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Psicoterapia familiar en casos de abuso sexual: la utilización de las emociones como recurso para el restablecimiento de límites en los trastornos de la conducta antisocial

Jaén Rincón, Pedro; Garrido Fernández, Miguel

Abstract

A través de un caso de una adolescente víctima de abuso sexual se revisan los presupuestos sistémicos y constructivistas del trabajo con familias. El trabajo clínico destaca la importancia de las emociones como instrumento de cambio y reconstrucción de los vínculos y los límites en las relaciones madre-hija tras un abuso intrafamiliar. Se concluye con la propuesta de la utilización de modelos que integren los distintos recursos para trabajar con sistemas organizados por traumas sin perder de vista la necesidad de un trabajo individual e intenso con los menores víctimas del abuso.

Full text

Apun es de Psicología, 2009, Vol. 27, núme o 2, págs. 321-338. 321 P. Jaén y M. Ga ido Psico e apia amilia en casos de abuso sexual Di ección del p ime au o : Asociación Andaluza pa a la De ensa de la In ancia y la P e ención del Mal a o In an il (ADIMA). A enida Hy asa, 5, 1ºA. 41006 Se illa. Co eo elec ónico: [email p o ec ed] Ag adecimien o: Es e abajo se ha podido ealiza g acias a los Con enios de Colabo ación en e ADIMA y el Depa amen o de Pe sonalidad, E aluación y T a amien o Psicológicos (Facul ad de Psicología, Uni e sidad de Se illa): “E aluación y seguimien o del p og ama de a amien o indi idual de pacien es que han su ido abuso sexual (SI-021/04) e “In o me sob e el seguimien o, e aluación y aseso amien o de pacien es que han su ido abusos sexuales” (SI-065/04). Recibido: julio 2009. Acep ado: sep iemb e 2009. Apun es de Psicología Colegio O icial de Psicología de Andalucía Occiden al, 2009, Vol. 27, núme o 2-3, págs. 321-338. Uni e sidad de Cádiz, Uni e sidad de Huel a y ISSN 0213-3334 Uni e sidad de Se illa Psico e apia amilia en casos de abuso sexual: la u ilización de las emociones como ecu so pa a el es ablecimien o de lími es en los as o nos de la conduc a an isocial Ped o JAÉN RINCÓN ADIMA. Se illa Miguel GARRIDO FERNÁNDEZ Uni e sidad de Se illa Resumen A a és de un caso de una adolescen e íc ima de abuso sexual se e isan los p esupues os sis émicos y cons uc i is as del abajo con amilias. El abajo clínico des aca la impo ancia de las emociones como ins umen o de cambio y econs ucción de los ínculos y los lími es en las elaciones mad e-hija as un abuso in a amilia . Se concluye con la p opues a de la u ilización de modelos que in eg en los dis in os ecu sos pa a abaja con sis emas o ganizados po aumas sin pe de de is a la necesidad de un abajo indi idual e in enso con los meno es íc imas del abuso. Palab as cla e: psico e apia amilia , abuso sexual, u ilización de las emociones en psico e apia, as o nos de conduc a an isocial. Abs ac Th ough a case o a eenage ic im o sexual abuse a e e iewed con ibu ions abou cons uc i is sys emic wo k wi h amilies. Clinical wo k highligh s he impo - ance o emo ions as an ins umen o change and econs uc ion o he linkages and bounda ies be ween mo he and daugh e a e sexual abuse by s ep a he . I concludes wi h he sugges ion o he use o models ha in eg a e a ious esou ces o wo king wi h o ganized auma sys ems and he need o an in ense indi idual wo k wi h child ic ims o abuse. Key wo ds: Family The apy, Sexual Abuse, Use o Emo ions in Psycho he apy, An isocial Beha io . 322 Apun es de Psicología, 2009, Vol. 27, núme o 2-3, págs. 321-338. P. Jaén y M. Ga ido Psico e apia amilia en casos de abuso sexual El abuso sexual es una ipología de mal- a o que ha sido elacionado ecuen emen e con el desa ollo de di e sos as o nos psico- pa ológicos du an e la adolescencia y la edad adul a. El desa ollo de una conduc a an iso- cial suele apa ece con mayo ecuencia en chicos que en chicas, las cuales pa ece que son más p opensas al desa ollo de as o nos con sín omas que pa ecen di igidos “hacia aden o” como la ano exia, la dep esión o el as o no obsesi o compulsi o (Echebú ua- Od iozola y Gue icaeche a ia, 2005). No obs an e, exis en nume osos casos en los que las muje es desa ollan sín omas que pod ían se ca alogados den o de la es e a an isocial y que incluyen un impo an e nume o de com- po amien os ales como consumo de alcohol y d ogas, peleas, insul os y amenazas, conduc- as de iesgo (conduci a al as elocidades), p omiscuidad, comisión de deli os y al as, e c. y que conlle an una ca ga impo an e pa a la amilia que a menudo asis e impo en e a una pelig osa p og esión en los iesgos que asume la adolescen e. En la mayo ía de los casos, las elaciones amilia es pa ecen de inidas po un sin in de in e acciones simé icas donde los iesgos de ag esiones en e los miemb os de la amilia aumen a paula inamen e, al mismo iempo que los p ogeni o es decla an su im- po encia y acuden a los se icios sociales y de p o ección solici ando a la adminis ación que se haga ca go de la meno . En el p esen e a iculo p esen amos una línea de in e ención en la e apia del abuso sexual desde los p esupues os de la e apia de amilia en la que se en a iza la impo ancia de la conexión emocional a a és del su i- mien o de la ic ima como paso p e io pa a el es ablecimien o de limi es y acep ación de la au o idad a a és de un caso a ado en la Unidad de T a amien o, O ien ación y Aseso amien o Ju ídico pa a Meno es Vic i- mas de Abuso Sexual (U.T) de la Asociación Andaluza pa a la De ensa de la In ancia y la P e ención del Mal a o In an il (ADIMA). Es a unidad, sub encionada po la Conseje ía de Igualdad y Bienes a Social de la Jun a de Andalucía, a iende el abuso sexual a meno es en Andalucía Occiden al desde 2001 y iene como equisi o que los casos de i ados hayan sido diagnos icados p e iamen e po alguna ins i ución pública o p i ada. El ex o lo hemos di idido en los si- guien es apa ados: un p ime pun o en el que desa ollamos los p esupues os eó icos desde los que pa imos y que ma can las líneas de in e ención en el ma co de la Unidad de T a- amien o, un segundo pun o en el que ilus a- emos median e la asc ipción de agmen os de una sesión de e apia, el modo en que han a ado de lle a a e mino los p esupues os an e io es, haciendo hincapié en aquellos as- pec os que nos pa ecen mas ele an es, y po ul imo, un apa ado en el que some e emos a discusión lo aspec os mas llama i os de la in e ención y conclusiones del abajo. Si bien el abuso sexual in an il ha sido p o usamen e es udiado y cuen a con una la ga adición en cuan o al desa ollo de in es igaciones di igidas a alo a los e ec os sob e el desa ollo en la in ancia, son meno es los es udios que han ido encaminados a escla- ece el impac o que iene sob e la amilia y el con ex o de las elaciones pa e no/ma e no iliales con excepción quizá del inces o, que ha sido abo dado po la mayo ía de los au o es de co e dinámico y sis émico in e esados en la emá ica (T eppe , y Ba e , 1989; Sheim- be g, T ue, y F aenkel, 1994). También la elación pe e sa que el abusado impone a la ic ima ha sido desc i a y sus e ec os desde un pun o de is a in apsíquico pues os de mani- ies o (Pe one, 1998). Es o ha lle ado a una ya la ga adición, en la que los a amien os indi iduales del abuso sexual in an il han p oli e ado, siendo nume osos los au o es que Apun es de Psicología, 2009, Vol. 27, núme o 2, págs. 321-338. 323 P. Jaén y M. Ga ido Psico e apia amilia en casos de abuso sexual desc iben écnicas pa a la in e ención y las di e en es conside aciones que deben hace se en la elación con las ic imas (Finkelho y B owne, 1985), sin emba go, la mayo ía de las amilias que han i ido un episodio de abuso sexual, se encuen an incapaces de en en a las secuelas de es a expe iencia y en ocasiones los p o esionales ambién nos emos impo en es an e los sín omas elacio- nales que se o iginan. Y es que las a iables que con luyen pa a de e mina la posición desde la que pa e la amilia que ealiza la demanda son múl iples y muy a iadas (Ci illo y Di Blasio, 1991). En p ime luga es á el hecho en sí del abuso sexual y las a iables que lo de inen como po ejemplo: du ación en el iempo, ecuencia, ipo de p ác icas sexuales, elación con el abu- sado , ac i ud de la amilia, e c. En segundo luga enemos la e apa e olu i a del meno y el ciclo i al amilia , aspec os es os que en si mismos in oducen elemen os de ensión en la amilia y ponen a p ueba un sis ema ya po si dis uncional. Y en e ce luga enemos las consecuencias sociales y con ex uales del abuso como po ejemplo las medidas judiciales que, habi ualmen e, con ibuyen a un aumen o del es és y con igu an, debido a su len i ud e imp edecibilidad, un cons an e es ado de ale a y de impasing amilia (No- gue ol, 1995). An e es a si uación, es ácil adi ina que la posición del/a adolescen e queda sumamen- e comp ome ida, y que, casi ine i ablemen e, se con ie e en el epicen o del que eme gen los cons uc os amilia es que impulsan los ela os de la amilia y po ende, la ealidad amilia . Adolescencia, lími es y emociones Tal como conside a Guidano (1999, 2000) el signi icado pe sonal pa ece que se cons uye po un lado con las onalidades emocionales que esul an de la ealidad sub- je i a en la que i e cada pe sona y al mismo iempo ese signi icado es á egulado po ac- o es que dependen de esa ealidad. Dicho de o o modo, el lenguaje es una he amien a que pe mi e al indi iduo la ela- bo ación (clasi icación) de sus expe iencias in e pe sonales que se aducen en ul ima ins- ancia en pensamien os, c eencias, diálogos in e nos, e c. y que con igu an en de ini i a el conjun o de signi icados pe sonales con los que nos de inimos a noso os mismos y le damos sen ido a la ealidad en la que nos mo emos. De ello se ex ae la idea, de que el conocimien o de uno mismo es á sus en ado siemp e en el conocimien o de los demás, y que dependiendo de la medida en la que los demás con alidan esa idea o no, el indi iduo puede ex ae una iden idad que se man enga en unos lími es acep ables en cuan o a cohe- encia y es abilidad. Malac ea (2000) ha ilus ado es e aspec o de mane a b illan e en su elación con el abuso sexual. El ínculo que el abusado man iene con su ic ima aboca a és a a una expe iencia emocional pa a la que no dispone de signi- icados que le pe mi an de ini su ol en esa elación y po su impac o, descon igu an la iden idad que a cons uyendo de si misma en su elación con el mundo. La necesidad de da es abilidad a un sis ema que emocionalmen e se ambalea a as a de modo in a iable a que el/la meno elabo e esas emociones a a és de explicaciones (cons uc os) del ipo “yo soy malo/a”, “no me ezco que me quie an”, “no algo nada”. El co ela o conduc ual subsiguien e ha sido desc i o p o usamen e po nume osos au o es cen ados en desc ibi de enidamen e las consecuencias del abuso sexual (López, 2000). Sin emba go, una idea que con ecuencia pasa desape cibida es que la sin oma ología de los meno es abusados 324 Apun es de Psicología, 2009, Vol. 27, núme o 2-3, págs. 321-338. P. Jaén y M. Ga ido Psico e apia amilia en casos de abuso sexual no deja de se una espues a adap a i a a una iden idad p o undamen e comp ome ida que p e ende conse a la es abilidad dando cohe- encia a la expe iencia emocional a a esada y la de inición que el meno iene de sí mismo y del en o no po el que se sien e de inido. An e es a si uación, es bas an e habi ual que el desconocimien o del auma po el en o no no haga sino con i ma los signi icados pe sona- les que el meno abusado ha ido cons uyendo sob e sí o que, a pesa de se econocido (el abuso), se con ie e en un ela o silenciado, ca en e de signi icados an o pa a la amilia como pa a la ic ima, y en el que esos acíos de lo “no nomb ado” se con ie en en huecos na a i os sob e los que es ácil que eme ja odo ipo de sin oma ología in apsíquica y elacional (Ugazio, 2001). Es e hecho es el que gene almen e anima a la mayo ía de los au o es a incidi en la necesidad de posibili a en la e apia espacios indi iduales y comunes (de la amilia) donde se pueda einicia un dis- cu so amilia común sob e el auma sacando a la amilia del es ancamien o discu si o (Pa izi, 2002). En es e sen ido, nues a posición se ase- meja a los plan eamien os de los au o es pos - acionalis as que han ido p og esi amen e haciendo hincapié en los aspec os a ec i os en el con ex o e apéu ico como impulso es de una e dade a econs ucción cogni i a (Guidano, 1988, 1990) y que en el con ex o de la e apia amilia au o es como Imbe -Black (1993), Minuchin (1984, 1998) o Cane a o (1995) han desc i o en nume osas ocasiones. Es e úl imo u iliza la exp esión “expe iencia emocional co ec o a”, en la línea que ex- pusie a Alexande (1963), e i iéndose a la si uación en la que el pacien e es expues o, bajo ci cuns ancias a o ables, a una si uación emocional que an e io men e no e a capaz de maneja y en la que el e apeu a asume empo almen e un ol pa icula pa a gene a la expe iencia y acili a la con on ación con la ealidad. En es a línea, aplicado el concep o a la e apia amilia , nos e e imos a la in oducción en el con ex o de la e apia de elemen os acili ado es de un encuen o de e dade a in imidad emocional en e los componen es de la amilia y que c ea un con ex o nue o sob e el que la amilia puede llena esos acíos de lo “no hablado” apo an- do signi icados nue os y ecupe ando de ese modo, au oconocimien o y con ol (Ga ido y Ga cía, 1994). Y es que, al y como a i ma Guidano, mien as el cambio cogni i o es más bien ápido y lexible, las emociones cambian más len amen e, y pa ece que sólo lo hacen g acias a nue as onalidades emocionales que, insc ibiéndose en el pa ón o modelo de la expe iencia inmedia a, cambian su con igu- ación. Po lo an o, si las emociones cambian las emociones, el p ime ac o de un p oceso e apéu ico debe se capaz de p oduci emo- ciones que sean capaces de desencadena un cambio de las emociones c i ico-pe u badas o as o nadas (Guidano, 2000). Hacemos hincapié en es e apa ado po - que a menudo las e apias más adicionales se en en an al hecho de si ua la conduc a p o- blemá ica del adolescen e como un conjun o desadap ado de espues as a un con ex o que no le con iene su icien emen e, disponiendo de es e modo, es a egias po pa e del en o no pa a pone limi es a esa conduc a deso de- nada, o bien, eeducando al adolescen e en aspec os como el au ocon ol o el manejo de la ag esi idad, la impulsi idad o la abia. Sin emba go, muchas de es as es a egias pa ecen us an es po la di icul ad que exis e po pa - e del con ex o pa a man ene las. El g ado de ag esi idad y las conduc as au odes uc i as puede se an ele ado que la espues a más habi ual suele se la con a-ag esión o en el mejo de los casos la huida. De ello se de i a que, pa adójicamen e, el con ex o del ado- Apun es de Psicología, 2009, Vol. 27, núme o 2, págs. 321-338. 325 P. Jaén y M. Ga ido Psico e apia amilia en casos de abuso sexual lescen e acaba desa ollando un signi icado que con alida la idea del adolescen e ace ca de su p opia pelig osidad y po ende, de se me ecedo de echazo. Es e iden e que la ocalización en las emociones como pa e del cambio e apéu- ico no es no edoso y cuen a con una la ga adición desde las e apias humanis as, el psicoanálisis y más ecien emen e en los modelos cogni i os y conduc uales. Uno de los apo es más impo an es quizá de la e apia amilia en es e apa ado ha sido ap o echa los ínculos na u ales en el ma co de la ami- lia como acili ado es de emociones genuinas que ayudan al cambio y al p og eso del ciclo i al amilia (F amo, 1965; Bowen, 1991; Ga ido y Espina, 1995). P esen ación del caso1 El caso que p esen amos a con inuación ejempli ica, desde nues o pun o de is a, una si uación bas an e habi ual en adolescen es íc imas de malos a os en gene al y de abuso en pa icula , en el que la llegada a la adolescencia se ep esen a jun o a la apa ición de conduc as au olesi as y compo amien o an isocial gene alizado, con igu ando de es e modo la au oimagen de la adolescen e (en nues o caso es una jo en) como una “ i ana” que eje ce su pode sob e un sis ema amilia deses uc u ado y en conc e o desa iando la au o idad ma e na de modo cons an e, siendo la hos ilidad y el echazo mu uos la emoción p edominan e, y la al a de con ol, la queja p incipal po pa e de la mad e. El mayo es ue zo a a és de la e apia consis ió en consegui un espacio de su icien e in imidad 1. En la asc ipción han sido sup imidos o modi icados odas aquellas e e encias o da os que pudie an iden i ica a las pe sonas que pa icipa on en las en e is as con el in de man ene la con idencialidad y el anonima o de las mismas. emocional en e la mad e y la hija a a és de la posición de ic ima de es a úl ima, p ocu- ando que a lo a an aquellos sen imien os que e lejan la ulne abilidad de la adolescen e y su necesidad de consuelo y epa ación, pa a, de ese modo, p opicia a la mad e un espacio y un ol di e en e que a mas allá de la necesidad de con ol y de espe o a su au o idad. Ana iene 15 años en el momen o que acude a la consul a. Había es ado some ida a abusos sexuales po pa e de su pad as o desde los diez años y solo ue capaz de e ela le a su mad e lo que ocu ía cuando descub ió que su he mana meno ambién podía co e el mismo camino que ella. Lau a, la mad e de Ana, se sepa o de su ma ido in- media amen e después de conoce los hechos y los denunció, de modo que en el momen o de la e apia la amilia es aba a la espe a de que se p odujese el co espondien e p oceso judicial, es ando igen e una medida de ale- jamien o del pad as o hacia la hija. Lau a y sus dos hijas i ían empo almen e en casa de los abuelos, pe o la con i encia se había hecho p og esi amen e mas di ícil debido a que ella pasaba mucho iempo en el abajo y los abuelos se sen ían incapaces de con ola el compo amien o de Ana, además de la al a de espacio ya que un ío de és a aun i ía en el domicilio y las peleas y discusiones con la meno e an cons an es. A pesa de la g a edad de los abusos, Ana man enía un ono emocio- nal bas an e ajus ados y los sín omas de diso- ciación no e an excesi amen e acusados, si bien, a excepción de las con e saciones man- enidas con los pe i os judiciales, no había hablado con nadie de los abusos y la mad e únicamen e enia conocimien o de algunos de alles a aíz de los in o mes emi idos po los p o esionales y los de la p opia denuncia. El siguien e ex ac o mues a algunos aspec os de la elación mad e-hija en el mo- men o de se a endidas: 326 Apun es de Psicología, 2009, Vol. 27, núme o 2-3, págs. 321-338. P. Jaén y M. Ga ido Psico e apia amilia en casos de abuso sexual Niña (N): A mí lo que me pasa es que no me con olo. Te apeu a (T): ¿No e con olas? N: Chillo mucho. Mad e (M): Cuén aselo odo. N: Cuando yo me enco ajo puedo deci palab o as, puedo empuja … que no… que después…. Yo lo pienso… mucha maldad. T: ¿Mucha maldad? N: Sí. Y después las cosas las econozco… me da igual de odo. T: ¿Te da igual de odo? Tend emos que me e e en algún si io donde no hagas daño a la gen e. Si e es una pe sona mal ada, con malos sen imien os, odias a la gen e y puedes hace daños a los demás… e es pelig osa, ¿no? N: A eces mi mad e dice que es oy loca. T: Yo no sé si es as loca o no, pe o a mí no me pa eces muy loca… pe o si puedes se pelig osa… N: Soy ag esi a, muy ag esi a. T: Pe o eso no es se loca. Se ag esi a es se ag esi a. Puedes hace le daño a la gen e y no es a loca. T: ¿Tú c ees que es ás loca? N: No. T: ¿Po qué no? N: Po que no. T: Pe o ¿po qué no?, si haces locu as. N: No sé… po que no. Po el genio que engo… No puedo es a ni un día sin mosquea me con alguien. Si no es con mi mad e, es con mi abuela, con mis íos… siemp e. T: ¿Si? ¿Y eso e ayuda de alguna mane a? N: Es cos umb e ya. M: No se puede con i i con ella. T: Sí, eso puede se , no es que es és loca, es que ienes ese hábi o, es una cos- umb e. Has ap endido a unciona así y con inúas. M: Y no a a cambia . A ella le da igual. Dice: “Me oy”. “No chica, que son ce ca de las 12 de la noche. ¿A dónde as? “Me oy a sali ”. “Pe o bueno, ¿ ú dónde as a es as ho as?” “Que me oy, eso es lo que hay…” Coge la pue a y se la ga. Y salgo y, como la pa e, me me e mano… así de cla o, así de cla o e lo digo. Lo que yo quie o hace le en ende es que iene que ene le un poco de espe o a su mad e. T: ¿Pe o ú c ees que ella no lo en iende? M: Yo c eo que, o no lo en iende, o no lo quie e en ende . Si me iene que manda al ca ajo me manda; si me iene que manda a oma po el culo, me manda y an anquila se queda. Es que no quie e esponsabilidad ninguna. Po la mañana la le an o pa a i al colegio y, si no quie e, no a … La p o eso a me llama po que al a…. Aho a le ha dado po uma … cosa que no puede… Como se puede obse a , la elación en e la mad e y la hija puede se de inida como una elación donde p edominan las in e acciones simé icas y que habi ualmen e lle an a una escalada que suele inaliza con insul os, g i os y pé dida del con ol po pa e de ambas. Es e ipo de in e acción, que se p oduce de modo gene alizado y que incluye a o os miemb os de la amilia y del en o no de la meno con igu a una imagen bas an e conc e a de la meno en la que cons uc os como “loca”, “mala”, “impulsi a”, “desobe- dien e” o “ag esi a” o man pa e de la ed de signi icados con los que es de inida po los demás y po si misma. Mas adelan e, la posición de la mad e queda e lejada en el siguien e ex ac o de un modo más cla o en el que se e ie e de en ada a una elación que la meno man iene con un chico es años mayo que ella y que no ap ueba Apun es de Psicología, 2009, Vol. 27, núme o 2, págs. 321-338. 327 P. Jaén y M. Ga ido Psico e apia amilia en casos de abuso sexual M: Pe o me hubie a gus ado que hubie- a espe ado. Que hubie a es ado de amigo… no sé. No es que eso me es a ayendo muchos p oblemas ambién a mí. Po que se mon a en la mo o, de noche, y yo c eo que a las dos o las es de la mañana no son ho as pa a eni . Y así. Aho a, úl imamen e le ha dado po qui a le dine o a odo el mundo, no lo pide, lo qui a. Cada ez amos a peo , y yo ya es que no puedo más. Yo no puedo deja el monede o en mi casa. Yo no puedo deja las pin u as, yo no puedo deja nada, odo me lo coge, odo me lo qui a... Vamos, así no se puede con i i . Y si le con es as e manda lejos y si no le con es as, que no le hablo. Si coje la pue a no sé a la ho a que a a eni . Y así, y si me coge el mó il y me ienen sesen a eu os ampoco le impo a, yo ni me en e o… y ella sabe que yo no puedo… T: ¿No puedes? M: No puedo, que yo gano un sueldo…. Un sueldo pa a dos, pa a man ene una casa po que yo es oy i iendo en una casa de alquile que aunque es de mis pad es y yo les pago menos… a mí es que me al a. Y ella nada más que cómp ame es o, cómp ame lo o o… Aho a quie o una mo o, aho a quie o un aje… Pe o bueno… yo le comp o odo lo que puedo, que si me quedo yo sin comp a segu o que me quedo… pe o po Dios no abuses. Es que no en iende, P (Nomb e del e apeu a). Es que no en iende nada. Es que me o u a psicológicamen e. T: ¿Pe o ú c ees que no lo en iende? Aho a po ejemplo, ¿ ú c ees que ella no lo es a en endiendo? M: Ella me o u a psicológicamen e. Con odo lo que yo engo… T: ¿Qué quie e deci “que e o u a”? M: Me es a o u ando. Po que es cons an e. T: ¿Po qué c ees que e odia an o u hija? M: Pues no lo sé, eso es lo que me gus a ía sabe a mí. Pe o amos, es que me lo dice: “Te odio a mue e, es que no e puedo e ”. T: Ella piensa de alguna mane a que ú le has hecho daño in encionadamen e. M: ¡Ay! Yo no lo sé. Lo pensa á, pe o no ha sido así. Al e és, yo c eo que con ella me he po ado lo mejo que he podido, le he dado odo lo que he podido… Es más, yo c eo que es a así po odo lo que le he dado, que siemp e ha sido más de lo que he enido. T: ¿Tú c ees que la has consen ido? N: No. M: Yo c eo que sí. T: No sé si habéis hablado de es o alguna ez, pe o no sé si ¿Ana piensa que de alguna mane a ú has sido culpable de algún modo de que u ex-ma ido la iola a a ella sis emá icamen e? M: Yo c eo que sí. T: ¿Si? M: En pa e ella piensa que yo he enido la culpa. Pienso yo. T: Que has colabo ado en eso de alguna o ma. Como podemos obse a , el papel de la mad e en la in e acción iene de e minado po una posición donde domina la incapaci- dad pa a man ene la au o idad hacia la hija y del con ol sob e su conduc a. Además apa ecen elemen os en los que sugie e sen i- mien os de culpa sob e los abusos sexuales del pad e hacia la hija. Como Nogue ol y o os au o es han señalado (Finkelho y B owne, 1985; Malac ea, 2000), la an asía de que las mad es son cómplices de los abu- sos es bas an e habi ual en e los meno es con 328 Apun es de Psicología, 2009, Vol. 27, núme o 2-3, págs. 321-338. P. Jaén y M. Ga ido Psico e apia amilia en casos de abuso sexual independencia que en muchos casos exis a. También las mad es ienden a culpa se po no habe de ec ado a iempo aquellas señales que le hubie en indicado que sus hijas es aban en pelig o y en de ini i a acumulan el sen imien- o de no se “buenas mad es”. En de ini i a, la in e acción con la hija iene de e minada po una imagen de “mad e negligen e” e “incapaz”, me ecedo a de “se odiada” po su hija y “consen ido a”. Es muy p obable que los sen imien os de culpa se hayan con e ido en un buen abono pa a que la mad e haya ido in oduciendo p og esi amen e ac i udes de pe misi idad y excesi a condescendencia a hacia la hija como modo de “compensa- ción” po el daño ecibido. Cu iosamen e, y de modo pa adójico, la condescendencia puede se in e p e ada po és a como “una p ueba” de ealidad ace ca de la an asía de la complicidad con el abusado . Co esponde es e modo elacional a uno de esos “ acíos” na a i os de los que hablábamos mas a iba, de modo que al y como a i ma Boszo menyi- Nagy (1973) “lo que no se habla, se ac úa”. La in e acción queda educida a un pa ón en el que la hija apa ece como una ic ima que exige enganza y epa ación y la mad e como un suje o incapaz y condescendien e. El siguien e ex ac o ilus a es e pun o: M: Y e lo es oy dando sin pode , más odo lo que se lle a po de ás. Cuando ella se pone así, yo me qui o de en medio. Yo no oy a discu i más. Yo lo que e digo es que en mi casa mando yo. Que yo soy a la que me ienes que ene espe o y que, si eso es lo que hay, es lo que hay. N: No. Siemp e no. M: Me coge las male as cuando le da la gana. O a cosa. Es que hace las ma- le as. Les da el disgus o a mis pad es, que mi mad e es á a al. T: Pe o ya no i ís con ellos. M: No, pe o algunas eces, cuando hay disgus os, se a con ellos. T: ¿Y qué hace u mad e? M: Mi mad e, llama me llo ando, como siemp e y yo le digo: “Mamá ¿y yo que hago?” Po que si ú no haces lo que ella quie e: “Voy a coge y me oy a ma a , oy a coge el camino y no me áis a e más”. Y amos, ¡que coge el camino y se a! Y apa ece a los dos días, P. Eso no lo puede hace una niña de 15 años, ¡po a o ! La úl ima ez, me dio un golpe en la ca a. ¿También la denuncio po malos a os? N: Mi mad e ambién me ha dado a mí, ¿sabes? M: T es eces le he pegado a mi hija en mi ida. N: Sí, es eces (negando). M: Y po llama me hija de pu a. T: El caso es que si os ponéis en esa si- uación, las cosas se pueden pone muy se ias y e mina muy mal las dos. M: Es que no se puede con ella. N: Es que ú la escuchas habla … Y es que e encab ona. ¡Te encab ona! T: Aho a po ejemplo, ¿es á hablando de una mane a que me end ía que enca- b ona ? N: Sí. T: ¿En qué? ¿Qué ha dicho u mad e? N: Que no iene azón. T: ¿En qué? N: Que no, que no… T: Pe o, ¿qué cosa? N: (silencio) T: ¿Qué ha dicho u mad e has a aho a mismo que a i e hace encab ona e? N: Que si chilla, que si hace…. Si ella quie e espe o, que me lo dé. Cuando me lo dé, yo la oy a espe a . Si ella me manda al ca ajo… Apun es de Psicología, 2009, Vol. 27, núme o 2, págs. 321-338. 329 P. Jaén y M. Ga ido Psico e apia amilia en casos de abuso sexual M: ¿Yo e mando al ca ajo? N: El o o día, empiezas a chilla me y e ce é la pue a po que dije “¡Ve ás ú!”. M: Bueno, lo que yo quie o sabe es dónde puedo i yo a habla pa a me e la en un colegio in e no. Es que es oy segu a que quie o. Es que no la quie o en mi casa. A e si así ap ende o os modales. Que la ayuden. La impo encia de la mad e concluye con un eclamo de ayuda y de abandono al mismo iempo. La amenaza de abandono no deja de se una con a-ag esión an e la impo encia pa a esponde a las conduc as de la hija. De hecho, la escalada simé ica queda, en es e pun o expues a de modo g a ico. An e las ag esiones de la hija, la mad e esponde ambién ag esi amen e: “Te abandono”, lo cual no hace sino aumen a los sen imien os de i a de la hija y sus ideas ace ca de sí como una pe sona ca en e de alo ni me ecedo a de ca iño. Asimismo es un pelig o pa a la mad e que pod ía ins ala se en la idea de se una mad e incompe en e y “mala” po que e deshace se de su hija. Has a es e pun o, c eemos habe ilus a- do ex ensamen e la si uación pe cibida. De modo didác ico pod íamos esumi lo acon e- cido has a el momen o a a és del siguien e esquema que c eemos que puede ilus a el ci culo que de ine los aspec os undamen ales de la elación en e mad e hija ( igu a 1). En nues a opinión, es e esquema, bas- an e simpli icado, pod ía oma se como guión del es ilo elacional que domina en la in e acción de ambas, aunque se ha ido gene- alizando a o as pe sonas en el caso de la hija dado que en el caso de la mad e, debido a su momen o en el ciclo i al y al es a ins alado en un ol conc e o, se ci cunsc ibe a la ela- ción ma e no ilial. En el caso de la hija, que se encuen a en pleno p oceso madu a i o, la es e a de las emociones expe imen adas pa ecen signi ica se a a és de cons uc os que ienen un impac o más pode oso sob e la iden idad, con el iesgo consiguien e de de e mina una cons ucción del yo en é - minos dep esi os (yo soy malo- el mundo es bueno) o de es ilo psicopá ico (yo soy mala-el mundo es malo). Es muy posible que llegados a es e pun o, los es ue zos e apéu icos pod ían ende a ocaliza se sob e la ac i ud de la mad e, a - gumen ando que ca ece de habilidades pa a pone lími es de modo adecuado y que, po lo an o, hab ía que capaci a la con enien e- men e pa a que desa olla a es a egias del ipo ime ou , ex inción de espues a, u o os simila es. Sin emba go, di ícilmen e es as écnicas pod ían se ejecu adas po la mad e desde la p emisa de que “es mala mad e”. Sin una expe iencia posi i a de elación con la hija a pa i de la cual pueda ecupe a aspec os g a i ican es en la elación del ol ma e no, p obablemen e sus sen imien os de incapacidad e impo encia se e ían as- ladados al desa ollo adecuado de dichas es a egias, sabo eando de modo inconscien e las mismas a los ojos del e apeu a. La in e ención e apéu ica en es e pun o esul a, po an o, undamen al, dado que el espacio de la e apia pe mi e la c eación de un con ex o en el que se acili en emociones Hija Mad e Emoción I a Impo encia- Culpa-Rabia Cons uc o “Mal ada” “Mala mad e” Conduc a Hago daño a los demás Sob ecompensa- Condescendien e Figu a 1. Cons ucción dis uncional de la ela- ción ma e no- ilial en el caso de Ana. 336 Apun es de Psicología, 2009, Vol. 27, núme o 2-3, págs. 321-338. P. Jaén y M. Ga ido Psico e apia amilia en casos de abuso sexual a amien o del abuso sexual siguen muy de ce ca la in eg ación de ecu sos que an ace adamen e ha p opues o Pinso (1995), omando las apo aciones dinámicas, sis émi- cas y de o os modelos cogni i o-conduc ua- les pa a cons ui un plan de a amien o que combine los ecu sos indi iduales y amilia- es con los de la comunidad. En es e sen ido el abajo de Ben o im (1996) desc ibe de o ma muy cla a la conjunción de ecu sos pa a abaja con los sis emas o ganizados po aumas. Es impo an e des aca que el abajo más comple o no puede deja de lado la comp ensión de los uncionamien os de los sis emas o ganizados po si uaciones io- len as y aumá icas que implemen an unas eglas de uncionamien o que es necesa io cambia pa a que los indi iduos implicados puedan sen i se debidamen e a endidos, como se e en la exposición del caso. Todo es o eniendo sumo cuidado con no e i a la esponsabilización de los adul os en el caso de los abusos a meno es como hemos llamado la a ención en o o luga (Ga ido y Cubillana, 2005). Po ul imo, c eemos que nues o ejem- plo pod ía ilus a una queja habi ual en las amilias y meno es que acuden a a amien o. C eemos que g an pa e de las posibilidades del éxi o en la e apia ienen que e con la capacidad de los e apeu as pa a c ea si ua- ciones que comp ome an emocionalmen e a la amilia (Ga ido y Espina, 1995; F iedlan- de , Escude o y Hea he ing on, 2009) ya que, pa ece que de es e modo, es más ac ible que las amilias inco po en nue as posiciones elacionales y ecupe en la espe anza de cambio. E iden emen e, lo que p esen amos no deja de se un pequeño ejemplo den o de un con ex o de in e ención mucho más am- plio. Se ia ingenuo po nues a pa e pensa que únicamen e es os cambios son los que in e ienen en p oceso de ecupe ación ami- lia . Sin emba go, si pa ece impo an e que la in e ención con o os agen es sociales se pueda hace eniendo en cuen a que el oco es el meno y el signi icado que es e se a ibuye a si mismo y a su en o no as la expe ien- cia aumá ica, y su incapacidad pa a da le sen ido. Pe segui y consegui es e obje i o es, de hecho, bas an e más complicado que consegui que las amilias hablen en e apia, ya que de hecho, necesi an hace lo, aunque en ocasiones no lo saben o más bien, pod íamos deci que ienen di icul ad pa a encon a un con ex o segu o en la e apia. Re e encias Alexande , F. (1963). The dynamics o psycho he apy in ligh o he lea ning heo y. Ame ican Jou nal o Psychia y, 120, 440-448 Ben o im, A. (1996). T auma-O ganized Sys- ems in P ac ice: Implica ions o Wo k wi h Abused and Abusing Child en and Young People. Clinical Child Psychology and Psychia y, 1 (4), 513-524. Boszo menyi-Nagy, I. y Spa ks, L. (1973). In isible loyal ies. Nue a Yo k: Ha pe & Row. Bowen, M. (1991). De la amilia al indi- iduo. Ba celona: Paidós. Cane a o, A. (1995). La e apia de pa eja en el con ex o igene acional. En M. Ga ido y A. Espina (Comps.), Te apia Familia . Apo aciones psicoanalí icas y ansgene acionales (págs. 145-180). Mad id: Fundamen os. Ci ilo, S. y Di Blasco, P. 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