scieee Open visual document viewer

La vida de las maestras en España

Flecha García, Consuelo

Full text

ISSN: 0212-0267 LA VIDA DE LAS MAESTRAS EN ESPAÑA The li es o he women eache s Consuelo FLECHA GARCÍA Uni e sidad de Se illa Fecha de acep ación de o iginales: Ene o de 1997 Biblid. [0212-0267 (1997) 16; 199-222] RESUMEN: En es e abajo nos ace camos a la ida de las maes as que eje cie on en España has a hace poco más de es décadas. Un pe íodo amplio y complejo en el que se in eg a on en la ida social con un abajo emune ado, y con ibuye on bien a los cambios, bien a la pe manencia de los acon ecimien os que acompaña on sus idas. Una p o esión que eje cie on, sob e odo en pueblos, po el ca ác e undamen- almen e u al de la sociedad española has a la segunda mi ad del siglo XX. En escue- las que disponían de pocos medios ma e iales y gene almen e con nume osos alum- nos. Con una o mación que las p epa aba pa a educa de acue do con el géne o asignado y eniendo que su i la imagen que de ellas se di undía. Muchas se ie on in oluc adas en las di e en es ci cuns ancias polí icas que España i ió en esos años. Pa a las muje es, el magis e io supuso la posibilidad mejo acep ada po el medio social, de inco po a se a un abajo cuali icado que les pe mi ió una au onomía eco- nómica y pe sonal, y que les ayudó a despe a la conciencia sob e su necesa ia p e- sencia en ámbi os públicos. PALABRAS CLAVE: Vida, Maes as, España. ABSTRACT: In his esea ch we ge close o he li es o he women eache s who wo ked in Spain un il h ee decades ago. A wide and complex pe iod du ing which hey go in eg a ed in socil li e wi h a emune a ed job, con ibu ed ei he o he changes o o he du a ion o he e en s ha accompanied hei li es. A p o ession ha hey exe cised abo e all in illages due o he mainly u al cha- ac e o he Spanish socie y un il he second hal o he 20 h cen u y. In schools ha had ew ma e ial esou ces and in gene al wi h nume ous pupils. Wi h an edu- ca ion ha p epa ed hem o each acco ding o he assigned gen e and ha ing o su e he image o hem ha was sp ead. Many o hem we e in ol ed in he di e- en poli ic ci cuns ances ha Spain li ed du ing hose yea s. Fo a women he p ima y eaching implied he mos accep ed possibili y by he social en i onmen o inco po a e hemsel es o a quali ied job ha allowed hem o ha e an economic and pe sonal au onomy, ha helped hem o ge conscious o hei necessa y p esence in public en i onmen s. KEY WORDS: Li es, Women p ima y eache s, Spain. © EDICIONES UNIVERSIDAD DE SALAMANCA His , educ, 16,1997, pp. 199-222 200 LA VIDA DE LAS MAESTRAS EN ESPAÑA CONSUELO FLECHA GARCIA L A VIDA co idiana, i emediablemen e unida a cada i ine a io pe sonal como una dimensión que aspasa odo su espacio, se ha cons i uido en un obje o de es- udio que pe mi e ija la a ención en cues iones y pe spec i as no enidas has- a aho a como ele an es. La e nog a ía, la an opología y la sociología, han conse- guido in oduci en o os ámbi os cien í icos, unos emas de análisis que, en el caso de la his o ia, es án con ibuyendo a en iquece los ángulos desde los que nos ace - camos a nues o pasado y a hace posible el encuen o en e his o iog a ía y o as ciencias sociales. Lo ol idado, lo abandonado, es a pasando a se hoy, pa a no pocos his o iado- es, lo que mejo esponde a una e dade a his o ia de la humanidad, pues o que los g andes acon ecimien os y las g andes igu as, en cuan o ex ao dina ias, no ep esen an lo que ha sido, en su co idianidad, la ida de pe sonas y pueblos, aun- que así se haya pensado du an e siglos1; o sólo en algunos casos como consecuen- cia de su pos e io e ec o en la co idianidad, no en sí mismas2. De aquí que la e olución his ó ica ma cada po g andes hechos, pe o en los que el os o humano de quien los gene aba pe manecía elado, se es é en ique- ciendo en es as úl imas décadas del siglo XX con la a ención a los modos conc e- os de ida de los di e en es g upos humanos, a sus compo amien os sociales, a las edes de elaciones que es ablecían, a las o mas de exp esión colec i as en las que pa icipaban, a sus alo es y expe iencias indi iduales, a las no mas de con- duc a que les han guiado. Es deci , la his o ia se es á mo iendo hacia un mayo in e és po la pe sona —indi idualmen e o como g upo— y po su conciencia de iden idad. Una ecupe ación de dimensiones que ha lle ado a la adicional his o- ia polí ica a pe de signi icación como ep esen an e o alizado a del de eni de ins i uciones, de pe sonas y de pueblos. La socióloga Agnes Helle de inió en 1977 el concep o de ida co idiana como «el conjun o de ac i idades que ca ac e izan la ep oducción de los homb es pa i- cula es, los cuales, a su ez, c ean la posibilidad de la ep oducción social»; ac i ida- des de con enido y es uc u a no idén icas en cada pe sona y en cada época que, en unos casos se man ienen gene ación as gene ación y que, en o os, desapa ecen en una de e minada coyun u a, in e cambiándose con o as nue as; un concep o que, po lo an o, ambién iene his o ia3. Y de él han sido especiales p o agonis as las muje es pues o que, sob e ellas, han g a i ado undamen almen e las ac i idades más habi uales de ese mundo, la ep oducción y el cuidado, como enca gadas no sólo de da a luz, sino de p ocu a el abas ecimien o de odo lo necesa io en la ida domés ica, de p opicia un ambien e g a i ican e a la p opia amilia, de ansmi i alo es y cos umb es, de cuida los ínculos con los pa ien es y de odo aquello que, aunque ue a con su sac i icio, con ibuía al bienes a de los demási. 1 C . FERNÁNDEZ-ARMESTO, FELIPE: «LO impo an e de la his o ia son los enómenos pe i é i- cos», en EL PAÍS, ma es 10 de oc ub e de 1995, p. 34. Es e his o iado , p o eso en Ox o d, a i ma que únicamen e el es udio de cos umb es, de cul u as y de ci ilizaciones que la his o ia con encional ha dejado apa e, pe mi i á «encon a esa especie de e dad que se halla compa ando odas las pe s- pec i as». Es au o del lib o Millennium. Una his o ia de nues os úl imos mil años, Ba celona, Plane a, 1995, 911 pp., de cuyo P ólogo (pp. 19-28) son es as ideas. 2 C . HELLER, AGNES: His o ia y ida co idiana, Ba celona, Ed. G ijalbo, 1972, p. 42. 3 HELLER, AGNES: Sociología de la ida co idiana, Ba celona, Península, 19872 (19771), pp. 19 y 20. 4 FOLGUERA, PlLAR: «La cons ucción de lo co idiano du an e los p ime os años del anquismo», en AYER, Mad id, n° 19 (1995), p. 176. © EDICIONES UNIVERSIDAD DE SALAMANCA His , educ.y 16,1997, pp. 199-222 LA VIDA DE LAS MAESTRAS EN ESPAÑA CONSUELO FLECHA GARCIA 20I El análisis de es e ipo de emas asignados adicionalmen e al mundo p i ado y a su en o no, a los que no se concedía alo ni ele ancia social, ha sido p o- pues o po el mo imien o de «es udios de las muje es» con especial ue za. Una nue a alo ación, y ecupe ación, de la subje i idad, de lo pe sonal, de lo co idia- no, ha empezado a ocupa un impo an e espacio en la his o iog a ía eme gen e sob e las muje es, pues o que se a a de un campo in e disciplina po encialmen e muy ecundo. Es a nue a isión his ó ica de la ealidad social que, desde una u o a pe spec- i a, hoy se in en a o ece , exige eco e espacios y iempos si uados en el in e- io , de pue as aden o —aunque no siemp e sea ese su e dade o luga , a él se ci cunsc iben—; y se hace con una c ecien e conciencia de que son donde, en e - dad, se han p epa ado casi siemp e las ans o maciones sociales y los mo imien- os que las hacían isibles; donde se han diseñado las g andes endencias que han mo ido la his o ia. Todo ello gene ado en ese en o no menos público, pe o con una p oyección ex e io en ac i udes, en decisiones y en hechos conc e os. Maes as en el siglo XX En es e abajo nos amos a ace ca a la ida de las maes as que eje cie on en España a lo la go del siglo XX. Un pe íodo amplio y complejo en el que, con su ac i idad den o y ue a de la escuela, un signi ica i o núme o de muje es no sólo encon a on una o ma de in eg a se en la ida social, sino que pudie on con i- bui a los cambios, o a la pe manencia, de los acon ecimien os que acompaña on sus idas. Ca ecemos de es udios especí icos sob e es e g upo p o esional de maes as, que se ue consolidando en la p ime a mi ad del siglo XX; muje es a las que una p epa ación académica de g ado medio, o ecía la posibilidad de un pues o de a- bajo y de una au onomía económica y amilia que compo aban cambios, casi subs anciales, en la en onces co idianidad de la ida de la población emenina. Es ena on unas ci cuns ancias que du an e a ias décadas les pe mi ie on i ine a- ios pe sonales desde isiones y alo es al e na i os a lo que se había es ablecido que debía se su ida como muje es, lo que muchas de ellas consiguie on sos ene y a i ma aún en medio de la cul u a os ensiblemen e dominan e que las odeaba. Algunas expe iencias de maes as indi iduales que las mismas p o agonis as nos o ecen al ansmi i nos sus i encias en e ce a pe sona y en o ma no elada, o el ace camien o a las que, a a és de asociaciones y g upos p o esionales dejan asluci aspec os de sus idas conc e as, den o de una «p eocupación po ecu- pe a lo pa icula , lo local y lo conc e o»*, se án la base desde la que in en a e- mos a isba pe spec i as más amplias sob e lo que suponía se maes a has a hace pocos años. Las ideas di undidas y la acción polí ica de cada uno de los pe íodos que aba ca es e es udio, nos da án ambién luz sob e el ma co es ic i o de posi- bilidades que enían como e e encia, así como sob e su capacidad, po o a pa e, pa a cons ui una his o ia p opia en ales ci cuns ancias. S WALTON, JOHN K.: «Ap oximaciones a la his o ia de la ida co idiana en Ingla e a», en AYER, n° 19 (i995)5 p. 46· © EDICIONES UNIVERSIDAD DE SALAMANCA His , educ, 16,1997, pp. 199-222 202 LA VIDA DE LAS MAESTRAS EN ESPAÑA CONSUELO FLECHA GARCÍA Los ela os au obiog á icas y los es imonios o ales que hemos u ilizado en es e abajo «son uen es cuali a i as que nos ayudan a ecupe a la ex u a de la ida co idiana»6 de maes as que eje cie on en e p incipios de siglo y los años sesen a, con su es uc u a amilia y sus elaciones sociales, con las ac i idades de ocio y de di e sión, sus pau as de consumo, sus hábi os cul u ales, la ocupación que hacían de los espacios, e c. Hechos ep esen a i os de la ida de muchas, aun- que quienes los han esc i o les hayan dado su imp on a pe sonal, pa a in en a ecupe a como dimensiones públicas y dignas de se inco po adas al pa imonio colec i o, p ác icas conside adas sin alo en la secuencia polí ica o mal y, como consecuencia, man enidas en el anonima o. Sólo pod emos obse a indicios o agmen os de unas idas conc e as, pe o que nos des ela án los de o as muchas, así como el signi icado que adqui ía y que se a ibuía a lo que ellas ep esen aban en su es e a social de maes as, aunque sin deja les pe de la asignada condición de muje es. Nos p oponemos señala algo de la isonomía y de los lími es de un g upo p o esional que en sí mismo, y más en el caso de las muje es, es aba delineando los pe iles de su consolidación en España; y en el que, po la misma dinámica que exigía el eje cicio de la ense- ñanza p ima ia, no e a di ícil que se p oduje an compo amien os e elado es de la ida co idiana de quienes lo ealizaban. En es e en oque del pasado que se cen a más en la conduc a dia ia, pod emos isibiliza las p ác icas habi uales con que, en es e caso las muje es maes as, ha- cían suyas, o se dis anciaban, de las si uaciones en las que las colocaba el eje cicio de su p o esión, así como los hechos co idianos con los que hicie on his o ia dia- iamen e. Su p esencia en la España u al El ca ác e oda ía undamen almen e u al de la sociedad española du an e los dos p ime os e cios del siglo XX, con ibuyó a que el mayo núme o de las maes- as eje cie a en pueblos, además de que una meno población escola en muchos de ellos, hacía que dispusie an con ecuencia de escuelas mix as, que gene almen- e e an a endidas po maes as?. Una p ác ica que segu amen e con ibuyó a la p og esi a eminización del magis e io en los años cincuen a. Eje cían y se hacían p o esionalmen e en pueblos muchas eces aislados, como los que han e lejado Dolo es Medio al desc ibi «la escuela de Pe eda, pequeñísi- ma aldea de las hu des as u ianas... luga o almen e aislado, al que sólo se enía acceso a caballo, a a esando case íos, aldeas y mon es»8; Jose ina Aldecoa cuando exp esaba que «la p ime a ne ada e a el anuncio de muchos días g ises, y e a am- bién el aislamien o de ini i o. A eces, du an e meses, ni las ca as llegaban al pue- blo, inaccesible pa a los caballos y los homb es»9; o Vic o ia Diez que con aba a una amiga que «el pueblo ca ece de odo medio de comunicación. El iaje penosí- simo: de Se illa a Mé ida en en, de Mé ida a Badajoz hay que i a Oli enza en 6 Ibidem, p. 27. 7 C . O den de 20 de agos o de 1938 y Ley de Enseñanza P ima ia de 17 de julio de 1945. 8 MEDIO, DOLORES: Dia io de una maes a, Mad id, Cas alia, 1993, p. 17. 9 ALDECOA, JOSEFINA: His o ia de una maes a, Ba celona, Anag ama, 19913, p. 39. © EDICIONES UNIVERSIDAD DE SALAMANCA His , educ, 16,1997, pp. 199-222 LA VIDA DE LAS MAESTRAS EN ESPAÑA CONSUELO FLECHA GARCIA 2O3 coche de línea, y desde allí ni se sabe...»10. Unos ambien es p o esionales que ma - caban la expe iencia p o esional y la ida co idiana de las maes as du an e una buena pa e de su ida, cambiando ecuen emen e de pueblo, sin aíces en ningu- no de ellos, espe ando ob ene algún día la escuela que llena a sus expec a i as. Sólo desde es a ealidad se puede en ende de e dad qué han sido y qué han sig- ni icado las maes as. De ahí que ue a habi ual el conside a una sue e la si uación de quienes podí- an e i a eje ce en un pueblo, aunque u ie a que se enunciando a la segu idad que o ecía abaja en una escuela del Es ado; pe o sin emba go no obligaba a i i muchos años, casi oda la ida p o esional, en pueblos pequeños y pe mi ía educa a un ipo de niñas que se conside aba más g a i ican e. Has a en las no e- las in an iles se ansmi ían esas con icciones al elogia an e las niñas «la sue e de Paqui a que... no end ía que en e a se en un pueblo, como an as pob es mucha- chas ecién salidas de la No mal... Paqui a no end ía que solici a una míse a escuela de aldea; ab i ía en la misma ciudad un colegio pa a niñas inas»11. Quienes acep aban eje ce en un pueblo pequeño y aislado, demos aban ene ocación —uno de los asgos más emblemá icos de es a p o esión—, pa a una ac i idad que les exigía i i en condiciones p eca ias, cuando enían ya o as posi- bilidades de abajo en la ciudad que, has a económicamen e, podían bene icia las. Tenían que se jó enes idealis as dispues as a lo di ícil, como econocía una de ellas al a i ma que «la maes a del pueblo, e a una jo enci a soñado a que había enunciado a la ida di e ida, cómoda y uidosa de la ciudad, pa a en ega se po en e o a la di ícil a ea del magis e io»12; o jó enes que quizás du an e sus es u- dios habían soñado que esa ca e a les ab i ía mejo es posibilidades que aquellas en las que, en muchos casos, i ían, aunque habi ualmen e después no llega a a se así. Gab iela, la p o agonis a de His o ia de una maes a, econocía, y su oz puede se la de o as muchas, que expe imen aban la nos algia de lo pe dido, la is eza del discu i de los días; el aislamien o que conlle aba su singula posición social en el pueblo: «Al a a dece me a ligía una somb a de angus ia. Yo enía de un pueblo... Pe o el mío enía una ca e e a impo an e, pasaban gen es, au omó iles, ca os, caballe í- as... Yo enía amigas, pa ien es... Mi pueblo es aba i o, pe o yo siemp e había ima- ginado que lo deja ía, que mis es udios y mi ca e a me se i ían pa a ensancha ho izon es, me lle a ían a luga es más amplios y mejo es, no a es a is eza del ano- chece en un luga pe dido en e los mon es»^. Dolo es Medio exp esaba ambién la angus ia que, a eces, suponía es a sole- dad y, más especialmen e, cuando al hecho de es a en esos ambien es se unía la p e ensión de pone en ma cha inno aciones que enían que expe imen a con unas alumnas y alumnos habi uados a sis emas de enseñanza muy di e en es, con la deso ien ación e insegu idad que ello p o ocaba en la ma cha del aula; con la 10 FERNÁNDEZ-AGUINACO, CARMEN: Vic o ia Diez. Memo ia de una maes a, Mad id, Na cea, i993> Ρ- 33· 11 FUENTES SOTO, MAGDALENA: Vida de colegio. No ela in an il, Mad id, Suc. de He nando, 1916, pp. 8 y 12. 12 MARTÍNEZ LÓPEZ, MARÍA CARMEN: Maes a y Muje , Toledo, Imp . Gómez-Meno , 1964?, p. 12. *3 ALDECOA, JOSEFINA: His o ia..., op. ci ., pp. 33-34. © EDICIONES UNIVERSIDAD DE SALAMANCA His , educ, 16,1997, pp. 199-222 204 LA VIDA DE LAS MAESTRAS EN ESPAÑA CONSUELO FLECHA GARCIA llamada a la esponsabilidad y has a con el sen imien o de culpa que sen ían las que lo es aban lle ando a cabo: «Algunos días, hoy, po ejemplo, [I ene] es á desespe ada. Sien e deseos de llo a , de abandona lo... Es á cla o que aún no iene p epa ación pa a emp ende una labo inno ado a... Las cosas ma chan cada una po su camino, como en una nue a y absu da o e de Babel. Y de odo es e deso den, de es e desba ajus e, ¿quién es cul- pable? Ella. Y del iempo que se pie de en ciegos an eos, ¿quién es culpable? Ella... ¡Ella! ¿No es así?»1!. Pues no siemp e e a ácil hace en ende lo dis in o y e i a in e p e aciones y asignaciones a uno u o o de los g upos ideológicos en los que, en an as ocasio- nes, las poblaciones pequeñas es aban di ididas. Algo que especialmen e en las décadas de los años ein a y cua en a ue más in enso debido a la adicalización de las pos u as. Y en medio de ello enían que in en a que sus ac uaciones eno- ado as no ue an in e p e adas ni a a o ni en con a de nadie, man ene su inde- pendencia, i i de acue do consigo mismas, haciendo que la escuela si ie a de e dad a la gen e pa a la que había sido c eada. Po eso, muchas de ellas no deja- ban de abaja po una: «Escuela ac i a donde las niñas con una disciplina conscien e desa ollan sus ap i- udes y se las dispone pa a un o icio o ca e a según las ap i udes demos adas en la escuela. Excu siones a los si ios pin o escos e his ó icos y pa a es e cu so se p oyec- a una excu sión a Có doba con ondos de la Mu ualidad escola . Hay es ablecido un pequeño ope o escola donde las niñas cosen las p endas pa a las más necesi a- das... Po con a con he moso campo de juego, las niñas dan sus clases al ai e lib e, al e nando és as con can os y mo imien os í micos... G acias al buen espí i u que eina en la escuela y a la libe ad conscien e, las niñas es án en ella como en su p o- pia casa, y cuidan de su escueli a...»1*. Una ac i ud que exigía o aleza, segu idad en las p opias decisiones, po que no siemp e e a bien in e p e ada, po que no siemp e e a acep ada y is a de la misma mane a po odos: «I ene quie e se ue e, sen i se siemp e dueña de la si uación. Lo consigue en su a o con los muchachos. Pe o no con la gen e. Es di ícil el a o con la gen e. Cuando el pueblo se ha di idido en dos bandos y lanzan de uno a o o a la maes- as, cuando los dos quie en que I ene les pe enezca o la echazan si su conduc a no coincide exac amen e con el compo amien o que espe aban de ella, es di ícil man ene el equilib io»16. Eje ce el magis e io en los pueblos se p esen aba, sin emba go, an e la opi- nión como la a ea más noble a que las maes as podían dedica se, ya que la acción que en ellos ealiza an, en el sen ido que ue a, end ía una más ápida y e icaz epe cusión en los mismos. De ahí la esponsabilidad de que se ca gaba es a dedi- J4 MEDIO, DOLORES: Dia io..., op. ci ., p. 105. J5 FERNÁNDEZ-AGUINACO, CARMEN: Vic o ia Diez..., op. ci ., p. 53. 16 MEDIO, DOLORES: Dia io..., op. ci ., pp. 145-146. © EDICIONES UNIVERSIDAD DE SALAMANCA His , educ, 16,1997, pp. 199-222 LA VIDA DE LAS MAESTRAS EN ESPAÑA CONSUELO FLECHA GARCIA 2O5 cación y la ascendencia que se le asignaba, aunque siguie an ca eciendo de los medios más imp escindibles pa a lle a lo adelan e. Impo ancia en ocasiones des- p opo cionada, como apa ece en el lib o de lec u a pa a niñas que con el í ulo Ma i-Sol. Maes a u al^ ue publicado en 1944, en el que se o mulaba así lo que suponía al decisión: «La MAESTRA RURAL es en la aldea o su sal ación o su pe dición. En una g an ciudad, la maes a queda como di uminada, como diluida en el ambien e. En la aldea, la maes a es la ¡Maes a!; la pied a de escándalo o el modelo pa a odos, el espejo en que se mi an... las niñas... las mad es, los más jó enes y los más iejos del luga . ¡Cuán o bien y cuán o mal puede hace un maes o en un pueblol»1?. Y desde esa misma conciencia en la que no les e a ácil deslinda a ea docen e de misión mo alizado a, pe o con o o lenguaje, con un modo de exp esa la menos al isonan e, a i maba Dolo es Medio que «I ene Gal desde que eje ce su p o esión ha ca gado sob e sus homb os la esponsabilidad de conduci a un pueblo. Todas las mi adas ijas en ella. Su consejo... Su conduc a... Su ejemplo»18. La ac i idad en el medio u al, an o de las maes as como de los maes os, iba más allá de las pa edes de la escuela, pues en con ex os con unos po cen ajes al os de anal abe ismo, lo mismo enían que ayuda a ellena imp esos, que a esc ibi ca as a no ios o amilia es, que a en ende el a ículo de un pe iódico llegado de la ciudad. Así lo mani ies an de una u o a mane a las p o agonis as: «Yo le cub i é el imp eso, con los da os que us ed me acili e. Es o dice y hace I ene a odos los campesinos que ienen a consul a le alguna cosa... El iejo se sen ó y habla on de la cosecha. Más a de, de la gue a... de los p ecios que las cosas alcan- zaban en el me cado neg o, del es ape lo...»1?. O «e a la maes a de odo el pueblo, pues su adio de acción se ex endía cada día más: 'Tengo el no io en el se icio y quisie a esc ibi le .. 'quisié amos que nos leye a es e a ículo»20. La con ianza y la au o idad que la maes a iba ganando en los asun os que a endía, a eces solo po habe ace ado en una consul a ocasional, conlle aba ene que esol e , en adelan e, p egun as con inuas de los más a iados emas. Gab iela pudo cons a a como «mi ama c eció ápidamen e y sin sabe cómo, al mes de ins ala me en la escuela siemp e había alguna muje espe ándome a la sali- da. Sus consul as e an a iadas... La mayo pa e pude esol e las con sen ido común y buena olun ad»21. El uncionamien o de las clases pa a adul as e minaban su giendo desde es a base, saliendo así al paso más que de la o malidad de la enseñanza de la lec u a y de la esc i u a, de an os o os emas en los que las jó enes y muje es del luga no habían sido iniciadas a pesa de se an imp escindibles pa a sus idas co idianas. Po que las maes as a endían ambién la educación de muje es adul as. Algunos 17 ÁLVAREZ DE CÁNOVAS, JOSEFINA: Ma i-Sol Maes a u al, Mad id, Magis e io Español, 19586, 9. Es e lib o conoció sucesi as ediciones. 18 MEDIO, DOLORES: Dia io..., op. ci ., p. 285. *9 Ibidem, p. 258. 20 ALVAREZ DE CÁNOVAS, JOSEFINA: Ma i-Sol.., op. ci ., pp. 108-109. 21 ALDECOA, JOSEFINA: His o ia..., op. ci ., p. 37. © EDICIONES UNIVERSIDAD DE SALAMANCA His , educ, 16,1997, pp. 199-222 2θ6 LA VIDA DE LAS MAESTRAS EN ESPAÑA CONSUELO FLECHA GARCIA de los es imonios de que disponemos nos ad ie en de la impo ancia de analiza el cómo se u ilizaban los p ocesos de al abe ización en unos con ex os de cul u a popula cuando se o ganizaban pa a las muje es. Las escuelas de España Del pano ama que Luis Bello nos p esen a sob e la ealidad de la enseñanza en la segunda década del siglo XX en sus, p ime o a ículos de pe iódico y después lib os publicados con el í ulo de Viajes po las Escuelas de España, amos a selec- ciona y de ene nos en las e e encias que hace a las maes as con las que se encon- ó en sus eco idos po dis in as egiones españolas. Sin p e ende oma sus obse aciones como da os obje i os sob e la si uación eal del conjun o de las escuelas en España, sus ela os nos ace can a una pe cepción que, siendo indi i- dual, pod ía se co obo ada po o as muchas. Vamos, po lo an o, a selecciona lo que en es as c ónicas se nos dice sob e cómo e an los luga es en los que eje cí- an las maes as, el núme o de alumnas a las que a endían, el es ilo de abajo que ealizaban, las condiciones ma e iales con que con aban. El aspec o ex e no que p esen aban las aulas es una de las p ime as cosas que llamó la a ención de es e pe iodis a que, con ecuencia, habla de su limpieza, de su sencillez, del clima que la maes a había log ado c ea po encima, muchas eces, de las condiciones ma e iales de que disponía: «Sólo hay limpieza en la escuela de niñas, dispues a con sencillez y con a e bas- an e pa a que no al e algún de alle emenino, ju enil, que e esca y pe uma el ambien e». «He is o a la maes a de niñas, Da Enedina Alonso. Todo es á limpio y isueño. Las niñas han dejado sob e cada pupi e su delan al blanco... Quizá el ma e- ial no sea an limpio ni an nue o como me ece la maes a»22. «Mijos iene una escueli a mix a, se ida po maes a, una de esas escueli as inol idables, donde lo de menos es el echo de cañizo, o las bancas míse as, o los aguje os del solado»23. El núme o de alumnas a las que enían que a ende es o o ema del que, como buen obse ado , oma no a. Y lo ansmi e no sin cie a i onía cali icando de escueli as elás icas a aquellas «donde maes os y maes as luchan po ins ala cien- o cincuen a o doscien os niños, cuando sólo caben sesen a o se en a». Son e- cuen es las alusiones al ele ado núme o de niñas y/o de niños que debían acoge en la escuela sin ayuda y con pocos medios, po lo que la enseñanza se esen ía. O, po el con a io, cuando el educido núme o pe mi ía un mejo abajo, que se ponía de mani ies o en los p og esos que alumnas y alumnos conseguían a pesa de compagina la asis encia a la escuela con o as ac i idades. A ende a un g upo pequeño hacía posible que odos llega an a esc ibi bien, con limpieza y con o o- g a ía, como sucedía en la escuela de doña Ma ía O iz en la que «los alumnos son pocos. Cuen o en e niños y niñas, al ededo de una docena, con lo cual la maes a pa ece que p eside los abajos de una amilia. Algunos son pas o es que, 22 BELLO, LUIS: Viaje po las Escuelas de España. El ce co de Mad id, Mad id, Magis e io Espa- ñol, 1926, pp. 58 y 185. 23 BELLO, LUIS: Viaje po las escuelas de Galicia, Mad id, Akal, 1974, ρ. πι. © EDICIONES UNIVERSIDAD DE SALAMANCA His , educ, 16,1997, pp. 199-222 LA VIDA DE LAS MAESTRAS EN ESPAÑA CONSUELO FLECHA GARCIA 2O7 cuando pueden, gua dan el ganado. Todos ienen buena le a, cuade nos limpios. Has a o og a ía»2^. El núme o de alumnos que asis ía a la escuela condicionaba, sin duda, en muchos casos el que no ue a posible cumpli con la isi a, po pa e de la maes- a, a los niños que es u ie an en e mos, o con la in o mación semanal a los pad es a a és de un cuade no de no as en el que debía ano a la aplicación y conduc a escola de cada niña, de acue do con lo que aconsejaba a las maes as Ma ía Ca - bonell en su manual de Pedagogía2*. Las p opues as pedagógicas que muchas u u- as maes as habían ecibido, se acomodaban mal con la ealidad escola en la que después abajaban. Las malas condiciones ma e iales en las que enían que desa olla su labo , ue on señaladas cons an emen e en las c ónicas de es e pe iodis a. Almacenes abandonados, bodegas, calabozos, cuad as, piscinas, paloma ; los espacios que al pueblo no se ían pa a o a cosa, e an los cedidos po los Ayun amien os pa a la escuela. Una de las municipales de niñas de El Fe ol es aba ins alada en los bajos de un almacén de bacalao; en la de Po oma ín, en Lugo, que enía la sue e de con a con luz po que disponía de «media solana que da al ío», la maes a le con- esó que en los días de c ecida «paso mucho miedo, de día y de noche, has a i me acos umb ando, po que cuando iene ue e el ío suena así como si a ona a». La escuela de Nogales es desc i a como «escuela calabozo. Un po alón lób ego. La clase is e y chica, con dos en anillas a la ca e e a». Y la de San Juan de Alba «una piscina con e ida en escuela». O la de Villanue a de Lo enzana, un con en- o habili ado en el que el día de la inaugu ación se hundió el piso esul ando he i- da la maes a26. De la de La Se na del Mon e dice que «es a es una de las escuelas más míse as de la sie a. El local educido»; o de o a en la que encon ó «amon onados unos cuan os pupi es y unos bancos, un mapa, una piza a. Y ein a niños de seis a doce años, como pichoncillos que educa en su paloma Da P udencia Ma ín Rojas, la maes a nue a. Un paloma »2?. En Villaba del Alco (Huel a) había «poco espa- cio, amon onamien o. Da Dolo es López Maes e iene ochen a niñas ma icula- das. Asis en unas cincuen a»28. Sin emba go ambién se encon ó con alguna excepción como en Sepulc o- Hila io, pueblo de Salamanca que acababa de cons ui una escuela nue a «con sus dos g andes salas —pa a niños una y pa a niñas la o a— despachos, biblio e- cas, dependencias, gale ía cubie a, pa io de juegos odeado de e ja... Maes os y discípulos es án allí con aleg ía»2?. O en Cáce es, en donde a i ma que «es án mejo las niñas. Tienen una buena maes a y una clase con sol. La enseñanza es p ác ica. Bo dan, cosen, zu cen». Del pueblo de Memb ío, en Cáce es, cuen a que, al llega la maes a, Da Julia Guijo, de quien Luis Bello acla a que: 24 BELLO, LUIS: ... El ce co de Mad id, op. ci ., pp. 91 y 115 espec i amen e. 25 C . CARBONELL SÁNCHEZ, MARÍA: Temas de Pedagogía, Valencia, Imp . Hijos de R Vi es- Mo a, 1920, p. 431. 26 BELLO, LUIS: ... de Galicia, op. ci ., pp. 224, 142, 154, 164 y 168 espec i amen e. 27 BELLO, LUIS: ... El ce co de Mad id, op. ci ., pp. 122-123. 28 BELLO, LUIS: Mas Andalucía. Las sie e Huel as. Se illa, Mad id, 1929, p. 53. 29 BELLO, LUIS: ... El ce co de Mad id, op. ci ., p. 185. © EDICIONES UNIVERSIDAD DE SALAMANCA His , educ, 16,1997, pp. 199-222 214 LA VIDA DE LAS MAESTRAS EN ESPAÑA CONSUELO FLECHA GARCIA a eas p opias de u condición de muje . Después, cuando la ida e lle e a cumpli u misión de mad e, el abajo se á únicamen e el de u hoga »*2. Es as muje es con unos es udios y con una p o esión que, po di e en es mo i- os, habían decidido no casa se, se unían así en el es ilo de ida a la que ya podía se conside ada como una adición iniciada, al menos, en la segunda mi ad del siglo XIX, aunque no e minaba de es a bien conside ada y acep ada po una buena pa e de la sociedad. Elisa Cua en al, e i iéndose a Milag os, su p o eso a du an e los años de gue a, deja e la imagen es e eo ipada que de ellas se enía al desc ibi la como «una muje que anda ía en onces po los ein a y an os años. E a sol e a y muy eligiosa. Vi ía con su mad e... E a una muje concienzuda y cumplido a, de es ic a mo al y muy simpá ica... La no mal y monó ona ida de es a muje ...»53. En es a au obiog a ía, la au o a señala una se ie de cualidades de la que ue su p o eso a du an e un iempo, pe o eco daba su ida cali icándola como «no mal y monó ona», quizás desde el sen imien o alimen ado a lo la go de su o mación de que sólo el ma imonio podía p opo ciona a las muje es alicien es y no edades g a i ican es. E a el p ecio de no habe espondido a las expec a i as sociales, de habe que ido, o de habe se encon ado, con o o modo de libe ad y de au onomía. Las maes as que se casaban, solían hace lo con homb es que ambién habían es udiado, muchas eces maes os —una decisión bien is a, incluso aconsejada—, e e ina ios, médicos... a los que enían ocasión de conoce en los pueblos, y con ag icul o es o p opie a ios bien si uados «posiblemen e —a i man las en e is a- das de T ebujena— po que pe eneciesen a su mismo ni el económico»; más bien, pensamos, que po el ni el cul u al que habían adqui ido y en el que se mo ían, pues su p ocedencia social e a de ipo medio. En cuan o a los sala ios que ecibían las maes as, siendo bajos, enían una epe cusión dis in a que pa a los maes os. Complemen o del que ecibía el ma i- do en el caso de las casadas, o des inado al sos enimien o de una única pe sona —si no había o as obligaciones amilia es, en el de las sol e as— no exigía las es a egias de supe i encia que enían que desa olla los maes os casados. Reco demos la espues a de un maes o gallego a Luis Bello: «¿Sólo? ¡Siemp e sólo! La amilia es un lujo que no puede paga se un maes o»^. Habi ualmen e las maes as —aunque no siemp e— pudie on lib a se de las clases de epaso y de p epa a a los jó enes del pueblo pa a los exámenes de bachille a o en el Ins i u- o, o de unas ho as en la con abilidad de algún come cio, que palia a una si ua- ción económica a la que no se eía ácil salida. Una ca e a pa a la que se p edecía su eminización siemp e que hubie a de eje ce se con niños pequeños, como una solución que podía ali ia al Es ado del cos e que supond ía la p ime a enseñanza si ue an homb es los que la siguie an eje ciendo, pues ellos necesi aban, y exigi ían, mayo es sueldos. Así lo plan eaba un manual pa a la o ien ación p o esional de las chicas publicado en 1914, que enía en cuen a es e aspec o al in o ma de los es udios de magis e io: 52 C . ABELLA, RAFAEL: La ida co idiana en España bajo el égimen de F anco, Ba celona, A gos Ve ga a, 1985, pp. 160 y 157 espec i amen e. 53 CUARENTAL, ELISA: El nido de la paloma, Mad id, Ed. El Museo Uni e sal, 1992, p. 122. 54 BELLO, LUIS: ... de Galicia, op. ci ., p. 162. © EDICIONES UNIVERSIDAD DE SALAMANCA His , educ, 16,1997, pp. 199-222 LA VIDA DE LAS MAESTRAS EN ESPAÑA CONSUELO FLECHA GARCIA 215 «La ca e a de magis e io es en odos los países la más p opia pa a la muje y llega á día en que sólo a ella le es é ese ada, a ándose de eje ce la con niños de has a diez u once años... El p esupues o de Ins ucción pública queda á bas an e ali- iado siendo las muje es las que se enca guen de casi oda la ins ucción p ima ia, pues los homb es han de exigi cada ez mayo es sueldos»55. La elación que se había a ianzado en e magis e io emenino y ma e nidad —és a no e ibuida económicamen e—, así como el supues o de que no enían que man ene a una amilia, legi imaba la c eencia de que su emune ación podía se más baja, aunque en ese momen o es u ie a equipa ada con la de los maes os den o de las di e en es ca ego ías. La cues ión del sueldo del p o eso ado ue un p oblema a as ado a lo la go de odo es e pe íodo, excep uando los años de la II República en los que se in en ó apoya la digni icación del magis e io con di e- en es medidas en e las que es u o la subida de sueldos, «una medida que nos econ o ó... Noso os, con dos sueldos, apenas podíamos i i modes amen e. ¿Cómo i i án, nos p egun ábamos, amilias comple as que dependen de un solo sueldo de maes o?^. Después de la gue a los es imonios ecogidos asegu an que las di e encias de ni el de ida en e las maes as y el es o de la gen e del pueblo exis ían —en el medio u al se alo aba a o ablemen e la si uación económica de los maes os y maes as—, aunque la escasez y la ca encia económica se ex endie a ambién a ellas, pues lo que pe cibían, aún con las subidas, siemp e suponía pé dida de pode adquisi i o y «llegaban a pasa hamb e —decla a C.P., de T ebujena—; incluso enían que ecu i a o os menes e es pa a pode subsis i , ales como clases pa - icula es en sus casas... Muchas maes as y maes os y sus amilias salían al paso g acias a la bene icencia de los ag icul o es que poseían algunas ie as». La imagen que de ellas se e lejaba y di undía es o a uen e que nos pe mi e conoce algunos de los aspec os de su ida co idiana que e an obje o, bien de elogio, bien de sanción. En un mundo de signi icados es ablecidos y de compo - amien os codi icados que se empezaban a ap ende desde el momen o del naci- mien o, esul aba no mal egula las conduc as de muje es y de homb es y juz- ga , desde ahí, odos los aspec os de su ida. Po eso, incluso an es de que pudie an da se cuen a de ello, en es e caso las maes as —una p o esión muy expues a a los es e eo ipos— y odo lo que las a ec aba, pasaba po el amiz de quienes las odeaban. Empezando po los es udios, pues el de Maes a e a un í ulo que no siemp e se adqui ía con la inalidad de eje ce , ya que el núme o de las jó enes que es u- diaban en las Escuelas No males es aba muy po encima de las que después eje - cían. Un da o que si ió más que pa a econoce que e an los únicos cen os a los que las muje es podían accede sin sanción social, pa a di undi que los ealizaban po que o o gaban p es igio social a sus poseedo as y se conside aban una buena p enda de ca a al ma imonio. Así lo e lejaba, po ejemplo, Concha Espina en La es inge ma ága a al econoce que Ascensión «posee un í ulo de maes a elemen- al que... le da cie o lus e en e los ecinos... Redimida de las labo es campesi- 55 ABENZA, AURELIANO: Cien ca e as y p o esiones pa a la muje , Mad id, Lib . de He nando Fe, 1914, p. 86. 56 ALDECOA, JOSEFINA: His o ia..., op. ci ., p. 126. © EDICIONES UNIVERSIDAD DE SALAMANCA His , educ, 16,1997, pp. 199-222 2l6 LA VIDA DE LAS MAESTRAS EN ESPAÑA CONSUELO FLECHA GARCÍA ñas, con su í ulo laman e de maes a y su umboso comp omiso de boda, gozó la muchacha de odas las p e e encias y admi aciones»^. Y es o se eía así po que se pa ía de que no iban a eje ce , pues en caso con- a io, en de e minadas clases sociales se conside aba un desdo o amilia , como puso de mani ies o Magdalena Fuen es en su no ela Emp endamos nue a ida al desc ibi la eacción cuando «un día... les anunció que deseaba emplea sus cono- cimien os en algo p ác ico, adqui iendo un í ulo p o esional... el de maes a. Ve - güenza ho ible p odujo a Emilia es e nomb e; ¡ ene una p ima maes a! ¡qué bocho no! ¡qué humillación! Si al menos uese lejos, ocul ándolo como una men- gua, como un desdo o»*8. O como insinuaba es a misma maes a y p o eso a de la Escuela Supe io del Magis e io en o a de sus ob as, al deci que «como seño i a p o inciana, nunca había pensado en consag a se a ocupaciones luc a i as»^ pues su segu idad habían de encon a la en el ma imonio. Sin emba go el o igen socio amilia de las maes- as e a más al o que el de los maes os. Pe enecían a amilias de clase media que buscaban en los es udios de sus hijas una ga an ía de que pod ían man ene el ni el social. Pe o a la ez suponía acep a públicamen e que pa a ello enían que p e e la posibilidad de que necesi a an abaja , lo que muchas amilias p ocu a- ban no pone de mani ies o. Si nos a enemos a lo que apa ece en la mayo pa e de las ob as que hemos consul ado, enemos que a i ma que las que eje cían e an mi adas más desde su condición de muje es que de maes as; la p ime a siemp e p e alecía. Y como a la población emenina co espondía, se alo aba en ellas su humildad, su modes ia, su sencillez, su p udencia en las palab as, y se censu aba su jo ialidad, el gus o po la comida y po pin a se, su capacidad de manda , su desen ol u a y has a su aleg ía, exage ando es as úl imas mani es aciones cuando se daban en algún g ado, como en el caso de la de Ce ina, que «en e an o, iba odeándose de una au eola de lujo llama i o y de e udición p esun uosa... y no omi ía gas os ni exhibiciones, a in de ealza los encan os de su pe sona y el p es igio de su p o esión, o u- ando su cue po y embadu nando su semblan e pa a ala dea ju en ud, belleza y esbel ez»60. La obse ación cons an e a que es aban expues as y la in luencia que podían eje ce en las niñas, p o ocaba el que se de i asen sanciones de cualquie conduc- a no acep ada en ellas, como la que J. López Pinillos e leja en Doña Mesalina, que p o ocó que «las niñas mayo es, a in de que el mal ejemplo no las ma case al pubesce , ue on e i adas de la escuela; los icos lle á onse ambién a sus pim- pollos... Con al decisión se le e apo aban a la maes a unos du os y unos egali- llos... Su es echez e a angus iosísima»61. Aunque se ei e a an cons an emen e las excelencias del magis e io, la ealidad y los es e eo ipos sociales que se di undían, sub ayaban los aspec os menos acep- ables, más con adic o ios. 57 C . ClEZA GARCÍA, JOSÉ ANTONIO: «La imagen del maes o de p ime a enseñanza du an e el p ime e cio del siglo XX», en S udia Paedagogica, núms. 17-18 (1986), p. 290. 58 FUENTES SOTO, MAGDALENA DE SANTIAGO: Emp endamos..., op. ci ., p. 84. 59 FUENTES SOTO, MAGDALENA DE SANTIAGO: Vida de colegio, op. ci ., p. 9. 60 FUENTES SOTO, MAGDALENA DE SANTIAGO: Emp endamos..., op. ci ., p. 121. 61 ClEZA GARCÍA, JOSÉ ANTONIO: «La imagen del maes o...», op. ci ., p. 291. © EDICIONES UNIVERSIDAD DE SALAMANCA His , educ, 16,1997, pp. 199-222 LA VIDA DE LAS MAESTRAS EN ESPAÑA CONSUELO FLECHA GARCIA 217 La o mación ecibida Du an e el pe íodo de o mación en las Escuelas No males y a a és de los manuales que u ilizaban, se les hacía en a en un p oceso de socialización p o e- sional en el que la adecuación al géne o no pe die a ninguno de sus elemen os; an es bien, que con ibuye a a esal a los pe iles de la condición emenina a a- és de odo lo que había de cons i ui su ida, su p o esión, sus elaciones, su mundo. «Los maes os... p epa an buenos ciudadanos y las maes as, en igualdad de ci cuns ancias, muje es buenas e ilus adas y excelen es mad es», esc ibía pa a sus alumnas Ma ía Ca bonell, p o eso a de la Escuela No mal de Valencia62. La dico omía en e o ma buenos ciudadanos o o ma buenas mad es de amilia ma caba, desde los p ime os años, el des ino social dis in o que a unos y a o as se había asignado. Y la escuela había de se iel ansmiso a de ello, legi imando una desigualdad de ciudadanía en unción del géne o. A pa i de aquí se explica que los ideales que debían cul i a y las no mas de conduc a que debían segui , ue an un ema de especial insis encia du an e el iem- po de su o mación inicial, po ellas mismas y po la epe cusión que enía en sus alumnas y en o as muje es; una dimensión con ales ni eles de exigencia en algu- nos casos, que nos lle a a supone que debían asus a a sus des ina a ias. Aunque omados de una publicación de inales del siglo XIX, se siguie on ansmi iendo, du an e décadas, mensajes como los siguien es: «De conduc a in achable... la maes a debe se el modelo a que se ajus en las acciones de las alumnas... que se án exigen es en lo que mi a a su conduc a mo al y eligiosa, no ándose cualquie de ec o que en o a seño a pasa ía inad e ido. Po eso la modes ia, la compos u a, el deco o deben dis ingui la»63. O «si oda pe sona, pa a se es imable y es imada, necesi a obse a una conduc a sin acha, con mayo mo i o le se á exigida la mo alidad y buenas cos umb es a la maes a, que ha de se - i de ejemplo y edi icación a sus discípulas»6^. Da ejemplo, cuida su imagen, lle a una ida que en odo espondie a a las más es ic as no mas sociales, p esen a se siemp e de acue do a lo que de ella se espe aba; pocas p o esiones es aban an expues as a la obse ación, e incluso a la in omisión, como la del magis e io en los ambien es u ales. Lo que sucedía den- o de la escuela y has a en la ida p i ada, e a muy di ícil que escapa an a la mi a- da de la gen e. De ahí que se a isa a a las es udian es de magis e io de que iban a se obse adas desde el p ime momen o de su llegada al pueblo en el que ue an a eje ce ; de que su compo amien o es a ía siemp e en el pun o de mi a de odos: «La maes a pública es conocida en odo el pueblo, y pa icula men e al p inci- pio de su ins alación en él, es obje o de odas las con e saciones, y se escud iñan 62 CARBONELL SÁNCHEZ, MARÍA: Temas de Pedagogía, op. ci ., p. 426. 63 PASCUAL DE SANJUAN, PILAR-VIÑAS Cusí, JAIME-FUENTES, MAGDALENA S.: T a ado de Peda- gogía pa a las Maes as de P ime a Enseñanza y Aspi an es al Magis e io, Ba celona, ANTONIO J. BAS- TINOS, 19042, pp. 383-384. Li e almen e igual lo hemos encon ado en GoiCOECHEA, MARÍA PIEDAD: T a ado de Pedagogía pa a las maes as del g ado elemen al, Zamo a, Imp . y Papel, de Ga cía Hnos, 1908, pp. 146-147, y en o os manuales. 64 CARBONELL SÁNCHEZ, MARÍA: Temas de Pedagogía, op. ci ., ρ. 427. © EDICIONES UNIVERSIDAD DE SALAMANCA His , educ, 16,1997, pp. 199-222 2l8 LA VIDA DE LAS MAESTRAS EN ESPAÑA CONSUELO FLECHA GARCIA odos sus pasos, acciones y cos umb es; po eso debe es a muy sob e sí, eniendo p esen e lo que se dijo de la muje del Cesa : No bas a se buena, sino que es nece- sa io pa ece lo»65. El mundo de elaciones que es ablecie an, las pe sonas de las que llega an a se amigas, e a o a impo an e cues ión a cuida , pa a no e se in oluc adas en si ua- ciones que a ec a an al espe o y al ejemplo que debían despe a . Juga , b omea , baila , e an acciones que menoscababan su au o idad, po lo que se p o ocaba en ellas una ac i ud de e aimien o hacia las in e acciones con la gen e y de e ugio en lo pe sonal p i ado. Vi i aisladas del medio social en el que ac uaban e a casi la única al e na i a o ecida, lo que las si uaba en una posición equí oca y con a- dic o ia; an e una singula o ma de inse ción social: «Escoge á pa a a a se con alguna con ianza aquellos cuya cos umb es sean i e- p ensibles, pe o sin ene g an in imidad con ninguna amilia... Siendo amiga ín ima de la mad e de una discípula, no pod á p escindi de halla se en las ies as de amilia como boda, bau izo o día de días, y en es os casos se juega, se b omea, se baila, lo cual, si sucede delan e de las educandas, desp es igia algún an o la au o idad de la maes a». Es aban obligadas a man ene unos cie os ni eles de elación, pe o sin llega a lo que exigie a una con i encia que podía daña su imagen. Se e a maes a en odo momen o y en odo luga , po lo que enían que espe a cons an emen e los lími- es que su p opio papel social les imponía. Pe sona y p o esión es aban an o al- men e iden i icadas en el pe cibi de las gen es, que su sola p esencia enía e ec os educa i os o deseduca i os. La moda e a o o ámbi o de exp esión de la co idianidad que enía ma cada an o po las endencias p opues as po los p o esionales como po las pau as a- zadas po polí icos y mo alis as; y siemp e den o de lo que exigía una ígida asig- nación de acue do con la clase social a la que se pe enecie a. Pe o las maes as, aunque po su po e ex e no debían dis ingui se de o as muje es abajado as, habían ap endido la ad e encia de que «la maes a escla a de la moda, que is e con exage ación ajus ándose a odos los cap ichos de es a deidad eleidosa, ni debe ex aña , ni iene de echo pa a ep ende la anidad de las pequeñuelas». Du an e muchas décadas ecibie on ins ucciones sob e es e aspec o, como las que conocemos de la Inspección de Ge ona en el año 1941, sob e los modos de es i a los que las maes as enían que ajus a se en la nue a si uación en la que España había en ado: «La p ác ica de la mo al c is iana más pe ec a, en lo que se e ie e a la moda en pe sona y es ido, siguiendo ellas ambién y p ime o, las epe idas no mas en el es- i emanadas de la sup ema au o idad eclesiás ica diocesana, ya que odo o o p oce- de esul a ía un e dade o con asen ido y has a un sa casmo en una España ca óli- ca que se desen uel e den o de un clima de aus e o asce ismo quasicas ense»66. 65 PASCUAL DE SANJUAN, PILAR-...: T a ado de Pedagogía..., op. ci ., p. 387; los siguien es en eco- millados co esponden a las pp. 388 y 390. 66 CIP, 9 de sep iemb e de 1941. C . MARQUÉS SUREDA, SALOMÓ: «La muje en los ex os de la Inspección P o incial de P ime a Enseñanza de Ge ona, du an e el F anquismo», en VV: AA.: Muje y Educación en España. 1868-1975, San iago, Uni e sidad de San iago, 1990, p. 204. © EDICIONES UNIVERSIDAD DE SALAMANCA His , educ.y 16,1997, pp. 199-222 LA VIDA DE LAS MAESTRAS EN ESPAÑA CONSUELO FLECHA GARCIA 2I9 O a me a al a ue ambién el ipo de p epa ación cul u al que se les p oponía, pues enían que hace ealidad «que las niñas encuen en siemp e en su maes a una especie de lib o abie o que esuel a odas sus dudas»6?. Cul u a enciclopédi- ca, disponible en cada momen o, aunque la que habían ecibido en su pe íodo de o mación había sido, po lo gene al, udimen a ia y de icien e. La sociedad, a a és de unos u o os con oles, llegaba a modela las o mas de ida ex e nas de quienes eje cían el magis e io. Pe o en su educa , en el modo como ellas p esen aban y ansmi ían en su eje cicio p o esional el mundo dado, ese en el que, a a és de los p og amas escola es iniciaban a sus alumnas y alum- nos, es aban ambién sus expe iencias pe sonales, no sólo lo que se les había ans- mi ido en la Escuela No mal. Cuando comunicaban ese mundo ap endido exp e- saban, al mismo iempo, lo p opio, lo oda ía no obje i ado del odo, pe o que pasa ía a se lo, en muchos casos, en el mismo momen o de ansmi i lo, llegando a o ma pa e, en un p oceso de ecip ocidad, an o de ese mundo dado como del suyo p opio. Una dinámica que demues a que «en la ida co idiana la ac i i- dad con la que o mamos el mundo, y aquella con la que nos o mamos a noso os mismo, coinciden68. Las implicaciones de la ida polí ica El ca ác e de la unción que ealizaban en la escuela, ha si uado habi ualmen e al magis e io en una di ícil pos u a en e a la p esión ideológica de las clases di i- gen es, lo que ha condicionado sus ac i udes polí icas en cada momen o his ó ico. Tan o en los años de la II República como en el égimen de F anco, la coexis- encia con los alo es y p ác icas que cada uno de esos ó denes de pode exigía, es u o acompañado, ambién en el caso de las maes as, po o mas de esis encia di igidas a p ese a con odos los medios disponibles —aunque ue an a iesga- dos— la p opia au onomía cul u al, polí ica, eligiosa, e c. Los cambios, que a ec- a on a an os aspec os, demos a on has a qué pun o lo polí ico pene aba en lo co idiano ol iendo muy ágil y a iable la on e a en e p i ado y público. Cada decisión, cada nue a no ma i a legal, ponía al descubie o ac i udes y pos u- as asignables pa ida iamen e. Es ine i able la e e encia al discu so del pode , po que es u o p esen e en la ida co idiana de las maes as imp egnándola inexo ablemen e de unas condicio- nes que pe mi ie an, en cada uno de los pe íodos, i i de la o ma menos au- má ica, lo que pod ía jus i ica que esul a a común e a la maes a subo dinada —con mayo o meno con icción in e na— a ese discu so polí ico que a ella se le exigía di undi a a és de la escuela. Pe o se p oduje on igualmen e compo a- mien os ansg eso es, u o de la ensión cul u al y social que cada una de esas si uaciones o iginó. En la Dic adu a de P imo de Ri e a y en la II República, cuando las muje es empeza on a ocupa ca gos polí icos, como concejales y como dipu adas, encon- amos en e ellas a ias que enían el í ulo de Maes a, aunque no odas hubie- 67 CARBONELL SÁNCHEZ, MARÍA: Temas de Pedagogía, op. ci ., p. 427. 68 C . HELLER, AGNES: Sociología de la..., op. ci ., pp. 24-26. © EDICIONES UNIVERSIDAD DE SALAMANCA His , educ, 16,1997, pp. 199-222 220 LA VIDA DE LAS MAESTRAS EN ESPAÑA CONSUELO FLECHA GARCIA an eje cido. Du an e los años de la gue a, di e en es o mas de depu ación del magis e io en una y o a zona de la España di idida, les a ec ó ambién a ellas. Impu aciones elacionadas con la ac uación p o esional, con las c eencias eligio- sas, con las p e e encias polí icas y has a con la mo al, si ie on pa a acusa a las que no se adecuaban a los pos ulados ideológicos de quienes eje cían el pode en el ámbi o geog á ico en el que la gue a las había si uado. Fundamen almen e las c eencias eligiosas en la zona de la República, y los ca gos elacionados con la mo al en la de F anco, po que se conside aban expo- nen es de una u o a adsc ipción polí ica, se u iliza on pa a lle a a un núme o signi ica i o de maes as —aunque ue a muy in e io al de maes os— a la de en- ción, al enca celamien o y a algunas a la mue e. En e es as úl imas, alga el caso de Casilda Quin ana Calzada, maes a de San Lló en e de Losa (Bu gos) po pa e de los nacionales6?, y el de Vic o ia Diez Bus os de Molina, maes a de Ho na- chuelos (Có doba) po pa e de los que de endían la República?0. Los encedo es, una ez inalizada la gue a ci il, con inua on con la depu a- ción de maes as y maes os pa a ga an iza un ipo de escuela que asegu ase la ansmisión mas es ic a de los alo es que sus en aban al nue o égimen. Las ci - cuns ancias conc e as de las que conocemos que u ie on que su i las ep esalias de uno u o o ipo, nos mues an sólo la pun a de un icebe g o mado po muchas o as que asumie on en su p opio cue po y des ino, aunque las consecuencias no ue an ex e io men e an aumá icas, la elación en e el discu so polí ico y su p opia ida o mada po abajo, amilia, iempo lib e o dis in as o mas de mili- ancia; dimensiones no siemp e áciles de deslinda : «Si yo quisie a explica —con esaba Gab iela—, lo que e a en onces pa a mí la polí ica, no sab ía. Yo c eía en la cul u a, en la educación, en la jus icia. Amaba mi p o esión y me en egaba a ella con a án. ¿Todo es o e a polí icaP?1. Aunque con las di e encias que ma ca un pe íodo an la go como el que aquí es udiamos, sí se puede a i ma que el colec i o de maes as había mos ado, en la p ác ica, poco in e és po hace g upo unas con o as, po o ganiza se en sindica- os y en asociaciones que impulsasen su acción y a a an de mejo a las condicio- nes en las que ealizaban su abajo. Una cues ión de la que ue on en seguida conscien es, como demues a Pila Velasco, p o eso a de la Escuela No mal de Se illa, en un a ículo publicado en 1914: «No es únicamen e la al a de apoyo en los Gobie nos; hay que con esa que ca ecemos de aquella he mosa iden idad de aspi aciones, de aquella comunidad de sen imien os, de ideales, que se es ablece ue a de aquí en e odos los que p ac ican una misma p o esión y a ella dedican sus ene gías, sus en usiasmos, sus amo es... Se ía ú ilísimo que media a más con ac o en e las p o eso as, o ganizando eunio- nes pe iódicas»?2. 69 C . CRESPO REDONDO, JESÚS Y ΟΥΚ.: Pu ga de maes os en la gue a ci il: la depu ación del maes o nacional en la p o incia de Bu gos, Valladolid, Ámbi o, 1987, 220 pp. 7° C . FERNÁNDEZ AGUINACO, CARMEN: Vic o ia Diez..., op. ci ., 93 pp. 71 ALDECOA, JOSEFINA. His o ia..., op. ci ., p. 107. 72 VELASCO, PILAR: «El p o eso ado emenino», en La Escuela Mode na, Mad id, n° 276 (1914), pp. 687 y 690. © EDICIONES UNIVERSIDAD DE SALAMANCA His , educ.y 16,1997, pp. 199-222 LA VIDA DE LAS MAESTRAS EN ESPAÑA CONSUELO FLECHA GARCÍA 221 Sí su gie on algunas asociaciones, no siemp e de ca ác e polí ico, pe o su ida en cuan o al núme o y pe manencia de sus miemb os, y más especialmen e emeninos, ue muy luc uan e. La Con ede ación Nacional de Maes os Espa- ñoles, la Asociación Ca ólica de Maes os, la Asociación de T abajado es de la Enseñanza, la Unión de Maes os Españoles, la Asociación de Coope ado as de la Ins i ución Te esiana, la Asociación Nacional del Magis e io P ima io, e c., se es o zaban po o ece in o mación p o esional, apoyo ju ídico, cauces de in e - cambio, medios pa a ac ualiza la o mación y odo aquello que, de acue do con la pe spec i a ideológica que cada una ep esen aba, pudie a se i de apoyo al eje cicio p o esional de sus in eg an es. Respondían a muchas de sus aspi acio- nes p o esionales y al deseo de pe eccionamien o que demos aban, pe o ag u- paban a un núme o ela i amen e pequeño de maes as. En Bu gos, po ejem- plo, a la Asociación Ca ólica de Maes os pe enecían en 1936, 160 miemb os, de los que 98 e an maes as; y a la Asociación de T abajado es de la Enseñanza 94, pe o en és a el núme o de muje es siemp e ue muy escaso, no llegando a pasa de 15 maes as^. T as la gue a ci il, las maes as, como el conjun o de la población, u ie on que con i i con una censu a que llegó a imp egna odos los aspec os de la ida, an o pública como p i ada; se exigió una iden i icación sin isu as con los p incipios del nue o égimen an o en la escuela como ue a de ella. El celo po man ene los signos ex e nos de la eligión y de la mo al ue ex emado. Pe o en esa España, aunque no había desapa ecido la di isión en e encedo- es y encidos y se habían agudizado las di e encias sociales y las elaciones je á quicas de géne o, la ida co idiana de la población en gene al y de las maes- as en pa icula , ue siendo cada ez menos homogénea. A modo de sín esis Una ida, la de las maes as en España has a hace poco más de es décadas, que nos habla de un cons an e a ance en el núme o de las que paula inamen e se ue on inco po ando al magis e io p ima io; de un es ilo de eje cicio p o e- sional en el que no al a on ni ilusión ni en ega al abajo; de unas expec a i as pe sonales alimen adas po la sa is acción que el mundo de la escuela les p o- po cionaba; de una conciencia que, en muchos casos, alen ó comp omisos y ambién iesgos. Pe o una ida en la que, igualmen e, u ie on que abaja sin los medios necesa ios; en la que sin ie on soledad y u ina, al a de econoci- mien o, poca co espondencia en e es ue zo y esul ados; en la que la mono o- nía de los días en un luga aislado, alen aba el deseo y la espe anza de o o pue- blo mejo . Pa a las muje es, el magis e io supuso la posibilidad mejo acep ada po el medio social, de inco po a se a una p o esión cuali icada —que exigía una p e- pa ación cul u al muy supe io a la media de la que poseían la mayo pa e de las muje es de su gene ación—, que les p opo cionaba una emune ación econó- 73 C . CRESPO REDONDO, JESÚS Y OTR.: Pu ga de maes os..., op. ci ., pp. 54-60. © EDICIONES UNIVERSIDAD DE SALAMANCA His , educ, 16,1997, pp. 199-222 222 LA VIDA DE LAS MAESTRAS EN ESPAÑA CONSUELO FLECHA GARCIA mica que e i aba su dependencia de la amilia, que les pe mi ía una au onomía y un es a us cla amen e di e en e del de ama de casa. Unas ci cuns ancias que p o- ocaban en ellas mismas, y en quienes las con emplaban, sin que quizás en un p incipio se diesen cuen a de ello, el despe a de una nue a conciencia sob e los modos de p esencia de las muje es en los espacios públicos, aunque supie an que oda ía enían que hace lo ocupando el meno espacio público posible. Pe o ue el p incipio de una ce eza en o no a la cual se ue on o ganizando odos los siguien es hechos de su exis encia. © EDICIONES UNIVERSIDAD DE SALAMANCA His , educ.y 16,1997, pp. 199-222