HISTORIA POLÍTICA Y PARLAMENTARIA
DE
(DESDE LOS TIEMPOS PRIMITIVOS HASTA NUESTROS DIAS)
ESCRITA Y DEDICADA
A S.
LA IIE1NA BONA ISABEL
POR
D. JUAN RICO Y AMAT,
Ahogado de los Tribunales del Reino, Secretario honorario
de 5. AL, Comendador
de la Real Orden Americana de kaki la Católica é individuo de varias
Corporaciones científicas
y
literarias,
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TOMO
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Petabrib.
IMPRENTA
DE
LAS ESCUELAS PIAS.
1861
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CAPITULO XL
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•
Calda de Mendizabal
SUMARIO.
Fatigas é inconvenientes en la redaccion de esta obra. — Discurso de la coro-
na en las Córtes de 1836. — Nuevas promesas y contradicciones. — Mendi-
zabal no era un hombre de Estado. —Opuestos proyectos de contestacion en
ambos Estamentos. — Oposicion de Isturiz al ministerio. —Hácenia tambien
los principales exaltados. — Heterogeneidad de aquellos ataques.—Pídese por
todos la intervencion. —Duelo entre Mendizabal ó Isturiz. Cómico llanto
del primero. —Vigorosa oposicion de los próceres. — Caballero , jefe de los
exaltados. — Código
isabelino. --
Trascendental peticion de la cámara alta.—
Otras peticiones importantes de los procuradores.— Mezquina venlranza con-
tra los próceres.—Preséntase otra vez el anterior provecto de ley electoral .—
Acusaciones contra el general Córdova. — Pacto secreto entre Mendizabal
los descontentos.— Energía de la reina gobernadora. —Presenta su re,nune--
cia el ministerio. — Juicio crítico de Mendizabal.
Sucédenos al dar comienzo á la tercera y (Mima parte de esta
obra , empresa con mas perseverancia que talento acometida , lo
que al fervoroso peregrino que, al llegar sediento y ensangrentado
á la mitad de una escarpada sierra, ni encuentra un arroyo donde
apagar su sed, ni un árbol á cuya sombra reponerse de tanta fati-
ga; antes por el contrario , descubren sus ojoS nuevas escabrosi-
dades y precipicios , y presiente su alma mayores trabajos y pade-
cimientos hasta tocar la anhelada cumbre donde se divisa el
santuario , término y objeto de su peregrinacion.
Al llegar hoy nosotros á este punto de la HisTouR
POLÍTICA Y
PARLAMENTARIA DE ESPAÑA
por entre un enmarañado laberinto de
CAPITULO XL.
errores y miserias , de crímenes y desgracias , de "locuras y de es-
cánmos , cuyo recuerdo ha ensangrentltdo Cambien nuestro cora-
zon y fatigado nuestro espíritu , ni encontramos como el peregrino
z'
,n la escarpada sierra de la política española un arroyo que apa-
gue nuestra sed de justicia , de tolerancia y buen gobierno, ni un
árbol que
nos
preste su bienhechora sombra para restaurar las
fuerzas perdidas en los combates que hasta aqui hemos sostenido
con el despotismo de los reyes y la anarquía de los pueblos , con
la demencia de nuestros partidos políticos y la ambicion de los
partidarios.
Mas de una vez al tender su vuelo la imaginacion poi' el ne-
buloso horizonte de nuestra historia contemporánea , y al ver em-
papadas algunas de sus páginas en la sangre y las lágrimas de
los españoles , manchadas otras con nuevos delitos y desaciertos,
ennegrecidas las mas por la hidrópica ambicion de los parti-
dos, los delirios de las turbas y la ineptitud ó debilidad de los mo-
narcas , sin descubrir entre sus sofismas político-sociales un sis-
tema de salvacion general , ni entre sus personajes un verdadero
hombre de Estado , ni entre sus épocas el período de un dia de
tranquilidad y bienandanza ; mas de una vez , repetimos , hemos
tenido el intento de romper la pluma y condenar al olvido las pá-
ginas anteriores, con tanto desaliño como buena fe redactadas.
Empero , nuestro carácter perseverante y decidido, y mas que
todo , el deseo de hacer un bien á nuestra patria . presentando á los
ojos de las generaciones futuras el lúgubre cuadro de nuestras
contiendas políticas para su enseñanza y escarmiento , motivos han
sido y muy poderosos para alentarnos en nuestra empresa y darle
pronto remate, por la idea de la pública benevolencia sostenidos,
y de nuestra noble
intencion
y verdadero patriotismo aconsejados.
No se nos oculta lo difícil y peligroso que es el escribir en esta
tercera parte de sucesos que todos recuerdan, y de personas que
aun viven y figuran; bien sabemos que el egoismo y la vanidad de
los partidos políticos se sublevarán contra nosotros al descorrer
el velo que cubre sus errores y desaciertos , la inutilidad ó mala
aplicacion de sus principios y la ambicion é incapacidad de sus
jefes,
CAllín DE MENDIZABAL.
Tampoco ignorarnos que, al referir ciertos acontecimientos
que todos hemos presenciado y pocos comprendido, escitaremos,
al desentrañar su origen y sus consecuencias, la bilis de esos polí-
ticos especuladores que comercian con la justicia y la verdad , y
que, en el aran de sojuzgarlo todo á sus miras é intereses , quie-
ren poner una mordaza á la lengua que no los adule y pesadas es-
posas á la mano que no los inciense. Políticos que , medrando con
lo presente , cortan las alas al tiempo para que no penetre en el
porvenir , y esclavizan la historia para que no revele lo pasado.
Ante la pasion y la injusticia de los partidos , cuya historia
vamos relatando ; ante el fanatismo de que se rodean cíe; t'as insti-
tuciones ; ante la vidriosa vanidad de los prohombres de la políti-
ca ; ante el respetado misterio de algunos sucesos ; ante lo absur-
do de algunos elogiados sistemas ; ante la seduccion de algunas
deslumbradoras utopias ; ante el exclusivismo del mundo antiguo
y
la intolerancia del mundo moderno, están
n
uestra severa impar-
cialidad y buena f , las enseñanzas del tiempo y los escarmientos
de la humanidad.
Como hasta aquí , no dejaremos de proclamar la verdad histó-
rica por consideraciones á nada ni á nadie , fortalecidos por la in-
tencion laudable que á nuestra pluma guía de ilustrar lo presente
y preparar lo venidero para evitar males pasados; comentaremos
con la frialdad de historiadores los sucesos que refiramos, y emi-
tiremos nuestras opiniones francas y terminantes. fundadas en la
esperiencia, por el buen sentido sugeridas.
Espuestas por via de exordio las anteriores consideraciones,
que hemos creido indispensables y convenientes para el buen jui-
cio y recta interpretacion de esta tercera parte, anudaremos el
interrumpido hilo de nuestra histm ia, á cuya segunda jornada di.
caos fin con la apertura de las nuevas Córtes en 1836.
El discurso de la corona fué , como siempre, el pretesto para
que la oposicion se organizase y diese á conocer. Sus debates pre-
sentaron la oeasion que se buseala de hacer la guerra á Mendiza-
bal y mostrar la inteneion tomada ya por sus nuevos enemigos de
derribarle del poder.
Era el documento leido por la reina gobernadora una pobre
8
CAPÍTULO XL,
parodia del de la anterior legislatura , mal escrito y peor pensado.
Hipocresía y desfachatez se necesitaba por parle del gobierno
para asegurar lo contrario de lo que vejan todos respecto al esta-
do de árdea y prosperidad en que su pifia se hallaba el reino , y
para prometer de nuevo bieners
y
Inf
l
joras que no se hablan rea-
lizado desde el programa anterior. &ciase, y así lo aguardaban
los pocos crédulos que aun tenias á Mendizabal por un oráculo.
que en el regio discurso se barian deciaraciwies mas esplicitas
sobre su famoso secreto , anunciando los buenos efectos produci-
dos en cl curso de la guerra por el voto
de confianza,
y dando ga-
rantías para el porvenir, ya que
no
hubiese disculpas de lo pa-
sado.
Frustradas quedaron todas las esperanzas, burlados todos los
deseos. Ofrecióse -tí
p
icamente por el gobierno presentar á la de-
liberacion de las Córtes otra
ley
electoral y las negociaciones con
las antiguas colonias de América. lígasenos de buena fe si un
ministerio que á fuerza de amaños y violencias reunía un Esta-
mento enteramente suyo, de color wiarcadamente revolucionario,
puesto que figuraban en él los corifeos y directores de la insur-
reccion de agosto, y como símbolo del triunfo de los revoltosos,
el teniente Cardero. el héroe de la
casa de Correos,
era digno de
ocupar su puesto , dando un programa tan mezquino de gobierno
en unas circunstancias en que no lo 'labia, y al abrir unas Córtes
marcadamente reformadoras , que venian con la idea de inaugu-
rar una nueva época de sistema representativo.
Si Mendizabal hubiese sido un gran político , como al princi-
pio creyeron muchos, un hombre de Estado como sus parciales
proclamaban , aquella era la ocasiori de manifestarlo.
-
Ministro de
órden y organizador, su programa debla ser un vasto sistema de
gobierno que cortase de raiz la anarquía que alteraba la pu de la
nacion , que ofreciese medios seguros é instantáneos para termi-
nar la guerra , y que trazase trascendentales mejoras en el órden
administrativo y económico , lásadas en la sensatez en los ade-
lantos de la ciencia y en el in eres de todos.
Por el contrario , ministro y director de la revolucion , el dis-
curso de la corona debia encerrar á anunciar las principales rP-
CAIDA DE 11END1ZABAL.
9
formas que en política y en administracion reclamaban los mas
radicales, indicando que los esfuerzos de las nuevas Córtes debe-
rian tener por norte el preparar la revisiGn del Estatuto , hacien-
do columbrar que tras él apareceria la Coristitucion del
r
año 12
ú otro código mas democrático que el actual.
Esto hace en ocasiones como aquella un político de alguna ta-
lla , un gobernante no vulgar. O matar la revolucion por medio
ó dirigirla por el camino de
de oportunas y justas concesiones,
atrevidas reformas sin desmanes y sin violencias. Mendizabal con
su programa de 22 de marzo abandonó el timon de la política al
furioso huracan de las revueltas , y lanzó la nave del Estado entre
• el sangriento oleaje de los partidos.
El discurso regio, pálido en la forma, falaz en el fondo , ocul-
tando el mal sin asegurar el bien, hizo muy real efecto en lo ge-
neral del pais, en unos por lo que decía , y por lo que callaba
en otros: en todos loor su vaguedad, por su trivialidad, por la
audacia y el empirismo que en sus confeccionadores revelaba.
Elogios al ejército y á la guardia nacional, á quien se presen-
taba como garantía de tranquilidad, cuando en aquel mismo mo-
mento tornaba una parte muy directa en las asonadas de Zaragoza;
muestras de gratitud á las potencias aliadas, cuando mas nos es-.
catimaban sus auxilios; alabanzas á los aynntamientos y diputa-
ciones provinciales , cuando estaban ejerciendo la mas odiosa dic-
tadura á pretesto de las represalias; nuevas promesas de caminos
y canales , cuando se hallaba en el mas completo olvido el pro-
yecto de invertir en su construccion los bienes de propios, anun-
ciado por el gobierno al subir al poder. A eso solo se reducía el
nuevo programa de Mendizabal, dando con él una nueva prueba
de su medianía y falta de dotes para desempeñar con gloria Pro-
pia y provecho del pais el puesto que ocupaba.
Los decretos que lanzaron de sus casas á los religiosos y con
fiscaron sus bienes en utilidad de los bolsistas, sin ninguna para
la nacion. presentáronse en el discurso «como el complemento de
promesas acogidas del público con entusiasmo.» Con igual des-
enfado se aseguraba en él « no haberse exigido sacrificios al pais
ni impuéstole gravámenes, y haberse conservado la tranquil:dad
1
0
CAPÍTULO XL.
en todas partes , escepto algunos
ligeros
disturbios tan pronto apa-
gados como encendidos.»
En las páginas anteriores, al hacernos cargo del estado de
España en el interregno parlamentario en que Mendizabal usó
ampliamente de la dictadura , queda probada la falsedad de sus
asertos y en relieve la hipocresía y atrevimiento que en el dis-
curso resalLban.
Los proyectos de contestacion diferian como era regular , en
ambos Estamentos , dominando en el de procuradores una in-
mensa mayoría ministerial , eco del partido exagerado , y dando
el tono á la marcha de los próceres los hombres del moderantis-
mo , cu
y
a voluntad no habla podido doblegar Mendizabal con'
amenazas y halagos, y que al abrirse las nuevas Córtes parcelan
decididos á batallar con el gobierno hasta obligarle á caer ó á ca-
minar por la senda del órden y la inoderacion.
Componiase la comision que redactó el dietárnen en el Esta-
mento popular de los principales y mas poderosos amigos del go-
bierno , á cuya cabeza estaba Argüelles; formaban la de la cá-
mara alta hombres de ideas conservadoras, como Garelly , García
Herreros , arzobispo de Valencia, duques de Gor, de Osuna y de
Puñonrostro.
Fácil era prever el tono en que ambos proyectos hablan de
redactarse. F
i
lié el de los procuradores servilmente mi
►
sterial,
suave en demasía para los promovedores de los desórdenes pasa-
dos. Resaltaban en el de los próceres una digna y noble adliesion
al gobierno , siempre que este no se separase de la ley
y
del trono,
y una justa indignacion por la impunidad con que era tratada la
anarquía.
Simpatizando los primeros en su proyecto de mensaje con la
idea de
Córtes constituyentes,
se hablaba ea
,
él de derechos políti-
cos, de
acta
constitucional y
de revision de nuestras instituciones •
políticas. De este modo se pretendia calmar la impaciencia de los
revolucionarios , haciéndoles abrigar esperanzas de reformas po-
líticas , que diesen por resultado
el
hundimiento del
Estatuto
y
la
resurreccion del código de Cádiz.
Pensando mas bien en sus filosóficos sistemas de emancipa-
CAIDA DE MENDIZABAL.
11
cion universal que en la integridad de nuestro territorio, los au-
tores del mensaje no tardaron en ofrecer la autorizacion del Es-
tamento para la desmembracion de las antiguas colonias españolas.
Adulaban, finalmente , t Mendizabal por sus tan cacareadas como
efímeras mejoras, y le daban una solemne y amplia aprobacion
del uso que habla hecho hasta entonces del
voto de confianza.
Pero
lo que mas disgustaba de aquel mensaje era la lenidad con que
se juzgaba á la anarquía , atenuando los crímenes que por todas
partes á su sombra se cometieran , y mirándose como consecuen-
cia de tiempos turbulentos la dificultad de que cada uno se con-
tuviese en el círculo de la legalidad. Vergonzosa manifestacion
que proclamaban la debilidad de un gobierno y la ceguedad ó la
mala intencion de un partido.
Ancho
y
glorioso campo se abría á la nueva oposicion para
presentar en todo su repugnante desórden la infecunda adminis-
tracion de Mendizabal , y las tendencias desorganizadoras del par-
tido dominante. Pero , en vez de escuchar la voz del interes
comun y de escudarse en aspiraciones de noble patriotismo, dióse
desahogo á resentimientos personales, y solo trataron los oposi-
cionistas de satisfacer su vanidad ó su ambicion.
Nadie como Isturiz , autorizado jefe de la minoría , tenia mas
medios para descubrir toda la profundidad del abismo, abierto
por una administracion, tan incapaz como presumida; nadie co-
III9 el amigo íntimo hasta entonces y director ó consejero de
Mendizabal, poseía mas datos para probar cuanto de empirismo y
de ffirsa encerrraban las promesas de aquel ministro. Apegado
aun á los intereses y d6ctrinas de los exaltados, no estuvo
Isturiz,
al inaugurar los ataques de la oposicion que capitaneaba , todo lo
resuelto, explícito y contundente que convenía. Dando los descar-
gos que se le pedian por no haber admitido el ministerio de Es-
t
ado con que repetidamente se le brindara , señaló entre otros
motivos el temor de cargar con la responsabilidad del voto de
confianza , á que declaró haberse opuesto desde el principio; in-
dicó que los medios empleados por Mendizabal en los paises es-
tranjeros para proporcionar fondos ,
estaban en contradiccion con
las promesas hechas
para
obtener aquel voto;
puesto que, en uso de
12
CAPÍTULO %I,.
,
se consuriaran operaciones mas ruinosas que los empréditos
que se habia prometido) no levantar ; arladió que en lo interior se
habian barrido los
depósitos
y vendado las campanas , colgadas
aun de las torres de los conventos; censuró los decretos cspedidos
para favorecer el agiotaje de la Bolsa , y que , sin favorecerlo en
efecto , comprometieron otros muchos y mas respetables intereses;
se quejó de la falta de fuerza y de justicia , que impedia constan-
temente al gobierno la represion eficaz (le los desórdenes que afli-
gian al pais ; denunció á la animadversion pública la horrible re-
presalia hecha con la madre de Cabrera : « cuya sangre agrupada,
dijo, caerá 1eta á gota sobre la cabeza de los ministros; » y , por
último , anunció la duda de que esluviesen satisfechas las necesi-
dades del ejercito.
Estas acusaciones, justas y mot:vadas, no hicieron !ocio el
efecto que era (le esperar, por la vaguedad y timidez Con que se
hacian : siendo pai'a muchos mas bien que aspiraciones de un
cambio
de
gaierno en sentido moderada , el cicsi criado grito
de
tina venganza personal. Isturiz estaba enterado del modo ilegal
con que se 'abian negociado en Londres valores espanoles , por
qué suma , con qué perjuicios y con cuánta mengua. Sabia io inú-
til (pie por entonces era la enajenacion de las fincas eclesiásticas,
el punible desorden con que principiaba á efectuarse, los gravá-
menes que pesaban sobre los pueblos con el ramo de suministros,
el abandono de las rentas públicas , lo oneroso é inmoral de las
operaciones de Bolsa , y sin embargo , por generosidad , por deli-
cadeza ó por miedo no se atrevió á desgarrar el velo tras el que se
ocultaban la bancarrota , la anarquía administrativa y el desórden
político, que halan de abortar mas pronto de lo que
se
tercia al
monstruo de la revolucion.
Siguieron á su antiguo presidente en la patriótica tarea de
combatir al ministerio, los impetuosos oradores Lopez , (iali;410,
Las Navas y otros ; pero ambicionando el primero mas popolari-
dad anatematizaba al gobierno por lo poco que había andado en
la carrera revolucionaria , acusándole de tolerante col) los parti-
dos caidos ; fluctuando aun
el
segundo entre antiguas reminiscen-
cias tribunicias y sus sentimientos de órden , atacaba mas diplo-
CA1DA DE MENDIZABAL.
13
máticamente á Mendizabal, contrastando lo duro de los cargos
con lo afectuoso de su lenguaje , y arrastrado el último de su
manía de exigir al poder escentricidades y extravagantes conce-
siones , hacia ridícula su oposicion é inmotivados los cargos que
formulaba.
Foco costó á Mendizabal y á sus defensores desvanecer la tor-
menta que se alzaba desde los bancos de la izquierda ; tormenta
de verano , próxima á disiparse, al mas leve viento del poder, si
la electricidad que el choque de las fracciones arrancaba al trono,
no la enfurecia y hacia estallar como sucedió despues.
En ningun Congreso se ha visto nunca una oposicion mas
heterogénea, mas anómala, mas desacertada que la que combatia
á Mendizabal en 1836. Sin un plan de gobierno que oponer al que
se combatia ; sin un principio político claro y determinado que
uniese á sus individuos ; sin una bandera que los guiase ; sin un
jefe que á todos dirigiese, la minoría de las nuevas Córtes no po-
dia adelantar un paso ; no podio conseguir un triunfó.
Corno no era aquella oposicion eco de unas mismas ideas, sino
conjunto informe de aspiraciones é intereses personales , á veces
encontrados , eran sus ataques desordenados y opuestos. Si Isturiz
pedia se castigas; á los revoltosos , Lopez reclamaba mas franqui-
cias para el pueblo ; si Callarlo pedia fortaleza en el gobierno,
armonía en los poderes
\
públicos , el conde de Las Navas exigía
Córtes Constituyentes que reformasen el
Estatuto
en sentido de-
mocrático.
Todo era confdsion en las ideas de la minoría , contradiccion
en los principios que proclamaba , desórden en los medios de que
para el ataque se valla. De aquí resultó el completo triunfo del
gobierno. El proyecto de la coinision fué votado en su totalidad
por todos los procuradores , inclusos los oposicionistas. Igual re-
sultado (lió la votacion por artículos , donde tambien triunfó el
ministerio por considerable mayoría.
Solo sufrió aquel un desaire de la opinion pública v aun de
muchos de sus amigos que, al ocuparse de los auxilios que pro-
porcionaban las potencias amigas , se declararon abiertamente por
una franca y decidida intervencion , echando por tierra la jactan-
CAPÍTULO
XL.
ciosa vanidad de Mendizabal , que ofrecia terminar la guerra sin
estraños recursos , y el torpe sistema de los exaltados de ponerle
fin , otorgando derechos políticos.
Las patrióticas y humanitarias esclamaciones de los procurado-
res , pidiendo la intervencion estranjera , los aplausos con que las
galerías acogieron la franca manifestacion de Barrio Ayusso que
decia :—«Pues estamos á pique de sumergirnos , yo recibiria so-
corres , no digo de Francia nuestra aliada , sino de los beduinos,
de los corsarios y hasta del diablo mismo, » probaban la insuti-
ciencia de los recursos propios y la preponderancia de las fac-
ciones.
Este clamor unánime de la opinion pública , que los exaltados
no podían ahogar con promesas de mas libertad y nuevos dere-
chos ; esas exigencias terminantes de procuradores tan revolucio-
narios como Burriel que llamaba
héroe al autor de la muerte de la
madre de Cabrera,
venían á justificar la prevision de Martinez de
la Rosa, de Toreno y de Córdova , quienes presentaron la inter-
vencion como único medio de acabar la guerra, y que fué la causa
principal de la sublevacion de las provincias y de la cuida de los
ministros moderados.
Ellas dan fuerza tambien á las consideraciones que espusimos
en la segunda parte de esta historia al ocuparnos (le la entrada de
los franceses en 1823, probando la necesidad y utilidad de las in-
tervenciones estranjeras, cuando los partidos políticos se comba-
ten
cori
las armas en la mano , erigiendo en sistema la fuerza , la
anarquía y la desolacion de su propio pais.
Trágicas y patéticas escenas originaron aquellos debates. De
sus resultas Mendizabal é Isturiz llevaron sus resentimientos al
terreno de las armas, y defendieron su honra como caballeros. En
la mañana del 15, acompañado el primero del general Scoane y
del conde de las Navas el segundo , salieron á la ermita de San
Isidro, y cruzando dos tiros sin sensibles consecuencias. pusieron
fin á sus apasionados y personales debates sobre el discurso de la
corona. Este hecho indica por si la irritabilidad en que se halla-
ban los partidos , las exigencias de aquella política, que ponla las
pistolas de duelo en manos de los gobernantes.
1
CAIDA DE
mENDizABAL.
15
De un género mas cómico fué lo ocurrido en aquellos
dias
en
presencia del estamento. Aficionado algun tanto Mendizabal á las
escenas dramáticas, á las lágrimas y á los sollozos, se afectó de
manera al enumerar sus sacrificios, tan malamente pagados por la
oposicion , que mas de una vez se nublaron sus ojos con el
llanto.
Y no lloraba solo de sentimiento el afligido y sensible minis-
tro : lloraba Cambien de placer, lloraba de gratitud. Habla oído
decir á D. Agustin Argiielles que su corazon era suyo (de Mendi-
Alial), y bastándole esto para conmoverse , esclamaba :
« ¡Su señoría recompensó- ayer todos mis servicios políticos,
»todos, porque dijo que su corazon era mio!...
»Cuando un patriarca de la libertad, cuando un hombre tan
»independiente que ha atacado, como acaba de decir, á sus ma-
yores amigos, sentados en este sitio, ha dicho que su corazon
»era
mio...
¡Quisiera haberme muerto de placer y de gratitud
»cuando lo leí esta mañana!»
Y al llegar aquí, el ministro se llevaba el pañuelo á los ojos,
y hacia una larga pausa porque no podia continuar.
Estas escenas sentimentales tenian el inconveniente de que
presentándose á
los ojos
de muchos como farsas dispuestas de
antemano, escitaban risas sarcásticas y burlas de mal género, se-
mejantes á las que hacia por aquellos dias de los ministros y de
sus sostenedores un periódico satírico, lleno de gracia y oportu-
nidad, que con el título de
El Jorobado
se publicaba en Madrid.
Por su parte los próceres, mas compactos y resueltos en la
oposicion á Mendizahal , aprovecharon los debates sobre la con-
testacion al discurso de la corona para combatir al gobierno en el
terreno de las ideas moderadas con hechos innegables
é
indes-
tructibles razones. Los oradores que usaron de la palabra en pro
y en contra del proyecto, con alguna que otra escepcion , solo se
propusieron dirigir cargos
fundados contra la perniciosa marcha
del gobierno.
En aquellos
discursos , mas razonados que brillantes , se exi-
gia la responsabilidad á los ministros por la continuacion de los
disturbios de
las provincias y la impunidad con que se les forren
6
CAPÍTULO
ULO XL.
taba ; se les acusaba de pi eeipitacion cuando menos en la supre-
sion de los institutos religiosos ; se les reclamaba la presenlacion
de los presupuestos , con arreglo al tenor explícito de la ley fun-
damental; se les pedía una ley de imprenta represiva para evitar
los inconvenientes de una censura parcial del gobierno que per-
mitia la circulacion de doctrinas desorganizadoras ; se les deman-
daba el cumplimiento de sus ofertas sobre la terminacion de la
guerra civil y el de las atenciones del Estado sin nuevos emprés-
titos y contribuciones. Se exigia, en fin, de los encargados del
poder gobierno, órden y paz de que earecia la nacion y que con
tanto afan deseaba.
La derrota del gobierno fué completa. Et Estamento de los
próceres aprobó por una mayoría notable el proyecto de contes-
tacion, hostil á Mendizahal, sin que le hiciesen vacilar en su noble
resolucion las diatribas y amenazas de los periódicos exaltados.
El
Eco del Coniercio ,
órgano del partido revolucionario é ins-
pirado por su director Caballero, como para vengar al ministerio
del desaire del Estamento aristocrático, le llamaba
cuerpo exótico
en nuestras instituciones.
Era Caballero por aquel tiempo jefe ostensible de la bulliciosa
mayoría de las nuevas Córtes, si no como orador, corno hombre
de accion y de proyectos reformistas ; solian reunirse en su casa
sobre sesenta procuradores, los mas inquietos y avanzados en po-
lítica , que trabajaban de acuerdo y desesperadamente por crear
conflictos en las Córtes y fuera de ellas , principalmente para re-
sucitar la Constitucion del año 12 é imponer á la corona y al
pais el
Código isabelino,
redactado por Caballero en sentido tan
democrático ó mas todavía que el célebre de Cáriiz.
Una de las principales rerormas de la preparada Constitucion
era la abolicion de la alta Cámara, rémora siempre cuan Jo no es-
torbo para los revolucionarios. Las amenazns de muerte política
con que
El Eco del ComerciQ
trataba de intimidar á los próceres,
alentábanles por el contrario erg su resuella opusicion.
No satisfechos de la justa cuanto amarga censura de la admi-
nistracion de Mendizabai , consignada en su reciente mensaje,
presentaron, discutieron y aprobaron en seguida una peticion que
CAIDÁ
MENDIZA2AL.
17
debia elevarse al trono en solicitud de que se suspendiese la eje-
cucion de los decretos de 19 de febrero y 1.° de marzo , sobre
enajenacion de bienes nacionales , sial perjuicio de respetar los
efectos producidos por estas disposiciones hasta el dia de la fecha
de la pcticion.
Era este un ataque mortal al ministerio. La enajenacion de las
fincas de los frailes era la única tabla de salvacion de la bancar-
rota que amenazaba, y la conquista de mas precio y mas significa-
tiva para el partido reformador. Condenar é inutilizar aquellos
decretos, era condenar en masa todos los proyectos de Mendiza-
bal ; era poner un dique á la revolucion. Así lo comprendió
aquel, y esforzóse en parar el golpe augurando graves males
para el crédito y para el honor nacional , si se aprobaba la pe--
ticion , cuya discusion se juzgaba por él como peligrosa para las
instituciones.
En siete meses de continuos desengaños habian conocido
ya
los próceres hasta los mas confiados el charlatanismo del presun-
tuoso ministro de Hacienda , y no prestaron oidos á tan abultados
temores. La peticion
fué
aprobada por gran mayoría, y completa-
mente derrotado en aquella votacion el ministerio.
El interesado ministerialismo del otro Estamento no impidió
la presentacion de tres peticiones que, si en realidad no encer-
raban un pensamiento de oposicion , revelaban sí un arranque de
independencia parlamentaria que no gustaba á los ministros.
So-
licitábase por la primera que estos sometiesen desde luego á la
revision del Estamento
los
presupuestos aprobados en 1835, y á
la posible breva:dad la cuenta de gastos hasta fin del mismo año
y los presupuestos c!e 1837.
Esta exigencia de las Córtes no agradó
á
Mendizabal porque
su resultado seria que el pais se enterase con toda claridad del
orine le déficit que aquejaba al tesoro público, y la carencia ab-
soluta de planes y conocimientos rentisticos por parte del jefe de
nuestra hacienda , presentado por sus amigos como otro
Necker.
1)«r la
segunda peticion se reclamaba la presentacion de
los
decretos sobre
la es
tincion de
los regulares , á
fin (le que fuesen
examinados por las Córtes. Aunque nada podia ni debia temer
tn.
18
CAPÍTULO
XL.
de ellas Mendizabal , ofendiale ahora que pretendiesen examinar
sus actos de gobierno, despues de haberle revestido de tan om-
nímodos poderes con el voto de corilianz
g
que al parecer querian
escatimarle.
Tampoco fué (le su agrado la tercera peticion encaminada á
que se diese á la guardia nacional un carácter n1 is militar que
civil , estableciéndose al efecto , aunque con dependenc;a del mi-
nisterio de la
Gobernacion ,
una inspeccion general en Madrid y
una sub-inspcccion en cada provincia , organizándose en
nes la fuerza existente bajo la di
•
eccion de las dipulaciones pro-
vinciales , á las que delata proveerse del armamento y equipos
ordinarios.
Tendia esta medida á crear un ejército popular dependiente
de autoridades populares, que estuviese por su organizacion
disposicion del partido avanzado de que se componian las diputa-
ciones. Reformada de ese moco la fuerza ciudadana, y ocupado
el ejército en la
persecucion
de las facciones , quedarían las eiu--
41ades á merced (le las columnas de la guardia nacional ,
si ndo
duefias de la política y árbitras del gobierno.
Esto que podía convenir al partidario , debla desagradar nece-
sariamente al ministro; pero 3Iendizabal, que en aquella época
tenia mas de lo primero que de lo último , arinose, aunque algo
despechado, á la discusion y aprobacion de aquellas peticiones,
si bien se opuso y logró ahogar los debates sobre otra , firmada
por considerable número de procuraderes, para que se susi.en
diese la venta de los bienes nacionales.
Contemporizador con todos , halagaba á los
'
ministeriales
re-
beldes
y mostrábase resignado con la oposicion de los priyeeres,
no viendo en su derrota motivo para dimitir, ni considerando
aquella cuestion corno de gabinete.
Como todo eran en el gobierno de :Niendizabal eoniradice;ones
é inconsecuencias , pronto desmintió su aparente conformidad
con un acto de violencia, arbitrario y dupótico , que
por
tierra al sistema parlamentario, cuya pureza
prerogativas ro-
clamaban sus adeptos.
Aconsejado tal vez por sus directores que lo eran á la
'S'U
de
CALDA DE MENL
'
JZABAL.
19
revolucion, avisó al presidente de los próceres que la reina no
rccibiria á la comi:lion nombrada para presentarle la
peticion.
Ni el ministro mas absolutista se hubiera atrevido á dar un
paso tan inconstitucional y tan violento , que
anulaba evidente-
mente la legítima interven•ion de los cuerpos legisladores en
los
asuntos did Estado.
No hicieron otro tanto con las (Irles de la edad media los
absolutos ministros de Carlos I
y
Felipe V;
verdad que eran
desatendidas por aquellos monarcas muchas peticiones de los an-
tigüos procuradores , pero nunca dejaron de escucharse y admi-
tirse.
Es priktiea-, sin embargo , de los parlamentarios modernos
dar importancia y autoridad á las manir estaciones de los cuerpos
deliberantes con tendenclas á robustecer ó ensauchar el elemento
popular que en ellos se encarna , y menospreciar, por el con-
trario, las dirigidas á enaltecer el poder real ó
á
consolidar el U--
den y los sanos principios de gobierno.
En el primer caso los actos de las
Córtes son la verdadera
es-
prcsion de la
voluntafi
nacional, el eco ficl de las
g
spiraciones
del
pueblo. En el segundo
revelan la corrupcion &!e una mayoría
comprada , las intria:; y violencias de
un
n3inisterio corruptor.
descalada é inútil venganza del orgulloso mihistro , hizo
recordar la disolucion del Estamento de procuradores decretada
en enero de resultas de no haber obtenido may'oría el ministerio
en otra cuestioti que su jefe habla declarado tambien no ser de
gabinete. Lo que entonces se quería era únicamente conservar el
poder que se escapaba
de
las manos , ó traer á la revolucion por
el camino de la therza si el de la le
y
se cerraba, como sucedió en
el verano próxin-lo pasado.
Con la seguridad (le una pronta y general aprobacion pre-
sentó el ministro al Estamento popular el primitivo proyecto de
ley electoral , tan combatilo por los moderados en la
anteríor
legislatura
obteniendo
en la votacion definitiva el fácil triunfo
que buscaba.
Ya dijiinos que en la práctica de aquel sistema electoral
e3-
t ',juba d
porvenir
de los exaltadol, á
quienes, á incluid
de la
70
CAPÍTULO XL.
confuslon
y
del desórden iá que la nueva ley se prestaba , seria
mas fácil lograr una victoria que la verdadera opinion
y
la libre
voluntad de los electores les negaba. :teogi("xonle , pues. con be-
nevolencia y contento, como el que en ,una lucha recibe un arma
de mejor temple que la de su contrario, y prestaron todos ski
conformidad
a
l proyecto del 1
1
,obiern
1
) pue.,to que a 1U OS favo-
recia.
No estaba, sin embargo, satisf,cha la mayoría del Eptamento
de la conducta de Mendizab
►
l,
quien acosaban para que fuese
mas de prisa por la senda enmarañada y peligrosa de la
g
, refor-
mas. Todo lo que no fuese una reunion de Córtes constituyen-
tes que colocasen en lugar del Estatuto la
ConstitIldon
de Cádiz
á otra de la misma índole, n® halagaba mas que por el momento
á sus inquietos partidarios.
Sabian estos ya por esperiencia que el principal estorbo para
sus planes trastornadores era el general en jefe del ejército del
Norte. Por sus antecedentes, un tanto realistas, por su prestigio
en las tropas, por su pública
liversion
á toda reforma violenta,
era el general Córdova el principal baluarte del trono,
y
el mas
fuerte y decidido sostenedor del órden.
Era preciso, pues, desacreditarle á lado trance coma geneial,
é
inutilizarle corno político. Puestos en movimiento paraeste fin
los clubs de la corte y las provincias
.
, bien pronto vi rieron espo-
siciones de estas últimas quepndose de la apatía del general en
jet
.
e en el curso de las operaciones de la guerra . v eNhah'ironse
en la
Puer!a del Sol
y en
el Café Nuevo
amargas censuras contra
él , tildándole de inepto cuando no (le traidor á la causa liberal.
En el mismo seno del Estamento se lanzó por el procurador Va-
rona una imprudente acusacion contra
él
los generales del
ejército, cuyo asunto promovió acaloradísin os debates en dos
se-
siones secretas.
El plan de los reformistas estaba hábilmente combinado. O
Córdova, resentido de ta!Ita ingratitud , presentaba :,!!
ó estimulado por aquellos clamores ac/inmia irnilrudentemente al
enemigo, á pesar de la completa
CaSeZ
en que el gobierno
mantenia á sus tropas ,
y
se dIsgracialla y era depuesto.
21
CÁIDÁ
MENDIIIABAL.
Ouejóse el genera! de las injustas reconvenciones del Esta-
mento y de la dureza con que la prensa lo trataba , y adoptó el
c:
e(
f
undo estremo, dando así una nueva prueba de almegacion y
pa7riotismo. Abrió la campaa de
ritICY0
el 18 de
abril
aunque
con nin
cr
ui
l
a ventaja, pues sufrían sus divisiones
frecuentes
re-
veses ,
y acalló por entonces las murmuraciones de los alborota-
dores con
g
randes preparativos de ataques formales y anuncios
de decisivas victorias.
Negóse la reina á admitirle la dimision, porque era mas agra-
decida que los partidos, y aun el ministerio trató de halagarle
defendiéndole ardorosamente en las CórIes y dándole señaladas
pruebas de estimacion y confianza.
Obraban los ministros en esto con harta cordura ; pues en
-iquellas circunstancias en que tan poderosay atrevida se mos-
traba la fl
I
ccion de Navarra , 'i
D
n que no habia ea el ejército un
general de suficiente prestigio y reconocida capacidad para po-
nerse á su frente, era altamente peligroso un cambio de jefe en
el cuartel general del Norte.
No lo comprendían así seguramente los exigentes procurado-
res que capitaneaba Caballero y que lireferian la realizacion de
sus proyectos revolucionarios á la
terminacion
de la guerra , á la
tranquilidad del reino, al bien comun.
En el apoyo que como mayoría del Estamento y como direc-
tores (le los clubs, de la prensa avanzada y de 12 guardia nacional
prestaban á Mendizabal, consistía la futura reputacion de este v
su permanencia en el poder. Natural era que en recompensa de
tan gran servicio ellos le exigieran y él otorgase las concesiones
y favores que creyesen necesarios para el Pronto y espedito triunfo
de su.'.; creencias reformistas.
No era todavía suficiente para el planteamiento de sus planes
la dcmocrática organizacion de la guardia nacional, que ponla sus
bayonetas en manos de 1(5s ayuntamientos y diputaciones, ni la
ocupacion d
.
e casi todos los destines y cargo3 públicos por sus
adeptos y delegados, ni el concurso (14/
los bolsistas y especula-
dores, atraídos con el sabroso cebo de los bienes nacionales , ni
el abatimiento del clero, ni la persecucion de los realistas, ni la
0'4
CAPÍTI.1.0 XL.
impotencia de la aristocracia . ni la
luinauion th
b
l trono. Era
preei3O
hacer desaparecer de la escena política S cuantos
Sen
presimtar la menor
opo:;icion, y destruir de cualquier mo(b
la temi-la
mayoría
del Estamento de procures
rut•r los futu-
ros
destinos de la política
á merl.ied
de los milicianos
liad0-
natos
La fraccion
avanzada, que
imponia
su voluntad á los
minis-
tros ,
Y que
110
cejaba un paso de su propósito de re,ilicitar
la
política
ViOlelit3
é
ilimitadamente progresista del 20 al 23,
les varias exigencias , amenazándoles si no con abandonarles f la
venganza de las diversas oposiciones
que
tan crudamente les
comba t jan.
Exigian del ministerio :
1:
que se crease un gran número de
nuevos próceres , escogiéndolos entre los hombres de opiniones
mns exageradas , á fin de dar al ministerio en el alto
Estamento,
mientras no se procela á su supresion,
tilIa
mayoría tan compac-
ta como la que en el de los procuradores tenia ó creía tener;
2.* que se quitase á Quesada y San
Itoman
el manda de la infan
tería y de las milicias provinciales de la Guardia Real ; que se
confiase este á otros jefes de la confianza del partido , y se debi-
litase
ó
neutralizase asi la influencia de aquellos cuerpos, declara-
dos hasta entonces en favor del órden ; 3: que se separase así
mismo al conde de Ezpeleta de la inspeccion de infantería, á fin
de introducir en los regimientos
de
aquella anta á multitud de
oficiales indefinidos , no empleados antes
á
causa de la exageraciott
de sus principios políticos ;
que se removiese de
s
de luego á
Latre , Manso , Isidro y otros comandantes ú capitanes generales,
con luienes se contaba poco para el trastorno general que se me-
ditaba , y,
en
la primera ocasiou favorable , á Córdova , cuya deci-
sion
por e! sistema conservador era generalmente conocida , y á
quien no se podian perdonar sus antecedentes realistas ; 5." que
.
se despachase á las provincias del Norte toda la guarnicion de Ma-
drid , dejando encomendada la seguridad y la custodia de las dos
reinas á la guardia Nacional , á cuyas filas pe
•
tenecian todos los
basistas , interesados en el sostenimiento de Mendizabal. Con es-
tos medios , de los cuales unos debian
emplearse desde
luego, y
DE
MENDIMAL
23
otros direrirse algunos días para mejor asegurar su logro, se pro-
ponian Caballero y sus amigos acabar de anular á la gobernadora,
á quien , en el ceso de que se le antojase mas tarde resistir á la
ejecucion de sus proyectos , sentenciaron en secreto á ser separa-
da de la regencia, que dispusieron conferir en tal caso al infante
Don Francisco.
Así creían llegar al restablecimiento dela Constitucion de Cá--
diz , ó i la formacion de una nueva , en que se consagrasen y aun
se entendiesen los principios consignados en aquella. Mendizabal.
á quien se prometió autorizar para contratar un empréstito si ae-
cedia á estas condiciones , no tuvo reparo en admitirlas , bien que
estipulando préviamente que , en el caso de tener que libando-
»liar el ministerio, por resultas de la lucha que debla emprender
»para llevar á cabo las intenciones de sus apoyadores , estos le
bauxiliarian para que volviese á él , presentando su vuelta como
una verdadera necesidad pública.»
Apoyada Cristina en la lealtad del general Córdova . en los
olreeiLaientos de isturiz y sus amigos , en los consejos de los pro-
hombres moderados , y en la respetable mayoría de los próceres,
negóse á la separacion de los generales que el ministerio solicita-
ba y sin intimidarse con la dimision , que en son de amenaza los
ministros le ofrecian , aii con los peligros que para el trono de su
hija fatídicamente se auguraban , sostuvo su resolucion y aceptó
sin vacilar la renuncia del ministerio el 11 de mayo con asombro
ele Mendizabal , á despecho de sus parciales ,
y
con alegría de sus
enemigos.
Este fin tuvo , á los ochos meses de nacido , un ministerio
que organizó la anarquía en vez de castigarla y estinguirla, que
trastornó mas y mas la nacion en lugar de salvarla.
Así cayó del poder Alendizabal , el llamado regenerador de la
política española , el pretendido pacificador de la España . el din..
pensador de su futura felicidad. Reformista sin plan , revolucio-
nario sin objeto, estadista sin conocimientos teóricos , dejó mar-
char los sucesos sin imprimirles direccion ; creó la confusion entre
los políticos y el desórden en nuestra Hacienda.
Moderado y progresista con cortos intervalos monárquico y
G4
CAPITULO XL.
popular á la vez , ni pudo apoyar al trono , ni supo satisfacer al
pueblo. Nacido á la vida pública en medio de una insurrercion
general , no hizo mas que adormecerla para que desiwrtase des-
pues con doble ímpetu ; encargado del mando supremo entre los
horrores de la anarquía social, no hizo otra cosa que trasformarla
en política ; por miedo á la revolucion , se adhivió ella clifl
►
dole
impulso en vez de refrenarla.
Pródigo en sus ofertas esado en sus actos , impávida en sus
reveses, engreido con sus tridnfos. Mendizahal tuvo ci gran ta-
lento de fascinar á la multitud , de imponerse á los partidos , de
lograr la dictadura en una época de desconfianzas, de envidias y
de ambiciones.
Mendizabal moderado , hubiera sido un gran ministro al prin-
cipio de la restauracion , y hubiese ahogado la guerra civil el
año 3 , y contenido al partido popular en sus estraviadas a
Lo que no supieron hacer entonces Marti
►
ez de la Rosa
y Torcno , él lo hubiera hecho. Ministro de mas recursos , de
mas audacia , de mas empuje que ellos , de seguro hubiera enca-
minado á la política por su verdadera senda , arrancando de raiz
las malas yerbas que obstruían sus paso.
Mendizabal progresista , se embarcó con la revolucion para
naufragar con ella , ó salvarse si ella se salvaba. En fuerza de em
pirismo pudo conservar el poder, á donde lo encumbraron las es-
peranzas , y de donde lo arrojaron los desengaños. Parodia exacta
del célebre baron de
Biperdá ,
abusó de la credulidad de los espa-
ñoles, jugó con su patriotismo, y empeoró su suerte.
CAPITULO XLI.
Motin de la Granja.
SUMARIO.
Nuevos ministros.—Mision política de este
gabinete.—Precipitada oposicion
en
las Córies.—Desaire grosero á Rivas y á Galiano.—Cándida confianza del
ministerio.—Restablécense las leves sobre diezmos, señoríos y mayorazgos.
—Voto de censura contra ol ministerio.—Disolucion de las Córtes.—La re-
volucion fuera del Estamento —Imprudente manifestacion del trono.— Pe-
riódicos moderados.--Conflicto del gobierno.—Proyecto de una nueva Cons-
titucion.—Conducta contradictoria del poder.—Nuevos triunfos del ejército.
—Esfuerzos de la revolueion.—Insurreecion de las provincias.—Mc
s
,in de la
G-ranja.—Aturdimiento del gobierno. —Exigencias de los amotinados.—E1
sargento García.—Cruel asesinato del general Quesada.—Espedicion de Go-
mQz.—Deja Cdrdova el mando del ePrcito.—Sus proclamas.—Reemplitzale
Espartero.—Jura el ejército la Constitucion de 1812.—Desquiciamiento de
la nacion.
Isturiz, Ganan() , el duque de Rivas , general Seoane, Aguir-
re Solarte y Barrio Ayuso , fueron nombrados para sustituir á
Mendizabal y sus colegas. Producto el nuevo ministerio de una
alianza entre los exaltados enemigos del ministerio anterior y los
moderados , no venia , sin embargo , á procurar una reaccion.
Su objeto no era otro que contener á los partidos dentro del
círculo de la ley , respetar las reformas de Mendizabal modificán-
dolas con el concurso de los Estamentos, plantear otras mas acor-
des con las verdaderas necesidades del pais y coronar sra obra
con una Const
►
ucion que , si bien no fuese tan restrictiva como
el Estatuto, tampoco pecase del espíritu democrático de la de
Cádiz. Era ya sin embargo muy tarde, y la ocasion nada
apro-
96
CAPÍTULO XLI.
pósito para adoptar un t¿rmiao mvdio. En el estado á que las
cosas políticas hablan llegado , en la creciente exasperacion de
los partidos no habla otro camino que el de la revolneion c el de
la reaccion. O echar::e en brazos de los nioW
,
rados, deshacer lo
'hecho por Mendizabal y sostener el Estatu:o, ó ponerse al frente
de los exaltados y segEir adelante con ellos en los madurados
proyectos de radical rerorma.
Por estas razones , y por los antecedentes de !os mas carac-
terizados individuos del ministerio de 19 de mayo , no podia este
contar con ningun apoyo dentro ni riera dt-
1
las Cólies. La con-
version
y el arrepentimiento de Isturiz, de Bivas y de Galiano
eran tan repentinos , que no podian inspirar completa confianza
á los hombres de órdcn y de moileraeion. Tampoco los exaltados
podian fiarse de unos miniatros que acababan de hacer la oposi
eion á su ído
l
o, recmplazánd&e en el poder.
Fuerte y violenta
dela
ser necesariamente la guerra que se
les moviese, pero no tan pronta y sistemática como se les hizo.
Cuarenta y seis procuradores presentaban á las veinte y cuatro
horas de haber sido nombrado el minister:o, y en el auto de
presentarse este
C11
el Estamento, una peticion ó protesta que
envolvia un esplicito voto de censura.
Se peda en ella que las Córtes declarasen solemnemente:
1.° Que las facultades estraordinarias concedidas al gobierno en
la legislatura anterior con el voto de confianza , hablan cesado
al abrirse las nuevas Córtes: 2.° Que si las Córtes se prorogasen
ó disolviesen , sin estar votados los presupuestos no se pudiese
desde aquel punto recaudar impuesto alguno: Y 3.° que todos los
empréstitos ó anticipaciones contraidas sin autorizacion de las
Córtes fuesen absolutamente nulas,
Esto era un ataque manifiesto á las preropativas de la corona
y una provocacion de guerra á muerte al ministerio , á quien de
este modo trataban de inutilizar , neg,'Indole todo apoyo y lodo
recurso. Era una amenaza á la reina gobernadora , cu
y
a 1il
facultad de nombrar ministros se coartaba (on aquella
protes-
ta,
haciéndole ver que solo podria en adelante usar de ella 5
gusto y con aprobacion de las Córtes, Con parlamentos tan des-
MOTIN DE LA GRANJA.
27
organizadores, tan sistemáticos y tan apasionados corno el de 1836
no era posible el gobierno representativo.
vehemente y acalorada fué por denlas la discusion promovida
por tan inconstitucional incidente, no solo por las alusiones per-
sonales que se cruzar on y Amenazadores discursos que se profi-
rieron , sino por la parte que en aquel debate tomaron las gale-
rías aplaudiendo y silbando entre el mas escandaloso vocerío.
Ya la sesion habia empezado con un acto (le insulto y de gro-
sera injuria por parte (le la ciega mayoría. Aunque publicados
en la
Gaceta oficial
los nombramientos del duque (le Rivas y
Galiano , por un descuido de los empleados de la secretaria de
Estado no se habian comunicado aun al Estamento segun es uso
y costumbre en los sistemas parlamentarios.
Haliábanse ambos ministros ocupando
como
tales el banco
negro , cuando á instancia de un procurador, y apoyada la ma-
yoría en la no presentacion de los nombramientos, fueron lan-
zados de su banco y el duque del Estamento, pues no era pro-
curador como Galiano , entre las risas y silbidos de las turbulen-
tas gaterías. Este desaire tan inútil como poco noble, hecho á
dos ministros (le la corona , indicaba bien á las claras el espíritu
revolucionario de que se hallaba poseído el cuerpo popular, y
el
descrédito con que iba estableciéndose por tercera vez en España
el gobierno representativo.
Fácil es concebir que la protesta fué aprobada y el ministerio
derrotado por una confianza inconcebible, ó por falta de resolu-
cion y de energía. Los ministros ado
p
taron una apariencia de
conformidad , tan ridícula por lo injustificada , que acabó de (les-
acreditarles á los ojos de los que de ellos algo bueno esperaban.
Isturiz y Galiano votaron con la mayoría su propia reprobacion.
creyendo aplacar con su indiferencia la ciega ira de sus con-
trarios.
Otros hombres mas resueltos ó mas previsores hubieran
cer-
rado
las Córtes aquel dia y , adoptando enérgicas medidas , hu-
biesen proclamado la dictadura ministerial , salvando los buenos
principios de gobierno, ó muriendo con ellos. Si no lo creman
conveniente , si no se hallaban con fuerzas para resistir, debieron
9 8
CAPÍTULO XL/.
abdicar el poder en personas sensatlis, ace
►
tm á la mayoría , que
hubiesen e; ando la terrible esplosion del cráter revolucionario
tres meses despues.
Era una candidez imperdonable en ministros de tanto talento
el creer que aquella desbGcada mayoría bl
I
bia de cejar un paso
en su atropelladora carrera. En la sesiiln del 1
trajose al debate
una peticion á todas luces absurda , cual era la de que se resta-
bleciesen las leyes publicadas en la anterior época corislitucional
acerca (le los diezmos , señoríos y mayorazgos. Hemos dicho que
era una peticion absurda , porque siendo su asunto uno de ic-
mas arduos que podian presentarse a la dcliberacion de las U.-
tes , debian estas por su buen nombre y hasta por razones de
orgullo haber discutido y votado liwa nueva ley , siquiera fuese
mas restrictiva y popular que la abolida.
Ademas, el resucitarla ahcra , debpues de hallarse anulada le-
galmente y en odio á la monarquía absoluta , era dar á la resu-
citada ley un carácter revolucionario, de violabilidad é interini-
dad que la perjudicaba.
Opú.sose el ministerio á que se discutiese y aprobase atrope-
fiadamente, pidiendo tiempo para formar una opinion. Todo fué
inútil. La peticion se aprobó despues de un insignificante debate,
y el ministerio sufrió un segundo desaire, una nueva derrota Ir/
la que tambien pareció conformarse.
No bastaba esto á los furiosos oposicionistas. El nuevo gobier-
no había sido vencido hasta
allí en escaramuzas sin consecuencia,
y era ya preciso derrotarle en una batalla campal. A este objeto,
pre,sentóse al siguiente dia, firmada por 67 procuradores ,
una
proposicion concebida en estos términos : « Pedimos allistamento
»declare que los individuos que componen actualmente el »iris-
»terco , no merecen la confianza de la nacion.»
La propuesta fué aprobada por inmensa mayoría. El ataque no
podia ser ya mas claro ni mas violento. El resultado de la lucha no
podia ser otro que la Larda del ministerio ó la disolucion de las
Córtes. La reina se decidió por lo último, con cuya impremedita-
da medida se apresuraron funestos acontecimientos.
Ya
hemos indicado que para obrar así se necesita, en
circuns-
MOTIN DE LA GRANJA.
29
tancias corno aquella, un dictador que se sobreponga á todo y
coloque en su asiento á la desquiciada sociedad. Corno golpe de Es-
tado, con fuerzas y voluntad para sostenerlo, aprobaremos siem-
pre esas medicas en que se combate la violencia con la violencia,
la arbitrariedad con la arbitrariedad; para unas Grites revolucio-
narias, un ministro dictador; para un partido desatentado, un
gobierno ilegal. Si esto no es posible ; si la resistencia ha de ser
inútil; si el mal no puede cortarse radicalmente , vale mas usar
de paliativos que eviten una nueva esplosion, En otro caso es
siempre peor que la enfermedad el remedio.
Arrojada la revolucion del Estamento de procuradores , esta-
bleció sus talleres en los clubs , en las redacciones , en los cuar-
teles de la milicia y en las diputaciones provinciales. El gobierno
se contentó con lanzar fuertes acusaciones contra la turbulenta
mayoría en el preámbulo del decreto de disolucion , y con con-
vocar nuevas Cártes para el 20 de agosto.
Estas medidas , sin ir acompafiadas de otras mas vigorosas
y
resistentes , dejaban sin orillar las dificultades de: aquella situacion,
en pie los peligros , y en
manos
de la casualidad los futuros desti-
nos de la patria.
Tambien se hizo intervenir al trono en las miserables quere-
llas de los partidos , publicando la regente un manifiesto que con-
denaba á su vez las anteriores demasías Parlamentarias. Consejo
imprudente de los ministros al indicar una manifestacion que con-
vertia á la reina en jefe de un partido .
y
se creaba conflictos y
compromisos para en adelante.
Colocado ya el trono desde aquel día enfrente de la revolucion,
tenia que sufrir la ley del vencido si aquella triunfaba. Cristina
desde entonces uniii su suerte á la de los enemigos de la reforma,
y quedó afiliada al partido moderado.
A cada paso que daba el gobierno en el camino de la sensatez
y del órden , adqui•ia mas firme y mareado apoyo dol partido
conservl
b
nlor, menos desconfiado ya de
isturiz
y sus colegas.
A cada paso
tarnbien
que
avanzaba en la senda
de energía y de
resistencia, arrancaba
un grito
de
desesperaeion y
de
rabia á
los
exaltados. Diez y siete de estos últimos , procuradores de impon--
3 0
CAPÍTULO XLI.
tancia en su partido , fueron
separados ; muchos capitanes gene-
rales y jefes políticos destituidos. El ministerio tenia voluntad,
tenia resolucion , tenia deseos (le resistir ó de luchar , pero care-
cía de medios para vencer.
Isturiz , jefe ya
de: lanado
del
gran partido eonservado7, cuyos
órganos
en
la prensa eran
El Español y La Ley ,
periódicos de
ideal, moderadas , dirizidos por los hábiles publicistas D. Andres
Borrego y D. Joaquin Francisco Pacheco ,
Leía
laudables esfuer-
103
por formalizar la marcha de la política y evitar las conjuracio-
nes de los revoltosos.
Pero solo y desarmado ante sus enemigos ; con una milicia
contraria y poderosa ; con empleados y autoridades , pertenecien-
tes en su mayor parle al banAo exaltado ;
con ay
,
out ;tmiento3 y
di-
putaciones á las órdenes de la oposicion ;
sin recursos,
sin admi-
nistracion , sin
poder echar mano del ejército , que harto hacia con
defenderse de las facciones , no
podia
resistir por mucho tiempo
sin ser vencido.
Creyó el ministerio que lograrla conjurar la tempestad con-
feccionande una
Constitucion
que
satisficie.;e las
aspiraciones de
la
disuelta
mayoría , cohciiiando en ella el
pNstigio del trono con
los intereses del
¡ Varia creencia !
Ya hemos dicho que no era hora
adoptar•con ventaja medios
conciliadores. Lo que se hiciese en este sentido era inútil; no ser-
virla mas que para malgastar
el
tiempo, para enconar lo ánimos.
En
aquellos momentos, ó Toreno practicando
á
la sombra del Es-
tatuto una política reaccionaria en sent ido
del órden , ó
A rguüclles
con la Constitucion dd ano 1 , planteando las anheladas re-
formas.
El Gabinete lsturiz-Galiano pensaba de otro modo ,
y se con-
sagró con ardor á la confeecion de un código ,
no tan demg•rático
como se deseaba; no tan monárquico como vonvenia. Este trabajo,
que debia
presentarse á la
ITVii011
de las nuevas
Untes , eu)as
elecciones se estaban Wrificando , honra á sus autores acusados
entonces de absolutistas y de traidores A la causa liberal.
Aquella Constitucion, hija
de
la
espe:i;:ncia y del estudio,
amoldada á la de otros paises mas prácticamente parlamentarios
y
IIIOUN DE LA GRANJA.
31
mas adelantados en la ciencia del buen gobierno que el nuestro,
era un código completo en cuanto pueden serlo obras de
esta
clase , y tan liberal como las mejores constituciones modernas.
La libertad de imprenta, el derecho de peticion , la seguridad
personal , el respeto á la propiedad, todos los derechos y garan-
tías que gozan los ciudadanos en los paises constitucionales, esta-
ban allí reconocidos y consignados. A las (Irles se les daba la
misma organizacion que tenían , pues debían continuar divididas
en dos Estamentos , el de iváceres y el de diputados; pero se les
concedia io mismo que al monarca la iniciativa de las leyes. En la
organización parlieutar del Estamento de próceres, se combinaba
cuerdamente el principio vitalicio con el hereditario , concedíén-
dose al rey el derecho de timbrar los próceres en uno ó en otro
concepto; pero nunca con calidad de hereditarios á los que no
gozasen doscientos mil realces de renta trasmisible al heredero
de
la dignidad. Los próceres que á la sazon eran hereditarios con&
nuarian siéndolo , así como sus sucesores, mientras disfrutasen
aquella renta. Al monarca se le daba el lugar preeminente uue le
corresponde en la esfera de irrelTonsabilidad, donde los princi-
pios y las instituciones constitucionales le colocan , concediéndole,
entre otras prerogativas anejas á la autoridad real , el veto abso-
luto y la facultad de convocar las Córtes , suspender las sesiones
y disolver el Estamento de diputados , llamando en este último
caso á nueva elecciori en el término de seis meses
La mayor edad dd rey ó reina se fijaba á los veinte años:solo
por causas graves á juicio de las Córtes podrir declararse á los
diez y ocho.Durante la menor edad, ó cuando el monarca se
imposibilitase de ejercer su autoridad por cualquiera causa fí-
sea moral dcbe
•
ia ejercerla como regente y gobernadora de
derecho la reina madre , y á falta de ella ,
el pariente ims próxi-
mo al rey hasta el cuarto grado civil , ma
y
or de edad; pero en
este caso la guarda y tutoría de la persona del rey ó reina menor
escaria A cargo de otro ú otros individuos nombrados por las
Córtes.
Estas nombrarian tambie
n
una regencia de tres personas,
cuando el rey ó reina menor no tuviesen en el reino
ningun
a-
CAPÍTELO XLI.
riente varon dentro del cuarto grado. El principio de la respon-
sabilidad ministerial, el de la inamovilidad de los jueces y la pu-
blicidad de los juicios , la eleccion popular para el nombramiento
de las diputaciones provinciales y ayuntamientos , la institucion
de la guardia nacional , el derecho de las Có•tes de votar anual -
mente las contribuciones, todos estos y otros puntos importantes
estaban previstos y declarados en los 55 artículos del proyecto de
Constitucion.
Consignábanse en él solamente los principios fundamentales,
dejándose para las leyes orgánicas toda la parte reglamentaria que
se habla comprendido en el código de 181:2 por los legisladores
de aquel año , y que estando sujeta á modificaciones frecuentes, no
debla ser objeto de una Constitucion , cuyo principal mérito con-
siste en la estabilidad.
Pero esta Constitucion no era la mas oportuna para la época
en que pretendia darse. Si aun con el Estatuto tan monárquico y
restringente se hacia envalentonado de aquel modo el elemento
popular , ¿qué habla de suceder con el nuevo código que tal
desarrollo le prornetia ? Los ministros de 15 de mayo , uegun
apuntamos en otra parte , estaban aun muy apegados al liberalis-
mo radical , y no podian combatirlo de frente corno en su caso
hubieran hecho Illartinez de la Rosa y Toreno. Su conducta vaci-
lante y un tanto contradictoria paralizaba el mal , pero no lo cu-
raba ; algunas veces lo recrudecia con atrevidas esperanzas y pe-
ligrosos recuerdos.
Tal sucedía publicando decretos para mantener en su fuerza y
vigor las disposiciones adoptadas por
Mendizabal
para la
enajena-
cion de los bienes nacionales , ofreciendo presentar leyes sobre
mayorazgos y señoríos, análogas á
de la segunda época cons-
titucional , premiando con una condecoracion los servicios
►
res-
tados por la milicia en 1833.
i
Era esto atajar El revolucion ó pre-
cipitarla? 2
,
Tendian esas medidas á restaurar los principios del
órden , á fortalecer el elemento monárquico, á consolidar las doc-
trinas moderadas , ó mas bien á alentar á los hombres del movi-
miento, á satisfacer la vanidad de la fuerza cívica, ó preparar el
terreno á las ideas democráticas ?
MOTIN DE LA.
GPLANJ,I.
33
Próximos y lamentables acontecimientos nos convencerán de
la imprudencia de :tquelias disposiciones que , aunque no lo fue-
sen aparentaban ser hijas de la debilidad (le los ministros ; de la
equivocada apreciatiwl que hizo el ministerio (le las ciseunstan-
cias que &Triar/ , y
la inutilidad de los medios que para esta-
blecer su sistema de gobierno practicaba.
No eran todo reveses para el nuevo y combatid-lo poder. La for-
tuna parecía sonreirle de vez en cuando. Un notable triunfo en la
izuerra, aunque no decisivo , la
aecion de Aviaban ,
conquistóle
algunas simpatías de sus menos encarnizados enemigos , y del
pais en general , que en aquella victoria creyó ver el anuncio de
la
terminacion
de la guerra.
La venida de Córdova á Madrid
.
5 presentar á la aprobadon de
la reina y sus consejeros un nuevo plan de campaña , dite mas
probabilidad á las esperanzas de una pronta pacificacion. Tambien
en el campo de la política inostrábase la suerte algo mas propicia
al ministerio ; sus amigos recientes los moderados s'alian victorio-
sos en las elecciones, y con el concurso de una mayoría parcial é
ilustrada, imaginaba salir á puerto seguro en aqu€
1
1 mar, por don-
d(,‘ sin rumbo navegaba. Pronto el horizonte que los ministros
creían despejado ?labia de cubrire de negras nubes. Bien pronto
aquellas olas , al soplo eU la revolucion , hablan de eirrespa
t
tse y
estrellar contra la roca de la anarquía á los confiados marineros.
Desde la disolucion de las Córtes habíase constituido su re-
voltosa midyoría en club permanente. Dos caminos tenia ante sus
ojos para reconquistar el poder : el de la legalidad y el de la
fuerza. Lograr la victoria en las elecciones ó triunfar con la re-
b
r
lion. Los dos preparó y siguió para mejor asegurar SU pro-
yectos.
Sus emisarios en las provincias luchaban á la vez como electo-
res y anarquistas ; aco
p
iaban para el día de la batalla votos y pu-
Íiales. Luchando desesperadamente en el palenque abierto
rol'
la
ley electoral, cayeron derrotados los apóstoles de la reroru- , si
bien salieron triunfantes en bastantes nuutos muchos de sus
triunfo de los moderados avivó la rabia de les vencidos
quienes
no
teme Ido
qun
esperar ya nAa de
la
razt
►
n v del Ore-
Tom a III,
3
CAPÍTULO
ut.
cho, apelaron
á
la revolucion ,
(Die
es la razon y' el derecho para
todos los partidos vencidos
é
ilegales.
Málaga fue la primera que inició el movimiento. La sangre
del general Saint Just y del gobernador civil > conde de i)onadío,
muertos en defensa del principio de au!oridad y de
la
santa cau-
sa del órden , regó las calles de la rebelde ciudad.
¡ Triste es el destino de los partidos cstremos , que han de
amasar siempre el pedestal de su poder con la san
,
re cle al
g
unas
víctimas ! Odiosa condicion la de todas las revoluciones por jus-
tas
y necesarias que sean , que solo pueden triunfar pisoteando
antes los sagrados fueros del deber y de la justicia
Ante os destrozados cadáveres de las pundonorosas autorida-
des de Málaga, se proclamó la Constitucion de 1812 y enarboló el
estandarte de la rebelion contra el trono y *su legitimo gobierno.
El fuego de la
insurreccion
cundió por todas partes , propagado
hábilmente desde la córte, por el club director :
y
atizado por las
bayonetas de la guardia nacional y de los soldados que guarne-
cian las ciudades , y que creían menos peligroso y mas lucrativo
luchar con un ministerio desarmado que con los valientes parti-
darios del pretendiente.
Granada, Cádiz , Sevilla , Córdoba, Huelva , Zara:a-oza, Hada-
joz , Valencia, Jaen, Alicante , Murcia , Barcelona , casi todas las
capitales de provincia se pronunciaron instantáneamente contra
el gobierno de Madrid , volviendo al consabido sistema de las jun-
tas revolucionarias , á cuya cabeza se colocaron muchas de las au-
toridades superiores, faltando á la disciplina y á la lealtad que
debian al país y al ministerio que los empleara.
Honra muy poco en verdad á los generales Espinosa , San Mi-
guel, Mina y otros jefes de las juntas sublevadas el contraste de
sus nombrez al lado de los de Saint Just y Donadío asesinados
por los insurrectos de Málaga al empuñar e bas!on de triando.
Contrasta Cambien su débil y equívoca conducta en aquellos
sucesos, de un modo que en nada
les
favorece, con la del general
()usada , resistiendo la sublevacion da :Madrid y es poniendo su
vida , que perdió á poco , por defender las prerogativas del Ivo-
• no, los fueros de la ley y la causa del órden.
MOTIN DE LA GRANJA.
35
A pesar de tan general y terrible
insurreccion,
resistiese el
gobierno á dejar el poder á los sublevados , y esperaba
alguna
de
esas peripecias que en las revueltas políticas 'cambian de pronto
el estado de las cosas. Los revoltosos de la córte , amedrentados
por la actitud hostil
de
la guarnieion y la firmeza de Quesada,
trataron de dar un golpe decisivo en la Granja, donde se halla-
ban SS. MM.
Doce mil duros enviados al Sitio fueron suficientes para cor-
romper la lealtad y relajar la disciplina de una parte de la guar-
nicion ; sobre setecientos rebeldes, mandados por. el desde enton-
ces famoso sargento
García , acometieron el palacio á las
nueve de la mañana del 12 de agosto entre mueras, tiros y ame-
nazadoras vociferaciones.
Hall base acompariada Cristina únicamente de su ministro de
Gracia y Justicia Barrio Ayuso , parcial si no cómplice de los su-
blevados, y de algunos jefes de palacio , vacilantes y amedrenta-
dos. Aun quedaban fuerzas leales como los guardias de Corps,
granaderos á caballo y algunas cornpaúias del 4.° regimiento de
infantería de la guardia real con toda la oficialidad de la guarni-
cion, que hubiesen arrollado á los insurrectos á encontrarse allí
un jefe de corazon , uno de esos antiguos caballeros que al ver en
peligro á sus reyes desnudaban la espada y acometian al enemigo
sin contar
S'd
número.
Abandonada la reina gobernadora á sus propias fuerzas, en-
t
•
e rriiedosos cortesanos y militares aturdidos , no pudo resistir á
la grosera violencia de una soldadesca desenfrenada que , harta
de oro y de vino, la obligó á estampar su firma en un decreto
que decia así
«Como reina gobernadora de España ordeno y mando que se
publique la Constitucion política de 1812 , en el ínterin que re-
unida la nacion en Cortes manifieste espresamente
su
voluntad, ó
dé otra Constitucion conforme á las necesidades de la misma.»
Este fué el célebre cuanto asqueroso motin de la Granja; esta
la famosa hazaña de los revolucionarios de 1836 ; esta la gratitud
con que el partido radical de Espaiía pagó á Cristina el inmenso
bien
de
haberle abierto las puertas
de
supatria ;
este
el
purita-
3;
CAPITULO XLI.
nisíno
cons
4
,i;.ucional de (p le
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en la prensa y en 114
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bajad avergonzadas á
y
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y
nion:u-
quico pueblo
espanot
(pie un dia regL;leis
bm-ira vues-
tra como gloria •suya ,
representado hoy
po
p
1.1..1
,
miserables que entran á saco
sucesüre, v
hacen pedazos vuestro trono , y (leshojan
p.uolean
ric
y
sa historia'
La noticia de tan inaudito suceso pu
y
a gobienio de Madrid
en
un
•
terrible compromiso : en el de negar la obediencia al. de--
creto de la reina y marchar á sofocar la rebelion de !a Granja con
parte de la guarnicion de la capital , fiel todavía sus banderas,
ó enviar á una persona de influencia para que buenamente atni-
jese á los insurrectos á la senda dc
.
..1 honor y d! deber. Prevale-
ció desgraciadamente esta
opinion , y
p
só al Sitio con
este objeto el ministro de la Guerra Mendez V4;,.
Fatal determinacion , que solo sirvió pra enva-kntona)'
chusma desalmada que se creyó omnipotente
1:
1
.1
ver que todo un
gobierno entraba en tratos y negociaciones con ella.
Ya hemos visto en (.`,11
curso
de esta
'!''TI
.STIirk!.,1,
h) (1.-19-1no.z.
tran también las de todos los paises , que
ochilidad
O eorlpla.
eenei a del poder alimenta siempre la osm,'
..,
revolu4ion. Peliures !labia en diriufts
p
c3:-1 fuerza 't
c.(
r.
kararla
,,
•
-
..J- ---
-
,..1.-
,
Mlándose la reina en poder, de los rebeldes : pero era
modo de sofocar en su cuna aquella insurreuion , oril:2-71,..i.„_,
,i,--„
xirnos é incalculables males. La vida de !a re;:la
1 •
n
1
ligrado. por eso, porque ese crimen era su u€'
á la perversidad
de sus opresores.
Mendez Vigo no consiguió per ua
í
,,Iti
b
les que fuese2 á Madrid,
valiéndose del perdon y de los
Eres
,
dirigida la ignoran
-
te
soldadesca por los hábiles eGns7
l
iradn':es de la córte, llevó ade-
el UI
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(')
1)ro-
1
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decretos
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1
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nuevo, Constitucion delante de bande-
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..,áton „. tu_ i)al.,1,,,,,.,,......, generales y oficialidad a
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tira ma. Era nreciso , pues,
1 ,é)G!
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faiinra , v Sol:)
U-írarse con un ministerio revolucio-
C-
7/
ss
1-‘4) 01,'
...1
que diese apariencias legule:7, a lo conseguido por la fuerza,
•
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3. .3
G
„i
r
Ø
de nuevo en la real cámara la con ilion de
v cabos, (r‹tno
del motiii , y entregó á la reina
,g0Det":11(101'a
n estos terminos:
Súplicas que 1.1..
r:(3.n los baiallones existentes en este Sitio ;;. S, M,
la Ileina Gobernadora
1. Deoosicion de su destinos de los sdures conde de San
„Roma')
T
luarques (-1e, moneay-o.
/
61-
:
Real decreto para que se devuelvan las armas á los na-
)
»
cionales de Madrid. , ó al menos á las dos terceras partes de los
•
desaim,aGes,
II, a
e) •
k.) tl
-
—
1,11 k
i
r
Litir a
las n
• rovincias y ejércitos , para que
aatoi
.
idades principales de unas y otros juren
é
instalen la
»Constitucion del año 12, conforme la tiene jurada S. M. en la
-;
19
»nlahana
» A „
Nombramiento de iuevo ministerio , á escepeion de los
»señores Mendez igo y 13a:'rio Ayuso , por no merecer la con-
.
),tlariz
q
de la nacion los Tu
l
, dejan de nombrarse.
)
Al. dispondrá que , en toda esta tarde , hasta las doce
fi
»de la
es.):(Uu.). los
1.
handad d(-1,
órdenes que arriba
se
que tantas -pruebas ha dado á los
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ol'oporti,-Jurks
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b
elieidad que les usurpo el
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, tendrá la glorh: esta Imarnicion de
9.compai'
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SS
IsPl. a la
de Madrid.
Este
r)ar.)1
1
1
...
Á
con fecha del
11, no
tenia ii.rn19.
38
CAPql
al)
x/..
Para mayor burla y doble befa del trono , se llamaba
súplica
á una pretension que se entrepba en las puntas de las bayone-
tas. La reina quiso acr)usrse de los embajadores de Francia y
de Inglaterra que la acompañaban, antes (le ceder á las nuevas
y osadas intimaciones. Aquellos diplomátic
f
is , y el primero espe-
cialmente , amigo de Alendizabal y del partido del movimiento,
cuya desordenada administracion habia va esplotado y pensaba
esplotar , segun costumbre en pro de los interese de su pais,
no tuvieron la suficiente lealtad para aconsejar á Cristina que an-
tes de someterse á las groseras exigencias
de
una soldadesca
brutal , bajase digna y decorosamen
t
e del trono y abdicase la co-
rona en nombre de su hija.
Pero las insidiosas indicaciones de retirar el apoyo estranjero,
'si á consecuencia de una negativa cornetian los rebeldes mayores
desacatos , abandono que pondria el cetro en manos de
D.
Carlos.
decidieron á la gobernadora á humillarse ante aquella encenaga-
da turba , espidiendo las órdenes y decretos de destitucion , que
tan imperiosamente se le demandaban.
Satisfechas cumplidamente las exigencias todas de los amoti-
nados , salió Mendez Vigo á cumplimentar en la corte los decretos
de la reina, y regresó con los nuevos ministros Rodil y Calat•ava.
El sargento García que, de escribiente del eonde
.
de San lb
o-
man , comandante general de la guardia, habla ascendido á jefe
de una sublevacion triunfante , que nombraba y deponia minis-
tros y dictaba órdenes á la reina, presentó en palacio á los recien
llegados ; y notando en la
Gace'a estraordivaria
que se habla es-
cluido del nuevo ministerio á Mendez Vigo y Barrio Ayuso, in-
dicados por él y los suyos en la noche del 15 , arrojóla sobre una
mesa esclamando :--« Yo no sé como la tropa tornará tal dispo-
sieion ; porque eso de que
habiendo hecho írosofros lea revolu-
don
quieran enmendarnos la plana
los de Madrid
eso no ha
de ser.
Los nuevos ministros calmaron la irritacion del atrevido sar-
gento con promesas de engrandecimiento futuro , á las que él se
avino , insinuando sus ambiciosos deseos con estas palabras:—
« Ayer los muchachos me proclamaron capitan. » Acariciósele en
3
moTIN
DE L
f)
1
su idea , necesitando aun de su influencia para hacer que los
rebeldes marchasen á Madrid, pero ellos no consintieron sino con
la cond
i
cion de que la reina Isabel, su madre y su hermana
fuesen en el centro de la columna, exigiendo ademas que fuera
esta reforzada con los ñacionales de la corte.
El 18 presenció escandalizada la capital la entrada triunfante
y ostentosa de los corifeos del motin de la Granja, y la baja y
miserable complacencia del nuevo ministro de la guerra Rodil,
que llevaba á su lado al sargento García , héroe de la funcion.
Desde la llegada de Mendez Vigo con los decretos arrancadas
á la gobernadora, el ministerio se habia disuelto ocultándose y
fugándose al estranjero sus individuos, escepto Barrio Ayuso, y
los personajes mas comprometidos en la situacion caida , que á
merced de algun disfraz, ó escudados por las embajadas , logra-
ron sustraerse al puiial de los asesinos que los perseguian.
Solo el general Quesada fué víctima de su habitual temeridad.
Reconocido á su paso por el inmediato pueblo de Fortaleza , fué
preso por algunos milicianos. Alborotados muchos de los de Ma-
drid con la nueva de que su enemigo se hallaba preso , corrieron
en tropel á dicho pueblo , le asesinaron indefenso, le mutilaron
horriblemente y, arrastrando sus sangrientos despojos hasta la
corte, exhibiéronlos entre blasfemias y alaridos en una mesa del
café nuevo,
regocijándose á la vista de aquel espectáculo como
los antropófagos en sus execrables festines.
Tal fin tuvo la insurreccion democrática del mes de agosto
de 1836. Fatales fueron sin duda sus consecuencias , y aun pu
dieron ser doblemente funestas para la causa liberal, á quien la
fortuna favorecía á pesar de los esfuerzos de algunos de
sus
par-
tidarios , dirigidos mas bien que
sostenerla á desacreditarla y
hundirla para siempre.
Gracias á la falta de gobierno y al desórden de las provincias,
las facciones en todas ellas hablan tomado nuevo incremento. El
brigadier carlista Gomez, al frente de una columna , separada
del ejército del Norte, recorria las Andalucias , reclutando gente,
9
allegando cuantiosos recursos y burlando con un arrojo y habi-
lidad cstraordinarios la persecucion de varias divisiones , fiesta-
40
CAPiTULO XL!.
elidas tras él. De todos ios pueblos por donde pasaba el ejér-
cito espelicionario reuníasele á Gomez muliitud de hombres qu,-!
se ahilaban á ía bandera del Pretendiente, atemw
.
izados ó enfu-
recit,ios pw
.
los
dC111.ilICS (1113 1()S
darios de Isabel se per-
cal
ejército inisino, homianv!Me minado.por-las sociedades se-
cretas,
►
y que,
ai tul() y energlw) carácter del general en
jefe, habíase coft-,ervado ba,.4:1 entonces fiel 'á la reina y sumiso
S la o
•
dlutnza , hada nhistrando siutomas de insubordinacion é in-
disciplina, v era casi seguro que, el
nen
triunfo de los amofta-
dos de la Gralja alentase :"E otros Idborotadons.
Córdova por el gobierno ; amenazado por los
constituc;onales ;
sil!
autoridad para contener y
.
cristigr nulvas
sublevacions ,
y
previelldo muy cuerdamente que la desmorali--
zacion y el desorden de sus tropas entregaría las llaves de Cas-
tilla y el trono de Isabel al Pretendiente, no quiso ser cómplice
de aquel
; dejó el mando del ejército é internóse
en
Fran
cia, sintiendo que la anarquía política malograse tantos esfuerzos
y- sacrificios como habla hecho para poner término á la guerra
de las provincias , destruyendo sus fundadas esperanzas de una
pronta y general pacificador".
Üu
aiio de mando acreditó á Córdova de valiente y entendido
jefe , y la historia de la guerra 'de Navarra , haciéndole (lespues
la justicia que la envidia y el espíritu de partido entonces le aje,
fiaron, le coloca en distinguido lugar entre nuestros mas ramosos
generales modernos.
Distinguióse
GI'dUVa CODIO NapOieütt
en lo
poétko
v sublime
de sus proclamas,
q
i-ie pasan entre los hombres de guerra corno
modelos de elocuencia militar Siendo jefe de division , concluia
e
la órden general que dió sus ti-4as antes de la accion de Ar-
guijas con estas
111CMOrabiCS
palabras : 1( El punto de reunion es;
el campo que ocupa el enemigo; el de las reservas , Arquijas.
el
de
la retirada, la
eternidad.
Aplaudiendo la bizarria de sus
soldados, despues de apoderarse de las líneas foriilicadas de Ar-
/liban ,
decia Córdova en su proclama de 2'7 de mayo de
1
836
«
Las águilas volaban mas bajas que las cimas de los puertos de
MOTIN DE LA GhAVI
11.
Aranzazu y San Adrian.,... fuisteis mas arriba que las nieves de
mavo, tan alto como irá un dia la fama de vuestros esfuerzos. »
Por fortuna de la causa liberal , recayó el mando del ejército
del Norte en el general Espartero , el mas apto de sus compa-
ñeros de campaña. Tan afortunado corno valiente , traia ya fa-
rna de entendido en !a clase de guerra que se sostenia, y de enér-
gico y s»seio, desde que meses antes mandó fusilar al frente
de banderas á varios chapelgorris por el sacrílego atentado de
robar la iglesia de un pueblo de Guipuzcoa. Jurada la nueva
Constitucion por el ejército, dedicóse Espartero á ordenar un
plan de ataque general contra las fuerzas carlistas, de mas útiles
resultados cine los hasta allí conseguidos.
Las provincias seguian insurreccionadas y ejerciendo un man-
do despótico
corno
el año anterior, pero sin el entusiasmo de en-
tonces; cl reino en completa anarquía; el ejército sin disciplina y
sin fe; el partido liberal profundamente dividido ; las facciones
pujantes y osadas ; el trono envilecido y humillado.
CAPITULO XLII,
Cór Les constituyentes de 1837.
SUMARIO.
Nuevo ministerio.--Sus primeros pasos.—Vacilaciort de su política.—Convé-
canse las Constituyentes.—Dictadura ministerial.—Restablécense varios de-
cretos de la II.' época constituciónal.—Terroríficas disposiciones del miráis
tro D. Joaquin María Lopez.—Ley
de
sospechosos.—Angustiosoestado de la
liacienda.—Recursos estraordinarios.—Frases satíricas de
Fígaro.—Desorden
en la administracion.—Descontento del partido
exaltado.—Abrense
las Cór-
tes.—Diseurso de la Corona.—Contirmacion de la regencia de Cristina.—
Primeros debates de las Constituyentes.—Estado de la guerra civil.—Fa-
moso sitio de Bilbao.—Nuevos esfuerzos de la revolucion.—Fija esta su
centro en Barcelona.--Abusiva conducta del poder legislativo.
Formóse el nuevo gabinete de antiguos é influyentes constitu-
cionales con alguno que otro de los modernos reformadores.
Componíanlo Calatrava , Gil (le la Cuadra, Ferrer, Landero , Lo-
pez , Rodil y el famoso Mendizabal , que volvió á encargarse del
despacho de Hacienda.
A, pesar de las garantías que daba á la parcialidad vencedora
l indisputable constitucionalismo de los nuevos ministros , anda-
ba aquella en los primeros dias del triunfo asaz recelosa y des-
contenta , porque quizá se tardaba mucho en el convenido reparto
del botin. Como en todos los pronunciamientos, y cualquiera que
sea el partido que los promueva , el triunfo de los principios , la
salvacion de la patria eran solo en el que vamos refiriendo la
bandera que lo guiaba ; pero su único objeto , como siempre , la
,
...:atisfaccion de bastardas ambiciones y el engrandecimiento per-
sonal.
,
1111
CAPITULO 'XLII:
Las primeras medidas del ffobie:nu s-, ci-learini a
r
eill. á (.
:'2
El partido avanzado asaltó en
.
-isa ll'i-s oíicinas:, fueron r.-r,-
•
,
puestos en sus respectivos cargos ios l
.
unc11.)u
g
i
p
is ser}araaos por
.
,
cl gabinete anterior, y deviwitas la:-.. armas a k)S i-lilicianos de
Madrid. Tampoco estaba muy asegur
a
da I.c
.
. tr::knquilidad
p
ública.
.
Los héroes de la G
„ranja insultaban á los quIJ ern-iailecieron Leles
..
en la corte, obligánb
les á
.
encerrarse
.
en su_ cul.tl'ill , de donde se
defendian á balazos. Restablecido el orden cn la capital , satisl-
chas las exigencias personales „ inas•tranquias l'¿s pl'ovincil;s con
halagos y recompensas, quedaba en pie 1 cuestie,n po
i
.tica sin
.fácil y conveniente solueion.
El código que acababa ck, r stableeerse, de-
y
,)
Y
dis de tr
l
w ti.sios,
estaba en contradiccion con muchas leyes y dispe:-
:
,icií.ines vigen-
tes , cuya amalgama era imposible. Sus deleees, que los mismos
cuya
,
constitucionales reconocian y publicabln„ estaban en lacha abierta
con las costumbres, con las ideas , con la eiviflzacion de ._la época
en que se restablecia. Derogar de una plumada todo lo hecho
desde
1823
acá , hubiera sido una reacci
g
n tal et-,:iplda como la
de 1821i y de imposible ejecucion. Dejar, por otra parte, subsis-
tentes ciertas instituciones opuestas á las que se ll'establecian, era
llevar el caos y la contradiccion á las regiones del gobierno.
El ministerio Calatrava , débil y contemporizador Como los que
le hablan precedido , desde que por
.
tercera vez se inauguré el
sistema representativo en España , dejó al tiempo y á las circuris-
tancias la resolucion de aquel problema, y ostentando unas vece2,
ideas rioderadas , inclinándose otras á los principios mas demo-
cráticos, emprendió una marcha vacilante , sin regularidad
y
sin
objeto.
,...
,.
Como si la dignidad real no estuviese bario humillada ; como
si el trono no se hallase ya bastante escarnecido , acGusejaron les
nuevos ministros á la reina gobernadora
la
publicacion de un
manifiesto en el que , justificando los desacatw; cointliiíos contn
su persona por la soldadesca soez
y
desenfrenada de 'li Granja, .-
llamaba lealtad á la tiranía
y
traicion al patriotisr-ri.
Convocáronse al mismo tiempo para el '?-1, de octubie
tilla-,
Córtes
estraordinarias,
que el ministerio llamó
constituyentes,
•
Cose STITUYENTZS PE
1_837.
45
lecotioniendo antes que tcdos la inéoliveniencia y la
inoportuni-
lui dei restablecimie
nto
del código de Cádiz.
Llamábase
en Córtes
•
1- 1=-10i1
p
a
r
a
ve
manifestase espresaThenic
su
voluntad acerca
de
Co.?siitucion d
ó dar otra conforme á las necesidades
j rtra promover el bien y la felicidad de los españoles por
todos
)1e('',*()s. que lo misma Constitucion prescribía.
Nunca ministerio alguno ha sido mas inconstitucional y dicta-
dor que el de 1U6. Subido al mando para defender la restablecida
Constituelon, él era el primero en ofenderla y barrenarla. Por su
sola autoridad varió el sistema electoral , que prescribía la ley
, señalando épocas y plazos para la
ceiebracion
de las
elecciones ; suprimió las dietas de los diputados y aumentó su
m'E-
mei°, eai-liblándo ademas la fórmula del juramento. Por decreto
de 20 de '
,._;osto hubo tambien de declarar el gobierno que solo
se considerasen restablecidas , mientras las Cortes deliberasen lo
conveniente , aqu2llas leyes y disposiciones de las dos anteriores
épocas constituciwwles , que el gobierno mandase poner
espresa-
meine en observancia,
No es i. este 1
9
11-iiiii0 criticar aquellas medidas que la necesi-
dad y la convenienciaaconsejaban , sino el absurdo de resucitar
el có(igc,de Cádiz !vara ¿,espreciario en seguida. ¿A qué hacer,
oues, una vi-
lu
,
cion, re ajar en ella los lazos de la disciplina mili-
lar, asesii-ia: á lionraoas y dignas autoridades y arrastrar la mollar-
-0
•
gwa e
h
)rti
f
--=; por el
o
o de la i
g
nominia á nombre de una ley in-
.),
por
*b
eficaz y desacreditada. de una bandera deslustrada
y
rota, que ha-
l^ia ele
.
plsote2
p
se, tan pronto por los mismos que la enarbolaban?
lógico , mas revolucionario haber suspendido ó
abolí(
, Ir' %clainando en su lugar la dictadura minis-
t.erial con el Ilisfraz de
-Ti.
golpe,
de Estado , escudada aparente-
mente en
voluntad .de la reina? No
.
era mas liberal ,
menos t::caz-all,
-Iloso die..ar una nueva ley que quebrantar la pro-
dam
une b
e
; l'evoluciones son hipócritas 5iempre ; es que,
, -
despóticas
y
ai.)sf)luea3 alas que. los reyes áquienes combaten ,
no
obran nunca con la if?anqu-':;za que estos , sino que al contrario,
adutas y cautelosas, alucinan al rueblo. echando sobre su tiranía
el manto deslumbrador de la legalidad.
'¿•
,;
f
ln
lee:j
46
CAPÍTULO XLII.
El código de Cádiz era una pantalla á cuya sombra ejercin el
ministerio Calatrava su poder re7olucionario , ilimitado y absolu-
to. La nueva Constitucion era en sus m'aros un arsenal de donde
se podían tornar las armas mas apropósito para combatir y ester-
minar al enemigo, dejando abandonadas las inútiles.
Producto el nuevo gobierno de los esíberzos anárquicos de la
prensa
y
la milicia , encaminárcnse sus primeros actos á pagar
cumplidamente aquella deuda de cariño y agradecimiento. En uso
de las facultades estraordinarias que las circunstancias le confi-
rieran , restableció los decretos de las Córtes de 1820, 1821 y 1822
sobre la libertad de imprenta y milicia nacional , creándose así,
y acaso sin presumirlo embarazos y conflictos 'bultos. Peligroso
era y fué en efecto, mas para el gobierno que para los partidos
vencidos , el poder político que á ambas instituciones podas nue-
vas leyes se conferia.
Natural y necesario era que, elevadas así á la esfera de los po-
deres públicos, ejerciesen en la direccion de los negocios del Es-
tado su siempre apasionada influencia , precipitando al gobierno
en la senda de la violencia y del error. Razones de oportuna con-
temporizacion pudieron mover al ministerb
g
á otorgar á la pren-
sa una libertad desmedida y á la guardia nacional una organiza-
clon todavía mas democrática ; pero mas vale perder en ciertas
ocasiones una parte de la popularidad, que hacer concesiones per-
judiciales al pais y aun al mismo partido á quien imprudente-
mente se adula y halaga.
Plausible Rodia ser el restablecimiento de ciertas leyes pro-
tectoras del órden público y niveladoras de la scciedad ; pero
como se sabia , y la esperiencia lo demostró al poco tiempo , que
el objeto de su restauracion era aumentar el odio á las clases pri-
vilegiadas y la persecucion de todos los enemigos del partido do-
minante , el buen sentido y la tolerancia política condenaron su
restablecimiento al palpar sus resultados.
Tales eran los decretos de 1 l de abril de 1821 , que señala-
ban las penas correspondientes á los cobspiradores del Estado ; el
de 28 de setiembre de 1820 , por el cual se hacian varias aclara-
ciones para poder proceder á la prision ó detencion de cualquier
CÓ1ITES CONSTITUYENTES DE
1837,
47
español ; y el de 19 de agosto de 1811 sobre la abolicien de prue-
bas de nobleza vara entrar en los colegios y adquirir condecora-
ciones.
Sabias , justas y reparadoras medidas que alabamos como se
merecian al ocuparnos de las tareas legislativas de las Córtes pa-
sadas, y cuyo restálecimiento aplaudiríamos tambien ahora, si
no se hubiesen ejecutado, como era de esperar, en esclusivo pro-
vecho del partido que las restablecía.
Pero si esos actos , aunque inoportunos pudieron 'fundarse en
irresistibles exigencias de la triunfante revolucion , como medios
adecuados para resistir á una reaccioi armada; si en el órden fí-
sico y material, digámoslo así, era conveniente obrar de ese modo
para consolidar la victoria , dando al gobierno el sello de la per-
sonalidad y el esclusivismo , en el órden moral fué una ligereza
imperdonable el dar fuerza obligatoria á los decretos de las Córtes
de 1821 , que supriinian las vinculaciones de toda especie.
Tampoco somos enemigos de la desvinculacion civil, corno ya
lo probamos al ocuparnos de ella : pero no podemos menos de
censurar la impremeditacion con que
.
por el ministerio se legisla-
ba en un asunto de tanto interes, sin aguardar á que las próximas
Córtes lo discutiesen y aprobasen.
No era amenos inoportuna
y
perjudicial para la buena admi-
nistration la promulgacion de la ley de 3 de febrero, que organi-
zaba el gobierno económico-político de las provincias. Cuando se
necesitaba mas que nunca la concentracion del poder para domi-
nar la situacion; cuando mas le convenia al gobierno reunir en
su mano las riendas todas de la pública administracion , tan des-
quiciada
por las
continuas revueltas , las entregaba ahora á la in-
esperta y despilfarradora del municipio y de las diputaciones pro-
vinciales , romplendo los principales lazos de gobierno entre las
provincias y el supremo poder.
A tan desacertado y revolucionario sistema de mando añadió
el minislerio Calatrava medidas de venganza y terror tan inicuas
en el fondo como arbitrarias é inconstitucionales en la forma. Me-
rece citarse entre ellas el despótico decreto por el cual se manda-
ba secuestrar los bienes de las personas que habian marchado
al
4. S
CAPÍTULO XLII.
estranje,ro sin licencia ó auto•izacion dei gobierno despues del
1 ;
de agosto en que se publicó la Constitucion. Era esto un
mi
sera-
ble castigo, una ruin venganza contra Istáriz y dema:, caudillos del
bando moderado , que prefirieron nilly cuerdamente la espatria-
cion á morir alevosamente asesinados
corno
el general Quesada.
D. Joaquín Atarla Lopez , célebre tribuno que tantos aplausos
I abia arrancado siempre defendiendo los santos fueros de la jus-
ticia y de la libertad , firmaba este suitánico decreto , en el que,
por el elocuente apóstol de la civilizacion y del piogreso, se ini-
ponia ahora gubernativamente la pena de contiscacion
de
bienes
desterrada de los códigos basados en el progreso y en la civili-
zacion.
Furiosa la revolucion , tan dignamente representada y servil-
mente complacida por el ministerio de agosto , por no poder so-
focar la rebelion carlista por la fuerza de las armas, trató de aho-
garla por el terror ; siendo por el contrario tan funesto sistema el
que desde un principio habia contribuido á su incremento y des-
arrollo. El ministerio inventó para ello una
ley de sospechosos
á
irnitacion de la célebre francesa , tan irritante , tan vejatoria , tau
inicua como su modelo.
A la vez que se mandaba embargar los bienes de las personas
que hubiesen tornado partido con D. Carlos desde A.° de octubre
de 1833 , para indemnizar con sus productos á los patriotas que
sufriesen pérdida ó daño por consecuencia de los decretos del
pretendiente , se declaraban nulas las ventas , cesiones y tras:
,
a-
sos de propiedad , hechos despues de su ingreso en las filas ene-
migas y se sujetaban á exámen y revision corno sospechosas las
transacciones verificadas antes , dando así gubernativamente
Un
efecto retroactivo á las leyes civiles.
A los vecinos
pudientes
y
medianarneide pudientes
que
no
aLaii -
donasen los pueblos de su vecindario al aproximarse la faccion, se
les debla procesar como
desleales.
De las contribuciones que exi-
,
giesen los carlistas á su tránsito por los pueblos, se disponia que
fuesen indemnizados los
leales
de lo que pa,, asear , á costa de los
agraciados. A costa de estos últimos , ú sea de los tenidos por
desafectos , mandábase resarcir á los liberal los daos y per di-
CÓI1TES CONSTITUYENTES DE
1837.
49
das que por incendios , robos ú otras causas se
les
ocasionasen.
Los
sospechosos
quedaban obligados á Mantener las familias de
los
leales ,
muertos por la
faccion
que invadiese el pueblo ; á los
padres se
les
hacia responsables de la conducta política de sus
hijos. Por este estilo , diéronse entonces medidas tan iajt
e
lstas y
despóticas corno las que pudo dar Fernando VII en la época del
mas puro absolutismo; tanto como las que espedian Cabrera ,
Pa-
lillos
y otros cabecillas , á cuyo nivel se colocaba el gobierno.
Pero hemos dicho mal. Poder
I
que
de esa manera abusaba de
su autoridad, que de tal modo escarnecia los siempre sagrados
fueros de la propiedad
.
, que así autorizaba el robo , poniendo á
merced de un alcalde los bienes de sus convecinos, á quienes po-
da calificar á su antojo
de
sospechosos ó leales ,
no debia llamar
se gobierno. Era una faccion que oprimia á la sociedad , menos-
preciando en su tiranía la justicia y la libertad que con tanto én-
fasis proclamaba.
Y obrando así se quería terminar la guerra civil! y gober-
nando como el mas despótico monaréa se pensaba orpnizar la
nacion
y tiranizando en nombre de una Constitucion liberal, se
trataba de acreditada y enaltecerla ! Funesto y eterno error de
los revolucionarios , restañar una herida con la afilada punta de
un puñal ! apagar un incendio con un haz de leña !
A eso equivalía el propósito de poner fin á la guerra , despo
jando de sus bienes á los desafectos , y lanzando de ese modo á
las filas del Pretendiente hasta á los hombres mas pacificos. Ciu-
pole al clero su parte , como de costumbre , en el nuevo anatema
contra el bando absolutista , ocupándose las temporalidades de los.
ausentes , y amenazando con el estrañamiento á los obispos que
confiriesen órdenes mayores.
El nuevo general en jefe pedía hombres y recursos para dar
principio al plan de operaciones que meditaba , é implisose al pais
otra quinta de cincuenta mil hombres , que venia á proLar lo in-
útil que fue la reclute de Illendizabal. Tainpoco esta dcliia pro-
ducir buenos resuilmlos , atewlia-ido á la exasperaciun que en el
bando contrario liabian producido las opresoras disposiciones del
ministerio y que habian de ser causa necesariamente de
nume-
't (bit) fri
e
50
CAPÍTULO XLII.
rosas deserciones en los nuevos so/dados ; y ademas, por la exen-
clon
de entrar en suerte
ó
de librarse del servicio mediante la
cantidad
de
tres mil , ó de dos mil doscientos reales , segun la
época en que se suscribiesen los mozos.
El gobierno se declaraba empresario , y claro es que exigiendo
tan módica cantidad , el contingente que entrase en caja debia ser
sumamente escaso. Estos medios de adquirir hombres y dinero,
tan vulgares y mezquinos , revelan
la poca capacidad de los
nuevos ministros
para gobernar en circunstancias tan estraordi-
narias corno aquellas.
El estado angustioso del Tesoro público , era una prueba evi-
dente de los males que acarrearan los revoltosos con sus pronun-
ciamientos y sinárquicas juntas , y mas que todo , del desquicia-
miento en que dejó la Hacienda el famoso 51endizabal , de cuya
administracion , como ya dijimos , habia vuelto á encargarse. La
tan aplaudida desamortizacion fui solo , como probamos en otra
parte , y como se conocia por la eficacia de sus resultas , una
cuestion de Bolsa , una medida politica para adquirir adeptos á la
causa liberal ; pero de ningun modo una de esas disposiciones
financieras que dan eterna reputacion
A un
hombre salvan á una
nacion.
Para salir por el momento del angustioso apuro en que el go-
bierno se encontraba , tuvo Alendizabal precision de rasgar su
pomposo
programa de setiembre ,
y olvidado de sus promesas , im
poner al pais un empréstito
forzGso
de doscientos millones , re-
partiéndose
á las provincias, y señalándose las cuotas
de un
modo
arbitrario , segun las circunstancias de la localidad y la fortuna
de los contribuyentes.
En esto pararon las continuas ofertas del
Neker español-
de
concluir la guerra civil sin exigir un cuarto mas de la contri-
bucion ordinaria , ni imponer á la nacion nuevos sacrificios. Estos
recursos estraordinarios
y los productos
de la
mei\
ilizacion gene-
ral de la milicia , de la
que se libraban los ricos rnedian
f
_e mil
quinientos reales los de infantería y dos
mil los
de caballería , lo
cual venia á ser en realidad otra nueva
contribucion
para las cla-
ses
acomodadas p no eran suficientes para cubrir deudas atrasa-
CÓRTES CONSTITUYENTES DE
1837.
51
(Lis
y
os
enjnar el déficit que hasta fin de año debía resultar en el
1.3
presupuesto.
Urgente era , pues , buscar otros con que atender á las nece-
sidades del
momento ,
y el ministerio creyó encontrarlos en la
venta de los edilicios pertenecientes a las suprimidas clases reli-
giosos , las campanas de sus iglesias y las alhajas , muebles y en-
seres de los conventas. Esta medida , que no era nada oportuna y
provechosa , alarmó las conciencias mas timoratas , y dio márgen
á que la slitira
se
ensañase contra el ministerio , y á que la male-
dicencia se cebase en la moralidad de algun ministro.
A este propósito recordamos lo que con tanta gracia y maligna
intencion decia el célebi e Fi Jaro
dos meses despees en st4
1:17110-
sísiino
artivulo
di
,
' (le di /'elfos de
1.8360.0 er
y el bronce herido
que anunciaba eun lamentable
clamor
la ausencia eterna de los
que han sido , parecía vibrar mas lúgubre que ningun año ,
como
si presagiase su propia muerte.
Ellas lanibien. , las campanas han
alcanzado su
hora ,
y sus tristes acentos son el estertor del
moribundw : ellas van tambien á manos de la libertad, que
lodo
lo vivifica , y ellas s?rán las únicas en España,
i
Santo Dios !
que
morirán colgadas.
Y
hay justicia divina ! »
Esta amarga
censura
del gobierno revolucionario de aquella
época , hecha por un eseritJr de ideas liberales , nos releva de
nuevas cJilicaciones.
La anarquía y el desórden se apoderaron del gobierno. Como
si todas aquellas medidas, así polilicas como económicas , tanto
milita
►
.
es como linaLcicuts, no fuesen cuando
menos
arbitraulas
deaccrtadas
mandóse
en 25 de agosto que las juntas guber-
nativas , creadas en las provincias Con
motivo
del [)ronuncimienk-
to, se asociaran á las diputaciones
provinciales
y eneargnsen de
proporcionar todos los niedios y recursos estraordinarios,
sin to-
Car á las contribuciones y vedlas del Estado,
para coadyuvar á
les
leseos del
gobierno
y
conseguir la ‘lestruccion
de las fuerzas dcI
Preteudiente„ Es decir, para impolle
•
gnivámenes á
los
pueb:os,
crear arbitrios y hacer repartos que naturalmente debia:i pesar y
pesaron sobre los partidos
contrarios
Por ci ministerio de Hacienda se desplegaba semejante
y aun
5a
CAPÍTULO MAL
mas desordenada actividad. Entre otras disposiciones encamina-
das á encontrar recursos , establecióse una rebaja gradual en los
sueldos y haberes de los empleados , y se celebraron varios con-
tratos con capitalistas de Madrid , en lo general con las mas one-
rosas condiciones. En una palabra; se gobernaba revolucionaria
mente por el ministerio , corno pocha hacerlo una junta suble-
vada ; y eso que acababa de jurarse una Constitucion sagrada é
inviolable, ídolo de los que así obraban.
No por esto lograba el ministerio la union y el completo apo-
yo del partido exaltado. Los masones y comuneros de 182 apa-
recian de nuevo, aunque con distintos nombres ,
â
intentábase
por los descontentos la resurreccion de las sociedades patrióti-
cas, con otras demostraciones populares que el gobierno á duras
penas podía reprimir.
No satisfechos , sin embargo los liberales mas exagerados di-,
la marcha francamente revolucionaria de los nuevos ministros,
tildaban su administracion de anti-constitucional y arbitraria, (I(
moderada y vacilante. Hacíaseles responsables del mal.estado de
la guerra, de todas las desgracias, de todas las complicaciones,
de todos los peligros que rodeaban al bando dominante, como
sino fuesen los causantes de todo los delirantes acusadores del
ministerio; corno si aquel desquiciamiento no fuese el resultado
natural de una revolucion sin fuerzas, sin justicia y sin objeto.
Por fortuna del pais y del ministerio mismo, recayeron las
elecciones por lo general en hombres que, si bien exaltados el!
sus opiniones, no pertenecian á los furiosos demagogos que ape-
laban para su propio medro al trastorno general de la nacion.
kbriéronse las Cortes constituyentes el 2i de octubre de 1836
Ej gobierno contaba en ellas con inmensa ri:ayería , en la que do
minaban ideas de orden y moderacion , si bien aspiraban sus in-
dividuos á establecer un gobierno de p
p
ogresiva refoina.
El discurso de la corona bosquejaba á grandes rasgos el las-
timoso estado de la nacion.El inirrster^
g
© alneaba
manos de
las
Córtes
su poder . su iniciativa
su iifiluencia. E! trono , re-
conociéndose impotente , lo esperaba todo de la ora
n
aipotente vo-
luntad de aquellas Córtes. Exigíales con lodo apremio la reforma
•
C011-11; COYSTFIUYEINTES ni
183`2.
53
,le la Con.iitucion y medios para poder gobernar y dar fin á la
ilerra civil « primer anhelo, decir la reina , y necesidad primera
'id_ pueblo español , que túdo lo espera de vosotros. » Segun cos-
timbre prescrita Kr la Constitucion del año 12 el presidente.
que a la sazon lo cra D. Alvaro
GblfiCZ
Becerra, contesto en e
►
Icto al regio discurso anunciando los mismos deseos de paz y
de prosperidad.
Conocia muy bien la mayor la de aquellas Córtes cuanto la im
„ovula apg
l
ecer ante el pais unida al trono en las reformas que
brosectaba. Con estas miras , y con la de lavar la mancha que
-obre
el
habla arrojado el motin de la Granja , con armaron las
oristiluy entes , casi por unanimidad, la regencia del reino en la
ifendida madre de la reilai. Verdad es que la Constitucion res-
ablecida prescribis que fuesen tres los regentes , pero ya hemos
Visto como empezó á inibingirse aquel código desde el primer dia
promulgacioli, y a
nadie estrañaba ya que así se menospre-
4iase de nuevo. Ahora , sin embargo Podía hacerse. Las Córtes
constituyentes, representando la omnímoda 'voluntad de la na-
cion ó sea la soberanía nacional , estaban á mas altura que la
í
:onstitucion y et trono. Y cuando se atrevian á nombrar regen-
te , pues á eso equivalía la
confirmacion
de Cristina , con mas
antivo podian modificar un artículo de un código , muerto desde
nacimiento y abolido tácitamente desde la apertura de las
Córtes i'eformadoras.
Ocupóse la Asamblea en sus primeras sesiones en proponer
medidas apropósito para abastecer al tesoro y apresurar la
ter-
minacion de la guerra , bajo las mismas bases de terror y
arbi-
ftariedad, adoptadas de antemano por el ministerio. Alternaban
fon aquellos debates los promovidos por la minoría ultra-liberal
con violentas proposiciones , encaminadas , como lo van siempre
las de todas las minorías parlamentarias , por mas patrióticas que
parezcan, á derribar al gobierno y ocupar su lugar.
En el último tercio del año 3C) el aspecto de la guerra civil
prcsentábase mas favorable. En Cataluña habla tratado el gene-
ral 3Iaroto de organizar militarmente las facciones, y por mas
e
sfuerzos que hizo no logró modificar en el Principado el antiguo
5
L
O
sistema
(le
Y
twrrillas viéndoe obligado á regresar á Navarra
despws de la Gompleta derroL que stifril') una de sus divisiones
2n
el putblo de , San Quirce, donde quedó muerto sir segundo,
el general liaron de Orta
Las fuerzas enemigas de A rligon y 'Valecia hallúbanse por
denlas desanimadas. La pérdida de la importante ¡daza de Grita-
vieja
y
el irril cstad
►
de Cabr,:ra , mortalmente herido y oculto en
casa del cura de Aimazan,
Manuel María Nloron, privólas en-
tonces de recursos , y sobre todo de la inteligente y hábil direc-
eion (le su jefe , dina
de
las f3crio!
p
s del Al
►
emrazgo.
Gotuez , que ún una espediLion (le seis inese., en que labia
recorrido mil leguas, atravesand:i ve
c
inle y dos provincias y dando
pruebas de una estrategia y de una actividad desconocidas en los
anales miritares
mundo ,
sp_cri(')
una nueva derrota en Aleau-
dete y regresó á las provincias,. defraudando las esperanzas que
en su paseo militar cifraba la corte de
D.
Carlos.
Ilabia vuelto esta á lijar su vista en Bilbao sin acordarse que
desde su primer sitio databa tal vez la pérdida del trono español
para su ídolo, pues entonces marchitóse el laurel de la victoria
decisiva que se ansiaba , al caer en él la sangre de Zunnalacárre-
gui. La rica y liberal villa de Bilbao estaba destinada otra vez
a
ser
el
muro de bronce donde se estrellase la causa carlista.
Desde el mes de octubre había reconcentrado el general en
jefe del ejército
de
D. Carlos , Villarreal , numerosas fuerzas y
diez y nueve piezas de artillería contra la plaza. Los fuertes que
la circunvalaban y protcgian fueron cayendo sucesivamente en
poder de les sitiadores.
Archanda, Banderas, Capuchinos, San
ila--
171éS,
Desie•io
y
Ilurceña
se
rindieron en los primeros Bias de no-
viembre á los briosos asaltos de los carlistas.
Dueños ya de todos los puntos que dominaban la plaza ,
queáronla rigorosamente por la parte de tierra , estableciendo un
sitio formal que bahria por lin de terminarse con la rendicion
d asalto de Bilbao. El bombardeo contra la plaza era incesante;
frecuentes y desesperadas las acometidas.los bilbaínos se defen-
dian como leones; los carlistas los atacaban como tigres. Unos y
otros comprendian que su triunfo sería la muerte de la causa con-
cÓwris CONSTITU
55
YENTES DE
1,837,
traria. La torna de Bilbao era otra vez la condicion impuesta á los
o
aentes de D. Carlos para la entrega de un cuantioso empréstito y
para el esplícito reconocimiento de sus derechos por las potencias
del Norte y de las Dos Sicilias.
El gobierno liberal por su parte, y el mismo general
en jefe,
keinian
también que el triunfo sobre Bilbao podría allanar el camino
de Madrid en el estado pujante de las facciones y en la sitnacion
critica del ejército
y
minado por la indisciplina y abatido por la
falta do recursos.
Varias veces trató Espartero de auxiliar á la plaza, y otras tan-.
tlÁs le contuvieron desde sus fuertes posiciones los batallones que
mandaba Villarreal , colocado allí de antemano para interceptarlo
e1
paso y proteger las operaciones del sitio. Encomendado este al
general Eguia y al frente de numerosas fuei
o
zas y un completo tren
de batir g seguia bombardeando y cañoneando la plaza sin miedo
de que le acometiesen por retaguardia.
La
situaciou de los sitiados era por
denlas angustiosa y deses-
perada.
Rendidos por la fatiga , mermados por la metralla , herido
su jefe el brigadier
D. Santos San Miguel, y su segundo el de igual
clase D. Miguel Araoz , sin víveres , sin municiones, sin esperan
zas de ninguri auxilio, la rendicion de los bilbainos y escasas tro-
pas que defe
►
ldian la plaza parecía inevitable
á
últimos del mes de
diciembre de 1837.
Era la noche del 21. Noche tempestuosa y llena de horror,
que
despues de tantos años recuerdan aun con tristeza
y espanto ven-
cedores
y
vencidos. Ya por la tarde habla logrado el ejército de
la reina restablecer el
puente de Luchana
y facilitar el paso de una
division al otro lado de la ria para combinar un ataque general.
La opewion era arriesgada y decisiva una derrota. Espartero
postrada en cama , habla dado sus instrucciones al general Oráa
y resignado en él el mando del ejército. El
puente de Luchana se
tomó y habilitó , y eristinos y carlistas hicieron prodigios de valor
aquella tarde,
La noche puso li
g
a á la batalla, cerrando oscura y tormentosa.
Nunca hablan conocido los naturales del pais noche como aquella.
Los combatientes ocupaban los puestos en que los
sorprendió la
CAPÍTM
oscuridad , sufriendo callados y silencio';os los ri?,:ores de la in-
1.emperie. Era tan intenso el f•io, que algunos fusiles se despren-
dían de las manos ateridas de los soidados: sUal):1 furiosamente
11 huracar' . acompañado de una lluvia de granizo que azocaba los
nmóviles rostros de la tropa. La nieve labia cubierto los cadá-
veres de la batalla de la tarde. y seguia desprendiéndose del cielf.1
en gruesos y helados copos,
Los elementos todos se hallaban desenca lenados; la naturaleza.
'.1
.
mponente y aterradora que la aumentar el horror de aquella
noche , como pretendienb evitar las escenas de desolacion
y
de
matanza une se preparaban,
Enterado Espartero del cuadro triste y desconsolador que pro-
.eritaba su ejército, exánime y rendido y y comprendiendo que si.
combate se prolonga algunas horas mas , si el día amanece y el
enemigo conoce su ventajosa posicion todo está perdido, salta del
lecho á las once de la noche y preséntase á sus tropas . las habla,
las enardece, las entusiasma y da la señal de ataque. Y en la bora
misma en que la Iglesia celebra uno de los mas grandes misterios
de
la
religion cristiana ; en el momento mismo en que España so-
lemniza el nacimiento de un
-
Dios de paz , de caridad y amor,
se-
senta mil hombres, todos españoles, hermanos todos, se acometen
y destrozan despiadadamente.
El `redoble de los tambores, los gritos de los combatientes, los
ayes de los heridos , el ruido de las armas , el relincho de los ca-
ballos , el silbido del huracan , el bramido de los mares, todo
ello confuso , mezclado , alumbrada la escena por las llamaradas
de los fusiles , cuya sulfUrea luz reflejaba siniestra sobre una in-
mensa sábana de nieve, enrojecida á trechos por la sangre , for-
maba un cuadro horroroso , fantástico , infernal , corno w
lo soñó
el
Dante
ni lo pintó
Rembrant.
El Dios de las batallas protegió visiblemente al ejército de la
reina y á su esforzado caudillo , quienes al amanecer se hallaron
dueños del punto culminante de
Banderas.
Treinta batallones car-
listas acababan de cederles el campo , dejándoles , como en señal
de su derrota, veinte y seis piezas de at tilleria, carros, municiones,
brigadas , el parque del sitio , almacenes, hospitales y todo cuan-
COBTE:14 CONSTITUYENTES DE
1837,
57
Lo
allí
poseía
el enemiga, y con ello las llaves (le la sitiada plaza.
Bilbao se salvó y acaso se salvó tambien entonces el trono de
label
11.
Al temerario arrojo de Espartero se debió tan feliz vic-
to
•
ia que sembró el desaliento en las tropas de D. Carlos , y que
fue, el prólogo de la historia de su decadencia, cuya última página
e firmó despues en los campos de Vergara.
La gloriosa y trascendental hazaña del ejército del Norte rea-
nimó las esperanzas de los liberales, y llevó la alegría y el regoci-
o al bando progresita, calmando por un momento , y en aras del
traeres comun , los odios y recelos que ya hondamente lo trabaja-
ban y consumiau. La mayoría de las Córtes
oyentes que,
pesar de figv.lrar en ella' Argüelles Olózaga , Gonzalez y otros
exaltados de
p
y
i
r
nera
nota, tulla que representar las ideas mo-
derldlas , si habida de combatir los delirios demagógicos de la mi
noria, gozaba con
el
risueno porvenir que ofrecia la guerra, y con
la seguridad de confeccionar una constitucion liberal y monár-
quica á la vez. término medio entre el Estatuto y el Código de
Cádiz.
El gobierno, por su parte , adquiría nuevos brios para luchar
con los revoltosos, que le declararon una guerra á muerte. La re-
volucion , enemiga hasta de sí misma, si el órden y la armonía
se mezclan en sus triunfos , no podia llevar en paciencia que el
ministerio á que crió vida en la Granja tratase de plantear un go-
bierno estable y ordenado , siquiera fuese democrático, porque la
revolucion aborrece todo gobierno. Son dos polos opuestos , dos
ideas que se contradicen , dos fuerzas que sebrepelen.
Pero si la revoluciun habla puesto ya en práctica la soberanía
nacional , trayendo unas Curtes constituyentes , omnímodas y
absolutas; si 'labia restablecido el código mas democrático, mas
revolucionario á que podia aspirar ; si 'labia llegado en política a
las reformas mas exageradas , á los principios mas avanzados ,
ias utopias mas irrealizables , ¿qué p
•
etendia , pues , aquella re-
volucion que así renegaba de sus antiguos ídolos, que así comba-
tia á sus constantes
directores?
Pretendia el trastorno social de
España , realizado ya el político ; intentaba arrollarlo todo , des-
truirlo todo, el trono , la aristocracia . la religion. Intentaba
er
5S
CAPITULO XLII,
gir en sistema la fuerza brutal , el salvaje imperio de las turbas
Plantear
el
gobierno de los mas fuertes
ó
de los
1)1213
osados
y
no
la
república antigua de dunas épocas , honrada , tra:iquila y
humanitaria de
gide
no tenían noticia siquiera aquellos delirantes,
Birlo
la república de todos , la confusion el desórden ,
la
ley del
puñal, el reinado del verdugo.
Barcelona la populosa
5
la turbulenta , la siempre indiscipll
nada Barcelona ,
fue la primera que autinció el cataclismo que se
deseaba , aconsejada por los clubs masónicos de la corte
y
tenidos
á ra
y
a por el patriotismo de la mayoría y h enérgica y salvadora
mano
del
gobierno, Tres periódicos , órganos de las sociedades
secretas de aquella industrial ciutbi
u
predicaban la disolucion
,
social, azuzando á las masas con terribles provocaciones.
El Vapor
de 'V de diciembre habla dicho: « Si el pueblo no
se decide á arrebatar de las manos
eclécticas
(las dal ministerio
«Calatrava y las Córtes) la direccion de sus intereses no lardare-
«mos en vernos altamente burlados con el INRI mofador del Eda-
«tuto. Cuatro días despues, el mismo periódico dijo :—«Emanet-
«pese el pueblo de
esh cáfila'de políticos y embusteros que le
em-
«bahucan; mire á Madrid con ojos espantados, como si mirase una
«corrompida Sodoma : haga por si solo la rev6lucion a que el eie-
«lo le está llamando , y entonces
la cuestion espailo!a se decidirá
en bien de todos los pueblos.»
Alas enérgicamente se espresaba el
Guardia Nacional
diciendo: «Si sigue su plan la coalicion aristo-
«crática de Europa, no han de pasar muchos años sin que un feu-
dalismo , mas atróz y repugnante que el antiguo , borre hasta
«los vestigios de libertad , y embrutezca la especie humana, (5 sin
lque ,
por estremo opuesto, una sangrienta y furiosa revolucion
«equivoque el nivel regulador con la guadaña de !a muerte ,
«pulverice hasta los cimientos de los tronos
y
de todo lo que recuerde
'
1
posibilidad
de opresion.» En fin el
Sancho Gobermr,'or,
ponde-
rando la necesidad de progreso en la revolucien
Si se
«detiene, vendrá despees mas destructora, porque es de su
esen-
«cia hollar todos los intereses existentes y crearlos nuevos.»
Como si esto no bastase, dióse á luz una horrenda proclama,
llamada la
Bandera,
en que los clubistas barceloneses , dignos
CÓRTES CONSTITUYENTES DE
1837 W
59
discípulos de Marat en su lenguaje y sus aspiraciones 9 decían
entre otras cosas:
•
Un medio solo puede salvarnos ; un medio solo , espantoso,
bpero necesarlo..... la
revolucion.....
Pero es preciso la iniciativa;
l
s preciso enarbolar antes una
bandera...
asociémonos pues; el
fuerte preste sus brazos, el sabio sus talentoso.... Enarbolemos
una bandera con el lema sagrado de
derechos del hombre;
pelee-
onms todos bajo su sombra....
n
Y, levantando despees en la
calumnia el andamio para llegar á sus criminales intentos, aña-
dieron
¿Sabeis quién son nuestros enemigos? Los aristócratas
besos que no quieren nivelarse con nosotros, que viven á espera
.)sas de nuestro sudar y que tienen derecho á ultrajarnos. porque
t el favor ó la intrip les ha dado una faja , ó porque conservan
pergaminos de sus abuelos...o. A las armas : derribemos les de-
orechos de los aristócratas,
derribemos -sus cabezas
para que
no
lics quede el arbitrio de reconquistarlos. Con su' sangre rejuve-
•
enecerá
Cataluña, España, Europa toda.....
d
A ellos
Produjo en Barcelona y en los puntos por donde circuló tan
incendiario documento un terror y una indignacion general. El
ayuntamiento, afiliado en la sociedad de
Ilermanos de la grande
Un ion ,
donde se soñaban tan sangrientos delirios, aparentó re-
probarlos y publicó una proclama hipócrita en
que, con frases va-
gas y equivocr's , dejaba ver que los aplaudia. El primer alcalde
constitucional, D. Mariano Borre!, daba las gracias desde
su
balcon
ti los trastornadores , al terminarse una serenata, pronunciando
esto discurso , digno por lo estrambótico y sivificativo de sag
frases de figurar erl nuestra historia
Conciudadanos; soy hijo de un mancebo albañil. La aristo-
»cracia y el carlismo son nuestros enemigos , son sinónimos.
Alerta, hijos; guardemos las libertadespopulares. Viva la
li-
bbertad y la C
.
onsiitucion. Siempre me hallareis pronto á defen-
;gder estos derechos con mi sangre y no
dejaremos las armas hasta
5lesterminar á nuestros enemigos. »
Aun llegó á mas el escandaloso atrevimiento de los anarquis-
tas de BarcelCma. Temiendo no haber esplicado bastante sus in-
tenciones en el anterior libelo , publicaron una especie de himno
60
CAPITULO
\LH.
acróstico ,
que envolvia en !as iniciales de stb versos el resúmen
de sus deseos, revelados
del
modo -,i2-r_ciendiv
.
iiinPrie á los tí-
ranos; abajo los tronos; el »,elle soberai¿o;
, liberiod,
cía . igualdad, virtud, república
univer.sal.
Esta vez la autoridad , repiesentada
por el llenero]
Krretio,
cumplió con su deber.
Apoyada por todas las clases sensatas,
por
todos los partidos legales desde el ex141ill(lo hasta el a/solutisti-d,
triunfó de los desorganizadores barceloneses cuando estos , pro-
moviendo un motín.
tratarwi
de poner
pRr
obra ,
t
u., 42,termina...
doras amenazas.
El ministerio , al mismo tiempo ,
ron
e! concurso de
ij
moyoría . cuya resolucion y patriotisn10 la honran sobremanera,
refrenaba poco á poco á los ultra-•evolueinnarios de dentro y
Ibera de las Córtes. Ocupaban estas sus sesiones en dictar me
didas inútiles para la
tettrninacion
de la gueria, en (lar nuevas
facultades á 31endizabal para que complicase mas los negocios
rentísticos , y en resolver mil cuestiones fáciles é insignificantes, .
civiles , militares y eclesiásticas , propias esclusivanlente del mi-
nisterio.
Y es que resabiados aun muchos de
sus
principales individuos
de la abusiva práctica de las Córtes de 1812 y 1820, y alucinados
tambien los nuevos constituyentes con la omnipotencia politica
del poder parlamentario , mostrábanse celosos todos de gobernar
por sí , invadian las atribuciones del poder ejecutivo y embara-
zaban sus movimientos , que el mecanismo,de la máquina consti-
tucional exigia dejar
espeffitos
en su esfera de accion.
CAPiTULO XLIII.
........,~~ammiwn..11~111141~1~
Constitucion de 1837.
SUMARIO.
Deseos de un nuevo Código.—Principales bases de su proyecto.—Sensatez de
la comis
i
.on al redactarlo. —Diferencias entre, la proyectada Constitucion y
la de Cadiz.—FlIndase en principios moderados.—Defiéndela Argüelles.—
Combátenla los exaltados.—InoDortunidad de consignar en él el principio
de la soberanía nacional,— Debilidad de la ma
y
oría.— Senado electivo.—
Queda votada la Constitucion.—Juramento de la reina gobernadora.—Sig-
niticativas frases (lel discurso de la reina.—Constitucion íntegra de 183'7.—
Resalta en ella el elemento conservador.—Contradicciones de
-
la revoluc.ion.
Importantes decretos de las COrtes.------Desenfreno de la prensa.—Medidas de
represion centra los periódicos
y
las sociedades secretas.—Revelaciones del
gobierno sobre su número
y
orlianizacion.
Los afanes del ministerio. como de la mavoria. cifr ábanse en la
confeccion y promuigacion de un código que, al paso que ga-
rantizase las libertades públicas , diese al elemento monárquico
l presligio constitucional que le fldtaba , la fuerza de represiou
y resistencia de que cluecia,
Nombrada desde (.1
de la legislatura una comisioli
especial para la rednect
,
n del nuevo código , compuesta de los
caudillos
A
la mayoria
rgüelles, Olózaga
'
, Sancho , Gonzalez
y
Fernit. presenló t i 1 i dc diciembre las cuatro bases que
Si
B
uen como cimiento de la °lita.
«12 Se supiimirá toda la parte reformativa y cuanto
deba
cor-
responder á los códigos ó leyes orgánicas. 2.' Las Córtes se com-
pondrán de dos cuerpos colegisladores, que se diferenciarán en-
tre
sí por las calidades personales de sus individuos . por la
forma
63
CAPÍTULO XLIII.
de su nombramiento , y por la duracion de su cargo; pero nin-
guno de estos cuerpos será hereditario fi Kivilegía:lo. Serán
iguales en facultades ; pero las leyes sobre contribuciones y cré-
dito público se presentarán primero al cuerpo
de
los diputados,
y si en el otro sufriesen alguna alteracion que estos despues no
admitiesen , pasará á la sancion real lo que los thputados apro-
basen definitivamente. 3.
a
Corresponde al rey : 1.° La sancion de
las leyes : 2.° La facultad de convocar las Cúrtes todos los amos,
y de cerrar sus sesiones : 3.° La de prorogarlas y disolverlas,
pero con la obligacion en este último caso de convocar otras y
reunirlas en un plazo determinado. .4.) Los diputados á Cúrtes se
elegirán por el método directo , y podrán ser reelegidos indefi-
nidamente.
Y1
A la simple lectura de los principios fundamentale3 sobre que
debia basarse la reforma constitucional, conocíase la notable dife-
rencia que mediaba entre el nuevo y el antiguo código ; el ade-
lanto de la ciencia política, los desengaños del tiempo y de la
práctica. Hasta los mas fervorosos amigos de la ley restaurada en
la Granja, hasta su principal autor, el doceailista rgü iles, com-
prendió la necesidad de su reforma en amonía con los hábitos y
tradiciones del pais.
Claro es que cuanto mas se cercenasen las facultiA
l
s del poder
legislativo, tanto mas aumento debian tomar las del ejecutivo.
que cuanto menos ensanche se le diese al elemento popular, tanto
mas estensas serian las prerogativas de la corona. No puede ne-
garse á la coimsion redactora de aquellas bases un pl
.
ofund,) co-
nocimiento de la situacion que atravesábamos, de lo peligroso (luí:
seria para todos en aquellas circunstancias alenbr de cualquier
modo á los revoltosos en sus desorganizadores delirios, y de lo que
á todos interesaba devolver al trono parte del prestigio y autorl-
dad que perdiera en las revueltas anteriores.
Si se tiene en cuenta el derrumbadero por donde caminaba
entonces la política española, arrastrada desde í14 .!:un tiempo , á
despecho de la verdadera opinion pública . por unos cuantos de-
magogos; si se considera que la revolucion acababa de ti iunfar y
que los clubistas que la impulsaron no se satisUJian ya ni aun con
CONSTITUCION DE
1837.
63
el código republicano de 1812 , resaltarán bien
á
las claras la
cordura, el acierto y el patriotismo de aquella comision que , sin
temor á las iras de la demagogia , fundaba el nuevo código en
principios moderados , en ideas de equilibrio y reconciliacion
entre los públicos poderes , en roútuas garantías para el trono y
para el pueblo.
Al examinar la Constitucion de Cádiz, vimos que era una ano-
malía , un absurdo el incluir en ella la parte reglamentaria que
emanaba de sus principios constitutivos. Era una inconvenien-
cia, cuando menos, dar cabida en un código fundamental, fijo é
invariable por alguu tiempo en una sociedad tranquila y organi-
zada ,
á
disposiciones orgánicas „ hijas de las circunstancias y tan
variables como ellas.
Toda Constitucion no. es , no debe ser otra cosa que un cate-
cismo, donde se encierran los principios mas abstractos , Inas
precisos y mas indispensables en la organizacion política de un
pais. Todo en ella debe ser absoluto , incuestionable , eterno. De
su raiz inamovible deben ir brotando la administracion , el go-
bierno , las reformas. Una buena
Constitucion
es el eje fijo y su-
jeto en el terreno de la conveniencia páblica , al rededor del cual,
pero sin conmoverlo, sin arrancarlo , deben girar constantemente
los partidos legales, sin otro aran , sin otra mira que practicar
las teorías consagradas
en el código fundamental en beneficio de
todos y con arreglo á las circunstancias, á la esperiencia y al na-
tural progreso. Desgraciada nacion aquella que, al constituirse,
no plantea una ley general , beneficiosa para todos , justa , impar-
cial , inmutable.
infortunado pais
aquel , en que se cambian con
frecuencia
sus constituciones , y en el que estas no tienen mas
sida que las del partido que las forma.
La comision y las Córtes , aprobando la primera. base , corre-
gían el
defecto
que en el código de Cádiz liemos censurado „ tra-
laudo de dar al nuevo mas concision
y
estabilidad.
La
division de las (Irles en dos cuerpos colegisladores evo
tarnbien una necesidad que
los
adelantos del gobierno represen-
tativo aconsejaban é imponían á
los
constituyentes de 1837.
En
Francia, en Inglaterra, en Bélgica , en los Estados-Unidos,
en
G4
CAPÍTULO XLIII.
las
demas
repúblicas de la América española , de dos cámaras se
componia la representacion nacional. Allí , corno en España , se
comprendieron las ventajas de una cámara aristocrática y mode_
radora , que sirviese de antemural al trono en sus rudos y fre-
cuentes choques con la asamblea dcmúerática. En los gobiernos
representativos sabido es que la lucha entre
(1
elemento popular
y
el monárquico es constante , ruda y encarnizada á \ ecos , como
gobiernos
que
son de rnútua represion y conquista entre ambos
poderes, entre ambas fuerzas constitutivas. La interposicion de un
tercer cuerpo, que nivele esas fuerzas , que modere esos ataques,
que concilie esas opuestas a:Tirationes , no puede nienos de ser
necesario y útil rara que la máquina del sistema parlamentario
funcione con regularidad y arden , trabaje sin romper.e.
No era menos importante la base tercera , que trasladaba el
poder parlamentario á la corona ó séase al ministerio responsgble.
Como recordará el lector, en la Constituciun de 1812 la existen-
cia
.
de las Córtes dependia única y esclusiva:nente de la ley. Su
reunion era fija , periódica y hasta con sei
-
ialamiento de dia. Tres
meses duraban sus sesiones ordinariamente , y ano mas si se
consideraba necesario ; celebrándose en el hile' rt gnu parlamen-
tario sesiones estraodinarias por motivos de reconocida utili-
dad y urgencia , á juicio del monarca, convocada en ese caso la
asamblea por el que presidia la diputacion permanente.
Todo en aquel código era periódico , sin tener en cuenta para
nada las circunstancias , ley suprema de todos los gob:ernos. De
suerte que, marcado de ante mano el dia de la disolucion de las
Córtes, lo estaba tambien el de la reunion de los cuerpos electo-
rales. Así el rey no podia impedir que las Córtes se reuniesen en
un
dia dado , ni suspender sus sesiones en el espacio de tres me-
ses; y si bien tenia el veto , era limitado y no absoluto.
Todos comprendían en 1837 lo peligroso de mías Curtes per
manentes, omnímodas é inamovibles. Si una asamiiie popular,
que tuviese asegurada su existencia por tres me
..9.!s , abusara de
su podar, y se desbordara en sus resulucione,
quien , cómo
y cuándo se la eowendria? Si unas elecciones han s
►
du el producto
de la coaccion de los partidos ó de las intrigas del gobierno, ¿co-
CONSTITUCION DE
1837,
65
mo se las inutiliza? Si las leyes que se votan son perjudiciales al
pais , como espresion
una mayoría ciega y desatentada; si con-
cluida su despótica dorninacion parlamentaria vuelve á ser elegida
de nuevo, ¿cómo evitar aquel mal no pudiendo disolver las Cór-
tes el monarca ni aun suspender las sesiones? ¿Cómo evitar la
promulgacion y aplicacion de aquellas injustas y nocivas leyes con
el veto limitado ó suspensivo?
Para evitar estos peligros , para conjurar tantas calamidades,
no habla mas remedio que la suspension , y si esto no bastaba,
la disolucion. Contra la falsedad de unas elecciones, la nueva con-
sulta á la voluntad del
pais,
garantiendo la libertad electoral;
contra una mala ley , un veto absoluto.
La cuarta base presentada por la comision constituid otra re-
forma muy importante , acaso la mayor y mas ventajosa para el
partido del Orden y de la legalidad. Proclamábanse en ella las clec
cienes directas , y al ocuparnos de esta debatida cuestion , al rese-
ñar los trabajos de las Córtes de 1833 , demostramos su ventaja
sobre las indirectas : mezquina parodia
del
sufragio universal.
Como
se ve , la reforma del código de Cadiz era radical ; era
mas bien un código nuevo pues variaba notablemente del anti-
guo en su esencia y en su forma. La minoría , descontentadiza
lurLulenta , combatió tenazmente aquellas reformas , en especia)
y con mas furor la cuarta. El ministerio y sus amigos, con elo-
cuencia y resolucion , parapetados en los mas sanos y reconoci-
dos principios de la ciencia constitucional , en los principios
moderados ,
aclimatados con crédito en Francia
é
Inglaterra°
defendieron el
terreno palmo á palmo , triunfando en a
q
uellas me
morales debates.
El mismo Argüelles, confeecionador y defensor exagerado del
código de Cadiz en
1812 , defendía ahora el que iba á reemlazar -
p
le, con
igual fervor
y
conviecion. Era esto tal vez ineonsecuen
Cia ,
de fe en sus principios , vaeilacion en sus aspi•acione
políticas , nunca abandonadas ,
en sus deseos, siempre
manifes -
lados ,
C11
beneficio del
elemento popular'? no. Era que la espe
riendia
p
alia modificado ya algo sus ideas y las de sus compañeros;
es
que
para personas
de instrueeion y de talento .
como
eran loa
lomo
III.
66
CAPÍTULO XLIII.
individuos de aquella comision, no pasan en
•
alde veinte y cinco
años de esperimentos y de ensayos ;
es
que la verdad y la justicia
triunfan al cabo de la pasion ; es que el patriotismo vence por lin
á la preocupacion y al espíritu de bandería.
Los clubs de la corte y de las provincias , puestos en movi-
miento , como era costumbre en ciertos casos , contra el códilisn,
en infusion, cuyas tendencias moderadas eran ya bien conocidas,
chillaron furiosos en la prensa y en los
CIlfz'S
contra los nuevw-
conservadores, contra unos ministros , hijos de la revolucion
la cual , segun ellos , trataban de asesinar. Algo debió influir e!:
el ánimo de la comision y en el de la mayoría
el
amenazante cla-
moreo de la demagogia , para dar á ciertos detalles del proyectes
un colorido democrático . que no armonizaba mucho con el de la
bases aprobadas.
No atreviéndose á prescindir del manoseado lema de la sobe
ranía nacional , encabezaban la nueva Constitucion con la acla-
racion democrática siguiente
Siendo la voluntad de la nacion revisar en uso de su lobera
nia la Constitucion política , promulgada en Cadiz en 19 de marzo
de 1812 , las Córtes generales , congregadas á este fin , decretan 1
sancionan la siguiente Constitucion de la naeion espaiinla
Era esto una vacilacion en el buen camino que se trataba k
emprender: un recuerdo de ofensa
y-
á la monarquía. Erl
destruir parte del buen efecto producido por las bases pr~nta,
das en los partidos sensatos . tener siempre pendiente la enehilk
popular sobre el trono , y dejar á este un motivo ó un pretesto.
cuando menos , para reformar á su tiempo como lo hizo luego
la nueva Constitucion.
A. eso conduce la manía de los partidos en consignar principio-
metafísicos , que para nada sirven. Y si no dígasenos por los fa-
náticos partidarios de la soberanía popular hubiera sido el rnic
blo menos libre , menos fuerte, no estando inscrito ese dogma
eh
el código reformado? ¿ Fueron por eso
mas
respetadas sus fran-
quicias y mas atendidos sus derechos de soberanía en los dos algo-.
posteriores? ¿Sin el amenazador proemio de la Constitucion
37 , no se hubiese pronunciado lo mismo y arrollado al trono
I o
o
CONSTITUCION
i
DE
u
6 7
en 18,0 ? Apesar
de
aquel alarde de democracia pura ,
fué
desarmado y sujeto en 18'
.1'i ?
Pues entonces, á qué conducía la declaracion de la soberanía
nacional al principio del nuevo código? Ya lo hemos indicado. A
transigir con la re
y
olucion de mal género; á dejar permanentes
anteriores agravios al trono; á
quitar
á la reforma el carácter
de
estabilidad, de conciliacion y de sensatez que la prévia aprobacion
de sus cuatro bases exigia. Siguiendo , pues , en aquel propósito
de deblidad y conternporizacion , casi arrepentidos los reforma-
dores de sus primeros pasos, fueron desviándose poco á poco de la
senda de salvacion , con tanta resolucion como patriotismo em-
prendida.
Los legisladores de Cádiz proclamaron en su famoso código 12
reli ion católica . apostólica , romana , como única y verdadera
Esta profesion de fe religiosa , tan esplicita y terminante corno de-
be
ser
la
de
un verdadero cristiano , pareció muy absoluta á los
constitu
y
entes de 1837 , y prefiriendo halagar mas bien á la filo-
sofía moderna que á los profundos y tradicionales principios reli-
giosos del país , variaron aquella pública profesion que tanto
honraba á los constitucionales del año 12 , limitándose á decir en
la reforma , « que la nacion se obligaba á mantener el culto y
!Ministros de la religion católica
que profesaban los espan-oles.
Es decir, se consignaba simplemente un hecho , pero no se
proclamaba una religion.
Hasta la tolerancia en materias religiosas esto es , hasta
11.
impunidad por la conducta en la práctica de la religion . se llegó
Pedir en el debate de aquel artículo : pero no la tolerancia
en
materia
de
opiniones , que deben combatirse con la persuasion
no con la fuerza tolerancia de conducta que , aunque disfrazada,
no era otra cosa que la libertad de cultos,
Esa deferencia á las ideas exageradas, mostróse tanibien al
consignar las facultades del alto cuerpo colegislador que
se
cieno
minaba
Senado
así como
Congreso de diputados
la cámara de pro-
curadores. Los senadores, segun el provecto , debian
ser
nombra-
dos por el rey á propuesta en triple lista de los electores que en
cada provincia nombraban á los diputados.
6
►
CAPÍTULO
XLIII.
El Senado de ese modo venia á ser otra asamblea popular de-
pendiente de la voluntad de la nacion. y no del libre nombra-
miento de la corona. De ese modo babria dos (
,
.
,
tamentos popula-
res , enteramente iguales en atribuciones (
►
seepto en las leve4
sobre impuestos , hijos ambos de la idea dominante en las elec-
ciones , producto los dos de la viloria de un partido y y que de
Man vencer ó morir con él ; porque es claro que el niiiisterk
aconsejarla la eleccion de sus parciales en las ternas presentadas a
la corona , y esta con leves escepciones , nombrarla siempre a
los hombres del partido vencedor.
Con este sistema seria nulo y acaso perjudicial en las funcio
nes del gobierno representaG
y
o ese elevado cuello 0 porque par-
ticiparia de las mismas tendencias . de las mismas pasiGnes , d(;
mismo interés que el de diputados, y careceria por consiguienu-
de ese carácter imparcial, conservador y equilibrador que delw
ser.su esencia y su base. Para que aun fuese mas variable sn
existencia , mas política , mas de bandería, se despojó al Senaen
de su indispensable cualidad de vitaiicio, que proponía la corni
sion , acordando las Córtes que en cada disolucion del Congreso)
se renovase el otro cuerpo por antigüedad en su tercera parte
Sin grandes debates, sin tina ruda oposicion fuér'onse apro-
bando los artículos del proyecto, quedando al fin hecha la refor
ala constitucional á
1.°
de abril de 1837.
El ri de junio fué aceptado el nuevo código por la reina go-
bernadora en nombre de su augusta hija , y prestó su juramenul
al día siguiente en el seno de !as Córtes. El acto fué por flema,.
vistoso y regocijado. El camino que recw rieron. SS.
sembrado de flores. Madrid se entregaba á los mas locos Iraspw-
tes
de alegría los unos por lo que halan conquistado , los otra
por lo que no hablan perdido.
Puesta en pío Giistina debajo del solio, y con la mano en e:
libro (le los Evangelios , leyó con voz, aniinada y sonora la si-
guiente, fórmula de juramento:
o Juro por Dios y los santos Evangelios que guardaré y hare
guardar la Constitucion de la monarquía española que las actua
es Córtes constituyentes acaban de decretar y sancionar, y yu
cONSTITtelwN DE
1837
69
no Iceptado en nombre de mi augusta hija la reina doña Isa-
bel
11: que guardaré y haré guardar las leyes , no mirando en
cuanto hiciere sino al bien y provecho de la nacion
9
y que seré
riel á mi augusta hija la reina doña Isabel H.
Si en lo que he jurado, ó parte de, ello, lo contrario hiciere,
710 debo ser obedecida ; antes aquello en que contraviniere será
nulo
y de nin
G
un valor. Así Dios me ayude y sea en mi defensa,
y si no me lo dernande.
Las Córle3 juraron e
g
os uid
y
terminó tan imponente acta
'
i
on un discurso de S. M. del que estra.ctamos los siguientes pár--
!'afos que envolvian un consejo dado á la reina por los constitu---
ciona:es.
«Aquí, entre vosotros, á la faz del cielo y de la tierra, declaro
le nuevo mi espontánea adhesiou y aceptacion libre y entera de
as instituciones políticas que acabo de jurar á nombre y en pre
l3encia de mi augusta hija
que
teneis delante, y cuyos sentimien-
r
3s espero que
II0
sean diversos de los amos. La reina de España.
aunque en edad tan corta, debía asistir á este solemne acto.
los albores de la razon coirdenzanll rayar en ella , y un espec-
táculo tan noble y tan grandioso se imprimirá con tanta mas
viveza en su tierna fantasía , al paso que su inacencia y sus gra-
c:as añadirán `hileros ,
y
darán si es posible mayor fuerza á nues-
tros recíprocos juramentos. Colocada en medio de la representa
clon nacional, ainparada y defendida por la lealtad española , es
,Domo si estuviese en presencia de todo su pueblo, como si alzada
'Itera y procla nada en el anUguo escudo de los reyes sus ante-
pasados. Acostúmbrese desde ahora á vivir entre vosotros, á oír
vuestros consejos, á penetrarse de vuestro bien
y á procurarlo
con todas las potencias de su alma. Ella es la heredera que el
cielo concedió á los votos de los españoles : ella es la alumna de.
,
la libertad , educada á la sombra de sus leyes protectoras; que su
primer sentimiento sea venerarlas; su principli deber cumplirlas;
su
incesante
anhelo defenderlas...»
Por no faltar á nuestro propósito de dar á esta historia todo el
interes que nos propusimos ai empezarla, encerrando en ella to
dos los documentos importantes de nuestra moderna
revolucioiL
70
CAPÍTULO XLIII,
y como tales las distintas Constituciones que en su transcurso se
han promulgado, insertamos á continuacion la
de 1837
como
hi-
cimos con las anteriores y haremos con la que le ha sucedido.
TITULO PRIMERO.
DE LOS ESPAS °LES,.
Articulo 1.. Son españoles
1.°
Todas las personas nacidas en los dominios de España.
2.° Los hijos de padre á madre españoles, aunque hayan nacido fuera
de España.
3.° Los estranjeros que hayan obtenido carta de naturaleza.
I.'
Los que sin ella hayan ganado vecindad en cualquier pueblo de h
monarquía.
La calidad de español se pierde por adquirir naturaleza en pais es-
tranjero , y por admitir empleo de otro gobierno sin licencia del rey.
Art. 2.° Todos los españoles pueden imprimir y publicar librementl-
sus ideas sin prévia censura , con sujecion á las leyes.
La calificacion de los delitos de imprenta corresponde esclusivamente
los jurados.
Art.
Todo español tiene derecho de dirigir peticiones por escrito á
las Córtes y al rey , como determinen las leyes.
Art. Unos mismos códigos regirán en toda la monarquía, y en
ellos no se establecerá mas que un solo fuero para todos los españoles
en los juicios comunes, civiles y criminales.
Art. 5.° Todos los españoles son admisibles á los empleos y cargos
públicos , segun su mérito y capacidad.
Art. 6.° Todo español está obligado á defender la patria con las armas
cuando sea llamado por la ley, y á •contribuir en proporcion de sus ha-
beres para los gastos del Estado.
Art. 7.° No puede ser detenido, ni preso, ni separado de su domicili,)
ningun español ni allanada su casa sino en los casos y en la forma que
las leyes prescriban.
Art. 8.° Si la seguridad del Estado exigiere en circunstancias estraor-
dinarias la suspension temporal en toda la monarquía , 6 en parte de
ella,
de lo dispuesto en el artículo anterior, se determinará por una ley.
Art. 9.° Ningun español puede ser procesado ni sentenciado sino por
el juez ó tribunal competente, en virtud de leyes anteriores al delito y
en la
forma que estas prescriban.
Art. 10.
No se
impondrá jamas la pena de confiscacion de bienes, y
CONSTITUCION DE
1837.
71
ningun español será privado de su propiedad sino por causa justiuIca.da
de utilidad comun, previa la 'correspondiente indemnizacion.
. 11. La nado se obliga á mantener el culto y los ministros
de la
Art
/
religion católica que profesan los españoles.
TITULO
H.
DE LAS CÓRTES.
Art. 12. La potestad de hacer las leyes reside en las Córtes con el rey,
Art. 13. Las Córtes se componen de dos cuerpos colegisladores, igua-
les
en
facultades : el Senado y cl Congreso de los Diputados
TITULO HL
DEL SENADO.
Art. 11.
El número de los senadores será igual
a
las tres quintas
par-
les
de los diputados.
Art. 15. Los senadores son nombrados por el rey á propuesta, en
lista triple, de los electores que en cada provincia nombran los diputado
.
Córtes.
Art. 16. A
cada provincia
corresponde proponer un número de sena-
dores proporcional á su poblador": pero ninguna dejará de tener por lo
menos un senador.
Art. 17. Para ser senador se requiere ser español, mayor de 4.0 años
y tener los medios de subsistencia y las (lemas circunstancias
que
deter-
mine la ley electoral.
Art.
18. Todos
los
españoles en quienes concurran estas
calidades,
pueden ser propuestos para senadores por
cualquier provincia de la
mo-
narquía.
Art.
19.
Cada vez que se haga eleccion general de diputados, por ha-
ber espirado el término de su encargo , ó por haber sido disuelto el
Congreso, se renovará por orden de antigUdad la tercera parte de los
,
ciladores : los cuales podrán ser reelegidos.
Art. 9. Los hijos del rey y del heredero inmediato`de la corona son
senadores á la edad de 25 años.
TITULO IV.
DEL CONGRESO DE LOS DIPUTADOS.
Art.
21.
Cada provincia nombrará un diputado 'á lo menos por cada
50,000
almas de su poblacion.
CAPÍTULO
XLIII.
Art. 22. Los diputados se elegirán por el método directo, y rodrán
Ser rcele-idos indefinidamente.
Ar
t.
23,
p
lfra ser diputado
se requiere ser español del estado seglar,
haber cuni
►
Hdo 25 años,
y tener
las demas circunstancias que exija 12
ley elerLral.
Art. 2.
Todo
español que
tenga estas calidades, puede ser nombrado
diputado por cualquiera provineia.
Art. 25. Los diputados serán elegidos por tres años.
TITULO y
DE L.
CELEI3RACION
Y FACULTADES DE LAS CORTAS.
Art. 26. Las Córtes se reunen todos los años. Uorrresponde al re
y
enn-
vocarlas, suspender y cerrar sus sesiones , y
disolver
el Congreso de los
Diputados; pero con la
obligaeion,
en este último caso, de convocar
otras Córtes, y
reunirlas dentrode tres;
meses.
Art. 27. Si el rey dejare de reunir algun año las Cúrtes antes del
1.
0
dr.
diciembre, se juntarán precisamente en este dia ; e.-) el caso de Tic
aquel mismo
año concluya
el encargo de
los
diputados,
se empezarán Int
elecciones el primer domingo de octubre
para hacer nuevos nombra
mientos.
Art. 28. Las Córtes se reunirán estraordinariamente
luego que vacare
la corona , que el rey se imposibilitare de cualquier modo para el go-
bierno.
Art. 29. Cada uno de los cuerpos colegisladores forma el
respectiva,
reglamento para su gobierno interior, y examina la legalidad de las elec-
ciones y las calidades de los individuos que le componen.
.Art. 30. El Congreso de los Diputados nombra su presidente, yicepre,
sidentes y secretarios.
Art. 31. El rey nombra para cada legislatura de entre los mismos so.-
nadores, el presidente y vicepresidentes del Senado, y este elige sus
secretarios.
Art. 32. El rey abre y cierra las Córtes, en persona ó por medio de
los
ministros.
Art. 33. No podrá estar reunido uno de los cuerpos colegisladores sin
que lo esté el otro tambien; escepto en el caso , en que el Senado juzgue
á los ministros.
Art. 3:. Los Cuerpos colegisladores no pueden deliberar juntos ni en
presencia del rey.
Art. 35. Las sesiones del Senado y del Congreso serán públicas,
y
solo
en
ICS OSOS
que exijan reserva , podrá celebrarse sesion secreta,
CONST1TUCION DE
1837.
73
Art.
3s.
El rey y cada uno de los Cuerpos colegisladores tienen la
nicia ti va de las leyes.
Art. 37. Las
leyes
sobre contribuciones y crédito público se presenta-
rán primero al Congreso de los Diputados; y si en el Senado sufrieren
alguna alteracion que aquel no admita despues, pasar,
l á la sancion real
lo que los diputados aprobaren definitivamente.
Art. 38. Las resoluciones en cada uno de los Cuerpos colegisladores se
toman á pluralidad absoluta de votos; pero para votar las leyes se re-
quiere la presencia de la mitad mas uno del número total de los indivi-
duos que le componen.
Art. 39. Si uno de los Cuerpos colegisladores desechare algun proyec-
to de ley , ó le negare el rey la sancion , no podrá volverse á proponer
un proyecto de ley sobre el mismo objeto en aquella legislatura.
Art. 49. Ademas de la potestad legislativa que ejercen las Córtes con
el rey , les pertenecen las facultades siguientes
Recihir al rey, al sucesor inmediato de la corona, y á la regencia
lí regente del reino , el juramento de guardar la Constitucion y las leyes.
‘2.
2
Resolver cualquier duda de hecho ó de derecho, que ocurra en
f
irden á la sucesion á la corona.
3.
1
Elegir regente ó regencia del reino, y nombrar tutor al rey menor,
cuando lo previene la Constitucion.
4.
4
Hacer efectiva la responsabilidad de los ministros, los cuales serán
acusados por el Congreso, y juzgados por el Senado.
Art.
U.
Los senadores y los diputados son inviolables por sus opi-
niones y votos en el ejercicio de su encargo.
Art. II Los senadores y los diputados no podrán ser procesados ni
arrestados durante las sesiones sin permiso del respectivo Cuerpo cole-
gislador, á no ser hallados
in fraganti;
pero en este caso, y en el de ser
procesados ó arrestados cuando estuvieren cerradas las Córtes, se deberá
dar cuenta lo mas pronto posible al respectivo Cuerpo para su conoci-
miento y resolucion.
Art, 43. Los diputados y senadores que admitan del gobierno ó de la
nasa real pension, empleo que no sea de escala en su respectiva carrera.,
comision con sueldo, honores ó condecoraciones, quedan sujetos á res
eleceion.
TITULO VI,
DEL REY.
Art. 44. La persona del rey es sagrada é inviolable , y no está sujeta
á responsabilidad. Son responsables los ministros.
krt. 45. La potestad de hacer ejecutar las leyes reside en el rey, y su
74
CAPÍTULO XLIII.
autoridad se estiende á
todo
cuanto conduce á la consIT
y
'acioi del orden
público en lo interior,
y á
la seguridad del Estado en lo esterior,
me á la Constitucion y á las leyes.
Art. 46. El rey sanciona y promulga las ley es.
Art. 47. Ademas de las prerogativas que la. Constitucion señala al rey,
le corresponde:
1.° Espedir los decretos, reglamentos e insn ueciones que sean
docentes para la ejecucion de las leyes.
2.° Cuidar de que en todo el reino se administre pronta y cumplida-
mente la justicia.
3.° Indultar á los delincuentes con arreglo a las
Je
∎
4.° Declarar la guerra y hacer y ratificar la paz , dando 1P:si-Ales
CUUD
ta documentada á las Córtes.
5
Disponer de la fuerza armada distribuy
como mas converi,c;',
6.
1
Dirigir las relaciones diplom'ticas y comerciales
cc/1
las derua
potencias.
7.° Cuidar de la fahrieacion de la moneda , en la que se pondrá
busto y nombre.
8.° Decretar la inversion de los fondos destinados cada uno de los
ramos de la administracion pública.
9.° Nombrar todos los empleados públicos y conceder honores y dis
unciones de todas clases, con arreglo á las leyes.
10. Nombrar y separar libremente los ministros.
Art. 48. El rey necesita estar autorizado por una ley especial:
1.° Para enajenar , ceder ó permutar cualquiera parte del territori(,
español.
2.
e
Para admitir tropas estranjeras en el reino.
a.
6
Para ratificar los tratados de alianza ofensiva, los especiales de co
mercio, y los que estipulen dar subsidios á alguna potencia estranjera.
4.° Para ausentarse del reino.
5.° Para contraer matrimonio, y para prTmitir que lo contraigan las
personas que sean súbditos suyos y estén llamadas por la Constituciou
suceder en el trono.
6.' Para abdicar la corona en su inmediato sucesor.
Art. 49. La dotacion del rey y de su familia se fijará por las Córtes
al principio
de cada reinado.
TITULO VIL
DE LA SUCESION DE LA CORONA,
Art. 50. La reina legítima de las Españas es doña Isabel II de Borbor..
Art. 51. La sucesion en el trono de las Españas será segun el órden
CONSTITUCION DE
1837.
75
regular de primogenitura y representacion , prefiriendo siempre
la línea
anterior á las posteriores; en la misma línea el grado mas próximo
al
mas remoto ; en el mismo grado el varon á la hembra, y en
el mismo
sexo la persona de mas edad á la de menos.
Art. 52. Estinguidas las líneas de los descendientes legítimos
de doña
Isabel
11
de Borbon , sucederán por el arden que queda establecido
su
hermana y los tios hermanos de su padre , así varones como hembras, y
Lis
legítimos descendientes si no estuviesen escluidos.
Art. 53. Si llegaren á estinguirse todas las líneas que se señalan, las
Córtes harán nuevos llamamientos, como mas convenga á la nacion.
Art. H. Las Córtes deberán escluir de la sucesion aquellas
personas
que sean incapaces para gobernar, ó hayan hecho cosa,, por que merez-
can perder el derecho á la corona.
Art. 55. Cuando reine una hembra , su marido no tendrá parte nin-
zuna en el gobierno del reina.
TITULO VIII.
DE LA MENOR EDAD DEL REY , Y DE LA REGENCIA.
•
Art. 56. El rey es menor de edad hasta cumplir
14 años.
Art. 57. Cuando el rey se imposibilitare para ejercer su
autoridad
vacare la corona siendo de menor edad el inmediato sucesor, nombrarán
las Córtes para gobernar el reino , una regencia eompuesta de una , tres
ó cinco personas.
Art. 58. Hasta que las Córtes nombren la regencia, será gobernado el
reino provisionalmente por el padre ó la madre del rey ; y en su detecte
por el Consejo de ministros.
Art. 59. La regencia ejercerá toda la autoridad del rey, en cuyo nom..
bre se publicarán los actos del gobierno.
A rt.
60.
Será tutor del rey menor la persona que en su testamento
hubiese nombrado el rey difunto, siempre que sea español de nacimien-
to ; si no le hubiese nombrado , será tutor el padre ó la madre mientras
permanezcan viudos. En
su
defecto le nombrarán las Córtes; pero no po-
drán estar reunidos los encargos de regente y de tutor del rey sino en el
padre ó la madre de este.
TITULO IX,
DE LOS MINISTROS.
Art. 61. Todo
lo
que
el
rey mandare á dispusiere en el ejercicio de
su
autoridad , deberá ser firmado por el ministro á quien corresponda, y
76
CAPÍTULO XLIII,
ningun funcionario público dará cumplimienio
lo que (:aftzca. 'ce este
requisito.
Art. 62, Los ministros piwden ser senadores 6 diputados, V 'ornar
parte en las discusiones de ambos Cuer
pos
coklzisladores; pero milo ten-
drán voto en aquel á que pertenezcan.
TITULO X,
DEI PODER JUDICIAL,
Art. 63. A los tribunales y juzgados pertenece esclusivamente la
ro-
testad de aplicar las leyes en los juicios civiles y criminales, sin que pue-
dan ejercer otras funciones que las de juzgar y hacer que se ejecute fr.
juzgado.
Art. 64. Las leyes determinarán los trinunaes y
,
juzgados que
Ira
c:c
haber,
la organizacion de cada uno, sus racultades, el modo de ejercer-
las, y las calidades que han de tener sus inflividnOs.
Art. 65. Los juicios en materias criminales ser:1n p'1:iblicos, en
la
formg
que determinen las leyes.
Art. 66.
Ningun
magistrado d
juez
podrá ser depuesto de su destine,
temporal ó perpetuo , sino por sentencia ejeculoriada; ni suspenclido sino
por auto judicial , ó en virtud de Órdcn del rey , cuando este, con moti
vos fundados , le mande juzgar por el tribunal competente.
Art. 67.
Los jueces son responsables personalmente de toda infracc:op
de
ley que cometan.
Art. 68.
La justicia se administra
nombre del rey.
TITULO
X.I.
DE LÁS DIPUTACIONES PROVINCIALES Y DE LOS AYUNTAMIENTOS.
Art. 69. En cada provincia habrá una dIputacion provincial ,
Cú
puesta
del número de individuos que determine la le:y , nombrados liar
los mismos electores que los diputados á Córtes.
Art. 70. Para el gobierno interior de los pueblos habrá
Pynntam
en
tos, nombrados por los vecinos, á quienes la ley conceda, este derecl:o.
Art. '71. La ley determinará la organizacion y funciones de las dipu
taciones provinciales y de los ayuntamientos,
TITULO XII
DE LAS CONTRIBUCIONES
Art.
Todos los años pi-iesentar:I. el
1
,zobierno
á
las Cortes el pre-
supuesto general de los gastos del Estado para el año siguic:nte, y el flan
de las contribuciones y medios para llenarlos; corno asimismo las cuentas
CONSTITUCION DE
1837.
77
de la recaudacion é inversion de los caudales públicos para su
exámen
y aprobacion
Art. :3. No podrá imponerse ni cobrarse ninguna contribucion ni ar
t'itrio, que no esté autorizado por la ley de presupuestos ú otra especial.
Art. 7l. Igual autorizacion se necesita para disponer de las propio
dados del Estado y para tomar caudales á préstamo sobre el crédito de
la nacion.
Art.
P-
45. La deuda pública está bajo la salvaguardia especial de hl
uaclon.
TITULO XIII.
DE LA FUERZA MILITAR NACIONAL
Art. 16. Las Córtes fijarán todos los años, á propuesta del rey, u
fuerza militar permanente de mar y tierra.
Art. 17, Habrá en cada provincia cuerpos de milicia nacional, cuy:.
organizacion y servicio se arreglará por una ley especial; y el rey po-
drá, en caso necesario , disponer de esta fuerza dentro de la respecti-
va provincia, pero no podrá emplearla fuera de ella sin otorgamiento
de
las Cúrtes.
kRTiCULOS ADICIONALES.
Art.
1,"
Las leyes determinarán la época y el modo en que se ha de
establecer el juicio por jurados para toda clase de delitos.
Art. 2.° Lks provinciüs de Ultramar serán gobernadas por leyes espe
Palacio de las (Irles en Madrid á ocho de junio del año de mil ocho-
cientos treinta y siete.
Por la lectura del
/TUVO
código y por las apreciaciones que
al ocuparnos de su discusion dejamos consignadas, se verá cuánto
t4
y
reno habian ganado ya las ideas moderadas en el planteamiento
del gobierno representativo. Los mas acérrimos doeeaiiistas, los
demagogos
de
1823, los filósofos reformistas de 1831, los direc-
tores de la insurreccion provincial de 1833 y 1836, unos y otros
en su mayor parte viéronse obligados en 1837 á
transigir con la
monarquía, á fundar su donlinacion en cimientos conservadores.
La
Constitueion de 183
-
7 era moderada en su esencia y demo-
crática en su forma; era el ídolo de la monarquía adornado con
78
CAPÍTULO XLIII.
traje popular; era la necesidad luchando con la revolucion ;
era
la
esperiencia sofocando las preocupaciones.
La Constitucion de 183'7 proclamaba el triunfo de las ideas
conservadoras de Isturiz y Galiano, cuya eaida del poder costó
una insurreccion general en la que se derramó la sangre de algu-
nas autoridades, se insultó á una señora, y se humilló a una rei-
na. Oh aberraciones humanas ! ; Oh demencia de los partidos! y Oh
contradicciones eternas y amargas de la revolucion!
Antes de dedicarse las Córtes constituyentes
al
de
la
reforma constitucional , y aun en los intervalos de sus discusiones)
espidieron algunos decretos de importancia polifica y económica
Merecen especial rnencion entre los primeros el que hacia
csten-
siva á los infantes D. Miguel , D. Sebastian y á la madre de este
doña Maria Teresa de lira ;anta la esclusion á los derechos de la
corona , el que autorizaba al gobierno para concluir tratados de
paz y amistad con los nuevos Estados de la América espafiola y el
relativo á la ley de imprenta.
Habíase esta desbordado contra el ministerio. Los insailtos
InUS
groseros , las reticencias mas deshonrosas los cargos mas absur
dos venian diariamente á amargar mas y Inas su precaria y angw,
tiosa situacion. Acusábasele de inepto de moderado , de traidor
á la causa liberal. El ministerio no contaba dentro de la cunti:R
cion , entonces vigente con medios bastantes á pedir ni á casti
gar aquel desenfreno.
Acudió afligido á las Córtes pidiendo c
,
se tornasen en consi-
deracion por las Córtes los escesos de la imprenta. de tan peli-
grosa trascendencia en las actuales circunstancias, para proceder
desde luego á la formacion de una ley que conciliase h libertad dt
3
la prensa con la seguridad del Estado.»
La necesidad de la represion era conocida , exigida por todos.
¿Pero podía basarse la nueva disposicion en los principios de liber-
tad absoluta consignados en el Código del año 12 Las
ideas
po-
líticas de la mayoría no eran tampoco otras, y si los desmanes de
la prensa hablan de corregirse , era preciso echar mano de
las
doctrinas moderadas. Las Córtes obraron , aunque por necesidad,
ion igual cordura que al redactar las bases de la nueva Consti -
CONSTITUCION DE
1837.
79
tucion , y espidieron un decreto poniendo trabas
á la libertad de
escribir. Entonces se estableció y practicó
por primera vez la
doctrina de los depósitos y editores responsables.
Mas todavía que la prensa , inquietaban los clubs al ministe-
rio. Las tentativas socialistas de los de Barcelona, y los amagos de
los conspiradores de la corte en igual sentido, obligaron Cambien
al gobierno á solicitar el concurso de las Cortes para evitar nue-
vas calamidades.
A ese objeto, pasóles una comunicacion para que « con arreglo
al articulo 308 de la Constitucion , y atendido á lo estraordinario
de las circunstancias , decretase el Congreso por el tiempo que lo
tuviera á bien , la suspension de las formalidades prescritas en la
ley fundamental para el arresto de los delincuentes , autorizando
ademas al gobierno para que pudiese hacer salir de Madrid y
aun destinar á las islas adyacentes á las personas cuya perma-
nencia en la corte ó en la península amenazase á la libertad , á la
conservacion del órdcn público y á la seguridad de el Estado.»
Todas estas medidas venian una tras otra á justificar la con-
ducta represiva de los gabinetes anteriores combatida por los
mismos que hoy la tornaban por modelo , pidiendo la suspension
de las garantías constitucionales. Alborotóse la minoría con esta
exigencia de los ministros encaminada , segun ellos, á perseguir
y maltratar á los patriotas ; por tales se tercian y así se llamaba
entonces á los mas furiosos anarquistas.
Obligado estaba el gobierno , para acallar las lamentaciones
de la minoría y defenderse de sus implacables acusaciones de
enemigo de las instituciones liberales, á poner de manifiesto la
necesidad y la urgencia de aquella medida , levantando el velo
con que se pretendia ocultar el volean de las conjuraciones de-
ningógicaa,
Véase entre otras cosas lo que para su defensa decía elpre-
sidente del consejo de ministros:
«Por lo denlas, si se quiere saber cuáles son los elementos del
desórden , yo los diré; y diremos : que siendo tan reducido el
número de los que ponen en movimiento la revolucion , conviene
que las Córtes tengan alguna idea de estos elementos y de este
80
CAPÍTULO XLIII.
número de personas. Ademas de la multitud de emisarios que por
parte del extranjero han venido, no solo en esta época sino en las
anteriores, tenemos una especie de c
g
rigregacion ó secta , que
tiene por título una palabra que basta á
caracterizarla , y para
conocer lo que esta puede arrojar de si : estos se intitulan
vengado-
res de Alibeau, autor del último atentado contra el 1
.
¿-y
7
de los fraw
ceses.
La
primera noticia de esta secta ó reunion se la debió el
gobierno español á la lealtad de uno de los ministros franceses.
y
es una de las que entre sus planes se preponen la disolucion de
las Córtes. Ademas de los
vengadores de Alibeau „
existe otra aso-
eiaeion francesa , titula:la
defensores de los deberes
del
hombre ,
cu-
yos planes son bien conocidos de todos , puesto que se halla
estendida por toda Europa. Tenemos los
carbonarios,
señores,
aquellos que llevan por divisa un puñal, y que tambien son cono-
cidos por toda Europa. Se encuentran los
isabelinos , cuyas ideas
no las ignoramos : tenemos
la jóven Italia, la joven España y
otras,
que sin necesidad de enumerarlas, las Córtes conocerán que son
demasiadas , sin contar con la principal de los
carlistas.
Yo no
digo que lodos estos conspiren , que todos
se
dirijan contra el
Estado , pero nadie negará que todas son personas mal iotuncio-
nadas,
y que pueden muy bien contribuir á trastornar nuestro
estado social ; y que se han valido de otros medios para conse-
guirlo , es indudable. ¿Y se quiere que el gobierno presente prue-
bas de que ha habido conspiraciones?»
Por las revelaciones anteriores , que nadie desmintió , podrá
iarmarse una idea del estado alarmante de aquella si!nacion y de
lo conveniente y necesario que era organizar el pais con sujvcion
á los principios moderados y de órden , únicos con quo se podía
evitar el cataclismo social que se meditaba.
CAPITULO XLIV.
El ministerio Calatrava.
SUMARIO
Nuevos
acuerdos de las Constitu
y
entes. Niega Francia su cooperacion para
la terminacion de la guerra.--Fundamento de esta
negativa.—Resístense
las
Córtes á su disolucion.—Uitimos y principales trabajos de las Constituyen--
-tes.—Or moderada.—Los jovellanistu,s.—Calculados obsequiosa Es-
partero.—Insurreecion militar de Pozuelo de Aravaca.—Moderacion de los
exaltados.—Alarma t indignacion del gobierno y de sus parciales.—Alardes
monárquicos de las Constituyentes.—Sospechosa connivencia del general en
jefe con los
sublevados.—Es herido ea un desafío
el general Seoane.—Es acep-
tada la renuncia del ministerio.—Verdadera causa de su caida.—Su desacer-
tada admimstracion.—Opinion de
un
escritor moderado respecto al ministe-
rio Calatrava y las
Constituyentes de 1837.—Amargas quejas y amenazas de
las diputaciones
provinciales.—
Proposicion presentada en ias Córtes contrz
la conducta de aquel ministerio.—Vrases inoportunas de Argüelles.—Otras
mas
incGnvtnientes y peligrosas de algunos diputados.—Mal
efecto que pro-
ducen hasta en los
mismos
exaltados.--Graciosa indicacion del diputado So-
ler.—Impopularidael del ministerio.—Córnica
declaracion del Sr. Lopez.—
Coincidencias providenciales.
liemos dicho anteriormente que las Córtes se ocuparon tam
bien en adaptar medidas administrativas y económicas. A ese nú-
mero pertenece principalmente la autorizacion para el cobro de
la cnutribucion forzosa de doscientos millones que, por vía de
adelanto , se liabia repartido ya entre todas las provincias para
cubrir los pstos de la guerra , y el decreto de 2 de febrero man-
dando restablecer en toda su fuerza y vigor la ley de señoríos,
sancionada en 3 de mayo de 1823 , y asimismo el decreto de las
G.
:
r
ies
gene
r
ales
y
estraordinarias del 6 de agosto de 1811 á que
dicha ley se referia.
Tambien llamó la
atencion
de aquellas Córtes , corno de
todas
TOMO
6
82
CAPITULO XLIV
p
us antecesoras, la inevitable proiongicion de la guerra civil , pru
yectando atajarla con medidas absurdas ; parodia raquítica de 1a,
de la convencion francesa , tales como la de en\ iar diputados
inspeccionar y organizar la guerra en teclas las
oti iucias ; la ri-
dícula, propuesta por Abargues, de remitir I') las provincias suble-
vadas gran copia de ejemplares del Froyecto de la num a Consti-
tucion , y por último , la de que fuesen separados de sus mandos
los jefes que perdieran una accion d(: v.-
,nerra contra fuerza cua-
druple de los facciosos.
El gobierno , por su parte, contaba como único y principal
medio de poner fin á tan desoladora y continuada lucha , con la
cooperaeion franca , pronta y en grande escala por parte de las
potencias amigas. Inglaterra con buenas palabras uo proporciona
ba recursos y sus simpatías eran insuficientes para el objeto,
mucho menos si á la vez las prestaba á la faccion
como
artículo de
comercio. Francia era únicamente quien pocha ayudar al gobierno
en tan
col®sal
empresa ; pero desde la caida de 'niers, veía aquel
mas que nunca frustrada su esperanza.
El nuevo jefe del gabinete frances Mr. Molé , disgustado del
poco juicio de los revolucionarios españoles, no quiso alentarlos en
sus descabelladas reformas con una intervencien decidida , tal
corno se le exigia por el ministro Caiatrava, y anunció su negativl,
con el siguiente párrafo del discurso de la corona , al abrirse
en 27 de diciembre de 1836 las cámaras ti
ancesas:
«La Francia guarda la sadgre de sus lujos para vi propui cansa,
»y si se ve reducida á la dolorosa neeesulati de llamarlos á (pie la
»derramen en su defensa , los franceses )¡o ,narchar(bi al cond'aie
»sino bajo su gloriosa enseña.»
Esta rotunda declaracion del
gabinete frances desalentó á
la
s
dos fracciones del bando
.
liberal ; á los moderados que anhelaban
la intervencion, o como se decía entonces la cooperation estrali-
jera , para vencer primero á
los
carlistas y anular despues á los
demagogos; á
los
exaltados que temian no poder terminar
la
guerra con
los
propios recursos , y
desee-lan la paz para ír esta-
bleciendo
sus
populares reformas.
Varias veces hemos apuntado en esta historia que
los escesoz,
EL MINISTERIO CALATRA.VA.
8 3
de la misma revolucion eran la rémora principal en el curso de la
pacificacion que se deseaba, pues al paso que arrojaban al partido
realista á la rebelion armada , imposibilitaban á los gobiernos li-
berales para obrar con la energía necesaria , distrayéndolos del
objeto principal.
Alzí lo reconocia tanibien el gabinete frances cuando esclamaba:
,*que ni la intervencion , ni la cooperacion parecian practicables
«á nadie en Francia, desde que el
incremento constante que tomaba
4a
anarquía
y la no interrumpida renovacion de escenas honoro-
e
sas lo hablan trastornado todo en la peninsula.»
La mision de las Córtes constituyentes estaba cumplida. Pro-
mulgada la Constitucion , objeto primordial de su convocatoria,
lo lógico
y
constitucional era que se disolviesen. Así lo pensaban
los que querian respetar la nueva ley , que eran los menos. Con
arreglo á ella las sucesivas disposiciones legislativas debian dis-
cutirse y votarse por dos asambleas. Cómo podian , pues, conti-
nuar las Córtes constituyentes dando leyes por su sola autoridad?
Pudieron hacer esto muy bien no habiendo promulgado el nuevo
Código hasta dejar votadas las leyes orgánicas , que su aplicacion
exigia. Seguir legislando un dia siquiera despees de publicado
aquel, era obrar ilegal y arbitrarias-lente.
No arredró, sin embargo , esta consideracion á las Cúrtes , y
abusando de su soberanía , que acaso les dolía perder tan pronto,
decretaron continuar sus funciones legistativas ordinarias hasta la
reunion de las próximas, conforme á la nueva Constitucion. Esto
era barrenarla por su base , é infringirla osadamente sin interes
de la nacion y sin necesidad. Pero ¿qué importaba una infraccion
mas en el largo catálogo de ellas , escrito por el ministerio y por
las Córtes? Escudados en la necesidad , en la ley de las circuns-
tancias , la mas injusta
y
despótica siempre de todas las leyes,
continuaron
legislando á despecho de la Constitucion , de la lega-
lidad y de la conveniencia pública.
He aquí una ligera reseña de los trabajos principales de aquella‘
Córtes basta su
disolucion,
En 16
de marzo se decretó que las tincas de propios y con/u-
nes , compradas en
la época de
.
13201 á 1823,
se devolviesen
á los
84
CAPITULO MAN
que las compraron , debiendo estos acreditar con documentos jus-
tificativos ante los jefes políticos y diputaciones provinciales
legitima adquisicion.
En 20 del mismo se declararon en toda su fuerza y vigor
sentencias ejceutoriadas y juicios vencidos durante la segund:,
época constitucional , desde '7 de marzo
de 1
8 '20 hasta :10 de s(
siembre de 1823.
La supresion definitiva del diezrno cuyo decreto no se espidío
hasta el 2i de julio de aquel mismo año de 1837. fue una de 1,1,.
medidas mas tralwendentales y de las mas combat:das de las COI
tes. La comision nombrada para que informase
soLI e la supe esioo
de la contribucion de diezmo;-; y primicias, propuso
en 1:;
de (junio
que se declarasen propiedad de la nacion todos los bienes del el
ro secular y los de las fábricas que los individuos del clero fue
sen dotados por la nacion , y el culto sostenido y conservado FA
la misma. Las Córtes despues de un mediano combate en que se
reprodujeron en pro y en contra las mismas razones que en las
Córtes de Cádiz, y que ya dejamos estraetad as en su 1u12-1,r corrc -
powdiente, aprobaron el dictamen y espidieron el referido decre:o
Se suprimía el diezmo y la primicia se adjudicaban á /a n:
cion , convirtiéndose en bienes nacionales . todas las propiedad
del clero secular en cualesquiera clase de predios, derechos
y
a(
clones en que consistiesen , de cualquiera mi gen y nombre
TI(
fuesen , y con cualquiera aplicacion o destino , con que Imbies•
sido donados , comprados 6 adquiridos
se t'elijan adininitui
estos bienes por juntas diocesanas ,
sP, hablan d2 crear c
este objeto, y su producto total aplicarse al pago del pi esupue
de la dotacion del clero , entrando en cuenta do
su
haber
pliéndose el déficit , hasta el completo de la dotacion , por un
partimiento que se haría á la nacion con el nombre de contribk,-
clon del culto , al cual deberían estar sujetos en pi oporcion d‘'
sus haberes todos los contribuyentes á las derwos cargas del D.
lado. Estos bienes , declarados propiedades de la nacion, se debi;
enajenar por seseas partes en los seis primeros años , contado,:
desde el de 180 , aumentando la contribucion del culto en pro-
poreion de
lo que aumentasen los productos. Los derechos de lo
EL MINISTERIO CAL
A TR
A
83
?)articipes legos de los diezmos fueron reconocidas tambien del
=nodo
mas esplícito.
12 ¿le julio espidieron las Córtes un decreto para que queda-
S'i3
sin efecto el real de Vi de setiembre de 1836, mandando se
=alzasen todas los secuestros ejecutados ea su virtud , devolviéndo
se todos
los
productos depositados: anunciando al mismo tiempo,
free una ley determinaria lo correspondiente á los españoles
au-
entes sin licencia que no se presentasen dentro de tres meses,
contados
desde la publicacion de aquel decreto , no se sometiesen
3 gobierno ,
y prestasen el juramento de ser fieles á ',a
Constitu-
clon v á la reina.
Tales
les fueron sus principales tareas hasta mediados de agosto,
(-1.1 que un suceso inesperado vino á dar nueva vida á la cuestion
politica , que se creia resuelta ya con la promulgacion del nuevo
código.
El desacierto y la arbitrariedad con que gobernaba el
minis-
ierio desde su subida al poder,
habianle
creado una oposicion
vi-
9,-orosa y atrevida fuera de las Córtes, que minaba
ocultamente su
pedestal en el mismo palacio , y le hacia al mismo tiempo una
guerra cruda y sin tregua en los
periódicos moderados. Organi-
zado este partido con los absolutistas ilustrados, los partidarios
del Estatuto y los muchos liberales que, desengañados, iban
abandonando en gran número la senda de la exaltacion hasta allí
recorrida, constituía una numerosa
parcialidad de grande influen-
1-,ia
en el
pais por su ilustracion
y sus riquezas.
Dirigiala
contra el
ministerio una junta de sus magnates , corta en número, pero
res-
.
etable por la calidad y posicion de sus individuos , quienes ape-
llidándose
jovellanistas
para honrar la memoria del insigne minis-
tro de Cirios IV , cuyas moderadas doctrinas
servianles
de bande
y
a , formaban el centro de aquella terrible oposicion. Eco de su
proyecto
de derribar al ministerio , la prensa moderada lanzaba
íontri los agobiados ministros los mas duros epigramas, las dia.--
albas mas escandalosas ,
basta las calumnias mas graves.
El general Espartero dueño
del ejército por su valor y su
fortuna en
los
combates , fluctuaba entonces entre las
opuestas
parcialidades del bando liberal. Fácil le fué al partido moderado
86
CAPITULO
XLIV.
ofuscar
sti
escaso talento politico, descubriendo á sus ojos el ri-
sueño cuadro de un glorioso porvenir, y adulando su ambicion
con el título de jefe dcl bando conservador.
La corte , á su vez , que no podía olvidar los insultos de la
Granja, ni perdonar la preponderancia del elemento popubr
en
recien promulgado código, protegia los planes
de los
preilanis-
las,
obsequiando afanosa al general en jefe , cuando despues
de
arrojar á la faecion de Zariáterui de las inmediaciones de Madrid
se presentó en la capital.
Una de sus divisiones acampaba en Pozuelo de ..ravaea. Com
poníanla en su mayor parte los batallones de la Guardia real:
cuerpos privilegiados del ejército , que por esa causa y por servir
en ellos varios títulos y personas de las familias mas distinguidas
y aristocráticas de España, miraron con repugnancia des-de un
principio la revolucion , y mostraron mas de una vez su adhesion
al trono. Desde los sucesos del '7 de julio de 182 ya eran tenidos
en todas épocas por sospechosos los cuerpos de la Guardia real , y
nunca lograron las simpatías de los liberales, no obstante su va-
lor y decision en Navarra defendiendo la legitimidad de Isabel Il
Conservaba el bando moderado muy buenas relaciones en la
oficialidad de la guardia , y contando con la protecekm de Espar-
itero , esplotó hábilmente los sentimientos monárquicos de los ofi-
ciales. Pronunciáronse estos en Pozuelo manifestando no pasarian
adelante mientras S. M. no cambiase sus ministros y esta rebe-
lion militar en sentido moderado puso en gran conflicto al go-
bierno y exasperó á sus partidarios. Los moderados, á fuerza
de
costosas lecciones , hablan aprendido que el poder solo se alcan-
zaba conspirando , en tiempos como los que corrian , y
metiérons
se Cambien á conspiradores. Naturalmente quedaron trocados los
papeles. Llarnóse revolucionarios á los
jovellanivias,
é hicieron so-
lemne alarde de su monarquismo los exaltados.
Notables y generales fueron las lamentaciones de las Córtes
constituyentes sobre la coaccion
que
los sublevados trataban
de
ejercer en el ánimo de la reina : sentida la defensa que hacia: los
mas ardientes revolucionarios de las prerogativas de la corona.
Y los que dos años antes sublevaron las provincias para derribar
EL
NEINIST:Aii0
CALATIRY k
87
á un ministerio; y los que debieron el poder á la mas brutal de
las coacciones como la del verano último en la Granja ; y los que
todo lo habian trastornado en la sociedad , leyes, costumbres é
intereses, predicaban ahora el órden, defendian calorosos las in-
i(iunidades de la corona, Qué mas? Abogaban por la
conserva-
cion de la disciplina militar unos diputados que tenían junto á sí
famoso sublevado de la
casa de correos ,
el Sr. Cardero , que
acaso pedia tambien el respeto á la ordenanza el castigo de los
rebeldes de Pozuelo.
;Oh ilustre sombra de Canterac ! ;No salgas de tu sepulcro
para avergoniarta al escuchar tan hipócritas manifestaciones! ¡Oh
sangrientos manes de Saint Just , de Donadlo y de Quesada ! Dor-
mid en paz , que ya estais vengados. Vuestros asesinos piden ya
desde los clubs , desde !as plazas y desde los cafes que se casti-
gue fuertemente á las perturbadores del órden público , á los
conspiradores y sublevados.
Las Córtes
se
alarmaron; las sociedades secretas se enfure-
cieron; se inquietó la milicia , y tembló el ministerio. Espartero
miró con indiferencia aquel suceso , contentándose con mandar
arrestar algunos oficiales de la guardia real y formarles causa.
Las Córtes enviaron un mensaje á S. M., manifestando que ha-
Lían oído con profundo dolor la noticia de la violencia que se ha-
bia querido hacer en el uso de sil prerogativa de separar y nom-
brar libremente á los ministros , y que considerando esta prero-
gativa como una de las principales garantías del órden público,
de la libertad y (lel trono de Isabel II', no creerian llenar uno de
sus principales deberes por la conservacion de objetos tan sagra
dos, si en esta ocasion no asegurasen á. S. M. que estaban
decidi:
dos á concurrir con toda la autoridad que les daba el carácter de
representantes de la Dacio!) española para asegurar el libre
ejer-
cicio
de las prerogatiyas de la corona y de todo el poder real.
Seguros estamos de que al leer este mensaje soltaría una
es-
trepitosa
carcajada de compasion
y
de desprecio el sargento
García.
Nadie dudaba que la sublevacion de Aravaca estaba protegida,
cuando no alentada, por el general en jefe. En sus conversaciones
CAPÍTULO XLII
particulares, en
SUS
públicas arengas dejaba traslucir
tiempo
ha-
cia su disgusto con el :'t.ctual ministerio, de que f9rmaba
►
9.rte.
no habiendo querido encarglIre (id departamento de la tituirrl!
por desden á
sus
compañeros.
El capital] general de Aladt id, Scoane, trató
Ilumine
en ; ano
de reconciliarle con el poder. indignado
con h-
t
sublevacien de los
batallones
de la guardia, tronó tainbien ccmi ra los rebeldes , y
reveló los pasos que acababa de dar cerca de Espartcro para re-
traerle primero de su proyecto de
enlrar en
Madrid y después
del
de
mezclarse en cosas pertenecientes al gobierno.
«Espartero decía Scoane entre otras eJ1.-as , no accedió a
mis
,indicaciones, y las resultas son esa revolucion de sesenta oficia-
les , de sesenta genízaros que dicen
abo:p el inihisferio.
Y
esos,
,cuya mayor parte tienen malas opiniones , y no saben poner una
%,tirrna , ¿ dictarán leyes a la nacion?... Yo dije á Espartero que
en
vez de meterse en si el ministerio estaba bien ó mal visto.
tdebia trasladarse á los cantones , tratar de restablecer la obe-
)diencia y , si no porfia conseguirlo , tirarse un p:stoletazo. Salto,
fue allá: pero no tuvo bastante energía para diezmar sus o5,--
aciales , arrancarles la casaca por la espalda y mandarles á
Mi:9
•:;Ydrld con un grillete 11 cuello.»
Así abogaba por el órden y la disciplina el que babia ascendi-
do á la capitanía general de Madrid por el mofin (le la Granja
así motejaba de débil á Espartero el que con su debilidad babia
tolerado el asesinato de su antecesor el general Quesada.
Retáronle los oficiales dA la guardia, tan dura y groseramente
ofendidos por el lenguaje de Seoane , y acudió este á sostener sus
palabras como caballero, y con un valor y una serenidad que des-
decían de sus años. Un balazo vengó lus ofensas, y puso término
á la cuestion personal.
Por todas partes se oían quejas contra
,
los
jovellanistas
y sus
instrumentos los sublevados de Aravaca en diferentes tonos es,
cuchábanse fervorosas protestas de lealtad y de amor al órden«
Ninguna tan inconveniente como la del diputado Infante , gober-
nador militar de Madrid. « Yo fui, dijo , revolucionario en otro
tiempo; lo fuí contra gobiernos absolutos; contra el gobierno
le-
EL MINISTERIO CALATRAVA
89
f r
ítimo y de libertad,
james.» Elástica distincion que ofendía al
sentido comun. Como si el principio de autoridad no fuese igual-
mente sagrado en todas épocas; como si los gobiernos monárqui-
co-puros no fuesen lkigiti
►
rios;
como
si la desobediencia á las le-
ves, la indiscip!ina y la sublevacion no fuesen un delito en todos
A pesar del interesado apoyo de sus amigos, el ministerio no
odia sostenerse, y presentó su dimision , que le fué aceptada.
Pero no fué la rebelion de los oficiales de la guardia real , que
nosotros condenamos enérgicamente como todas las sublevaciones
militares , por
mas
santo y mas justo que sea su objeto , la causa
principal de su caida. Fué la opiniori pública quien lo arrojó del
poder, y de la cual fué un eco débil la insurreccion cle Aravaca.
Hasta sus mas agradecidos partidarios conocian el descrédito
de aquellos gobernantes , la imposibilidad en que se hallaban de
continuar al frente de la nacion. Si mandando dictatorialmente,
corno mandaion, sin trabas y sin
oposiclon ,
no mejoraron en
nada la desquiciada administracion pública ni adelantaron un
paso en la terminaciou de la guerra , ni refrenaron en lo mas mí-
nimo los partidos , ni contribuyeron de modo alguno á la
organi-
zacion
y prosperidad del reino , ¿qué podio ya esperarse de aque-
los gobernantes con una Constitucion á que kabian de sujetarse.
y combatidos ya por fuertes y ordenadas oposiciones, mirados
con tibieza por el trono , rudamente acosados por la prensa y
ilesdeñado2 por el general en jefe y por consiguiente por el ejér-
-ilo?
Qué habian hecho en el gobierno los ministros de la Granja,
cuyo número se contaba el célebre Mendizabal , al frente por
.%unda vez del embrollado departamento de la Hacienda?
Alar-
1Iar
las conciencias persiguiendo al clero , despojándole de sus
bíenes abandonando el culto y tolerando en la prensa y en la
!ram
p
a los mas rudos ataques á las creencias religiosas '
1
empo-
brecer á los pueblos con frecuentes exacciones; destruir el por-
venir de nuestra Hacienda con empréstitos y negociaciones one-
rosas ; fomentar la guerra con sus desaciertos , hasta el punto de
divisarse desde los minaretes de Madrid la division carlista de
90
CAPÍTULO XLIV
Zariátegui ;
exasperar á los partid ls :
∎
dejar el> pié
los elemento.z
de la revolucion.
no se crea que nuestras
:IpriTi'Holie-:
L
on apasionadas
Quien haya leido lo gine hasta
agí
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i iles.,onqs reilaciado (L
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evito'
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señor iltirgos al juzgar aqui2ii:: „dininistraeiun
Nailos
pasajes de sus
Anales del hinado
Doira kobei
«Las
inmensas existenciils de mit
sas suprimidas se dilapidaban con tl!
(;11
pk•n,;,a
na a ,)a , sin ser ( esmenti( a , las per
•11 cuyo
b
uder p:Iraban
las alhajas de las imágenes y los ornameilles
de
1w;
martillo igualaba al suelo sus cúpulas ;
vandalismo entrenaba
agiotistas sus campanas, sin que en aquel hacinamie
n
to (le tiros
despojos cupiese á una pobre parro
l
nia de aldea la parte mi-tno.-*:
codiciable, un terno siquiera con quo realzar lin poco h rompa
del culto parroquial. A pesar de la enormidad de tales valores,
á pesar de la negociacion constante de bilkte-;, obligaÇiones
libranzas que , aunque seguro de no poder
, no tenil,
el ministro de Hacienda reparo en emitir
9
punto la ppm)
ria de fondos que fué necesario despedir los cuerpos
de
milieianos,
que las necesidades de la guerra halan obligado á movilizar ,
para cuyo equipo habian hecho los pueblos cuantiosos sacrificios
La bancarrota ostensible
de
1.° de novieinbre habla auiquilado el
crédito estcrior , y la bancarrota disCrazada de I. (k octubre no
podía mejorar el interior, interrumpi("lidose con írecuencia el !Gi!,(1
de las mezquinas cantidades con que á cuenta del semestre ven-
cido en aquel día , se iban ebtreteniendo Lts esperanzas de, los
portadores de los cupones. Así . grifos de desi
l
speraeion en las
ciudades, donde los empleados no podiar vivir sino con el pro-
ducto de
connivencias ó de prevaricaciones .
donde la juventud
se vela condenada á engrosar , indefinidamente v sin
interrup-
cion ,
las filas que , indefinidamente
y
sin interrupeion , diezma-
ban las
fatigas
y
la
miseria gritos de 'lesesperaciou en las villas
EL 'AIINISTERIO CALATRA‘A,
9 1
y lugares , donde , ademas de los hombres , eran arrebatados á
cada momento , sin consuelo y sin indemnizacion , los frutos,
ganados y aperos : gritos de desesperacion , en lin , en el ejército,
donde , promovida la indisciplina por las privaciones , el pillaje
'ra. una necesidad , sin dejar de ser un elemento de disolucion.
»Lo mismo que á las Córtes , subordinadas al gobierno repre-
sentado por Mendizabal , sucedió al gobierno sumiso á los clubs.
Pendiente de las disposiciones apasionadas de los revolucionarios
que los dirigian , sus actos todos iban marcados con el sello de su
origen , y revelaban á la nacion desquiciada y envilecida la nuli-
dad del poder encargado de la proteccion de los intereses socia-
les. Mientras hubo algunos recursos con que atenderá una ú otra
de las necesidades del servicio público , se acudió al gobierno á
reclamarlos , y se acató ó se fingió acatar la autoridad que porfia
rehusarlos ó concederlos ; pero cuando en una cuarta parte del
reino tremolaba el pendon del carlismo, cuando destruidos por
las mismas autoridades cristinas los recursos de unas provincias,
devorados los de
/
otras por libranzas anticipadas y por suminis-
tros no reembolsados , de nada podian disponer los gobernantes de
Madrid , sus decisiones fueron miradas por donde quiera con des
den si no con desprecio, y la accion del poder quedó ineficaz,
si no nula.»
kv Pero ¿cómo no cundiría por todas partes el desórden, cuando
las Córtes, no solo se mostraron insensibles á todas las calamida-
des que él provocaba , sino que lanzaban cada dia combustibles
nuevos á la hoguera que consumía á un tiempo las instituciones y
los intereses. y que devoraba á la par los restos de lo pasado y las
P
speranzas de lo futuro'? La discusion de la ley de supresion
de
diezmos promovió, durante muchos Bias , irritantes y escandalo-
sos debates, de que ni siquiera se compensó el escándalo por la
abolicion real de aquella prestacion. Así , algunos pueblos que,
reputando teorías las discusiones tenidas para abolirla . se lison-
jearon de verse descargados de ella , representaron contra los
agentes á quienes se encargó recaudarla, cuando en el acto mismo
de declararla suprimida ,
s
e decretó por un a5o su prorogacion.
Vióse entonces que el objeto de este doble proceder no era abo-
91
CAPULLO
un-.
lir efectivamente el impuesto, sino (1
,
-:`umbrar á les labriegos
con la perspectiva ulterior de este
bk reficil. para despojar desde
luego al clero de su influencia , conisei
whle
sus
:ientas;
y
esta
objeto lo consiguieron aunque no se Iwovecha
y
en de todas (Has
lin efecto , una vez deciar:_i(la ~tribu( ion civil la Iiiestaeion de-
í
1
,
pudieron lo
,
,> carlistas , que hasta entonces 1,1
apoderarse de sus productos (,n las provncia
,
;
que,
-
4
,a ocupaban
antes, ó que sucesivamenteinvadieron.
El ya entonces reputado publicista Dono(.0 Cortés caliteab-
aquella situacion diciendo: «i:on la
,
j(il'a
d',;
,
la Constifticion dieron
fin las Cortes a su
iieveliicíoit política 4
pero pro bardo el firovt-cto
de ley
sobre diezmos y kikcuti.
,
:ado
ar•e(..;lo del eleio, dan
principio á
b
revolucion social. »
¿Pero á qué cansan-los en buscar testimonios
(le
auto rizado
escritores que acaso podrán parecer sospechosos á cief to partido,
cuando en los periódicos y diarios de
sesiones
de
aquella época
encontramos pruebas terminantes del desorden de aquella admi-
nistracion y de la ineptitud de aquellos ministros?
En las esposiciones de varias diputaclones provinciales se ba
estas amargas verdades, estas sentidas quejas.
La de Teruel, después de clamar contra el abandono en
(11.1C
estaban las tropas de su provincia , y do asegurar que
eVa
tensa
anticipadas en suministros las contribuciones de ocho años,*
añada (9 de marzo) : Si estos patrióticos avisos no son aten
,
)dos, no permita el cielo que un desengaño fatal nos haga eon3-
»cer lo que vallan , porque' les pueblos, en medio de su
/
ah io-
)tismo, de su constancia y de sus deseos,
colón al borde de i de-
gsesperaeion,
y
de esta al furor no hay 'mas que un paso.»
Toda la nulidad de aquel gobierno estaba refundida en la ce-
lebre frase de uno de sus perio(licos que, tratando de ensalzar
á
sus
patronos
á
los ojos del pueblo, enemigo siempre de toca su-
jecion,
proclamaba como axioma polí'jco que
aquel gobierno era
mejor, que menos gobernaba.
¿Quieren saber nuestros lectores el estado de la situacicu du-
rante el ministerio
Calatrava?
Pues en el
Dial
io de sesiones
del
31
de marzo podrán ver una
proposiewn firmada por cincuenta
di-
EL 11INISTEBIO CALATRAVA.
93
pinados , «para que los secretarios del despacho se presentasen
»
dar cuenta del estado de la nacion , y á responder á las
recon
eveneiones que se les hiciesen ;e y fundándola decian: «los nego-
»cios públicos se han complicado mas y mas cada dia... Desobe--
»diencias reiteradas de autorkkales y jefes militares ; el vuelo
»que han tomado los partidos enemigos (le la Coristitucion , y la
»inolservancia de las leyes... hacen concebir sospechas fundadas
»de la falta d¿ energía en los mandatarios del poder. La guerra
»fratricida se ha visto estacionada mucho tiempo... se han multi
*
plisado y estentlido las facciones de Valencia, Cataluña y la
»Mancha... han llegado, en fin, á un punto
eStre1110
los apuros=
»del Erario ; el atraso de los pagos, el descontento de todas las
»clases, y el consiguiente desconcierto de todos los ramos de la
•
administracion pública.»
¿Se desea saber el sistema de gobierno que practicaban Men
dizabal y sus eoli gas ? Oigamos nada menos que al constante y
mas autorizado defensor de aquellos ministros, Argiielles, cuando
haciendo la apología del de Hacienda , decia sin ruborizarse:
« El gobierno reconoce , por ejemplo, que en el día tiene
eicn obligaciones que cumplir y que solo puede satisfacer veinte.
»¿Oué es , pues , lo que ha de hacer?
Trampear...
salir del mo -
anlenio; e
y añadió : e esto lo digo como exordio y para justificar
dos
tfrsatino:3
y
dio{ rrates
que conozco voy á
Y
cumplió
*su palabra pues en efecto dijo muchos, hasta obligar al presis
»
dente á llamarle al órden...»
Ojeemos ahora las discusiones de aquellas Cártes, y á cada
paso encontraremos el revolucim
p
ario origen de aquel trastorno
en la prñctica del gobierno ,
aquella perturbacion en el órden
rai y político de las ideas.
Ya hemos indicado que los debates sobre la supresion del diez
mo y ci
nrregio
del clero, alarmaron las conciencias de los
M117,
depreocupados ,escandalizaron á los mas incrédulos.
V
« La Espail (dijo Venegas en la citada sesion del (2í de julio
»
era un edilicio viejo
9
se ha cuido , y es necesario acabarlo de
'
»
derribar, para formar sobre sus ruinas otro mas hermoso. Solo
ent4nces tendré la sati:faceion de renunciar al
principio disolvente„
94
CAPÍTULO XLn
»para dejar á las Cortes venideras el principio conservador. Aho
»ra es preciso arruinar. »
Gonzalez Alonso , á pesar de su buen juicio y no escasa ins-
truccion , en la del 3 de agosto csclainaba
¿' La comision no retrocederá de sus ideas,
aunque la patria se
»hundiese ,
aunque reacciones escandalosas viniesen sobre ella.»
En la del , García Blanco , clérigo tambien como Venegas, tra-
tándose de la supresion de las fiestas , dijo : «
El pueblo fio quiere
»yamas fiestas ;
la Iglesia le ha dicho que ayune y vaya á misa,
»y ni ha ayunado ni ha ido á misa. Nosotros . suprimiendo las
»fiestas,
no hacemos sino sancionar lo que el pueblo ha hecho,
como
»sucedió con el diezmo y los frailes. En la del 5 , Vendíais
se
pronunció abiertamente por el cisma , y mas allá del cisma hala
ido Sancho en la del 29 de julio. Trataba él de demostrar los in
convenientes de un artículo , por el cual se encomendaba al go-
bierno, bajo su responsabilidad , que las iglesias se proveyesen
de pastores propios en un breve término , lo que equivalia á exi-
gir que los obispos electos prescindiesen de la confirmacion del
Papa , y se hiciesen confirmar por otros obispos. Sancho , comba
tiendo esta idea , que la renuncia presumida de todos los ano ignos
prelados á consagrar á los que no tuviesen bula de Roma baria
inejecutable , afiadió « Si todos fueran como yo , no se necesita-
iba
esta ley ;
el que quisiera religion . que la payase ;
el que quisie-
ra misa , que la pagase ; pero no todos son como yo. »
Hasta los diputados mas exaltados se escandalizaron de aquellos
eSCCSQS ,
y despues de asistir muchos de ellos á las deliberaciones
se retiraban al momento de votar. El Sr. Olózaga salidse sin votar
en 'una de aquellas discusiones
"no
creyendo poder decir en
erm
ciencia si o no.»
Natural era que la opinion pública exigiese la calda de unos
ministros que dejaban marchar á ciegas las ideas las cosas sin
imprimirles la mas pequeña direccion. Natural era que la reina
no vacilase un momento en admitir la dimision á unos hombres.
que nada
hablan
hecho , que nada podian hacer en favor
del
Or-
den , de la administracion y de la prosperidad
del
pais; á unos
ministros , y especialmente Mendizabal , que no labia cumplido
EL MINISTERIO CALATRÁVA
ninguna de sus ofertas y que se hallaba tan desprestigiado que,
contestándole el diputado Soler en la sesion del 7 de agosto, cuan-
do todavía hacia promesas y hablaba de reformas, dijo así:
«La primera que yo baria seria quitar al señor Mendizabal del
«ministerio de Hacienda. » Siendo acogida con generales carcajadas
tan franca como punzante indicacion.
Nada prueba tanto la impopularidad é impotencia del ministe-
rio nacido de una rebelion militar y muerto á manos de otra in-
surreccion, que la separacion de su seno del ministro de la Gober-
nacion Lopez. Mas sagaz el famoso tribuno , prefirió adquirir el
perdido prestigio entre las masas , que disfrutar algunos meses
mas de la cartera, y arrojándola con cómica abnegacion en una
sesion solemne, ocupó los bancos de la minoría y lanzó desde en-
tonces á sus amigos del dia anterior rayos destructores que ace-
leraron su muerte.
El preferia pl
p
m carácter y por cálculo su aureola tribunicia al
bordado unilbrme de consejero de la Corona , y ya el 14 de mar-
zo labia manifestado su intencion de separarse de sus compañeros
y abandonar la defensa oficial de las regias prerogativas , dicien-
do que :—«el hombre que debió su apariciun en la escena política
á los pi ir cros mo-irnientos del espíritu novador en el año
de 183i; el que ha debido la silla ministerial al gran movimiento
,›de agosto último ,
Do
porfia venir aquí á ponerse en contradie-
ucion consigo
,
abjurar sus opiniones , y á
sacrificar al
Paso
y
miserable brillo del ministerio
las ideas de patriota y 'tos
»sentimientos del diputadov y en seguida:
el principio de la
psoberanía nacional es el gran eje , el resorte de la máquina en
e1 gobierno representativo.»
El ministerio, pues, cayó por su propio peso, expiando con su
e:,ida la revolueion sus crímenes y sus faltas.
Los oficiales de Pozuelo do A ravaea , derribando con su
faITIO-
sa
manilestacion á los ministros revolucionários, celebraban el
aniversario (le la insurreceion de los urbanos de Madrid en el
mismo dia , y dos anos antes , contra el ministerio Toreno. Los
oficiales (le la Guardia real , echando abajo á los ídolos de la re-
v
olueion, vengaban el motin de. la Granja que un año antes, y
96
CAPÍTULO XLIV.
en el mismo dia tambien, arrojaba
del
poder á Isturiz,
repre-
sentante de las doctrinas moderadas. Parcelan providenciales
coincidencias las que en el curso de la política se observaban.
¿ No lo eran , y muy notables, ademas dh las referidas . la de,
que el asesinato del general Escalera en Miranda coincidiese con
el aniversario del de Quesada en Madrid y la ocupacion de
Granja por Zariátegui , con el de la rebelion del sargento García
en la misma residencia real ?
No es estraño , pues, que los menos supersticiosos viesen en
tan aterradoras coincidencias secretos y misteriosos avisos de
Providencia, indicando á todos la necesidad de defender el Or-
den público , como la base principal de tenlo gobierno.
CAPITULO XLV.
Ultimo ministerio progresista4
SUMARIO.
Carácter del nuevo gobierno.—Ventajosa posicion de
Espartero.—Division
en
la corte de D. •Carlos.---Famosa esped
;
_cion del Pretendiente..--Unense los
partidos para defender la capital.—Desengaño de los expedicionarios.---Des-
prestigio del ministerio.—La opinion pública se declara contraria al
partido
I
irogresista.—Esfuerzos para conservar el poder.—Desmanes electorales.—
Epoca de terror enla provincia de
Málaga.—Impunidad
por parte
del
gobierno.—Declaran las Córtes la guerra al ministro Pita Pizarro.—Oblí-
anle á. salir del ministerio.--Ultimos trabajos de las Gines constituyentes.
—Son atacadas por la prensa reaccionaria.—Nuevas medidas de represion
contra los periódicoz.—Situacion de España descrita por Lopez.—Frases re-
volucionarias del
Eco del
Coinercio.—Terrible y enérgico discurso de Don
Pascual Madoz.—Juicio crítico de las Córtes constituyentes de 1837.
El ministerio que sucedió al de Calatrava no era el mas á pro-
pósito para sacar á salvo la situacion. Espartero , que ya era en
el anterior minist, o de la guerra , fué elevado en el nuevo á pre-
sidente del Consejo. Esta no era mas que la sumision del partido
progresista al poder militar, pues nadie ignoraba que el general
en jefe labia tenido gran parte en el pronunciamiento
reaccio_
nario de Pozuelo. La ausencia de Espartero esplicaba bien clara-
mente que aquel nombramiento no satisfacía sus deseos , que no
eran otros que un cambio de política en sentido conservador.
Eran sus compañeros de gabinete D. Pedro Chacon , que
desern-
pef
-
labA en Inisencia suya el departamento de la Guerra , D.
Eu-
sebio Bardají, I). Pio Pita Pizarro, D. José Manuel \Will°, D. Ra-
mori Salvato y D. Evaristo San Miguel.
Aquel ministerio, sin jefe que le imprimiese un pensamiento,
de elementos tan heterogéneos y aun contrarios, como Pita que re-
presentaba ya descubiertamente el principio conservador, y San
'to'no
98
CAPÍTULO XLV.
Miguel que proclamaba
como
áncora de salvacion el sistema in-
transigente de 1823; no rodia ser mas que un gabinete de tran-
sicion , un puente para otras personas, para otras ideas.
Cómo consolidar un gobierno fuerte ,
conciliador y
templado
corno la
opinion pública lo cxigia , corno la ma
y
oría de la nacion
demandaba , cuando en la primera sesion en que se presentaba el
ministerio , San :Miguel ofrecia continuar la desordenada marcha
política de sus antecesores? lié aquí cómo espresaba el programa
del gobierno en la sesion del 19 de agosto.
o
S. M. no ha echado mano de hombres de principios cquívo--
»
COS;
si no tienen la confianza del Congreso v S. M.
busear:i otros,
El ministerio será, no retrógrado , sino de progreso, cual conviene
* al siglo de las luces. Su bandera será la Constitucion de 18:117,
•
y su divisa lu rcvolucioa de Gyosto (1a
de la Granja). En el
ministerio donde esté San Miguel , nadie marchará aíras ; siem-
»
pre se marchará adelante ; mi adhesion y l'aleto al Congreso
le
será hoy corno ha sido siempre. La ley que asegura su per
•
nencia , será para mí un objeto de vencracion. »
Estas inoportunas y peligrosas declaraciones desagradaron á
los que esperaban , que eran mulles , un remedio pronto y
seguro á tantos males. Espartcro renunció por de pronto la
presidencia , y poco despues el ministerio de la Guerra, divor-
ciándose totalmente del partido progresista.
Su irresorucion en aquella época
fue
la causa de que el mal
continuase. Pudo y debió sacar mas partido en beneficio del pais
del miedo que su oposicion inspiró al bando progresista , cuando
el suceso de Aravaca. En
su
mano estuvo apoderarse de aquella
situacion. que
él
habla minado , y dotar al pais de un gobierno
fuerte y estable , de un gobierno nacional, fundándolo sobre las
ruinas de una fraccion delirante y desorganizadora.
El pudo muy bien , á la sombra de
su espada ,
T
a que la ha-
bia desenvainado en el campo de
la política , cosa que no aproba-
mos, pues ya hemos manifestado en otra parte nuestras opiniones
respecto á la mision del ejército, pudo muy bien, repetimos,
reunir á los hombres
mas sensatos de todas las parcialidades libe-
rales,
y constituir un partido nuevo, prudente y poderoso que hu-
ÚLTIMO MINISTERIO
PrtoGriEsisTA.
99
biese dado estabilidad y crédito al gobierno representativo , enal-
teciendo al trono, hasta el punto que debla estarlo, y teniendo á
raya para siempre á la revolucion. Acaso esa indecision del gene-
ral en jefe debilitó los deseos de Cristina de romper la coyunda
que arrastraba, un año hacia, y contuvo al bando moderado en
sus esfuerzos para apoderarse entonces del poder.
Mientras la política sufria tan continuas trasformaciones, y los
partidos iban luchando tan ilegal y desordenadamente, preparábase
en la guerra una crisis de la que dependía tal vez su conclusion.
Ya indicamos que el triunfo de Bilbao cambió notablemente la
posicion (1; ambos ejércitos. Aunque el que obraba á las órdenes
de Espartero se hallaba desatendido, efecto de los embarazos que
la revolucion política presentaba al gobierno á cada instante , se-
guia conservando sus posiciones en Navarra , y su general, si bien
no alcanzaba triunfos decisivos, no dejaba de adelantar terreno,
cstrvchando á las huestes carlistas y conservando el órden y la
disciplina en las tropas que , en aquella época en que la revolucion
todo lo invadia , era prestar un gran servicio.
La corte de Don Carlos, desde la derrota de Bilbao, hallábase
dividida sobre los futuros planes de la guerra,
El espíritu de partido habla introducido tambien en ella la
discordia y la confusion. Dos bandos , el intransigente y el mo-
derado, el apostólico y el militar, se disputaban en el real de don
Carlos la direccion de la campaña. Contra el plan de los mas au-
torizados generales que consistía en dar una batalla decisiva en
las provincias , y como resultado pasar el Ebro y sorprender la
capital , adoptóse el de las espediciones al interior del reino, no
obstante haber regresado medio dispersas y derrotadas las divi-
siones de Gomez , D. Basilio y otros cabecillas que salieron de
Navarra con el mismo objeto de levantar en masa á favor del Pre-
tendiente el antiguo principado
catalan
y las provincias del
Me-
diodia.
Crcian los cortesanos de D. Carlos que supresencia en el in-
terior de España bastaria para derribar algobierno de Madrid,
que le abrirla sin vacilar sus puertas. Grandemente se equivoca-
ron sus ()Ducados consejeros. Verdad es que la parte sana del pais
100
CAPÍTULO XLV.
estaba hastiada ya
de revoluciona ; pero tambien era muy cierto
que la bandera enarbolada por D. Carlos era e! símbolo de una
reaccion sangrienta , de otra revolucion hacia aíras. El pais en
general no quería ya nuevos sacudimientos en la política españo-
la , como otro eslabon de la larga y pesada cadena de desdichas
que desde el principio del siglo iba arrastrando.
-
La espedicion , pues, de D. Carlos como plan de campaña era
sumamente desacertada é infructuosa por el estado ch postracion
en que la nacion se hallaba, y porque 10-
:
batallones vascongados
no podian pelear con tanta ventaja Perno en el Norte en un
vais
desconocido
y dominado por el gobierno de Isabel,
Corno medida política ,
como
golpe de diplomacia faltábale la
oportunidad: era ya tallo el aventurado paso dci Pretendiente.
Un año antes era mas probable que aquel paseo militar hubiese
terminado en el real palacio de Madrid. Si cuando
el trono fué pi-
soteado en la Granja, si cuando
la revolucion rompió osadamente
los lazos de mutuo apoyo entre el gobierno supremo y las pro-
vincias, si cuando en agosto de 1836 la anarquía se señoreaba
triunfante de todo el reino, se hubiese presentado D. Carlos
en
Castilla proclamando el arden, la unioll de los españoles
y la co--
tinuacion del gobierno de su hernian° ,
tae
corno le dejó á su
muerte ; aun mas; si entonces , como se lo aconsejaron eje-lbs
potencias , hubiera ofrecido una decorosa transaccion por medio
de un enlace futuro entre la reina niña y uno de sus hijos, y
corno base de ella la conservacion del Estatuto otra carta mas
ó
menos liberal, mas
ó
menos democrática , no cabe duda que en el
estado del pais en agosto de 1836 muchos espaiioles se hubieran
unido á su bandera, huyendo de la anarquía y temiendo ser aplas-
tados por el carro sangriento de la revolucion.
Pronto conoció el Pretendiente
el
engaño de sus consejeros.
El país que cruzaba al frente de sus tropas miraba su paso con
indiferencia ; el ejército espedicionario solo se engrosaba con las
facciones que rccorrian
el
invadido territorio.
Quedábale aun una esperanza. La de que sus partidarios en
Madrid saliesen á entregarle las llaves de la coronada villa así que
se aproximase á sus débiles muros.
1
ÚLTIMO NIIMMIU0 'PROG SISTA
0 1.
A ella se dirigió el Pretendiente entre victorias y descalabros,
enviando de vanguardia al intrépido Cabrera , cuya capa blanca.
lle
g
ó ó divisarse desde los tejados de Madrid.
lleg
enemigos de D. Carlos, olvidando sus odios y rencillas.
se unieron para la defensa. El peligro era Cornun é iguales ante
él las diversas parcialidades del bando liberal. Las Córtes se re-
unieron en sesion
•
permanente para apoyar al gobierno , pidiendo
los diputados armas y municiones para
1.efender el edificio
don-
de se congregaban. Hasta el anciano
Argüelles
pedía un fusil., y
reclamaba un puesto de peliro. Moderados y progresistas com-
prendiendo .que el combatir y el vencer igualmente les interesaba.
e unieron para el combate, y vencieron juntos.
La numerosa milicia nacional mezclada con la guarnicion, se
aprestó á la
defensa
de la capital , y las dos reinas visitaron en
carruaje abierto todos los puestos militares , inspirando la con-
fianza
y
el entusiasmo por do quiera.
A la
y
is!a de tan imponente actitud bis partidarios de D. Car-
los permanecieron pacíficos , y las puertas de la corte no
se
abrieron. La simultánea llegada de
los
generales Espartero, Oráa
y Lorenzo al frente de gruesas
.
columnas disiparon las ilusiones
de D. Carlos. Al cabo de poco tiempo regresaba á las abandona-
das Provincias Vascongadas desengañado y abatido , y muertas
para siempre sus mas halag
r
üeas esperanzas que impulsádole ha-
blan á tan malograda y famosa. espedicion.
Ya estaba visto que la guerra formal no rodia salir de los
montes de Navarra , y que era imposible adelantar un paso , si
uiendo el órden natural de los sucesos. El desgraciado fin de la
espedicion de 1.837 fué el seguro anuncio de la próxima ruina de
la causa carlista. Las intrigas, la intolerancia , el desacierto de los
fanáticos consejeros de D. Carlos la precipitaron y hundieron.
como veremos mas adelante.
.El triunfo de los liberales de Madrid no dió mas crédito ni
mas vida al nuevo gobierno. No puede negarse que en los dial de
conflicto, cuando la aproximacion del Pretendiente , dió pruebas
de celo y actividad en la defensa de los sagrados intereses
á su
lealtad
encomendados ; pero
pasado el peligro apareció
de nuevo
102
CAPÍTULO XI V.
la
política con su inquietud y sus ambiciones , haciendo sonar la
hora de muerte para el nueo ministerio , que nació á la vida pú-
blica sin ningun elemento de vitalidad, sin saberse por qué ni
para qué; sufrido y no tolerado , como breve
t
regua en:re los dos
opuestos y encarnizados partidos que desde 1834 se disputaban el
poder.
Sin apoyo en las Córtes , que aun lloraban la calda de Cala-
,trava y sus compañeros; sin prestigio en palacio , donde solo se
pensaba en el triunfo de los moderados , los nuevos ministros
hallábanse imposibilitados para gobernar, y dejaban á la política
que marchase á la ventura, abandonando las elecciones á la intri-
ga y á la violencia , sin que el gobierno tomara la menor iniciati-
va en ellas ; sin que sus delegados en lo general hicieran el menor
esfuerzo para dejar libre á los electores la práctica de su precioso
derecho, fácil era que las turbas introdujesen la anarquía en los
actos electorales.
Jamas se han cometido mas desmanes, nunca se han falseado
las elecciones como en aquella época.
Desde la caida de Calatrava hablase operado en el pais una re-
accion
general en favor de las doctrinas moderadas. La division,
la impotencia , el descrédito habian minado y hundido al bando
progresista. Cerradas ya para él las puertas del regio alcázar,
censurado por el general en jefe , mal visto por el ejército , ana-
tematizado por la mayoría de la naeion , que no habla logra&
durante su mando ni una hora de tranquilidad , ni una mejora
positiva, ni siquiera una esperanza fundada de prosperidad futu
ra , escapábasele el poder de entre las manos,
y
solo podia ya re-
conquistarle en el campo electoral.
Pusiéronse en movimiento para el logro de aquel triunfo todos
los elementos anárquicos que se encerraban en los clubs , en la
milicia y en las corporaciones populares. La ley era nueva , y por
consiguiente desconocida su práctica. Era fácil torcerla ó ahogar-
la, mucho mas cuando las elecciones por provincias daban márgen
.
al fraude , a la confusion y á la violencia. Pusose el terror á la
órden del dia en los colegios electorales ; proclamóse otra vez la
anarquía por todas partes, y volvió á presenciar de nuevo la
na-
ÚLTIMO MINISTERIO PROGRESISTA.
103
cion las escandalosas escenas de otras épocas, en que las desenfre-
nadas turbas impriman su voluntad y ejercian su acostumbrada
tiranía.
Mejor que nosotros esplicarán el lastimoso estado del pais en
aquellos dial y los inauditos desmanes de la demagogia las pro-
clamas y manifestaciones de las autoridades. Málaga dió el tono
como siempre á la nueva era de los motines y las violencias. Así
reseñaba los desafueros electorales el jefe político Lancha , pro-
gresista templado , en una especie de representacion que en 26
de octubre dirigió al capitan general de Granada, Palarea
1El puñal y las pistolas son las influencias que usa cierta
»
fraccion política para inclinar á su favor las elecciones. Las gen-
»
tes honradas emigran...... el comandante general Bausá perte-
nece á la fraccion dominante , la protege , la impulsa „ la diri-
ge, y en seguida designó por sus nombres á los principales
satélites de aquel jefe , amar eándolos de asesinos, (le ladrones
contrabandistas. En papel del mismo dia ratificó y apoyó las aser-
cienes de Lancha el comandante Cárdenas , añadiendo :
o
Ya chas
»
antes habla empezado á ostentarse en calles y plazas el poder
•
ominoso de los clubs desorganizadores....... no habia medio de
2
terror que los nuevos tiranos no empleasen para coartar la tiber-
»
tad en el acto mas sagrado de la ciudadanía. Las elecciones se
»
están consumando al brillo de los puñales; una turba de sicarios
•
tiene tiranizada la poblacion. » Concluía pidiendo remedio y lla-
mando la aten•ion
capitan general con estas palabras: «No es
•
esta una cuestion (te individualidad , sino una alta é importante
•
cuestion de política , que puede llegar á ser hasta cuestion so-
cial, basta cuestion de sida ó muei te para la patria. »
Hablando el
liolelin Oficial
de los atropellos
causados en los
pueblos de la Hoya por los revolucionarios de Málaga , dirigidos
por su comandante general Bausá, decid en uno de sus números
de primeros de noviembre :
« Toda la provincia es testigo de la horrible suerte que ha
ca-
»
bido
á aquellos desdichados pueblos
Allí las violencias , las
» arbitrariedades , los desórdenes ó ilegalidades de toda especie
»
han sido la regla general y el tipo de conducta de la
adminis-
101
CAPÍTULO XLV
tracion militar. Allí
se han asesinado ciudadanos indelsos
de una
•
manera atroz y bárbara , que no fueran capaces de ejecutar
» discurrir los mismos caribes... Se han impuesto y exigido contrihu-
»
ciones enormes á pueblos que carecen hace trece años de cosecha,
»
y que no pueden cubrir los impuestos ordinarios. En fin . allí ha
t
,
estado entronizado el terror y copiada con todos sus asquerosos
detalles una de aquellas escenas de tiranía que la historia ha
•
consignado para baldon de algunos procónsules romanos. n
Y así se quería acreditar el gobierno repreeniativo v así se
trataba de organizar el pais
q
y así se pensaba poner término S la
g
uerra civil....
x;)
Restablecido el imperio de
lbs
tev poi las
Grienkis
del general Palarea , pudieron los partidos legales alzar su
YO?
contra los pasados desmanes, y el comercio la milicia y los mak
notables habitantes de la ciudad, pudieron ya articular sus que
gas , que el terror les obligara á sofocar hasta entonces.
Al dar las gracias % la autoridad militar por haberles salvarlo
de tantos desastres se espresaban así en una sentí la esposicion:
Esta provincia se hallaba angustiadA de muerte; su posicion
•
era la mas dificil , su estado el de la afficcion y
el
de
la agonía...
»
Dos son las causas originarias de esta situacion
la impunidad
▪
el desprecio dé todas las leyes.
Dos años van pasados, durante los cua.
•
les hemos visto violar el respetable asilo de las cárceles , y una
•
gente desenfrenada arrancar de ellas é inmolar desapiadada-
mente
á los que estaban bajo la salvaguardia de la ley
Du-
•
rante esta época de terror , se han asesinado tambien las
•
autoridades de la provincia.... Los verdaderos derechos del pues
•
blo tambien se han visto atacados ; esos derechos, por los que
con tanto ardor se lucha, y
de que es igual que impida el ejereiei
►
•
lea voluntad de un déspota ó el desapiero de la. anarquia...
Y ¿, dón
»
de están los castigos á tan evidentes crímenes? Señálese siquie-
ra uno.... La milicia cuenta en sus filas hombres que nunca de-
»
bieron ingresar en ella.... En distintas ocasiones se eliminaron:
•
otra vez han ingresado , y la espulsion la consideran como un
•
galardon... Las corporaciones de nombramiento popular no han
sido el resultado de los sufragios libres de los pueblos , sino la
1
7
:11D10 MINISTERIO PlIOGRESISTA
X
105
»
espresion de esa gente que se lanza á los desórdenes , y el
eco
•
de su voluntad que repetían hombres asustadizos
Elementos
ffl de discordia se mezclaron en dichas corporaciones , y ahogaron
las voces de los amantes de la legalidad..... Faltaban mas males
á este desgraciado pais , y las principales autoridades de
nom-
•
brainiento Real no solo ofrecen fácil acceso
9
sino que atraen á sí la
escoria del
pueblo.....
Se poseia y se vivía mientras tales gentes
•
permitian que se viviera y se poseyera...... Una convulsion era
» precursora de otra. » Ei comercio y la milicia de Málaga , tra-
zando este cuadro espantoso de su situacion, formaban, sin pen
arlo. el de la situacion de la España toda, y lanzaban sobre la
.Jdministracion del bando progresista el mas cruel anatema. Cuál
seria entonces su descrédito , cuál y cuán general en el pais el
ileco de órden y de gobierno, cuánta la prepoderancia del bando
moderado, que á pesar de hallarse su contrario en el poder, y á
pesar
de aquel sistema de terror , y á pesar tambien de lo desfa-
vorable que le era la nueva ley , triunfó completamente en las
elecciones, dando el golpe de gracia á la reVolucion.
Las (Irles seguian desempeñando su poder omnímodo, pues
ya
hemos visto que el gobierno compuesto de elementos con-
trarios, y por no disgustar á ningun partido , no gobernaba. Las
constituyentes pensaron aunque tarde recuperar en el gobierno la
influencia que iban perdiendo en las elecciones, y decretaron la
muerte del gabinete para sustituirle con otro mas decidido , mas
tmmpacto, mas progresista que reorganizase el partido y se
atrajese de nuevo á la opinion pública.
El único ministro , cuya resistencia tercian
y á
quien mira-
ban con enojo por su conversion á las doctrinas moderadas, era el
de Hacienda, Pita Piza
•
ro, quien , privando en la corte, y en re-
laciones Con los
jorellanistas,
hablase librado del naufragio en que
se anegó el ministerio Calatrava al que pertenecia como ministro
de la Gobernacion.
Conservósele en la formacion del nuevo como cimiento del
gobierno moderado, que se queda establecer, y al tratar de der-
ribarle las constituyentes , pretendian evitar el establecimiento
de aquel gobierno.
106
CAPÍTULO XLV .
Bien pronto encontraron un medio parlamenta! io pala lanzar
sobre él su furibundo anatema. Para hacer frente á las mas apre-
miantes necesidades públicas , como la de organizar la defensa de
Madrid , alentar con algunos pagos atrasados á las tropas de Oráa
y Espartero , y para otros gastos del momento, habla negociado
Pita anticipos con varios capitalistas, hipotecando entre otras co-
sas los productos de la contribucion estraordinaria de guerra y de
los impuestos ordinarios. De esos mismos productos que apenas
ascendian á cuarenta millones mensuales , habia ya dispuesto su
antecesor Mendizabal, librando por valor de 187 , cuyas libranzas
no
podian pagarse sin desatender los servicios mas urgentes
sin proclamar la bancarrota.
Pita, por una real órden de 2 de setiembre, mandó suspender
el pago de las libranzas de Mendizabal, y , aunque á los pocos
dias fué revocada aquella disposicion , fué general el clamoreo
de las Cártes , y se aprobó por 58 votos contra 55 una proposi-
don para que el Congreso declarase que Pita no tenia
bu
con-
fianza.
A calorosos y personales debates dió margen aquella disposi-
don del.ministro de Hacienda. En ella veían una imperdonable
infraccion constitucional , un criminal ataque al crédito público,
aquellas mismas Córtes que por espacio de un año habian perma-
necido mudas y ciegas ante la administracion inconstitucional y
arbitraria del ministerio anterior, que , como hemos dicho y pro.
bada en otra parte , puso la Constitucion , las leyes , el crédito na-
cional , la conveniencia y la justicia á los pies de una dictadura.
Las Córtes, mostrándose ahora guardadoras escrupulosas de la
ley , consideraron inconstitucional , injusta y atentatoria á la pro-
piedad y á la buena fe pública la real órden de Pita , obligándole
á salir del ministerio.
Por mas esfuerzos que algunos de sus compañeros hacian para
conservarse en el poder , halagando á la irritada mayoría , arras--
tróles en su calda el ministro de Hacienda menos al anciano Bar-
daji ,
que conservó la presidencia de otro ministerio tan insignifi-
cante y pasajero como el caldo.
El partido moderado no creía llegada la ocasion de apode-
'ÚLTIMO MINISTERIO PROGRESISTA.
107
rarse francamente de las riendas del Estado , y llenaba el abismo
de la política con ministros nulos é inofensivos pie le sirviesen al
fin de puente para llegar al poder.
Las Córtes seguian la misma marcha de impotencia y
consun-
clonque el ministerio. Agobiadas por las tremendas
acusaciones
de la opinion pública , mas desacreditadas cada dia por sus luchas
personales , apenas adoptaban medidas de alguna importancia.
Amenazadas de próxima muerte como el partido que representa-
ban, iban arrastrando una existencia trabajosa y raquítica , has-
tiadas ellas mismas de su obra.
Ocuparon sus ultimas sesiones en halagar todavía los princip
i
os
e intereses revolucionarios, mandando entre otras cosas restable-
cer el decreto de 25 de setiembre de 1820 sobre las recompensas
designadas á los patriotas que hablan perecido en los patíbulos,
en acciones de guerra , en prisiones y destierros por su adhesion
) en defensa de la libertad , como igualmente á sus familias.
En decretar que se pusiesen á disposicion del gobierno, con el
•
único y esclusivo objeto de atender á los gastos de la guerra, las
alhajas de oro y plata , joyas y pedrería que como pertenecientes
á las catedrales , colegialas
9
parroquias, santuarios, conventos.
hermandades , cofradías , obras bias y demas establecimientos
cclesiisticos se habian inventariado y depositado á tenor de lo
prevenido en octubre de 1836.
En seguir discutiendo con virulencia el arreglo del culto y
clero y proclamando en aquellas discusiones doctrinas cuando
menos tan escandalosas
coma
la de llamar
obispo de Roma
al Papa,
y asegurar qua el suprimir diez y ocho sillas episcopales y ciento
veinte colegiatas era
arrancar la maleza.
El mismo
cl¿rigo Venegas ,
que tanto se distinguió en aquellas
Córtes por sus instintos cismáticos escitando á la
proscripcion
del clero, decía el 6 de setiembre : « Es necesario
limpiar la era,
separar de sus destinos á los clérigos desafectos,
aunque no sea
mas que por sospechas,
en lo que no se hace injusticia alguna. En
las revoluciones es menester caminar de estremo á estrena°
y
que las Córtes tomen todas las medidas extra-legales, si
no
quie-
ren
ser degolladas:»
108
CAPÍTULO XLV
Finalmente; las Constituyentes de 1{53"/ en el estertor de su
agonía mandaron inscribir en su salon con letras de oro los nom-
bres de Riego , Empecinado Miyar Mariana Pineda y Torrijos.
Ultimo suspiro de la revolw'ion que s_se moría ; postrer recuerdo
de un partido que se suicidaba.
Como nuestro norte a: escribir es[a til
,q.
ornit ha sido desde stt
,primera página la imparcialidad y la justicia. debernos hacer rnen
;ion honorilica , entre los últimos trabajos de aquellas Córtes , de
la
ley de reemplazos , la m(jor sin duda de cuantas hablan regido
hasta entonces , y cuya esencia y bucncs principios han servido
de base principal á las posteriormente redactadas.
Plausible
Pilé
y altamente patriótica la fundaci¿m decretada
por las Córtes de un cuartel de inválidos para. recibir en él á los
mutilados y totalmente inutilizados en canipili'a l'armando los
gastos del establecimiento uno de los capítulos del presupuesto de
la guerra.
Digno de aprobacion era por fin el decreto de 9 de octubre,
modificatorio del dado anteriormente
sobre
libertad de imprenta,
cuya institucion esplotada un año antes por el partido progresis
ta para alcanzar el poder, azuzando al pueblo á la rcyolucion
hablase convertido á fines de 1837 en
p
oder
=
osa palanca en manos
de
los
moderados.
Armas de dos filos la prensa periódica y la mi-
licia nacional, siempre
el partida
progresista se ha suicidado con
ellas al
manejarlas.
La desmedida libertad que otorgara a la prensa ese partido.
serviale ahora de dogal que apretaban furiosos sus enemigos. No
eran solo los periódicos moderados de
l2
corte los que abusaban
de aquella nociva libertad, que los progresistas se arrepentian ya
de haber
establecido: la prensa reaccionaria de las provincias no
se quedaba atras en sus violentos ataques á las Constituyentes.
El
Eco de la razon,
que insertaba una carta de Lérida , deeia:
« La opinion del pais clama por la rn'z ,
aunque
skt1
con el des
»potismo de Calomarde.
Si me la
.
clan , paré los diezmos. Si
eso.
»descamisados de las Córies
viesen las calamidades del pais, ¿cómo
»en
posible que no se avergonzasen de las ruinas que causan su
'
necedad
y
su
rebeldía?»
ÚLTIMO MINISTEUTO PROGRESISTA.
109
Si no echó un velo sobre la ley el ministerio , lo echaron él y
supartido sobre sus democráticos principios , y acudieron otra
vez mas á las doctrinas moderadas de
represion
y órden , agra-
vando la penalidad de los delitos de imprenta , haciendo efectiva
la responsabilidad antes ilusoria de los editores responsables,
eximiendo á los jurados de varios compromisos como el de votar
en público, y adoptando otras disposiciones restrictivas y otras
saludables trabas que dos años antes anatematizaban y combatian.
El jurado popular establecido por los progresistas
9
intérprete
ahora de la opinion del pais , condenó su sistema de gobierno y
sus principios, absolviendo al autor del artículo ó carta denunciada.
Como si algo faltase para el descrédito del gobierno exaltado
y para la impotencia de las Córtes constituyentes„ el mismo don
Joaquin Visaría Lop.t
,z, su primer orador y el menos sospechoso de
los progresistas , no pudo sofocar en sus labios los gritos de la
verdad y la conciencia , y al regresar por aquellos días de su pais
eselarnaba:
r( Nuestra situacion
no
se conoce en Madrid sino recorriendo
olas provincias. Los pueblos abandonados
no conocen que hay g
sino en, tos exacciones,
en lo duro y oneroso; pero no en la
4proteecion por (pie en vzw,o claman. Esta seguridad, que ha sido
,y será siempre la primera cláusula dei pacto social, no es entre
o nosotros mas que
MI
fantasma,.... por todas partes se dice:
haya
9paz,
y mande el que quiera.»
No labia dicho mas el autor del ar-
tículo de Lérida , que tantos clamores provocara en una sesion
anterior.
Todavia presagiaban un pronto remedio los clubistas y los di-
putados sus amigos, dando mas ensanche al terror y á la ilegali-
dad. El
Eco del Comercio
decia con la intencion revolucionariaque
tanto caracterizaba á su director Caballero :
cuando pasen los asesi-
yudos, cuando
hoyan hecho algunas víctimas „ todo volverá á caer
un la inercia (pie nos consirme ;
en vez de terror tendremos impo-
tencia ; en
Vez
de energía un desórden organizado.
D. Pascual 7.11adoz , que se hacia notar en aquellas Córtes por
su lenguaje terrorífico y sus demagógicas ideas
esclamaba la-
mentándose del angustioso estado de la na•ion
1 10
CAPITULO
XLV.
El gobierno es el que tiene la culpa de todos los males. La
»primera reforma que se debla hacer era
volar todos los ministe -
»Hos.
Los jefes cobardes han sido absueltos: los valientes no han
»sido empleados por no tener un entorchado. Pero ¿hay mas
»que dárselo? Esto es lo que quieren los diputados de -Valencia...
»Las causas de lor
., males son bien conocidas: hemos prescindide
»de que estarnos
en revolucion , y hemos querido
marchar por el
»carril de
la legalidad.
En cuanto á los militares (añadió), debe-
»mos decir como en tiempo de la revolueion francesa : tal día
»bata Y. á la faccion.»
No habia ya remedio; la dominacion progresista estaba
hun -
dida y heridas de muerte las Córtes que la sillibalizaban, En vir-
tud de un real decreto de 11 de noviembre se declaró cerrada
id
legislatura de aquella Asamblea , que por espíicio de un :tilo ha-
bla ejercido el poder supremo. De graves censuras á la par que
de exageradas alabanzas fueron entonces y han sido despues obje-
to las Constituyentes de 1831 Ni unas ni otras men:clan. Para
censurarlas hay que tener en cuenta que fueron producto de un
motin, que amecierou en la escena pública en medie
de
till
des-
quiciamiento general
9
y que legislaron
amenazadas
de cerca por
el carlismo y hostigadas por la anarquía.
Para enaltecerlas debe considerarse que siendo dictadoras y
soberanas , no adoptaron esas medidas supremas que , sin ser re-
volucionarias , salvan á una nacion de los bordes ;:el precipicio;
que hallando el edilicio del gobierno casi desmoronado por la re-
volueion , debieron y pudieron repararlo y no contribuir á su
ruina y hundimiento; que comprendiendo que la salvador' del
pais dependía de la terminacion de la guerra , á ese patriótico ob-
jeto únicamente debieron consagrar sus afanes , dejando la orga-
nizacion política de España para despues de su pacilicacion , acep-
tando el concurso de los partidos legales , de todos los españoles
sensatos.
Al analizar el código por ellas redactado espusimos ya el ca-
rácter y tendencia de aquellas Córtes, Moderadas por necesidad
en la esencia de sus actos, no tuvieron abnegacion y franqueza
suficiente para no ser revolucionarias en su lenguaje. Sus discu -
ÚLTIMO MINISTERIO PROGRESISTA.
111
siones fueron en lo general templadas, lánguidos
y
amortiguados
sus discursos , algun tanto encarnizadas y rudas sus luchas per-
sonales.
Grandes fueron sin duda sus errores en exasperar al hamo
absolutista y disgustar al clero , votando leyes de persecucion y
de despajo; grandes sus faltas económicas en sancionar aquel sis-
tema de despilfarro y desconcierto introducido por Mendizabal en
nuestra Hacienda; pero siempre serán acreedoras á la gratitud
del pais por haberle dotado de una Constitucion mas monárquica
que la que dió vida y poder á las mismas Córtes ; por haber en
gran parte atajado la revolucion social de que España era víctima
al abrirse sus sesiones, y por no haber empujado
á
la revolucion
á mayores y mas trascendentales demasías , como hizo en casa
algo parecido la Convencion francesa.
A las Córtes constituyentes de 1837 debe alabárselas, no por
lo que hicieron , sino por lo que impidieron que se hiciera. Tales
eran
las circunstancias , tales las tendencias de
los revolucionarios,
que hay que agradecer los males pequeños , si se evitaron otros
mayores.
f
J
CAPITULO XLVI.
Dominacion moderada de 1838.
SUMARIO.
•
Vaguedad del discurso de la corona.—Diputados notables de aquellas Córtes.
—Programa de
par,
órden
y justicia.—Indecision del ministerio.—Division
del bando moderado.—El conde de Ofalia,—Sus compañeros de gabinete.
—Situacion apurada de las provincias.—Deseo general de paz y de gobier-
no.--Medidas de las Córtes, referentes ti la guerra.—Ataques de la minoría.
--Severas palabras del ministro de Hacienda, Mon.—Estado aflictivo
de
las clases religiosas.—Condena el duque Rivas la desamortizacion.—Las
rivias rde Conwes.—Intervencion estranjera.—lníciase una transacion con
D. Carlos.—Oposicion de los partidos sobre este punto.
Sabido el resultado de las elecciones, favorable ul partido
1110-
derado,
para nadie era un enigma que
1A
política iba tornar una
nueva forma , y que estaban próximas á dominar en las regio-
ues
del
poder las doctrinas cons¿Tvadoras. Ya en las juntas pre-
paratorias del Congreso babíase visto la preponderancia que
tenian , siendo electo presidente el moderado marques de Somerue-
los ; y si bien en el senado no abundaban tanto como en el otro
cuerpo las de esta parcialidad , los nombramientos de Moscoso y
Tz
l
ra
ti
con para
presidente y
V ice
presidente del alto cuerpo
colegislador, indicaban claramente que el bando derrotado en la
Giatija , contaba con las simpatías de la reina gobernadora.
Leyó esta el discurso de costumbre en la apertura de las
Curtes ordinal
,
y en su
contesto se echaba de ver que, no
estaba aun terminada la or
ff
inincion de los moderados. No era
el regio
disun
.
:>o na
p,'ogrania, como suelen serlo los de su
clase , ni 'labia en él un recuerdo
ni una esperanza.
wmo
8
1 1 4
CAPÍTULO XLVI.
Atenuando , disfrazando mas bien los males presentes , ni se
indicaba un remedio , ni el modo de evitarles en adelante.
Sin duda esperaba la reina pl'esenciar los primeros comba-
tes en el nuevo palenque parlamentario , y otortar con mas
acierto la corona del triunfo al vencedor.
Brillantes , reñidos y
provechosos debian ser witiellos debates,
tan ansiosamente esperados de todos ,
atendiendo á la
calidad de
los oradores , y á la indetern-iinada situacion política en que la
nacion se encontraba.
Figuraban en la minoría progresista los fogosos v elocuentes
diputados Sancho , Lopez. Olúzaga Lujan Madoz , Caballero,
Infante, Vuelves, y algun tiempo desvíes, D. A
n
-usttin Ar
g
üe-
lles. Dirigian la mayoría los antiguos y famosos moderados
ar°-
tipez
de la Rosa , Toreno, Isturiz , Galiana' Mon , Olivar. , Castro
y Orozco , reforzados con otres nuevos que pronto adquirieron ce-
lebridad, y entre los que descollaban Pacheco, Benavides, Arra-
zola , Donoso Cortés y Bravo Murillo.
La lucha que iba á trabarse entre tan opuestos y aguerridos
combatientes debia ser por necesidad una lucha á muerte. No era
una ley mas ó menos popular, mas ú menos r
í
,-
1
,trietiva lo qu€,,
las nuevas Córtes iban á discutir ; no. Era un si
z
,tema político en-
teramente contrario el que cada uno debia defender; era el crédito,
el poder, el porvenir de sus respectivos partidos , lo que debla dis-
putarse , lo que era preciso conseguir. En aquella lucha el venci-
do tenia que quedar muerto , y coronado el vencedor.
Escogióso como campo apropósito donde empeñarla la con-
testacion al regio discurso. Para defender unos principios labia
que condenar los contrarios ; para enarbolar una bandera ,
que hacer pedazos antes la del enemigo ; para anunciar un grato
porvenir, preciso era anatematizar un
odioso pasado.
Esto
hacia/1
los cohservadores: cie
n
-os de ira aun con el recuerdo de la insur-
reccion de 1835, con las tristes memorias del m
g
lin dc
l
, la Granja;
descargaban mortales golpes sobre los contrarios , acusados de
trastornadores. Con la Constitucion de n37 en la mano defen-
díanse los progresistas presentándose como hombres de Urden y
legalidad en su sistema de reformas.
DOMINACION MODERADA DE
1838 .
115
« Vosotros habeis hecho esa Constitucion , les decían sus con-
trarios , sobre nuestras bases y principios; de vosotros son
las
palabras , de nosotros las ideas y doctrinas. »---Pues gobernad con
ella , replicaban los progresistas , y nos tendreis á vuestro lado.»
« Para mandar con ella,
ailadian
los conservadores , preciso
es
despojarla de
esas
leyes orgánicas que contradicen su esencia,
de
esos adornos democráticos que afean é inarmonizan su monárqui-
ca fachada. » X al lado de la recien promulgada Constitucion
que
servia de estandarte á las huestes del progreso , levantaban sus
contrarios la bandera de la reforma , discretamente representada
en estas tres palabras :
paz arden y justicia.
Este conciso y significativo programa , lanzado á la discusion
por los prácticos labios del jefe del moderantisrno, Martinez de la
Rosa , produjo un efecto mágico
en
todo el reino. En él se encer-
raban las aspiraciones de todos los partidos sensatos , y hasta se
aceptaba ya por muchos desesperanzados carlistas. Aquellas tres
palabras , en otras circunstancias , triviales y de cierta vulgaridad,
encerraban entonces los deseos de todos, las aspiraciones de to-
dos , la dicha que todos anhelaban. Aquellas tres palabras , que
tan elocuentemente condenaban épocas recientes de
guerra.,
de
de
desórden
y de
injusticia ,
hallaron eco en todos los ángulos de
la monarquía , y dieron el poder á los moderados.
De entre aquellas ilusiones que á todos fascinaban, de entre las
iluevas esperanzas que á todos sonreían , la de la paz, la de la
te
•
minacion de la guerra civil era la que mas embriagaba los co-
razones, la que halagaba mas la mente de los españoles.
La paz era ya entonces una necesidad grande, apremiante, ir-
resistible. General era tambien la conviccion de que no podría
al-
canzarse tan pronto como se deseaba sin la cooperacion ó mas bien
sin la intervencion estra.njera. Todos la creman ya indispensable,
todos la deseaban , todos la pedian. La escitacion al gobierno para
que la solicitase de nuevo produjo discusiones acaloradas en que
unos á otros se echaron la culpa de la apatía é indiferencia con
que
las potencias amigas habian cumplido hasta allí el compromiso
de
la cuádruple alianza.
No rabia duda en que la revolucion habia empeorado los asun-
1 1 l
y
CAPÍTULO XLVI.
tos
de la guerra y en que los desórdenes retrajeron al gabinete
frances de la cooperacion ofrecida. Pero el mal estaba hecho,
y
lo que importaba era remediarlo. El Congreso voto unánimemen-
te la nueva demanda de auxilios est ra»jeros , seguro,
embar-
go , de la inutilidad de aquel paso , de
in
repeticion del anterior
desaire por parte de los gobiernos aliados.
Tanto en las discusiones del Congreso como en las
del
Se:lado,
referentes á la contestacion del discurso, hablan llevado
la
mejor
parte los oradores moderados , haciendo ver que sus doctrinas
eran las únicas convenientes y salvadoras.
¿ Qué era , pues, lo que se neces
;
taba para su planteamiento?
Faltaban hombres en el poder de prestigio y de capacidad ; en
una
palabra : faltaban ministros.
En efecto; desde la apertura (le las nuevas CO
u
el ministe-
terio presenciaba sus sesiones con la mayor impasibilidad sin to-
mar en ellas la menor iniciativa , sin imprimir á las ideas que se
levantaban el menor carácter de autoridad y (le poder.
Cuando mas se necesitaban !a actividad y la energía para en-
caminar la politica por las vial del Orden y la repaiacion,
nulos
y mas
apáticos eran los encargados oficialmente de
la; cuando los moderados y los progresistas pedian al poder un
esfuerzo estraordinario para terminar la guerra. mas &hiles, ina.,
indecisos se hallaban los ministros.
Eco de la opinion pública , que reclamaba per todas partes su
reemplazo , eselainaba el diputado Carr:sco:
Un gobierno que no puede disponer de un soldado ni de un
»duro , no es gobierno; y gobierno cs lo que necesitamos.»
¿ En qué consistia , pues , que el bando moderado no se en
cargaba resueltamente del poder pala inaugurar la
a
era de
paz, órden
y
justicia
que tan poéticamente anunciaba en los cue
•
-
pos colegisladores? Motivaba tan perjudicial irreselucion que el
partido no se encontraba tan unido y compacto torno debla estar
para emprender de comun acuerdo la colosal empresa de termi-
nar pronto la guerra y organizar sólidamente el pais.
El triunfo desunía á los moderadus, aaí como ks juntó la
des-
gracia.
achaque es este de todos los vencedores;
nunca sen ¡Da,
Doli
f
INTACJOIN
y
moEnkD4 D
E
1838,
117
extremadas entre ellos 12 ambicion h envidia• y la vanidad que al
dia si
g
uiente
de
la victoria.
Fundábase la division
del
partido conservador en las varias
opiniones que sus adeptos sostenían, sobre la mas oportuna y útil
aplic3cion de los principios fundamentales de su escuela. Preten-
dían unos restaurar la pellica del
Estatuto,
avanzando algo en el
camino de las reformas. Intent
g
ban otros tornar corno arranque
de la nueva rnlítica lta Consti:ucion de 1837, variando mas ade-
lante sus formas ofensivas al trono. y dando al pais nuevas leyes
orgánicas mas en armoslía con los principios de órdeu y de mo-
narquismo que la mayoría de las Cortes profesaba.
Era el wvor contlicio por entonces encontrar una persona
que, conciliando en lo posible los opuestos pareceres. se colocase
al frente dol partido Ilencedor, y practicase en el poder sus pro-
yectos y doctrinas. Los dos jefes mas ostensibles y autorizados
del bando conservador. Martinez de la liosa y Toreno, estaban in--
oapacirados para ejercer el mando,
Estaba ya de todos reconocida la debilidad del primero corno
ministro, y muy recientes los funestos resultados de su administra-
cion , que por derdas confiada e irresoluta , trajo , como ya he-
mos visto, la anarquía en todas sus formas . con todos sus hor-
rores.
Pesaba sobre el segundo una grave acusacion sobre los con-
tratos de azogue, y en su honra estaba desvanecerla desde el ban
co de los diputados, corno á su tiempo lo hizo, y ocupar despees
el ministerio libre de toda mancha.
En el antiguo diplomático y ministro de Fernando VII , conde
de °falla, se creyó encontrar la persona que se necesitaba. En su
i
lu3traeion, en su crédito en el estranjero , en la prudencia y to-
lerancia con que desempeñó el poder en épocas muy azarosas del
go
bierno
absoluto , hallaban lodos la base del nuevo t
u
obierno , la
garantía (la acierto en la prática de las doctrinas conservadoras.
labia otra circunstancia qt
l
e le constituia
el hombre mas
apropósito , en el ministro mas necesario. Las buenas relaciones
con
los políticos rms notables de Francia y otras naciones de Eu-
ropa, adquiridas en sus diplomáticas misiones. podrian servirle
118
CAPÍTULO XLVI.
ahora para lograr el
desideralum
de todos los partidos : la inter-
vencion. Si los gobiernos aliados habíania negado hasta allí á cau-
sa de los desmanes de nuestra revolueion „
.
no
era
muy probable
la
concediesen ahora , viendo
,
representada en Ofalia una politica
moderada y conciliadora?
Componíase
el gabinete moderado en su mayor parte de hom-
bres nuevos y sin compromisos , para que no despertasen la en-
vidia entre los antiguos ,corifeos del bando conservador. La mira
que á su
formacion
presidia no era otra que la de evitar que polí-
ticos gastados oscureciesen con sus malos recuerdos el brillo de
las doctrinas moderadas.
Las Córtes estaban representadas en su presidente marques dr.
Someruelos, nombrado ministro de la Gobernacion . y el ejército
en el general en
,
jefe, conde de Luchana , designado para el de
la Guerra ; ambos nombramientos revelaban la armonía y union
del poder parlamentario y el militar , de lo cual debía esperarse
la pronta conclusion de la' guerra.
•
El jóven intendente Mon y el todavía mas jóven abogado Cas-
tro y Orozco ocuparon los departamentos de Hacienda y Gracia
Justicia á nombre de la
g
juventud ilustrada del partido moderado.
La Marina , en fin , tenia un digno representante en el jefe de es-
cuadra Cañas, que tantos servicios habia
ya prestado á la causa
de la reina.
Comprendió desde el primer dia el nuevo gabinete, al
reyes
de los que le precedieron , que antes que la organizacion politica
del pais interesaba á todos la conclusion de la guerra fratricida,
cuyos desastres eran ya mas generales é insufribles. Era preciso
de todo punto mas bien que legislar, combatir : antes que gober-
nar, vencer. Sin la paz no podria establecerse ni menos arraigar-
se ningun sistema de gobierno ; con la paz podria consolidarse
cualquier sistema por débil é imperfecto que fuese.
Mas que la voz de su propia conciencia , mas que el deseo de
su propia gloria empujaban al ministerio por aquel camino los
gritos desesperados de las provincias , (jue á todo trance deman-
daban
el pronto remedio de
sus males. Sus
esposiciones al nuevo
gobierno ponen de manifiesto cuán an
g
ustioso era el estado del
p01flNACIO
N
MODERADA /DE
1838.
119
pais á fines de 1831, época en que se encargó del mando el
mi-
nisterio
moderado del conde de Ofalia.
La diputacion de Cuenca en una
esposicion
dirigida
al Con-
;ceso dalia
Los recursos y la constancia de los pueblos y de los patrio--
•
tos tocaron á su término ; ya no existen tres años de malas co-
sechas , cuatro de exacciones y robos, el saqueo y el incendio
»de las haciendas de los ciudadanos mas notables , la violacion
»de sus mujeres
é
hijas o la muerte de muchos, el abandono de
»
todos y la ninguna esperanza de que se les protela, en adelante
»hacian temer un cambio funesto en el estado político del pais,
que
dos rebeldes han anticipado repitiendo sus incursiones.: Las fac-
»eiones de Aragon y Valencia recorren sin estorbo toda la parte
»
del Este hasta media jornada de esta capital; las de la Mancha
1)
inundan el Mediodia y Poniente hasta cuatro leguas de la misma;
»y otras, descolgándose por el Norte, llegan hasta los arrabales...
»Ayer mismo un centenar de facciosos ha cogido entre Alba-
»tete y Villaconejos Imp. columna salida de esta capital de
cin-
»cuenta granaderos de la guardia y veinte de Valde-Olivas, y
ase-
»sinado en el acto á once de estos... Los ciudadanos mas notables
»abandonan sus pueblos; los milicianos se presentan á entregar
las armas; los estanqueros y demas espendedores de los efectos
n
de la Hacienda renuncian sus destinos; los ayuntamientos no re-
»caudan un solo real de contribuciones que no sea ocupado en
»segukla por las partidas carlistas; los contribuyentes exhaustos
»se niegan ya á repetir los pagos , porque hasta el aldeano mas
,
oscuro sabe y proclama á la faz de las autoridades
que su deber
lde
contribuir supone el derecho de ser protegido.»—Los
hechos que
en la esposicion se enumeraban acaecian en el distrito de la capi-
tanía general de Madrid á una jornada (le la residencia del go-
bierno.
La de Zaragoza decia
« Fortunas destrozadas , campos asolados , talleres destruidos,
»familias huérfanas , víctimas y escombros es lo que ofrecen los
»pueblos de la nacion española... Todo se cubre de luto , y no se
»oye mas que el gemido de millares de infelices
que maldicen
has-
20
CAPÍTULO XI I.
»ta de su existencia....
En la provincia de Zarnoza está avotado
»el sufrimiento... Abandonad
.
) hace mucho iiewo, han sido víc-
»timas casi todos los pueblos del furor san
g
uinario de sus enenn
»gos... Aquí no hay ya vida... fíalo ha perecido ;al furor itnioa_
»cable de una guerra sin tregua.»
La de Jaen esclamaba:
«
La patria peligra y se hunde, si muy luego
110
se acude
forzadamente á salvarla... Por todas partes cunde el genio del
»mal.., nuestra situacion es triste . crítica . estremadamente,
rada.»
La de Bilbao , mas filosófica, al designar á la reina el verdade-.
ro orígen de tantos males, esclamaba tan-Wien
«
Implora un remedio eficaz para que cese de abrasarnos esp.
dlaina de disensiones civiles, políticas y militares , que parecen
»haber tomado asiento en Espali. para que el nombre de esta
»ilustre naci
g
n deje de figurar en la sociedad civilizada , y para
»que el trono de vuestra augusta hija se hunda en los abismos
ude
una disolucion social.»
La de Córdoba afiadia por último
•
Paz , sin la cual las mejoras serian un pensamiento e.t,térii,
»
es el grito constante de todos los pueblos y aun de todos los
»partidos. Paz, ya venga esta por una cooperacion
á que tenemos
»tanto derecho
en cumplimiento de un tratado , ya por medio de
otros auxilios que se apresure á poner en juego la diplomacia,
oes su primera necesidad. Paz ,
aun á costa
de sacrificios de amor
»propio,
que es el mayor de los sacrificios P es el voto unánime de
»esta nacion desventur'ada.1,
De todos los puntos del reino llegaban iguales eseitaciones
cuya coincidencia probaba la poca fe que en los recursos nacio-
nales tenian los pueblos.
•
Las Córtes dedicáronse á la disctbion de sus reglamentos . en
los que se introdujeron reformas en consonancia con el espíritu
monárquico que dominaba en ellas. La principal fué la de divi-
dir el Congreso en secciones , como se hacia en Francia y conti-
núa haciéndose aun en España. nombrando comisiones especia-
les para cada objeto
ó
proyecto de ley
f para las cuales elige cada
1)OMINAC1(n MODEI1ADA DE
183.
1 21
seccion
indi
y
idul. Este nu'
b
todo lleva sobre
antiguo, consig-
nado en el reglawnto de. las Córtes de Cádiz la ventaja de co-
nocerme de antemano la mayoría de la asamblea, si bien por aquel
eran mas imparciales los dictámenes de las cemisiones , nombra-
la's;
al principio (le c,!ja logislatura por el presidente.
Siguiendo la hiel) del gobierno y
los
deseos de la nacion , de-
jaron
á
un lado las discusiones
filosóficas
de princlpios políticos,
que en último resultado no produl
.
en otra cosa que dPspertar 1,1s
iasiones, exacerbando á los partidos , y consagraron sus tareas
á procurar rectu
.
sos al ministerio en su colosal empresa de &den
y
paciticacion.
A este prop'si
votaroY) una quina de cuarenta mil hom -
bres ; autorizaron al midisterio para coutraer un empréstito de
quinientos millones efectivos de reales, que bbian destinarse es-
elasivamente á los gastos ocasiomados desde.
1."
de abril de aquel
año . y á h's que en lo suce'-
z
iivo se ocasionasen por los ejércitft,:
de operaciones y armada nacional; decretaron el reparto de los
seiscientos tres millones pertenecientes á la
eontribucion
estraor-
dinaria de guerra , votada por las Córtes de 1837, y aprobaron la
ley relativa á que se siguiese cobrando por aquel año el diezmo
y las primicias , lrijudicando al gobierno la tercera parte integr=e
de los productos decimales, y aplicando lo restante á la dotacion
del culto y clero y al pago de las
95ignaciones
de los exclaus-
trados.
A esto y á algunot, debates sobre presupuestos, instruccion
pública y avtultarnientos r
se redujeron las tareas de las Córtes
ordinarias de 1838.
Como se ve, todo su afati se
cifraba. en ayudar al gobierno a la
terminneion de la guerra , temerosas de mezclarse en cuestiones
políticas que creasen conflictos y embarazos en tan patriótica
empiesa. Aunque no muy contentos con el código confeccionado
por los progresistas, aparentaban respetarle los moderados, siem-
pre con
141
inteneion de reformarle , lograda la paz y en ocasion
mas oportuna. Así es que en aquella su primer legislatura tan so-
lo aclararon el artículo
de la Constitueion, declarando sujetos
reeleccion los diputados que admitiesen cargos del
gobierno.
122
CAPÍTULO XLVI.
No obstante que las cuestiones ventiladas pertenecian al ramo
de administracion ó al de Hacienda, lo:; debates que promovian
eran animados , reñidos , violentos. indicio claro del reconcentrado
odio que encerraban en su seno los partidos: sella' segura de que
el mas leve soplo había de levantar entre dios la mas furiosa
tempestad. El mas ligero incidente, el asunto mas insignificante
servia de pretesto á la minoría progresista para lanzar acusaciones
y amenazas; á la mayoría moderada, para recordar los desmanes
de la revolucion , y alarmar á la opinion pública en contra de sus
enemigos.
Llovian las enmiendas y las interpelaciones ; nronunciábanse
furibundos discursos políticos, tratándose de los presupucaus;
hacíase un llamamiento á las pasiones en la diseusion sobre inter-
vencion extranjera , sobre los diezmos y sobre el proyecto de la
ley municipal. Por todas partes la ira, la recrirninacion y el odio.
Un ligero extracto del
Diario de las Sesiones
será suficiente para
que el lector forme
una opinion exacta del carácter de las prime-
ras Córtes ordinarias de 1838, y de la actitud hostil de los par-
tidos.
El ministerio del conde de Ofalia hablase presentado á ellas
en una de sus primeras sesiones , enarbolando el estandarte
de
paz,
órden y justicia,
á cuya sombra se agrupaba el partido mode-
rado , y que con tanta alegría saludaba la nacion entera.
«
Los ministros , decía el presidente del Consejo , no creen
»
necesario hacer una prolija manifestacion de sus sentimientos.
*
Acordes los cuerpos legislativos han llevado al trono la espre
»
sion de sus intenciones de paz, órden
y justicia.
La reina se
»
afana por satisfacer estas necesidades, y el ministerio se felici-
»
tará si, con la cooperacion de las Córtes , consigue concluir la
»
guerra civil, y, con la observancia de la Constitucion y las le-
»
yes, las divisiones de los partidos.»
El ministro de Hacienda Mon añadia despues de decir que la
memoria que le reclamaban las Córtes
no podria contener mas que
desastres:
«
Se discutirán los medios , se ven'tn las necesidades de la
•
guerra, y se pedirá á las Córtes lo que falte. Si hay órden , go-
DOMINAC1ON MODERADA_ DE
1838,
123
bernará convenientemente ,
y si en el desenvolvimiento
de la
Cons--
titucion no está conforme con el Congreso, se retirará. »
Estas protestas de tolerancia política , de
administracion
y
buen gobierno , de sujecion á las prácticas Parlamentarias , no
bastaron á refrenar la impaciencia de los partidos , á imprimir la
calma y la moderacion en los debates del Parlamento.
La minoría , como ya hemos dicho , interpelaba á cada paso
a los ministros , suscitándoles conflictos y siguiendo la perniciosa
costumbre de todas las Córtes modernas de mezclarse en todos
los ramos , invadiendo las atribuciones del poder ejecutivo.
Acosado Mon para que publicase las negociaciones entabladas
con objeto do hacer ostensivo al ejército del centro el humanitario
tratado de Elliot ,
trató de poner fin al abuso del parlamentaris-
mo, dirigiendo al Congreso estas palabras , que encerraban una
s
evera leccion : tl Ocúpese él de hacer leyes y deje de examinar
actos que se refieren á operaciones militares . cuya revelacion
comprometerla al gobierno.
Las continuas
y
sentidas quejas del clero ; el abandono del
culto , que obligaba á que en muchos pueblos no se celebrase misa
por
falta de luces
y
recado ,
como
aseguraba la junta diocesana
de Barbastro ; la miseria y la desnudez de los esclaustrados, que
como decir]. los de Jaen, ofende demasiado á la religion santa y
degrada á la
nacion;
la triste situacion de las monjas , revelada
elocuentemente en esta amarga y sencilla observacion de las de
« Hasta los toscos sayales con que cubrian su mortificado
cuerpo las han abandonado. No son ya hábitos... son andrajos.»
'Todo esto llamaba profundamente la atencion de
las
Córtes, y á
remediar tanta calamidad consagraron sus esfuerzos, votando la
contribucion decimal, y tratando para mas adelante de anular la
ley de supresion del diezmo. Recurso inútil é improductivo ya en
España , pues los labradores habían acogido las instigaciones de
los progresistas para negarse al pago de la antigua prestad©n , y
en política se acoge y practica siempre por los mas cuanto está
en armonía con el inte•es y el egoismo individual.
El asunto, sin embargo, dió margen á debates violentos. El
duque de Rivas, fogoso conservador, como antes elocuente
exal,
CAPITULO N:Lvf.
lado , hizo
una viva pintura
/a
d
esamortization de
Aiendizaip
r
di .
cuya ruetiou dijo,
ro un d ri-édito
público , sino
de justicia.
« Las medidas tomadas
rnoni,“
I
d:i
q
entre o ras coc.a(z,
»han sido un atentado 5 la liber
tad
.
un
a
t(9thdo
propiedad
particular un
proclimit
,
nto 1,:S.rbaro, alnlz, cruel . y ademas
*una
auti-eronónica y
pul
Todos
sabemos que
»la ma
y
or parte (le !os
bi
r
;nes
disfrohn las rel
ief
iosas
ovan
el
»producto de sus dote, el de su propio capit3;
haberla` despo--
jade de este ,
:
,
no
es un
rao?
y eli4e atentado : cómo se ha
»ejecutado ? ¿ en virtud de qué? ;
.
de
una lc..y;'? No ;
tras(Yre.
•=sion de una kty,... al
q
u-ando de; voto de c3nfianz'a se ha hcq.lin
»apurar á las monjas el
de la amargura.
han sido
lanza
odas de sus hogares...,. se les han nr
•
aneado sus bienes
.
.. y con
»moth se han tomado los objetos de su cubo y adoracion..
v
1/
esto ¿para qué? para que se enriquezca una docena de especn-
»ladores ilu
que viven de la miseria pt'iblica... para qde
»los comisionados de amortizacion hayan foimado en poco tiempo
»una fortuna colosal , que contrasta con la miseria (le las
provin-
ocias. Han desaparecido los conventos se han malvendido sus
•
l
enes
.
se han robado sus a
lhajas y preseas y, se ha armen
dado con los ingresos
mi
solo batallo') en los ejércitos ni
una
»trincadura en la escuadra? ¿ se ha mejorado en algo la suerte
»de les pueblos? No: los conventos han desaparecido. y " qué
»ha quedado en pos de esto? Eseombrol;,
lodo
l
lágrimas,
aba-
4timiento. »
Un incidente vino por entonces á desencadenar íos odios de
partido y á promover nuevos escándalos. Fué este la esposicion
(le
las célebres
viadas de Comare9,
que
a(
1
,11dieC011 á las
Córtes re-
clamando justicia contra lo que llamaban tiranía de Palarea , ea-
pitan general de Granada.
Presos sus maridos como ievolwionlIri
Málaua, halara
muerto uno de ellos en la cárcel, y
el
otro de resultas de enfer-
medades entoldas en ella , durante la tardía coníirmacion del
fallo
absolutorio por aquella autoridad. Este hecho. que en
si
no encerraba un delito sino un abuso de autoridad , que nada le
DOMINACION MODERADA DE
1838.
P 25
importaba á las Córtes , sirvió de nuevas armas á la oposicion
para combatir al ministerio , á quien se le hacia responsable de las
faltas de sus delegados.
Declarose fervoroso deiensor de las desconsoladas viudas,
ino-
t.entcs instrumentos de planes de oposicion, el general
Scoane,
guien esclaniaba entre otras cosas
En un pais donde son sabidas semejantes
circuustancias
de
).atrocidad, y se pasan por :alto, sin 4,:xaminar la conducta del
En
causante de estos asesinatos, no se puede vivir
una época
,
,en que tenemos una
¿ es posible que se vean
fi tamaños escándalos? En esta época vemos dos inhumanos y atro-
,ces asesinatos , cometidos por una Putovidad
La espada de la
,,ley debe caer sobre la cabeza de la autoridad que se vició,
y
DO
Isé si su cabeza caída
de
los hombros será l;astaute expiacion.»
Lailiscasion del proycelo de ley municipal traía Cambien agi-
tadas á
las
Gilcs y en hostil movimiento á las diputaciones
municii
,
ios, quienes con osadas manifestaciones , se oponían á
aquella rch,rma , que arrancaba la dictadura de las corporaciones
populares , baciénd(Ilas mas dependientes del poder supremo por
medio de iris nombramientos de alcaides , hechos por la corona.
Coulatiala el pa ido progresista como golpe de muerte á sus
especatias
(le :ccolurar
el poder, alb-3adas en la iniluencia re-
votuciunaria de las municipalidades , como realmente sucedió
cr
18'1.0. La suspension
la volacion dcl proyecto calmó la efes--
‘tescclicia de los revoilosos y contuvo acaso á la tevoincion hasta.
epeca
l
e
er o la cua
stiun
que embargaba con preferencia el ánhno
de
1(1.s ,!iputwlos era la
de ia
intervencion estraujera,
por todos
re-
col.ockla su necesidad
y
de todos deseada
su
realizacion.
Las
í;z
z
perifiL;Is
de conseguirla que fundaban
iras
moderados
en ta ibuniacion deu ulini
.,
,terio
de u
color v en la inauguracion
de una politica
couservadura,
quedaron frustradas muy pronto.
En las
disew,ione de i;:r
cámara francesa , sobre la contesIlt-
ion al
discursu de apertura, en que Luis Felipe aseguro
que
con-
linuaba ejec
i
dai
t
do liduteute las estipulaciones
del
tratado
(L
la
cuá-
druple alianza, proilunció el.pvcsidc.:,ae del
consejo
de ministros
196
CAPÍTULO XLVI.
conde de
Molé,
las siguientes significativas palabras : «No que-
remos intervencion porque la creemos contraria á los intereses
de la Francia ; » añadiendo que la idea de la ;ntervencion era im-
popular entre los franceses , y que él labia sido siempre opuesto
á semejante medida y
á la sazon mas que nunca.
Contra la declaracion tan esplicita y terminante del jefe del
gabinete frances , de nada servian
las
hipócritas ofertas de Luis
Felipe , las exigencias del ministerio español v los discursos de
nuestros diputados.
Era general el convencimiento de que los esfuerzos nacionales
no bastaban ya para sofocar la guerra, y de que 'esta solo pool ria
terminarse por medio de una transaccion. ¿Mas quién se atre
venia á pronunciar esa palabra en una época en que la celebra-
cion del humanitario y civilizador tratado de
Elliot
fué reputado
de crimen de apostasía y de traicion por el intransigente libera-
lismo, no obstante ser mas ventajoso para el ejército cristino que
para el carlista ?
El conde de Toreno tuvo ese atrevimiento , y en un elocuente
y patriótico discurso probó que la
transaceion digna y decorosa era
una necesidad indispensable, la única
áncora de salvacien para
este pais desventurado.
Causa de violentos ataques por parte de la minoría progresista
fué la so:emú declaracion del diputado por Asturias en cuyo
patriótico pensamiento creyeron hallar la intencion del partido
moderado de sacrificar á la paz lo que sus contrarios llamaban en-
fáticamente libertad y derechos populares.
La nacion en masa acogió la noble y humanitaria idea del
con-
de
de Toreno , y el
Convenio de Vcryara ,
aplaudido mas que nadie
por el bando progresista, vino á dar la razon y á hacer justicia á
la prevision y al talento de aquel diputado , justificando el buen
instinto del pais.
Solo los revoltosos que veían en la continuador de la guerra
su medro y su fortuna ; solo los eternos enemigos del órden y de
la legalidad , que temian su imperio , conseguida la paz , eran
los
únicos que se irritaban ante la palabra
transaceion,
detras de
la cual vejan
su descrédito
su impotencia y
su
ruina.
DOMINA
g
ION MODERADA DE
1838.
127
Eco de ese liberalismo intransigente, y aconsejados
de sus
resabios demagógicos del año 23, alarmáronse ó fingieron
alar-
marse
algunos diputados progresistas distinguiéndose
el señor
San Miguel , que con la misma arrogancia inútil
y
el terrorífico
lenguaje que usó en la época citada en el famoso incidente de
las
notas,
eselarnaba: Si la guerra fuese solo de sucesion , seria po-
sible un arreglo; Pero es de principios, y siendo estos incompati-
bles, no hay transaccion.
Es preciso guerra á muerte...
Es preciso
que un partido venza al otro , de suerte
que el vencido
quede es-
terminado para siempre.»
Este programa de terror que repugnó á las Córtes , mientras
arrancaba murmullos de aprobaciol en las tribunas , fué elocuen-
temente anat ilia-kizudo por los principales oradores.
Dignas son de mencionar las siguientes palabras
•
del
marques
de Someruelos.—« i
,
No estarnos hartos de sangre española, despues
de la que se ha derramado en tantos años? ¿No ha de poder plan-
tearse la libertad, sin que sea manchada con sangre?»
El conde de Toren° , con la erudicion y la oportunidad que
le eran características , refutó loor completo el rabioso sistema
de
San
!
Miguel, diciendo entre otras cosas: «Las guerras civiles no
pueden concluirse e,3terkr.inando. La historia enseña que siempre
han concluido por transaccion , aun venciendo.»
La idea de ese supremo , de ese único recurso, quedó fija en la
mente de la naeion , y fué desde entonces el constante afan de los
ministerios moderados , el verdadero plan de campaña del general
en jefe. Mas adelante veremos cómo y por quién se puso en prác-
tica ; de qué modo fué desarrollándose hasta producir el célebre
convenio
que fijó el término á la guerra de Navarra.
•
•
•
•
•
CAMCLO XLVII.
•
La guerra y los partidos.
SUMARIO.
Imprudente provocación del ministerio. —Estraña manifestacion del general
Seoane.--E/ Munido.---Motín de Widiz.—Escasez de recursos.—Desprestigio
del gobierno.—Triunfos del ejército.—Se levanta el sitio de Morella.—lláce-
se Espartero hombre político.—Sus desavenencias con el ministerio.—Fun-
dada antipatía entre él y el general Narvaez.—Lucha entre el poder militar
y el poder civil.--Debilidad del gobierno.—Ciega. y perjudicial confianza de
la reina gobernadora.—Eiace tllmislon el ministerio,—Insigniticancia política
del que le sucede.—lncremento de las facciones.—Gloriosa muerte del gene-
ral Pardifías.—Sangrientas represalias. Debilidad de las auloridades.—So-
brepdnese el orgullo á. la conveniencia.—Nuevas exigencias de Espartero.—
Juicio crítico del ministerio del duque de Frias.—Atroz medida del marques
de Vallgornera.—Proclamas incendiarias.—Asonada en la corte.
Ocupado el ministerio del conde de Ofaiia de ese solo pensa-
miento; consagrado únicamente iá procurar recursos con que aten-
der álas necesidades del ejército , dejaba dormir la política con
!a idea, segun ya apuntamos, de organizar el pais despees de pa-
cificado. Era su sistema ganar tiempo , dar una tregua á los par-
i‘.19:-; y adormecer á la revolucion.
Pero la revolucion no dormia. Aprovechándose de la apatía,
de la h3direrencia política del
«
gobierno, minaba ocultamente el
diticio del órdeu , para sumir de nuevo á la nacion entre sus
s.
El gobierno , contemporizador como todos sus antecesores
1-oli los revoltosos , contentóse entonces cota publicar sus proyec-
tos , creyendo
i
nocentemente derrotarlos de ese modo.
En la
Gacela
del 19 de marzo se
«Una oposicion que se encuentra
inferior en número y
razones
icen los
cuerpos colegisladores , y que ve afirmarse el sistema
de
TOMO
ut.
9
130
CAPÍTULO
mxn.
»órden y
justicia con las repetidas victorias conseguidas por las
»armas leales , trabajr, con ciero encL'ao
pa a:1
lurliar el reposo
»públie
g
, como único medio de
ruchnr el
mande . aunque sea
»para perderlo dentro de pocos dios en la connm
Esta
imprudente
manifestaeicli del períódieo
quIv ,
paso que
revelabw
la debilid‘m: del ministerio , encerraba
una
►
ro-
vocacion
á
la minoría , produjo corno era con
L
ierraicut
3
fawaianl-abs
interpelaciones.
Encargóse de vindicarla , como
ano de
sus
in
jefes.
1.1
general
Seoane;
pero con asombro de todo
í
, . y llevado acaso de
la
idea de amedrentar á los ministros, sacó á luz las inauicbras clan
destinas de sus amigos, cuyos pro cato de trastorno denunció
él mismo
en vehemente y profético lenguaje , uselarn1-$1,00 :
« Yo
descubro una atmósfera cargada de negros nubarrones
»amenazando una tempestad furiosa...
Los hombres metidos en el
»bullicio
de
los negocios
no verán
esa tempestad pero yo, con-
»denado por mis dolencias á vivir en la rama . y por mi humor a
»vivir solo ; yo , que observo , comparo y recuerdo,
veo nublado
»el horizonte;
veo siniestros wiluncios.
y
que. si no acudimos a!
»remedio, podremos envolver los iodos en .12 misma ruina... 1.0
»veo un trastorno mial encima ;
veo los mismos sinto2las, las
»mismas pasiones, las mismas personas, las mismas cosas que
pi e-
»pararon
los movimientos anteriores, y nos condujeron al borde
»del precipicio... El partido que se llama victorioso está espucsta),
»si Dios no lo remedia, á ser víctima de una espantosa revoluciop;
»yo lo afirmo , yo lo pronostico , 'oreo pronostiqué
las
dos ante-
riores. »
La prensa moderada habia hecho anteriormente iguales rei,e
lociones, y para nadie era un misterio que se trabajaba asidua-
mente por el partido
exaltado
para promover por tercera vez la
insurreccion general de las provincias.
El Mundo,
notable periódico de aquella época por la gracia
y
valentía con que satirizó la anterior dominacion de los exaltados,
sátira (irle valió á sus redactores persemciones
y
enea! celatnien-
tos , revelaba las maniobras de las sociedades
seeveilts de
esto
modo:
([ER I1
LOS PARTIDOS.
131
«Los ministros saben que en los clubs
se
atenta contra la
»vida , y se disponen y conciertan los asesinatos de los verdade-
ros ami
n
.
os del trono. Los convenios
entre las diferentes sectas
»
»politicas de dentro
y
fuera de España
están ya hechos , concerta-
»das sus combinaciones,
y
adoptado el plan para realizar sus
te-
»merarios acuerdos. El objeto... es desposeer á la inmortal Cris-
»tina de la regencia del reino, restablecer el código de 1812, y
»anonadar
y
destruir al partido que profesa y sostiene las doc-
»trinas morrquicas.»
C
.
:Idiz quiso seguir el ejemplo de Málaga en los pronuncia-
mientos pasados,
tomó ahora la iniciativ
q
revolucionaria, estre-
Ilárdw su anárquico movimiento ante el carácter rígido é in-
flexible del conde de Cleonard , capitan general de Andalucía,
II
Los hombres pérfidos maquinan, decia en una proclama aquella
autoridad despues de sofocar el motin gaditano ;
tres veces l
u
z
intentado la anarquía tremolar su negro pendon,
y tres veces ha
tenido la necesidad de derrocarlo. Si contra los sentimientos de
mi corazon me he visto precisado á adoptar medidas escepciona-
les, culpa es de la insensata pertinacia con que un punado de
malvados trab2ja por desunirnos.»
El ministro Mon , que entre sus compañeros era el
11111S
arro-
jado y agresivo, (tecla en las Córtes
« Lo que ha habido en Cádiz es otra nueva conspiracion con-
»Ira el órden público; una conspiracion del color de las anterio-
»res , y que si el capital] general no la hubiese sofocado, habria
»ocasionado nuevos males y desgracias
•
; otra conspiracion ,
,tris michrts que en este momento se están
fraguando
contra el go-
»bierno ; una conspiraci:-n que este en relacion con los facciosos
dial Pretendiente, pues las sociedades secretas avisan á las pro-
diciendo : —Ahí va otra. faccion mas , culpen ustedes
ello al gobierno, que aquí
se
trabaja lo bastante. Esa cons-
.
»p;:acion que tantas ramificaciones tiene en la nacion , es la que
»ha sofocado en Gr'idiz el capital] general; si , señores, espreciso
,,decirlo : se conspira contra la reina, se conspira contra la Consti-
»
tucion, s conspira contra el órden público, se nos quiere entre-
»gar á
D.
Carlos, á pretesto de que el gobierno infringe las lees.»
y
132
CAPÍTUT O XLVII.
A las francas revelaciones del gobierno, á sus promesas de
vigor contestaba la revolucion por su órgano mas autorizado,
El
Eco del Comercio,
lo siguiente: t
.
Al
golpe de Estado que medita el
gobierno, se responderá con
un golpe tic ilacion.:,
A. los estorbos que la revolucion arrojaba de coLtínuo en la
marcha del ministerio, agregal'a>
.
e la el,easez l!e recursos , efecto
de las malas administraciones pasadas. !labia rentas que estaban
hipotecadas ya para muchos años por anticipos anterieres, y mu-
cha parte de las contribuciones ordinatins se cobraba en liapel
quo debia amortizarse. El crédito español estaba tan abatido,
que hasta el banquero Aguado , que con notable generosidad La-
bia sacado á España de grandes apuros en otras épocas, se negó
'ahora á contratar un empréstile; , pues negarse era el presentar
exigencias exageradas é inaceptables proposiciones.
Conforme iban desvaneciéndose las c-pet almas que la nacion
concibiera de pronta pacilicacion , se aumentaba ci descontento
de los partidos y perdia sus simpatías el ministerio. Esforzábase
este en dominar la situacien y consolidar su poder; pero mi im-
posible de todo punto. Entonces mas que nunca se necesitaba t
la cabeza del gobierno un hombre estiaordinafio. una \Mutad
avasalladora, une sujetase con mano de hierro las circnr
►
stanciw.a
Ese hombre , esa voluntad no se hallaba ¡ior desgracia de todos
en el ministerio del conde de (-india.
Hasta sus amigos, hasta aquella nayoría que en ambos cuer-
pos le prestaba una cooperaciuu franca y decidida , iba impacien-
tándose y retirando sus simpatías á les ministros, no como á mo-
derados, sino corno á gobernantes.
Los afortunados triunfos del ejercito robustecieron algun tanto
el poder y alargaron la vida del gabinete. La memorable defensa
de
Zaragoza
que, sorprendida por Caballero, lo lanzó de sus ca-
lles dejando en ellas doscientos muertos y setecknitos prisioneros;
la no menos bizarra de
Gandesa ,
que prefirió szr ruina á entre-
garse á las facciones, que obstinadamente la sitiaron; la victoria
del valiente Pardiñas junto á Bejar: la toma gloriosa (!e Peña-
cerrada, uno de los mas brillantes hechos de nrwas de Espartero,
v sobre todo la pacileacion de la Mancha, llevada á cabo por el
L GUEPaRA. Y LOS PAIIIIDOS.
133
brigadier Narvaez en el corto espacio de tres meses, si bien
costa de sangre y de estermillio, sucesos fueron todos que
contribu
y
eron á la conser vacion del ministerio; pero su fuer-
za y su prestigio eran tan pasajeros , tan efímeros , que el me—
nor re
y
es en la campaña bastaba para desconceptuarlo
y
fain
El levantamiento del sitio de Morella, que fué una gran der-
rota para el ejército del Centro, influyó notablemente en la caida
de aquellos ministros. Desde entonces se convenció el pais ,
onveneieron los partidos de que la suerte y no los hombres di-
rigia la guerl'a, y era preciso que los hombres dominasen á la
sderte, org(zni:asen
la viebpria,
como hacia el convcncionista Car-
not
desde
el
ministerio de
la
Guerra.
En tienipo de guerra
y
de revolucion el poder ministerial ha
de gobernar, ha de combatir, ha de vencer; y así comparte con
tos 4enerales los laureles del triunfo, del mismo modo que res-
ponde con elfos de las faltas que causan la derrota.
El descalabro de Morelia hizo gran sensacioii en Madrid, y
arrancó
g
raves acusaciones contra el ministerio. Los inmensos
preparativos del sitio, la exagerada importancia dada de antemano
á la toma de Morella cuando se creta segura su rendicion , todo
contribuyó al mal efecto que tan gran re
y
es causó en la opinion
pública. Los inútiles asaltos del ejército cristino, la estrategia de
Cabrera para envolver á los sitiadores, la retirada precipitada de
todo un ejército ante los muros de la plaza carlista, hicieron com-
prender á todos que Cabrera era un general y no un guerrillero:
que sus antiguas partidas eran ya divisiones, y que en las breñas
del Maestrazgo hahíase organizado un ejército tan aguerrido y
numeroso, tan valiente y temible como el que acaudillaba D. Cár-
les en los montes de Navarra.
pesar del descalabro de Morella , que arrastró consigo la
repotacion militar del general Oráa , el mas práctico entonces y
el' mas entendido de los jefes cristinos , el ministerio se hubiese
sostenido, siguiendo su sistema de contemporizacion
y
apatía po-
líticas ; pero hacia tiempo que un enemigo mas poderoso que la
opinion pública, que los clubs, y la poca fortuna en los negocios
131
CAPÍTULO X1.1,11,
militares , minaba su poder y se preparaba
derribarle. Este
enemigo era el general en jefe.
La ambicion de Espartero
no
era de las que se satisfacen con
grados y condecoraciones. El ascenso á capitan general del ejer
cito, merecido premio de sus proezas militares , no le halazaba
por completo, y cifrábanse sus deseos en elevarse snre todos , en
sobreponerse á los partidos é imponer su vulunl,ad á la política.
Estas aspiraciones de un hombre estraordinario,
pn genio,
estaban en oposicion con SUS dotes de gobierno, con sus cuali-
dades de hombre de Estado. Militar valiente, hábil general, guer-
rero afortunado era entonces , y ha sido siempre un politiro
mediano, un gobernante nulo , ur jefe de partido inesperio ,
hombre público
vulgar
y adocenado.
En situaciones corno la de 1838, un Washington , un Nabo -
»
Icon, hubieran salvado á su pais terminando la guerra con un
golpe decisivo , con una batalla campal , dominado la revolucion
y anulado los viejos partidos. Espartero, arrojando
su
victoriosa
espada en la balanza de la política, agravó desde aquel dia la si -
tuaeion de Espana, dando nuevos bríos á los revolucionarios
y
exasperando entre los bandas opuestos sus antiguos y mal repri-
midos odios.
El que un año antes derrocó al ministerio de la Granja, tolv
p
ando la insurreccion de Pozuelo de Aravaca , trató de derribar
ahora al gabinete moderado , que traia su origen
de
aquella su-
blevacion.
Tiempo hacia que mediaban serias desavenencias entre los
ministros y el general en jefe. Orgulloso este con sus triunfos,
envanecido con su prestigio en el ejéiicito, abusando de la nece-
sidad que la nacion tenia de su espada y de su nombre , quiso
trasladar el poder al cuartel general, y colocarse entre el trono y
el ministerio. Sus continuas exigencias traian disgustados á los
individuos de aquel gabinete , que las resistian vigorosamente, y
en especial Mon y Castro y Orozco , menos diplomáticos que sus
compañeros, y mas altivos y mas intransigentes , por lo mismo
que tercian mas talento y mas corazon.
En tal estado era ya inevitable un rompimiento entre Espar-
k
Iii5Efili
y
LOS PARTiDOS.
135
ter°
1
17
los ministros , y el menor desaire debia producirle.
La se--
'nracion de la socretaria de la Guerra del brigadier Miranda,
protegido del general en jefe y su agente en la corte, fué el pri-
mer e=laliido de la preparada mina entre el poder militar y el
civil. La dimision de
Van-Halen,
su
jefe de estado mayor, fundada
en su enemistad con
Moscoso,
que lo era del estadó ma
y
or
ge-
wral , y cuya remocion , así como la de Soria, gobernador mili-
1,ar de Madrid , habla solicitado inútilmente el exigente caudillo
del \orte , acabó de agriarle contra los ministros , pidiendo ofi-
(iainien te la separacion del de hacienda , Mon.
Acusábale el 2:a eral d e apático en facilitarle los
iecursos
que
netesitaba, pero la mayor falta del ministro combatido era su
amistad con el general Córdova , cuyo prestigio entre las tropas
fama inilitar importunaban ú Espartero.
',labia otro motivo mas fuerte aun que los anunciados, que
alimentaba sus antipatías hácia el ministerio Mala ; era este
la preponderancia del brigadier Narvaez, ascendido á general por
a campaña de la Mancha, harto gloriosa, si no la afeasen algu-
nas manchas de rigor
, tan inútil como estremado.
Era Narvaez jt
•
Jven, valiente y ambicioso , y su aparicion en lar
fi cena debió inspirar celos al general en jefe , que desde un
prineipi
,
) tr ató (:e
, eolocandok estorbos y tropiezos
n
ope
l
:aÇ'ione. Hay temores á veces
y
presentimientos en el
corazon del hombre cuya causa ú origen solo el tiempo puede
probar; temores inspirados por un sentimiento oculto y miste
loso que ni aun comprende ni sospecha el mismo corazon que
lo abriga. Tal es el afecto , tal el poder , tal la
influencia de esas
antipatías infundadas que nos arrastran muchas veces á odiar y
ahorren'
.
, sin `sabe-t
.
por
qué
odiamos y aborrecemos.
Cómo
se esplica, si no, esa guerra lí muerte , declarada cies-
(k
entre ambos generales , ese antagonismo invencible,
esa antipatía sin causa , alimentada desde aquella época entre am-
bos persodajcs? E que la ambicion de Espartero adivinó enton-
ces que el únie
,
) que podria contrariarle en lo sucesivo era el
general Narvaez. Es que este adivinó tambien que su ambicion
no podria satisfacerse sin derribar á Espartero.
136
CAPÍTULO
Xt.vJJ.
Es que el espíritu de partido se anidaba ya en el corazon de
ambos generales. Es que á sus almas trasladaron los partidos sty,
odios, sus venganzas y sus ambiciones ; es que la política perso-
nal , que es la fatalidad de las sociedades modernas, los hal.i?.
elegido para representar en lo sucesivo nuestras discordias ch -
les , la revolucion y la re2ccion , el progreso indefinido de la e,
cuela reformadora , y el doctrinarismo infecundo de la moderada
Y tan cierto es que la casualidad muchas veces dispone d{.1
porvenir de los hombres , de sus ideas , y de su conducta , que
solo á ella han debido desde entonces Espartero y Narvaez
opuesto papel que en política
Van
desempeñando. La casualid,
hizo que Narvaez se diese á conocer como militar entendido
y
va
liente en la persecucion de Gomez; gracias á su actividad , á su
estrategia y arrojo , fué lanzado aquel cabecilla de las Andalucías,
llevándose la gloria de.aquellas operaciones el jóven brigadier,
N
eso que militaba á las órdenes de jefes superiores , corno los ge-
nerales Rodil y Alaix.
Ascendido á mariscal de campo por el ministerio moderado.
á pesar de sus ideas progresistas , pronto el nuevo general
adquirió popularidad y fama de militar valiente y entendido. Con
el instinto que da la envidia , comprendió Espartero el nacimien-
to de su temible rival y desde entonces se propuso aniquilarle,
derribando á los ministros sus protectores.
Halagado en su empresa por los progresistas , admitió sus
halagos y siguió sus consejos , afiliándose en este partido desde
entonces, si bien tardó algun tiempo antes de echarse abierta-
mente en sus brazos. De allí data el divorcio de Espartero y (11,1
partido conservador. Hízose progresista , porque á Narvaez ie
protegian los moderados. Narvaez fué moderado, porque á Es -
partero lo halagaban los progresistas.
Ninguno de los dos estaba en su lugar ; Narvaez por su ca -
rácte
'
r , sus ideas y sus proyectos de elevacion y engrandeci-
miento , debió seguir figurando en el bando ultra liberal.
Esl,s
mismas cualidades hacían á Espartero mas á propósito para jefe
de los moderados , cuyo papel principió á desempeñar cuando el
pronunciamiento de Pozuelo.
137
IiIERHA
LOS PARTIDOS.
La ambicion , la antipatía , la casualidad los arrastró por di-
verso camino. Por lo general las circunstancias forman los polí-
ticos,
y
esta sabida verdad honra muy poco la consecuencia ,
fijeza de opiniones y el patriotismo de los hon-Wres públicos.
Espartero , sin embargo , segura insistiendo aun oficina '-
f'stra-olicialinente en la separacion de Mon y de Castro , base
principal del gabinete. Vacilaba Cristina y se resistiabi á la dicta-
dura militar 1Tios los ministros. El gobierno en tan críticas cir-
eunstaneia
y
por mediacion de la reina go
.
bernadorá, trató de
INatisfaeer
en
parte las personales exigencias del general en jefe.
y le r
‘
acrifieó los generales Soria y Moscoso, que fueron separados
sus mar
y
/ws reapectiyos.
No era aquello una lucha de un general con el ministerio.
Era una Ezuerra entre el poder militar y el poder civil ; era la
usurpacion embozada de las regias prerogativas, el despótico
lijercicic de una influencia inconstitucional, elevada á la altura
del trono , y tan irresponsable é inviolable corno él.
Algunos de los corifeos moderados á quienes consultó el go
bierno en tal conflicto , y principalmente Isturiz , opinaban por
que se admitiese la dimision al osado
, que tan impru-
dentemente arrojara su espada en el vedado terreno de la política.
Pero otros mas flexibles ó mas apocados , como Martinez de la
Rosa , creyeron conveniente contemporizar con el altivo general,
n comprendiendo su 1
.
arikter dominante y su personal orgullo.
,kquella debilidad de h reina gobernadora , aquella desmedida
faintianza en la lealtul y gratitud del general en jefe , fué indu-
•a
►
lemente el ori
,
c
.len de futuros males y la causa principal de los
di%ustos y del destierro de la misma Cristina. Sus sentimientos
de, madre triunlbron esta vez de sus deberes de reina. La conser-
N acion de Espal tero al frente del ejército era para ella una garantía
(k próximo triunfo , y la salvacion del trono de su hija pesaba
mas en
:;t1
maternal corazon que la dignidad del gobierno y el de-
coro de la monarquía.
Disculpabh y hasta plausible error fué el de
Cristina en juz-
gar aíiue; acimfecimiento
ca
►
1119
madre; pero la historia no puede
menos de lamentar la poca energía de la reina , su ciega confianza
138
CAPÍTULO XL\ TI.
en Espartero , la inmensa bondad con que lo trat2ba y (iisti
►
ouia.
Puede escusarse aquel impremeditado p,)so con
salce-
la ley de la ece-
sidad , manto bajo el cual se guarecen los mas funestos errores:
pero esa necesidad no era absoluta , ni
onces ni ahora ha sido
demostrada.
El general Espartero era en
'1
ei
dad un jefe valiente y alar tuna
do , de gran prestigio en las tropas , cuya discinlina bala resta-
blecido, castigando con laudable severibil (110s
che
Sars-
field y Escalera; pero ¿era acaso el
ge
n
que pudiera guiar
las tropas al combate ? ¿el único quizá que supiese conquistar lau-
reles? ¿No estaban para reemplazarle el hábil organi'Ll.for Coi doviI.
el táctico (kali, el intrépido O'Donnell
N
otros jefe' valientes y
e,-
periinentados
en aquella clase de guerra
En su sistema de crear conflictos al gobierno para de.t'aeredi-
tarle y hundirle , rehusó el general en jefe enviar fuerzas á Ara-
gon , celoso de los augurados triunfos del ejército del Centro:
triunfos que por esas y otras causas se convi:'tieron en grave der-
rota ante el amurallado recinto de la capital del Maestrazgo.
La derrota de Morella ayudó grandemente á las ambiciosa-
mirss de Espartero. Sus anteriors censuras sobre la ineptitud del
ministerio quedaron justificadas. A sus exigencias unieron sus
gritos apasionados los partidos , sus deseos la °im
p
on pública.
Hl-riente esplotada por la prensa
.y los club5;,
y
la ni(la del
terio
Ofalia
fué inevitable.
Apresuróse la reina á decretarla, temerosa de que se reprodu
jcran los anteriores motines de las provincias . que empezaban
insinuarse en la corte con proclamas y pasquines en que se pcdi,
la renovacion del ministerio , poniendo al final como fundamento
de la demanda lo siguiente : «
Necesitamos sangre e
y es menester
derramar la de los ministros..,
Difícil y hasta imposible era en aquellas eirmns.tancias la for-
macion
de un gabinete que satisficiese á lo que la opimon , la con-
veniencia y la necesidad cxigian. Arriespdo pel
i
grosa como era
entregar el gobierno al bando progresist , por su incapacidad y
reciente descrédito , no lo era menos formar el ministerio de per-
sonajes moderados , gastados y desprestigiados como gobernantes.
LA GLERIa Y LOS PARTIDOS.
139
Otro inconveniente habia difícil de allanarse. Siendo los nue-
\ os !ilinktros l'o:Abres de valía, fuese cualquiera el partido en que
milita
,
Jeu, n podrian de
ningun
modo someterse
á
la humillante
i_linniincion de Es
p
artero, envaleLtonado con su reciente triunfo.
Babia /los c:;tremos;
ó
nombrar ministros de capacidad , de
t3lnto, de cl
.
é(1119
y
energía, talas como entonces se necesitaban,
que lucharan c,-)n mejor fortuna que sus antecesores con la
irritan-
-
P
influencia del -.,.;ener)1 en jefe , ó buscar hombres desconocidos,
laed:arill
c.:
,
políticas , nulidades mas bien , que fuesen dóciles ins-
trumentos (le Espartew, y 11e ayudasen con su tolerancia ó
compla-
cencia a desarollo ele s:Js
planes de anibicion
y
de dominio. Esto
i'lltitno fue lo que se hizo.
F.1 duoue de Frias , buen literato ,
hombre de estudios y no de
e.Teriencia de la política sin la malicia necesaria
pata
burlar las asechanzas de los partidos , fué nombrado presi-
&tac del nuevo gobierno , siendo por esas cualidades de los me-
Los á propósito para dirigir el timon del Estado en tan difíciles
circunstancias. Entre sus compañeros, marques de Montevírgen,
el
de Valigornei a, Aldama y
Ruiz
de la Vega, solo este sobresalia,
no
mucho, p()r su instroceion y firmeza de carácter. El nuevo
minis
trio por su insignificancia política, si heterogeneidad y falta abso-
luta de doh,:-
y
ara
gobernar en tiempos de revueDas
y
osadas am-
biciones
muerto como sucedió
antes al de Bardaji , y como
despul-s (laja suceder á los que al constituirse no fundasen su
("jstencia ele un1a energía esti aordinaria , en un sistema de
gobier-
ii<1
fuerte , justo
y reparador.
(:(Ima 1
,
i
et
reci,n-i nombrado gabinete no encerrase ea su mis-
11
3
(...)!í-,!itucion el germen de la impotencia, de los conflictos
q p (1
1
1)hri rodearle desde el primer dia , vino á agra-
v1:i
.
'su sihlacion
/a
desgracia
que presidia á sus primeros pasos.
a !
,
.yll‘rra d
1
-1, NGrte, , si
bieu
no
arrecia por entonces mal as-
pecto ,
no adelantaba cuanto era necesario para calmar los cre-
cientes eie:-.e,o3
de una pronta pacificacion.
Mientras el Pretendien-
te se reponia de la dervota física Y moral en su célebre espedicion
á Castilla ,
Espartero organizaba su ejercito , estableciendo en
él
la moralizacion
y
la disciplina hasta allí completamente relajada,
110
CAPÍTULO
\LUI.
ha
Meada en el verano último á Catalufia del conde de Espa-
ña , escapado de la fortaleza de Lila en Fland
f
,s, labia dado vid
y aliento á las facciones del Principado. reconcentrando sus des-
bandadas fuerzas, adiestrándolas en contimns evoluciones mili-
tares y combinando su movimientos. Apenas el barori de iNlel
podía preservar de una sorpresa las mas populosas ciudades (
,
,l-
talanas sin lograr la menor ventaja ni adelantar no palmo de ter
cerio .
Pero donde el incremento de ks
éTa terr
i
ble
,
dond.,
por entonces había un peligro inminente para la causa libera.
era en las provincias de Aragon y Valencia , que Cabrera domi-
naba á su placer, teniendo la mayor parte de su territorio mili-
tarmente ocupado. El triunfo de Cabrera sobre Oráa en la defen
sa de Morella le hizo dueño del bajo Aragon y de !a rica huelt.
valenciana. En vez de perseguir a Oraa despees de la retirada del
sitio , como todos sospechaban , cayó de improviso sobro las ric;),
roblaciones de la ribera que baña el Júcar, y rceogi5 sin el me
nor estorbo á vista y presencia de varias divisiones contrarias u'l
inmenso botín que encerró integro en sus fortificaciGneb del Mael,
traigo. Así en el corto espacio de once dios verificó el jefe tort€1-
sino la mas importante de sus incursiones, en la cual ademas d
mucho (linero sacó seiscientos caballos y gran cantidad de provi-
siones y de armas.
El afortunado y temerario caudillo, que completó con esta e -
pedieion el triunfo alcanzado en la sitiada plaza . obtuvo de
Sd
soberano el titu'o de conde de Mol ella y el nombrainierno de 'u
niente general de sus ejércitos. Pero donde creció hasta lo stm,,,
la fama de Cabrera, y donde el nuevo ministerio sufrió su pri
mero é
inesperado percance , fué en la accion de Maelia en TI
quedó completamente derrotada la division del general
y muerto este gloriosamente al frente de su cabal!eria.
Era Pardinas uno de los jovenes jefes mas valie3tes e instrui-
dos del ejército y de los mas halagados por la opinion pa/je .
La instruccion y popularidad le abrieron en la legislatura anterifli
las puertas del Congreso, trazando ante sus ojos un magnilicit
porvenir
de gloria y engrandecimiento. Quizá estaba destinado el
4
I
GUERRA Y' LOS PARTIDOS.
1 1
g
eneral Pardas á ser el !Antag3nista de Espartero y á represen-
l
iar el papel de Narvaez en la historia militar y política de nues-
tro pis.
Fué
el
primero y el único general cristino que murió en la
guerra civil peleando)
al frente de sus tropas, víctima de su te-
:neridad y arrojo.
Tan desgraciado reves
produjo nuevas desgracias y tropelías
en las poblaciones; apuros y conflictos en el gobierno. De resul -
ta de haber fusilado Cabrera subte el campo de batalla ciento se-
senta y un pi isioneros de caballería, á pretesto (le
110
haber dado
ellos cuartel á quince de los ctirlistas que al principio de la
ac-
cion eaveron en sus manes dióse principio á la reproduccion de
CSCCIIIIS
desoladoras
en
que represalias sangrientas inmolaron en
v13 ias ciudades á
la jUVCiiiud que el plomo y el hierro habian res-
petado en los campos del combate.
Tan atroz fusilamiento de que hasta entonces no habia pre-
sentado ,jernplo la guerra civil , el incendio del pueblo de Urrea
y la muerte de algunos de sus nacionales exasperaron al
popula-
dio de Zaragoza, conmovido ya desde el trágico suceso de Maúlla.
linutinada la milicia pidió
á gritos el fusilamiento de los prisio-
5t
üros
logrando c i
general San
calmar u
11
tanto
(9piella iu(
.
itacion con decretar en union de una junta popular la
gran número de habitantes de los llamados desafectos.
1 aunque el órgano
de
los amotinados ,
Novicio
decia el
11 de
OCalbrv:
1\40 nias indultos, no mas cozttemplaciones;
con
tengamft. la sangre con la Sangre... esos tigres que hacen burla %
e
k
,
:
carnio
litiCt,Wt
lenidad , se amansarán bien pronto : » dicho
evii
4
)
las
inútiles represalias,
y escribió á
Cabrera ,
ame-
nazaudhle, u(,-)n
,
si por su parte se re
.
producian tan
-
zn
1 v:Ci es c4;c4,sos.
Acole la zullnquia habla
triunthdo
casi siempre,
ík,1,0
1
#1*# (
.
11 es
4
ct época SUS íl
I
sinatiws
y
SUS
venganzas. La noticia
de haber sido fusilados (le orden de Cabrera noventa
s
eis
(1e
la division de 1.4rdifías, acusados de una tentativa de
e,\asion, cegó
de ira y
de despecho á
los
valencianos. El segundo
cabo D. Froi!an Mendez Vigo,
abriéndose
paso
,
espada en mano,
1
mimo xus
por entre las turbas enfurecidas con ánimo de eoiltenerli,s,
muerto de un balazo entre alaridos de júbilo Fal\,,je. La milicia
nacional , imitadora y protectora del motín redactó una esposi-
cion
pidiendo se encargase del mando el general D. Narciso Lo
pez, se removiesen los empleados d
e
safectos , se eli
e
jese nueva
diputacion provincial y otro ayuntabliento, se prendiese á los til-
dados de carlistas, y se fusilase á los prisioneros'. Apenas se en-
cargó del mando de las armas el nuevo jefe. hizo fu
c,
i1,1r í nuevt.
oficiales carlistas, y exigió á los desafectos un pK
.
staflio folzól)
de seis millones, adoptando otras medidas de inusita(l
►
rigor con
el auxilio de una junta revolucionaria, compuesta de los ex-dipti
dados Tarin,
Salvá
(D. Manuel) y D. Vicente B(Ttran. de Lis.
En la
faccion
en la ciudad se habia enarbolado el negro
pendon de la muerte y del esterminio , y Lopez en Fa poldacion
Cabrera en el campo parece que luchaban por llevarse la palma
en la ejecucion de
aquel sistema de terror y de barbarie. Rendido
á la faccion el castillo de Yillamalefa, fueron fusilados en Villa-
hermosa cincuenta y cinco de sus setenta y tres defensores', , en
expiacion , decia Cabrera, de la sangre de los oficiales carlistas
sacrificados en Valencia el dia anterior.: A su vez la junta de re-
presalias
dediehl
ciudad decretó á los pocos dil.ts el une
e
o saeri-
ficio de cincuenta y cinco prisioneros , que fueron pasado3 por
las armas para aplacar los manes de las víctimas de Villahermosa.
Tan repugnante sistema de asesinatos fué propagándo
.
,
:
e por
el reino de Valencia, repitiéndose en las principales poblaciones
las escenas de inicua venganza. En Alicante , para calmar en
parte la sed de sangre de los amotinados nacionales , se fusiló á
dos presos
yi
juzgados, de los cuales el uno baja sido absuelto
y condenado á presidio el otro. Solo con tan horrible condescen-
dencia por parte de la junta citada para contener el niotin , se
libró la vida á los prisioneros trasladados á Tabarea, y e=; 'i!
las tropelías de costumbre.
Los nacionales de Játiva , organizando también la junta con
dos individuos por compaftía , prendieron :3/4 veinte y echo de sus
compatriotas en el sentido de desafectos, y fusilaron á uno de
ellos al cija, siguiente.
L
1L
Gumini
Y LOS PARTIDOS.
143
Tornando por pretesto los alborotadores de Murcia el fusila–
miento de unos nacionales que , escoltando la diligencia de Ma-
drid , fueron sorprendidos por las facciones de la Mancha , inti-
wron nl comandante general que
para calmar la agitacion del
pueblo
procediese al pronto castigo de algunos presos. La junta
(1e represalias, donde para escarnio y baldon de la magistratura
figuraban también los jueces de primera instancia, resignóse á ser
bajo instrumento de sanguinarias exigencias, y pretendiendo jus-
ifie2r la tiranía con el fanatismo, acordó : « que para evitar la
vefusion de sangre y los desórdenes consiguientes á las conmo-
»ciones, se ejecutase
pro salute populi
la pena de muerte que
el
,juzgado de Murcia tenia
consultada
con la audiencia territorial
ocon respecto tres de los presos,
haciéndola estensiva
á dos
ofi–
ciales prisioneros. de Tallada uno y otro de Cabrera.»
Y
esta
iniquidad fue consumada en la mañana del 30, siendo inmoladas
seis víctimas por sentencia de una heterogénea amalgama de
autoridades, erigidas por un motin en tribunal revolucionario.
El general Van-Halen hablase encargado á la sazon del mando
del ejército del centro en reemplazo del infortunado Oráa , y por
complacer al general en jefe , á quien convenia tener en aquel
punto no un rival sino un protegido. Escribióle Cabrera queján-
dose de las tropeliaa
,
de Valencia y otras ciudades, y quejósele á
Lt vez Yanallaien de los fusilamiento?, de Mulla y Villahermosa.
Wasion era aquella de haber puesto un dique á tanto estrago,
á tan salvaje matanza , regularizando la guerra corno lo estaba
tiempo hacia 1
.
n las provincias del Norte. Pero el orgullo de Van
Halen en no querer tratar de igual á igual con Cabrera, la cegué
1
;
a:1 (
y
,
los revoltosos , que creian dominar aquella situacion
g:M[101a en sangría, y las imprudentes escitaciones de la prensa
pr,)gresista , que aconsejaba corno medio de salvacion la conti-
unacion del terror y el estcrminio, imposibilitaron por entonces
el remedio de unas desgracias que horrorizaban á la nacion.
Este estado de anarquía y de agitacion en las provincias , al
paso que patentizaba la impotencia del gabinete , le privaba en
los mas críticos momentos hasta de gran parte de los recursos
ordinarios, Ll baron de :Ger en Cataluña, para sostener su des–
cuím,o xult.
atendido ejército, tenia hace tiempo confiscados los ingresos de
las tesorerías del Principado, y Van Halen , imitando su arbitra-
ria conducta, habia hecho lo mismo con los de Valencia Aragon
y Murcia.
Espartero, á la vez, abrumábale con nuevas exigencias , reca-
bándole el nombramiento de Alaix para el departamento de la
Guerra, no obstante su desprestigio por la reciente derrota cerca
de
Puente la Reina.
Ninguna de estas complacencias satisfacía por completo al ge
p
eral en jefe. Fija la vista desde su cuartel general en la prepon
derancia que por momentos adquiría Narvaez . solo á cortar
el
vuelo de tan temible rival eneaminábanse sus afanes.
En medio de su docilidad , dejábanse entrever en el ministe-
rio tendencias á emanciparse de la tutela de Espartero , valién-
dose de Narvaez como instrumento á propósito para poder derri
barle. Para traer á sus órdenes al engreido é independiente jefe
del ejército de reserva, exigió aquel del gobierno enviase á Nar-
vaez con la mayor parte de sus tropas al distrito de Castilla la
V
ieja para emprender con su auxilio importantes operaciones.
No queriendo el gobierno chocar de frente con la popularidad
áde
Narvaez, apoyado á la sazon por el partido ultra-liberal, cuyo
sistema de terror acababa de plantear en la Mancha , y no atre-
viéndose por otra parte á luchar con Espartero, amaestrado ya
en el arte de derribar ministerios , creyó conciliar todos los inte-
reses , confiando al primero la capitanía general de Castilla la
Vieja , mandándole pasar allá con una parte de su ejército de re-
serva, y declarando que este conservaria siempre su denominacien.
y su jefe la independencia del cuartel general del Norte_.
Vióse burlado Espartero en sus planes de absoluta domina-
cien , y propúsose castigar la indocilidad de los ministros.
Este inesperado desaire , y el obsequioso recibimiento que ,
su paso por la capital , recibió Narvaez de la reina , de los minis-
tros y del pueblo de Madrid , al hacer desfilar sus brillantes bata-
llones bajo los balcones del régio alcázar , exasperaron los celos
de su rival , quien , en una violenta esnosicion en que se incluía
la acostumbrada amenaza de dimitir el mando, censuraba agria-
GUERRA. Y LOS PARTIDOS.
115
mente la idea de la forrnacion del ejército de reserva , poniendo
de manifiesto las ambiciosas tendencias de Narvaez, y tildando de
ineptos á los generales que habian sancionado su plan de opera-
ciones.
Lo que sus censuras y amenazas no conseguían ofreciósele
una de esas vicisitudes políticas que cambian á cada momento la
posicion y la suerte de los personajes que en ella figuran.
Mentados los exaltados por la debilidad del gobierno , trata-
ban de impedir por medio de un motón , como lo hicieron en
agosto del 36 , la reunion de las Gines moderadas , convocadas
en su segunda legislatura para el 8 (le noviembre. Sabedor el mi-
nisterio de aquellos proyectas , trató de sofocarlos, ordenando á
Narvaez acercase á media noche á la coronada villa sus tropas,
acantonadas en los Carabancbeles. Ilízose este alarde de fuerzas
sin contar con el capitan general Quiroga , ni con la milicia na-
cional ; y resentido el primero , que era ademas inspector de la
fuerza ciudadana , de aquella desconfianza , que era una ofensa,
presentó su dirnision. La reina no creyó prudente aceptarla , y
eseutido de ello Narvaez pidió licencia para restablecer su salad,
y salió medio desterrado á Lora . su pais natal.
Tiempo es ya de que examinemos la conducta del ministerio
Frias en aquellas luchas de la ambicion militar , y de la anarquía
contra el órden. En la indispensable reseña que acabamos de ha-
cer de los sucesos de la guerra y los nuevos desmanes de la re-
volucion , se habrá. observado la apatía , la impotencia , la nuli-
dad del ministerio. Odiado por sus naturales enemigos los pro-
gresistas , desacreditado á los ojos de los conservadores , comba-
tido por el general en jefe , dominado y acobardado por las cir-
cunstancias, ni el aspecto de la guerra mejoraba, ni en la causa del
Orden , ni en la urganizacion social halagüeños resultados se ad-
vertian. Medroso, vacilante, indolente el gabinete del duque de
Frias ante los acontecimientos , dejábalos sucederse sin tomar la
iniciativa en liada , imprimiendo á la política moderada, cuyo
representante era, el carácter de debilidad , de desprestigio y de
consuncion que en otras épocas no distantes causara su ruina.
Cuando mas energía se necesitaba para sostener el'principio
TOMO lit,
10
116
CAPÍTULO XLVII.
de autoridad , tan hollado y abatido desde anteriores épocas,
cuando mas falta hacia una mano reparadora que , aboliendo el
terrorífico sistema de la revolucion , atrajese con actos de justicia
y buen gobierno al bando absolutista , desengañado ya del triunfo
de la guerra y deseoso de lograr la paz aun á costa de sus prin
cipios , el ministerio atizaba la tea de la discordia , dando carác-
ter legal á disposiciones tan bárbaras y crueles , como las qne
solian adoptar los demagogos bajo la ley de los puñales.
Mentira parece que un gobierno legalmente constituido , que
se llamaba moderado, que se decia defensor de principios conser-
vadores y gobernaba en una época , que se habla inaugurado bajo
la enseña salvadora para todas las sociedades y gobiernos de
paz,
i$rden
y
justicia,
pusiese en ejecucion medidas tan atroces corno la
que en aquellos dias dictó el ministro de la Gobernacion, marqués
de
Vallgornera
fundándose en la impunidad con que, al abrigo de las
leyes ordinarias , conspiraban los carlistas contra el trono cons-
titucional , espidió el 26 un decreto mandando «salir en el térmi-
no de ocho dias de Madrid y de los pueblos situados en un radio
»de ocho leguas á las mujeres é hijos
menores
de las personas que
estuviesen al servicio de D. Carlos , prohibiendo
bojo pena de la
3
vida
toda correspondencia
aun la mas familiar
con ellos, y juz
agar y castigar por un consejo de guerra á los que les prestasen
#)auxilio de
cualquiera especie.
Las mujeres y niños estrañabs de-
bian ser vigilados por las autoridades de los pueblos en que fija -
asen su residencia.»
Solo el miedo á la revolucion , una pueril cobardía , la falta
de conciencia y de dignidad, á mas bien la completa ofuscacion
de los sentidos, pudieron influir en el desatentado
►
inistrm para
lanzar un decreto de proscripcion y de muerte contra centenares
de familias, digno de la convencion francesa en los dias de su
mayor delirio.
Cómo era posible que tan desconcertada administracion no
aumentase el disgusto general , y no exacerbase los síntomas de
resistencia que por (bucle quiera se columbraban , alentados unos
en sus planes demagógicos , heridos y maltratados otros en 10,
,
afectos más caros á su corazon , alarmados y descontentos todos
1 4 GUERRA Y LOS
PAUTIDOS.
147
con el temor de un sangrimto porvenir, de un cataclistrio poli:ti--
CC>, de una disolucion social
Esplorando los eternos revoltosos de la corte la lastimosa si-
tuarion
del gobierno, ¿ in ratos con quien de tal modo favorecia
de sus planes, amotináronse
sus intereses y preparaba el logro
contra el el 3 de noviembre , haciendJ circular desde por la ma-
ñana un e,;crito incendiario, que entre otras cosas contenía lo
siguiente :
mínislerio inmoral , ciego iustrumento de viles y colar--
» des traidores vendidos al oro estuanjero, condnce nuestra des-
»f-g
.
aciada patria á un abismo insondable (le terribles desventu-
-
Entre nosotros viven_ los cobardes
y
enmascarados je-
„
res de sus verdugos; entre nosotros existen ellos y sus intitules
»cómplices , los monstruos que en sus negros conciliábulos con-
»
cibieron el infernal proyecto que abortó en la noche del último
•
domingo (28 de octubre).» Se suponia que el provecto era pro-
n
i
,fiver una colision entre las tropas regulares
y
la milicia, y des
armar á esta y establecer un régimen militar
«,; A qué espe-
»ramos , si va los conocemos .... A las armas, á las atinas, y- nc
,depongamos basta que con su impía sangre hayan expiado i.t;)
,
,espantosos cri enes los viLs autores de nuestras terri_bles des
gracias hasta que la baudera nacional tremoli.- vencedora sobre
»el alcrízar
de la traicion.
”
En
el mismo dia el periódiA), (::rgano
habitual de estos sentimientos'
,
El Eco) ,
ponia en boca de uno de
sus corresponsales
se
nos vende ; por la mano se nos conduce
»al abismo ; el triunro de la teocracia se acerca__ que los pa
,triotas el,nvencidos
(le
la torcida marcha de los retrógrados_ _
vo vacilen en adoptar el partido pie las circunstancias si.italan,
-y que todos los hombres libres cuentan como
el
único recurso
»de salvaeion
Una mano oculta trabaja en la ruina de la patria,
es menester que los liberale
,
--
Se
apresuren cortar
la
ma -
.no oculta que en
1
823 cortó
el
árbol de la libertad. A las armas.
»pues , contra los traidores.»
Por fortuna la milicia , compuesta en su mayor parte de em
pleados
y
honrados menestrales, prestó su clicaz eooperaciou á
las autoridades, que lograron sofocar
(
4 motin
y
prender á
algu-
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