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Historia política y parlamentaria de España : (desde los tiempos primitivos hasta nuestros días)

Rico y Amat, Juan, (1821-1870)

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HISTORIA POLÍTICA Y PARLAMENTARIA DE (DESDE LOS TIEMPOS PRIMITIVOS HASTA NUESTROS DIAS) ESCRITA Y DEDICADA A S.  LA IIE1NA BONA ISABEL POR D. JUAN RICO Y AMAT, Ahogado de los Tribunales del Reino, Secretario honorario de 5. AL, Comendador de la Real Orden Americana de kaki la Católica é individuo de varias Corporaciones científicas y literarias, bw•maimmomml n coat TOMO ni. %,,,T.T.••••- n rowee..1 nnnnn ./41 Petabrib. IMPRENTA DE LAS ESCUELAS PIAS. 1861 • ti CAPITULO XL •1111.....011".....1~1• n •••• n •• n • Calda de Mendizabal SUMARIO. Fatigas é inconvenientes en la redaccion de esta obra. — Discurso de la coro- na en las Córtes de 1836. — Nuevas promesas y contradicciones. — Mendi- zabal no era un hombre de Estado. —Opuestos proyectos de contestacion en ambos Estamentos. — Oposicion de Isturiz al ministerio. —Hácenia tambien los principales exaltados. — Heterogeneidad de aquellos ataques.—Pídese por todos la intervencion. —Duelo entre Mendizabal ó Isturiz. Cómico llanto del primero. —Vigorosa oposicion de los próceres. — Caballero , jefe de los exaltados. — Código isabelino. -- Trascendental peticion de la cámara alta.— Otras peticiones importantes de los procuradores.— Mezquina venlranza con- tra los próceres.—Preséntase otra vez el anterior provecto de ley electoral .— Acusaciones contra el general Córdova. — Pacto secreto entre Mendizabal los descontentos.— Energía de la reina gobernadora. —Presenta su re,nune-- cia el ministerio. — Juicio crítico de Mendizabal. Sucédenos al dar comienzo á la tercera y (Mima parte de esta obra , empresa con mas perseverancia que talento acometida , lo que al fervoroso peregrino que, al llegar sediento y ensangrentado á la mitad de una escarpada sierra, ni encuentra un arroyo donde apagar su sed, ni un árbol á cuya sombra reponerse de tanta fati- ga; antes por el contrario , descubren sus ojoS nuevas escabrosi- dades y precipicios , y presiente su alma mayores trabajos y pade- cimientos hasta tocar la anhelada cumbre donde se divisa el santuario , término y objeto de su peregrinacion. Al llegar hoy nosotros á este punto de la HisTouR POLÍTICA Y PARLAMENTARIA DE ESPAÑA por entre un enmarañado laberinto de CAPITULO XL. errores y miserias , de crímenes y desgracias , de "locuras y de es- cánmos , cuyo recuerdo ha ensangrentltdo Cambien nuestro cora- zon y fatigado nuestro espíritu , ni encontramos como el peregrino z' ,n la escarpada sierra de la política española un arroyo que apa- gue nuestra sed de justicia , de tolerancia y buen gobierno, ni un árbol que nos preste su bienhechora sombra para restaurar las fuerzas perdidas en los combates que hasta aqui hemos sostenido con el despotismo de los reyes y la anarquía de los pueblos , con la demencia de nuestros partidos políticos y la ambicion de los partidarios. Mas de una vez al tender su vuelo la imaginacion poi' el ne- buloso horizonte de nuestra historia contemporánea , y al ver em- papadas algunas de sus páginas en la sangre y las lágrimas de los españoles , manchadas otras con nuevos delitos y desaciertos, ennegrecidas las mas por la hidrópica ambicion de los parti- dos, los delirios de las turbas y la ineptitud ó debilidad de los mo- narcas , sin descubrir entre sus sofismas político-sociales un sis- tema de salvacion general , ni entre sus personajes un verdadero hombre de Estado , ni entre sus épocas el período de un dia de tranquilidad y bienandanza ; mas de una vez , repetimos , hemos tenido el intento de romper la pluma y condenar al olvido las pá- ginas anteriores, con tanto desaliño como buena fe redactadas. Empero , nuestro carácter perseverante y decidido, y mas que todo , el deseo de hacer un bien á nuestra patria . presentando á los ojos de las generaciones futuras el lúgubre cuadro de nuestras contiendas políticas para su enseñanza y escarmiento , motivos han sido y muy poderosos para alentarnos en nuestra empresa y darle pronto remate, por la idea de la pública benevolencia sostenidos, y de nuestra noble intencion y verdadero patriotismo aconsejados. No se nos oculta lo difícil y peligroso que es el escribir en esta tercera parte de sucesos que todos recuerdan, y de personas que aun viven y figuran; bien sabemos que el egoismo y la vanidad de los partidos políticos se sublevarán contra nosotros al descorrer el velo que cubre sus errores y desaciertos , la inutilidad ó mala aplicacion de sus principios y la ambicion é incapacidad de sus jefes, CAllín DE MENDIZABAL. Tampoco ignorarnos que, al referir ciertos acontecimientos que todos hemos presenciado y pocos comprendido, escitaremos, al desentrañar su origen y sus consecuencias, la bilis de esos polí- ticos especuladores que comercian con la justicia y la verdad , y que, en el aran de sojuzgarlo todo á sus miras é intereses , quie- ren poner una mordaza á la lengua que no los adule y pesadas es- posas á la mano que no los inciense. Políticos que , medrando con lo presente , cortan las alas al tiempo para que no penetre en el porvenir , y esclavizan la historia para que no revele lo pasado. Ante la pasion y la injusticia de los partidos , cuya historia vamos relatando ; ante el fanatismo de que se rodean cíe; t'as insti- tuciones ; ante la vidriosa vanidad de los prohombres de la políti- ca ; ante el respetado misterio de algunos sucesos ; ante lo absur- do de algunos elogiados sistemas ; ante la seduccion de algunas deslumbradoras utopias ; ante el exclusivismo del mundo antiguo y la intolerancia del mundo moderno, están n uestra severa impar- cialidad y buena f , las enseñanzas del tiempo y los escarmientos de la humanidad. Como hasta aquí , no dejaremos de proclamar la verdad histó- rica por consideraciones á nada ni á nadie , fortalecidos por la in- tencion laudable que á nuestra pluma guía de ilustrar lo presente y preparar lo venidero para evitar males pasados; comentaremos con la frialdad de historiadores los sucesos que refiramos, y emi- tiremos nuestras opiniones francas y terminantes. fundadas en la esperiencia, por el buen sentido sugeridas. Espuestas por via de exordio las anteriores consideraciones, que hemos creido indispensables y convenientes para el buen jui- cio y recta interpretacion de esta tercera parte, anudaremos el interrumpido hilo de nuestra histm ia, á cuya segunda jornada di. caos fin con la apertura de las nuevas Córtes en 1836. El discurso de la corona fué , como siempre, el pretesto para que la oposicion se organizase y diese á conocer. Sus debates pre- sentaron la oeasion que se buseala de hacer la guerra á Mendiza- bal y mostrar la inteneion tomada ya por sus nuevos enemigos de derribarle del poder. Era el documento leido por la reina gobernadora una pobre 8  CAPÍTULO XL, parodia del de la anterior legislatura , mal escrito y peor pensado. Hipocresía y desfachatez se necesitaba por parle del gobierno para asegurar lo contrario de lo que vejan todos respecto al esta- do de árdea y prosperidad en que su pifia se hallaba el reino , y para prometer de nuevo bieners y Inf l joras que no se hablan rea- lizado desde el programa anterior. &ciase, y así lo aguardaban los pocos crédulos que aun tenias á Mendizabal por un oráculo. que en el regio discurso se barian deciaraciwies mas esplicitas sobre su famoso secreto , anunciando los buenos efectos produci- dos en cl curso de la guerra por el voto de confianza, y dando ga- rantías para el porvenir, ya que no hubiese disculpas de lo pa- sado. Frustradas quedaron todas las esperanzas, burlados todos los deseos. Ofrecióse -tí p icamente por el gobierno presentar á la de- liberacion de las Córtes otra ley electoral y las negociaciones con las antiguas colonias de América. lígasenos de buena fe si un ministerio que á fuerza de amaños y violencias reunía un Esta- mento enteramente suyo, de color wiarcadamente revolucionario, puesto que figuraban en él los corifeos y directores de la insur- reccion de agosto, y como símbolo del triunfo de los revoltosos, el teniente Cardero. el héroe de la casa de Correos, era digno de ocupar su puesto , dando un programa tan mezquino de gobierno en unas circunstancias en que no lo 'labia, y al abrir unas Córtes marcadamente reformadoras , que venian con la idea de inaugu- rar una nueva época de sistema representativo. Si Mendizabal hubiese sido un gran político , como al princi- pio creyeron muchos, un hombre de Estado como sus parciales proclamaban , aquella era la ocasiori de manifestarlo. - Ministro de órden y organizador, su programa debla ser un vasto sistema de gobierno que cortase de raiz la anarquía que alteraba la pu de la nacion , que ofreciese medios seguros é instantáneos para termi- nar la guerra , y que trazase trascendentales mejoras en el órden administrativo y económico , lásadas en la sensatez en los ade- lantos de la ciencia y en el in eres de todos. Por el contrario , ministro y director de la revolucion , el dis- curso de la corona debia encerrar á anunciar las principales rP- CAIDA DE 11END1ZABAL.  9 formas que en política y en administracion reclamaban los mas radicales, indicando que los esfuerzos de las nuevas Córtes debe- rian tener por norte el preparar la revisiGn del Estatuto , hacien- do columbrar que tras él apareceria la Coristitucion del r año 12 ú otro código mas democrático que el actual. Esto hace en ocasiones como aquella un político de alguna ta- lla , un gobernante no vulgar. O matar la revolucion por medio ó dirigirla por el camino de de oportunas y justas concesiones, atrevidas reformas sin desmanes y sin violencias. Mendizabal con su programa de 22 de marzo abandonó el timon de la política al furioso huracan de las revueltas , y lanzó la nave del Estado entre • el sangriento oleaje de los partidos. El discurso regio, pálido en la forma, falaz en el fondo , ocul- tando el mal sin asegurar el bien, hizo muy real efecto en lo ge- neral del pais, en unos por lo que decía , y por lo que callaba en otros: en todos loor su vaguedad, por su trivialidad, por la audacia y el empirismo que en sus confeccionadores revelaba. Elogios al ejército y á la guardia nacional, á quien se presen- taba como garantía de tranquilidad, cuando en aquel mismo mo- mento tornaba una parte muy directa en las asonadas de Zaragoza; muestras de gratitud á las potencias aliadas, cuando mas nos es-. catimaban sus auxilios; alabanzas á los aynntamientos y diputa- ciones provinciales , cuando estaban ejerciendo la mas odiosa dic- tadura á pretesto de las represalias; nuevas promesas de caminos y canales , cuando se hallaba en el mas completo olvido el pro- yecto de invertir en su construccion los bienes de propios, anun- ciado por el gobierno al subir al poder. A eso solo se reducía el nuevo programa de Mendizabal, dando con él una nueva prueba de su medianía y falta de dotes para desempeñar con gloria Pro- pia y provecho del pais el puesto que ocupaba. Los decretos que lanzaron de sus casas á los religiosos y con fiscaron sus bienes en utilidad de los bolsistas, sin ninguna para la nacion. presentáronse en el discurso «como el complemento de promesas acogidas del público con entusiasmo.» Con igual des- enfado se aseguraba en él « no haberse exigido sacrificios al pais ni impuéstole gravámenes, y haberse conservado la tranquil:dad 1 0  CAPÍTULO XL. en todas partes , escepto algunos ligeros disturbios tan pronto apa- gados como encendidos.» En las páginas anteriores, al hacernos cargo del estado de España en el interregno parlamentario en que Mendizabal usó ampliamente de la dictadura , queda probada la falsedad de sus asertos y en relieve la hipocresía y atrevimiento que en el dis- curso resalLban. Los proyectos de contestacion diferian como era regular , en ambos Estamentos , dominando en el de procuradores una in- mensa mayoría ministerial , eco del partido exagerado , y dando el tono á la marcha de los próceres los hombres del moderantis- mo , cu y a voluntad no habla podido doblegar Mendizabal con' amenazas y halagos, y que al abrirse las nuevas Córtes parcelan decididos á batallar con el gobierno hasta obligarle á caer ó á ca- minar por la senda del órden y la inoderacion. Componiase la comision que redactó el dietárnen en el Esta- mento popular de los principales y mas poderosos amigos del go- bierno , á cuya cabeza estaba Argüelles; formaban la de la cá- mara alta hombres de ideas conservadoras, como Garelly , García Herreros , arzobispo de Valencia, duques de Gor, de Osuna y de Puñonrostro. Fácil era prever el tono en que ambos proyectos hablan de redactarse. F i lié el de los procuradores servilmente mi ► sterial, suave en demasía para los promovedores de los desórdenes pasa- dos. Resaltaban en el de los próceres una digna y noble adliesion al gobierno , siempre que este no se separase de la ley y del trono, y una justa indignacion por la impunidad con que era tratada la anarquía. Simpatizando los primeros en su proyecto de mensaje con la idea de Córtes constituyentes, se hablaba ea , él de derechos políti- cos, de acta constitucional y de revision de nuestras instituciones • políticas. De este modo se pretendia calmar la impaciencia de los revolucionarios , haciéndoles abrigar esperanzas de reformas po- líticas , que diesen por resultado el hundimiento del Estatuto y la resurreccion del código de Cádiz. Pensando mas bien en sus filosóficos sistemas de emancipa- CAIDA DE MENDIZABAL.  11 cion universal que en la integridad de nuestro territorio, los au- tores del mensaje no tardaron en ofrecer la autorizacion del Es- tamento para la desmembracion de las antiguas colonias españolas. Adulaban, finalmente , t Mendizabal por sus tan cacareadas como efímeras mejoras, y le daban una solemne y amplia aprobacion del uso que habla hecho hasta entonces del voto de confianza. Pero lo que mas disgustaba de aquel mensaje era la lenidad con que se juzgaba á la anarquía , atenuando los crímenes que por todas partes á su sombra se cometieran , y mirándose como consecuen- cia de tiempos turbulentos la dificultad de que cada uno se con- tuviese en el círculo de la legalidad. Vergonzosa manifestacion que proclamaban la debilidad de un gobierno y la ceguedad ó la mala intencion de un partido. Ancho y glorioso campo se abría á la nueva oposicion para presentar en todo su repugnante desórden la infecunda adminis- tracion de Mendizabal , y las tendencias desorganizadoras del par- tido dominante. Pero , en vez de escuchar la voz del interes comun y de escudarse en aspiraciones de noble patriotismo, dióse desahogo á resentimientos personales, y solo trataron los oposi- cionistas de satisfacer su vanidad ó su ambicion. Nadie como Isturiz , autorizado jefe de la minoría , tenia mas medios para descubrir toda la profundidad del abismo, abierto por una administracion, tan incapaz como presumida; nadie co- III9 el amigo íntimo hasta entonces y director ó consejero de Mendizabal, poseía mas datos para probar cuanto de empirismo y de ffirsa encerrraban las promesas de aquel ministro. Apegado aun á los intereses y d6ctrinas de los exaltados, no estuvo Isturiz, al inaugurar los ataques de la oposicion que capitaneaba , todo lo resuelto, explícito y contundente que convenía. Dando los descar- gos que se le pedian por no haber admitido el ministerio de Es- t ado con que repetidamente se le brindara , señaló entre otros motivos el temor de cargar con la responsabilidad del voto de confianza , á que declaró haberse opuesto desde el principio; in- dicó que los medios empleados por Mendizabal en los paises es- tranjeros para proporcionar fondos , estaban en contradiccion con las promesas hechas para obtener aquel voto; puesto que, en uso de 12  CAPÍTULO %I,. , se consuriaran operaciones mas ruinosas que los empréditos que se habia prometido) no levantar ; arladió que en lo interior se habian barrido los depósitos y vendado las campanas , colgadas aun de las torres de los conventos; censuró los decretos cspedidos para favorecer el agiotaje de la Bolsa , y que , sin favorecerlo en efecto , comprometieron otros muchos y mas respetables intereses; se quejó de la falta de fuerza y de justicia , que impedia constan- temente al gobierno la represion eficaz (le los desórdenes que afli- gian al pais ; denunció á la animadversion pública la horrible re- presalia hecha con la madre de Cabrera : « cuya sangre agrupada, dijo, caerá 1eta á gota sobre la cabeza de los ministros; » y , por último , anunció la duda de que esluviesen satisfechas las necesi- dades del ejercito. Estas acusaciones, justas y mot:vadas, no hicieron !ocio el efecto que era (le esperar, por la vaguedad y timidez Con que se hacian : siendo pai'a muchos mas bien que aspiraciones de un cambio de gaierno en sentido moderada , el cicsi criado grito de tina venganza personal. Isturiz estaba enterado del modo ilegal con que se 'abian negociado en Londres valores espanoles , por qué suma , con qué perjuicios y con cuánta mengua. Sabia io inú- til (pie por entonces era la enajenacion de las fincas eclesiásticas, el punible desorden con que principiaba á efectuarse, los gravá- menes que pesaban sobre los pueblos con el ramo de suministros, el abandono de las rentas públicas , lo oneroso é inmoral de las operaciones de Bolsa , y sin embargo , por generosidad , por deli- cadeza ó por miedo no se atrevió á desgarrar el velo tras el que se ocultaban la bancarrota , la anarquía administrativa y el desórden político, que halan de abortar mas pronto de lo que se tercia al monstruo de la revolucion. Siguieron á su antiguo presidente en la patriótica tarea de combatir al ministerio, los impetuosos oradores Lopez , (iali;410, Las Navas y otros ; pero ambicionando el primero mas popolari- dad anatematizaba al gobierno por lo poco que había andado en la carrera revolucionaria , acusándole de tolerante col) los parti- dos caidos ; fluctuando aun el segundo entre antiguas reminiscen- cias tribunicias y sus sentimientos de órden , atacaba mas diplo- CA1DA DE MENDIZABAL.  13 máticamente á Mendizabal, contrastando lo duro de los cargos con lo afectuoso de su lenguaje , y arrastrado el último de su manía de exigir al poder escentricidades y extravagantes conce- siones , hacia ridícula su oposicion é inmotivados los cargos que formulaba. Foco costó á Mendizabal y á sus defensores desvanecer la tor- menta que se alzaba desde los bancos de la izquierda ; tormenta de verano , próxima á disiparse, al mas leve viento del poder, si la electricidad que el choque de las fracciones arrancaba al trono, no la enfurecia y hacia estallar como sucedió despues. En ningun Congreso se ha visto nunca una oposicion mas heterogénea, mas anómala, mas desacertada que la que combatia á Mendizabal en 1836. Sin un plan de gobierno que oponer al que se combatia ; sin un principio político claro y determinado que uniese á sus individuos ; sin una bandera que los guiase ; sin un jefe que á todos dirigiese, la minoría de las nuevas Córtes no po- dia adelantar un paso ; no podio conseguir un triunfó. Corno no era aquella oposicion eco de unas mismas ideas, sino conjunto informe de aspiraciones é intereses personales , á veces encontrados , eran sus ataques desordenados y opuestos. Si Isturiz pedia se castigas; á los revoltosos , Lopez reclamaba mas franqui- cias para el pueblo ; si Callarlo pedia fortaleza en el gobierno, armonía en los poderes \ públicos , el conde de Las Navas exigía Córtes Constituyentes que reformasen el Estatuto en sentido de- mocrático. Todo era confdsion en las ideas de la minoría , contradiccion en los principios que proclamaba , desórden en los medios de que para el ataque se valla. De aquí resultó el completo triunfo del gobierno. El proyecto de la coinision fué votado en su totalidad por todos los procuradores , inclusos los oposicionistas. Igual re- sultado (lió la votacion por artículos , donde tambien triunfó el ministerio por considerable mayoría. Solo sufrió aquel un desaire de la opinion pública v aun de muchos de sus amigos que, al ocuparse de los auxilios que pro- porcionaban las potencias amigas , se declararon abiertamente por una franca y decidida intervencion , echando por tierra la jactan- CAPÍTULO XL. ciosa vanidad de Mendizabal , que ofrecia terminar la guerra sin estraños recursos , y el torpe sistema de los exaltados de ponerle fin , otorgando derechos políticos. Las patrióticas y humanitarias esclamaciones de los procurado- res , pidiendo la intervencion estranjera , los aplausos con que las galerías acogieron la franca manifestacion de Barrio Ayusso que decia :—«Pues estamos á pique de sumergirnos , yo recibiria so- corres , no digo de Francia nuestra aliada , sino de los beduinos, de los corsarios y hasta del diablo mismo, » probaban la insuti- ciencia de los recursos propios y la preponderancia de las fac- ciones. Este clamor unánime de la opinion pública , que los exaltados no podían ahogar con promesas de mas libertad y nuevos dere- chos ; esas exigencias terminantes de procuradores tan revolucio- narios como Burriel que llamaba héroe al autor de la muerte de la madre de Cabrera, venían á justificar la prevision de Martinez de la Rosa, de Toreno y de Córdova , quienes presentaron la inter- vencion como único medio de acabar la guerra, y que fué la causa principal de la sublevacion de las provincias y de la cuida de los ministros moderados. Ellas dan fuerza tambien á las consideraciones que espusimos en la segunda parte de esta historia al ocuparnos (le la entrada de los franceses en 1823, probando la necesidad y utilidad de las in- tervenciones estranjeras, cuando los partidos políticos se comba- ten cori las armas en la mano , erigiendo en sistema la fuerza , la anarquía y la desolacion de su propio pais. Trágicas y patéticas escenas originaron aquellos debates. De sus resultas Mendizabal é Isturiz llevaron sus resentimientos al terreno de las armas, y defendieron su honra como caballeros. En la mañana del 15, acompañado el primero del general Scoane y del conde de las Navas el segundo , salieron á la ermita de San Isidro, y cruzando dos tiros sin sensibles consecuencias. pusieron fin á sus apasionados y personales debates sobre el discurso de la corona. Este hecho indica por si la irritabilidad en que se halla- ban los partidos , las exigencias de aquella política, que ponla las pistolas de duelo en manos de los gobernantes. 1 CAIDA DE mENDizABAL.  15 De un género mas cómico fué lo ocurrido en aquellos dias en presencia del estamento. Aficionado algun tanto Mendizabal á las escenas dramáticas, á las lágrimas y á los sollozos, se afectó de manera al enumerar sus sacrificios, tan malamente pagados por la oposicion , que mas de una vez se nublaron sus ojos con el llanto. Y no lloraba solo de sentimiento el afligido y sensible minis- tro : lloraba Cambien de placer, lloraba de gratitud. Habla oído decir á D. Agustin Argiielles que su corazon era suyo (de Mendi- Alial), y bastándole esto para conmoverse , esclamaba : « ¡Su señoría recompensó- ayer todos mis servicios políticos, »todos, porque dijo que su corazon era mio!... »Cuando un patriarca de la libertad, cuando un hombre tan »independiente que ha atacado, como acaba de decir, á sus ma- yores amigos, sentados en este sitio, ha dicho que su corazon »era mio... ¡Quisiera haberme muerto de placer y de gratitud »cuando lo leí esta mañana!» Y al llegar aquí, el ministro se llevaba el pañuelo á los ojos, y hacia una larga pausa porque no podia continuar. Estas escenas sentimentales tenian el inconveniente de que presentándose á los ojos de muchos como farsas dispuestas de antemano, escitaban risas sarcásticas y burlas de mal género, se- mejantes á las que hacia por aquellos dias de los ministros y de sus sostenedores un periódico satírico, lleno de gracia y oportu- nidad, que con el título de El Jorobado se publicaba en Madrid. Por su parte los próceres, mas compactos y resueltos en la oposicion á Mendizahal , aprovecharon los debates sobre la con- testacion al discurso de la corona para combatir al gobierno en el terreno de las ideas moderadas con hechos innegables é indes- tructibles razones. Los oradores que usaron de la palabra en pro y en contra del proyecto, con alguna que otra escepcion , solo se propusieron dirigir cargos fundados contra la perniciosa marcha del gobierno. En aquellos discursos , mas razonados que brillantes , se exi- gia la responsabilidad á los ministros por la continuacion de los disturbios de las provincias y la impunidad con que se les forren 6  CAPÍTULO ULO XL. taba ; se les acusaba de pi eeipitacion cuando menos en la supre- sion de los institutos religiosos ; se les reclamaba la presenlacion de los presupuestos , con arreglo al tenor explícito de la ley fun- damental; se les pedía una ley de imprenta represiva para evitar los inconvenientes de una censura parcial del gobierno que per- mitia la circulacion de doctrinas desorganizadoras ; se les deman- daba el cumplimiento de sus ofertas sobre la terminacion de la guerra civil y el de las atenciones del Estado sin nuevos emprés- titos y contribuciones. Se exigia, en fin, de los encargados del poder gobierno, órden y paz de que earecia la nacion y que con tanto afan deseaba. La derrota del gobierno fué completa. Et Estamento de los próceres aprobó por una mayoría notable el proyecto de contes- tacion, hostil á Mendizahal, sin que le hiciesen vacilar en su noble resolucion las diatribas y amenazas de los periódicos exaltados. El Eco del Coniercio , órgano del partido revolucionario é ins- pirado por su director Caballero, como para vengar al ministerio del desaire del Estamento aristocrático, le llamaba cuerpo exótico en nuestras instituciones. Era Caballero por aquel tiempo jefe ostensible de la bulliciosa mayoría de las nuevas Córtes, si no como orador, corno hombre de accion y de proyectos reformistas ; solian reunirse en su casa sobre sesenta procuradores, los mas inquietos y avanzados en po- lítica , que trabajaban de acuerdo y desesperadamente por crear conflictos en las Córtes y fuera de ellas , principalmente para re- sucitar la Constitucion del año 12 é imponer á la corona y al pais el Código isabelino, redactado por Caballero en sentido tan democrático ó mas todavía que el célebre de Cáriiz. Una de las principales rerormas de la preparada Constitucion era la abolicion de la alta Cámara, rémora siempre cuan Jo no es- torbo para los revolucionarios. Las amenazns de muerte política con que El Eco del ComerciQ trataba de intimidar á los próceres, alentábanles por el contrario erg su resuella opusicion. No satisfechos de la justa cuanto amarga censura de la admi- nistracion de Mendizabai , consignada en su reciente mensaje, presentaron, discutieron y aprobaron en seguida una peticion que CAIDÁ  MENDIZA2AL.  17 debia elevarse al trono en solicitud de que se suspendiese la eje- cucion de los decretos de 19 de febrero y 1.° de marzo , sobre enajenacion de bienes nacionales , sial perjuicio de respetar los efectos producidos por estas disposiciones hasta el dia de la fecha de la pcticion. Era este un ataque mortal al ministerio. La enajenacion de las fincas de los frailes era la única tabla de salvacion de la bancar- rota que amenazaba, y la conquista de mas precio y mas significa- tiva para el partido reformador. Condenar é inutilizar aquellos decretos, era condenar en masa todos los proyectos de Mendiza- bal ; era poner un dique á la revolucion. Así lo comprendió aquel, y esforzóse en parar el golpe augurando graves males para el crédito y para el honor nacional , si se aprobaba la pe-- ticion , cuya discusion se juzgaba por él como peligrosa para las instituciones. En siete meses de continuos desengaños habian conocido ya los próceres hasta los mas confiados el charlatanismo del presun- tuoso ministro de Hacienda , y no prestaron oidos á tan abultados temores. La peticion fué aprobada por gran mayoría, y completa- mente derrotado en aquella votacion el ministerio. El interesado ministerialismo del otro Estamento no impidió la presentacion de tres peticiones que, si en realidad no encer- raban un pensamiento de oposicion , revelaban sí un arranque de independencia parlamentaria que no gustaba á los ministros. So- licitábase por la primera que estos sometiesen desde luego á la revision del Estamento los presupuestos aprobados en 1835, y á la posible breva:dad la cuenta de gastos hasta fin del mismo año y los presupuestos c!e 1837. Esta exigencia de las Córtes no agradó á Mendizabal porque su resultado seria que el pais se enterase con toda claridad del orine le déficit que aquejaba al tesoro público, y la carencia ab- soluta de planes y conocimientos rentisticos por parte del jefe de nuestra hacienda , presentado por sus amigos como otro Necker. 1)«r la segunda peticion se reclamaba la presentacion de los decretos sobre la es tincion de los regulares , á fin (le que fuesen examinados por las Córtes. Aunque nada podia ni debia temer tn. 18  CAPÍTULO XL. de ellas Mendizabal , ofendiale ahora que pretendiesen examinar sus actos de gobierno, despues de haberle revestido de tan om- nímodos poderes con el voto de corilianz g que al parecer querian escatimarle. Tampoco fué (le su agrado la tercera peticion encaminada á que se diese á la guardia nacional un carácter n1 is militar que civil , estableciéndose al efecto , aunque con dependenc;a del mi- nisterio de la Gobernacion , una inspeccion general en Madrid y una sub-inspcccion en cada provincia , organizándose en nes la fuerza existente bajo la di • eccion de las dipulaciones pro- vinciales , á las que delata proveerse del armamento y equipos ordinarios. Tendia esta medida á crear un ejército popular dependiente de autoridades populares, que estuviese por su organizacion disposicion del partido avanzado de que se componian las diputa- ciones. Reformada de ese moco la fuerza ciudadana, y ocupado el ejército en la persecucion de las facciones , quedarían las eiu-- 41ades á merced (le las columnas de la guardia nacional , si ndo duefias de la política y árbitras del gobierno. Esto que podía convenir al partidario , debla desagradar nece- sariamente al ministro; pero 3Iendizabal, que en aquella época tenia mas de lo primero que de lo último , arinose, aunque algo despechado, á la discusion y aprobacion de aquellas peticiones, si bien se opuso y logró ahogar los debates sobre otra , firmada por considerable número de procuraderes, para que se susi.en diese la venta de los bienes nacionales. Contemporizador con todos , halagaba á los ' ministeriales re- beldes y mostrábase resignado con la oposicion de los priyeeres, no viendo en su derrota motivo para dimitir, ni considerando aquella cuestion corno de gabinete. Como todo eran en el gobierno de :Niendizabal eoniradice;ones é inconsecuencias , pronto desmintió su aparente conformidad con un acto de violencia, arbitrario y dupótico , que  por tierra al sistema parlamentario, cuya pureza  prerogativas ro- clamaban sus adeptos. Aconsejado tal vez por sus directores que lo eran á la 'S'U de CALDA DE MENL ' JZABAL.  19 revolucion, avisó al presidente de los próceres que la reina no rccibiria á la comi:lion nombrada para presentarle la peticion. Ni el ministro mas absolutista se hubiera atrevido á dar un paso tan inconstitucional y tan violento , que anulaba evidente- mente la legítima interven•ion de los cuerpos legisladores en los asuntos did Estado. No hicieron otro tanto con las (Irles de la edad media los absolutos ministros de Carlos I y Felipe V; verdad que eran desatendidas por aquellos monarcas muchas peticiones de los an- tigüos procuradores , pero nunca dejaron de escucharse y admi- tirse. Es priktiea-, sin embargo , de los parlamentarios modernos dar importancia y autoridad á las manir estaciones de los cuerpos deliberantes con tendenclas á robustecer ó ensauchar el elemento popular que en ellos se encarna , y menospreciar, por el con- trario, las dirigidas á enaltecer el poder real ó á consolidar el U-- den y los sanos principios de gobierno. En el primer caso los actos de las Córtes son la verdadera es- prcsion de la voluntafi nacional, el eco ficl de las g spiraciones del pueblo. En el segundo revelan la corrupcion &!e una mayoría comprada , las intria:; y violencias de un n3inisterio corruptor. descalada é inútil venganza del orgulloso mihistro , hizo recordar la disolucion del Estamento de procuradores decretada en enero de resultas de no haber obtenido may'oría el ministerio en otra cuestioti que su jefe habla declarado tambien no ser de gabinete. Lo que entonces se quería era únicamente conservar el poder que se escapaba de las manos , ó traer á la revolucion por el camino de la therza si el de la le y se cerraba, como sucedió en el verano próxin-lo pasado. Con la seguridad (le una pronta y general aprobacion pre- sentó el ministro al Estamento popular el primitivo proyecto de ley electoral , tan combatilo por los moderados en la anteríor legislatura obteniendo en la votacion definitiva el fácil triunfo que buscaba. Ya dijiinos que en la práctica de aquel sistema electoral e3- t ',juba d porvenir de los exaltadol, á quienes, á incluid de la 70  CAPÍTULO XL. confuslon y del desórden iá que la nueva ley se prestaba , seria mas fácil lograr una victoria que la verdadera opinion y la libre voluntad de los electores les negaba. :teogi("xonle , pues. con be- nevolencia y contento, como el que en ,una lucha recibe un arma de mejor temple que la de su contrario, y prestaron todos ski conformidad a l proyecto del 1 1 ,obiern 1 ) pue.,to que a 1U OS favo- recia. No estaba, sin embargo, satisf,cha la mayoría del Eptamento de la conducta de Mendizab ► l,  quien acosaban para que fuese mas de prisa por la senda enmarañada y peligrosa de la g , refor- mas. Todo lo que no fuese una reunion de Córtes constituyen- tes que colocasen en lugar del Estatuto la ConstitIldon de Cádiz á otra de la misma índole, n® halagaba mas que por el momento á sus inquietos partidarios. Sabian estos ya por esperiencia que el principal estorbo para sus planes trastornadores era el general en jefe del ejército del Norte. Por sus antecedentes, un tanto realistas, por su prestigio en las tropas, por su pública liversion á toda reforma violenta, era el general Córdova el principal baluarte del trono, y el mas fuerte y decidido sostenedor del órden. Era preciso, pues, desacreditarle á lado trance coma geneial, é inutilizarle corno político. Puestos en movimiento paraeste fin los clubs de la corte y las provincias . , bien pronto vi rieron espo- siciones de estas últimas quepndose de la apatía del general en jet . e en el curso de las operaciones de la guerra . v eNhah'ironse en la Puer!a del Sol y en el Café Nuevo amargas censuras contra él , tildándole de inepto cuando no (le traidor á la causa liberal. En el mismo seno del Estamento se lanzó por el procurador Va- rona una imprudente acusacion contra él  los generales del ejército, cuyo asunto promovió acaloradísin os debates en dos se- siones secretas. El plan de los reformistas estaba hábilmente combinado. O Córdova, resentido de ta!Ita ingratitud , presentaba :,!! ó estimulado por aquellos clamores ac/inmia irnilrudentemente al enemigo, á pesar de la completa  CaSeZ en que el gobierno mantenia á sus tropas , y se dIsgracialla y era depuesto. 21 CÁIDÁ  MENDIIIABAL. Ouejóse el genera! de las injustas reconvenciones del Esta- mento y de la dureza con que la prensa lo trataba , y adoptó el c: e( f undo estremo, dando así una nueva prueba de almegacion y pa7riotismo. Abrió la campaa de ritICY0 el 18 de abril aunque con nin cr ui l a ventaja, pues sufrían sus divisiones frecuentes re- veses , y acalló por entonces las murmuraciones de los alborota- dores con g randes preparativos de ataques formales y anuncios de decisivas victorias. Negóse la reina á admitirle la dimision, porque era mas agra- decida que los partidos, y aun el ministerio trató de halagarle defendiéndole ardorosamente en las CórIes y dándole señaladas pruebas de estimacion y confianza. Obraban los ministros en esto con harta cordura ; pues en -iquellas circunstancias en que tan poderosay atrevida se mos- traba la fl I ccion de Navarra , 'i D n que no habia ea el ejército un general de suficiente prestigio y reconocida capacidad para po- nerse á su frente, era altamente peligroso un cambio de jefe en el cuartel general del Norte. No lo comprendían así seguramente los exigentes procurado- res que capitaneaba Caballero y que lireferian la realizacion de sus proyectos revolucionarios á la terminacion de la guerra , á la tranquilidad del reino, al bien comun. En el apoyo que como mayoría del Estamento y como direc- tores (le los clubs, de la prensa avanzada y de 12 guardia nacional prestaban á Mendizabal, consistía la futura reputacion de este v su permanencia en el poder. Natural era que en recompensa de tan gran servicio ellos le exigieran y él otorgase las concesiones y favores que creyesen necesarios para el Pronto y espedito triunfo de su.'.; creencias reformistas. No era todavía suficiente para el planteamiento de sus planes la dcmocrática organizacion de la guardia nacional, que ponla sus bayonetas en manos de 1(5s ayuntamientos y diputaciones, ni la ocupacion d . e casi todos los destines y cargo3 públicos por sus adeptos y delegados, ni el concurso (14/ los bolsistas y especula- dores, atraídos con el sabroso cebo de los bienes nacionales , ni el abatimiento del clero, ni la persecucion de los realistas, ni la 0'4  CAPÍTI.1.0 XL. impotencia de la aristocracia . ni la luinauion th b l trono. Era preei3O hacer desaparecer de la escena política S cuantos Sen presimtar la menor opo:;icion, y destruir de cualquier mo(b la temi-la mayoría del Estamento de procures  rut•r los futu- ros destinos de la política á merl.ied de los milicianos liad0- natos La fraccion avanzada, que imponia su voluntad á los minis- tros , Y que 110 cejaba un paso de su propósito de re,ilicitar la política ViOlelit3 é ilimitadamente progresista del 20 al 23, les varias exigencias , amenazándoles si no con abandonarles f la venganza de las diversas oposiciones que tan crudamente les comba t jan. Exigian del ministerio : 1: que se crease un gran número de nuevos próceres , escogiéndolos entre los hombres de opiniones mns exageradas , á fin de dar al ministerio en el alto Estamento, mientras no se procela á su supresion, tilIa mayoría tan compac- ta como la que en el de los procuradores tenia ó creía tener; 2.* que se quitase á Quesada y San Itoman el manda de la infan tería y de las milicias provinciales de la Guardia Real ; que se confiase este á otros jefes de la confianza del partido , y se debi- litase ó neutralizase asi la influencia de aquellos cuerpos, declara- dos hasta entonces en favor del órden ; 3: que se separase así mismo al conde de Ezpeleta de la inspeccion de infantería, á fin de introducir en los regimientos de aquella anta á multitud de oficiales indefinidos , no empleados antes á causa de la exageraciott de sus principios políticos ;  que se removiese de s de luego á Latre , Manso , Isidro y otros comandantes ú capitanes generales, con luienes se contaba poco para el trastorno general que se me- ditaba , y, en la primera ocasiou favorable , á Córdova , cuya deci- sion por e! sistema conservador era generalmente conocida , y á quien no se podian perdonar sus antecedentes realistas ; 5." que . se despachase á las provincias del Norte toda la guarnicion de Ma- drid , dejando encomendada la seguridad y la custodia de las dos reinas á la guardia Nacional , á cuyas filas pe • tenecian todos los basistas , interesados en el sostenimiento de Mendizabal. Con es- tos medios , de los cuales unos debian emplearse desde luego, y DE MENDIMAL  23 otros direrirse algunos días para mejor asegurar su logro, se pro- ponian Caballero y sus amigos acabar de anular á la gobernadora, á quien , en el ceso de que se le antojase mas tarde resistir á la ejecucion de sus proyectos , sentenciaron en secreto á ser separa- da de la regencia, que dispusieron conferir en tal caso al infante Don Francisco. Así creían llegar al restablecimiento dela Constitucion de Cá-- diz , ó i la formacion de una nueva , en que se consagrasen y aun se entendiesen los principios consignados en aquella. Mendizabal. á quien se prometió autorizar para contratar un empréstito si ae- cedia á estas condiciones , no tuvo reparo en admitirlas , bien que estipulando préviamente que , en el caso de tener que libando- »liar el ministerio, por resultas de la lucha que debla emprender »para llevar á cabo las intenciones de sus apoyadores , estos le bauxiliarian para que volviese á él , presentando su vuelta como una verdadera necesidad pública.» Apoyada Cristina en la lealtad del general Córdova . en los olreeiLaientos de isturiz y sus amigos , en los consejos de los pro- hombres moderados , y en la respetable mayoría de los próceres, negóse á la separacion de los generales que el ministerio solicita- ba y sin intimidarse con la dimision , que en son de amenaza los ministros le ofrecian , aii con los peligros que para el trono de su hija fatídicamente se auguraban , sostuvo su resolucion y aceptó sin vacilar la renuncia del ministerio el 11 de mayo con asombro ele Mendizabal , á despecho de sus parciales , y con alegría de sus enemigos. Este fin tuvo , á los ochos meses de nacido , un ministerio que organizó la anarquía en vez de castigarla y estinguirla, que trastornó mas y mas la nacion en lugar de salvarla. Así cayó del poder Alendizabal , el llamado regenerador de la política española , el pretendido pacificador de la España . el din.. pensador de su futura felicidad. Reformista sin plan , revolucio- nario sin objeto, estadista sin conocimientos teóricos , dejó mar- char los sucesos sin imprimirles direccion ; creó la confusion entre los políticos y el desórden en nuestra Hacienda. Moderado y progresista con cortos intervalos monárquico y G4  CAPITULO XL. popular á la vez , ni pudo apoyar al trono , ni supo satisfacer al pueblo. Nacido á la vida pública en medio de una insurrercion general , no hizo mas que adormecerla para que desiwrtase des- pues con doble ímpetu ; encargado del mando supremo entre los horrores de la anarquía social, no hizo otra cosa que trasformarla en política ; por miedo á la revolucion , se adhivió ella clifl ► dole impulso en vez de refrenarla. Pródigo en sus ofertas esado en sus actos , impávida en sus reveses, engreido con sus tridnfos. Mendizahal tuvo ci gran ta- lento de fascinar á la multitud , de imponerse á los partidos , de lograr la dictadura en una época de desconfianzas, de envidias y de ambiciones. Mendizabal moderado , hubiera sido un gran ministro al prin- cipio de la restauracion , y hubiese ahogado la guerra civil el año 3 , y contenido al partido popular en sus estraviadas a Lo que no supieron hacer entonces Marti ► ez de la Rosa y Torcno , él lo hubiera hecho. Ministro de mas recursos , de mas audacia , de mas empuje que ellos , de seguro hubiera enca- minado á la política por su verdadera senda , arrancando de raiz las malas yerbas que obstruían sus paso. Mendizabal progresista , se embarcó con la revolucion para naufragar con ella , ó salvarse si ella se salvaba. En fuerza de em pirismo pudo conservar el poder, á donde lo encumbraron las es- peranzas , y de donde lo arrojaron los desengaños. Parodia exacta del célebre baron de Biperdá , abusó de la credulidad de los espa- ñoles, jugó con su patriotismo, y empeoró su suerte. CAPITULO XLI. Motin de la Granja. SUMARIO. Nuevos ministros.—Mision política de este gabinete.—Precipitada oposicion en las Córies.—Desaire grosero á Rivas y á Galiano.—Cándida confianza del ministerio.—Restablécense las leves sobre diezmos, señoríos y mayorazgos. —Voto de censura contra ol ministerio.—Disolucion de las Córtes.—La re- volucion fuera del Estamento —Imprudente manifestacion del trono.— Pe- riódicos moderados.--Conflicto del gobierno.—Proyecto de una nueva Cons- titucion.—Conducta contradictoria del poder.—Nuevos triunfos del ejército. —Esfuerzos de la revolueion.—Insurreecion de las provincias.—Mc s ,in de la G-ranja.—Aturdimiento del gobierno. —Exigencias de los amotinados.—E1 sargento García.—Cruel asesinato del general Quesada.—Espedicion de Go- mQz.—Deja Cdrdova el mando del ePrcito.—Sus proclamas.—Reemplitzale Espartero.—Jura el ejército la Constitucion de 1812.—Desquiciamiento de la nacion. Isturiz, Ganan() , el duque de Rivas , general Seoane, Aguir- re Solarte y Barrio Ayuso , fueron nombrados para sustituir á Mendizabal y sus colegas. Producto el nuevo ministerio de una alianza entre los exaltados enemigos del ministerio anterior y los moderados , no venia , sin embargo , á procurar una reaccion. Su objeto no era otro que contener á los partidos dentro del círculo de la ley , respetar las reformas de Mendizabal modificán- dolas con el concurso de los Estamentos, plantear otras mas acor- des con las verdaderas necesidades del pais y coronar sra obra con una Const ► ucion que , si bien no fuese tan restrictiva como el Estatuto, tampoco pecase del espíritu democrático de la de Cádiz. Era ya sin embargo muy tarde, y la ocasion nada apro- 96  CAPÍTULO XLI. pósito para adoptar un t¿rmiao mvdio. En el estado á que las cosas políticas hablan llegado , en la creciente exasperacion de los partidos no habla otro camino que el de la revolneion c el de la reaccion. O echar::e en brazos de los nioW , rados, deshacer lo 'hecho por Mendizabal y sostener el Estatu:o, ó ponerse al frente de los exaltados y segEir adelante con ellos en los madurados proyectos de radical rerorma. Por estas razones , y por los antecedentes de !os mas carac- terizados individuos del ministerio de 19 de mayo , no podia este contar con ningun apoyo dentro ni riera dt- 1 las Cólies. La con- version y el arrepentimiento de Isturiz, de Bivas y de Galiano eran tan repentinos , que no podian inspirar completa confianza á los hombres de órdcn y de moileraeion. Tampoco los exaltados podian fiarse de unos miniatros que acababan de hacer la oposi eion á su ído l o, recmplazánd&e en el poder. Fuerte y violenta dela ser necesariamente la guerra que se les moviese, pero no tan pronta y sistemática como se les hizo. Cuarenta y seis procuradores presentaban á las veinte y cuatro horas de haber sido nombrado el minister:o, y en el auto de presentarse este C11 el Estamento, una peticion ó protesta que envolvia un esplicito voto de censura. Se peda en ella que las Córtes declarasen solemnemente: 1.° Que las facultades estraordinarias concedidas al gobierno en la legislatura anterior con el voto de confianza , hablan cesado al abrirse las nuevas Córtes: 2.° Que si las Córtes se prorogasen ó disolviesen , sin estar votados los presupuestos no se pudiese desde aquel punto recaudar impuesto alguno: Y 3.° que todos los empréstitos ó anticipaciones contraidas sin autorizacion de las Córtes fuesen absolutamente nulas, Esto era un ataque manifiesto á las preropativas de la corona y una provocacion de guerra á muerte al ministerio , á quien de este modo trataban de inutilizar , neg,'Indole todo apoyo y lodo recurso. Era una amenaza á la reina gobernadora , cu y a 1il facultad de nombrar ministros se coartaba (on aquella protes- ta, haciéndole ver que solo podria en adelante usar de ella 5 gusto y con aprobacion de las Córtes, Con parlamentos tan des- MOTIN DE LA GRANJA.  27 organizadores, tan sistemáticos y tan apasionados corno el de 1836 no era posible el gobierno representativo. vehemente y acalorada fué por denlas la discusion promovida por tan inconstitucional incidente, no solo por las alusiones per- sonales que se cruzar on y Amenazadores discursos que se profi- rieron , sino por la parte que en aquel debate tomaron las gale- rías aplaudiendo y silbando entre el mas escandaloso vocerío. Ya la sesion habia empezado con un acto (le insulto y de gro- sera injuria por parte (le la ciega mayoría. Aunque publicados en la Gaceta oficial los nombramientos del duque (le Rivas y Galiano , por un descuido de los empleados de la secretaria de Estado no se habian comunicado aun al Estamento segun es uso y costumbre en los sistemas parlamentarios. Haliábanse ambos ministros ocupando como tales el banco negro , cuando á instancia de un procurador, y apoyada la ma- yoría en la no presentacion de los nombramientos, fueron lan- zados de su banco y el duque del Estamento, pues no era pro- curador como Galiano , entre las risas y silbidos de las turbulen- tas gaterías. Este desaire tan inútil como poco noble, hecho á dos ministros (le la corona , indicaba bien á las claras el espíritu revolucionario de que se hallaba poseído el cuerpo popular, y el descrédito con que iba estableciéndose por tercera vez en España el gobierno representativo. Fácil es concebir que la protesta fué aprobada y el ministerio derrotado por una confianza inconcebible, ó por falta de resolu- cion y de energía. Los ministros ado p taron una apariencia de conformidad , tan ridícula por lo injustificada , que acabó de (les- acreditarles á los ojos de los que de ellos algo bueno esperaban. Isturiz y Galiano votaron con la mayoría su propia reprobacion. creyendo aplacar con su indiferencia la ciega ira de sus con- trarios. Otros hombres mas resueltos ó mas previsores hubieran cer- rado las Córtes aquel dia y , adoptando enérgicas medidas , hu- biesen proclamado la dictadura ministerial , salvando los buenos principios de gobierno, ó muriendo con ellos. Si no lo creman conveniente , si no se hallaban con fuerzas para resistir, debieron 9 8  CAPÍTULO XL/. abdicar el poder en personas sensatlis, ace ► tm á la mayoría , que hubiesen e; ando la terrible esplosion del cráter revolucionario tres meses despues. Era una candidez imperdonable en ministros de tanto talento el creer que aquella desbGcada mayoría bl I bia de cejar un paso en su atropelladora carrera. En la sesiiln del 1  trajose al debate una peticion á todas luces absurda , cual era la de que se resta- bleciesen las leyes publicadas en la anterior época corislitucional acerca (le los diezmos , señoríos y mayorazgos. Hemos dicho que era una peticion absurda , porque siendo su asunto uno de ic- mas arduos que podian presentarse a la dcliberacion de las U.- tes , debian estas por su buen nombre y hasta por razones de orgullo haber discutido y votado liwa nueva ley , siquiera fuese mas restrictiva y popular que la abolida. Ademas, el resucitarla ahcra , debpues de hallarse anulada le- galmente y en odio á la monarquía absoluta , era dar á la resu- citada ley un carácter revolucionario, de violabilidad é interini- dad que la perjudicaba. Opú.sose el ministerio á que se discutiese y aprobase atrope- fiadamente, pidiendo tiempo para formar una opinion. Todo fué inútil. La peticion se aprobó despues de un insignificante debate, y el ministerio sufrió un segundo desaire, una nueva derrota Ir/ la que tambien pareció conformarse. No bastaba esto á los furiosos oposicionistas. El nuevo gobier- no había sido vencido hasta allí en escaramuzas sin consecuencia, y era ya preciso derrotarle en una batalla campal. A este objeto, pre,sentóse al siguiente dia, firmada por 67 procuradores , una proposicion concebida en estos términos : « Pedimos allistamento »declare que los individuos que componen actualmente el »iris- »terco , no merecen la confianza de la nacion.» La propuesta fué aprobada por inmensa mayoría. El ataque no podia ser ya mas claro ni mas violento. El resultado de la lucha no podia ser otro que la Larda del ministerio ó la disolucion de las Córtes. La reina se decidió por lo último, con cuya impremedita- da medida se apresuraron funestos acontecimientos. Ya hemos indicado que para obrar así se necesita, en circuns- MOTIN DE LA GRANJA.  29 tancias corno aquella, un dictador que se sobreponga á todo y coloque en su asiento á la desquiciada sociedad. Corno golpe de Es- tado, con fuerzas y voluntad para sostenerlo, aprobaremos siem- pre esas medicas en que se combate la violencia con la violencia, la arbitrariedad con la arbitrariedad; para unas Grites revolucio- narias, un ministro dictador; para un partido desatentado, un gobierno ilegal. Si esto no es posible ; si la resistencia ha de ser inútil; si el mal no puede cortarse radicalmente , vale mas usar de paliativos que eviten una nueva esplosion, En otro caso es siempre peor que la enfermedad el remedio. Arrojada la revolucion del Estamento de procuradores , esta- bleció sus talleres en los clubs , en las redacciones , en los cuar- teles de la milicia y en las diputaciones provinciales. El gobierno se contentó con lanzar fuertes acusaciones contra la turbulenta mayoría en el preámbulo del decreto de disolucion , y con con- vocar nuevas Cártes para el 20 de agosto. Estas medidas , sin ir acompafiadas de otras mas vigorosas y resistentes , dejaban sin orillar las dificultades de: aquella situacion, en pie los peligros , y en manos de la casualidad los futuros desti- nos de la patria. Tambien se hizo intervenir al trono en las miserables quere- llas de los partidos , publicando la regente un manifiesto que con- denaba á su vez las anteriores demasías Parlamentarias. Consejo imprudente de los ministros al indicar una manifestacion que con- vertia á la reina en jefe de un partido . y se creaba conflictos y compromisos para en adelante. Colocado ya el trono desde aquel día enfrente de la revolucion, tenia que sufrir la ley del vencido si aquella triunfaba. Cristina desde entonces uniii su suerte á la de los enemigos de la reforma, y quedó afiliada al partido moderado. A cada paso que daba el gobierno en el camino de la sensatez y del órden , adqui•ia mas firme y mareado apoyo dol partido conservl b nlor, menos desconfiado ya de isturiz y sus colegas. A cada paso tarnbien que avanzaba en la senda de energía y de resistencia, arrancaba un grito de desesperaeion y de rabia á los exaltados. Diez y siete de estos últimos , procuradores de impon-- 3 0  CAPÍTULO XLI. tancia en su partido , fueron separados ; muchos capitanes gene- rales y jefes políticos destituidos. El ministerio tenia voluntad, tenia resolucion , tenia deseos (le resistir ó de luchar , pero care- cía de medios para vencer. Isturiz , jefe ya de: lanado del gran partido eonservado7, cuyos órganos en la prensa eran El Español y La Ley , periódicos de ideal, moderadas , dirizidos por los hábiles publicistas D. Andres Borrego y D. Joaquin Francisco Pacheco , Leía laudables esfuer- 103 por formalizar la marcha de la política y evitar las conjuracio- nes de los revoltosos. Pero solo y desarmado ante sus enemigos ; con una milicia contraria y poderosa ; con empleados y autoridades , pertenecien- tes en su mayor parle al banAo exaltado ; con ay , out ;tmiento3 y di- putaciones á las órdenes de la oposicion ; sin recursos, sin admi- nistracion , sin poder echar mano del ejército , que harto hacia con defenderse de las facciones , no podia resistir por mucho tiempo sin ser vencido. Creyó el ministerio que lograrla conjurar la tempestad con- feccionande una Constitucion que satisficie.;e las aspiraciones de la disuelta mayoría , cohciiiando en ella el pNstigio del trono con los intereses del  ¡ Varia creencia ! Ya hemos dicho que no era hora  adoptar•con ventaja medios conciliadores. Lo que se hiciese en este sentido era inútil; no ser- virla mas que para malgastar el tiempo, para enconar lo ánimos. En aquellos momentos, ó Toreno practicando á la sombra del Es- tatuto una política reaccionaria en sent ido del órden , ó A rguüclles con la Constitucion dd ano 1 , planteando las anheladas re- formas. El Gabinete lsturiz-Galiano pensaba de otro modo , y se con- sagró con ardor á la confeecion de un código , no tan demg•rático como se deseaba; no tan monárquico como vonvenia. Este trabajo, que debia presentarse á la ITVii011 de las nuevas Untes , eu)as elecciones se estaban Wrificando , honra á sus autores acusados entonces de absolutistas y de traidores A la causa liberal. Aquella Constitucion, hija de la espe:i;:ncia y del estudio, amoldada á la de otros paises mas prácticamente parlamentarios y IIIOUN DE LA GRANJA.  31 mas adelantados en la ciencia del buen gobierno que el nuestro, era un código completo en cuanto pueden serlo obras de esta clase , y tan liberal como las mejores constituciones modernas. La libertad de imprenta, el derecho de peticion , la seguridad personal , el respeto á la propiedad, todos los derechos y garan- tías que gozan los ciudadanos en los paises constitucionales, esta- ban allí reconocidos y consignados. A las (Irles se les daba la misma organizacion que tenían , pues debían continuar divididas en dos Estamentos , el de iváceres y el de diputados; pero se les concedia io mismo que al monarca la iniciativa de las leyes. En la organización parlieutar del Estamento de próceres, se combinaba cuerdamente el principio vitalicio con el hereditario , concedíén- dose al rey el derecho de timbrar los próceres en uno ó en otro concepto; pero nunca con calidad de hereditarios á los que no gozasen doscientos mil realces de renta trasmisible al heredero de la dignidad. Los próceres que á la sazon eran hereditarios con& nuarian siéndolo , así como sus sucesores, mientras disfrutasen aquella renta. Al monarca se le daba el lugar preeminente uue le corresponde en la esfera de irrelTonsabilidad, donde los princi- pios y las instituciones constitucionales le colocan , concediéndole, entre otras prerogativas anejas á la autoridad real , el veto abso- luto y la facultad de convocar las Córtes , suspender las sesiones y disolver el Estamento de diputados , llamando en este último caso á nueva elecciori en el término de seis meses La mayor edad dd rey ó reina se fijaba á los veinte años:solo por causas graves á juicio de las Córtes podrir declararse á los diez y ocho.Durante la menor edad, ó cuando el monarca se imposibilitase de ejercer su autoridad por cualquiera causa fí- sea moral dcbe • ia ejercerla como regente y gobernadora de derecho la reina madre , y á falta de ella , el pariente ims próxi- mo al rey hasta el cuarto grado civil , ma y or de edad; pero en este caso la guarda y tutoría de la persona del rey ó reina menor escaria A cargo de otro ú otros individuos nombrados por las Córtes. Estas nombrarian tambie n  una regencia de tres personas, cuando el rey ó reina menor no tuviesen en el reino ningun a- CAPÍTELO XLI. riente varon dentro del cuarto grado. El principio de la respon- sabilidad ministerial, el de la inamovilidad de los jueces y la pu- blicidad de los juicios , la eleccion popular para el nombramiento de las diputaciones provinciales y ayuntamientos , la institucion de la guardia nacional , el derecho de las Có•tes de votar anual - mente las contribuciones, todos estos y otros puntos importantes estaban previstos y declarados en los 55 artículos del proyecto de Constitucion. Consignábanse en él solamente los principios fundamentales, dejándose para las leyes orgánicas toda la parte reglamentaria que se habla comprendido en el código de 181:2 por los legisladores de aquel año , y que estando sujeta á modificaciones frecuentes, no debla ser objeto de una Constitucion , cuyo principal mérito con- siste en la estabilidad. Pero esta Constitucion no era la mas oportuna para la época en que pretendia darse. Si aun con el Estatuto tan monárquico y restringente se hacia envalentonado de aquel modo el elemento popular , ¿qué habla de suceder con el nuevo código que tal desarrollo le prornetia ? Los ministros de 15 de mayo , uegun apuntamos en otra parte , estaban aun muy apegados al liberalis- mo radical , y no podian combatirlo de frente corno en su caso hubieran hecho Illartinez de la Rosa y Toreno. Su conducta vaci- lante y un tanto contradictoria paralizaba el mal , pero no lo cu- raba ; algunas veces lo recrudecia con atrevidas esperanzas y pe- ligrosos recuerdos. Tal sucedía publicando decretos para mantener en su fuerza y vigor las disposiciones adoptadas por Mendizabal para la enajena- cion de los bienes nacionales , ofreciendo presentar leyes sobre mayorazgos y señoríos, análogas á  de la segunda época cons- titucional , premiando con una condecoracion los servicios ► res- tados por la milicia en 1833. i Era esto atajar El revolucion ó pre- cipitarla? 2 , Tendian esas medidas á restaurar los principios del órden , á fortalecer el elemento monárquico, á consolidar las doc- trinas moderadas , ó mas bien á alentar á los hombres del movi- miento, á satisfacer la vanidad de la fuerza cívica, ó preparar el terreno á las ideas democráticas ? MOTIN DE LA. GPLANJ,I.  33 Próximos y lamentables acontecimientos nos convencerán de la imprudencia de :tquelias disposiciones que , aunque no lo fue- sen aparentaban ser hijas de la debilidad (le los ministros ; de la equivocada apreciatiwl que hizo el ministerio (le las ciseunstan- cias que &Triar/ , y  la inutilidad de los medios que para esta- blecer su sistema de gobierno practicaba. No eran todo reveses para el nuevo y combatid-lo poder. La for- tuna parecía sonreirle de vez en cuando. Un notable triunfo en la izuerra, aunque no decisivo , la aecion de Aviaban , conquistóle algunas simpatías de sus menos encarnizados enemigos , y del pais en general , que en aquella victoria creyó ver el anuncio de la terminacion de la guerra. La venida de Córdova á Madrid . 5 presentar á la aprobadon de la reina y sus consejeros un nuevo plan de campaña , dite mas probabilidad á las esperanzas de una pronta pacificacion. Tambien en el campo de la política inostrábase la suerte algo mas propicia al ministerio ; sus amigos recientes los moderados s'alian victorio- sos en las elecciones, y con el concurso de una mayoría parcial é ilustrada, imaginaba salir á puerto seguro en aqu€ 1 1 mar, por don- d(,‘ sin rumbo navegaba. Pronto el horizonte que los ministros creían despejado ?labia de cubrire de negras nubes. Bien pronto aquellas olas , al soplo eU la revolucion , hablan de eirrespa t tse y estrellar contra la roca de la anarquía á los confiados marineros. Desde la disolucion de las Córtes habíase constituido su re- voltosa midyoría en club permanente. Dos caminos tenia ante sus ojos para reconquistar el poder : el de la legalidad y el de la fuerza. Lograr la victoria en las elecciones ó triunfar con la re- b r lion. Los dos preparó y siguió para mejor asegurar SU pro- yectos. Sus emisarios en las provincias luchaban á la vez como electo- res y anarquistas ; aco p iaban para el día de la batalla votos y pu- Íiales. Luchando desesperadamente en el palenque abierto rol' la ley electoral, cayeron derrotados los apóstoles de la reroru- , si bien salieron triunfantes en bastantes nuutos muchos de sus triunfo de los moderados avivó la rabia de les vencidos quienes no teme Ido qun esperar ya nAa de la razt ► n v del Ore- Tom a III, 3  CAPÍTULO ut. cho, apelaron á la revolucion , (Die es la razon y' el derecho para todos los partidos vencidos é ilegales. Málaga fue la primera que inició el movimiento. La sangre del general Saint Just y del gobernador civil > conde de i)onadío, muertos en defensa del principio de au!oridad y de la santa cau- sa del órden , regó las calles de la rebelde ciudad. ¡ Triste es el destino de los partidos cstremos , que han de amasar siempre el pedestal de su poder con la san , re cle al g unas víctimas ! Odiosa condicion la de todas las revoluciones por jus- tas y necesarias que sean , que solo pueden triunfar pisoteando antes los sagrados fueros del deber y de la justicia Ante os destrozados cadáveres de las pundonorosas autorida- des de Málaga, se proclamó la Constitucion de 1812 y enarboló el estandarte de la rebelion contra el trono y *su legitimo gobierno. El fuego de la insurreccion cundió por todas partes , propagado hábilmente desde la córte, por el club director : y atizado por las bayonetas de la guardia nacional y de los soldados que guarne- cian las ciudades , y que creían menos peligroso y mas lucrativo luchar con un ministerio desarmado que con los valientes parti- darios del pretendiente. Granada, Cádiz , Sevilla , Córdoba, Huelva , Zara:a-oza, Hada- joz , Valencia, Jaen, Alicante , Murcia , Barcelona , casi todas las capitales de provincia se pronunciaron instantáneamente contra el gobierno de Madrid , volviendo al consabido sistema de las jun- tas revolucionarias , á cuya cabeza se colocaron muchas de las au- toridades superiores, faltando á la disciplina y á la lealtad que debian al país y al ministerio que los empleara. Honra muy poco en verdad á los generales Espinosa , San Mi- guel, Mina y otros jefes de las juntas sublevadas el contraste de sus nombrez al lado de los de Saint Just y Donadío asesinados por los insurrectos de Málaga al empuñar e bas!on de triando. Contrasta Cambien su débil y equívoca conducta en aquellos sucesos, de un modo que en nada les favorece, con la del general ()usada , resistiendo la sublevacion da :Madrid y es poniendo su vida , que perdió á poco , por defender las prerogativas del Ivo- • no, los fueros de la ley y la causa del órden. MOTIN DE LA GRANJA.  35 A pesar de tan general y terrible insurreccion, resistiese el gobierno á dejar el poder á los sublevados , y esperaba alguna de esas peripecias que en las revueltas políticas 'cambian de pronto el estado de las cosas. Los revoltosos de la córte , amedrentados por la actitud hostil de la guarnieion y la firmeza de Quesada, trataron de dar un golpe decisivo en la Granja, donde se halla- ban SS. MM. Doce mil duros enviados al Sitio fueron suficientes para cor- romper la lealtad y relajar la disciplina de una parte de la guar- nicion ; sobre setecientos rebeldes, mandados por. el desde enton- ces famoso sargento  García , acometieron el palacio á las nueve de la mañana del 12 de agosto entre mueras, tiros y ame- nazadoras vociferaciones. Hall base acompariada Cristina únicamente de su ministro de Gracia y Justicia Barrio Ayuso , parcial si no cómplice de los su- blevados, y de algunos jefes de palacio , vacilantes y amedrenta- dos. Aun quedaban fuerzas leales como los guardias de Corps, granaderos á caballo y algunas cornpaúias del 4.° regimiento de infantería de la guardia real con toda la oficialidad de la guarni- cion, que hubiesen arrollado á los insurrectos á encontrarse allí un jefe de corazon , uno de esos antiguos caballeros que al ver en peligro á sus reyes desnudaban la espada y acometian al enemigo sin contar S'd número. Abandonada la reina gobernadora á sus propias fuerzas, en- t • e rriiedosos cortesanos y militares aturdidos , no pudo resistir á la grosera violencia de una soldadesca desenfrenada que , harta de oro y de vino, la obligó á estampar su firma en un decreto que decia así «Como reina gobernadora de España ordeno y mando que se publique la Constitucion política de 1812 , en el ínterin que re- unida la nacion en Cortes manifieste espresamente su voluntad, ó dé otra Constitucion conforme á las necesidades de la misma.» Este fué el célebre cuanto asqueroso motin de la Granja; esta la famosa hazaña de los revolucionarios de 1836 ; esta la gratitud con que el partido radical de Espaiía pagó á Cristina el inmenso bien de haberle abierto las puertas de supatria ; este el purita- 3;  CAPITULO XLI. nisíno cons 4 ,i;.ucional de (p le 11,9!(..i;)11 al • ' r ' (,••• lados en la prensa y en 114 Con mengua de la  C;LY n •,  • Granja :`,t una débil  rr at . f;.; . 1:ilo en 11(1 . 3 1 ? j (`•  ("3 rri •j v ik,Y1 Con desdoro y esnarnio del 4, Y. < Crt:1_1.. ..H1' despiadadamente a una  Uh  1-1(' guía castellana! ;Oh ill y ti-cs  (-1;„_t Cali( .1! bajad avergonzadas á y in.-3tlas  qt7,e  y nion:u- quico pueblo espanot (pie un dia regL;leis  bm-ira vues- tra como gloria •suya ,  representado hoy po p 1.1..1 , miserables que entran á saco  sucesüre, v hacen pedazos vuestro trono , y (leshojan  p.uolean ric y sa historia' La noticia de tan inaudito suceso pu y a gobienio de Madrid en un • terrible compromiso : en el de negar la obediencia al. de-- creto de la reina y marchar á sofocar la rebelion de !a Granja con parte de la guarnicion de la capital , fiel todavía sus banderas, ó enviar á una persona de influencia para que buenamente atni- jese á los insurrectos á la senda dc . ..1 honor y d! deber. Prevale- ció desgraciadamente esta  opinion , y p só al Sitio con este objeto el ministro de la Guerra Mendez V4;,. Fatal determinacion , que solo sirvió pra enva-kntona)' chusma desalmada que se creyó omnipotente 1: 1 .1 ver que todo un gobierno entraba en tratos y negociaciones con ella. Ya hemos visto en (.`,11 curso de esta '!''TI .STIirk!.,1,  h) (1.-19-1no.z. tran también las de todos los paises , que  ochilidad O eorlpla. eenei a del poder alimenta siempre la osm,' .., revolu4ion. Peliures !labia en diriufts p c3:-1 fuerza 't c.(  r. kararla ,,  • -  ..J- ---  -  ,..1.-  , Mlándose la reina en poder, de los rebeldes : pero era modo de sofocar en su cuna aquella insurreuion , oril:2-71,..i.„_, ,i,--„ xirnos é incalculables males. La vida de !a re;:la 1 • n 1 ligrado. por eso, porque ese crimen era su u€'  á la perversidad de sus opresores. Mendez Vigo no consiguió per ua í ,,Iti b les que fuese2 á Madrid, valiéndose del perdon y de los  Eres ,  dirigida la ignoran - te soldadesca por los hábiles eGns7 l iradn':es de la córte, llevó ade- el UI fl (') 1)ro- 1 -1;1.1 era Itt.„:„.. t ala decretos os, 37 tante SU 1111 1 .).A‘1»,),  :tikiteridaties h nuevo, Constitucion delante de bande- . , .::.,1-c, que ooli t ..,áton „. tu_ i)al.,1,,,,,.,,......, generales y oficialidad a I  . (Ya •3< 1  *; 1 - 3  / * / ^. /3 • ,-i o .  ..,,,. .  1  • 11I P Dri' c lasen P...., -rua: wrainerti il, . á 's., h..  •  --  .,....,  t'  •  •  .  ,„.„.•.1 -  : .,s (iir , ¿-..ores que todo lo hecho por la rei-- -  :7 =n cortm zy nc il.-. ..._. „ N -, in:11 empusa comutieli ▪ do Álue'vos (lesinantr, Á o silo rtr.14,) Q.11 U  de talnaf-ia violencia en el G  3 .  ae  tira ma. Era nreciso , pues, 1 ,é)G! !e c faiinra , v Sol:)  U-írarse con un ministerio revolucio- C- 7/  ss 1-‘4) 01,' ...1 que diese apariencias legule:7, a lo conseguido por la fuerza, • , i p 3. .3  G „i r Ø  de nuevo en la real cámara la con ilion de v cabos, (r‹tno  del motiii , y entregó á la reina ,g0Det":11(101'a  n estos terminos: Súplicas que 1.1.. r:(3.n los baiallones existentes en este Sitio ;;. S, M, la Ileina Gobernadora 1. Deoosicion de su destinos de los sdures conde de San „Roma') T luarques (-1e, moneay-o. /  61- :  Real decreto para que se devuelvan las armas á los na- ) » cionales de Madrid. , ó al menos á las dos terceras partes de los • desaim,aGes, II, a e) •  k.) tl - —  1,11 k i r Litir a las n • rovincias y ejércitos , para que aatoi . idades principales de unas y otros juren é instalen la »Constitucion del año 12, conforme la tiene jurada S. M. en la -;  19 »nlahana » A „ Nombramiento de iuevo ministerio , á escepeion de los »señores Mendez igo y 13a:'rio Ayuso , por no merecer la con- . ),tlariz q de la nacion los Tu l , dejan de nombrarse. )  Al. dispondrá que , en toda esta tarde , hasta las doce fi »de la  es.):(Uu.). los 1.  handad d(-1, órdenes que arriba se que tantas -pruebas ha dado á los »e:,!://):1 n -)leS  ol'oporti,-Jurks  i b elieidad que les usurpo el des- , con eiral'3:1 que sus slíbditos den el mas pronto to á Cuanto a y ril.v.i se menciona y, verificado nue sea »cuanio 6 s l 1 6( 2, I: a , tendrá la glorh: esta Imarnicion de 9.compai' l iar SS IsPl. a la  de Madrid. Este r)ar.)1 1 1 ...  Á con fecha del 11, no tenia ii.rn19. 38  CAPql al) x/.. Para mayor burla y doble befa del trono , se llamaba súplica á una pretension que se entrepba en las puntas de las bayone- tas. La reina quiso acr)usrse de los embajadores de Francia y de Inglaterra que la acompañaban, antes (le ceder á las nuevas y osadas intimaciones. Aquellos diplomátic f is , y el primero espe- cialmente , amigo de Alendizabal y del partido del movimiento, cuya desordenada administracion habia va esplotado y pensaba esplotar , segun costumbre en pro de los interese de su pais, no tuvieron la suficiente lealtad para aconsejar á Cristina que an- tes de someterse á las groseras exigencias de una soldadesca brutal , bajase digna y decorosamen t e del trono y abdicase la co- rona en nombre de su hija. Pero las insidiosas indicaciones de retirar el apoyo estranjero, 'si á consecuencia de una negativa cornetian los rebeldes mayores desacatos , abandono que pondria el cetro en manos de D. Carlos. decidieron á la gobernadora á humillarse ante aquella encenaga- da turba , espidiendo las órdenes y decretos de destitucion , que tan imperiosamente se le demandaban. Satisfechas cumplidamente las exigencias todas de los amoti- nados , salió Mendez Vigo á cumplimentar en la corte los decretos de la reina, y regresó con los nuevos ministros Rodil y Calat•ava. El sargento García que, de escribiente del eonde . de San lb o- man , comandante general de la guardia, habla ascendido á jefe de una sublevacion triunfante , que nombraba y deponia minis- tros y dictaba órdenes á la reina, presentó en palacio á los recien llegados ; y notando en la Gace'a estraordivaria que se habla es- cluido del nuevo ministerio á Mendez Vigo y Barrio Ayuso, in- dicados por él y los suyos en la noche del 15 , arrojóla sobre una mesa esclamando :--« Yo no sé como la tropa tornará tal dispo- sieion ; porque eso de que habiendo hecho írosofros lea revolu- don quieran enmendarnos la plana los de Madrid  eso no ha de ser. Los nuevos ministros calmaron la irritacion del atrevido sar- gento con promesas de engrandecimiento futuro , á las que él se avino , insinuando sus ambiciosos deseos con estas palabras:— « Ayer los muchachos me proclamaron capitan. » Acariciósele en 3 moTIN DE L  f) 1 su idea , necesitando aun de su influencia para hacer que los rebeldes marchasen á Madrid, pero ellos no consintieron sino con la cond i cion de que la reina Isabel, su madre y su hermana fuesen en el centro de la columna, exigiendo ademas que fuera esta reforzada con los ñacionales de la corte. El 18 presenció escandalizada la capital la entrada triunfante y ostentosa de los corifeos del motin de la Granja, y la baja y miserable complacencia del nuevo ministro de la guerra Rodil, que llevaba á su lado al sargento García , héroe de la funcion. Desde la llegada de Mendez Vigo con los decretos arrancadas á la gobernadora, el ministerio se habia disuelto ocultándose y fugándose al estranjero sus individuos, escepto Barrio Ayuso, y los personajes mas comprometidos en la situacion caida , que á merced de algun disfraz, ó escudados por las embajadas , logra- ron sustraerse al puiial de los asesinos que los perseguian. Solo el general Quesada fué víctima de su habitual temeridad. Reconocido á su paso por el inmediato pueblo de Fortaleza , fué preso por algunos milicianos. Alborotados muchos de los de Ma- drid con la nueva de que su enemigo se hallaba preso , corrieron en tropel á dicho pueblo , le asesinaron indefenso, le mutilaron horriblemente y, arrastrando sus sangrientos despojos hasta la corte, exhibiéronlos entre blasfemias y alaridos en una mesa del café nuevo, regocijándose á la vista de aquel espectáculo como los antropófagos en sus execrables festines. Tal fin tuvo la insurreccion democrática del mes de agosto de 1836. Fatales fueron sin duda sus consecuencias , y aun pu dieron ser doblemente funestas para la causa liberal, á quien la fortuna favorecía á pesar de los esfuerzos de algunos de sus par- tidarios , dirigidos mas bien que  sostenerla á desacreditarla y hundirla para siempre. Gracias á la falta de gobierno y al desórden de las provincias, las facciones en todas ellas hablan tomado nuevo incremento. El brigadier carlista Gomez, al frente de una columna , separada del ejército del Norte, recorria las Andalucias , reclutando gente, 9 allegando cuantiosos recursos y burlando con un arrojo y habi- lidad cstraordinarios la persecucion de varias divisiones , fiesta- 40  CAPiTULO XL!. elidas tras él. De todos ios pueblos por donde pasaba el ejér- cito espelicionario reuníasele á Gomez muliitud de hombres qu,-! se ahilaban á ía bandera del Pretendiente, atemw . izados ó enfu- recit,ios pw . los dC111.ilICS (1113 1()S  darios de Isabel se per- cal ejército inisino, homianv!Me minado.por-las sociedades se- cretas,  ► y que,  ai tul() y energlw) carácter del general en jefe, habíase coft-,ervado ba,.4:1 entonces fiel 'á la reina y sumiso S la o • dlutnza , hada nhistrando siutomas de insubordinacion é in- disciplina, v era casi seguro que, el nen triunfo de los amofta- dos de la Gralja alentase :"E otros Idborotadons. Córdova por el gobierno ; amenazado por los constituc;onales ; sil! autoridad para contener y . cristigr nulvas sublevacions , y previelldo muy cuerdamente que la desmorali-- zacion y el desorden de sus tropas entregaría las llaves de Cas- tilla y el trono de Isabel al Pretendiente, no quiso ser cómplice de aquel  ; dejó el mando del ejército é internóse en Fran cia, sintiendo que la anarquía política malograse tantos esfuerzos y- sacrificios como habla hecho para poner término á la guerra de las provincias , destruyendo sus fundadas esperanzas de una pronta y general pacificador". Üu aiio de mando acreditó á Córdova de valiente y entendido jefe , y la historia de la guerra 'de Navarra , haciéndole (lespues la justicia que la envidia y el espíritu de partido entonces le aje, fiaron, le coloca en distinguido lugar entre nuestros mas ramosos generales modernos. Distinguióse GI'dUVa CODIO NapOieütt en lo poétko v sublime de sus proclamas, q i-ie pasan entre los hombres de guerra corno modelos de elocuencia militar Siendo jefe de division , concluia e la órden general que dió sus ti-4as antes de la accion de Ar- guijas con estas 111CMOrabiCS palabras : 1( El punto de reunion es; el campo que ocupa el enemigo; el de las reservas , Arquijas. el de la retirada, la eternidad.  Aplaudiendo la bizarria de sus soldados, despues de apoderarse de las líneas foriilicadas de Ar- /liban , decia Córdova en su proclama de 2'7 de mayo de 1 836 « Las águilas volaban mas bajas que las cimas de los puertos de MOTIN DE LA GhAVI  11. Aranzazu y San Adrian.,... fuisteis mas arriba que las nieves de mavo, tan alto como irá un dia la fama de vuestros esfuerzos. » Por fortuna de la causa liberal , recayó el mando del ejército del Norte en el general Espartero , el mas apto de sus compa- ñeros de campaña. Tan afortunado corno valiente , traia ya fa- rna de entendido en !a clase de guerra que se sostenia, y de enér- gico y s»seio, desde que meses antes mandó fusilar al frente de banderas á varios chapelgorris por el sacrílego atentado de robar la iglesia de un pueblo de Guipuzcoa. Jurada la nueva Constitucion por el ejército, dedicóse Espartero á ordenar un plan de ataque general contra las fuerzas carlistas, de mas útiles resultados cine los hasta allí conseguidos. Las provincias seguian insurreccionadas y ejerciendo un man- do despótico corno el año anterior, pero sin el entusiasmo de en- tonces; cl reino en completa anarquía; el ejército sin disciplina y sin fe; el partido liberal profundamente dividido ; las facciones pujantes y osadas ; el trono envilecido y humillado. CAPITULO XLII, Cór Les constituyentes de 1837. SUMARIO. Nuevo ministerio.--Sus primeros pasos.—Vacilaciort de su política.—Convé- canse las Constituyentes.—Dictadura ministerial.—Restablécense varios de- cretos de la II.' época constituciónal.—Terroríficas disposiciones del miráis tro D. Joaquin María Lopez.—Ley de sospechosos.—Angustiosoestado de la liacienda.—Recursos estraordinarios.—Frases satíricas de Fígaro.—Desorden en la administracion.—Descontento del partido exaltado.—Abrense las Cór- tes.—Diseurso de la Corona.—Contirmacion de la regencia de Cristina.— Primeros debates de las Constituyentes.—Estado de la guerra civil.—Fa- moso sitio de Bilbao.—Nuevos esfuerzos de la revolucion.—Fija esta su centro en Barcelona.--Abusiva conducta del poder legislativo. Formóse el nuevo gabinete de antiguos é influyentes constitu- cionales con alguno que otro de los modernos reformadores. Componíanlo Calatrava , Gil (le la Cuadra, Ferrer, Landero , Lo- pez , Rodil y el famoso Mendizabal , que volvió á encargarse del despacho de Hacienda. A, pesar de las garantías que daba á la parcialidad vencedora l indisputable constitucionalismo de los nuevos ministros , anda- ba aquella en los primeros dias del triunfo asaz recelosa y des- contenta , porque quizá se tardaba mucho en el convenido reparto del botin. Como en todos los pronunciamientos, y cualquiera que sea el partido que los promueva , el triunfo de los principios , la salvacion de la patria eran solo en el que vamos refiriendo la bandera que lo guiaba ; pero su único objeto , como siempre , la , ...:atisfaccion de bastardas ambiciones y el engrandecimiento per- sonal. , 1111  CAPITULO 'XLII: Las primeras medidas del ffobie:nu s-, ci-learini a r eill. á (. :'2 El partido avanzado asaltó en  . -isa ll'i-s oíicinas:, fueron r.-r,- • , puestos en sus respectivos cargos ios l . unc11.)u g i p is ser}araaos por .  , cl gabinete anterior, y deviwitas la:-.. armas a k)S i-lilicianos de Madrid. Tampoco estaba muy asegur a da I.c . . tr::knquilidad p ública. . Los héroes de la G „ranja insultaban á los quIJ ern-iailecieron Leles .. en la corte, obligánb les á . encerrarse . en su_ cul.tl'ill , de donde se defendian á balazos. Restablecido el orden cn la capital , satisl- chas las exigencias personales „ inas•tranquias l'¿s pl'ovincil;s con halagos y recompensas, quedaba en pie 1 cuestie,n po i .tica sin .fácil y conveniente solueion. El código que acababa ck, r stableeerse, de- y ,) Y dis de tr l w ti.sios, estaba en contradiccion con muchas leyes y dispe:- : ,icií.ines vigen- tes , cuya amalgama era imposible. Sus deleees, que los mismos cuya  , constitucionales reconocian y publicabln„ estaban en lacha abierta con las costumbres, con las ideas , con la eiviflzacion de ._la época en que se restablecia. Derogar de una plumada todo lo hecho desde 1823 acá , hubiera sido una reacci g n tal et-,:iplda como la de 1821i y de imposible ejecucion. Dejar, por otra parte, subsis- tentes ciertas instituciones opuestas á las que se ll'establecian, era llevar el caos y la contradiccion á las regiones del gobierno. El ministerio Calatrava , débil y contemporizador Como los que le hablan precedido , desde que por . tercera vez se inauguré el sistema representativo en España , dejó al tiempo y á las circuris- tancias la resolucion de aquel problema, y ostentando unas vece2, ideas rioderadas , inclinándose otras á los principios mas demo- cráticos, emprendió una marcha vacilante , sin regularidad y sin objeto.  ,... ,. Como si la dignidad real no estuviese bario humillada ; como si el trono no se hallase ya bastante escarnecido , acGusejaron les nuevos ministros á la reina gobernadora la publicacion de un manifiesto en el que , justificando los desacatw; cointliiíos contn su persona por la soldadesca soez y desenfrenada de 'li Granja, .- llamaba lealtad á la tiranía y traicion al patriotisr-ri. Convocáronse al mismo tiempo para el '?-1, de octubie tilla-, Córtes estraordinarias, que el ministerio llamó constituyentes, • Cose STITUYENTZS PE 1_837.  45 lecotioniendo antes que tcdos la inéoliveniencia y la inoportuni- lui dei restablecimie nto del código de Cádiz. Llamábase en Córtes • 1- 1=-10i1 p a r a ve manifestase espresaThenic su voluntad acerca de  Co.?siitucion d  ó dar otra conforme á las necesidades j rtra promover el bien y la felicidad de los españoles por todos  )1e('',*()s. que lo misma Constitucion prescribía. Nunca ministerio alguno ha sido mas inconstitucional y dicta- dor que el de 1U6. Subido al mando para defender la restablecida Constituelon, él era el primero en ofenderla y barrenarla. Por su sola autoridad varió el sistema electoral , que prescribía la ley , señalando épocas y plazos para la ceiebracion de las elecciones ; suprimió las dietas de los diputados y aumentó su m'E- mei°, eai-liblándo ademas la fórmula del juramento. Por decreto de 20 de ' ,._;osto hubo tambien de declarar el gobierno que solo se considerasen restablecidas , mientras las Cortes deliberasen lo conveniente , aqu2llas leyes y disposiciones de las dos anteriores épocas constituciwwles , que el gobierno mandase poner espresa- meine en observancia, No es i. este 1 9 11-iiiii0 criticar aquellas medidas que la necesi- dad y la convenienciaaconsejaban , sino el absurdo de resucitar el có(igc,de Cádiz !vara ¿,espreciario en seguida. ¿A qué hacer, oues, una vi- lu , cion, re ajar en ella los lazos de la disciplina mili- lar, asesii-ia: á lionraoas y dignas autoridades y arrastrar la mollar- -0  • gwa e h )rti f --=; por el  o o de la i g nominia á nombre de una ley in- .),  por  *b eficaz y desacreditada. de una bandera deslustrada y rota, que ha- l^ia ele  . plsote2 p se, tan pronto por los mismos que la enarbolaban? lógico , mas revolucionario haber suspendido ó abolí(  , Ir' %clainando en su lugar la dictadura minis- t.erial con el Ilisfraz de -Ti. golpe, de Estado , escudada aparente- mente en  voluntad .de la reina? No . era mas liberal , menos t::caz-all, -Iloso die..ar una nueva ley que quebrantar la pro- dam  une b e ; l'evoluciones son hipócritas 5iempre ; es que, , - despóticas y ai.)sf)luea3 alas que. los reyes áquienes combaten , no obran nunca con la if?anqu-':;za que estos , sino que al contrario, adutas y cautelosas, alucinan al rueblo. echando sobre su tiranía el manto deslumbrador de la legalidad. '¿• ,;  f  ln lee:j 46  CAPÍTULO XLII. El código de Cádiz era una pantalla á cuya sombra ejercin el ministerio Calatrava su poder re7olucionario , ilimitado y absolu- to. La nueva Constitucion era en sus m'aros un arsenal de donde se podían tornar las armas mas apropósito para combatir y ester- minar al enemigo, dejando abandonadas las inútiles. Producto el nuevo gobierno de los esíberzos anárquicos de la prensa y la milicia , encaminárcnse sus primeros actos á pagar cumplidamente aquella deuda de cariño y agradecimiento. En uso de las facultades estraordinarias que las circunstancias le confi- rieran , restableció los decretos de las Córtes de 1820, 1821 y 1822 sobre la libertad de imprenta y milicia nacional , creándose así, y acaso sin presumirlo embarazos y conflictos 'bultos. Peligroso era y fué en efecto, mas para el gobierno que para los partidos vencidos , el poder político que á ambas instituciones podas nue- vas leyes se conferia. Natural y necesario era que, elevadas así á la esfera de los po- deres públicos, ejerciesen en la direccion de los negocios del Es- tado su siempre apasionada influencia , precipitando al gobierno en la senda de la violencia y del error. Razones de oportuna con- temporizacion pudieron mover al ministerb g á otorgar á la pren- sa una libertad desmedida y á la guardia nacional una organiza- clon todavía mas democrática ; pero mas vale perder en ciertas ocasiones una parte de la popularidad, que hacer concesiones per- judiciales al pais y aun al mismo partido á quien imprudente- mente se adula y halaga. Plausible Rodia ser el restablecimiento de ciertas leyes pro- tectoras del órden público y niveladoras de la scciedad ; pero como se sabia , y la esperiencia lo demostró al poco tiempo , que el objeto de su restauracion era aumentar el odio á las clases pri- vilegiadas y la persecucion de todos los enemigos del partido do- minante , el buen sentido y la tolerancia política condenaron su restablecimiento al palpar sus resultados. Tales eran los decretos de 1 l de abril de 1821 , que señala- ban las penas correspondientes á los cobspiradores del Estado ; el de 28 de setiembre de 1820 , por el cual se hacian varias aclara- ciones para poder proceder á la prision ó detencion de cualquier CÓ1ITES CONSTITUYENTES DE 1837,  47 español ; y el de 19 de agosto de 1811 sobre la abolicien de prue- bas de nobleza vara entrar en los colegios y adquirir condecora- ciones. Sabias , justas y reparadoras medidas que alabamos como se merecian al ocuparnos de las tareas legislativas de las Córtes pa- sadas, y cuyo restálecimiento aplaudiríamos tambien ahora, si no se hubiesen ejecutado, como era de esperar, en esclusivo pro- vecho del partido que las restablecía. Pero si esos actos , aunque inoportunos pudieron 'fundarse en irresistibles exigencias de la triunfante revolucion , como medios adecuados para resistir á una reaccioi armada; si en el órden fí- sico y material, digámoslo así, era conveniente obrar de ese modo para consolidar la victoria , dando al gobierno el sello de la per- sonalidad y el esclusivismo , en el órden moral fué una ligereza imperdonable el dar fuerza obligatoria á los decretos de las Córtes de 1821 , que supriinian las vinculaciones de toda especie. Tampoco somos enemigos de la desvinculacion civil, corno ya lo probamos al ocuparnos de ella : pero no podemos menos de censurar la impremeditacion con que . por el ministerio se legisla- ba en un asunto de tanto interes, sin aguardar á que las próximas Córtes lo discutiesen y aprobasen. No era amenos inoportuna y perjudicial para la buena admi- nistration la promulgacion de la ley de 3 de febrero, que organi- zaba el gobierno económico-político de las provincias. Cuando se necesitaba mas que nunca la concentracion del poder para domi- nar la situacion; cuando mas le convenia al gobierno reunir en su mano las riendas todas de la pública administracion , tan des- quiciada por las continuas revueltas , las entregaba ahora á la in- esperta y despilfarradora del municipio y de las diputaciones pro- vinciales , romplendo los principales lazos de gobierno entre las provincias y el supremo poder. A tan desacertado y revolucionario sistema de mando añadió el minislerio Calatrava medidas de venganza y terror tan inicuas en el fondo como arbitrarias é inconstitucionales en la forma. Me- rece citarse entre ellas el despótico decreto por el cual se manda- ba secuestrar los bienes de las personas que habian marchado al 4. S  CAPÍTULO XLII. estranje,ro sin licencia ó auto•izacion dei gobierno despues del 1 ; de agosto en que se publicó la Constitucion. Era esto un mi sera- ble castigo, una ruin venganza contra Istáriz y dema:, caudillos del bando moderado , que prefirieron nilly cuerdamente la espatria- cion á morir alevosamente asesinados corno el general Quesada. D. Joaquín Atarla Lopez , célebre tribuno que tantos aplausos I abia arrancado siempre defendiendo los santos fueros de la jus- ticia y de la libertad , firmaba este suitánico decreto , en el que, por el elocuente apóstol de la civilizacion y del piogreso, se ini- ponia ahora gubernativamente la pena de contiscacion de bienes desterrada de los códigos basados en el progreso y en la civili- zacion. Furiosa la revolucion , tan dignamente representada y servil- mente complacida por el ministerio de agosto , por no poder so- focar la rebelion carlista por la fuerza de las armas, trató de aho- garla por el terror ; siendo por el contrario tan funesto sistema el que desde un principio habia contribuido á su incremento y des- arrollo. El ministerio inventó para ello una ley de sospechosos á irnitacion de la célebre francesa , tan irritante , tan vejatoria , tau inicua como su modelo. A la vez que se mandaba embargar los bienes de las personas que hubiesen tornado partido con D. Carlos desde A.° de octubre de 1833 , para indemnizar con sus productos á los patriotas que sufriesen pérdida ó daño por consecuencia de los decretos del pretendiente , se declaraban nulas las ventas , cesiones y tras: , a- sos de propiedad , hechos despues de su ingreso en las filas ene- migas y se sujetaban á exámen y revision corno sospechosas las transacciones verificadas antes , dando así gubernativamente Un efecto retroactivo á las leyes civiles. A los vecinos pudientes y medianarneide pudientes que no aLaii - donasen los pueblos de su vecindario al aproximarse la faccion, se les debla procesar como desleales. De las contribuciones que exi- , giesen los carlistas á su tránsito por los pueblos, se disponia que fuesen indemnizados los leales de lo que pa,, asear , á costa de los agraciados. A costa de estos últimos , ú sea de los tenidos por desafectos , mandábase resarcir á los liberal los daos y per di- CÓI1TES CONSTITUYENTES DE 1837.  49 das que por incendios , robos ú otras causas se les ocasionasen. Los sospechosos quedaban obligados á Mantener las familias de los leales , muertos por la faccion que invadiese el pueblo ; á los padres se les hacia responsables de la conducta política de sus hijos. Por este estilo , diéronse entonces medidas tan iajt e lstas y despóticas corno las que pudo dar Fernando VII en la época del mas puro absolutismo; tanto como las que espedian Cabrera , Pa- lillos y otros cabecillas , á cuyo nivel se colocaba el gobierno. Pero hemos dicho mal. Poder I que de esa manera abusaba de su autoridad, que de tal modo escarnecia los siempre sagrados fueros de la propiedad . , que así autorizaba el robo , poniendo á merced de un alcalde los bienes de sus convecinos, á quienes po- da calificar á su antojo de sospechosos ó leales , no debia llamar se gobierno. Era una faccion que oprimia á la sociedad , menos- preciando en su tiranía la justicia y la libertad que con tanto én- fasis proclamaba. Y obrando así se quería terminar la guerra civil! y gober- nando como el mas despótico monaréa se pensaba orpnizar la nacion  y tiranizando en nombre de una Constitucion liberal, se trataba de acreditada y enaltecerla ! Funesto y eterno error de los revolucionarios , restañar una herida con la afilada punta de un puñal ! apagar un incendio con un haz de leña ! A eso equivalía el propósito de poner fin á la guerra , despo jando de sus bienes á los desafectos , y lanzando de ese modo á las filas del Pretendiente hasta á los hombres mas pacificos. Ciu- pole al clero su parte , como de costumbre , en el nuevo anatema contra el bando absolutista , ocupándose las temporalidades de los. ausentes , y amenazando con el estrañamiento á los obispos que confiriesen órdenes mayores. El nuevo general en jefe pedía hombres y recursos para dar principio al plan de operaciones que meditaba , é implisose al pais otra quinta de cincuenta mil hombres , que venia á proLar lo in- útil que fue la reclute de Illendizabal. Tainpoco esta dcliia pro- ducir buenos resuilmlos , atewlia-ido á la exasperaciun que en el bando contrario liabian producido las opresoras disposiciones del ministerio y que habian de ser causa necesariamente de nume- 't (bit) fri e 50  CAPÍTULO XLII. rosas deserciones en los nuevos so/dados ; y ademas, por la exen- clon de entrar en suerte ó de librarse del servicio mediante la cantidad de tres mil , ó de dos mil doscientos reales , segun la época en que se suscribiesen los mozos. El gobierno se declaraba empresario , y claro es que exigiendo tan módica cantidad , el contingente que entrase en caja debia ser sumamente escaso. Estos medios de adquirir hombres y dinero, tan vulgares y mezquinos , revelan la poca capacidad de los nuevos ministros para gobernar en circunstancias tan estraordi- narias corno aquellas. El estado angustioso del Tesoro público , era una prueba evi- dente de los males que acarrearan los revoltosos con sus pronun- ciamientos y sinárquicas juntas , y mas que todo , del desquicia- miento en que dejó la Hacienda el famoso 51endizabal , de cuya administracion , como ya dijimos , habia vuelto á encargarse. La tan aplaudida desamortizacion fui solo , como probamos en otra parte , y como se conocia por la eficacia de sus resultas , una cuestion de Bolsa , una medida politica para adquirir adeptos á la causa liberal ; pero de ningun modo una de esas disposiciones financieras que dan eterna reputacion A un hombre salvan á una nacion. Para salir por el momento del angustioso apuro en que el go- bierno se encontraba , tuvo Alendizabal precision de rasgar su pomposo programa de setiembre , y olvidado de sus promesas , im poner al pais un empréstito forzGso de doscientos millones , re- partiéndose á las provincias, y señalándose las cuotas de un modo arbitrario , segun las circunstancias de la localidad y la fortuna de los contribuyentes. En esto pararon las continuas ofertas del Neker español- de concluir la guerra civil sin exigir un cuarto mas de la contri- bucion ordinaria , ni imponer á la nacion nuevos sacrificios. Estos recursos estraordinarios y los productos de la mei\ ilizacion gene- ral de la milicia , de la que se libraban los ricos rnedian f _e mil quinientos reales los de infantería y dos mil los de caballería , lo cual venia á ser en realidad otra nueva contribucion para las cla- ses acomodadas p no eran suficientes para cubrir deudas atrasa- CÓRTES CONSTITUYENTES DE 1837.  51 (Lis y  os enjnar el déficit que hasta fin de año debía resultar en el 1.3 presupuesto. Urgente era , pues , buscar otros con que atender á las nece- sidades del momento , y el ministerio creyó encontrarlos en la venta de los edilicios pertenecientes a las suprimidas clases reli- giosos , las campanas de sus iglesias y las alhajas , muebles y en- seres de los conventas. Esta medida , que no era nada oportuna y provechosa , alarmó las conciencias mas timoratas , y dio márgen á que la slitira se ensañase contra el ministerio , y á que la male- dicencia se cebase en la moralidad de algun ministro. A este propósito recordamos lo que con tanta gracia y maligna intencion decia el célebi e Fi Jaro dos meses despees en st4 1:17110- sísiino artivulo  di , ' (le di /'elfos de 1.8360.0 er y el bronce herido que anunciaba eun lamentable clamor la ausencia eterna de los que han sido , parecía vibrar mas lúgubre que ningun año , como si presagiase su propia muerte. Ellas lanibien. , las campanas han alcanzado su  hora , y sus tristes acentos son el estertor del moribundw : ellas van tambien á manos de la libertad, que lodo lo vivifica , y ellas s?rán las únicas en España, i Santo Dios ! que morirán colgadas. Y hay justicia divina ! » Esta amarga censura del gobierno revolucionario de aquella época , hecha por un eseritJr de ideas liberales , nos releva de nuevas cJilicaciones. La anarquía y el desórden se apoderaron del gobierno. Como si todas aquellas medidas, así polilicas como económicas , tanto milita ► . es como linaLcicuts, no fuesen cuando menos arbitraulas deaccrtadas mandóse en 25 de agosto que las juntas guber- nativas , creadas en las provincias Con motivo del [)ronuncimienk- to, se asociaran á las diputaciones provinciales y eneargnsen de proporcionar todos los niedios y recursos estraordinarios, sin to- Car á las contribuciones y vedlas del Estado, para coadyuvar á les leseos del gobierno y conseguir la ‘lestruccion de las fuerzas dcI Preteudiente„ Es decir, para impolle • gnivámenes á los pueb:os, crear arbitrios y hacer repartos que naturalmente debia:i pesar y pesaron sobre los partidos contrarios Por ci ministerio de Hacienda se desplegaba semejante y aun 5a  CAPÍTULO MAL mas desordenada actividad. Entre otras disposiciones encamina- das á encontrar recursos , establecióse una rebaja gradual en los sueldos y haberes de los empleados , y se celebraron varios con- tratos con capitalistas de Madrid , en lo general con las mas one- rosas condiciones. En una palabra; se gobernaba revolucionaria mente por el ministerio , corno pocha hacerlo una junta suble- vada ; y eso que acababa de jurarse una Constitucion sagrada é inviolable, ídolo de los que así obraban. No por esto lograba el ministerio la union y el completo apo- yo del partido exaltado. Los masones y comuneros de 182 apa- recian de nuevo, aunque con distintos nombres , â intentábase por los descontentos la resurreccion de las sociedades patrióti- cas, con otras demostraciones populares que el gobierno á duras penas podía reprimir. No satisfechos , sin embargo los liberales mas exagerados di-, la marcha francamente revolucionaria de los nuevos ministros, tildaban su administracion de anti-constitucional y arbitraria, (I( moderada y vacilante. Hacíaseles responsables del mal.estado de la guerra, de todas las desgracias, de todas las complicaciones, de todos los peligros que rodeaban al bando dominante, como sino fuesen los causantes de todo los delirantes acusadores del ministerio; corno si aquel desquiciamiento no fuese el resultado natural de una revolucion sin fuerzas, sin justicia y sin objeto. Por fortuna del pais y del ministerio mismo, recayeron las elecciones por lo general en hombres que, si bien exaltados el! sus opiniones, no pertenecian á los furiosos demagogos que ape- laban para su propio medro al trastorno general de la nacion. kbriéronse las Cortes constituyentes el 2i de octubre de 1836 Ej gobierno contaba en ellas con inmensa ri:ayería , en la que do minaban ideas de orden y moderacion , si bien aspiraban sus in- dividuos á establecer un gobierno de p p ogresiva refoina. El discurso de la corona bosquejaba á grandes rasgos el las- timoso estado de la nacion.El inirrster^ g © alneaba  manos de las Córtes su poder . su iniciativa  su iifiluencia. E! trono , re- conociéndose impotente , lo esperaba todo de la ora n aipotente vo- luntad de aquellas Córtes. Exigíales con lodo apremio la reforma •  C011-11; COYSTFIUYEINTES ni 183`2.  53 ,le la Con.iitucion y medios para poder gobernar y dar fin á la ilerra civil « primer anhelo, decir la reina , y necesidad primera 'id_ pueblo español , que túdo lo espera de vosotros. » Segun cos- timbre prescrita Kr la Constitucion del año 12 el presidente. que a la sazon lo cra D. Alvaro GblfiCZ Becerra, contesto en e ► Icto al regio discurso anunciando los mismos deseos de paz y de prosperidad. Conocia muy bien la mayor la de aquellas Córtes cuanto la im „ovula apg l ecer ante el pais unida al trono en las reformas que brosectaba. Con estas miras , y con la de lavar la mancha que -obre el habla arrojado el motin de la Granja , con armaron las oristiluy entes , casi por unanimidad, la regencia del reino en la ifendida madre de la reilai. Verdad es que la Constitucion res- ablecida prescribis que fuesen tres los regentes , pero ya hemos Visto como empezó á inibingirse aquel código desde el primer dia promulgacioli, y a nadie estrañaba ya que así se menospre- 4iase de nuevo. Ahora , sin embargo Podía hacerse. Las Córtes constituyentes, representando la omnímoda 'voluntad de la na- cion ó sea la soberanía nacional , estaban á mas altura que la í :onstitucion y et trono. Y cuando se atrevian á nombrar regen- te , pues á eso equivalía la confirmacion de Cristina , con mas antivo podian modificar un artículo de un código , muerto desde nacimiento y abolido tácitamente desde la apertura de las Córtes i'eformadoras. Ocupóse la Asamblea en sus primeras sesiones en proponer medidas apropósito para abastecer al tesoro y apresurar la ter- minacion de la guerra , bajo las mismas bases de terror y arbi- ftariedad, adoptadas de antemano por el ministerio. Alternaban fon aquellos debates los promovidos por la minoría ultra-liberal con violentas proposiciones , encaminadas , como lo van siempre las de todas las minorías parlamentarias , por mas patrióticas que parezcan, á derribar al gobierno y ocupar su lugar. En el último tercio del año 3C) el aspecto de la guerra civil prcsentábase mas favorable. En Cataluña habla tratado el gene- ral 3Iaroto de organizar militarmente las facciones, y por mas e sfuerzos que hizo no logró modificar en el Principado el antiguo 5  L O sistema (le Y twrrillas viéndoe obligado á regresar á Navarra despws de la Gompleta derroL que stifril') una de sus divisiones 2n el putblo de , San Quirce, donde quedó muerto sir segundo, el general liaron de Orta Las fuerzas enemigas de A rligon y 'Valecia hallúbanse por denlas desanimadas. La pérdida de la importante ¡daza de Grita- vieja y el irril cstad ► de Cabr,:ra , mortalmente herido y oculto en casa del cura de Aimazan,  Manuel María Nloron, privólas en- tonces de recursos , y sobre todo de la inteligente y hábil direc- eion (le su jefe , dina de las f3crio! p s del Al ► emrazgo. Gotuez , que ún una espediLion (le seis inese., en que labia recorrido mil leguas, atravesand:i ve c inle y dos provincias y dando pruebas de una estrategia y de una actividad desconocidas en los anales miritares  mundo , sp_cri(') una nueva derrota en Aleau- dete y regresó á las provincias,. defraudando las esperanzas que en su paseo militar cifraba la corte de D. Carlos. Ilabia vuelto esta á lijar su vista en Bilbao sin acordarse que desde su primer sitio databa tal vez la pérdida del trono español para su ídolo, pues entonces marchitóse el laurel de la victoria decisiva que se ansiaba , al caer en él la sangre de Zunnalacárre- gui. La rica y liberal villa de Bilbao estaba destinada otra vez a ser el muro de bronce donde se estrellase la causa carlista. Desde el mes de octubre había reconcentrado el general en jefe del ejército de D. Carlos , Villarreal , numerosas fuerzas y diez y nueve piezas de artillería contra la plaza. Los fuertes que la circunvalaban y protcgian fueron cayendo sucesivamente en poder de les sitiadores. Archanda, Banderas, Capuchinos, San ila-- 171éS, Desie•io y Ilurceña se rindieron en los primeros Bias de no- viembre á los briosos asaltos de los carlistas. Dueños ya de todos los puntos que dominaban la plaza , queáronla rigorosamente por la parte de tierra , estableciendo un sitio formal que bahria por lin de terminarse con la rendicion d asalto de Bilbao. El bombardeo contra la plaza era incesante; frecuentes y desesperadas las acometidas.los bilbaínos se defen- dian como leones; los carlistas los atacaban como tigres. Unos y otros comprendian que su triunfo sería la muerte de la causa con- cÓwris CONSTITU  55 YENTES DE 1,837, traria. La torna de Bilbao era otra vez la condicion impuesta á los o aentes de D. Carlos para la entrega de un cuantioso empréstito y para el esplícito reconocimiento de sus derechos por las potencias del Norte y de las Dos Sicilias. El gobierno liberal por su parte, y el mismo general en jefe, keinian también que el triunfo sobre Bilbao podría allanar el camino de Madrid en el estado pujante de las facciones y en la sitnacion critica del ejército y minado por la indisciplina y abatido por la falta do recursos. Varias veces trató Espartero de auxiliar á la plaza, y otras tan-. tlÁs le contuvieron desde sus fuertes posiciones los batallones que mandaba Villarreal , colocado allí de antemano para interceptarlo e1 paso y proteger las operaciones del sitio. Encomendado este al general Eguia y al frente de numerosas fuei o zas y un completo tren de batir g seguia bombardeando y cañoneando la plaza sin miedo de que le acometiesen por retaguardia. La situaciou de los sitiados era por denlas angustiosa y deses- perada. Rendidos por la fatiga , mermados por la metralla , herido su jefe el brigadier D. Santos San Miguel, y su segundo el de igual clase D. Miguel Araoz , sin víveres , sin municiones, sin esperan zas de ninguri auxilio, la rendicion de los bilbainos y escasas tro- pas que defe ► ldian la plaza parecía inevitable á últimos del mes de diciembre de 1837. Era la noche del 21. Noche tempestuosa y llena de horror, que despues de tantos años recuerdan aun con tristeza y espanto ven- cedores y vencidos. Ya por la tarde habla logrado el ejército de la reina restablecer el puente de Luchana y facilitar el paso de una division al otro lado de la ria para combinar un ataque general. La opewion era arriesgada y decisiva una derrota. Espartero postrada en cama , habla dado sus instrucciones al general Oráa y resignado en él el mando del ejército. El puente de Luchana se tomó y habilitó , y eristinos y carlistas hicieron prodigios de valor aquella tarde, La noche puso li g a á la batalla, cerrando oscura y tormentosa. Nunca hablan conocido los naturales del pais noche como aquella. Los combatientes ocupaban los puestos en que los sorprendió la CAPÍTM oscuridad , sufriendo callados y silencio';os los ri?,:ores de la in- 1.emperie. Era tan intenso el f•io, que algunos fusiles se despren- dían de las manos ateridas de los soidados: sUal):1 furiosamente 11 huracar' . acompañado de una lluvia de granizo que azocaba los nmóviles rostros de la tropa. La nieve labia cubierto los cadá- veres de la batalla de la tarde. y seguia desprendiéndose del cielf.1 en gruesos y helados copos, Los elementos todos se hallaban desenca lenados; la naturaleza. '.1 . mponente y aterradora que la aumentar el horror de aquella noche , como pretendienb evitar las escenas de desolacion y de matanza une se preparaban, Enterado Espartero del cuadro triste y desconsolador que pro- .eritaba su ejército, exánime y rendido y y comprendiendo que si. combate se prolonga algunas horas mas , si el día amanece y el enemigo conoce su ventajosa posicion todo está perdido, salta del lecho á las once de la noche y preséntase á sus tropas . las habla, las enardece, las entusiasma y da la señal de ataque. Y en la bora misma en que la Iglesia celebra uno de los mas grandes misterios de la religion cristiana ; en el momento mismo en que España so- lemniza el nacimiento de un - Dios de paz , de caridad y amor, se- senta mil hombres, todos españoles, hermanos todos, se acometen y destrozan despiadadamente. El `redoble de los tambores, los gritos de los combatientes, los ayes de los heridos , el ruido de las armas , el relincho de los ca- ballos , el silbido del huracan , el bramido de los mares, todo ello confuso , mezclado , alumbrada la escena por las llamaradas de los fusiles , cuya sulfUrea luz reflejaba siniestra sobre una in- mensa sábana de nieve, enrojecida á trechos por la sangre , for- maba un cuadro horroroso , fantástico , infernal , corno w lo soñó el Dante ni lo pintó Rembrant. El Dios de las batallas protegió visiblemente al ejército de la reina y á su esforzado caudillo , quienes al amanecer se hallaron dueños del punto culminante de Banderas. Treinta batallones car- listas acababan de cederles el campo , dejándoles , como en señal de su derrota, veinte y seis piezas de at tilleria, carros, municiones, brigadas , el parque del sitio , almacenes, hospitales y todo cuan- COBTE:14 CONSTITUYENTES DE 1837,  57 Lo allí poseía el enemiga, y con ello las llaves (le la sitiada plaza. Bilbao se salvó y acaso se salvó tambien entonces el trono de label 11. Al temerario arrojo de Espartero se debió tan feliz vic- to • ia que sembró el desaliento en las tropas de D. Carlos , y que fue, el prólogo de la historia de su decadencia, cuya última página e firmó despues en los campos de Vergara. La gloriosa y trascendental hazaña del ejército del Norte rea- nimó las esperanzas de los liberales, y llevó la alegría y el regoci- o al bando progresita, calmando por un momento , y en aras del traeres comun , los odios y recelos que ya hondamente lo trabaja- ban y consumiau. La mayoría de las Córtes  oyentes que, pesar de figv.lrar en ella' Argüelles Olózaga , Gonzalez y otros exaltados de p y i r nera nota, tulla que representar las ideas mo- derldlas , si habida de combatir los delirios demagógicos de la mi noria, gozaba con el risueno porvenir que ofrecia la guerra, y con la seguridad de confeccionar una constitucion liberal y monár- quica á la vez. término medio entre el Estatuto y el Código de Cádiz. El gobierno, por su parte , adquiría nuevos brios para luchar con los revoltosos, que le declararon una guerra á muerte. La re- volucion , enemiga hasta de sí misma, si el órden y la armonía se mezclan en sus triunfos , no podia llevar en paciencia que el ministerio á que crió vida en la Granja tratase de plantear un go- bierno estable y ordenado , siquiera fuese democrático, porque la revolucion aborrece todo gobierno. Son dos polos opuestos , dos ideas que se contradicen , dos fuerzas que sebrepelen. Pero si la revoluciun habla puesto ya en práctica la soberanía nacional , trayendo unas Curtes constituyentes , omnímodas y absolutas; si 'labia restablecido el código mas democrático, mas revolucionario á que podia aspirar ; si 'labia llegado en política a las reformas mas exageradas , á los principios mas avanzados , ias utopias mas irrealizables , ¿qué p • etendia , pues , aquella re- volucion que así renegaba de sus antiguos ídolos, que así comba- tia á sus constantes directores? Pretendia el trastorno social de España , realizado ya el político ; intentaba arrollarlo todo , des- truirlo todo, el trono , la aristocracia . la religion. Intentaba er 5S  CAPITULO XLII, gir en sistema la fuerza brutal , el salvaje imperio de las turbas Plantear el gobierno de los mas fuertes ó de los 1)1213 osados y no la república antigua de dunas épocas , honrada , tra:iquila y humanitaria de gide no tenían noticia siquiera aquellos delirantes, Birlo la república de todos , la confusion el desórden , la ley del puñal, el reinado del verdugo. Barcelona la populosa 5 la turbulenta , la siempre indiscipll nada Barcelona , fue la primera que autinció el cataclismo que se deseaba , aconsejada por los clubs masónicos de la corte y tenidos á ra y a por el patriotismo de la mayoría y h enérgica y salvadora mano del gobierno, Tres periódicos , órganos de las sociedades secretas de aquella industrial ciutbi u predicaban la disolucion , social, azuzando á las masas con terribles provocaciones. El Vapor de 'V de diciembre habla dicho: « Si el pueblo no se decide á arrebatar de las manos eclécticas (las dal ministerio «Calatrava y las Córtes) la direccion de sus intereses no lardare- «mos en vernos altamente burlados con el INRI mofador del Eda- «tuto. Cuatro días despues, el mismo periódico dijo :—«Emanet- «pese el pueblo de esh cáfila'de políticos y embusteros que le em- «bahucan; mire á Madrid con ojos espantados, como si mirase una «corrompida Sodoma : haga por si solo la rev6lucion a que el eie- «lo le está llamando , y entonces la cuestion espailo!a se decidirá en bien de todos los pueblos.» Alas enérgicamente se espresaba el Guardia Nacional diciendo: «Si sigue su plan la coalicion aristo- «crática de Europa, no han de pasar muchos años sin que un feu- dalismo , mas atróz y repugnante que el antiguo , borre hasta «los vestigios de libertad , y embrutezca la especie humana, (5 sin lque , por estremo opuesto, una sangrienta y furiosa revolucion «equivoque el nivel regulador con la guadaña de !a muerte , «pulverice hasta los cimientos de los tronos y de todo lo que recuerde ' 1 posibilidad de opresion.» En fin el Sancho Gobermr,'or, ponde- rando la necesidad de progreso en la revolucien  Si se «detiene, vendrá despees mas destructora, porque es de su esen- «cia hollar todos los intereses existentes y crearlos nuevos.» Como si esto no bastase, dióse á luz una horrenda proclama, llamada la Bandera, en que los clubistas barceloneses , dignos CÓRTES CONSTITUYENTES DE 1837 W  59 discípulos de Marat en su lenguaje y sus aspiraciones 9 decían entre otras cosas:  • Un medio solo puede salvarnos ; un medio solo , espantoso, bpero necesarlo..... la revolucion..... Pero es preciso la iniciativa; l s preciso enarbolar antes una bandera... asociémonos pues; el fuerte preste sus brazos, el sabio sus talentoso.... Enarbolemos una bandera con el lema sagrado de derechos del hombre; pelee- onms todos bajo su sombra.... n Y, levantando despees en la calumnia el andamio para llegar á sus criminales intentos, aña- dieron  ¿Sabeis quién son nuestros enemigos? Los aristócratas besos que no quieren nivelarse con nosotros, que viven á espera .)sas de nuestro sudar y que tienen derecho á ultrajarnos. porque t el favor ó la intrip les ha dado una faja , ó porque conservan pergaminos de sus abuelos...o. A las armas : derribemos les de- orechos de los aristócratas, derribemos -sus cabezas para que no lics quede el arbitrio de reconquistarlos. Con su' sangre rejuve- • enecerá Cataluña, España, Europa toda..... d A ellos Produjo en Barcelona y en los puntos por donde circuló tan incendiario documento un terror y una indignacion general. El ayuntamiento, afiliado en la sociedad de Ilermanos de la grande Un ion , donde se soñaban tan sangrientos delirios, aparentó re- probarlos y publicó una proclama hipócrita en que, con frases va- gas y equivocr's , dejaba ver que los aplaudia. El primer alcalde constitucional, D. Mariano Borre!, daba las gracias desde su balcon ti los trastornadores , al terminarse una serenata, pronunciando esto discurso , digno por lo estrambótico y sivificativo de sag frases de figurar erl nuestra historia Conciudadanos; soy hijo de un mancebo albañil. La aristo- »cracia y el carlismo son nuestros enemigos , son sinónimos. Alerta, hijos; guardemos las libertadespopulares. Viva la li- bbertad y la C . onsiitucion. Siempre me hallareis pronto á defen- ;gder estos derechos con mi sangre y no dejaremos las armas hasta 5lesterminar á nuestros enemigos. » Aun llegó á mas el escandaloso atrevimiento de los anarquis- tas de BarcelCma. Temiendo no haber esplicado bastante sus in- tenciones en el anterior libelo , publicaron una especie de himno 60  CAPITULO \LH. acróstico , que envolvia en !as iniciales de stb versos el resúmen de sus deseos, revelados del modo -,i2-r_ciendiv .  iiinPrie á los tí- ranos; abajo los tronos; el »,elle soberai¿o;  , liberiod, cía . igualdad, virtud, república univer.sal. Esta vez la autoridad , repiesentada por el llenero] Krretio, cumplió con su deber. Apoyada por todas las clases sensatas, por todos los partidos legales desde el ex141ill(lo hasta el a/solutisti-d, triunfó de los desorganizadores barceloneses cuando estos , pro- moviendo un motín. tratarwi de poner pRr obra , t u., 42,termina... doras amenazas. El ministerio , al mismo tiempo ,  ron e! concurso de ij moyoría . cuya resolucion y patriotisn10 la honran sobremanera, refrenaba poco á poco á los ultra-•evolueinnarios de dentro y Ibera de las Córtes. Ocupaban estas sus sesiones en dictar me didas inútiles para la tettrninacion de la gueria, en (lar nuevas facultades á 31endizabal para que complicase mas los negocios rentísticos , y en resolver mil cuestiones fáciles é insignificantes, . civiles , militares y eclesiásticas , propias esclusivanlente del mi- nisterio. Y es que resabiados aun muchos de sus principales individuos de la abusiva práctica de las Córtes de 1812 y 1820, y alucinados tambien los nuevos constituyentes con la omnipotencia politica del poder parlamentario , mostrábanse celosos todos de gobernar por sí , invadian las atribuciones del poder ejecutivo y embara- zaban sus movimientos , que el mecanismo,de la máquina consti- tucional exigia dejar espeffitos en su esfera de accion. CAPiTULO XLIII. ........,~~ammiwn..11~111141~1~ Constitucion de 1837. SUMARIO. Deseos de un nuevo Código.—Principales bases de su proyecto.—Sensatez de la comis i .on al redactarlo. —Diferencias entre, la proyectada Constitucion y la de Cadiz.—FlIndase en principios moderados.—Defiéndela Argüelles.— Combátenla los exaltados.—InoDortunidad de consignar en él el principio de la soberanía nacional,— Debilidad de la ma y oría.— Senado electivo.— Queda votada la Constitucion.—Juramento de la reina gobernadora.—Sig- niticativas frases (lel discurso de la reina.—Constitucion íntegra de 183'7.— Resalta en ella el elemento conservador.—Contradicciones de - la revoluc.ion. Importantes decretos de las COrtes.------Desenfreno de la prensa.—Medidas de represion centra los periódicos y las sociedades secretas.—Revelaciones del gobierno sobre su número y orlianizacion. Los afanes del ministerio. como de la mavoria. cifr ábanse en la confeccion y promuigacion de un código que, al paso que ga- rantizase las libertades públicas , diese al elemento monárquico l presligio constitucional que le fldtaba , la fuerza de represiou y resistencia de que cluecia, Nombrada desde (.1  de la legislatura una comisioli especial para la rednect , n del nuevo código , compuesta de los caudillos  A la mayoria  rgüelles, Olózaga ' , Sancho , Gonzalez y Fernit. presenló t i 1 i dc diciembre las cuatro bases que Si B uen como cimiento de la °lita. «12 Se supiimirá toda la parte reformativa y cuanto deba cor- responder á los códigos ó leyes orgánicas. 2.' Las Córtes se com- pondrán de dos cuerpos colegisladores, que se diferenciarán en- tre sí por las calidades personales de sus individuos . por la forma 63  CAPÍTULO XLIII. de su nombramiento , y por la duracion de su cargo; pero nin- guno de estos cuerpos será hereditario fi Kivilegía:lo. Serán iguales en facultades ; pero las leyes sobre contribuciones y cré- dito público se presentarán primero al cuerpo de los diputados, y si en el otro sufriesen alguna alteracion que estos despues no admitiesen , pasará á la sancion real lo que los thputados apro- basen definitivamente. 3. a Corresponde al rey : 1.° La sancion de las leyes : 2.° La facultad de convocar las Cúrtes todos los amos, y de cerrar sus sesiones : 3.° La de prorogarlas y disolverlas, pero con la obligacion en este último caso de convocar otras y reunirlas en un plazo determinado. .4.) Los diputados á Cúrtes se elegirán por el método directo , y podrán ser reelegidos indefi- nidamente. Y1 A la simple lectura de los principios fundamentale3 sobre que debia basarse la reforma constitucional, conocíase la notable dife- rencia que mediaba entre el nuevo y el antiguo código ; el ade- lanto de la ciencia política, los desengaños del tiempo y de la práctica. Hasta los mas fervorosos amigos de la ley restaurada en la Granja, hasta su principal autor, el doceailista rgü iles, com- prendió la necesidad de su reforma en amonía con los hábitos y tradiciones del pais. Claro es que cuanto mas se cercenasen las facultiA l s del poder legislativo, tanto mas aumento debian tomar las del ejecutivo. que cuanto menos ensanche se le diese al elemento popular, tanto mas estensas serian las prerogativas de la corona. No puede ne- garse á la coimsion redactora de aquellas bases un pl . ofund,) co- nocimiento de la situacion que atravesábamos, de lo peligroso (luí: seria para todos en aquellas circunstancias alenbr de cualquier modo á los revoltosos en sus desorganizadores delirios, y de lo que á todos interesaba devolver al trono parte del prestigio y autorl- dad que perdiera en las revueltas anteriores. Si se tiene en cuenta el derrumbadero por donde caminaba entonces la política española, arrastrada desde í14 .!:un tiempo , á despecho de la verdadera opinion pública . por unos cuantos de- magogos; si se considera que la revolucion acababa de ti iunfar y que los clubistas que la impulsaron no se satisUJian ya ni aun con CONSTITUCION DE 1837.  63 el código republicano de 1812 , resaltarán bien á las claras la cordura, el acierto y el patriotismo de aquella comision que , sin temor á las iras de la demagogia , fundaba el nuevo código en principios moderados , en ideas de equilibrio y reconciliacion entre los públicos poderes , en roútuas garantías para el trono y para el pueblo. Al examinar la Constitucion de Cádiz, vimos que era una ano- malía , un absurdo el incluir en ella la parte reglamentaria que emanaba de sus principios constitutivos. Era una inconvenien- cia, cuando menos, dar cabida en un código fundamental, fijo é invariable por alguu tiempo en una sociedad tranquila y organi- zada , á disposiciones orgánicas „ hijas de las circunstancias y tan variables como ellas. Toda Constitucion no. es , no debe ser otra cosa que un cate- cismo, donde se encierran los principios mas abstractos , Inas precisos y mas indispensables en la organizacion política de un pais. Todo en ella debe ser absoluto , incuestionable , eterno. De su raiz inamovible deben ir brotando la administracion , el go- bierno , las reformas. Una buena Constitucion es el eje fijo y su- jeto en el terreno de la conveniencia páblica , al rededor del cual, pero sin conmoverlo, sin arrancarlo , deben girar constantemente los partidos legales, sin otro aran , sin otra mira que practicar las teorías consagradas en el código fundamental en beneficio de todos y con arreglo á las circunstancias, á la esperiencia y al na- tural progreso. Desgraciada nacion aquella que, al constituirse, no plantea una ley general , beneficiosa para todos , justa , impar- cial , inmutable. infortunado pais aquel , en que se cambian con frecuencia sus constituciones , y en el que estas no tienen mas sida que las del partido que las forma. La comision y las Córtes , aprobando la primera. base , corre- gían el defecto que en el código de Cádiz liemos censurado „ tra- laudo de dar al nuevo mas concision y estabilidad. La division de las (Irles en dos cuerpos colegisladores evo tarnbien una necesidad que los adelantos del gobierno represen- tativo aconsejaban é imponían á los constituyentes de 1837. En Francia, en Inglaterra, en Bélgica , en los Estados-Unidos, en G4  CAPÍTULO XLIII. las demas repúblicas de la América española , de dos cámaras se componia la representacion nacional. Allí , corno en España , se comprendieron las ventajas de una cámara aristocrática y mode_ radora , que sirviese de antemural al trono en sus rudos y fre- cuentes choques con la asamblea dcmúerática. En los gobiernos representativos sabido es que la lucha entre (1 elemento popular y el monárquico es constante , ruda y encarnizada á \ ecos , como gobiernos que son de rnútua represion y conquista entre ambos poderes, entre ambas fuerzas constitutivas. La interposicion de un tercer cuerpo, que nivele esas fuerzas , que modere esos ataques, que concilie esas opuestas a:Tirationes , no puede nienos de ser necesario y útil rara que la máquina del sistema parlamentario funcione con regularidad y arden , trabaje sin romper.e. No era menos importante la base tercera , que trasladaba el poder parlamentario á la corona ó séase al ministerio responsgble. Como recordará el lector, en la Constituciun de 1812 la existen- cia . de las Córtes dependia única y esclusiva:nente de la ley. Su reunion era fija , periódica y hasta con sei - ialamiento de dia. Tres meses duraban sus sesiones ordinariamente , y ano mas si se consideraba necesario ; celebrándose en el hile' rt gnu parlamen- tario sesiones estraodinarias por motivos de reconocida utili- dad y urgencia , á juicio del monarca, convocada en ese caso la asamblea por el que presidia la diputacion permanente. Todo en aquel código era periódico , sin tener en cuenta para nada las circunstancias , ley suprema de todos los gob:ernos. De suerte que, marcado de ante mano el dia de la disolucion de las Córtes, lo estaba tambien el de la reunion de los cuerpos electo- rales. Así el rey no podia impedir que las Córtes se reuniesen en un dia dado , ni suspender sus sesiones en el espacio de tres me- ses; y si bien tenia el veto , era limitado y no absoluto. Todos comprendían en 1837 lo peligroso de mías Curtes per manentes, omnímodas é inamovibles. Si una asamiiie popular, que tuviese asegurada su existencia por tres me ..9.!s , abusara de su podar, y se desbordara en sus resulucione,  quien , cómo y cuándo se la eowendria? Si unas elecciones han s ► du el producto de la coaccion de los partidos ó de las intrigas del gobierno, ¿co- CONSTITUCION DE 1837,  65 mo se las inutiliza? Si las leyes que se votan son perjudiciales al pais , como espresion  una mayoría ciega y desatentada; si con- cluida su despótica dorninacion parlamentaria vuelve á ser elegida de nuevo, ¿cómo evitar aquel mal no pudiendo disolver las Cór- tes el monarca ni aun suspender las sesiones? ¿Cómo evitar la promulgacion y aplicacion de aquellas injustas y nocivas leyes con el veto limitado ó suspensivo? Para evitar estos peligros , para conjurar tantas calamidades, no habla mas remedio que la suspension , y si esto no bastaba, la disolucion. Contra la falsedad de unas elecciones, la nueva con- sulta á la voluntad del pais, garantiendo la libertad electoral; contra una mala ley , un veto absoluto. La cuarta base presentada por la comision constituid otra re- forma muy importante , acaso la mayor y mas ventajosa para el partido del Orden y de la legalidad. Proclamábanse en ella las clec cienes directas , y al ocuparnos de esta debatida cuestion , al rese- ñar los trabajos de las Córtes de 1833 , demostramos su ventaja sobre las indirectas : mezquina parodia del sufragio universal. Como se ve , la reforma del código de Cadiz era radical ; era mas bien un código nuevo pues variaba notablemente del anti- guo en su esencia y en su forma. La minoría , descontentadiza lurLulenta , combatió tenazmente aquellas reformas , en especia) y con mas furor la cuarta. El ministerio y sus amigos, con elo- cuencia y resolucion , parapetados en los mas sanos y reconoci- dos principios de la ciencia constitucional , en los principios moderados , aclimatados con crédito en Francia é Inglaterra° defendieron el terreno palmo á palmo , triunfando en a q uellas me morales debates. El mismo Argüelles, confeecionador y defensor exagerado del código de Cadiz en 1812 , defendía ahora el que iba á reemlazar - p le, con igual fervor y conviecion. Era esto tal vez ineonsecuen Cia ,  de fe en sus principios , vaeilacion en sus aspi•acione políticas , nunca abandonadas , en sus deseos, siempre manifes - lados , C11 beneficio del elemento popular'? no. Era que la espe riendia p alia modificado ya algo sus ideas y las de sus compañeros; es que para personas de instrueeion y de talento . como eran loa lomo III. 66  CAPÍTULO XLIII. individuos de aquella comision, no pasan en • alde veinte y cinco años de esperimentos y de ensayos ; es que la verdad y la justicia triunfan al cabo de la pasion ; es que el patriotismo vence por lin á la preocupacion y al espíritu de bandería. Los clubs de la corte y de las provincias , puestos en movi- miento , como era costumbre en ciertos casos , contra el códilisn, en infusion, cuyas tendencias moderadas eran ya bien conocidas, chillaron furiosos en la prensa y en los CIlfz'S contra los nuevw- conservadores, contra unos ministros , hijos de la revolucion la cual , segun ellos , trataban de asesinar. Algo debió influir e!: el ánimo de la comision y en el de la mayoría el amenazante cla- moreo de la demagogia , para dar á ciertos detalles del proyectes un colorido democrático . que no armonizaba mucho con el de la bases aprobadas. No atreviéndose á prescindir del manoseado lema de la sobe ranía nacional , encabezaban la nueva Constitucion con la acla- racion democrática siguiente Siendo la voluntad de la nacion revisar en uso de su lobera nia la Constitucion política , promulgada en Cadiz en 19 de marzo de 1812 , las Córtes generales , congregadas á este fin , decretan 1 sancionan la siguiente Constitucion de la naeion espaiinla Era esto una vacilacion en el buen camino que se trataba k emprender: un recuerdo de ofensa y-  á la monarquía. Erl destruir parte del buen efecto producido por las bases pr~nta, das en los partidos sensatos . tener siempre pendiente la enehilk popular sobre el trono , y dejar á este un motivo ó un pretesto. cuando menos , para reformar á su tiempo como lo hizo luego la nueva Constitucion. A. eso conduce la manía de los partidos en consignar principio- metafísicos , que para nada sirven. Y si no dígasenos por los fa- náticos partidarios de la soberanía popular hubiera sido el rnic blo menos libre , menos fuerte, no estando inscrito ese dogma eh el código reformado? ¿ Fueron por eso mas respetadas sus fran- quicias y mas atendidos sus derechos de soberanía en los dos algo-. posteriores? ¿Sin el amenazador proemio de la Constitucion 37 , no se hubiese pronunciado lo mismo y arrollado al trono I o o CONSTITUCION  i DE  u  6 7 en 18,0 ? Apesar de aquel alarde de democracia pura ,  fué desarmado y sujeto en 18' .1'i ? Pues entonces, á qué conducía la declaracion de la soberanía nacional al principio del nuevo código? Ya lo hemos indicado. A transigir con la re y olucion de mal género; á dejar permanentes anteriores agravios al trono; á quitar á la reforma el carácter de estabilidad, de conciliacion y de sensatez que la prévia aprobacion de sus cuatro bases exigia. Siguiendo , pues , en aquel propósito de deblidad y conternporizacion , casi arrepentidos los reforma- dores de sus primeros pasos, fueron desviándose poco á poco de la senda de salvacion , con tanta resolucion como patriotismo em- prendida. Los legisladores de Cádiz proclamaron en su famoso código 12 reli ion católica . apostólica , romana , como única y verdadera Esta profesion de fe religiosa , tan esplicita y terminante corno de- be ser la de un verdadero cristiano , pareció muy absoluta á los constitu y entes de 1837 , y prefiriendo halagar mas bien á la filo- sofía moderna que á los profundos y tradicionales principios reli- giosos del país , variaron aquella pública profesion que tanto honraba á los constitucionales del año 12 , limitándose á decir en la reforma , « que la nacion se obligaba á mantener el culto y !Ministros de la religion católica que profesaban los espan-oles. Es decir, se consignaba simplemente un hecho , pero no se proclamaba una religion. Hasta la tolerancia en materias religiosas esto es , hasta 11. impunidad por la conducta en la práctica de la religion . se llegó Pedir en el debate de aquel artículo : pero no la tolerancia en materia de opiniones , que deben combatirse con la persuasion no con la fuerza tolerancia de conducta que , aunque disfrazada, no era otra cosa que la libertad de cultos, Esa deferencia á las ideas exageradas, mostróse tanibien al consignar las facultades del alto cuerpo colegislador que se cieno minaba Senado así como Congreso de diputados la cámara de pro- curadores. Los senadores, segun el provecto , debian ser nombra- dos por el rey á propuesta en triple lista de los electores que en cada provincia nombraban á los diputados. 6 ►  CAPÍTULO XLIII. El Senado de ese modo venia á ser otra asamblea popular de- pendiente de la voluntad de la nacion. y no del libre nombra- miento de la corona. De ese modo babria dos ( , . , tamentos popula- res , enteramente iguales en atribuciones ( ► seepto en las leve4 sobre impuestos , hijos ambos de la idea dominante en las elec- ciones , producto los dos de la viloria de un partido y y que de Man vencer ó morir con él ; porque es claro que el niiiisterk aconsejarla la eleccion de sus parciales en las ternas presentadas a la corona , y esta con leves escepciones , nombrarla siempre a los hombres del partido vencedor. Con este sistema seria nulo y acaso perjudicial en las funcio nes del gobierno representaG y o ese elevado cuello 0 porque par- ticiparia de las mismas tendencias . de las mismas pasiGnes , d(; mismo interés que el de diputados, y careceria por consiguienu- de ese carácter imparcial, conservador y equilibrador que delw ser.su esencia y su base. Para que aun fuese mas variable sn existencia , mas política , mas de bandería, se despojó al Senaen de su indispensable cualidad de vitaiicio, que proponía la corni sion , acordando las Córtes que en cada disolucion del Congreso) se renovase el otro cuerpo por antigüedad en su tercera parte Sin grandes debates, sin tina ruda oposicion fuér'onse apro- bando los artículos del proyecto, quedando al fin hecha la refor ala constitucional á 1.° de abril de 1837. El ri de junio fué aceptado el nuevo código por la reina go- bernadora en nombre de su augusta hija , y prestó su juramenul al día siguiente en el seno de !as Córtes. El acto fué por flema,. vistoso y regocijado. El camino que recw rieron. SS. sembrado de flores. Madrid se entregaba á los mas locos Iraspw- tes de alegría los unos por lo que halan conquistado , los otra por lo que no hablan perdido. Puesta en pío Giistina debajo del solio, y con la mano en e: libro (le los Evangelios , leyó con voz, aniinada y sonora la si- guiente, fórmula de juramento: o Juro por Dios y los santos Evangelios que guardaré y hare guardar la Constitucion de la monarquía española que las actua es Córtes constituyentes acaban de decretar y sancionar, y yu cONSTITtelwN DE 1837  69 no Iceptado en nombre de mi augusta hija la reina doña Isa- bel 11: que guardaré y haré guardar las leyes , no mirando en cuanto hiciere sino al bien y provecho de la nacion 9 y que seré riel á mi augusta hija la reina doña Isabel H. Si en lo que he jurado, ó parte de, ello, lo contrario hiciere, 710 debo ser obedecida ; antes aquello en que contraviniere será nulo y de nin G un valor. Así Dios me ayude y sea en mi defensa, y si no me lo dernande. Las Córle3 juraron e g os uid y terminó tan imponente acta ' i on un discurso de S. M. del que estra.ctamos los siguientes pár-- !'afos que envolvian un consejo dado á la reina por los constitu--- ciona:es. «Aquí, entre vosotros, á la faz del cielo y de la tierra, declaro le nuevo mi espontánea adhesiou y aceptacion libre y entera de as instituciones políticas que acabo de jurar á nombre y en pre l3encia de mi augusta hija que teneis delante, y cuyos sentimien- r 3s espero que II0 sean diversos de los amos. La reina de España. aunque en edad tan corta, debía asistir á este solemne acto. los albores de la razon coirdenzanll rayar en ella , y un espec- táculo tan noble y tan grandioso se imprimirá con tanta mas viveza en su tierna fantasía , al paso que su inacencia y sus gra- c:as añadirán `hileros , y darán si es posible mayor fuerza á nues- tros recíprocos juramentos. Colocada en medio de la representa clon nacional, ainparada y defendida por la lealtad española , es ,Domo si estuviese en presencia de todo su pueblo, como si alzada 'Itera y procla nada en el anUguo escudo de los reyes sus ante- pasados. Acostúmbrese desde ahora á vivir entre vosotros, á oír vuestros consejos, á penetrarse de vuestro bien y á procurarlo con todas las potencias de su alma. Ella es la heredera que el cielo concedió á los votos de los españoles : ella es la alumna de. , la libertad , educada á la sombra de sus leyes protectoras; que su primer sentimiento sea venerarlas; su principli deber cumplirlas; su incesante anhelo defenderlas...» Por no faltar á nuestro propósito de dar á esta historia todo el interes que nos propusimos ai empezarla, encerrando en ella to dos los documentos importantes de nuestra moderna revolucioiL 70  CAPÍTULO XLIII, y como tales las distintas Constituciones que en su transcurso se han promulgado, insertamos á continuacion la de 1837 como hi- cimos con las anteriores y haremos con la que le ha sucedido. TITULO PRIMERO. DE LOS ESPAS °LES,. Articulo 1.. Son españoles 1.° Todas las personas nacidas en los dominios de España. 2.° Los hijos de padre á madre españoles, aunque hayan nacido fuera de España. 3.° Los estranjeros que hayan obtenido carta de naturaleza. I.' Los que sin ella hayan ganado vecindad en cualquier pueblo de h monarquía. La calidad de español se pierde por adquirir naturaleza en pais es- tranjero , y por admitir empleo de otro gobierno sin licencia del rey. Art. 2.° Todos los españoles pueden imprimir y publicar librementl- sus ideas sin prévia censura , con sujecion á las leyes. La calificacion de los delitos de imprenta corresponde esclusivamente los jurados. Art.  Todo español tiene derecho de dirigir peticiones por escrito á las Córtes y al rey , como determinen las leyes. Art. Unos mismos códigos regirán en toda la monarquía, y en ellos no se establecerá mas que un solo fuero para todos los españoles en los juicios comunes, civiles y criminales. Art. 5.° Todos los españoles son admisibles á los empleos y cargos públicos , segun su mérito y capacidad. Art. 6.° Todo español está obligado á defender la patria con las armas cuando sea llamado por la ley, y á •contribuir en proporcion de sus ha- beres para los gastos del Estado. Art. 7.° No puede ser detenido, ni preso, ni separado de su domicili,) ningun español ni allanada su casa sino en los casos y en la forma que las leyes prescriban. Art. 8.° Si la seguridad del Estado exigiere en circunstancias estraor- dinarias la suspension temporal en toda la monarquía , 6 en parte de ella, de lo dispuesto en el artículo anterior, se determinará por una ley. Art. 9.° Ningun español puede ser procesado ni sentenciado sino por el juez ó tribunal competente, en virtud de leyes anteriores al delito y en la forma que estas prescriban. Art. 10. No se impondrá jamas la pena de confiscacion de bienes, y CONSTITUCION DE 1837.  71 ningun español será privado de su propiedad sino por causa justiuIca.da de utilidad comun, previa la 'correspondiente indemnizacion. . 11. La nado se obliga á mantener el culto y los ministros de la Art  / religion católica que profesan los españoles. TITULO H. DE LAS CÓRTES. Art. 12. La potestad de hacer las leyes reside en las Córtes con el rey, Art. 13. Las Córtes se componen de dos cuerpos colegisladores, igua- les en facultades : el Senado y cl Congreso de los Diputados TITULO HL DEL SENADO. Art. 11. El número de los senadores será igual a las tres quintas par- les de los diputados. Art. 15. Los senadores son nombrados por el rey á propuesta, en lista triple, de los electores que en cada provincia nombran los diputado . Córtes. Art. 16. A cada provincia corresponde proponer un número de sena- dores proporcional á su poblador": pero ninguna dejará de tener por lo menos un senador. Art. 17. Para ser senador se requiere ser español, mayor de 4.0 años y tener los medios de subsistencia y las (lemas circunstancias que deter- mine la ley electoral. Art. 18. Todos los españoles en quienes concurran estas calidades, pueden ser propuestos para senadores por cualquier provincia de la mo- narquía. Art. 19. Cada vez que se haga eleccion general de diputados, por ha- ber espirado el término de su encargo , ó por haber sido disuelto el Congreso, se renovará por orden de antigUdad la tercera parte de los , ciladores : los cuales podrán ser reelegidos. Art. 9. Los hijos del rey y del heredero inmediato`de la corona son senadores á la edad de 25 años. TITULO IV. DEL CONGRESO DE LOS DIPUTADOS. Art. 21. Cada provincia nombrará un diputado 'á lo menos por cada 50,000 almas de su poblacion. CAPÍTULO XLIII. Art. 22. Los diputados se elegirán por el método directo, y rodrán Ser rcele-idos indefinidamente. Ar t. 23, p lfra ser diputado se requiere ser español del estado seglar, haber cuni ► Hdo 25 años, y tener las demas circunstancias que exija 12 ley elerLral. Art. 2. Todo español que tenga estas calidades, puede ser nombrado diputado por cualquiera provineia. Art. 25. Los diputados serán elegidos por tres años. TITULO y DE L. CELEI3RACION Y FACULTADES DE LAS CORTAS. Art. 26. Las Córtes se reunen todos los años. Uorrresponde al re y enn- vocarlas, suspender y cerrar sus sesiones , y disolver el Congreso de los Diputados; pero con la obligaeion, en este último caso, de convocar otras Córtes, y reunirlas dentrode tres; meses. Art. 27. Si el rey dejare de reunir algun año las Cúrtes antes del 1. 0 dr. diciembre, se juntarán precisamente en este dia ; e.-) el caso de Tic aquel mismo año concluya el encargo de los diputados, se empezarán Int elecciones el primer domingo de octubre para hacer nuevos nombra mientos. Art. 28. Las Córtes se reunirán estraordinariamente luego que vacare la corona , que el rey se imposibilitare de cualquier modo para el go- bierno. Art. 29. Cada uno de los cuerpos colegisladores forma el respectiva, reglamento para su gobierno interior, y examina la legalidad de las elec- ciones y las calidades de los individuos que le componen. .Art. 30. El Congreso de los Diputados nombra su presidente, yicepre, sidentes y secretarios. Art. 31. El rey nombra para cada legislatura de entre los mismos so.- nadores, el presidente y vicepresidentes del Senado, y este elige sus secretarios. Art. 32. El rey abre y cierra las Córtes, en persona ó por medio de los ministros. Art. 33. No podrá estar reunido uno de los cuerpos colegisladores sin que lo esté el otro tambien; escepto en el caso , en que el Senado juzgue á los ministros. Art. 3:. Los Cuerpos colegisladores no pueden deliberar juntos ni en presencia del rey. Art. 35. Las sesiones del Senado y del Congreso serán públicas, y solo en ICS OSOS que exijan reserva , podrá celebrarse sesion secreta, CONST1TUCION DE 1837.  73 Art. 3s. El rey y cada uno de los Cuerpos colegisladores tienen la nicia ti va de las leyes. Art. 37. Las leyes sobre contribuciones y crédito público se presenta- rán primero al Congreso de los Diputados; y si en el Senado sufrieren alguna alteracion que aquel no admita despues, pasar, l á la sancion real lo que los diputados aprobaren definitivamente. Art. 38. Las resoluciones en cada uno de los Cuerpos colegisladores se toman á pluralidad absoluta de votos; pero para votar las leyes se re- quiere la presencia de la mitad mas uno del número total de los indivi- duos que le componen. Art. 39. Si uno de los Cuerpos colegisladores desechare algun proyec- to de ley , ó le negare el rey la sancion , no podrá volverse á proponer un proyecto de ley sobre el mismo objeto en aquella legislatura. Art. 49. Ademas de la potestad legislativa que ejercen las Córtes con el rey , les pertenecen las facultades siguientes Recihir al rey, al sucesor inmediato de la corona, y á la regencia lí regente del reino , el juramento de guardar la Constitucion y las leyes. ‘2. 2 Resolver cualquier duda de hecho ó de derecho, que ocurra en f irden á la sucesion á la corona. 3. 1 Elegir regente ó regencia del reino, y nombrar tutor al rey menor, cuando lo previene la Constitucion. 4. 4 Hacer efectiva la responsabilidad de los ministros, los cuales serán acusados por el Congreso, y juzgados por el Senado. Art. U. Los senadores y los diputados son inviolables por sus opi- niones y votos en el ejercicio de su encargo. Art. II Los senadores y los diputados no podrán ser procesados ni arrestados durante las sesiones sin permiso del respectivo Cuerpo cole- gislador, á no ser hallados in fraganti; pero en este caso, y en el de ser procesados ó arrestados cuando estuvieren cerradas las Córtes, se deberá dar cuenta lo mas pronto posible al respectivo Cuerpo para su conoci- miento y resolucion. Art, 43. Los diputados y senadores que admitan del gobierno ó de la nasa real pension, empleo que no sea de escala en su respectiva carrera., comision con sueldo, honores ó condecoraciones, quedan sujetos á res eleceion. TITULO VI, DEL REY. Art. 44. La persona del rey es sagrada é inviolable , y no está sujeta á responsabilidad. Son responsables los ministros. krt. 45. La potestad de hacer ejecutar las leyes reside en el rey, y su  74  CAPÍTULO XLIII. autoridad se estiende á todo cuanto conduce á la consIT y 'acioi del orden público en lo interior, y á la seguridad del Estado en lo esterior, me á la Constitucion y á las leyes. Art. 46. El rey sanciona y promulga las ley es. Art. 47. Ademas de las prerogativas que la. Constitucion señala al rey, le corresponde: 1.° Espedir los decretos, reglamentos e insn ueciones que sean docentes para la ejecucion de las leyes. 2.° Cuidar de que en todo el reino se administre pronta y cumplida- mente la justicia. 3.° Indultar á los delincuentes con arreglo a las Je ∎ 4.° Declarar la guerra y hacer y ratificar la paz , dando 1P:si-Ales CUUD ta documentada á las Córtes.  5  Disponer de la fuerza armada distribuy  como mas converi,c;', 6. 1 Dirigir las relaciones diplom'ticas y comerciales cc/1 las derua potencias. 7.° Cuidar de la fahrieacion de la moneda , en la que se pondrá busto y nombre. 8.° Decretar la inversion de los fondos destinados cada uno de los ramos de la administracion pública. 9.° Nombrar todos los empleados públicos y conceder honores y dis unciones de todas clases, con arreglo á las leyes. 10. Nombrar y separar libremente los ministros. Art. 48. El rey necesita estar autorizado por una ley especial: 1.° Para enajenar , ceder ó permutar cualquiera parte del territori(, español. 2. e Para admitir tropas estranjeras en el reino. a. 6 Para ratificar los tratados de alianza ofensiva, los especiales de co mercio, y los que estipulen dar subsidios á alguna potencia estranjera. 4.° Para ausentarse del reino. 5.° Para contraer matrimonio, y para prTmitir que lo contraigan las personas que sean súbditos suyos y estén llamadas por la Constituciou suceder en el trono. 6.' Para abdicar la corona en su inmediato sucesor. Art. 49. La dotacion del rey y de su familia se fijará por las Córtes al principio de cada reinado. TITULO VIL DE LA SUCESION DE LA CORONA, Art. 50. La reina legítima de las Españas es doña Isabel II de Borbor.. Art. 51. La sucesion en el trono de las Españas será segun el órden CONSTITUCION DE 1837.  75 regular de primogenitura y representacion , prefiriendo siempre la línea anterior á las posteriores; en la misma línea el grado mas próximo al mas remoto ; en el mismo grado el varon á la hembra, y en el mismo sexo la persona de mas edad á la de menos. Art. 52. Estinguidas las líneas de los descendientes legítimos de doña Isabel 11 de Borbon , sucederán por el arden que queda establecido su hermana y los tios hermanos de su padre , así varones como hembras, y Lis legítimos descendientes si no estuviesen escluidos. Art. 53. Si llegaren á estinguirse todas las líneas que se señalan, las Córtes harán nuevos llamamientos, como mas convenga á la nacion. Art. H. Las Córtes deberán escluir de la sucesion aquellas personas que sean incapaces para gobernar, ó hayan hecho cosa,, por que merez- can perder el derecho á la corona. Art. 55. Cuando reine una hembra , su marido no tendrá parte nin- zuna en el gobierno del reina. TITULO VIII. DE LA MENOR EDAD DEL REY , Y DE LA REGENCIA. • Art. 56. El rey es menor de edad hasta cumplir 14 años. Art. 57. Cuando el rey se imposibilitare para ejercer su autoridad vacare la corona siendo de menor edad el inmediato sucesor, nombrarán las Córtes para gobernar el reino , una regencia eompuesta de una , tres ó cinco personas. Art. 58. Hasta que las Córtes nombren la regencia, será gobernado el reino provisionalmente por el padre ó la madre del rey ; y en su detecte por el Consejo de ministros. Art. 59. La regencia ejercerá toda la autoridad del rey, en cuyo nom.. bre se publicarán los actos del gobierno. A rt. 60. Será tutor del rey menor la persona que en su testamento hubiese nombrado el rey difunto, siempre que sea español de nacimien- to ; si no le hubiese nombrado , será tutor el padre ó la madre mientras permanezcan viudos. En su defecto le nombrarán las Córtes; pero no po- drán estar reunidos los encargos de regente y de tutor del rey sino en el padre ó la madre de este. TITULO IX, DE LOS MINISTROS. Art. 61. Todo lo que el rey mandare á dispusiere en el ejercicio de su autoridad , deberá ser firmado por el ministro á quien corresponda, y 76  CAPÍTULO XLIII, ningun funcionario público dará cumplimienio  lo que (:aftzca. 'ce este requisito. Art. 62, Los ministros piwden ser senadores 6 diputados, V 'ornar parte en las discusiones de ambos Cuer pos coklzisladores; pero milo ten- drán voto en aquel á que pertenezcan. TITULO X, DEI PODER JUDICIAL, Art. 63. A los tribunales y juzgados pertenece esclusivamente la ro- testad de aplicar las leyes en los juicios civiles y criminales, sin que pue- dan ejercer otras funciones que las de juzgar y hacer que se ejecute fr. juzgado. Art. 64. Las leyes determinarán los trinunaes y , juzgados que Ira c:c haber, la organizacion de cada uno, sus racultades, el modo de ejercer- las, y las calidades que han de tener sus inflividnOs. Art. 65. Los juicios en materias criminales ser:1n p'1:iblicos, en la formg que determinen las leyes. Art. 66. Ningun magistrado d juez podrá ser depuesto de su destine, temporal ó perpetuo , sino por sentencia ejeculoriada; ni suspenclido sino por auto judicial , ó en virtud de Órdcn del rey , cuando este, con moti vos fundados , le mande juzgar por el tribunal competente. Art. 67. Los jueces son responsables personalmente de toda infracc:op de ley que cometan. Art. 68. La justicia se administra  nombre del rey. TITULO X.I. DE LÁS DIPUTACIONES PROVINCIALES Y DE LOS AYUNTAMIENTOS. Art. 69. En cada provincia habrá una dIputacion provincial , Cú puesta del número de individuos que determine la le:y , nombrados liar los mismos electores que los diputados á Córtes. Art. 70. Para el gobierno interior de los pueblos habrá Pynntam en tos, nombrados por los vecinos, á quienes la ley conceda, este derecl:o. Art. '71. La ley determinará la organizacion y funciones de las dipu taciones provinciales y de los ayuntamientos, TITULO XII DE LAS CONTRIBUCIONES Art. Todos los años pi-iesentar:I. el 1 ,zobierno á las Cortes el pre- supuesto general de los gastos del Estado para el año siguic:nte, y el flan de las contribuciones y medios para llenarlos; corno asimismo las cuentas CONSTITUCION DE 1837.  77 de la recaudacion é inversion de los caudales públicos para su exámen y aprobacion Art. :3. No podrá imponerse ni cobrarse ninguna contribucion ni ar t'itrio, que no esté autorizado por la ley de presupuestos ú otra especial. Art. 7l. Igual autorizacion se necesita para disponer de las propio dados del Estado y para tomar caudales á préstamo sobre el crédito de la nacion. Art. P- 45. La deuda pública está bajo la salvaguardia especial de hl uaclon. TITULO XIII. DE LA FUERZA MILITAR NACIONAL Art. 16. Las Córtes fijarán todos los años, á propuesta del rey, u fuerza militar permanente de mar y tierra. Art. 17, Habrá en cada provincia cuerpos de milicia nacional, cuy:. organizacion y servicio se arreglará por una ley especial; y el rey po- drá, en caso necesario , disponer de esta fuerza dentro de la respecti- va provincia, pero no podrá emplearla fuera de ella sin otorgamiento de las Cúrtes. kRTiCULOS ADICIONALES. Art. 1," Las leyes determinarán la época y el modo en que se ha de establecer el juicio por jurados para toda clase de delitos. Art. 2.° Lks provinciüs de Ultramar serán gobernadas por leyes espe Palacio de las (Irles en Madrid á ocho de junio del año de mil ocho- cientos treinta y siete. Por la lectura del /TUVO código y por las apreciaciones que al ocuparnos de su discusion dejamos consignadas, se verá cuánto t4 y reno habian ganado ya las ideas moderadas en el planteamiento del gobierno representativo. Los mas acérrimos doeeaiiistas, los demagogos de 1823, los filósofos reformistas de 1831, los direc- tores de la insurreccion provincial de 1833 y 1836, unos y otros en su mayor parte viéronse obligados en 1837 á transigir con la monarquía, á fundar su donlinacion en cimientos conservadores. La Constitueion de 183 - 7 era moderada en su esencia y demo- crática en su forma; era el ídolo de la monarquía adornado con 78  CAPÍTULO XLIII. traje popular; era la necesidad luchando con la revolucion ; era la esperiencia sofocando las preocupaciones. La Constitucion de 183'7 proclamaba el triunfo de las ideas conservadoras de Isturiz y Galiano, cuya eaida del poder costó una insurreccion general en la que se derramó la sangre de algu- nas autoridades, se insultó á una señora, y se humilló a una rei- na. Oh aberraciones humanas ! ; Oh demencia de los partidos! y Oh contradicciones eternas y amargas de la revolucion! Antes de dedicarse las Córtes constituyentes al  de la reforma constitucional , y aun en los intervalos de sus discusiones) espidieron algunos decretos de importancia polifica y económica Merecen especial rnencion entre los primeros el que hacia csten- siva á los infantes D. Miguel , D. Sebastian y á la madre de este doña Maria Teresa de lira ;anta la esclusion á los derechos de la corona , el que autorizaba al gobierno para concluir tratados de paz y amistad con los nuevos Estados de la América espafiola y el relativo á la ley de imprenta. Habíase esta desbordado contra el ministerio. Los insailtos InUS groseros , las reticencias mas deshonrosas los cargos mas absur dos venian diariamente á amargar mas y Inas su precaria y angw, tiosa situacion. Acusábasele de inepto de moderado , de traidor á la causa liberal. El ministerio no contaba dentro de la cunti:R cion , entonces vigente con medios bastantes á pedir ni á casti gar aquel desenfreno. Acudió afligido á las Córtes pidiendo c , se tornasen en consi- deracion por las Córtes los escesos de la imprenta. de tan peli- grosa trascendencia en las actuales circunstancias, para proceder desde luego á la formacion de una ley que conciliase h libertad dt 3 la prensa con la seguridad del Estado.» La necesidad de la represion era conocida , exigida por todos. ¿Pero podía basarse la nueva disposicion en los principios de liber- tad absoluta consignados en el Código del año 12 Las ideas po- líticas de la mayoría no eran tampoco otras, y si los desmanes de la prensa hablan de corregirse , era preciso echar mano de las doctrinas moderadas. Las Córtes obraron , aunque por necesidad, ion igual cordura que al redactar las bases de la nueva Consti - CONSTITUCION DE 1837.  79 tucion , y espidieron un decreto poniendo trabas á la libertad de escribir. Entonces se estableció y practicó por primera vez la doctrina de los depósitos y editores responsables. Mas todavía que la prensa , inquietaban los clubs al ministe- rio. Las tentativas socialistas de los de Barcelona, y los amagos de los conspiradores de la corte en igual sentido, obligaron Cambien al gobierno á solicitar el concurso de las Cortes para evitar nue- vas calamidades. A ese objeto, pasóles una comunicacion para que « con arreglo al articulo 308 de la Constitucion , y atendido á lo estraordinario de las circunstancias , decretase el Congreso por el tiempo que lo tuviera á bien , la suspension de las formalidades prescritas en la ley fundamental para el arresto de los delincuentes , autorizando ademas al gobierno para que pudiese hacer salir de Madrid y aun destinar á las islas adyacentes á las personas cuya perma- nencia en la corte ó en la península amenazase á la libertad , á la conservacion del órdcn público y á la seguridad de el Estado.» Todas estas medidas venian una tras otra á justificar la con- ducta represiva de los gabinetes anteriores combatida por los mismos que hoy la tornaban por modelo , pidiendo la suspension de las garantías constitucionales. Alborotóse la minoría con esta exigencia de los ministros encaminada , segun ellos, á perseguir y maltratar á los patriotas ; por tales se tercian y así se llamaba entonces á los mas furiosos anarquistas. Obligado estaba el gobierno , para acallar las lamentaciones de la minoría y defenderse de sus implacables acusaciones de enemigo de las instituciones liberales, á poner de manifiesto la necesidad y la urgencia de aquella medida , levantando el velo con que se pretendia ocultar el volean de las conjuraciones de- ningógicaa, Véase entre otras cosas lo que para su defensa decía elpre- sidente del consejo de ministros: «Por lo denlas, si se quiere saber cuáles son los elementos del desórden , yo los diré; y diremos : que siendo tan reducido el número de los que ponen en movimiento la revolucion , conviene que las Córtes tengan alguna idea de estos elementos y de este 80  CAPÍTULO XLIII. número de personas. Ademas de la multitud de emisarios que por parte del extranjero han venido, no solo en esta época sino en las anteriores, tenemos una especie de c g rigregacion ó secta , que tiene por título una palabra que basta á caracterizarla , y para conocer lo que esta puede arrojar de si : estos se intitulan vengado- res de Alibeau, autor del último atentado contra el 1 . ¿-y 7 de los fraw ceses. La primera noticia de esta secta ó reunion se la debió el gobierno español á la lealtad de uno de los ministros franceses. y es una de las que entre sus planes se preponen la disolucion de las Córtes. Ademas de los vengadores de Alibeau „ existe otra aso- eiaeion francesa , titula:la defensores de los deberes del hombre , cu- yos planes son bien conocidos de todos , puesto que se halla estendida por toda Europa. Tenemos los carbonarios, señores, aquellos que llevan por divisa un puñal, y que tambien son cono- cidos por toda Europa. Se encuentran los isabelinos , cuyas ideas no las ignoramos : tenemos la jóven Italia, la joven España y otras, que sin necesidad de enumerarlas, las Córtes conocerán que son demasiadas , sin contar con la principal de los carlistas. Yo no digo que lodos estos conspiren , que todos se dirijan contra el Estado , pero nadie negará que todas son personas mal iotuncio- nadas, y que pueden muy bien contribuir á trastornar nuestro estado social ; y que se han valido de otros medios para conse- guirlo , es indudable. ¿Y se quiere que el gobierno presente prue- bas de que ha habido conspiraciones?» Por las revelaciones anteriores , que nadie desmintió , podrá iarmarse una idea del estado alarmante de aquella si!nacion y de lo conveniente y necesario que era organizar el pais con sujvcion á los principios moderados y de órden , únicos con quo se podía evitar el cataclismo social que se meditaba. CAPITULO XLIV. El ministerio Calatrava. SUMARIO Nuevos acuerdos de las Constitu y entes. Niega Francia su cooperacion para la terminacion de la guerra.--Fundamento de esta negativa.—Resístense las Córtes á su disolucion.—Uitimos y principales trabajos de las Constituyen-- -tes.—Or moderada.—Los jovellanistu,s.—Calculados obsequiosa Es- partero.—Insurreecion militar de Pozuelo de Aravaca.—Moderacion de los exaltados.—Alarma t indignacion del gobierno y de sus parciales.—Alardes monárquicos de las Constituyentes.—Sospechosa connivencia del general en jefe con los sublevados.—Es herido ea un desafío el general Seoane.—Es acep- tada la renuncia del ministerio.—Verdadera causa de su caida.—Su desacer- tada admimstracion.—Opinion de un escritor moderado respecto al ministe- rio Calatrava y las Constituyentes de 1837.—Amargas quejas y amenazas de las diputaciones provinciales.— Proposicion presentada en ias Córtes contrz la conducta de aquel ministerio.—Vrases inoportunas de Argüelles.—Otras mas incGnvtnientes y peligrosas de algunos diputados.—Mal efecto que pro- ducen hasta en los mismos exaltados.--Graciosa indicacion del diputado So- ler.—Impopularidael del ministerio.—Córnica declaracion del Sr. Lopez.— Coincidencias providenciales. liemos dicho anteriormente que las Córtes se ocuparon tam bien en adaptar medidas administrativas y económicas. A ese nú- mero pertenece principalmente la autorizacion para el cobro de la cnutribucion forzosa de doscientos millones que, por vía de adelanto , se liabia repartido ya entre todas las provincias para cubrir los pstos de la guerra , y el decreto de 2 de febrero man- dando restablecer en toda su fuerza y vigor la ley de señoríos, sancionada en 3 de mayo de 1823 , y asimismo el decreto de las G. : r ies gene r ales y estraordinarias del 6 de agosto de 1811 á que dicha ley se referia. Tambien llamó la atencion de aquellas Córtes , corno de todas TOMO  6 82  CAPITULO XLIV p us antecesoras, la inevitable proiongicion de la guerra civil , pru yectando atajarla con medidas absurdas ; parodia raquítica de 1a, de la convencion francesa , tales como la de en\ iar diputados inspeccionar y organizar la guerra en teclas las  oti iucias ; la ri- dícula, propuesta por Abargues, de remitir I') las provincias suble- vadas gran copia de ejemplares del Froyecto de la num a Consti- tucion , y por último , la de que fuesen separados de sus mandos los jefes que perdieran una accion d(: v.- ,nerra contra fuerza cua- druple de los facciosos. El gobierno , por su parte, contaba como único y principal medio de poner fin á tan desoladora y continuada lucha , con la cooperaeion franca , pronta y en grande escala por parte de las potencias amigas. Inglaterra con buenas palabras uo proporciona ba recursos y sus simpatías eran insuficientes para el objeto, mucho menos si á la vez las prestaba á la faccion como artículo de comercio. Francia era únicamente quien pocha ayudar al gobierno en tan col®sal empresa ; pero desde la caida de 'niers, veía aquel mas que nunca frustrada su esperanza. El nuevo jefe del gabinete frances Mr. Molé , disgustado del poco juicio de los revolucionarios españoles, no quiso alentarlos en sus descabelladas reformas con una intervencien decidida , tal corno se le exigia por el ministro Caiatrava, y anunció su negativl, con el siguiente párrafo del discurso de la corona , al abrirse en 27 de diciembre de 1836 las cámaras ti ancesas: «La Francia guarda la sadgre de sus lujos para vi propui cansa, »y si se ve reducida á la dolorosa neeesulati de llamarlos á (pie la »derramen en su defensa , los franceses )¡o ,narchar(bi al cond'aie »sino bajo su gloriosa enseña.» Esta rotunda declaracion del gabinete frances desalentó á la s dos fracciones del bando . liberal ; á los moderados que anhelaban la intervencion, o como se decía entonces la cooperation estrali- jera , para vencer primero á los carlistas y anular despues á los demagogos; á los exaltados que temian no poder terminar la guerra con los propios recursos , y desee-lan la paz para ír esta- bleciendo sus populares reformas. Varias veces hemos apuntado en esta historia que los escesoz, EL MINISTERIO CALATRA.VA.  8 3 de la misma revolucion eran la rémora principal en el curso de la pacificacion que se deseaba, pues al paso que arrojaban al partido realista á la rebelion armada , imposibilitaban á los gobiernos li- berales para obrar con la energía necesaria , distrayéndolos del objeto principal. Alzí lo reconocia tanibien el gabinete frances cuando esclamaba: ,*que ni la intervencion , ni la cooperacion parecian practicables «á nadie en Francia, desde que el incremento constante que tomaba 4a anarquía y la no interrumpida renovacion de escenas honoro- e sas lo hablan trastornado todo en la peninsula.» La mision de las Córtes constituyentes estaba cumplida. Pro- mulgada la Constitucion , objeto primordial de su convocatoria, lo lógico y constitucional era que se disolviesen. Así lo pensaban los que querian respetar la nueva ley , que eran los menos. Con arreglo á ella las sucesivas disposiciones legislativas debian dis- cutirse y votarse por dos asambleas. Cómo podian , pues, conti- nuar las Córtes constituyentes dando leyes por su sola autoridad? Pudieron hacer esto muy bien no habiendo promulgado el nuevo Código hasta dejar votadas las leyes orgánicas , que su aplicacion exigia. Seguir legislando un dia siquiera despees de publicado aquel, era obrar ilegal y arbitrarias-lente. No arredró, sin embargo , esta consideracion á las Cúrtes , y abusando de su soberanía , que acaso les dolía perder tan pronto, decretaron continuar sus funciones legistativas ordinarias hasta la reunion de las próximas, conforme á la nueva Constitucion. Esto era barrenarla por su base , é infringirla osadamente sin interes de la nacion y sin necesidad. Pero ¿qué importaba una infraccion mas en el largo catálogo de ellas , escrito por el ministerio y por las Córtes? Escudados en la necesidad , en la ley de las circuns- tancias , la mas injusta y despótica siempre de todas las leyes, continuaron legislando á despecho de la Constitucion , de la lega- lidad y de la conveniencia pública. He aquí una ligera reseña de los trabajos principales de aquella‘ Córtes basta su disolucion, En 16 de marzo se decretó que las tincas de propios y con/u- nes , compradas en la época de . 13201 á 1823, se devolviesen á los 84  CAPITULO MAN que las compraron , debiendo estos acreditar con documentos jus- tificativos ante los jefes políticos y diputaciones provinciales legitima adquisicion. En 20 del mismo se declararon en toda su fuerza y vigor sentencias ejceutoriadas y juicios vencidos durante la segund:, época constitucional , desde '7 de marzo de 1 8 '20 hasta :10 de s( siembre de 1823. La supresion definitiva del diezrno cuyo decreto no se espidío hasta el 2i de julio de aquel mismo año de 1837. fue una de 1,1,. medidas mas tralwendentales y de las mas combat:das de las COI tes. La comision nombrada para que informase soLI e la supe esioo de la contribucion de diezmo;-; y primicias, propuso en 1:; de (junio que se declarasen propiedad de la nacion todos los bienes del el ro secular y los de las fábricas que los individuos del clero fue sen dotados por la nacion , y el culto sostenido y conservado FA la misma. Las Córtes despues de un mediano combate en que se reprodujeron en pro y en contra las mismas razones que en las Córtes de Cádiz, y que ya dejamos estraetad as en su 1u12-1,r corrc - powdiente, aprobaron el dictamen y espidieron el referido decre:o Se suprimía el diezmo y la primicia se adjudicaban á /a n: cion , convirtiéndose en bienes nacionales . todas las propiedad del clero secular en cualesquiera clase de predios, derechos y a( clones en que consistiesen , de cualquiera mi gen y nombre TI( fuesen , y con cualquiera aplicacion o destino , con que Imbies• sido donados , comprados 6 adquiridos  se t'elijan adininitui estos bienes por juntas diocesanas ,  sP, hablan d2 crear c este objeto, y su producto total aplicarse al pago del pi esupue de la dotacion del clero , entrando en cuenta do su haber pliéndose el déficit , hasta el completo de la dotacion , por un partimiento que se haría á la nacion con el nombre de contribk,- clon del culto , al cual deberían estar sujetos en pi oporcion d‘' sus haberes todos los contribuyentes á las derwos cargas del D. lado. Estos bienes , declarados propiedades de la nacion, se debi; enajenar por seseas partes en los seis primeros años , contado,: desde el de 180 , aumentando la contribucion del culto en pro- poreion de lo que aumentasen los productos. Los derechos de lo EL MINISTERIO CAL A TR A  83 ?)articipes legos de los diezmos fueron reconocidas tambien del =nodo mas esplícito. 12 ¿le julio espidieron las Córtes un decreto para que queda- S'i3 sin efecto el real de Vi de setiembre de 1836, mandando se =alzasen todas los secuestros ejecutados ea su virtud , devolviéndo se todos los productos depositados: anunciando al mismo tiempo, free una ley determinaria lo correspondiente á los españoles au- entes sin licencia que no se presentasen dentro de tres meses, contados desde la publicacion de aquel decreto , no se sometiesen 3 gobierno , y prestasen el juramento de ser fieles á ',a Constitu- clon v á la reina. Tales les fueron sus principales tareas hasta mediados de agosto, (-1.1 que un suceso inesperado vino á dar nueva vida á la cuestion politica , que se creia resuelta ya con la promulgacion del nuevo código. El desacierto y la arbitrariedad con que gobernaba el minis- ierio desde su subida al poder, habianle creado una oposicion vi- 9,-orosa y atrevida fuera de las Córtes, que minaba ocultamente su pedestal en el mismo palacio , y le hacia al mismo tiempo una guerra cruda y sin tregua en los periódicos moderados. Organi- zado este partido con los absolutistas ilustrados, los partidarios del Estatuto y los muchos liberales que, desengañados, iban abandonando en gran número la senda de la exaltacion hasta allí recorrida, constituía una numerosa parcialidad de grande influen- 1-,ia en el pais por su ilustracion y sus riquezas. Dirigiala contra el ministerio una junta de sus magnates , corta en número, pero res- . etable por la calidad y posicion de sus individuos , quienes ape- llidándose jovellanistas para honrar la memoria del insigne minis- tro de Cirios IV , cuyas moderadas doctrinas servianles de bande y a , formaban el centro de aquella terrible oposicion. Eco de su proyecto de derribar al ministerio , la prensa moderada lanzaba íontri los agobiados ministros los mas duros epigramas, las dia.-- albas mas escandalosas , basta las calumnias mas graves. El general Espartero dueño del ejército por su valor y su fortuna en los combates , fluctuaba entonces entre las opuestas parcialidades del bando liberal. Fácil le fué al partido moderado 86  CAPITULO XLIV. ofuscar sti escaso talento politico, descubriendo á sus ojos el ri- sueño cuadro de un glorioso porvenir, y adulando su ambicion con el título de jefe dcl bando conservador. La corte , á su vez , que no podía olvidar los insultos de la Granja, ni perdonar la preponderancia del elemento popubr en recien promulgado código, protegia los planes de los preilanis- las, obsequiando afanosa al general en jefe , cuando despues de arrojar á la faecion de Zariáterui de las inmediaciones de Madrid se presentó en la capital. Una de sus divisiones acampaba en Pozuelo de ..ravaea. Com poníanla en su mayor parte los batallones de la Guardia real: cuerpos privilegiados del ejército , que por esa causa y por servir en ellos varios títulos y personas de las familias mas distinguidas y aristocráticas de España, miraron con repugnancia des-de un principio la revolucion , y mostraron mas de una vez su adhesion al trono. Desde los sucesos del '7 de julio de 182 ya eran tenidos en todas épocas por sospechosos los cuerpos de la Guardia real , y nunca lograron las simpatías de los liberales, no obstante su va- lor y decision en Navarra defendiendo la legitimidad de Isabel Il Conservaba el bando moderado muy buenas relaciones en la oficialidad de la guardia , y contando con la protecekm de Espar- itero , esplotó hábilmente los sentimientos monárquicos de los ofi- ciales. Pronunciáronse estos en Pozuelo manifestando no pasarian adelante mientras S. M. no cambiase sus ministros y esta rebe- lion militar en sentido moderado puso en gran conflicto al go- bierno y exasperó á sus partidarios. Los moderados, á fuerza de costosas lecciones , hablan aprendido que el poder solo se alcan- zaba conspirando , en tiempos como los que corrian , y metiérons se Cambien á conspiradores. Naturalmente quedaron trocados los papeles. Llarnóse revolucionarios á los jovellanivias, é hicieron so- lemne alarde de su monarquismo los exaltados. Notables y generales fueron las lamentaciones de las Córtes constituyentes sobre la coaccion que los sublevados trataban de ejercer en el ánimo de la reina : sentida la defensa que hacia: los mas ardientes revolucionarios de las prerogativas de la corona. Y los que dos años antes sublevaron las provincias para derribar EL NEINIST:Aii0 CALATIRY k  87 á un ministerio; y los que debieron el poder á la mas brutal de las coacciones como la del verano último en la Granja ; y los que todo lo habian trastornado en la sociedad , leyes, costumbres é intereses, predicaban ahora el órden, defendian calorosos las in- i(iunidades de la corona, Qué mas? Abogaban por la conserva- cion de la disciplina militar unos diputados que tenían junto á sí famoso sublevado de la casa de correos , el Sr. Cardero , que acaso pedia tambien el respeto á la ordenanza el castigo de los rebeldes de Pozuelo. ;Oh ilustre sombra de Canterac ! ;No salgas de tu sepulcro para avergoniarta al escuchar tan hipócritas manifestaciones! ¡Oh sangrientos manes de Saint Just , de Donadlo y de Quesada ! Dor- mid en paz , que ya estais vengados. Vuestros asesinos piden ya desde los clubs , desde !as plazas y desde los cafes que se casti- gue fuertemente á las perturbadores del órden público , á los conspiradores y sublevados. Las Córtes se alarmaron; las sociedades secretas se enfure- cieron; se inquietó la milicia , y tembló el ministerio. Espartero miró con indiferencia aquel suceso , contentándose con mandar arrestar algunos oficiales de la guardia real y formarles causa. Las Córtes enviaron un mensaje á S. M., manifestando que ha- Lían oído con profundo dolor la noticia de la violencia que se ha- bia querido hacer en el uso de sil prerogativa de separar y nom- brar libremente á los ministros , y que considerando esta prero- gativa como una de las principales garantías del órden público, de la libertad y (lel trono de Isabel II', no creerian llenar uno de sus principales deberes por la conservacion de objetos tan sagra dos, si en esta ocasion no asegurasen á. S. M. que estaban decidi: dos á concurrir con toda la autoridad que les daba el carácter de representantes de la Dacio!) española para asegurar el libre ejer- cicio de las prerogatiyas de la corona y de todo el poder real. Seguros estamos de que al leer este mensaje soltaría una es- trepitosa carcajada de compasion y de desprecio el sargento García. Nadie dudaba que la sublevacion de Aravaca estaba protegida, cuando no alentada, por el general en jefe. En sus conversaciones CAPÍTULO XLII particulares, en SUS públicas arengas dejaba traslucir tiempo ha- cia su disgusto con el :'t.ctual ministerio, de que f9rmaba ► 9.rte. no habiendo querido encarglIre (id departamento de la tituirrl! por desden á sus compañeros. El capital] general de Aladt id, Scoane, trató Ilumine en ; ano de reconciliarle con el poder. indignado con h- t sublevacien de los batallones de la guardia, tronó tainbien ccmi ra los rebeldes , y reveló los pasos que acababa de dar cerca de Espartcro para re- traerle primero de su proyecto de enlrar en Madrid y después del de mezclarse en cosas pertenecientes al gobierno. «Espartero decía Scoane entre otras eJ1.-as , no accedió a mis ,indicaciones, y las resultas son esa revolucion de sesenta oficia- les , de sesenta genízaros que dicen abo:p el inihisferio. Y esos, ,cuya mayor parte tienen malas opiniones , y no saben poner una %,tirrna , ¿ dictarán leyes a la nacion?... Yo dije á Espartero que en vez de meterse en si el ministerio estaba bien ó mal visto. tdebia trasladarse á los cantones , tratar de restablecer la obe- )diencia y , si no porfia conseguirlo , tirarse un p:stoletazo. Salto, fue allá: pero no tuvo bastante energía para diezmar sus o5,-- aciales , arrancarles la casaca por la espalda y mandarles á Mi:9 •:;Ydrld con un grillete 11 cuello.» Así abogaba por el órden y la disciplina el que babia ascendi- do á la capitanía general de Madrid por el mofin (le la Granja así motejaba de débil á Espartero el que con su debilidad babia tolerado el asesinato de su antecesor el general Quesada. Retáronle los oficiales dA la guardia, tan dura y groseramente ofendidos por el lenguaje de Seoane , y acudió este á sostener sus palabras como caballero, y con un valor y una serenidad que des- decían de sus años. Un balazo vengó lus ofensas, y puso término á la cuestion personal. Por todas partes se oían quejas contra , los jovellanistas y sus instrumentos los sublevados de Aravaca en diferentes tonos es, cuchábanse fervorosas protestas de lealtad y de amor al órden« Ninguna tan inconveniente como la del diputado Infante , gober- nador militar de Madrid. « Yo fui, dijo , revolucionario en otro tiempo; lo fuí contra gobiernos absolutos; contra el gobierno le- EL MINISTERIO CALATRAVA  89 f r ítimo y de libertad, james.» Elástica distincion que ofendía al sentido comun. Como si el principio de autoridad no fuese igual- mente sagrado en todas épocas; como si los gobiernos monárqui- co-puros no fuesen lkigiti ► rios; como si la desobediencia á las le- ves, la indiscip!ina y la sublevacion no fuesen un delito en todos A pesar del interesado apoyo de sus amigos, el ministerio no odia sostenerse, y presentó su dimision , que le fué aceptada. Pero no fué la rebelion de los oficiales de la guardia real , que nosotros condenamos enérgicamente como todas las sublevaciones militares , por mas santo y mas justo que sea su objeto , la causa principal de su caida. Fué la opiniori pública quien lo arrojó del poder, y de la cual fué un eco débil la insurreccion cle Aravaca. Hasta sus mas agradecidos partidarios conocian el descrédito de aquellos gobernantes , la imposibilidad en que se hallaban de continuar al frente de la nacion. Si mandando dictatorialmente, corno mandaion, sin trabas y sin oposiclon , no mejoraron en nada la desquiciada administracion pública ni adelantaron un paso en la terminaciou de la guerra , ni refrenaron en lo mas mí- nimo los partidos , ni contribuyeron de modo alguno á la organi- zacion y prosperidad del reino , ¿qué podio ya esperarse de aque- los gobernantes con una Constitucion á que kabian de sujetarse. y combatidos ya por fuertes y ordenadas oposiciones, mirados con tibieza por el trono , rudamente acosados por la prensa y ilesdeñado2 por el general en jefe y por consiguiente por el ejér- -ilo? Qué habian hecho en el gobierno los ministros de la Granja, cuyo número se contaba el célebre Mendizabal , al frente por .%unda vez del embrollado departamento de la Hacienda? Alar- 1Iar las conciencias persiguiendo al clero , despojándole de sus bíenes abandonando el culto y tolerando en la prensa y en la !ram p a los mas rudos ataques á las creencias religiosas ' 1 empo- brecer á los pueblos con frecuentes exacciones; destruir el por- venir de nuestra Hacienda con empréstitos y negociaciones one- rosas ; fomentar la guerra con sus desaciertos , hasta el punto de divisarse desde los minaretes de Madrid la division carlista de 90  CAPÍTULO XLIV Zariátegui ; exasperar á los partid ls : ∎ dejar el> pié los elemento.z de la revolucion. no se crea que nuestras :IpriTi'Holie-: L on apasionadas Quien haya leido lo gine hasta agí ► i iles.,onqs reilaciado (L . la //i5 forja pontica y parlaniepPrri q (1? Ey i f J ii(í 1 1 ,11,r 4 ;  ronoct r imparcialidad v la Loncie.ncia  di (p,/ .  ry,rd:indo nos en los hecho: relatado, por otws listorialfork,s cíl públicos (16cume ► to,-;, 1k aqIii N . 11110 5(  itL,igne evito' . señor iltirgos al juzgar aqui2ii:: „dininistraeiun  Nailos pasajes de sus Anales del hinado  Doira kobei «Las inmensas existenciils de mit sas suprimidas se dilapidaban con tl!  (;11  pk•n,;,a na a ,)a , sin ser ( esmenti( a , las per  •11 cuyo b uder p:Iraban las alhajas de las imágenes y los ornameilles de 1w; martillo igualaba al suelo sus cúpulas ;  vandalismo entrenaba agiotistas sus campanas, sin que en aquel hacinamie n to (le tiros despojos cupiese á una pobre parro l nia de aldea la parte mi-tno.-*: codiciable, un terno siquiera con quo realzar lin poco h rompa del culto parroquial. A pesar de la enormidad de tales valores, á pesar de la negociacion constante de bilkte-;, obligaÇiones libranzas que , aunque seguro de no poder  , no tenil, el ministro de Hacienda reparo en emitir 9  punto la ppm) ria de fondos que fué necesario despedir los cuerpos de milieianos, que las necesidades de la guerra halan obligado á movilizar , para cuyo equipo habian hecho los pueblos cuantiosos sacrificios La bancarrota ostensible de 1.° de novieinbre habla auiquilado el crédito estcrior , y la bancarrota disCrazada de I. (k octubre no podía mejorar el interior, interrumpi("lidose con írecuencia el !Gi!,(1 de las mezquinas cantidades con que á cuenta del semestre ven- cido en aquel día , se iban ebtreteniendo Lts esperanzas de, los portadores de los cupones. Así . grifos de desi l speraeion en las ciudades, donde los empleados no podiar vivir sino con el pro- ducto de connivencias ó de prevaricaciones .  donde la juventud se vela condenada á engrosar , indefinidamente v sin interrup- cion , las filas que , indefinidamente y sin interrupeion , diezma- ban las fatigas y la miseria gritos de 'lesesperaciou en las villas EL 'AIINISTERIO CALATRA‘A,  9 1 y lugares , donde , ademas de los hombres , eran arrebatados á cada momento , sin consuelo y sin indemnizacion , los frutos, ganados y aperos : gritos de desesperacion , en lin , en el ejército, donde , promovida la indisciplina por las privaciones , el pillaje 'ra. una necesidad , sin dejar de ser un elemento de disolucion. »Lo mismo que á las Córtes , subordinadas al gobierno repre- sentado por Mendizabal , sucedió al gobierno sumiso á los clubs. Pendiente de las disposiciones apasionadas de los revolucionarios que los dirigian , sus actos todos iban marcados con el sello de su origen , y revelaban á la nacion desquiciada y envilecida la nuli- dad del poder encargado de la proteccion de los intereses socia- les. Mientras hubo algunos recursos con que atenderá una ú otra de las necesidades del servicio público , se acudió al gobierno á reclamarlos , y se acató ó se fingió acatar la autoridad que porfia rehusarlos ó concederlos ; pero cuando en una cuarta parte del reino tremolaba el pendon del carlismo, cuando destruidos por las mismas autoridades cristinas los recursos de unas provincias, devorados los de / otras por libranzas anticipadas y por suminis- tros no reembolsados , de nada podian disponer los gobernantes de Madrid , sus decisiones fueron miradas por donde quiera con des den si no con desprecio, y la accion del poder quedó ineficaz, si no nula.» kv Pero ¿cómo no cundiría por todas partes el desórden, cuando las Córtes, no solo se mostraron insensibles á todas las calamida- des que él provocaba , sino que lanzaban cada dia combustibles nuevos á la hoguera que consumía á un tiempo las instituciones y los intereses. y que devoraba á la par los restos de lo pasado y las P speranzas de lo futuro'? La discusion de la ley de supresion de diezmos promovió, durante muchos Bias , irritantes y escandalo- sos debates, de que ni siquiera se compensó el escándalo por la abolicion real de aquella prestacion. Así , algunos pueblos que, reputando teorías las discusiones tenidas para abolirla . se lison- jearon de verse descargados de ella , representaron contra los agentes á quienes se encargó recaudarla, cuando en el acto mismo de declararla suprimida , s e decretó por un a5o su prorogacion. Vióse entonces que el objeto de este doble proceder no era abo- 91  CAPULLO un-. lir efectivamente el impuesto, sino (1 , -:`umbrar á les labriegos con la perspectiva ulterior de este bk reficil. para despojar desde luego al clero de su influencia , conisei whle sus :ientas; y esta objeto lo consiguieron aunque no se Iwovecha y en de todas (Has lin efecto , una vez deciar:_i(la ~tribu( ion civil la Iiiestaeion de- í  1 , pudieron lo , ,> carlistas , que hasta entonces 1,1 apoderarse de sus productos (,n las provncia , ; que, - 4 ,a ocupaban antes, ó que sucesivamenteinvadieron. El ya entonces reputado publicista Dono(.0 Cortés caliteab- aquella situacion diciendo: «i:on la , j(il'a d',; , la Constifticion dieron fin las Cortes a su iieveliicíoit política 4 pero pro bardo el firovt-cto de ley sobre diezmos y kikcuti. , :ado  ar•e(..;lo del eleio, dan principio á b revolucion social. » ¿Pero á qué cansan-los en buscar testimonios (le auto rizado escritores que acaso podrán parecer sospechosos á cief to partido, cuando en los periódicos y diarios de sesiones de aquella época encontramos pruebas terminantes del desorden de aquella admi- nistracion y de la ineptitud de aquellos ministros? En las esposiciones de varias diputaclones provinciales se ba estas amargas verdades, estas sentidas quejas. La de Teruel, después de clamar contra el abandono en (11.1C estaban las tropas de su provincia , y do asegurar que eVa tensa anticipadas en suministros las contribuciones de ocho años,* añada (9 de marzo) : Si estos patrióticos avisos no son aten , )dos, no permita el cielo que un desengaño fatal nos haga eon3- »cer lo que vallan , porque' les pueblos, en medio de su / ah io- )tismo, de su constancia y de sus deseos, colón al borde de i de- gsesperaeion, y de esta al furor no hay 'mas que un paso.» Toda la nulidad de aquel gobierno estaba refundida en la ce- lebre frase de uno de sus perio(licos que, tratando de ensalzar á sus patronos á los ojos del pueblo, enemigo siempre de toca su- jecion, proclamaba como axioma polí'jco que aquel gobierno era mejor, que menos gobernaba. ¿Quieren saber nuestros lectores el estado de la situacicu du- rante el ministerio Calatrava? Pues en el Dial io de sesiones del 31 de marzo podrán ver una proposiewn firmada por cincuenta di-  EL 11INISTEBIO CALATRAVA.  93 pinados , «para que los secretarios del despacho se presentasen » dar cuenta del estado de la nacion , y á responder á las recon eveneiones que se les hiciesen ;e y fundándola decian: «los nego- »cios públicos se han complicado mas y mas cada dia... Desobe-- »diencias reiteradas de autorkkales y jefes militares ; el vuelo »que han tomado los partidos enemigos (le la Coristitucion , y la »inolservancia de las leyes... hacen concebir sospechas fundadas »de la falta d¿ energía en los mandatarios del poder. La guerra »fratricida se ha visto estacionada mucho tiempo... se han multi * plisado y estentlido las facciones de Valencia, Cataluña y la »Mancha... han llegado, en fin, á un punto eStre1110 los apuros= »del Erario ; el atraso de los pagos, el descontento de todas las »clases, y el consiguiente desconcierto de todos los ramos de la • administracion pública.» ¿Se desea saber el sistema de gobierno que practicaban Men dizabal y sus eoli gas ? Oigamos nada menos que al constante y mas autorizado defensor de aquellos ministros, Argiielles, cuando haciendo la apología del de Hacienda , decia sin ruborizarse: « El gobierno reconoce , por ejemplo, que en el día tiene eicn obligaciones que cumplir y que solo puede satisfacer veinte. »¿Oué es , pues , lo que ha de hacer? Trampear... salir del mo - anlenio; e y añadió : e esto lo digo como exordio y para justificar  dos tfrsatino:3 y dio{ rrates que conozco voy á  Y cumplió *su palabra pues en efecto dijo muchos, hasta obligar al presis » dente á llamarle al órden...» Ojeemos ahora las discusiones de aquellas Cártes, y á cada paso encontraremos el revolucim p ario origen de aquel trastorno en la prñctica del gobierno , aquella perturbacion en el órden rai y político de las ideas. Ya hemos indicado que los debates sobre la supresion del diez mo y ci nrregio del clero, alarmaron las conciencias de los M117, depreocupados ,escandalizaron á los mas incrédulos. V « La Espail (dijo Venegas en la citada sesion del (2í de julio » era un edilicio viejo 9 se ha cuido , y es necesario acabarlo de ' » derribar, para formar sobre sus ruinas otro mas hermoso. Solo ent4nces tendré la sati:faceion de renunciar al principio disolvente„ 94  CAPÍTULO XLn »para dejar á las Cortes venideras el principio conservador. Aho »ra es preciso arruinar. » Gonzalez Alonso , á pesar de su buen juicio y no escasa ins- truccion , en la del 3 de agosto csclainaba ¿' La comision no retrocederá de sus ideas, aunque la patria se »hundiese , aunque reacciones escandalosas viniesen sobre ella.» En la del , García Blanco , clérigo tambien como Venegas, tra- tándose de la supresion de las fiestas , dijo : « El pueblo fio quiere »yamas fiestas ; la Iglesia le ha dicho que ayune y vaya á misa, »y ni ha ayunado ni ha ido á misa. Nosotros . suprimiendo las »fiestas, no hacemos sino sancionar lo que el pueblo ha hecho, como »sucedió con el diezmo y los frailes. En la del 5 , Vendíais se pronunció abiertamente por el cisma , y mas allá del cisma hala ido Sancho en la del 29 de julio. Trataba él de demostrar los in convenientes de un artículo , por el cual se encomendaba al go- bierno, bajo su responsabilidad , que las iglesias se proveyesen de pastores propios en un breve término , lo que equivalia á exi- gir que los obispos electos prescindiesen de la confirmacion del Papa , y se hiciesen confirmar por otros obispos. Sancho , comba tiendo esta idea , que la renuncia presumida de todos los ano ignos prelados á consagrar á los que no tuviesen bula de Roma baria inejecutable , afiadió « Si todos fueran como yo , no se necesita- iba esta ley ; el que quisiera religion . que la payase ; el que quisie- ra misa , que la pagase ; pero no todos son como yo. » Hasta los diputados mas exaltados se escandalizaron de aquellos eSCCSQS , y despues de asistir muchos de ellos á las deliberaciones se retiraban al momento de votar. El Sr. Olózaga salidse sin votar en 'una de aquellas discusiones "no creyendo poder decir en erm ciencia si o no.» Natural era que la opinion pública exigiese la calda de unos ministros que dejaban marchar á ciegas las ideas las cosas sin imprimirles la mas pequeña direccion. Natural era que la reina no vacilase un momento en admitir la dimision á unos hombres. que nada hablan hecho , que nada podian hacer en favor del Or- den , de la administracion y de la prosperidad del pais; á unos ministros , y especialmente Mendizabal , que no labia cumplido EL MINISTERIO CALATRÁVA ninguna de sus ofertas y que se hallaba tan desprestigiado que, contestándole el diputado Soler en la sesion del 7 de agosto, cuan- do todavía hacia promesas y hablaba de reformas, dijo así: «La primera que yo baria seria quitar al señor Mendizabal del «ministerio de Hacienda. » Siendo acogida con generales carcajadas tan franca como punzante indicacion. Nada prueba tanto la impopularidad é impotencia del ministe- rio nacido de una rebelion militar y muerto á manos de otra in- surreccion, que la separacion de su seno del ministro de la Gober- nacion Lopez. Mas sagaz el famoso tribuno , prefirió adquirir el perdido prestigio entre las masas , que disfrutar algunos meses mas de la cartera, y arrojándola con cómica abnegacion en una sesion solemne, ocupó los bancos de la minoría y lanzó desde en- tonces á sus amigos del dia anterior rayos destructores que ace- leraron su muerte. El preferia pl p m carácter y por cálculo su aureola tribunicia al bordado unilbrme de consejero de la Corona , y ya el 14 de mar- zo labia manifestado su intencion de separarse de sus compañeros y abandonar la defensa oficial de las regias prerogativas , dicien- do que :—«el hombre que debió su apariciun en la escena política á los pi ir cros mo-irnientos del espíritu novador en el año de 183i; el que ha debido la silla ministerial al gran movimiento ,›de agosto último , Do porfia venir aquí á ponerse en contradie- ucion consigo  ,  abjurar sus opiniones , y á sacrificar al Paso y miserable brillo del ministerio las ideas de patriota y 'tos »sentimientos del diputadov y en seguida:  el principio de la psoberanía nacional es el gran eje , el resorte de la máquina en e1 gobierno representativo.» El ministerio, pues, cayó por su propio peso, expiando con su e:,ida la revolueion sus crímenes y sus faltas. Los oficiales de Pozuelo do A ravaea , derribando con su faITIO- sa manilestacion á los ministros revolucionários, celebraban el aniversario (le la insurreceion de los urbanos de Madrid en el mismo dia , y dos anos antes , contra el ministerio Toreno. Los oficiales (le la Guardia real , echando abajo á los ídolos de la re- v olueion, vengaban el motin de. la Granja que un año antes, y 96  CAPÍTULO XLIV. en el mismo dia tambien, arrojaba del poder á Isturiz, repre- sentante de las doctrinas moderadas. Parcelan providenciales coincidencias las que en el curso de la política se observaban. ¿ No lo eran , y muy notables, ademas dh las referidas . la de, que el asesinato del general Escalera en Miranda coincidiese con el aniversario del de Quesada en Madrid y la ocupacion de Granja por Zariátegui , con el de la rebelion del sargento García en la misma residencia real ? No es estraño , pues, que los menos supersticiosos viesen en tan aterradoras coincidencias secretos y misteriosos avisos de Providencia, indicando á todos la necesidad de defender el Or- den público , como la base principal de tenlo gobierno. CAPITULO XLV. Ultimo ministerio progresista4 SUMARIO. Carácter del nuevo gobierno.—Ventajosa posicion de Espartero.—Division en la corte de D. •Carlos.---Famosa esped ; _cion del Pretendiente..--Unense los partidos para defender la capital.—Desengaño de los expedicionarios.---Des- prestigio del ministerio.—La opinion pública se declara contraria al partido I irogresista.—Esfuerzos para conservar el poder.—Desmanes electorales.— Epoca de terror enla provincia de Málaga.—Impunidad por parte del gobierno.—Declaran las Córtes la guerra al ministro Pita Pizarro.—Oblí- anle á. salir del ministerio.--Ultimos trabajos de las Gines constituyentes. —Son atacadas por la prensa reaccionaria.—Nuevas medidas de represion contra los periódicoz.—Situacion de España descrita por Lopez.—Frases re- volucionarias del Eco del Coinercio.—Terrible y enérgico discurso de Don Pascual Madoz.—Juicio crítico de las Córtes constituyentes de 1837. El ministerio que sucedió al de Calatrava no era el mas á pro- pósito para sacar á salvo la situacion. Espartero , que ya era en el anterior minist, o de la guerra , fué elevado en el nuevo á pre- sidente del Consejo. Esta no era mas que la sumision del partido progresista al poder militar, pues nadie ignoraba que el general en jefe labia tenido gran parte en el pronunciamiento reaccio_ nario de Pozuelo. La ausencia de Espartero esplicaba bien clara- mente que aquel nombramiento no satisfacía sus deseos , que no eran otros que un cambio de política en sentido conservador. Eran sus compañeros de gabinete D. Pedro Chacon , que desern- pef - labA en Inisencia suya el departamento de la Guerra , D. Eu- sebio Bardají, I). Pio Pita Pizarro, D. José Manuel \Will°, D. Ra- mori Salvato y D. Evaristo San Miguel. Aquel ministerio, sin jefe que le imprimiese un pensamiento, de elementos tan heterogéneos y aun contrarios, como Pita que re- presentaba ya descubiertamente el principio conservador, y San 'to'no 98  CAPÍTULO XLV. Miguel que proclamaba como áncora de salvacion el sistema in- transigente de 1823; no rodia ser mas que un gabinete de tran- sicion , un puente para otras personas, para otras ideas. Cómo consolidar un gobierno fuerte , conciliador y templado corno la opinion pública lo cxigia , corno la ma y oría de la nacion demandaba , cuando en la primera sesion en que se presentaba el ministerio , San :Miguel ofrecia continuar la desordenada marcha política de sus antecesores? lié aquí cómo espresaba el programa del gobierno en la sesion del 19 de agosto. o S. M. no ha echado mano de hombres de principios cquívo-- » COS; si no tienen la confianza del Congreso v S. M. busear:i otros, El ministerio será, no retrógrado , sino de progreso, cual conviene * al siglo de las luces. Su bandera será la Constitucion de 18:117, • y su divisa lu rcvolucioa de Gyosto (1a de la Granja). En el ministerio donde esté San Miguel , nadie marchará aíras ; siem- » pre se marchará adelante ; mi adhesion y l'aleto al Congreso le será hoy corno ha sido siempre. La ley que asegura su per • nencia , será para mí un objeto de vencracion. » Estas inoportunas y peligrosas declaraciones desagradaron á los que esperaban , que eran mulles , un remedio pronto y seguro á tantos males. Espartcro renunció por de pronto la presidencia , y poco despues el ministerio de la Guerra, divor- ciándose totalmente del partido progresista. Su irresorucion en aquella época fue la causa de que el mal continuase. Pudo y debió sacar mas partido en beneficio del pais del miedo que su oposicion inspiró al bando progresista , cuando el suceso de Aravaca. En su mano estuvo apoderarse de aquella situacion. que él habla minado , y dotar al pais de un gobierno fuerte y estable , de un gobierno nacional, fundándolo sobre las ruinas de una fraccion delirante y desorganizadora. El pudo muy bien , á la sombra de su espada , T a que la ha- bia desenvainado en el campo de la política , cosa que no aproba- mos, pues ya hemos manifestado en otra parte nuestras opiniones respecto á la mision del ejército, pudo muy bien, repetimos, reunir á los hombres mas sensatos de todas las parcialidades libe- rales, y constituir un partido nuevo, prudente y poderoso que hu- ÚLTIMO MINISTERIO PrtoGriEsisTA.  99 biese dado estabilidad y crédito al gobierno representativo , enal- teciendo al trono, hasta el punto que debla estarlo, y teniendo á raya para siempre á la revolucion. Acaso esa indecision del gene- ral en jefe debilitó los deseos de Cristina de romper la coyunda que arrastraba, un año hacia, y contuvo al bando moderado en sus esfuerzos para apoderarse entonces del poder. Mientras la política sufria tan continuas trasformaciones, y los partidos iban luchando tan ilegal y desordenadamente, preparábase en la guerra una crisis de la que dependía tal vez su conclusion. Ya indicamos que el triunfo de Bilbao cambió notablemente la posicion (1; ambos ejércitos. Aunque el que obraba á las órdenes de Espartero se hallaba desatendido, efecto de los embarazos que la revolucion política presentaba al gobierno á cada instante , se- guia conservando sus posiciones en Navarra , y su general, si bien no alcanzaba triunfos decisivos, no dejaba de adelantar terreno, cstrvchando á las huestes carlistas y conservando el órden y la disciplina en las tropas que , en aquella época en que la revolucion todo lo invadia , era prestar un gran servicio. La corte de Don Carlos, desde la derrota de Bilbao, hallábase dividida sobre los futuros planes de la guerra, El espíritu de partido habla introducido tambien en ella la discordia y la confusion. Dos bandos , el intransigente y el mo- derado, el apostólico y el militar, se disputaban en el real de don Carlos la direccion de la campaña. Contra el plan de los mas au- torizados generales que consistía en dar una batalla decisiva en las provincias , y como resultado pasar el Ebro y sorprender la capital , adoptóse el de las espediciones al interior del reino, no obstante haber regresado medio dispersas y derrotadas las divi- siones de Gomez , D. Basilio y otros cabecillas que salieron de Navarra con el mismo objeto de levantar en masa á favor del Pre- tendiente el antiguo principado catalan y las provincias del Me- diodia. Crcian los cortesanos de D. Carlos que supresencia en el in- terior de España bastaria para derribar algobierno de Madrid, que le abrirla sin vacilar sus puertas. Grandemente se equivoca- ron sus ()Ducados consejeros. Verdad es que la parte sana del pais 100  CAPÍTULO XLV. estaba hastiada ya de revoluciona ; pero tambien era muy cierto que la bandera enarbolada por D. Carlos era e! símbolo de una reaccion sangrienta , de otra revolucion hacia aíras. El pais en general no quería ya nuevos sacudimientos en la política españo- la , como otro eslabon de la larga y pesada cadena de desdichas que desde el principio del siglo iba arrastrando.  - La espedicion , pues, de D. Carlos como plan de campaña era sumamente desacertada é infructuosa por el estado ch postracion en que la nacion se hallaba, y porque 10- : batallones vascongados no podian pelear con tanta ventaja Perno en el Norte en un vais desconocido y dominado por el gobierno de Isabel, Corno medida política , como golpe de diplomacia faltábale la oportunidad: era ya tallo el aventurado paso dci Pretendiente. Un año antes era mas probable que aquel paseo militar hubiese terminado en el real palacio de Madrid. Si cuando el trono fué pi- soteado en la Granja, si cuando la revolucion rompió osadamente los lazos de mutuo apoyo entre el gobierno supremo y las pro- vincias, si cuando en agosto de 1836 la anarquía se señoreaba triunfante de todo el reino, se hubiese presentado D. Carlos en Castilla proclamando el arden, la unioll de los españoles y la co-- tinuacion del gobierno de su hernian° , tae corno le dejó á su muerte ; aun mas; si entonces , como se lo aconsejaron eje-lbs potencias , hubiera ofrecido una decorosa transaccion por medio de un enlace futuro entre la reina niña y uno de sus hijos, y corno base de ella la conservacion del Estatuto otra carta mas ó menos liberal, mas ó menos democrática , no cabe duda que en el estado del pais en agosto de 1836 muchos espaiioles se hubieran unido á su bandera, huyendo de la anarquía y temiendo ser aplas- tados por el carro sangriento de la revolucion. Pronto conoció el Pretendiente el engaño de sus consejeros. El país que cruzaba al frente de sus tropas miraba su paso con indiferencia ; el ejército espedicionario solo se engrosaba con las facciones que rccorrian el invadido territorio. Quedábale aun una esperanza. La de que sus partidarios en Madrid saliesen á entregarle las llaves de la coronada villa así que se aproximase á sus débiles muros. 1 ÚLTIMO NIIMMIU0 'PROG SISTA  0 1. A ella se dirigió el Pretendiente entre victorias y descalabros, enviando de vanguardia al intrépido Cabrera , cuya capa blanca. lle g ó ó divisarse desde los tejados de Madrid. lleg enemigos de D. Carlos, olvidando sus odios y rencillas. se unieron para la defensa. El peligro era Cornun é iguales ante él las diversas parcialidades del bando liberal. Las Córtes se re- unieron en sesion • permanente para apoyar al gobierno , pidiendo los diputados armas y municiones para 1.efender el edificio don- de se congregaban. Hasta el anciano Argüelles pedía un fusil., y reclamaba un puesto de peliro. Moderados y progresistas com- prendiendo .que el combatir y el vencer igualmente les interesaba. e unieron para el combate, y vencieron juntos. La numerosa milicia nacional mezclada con la guarnicion, se aprestó á la defensa de la capital , y las dos reinas visitaron en carruaje abierto todos los puestos militares , inspirando la con- fianza y el entusiasmo por do quiera. A la y is!a de tan imponente actitud bis partidarios de D. Car- los permanecieron pacíficos , y las puertas de la corte no se abrieron. La simultánea llegada de los generales Espartero, Oráa y Lorenzo al frente de gruesas . columnas disiparon las ilusiones de D. Carlos. Al cabo de poco tiempo regresaba á las abandona- das Provincias Vascongadas desengañado y abatido , y muertas para siempre sus mas halag r üeas esperanzas que impulsádole ha- blan á tan malograda y famosa. espedicion. Ya estaba visto que la guerra formal no rodia salir de los montes de Navarra , y que era imposible adelantar un paso , si uiendo el órden natural de los sucesos. El desgraciado fin de la espedicion de 1.837 fué el seguro anuncio de la próxima ruina de la causa carlista. Las intrigas, la intolerancia , el desacierto de los fanáticos consejeros de D. Carlos la precipitaron y hundieron. como veremos mas adelante. .El triunfo de los liberales de Madrid no dió mas crédito ni mas vida al nuevo gobierno. No puede negarse que en los dial de conflicto, cuando la aproximacion del Pretendiente , dió pruebas de celo y actividad en la defensa de los sagrados intereses á su lealtad encomendados ; pero pasado el peligro apareció de nuevo 102  CAPÍTULO XI V. la política con su inquietud y sus ambiciones , haciendo sonar la hora de muerte para el nueo ministerio , que nació á la vida pú- blica sin ningun elemento de vitalidad, sin saberse por qué ni para qué; sufrido y no tolerado , como breve t regua en:re los dos opuestos y encarnizados partidos que desde 1834 se disputaban el poder. Sin apoyo en las Córtes , que aun lloraban la calda de Cala- ,trava y sus compañeros; sin prestigio en palacio , donde solo se pensaba en el triunfo de los moderados , los nuevos ministros hallábanse imposibilitados para gobernar, y dejaban á la política que marchase á la ventura, abandonando las elecciones á la intri- ga y á la violencia , sin que el gobierno tomara la menor iniciati- va en ellas ; sin que sus delegados en lo general hicieran el menor esfuerzo para dejar libre á los electores la práctica de su precioso derecho, fácil era que las turbas introdujesen la anarquía en los actos electorales. Jamas se han cometido mas desmanes, nunca se han falseado las elecciones como en aquella época. Desde la caida de Calatrava hablase operado en el pais una re- accion general en favor de las doctrinas moderadas. La division, la impotencia , el descrédito habian minado y hundido al bando progresista. Cerradas ya para él las puertas del regio alcázar, censurado por el general en jefe , mal visto por el ejército , ana- tematizado por la mayoría de la naeion , que no habla logra& durante su mando ni una hora de tranquilidad , ni una mejora positiva, ni siquiera una esperanza fundada de prosperidad futu ra , escapábasele el poder de entre las manos, y solo podia ya re- conquistarle en el campo electoral. Pusiéronse en movimiento para el logro de aquel triunfo todos los elementos anárquicos que se encerraban en los clubs , en la milicia y en las corporaciones populares. La ley era nueva , y por consiguiente desconocida su práctica. Era fácil torcerla ó ahogar- la, mucho mas cuando las elecciones por provincias daban márgen . al fraude , a la confusion y á la violencia. Pusose el terror á la órden del dia en los colegios electorales ; proclamóse otra vez la anarquía por todas partes, y volvió á presenciar de nuevo la na- ÚLTIMO MINISTERIO PROGRESISTA.  103 cion las escandalosas escenas de otras épocas, en que las desenfre- nadas turbas impriman su voluntad y ejercian su acostumbrada tiranía. Mejor que nosotros esplicarán el lastimoso estado del pais en aquellos dial y los inauditos desmanes de la demagogia las pro- clamas y manifestaciones de las autoridades. Málaga dió el tono como siempre á la nueva era de los motines y las violencias. Así reseñaba los desafueros electorales el jefe político Lancha , pro- gresista templado , en una especie de representacion que en 26 de octubre dirigió al capitan general de Granada, Palarea 1El puñal y las pistolas son las influencias que usa cierta » fraccion política para inclinar á su favor las elecciones. Las gen- » tes honradas emigran...... el comandante general Bausá perte- nece á la fraccion dominante , la protege , la impulsa „ la diri- ge, y en seguida designó por sus nombres á los principales satélites de aquel jefe , amar eándolos de asesinos, (le ladrones contrabandistas. En papel del mismo dia ratificó y apoyó las aser- cienes de Lancha el comandante Cárdenas , añadiendo : o Ya chas » antes habla empezado á ostentarse en calles y plazas el poder • ominoso de los clubs desorganizadores....... no habia medio de 2 terror que los nuevos tiranos no empleasen para coartar la tiber- » tad en el acto mas sagrado de la ciudadanía. Las elecciones se » están consumando al brillo de los puñales; una turba de sicarios • tiene tiranizada la poblacion. » Concluía pidiendo remedio y lla- mando la aten•ion  capitan general con estas palabras: «No es • esta una cuestion (te individualidad , sino una alta é importante • cuestion de política , que puede llegar á ser hasta cuestion so- cial, basta cuestion de sida ó muei te para la patria. » Hablando el liolelin Oficial de los atropellos causados en los pueblos de la Hoya por los revolucionarios de Málaga , dirigidos por su comandante general Bausá, decid en uno de sus números de primeros de noviembre : « Toda la provincia es testigo de la horrible suerte que ha ca- » bido á aquellos desdichados pueblos  Allí las violencias , las » arbitrariedades , los desórdenes ó ilegalidades de toda especie » han sido la regla general y el tipo de conducta de la adminis- 101  CAPÍTULO XLV tracion militar. Allí se han asesinado ciudadanos indelsos de una • manera atroz y bárbara , que no fueran capaces de ejecutar » discurrir los mismos caribes... Se han impuesto y exigido contrihu- » ciones enormes á pueblos que carecen hace trece años de cosecha, » y que no pueden cubrir los impuestos ordinarios. En fin . allí ha t , estado entronizado el terror y copiada con todos sus asquerosos detalles una de aquellas escenas de tiranía que la historia ha • consignado para baldon de algunos procónsules romanos. n Y así se quería acreditar el gobierno repreeniativo v así se trataba de organizar el pais q y así se pensaba poner término S la g uerra civil.... x;) Restablecido el imperio de lbs tev poi las Grienkis del general Palarea , pudieron los partidos legales alzar su YO? contra los pasados desmanes, y el comercio la milicia y los mak notables habitantes de la ciudad, pudieron ya articular sus que gas , que el terror les obligara á sofocar hasta entonces. Al dar las gracias % la autoridad militar por haberles salvarlo de tantos desastres se espresaban así en una sentí la esposicion: Esta provincia se hallaba angustiadA de muerte; su posicion • era la mas dificil , su estado el de la afficcion y el de la agonía... » Dos son las causas originarias de esta situacion la impunidad ▪ el desprecio dé todas las leyes. Dos años van pasados, durante los cua. • les hemos visto violar el respetable asilo de las cárceles , y una • gente desenfrenada arrancar de ellas é inmolar desapiadada- mente á los que estaban bajo la salvaguardia de la ley  Du- • rante esta época de terror , se han asesinado tambien las • autoridades de la provincia.... Los verdaderos derechos del pues • blo tambien se han visto atacados ; esos derechos, por los que con tanto ardor se lucha, y de que es igual que impida el ejereiei ► • lea voluntad de un déspota ó el desapiero de la. anarquia... Y ¿, dón » de están los castigos á tan evidentes crímenes? Señálese siquie- ra uno.... La milicia cuenta en sus filas hombres que nunca de- » bieron ingresar en ella.... En distintas ocasiones se eliminaron: • otra vez han ingresado , y la espulsion la consideran como un • galardon... Las corporaciones de nombramiento popular no han sido el resultado de los sufragios libres de los pueblos , sino la 1 7 :11D10 MINISTERIO PlIOGRESISTA  X 105 » espresion de esa gente que se lanza á los desórdenes , y el eco • de su voluntad que repetían hombres asustadizos  Elementos ffl de discordia se mezclaron en dichas corporaciones , y ahogaron las voces de los amantes de la legalidad..... Faltaban mas males á este desgraciado pais , y las principales autoridades de nom- • brainiento Real no solo ofrecen fácil acceso 9 sino que atraen á sí la escoria del pueblo..... Se poseia y se vivía mientras tales gentes • permitian que se viviera y se poseyera...... Una convulsion era » precursora de otra. » Ei comercio y la milicia de Málaga , tra- zando este cuadro espantoso de su situacion, formaban, sin pen arlo. el de la situacion de la España toda, y lanzaban sobre la .Jdministracion del bando progresista el mas cruel anatema. Cuál seria entonces su descrédito , cuál y cuán general en el pais el ileco de órden y de gobierno, cuánta la prepoderancia del bando moderado, que á pesar de hallarse su contrario en el poder, y á pesar de aquel sistema de terror , y á pesar tambien de lo desfa- vorable que le era la nueva ley , triunfó completamente en las elecciones, dando el golpe de gracia á la reVolucion. Las (Irles seguian desempeñando su poder omnímodo, pues ya hemos visto que el gobierno compuesto de elementos con- trarios, y por no disgustar á ningun partido , no gobernaba. Las constituyentes pensaron aunque tarde recuperar en el gobierno la influencia que iban perdiendo en las elecciones, y decretaron la muerte del gabinete para sustituirle con otro mas decidido , mas tmmpacto, mas progresista que reorganizase el partido y se atrajese de nuevo á la opinion pública. El único ministro , cuya resistencia tercian y á quien mira- ban con enojo por su conversion á las doctrinas moderadas, era el de Hacienda, Pita Piza • ro, quien , privando en la corte, y en re- laciones Con los jorellanistas, hablase librado del naufragio en que se anegó el ministerio Calatrava al que pertenecia como ministro de la Gobernacion. Conservósele en la formacion del nuevo como cimiento del gobierno moderado, que se queda establecer, y al tratar de der- ribarle las constituyentes , pretendian evitar el establecimiento de aquel gobierno. 106  CAPÍTULO XLV . Bien pronto encontraron un medio parlamenta! io pala lanzar sobre él su furibundo anatema. Para hacer frente á las mas apre- miantes necesidades públicas , como la de organizar la defensa de Madrid , alentar con algunos pagos atrasados á las tropas de Oráa y Espartero , y para otros gastos del momento, habla negociado Pita anticipos con varios capitalistas, hipotecando entre otras co- sas los productos de la contribucion estraordinaria de guerra y de los impuestos ordinarios. De esos mismos productos que apenas ascendian á cuarenta millones mensuales , habia ya dispuesto su antecesor Mendizabal, librando por valor de 187 , cuyas libranzas no podian pagarse sin desatender los servicios mas urgentes sin proclamar la bancarrota. Pita, por una real órden de 2 de setiembre, mandó suspender el pago de las libranzas de Mendizabal, y , aunque á los pocos dias fué revocada aquella disposicion , fué general el clamoreo de las Cártes , y se aprobó por 58 votos contra 55 una proposi- don para que el Congreso declarase que Pita no tenia bu con- fianza. A calorosos y personales debates dió margen aquella disposi- don del.ministro de Hacienda. En ella veían una imperdonable infraccion constitucional , un criminal ataque al crédito público, aquellas mismas Córtes que por espacio de un año habian perma- necido mudas y ciegas ante la administracion inconstitucional y arbitraria del ministerio anterior, que , como hemos dicho y pro. bada en otra parte , puso la Constitucion , las leyes , el crédito na- cional , la conveniencia y la justicia á los pies de una dictadura. Las Córtes, mostrándose ahora guardadoras escrupulosas de la ley , consideraron inconstitucional , injusta y atentatoria á la pro- piedad y á la buena fe pública la real órden de Pita , obligándole á salir del ministerio. Por mas esfuerzos que algunos de sus compañeros hacian para conservarse en el poder , halagando á la irritada mayoría , arras-- tróles en su calda el ministro de Hacienda menos al anciano Bar- daji , que conservó la presidencia de otro ministerio tan insignifi- cante y pasajero como el caldo. El partido moderado no creía llegada la ocasion de apode- 'ÚLTIMO MINISTERIO PROGRESISTA.  107 rarse francamente de las riendas del Estado , y llenaba el abismo de la política con ministros nulos é inofensivos pie le sirviesen al fin de puente para llegar al poder. Las Córtes seguian la misma marcha de impotencia y consun- clonque el ministerio. Agobiadas por las tremendas acusaciones de la opinion pública , mas desacreditadas cada dia por sus luchas personales , apenas adoptaban medidas de alguna importancia. Amenazadas de próxima muerte como el partido que representa- ban, iban arrastrando una existencia trabajosa y raquítica , has- tiadas ellas mismas de su obra. Ocuparon sus ultimas sesiones en halagar todavía los princip i os e intereses revolucionarios, mandando entre otras cosas restable- cer el decreto de 25 de setiembre de 1820 sobre las recompensas designadas á los patriotas que hablan perecido en los patíbulos, en acciones de guerra , en prisiones y destierros por su adhesion ) en defensa de la libertad , como igualmente á sus familias. En decretar que se pusiesen á disposicion del gobierno, con el • único y esclusivo objeto de atender á los gastos de la guerra, las alhajas de oro y plata , joyas y pedrería que como pertenecientes á las catedrales , colegialas 9 parroquias, santuarios, conventos. hermandades , cofradías , obras bias y demas establecimientos cclesiisticos se habian inventariado y depositado á tenor de lo prevenido en octubre de 1836. En seguir discutiendo con virulencia el arreglo del culto y clero y proclamando en aquellas discusiones doctrinas cuando menos tan escandalosas coma la de llamar obispo de Roma al Papa, y asegurar qua el suprimir diez y ocho sillas episcopales y ciento veinte colegiatas era arrancar la maleza. El mismo cl¿rigo Venegas , que tanto se distinguió en aquellas Córtes por sus instintos cismáticos escitando á la proscripcion del clero, decía el 6 de setiembre : « Es necesario limpiar la era, separar de sus destinos á los clérigos desafectos, aunque no sea mas que por sospechas, en lo que no se hace injusticia alguna. En las revoluciones es menester caminar de estremo á estrena°  y que las Córtes tomen todas las medidas extra-legales, si no quie- ren ser degolladas:» 108  CAPÍTULO XLV Finalmente; las Constituyentes de 1{53"/ en el estertor de su agonía mandaron inscribir en su salon con letras de oro los nom- bres de Riego , Empecinado Miyar Mariana Pineda y Torrijos. Ultimo suspiro de la revolw'ion que s_se moría ; postrer recuerdo de un partido que se suicidaba. Como nuestro norte a: escribir es[a til ,q. ornit ha sido desde stt ,primera página la imparcialidad y la justicia. debernos hacer rnen ;ion honorilica , entre los últimos trabajos de aquellas Córtes , de la ley de reemplazos , la m(jor sin duda de cuantas hablan regido hasta entonces , y cuya esencia y bucncs principios han servido de base principal á las posteriormente redactadas. Plausible Pilé y altamente patriótica la fundaci¿m decretada por las Córtes de un cuartel de inválidos para. recibir en él á los mutilados y totalmente inutilizados en canipili'a l'armando los gastos del establecimiento uno de los capítulos del presupuesto de la guerra. Digno de aprobacion era por fin el decreto de 9 de octubre, modificatorio del dado anteriormente sobre libertad de imprenta, cuya institucion esplotada un año antes por el partido progresis ta para alcanzar el poder, azuzando al pueblo á la rcyolucion hablase convertido á fines de 1837 en p oder = osa palanca en manos de los moderados. Armas de dos filos la prensa periódica y la mi- licia nacional, siempre el partida progresista se ha suicidado con ellas al manejarlas. La desmedida libertad que otorgara a la prensa ese partido. serviale ahora de dogal que apretaban furiosos sus enemigos. No eran solo los periódicos moderados de l2 corte los que abusaban de aquella nociva libertad, que los progresistas se arrepentian ya de haber establecido: la prensa reaccionaria de las provincias no se quedaba atras en sus violentos ataques á las Constituyentes. El Eco de la razon, que insertaba una carta de Lérida , deeia: « La opinion del pais clama por la rn'z , aunque skt1 con el des »potismo de Calomarde. Si me la . clan , paré los diezmos. Si eso. »descamisados de las Córies viesen las calamidades del pais, ¿cómo »en posible que no se avergonzasen de las ruinas que causan su ' necedad y su rebeldía?» ÚLTIMO MINISTEUTO PROGRESISTA.  109 Si no echó un velo sobre la ley el ministerio , lo echaron él y supartido sobre sus democráticos principios , y acudieron otra vez mas á las doctrinas moderadas de represion y órden , agra- vando la penalidad de los delitos de imprenta , haciendo efectiva la responsabilidad antes ilusoria de los editores responsables, eximiendo á los jurados de varios compromisos como el de votar en público, y adoptando otras disposiciones restrictivas y otras saludables trabas que dos años antes anatematizaban y combatian. El jurado popular establecido por los progresistas 9 intérprete ahora de la opinion del pais , condenó su sistema de gobierno y sus principios, absolviendo al autor del artículo ó carta denunciada. Como si algo faltase para el descrédito del gobierno exaltado y para la impotencia de las Córtes constituyentes„ el mismo don Joaquin Visaría Lop.t ,z, su primer orador y el menos sospechoso de los progresistas , no pudo sofocar en sus labios los gritos de la verdad y la conciencia , y al regresar por aquellos días de su pais eselarnaba: r( Nuestra situacion no se conoce en Madrid sino recorriendo olas provincias. Los pueblos abandonados no conocen que hay g sino en, tos exacciones, en lo duro y oneroso; pero no en la 4proteecion por (pie en vzw,o claman. Esta seguridad, que ha sido ,y será siempre la primera cláusula dei pacto social, no es entre o nosotros mas que MI fantasma,.... por todas partes se dice: haya 9paz, y mande el que quiera.» No labia dicho mas el autor del ar- tículo de Lérida , que tantos clamores provocara en una sesion anterior. Todavia presagiaban un pronto remedio los clubistas y los di- putados sus amigos, dando mas ensanche al terror y á la ilegali- dad. El Eco del Comercio decia con la intencion revolucionariaque tanto caracterizaba á su director Caballero : cuando pasen los asesi- yudos, cuando  hoyan hecho algunas víctimas „ todo volverá á caer un la inercia (pie nos consirme ; en vez de terror tendremos impo- tencia ; en Vez de energía un desórden organizado. D. Pascual 7.11adoz , que se hacia notar en aquellas Córtes por su lenguaje terrorífico y sus demagógicas ideas esclamaba la- mentándose del angustioso estado de la na•ion 1 10  CAPITULO XLV. El gobierno es el que tiene la culpa de todos los males. La »primera reforma que se debla hacer era volar todos los ministe - »Hos. Los jefes cobardes han sido absueltos: los valientes no han »sido empleados por no tener un entorchado. Pero ¿hay mas »que dárselo? Esto es lo que quieren los diputados de -Valencia... »Las causas de lor ., males son bien conocidas: hemos prescindide »de que estarnos en revolucion , y hemos querido marchar por el »carril de la legalidad. En cuanto á los militares (añadió), debe- »mos decir como en tiempo de la revolueion francesa : tal día »bata Y. á la faccion.» No habia ya remedio; la dominacion progresista estaba hun - dida y heridas de muerte las Córtes que la sillibalizaban, En vir- tud de un real decreto de 11 de noviembre se declaró cerrada id legislatura de aquella Asamblea , que por espíicio de un :tilo ha- bla ejercido el poder supremo. De graves censuras á la par que de exageradas alabanzas fueron entonces y han sido despues obje- to las Constituyentes de 1831 Ni unas ni otras men:clan. Para censurarlas hay que tener en cuenta que fueron producto de un motin, que amecierou en la escena pública en medie de till des- quiciamiento general 9 y que legislaron amenazadas de cerca por el carlismo y hostigadas por la anarquía. Para enaltecerlas debe considerarse que siendo dictadoras y soberanas , no adoptaron esas medidas supremas que , sin ser re- volucionarias , salvan á una nacion de los bordes ;:el precipicio; que hallando el edilicio del gobierno casi desmoronado por la re- volueion , debieron y pudieron repararlo y no contribuir á su ruina y hundimiento; que comprendiendo que la salvador' del pais dependía de la terminacion de la guerra , á ese patriótico ob- jeto únicamente debieron consagrar sus afanes , dejando la orga- nizacion política de España para despues de su pacilicacion , acep- tando el concurso de los partidos legales , de todos los españoles sensatos. Al analizar el código por ellas redactado espusimos ya el ca- rácter y tendencia de aquellas Córtes, Moderadas por necesidad en la esencia de sus actos, no tuvieron abnegacion y franqueza suficiente para no ser revolucionarias en su lenguaje. Sus discu - ÚLTIMO MINISTERIO PROGRESISTA.  111 siones fueron en lo general templadas, lánguidos y amortiguados sus discursos , algun tanto encarnizadas y rudas sus luchas per- sonales. Grandes fueron sin duda sus errores en exasperar al hamo absolutista y disgustar al clero , votando leyes de persecucion y de despajo; grandes sus faltas económicas en sancionar aquel sis- tema de despilfarro y desconcierto introducido por Mendizabal en nuestra Hacienda; pero siempre serán acreedoras á la gratitud del pais por haberle dotado de una Constitucion mas monárquica que la que dió vida y poder á las mismas Córtes ; por haber en gran parte atajado la revolucion social de que España era víctima al abrirse sus sesiones, y por no haber empujado á la revolucion á mayores y mas trascendentales demasías , como hizo en casa algo parecido la Convencion francesa. A las Córtes constituyentes de 1837 debe alabárselas, no por lo que hicieron , sino por lo que impidieron que se hiciera. Tales eran las circunstancias , tales las tendencias de los revolucionarios, que hay que agradecer los males pequeños , si se evitaron otros mayores. f J CAPITULO XLVI. Dominacion moderada de 1838. SUMARIO. • Vaguedad del discurso de la corona.—Diputados notables de aquellas Córtes. —Programa de par, órden y justicia.—Indecision del ministerio.—Division del bando moderado.—El conde de Ofalia,—Sus compañeros de gabinete. —Situacion apurada de las provincias.—Deseo general de paz y de gobier- no.--Medidas de las Córtes, referentes ti la guerra.—Ataques de la minoría. --Severas palabras del ministro de Hacienda, Mon.—Estado aflictivo de las clases religiosas.—Condena el duque Rivas la desamortizacion.—Las rivias rde Conwes.—Intervencion estranjera.—lníciase una transacion con D. Carlos.—Oposicion de los partidos sobre este punto. Sabido el resultado de las elecciones, favorable ul partido 1110- derado, para nadie era un enigma que 1A política iba tornar una nueva forma , y que estaban próximas á dominar en las regio- ues del poder las doctrinas cons¿Tvadoras. Ya en las juntas pre- paratorias del Congreso babíase visto la preponderancia que tenian , siendo electo presidente el moderado marques de Somerue- los ; y si bien en el senado no abundaban tanto como en el otro cuerpo las de esta parcialidad , los nombramientos de Moscoso y Tz l ra ti con para presidente y V ice presidente del alto cuerpo colegislador, indicaban claramente que el bando derrotado en la Giatija , contaba con las simpatías de la reina gobernadora. Leyó esta el discurso de costumbre en la apertura de las  Curtes ordinal  , y en su contesto se echaba de ver que, no estaba aun terminada la or ff inincion de los moderados. No era el regio disun . :>o na p,'ogrania, como suelen serlo los de su clase , ni 'labia en él un recuerdo ni una esperanza. wmo  8 1 1 4  CAPÍTULO XLVI. Atenuando , disfrazando mas bien los males presentes , ni se indicaba un remedio , ni el modo de evitarles en adelante. Sin duda esperaba la reina pl'esenciar los primeros comba- tes en el nuevo palenque parlamentario , y otortar con mas acierto la corona del triunfo al vencedor. Brillantes , reñidos y provechosos debian ser witiellos debates, tan ansiosamente esperados de todos , atendiendo á la calidad de los oradores , y á la indetern-iinada situacion política en que la nacion se encontraba. Figuraban en la minoría progresista los fogosos v elocuentes diputados Sancho , Lopez. Olúzaga Lujan Madoz , Caballero, Infante, Vuelves, y algun tiempo desvíes, D. A n -usttin Ar g üe- lles. Dirigian la mayoría los antiguos y famosos moderados ar°- tipez de la Rosa , Toreno, Isturiz , Galiana' Mon , Olivar. , Castro y Orozco , reforzados con otres nuevos que pronto adquirieron ce- lebridad, y entre los que descollaban Pacheco, Benavides, Arra- zola , Donoso Cortés y Bravo Murillo. La lucha que iba á trabarse entre tan opuestos y aguerridos combatientes debia ser por necesidad una lucha á muerte. No era una ley mas ó menos popular, mas ú menos r í ,- 1 ,trietiva lo qu€,, las nuevas Córtes iban á discutir ; no. Era un si z ,tema político en- teramente contrario el que cada uno debia defender; era el crédito, el poder, el porvenir de sus respectivos partidos , lo que debla dis- putarse , lo que era preciso conseguir. En aquella lucha el venci- do tenia que quedar muerto , y coronado el vencedor. Escogióso como campo apropósito donde empeñarla la con- testacion al regio discurso. Para defender unos principios labia que condenar los contrarios ; para enarbolar una bandera , que hacer pedazos antes la del enemigo ; para anunciar un grato porvenir, preciso era anatematizar un odioso pasado. Esto hacia/1 los cohservadores: cie n -os de ira aun con el recuerdo de la insur- reccion de 1835, con las tristes memorias del m g lin dc l , la Granja; descargaban mortales golpes sobre los contrarios , acusados de trastornadores. Con la Constitucion de n37 en la mano defen- díanse los progresistas presentándose como hombres de Urden y legalidad en su sistema de reformas. DOMINACION MODERADA DE 1838 .  115 « Vosotros habeis hecho esa Constitucion , les decían sus con- trarios , sobre nuestras bases y principios; de vosotros son las palabras , de nosotros las ideas y doctrinas. »---Pues gobernad con ella , replicaban los progresistas , y nos tendreis á vuestro lado.» « Para mandar con ella, ailadian los conservadores , preciso es despojarla de esas leyes orgánicas que contradicen su esencia, de esos adornos democráticos que afean é inarmonizan su monárqui- ca fachada. » X al lado de la recien promulgada Constitucion que servia de estandarte á las huestes del progreso , levantaban sus contrarios la bandera de la reforma , discretamente representada en estas tres palabras : paz arden y justicia. Este conciso y significativo programa , lanzado á la discusion por los prácticos labios del jefe del moderantisrno, Martinez de la Rosa , produjo un efecto mágico en todo el reino. En él se encer- raban las aspiraciones de todos los partidos sensatos , y hasta se aceptaba ya por muchos desesperanzados carlistas. Aquellas tres palabras , en otras circunstancias , triviales y de cierta vulgaridad, encerraban entonces los deseos de todos, las aspiraciones de to- dos , la dicha que todos anhelaban. Aquellas tres palabras , que tan elocuentemente condenaban épocas recientes de guerra., de de desórden y de injusticia , hallaron eco en todos los ángulos de la monarquía , y dieron el poder á los moderados. De entre aquellas ilusiones que á todos fascinaban, de entre las iluevas esperanzas que á todos sonreían , la de la paz, la de la te • minacion de la guerra civil era la que mas embriagaba los co- razones, la que halagaba mas la mente de los españoles. La paz era ya entonces una necesidad grande, apremiante, ir- resistible. General era tambien la conviccion de que no podría al- canzarse tan pronto como se deseaba sin la cooperacion ó mas bien sin la intervencion estra.njera. Todos la creman ya indispensable, todos la deseaban , todos la pedian. La escitacion al gobierno para que la solicitase de nuevo produjo discusiones acaloradas en que unos á otros se echaron la culpa de la apatía é indiferencia con que las potencias amigas habian cumplido hasta allí el compromiso de la cuádruple alianza. No rabia duda en que la revolucion habia empeorado los asun- 1 1 l y  CAPÍTULO XLVI. tos de la guerra y en que los desórdenes retrajeron al gabinete frances de la cooperacion ofrecida. Pero el mal estaba hecho, y lo que importaba era remediarlo. El Congreso voto unánimemen- te la nueva demanda de auxilios est ra»jeros , seguro,  embar- go , de la inutilidad de aquel paso , de in repeticion del anterior desaire por parte de los gobiernos aliados. Tanto en las discusiones del Congreso como en las del Se:lado, referentes á la contestacion del discurso, hablan llevado la mejor parte los oradores moderados , haciendo ver que sus doctrinas eran las únicas convenientes y salvadoras. ¿ Qué era , pues, lo que se neces ; taba para su planteamiento? Faltaban hombres en el poder de prestigio y de capacidad ; en una palabra : faltaban ministros. En efecto; desde la apertura (le las nuevas CO u el ministe- terio presenciaba sus sesiones con la mayor impasibilidad sin to- mar en ellas la menor iniciativa , sin imprimir á las ideas que se levantaban el menor carácter de autoridad y (le poder. Cuando mas se necesitaban !a actividad y la energía para en- caminar la politica por las vial del Orden y la repaiacion, nulos y mas apáticos eran los encargados oficialmente de la; cuando los moderados y los progresistas pedian al poder un esfuerzo estraordinario para terminar la guerra. mas &hiles, ina., indecisos se hallaban los ministros. Eco de la opinion pública , que reclamaba per todas partes su reemplazo , eselainaba el diputado Carr:sco: Un gobierno que no puede disponer de un soldado ni de un »duro , no es gobierno; y gobierno cs lo que necesitamos.» ¿ En qué consistia , pues , que el bando moderado no se en cargaba resueltamente del poder pala inaugurar la  a era de paz, órden y justicia que tan poéticamente anunciaba en los cue • - pos colegisladores? Motivaba tan perjudicial irreselucion que el partido no se encontraba tan unido y compacto torno debla estar para emprender de comun acuerdo la colosal empresa de termi- nar pronto la guerra y organizar sólidamente el pais. El triunfo desunía á los moderadus, aaí como ks juntó la des- gracia. achaque es este de todos los vencedores; nunca sen ¡Da, Doli f INTACJOIN y moEnkD4 D E 1838,  117 extremadas entre ellos 12 ambicion h envidia• y la vanidad que al dia si g uiente de la victoria. Fundábase la division del partido conservador en las varias opiniones que sus adeptos sostenían, sobre la mas oportuna y útil aplic3cion de los principios fundamentales de su escuela. Preten- dían unos restaurar la pellica del Estatuto, avanzando algo en el camino de las reformas. Intent g ban otros tornar corno arranque de la nueva rnlítica lta Consti:ucion de 1837, variando mas ade- lante sus formas ofensivas al trono. y dando al pais nuevas leyes orgánicas mas en armoslía con los principios de órdeu y de mo- narquismo que la mayoría de las Cortes profesaba. Era el wvor contlicio por entonces encontrar una persona que, conciliando en lo posible los opuestos pareceres. se colocase al frente dol partido Ilencedor, y practicase en el poder sus pro- yectos y doctrinas. Los dos jefes mas ostensibles y autorizados del bando conservador. Martinez de la liosa y Toreno, estaban in-- oapacirados para ejercer el mando, Estaba ya de todos reconocida la debilidad del primero corno ministro, y muy recientes los funestos resultados de su administra- cion , que por derdas confiada e irresoluta , trajo , como ya he- mos visto, la anarquía en todas sus formas . con todos sus hor- rores. Pesaba sobre el segundo una grave acusacion sobre los con- tratos de azogue, y en su honra estaba desvanecerla desde el ban co de los diputados, corno á su tiempo lo hizo, y ocupar despees el ministerio libre de toda mancha. En el antiguo diplomático y ministro de Fernando VII , conde de °falla, se creyó encontrar la persona que se necesitaba. En su i lu3traeion, en su crédito en el estranjero , en la prudencia y to- lerancia con que desempeñó el poder en épocas muy azarosas del go bierno absoluto , hallaban lodos la base del nuevo t u obierno , la garantía (la acierto en la prática de las doctrinas conservadoras. labia otra circunstancia qt l e le constituia  el hombre mas apropósito , en el ministro mas necesario. Las buenas relaciones con los políticos rms notables de Francia y otras naciones de Eu- ropa, adquiridas en sus diplomáticas misiones. podrian servirle 118  CAPÍTULO XLVI. ahora para lograr el desideralum de todos los partidos : la inter- vencion. Si los gobiernos aliados habíania negado hasta allí á cau- sa de los desmanes de nuestra revolueion „ . no era muy probable la concediesen ahora , viendo , representada en Ofalia una politica moderada y conciliadora? Componíase el gabinete moderado en su mayor parte de hom- bres nuevos y sin compromisos , para que no despertasen la en- vidia entre los antiguos ,corifeos del bando conservador. La mira que á su formacion presidia no era otra que la de evitar que polí- ticos gastados oscureciesen con sus malos recuerdos el brillo de las doctrinas moderadas. Las Córtes estaban representadas en su presidente marques dr. Someruelos, nombrado ministro de la Gobernacion . y el ejército en el general en , jefe, conde de Luchana , designado para el de la Guerra ; ambos nombramientos revelaban la armonía y union del poder parlamentario y el militar , de lo cual debía esperarse la pronta conclusion de la' guerra.  • El jóven intendente Mon y el todavía mas jóven abogado Cas- tro y Orozco ocuparon los departamentos de Hacienda y Gracia Justicia á nombre de la g juventud ilustrada del partido moderado. La Marina , en fin , tenia un digno representante en el jefe de es- cuadra Cañas, que tantos servicios habia ya prestado á la causa de la reina. Comprendió desde el primer dia el nuevo gabinete, al reyes de los que le precedieron , que antes que la organizacion politica del pais interesaba á todos la conclusion de la guerra fratricida, cuyos desastres eran ya mas generales é insufribles. Era preciso de todo punto mas bien que legislar, combatir : antes que gober- nar, vencer. Sin la paz no podria establecerse ni menos arraigar- se ningun sistema de gobierno ; con la paz podria consolidarse cualquier sistema por débil é imperfecto que fuese. Mas que la voz de su propia conciencia , mas que el deseo de su propia gloria empujaban al ministerio por aquel camino los gritos desesperados de las provincias , (jue á todo trance deman- daban el pronto remedio de sus males. Sus esposiciones al nuevo gobierno ponen de manifiesto cuán an g ustioso era el estado del p01flNACIO N MODERADA /DE 1838.  119 pais á fines de 1831, época en que se encargó del mando el mi- nisterio moderado del conde de Ofalia. La diputacion de Cuenca en una esposicion dirigida al Con- ;ceso dalia Los recursos y la constancia de los pueblos y de los patrio-- • tos tocaron á su término ; ya no existen tres años de malas co- sechas , cuatro de exacciones y robos, el saqueo y el incendio »de las haciendas de los ciudadanos mas notables , la violacion »de sus mujeres é hijas o la muerte de muchos, el abandono de » todos y la ninguna esperanza de que se les protela, en adelante »hacian temer un cambio funesto en el estado político del pais, que dos rebeldes han anticipado repitiendo sus incursiones.: Las fac- »eiones de Aragon y Valencia recorren sin estorbo toda la parte » del Este hasta media jornada de esta capital; las de la Mancha 1) inundan el Mediodia y Poniente hasta cuatro leguas de la misma; »y otras, descolgándose por el Norte, llegan hasta los arrabales... »Ayer mismo un centenar de facciosos ha cogido entre Alba- »tete y Villaconejos Imp. columna salida de esta capital de cin- »cuenta granaderos de la guardia y veinte de Valde-Olivas, y ase- »sinado en el acto á once de estos... Los ciudadanos mas notables »abandonan sus pueblos; los milicianos se presentan á entregar las armas; los estanqueros y demas espendedores de los efectos n de la Hacienda renuncian sus destinos; los ayuntamientos no re- »caudan un solo real de contribuciones que no sea ocupado en »segukla por las partidas carlistas; los contribuyentes exhaustos »se niegan ya á repetir los pagos , porque hasta el aldeano mas , oscuro sabe y proclama á la faz de las autoridades que su deber lde contribuir supone el derecho de ser protegido.»—Los hechos que en la esposicion se enumeraban acaecian en el distrito de la capi- tanía general de Madrid á una jornada (le la residencia del go- bierno. La de Zaragoza decia « Fortunas destrozadas , campos asolados , talleres destruidos, »familias huérfanas , víctimas y escombros es lo que ofrecen los »pueblos de la nacion española... Todo se cubre de luto , y no se »oye mas que el gemido de millares de infelices que maldicen has- 20  CAPÍTULO XI I. »ta de su existencia.... En la provincia de Zarnoza está avotado »el sufrimiento... Abandonad . ) hace mucho iiewo, han sido víc- »timas casi todos los pueblos del furor san g uinario de sus enenn »gos... Aquí no hay ya vida... fíalo ha perecido ;al furor itnioa_ »cable de una guerra sin tregua.» La de Jaen esclamaba: « La patria peligra y se hunde, si muy luego 110 se acude forzadamente á salvarla... Por todas partes cunde el genio del »mal.., nuestra situacion es triste . crítica . estremadamente, rada.» La de Bilbao , mas filosófica, al designar á la reina el verdade-. ro orígen de tantos males, esclamaba tan-Wien « Implora un remedio eficaz para que cese de abrasarnos esp. dlaina de disensiones civiles, políticas y militares , que parecen »haber tomado asiento en Espali. para que el nombre de esta »ilustre naci g n deje de figurar en la sociedad civilizada , y para »que el trono de vuestra augusta hija se hunda en los abismos ude una disolucion social.» La de Córdoba afiadia por último • Paz , sin la cual las mejoras serian un pensamiento e.t,térii, » es el grito constante de todos los pueblos y aun de todos los »partidos. Paz, ya venga esta por una cooperacion á que tenemos »tanto derecho en cumplimiento de un tratado , ya por medio de otros auxilios que se apresure á poner en juego la diplomacia, oes su primera necesidad. Paz , aun á costa de sacrificios de amor »propio, que es el mayor de los sacrificios P es el voto unánime de »esta nacion desventur'ada.1, De todos los puntos del reino llegaban iguales eseitaciones cuya coincidencia probaba la poca fe que en los recursos nacio- nales tenian los pueblos. • Las Córtes dedicáronse á la disctbion de sus reglamentos . en los que se introdujeron reformas en consonancia con el espíritu monárquico que dominaba en ellas. La principal fué la de divi- dir el Congreso en secciones , como se hacia en Francia y conti- núa haciéndose aun en España. nombrando comisiones especia- les para cada objeto ó proyecto de ley f para las cuales elige cada 1)OMINAC1(n MODEI1ADA DE 183.  1 21 seccion  indi y idul. Este nu' b todo lleva sobre  antiguo, consig- nado en el reglawnto de. las Córtes de Cádiz la ventaja de co- nocerme de antemano la mayoría de la asamblea, si bien por aquel eran mas imparciales los dictámenes de las cemisiones , nombra- la's; al principio (le c,!ja logislatura por el presidente. Siguiendo la hiel) del gobierno y los deseos de la nacion , de- jaron á un lado las discusiones filosóficas de princlpios políticos, que en último resultado no produl . en otra cosa que dPspertar 1,1s iasiones, exacerbando á los partidos , y consagraron sus tareas á procurar rectu . sos al ministerio en su colosal empresa de &den y paciticacion. A este prop'si  votaroY) una quina de cuarenta mil hom - bres ; autorizaron al midisterio para coutraer un empréstito de quinientos millones efectivos de reales, que bbian destinarse es- elasivamente á los gastos ocasiomados desde. 1." de abril de aquel año . y á h's que en lo suce'- z iivo se ocasionasen por los ejércitft,: de operaciones y armada nacional; decretaron el reparto de los seiscientos tres millones pertenecientes á la eontribucion estraor- dinaria de guerra , votada por las Córtes de 1837, y aprobaron la ley relativa á que se siguiese cobrando por aquel año el diezmo y las primicias , lrijudicando al gobierno la tercera parte integr=e de los productos decimales, y aplicando lo restante á la dotacion del culto y clero y al pago de las 95ignaciones de los exclaus- trados. A esto y á algunot, debates sobre presupuestos, instruccion pública y avtultarnientos r se redujeron las tareas de las Córtes ordinarias de 1838. Como se ve, todo su afati se cifraba. en ayudar al gobierno a la terminneion de la guerra , temerosas de mezclarse en cuestiones políticas que creasen conflictos y embarazos en tan patriótica empiesa. Aunque no muy contentos con el código confeccionado por los progresistas, aparentaban respetarle los moderados, siem- pre con 141 inteneion de reformarle , lograda la paz y en ocasion mas oportuna. Así es que en aquella su primer legislatura tan so- lo aclararon el artículo  de la Constitueion, declarando sujetos reeleccion los diputados que admitiesen cargos del gobierno. 122  CAPÍTULO XLVI. No obstante que las cuestiones ventiladas pertenecian al ramo de administracion ó al de Hacienda, lo:; debates que promovian eran animados , reñidos , violentos. indicio claro del reconcentrado odio que encerraban en su seno los partidos: sella' segura de que el mas leve soplo había de levantar entre dios la mas furiosa tempestad. El mas ligero incidente, el asunto mas insignificante servia de pretesto á la minoría progresista para lanzar acusaciones y amenazas; á la mayoría moderada, para recordar los desmanes de la revolucion , y alarmar á la opinion pública en contra de sus enemigos. Llovian las enmiendas y las interpelaciones ; nronunciábanse furibundos discursos políticos, tratándose de los presupucaus; hacíase un llamamiento á las pasiones en la diseusion sobre inter- vencion extranjera , sobre los diezmos y sobre el proyecto de la ley municipal. Por todas partes la ira, la recrirninacion y el odio. Un ligero extracto del Diario de las Sesiones será suficiente para que el lector forme una opinion exacta del carácter de las prime- ras Córtes ordinarias de 1838, y de la actitud hostil de los par- tidos. El ministerio del conde de Ofalia hablase presentado á ellas en una de sus primeras sesiones , enarbolando el estandarte de paz, órden y justicia, á cuya sombra se agrupaba el partido mode- rado , y que con tanta alegría saludaba la nacion entera. « Los ministros , decía el presidente del Consejo , no creen » necesario hacer una prolija manifestacion de sus sentimientos. * Acordes los cuerpos legislativos han llevado al trono la espre » sion de sus intenciones de paz, órden y justicia. La reina se » afana por satisfacer estas necesidades, y el ministerio se felici- » tará si, con la cooperacion de las Córtes , consigue concluir la » guerra civil, y, con la observancia de la Constitucion y las le- » yes, las divisiones de los partidos.» El ministro de Hacienda Mon añadia despues de decir que la memoria que le reclamaban las Córtes no podria contener mas que desastres: « Se discutirán los medios , se ven'tn las necesidades de la • guerra, y se pedirá á las Córtes lo que falte. Si hay órden , go- DOMINAC1ON MODERADA_ DE 1838,  123 bernará convenientemente , y si en el desenvolvimiento de la Cons-- titucion no está conforme con el Congreso, se retirará. » Estas protestas de tolerancia política , de administracion y buen gobierno , de sujecion á las prácticas Parlamentarias , no bastaron á refrenar la impaciencia de los partidos , á imprimir la calma y la moderacion en los debates del Parlamento. La minoría , como ya hemos dicho , interpelaba á cada paso a los ministros , suscitándoles conflictos y siguiendo la perniciosa costumbre de todas las Córtes modernas de mezclarse en todos los ramos , invadiendo las atribuciones del poder ejecutivo. Acosado Mon para que publicase las negociaciones entabladas con objeto do hacer ostensivo al ejército del centro el humanitario tratado de Elliot , trató de poner fin al abuso del parlamentaris- mo, dirigiendo al Congreso estas palabras , que encerraban una s evera leccion : tl Ocúpese él de hacer leyes y deje de examinar actos que se refieren á operaciones militares . cuya revelacion comprometerla al gobierno. Las continuas y sentidas quejas del clero ; el abandono del culto , que obligaba á que en muchos pueblos no se celebrase misa por falta de luces y recado , como aseguraba la junta diocesana de Barbastro ; la miseria y la desnudez de los esclaustrados, que como decir]. los de Jaen, ofende demasiado á la religion santa y degrada á la nacion; la triste situacion de las monjas , revelada elocuentemente en esta amarga y sencilla observacion de las de « Hasta los toscos sayales con que cubrian su mortificado cuerpo las han abandonado. No son ya hábitos... son andrajos.» 'Todo esto llamaba profundamente la atencion de las Córtes, y á remediar tanta calamidad consagraron sus esfuerzos, votando la contribucion decimal, y tratando para mas adelante de anular la ley de supresion del diezmo. Recurso inútil é improductivo ya en España , pues los labradores habían acogido las instigaciones de los progresistas para negarse al pago de la antigua prestad©n , y en política se acoge y practica siempre por los mas cuanto está en armonía con el inte•es y el egoismo individual. El asunto, sin embargo, dió margen á debates violentos. El duque de Rivas, fogoso conservador, como antes elocuente exal, CAPITULO N:Lvf. lado , hizo una viva pintura  /a d esamortization de Aiendizaip r di . cuya ruetiou dijo, ro un d ri-édito público , sino de justicia. « Las medidas tomadas  rnoni,“ I d:i q entre o ras coc.a(z, »han sido un atentado 5 la liber tad . un a t(9thdo  propiedad particular un proclimit , nto 1,:S.rbaro, alnlz, cruel . y ademas *una  auti-eronónica y  pul  Todos sabemos que »la ma y or parte (le !os bi r ;nes  disfrohn las rel ief iosas ovan el »producto de sus dote, el de su propio capit3; haberla` despo-- jade de este , : , no es un rao?  y eli4e atentado : cómo se ha »ejecutado ? ¿ en virtud de qué? ; . de una lc..y;'? No ;  tras(Yre. •=sion de una kty,... al q u-ando de; voto de c3nfianz'a se ha hcq.lin »apurar á las monjas el  de la amargura.  han sido lanza odas de sus hogares...,. se les han nr • aneado sus bienes . .. y con »moth se han tomado los objetos de su cubo y adoracion..  v 1/ esto ¿para qué? para que se enriquezca una docena de especn- »ladores ilu  que viven de la miseria pt'iblica... para qde »los comisionados de amortizacion hayan foimado en poco tiempo »una fortuna colosal , que contrasta con la miseria (le las provin- ocias. Han desaparecido los conventos se han malvendido sus • l enes .  se han robado sus a lhajas y preseas y, se ha armen dado con los ingresos mi solo batallo') en los ejércitos ni una »trincadura en la escuadra? ¿ se ha mejorado en algo la suerte »de les pueblos? No: los conventos han desaparecido. y " qué »ha quedado en pos de esto? Eseombrol;, lodo l lágrimas, aba- 4timiento. » Un incidente vino por entonces á desencadenar íos odios de partido y á promover nuevos escándalos. Fué este la esposicion (le las célebres viadas de Comare9, que a( 1 ,11dieC011 á las Córtes re- clamando justicia contra lo que llamaban tiranía de Palarea , ea- pitan general de Granada. Presos sus maridos como ievolwionlIri  Málaua, halara muerto uno de ellos en la cárcel, y el otro de resultas de enfer- medades entoldas en ella , durante la tardía coníirmacion del fallo absolutorio por aquella autoridad. Este hecho. que en si no encerraba un delito sino un abuso de autoridad , que nada le DOMINACION MODERADA DE 1838.  P 25 importaba á las Córtes , sirvió de nuevas armas á la oposicion para combatir al ministerio , á quien se le hacia responsable de las faltas de sus delegados. Declarose fervoroso deiensor de las desconsoladas viudas, ino- t.entcs instrumentos de planes de oposicion, el general Scoane, guien esclaniaba entre otras cosas En un pais donde son sabidas semejantes circuustancias de ).atrocidad, y se pasan por :alto, sin 4,:xaminar la conducta del En causante de estos asesinatos, no se puede vivir  una época , ,en que tenemos una  ¿ es posible que se vean fi tamaños escándalos? En esta época vemos dos inhumanos y atro- ,ces asesinatos , cometidos por una Putovidad  La espada de la ,,ley debe caer sobre la cabeza de la autoridad que se vició, y DO Isé si su cabeza caída de los hombros será l;astaute expiacion.» Lailiscasion del proycelo de ley municipal traía Cambien agi- tadas á las Gilcs y en hostil movimiento á las diputaciones municii , ios, quienes con osadas manifestaciones , se oponían á aquella rch,rma , que arrancaba la dictadura de las corporaciones populares , baciénd(Ilas mas dependientes del poder supremo por medio de iris nombramientos de alcaides , hechos por la corona. Coulatiala el pa ido progresista como golpe de muerte á sus especatias (le :ccolurar el poder, alb-3adas en la iniluencia re- votuciunaria de las municipalidades , como realmente sucedió cr 18'1.0. La suspension  la volacion dcl proyecto calmó la efes-- ‘tescclicia de los revoilosos y contuvo acaso á la tevoincion hasta. epeca l e er o la cua stiun que embargaba con preferencia el ánhno de 1(1.s ,!iputwlos era la de ia intervencion estraujera, por todos re- col.ockla su necesidad y de todos deseada su realizacion. Las í;z z perifiL;Is de conseguirla que fundaban iras moderados en ta ibuniacion deu ulini ., ,terio de u color v en la inauguracion de una politica couservadura, quedaron frustradas muy pronto. En las disew,ione de i;:r cámara francesa , sobre la contesIlt- ion al discursu de apertura, en que Luis Felipe aseguro que con- linuaba ejec i dai t do liduteute las estipulaciones del tratado (L la cuá- druple alianza, proilunció el.pvcsidc.:,ae del consejo de ministros 196  CAPÍTULO XLVI. conde de Molé, las siguientes significativas palabras : «No que- remos intervencion porque la creemos contraria á los intereses de la Francia ; » añadiendo que la idea de la ;ntervencion era im- popular entre los franceses , y que él labia sido siempre opuesto á semejante medida y á la sazon mas que nunca. Contra la declaracion tan esplicita y terminante del jefe del gabinete frances , de nada servian las hipócritas ofertas de Luis Felipe , las exigencias del ministerio español v los discursos de nuestros diputados. Era general el convencimiento de que los esfuerzos nacionales no bastaban ya para sofocar la guerra, y de que 'esta solo pool ria terminarse por medio de una transaccion. ¿Mas quién se atre venia á pronunciar esa palabra en una época en que la celebra- cion del humanitario y civilizador tratado de Elliot fué reputado de crimen de apostasía y de traicion por el intransigente libera- lismo, no obstante ser mas ventajoso para el ejército cristino que para el carlista ? El conde de Toreno tuvo ese atrevimiento , y en un elocuente y patriótico discurso probó que la transaceion digna y decorosa era una necesidad indispensable, la única áncora de salvacien para este pais desventurado. Causa de violentos ataques por parte de la minoría progresista fué la so:emú declaracion del diputado por Asturias en cuyo patriótico pensamiento creyeron hallar la intencion del partido moderado de sacrificar á la paz lo que sus contrarios llamaban en- fáticamente libertad y derechos populares. La nacion en masa acogió la noble y humanitaria idea del con- de de Toreno , y el Convenio de Vcryara , aplaudido mas que nadie por el bando progresista, vino á dar la razon y á hacer justicia á la prevision y al talento de aquel diputado , justificando el buen instinto del pais. Solo los revoltosos que veían en la continuador de la guerra su medro y su fortuna ; solo los eternos enemigos del órden y de la legalidad , que temian su imperio , conseguida la paz , eran los únicos que se irritaban ante la palabra transaceion, detras de la cual vejan su descrédito su impotencia y su ruina. DOMINA g ION MODERADA DE 1838.  127 Eco de ese liberalismo intransigente, y aconsejados de sus resabios demagógicos del año 23, alarmáronse ó fingieron alar- marse algunos diputados progresistas distinguiéndose el señor San Miguel , que con la misma arrogancia inútil y el terrorífico lenguaje que usó en la época citada en el famoso incidente de las notas, eselarnaba: Si la guerra fuese solo de sucesion , seria po- sible un arreglo; Pero es de principios, y siendo estos incompati- bles, no hay transaccion. Es preciso guerra á muerte... Es preciso que un partido venza al otro , de suerte que el vencido quede es- terminado para siempre.» Este programa de terror que repugnó á las Córtes , mientras arrancaba murmullos de aprobaciol en las tribunas , fué elocuen- temente anat ilia-kizudo por los principales oradores. Dignas son de mencionar las siguientes palabras • del marques de Someruelos.—« i , No estarnos hartos de sangre española, despues de la que se ha derramado en tantos años? ¿No ha de poder plan- tearse la libertad, sin que sea manchada con sangre?» El conde de Toren° , con la erudicion y la oportunidad que le eran características , refutó loor completo el rabioso sistema de San ! Miguel, diciendo entre otras cosas: «Las guerras civiles no pueden concluirse e,3terkr.inando. La historia enseña que siempre han concluido por transaccion , aun venciendo.» La idea de ese supremo , de ese único recurso, quedó fija en la mente de la naeion , y fué desde entonces el constante afan de los ministerios moderados , el verdadero plan de campaña del general en jefe. Mas adelante veremos cómo y por quién se puso en prác- tica ; de qué modo fué desarrollándose hasta producir el célebre convenio que fijó el término á la guerra de Navarra. • • • • • CAMCLO XLVII. • La guerra y los partidos. SUMARIO. Imprudente provocación del ministerio. —Estraña manifestacion del general Seoane.--E/ Munido.---Motín de Widiz.—Escasez de recursos.—Desprestigio del gobierno.—Triunfos del ejército.—Se levanta el sitio de Morella.—lláce- se Espartero hombre político.—Sus desavenencias con el ministerio.—Fun- dada antipatía entre él y el general Narvaez.—Lucha entre el poder militar y el poder civil.--Debilidad del gobierno.—Ciega. y perjudicial confianza de la reina gobernadora.—Eiace tllmislon el ministerio,—Insigniticancia política del que le sucede.—lncremento de las facciones.—Gloriosa muerte del gene- ral Pardifías.—Sangrientas represalias. Debilidad de las auloridades.—So- brepdnese el orgullo á. la conveniencia.—Nuevas exigencias de Espartero.— Juicio crítico del ministerio del duque de Frias.—Atroz medida del marques de Vallgornera.—Proclamas incendiarias.—Asonada en la corte. Ocupado el ministerio del conde de Ofaiia de ese solo pensa- miento; consagrado únicamente iá procurar recursos con que aten- der álas necesidades del ejército , dejaba dormir la política con !a idea, segun ya apuntamos, de organizar el pais despees de pa- cificado. Era su sistema ganar tiempo , dar una tregua á los par- i‘.19:-; y adormecer á la revolucion. Pero la revolucion no dormia. Aprovechándose de la apatía, de la h3direrencia política del « gobierno, minaba ocultamente el diticio del órdeu , para sumir de nuevo á la nacion entre sus s. El gobierno , contemporizador como todos sus antecesores 1-oli los revoltosos , contentóse entonces cota publicar sus proyec- tos , creyendo i nocentemente derrotarlos de ese modo. En la Gacela del 19 de marzo se «Una oposicion que se encuentra inferior en número y razones icen los cuerpos colegisladores , y que ve afirmarse el sistema de TOMO ut.  9 130  CAPÍTULO mxn. »órden y justicia con las repetidas victorias conseguidas por las »armas leales , trabajr, con ciero encL'ao pa a:1 lurliar el reposo »públie g , como único medio de ruchnr el mande . aunque sea »para perderlo dentro de pocos dios en la connm Esta imprudente manifestaeicli del períódieo  quIv , paso que revelabw la debilid‘m: del ministerio , encerraba una ► ro- vocacion á la minoría , produjo corno era con L ierraicut 3 fawaianl-abs interpelaciones. Encargóse de vindicarla , como ano de sus in  jefes. 1.1 general Seoane; pero con asombro de todo í , . y llevado acaso de la idea de amedrentar á los ministros, sacó á luz las inauicbras clan destinas de sus amigos, cuyos pro cato de trastorno denunció él mismo en vehemente y profético lenguaje , uselarn1-$1,00 : « Yo descubro una atmósfera cargada de negros nubarrones »amenazando una tempestad furiosa... Los hombres metidos en el »bullicio de los negocios no verán esa tempestad pero yo, con- »denado por mis dolencias á vivir en la rama . y por mi humor a »vivir solo ; yo , que observo , comparo y recuerdo, veo nublado »el horizonte; veo siniestros wiluncios. y que. si no acudimos a! »remedio, podremos envolver los iodos en .12 misma ruina... 1.0 »veo un trastorno mial encima ; veo los mismos sinto2las, las »mismas pasiones, las mismas personas, las mismas cosas que pi e- »pararon los movimientos anteriores, y nos condujeron al borde »del precipicio... El partido que se llama victorioso está espucsta), »si Dios no lo remedia, á ser víctima de una espantosa revoluciop; »yo lo afirmo , yo lo pronostico , 'oreo pronostiqué las dos ante- riores. » La prensa moderada habia hecho anteriormente iguales rei,e lociones, y para nadie era un misterio que se trabajaba asidua- mente por el partido exaltado para promover por tercera vez la insurreccion general de las provincias. El Mundo, notable periódico de aquella época por la gracia y valentía con que satirizó la anterior dominacion de los exaltados, sátira (irle valió á sus redactores persemciones y enea! celatnien- tos , revelaba las maniobras de las sociedades seeveilts de esto modo: ([ER I1  LOS PARTIDOS.  131 «Los ministros saben que en los clubs se atenta contra la »vida , y se disponen y conciertan los asesinatos de los verdade- ros ami n . os del trono. Los convenios entre las diferentes sectas » »politicas de dentro y fuera de España están ya hechos , concerta- »das sus combinaciones, y adoptado el plan para realizar sus te- »merarios acuerdos. El objeto... es desposeer á la inmortal Cris- »tina de la regencia del reino, restablecer el código de 1812, y »anonadar y destruir al partido que profesa y sostiene las doc- »trinas morrquicas.» C . :Idiz quiso seguir el ejemplo de Málaga en los pronuncia- mientos pasados,  tomó ahora la iniciativ q revolucionaria, estre- Ilárdw su anárquico movimiento ante el carácter rígido é in- flexible del conde de Cleonard , capitan general de Andalucía, II Los hombres pérfidos maquinan, decia en una proclama aquella autoridad despues de sofocar el motin gaditano ; tres veces l u z intentado la anarquía tremolar su negro pendon, y tres veces ha tenido la necesidad de derrocarlo. Si contra los sentimientos de mi corazon me he visto precisado á adoptar medidas escepciona- les, culpa es de la insensata pertinacia con que un punado de malvados trab2ja por desunirnos.» El ministro Mon , que entre sus compañeros era el 11111S arro- jado y agresivo, (tecla en las Córtes « Lo que ha habido en Cádiz es otra nueva conspiracion con- »Ira el órden público; una conspiracion del color de las anterio- »res , y que si el capital] general no la hubiese sofocado, habria »ocasionado nuevos males y desgracias  • ; otra conspiracion , ,tris michrts que en este momento se están fraguando contra el go- »bierno ; una conspiraci:-n que este en relacion con los facciosos dial Pretendiente, pues las sociedades secretas avisan á las pro- diciendo : —Ahí va otra. faccion mas , culpen ustedes ello al gobierno, que aquí se trabaja lo bastante. Esa cons- . »p;:acion que tantas ramificaciones tiene en la nacion , es la que »ha sofocado en Gr'idiz el capital] general; si , señores, espreciso ,,decirlo : se conspira contra la reina, se conspira contra la Consti- » tucion, s conspira contra el órden público, se nos quiere entre- »gar á D. Carlos, á pretesto de que el gobierno infringe las lees.» y 132  CAPÍTUT O XLVII. A las francas revelaciones del gobierno, á sus promesas de vigor contestaba la revolucion por su órgano mas autorizado, El Eco del Comercio, lo siguiente: t . Al golpe de Estado que medita el gobierno, se responderá con un golpe tic ilacion.:, A. los estorbos que la revolucion arrojaba de coLtínuo en la marcha del ministerio, agregal'a> . e la el,easez l!e recursos , efecto de las malas administraciones pasadas. !labia rentas que estaban hipotecadas ya para muchos años por anticipos anterieres, y mu- cha parte de las contribuciones ordinatins se cobraba en liapel quo debia amortizarse. El crédito español estaba tan abatido, que hasta el banquero Aguado , que con notable generosidad La- bia sacado á España de grandes apuros en otras épocas, se negó 'ahora á contratar un empréstile; , pues negarse era el presentar exigencias exageradas é inaceptables proposiciones. Conforme iban desvaneciéndose las c-pet almas que la nacion concibiera de pronta pacilicacion , se aumentaba ci descontento de los partidos y perdia sus simpatías el ministerio. Esforzábase este en dominar la situacien y consolidar su poder; pero mi im- posible de todo punto. Entonces mas que nunca se necesitaba t la cabeza del gobierno un hombre estiaordinafio. una \Mutad avasalladora, une sujetase con mano de hierro las circnr ► stanciw.a Ese hombre , esa voluntad no se hallaba ¡ior desgracia de todos en el ministerio del conde de (-india. Hasta sus amigos, hasta aquella nayoría que en ambos cuer- pos le prestaba una cooperaciuu franca y decidida , iba impacien- tándose y retirando sus simpatías á les ministros, no como á mo- derados, sino corno á gobernantes. Los afortunados triunfos del ejercito robustecieron algun tanto el poder y alargaron la vida del gabinete. La memorable defensa de Zaragoza que, sorprendida por Caballero, lo lanzó de sus ca- lles dejando en ellas doscientos muertos y setecknitos prisioneros; la no menos bizarra de Gandesa , que prefirió szr ruina á entre- garse á las facciones, que obstinadamente la sitiaron; la victoria del valiente Pardiñas junto á Bejar: la toma gloriosa (!e Peña- cerrada, uno de los mas brillantes hechos de nrwas de Espartero, v sobre todo la pacileacion de la Mancha, llevada á cabo por el L GUEPaRA. Y LOS PAIIIIDOS.  133 brigadier Narvaez en el corto espacio de tres meses, si bien costa de sangre y de estermillio, sucesos fueron todos que contribu y eron á la conser vacion del ministerio; pero su fuer- za y su prestigio eran tan pasajeros , tan efímeros , que el me— nor re y es en la campaña bastaba para desconceptuarlo y fain El levantamiento del sitio de Morella, que fué una gran der- rota para el ejército del Centro, influyó notablemente en la caida de aquellos ministros. Desde entonces se convenció el pais , onveneieron los partidos de que la suerte y no los hombres di- rigia la guerl'a, y era preciso que los hombres dominasen á la sderte, org(zni:asen la viebpria, como hacia el convcncionista Car- not desde el ministerio de la Guerra. En tienipo de guerra y de revolucion el poder ministerial ha de gobernar, ha de combatir, ha de vencer; y así comparte con tos 4enerales los laureles del triunfo, del mismo modo que res- ponde con elfos de las faltas que causan la derrota. El descalabro de Morelia hizo gran sensacioii en Madrid, y arrancó g raves acusaciones contra el ministerio. Los inmensos preparativos del sitio, la exagerada importancia dada de antemano á la toma de Morella cuando se creta segura su rendicion , todo contribuyó al mal efecto que tan gran re y es causó en la opinion pública. Los inútiles asaltos del ejército cristino, la estrategia de Cabrera para envolver á los sitiadores, la retirada precipitada de todo un ejército ante los muros de la plaza carlista, hicieron com- prender á todos que Cabrera era un general y no un guerrillero: que sus antiguas partidas eran ya divisiones, y que en las breñas del Maestrazgo hahíase organizado un ejército tan aguerrido y numeroso, tan valiente y temible como el que acaudillaba D. Cár- les en los montes de Navarra. pesar del descalabro de Morella , que arrastró consigo la repotacion militar del general Oráa , el mas práctico entonces y el' mas entendido de los jefes cristinos , el ministerio se hubiese sostenido, siguiendo su sistema de contemporizacion y apatía po- líticas ; pero hacia tiempo que un enemigo mas poderoso que la opinion pública, que los clubs, y la poca fortuna en los negocios 131  CAPÍTULO X1.1,11, militares , minaba su poder y se preparaba  derribarle. Este enemigo era el general en jefe. La ambicion de Espartero no era de las que se satisfacen con grados y condecoraciones. El ascenso á capitan general del ejer cito, merecido premio de sus proezas militares , no le halazaba por completo, y cifrábanse sus deseos en elevarse snre todos , en sobreponerse á los partidos é imponer su vulunl,ad á la política. Estas aspiraciones de un hombre estraordinario,  pn genio, estaban en oposicion con SUS dotes de gobierno, con sus cuali- dades de hombre de Estado. Militar valiente, hábil general, guer- rero afortunado era entonces , y ha sido siempre un politiro mediano, un gobernante nulo , ur jefe de partido inesperio , hombre público vulgar y adocenado. En situaciones corno la de 1838, un Washington , un Nabo - » Icon, hubieran salvado á su pais terminando la guerra con un golpe decisivo , con una batalla campal , dominado la revolucion y anulado los viejos partidos. Espartero, arrojando su victoriosa espada en la balanza de la política, agravó desde aquel dia la si - tuaeion de Espana, dando nuevos bríos á los revolucionarios y exasperando entre los bandas opuestos sus antiguos y mal repri- midos odios. El que un año antes derrocó al ministerio de la Granja, tolv p ando la insurreccion de Pozuelo de Aravaca , trató de derribar ahora al gabinete moderado , que traia su origen de aquella su- blevacion. Tiempo hacia que mediaban serias desavenencias entre los ministros y el general en jefe. Orgulloso este con sus triunfos, envanecido con su prestigio en el ejéiicito, abusando de la nece- sidad que la nacion tenia de su espada y de su nombre , quiso trasladar el poder al cuartel general, y colocarse entre el trono y el ministerio. Sus continuas exigencias traian disgustados á los individuos de aquel gabinete , que las resistian vigorosamente, y en especial Mon y Castro y Orozco , menos diplomáticos que sus compañeros, y mas altivos y mas intransigentes , por lo mismo que tercian mas talento y mas corazon. En tal estado era ya inevitable un rompimiento entre Espar- k Iii5Efili y LOS PARTiDOS.  135 ter° 1 17 los ministros , y el menor desaire debia producirle. La se-- 'nracion de la socretaria de la Guerra del brigadier Miranda, protegido del general en jefe y su agente en la corte, fué el pri- mer e=laliido de la preparada mina entre el poder militar y el civil. La dimision de Van-Halen, su jefe de estado mayor, fundada en su enemistad con Moscoso, que lo era del estadó ma y or ge- wral , y cuya remocion , así como la de Soria, gobernador mili- 1,ar de Madrid , habla solicitado inútilmente el exigente caudillo del \orte , acabó de agriarle contra los ministros , pidiendo ofi- (iainien te la separacion del de hacienda , Mon. Acusábale el 2:a eral d e apático en facilitarle los iecursos que netesitaba, pero la mayor falta del ministro combatido era su amistad con el general Córdova , cuyo prestigio entre las tropas fama inilitar importunaban ú Espartero. ',labia otro motivo mas fuerte aun que los anunciados, que alimentaba sus antipatías hácia el ministerio Mala ; era este la preponderancia del brigadier Narvaez, ascendido á general por a campaña de la Mancha, harto gloriosa, si no la afeasen algu- nas manchas de rigor  , tan inútil como estremado. Era Narvaez jt • Jven, valiente y ambicioso , y su aparicion en lar fi cena debió inspirar celos al general en jefe , que desde un prineipi , ) tr ató (:e  , eolocandok estorbos y tropiezos n  ope l :aÇ'ione. Hay temores á veces y presentimientos en el corazon del hombre cuya causa ú origen solo el tiempo puede probar; temores inspirados por un sentimiento oculto y miste loso que ni aun comprende ni sospecha el mismo corazon que lo abriga. Tal es el afecto , tal el poder , tal la influencia de esas antipatías infundadas que nos arrastran muchas veces á odiar y ahorren' . , sin `sabe-t . por qué odiamos y aborrecemos. Cómo se esplica, si no, esa guerra lí muerte , declarada cies- (k  entre ambos generales , ese antagonismo invencible, esa antipatía sin causa , alimentada desde aquella época entre am- bos persodajcs? E que la ambicion de Espartero adivinó enton- ces que el únie , ) que podria contrariarle en lo sucesivo era el general Narvaez. Es que este adivinó tambien que su ambicion no podria satisfacerse sin derribar á Espartero. 136  CAPÍTULO Xt.vJJ. Es que el espíritu de partido se anidaba ya en el corazon de ambos generales. Es que á sus almas trasladaron los partidos sty, odios, sus venganzas y sus ambiciones ; es que la política perso- nal , que es la fatalidad de las sociedades modernas, los hal.i?. elegido para representar en lo sucesivo nuestras discordias ch - les , la revolucion y la re2ccion , el progreso indefinido de la e, cuela reformadora , y el doctrinarismo infecundo de la moderada Y tan cierto es que la casualidad muchas veces dispone d{.1 porvenir de los hombres , de sus ideas , y de su conducta , que solo á ella han debido desde entonces Espartero y Narvaez opuesto papel que en política Van desempeñando. La casualid, hizo que Narvaez se diese á conocer como militar entendido y va liente en la persecucion de Gomez; gracias á su actividad , á su estrategia y arrojo , fué lanzado aquel cabecilla de las Andalucías, llevándose la gloria de.aquellas operaciones el jóven brigadier, N eso que militaba á las órdenes de jefes superiores , corno los ge- nerales Rodil y Alaix. Ascendido á mariscal de campo por el ministerio moderado. á pesar de sus ideas progresistas , pronto el nuevo general adquirió popularidad y fama de militar valiente y entendido. Con el instinto que da la envidia , comprendió Espartero el nacimien- to de su temible rival y desde entonces se propuso aniquilarle, derribando á los ministros sus protectores. Halagado en su empresa por los progresistas , admitió sus halagos y siguió sus consejos , afiliándose en este partido desde entonces, si bien tardó algun tiempo antes de echarse abierta- mente en sus brazos. De allí data el divorcio de Espartero y (11,1 partido conservador. Hízose progresista , porque á Narvaez ie protegian los moderados. Narvaez fué moderado, porque á Es - partero lo halagaban los progresistas. Ninguno de los dos estaba en su lugar ; Narvaez por su ca - rácte ' r , sus ideas y sus proyectos de elevacion y engrandeci- miento , debió seguir figurando en el bando ultra liberal. Esl,s mismas cualidades hacían á Espartero mas á propósito para jefe de los moderados , cuyo papel principió á desempeñar cuando el pronunciamiento de Pozuelo. 137 IiIERHA  LOS PARTIDOS. La ambicion , la antipatía , la casualidad los arrastró por di- verso camino. Por lo general las circunstancias forman los polí- ticos, y esta sabida verdad honra muy poco la consecuencia , fijeza de opiniones y el patriotismo de los hon-Wres públicos. Espartero , sin embargo , segura insistiendo aun oficina '- f'stra-olicialinente en la separacion de Mon y de Castro , base principal del gabinete. Vacilaba Cristina y se resistiabi á la dicta- dura militar 1Tios los ministros. El gobierno en tan críticas cir- eunstaneia y por mediacion de la reina go . bernadorá, trató de INatisfaeer en parte las personales exigencias del general en jefe. y le r ‘ acrifieó los generales Soria y Moscoso, que fueron separados sus mar y /ws reapectiyos. No era aquello una lucha de un general con el ministerio. Era una Ezuerra entre el poder militar y el poder civil ; era la usurpacion embozada de las regias prerogativas, el despótico lijercicic de una influencia inconstitucional, elevada á la altura del trono , y tan irresponsable é inviolable corno él. Algunos de los corifeos moderados á quienes consultó el go bierno en tal conflicto , y principalmente Isturiz , opinaban por que se admitiese la dimision al osado  , que tan impru- dentemente arrojara su espada en el vedado terreno de la política. Pero otros mas flexibles ó mas apocados , como Martinez de la Rosa , creyeron conveniente contemporizar con el altivo general, n comprendiendo su 1 . arikter dominante y su personal orgullo. ,kquella debilidad de h reina gobernadora , aquella desmedida faintianza en la lealtul y gratitud del general en jefe , fué indu- •a ► lemente el ori , c .len de futuros males y la causa principal de los di%ustos y del destierro de la misma Cristina. Sus sentimientos de, madre triunlbron esta vez de sus deberes de reina. La conser- N acion de Espal tero al frente del ejército era para ella una garantía (k próximo triunfo , y la salvacion del trono de su hija pesaba mas en :;t1 maternal corazon que la dignidad del gobierno y el de- coro de la monarquía. Disculpabh y hasta plausible error fué el de Cristina en juz- gar aíiue; acimfecimiento ca ► 1119 madre; pero la historia no puede menos de lamentar la poca energía de la reina , su ciega confianza 138  CAPÍTULO XL\ TI. en Espartero , la inmensa bondad con que lo trat2ba y (iisti ► ouia. Puede escusarse aquel impremeditado p,)so con  salce- la ley de la ece- sidad , manto bajo el cual se guarecen los mas funestos errores: pero esa necesidad no era absoluta , ni  onces ni ahora ha sido demostrada. El general Espartero era en '1 ei dad un jefe valiente y alar tuna do , de gran prestigio en las tropas , cuya discinlina bala resta- blecido, castigando con laudable severibil (110s  che Sars- field y Escalera; pero ¿era acaso el  ge n que pudiera guiar las tropas al combate ? ¿el único quizá que supiese conquistar lau- reles? ¿No estaban para reemplazarle el hábil organi'Ll.for Coi doviI. el táctico (kali, el intrépido O'Donnell N otros jefe' valientes y e,- periinentados en aquella clase de guerra En su sistema de crear conflictos al gobierno para de.t'aeredi- tarle y hundirle , rehusó el general en jefe enviar fuerzas á Ara- gon , celoso de los augurados triunfos del ejército del Centro: triunfos que por esas y otras causas se convi:'tieron en grave der- rota ante el amurallado recinto de la capital del Maestrazgo. La derrota de Morella ayudó grandemente á las ambiciosa- mirss de Espartero. Sus anteriors censuras sobre la ineptitud del ministerio quedaron justificadas. A sus exigencias unieron sus gritos apasionados los partidos , sus deseos la °im p on pública. Hl-riente esplotada por la prensa .y los club5;, y la ni(la del terio Ofalia fué inevitable. Apresuróse la reina á decretarla, temerosa de que se reprodu jcran los anteriores motines de las provincias . que empezaban insinuarse en la corte con proclamas y pasquines en que se pcdi, la renovacion del ministerio , poniendo al final como fundamento de la demanda lo siguiente : « Necesitamos sangre e y es menester derramar la de los ministros.., Difícil y hasta imposible era en aquellas eirmns.tancias la for- macion de un gabinete que satisficiese á lo que la opimon , la con- veniencia y la necesidad cxigian. Arriespdo pel i grosa como era entregar el gobierno al bando progresist , por su incapacidad y reciente descrédito , no lo era menos formar el ministerio de per- sonajes moderados , gastados y desprestigiados como gobernantes. LA GLERIa Y LOS PARTIDOS.  139 Otro inconveniente habia difícil de allanarse. Siendo los nue- \ os !ilinktros l'o:Abres de valía, fuese cualquiera el partido en que milita , Jeu, n podrian de ningun modo someterse á la humillante i_linniincion de Es p artero, envaleLtonado con su reciente triunfo. Babia /los c:;tremos; ó nombrar ministros de capacidad , de t3lnto, de cl . é(1119 y energía, talas como entonces se necesitaban, que lucharan c,-)n mejor fortuna que sus antecesores con la irritan- - P influencia del -.,.;ener)1 en jefe , ó buscar hombres desconocidos, laed:arill c.: , políticas , nulidades mas bien , que fuesen dóciles ins- trumentos (le Espartew, y 11e ayudasen con su tolerancia ó compla- cencia a desarollo ele s:Js planes de anibicion y de dominio. Esto i'lltitno fue lo que se hizo. F.1 duoue de Frias , buen literato , hombre de estudios y no de e.Teriencia de la política sin la malicia necesaria pata burlar las asechanzas de los partidos , fué nombrado presi- &tac del nuevo gobierno , siendo por esas cualidades de los me- Los á propósito para dirigir el timon del Estado en tan difíciles circunstancias. Entre sus compañeros, marques de Montevírgen, el de Valigornei a, Aldama y Ruiz de la Vega, solo este sobresalia, no mucho, p()r su instroceion y firmeza de carácter. El nuevo minis trio por su insignificancia política, si heterogeneidad y falta abso- luta de doh,:- y ara gobernar en tiempos de revueDas y osadas am- biciones  muerto como sucedió antes al de Bardaji , y como despul-s (laja suceder á los que al constituirse no fundasen su ("jstencia ele un1a energía esti aordinaria , en un sistema de gobier- ii<1 fuerte , justo y reparador. (:(Ima 1 , i et reci,n-i nombrado gabinete no encerrase ea su mis- 11 3 (...)!í-,!itucion el germen de la impotencia, de los conflictos q p (1 1 1)hri rodearle desde el primer dia , vino á agra- v1:i . 'su sihlacion /a desgracia que presidia á sus primeros pasos. a ! , .yll‘rra d 1 -1, NGrte, , si bieu no arrecia por entonces mal as- pecto , no adelantaba cuanto era necesario para calmar los cre- cientes eie:-.e,o3 de una pronta pacificacion. Mientras el Pretendien- te se reponia de la dervota física Y moral en su célebre espedicion á Castilla , Espartero organizaba su ejercito , estableciendo en él la moralizacion y la disciplina hasta allí completamente relajada, 110  CAPÍTULO \LUI. ha Meada en el verano último á Catalufia del conde de Espa- ña , escapado de la fortaleza de Lila en Fland f ,s, labia dado vid y aliento á las facciones del Principado. reconcentrando sus des- bandadas fuerzas, adiestrándolas en contimns evoluciones mili- tares y combinando su movimientos. Apenas el barori de iNlel podía preservar de una sorpresa las mas populosas ciudades ( , ,l- talanas sin lograr la menor ventaja ni adelantar no palmo de ter cerio . Pero donde el incremento de ks  éTa terr i ble , dond., por entonces había un peligro inminente para la causa libera. era en las provincias de Aragon y Valencia , que Cabrera domi- naba á su placer, teniendo la mayor parte de su territorio mili- tarmente ocupado. El triunfo de Cabrera sobre Oráa en la defen sa de Morella le hizo dueño del bajo Aragon y de !a rica huelt. valenciana. En vez de perseguir a Oraa despees de la retirada del sitio , como todos sospechaban , cayó de improviso sobro las ric;), roblaciones de la ribera que baña el Júcar, y rceogi5 sin el me nor estorbo á vista y presencia de varias divisiones contrarias u'l inmenso botín que encerró integro en sus fortificaciGneb del Mael, traigo. Así en el corto espacio de once dios verificó el jefe tort€1- sino la mas importante de sus incursiones, en la cual ademas d mucho (linero sacó seiscientos caballos y gran cantidad de provi- siones y de armas. El afortunado y temerario caudillo, que completó con esta e - pedieion el triunfo alcanzado en la sitiada plaza . obtuvo de Sd soberano el titu'o de conde de Mol ella y el nombrainierno de 'u niente general de sus ejércitos. Pero donde creció hasta lo stm,,, la fama de Cabrera, y donde el nuevo ministerio sufrió su pri mero é inesperado percance , fué en la accion de Maelia en TI quedó completamente derrotada la division del general y muerto este gloriosamente al frente de su cabal!eria. Era Pardinas uno de los jovenes jefes mas valie3tes e instrui- dos del ejército y de los mas halagados por la opinion pa/je . La instruccion y popularidad le abrieron en la legislatura anterifli las puertas del Congreso, trazando ante sus ojos un magnilicit porvenir de gloria y engrandecimiento. Quizá estaba destinado el 4 I  GUERRA Y' LOS PARTIDOS.  1 1 g eneral Pardas á ser el !Antag3nista de Espartero y á represen- l iar el papel de Narvaez en la historia militar y política de nues- tro pis. Fué el primero y el único general cristino que murió en la guerra civil peleando) al frente de sus tropas, víctima de su te- :neridad y arrojo. Tan desgraciado reves produjo nuevas desgracias y tropelías en las poblaciones; apuros y conflictos en el gobierno. De resul - ta de haber fusilado Cabrera subte el campo de batalla ciento se- senta y un pi isioneros de caballería, á pretesto (le 110 haber dado ellos cuartel á quince de los ctirlistas que al principio de la ac- cion eaveron en sus manes dióse principio á la reproduccion de CSCCIIIIS desoladoras en que represalias sangrientas inmolaron en v13 ias ciudades á la jUVCiiiud que el plomo y el hierro habian res- petado en los campos del combate. Tan atroz fusilamiento de que hasta entonces no habia pre- sentado ,jernplo la guerra civil , el incendio del pueblo de Urrea y la muerte de algunos de sus nacionales exasperaron al popula- dio de Zaragoza, conmovido ya desde el trágico suceso de Maúlla. linutinada la milicia pidió á gritos el fusilamiento de los prisio- 5t üros  logrando c i general San  calmar u 11 tanto (9piella iu( . itacion con decretar en union de una junta popular la gran número de habitantes de los llamados desafectos. 1 aunque el órgano de los amotinados ,  Novicio decia el 11 de OCalbrv: 1\40 nias indultos, no mas cozttemplaciones; con tengamft. la sangre con la Sangre... esos tigres que hacen burla % e k , : carnio  litiCt,Wt lenidad , se amansarán bien pronto : » dicho evii 4 ) las inútiles represalias, y escribió á Cabrera , ame- nazaudhle, u(,-)n  , si por su parte se re . producian tan - zn 1 v:Ci es c4;c4,sos. Acole la zullnquia habla triunthdo casi siempre, ík,1,0 1 #1*# ( . 11 es 4 ct época SUS íl I sinatiws y SUS venganzas. La noticia de haber sido fusilados (le orden de Cabrera noventa  s eis (1e la division de 1.4rdifías, acusados de una tentativa de e,\asion, cegó de ira y de despecho á los valencianos. El segundo cabo D. Froi!an Mendez Vigo, abriéndose paso , espada en mano, 1  mimo xus por entre las turbas enfurecidas con ánimo de eoiltenerli,s, muerto de un balazo entre alaridos de júbilo Fal\,,je. La milicia nacional , imitadora y protectora del motín redactó una esposi- cion pidiendo se encargase del mando el general D. Narciso Lo pez, se removiesen los empleados d e safectos , se eli e jese nueva diputacion provincial y otro ayuntabliento, se prendiese á los til- dados de carlistas, y se fusilase á los prisioneros'. Apenas se en- cargó del mando de las armas el nuevo jefe. hizo fu c, i1,1r í nuevt. oficiales carlistas, y exigió á los desafectos un pK . staflio folzól) de seis millones, adoptando otras medidas de inusita(l ► rigor con el auxilio de una junta revolucionaria, compuesta de los ex-dipti dados Tarin, Salvá (D. Manuel) y D. Vicente B(Ttran. de Lis. En la faccion en la ciudad se habia enarbolado el negro pendon de la muerte y del esterminio , y Lopez en Fa poldacion Cabrera en el campo parece que luchaban por llevarse la palma en la ejecucion de aquel sistema de terror y de barbarie. Rendido á la faccion el castillo de Yillamalefa, fueron fusilados en Villa- hermosa cincuenta y cinco de sus setenta y tres defensores', , en expiacion , decia Cabrera, de la sangre de los oficiales carlistas sacrificados en Valencia el dia anterior.: A su vez la junta de re- presalias dediehl ciudad decretó á los pocos dil.ts el une e o saeri- ficio de cincuenta y cinco prisioneros , que fueron pasado3 por las armas para aplacar los manes de las víctimas de Villahermosa. Tan repugnante sistema de asesinatos fué propagándo . , : e por el reino de Valencia, repitiéndose en las principales poblaciones las escenas de inicua venganza. En Alicante , para calmar en parte la sed de sangre de los amotinados nacionales , se fusiló á dos presos yi juzgados, de los cuales el uno baja sido absuelto y condenado á presidio el otro. Solo con tan horrible condescen- dencia por parte de la junta citada para contener el niotin , se libró la vida á los prisioneros trasladados á Tabarea, y e=; 'i! las tropelías de costumbre. Los nacionales de Játiva , organizando también la junta con dos individuos por compaftía , prendieron :3/4 veinte y echo de sus compatriotas en el sentido de desafectos, y fusilaron á uno de ellos al cija, siguiente. L 1L Gumini Y LOS PARTIDOS.  143 Tornando por pretesto los alborotadores de Murcia el fusila– miento de unos nacionales que , escoltando la diligencia de Ma- drid , fueron sorprendidos por las facciones de la Mancha , inti- wron nl comandante general que para calmar la agitacion del pueblo procediese al pronto castigo de algunos presos. La junta (1e represalias, donde para escarnio y baldon de la magistratura figuraban también los jueces de primera instancia, resignóse á ser bajo instrumento de sanguinarias exigencias, y pretendiendo jus- ifie2r la tiranía con el fanatismo, acordó : « que para evitar la vefusion de sangre y los desórdenes consiguientes á las conmo- »ciones, se ejecutase pro salute populi la pena de muerte que el ,juzgado de Murcia tenia consultada con la audiencia territorial ocon respecto tres de los presos, haciéndola estensiva á dos ofi– ciales prisioneros. de Tallada uno y otro de Cabrera.» Y esta iniquidad fue consumada en la mañana del 30, siendo inmoladas seis víctimas por sentencia de una heterogénea amalgama de autoridades, erigidas por un motin en tribunal revolucionario. El general Van-Halen hablase encargado á la sazon del mando del ejército del centro en reemplazo del infortunado Oráa , y por complacer al general en jefe , á quien convenia tener en aquel punto no un rival sino un protegido. Escribióle Cabrera queján- dose de las tropeliaa , de Valencia y otras ciudades, y quejósele á Lt vez Yanallaien de los fusilamiento?, de Mulla y Villahermosa. Wasion era aquella de haber puesto un dique á tanto estrago, á tan salvaje matanza , regularizando la guerra corno lo estaba tiempo hacia 1 . n las provincias del Norte. Pero el orgullo de Van Halen en no querer tratar de igual á igual con Cabrera, la cegué 1 ; a:1 ( y , los revoltosos , que creian dominar aquella situacion g:M[101a en sangría, y las imprudentes escitaciones de la prensa pr,)gresista , que aconsejaba corno medio de salvacion la conti- unacion del terror y el estcrminio, imposibilitaron por entonces el remedio de unas desgracias que horrorizaban á la nacion. Este estado de anarquía y de agitacion en las provincias , al paso que patentizaba la impotencia del gabinete , le privaba en los mas críticos momentos hasta de gran parte de los recursos ordinarios, Ll baron de :Ger en Cataluña, para sostener su des– cuím,o xult. atendido ejército, tenia hace tiempo confiscados los ingresos de las tesorerías del Principado, y Van Halen , imitando su arbitra- ria conducta, habia hecho lo mismo con los de Valencia Aragon y Murcia. Espartero, á la vez, abrumábale con nuevas exigencias , reca- bándole el nombramiento de Alaix para el departamento de la Guerra, no obstante su desprestigio por la reciente derrota cerca de Puente la Reina. Ninguna de estas complacencias satisfacía por completo al ge p eral en jefe. Fija la vista desde su cuartel general en la prepon derancia que por momentos adquiría Narvaez . solo á cortar el vuelo de tan temible rival eneaminábanse sus afanes. En medio de su docilidad , dejábanse entrever en el ministe- rio tendencias á emanciparse de la tutela de Espartero , valién- dose de Narvaez como instrumento á propósito para poder derri barle. Para traer á sus órdenes al engreido é independiente jefe del ejército de reserva, exigió aquel del gobierno enviase á Nar- vaez con la mayor parte de sus tropas al distrito de Castilla la V ieja para emprender con su auxilio importantes operaciones. No queriendo el gobierno chocar de frente con la popularidad áde Narvaez, apoyado á la sazon por el partido ultra-liberal, cuyo sistema de terror acababa de plantear en la Mancha , y no atre- viéndose por otra parte á luchar con Espartero, amaestrado ya en el arte de derribar ministerios , creyó conciliar todos los inte- reses , confiando al primero la capitanía general de Castilla la Vieja , mandándole pasar allá con una parte de su ejército de re- serva, y declarando que este conservaria siempre su denominacien. y su jefe la independencia del cuartel general del Norte_. Vióse burlado Espartero en sus planes de absoluta domina- cien , y propúsose castigar la indocilidad de los ministros. Este inesperado desaire , y el obsequioso recibimiento que , su paso por la capital , recibió Narvaez de la reina , de los minis- tros y del pueblo de Madrid , al hacer desfilar sus brillantes bata- llones bajo los balcones del régio alcázar , exasperaron los celos de su rival , quien , en una violenta esnosicion en que se incluía la acostumbrada amenaza de dimitir el mando, censuraba agria- GUERRA. Y LOS PARTIDOS.  115 mente la idea de la forrnacion del ejército de reserva , poniendo de manifiesto las ambiciosas tendencias de Narvaez, y tildando de ineptos á los generales que habian sancionado su plan de opera- ciones. Lo que sus censuras y amenazas no conseguían ofreciósele una de esas vicisitudes políticas que cambian á cada momento la posicion y la suerte de los personajes que en ella figuran. Mentados los exaltados por la debilidad del gobierno , trata- ban de impedir por medio de un motón , como lo hicieron en agosto del 36 , la reunion de las Gines moderadas , convocadas en su segunda legislatura para el 8 (le noviembre. Sabedor el mi- nisterio de aquellos proyectas , trató de sofocarlos, ordenando á Narvaez acercase á media noche á la coronada villa sus tropas, acantonadas en los Carabancbeles. Ilízose este alarde de fuerzas sin contar con el capitan general Quiroga , ni con la milicia na- cional ; y resentido el primero , que era ademas inspector de la fuerza ciudadana , de aquella desconfianza , que era una ofensa, presentó su dirnision. La reina no creyó prudente aceptarla , y eseutido de ello Narvaez pidió licencia para restablecer su salad, y salió medio desterrado á Lora . su pais natal. Tiempo es ya de que examinemos la conducta del ministerio Frias en aquellas luchas de la ambicion militar , y de la anarquía contra el órden. En la indispensable reseña que acabamos de ha- cer de los sucesos de la guerra y los nuevos desmanes de la re- volucion , se habrá. observado la apatía , la impotencia , la nuli- dad del ministerio. Odiado por sus naturales enemigos los pro- gresistas , desacreditado á los ojos de los conservadores , comba- tido por el general en jefe , dominado y acobardado por las cir- cunstancias, ni el aspecto de la guerra mejoraba, ni en la causa del Orden , ni en la urganizacion social halagüeños resultados se ad- vertian. Medroso, vacilante, indolente el gabinete del duque de Frias ante los acontecimientos , dejábalos sucederse sin tomar la iniciativa en liada , imprimiendo á la política moderada, cuyo representante era, el carácter de debilidad , de desprestigio y de consuncion que en otras épocas no distantes causara su ruina. Cuando mas energía se necesitaba para sostener el'principio TOMO lit,  10 116  CAPÍTULO XLVII. de autoridad , tan hollado y abatido desde anteriores épocas, cuando mas falta hacia una mano reparadora que , aboliendo el terrorífico sistema de la revolucion , atrajese con actos de justicia y buen gobierno al bando absolutista , desengañado ya del triunfo de la guerra y deseoso de lograr la paz aun á costa de sus prin cipios , el ministerio atizaba la tea de la discordia , dando carác- ter legal á disposiciones tan bárbaras y crueles , como las qne solian adoptar los demagogos bajo la ley de los puñales. Mentira parece que un gobierno legalmente constituido , que se llamaba moderado, que se decia defensor de principios conser- vadores y gobernaba en una época , que se habla inaugurado bajo la enseña salvadora para todas las sociedades y gobiernos de paz, i$rden y justicia, pusiese en ejecucion medidas tan atroces corno la que en aquellos dias dictó el ministro de la Gobernacion, marqués de Vallgornera fundándose en la impunidad con que, al abrigo de las leyes ordinarias , conspiraban los carlistas contra el trono cons- titucional , espidió el 26 un decreto mandando «salir en el térmi- no de ocho dias de Madrid y de los pueblos situados en un radio »de ocho leguas á las mujeres é hijos menores de las personas que estuviesen al servicio de D. Carlos , prohibiendo bojo pena de la 3 vida toda correspondencia aun la mas familiar con ellos, y juz agar y castigar por un consejo de guerra á los que les prestasen #)auxilio de cualquiera especie. Las mujeres y niños estrañabs de- bian ser vigilados por las autoridades de los pueblos en que fija - asen su residencia.» Solo el miedo á la revolucion , una pueril cobardía , la falta de conciencia y de dignidad, á mas bien la completa ofuscacion de los sentidos, pudieron influir en el desatentado ► inistrm para lanzar un decreto de proscripcion y de muerte contra centenares de familias, digno de la convencion francesa en los dias de su mayor delirio. Cómo era posible que tan desconcertada administracion no aumentase el disgusto general , y no exacerbase los síntomas de resistencia que por (bucle quiera se columbraban , alentados unos en sus planes demagógicos , heridos y maltratados otros en 10, , afectos más caros á su corazon , alarmados y descontentos todos 1 4 GUERRA Y LOS PAUTIDOS.  147 con el temor de un sangrimto porvenir, de un cataclistrio poli:ti-- CC>, de una disolucion social Esplorando los eternos revoltosos de la corte la lastimosa si- tuarion del gobierno, ¿ in ratos con quien de tal modo favorecia de sus planes, amotináronse sus intereses y preparaba el logro contra el el 3 de noviembre , haciendJ circular desde por la ma- ñana un e,;crito incendiario, que entre otras cosas contenía lo siguiente : mínislerio inmoral , ciego iustrumento de viles y colar-- » des traidores vendidos al oro estuanjero, condnce nuestra des- »f-g . aciada patria á un abismo insondable (le terribles desventu- -  Entre nosotros viven_ los cobardes y enmascarados je- „ res de sus verdugos; entre nosotros existen ellos y sus intitules »cómplices , los monstruos que en sus negros conciliábulos con- » cibieron el infernal proyecto que abortó en la noche del último • domingo (28 de octubre).» Se suponia que el provecto era pro- n i ,fiver una colision entre las tropas regulares y la milicia, y des armar á esta y establecer un régimen militar  «,; A qué espe- »ramos , si va los conocemos .... A las armas, á las atinas, y- nc ,depongamos basta que con su impía sangre hayan expiado i.t;) , ,espantosos cri enes los viLs autores de nuestras terri_bles des gracias hasta que la baudera nacional tremoli.- vencedora sobre »el alcrízar de la traicion. ” En el mismo dia el periódiA), (::rgano habitual de estos sentimientos' , El Eco) , ponia en boca de uno de sus corresponsales  se nos vende ; por la mano se nos conduce »al abismo ; el triunro de la teocracia se acerca__ que los pa ,triotas el,nvencidos (le la torcida marcha de los retrógrados_ _ vo vacilen en adoptar el partido pie las circunstancias si.italan, -y que todos los hombres libres cuentan como el único recurso »de salvaeion  Una mano oculta trabaja en la ruina de la patria, es menester que los liberale , --  Se apresuren cortar la ma - .no oculta que en 1 823 cortó el árbol de la libertad. A las armas. »pues , contra los traidores.» Por fortuna la milicia , compuesta en su mayor parte de em pleados y honrados menestrales, prestó su clicaz eooperaciou á las autoridades, que lograron sofocar ( 4 motin y prender á algu- [Document text truncated for crawler view.]