Publicado en el pe iódico La P o incia, Las Palmas de G an Cana ia, 27 de no iemb e de 1999.
ALEJANDRO CIORANESCU: EL SABIO DISTANTE
Maximiano T ape o
Ca ed á ico de Filología Española
Uni e sidad de Las Palmas de G an Cana ia
Esc ibo sob e Alejand o Cio anescu, desde la admi ación y el espe o que me me ece la ob a
de un sabio dedicado po en e o a la in es igación. No u e con él sino un b e e a o
pe sonal, llegué a conoce cosas de su ida pe sonal muy al inal de sus años, no soy yo
ampoco -po no se his o iado - un conocedo po ex enso de su ob a, pe o sí sé lo su icien e
como pa a decla a que Alejand o Cio anescu es uno de los homb es undamen ales -
e dade amen e undamen ales, en el sen ido e imológico del é mino- de la cul u a cana ia del
siglo XX.
Sin habe sido nunca mi p o eso en el aula, en mucho lo he enido po maes o, pues el
nomb e de Alejand o Cio anescu y las ob as debidas a él han es ado siemp e en mis
in es igaciones en e la bibliog a ía de obligada consul a. Lo conocí en la Uni e sidad de La
Laguna, a mi ad de la década del sesen a, como p o eso de la Facul ad de Filoso ía y Le as.
En onces daba clase de muchas cosas: Filología Románica, F ancés, Rumano, I aliano,
Po ugués, Li e a u a Compa ada...; e a uno de aquellos p o eso es a los que se ecu ía
cuando o o allaba, y siemp e podía supli se la ausencia, en una época en que las Cá ed as
escaseaban y aún no había apa ecido el pe il supe especializado que se lle a aho a. Lo
eíamos llega cada a de, siemp e pun ual, al o y al i o, de echo a la sec e a ía, donde ecogía
la co espondencia, e iba a clase; después salía, igualmen e al o y dis an e, saludaba, eso sí,
siemp e co ec o, bajaba las escale as de oscu o má mol del iejo edi icio de la Uni e sidad y
eg esaba a su San a C uz. Siemp e así, nunca lo i pa ado en los pasillos cha lando con un
alumno u o o p o eso y nunca pa icipó en claus os, euniones, comisiones y cosas po el
es ilo. Los que lo enían po p o eso decían que e a bueno, que sabía mucho; los que sólo lo
eíamos po el pasillo, pensábamos lo que nos decían: que sabía mucho.
Ese ue odo el conocimien o que u e del P o . Cio anescu en La Laguna. Has a el pun o de
que me p egun o oda ía si la o mación académica del p o eso umano ue la de un
his o iado o la de un ilólogo, po que siendo la mayo pa e de su ob a de ca ác e his ó ico,
él daba clase en la especialidad de Filología, no de His o ia. Sé que eso no u o la meno
impo ancia pa a su dedicación, y que a su in es igación his o iog á ica no le a a la zaga la
ilológica, aunque és a sea menos conocida; al in, sin se miemb o de ella, ac uó como la
mayo pa e de los miemb os de la Escuela Española de Filología, di igida po Menéndez
Pidal: ilólogos de í ulo, pe o his o iado es undamen ales.
Fue muchos años más a de, cuando los asun os de Cana ias empeza on a in e esa me como
obje o de es udio, cuando empecé a conoce de e dad la dimensión in elec ual de Alejand o
Cio anescu y la impo ancia de su ob a. Y ue en onces ue cuando empecé a admi a lo.
Comp endí en onces que su apa amien o de la ida uni e si a ia lagune a -quie o deci
cá ed as, elecciones, sec e a ías, decana os, e c.- enía la jus i icación en su ob a de
in es igación, a la que se dedicó en cue po y alma, po encima de ep esen aciones y hono es,
a cos a incluso de una emune ación más digna y gene osa.
Lo ol í a e muchos años más a de, en 1990, con mo i o de su in es idu a como Doc o
Hono is Causa po la Uni e sidad de La Laguna, en ce emonia conjun a con Don Manuel
Al a , y me pa eció el mismo a quien había conocido 25 años an es, con el mismo aspec o -
siemp e me pa eció que enía la misma edad-, aunque lo pe cibí ya menos dis an e que cuando
yo e a alumno. Y lo ol í a e , unos pocos años más a de, cuando yo mismo lo in i é a la
Uni e sidad de Las Palmas a da un Cu so de Doc o ado, jus amen e sob e An onio de Viana
y el « ianismo» en la li e a u a cana ia. C eo que esa ue la única ocasión en que Alejand o
Cio anescu u o con ac o con la Uni e sidad de Las Palmas. En onces sí lo conocí más
ce canamen e y descub í al Cio anescu de quien sólo a los muy amigos suyos había oído
habla : con e sado , ocu en e, dicha ache o, con un ex ao dina io sen ido del humo ,
en añable. Poco iempo an es, había leído en una Re is a de La Laguna, en unos apun es
au obiog á icos, los mo i os po los que había decidido eni a Cana ias, en la segunda mi ad
de la década del 40 -se en e ó dónde es aba Cana ias po una enciclopedia-, las pe ipecias de
su iaje y las imp esiones que había ecibido al llega a la Uni e sidad de La Laguna: e an an
no elescas, an dispa a adas, an d amá icas incluso, pe o es aban eco dadas con al dulzu a,
con an o humo , con an o amo , que e an es imonio del ca ác e y de la pe sonalidad de
quien de ellas ue p o agonis a. Y hablamos de ello, y conocí en onces una ace a de la ida del
P o . Cio anescu ocul a has a en onces pa a mí, sob e la que a nadie había oído habla , quizás
po que nadie supie a de ella, que siemp e me había pa ecido oscu a, c íp ica, y que esul ó se
consecuencia de una escapada hacia la supe i encia: u o que hui de su país, Rumania, po la
amenaza con a su ida po pa e del égimen comunis a ecién ins au ado en su país.
Sal o a ias con e saciones ele ónicas pos e io es, nunca más u e con ac o con él. Has a
que hace unos dos meses, And és Sánchez Robayna, g an amigo y aledo de Cio anescu,
daba no icia, en una de sus colabo aciones en la «Cul u a» de La P o incia, del mal es ado en
que había encon ado en su ul ima isi a a don Alejand o: a su de e io o ísico se unía ya el
ex a ío men al, con undiendo en su con e sación, sin da se cuen a de ello, las a ias lenguas
que hablaba. Y ue hace an solo quince días, en una la ga con e sación con Alonso
Fe nández del Cas illo, Di ec o del Ins i u o de Es udios Cana ios y el más ce cano a Don
Alejand o en los úl imos años de su ida, quien me in o mó de la decadencia o al en la que
i ía, sin la meno espe anza de ecupe ación. Has a que La P o incia del día 20 pasado nos
in o maba desde su po ada que Don Alejand o Cio anescu había mue o el día an e io , 19
de no iemb e de 1999, en una clínica de San a C uz. Que Dios lo enga en su glo ia. Mejo
que se haya ido a ene que segui iéndolo pos ado en la uina, quien con an a la gueza y
con an a dignidad había cumplido con la ida.
Alejand o Cio anescu ue el in es igado pu o que ab ió caminos: a él debemos el
conocimien o p ime o de ex os absolu amen e esenciales pa a la his o ia de Cana ias, como la
c ónica de la conquis a be hencou iana Le Cana ien y las His o ias de To iani y de Ab eu
Galindo; y a él ambién la eedición mode na y los es udios ac ualizados sob e la His o ia del
Pad e Espinosa y, sob e odo, de Vie a y Cla ijo, de quien Cio anescu ue, sin duda, el mayo
es udioso. Él ue ambién el p ime o en ponde a la p esencia de ex anje os en Cana ias, que
di ulga on después la ama de las Islas en Eu opa, como el inglés Nichols, en el siglo XVI, y el
alemán Humbold , en el siglo XVIII; y él el p ime o en esal a la impo ancia de un cana io
ilus ado en las co es ancesa y usa del siglo XVIII: Agus ín de Be ancou . Conside ación
apa e me ece la dedicación de Cio anescu a la igu a de Colón y su elación con Cana ias,
ambién pione a y undamen al. No sólo po ella, pe o sí que esa ace a de sus dedicaciones se
puso de elie e cuando el Gobie no de Cana ias le concedió el P emio Cana ias de
In es igación, un p emio que esul ó polémico, al o o gá selo compa ido con Nés o Álamo.
Y en el e eno de la li e a u a cana ia, al P o . Cio anescu debemos, en g an pa e, el
descub imien o de la g an ob a de Cai asco y la di ulgación del Poema de Viana, y las p ime as
ediciones de la ob a del Vizconde de Buen Paso, y el econocimien o li e a io del Pad e
Anchie a, e cé e a, e cé e a. Ob as o iginales suyas, e e idas a Cana ias, son, po ejemplo, la
His o ia de San a C uz de Tene i e, en dos ols., la His o ia del Pue o de la C uz, el Dicciona io de
cana ios ame icanos y ambién un la go e cé e a.
La ob a de Alejand o Cio anescu iene el signo del uni e salismo, con una cu iosidad sin
on e as. Ha sido su dedicación la de un e dade o humanis a, ma cada po la di e sidad de
sabe es, que sólo en la men e de los sabios encuen a unidad, en con a de la endencia más
ac ual de la supe especialización que, a mi e , cons i uye una e dade a amenaza con a el se
de nues a cul u a adicional.
No es sólo el ema de Cana ias el que cub e las muchas páginas de la o midable bibliog a ía
del P o eso Cio anescu, pe o de su dedicación a las cosas de Cana ias nos bene iciamos
odos, po que emos aho a con más luz y con mucha más cla idad. Y hacia pe sonas así no
caben sino la g a i ud y el econocimien o más al os.