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EL POTENCIAL LIBERADOR DE LA IMAGEN
(FANTASÍA E IMAGINACIÓN EN MARSILIO FICINO)
Juan Bosco Díaz U mene a
El au o p opone un Ficino que p e ende más da que pensa que o ece un sabe :
señala ías a la e lexión an es que p opone concep os ecibidos. Todo ello a a-
és de una dialéc ica de la imagen pe cep i a que ecoge odo el po encial de la
an asía. Un a ículo de no able sabo iquiano.
Palab as cla e: Ma silio Ficino, an asía, imaginación, imagen, mens,
Renacimien o.
The au ho conside s Ficino as someone ha pu sues mo e gi ing ood o hough
han o e ing knowledge: he p e e s poin ing ways o e lec ion, a he han ansmi -
ing ecei ed concep s. And ha is possible h ough a dialec ic o he pe cei ed
image, ha collec s all he po en ial o an asy. Awo k o ema kable ichian la o .
Keywo ds: Ma silio Ficino, an asy, imagina ion, image, mens, Renaissance.
I
En las páginas inales de El P íncipe, Maquia elo abo da uno de los p oblemas que
más desconce a on a su época, la caída de cie as epúblicas i alianas, la de o a de des a-
cados seño es y la con e sión de la península en e i o io que dispu aban en e sí las inci-
pien es mona quías absolu as. Son, dice, cambios que quedan “ uo a di ogni umana conie -
u a” y po eso “muchos han sos enido y sos ienen la opinión de que las cosas del mundo
las gobie na Dios o la o una y que los homb es no pueden co egi las con su p udencia”,
po lo que es p e e ible “lascia si go e na e alla so e”1. A al opinión opone Maquia elo
un céleb e a o ismo: “la o una sia a bi a della me à delle azioni nos e, ma che e iam lei
ne lasci go e na e l’al a me à, o p esso, a noi”. Es a casi mi ad puede se adminis ada po
los homb es en cuyas manos queda y po ello el acaso sólo en casos ex emos debe a i-
bui se al aza o a la di inidad. Dos p incipios di e en es igen esa adminis ación: la ac i ud
p uden e que p e é posibles pelig os y los encauza o se de iende de ellos, como se p o ege
una ciudad de la c ecida de un ío, y la esolución de quien, con audacia e ímpe u in e ie-
ne en el acon ece pa a log a lo que pe sigue. P udencia y i ù apa ecen así como dos cla-
es de una isión que conside a al mundo dúc il a la acción humana, sea po que la in eli-
gencia log e des ela cie as amas de su acon ece o po que la olun ad esuel a pueda,
in e iniendo en él, al e a lo.
©Cuade nos sob e Vico 17-18 (2004-2005)
Se illa (España). ISSN 1130-7498
© Juan Bosco Díaz U mene a
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Maquia elo, al deci es o, culmina una e lexión de su iempo sob e el alcance de
la acción humana. Enneas Sil io Piccolomini se había ocupado del p oblema, pe o a ó las
elaciones en e o una, p udencia y i ù en un apólogo aún con ecos caballe escos.
Maquia elo las si úa en el análisis de las ins i uciones con las que los nue os Es ados in en-
aban log a es abilidad en e a las al e na i as del acon ece polí ico, a la ez que ca ac e-
iza la igu a del polí ico que puede gobe na los. Maquia elo da así al p oblema una nue a
conc eción: lo elaciona con unos alo es inmanen es al Es ado. F en e a los ideales ascen-
den es de la ciudad de Dios o los solida ios de la comi i a eudal, hace ale los de la acción
acional: si se pe sigue la glo ia de la epública, es necesa io pone los medios pa a su log o.
Maquia elo signi ica, así, la madu ación de cie as con icciones compa idas po
la época. Más de medio siglo an es de El P íncipe, Nicolás de Cusa –coe áneo de
Piccolomini y ambién expe o en la diplomacia eclesiás ica– había esc i o que el mundo
posee una lógica inmanen e, un signi icado en sí mismo que, al es a más acá de conside a-
ciones eológicas, equie e pa a alcanza lo una a ención especí ica y conc e a: una es o za-
da aplicación de la in eligencia al acon ece . Su ge de ahí un nue o pe il del sabio: sepa a-
do de la e udición uni e si a ia y de la e ó ica ju ídica, debía aden a se en el en o no co i-
diano, como un cazado po la espesu a, y con su in eligencia conje u a el sen ido de las
cosas a pa i de unos pocos sín omas.
E a el sabe que pedía una época en la que el aumen o de los in e cambios come ciales
y la necesidad de acumulación exigían p e e las acciones y p e eni iesgos. El sabe medie al
apenas podía esponde a esas inquie udes. Algo pa ecido ocu e en la polí ica: los nue os p ín-
cipes, que escapan de la u ela del papado o el impe io, y de la media ización de la nobleza pa a
abo da a eas de Es ado, p ecisan ambién de esa nue a o ien ación del conocimien o.
Las dos ans o maciones del sabe señaladas po Cusa pe du an en la época. De
un lado, un sabe que debe desemboca en conocimien os especí icos que alcancen obje i-
os conc e os. Así, la p ác ica de la na egación log a buques cada ez más amplios y segu-
os, nue os ins umen os de obse ación y mapas más in o ma i os; los que hoy llamamos
a is as dejan el g emio y se p esen an como a i ices poli echnici especialis as en p oyec-
os, po que saben de geome ía, óp ica y ana omía; los músicos, eunidos en las co esanas
capellae can o um, log an un lenguaje o mal que uni ica sus composiciones y nue os
mé odos de a inación que dan a los ins umen os una exac i ud has a en onces desconocida.
Jun o a es os sabe es conc e os apa ece un pe il del indi iduo en el que la capaci-
dad pa a in e p e a con sensibilidad y audacia cuan o le odea es más impo an e que la
e udición. La iden idad del a is a o la del na egan e son ejemplos cla os de es a igu a cuya
ascendencia cul u al es eno me: la ans o mación del gue e o en aman e2, el aumen o de
la exp esi idad sen imen al y cla idad lí ica en la música3, y la asimilación de la pin u a a la
poesía4son o os an os sín omas de una indi idualidad que se a e e a juzga po sí misma
y es más p ocli e a in e p e a que a acumula conocimien os.
Es e doble p oceso no culmina en un sabe sis emá ico como el medie al, más bien
se di ige a p ecisa aspec os p oblemá icos del acon ece y a concep ualiza los, en iquecién-
dolos con asociaciones y e e encias a eces insospechadas. Así lo hace Maquia elo y así se
ad ie e en muchos a ados de la época. No cabe espe a o a cosa. Es e a án po un sabe
especí ico no cuen a con una me odología como la que más a de se da á la ciencia y am-
poco puede descansa en los concep os medie ales. La época, po an o, no posee los medios
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pa a una obse ación sis emá ica –así lo e idencian las no as de Leona do da Vinci–, ni una
ed de concep os que la o ien e –Copé nico in oduce en sus ob as e e encias a los Himnos
Ó icos que hoy se nos an ojan mi ológicas–.
Con ales limi aciones, el conocimien o b o a de un p oceso de en añamien o e le-
xi o en la ealidad que poco a poco a p ecisando su obje o. Es a p ime a ca ac e ís ica hace
pensa ya en la igu a del in é p e e como suje o de es e sabe , débil suje o si lo compa amos
con el mode no. Tal en añamien o e lexi o incluye una obse ación á ida pe o desa icu-
lada que exige amas discu si as que la o denen, la o ien en y pe mi an alo a la. La o ma
básica de es e discu so es la simili ud y desemejanza, la a acción y la epulsión: la oposi-
ción y unidad de los con a ios que es, al in, el p ime paso pa a pensa un uni e so con sen-
ido en sí mismo. Pe o es e plan eamien o básico busca auxilio en las amas concep uales
más a iadas: e ó ica, magia, as ología o mi ología. Es un impulso más pa a la igu a del
in é p e e: el indagado enacen is a sabe que no puede usa cie as amas del sabe ins i u-
cionalizado, p ocedan del alle o de la uni e sidad, po que son il os que de o man la
obse ación y bloquean el conocimien o. Recu e en onces a agmen os del sabe adicio-
nal –así Leona do a aspec os del a is o elismo– o a los de cie os discu sos que o ece el
humanismo. La audacia del in é p e e consis e en p opone los sin con a con una base sis e-
má ica, pe o espe ando con ellos o dena sus obse aciones, ace ca dominios del sabe que
la adición había sepa ado5, y da cohe encia a sus hallazgos. El esul ado no es me a espe-
culación po que el p oceso desemboca en algo que pod íamos llama cons ucciones en a-
i as que en Albe i ecibi á el nomb e de p oyec o y en Da Vinci consis e en la elabo ación
de un modelo como aquel que mos aba aspec os del uncionamien o del co azón6.
II
No es ex año que haya, en es e modo de concebi el conocimien o, un empeño po
a ende a lo sensible, un cuidado especial po no disol e sus a is as en los lenguajes es able-
cidos. No se cae po ello en el sensualismo pues la a ención a lo sensible es pa alela a la bús-
queda de un sen ido que lo sensible no puede en ega po sí o que no cabe des ela inmedia-
amen e en él. Da Vinci y B uno, en usias as de la apa iencia, abundan en la me á o a del
espejo que, como los sen idos, no puede da azón de cuan o con an a idelidad e leja7.
Ficino exp esa es a doble a ención con la imagen de Jano, el dios de doble os o: el conoci-
mien o conside a a la ez lo inco pó eo y lo co pó eo8, buscando insepa ablemen e la e dad
de la Idea –p opia de la in eligencia di ina– y la de la o ma co po al, es deci , la del mundo
que se o ece a la mi ada y que debe se in eligible po que p ocede de aquella in eligencia9.
Es a doble mi ada, especí ica de la condición humana, es un alo . Ficino, eco-
giendo ideas de Plo ino, a i ma que el descenso del alma al cue po es la condición del enno-
blecimien o de la ma e ia que log a su dignidad a a és de la comp ensión humana10. Es
ambién la ocasión pa a que el alma conozca quién es y de qué es capaz: sólo lo expe imen-
a á en en ándose a lo pa icula , como el sabio que debe mo iliza su sabe pa a esol e
un p oblema conc e o11.
Es a ensión en e el econocimien o de la apa iencia y el a án po alcanza su sen ido
es á mediada po el homb e en e o. Así lo mues a Ficino en Apeles el pin o , o a imagen de su
iloso ía poé ica12. El alma humana p ocede como el a is a que, a aído po las igu as de una
p ade a, las pin a una as o as has a comple a el paisaje. La comp ensión humana de lo sen-
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El po encial libe ado de la imagen
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sible no es un ac o epen ino e inmedia o, no es un éx asis13. P ocede más bien como el pin o
que, imp esionado po aspec os pa icula es de lo que e, los examina y los pin a, y, al hace lo,
descub e o os con los que p ocede del mismo modo has a comple a el conjun o de la edu a.
El p oceso e oca el sucesi o en usiasmo que despie a la na u aleza con sus insospechadas
no edades. A ellas eplica el pin o enacen is a ol idando el de alle abajado p imo osamen-
e, como las o es que o man el ondo del Co de o Mís ico de Jan an Eick, pa a compone la
p o undidad luminosa del Valle del A no, al modo de An onio de Pollaiolo en su Ma i io de S.
Sebas ián: un p oceso que la época llamó, signi ica i amen e, u di 14.
La comp ensión humana no es global ni ins an ánea, sino que se p oduce median-
e una demo a en lo con emplado15: un iempo de ace camien os y descub imien os sucesi-
os, c uzado po el a ec o que culmina en una isión del conjun o que e i a, en el pin o , la
ó mula p e ia y en el pensado el concep o es ablecido de an emano.
Se di á que asis imos al despun a de la subje i idad mode na. Puede a i ma se así con
al de que se econozcan las di e encias que sepa an al Renacimien o de al noción. Po que el
pin o de la me á o a de Ficino iene en cuen a la apa iencia, pe o no la educe a da o sensible.
Toda ía no se han sepa ado las quali a es mensu ables de las que no lo son. La na u aleza es aún
el medio en el que las quali a es son con a ios cuyas ensiones p epa an la ma e ia pa a ecibi
las di e sas o mas. El se humano comp ende á és as úl imas desde su p opia capacidad pa a la
o ma pe o, al no con a pa a ello con una i me ed de concep os, ha de pene a poco a poco en
cada si uación desde una in eligencia que, ce cana a los cue pos po se cue po ella misma, es
in e pelada y a aída po ellos, pe o que, pa a elucida su sen ido, debe demo a se en ellos y eco-
e los de múl iples o mas. Quizá su p ime a comp ensión sea la imagen que, al euni en sí ele-
ancias sensibles, ecue dos y expec a i as, encie a un en endimien o inicial del obje o.
Es e papel de la an asía se ad ie e en o a me á o a de Ficino, la lin e na de Euclides16.
Euclides quie e escucha a Sóc a es y pa a ello debe i de noche de Mega a a A enas. No bas a
con pensa el iaje en é minos gene ales. Es p ecisa la e e encia a un obje o pa icula y sensi-
ble que lo posibili a, la lin e na. La imaginación la ep esen a (cogi a e) unida al iaje, mo ien-
do al deseo y p oyec ando la acción. La lin e na de Euclides no es, pues, la copia del obje o que
se o ece a los sen idos, sino una imagen en la que se unden el obje o, el camino y su isión noc-
u na, la expec a i a de llega a A enas y oí a Sóc a es. Es os aspec os se componen sucesi a-
men e haciendo jus icia al é mino ep esen ación (cogi a io = cum-agi a io) po que la imagen
los une de al modo que odos ellos pa ecen ib a en densa sín esis. Es a densidad ecue da la del
cuad o, el u di del pin o . Po que la expe iencia de Apeles no desemboca en una iden i icación
con lo pe cibido sino en una cons ucción. Su imagen no es copia sino elabo ación. Si la lin e na
de Euclides no es me a sa is acción de una necesidad, sino igu a que sin e iza el iaje y lo an i-
cipa en el iempo, el paisaje ija en el cuad o la ugi i a belleza del acon ece y aspi a a p oduci
en quien lo mi e los mismos e ec os que la na u aleza p odujo en el pin o .
La imagen, la in e ención de la an asía, des aca dos aspec os que habíamos des-
cuidado en la me á o a de Apeles. Uno de ellos es la capacidad de la imagen pa a desbo da
el iempo: el cuad o supe a el p esen e y an icipa la mi ada u u a. Pe o pa a ello ha sido
p ecisa la demo a y el en añamien o del pin o de los que an es hablamos, y es o sugie e
que la imagen ha supues o una cie a ans o mación en el pin o . Es lo que ma ca la di e-
encia en e la imagen y el empleo de una ed de concep os p e ios. Es a ans o mación que
pa ece exigi la imagen se ilumina con una e ce a me á o a de Ficino, la igu a de P o eo.
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P o eo signi ica en p ime luga plas icidad y sucesi idad17. En al sen ido ca ac e-
iza sob e odo a la ma e ia –el ni el on ológico más bajo– que, po se po encia ilimi ada
puede ecibi odas las ideas pe o es o no la capaci a pa a e ene las y así sólo las acoge
sucesi amen e, su giendo de ahí la a iedad de los cue pos –ni el on ológico inmedia a-
men e supe io 18–. Es una condición diame almen e opues a a las dos es e as supe io es: en
la di inidad las ideas poseen ac ualidad y unidad; en la In eligencia supe io es án p esen-
es como mul iplicidad. En e es os ni eles supe io es y los más bajos, Ficino coloca el
alma. En ella, las ideas se con ie en en p incipio de ida, pe o sólo las posee en hábi o. El
alma puede comp ende las y gene a las pe o sin posee las odas a la ez: como el a is a que
e mina una ob a y comienza o a, el alma, pasa de una idea a o a, aunque sin pe de la que
abandona, a la que puede po sí misma ol e .
Pe o el alma –la del mundo y la humana– se con amina de la limi ación de la ma e ia.
El cuidado que le exige la menes e osidad (indigen ia) del cue po sólo le pe mi e un alumb a-
mien o sucesi o de las o mas. Ficino, en el pasaje que comen o, compa a al alma del mundo
con P o eo y ci a un himno ó ico que lo in oca como el que “des eló los p incipios de oda
na u aleza, ans o mando la sag ada ma e ia en apa iencia mul i o me”19. El alma del mundo
des ela sucesi amen e las o mas has a comple a el ciclo del año cósmico en el que odas se
han ac ualizado. Adquie e así singula alo el iempo como luga y memo ia de la o ma cós-
mica: P o eo, pa a los ó icos, es el “conocedo del p esen e, del pasado y del u u o, po que él
mismo lo posee odo y lo ans o ma”20; lo mismo pod ía deci se el alma del mundo.
En el alma humana, el cuidado del cue po es mucho más one oso. Ficino dice que
po eso “no puede hace al mismo iempo sus ope aciones sino que hace ol e en sí las o -
mas una as o as como P o eo y comp ende sucesi amen e, como la luna que es la úl ima
de las es ellas y que cambia su luz po ciclos mien as que las demás no se mudan”21. La
elación en e los ciclos de la luna y el del año cósmico mues a a la ez la di e encia y la
ce canía en e cosmos y homb e. La condición p o eica es común a ambos: en ella se unen
el alo de la apa iencia, como p esencia enigmá ica de la o ma, y el del iempo g acias al
que esas o mas se cumplen o se escla ecen.
Pe o pa a la comp ensión humana P o eo signi ica algo más. Indica una especial
ce canía al ámbi o de los cue pos, es o es a la ma e ia ans o mada po la o ma en na u a-
leza. El se humano es de la misma pa ida que los cue pos. Ese es el sen ido del os o de
Jano di igido a lo sensible: el alma humana “in elligendi occasionem accipi a co po i-
bus”22: los cue pos se ans o man po ue zas ex e io es a ellos y la comp ensión humana
mues a su condición co po al en es e momen o inicial que le iene de ue a. Pe o a di e en-
cia de lo que ocu e en la es e a de los cue pos y de la ma e ia, el alma humana no es me a
me amo osis impues a desde ue a, sino que eje ce su condición p o eica g acias a sus p o-
pias po encialidades: median e la imagen hace suyas las o mas, las e iene y p olonga su
comp ensión inicial discu iendo lib emen e de unas imágenes en o as23.
Las igu as poé icas de Ficino sugie en una ía pa a un conocimien o, como el
enacen is a, empeñado en descub i el sen ido de lo sensible sin deg ada és e ni simpli i-
ca lo. En e esas dos ca as de Jano apa ece la mediación de la imagen. No es un ado no ni
un di e imen o. Exige ol e se a la na u aleza, a lo ex e io , has a el pun o de pe de se en
ello, pe o pa a elabo a un mundo o mado po las p opias imágenes. No son copias sino
cons ucciones con iempo y cadencia p opia que pe mi en in e p e a el acon ece . Es a
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al e nancia en e enajenación e independencia de lo sensible, p opia de la imagen, c ece
sob e una peculia sin onía en e cosmos y homb e: la común capacidad de ans o mación.
Si el mundo se p esen a, dice Ficino e ocando a Luc ecio, como machina co po alis, es o
es, un espec áculo capaz de múl iples o mas, el se humano es ambién un peculia a is a
que, sensible a ese espec áculo, u de o sabe cómo hace (machina i) el suyo compues o po
imágenes sob e las que discu e lib emen e.
III
Cuan o acabamos de deci no sup ime el po encial de seducción, de engaño que
encie a la imagen. El p oceso debe con a , pue,s con una ins ancia c í ica. Lo equie e el
momen o mismo de enajenación: Apeles puede queda suje o al espec áculo del mundo sin
alcanza su p opia independencia. Es és a una cues ión cen al en Ficino que abo da en p o-
undidad el p oblema del sen ido de lo sensible.
La desa olla al hilo de un ene able locus pla ónico, la somb a. En su Theologia
Pla onica, al ocupa se de la elación del mundo de las ideas con el se humano, dice que “en
la ma e ia b o a ( esul a e) la úl ima somb a de las ideas, po encima de ella b illa el os o
de odas las ideas cuya uen e es Dios”24. La somb a, como en el mi o pla ónico, es luga de
alsedad: “engañan de al modo a las co as almas de los igno an es que, como gen e que
sueña, c een es a mi ando las cosas mismas cuando sólo en sus simulac os”25.
No hay aquí un desp ecio a los cue pos. En el lib o XVII, cuando Ficino se ocupa
de las opiniones pla ónicas sob e el es ado de las almas an es y después de su descenso al
cue po ab e la dise ación con un solemne pá a o cons uido en pa alelo:
“Pla ón en el Pa ménides llama a Dios in ini o, pe o en el Filebo lo llama
é mino. In ini o po que no ecibe lími e alguno de ninguna pa e. Té mino,
empe o, po que delimi a ( e mina e) odas las cosas con o mas, a modo de
p opo ción, epa idas po odas pa es. De aquí, los pla ónicos man ienen que
Dios, si lo conside amos in ini o, excluye de sí odo lími e, pe o bajo esa
misma conside ación, pod ía deci se que de él, como una somb a, depende
una cie a po encia, en cie o modo ma e ial, necesi ada de alguna delimi a-
ción ( e minus) y po su p opia na u aleza in o me y, po así deci , inde inida.
Pe o, pues o que Dios, conside ado como é mino mi a su somb a como un
espejo, bajo esa misma conside ación ya en la somb a b o a ( esul a e) como
una imagen, y la misma in ini ud, es o es, la ma e ia uni e sal, se delimi a po
las o mas del modo más o denado”.26
El ex o deja cla o el c eacionismo de Ficino que le lle a a pos ula que la ma e ia,
po encia in ini a y uni a ia, “ ep esen a de un modo umb á il la in ini ud di ina”27, y que en
ese oscu o espejo pueden di e encia se las o mas que en la di inidad cons i uyen una uni-
dad en pleni ud.
La dignidad de la somb a es aún más cla a cuando Ficino dice que los cue pos son
imágenes del os o di ino. Pe o aquí al dignidad es á ya es echamen e inculada al se
humano. Es al p incipio de la la ga e u ación de A e oes y su noción de un en endimien-
o agen e único y sup aindi idual. En al p opues a e Ficino un a án po sepa a en el alma
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la capacidad in elec ual e in en i a de sus menes e es ela i os al cue po. A e oes man ie-
ne la conse ación de la ida y la o ien ación en e los demás cue pos (alma ege a i a y
sensi i a) en el iempo y la a ibuyen a los indi iduos, mien as o o ga la ac i idad in elec-
ual supe io a una ins ancia que es á po encima de ellos. Ficino eplica pos ulando que
en e las o mas es ic amen e in elec uales (las de la in eligencia angélica, despliegue del
mundo de las Ideas en la P ime a In eligencia) y las que, como en los animales, se limi an
a i i ica los cue pos, deben exis i o as, las humanas, que sean a la ez in eligen es y i i-
ican es. Es o debe se así “pa a que que la imagen del os o di ino no sucumba en odas
pa es a la ma e ia sino que domine en alguna”28.
El a gumen o econoce la dignidad de los cue pos pe o le añade su posible deg adación.
¿Cómo puede és a e i a se? Las o mas en los cue pos, con inúa el a gumen o, son imágenes de
las Ideas di inas, como en la ce a las igu as lo son del anillo de o o que las imp ime; si es as
igu as siemp e ue an bo osas, end íamos po incapaz al imp eso incapaz. De ahí concluye:
“la in eligencia di ina, que al anima la ma e ia desea a dien emen e (a ida
es ) imp imi le su semejanza, pa ece á incapaz si nunca log a sus deseos. Pe o
nunca lo consegui á a menos que en los cue pos apa ezcan o mas ales que
p edominen en ellos casi como Dios p edomina en el mundo, y a no se que
esas o mas se uel an ( e lec e e in) hacia sí y hacia Dios median e la in e-
ligencia como Dios se uel e sob e sí mismo”.
La somb a, pues, no es me o índice de la Idea sino que emi e a una in eligencia
capaz de ap ecia la como huella de sen ido en la p esencia sensible y que, en consecuencia,
guíe a los cue pos en esa di ección. El a gumen o iene ecos del he me ismo, en especial del
Asclepio: la g an belleza y bondad del mundo, se dice allí, lle a al c eado a hace “algún
o o se que pudiese con empla las”. Po eso c ea al homb e, capaz de aquella doble com-
p ensión: su des ino es “admi a y ado a las cosas celes es a la ez que habi a y gobe na
la ie a”. Pa a ello es imp escindible la condición co po al, umb á il, del homb e que no
log a ía cuida odas las cosas a menos que es u iese cubie o con un e es imien o ma e-
ial”29. Aquí es á la ue za del a gumen o con a A e oes: pa a saca a la luz el sen ido del
mundo, ocul o en la somb a de la ma e ia, no bas a con una in eligencia que ins umen ali-
ce al cue po, sino que se exige o a que es é in eg ada en él, de modo que la ac i idad acio-
nal no sea sino el e és, la o a ca a del ac o i i icado 30.
Pa a ap ecia es a misión cósmica del se humano en a é b e emen e en las ideas
sob e el alma de Ficino. La acul ad más ele ada (acies animi)31 es la mens, la in eligencia supe-
io , un educ o subje i o –po que es indi idual y inculado al cue po– pe o abie o a lo
incondicionado, que pe enece al mismo géne o de las in eligencias supe io es. En el ex emo
in e io se localiza la na u a, la ac i idad ege a i a del alma, que o ma el cue po, lo mue e,
asegu a y uni ica sus unciones y es consecuencia de la ac i idad i i icado a del alma. Ficino
la concibe, siguiendo a P oclo32, como i acional y dice que es “el es igio del alma en el cue -
po”. Es á muy inculada a la na u aleza, pe o no dominada po ella, y posee un oscu o sen ido
de la o ma, aunque puede endi se a las exigencias del ins in o. Sob e es a dimensión es án las
unciones sensi i as: la ac i idad de los sen idos, los ape i os básicos, la imaginación asocia i-
a y la an asía –i.e., la imaginación elabo ado a, c ea i a–. Ficino llama al conjun o idolum,
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o o eco neopla ónico. Plo ino, pa a man ene al alma independien e de oda a ección –de los
sen idos o del ape i o–, acuña la noción de cue po especí ico, usión del cue po animal con “una
especie de luz emi ida po el alma”33, y lo hace suje o de oda a ección. Así, la pe cepción se ía
ac i idad y no a ección del alma: un juicio que ella emi e sob e la a ección del cue po especí-
ico34. En esa di ección Ficino hace del idolum “imagen sensible del alma do ada de azón”.
Sob e el idolum y bajo la mens es á la a io. En igo es el en endimien o calculado ,
que ecoge y aplica la e sión de las Ideas que la mens alumb a o gene a. Pe o Ficino la con-
cibe como una ins ancia que encie a además elemen os p oceden es de la an asía y de la
opinión, y le o o ga una g an ac i idad y au onomía. La a io es mó il –cambian e, imp esion-
able– pe o o denada y sus múl iples elemen os es án uni icados35. Se eje ci a en los p incipios
gene ales pa a aplica los a si uaciones conc e as y así delibe a ( a io aes ima i a), busca aso-
ciaciones y simili udes ( a io cogi a i a, que a eces se asimila a la an asía) o abaja con in e -
encias ( a io in elec ualis), y iene po an o acceso a cie os con enidos de la mens. También
a iende al idolum y a la na u a: los o ien a, escucha a los sen idos, con ía en la an asía y cuida
el cue po, animándolo en sus miedos, emplando sus a anes y aún cediendo a sus exigencias.
La a io es así un núcleo in eg ado , el alma del alma36. Su libe ad le pe mi e a en-
de a odas las acul ades. És as es án suje as a o mas di e sas de necesidad: la mens al igo
de las Ideas, el idolum al des ino –aza es de la his o ia indi idual, al e ación de los humo es,
ca gas del empe amen o–, la na u a a las exigencias de la na u aleza. La a io con su libe -
ad a empe a exigencias, coo dina ensiones y asien a así el compues o en su en o no37.
Es a concepción del alma implica una ópica y una dinámica. De la p ime a b o a una
je a quía en e las acul ades que es ablece la si uación del se humano en e las ideas y los cue -
pos como una unidad ¿cómo, si no, pensa la lib e ac i idad asignada a la a io? Pa a explica
es a unidad Ficino ecu e ambién a la me á o a de la somb a. La mens, como in eligencia supe-
io , iene ac i idad y luz p opias, e ilumina y i i ica a la a io. El idolum es uno de los ayos
de la a io y la na u a su e lejo38. Cada ni el es la somb a del que le p ecede y el cue po som-
b a del alma39. La me á o a es suge en e po que ei e a y con i ma el pa alelo en e los ni eles
del alma y los de la on ología de Ficino. Dios, é ice de un cono en o no al que se expanden y
descienden la In eligencia P ime a y, en co espondencia la mens humana, el alma y la a io, los
cue pos y la capacidad sensi i a y ege a i a (idolum y na u a), la ma e ia y el cue po.
El se humano adquie e así una dimensión cen al en el mundo de las somb as. Es
ía p i ilegiada del descenso de la idea. El alma humana, que asegu a la conexión de la
in eligencia con la ma e ia, “ ealiza en el cue po algo aún más admi able” y es que g acias
a ella, “aquel di ino ayo pleno de ideas, después de descende has a el alma, pasa a a és
de su po encia i al y po su na u aleza (na u a) has a la ma e ia del uni e so, en la que
modela ( ingi ) semejanzas” de las ideas. Una misión que o as somb as, ine es o ca en es
de ida acional, no pueden cumpli , se con ía al se humano, cue po i o e in eligen e, que
po ello es p omesa de un mundo dis in o.
O as consecuencias se de i an de la dinámica del alma, es deci , de la solida idad
en e sus ni eles, en o no a la a io, que asegu a la condición uni a ia del compues o huma-
no. Des aca sob e odo la elación con el cue po: su cuidado no es pa a el alma nuda obli-
gación sino solida idad a ec uosa: “en i ud de una p o idencia na u al y amo (el alma) se
une a la ma e ia y en ella dispone el cue po al que anima a a és de una cie a comunica-
ción umb á il de su ida”40. La mens, como in eligencia supe io , iene ida p opia, pe o no
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la gua da pa a sí, sino que la dispensa, como una mad e, al cue po, que, po su agilidad,
eclama ese cuidado. Tal a ención del alma a más allá del cue po p opio: se ex iende a
odos los demás que poseen la misma condición y se elacionan es echamen e con él:
“el alma del homb e, a causa del cue po e eno, pe u bada (pulsa e) de algún
modo po cada agi ación de cada uno de los cue pos, oma ella misma a su
ca go (assume e) po medio de los sen idos es as simili udes de las ideas
in ec adas po la ma e ia del mundo, las eúne median e la an asía, las pu i-
ica y las ele a po medio de la a io, y las incula po in con las ideas uni-
e sales de la mens. Así, aquel ayo celes e que descendió luyendo has a lo
más bajo, e luye a lo sublime […] el alma del homb e es i uye el mundo que
es aba as ocado pues con su a ea (munus) el mundo, an es espi i ual y que
se había hecho co pó eo, se pu i ica sin cesa y día a día se espi i ualiza”.41
Si la ópica del alma en aña una cie a pleni ud del descenso de la Idea, la dinámi-
ca es semilla de su ascenso. Allí apa ecían las o as somb as como inconscien es o inac i as;
la dinámica las hace e como i eden as de no se po el se humano, cue po in eligen e.
Vol amos con es e bagaje a aquella imagen engañosa compa able a las del sueño,
la somb a de la que hablábamos al p incipio. Ex a ía a los sen idos, que no alcanzan a e
más allá de ella. La misma sue e co e la imagen que en o no a ellas o ma la an asía42. Si
la mi ada ingenua no log a aspasa el umb al de los cue pos, la an asía ampoco consigue
supe a lo po que cons uye sólo con ca ego ías de la expe iencia co po al: si busca p esen-
a la idea de Dios, concebi á la e e nidad como la ga du ación, la in ini ud como ex ensión
y los demás a ibu os como p olongación de cie os gozos de los sen idos. Ficino compa a
es a an asía con un eme a io a esano que modela con ma e iales g ose os una igu a, y con
un so is a que hace ale al igu a con la ue za de la seducción43.
T as semejan e alega o cab ía espe a una de inición concep ual de Dios. Pe o
Ficino no p ocede así, sino que esponde con o a imagen44. In i a a mi a al mundo lleno po
la luz del sol y sugie e que qui emos de al paisaje los cue pos. La luz que pe manece llenán-
dolo odo aunque cambian e, se á la imagen del alma. Si sup imimos los cambios, queda á
una luz uni o me aunque dispe sa: es la imagen de la p ime a in eligencia. Si educimos la
luz a un pun o que i adia po sí mismo, como un elámpago in ini o, se ía la imagen de Dios.
¿Qué hay bajo es a segunda imagen? Cab ía habla de un uso al e na i o de la an-
asía –o de su lenguaje–. En la p ime a imagen de Dios el empleo de la an asía es deco a-
i o, edundan e y an lineal que sólo busca ag ada a la imaginación sin hace que ealmen-
e la empleemos. La igu a acuñada po Ficino al e a las condiciones de lo senso ial y mo i-
liza a la an asía. Quede cla o que pa a él es a imagen es un p oduc o de la in eligencia pe o,
si hace pensa , es po que mue e a la an asía, o eciéndole un señuelo, un cebo.
La me á o a de Ficino iene en cuen a la bella apa iencia de la na u aleza y el sen-
i del cue po in eligen e hacia ella. Es imula, pues, nues o sabe y sen i de la apa iencia
pa a sup imi la después. Así lo sugie e la conclusión de Ficino:
“¿Qué es la luz del sol? La somb a de Dios. ¿Qué es pues Dios? Dios es el
sol del sol. La luz del sol es Dios en el cue po del uni e so. Dios es el sol que
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cue po, puede educi la exis encia al ámbi o de la na u aleza, en el que se oscu ece la e e-
encia a la Idea y la isión humana del cosmos que se limi a a dispe sos acon ece es na u-
ales. Es a eclusión deja sus huellas en el cue po, “en la igu a y en los ges os”105, y mode-
la la ida in e io : la compulsión del aman e que equie e la con inua p esencia de quien ama
po que así ecupe a, no a es a pe sona, sino su p opio sen imien o na cisis a, la melancolía
que b o a del con inuo a án de sen i el a ec o o la ascinación obsesi a del enamo ado106,
analizadas odas ellas po Ficino, no son sino o mas de es a eclusión ue a de un iempo
p opio. Ése es el lími e de la an asía.
VI
En el Filebo, Sóc a es, pa a dilucida cómo de e mina el bien, in i a a sus in e locu-
o es a e lexiona sob e lo uno y lo múl iple, con un mé odo, dice, don de los dioses o al menos
desp endido de ellos po medio de un cie o P ome eo. Ficino, al comen a el pasaje, acude al
P o ágo as en el que Pla ón p esen a su e sión del mi o. Los dioses con ían a P ome eo adju-
dica a los se es na u ales di e sas cualidades y medios de ida. Pe o Epime eo pide a su he -
mano hace esa a ea. La cumple a endiendo a dos p incipios, la a iedad y la a monía, pe o p o-
cede con al la gueza que nada queda pa a el se humano. P ome eo, que sabía de los a i icios
que hacían Palas y Vulcano, decide oba su sabe y el uego, único medio pa a alcanza lo, y los
egaló a los homb es107. El mi o se insc ibe en esa línea de pensamien o que hace del homb e un
animal inadap ado que supe a sus ca encias g acias a la in eligencia. Quizá pueda ayuda nos a
supe a la alsa posi i idad que acabamos de examina en la dialéc ica de la somb a.
Ficino, en e ec o, e en Epime eo el símbolo de la na u aleza y lo opone a su he ma-
no que es signo de la p o idencia, es deci , de la in eligencia di ina, a í ice del mundo. Si
Epime eo apa ece como la “luna que alien a al cue po” y p omue e el o den na u al y, po
an o, la e icacia de la an asía animal, P ome eo es el “sol que impulsa al alma acional”. Pe o
la oposición se desa olla en un con ex o p eciso. A p opósi o del mé odo diai é ico enuncia-
do en el Filebo, Ficino habla del conocimien o humano como iluminación y dis ingue es
ni eles: el que pe mi e la con emplación de las Ideas y co esponde a la in eligencia supe io
(men is humanae lumen), que a ibuye a Sa u no; la a io, po la que los homb es poseen una
posición in e media en el cosmos y una comp ensión de las cosas es ic amen e humana, que
a ibuye a Júpi e ; y la que a iende a las cosas in e io es y “p opo ciona la habilidad (a s) nece-
sa ia pa a i i de modo humano y o namen a la ma e ia con a i icios”. Ni el que a ibuye a
P ome eo y al que llama “indus ia phan asiae”, diligen e des eza de la an asía.
En la e lexión de Ficino, P ome eo sugie e cómo la imaginación y an asía (con la
llamada cogi a i a) se insc iben en el eje cicio de la ida acional y e i an el des ío del na u-
alismo. P ome eo, en e ec o, se apode ó de los sec e os de Palas y Vulcano que Ficino hace
coincidi espec i amen e con el conocimien o c eado y con la pasión necesa ia pa a c ea . La
an asía, así, se sepa a en su in en i a y en su conexión con el a ec o del acon ece na u al y
se uel e a la in eligencia. Po que P ome eo no se limi a a oba y egala la des eza (“a i i-
ciosam p aebe sole iam”), sino que, al oma aspec os del sabe di ino y da los a los hom-
b es, hace que és os se uel an hacia la sabidu ía, “po que la des eza en las a es más elemen-
ales despie a a la mens y a la a io y las impulsa y p epa a hacia cosas supe io es”. El don de
P ome eo no se limi a a sabe cómo hace y desea lo, sino que al en ega a los homb es esas
dos cosas los ele a, los coloca en ie a de nadie en e la na u aleza, en la que pueden in e e-
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ni , y la In eligencia supe io g acias a la cual pueden hace lo. Vol e se a la in eligencia encie-
a además, en ge men, un impulso a la Idea, con enido de aquella in eligencia.
P ome eo, pues, apa ece como igu a del a did de la Razón. Su sagacidad no se
acaba en el obo de los a canos que celosamen e gua daban pa a sí los dioses, sino que, al
da los a los homb es, les en ega el a án de sabe , que les pe mi e escapa de los ínculos
na u ales, y la inquie ud po el conocimien o absolu o.
Ficino mues a así el camino ascenden e de la imaginación. Las no as que a ibuía-
mos a la an asía, su capacidad pa a maneja nociones y aplica las, e ene imágenes y p o-
yec a las sob e si uaciones, y pa a conec a lo dispe so agabundeando en e las cosas, pue-
den escapa de la lógica del acon ece na u al e insc ibi se en la in eligencia, mien as que el
deseo de conoce y el enigma de lo incondicionado impulsan al a ec o más allá del cuidado
del cue po y de las exigencias de los ins in os i ales.
La sagacidad de P ome eo es el a did de la Razón: ele a al pensamien o el cue po
in eligen e que se es ue za en as ea el sen ido ocul o en las cosas. Es la ac i ud del sabio ena-
cen is a, del na egan e, o el a is a de la época. Ficino desc ibe es e in e és po a anca su sec e-
o a lo pa icula , diciendo que la an asía, al llena se de imágenes, de o mas pa icula es, llama
o saca de sí (p o oca e) a la a io que comienza a an ea lo pa icula y a agabundea po las
cosas indi iduales”108. Es una consecuencia de la condición humana: la co po alidad no es me a
ecep i idad hacia los cue pos, sino que la a io, en ez de descansa en la mi ada in elec ual
de la mens, se aplica a los sen idos y “po ellos se acos umb a a pe eg ina en e las cosas indi-
iduales, lle a las hacia nociones gene ales y aplica és as a las pa icula es”109.
Dijimos an es que el cí culo a ec o- an asía podía llega a modela el cue po y con-
o ma la ida in e io . El eje cicio de la an asía, inculado a la a io, y el de la a io olcada
hacia el pa icula modelan la ida y c ean en ella un hábi o de in e p e ación. La in en io, la
imagen de lo pa icula , p o oca –en el sen ido ya señalado– a la mens impulsando a las Ideas
que en ella es án la en es pa a que salgan poco a poco a la luz110. La sagacidad de P ome eo
uc i ica así en la del cazado que as ea en el se na u al la p esencia de la di inidad. La an-
asía, si se con ie e en cebo de la a io y de la mens, es decisi a pa a escla ece el sen ido de
lo mundano. Su capacidad pa a p ecisa lo singula , conse a lo y conci a lo median e la ima-
gen, y su e sa ilidad po la que se hace odas las cosas anuncian una ins ancia que es pun o
de unión en e la Idea y las o mas na u ales y anuncio del des elamien o de la somb a.
An es de en a con mayo de alle en esa cues ión, señalemos un aspec o de la an-
asía inculado es echamen e a P ome eo: el a e. Pa a Ficino es elemen o di e encial de lo
humano en e al acon ece na u al: la an asía animal es capaz de cons ucciones y des e-
zas po au oma ismo na u al, pa a esol e necesidades. En el se humano, el a i icio no
sólo se di ige a log a la supe i encia sino que busca “ a iados ec eos de los sen idos que
se an ojan un alimen o (pabula) pa a la an asía”. Es pues un eje cicio g a ui o que, al ali-
men a la an asía, puede p o undiza el don de P ome eo. Hay algo más: el a e no es sólo
ec eo po que a eces la capacidad in en i a ( a io cogi a ix) se es ue za y “deseosa de
p opaga su u o, su ge de epen e hacia ue a y mues a cuán g ande pueda se la ue za de
su ingenio a a és de ejidos de seda y lana, pin u as, escul u as y edi icios”. No busca
en onces sa is acción inmedia a, sino que a os a di icul ades y des en ajas, y las su e pa a
mos a su in en i a111. Complé ese así la e e encia a P ome eo que, según Ficino, pe ma-
nece a ado a la oca empeñado en la más al a con emplación112.
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VII
La an asía puede se guía que p opo ciona a la a io imágenes del cosmos pa a
que, como si ue an “huellas y olo es”, indague con cau ela y sagacidad “la sag ada belleza
del espí i u y de los dioses”113. Puede ambién se medio pa a es ablece , median e el a e,
un modo de ida humano. No se ago a ahí su po encialidad ni la de su imagen, que pueden
llega has a la in eligencia supe io , la mens.
Es impo an e sub aya lo po que con demasiada ecuencia hacemos de la an asía
y de sus p oduc os me os acon ecimien os psíquicos. Po eso nues a cul u a las echa a un
lado cuando busca ija qué o cómo es una cosa, o cuando examina el alcance de una eo ía.
Expulsamos con acilidad a la an asía y a la imagen del ámbi o on ológico y del epis emo-
lógico, como si ab i les paso ue a cede al subje i ismo y al ela i ismo.
Ficino, sin emba go, conside a la imagen an ás ica inci amen um men is114, un es í-
mulo pa a la in eligencia supe io . La mens es po sí misma c eado a y no p ecisa ni los cue -
pos ni sus imágenes pa a es ablece el sen ido de las cosas. Po ello no cabe pensa la ima-
gen como un obje o gene ado en el psiquismo sob e el que la in eligencia ealiza un aba-
jo de abs acción, ex ayéndole, po así deci , la o ma que la p opia imagen igno a. La ima-
gen puede se algo más: o mada po la subje i idad en su elación con lo que le odea,
puede se el ca alizado de la in eligencia, la espina que despie a a las Ideas que es án en la
mens como o mulae, es deci , pequeñas o mas, aco des al ango de la in eligencia huma-
na. La imagen hace que “salgan a la luz” y “de ociosas se uel an dispues as”115, es el impul-
so ocasional (occasionis impulsus)116 pa a que la mens eje ci e su po encial in en i o117.
La mens no es un o ganizado de conocimien os que, como una compu ado a, apli-
ca lenguajes que se le han inco po ado p e iamen e. Ese es el papel de la a io o, mejo , uno
de ellos. La mens, po el con a io, gene a lenguajes. Lo hace en p ime luga g acias a sus
pequeñas o mas, o mulae, huellas de las Ideas en ella la en es y que se despie an a sí mis-
mas en de e minadas ocasiones: el i mo de un poema conci a la idea de a monía118; la ima-
gen de un cue po he moso, la de belleza119; y la del sol, como sabemos, la de la di inidad.
Pe o es e p ime esplando de la o mula, que es casi un hallazgo, no es la comp en-
sión comple a, sino sólo “una in elección incie a o un inicio de la in elección”120. G acias a
él, la cima de la in eligencia (acies men is) esplandece: si la pequeña o ma que se ac uali-
za es la de a monía, el i mo musical y poé ico, que has a en onces sólo nos ag adaba, cob a
un sen ido nue o y pa ece ilumina aspec os muy di e en es de la p opia ida o del en o no.
La noción habi ual de la a io ambién se al e a: si en endía el i mo sólo como i uosismo
o mal, desde aho a explo a á sis emá icamen e las posibilidades que ab e la o mula.
No e mina con es o el menes e de la in eligencia supe io . Po que no es lo mismo
al iluminación epen ina que la comp ensión sos enida. En el caso de la a monía, po ejem-
plo, la noción que o ece aquel momen o de g acia dis a mucho de la que posee quien haya
hecho de la a monía una no ma de ida, como ambién di ie e el concep o de a monía que un
es udian e aplica a un eje cicio de composición del que maneja un músico en su madu ez: no
es que és e enga más in o mación o sea más hábil, sino que a lo la go de su ap endizaje y de
su ac i idad, él mismo se ha ans o mado al hace suyos los di e sos lenguajes de la a mo-
nía. No es que los maneje con habilidad, sino que con ellos pa e en su in e io la ob a121.
Tal p oceso de madu ación y p o undización es posible g acias a la incensan e e le-
xión de la in eligencia supe io sob e ella misma. La mens uel e sob e sí misma lle ando
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an e sí odas las cosas has a escla ece pa a sí su p opia acción de en ende 122. En al au o-
anspa encia la o mula adquie e una ampli ud y gene alidad que pa ece pode o dena
aspec os muy di e sos de la ida. Ficino habla de una conco dancia con la in eligencia di i-
na: la mens puede llega a e el mundo a a és de la Idea po la que la di inidad lo c eó;
sin llega a al ap o, la conco dancia consis e en que la mens no ac úa al dic ado de lo que le
iene de ue a sino desde su p opia capacidad de es ablece la e dad de las cosas. El se
humano se sabe c eado y ad ie e que no a a ya “con los simulac os de las cosas, sino que
en él mismo pa e las cosas e dade as, pa idas las nu e, y se con ie e así en amilia de
Dios”. Puede en onces deci se que la mens no e la e dad sino que la hace123.
La mens hace jus icia al concep o de somb a. Sus pequeñas o mas, el p oceso de
au o e lexión po el que las amplía y se amplía a sí misma, y la anspa encia en la que is-
lumb a su po encia c eado a, la con ie en en una ins ancia c í ica e iluminado a. Se hace
medida de las cosas po que posee p incipios pa a juzga las y po la misma azón discie ne
las imágenes que o man el spi i us o la an asía. A muchas de és as las acha á de icciones
y al con empla cue pos ad ie e que mien as ella posee las imágenes de las ideas, la na u-
aleza no encie a sino sus somb as, umb ae idea um124.
Es e cuad o gene al de la in eligencia da la medida de la an asía como inci amen-
um men is. Pe o, al cumpli esa unción ¿es la an asía sólo un ins umen o una escale a que,
una ez empleada se abandona? Ficino no pa ece concebi lo así en i ud de un p incipio que
hemos ido descub iendo en cada e apa, el de solida idad y a inidad en e acul ades. Ésa es
la aíz del impulso de la an asía:
“La a inidad del sen ido y la an asía hace que al ope a el sen ido […], la
an asía ambién ac úe. Po simila a inidad, cuando la an asía lle a al ac o
sus especies, la mens ambién saca a la luz las suyas. No se gene an […]
en onces las species de la mens sino que las que es aban op imidas en es e-
checes salen amplias a la luz y lo ecen; las que e an ibias, hie en; las que
lucían po sí mismas aisladas en la cima de la mens, p oyec an su esplendo a
lo lejos y e ulgen en la a io”.125
Queda po e si es a a inidad iene ul e io es consecuencias.
VIII
Es a suma ia p esen ación de la mens y sus capacidades e ue za un elemen o deci-
si o en la on ología de Ficino: la cen alidad del homb e. Al mos a su elación con la
In eligencia y su endencia a la di inidad, lo cons i uye en ins ancia cen al del Uni e so.
Ficino lo ecoge en un bello pá a o en el que no al an e e encias he mé icas:
“És e es el mayo p odigio en la na u aleza. Pues las demás c ia u as po
debajo de Dios son cada una una sola cosa, és a (el alma) es a la ez odas.
Posee en sí imágenes de las cosas di inas, de las que depende, y azones y
modelos ejempla es de las in e io es, que de algún modo ella p oduce. Y
como es cen o de odas las cosas, posee las po encialidades de odas. […]. Y
pues o que es el e dade o ínculo de odas las cosas, mien as se desplaza a
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unas no abandona las o as, sino que se desplaza a cada una y las conse a
siemp e a odas, y así puede con igo llamá sele cen o de la na u aleza,
pun o medio de odas las cosas, ínculo del mundo, os o de odas las cosas,
nudo y cópula del uni e so”.126
Su insis encia en es a cen alidad hace pensa a los comen a is as que Ficino, al edu-
ci a cinco las seis es e as del Se p opues as po Plo ino, busque sob e odo la posición media
del alma humana: Dios y la in eligencia angélica sob e ella, los cue pos y la ma e ia debajo127.
Es a cen alidad del alma hace pensa que el papel de la an asía no es sólo ins u-
men al. Hay un pasaje que pa ece cla o al espec o. T a ando de la gene ación espon ánea,
dice Ficino que el alma del mundo debe con ene ideas na u ales o a iones que p oduzcan
esas especies. A pa i de ahí, dice que hay un a e, el de la na u aleza, que, desde den o y
sin ins umen os, dispone a la ma e ia pa a p oduci cie os e ec os, “concen ando en sí los
impulsos del uni e so”. El a e humano es dis in o, po que el a is a ac úa desde ue a y así,
necesa iamen e, su ob a se á ex e io a la ma e ia e in e io a la de la na u aleza. Pe o hay
al menos una excepción: la mens del geóme a no siemp e se eje ci a azando con la mano
las igu as sob e una supe icie, sino “ o jando desde den o la ma e ia an ás ica”128.
En ese caso la mens abaja desde den o. No abs ae sino modela. Rumia consigo
misma ( olu a e) –es deci , au o- e lexiona– las a iones de las igu as geomé icas y a la
ez, como sin es ue zo añadido, con las imágenes de esas mismas igu as con o ma la an-
asía. La acción de la in eligencia no consis e en sensibiliza la idea, sino en con o ma , con
esas igu as, la an asía y desde ahí el spi i us an ás ico, in eg ando el cue po en el p oce-
so. La an asía con o mada lle a á la o ma geomé ica al medio co po al, en la ex e io -
ización que, como imos, es p opia del a e. Así, la o ma geomé ica o dena á la isión,
da á escalas al en o no, modela á espacios de la ida.
Pa a el Renacimien o, la geome ía e a una ía pa a co egi y mejo a la na u aleza129.
Se ad ie e así el alcance de la p opues a de Ficino: la in eligencia supe io no se ecluye y aísla
en la con emplación; sus ideas pueden hace un mundo a la medida del homb e, al es ilo de las
Ciudades ideales de las Pe spec i as u binesas130. El medio es, como emos, la imaginación.
Hay algo más. El ex o es ablece una suge en e co espondencia en e la mens huma-
na y el alma del mundo, a is a in e io de la na u aleza. Ambas abajan desde den o g acias a
dinamismos que le son p opios y, si la p ime a se ale de sus p opias o mas y de la plas icidad
de la an asía, la segunda cuen a con la plas icidad de la ma e ia, de cuyo ondo saca o engen-
d a o mas y semillas ( a iones na u ales, semina na u alia) de insospechada i ud. De ahí que
la na u aleza siemp e pueda so p ende : es “a i iciosa y henchida de ida” . El pa alelo sugie e
una dimensión cósmica de la in eligencia y an asía humanas sob e el que ol e emos.
La modelación de la an asía po la mens esponde a una elación más solida ia que
je á quica. Ficino la con apone a la que exis e en e los sen idos y el sensus communis, en la
que es e úl imo o dena en exclusi a131. Facilmen e se e la di e encia: el sensus communis ha
de con o ma una imagen supe ando la dispe sión de los sen idos, pe o la in eligencia ha de
con a con la co po alidad y, po an o, con la imagen. Al e u a cie as ideas de Luc ecio132,
dice que la mens, mien as habi a el cue po, ecuen emen e necesi a “algo de algún modo co -
po al, es o es, el simulac o de la an asía”, pa a comp ende lo inco po al133. La imagen de la
an asía p opo ciona, an es de la in elección, una ins igación a “pa i la noción uni e sal” y
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después, una sue e de complemen o: consis e en “una nue a imagen de la an asía”, o mada
po manda o de la mens, “en la que b illa la species de la men e uni e sal, como en una ima-
gen esplandece el modelo”. G acias a es a nue a imagen, mens y an asía se compo an como
dos ojos que es ando en el mismo suje o mi an el mismo obje o aunque cada uno a su mane-
a: mien as que la an asía concibe al obje o en su pa icula idad y ecoge sus dimensiones
singula es, la mens lo piensa desde la uni e salidad y a ella lo ele a.
Ficino no quieb a con es o sus con icciones pla ónicas y añade que la mens no ha
de con a necesa iamen e con la imagen134, sea po que se ocupe en cues iones que es án más
allá del mundo o po que, g acias a su au o e lexión, se ecluye en sí y con especial en usias-
mo se aplica a la species in eligible. Pe o admi e el concu so de ambas acul ades. Incluso
señala que, a eces, la mens pe manece en silencio mien as que la an asía eco e in ensa-
men e el pa icula , como la mano suele ayuda la al a de agudeza del ojo.
La culminación de es a elación la diseña Ficino, un poco a la con a, en la e u a-
ción del a e oísmo. F en e al en endimien o agen e e e no y aislado que ac úa con ne a supe-
io idad y dede ue a sob e cada o mación de la an asía, Ficino p opone una in eligencia que
con i e con la an asía es echamen e en el mismo suje o exis en e humano. Tal in eligencia
ha ido modelando sus species a pa i de las pequeñas o mas que ue on despe ándose es i-
muladas po las ib an es imágenes de la an asía y con esas species ha ido modelando la an-
asía, ans i iéndole sus hallazgos. La an asía con inúa siendo la o a mi ada pe o, a ezada
po es a o mación, p esen a “de epen e nume osísimas imágenes que nunca se hubie an
ecibido po los sen idos o p oducido po su agabundeo (excogi a e a )”; di ide además o
compone las imágenes -no de o ma cap ichosa- y las o ja ( inge e) has a el in ini o135.
Es a o mación, como se cumple en una elación que Ficino llama de pa en esco
(ge mani as) po que hay una inclinación de la mens hacia la an asía en la que aquélla pa e-
ce ene en cuen a la especi icidad de és a, culmina en cie o in e cambio de hábi os en e
ambas acul ades. La in eligencia llega a hace se an ás ica, c eando cla as y b illan es imá-
genes, y la an asía in elec ual, y así ilumina el pa icula con mayo iqueza como conse-
cuencia de su o mación po la mens. Ya no se a a sólo de la coope ación en e dos acul a-
des insc i as en el mismo suje o, sino de la que nace de la misma exis encia o si se p e ie e
de la biog a ía que ha ido anudándola y en iqueciéndola. Vimos an es que el p ocede na u-
alis a de la an asía c eaba hábi o y dejaba sus huellas en el psiquismo y en el cue po; habla-
mos después de una o ien ación i al dis in a, la del in é p e e; ad e imos aho a el unda-
men o de és a úl ima. Ficino ilus a la é il coope ación en e in eligencia y an asía con la
me á o a de las dos es e as angen es con la que A is ó eles explicó la ambigua elación en e
deseo y delibe ación acional136. Una mane a cla a de mos a cómo en un cue po in eligen-
e llegan a se bo osas las on e as en e una an asía que no enuncia a los eque imien os
de los cue pos, y una mens que a a de des ela su sen ido.
La an asía no es pues me o ins umen o. No es un es ímulo episódico. Es és a una
de las aíces de la con ibución del neopla onismo enacen is a a la cul u a de una época que
no podía sa is ace se con un o den de las Ideas ex amundano ni con la ed de los concep-
os de la escuela. La p egun a po el sen ido su gía de las cosas mismas, pa icula es y
pasaje as, y las p egun as exigían se a adas en su con enido, no o malmen e, y pedían
espues as, aun en a i as, no con es aciones esquemá icas. La p opues a de Ficino pone al
pla onismo sob e los pies: la e e encia al mundo de las Ideas se ans ie e, como ideal, a la
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au o e lexión de la mens, y las pequeñas o mas, las o mulae, e sión humana de las Ideas,
poseen el igo de és as y a la ez han de esponde al eque imien o de las cosas. K is elle
dice de ellas que se mue en sin cesa en e la cosa y la Idea137. Su e ilidad consis e en man-
ene abie o el dinamismo au o e lexi o de la mens sin embo a po ello la espina de lo
pa icula . En eso es iba su con ibución a la época. Pe o odo ello es inimaginable sin el
papel de la an asía y de la imagen.
Con as a es a concepción de la in eligencia con la capacidad de de e minación
p opia del concep o de la iloso ía mode na, que lo hace an cla o como excluyen e. Pe o
quizá debamos mos a las pe spec i as conc e as que ab e esa alianza en e mens y an asía.
IX
A lo la go de es as páginas se han sucedido di e sas igu as que Ficino acuña con
alen o poé ico pa a in oduci cues iones ilosó icas: Apeles, P o eo, la somb a, Na ciso o
P ome eo, pocas en elación con las que desa olla el políg a o lo en ino. Es as igu as
sugie en que el in e és cognosci i o de Ficino e a más da que pensa que o ece un sabe ,
señala ías a la e lexión más que p opone concep os acabados. E a el modo de p ocede
de la llamada heologia poe ica que conside aba los ex os de la an igüedad, e elados o no,
como elemen os de una sabidu ía pe dida que exigía una lec u a in e p e a i a138, pe o es o
mismo mues a la impo ancia de un lenguaje que no in en a explica el mundo o copia lo,
sino c ea o o en e a él desde el que comp ende lo139.
El siglo XVI elabo ó cuidadosos ca álogos de la mi ología140. F en e a al e udición,
Ficino p e ie e ae el mi o pa a hace pensa , empleando además el po encial a ec i o del mi o.
A la noción medie al del conocimien o, que aspi aba a g andes cons ucciones
concep uales, Ficino opone una idea de sabe más in e esada en p o oca el pensamien o, a
la que p eocupa menos ija e e encias es ables que p opone imágenes é iles pa a la e le-
xión. Quizá po es o, mien as el sabe medie al je a quizaba y di idía los conocimien os,
los neopla ónicos del siglo XV op an po es ablece núcleos signi ica i os que iluminen los
p oblemas en su complejidad y elacionen conocimien os muy di e sos141.
Todo es o señala la e ilidad de la conexión en e in eligencia y an asía –y a ec-
o–. Se mues a además en el dominio del a e. Quizá sea Miguel Ángel el au o que mejo
asimiló esas posibilidades. Sus ob as no se quedan en elegan es o mas isuales sino que
aspi an a cumpli lo que p esen an, poseen un alo que hoy llama íamos ealiza i o po que
in en aba despe a con ellas el a ec o que desencadena a e icazmen e en el espec ado la ía
imagina i a y men al que p oponía la igu a142.
Pe o no e mina en es a labo de es ímulo el papel de la imaginación en la cul u a
de la época. Más amplio es el que desa olla en i ud de su pa en esco con la in eligencia.
Se ad ie e sob e odo en un enómeno cul u al de g an impo ancia, la magia. Su desa ollo
supe a con c eces el espacio de es e ensayo y sólo puedo da unos pocos elemen os pa a
mos a la in e ención de la imaginación.
Ficino, médico e hijo de médico, epa e una de sus ob as, el Libe de Vi a, en e la
medicina y la magia a la que dedica de modo especial el e ce lib o, De i a coeli us com-
pa anda. El ex o pasa po se un comen a io a un pasaje en el que Plo ino expone cómo
ob ene a o es del alma del cosmos143. Si acep amos que la magia es un sabe que indaga los
ínculos que man ienen unido y é il al uni e so, y a a de inclina los en bene icio de la ida
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humana, digamos que Ficino pone su posibilidad en la cen alidad del Alma del Mundo144.
Un alma es, en e ec o, una ins ancia que se mue e po sí misma y es á además c uzada po
el a ec o. Po eso puede uni dos mundos sepa ados en e sí, el de la P ime a In eligencia, que
eposa en sí mismo y a nada ue a de él iende, y el de los cue pos, que es ine e.
Al sub aya la cen alidad del Alma, Ficino es á op ando po la impo ancia de la
indagación del sen ido de lo pa icula . Pese a su con ianza en las causas inales pa a explica
el mundo, no busca an o las ideas ejempla es cuan o las posibilidades que el Alma encie a
y que pueden o no ealiza se145. Es una apues a –mode ada si se la compa a con las ideas de
Da Vinci– po la na u a a i iciosa, la que puede siemp e so p ende po sus inespe adas o -
maciones. Es a ecundidad ocul a la coloca Ficino en las a iones seminales. Un concep o
es oico que Plo ino había eelabo ado, haciendo de los logoi spe ma ikoi la conexión en e la
Idea y la ma e ia, de modo que con u ie an, al modo de las semillas o el semen, la o ma que
gene a el cue po146. Se ían una sue e de ejempla es enca nados147, cuya e icacia puede
opeza con la esis encia de la ma e ia. En los as os alcanzan g an e iciencia po se en
és os la ma e ia más su il. En el mundo subluna 148 su e ilidad opieza con condiciones ad e -
sas o in e e encias149. Es p eciso examina las pa a e cómo coope an o pod ían coope a al
p oyec o gene al del cosmos150. En cualquie caso, a las a iones seminales se deben las ca ac-
e ís icas p opias de los indi iduos que los di e encian den o de la especie151.
Encon amos en Ficino odas es as no as. G acias a las a iones seminales se hacen los
cue pos, se o alecen si decaen y se es ablecen en su igo , pe o sub aya a la ez lo incie o
de su e icacia, que depende de los iempos opo unos, de la in luencia de los as os y de cie as
cualidades que ma can la a inidad o simpa ía en e los cue pos. El Alma del Mundo p opicia las
ocasiones a o ables y, así, es á llena de seducciones di inas y a ac i os mágicos que ac úan
como cebos o es ímulos y p opician la e icacia de las a iones seminales. Po eso dice que la
na u aleza se asemeja a un mago que, con aquellos a ac i os, asegu a la unidad del odo152.
En es e con ex o esal a la iden idad que a ibuye al mago. Lo hace en un esc i o
en el que de iende su De Vi a de las ese as que había despe ado en algunos cul os lo-
en inos. El mago, dice, es un mundicola, un mundi-cul o que as ea an o las i ualidades
de las a iones seminales, como las opo unidades e in luencias, pa a o o ga les la mayo
e icacia y log a así la mayo e ilidad de la ma e ia153.
Es ácil e la conexión del quehace del mago, el cul i ado del cosmos, y el que-
hace de la an asía o, si se p e ie e, el de la an asía unida a la mens. És a iene dada, en
p ime luga , po la a ención a lo pa icula e indi idual, así lo exigen las nociones mismas
de a io seminalis, el iempo opo uno, o condición de los as os: el mago no aplica ó mu-
las p e ias sino que es á obligado a as ea en a i amen e y a e lexiona sob e esul ados.
Pe o es o no se ía posible si no hubie a un doble supues o sob e el que se apoya su acción:
la simpa ía en e la imagen y la idea y la a inidad en e el spi i us cósmico –que une el cue -
po y el alma del mundo– y el spi i us phan as icus.
En e ec o, en e la imagen y la Idea hay una elación de a inidad análoga a la que hay
en e la mens y la an asía. En al a inidad desempeñan un impo an e papel las que hemos lla-
mado quali a es quasi subs an iales. Reco démoslas: son la igu a, es deci la disposición o de-
nada del cue po, sea po azones geomé icas –como la que se da en las pied as p eciosas–, po
el equilib io gene al del cue po –el que se da en un á bol– o po la anspa encia de la exp e-
sión, al como se ad ie e en un os o; el núme o – elaciones a i mé icas o geomé icas como
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las que pueden da se en los iángulos pla ónicos– y la luz, que se ex iende a su de i ación, el
colo . Si es as quali a es se dan en los cue pos, como en las pied as p eciosas o en el cue po
bello, se supone que sob e ellos ha habido una especial in e ención de la o ma, de la Idea.
Cabe pensa pues que se han o mado po una disposición a o able del Alma del mundo y que
cons i uyen un nexo posible de unión en e la an asía -que las señala y p o oca la idea, o que
las iden i ica g acias a su con o mación po la mens- y el cosmos. La an asía, con su eno me
e sa ilidad po la que puede hace se odas las cosas, apa ece en onces como ins ancia pa ale-
la a las modelaciones que el Alma del Mundo p ac ica en la plas icidad de la ma e ia.
Es a a inidad es decisi a pa a la magia pues si una igu a (en sen ido es ic o) sig-
ni ica una especial in e ención de las ue zas supe io es del cosmos, una imagen pod ía
se un señuelo que a aiga los a o es celes es, dado que las cosas bajas pueden signi ica
las más al as154.
Es e pa alelo se e ue za y amplía con la a inidad en e el spi i us cósmico y el an-
ás ico. Ambas ins ancias, po se in e medias en e cue po y alma, ienen la capacidad de
ans o ma la ma e ia ajena al cue po –el alimen o, pongamos po caso– en la o ma del com-
pues o155; po an o cabe pensa en una elación en e la igu a y el núme o -como exp esión
de la o ma en los cue pos- y el spi i us modelado de esa sín esis. Po ello, el examen de las
igu as es ela es pueden suge i momen os p opicios –como los que busca el ag icul o pa a la
siemb a– y las igu as de cie os cue pos, na u ales o a i iciales, p o oca la sin onía a o a-
ble. En ambos casos es decisi o el a ec o: la sin onía en e ambos spi i us debe pensa se como
la que c ean la música y el can o: en ella no pesa an o la des eza del músico cuan o el “a ec-
o de su imaginación”156 que es quien conmue e el spi i us de los que escuchan.
La condición del spi i us de o mado de los cue pos se elaciona es echamen e
con su capacidad pa a empe a y mode a : el spi i us humano la cumple a a és del equi-
lib io de humo es, el cósmico la posee como consecuencia del mismo equilib io del uni e -
so157. Sabemos que el a ac i o del cue po bello sob e el spi i us humano se elaciona con
que aquél en su a monía e leja y anuncia el spi i us cósmico.
Es as obse aciones son signi ica i as pe o más impo an e que ellas es la misma
iden idad del mago que, como mundicul o , se empeña en as ea el sen ido de las imáge-
nes cósmicas, ha de hace lo a a és de su in eligencia, an asía y sensibilidad emocional,
pa a cons ui un mundo humano que es más pa alelo que éplica del na u al. Po eso, más
que a iga p esun as imágenes del uni e so –como el eloj-calenda io uni e sal– debe o de-
na sus an asías, a ec os y acciones de acue do al equilib io del cosmos158, y man ene una
exquisi a sensibilidad hacia las ci as del uni e so. La mejo imagen- alismán es la que
a o ece ambas anspa encias:
“La igu a de un espejo, lisa, cónca a, b illan e, conco dan e con el cielo,
po su misma con igu ación ecibe del cielo an g an don que acumula en sí
de modo concen ado los ayos de Febo y quema á de epen e cada cue po, el
más sólido de odos que es é colocado en e al cen o de la igu a”.159
X
La imaginación, como la concibe Ficino, sugie e un sabe a la ez abie o y audaz.
Hoy sabemos sob adamen e cuán o a án de pode puede anida en un enunciado
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sólidamen e abado desde el pun o de is a lógico, y cuán as ele ancias pueden se igno-
adas po un enunciado e i icado con igo . Po eso, un sabe que man enga explíci o su
ínculo con la an asía es i ualmen e c í ico: puede hace conscien e el ol ido de las con-
diciones en las que a i mamos y el hechizo en el que incu imos cuando, ol idando que la
palab a es humana, la sac alizamos con la necesidad lógica. La an asía hace oí la oz de
lo pa icula que la abs acción des e ó de su suelo y nos de uel e el sen ido de nues a con-
ingencia. Ése es el bene icio de una imaginación compañe a y no si ien a de la Razón.
La an asía, además, explici a la impo ancia del cue po y de las p ác icas po las
que llegamos a hace alguna a i mación. En es e sen ido nos impulsa a un conocimien o que
lejos de conside a al obje o como ad e sa io, se sabe unido a él po una a inidad co pó ea.
Es ahí, en esa elación p econscien e con los demás cue pos, y no en la au o eclusión en la
conciencia del suje o mode no donde se mani ies a lo que Me leau-Pon y llama la dimensión
e ical del Se . Sin ene es o en cuen a se á casi imposible en ende con cie a p o undidad
qué es eso que llamamos “cul u a”, cuya di e sidad esul a hoy an desconce an e.
La noción de la an asía como inci amen um men is lle a, po úl imo, a alo a de
modo di e en e la impo ancia de la imagen a ís ica, isual o poé ica. Aquí se mues a la
audacia de la noción de an asía en Ficino. Una audacia que no es ajena al a e y a la poé i-
ca de la época y que con el manie ismo se deg ada has a con e i se en co ección o mal:
una dis ancia que se ad ie e compa ando la ob a de Man egna con la de Vasa i160. Tal osa-
día iene dada po una ó mula de la época: cons ui una nue a mens, p oyec o que en ilo-
so ía se ad ie e aún en Gio dano B uno. En é minos más sencillos, podemos desc ibi la
como el a án de cons ui un uni e so eó ico y sen imen al que pudie a dialoga con la in e-
ligibilidad del cosmos o, de mane a aún más sencilla, con la p e ensión de un mundo huma-
no que acogie a odas las cosas y que, como a e humano, se con apusie a al a e de Dios
mani es ado en la unidad y a iedad del cosmos161. En es a p opues a, la igu a, poé ica o
isual, e a sob e odo un hi o, una e e encia pa a la habi ación humana. El mago e a mun-
dicul o : el é mino la ino, mundicola, ecoge ese elemen o de edi icación p esen e en el
pensamien o y el a e enacen is as. Quizá u ie a in e és con empla los esc i os, edi icios,
pin u as y escul u as de la epoca, más que como ob as maes as –que sin duda lo son–, como
es os o uinas de aquel g an p oyec o. Ap ende íamos mucho más de ellas.
NOTAS 1. Il P íncipe, cap. 25, en MACHIAVEL, Le P ince e les p emie s éc i s poli iques, edición bilingüe an-
cés/i aliano, Ga nie , Pa ís, 1987, pp. 431-432 ss.
2. A. POLIZIANO, “Gios a di Giuliano de’ Medici” en Es ancias, O eo y o os esc i os, ed. bilingüe a
ca go de F. Fe nández Mu ga, Cá ed a, Mad id, 1984.
3. Pa ece aquí decisi a la igu a de Joaquin Desp ez: e D. J. GROUT y C.V. PALISCA, His o ia de la
música occiden al, ad. L. Mamés, e . po B. Ga cía Mo ales, Alianza, Mad id, 2001, omo I, pp. 236 ss y G.
REESE, La música en el Renacimien o, ad. J. M. Ma ín T iana, Alianza, Mad id, 1995, omo I, pp. 281-316.
4. Enneas Sil io Piccolomini compa a en sus ca as la ob a de Gio o a la de Pe a ca: ci ado po A.
CHASTEL, A e y Humanismo en Flo encia en la época de Lo enzo el Magní ico, ad. L. López Jiénes y L. E. López
Es e e, Cá ed a, Mad id, 1991, p. 111.
5. Pano sky señala que la escolás ica había sepa ado en e sí dominios del sabe que el Renacimien o
debió euni pa a esol e cie os p oblemas que se le plan eaban. E. PANOFSKY,Renacimien o y enacimien os en el
a e occiden al, ad. M. L. Balsei o, Alianza, Mad id, 1997, pp. 262 ss.
6. S. B. NULAND, Leona do da Vinci, ad. I. Núñez, Mondado i, Ba celona, 2002, pp. 150 ss. Más en gene-
al, E. GARIN, Scienza e i a ci ile nel Renascimen o i aliano, La e za, Ba i, 1980, 97 s. Sob e la idea de p oyec o e
Cuade nos sob e Vico 17-18 (2004-2005) 407
El po encial libe ado de la imagen
cs maque a 17-18unica OK 16/12/05 09:59 Página 407