Aportaciones de Heredoto de Halicarnaso al conocimiento de la construcción en la Antigüedad
Full text
Aportaciones de Herodoto de Halicarnaso al conocimiento de la construcción en la Antigüedad Evitar que con el tiempo cayeran en el olvido las grandes y maravillosas hazañas realizadas tanto por los griegos como por los bárbaros. La obra de Herodoto de Halicarnaso, que --carente de un título originalla historiografía ha venido a denominar Los nueve Lihros de la Historial, o simplemente Historias? es uno de los textos más renombrados de la Antigüedad, siendo considerado una fuente de información imprescindible para el conocimiento de la Historia de este período. Todo ello, por incluir entre las copiosas noticias de sus viajes e «investigaciones» (como el autor las llama en el proemio del texto) innumerables datos, imparcialmente tratados, relativos a pueblos tan distantes como Egipto, Babilonia, Persia o la Magna Grecia, diseminados en un texto cuyo tema principal es el conflicto entre Grecia y Asia desde tiempos míticos hasta la derrota de Jerjes. Mucho se ha escrito sobre esta cuestión y sobre otros aspectos de la obra: su autoría, orígenes, datación, finalidad, estructura, fundamentos y características literarias, perduración y proyección social, Sin embargo, hasta la fecha se han eludido consideraciones de conjunto como las que se pretenden abarcar en estas páginas: qué aportaciones se pueden extraer de la obra relativas a los métodos y los materiales constructivos de los diferentes pueblos que el autor refiere en su obra y qué tipo de cuestiones fueron las que más le llamaron la atención; en qué medida tales referencias fueron fruto de la observación y de la contemplación directa o, por el contraAmparo Graciani García rio, se basaron en la tradición oral, para así poder determinar, como última cuestión, el grado de fiabilidad que sus comentarios ofrecen. Esta comunicación se organizará en tres grandes bloques: en el primero, se recogerán las razones que otorgan la importancia a esta obra; en el segundo, se estudiará la estructura de los comentarios sobre construcción que Herodoto recoge, para dedicar el tercero y último a un comentario crítico de las referencias sobre cada cultura, analizando las razones de sus presencias y carencias. ApORTACIONES DE LA OBRA. GENERALIDADES Durante siglos, las únicas referencias escritas directas de los métodos de construcción de la Antigüedad, han sido las incluidas por los viajeros clásicos en sus textos; así ha sido al menos hasta el siglo XIX con la aparición de los primeros viajeros decimonónicos y el inicio de los estudios sobre lenguas históricas, que posibilitaron el análisis de textos originales de cada una de las civilizaciones sobre diversos soportes. Entre ellos, los de Estrabón, Herodoto de Halicarnaso, Diodoro de Sicilia, Plinio el Viejo, Eratóstenes de Alejandría,.. . Pero ¿qué es lo que hace tan especial el texto de Herodoto'? El estudio detallado de Los Nueve Libros de la Historia de Herodoto de Halicamaso, considerado en contraposición a los textos de otros viajeros peripagéticos de la Antigüedad, nos permite sintetiActas del Tercer Congreso Nacional de Historia de la Construcción, Sevilla, 26-28 octubre 2000, eds. A. Graciani, S. Huerta, E. Rabasa, M. Tabales, Madrid: I. Juan de Herrera, SEdHC, U. Sevilla, Junta Andalucía, COAAT Granada, CEHOPU, 2000.
452 zar en cuatro las circunstancias que hacen particularmente interesante esta obra: la singularidad de los datos aportados, la universalidad de las referencias, la imparcialidad en el tratamiento de la información (que nos asegura la fiabilidad de ]a información transmitida) así como las escasas alteraciones realizadas a lo largo de la Historia sobre el texto original (que, en este caso, garantiza la fiabilidad de la información recibida). La singularidad de los datos aportados Una de las principales aportaciones de Herodoto es que algunas de las referencias que incorpora en su texto de procesos o procedimientos constructivos constituyen la única (o una de las escasas) fuente!s de información sobre tal cuestión, por lo que gracias a ]a alusión de Herodoto su recuerdo no ha quedado irremediablemente perdido. Muchos de los comentarios de Herodoto no tienen similar, resultando especialmente singulares los que se refieren a la construcción de las pirámides. En cierto modo, esta singularidad se pierde para la información que el autor ofrece sobre ]a etapa neobabilónica, ya que datos parecidos a los que Herodoto incluye, se recogen en obras de autores como Estrabón, Eratóstenes de Alejandría y, muy especialmente, Diodoro de Sicilia en su Historia Natural (libro III, 7.2-13), si bien todos ello posteriores en el tiempo y, a excepción de Diodoro de Sicilia, con una mayor carga de fantasía. La universalidad de las referencias En coherencia con el ambicioso plan de Herodoto de abarcar de forma imparcial referencias históricas de todos los pueblos conocidos en la época, de Europa, Asia y África, por pequeños que éstos fueran, las alusiones a la actividad constructiva de la época se refieren a zonas muy variopintas y distantes del Mediterráneo Occidental, incluso de puntos de Asia, África y España, donde Herodoto realizó sus incursiones. Asia Menor, de donde hoy se acepta que el autor era originario" Egipto, la Magna Grecia, Babilonia,... Pese a todo, la universalidad no llega a conseguirse; así, de Mesopotamia, a pesar de que el autor prometía hablar de otros loggoi (1, CV1)4, como A. Graciani ,dos loggoi asirios» (1, CLXXXIV), entre ellos Nínive, se limita a analizar Babilonia, aunque llega a olvidar edificaciones hoy consideradas tan emblemáticas como los Jardines Colgantes que, situados al NE del Palacio Real fueron una de las Siete Maravillas de la Antigüedad y que por el contrario sí describiera Diodoro de Sicilia. La imparcialidad en su tratamiento: la fiabilidad de la información transmitida Aunque el deseo de Herodoto de plantear la información de una forma imparcial en cierta medida aseguraba la fiabilidad de la información, actualmente sólo se aceptan algunos de los datos aportados por el autor, siendo otros, por el contrario, totalmente desechados. De hecho, su credibilidad no es constante a lo largo de la obra sino que depende de otros factores como la fuente de información, o el carácter, descriptivo o cuantitativo, del dato aportado. La información aportada por Herodoto combina dos fuentes de información: de un lado, la observación directa y la experiencia personal, y, de otro, la transmisión oral, si bien el cario no suele mencionar -por lo generalcuáles han sido sus fuentes de información cuando algo lo contaha de oídas; cuanto más, indica que procede de «autores griegos», sin indicación expresa de quiénes, por ejemplo cuando refiere el paso de las tropas del rey Creso por el río Halis, que Herodoto vincula a una importante obra de ingeniería consistente en la desecación de su cauce fluvial. Por tanto, Herodoto recopila datos de diverso grado de fiabilidad, resultantes de una transmisión, directa unos, e indirecta otros. Los datos actualmente aceptados por la historiografía corresponden a aquellas construcciones en las que la fuente de información empleada por el autor fue o pudo ser la propia observación directa y su experiencia personal; el propio cario apuntaba las ventajas de la observación directa frente a la transmisión oral, cuando, en ocasiones, distinguía la procedencia de las referencias, sin duda marcado por el concepto de la Historia que ya encontramos en los historiadores jónicos precedentes. No se trata de un prejuicio a priori, puesto que no siempre el autor indica que la información resulta de su propia observación, sino que en algunos casos la meticulosidad en el tratamiento de ciertas construc-
Aportaciones de Herodoto de Halicamaso 453 ciones existentes en su época (como el ziggurat de Babilonia) hace pensar que pudo llegar a contempladas; en cualquier caso, siempre quedará la incertidumbre de si estuvo o no en un lugar determinado y, por tanto, el grado de fiabilidad de la información transmitida. Su fiabilidad se acrecienta si consideramos que, en ocasiones, demostrando una tolerante actitud, presenta varias versiones de un mismo hecho, contraponiendo sus propias versiones a otras que estima menos racionales, y de las que sus objeciones -a vecesno pasan de ser inseguras y simplistas. En lo que a obras de construcción e ingeniería se refiere no faltan ejemplos de planteamientos divergentes, que en esta comunicación detallaremos: por ejemplo, sobre la realización o no de una obra de desecación del río Halis para el paso de las tropas del rey Creso);.... Sin embargo, no faltan contradicciones (e incluso repeticiones) en el texto, posiblemente fruto de una reordenación posterior de la obra, a la que faltó una revisión final. El carácter del dato (descriptivo o cuantitativo) La mayor parte de los datos ofrecidos por Herodoto son cualitativos; sólo aporta información numérica en lo que se refiere al número de obreros que trabajaron en la construcción de la pirámide de Keops, la duración del proceso,... Por el contrario, existen otros autores que son mucho más precisos y más dados a ello, como Diodoro de Sicilia que aporta información sobre las dimensiones del puente de Babilonia. La mayor parte de las cifras que Herodoto refiere son hoy cuestionadas. La fiabilidad de la información recibida En general, puede afirmarse que el texto que nos ha llegado mantiene el grado de fiabilidad inicial puesto que a lo largo de la Historia, el texto original no se ha visto alterado sustancialmente a diferencia de Los Diez Libros de Arquitectura de Vitruvio. La fiabilidad de la información transmitida, como antes se ha referido, unida a la fiabilidad de la información recibida contribuyen a la valoración del texto de Herodoto como fuente de información para el conocimiento de la construcción en la Antigüedad. ESTRUCTURA DE LA INFORMACiÓN APORTADA Las referencias constructivas recogidas en el texto de Herodoto aparecen dispersas en la gran cantidad de relatos, acontecimientos y descripciones geográficas y etnográficas que el autor expone en cada loggoi, y que -a su vez se estructuran en 9 libros, cada uno de ellos de ellos intitulados con el nombre de una musa: Clío (/); Euterpe (II); Talía (Ill); Helpómene (IV); Terpsícore (V); Erato (VI); Polimnia (VI/); Urania (V/lI) y; Caliope (IX). Precisamente, el interés de estas páginas estriba en aunar todas estas referencias, dotándolas al tiempo de su correspondiente aparato crítico. Las alusiones a estos pueblos, y en consecuencia a sus métodos constructivos no siguen pues un orden cronológico sino que obedecen al de los viajes del autor, condicionado por las circunstancias bélicas del momento. Así, a las primeras referencias que son griegas, destacando las que se refieren a Atenas, de la que demuestra un buen conocimiento, y desde la que debió recorrer Grecia Continental y constantes referencias a numerosas islas del Egeo y a su costa, zonas éstas que debió conocer en su juventud. Estarán seguidas por las persas (obtenidas tras la Paz de Calias, 448 a.C.), y tras las victorias de Ciro, Darío y Cambises, las babilónicas, egipcias, escitias y libias. Son bien conocidas sus referencias a Egipto a donde viajó después del año 449 (en realidad, algunos historiadores piensan que realizó dos viajes), país en el que no debió de estar más de cuatro meses según se ha podido demostrar por alusiones a las crecidas del Nilo. No faltaron viajes por oriente, aunque éstos resultan más difíciles de tallar, por la Magna Grecia y quizás por las colonias griegas de Francia y España, que probablemente visitara desde Turios, ciudad en la que -según la tradiciónmurió probablemente entre los años 429 y 424. No obstante, y a pesar de la dispersión de referencias constructivas a lo largo de la obra, se observa una cierta acumulación de ellas, en los dos libros primeros, que, en general, son mucho más descriptivos, que los restantes, que, por el contrario, resultan más narrativos, ciñéndose el relato a partir del libro V a las Guerras Médicas. Por ejemplo, ya en el Libro III (Talía) sólo se recogen dos noticias relativas a el acueducto de Corys (capítulo IX) y Samos (capítulo XXIV).
454 REFERENCIAS CONSTRUCTIVAS Sobre la construcción griega Como ya hemos comentado, las referencias a la construcción griega aparecen fundamentalmente en e] libro 1, Clío. En éste, se aluden ]a invención de la soldadura (que Herodoto atribuye al orfebre Glauco, natural de Chíd' ]a utilización de fábricas revestidas por Jadrillos de oro (genera]mente «blanquecinos» y excepcionalmente acrisolados, que por las dimensiones aportadas (tres y seis palmos) debían conformar una fábrica a soga y tizón (1, XXXV) Y del vidrio (1, XXXV). Sin embargo, la información más detallada se vincuJa directamente a las actuaciones del rey Creso, en concreto a ]a desecación de] río Halis (1, LXXV), a la construcción de] túmulo de A]yate, su padre (1, XCIII). La desecación del cauce del río HaJis, una auténtica obra de ingeniería en opinión de Herodoto, -según el autor, que se apoya en algunos autores griegos, sin llegar a concretar en quiénesse debió a Thales de Mileto, «que se hallaba en eJ campo», para que las tropas del rey Creso cruzaran el río Halis. Según Herodoto, procedió a la desecación del cauce «para que el río que corría a la izquierda del ejército corriese también a ]a derecha. Dicen que más arriba de los reales hizo abrir un cauce profundo, que en forma de semicírculo cogiese a] ejército por la espa]da, y que así extrajo una parte del agua, y volvió a introducir] a en e] río por más abajo de] campo, con lo cual, formándose dos corrientes, quedaron ambas igualmente vadeables. Pero a Herodoto no parece conformarle esta explicación: «y aún quieren algunos que la madre antigua quedase de] todo seca, con ]0 que yo no me conformo, porque entonces ¿cómo hubieran podido repasar el río cuando estuviesen de vuelta?»(l, LXXV). Sobre ]a construcción del Túmulo de Alyate, padre de Creso, del que en época de Herodoto aún se conservaba la base, grandes bloques ciclópeos, sabemos gracias al autor que ]a parte desaparecida era de tierra; pero además de aportar sus dimensiones (seis estadios y dos pietros o yugadas de longitud y trece yugadas de anchura), e] autor refiere cómo fue construido fundamentalmente (según é] mismo deduce de sus dimensiones) por unas mujeres y también contando con ]a participación de diferentes gremios «<de la plaza y de los artesanos»), quedando constanA. Graciani cia mediante inscripciones de qué parte fue construida por cada uno de ellos (1, XCIII). Sin embargo, dispersas en otros libros aparecen referencias a pueblos y ciudades griegas del Peloponeso y de Asia Menor. Así, en el Libro III (Talía) dedica parte del capítulo LX a la construcción de] Acueducto de Samos, en una de las dos únicas referencias constructivas de dicho capítulo". Hoy sabemos que este acueducto fue construido en el año 530 a.e. si bien la historiografía tradicional lo consideró durante mucho tiempo el primer acueducto de ]a Historia de ]a ConstrucciónB. Según Herodoto, era una de Jas tres obras más importantes de esta población: «Éste es uno de los tres monumentos de Samos. E] otro es su muelle, terraplén levantado dentro de] mar, que tendrá 20 orgias de alto y más de dos estadios de largo. El tercero es un magnífico templo, el mayor realmente de cuantos he aJcanzado a ver hasta ahora, cuyo primer arquitecto fue Reco, natural de Samos e hijo de Files» (IlI, LX). ExpJica detalladamente el proceso constructivo de este acueducto subterráneo y sus dimensiones, al tiempo que indica que fue construido por Eupalino «el magerense»: «Por las entrañas de un monte que tiene 150 orgias de altura abrieron una mina o camino subterráneo, al cual hicieron dos bocas o entradas. Empezaron ]a obra por la parte inferior del monte y el camino cubierto que aHí abrieron tiene de largo siete estadios ocho pies de alto y otros tantos de ancho. A ]0 largo de la mina excavaron después un acueducto de 28 codos de profundidad y de tres pies de anchura, por dentro del cual corre acanalada en sus arcaduces el agua que, tomada desde una fuente, llega hasta ]a misma ciudad. El arquitecto de este foso subterráneo, que sirviera de acueducto, fue Eupalino el magarense, hijo de Naustrafo» (IlI, LX). En los libros V (Terpsícore), VI (Erato) y VII (PoJimnia) se recogen de forma dispersa y en menor número que en otros libros, una no por ello menos interesantes, referencias a construcción en este caso, de pueblos en contacto con la población griega continental o de Asia Menor. Por ejemplo, los templos construidos en Atenas por los gerífeos (V, LXI), entre ellos el de Ceres Acaica, o las casas de Sardes, construidas -según el autorcon cañas (y algunas con adobe) y cubierta bardada (V, Cl). Especialmente interesante es e] pasaje recogido en el Libro V, Herodoto recoge la primera mención escrita que se conserva sobre una construcción pa]afítica, a] aludir
Aportaciones de Herodoto de Halicamaso 455 las casas levantadas en la laguna. ... El autor referencia los pilotes de madera que, anclados en el lecho del río, sostienen la edificación, la plataforma (<<tablado») sobre la que se alza la vivienda y la pasarela «<puente») que une la plataforma con la zona de tierra. Según Herodoto en la construcción de estas peculiares viviendas intervinieron todos los miembros del poblado si bien sus necesarias reparaciones eran encomendadas a las mujeres de esta sociedad: «En medio de dicha laguna se ven levantados unos andamios o tablados sostenidos sobre unos altos pilares de madera bien trabados entre sí, a los cuales se da paso muy estrecho desde tierra por un solo puente. Antiguamente todos los vecinos ponían en común los pilares, y travesaños sobre que carga el tablado; pero después, para irlos reparando, se han impuesto la ley de que por cada una de las mujeres que tome un ciudadano ( y cada ciudadano se casa con muchas mujeres) ponga allí tres maderos, que acostumbran acarrear desde el monte llamado Orbelo. Viven, pues, en la laguna, teniendo cada cual levantada su choza encima del tablado donde residen, y habiendo en cada choza una puerta pegada al tablado que da a la laguna...»9. En el libro VIII, Polimnia, analiza la construcción del puente sobre el Helesponto, sobre el proceso de excavación (VII, XXIII-XXVI). Sobre la construcción mesopotámica. Babilonia Si bien Herodot» (o nos anuncia el tratamiento de importantes focos mesopotámicos, entre ellos de Nínive, una de las tres capitales asirias, sus referencias a la construcción mesopotámica (y, en general a sus diferentes culturas), recogidas en el libro 1 (Clío), se limitan al período neobabilónico, concretamente al reinado de Nabucodonosor, al que corresponden las intervenciones constructivas más importantes de esta fase. En cualquier caso, las indicaciones del autor sobre las actuaciones constructivas del monarca, que el autor llama Semirámis, constituyen una fuente de información imprescindible sobre las construcciones de este período, que se conocen fundamentalmentelO gracias al propio relato del monarca y a las referencias de Estrabón, Eratóstenes de Alejandría y, muy especialmente, de Diodoro de Sicilia en el libro lIT de su Historia Naturalll quien al describir Babilonia alude a las técnicas empleadas para la construcción de la cuidad, basándose en fuentes anteriores, hoy perdidas, que él llegó a consultar. Sin embargo, Diodoro de Sicilia es mucho más fantástico que Herodoto. Sobre materiales y técnicas constructivas Herodoto no describe con carácter generalista técnicas constructivas mesopotámicas si bien este tipo de información y las referencias a la construcción neobabilónica que aparecen en el texto vienen vinculadas a la descripción de las edificaciones de mayor interés de la ciudad, diseminadas en párrafos en los que se combina con información de carácter descriptivo, a veces meramente arquitectónico o incluso urbanístico; en cualquier caso, están especialmente marcadas en algunos pasajes de su obra, entre ellos, el ziggurat de la ciudad, advocado al dios Marduk, algunas construcciones hidráulicas, como la red de canales, zanjas y diques, el puente de Babilonia y la muralla de la ciudad, siendo éste uno de los pasajes que mayor interés presenta en este sentido. Sus alusiones constructivas se refieren a la utilización de ladrillos, a la costumbre de armar las fábricas, incorporándoles carrizo, y al betún, un material habitual en Mesopotamia, a su uso y a la presencia de diferentes pozos en el país. En concreto, en el pasaje dedicado a la muralla de Babilonia, presta una especial atención a «cómo se hizo la muralla y en qué se empleó la tierra sacada del foso». Refiere la realización de ladrillos, y, con cierta extrañeza, la utilización de un mortero de betún, en este caso en su vertiente líquida como el propio autor apuntay la incorporación de carrizos para armar la fábrica: «La tierra que sacaban del foso la empleaban en formar ladrillos, y luego que estos tenían la consistencia necesaria los llevaban a cocer a los hornos. Después, valiéndose, en vez de argamasa, de cierto betún caliente, iban ligando la pared de treinta en treinta filas de ladrillos con unos cestones hechos de caña, edificando primero de este modo los labios o bordes del foso, y luego la muralla misma» (1, CLXXIX). Tampoco faltan otro tipo de consideraciones de carácter general que aporta al describir alguna de estas construcciones. Por ejemplo, al dar las medidas de la muralla de Babilonia, indica que el codo real es «tres dedos mayor del codo común y ordinario» (1, CLXXIX).
456 Como hemos indicado, no faltan en la obra de Herodoto referencias al betún, recogiendo este autor alusiones sólo comparables, en número, cantidad e información, a las que ofrece Estrabón, y en menor medida Eratóstenes, según indica el mismo autor. Las alusiones que Herodoto hace al betún aparecen, por ejemplo, al referir la muralla de Babilonia en el capítulo CLXXIX. Ello no resulta extraño en tanto una de las particularidades de la construcción en la Mesopotamia histórica fue el empleo del betún, materiaJ abundante en la región, con una doble funcionalidad: como aislante y como argamasa. Ambos usos, que ya se daban al betún en Mesopotamia desde los comienzos de la época sumeria habían perdurado a lo largo de las diferentes culturas que pobJaron la región, si bien encontraron en el período neobabilónico una frecuencia mayor. De hecho, la existencia en toda Mesopotamia una gran cantidad de pozos de betún, hizo que ya caldeos, casitas y asirios lo emplearon como argamasa e incluso para revestir paramentos exteriores, jugando con los contrastes del color negro del betún y del blanco de la cal. En cualquier caso, para las culturas que precedieron a la neobabilónica su uso como argamasa fue sólo excepcional, prefiriéndose un mortero bastante pobre, con barro muy tluido, que en ocasiones (como en el ziggurat casita de Dur Kurigalzu) era de barro bituminoso. Sí lo emplearon para encastrar revestimientos de arcilla cocida sobre otras superficies. Ni siquiera los asirios, que emplearon una mayor diversidad de morteros lo generalizaron, habiendo de esperar al reinado del monarca neobabilónico Nabucodonosor para que el betún asfáltico se empleara de modo habitual, lo que desde su muerte, no volverá a suceder hasta los siglos XIX Y XX. Fue común el uso del betún como impermeabilizante Con estas últimas palabras, Estrabón se refería al uso del betún como impermeabilizante; con cierta regularidad (cada ocho o nueve hiladas de adobe) colocaban sobre una capa de bmTo bituminoso un lecho de esteras de carrizo (phragmites communis, una gramínea que crece en las riberas cenagosas, abundante en la región e imputrescible), y a veces hojas de palmera entrelazadas, impregnadas en betún. A Herodoto, al igual que a Estrabón/l, le llama poderosamente la atención la abundancia de betún que produce la zona, comentando -también como Estrabónque la ciudad de Hit era la principal fuente de aprovisionamiento de Babilonia (aunque Estrabón A. Graciani especificaba que lo era de betún seco. En palabras de Herodoto: «Hay una ciudad llamada Is (Hit) a ocho días de v.iaje de Babilonia, donde fluye un pequeño río, llamado asimismo Is, el cual es tributario del Eúfrates; y del manantial de este río brotan con el agua muchas gotas de betún, el cual se trajo de allí para la muralla de BabiJonia>P.Sin embargo, Herodoto no hace referencia a las dos variantes de betún, la sólida y la líquida (que autores como Estrabón referirán como seca ynapha, respectivamente)/4, aunque al referir la construcción de la muralla de Bahilonia, explica con cierta extrañeza, la utilización de un mortero de betÚn, en este caso en su vertiente líquida -como el propio autor apunta (l, CLXXIX). Como ya hemos indicado, el pasaje dedicado a la construcción de la muralla de Babilonia será uno de los que mayor interés presente como descripción de las técnicas constructivas del pueblo neobabilónico. Sohre edificaciones de Bahilonia Como se ha indicado, el cario dedica pasajes a edificaciones significativas de la ciudad como eJ ziggurat de Marduk, algunas construcciones hidráulicas, como la red de canales, zanjas y diques, el puente de Babilonia y la muralla de la ciudad. Sin embargo, a diferencia de Diodoro de Sicilia, Herodoto no refería algunas construcciones emblemáticas de la ciudad, entre ellas el pasaje subterráneo, abovedado y realizado con ladrillo cocido e impermeabilizado con betún, que comunicaba el Palacio Real de Nabucodonosor con el exterior en previsión de cualquier peligro]" que, sin embargo, Diodoro de Sicilia sí lo describía o como los jardines Colgantes de Babilonia, situados al NE del PaJacio Real, que fueron considerados una de las Siete Maravillas de la Antigüedad y que Diodoro refería como una construcción abovedada en ladrillo cocido y aportando sus dimensiones y la duración de la construcción/n. Sohre el ziggurat de Marduk La descripción que Herodoto hace de la ciudad de Babilonia se centra en la descripción de su ziggurat, que sabemos estaba advocado al dios titular Marduk, recogida en el capítulo CLXXXI del Libro 1. Es por tanto probable que, existiendo aún en época del grie-
Aportaciones de Hcrodoto de Halicamaso 457 go, éste 10 llegara a contemplar, siendo esa la razón de la meticulosidad en su tratamiento. De hecho, el autor refiere su emplazamiento privilegiado en el conjunto urbano, la planta del edificio, su maciza construcción, el sistema de acceso, los revocas de sus paramentos,.. . Refiere su planta cuadrada y dos estadios de lado, y la presencia en su interior de un edificio escalonado, el ziggurat, sin bien no llega a utilizar este término. Indirectamente, al calificar esta torre como maciza, Herodoto refiere el modo de construcción de esta fábrica, tal como hoy sabemos que eran los ziggurats mesopotámicos, macizos, a diferencia de los elamitas, constituidos por pasillos abovedados en su interior. Según Herodoto, se elevaban ocho pisos diferentes «<hasta llegar al número de ocho torres»), existiendo tantos pisos como planetas; así mismo, indicaba que el primer piso del ziggurat tenía un estadio de altura y otro de espesor, y que el acceso se realizaba a través de una escalera exterior dispuesta «alrededor de todas ellas (las torres)... (existiendo) en la mitad de las escaleras un rellano con asientos, donde pueden descansar los que suben». El autor finalizaba aludiendo la presencia del santa sanctorum sobre el último piso: «en la última torre se encuentra una capilla, y dentro de ella una gran cama magníficamente dispuesta, y a su lado una mesa de oro» y que los diferentes pisos de la edificación se pintaban con los colores simbólicos de los astros en el siguiente orden: blanco, negro, púrpura, azul, rojo, reservándose el plata y el oro para los últimos pisos. El dato que otfece el viajero sobre las ocho plantas del edificio se contradice con la información aportada por alguna tablilla cuneiforme generada por la gestión del templo, en la que se refiere la existencia de tres pisos: el primero de 100 m2. X 35 m. el segundo de 80 m2. x 20 m. y el tercero de 65 m". x 7 m. Esta disparidad ha contribuido a la diversidad de interpretaciones; así por ejemplo, Koldewey considera que sólo debió tener dos plantas. Sohre la disposición urhanÍStica de Bahi/onia Las referencias a la distribución urbanística de Babilonia están dispersas, en el Libro 1, en los capítulos CLXXX y CLXXXI. Por ejemplo, en el pasaje dedicado a la descripción del ziggurat de Marduk (Libro 1, CLXXXI) exp1ica cómo la ciudad estaba ceñida por un doble muro, el interior más estrecho, estaba dividida en dos partes «<cuarteles»), cada uno con un alcázar propio. «En el uno está el palacio real, rodeado de un muro grande y resistente, y en el otro un templo de Júpiter Belo, con sus puertas de bronce». En el mismo libro, pero en el otro capítulo, recoge algunos datos sobre la organización de la ciudad (1, CLXXX), por ejemplo, que sus casas eran de tres y cuatro plantas de altura, y que la estructura urbanística partía de un trazado reticular teniendo como punto de referencia el río, de modo que desde todas y cada una de las calles transversales a éste la población de los correspondientes barrios tenían acceso a las márgenes del río a través de puertas de bronce: «La ciudad, llena de casas de tres y cuatro pisos, está cortada por unas calles rectas, así las que corren a lo largo, como las transversales que cruzan por ellas yendo a parar al río. Cada una de estas últimas tiene una puerta de bronce en la cerca que se extiende por las márgenes del Éufrates; de manera que son tantas las puertas que van a dar al río, cuantos son los barrios entre calle y calle». Toda la ciudad estaba rodeada de una muralla, realizada con ladrillos: «La muralla, por entrambas partes, haciendo un recodo llega a dar con el río, y desde allí empieza una pared hecha de ladrillos cocidos, la cual va siguiendo por la ciudad adentro las orillas del río». Sohre la infraestructura hidráulica de la ciudad Gran parte de los comentarios del Libro 1 (Clío) de Herodoto sobre construcción babilónica, en concreto de los capítulos CLXXXIV y CLXXXV, están dedicados a las obras de infraestructura hidráulica de la que Nabucodonosor (Semíramis) dotó a la ciudad. Entre ellas, la red de diques, canales (1, CLXXXIV) y acequias al Norte del país, aprovechando que allí el cauce del río era recto (1, CLXXXV), estas últimas en un número de 180, según apuntará en otra parte del texto: «...señaló con unos cordeles ciento ochenta acequias, todas ellas dirigidas de varias maneras...». También describe cómo el monarca ordenó la construcción de diques y terraplenes para contención de las riadas del Eúfrates para evitar que el río «inundase, como anteriormente, los campos» y en los propios márgenes de la ciudad de Babilonia. En ambos capítulos, el autor elogia la grandeza de estos trabajos, «dignos de admiración»; así refiere «que asom-
458 bra ]a grandeza y la elevación de estos diques» (1, CLXXXIV). Indica que en diversos puntos de su cauce, se cortó la corriente del Eúfrates para que «la corriente del río, cortada con varias vueltas, fuese menos rápida y la navegación para Babilonia más larga...». En los capítulos CLXXXV y CLXXXVI, Herodoto refiere cómo el rey realizó simultáneamente tres importantes operaciones de infraestructura hidráulica. De una parte, ante las necesidades de abastecimiento urbano, construyó en las proximidades del río un pantano que se realizó con «enormes piedras», «asegurándose las orillas con tierra procedente de la misma excavación»; si bien su fin último era a]macenar el agua de] río en caso de inundación, para asegurar el abastecimiento de la población y disminuir la posibilidad de que la riada ocasionara destrozos, en principio el pantano permitiría almacenar (provisionalmente) el caudal del Eúfrates durante las obras que el mismo rey iniciara de construcción de un puente una vez desecada la antigua madre del río. Así refería Herodoto: «Hizo cortar y labrar unas piedras de extraordinario tamaño, y cuando estuvieron ya dispuestas y hecha la excavación, torció y encaminó toda la corriente del río al lugar destinado para la laguna. Mientras ésta se iba llenando, secábase la madre antigua del río... Después que con la venida del río se llenó la laguna y estuvo concluido el puente, restituyó el Éufrates a su antiguo cauce; con lo cual, además de proporcionar la conveniencia del vecindario, logró que se creyese muy acertada la excavación del pantano». Diodoro de Scilia no referirá este pantano, pero sí el depósito que Nabucodonosor mandó construir en ]adrillo cocido e impermeabi]izado con betún: «Después de esto, Seramis escogió el punto más bajo de Babilonia y construyó un depósito cuadrado de trescientos estadios de largo en cada lado: construido de ladrillo cocido y de betún, con una profundidad de treinta y cinco pies»17. En segundo lugar, para evitar que ante una riada la ciudad se pudiera inundar, Nabucodonosor mandó reforzar las orillas del río con muros de ladrillo cocido en aquellos tramos en los que el Eúfrates atravesaba Babi]onia, los cuales eran accesibles a ]a población, ya que desde cada calle, cerradas por puertas, podía bajarse a las márgenes. Nabucodonosor ordenó que, paralelamente, en las proximidades del centro de ]a ciudad, se construyera A. Graciani un puente para unir los dos cuarteles en los que ésta se dividía, la mitad oriental, mayor y más antigua (donde se encontraba e] Santuario de Marduk y el Palacio Rea]), con la Occidental, estando separadas ambas en algunos tramos por hasta cien metros. Según Herodoto: «En el tiempo que duró esta operación, mandó hacer dos cosas: edificar en las orillas que corren por dentro de ]a ciudad y a las cuales se baja por las puertas que cada calle tiene, una margen de ladrillos cocidos, semejantes a las obras de ]a muralla, y construir un puente, en medio poco más o menos de ]a ciudad...», Los sillares de sus pilas pétreas, «con las piedras labradas de antemano» uniéndolas entre sí con hierro y plomo»~ afirmación por la que sabemos que ya en e] siglo VI a.e. los babilonios empleaban grapas de sillería con plomos vertidos en las juntas para evitar la oxidación, procedimiento que se convertiría en habitual en el mundo griego clásico y que se mantendría durante siglos a lo largo de ]a Historia. El piso era de madera y desmontable durante la noche para evitar los robos: «Sobre las pilastras de esta fárica se tendía un puente hecho de unos maderos cuadrados, por donde se daba paso a los babilonios durante el día; pero se retiraban los maderos por la noche para impedir muchos robos, que se pudiesen cometer por ]a facilidad de pasar de una parte a otra». No era ésta una singularidad de] puente de Babilonia; de hecho, el de Khorsabad o Dur Sagina que unía las dos mitades fortificadas en que ]a ciudad asiria estaba dividida, también se desarmaba durante la noche para evitar que ambas mitades quedaran incomunicadas en caso de un ataque enemigo. Siglos más tarde, Diodoro de Sicilia completaría esta información ofreciendo algunos datos cuantitativos y descriptivos que no ofrecía e] texto de Herodoto, que nos permiten afirmar que el testimonio de Diodoro de Sicilia, en ]0 que respecta al puente de Babilonia, es mucho más preciso que e] de Herodoto de Halicarnaso. ASÍ, aunque vuelve a reiterar cuestiones ya recogidas por Herodoto, como e] sistema de unión de los sillares de las pilas, Diodoro indicaba que se construyó en el sitio más estrecho del río; además, aportaba el dato de su longitud (cinco estadios), aludía el proceso de cimentación, «colocando los pilares cuidadosamente, de forma que se hundiesen doce pies en su lecho», ]a existencia de tajamares circulares en las pilas, en el lado de la corriente del río y concretaba los tipos de maderas empleados en e] piso del puente, realizado con vigas de cedro y ciprés
Aportaciones de Herodoto de Halicarnaso 459 y, excepcionalmente, con troncos de palmera. Diodoro sí se refería al amplio muelle, de ciento sesenta estadios de largo, que completaba el conjuntolX . Sohre la muralla de Babilonia En los capítulos CLXXVIII y CLXXIX, Herodoto incluye referencias a la muralla de la ciudad de Babilonia, no sin antes afirmar que las fortificaciones neobabilónicas eran <<lasmás perfectas de cuantas ciudades conocemos» (1, CLXXXVIII). Así, aporta datos sobre la construcción de la muralla, así como del «profundo y ancho foso, lleno de agua y cincuenta codos reales de ancho y de alto hasta doscientos» que la rodeaba, indicando que se levantó con adobes realizados con «tierra sacada del foso», posteriormente cocidos en hornos, dispuestos en fábricas armadas con esteras de carrizo para su nivelación (en este caso, cada treinta hiladas) y trabadas con mortero de betún líquido, evidenciando en esta última cuestión su extrañeza: «La tierra que sacaban del foso la empleaban en formar ladrillos, y luego que estos tenían la consistencia necesaria los llevaban a cocer a los hornos. Después, valiéndose, en vez de argamasa, de cierto betún caliente, iban ligando la pared de treinta en treinta filas de ladrillos con unos cestones hechos de caña, edificando primero de este modo los labios o bordes del foso, y luego la muralla misma». Aunque como indica el propio autor le interesa especialmente «cómo se hizo la muralla y en qué se empleó la tierra sacada del foso», no faltan sin embargo, referencias a la planta de esta muralla, aludiendo a los habitáculos existentes entre los dos lienzos de muralla, cuyas dimensiones venían determinadas por los vehículos de transporte, y a las cien puertas de bronce que ésta tenía: «En lo alto de ésta fabricaron por una y otra parte unas casillas de un solo piso, las unas enfrente de las otras, dejando en medio el espacio suficiente para que pudiese dar vueltas una carroza. En el recinto de los muros hay cien puertas de bronce, con sus quicios y umbrales del mismo metal». Sobre la construcción persa Siendo la guerra con los persas el punto de partida del texto de Herodoto, no podían faltar alusiones a la construcción persa, si bien se limita a una referencia a la ciudad de Ectabana en el capítulo XCVIII del Libro 1 (Clío), una «plaza fortificada construida por los medos y de un palacio «grande y fortificado» (1, XCVIII) «digno de la majestad del Imperio», ciudad ésta que posteriormente, en época de Herodoto, se conocería como Ectabana. El autor, describe su recinto amurallado, emplazado en una colina redonda y dotado de siete lienzos almenados, circulares y concéntricos, iguales en altura, de una fábrica «de gran perfección». Lo iguala en cuanto a sus dimensiones con las del recinto ateniense. Refiere que las almenas de los diferentes cercos variaban de color, siendo de fuera a dentro blancas; negras; rojas; azules, amarillas, plateadas y doradas. No obstante, en el libro IV, Melpómene, incluye algunas referencias al rey Daría y al pueblo persa. La falta de referencias a construcciones religiosas no ha de extrañamos en un pueblo que no edificó templos, puesto que sus ofrendas las realizaba a cielo abierto, en grandes piras que como Herodoto indica se denominaban altares de fuego (IV, LXII). Asimismo, comenta la construcción del puente de barcas sobre el Ponto, en el Bósforo, realizado por Mandrocles, natural de Samos (IX, LXXXIX), a quien Herodoto califica como «ingeniero o arquitecto», evidenciando así la dualidad de funciones -y por tanto de calificativosde los profesionales de la construcción en la Antigüedad. La construcción del puente fue generosamente pagada por parte del monarca «a razón de diez por uno», por «...10 bien construido que le pareció el puente de barcas», para que sus tropas pudieran atravesar el Bósforo. Herodoto refiere así el primer puente de barcas de la Historia del que se tiene constancia. También refiere cómo Daría levantó en el Bósforo sendas columnas de mármol blanco, grabando en una con letras asirias y en otra en letras griegas el «nombre de todas las naciones que su ejército conducía», columnas que según Herodoto después «cargaron los bizantinos... y Ilevándolas a su ciudad, se valieron de ellas para levantar el ara de Diana Ortosia, exceptuando solamente una piedra llena de caracteres asirios, que fue dejada en Bizancio en el templo de Baca». Herodoto identificaba dicho puente, según «mis conjeturas» con el que estaba en medio de Bizancio y «del templo de Júpiter situado en aquella boca». Herodoto le llamaron la antención las casas de los nómadas, «unas cabañas hechas de varillas de gamon
466 canía al lago Moréis que Herodoto mencionaba28, situado en el oasis de El Fayum, en especial desde que entre 1842 y 1844 Richard Lepsius (el primero en hacerla) identificara la pirámide de Amenemhat III, de la XII dinastía (ca. 1800 a.e.) construida en adobe y que se encuentra junto a las referidas ruinas. Sin embargo, actualmente, muchos investigadores cuestionan esta consideración, pues algunos opinan que todo fue una invención de Herodoto, mientras otros, como Ares, se inclinan por pensar que las ruinas de Hawara no pertenecen al verdadero laberinto. De hecho, consideran que el plano del monumento obtenido por Flinders Petrie, en el que se representaban una serie de habitaciones de tamaño variado adosadas de tres en tres o de seis en seis precedidas de pórticos columnados carecía de la laberíntica estructura referida por Herodoto, quien hacía especial hincapié en que ce especial hincapié en que era imposible que un hombre no acostumbrado a recorrerlo pudiera salir del edificio sin la ayuda de un guía. Además de que no coinciden las dimensiones del edificio funerario aportadas por los viajeros clásicos con las de la pirámide de Amenenhat (según Herodoto, de 70 m. cuando en realidad no supera los 58 m. de altura, y según Estrabón 118 m. de lado cuando no supera los 100 m.), ni siquiera las del monumento descrito (según Herodoto comparable a las pirámides) con la de las ruinas de Hawara (200 x 170 m.), parece imposible que un edificio de adobe pudiera soportar las colosales figuras esculpidas que refiere Herodoto, de las que tampoco se han hallado restos, más que pequeños cocodrilos realizados en relieve sobre algunas piedras de dudosa función. Además, el edificio excavado por Patrie es de un solo piso, no apareciendo el subterráneo referido por Herodoto ni los enterramientos. NOTAS 1. La primera denominación obedece a una arbitraria división en libros, realizada por un escritor alejandrino (s.IIl-II a.C). 2. Se utiliza un término empleado por Herodoto en el proemio, iOlOrih, traducible como «investigación", «encuesta», indagación» o «inquisición». 3. Sin embargo, según Aristóteles en su Retórica, y posteriormente Plutarco, nació en Turios, al Sur de Italia. 4. Herodoto llama <doggoi» a las partes de la narración, dedicando cada una de ellas a un pueblo. Algunos autoA. Graeiani res opinan que los loggoi asirios fueron suprimidos; otros que nunca existieron porque no encajaron en la estructura del conjunto. 5. Herodoto plantea también la posibilidad de que esta desecación no se hubiera llegado a realizar y que las tropas hubieran cruzado el río por los numerosos puentes que lo atravesaban. 6. Herodoto: Los Nueve Libros de la Historia. (Trad. De P. Bartolomé Pou). Ed. Edaf. Madrid, 1996. 7. En páginas precedentes, Herodoto incluye una referencia a un supuesto acueducto mandado construir por un rey de Arabia, que contaba con tres canales (cada uno de ellos para abastecer a una población diferente), que llevaba el agua del río Corys, que desembocaba al mar de Eritreo, realizado con pieles crudas de bueyes y otros animales (Ill, IX). 8. Hoy sabemos que el rey asirio Senaquerib (705-681 a.c.) hijo de Sargón construyó uno años antes, en el 691 a.c. para franquear el ancho valle del Yerwan y que llevaba el agua desde la presa del río Khors, cerca de Bavián, hasta Nínive, la capital que estaba situada a 80 km. al SE, para así regar sus campos y jardines. Constaba de un tramo de arcuationes de 300 m. de largo y 12 m. de anchura, sostenido por cinco arcos, en el cual se calcula que se emplearon más de dos millones de bloques con un módulo medio de 50 x 50 x 65 m. (GRACIANI GARCÍA, Amparo: Mesopotamia. Consideraciones generales para un estudio de la construcción, Sevilla, 1992). 9. Herodoto, V, XVI, p. 417. 10. Los autores posteriores abusarán de la paráfrasis y el adorno de las referencias previas. Así, Harpocrición de Alejandría hacia el 335 d.C. contará en su viaje a Babilonia el comentario que le hizo un viejo sirio ante las ruinas de una ciudad mesopotámica: «.. .ha sido construida por gigantes que querían escalar el cielo. Por esa irreverencia loca, unos fueron heridos por un rayo; otros por orden de dios, en lo sucesivo no se reconocerán mutuamente; el resto fue a cacr a la isla de Creta, a donde, en su calera los precipitó dios» (PARROT, André: La Torre de Babel. Ed. Garriga. Barcelona, 1962, pp. 1718). 11. Plinio: Historia Natural, libro Ill, 7.2-13. 12. PITARCH, José et alt: Arte Antiguo. Próximo Oriente. Grecia y Roma. Col. Fuentes yDocumentos para la Historia del Arte, vol. I. Gustavo Gili. Barcelona, 1982, pp. 59-60). Así, se expresaba este último: «Aunque las vistas de Babilonia son muchas y singulares, no es la menos maravillosa la enorme cantidad de betún que produce el país; tan grande es la reserva de éste, que no solamente basta para sus edificios, que son numerosos y grandes, sino que para la gente común también, reuniéndose en el lugar, la utilízan sin ningún tipo de restricción y secándola
Aportaciones de Herodoto de Halicarnaso 467 la queman en lugar de combustible. Pese a la gran cantidad de hombres que la utilizan, la cantidad permanece sin disminuir, como si procediese de varias inmensas fuentes. Además, cerca de estas fuentes hay un agujero respiradero de no gran tamaño, pero remarcable porque emite un vapor muy dcnso y sulfuroso que trae la muerte a toda criatura viviente que se le acerca, y se encuentra con un final rápido y extraño...». 13. DA VEY, Norman: Enciclopedia de la Construcción, p. 177. 14. Según el autor: «Babilonia produce grandes cantidades de asfalto, de acuerdo con lo quc Eratóstenes manifiesta, que la especie líquida, llamada napha, se halla en Susa (Irán), pero la scca, que puede ser solidificada, en Babilonia. Hay una fuente de este mismo asfalto cerca del Eúfrates (en Hit), y cuando este río se encuentra en su crecida, en la época de la fusión de las nieves, la fuente de asfalto es colmada ydesborda en el río, y los grandes coágulos que sc forman son adecuados para las construcciones de ladrillos cocidos. Otros escritores dicen que la especie líquida se encuentra también en Babilonia. Confirman en particular la gran cantidad de la clase seca en la construcción de los edificios, pero también dicen que las embarcaciones tejidas con cañas y revocadas con asfalto son impermeables al agua» (Cfr. DA VEY, Norman: ut supra). 15. Pitarch et alt.: op. cit., p. 58. 16. «Entonces, desviando el curso del río hacia el Este, construyó debajo de tierra un pasaje que iba de un palacio a otro; haciéndolo de ladrillo cocido, cubrió las cámaras abovedadas de ambos lados con betún caliente hasta que tuvieron un grosor de cuatro codos. Los muros laterales de este pasaje eran de veinte ladrillos de ancho yde doce pies de alto, excluyendo la bóveda de cañón, y la anchura del pasaje era de quince pies. Cuando esta construcción se hubo terminado, en sólo siete días, permitió al río volver atrás, a su antiguo cauce y así, pasando la corriente sobre este pasaje, Seramis podía ir de un palacio a otro sin pasar por el río. A cada extremo del pasaje había puesto puertas de bronce que permanecieron en el tiempo hasta la dominación persa» (Pitarch et alt.: ut supra, p. 67). 17. Pitarch ct alt.: op. cit., p. 67. 18. Pitarch et alt.: ut supra, pp. 53-60. 19. También por referencias conocemos las visitas de algunos sabios, como es cl caso dc Tales de Mileto, el padre de la geometría griega, quien la visitó durante el siglo VI a.c. 20. Delgado, José Manuel: Las claves de la gran pirámide. Col. Año Cero, Madrid, 2000, p. 15. Según Estrabón, a cierto nivel, sobre uno de los lados de la pirámide, existía una piedra que podía retirarse y que, una vez removida, dejaba ver la entrada de una galería o siringa, que conducía a la tumba. Dicho pasaje era angasto y bajo, de menos de 1,20 m. por 1,20 m. ydescendía a lo largo de 114 metros hasta una charca infestada de sabandijas, excavada en la roca viva, de 46 m. bajo la pirámide. 21. Delgado, M.: Op. cit., p. 65. 22. Aunque actualmente se conservan pocos bloques de revestimiento, (los que se conservan se encuentran en la cara norte) hoy se estima que en origen el monumento tuvo 27.000 bloques, perfectamente encajados y pulidos. 23. El dI'. Joseph Davidovits, nombrado por el presidente de Francia Caballero de la Orden Nacional de Mérito, fundador del Instituto Geopolimérico de París, es profesor de la Universidad de Toronto ydirector del Instituto de Ciencias Arqueológicas Aplicadas de la Universidad de Barry, en Florida. La doctora Margie Morris trabaja en la Universidad de Minnosota. 24. La Estela de Famine, descubierta en 1889 por el egiptólago Charles Wilbour y terminada de descifrar por el arqueólogo francés Barquet en 1935, consta de 2.600 jeroglíficos dispuestos en 32 columnas, data de época ptolomaica (300 a.c.) aunque se considera debe ser copia de documentos más antiguos ya que se refieren a personajes de la 111Dinastía. Entre las columnas 6 y22 se habla sobre métodos constructivos. 25. Delgado, Manuel José: op. cit, p.12. 26. Vt supra, pp. 19-20. 27. Herodoto, Libro 11, CXXXVI, p. 210 Asiquis, que mandó hacer los propíleos del templo de Vulcano que dan a Levante, y que son en realidad de cuantos hay en el edificio los más bellos y los más grandes con notable exceso, pues aunque los demás propíleos son todos obras llenas de figuras esculpidas... Cuentan del mismo rey que, codicioso de superar las glorias de cuantos habían antes reinado en Egipto, dejó su monumento público en una pirámide hecha de ladrillo. Hay en ella una inscripción grabada en mármol que hace hablar a la misma pirámide en estos términos: « No me humilles comparándome a las pirámides de mármol a las que excedo tanto como Júpiter a los demás dioses; pues dando en el suelo de la laguna con un chuzo, y recogido el barro a él pegado, con este barro formaban mís ladrillos, y así fue como me construyeron. « Esto es en suma cuanto hizo aquel rey» . 28. «...la laguna que llaman Meris, cerca de la cual aquél se edificó. Cuenta la laguna de circunferencia 3.000 estadios, medida que corresponde a 60 schenos, los mismos cabalmente que tienen de longitud las costas marítimas de Egipto; corre a lo largo de Norte a Mediodía, y tiene 50 orgias de fondo en su mayor profundidad. Por sí misma declara que es obra de manos yartificial. En el centro de ella, a corta diferencia, vense dos pirámides que se elevan sobre la flor del agua 50 orgias, y abajo tienen otras tantas de cimiento, y encima de cada una se ve un
468 A. Graciani coloso de mármol sentado en su trono: aunque ambas pirámides vienen a tener 100 orgias, que forman cabalmente un estadio hexápletro o de 600 pies... la tierra que iban extrayendo la llevaban al Nilo, el cual, recibiéndola en su corriente, no podía menos de arrastrarla en ella e irla disipando» (Herodoto, Libro n, CXLlX, p. 218).