ISSN:
0212-0267
LA VIDA DE LAS MAESTRAS EN ESPAÑA
The li es o he women eache s
Consuelo FLECHA GARCÍA
Uni e sidad de Se illa
Fecha de acep ación de o iginales: Ene o de 1997
Biblid.
[0212-0267 (1997) 16; 199-222]
RESUMEN: En es e abajo nos ace camos a la ida de las maes as que eje cie on en
España has a hace poco más de es décadas. Un pe íodo amplio y complejo en el que
se in eg a on en la ida social con un abajo emune ado, y con ibuye on bien a los
cambios, bien a la pe manencia de los acon ecimien os que acompaña on sus idas.
Una p o esión que eje cie on, sob e odo en pueblos, po el ca ác e undamen-
almen e u al de la sociedad española has a la segunda mi ad del siglo XX. En escue-
las que disponían de pocos medios ma e iales y gene almen e con nume osos alum-
nos.
Con una o mación que las p epa aba pa a educa de acue do con el géne o
asignado y eniendo que su i la imagen que de ellas se di undía. Muchas se ie on
in oluc adas en las di e en es ci cuns ancias polí icas que España i ió en esos años.
Pa a las muje es, el magis e io supuso la posibilidad mejo acep ada po el medio
social, de inco po a se a un abajo cuali icado que les pe mi ió una au onomía eco-
nómica y pe sonal, y que les ayudó a despe a la conciencia sob e su necesa ia p e-
sencia en ámbi os públicos.
PALABRAS CLAVE: Vida, Maes as, España.
ABSTRACT: In his esea ch we ge close o he li es o he women eache s who
wo ked in Spain un il h ee decades ago. A wide and complex pe iod du ing which
hey go in eg a ed in socil li e wi h a emune a ed job, con ibu ed ei he o he
changes o o he du a ion o he e en s ha accompanied hei li es.
A p o ession ha hey exe cised abo e all in illages due o he mainly u al cha-
ac e o he Spanish socie y un il he second hal o he 20 h cen u y. In schools
ha had ew ma e ial esou ces and in gene al wi h nume ous pupils. Wi h an edu-
ca ion ha p epa ed hem o each acco ding o he assigned gen e and ha ing o
su e he image o hem ha was sp ead. Many o hem we e in ol ed in he di e-
en poli ic ci cuns ances ha Spain li ed du ing hose yea s.
Fo a women he p ima y eaching implied he mos accep ed possibili y by he
social en i onmen o inco po a e hemsel es o a quali ied job ha allowed hem o
ha e an economic and pe sonal au onomy, ha helped hem o ge conscious o hei
necessa y p esence in public en i onmen s.
KEY
WORDS: Li es, Women p ima y eache s, Spain.
© EDICIONES UNIVERSIDAD
DE
SALAMANCA
His ,
educ, 16,1997, pp. 199-222
200 LA VIDA DE LAS MAESTRAS EN ESPAÑA
CONSUELO FLECHA GARCIA
L
A VIDA
co idiana, i emediablemen e unida a cada i ine a io pe sonal como una
dimensión que aspasa odo su espacio, se ha cons i uido en un obje o de es-
udio que pe mi e ija la a ención en cues iones y pe spec i as no enidas has-
a aho a como ele an es. La e nog a ía, la an opología y la sociología, han conse-
guido in oduci en o os ámbi os cien í icos, unos emas de análisis que, en el caso
de la his o ia, es án con ibuyendo a en iquece los ángulos desde los que nos ace -
camos a nues o pasado y a hace posible el encuen o en e his o iog a ía y o as
ciencias sociales.
Lo ol idado, lo abandonado, es a pasando a se hoy, pa a no pocos his o iado-
es,
lo que mejo esponde a una e dade a his o ia de la humanidad, pues o que
los g andes acon ecimien os y las g andes igu as, en cuan o ex ao dina ias, no
ep esen an lo que ha sido, en su co idianidad, la ida de pe sonas y pueblos, aun-
que así se haya pensado du an e siglos1; o sólo en algunos casos como consecuen-
cia de su pos e io e ec o en la co idianidad, no en sí mismas2.
De aquí que la e olución his ó ica ma cada po g andes hechos, pe o en los
que el os o humano de quien los gene aba pe manecía elado, se es é en ique-
ciendo en es as úl imas décadas del siglo XX con la a ención a los modos conc e-
os de ida de los di e en es g upos humanos, a sus compo amien os sociales, a
las edes de elaciones que es ablecían, a las o mas de exp esión colec i as en las
que pa icipaban, a sus alo es y expe iencias indi iduales, a las no mas de con-
duc a que les han guiado. Es deci , la his o ia se es á mo iendo hacia un mayo
in e és po la pe sona —indi idualmen e o como g upo— y po su conciencia de
iden idad. Una ecupe ación de dimensiones que ha lle ado a la adicional his o-
ia polí ica a pe de signi icación como ep esen an e o alizado a del de eni de
ins i uciones, de pe sonas y de pueblos.
La socióloga Agnes Helle de inió en 1977 el concep o de ida co idiana como
«el conjun o de ac i idades que ca ac e izan la ep oducción de los homb es pa i-
cula es, los cuales, a su ez, c ean la posibilidad de la ep oducción social»; ac i ida-
des de con enido y es uc u a no idén icas en cada pe sona y en cada época que, en
unos casos se man ienen gene ación as gene ación y que, en o os, desapa ecen en
una de e minada coyun u a, in e cambiándose con o as nue as; un concep o que,
po lo an o, ambién iene his o ia3. Y de él han sido especiales p o agonis as las
muje es pues o que, sob e ellas, han g a i ado undamen almen e las ac i idades
más habi uales de ese mundo, la ep oducción y el cuidado, como enca gadas no
sólo de da a luz, sino de p ocu a el abas ecimien o de odo lo necesa io en la ida
domés ica, de p opicia un ambien e g a i ican e a la p opia amilia, de ansmi i
alo es y cos umb es, de cuida los ínculos con los pa ien es y de odo aquello
que,
aunque ue a con su sac i icio, con ibuía al bienes a de los demási.
1 C . FERNÁNDEZ-ARMESTO, FELIPE: «LO impo an e de la his o ia son los enómenos pe i é i-
cos»,
en EL PAÍS, ma es 10 de oc ub e de 1995, p. 34. Es e his o iado , p o eso en Ox o d, a i ma
que únicamen e el es udio de cos umb es, de cul u as y de ci ilizaciones que la his o ia con encional
ha dejado apa e, pe mi i á «encon a esa especie de e dad que se halla compa ando odas las pe s-
pec i as». Es au o del lib o Millennium. Una his o ia de nues os úl imos mil años, Ba celona, Plane a,
1995,
911 pp., de cuyo P ólogo (pp. 19-28) son es as ideas.
2 C . HELLER, AGNES: His o ia y ida co idiana, Ba celona, Ed. G ijalbo, 1972, p. 42.
3 HELLER, AGNES: Sociología de la ida co idiana, Ba celona, Península, 19872 (19771), pp. 19 y 20.
4 FOLGUERA, PlLAR: «La cons ucción de lo co idiano du an e los p ime os años del anquismo»,
en AYER, Mad id, n° 19 (1995), p. 176.
© EDICIONES UNIVERSIDAD DE SALAMANCA His ,
educ.y
16,1997, pp. 199-222
LA VIDA
DE LAS
MAESTRAS
EN
ESPAÑA
CONSUELO FLECHA GARCIA 20I
El análisis
de
es e ipo
de
emas asignados adicionalmen e
al
mundo p i ado
y
a su
en o no,
a los que no se
concedía alo
ni
ele ancia social,
ha
sido p o-
pues o
po el
mo imien o
de
«es udios
de las
muje es»
con
especial ue za.
Una
nue a alo ación,
y
ecupe ación,
de la
subje i idad,
de lo
pe sonal,
de lo
co idia-
no,
ha
empezado
a
ocupa
un
impo an e espacio
en la
his o iog a ía eme gen e
sob e
las
muje es, pues o
que se
a a
de un
campo in e disciplina po encialmen e
muy ecundo.
Es a nue a isión his ó ica
de la
ealidad social
que,
desde
una u
o a pe spec-
i a,
hoy se
in en a o ece , exige eco e espacios
y
iempos si uados
en el
in e-
io ,
de
pue as aden o —aunque
no
siemp e
sea ese su
e dade o luga ,
a él se
ci cunsc iben—;
y se
hace
con una
c ecien e conciencia
de que son
donde,
en
e -
dad,
se han
p epa ado casi siemp e
las
ans o maciones sociales
y los
mo imien-
os
que las
hacían isibles; donde
se han
diseñado
las
g andes endencias
que han
mo ido
la
his o ia. Todo ello gene ado
en ese
en o no menos público, pe o
con
una p oyección ex e io
en
ac i udes,
en
decisiones
y en
hechos conc e os.
Maes as
en el
siglo
XX
En es e abajo
nos
amos
a
ace ca
a la
ida
de las
maes as
que
eje cie on
en
España
a lo
la go
del
siglo
XX. Un
pe íodo amplio
y
complejo
en el que, con su
ac i idad den o
y
ue a
de la
escuela,
un
signi ica i o núme o
de
muje es
no
sólo
encon a on
una
o ma
de
in eg a se
en la
ida social, sino
que
pudie on con i-
bui
a los
cambios,
o a la
pe manencia,
de los
acon ecimien os
que
acompaña on
sus idas.
Ca ecemos
de
es udios especí icos sob e es e g upo p o esional
de
maes as,
que
se ue
consolidando
en la
p ime a mi ad
del
siglo
XX;
muje es
a las que una
p epa ación académica
de
g ado medio, o ecía
la
posibilidad
de un
pues o
de
a-
bajo
y de una
au onomía económica
y
amilia
que
compo aban cambios, casi
subs anciales,
en la
en onces co idianidad
de la
ida
de la
población emenina.
Es ena on unas ci cuns ancias
que
du an e a ias décadas
les
pe mi ie on i ine a-
ios pe sonales desde isiones
y
alo es al e na i os
a lo que se
había es ablecido
que debía
se su
ida como muje es,
lo que
muchas
de
ellas consiguie on sos ene
y a i ma
aún en
medio
de la
cul u a os ensiblemen e dominan e
que las
odeaba.
Algunas expe iencias
de
maes as indi iduales
que las
mismas p o agonis as
nos o ecen
al
ansmi i nos
sus
i encias
en
e ce a pe sona
y en
o ma no elada,
o
el
ace camien o
a las que, a
a és
de
asociaciones
y
g upos p o esionales dejan
asluci aspec os
de sus
idas conc e as, den o
de una
«p eocupación
po
ecu-
pe a
lo
pa icula ,
lo
local
y lo
conc e o»*, se án
la
base desde
la que
in en a e-
mos a isba pe spec i as
más
amplias sob e
lo que
suponía
se
maes a has a hace
pocos años.
Las
ideas di undidas
y la
acción polí ica
de
cada
uno de los
pe íodos
que aba ca es e es udio,
nos
da án ambién
luz
sob e
el
ma co es ic i o
de
posi-
bilidades
que
enían como e e encia,
así
como sob e
su
capacidad,
po
o a pa e,
pa a cons ui
una
his o ia p opia
en
ales ci cuns ancias.
S WALTON, JOHN
K.:
«Ap oximaciones
a la
his o ia
de la
ida co idiana
en
Ingla e a»,
en
AYER,
n°
19
(i995)5
p. 46·
©
EDICIONES UNIVERSIDAD DE SALAMANCA
His , educ, 16,1997, pp. 199-222
202 LA VIDA DE LAS MAESTRAS EN ESPAÑA
CONSUELO FLECHA GARCÍA
Los ela os au obiog á icas y los es imonios o ales que hemos u ilizado en
es e abajo «son uen es cuali a i as que nos ayudan a ecupe a la ex u a de la
ida co idiana»6 de maes as que eje cie on en e p incipios de siglo y los años
sesen a, con su es uc u a amilia y sus elaciones sociales, con las ac i idades de
ocio y de di e sión, sus pau as de consumo, sus hábi os cul u ales, la ocupación
que hacían de los espacios, e c. Hechos ep esen a i os de la ida de muchas, aun-
que quienes los han esc i o les hayan dado su imp on a pe sonal, pa a in en a
ecupe a como dimensiones públicas y dignas de se inco po adas al pa imonio
colec i o, p ác icas conside adas sin alo en la secuencia polí ica o mal y, como
consecuencia, man enidas en el anonima o.
Sólo pod emos obse a indicios o agmen os de unas idas conc e as, pe o
que nos des ela án los de o as muchas, así como el signi icado que adqui ía y
que se a ibuía a lo que ellas ep esen aban en su es e a social de maes as, aunque
sin deja les pe de la asignada condición de muje es. Nos p oponemos señala
algo de la isonomía y de los lími es de un g upo p o esional que en sí mismo, y
más en el caso de las muje es, es aba delineando los pe iles de su consolidación
en España; y en el que, po la misma dinámica que exigía el eje cicio de la ense-
ñanza p ima ia, no e a di ícil que se p oduje an compo amien os e elado es de
la ida co idiana de quienes lo ealizaban.
En es e en oque del pasado que se cen a más en la conduc a dia ia, pod emos
isibiliza las p ác icas habi uales con que, en es e caso las muje es maes as, ha-
cían suyas, o se dis anciaban, de las si uaciones en las que las colocaba el eje cicio
de su p o esión, así como los hechos co idianos con los que hicie on his o ia dia-
iamen e.
Su p esencia en la España u al
El ca ác e oda ía undamen almen e u al de la sociedad española du an e los
dos p ime os e cios del siglo XX, con ibuyó a que el mayo núme o de las maes-
as eje cie a en pueblos, además de que una meno población escola en muchos
de ellos, hacía que dispusie an con ecuencia de escuelas mix as, que gene almen-
e e an a endidas po maes as?. Una p ác ica que segu amen e con ibuyó a la
p og esi a eminización del magis e io en los años cincuen a.
Eje cían y se hacían p o esionalmen e en pueblos muchas eces aislados, como
los que han e lejado Dolo es Medio al desc ibi «la escuela de Pe eda, pequeñísi-
ma aldea de las hu des as u ianas... luga o almen e aislado, al que sólo se enía
acceso a caballo, a a esando case íos, aldeas y mon es»8; Jose ina Aldecoa cuando
exp esaba que «la p ime a ne ada e a el anuncio de muchos días g ises, y e a am-
bién el aislamien o de ini i o. A eces, du an e meses, ni las ca as llegaban al pue-
blo,
inaccesible pa a los caballos y los homb es»9; o Vic o ia Diez que con aba a
una amiga que «el pueblo ca ece de odo medio de comunicación. El iaje penosí-
simo:
de Se illa a Mé ida en en, de Mé ida a Badajoz hay que i a Oli enza en
6 Ibidem, p. 27.
7 C . O den de 20 de agos o de 1938 y Ley de Enseñanza P ima ia de 17 de julio de 1945.
8
MEDIO,
DOLORES:
Dia io de una maes a, Mad id, Cas alia, 1993, p. 17.
9
ALDECOA,
JOSEFINA:
His o ia de una maes a, Ba celona, Anag ama,
19913,
p. 39.
©
EDICIONES
UNIVERSIDAD
DE
SALAMANCA
His , educ, 16,1997, pp. 199-222
LA VIDA DE LAS MAESTRAS EN ESPAÑA
CONSUELO FLECHA GARCIA 2O3
coche de línea, y desde allí ni se sabe...»10. Unos ambien es p o esionales que ma -
caban la expe iencia p o esional y la ida co idiana de las maes as du an e una
buena pa e de su ida, cambiando ecuen emen e de pueblo, sin aíces en ningu-
no de ellos, espe ando ob ene algún día la escuela que llena a sus expec a i as.
Sólo desde es a ealidad se puede en ende de e dad qué han sido y qué han sig-
ni icado las maes as.
De ahí que ue a habi ual el conside a una sue e la si uación de quienes podí-
an e i a eje ce en un pueblo, aunque u ie a que se enunciando a la segu idad
que o ecía abaja en una escuela del Es ado; pe o sin emba go no obligaba a
i i muchos años, casi oda la ida p o esional, en pueblos pequeños y pe mi ía
educa a un ipo de niñas que se conside aba más g a i ican e. Has a en las no e-
las in an iles se ansmi ían esas con icciones al elogia an e las niñas «la sue e de
Paqui a que... no end ía que en e a se en un pueblo, como an as pob es mucha-
chas ecién salidas de la No mal... Paqui a no end ía que solici a una míse a
escuela de aldea; ab i ía en la misma ciudad un colegio pa a niñas inas»11.
Quienes acep aban eje ce en un pueblo pequeño y aislado, demos aban ene
ocación —uno de los asgos más emblemá icos de es a p o esión—, pa a una
ac i idad que les exigía i i en condiciones p eca ias, cuando enían ya o as posi-
bilidades de abajo en la ciudad que, has a económicamen e, podían bene icia las.
Tenían que se jó enes idealis as dispues as a lo di ícil, como econocía una de
ellas al a i ma que «la maes a del pueblo, e a una jo enci a soñado a que había
enunciado a la ida di e ida, cómoda y uidosa de la ciudad, pa a en ega se po
en e o a la di ícil a ea del magis e io»12; o jó enes que quizás du an e sus es u-
dios habían soñado que esa ca e a les ab i ía mejo es posibilidades que aquellas
en las que, en muchos casos, i ían, aunque habi ualmen e después no llega a a
se así. Gab iela, la p o agonis a de His o ia de una maes a, econocía, y su oz
puede se la de o as muchas, que expe imen aban la nos algia de lo pe dido, la
is eza del discu i de los días; el aislamien o que conlle aba su singula posición
social en el pueblo:
«Al a a dece me a ligía una somb a de angus ia. Yo enía de un pueblo... Pe o
el mío enía una ca e e a impo an e, pasaban gen es, au omó iles, ca os, caballe í-
as...
Yo enía amigas, pa ien es... Mi pueblo es aba i o, pe o yo siemp e había ima-
ginado que lo deja ía, que mis es udios y mi ca e a me se i ían pa a ensancha
ho izon es, me lle a ían a luga es más amplios y mejo es, no a es a is eza del ano-
chece en un luga pe dido en e los mon es»^.
Dolo es Medio exp esaba ambién la angus ia que, a eces, suponía es a sole-
dad y, más especialmen e, cuando al hecho de es a en esos ambien es se unía la
p e ensión de pone en ma cha inno aciones que enían que expe imen a con
unas alumnas y alumnos habi uados a sis emas de enseñanza muy di e en es, con
la deso ien ación e insegu idad que ello p o ocaba en la ma cha del aula; con la
10
FERNÁNDEZ-AGUINACO,
CARMEN: Vic o ia Diez. Memo ia de una maes a, Mad id, Na cea,
i993> Ρ- 33·
11 FUENTES SOTO, MAGDALENA: Vida de colegio. No ela in an il, Mad id, Suc. de He nando, 1916,
pp.
8 y 12.
12
MARTÍNEZ
LÓPEZ,
MARÍA
CARMEN:
Maes a y Muje , Toledo, Imp . Gómez-Meno , 1964?, p. 12.
*3
ALDECOA,
JOSEFINA:
His o ia..., op. ci ., pp. 33-34.
©
EDICIONES
UNIVERSIDAD
DE
SALAMANCA
His , educ, 16,1997, pp. 199-222
204 LA VIDA
DE LAS
MAESTRAS
EN
ESPAÑA
CONSUELO FLECHA GARCIA
llamada
a la
esponsabilidad
y
has a
con el
sen imien o
de
culpa
que
sen ían
las
que
lo
es aban lle ando
a
cabo:
«Algunos días,
hoy, po
ejemplo, [I ene] es á desespe ada. Sien e deseos
de
llo a ,
de abandona lo... Es á cla o
que aún no
iene p epa ación pa a emp ende
una
labo
inno ado a...
Las
cosas ma chan cada
una po su
camino, como
en una
nue a
y
absu da o e
de
Babel.
Y de
odo es e deso den,
de
es e desba ajus e, ¿quién
es
cul-
pable? Ella.
Y del
iempo
que se
pie de
en
ciegos an eos, ¿quién
es
culpable? Ella...
¡Ella!
¿No es
así?»1!.
Pues
no
siemp e
e a
ácil hace en ende
lo
dis in o
y
e i a in e p e aciones
y
asignaciones
a uno u
o o
de los
g upos ideológicos
en los que, en
an as ocasio-
nes,
las
poblaciones pequeñas es aban di ididas. Algo
que
especialmen e
en las
décadas
de los
años ein a
y
cua en a
ue más
in enso debido
a la
adicalización
de
las
pos u as.
Y en
medio
de
ello enían
que
in en a
que sus
ac uaciones eno-
ado as
no
ue an in e p e adas
ni a
a o
ni en
con a
de
nadie, man ene
su
inde-
pendencia, i i
de
acue do consigo mismas, haciendo
que la
escuela si ie a
de
e dad
a la
gen e pa a
la que
había sido c eada.
Po eso,
muchas
de
ellas
no
deja-
ban
de
abaja
po una:
«Escuela ac i a donde
las
niñas
con una
disciplina conscien e desa ollan
sus
ap i-
udes
y se las
dispone pa a
un
o icio
o
ca e a según
las
ap i udes demos adas
en la
escuela. Excu siones
a los
si ios pin o escos
e
his ó icos
y
pa a es e cu so
se
p oyec-
a
una
excu sión
a
Có doba
con
ondos
de la
Mu ualidad escola .
Hay
es ablecido
un pequeño ope o escola donde
las
niñas cosen
las
p endas pa a
las más
necesi a-
das...
Po
con a
con
he moso campo
de
juego,
las
niñas
dan sus
clases
al
ai e lib e,
al e nando és as
con
can os
y
mo imien os í micos... G acias
al
buen espí i u
que
eina
en la
escuela
y a la
libe ad conscien e,
las
niñas es án
en
ella como
en su
p o-
pia casa,
y
cuidan
de su
escueli a...»1*.
Una ac i ud
que
exigía o aleza, segu idad
en las
p opias decisiones, po que
no siemp e
e a
bien in e p e ada, po que
no
siemp e
e a
acep ada
y
is a
de la
misma mane a
po
odos:
«I ene quie e
se
ue e, sen i se siemp e dueña
de la
si uación.
Lo
consigue
en
su a o
con los
muchachos. Pe o
no con la
gen e.
Es
di ícil
el
a o
con la
gen e.
Cuando
el
pueblo
se ha
di idido
en dos
bandos
y
lanzan
de uno a
o o
a la
maes-
as,
cuando
los dos
quie en
que
I ene
les
pe enezca
o la
echazan
si su
conduc a
no coincide exac amen e
con el
compo amien o
que
espe aban
de
ella,
es
di ícil
man ene
el
equilib io»16.
Eje ce
el
magis e io
en los
pueblos
se
p esen aba,
sin
emba go, an e
la
opi-
nión como
la
a ea
más
noble
a que las
maes as podían dedica se,
ya que la
acción
que
en
ellos ealiza an,
en el
sen ido
que
ue a, end ía
una más
ápida
y
e icaz
epe cusión
en los
mismos.
De ahí la
esponsabilidad
de que se
ca gaba es a dedi-
J4
MEDIO, DOLORES:
Dia io...,
op. ci ., p.
105.
J5
FERNÁNDEZ-AGUINACO, CARMEN:
Vic o ia
Diez...,
op. ci ., p. 53.
16 MEDIO, DOLORES: Dia io...,
op. ci ., pp.
145-146.
©
EDICIONES UNIVERSIDAD
DE
SALAMANCA His , educ, 16,1997,
pp.
199-222
LA VIDA
DE
LAS MAESTRAS
EN
ESPAÑA
CONSUELO FLECHA GARCIA 2O5
cación
y la
ascendencia
que
se le
asignaba, aunque siguie an ca eciendo
de los
medios
más
imp escindibles pa a lle a lo adelan e. Impo ancia
en
ocasiones des-
p opo cionada, como apa ece
en el
lib o
de
lec u a pa a niñas
que con
el
í ulo
Ma i-Sol. Maes a u al^
ue
publicado
en
1944,
en el
que
se
o mulaba
así
lo que
suponía
al
decisión:
«La MAESTRA RURAL
es
en
la
aldea
o su
sal ación
o
su
pe dición.
En una
g an
ciudad,
la
maes a queda como di uminada, como diluida
en el
ambien e.
En la
aldea,
la maes a
es
la
¡Maes a!;
la
pied a
de
escándalo
o el
modelo pa a odos,
el
espejo
en
que se
mi an...
las
niñas...
las
mad es,
los más
jó enes
y
los más
iejos
del
luga .
¡Cuán o bien
y
cuán o mal puede hace
un
maes o
en un
pueblol»1?.
Y desde
esa
misma conciencia
en la
que
no
les e a
ácil deslinda a ea docen e
de misión mo alizado a, pe o
con
o o lenguaje,
con
un
modo
de
exp esa la menos
al isonan e, a i maba Dolo es Medio
que
«I ene
Gal
desde
que
eje ce
su
p o esión
ha ca gado sob e
sus
homb os
la
esponsabilidad
de
conduci
a un
pueblo. Todas
las mi adas ijas
en
ella.
Su
consejo...
Su
conduc a...
Su
ejemplo»18.
La ac i idad
en el
medio u al, an o
de
las
maes as como
de
los
maes os,
iba
más allá
de
las
pa edes
de la
escuela, pues
en
con ex os
con
unos po cen ajes al os
de anal abe ismo,
lo
mismo enían
que
ayuda
a
ellena imp esos,
que
a
esc ibi
ca as
a
no ios
o
amilia es,
que
a
en ende
el
a ículo
de un
pe iódico llegado
de
la ciudad.
Así
lo
mani ies an
de
una
u
o a mane a
las
p o agonis as:
«Yo
le
cub i é
el
imp eso,
con los
da os
que
us ed
me
acili e. Es o dice
y
hace
I ene
a
odos
los
campesinos
que
ienen
a
consul a le alguna cosa...
El
iejo
se
sen ó
y habla on
de la
cosecha. Más a de,
de la
gue a...
de los
p ecios
que las
cosas alcan-
zaban
en
el
me cado neg o,
del
es ape lo...»1?.
O
«e a
la
maes a
de
odo
el
pueblo,
pues
su
adio
de
acción
se
ex endía cada
día
más: 'Tengo
el
no io
en el
se icio
y
quisie a esc ibi le .. 'quisié amos
que nos
leye a es e a ículo»20.
La con ianza
y la
au o idad
que
la
maes a
iba
ganando
en los
asun os
que
a endía,
a
eces solo
po
habe ace ado
en
una
consul a ocasional, conlle aba
ene
que
esol e ,
en
adelan e, p egun as con inuas
de los
más
a iados emas.
Gab iela pudo cons a a como
«mi
ama c eció ápidamen e
y sin
sabe cómo,
al
mes
de
ins ala me
en la
escuela siemp e había alguna muje espe ándome
a la
sali-
da.
Sus
consul as e an a iadas...
La
mayo pa e pude esol e las
con
sen ido
común
y
buena olun ad»21.
El uncionamien o
de
las
clases pa a adul as e minaban su giendo desde es a
base,
saliendo
así
al
paso
más que
de la
o malidad
de la
enseñanza
de la
lec u a
y
de
la
esc i u a,
de
an os o os emas
en
los que las
jó enes
y
muje es
del
luga
no
habían sido iniciadas
a
pesa
de se
an
imp escindibles pa a
sus
idas co idianas.
Po que
las
maes as a endían ambién
la
educación
de
muje es adul as. Algunos
17
ÁLVAREZ
DE
CÁNOVAS, JOSEFINA:
Ma i-Sol Maes a u al, Mad id, Magis e io Español, 19586,
9. Es e lib o conoció sucesi as ediciones.
18 MEDIO, DOLORES:
Dia io..., op. ci ., p. 285.
*9 Ibidem,
p.
258.
20
ALVAREZ
DE
CÁNOVAS, JOSEFINA:
Ma i-Sol..,
op. ci ., pp.
108-109.
21 ALDECOA, JOSEFINA:
His o ia..., op. ci ., p. 37.
©
EDICIONES UNIVERSIDAD DE SALAMANCA
His , educ,
16,1997,
pp. 199-222
2θ6 LA VIDA DE LAS
MAESTRAS
EN
ESPAÑA
CONSUELO FLECHA GARCIA
de los es imonios de que disponemos nos ad ie en de la impo ancia de analiza
el cómo se u ilizaban los p ocesos de al abe ización en unos con ex os de cul u a
popula cuando se o ganizaban pa a las muje es.
Las escuelas de España
Del pano ama que Luis Bello nos p esen a sob e la ealidad de la enseñanza en
la segunda década del siglo XX en sus, p ime o a ículos de pe iódico y después
lib os publicados con el í ulo de Viajes po las Escuelas de España, amos a selec-
ciona y de ene nos en las e e encias que hace a las maes as con las que se encon-
ó en sus eco idos po dis in as egiones españolas. Sin p e ende oma sus
obse aciones como da os obje i os sob e la si uación eal del conjun o de las
escuelas en España, sus ela os nos ace can a una pe cepción que, siendo indi i-
dual, pod ía se co obo ada po o as muchas. Vamos, po lo an o, a selecciona
lo que en es as c ónicas se nos dice sob e cómo e an los luga es en los que eje cí-
an las maes as, el núme o de alumnas a las que a endían, el es ilo de abajo que
ealizaban, las condiciones ma e iales con que con aban.
El aspec o ex e no que p esen aban las aulas es una de las p ime as cosas que
llamó la a ención de es e pe iodis a que, con ecuencia, habla de su limpieza, de
su sencillez, del clima que la maes a había log ado c ea po encima, muchas
eces,
de las condiciones ma e iales de que disponía:
«Sólo hay limpieza en la escuela de niñas, dispues a con sencillez y con a e bas-
an e pa a que no al e algún de alle emenino, ju enil, que e esca y pe uma el
ambien e». «He is o a la maes a de niñas, Da Enedina Alonso. Todo es á limpio y
isueño. Las niñas han dejado sob e cada pupi e su delan al blanco... Quizá el ma e-
ial no sea an limpio ni an nue o como me ece la maes a»22. «Mijos iene una
escueli a mix a, se ida po maes a, una de esas escueli as inol idables, donde lo de
menos es el echo de cañizo, o las bancas míse as, o los aguje os del solado»23.
El núme o de alumnas a las que enían que a ende es o o ema del que, como
buen obse ado , oma no a. Y lo ansmi e no sin cie a i onía cali icando de
escueli as elás icas a aquellas «donde maes os y maes as luchan po ins ala cien-
o cincuen a o doscien os niños, cuando sólo caben sesen a o se en a». Son e-
cuen es las alusiones al ele ado núme o de niñas y/o de niños que debían acoge
en la escuela sin ayuda y con pocos medios, po lo que la enseñanza se esen ía.
O, po el con a io, cuando el educido núme o pe mi ía un mejo abajo, que se
ponía de mani ies o en los p og esos que alumnas y alumnos conseguían a pesa
de compagina la asis encia a la escuela con o as ac i idades. A ende a un g upo
pequeño hacía posible que odos llega an a esc ibi bien, con limpieza y con o o-
g a ía, como sucedía en la escuela de doña Ma ía O iz en la que «los alumnos
son pocos. Cuen o en e niños y niñas, al ededo de una docena, con lo cual la
maes a pa ece que p eside los abajos de una amilia. Algunos son pas o es que,
22 BELLO, LUIS: Viaje po las Escuelas de España. El ce co de
Mad id,
Mad id, Magis e io Espa-
ñol, 1926, pp. 58
y
185.
23 BELLO, LUIS: Viaje
po las
escuelas
de
Galicia, Mad id, Akal, 1974,
ρ. πι.
© EDICIONES UNIVERSIDAD DE SALAMANCA His , educ, 16,1997, pp. 199-222
LA VIDA DE LAS MAESTRAS EN ESPAÑA
CONSUELO FLECHA GARCIA 2O7
cuando pueden, gua dan el ganado. Todos ienen buena le a, cuade nos limpios.
Has a o og a ía»2^.
El núme o de alumnos que asis ía a la escuela condicionaba, sin duda, en
muchos casos el que no ue a posible cumpli con la isi a, po pa e de la maes-
a, a los niños que es u ie an en e mos, o con la in o mación semanal a los pad es
a a és de un cuade no de no as en el que debía ano a la aplicación y conduc a
escola de cada niña, de acue do con lo que aconsejaba a las maes as Ma ía Ca -
bonell en su manual de Pedagogía2*. Las p opues as pedagógicas que muchas u u-
as maes as habían ecibido, se acomodaban mal con la ealidad escola en la que
después abajaban.
Las malas condiciones ma e iales en las que enían que desa olla su labo ,
ue on señaladas cons an emen e en las c ónicas de es e pe iodis a. Almacenes
abandonados, bodegas, calabozos, cuad as, piscinas, paloma ; los espacios que al
pueblo no se ían pa a o a cosa, e an los cedidos po los Ayun amien os pa a la
escuela. Una de las municipales de niñas de El Fe ol es aba ins alada en los bajos
de un almacén de bacalao; en la de Po oma ín, en Lugo, que enía la sue e de
con a con luz po que disponía de «media solana que da al ío», la maes a le con-
esó que en los días de c ecida «paso mucho miedo, de día y de noche, has a i me
acos umb ando, po que cuando iene ue e el ío suena así como si a ona a». La
escuela de Nogales es desc i a como «escuela calabozo. Un po alón lób ego. La
clase is e y chica, con dos en anillas a la ca e e a». Y la de San Juan de Alba
«una piscina con e ida en escuela». O la de Villanue a de Lo enzana, un con en-
o habili ado en el que el día de la inaugu ación se hundió el piso esul ando he i-
da la maes a26.
De la de La Se na del Mon e dice que «es a es una de las escuelas más míse as
de la sie a. El local educido»; o de o a en la que encon ó «amon onados unos
cuan os pupi es y unos bancos, un mapa, una piza a. Y ein a niños de seis a
doce años, como pichoncillos que educa en su paloma Da P udencia Ma ín Rojas,
la maes a nue a. Un paloma »2?. En Villaba del Alco (Huel a) había «poco espa-
cio,
amon onamien o. Da Dolo es López Maes e iene ochen a niñas ma icula-
das.
Asis en unas cincuen a»28.
Sin emba go ambién se encon ó con alguna excepción como en Sepulc o-
Hila io, pueblo de Salamanca que acababa de cons ui una escuela nue a «con
sus dos g andes salas —pa a niños una y pa a niñas la o a— despachos, biblio e-
cas,
dependencias, gale ía cubie a, pa io de juegos odeado de e ja... Maes os y
discípulos es án allí con aleg ía»2?. O en Cáce es, en donde a i ma que «es án
mejo las niñas. Tienen una buena maes a y una clase con sol. La enseñanza es
p ác ica. Bo dan, cosen, zu cen». Del pueblo de Memb ío, en Cáce es, cuen a que,
al llega la maes a, Da Julia Guijo, de quien Luis Bello acla a que:
24
BELLO,
LUIS: ... El ce co de
Mad id,
op. ci ., pp. 91 y 115 espec i amen e.
25
C .
CARBONELL
SÁNCHEZ,
MARÍA:
Temas de Pedagogía, Valencia, Imp . Hijos de R Vi es-
Mo a, 1920, p. 431.
26
BELLO,
LUIS: ... de Galicia, op. ci ., pp. 224, 142, 154, 164 y 168 espec i amen e.
27
BELLO,
LUIS: ... El ce co de
Mad id,
op. ci ., pp. 122-123.
28
BELLO,
LUIS: Mas Andalucía. Las sie e Huel as. Se illa, Mad id, 1929, p. 53.
29
BELLO,
LUIS: ... El ce co de
Mad id,
op. ci ., p. 185.
©
EDICIONES
UNIVERSIDAD
DE
SALAMANCA
His , educ, 16,1997, pp. 199-222
214 LA VIDA
DE LAS
MAESTRAS
EN
ESPAÑA
CONSUELO FLECHA GARCIA
a eas p opias
de u
condición
de
muje . Después, cuando
la
ida
e
lle e
a
cumpli
u misión
de
mad e,
el
abajo se á únicamen e
el de u
hoga »*2.
Es as muje es
con
unos es udios
y con una
p o esión
que, po
di e en es mo i-
os,
habían decidido
no
casa se,
se
unían
así en el
es ilo
de
ida
a la que ya
podía
se conside ada como
una
adición iniciada,
al
menos,
en la
segunda mi ad
del
siglo
XIX,
aunque
no
e minaba
de
es a bien conside ada
y
acep ada
po una
buena pa e
de la
sociedad. Elisa Cua en al, e i iéndose
a
Milag os,
su
p o eso a
du an e
los
años
de
gue a, deja
e la
imagen es e eo ipada
que de
ellas
se
enía
al desc ibi la como «una muje
que
anda ía en onces
po los
ein a
y
an os años.
E a sol e a
y muy
eligiosa. Vi ía
con su
mad e...
E a una
muje concienzuda
y
cumplido a,
de
es ic a mo al
y muy
simpá ica...
La
no mal
y
monó ona ida
de
es a muje ...»53.
En
es a au obiog a ía,
la
au o a señala
una
se ie
de
cualidades
de la
que
ue su
p o eso a du an e
un
iempo, pe o eco daba
su
ida cali icándola como
«no mal
y
monó ona», quizás desde
el
sen imien o alimen ado
a lo
la go
de su
o mación
de que
sólo
el
ma imonio podía p opo ciona
a las
muje es alicien es
y no edades g a i ican es.
E a el
p ecio
de no
habe espondido
a las
expec a i as
sociales,
de
habe que ido,
o de
habe se encon ado,
con
o o modo
de
libe ad
y
de au onomía.
Las maes as
que se
casaban, solían hace lo
con
homb es
que
ambién habían
es udiado, muchas eces maes os —una decisión bien is a, incluso aconsejada—,
e e ina ios, médicos...
a los que
enían ocasión
de
conoce
en los
pueblos,
y con
ag icul o es
o
p opie a ios bien si uados «posiblemen e —a i man
las
en e is a-
das
de
T ebujena— po que pe eneciesen
a su
mismo ni el económico»;
más
bien,
pensamos,
que po el
ni el cul u al
que
habían adqui ido
y en el que se
mo ían,
pues
su
p ocedencia social
e a de
ipo medio.
En cuan o
a los
sala ios
que
ecibían
las
maes as, siendo bajos, enían
una
epe cusión dis in a
que
pa a
los
maes os. Complemen o
del que
ecibía
el
ma i-
do
en el
caso
de las
casadas,
o
des inado
al
sos enimien o
de una
única pe sona
—si
no
había o as obligaciones amilia es,
en el de las
sol e as—
no
exigía
las
es a egias
de
supe i encia
que
enían
que
desa olla
los
maes os casados.
Reco demos
la
espues a
de un
maes o gallego
a
Luis Bello: «¿Sólo? ¡Siemp e
sólo!
La
amilia
es un
lujo
que no
puede paga se
un
maes o»^. Habi ualmen e
las maes as —aunque
no
siemp e— pudie on lib a se
de las
clases
de
epaso
y de
p epa a
a los
jó enes
del
pueblo pa a
los
exámenes
de
bachille a o
en el
Ins i u-
o,
o de
unas ho as
en la
con abilidad
de
algún come cio,
que
palia a
una
si ua-
ción económica
a la que no se
eía ácil salida.
Una ca e a pa a
la que se
p edecía
su
eminización siemp e
que
hubie a
de
eje ce se
con
niños pequeños, como
una
solución
que
podía ali ia
al
Es ado
del
cos e
que
supond ía
la
p ime a enseñanza
si
ue an homb es
los que la
siguie an
eje ciendo, pues ellos necesi aban,
y
exigi ían, mayo es sueldos.
Así lo
plan eaba
un manual pa a
la
o ien ación p o esional
de las
chicas publicado
en 1914, que
enía
en
cuen a es e aspec o
al
in o ma
de los
es udios
de
magis e io:
52
C .
ABELLA,
RAFAEL: La
ida co idiana
en
España bajo
el
égimen
de
F anco, Ba celona, A gos
Ve ga a, 1985,
pp. 160 y 157
espec i amen e.
53
CUARENTAL, ELISA: El
nido
de
la paloma, Mad id,
Ed. El
Museo Uni e sal, 1992,
p. 122.
54
BELLO,
LUIS:
... de
Galicia,
op. ci ., p. 162.
©
EDICIONES
UNIVERSIDAD
DE
SALAMANCA His , educ, 16,1997,
pp.
199-222
LA
VIDA
DE LAS
MAESTRAS
EN
ESPAÑA
CONSUELO
FLECHA
GARCIA
215
«La ca e a de magis e io es en odos los países la más p opia pa a la muje y
llega á día en que sólo a ella le es é ese ada, a ándose de eje ce la con niños de
has a diez u once años... El p esupues o de Ins ucción pública queda á bas an e ali-
iado siendo las muje es las que se enca guen de casi oda la ins ucción p ima ia,
pues los homb es han de exigi cada ez mayo es sueldos»55.
La elación que se había a ianzado en e magis e io emenino y ma e nidad
—és a no e ibuida económicamen e—, así como el supues o de que no enían
que man ene a una amilia, legi imaba la c eencia de que su emune ación podía
se más baja, aunque en ese momen o es u ie a equipa ada con la de los maes os
den o de las di e en es ca ego ías. La cues ión del sueldo del p o eso ado ue un
p oblema a as ado a lo la go de odo es e pe íodo, excep uando los años de la II
República en los que se in en ó apoya la digni icación del magis e io con di e-
en es medidas en e las que es u o la subida de sueldos, «una medida que nos
econ o ó... Noso os, con dos sueldos, apenas podíamos i i modes amen e.
¿Cómo i i án, nos p egun ábamos, amilias comple as que dependen de un solo
sueldo de maes o?^.
Después de la gue a los es imonios ecogidos asegu an que las di e encias de
ni el de ida en e las maes as y el es o de la gen e del pueblo exis ían —en el
medio u al se alo aba a o ablemen e la si uación económica de los maes os y
maes as—, aunque la escasez y la ca encia económica se ex endie a ambién a
ellas,
pues lo que pe cibían, aún con las subidas, siemp e suponía pé dida de pode
adquisi i o y «llegaban a pasa hamb e —decla a C.P., de T ebujena—; incluso
enían que ecu i a o os menes e es pa a pode subsis i , ales como clases pa -
icula es en sus casas... Muchas maes as y maes os y sus amilias salían al paso
g acias a la bene icencia de los ag icul o es que poseían algunas ie as».
La imagen que de ellas se e lejaba y di undía es o a uen e que nos pe mi e
conoce algunos de los aspec os de su ida co idiana que e an obje o, bien de
elogio, bien de sanción. En un mundo de signi icados es ablecidos y de compo -
amien os codi icados que se empezaban a ap ende desde el momen o del naci-
mien o, esul aba no mal egula las conduc as de muje es y de homb es y juz-
ga , desde ahí, odos los aspec os de su ida. Po eso, incluso an es de que
pudie an da se cuen a de ello, en es e caso las maes as —una p o esión muy
expues a a los es e eo ipos— y odo lo que las a ec aba, pasaba po el amiz de
quienes las odeaban.
Empezando po los es udios, pues el de Maes a e a un í ulo que no siemp e
se adqui ía con la inalidad de eje ce , ya que el núme o de las jó enes que es u-
diaban en las Escuelas No males es aba muy po encima de las que después eje -
cían. Un da o que si ió más que pa a econoce que e an los únicos cen os a los
que las muje es podían accede sin sanción social, pa a di undi que los ealizaban
po que o o gaban p es igio social a sus poseedo as y se conside aban una buena
p enda de ca a al ma imonio. Así lo e lejaba, po ejemplo, Concha Espina en La
es inge ma ága a al econoce que Ascensión «posee un í ulo de maes a elemen-
al que... le da cie o lus e en e los ecinos... Redimida de las labo es campesi-
55
ABENZA, AURELIANO: Cien ca e as
y
p o esiones pa a
la
muje , Mad id, Lib . de He nando Fe,
1914,
p. 86.
56
ALDECOA, JOSEFINA: His o ia..., op. ci ., p. 126.
© EDICIONES UNIVERSIDAD DE SALAMANCA His , educ, 16,1997, pp. 199-222
2l6 LA VIDA
DE LAS
MAESTRAS
EN
ESPAÑA
CONSUELO FLECHA GARCÍA
ñas,
con su
í ulo laman e
de
maes a
y su
umboso comp omiso
de
boda, gozó
la muchacha
de
odas
las
p e e encias
y
admi aciones»^.
Y es o
se
eía
así
po que
se
pa ía
de que no
iban
a
eje ce , pues
en
caso con-
a io,
en
de e minadas clases sociales
se
conside aba
un
desdo o amilia , como
puso
de
mani ies o Magdalena Fuen es
en su
no ela Emp endamos nue a ida
al
desc ibi
la
eacción cuando
«un
día...
les
anunció
que
deseaba emplea
sus
cono-
cimien os
en
algo p ác ico, adqui iendo
un
í ulo p o esional...
el de
maes a. Ve -
güenza ho ible p odujo
a
Emilia es e nomb e; ¡ ene
una
p ima maes a! ¡qué
bocho no! ¡qué humillación!
Si al
menos uese lejos, ocul ándolo como
una
men-
gua, como
un
desdo o»*8.
O como insinuaba es a misma maes a
y
p o eso a
de la
Escuela Supe io
del
Magis e io
en
o a
de sus
ob as,
al
deci
que
«como seño i a p o inciana, nunca
había pensado
en
consag a se
a
ocupaciones luc a i as»^ pues
su
segu idad habían
de encon a la
en el
ma imonio.
Sin
emba go
el
o igen socio amilia
de las
maes-
as
e a más
al o
que el de los
maes os. Pe enecían
a
amilias
de
clase media
que
buscaban
en los
es udios
de sus
hijas
una
ga an ía
de que
pod ían man ene
el
ni el social. Pe o
a la ez
suponía acep a públicamen e
que
pa a ello enían
que
p e e
la
posibilidad
de que
necesi a an abaja ,
lo que
muchas amilias p ocu a-
ban
no
pone
de
mani ies o.
Si
nos
a enemos
a lo que
apa ece
en la
mayo pa e
de las
ob as
que
hemos
consul ado, enemos
que
a i ma
que las que
eje cían e an mi adas
más
desde
su
condición
de
muje es
que de
maes as;
la
p ime a siemp e p e alecía.
Y
como
a la
población emenina co espondía,
se
alo aba
en
ellas
su
humildad,
su
modes ia,
su sencillez,
su
p udencia
en las
palab as,
y se
censu aba
su
jo ialidad,
el
gus o
po
la
comida
y po
pin a se,
su
capacidad
de
manda ,
su
desen ol u a
y
has a
su
aleg ía, exage ando es as úl imas mani es aciones cuando
se
daban
en
algún g ado,
como
en el
caso
de la de
Ce ina,
que
«en e an o,
iba
odeándose
de una
au eola
de lujo llama i o
y de
e udición p esun uosa...
y no
omi ía gas os
ni
exhibiciones,
a
in de
ealza
los
encan os
de su
pe sona
y el
p es igio
de su
p o esión, o u-
ando
su
cue po
y
embadu nando
su
semblan e pa a ala dea ju en ud, belleza
y
esbel ez»60.
La obse ación cons an e
a que
es aban expues as
y la
in luencia
que
podían
eje ce
en las
niñas, p o ocaba
el que se
de i asen sanciones
de
cualquie conduc-
a
no
acep ada
en
ellas, como
la que J.
López Pinillos e leja
en
Doña Mesalina,
que p o ocó
que
«las niñas mayo es,
a in de que el mal
ejemplo
no las
ma case
al pubesce , ue on e i adas
de la
escuela;
los
icos lle á onse ambién
a sus
pim-
pollos...
Con al
decisión
se le
e apo aban
a la
maes a unos du os
y
unos egali-
llos...
Su
es echez
e a
angus iosísima»61.
Aunque
se
ei e a an cons an emen e
las
excelencias
del
magis e io,
la
ealidad
y
los
es e eo ipos sociales
que se
di undían, sub ayaban
los
aspec os menos acep-
ables,
más
con adic o ios.
57
C .
ClEZA GARCÍA, JOSÉ ANTONIO:
«La
imagen
del
maes o
de
p ime a enseñanza du an e
el
p ime e cio
del
siglo
XX», en
S udia Paedagogica, núms.
17-18
(1986),
p. 290.
58
FUENTES SOTO, MAGDALENA
DE
SANTIAGO: Emp endamos...,
op. ci ., p. 84.
59
FUENTES SOTO, MAGDALENA
DE
SANTIAGO: Vida
de
colegio,
op. ci ., p. 9.
60 FUENTES SOTO, MAGDALENA
DE
SANTIAGO: Emp endamos...,
op. ci ., p.
121.
61 ClEZA
GARCÍA, JOSÉ ANTONIO: «La
imagen
del
maes o...»,
op. ci ., p. 291.
©
EDICIONES
UNIVERSIDAD
DE
SALAMANCA His , educ, 16,1997,
pp.
199-222
LA VIDA
DE
LAS MAESTRAS
EN
ESPAÑA
CONSUELO FLECHA GARCIA
217
La o mación ecibida
Du an e el pe íodo de o mación en las Escuelas No males y a a és de los
manuales que u ilizaban, se les hacía en a en un p oceso de socialización p o e-
sional en el que la adecuación al géne o no pe die a ninguno de sus elemen os;
an es bien, que con ibuye a a esal a los pe iles de la condición emenina a a-
és de odo lo que había de cons i ui su ida, su p o esión, sus elaciones, su
mundo. «Los maes os... p epa an buenos ciudadanos y las maes as, en igualdad
de ci cuns ancias, muje es buenas e ilus adas y excelen es mad es», esc ibía pa a
sus alumnas Ma ía Ca bonell, p o eso a de la Escuela No mal de Valencia62. La
dico omía en e o ma buenos ciudadanos o o ma buenas mad es de amilia
ma caba, desde los p ime os años, el des ino social dis in o que a unos y a o as
se había asignado. Y la escuela había de se iel ansmiso a de ello, legi imando
una desigualdad de ciudadanía en unción del géne o.
A pa i de aquí se explica que los ideales que debían cul i a y las no mas de
conduc a que debían segui , ue an un ema de especial insis encia du an e el iem-
po de su o mación inicial, po ellas mismas y po la epe cusión que enía en sus
alumnas y en o as muje es; una dimensión con ales ni eles de exigencia en algu-
nos casos, que nos lle a a supone que debían asus a a sus des ina a ias. Aunque
omados de una publicación de inales del siglo XIX, se siguie on ansmi iendo,
du an e décadas, mensajes como los siguien es:
«De conduc a in achable... la maes a debe se el modelo a que se ajus en las
acciones de las alumnas... que se án exigen es en lo que mi a a su conduc a mo al y
eligiosa, no ándose cualquie de ec o que en o a seño a pasa ía inad e ido. Po
eso la modes ia, la compos u a, el deco o deben dis ingui la»63. O «si oda pe sona,
pa a se es imable y es imada, necesi a obse a una conduc a sin acha, con mayo
mo i o le se á exigida la mo alidad y buenas cos umb es a la maes a, que ha de se -
i de ejemplo y edi icación a sus discípulas»6^.
Da ejemplo, cuida su imagen, lle a una ida que en odo espondie a a las
más es ic as no mas sociales, p esen a se siemp e de acue do a lo que de ella se
espe aba; pocas p o esiones es aban an expues as a la obse ación, e incluso a la
in omisión, como la del magis e io en los ambien es u ales. Lo que sucedía den-
o de la escuela y has a en la ida p i ada, e a muy di ícil que escapa an a la mi a-
da de la gen e. De ahí que se a isa a a las es udian es de magis e io de que iban a
se obse adas desde el p ime momen o de su llegada al pueblo en el que ue an
a eje ce ; de que su compo amien o es a ía siemp e en el pun o de mi a de odos:
«La maes a pública es conocida en odo el pueblo, y pa icula men e al p inci-
pio de su ins alación en él, es obje o de odas las con e saciones, y se escud iñan
62 CARBONELL SÁNCHEZ, MARÍA: Temas de
Pedagogía,
op. ci ., p. 426.
63
PASCUAL
DE
SANJUAN,
PILAR-VIÑAS
Cusí,
JAIME-FUENTES,
MAGDALENA
S.: T a ado de Peda-
gogía pa a las Maes as de P ime a Enseñanza y Aspi an es al Magis e io, Ba celona, ANTONIO J.
BAS-
TINOS,
19042, pp. 383-384. Li e almen e igual lo hemos encon ado en GoiCOECHEA,
MARÍA
PIEDAD:
T a ado de Pedagogía pa a las maes as del g ado elemen al, Zamo a, Imp . y Papel, de Ga cía Hnos,
1908,
pp. 146-147, y en o os manuales.
64 CARBONELL SÁNCHEZ, MARÍA: Temas
de
Pedagogía,
op. ci ., ρ. 427.
©
EDICIONES
UNIVERSIDAD
DE
SALAMANCA
His , educ,
16,1997,
pp. 199-222
2l8 LA VIDA
DE LAS
MAESTRAS
EN
ESPAÑA
CONSUELO FLECHA GARCIA
odos
sus
pasos, acciones
y
cos umb es;
po eso
debe es a
muy
sob e
sí,
eniendo
p esen e
lo que se
dijo
de la
muje
del
Cesa :
No
bas a
se
buena, sino
que es
nece-
sa io pa ece lo»65.
El mundo
de
elaciones
que
es ablecie an,
las
pe sonas
de las que
llega an
a se
amigas,
e a
o a impo an e cues ión
a
cuida , pa a
no
e se in oluc adas
en
si ua-
ciones
que
a ec a an
al
espe o
y al
ejemplo
que
debían despe a . Juga , b omea ,
baila , e an acciones
que
menoscababan
su
au o idad,
po lo que se
p o ocaba
en
ellas
una
ac i ud
de
e aimien o hacia
las
in e acciones
con la
gen e
y de
e ugio
en
lo
pe sonal p i ado. Vi i aisladas
del
medio social
en el que
ac uaban
e a
casi
la única al e na i a o ecida,
lo que las
si uaba
en una
posición equí oca
y
con a-
dic o ia; an e
una
singula o ma
de
inse ción social:
«Escoge á pa a a a se
con
alguna con ianza aquellos cuya cos umb es sean i e-
p ensibles, pe o
sin
ene g an in imidad
con
ninguna amilia... Siendo amiga ín ima
de
la
mad e
de una
discípula,
no
pod á p escindi
de
halla se
en las
ies as
de
amilia
como boda, bau izo
o día de
días,
y en
es os casos
se
juega,
se
b omea,
se
baila,
lo
cual,
si
sucede delan e
de las
educandas, desp es igia algún an o
la
au o idad
de la
maes a».
Es aban obligadas
a
man ene unos cie os ni eles
de
elación, pe o
sin
llega
a
lo
que
exigie a
una
con i encia
que
podía daña
su
imagen.
Se e a
maes a
en
odo
momen o
y en
odo luga ,
po lo que
enían
que
espe a cons an emen e
los
lími-
es
que su
p opio papel social
les
imponía. Pe sona
y
p o esión es aban
an
o al-
men e iden i icadas
en el
pe cibi
de las
gen es,
que su
sola p esencia enía e ec os
educa i os
o
deseduca i os.
La moda
e a
o o ámbi o
de
exp esión
de la
co idianidad
que
enía ma cada
an o
po las
endencias p opues as
po los
p o esionales como
po las
pau as a-
zadas
po
polí icos
y
mo alis as;
y
siemp e den o
de lo que
exigía
una
ígida asig-
nación
de
acue do
con la
clase social
a la que se
pe enecie a. Pe o
las
maes as,
aunque
po su
po e ex e no debían dis ingui se
de
o as muje es abajado as,
habían ap endido
la
ad e encia
de que «la
maes a escla a
de la
moda,
que
is e
con exage ación ajus ándose
a
odos
los
cap ichos
de
es a deidad eleidosa,
ni
debe ex aña ,
ni
iene de echo pa a ep ende
la
anidad
de las
pequeñuelas».
Du an e muchas décadas ecibie on ins ucciones sob e es e aspec o, como
las que
conocemos
de la
Inspección
de
Ge ona
en el año
1941, sob e
los
modos
de
es i
a
los
que las
maes as enían
que
ajus a se
en la
nue a si uación
en la que
España
había en ado:
«La p ác ica
de la
mo al c is iana
más
pe ec a,
en lo que se
e ie e
a la
moda
en
pe sona
y
es ido, siguiendo ellas ambién
y
p ime o,
las
epe idas no mas
en el
es-
i emanadas
de la
sup ema au o idad eclesiás ica diocesana,
ya que
odo o o p oce-
de esul a ía
un
e dade o con asen ido
y
has a
un
sa casmo
en una
España ca óli-
ca
que se
desen uel e den o
de un
clima
de
aus e o asce ismo quasicas ense»66.
65
PASCUAL
DE
SANJUAN, PILAR-...:
T a ado de Pedagogía..., op. ci ., p. 387; los siguien es en eco-
millados co esponden
a las pp. 388 y 390.
66
CIP, 9 de
sep iemb e
de
1941.
C .
MARQUÉS SUREDA, SALOMÓ:
«La
muje
en los
ex os
de la
Inspección P o incial
de
P ime a Enseñanza
de
Ge ona, du an e
el
F anquismo»,
en VV: AA.:
Muje
y Educación
en
España.
1868-1975,
San iago, Uni e sidad
de
San iago, 1990,
p. 204.
©
EDICIONES
UNIVERSIDAD
DE
SALAMANCA His , educ.y 16,1997,
pp.
199-222
LA VIDA DE LAS MAESTRAS EN ESPAÑA
CONSUELO FLECHA GARCIA 2I9
O a me a al a ue ambién el ipo de p epa ación cul u al que se les p oponía,
pues enían que hace ealidad «que las niñas encuen en siemp e en su maes a
una especie de lib o abie o que esuel a odas sus dudas»6?. Cul u a enciclopédi-
ca, disponible en cada momen o, aunque la que habían ecibido en su pe íodo de
o mación había sido, po lo gene al, udimen a ia y de icien e.
La sociedad, a a és de unos u o os con oles, llegaba a modela las o mas
de ida ex e nas de quienes eje cían el magis e io. Pe o en su educa , en el modo
como ellas p esen aban y ansmi ían en su eje cicio p o esional el mundo dado,
ese en el que, a a és de los p og amas escola es iniciaban a sus alumnas y alum-
nos,
es aban ambién sus expe iencias pe sonales, no sólo lo que se les había ans-
mi ido en la Escuela No mal. Cuando comunicaban ese mundo ap endido exp e-
saban, al mismo iempo, lo p opio, lo oda ía no obje i ado del odo, pe o que
pasa ía a se lo, en muchos casos, en el mismo momen o de ansmi i lo, llegando
a o ma pa e, en un p oceso de ecip ocidad, an o de ese mundo dado como
del suyo p opio. Una dinámica que demues a que «en la ida co idiana la ac i i-
dad con la que o mamos el mundo, y aquella con la que nos o mamos a noso os
mismo, coinciden68.
Las implicaciones de la ida polí ica
El ca ác e de la unción que ealizaban en la escuela, ha si uado habi ualmen e
al magis e io en una di ícil pos u a en e a la p esión ideológica de las clases di i-
gen es, lo que ha condicionado sus ac i udes polí icas en cada momen o his ó ico.
Tan o en los años de la II República como en el égimen de F anco, la coexis-
encia con los alo es y p ác icas que cada uno de esos ó denes de pode exigía,
es u o acompañado, ambién en el caso de las maes as, po o mas de esis encia
di igidas a p ese a con odos los medios disponibles —aunque ue an a iesga-
dos—
la p opia au onomía cul u al, polí ica, eligiosa, e c. Los cambios, que a ec-
a on a an os aspec os, demos a on has a qué pun o lo polí ico pene aba en lo
co idiano ol iendo muy ágil y a iable la on e a en e p i ado y público.
Cada decisión, cada nue a no ma i a legal, ponía al descubie o ac i udes y pos u-
as asignables pa ida iamen e.
Es ine i able la e e encia al discu so del pode , po que es u o p esen e en la
ida co idiana de las maes as imp egnándola inexo ablemen e de unas condicio-
nes que pe mi ie an, en cada uno de los pe íodos, i i de la o ma menos au-
má ica, lo que pod ía jus i ica que esul a a común e a la maes a subo dinada
—con mayo o meno con icción in e na— a ese discu so polí ico que a ella se le
exigía di undi a a és de la escuela. Pe o se p oduje on igualmen e compo a-
mien os ansg eso es, u o de la ensión cul u al y social que cada una de esas
si uaciones o iginó.
En la Dic adu a de P imo de Ri e a y en la II República, cuando las muje es
empeza on a ocupa ca gos polí icos, como concejales y como dipu adas, encon-
amos en e ellas a ias que enían el í ulo de Maes a, aunque no odas hubie-
67 CARBONELL SÁNCHEZ, MARÍA: Temas de Pedagogía, op. ci ., p. 427.
68 C . HELLER, AGNES: Sociología de la..., op. ci ., pp. 24-26.
© EDICIONES UNIVERSIDAD DE SALAMANCA His , educ, 16,1997, pp. 199-222
220 LA VIDA
DE
LAS MAESTRAS
EN
ESPAÑA
CONSUELO FLECHA GARCIA
an eje cido. Du an e
los
años
de la
gue a, di e en es o mas
de
depu ación
del
magis e io
en una y
o a zona
de la
España di idida,
les
a ec ó ambién
a
ellas.
Impu aciones elacionadas
con la
ac uación p o esional,
con las
c eencias eligio-
sas,
con las
p e e encias polí icas
y
has a
con la
mo al, si ie on pa a acusa
a las
que
no se
adecuaban
a los
pos ulados ideológicos
de
quienes eje cían
el
pode
en
el ámbi o geog á ico
en el que la
gue a
las
había si uado.
Fundamen almen e
las
c eencias eligiosas
en la
zona
de la
República,
y los
ca gos elacionados
con la
mo al
en la de
F anco, po que
se
conside aban expo-
nen es
de una u
o a adsc ipción polí ica,
se
u iliza on pa a lle a
a un
núme o
signi ica i o
de
maes as —aunque ue a
muy
in e io
al de
maes os—
a la
de en-
ción,
al
enca celamien o
y a
algunas
a la
mue e. En e es as úl imas, alga
el
caso
de Casilda Quin ana Calzada, maes a
de San
Lló en e
de
Losa (Bu gos)
po
pa e
de
los
nacionales6?,
y el de
Vic o ia Diez Bus os
de
Molina, maes a
de
Ho na-
chuelos (Có doba)
po
pa e
de los que
de endían
la
República?0.
Los encedo es,
una ez
inalizada
la
gue a ci il, con inua on
con la
depu a-
ción
de
maes as
y
maes os pa a ga an iza
un
ipo
de
escuela
que
asegu ase
la
ansmisión
mas
es ic a
de los
alo es
que
sus en aban
al
nue o égimen.
Las
ci -
cuns ancias conc e as
de las que
conocemos
que
u ie on
que
su i
las
ep esalias
de
uno u
o o ipo,
nos
mues an sólo
la
pun a
de un
icebe g o mado
po
muchas
o as
que
asumie on
en su
p opio cue po
y
des ino, aunque
las
consecuencias
no
ue an ex e io men e
an
aumá icas,
la
elación en e
el
discu so polí ico
y su
p opia ida o mada
po
abajo, amilia, iempo lib e
o
dis in as o mas
de
mili-
ancia; dimensiones
no
siemp e áciles
de
deslinda :
«Si yo
quisie a explica
—con esaba Gab iela—,
lo que e a
en onces pa a
mí la
polí ica,
no
sab ía.
Yo
c eía
en
la
cul u a,
en la
educación,
en la
jus icia. Amaba
mi
p o esión
y me
en egaba
a ella
con
a án. ¿Todo es o
e a
polí icaP?1.
Aunque
con las
di e encias
que
ma ca
un
pe íodo
an
la go como
el que
aquí
es udiamos,
sí se
puede a i ma
que el
colec i o
de
maes as había mos ado,
en la
p ác ica, poco in e és
po
hace g upo unas
con
o as,
po
o ganiza se
en
sindica-
os
y en
asociaciones
que
impulsasen
su
acción
y
a a an
de
mejo a
las
condicio-
nes
en las que
ealizaban
su
abajo.
Una
cues ión
de la que
ue on
en
seguida
conscien es, como demues a Pila Velasco, p o eso a
de la
Escuela No mal
de
Se illa,
en un
a ículo publicado
en
1914:
«No
es
únicamen e
la
al a
de
apoyo
en los
Gobie nos;
hay que
con esa
que
ca ecemos
de
aquella he mosa iden idad
de
aspi aciones,
de
aquella comunidad
de
sen imien os,
de
ideales,
que se
es ablece ue a
de
aquí en e odos
los que
p ac ican
una misma p o esión
y a
ella dedican
sus
ene gías,
sus
en usiasmos,
sus
amo es...
Se ía ú ilísimo
que
media a
más
con ac o en e
las
p o eso as, o ganizando eunio-
nes pe iódicas»?2.
69
C .
CRESPO REDONDO,
JESÚS
Y ΟΥΚ.: Pu ga
de
maes os
en la
gue a ci il:
la
depu ación
del
maes o nacional
en
la p o incia
de
Bu gos, Valladolid, Ámbi o, 1987,
220 pp.
7° C .
FERNÁNDEZ
AGUINACO,
CARMEN:
Vic o ia Diez..., op. ci ., 93 pp.
71
ALDECOA,
JOSEFINA.
His o ia...,
op. ci ., p. 107.
72
VELASCO,
PILAR:
«El
p o eso ado emenino»,
en La
Escuela Mode na, Mad id,
n° 276
(1914),
pp.
687
y 690.
©
EDICIONES
UNIVERSIDAD
DE
SALAMANCA
His , educ.y 16,1997, pp. 199-222
LA VIDA DE LAS MAESTRAS EN ESPAÑA
CONSUELO FLECHA GARCÍA 221
Sí su gie on algunas asociaciones, no siemp e de ca ác e polí ico, pe o su
ida en cuan o al núme o y pe manencia de sus miemb os, y más especialmen e
emeninos, ue muy luc uan e. La Con ede ación Nacional de Maes os Espa-
ñoles,
la Asociación Ca ólica de Maes os, la Asociación de T abajado es de la
Enseñanza, la Unión de Maes os Españoles, la Asociación de Coope ado as de
la Ins i ución Te esiana, la Asociación Nacional del Magis e io P ima io, e c., se
es o zaban po o ece in o mación p o esional, apoyo ju ídico, cauces de in e -
cambio, medios pa a ac ualiza la o mación y odo aquello que, de acue do con
la pe spec i a ideológica que cada una ep esen aba, pudie a se i de apoyo al
eje cicio p o esional de sus in eg an es. Respondían a muchas de sus aspi acio-
nes p o esionales y al deseo de pe eccionamien o que demos aban, pe o ag u-
paban a un núme o ela i amen e pequeño de maes as. En Bu gos, po ejem-
plo,
a la Asociación Ca ólica de Maes os pe enecían en 1936, 160 miemb os, de
los que 98 e an maes as; y a la Asociación de T abajado es de la Enseñanza 94,
pe o en és a el núme o de muje es siemp e ue muy escaso, no llegando a pasa
de 15 maes as^.
T as la gue a ci il, las maes as, como el conjun o de la población, u ie on
que con i i con una censu a que llegó a imp egna odos los aspec os de la
ida, an o pública como p i ada; se exigió una iden i icación sin isu as con los
p incipios del nue o égimen an o en la escuela como ue a de ella. El celo po
man ene los signos ex e nos de la eligión y de la mo al ue ex emado.
Pe o en esa España, aunque no había desapa ecido la di isión en e encedo-
es y encidos y se habían agudizado las di e encias sociales y las elaciones
je á quicas de géne o, la ida co idiana de la población en gene al y de las maes-
as en pa icula , ue siendo cada ez menos homogénea.
A modo de sín esis
Una ida, la de las maes as en España has a hace poco más de es décadas,
que nos habla de un cons an e a ance en el núme o de las que paula inamen e
se ue on inco po ando al magis e io p ima io; de un es ilo de eje cicio p o e-
sional en el que no al a on ni ilusión ni en ega al abajo; de unas expec a i as
pe sonales alimen adas po la sa is acción que el mundo de la escuela les p o-
po cionaba; de una conciencia que, en muchos casos, alen ó comp omisos y
ambién iesgos. Pe o una ida en la que, igualmen e, u ie on que abaja sin
los medios necesa ios; en la que sin ie on soledad y u ina, al a de econoci-
mien o, poca co espondencia en e es ue zo y esul ados; en la que la mono o-
nía de los días en un luga aislado, alen aba el deseo y la espe anza de o o pue-
blo mejo .
Pa a las muje es, el magis e io supuso la posibilidad mejo acep ada po el
medio social, de inco po a se a una p o esión cuali icada —que exigía una p e-
pa ación cul u al muy supe io a la media de la que poseían la mayo pa e de
las muje es de su gene ación—, que les p opo cionaba una emune ación econó-
73 C .
CRESPO
REDONDO,
JESÚS
Y OTR.:
Pu ga
de
maes os...,
op. ci ., pp. 54-60.
©
EDICIONES UNIVERSIDAD DE SALAMANCA
His ,
educ,
16,1997,
pp.
199-222
222 LA VIDA DE LAS MAESTRAS EN ESPAÑA
CONSUELO FLECHA GARCIA
mica que e i aba su dependencia de la amilia, que les pe mi ía una au onomía y
un es a us cla amen e di e en e del de ama de casa. Unas ci cuns ancias que p o-
ocaban en ellas mismas, y en quienes las con emplaban, sin que quizás en un
p incipio se diesen cuen a de ello, el despe a de una nue a conciencia sob e
los modos de p esencia de las muje es en los espacios públicos, aunque supie an
que oda ía enían que hace lo ocupando el meno espacio público posible. Pe o
ue el p incipio de una ce eza en o no a la cual se ue on o ganizando odos
los siguien es hechos de su exis encia.
© EDICIONES UNIVERSIDAD DE SALAMANCA His , educ.y 16,1997, pp. 199-222