A auca ia. Re is a Ibe oame icana de Filoso ía, Polí ica y Humanidades, año 18, nº 35. P ime semes e de 2016.
Pp. 21-39. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 doi: 10.12795/a auca ia.2016.i35.02
An opología y polí ica: es a egias epublicanas.
Re lexiones desde Maquia elo sob e nues a
c isis de ci ilización
An h opology and Poli ics: Republican
S a egies Re lec ions om Machia elli on
ou C isis o Ci iliza ion
Luciano Espinosa Rubio1
Uni e sidad de Salamanca (España)
Recibido: 14-09-15
Ap obado: 12-01-16
Resumen
Es e a ículo ecoge algunas enseñanzas de Maquia elo –del mismo modo en
que él lo hizo con Ti o Li io y la an igua Roma– a in de analiza nues a c isis de
ci ilización. El au o i aliano no es un p o e a ni un guía mo al pa a noso os, pe o
sí o ece obse aciones polí icas muy ú iles desde una pe spec i a epublicana:
sob e odo, la de ensa de la au onomía de la polí ica en e a la eología y la
economía, dado que la libe ad sólo es posible con ue es ins i uciones polí icas
que la sus en en. Y eso signi ica pensa en la ecip ocidad de o os asun os
como el bien común, la igualdad, la pa icipación di ec a del ciudadano en la
adminis ación pública, la in eligencia colec i a y la i ud cí ica.
Palab as-cla e: c isis de ci ilización, polí ica, libe ad, epublicanismo,
bien común, i ud
Abs ac
This pape conside s some eachings om Machia elli –in he same
way ha he did wi h Li y and he Ancien Rome– in o de o analyse ou
c isis o ci iliza ion. The I alian au ho is no a p ophe o a mo al guide o
us, bu o e s e y use ul ema ks on poli ics om a epublican pe spec i e:
1 ([email p o ec ed]) P o eso Ti ula de la Uni e sidad de Salamanca (Facul ad de Filoso ía). Algunas
de sus publicaciones de los úl imos años son: “Po qué He ácli o hoy y siemp e. No as pa a una cosmo-
an opología” en Cuade nos salman inos de iloso ía, ISSN 0210-4857, Nº Ex a 42, 1 (Ilumina lo ísico),
2015, pp. 167-185; “La polí ica como ísica del pode en Spinoza” en Res Publica: e is a de his o ia de
las ideas polí icas, ISSN-e 1989-6115, Vol. 17, Nº. 1, 2014, pp. 33-57 y “Va iaciones biopolí icas sob e
na u aleza y ida” en A bo : Ciencia, pensamien o y cul u a, ISSN 0210-1963, Nº 762, 2013.
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A auca ia. Re is a Ibe oame icana de Filoso ía, Polí ica y Humanidades, año 18, nº 35. P ime semes e de 2016.
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abo e all, he de ence o he au onomy o poli ics agains heology and
economy, because libe y is only possible wi h s ong poli ical ins i u ions
ha suppo i . And ha means o hink abou he ecip oci y among o he
ma e s like he common good, he equali y, di ec ci izen pa icipa ion in
public adminis a ion, he collec i e in elligence and he ci ic i ue.
Key-wo ds: c isis o ci iliza ion, poli ics, libe y, epublicanism, common
good, i ue
The ime is ou o join
(Hamle )
1. La hipó esis de abajo
Es conocido que los clásicos del pensamien o son aquellos que ayudan
a en ende el p esen e que nos ha ocado, lo cual, po cie o, es lo que ellos
in en a on hace con el suyo. También es ob io que debe ene se cuidado con
las ansposiciones his ó icas y econoce las di e encias, pues de o o modo
se cae en la uc onía y en la exage ación. En nues o caso, Maquia elo esul a
inspi ado y sus enseñanzas aliosas an o po ía posi i a como nega i a, de
mane a que puede apo a algo al examen de la ac ual c isis de ci ilización:
c isis polí ica y de gobe nanza global, económica y de p eca iedad, ecológica
y climá ica, de injus icia y desigualdades galopan es… (Espinosa, 2011).
Lo que buscamos son he amien as de análisis y no dic ados –como él hizo
con Ti o Li io y la an igua Roma–; e incluso algunos “mi os” mo ilizado es
de la olun ad polí ica colec i a, según G amsci ad e ía sob e El P íncipe
(Cuade nos de la cá cel, 8, XXVIII), pe o adap ados al siglo XXI. Po adelan a
dos no as de con as e, hay que bosqueja una pos u a ajena an o a los halcones
como a las palomas, es deci , la p opia de unos ealis as que desean inno a ,
pe o no a cualquie p ecio; y pa i de una an opología polí ica que e i e el
na u alismo a empo al lo mismo que el his o icismo.
Las simili udes en e su época y la ac ual son muy escasas, pe o ale la
pena des aca alguna: la ex endida conciencia en onces y aho a de ago amien o
gene al y de i i un cambio de ciclo his ó ico, como si las ins i uciones
igen es no pudie an da mucho más de sí e hicie a al a una p o unda
eno ación ( eno a io). La I alia de los siglos XV y XVI poco iene que e con
el mundo globalizado, pe o lo a en el ambien e un ai e común de co upciones
y decadencia mayo que de o dina io. Rechazamos la exal ación apocalíp ica
y p o é ica que se i ía en el Renacimien o – ecupe ada hoy po algunos pa a
manipula mejo –, pe o sí e o na la sensación de es a en g a e pelig o y
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po an o la necesidad de acome e p o undas e o mas polí icas. Maquia elo
cumple en es os casos un papel e ulsi o y sin duda oni ican e.
Ese p oceso egene ado no se log a con me o olun a ismo, sino que
exige es a egias que combinen la ue za y la p udencia (como aconseja El
P íncipe, XII), aunque con o os ma ices; y ello sin espe a que los signos
celes es –hoy di íamos, po ejemplo, climá icos– guíen los acon ecimien os
(Discu sos, III, 1), ni que hagan al a mayo es ca aclismos geopolí icos que
los ya incoados pa a pone se en ma cha. De ahí la necesidad, en e o as cosas,
de o alece los modelos sociales que enen el de e io o de la con i encia,
algo que pasa necesa iamen e po con apesa el (neo)libe alismo impe an e en
las democ acias bu guesas con un p oyec o epublicano mucho más audaz, sin
desca a ías no ensayadas an es. Las si uaciones de especial di icul ad, como
p oclamó el lo en ino, equie en cambios alien es e incluso a iesgados.
Po o o lado, es ilus a i o no a que bas an es a ículos de opinión
esc i os con mo i o del pasado quin o cen ena io de El P íncipe u ilizaban
al au o pa a comen a asun os ce canos. Pond é dos ejemplos signi ica i os:
Fe nando Vallespín e omaba el desca nado ca ác e consecuencialis a de la
polí ica y sub ayaba cómo el a án de sali de la c isis económica a oda cos a
(“ in hipos asiado”) se ía de jus i icación pa a los “ eco es” que des ozan los
acue dos sociales y la é ica pública; o, en o o aspec o, cómo la as u a a ención
a lo peculia de cada iempo (la quali à de´ empi, según El P íncipe XXV)
pe mi e con e i los a aques aé eos median e d ones en más asumibles pa a
la opinión pública que la gue a con encional, el enca celamien o inde inido o
la o u a2. Pob e i aliano, condenado casi siemp e a se ci ado exclusi amen e
espec o a los manejos deplo ables…, pe o quede pa a luego la e lexión sob e
la economía y la gue a, así como sob e las dis opías ecnológicas que las
odean.
El segundo ejemplo p o iene de Ul ich Beck, quien denominó “Me kia elo”
(de Me kel y Maquia elo, aunque hubie a podido añadi Me cado) al eje de
la polí ica alemana o ien ada a busca consensos casi socialdemóc a as hacia
den o y a p edica un neolibe alismo b u al hacia ue a, una ez con e ida la
ine cia de las ins i uciones de la Unión Eu opea en una “ ác ica domes icado a”
pa a eje ce el con ol económico del Viejo Con inen e3. Es deci , nue a alusión
a la doble ca a que enseñaba el lo en ino y a los u os sempi e nos que p oduce
en el uso del pode . Sin emba go, hay que i más allá de es os en oques, ú iles
pe o pa ciales bo ones de mues a de la igencia del au o , y esca a o as
apo aciones suyas al ma gen de los ópicos usuales.
Lo que impo a no es una lec u a maquia eliana de casos conc e os ni
insis i en la consabida suciedad de la polí ica ( ealis a), sino el hecho de
2 C . El País, 3-3-2013. El a ículo se i ula “Maquia elo, nues o con empo áneo”.
3 C . El País, 24-1-2013. El í ulo es “Me kia elo”.
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que el i aliano la ei indica como el ins umen o esencial pa a o ganiza la
ida colec i a (aunque en El p íncipe –ob a de u gencia y de comba e– no se
mencione al ocablo). Aho a que la polí ica claudica an e la economía, debe ía
eco da se que él abogaba po un modelo au ónomo y laico pa a libe a lo de
cualesquie a u elas, no sólo de la eligiosa. Y en esa misma línea emancipado a
p opuso acue dos que equilib a an el peso espec i o de la nobleza y del pueblo
llano, lo que ecue da –sal ando las dis ancias– a los consensos alcanzados
po las sociedades occiden ales en la pos gue a mundial, pe o aho a o os en
bene icio de las éli es. Algo que encaja además den o de lo que cabe llama la
ana quía de los pode osos y que el enacen is a nunca hubie a ole ado, pues
al concen ación de ue zas y ecu sos mina al Es ado e impide el gobie no.
Ahí pa ece que adica la mayo amenaza pa a la libe ad alcanzada, sea al
modo “libe al” o “ epublicano”, pues ales g upos de p esión se si en an o del
miedo como del ecnoc a ismo pa a des ia la a ención del la ocinio einan e.
Has a el pun o de a i ma que los ciudadanos deben asumi que su ida se á
“p eca ia” inde inidamen e, es o es, ines able y sumisa, po ineluc ables
impe a i os económicos, cual nue a o ma del des ino que sólo cabe aca a .
Di íase que ya ni siquie a se moles an en o ece segu idad a cambio de libe ad,
sal o en el ema del e o ismo y po o os mo i os. Ob iamen e, el desc édi o
de la polí ica es iba en la co upción y en la conni encia es uc u al con los
pode es económicos, pe o más aún en la aición a su p opia na u aleza cuando
enuncia a la libe ad de mo imien os y, en su caso, a cualquie ans o mación
de calado.
A lo que se añaden o os dos hechos amenazado es pa a an limi ada
au onomía: judicializa su quehace , sob e odo cuando se pie de en los
pa lamen os, y mo aliza en also el deba e, según el maniqueísmo adicional.
Huelga deci que son ác icas ambas que ienen a e o za a los nacionalismos
y los populismos en boga. Amén de que el sis ema cede la oma de cie as
decisiones a o ganismos llamados “independien es”, ales como bancos
cen ales, comisiones egulado as y de expe os... Es indudable la necesidad de
esca a a la sociedad ci il de la llamada pa i oc acia, pe o ¿ ale eso pa a log a
alguna neu alidad o simplemen e desplaza el pode e ec i o hacia agen es
sin supe isión democ á ica? Y aun si se acep an ¿hay adecuados mé odos de
selección y plu alidad en los miemb os de ales ó ganos a bi ales? Y lo que es
más impo an e ¿po qué no c ea comisiones ciudadanas bien aseso adas pa a
a a algunas cues iones?
Maquia elo p e iene po ía nega i a con a la hipe o ia men i osa
de la polí ica, pe o ambién po ía posi i a con a el debili amien o y la
suplan ación de sus unciones a manos de suje os i esponsables an e la cosa
pública. Es e iden e, po lo demás, que los an agonismos son ine i ables,
según enseñó, y que en el eje cicio del pode se dan ci a muchos elemen os (las
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pasiones, la a qui ec u a ins i ucional, el engaño, el alen o de los gobe nan es,
las leyes, el sec e o…), luego nunca debe ía abandona se la lucha con a la
pe enne simpli icación demagógica. Po que si algo mues a el sagaz eó ico es
la complejidad de los negocios humanos, lo ágil del bienes a y la amenaza
cons an e de los con lic os (He mosa, 2015). Has a el pun o de que ni siquie a
pa a el más ue e es posible o acep able odo, aunque sólo sea po azones
p agmá icas, y siemp e con iene ol e a e lexiona sob e los lími es.
2. El sen ido social y an opológico de la polí ica
2.1 Pasemos a e algunos asgos esenciales de la polí ica según el i aliano,
con cuidado de adap a los a es e iempo his ó ico. Y lo p ime o es echaza
la coba día an e las eme gencias: lejos de se p oc as inado a, la “poli ica
e e uale” debe eje ce se con apidez y decisión, a on a los p oblemas
sin emo y combina la ue za, la habilidad, los a gumen os y la mi ología
(digamos el imagina io colec i o) que hagan al a pa a mo iliza y conduci
a la sociedad. Pe o no pa ece que puedan p edica se esas no as de muchos
di igen es, a menudo pe plejos, asus ados y/o incapaces de asumi los cos es de
enca a los ingen es p oblemas que acechan al mundo. Ahí es án los acasos
de las sucesi as cumb es climá icas in e nacionales y las insu iciencias de la
úl ima en Pa ís (2015), o las e ibles asime ías No e-Su y las injus icias en
el come cio mundial, o el decli e de la an año dinámica Unión Eu opea, he ida
po las di isiones in e nas. Quede al menos la llamada del lo en ino a ac ua ,
de o ma que la complejidad de los asun os y la p udencia eque ida no sean
excusa pa a eludi emas acucian es.
En segundo luga , es obligado discu i sob e dos pila es ha o conocidos
de su pensamien o: po un lado, que la azón de es ado exige deja a ás –gus e
más o menos– los esc úpulos mo ales (P íncipe, XV y XVIII) y, po o o, que
las c eencias eligiosas cumplen la unción social de da cohesión y mode a
a la plebe, aunque sean pu a simulación en muchos casos (Discu sos, I, 12 y
14). Si bien debe añadi se que Maquia elo nunca p esume de la inmo alidad
u ilizada, no ela i iza el bien y el mal, ni menosp ecia los ideales since os y la
educación de las pasiones. Pe o la lógica del pode es implacable y la eligión
es un ins umen um egni de p ime o den po que apo a un suplemen o de
legi imidad al gobe nan e y de con icción al pueblo, de modo que el polí ico
sabio siemp e la ha u ilizado pa a o dena pací icamen e la sociedad, no sólo
pa a impone se (Discu sos, I, 11 y 12). Los imp escindibles in en os po ce a
la b echa en e é ica y es a egia polí ica son a duos, cla o es á, y el ema no
admi e una lige a opinión al paso, como ampoco puede uno consola se con
u opías.
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Vale la pena p egun a se qué hace en una época secula izada (aunque
mi ológica en o os aspec os) y cuál es la calidad, la e icacia y el a aigo
de los ideales que debe ían guia hoy la acción pública. De momen o, hay
muchos que eclaman una uel a a las eligiones adicionales pa a con ene
los excesos del se humano, como si ecu i a plan eamien os p emode nos
y p ec í icos ue a oda ía de ecibo. Mien as que o os sub ayamos que, a
pesa de la dispa idad axiológica y que los buenos p opósi os con ecuencia se
diluyen, ins umen alizados po los in e eses en juego e incluso po la sociedad
del espec áculo, la guía de los De echos Humanos es la mejo opción. F en e
al ubicuo cinismo, lo cie o es que se ab en paso con a ances signi ica i os,
como la exis encia de ibunales in e nacionales que elan po su de ensa.
Pod án discu i se muchas cosas, pe o no hay al e na i a –aun siendo len a e
impe ec a– pa a uni ica las conciencias en é minos é ico-ci iles secula es.
Vayamos aho a con la idea de que el in jus i ica los medios y que ale
echa mano de odos los ecu sos disponibles pa a log a los obje i os capi ales:
el p íncipe “a menudo se e obligado, pa a conse a su Es ado, a ac ua con a
la e, con a la ca idad, con a la humanidad, con a la eligión. Po eso necesi a
ene un ánimo dispues o a mo e se según le exigen los ien os y las a iaciones
de la o una y, como ya dije an e io men e, a no aleja se del bien, si puede,
pe o a sabe en a en el mal si se e obligado (…) Además, en las acciones de
odos los homb es y especialmen e de los p íncipes (…) se a iende al in. T a e,
pues, un p íncipe de ence y conse a su Es ado, y los medios siemp e se án
juzgados hon osos y ensalzados po odos” (P íncipe, XVIII: 92). He aquí el
mo i o cen al de ep oche a es e discu so, aunque no hay en él egodeo en
ales mé odos, sino el econocimien o anco de unas p ác icas ecuen es y
la c udeza de si uaciones que no se esuel en con buenas palab as. Cosas que
con enía ai ea en onces y aho a, al menos pa a comba i la hipoc esía, cuando
muchos gobie nos siguen haciendo lo mismo con desca o y sólo edulco an las
iejas ác icas.
El Es ado no puede cumpli ya la unción del “au óma a” o a e ac o
ins i ucional en lucha pe pe ua po es abiliza los ciclos na u ales de ascenso y
decadencia, según lo concibió el i aliano, pues su e una c isis inédi a den o
del mundo globalizado, pe o es innegable que se a e a a la acionalidad de
la supe i encia a oda cos a. Y es que al a mucho pa a da el sal o hacia
la gobe nanza global y el bien común, sal o en la e ó ica biempensan e de
los que nunca conc e an nada. E i a la mo alidad o gánica e his ó ica de los
es ados y p ese a o ganizada median e ins i uciones una po ción del pode
ci culan e (den o de esa especie de ley uni e sal de la conse ación del pode
que sos iene Maquia elo, ya que se ans o ma pe o nunca desapa ece), exige
do a se de un o den polí ico bien eng asado y de una ac i ud lexible pa a
amolda se al de eni .
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La cues ión de ondo, po supues o, consis e en op a en e el modelo
polí ico ins umen al y p agmá ico, a menudo despiadado, y o o según el cual
son los medios los que jus i ican los ines, como p oponía Camus en palab as
memo ables (El homb e ebelde, 3). Pe o an es que nada hay que hace el
es ue zo de pone se e dade amen e en si uación, dados los ine i ables
dilemas del pode . Lo más p obable es que incluso la p axis más espe anzado a
incluya ambas ías, según ha impues o siemp e la expe iencia a la que apela
Maquia elo, pues “los homb es no son buenos” y las an inomias abundan. Su ge
en onces o a duda: si la me a, é ica y ealis a a la ez, consis e en asumi lo que
pod ía llama se la eo ía del mal meno , luchando siemp e a a o de aquella
segunda opción ¿dónde pone los lími es y sepa a el mal acep able del que no
lo es? Me emo que no hay espues a sa is ac o ia y que la apo ía se impone.
Lo ecomendable en odo caso es mejo a las he amien as democ á icas de
au o egulación y oma de decisiones, hoy an anquilosadas.
Los p oblemas es án asegu ados y los dilemas mo ales ambién, así que
nega los los hace aún más enconados y di íciles de abo da . Es comp ensible
que a muchos les epugne incluso es e ipo ma izado de ealismo polí ico y
que se alejen del comp omiso con la cosa pública, pe o la desmo ilización
ciudadana siemp e es ap o echada po las clases dominan es pa a impone sus
deseos. Tan malo pa ece jus i ica lo odo como e ugia se en el buenismo de la
pu a en elequia, ya que las dos cosas anulan el deba e sob e las azones y los
in e eses en liza. Ra ael del Águila ha mos ado con b ío que la con i encia
es po de inición un o denamien o en o no al pode , lo que implica siemp e
alguna o ma de coacción y dominio, y que son habi uales las an inomias en e
p incipios (jus icia, segu idad, bien común, libe ad…), odo lo cual puede
desemboca en dos soluciones pelig osas: la implacable que no epa a en los
lími es mo ales y busca la coa ada de la e icacia, y la impecable que ampoco
se limi a po que dice jus i ica se en alo es conside ados supe io es (Del
Águila, 2000: 33ss). La polí ica es ambi alen e, sí, y no debe ía educi se a la
pu a p agmá ica de los esul ados ni a la é ica pa a escapa de esa condición,
dado que esponde a un p oyec o social que une ambas cosas y a la pa las
ebasa, mien as lidia con incon ables di icul ades.
Una ez sen ado que no hay a monía ascenden e o p ees ablecida y que el
su imien o y la iolencia son ine i ables en uno u o o g ado, la cues ión es iba
en palia los y do a les de un sen ido polí ico que amino e la b u al con ingencia
del de eni his ó ico, es deci , de lo que Maquia elo denomina o una. Se a a
de e i a siquie a la sobe bia o el ana ismo, cuando el hecho es que no hay
ce eza ni con ol pleno sob e las consecuencias de la p axis in e subje i a. Lo
que suele p ima es el choque de ac o es c uzados y la con usión, sin que haya
espues as uni e sales que algan pa a odo, aunque siemp e quie an sal a nos
de noso os mismos: “la e dad penal sus i uye a la esponsabilidad polí ica, las
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ins i uciones ju ídicas a las pa icipa i as, los ibunales a los deba es públicos o
a los pa lamen os, la ciencia a la delibe ación plu al, el espec áculo en los medios
a la e lexión y el juicio, la écnica adminis a i a a la polí ica” (Del Águila,
2000: 40). En con a de los dic ámenes pa a anquiliza las conciencias, no hay
au oma ismos y la é ica, el de echo, la ciencia, la comunicación o la ecnoc acia
pueden ayuda , pe o nunca esol e las pe plejidades de los gobe nan es y los
ciudadanos esponsables. Maquia elo lo sabía bien cuando dijo que, apa e
de e en uales milag os y p odigios es ela es, Dios quie e que los humanos
eje zan su olun ad y luchen po la glo ia polí ica (P íncipe, XXVI), es deci ,
que se a iesguen a la acción, ya que no caben designios segu os ni ampoco
escapa o ias. Tal es, en in, el desa ío de la libe ad.
2.2 Y llegamos al ámbi o de la an opología pa a busca alguna luz,
igualmen e ealis a e inno ado a, an e semejan es cues iones. El en oque
adicional dic a que sólo hay libe ad pe sonal y colec i a cuando se dominan
o sua izan las pasiones (que se ían una exp esión de la necesidad en é minos
psicobiológicos) y se hace ale sob e ellas el conocimien o ( eal o in en ado)
de la azón, de la eligión y la mo al, de los ideales y mi os nacionales, e c.
Sin emba go, el enacen is a ambién halla en la pe manencia de la na u aleza
pasional de los humanos una uen e de ene gía y una aliada en e a lo imp e is o
de los cambios, ya que sus eacciones básicas se p esumen egula es.
Lo decisi o aquí es que la i ud ( i us) que libe a de las pasiones y de la
o una iene que se o zada median e disposi i os sociales, pues se basa en la
pa adójica imposición de o a clase de necesidad o ue za que encauce aquella
p ime a pe niciosa:
“es necesa io que quien dispone una epública y o dena sus leyes p esuponga
que odos los homb es son malos, y que pond án en p ác ica sus pe e sas ideas
siemp e que se les p esen e la ocasión de hace lo lib emen e (…) los homb es
sólo ob an bien po necesidad” (Discu sos, I, 3: 37s).
Una necesidad polí ica an es que mo al, según la cual las endencias
humanas (gene almen e malé olas) quedan some idas al o den común del
Es ado. Las cons an es pasionales ienen que se aho madas y explo adas
en unción de su u ilidad pública, lo que ein e p e a iejos dualismos como
na u aleza-his o ia o necesidad-libe ad pa a in eg a los en una acción polí ica
cuya maes ía debe mezcla y combina esos elemen os, oda ez que las
pasiones pasan a con e i se en aliosas he amien as de la gobe nación y en
con apesos del aza (Espinosa, 2015).
Puede deci se además que libe ad, i ud y pode son ace as co ela i as
y e eb ado as de la na u aleza humana, y las únicas que pe mi en egula
y di igi las pasiones p opias o ajenas. Sólo el homb e ue e y lúcido que
i e en una sociedad bien o ganizada es á en condiciones de log a lo, como
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An opología y polí ica: es a egias epublicanas.
Re lexiones desde Maquia elo sob e nues a c isis de ci ilización
A auca ia. Re is a Ibe oame icana de Filoso ía, Polí ica y Humanidades, año 18, nº 35. P ime semes e de 2016.
Pp. 21-39. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 doi: 10.12795/a auca ia.2016.i35.02
con i ma á después Spinoza, mien as que el pusilánime se á a as ado hacia la
impo encia. Es cie o que ahí e o na la imp on a es a égica del au o , decidido
como es á a log a obediencia y segu idad como ue e, median e el consabido
uso de la as ucia y la c ueldad (P íncipe, VII y XVII), una ez sen ado que a
la mayo ía impo an po encima de odo los esul ados (Discu sos, III, 35).
No hay que nega los e ec os ep esi os inhe en es a esa búsqueda de o den
y sujeción, pe o ampoco pe de de is a que son en endidos como úl imos
ecu sos y medios al se icio del pa io ismo epublicano que debe ía guia al
pode oso.
Manda a ios esponsables e in eligen es, según demues a el ejemplo
de la dinas ía de los An oninos en la an igua Roma, que comp endan que la
epu ación du ade a se unda en la ole ancia, el bienes a , la libe ad de opinión,
la segu idad y la cul u a gene ales; en luga de con e i se “en i anos, no
pe ca ándose, al oma es e pa ido, de cuán a glo ia, hono , segu idad, quie ud
y sa is acción del alma dejan de lado, y cuán a in amia, i upe io, ep oches,
pelig os e inquie ud echan sob e sí” (Discu sos, I, 10: 60). De modo que, apa e
de la i ud, ambién la anquilidad y el a án de es imación del líde ayudan a
p omo e la mode ación y el bien común, an o po azones u ili a ias como de
ama pe sonal. Y es que Maquia elo siemp e suma mo i os de di e sa índole,
ideales y p ác icos.
La solución polí ico-an opológica consis e en iden i ica la na u aleza
humana al como es (P íncipe, XXV y Discu sos, III, 9) y así gobe na la con
des eza, un poco a la mane a en que habla á Bacon después de aca a pa a
luego domina la na u aleza. Uno de los hallazgos del pensamien o mode no es
que sólo hay pode sólido de cualquie ipo allí donde se econoce y asimila lo
na u al (sin cae en idealizaciones espi i uales, p o idencialis as o eleológicas),
es deci , a eniéndose a las ue zas in empo ales que en es e caso son las pasiones
y sus espec i os e ec os (Discu sos, III, 43). No si e enega de los impulsos
espon áneos sino conduci los, en el bien en endido de que el deba e queda ue a
del e eno eligioso y del inexis en e pecado o iginal, ya que las pasiones
deben se pulidas y u ilizadas en bene icio del Es ado. A la cabeza de ellas se
encuen a la ambición, causa de en en amien o po los bienes escasos, a lo que
se suma el emo del que iene posesiones y el odio del desposeído, jun o a o as
an ex endidas como la olubilidad, la mendacidad y la ing a i ud (P íncipe,
XVII y Discu sos, I, 37), amén de la pe eza y la coba día. No hace al a se
maquia élico pa a susc ibi ales p opensiones a ec i as, más aún en épocas de
g a es p oblemas. Lo decisi o, empe o, es secula iza el deba e sob e el mal
y en ende lo en cla e polí ica, de o ma que el buen gobe nan e ap o eche los
con lic os en bene icio del in e és común y no sólo de sí mismo.
El deseo humano, no obs an e, es complejo, a a ez es á sa is echo y
nunca al an los incon enien es y disgus os que ae la o una, sin que sepa o
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I, 58: 169). Nada más lejos del au o , po an o, que el epudio de la masa (y
no sólo po que sea aliada iel del P íncipe en e a las acciones pode osas,
que ambién), sin que pida una alsa unanimidad ni caiga en el halago de la
plebe o en ideales populis as. No hay desp ecio hacia el homb e común y ya se
dijo que echaza el con o mismo. En es e pun o, mili a ía en con a de la esis
de Rousseau sob e la maldad de la ci ilización, po da un ejemplo, máxime
cuando el gineb ino desemboca pa a co egi la co upción en una abs ac a
y o ali a ia “ olun ad gene al” que niega el de echo a disen i (El con a o
social, II, 3). Su comen a io sob e las pasiones es demasiado p agmá ico como
pa a se eacciona io e incluso la oma de medidas ex ao dina ias supone ya
un acaso de la polí ica no mal.
3.3 En de ini i a, es inacep able un pensamien o polí ico que oscila en e
la ep esión eje cida po los i anos de an año y el despo ismo ilus ado de
los expe os de hogaño, el que busca jus i icaciones puni i as en la na u aleza
humana o coa adas en el deso den público… Es ob io que es as pos u as
cab ían en el eje cicio maquia élico del pode en endido como pu a a imaña,
pe o no en su explicación o dina ia de las cosas ni en las me as sociales que
p opone. Lo que dice es que pa a hace en e a la co upción gene alizada sólo
si e la dic adu a p o isional que pe mi a c ea un Es ado de nue a plan a. Le
c i icamos en ocasiones, pe o hab á que econoce que no es hipóc i a como las
bendecidas mona quías absolu as, aquellas que ep imi án a sus súbdi os con
buena conciencia mo al y g acias a la jus i icación de comba i le.
Lo ú il hoy, pa a e i a esos p oblemas, al ez se ía ecupe a una pa e del
pode cedido po los ciudadanos a sus ep esen an es, negándose a la iolencia
pe o no a la p esión, exigiendo a los gobie nos que den ejemplo de la i ud
cí ica imp escindible pa a escapa a la lucha de odos con a odos que e o na.
An e los nume osos ac o es disg egado es y causan es de anomia apa ecidos en
las úl imas décadas –denunciados po es udiosos como D. Mille o S. Gine , M.
Sandel o F. O eje o–, u ge o alece el comp omiso ciudadano con el conjun o
de la sociedad, aunque los medios y los lími es de al emp esa sean obje o de
discusión aun den o del epublicanismo (O eje o, Ma í y Ga ga ella, 2004).
Lo que no puede acep a se es la indi e encia y la complicidad po acción u
omisión con el desmo onamien o social en ma cha.
Tan lejos como el i aliano de la ingenuidad, lo cie o es que la democ acia
o ece mecanismos in e nos de cambio que deben se ap o echados. Es
necesa io depu a los p ocedimien os habi uales y ab i los a la ciudadanía,
es imula con cie os hono es la apa ición de o ganizaciones ci iles y homb es
de es ado e o mis as, segui explo ando las nue as ecnologías pa a maximiza
la coo dinación de las edes polí icas de base en odos los ámbi os, asumi la
p opia esponsabilidad de cada uno y los lími es eco-sociales de lo sos enible,
p opone bene icios iscales pa a los negocios que edunden en el bien común
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y penaliza los noci os, e c. Aunque no odo gus e lo mismo, hay que suma
ue zas y adiciones democ á icas en ez de es a las, de modo que se limen
las ensiones en e lo público y lo p i ado, la i ud cí ica y la independencia
pe sonal... Pe o, quizá más que o a cosa, hay que ins i ucionaliza con oles
ciudadanos sob e cie as decisiones de sus ep esen an es, es deci , aden a se
con cau ela en la senda de algún ipo de gobie no mix o compa ible con la
clásica sepa ación de pode es, de modo que se con apese el pode excesi o de
los pa idos polí icos y de los g upos de p esión. Se ían comisiones ciudadanas
supe iso as pa a algunas cues iones ela i as a la sanidad, la educación, las
ob as públicas, la anspa encia ins i ucional, e c., pe o el ema equie e un
comen a io ex enso que aho a no es posible.
Se a a de diseña un mejo epa o del pode , desde la cons a ación
ob ia de que ya no i imos en pequeñas ciudades-es ado ni en sociedades
homogéneas, pe o con la con icción de que pod ía combina se el sis ema
ep esen a i o con el eje cicio de alguna democ acia di ec a bien eglada,
ayudada quizá po las nue as ecnologías (Subi a s, 2011: cap. IV). Es e iden e
que la mul i ud no iene ninguna capacidad segu a pa a ace a ( ampoco los
ecnóc a as) y que esul a muy ulne able a la demagogia, has a deja se lle a
po múl iples abe aciones, pe o ampoco puede queda apa ada de la oma
de decisiones conc e as ni educida su pa icipación al o o elec o al. Hay
mo i os e ins umen os pa a p opicia un modelo in e medio, cual híb ido
epublicano-libe al que o ezca más ga an ías democ á icas. Hace al a, en
in, con a con la in eligencia colec i a y una nue a edis ibución de los
con apesos polí icos, pues “las ciudades donde gobie na el pueblo hacen en
b e e iempo ex ao dina ios p og esos, mucho mayo es que los de aquellas
que han i ido siemp e bajo un p íncipe” (Discu sos, I, 58: 170). No es á mal
eco da lo, iniendo de un ealis a desengañado, cosa que nada iene que e
con el populismo.
4. Epílogo
Maquia elo enseña, sea en posi i o o en nega i o, que nada es posible sin
la conjunción de conocimien o, olun ad y pode , y que és os nunca debe ían
delega se en o os po comple o. Su ealismo pe mi e disc imina en e di e sos
medios y ines, es ablece g ados en las es a egias, dis ingue alo es y me as,
sin cae en el e o de mezcla lo odo o de se maniqueo y maximalis a. Aunque
sabemos bien que no odo ale, su discu so si e pa a alen a la mejo a del
quehace polí ico, en e o as azones po que ayuda a comba i el nihilismo
y la indi e encia, elemen os en alza que sí pod ían conduci a u u os es ados
de excepción. Bas a con asoma se a los ecien es escena ios geopolí icos y
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sus amenazas de gue a, sea po mo i os climá icos (Welze , 2010), po la
escasez y ca es ía de bienes básicos, po mig aciones masi as o luchas de “baja
in ensidad” p opias de los es ados allidos, po los a aques cibe né icos que
inu ilizan las in aes uc u as sin des ui las, e c. Todo lo cual bien pod ía lle a
al caos global que incluso los más du os emen (Kaplan, 2000: 17ss, 34ss).
En sen ido con a io, hay que empeña se en c ea p oyec os polí icos
inno ado es y no co oplacis as, olcados en la digni icación de las pe sonas
po di íciles que sean los esul ados y en abo da la complejidad sis émica del
mundo ac ual, con emplando –po ejemplo– los bene icios económicos de las
g andes e o mas, incluidas las opo unidades asadas de negocio pa a educi
el cambio climá ico (Giddens, 2010: 87ss, 182ss). No es amos en condiciones
de desca a ninguna he amien a mo ilizado a y hacen al a g andes sine gias
pa a ans o ma los es ilos de ida, de p oducción y consumo, e c., en o no
a nue os consensos, siemp e desde la coacción democ á ica de la ley y una
opinión pública a en a que p esione. Pe o, además de ue za y as ucia, a a hace
al a mucha polí ica pa a uni las es uc u as ciudadanas con una ep esen ación
que a la pos e debe á se plane a ia.
Vis o de modo maquia eliano, se án p oyec os de u gencia que acaso
combinen el emo con el amo (P íncipe, XVII), pues nacen de la conciencia
de los g a es pelig os que amenazan a la humanidad y de la al a de iempo, a
la ez que de la espe anza solida ia. Y ambién hab á que educa en la o aleza
en e a la esignación y la queja (Discu sos, II, 2), dado que se oma án
medidas di íciles, espe emos que con la condición de que sean equi a i as.
Lejos del pu o sac i icio o de inmola al indi iduo en el al a del g upo, es
necesa ia una pe spec i a en e dad co esponsable y lúcida. Sin ol ida que la
sob iedad bien en endida como es ilo de ida, no la impues a po unos pocos
pa a explo a a muchos, esul a g a i ican e y libe ado a (Riechmann, 2010). Lo
que no cabe es segui con es e suicidio colec i o a cáma a len a…
Maquia elo, en in, empuja a ebela se con a la indolencia y cualquie
des ino ineluc able, pues sólo asumiendo iesgos con in eligencia y sen ido de
la opo unidad hab á espues as iables. Lo único cla o es que es amos inme sos
en una c isis de ci ilización que amenaza la paz y aun la supe i encia, de modo
que u ge adap a se a los iempos que nos han ocado y de ende el bien común
–ecológico, social, con de echos cí icos no laminados–, desde la con icción de
que la plu alidad y la lexibilidad de las epúblicas lib es lo consigue mucho
mejo que o os egímenes (Discu sos, III, 9). Cla o que odo eso demanda
mucha y buena polí ica, desde luego más hones a y alien e de la que emos…
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