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Psicoterapia familiar en casos de abuso sexual: la utilización de las emociones como recurso para el restablecimiento de límites en los trastornos de la conducta antisocial

Abstract

A través de un caso de una adolescente víctima de abuso sexual se revisan los presupuestos sistémicos y constructivistas del trabajo con familias. El trabajo clínico destaca la importancia de las emociones como instrumento de cambio y reconstrucción de los vínculos y los límites en las relaciones madre-hija tras un abuso intrafamiliar. Se concluye con la propuesta de la utilización de modelos que integren los distintos recursos para trabajar con sistemas organizados por traumas sin perder de vista la necesidad de un trabajo individual e intenso con los menores víctimas del abuso.

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Psicoterapia familiar en casos de abuso sexual: la utilización de las emociones como recurso para el restablecimiento de límites en los trastornos de la conducta antisocial

Author: Jaén Rincón, Pedro; Garrido Fernández, Miguel
Publisher: Colegio Oficial de Psicología de Andalucía Occidental
Year: 2009
Source: https://idus.us.es/bitstreams/01a90d35-f76f-4b09-a90f-cb359b1a04c5/download
Apun es de Psicología, 2009, Vol. 27, núme o 2, págs. 321-338. 321
P. Jaén y M. Ga ido Psico e apia amilia en casos de abuso sexual
Di ección del p ime au o : Asociación Andaluza pa a la De ensa de la In ancia y la P e ención del Mal a o In an il
(ADIMA). A enida Hy asa, 5, 1ºA. 41006 Se illa. Co eo elec ónico: [email p o ec ed]
Ag adecimien o: Es e abajo se ha podido ealiza g acias a los Con enios de Colabo ación en e ADIMA y el
Depa amen o de Pe sonalidad, E aluación y T a amien o Psicológicos (Facul ad de Psicología, Uni e sidad de
Se illa): “E aluación y seguimien o del p og ama de a amien o indi idual de pacien es que han su ido abuso
sexual (SI-021/04) e “In o me sob e el seguimien o, e aluación y aseso amien o de pacien es que han su ido abusos
sexuales” (SI-065/04).
Recibido: julio 2009. Acep ado: sep iemb e 2009.
Apun es de Psicología Colegio O icial de Psicología de Andalucía Occiden al,
2009, Vol. 27, núme o 2-3, págs. 321-338. Uni e sidad de Cádiz, Uni e sidad de Huel a y
ISSN 0213-3334 Uni e sidad de Se illa
Psico e apia amilia en casos de abuso
sexual: la u ilización de las emociones como
ecu so pa a el es ablecimien o de lími es en
los as o nos de la conduc a an isocial
Ped o JAÉN RINCÓN
ADIMA. Se illa
Miguel GARRIDO FERNÁNDEZ
Uni e sidad de Se illa
Resumen
A a és de un caso de una adolescen e íc ima de abuso sexual se e isan los
p esupues os sis émicos y cons uc i is as del abajo con amilias. El abajo clínico
des aca la impo ancia de las emociones como ins umen o de cambio y econs ucción
de los ínculos y los lími es en las elaciones mad e-hija as un abuso in a amilia . Se
concluye con la p opues a de la u ilización de modelos que in eg en los dis in os ecu sos
pa a abaja con sis emas o ganizados po aumas sin pe de de is a la necesidad de
un abajo indi idual e in enso con los meno es íc imas del abuso.
Palab as cla e: psico e apia amilia , abuso sexual, u ilización de las emociones
en psico e apia, as o nos de conduc a an isocial.
Abs ac
Th ough a case o a eenage ic im o sexual abuse a e e iewed con ibu ions
abou cons uc i is sys emic wo k wi h amilies. Clinical wo k highligh s he impo -
ance o emo ions as an ins umen o change and econs uc ion o he linkages and
bounda ies be ween mo he and daugh e a e sexual abuse by s ep a he . I concludes
wi h he sugges ion o he use o models ha in eg a e a ious esou ces o wo king
wi h o ganized auma sys ems and he need o an in ense indi idual wo k wi h child
ic ims o abuse.
Key wo ds: Family The apy, Sexual Abuse, Use o Emo ions in Psycho he apy,
An isocial Beha io .
322 Apun es de Psicología, 2009, Vol. 27, núme o 2-3, págs. 321-338.
P. Jaén y M. Ga ido Psico e apia amilia en casos de abuso sexual
El abuso sexual es una ipología de mal-
a o que ha sido elacionado ecuen emen e
con el desa ollo de di e sos as o nos psico-
pa ológicos du an e la adolescencia y la edad
adul a. El desa ollo de una conduc a an iso-
cial suele apa ece con mayo ecuencia en
chicos que en chicas, las cuales pa ece que
son más p opensas al desa ollo de as o nos
con sín omas que pa ecen di igidos “hacia
aden o” como la ano exia, la dep esión o el
as o no obsesi o compulsi o (Echebú ua-
Od iozola y Gue icaeche a ia, 2005). No
obs an e, exis en nume osos casos en los que
las muje es desa ollan sín omas que pod ían
se ca alogados den o de la es e a an isocial y
que incluyen un impo an e nume o de com-
po amien os ales como consumo de alcohol
y d ogas, peleas, insul os y amenazas, conduc-
as de iesgo (conduci a al as elocidades),
p omiscuidad, comisión de deli os y al as,
e c. y que conlle an una ca ga impo an e pa a
la amilia que a menudo asis e impo en e a una
pelig osa p og esión en los iesgos que asume
la adolescen e. En la mayo ía de los casos, las
elaciones amilia es pa ecen de inidas po un
sin in de in e acciones simé icas donde los
iesgos de ag esiones en e los miemb os de
la amilia aumen a paula inamen e, al mismo
iempo que los p ogeni o es decla an su im-
po encia y acuden a los se icios sociales y
de p o ección solici ando a la adminis ación
que se haga ca go de la meno .
En el p esen e a iculo p esen amos una
línea de in e ención en la e apia del abuso
sexual desde los p esupues os de la e apia de
amilia en la que se en a iza la impo ancia
de la conexión emocional a a és del su i-
mien o de la ic ima como paso p e io pa a
el es ablecimien o de limi es y acep ación
de la au o idad a a és de un caso a ado
en la Unidad de T a amien o, O ien ación y
Aseso amien o Ju ídico pa a Meno es Vic i-
mas de Abuso Sexual (U.T) de la Asociación
Andaluza pa a la De ensa de la In ancia y la
P e ención del Mal a o In an il (ADIMA).
Es a unidad, sub encionada po la Conseje ía
de Igualdad y Bienes a Social de la Jun a de
Andalucía, a iende el abuso sexual a meno es
en Andalucía Occiden al desde 2001 y iene
como equisi o que los casos de i ados hayan
sido diagnos icados p e iamen e po alguna
ins i ución pública o p i ada.
El ex o lo hemos di idido en los si-
guien es apa ados: un p ime pun o en el que
desa ollamos los p esupues os eó icos desde
los que pa imos y que ma can las líneas de
in e ención en el ma co de la Unidad de T a-
amien o, un segundo pun o en el que ilus a-
emos median e la asc ipción de agmen os
de una sesión de e apia, el modo en que han
a ado de lle a a e mino los p esupues os
an e io es, haciendo hincapié en aquellos as-
pec os que nos pa ecen mas ele an es, y po
ul imo, un apa ado en el que some e emos
a discusión lo aspec os mas llama i os de la
in e ención y conclusiones del abajo.
Si bien el abuso sexual in an il ha sido
p o usamen e es udiado y cuen a con una
la ga adición en cuan o al desa ollo de
in es igaciones di igidas a alo a los e ec os
sob e el desa ollo en la in ancia, son meno es
los es udios que han ido encaminados a escla-
ece el impac o que iene sob e la amilia y
el con ex o de las elaciones pa e no/ma e no
iliales con excepción quizá del inces o, que
ha sido abo dado po la mayo ía de los au o es
de co e dinámico y sis émico in e esados en
la emá ica (T eppe , y Ba e , 1989; Sheim-
be g, T ue, y F aenkel, 1994). También la
elación pe e sa que el abusado impone a la
ic ima ha sido desc i a y sus e ec os desde un
pun o de is a in apsíquico pues os de mani-
ies o (Pe one, 1998). Es o ha lle ado a una
ya la ga adición, en la que los a amien os
indi iduales del abuso sexual in an il han
p oli e ado, siendo nume osos los au o es que
Apun es de Psicología, 2009, Vol. 27, núme o 2, págs. 321-338. 323
P. Jaén y M. Ga ido Psico e apia amilia en casos de abuso sexual
desc iben écnicas pa a la in e ención y las
di e en es conside aciones que deben hace se
en la elación con las ic imas (Finkelho y
B owne, 1985), sin emba go, la mayo ía de
las amilias que han i ido un episodio de
abuso sexual, se encuen an incapaces de
en en a las secuelas de es a expe iencia y
en ocasiones los p o esionales ambién nos
emos impo en es an e los sín omas elacio-
nales que se o iginan.
Y es que las a iables que con luyen pa a
de e mina la posición desde la que pa e la
amilia que ealiza la demanda son múl iples
y muy a iadas (Ci illo y Di Blasio, 1991).
En p ime luga es á el hecho en sí del abuso
sexual y las a iables que lo de inen como po
ejemplo: du ación en el iempo, ecuencia,
ipo de p ác icas sexuales, elación con el abu-
sado , ac i ud de la amilia, e c. En segundo
luga enemos la e apa e olu i a del meno y
el ciclo i al amilia , aspec os es os que en
si mismos in oducen elemen os de ensión
en la amilia y ponen a p ueba un sis ema ya
po si dis uncional. Y en e ce luga enemos
las consecuencias sociales y con ex uales
del abuso como po ejemplo las medidas
judiciales que, habi ualmen e, con ibuyen a
un aumen o del es és y con igu an, debido a
su len i ud e imp edecibilidad, un cons an e
es ado de ale a y de impasing amilia (No-
gue ol, 1995).
An e es a si uación, es ácil adi ina que
la posición del/a adolescen e queda sumamen-
e comp ome ida, y que, casi ine i ablemen e,
se con ie e en el epicen o del que eme gen
los cons uc os amilia es que impulsan los
ela os de la amilia y po ende, la ealidad
amilia .
Adolescencia, lími es y emociones
Tal como conside a Guidano (1999,
2000) el signi icado pe sonal pa ece que se
cons uye po un lado con las onalidades
emocionales que esul an de la ealidad sub-
je i a en la que i e cada pe sona y al mismo
iempo ese signi icado es á egulado po ac-
o es que dependen de esa ealidad.
Dicho de o o modo, el lenguaje es una
he amien a que pe mi e al indi iduo la ela-
bo ación (clasi icación) de sus expe iencias
in e pe sonales que se aducen en ul ima ins-
ancia en pensamien os, c eencias, diálogos
in e nos, e c. y que con igu an en de ini i a
el conjun o de signi icados pe sonales con
los que nos de inimos a noso os mismos y
le damos sen ido a la ealidad en la que nos
mo emos. De ello se ex ae la idea, de que el
conocimien o de uno mismo es á sus en ado
siemp e en el conocimien o de los demás, y
que dependiendo de la medida en la que los
demás con alidan esa idea o no, el indi iduo
puede ex ae una iden idad que se man enga
en unos lími es acep ables en cuan o a cohe-
encia y es abilidad.
Malac ea (2000) ha ilus ado es e aspec o
de mane a b illan e en su elación con el abuso
sexual. El ínculo que el abusado man iene
con su ic ima aboca a és a a una expe iencia
emocional pa a la que no dispone de signi-
icados que le pe mi an de ini su ol en esa
elación y po su impac o, descon igu an la
iden idad que a cons uyendo de si misma en
su elación con el mundo. La necesidad de da
es abilidad a un sis ema que emocionalmen e
se ambalea a as a de modo in a iable a que
el/la meno elabo e esas emociones a a és
de explicaciones (cons uc os) del ipo “yo
soy malo/a”, “no me ezco que me quie an”,
“no algo nada”. El co ela o conduc ual
subsiguien e ha sido desc i o p o usamen e
po nume osos au o es cen ados en desc ibi
de enidamen e las consecuencias del abuso
sexual (López, 2000). Sin emba go, una idea
que con ecuencia pasa desape cibida es que
la sin oma ología de los meno es abusados
324 Apun es de Psicología, 2009, Vol. 27, núme o 2-3, págs. 321-338.
P. Jaén y M. Ga ido Psico e apia amilia en casos de abuso sexual
no deja de se una espues a adap a i a a una
iden idad p o undamen e comp ome ida que
p e ende conse a la es abilidad dando cohe-
encia a la expe iencia emocional a a esada
y la de inición que el meno iene de sí mismo
y del en o no po el que se sien e de inido.
An e es a si uación, es bas an e habi ual que el
desconocimien o del auma po el en o no no
haga sino con i ma los signi icados pe sona-
les que el meno abusado ha ido cons uyendo
sob e sí o que, a pesa de se econocido (el
abuso), se con ie e en un ela o silenciado,
ca en e de signi icados an o pa a la amilia
como pa a la ic ima, y en el que esos acíos
de lo “no nomb ado” se con ie en en huecos
na a i os sob e los que es ácil que eme ja
odo ipo de sin oma ología in apsíquica y
elacional (Ugazio, 2001). Es e hecho es el
que gene almen e anima a la mayo ía de los
au o es a incidi en la necesidad de posibili a
en la e apia espacios indi iduales y comunes
(de la amilia) donde se pueda einicia un dis-
cu so amilia común sob e el auma sacando
a la amilia del es ancamien o discu si o
(Pa izi, 2002).
En es e sen ido, nues a posición se ase-
meja a los plan eamien os de los au o es pos -
acionalis as que han ido p og esi amen e
haciendo hincapié en los aspec os a ec i os
en el con ex o e apéu ico como impulso es
de una e dade a econs ucción cogni i a
(Guidano, 1988, 1990) y que en el con ex o de
la e apia amilia au o es como Imbe -Black
(1993), Minuchin (1984, 1998) o Cane a o
(1995) han desc i o en nume osas ocasiones.
Es e úl imo u iliza la exp esión “expe iencia
emocional co ec o a”, en la línea que ex-
pusie a Alexande (1963), e i iéndose a la
si uación en la que el pacien e es expues o,
bajo ci cuns ancias a o ables, a una si uación
emocional que an e io men e no e a capaz
de maneja y en la que el e apeu a asume
empo almen e un ol pa icula pa a gene a
la expe iencia y acili a la con on ación
con la ealidad. En es a línea, aplicado el
concep o a la e apia amilia , nos e e imos
a la in oducción en el con ex o de la e apia
de elemen os acili ado es de un encuen o
de e dade a in imidad emocional en e los
componen es de la amilia y que c ea un
con ex o nue o sob e el que la amilia puede
llena esos acíos de lo “no hablado” apo an-
do signi icados nue os y ecupe ando de ese
modo, au oconocimien o y con ol (Ga ido
y Ga cía, 1994). Y es que, al y como a i ma
Guidano, mien as el cambio cogni i o es más
bien ápido y lexible, las emociones cambian
más len amen e, y pa ece que sólo lo hacen
g acias a nue as onalidades emocionales
que, insc ibiéndose en el pa ón o modelo de
la expe iencia inmedia a, cambian su con igu-
ación. Po lo an o, si las emociones cambian
las emociones, el p ime ac o de un p oceso
e apéu ico debe se capaz de p oduci emo-
ciones que sean capaces de desencadena un
cambio de las emociones c i ico-pe u badas
o as o nadas (Guidano, 2000).
Hacemos hincapié en es e apa ado po -
que a menudo las e apias más adicionales se
en en an al hecho de si ua la conduc a p o-
blemá ica del adolescen e como un conjun o
desadap ado de espues as a un con ex o que
no le con iene su icien emen e, disponiendo
de es e modo, es a egias po pa e del en o no
pa a pone limi es a esa conduc a deso de-
nada, o bien, eeducando al adolescen e en
aspec os como el au ocon ol o el manejo de
la ag esi idad, la impulsi idad o la abia. Sin
emba go, muchas de es as es a egias pa ecen
us an es po la di icul ad que exis e po pa -
e del con ex o pa a man ene las. El g ado de
ag esi idad y las conduc as au odes uc i as
puede se an ele ado que la espues a más
habi ual suele se la con a-ag esión o en el
mejo de los casos la huida. De ello se de i a
que, pa adójicamen e, el con ex o del ado-
Apun es de Psicología, 2009, Vol. 27, núme o 2, págs. 321-338. 325
P. Jaén y M. Ga ido Psico e apia amilia en casos de abuso sexual
lescen e acaba desa ollando un signi icado
que con alida la idea del adolescen e ace ca
de su p opia pelig osidad y po ende, de se
me ecedo de echazo.
Es e iden e que la ocalización en las
emociones como pa e del cambio e apéu-
ico no es no edoso y cuen a con una la ga
adición desde las e apias humanis as, el
psicoanálisis y más ecien emen e en los
modelos cogni i os y conduc uales. Uno de
los apo es más impo an es quizá de la e apia
amilia en es e apa ado ha sido ap o echa
los ínculos na u ales en el ma co de la ami-
lia como acili ado es de emociones genuinas
que ayudan al cambio y al p og eso del ciclo
i al amilia (F amo, 1965; Bowen, 1991;
Ga ido y Espina, 1995).
P esen ación del caso1
El caso que p esen amos a con inuación
ejempli ica, desde nues o pun o de is a, una
si uación bas an e habi ual en adolescen es
íc imas de malos a os en gene al y de
abuso en pa icula , en el que la llegada a la
adolescencia se ep esen a jun o a la apa ición
de conduc as au olesi as y compo amien o
an isocial gene alizado, con igu ando de es e
modo la au oimagen de la adolescen e (en
nues o caso es una jo en) como una “ i ana”
que eje ce su pode sob e un sis ema amilia
deses uc u ado y en conc e o desa iando la
au o idad ma e na de modo cons an e, siendo
la hos ilidad y el echazo mu uos la emoción
p edominan e, y la al a de con ol, la queja
p incipal po pa e de la mad e. El mayo
es ue zo a a és de la e apia consis ió en
consegui un espacio de su icien e in imidad
1. En la asc ipción han sido sup imidos o modi icados
odas aquellas e e encias o da os que pudie an iden i ica
a las pe sonas que pa icipa on en las en e is as con
el in de man ene la con idencialidad y el anonima o
de las mismas.
emocional en e la mad e y la hija a a és de
la posición de ic ima de es a úl ima, p ocu-
ando que a lo a an aquellos sen imien os que
e lejan la ulne abilidad de la adolescen e y
su necesidad de consuelo y epa ación, pa a,
de ese modo, p opicia a la mad e un espacio y
un ol di e en e que a mas allá de la necesidad
de con ol y de espe o a su au o idad.
Ana iene 15 años en el momen o que
acude a la consul a. Había es ado some ida
a abusos sexuales po pa e de su pad as o
desde los diez años y solo ue capaz de
e ela le a su mad e lo que ocu ía cuando
descub ió que su he mana meno ambién
podía co e el mismo camino que ella. Lau a,
la mad e de Ana, se sepa o de su ma ido in-
media amen e después de conoce los hechos
y los denunció, de modo que en el momen o
de la e apia la amilia es aba a la espe a de
que se p odujese el co espondien e p oceso
judicial, es ando igen e una medida de ale-
jamien o del pad as o hacia la hija. Lau a y
sus dos hijas i ían empo almen e en casa
de los abuelos, pe o la con i encia se había
hecho p og esi amen e mas di ícil debido a
que ella pasaba mucho iempo en el abajo y
los abuelos se sen ían incapaces de con ola
el compo amien o de Ana, además de la al a
de espacio ya que un ío de és a aun i ía en
el domicilio y las peleas y discusiones con la
meno e an cons an es. A pesa de la g a edad
de los abusos, Ana man enía un ono emocio-
nal bas an e ajus ados y los sín omas de diso-
ciación no e an excesi amen e acusados, si
bien, a excepción de las con e saciones man-
enidas con los pe i os judiciales, no había
hablado con nadie de los abusos y la mad e
únicamen e enia conocimien o de algunos
de alles a aíz de los in o mes emi idos po
los p o esionales y los de la p opia denuncia.
El siguien e ex ac o mues a algunos
aspec os de la elación mad e-hija en el mo-
men o de se a endidas:

326 Apun es de Psicología, 2009, Vol. 27, núme o 2-3, págs. 321-338.
P. Jaén y M. Ga ido Psico e apia amilia en casos de abuso sexual
Niña (N): A mí lo que me pasa es que no
me con olo.
Te apeu a (T): ¿No e con olas?
N: Chillo mucho.
Mad e (M): Cuén aselo odo.
N: Cuando yo me enco ajo puedo deci
palab o as, puedo empuja … que no…
que después…. Yo lo pienso… mucha
maldad.
T: ¿Mucha maldad?
N: Sí. Y después las cosas las econozco…
me da igual de odo.
T: ¿Te da igual de odo? Tend emos que
me e e en algún si io donde no hagas
daño a la gen e. Si e es una pe sona
mal ada, con malos sen imien os, odias
a la gen e y puedes hace daños a los
demás… e es pelig osa, ¿no?
N: A eces mi mad e dice que es oy loca.
T: Yo no sé si es as loca o no, pe o a mí no
me pa eces muy loca… pe o si puedes
se pelig osa…
N: Soy ag esi a, muy ag esi a.
T: Pe o eso no es se loca. Se ag esi a es
se ag esi a. Puedes hace le daño a la
gen e y no es a loca.
T: ¿Tú c ees que es ás loca?
N: No.
T: ¿Po qué no?
N: Po que no.
T: Pe o ¿po qué no?, si haces locu as.
N: No sé… po que no. Po el genio que
engo… No puedo es a ni un día sin
mosquea me con alguien. Si no es con
mi mad e, es con mi abuela, con mis
íos… siemp e.
T: ¿Si? ¿Y eso e ayuda de alguna mane a?
N: Es cos umb e ya.
M: No se puede con i i con ella.
T: Sí, eso puede se , no es que es és loca,
es que ienes ese hábi o, es una cos-
umb e. Has ap endido a unciona así
y con inúas.
M: Y no a a cambia . A ella le da igual. Dice:
“Me oy”. “No chica, que son ce ca de
las 12 de la noche. ¿A dónde as? “Me
oy a sali ”. “Pe o bueno, ¿ ú dónde as
a es as ho as?” “Que me oy, eso es lo
que hay…” Coge la pue a y se la ga. Y
salgo y, como la pa e, me me e mano… así
de cla o, así de cla o e lo digo. Lo que yo
quie o hace le en ende es que iene que
ene le un poco de espe o a su mad e.
T: ¿Pe o ú c ees que ella no lo en iende?
M: Yo c eo que, o no lo en iende, o no lo
quie e en ende . Si me iene que manda
al ca ajo me manda; si me iene que
manda a oma po el culo, me manda
y an anquila se queda. Es que no
quie e esponsabilidad ninguna. Po la
mañana la le an o pa a i al colegio y,
si no quie e, no a … La p o eso a me
llama po que al a…. Aho a le ha dado
po uma … cosa que no puede…
Como se puede obse a , la elación
en e la mad e y la hija puede se de inida
como una elación donde p edominan las
in e acciones simé icas y que habi ualmen e
lle an a una escalada que suele inaliza con
insul os, g i os y pé dida del con ol po pa e
de ambas. Es e ipo de in e acción, que se
p oduce de modo gene alizado y que incluye
a o os miemb os de la amilia y del en o no
de la meno con igu a una imagen bas an e
conc e a de la meno en la que cons uc os
como “loca”, “mala”, “impulsi a”, “desobe-
dien e” o “ag esi a” o man pa e de la ed de
signi icados con los que es de inida po los
demás y po si misma.
Mas adelan e, la posición de la mad e
queda e lejada en el siguien e ex ac o de
un modo más cla o en el que se e ie e de
en ada a una elación que la meno man iene
con un chico es años mayo que ella y que
no ap ueba
Apun es de Psicología, 2009, Vol. 27, núme o 2, págs. 321-338. 327
P. Jaén y M. Ga ido Psico e apia amilia en casos de abuso sexual
M: Pe o me hubie a gus ado que hubie-
a espe ado. Que hubie a es ado de
amigo… no sé. No es que eso me es a
ayendo muchos p oblemas ambién
a mí. Po que se mon a en la mo o, de
noche, y yo c eo que a las dos o las es
de la mañana no son ho as pa a eni . Y
así. Aho a, úl imamen e le ha dado po
qui a le dine o a odo el mundo, no lo
pide, lo qui a. Cada ez amos a peo , y
yo ya es que no puedo más. Yo no puedo
deja el monede o en mi casa. Yo no
puedo deja las pin u as, yo no puedo
deja nada, odo me lo coge, odo me lo
qui a... Vamos, así no se puede con i i .
Y si le con es as e manda lejos y si no
le con es as, que no le hablo. Si coje la
pue a no sé a la ho a que a a eni . Y
así, y si me coge el mó il y me ienen
sesen a eu os ampoco le impo a, yo ni
me en e o… y ella sabe que yo no puedo…
T: ¿No puedes?
M: No puedo, que yo gano un sueldo….
Un sueldo pa a dos, pa a man ene
una casa po que yo es oy i iendo en
una casa de alquile que aunque es de
mis pad es y yo les pago menos… a mí
es que me al a. Y ella nada más que
cómp ame es o, cómp ame lo o o…
Aho a quie o una mo o, aho a quie o
un aje… Pe o bueno… yo le comp o
odo lo que puedo, que si me quedo yo
sin comp a segu o que me quedo…
pe o po Dios no abuses. Es que no
en iende, P (Nomb e del e apeu a). Es
que no en iende nada. Es que me o u a
psicológicamen e.
T: ¿Pe o ú c ees que no lo en iende? Aho a
po ejemplo, ¿ ú c ees que ella no lo es a
en endiendo?
M: Ella me o u a psicológicamen e. Con
odo lo que yo engo…
T: ¿Qué quie e deci “que e o u a”?
M: Me es a o u ando. Po que es cons an e.
T: ¿Po qué c ees que e odia an o u
hija?
M: Pues no lo sé, eso es lo que me gus a ía
sabe a mí. Pe o amos, es que me lo
dice: “Te odio a mue e, es que no e
puedo e ”.
T: Ella piensa de alguna mane a que ú le
has hecho daño in encionadamen e.
M: ¡Ay! Yo no lo sé. Lo pensa á, pe o no ha
sido así. Al e és, yo c eo que con ella
me he po ado lo mejo que he podido,
le he dado odo lo que he podido… Es
más, yo c eo que es a así po odo lo que
le he dado, que siemp e ha sido más de
lo que he enido.
T: ¿Tú c ees que la has consen ido?
N: No.
M: Yo c eo que sí.
T: No sé si habéis hablado de es o alguna
ez, pe o no sé si ¿Ana piensa que de
alguna mane a ú has sido culpable
de algún modo de que u ex-ma ido la
iola a a ella sis emá icamen e?
M: Yo c eo que sí.
T: ¿Si?
M: En pa e ella piensa que yo he enido la
culpa. Pienso yo.
T: Que has colabo ado en eso de alguna
o ma.
Como podemos obse a , el papel de la
mad e en la in e acción iene de e minado
po una posición donde domina la incapaci-
dad pa a man ene la au o idad hacia la hija
y del con ol sob e su conduc a. Además
apa ecen elemen os en los que sugie e sen i-
mien os de culpa sob e los abusos sexuales
del pad e hacia la hija. Como Nogue ol y
o os au o es han señalado (Finkelho y
B owne, 1985; Malac ea, 2000), la an asía
de que las mad es son cómplices de los abu-
sos es bas an e habi ual en e los meno es con
328 Apun es de Psicología, 2009, Vol. 27, núme o 2-3, págs. 321-338.
P. Jaén y M. Ga ido Psico e apia amilia en casos de abuso sexual
independencia que en muchos casos exis a.
También las mad es ienden a culpa se po no
habe de ec ado a iempo aquellas señales que
le hubie en indicado que sus hijas es aban en
pelig o y en de ini i a acumulan el sen imien-
o de no se “buenas mad es”. En de ini i a,
la in e acción con la hija iene de e minada
po una imagen de “mad e negligen e” e
“incapaz”, me ecedo a de “se odiada” po su
hija y “consen ido a”. Es muy p obable que
los sen imien os de culpa se hayan con e ido
en un buen abono pa a que la mad e haya ido
in oduciendo p og esi amen e ac i udes de
pe misi idad y excesi a condescendencia
a hacia la hija como modo de “compensa-
ción” po el daño ecibido. Cu iosamen e,
y de modo pa adójico, la condescendencia
puede se in e p e ada po és a como “una
p ueba” de ealidad ace ca de la an asía de
la complicidad con el abusado . Co esponde
es e modo elacional a uno de esos “ acíos”
na a i os de los que hablábamos mas a iba,
de modo que al y como a i ma Boszo menyi-
Nagy (1973) “lo que no se habla, se ac úa”.
La in e acción queda educida a un pa ón
en el que la hija apa ece como una ic ima
que exige enganza y epa ación y la mad e
como un suje o incapaz y condescendien e.
El siguien e ex ac o ilus a es e pun o:
M: Y e lo es oy dando sin pode , más odo
lo que se lle a po de ás. Cuando ella
se pone así, yo me qui o de en medio.
Yo no oy a discu i más. Yo lo que e
digo es que en mi casa mando yo. Que
yo soy a la que me ienes que ene
espe o y que, si eso es lo que hay, es
lo que hay.
N: No. Siemp e no.
M: Me coge las male as cuando le da la
gana. O a cosa. Es que hace las ma-
le as. Les da el disgus o a mis pad es,
que mi mad e es á a al.
T: Pe o ya no i ís con ellos.
M: No, pe o algunas eces, cuando hay
disgus os, se a con ellos.
T: ¿Y qué hace u mad e?
M: Mi mad e, llama me llo ando, como
siemp e y yo le digo: “Mamá ¿y yo
que hago?” Po que si ú no haces lo
que ella quie e: “Voy a coge y me oy
a ma a , oy a coge el camino y no me
áis a e más”. Y amos, ¡que coge
el camino y se a! Y apa ece a los dos
días, P. Eso no lo puede hace una niña
de 15 años, ¡po a o ! La úl ima ez,
me dio un golpe en la ca a. ¿También
la denuncio po malos a os?
N: Mi mad e ambién me ha dado a mí,
¿sabes?
M: T es eces le he pegado a mi hija en mi
ida.
N: Sí, es eces (negando).
M: Y po llama me hija de pu a.
T: El caso es que si os ponéis en esa si-
uación, las cosas se pueden pone muy
se ias y e mina muy mal las dos.
M: Es que no se puede con ella.
N: Es que ú la escuchas habla … Y es que
e encab ona. ¡Te encab ona!
T: Aho a po ejemplo, ¿es á hablando de
una mane a que me end ía que enca-
b ona ?
N: Sí.
T: ¿En qué? ¿Qué ha dicho u mad e?
N: Que no iene azón.
T: ¿En qué?
N: Que no, que no…
T: Pe o, ¿qué cosa?
N: (silencio)
T: ¿Qué ha dicho u mad e has a aho a
mismo que a i e hace encab ona e?
N: Que si chilla, que si hace…. Si ella quie e
espe o, que me lo dé. Cuando me lo dé,
yo la oy a espe a . Si ella me manda
al ca ajo…
Apun es de Psicología, 2009, Vol. 27, núme o 2, págs. 321-338. 329
P. Jaén y M. Ga ido Psico e apia amilia en casos de abuso sexual
M: ¿Yo e mando al ca ajo?
N: El o o día, empiezas a chilla me y e
ce é la pue a po que dije “¡Ve ás
ú!”.
M: Bueno, lo que yo quie o sabe es dónde
puedo i yo a habla pa a me e la en un
colegio in e no. Es que es oy segu a que
quie o. Es que no la quie o en mi casa.
A e si así ap ende o os modales. Que
la ayuden.
La impo encia de la mad e concluye con
un eclamo de ayuda y de abandono al mismo
iempo. La amenaza de abandono no deja de
se una con a-ag esión an e la impo encia
pa a esponde a las conduc as de la hija.
De hecho, la escalada simé ica queda, en
es e pun o expues a de modo g a ico. An e
las ag esiones de la hija, la mad e esponde
ambién ag esi amen e: “Te abandono”, lo
cual no hace sino aumen a los sen imien os
de i a de la hija y sus ideas ace ca de sí como
una pe sona ca en e de alo ni me ecedo a
de ca iño. Asimismo es un pelig o pa a la
mad e que pod ía ins ala se en la idea de se
una mad e incompe en e y “mala” po que e
deshace se de su hija.
Has a es e pun o, c eemos habe ilus a-
do ex ensamen e la si uación pe cibida. De
modo didác ico pod íamos esumi lo acon e-
cido has a el momen o a a és del siguien e
esquema que c eemos que puede ilus a el
ci culo que de ine los aspec os undamen ales
de la elación en e mad e hija ( igu a 1).
En nues a opinión, es e esquema, bas-
an e simpli icado, pod ía oma se como
guión del es ilo elacional que domina en la
in e acción de ambas, aunque se ha ido gene-
alizando a o as pe sonas en el caso de la hija
dado que en el caso de la mad e, debido a su
momen o en el ciclo i al y al es a ins alado
en un ol conc e o, se ci cunsc ibe a la ela-
ción ma e no ilial. En el caso de la hija, que
se encuen a en pleno p oceso madu a i o,
la es e a de las emociones expe imen adas
pa ecen signi ica se a a és de cons uc os
que ienen un impac o más pode oso sob e
la iden idad, con el iesgo consiguien e de
de e mina una cons ucción del yo en é -
minos dep esi os (yo soy malo- el mundo es
bueno) o de es ilo psicopá ico (yo soy mala-el
mundo es malo).
Es muy posible que llegados a es e pun o,
los es ue zos e apéu icos pod ían ende a
ocaliza se sob e la ac i ud de la mad e, a -
gumen ando que ca ece de habilidades pa a
pone lími es de modo adecuado y que, po
lo an o, hab ía que capaci a la con enien e-
men e pa a que desa olla a es a egias del
ipo ime ou , ex inción de espues a, u o os
simila es. Sin emba go, di ícilmen e es as
écnicas pod ían se ejecu adas po la mad e
desde la p emisa de que “es mala mad e”.
Sin una expe iencia posi i a de elación con
la hija a pa i de la cual pueda ecupe a
aspec os g a i ican es en la elación del ol
ma e no, p obablemen e sus sen imien os
de incapacidad e impo encia se e ían as-
ladados al desa ollo adecuado de dichas
es a egias, sabo eando de modo inconscien e
las mismas a los ojos del e apeu a.
La in e ención e apéu ica en es e pun o
esul a, po an o, undamen al, dado que el
espacio de la e apia pe mi e la c eación de
un con ex o en el que se acili en emociones
Hija Mad e
Emoción I a Impo encia-
Culpa-Rabia
Cons uc o “Mal ada” “Mala mad e”
Conduc a Hago daño
a los demás
Sob ecompensa-
Condescendien e
Figu a 1. Cons ucción dis uncional de la ela-
ción ma e no- ilial en el caso de Ana.
336 Apun es de Psicología, 2009, Vol. 27, núme o 2-3, págs. 321-338.
P. Jaén y M. Ga ido Psico e apia amilia en casos de abuso sexual
a amien o del abuso sexual siguen muy
de ce ca la in eg ación de ecu sos que an
ace adamen e ha p opues o Pinso (1995),
omando las apo aciones dinámicas, sis émi-
cas y de o os modelos cogni i o-conduc ua-
les pa a cons ui un plan de a amien o que
combine los ecu sos indi iduales y amilia-
es con los de la comunidad. En es e sen ido
el abajo de Ben o im (1996) desc ibe de
o ma muy cla a la conjunción de ecu sos
pa a abaja con los sis emas o ganizados
po aumas. Es impo an e des aca que el
abajo más comple o no puede deja de lado
la comp ensión de los uncionamien os de
los sis emas o ganizados po si uaciones io-
len as y aumá icas que implemen an unas
eglas de uncionamien o que es necesa io
cambia pa a que los indi iduos implicados
puedan sen i se debidamen e a endidos,
como se e en la exposición del caso. Todo
es o eniendo sumo cuidado con no e i a
la esponsabilización de los adul os en el
caso de los abusos a meno es como hemos
llamado la a ención en o o luga (Ga ido y
Cubillana, 2005).
Po ul imo, c eemos que nues o ejem-
plo pod ía ilus a una queja habi ual en las
amilias y meno es que acuden a a amien o.
C eemos que g an pa e de las posibilidades
del éxi o en la e apia ienen que e con la
capacidad de los e apeu as pa a c ea si ua-
ciones que comp ome an emocionalmen e a
la amilia (Ga ido y Espina, 1995; F iedlan-
de , Escude o y Hea he ing on, 2009) ya que,
pa ece que de es e modo, es más ac ible que
las amilias inco po en nue as posiciones
elacionales y ecupe en la espe anza de
cambio. E iden emen e, lo que p esen amos
no deja de se un pequeño ejemplo den o de
un con ex o de in e ención mucho más am-
plio. Se ia ingenuo po nues a pa e pensa
que únicamen e es os cambios son los que
in e ienen en p oceso de ecupe ación ami-
lia . Sin emba go, si pa ece impo an e que
la in e ención con o os agen es sociales se
pueda hace eniendo en cuen a que el oco es
el meno y el signi icado que es e se a ibuye
a si mismo y a su en o no as la expe ien-
cia aumá ica, y su incapacidad pa a da le
sen ido. Pe segui y consegui es e obje i o
es, de hecho, bas an e más complicado que
consegui que las amilias hablen en e apia,
ya que de hecho, necesi an hace lo, aunque en
ocasiones no lo saben o más bien, pod íamos
deci que ienen di icul ad pa a encon a un
con ex o segu o en la e apia.
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