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Aportaciones de Heredoto de Halicarnaso al conocimiento de la construcción en la Antigüedad

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Aportaciones de Heredoto de Halicarnaso al conocimiento de la construcción en la Antigüedad

Author: Graciani García, Amparo
Publisher: Instituto Juan de Herrera, CEHOPU, Universidad de Sevilla
Year: 2000
Source: https://idus.us.es/bitstreams/b1e59d1c-ef90-401f-b63c-1d5a21649d62/download
Apo aciones de He odo o de Halica naso al conocimien o de
la cons ucción en la An igüedad
E i a que con el iempo caye an en el ol ido las g an-
des y ma a illosas hazañas ealizadas an o po los
g iegos como po los bá ba os.
La ob a de He odo o de Halica naso, que --ca en e
de un í ulo o iginal- la his o iog a ía ha enido a
denomina Los nue e Lih os de la His o ial, o sim-
plemen e His o ias? es uno de los ex os más enom-
b ados de la An igüedad, siendo conside ado una
uen e de in o mación imp escindible pa a el conoci-
mien o de la His o ia de es e pe íodo. Todo ello, po
inclui en e las copiosas no icias de sus iajes e «in-
es igaciones» (como el au o las llama en el p oe-
mio del ex o) innume ables da os, impa cialmen e
a ados, ela i os a pueblos an dis an es como Egip-
o, Babilonia, Pe sia o la Magna G ecia, diseminados
en un ex o cuyo ema p incipal es el con lic o en e
G ecia y Asia desde iempos mí icos has a la de o a
de Je jes. Mucho se ha esc i o sob e es a cues ión y
sob e o os aspec os de la ob a: su au o ía, o ígenes,
da ación, inalidad, es uc u a, undamen os y ca ac-
e ís icas li e a ias, pe du ación y p oyección so-
cial, Sin emba go, has a la echa se han eludido
conside aciones de conjun o como las que se p e en-
den aba ca en es as páginas: qué apo aciones se
pueden ex ae de la ob a ela i as a los mé odos y
los ma e iales cons uc i os de los di e en es pueblos
que el au o e ie e en su ob a y qué ipo de cues io-
nes ue on las que más le llama on la a ención; en
qué medida ales e e encias ue on u o de la obse -
ación
y de la con emplación di ec a o, po el con a-
Ampa o G aciani Ga cía
io, se basa on en la adición o al, pa a así pode de-
e mina , como úl ima cues ión, el g ado de iabili-
dad que sus comen a ios o ecen.
Es a comunicación se o ganiza á en es g andes
bloques: en el p ime o, se ecoge án las azones que
o o gan la impo ancia a es a ob a; en el segundo, se
es udia á la es uc u a de los comen a ios sob e cons-
ucción que He odo o ecoge, pa a dedica el e ce o
y úl imo a un comen a io c í ico de las e e encias
sob e cada cul u a, analizando las azones de sus p e-
sencias y ca encias.
ApORTACIONES DE LA OBRA. GENERALIDADES
Du an e siglos, las únicas e e encias esc i as di ec-
as de los mé odos de cons ucción de la An igüedad,
han sido las incluidas po los iaje os clásicos en sus
ex os; así ha sido al menos has a el siglo XIX con la
apa ición de los p ime os iaje os decimonónicos y
el inicio de los es udios sob e lenguas his ó icas, que
posibili a on el análisis de ex os o iginales de cada
una de las ci ilizaciones sob e di e sos sopo es. En-
e ellos, los de Es abón, He odo o de Halica naso,
Diodo o de Sicilia, Plinio el Viejo, E a ós enes de
Alejand ía,.. .
Pe o ¿qué es lo que hace an especial el ex o de
He odo o'? El es udio de allado de Los Nue e Lib os
de la His o ia de He odo o de Halicamaso, conside-
ado en con aposición a los ex os de o os iaje os
pe ipagé icos de la An igüedad, nos pe mi e sin e i-
Ac as del Te ce Cong eso Nacional de His o ia de la Cons ucción, Se illa, 26-28 oc ub e 2000, eds. A. G aciani, S. Hue a,
E. Rabasa, M. Tabales, Mad id: I. Juan de He e a, SEdHC, U. Se illa, Jun a Andalucía, COAAT G anada, CEHOPU, 2000.
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za en cua o las ci cuns ancias que hacen pa icula -
men e in e esan e es a ob a: la singula idad de los
da os apo ados, la uni e salidad de las e e encias,
la impa cialidad en el a amien o de la in o mación
(que nos asegu a la iabilidad de ]a in o mación
ansmi ida) así como las escasas al e aciones eali-
zadas a lo la go de la His o ia sob e el ex o o iginal
(que, en es e caso, ga an iza la iabilidad de la in o -
mación ecibida).
La singula idad de los da os apo ados
Una de las p incipales apo aciones de He odo o es
que algunas de las e e encias que inco po a en su
ex o de p ocesos o p ocedimien os cons uc i os
cons i uyen la única (o una de las escasas) uen e!s
de in o mación sob e al cues ión, po lo que g a-
cias a ]a alusión de He odo o su ecue do no ha
quedado i emediablemen e pe dido. Muchos de los
comen a ios de He odo o no ienen simila , esul-
ando especialmen e singula es los que se e ie en a
la cons ucción de las pi ámides. En cie o modo,
es a singula idad se pie de pa a la in o mación que
el au o o ece sob e ]a e apa neobabilónica, ya que
da os pa ecidos a los que He odo o incluye, se eco-
gen en ob as de au o es como Es abón, E a ós enes
de Alejand ía y, muy especialmen e, Diodo o de Si-
cilia en su His o ia Na u al (lib o III, 7.2-13), si
bien odos ello pos e io es en el iempo y, a excep-
ción de Diodo o de Sicilia, con una mayo ca ga de
an asía.
La uni e salidad de las e e encias
En cohe encia con el ambicioso plan de He odo o de
aba ca de o ma impa cial e e encias his ó icas de
odos los pueblos conocidos en la época, de Eu opa,
Asia y Á ica, po pequeños que és os ue an, las alu-
siones a la ac i idad cons uc i a de la época se e-
ie en a zonas muy a iopin as y dis an es del Medi-
e áneo Occiden al, incluso de pun os de Asia,
Á ica y España, donde He odo o ealizó sus incu -
siones. Asia Meno , de donde hoy se acep a que el
au o e a o igina io" Egip o, la Magna G ecia, Babi-
lonia,... Pese a odo, la uni e salidad no llega a
consegui se; así, de Mesopo amia, a pesa de que el
au o p ome ía habla de o os loggoi (1, CV1)4, como
A. G aciani
,dos loggoi asi ios» (1, CLXXXIV), en e ellos Níni-
e, se limi a a analiza Babilonia, aunque llega a ol-
ida edi icaciones hoy conside adas an emblemá i-
cas como los Ja dines Colgan es que, si uados al NE
del Palacio Real ue on una de las Sie e Ma a illas
de la An igüedad y que po el con a io sí desc ibie a
Diodo o de Sicilia.
La impa cialidad en su a amien o: la iabilidad
de la in o mación ansmi ida
Aunque el deseo de He odo o de plan ea la in o ma-
ción de una o ma impa cial en cie a medida asegu-
aba la iabilidad de la in o mación, ac ualmen e sólo
se acep an algunos de los da os apo ados po el au-
o , siendo o os, po el con a io, o almen e dese-
chados. De hecho, su c edibilidad no es cons an e a
lo la go de la ob a sino que depende de o os ac o es
como la uen e de in o mación, o el ca ác e , desc ip-
i o o cuan i a i o, del da o apo ado.
La in o mación apo ada po He odo o combina
dos uen es de in o mación: de un lado, la obse a-
ción di ec a y la expe iencia pe sonal, y, de o o, la
ansmisión o al, si bien el ca io no suele menciona
-po lo gene al- cuáles han sido sus uen es de in-
o mación cuando algo lo con aha de oídas; cuan o
más, indica que p ocede de «au o es g iegos», sin in-
dicación exp esa de quiénes, po ejemplo cuando e-
ie e el paso de las opas del ey C eso po el ío Ha-
lis, que He odo o incula a una impo an e ob a de
ingenie ía consis en e en la desecación de su cauce
lu ial. Po an o, He odo o ecopila da os de di e so
g ado de iabilidad, esul an es de una ansmisión,
di ec a unos, e indi ec a o os.
Los da os ac ualmen e acep ados po la his o io-
g a ía co esponden a aquellas cons ucciones en las
que la uen e de in o mación empleada po el au o
ue o pudo se la p opia obse ación di ec a y su ex-
pe iencia pe sonal; el p opio ca io apun aba las en-
ajas de la obse ación di ec a en e a la ansmisión
o al, cuando, en ocasiones, dis inguía la p ocedencia
de las e e encias, sin duda ma cado po el concep o
de la His o ia que ya encon amos en los his o iado-
es jónicos p eceden es.
No se a a de un p ejuicio a p io i, pues o que no
siemp e el au o indica que la in o mación esul a de
su p opia obse ación, sino que en algunos casos la
me iculosidad en el a amien o de cie as cons uc-
Apo aciones de He odo o de Halicamaso 453
ciones exis en es en su época (como el ziggu a de
Babilonia) hace pensa que pudo llega a con em-
pladas; en cualquie caso, siemp e queda á la ince i-
dumb e de si es u o o no en un luga de e minado y,
po an o, el g ado de iabilidad de la in o mación
ansmi ida.
Su iabilidad se ac ecien a si conside amos que, en
ocasiones, demos ando una ole an e ac i ud, p esen-
a a ias e siones de un mismo hecho, con apo-
niendo sus p opias e siones a o as que es ima me-
nos acionales, y de las que sus objeciones -a
eces- no pasan de se insegu as y simplis as. En lo
que a ob as de cons ucción e ingenie ía se e ie e no
al an ejemplos de plan eamien os di e gen es, que
en es a comunicación de alla emos: po ejemplo, so-
b e la ealización o no de una ob a de desecación del
ío Halis pa a el paso de las opas del ey C eso);....
Sin emba go, no al an con adicciones (e incluso e-
pe iciones) en el ex o, posiblemen e u o de una e-
o denación pos e io de la ob a, a la que al ó una e-
isión inal.
El ca ác e del da o (desc ip i o o cuan i a i o)
La mayo pa e de los da os o ecidos po He odo o
son cuali a i os; sólo apo a in o mación numé ica
en lo que se e ie e al núme o de ob e os que abaja-
on en la cons ucción de la pi ámide de Keops, la
du ación del p oceso,... Po el con a io, exis en
o os au o es que son mucho más p ecisos y más da-
dos a ello, como Diodo o de Sicilia que apo a in o -
mación sob e las dimensiones del puen e de Babilo-
nia. La mayo pa e de las ci as que He odo o
e ie e son hoy cues ionadas.
La iabilidad de la in o mación ecibida
En gene al, puede a i ma se que el ex o que nos ha
llegado man iene el g ado de iabilidad inicial pues o
que a lo la go de la His o ia, el ex o o iginal no se
ha is o al e ado sus ancialmen e a di e encia de Los
Diez Lib os de A qui ec u a de Vi u io. La iabili-
dad de la in o mación ansmi ida, como an es se ha
e e ido, unida a la iabilidad de la in o mación eci-
bida con ibuyen a la alo ación del ex o de He odo-
o como uen e de in o mación pa a el conocimien o
de la cons ucción en la An igüedad.
ESTRUCTURA DE LA INFORMACiÓN APORTADA
Las e e encias cons uc i as ecogidas en el ex o de
He odo o apa ecen dispe sas en la g an can idad de
ela os, acon ecimien os y desc ipciones geog á icas
y e nog á icas que el au o expone en cada loggoi, y
que -a su ez se es uc u an en 9 lib os, cada uno
de ellos de ellos in i ulados con el nomb e de una
musa: Clío (/); Eu e pe (II); Talía (Ill); Helpómene
(IV); Te psíco e (V); E a o (VI); Polimnia (VI/);
U ania (V/lI) y; Caliope (IX). P ecisamen e, el in e-
és de es as páginas es iba en auna odas es as e-
e encias, do ándolas al iempo de su co espondien e
apa a o c í ico.
Las alusiones a es os pueblos, y en consecuencia a
sus mé odos cons uc i os no siguen pues un o den
c onológico sino que obedecen al de los iajes del
au o , condicionado po las ci cuns ancias bélicas del
momen o. Así, a las p ime as e e encias que son
g iegas, des acando las que se e ie en a A enas, de
la que demues a un buen conocimien o, y desde la
que debió eco e G ecia Con inen al y cons an es
e e encias a nume osas islas del Egeo y a su cos a,
zonas és as que debió conoce en su ju en ud. Es a-
án seguidas po las pe sas (ob enidas as la Paz de
Calias, 448 a.C.), y as las ic o ias de Ci o, Da ío y
Cambises, las babilónicas, egipcias, esci ias y libias.
Son bien conocidas sus e e encias a Egip o a donde
iajó después del año 449 (en ealidad, algunos his-
o iado es piensan que ealizó dos iajes), país en el
que no debió de es a más de cua o meses según se
ha podido demos a po alusiones a las c ecidas del
Nilo. No al a on iajes po o ien e, aunque és os e-
sul an más di íciles de alla , po la Magna G ecia y
quizás po las colonias g iegas de F ancia y España,
que p obablemen e isi a a desde Tu ios, ciudad en
la que -según la adición- mu ió p obablemen e
en e los años 429 y 424.
No obs an e, y a pesa de la dispe sión de e e en-
cias cons uc i as a lo la go de la ob a, se obse a
una cie a acumulación de ellas, en los dos lib os p i-
me os, que, en gene al, son mucho más desc ip i os,
que los es an es, que, po el con a io, esul an más
na a i os, ciñéndose el ela o a pa i del lib o V a
las Gue as Médicas. Po ejemplo, ya en el Lib o III
(Talía) sólo se ecogen dos no icias ela i as a el
acueduc o de Co ys (capí ulo IX) y Samos (capí ulo
XXIV).
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REFERENCIAS CONSTRUCTIVAS
Sob e la cons ucción g iega
Como ya hemos comen ado, las e e encias a la
cons ucción g iega apa ecen undamen almen e en
e] lib o 1, Clío. En és e, se aluden ]a in ención de la
soldadu a (que He odo o a ibuye al o eb e Glauco,
na u al de Chíd' ]a u ilización de áb icas e es idas
po Jad illos de o o (gene a]men e «blanquecinos» y
excepcionalmen e ac isolados, que po las dimensio-
nes apo adas ( es y seis palmos) debían con o ma
una áb ica a soga y izón (1, XXXV) Y del id io (1,
XXXV).
Sin emba go, la in o mación más de allada se in-
cuJa di ec amen e a las ac uaciones del ey C eso, en
conc e o a ]a desecación de] ío Halis (1, LXXV), a la
cons ucción de] úmulo de A]ya e, su pad e (1,
XCIII). La desecación del cauce del ío HaJis, una
au én ica ob a de ingenie ía en opinión de He odo o,
-según el au o , que se apoya en algunos au o es
g iegos, sin llega a conc e a en quiénes- se debió
a Thales de Mile o, «que se hallaba en eJ campo»,
pa a que las opas del ey C eso c uza an el ío Ha-
lis. Según He odo o, p ocedió a la desecación del
cauce «pa a que el ío que co ía a la izquie da del
ejé ci o co iese ambién a ]a de echa. Dicen que más
a iba de los eales hizo ab i un cauce p o undo, que
en o ma de semicí culo cogiese a] ejé ci o po la es-
pa]da, y que así ex ajo una pa e del agua, y ol ió a
in oduci ] a en e] ío po más abajo de] campo, con lo
cual, o mándose dos co ien es, queda on ambas
igualmen e adeables. Pe o a He odo o no pa ece
con o ma le es a explicación: «y aún quie en algunos
que la mad e an igua quedase de] odo seca, con ]0
que yo no me con o mo, po que en onces ¿cómo hu-
bie an podido epasa el ío cuando es u iesen de
uel a?»(l, LXXV).
Sob e ]a cons ucción del Túmulo de Alya e, pad e
de C eso, del que en época de He odo o aún se con-
se aba la base, g andes bloques ciclópeos, sabemos
g acias al au o que ]a pa e desapa ecida e a de ie-
a; pe o además de apo a sus dimensiones (seis es-
adios y dos pie os o yugadas de longi ud y ece yu-
gadas de anchu a), e] au o e ie e cómo ue
cons uido undamen almen e (según é] mismo dedu-
ce de sus dimensiones) po unas muje es y ambién
con ando con ]a pa icipación de di e en es g emios
«<de la plaza y de los a esanos»), quedando cons an-
A. G aciani
cia median e insc ipciones de qué pa e ue cons ui-
da po cada uno de ellos (1, XCIII).
Sin emba go, dispe sas en o os lib os apa ecen e-
e encias a pueblos y ciudades g iegas del Pelopone-
so y de Asia Meno . Así, en el Lib o III (Talía) dedi-
ca pa e del capí ulo LX a la cons ucción de]
Acueduc o de Samos, en una de las dos únicas e-
e encias cons uc i as de dicho capí ulo". Hoy sabe-
mos que es e acueduc o ue cons uido en el año 530
a.e. si bien la his o iog a ía adicional lo conside ó
du an e mucho iempo el p ime acueduc o de ]a His-
o ia de ]a Cons ucciónB. Según He odo o, e a una
de Jas es ob as más impo an es de es a población:
«És e es uno de los es monumen os de Samos. E]
o o es su muelle, e aplén le an ado den o de] ma ,
que end á 20 o gias de al o y más de dos es adios de
la go. El e ce o es un magní ico emplo, el mayo
ealmen e de cuan os he aJcanzado a e has a aho a,
cuyo p ime a qui ec o ue Reco, na u al de Samos e
hijo de Files» (IlI, LX).
ExpJica de alladamen e el p oceso cons uc i o de
es e acueduc o sub e áneo y sus dimensiones, al
iempo que indica que ue cons uido po Eupalino
«el mage ense»: «Po las en añas de un mon e que
iene 150 o gias de al u a ab ie on una mina o cami-
no sub e áneo, al cual hicie on dos bocas o en adas.
Empeza on ]a ob a po la pa e in e io del mon e y
el camino cubie o que aHí ab ie on iene de la go
sie e es adios ocho pies de al o y o os an os de an-
cho. A ]0 la go de la mina exca a on después un
acueduc o de 28 codos de p o undidad y de es pies
de anchu a, po den o del cual co e acanalada en
sus a caduces el agua que, omada desde una uen e,
llega has a ]a misma ciudad. El a qui ec o de es e
oso sub e áneo, que si ie a de acueduc o, ue Eu-
palino el maga ense, hijo de Naus a o» (IlI, LX).
En los lib os V (Te psíco e), VI (E a o) y VII (Po-
Jimnia) se ecogen de o ma dispe sa y en meno nú-
me o que en o os lib os, una no po ello menos in e-
esan es, e e encias a cons ucción en es e caso, de
pueblos en con ac o con la población g iega con i-
nen al o de Asia Meno . Po ejemplo, los emplos
cons uidos en A enas po los ge í eos (V, LXI), en-
e ellos el de Ce es Acaica, o las casas de Sa des,
cons uidas -según el au o - con cañas (y algunas
con adobe) y cubie a ba dada (V, Cl). Especialmen-
e in e esan e es e] pasaje ecogido en el Lib o V,
He odo o ecoge la p ime a mención esc i a que se
conse a sob e una cons ucción pa]a í ica, a] aludi
Apo aciones de He odo o de Halicamaso 455
las casas le an adas en la laguna. ... El au o e e en-
cia los pilo es de made a que, anclados en el lecho
del ío, sos ienen la edi icación, la pla a o ma (<< a-
blado») sob e la que se alza la i ienda y la pasa ela
«<puen e») que une la pla a o ma con la zona de ie-
a. Según He odo o en la cons ucción de es as pe-
culia es i iendas in e inie on odos los miemb os
del poblado si bien sus necesa ias epa aciones e an
encomendadas a las muje es de es a sociedad: «En
medio de dicha laguna se en le an ados unos anda-
mios o ablados sos enidos sob e unos al os pila es
de made a bien abados en e sí, a los cuales se da
paso muy es echo desde ie a po un solo puen e.
An iguamen e odos los ecinos ponían en común los
pila es, y a esaños sob e que ca ga el ablado; pe o
después, pa a i los epa ando, se han impues o la ley
de que po cada una de las muje es que ome un ciu-
dadano ( y cada ciudadano se casa con muchas muje-
es) ponga allí es made os, que acos umb an aca-
ea desde el mon e llamado O belo. Vi en, pues, en
la laguna, eniendo cada cual le an ada su choza en-
cima del ablado donde esiden, y habiendo en cada
choza una pue a pegada al ablado que da a la lagu-
na...»9.
En el lib o VIII, Polimnia, analiza la cons ucción
del puen e sob e el Helespon o, sob e el p oceso de
exca ación (VII, XXIII-XXVI).
Sob e la cons ucción mesopo ámica. Babilonia
Si bien He odo » (o nos anuncia el a amien o de
impo an es ocos mesopo ámicos, en e ellos de Ní-
ni e, una de las es capi ales asi ias, sus e e encias
a la cons ucción mesopo ámica (y, en gene al a sus
di e en es cul u as), ecogidas en el lib o 1 (Clío), se
limi an al pe íodo neobabilónico, conc e amen e al
einado de Nabucodonoso , al que co esponden las
in e enciones cons uc i as más impo an es de
es a ase. En cualquie caso, las indicaciones del au-
o sob e las ac uaciones cons uc i as del mona ca,
que el au o llama Semi ámis, cons i uyen una uen-
e de in o mación imp escindible sob e las cons uc-
ciones de es e pe íodo, que se conocen undamen-
almen elO g acias al p opio ela o del mona ca y a
las e e encias de Es abón, E a ós enes de Alejan-
d ía y, muy especialmen e, de Diodo o de Sicilia en
el lib o lIT de su His o ia Na u alll quien al desc i-
bi Babilonia alude a las écnicas empleadas pa a la
cons ucción de la cuidad, basándose en uen es an-
e io es, hoy pe didas, que él llegó a consul a . Sin
emba go, Diodo o de Sicilia es mucho más an ás i-
co que He odo o.
Sob e ma e iales y écnicas cons uc i as
He odo o no desc ibe con ca ác e gene alis a écni-
cas cons uc i as mesopo ámicas si bien es e ipo de
in o mación y las e e encias a la cons ucción neo-
babilónica que apa ecen en el ex o ienen incula-
das a la desc ipción de las edi icaciones de mayo in-
e és de la ciudad, diseminadas en pá a os en los
que se combina con in o mación de ca ác e desc ip-
i o, a eces me amen e a qui ec ónico o incluso u -
banís ico; en cualquie caso, es án especialmen e
ma cadas en algunos pasajes de su ob a, en e ellos,
el ziggu a de la ciudad, ad ocado al dios Ma duk,
algunas cons ucciones hid áulicas, como la ed de
canales, zanjas y diques, el puen e de Babilonia y la
mu alla de la ciudad, siendo és e uno de los pasajes
que mayo in e és p esen a en es e sen ido.
Sus alusiones cons uc i as se e ie en a la u iliza-
ción de lad illos, a la cos umb e de a ma las áb i-
cas, inco po ándoles ca izo, y al be ún, un ma e ial
habi ual en Mesopo amia, a su uso y a la p esencia
de di e en es pozos en el país. En conc e o, en el pa-
saje dedicado a la mu alla de Babilonia, p es a una
especial a ención a «cómo se hizo la mu alla y en
qué se empleó la ie a sacada del oso». Re ie e la
ealización de lad illos, y, con cie a ex añeza, la
u ilización de un mo e o de be ún, en es e caso en su
e ien e líquida como el p opio au o apun a- y
la inco po ación de ca izos pa a a ma la áb ica:
«La ie a que sacaban del oso la empleaban en o -
ma lad illos, y luego que es os enían la consis encia
necesa ia los lle aban a coce a los ho nos. Después,
aliéndose, en ez de a gamasa, de cie o be ún ca-
lien e, iban ligando la pa ed de ein a en ein a ilas
de lad illos con unos ces ones hechos de caña, edi i-
cando p ime o de es e modo los labios o bo des del
oso, y luego la mu alla misma» (1, CLXXIX).
Tampoco al an o o ipo de conside aciones de
ca ác e gene al que apo a al desc ibi alguna de es-
as cons ucciones. Po ejemplo, al da las medidas
de la mu alla de Babilonia, indica que el codo eal es
« es dedos mayo del codo común y o dina io» (1,
CLXXIX).

456
Como hemos indicado, no al an en la ob a de He-
odo o e e encias al be ún, ecogiendo es e au o
alusiones sólo compa ables, en núme o, can idad e
in o mación, a las que o ece Es abón, y en meno
medida E a ós enes, según indica el mismo au o .
Las alusiones que He odo o hace al be ún apa ecen,
po ejemplo, al e e i la mu alla de Babilonia en el
capí ulo CLXXIX.
Ello no esul a ex año en an o una de las pa icu-
la idades de la cons ucción en la Mesopo amia his-
ó ica ue el empleo del be ún, ma e iaJ abundan e en
la egión, con una doble uncionalidad: como aislan-
e y como a gamasa. Ambos usos, que ya se daban al
be ún en Mesopo amia desde los comienzos de la
época sume ia habían pe du ado a lo la go de las di-
e en es cul u as que pobJa on la egión, si bien en-
con a on en el pe íodo neobabilónico una ecuencia
mayo . De hecho, la exis encia en oda Mesopo amia
una g an can idad de pozos de be ún, hizo que ya cal-
deos, casi as y asi ios lo emplea on como a gamasa e
incluso pa a e es i pa amen os ex e io es, jugando
con los con as es del colo neg o del be ún y del
blanco de la cal. En cualquie caso, pa a las cul u as
que p ecedie on a la neobabilónica su uso como a -
gamasa ue sólo excepcional, p e i iéndose un mo e-
o bas an e pob e, con ba o muy luido, que en oca-
siones (como en el ziggu a casi a de Du Ku igalzu)
e a de ba o bi uminoso. Sí lo emplea on pa a encas-
a e es imien os de a cilla cocida sob e o as su-
pe icies. Ni siquie a los asi ios, que emplea on una
mayo di e sidad de mo e os lo gene aliza on, ha-
biendo de espe a al einado del mona ca neobabiló-
nico Nabucodonoso pa a que el be ún as ál ico se
emplea a de modo habi ual, lo que desde su mue e,
no ol e á a sucede has a los siglos XIX Y XX. Fue
común el uso del be ún como impe meabilizan e Con
es as úl imas palab as, Es abón se e e ía al uso del
be ún como impe meabilizan e; con cie a egula i-
dad (cada ocho o nue e hiladas de adobe) colocaban
sob e una capa de bmTo bi uminoso un lecho de es e-
as de ca izo (ph agmi es communis, una g amínea
que c ece en las ibe as cenagosas, abundan e en la
egión e impu escible), y a eces hojas de palme a
en elazadas, imp egnadas en be ún.
A He odo o, al igual que a Es abón/l, le llama po-
de osamen e la a ención la abundancia de be ún que
p oduce la zona, comen ando - ambién como Es a-
bón- que la ciudad de Hi e a la p incipal uen e de
ap o isionamien o de Babilonia (aunque Es abón
A. G aciani
especi icaba que lo e a de be ún seco. En palab as de
He odo o: «Hay una ciudad llamada Is (Hi ) a ocho
días de .iaje de Babilonia, donde luye un pequeño
ío, llamado asimismo Is, el cual es ibu a io del Eú-
a es; y del manan ial de es e ío b o an con el agua
muchas go as de be ún, el cual se ajo de allí pa a la
mu alla de BabiJonia>P.Sin emba go, He odo o no
hace e e encia a las dos a ian es de be ún, la sólida
y la líquida (que au o es como Es abón e e i án
como seca ynapha, espec i amen e)/4, aunque al
e e i la cons ucción de la mu alla de Bahilonia,
explica con cie a ex añeza, la u ilización de un
mo e o de be Ún, en es e caso en su e ien e líquida
-como el p opio au o apun a (l, CLXXIX). Como
ya hemos indicado, el pasaje dedicado a la cons uc-
ción de la mu alla de Babilonia se á uno de los que
mayo in e és p esen e como desc ipción de las éc-
nicas cons uc i as del pueblo neobabilónico.
Soh e edi icaciones de Bahilonia
Como se ha indicado, el ca io dedica pasajes a edi i-
caciones signi ica i as de la ciudad como eJ ziggu a
de Ma duk, algunas cons ucciones hid áulicas,
como la ed de canales, zanjas y diques, el puen e de
Babilonia y la mu alla de la ciudad. Sin emba go, a
di e encia de Diodo o de Sicilia, He odo o no e e ía
algunas cons ucciones emblemá icas de la ciudad,
en e ellas el pasaje sub e áneo, abo edado y eali-
zado con lad illo cocido e impe meabilizado con be-
ún, que comunicaba el Palacio Real de Nabucodo-
noso con el ex e io en p e isión de cualquie
pelig o]" que, sin emba go, Diodo o de Sicilia sí lo
desc ibía o como los ja dines Colgan es de Babilo-
nia, si uados al NE del PaJacio Real, que ue on con-
side ados una de las Sie e Ma a illas de la An igüe-
dad y que Diodo o e e ía como una cons ucción
abo edada en lad illo cocido y apo ando sus dimen-
siones y la du ación de la cons ucción/n.
Soh e el ziggu a de Ma duk
La desc ipción que He odo o hace de la ciudad de
Babilonia se cen a en la desc ipción de su ziggu a ,
que sabemos es aba ad ocado al dios i ula Ma duk,
ecogida en el capí ulo CLXXXI del Lib o 1. Es po
an o p obable que, exis iendo aún en época del g ie-
Apo aciones de Hc odo o de Halicamaso 457
go, és e 10 llega a a con empla , siendo esa la azón
de la me iculosidad en su a amien o. De hecho, el
au o e ie e su emplazamien o p i ilegiado en el
conjun o u bano, la plan a del edi icio, su maciza
cons ucción, el sis ema de acceso, los e ocas de
sus pa amen os,.. .
Re ie e su plan a cuad ada y dos es adios de lado,
y la p esencia en su in e io de un edi icio escalona-
do, el ziggu a , sin bien no llega a u iliza es e é mi-
no. Indi ec amen e, al cali ica es a o e como maci-
za, He odo o e ie e el modo de cons ucción de es a
áb ica, al como hoy sabemos que e an los ziggu a s
mesopo ámicos, macizos, a di e encia de los elami-
as, cons i uidos po pasillos abo edados en su in e-
io . Según He odo o, se ele aban ocho pisos di e-
en es «<has a llega al núme o de ocho o es»),
exis iendo an os pisos como plane as; así mismo, in-
dicaba que el p ime piso del ziggu a enía un es a-
dio de al u a y o o de espeso , y que el acceso se e-
alizaba a a és de una escale a ex e io dispues a
«al ededo de odas ellas (las o es)... (exis iendo)
en la mi ad de las escale as un ellano con asien os,
donde pueden descansa los que suben». El au o i-
nalizaba aludiendo la p esencia del san a sanc o um
sob e el úl imo piso: «en la úl ima o e se encuen a
una capilla, y den o de ella una g an cama magní i-
camen e dispues a, y a su lado una mesa de o o» y
que los di e en es pisos de la edi icación se pin aban
con los colo es simbólicos de los as os en el siguien-
e o den: blanco, neg o, pú pu a, azul, ojo, ese án-
dose el pla a y el o o pa a los úl imos pisos.
El da o que o ece el iaje o sob e las ocho plan as
del edi icio se con adice con la in o mación apo a-
da po alguna ablilla cunei o me gene ada po la
ges ión del emplo, en la que se e ie e la exis encia
de es pisos: el p ime o de 100 m2. X 35 m. el se-
gundo de 80 m2. x 20 m. y el e ce o de 65 m". x 7 m.
Es a dispa idad ha con ibuido a la di e sidad de in-
e p e aciones; así po ejemplo, Koldewey conside a
que sólo debió ene dos plan as.
Soh e la disposición u hanÍS ica de Bahi/onia
Las e e encias a la dis ibución u banís ica de Babi-
lonia es án dispe sas, en el Lib o 1, en los capí ulos
CLXXX y CLXXXI. Po ejemplo, en el pasaje dedi-
cado a la desc ipción del ziggu a de Ma duk (Lib o
1, CLXXXI)
exp1ica cómo la ciudad es aba ceñida
po un doble mu o, el in e io más es echo, es aba
di idida en dos pa es «<cua eles»), cada uno con un
alcáza p opio. «En el uno es á el palacio eal, odea-
do de un mu o g ande y esis en e, y en el o o un
emplo de Júpi e Belo, con sus pue as de b once».
En el mismo lib o, pe o en el o o capí ulo, ecoge
algunos da os sob e la o ganización de la ciudad (1,
CLXXX), po ejemplo, que sus casas e an de es y
cua o plan as de al u a, y que la es uc u a u banís i-
ca pa ía de un azado e icula eniendo como pun o
de e e encia el ío, de modo que desde odas y cada
una de las calles ans e sales a és e la población de
los co espondien es ba ios enían acceso a las má -
genes del ío a a és de pue as de b once: «La ciu-
dad, llena de casas de es y cua o pisos, es á co ada
po unas calles ec as, así las que co en a lo la go,
como las ans e sales que c uzan po ellas yendo a
pa a al ío. Cada una de es as úl imas iene una
pue a de b once en la ce ca que se ex iende po las
má genes del Éu a es; de mane a que son an as las
pue as que an a da al ío, cuan os son los ba ios
en e calle y calle». Toda la ciudad es aba odeada de
una mu alla, ealizada con lad illos: «La mu alla, po
en ambas pa es, haciendo un ecodo llega a da con
el ío, y desde allí empieza una pa ed hecha de lad i-
llos cocidos, la cual a siguiendo po la ciudad aden-
o las o illas del ío».
Soh e la in aes uc u a hid áulica de la ciudad
G an pa e de los comen a ios del Lib o 1 (Clío) de
He odo o sob e cons ucción babilónica, en conc e o
de los capí ulos CLXXXIV y CLXXXV, es án dedi-
cados a las ob as de in aes uc u a hid áulica de la
que Nabucodonoso (Semí amis) do ó a la ciudad.
En e ellas, la ed de diques, canales (1, CLXXXIV)
y acequias al No e del país, ap o echando que allí el
cauce del ío e a ec o (1, CLXXXV), es as úl imas
en un núme o de 180, según apun a á en o a pa e
del ex o: «...señaló con unos co deles cien o ochen-
a acequias, odas ellas di igidas de a ias mane-
as...». También desc ibe cómo el mona ca o denó la
cons ucción de diques y e aplenes pa a con ención
de las iadas del Eú a es pa a e i a que el ío «inun-
dase, como an e io men e, los campos» y en los p o-
pios má genes de la ciudad de Babilonia. En ambos
capí ulos, el au o elogia la g andeza de es os aba-
jos, «dignos de admi ación»; así e ie e «que asom-
458
b a ]a g andeza y la ele ación de es os diques» (1,
CLXXXIV). Indica que en di e sos pun os de su
cauce, se co ó la co ien e del Eú a es pa a que «la
co ien e del ío, co ada con a ias uel as, uese
menos ápida y la na egación pa a Babilonia más
la ga...».
En los capí ulos CLXXXV y CLXXXVI, He odo-
o e ie e cómo el ey ealizó simul áneamen e es
impo an es ope aciones de in aes uc u a hid áuli-
ca. De una pa e, an e las necesidades de abas eci-
mien o u bano, cons uyó en las p oximidades del ío
un pan ano que se ealizó con «eno mes pied as»,
«asegu ándose las o illas con ie a p oceden e de la
misma exca ación»; si bien su in úl imo e a a]mace-
na el agua de] ío en caso de inundación, pa a asegu-
a el abas ecimien o de la población y disminui la
posibilidad de que la iada ocasiona a des ozos, en
p incipio el pan ano pe mi i ía almacena (p o isio-
nalmen e) el caudal del Eú a es du an e las ob as
que el mismo ey inicia a de cons ucción de un
puen e una ez desecada la an igua mad e del ío.
Así e e ía He odo o: «Hizo co a y lab a unas pie-
d as de ex ao dina io amaño, y cuando es u ie on
ya dispues as y hecha la exca ación, o ció y encami-
nó oda la co ien e del ío al luga des inado pa a la
laguna. Mien as és a se iba llenando, secábase la
mad e an igua del ío... Después que con la enida
del ío se llenó la laguna y es u o concluido el puen-
e, es i uyó el Éu a es a su an iguo cauce; con lo
cual, además de p opo ciona la con eniencia del e-
cinda io, log ó que se c eyese muy ace ada la exca-
ación del pan ano».
Diodo o de Scilia no e e i á es e pan ano, pe o sí
el depósi o que Nabucodonoso mandó cons ui en
]ad illo cocido e impe meabi]izado con be ún: «Des-
pués de es o, Se amis escogió el pun o más bajo de
Babilonia y cons uyó un depósi o cuad ado de es-
cien os es adios de la go en cada lado: cons uido de
lad illo cocido y de be ún, con una p o undidad de
ein a y cinco pies»17.
En segundo luga , pa a e i a que an e una iada la
ciudad se pudie a inunda , Nabucodonoso mandó
e o za las o illas del ío con mu os de lad illo coci-
do en aquellos amos en los que el Eú a es a a e-
saba Babi]onia, los cuales e an accesibles a ]a pobla-
ción, ya que desde cada calle, ce adas po pue as,
podía baja se a las má genes.
Nabucodonoso o denó que, pa alelamen e, en las
p oximidades del cen o de ]a ciudad, se cons uye a
A. G aciani
un puen e pa a uni los dos cua eles en los que és a
se di idía, la mi ad o ien al, mayo y más an igua
(donde se encon aba e] San ua io de Ma duk y el
Palacio Rea]), con la Occiden al, es ando sepa adas
ambas en algunos amos po has a cien me os. Se-
gún He odo o: «En el iempo que du ó es a ope a-
ción, mandó hace dos cosas: edi ica en las o illas
que co en po den o de ]a ciudad y a las cuales se
baja po las pue as que cada calle iene, una ma gen
de lad illos cocidos, semejan es a las ob as de ]a mu-
alla, y cons ui un puen e, en medio poco más o
menos de ]a ciudad...», Los silla es de sus pilas pé-
eas, «con las pied as lab adas de an emano» unién-
dolas en e sí con hie o y plomo»~ a i mación po la
que sabemos que ya en e] siglo VI a.e. los babilonios
empleaban g apas de sille ía con plomos e idos en
las jun as pa a e i a la oxidación, p ocedimien o que
se con e i ía en habi ual en el mundo g iego clásico
y que se man end ía du an e siglos a lo la go de ]a
His o ia. El piso e a de made a y desmon able du an-
e la noche pa a e i a los obos: «Sob e las pilas as
de es a á ica se endía un puen e hecho de unos ma-
de os cuad ados, po donde se daba paso a los babi-
lonios du an e el día; pe o se e i aban los made os
po la noche pa a impedi muchos obos, que se pu-
diesen come e po ]a acilidad de pasa de una pa e
a o a». No e a és a una singula idad de] puen e de
Babilonia; de hecho, el de Kho sabad o Du Sagina
que unía las dos mi ades o i icadas en que ]a ciudad
asi ia es aba di idida, ambién se desa maba du an e
la noche pa a e i a que ambas mi ades queda an in-
comunicadas en caso de un a aque enemigo.
Siglos más a de, Diodo o de Sicilia comple a ía
es a in o mación o eciendo algunos da os cuan i a i-
os y desc ip i os que no o ecía e] ex o de He odo-
o, que nos pe mi en a i ma que el es imonio de
Diodo o de Sicilia, en ]0 que espec a al puen e de
Babilonia, es mucho más p eciso que e] de He odo o
de Halica naso. ASÍ, aunque uel e a ei e a cues io-
nes ya ecogidas po He odo o, como e] sis ema de
unión de los silla es de las pilas, Diodo o indicaba
que se cons uyó en el si io más es echo del ío; ade-
más, apo aba el da o de su longi ud (cinco es adios),
aludía el p oceso de cimen ación, «colocando los pi-
la es cuidadosamen e, de o ma que se hundiesen
doce pies en su lecho», ]a exis encia de ajama es ci -
cula es en las pilas, en el lado de la co ien e del ío
y conc e aba los ipos de made as empleados en e]
piso del puen e, ealizado con igas de ced o y cip és
Apo aciones de He odo o de Halica naso 459
y, excepcionalmen e, con oncos de palme a. Diodo-
o sí se e e ía al amplio muelle, de cien o sesen a es-
adios de la go, que comple aba el conjun olX .
Soh e la mu alla de Babilonia
En los capí ulos CLXXVIII y CLXXIX, He odo o in-
cluye e e encias a la mu alla de la ciudad de Babilo-
nia, no sin an es a i ma que las o i icaciones neoba-
bilónicas e an <<lasmás pe ec as de cuan as ciudades
conocemos» (1, CLXXXVIII). Así, apo a da os sob e
la cons ucción de la mu alla, así como del «p o undo
y ancho oso, lleno de agua y cincuen a codos eales
de ancho y de al o has a doscien os» que la odeaba,
indicando que se le an ó con adobes ealizados con
« ie a sacada del oso», pos e io men e cocidos en
ho nos, dispues os en áb icas a madas con es e as de
ca izo pa a su ni elación (en es e caso, cada ein a
hiladas) y abadas con mo e o de be ún líquido, e i-
denciando en es a úl ima cues ión su ex añeza: «La
ie a que sacaban del oso la empleaban en o ma la-
d illos, y luego que es os enían la consis encia nece-
sa ia los lle aban a coce a los ho nos. Después, a-
liéndose, en ez de a gamasa, de cie o be ún calien e,
iban ligando la pa ed de ein a en ein a ilas de la-
d illos con unos ces ones hechos de caña, edi icando
p ime o de es e modo los labios o bo des del oso, y
luego la mu alla misma».
Aunque como indica el p opio au o le in e esa es-
pecialmen e «cómo se hizo la mu alla y en qué se
empleó la ie a sacada del oso», no al an sin em-
ba go, e e encias a la plan a de es a mu alla, alu-
diendo a los habi áculos exis en es en e los dos lien-
zos de mu alla, cuyas dimensiones enían
de e minadas po los ehículos de anspo e, y a las
cien pue as de b once que és a enía: «En lo al o de
és a ab ica on po una y o a pa e unas casillas de
un solo piso, las unas en en e de las o as, dejando
en medio el espacio su icien e pa a que pudiese da
uel as una ca oza. En el ecin o de los mu os hay
cien pue as de b once, con sus quicios y umb ales
del mismo me al».
Sob e la cons ucción pe sa
Siendo la gue a con los pe sas el pun o de pa ida
del ex o de He odo o, no podían al a alusiones
a la
cons ucción pe sa, si bien se limi a a una e e encia
a la ciudad de Ec abana en el capí ulo XCVIII del Li-
b o 1 (Clío), una «plaza o i icada cons uida po los
medos y de un palacio «g ande y o i icado» (1, XC-
VIII) «digno de la majes ad del Impe io», ciudad és a
que pos e io men e, en época de He odo o, se cono-
ce ía como Ec abana. El au o , desc ibe su ecin o
amu allado, emplazado en una colina edonda y do-
ado de sie e lienzos almenados, ci cula es y concén-
icos, iguales en al u a, de una áb ica «de g an pe -
ección». Lo iguala en cuan o a sus dimensiones con
las del ecin o a eniense. Re ie e que las almenas de
los di e en es ce cos a iaban de colo , siendo de
ue a a den o blancas; neg as; ojas; azules, ama i-
llas, pla eadas y do adas.
No obs an e, en el lib o IV, Melpómene, incluye
algunas e e encias al ey Da ía y al pueblo pe sa. La
al a de e e encias a cons ucciones eligiosas no ha
de ex añamos en un pueblo que no edi icó emplos,
pues o que sus o endas las ealizaba a cielo abie o,
en g andes pi as que como He odo o indica se deno-
minaban al a es de uego (IV, LXII). Asimismo, co-
men a la cons ucción del puen e de ba cas sob e el
Pon o, en el Bós o o, ealizado po Mand ocles, na-
u al de Samos (IX, LXXXIX), a quien He odo o ca-
li ica como «ingenie o o a qui ec o», e idenciando
así la dualidad de unciones -y po an o de cali ica-
i os- de los p o esionales de la cons ucción en la
An igüedad. La cons ucción del puen e ue gene o-
samen e pagada po pa e del mona ca «a azón de
diez po uno», po «...10 bien cons uido que le pa e-
ció el puen e de ba cas», pa a que sus opas pudie-
an a a esa el Bós o o. He odo o e ie e así el p i-
me puen e de ba cas de la His o ia del que se iene
cons ancia.
También e ie e cómo Da ía le an ó en el Bós o o
sendas columnas de má mol blanco, g abando en una
con le as asi ias y en o a en le as g iegas el «nom-
b e de odas las naciones que su ejé ci o conducía»,
columnas que según He odo o después «ca ga on los
bizan inos... y Ile ándolas a su ciudad, se alie on de
ellas pa a le an a el a a de Diana O osia, excep uan-
do solamen e una pied a llena de ca ac e es asi ios,
que ue dejada en Bizancio en el emplo de Baca».
He odo o iden i icaba dicho puen e, según «mis con-
je u as» con el que es aba en medio de Bizancio y
«del emplo de Júpi e si uado en aquella boca».
He odo o le llama on la an ención las casas de los
nómadas,
«unas cabañas hechas de a illas de gamon
466
canía al lago Mo éis que He odo o mencionaba28, si-
uado en el oasis de El Fayum, en especial desde que
en e 1842 y 1844 Richa d Lepsius (el p ime o en
hace la) iden i ica a la pi ámide de Amenemha III,
de la XII dinas ía (ca. 1800 a.e.) cons uida en adobe
y que se encuen a jun o a las e e idas uinas. Sin
emba go, ac ualmen e, muchos in es igado es cues-
ionan es a conside ación, pues algunos opinan que
odo ue una in ención de He odo o, mien as o os,
como A es, se inclinan po pensa que las uinas de
Hawa a no pe enecen al e dade o labe in o. De he-
cho, conside an que el plano del monumen o ob eni-
do po Flinde s Pe ie, en el que se ep esen aban una
se ie de habi aciones de amaño a iado adosadas de
es en es o de seis en seis p ecedidas de pó icos
columnados ca ecía de la labe ín ica es uc u a e e-
ida po He odo o, quien hacía especial hincapié en
que ce especial hincapié en que e a imposible que un
homb e no acos umb ado a eco e lo pudie a sali
del edi icio sin la ayuda de un guía. Además de que
no coinciden las dimensiones del edi icio une a io
apo adas po los iaje os clásicos con las de la pi á-
mide de Amenenha (según He odo o, de 70 m.
cuando en ealidad no supe a los 58 m. de al u a, y
según Es abón 118 m. de lado cuando no supe a los
100 m.), ni siquie a las del monumen o desc i o (se-
gún He odo o compa able a las pi ámides) con la de
las uinas de Hawa a (200 x 170 m.), pa ece imposi-
ble que un edi icio de adobe pudie a sopo a las co-
losales igu as esculpidas que e ie e He odo o, de
las que ampoco se han hallado es os, más que pe-
queños cocod ilos ealizados en elie e sob e algu-
nas pied as de dudosa unción. Además, el edi icio
exca ado po Pa ie es de un solo piso, no apa ecien-
do el sub e áneo e e ido po He odo o ni los en e-
amien os.
NOTAS
1. La p ime a denominación obedece a una a bi a ia di i-
sión en lib os, ealizada po un esc i o alejand ino
(s.IIl-II a.C).
2. Se u iliza un é mino empleado po He odo o en el p oe-
mio, iOlO ih, aducible como «in es igación", «encues-
a», indagación» o «inquisición».
3. Sin emba go, según A is ó eles en su Re ó ica, y pos e-
io men e Plu a co, nació en Tu ios, al Su de I alia.
4. He odo o llama <doggoi» a las pa es de la na ación,
dedicando cada una de
ellas a un pueblo. Algunos au o-
A. G aeiani
es opinan que los loggoi asi ios ue on sup imidos;
o os que nunca exis ie on po que no encaja on en la es-
uc u a del conjun o.
5. He odo o plan ea ambién la posibilidad de que es a de-
secación no se hubie a llegado a ealiza y que las opas
hubie an c uzado el ío po los nume osos puen es que
lo a a esaban.
6. He odo o: Los Nue e Lib os de la His o ia. (T ad. De P.
Ba olomé Pou). Ed. Eda . Mad id, 1996.
7. En páginas p eceden es, He odo o incluye una e e en-
cia a un supues o acueduc o mandado cons ui po un
ey de A abia, que con aba con es canales (cada uno
de ellos pa a abas ece a una población di e en e), que
lle aba el agua del ío Co ys, que desembocaba al ma
de E i eo, ealizado con pieles c udas de bueyes y o os
animales (Ill, IX).
8. Hoy sabemos que el ey asi io Senaque ib (705-681
a.c.) hijo de Sa gón cons uyó uno años an es, en el 691
a.c. pa a anquea el ancho alle del Ye wan y que lle-
aba el agua desde la p esa del ío Kho s, ce ca de Ba-
ián, has a Níni e, la capi al que es aba si uada a 80 km.
al SE, pa a así ega sus campos y ja dines. Cons aba de
un amo de a cua iones de 300 m. de la go y 12 m. de
anchu a, sos enido po cinco a cos, en el cual se calcula
que se emplea on más de dos millones de bloques con
un módulo medio de 50 x 50 x 65 m. (GRACIANI
GARCÍA, Ampa o: Mesopo amia. Conside aciones ge-
ne ales pa a un es udio de la cons ucción, Se illa,
1992).
9. He odo o, V, XVI, p. 417.
10. Los au o es pos e io es abusa án de la pa á asis y el
ado no de las e e encias p e ias. Así, Ha poc ición de
Alejand ía hacia el 335 d.C. con a á en su iaje a Babi-
lonia el comen a io que le hizo un iejo si io an e las
uinas de una ciudad mesopo ámica: «.. .ha sido cons-
uida po gigan es que que ían escala el cielo. Po esa
i e e encia loca, unos ue on he idos po un ayo; o os
po o den de dios, en lo sucesi o no se econoce án mu-
uamen e; el es o ue a cac a la isla de C e a, a donde,
en su cale a los p ecipi ó dios» (PARROT, And é: La
To e de Babel. Ed. Ga iga. Ba celona, 1962, pp. 17-
18).
11. Plinio: His o ia Na u al, lib o Ill, 7.2-13.
12. PITARCH, José e al : A e An iguo. P óximo O ien e.
G ecia y Roma. Col. Fuen es yDocumen os pa a la His-
o ia del A e, ol. I. Gus a o Gili. Ba celona, 1982, pp.
59-60).
Así, se exp esaba es e úl imo: «Aunque las is as de Babi-
lonia son muchas y singula es, no es la menos ma a i-
llosa la eno me can idad de be ún que p oduce el país;
an g ande es la ese a de és e, que no solamen e bas a
pa a sus edi icios, que son nume osos y g andes, sino
que pa a la gen e común ambién, euniéndose en el lu-
ga , la u ilízan sin ningún ipo de es icción y secándola

Apo aciones de He odo o de Halica naso 467
la queman en luga de combus ible. Pese a la g an can i-
dad de homb es que la u ilizan, la can idad pe manece
sin disminui , como si p ocediese de a ias inmensas
uen es. Además, ce ca de es as uen es hay un aguje o
espi ade o de no g an amaño, pe o ema cable po que
emi e un apo muy dcnso y sul u oso que ae la mue -
e a oda c ia u a i ien e que se le ace ca, y se encuen-
a con un inal ápido y ex año...».
13. DA VEY, No man: Enciclopedia de la Cons ucción, p.
177.
14. Según el au o : «Babilonia p oduce g andes can idades
de as al o, de acue do con lo quc E a ós enes mani ies a,
que la especie líquida, llamada napha, se halla en Susa
(I án), pe o la scca, que puede se solidi icada, en Babi-
lonia. Hay una uen e de es e mismo as al o ce ca del
Eú a es (en Hi ), y cuando es e ío se encuen a en su
c ecida, en la época de la usión de las nie es, la uen e
de as al o es colmada ydesbo da en el ío, y los g andes
coágulos que sc o man son adecuados pa a las cons-
ucciones de lad illos cocidos. O os esc i o es dicen
que la especie líquida se encuen a ambién en Babilo-
nia. Con i man en pa icula la g an can idad de la clase
seca en la cons ucción de los edi icios, pe o ambién di-
cen que las emba caciones ejidas con cañas y e ocadas
con as al o son impe meables al agua» (C . DA VEY,
No man: u sup a).
15. Pi a ch e al .: op. ci ., p. 58.
16. «En onces, des iando el cu so del ío hacia el Es e,
cons uyó debajo de ie a un pasaje que iba de un pala-
cio a o o; haciéndolo de lad illo cocido, cub ió las cá-
ma as abo edadas de ambos lados con be ún calien e
has a que u ie on un g oso de cua o codos. Los mu os
la e ales de es e pasaje e an de ein e lad illos de ancho
yde doce pies de al o, excluyendo la bó eda de cañón,
y la anchu a del pasaje e a de quince pies. Cuando es a
cons ucción se hubo e minado, en sólo sie e días, pe -
mi ió al ío ol e a ás, a su an iguo cauce y así, pasan-
do la co ien e sob e es e pasaje, Se amis podía i de un
palacio a o o sin pasa po el ío. A cada ex emo del
pasaje había pues o pue as de b once que pe manecie-
on en el iempo has a la dominación pe sa» (Pi a ch e
al .: u sup a, p. 67).
17. Pi a ch c al .: op. ci ., p. 67.
18. Pi a ch e al .: u sup a, pp. 53-60.
19. También po e e encias conocemos las isi as de algu-
nos sabios, como es cl caso dc Tales de Mile o, el pad e
de la geome ía g iega, quien la isi ó du an e el siglo
VI a.c.
20. Delgado, José Manuel: Las cla es de la g an pi ámide.
Col. Año Ce o, Mad id, 2000, p. 15.
Según Es abón, a cie o ni el, sob e uno de los lados de la
pi ámide, exis ía una pied a que podía e i a se y que,
una ez emo ida, dejaba e la en ada de una
gale ía
o
si inga, que conducía a la umba. Dicho pasaje e a an-
gas o y bajo, de menos de 1,20 m. po 1,20 m. ydescen-
día a lo la go de 114 me os has a una cha ca in es ada
de sabandijas, exca ada en la oca i a, de 46 m. bajo la
pi ámide.
21. Delgado, M.: Op. ci ., p. 65.
22. Aunque ac ualmen e se conse an pocos bloques de e-
es imien o, (los que se conse an se encuen an en la
ca a no e) hoy se es ima que en o igen el monumen o
u o 27.000 bloques, pe ec amen e encajados y puli-
dos.
23. El dI'. Joseph Da ido i s, nomb ado po el p esiden e de
F ancia Caballe o de la O den Nacional de Mé i o, un-
dado del Ins i u o Geopolimé ico de Pa ís, es p o eso
de la Uni e sidad de To on o ydi ec o del Ins i u o de
Ciencias A queológicas Aplicadas de la Uni e sidad de
Ba y, en Flo ida. La doc o a Ma gie Mo is abaja en
la Uni e sidad de Minnoso a.
24. La Es ela de Famine, descubie a en 1889 po el egip ó-
lago Cha les Wilbou y e minada de desci a po el a -
queólogo ancés Ba que en 1935, cons a de 2.600 je o-
glí icos dispues os en 32 columnas, da a de época
p olomaica (300 a.c.) aunque se conside a debe se co-
pia de documen os más an iguos ya que se e ie en a
pe sonajes de la 111Dinas ía. En e las columnas 6 y22
se habla sob e mé odos cons uc i os.
25. Delgado, Manuel José: op. ci , p.12.
26. V sup a, pp. 19-20.
27. He odo o, Lib o 11, CXXXVI, p. 210 Asiquis, que
mandó hace los p opíleos del emplo de Vulcano que
dan a Le an e, y que son en ealidad de cuan os hay en
el edi icio los más bellos y los más g andes con no able
exceso, pues aunque los demás p opíleos son odos
ob as llenas de igu as esculpidas... Cuen an del mismo
ey que, codicioso de supe a las glo ias de cuan os ha-
bían an es einado en Egip o, dejó su monumen o públi-
co en una pi ámide hecha de lad illo. Hay en ella una
insc ipción g abada en má mol que hace habla a la mis-
ma pi ámide en es os é minos: « No me humilles com-
pa ándome a las pi ámides de má mol a las que excedo
an o como Júpi e a los demás dioses; pues dando en el
suelo de la laguna con un chuzo, y ecogido el ba o a él
pegado, con es e ba o o maban mís lad illos, y así ue
como me cons uye on. « Es o es en suma cuan o hizo
aquel ey» .
28. «...la laguna que llaman Me is, ce ca de la cual aquél se
edi icó. Cuen a la laguna de ci cun e encia 3.000 es a-
dios, medida que co esponde a 60 schenos, los mismos
cabalmen e que ienen de longi ud las cos as ma í imas
de Egip o; co e a lo la go de No e a Mediodía, y iene
50 o gias de ondo en su mayo p o undidad. Po sí mis-
ma decla a que es ob a de manos ya i icial. En el cen-
o de ella, a co a di e encia, ense dos pi ámides que
se ele an sob e la lo del agua 50 o gias, y abajo ienen
o as an as de cimien o, y encima de cada una se e un
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coloso de má mol sen ado en su ono: aunque ambas
pi ámides ienen a ene 100 o gias, que o man cabal-
men e un es adio hexáple o o de 600 pies... la ie a que
iban ex ayendo la lle aban al Nilo, el cual, ecibiéndola
en su co ien e, no podía menos de a as a la en ella e
i la disipando» (He odo o, Lib o n, CXLlX, p. 218).