat izab a la v ida d e un sant o “ a través de hi s torias ame nas y
sorprendente s, a veces trucule ntas; en otras ocasiones, la int ención er a hacer
propaganda de un proceso concret o de canonización, o c elebrar su
consu mació n ” 163 .
Por su parte, Cou de rc lo de fine co mo :

La representación (con m iras de edifica ción, eso sí) de la vida de un santo. [ …] es,
ante todo transcripción dramática del relato de una vida: es teatro narrativo, o
narración dramática 164 .

Martínez Ber b el i ntroduce e n su definición una característic a comú n a
todas la s c ome di as de s an tos , a la que alude con f recue nc ia la c ríti ca y de la
que eran consciente s p úblico y aut ores: su carácter híbrido 165 . Afi rma que en
estas obras inter actúan “un mundo sobrenatural y un m undo re al, d onde
conviven elementos sobrenaturales y milagros junto c on elemen tos de otro
tipo de co me d ias ” 166 . Es te estu dios o alude tamb i én a Francis c o Florit 167 , el

162 GÓMEZ, M. (1997) Di ccionario del teatr o . Madrid: Ak al, p . 199.
163 HUERTA CALV O, J.; PERA VEGA, E. y URZÁIZ T ORTAJAD A, H. (2008) Teatro
español: de la A a la Z . Madrid : Espasa, p. 174.
164 COUDERC, C. (2008) “So br e el género y la intriga secundaria en alguna s comedias de
Lope de Vega”, PEDRAZA , F. y GARCÍA (eds.) La comedia de santos. Actas del Coloq ui o Internacional ,
celebrado en Almagro ( 1,2 y 3 de diciembre de 2006). Al magro: Universidad de Castilla La- Mancha ,
pp. 65-84. Cita en p. 71.
165 MARTÍNEZ BERBEL, J.A. (2008) “La comedia de santos entre la heterodoxia y la
licitud”, PED RAZA, F. y GARC ÍA (eds.) La co m ed ia d e santos. Actas del Coloquio Internacional ,
celebrado en Almagro ( 1,2 y 3 de diciembre de 2006). Al magro: Universidad de Castilla La- Mancha ,
pp. 39 - 52. Alude a la definición de Rosana Llanos López (2005) que “define el género a través de
vario s binomios presentes en todas ellas: diége sis /míme s is, historia/ficción, sacro/profano,
serio/cómico”. P.40. LLANO S L ÓPEZ, Ros ana (2005) “Sobre el género de la comedia de s antos”,
VITSE, M. (ed.), Homenaje a Henri Guerreiro. La hagiografía entre historia y literatura en la España de la
edad Media y del Sigl o de Oro . Universidad de Navarra / Fr ankfu rt am Main : Iberoameric ana/
Vervuert , pp. 809 - 826.
166 Comen ta qu e T irs o en Deleitar aprovechando ya apu n taba que hay que “envolver lo menos
agradable e n un envoltorio apete cible” (MA R TÍNEZ, 20 08:40).

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cual añ ade que en est e subgé nero se produc e la “integración d e lo i nvero símil
en lo verosímil, no c omo dos caminos paralelos, sino co m o uno solo, co n un
espac io común” ( 2008:40) .
Las ra íc e s de la comedia de santos hay que buscarlas en el teatro
religioso m ed ieva l 168 “que p ervive durante buena parte del siglo X VI : el Códic e
de Autos V iejos con t iene piezas hagiográficas p rotagon izadas por santos mu y
popu lares en el m edie vo 169 , c omo san Jorge o sa n Cristóbal”. En cua nt o a la
culmin ación del cu ltivo de este ti po de piezas se alcanzará con la “ C omed ia de
San segun do (1594) d e Lope de Vega, El rufián dichoso de Mi guel de Cervantes
(antes d e 1600) y La fundación de la Orden de Nuestra Señora de la Me rce d (160 1) d e
Francisco Tárrega”. S irera y Vallejo se ñalan que compus ie ron este t ipo d e
come dias importantes dramaturgos barrocos pero Lope fue “su principal
cultivador”( 20 02: 55).
En los a rgument o s de las com edi as hag iogr áficas se c ombina n dos tipo s
de t r ama s:

La vi da de l santo y las vic isitudes (a menudo de tipo amoroso) de otros pers onajes.
La primera a dopta dos formas básicas: la síntesis biográfica (con abundancia de
episodios autónomos) y la representación de un momento rel evante (la c onvers ión
o el martirio, normalmente). La segunda desarrolla un c onflicto semejante a los
habituales en la s comed ias (SIRE RA y VALLEJO, 2002: 54).

La estructura d e las comedias de santos s e basaba e n la esceni ficación
de un a s u c esión de numerosos pasaje s biográfico s de la vida del santo. Inclu s o
el esquem a –así como el res to de pe rsonaj e s que a parecían en ellas– coin ci día

167 FLORIT DURÁN, F. (20 05) “Comedia hagiográfica y censura: el caso de La Santa
Juana I de Tirso de Molina” , VIT SE, M. (ed.) Homenaje a Henri Guerreiro. La h agiografía entre h istoria y
literatura en la España de la Edad Media y del Siglo de Oro . Madrid/ Frankfurt: I be roamerica n a/Ve vuert,
p. 619.
168 FERNÁNDEZ RODRÍG UEZ, N. (2011 ) hace un re corrido po r el devenir del t eatro
religioso desde la Edad Media hasta el s iglo XVII en: “Espacios de pecado, espac ios de penitencia.
La pr oyecc ión escénica del contenido m oral en la comedia ha giográfica”, M onstruos d e apariencias
llenos. Espacios de representa ción y es pacios representad os en el teatro español . Barcelona: ProLope, p p. 183 -
216. Lo realiza en pp. 186- 196 .
169 También aluden a e ste hecho HUE RTA CALVO et al . (2008:17 4).

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con “el de las c omedi as conven cionales , con episodio s amoros o s, d elincu entes
arrepentidos, pres e nci a de damas…” (H UERTA CALVO et al ., 2008: 174 -
175).
Con respe cto a los personaje s , ha y que añadir que exist en dos t ipos
fundam enta le s, los p ropiament e hagiográfico s , h a bitual mente de t ipo
histórico, y aquel los que d esarrol lan acciones paralelas, casi siempre
personajes de ficción. En tre los que pertenecen al primer grupo destacan dos
tipos: el sa nt o y e l lego.

El primero se ofrece c omo eje mplo de que la santidad no conoce barreras s ociales,
raciales o intelectuales. Se trata , en todo caso, de c aracteres fuertemente marcados.
Por su pa rte, el le go, con abundantes rasgos derivados de l gracioso, ha ce de escalón
intermedio entre la hum anida d, limitada, y el santo sobrehumano, s i rviendo de
contrapunto emoc ional y humorís tic o al protagonista” ( SIRERA y VAL LEJO,
2002: 54).

En cu anto a l a figu ra del sant o , la crític a defiende l a idea de que
“aparece como un i m posible héroe de com edia, porque su perfec ción resulta
contraria a la tea tral i dad” 170 . Adem á s este tipo de person aje “pl antea un
problema estético para los dramaturg os, ya sea por su ten de n cia a se r
interiorizado o por s u aislam i ento e n el mun do profano” 171 .
Por s u pa rte, el lego se present aba como un tipo que quería transmitir
una cercanía c o n el ho mbre de a pie, es

170 TEULADE, A. (2008) “Santida d y tea tr alidad: el santo como paradoja est ética”,
PEDRAZA , F. y GARCÍA, A. (eds.) La comedia de santos . Actas del Coloqui o Internacion al , cel ebra do en
Almagro ( 1, 2 y 3 de diciembre de 2006). Almagro: Unive r sidad de Castilla La- Man cha, pp. 85 - 100.
Cita en p. 85 .
171 Teulade afirma que: “Los estudios sobre la comedia de santos han puesto de manifi esto
que, en estas co medias, dos elemento s suminist r an la acción y el espec t áculo que el santo no
proporciona. Por un lado, es indudable , como lo apunt a Ignacio Arellano en Convención y recep ción a
propósito de Tirso de Molina (1999) y José Aparicio Maydeu en su edición crític a de El José de las
muje res (1999), que el espectácu lo maravilloso, que forma parte de la codificación del género, pr ovee
una riqueza esce nográfica peculiar. Tales recurso s co nvie r ten al a comedi a de santos en un
espect áculo t otal, que m ezcla elemen tos lit erarios , icon ográfico s o mus icales (Ar ellano, 1999 : 2 62),
supliendo al int e r iorización del santo o la debilidad del tejido propiamente narr ati vo de la ob ra,
acusado por el ai slamiento dl santo” (20 08:87).

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un pers ona je tambi é n de tipo histórico pres entado con rasgos más humanos y
emocionale s, incluso con tintes cómic os y profanos , ha sta el punto que provoc aba
bastantes c ríticas de índole moral. A los moralistas no le s parec ía apropiado el
abuso y desvirtuación de tan ilustres pers onajes (HUE RTA et al ., 2008: 175).

Una de las funcio nes q ue se le atribuye a este ti po de piezas está
relacionada con la n ecesidad del público de re f ugiar se en el teatro com o
distr acci ón. Das sbac h alu de a e sta cuestió n c uando afirma:

E l “vulgo” ne cesit aba milagros y magia , necesitaba imagina rse rodeado de santos y
magos para a sí poder enfrentarse a tanta adve rsidad, bien fueran pestes,
enfermedades, injusticias u otro tipo de s ufrimientos y cala midades 172 .

Además de la funció n re creati va de la comedia de santos, Couderc le
añad e la misió n d e educar a l público. Se difunde la religión a la vez que se le
adoctrina, consigu iend o dilu ir la frontera ent re teatro y liturgi a. E l p o eta b us ca
“transmitir una emoción o un s entimi en t o reli gioso , medi a nte los mismos
procedimiento s que l a institución ec l esiásti ca durante la misa ” 173 ( 2008: 69) .
Son piezas que pueden abarcar, com o señala tambi én Arellano, una
dobl e funcio nalida d que ya los clásico s atribuían a la literatura : doce re y dele ctare :
“ El docer e no puede discutirse en este ti po d e comedias […]. La dimensión
doctrinal no necesita ponderación: hay ocasiones e n que el dis cu rso teatral
toma andadura d e al o cución pedagógic a o lección d o ctrinal pur a” ( 1999: 262) .
Además, n o d ebe olvi darse el hec ho fundam ental de qu e eran obras qu e
solía n ser e ncarg a das a “ ayuntam ient os, co fra días, no ble s devoto s, etc.”
(HUERTA et al ., 2008 : 174) .

172 DASSBACH, E. (1999) “Las artes mágicas y los sucesos milagrosos en las comedi as de
sant os”, Hispa nia , 82 , (septiembre), p p. 429-435. Cita en p. 431.
173 Añade que no hace falta d ecir que el teatro occidental tiene s us raíces en práct icas
litúrgicas y que “empe zó su his toria como forma a rtístic a autónoma cuando salió del templo a la
calle; pero es c aracterística de l ámbito peninsular la pervivencia a gran escal a, bajo las especie s
principalmente del auto sacramental y de la comedia de santos, de una práctica teatral –digámoslo
con cautela – de tema religioso” (COUDE RC, 2008: 69).

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Aunque el adoctrinamiento fuera una de las principales funciones d e la
come dia hagiogr áfica, no puede obviar se que la def ensa de la fe no e s el únic o
fin que persig ue el p oeta , porque l a com edia hagiográfic a es

doctrina, pero e s sobre todo espectáculo, y la c omplejidad y sincretismo de
elementos li terarios, iconográficos (plásticos, pic tóri c os), musicales y e scénico s en la
búsqueda e spectacular –y definitoria– de l o maravilloso y la emoción, puede o frecer
seguramente muc has posibilidades a los e scenarios mode rnos” (A RELLANO,
1999: 262 - 263).

En este senti d o, ha y que p lantear otra de las característic as de estas
piez as: el mens a je doctrinal no er a el q ue lograba que el p úbl ico fuera
ferviente seguidor de este tipo de comedi as. El m otivo principa l qu e
conseguía este ent usiasmo por parte del “vulgo” lo constitu ía la
espectacul aridad visu al que se des a rroll aba en estas repre sentacio ne s. Como
señal a Dassbach:

El público iba a marav illars e con el espectáculo, pe ro no ha ce falta decir que no
confundía al mago con el santo, sabía diferenciar entre el prodigio y el milagr o, y
por supuesto, compartía la ortodoxia ca tólica que los dramaturgos presenta ban, en
la que siempre prevalecía el milag ro sobr e la magia (1999: 433 - 434 ).

El elemento espectacu lar s e convierte en un recurso neces a rio para
manten e r la a te nc ión de l p úbli co en la com edi a. Junto a la prese ncia d e
elementos profanos, co mo l a fi gu ra de l gracioso, se conseguí a difundir la fe
católic a de ma nera amen a. Est os d os recursos c ons ti tuía n e l “ con tra pes o a la
parte más <<teológica>> , o al men o s más religiosa, d e unas co med ias que,
dicho sea de paso, es probable que no tuviesen el más mínimo éxito sol o c on
este ú ltim o eleme nto” (MARTÍ NEZ BER BEL , 200 8: 42) .
Se ha insistido mucho en la e xtrema aparato si dad e scén ica de est e tipo
de pie zas , inclu so en la den o mi nación que se l e daba , ya que se las
den omi naba t am bié n comedias de tramoya . S egú n Natalia Fernández, lo cierto es
que nunca fue tan exagerada la utilizaci ó n de tram o yas , así como de otro s

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107

recursos espectacular e s, y tamp oco se agotaba su funci ó n en esta
característic a . Había o tros elemento s que co n tribuían a su éxit o:

El vestuario, los efec tos musicales, la tramoya, la utilería e incluso la configuración
escénica reforzaban la significación g lobal de la pieza c re ando estampas que, por
supuesto, e mocionaban pero, a nte todo, encerraban una verda d profunda que se
proyectaba más allá de las tablas. Para e llo, el dramaturgo tenía que a pelar a la
facultad interpretativa del públic o des de un conocimiento cultural c omparti do: el
simbolismo visual, poseedor de virtualidades e xplotadas ya por la pintura, la
iconografía o la emblemática, s e pone al servicio en la l abor de hacer vis ible – y
comprensible– ese alcance moral (2011: 186).

En e s ta misma línea de la r e cepc ión por p arte del público, h ay que
hacer mención de un hecho que se da ba en l a comedi a d e santo s: la
verticalida d. Es u n a estructuración relacionada directamente con el e spacio
escéni co . Se trata de un diseño triangul ar ya que compr ende C ielo -Tierra-
Inf iern o . Según Fernández, e ste d iseñ o cósmico justifica el uso de maquinaria
escénica porque :

Venía a c oncretar, de nuevo, la naturaleza moral dela vida humana y su proyección
eterna: el Hombre en la Tierra, se movía entre la escala de va lores divina celestial, y
la simétricame nt e inversa del Demonio, en el Infierno. La sugerencia explícita de la
verticalidad fue, así, otro de los me canismos clave para pla smar en escena el sentido
trascendente de la acci ón de una come dia hagiográfica, y esa fusión temporalidad-
eternidad que está en la base de estas piezas: ascensiones de los personajes
moralmente ejemplares, descensos de e misarios celestiales, hundimientos del
demonio…[…] esa sugerencia de v e rticalidad s e sazonaba con una mayor rique za
de rec ursos espectac ulares: los de monios se hundía n entre lla mas, las ascensiones se
acompaña b an de música s celestiales, se inc remento a la carga semiótica por medio
del simbolismo, etc. ( 2011: 199 - 200).

Arellano insiste en esta cuesti ó n de la i doneidad del subgéner o
hagiográfic o para incorporar numeroso s rec urso s que necesi ta ba n d e l a a y uda
de maquinar ia escéni ca en la representación. En su artícul o se centr a en e l
caso particular de Tir so y afirma que: “E n l a ví a de ex plo tac ión vi sua l e n el

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108

Barroco, la comedia de santos e s u n género ideal 174 pa ra hacer alarde del
aparato escé nico, capaz de p otenciar el m ensa j e em it ido ” ( 1999: 24 0).
Además , ta mbién s e utilizaban las distinta s p osibili dades que o frecía el
corral en cuanto a esp acio escéni co se refiere y así disponían de los nichos o
huecos d e l a f achada para representar a cciones en este lugar. Este hecho ha
sido relaciona do

con la organización de los retablos barrocos, pa ralelo muy estrecho y justificado en
las piezas de santos, donde el uso de pinturas, imágenes o composicione s
hagiográfica s evoca, ciertamente, la s formas de visu alidad sagrada (que por su parte
utilizan también recursos de la e scenogr afía teatral 175 (AR ELLANO ,1999 : 240 ).

Además de la maquinari a escénica, e n las come dias de sant os, como ya
se h a ap u ntado en pá ginas anter iores, se suced en la magia y el milagro 176 con
frecuencia. Segú n Da ss ba c h :

Esto puede e xplicarse por e l hecho de que, en la dramatización de la santidad, dos
fuerzas anta gónicas, el bien y el ma l, suelen competir por ga nar el a lma del santo.
De m odo que , pa ra repr esentar en escena la lucha entre estas dos fuerzas, na da
puede resultar tan efectivo como el hacer visible el pode r sobrenatural d e e stas
fuerzas anta gónicas, tanto si se trata de cristianos y paganos, como de c reyentes y
no creyentes, o de agentes divinos y diabólicos (1999: 429) .

Defiende que la presencia de poderes sobrenaturales depende de l a
tipología de santid ad q ue se pretenda representar, ya que unos tip os se prestan
mejor que otros a incorporar e stos elem entos má gicos . Se ñala que los

174 “El c aso particular de la c omedia de s an to s s e caracteriza , en r asgo s esenc iales, por la
extens ión ucrón ica y omniesp acial , del ámbito escénico-dramáti co, por los m ecanismos neces arios
para la es ceni ficación del hecho portentoso (milagro) cuy a condición maravillosa define al propio
género […], e s tribada en la s ideas de revelación y ascensión, que marcan la relación del mundo
humano con el divi no” (ARELLANO, 1 999:238).
175 Pone algunos ejemplos de comedia s de tirso sobre uso de apariencias, aprovechami ento
de los hueco s de la fac hada p ara mostrar aparic iones de santos, ángeles, la Virgen (199 9: 240).
176 Arellano s eñala, refiriéndose a comedias hagiográficas d e Ti rso, q ue “en l os cas os m ás
simples el milagro no necesita de mayor despliegue de la tramoya: la mudez milagrosa de L elio, en
castigo a su blasfemia, s e traduce por el gesto y el recurso paraverbal del balbuceo […]; en La san ta
Juan a, I […] el ángel de la guarda detiene a la sa nta : el áng el es in vis ib le par a ella – no para el
espectador, claro–, efecto prodigio s o que s abemos porque así lo explica la santa en s u parte del
texto, donde afi rma no ver a n adie ”(1999: 249).

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personajes hagiográfic os que mejor se prestan a la aparición del mila gr o son
los “converti d os y los mártires” (DASBAC H, 1999: 429). L a pre senci a de los
poderes milagrosos es esencial en to da santidad, el s anto debe exhibir su
poder para qu e pueda ser re conocido c omo tal. Sin em b argo

cuando se trata de dramat izar la santidad en escena, existe una resistencia por parte
de la c rítica a aceptar lo sobrenatural. […] Tiende a ve rse la incorporación de lo
milagroso en las comedias única mente como un recurso pa ra crear e spectáculo y
suplir a sí una fa lta de interés dramátic o e n la obra” ( MA RTÍNEZ BER BEL , 2008:
41).

Aparte d e lo dicho, la utili zación de lo sobrenatur a l e s e l a rgu mento
principal al que al u d en los detr actores de este tipo de teatro, por tra tarse de
“recursos que, al tie m p o que un inn egable atractivo para el público, supone n
un a lejamien to p atente de l a o rt odoxia”, por lo que vuelcan sus críticas “en la
banalización d e la mat e ria religios a ” (MARTÍ NEZ BERBEL , 2008 : 41).
A pesar de ser d el gusto d el p úblic o , e sto no sig nificó que la comedia de
santos fuer a acept a da sin ge n erar po lémica . Martínez Berbel afi r ma que
“d esde mediado s d el XVI y durante todo el X VII, e in cluso durante el mismo
siglo XVII I […] se convirtió, […] en la cabeza de turco sobre la que se
descargaba l a crític a sobre todo el es pect á culo te atral en general” ( 2008: 43).
Por otra parte, h ay que aclarar que s on piezas que estaban relaci onadas
con la fiest a públic a y que su funci ón , ya aludi da en párrafos anteriores, era la
“ exalt ació n de l sa nto l ocal ”, por l o que su lug ar de rep r esentación “era la plaza
o la misma iglesi a; y una parte importan te d e su a ug e s e de b ió a la s prá c t ic as
de l os j esuit as ” 177 .
Profeti incorp o ra una cita en la que se describe con mucho detalle
cómo eran los lugares destinados a la re pres entación de co medi a s
hagiográfic as. Con motivo d e l a inaug ura ci ón d el C ol egio de lo s je su itas e n

177 PROFETI, M.G. (2008). “La comedia de santos , entre encargos, t eatro comercial, t exto
literario”, PED R AZA, F. y GARCÍA (eds.) La comedia de santos. Actas del Coloquio Int e rnacional ,
celebrado en Almagro ( 1,2 y 3 de diciembre de 2006). Al magro: Universidad de Castilla La- Manc ha,
pp. 233- 254 . Cita e n p. 234.

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116

muchas de la s comedias de Lope son indudablemente obras de encargo
(COUDERC, 2008: 68 - 69) .

Aunque sea n obras cu yo origen ra d ica en el en cargo p o r parte de a l guna
personalidad importan te, no se de be menospreciar el valor literario que tienen
estos textos. Suponen la unión, como se señalaba en páginas anteriores, de las
dos funcione s básica s que se atribuy en a la li te ratur a, doc ere y dele ctar e .

III.1. 1. - LA V IDA DE SAN P EDRO NOLASC O 188

La vida de san P ed ro N ol a sc o se compone de una s erie de espacios
dramáticos q ue se estr ucturan e n tres jor nadas de la sigu iente m anera:
x Jornada 1: Francia, exterior (l ugar indeterminado ). Barcelona ,
inter ior (sala de palacio).
x Jornada 2 : Barcelona , exte rior (c a ll e, camino d e palac io). Interior,
palac io (s ala ). V a lencia , interior (palacio d el rey mor o).
x Jornada 3 : Bar celona, interior (c asa de l a Orden) . Argel, int e rior
(prisión). Barc e lona, e x terior (puert o ).

Estos espacios dra mát i cos se pueden analizar teniendo e n cuenta si son
exteriores o interiores. Así la primera jorna da tiene lugar en un exterior que se
localiza en Francia y que se sugi e re por medio de l a palabra, el campo de
bat alla. E l re s to de lu gares en los que desarrolla l a acci ón s o n interi o res de
palac io en la c i udad de Barcelona.
Con respecto a la segu nda jornada, se i nicia con un espac io exterior ,
una cal le de la ciudad de Barcelon a . L a s r estantes escenas que compren d en
esta ac to interme dio so n in te riore s y que inclu yen las dependenci a s y la prisión
del rey moro e n la ciu d ad de Va l enci a.

188 VVAA (1 997). La vida d e sa n Pedro Nolasco , Teatro Españ ol del Siglo de O ro (Base de datos de
texto complet o p ublicada en CD-ROM). Pr oQuest L LC, Chadw yck- Heal ey.

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117

La tercera jo rnad a , alterna los primeros espacios interiores en Barcelona
con una prisión en Argel . F inaliza la pieza en u n ext eri or , el puerto de
Barcelona.
Hay que señalar que p ara s itu a r la a cci ó n se recurre con frecue ncia a l
diálogo d e los perso najes. Son ellos los que, con s u s p alabra s, es tructura n
espac ia l ment e la pieza. Se dan numeroso s ejemplos de ello en V ida , co mo en
la escen a cu arta de la jornada primera en la que el conde Remón d e To los a
viene huyen do del ejér ci to del conde de Monfort y d ice:

REMÓ N. Amanecí señor de mis Estados,
y desta tierra en lo mejor de Francia,
y antes del medio día apenas tengo
má s tierra que por donde huyendo veng o (vv. 304 - 307).

Tras esta escena, sin señalar e n acot ación que s al e d e l e sp a ci o es cé n ic o
Remón , hay un vacío tras el cual ya s e sitúa la acción en un n u e vo lugar. Sin
embargo, el personaje aleg órico, España, aclara en su parlame nto que el nuev o
espac io es Barcelo na y además informa de cuáles han sido los acontecimie ntos
en e l tiempo transcurrido desde que vi m os a sa n P edro com o soldad o en
Francia hast a ahora que est á en un nuev o paí s :

ESPAÑ A. Será de la Iglesia santa
general, Francia, la gloria
y tuya será la fama.
Ya estamos en Barcelona,
donde dejando la s g a las
de soldado y caballero
en hábitos pobres anda.
En obras de caridad
se entretiene, y son ya tantas
entre las demás virtudes
que su pureza acompa ñan ,
que le respeta y im ita
la ciudad, qu e toda alaba
su santidad y su ejemplo:
padre los pobres le llaman (vv. 424- 438).

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118

Otro ejemplo de la de f inición del lugar de la acción inserta en e l diálogo
es la que ocurre en la escena primera de la segunda jorna da. Es por una
conver sación entr e el fals o peregrino y Pierres por lo que se transmite al
lector/espect ador que los personaj es se encu en tran e n una ciu dad e spañola:

PIER RES . ¿Vos solo sois en España
peregrino?
PER EGRIN O. Vine ayer
de Marsella a Barcelona,
y como el hábi to vi ,
la novedad presumí (vv. 813- 818).

Sin embargo, en algunas ocasiones n o q ueda m uy c la ro en q ué lugar se
mueven l os person ajes. Se hace ne ces a rio marcar este hecho con un vacío
momen táneo en el espa cio escénico. Este caso podría s er el que ocurre en las
escenas cuarta y qui n ta de la se gu nda jornada. Se había producido un vacío en
el espacio anterior con l a marcha de Pedro y Pierres. Con la entrada al tab lado
de l a mor a Ali fa la acci ó n se traslada a otro l ugar, Valencia:

ALIF A. Para mi mal te trajeron
en esta cristiana presa,
caballero catalán
mis desdichas a Valencia ( vv. 1048 - 1052).

Aunque más tarde se c onfirmará este dato añadi endo que se tra ta del
palac io d el rey moro ya que él mis mo d ic e a P edro: “ E n el zoco me dijeron, /
papaz , que a mi ca sa vienes, / p or un es clavo, y sospecho , /pues es tás con él,
que es es te ” (vv . 1266 - 1269) .
Otro caso de cambio e spacial marcado po r un vacío ocurre e n la
jornada segunda . S e d ic e que fray Pierres y san Pedro ti en en i nt enc ión de
partir hacia Argel . Co n la salida de los per son ajes que coment an este hec ho y
la e n trad a d e otros nue vo s , se d e fine e l sigu iente lug ar e n e l que se sitúa l a

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119

acción. Se trata d e dos presos de la cárcel a fricana. De esta manera, no es
necesario que los person ajes confirmen o informen de dónd e está n. S e aclar a
en la a c otació n que son d os c autivos pero n unc a dó nde se encuen tran. Uno de
los presos afirm a que Pedro se acerc a a don de se encue n tran:

FER NANDO. Desdichas notables son
las tuyas, pero ha traído
el cielo a Argel, quien ha sido
autor de la religión,
que los cautivos rescata,
y es éste que viene aquí
con estos moros (vv. 1961- 1967).

Con tinúan los ejem plos sob re es te he cho, como el que a c ontece en la
tercera jorn a da de V ida. L a aco tación inicial de la esc ena in dica que que da
momen táneamente el espacio escéni co vacío ; ent onces sa le P edro . Ac to
seguido entran e l rey don Jaime y un grupo in determi n ado de caballero s . Esta
entrada d e p ersonaj es sugiere un cambio en el lugar dramático, la ciudad de
Barcelona. Incluso desde pal acio s e a lude a qu e san Pedro l lega al puerto , ya
que Moncada, caballer o del rey Jaime, comen ta que desde d onde está n puede n
escuchar los a p lausos con los qu e l o recibe l a gente:

MONCA DA. Salv a a la ciudad ha hecho
un navío, y la recibe
con grande aplauso y contento (vv. 2400- 2402).

Por supuesto , l as in dic aci ones q ue el poet a hace en for ma de
acotacione s deben tenerse en cuenta para el estudio espacial d e las p iez a s. En
esta come d i a de sa ntos se registr an un t otal d e sesent a . Apare cen distr ibui das
en las t res jornad a s de la sigu iente manera: e n l a primera jorna da doce , en la
segun da veint iocho y e n la terc era, veint e 189 .

189 Las acotacione s aparecen transcritas en el anexo junto con una tabla de porcentaje s que
acla ra el uso de las mismas.

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120

Estas dida scalia s ex plíci tas se dividen en tres grupos: las que hace n
referencia a la entrada y salida de personaj e s del e spaci o escénico (sin hacer
ninguna otra in d ica ción ); en segu ndo lug ar, las que aluden al ve stu a rio o
aporta n algún comentario que permita ca racterizar al personaje ; en tercer
lugar, las aco taciones que ha cen a lgún apunt e sob re l a manera en l a qu e s e
debería realizar representaci ón de la escena q ue encabezan. Ha de acl a rarse
que se incluy en en este ú l timo grupo ta nto los apartes como g est os y
movi mientos d e los personaje s, ad emás de cual qu ier i nform a ción que tenga
que ver con el e spacio escénico y escenográf ico.
En V ida l as acotaciones que se r e fiere n a la entrada y s a li d a de
personajes aparecen distribuidas en las tres jornadas a razón d e dos , quinc e y
doc e .
Las indicaci o nes escénicas de l segundo grupo s e utilizan para
caracterizar la p roce den cia fra nc esa de sa n Ped ro . Otro uso se co rrespon d e al
cambio d e vestido atribuido a la creación de la o rden y a la conversión d e l
santo , tan importante en las comedias hagiog rá ficas. De esta manera, p rimero
se señala que el protagonista se presenta ante el público caracteri za do como
un soldado francé s, lueg o con sotani lla 190 y, por último, como integrante d e la
orden de la M erce d. Pi erres, person a je gracioso de la p ieza, también a cu sa esta
variación en el ves ti r , ya que aparece en los inicios de la obra vesti d o de leg o y
más tarde ya con el hábito 191 .
Otras veces se utilizan las acot aciones para aclarar que los personajes
que a parecen en esc ena son de otra cultura y religión. Es el caso de los moros .
Hay que s eñalar qu e sería una aclaración redundante , ya que por s u f orma de

190 Sotanilla: ‘La sotana má s c orta que las regulares’. En su segunda acepción: ‘Se llama el
traje privativo de los colegial es en las ciudade s que no hay corte, cancillería o audiencia. Compóne s e
de la vestidura, que propia mente se llama sotanilla, que se reduce a una capa al mo do de las de
golilla; pero es todo de bayeta negra, s ombrero forrado en tafetán, y pretina. Se trae hasta la cintura
ajustada al c uerpo , como una ropilla, c on su cuello e strecho, y mangas ajustadas. De la pr etina aba jo
es un tonelete, que llega a la pantorrilla. En algunas comunidades usan las mangas con f ranjas de
seda’ ( Autorida des ).
191 Fernández afirma que: “El cambio de traje es la confirmación escénica de su mudanza
espiritual”. Se refiere a doña Cl ara en La buena gua rda de Lope, a doña Cla ra (2011: 20 6).

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vestir y por las ind ica ci one s que los otros p ersonajes h a cen en sus parlamentos
sobre el esp acio a l que llegan o hacia el que se d irigen, que da cla ra la
procedenci a de cada uno de ellos . Lo m ismo ocurre con los presos que
aparecen en la tercera jo r nada, Fernando y Teresa. Aparecen caracterizados y
situa d os por sus prop ias palabras.
Con respect o al tercer tipo de a cotacio nes , las que se han def inido
como referentes a la representación, se irán come ntando en su a p a rtado
espacial correspondie nte, ya sea espaci o escénico o escenográfico. Si n
embargo, se p uede adelantar que e n el caso de V id a se re fieren, sobre to do, al
espac io dentro ( guerr a , coro de ángeles) y a la utilización de tramoyas, ya sea
para facilitar la elevación de l santo o el uso de bo feto n es para la aparición de
los persona jes alegór icos , ademá s de la ac otació n fin al que inform a de que
vuelve san P edro en u na nav e con los cau tiv os que re s cató e n Argel.
Los pe r sonajes aparecen ca ract erizados por algunos apuntes sobre el
vestuario, que ya se señalar on en el análisis anterior de las acotacio nes. Para
completar esa visión parcial sobre las ca ract erística s físicas y su manera de ser
y proceder se utiliza el d iálog o. E llos mi smos –o lo s dem ás personajes–
ofrecen una visión completa sobre quienes son y qué pape l tienen en la acción
de la pieza. Así ocurre en la escena segunda de la p rimera jornada cuando es el
protagonist a de la hi storia el que ofrece su propia autobi ografía. San Pe d ro
relata cu áles fu e ron sus o ríge nes, qui énes fueron sus p adr es y el pro pós it o
actual que lo l leva a Fr a ncia a al istarse en las filas del con de de Monfort :

PEDR O. Yo soy don Pedro Nolasco,
y sucesor de la Casa
de los señores de Bles,
y los Duques de Bretaña.
Rama Rea l, como s a bes,
de la familia de Fr a nci a,
Guillermo y Teodora fueron
mis nobles padres, mi patria
el villaje de Narbona,
Imperando en Alemania

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Enrico nací, y teniendo
en Roma la silla sacra
Celestino, mi niñez,
Conde, prodigiosa lla m an (vv. 99- 112).

Se había coment ado, e n la in tro d ucción de e ste a part a do de las
come dias de sant os, que una de l as caract erísticas pr opias de este tipo d e
piez as es la presencia de l milagr o. En el caso de V id a se hace referencia a una
niñez prodigiosa que ant ic ip aba la sa ntidad de Pe dro. De esta manera , en su
infan cia ya realizaba ha zañas prodigiosas, en tre las cuales e l p rotagonist a
des ta ca un milagro que tuvo que v er co n la f a bri cac ió n d e u n pana l d e mie l
ante una si tuaci ó n de hambruna que s e viv ía en España . Pedro s e l o cuenta al
conde de Monfort en la segunda esce n a de l a primera jornada:

PEDR O. Mas porque sepas qué intento
me obliga a tomar l a s armas,
en esta mano derecha
luego que a la lumbre clara
salí del Sol, un enjambre
de abeja s, a usente el ama,
fabricó un panal de mi el,
cuya mara villa rara
vio de Gregorio la boca.
¡Ay Dios, quién puede imitarlas!
Acudieron aquel día
tantos pobres a mi casa
como abeja s a mi mano (vv. 115- 127) .

Asimi smo , el controvertido personaje del gracioso, P ierres, le ofre ce
una divertida descrip ción de su nombre ante la pregunta del conde de
Monfort acerc a de su i dentidad:

PIER RES . En lo latino
Petrus, y más hidalgo que un tocino,
Pietro en italiano;
Pierre en francés, y Pedro en castellano.
Que en Ca t a luña Pere me apellido (vv. 216- 221 ).

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Al preguntar el rey Jaime por su nombre al final de la primera jo r nada
primero respon d e de manera se ria que es el criado de don Pedro: “Sob ra soy,
señor, /del b uen do n Pedro mi amo” (vv. 550 - 55 1). Pero no puede evitar su
condi ci ón y ac to s eguid o ren a ce su ton o cómico y resp onde t a m bién:

PIER RES . Yo me llamo
pero tengo algún temor
de pronunciar tantas erres,
que es mi nombre ocasionado 192
para después de brindado,
porque en fin me llamo Pierres (vv. 553- 558).

En esta mism a conversación con el rey, que gira en torno a las virtu des
de l santo , Pierres cul mi na s u parlamento con una intervención muy divertida
ante la sugeren c ia d el rey Jaime de qu e imit e al s anto en sus a ccion es :

JAIME. Santo varón es Nolasco,
Pierre s imitadl e vos.
PIER RES . Nolasco somos los dos,
Que el es el nol, y yo el asco (vv. 595- 596).

Como s e pu ede apre cia r solo por su s propias palabras, Pi erres queda
caracterizado desde el in icio como el gracioso típico de la comedia española
del Siglo de Oro. Este personaje constituía uno de los p rinc ipales argumentos
que utilizaba la crítica d e la é p oca a la hora de conde n ar la l icitud de las
comedias hagiográfic as .
Aparte de los d os pro tagon ist as , ta mbi én se exponen en el diálogo las
característic a s de otros personajes de la pi eza . Así , Pierres describe a l rey
como: “¡Bizarro m ozo, y q ué humano!” (v. 501).
Otro caso es la d escri pc ión qu e hace d e sí mismo e l falso peregri no que,
en realidad, e s el de monio. Pierre s señ al a, primero, q ue debe ser e xtranjer o
por su modo d e vestir y aclar a despu és q ue debe ser moro, por s us p a la b ra s d e

192 Del verbo ocasi on ar: ‘ s er ca usa o motivo para que suced a alguna c os a’ ( Autoridades ).

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124

ofens a hac ia la V irgen. Ante esta acusaci ón por parte de Pierres, el demoni o 193
responde hacie ndo alu s ión a su e spacio habit ual de residenci a, el infierno:

PER EGRIN O. Moro soy, pues donde moro
todo es noche y confusión,
no se admite redención
por ningún mortal tesoro (vv. 928- 932).

En cuant o a la utiliz ación del espa cio escéni co hay que seña la r que hay
dos situa cione s en V ida que merec en ser reseñadas. U na de el las es la
utilización del espacio e scén ico “en el aire”, que o cur re en la primera jorna da
con la aparició n de la Virgen a san Pe dro .
La Virgen habla con é l para pedirle que vista con un h ábito b lanco y
que c onstruy a un templo en su hon or. San Pedro a lude con sus palabras a que
ya se marcha la Virgen, por lo cual quiere detenerla agarrán d ole d el manto
pero no lo alca nza. Con e stas p a labra s del san to s e evidenc ia que ell a s e
encu entra más elevad a qu e él en el esp acio escé nic o. P o r lo tanto, e s de
suponer que se encontrará en alguno de l os huecos superiore s de la fachad a
del corral:

PEDR O. El mar cerca, y el S o l mira,
que os vais, y no puedo yo
como Jacob detenía
al ánge l as ir el manto
por vuestra dorada fimbria 194 :
al lá venía el aurora y aquí se va (vv. 741- 747).

A continuac ión , tras la desaparición de María , la acotació n d el acto
primero acl a ra : Quedándose elevado despierta Pi erres. Pero no b a sta c on qu e e sta

193 Para má s in f ormac ión s obre el vestuario del demonio remito a GONZÁLE Z
FERNÁNDEZ (2005) “El traje del dem on io en la c omedia de s an tos”, en IBÁÑE Z (coord. ),
Similitud y ver o similitud en el teatro del Siglo de O ro . Pamplona: Eunsa, pp. 263- 282.
194 Fimbria: ‘el canto o r emate más bajo de la vestidu ra’ ( A uto ridad es ).

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125

asc en si ón del san t o sea ev ident e me diante la maq uinar ia e scéni ca 195 sino que
además se pot e ncia con las palabr a s del graci o so a su am o:

PIER RES . Donde quiera tiene el sueño
cama con sábanas limpias,
cualquiera banco es colchón,
cualquiera pared cortina.
Oigan c ual está mi amo:
¡Ah, señor!. Fuese a las Indias
del cielo. ¡Ah, señor don Pedro!.
Por esos cielos camina
como un Ángel. ¡Ah, señor! (vv. 751- 759).

Además d e l o señalado, mientr a s do rm ía en esta escena el gracioso ha
soñado l o mism o qu e estaba ocurriendo en el espacio escé nico. Tod o
confirma, pues , la a parici ó n mariana. Así Pierres le cuenta que tuvo un sueño
en el que Pedro vestía un h ábito blanco y describe un trono celestial en el que
se e ncu entra l a Virge n:

PIER RES . Y que una pe rsona grav e
de hábito blanc o ves tida ,
bordado de estrellas de oro,
que daban al Sol envidia,
los tomaba de la mano,
y a una Reina , cuy a silla
era una Luna de plata (vv. 783- 789).

Otra utilización del espa cio escéni co b a sta nte habitua l en las comedias
áureas es la qu e o curre en la escena veintid ós de l a segunda jor nad a. En este
caso , s e utiliz a el llam ado espacio “ dentro ” , s ituad o d etrás de la fachada d el
corral como lugar para desarroll ar una escena. La a co ta ci ón se ña la : Ábrans e

195 La tramoya usada con may or frecuencia en la s comedias de santos es la cana l o p escante,
que permite las ele vaciones y de s censos de los persona jes. Gómez la define como : “sacabuche,
tramoya o grúa que antigua mente se utilizaba en los teatros para la b ajada y s ubida de personas y
cosas, espec ialmente en los a utos sacramentales y e scenas de magia ” (1997: 653).

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132

ocurre con el ta le go 209 con dinero que porta Pierres para pagar el rescate de
los cristianos en Argel o los palos que lleva n l os moros para d ar una paliza al
gracioso. No son objetos relacion a dos con la religión o con la transformación
del protagonista , sino que se u tilizan co n el único fin de poder ll e var a c a bo
determina das acciones que el desarrol l o de la trama requi ere.
Dentro d e la utilizació n d el espacio escénico se debe te ner en cuenta la
utilización de las dist intas puertas po r las que pueden salir o entrar los
personajes. A veces, el te xto es suficiente para confirmar este h echo. En l a
primera aparición de los p ersonajes alegóricos (España y Francia) no s e hace
uso de maquinaria es céni ca como sí ocurre , p osteriorment e, con la aparició n
de Esp aña e It ali a y el uso del bofetó n. En este cas o , parece que se h ace uso
de las distint as puertas que te nía e l corral en el nivel inferior, es decir,
mientras sale n unos perso najes del es pacio escénico entran otros. Así ocurre
en la primera jornada; s alen del espacio escénico España y Fra ncia y se
incorporan a él san Pedro y Pierres. Se hará uso d e distint a s puertas, ya que
ningu no de l os per sonajes men ciona que ha ya visto marchar a l otro grupo .
Además , tratá ndose de personajes alegóric os, n o s on nunc a “vistos” por los
otros integrant es de la pieza.
También ocurre lo contrario, es decir, que los pe r sonajes hagan uso de
una misma p u erta y que qu ede hu ella en el diálog o de este hecho . Es el caso
que tiene lug a r en la e scena nov ena de la segunda j ornada. Salen d el tabl a do
Pierres e inmediatame nte entra Alifa, la hija d el rey moro M uley. Las pa labra s
de la mujer in d ican qu e ha vist o salir a los dos homb res:

ALIF A. No me han turbado sin causa,
padre, ¿qué quiere esta gente?
MULEY . Hija, he vendido mi esclavo.
ALIF A. ¿A don Juan? (vv. 1311- 1313).

209 Talego: ‘Saco de lienzo ba sto, y ordinario de f ig ur a angosta, y larga, que sirve para
guardar alguna c os a, o lleva r la de una parte a otra’ ( Autori dades ).

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133

H ay un a acotac ión que c ierra la p ieza y sugiere que se p roduc e un a
ampl iació n del esp acio escé nico del t ablado al pati o del corr al. Dice as í:

Aquí gran sal va de tiros, y va ya volviendo la na ve con ba nderas y armas d e la Merced, y s entad os
muchos cautivos hombres, y mujeres, y mucha chos con esc apula rios, y lo s escudos en ellos, san Pedro
y fray Pierres, y al ir tornan do a tierra, en el teatro por u na plancha en una colu m na q u e es té
enfrente, vaya saliendo la imagen de nuestra Señora de la Merced.

Llevar a es cena lo qu e pedía el poet a n o siempre era po sible . Hay que
tener en cuenta que l a ma yor ía de comedias h agiográf i cas se representaban en
plaza s . En este emplazamiento teatral sí es factible lo que s ugiere la ind i cac ión
escéni ca . Se puede c umpli r en part e o en todo lo que prop one Lo pe. Sin
embargo, s i se piensa en el c orral como espacio teatral, la sug erenc ia de puest a
en esce na solo sería viable si se u ti lizar a parte del patio. En todo caso , el
adve r bio enf rente para l a aparición de la ima ge n de la V irge n sug i ere que el
barco con los c autivos recat ados est á en est e lug a r .
Se había dicho en el primer capítulo que hay una manera, utiliza da con
bastante frecuenci a en el teatro áureo, y es la utilización de la palabra para
crear espacios. Son abundantes los casos de decorado verbal. El primero d e
ellos se produce para situar e l moment o del día e n el que transcur re la acción.
Ocurre e n l a e scena primera de la jornada in ici a l d e la pieza. E ntran lo s
s olda dos y el Con de de Monfort orden a que se deteng a n hacien do alusió n a
que a manece:

MONFOR T. Haced alto, soldados de la aurora.
Madre del sol, cuyo animado cielo (vv. 1- 2).

En e sta pri m e ra jornada aparece otra situación en la qu e se hace u so del
decorado verbal . De nuevo , se utiliz a para encuadrar temporalme nte la trama.
Pedro le pregunta a su c riado si se ha hec ho tarde y Pierres le responde qu e
está amanecie ndo. Inclu so , en s u pa rlame n to, hay una referen ci a a unos

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aguardentero s que dice ver. Aunque no es taban presentes, recrea esta
presencia so lo con mencionar a los vendedo res:

PEDR O. ¿Es tarde?
PIER RES . No sino el alba,
¿no ves por esas es quinas
ir pregonando agua ardiente 210 ? (vv. 765- 768) .

Otro ejemplo de este hecho se da en l a jornada segunda. Entran san
Pedro y Pie r res, el rey Jaime ya está allí junt o a fray Guillermo . El monarca le
pregunta al prot a gonista que cuá ntos ca uti v os ha res cata do y le inform a de
que pa rten d e inmediato hacia M allorca. Ante e sta prisa del re y , P edro manda
a san Raimun do a avisar al cam p anero p a ra a nticipe el toque de ca mpanas:

PEDR O. Para que oración se haga,
Padre al campanero avise,
que los negocios del Rey
cuidado y de sve l o piden;
que un cuarto de hora siquiera
los maitines 211 anticipe (vv. 1502 - 1507).

El prot agonista con sus palabras está recreando las horas nocturnas, ya
que lo s mait ines se tocaba n a las doce . Adem ás se refuerza est a alusi ón
temporal con un parlamento posterio r d e Pierres, en el que comunic a la h or a
exact a de la n oche en la q ue se e stán su cedie ndo los he chos:

PIER RES . Las once dan, aún me queda
un hora para dormirme,
sino es que he contado mal;
perdonen los campanile s ( vv. 1532 - 1536).

Con respecto a los “bastido res hablados”, deb e coment arse que se trata
de otra t écnica, utilizada con m uch a fr e cuenc i a p ara re crear espacios . E sto s

210 Se refiere a lo s agua rdenteros que eran ‘pe rsonas que ve n den agua r diente’ ( Aut oridades ).
211 Maitines: ‘Hora nocturna, que canta la iglesia católica, regularmente de las doce de la
noche abajo’ ( Auto ridades ).

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135

lugares a lgun a s veces son a ludi dos con un sonido que t iene lugar e n el espacio
“dentro”. Si se anunci a en la acot a ció n , de be p ens arse que e se sonido existía
realmente. Sería la situación acaecida, por ejemplo, en el i n icio de la pieza; la
primera acotación anuncia la presencia de un grupo de gente que se incorpora
al tablado y que p orta n instrume n tos. D i ce as í: Toquen caja s y trompetas y sal gan
soldados y bander a , y el C onde de Monfor t General. Con l os s onidos se evid enci a qu e
los personajes están llegando de un e spacio e xterior que el espectador no ve:
la guerra.
También se utiliza p ar a e l desarrollo de acciones violenta s ya que no se
consi deraba de coro so su pu esta en esc ena. Así ocurre co n e l enfrent amiento
cuerpo a cuerpo del general Monfort con el conde de Tolosa que ocurre en la
tercera escena de l a jornada primera en l a que s e recrea una bata lla . Rel ata
Pierres este e pisodio :

PIER RES . Ya con e llas adivino,
que le quitas dos mil vidas,
siendo en arroyo cogidas,
mas puro y mas cristalino.
Caj as .
Caj as suenan, al encuentr o
sale el atrevido Conde (vv. 270- 275) .

A ve ces , el uso de est a técnica pue de com plicar se , pues no solo se alu de
a al go que ocurre fuera s ino que , adem á s , de esa es cen a que no ve el
espectador “ esca pa ” alg ún personaje al tablad o . Ocur re así e n la prim e ra
jornada cuando sale el conde Remón de Tol osa hu yendo . No sol o hace
alusi ón a la ba ta lla q ue ti ene lugar fuera del espacio escénico sino que además
se dirig e a sus so ldados q ue está n fuer a del tab lad o . E l conde de sarrolla un
monólo go en el que interpel a a unos personajes , sus sol dados, que n o est án
presentes como si real me n te e s tuvi e ran en el es pac io “ dent ro”, detrá s de la
fachada del c orral. Les ordena que vu elvan a la batalla, que n o se ri ndan:

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REMÓ N. ¿Adónde vais soldados? Deteneos,
daréis con más valor al enemigo,
en las manos siquiera los trofeos,
y no en los pies, con que también os sigo.
Estampas dejarán pasos tan feos,
por donde os sigan, si venís conmigo.
Volved, que añade al vencimiento gloria,
quien da por las espaldas la vitoria.
¡Oh soldado cruel!, ¿qué valentía
trajiste en la bandera que llevabas?,
que menos ciega el Sol a mediodía,
que el escudo que en ella tremolabas.
Pero si con la imagen de María,
que no con el acero peleabas,
¿qué me admiró teniendo aquel escudo,
el cielo absorto y el infierno mudo? (vv. 335-350).

Esta esce na se intro d ucía ta m bién con soni dos qu e anticipa n y
ambi entan la acci ón. Ha y que añadir que e n este cas o sí se señala
explíc itament e que lo q ue no ve el p ú blico es un a bat alla, que ten d rá lugar
fuera d e la vista del espectador : Suene dentro la guerra con c ajas y tr om pet as, y s alga el
Conde Ramón de Tolosa huyendo . De nuevo , las cajas y tro mpeta s tienen un
signi ficado que ya el públic o conoce , remite n a un a e s ce na bé l ic a, que aparece
reforzada co n el diálogo del conde de Tol osa descrito c on anterior idad.
Cas i to dos los ca sos d e ticoscopia , com o se viene argumentando, están
precedidos de so n idos q ue tien en lugar en el espaci o “ den tro ” . Otro ejemplo
de ell o ocurr e en la s eg und a jo rnad a. El r ey explic a a l noble d on Luis d e
Mon c ada , el cual está de sean do qu e lleg ue Pedro de Vale ncia para que le
ayude a co nquistar la isla de Mallorc a y com enta cóm o está el con vento:

LUIS. Se ñor, regocijado está el convento,
sin duda que ha venido.
JAIME. Ya l as campanas y las voces s i ento
de los esclavos libres que ha traído (vv. 1450- 1453).

En esta ocasión , p uede suponers e que, al no haber acotac ión que lo
indiqu e , es posible que no se oiga realmente ese a lborot o ant e la lleg ada del

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137

santo. Es la pa lab ra la q ue permite que se recree este a mbie n te f estivo an te la
llegada del héroe .
En l os ca sos de “b a s ti d o re s ha b la d o s ” puede ocurrir que el di álogo s e
util ice s olamen te para informar de lo que ocurre en otro lugar, cuando esos
hechos son import antes para el desarrollo del argum ento de l a obra. Así
suce d e du r ante el int ercam bio d e pa la bra s e ntre Pierre s y fray Guillermo sobre
lo que está o currien do en Italia :

PIER RES . ¡Oh cuán inquieto
le trae ahora e l bravo F ederico!,
que de vitorias y laureles rico
va destruyendo a Italia, y con extraña
ferocidad amenazando a España,
jura robar sus vidas y tesoros.
GUILLERMO . Bárbaro trae ejércitos de moros,
con que otra vez su destruición se teme.
No hay templo que no queme,
no hay ciuda d que no abra se.
PIER RES . ¡Ay de ti Roma cua ndo el Tíber pase! (vv. 1631-1 641) .

Inc luso , ha y mo m en tos e n lo s cuales de lo q ue se qui er e informar e s de
dónde se sitúan los protagonistas d ur ante el desarrollo de los acontecimiento s
en los que no están prese ntes. E n la tercera jornada, San Pedro ha acordado el
precio del res cat e p or doña Te resa y se la ha llevado . En el espacio escénic o
q ueda el otro pre so, don Juan e , inmediatam ente, regresan l os moros Zulema
y Ali . E l cristiano les dice que la que han vendido por tan poco es la re in a de
Aragó n. A nt e el eng año , alud en a q ue s an P edro ya debe estar fuer a d el puerto
de Argel:

ZULEM A. Basta, el Papa me engañó,
parte Alí, mira si ya
al mar se alargó e l Hebreo .
ALÍ. Si supo quien es, yo creo
que del puerto fuera está (vv. 2114- 2118).

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Otras veces se usa la palabra p ara llamar a al gún pe rsonaje que ,
verdaderame nte, se encuentra detrás de alguna de las puertas, en el ve stu a rio .
Un ejemp lo de ello suced e en la ter cera jornada , cuando el rey moro Zulema
grita a un os sold ados para que acuda n en su ayuda . Es el diálogo – sin ayuda
de la aco ta ció n – e l q ue certifica q ue ya se incorporaron al esp acio escénico
junto a su mon arca:

ZULEM A. Y aún pues que te trato así,
agradecérmelo puedes:
que vive Alá que te había
de trocar el alma , perr o,
a la punta de ste hierro.
Entran m oros , y ponen a Pierres una cadena.
Hola Aza n, Escanderia,
aquí una cadena presto (vv. 2149- 2155).

Para a cab ar con los casos d e tic oscopia , pode mos mencionar que e n est a
pieza se representa en escena una acción que, normalmente , se recreaba por
medio del di álogo. Es un hecho poco usual que se llevara al tablado el uso de
la viole ncia , pero así ocurre. En ese l uga r , u nos soldad os dan una paliz a a
Pierres mientras él s e encomienda a los san tos :

PIER RES . San Eloy,
Sanlúcar de Barrameda,
san Cosme, san Damián.
MORO 1. Dale, dale Re d uán.
2. Muera, dale.
1. Bueno queda (vv. 1374- 1379).

Los m oros se van si n que se especifi q ue co n ningun a indicaci ón
escéni ca . E l estado en que queda Pierres debe ser relatado por él mis mo para
evidenciar la d ur e z a de l os golpes. La palabra se utiliz a en esta ocas ión p ara
reforzar la acción que se ha desarrollado anteriormente. Qued a solo Pierres y
dic e:

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PIER RES . No quedo sino muy malo,
y aporreado muy bie n,
porque esto no sè yo quien
lo tuviera por regalo.
Paseóse Reduán
por mi espalda desdichada,
como si fuera en Granada
la mañana de San Juan.
Pobre Fray Pierres (vv. 1380- 1388).

La narr a ción e n largas tiradas de v erso s ta m bién se utiliza con
frecuencia para recrear es pacios por medio de la p alabra. En V ida se hace uso
de e ste recurso por p rimera vez en la primera jornada cuando s an Pedro
cuenta al conde de Monfort cuáles son s us orígenes y las razone s que le lleva n
a querer alistarse a las tropas del conde. En e ste l argo parlamento d el santo
sitúa su niñez en N a rbona (Francia). Ad e m á s de localizar geogr á ficam ente la
procedenci a del p rotag o nista, tambi én hay que justificar su talent o in n ato pa ra
la santidad. Así lo hace y le ofrece un amplio catál ogo de mil a gro s y vi rtu d es
que s e dan en Nolasco de sde su n acimien to.
Este extenso discurso in clu ye un p rado, que p ertene ce al mundo de los
sueñ os de Pedr o , con un olivo cu yas ram as rompe n unos ho mbres:

PEDR O. Diferentes son los m íos
desde que de mí fue vista
sobre la alfombra de un prado
una generosa oliva,
tan lozana en los renuevos
y ramos, que parecía
para bendición de España
la que el Rey profeta pinta.
Pero en torno della estaban
con una fiereza altiva
algunos feroces hombres,
que sus pimpollos rom pía n (vv. 641- 652).

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Este recurso de la narración se repite o tr as ve ces en V ida . Así s ucede
cuando Pierres le cuenta a un fal so peregrino l o ocurri d o en Francia con san
Pedro. L e inform a de la aparici ón de la V irgen al pro tago ni sta, a l rey y san
Raimundo con el o bjeto de indic arles que crease n la f a mosa o rden de la
M erce d. Son hechos que no s e llevan a escena, pero que se consi deran
importantes p ara el desarrollo de l a trama y, por ta n to, hay que d arlos a
conoc er . Para ello se pon en en bo ca d e alg uno de los p ers onaj es . En e ste c aso ,
es el gracios o el que relata lo qu e ha p a sado:

PIER RES . Celebrado el Concilio sacrosanto
contra el hereje bárbaro Albigense,
a Pedro de Nolasco, varón santo,
de la parte de Francia Narbonense,
la hermosa Virgen, que él amaba tanto,
para que tanto amor le recompense,
cercada apareció de serafines,
como el Alba ves tida de jazmines (vv. 839- 846).
[…]
Volviendo el rey don Jaime a Barcelona
fav orec ido, alegre y admirado,
de las cortes que tuvo en Tarragona,
y el caso entre los tres comunicado, (vv. 865 - 868).
[…]
Pintar la procesión y el aparato
real del Templo, aun no supiera Homero,
cuánto más mi ignorancia s u retrato,
que a tantas plumas remitirle quiero.
El día pues, que fue tan dulce plato
asado en las parrillas un cordero,
un Laurencio español, sacro Levita,
es ta alegre ciudad al cielo imita (vv. 872- 880).

En es t a mis ma escena el peregrino se descri b e a s i mi smo y su ciudad
de resi d en ci a , Arge l :

PER EGRIN O . La luz del sol no gobierna
mis años, ni ley mis bríos,
tengo los cautivos míos
en una mazmorra ete rna.

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Sola una vez romper vi
sus cerrojos y canda dos,
pero eran depositados,
que no cautivos por mí.
Para darles libertad
aún no tiene Dios poder,
porque allí no importa ser
ni Merced, ni Santida d (vv . 927- 938).
[…]
pero después en mi Argel,
y Constantinopla fiera
no hay precio, aunque Pedro muera
por los cautivos como él (vv. 943- 946).

Este p ereg rino, como en realidad es el d emonio, prosig ue su
parlamento expli cando a Pierres cuál es su verdadero lugar de pro ce denc ia , el
infierno. Alude también al pa raíso y a cómo se enfrentó con D ios allí :

PER EGRIN O. El Rey, a quien me atreví,
por palacio tiene el ci e lo,
mirad si reyes del suelo
me pondrán temor a mí.
En el cielo me hallé yo
cuando Dios, que en él reinaba
a los ángeles criaba,
y cuando a l hombre crio
en el Pa raíso estuve,
y en el infierno me vi
cuando rescató de allí
los que por cautivos tuve (vv. 960- 971).

En esta misma línea se sitúa e l diálogo e ntre don Luis d e Moncada y el
rey Jaime. L os caballeros cha rlan sobre lo que ha ocurrido e n la isla d e
Mal lor ca y tam bién sit úan con su s pala bras al pr otag on is ta en la ciu dad d e
Valencia resc a tan d o cau ti vos:

LUIS. La isla de Mallorca es alta empresa,
invictísimo Rey, a quien profesa
en la defensa de la Iglesia santa

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III.2 . - COMEDIAS URBANA S

La comedi a urbana e s uno de los subgén eros que “mejor caracte rizan al
Siglo de Oro” (HUERTA CALVO et al ., 2008: 172). Algun os críticos la
identif ican con la comedi a de en redo 212 o con la come dia de capa y esp ada. Se
trata de un subtipo de comedia cuya temática, generalment e, e s amorosa y que
se centra en poner en l as tablas

los cortejos de dama s y caba lleros particulares (personajes de clase media, no
grandes príncipes, como la tragedi a, ni tampoco plebeyos, como el entremés),
personajes de la misma époc a que el dramaturgo y el públi co, que visten las ropas
del tiempo (capa y espada) y que viven unas aventuras bastante enredadas, lle nas de
engaños, errores de ide ntidad, persecuc iones de padres enfadados, de safíos y duelos
de honor, etc. Part e de los sucesos presentados reflejan las costumbres c otidianas
de l a vida española urbana de la époc a, por lo que a vece s se le s ha llama do también
comedias de costumbres o comedias urbanas 213 .

Joan Oleza ha an alizado las primera eta pa dram a túrgic a de L o pe y
afirma que la c omed ia urbana tiene como elemento central el enredo y añade
que “eleva a aventura l a vida cotidiana d e da mas y cab alleros de medio pelo,
nos sitúa en una geo grafía concreta de ciudades y cos tum bre s, pero acaba

212 Pavis define la comedia de enredo afirmando que “se opo ne a la co media de ca r á cter.
Los personaje s sin esboza dos de f orma aproximada y las peripecias múltiples de la ac ción producen
la ilusión de un movimiento continuo de la acción”. En cuanto a la comedia de caracteres dice que
es aquella que “describe persona jes dibujados con notabl e precisión en sus propiedad es psicológicas
y mo rales. Proporciona una imagen más bien estática al proponer una galería de retratos que, para
encarn arse, ya ni s iquier a tienen necesidad de intriga, de acci ón y de movimiento continua do . En
Francia, florece en el siglo XVII y principios del XVIII, bajo la influencia de los Caracteres de La
Bruy ère ”. (199 8: 74). Añade que, “independientemente de los géneros tradicionales de la com edia,
podemos dist ingui r : la comedia de capa y espada que m uestra los conflic tos de los nobles y de los
caballe r os, la comedia de carac teres, la comedia de enre do, la comedia de figurón (satírica)”. (1998:
77). Huerta, po r su parte, ta mbién la identifica con la c omedia de enredo y, además, con la de c apa y
espada (2008: 172). Arellano solo hace r e f erencia a s u ide nt idad con las co medias de capa y espada,
aunque s í señala que la presencia del eleme nto urbano es común a todas la s com edias de capa y
espada. En su definición afirma que: “Entenderé por comedia ur bana aquella que también se suele
llamar comedia de capa y espada, género, en principio bastante delimitado en su modelo esencial.
La calific ación <<urba na>> la restringiré, en tanto eti queta crítica , par a lo s es cenari os urbanos
españoles coetá neos al escritor y espectador, rasgo éste –el del la cercanía e spacial– , básico en la
comedia de c apa y espada” (ARELLA NO, 1996: 37 - 38).
213 ARELLANO, I. (2002). ‘Comedia ur bana’, CASA, F. P.; GARCÍA LORENZO, L. y
VEGA GARCÍA -LUEN GOS, G., Dicci o nario de la c omedia del Siglo de Oro . Madrid: Ca stalia , p. 53.

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149

inevitablement e por volcar la abalanza del lado d el caso extraño y nunca visto,
y del juego por e l juego” 214 .
Huerta Calvo, p or su parte, expone en su Teatro espa ñol: d e la A a la Z
que su creador fue Lope de Vega y que ya están present es las característi c as
que lo d efi n en en sus primeras come dias urbanas aunque apunta sobre este
hecho que son piezas que tie nen precedent es en “la comedia a no ticia de To rre s
Naharro” y añade que a ún en el s iglo XVII I Luzán defiende

la vigenci a de las c omedias de enredo, definiéndolas como aquellas << en las que
intervienen caballeros y damas, o personas inferi ores, en su traje regu la r , que
entonces era la ca pa y e spada de golilla en los hombres, sin decorac ión ni mudanza
de es cena>> (2008: 173).

Arellano comenta que ya existe c o ncie ncia de e ste tipo de pieza s e n el
mismo siglo XVII. Pone como ejemplo una loa fechada alrededor de 1 612 en
la que aparec en caracter izadas e ste tipo de comedias po r el “artifi c io
ingen ioso” :

Muy de ordinario decimos
alabando del poeta
el artificio y estilo
comedia de espada y capa,
que es señal que el que la hizo
puso más fuerza de ingenio (2002: 53).

Añade que las menciona Bances Candamo en su Teatro de l os t eat ro s de l os
pasados y presentes siglos como “aquel las cuyos persona jes son solo cabal leros
particulare s, como Don Juan y Don Diego, etcétera, y l os lances se re ducen a
duelos, a esconderse el galán, a tapars e la da ma, y e n fin, a aquellos suce sos
más caseros d e un g alanteo” (ARE LLANO, 20 02: 53) .
La c omed ia urb ana se caracteriz a por poseer un tono cómi co , por optar
casi siempre po r mantener

214 OLEZA, J. (1981) “ L a p ropuesta del primer Lope de Vega” , AA.VV. La gé nesi s de la
teatralida d barroca . Val encia: Universidad de Va lencia. pp. 153-224. Cita en p. 16 6 .

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las unidades de tie mpo y e spacio, y el rec urso a la i ntriga como motor princi pal de
la acción, la comedia de enredo suele tener un marco urbano (Madrid, Toledo,
Sevilla…) y mues tra una r ealidad cotidia na, con algunos toques costumbristas
(aunque sin pretensiones de reali smo), lo c ual l a dota de una ce rcanía cronológica y
espacial (HUERTA CALV O et al. , 2008: 173 ).

Se trata de un tipo de pi ezas que posee una funció n eminent emente
lúdica. Esta característica permite que el dramaturgo se pueda tomar cierta s
libertades e n su composición, cosa que no ocurre con “otros géne ro s trágicos
o serios: lo s a g en tes cómicos se generalizan, el honor se mira c on burla, los
suce s os [ …] que p ue den se r trágicos en otro género so n plen amente cóm icos
en e ste ” (AR ELLANO , 2002: 53) .
En cuant o a los pers o najes hay que señala r que pertenecen a l a baja
nobleza y que poseen nombres propios corrient e s y que sus acc iones giran
sobre e n eje central dam a -galán “ en torno a los cu ales pulula n segundos
galanes, cria dos gracio sos y damas de c ompañía (que repro ducen los esquem a s
de las relaciones de sus señores), galanes suelto s , he rm a no s y padres
suspicaces, et c .” (H UERTA CALVO et al ., 200 8: 17 3).
Arellano, al analizar piezas urbanas de una primera época de Lope,
señal a que llama la atenc ión la gr an cantidad de personajes que apa rece n y lo
atribuye a qu e es un “rasgo que tie ne mucho que v er con la disposición
estructural” 215 . Aunque los principales son e l galán y la dam a debido a la
temática ca ract erística de este tipo d e ob ras en las primera comedia s de Lope
los protagonist a s se c aracterizan porque

no existen la s damas honestas, aunque ingeniosas y audac es. Son galanes
sistemáticamente antiheroicos, vena les , lujuriosos, cobardes, tacaños y amorales; y
las damas t ienen semejantes criterios de honestidad y recato. El tono de sus
relaciones amorosas e s a menudo prostibulario, y el honor y la honra de sem pe ñan
un papel ínfimo ( ARELL ANO, 1996: 43) .

215 ARELLANO, (1996) “El modelo temprano de la comedia urbana de Lope de Vega,
Lope de Vega: comedia urban a y comedia palatina. Actas de las XVIII Jornada s de teatro clásico. Almagr o:
Universidad de Ca stilla-La Mancha, pp. 37- 59.

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Los a rgum entos de este tipo de pie zas es tá n sustentados sobre una
trama a m o rosa. En la comedia urbana se hac e uso ademá s de un motiv o muy
utilizado y repe ti do en la c omedia á ure a así como en o tras p iezas d e cualquier
periodo li terari o , el honor. Sobre e sta base se sitúan l os habituales conflictos
dramáticos:

Pasiones, sospec has e infidelidade s, aderezadas co n e quívocos, suplantac iones de
personalidad, disfraces (especialmente muje res vestidas de hombre), pe leas de
espadachines, inverosímiles ardides, misivas amorosas, todo e llo con un ritmo muy
ágil, lle no de entradas y salidas de personajes, que solo el usual de senlace en boda s
aplaca (HUER TA CALVO et al. , 2008: 173).

Arellano se ha enc a rg a do de hacer un estudio 216 p ara dilucidar cuáles
son l as caract erísticas específicas d e la c omedia urbana. En ti ende que e s un
tipo de pieza que se identifica con la d e capa y e sp a da 217 . Ya se ha dicho que
son obras sustentadas e n el tema amoroso, que se desarrollan en un amb iente
coetáneo y urbano, “con personaj es partic ula res y basada fundamentalmente
en el ingenio, caracterizada en su o bjetiv o por la dimensión lúdica” (1996: 38).
Si se atiende a su estructura, existen tres tip os de marcas que hacen posible
que se sitú en en la coe tan ied ad y que le c onfieren c erca nía al públic o :

Las geográficas (se sitúan en ciuda des españolas, castellanas principalmente: Madrid
en primer lugar, pero a veces también Toledo, Valladolid o Sevilla); cronológicas (se
sitúan en l a coetaniedad) y onomás ticas (funciona un código onomástico que
coincide con el social vig ente; cuanto más a lejada de e ste código esté la onomástica
de una comedia, más lejos se halla de la convención genérica…) ( 1996: 38).

En cuanto a l primer aspecto, el lugar de la acc ión que se sitúa en un
medio urb ano 218 y es u na peculi aridad que se repite en las co m edias qu e

216 Son catorce las piezas analizada s por Arellano de la primera época de Lope. el listado de
piezas en AREL L ANO (1996 : 39).
217 Aunque en las obras anali zadas solo s e da e s te tipo de esce nas en tres de las c inco
comedias.
218 Cita a Weber de Kurlat qu e afirma que: “en la c reación artístic a de Lope es el eme n to
fundamental que la acción de una comedia ocurr a en España y en el presente, y adquiere un valor

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Arellano ha analizado y que a pare ce ta m bién en las piezas urbanas de la última
época d e Lope. Sin embargo, Arel la n o matiza e sta afirmación, ya que existen
diversas formas de enmarcar la comedia e n un e spacio urbano. Unas veces se
utiliza l o que deno min a téc nica de acu mulación que “ define un marco
geográfico reconoci ble para la imagin ación del espectador ” (1996 : 39 ). En
otras ocasiones Lope hace uso d e una técnica muy habitual y es la de
mencionar la ciudad en los versos finales d e la p ieza en forma de loa “ y en
boca de l g a l án que debe p a rt i r p o r razones varias” (ARELLANO , 1996: 39 ).
Además, h ay que añadir que en o casion es la lo cal ización espacial urba na en
ciudad es espa ñola s se extiend e a otros pa íse s, com o “ Ita lia o Fla ndes,
generalmente en el nivel verbal de los relatos que hacen los personaje s de sus
anda nzas, sin que la acci ón lleg ue a sal ir de las fronteras n acionale s ” 219 (1996:
41 ).
Con respecto a la onomástica –la segunda ma rca que se mencion ó para
la c omedia urbana–, Arellano constata que no responde d e manera posi ti va a
las comedias del primer Lope. Si se analiza la lista de pers onajes se puede
observar que s e acu mulan “una serie sorprendente de no m bres, cuyas
connotaciones <<e xóticas>>, del ámbito de la comedia palat in a o de la
comedia erudita y antig ua, c hoc an de manera f ron t al con el marco geográfico”
(ARELLANO, 1996: 42 ). A pesar de ello , el sistema onomástico c ada vez
estará más c erca de uti li zar nom b res corr ientes y c ercanos al espect a dor c o n

leves desviaciones (en el nombre de alguna s damas protagonistas, influidos por las
convencione s de la lírica, o en el nombre chistoso de los grac iosos) , sin que vue lvan

significativo y morfológic o secundario el que la acción cor responda preferentemen te a las grandes
ciudades que el poeta conocía muy bien –M ad r id, Sevilla , Valencia, Toledo– o a ciudade s pequeñas
o pueblos: Manzanare s , Illesc as”. “Hacia una sistematiz ación de los tipos de comedi a de Lope de
Vega”, Actas del V Congres o de la AIH , Bordeaux, 19 77, pp. 867-871. Ci ta en pp. 869 - 870.
219 Arel lano entiende que “este marco urbano tan cercano al especta dor no persigue un a
meta de reproducción docu mental; es un mecanis mo estructural que acoge una trama de enredo
con frecuencia inserta en el tono de la comedia a fantasía de la que hablaba T orres Na harro. Esta
inclinación a la fantasía es tanto más acusada en las p rime ras comedias, y s e manifie s ta de manera
obvia en la segunda de las ma r cas de inserción en la coet aniedad que yo apu n taba: la onomástica de
los personajes” (1996: 41- 42 ) .

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a aparecer los extrañísim os que utiliza Lope en sus primeras comedias urbana s
(ARELLANO, 1996: 42).

Si el estudio de Arellano se centra en un primer Lope y no entra dentro
de las piezas que se estudian en este trabajo , sí que se hace necesario ap unta r
las con clus iones a las que lleg a el estu dioso . Opina que , aunque haya
diferencias entre las primer a s come d ias urbanas y las últimas del dra maturg o,
no es tán motivadas p or ningún “a nquilo sa mient o d e las formas teatrales
áureas”. Lo que ocu rre es que ha habido precisam e nte lo co ntra rio, un a
evolución en estas f or mas que c onsigue n que pueda a firmar s e la exist encia de
tres fases en la configuraci ón del subgénero. En una primera etapa,
constituida por las prim eras piezas que analizó Arellano y tambié n Oleza, se
ofrece

un modelo en formación, con algunos rasgos poc o definidos todavía, y conecta con
varias tradiciones tea trales previa s, en particular co n la comedia a ntigua, que en el
sistema del XVII se ve continuada en e l entr e més (1996: 57).

Le sigue un a segunda etapa que constituye la plenitud del género en la
que se incluyen las últimas piezas de Lop e y las o bras de Calder ón . E n e ste
periodo la comedia urbana “ sin dejar de ser un género eminentemente lúdico,
asistimos a una distribució n de la com icidad en age ntes ingenios o s y a ge n tes
ridículos, y a un re fi na mie nto d el decoro” (1 99 6: 57).
La última f ase en el de sarrollo de l a comedi a urbana se p rodu ce un a
“reiteración de motivo s y rec ur s os” , lo cu al p ermite que se prod uzca

la pa rodia, la burla de esos mismos e lementos, y la desintegración de un modelo y
de un sistema de valores que desemboca en las come dias entremesiles, otra vez en
el territorio de la baja comicidad y degradación de los protagonistas, que coincide,
pero a través de un modelo evolutivo, con algunos rasgos de la eta pa de
formación 220 (AR ELLANO, 1996: 58 - 59).

220 Sugiere que las tres fa ses no s e producen en sectores cronológico s que estén
perfectamente delimitados. La segunda y la tercera pu eden coexistir en el tiempo . Insiste en la
necesidad de “tomar en cuenta no solo las delimitac iones genéricas (que delimitan la r ecepc ión de

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Por otra parte , por la relación con el tema que s e tra t a en este trabajo,
hay qu e plante a r lo que Oliva analiz a en su artículo en t orno a l espa cio
escéni co y en el que enfrenta los dos principales subgéneros, que s e repit e n en
las c o me dias de l Si glo d e Oro y que so n l os que mayor n úmer o de piezas
abarcan en el periodo d e la vejez de Lope: la comedia urbana y la palatina 221 .
Oliv a p lantea si realmente estos su bgéne ros de l a come dia “ se pr esent an
verdaderame nte como dos opciones es cénicas di ferenciables ”.
La definición de ambos es bastante eleme ntal, ya qu e defi ne la come dia
urbana como a que ll a que se d esarr olla en un medio urbano y la palatina tiene
lugar en un medi o pa lac ie go. Sin embargo , lo importante no es diferenciar el
espacio en e l que tienen lugar las pi e zas sino que, en p a labras d e Oli va, sería
fundam en tal y positiv o pa r a e l estu dio de la come dia del Sigl o de Oro

dar un paso más en la dirección de poder desentrañar en esa dualidad
urbano/palatina ele m entos diferencia dores en la dramaturgia lopesca; poder
calibrar los diferentes pu ntos de pa rtida (s i es que los ha y) del poeta a la h ora de
elegir el lug ar de la acc ión; poder saber, en de finitiva, si situar una comedia en un

una comedia) s ino también los cambios que a lo largo del tiempo se producen en el sis tema teatral
del Siglo de Oro. Creer que <<la comedia>> aurisecul ar existe como un bloque homogéneo y de
rigu rosa s conv encion e s úni cas, en gé nero y tiem po, e s ign orar l a realidad viva de este te atro y
condenarse a una percepció n casi siempr e desviada, cime ntada en unos cuantos tópicos críticos que
deben ser removido s , y en el corpus inmenso del teatro de Lope esto es un peligro especialmente
g rav e” (A RELLANO, 1996: 59)
221 OLIVA, C. (1996 ). “El es pacio escénico en la comedia urbana y palatina de Lope de
Vega”, PEDRAZA JIMÉN EZ, F. GONZÁLEZ CAÑ AL, R. (eds .) Lope de Vega: comedia ur bana y
comedia palatina. Actas de las XVIII Jornadas de teatro clásico. Almagro, julio de 1995. Universidad de
Cast illa -L a M ancha/ Festival de Almagro , p . 13. Además, Ar ellano hace un apunte co n respecto a la
distinción urbana-palatina refiriéndose a las comedias que pert enec en a la primera época de Lope
de Vega . Cita a Wardropper “que establecía una distinció n entre comedias ur bana s ( in tuitive com ed ie s )
y pala t inas (basada s en f uente s italia nas) ( Lo pe d e V e g a’ s U r ba n C o me d y . p. 49). Señala que: “E n la s
primeras comedias urbanas de Lope no es r aro que la fuente de inspiración concreta sea una novela
it aliana, […] y asumen, co m o apunta Oleza para Las feria s , multitud de eleme ntos de la tradición
cortesana e italianista. En general, es muy notable la influencia de los modelos de la comedia
antigua, a través sobre todo de La Celestina : en r esumen, la pr ime ra ob servac ión que n os sale al pa so
es la del inequívoco carácter de s íntesis de elementos pertenec ientes a prácticas escénica s
heterogéne as, que se reú nen y convergen en esta producción (OLEZA, “La prop uesta teatral del
primer Lope”, p. 199). Lo cual sign ifica, dicho de otro modo, que no estamos aún frente a un
modelo de comedia urbana (léa s e de ca pa y espada) ne to y de finido” (AREL L ANO, 1 996: 57- 58).

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palacio o en un me dio urbano imprime un carácter superior a l de l a simple
descripción ambiental ( 1996: 13).

De es te estudio exhaus ti vo del elemen to espacial , deberí a n sa lir
conclusiones tajant es para poder a firmar: “O s irve para delimitar d os modelo s
escénicos o para lo c o ntrario, es d ecir, para ratificar uno único” (OLIVA,
1996: 14 ).
Aunque la comedia palatina se desarrollará e n un ep ígrafe post e rior,
parece fundamental c onocer la aportaci ón que ha ce Oliva al estudio del
elemento esp a cial. Cuan do se refiere a la c o media p alatina afirma que na da
tiene n que ver las representa das en lug ares dedicados a la corte con la s que se
representaban en los corrales de comedias. Es un tipo d e piezas que se
desarrollan en un ambie nte que es justo e l que exi ge la acci ó n y que p odrían
reducirse a d iez es pacios genera les:

a. calle o plaza (puede ser puerto) (fig. 1);
b. aposento o sala de ca sa (fi g. 2 );
c. aposento de palacio (fig. 3);
d. igual, pero de pos a da (indica lugar de paso o aloj amiento circunstancial, q ue
puede ser escondite) (fig. 4);
e. igual, pero de prisión;
f. jardín de ca sa o palacio (fig. 5);
g. iglesia (interior o exterior) (fig. 6);
h. monte, e n sus varia bles con rampa (fig. 7) y sin rampa (fig. 8 ): bosque, ris cos,
sendas…;
i. campo (variable del anteri or, pero referido a un lug ar menos abrupto) (fig. 9);
j. camino (reforzado por e l vestuario, que indica lugar de donde pa sar a otro) 222
(OLIVA, 1996: 17).

Según Oliv a, la c o medi a urbana “dispone de un menor regist ro de
dec or ados , pu es , en gener al, ba sta con dos de lo s es pacio s defi nidos en el
catálog o (a y b)” (199 6: 22) . Inten ta demost rar esta a firma c ión, tras analizar
una serie d e co m edias urbanas y palatinas de Lope de Vega. Sin prete nder

222 Las figuras que se señalan se encuentran en las páginas finales del anexo a es te tr ab ajo.
Además, añade Oliva que “a éstos cabe añadir otros parciale s , que funcionan como referentes de la
globalidad del escenario. Es el caso de muro, torre, árbol p ractica ble, entre ot ros” (1996 : 17).

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profundizar en las piezas eleg idas, lo que i nt ere sa es l a c on cl usió n a la que
llega tras este análisi s: la existe ncia de diferencias espaciales e ntre los dos
subgéneros , l o cu al indica q ue

la primera ape nas si alterna más lug ares que calle/ pla za con interiores de damas y
caballeros. La segunda mane ja mayor variedad de espacios. En ambas, muev e
intrigas, pla ntea conflictos, y lo hace con i déntico método: dejándose llevar por la
acción; y si ésta sube, b aja, se presenta en pa ralelo, retrocede o adelanta, Lope
determinará el <<decorado>> con la misma desenvoltura y libe rtad. Sabe que e l
corral le seguirá ( 1996: 33 - 34).

Para finaliz a r este estudio, Oli va aporta unas conclusiones que serán
muy útiles a l a hor a de valorar el eleme nto espacial de las o bras q ue se
pretende a nalizar en este trabajo. Afirm a q ue las c omedias de Lope poseen
una serie de c aracteríst i cas, teniendo en cuen ta el elemento urbano o palatino:

1. - A la versatilidad de la comedia corresponde la ver satilidad del corral. La comedia
encuentra en el corral el medio más adec uado para su multiplic idad e spacial, así
como el espacio idóneo para el cambio de lugar o “decorado” .
2. - de la misma ma nera, a la arbitrariedad de l a intriga, incl uso de la resolución
propia de la comedia, corresponde igualmente una arbitrariedad espac ia l, de
manera que lo mismo da, en no pocos casos, que el lugar de la acción sea uno u
otro.

Una tercer a caract erística s ería la que d eriv a de la segunda, es decir, de
esta arbitr ariedad es pacial, que hace posi ble disti n guir tres c onc eptos
fundam enta les de luga r : imprecisos, indeterm i nados y ambiguos (1996 : 34 ). El
primero de ellos e n el q ue

al poeta no le importa tant o fija r el “dec orado” en donde están los personajes como
la e ntidad de la a cción, que llega a e se sitio por voluntad del creador. Hay mucha s
imprecisiones de lugar en la come dia lope sca, ya que e l lugar referenc ial e s e l corral,
en donde los personajes pueden entrar y salir sin decir dónde e stán y sin necesitarlo
para seguir el hilo argument al ( 1996: 34).

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Los lugares in d etermi n ados e stán constitui dos por aquellos “ que no
necesitan fijar e n concreto el lugar de la acción. Lo mismo d a calle, qu e
apos ento, q ue cualqu ier exterior” . Son e spacios por los qu e t ranscurre la
acc ió n, “ como pasa por la propia mente del po eta y por el c orra l, si ningún
otro efecto. Es el espa c io del corral quien manda con s u s propios recursos de
ventanas, puert a s y lat e rales” (O LIVA, 19 9 6: 34 ).
Con respect o a l os lugares a mbigu os es t á n conformados p or los que se
relacionan con “la pro pi a codifi cación del corral, basa ndo su ambigü edad en la
significación a par entemente vacilante que tiene el entrar y salir por un lugar y
no por otro” ( OLIVA, 199 6: 34 - 35)
Con t inú a el est ud ioso aportando o t ras características que resume n las
anteriores. Estos tres tipos de lugares, unido s a los c oncretos que s e
mencionan en las comed ias , “jus tifican la n eces idad de lu gares múlti ples de
acción para la comed ia es pa ñola, lo que pru eba nuevam en te la utilidad del
corral para su representac ión”. Sin o lvidar que estos espacios que denomina
múltiples son capaces d e trasladar la acción “de un sitio a otro con enorme
versatilidad”, además de qu e “confiere n un c ierto se ntid o cinema tográfico a
las obr as lop esca s” (OLI VA, 1996: 35).
Todo lo expuesto le permite a firma r que, a unque existen espacios
comunes a todas las comedias áureas, hay que matizar que la co m edia urbana
y palatina s í p resentan d ifere ncias entre ellas te n ie nd o e n c uen t a so l o el
elemento es cénico. Lo que se confirma es q ue existen d os variantes :

La urbana, que apenas si sale de la du a lidad interior/exterior (s a la/calle ), y l a
palatina, que utiliza buena parte de los diez modos del referido catálogo de
decoracione s del c orral ( 1996: 35).

Para f in a lizar, se pu ede añadir que Lope n o solo f u e un gran
dramaturgo, si no que fue capaz de codificar “un s istema d e representación en
los lím ites d el esp acio de entonces: el corral de com edias”. No fue un in ventor
de lugares teatrales, pero sí que cumplió una función mucho más importante:

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El último espac io de la primera j ornada de Muje res se traslada aho ra a un
inter ior, la casa de Octav io . E l Emperador le hace saber al cab aller o que ha
venido a su h ogar para perdonar una of ensa qu e le había h echo ant eriormente:

EMP ERADOR. Quien a vuestra casa mis ma
viene, Octavio, claro está,
que el perdón os anticipa (vv. 929- 931).

La segun da jornada de Mujer es se desarrolla en dos espacios in t eriores.
El primer o de el los se en cuentra en la c o rte, concretamente en una sa la de
palac io. Fe derico hace menci ón, adem ás, a la p resen cia de una c asa cercan a:

FEDE RICO . He tenido por desdicha,
(entre muchas que me aguardan )
que esté frente a palacio
la casa de aquesta ingrata,
pues apenas salgo del,
cuando miro sus ventanas (vv. 1546- 1551).

Si el caballero a firma que la casa se encuentra “enfr e nte” , lo normal
sería pensar q ue él se enc u e ntra en p a lacio. Es una su posic ión basad a en sus
palabras y en la presencia de a lgun os personajes que se aso cia n a un
determina do lugar sin q ue sea neces ario com e ntarlo en el texto.
El otr o i nteri or tam b ién s e sitúa en la corte pero, en este cas o,
corresponde al domicilio del duque, padre de Isabela, la dama protagoni sta
que Federico prete nde. Es el propio duque el q ue se encarga de confirmar este
hecho. Dialoga con su hij a y entonces llega Bel ardo, e scuder o d e la familia, a
anunciarle que h ay d os hombre s en la puert a d e la c a sa que l o solicit an.
La jornada final de e sta pieza se desarrolla en dos lugares. El primero
de ellos corresponde a una sa la d e palacio. Hay que explicar que no h ay huella
en el texto que lo confirme, pero, al estar presente el E m p erador hablando d e
asunt os de gobi erno con su s caballero s, se s upo ne que se e ncuent ra n ah í. El
segundo espacio d ramático es un exterior, una call e an te la casa de Isab ela. El
Emperador afirm a qu e se encuentr a ante l a ventana de la dama:

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261

EMP ERADOR. ¿Pues yo había de burla rte ?
Toma y pues la reja es esta
de Isabela, llega, y llama (vv. 2534- 2536).

Celos se ini cia en un e spacio interior , la casa de la prot agoni sta, que se
sitúa en Navarr a, segú n las palabras de su cri ado Marcelo:

MAR CELO. ¿Tú a Francia, tú corriendo disfrazada
de Navarra a Pa ris, tú s in sosiego,
de tu honor y tus deudos olvidada (vv. 9- 12).

Nada se dice en el texto sobre e l lugar exacto en el que es tá n Ma rc elo y
Octa via . De tal forma que, al no haber referencias a un espa cio e x te rio r, lo
lógico es pens a r qu e se en cu en tr an en l a c asa de l a d am a , en Nava rra .
El se gun do e spaci o vuelve a ser un interior, la casa del duque de
Alansón. Aqu í dialogan Le o nor, h e rmana d el Duque, y e l Conde sobre la
petición de m atrimonio q ue e ste cab allero p i ensa hacer a l hermano de la
dam a. N ada se d ice en el diá logo que h aga p ensa r que se trata de un in t e rior.
La única referenci a a este hecho alude a que están a la esp era de l a carroza, en
cual viene el Duqu e y, por ello, se p ue de presumir que están en una sala de
esta casa.
El tercer lugar vue lve a s er el mismo a pes ar del vacío e scé n ico. En él
se encue n tran L eonor y su hermano c uando reciben la v isi t a de Octavia, la
cual se hace p asar por un caballero españ ol. La dama or d ena a Finea que les
busq ue apo sento:

LEONOR . Finea,
aposenta esos criados.
Éntranse Leonor y Octavia
FINEA . Hidalgos, conmigo vengan (vv. 873- 874).

Es la llegada d es d e el ex terior de los personajes y la orden de Leonor a
su criada lo que pe rmi te que se pu eda establ ecer el lugar e n dónde se h a llan.

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262

Estos espacios citado s, e xcepto e l primero d e ellos, ocurren en París.
Ya había hecho referencia a este h ech o Octavia al inicio de la pieza cuan do
afirmó que p artía desd e Navarr a hacia la capital frances a.
En cuanto a la segun da jornada comienza e n un exterior, un a calle d e
París. Nuño le dice a Mendoza que po r cul pa del poco tiempo y de la cantidad
de cosas que l e qu edan por hacer n o ha si do posible qu e fuera a vi sita rle :

NUÑO. Perdona el no haberte visto,
aunque supe que aquí estabas;
que como recién venido
tuve mil cosas que hacer;
y es notable laberinto
esta ciudad entre cuantas
cubre el celeste zafiro (vv. 1023- 1029).

Es un encuentro cas ual entre dos co n oci dos por las calles de una
ciudad. Luego, la acción se trasladará a la casa de Leonor. Se conoc e este dat o
por las p alabras que dice su herman o, el duque d e Alansón , al Prín c ipe, que ha
venido de visita:

PRÍNC IPE. En e ste punto me habló,
no sé el intento que tenga,
el embaja dor de Es paña,
y por remediar su queja
a vuestra casa he venido (vv. 1652- 1656).

Se produce un vacío momentáneo en el espacio escénico y, sin
embargo, sigu en los p ers onaje s en ca s a de Leonor.
La última jornada de Cel os abarca tres esp a cios dramáticos. El p ri mero
de ellos es el mis m o con el que terminó la segunda jornada pero no se señala
en el texto, de nuev o se intu ye po r la presencia de Leonor y su hermano. El
segundo lugar es un exterior, ya que dos personajes, el D uque y el Conde, se
ha n retad o a duelo en una ala meda. Así lo anunc ia el Conde a su e scude ro:

DUQUE. Ten el caballo entre esas alamedas,

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263

que me ha de llevar vivo el Conde muerto
o me ha de llevar muerto el Conde vivo,
que a tales dos extremos me apercibo (vv. 2015- 2018).

Termina la pieza d e n uevo en el interior d e la casa d e la prot agonista.
En este cas o, se confirma en el diálogo, y a que Leonor le d ice a Octavia que
escucha ruid o en la de pendencia donde está n situadas en e s e mom ento:

OCTAVIA. Pues ¿tan presto?
LEONOR . Ruido siento en esta sala.
NUÑO . El Conde ha entrado y te ha visto (vv. 2392- 2394).

La otra huella en el texto que confirma la situación de los p erso najes la
constit uy en las pal abras que Leonor d irige al P ríncipe: “¿Vuestra Alteza,
señor, en n uestra casa? / que el s ol su esfera en esta sala tengo” (vv. 2543 -
2544).
La terc era c omedi a pa lati na d e e ste grupo, Bo b a , comienza en un
exterior, en la aldea donde vive Diana, protagonist a d e la p iez a . En el texto
hay n umer osas huellas s obre es ta l oc al i za c ió n, c o mo la d e sc ri pc ió n d el lu ga r
que h ace la da ma menci onada:

DIANA. Aquí destas peñas vivas
quisiera romper hiedras,
no porque trepan altivas,
mas porque abrazan sus piedras
amorosas y lascivas (vv. 1620).

Este paisaje rural s e sustituye en las s iguient es escenas por un lugar que
se localiza en la corte, en el exterior de palacio. Allí salen a recibir a Diana los
habitantes del l ug ar. Ha y alusiones en el parlamento de la protagonista sobre
un e dificio que di ce ver desde don d e se en c u e ntra:

DIANA. ¿Esta casa relumbrante
de blanco má rmol vestida
que contiene?

Espac io en el Lope de se nectu te |

264

CAMI LO. Es el palacio
de vuestra alteza (vv. 411- 415).

Se trata d e l a fachada de palacio. Diana alude a algunos detalles d e la
misma, como e l reloj s obre el que int erroga a C amilo:

DIANA. ¿Qué es aquello que está allí?
CAMI LO. El reloj (vv. 423- 424).

Con tinú a la piez a con una vuelta al cam p o , describiendo una escena de
caza que se desarrolla en l os mo ntes d e Urbino. Este hecho l o confirm a
Alban o cu and o le dice a Alejandro:

ALEJAN DRO. ¡Gran de leite la caza!
ALB ANO. En ti se prueba,
pues a los montes del confín de Urbino,
desde Florencia sin parar te lleva (vv. 663- 666) .

El último espa cio del primer act o tiene lugar en un interior,
con cret amente un a s al a d e pal a c io . Di an a se e nf ad a y pretende ir a l a coc ina ,
como solía hacer en su casa en la al d ea:

DIANA. Mucho me enfada e l conc ie rto
de palacio, allá en mi casa
comía yo a tod a s horas,
ir a la coci n a quiero,
como en mi aldea solía (vv. 997- 1001).

Las p a labras d e Diana sugieren q ue est á en el int e rior del pal a cio, en
algu na sal a o a pose nto dis tinta de la c ocina. No queda muy claro en el texto
en qué depen dencia se encuentra exactam ente, pero se puede deducir que sí
está situada d ent ro de e s te ed if ici o.
El segundo acto se desarrolla enteramente en los jardines del palacio.
Hay n umer o sas referencia s a este hecho, como las qu e ap arecen e n las
palabras qu e Diana dirige a Ale jand ro:

Espac io en el Lope de se nectu te |

265

DIANA. Esta, Aleja ndro, es la t ercera noche,
que en aqueste jardín hablo contigo,
Fabio solo testigo,
y Laura de quien fio este secreto,
hasta que tenga venturoso efecto (vv. 1050 - 1054) .

El últim o acto de Boba com ienza , de n uevo, en el interior d e palacio. Se
intuye porque Fabi o le rela ta a Di a na l o que está o currien d o fuer a de él:

FABIO. Ya queda hermos a Diana
sacando la infante ría
Alejandro, y en palacio,
de arcabuces y de picas, f
forma un escuadrón, que rige (vv. 2482- 2486).

Los pe rso n ajes af irma n que s e disponen a salir de palacio por lo que se
traslada la acci ó n, al fi nal de la obra, a l exterior de la residencia de la
protagonist a . Diana s e encuentra en las t i endas desd e don de Al ej andro es tá
organizando al ej é rcito :

DI ANA. Aunque pasé con secreto
hasta llegar a tu tienda,
he visto en hileras puesto,
ya no lucido escuadrón (vv. 2709- 2711).

Además , se produce un vacío e n el e spacio e s céni co qu e m arca e l
cambio de lugar pero ha cia o tr o exterior. Será un lugar público como la plaz a
o algun a cal le ante el palacio ducal , ya que Diana , convertida en d uques a de
Urbino, se dirige a sus va sallos :

DIANA. Vasallos yo soy Diana
yo la señora me nombro
de Urbino, yo la duque sa ( vv . 2960- 2962).

Las tr es jornadas de Porfiando se d esarrolla n íntegramente en un lugar
indeterminado d e Hu ngría. Comienz a la pieza e n un espacio ext eri or, que se
sitúa en la c alle des de dond e s e pue d e ver el palacio. Alejandr o en s u

Espac io en el Lope de se nectu te |

266

parlamento co me nta a A rmin d o que v e una torre y que p ertenece a la
residencia re al:

ALEJAN DRO. ¿Ves esta torre, que aspira
a medir la frente al sol?
Pues hoy con fatal ruina
ha de venir a la tierra (vv. 118- 121).

Más tarde, la acción se trasladará a un inte r ior q ue debe ser una sa la o
un aposento de la corte y que n o s e determina con claridad en el texto. Carlos
hace referenc i a a la vi da en e ste lugar :

CARLO S. Quien sirve, señora mía,
no es libre, y aquí en Palacio
aunque es verdad que cautivan
grillos y cadena s de oro,
tan dulcemente nos quitan
el tiempo y la libertad,
que antes se acaba la vida,
que gocemos sin descanso
un día, de tantos días (vv. 127- 135).

Hay que añadir que en este parlamento Carl os utilizará el deíctico “ese” ,
lo cual s ugier e que el río que describe n o está p res e nte. Car los en una
conver sación co n Fabi o , alude a la prese ncia en el lug a r de u n río:

CARLO S. Que de ese río en la orilla
le debo desde una tarde,
que con otras damas iba,
y las traje a la ciudad (vv . 178- 181).

Además , encontramos una referencia a que Ca r los está a la pue rt a de
palac io c on un a carroza . Este hec ho per mite afirmar que los p ersonaj es
presentes en es pacio escénico se e ncue nt ran en un interi or.
Luego, la acción se trasladará a un interior pero, en este caso, d e la casa
en la al de a que po see Ca rlos. E n el diálogo se puede conocer este dato ya que

Espac io en el Lope de se nectu te |

267

se encuentra n un o s personajes, Albino y Felino (labrador y criado de Carlos),
habla ndo so bre la inminente llega da del seño r a la al de a:

FELINO. ¿Qué Carlos mi señor viene a la aldea?,
y de asiento decís, para bien sea.
ALB ANO. Esta mañana amaneció Fe lino
bien seguro de hace r este ca mino (vv. 800- 803).
[…]
y me dijo, que el Rey le había mandado,
que se fuese al lugar, que de la corte
estuviese más cerca, y éste elige,
qué casa quieres que te lleve, dije,
y él me mandó, que cuanto pueda ac orte
la ostentación, y que prevenga casa
como para quien ya la v ida pasa
si n más cuidado que pasar la vida (vv. 808- 814).
[…]
FELINO . Ya suena el coche, y aunque trist e sea
Carlo s, nuestro señor, honre su aldea,
que ya yo sé, que cosas de la corte
nunca las guía m á s seguro nort e (vv. 830- 834).

Si el criado d ice que escucha llegar el coche será que él se encuent ra en
el interior de la casa.
La segunda jornada de la pie za se d esarroll a en un espacio exterior de la
misma a lde a. Carlos menciona en su parlamento toda una serie de datos sobre
el p aisaj e en el que se encuentr a:

CARLO S. Aires de esta ribera,
que con los lascivos giros
parece que a las flores
queréis hurtar los colores (vv. 1119- 1122).

También alude a la prese ncia de una fue nte y de mult itu d de aves en el
lugar . Por lo tanto, se co nfirm a el esp acio dr amát ico co n sus pal abras.
Con tinúa la a cción , q ue se traslada a un aposento de la cort e. Este
hecho no s e m encio na en el te x to pero sí que puede intu irse ya que se
encuentran h a blando Leonarda y Alejandr o. La d ama p ide a Celia, su criada,

Espac io en el Lope de se nectu te |

268

una almohada par a qu e tome asiento el ca ballero, por lo que estarán en la
alcoba de la muj e r:

LEONA RDA . Si la entrada no le niegan,
quien es como yo dichosa,
siéntese vueseñoría,
dame Celia una almohada (vv. 1460- 1463).

Hay que señalar que en esta pieza se d a un caso de espacio itinerante
que se co mentará más a de lante en el apartad o co rrespon d iente de este trabajo.
S e pasa de e ste in terio r del aposento de Leo narda a la cal le sin qu e haya vací o
escéni co . Así lo afirma Fabi o. P rim ero se va n las d ama s con las q ue e sta ban
en el aposent o y el los qu eda n . El cri ado le comenta a Car l os: “S al desta cas a
en que ya / hasta los perros te la dra n ” (vv. 16 69 -1670). Luego, confirma n los
personajes que están f uera de la mi sma: “ Mi ra qu e está s en la cal le, / y qu e
algu na gent e pas a ” (vv. 1677 - 1678 ). Esto quiere decir que han salido al
exterior y est a acción solo se re c rea por medi o de la palabra .
La última jornada de Porfiando se d esarrol la en d os espacios dramáticos.
El primero ser á un ext erior, situado e n la al dea. Lucind a describe el lugar:

LUCIN DA. Sel vas que un tiempo fuistes
aumento de mis tristezas,
en cuya soledad viví muriendo (vv. 2187 - 2189).

Su criada Inés se encuentra con el la y también ayuda a situar la a cción
gracias a qu e en su parlamento alud e a las f lores exist e ntes e n este l ugar:

INÉS . Está el prado tan l ozano
con su capa de colores,
que parece que las flores
vi enen desde el pie a la mano (vv. 2246- 2249).

El último espacio de la pieza es un interior en el pal a cio real. En el
texto no hay datos que lo confirmen, pero la pre se ncia del R ey y l o s a sun tos

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269

graves que se trata n hacen pensar que lo s personajes s e encuentran en la sala
del t ron o.
El primer d rama palatino, Monte 247 , se ini cia en un exterior situado en
un paisaje rur al. Feliciano así lo e n un cia en los primer o s vers o s de l a pieza:

COND E. Aquí, canta d .
FELIC IANO. ¿Un lugar, deshonor de su horizonte
que en la nieve de este monte
parece pa rdo lunar,
en cuyos cabello canos
comienza el alba a reír,
tiene quién merezca oír
instrumentos cortesanos? (vv. 1- 8)

El segundo espacio dramático parece que o cu rre en una sala de palacio,
aunque no se d a ninguna informació n en el diálog o que co rrobore esta
afirmación. Acto s egui d o se traslada la acció n , de nuev o , al exterior de la al dea
citada. Narcisa se despide del conde Enrique, que p arte hacia P arís. La dama
describe el lug a r en el que se encuentra:

NARC ISA. Antes que hay a, Enrique m ío,
en mí de olvidarte señas,
perlas volverá las peña s
del alba el fresco rocío,
atrás su curso es te río (vv. 405 - 409).

Hay que d ecir que la aldea está situada en un lugar a las afueras de París
de la que n o se menciona el nombre. En realidad, n o tien e importancia para el
desarrollo de los acontecimie n tos, lo v e rdaderament e important e es que sea

247 Porteiro dedica un apartado a hablar sobre la cuesti ó n genérica de Monte . El cas o es que
dice que la crítica suele integrarla en clasificacione s muy variadas. L a r ecopila ción de las obr as de
Lope preparada por Cota re lo pa ra la Real Academia (1 916 - 1930) la s itúa ent re las “más raras y
desconocidas”. Otro intento f ue el de Juliá M artínez en las Obras dramáticas escogidas de Lope de Vega
Carp io de la que s eñala que “ presentan una organizaci ón s imilar a la de Menéndez Pelayo . Juliá
distingue las comedias s eg ún sean de a sunto relig ios o, mito lógico, histórico, n ovelesco o de
cost umbres . Del monte sale aparec e catalogada dentro de las novelescas de libre invención”. ( 2007:
69 ). Considera que: “Del monte s ale se enmarca sin muchos problemas en el género de la comedia
palatina, distanci ándose de los plantea mientos que la asocia n al de capa y espada” (2007: 72 ) .

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276

En Mujere s e s Oc tavi o el q ue s e muestra arrepentido de haber se
trasladado des de l a aldea a la corte. Su c riado, Belardo, di alog a co n é l y
confirma los se ntimie ntos del caballero re specto a la vida rur al:

OCTAVIO. Inquieto, suspenso, triste y coba rde
me tiene la dilación
del tratado casamie nto:
ya, Belardo me a rrepiento,
y no con poca razón,
de haber venido a la c orte.
BEL ARDO. Bien estabas en tu aldea (v v. 2337- 2344).
[…]
OCTAVIO. mas quisiera mi destierro
con quietud, que aquí salud.
BELA RD O. ¡Ah, señor!, que esta inquietud
mas es de oro, de hierro:
bien estábamos allá (vv. 2351- 2355).
[…]
OCTAVIO. Tarde es ya.
Cuanto mejor arrojado
Belardo, en el verde suelo,
miraba el sereno cie lo
libre de tanto cuidado.
Allí sin ver ceños graves,
que la autoridad enseña,
veía bajar de una pe ña
el agua al son de las aves (vv. 2359- 2367).

Este cambi o de res ide nci a le h a sido im puesto ya que el R ey lo ha
desterrado. El motivo del destierro se repite en todas la s co med ia s pala t ina s
de e ste gru p o, excepto en Castigo . Normalment e , se destierra al galán po r
algu na ofe nsa que éste ha hec ho a su rey . Hay que apu nta r que se da un caso
especi al en Boba , ya que es Diana, la fémin a protagonista de la pieza, la que
vive en el campo. Est e hecho se deb e a que al in icio de la co media no se
conoce el dato de que es hija ilegítima del du que de Urbino. Esta circunst ancia
se da rá a conocer al final d e la pieza y la llevará a cas arse con Alejandro para
convertirse, fi n alme nte, en duq uesa.

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277

Con tinuando con Mujer es vuelv e a ser el gracioso, Belardo, el que
apunta que la verdadera riquez a no se encuentra en lo material. Ha bía si do
advertido so bre este hecho p or algunos al d eanos:

BELA RD O. Bien me dijeron allá,
¿a la corte vais Belardo?
Los cortesanos harán
rica la pobreza vuest ra,
ya son relojes de muestra,
que señalan, y no dan (vv. 2796- 2801).

El vestuario propio d e cada lugar tambié n se utiliza para rec a lcar los
beneficios del atuend o rural frente al recargo y excesivo lujo de la ropa
cortesana. Belardo en este pa rlam e nto d eja claro lo comp l icado qu e le resulta
al referirse a las bragas 252 , p renda pro pia de la corte . H ace alusión a lo cómodo
que era el g abán que lu cía en la aldea :

BELA RD O. Quién me quitó mi gabán
en malos infiernos pene.
Las bragas pues, valen tanto,
que según vengo a ver,
temo que me han de poner
por Judas, un jueves santo (vv. 2836- 2841).

En Boba es Diana la que hace re fere n cia a la artificiosa manera de vesti r
en la corte y al fi n qu e se per sigu e con est a moda tan rebusc a da:

DIANA. ¿Cuándo os miráis al espejo?
¿Cuándo os vestís tantas galas?
¿Cuándo os rizáis los cabellos?
¿cuándo llamáis dando manos?
¿cuándo descubrís manteos 253 ?
¿cuándo enjaezáis los chapines 254 ?

252 B raga s : ‘un género de calzone s, o zaragüe lles ajustado s , que se ciñen por la cintura, y
bajan cubriendo el v ientre, y los muslo s hasta por enc im a de las rodillas’ ( Aut o rida des ).
253 M anteo en su s egunda acepción es ‘cierta r opa interior, de b aye ta o paño, que traen las
mujeres de cin tur a para a bajo, a just ada y solapada p or delante ’ ( Autoridades ).
254 Chapí n : ‘calza do propio de las mujeres s obrepuest o al zapato, para levanta r el cuerpo del
suelo: y por esto el asiento es de corcho, de cuat r o dedos, o más de alto, en que s e asegura al pie

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278

Que solo falta ponerlos
petrales 255 de c ascabeles,
¿es para salir corriendo,
porque no os topen los hombres? (vv. 851- 860).

Este personaje, en un largo parlame n to , tam bién hace un cant o a la paz
y armonía en la que vivía en s u alde a. Echa de m enos el campo , al encontrarse
en medio de un os habitantes palacieg o s que nada parecen tener en común con
ella:

DIANA. ¡Ay mi querida aldea! ¡ay campo ameno!;
¡quien me trajo a la corte muera de celos!.
¡Ay mis dulces soledades
dónde escuchaba requiebros
de las aves en sus flores,
de las aguas en los hielos!
No aquí lisonjas, no engaños,
no traiciones, no desprecios ,
adonde teme la vida,
sino la espada, el veneno.
Nunca yo supe en mi aldea
de qué color era el miedo
ahora a mi sombra misma
por cualquier parte temo.
Allá todos eran simples,
aquí todos son discretos ,
achaque es de la mentira
por ser más lo que son menos.
¡Ay mi querida aldea! ¡ay campo amenos!
¡quién me trajo a la corte muera de celos! (vv. 1884- 1903).

No solo la ma nera de vestir le re s ult a extr aña y sins entido. La mor alid ad
cortesana le causa a Diana pena e incomp re nsión. En cam bio, l a simpleza de
las gentes d el campo se c onviert e en una ca racterísti ca primor dial para la
dam a.

con unas corregüelas o cordones. La suela es r edon da, en que se dis tingue de las chinelas’
( Autoridades ).
255 P etr al : ‘la correa que está asida a la parte delantera de la silla, y ciñe y rodea el pecho del
caballo’ ( Autoridad es ).

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279

De la misma manera , Carlos , p rota gonis ta de Porfiando , echa de meno s
su al d ea qu erida. Y así lo expresa:

CARLO S. Vivir si ti, y acordarme
de la vida d e la aldea:
¡ay queridas soledades,
fuentes claras, verdes selvas!
¿Qué se han hecho aquellas horas? (vv. 3025- 3029).

En Monte tie ne lugar una costumbre corte sana lle vada al espacio de la
alde a. El C onde corteja a Narcisa que se encuentra en la ventana. La d ama
agradece su c o rtejo p ero no lo co mp rend e:

NARC ISA. Si os obligan la s costumbr e s
en tan ociosos espacios
a que os parezcan palacios
estas ahumadas techumbres,
¿en qué dorado balcón
os parece que me veis? (vv. 73- 78).

Entonces él se justifica aludien d o a su bel leza . Es la h ermosur a d e la
dam a la que justi fica el requiebr o del C onde :

COND E. Pero es aquí la hermosura
la que da la autoridad,
fabricando, en la humilda d,
espaciosa arquitectura.
Allá reja s y b a lcones
hacen la s personas graves,
aquí sus ojos s uaves
y divinas perfecciones (vv. 89- 96).

En este senti d o, el C onde h a traído consigo otros elementos palaciegos
que perturban el o rde n de la aldea . Este es el motiv o de que Tirso , qu e ama a
Narcisa en e l anonimato, se al egre ante su marcha:

TIRS O. Ya, Narcisa, será aldea y
no corte nuestro pueblo;
no andarán tan a lt aneras

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280

las mozas con los requiebros;
no veremos los caballeros
con los jaeces 256 soberbios;
lucirán nuestros rocines;
hablarán nuestros jumentos;
caperuza s y no plum a s
tendrán el lugar primero
en los bancos de la iglesia
y en la plaza l os asientos ( v v. 559- 570).

El labrador c o menta a Narcisa que y a no habrá privileg i os p a ra los
cortesanos en la alde a. Tirso se centra en do s as pec tos d e la vi da a ldea na : el
amor y los lugares p úblicos de l a a ldea. Así dice que las mozas ya no
pretenderán aparent a r lo que no son, ademá s de que en la celebraci ón religiosa
los hom b r es del C onde ya no oc up arán los primeros lugares. Por l o t anto , el
Conde se lleva consi g o a que l desorden del elemento natural d e la aldea qu e
trajo con su d estierro.
Narcisa m a rchará a l a corte tras el Co n de. Tirso vuelve a ser el que le
sugiera a la dama que regrese a su aldea. Según las palabras del lab ra d or, la
lealtad a s us orí g e nes no d ebe sacrificarse por n ingú n a dorno ni p or ninguna
riqueza:

TIRS O. Al monte vuelve,
que más vale tu rebozo
y el sombrero 257 a lo valiente,
que cuantos diamantes y oro
los palacios enriquece n (v v . 962- 965).

El C ond e p rota gon ista de Monte también pone en duda la calidad mora l
de los habitantes palaciegos . E n este pa rl a mento recuerda la aldea y a s u
campesina, N arcisa. Le pide que lo perdone y le anuncia que ha vuelto porqu e

256 J aeces es el plural de jaez qu e significa: ‘adorno de c int as en forma de cai rel, hecho co n
primor, para lo s caballos de jine te, en alguna f unción de g ala o fiesta’ ( Autorida des ).
257 “El sombrero se utilizaba para caminar al aire libre, protegiendo el ro stro y la piel de los
rayos del sol. Formaba parte del atuendo habitual de las labradoras , sin otros adornos que para ellas
eran lujosos. Tirso recomienda a Narcisa que se conforme y se muestre animosa con lo propio de
su condición y que no aspire a otr os h onores que constituye n tan s olo ilusiones vanas. El sombrero
a lo valie nte responde a una manera desafiante de lle varlo” (PO RTEIRO, 2007: 211 ) .

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281

la quiere, ade m ás de p or la fatal experie ncia de vivir en medio de tantos
inter eses en p alacio:

COND E. Como vi que si vivía
más tiempo entre tantas fieras
aventuraba la vida,
acordéme de mi aldea
y quise ver más los prados
que pisas, Narcisa bella,
las fuentes en que te miras,
las aves que te requiebran,
estas peñas, que arrogantes,
compiten con las estrellas
cuya nieve vuelta en agua
humilla el sol a la ti erra,
estos cándidos vellones
de rus peinadas ovejas
estas cabañas humildes
de secos tarayes 258 hec has,
que los dorados palacios
cuya envidiada grandeza
no me agradaba, enseñado
a la quietud destas selvas (vv. 2223- 2241).

En Ca st i go la presencia d e este tópico –“desprecio de corte, alabanza de
alde a” – no s e da. Asi mis mo, tampoco existe una a lternancia entre espacios
cortesanos y rurales. La única refere ncia al respecto la hace Casandra. La dama
afirma que preferiría ser villana , ya q ue así p o drí a elegir al hombre que se
convertiría en s u marido. Ella no quiere se guir la c os tumb re palaciega de

258 “T aray: ‘arbusto que crece hasta tres metros de altura, con ramas mimbreñas de corteza
rojiza, hojas menuda s , elípti cas y con punta aguda, flore s pequeñas de pétalos blanc os ’ (DRAE ). Es
común en las orillas de los ríos. El conde vuelve a hacer referencia a las bondades del campo, frente
al desengaño de la ciudad. Es , de nuevo, el tópico de ‘menos prec io de corte, alab anza de aldea’.
Porteiro añade que: “En s u discurso, elogia los element os naturales, que superan en p az, s osiego y
belleza a todas las riquezas de la corte, y a la f orma de vida y de ser de Narcisa. Los sustantivos s e
acompañan de epítetos que los caracteriza n y enri quecen, así cán didos v ellon es, peinad as ovejas, cabañ as
humildes, s ecos tara yes fren te a do rado s pal acios o envidiada grandez a . También aparecen cons trucciones
relativas con el mis mo significa do. Es el caso de los prado s que pisas, las fuentes e n que te miras, las ave s
que te requiebran o estas peñas que compiten con las es trell as . En todas las ocasiones s e establece una
comparación contrastiva en la que vence lo n atural frente a lo artificial o afectado. Incluso aquellos
elementos que pert enec en en exclusiva a la aldea donde vive Narcisa como las fuentes, las aves que
la habitan, los p rados o la s peñas son s ituadas en un plano s uperior a los a s tros como las estr ellas o
el sol, que se rinden a su grandez a y que se ensombrec en frente a su belleza ” (PORTEIRO , 2007:
269 - 270 ).

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282

casarse por imp o sici ón de su padre. Ca sandra c ulpa de su desgra c ia a su
marido, el d uque de Ferrara, ya que la ignora y la desprecia. Así se l o cuenta a
Lucrecia, su cri ada:

CASAN DR A. No hay alteza con tristeza,
y más bajezas son.
Más quisiera y con razón,
ser una ruda villana
que me hallara la ma ñ ana
al lado de un labrador,
que desprecio de un señor,
en oro, púrpura y grana (vv. 1067- 1072).

Con re spe c to a las acotaci ones vamo s a h acer un comentario sobre su
número y función e n c ada una de las com edias y drama s palati nos. Así , la s que
corresponden a l a primera de las comed ias palatin as analiza das, Muje res ,
ascienden a un total d e sese n ta y dos. Se distribu ye n en v eintidós, dieciséis y
veinticuatro , respectiv amente. De este total, las indi cacione s que hace n alusió n
a e ntradas y salidas de los personajes , trece corresponden a l a pri m e ra jo rn ada,
nueve a la segu nda, y diecisiete a l a tercer a .
El vestuario y la caracteriz a ción de personajes ocupa un total de cuatro
indic a ci ones esc énicas en la jornada i n icial de la pieza. Todas ellas h a cen
referencia a profesion e s o a la re alización de alguna actividad relacionada con
el campo. Este hecho justifica la manera de vestir de l os que aparecen en las
escenas que se desarro l lan al p rinci pi o de Mujeres . De esta m anera, se d ice que:
Sale Isabela, dama, con sombrer o de plumas y un arcab uz 259 , o que salen Fabio , Rodulfo
y Al ejan dro, caballeros de caza, y el Emperador , adem ás de que salen Isabela y Flora,
vestid as de labra d oras, y Belardo, villano . Hay u na acot ación de es t e tipo que
merece la pena rese ñar ya q ue, en este cas o, lo que se p reten d e r e saltar es la
falta de a dornos e n la vestimenta. Se tra ta de la siguiente aclaración: S al en

259 A rca buz : ‘Arma de fuego compuesta de un cañón en s u caja de madera y su llave, la cual
da el fuego con el pedernal h iriend o en el gatillo. A diferencia del mosque te que se dispara con
mecha enc endida. Llámese tambié n escopeta, y hoy fusil’ ( Autoridades ).

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283

Federico y Tristán en cuerpo 260 . Las demás referencias al vestuario sig ue n la mis ma
línea in d icada con anterioridad. Hay men c iones a la presenci a de al gun os
objet os , como la presencia de l a capa y la espada que portan los personajes,
además de un espejo en el que el Emperador se mira, que posee la función de
indicar a lgun a característica de s u p ersonal idad, en e ste c aso s ería la vanidad.
También aparecen las consabida s alus iones a qu e van v estido s de noche o la
caracterización d e los p ersonaj e s de acu erdo a su pro f esión.
Con respecto al tercer tipo de acotaciones, afi rm ar que al gunas s e
refieren a la gestuali dad deman dada p or la acción que se está desarrollando,
como: Vuelve el rostro el E mperador o El Emper ador y Alejandro, q ue se vuelve .
También se señ a lan apartes, ruido en el espacio “dentro”, la l ec tura de un
papel , la caída de Bel ardo o la presenci a de do s d e las da mas en e l espac io
super io r : Flora a una rej a baja y sale Is a bela en l a re ja .
Celos , por su parte, contie ne cincue nta y sei s acota ciones . Se dis tr ibu ye n
en cat orce par a l a primer a jornada y v eintiuna p a ra l a s dos rest a ntes. Se
destinan p ara señalar las entr a das y salidas al espacio escénico siete, veintiuna
y diecinuev e por cada una de l a s parte s de la s que const a la piez a.
El segund o tipo de indicaciones se utili za n pa ra precisar qu e los
personajes van de camino y también par a referirse a la mujer caracte rizada com o
un varón: Sal e Octavia vest ida d e hombre d e camino, con botas y es puelas, Nuño con
fieltr o 261 y b otazas, y Marcelo . Esta pieza, como todas las comedias analizadas,
dedica parte de las acotaciones a informar sobre quié n es ca da personaje
(damas, caballer os y criados), adem á s de intro d ucir aclara ciones so bre los
parentescos entre ellos, como la sig uie nte : S ale el duque de Alansón y Leonor, su
herman a .

260 En cuer po: ‘M odo adverbial, que explica el mo do de estar uno con la vestidura precisa
que ciñe e l cuerpo: esto es, s in capa, manto u otras ropas de may or adorno’. ( Autorid ades ).
261 F ieltro en su segunda acepci ón es: ‘El capote, o s obretodo, que se hace para defensa del
agua, nieve o mal tiempo. Diósele este n ombre porqu e se le debía de hace r de alguna especie de
fieltro, aunque menos fuerte que e l de los sombreros’ ( Autoridad es ).

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284

En cuanto al ter ce r grupo, s e hace mención e xplícita a qu é p ersonaje s
qued an e n el tablad o y quiéne s lo han aband onado: Vase Leonor con su gente y
quedan el Conde y Mendo z a u otro eje m p lo casi id é ntic o: Va nse todos y queda n el
Conde y Mendoza . T ambi én hay una acot ació n que dis pone cóm o se hace uso
de distintas puertas p ara la i ncorpor a ción de pe rson ajes qu e luego se
agruparán en e l e sce nario: Príncipe y criados lleguen por la parte d el Du que, y Oct avia
y N uño, p or la del C onde . Otras aclar aciones , habitu ales en las com edias
anal iz ada s, serán la s re f erente s al espacio lúdico , e n las cua les se pr ecisa qu e se
sientan o se lev antan l os personajes.
En la tercera come dia palatina, Boba , se registran seten ta y d o s
acotacione s: veintinue v e para el primer act o, diecisiete p a ra el segundo y
veintiséis para el ac t o final. Las entradas y salidas de personajes se d istribuyen
a razón de tres, tr ec e y nueve p or ca da acto.
El vestuario y caracte rización hace hinc apié en el e spaci o en el que s e
mueven los person ajes. Hay un inicio de la acción que se sitúa en la aldea y
que, posteriormente , se tras la d a a la corte. Por ello, s e trata en las a cotacio n es
del a tu endo de labradoras y villanos, además de co me ntar el cambio que se
produce e n la protagonista : Salen Ca m ilo y Liseno y gente con Diana, en hábito de
dam a o est a otra en la que se afirma que s ale Dian a muy bizarra, y La ura y F eni sa ,
en el momento en el que la acción cambia d e espacio dra m á tico . Se insiste en
la c a racter ización de a c uerdo a l a profesión (c riados y secretarios) adem ás de
en la vestimenta circunstancial de camino o de noche com o oc u rre en est e
ejem plo: S a le Dian a con sombrero y capotillo 262 , y Alejandro de noc he, Fabio y Laura .
En cuanto al ter cer tipo d e a cotaci o nes, hay que a puntar que en e sta
pieza s e intensif i ca el uso del aparte. T ambién se indi c a la utilización de
distintas puertas d esti n adas a las entrad a s o salidas de los personajes y cómo
deben actuar desde ese lug a r: En las dos puerta s di gan esto como que se entran .
Además, la gestualidad que sug ieren las indicacio nes e scénicas evidencia la

262 C apotil lo en su segunda acepción es: ‘Género de muceta abierta por los dos la dos, de
que usaban las mujeres antig uamente para a brigo’ ( Autori dades ).

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285

complic idad existe nte entre los protagonistas: Va ya Diana mir ando a Alejandro
al salir y todos la acompañan, quedando él y Fabio . Otro uso s ería el d e aclarar , de
manera redun dante, qué personajes quedan en el tablado, como e n la
acot ació n expues t a anteriorm ente y o tra que se s itú a en el ter cer acto y que
dic e: Vanse y que dan Teodora, A lej andro y Fabio . Se da ta m b ién la funci ón de
come ntar q ué hacen unos perso n aje s mientras otro s hablan: Ell a lee, Fabio y
Alejandro hablan .
Porfiando consta d e sesenta y nueve acotaciones: v eintisiete p ara l a
jornada inicial, veintit rés para la intermedia y diecinuev e para la final. Las
dedi ca das a l as ent radas y sal idas s e reparte n en dieciséis, quin c e y ocho por
cada una de las jornadas que c omponen la come d ia.
Hay n um erosas al u s iones, sobre todo en la primera jornada, a que los
personajes están at a vi a dos para ir de camino . También existen menciones a las
distintas profesiones o categorías social es: labradores, músicos, c ria d os,
escu deros . Asim ismo , se expone que la prot agonist a viste de la brador a , ademá s
de hacer uso del disfraz de varón e n una esce na de cap a y esp ada: Sal en
Lucinda, e Inés, con sombr eros, capas y esp adas . En est a situ ación apar ecen ho m br es
a taviados con el mismo atuendo: Arm indo y tres cria dos con máscaras, broque les y
espada s .
En cuanto a las indic aciones esc énicas del te rc er tipo, se vu elve a repetir
la mención a la acción de leer una cart a o al uso de los dist intos accesos que
tenía e l corral. Se utilizan , adem ás, para introducir una pelea en la que los
persona jes, f ina lme nte , s e a puñ al an: Éntranse Carlos y Fabio acuchillán dolos,
quedan allí Lucind a e Inés, pónese Leonarda en l a ventana . En est a indica ción se
expone ta mbié n e l uso del espacio superi o r y la ac lar a ción ya vista sobre qué
personajes exactamente son los que quedan en e l tablado. Los sonidos que se
señalan s e refieren a otro s y a enunciados, c o mo las cancion e s o e l ru ido
“dentro”. Los movimientos de los person ajes s e d irigen , como en otras
ocasiones, al a cto de sentarse o levantar se.

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292

el citado pasaj e d e la siguiente manera. E l D uque y su cria do, Ri cardo,
agu a rdan d e lante de la puert a de la casa de Cin tia p a ra v isit a r a la mujer.
Ricardo informa al de Ferrara que en el pi so d e abajo de la mujer a l a que han
ido a visitar vi ve un a utor de c o medi a s. Los h o mbres en su s parl a mentos
informan de qu e se acercan a la pu erta para escuchar mej or:

RICARD O. Si quieres desenfadarte,
pon a esta puerta oído.
DUQUE. C antan.
RICARD O. ¿No lo ves?
DUQUE. ¿Pues quién
vive aquí?
RICARD O. Vive un a utor
de comedias.
FEBO. Y el mejor de Italia.
DUQUE. ¿Tiénela s buenas?
RICARD O. Están entre amigos y e nemigos;
buenas las hacen amigos
con los aplausos que dan
y los enemigos malas.
FEBO. No pue den ser buenas todas (vv. 190- 207).

Hasta aquí se desarrolla la acción sin que el espacio de “dentro” sea
utilizado. El Duque, al oír las buenas críticas que d edican sus criados al autor
de comedi as , decide pedirles que le encarguen las mejores para s u s b od a s con
Casandra. El caso es que si guen afirmando que e scuch an e l en sayo. D eb e
haber sonido real, ya que más adelante s e dice en acotación que den tro se oye
a una dama recit ando:

DUQUE. E nsayan.
RICARD O. Y habl a una dama.
DUQUE. Si es Andrelina 268 , es de fama.
¡Qué acción! ¡Qué afectos! ¡Qué extremos! (vv. 208- 211).

Finalme nte, acont ece el uso de ese espac io , ya que sí exist e esa voz
feme nina a la qu e hací an alusión los caball eros . S e rep rodu c e un fragment o de

268 D ebe s er “Is abel An dreini, muer ta ya en 1604; cita Las bizarrías de Belisa (de 16 34 ) do nde
Lope la nombró m ás exac tamente Andreína” ( KOSSOFF, 1989 : 240 ).

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293

la pieza que están p rac ticando en ese lugar, lo c ua l se supone correspon de a la
casa de un a utor dram á tico. L o que se escu cha es lo siguie n te:

Dentro .
Déjame pensamie nto;
no más, no más, memoria
que mi pasada gloria
conviertes en tormento,
y deste sentimiento
ya no quiero memoria, sino olvido;
que son de un bien perdido,
aunque presumes que mi mal mejoras,
discursos tristes para a legres horas (vv. 215- 227).

Los hombres comentan, tras e s cuc har los ve rsos de la dama, lo que les
ha parecido la a ctuación 269 :

DUQUE. ¡V aliente acción!
FEBO. Extr e mada (vv. 22 8 - 229).

Es un caso espe cial , porque se trata del recurso de “ bas tid ore s
habla dos ” , ya que el pú blic o no ve lo que suced e pero, a l a vez, se re present a
una acción que el espectador sí puede escuchar. No s e recurre solo al d iál o go
en que los p ersonajes a firman oír a la dama sino que la voz de l a actriz e s real.
Con respecto al espacio situado en lo a lto del vestuari o masculino se
confirma su uso en varias de las c omed ias palatinas analizadas. En Muje res hay
una escena que se inicia con la informaci ón p resenta d a en la acotación s obre
la exist encia de d eter minados s onido s que, como es habitu al, prece den a la
entrada de algún personaje. En e ste cas o son re ales esta s voces p orque es t án
inserta s en el diá l ogo :

269 Enton ces , el duque indica su intención de acostarse porque no quie r e oír más la
comedia. Se introduce un parlamento del de Ferrara que es muy conocido y que expres a una
refle xión meta litera ria sobre lo que signi fica la comedia: “ Agor a sab e s, Ricar d o, / que es la comedi a
un espejo / en que el necio, el sabio, el viejo, / el mozo, el fuerte, el gallardo, / el rey, el
gobernador, / la doncella, la casada / siendo al ejemplo e scuchada / de la vida y del honor, / retrata
nuestra s costumbre s, / o livia nas o s ev er as, / me zcl an do b url as y veras, / donaires y pesadumbres
(vv. 239- 250) ”.

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Dentro ruido. Ataja , ataja, del cerro
pelado desciende al verde
valle.
OTRO. Si a Melampo suelto,
no se le irá por los pies,
aunque le igualen al tiempo (vv. 571- 576).

Estas palabras permiten intuir que el personaje que se in c orpora al
espacio escénico d esc iende desde el corredor superior. Ya se ha señalado que
existía la posibil idad de recrear un monte 270 en el escenario c on a yud a de una
rampa que descendía desde arriba hacia el tablado. Y eso es l o que de be
ocurrir en este c a so.
Otro ejemplo de esta utilización s e d a en Bo b a . Es tá Fa bi o come ntado
que se ha equivo cado de camino a l dirigirse a Florencia y así lo anun cia: “Yo
pienso qu e voy fuera de c a mino, / q ue no e s el de Florencia el q ue he
tomado ” (vv. 70 6 - 70 7) . Esta escena había dado comienzo un o s versos atrás.
En ellos se tra nscr i bía el diálogo de varios personajes que no dejaban muy
claro el lugar exacto en el que se encontrab an al h acer en trada Fabio. Se trata
de Ale jandro, Albano y un número i ndeterminado de c riados. A lban o afirma
haber visto a Fabio: “Un hombre al parecer viene de Urbino” (v . 70 8 ). Pe ro es
Fabio el qu e dej a cl aro des de donde vi ene esa gente y que estaba situada
arriba, ya que afirma q ue: “Gente d e scie nde deste monte al prado” (v.709).
A pesa r de estos ejemplos en lo s que se utiliza el corredor superior
como mo n te , lo más habitual es q ue se de stine a l desarrollo de escen a s de
amor en la ven t a na de la dama. En la misma pieza hay una escen a que se
atie ne a lo di cho . El E mper ador está ante l a reja de Isab ela:

EMP ERADOR. Toma, y pues la reja es est a

270 Porteiro en nota a p ie de p ágina afirma que: “El monte, como decorado en los corrales
del Siglo de Oro, solía situarse sobre el mismo tablado y no detrás de las cortinas al fon d o del
escenar io como ocurrí a con otr os esp acios. Se t ratab a de una ramp a con escalo nes que perm itía a
los actores s u bir o bajar del pr imer corredor al tablad o . Esta escalera aparec ía en muchas comedia s
adornada con ramas, hojas, flor es o algunos lienzos pint ados en la part e que el públic o podía ver”.
Remite a Ruano de la Haza, J.M. (2001 ) “Lope de Vega en los escena rios”, Ínsu la , 658, p. 25. (2007 :
144).

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de Isabela, llega, y llama (vv. 2535- 2536).

La criada de la da m a se asoma en primer lugar, ya q ue as í se a fi rma en
la correspondie nte acotació n ( Flora a una reja baja ). Luego será su ama la que
salg a a ver para qué l a h a llamado el Emperador.
E n Porfiando se utiliz a el espacio superior con e l mism o fin. Lo que
interesa destac ar es la inclusi ón en esta comedia pa lati na de una esce na de
capa y espa da, propia de c o medi a s urba n as.
Se encue ntran en el esce nario Carlos y Fabio y el e spaci o dramático es
la calle ante l a casa de Le onarda. Mientras los hombres hablan, se in co rpo ran
dos mujeres utilizando el di sfraz varonil, ya que la ac o ta ción anun cia su
entr ada : Salen Lucinda, e Inés, con sombreros, capa s , y espadas . Las mu jeres se dan
cuen t a de la presencia d e l os cabal leros y l o coment an:

INÉS . Dos hombres están allí.
LUCIN DA. En l as rejas de Leonarda
hay un hombre, y otro aguarda:
¿si es Carlos?
INÉS . Pienso que sí (vv. 1709- 1713).

La situación se complica con la l lega d a de un tercer grupo, que e s
puesta en co n ocimi ento del púb lico por Fabi o :

FABIO. Advierte, que vienen por e sta parte
cuatro hombres, si es a buscarte
sentencia ha sido de muerte,
que otros dos es tán allí (vv. 171 7-1720).
Armindo, y tres criados con máscaras, broqueles, y espadas .

Aparte de la configuración de di stintos g rupos de personajes en e l
espac io escé nico , hay que aludir al uso d el espacio superior de l corral , ademá s
de a la ut ilizac ión de diferentes puertas para l a entr ada de ca da una de est as
agrupaciones a esc ena. Se desarrolla a continuación una pele a. A la orden de
Armindo los cri ados atacan a Carlos, p ero se i nterpone Lucinda. Cada grupo
que se ha configura do en el transcurso d e este altercado se evidenc ia

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fís ica men te y e n el di ál ogo , ya que la dam a le dice al caballer o: “ R eñid, Carl o s,
que aquí est án / d os hombres a vuest ro lado” (vv . 1730 - 1731) . Y, Armi ndo,
por su parte, también se p ercat a de este agrupami ento y así lo ha ce sab er:
“Otros dos se le h a n juntado” (v. 1732) . Los personajes finalmente salen d el
espac io escéni co , ya que l a pelea n o debe te ner lugar ahí por decoro. La
indic a ci ón e scénic a resulta esclareced ora: Éntranse Carlos, y Fabio acuchil lándolos,
quedan allí Lucinda, y Inés, y pónese Leonarda en l a ventana . La util iza ció n del
espacio superi or d e la fachada del c orra l se d a en este momento . Leonarda,
dama que es t aba situada arriba, llam a a Lucinda para poder dialogar co n ella.
Inés, la criad a la avisa :

INÉS . De aque lla reja te llaman.
LEONA R DA. U na palabra.
LUCIN DA. ¿Quién es?
LEON ARDA. Soy la Ma rquesa Leonarda (vv. 1741- 1744).

En la primer as escena s de Castigo hay otro ejem plo de es te us o . Ricardo
y el d uque de Fe rrar a van caminado hacia la casa de una mujer. El criado
habla sobre ell a y sobr e el lugar dó nde se encuentr a :

RICARD O. Cerca habita una mujer
que diera buen pa recer
si hubiera estudiado leyes.
DUQUE. V amos allá.
RICARD O. No querrá
abrir a estas horas.
DUQUE. ¿No?
¿y si digo yo quién soy?
RICARD O. Si lo dice s, claro es tá.
DUQUE. Lla ma pues.
RICARD O. Algo e speraba,
que a dos patadas salió 271 (vv. 78-89 ).

271 ”El giro coloquial “ que a dos patadas salió” indica q ue Cintia estaba despierta, y que salió
al ins tante; a l oír las patad as en la puerta”. CARREÑ O, A. (1990) (ed.) El castig o sin venganza ,
Madrid: Cátedra, p. 1 07.

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Dice que si la d ama lleg a a saber que se trata de l Duqu e entonce s abrirá.
Tocan en la puert a y en la acotació n se indi ca que: C i ntia en alto . Hay, por
tanto, una div isión del espacio esc énico en a rriba y abajo. Entonc e s s e
produce una conversación entre los p erso najes situados en c ada uno de estos
lugares. A Cintia l e e xtraña que un personaje d e s u talla social venga a ve rla a
tales horas. D uda la mujer d e qu e sea el de Ferrara, porqu e ha acudido
disfrazado a su c asa.
El espacio escenogr á fico no verbal incluye, como ya se ha a dvert ido en
páginas anteriores, el ves tuario , los sonidos, los objetos, la utilería, las
tramoyas, las co rtinas y la música.
En p rimer lugar, se a nalizará el v es tu a rio que aparece en el diálogo, ya
que la s ref erencias qu e a pare cían en las acotacion e s han sido e xpl icadas en el
apartado de dica do a ellas p árrafos a trás.
En Mujeres hay un ejem plo muy gracioso de Belardo, en el que describe
el ve st uario de la corte y lo complicado qu e le result a su uso:

BELA RD O. No me ha conocido
Belardo, señor, a quien
dio su merced el anillo
cuando anda ba por el mo nte,
sino que me han vestido
estas bragas, que se acuerdan
del tiempo del rey Perico,
y esta gorra, que parece
suelo de pastel hechizo (vv. 1834- 1842).

En Bo ba la a lus ió n que s e h ac e a la ves ti men ta a lud e a un a c ost umb re
francesa, seg ún afirma D iana:

DIANA. Yo soy
su alteza si me buscáis,
pues bien, que es lo que mandáis,
que os entráis adonde estoy
con las espuelas calzadas;
¿sois por ventura francé s,
que las tienen en los pies

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para siempre vinculadas? (vv. 1467- 1474).

En el ca so de Celos ha y una mención al hábito de l a orden de Sa n tia go a
la que pertenec e el C on de , ga lán prot a g onista de la piez a . Leonor alude a la
presencia de una cruz roja en el pecho de su vesti do, ca racterístic a del a tue n do
descrito:

LEONOR . No sé qué título tenga;
sé que de la roja e spad a
de Santiago es el Conde ,
que con esta roja marca
prueba su nobleza el p echo,
que con ella le retratan (1486 - 1491).

Más a delant e , esta ve z Octavia disfrazada de varó n, hace un comentario
que permite sa ber que su ropa también es la que ha utili zado el C onde. Le dic e
al P ríncipe que viene huyendo de Navarra p or haber matado en duelo a un
cabal lero:
OCTAVIA. Por esta roja cruz que traigo al pecho;
y el Duque está de todo satisfecho
por cartas de mi Rey (vv. 1720 - 1722).

En Castigo Rica rdo comenta que el d uque de Ferrara acude disfrazado a
visitar a Cintia, una de su s am antes . No se especif ica n los d eta l les d e su
atu endo pero s í se me ncion a la dificu lta d que llevaría reco n ocerl o:

RICARD O. ¡Linda burla!
FEBO. Por extremo;
pero ¿quién imaginara,
que era el Duque de Ferrara?
DUQUE. Que no me conozcan temo.
RICARD O. Debajo de ser disf raz 272
hay licencia para todo,
que aún en el cielo en algún modo

272 “ Disfrace s: ‘E s el hábito y vestido que un hombre tom a para disimular s e y poder ir con
más libertad. Particularment e s e usan estos disfrac es en los días de carnestolenda s , que en cie rta
manera res ponde n a los día saturnales de los romanos, en los cuales los señore s tomaban los
vestidos de su s esclavo s y su s capas de aguade ras o gasco nas’ ( Cova rrubia s ) (CARREÑO, 1 990: 99).

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es de disfraces capaz.
¿Qué piensas tú que es el velo
con que la noc h e le tapa?
Una guarnecida capa
con que se disfraza el cielo.
Y para dar luz alguna
las estrellas que dilata,
son pasamanos de plata,
y una encomienda la Lun a (vv. 1- 17).

En las comedias palatinas también se h ace uso del rec urs o del d isfraz
varonil en la mujer. En Porfiando ya v im os el e je mp lo c ua ndo s e co men ta ba e l
espac io escéni co.
Per o tamb ién o curre en Celos . Nuño, caracterizado de camino , dice a
Octavia que s e está retrasando mucho si ti ene en cuenta la p risa que le había
dado . El cria d o pre gu nta a su señora si a l final van a París o se quedan en
Navarra. Nuño h abía informa do en versos a n teriore s la manera en que debería
acudir su señ o ra hasta l a capital f rances a :

NUÑO. Ponte a caballo bizarra
con el traje de varón
en que disfrazarte quieres (vv. 228- 230).

M ás ade lante, una a cotació n anunc ia que : Sa le O ctavi a vesti da de ho mbre de
camino, c on b otas y espu elas; Nuño con fi e ltro y botazas, y Marcelo . Co men tan los
criados el aspec to que ofre ce s u señora y también la fidelidad del disfraz ya
que i ncluso las mujere s se han in t eresado por Octavia, confu ndiéndol a con u n
hombre:

MAR CELO. A qui en te conoce y trata,
le parece rás lo que eres
aunque el traje te disfraza;
a quien no, tan hombre ofreces
bizarra presencia, Oc t a via,
como se ha visto en las villas
y tierras por donde pasas.
NUÑO. La inclinación de las hembras

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300

de las ventas y posadas
ha sido cosa de locos (vv. 621 - 630) .

El caso de Celos es especi al en est e se ntido , ya q ue Octa via s e hace pasar
durante toda l a obra por un caba ller o navarro. Se des cubre s u verdadera
identi dad al final de l a piez a . La d a ma s e d e spide del públic o sa luda ndo al
modo de los hom bres:

OCTAVIA. Mientras a vestirme voy,
con reverencia de hombre,
Senado, os pido perdón.
Querida, no quise bien;
quise bien quien me olvidó;
busquele, como habéis visto;
porque en nuestra condición,
el diablo son las mujeres .
Y que tenga fin dichoso
la dama Comendador
Si no ha mentido el poe t a ,
más pueden celos que amor (vv. 2655- 2666).

Pero, lo normal en estas piezas pala t i nas es que el cambio de
identi dad 273 se pro d uzca dentro de una oscilación espacial, que va desde la
corte a la alde a y vice versa.
Suele darse el caso de que un personaje ha sido escondido en el ca mp o
por se r i legítimo heredero a algú n tí tulo n obi liario. Así ocurre con Diana en
Boba . P ero t a mbién suele su ceder que el r ey haya perdi do la c o nfianza en
algu no de sus cab aller os y , por ese motivo, sean desterrados a una alde a. Est o
es lo que su cede en Mujer es , po r ejemplo. En Monte hay una mezcla de las dos

273 “D os obras de esta época, en especial, apuran su experimentac ión en los límite s del
género al prescindir de lo que había s ido uno de los fundamentos del mismo: el conflicto de la
pérdida de la identidad ori ginal, ignorada o escondi da bajo una máscara, y su resolución final
mediante las pruebas que el protagonista, recubie r to de la falsa ide ntidad, enfrenta has ta la
recuperación de su verdadero estado. Ni Po rf iand o v en ce am o r , n i El c astig o sin venganz a , tienen nada
que ver ya con es e c onflicto, s u planteamiento, su in triga y s u desenlace buscan ya otra s ba ses,
abriendo el géne ro a posibili dades diferente s ” ( OLE ZA, 2 004: 271 ).

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301

situa ciones , ya q ue el C onde ha sido de sterrado y , además, Narcis a e s hija de
un noble sin saberlo.
Belardo, person a je que h ace d e gracioso de l a pieza Mujeres , a pes ar de
que Isa bela va ve stid a d e labradora, es capaz de dis t i nguir que esa no es su
verdadera identi d ad y a sí se lo h a ce saber al emp erador que lo a comp a ña en
ese m omento:

BELA RD O. Aunque es disfrazado cuerpo
no veis que el alma es de dama,
las galas, y el limpio aseo:
¿qué olor os dio de tomillo?
Pues a los ámbares hecho
no conocisteis el suyo (vv. 727- 732).

Se da una situac ión en Boba en la que la p rotago n ista se muda de ropa
en escena. Cambia su vestuario de labrador a por e l d e capitana de s u ejército ,
ya que se autop roclama duqu esa de Urbino. La acotación qu e precede a esta
acc ió n lo deja c laro: Salen Marcelo, y c ri ados con armas, y desnudándo se la ropa, y
basquiña, Diana q uede e n jubón rico de f aldillas, o al guna almilla bizarra, y n a guas o
manteo . Acto seguido , la d ama mand a a s u cri ado que le entregue las a rmas .
Alejandro, caballero qu e pretende casarse c on Di ana, co nfie sa que a él
también lo ha engañado con su apariencia de inocente c ampesina:

MAR CELO. Aquí tie nes ya las armas.
DIANA. Dame esa gola 274 Ma rcel o (vv. 2835 - 2836).
[…]
ALEJAN DRO. Y o lo veo y no lo creo,
donde aprendiste, señora,
entre castaños y enebros,
entre asperezas de montes,
que visten hayas y tejos
a vestir lucidas armas,
juntando acera dos petos,
las hebillas y las correas
sobre grabados trofeos (vv. 2844- 2852).

274 G ola : ‘arma defensiva que se pone en sobr e el peto , para cubrir y defender la garga n ta’
( Autoridades ).

Espac io en el Lope de se nectu te |

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me dieron estos papeles,
y temiendo que son quejas,
quise descansar en verlos
y no descansar con ellas (vv. 2571- 2576).

Le pide que lo deje solo y se va Batín. El Duque se di spo ne a leer lo
que cree son que jas de sus súb d itos y se llev a una sorpresa:

DUQUE. Se ñor, mirad por vuestra casa atento,
que el Conde, y la Duquesa en vuestra ausencia,
no me ha sido traidor el pensamiento,
habrán regido mal, te ndré paciencia.
Lee .
Ofenden con infame atrevimiento
vuestra cama y honor.
¿Qué resist encia
harán a tal de sdich a mis enojos!
Lee .
Si sois discreto os lo dirán l os ojos ( v v. 2603- 2611).

Se intercalan e n este pa rlamento p alabras literales de la ca rta con
pensam ient os del D uque , realizados en a lta voz. E n este caso el co ntenid o de
la carta será d etermin ante en el f inal trágico de la pieza.
Pero siempre no oc urr e igual. Ya se vio el caso de la primera misiv a que
recibe el duque de Ferrara en la que no se lee e l conten i do de la misma. Lo
mismo ocurre en Boba . Alejandro le dice a Diana que ha recibido resp ue s ta de
su hermano a una c arta que le escribió la pri mera noche que la vio. Ella le pide
que se l a mue s tre y hace que la lee mientras lo s hombres, Fabio y Ale jan dro,
habla n. Com o pued e deduc irs e , es difer ente de l os ejemplos anteriores, ya qu e
ella no comun ica al públic o qué d ice ese papel.
El uso de utilería d e escena p ue de a parecer señalado en las acotac iones
o en el diálogo. Se d arán a lgun o s ejemplos so bre ello. En Mujeres el
Emperador so licita al D uque que le permita ver a Isabela a solas y hace
referencia al us o de un a s sill as:

EMP ERADO R. Parece de scortesía

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el recibiros en pie:
entrad y tomemos sillas,
da la mano Fede ri c o
a Isabela (vv. 1046- 1050).

En l a misma come dia vuelve a haber r efe renc i as al mismo m obiliario
también en la indicación escénica :

ISABE LA. Es tan grande, que remito
al silencio lo que callo,
y a la verdad lo que dig o ,
esta silla había de ser
Llégale la silla.
de mil mundos, y éste un rico
dosel de estrellas del cielo (vv.1815 - 1820).

En otr as oc asion es , se intuye la p rese n cia e n el escenario de un
estr ado 279 , un mueble q ue forma part e del es p acio íntimo feme nino de una
casa y que permite situar la esce n a e n ese lugar preciso. Esto ocurre en
Porfiando , donde Leon a rda le sol i cita a C el ia, s u cri ada, una almo ha da:

LEONA RDA . Si la entrada no le niegan,
quien es como yo dichosa,
siéntese Vueseñoría,
dame Celia una almohada (vv. 1460- 1465).

Pero también puede suceder que se a lu da a e ste mobiliario e n el
parlamento d e al gú n pe rsonaje . Es lo que sucede en Mon te , donde la
conver sación sitú a la acció n en el apose nto de Ce lia y hace refere ncia a l lugar
exacto donde s e encue ntra la d a ma:

NARC ISA. ¿Dónde está su señoría?
CLARA . Aquí, mi señora, estoy (vv. 1277- 1278).
[…]
CELI A. Llég anos silla s aquí.
CLARA. Mejor estaréis así señora,

279 Estrado: ‘El conjunto de alhaja s que s irve para cubrir y adornar el lugar o pieza en que
se sientan las señoras para recibir las visitas, que se compone de alfombra o tapete, almohadas,
taburetes o silla s bajas’ ( Autorida des ).

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que en el estrado (vv. 1282- 1284).

De nue vo es la a co tac ió n que sigue al sigu ient e d i á log o de Ca st ig o la que
permite conocer el dato de que el espacio es cénico está parcialmente ocupado
por un dosel 280 , en el que el D uque i nvita a su espo sa y a otr os i nvit ados a
sentarse:

DUQUE. Se ntaos, porque os reconozcan
con debido amor mis deudos
y mi casa.
CASAN DR A. No replico;
cuanto mandáis obedezco. (vv. 919- 923).
Siéntense debajo de dosel el duque, y Casandra , y el marqués y Aurora .

El h ech o de que un pe rson aje utilic e las ab ertur a s del corral pa ra
esconderse tambi én forma parte del espacio escen ográfico. Se dan algunos
casos en las c omedias p alatinas, t a l y como ocurría en las urb a na s.
En Boba Di an a e sc uc h a c la nd e st i na me nte lo qu e d i ce s o bre e l la
Teodora. La acotación así lo señ a la: Salga Diana a la p uert a a escuchar, y Fabio .
Así se entera Diana, que está acompañada d e su servidor Fab io, d e que la
dam a pr etende casarse con Alej andr o. Des de la puerta pueden ve r que
Teodora le d a una p re nda como p rue b a de amor al galán. El criado le revela a
Alejandro que su señora e st á escondida y que escuchó toda la c onversació n.
Aparte de este h ech o le sug ie re , ademá s, que use otr a puert a para s alir:

FABIO. N o,
que es airada tigre hircana,
echa señor por aquí ,
y finge que no la viste (vv. 1808- 1811).

En Celos Leonor invita al c onde, que resulta ser Octavia disfrazada, a
que se quede es c uc h ando tr a s la puert a en el siguiente parlame nto:

280 D osel : ‘Adorno honorífico y majestuoso, que se co mpone de uno como cielo de cam a
puesto en bastidor, con cene fas a la part e de adelante y a los dos lados, y una cortina pendiente en
la de atrás que cubre la pared o paraje donde s e coloca. Hácese de terciopelo, damas co, u otra tela,
guarnecido de galones o flecos y, a veces, bor dado de or o o sedas. Sirve para poner la s imágenes en
los altares, y también la usan los reyes, y los prelados ec lesiást icos en s us sitiales, y los pr e s idente s
de los consejos, s eño r es y tí tulos le tiene n en s us ante cámaras’ ( Aut o ridad es ).

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LEONOR . Retírate, por tu vida,
Enrique amigo, a tu cuadra,
que quiere el Embajador
que le oiga aquí dos palabras.
Y si por ser tu mujer
a celos te he dado causa,
tuya es la casa y las puertas,
mira, escucha, aguarda y guarda (vv. 1382- 1389).

En la tragedi a Castigo se produc e una discusión en tr e Casandra y
Federico. La dama le recrimina que haya solicit a do la ma no de su prim a
Aurora. El Duque, advertido por ca rt a d el adulterio, queda tras la puerta para
ver si puede escuc h ar la conver sación. Prim ero se hace a lusi ón a e sta acció n
en l a acota ción y lu ego en el d i álogo d el marido eng añado:

Entre el Duque acechando .
DUQUE. Buscando testigos voy,
desde aquí quiero escuchar,
que aunque mal tengo de oír
lo que no puedo sufrir,
es lo que vengo a buscar (vv. 2837- 2841).

Ya se ha com en t ado el uso de la s distintas puertas por parte de a lg unos
personajes. Se pueden p oner varios ejemp l os más sobre este hecho. En la
come dia Bo ba ocurre uno de ellos . En él se h a ce a lusión a esta forma d e
proceder de los p ers ona jes en la i ndic aci ón es céni ca. Dian a ha bla con Fabio ,
su criado, que le a nima a que contin úe haci éndose l a ton ta y que él será c apaz
de encontrarle u n m arido a su altur a. Ent on c es, mientr a s salen los dos de l
espac io escénic o , se introduce la siguiente a cotac ión: En la s dos p uertas diga n
esto, como que se entran . E sta sali da s e com pleta con u n d iá log o en e l que se
alternan las interven ciones de Diana y Fabio y en las qu e descr iben cóm o ser á
ese hombre.
Otro ejemplo ocurre en la comedia Porfiando . El R ey manda a Carlos a
comunicarle a Alejandro que h a sido el elegido para ser el capitán de l e jércit o
real. También en este caso se complem enta la a cción de salir con un

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come ntario en la acotación correspondient e: Va se Carlos, y sale Alej andro por la
otra p ar te . Se p rodu ce la salida del caballero mientras hace entrada Alejandro
por otro acceso d iferente a l que usó e l prime ro de ellos.
Es el mism o caso qu e sucede en Castigo . Están en el espac io escéni co
Casandra y Feder ico que h ablan s o bre el amor. La dama se inte re sa por su
estado anímico y l e pregunta si todavía está triste . Continúa Cas andra
relatando la h istoria de Antíoco qu e se en amoró de su madrastra y Federico ,
en un a parte, señala q ue su desdicha e s m ayor que la del personaje po rqu e por
lo menos Antío co dejó de sufrir ya que murió. El caballero decid e confe sarl e
su amor y le revela que e lla es l a responsabl e de su malestar. Entonces, antes
de a bandonar el t a blado , s e indica ex pl íci tame nt e que l o hac en cada uno por su
part e .
En otras ocasione s res ulta más compli cado percatarse de est e uso de los
acc es os al tab lado. No h ay in dicac ión e scé nica qu e f acili t e e ste da to y en l a
lectur a la tar e a de reconocerlo se hac e difí cil. Se tr ata, por ejemplo, de e sta
escena que tiene lugar en la mis ma co med ia de l ej emp lo a nterior. Federic o
habla con su padre para pedirle la mano de Aurora. El caballero sale del
escenario tras hablarle ma l d e Casandra a su padre. Lo hace porque el D uque
insistía en llamar a su mujer para c omunicarle la boda d e Federico con Aurora.
Queda so lo el de Ferr a ra y se incorporan Ca sandra y A urora , que s e une n al
D uque ya que así lo afirman ellas mismas e n el d iálogo . Se de d uce entonce s
que Federico d ebe haber salido por una puerta distinta d e la que ent ra ba n las
mujeres ya que es el D uque el que debe informarles de que acaba de sali r de la
sala. E n un a e scena post erior o c urre lo mismo y es qu e se van el D uque y
Aurora de l tab lado y , acto segu ido, entra el conde . Federico es el que sugiere
que ha e ntra d o por otra p uert a al p regunt ar a Casandra p or él. Es evi d ent e
que mien tras uno salía el otro en t raba, utilizan do para ello accesos d ifer entes
de la facha da del corra l.

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Con e stos ejemplo s puede hace rse una composición d e lugar que
permita dar c uenta de cómo tiene lugar la in corp o ración y a band ono de la
escena por parte de los personajes. Es un hecho de suma importancia pa ra el
dinamismo característi co de la comedia áurea espa ñola.
La músic a también e stá presente en las co m e dias y dramas palatinos 281 .
Hay que tene r en cuenta que la func ión q ue d ese mpeñ a es te e lem en to en lo s
subgéneros urban o y palatino es p arecid a. Sin embargo, en este ú lti mo tipo de
piez as su aparición es m ás bie n e sca sa. Solo hay do s com edias en las que s e
utiliza el recurs o musical.
La primera de ellas es Porfiando . Ocurr e e n la seg unda jor nada cu ando
Alejandro pregunt a a Armindo sob re si ya han ll eg ado los músicos. El criado
le respon de que sí . No se hace alu sión en ning una acot ación a pr opósit o de la
entrada d e los cantan tes, b a stará con la af irm ación he c ha en el diálogo y la
indicación posteri o r que confirma que h an co me nzado a cantar. El contenido
es el q ue sigue:

No estuvo bien en lo cierto
quién llamó muerte a la ausencia,
que no ha menester paciencia
un hombre después de muerto (vv. 1497- 1500).

Los p e rson ajes, además, aportan con sus palabras más inform a ción
sobre esta copla. Introducen un come n tario sobre la antigüedad y calidad de la
canci ón:

281 Portei ro r emit e a Blecua quien apunta que: “La habilidad de Lope para injertar lo culto
en lo popular y dignificarlo h a s ido unánimemente reconoci da por la crítica. Estas cancioncillas y
bailes suscitan un ambiente rústico: deleitan al público por me dio de la mú s ica, por lo general,
mú sica conocida; cumplen con la tradición clásica de la <<melopeya>> ; f uncionan como
anticipaci ones y recordatori os y s uelen aparecer inmedi atamente antes de un cambio de acción –de
la felicida d a la desdicha– , es decir, oponen los efecto s suav es a los patético s. El villancic o y demás
cancioncil las que el teatro del siglo XVI incluía com o meros adi t amento s melódicos y lúdicos
adquieren en el teatro de Lope una extraordina ria riqueza d e f uncion es”. BLECUA, A. (1 981).
Peribañez y Fuente ovejuna , (edición, introducción y n ota s ). Madrid: A lianza E dito ria l, p. 14 (200 7:
144 - 145).

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ALEJAN DRO. Buena, a unque antigua.
LEONA RDA . Extremada .
ALEJAN DRO. Bien entonces se escribía (vv.1501 - 1504).

Hay o tro tema cantado en esta misma piez a que se sitúa en la tercera
jornada. Se afirma en l a in di cac ió n es cén ic a que e ntran unos mús icos
acompañados de otros personajes: Sal e n Fel ino, S irena, Alcindo labradores, y los
músicos, y C a rlos, y Fabio . Tras la llegada al tablado, los persona jes comienz an a
cantar :

MÚSIC OS. Las s ie rras eran altas,
y malas de subir,
los caños corren agua,
y dan en el toronjil (vv. 2267- 2270) .

Esta canción so lo tiene la func ión de enm a rcar la a cció n y situarla
espacialment e. Es una escena que tiene lugar en la a ldea y, para ello, se recurre
a una canción de tipo pop u l ar que tiene como tema p rinc ipal elementos de la
natur aleza .
La otra comedia mencionada es Monte . En el la se incor poran t ambié n
dos canciones . La prim era se localiza al i nic i o de la pieza 282 y dic e as í:

MÚSIC OS. Fuente, si s e viere en ti
para tocarse Narcisa,
su mismo nombre la avisa
que se ha de guardar de sí 283 (vv. 57- 60).

282 Po rtei ro alu de a la disposición de la s cancione s dentro de l a pieza: “ Del monte sale
incorpora dos cancione s, una al principio del acto pri mero y otra hacia el final del tercero. Esta
disposición se corresponde con la colocación habitual de muchas de esta s piezas en la s comedias de
Lope. Casi la mitad se incluye n cerca del principio o final de un acto” (2007: 1 44).
283 “L a canción remite de manera directa a la protagonis ta. Sirve, en pri mer lugar para
introducir al personaje. Al principio de la obra, el conde y Feliciano la m encionan repetidamente.
Acto seguido, Enrique le de dica la c anción y es en tonces cua ndo la labradora s ale a la ve ntana e
interviene por primera vez en la comedia) [....] Facilita , pues, la comunicación entre los enamo rados
y favorece el desarrollo de diálogos amorosos” . Añade que cumple ot ra s f unc iones como que “s u
contenido pronostica de fo rma misteriosa los acontecim ientos f u turos. En clara alusión al mito de
Narciso , los músicos advierten que la pr ota gonista de be guardarse de sus propios actos porque
pueden conducirla a la desg racia” (PORTEIRO, 200 7: 145 ).

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En es te c as o se hace alus ió n directa a Narcisa y ti en e la f un ci ón de
introducir a la pro t agonista de la historia . Tra s s onar la c anción, la dama hará
acto de pr e sencia en u na v e ntan a. A d em ás d e este carácter introductorio,
también se utiliza a m odo de p ronósti co sobre acontecimi en tos futuros. Par a
este fin se alude en la letra de la copla al mito de Narciso. La dama, que posee
el mismo nombre que el personaje mit ológico, corre el peligro de dejarse
llevar por su v anidad y se rá ésta la que la conducirá a la tragedi a aco ntecida en
la última et apa de la pi eza.
La otra composi ción que h ay en la come dia se si túa al final del tercer
acto y la cant a la propia Na rcisa. Se trata, d e nuevo, de un tema recogido de la
tradición popula r. P ero , e n este c a so , s u fi nal ida d 284 es otra: hacer ver que el
personaje se e ncuentr a en una situa ción de cr isis. Dice así :

NARC ISA. Púsoseme le sol,
salióme la luna,
más valiera madre, la noche oscura (vv. 2599- 2601).

Es diferente a l a pri mera p orque ahora la situación de l p erso naje es
dist inta tam bién . S i al principi o era un a advertencia y presentación qu e se
desarrollaba en un ambiente armonioso, ahora el e sta d o de Narcis a es distinto
y, la canción así lo refleja. La dama s e ha entera do de que el C on de se va a

284 “El cantar pone de manifiesto el diálogo de su enunciador con la naturaleza y l a rela ción
simbólica de es t os fen ómenos con el e stado de ánimo de los personajes. La ausenc ia de luz y e l
dominio de la oscuridad son reflejo de la tristeza de la protagonista y sus celo s. Ta mbi én la
refe rencia al <<sol >> aporta una significación doble. Esta imagen ofrece un sentido rec to, puesto
que alude al astr o como elemento natural; per tambié n otro m etaf ór ico, no debe pasarno s por alto
su vínculo con el nom bre que Narcisa adoptó en s u visita a la casa de Celia. Así pues, la inserción
de la canción popular en este mom ent o de la acci ón dra mática cumple una función muy concreta.
Con ella, la protagonista estable ce una comunicación directa con s u rival y confirma las sospechas
de la dama. Por fin, las dos pretendiente s al amor de Enrique se encuentran s in que medie e disfraz
y el o culta miento entre amba s ”. Continúa explicand o que la canción también alude al “presente
triste y s ombrío sugieren un pasado feliz que se ha visto fr u s trado. […] las mencione s al sol, la luna
y la no che deben tomarse como analogía de la alegría anterior de Narci sa fre nte al sufrim ien to
actual, inspir ado por la pr e sencia de Celi a y su relevancia en la vida del conde” (P ORT EIRO , 20 07:
148 - 149).

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casar con Celia y s u cantar no hace sin o manifest a r su condi ción a ním ica. Ha
pasa do de l a alegría de acon tecimie ntos pasados a la tristeza del p rese n te 285 .
Una vez que se ha analizado e l espaci o es cen o gráfic o no verbal se
procederá al estudio de la creac ión de l espa cio median te la pala bra.
El prim e ro de los el e mentos objet o de a nálisis serán l o s casos del
llamado decorado verbal. Ya s e ha co m entado, al tr atarlo en las comedias de
santos y las urbanas, que su u so era muy habitual. Sin embargo, hay que añ ad ir
que, debido a p roblem as de espacio y para no conv e rtir el trabajo en una
enumeración interminable, se opta por aludir solo a aquel los ej emplos que
hacen alusió n a los ele mentos más re pe tido s recrea dos mediante e ste recur s o.
Los ele m e ntos ve get a les a pare cen en todas las comedias y d ramas
palat ino s que se han estu diado. En Mujeres , por ejemplo, Isab ela, p ro t a gonist a
de la pieza, se está oculta ndo de su prometido, Federico. La alu sión a una
encin a y l a uti lizaci ón del deíc tico “ aqu est a ” sugier e n qu e la mu jer se h a
agaz apad o tras a lgún elemento decorativo presente en e l espacio escénico. Se
justifica la afirmació n anterior con unas pal abras de l c a bal lero qu e afirma: “N o
lejos d e aque sta en cin a / la v i , y a Fl o ra tamb i én” (vv. 56 - 57) .
En mu chas oc asi one s, como ya se ha c onst at ado, el es pacio se id enti fi ca
con el esta do de á nim o de los perso najes. El caso que sigu e se ha tomado de
Porfiando . Fe l ino, labrador y s irvie n te de C arlo s, se dirige a su señor cuand o
llega a la aldea a ludiend o e n su parlam e nto a los distintos tipos de flora qu e ,
como los alde a nos, ho nran su llega da:

FELINO. Que ya os daban, señor, la enhorabuena
los campos esmaltándose de flores,
silencio tienen ya los ruiseñores,
y hasta los aires callan por las ramas

285 “La importancia de ambas cancione s es innegable t anto desde el punto de v ista
dramático-argu m ental com o del escénico. Las funci ones prefigurativa y simbólica de estas
composiciones refuerzan la acción e interfieren en el fluir del diálogo para ofrecer una perspectiva
independiente de los hechos, en el primer caso, y profun dizar en los sentimient os del personaje, en
el otro” (PO RTEIRO, 2007 : 150).

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destos blancos jazmines olorosos,
verdes mirtos, y pálidas retamas,
mudos los arroyuelos sonorosos
atrás la plata líquida retiran,
tan tristes ya, que por cantar suspiran (vv. 846- 854).

Aparec en , ademá s, m encio nes a l a estación primave ra l en l a que s e
desarrollan los hechos. Su función es la de ayudar a si tuar a los personajes en
medio del c a mpo. Así ocurre e n la piez a anterior, Ca rlos pide a s us aldean os
que celebren su amor p or Lucinda en medio de esos bosques que ro dean a la
alde a:

CARLO S. Entre estas verdes florestas
de la corte a quien se rinda
la envidia, que si hace allí
corte al Rey, también aquí
está su reina Lucinda:
¡Ea!, sentaos en la h ierba (vv. 2315- 2320).

En la tragedia Ca st i go a parece el d ecora d o verbal utilizad o para hacer
referencia a la presencia d e un ti po concreto de árboles , unos sauces, ante l os
que s e deti ene n Feder ico y Batín a descans a r:

BATÍN. ¿Agora en c uatro sauces te detienes? (v. 260 ).
[…]
FEDE RICO . a ntes la gente dejo, fatigado
de varios pensamientos,
y al dosel destos árboles, que, atentos
a las dormidas ondas deste río,
es su puro cristal, sonoro y frío,
mirando están sus copas,
después que los vistió de verdes ropas 286 (vv. 266- 271 ).

Abundan en el texto también la presen cia de ele men tos veg et ales que
caracterizan a un determinado espacio. Se trata de a quel las escenas que tie nen
lugar en un j ardín. E l segun do acto de Boba ocurre enteramente en este lugar,

286 “ Luga r com ún ( lo c us am oe nu s ), tanto en la lírica renacentista como en la co media nuev a.
Asocia con fr ecuenci a la A rcadia pastoril y la p resencia, en el mis mo espac io, de la muerte como
figuración de lo tr ágico” (C ARREÑO, 1990: 12 0).

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ejem plos ya citado s, l a palabra va a ser fundamental en lo que a l a recreación
de espacios d ramático s se refie re.
También se alu d e a la presencia de ríos e n Casti go . Casan dra acla ra,
inc l us o , la profundidad del mismo, además de evidenciar la presencia de unos
árboles en la o rilla op uesta:

CASAN DR A. A quien pedí me dejase,
atravesando una senda,
pasar sola en este río
parte desta ardiente siesta,
y por llegar a la orilla
que me pareció cubierta
de más árboles y sombras,
había más agua en el la 289 (vv. 409-416).

Las f ue ntes ta mbién se e videnci an con este recurso. En Mujeres el
emperador afirma que se de t endrá a esperar a sus caballeros al l ado de u na
fuente : “Corred, cabal leros, todos , /que e n esta fuente os espero ” (vv . 5 77 -
578) . Narcisa , en Monte , mencio na la presen cia de un man antial pero , en e st a
ocasión no es un lugar de descanso , es una prolonga ción de su estado
anímico. La dama expresa de esta manera s u tris teza ante la n uev a d e ten ción y
el posterior traslado d e l con d e Enrique a la ciud a d:

NARC ISA. Fuentes, a mi llanto ig uale s,
o trasladaos a mis ojos,
o mis lágrimas y enojos
a vuestros puros cristales (vv. 2525- 2528).

Los distintos mom entos del día en los qu e s e d esarrollan las e s cenas
son una forma de decor ado verbal, ya q ue n o s iem pre c o inci día n las horas
exact as de la jor nada c on las de l a repres e ntación , sobre todo, en lo que a las

289 “Casandra s upu so que en la ot ra orilla había más agua. Pero es un p oco al r evé s; es
decir, Casandra, viendo la otra or ill a cubierta de árboles y sombras la supuso de fácil acceso; al
llegar s e dio c uenta de que era tan profunda (<<sin ser mar>>) que estuvo a punto de correr
<<adve r sa Fortuna>> : e s decir, de perecer ahogada. El remanso cubierto de árboles, en sombra,
no dejaba v er bien la profundida d. L a apariencia, incl us o en el nivel na tural, crea un engañoso
espejo” (CAR R EÑO, 1 990: 127 ).

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325

noches se refiere. Había que aclararlo en el diálogo para que el público situara
la acción correct a me nte.
Las mencio nes a que una escena está teniend o lugar durante la noche
son abundant es. En Mujer es e l E mperador le dice a Federico que no puede ir a
ver lo que han hecho lo s pe rros durante la cacería d e e s ta m a ne ra : “Ya no
puedo, / que baja entre las sombr as de su mie do / la n oche, que nos cu bre”
(vv. 809 - 811) .
Isabela, de la misma pieza, hace alu sión a la co stumb re del Emperador
de visitar a las damas a horas poco co n veni entes:

ISABE LA. Viene vuestra majestad
a las horas más suspens a s
del silencio de la noche (vv. 2575- 2577).

Federico no puede descansar a pesar de que ha tenido un mal dí a. S u
criado le aconseja qu e se tumbe y el caballero , ha cie ndo un a men ció n a la
noche , la compar a c on su estado d e ánimo :

FEDE RICO . No pue do, que aún es noche todavía,
que no amanece el día
a quien es desdichado (vv.2762 - 2764).

En Celos la noche e s la que impid e que Octavia p ue da ver las armas que
llevan los caballero s que pretende d esafiar. Así se l o hace sa ber a N u ño, su
criado:

OCTAVIA. No vi en mi vida tan obscur a noche.
NUÑO. Viuda está del sol y enluta el coche .
OCTAVIA. No sé cómo han de ve rse la s espadas (vv. 2019- 2021 ).

Porfiando acog e otro ejemplo de este tipo de escenas en las que los
personajes se am pa ran en la oscurida d para desafi a rse . I nés d ice:

INÉS . Sí, pero de noc he aquí,
y con armas, ¿qué has de hacer
cuando fuesen menester? (vv. 1687- 1689).

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Es propicia para llevar a ca bo, no solo esce nas viole ntas como desafí os
de capa y e spad a si no , s obre to d o, para el ocult amiento de algu na ide ntidad
que no quieren los personajes que se reconozc a. Así ocurre en Celos : el C on de
saluda a Octavia sin saber que es ella y le dice que le gustaría confirmar q uién
es con la clari d ad del día

COND E. Pues con eso os doy la mano
y huelgo de conoceros.
Y pues la noche os enc ub re
y sumamente deseo
veros el rostro, mañana
me dad lice n cia de veros (vv. 2089- 2094).

Asimi smo a parecen a l usione s a la hora exacta de la noche en que
suce d e n los hechos . En M onte se i n dica primero en l a aco tació n: Ro berto y el
marqués Ro sel o, de noche 290 . Luego se confirmar án la s on ce como el mo men to
concreto en el que est án ocurrie ndo los hechos:

ROB ERTO. Por el reloj de los cie los,
pienso que las once son (vv. 1951- 1952).

Alguna s refere ncias a la hora del d ía alu den al fen ómeno natural de
ama necer . En Mujer es Isabe la lo anu ncia d e esta mane ra:

ISABE LA. Ya suena
gente en casa, y viene el día,
no es justo que se detenga
aquí vuestra majestad (vv. 2710 - 2713).

Otro caso de est e tipo , tom ado de Porfiando , en el que se afirma que la
acción se está desarrollando al aclarar e l día. C on la lleg ada d e la mañana se

290 Portei ro señala que: “ Las once era una de las horas convenc ion ales para los encuentr os
amor osos e n la come dia del Siglo de Oro”. Añade que “l a es cena tiene lug ar en la calle, lo
suficientemen te cerca de la ca sa del gobernador Mauricio como para que Roselo, s uplantando la
personalidad del conde Enr ique , pueda comunicarse con Celia a través de la reja. La acción s e
produce la mi sma noche en que Enrique parte a la aldea. Ambos hechos son suce sivos. El marqués
espera que el conde se vaya para presenta rs e ante Celia. Han pa sado tan solo unas horas” ( 2007 :
257 ).

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despiertan hombres y na tur aleza, com o indic a Fab io en el sigui en te
parlamento:

CARLO S. Muy de mañana llegamos.
FABIO. Ya la aurora soñolienta
con hurtada plata argenta
puntas de flores y ramos,
ya los dormidos pastores
salen del aldea al prado,
y las voces del ganado
espantan los ruiseñores (vv. 1922- 1928).

También s e dan algunos ejemplos que hacen mención a la etapa del día
de una manera más genérica. Federico hace alus ión a que es de día
describien d o la presencia del sol pero no co ncret a el mome nto ex acto en el
que es tán:

FEDE RICO . Que para disculpas mías,
aquel divino c risol
ha seis mil años que es sol
y nace todos los días (vv. 567- 570).

El sol es t á en lo a lto. Por su parlame n to se p uede a firmar qu e al utiliz ar
el deíct ico “aquel” t ambién re alizará algún g e sto que a poye su afirmación.
También h ay referenci as en los textos que remiten a la caída del dí a. En
Celos el D uque está pensan do en alta voz cómo se prepara para a cudir al duelo
que ha organ izado. En sus palabr as hay una menció n a qu e ano che ce:

DUQUE. Y a se va muriendo el día
y expira en su falda el sol,
que enluta el alto zafir,
para enseñar a morir
al arrogante español (vv. 1898- 1902) .

El decorado verbal puede recoger, además, la descripción de la ciu da d.
Así oc urr e e n Boba . Ca m i lo y D iana mantienen un diálogo que no co nt rib uye
demasiado a que se pueda crear una idea de c ómo e s l a ur b e. La dama la
describe con s implez a :

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CAMI LO. ¿ No le agrada a vuestra alteza
la ciudad?
DIANA. Es linda pieza,
mas ¿recibirme con truenos?
CAMI LO. Aquella es artillería,
que os hacen la salva así (vv. 396- 401).

La m ención que h ace Dia na sobre la prese n cia de “art i llerí a” se h ace
con el recurso que se verá a con tinua c ión, el de “bastidores hablados” .
Inc luso , se a ñade la p resenci a de sonidos que sirven d e reci bimiento a la
duq uesa. No es lógico pensar que existieran realmente y los perso najes alud en
a ello en su diálogo para complet a r l a imagen del recibimiento alegre de sus
fieles vas allos.
Ocurre a vece s que se describe u n edificio conc r eto q ue pertenece al
paisaje urb ano. En la misma obra del ejemplo an t erior, Cam ilo y Li sen o se
burlan de la ignor ancia d e Diana, en un aparte que no se menciona en
acotación. Ell a describ e el lugar en el q ue se e ncuentr a :

DI ANA. Esta casa relumbrante
de blanco má rmol vestida
¿qué contiene?
CAMI LO. Es el palacio de vuestra alteza.
DIANA. El lugar
puede todo aposentar
su grande y vistoso espacio,
con ovejas y borricos.
CAMI LO. Veréis aposentos llenos
de pintura, en que es lo menos,
telas y brocados ricos (vv. 411- 422).

La al u s ión a la fachada d el palacio, c on el d eíctico “esta”, evidencia
cercanía respect o d e Diana. Este hecho co ntribuye a que se c onfigure en la
mente del lector (el p úblico l o ve) una imagen que mue str a que la dama
pudiera señalando l a parte frontal d el corral. Pero hay q ue acla rar que la
relación de e lement o s que se encuentra n en el in t e rior del edificio no puede
hacerse de la mi s m a manera. Los aposentos y su c onte n ido no forma n p a rte

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del espa cio es cénic o, son una proyección verb al del mismo. Para transmit i r
una visión to t al de estos i nteri o res Ca mi lo los describe. Utiliza pa ra ello la
técnica de “bastidores hablados” . Conti nú a la rela ción de el em entos que
aprecia Dian a cuando mira esta constru cción :

DIANA. ¿Qué es aquello que está allí?
CAMI LO. El reloj (vv. 423- 425).
[…]
DIANA. ¿Y quién es Camilo aquél
que está en aquel capitel?
CAMI LO. Es el ángel de la guarda.
DIANA. Bien le habemos menester:
pero es grave desvarío
tenerle al calor, y al frío
si nos ha de defender (vv. 430- 436).

Diana alude a la presencia de un reloj y d e una estatua en esta parte del
edific io . En su afán por mostrarse como una boba alude a que se d eberí a
cuidar mejor al á n gel q ue guarda el palaci o.
No solo hay utiliz a ción d el decorado ver bal para espacios ur b anos ,
también se determina con este re curso algunos lugares rurales , sob re to do,
perteneciente s a las a ldeas que acogen el destierr o de los personajes
masc ulinos. En Porfiando, Carlos s e des p ide de e s te sit io describiend o el
entorno que lo ro d ea:

CARLO S. Adiós mis pobres vasallos,
adiós para siempre, adiós
verde selva, ameno campo,
aunque se va vuestro dueño,
no seáis al nuevo ingratos,
pues la primavera os queda
floreced fértiles, dando
flores que a sus pies debéis (vv. 2460- 2467).
[…]
Aves, decid que en mi ausencia
se acuerde, que vuestros ramos
aprendiste los amores (vv. 2469- 2471).

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