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España bajo el reinado de la casa de Borbon : desde 1700, en que subió al trono Felipe V, hasta la muerte de Carlos III, acaecida en 1788. T. 3

Abstract

Bibliografía de mss. : p. IX-XII

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España bajo el reinado de la casa de Borbon : desde 1700, en que subió al trono Felipe V, hasta la muerte de Carlos III, acaecida en 1788. T. 3

Author: Coxe, William (1747-1828)
Year: 1846
Source: https://idus.us.es/bitstreams/20ef35f3-d693-4a05-9d68-9cc1aa2ad214/download
ESPAÑA BAJO EL REINADO
1
DE LA CASA DE BORBON,
Desde 1709 en que subió al trono Felipe V hasta la
muerte de Carlos III, acaecida en 1789.
ESCRITA EN INGLÉS
POR GUILLERMO COXE
.Biblioteca PixeLegis. Universidad de Sevilla.Y TRADUCIDA AL ESPAÑOL CON NOTAS, OBSERVACIONES Y UN
APÉNDICE,
POR DON JACINTO DE SALAS Y QUIROGA.
T011110
III.
MADRID: 1846,
ESTABLECIMIENTO TIPOGRAFICO
DE
D.5
1
.
DE
P.
MELLADO.
Editor.

•
•
a

CAPIT LILO XXXVI.
1126.
Rersárnen de
los tratados celebrados por Riperdá en Viena.— Viage de este
diplomático y su llegada á España.
Su
falta de comedimiento v mode-
racion.—Es recibido en Madrid de un modo
halagüeño.—Conásele
la
direecion de todos los negocios del reino.
No tardó mucho en quedar satisfecha la impaciencia
de la, corte de España , porque mes y medio despues de
la despedida de la infanta , supo Europa con un asom-
bro mezclado, de recelo, que acababa de celebrarse (30
de abril) un tratado entre el emperador y el rey de Es-
paña. Confirmaba este documento todos los artículos
de la cuádruple alianza, cediendo ambos soberanos mú-
tuamente los estados á que anteriormente habian renun-
ciado ya pero se convino en que se conservarían du-
rante su vida
,
los títulos que usaban respectivamente.
El eh aperador confirmó la posesion eventual de los du-
cados italianos , y Felipe por su parte abandonaba to-
dos los derechos y reclamaciones á los territorios des-
membrados de España por el tratado de Utrecht , así
como la proteccion de lbs estados italianos,
además sus derechos á la devolucion de Siciia por la de
Cerdeña. El articulo mas esencial , era la garantía de
la sucesion establecida-en España por el emperador , y
la contra garantía de la pragmática sancion por Felipe.
El emperador á nombre del pueblo germánico , firmo

6

CAPITULO TREINTA Y SEIS.
.°
de mayo) otro tratado en que
aprobaba las estipu–
laciones hechas para la sucesion de Payma
y Toscana,
cuyo acto confirmó la Dieta ( á 9.0 'de
julio del mismo
año ).
Tambien se firmó otro tratado el mismo 4 .°
de
nrcl—
y
o
relativo al comercio , en el que aprobaba el rey
de
tspaiia la compañía de Ostende , ofreciendo proteger á
los súbditos del emperador en
su
comercio con las
In–
dias
Orientales , v concediéndoles franquicias para la
entrada y salida en todos los puertos , y los
mismos
pri-
vilegios comerciales de que habian disfrutado las nacio-
nes mas favorecidas. Con propósito de que fuese mas
útil todavía este convenio , y de facilitar á los mercade-
res
y fabricantes de los Paises Bajos y. de
los
estados
hereditarios , los medios de sostener competencia ven-
tajosa con
los
de Inglaterra
.
y Holanda , se pensaba en
establecer una nueva tarifa de aduanas á favor suyo
en que se rebajase la mitad de derechos.
Al mismo tiempo se firmó un tratado secreto á que
se dió el nombre en lenguage diplomático
de defensa;
pero que
en realidad era un tratado de alianza ofensiva,
el cual encerraba además de otra garantía de los esta-
dos respectivos , la designacion especial del contingen-
te que debia dar cada uno en caso de ataque , así co-
mo el compromiso de sostenerse recíprocamente con
todas sus fuerzas si llegaba á hacerse necesario. Ofrecia
ademas el emperador que emplearia su rnediacion para
conseguir la restitucion de Gibraltar y Menorca;

es
indudable que se convino tambien en otros p_untoS par–
ticulares aun cuando no con tanta solemnidad
B
,

en daño
de las posesiones y tranquilidad' de la G
r
an Bretaña.
El misterio con que se llevóá.clbo esta
negociacion
dió
motivo á infinitas conjeturas relativas á losartículossecre-
tos; ya hemos hablado con demasiada es ension de este
punto en otra obra (1) para que
p
re itamos aquí lo mis–
mo. Nos limitaremos á manifestar que segun las Prue-
bas que caben en este asunto , y que
creemos nosotros
Ji

4726..

7
sol)

fuer tes mea
coavencer
á todo el que no se ha-
lle
prevea4/0.1,ln coatra de an.4te mano. , estos compromi-
sos abrararect hal
.
toma de Gibraltar por medio de las ar-
maS y
.
el. re.4.ablecimiento dei la familia de los Estuardos,
eme= caso de wolie, se:. negase.. Inglaterra á someterse, á las
peticiones de tos aliados de \
r
iera-. Copiaremos sucinta-
me•te algunos.,. de tos puntos de estos,compromisos segun
se coM!ulti
q
a ron Dor losa bates s KJllanos , de
,
quienes. se ha
podido em 0--*
,
.oí
y
raillotar cuán exactas. eran las noticias
delgza;rde. favor que goi-zabart con. Felipe . En caso nece-
sario , tantbiejt se podiallathar milyores, pruebas en ci
testimonio de, Miandgon , quien por entonces era conti -
dente
india]
o, del rey.
Artículo

Sus Ennestades .im,perial
y
católica,
presumiendo que se opondria Inglaterra á la ejem-
cion de estos planes , • tanto á causa de sus inter
.
eses
particulares, como parytie n:o ha de querer
renun-
ciar
a su preponderancia en
.
Europa , y que por esta
causa ocurrirán infatiblemente que la, iiacion inglesa,
los holandeses y los -demás príncipes formarán una 11-ga
coman, se obligan 'á procurar del mejor modo que sea
posible,. el restablecer al Pte.tendiente en el: trono
,
de la
Gran
»retal a.
Para esto, tendra.S.
M.
G.
11
1
11
pretesto
plausible
:
en: la restitucion de -Gibraltar , que debe pe-
dir- tan llulego como. se. publique la paz Je Viena (2).
Al comunicarse estos tratados á la có:rte de Madrid,
Riperda de parte del emperildor la seguridad mas
Solemne.
de qu.e consentirla este soberano en el enlace
de
su hija mayor
COI'
clon Cárlos.„ • que prestarla asimis-
mo. su apoyo para , recobrar . á, Gibraltar y
Menorca,
y
que cooperada coa Felipe a
la ekee-tic ion de los proyee-
b"m que
.
¡laba este formado contra
.
Inglaterra y Francia.
Recibiéronse en Madritt tan buenas nuevas con demos-
ilaciones,

jábila , produciendo est raordinario
au

ha_ viva
imaginacion de Felipe que creta
•
ya
Itegadel el momento
.
de .vengarse de las. humillaciones
Vasatfas,.,,,. saciando: su ambitiou burlada. tantass veces.

8

CAPITULO TREINTA Y SEIS.
(o
i
Publicóse desde luego el tratado de paz ,yen seguida
`,,il
n
,,i
-
`1,' ,,
el de comercio. Las denlas estipulaciones pe
rmanecie
ron durante algun tiempo cubiertas con un veto , sin.

')1i
1"
que se tratase en secreto ma
.
s
,
que por algunas baladro-
ill
nadas de Riperdá , y por el jubilo é imperiosas exigen-

,It,
,
das de la córte de Madrid. Se concedió a Orendayn, el
11p
título de marqués de la Paz , como prenda de llossser-
hl
vicios que habia prestado en el curso de la negociacion,
1
á cu
y
a alta distincion siguieron otras pruebas de la be-
11
nevolencia real. Riperdá fué creado duque y grande de

151
á
atencion de las potencias mas interesadas en ella. A.

,1',1)
\
\
1
1(
España , tan luego como regresó Madrid (3).

?
Las circunstancias de esta negociacion , llamaron la

'
consecuencia de la jactancia de Riperdá , que decía á
si las autorizaba ó no el rey de España. Al principio no
á Gibraltar y Menorca , pidió Stanhope una esplicacion

á(
categórica relativa á estas declaraciones , preguntando
voz en grito que se verja Inglaterra obligada á restituir

hl
'
vacilaron Felipe y Grimaldo en desmentir al ministro

111
imprudente ; pero en los
momentos
mismos en que se

1
disponia Stanhope á comunicar esta noticia á la córte,
recibió una nota de Grimaldó , pidiendo la restitucion
inmediata de Gibraltar,

medio único de evitar un
rompimiento. Sorprenddo al saber tal exigencia , pidió
una audiencia el inglés , en la que se quejó respetuosa-

1
mente de una peticion tan precipitada , manifestando
que antes de ofrecer nada,

indispensable obtener
el consentimiento del palament
o

, el cual no podria
reunirse hasta el regreso del rey que se hallaba enton-
ces en Hannover. Le interrumpió la reina , exclamando,
con su acostumbrada viveza.—No ,. que regrese al pun-
to el rey vuestro amo á Inglaterra y convoque el
>
parla-
mento ; debemos creer segun sus protestas de amis-
tad , que lo hará así, , y yo por mi parte estoy conven-
cida de que no habrá en ambas cámaras ni un solo voto
que se oponga á la restitucion. Para que la proposicion
sea mas categórica , es preciso valerse de este razona-

4726.

9
miento lacónico: es preciso que opteis entre la pérdida
de Gibraltar ó la ruina de vuestro comercio en las In-
dias, porque semejante punto no puede ofrecer duda
ni un solo instante, .ni sufrir mas dilaciones (a).
En vista de los avisos dados va al gobierno inglés,
tocante
a
las estipulaciones secretas verificadas entre la
córte de Madrid y la de Viena. Se rechazó en Lóndres
esta proposición atrevida é insolente , si bien con toda
la dignidad propia de una gran nacion. Al punto se ob-
tuvo de Francia una declaracion 6 de agosto) en la
que anunciaba, el gobierno de este pais su resolucion de
combinar con Inglaterra todas las medidas necesarias
para la conservacion de Gibraltar , y el goce de los pri-
vilegios comerciales (5).
Con mucha actividad Austria y España., se ocuparon
en hacer los preparativos necesarios para la guerra.
Con esta union , halagábase Felipe creyendo poder dic-
tar ya leyes á
Europa ; atentó_ por
lo tanto á
los parti-
darios
que tenia en.Francia , anudó sus intrigas contra
el duque de Borbor' , poniéndose, de acuerdo con el em-
perador para formar un partido á favor del Pretendiente,
tanto en Inglaterra como en el
continente.
Los dos so-
beranos aliados lograron captarse la voluntad de la cór-
te de Rusia , adquiriendo de este modo un predominio
manifiesto en Alemania los partidarios de esta causa,
confiaban en que conseguirian la mayoría de votos, gra-
cias á los tesoros de España y del influjo del emperador.
El marqués de San Felipe salió para Holanda con obje-
to de asegurar la accesion de los holandeses.
La alianza estipulada con. Viena , las intrigas conti-
nuas
,
que se urdian , los ataques clandestinos , y por
último
los preparativos hostiles de las dos potencias,
lograron perfectamente excitar la inquietud general que
se creía inspirar,

no se consiguió intimidar como
se creia ni á Ingaterra ni á Francia. Decidieron estas
dos naciones , rechazar la fuerza con la fuerza , y el
riesgo coma estrechó mas y mas los vínculos que las

40

CAPITULO TREINTA Y SIETE.
unían , formando causa comun coa ellas machos
de
los
pequeños es
!
ados que estaban amenazados igualmente
por recelosos. El resultado de sus esfuerzos mutuos y
de sus negociaciones , fué la alianza famosa de Hanno-
ver entre Inglaterra, , Francia y Prusia , que formó el
contrapeso de la alianza de Viena. El nudo de esta
union era un tratado definitivo , en que se garantizaban
aquellas naciones recíprocamente sus estados y
ter-
rito
'
ios, comprometiéndose todas á perjudicar á la com-
pañía de Ostende , y á cuantos pro
y
ectos formase en
España el emperador. A.provechó esta ocasion para re-
novar y confiFinar todos los tratados anteriores de co-
mercio (6).
Así , pues , se dividió Europa á consecuencia de los
esfuerzos de las potencias rivales que procuraban au-
mentar el numero de sus partidarios y dar ma
y
or fuer-
za á sus respectivas alianzas. Cada córte se revolvia y
agitaba en su órbita por las ráfagas

,
a
w
as de la intriga la
seduccion de los regalos , y el uso de los demaZ ard`
des de una diplomacia astuta y pérfida. En tanto q
este
movimiento se propagaba,.
b
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eneralizáudose,

°age
-une-
te principal que lo dirigia, provocador de aquella gran-
d
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utor último su retiro, y
e la categoría
mas elevada. Ilin
j
óSe de vanidaida,d
embajador el
va char-
latan de suyo , se hizo ina
cr
uantable, gracias al orgullo,
compañero inseparable Ja

s
o
sobrada frecuencia de Los
triunfos primeros. Noerdio'
h
ocasion ninguna para dar
publicidad á sus planes ,

hablar con énfasis de
los
resultados inmensos quede
y
bia producir aquella formi-
dable alianza de las dos córtes mas poderosas de la
cristiandad.
Cuando todo quedé bien arreglaiI y entendido,
de
-
jo Riperdá,
en Viena a su hijo Luis., que tendria unos
diez y nueve
ales corno encargado de negocios
riendo de a
gacil
l
a capital sia despedirse
-
siquiera ;
es costumbre de
los denlas
ministras estrangeros (7`).

1726.

I I
Sin mas compañía que un solo criado , se dió prisa á
regresar á Madrid con deseo de gozar de los honores
y recompensas que le esperahan en su pais adoptivo.
Durante su viage , su jactancia y vanidad pueril debie-
ron quedar satisfechas para pasar por Génova ; en. don-
de fué recibido con grandes distinciones , agasajo que
le causo un júbilo estravagante , inspirándole nuevas
baladronadas.
Al desembarcar en Barcelona , lo primero que hizo
fué el enterar de todo á los oficiales de la guarnicion,
quienes lo felicitaron en cuerpo, dandelés él menuda
cuenta del objeto y resultado de su inision.—El empera-
dor
'
les dijo, tiene un ejército de ciento cincuenta mil
hombres listos para entrar en campaña; á mi salida de
Viena ,
11.1C,
encargó el principe Eugenio que asegurase
al rey mi amo , que doble númerode soldados estarian
prontos dentro de seis meses y á las órdenes de España.
El emperador mismo se dignó declararme del modo
mas franco y positivo , su: resolucion de apo
y
ar al rey
de España con todas sus fuerzas para recobrar á Gi-
braltar (8).—Habló en seguida del duque de Borbota y
del gobierno francés con el mayor desprecio. —Si los
aliados de Ilannover decia , se atreven á oponerse á
los planes del emperador y España , el
primer granade-
ro
(aludiendo al rey de Prusia) tendrá que bajar del
trono. Jorge f perderá sus estados en solo una campa-
na, y el trono de Inglaterra será ocupado por el here-
dero legítimo , que es Jacoba III. No se verificará re-
conciliacion ninguna,

que egerza yo algar' in-
flujo ,-y si yo vivo Ista que tenga esto lugar , cierto
estoy
de llegar
á
edad muy avanzada.
Tal prisa tenia de dar la halagüeña noticia de
su
feliz éxito , que caminó como
iltil
correo de gabinete , y
llegó á Madrid en la tarde del 4.4 de diciembre. Seguro
como estaba de que no se llevaria á mal el que inCrin-
giese todas las
,
fórmulas de la etiqueta española , solo
permaneció un momento en compañía de su muger , y

12

CAPITULO TREINTA Y SIETE.
se fué al punto á palacio en trage de viage. Al llegar á
la antecámara , le dijeron que los reyes estaban
despa-
chando
con Grimaldo ; le causó mucho disgusto el tener
que esperar un rato. Por último , sale el ministro de la
cámara real ; pero Riperdá no consintió en dar cuen-
ta de su encargo á un ministro á
quien vela ya
caído
y
reemplazado por él ; antes bien , hizo que se anunciase
su llegada á los reyes quienes lo recibieron con una
benevolencia especial. Se le concedió una audiencia
muy larga , en la que espuso las transacciones que aca-
baba de concertar, y desarrolló la série de los grandes
proyectos que había formado para tiempos venide-
ros (9). Prodigáronse honores y recompensas al aven-
turero diplomático , que al siguiente día fué nombrado
ministro de Estado, en lugar de Grimaldo. Una órden que
se comunicó á los embajadores y ministros estrangeros
de que no tuviesen relaciones mas que con él solo , re-
veló que
•
como en otros tiempos Alberoni , se le decla-
raba primer ministro. Difícil fuera el contar todos los
favores sucesivos con que lo agració el rey en el corto
espacio de dos meses. Jamás se habla visto elevacion
mas rápida , pues no solo reunió aquel

g
persona e
los
ministerios de la Guerra, de Marina, de Hacienda é In-
dias , sino que se le dió tambien la revision
y
superiri-
tendencia de los tribunales de justicia (40).
Hemos visto que la conducta y lenguage de Riperdá
hasta entonces fueron poco comedidos y hasta imPud
tes; pero al llegar este aventurero al colmo del poder,
no tuvo lí
m
ites su insolencia No se le oia hablar mas
que de las fuerzas del emperador y de España, que, de-
cia, con su union no solo resis
.
tiriau á todas las p
áoten-
cias de Europa, sino

podrian cuando quisiesen cas-
tigar

quien se atreviera á oponerse á su voluntad.
—El Pretendiente
e añadía, será restablecido en el trono
de Inglaterra ;
se
Francia enflaquecida por sus divi-
siones
intestinas, verá
obligada á la neutralidad, y
el
parlamento inglés no sancionará
j
amás la guerra contra

4726.

43
España , ni los holandeses podrán nunca acceder á la
alianza con liannover. Por lo demas, el ilimitado influ-
jo de Riperdá y los recursos de su fecundo genio, saca-
rán de España todos los tesoros que necesarios sean.
La corte que creia todas estas habladurias que hala-
gaban sus pasiones, no se mostró menos confiada y pre-
suntuosa que el ministro. No tardó en anunciar la cele-
bracion de una alianza ofensiva con el emperador, y po.
díasejuzgar por las palabras altaneras de su declara-
cion que se prometía intimidar á Europa con tales
,
amenazas (11).
A

CAPITULO XXXVII.
1126.
Administracion de Riperdá.—En vano trata primero de intimidar y luego
de dividir á las potencias marítimas y á Francia.—Dificultade
s
de su po-
sicion.—No cumple las palabras dadas á la córte imperial.—Ataques por
parte de sus enemigos.—Pierde la confianza de los reyes.--Su caida.—
:Busca un refugio en casa del ministro de Inglaterra.—Revela los se-
cretos del gabinete español.
—
Su arresto y confinamiento en el castillo
de Segovia.—Cambio en la administración.
Todo lo disponía Riperdá á quien el favor real habia
llenado de orgullo y presuncion, para realizar sus vas-
tos planes. Confiando la córte en tales planes , le habia
entregado el time), del Wado en la firme creencia de
conseguir triunfos ofrecidos con semejante seguridad.
Igual era el entusiasmo de la nacion , y todo por últi-
mo presagiaba un cambio feliz en el
.
gobierno. El nuevo
favorito recibió el incienso hiperbólico de los romances
españoles; era, decian, un nuevo planeta que se elevaba
por el horizonte político; era un hermoso meteoro pre-
sagio de paz y bonanza, cuyo benigno influjo iba muy
en breve á esperimentar España. Nada tampoco descui-
daba el objeto de estas adulaciones para dar alimento
con su propia confianza á esta creencia universal; mos-
trandola petulancia presuntuosa de un hombre que tiene
fe en sus propios recursos, en su capacidad superior, y
que ni la menor duda abriga de que podía cumplir las
promesas prodigadas con tan poca criterio al soberano

1726.

45
y á la nacion. -Considerábase como el llamado á efectuar
Ilstambiodel antiguivvicioso
,
sistema ,en la política es-
pañola, la reforma de los tribunales y en general de
todos los
ramos
del estado, rompiendo las travas con que
querian las p.otencias marítimas ligar al comercio es-
pañol, contando en conclusion con resucitar el esplendor
de una ,nacion que habia'en otros tiempos dado leyes á
Europa, y cuya energía se hallaba debilitada á causa de
los vicios , ignorancia y torpeza de los gobiernos ante-
riores.
Riperd es ,un egemplo elocuente de que las mas
bellas esperaazas suelen .con frecuencia no ser mas que
una ilusion, y de que la necia presuncion es compa-
ñera del desaliento propio y el desprecio ageno; porque
jamas proyectista se vio burlado, de un modo mas com-
pleto que el. Castillos en el aire habian entusiasmado su
lozana imaginacioa, y alucinado con el aplauso univer-
sal y una confianza ,repentina, se olvidó de calcular las
fuerzas-de la grande oposicion que no podia menos de
formar el interés particular en contra de sus proyectos,
inclusos los que parecian mas beneficiosos. Tampoco
supo juzgar los obstáoulos que habría de engendrar el
carácter ,del pueblo, circunstancias locales de su situa-
cion personal. Con sobrada ligereza se habia jactado de
alcanzar al punto, y corno por encanto lo que no podia
ser'sino el fruto desuna continuacion norinterrumpida de
años
prósperos; sobre todo muy lejos se hallaba de pen-
sar que,antes
,
de regresar de Viena
.
ya la malicia, liaba
sembrado los gérmenes de una prevencion que mas
tarde se desarrollaba en el ánimo del rey. Felipe,
desconfiado y suspicaz por carácter, que no depositó
jamás su entera confianza en nin
g
un ministro, quiso
someter los proyectos brillantes
e'
de

Riperdá á los
abates sicilianos y á otros .confidentes,a quienes acos-
tumbraba .á pedir dictámenes secretos. Este paso fue
un golpe terrible para el ministro , porque los conseje-
ros secretos no contentos con esponer y hasta exagerar

4
e

COITULO TREINTA Y SIETE.
defectos de aquellos planes dando pruebas de
que
los
eran erróneos, despertaron diestramente la predileccion
con que miraba Felipe sus prerogativas como soberano,
disuadiéndolo de que concediese al nuevo ministro el
estenso poder necesario para ejecutar tales proyec-
tos (42).
No menos se había equivocado Riperdá al juzgar
el
carácter y principios de la reina, y nada tenia de cuan-
to es preciso para avasallar y dominara una princesa al-
tanera é impetuosa que llevaba á cabo con inflexible
perseverancia sus pensamientos, y estaba siempre pre-
parada á luchar con los obstáculos , y que no toleraba
observacion ninguna por importante que fuese, cuando
era opuesta á sus preocupaciones y sobre todo á sus in-
tereses personales.
En tales circunstancias se vió Riperdá puesto al
frente del gobierno como una especie de muñeco con
todos los títulossios estertores
de mando, pero sin
el
poder real que
signo

habla tenido en otros tiempos Albero
ni. Era ya sospechoso á los ojos del rey y en todos sus
pro
y
ectos tropezaba con la impaciencia de lareina
que
lo miraba tambien de mal talante. Detestábalo la gran-
deza y hasta los empleados de escasa importancia
lo
contradeeian y comprometian, hostigándolo por último
un enjambre de enemigos ocultos ó declarados sin que
tuviese medio de burlar su vigilancia ó rechazar sus
ataques. Apenas tomó las riendas del gobierno , halló
obstáculos insuperables para pagar los subsidios que
tenia ofrecidos al emperador. Las continuas guerras,
la urgencia de los gastos corrientes y las sumas exhor-
bitantes enviadas a Viena, hablan dejado exhausto
el
tesoro. La servidumbre del rey no estaba pagada al
corriente; el ejército que subía ya á ochenta mil hom-
bres tampoco, careciendo además de vestuarioy arma-
mento. Geinia el pueblo bajo el peso de enormes tribu-
tos cuya recaudacion iba haciéndose cada dia mas difi-
cil, y finalmente, el comercio de industria estaba com

4126.

/ 7
pletamente paraliado, habiéndose perdido el crédito á
consecuencia de-las disputas con Francia y- las poten-
cias mafítimas.
En medio de estas dificultades llegó á Madrid, como
embajador de Austria, el
i
condeKoningse
41
.
,
q
ue fu
é reci-
bido con las mayores demostraciones
efe
júbilo y las
muestras mas estravagantes de influjo. Parecía que la
presencia:
a de un embajador de Viena debia consolidar
mas que nada el valimiento de un ministro que habia
concebido el primero la idea de unir á, entrambas cór-
tes; pero tal era la situacion de España
y
del empera-
dor,tales las circunstancias que rodeaban al mismo
Riper
ej
da, que este acontecimiento contribuyó á multipli-
car las dificultades. Ya en medio de la alegría pública.
que festejaba 'allegada de Koningseg se notó que el
ministro andaba temeroso é inquieto , saltando á los
ojos de todo el mundo su turbacion marilliesta (13).
Pronto se conoció lo que vallan las palabras de Ri-
perdá. Descubriéronse los artificios de la cOrte de
Austria, pues lejos el emperador de darse prisa a efec-
tuar el enlace ofrecido , buscaba pretestos plausibles
para. diferirlo. Los preparativos militares no eran ni
con mucho ni tan importantes ni tau inmediatos como
habia espresado; la ligereza de Riperdá. En restlinen,
lejos España de tener en el Norte y en el Austria un in-
flujo preponderante , los aliados ganaban terreno por
todas partes. Riperdá dolíase de esto, y además de ver-
se hostigado sin cesar con las exigencias del embaja-
dor imperial, que-pedia el dinero de los subsidios pro-
metidos á los príncipes: del imperio, y los fondos nece-
sarios para activar los preparativos del emperador. No
podía desentenderse de estas peticiones urgentes, y así
es que se veia obligado á amontonar disculpa sobre dis-
culpa alegarido siempre la penuria del tesoro; con mu
cho trabajo consiguiótquese le diese un resuello hasta
la llegada de los galeones que llegaban de América á
épocas determinadas'.
4032
Biblioteca popular.

T.
11!. 58

4 8

CAPITULO TREINTA Y SIETE.
Estas causas interminables de descontento y
exas-
peracion,
hacian que de dia en
dia
fuesen menos ínti-
mas (as relaciones de ambos ministros; esta frialdad se
convirtió luego en enemistad manifiesta; pero el interés
que tenian ambos á contemporizar con la reina, suspen-
dió durante algun tiempo que reventase la nube que
iba formándose. Koningseg alucinaba de su compañero
con protestas y elogios dados en nombre de su sobe-
rano, y por su parte Riperdá se deshacía buscando por
cuantos medios eran posibles, con quéalirnentar la ava-
ricia de la córte imperial. A. fin de alcanzar un apoyo
momentáneo , introdujo reformas considerables en to-
dos los ramos de la administracion ; suprimió destinos
de varias categorías, é impuso contribuciones á todos
los empleados que habian desempeñado destinos lucra-
tivos, valiéndose del pre testo odioso é injusto de dila-
pidacion. Elevó el valor de la moneda de oro, y adoptó
la medida no menos cruelque impolítica de suspender
todas las pensiones y mgos. En odas tiempos, hubie–
ran bastado medios tan desastrosos para irritar los
ánimos; pero en aquellas circunstancias , tan 'grande
abuso de poder hacia mas profunda impresion ema-
nando de un aventurero, y pareciendo ser resultado de
aquella alianza de que se esperaban tales ventajas y
que no
.
habia producido aun mas que males incalcu-
lables.
No porfia ya ocultarse á Riperdá los obstáculos que lo
e
rodeaban; pero deseoso de nutrir la esperanza que ha–
bia inspirado, trató de sostenerla, supliendo la fuerza
real que le faltaba con habladurías, amenazas y bala-
dronadas. Con este intento, persuadió á Felipe que
convendria escribir á los Estados generales de Holanda
(23 de enero) una carta anunciándoles que se vela obli-
gado á prestar apoyo al emperador en caso de guerra,
vengando al mismo tiempo las ofensas que recibiese de
sus enemigos; que baria en todo y por todo causa co-
Ruin con S. M. I. declarando la guerra á cuantos lo

4726.

19
provocasen: que consideraria á los enemigos del em–
perador
como si
fueran suyos, porque se Callaba plena-
mente convencido de que le pagaba
el emperador en la
misma moneda.
Con idéntico objeto se valió Riperdá de varios me-
dios para alarmar á Inglaterra, comunicando con aire
de confianza al embajador inglés algunos de los artícu-
los secretos del tratado de Viena, relativos al compro-
miso de España de sostener la compañía de Ostende, y
la promesa recíproca de ayudar á España á recobrar á
Gibraltar por grado ó por fuerza, si esto último era in-
dispensable. Le esplicó, al mismo tiempo, cuáles eran
los medios escogidos para ejecutar estos proyectos , di-
ciéndole qué el emperador enviaria treinta mil hombres
á España, y añadiendo corno una especie de amenaza
contra Inglaterra, que podria él poner á disposicion del
rey igual número de hombres, á sus espensas si fuese
posible, en donde
quiera que fuese necesaria esta fuer-
za para apoyar los planes de la alianza.
No contento con estas amenazas, concibió el pensa-
miento de una espedicion contra las Islas Británicas á
favor de la familia de los Estuardos; en seguida aparen-
tando temer un ataque
en las costas septentrionales de
España reunió doce mil hombres en Galicia al mando
de don Luis de Córdova, equipó seis buques de guerra
con pretesto de un
viage á las Indias Occidentales , y
mandó que algunos buques rusos que acababan de lle-
gar á los puertos del norte de España tomasen parte en
la espedicion (14).
A. fin de atender á los gastos del armamento propu-
so apoderarse de los fondos de beneficencia de San
Justo que importaban unos 9.000,000 de duros , sin
promesa de devolverlos á un período fijo; pero ni el mo-
narca se atrevió á tocar á tan sagrado depósito sin el
consentimiento del consejo de Castilla. La reina , me-
nos escrupulosa trató con el auxilio de su confesor , de
ganar al presidente que era el obispo de Sigüenza;
•

20

CAPITULO TREINTA Y SIETE.
pero ni ella ni Riperdá eran bastante amados para a.1–
canzar el apoyo de un ministro español para una
.
vio-
lación tan manifiesta de los principios y sentimientos
nacionales. El presidente dió cuenta de la proposicion
á los abates sicilianos sus amigos y siguiendo los conse-
jos de estos no solo negó su adhesion, sino que protes-
tó solemnemente contra en paso que tenia por objeto
hacer que se creyese necesaria tan terrible injusti-
cia (45).
Este obstáculo imprevisto irriló y humilló á un tiem-
po á la reina y al ministro; la primera sobre todo mos-
tró un resentimiento tan violento contra el presidente
á quien asustó tanto, que el honrado anciano cayó en-
fermo. Ya desde entonces, no se cuidó mas que de sal-
var las apariencias, y se supo dar á esta proposicion el
colorido del bien público.
-
El ministro pidió á nombre -
del rey, á Francia é Inglaterra una dec!aracion termi-
nante en que se desmintiese cualquier provecto hostil
que contra las costas de España hubiese. Árcanzóse
dificultad esta declaracion , y mandóse á las tropas que
se retirasen á los cantones (16).
Entonces puso Riperdá sus miras en Francia , con
intencion de escitar los celos ó el temor que en vano
quiso inspirar á Inglaterra. Halagábale la esperanza de
que la córte de Vers.alles seria fácilmente seducida
con la esperanza de una reconciliacion, ó con la pers-
pectiva de establecer un príncipe Borbon en el trono del
imperio. Jactóse, con su orgullo ordinario, que podria
cuando quisiera, realizar esta reconciliacion. Con este
objetó entabló una correspondencia secreta con Fleury,
por medio del confesor de la reina, de Montgon, y de
otros agentes franceses
.
;
,
y tratar de ganarlo ofreciendo-
le favorecer
su
designio de reemplazar al duque de
Borbon.
Pero nada podria salir bien á tan imprudente
tro. La órden
a
menazadora comunicada -a
' Holanda, sus
ataques contra el comercio de aquel pais, que veia en

4726.

21
su propio daño protejer á la compañía de Ostende, su
rival, escitaron contra él muchas ciudades que hasta en-
tonces, habian sido opuestas á la alianza de Hannover,
y
.
debilitaron aquel feliz influjo que habia propor-
cionado á España en todos tiempos tau señaladas ven-
tajas.
El pueblo inglés y el parlamento Se agruparon en
torno del trono, corno acontece , por lo genera[', en los
momentos de mucho riesgo. Contra -las esperanzas de
Riperclá no solo se cumplieron los compromisos de
alianza con Hannover, sino que la nacion inglesa, mos-
tró su resolucion de defender á, los estados alemanes del
rey, si llegaban á ser atacados, en, defensa de las me-
didas que tomase el gobierno británico.
Viendo por todas partes en derrota á sus proyectos,
cambió Riperdá totalmente de tono, convirtiéndose ea
tan flexible y sumiso como antes habia sido insolente y
vano. En vez de insistir en la reciarnacion
de
Gibraltar
aseguraba muy amistosamente á Stanhope que no seria
esto motivo de guerra; que el rey sin renunciar á sus
derechos se hallaba dispuesto á esperar
u
a año y mas,
si preciso fuese, apuntando que era mdispcnsable el en-
tenderse buenamente sobre este punto en litigio, y para
esto respondia con su cabeza, que ofreceria España una
compensacion que satisfaria completamente á la nacion
inglesa (17).
Todas las esperanzas locas que 'labia concebido el
ministro, se desvanecieron una á una, inclusa la de se-
parar á Francia de la alianza hannoveriana, Fleury era,
á un mismo tiempo, muy circunspecto, y conocía el in-
flujo que egercia en el animo del jóven soberano , para
servirse del apoyo de España contra el duque de Bor-
boa, que sabia harto que el único medio posible para
conservarse en el poder, era la union con Inglaterra.
Las dos córtes publicaron, por lo tanto una declaracion
espresa que encerraba la manifestacion de su union ín-
tima y firme, la cual comunicó Stanhope , que durante

CAPITULO TREINTA Y SIETE.
la ausencia del embajador francés, habia quedado como
encargado de los negocios públicos de Francia en Ma-
drid. Los reyes dejaron conocer, en esta ocasion cada
uno á su modo, á causa de la diferencia de sus carac-
teres el disgusto que les causaba 'semejante aconteci-
miento imprevisto. Stanhope presentó la carta que le
habia escrito Morville, ministro de negocios estrange-
ros en Francia, y el rey , despues de leerla en voz alta
hizo al punto la observacion siguiente :—Resulta de
todo esto que el rey, vuestro amo, y la córte de Francia
están íntimamente unidos, como lo estamos el emperal
dor y yo.—Por el contrario Riperdá, dejándose llevarle
su
carácter arrebatado y no sabiendo ahogar los afectos
que lo oprimian, no pudo disimular su pesar y su ha-
millacion estremada. Recia en sus cartas el ministro in-
glés que se hallaba este personage desconcertado y
aterrado mas de cuanto parecia

p
ima
o
inable (48).
Estos terribles golpes , rayos para Riperdá
'
eran
r
tantos anuncios que revelaban la desaparicion próxima
•
de aquel meteoro político.

pesar de hallarse abruma-
a
do con el despacho de los ne
o
-ocios de todos los ministe-
os, apenas si tenia el número

de
l
s.
i
u alter-
nos, despues de las severas reformas que
.i
h
habia ntro-
ducido, que lo aliviase en el trabajo
material. La opa-
sicion interesada de lo
s
consejos y
o
y ministros ponla
obstáculos á sus planes in
-
as útil

no tar
b

cló en inti-
midarlo un clamor ge
n
eral que
ue se
,
generalizó contra la
alianza con Viena. Felipe,

besar de su hipocon-
dria tenia un entendimiento
clu
d
e
es
a
pe
.
iado
,
, y que sobre
todo, amaba mucho á su pueblo, juzgó por último, en
lo que valían los sueños dorados y locos de su ministro.
Alentó los ataques de los enemigos de este, y manifestó
varias veces á la reina que era preciso quitar todo po-
der á un loco de este géne

Sin embargo, se sostuvo
todavía algun
t
g
i
,
e e
r
l
iz
h
R
ánl
ip
e
e
t
r
I
r
o
t
d
e'
á, gracias á la proteccion
de aquella mugen

que no se desprendía
S100
muy á pesarsuyo de la esperanza de ver realizadas

4726.

23
las
.
promesas magníficas con que habia halagado su am-
bicion el ministro.
Con la seguridad del apoyo de su protectora, trató
de
intimidar
á
sus enemigos y 'consolidar su poder va-
cilante, llegando su audacia hasta el estremo de olvi-
dar el respeto debido á los príncipes de la familia real.
Como un guarda bosques del príncipe de Asturias ma-
tase de intento ó por descuido un perro de la duquesa
de Riperdá , el ministro lo mandó prender al punto;
cuando se presentó el príncipe ante el rey pidiendo que
se pusiese en libertad á Su criado, se atrevió Riperdá
á
interrumpirlo; pero el príncipe le impuso silencio con
una dignidad verdaderamente castellana, diciéndole
lacónicamente:—Al rey es á quien hablo.—Felipe hizo
un movimiento de aprobacion , y el ministro confuso
y
humillado .tartamudeó algunas disculpas, retirándose
en seguida.
Un 'dia en la recepcion matinal del rey dijo al con-
fesor delante de varias personas, que debía mezclarse
de los asuntos espirituales del soberano y jamás de nin-
gun punto mas. En otra ocasion dijo públicamente:—Sé
harto que me aborrece la`nacion española; pero me bur-
lo de su malquerer en tanto que pueda contar con la
proteccion de la reina á quien he prestado los mayores
servicios.—Otra vez pronunció la siguiente frase ab-
surda y pueril:—Tengo seis amigos especiales : Dios,
la Virgen María, el emperador, la emperatriz, el rey
y
la reina de España.
Sin embargo, la falta de circunspeccion y de siste-
ma, su insolencia y conducta estravagante no tardaron
en destruir la opinion sobrado ventajosa que tenia la
reina de sus recursos. Por orgullo, por vanidad ó am-
bicion luchó todavía durante algun tiempo contra la
opinion general,
y
puede añadirse contra su misma
conviccion; siempre que el rey lo acosaba con sus razo-
namientos pasaba todo el dia á veces enfadado sola-
mente y otras llorando (19). Por último se tomaron me-

24

CAPITULO TREINTA Y SIETE.
didaspara vencer aquella prevencion , pers
_
ei
u.e
adsiénd-cole
que se hallarían otros ministros no menos
paces que Riperdá, que realizasen
los pro_yectos
en
a-
n
que
tenia tanto empeño, y que no tendrianm
.
4

la van
i
dad,
-
ni
la falta de comedimiento que con justiciase whaba tan
en cara á su favorito.
Los dos hermanos Castelar y Patito,
,
que fue,rolt se-
parados p
r
isa facilitar la elevacion de Riperdá, se halla-
ban al frente del partido que intrigaba contraiél, -y que
lo hirió de muerte. Los dos hermanos tenian por auxi-
liares
á
Sopeña., Arriara y demás ministras 'cardos, es-
pecialmente á su pariente Monteleon, que tabia reco-
brado su
influjo, al
regresar de Francia. Paro el prin-
cipal apovo era el confesor de la reina, que acababa
de
ser elevado al rango de arzobispo de Amidainpartibus;‘
este clérigo Babia sido recomendado, por Alberoni
y
Dauhenton para el puesto que desempeñaba .porque lo
consideraban como hombre casi nulo y sin ambicion nin-
guna. Durante el ministerio de Alheroni permaneció
retirado ; pero se cansó pronto .de su papel de -subalter-
no , puso en accion todos losartiflcios y .arterias que le
su
g
irió su carácter flexible é insinuante , lin de cap-
tarse el favor de su sobe rana, _lo cual consiguió halagan--
do su ambicion y haciendo
un alarde .'esitrensado de 'su-
mision
á
su voluntad. Su ignorancia -en Los •n-egocios po-
liúcos y su deseo de conservar su
influjo lo movieron
P.
travar íntimas relaciones con
loslabates
.
sicálianos y mas
particularmente conos dos Patiños(20)'quesetallaban
en estado de darle datos que su
entendimiento limitado
y las ocupaciones de su profesion
no
tem-mit:ida
adqui-
rir. Por este conducto tuvieron los P4aktátos medios tde
hacer
o
bservaciones, con cuyo-auxilio podian aun ;mis•
mo
.tiempo
minar el _poder del .ministro y darse á,
I
cono-
cer á si -mismos. No =menos influjo consiguieron -con
conde de Koningseg scomprometiésdoseiá realizar
las
promesas de Riperdá, y en-el apoyo de ,este,,alcanzaron
un
apoyo
poderoso ea la .£órteimpezial.

4 726.

25
En tanto que esta intriga, manejada diestramente,
minaba en secreto el influjo mal seguro del ministro,
se vió este combatido por los -que componian la alianza
de Hannover. Sin declaracion de guerra, Francia é In-
glaterra tomaron prontas y
e
eficaces medidas de parali-
zar los esfuerzos de España, amenazándola Francia con
un ataque por tierra en tanto
,
que Inglaterra envió tres
escuadras, una al mar Báltico, otra á las costas de Es-
paila, recibiendo órdenes la tercera de bloquear las
no-
tas
en tós puertos de América. La primera en efecto
contuvo á las potencias del Norte, la segunda obligó á,
España á velar con todo cuidado en la custodia de sus
propias costas, y la tercera interceptó por sus cruceros
los socorros ordinarios, destruyendo el crédito público,
último recurso con que contaba Riperdá.
En medio de esta crisis, la enemistad oculta duran-
te niucho tiempo entre el ministro y el conde Koningseg,
estalló abiertamente. El embajador echó en rostro al
ministro que había engañado á la córte de Viena, soste-
niendo que el rey de España era mas rico solo que jun-
:
tos todos los demás príncipes de Europa, en tanto que
se hallaba aquel soberano no menos apurado que el mis-
mo emperador. Riperdá por su parte se quejó á los mi-
nistros de Inglaterra y 'Holanda -de que los alemanes
.eran insaciables, y que nunca se darian por satisfechos
hasta que se hubiesen apoderado del último doblan del
rey de España.

todas estas desavenencias siguió una
queja formal del emperador contra la locura éirnpruden-
zia de Riperdá que Babia revelado al ministro inglés los
Irtículossecretos del tratado de'Viena, imprudencia cu-
yas funestas consecuencias exageraba. Fué decisivo este
iataque,-rhasta la reina se Unió ál.oningseg para inflamar
la cólera del rev contra el ministro, valiéndose de todo
su influjo para
:
derribar á su propia hechura y recomen-
dando con empeño
ar
monarca, á los Patiños que se ha-
bian.
,
comprometido á pagar los subsidios ;y cumplir las
promesas con que Riperdá halagó á la córte de Viena.

26

CAPITULO TREINTA. Y SIETE.
Sin embargo, no fué tan rápida la caida de Riperdá
como la de Alberoni. Desde
luego se le separo de la
superintendencia de hacienda, dando por motivo de
esta medida la necesidad de
aliviarlo de una parte de
la pesada carga de la
administracion.
Harto bien cono-
cia el ministro lo instable que era el influjo palaciego,
para no adivinar la suerte que le esperaba , por lo, que.
pidió permiso para retirarse. Pero ya sea que las bate-
rías de sus enemigos no se hallasen todavía dispuestas,
ya que se temiesen los efectos de su falta de modera-
cion, no se admitió su renuncia ; hasta se le permitió
que hiciese una defensa de su conducta y continuó por
algunos Bias mezclándose como de costumbre de los ne-
gocios de la administracion.

I de marzo al salir del
palacio del rey le entregó el marqués de la Paz un de-
creto en el que se le admitía su renuncia por el sobe-
rano, yse le concedía la gracia de 3,000 doblones anua-
les en consideracion á. sus antiguos servicios.
Todo indica que se hubiese permitido á este niño
mimado de la fortuna el pasar de las ilusiones del po-
der á una vida sosegada en un honorífico retiro sin. los
temores que retrasaron y suavizaron su caida, y enton-
ces cobraron mayor fuerza. Como lo dominase el resen-
timiento ó el miedo, habia tratado hacia algun tiempo
de captarse la amistad de los gobiernos de Inglaterra
y Holanda., Agitado todavía con las emociones que le
causó su raida, corrió precipitadamente á casa del mi-
nistro de Holanda, Vandermeer, con pretesto de ponerse
á cubierto de la indignacion del populacho que se habia
precipitado á las puertas de su albergue. Como no le
acogiese su paisano del modo que él esperaba , se refu–
gió á casa de Stanhope que se hallaba entonces en
Aranjuez con
la córte. Al regreso de este embajador
mostró Riperdá la bajeza mas servil y pagó una protec-
clon momentánea con- la revelacion de los secretos
del
gabinete español. El desórden 'de sus ideas hizo que lo
exagerase todo v aturdido con los peligros que le cer–
y

4726.

27
caban no solo descubrió los artículos secretos, sino que
puso en conocimiento del ministro los enlaces proyec-
tados de dos archiduquesas con dos infantes, con todos
los pormenores en que se había convenido para resta-
tablecer al Pretendiente, y reveló los proyectos de des-
membrar de Francia la Alsacia, el Franco Condado, la
Borgoña, Navarra, el Rosellon y todas las demás pro-
vincias tomadas á la Austria y á España ; á fin de que
fuese mas completa la revelacion, comunicó varias ideas
relativas t la sucesión eventual de Felipe al trono de
Francia, divulgando todos estos secretos con la confu-
sion
.
que era consiguiente v en medio de la agonía de
su situacion, y su relato de
' vez en cuando fué interrum-
pido con suspiros y sollozos.
Pero á pesar de la flaqueza é inconsecuencias de ca-
rácter tan ligero, en los momentos mismos en que aca-
baba de perder todos los títulos á la confianza del rey,
este hombre no menos estravagavite que osado, todavía
quiso probar fortuna, tratando de recobrar el influjo que
habla perdido; con cuyo motivo escribió una carta á los
reyes en laque recordaba sus servicios pasados, termi–
nando con esta provocacion (21): «¿No soy yo quien he
celebrado á favor de VV. MM. el tratado de Viena y los
enlaces de don Cárlós y don Felipe con dos archiduque-
sas?» Llevó su locura hasta el estremo de aconsejara! rey
que abandonase al emperador , uniéndose estrecha-
mente con Inglaterra y Francia, de quienes podría al-
canzar mayores ventajas para sus hijos ; esto es, Italia
para don Carlos y los Paises Bajos para don Felipe. Al
final de esta cartapedia permiso para
retirarse a un
convento. No se podia esperar fundadamente
que los
soberanos de España
'
tolerasen tales insultos de su pa–
sado favorito, que se hallaba bajo la proteccion de un
ministro estrangero. Pidieron
por lo mismo que se les
entregase á Riperdá; mas como diesen lugar a largas
discusiones los privilegios de los embajadores y los
principios del derecho de gentes, enviaron un destaca-

ti a
28

CAPITULO TREINTA Y SIETE.
mento de tropas con órden de apoderarse de él ycondu-
cirio con buena escolta
a la fortaleza de Segovia. Lle–
fiaron sobrado tarde estas precauciones para evitar los
efectos
de su traicion, pues Stanhope habla ya escrito
todas las noticias adquiridas tan impensadamente con-
fiándole este papel á un amigo. Al 'momento despachó
á Keen, cónsul de Inglaterra, como correo para que in-
formase de todo verbalmente al ministe
r
io ingles y á la
córte. Stanhope protestó contra la violacion de las pre-
rogativas de su empleo; perola conducta de Riperdá no
a
j
mitia disculpa. La córte de Lóndres se aprovechó de
sus relaciones sin olvidarse de tomar todas las medidas
necesarias para conseguir una reparacion (22).
A.1 examinar la efímera administracion de Riperdá,
se inclina uno naturalmente á compararla con la de su
antecesor Alberoni. Los dos eran hombres dotados de
estrenada capacidad, y profunda instruccion, y ambos
labraron su propia follona. Subió Alberoni al poder
gracias á la energía natural de su carácter, y Riperdá,
aprovechándose del tiempo y las circunstancias. Pare
cm uno nacido para mandar, y el otro para figurar
ea
segunda linea. El primero era superior á su posicion.
heria antes de amenazar, velaba sus recursos y proyec-
tos con un secreto impenetrable que les daba mayor
fuerza, se levantaba de su derrota con mayor vigor,
y
durante algun tiempo, luchó con los esfuerzos reunidos
de las grandes potencias de Europa, gracias á los
re-
cursos
'poderosos de su genio fecundo; mientras que
el
segundo, tan pródigo de promesas como incapaz de cum-
plirlas,
hacia
despreciable su poder á causa de sus va-
nas amenazas y estravagantes baladronadas, quitaba
todo prestigio
á su persona,
y desacreditaba la dignidad
de su empleo
con
mil falsedades, inútiles por lo menos
valiéndose de subterfugios infames (23) y mostrán:
dose a veces 'insolente y bajo á veces,

ambos
eran vehementes é impetuosos. Álbe

•

d
roni no dejaba
ja-
más que se
trasluciese su
temor
ó esperanza, ni en me-

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CAPITULO XXXVIII.
1)126.
Ascendiente de la política alemana en París.
—
Caida de Grimaldo- y cam-
bio del ministerio.—EleYacion de Patiño.—Vanos esfuerzos d.e la córte
de Francia para conseguir una negociacion.—Log
ra
por fin la reina
la
caida del confesor y de los abates sicilianos.—Forma Felipe nuevos pro-
yectos para la sucesion del trono de Francia.—Instruccion
es
y misma
del abate Montgon á París.—Principio de una correspondencia entre las
dos córtes francesa y española.—RegresaMo
n
tgo
n
á Madrid.—Hostili-
dades momentáneas contra Inglaterra._Sitio de Gibraltar.—Fírmanse
los preliminares por el emperador.—Lentitud de España.—Consecuen-
cias de la muerte de Jorge I.—Restablecimiento
de la correspondencia
entre Francia y España.
La caida de Itiperdá aumentó el influjo de los ale-
manes en Madrid y la disposicion. hostil que existia
contra Inglaterra y Francia. La córte se ligó mas estre-
chamente con el emperador, á quien consideraba corno
amigo no menos síacero que aliado poderoso, que se
ocupaba ea defender los intereses y honor de la corona
de España, abriendo el camino que conducta, á la trans-
mision de los vastos estados de la casa de Austria á la
familia de Felipe. Este era el objeto predilecto de
los pensamientos y esperanzas de la reina; quien, alu–*
cinada coa esta agradable perspectiva, no podía vis-
lumbrar la menor dificultad ni prever ningun obstácu-
lo para el cumplimiento de sus deseos. Era en Madrid
un artículo de fé que no existia sinceridad mas que en
Viena, y cualquier insinuacion vertida contra esta idea
favorita, no solo hubiera sido escuchada con desden, si-

1726.

31
no que hubiera causado infaliblemente la calda del fa-
vor de quien la propalase.
Con sobrada severidad fué castigado Riperdá por su.
falta de confianza en la córte de Viena, para que se
guardase de imitarlo el nuevo ministerio. Habíanse en-
viado alemperader 300 ,000 duros, y á toda prisa,
se negoció un empréstito de 2.!00,000 mas, reci-
biendo casi toda esta suma el mismo destino. Las tro-
pas que se
habian
retirado por órden de Riperdá, reci-
bieron contra órden: dirigiéndose á las fronteras de
Francia y á las costas de Galicia. De igual modo, se hi-
cieron armamentos considerables en varios puertos , y
se prodigaron nuevos testimonios de consideracion por
la córte y el ministro del emperador á los duques de
Ormond y Wharton, así corno á los demás desterrados
del partido jacobita. Todo, en suma, anunciaba la in-
tencion de llevar á cabo los planes hostiles desmentidos
tan á menudo y tan solamente(25), y el cambio en todos
los departamentos del estado fué completo. Todo mi-
nistro sospechoso tan solo de afecto á Inglaterra ó Fran-
cia fué Separado, y cuanta no llevaba el sello de una ad-
hesion absoluta, á la córte de Viena fué mirado con se-
ñales de reprobacion (26).
El marqués de Grimaldo, favorito particular del rey
hacia tanto tiempo, y que lo hacia acompañado en su
retiro, siendo depositario de sus mas ocultos pensa-
mientos, fué una de las primeras víctimas. Todos los
ataques se habian estrellado hasta entonces contra su.
valimiento, no logrando mas que consolidarlo mas y
mas. Cuando sucedió la desgracia de Riperdá fue re-
puesto en su ministerio; pero segun los deseos de Ko-
ningseg, que era omnipotente, no tuvo relaciones con la
córte de Viena, las cuales se confiaron esclusivamente
al marqués de la Paz. Los celos que produjo esta esclu-
sion en el corazon del ministro, dió lugar á frecuen-
tes disputas entre él y su antiguo subalterno; sus ene-
migos, aprovechándose entonces de sus momentos de

32

CAPITULO TREINTA. Y OCHO.
mal humor y de su manifiesta aficcion á Inglaterra, lo-
graron alcanzar la separacion del fiel Grimaldo. El
mi-
nistro
de Hacienda, Arriaza, tuvo la misma suerte por
haberse mostrado opuesto á la concesion de los enor-
mes subsidios concedidos á la córte de Viena.
Al anunciar este acontecimieato á Walpole, minis-
tro entonces en
.
París, hacia S.tanhope la observacion
siguiente;
50
de setiembre de
172.
«Sin duda sorprenderán mucho á V. E. los últimos
cambios ocurridos en esta córte, como sucede aquí á to-
dos particularmente alas personas sacrificadas como
víc-
timas.
El marqués de Grimaldo, es indudable que no se
esperaba esto ayer mañana; ocupado se hallaba enorde-
rtar sus papeles en la cartera para llevarlos al despacho
del rey cuando le entregaron la órden de
separacion,
mandándole que saliese al punto de Madrid. Se le deja..
una pensionde 2,000 doblones.
«El
único, que segun parece, gana en estoscambios
es don José Pabilo, que reune el empleo de presidente,
de intendente y secretario de hacienda, á los que ya te-
nia, esto es, la superintendencia de marina y el ministe-
rio de Marina é Indias. El marqués de la Paz mas pier-
de que gana en lo que ha sucedido, puesto que se ve obli-
gado á dejar el ministerio de Hacienda, sin ganar mas
que algunos negocios que estaban en manos de Grimal-
do, porque la parte mas numerosa y considerable. le es.:
taba ya confiada, hacia mucho tiempo.
«Patiño cada dia adquiere influjo con SS. MM.
CC.
y
si logra todo el lleno del poder, lo
.
conservará mucho:-
tiempo, porque está,
dotado de un entendimiento raro
y tiene esperiencia de los negocios, sin contar una afil
clon infatigable al trabajo.».
Pero el mas importante de todos estos cambios fu.1
la
separacion del padre
Bermudez , confesorpadretildraeryiz.
enemigo declarado de
.
la alianza alemana y
eo
II

4726.

33
no menos solicito de una
reconciliacion
con Francia.
Gozaba de reputacion de hombre de la mas severa inte-
gridad, y superior á las intriguillas demasiado frecuen-
tes entre los individuos de su clase. Le habia tomado
Felipe afecto por el esmero con que desempeñaba sus
deberes, y sin duda á causa de la confianza que le daba
su encargo de confesor. En vano, hasta entonces, habia
trabajado la reina para conseguir su separacion , aun
cuando tratase por todos los medios posibles, de predis-
poner á su marido en contra de él ; lo acusó de cuanto
se le ocurrió, y hasta de traicion. Cuando quiso ensalzar
su inocencia , tomó un crucifijo que le quitó el rey de
las manos diciéndole:—Me infunde demasiado respeto la
imágen del Salvador para tolerar que la ultrajéis con un
per
.
' urio.—Sin embargo, pudo salir el confesor de tan mal
paso, y volvió á recobrar el perdido influjo (2) ; mas
corno se comprometiese en una correspondencia secreta
que siguió con el cardenal Fleury, se decidió el que se
hiciese directamente al rey una proposicion de re-
conciliador' sin que lo supiese la reina. Se aprovechó
Berinudez de los momentos de la confusion para presen-
tar una carta de Fleury , á la que iba unida otra del
ministro soberano de Francia. Apenas habia echado la
vista Felipe sobre aquella carta , cuando la reina que
no dejaba lunch tiempo solo t su marido con su confe-
sor, entró en la cámara. Viendo que tenia papeles ea
la mano, y que el confesor parcela turbado, hizo como
que se retiraba , diciendo que sentia mucho interrum-
pirlos, cuando estaban tratando de negocios. El ardid
produjo el resultado deseado:—Podeis entrar
'
dijo el
rey, no tenernos negocio ninguno ; el padre Bermudez
me habla de una carta que recibió del cardenal Fleury
entregándome otra que me escribe el cardenal ; y , al
decir esto, entregó estos importantes papeles á la reina.
Fácil es de adivinar la indignacion de aquella mu-
ger altiva al descubrir la tentativa que se habia ensaya-
do para destruir su sistema favorito. Al confesor, turba-
1033
Biblioteca popular,

T.
ni.
59

CAPITULO TREINTA Y OCHO.
do, se le mandó que se retirase al nromento
•
, y antes' de
que seacabase el dia había' re
.
cilSido órdlives p:a'ra
rarseasu colegio, sin que le-asignase pensio'n ninguna ni
serial de aprecio del soberario (

de setiembre'). Lo reem-

;11
play') el
.
padre Clarke, jesuita oridúdo de Irlanda ,
rde-
tor de los escoceses de Madrid, á quien el rey no codo-
cia,
y que hablaba francés con harto trabajo. Consistia
todo
`
su mérito en su
amor'
á la familia

los Estria,rdoS",
11
era al mismo tiempo, confesor delconde deKoningseg (28).

/
Otras intrigas intentadas despues de estas no tuvie–
ron mas resultado que el de causar la ruina de sus auto-
res. Los abates sicilianos, Platania y Caraccioli, tenian
la costumbre,
tiempo
hacia, de presentar dictámenes al
rev , y de manifestar su parecer al mismo soberano;
poseian ambos una gran capacidad
politie`á , y
Felipe
daba mucha importancia á las opiniones de estos perso-
nages, aun cuando eran estas opuestas' al sistema do-
minante de la reina , y ellos fueron quienes mas con-
tribuyeron á la caida, de Riperdá. Entablaron corres-
pondencia parl,icularcon Fleuryv los ministros ingleses,
y se aprovecharon de las conferencias que con el rey
teman para esponer los inconvenientes que resultaban
de la union coa los alemanes
r
las ventajas de una re-
conciliacion con Francia. Se atribu
y
ó generalmente á
estas observaciones rana parte de la frialdad, ó mas bien
repugnancia, con que Felipe se prestó á la alianza con
Viena. Permaneció secreta esta correspondencia, duran-
te algun tiempo, sin que las miradas penetrantes de la,
reina lograsen descubrirla, hasta tanto que , en una de
lasindisposiciones á que estaba sujeto
.
Felipe, una carta
hallada en el bolsillo de su casaca, enteró á la reina de
todo y reveló el nombre de los consejeros. Entonces
recurrió á la Inquisicion, tribunal rio menos injusto cine
sanguinario , y los abates se hallaron complicados
en
una acusacion relativa á materias
religiosas,
sin que
Felipe supiese nada de esto. Tan estimados eran del
rey que no se atrevió la reina á solicitar
de otro modo

4726.

35
el
ve fuesen despedidos; pero llegando ya á este estre_
nio la acusacion, se los dió órdenes de salir inmediata
mente para Italia (29).
Así, pues , esta tentativa corno las anteriores solo
dió por resultado el fortificar el poder de la reina, y el
poner a España en mayor sumision con respecto á, la
Alemania. El conde de Koni ngseg cuyas promesas reite-
radas hablan seducido la imaginacion de esta princesa,
ftié
el
cmducto
de los favores palaciegos, y el conseje-
ro constante en España. Se leaulorizó para que recibie-
se de manos de los gefes de la administracion las mis-
ms comunicaciones que hasta entonces se daban al
primer ministro, y todo se decidia por medio de su.
poderosa intervencion. El mismo Alonteleon , aunque
pariente de los Patifios y honrado con la confianza del
rey, no logró la embajada de Viena á causa de sus
antiguas relaciones con Inglaterra (30).
La
reina, alucinada constantemente con la esperan-
za de ver realizadas sus ambiciosas ilusiones, por medio
dé
una alianza con Viena, se jactaba de que no seria
dificil el desunir á Francia de Inglaterra , ó por lo me-
nós de paralizar los esfuerzos del gobierno, francés fo-
mentando en Francia turbulencias interiores, con pre-
testo de renovar las gestiones de Felipe para llevar en
su caso la corona. Los acontecimientos ocurridos en
Francia, despues de la caida de Riperdá , confirmaron
estas esperanzas que inspiró ella facilmente á su,
marido.
Ya hemos visto con qué desprecio rechazó el rey
católico las cartas de disculpa, relativas al desaire de
la infanta; las continuas proposiciones del duque de
Borbon no fueron mejor acogidas y hasta se hizo una
declaracion en la que se anunciaba que no se admiti-
rla disculpa ninguna basta
tanto que se presentase el
duque en Madrid pidiendo al rey perdon de hinojos.
Corno naturalmente se rechazase tan humillante condi-
cion, prohibieron los reyes que se pronunciase en pre-

36

CAPITULO TREINTA Y OCHO.
sencia suya el nombre del duque. El resentimiento y
deseo de venganza decidieron asimismo á Felipe é Isa-
bel á valerse de las intrigas de sus parciales en Fran-
cia, aprovechándose de los errores y abusos que de-
sacreditaban allí á la administracion. El duque de Bor-
bon imitó la conducta inmoral del regente, cuya capa-
cidad no tenia. Gobernábalo una manceba avarienta y
altanera quien se hallaba por su parte sometida á los
caprichos de oscuros y avaros aventureros conocidos
por el nombre de los cuatro hermanos, Paris, hijos de
un hombre que estaba al frente de una sucia hosteria
situada al pié de los Alpes habiase elevado gracias á
su destreza y capacidad, al colmo del poder político y
de la opulencia. Semejante gobierno en que la mas
repugnante inmoralidad y una desenfrenada dilapida-
clon cornpetia con la debilidad v casi imbecilidad, esci-
taron el desprecio de todo hombre honrado é ilustrado.
Todo aquel desórden tropezó con una oposicion podero-
sa que le habla declarado el partido del duque del Mai-
ne y los numerosos secuaces del sistema político de
los Borbones (31).
En semejante estado de la opinion pública, b
e(rercie-
ron grande influjo las intrigas de la córte de España, y
produjeron un efecto importante. Pero lo que ma-s
precipitó la caida del ministro impopular fue' el ascen-
diente del obispo de Frejus, preceptor del re
y
conocido
mas tarde por el nombre de cardenal de Fleury E
tian continuas disputas entre el duque

el /;*
l
xis-
y
y
todos se convirtieron ea provecho de este úl
t
imo. Por
último terminó aquella rivalidad con la exhoneracion.
del duque
,
que fué desterrado á sus estados de Chanti-
ley, en tanto que Fleur á pesar de sus setenta y tres
años de edad, tuvo bastante
n t
a
e Celebróse
para tomar las rien-
das del carro del estado

lebróse en España este
aleara
con tanta alea Como se habla manifestado al
divulgarse la noticia de la alianza con el emperador.
"Veja satisfecho su resentimiento la córte de Madrid,

4726.

37
lo cual era para ella el principio de una nueva era ea
lapolítica de Francia. No dudaban Felipe y la reina
que el nuevo ministro como eclesiástico y enemigo
acérrimo del duque , empezase á egercer el poder
rompiendo toda alianza con los hereges, y renovando las
antiguas relaciones entre las dos líneas de la familia
de Borbon. No puede decirse en verdad que sus espef-
Tanzas
careciesen completamente de fundamento; pero
la Francia se hallaba demasiado agitada interiormente
y eran harto vivos sus celos contra el Austria, para
'decidirse á dar un paso tan precipitado y decisivo. Sin
embargo la primera medida tomada por el nuevo mi-
nistro, fué unaproposicion hecha por la mediacion del
nuncio del papa, para zanjar las desavenencias de fa-
milia. Iba acompañada de una declaracion en la que
manifestaba que había sido completamente estraño al
desaire hecho á la infanta. Una respuesta altiva é im-
á
eriosa del rey de España fué
.
causa de que durante
lgun tiempo, desapareciese toda esperanza de una
reconciliación progresiva tal como deseaba efectuarla
este ministro circunspecto. Felipe deslumbrado toda-
vía con las esperanzas soberbias de la alianza de Viena,
insistió para que el emperador fuese mediador en esta
contienda; acusando á Fleurv de su intimidad con los
enemigos de Dios y de la religion católica (noviembre
de 171); pero una mediacion tan inoportuna fue recha-
zada como insidiosa y opuesta á la fé de los tratados
celebrados con Inglaterra.
Siendo vanos todos los pasos dados para romper la
union de Francia con Inglaterra, se creyó Felipe
obli-
gado á llevar á cabo por la fuerza lo que no habla po-
dido alcanzar con la intriga y las negociaciones. Hizo
todos los preparativos militares que eran precisos para
el sitio de Gibraltar, persuadido de que el emperador
por su parte tomaria un partido no menos decisivo, y
que molestada á los aliados de Hannover enInglaterra.
Es ciertoque hasta cierto punto se realizaron tales es-

38

CAPITULO TREINTA Y OCHO.
eranzas; porque el emperador decidió á la Rusia á,
que accediese á la alianza de Viena, separando ademas
de la alianza de Hannovér al rey de Prusia cuyo poder
dominaba todo el Norte de Alemania, y alcanzando con
promesas de crecidos subsidios el apoyo de los estados,
católicos A fin de ocupar toda la atencion .del
_no inglés, intrigó con los jacobitas de Inglaterra y del
continente, así como con los gefes, de la oposicion que
desde entonces se convirtieron en apologistas aboga--
dos de España y Austria.
Ea los momentos en que ambas córtes se .hallaban
así sériamente, ocupadas en llevar a cabo .sus mutuos
proyectos, las nuevas de la mala salud del rey 'de.Fran-
cia escitaron la atencion de Felipe y reanimaron su que-
rido sueño de sentarse en el trono de sus mayores.
En vista de esto, envió á Francia un agente intimo,
quien con pretesto de una negociacion llevaba .e.ncar-
go de reunir todos los partidos á favor suyo, y
tratar
da ganar á Fleury ó por lo menos paralizar la oposi-
cion de este omnipotente ministro, suscitando .á ,tiempo
algunas turbulencias interiores. Este agente era el aba-
te Montgon, oriundo de Francia, quien gracias á su fin-
gido entusiasmo por la religion, hahia alcanzado-la con-
fianza delpiadoso monarca y la de la
reina_
Descendia
de una familia noble y habla sido educado en casa
del
príncipe de Conde con el duque de Borbón; -pero re-
nunció á su patrimonio en beneficio de .su padre
y
aban-
donó la carrera militar en que sirvia para abrazar el
estado eclesiástico. Con la proteccion de Daubenton,
trató
.
de conseguir un empleo en España, y basta pare—
ce que pensó en ser maestro .del príncipe de Asturias.
Tal vez sin la muerte de su protector, hubiera .consegui-
do este codiciado destino; pero no :por eso se desanimó
y al abdicar Felipe

nuevo
con
e V, pidió por medio del
fesor permiso para acompañar al soberano,á, su
retiro.de
San Ildefonso, sin mas objeto, decia, que
el .de_ser
es-
pectador y
admirador de tantas virtudes, y.
fortalecerse

1726.

,30
mas y alas en sus sentimientos de cristiano con el
egemplo de tanta4evocion. Coo Felipe recobrase tan
pronto el poder supremo, no dudó por entonces

'')
acocrer-
$e su pretension,pero al calvo de algun tiempo se le
iió
k
permIso para que se presentase en España, ofre-
ciéndole que se Je colocarla en servicio de la persona
del rey.
Sa
protector que era el duque de
Borbon
se
valió de él-para preparar una reconciLiacion. Si tampo-
co por esta parte no „t
4
uvieron éxito sus esfuerzos, ao
`por eso dejó de ganar may.or influjo con el rey, pues
fué elegido para el dificil encargo de unir
,
y consolidar
todos los partidos, á favor de los dereebas que Felipe
creia tene,r para Ja sucesion eventual de la corona de
Francia.
La reina en la ,audiencia de ,despedida, después de
dirigirle algunas frases en que le
pinto
lo delicada que
era la mision que se le confiaba, le dijo ea los momen-
tos ea que, ,élhincaba la ,rodilla para besarle la mano.
--Vais á un ,país en donde no Ineaman, y vos juzgareis
si tienen razon. Ñas Jullian informado, por indio de un
mensageroeparticular de la córte de Francia, que se ce-
lebrarla el desposorio,en cuanto mi hija cumpliese siete
Años,
y á pesar de eso nos anunciaron por el primer
correo que iba á ponerse ea camino para España.
,Por lo tanto
.
no tienen que asombrarse si tanto el
rey como yo, hemos sentido un lu.sulto que habria °fea-
didoal último hombre del pueblo.--Este Insulto, con-
testó el .abate,,
u
po pue.de...de modo alguno achacarse á la
nacion francesa que profesa á VV. MM. no menos afecto
que respeto; porque la salida de la infanta causó un pe-
sar que solopuede
COInpararse
á la alegría que habla
producido su
llegada.
Este último sentimiento renacerá
tan luego como vuestra ,benevolencia hacia la nacion
francesa recobre su imperio. Si me dá permiso V. M.
para ser portador de tan felices nuevas, no tardará mu-
cho en saber el Jozo universal que inspirará á toda
Yrancia.=Vo v.ía, interrumpió la reina, no es tiem-

40

CAPITULO TREINTA Y OCHO.
po de hablar de eso, y vos conoceis bien nuestros senti-
mientos en ese punto. Esperamos tanto el rey como
yo
que arreglareis estrictamente vuestra
conductaá las ins-
trucciones que se os han dado. Os encargo mucho
que
no
salgais del objeto de vuestro encargo; mi confesor,
el arzobispo de Amida, os comunicará mis ordenes pos-
teriores.
En seguida, entregáronse á Montgon (24 de diciem-
bre de 4726), sus instrucciones escritas de puño del rey,
v hé aqui los términos en que estaban redactados:
«Si,
lo que Dios no permita, el rey mi sobrino lle-
gase á fallecer sin heredero va,ron, siendo como soy el
mas cercano pariente, y despues de mí mis descendien-
tes, debo, y quiero heredar la corona de mis antepasa -
dos,
y á fin
de que pueda verificarse esto, del modo que
espero, debeis conduciros del siguiente modo:
«lreis á Francia
y
procurareis conocer á nuestros
adictos, á los que profesan amor á la casa de Orleans, y
á los
.
que son indiferentes hacia entrambos partidos.
liareis segun espero, cuanto podais para aumentar el
número de los primeros sin declararon empero demasia-
do, porque puede haber personas que
con
pretesto
de
amor á mi persona pudieran querer sonsacaros, para va-
lerse de las aclaraciones que les dieseis, con ánimo
de perjudicarme cuando llegase el caso, y esto perjudi
cada tambien al estado presente de mis negocios; por
lo que toda circunspeccion es poca en este punto.
«Conviene que no comuniqucis nada de todo esto al
cardenal Fleury ni al conde de Morville; al primero,
porque siempre ha sido adicto á la casa de Orleans,
y
tarnbien, porque
hace algun tiempo tengo motivos para
no fiarme de él. Sin embargo, tratareis al cardenal co-
mo particular, pero, sin hablarle de negocios públi-
cos, á no ser que os lo mande yo clara y terminante-
mente mas tarde. Sin embargo, 'procurareis saber las
cosas mas secretas de la córte, ya sea por su conducto ó
por otros que juzgueis mas convenientes sin compro-

1726.
meterme empero, jamás en nada, ni dar á. Conocer que
os he confiado ninguna mision particular. En cuanto al
conde de Morville, sé que está. totalmente á favor de los
ingleses, y así debeis desconfiar en un todo de él; pero
procurad adquirir por su conducto todas las noticias que
importen, y dadme al punto cuenta de ellas.
«Procurareis manejar vuestras operaciones, de mo-
do que no esciten los celos de los ministros del empe-
rador, tratando con ellos lo mismo que con los demas,
sin darles jamás á conocer
ni á
sospechar que teneis
encargo mio para una cosa oculta, y esto ni ahora ni
nunca, sin que se lo mande yo.
«Me
tenclreis
al corriente de las menores bagatelas,
me informareis de cuanto pasa, y para eso, procurareis
adquirir lús mejores y mas íntimas relaciones, sin afec-
tacion.
«El aire que debeis tomar en Francia es el de un
simple particular de vuestra clase, evitando daros tono
de ministro, porque habrá muchos que os observen.
«No hablareis ni poco mucho de reconciliacion,
atendiendo al estado en que están ahora las cosas.
«Tratareis, del mejor modo que podais de ganar si
llegase el caso, al duque de Borbon, asegurándole que
si quiere empeñarse en mi causa que es la de la justicia
olvidaré lo pasado, y podrá' prometerse de mi parte to-
da clase de miramiento, y pruebas de amistad. Merece
esto todo vuestro cuidado y destreza, porque es preciso
que sea este asunto un secreto impenetrable.»
Despues de designarle á las personas á quienes de-
bia consultar, proseguía así el rey:
«Os doy una credencial escrita de mi puño para el
parlamento; la presentareis en cuanto ocurra el falleci-
miento del rey mi sobrino, pues en este documento man-
do que en cuanto suceda esto, me aclamen por so-
berano.
«Dadme aviso de vuestra llegada,
é
indicadme si
debo escribir en aquel caso, á los diferentes brazos del

42

CAPITULO TREINTA. Y OCHO.
estado, tanto eclesiástico como secular. Me apuntareis
con exactitud el momento oportuno de remitir estas
cartas, especificándome los títulos de las corporaciones
ó personas, que es cosa de que yo nó entiendo mucho.
«Si es necesario que nombre yo un consejo de gabi-
nete, ó cualquiera otro á un regente durante mi ausen-
cia,
y
hasta mi llegada, ,me dareis á conocer las perso-
nas que juzgueis mas á propósito para el caso. Si en to-
do caso, sobrevive el rey 4, ia reina, me direis si es
ne-
cesario
nombrar á alguien para que la vigile hasta
el
morneuto del parto, y á quien conveadria nombrar etc.»
A esto siguen algunos artículos relativos al sistema
de correspondencia. con ,otros puntos
,
subalternos y la
Techa que es de Madrid á 2 de diciembre de 4726.
Para no escitar los celos del emperador o mas bien
para crear un pretesto plausible á su misión, dió a
Mo.t-
gou
el confesor antes de su salida, .unos apuntes escri-
tros de puño de la princesa
>
sin direccioa especial, los
que contenian una declaracion terminante de que no
se negaba España á una reconciliacion con Francia y
una promesa de reconciliacion si accedia el rey,
á
la
alianza de Viena. Estos apuntes debian comunicarse á
Fleury; pero se tuvo cuidado de eludir cualquier com-
promiso serio , y se emplearon_ ,mil pequeños ardides
para dar al viage de .Montgon los visos de un desaire,
a instancias del ministro imperial. Poco tiempo despues
se previno nuevamente á Montgon,

conducto del
confesor de que procurase en caso de que llegase á, fa-
llecer Luis XV, de influir para que .se nombrase á.
don
Carlos rey de Francia, y xIon Fernando rey de Espa-
ña (32). «Debia persuadir yo, dice el abate Montgon, á
los que tomasen el partido
.
del rey de España,
,
á que pre-
firiesen ,a1 infante don.Cárlos (en el ,dia rey ,de Nápo-
les) al príncipe de Asturias ,para heredar la corona
de
Francia, y sirio parecía esto 'posible, debía influir para
que tales
,
personas mirasewcomo cosaindiferenté
el que
permaneciese .en
España el ,príncipe primogénito y
,
que
.0

4736.
:
su
hermano el infante subiese al trono de Francia des-
pues de la muerte de su padre.» Estas eran las instruc,-
eisolies que llevaba Montgon al salir de Madrid el •13 de
...enero de 4727.
Pero semejante plan concebido y meditado con tan-
.
ta reflexion , no podia ,confiarse para que fuese ejecu-
tado á un agente menos circunspecto que el abate.
Envanecido con su mision y n.o menos presumido que
crédulo y hablador., hizo exactamente lo contrario de
uanto se le mandaba en sus instrucciones. Reveló la
proposicion de una reconciliacion á Morville , defensor
,-acérrimo de los intereses de Inglaterra, y desde la pri-
merconferencia que tuvo
CO
3
11
Fleury., hizo de modo que
adivinó todo el plan de su mision este miaistro diestro é
insinuante , hasta le leyó las órdenes que se le habian
confiado, teniendo en seguida, con el consentimiento del
cardenal, conferencias particulares coa el duque de
Bor-
bon, así como con varias personas notables de la no-
bleza , favorables á la cansa de Felipe , y transmitió
Jos pareceres que estas le dieron con la misma ligereza
que su misma embajada é instrucciones. Fué como era
natural , muy festejado, •no sin mucha destreza, y llegó
..á-ser el conducto por donde se entendian todos los par-
tidos, hasta que se entabló correspondencia entre ambos
oberanos.
TQstigo
Fleury
de esta conducta, procuró libertarse
de un agente que, sin contar su verbosidad y predispo-
rIcion á mezclarse de todo, era un partidario acérrimo
<lel duque de 13orbon ; lo trató, pues , con. mucha
cunspeccion , obligándolo con su desvío y silencio , á
precipitar el instante de ,su salida. Regresó por ,lo tanto
.Montgon,á Zspaña el 13 de agosto, siendo portador de
aras de disculpa del duque de Borbon, y de pruebas
,

la fidelidad ,de los parciales ,d,e
.
,Felipe,
pero al pro-
, pio tiempo
,dej,ó en manos del primer ministro la llave
de todas lasintrigas (le su partido, y el medio de seguir
,T-friultrar
t
sms panes. Los lafo.rmes
que se le ,permit,,ió

44

CAPITULO TREINTA Y OCHO
llevar , no podian menos de halagar las esperanzas de
la córte de España; por cuya razon , fue recibido a su
regreso por los reyes con toda la distincion que se hu-
biera concedido al mas diestro y afortunado de los ne_.-
gociadores.
En la primera entrevista entregó Montgon las cartas
que había llevado de Francia, y dió cuenta de su encar-
go. La reina sola sostuvo la conversacion, porque el rey
sumido en una profunda melancolía, no dió meas pruebas
de atencion que un gesto de vez en cuando, ó alguna
que otra sonrisa. Al conseguir el abate que se acepta-
sen las disculpas del duque de Borbon, favoreciendo los
pasos de este personage para alcanzar el favor del rey,
se entregó á las mas violentas declamaciones contra
Fleury, y para servirnos de su burlesca espresion,
hizo
lca anatomia exacta
de los planes é injusticia del minis-
terio francés. La reina que lo escuchaba con satisfae-
cion, le preguntó con la sonrisa en los lábios :—¿,Cómo
os habeis separado? Al contestar que él mu
y
indiferen-
te y Fleury enfadado, replicó la reina:—Ya creo cuanto
me decís, y no tengo confianza ninguna en ese hombre.—
Entonces se ocupó de la situacion de Francia, y despues
de hablar mucho de las ventajas verosímiles de la re-
conciliacion , mostró finalmente el mas vivo deseo de
recompensar sus servicios misteriosos, asegurándole la
proteccion del rey que lo pusiese á cubierto del resenti-
miento del cardenal (33).
Empezó entonces el rey de España las hostilidades
contra Inglaterra, dando órden de apresar en Veracruz,
el navío de la compañía del Sur, Príncipe Federico , á
bordo del cual se hallaba un rico cargamento de mer-
cancías; en seguida amenazó á las Islas Británicas con
una invasion, y reunió un ejército de veinte y cinco mil
hombres en Andalucía, con ánimo de sitiar á Gibraltar.
En vano le hicieron mil observaciones los generales mas
esperimentados; ea vano el marqués de Villadarias, que
se hahia visto obligado á atacar esta plaza durante la

4726.

45
guerra de sucesion , manifestó la imposibilidad de salir
airosos en tanto que dominasen en el mar los ingleses,
prefiriendo presentar su renuncia de todos sus destinos
antes que dirigir una empresa tan desesperada. Felipe
dió con un general que aprobaba todos sus sueños, que
era el marqués de las Torres , quien decia sin rebozo
que en elespacio de seis semanas libertaria á España
de la vecindad molesta de los estrangeros y hereges.
Comenzóse el sitio con vigor el II de febrero de 1727.
halagándose con la ilusion de que la celeridad en el em-
prender las hostilidades, y la pronta reduccion de Gi–
braltar, quitaria por siempre los pretestos para la inter -
vencion de Francia , y que se decidiria el emperador,
por su parte á dar un golpe decisivo en Alemania. El
rey de España quería al mismo tiempo alarmar al gabi-
nete de Versalles, por lo que amenazó confiscarlos bienes
que pertenecian á los mercaderes franceses á bordo de
la flota que se esperaba de un momento á otro de
América.
El esfuerzo y socorros de la nacion inglesa no tar-
daron en disipar tan brillantes esperanzas. El parlamen-
to, irritado con las intrigas y hostilidades de España y
el emperador, concedió al gobierno socorros estraordi-
narios de hombres y dinero : enviáronse sin descanso
vituallas á Gibraltar , se
infundió temor á' los jacobitas,
por medio de medidas vigorosas tomadas á tiempo, y el
conde de Palm, ministró imperial, fué despedido brus-
camente por haberse dirigido á la nacion para que re-
probara la conducta del rey. Holanda, Suecia y Dina-
marca, accedieron á. la alianza de Hannover, y se formo
un ejército francés en las fronteras de Alemania , pa–
gando Inglaterra una fuerza adicional de dinamarque–
ses, suecos y alemanes. La
muerte de Catalina I privó al
emperador y á España de una aliada poderosa en el Nor-
te; el rey de Prusia empezaba ya á querer echar el cuer-
po fuera; y la falta de los subsidios ofrecidos por Espa-
ña, poniaenriesgo al emperadordeperder este apoyo en

46

CAPITULO TREINTA Y OCHO.
Alemania, con que había cantado harto á la
ligerw;
pot*
lo cfue lejos de ser sitiador , se halló amenazado.
ling,
de una corta negociaciod empezada por el papa 'y con
tínuada con la mediacion de Francia, sacrifico España a
su Impía seguridad; y su embajador formó los prelirni-1-
vares de París, á 31 de mayo de 1727, los cuales fueron
solemnemente ratificados y aceptados despues de una
larga resistencia por el duque de Bournonville , minis-
troespañol en Viena, en nombre de su soberano ,
si
bien para ello no tenia autorizacion esplícita (34).

-
El artículoprimero suspendia por siete años la cóm-
pañía de Ostende; el segundo establecia que' los dere-
chos y exigencias de las partes contratantes debian de
seguir bajo el mismo pié que antes del año de
1
1725, y
si eran violadas, se decidirla la cuestion por medio de
un congreso posterior. El tercero estipulaba que las
prerogativas comerciales de que gcilaban las potencias
marítimas y Francia se restablecerián como antes se ha-
liaban. En vil tud del artículo quinto, tendria el rey de
España que cesar las hostilidades ocho dias despues de
la recepcion de los preliminares. Los buques de la com-
pañía de Ostende, comprendidos en una lista particular,
suspenderian sus viages, y sieran apresados, serian res-
tituidos así como los cargamentos cuya regla se seguirla
con los apresados anteriormente. Los galeones tejdrian
Cambien permiso para regresar con plena seguridad de
que distribuida el rey de España las mercaderías y de-
más artículos de América que llegasen abordo, del mis-
mo modo que en tiempos de paz. En vista de esto las
escuadras inglesas levantarian el bloqueo de los puer-
tos de América, y se retirarian de las costas de los es--
tados de España y del emperador, y el comercio
b
inolés
seria restablecido bajo el pié de los tratados anteriores.
Segun el artículo octavo, debian cambiarse las ratifica-
ciones en el término de dos meses, y cuatro mas tarde
le reunirla un congreso en
Aquisgran.
Ea virtud de este convenio
dió
el rey de Inglater-

, f725.

47
rá
Órdenes tanto' al comandante de Gibraltar como
á
jos
almirantes
de las Indias Occidentales, para que
njátidaset cesar las hostilidades, restitu
y
endo las pre-
sas hechas d'Orante la guerra, dejando pasar
los
galeo-
nes, y por
«Itimü„-
levantando el bloqueo' de los puertos
Y:
costas'de
España. Transmitieronse estas órdenes
Vandermeer, ministro
de Holanda en Madrid, quien
durante la ausencia de
?
los embajadores de Franja é
Inglaterra,
tuvo á
su e
rgo
los negocios de ambas na-
ciones. S'e le mandaba (pie los comunicase t la córte, y
obtuviese la rátificacion d
los preliminares y órdenes
para que se levantase el
sitio
de Gibraltar, así como
para restituir los buques capturados ó apresados, espe-
cialmente el
Príncipe Federico.
Pero
los
aliados desconocian los sentimientos de.
que se hallaba animado el gabinete de Madrid. Felipe
esperando sin cesar confiadamente un cambio en los
negocios públicos, suspendió la ratiticacion de los
pre-
litninares,
y de
dilaciori
ea dilacion no hizo nada hasta
la 'úneme de Jorge. Con este- acontecimiento resucita-
ron todas sus esperanzas; anudó al punto sus intrigas
con los jacobitas , dió órdenes á sus embajadores y
agentes en las córtes

'')
estran
u
eras para que alentasen á
los
emigrados ingleses con ofrecimientos de proteccion,
/ decidió al Pretendiente á correr á cualquier puerto
de
los Paises Bajos, á
fi
de hallarse preparado para
pasar á Inglaterra en cuanto todo estuviera listo. Es-
peraba Felipe que se aprovecharia*Francia de ocasion
tan favorable para separarse de Inglaterra, y adopta-
ria
nuevamente aquel sistema á que
debian darle ape-
go los
instintos
de la sangre, de la religion y la políti-
ca. Alentábalo el emperador que abrigaba igual resen-
timiento contra el gobierno inglés, y volvió á su idea de
atacar el electorado de Hannover y las Provincias Uni-
das, de Holanda. La esplosion de la nueva revolucion
que se esperaba produjo cambio parecido en los senti-
mientos interesados de los príncipes de Alemania. El

48

CAPITULO TREINTA Y OCHO.
rev de Prusia renovó su alianza con Austria, la Sajonia
fué neutral
y
la Baviera lo mismo que los electores co-
marcanos del Rhin se declararon á favor del empera-
dor. La posesion de Erfurah daba medios de atacar á
Francia, y se entró en tratos con el duque de
Bruns-
wick
Walfenhudden
relativamente á la ocupacion
de
Brunswick, la cual facilitaria la entrada en los estados
de Hannover y en las Provincias Unidas de Holan-
da (35).
Pero tan lisongeras esperanzas que solo habian fun-
dado ambas potencias contando con un cambio probable
de gobierno, se disiparon con tanta prontitud como con
ligereza se concibieron. El gobierno francés no solo
resistió á todas las promesas y amenazas de España,
sino que el mismo Fleury escribió al nuevo soberano,
rogándole que no cambiase el sistema de la adminis-
tracion (36). Jorge II tomó tranquilamente posesion de
su
trono, conservó el mismo ministerio y adoptó el sis-
tema político seguido por su parte. El ascendiente que
liaba tomado momentaneamente el emperador en Ale-
mania, cedió tambien al poderoso influjo de los subsi-
dios ingleses, y la defeccion de sus aliados mas útiles
fué causa de que adoptasen sus planes de ataque con-
tra Francia, Holanda y Hannover. Su inaccion contagió
á la córte de Madrid, que siguió su egemplo, pensando
en conseguir para sí condiciones mas ventajosas por
medio de una negociacion separada.
Era forzoso el preparar este convenio, y tanto Feli-
pe como la reina no descuidaron nada de cuanto pu-
diese acelerar la reconciliacion entre las dos córtes de
la familia de Borbon. lía hemos dicho'que se habian ne-
gado á admitir toda disculpa del duque de Borbon, por
humilde que fuese, mostrando un gozo estremado al sa-
ber la caida de este personage; pero este grande obstá-
Culo ya estaba llenado y se valieron de Montgon que se
hallaba entonces en Madrid, y para manifestar su satis-
faccion y deseo de renovar la antigua correspondencia,

4726.

49
cqn
tal, empero., que, el rey de Francia, en, bien de la re-
ligion de ambas partes, abrazase la causa católica, y
accediese á la alianza de Viena. A. esta proposicion dió
una respuesta muy amistosa el ministro de Francia,
presentando la separacion del duque, como medida to-
mad> con objeto de facilitar, la reconciliador". Pero es-
'mesando, al propio tiempo el- pesar quetenia su sobe-
rano dem° poder escuchar proposicion ninguna opues-
ta á la fidelidad prometida a los aliados. Al anunciar
Fleury su.elevacion á la púrpura, romana, iba concebi-
da su carta dlicial en el, mismo sentido.
Sin embargo, todavía el rey de España abrigaba
la, esperanza de formar una alianza con Francia y Aus-
tria, por lo cual, en un dia toda reconciliacion que no
se
efectuase por mediaciow del emperador, y á condi-
cion de que las escuadras inglesas se alejarian de las
costas de sus estados. Esta resolucion paralizó todos
los esfuerzosintentados para conseguir una union mas
cordial.
Pero la idea de una avenencia era tan popolar en
Francia y este convenio era tan ventajoso en sí mismo
que redobló Fleury su actividad para alcanzar un fin
tan apetecido. La situacion de España y el carácter
veleidoso de su soberano ofrecian circunstancias á pro-
pósito para este pensamiento. En cuanto pasó su primer
resentimiento, recobró Felipe el antiguo amor que pro-
fesaba á su familia y a su, pais natal, y si hubiera podi-
do obrar segun su voluntad, los escasos obstáculos que
estaban todavía en pié, hubiesen sido vencidos facil-
mente; pero un resentimiento de la reina cuyo carácter
era inclinado á la venganza, y
.
que abrigaba ódio secre-
to á Francia, se aumentaba con el deseo de fijar la
suerte de sus hijos Las ilusiones agradables en que se
habla mecido, á consecuencia de la alianza, de Viena, y
la perspectiva lisongera con que la traia entretenida el
emperador babian dado poderoso alimento á su pa-
sion.
1034
Biblioteca popular.

T.

60

50

CAPITULO TREINTA Y OCHO.
Fleury trató en vano de calmar á la reina por me-
dio de doña Laura y de la duquesa de San Pedro (3 i).
Procuró captarse la voluntad de Felipe, sin que lo su-
piera ella, y con este objeto se valió de la intervencion
del confesor, que era el padre Bermudez, cuya cáida
hemos contado ya. Una carta comunicada por entonces
á Walpole, podrá dar una idea del estilo y
argunlentos
empleados por este diestro ministro. lié aquí
su
conte-
nido:
«Algun tiempo despues, dice Fleury, de entablar
relaciones con el padre Bermudez, me decidí á dar
cuenta á Y. M. de algunas materias particulares, no
menos secretas que
importantes, en las
que me
veo
obligado á insistir para descanso de mi conciencia;
pues me imponen este deber mi deber y el amor
que
profeso á la persona augusta de V. M. Confío en que,
gracias á vuestro conocido fervor piadoso y por demos
esto bajo el secreto inviolable de la confesion que de
vos exijo, no revelareis á nadie lo que á manifesta-
TOS
voy.
«A. consecuencia del rumor esparcido de que tenia
Y. M. pensamiento de abdicar la corona, y en vista asi-
mismo de algunas expresiones algo vivas de que se va-
lió el príncipe de Asturias tratando del poder escesivo
de que los alemanes disfrutan en Madrid, se ha fragua-
do en Viena un cuento no menos horrendo que absurdo:
liase dicho que Inglaterra y Francia hablan formado, de
acuerdo una nacion conotra, el plan de encerrar á V. M.
y á la reina en un convento , haciendo que se procla-
mase como soberano al príncipe de Asturias. Se remi-
tió á. Lóndres este soñado proyecto, para que fuese co-
municado á Pozo Blanco (38); pero Palm, que nada de
secreto sabia, ó que habla entendido mal lo que se le
dijo, ó que quizá no supo precaverse lo bastante contra
la barbarie, compañera inseparable de la mentira y de
la calumnia, creyó que hada una gran cosa embelle-
ciendo este
proyecto con circunstancias á
tal punto es-

1726.

51
AraVargantes que lo despojó de todo viso de probabili-
,
dad. Si, pues, semejante relacion ha llegado por acaso
á
n
V. 1W., tengo sobrada buena idea de su talento é in-
tegridad para dudar que haya descubierto al momento
tan entraña impostura.
((No quiera Dios que eche yo la culpa de esta mal-
dad al emperador, pues conozco harto bien su religio-
sidad y rectitud para abrigar la menor sospecha sobre
este particular; pero sus ministros son menos escrupu-
losos que él. Hemos tenido en realidad hartas pruebas
de sus intrigas para que los creamos incapaces de se-
mejante calumnia, por indigna que sea de ministros y
de cristianos. No cargaré con la responsabilidad de
nombrar á ninguno, si bien no es dificil adivinarlo todo
en este asunto; pero puedo asegurar que no es el prín-
cipe Eugenio. El objeto principal es el de indisponer
á V. 11. con Francia, haciendo que sea tal su desacuer-
do, que no haya esperanza ninguna de reconciliacion.
Se han valido de los medios mas vergonzosos para con-
' seguir tan torpe objeto.
(diaria una injusticia evidente á los franceses, que-
riendo, aunque no fuese mas que por un instante, tra-
tar de lavarlos de tan negra mancha. Harto bien co-
noce Y. M. el carácter de la nacion para abrigar tama-
ña sospecha. Esperimentan, es verdad, un dolor muy
vivo al ver la indiferencia que habeis mostrado hacia
ellos, así como la repugnancia que manifestabais para
reconciliaros con el rey vuestro sobrino; pero no son
capaces de concebir un proyecto tan diabólico, y así es
que su pesar no tiene mas origen que el respeto que
profesan á V. M.
«Tampoco puedo creer que los ingleses se manci-
llen hasta el grado de tomar parte en
.
tan descabellado
plan, y tanto conozco la virtud é integridad del rey y
de sus ministros,. que puedo responder de ellos. La di-
ferencia de religion no autoriza, de modo alguno, pla-
nes opuestos á la probidad y al honor.

82

CAPITULO TREINTA
Y
0E110.
«El motivo que decidió á los ministros imperiales á
inventar esta fábula es probablemente el descontento
general que existe entre los españoles, á consecuencia
de las grandes remesas de dinero hechas á Viena, y el
temor de que no decida esto á V. M. á ligarse con Fran-
cia. Creo ademas que es deber mio informar á Y. M. de
otro negocio de la mayor importancia. No tengo la jac-
tancia de querer penetrar los compromisos secretos que
existen entre V. M. y el emperador; pero uno existe
sobrado público para que ofrezca la menor duda, esto
es, que el emperador ha consentido en dar la mano=de
las dos archiduquesas, hijas suyas, á don Carlos y don,
Felipe. No intento, lo repito, adivinar ningun secreto;
pero creo que me imponen los deberes de mi posicion
la necesidad de decir á Y. M.que el emperador ha en-
tregado una declaracion. escrita de su puño al elector
de Baviera en laque niega el que haya dado semejan-
te consentimiento. Si e autor
autoriza V.S. para ello da-
ré pruebas escritas, aun cuando os revele todo lo que
contiene este escrito con el ma
y
or secreto., á fin de no
esponer al elector de Baviera al resentimiento del em-
perador. Tambien ha dado la mas solemne promesa al
duque de Lorena, de que jamás darán su mano las dos
princesas á otros príncipes que á los dos hijos de este
príncipe, y aunque no tengo de ello pruebas escritas,
podria afirmarlo y jurarlo. Creo que debo enteraron de
estas circunstancias , porque es muy probable que la
palabra de estos enlaces , hecha por el emperador á la
reina de España, habrá decidido á, S. M. á adoptar to-
dos los planes de la córte-imperiál.
«No añadiré mas que una observacion, de que vues-
tro agente en Florencia, puede mejor que• nadie, pro-
baros la verdad. Los ministros imperiales hacen las.ma-
yores investigaciones á fin de adquirir registros y 'do-
cumentos de varios siglos en que consten todos
los se-
ñoríos de Toscana que dependen.aun del Imperio,•para
apoderarse de ellos ó venderlos, con objeto
de que,

1726.

53
donCárlos llegase á heredar aquellos estados , no le
quedase mas que un esqueleto despedazado.
«Tal vez sospeche Y. M. que veo yo las cosas así,
porque tenga vivos deseos de conseguir la reconcilia-
cion entre Francia y España; pero puedo aseguraron
que mo
•
tengo 'mas motivo que mi deber
.
y el amor que
profeso á. Y. M., y el interés con que miro vuestro ho-
nor
y dignidad.
«4cabamos de saber, en este instante, que el con-
de de Palm ha hablado de la supuesta conspiracion
contra vos, diciendo que teneis la intencion de pedir la
separacion del caballero Stanhope. Esto dará á conocer
á Y. M. las ideas de los imperiales, quienes si desean
la separacion del ministro cuya penetracion temen con
razon , es con objeto de ser señores en
,
vuestra cór-
te (39),
»
Los reveses anteriores , y la separacion que había
causado .al confesor la última tentativa , convencieron
por último akardenal de que todo trato seria inútil sinla
cooperacion de la-reina. Cambió pues, de puntería y se
valió de la mediacion de Montgon para entablar cor-
respondencia directa con el confesor de la reina, á quien
hizo concebir la esperanza de que obtendria el capelo
de cardenal, consiguiendo el que esta princesa se de-
cidiese ‹á entrar en relaciones por escrito con el rey de
Francia. La separacion de Morville y el nombramiento
de Chauvelin que era uno de los preliminares necesa-
rios para un cambio de política , se hicieron valer co-
mo señales de atencion á la córte de España, y al cesar
la mision de Montgon,. se verificó la comunicacion por
el conducto de los nuncios del papa en Madrid, París y
Viena.
Las manifestaciones de Fleury iban tomando vue-
lo á medida que adquiría publicidad la defeccion del
emperador, y se aumentaron los conflictos de España.
Entonces la reina dejó caer una mirada favorable sobre
Francia, y solo meras formalidades, y un resto de ce-

51

CAPITULO TREINTA Y OCHO.
los políticos, impedian una avenencia franca y durade-
ra. Se aprovechó con desprecio aquella ocasion y por
último se supo que la corte de Madrid estaba dispuesta
á declarar públicamente la reconciliacion con tal que el
rey de Francia manifestase desearlo en una carta llena
de disculpas y felicitaciones. A consecuencia de este
convenio, escribió Luis
XV
á los reyes las afectuosas
cartas siguientes:
Al rey.
«He sabido por una carta de mi nuncio Aldobran-
dini que va no os oponeis á nuestra -reconciliacion
y que tenéis á bien olvidar las circunstancias que cau.
só la interrupcion de la buena armonía naturaLentre
dos príncipes de la misma familia, y parientes tan cer—:
canos. Ninguna
noticia
podia ser para mí tan agradable
como esta; no puedo espresar mi alegría, y juro que
nunca olvidaré esta prueba de vnestro
.
afecto. Ya sa-
beis con qué empeño hé deseado en todos tiempos es-
ta reconciliacion, no, tan solo porque es necesaria á la
felicidad mútua. de nuestras familias y reinos , sino á
causa de la tierna amistad que os profeso. Deseo viva-
mente que me mireis del mismo modo como debe su-
ceder siempre entre
,
tios y sobrinos, y podeis contar con
mi empeño en servirós. 'Envio esta carta por el correo
ordinario, contando segun la carta del nuncio que
jará satisfecho
.
á V. M. por ahora, sin que
y
o nombre
embajador hasta tanto que conozca vuestras in-
tenciones á las que gustoso me sujetaré.»
A la reina:
«Despues de manifestar al rey mi tio , mi gratitud
por
su consentimiento á, nuestra reconciliacion, no pue-
do dispensarme de dar tambien gracias á
Y.
151.,tstando
muy
persuadido (le lo mucho que habeis
contribuido á

1726.

55
tan próspero resultado. Tal es el tierno vínculo que os
enlaza , que no podría el rey abrigar un solo sentimien-
to que no tuviése
,
is vos. Os ruego que me conserveis un
fino afecto como debe prometérselo un sobrino de una
tia. Vos podeis contar con la perfecta amistad que os
profeso , y ruego con empeño al cielo que salgais con
bien y
pronto
de vuestro embarazo , deseando en parti-
cular cuanto pueda contribuir á vuestra felicidad (40).»
Una carta de Fleury que acompañaba la del rey, era
menos satisfactoria. Despues de algunas espresiones
frívolas, relativas á su alegría por el. restablecimiento
Je la buena armonía y del interés _que le inspiraba la
union de las dos coronas, manifestaba que lo único que
faltaba á su satisfaccion era una reconciliacion con el
rey de Inglaterra , medio esencial (le lograr una pacifi-
cacion general. Pero aun 'cuando esta manifestacion
intempestiva entiviase el ardor de las esperanzas que
abrigaban los soberanos , no desagradó á estos la pro-
posicion , antes bien seducida la reina con la aparente
flexibilidad de Fleury , pensaba que no le faltarían
ocasiones para vengarse de Inglaterra, siendo España
el lazo que
,
uniese á Francia la Inglaterra.
--b'n.t104(1-

CAPITULO XXXIX.
1121-172S.
Subterfugios y vacilaciones dula córte de Madrid en lo relativo á la ej e-
cueion de los preliminares.Preparativos de guerra de la Gran Bretaña.
-z-Mision de Keene y del conde de Rottembourg, plenipotenciarios de
In-
glaterra y Francia en Madrid.=-Reciben los reyes áRottembourg.
—
Ca-
racter y resentimientos de la reina.=llecide esta princesa á Rottem-
hours á que acepte la modificacion de los preliminares, segun las exi-
gencias de la córte de España. —Consentimiento de los ministros, de
In-
glaterra y Holanda.—Resultados de este supuesto convenio._Insiste
Inglaterra en rechazar la modificacion propuesta por España.--Exige'
la concurrencia de Francia.—Reconvenciones y amenazas de los aliados
de Hannover._Oposicion y obstinacion de la reina.
—
Motivos que
la
deciden á renunciar á sus exigencias.—Enfermedad del rey.
—
Acta del
Pardo.
Los reyes de España'abeptatónioS
.
prelitninaTes tan'
solo para evitar los ataques-inevitables de la escuadra.
que cruzaba en su costa é interceptaba las comunicacio-
nes con América; pero no es fácil formarse idea del es-
píritu turbulento de que iban impregnadas todas sus
medidas. No hay subterfugio ninguno de que no se va-
liesen para eludir la ejecucion de estos preliminares,
haciendo de modo.-queda terminacion del ataque contra
Gibraltar , dependiese de la retirada de la escuadra in-
glesa que cruzaba en las costas de España. Retuvieron
al
Príncipe Federico ,
no como presa hecha durante la
ultima guerra, sino como compensacion por otras pér-
didas , ó como declarado buena presa por tráfico ile-
gal, negándose igualmente á, distribuir los efectos de la
flota conpretesto de que los preliminares no habian. si-
do ejecutados por Inglaterra.

4727.-1728.

57
El'
emperador
'

cuyos subsidios debian cesar en
cuanto se abriese el congreso , no descuidó por su par-
te artificio ninguno , ni intriga para prolongar la que-
rella en tanto que el espíritu de intriga de la córte de
Madrid se mantenía con las revelaciones secretas del
marqués de Chanvelin, y con la predisposicion general
del gabinete francés. No selallaba Fleury muy distante
de contentar á España '
. pero se tropezaba con un gran-
de obstáculo que eran los celos de Inglaterra que im-
portaba calmar.
Otras varia9 circunstancias contribuyeron igual-
mente á favorecer este sistema contemporizador. El so-
lo conducto diplomático con la córte de Madrid era
Vandermeer embajador de Holanda, que era una fuen-
te perenne y viva de nuevas dificultades. Este ministro
carecia/de dignidad , y no gozaba de consideracion nin-
guna, no atreviéndose jamás á decidirse por Francia ó
Inglaterra, ó mas bien siendo juguete de órdenes con-
tradictorias.
Para colmo de disgustos , el rev azotado por su en-
ferme/dad hipocondrica, no se halla en estado de pres-
tar la menor atencioa á los negocios públicos. Apenas
habia la reina salido de su embarazo , no quería que se
tratase de ningun asunto importante , hasta tanto que
se hallase completamente restablecida para poder to-
marparte en las deliberaciones. Koningseg era, por de-
cirlo-así, 'el gefe del gaierno, el marqués dula Paz, no
era mas que su hechura, y el inconstante Monteleon que
sin el carácter de tninistro tenia, empero, grande influ-
jo como diestro cortesano , quemaba incienso ante el
ídolo del dia. Patiño, como ministro de Hacienda , si
bien veia con pesar la insaciable avaricia de la córte
de Viena , conocía harto bleu los
.
cimientos poco sólidos
en
que descansaba la conservacion de swdestino , para
oponerse en lo mas mínimo t la pasion dominante de
la
reina , ni á
ia
omnipotencia del partido aloman.
Pasaron muchos dias en la
.
misma incertidumbre,

111*,
58

CAPITULO TREINTA Y NUEVE.

1:1 ;/1
Vanderm
e
er andaba sin cesar de uno á otro ministerio
sin conseguir ninguna respuesta categórica , y por va-
rias consideraciones le tenia prohibido el
que se enten-
1
01
1
1
diese directamente con los reyes. Por otra parte , corno
una guerra real era casi preferible á una paz ilusoria,

1111\lí
)
1
el gobierno británico tomó por último la actitud que

11
en las ocasiones anteriores habia vencido a un tiempo la
tibieza de sus amigos y la oposicion de sus enemigos. ,
,10
Reforzáronse las escuadras inglesas , y quedo bloquea–

01
(Id el puerto de Cádiz , tomando medidas vigorosas para
dar el golpe que solo se suspendió á causa de
raza de la paz. Inglaterra envió un ministro á Mac.rid
para dar á conocer oficialmente y con solemnidad les
sentimientos que la animaban.
Por amor propio ó política , seguia Francia el mis–
gut
mo egemplo , y dio el reciente nacimiento del infante..
don Felipe un motivo para anunciar la reconciliacion
solemne de las dos córtes de la misma familia , envian-
do un embajador. Estaba puesto en uso que fuese este
portador de las insignias de la órden del Espíritu San-
to (E) para el infante recién nacido, y que felicitase á
la reina por su alumbramiento.
Inglaterra eligió por representante á Keene , que
habia residido mucho tiempo en España corno agente de,.

TI
la compañía del Mar del Sur , y quien á causa de su.
inteligencia, cordura, y conocimiento profundo clel
ma y_ del pais, se habla captado la confializa del gobier–,
no. ira embajador de Francia el conde de Rottembourg, _
hidalgo de un mérito eminente y de una amabilidad ra–,
ra , pero muy afecto á la antigua córte, quien fué
ele7.
gido para tan elevado destino á propuesta de
.
los reyes,'
de España. Los dos ministros , á fin de consérvar. •la'
cordialidad y union necesarias , se dieron mútna cuenta:
de sus instrucciones generales, pueshabian arribos. reci-
bido
orden de obrar en un todo acordes y con la mas
pasible confianza , habiéndoles además encargado que'
exigiesen de la corte de España levantase elblopieo de
1

.

1727.
1728.

59
Gibraltar restitu
y
ese todas las presas sin escepcion , y
distribuyese los efectos conducidos por la flota.
Las instrucciones particulares de Rottembourg con-
tenían órdenes terminantes relativas á la situacion res-
. ,pectiva de las dos córtes de Versalles y Madrid. Sin.
contar las noticias de costumbre acerca de los caracte-
res y miras de los ministros, se le trazaba de un modo
muy detallado, la línea de conducta y lenguage que
debla usar con la reina, que era el resorte principal que
movia la máquina política.
«Evitareis, se le decia, e! entrar en pormenores
en la primera entrevista, y preguntareis secretamente
á los reyes qué dia lograreis el hablarles de algunos
asuntos que interesan á, las dos monarquías , añadiendo,
que á pesar de vuestro deseo de tratar de ellos directa-
mente con príncipes dotados de tan grande capacidad,
os entenderéis gustoso con el ministro , cuando agrade
á SS. M.I. el mandarlo así. 41 mismo tiempo, sin dejar
que se trasluzca la desconfianza menor de los ministros,
manifestareis con sagacidad que hay cosas que segun
las órdenes, que teneís, debeis confiar al rey ó á otro él
mismo, v para estas agradará mucho al rey de Francia
que S. M. no se sirva de ningun ministro mas que. de la
reina su esposa. Es necesario de igual modo, halagar á
la reina; porque no ignora esta princesa que sus planes
han sido objeto de no pocas sospechas , y á menudo ha
recibido bien á los que á causa del nacimiento ó de
cualquier otra razon , son bien mirados en su pais.,
Conviene no olvidar tampoco que si bien tenia la reina
grande influjo con su marido, á veces se ve obligado á
cederle en cosas que hieran sus sentimientos á favor de
Francia; de lo cual resulta que deben emplearse
chos miramientos,
v conviene que
no pued4 sospechar
que se dan pasos para cercenar su influjo y la confianza
que el re
y
deposita 'en ella (42).
Los dos plenipotenciarios llegaron á Madrid casi á
un
tiempo ; pero fueron recibidos de diferente modo.

60

CAPITULO TREINTA Y NUEVE.
Dominada todavía por su antiguo resentimiento contra
Inglaterra, y queriendo probablemente dar una prueba
de visible preferencia á Francia; no se concedió a Keene
permiso para que presentase sus credenciales durante
algunas semanas. En vista de esto , pasó enteramente
la negociacion á manos Rottembourg, que disfrutaba de
todas las prerogativas de embajador de familia. La de
España , de este modo, tuvo medios de lograr su-inten-
to. Rottembourg, muy afecto á las máximas antiguas de
los Borbones, y deseoso de conseguir el cordon azul de
la órden del Espirita Santo, recompensa que se le habia
ofrecido por su mision, empezó á no abogar con gran
calor á favor de lo que llamaba
él,
en su correspon-
dencia confidencial , «Los mezquinoslintereses de In-
glaterra
(í3).»
Enero , la corte de Francia, no menos
que su embajador, manifestaba profesar la mas since
ra amistad hacia Inglaterra, y en los primeros tiempos
de su negociacion , no solo se entabló una confianza
perfecta entre ambos-ministros, sino que se comunica-
ban
mútuamente suspliegos oficiales. Tenemos á gran
fortuna el poder dar á conocer al lector los pasos que
iba dando esta negociacion, mostrando sin embargo, al
orgallo, entendimiento y carácter impetuoso de la reina
que tomó á su cargo completamente este delicado
negocio.
Bastó una entrevista á Rottembourg para conocerla
terquedad de aquel carácter. Al entrar en la regia
camara , despues de las felicitaciones de costumbre,
suplicó á SS. MM. que olvidasen las-injurias que hablan
recibido del antiguo gobierno de Francia. La -reina, que
habla de intento tomado un bordado en que se,entrete-
nia , no se dignó contestarle ni una sola palabra , ni
dirigirle ni una mirada. Felipe manifestó sumo.afeckrá
su
sobrino y
:
pais natal

-
y recibió -al embajador con es
presiones de estremada benevolencia , presentándole- á
la reina , á quien ro
y
ó que. conservase á Francia y a
' su
sobrino el afecto y
consideracion
que merecian , y

4727. 4728.

61
mirasen con el mayor interés, la únion que hubiera
siempre debido existir entre las dos coronas.
La reina vaciló un momento, pero pronto tomó un
aire de afecto ; sin embargo , no pudiendo vencer sa
resentimiento contra Inglaterra , se quejó de la alianza
de Francia como impolítica y opuesta á los sentimientos
,de familia. En esta audiencia que fué corta , repitió
veinte vecesconénfasis:—Os habeis entregado vosotros
mismos á los ingleses cuyo soberano os manda , corno
señor.—Apenas habia salido Ilottembourg de la cámara
del rey, cuando se suscitó una disputa entre los reyes,
y se oyó á la reina repetir, mas de una vez , con tono
altanero: ¿Puede tener Y. M. todavía confianza en
su familia, despues de haber sido tantas veces víctima
de ella? (44)
Esta audiencia primera se redujo á una vana cere-
monia, y se aplazó á la segunda la discusion del nego-
cio. Como debian los puntos principales de la cuestion
tratarse en esta audiencia, y que ofrece el relato del
embajador un cuadro no menos fiel que entretenido de
los modales y carácter de la rema, vamos á reproducir-
lo aquí con tanta fidelidad como puede permitirlo una
version.
«Me pareció , segun
,
el tenor de la primera confe-
rencia, que no hiña otro medio de ganar el corazon del
rey de España, que el de valerse de los razonamientos
basados en la ternura, y afecto que profesa á su sobrino
y á su pais natal. Este medio parecia mas seguro que
todas las condiciones políticas , porque no podia yo
tocar estas sin hablar de los compromisos entre Francia
é Inglaterra , y la reina se
hahia
hallado á pique de
desmayarse de cólera , oyendo tan solo pronunciar el
nombre de ingleses. Tuve, pues, cuidado antes de ir
á palacio , de ganar varias personas que á lo que tengo
entendido , gozan de cierto influjo con SS. MM. CC.,
sobre todo los dos co4fesores y. los marqueses delaPaz y
Castelar. Me ofreció este último no solo su apoyo,
sino

t2

CAPITULO TREINTA Y NUEVE.
*el de su hermano Patino, asegurándome uno y otro que
se baria todo por Francia y nada por Inglaterra.
«Dí principio á la conferencia , manifestando á
•SS. MM. CC. mi gran pesar al saber los rumores que
circulaban acerca del objeto de mi embajada, esto es,.
que habla llegado con órdenes de ponerles el puñal al
pecho, •v declararles la guerra , si no se sometian con.
los ojos cerrados , á las órdenes de los ingleses. En
Francia, les dije, jamás se daban señales de disgusto ó
dureza, tratándose de una negociacion con los sobera-
nos de España.---De cuando en cuando

á veces....
interrumpió la reina sonriendo y mirando al rey.—Nada,
añadí ,.es mas opuesto á eso que el objeto de mi em
bajada, y ni nada dista tanto de esto como las órdenes
que se me han confiado , porque estas son en primer
lugar, el espresar de parte del rey mi amo, el afecto
que profesa á SS. MM. CC. , y el vivo gozo que siente,
al saber la reconciliacion; en segundo lugar , el de su-
plicarles que ejecuten los preliminares, y finalmente el
asegurarles cuan sinceramente desean el contribuir
á
fijar la suerte de sus hijos.
«La reina me interrumpió otra vez con viveza , en.
estos términos :—No es tiempo oportuno para hablar de
todo eso; yo no tengo mas intereses que los de mi mari-
do.—Entonces le supliqué que viviese persuadida de
que yo estaba en la misma creencia.—Añadió, empero:
—Está bien; y en suma, ¿qué nos pedir? ¿nos acusan
aun de que ponemos estorbos á la reunion del congreso?
¿no ha enviado el rey á Viena las ratificaciones hace
mas de un mes? ¿no ha dado órdenes á su plenipo-
tenciario de que se presentase al punto en Francia?
Contesté , con la sonrisa en los labios, que se hubie-
h
.
e

reunido antes el congreso, si se hubiesen cumplido
O
los preliminares, y la llegada de los plenipotenciarios
se hubiera esperado con mayor impaciencia.—
cr

¿Qué en-
tendeis por preliminares? preguntó la reina..--
.
La res–
titucion del
Príncipe Federico,

D
conteste,
y la distribu-

1727 —1728.
63
'cion del cargamento de la flota.—Está bien , ¿no es mas
:
-que eso ? me -replicó. Reparad como los ingleses',
esos señores del mundo, presentan las cosas del modo
que mas les agrada.—Esta esplicacion
.4
, señora , está.
firmada por S. M. , es el contenido literal de los preli-
binares , y el rey, mi amo, no pide mas.—Si perteneL
cia
erbtique apresado al rey de Francia , replicó , se le
devolverá al instante, pero á los ingleses nó se les dará,
de ningun modo.—De este modo , señora , le dije', 'el
rey mi amo., vivirá mas agradecido á SS. MM. que si
se lo restituyeseis á él , y el mérito será igual. No pide
mas sino que se verifique la reconciliacion, en lo que
pone el mayor empeño, y no puede realizarse esto sino
dando satisfacción á los aliados, segun. los compromisos
existentes.—Pero , ¿quién , á vuestro entender dijo:
debe ser juez de esta satisfaccion ?El rey reclama ese
buque por pertenecerle , en virtud de mil infracciones
del
asiento;
los ingleses lo exigen tambien ; así , pues,
que decida el congreso.
«A_ esto contesté yo esplicando el artículo de que se
trataba. El rey repitió dos ó tres veces:--Servia para
Comercio ilícitamente, era un nido de contrabandistas.
—Respondí yo entonces que jamás los ministros 'labial'
alegado esta razon entre las que presentaron para opo-
inerse á los preliminares, ni de ello se dice una palabra
en las cartas del marqués de la Paz.--Suponiendo, dijo
la reina, que se hubiese olvidado esta razon, no por
eso es menos fuerte.—Como combatiese yo la idea del
contrabando, me interrumpió otra vez la rein3:—Ilare-
mos, me dijo, que os entreguen una nota relativa al ne-
gocio.
«Me di prisa á decir que la aceptaba, con intento de
promover así mayores dificultades.—Pero, continuó la
reina, puesto que todo se reduce á„ pedir, devolvednos
a Gibraltar, y os restituiremos el buque.—A. lo que
contesté yo sonriéndome :—Si perteneciese Gibraltar al
rey mi amo, estoy persuadido de que os lo sacrificaria.

64

CAPITULO TREINTA Y 'NUEVE.
Mas no es momento oportuno de tratar de nuevas com-
pensaciones, despues de que han sido firmados los pre-
liminares que dejan las cosas en él estado que teman
en 4725.—¿ Sabeis, añadió la reina, porqué hemos
consentido en esa fecha de 1725.—Sin duda, dije, con el
único objeto de facilitar la reconciliacion y hacer desa-
parecer los obstáculos que se habian opuesto á ello, é
interin haya terminado amistosamente el congreso de
Cambray.—Puedo daros yo otras razones, replicó »la
reina.
((Entonces pidió al rey la llave de un cofrecito, y en
cuanto se la dio, se acercó á la cabecera de la cama
para abrirlo. Me aproveché de aquel momento para ro-
gar al rey, ea nombre del tierno amor que profesaba á
su sobrino y á su patria que
hiciese de modo que termí-
nase este negocio de un modo amistoso , añadiendo que
un príncipe tan generoso y desinteresado , depositario
de los tesoros del Nuevo Mundo, no deberla esponerse
á la reconvencion de provocar una guerra por un solo
buque. La reina volvió al, punto la cabeza é interrum-
pió diciendo:—¿No seria Cambien justo que los ingleses
ya que son tan ricos diesen al rey algunos millones? Si
f
uésemos tan locosque renunciásemos á ellos , se bur-
larian de nosotros. Cierto es que los tesoros del Nuevo
Mundo pasan por las manos del rey , pero en España
solo
.
queda de ellos una parte muy pequeña y así toda
quisiérais quitárnosla para darla á vuestros íntimos ami-
gos los ingleses.
',Quise ya tratar de persuadirle que el rey no hacia
mas que cumplir con lo que debia á sus aliados, pero
la reina no por eso dejo de hablar; buscando al mismo
tiempo algo en su cofrecillo:—Los franceses no sois
en el día masque ingleses. No os habeis declarado ene-
migos del emperador hasta que ha formado -alianza con
mi marido, porque antes erais muy suyos. ¿No recor-
dais que durante el congreso de Cambray, os instamos
á fin deque alca z'

para España del emperador al-

4727.-4728:

6Z.1
gura satisfaccion? Entonces no queriais y sin embargo
no habla que temer. Pero tan luego como firmamos la
paz os reunisteis contra nosotros por capricho y sin que
sepamos siquiera el porqué.
«Por último, halló una carta que buscaba del rey
de Inglaterra , que tenia la fecha del
1 .°
de junio de
4721 , en la que ofrecia la restitucion de Gibraltar. En
tanto que la lela yo:—Qué tal : dijo. ¿Es cierta ó falsa
esta carta ?—Como contestase yo que no parecia origi-
nal.—Solo os quedaba la disculpa de creer que era
apócrifa, añadió chanceándose. Esta es la principal
razon para admitir las condiciones de 725.
E

Que cum-
plan con ellas los aliados, y nosotros haremos lo mismo,
pero que nos devuelvan lo que nos han usurpado. ¿Con
qué derecho bloquean nuestros puertos?—Creyendo que
esto no tenia respuesta „volvió la cabeza para mirar al
rev Sin embargo,
como
procurase probar qué sus com- rey.
promisos no podian turbar el sosiego de Europa , añadió
la siguiente observacion :—Si hubiéramos querido tur-
barlo , lo hubiéramos logrado , porque teniamos un ejér-
cito poderoso en Cataluña
?
y todas vuestras plazas por
aquella parte, se hallaban indefensas.—Entonces ma-
nifesté yo que no podia darse prueba mas evidente de
la confianza que nos inspiraba S. M. C.—No debiais te-
nerla tan grande despues del egemplo que habeis dado,
proporcionando dinero al emperador para que nos ar-
rebatase á Sicilia , amparándoos de Fuenterrabía y San
Sebastian, reuniéndoos á los ingleses, con objeto de des-
truir nuestra marina; y quemar
nuestros, navíos en
nues-
tros mismos astilleros, y en suma, observando un siste-
ma de hostilidad permanente, puesto que el rey vuestro
amo no hacia caso ninguno de los consejos desu tio, sin
escuchar mas que

personas vendidas á la Inglaterra.
Vuestro soberano en Francia es Walpole ¡y yo quisiera
tener aquí á Walpole y al cardenal para disputar con ellos
de punto
á
religion de política; entonces ,veriamos si
mis argumentos son menos ó masfuertes que los.
suyos.
4035
Biblioteca popular,

T.
me 61

66

CAPITULO TitEINTA Y NUEVE.
«Urgía va el terminar una conferencia que se iha
acalorando demasiado, dije, pues, queme cPausaba
gran, pesar el no poder conseguir que se aceptasen mis
proposiciones, w en seguida, dejando escapar algunas
palabras acerca del afecto del rev, atigusto soberano,
me preparé á retirarme. Anudando entonces la reina la
conversacion, me preguntó si no tenia yo alguna medida
que proponer para salir del pantano, y como le contes
tase

ninguna,
que no tenia ninuna, y continuase despidién-
dome, me detuvo haciéndome esta pre
u
unta:—¿No se
podria declarar en sequestro al buque hasta tanto que
decidiese el congreso? A. esto contesté yo con frialdad:
—¿Y ea manos de quien?—Del rey vuestro amo , con-
testó la reina.
((Trate de esponer los inconvenientes de esta medi-
da, mas como insistiese la reina, volví la cabeza á don-
de estaba el rey, y reflexionando que seria peligroso
la oscuridad en este negocio, pregunté si no me auto-
rizaba a que diese cuenta yo .de esta proposicion. Me
interrumpió la reina añadiendo:—Si, pero por su parte
el rey vuestro amo contraera el compromiso de no en-
tregarlo sin el consentimiento del rey mi marido.—
A. lo cual dijo el rey con su acostumbrado laconis-
mo:—Sí.
«Entonces pregunté al rey si tenia intenciones de
repartir el cargamento de la flota. La reina volvió á ‘to-
mar la palabra , v dijo—

-
:Si, pero no hasta que los in
-
se alejen °de las costas de América v de las de
España.—Se hará. así, contesté con bastante prisa,, por-
que no es justo que haga todo una parte, y nada_ la otra.
—Pero, continuó la reina, si el rey vuestro amo
%izase la retirada de las escuadras inglesas,

gar"-
riamos en repartir el cargamento de la flota;
Y
eGnse
cuando
se llegasen á retirar los navíos ingleses, nosátroeSutam2
hien mandariamos que se retirasen las tropas que, por
puntillo de honor, solamente se hallan. todavía
q
a vis--
ta de Gibraltar.

4727.-4728.

67
«Recapitulé, entonces con mucha claridad estas tres
proposiciones, añadiendo que me parecia que se
130-
dríaa admitir en seguida, dije de paso algunas palabras
para darles á entender que era poco conforme á, la po-
lítica el que SS. MM. se mostrasen tan poco compla-
cientes con los ingleses, que eran tambien responsables
y garantes de los estados de Italia, destinados á don
Carlos.—No salis de vuestras benditas herencias, escla-
mó la reina, y yo por mi parte, estoy pronta á abando-
narlas de muy buena gana, si se devuelve Gibraltar al
rey; podeis convenceros, por cuanto acabo de decir de,-
lante de S. M., que su gloria y riqueza son las únicas
que me ocupan.
«La conversacion iba durando ya mas de hora y
cuarto; saludé, pues, para retirarme. La reina entonces
me dispidio con un cumplido.—Volved á, vernos , me
dijo, cuando gusteis y sin etiqueta ; tendremos muchas
satisfaccion en hablar con vos (45).»
No hay necesidad de referir lo que pasó sobre este
punto en otras entrevistas del embajador y los reyes;
porque todo consistió en repetir con escasa diferencia
las mismas proposiciones , refiriéndolas la reina coa
todos los argumentos que su terquedad , su perspicacia
y su. cólera podian sugerirle. Además , nada descuidó
para cansar la paciencia, ó cambiar los sentimientos del
ministro francés , aprovechándose del menor pretesto
para contemporizar y conformar su conducta á las insi
nuaciones del gabinete austriaco. El conde de Keningseg
dírigia las negociaciones , ó por lo menos aconsejaba
todas las medidas que se tomaban , y los ministos ese-
pañoles que no se sometían ciegamente á su voluntad,
se
,
vejan reducidos á la mayor nulidad, pues apenas si
se dignaba comunicarles algunos datos relativos á la
transaccion.
La proposicion de depositar el buque apresado se
trasmitió á Versalles , y Luis XV escribió una carta en
19, que se negaba abiertamente á adoptar este pensa-

68

CAPITULO TREINTA Y NUEVE.
miento.
Iba acompañada de
quejas afectuosas, relativas
a la aversion suspicaz que la reina habla declarado á
los ingleses , y terminado el documento con una pero-
racion dirigida al rey de España, en la que se le pre-
sentaba la ejecucíon pronta y a
b
soluta de los
prelimi-
nares como el medio único de conservar la tranquilidad

:k11
y la union de ambas coronas (46).

11
,
«Leía esta carta á SS. MM. CC. , escribia el
.
emba-
jador á 15 de noviembre. La reina hizo algunos gestos

1
cuando llegué al punto en que se hallaba de su resenti-
miento ; pero por último , se sonrió. El rey se mostré
mey agradecido por las espresiones de afecto que con-
tenia , y las escuchó con estraordinaria atencion. Al
terminar yo de leer la carta , dijo la reina:—Está bien;
hemos hecho -ya cuanto pide , y por lo tanto deben de
darse ya por satisfechos.—Dió á entender que esta nueva
g
arantía estaba de mas , y que hasta cierto punto inuti-
fizaria la primera que se rallaba comprendida á los de-
mas artículos :--¿Po
r
qué quereis, repuso la reina, ne-
garnos una satisfaccion que no os costará mas que una
hoja de papel? Aun cuando dieseis diez garantías igua-
les, todas quedarian ejecutadas como solo cumplir una.
--Contesté con la sonrisa en los labios , que mucho le
costaba el desprenderse de su prevencion contra los in-
gleses que no eran tales como los habian pintado á
SS. MM. CC. Al hablar así , añadí , tal vez me

r)
esponero
á desagradar á VV. MM. ; pero habiéndome comprome-
tido á decirle la verdad tendré un dia la satisfac-
cion
de que aprobarán esta libertad. La alianza con
los ingleses ofrece ventajas particulares que emanan de
su posicion. Consistiendo en que sus aliados pueden es-
tender sin inconveniente sus posesiones, y que fácil-
mente se puede garantizar lo que tienen en el conti-
nente. Entonces volviéndome al rey , proseguí dicien-
do :—V. M. convendrá en ello. Si á la muerte de Cár-
los II hubiésemos tenido por nuestros á los ingleses, no
hubiera la monarquía española sido desmembrada. Lie-

4727

'1728.

69
hará un dia en que los ingleses no serán inútiles para
reparar estas pérdidas ; ademas, nos ocupamos en for-
mar un congreso para lograr una pacificacion que con-
vendria acelerar.
«Notando que SS. MM. me escuchaban con placer,
aseguré á, la reina que si conociese á Walpole, se verla
obligada á estirnarlo , aunque no fuera mas que á causa
de la moderacion y
.
respeto con que habla siempre de
SS. MM. CC. No pierdo la esperanza de ver llegar el
dia en que S. M. apruebe la union del cardenal y de
Walpole que le parece tan sospechoso en el dia. Y en-
tonces se aprovecharán de ellos. La reina dijo entonces
sonriendo:—Sois
demasiado caritativo. Viendo que es-
taba de tan buen humor , le rogué que recordase el ar-
dor que habla mostrado en mis primeras entrevistas,
añadiendo :—IIaced de modo, señora, que pueda el rey
ponerse al frente de los aliados , y de mi augusto amo,
viereis entonces al cardenal no menos estrechamente
unido cuando no sea mas con el embajador de España
que con Walpole 47).»
Juzgando por la aparente satisfaccion que reinó en
esta cenferencia, y por las órdenes terminantes trasmi-
tidas al embajador francés , tal vez se creerá. que esta
embrollada

°
ne
o.
ociacion iba á ternunarse pronto. La
víspera mismo de la audiencia , tuvo lugar una . larga
discusion entre el embajador y el ministro marques de
la Paz, á pesar de la inevitable intervencion de Koning-
seg. El resultado de esta discusion , fué un informe en
forma de carta que dirigió el marqués á Rottembourg,
presentando la cuestion por depósito del príncipe
Prin-
upe Federico
bajo un nuevo aspecto , y modificando el
artículo entero relativo á este asunto, de modo que que-
dasen justificados los derechos que tenia España á una
Indemnizacion por las pérdidas que había sufrido su
comercio con el bloqueo de sus puertos y costas. Por
una inconsecuencia que no se podría atribuir mas que á
las insinuaciones secretas de Chanvelin , recibió y tras-

70

CAPITULO TREINTA Y NUEVE.
mitió Rottembourg este informe á su córte, aun cuando
al mismo tiempo habia solitario una carta pública en
ye se le llamase, en caso de que el rey de España
se
negase á aceptar sin condicion ninguna los prelimi-
nares.
Al mismo tiempo hacia el rey de Inglaterra nuevas
concesiones en una carta del conde de Broglie, embaja-
dor de Francia en Lóndres, dirigida á Chanvelin .E1 con-
tenido de este documento en sustancia, era la ejecucion
de los preliminares en general , y la restitucion del
Príncipe Federico;
pero el punto del contrabando debia
reservarse para el congreso , fiándose enteramente en
el honor del rey de España , en cuanto al reparto del
cargamento de la flota cuando se retiraran las escua-
dras inglesas. Las infracciones á los tratados y demas
compromisos públicos ó particulares, anteriores á 1725,
se someterian igualmente á la discusion del congreso.
Por último , se admitía la garantía del rey de Francia
para la ejecucion de estos artículos.
Rottembourg , comunicó esta proposicion, y al
mo tiempo encareció la sinceridad y buena fé del rey de
Inglaterra , y la confianza que hacia de SS. MM.
CC.;
precisamente en los momentos en que mostraban los
reyes de España mayor desconfianza de él , porque ha-
bla exigido nuevas garantías de Francia y del empera-
dor. Hizo mella esta generosidad en el ánimo del rey,
y tambien alguna en el de la reina.—Ya no abrigaré
dudas , dijo acerca de cuanto podais decirme. Hasta el
dia había considerado todos vuestros argumentos
á fa-
vor
de los ingleses como un medio de apresurar la re-
conciliacion ; en el dia estoy plenamente satisfecha
de
que no es así (48).—Rottembourg replicó:—Puesto
que
se
ha convenido ya en los artículos principales , no hay
necesidad de esperar la vuelta del correo con la res-
puesta á la proposicion de VV. MM.
y
cuento con que
alcanzaré permiso para enviar á su córte un correo con
tan
buenas nuevas. Algo turbó á, la reina esta
proposi-

4 727 -- 72 8„.

71
cion ,
y despues de vacilar un rato , contestó : Antes
de tomar una resolución.definitiva, es preciso que con-
sulteis al marqués de la Paz y al 'conde de Koninerseg.
Entonces lo despidieron los reyes con mucha amábili-
dad , y al salir de la cámara , dijo la reina de un modo
amable:--Quisiera que todos se pareciesen á vos , por-
que nunca venís sin traernos buenas noticias (49).
Tuvo lugar en vista de esto, una conferencia con el
marqués de la Paz y Koningseg ; Keene asistió á ella
como particular y sin- niagun carácter diplomático. La
disputa, con grande asombro del embajador. de Francia
recayó de nuevo sobre los mismos puntos que antes.
Sin embargo se decidió por último , que presentase
Rottembourg su última propsicion , por medio de una
nota oficial , que seria aceptada y aprobada por el mar-
qués de la Paz , á nombre de su soberano. Empero , en
lugar de una mera a.probaccion, redactó el marqués á
su modo una nota , repitiendo las proposiciones del rey
de Inglaterra en general , pero cambiando el artículo
relativo al
Príncipe Federico,
y
reproduciéndolo en
los
mismos términos que hablan sido ya rechazados. Segun
esta nota, así redactada , debia devolverse el buque,
pero el congreso tendria que decidir si debia ó no per-
manecer en depósito , para servir de indemnizacion,
por las pérdidas que habia sufrido el comercio español
por parte de las escuadras inglesas en los mares de
América.
El embajador francés aceptó, sin vacilar un mo-
mento , el documento modificado de este modo, anun-
ciando habia recibido ya la órdert pedida para salir
de
Madrid.
Sus cólegas Keene y Vandermeer le dieron,
aunque conpesar su consentimiento, seguros como esta-
ba de que estos términos eran los únicos que podian
contentar á la reina. Confiaban en su franqueza y can-
didez aparente , y sobre todo conocían la importancia
que le daba el ser el solo conducto de comunicacion
con los reyes de España. 'Estos motivos los
'labia deci

72

CAPITULO TREINTA Y NUEVE.
dido, y de resultas de ello lo comunicaron á sus ciírtes
corno un convenio ventajoso y satisfactorio. Se levantó el.
entredicho político que pesaba en palacio sobre Keene,
á quien se dió aviso que pronto podria, desplegar
su
carácter público.
No se habia equivocado mucho la córte de España
acerca del efecto que producirla esta avenencia aparen-
te en Francia. Aun cuando hubieran sido ya rechazadas,
estas condiciones , es bastante notable que la órden
dada á Rottembourg para que saliese de Madrid iba
acompañada de una contraorden para que hiciese de
modo que se prolongase la negociacion, y sin duda
tambien de instrucciones particulares para aprovecharse
de la ocasion favorable de satisfacer á España, á esptn-
sas de Inglaterra. Se miró, pues, el convenio por parte
de los partidarios de la antigua córte, como una prenda
de paz, como el preludio de una union mas íntima con
España, en tanto que la clase de mercaderes que habia,
sufrido mucho coa la suspensiondel comercio, se halaga-
ba con la esperanza de que pronto se distribuiria el
cargamento de la flota.--Es necesario hablar franca-
mente á Inglaterra, se decía generalmente; es preciso
manifestarle que estamos satisfechos con los ofrecimien-
tos deEspaña, y que solo los facciosos pueden desear el
que Europa vuelva á, verse envuelta en una guerra
general (50) .
La sensacion que produjo en Lóndres este convenio
fue diferente. Habranse gastado va sumas coasiderables
en preparativos de guerra; los ejércitos navales decaiaa
con la inacciony disminuían á causa de las enfermeda-
des, El comercio lucrativo con las posesiones españo-
las de Europa y América se hallaba interrumpido, y no
se sacaba ninguna de las ventajas que se habrian con-
seguido, haciendo la guerra abiertamente.
Esta penosa incertidumbre no. podia menos dé exasr.
perar
los ánimos, y el clamor nacional era; «Queremos
la
paz ó la guerra; pero no derramemos nuestra sangre y

4727.-4728.

73
tesoros tan solo en preparativos y medidas del momen-
to, que enfriara el espíritu público y deshonran la coro-
na. «Esperábase que el parlamento seria convocado de
un momento á otro, y el ministerio en vez de anunciar
que estaba afianzada la paz, ni se
atreviaá
revelar estas
treguas inciertas á un pueblo impaciente é indignado.
Por grande que fuese el deseo que tuviese de la paz
el ministerio, notó que ya no era posible contemporizar.
Tomáronse al punto, medidas mas enérgicas; no se
convocó el parlamento, y se e'igió de Francia el cum-
plimiento y ejecucion del tratado, insistiendo especial-
mente en la ejecucion de los preliniinares, esceptuan—
do las concesiones que habia hecho el rey de Inglaterra
P
or mera condescendencia. «De dos cosas una, se
decia , es preciso ó que Francia desapruebe la con-
ducta, del conde de Itottembourg, .ó si no hace esto , la
alianza de Hannover queda disuelta, y los vínculos que
unjan á las dos coronas , en provecho milano , quedan
desde ahora rotas.
Esta exigencia decisiva sorprendió á la corte y al
gabinete de Francia; apenas había un solo cortesano
o ministro que no fuese de opinion qne era mas decoro-
so al honor nacional de unirse á España, que el some-
terse á las órdenes del gabinete inglés. El mismo Fleu.—
ry fluctuaba entre ambos partidos, y no tenia esperan-
za ninguna de determinar á Inglaterra á desistir de su
empeño; mas como hallase inflexible al ministerio in-
glés, tomó el prudente partido de conservar la paz y
union con Inglaterra antes que sacrificar la felicidad y
el sosiego de la nacion á un honor puntilloso y
roma-
mese°, por no decir á la avaricia imperiosa de la reina
de España (51) .
Se remitió entonces al conde de Itottembourg una
carta escrita á nombre del rey, en la que insistia en los
términos mas fuertes, acerca de la ejecucion
prc$nta y
,literal de los preliminares. «Estoy no menos sorpren-
didoque enfadado , decia de esas condiciones que no

74

CAPITULO TREINTA Y NUEVE.
pueden tener mas resultado que el de poner trabas á
la
ejecucion de cuanto debe preceder á la instalacion del
congreso; y que propenden á anular artículos prelimi-
nares, ó por lo menos á ganar tiempo para dar , origen
á nuevas interpretaciones. Seria poco honroso, y
hasta
vergonzoso para los aliados y por consiguiente , para
mí mismo, el consentir que se aceptasen. Incurriria,
con razon, en las reconvenciones de toda Europa.» A.
esta carta acompañaba una órden pública, mandándole
salir de la corte , y una nota redactada en el mismo
sentido por el secretario de Estado.
Por fuerte que fuese la sensacion que causaron estas
proposiciones en Francia é Inglaterra,' mucho mas viva
fué en Madrid, cuando se supo que hablan sido recha-
zadas.
«Halló, dice Rottembourg , al marqués de la Paz,
que por lo general es muy flemático , encendido de
cólera, de resultas de la carta que acababa de recibir
de París Como habla sin intérpete , he entendido muy
poco de lo que dijo , si no es que iba á revocar las
órdenes que hahia dado en conformidad de su carta , y
que iba á impedir la presentacion de Keene, que debla
ser recibido en Palacio aquel dia á las cuatro. Todos
mis argumentos le parecieron inútiles , tanto que me
vi obligado á decirle que semejante acaloramiento
causarla mas males en un cuarto de hora que cuantos
pudiera él remediar en toda su vida.
« Para impedir

funestas consecuencias de seme--
jante arrebato, fui a verme con el arzobispo de Amida,
y lo decidí á, que se encargase él mismo de conseguir
la audiencia ofrecida á, Keene, la cual en efecto se ve-
rificó á la hora convenida con las muestras mas visibles
de
agrado.
Ayer me recibieron SS. MM.
,
, de vueltas de
la caza; les entregué la carta del rey, diciéndoles , sin
entrar en el examen de las razones que decidieron á
S. M. á desaprobar las condiciones propuestas por el
marqués de la Paz ;
solo
les hice notar que les habla yo

4'727.-1728.

73
comunicado fielmente las órdenes de S. M. de los días
3 y 40 de noviembre y la carta del conde de Broglie,
que debla de ser la base de nuestra conducta.—La es-
tension dada á las condiciones contenidas en la carta
del marqués de la Paz, dije, me quita los medios de
adherirme á ellas, puesto que se declara que sin esta
estension, no consentirán SS. MM. jamás en semejante
peticion.-4 lo cual añadí poco despues.—Yeoya, por
las observaciones del ministro , que la estension del
segundo artículo no se admitirá jamás.—En seguida,
presenté la nota, y leí esta clausula con otras que de-
clan relacion con las potencias neutrales.
«Me preguntó la reina si la satisfaeciori exigida por
el rey de España no se hallaba estipulada en el articulo
segundo ; á lo que contesté yo que lo estaba igual-
mente para todas las partes contratantes.
Entonces nosotros estarnos tambien comprendidos,
replicó la reina ; si vuestras intenciones son rectas no
rechazareis esta aclaracion, y en el caso contrario, nada
tenemos que hacer con el congr eso, que solo tiene que
entender de infraciones miltuas. Nosotros no pedirnos
una compensacion vaga, puesto que tan solo exigirnos
se tome en consideracion si tenemos ó no derecho á
una indemnizacion.
« Como contestase yo que ninguna de las partes te-
nla derecho de interpretar los preliminares estipulados
de acuerdo con las otras, y que las añadiduras á la car-
ta del conde de Broglie se hablan hecho sin el consen-
timiento de Francia é Inglaterra, interrumpió en los si-
guientes términos.—Es cierto : pero Bowmonville, de-
beis recordar firmó los preliminares sin conocimiento
.nuestro.— Es cierto señora, contesté, pero, Bowmon-
ville firmaba por su soberana, y yo por un soberano es-
trangero.—Keene estaba presente, dijo la reina.—A. lo
cual contesté yo:—Tiene razon V. M. pero estaba allí
por casualidad, como quien iba á visitar al marqués de
la
Paz
y

lo único que ha hecho, fué traducir y copiar,
,

76

CAPITULO TREINTA Y NUEVE.
sin decir una sola palabra que revelase sus pensamien-
tos. Por otra parte, ni habia presentado sus credencia-
les, ni firmado.
El rey me dijo
entonces:—Sois
muy justo.
Hizopues
que recayese sobre mí toda la culpa, declarando que no
habia observado fielmente las instrucciones que tenia'.
La
reina me
dijo en seguida que solo esto podria po-
ner término á la negociacion. No vacilé en contestar
que me habla equivocado completamente, y que esta
malhadada añadidura podria dar lugar a una guerra.
La reina replicó:—No habrá guerra; los aliados de Han
.
-
nover no se empeñarán en cosa que les cueste
tanto
di-
nero, en tanto que con 5 ó 6 millones podríamos
defender nosotros la frontera de España. Si perdiése-
mos algunas plazas, habria que devolvérnoslas; ade-
mas tenemos en las manos sobradas prendas para que
los aliados respondan de esta suma.—Pero el- empe-
rador, contesté, no saldría de su apuro con tan poco di-
nero, y tenemos hartas razones para creer que la córte
de Viena es la que conmueve todas estas dificultades.
—No, contestó con viveza, yo soy quien mandé que
se insertase el artículo explicativo. Si consiente Fran-
cia é Inglaterra está bien, entonces creeremos que son
sinceras sus protestas relativas á la indemnizacion
á
favor de España. Si lo rechaza es evidente que quiere
engañarnos. Por lo demas, nosotros no pedirnos nin-
guna preferencia, y solo creemos que los demas se so-
metan á las mismas leyes que nosotros (52).
Despues de algunos momentos de conversacion ea
el mismo tono, despidieron los reyes con frialdad al
embajador sin acceder á sus exigencias. Las mani-
festaciones hallaron un apoyo eficaz en
Vandermeer.
que no esperaba órdenes para retractarse y en Keene
que
egercia ya el cargo de ministro acreditado en la
corte de España. Todos declararon unánimemente, que
nuevas dilaciones solo podrian causar hostilidades ine-
vitables.
Indignada la reina de esto, viendo burladas

4727.-1728.

77
sus esperanzas, pareció dispuesta á confiar la decision
de esta contienda á la suerte de las armas; por lo cual
preguntó á Patiño si se hallaba España en estado de lu-
char con las demas potencias. No se atrevió el ministro
á dar una respuesta nominativa, limitándose á decir
que el cargamento de la flota bastarla para los gastos
de la guerra , si no se daban subsidios á los príncipes
estrangeros. Entonces mandó que se impusiese una
con-
tribucion
crecida sobre este cargamento; y contestó
del siguiente modo á las reconvenciones que Rottem-
bourg le hizo con este motivo: —El rey es amo en sus
propios estados; puede imponer las contribuciones que
guste á sus vasallos. Y ademas, ¿por qué se habrán de
mezclar los estrangeros en los asuntos de nuestra flota?
En tanto que vacilaba así se reunia el primer parla-
mento de Jorge II. El discurso de la corona dió espe-
ranzas de un convenio definitivo y satisfactorio; pero
recomendaba las medidas de precaucion como indis-
pensables en aquellas circunstancias, y esta manifes-
tacion produjo una concesion unánime y liberal de hom-
bres y dinero, y al punto se enviaron refuerzos á las
escuadras que cruzaban en las costas de España. Sin
embargo, los aliados no desdeñaron el tornar en cuenta
el efecto que producirian las amenazas públicas, sino
que nada olvidaron para vencer la obstinacion del ca-
rácter de la reina, y sobre todo para ganar á los corte-
sanos que la cercaban. Prodigáronse regalos á las per-
sonas de la servidumbre de esta princesa, amenazóse
al confesor con que se le achacaria la negativa de la rei-
na; dándole á, entender que su familia, que amaba con
estremo, padecería forzosamente a causa de su conduc-
ta. Lo grave del riesgo no dejó de alarmar á los minis-
tros colocados con la condieion de favorecer los proyec-
tos del gabinete austriaco. Todos se hallaron acordes
para manifestar cuan funestas consecuencias podía pro-
ducir la dilacion, insistiendo en que e debla evitar una
guerra cuyo objeto era de tan escasa importancia, pues-

78

CAPITULO TREINTA Y NUEVE.
to que no se trataba mas que del
Prbicipelzederico.
Tambien el emperador se alarmó al ver la firmeza
y actitud de los aliados de Hannover, y sobre todo la
frialdad de sus mismos parciales; Convencido de
que
caeria sobre el Austria el peso principal
-
de la guerra,
dió órdenesáKoningse
g
que no escitase
,
el resentimien-
to de la reina, sino que por el contrario se uniese
con
las denlas potencias para pedir la pronta aceptacion
de
las condiciones propuestas. Este cambio -repentino
de
conducta solo sirvió para inflamar, mas y mas, el re-
sentimiento de la princesa, quien se estrelló con el eme
perador, diciendo públicamente á Koningseg, que
se
habia convertido en abogado de Inglaterra.
Pero la verdadera causa ,que contribuyó principal-
mente á vencer su terquedad, fué la salud débil, del rey
que precisamente por entonces se hallaba en el esta-
do de mas riesgo. Tomó en vista de esto el partido de
ocultarlo á todo el mundo, y se fué con él al Pardo.
Como se aumentase de dia en dia su falta de inteligen-
cía para los negocios públicos, admitió desde luego
al'
príncipe de Asturias en el consejo, y por último alcan-
zó un decreto en que se la nombraba gobernadora del
reino. Entonces concibió sérios temores de que la muer-
te de su marido desvaneciese su proyecto favorito de
la
posesion de una parte de Italia, y la redujese al triste
estado que tienen siempre las reinas de España al que-
dar viudas. Así es que se valió del poder de que se ha-
llaba revestida para acelerar el convenio. Por último
anunció Felipe, por medio de la
acta del Pardo, .que
aceptaba absolutamente y sin restriccion los prelimtna–
res modificados segun. las condiciones de la Gran Bre–
taña garantizados por el rey de Francia,. Los plenipo–
tenciarios de Francia, Inglaterra y. Holanda en Madrid,
y el
co
ndedeKoningseg por parte del emperador, acep-
taron esta declara.cion.
La intentada reuma de un co.n-
greso quedó decidido que se efectuase en Soisons,.
y no
ea Aquisgran, consultando ea esto la comodidad del

4727.-1728.

79
cardenal Fleury, á quien corno plenipotenciario francés,
pertenecía la principal direccion de esta negocia-
clon (53).
La misiondeRottembourg se habia con esto conclui-
do, por lo que regresó á Francia con licencia, y mien-
tras tanto lo reemplazó el marques de Brancas. Como
recobrase algun tanto el rey la salud, le instó la reina
para que publicase su curacion. Felipe volvió á Ma-
drid con régia pompa, ftié á vivir al Retiro, y tomó de
un modo ost,2:isible las riendas del gobierno, persua-
diénaole la reina á que se presentase á menudo en pú-
blico, tanto para borrar la impresion que habia causado
su enfermedad secreta, como para destruir las sospe-
chas de una recaida. A fin de que fuesen mas eficaces
estos paseos que teman por objeto el contentar al pú-
blico, la reina hizo una novena en Nuestra Señora de
Mocha, objeto de veneraeion particular del rey de Es-
paña y
r
protectora del reino. Ademas, durante dos dias,
vistió el hábito de San Francisco, cumpliendo un voto
que habia hecho á San Antonio de Pádua (54).

CAPITULO XL.
1128.-1135.
Lentitud é ineficacia de las operaciones del congreso de Soissons.—Obs-
táculos para la ejecucion de los preliminares por parte de España.—
Enfermedad de Felige y poder de la reina.—Tiene, durante un momen-
to, el pensamiento de abdicar.—Enfermedad de Luis XV, y nuevas es-
peranzas de Felipe de heredar la corona de Francia.—Proyectos secre-
tos de las córtes de Viena y Madrid.—Dobie casamiento entre las fami-
lias de España y Portugal.—La córte fija su residencia en Sevilla.—La
enfermedad del rey-va en aumento.—Falta de armonía entre las córtes
de España y Austria.—Tratados de Sevilla y Viena.—Caida de Mout-
gon.—Muerte del marqués de San Felipe.
El congreso de Soissons, cuya instalacion se verifi-
có el 14 de junio de 1728, tenia por objeto poner térmi-
no á las disputas que turbaban á Europa, tanto tiempo
hacia. Como la alianza de Viena hiciese desaparecer, á
lo menos en apariencia, todos los motivos de desave-
nencia entre España y el emperador, se esperaba poder
realizar una pronta avenencia; pero los mismos celos,
mejor dicho, los mismos enredos que en el congreso de
Viena habian hecho nulos todos los esfuerzos para un
arreglo, se renovaron

produjeron el mismo resultado.
Las disputas interminables entre el emperador y las po-
tencias marítimas relativas al
tratado de límites,
y
á
la
Compañía de Ostende,
volvieron á empezar con nueva
acritud. España tambien pidió á Gibraltar, y tanto aque-
lla potencia como Inglaterra se insultaban con mútuas
reconvenciones á causa de las factorias inglesas, y del

4728.-4'735

81
contrabando que se hacia en las costas de la América
del Sur.
Inglaterra y Francia, cuyo objeto comun parecia ser
el separar á España del emperador, y acelerar la i
j acifi-
cacioa general, se hallaban guiadas por intereses opues-
tos. Francia quería estrecharse sincera é íntimamente
con España, y oponerse á la garantía de la pragmática.
sancion, Inglaterra deseaba con ardor volver á empren-
der su comercio lucrativo con España, y renovar su
amistad antigua y popular con la casa de Austria. No
habia mas que un obstáculo para esta reconciliacion
que era la negativa del emperador, con motivo de la su-
presion de la
Compañía de Ostencle,
y el consentimiento
a las pretensiones de Jorge
II
como elector de Ilannover.
La
amistad
particular y la union íntima que una
larga costumbre labia hecli
'
j
o nacer entre Walpole y el
cardenal de Fleury, así corno los principios pacíficos
que dirigiaa al gabinete francés, retrasaron la disolu-
cion de una alianza basada en intereses recíprocos del
momento, hasta la época en que no existiesen es tos in-
tereses; pero consideraciones personales no podían pre-
valecer mucho tiempo, ni sobre los principios políticos,
ni
sobre sentimientos nacionales. Así es que las animo-
.
sidades y la diversidad de pareceres, que mas tarde
produjeron un rompimiento, empezaron a manifestarse
durante el congreso de Soissons (55).
Esta diversidad de pareceres y la tenacidad de Es-
paña y Austria, limitaron las operaciones del congreso
de
Soissons á meras formalidades, y á un cambio contt-
uno dé memorias y notas, sin llegar nunca á la decision
del menor punto de litigio. Por último, los aliados de
Ilannover, á fin de terminar disensiones vanas y desa-
gradables, propusieron el que se redactase un tratado
provisional -que encerraba los puntos relativos al resta-
blecimiento de lapaz bajo las mismas bases que antes
del año
de 1725, remitiendo todas las cuestiones secun-
darias al examen de los comisarios
que se ocuparian de
1036
m.
62
Biblioteca popular.

82

CAPITULO CUARENTA.
celebrar un convenio definitivo, sin que ni la paz, ni el
comercio general, esperimentasen ninguna interrup-
cion.
La proposicion fué aceptada sin dilacion por el mi-
nistro imperial, y un poco mas tarde por el de España;
pero las córtes de Viena y Madrid se opusieron al pro-
yecto, haciendo la mas viva resistencia. El rey de Es-
paña trató de renovar la antigua discusion, aunque con
distinta forma, insistiendo en que muchos puntos reser-
vados para la discusion entre los comisarios, se com-
prendiesen en el tratado provisional. Los intereses de la
reina recobraron su ascendiente, y en vez de la peticion
de Gibraltar y de las disputas comerciales, todas las ins-
tancias tenian por objeto la intróduccion de las guarni-
ciones españolas, y no de tropas neutrales, en las plazas
de Toscana y Parma. Mientras tanto, Felipe mandó á su
plenipotenciario, el duque de Bournonville, que se re-
tirase, con pretesto de informarse de sus operaciones,
pero con intento real de impedir el curso de la negocia
clon, negándose á dar una respuesta definitiva acerca
delpata,do provisional, hasta tanto que llegase áMadrid,
por lo tanto, Bournonville partió en octubre. Una enfer-
medad, cierta ó aparente, lo detuvo en París. Llegó á
Madrid en noviembre, y poco despues de su salida de
Soissons, la córte de Viena suspendió toda comunicacion
con el congreso.
En el entretanto, agitaron á la córte de Madrid nue-
vos motivos de zozobra. Nuevos intereses y proyectos
lijaron la atencion de Felipe y de la reina.
Don Fernando , príncipe de Asturias, cayó enfermo
de viruelas (1728). En caso de fallecimiento, debía don
Carlos suceder á la corona de España; lo cual cambiaba
enteramente los planes de la reina con respecto á las
posesiones de Italia .
La enfermedad de flato que atormentaba al rey, au-
mentaba de dia en dia, y á veces se advertia estravio
en su
razon, aconteciéndole á veces el
p
ermanecer mu-

4728.-1735.

83
dios días en cama, invirtiendo el órden natural de las
costumbres de la vida , haciendo del dia noche y de la
noche dia. Recibia con frecuencia los embajadores á,
media noche, y despachaba con sus ministros hasta el
alba; otras veces ni los vela siquiera durante varias se-
manas. En estos ataques, turbábanle sus pasados escrú-
pulos, y no solo se mostraba decidido á abdicar, sino
que hizo varias tentativas para escaparse de palacio
ejecutar así su pensamiento. Hubo necesidad de tomar
sérias precauciones á fin de aislar al melancólico mo-
narca, y nadie podia verlo sin una órden especial. La
misma reina vigilaba todos sus pasos. Las cerraduras de
las habitaciones se cambiaban á menudo, la guardia te-
nia órden cl
,
! impedir al rey que saliese de palacio ; pe-
ro fueron inútiles todas estas precauciones. Se aprove-
chó de un momento en que la reina cansada de vigilar
se habia retirado á otra habitacion, para escribir de su
propio puño un decreto que envió por su ayuda de cá-
mara favorito , al consejo de Castilla, con órden de pu-
blicar su abdicacion y proclamar á su hijo Fernando.
(junio 4728) (56).
Tan luego como la reina tuvo noticia de este pro-
yecto , envió al punto al marqués de la Roche á fin de
que estorbase la proclamacion, y recogiese aquel docu-
mento, si todavía era tiempo. Por fortuna el arzobispo
de Valencia, presidente del consejo, á quien habia sido
entregada , era enteramente adicto á la reina, y habia
diferir de la ejecucion con pretesto de que faltaba alguna
formalidad. El mensagero sin embargo, llegó en los mo-
mentos en que se estaba ya ocupando el consejo de eje-
cutar el decreto , que se rasgó en el acto, se tomaron
nuevas precauciones para impedir que se repitiese se-
mejante escena, y á fin de combatir un escrúpulo con
otro, se exigió del rey juramento de que no renovaría
en lo sucesivo sus tentativas clandestinas para ab-
dicar (57).
Como el estravio de su razon no afectaba á su sa
-
•
•

81

CAMITLO CUARENTA.
lud corporal, no tomó la reina en su mano el timon de
estado, como habia hecho en otros tiempos; segura del
ánimo y voluntad de los ministros, dirigía todas las ope-
raciones á nombre del rey y autorizaba todos los actos
públicos con la estampilla de que se hacia uso para evi-
tar al rey la molestia de firmar los infinitos documen-
tos que eran necesarios para el despacho de los nego-
cios públicos.
El poder que, á causa del aislamiento del rey, que-
daba en manos de la reina, permitió á esta princesa el
proseguir sus planes con menos obstáculos que antes;
porque cuando Felipe porfia entender algo de los nego-
cios del gobierno, aunque los miraba con aversion, era
en estremo celoso de su autoridad. Con sospechar tan
solo que se trataba de engañarlo, ó egercer desmedido
influjo en su ánimo, bastaba para que se enfureciese,
sin ceder entonces ni un ápice de su voluntad primera.
Por muchos medios que tuviese la reina á su disposi-
cion , para manejar semejante carácter se necesitaba
mucho arte y serenidad para ocultarle el conocimiento
del menor deseo y para apartar de él la sospecha de que
no proponia cosa que no estuviese de acuerdo con su
propia voluntad (58). La reina estaba siempre presen-
te en las conferencias con los ministros estrangeros,
en general, era ella quien sostenía, la conversacion; sin
embargo, hacia constantemente alarde de una sumision
completa al rey, y rechazaba todos los elogios que de
ella tratase cualquiera de hacer, declarando que no te-
nia mas intereses que los de su marido, ni mas gloria
que la de España. Pero con estas apariencias de docili-
dad y desinterés, cuidaba sin cesar de los medios de
perjudicar á todo el que llevase camino de dominar el
animo del rey. A veces conseguía vencer la terquedad
de Felipe con mucha destreza y á fuerza de perseve-
rancia; daba audiencias particulares ó recibia informes
por conducto ya del marqués de la Paz , ya del con-
tesor.

4728.-4735.

85
La enfermedad del rey la libertó pronto de todas
estas trabas, y entonces, dio ya audiencias públicas, y
fue claramente el principal ó mejor el úaico conducto
de comunicacion con el rey; considerábase como si fue-
ra primer ministro, y en efecto, hacia papel de tal, por-
que sin su aprobacion y firma no se despachaba asunto
ninguno del gobierno. Podemos atribuir , sin temor de
engañarnos, á su influjo preponderante la conducta de
la córte de España desde la instalacion del congreso de
Soissoas, así como el visible ascendiente que iba to-
mando de dia en dia, el valimiento del Austria en.
Madrid.
Antes de que se verificase el regreso del plenipo-
tenciario español de Soissons, sacó á Felipe de su esta-
do de afeccion melancólica la enfermedad del rey de
Francia, atacado de viruelas el 26 de octubre. Alarmé*
esto mucho a la reina; pero por uno de esos accidentes
tau frecuentes en semejantes momentos de ansiedad,
quedó interrumpida la comunicacion regular entre Pa-
rís y Madrid. Bastó esto para producir la mayor agita-
cion en el ánimo de la reina y en el de Felipe, que vejan
va difunto á Luis XV, y en posesion al monarca espa-
ñol del trono de Francia.
Debemos á Keene un relato de cuanto ocurrió en
esta crítica ocasion, cuyos pormenores le comunicó una
de las personas de la servidumbre del rey.
9 de noviembre de 1728.
«Los reyes se manifiestan estremadamente inquie-
tos por que no reciben noticias de Francia, sacando de
aquí que ha muerto Luis XV, y que por eso [labia al-
guien con mala intencion interrumpido la comunicacion
entre los dos reinos. La reina preguntó al rev qué pen-
saba hacer en ocasion tan importante, á lo que contestó
S. M. que iria á Francia con ella y las demas personas
que componian la real familia, dejando á don Carlos
ep.

86

CAPITULO CUARENTA.
España; que si lo llamase Francia, no habria dificultad
ninguna, pero que en contrario caso, saldría al punto
para la capital, y presentándose en donde sabe que se-
ria bien. recibido, convocaría un parlamento que lo re-
conocería por soberano, y que merecian la muerte los
que se opusiesen á esto. La reina propuso que se avi-
sase á los gentiles hombres de boca que estuviesen lis-
tos; pero el rey se negó á ello, y le dijo que algunos de
ellos lo habian acompañado'va antes, y que llegando á
Francia , no necesitarla criados que lo acompañasen.
«Pasaron entre SS. MM. otras muchas cosas, por
egemplo: decia el rey que seria para él una dicha el rei-
nar en Francia, porque allí se despachaban los nego-
cios de un modo distinto que aquí; que había allí mas
grandeza; pero que al mismo tiempo había tambien en
Francia un partido que le inspiraba temores, cual era
el de los
j
ansenStas; quienes, á decir Verdad, te-
nian razon de ser sus enemigos, porque si conseguia en
cualquier tiempo que fuese, la corona de Francia, los
echaria del reino.»
En esta crisis, mandó la reina llamar á Montgon, á
quien recibió particularmente, á media noche, pidién-
dole su parecer ea la cuestion importante que ocupaba
su imaginacion; pero en vez de la luz que esperaba
de él, por ser agente del duque
.
de Borbon, se entretu-
vo el abate en contarle las antiguas injusticias de que
había sido víctima, acabando por pedirle, fuera de tiem-
po, un destino de consejero de Estado ó una embajada.
La reina se ciñó á promesas vagas de proteccion. Sin
embargo, él es quien refiere que no se hablaba mas que
del viage á Francia, pintando el júbilo de los parciales
franceses en Madrid, y afirmando que, si no se hubie-
ran recibido noticias, veinte y cuatro horas mas tarde,
los reyes se hallarían ya comprometidos en algun pasa
imprudente (59).
Parece que por esta misma época, se concertó algun
nuevo proyecto entre las turbulentas córtes de Viena y

4728.-4735.

87
Madrid. El emperador por su parte, confiaba en alcan-
zar de la reina un pronto y terminante arreglo de la
cuestion de Italia; porque se hallaba ella todavía fas-
cinada con la esperanza que la habia decidido, en otros
tiempos, á formar alianza con Viena. Por otra parte, ha-
cia España los mayores preparativos militares y maríti-
mos, y una escuadra de veinte y cuatro navíos de línea
se hallaba ya estacionada en los mares de América, y
otros veinte y cuatro navíos están prontos para dar la
vela ó en vísperas de ser completamente equipados. Se
hacia cierto alarde de indiferencia, ó mas bien despre-
cio extremado, al hablar de Francia é Inglaterra, elu-
diendo cada proposicion que se hacia, con pretesto de
esperar el regreso del duque de Bournonville. Tambien
esperaba la reina con impaciencia la llegada de los ga-
leones de América, contando con este tesoro para eje-
cutar los caros proyectos que ocupaban todos sus pen-
samientos.
Tambien se puede atribuir á este mismo sistema la
adopcion de un proyecto concebido , desde luego, con
no menos calor que precipitacion, y que luego fué apla-
zado; que era la conclusion de dos enlaces, uno entre el
príncipe de Asturias y la infanta de Portugal , y otro
entre el príncipe del Brasil y la infanta de España, cu-
yo objeto era evidentemente el de separar de las poten-
cias marítimas á un aliado tan importante como Por-
tugal.

,
En medio del invierno , y en cuanto se restableció
el rey, con grande asombro de todas las personas ini-
ciadas en el secreto de los negocios, accedió este prín-
cipe á las instancias de la corte de Portugal , y fijó el
7 de enero, como época de su salida para la frontera,
en donde se debia hacer la entrega de las princesas
desposadas. No se escaseó, ni por una ni por otra par-
te, gasto ninguno para que el séquito fuese digno de la
magnificencia de los soberanos respectivos. Acompa-
fiábánlo todos los ministrosestrangeros y una seryidum-

88

CAPITULO CUARENTA.
bre numerosa; llamáronse á las fronteras varios cuer-
pos de tropas, y se hicieron crecidos gastos para her-
mosear el sitio que debia de ser teatro de la ceremonia.
Las dos córtes llegaron, la una á Badajoz, la otra á
El-
vas; y el sitio destinado para la entrevista era el puen-
te sobre el Caya, que divide á entrambos reinos,
y
en-
cima del que se puso, a propósito, una bandera.
Al principio tuvieron lugar varios altercados frívolos
acerca de cuestiones de etiqueta, los cuales debilitaron
la cordialidad de los monarcas , é influyeron en que
fuese menor la pompa de la escena (60). Los dos so-
beranos rodeados de sus respectivas familias, se reu-
nieron por último, el 20 de enero, y los contratos de ca-
samiento se redactaron con las formalidades requeri-
das. Hizose la mútua entrega de las princesas,
y
des-
pues de una corta y solemne entrevista, se verificó la
separacion con las mayores señales de amistad y afec-
to, sobre todo con muestras de pesar por la pérdida de
hijos tan queridos. Keene, que se halló presente en la
ceremonia, hace así el retrato de la desposada del prín-
cipe de Asturias que debia de ser un dia reina de
Es-
paña.
«Me puse a
y
er de modo que vi perfectamente la en-
trevista de las dos familias, y pude Observar que el ros-
tro de la princesa , aunque se hallaba S. A. cubierta de,
oro y diamantes, desagradó al príncipe, que la miraba
como si creyese que lo hablan engañado. Su boca enor-
me, sus labios gordos , sus carrillos Mofletudos y sus
ojillos diminutos no formaban segun á él le parecia, un
co
njunto agradable; lo único que tiene la princesa de
eno es la estatura y el noble porte (61.)
Despues de otras entrevistas, en las que se supri-
mió la etiqueta y el consiguiente fastidio , separáronse
las dos córtes con muestras de afecto y pesar. Los re-
y
es de España continuaron su viage por Estremadura
(febrero de 1720), y se dirigieron á Sevilla, para desde
allí, ir á ver llegar los galeones á Cádiz ; pasaron varios

4728. 4735.

89
meses viendo menudamente el estado y mejoras de
aquel gran depósito comercial y
marítimo. La reina te-
mia sin cesar, que hiciese el rey otro ensayo clandes-
tino de abdicacion, y quiso, por lo mismo, cortar toda
comunicacion con el consejo de Castilla (62). Con este
motivo, decidió al rey á que fijase su residencia en Se-
villa;
A. consecuencia de estas causas y diversos pretestos
para diferir la
terrninacion
de los negocios públicos, los
aliados de Hannover permanecieron en la misma situa-
cion siniestra y malhadada que antes del acta del Par-
do. Trascurrió el invierno sin resultado ninguno,
y
to-
dos los plenipotenciarios se retiraron., uno tras de otro
dejando desierto el ridículo teatro de Soissons. La córte
de Madrid se obstinó guardando silencio, á pesar de
repetidas instancias. No solo se continuaban egerciendo
las mismas vejaciones contra los súbditos y el comercio
de los aliados de Hannover, (marzo) sino que aumen-
taban cada dia las molestias. Recurrióse á nuevas intri-
gas para anudar la discusioa relativa á una compen-
sacion por el « bloqueo de los puertos y ensenadas de
España é Indias.
Los aliados de Hannover se hallaron mas que nunca
en el caso de valerse de medios enérgicos para poner
término á estas intrigas, de que echaba mano la córte
de España con ánimo de dejar pasar la estacion favora-
ble á las operaciones militares. El amor estrenado que
la reina profesaba al Austria, fué causa de que perdie-
se Francia todos sus escrúpulos; y por último, los tres
ministros de Francia, Inglaterra y Holanda dirigieron
reunidos, como preludio de medidas decisivas, una re-
convencion al gobierno español, pidiendo' la ejecucion
inmediata de los preliminares, y anunciando que la di-
lacion ó negativa se consideraria indistintamente como
motivo suficiente para emprender nuevamente las hos-
tilidades. No es fácil decir á cuantas combinaciones
nuevas hubiera podido dar lugar esta estrada condue-

90

CAPITULO CUARENTA.
ta, si no se hubiese verificado en el gabinete de Madrid
un cambio repentino. Ya la reina habia aceptado los
preliminares, pero con ánimo decidido de eludir la ejecu-
cion. Labia probado su conducta que conservaba toda-
vía un ódio implacable á Inglaterra y Francia, yun afec-
to sincero á la alianza austriaca que habia abrazado
cie-
gamente. Continuaban dándose los subsidios al empe-
rador, y el influ:o de Koningseg prevalecia en los conse-
jos á pesar de la murmuracion pública de. la oposicion
de los ministros y de los conflictos innumerables que
agoviaron al pais; nada porfia disipar esta ilusion si no
la conducta misma del emperador. Por fortuna, y ea
bien de la tranquilidad general, acaeció un hecho que
puso á prueba sus inferiores.
Despues de la muerte de Francisco, duque de Par-
ma, instaba el emperador á su heredero Antonio para
que se casase con una princesa
.
.de Módena en la espe-
ranza de que el nacimiento de un heredero dejaria sin
efecto la iL iesticlura que con pesar habla conferido á un
infante de España. A pesar de sus 'protestas reiteradas,
usó de reparos sin fía á la introduccion dé guarniciones
españolas en las fortalezas italianas, enviando agentes
á las pequeñas córtes de Italia, á fin de que pusiesen
estorbo á los intentos de España, é hizo todas las inves-
tigaciones posibles para descubrir y registrar los anti-
guos derechos del imperio, á los señoríos de Parma .y
Toscana. Con este objeto hizo proposiciones á Francia
é Inglaterra á fin de disminuir cuanto posible fuese el
valor de esta herencia , dando á entender que no seria
dificil que abandonase la alianza de España si se le con-
cedia la garantía de la pragmática sancion. Estas intri-
gas fueron descubiertas y comunicadas á 4a reina por
Mont
eleon,quien por aquella época se hallaba todavía
en Italia encargado de la mision de que antes hemos
hablado.
Patiño conoció tambien á consecuencia de un exá-
men funesto que la hacienda
•
se hallaba lejos de bastar

4728.
1735.

91
para las exigencias del emperador y que sino se ataja-
ba esta sangra, seria imposible la realizacion de su
gran pensamiento de establecer el comercio, de or
o
l-
nizar la marina que tanto tiempo hacia hacia sido el
objeto fa,voritode la nacion. Empezó, pues, á. manifestar
su desaprobacion por la alianza con Viena, y no le fué
dificil el dar pruebas de la falta del emperador. Esta
posicion causó una enemistad viva entre Konigseg y él,
dando lugar á frecuentes altercados que aceleraron la
defeccion de Austria. Patiño atribuía públicamente á la
avaricia insaciable de la córte imperial, todos los obs-
táculos que hasta entonces hablan pedido el que se ve-
rificase un convenio , y contestando á una acusacion for-
mal presentada contra él por Konigseg dijo:—Puede el
rey si gusta enviarme á, Italia; pero en tanto que viva
sirviéndolo, jamas consentiré en concesiones indignas
de un ministro de España (63). Hasta los cortesanos no-
taron el cambio que se efhtuaba , y predicaron contra
los inconvenientes que resultaban de la alianza alema-
na, lo cual pocas semanas antes como manifiesta Keene
con razón, se hubiera considerado como una especie de
blasfemo político (64).
Las multiplicadas pruebas de la mala fé del empe-
rador que de todas partes salia y las manifestaciones de
un ministro que merecía entera confianza, fueron poco
á poco haciendo impresion en el ánimo de la reina. De
esta disposicion se aprovecharon los aliados de Hanno-
ver, manifestando por medio de sus ministros
Keene
y
Brancas á, SS. MM. CC. su voluntad de servirles en
cuanto pudiese contribuir á establecer á don C= ríos en
Italia, manifestando que estaban prontos á prestar su
cóoperacion para que se admitiesen guarniciones espa-
ñolas, con tal de que España ejecutase los artículos
preliminares.
Decidieron estas consideraciones á la reina, la cual
por una parte, sospechaba de la buena fé del empe-
rador y por otra temía perder con dilaciones las ven-

CAPITULO CUARENTA.
tajas que le ofrecian los aliados; por cuya razon se di_

'
-
fii
f P`,/i
rigió directamente la córte de Viena con objeto ya
de

1111/
poner á prueba su sinceridad, ya de tener un pretesto
ill"
IP
para romper con ella. Pidió una esplicacion pronta
y
categórica por escrito acerca de las intenciones del em-
9
III
perador relativas al enlace de su hija con un príncipe

-
español, y á la admision de guarniciones españolas-en
411
Puma y Toscana. La respuesta evasiva que -se le dio

jl,
debió convencerlo de que lo único que tenia que espe-

',1
rar erá una incertidumbre grande, y lentitud eterna.

:,',i1
;,
Sin pérdida de tiempo se decidió por los aliados
de

Sil
Hannover, pero á pesar de su acostumbrada impacien-

.,;1
cia, no se condujo ni con debilidad , ni con precipitacion
haciendo uso de una destreza consumada , indispuso

il
mas
y
mas al emperador con los aliados y á los aliados

li
con el emperador, haciendo ademas un esfuerzo
para

i,
separar á Francia de Inglaterra por medio de Chauve-

1j
lin. Propuso un proyecto de convenio (agosto) concebi-
do
en términos generales en punto. á los intereses
de
Inglaterra, y remitió á la decision de las potencias neu-
trales, los privile
g
ios relativos al comercio, y los dere-
chos á Gibraltar y
•
Menorca. El cardenal aceptó la propo-
sicion, pero en esta ocasion como en las anteriores cedió
á
las enérgicas instancias ele Walpole (65). Por
último,
despues de largas dilaciones trató de escitar la genero-
sidad y gratitud de las naciones inglesas y francesas,
distribuyendo el
-
cargamento de las galeones.
En bato que se hallaba ocupado en meditar sus
pro-
yectos
yen intrigar segun costumbre, desplegando
empe-
ro
todos los recursos del hombre de estado mas esperi-
mentado,
á
fin de conseguir condiciones mas ventajosas,
disminuyó para ella el nacimiento del
.
Delfin de Fran-
cia , (4 de setiembre) las probabilidades de una suce-
sion eventual, y aumentó el valor de un establecimiento
en
Italia „menos espléndido es verdad, pero mas seou-
ro. Entonces estas negociaciones que iban siendo bya
tan largas y enojosas, se terminaron con un tratado
fir-

728.
----1735.

93
nudo en seguida á 9 de noviembre de 1729 , el cual,
rompió repentinamente todos los lazos de amistad que
existían entre España y Austria.
El tratado de Sevilla era una alianza defensiva en-
tre España , Inglaterra y Francia, á que Holanda acce-
dió mas tarde. Despues de las garantías de costumbre,
y las estipulaciones de apoyo recíproco , así como la
confirmacion de los tratados anteriores,

Espa-
ñatodas las prerogativas concedidas á os súbditos del
emperador en los tratados de Viena , restablecia sobre
el pié antiguo el comercio de los ingleses en América,
restituía todas las presas con reparacion de pérdidas , y
ofrecia prohibir en lo sucesivo todas las vejaciones. De-
bian nombrarse emisarios para arreglar las disputas
entre Inglaterra y España relativas al comercio de Amé-
rica , y para fallar en lo tocante á las reclamaciones de
España relativas á la restitucion de los bajeles apresa-
dos en las costas de Sicilia en 4724;'pero sin que se
dijese una palabra de la devolucion de Gibraltar (66).
Se estableció el sistema de sucesion que habria de
regir en
p
arara y Toscana , y la minuciosa atencion con
que se trató esta negociacion , prueba el empeño de la
reina y el estrernado interés que tuvieron los aliados
para satisfacer sus deseos. Los mismos aliados tomaron
sobre sí la responsabilidad de introducir guarniciones
españolas , comprometiéndose solemnemente á defen-
der á don Carlos contra cualquiera potencia que fuese
que quisiera disputarle su posesion , añadiéronse ar-
tículos separados para que fuesen mas prontas y eficaces
la proyectada abolicion de la compañía de Ostende , la
restauracion del comercio y la confirmacion del
asiento
con Inglaterra.
Creyó con sobrada ligereza la córte de Madrid , que
asustaría esta alianza al emperador , y que de este mo-
do quedarian aseguradas las sucesiones italianas , sin
mas dificultades ni dilaciones ; pero los soberanos de
España habian juzgado mal su firmeza y perseverancia.

94

CAPITULO CUARENTA.
Ofendiólo personalmente semejante defeccion , por lo
cual y por verse burlado en la esperanza de alcanzar la
garantía de la pragmática sancion , ó indignado de la
forzada supresion de la compañía de Ostende , así como
de la pérdida de los subsidios españoles sobrepujó á la
misma reina en ardides é intrigas para impedir , ó por
lo menos, diferir la ejecucion de un tratado que le habia
sido tan perjudicial. Declamó contra la córte de España
y contra los aliados, mandó á su embajador que se re-
tirase de Madrid, y mandó que entrasen tropas en el
Milanesado para que dictasen leyes en Italia. Trató
además de hacer que se levantasen en masa los estados
de Alemania y las potencias del Norte, mostrando su
firme resolucion de empeñarse, si era preciso, en una
guerra contra toda
.
Europa , antes de aceptar las condi-
ciones que se le querian dictar. Durante algun tiempo,
la falta de armonía entre los aliados á causa de la di-
vergencia de sus intereses , le alentó y sostuvo en sus
sentimientos. A. la muerte de Antonio, duque de Parma,
mandó entrar tropas en este ducado que conservó en su
poder bajo pretesto de que la viuda sabia quedado
ea tintan (67).
La córte de Madrid se mostró
irritada con semejante
lentitud é inactividad de Francia é Inglaterra , y sobre
todo de la obstinacion del emperador. La reina dió suel-
ta á su indignacion al cardenal ministro y no vaciló en
decir al embajador francés públicamente

muger
de un rey de la casa real' de Francia , y sin embargo
Francia me abandona ; será, pues, preciso unirnos á,
nuestros amigos y no á nuestros parientes.
Fe
l
ipe
claró por medio de su embajador
.
, que
e
s
s
e: consideraba

i

de–
libre de los compromisos contraídos en el tratado de
Sevilla.
Esta medida pronta, decisiva, produjo
un
efecto
eléctrico , porque los ingleses se alarmaron , creyén-
dose otra vez en vísperas de perder sus prerogativas
c
omerciales. El monarca inglés se entendió con el em-

su
1728.---1735.

95
perador , y pudo por último conseguir que accediera al
tratado de Sevilla , garantizando la pragmática sancion
{46 de mayo de 4731) , á condicion de que quedaría
abolida la compañía de Ostende , y de que no se conce-
deria la mano de la heredera de sus estados á un prín-
cipe de la casa de Borbon, ni á ninguno otro soberano
tan poderoso que hiciese inclinar la balanza de Europa
de su lado. En vista de estó quedó anulada la declara-
cion española , y otro tratado celebrado en Viena (el 22
de julio), terminó para siempre todas las disputas entre
Felipe y el emperador.
En cuanto se celebraron estos tratados , tomó don
Carlos posesion de Parma y Plasencia, con la aproba-
cion del emperador y de todo el Imperio , y fué al punto
reconocido por sucesor del gran ducado de Toscana.
Una escuadra inglesa condujo tropas para ocupar la
fortaleza de este ducado , sin mas oposicion que una
protesta hecha
pro forma
por el papa , con objeto de
preservar los antiguos derechos de la iglesia.
Así es como estas enojosas negociaciones , que du-
rante doce años habian mantenido á Europa en un esta-
do continuo de agitacion y zozobra , y roto todos los la-
zos comunes de la pólitica se terminaron por medio de
convenios que dejaron la balanza del poder sobre poco
mas
ó menos corno estaba antes de empezar. Las po-
tencias marítimas y Austria se volvieron á unir contra
las dos ramas de la casa de Borbon (68 ).
A la reconciliacion de Francia con España siguió la
caida del abate Montgon, que tan poderosamente habia
contribuido á renovar esta union. Despues de su regre-
so de Francia , sus modales distinguidos y su aparente
devocion le conservaron el favor de Felipe , y durante
algun tiempo la benevolencia de la reina. Pero sus rela-
" eones misteriosas con la córte , y los obsequios que to-
dos le tributaban , tanto españoles como estrangeros
hicieron nacer en su ánimo naturalmente apasionado y
ardiente, una multitud de
proyectos aventurados todos

:01
96

CAPITULO CUARENTA.
mas ó menos , y lo halagaron con la esperanza de que;'11:11
1i'111
1!
no tardaria ea llegar á ser otro Alberoni. En tanto que
1,1,
lo te
teniasengreido estas quiméricas ilusiones , se vio

,11/'
10
por todas partes atacado por el influjo irresistible de

,l;"'
Fleury, que no veia sin zozobra la elevacion de un ene–

:4°
migo
i
rreconciliable y partidario declarado del duque

Çll
de Borbon. Por último, reparó en la oculta oposicion con

,111
que estorbaba el cardenal su prosperidad , y arrostró

'„1
su aversion creyendo que su favor con Felipe se halla
',le
ba afianzado lo bastante para que nadie pudiese arre–
batárselo.

io
ti
Con este objeto presentó varias memorias al rey,

0
en las que esponia sus padecimientos y servicios, y de-

1
clamaba contra el confesor de la reina , los Patiños , el
cardenal Fleury y el embajador de Francia , á quienes

w
tenia por consejeros de la reina y sus mortales' enemi–
ligera señal de benevolencia , se consideraba ya como

vicio
b
a
os Una sola mirada favorable de Felipe lo llenaba
de
migos. El confesor , decía , habia ya tomado casa en

11
'
la mas secreta alegría , porque le revelaba que este
príncipe no podrir,olvidar los servicios que prestó , tra–
bajando para lograr la reconciliacion con Francia. Por
este servicio recibió una gratificacion de 2,000 doblo–
nes
>
,
lo cual lo colmo de alegría. Envanecido con esta
victorioso , pareciéndole infalible la caida de sus ene–
Madrid ; Rotternbourg se preparaba para salir de Espa-
ña, con pretexto de una indisposicion , y Patiño á, cada
instante
esperaba
su separacion.
Sin embargo, veia sin cesar que se alejaba dé él el
términoá que aspiraba; por una parte la vanidad, la falta
dedinero por otra, lo movieroná lucharcon baterías mas
sérias. Preparó una memoria en el estilo de la anterior, y
despues de andar á, caza de un momento favorable pa-
ra presentarla, se introdujo en la cámara interior en
que el rey esperaba que le avisasen que era hora de ir
a misa. La reitia, entró en los momentos enue él se–
guia andando con su escrito en la mano, y al verlo , lo

4728.
--1735
97
dejó aterrado con una mirada de indignacion y despre-
cio.—Salid de aquí; salid, esclamó; nadie puede pisar
estos umbrales mas que los grandes de España
y
los
gentiles hombres de servicio. Montgon se retiró ; pero
despues de misa volvió á penetrar en la cámara con el
duque de Osuna y las demás personas de la servidum-
bre, y en cuanto presentó el papel al rey salió del apo-
sento. La reina que habia notado su vuelta esclamó lle-
na de indignacion:—Esta es demasiada
insolencia.—Al
siguiente dia recibió órden de salir
,
de la córte en el
término de ocho dias y del reino en el de veinte (69).
La órden se llevó a debido efecto. El abate por, de
pronto halló asilo en Portugal, y mas tarde fué á termi-
nar sus dias á su pais natal en su oscuridad primeta.
Sus memorias son á nuestros ojos un monumento de la
ambicion burlada, de la ambicion hipócrita y de la con-
fianza mas ciega, si bien es cierto, preciso es confesarlo.,
que hay en ellas anécdotas curiosas é interesantes , re-
lativas á las dos córtes en que habia hecho papel tan
importante (70).
Al terminar aquí este período de acontecimientos,
la

seriamos ingratos si pasasemos en silencio la muerte
9

del escritor español de quien hemos tomado materiales
tan importantes para una parte de estos apuntes. Boa
eo

Vicente de Baccalar y Sarna, marqués de San Felipe,
P1,1

era oriundo de Cerdeña y descendiente de una familia
antiguó española, establecida en aquella isla. Habia,
recibido una educacion escelente , siendo notable en
varios ramos de los conocimientos humanos ; despues
1t1

de desempeñar destinos, empleos importantes en su
pais, se adhirió á la causa de Felipe cuando se apodera-
ron de la isla los partidarios del Austria. A su regreso
111

á Madrid, fué creado marqués de San Felipe , y su so-
berano se valió de él con provecho y á menudo, teniendo
1
1
,

sobre todo ocasion de aprovechar su capacidad diplo-
1

mática en las embajadas de Génova y el Haya. Murió en
1
cCesta última ciudad el 11 de junio de 1729 dejando dos
1031
Bibliolecapopuiare

Te ¡11. 63

98

CAPITULO CUARENTA.
manuscritos á saber:
Historia de la monarquía de los
hebreos ,
y los
Comentarios de, las guerras e suceston
en tiempo de Felipe
,
e1 Animoso.
Está última obra lo
coloca en el rango de los historiadores modernos. Com-
'Asola con presencia de documentos originales y noti-
cias que !labia podido recoger, gracias .á su continua
costumbre de observarlo todo. No se concedió permiso
para impriwir esta obra en vida de Felipe

menas-
tancia que recomienda su mérito. Mucho nos duele de
que en la edición francesa de tos comentarios , se 'ha-
yan omitido de intento ó modificado varios trozos rela-
tivos á Luis XIV, á-quien segun el editor , se trataba
con demasiada severidad. Si damos crédito á los críti-
cos españoles, el título del original es malo, y se re-
siente del idioma nativo del autor; pero aun cuando lo
haya dictado su espíritu manifiesto de preocupaciones
castellanas, es innegable que es grande su autentici-
dad y exactitud. El tono
de
naturalidad y libertad que
se nota en él interesa al lector. Desde el año 4725 en
que termina esta obra, existe en la Historia de España
un vacío que ninguno de los autores que han llegado
despees, ha llenado todavía (74).

idi
CAPITULO XLI.
1732.-1136
Continúa la enfermedad de Felipe.—Exito de la espedicion contra Oran.
—
Regreso de la familia real a Madrid.—Intrigas de España contra el
emperador.—Negociaciones con Francia.—Guerra de la sucesion de Po-
()

lonia.—Campaña en Italia y Alemania.—Conquista de Nápoles y Sicilia.
—Don Cárlos proclamado rey.—Division entre los Borbones.—Prelimi-
1

nares de Viena celebrados entre Austria y Francia.—Indignaeion de la
córte de España.—Adhiere con pesar á los preliminares.—Disputa con
el papa.—Rompimiento momentáneo con Pol
.
tugal y adquisicion de la
colonia del Sacramento.
En cuanto fijó Felipe su residencia en Sevilla,
volvió á caer en su estado habitual de apatía, por falta
de objetos bastante interesantes para despertar su aten-
cion. Su situacion empeoró, siendo mas lastimosa que
antes de su salida de Madrid, y aun cuando no se ha-
llase en la posibilidad de volver á tomar las riendas del
gobierno, no tenia tanta docilidad como antes para con-
fiarlas á la reina. Acontecia con frecuencia que no que-
riendo ocuparse de negocios por si mismo, se ensayaba
un medio singular para escitar su indolencia. Se le re-
cordó el voto que
habia
hecho, en otros tiempos de re-
conquistar á Oran de los moros, y se le presentó como
caso de conciencia el cumplimiento de esta promesa.
De este modo se habla conseguido otra vez el hacerlo
salir de su apatía, despues de haber agotado ya todas
las consideraciones imaginables. El nombre solo de
guerra bastó esta, vez para producir el mismo efecto.

400

CAPITULO CUARENTA
Y UNO.
En cuanto obtuvo Felipe del papa el indulto y las
condiciones necesarias para imponer contribuciones a
los bienes eclesiásticos con objeto de pelear contra los
infieles, y así que se prepararon los armamentos, espi
dió órdenes al conde de Montemar para que se pusiese
al frente del ejército y fuese
á
castigar la insolencia de
los moros (72).
Esta espedicion
á
Africa una vez terminada , no por
eso quedaron los gustos marciales de Felipe sin entre-
tenimiento porque la reina lo instó á que emprendiese
otra guerra cuyo solo objeto aparente era ayudar
á
Francia á elevar meramente á, Estanislao al trono de
Polonia, y el verdadero deseo de adquirir nuevos esta-
dos para sus hijos en Italia.
No era de presumir que la accesion de España al
tratado de Viena terminase para siempre las disputas
con el emperador; porque existían tantas causas de ir-
ritacion que era imposible destruirlas por medio de tra-
tados. La ambicion de la reina se hallaba inflamada mas
bien que satisfecha y el"rompirniento de las últimas re
laciones había por ambas partes escitado el resenti-
miento mas vivo. El emperador se valla de todos los
obstáculos que porfia inventar para hacer que se apla-
zase el establecimiento de un príncipe de Borbon ea
Italia. Al punto mismo que se verificó este estableci-
miento, presentaba ya nuevas quejas por el modo coa
que á don Carlos hablan prestado el homenage los tos-
canos como una infraccion de los derechos feudalesue
posefia el tefe del imperio. El resultado de estas dispqu
tas fué el apelar ambas partes
á
Inglaterra, como
á
o:
tencia mediadora, sin que lograse satisfacerlos ninpgu-
na esplicacion.
Los reyes de España se alarmaron al tener noticia
de los preparativos militares del emperador para arran-
car el consentimiento de los estados de Alemania á la
p
•
agmatIca sancion, y á su pensamiento de dar la mano
de su hija al duque de Lorena, con objeto de reunir
en

4732.-1736.

401
la persona de su yerno la corona del imperioy la
pose-
sion
de los estados austriacos. Velan
tambien
con celos
que renacia la confianza entre el emperador
é
Inglater-
ra, inquietándose por las alianzas que estaba á punto
de negociar conlas potencias del Norte, porque tampoco
veia España á Inglaterra con afecto. El gobierno espa-
ñol que despues de la paz de Utrech trataba de eludir
por todos los medios posibles la ejecucion de los com-
promisos comerciales, no se hallaba en estos momentos
dispuesto á cumplirlos. Tratábase de poner trabas al
comercio inglés en América y con este motivo se em-
pleaban ardides inauditos. Aplazóse el nombramiento
de los comisarios que debían calmar las disputas, y el
gabinete español no solo alentaba las vejaciones de sus
empleados egercidas contra cuantos hacian un comer-
cio fraudulento con las colonias, con protesto del
asiento,
sino contra los mismos que frecuentaban los
mares de las indias Occidentales para otros tráficos.
Es fácil de adivinar que la reina se inclinaba á la
guerra, pues por una parte tenia á su favor una marina,
que bajo la direccion hábil de Patiño se 'labia rehecho
de sus pérdidas, un estado próspero en la hacienda de-
bido á la misma habilidad, y finalmente un ejército de
ochenta mil hombres que habian llenado de entusiasmo
los últimos triunfos conseguidos en Africa Además, es-
peraba de esta guerra condiciones mas honrosas y ven-
tajosas que las del último tratado, pero por otra parte
no se ocultaba que las fuerzas de España solas no eran
suficientes para resistir á las potencias de Europa coli-
gada. A pesar del apo
y
o de los partidarios de Felipe en
Francia no hablan podido sus constantes esfuerzos sacar
al cardenal Fleurv de su sistema pacífico. Las
Memorias
de Villars
y los
Oficios
de los ministros ingleses sumi-
nistran innumerables pruebas de los pasos continua-
mente dados por España para renovar las hostilidades,
así como de los ardides que empleaba Fleury para con-
servar la armonía de las dos córies de la familia de los

402

CAPITULO CUARENTA Y UNO.
Borbones y para calmar los mas quisquillosos y turba–
lentos monarcas de Europa,, que eran por entonces loS
reyes de España.

011
Esta princesa no perdonando esfuerzo ninguno pa
/
ra estender y consolidar el poder de su familia, hizo

1
1!1
cuanto de ella dependia para arrancar á Francia la pro-
mesa de tomar parte en una guerra contra Austria, por
el lado de Alemania, en tanto que invadirían á Italia
fuerzas españolas. Tambien instó al cardenal para que
destruyese el establecimiento de la pra(
r
matica san-
cion, sosteniendo al elector palatino y al de Baviera,
que alegaban derechos á la sucesion austriaca. Entabló
asimismo una negociacion con Carlos Manuel, que ocu-
paha el trono de Cerdeña, por abdicacion de su padre,
y trató de captarse la voluntad de un príncipe que ade-
mas de muchos recursos intelectuales, tenia toda la co-
dicia y ambicion de sus antecesores (73).
En tanto que los reyes de España fluctuaban entre el
deseo de declarar la guerra al emperador y su repug-
nancia de entrar en la lucha sin la cooperacion de Fran-
cia; en tanto que contemporizando con las potencias
marítimas, hasta se prestaban á escuchar las propo-
siciones del emperador para renovar su antigua alianza
aconteció un suceso en las
b
re
o
iones septentrionales
de
Europa, que produjo la
unionde
miras é intereses entre
Francia y España. Fué este la muerte de Augusto
III,
elector de Sajonia y rey de Polonia (1.0 de febrero
de 1733).
Mientras el emperador se habla ocupado en alcan–
zar de los príncipes alemanes la garantía dé la prag–
mática sancion, el rey de Polonia á consecuencia de los
derechos de su familia (74), se habia declarado cons-
tantemente su principal adversario. Formó por lo tanto,
un arreglo con el elector de Baviera, y tuvo certeza
aunque no se le dieron de ello pruebas públicas, que
no le faltarla el apoyo de Francia; mas co mo fué á me-
nos su salud cada dia, fué fácil de prever que cuando

4732.-4736.

403
quedase vacante el trono de Polonia ocurririan turbu-
lencias en Europa, tanto á causa del empeño que mos-
traba Luis XV en proteger las pretensiones de su suegro
fstanislao; como por el interés no menos natural que
tenían el emperador y Rusia en impedirel advenimiento
de un príncipe aliado de Francia. Estos encontrados
afectos y recíprocos celos produjeron preparativos de
guerra, y todas las potencias interesadas en el resulta-
do de la disputa se ocuparon de ellos con ahinco.
El grande objeto de Augusto era el de asegurar á.
su hijo la transmision de la corona de PtIlonia, en vista
de la cual estrechó sus relaciones con aquellas poten-
cias de Europa que se hallaban en el caso de favorecer
su pensamiento y se presentó en Varsovia, en lo mas
crudo del invierno, con intento de lograr el consenti-
miento de sus súbditos; pero como se labia mostrado
muy opuesto á la garantía de la pragmática sancion, el
emperador se declaró su enemigo, retiró sus tropas de
Italia y los Paises Bajos, reunió un ejercito considera-
ble en Silesina y negoció un tratado con Rusia y Prusia
para elevar al trono. de Polonia á Manuel, príncipe de
Portugal. Todavía Augusto no Babia convocado aun la
dieta, pereció siendo víctima del empeño con que ne-
gociaba la elev a.cion de su familia; se le introdujo la
gangrena en un pié, á consecuencia de un suceso acae-
cido durante su viage y murió de resultas de esto.
Destruyó su muerte los planes del emperador, por
que el nuevo elector de Sajonia sabiendo que no lo
sostendría Francia, y convencido de que no ocuparla
el trono vacante sin el apoyo de Austria y Rusia, se
echó en brazos del emperador y logró su proteccion,
garantizando la pragmática sancion. La Rusia consintió
sin dificultad en una medida cuyo objeto era alejar á
un partidario de Francia por lo cual se unió al Austria
en defensa de los deseos del elector.
Entre los candidatos que se presentaron solicitando
el trono vacante no tuvieron probabilidades de éxito

404

CAPITULO CUARENTA Y UNO.

(1
masque los dos que. sostenian las partidos opuestos.
Estanislao, despues de infinitas aventuras estradas,
cruzó la Alemania é impensadamente apareció en Var-

101
sovia, siendo al punto elegido por aciamacion en una
dieta compuesta de sus parciales que se reunió en las

Pre"
llanuras de Yola; pero poco despues, lo arrojaron de
aquel territorio los ejércitos ruso y austriaco, y otra
dieta, convocada por el influjo de estos, se declaró favo-
rable á Augusto.
La noticia de la muerte del rey de Polonia hizo en
Sevilla profunda sensacion, poi que se consideraba y
con razon éste acontecimiento, como suficiente para
fijar las disposiciones inciertas de Francia y corno se-
iial de las hostilidades contra el emperador. Así, pues, .
apenas fué comunicada á Felipe, saltó de la cama en
que estaba casi siempre siendo presa de su enfermedad
hipocondrica, sin poner atencion ninguna en. los nego-
cios públicos y sin cuidar siquiera de su persona. Vol-
vió entonces á encargarse del gobierno, recibió públi-
camente á las personas de todas clases y condiciones, se
enteró menudamente de los asuntos pendientes 'y dió
al punto órdenes para que se hiciesen cuánto antes los•
preparativos necesarios para entrar en campaña.
Nó dejó pasar la reina-tan propicia ocasion sin va-
lerse de ella. La vecindad del rey de Portugal
13
espo-
nia á intrigas que podrian tramarse contra ellá en Se-
villa, porque deseaba este monarca naturalmente ace-
lerar el advenimiento de su yerno el príncipe de Astu-
riasr Los grandes por su parte intrigaban sin cesar para
conseguir un cambio de gobierno, y las córtes de Euro-
pa hacían insinuaciones harto claras, indicando la nece-
sidad de una abdicacion. Creyó entonces que era prefe-
rible.que se fijase la permanencia de la córte en Madrid
mas bien que en Sevilla, y quiso dar una prueba pú-
blica (le que habia el rey recobrado la salud; esparció
con suma destreza que como Felipe habia llegado ser
á imitacion de su abuelo, el terror de Europa, era
ne-

4732.-1736.

403
cesario burlar la vigilancia de sus enemigos,

-
que de
seaban con ardor que volviese á dejar el trono. Con es-
te argumento y otros parecidos lo decidió á romper to-
da comunicacion familiar con el príncipe de Asturias,
con los grandes y todos los ministros estrangeros, bajo
pretesto de poner en vigor la antigua etiqueta nacional.
Ademas le espuso que era indispensable fijar su resi-
dencia en los alrededores de la capital, porque el aire
húmedo de Sevilla no era favorable á su salud (75).
Felipe pasó repentinamente de una indolencia apa-
rente á una actividad estrernada. Le aquejó una ligera
indisposicion causada por el cansancio del viage; pero
se restableció en breve y se estableció en su retiro
amado de San Ildefonso. «En cuanto llegó allí, dice
Keene mandó llamar á los directores de los trabajos á
quienes dió varias órdenes; y al mismo tiempo manifes-
tó su intencion de despachar con los ministros al si-
guiente dia, lo cual verificó nombrando á varios gefes
militares. Desde entonces continuó ocupándose de los
negocios públicos; á tal punto que el gobierno parece
girar con regularidad y concierto. Por lo que á su sa-
lud toca, jamás lo he visto ni tan alegre, ni tan espan.-
sivo (76).»
Así despues de una ausencia de cinco años alegró
Felipe nuevamente su capital con su presencia. Como
su actividad no le permitiese descanso, al participar á
la córte de Francia la toma de Oran, propuso la forma-
cion de una alianza mas íntima con propósito de entrar
en campaña contra el emperador. Fleury gustaba de-
masiado de la paz para alarmar á Inglaterra dejando
adivinar planes hostiles contra el emperador; pero la
proposicion de España dió lu
g
ar á una negociacion que
continuó durante todo el año de 1732 y gran parte del
siguiente. Ya una vez se había, frustrado el proyecto de
un tratado á causa de la negativa de Fleury de adoptar
los planes de la reina contra las posesiones austriacas
en Italia, y la muerte de Augusto dió nueva direccion

406

CAPITULO CUARENTA Y UNO.
á
las miras d'e ambas potencias. La reina alegaba como-
un argumento favorable a
,
la agresion inmediata, que
la marina española era sobrado poderosa para llevar a
Italia un ejército, y se deshacía en elogios hablando de
la disciplina y de la fuerza de las tropas. Por toda res-
puesta á los razonamientos del. astuto cardenal escla-
maba:—No somos ni el rey ni yo niños á quienes se pue-
da infundir miedo; no nos arredran las grandes em-
presas (77).
Toda la prudencia y timidez de Fleury podian ape-
nas bastar presentándose una ocasion tan favorable que
de sayo se ofrecia. El gobierno inglés en vísperas de •
unas elecciones generales , y apurado á causa del des-
contento público á que daba lugar una tentativa para
establecer ciertos derechos de consumo , solo pensaba
en impedir la sumision de los Paises Bajos , y por lo
tanto se contentó con un ofrecimiento inútil de media-
cion (78). Por su parte Holanda no- queriendo arrostrar
las fuerzas de Francia, sin tener apoyo ninguno tomaba
el partido de adherirse al partido de la neutralidad. -
Como se hallase Francia segura y defendida por la
única parte por donde le habla enseñado la esperiencia
á temer un ataque, pidió tambien Fleury la cooperacion
de España; pero en los momentos mismos en que las dos
córtes entretenían constantemente á Inglaterra con va-
gas protestas de planes pacíficos y negando que exis-
tiese compromiso ninguno particular entre ellas, ya es-
taba organizada una triple alianza entre Francia, Espa-
ña y Cerdeña (25- de octubre). «Este fué el último acto
político del marqués de Castelar , hermano de Patiño,
que pasó del ministerio de la Guerra á la embajada
de
París (79). knuució al momento este cambio de sis-
tema el conde . de Montijo , embajador de España en
Londres, quien declaró al rey que S. M. C. se hallaba,
en el caso de tomar nuevas medidas y unir sus armas
con las de Francia contra el emperador (80).» Esta co-
municacion fué el preludio de una declaracion de
guer-

4732 .-1736.

407
ra, en la que las tres córtes
hacian
una recapitulacion de
todas las quejas y agravios contra el Austria desde la
paz de Utrecht.
Al mismo tiempo un ejército francés á las órdenes
de Berwick pasaba el Rhin, y otros á las de Villars que
era el general á quien con mayor predileccion amaba la
córte de Madrid, se unja á los sardos al pasar los Alpes.
Diez y seis mil hombres de infantería española, escolta-
dos por veinte navíos de línea, iban de Barcelona y Mi-
cante á las costas de Génova, en tanto que cinco mil ca-
ballos se dirigian á Antibes, cruzando los Pirineos para
embarcarse allí para el mismo punto. Veriticóse el des-
embarque , y estas fuerzas á las órdenes del conde de
Montemar dirigieron su marcha á Toscana , estable-
ciendo su cuartel general en las orillas del Sena. Ea
tanto que se efectuaban estos movimientos, declarando
don Carlos que se hallaba ya en edad competente, tomó
las riendas del gobierno de Parma, y fijó la mayoría de
los duques futuros en catorce anos. Al punto salió de
Parma , y sintiéndose llamado á, mas elevada posicion,
despojó el palacio ducal de sus ricos muebles y precio-
sas curiosidades. Al llegar á Siena , tornó el título de
generalísimo del ejército español en Italia (24 de fe-
brero de 173) (81).
Figurábase_a los franceses y sardos que este ejército
seria destinado á cooperar la rendicion del Milanesado;
pero Felipe poco deseoso de dividir de antemano su bo-
tin con los aliados, meditaba una adquisicion de la ma-
yor importancia, que codiciaba hacia mucho tiempo. En
lin pueblo tan inconstante como era entonces el de Ná-
poles, y tan opuesto á un gobierno regularizado de cual-
quier modo que se constituyese , era tan fácil el apode-
rarse del trono, como dificil de sostenerse en él.
El gobierno aleman era aborrecido en alto grado, a
causa de la diferencia de len
g
uage, de modales y carác-
ter nacional. Los nuevos sistemas de contribuciones y
reglamentos militares sino eran opresivos , eran por lo

4 08

CAPITULO CUARENTÁ Y UNO.
menos odiosos por su novedad. En estas circunstancias
los restos del partido español habian ganado continua-
mente mas fuerza. En varias ocasiones hiciéronse ma-
nifestaciones á la córte de Madrid, á fin de que liberta
$e á la nacion del yugo alernan. Este fin halagüeño y
tan fácil de conseguir en apariencia, tuvo mas peso en la
balanza que los intereses generales de la alianza de que
formaba parte España. Las reconvenciones del maris-
cal de Villars que se presentó en Siena con objeto de
conseguir la cooperaczon de los españoles, no tuvieron
resultado ninguno. Don Carlos dejó que los franceses y
sardos continuasen en los proyectos que tenian en Lom-
bardía, retiró las tropas españolas del estado de Móde-
na, y cruzando los estados de la iglesia con el consenti-
miento del papa , fué recibido por los ministros de la
córte de liorna, con un respeto real ó aparente, si bien
no se le tributaban los honores debidos á las testas co-
ronadas. Ea tanto que proseguia su marcha dirigiéndose
á las fronteras de Nápoles, una fuerte escuadra- á las
órdenes del conde de Clarico, teniendo á bordo una di-
-vision de ocho mil hombres, costeó la Italia,

facilitó
el ataque de Nápoles , ocupando las islas de Ischia
Prócida. El infante al cruzar por Cápua, pasó el Val=
dama y reunió todas sus fuerzas en San Augelo de
Roca Canina. Publicó en seguida una proclal
i
dri–
gida á los napolitanos en nombre del rey su padre, en
la que expresaba, usando del

.
len
fr
uag-e coman, su satis–
faccion al ver tanto afecto y anunciando su resolucion
de libertar al pais de la
mucho

alemana, ofreciendo,
lo cual debla halagar m io a pu
.
e
l
b o tan caprichoso,
lt
que darla ma
y
or estensio
i
n susprivi
privilegios, destruyendo
'
toda clase de impuestos pri
.
nci
d
pa
í
ltnente

aquellos que
tenian por orígen

avaricia del gobierno alernan. A.
este manifiesto acompañaba otro en nombre del mismo
infante que confirmaba las promesas de su padre en
general , y anunciando
su
resolucion de no permitir la
introducclon de ningun tribunal nuevo, tanto civil como

1732.-1736.

109
eclesiástico, promesa indispensable, á fin de calmar los
temores que abrigaban los napolitanos de que el esta-
blecimiento de la Inquisicion seria una consecuencia
inevitable de la administracion española.
Tan pomposas promesas produjeron grande efecto
en
un pueblo naturalmente amante de la novedad, afor-
tunadamente tambien para el éxito de esta empresa, el
virey Visconti , como si hubiese adivinado el resultado
funesto de la lucha
.
, se retiró á Roma; los generales aus-
triacos Caraffa y Traun no estuvieron acordes en el plan
de operaciones que convendría adoptar. Despues de un
vivo altercado decidieron permanecer á la defensiva,
diseminando sus fuerzas disponibles en las fortalezas y
dividiendo lo restante en dos cuerpos, de los cuales de-
bia uno guardar Apugna, en tanto que el otro debía to-
mar la posicion opuesta de San Angel de Canina para
cubrir la frontera del Norte (82).
El ejército español forzó sin trabajo la oposicion de
los imperiales en San Angel, rechazándolos hasta Cá-
pua y Gaeta, y dejando allí un cuerpo que los hostiga-
se, se dirigió á Napoles. En Aversa recibió el infante
una diputacion de la capital , y el 10 de abril tres-
cientos hombres de su ejército entraron sin oposicion,
tardando poco en ser ocupados por los españoles los
fuertes que dominan la ciudad y el puerto de Baies. Como
resultados de este triunfo, el infante hizo una entrada
triunfal en Nápoles, y publicó un decreto á nombre de
su padre, declarándole soberano de aquel reino, y reno-
vando las promesas hechas en la primera proclama.
En tanto que el infante se ocupaba así de contentar
á sus súbditos v de organizar el gobierno de sus nuevos
estad-os, Montemar hostigó el resto de las tropas alema-
nas, que en número de nueve mil hombres se retiraban por
Barei y ocupaban una posicion ventajosa á las puertas
de Bitonto (83). Poco tardaron en entrar las tropas es-
pañolas en
esta
poblacion, y antes de fines de aquel año,
quedó concluida la conquista con la toma de Gaeta que

110

CAPITULO CUARENTA Y UNO.
defendió Traun durante varios meses con un valor es-
traordinario.
Don Carlos recibió en Nápoles la corona con entu-
siasmo del pueblo que se alegraba mucho de tener un
rey en lugar de un virey. El primer acto de su reinado
fué el recompensar los servicios de Monternar con el ti-
tulo de duque de Bitonto, una pension anual de catorce
mil ducados , y el gobierno perpétuo de Castel Nuovo.
Fué además creado como era consiguiente, grande de
España de primera clase (84).
Estando va completamente derrotados los imperia-
les , se tomaron medidas para la sumision de Sicilia,
aun antes de que Gaeta, Pescara y Cápua se hubiesen
rendido. Monternar, reforzado con los socorros consi-
derables llegados de España, desembarcó en aquella
isla, en las cercanias de Palermo, al frente de un ejér-
cito crecido, y al punto fué reconocido como virey del
nuevo soberano, antes de la mitad del verano in–
mediato, ya estaa sometida toda la isla. Trapani
que
era la última fortaleza que seguia en manos d
los
austriacos, se rindió el 24 de julio.
El rey se embarcó para Sicilia, y fué coronado
en
Palermo con la mayor
,
pompa el 3 de julio. Nada faltaba
ya para consolidar el trono de Carlos, mas que la apro-
bacion del papa, como señor feudal de aquel reino; y
aun cuando no hubiese conseguido semejante investidu-
ra, intimidó la córte de España de tal modo al pontífi-
ce, que se decidió á permanecer neutro negándose á
recibir el tributo acostumbrado de la hacaneael
bolsillo con dinero que le remitió segun práctica el yem–
perador (85) .
Durante esta rápida conquista, los ejércitos aliados
alcanzaron triunfos no menos brillantes en el Norte de
Italia. El conde de Merey q_ue
,
era el mas arrojado
de
los generales austriacos, fue derrotado y muerto al
querer entrar ea el
.
pais que esta al Mediodia del Pó
ea la batalla sangrienta
de Parma. Para reparar esta;
á
SI

4732.-1736.

141
pérdidas llegaron algunos refuerzos al ejército imperial;
el
anciano general Staremberg que tomó el mando en gefe,
probo menas veces el pasar el Pó; pero no lo logró
~poco, y antes del fin de la campaña se vió reducido
á la posesion de Orbitello de ,Mirandola y Mántua con
su territorio.
En la primavera inmediata, llegaron de Francia y
España numerosas tropas, y como se hubiese ya reali-
zado la reduccion total del reino de Nápoles y Sicilia,
un cuerpo de españoles á las órdenes del vencedor de
Bitonto , desembarcó c:1 las costas de Toscana , cuya
fortaleza ocupó, incorporándose á los aliados á fin de
recoger nueves laureles en Lombardía. Con este au-
mento de fuerzas, redujeron los españoles á Orbitello;
11

los imperiales fueron rechazados al país de Trent°, y
Mantua , que es el baluarte de Lombardía se halló
11!

bloqueado-por los ejércitos combinados (86)..
Al mismo tiempo las operaciones militares en Ale--
m

manía, si bien menos brillantes, eran no menos fatales
á los imperiales El ducado de Lorena fué ocupado sin
oposicion (4733) ,
y
un ejército de cien mil franceses,
despues de la toma de Kehl , marchaba allende el Rhin.
la
g

Al año siguiente , el pais bañado por el Mosela, se vió
p

asegurado con la toma de Treveris y Traerback , y la
sumision de Philisbourg facilitaba la entrada en Mema-
fha. El sitio de estaplaza

adquirido cierta celebridad,
á causa de la muerte del mariscal Berwick que cayó
muerto al pié de sus murallas. El ejército imperial,
1111

aunque mandado por Eugenio, era muy inferior en nú-
mero, demasiado mal disciplinado y pagado, y en suma
sobrado dividido á causa de las intrigas de sus genera-
les, para tomar la ofensiva, asi'es que pasó toda la cam-
paña
de 1735, siendo solamente testigo de los triunfos
de los enemigos, sin hacer nada para vencerlos (87).
En medio de estos acontecimientos se vió Felipe
empeñado en una disputa con el papa. A pesar de su
111

afecto á la iglesia , y su título de rey católico , se dió
111

412

CAPITULO CUARENTA
Y UNO.
por ofendido de los insultos de la córte de Roma ,
mostró una firmeza y nobleza de sentimientos dignos
del sucesor de Cárlos Y. Algunos de sus agentes , que
trataban de enganchar soldados en Roma, fueron asesi-
nados en una conmocion popular. Igual levantamiento
tuvo b
lu
o.
ar en Velletri; á consecuencia de las exacciones
de los españoles, un destacamento de sus tropas se vio
en la precision de salir de la ciudad y retirarse
á
Roma.
Como Clemente XI no diese la satisfaccion que se le
habia pedido, los ministros de España y Nápoles salie-
ron de Roma, y mandaron á los súbditos de sus sobera-
nos que siguiesen

egemplo. El nuncio del papa fué
despedido de Nápoles , y al mismo tiempo regresaron
los españoles á Velletri con nuevas fuerzas, levantaron
horcas en los mercados , prendieron á cuantos habiaa
tomado parte en la última conrnocion , y despues de
al
g
unos escesos, impusieron y cobraron una contrihu-
cion de 8, 000 escudos como indemnizacion necesa-
ria. Otro destacamento exigió idénticas contribuciones
en Ostia, y otro mas, con un protesto frívolo, impuso
50,000 escudos
á
los habitantes de Palestrina. La
córte de Madrid no manifestó menos resentimiento con-
tra el papa, despidióse de Madrid al nuncio y se cerró
el tribunal de la Rota (88); suspendióse asimismo el
pago de todos los tributos que se enviaban á la córte de
Roma. Estas medidas vigorosas obligaron al papa
á so-
meterse , y no solo dio la satisfaccion que se le habla
pedido, sino que compró una reconciliacion completa
con el capelo de cardenal que envió al infante don Luis
(diciembre 19) , que tan solo tenia diez años ,
y
que
fué tarnbien nombrado administrador del arzobispado
de Toledo (89).
En esta próspera situacion de los negocios, contaba
ya Isabel Farnesio con la espulsion de los austriacos
de Italia, y con un nuevo señorío para su hijo segundo
don Felipe. Pero las divisiones que por lo comun ocur-
ren en los que forman toda granele asociacion ,
despues

1732.-1736.

413
del triunfo, hicieron que se desvaneciesen las esperan-
zas que habia formado la reina. La Francia habiendo
alcanzado la Lorena , cuya posesion habia codiciado
durante mas de dos siglos, miraba con desvío el pensa-
miento de conferir otro señorio en Italia, á los sardos
ó á los españoles. Las amenazas y preparativos de In-
glaterra y Holanda no dejaron de amedrentar al pruden-
te y circunspecto Fleury. Aquellas dos naciones cono-
cieron
.
que

no ~venia á su política el tolerar la hu-
millacion de la casa de Austria ; pero el rey de Cerde-
ña sobre todo, que habia contribuido poderosamente al
éxito de las últimas campañas, se alarmó con los triun-
fo
s
.
de sus mismos aliados, ylomó la resolucion de no
consentir que se diese soberanía ninguna en Lombar-
dia á otro príncipe español , sobre las ruinas de la
dOnlinacion austriaca. Los
celosy
esta discordancia de
iffiereses, produjeron una
oposician
rnútua y negocia-
ciones separadas. Francia y Cerdeña , de acuerdo se-
;
tretamente con Inglaterra, pusieron estorbos al bloqueo
de Mántna, impidiendo
que
se rindiese la plaza, princi-
palmente negándose á dar una batería de artillería que
•

era indispensable (90) .
El objeto general de los esfuerzos de todas las par-
tes era una negociacion, en tanto que las potencias
le


marítimas instaban á todos los gobiernos para que acep-
tasen
su mediacion , preparándose á sostener , si era
preciso sus deseos con las armas. Pero Francia se
aprovechó diestramente del descontento del empera-
iiy

con motivo del apoyo débil ,
ó
mas bien de la de-
feccian de las potencias marítimas, para entablar una
Óo

negociacion secreta. La Baune, agente íntimo del carde-
nal Fleury , volvió á Viena, y con el mismo misterio y
ba

el mismo éxito que Riperdá , arregló los preliminares
para una j)acificacion general , el 3 de octubre , sin
participacion de ninguna otra potencia (94). El resú-
'1
1
 men ó contenido de estos preliminares que tardaron
poco en ser modificados y conocidos , era que Estanis-
1038
Biblioteca popular.

T.
nr. 64

4 4 1k

CAPITULO CUARENTA Y UNO.
lao renunciarla á la corona de Polonia, conservando el
título de rey; que poseeria durante su vida el datado
de Lorena que habría de incorporarse á Francia á su
muerte; como compensacion se daria Toscana á el
duque de Lorena, á fin de indemnizarlo de la pérdida
de su herencia. Francia garantizaría la pragmática san-
cion , reconociendo á Augusto como soberano de Polo-
nia, y consintiendo en el enlace proyectado de la mayor
de las archiduquesas con el duque de Lorena. Ratifica-
ba el emperador la cesion de la Lorena y de Bar, re-
nunciando á Nápoles y á Sicilia á favor de don Cárlos,
y recibiendo en cambio á Parma y Toscana , con los
territorios conquistados durante la guerra en el Norte
de Italia (92) .
A estos preliminares siguieron treguas á fin de ocu-
parse del ajuste de un tratado de paz definitivo. Seme-
jante convenio hecho sin la participacion de España,
que exigían los lazos del parentesco, escitó la indig-
nacion de Felipe y mas aun la de la reina. El rey vela
con pesar la falta de confianza que le habia mostrado su
sobrino, y la reina se sintió ofendida profundamente con
la cesion forzosa de su herencia paterna, que era la
mayor de las humillaciones que podia esperimentar,
tras de las esperanzas en que se habia mecido de una
alianza austriaca, y que llevaba consigo la pérdida de
una posesion en Lombardía, con que contaba ya para
su hijo segundo. El modo con que recibió la primera
noticia de este suceso, descubre sobrado cuan ofen-
dida se hallaba y cuan grande era su indignacion.
«Jamas he visto al rey, dice Keene, ni tan ale-
gre ni tan deseoso de hablar como desde que reci-
bió las primeras nuevas de esta transacion. Ha habido
medio de hacer que desempeñase bien su papel, y la
conducta de la reina muy lejos está de ser afectada. Pa-
tiño pone la mejor cara que puede , pero no cabe duda
que el rey sufre mucho con el trato que le da Francia;
14
reina al ver burlada su ambicion, y Patiño viendo

1732. /1736.

445
que ha sido víctima creyéndose capaz de hacer que
sean víctimas suyas todos los hombres de estado del
mundo á causa de la superioridad de su genio. Nada he
nido de cuanto ha podido decir la reina con este motivo;
tan solo ayer manifestó á uno de mis amigos que mien-
tras viva, no tendrá relacion ninguna con Francia.
«El embajador de Francia va á palacio como siempre,
pero como lo reciben SS. MM. con tanta frialdad no le
queda gana de repetir sus visitas. Con todo intento los
reyes , cuando él está delante, se deshacen en
atencio-
ciono
con el otro ministro de familia que es el duque
de Sosa, embajador de Nápoles.
«Cuando recibió el embajador de Francia los prime-
ros pliegos en que se le mandaba hablar al gobierno
español de este asunto, Patiño le manifestó que todas
las disculpas que se diesen eran frívolas y, sin importan-
cia; que le aconsejaba el que no dijese ni una sola pa-
labra de esto al rey, si quería evitarse los disgustos
que no podria menos de proporcionarle aquella entre-
vista, en la que tal vez la reina
daria
rienda suelta á
su carácter impetuoso mas bien que si sabia esto estan-
do sola. Es escusado decir que este consejo fué seguido
al pié de la letra.
«En sus conversaciones conmigo, repitió Patiño que.
la reina habia anunciado á Rottembourg cuanto ha su-
cedido, cuando instaba á España que se comprometiese.
á la guerra. El gobierno de aquí ha pagado 2.500,000
duros á cuenta de subsidios á los franceses, que han pe-
dido tambien la mitad de lo que se debia de dar á Sue-
cia mediante el último tratado. Envió ademas sin inter-
rupcion cada mes, 600,000 duros á Italia, y á pesar de
todo esto se hallaba en posicion de poder sostener la
guerra todavía durante dos años, lo cual hubiese hecho
si no lo hubiesen abandonado (93.)
«Quéjanse mucho los reyes de la córte de Francia.
Manifestad al cardenal, dijo la reina indignada á Pati-
no,
que nada mas que su
vejez podria aconsejarle se-
t:

416

CAPITULO CUARENTA Y UNO.
mejantes chocheces, y no lo volvais á recibir jamás al
embajador de Francia (94.)
«Felipe, manifiesta tarnbien su pesar con espresio-
nes tan enérgicas como lo consiente la cortesía, en una
carta escrita al rey de Francia acusándole del recibo de
los preliminares. fié aquí el contenido de su carta. «El
embajador de Y. M. me ha entregado su carta del 29 de
noviembre, la cual me informa de que V. M. está per-
suadido de que ha tenido motivos poderosos para ajus-
tar sin participacion mia, y en los momentos mismos en
que acabábamos de conseguir señaladas ventajas, un
tratado particular con el emperador. Mi amor ala perso-
na de V. M. y mi afan por que se conserve ileso el honor
de la nacion francesa, no me dejan examinar estos mo-
tivos. Solo si creo que deben ser de naturaleza muy
grave, puesto que segun las consecuencias llevan
ventajas á. los que en todos tiempos han nacido de nues-
tra íntima union de familia, de mi deseo personal de
buena armonía y de mi ciega deferencia á los deseos é
instancias que Y. M. me ha repetido eón frecuencia en
sus cartas. Sin embargo, me l•songéo con la esperanza
de que los compromisos contraidos con Y. M. no llega-
rán hasta el grado de abandonar á mi hijo el rey de Ná-
pojes, dejando que sea presa de la ambicion del ene-
migo y poniendo mis tropas á sus órdenes. Espero
esto por lo menos del invariable afecto que profeso
á Y. M. (%).»
En medio de estas humillaciones y de tal chasco
los reyes recurrieron á Inglaterra para hacer unaro
posicion al emperador, y decididos á continuar solas
la guerra, se negaron á ratificar los preliminares, pero
esta dilacion iinprudente colocó sus tropas en
,
una si–
tuacion crítica y alarmante. Montemar, cuyo ánimo no
decayó en estas circunstancias, y
q
ue semostró deseoso
de añadir este nuevo lauro á su °corona de gloria, .se ha-
bia negado á admitir las treguas sin una órden termi-
nante de su soberano. Sin embargo, sus tropas se ha-

4732,-4736.

417
liaban diseminadas en una
éstension
de terreno dema-
siado vasta y mezcladas á, los franceses y suecos, sin
esperar socorro ninguno. Lejos de hallarse en estado de.
tomar la ofensiva, sospechaban que los austriacos las
arrojasen, y hasta temían el verse atacados por sus
mismos aliados. En esta situacion
no
quedaba á Mon-
temar otro partido que tomar que el evitar el riesgo
inevitable que lo amenazaba , y volver á pasar el Po,
que es precisamente lo que se dió prisa á ejecutar.
Desde allí se retiró á Bolonia, esperando que el respeto
debido á la iglesia lo pondria á cubierto de un ataque en
los estados del papa. Pero en los momentos en que fes-
tejaba en su posada á las familias principales de la cin.-
dad, se vió envuelto por un destacamento de húsares
alemanes. Creyó que eran la vanguardia del ejército
imperial, aceleró su marcha á Toscana ; y se vió osti-
gado en su retirada por varios tercios irregulares que
saquearon sus bagages, hicieron algunos prisioneros y
se apoderaron de su hospital de Bolonia en donde habla
mil y quinientos heridos. Durante esta marcha ar-
riesgada, con trabajo logró persuadirle el duque de
Noailles que aceptase un armisticio de dos meses, como
único medio de salvar á sus tropas, y evitar así la pér-
dida de sus últimas conquistas (96).
Reducido Felipe á semejante necesidad , viéndose
abandonado por sus aliados , amenazado con los prepa-
rativos hostiles de las potencias marítimas , alarmado
ademas rtor la aparicion repentina de una escuadra in-
glesalen sus costas, accedió aunque con pesar, á los pre-
liminares de Viena, el 18 de mayo de 1736. A su acep-
tacion precedió la de don Carlos como rey de Nápoles,
el 4.° de mayo.
Sin embargo, antes de que se terminase este arre-
glo, una disputa nueva y de naturaleza muy diferente
se suscitó entre España y Portugal , cuyo objeto real, ó
por lo menos, el resultado definitivo, fué un proyecto
hostil contra la colonia del Sacramento en las orillas

418

CAPITULO CUARENTA Y UNO.
de la Plata, codiciada hacia mucho tiempo por
España.
Juan 1, rey de Portugal, unido por los vínculos ma-
trimoniales con la familia real de Austria y por interés
con las potencias marítimas, abrigaba contra la casa de
Borhon una antigua enemistad, arraigada profundamen-
te para
que pudieran borrarla los dos enlaces celebrados
poco hacia. Por su parte, la córte rival de Madrid abri-
gaba celos no menos interesados contra Portugal. En
semejante disposicion de los ánimos, la disputa d
,

iplo-
p
lática mas frívola hizo temer que se volviesen á em-
prender las hostilidades
.
y produjo casi un rompimiento
abierto entre dos príncipes igualmente quisquillosos
y
coléricos.
Los criados de Cabral de Belmonte , ministro
de
Portugal en Madrid, dieron asilo á un malhechor para
sustraerlo á la justicia; por lo que los mandaron pren-
der los tribunales. El ministro español en Lisboa pidió
al mismo tiempo satisfaccion por este ultrage á la justi-
cia pública; pero tuvo que pasar por la humillacion
de
ver llevar á la cárcel diez
y
nueve criados suyos arran-
cados de la legacion de España. Promovió este quejas
y notas, y como ninguno quería ceder, los dos minis-
tros se retiraron de sus respectivas embajadas, y las dos
naciones hicieron preparativos de guerra.
El rev de Portugal se quejó á las potencias maríti-
mas y al emperador del mal trato que esperimentaha
su hija por parte de su suegra, y manifestó
.
que la me-
nor esperanza de un apoyo exterior moverla hl partido
descontento de España á sacudir el
y
ugo de la tiranía
de la reina, poniendo las riendas del gobierno en ma-
nos del
.
príncipe de Asturias. El emperador hizo en es-
ta ocasion, promesas y ofrecimientos muy liberales de
a
po y
o, con esperanza de renovar las hostilidades , ba-
sándolas en el mismo principio, que durante la guerra
de sucesion; pero las potencias marítimas estaban har-
to decididas a favor de la paz para prestar oidos á estos
proyectos estravagantes; así es que el gobierno" inglés

4732.-1736.

449
se limitó á enviar una escuadra de veinte y cinco na-
víos á las órdenes de sir Jon Norris, á fin de asegurar
el regreso de la flota mercante del Brasil , é impedir
toda tentativa por parte de España para estorbar su ar-
ribo (97). Al mismo tiempo , los aliados negaron todos
los planes hostiles que se les pudieran suponer, v ofre-
cieron su mediacion para terminar la disputa. `i
Esta medida, si bien iba acompañada de todas las
pruebas de consideracion, produjo las quejas acostum-
bradas y los arrebatos tan comunes en la córte de Ma-
drid. Felipe rechazó toda mediacion que no fuese la de
Francia; pero en tanto que la disputa se prolongaba,
atacó en América la colonia del Sacramento, y logró
arrojar á los portugueses de las posesiones qu
a
, hablan
usurpado al gobierno español. Una vez logrado este ob-
jeto, temiendo ademas las pérdidas que esperimentaria
el comercio de América , si estallaba la guerra contra
Inglaterra á consecuencia de esta agresion, se mostró
mejor dispuesto á un convenio y consintió en remitir la
decision de la disputa á las potencias marítimas y á
Francia. Las potencias mediadoras no se oponian á la
esclusion parcial de los portugueses del rio de la Pla-
ta, para lo que se exigió el consentimiento de Portugal.
Despues de varias contestaciones y sutilezas, las dos
córtes
aceptaron' un convenio dictado por las potencias
mediadoras, y por último, un tratado firmado en París
puso término á esta disputa que, si bien frívola en la
apariencia, `hubiera todavía podido arrastrar á Europa
en una guerra general (98).
Durante la negociacion, no espresó la reina su re-
sentimiento con mayor dignidad que en las ocasiones
anteriores. Al hablar con el embajador de Francia, se
espresó en estos términos:—Si no hacemos andar á la-
tigazos ese menguado rey de Portugal, nada consegui-
remos de él.—Como preguntase entonces el rey si no
era dueño de tratar á, Portugal de el modo que indicaba
la reina:—Nada es mas fácil, respondió el ,embajador,

4 20

CAPITULO CUARENTA Y UNO.
pero el negocio se halla en manos de los mediadores
y conviene dejarles que jazgen lo que ha pasado.—
Esto no tiene réplica , dijo la reía;;
per eso nada es-
tá aun decidido;—y cambiando entonces de tolla—No
haceis todos, interrumpió,, mas que echar á perder estas
córtas con vuestras condescendencias; os aseguro que
si no fuese por esa niña (aludiendo á la
princesa de las
Asturias), ya hubiera recibido una hofeiada el rey de
Portugal (99).»
4---010=1,

9

CAPITULO XLII.
1736.-1139.
Repugnancia que tenia España de acceder á un tratado definitivo, y ten-
tativa para emprender otra venlas hostilidades.
--Muerte,

carácter y ad-
ministracion de Patiño.—Noticia de su sucesor La Cuadra y de la nueva
administracion.—Eirma del tratado definitivo.
•
El gabinete español que no queria abandonar á Par-
ola y Plasencia, ni renunciar á Guastalla, á favor de la
casa de Lorena, puso reparos innumerables, durante el
curso de la negociacion, y se dirigió á, Francia y á las
potencias marítimas como responsables de estas suce-
siones, pero como no queda Francia mezclarse en es-
te negocio, é insistiesen como antes las potencias ma-
rítimas en la evacuacion, de Toscana, los reyes alega-
ron derechos á los bienes alodiales del difunto duque.
Contemporizaron hasta los momentos ea que las tropas
imperiales salieron de Italia, á consecuencia de la
o
mer-
ra que estalló entre Rusia y Turquía. Entonces volvien-
do precipitadamente á sus preparativos , se mostraron
pintos á emprender otra vez las hostilidades, so
pre-
testo de los alodiales , creyendo que la ocasion era
favorable para apoderarse de la totalidad de la he-
rencia.
La muerte de don José Patiño destruyó completa-
mente .los planes que habian formado. Se
dio á este
personage el nombre de Colbert español, y sin disputa
era el mas hábil úe cuantos desde el advenimiento de

122

CAPITULO CUARENTA Y
DOS.
Felipe, hablan dirigido la administracion pública. Des-
cendía de una familia noble, y si damos crédito á,
Mont-
gon, estudió con los jesuitas (100). Llegó á ser muy á
principios de su carrera , el único confidente y coope-
rador principal de Alberoni, contribuyó
.
en seguida á la
caída de Riperdá, y fué él solo en quien por entonces
tenía confianza Felipe, ademas del marqués de la Paz.
i
Su capacidad superior no tardó en darle pronto un n—•
flujo estraordinario. Murió su cólega en 1733, de re-
sultas de lo que dispuso solo de todo el poder, pues le
adornaban todas las cualidades necesarias para mane-
jar á un monarca tan receloso éhipocondrico como Fe-
lipe,
y
á una muger tan
vehemente é interesada como
la reina. Eran inmensos sus conocimientos en todos los
ramos de la administracion pública, á lo cual agrega-
ba una claridad estraordinaria , y la mayor facilidad
para el despacho de los negocios públicos. Ademas era
singularmente diestro en cuanto emprendia , astuto
y
dulce á un tiempo, y reunía la firmeza de alma al ánimo
enérgico de los españoles. Lo mismo que su hábilante-
cesor procuró evitar la dependencia de los consejos,
y él fué quien suprimió aquellas discusiones intermi-
Eables que se prolongaban, graciasá multiplicadas me-
morias é informes, que hablan dado celebridad á
la
lentitud del gobierno español , concentrando á fin
de
conseguir aquel resultado, en sí mismo la principal di-
reccion de todos los ramos de la administracion pú-
blica.
En medio de continuados obstáculos y disputas in-
terminables


•
se hizo memorable el ministerio de Patiño,
con los esfuerzos constantes , si bien ocultos que hizo
para aumentar la fuerza y prosperidad de España. Co-
nociendo enteramente la alta importancia de las colo-
nias de América, fijó toda su atencion en escluir á los
estrangeros del comercio lucrativo de aquellas recio—
nes. Formuló un plan que parecia casi ser el acto
regio-
gundo del de Alberoni; quedó concentrado en Cádiz ca-

4736.-1739.

423
si
esclusivamente
el comercio de América, y el tráfico
con los colonias, gracias á él, fué desde entonces, di-
recto, seguro y regular, lo cual no existia antes de su
ministerio.
A fin de ejecutar este proyecto, se ocupó de fomen-
tar la marina española, mandando que una fuerza res-
petable, sin grande obstentacion, se estacionase en los
mares de América. Ya en 4728 , medidas semejantes
llamaron la atencion de la recelosa Inglaterra. «Desde
que he vuelto á este pais, dice Keene, he notado con
gran disgusto, los adelantos que hace Patiño en su plan
de fomento para la marina española, y de ello he ha-
blado en casi todos los oficios que he tenido la honra de
escribir. Lo domina á tal punto esta idea que ni los
subsidios pagados al emperador, ni la miseria de las
tropas españolas , ni la pobreza de las personas que
componen la servidumbre real y los tribunales, pueden
apartarlo de estos sentimientos. Tiene el tesoro á su
disposicion, y todo el dinero que no va á Italia para
realizar los planes de la reina
se aplica á la construc-
cion de buques. Sostiénese con el rey, halagándolo con
la esperanza de que será poderoso en los mares é inde-
pendiente de todas las demas naciones, y con la reina
prohijando sus proyectos particulares.
«Tambien he manifestado que continuando con seme-
jante sistema, ha evitado toda esterioridad , á fin de no
despertar los celos de las potencias marítimas. Con es-
te objeto, sus buques se construyen y equipan en dife-
rentes puertos para que solo puedan zarpar dos ó tres
á un tiempo, sin que nadie los note ni llamen la aten-
clon de Europa. Los tres navíos que salieron reciente-
mente para las Indias Occidentales son un egemplo pa-
tente de este modo de obrar ; se hizo cundir el rumor
que iban á cruzar el Mediterráneo , y se les dió víveres
para una espedicion de esta naturaleza ; pero á penas
á
llegaron

cierta latitud , se abrieron las instrucciones
que coatenian órdenes terminantes para que los coman-

124,

CAPITULO CUARENTA Y DOS-::
dantes hiciesen rumbos á los mares de América, tocan-
do en las Islas Canarias á fin de tomar mas provisiones.
Así es que á lo que parece, no hay intencion de enviar
á la vez un número crecido de buques á América , sino
por grados. No puedo hablar con certeza mas que de los
que están en Cádiz, sabiendo por uno de los abastecedo-
res, que solo hay ea este puerto órdenes para dar pro-
visiones á ocho navíos. Por la lista de los buques , ad-
junta á mi carta del 26 del
Ultimo
mes; se echa de ver
que solo se deben construir nueve
en las Indias '; pero
como no hay en aquellas regiones varios artículos
de
construccion que habrá que enviar de Europa , imagino
que se enviarán los materiales por los primeros bage-
les que saldrán para aquel destino.. Ya deben de
haber
salido algunos, porque me asegura Patio sin cesar
que
los representantes de la compañja del mar del Sur ,
no
dejarán
de hallar toda clase
de materiales en Vera-
cruz (401).
Sin
entrar en pormenores de naturaleza
fastidiosa,
bastará para dar una idea del espíritu de la administra-
cion de Patiiio , el llamar la aten cion del lector a lOs
planes y establecimientos que formó por el modelo
de
otras
compañías de comercio de otros paises. Durante el
reinado del influjo aleman ,_ cuando se trató de que pa-
sase á Trieste, la compañía de Ostende , redactó un pro-
yecto para fomentar el comercio de las
.
monarquías
es-
pañola y
austriaca, por medio de esta compañía, y
pa-
ra que Cádiz
fuese el centro del comercio con el
Norte,
los Paises Bajos,
Alemania, Levante y las Indias Orien-
tales y Occidentales (102). Como fracasase el proyecto á
causa de la abolicion de la compañía , formó otro
esta-
blecimiento
para proporcionan á España el comercio
de
cacao,
y disminuir
el contrabando que
hacian los ingle!-
ses, holandeses y franceses con el continente de las is-
las
del
golfo de
Méjico.
A. este establecimiento se dió
el
nombre de compañía de Guipuzcoa , cuyo objeto era
dar prosperidad al comercio
y el aumento de la marina,

4736.-4739.

425
debiendo suministrar cada año dos navíos de cuarenta á
cincuenta cañones cada uno; los cuales debian recibir en
San Sebastian y Pasages su cargamento que consistia
ea productos y mercaderias del pais . que cambiarían
en América por productos de Venezuela, Cumano , Si-
galita y la Trinidad. Tanto á la salida de los puertos co-
mo á su regreso , gozarían de particular favor en punto
á los derechos y á las lemas prerogativas. En el inter-
valo de sus viages, debian cruzar como guarda-costas,
vigilando constantemente la costa entre el Orinoco v el
rio de la Hacha , y apresando todos' los buques quel'to-
masen parte en. tratos comerciales ilícitos (4 03).
El éxito de este primer ensayo estimuló mas tarde
al ministro para realizar el plan de una compañía de co-
mercio con las Indias Orientales y las Islas Filipinas,
idea propuesta en otros tiempos por Riperdá. Esta com-
pañia obtuvo privilegios no menos considerables que la
de Guipozcoa; y el gobierno mostrándose superior á los
mezquinos celos con que los monarcas españoles ha-
llan manifestado empeño en conservar sus derechos de
soberanía, les concedió el privilegio cte formar estable-
cimientos militares y adquirir territorios en todas las
partes del Oriente que pudieran ser favorables á su co-
mercio y á la consolidacion de su poder (1733). Esta
compañía escitó como era natural la envidia de las na-
ciones comerciantes'; pero solo se hundió y sin estrépito
bajo el peso de las capitales superiores de estas, de su
poderio é influjo (404).
Felipe trataba con mucha
consideracion
á
Patiño,
cuyos consejos escuchaba; pero no le concedía ni afecto
ni confianza. La astucia de la reina y la capacidad del
ministro se tuvieron con frecuencia que emplear para
evitar las consecuencias de la irritabilidad que engen-
draba la enfermedad del rey, y á fin de templar la des-
confianza natural del carácter de Felipe. En la corres-
pondencia de Keene , se encuentra el siguiente hecho
que lo confirma:

426

CAPITULO CUARENTA Y DOS.
Algunos de los consejeros secretos á quienes pedia
constantemente Felipe su dictámen, acusaron á los mi-
nistros de un modo que dejó profunda impresion en el
ánimo del monarca, tan desconfiado y receloso de suyo.
La reina que notó el efecto producido por estas acusacio-
nes, en vez de irritar á su marido con una oposicion direc-
ta, aparentó que las hallaba fundadas, siendo de parecer
que convendría llamar á los ministros acusados para que
contestasen á los cargos que se les hacian. ;Este pretesto
dió ocasion á Patiño para presentar una memoria tan
detallada como elocuente, en la que no se descuidó en
encarecer el lastimoso estado de los negocios al entrar
él en el ministerio, trazando al mismo tiempo un cuadro
brillante de los beneficios que habia producido su admi-
nistracion. Con una modestia aparente, rogaba al rey
que le indicase los defectos de su sistema, y tuviese á
bien señalar las modificaciones y cambios que deberían
hacerse en él. Este escrito del ministro estaba muy ea
los gustos y principios de Felipe, á quien contentaba
semejante situacion de mejoras nacionales, y halagaba
esta sumision aparente á su discernimiento. La reina
siempre pronta a sacar partido de las disposiciones de su.
marido, aparentó ceder á su conviccion, é hizo como que»
se dolía de las injustas preocupaciones con que habia
mirado á Patiño (405).
A pesar del éxito feliz de este ensayo, se vio todavía
Patiño obligado á luchar con infinitos obstáculos, sin
contar la suspicacia y preocupaciones de su soberano.
Necesitó valerse de toda la capacidad deue estaba do-
tado para sostener la guerra que se empeñó la reina en
fomentar en Italia y Portugal; porque aun cuando se
jactaba delante de todo el mundo de que tenia medios
todavía para sostener la lucha dos años mas, muy atra-
sado andaba elpago del haber de las tropas, y á la ser–
vidumbre real se le debian cuatro años de sueldo. El
despacho
,
ordinario de tantos ministerios, era una carga
superior á sus fuerzas, y Keeae describe así los apuros

4736.--1739.

427
de los primeros tiempos
de su ministerio, antes de
que
se aumentasen con las dificultades que nacian de
la
guerra de Italia. «No puedo, dice, daros idea exacta
del estremado desórden que reina aquí en el despacho
de los negocios, á causa del modo de vivir del rey, ni
de los apuros en que se ven los que tienen que cuidar-
se de esto. Durante muchos meses se han reducido to-
das las ocupaciones á equipar la escuadra española, y
enviar al infante a Italia. Patiño que tiene todo á su.
cargo, pierde todos los dias cuatro horas en palacio, y
yo otras tantas esperándolo. Desde las dos hasta las seis
pasa el tiempo en conversacion con SS. MM., y cuando
tiene un momento disponible, piensa forzosamente en
el mejor medio de que estén ambos acordes, y de con-
servar su valimiento. Apenas si le queda tiempo para
comer y dormir; pero no entiendo hacer de este modo
su apología, porque nadie está mas convencido que yo,
que es acérrimo enemigo del comercio estrangero;
como tiene mas conocimientos comerciales, y sabe los
abusos que se cometen en las aduanas, mejor que los
ministros antecesores suyos, nos molestará mucho mas
que los otros. Antes nos quejábamos de las dilaciones,
lamentándonos sin cesar de la
lentitud española;
en el
dia hay que añadir la mala intencion tambien, porque el
ministro solo
se
cuida de reformar y anular todas las
medidas perjudiciales á España (406). »
No cabe duda que sucumbió Patiño
á
consecuencia
de tan violentas y continuadas fatigas , que afectaron
de un modo notable su cuerpo y su ánimo. Murió el
3
de noviembre de 4736, á la edad de setenta años; y co-
mo mirase con el mayor empeño los intereses del rey
hasta los últimos instantes de su vida , remitió poco
antes de morir sus papeles secretos al soberano , dando
su parecer acerca de la situacion crítica de los negó-
cios , formulado con la misma justificacion y brillantez
que
si
se hallase en cabal salud. Felipe recibió la noti-
cia
de aquella pérdida con la indiferencia y apatía
que

128

CAPITULO CUARENTA Y DOS.
lo caracterizaban , pero la reina sintió vivamente la
pérdida de un ministro que sirviéndonos de la espresion
de Keene ,
lo era segun su corazon.
Sin embargo , por
respetos al rey , disimuló su pesar delante del público,
aparentando indiferencia. Para halagar á Felipe , le re-
paro que el difunto ministro era discípulo de ambos.—E1
rey y yo , decía á Keene , lo hemos formado en la cien-
cia de los negocios estrangeros. Podemos , si nos place,
dirigir nosotros mismos la nave del estado, y si no for-
maremos otros ministros.
A pesar de este alarde de orgullo ó dignidad , se
manifestaron al ministro toda clase de atenciones duran-
te su enfermedad, y se tributaron honores á su memo-
ria despues de su muerte. Felipe
,
consoló sus
,

últimos
instantes, creándolo grande de España para
<
sí y sus
herederos , concediendo ademas una pension conside-
rable á su sobrina la condesa de Fuen- Clara. Sus
fune-
rales
se pagaron de los fondos del tesoro público ,
y en
el fúnebre convoy iban el ayuntamiento y el corregidor
de Madrid. Se enterró
su cadáver con una pompa
muy
parecida á la que se usa para un príncipe de la real fa-
milia (107).
Pocos pormenores pueden darse ya acerca de este
ministro habil , despues de lo que acabamos de decir.
Su carácter y conducta han sido presentados por los es-
trangeros bajo un aspecto poco favorable , sin duda por
no haber tornado en consideracion
que se vió
obli-
gado á sostener el choque impetuoso de mil intereses
encontrados, viéndose á un mismo tiempo en la preci-
sion de contemporizar con las preocupaciones arraiga-
das del rey y de ser instrumento de la voluntad de
la
reina , y
hallándose cercado por todas partes de obs-
táculos á veces invencibles. Decia Fleurv hablando de
él,
que hablaba como escribia, esto es , en cifra y enig-
máticamente. Hasta se le ha acusado de doblez , falsía
y falta de fé , suponiendo que lo dominaban preocupa-
ciones nacionales y personales. Tal vez no carecen to-

4736.-1739.

429
uz-
talmente estas acusaciones de fundamento ; pero j
c
r

como
ándolo
coo
ministro , es justo no

los
perder de vista
obstáculos que le ataban las manos y las difíciles cir-
cunstancias que le dominaban. En cuanto á su capaci-
dad y a su mérito superior, el parecer de sus amigos y
enemigos está acorde y unánime. Uno de sus rivales en
politica , confesó que la pérdida de Patiño era una des-
gracia irreparable para España (108).
La muerte de este ministro concentró otra vez la ad-
ministracion en manos del rey. Acudieron entonces de-
salados á la escena pública infinitos actores. El gefe del
nuevo ministerio fue don Sebastian de la Cuadra , que
habia sido page de Grimaldo , al mismo tiempo que el
marqués de la Paz. Ambos habian caminado Juntos en
la carrera administrativa, y á la muerte de Grimaldo,
era don Sebastian oficial mayor del ministerio de Esta-
do. Despues de pasar en aquella oficina treinta años,
fue nombrado ministro. Era hombre de escasa capaci-
dad, en lo que tenia la franqueza de convenir él mismo;
y en suma , era tan inferior á su antecesor , que los,
chuscos solían decir que Patiño le habia dejado encar-
go de que hiciese llorar su muerte. Cuadra nada pare-
cido á Patiño, que tenia trazas de amenazar á sus
k
sobe-
ranos hasta cuando se sometia á sus deseos y halagaba
su
ambicion , tenia toda la timidez é irresolucion de un
entendimiento mezquino y turbado. Toda su ,ambicion
se limitaba á ser un mero agente de los reyes.
Keene escribia en los momentos de su nombramien-
to : «Hará Cuadra consistir todo su mérito en su suini-
sion á la voluntad soberana , sin aconsejar á los reyes
que tomen tal ó cual medida v sin responder del me-
nor contratiempo.' Tanto miedo
e'
tiene de comprometerse
cuando habla , que r.i siquiera dice las cosas que qui-
siera decir; creerla revelar á un ministro estrangero los
secretos mas importantes del gobierno, si citase el
pun-
to
de donde llegase un correo que acabara de recibir.
Por lo denlas , pasa por hombre muy de bien , no pro-
039
Biblioteca, popular.

T. 111. 65

9 30

CAPITULO CIL‘RENTA Y DOS.
•
fesa mas amor á su pais loe á otro , ni tiene secretos
pensamientos que lo inclinen á dar a los -negocios que
pasar por
su
mano otra interpretacion que la natural.
Sera calmoso en sus resol uciciles , y pedirá informes y
dictámenes en abundancia hasta para el negocio mas
trivial de comercio como hacia el marqués de la Paz,
V
como siempre se ha usado, hasta que Patiño destruyó
tan molestas é inútiles formalidades (409).
El marqués de Tor
•
enueva era otro de los ministros
recomendados por Patiño, que lo había, formado por si
mismo en los negocios de hacienda, Fué sucesor de
.
esd-
Le
personage en este ministerio, y la Mar ina e Indias, se
confiaron a doa Francisco Varas, que Babia sido daraa-
te mucho tiempo agente del gobierno en Cádiz.
La sola persona notable
'
del nuevo ministerio , era
el duque de Montemar , quien á su regreso de Italia,
tomó posesion riel despacho de la Guerra , destino que
merecía su espe
•
iencia y capacidad militar.
Casi , pues , era aquella la vez primera desde el ad-
venimiento de Felipe , que se hallaba confiada la direc-
cion de los negocios páblicos á españoles ; pero la per-
dida difícil de reparar del Ultimo ministro , cuya acti-
vidad competía con la destreza, la incapacidad de sus
,sucesores que no le igualaron en mérito , el
deficit
que
iba en aumento en la hacienda , y la tibieza del
g
abi -
lacte francés , decidieron 4 Feli
p
e a abandonar susL'pla-
nes de agresion y á prestar oido
í
s á las instancias que se
le sacian para el arreglo de la paz general (110).
Inglaterra y Francia interesadas de igual modo en
el restablecimiento de la paz , no cesaban de insistir en
que se acelerase el ajuste de un tratado del -

t
,

O
)a-
sado en los preliminares de Viena. Por último al cabo
de muchas disputas enredos 's
r
sordas intrigas,

pesar
de los encontrados intereses (fue nacían y se combatian
cada vez que las córtes de Madrid , Vierta y Francia se
vejan
co
mprometidas en discusiones diplomáticas , que-
dó firmado el tratado definitivo entre Francia y Austria,

4736.-1739.

431
el 8 de noviembre de 4739. El rey de Cerdeña accedió á
él el 3 de febrero inmediato, y los reyes de España yNá,-
polos el 2 de abril. El rey de España retiró sus tropas
de. Parma y Plasencia , y de las denlas plazas que ha-
bian ocupado en Lombardía , y don Carlos fué reco-
nocido solemnemente rey de Nápoles y Sicilia , re-
cibiendo ya la investidura del papa. El gran duque de
Toscana murió en julio de 1737 , y el convenio recibió
la mas completa con la cesion absoluta de Lorena á
Francia , y la ocupacion de la Toscana por Francisco,
duque de Lorena que acababa de casarse con Maria Te-
resa , hija primogénita del emperador
.
(411).

CAPITULO XLIII.
•
11739-1740.
Origen
y
progresos de las disputas entre Inglaterra y España, relativas
al comercio inglés, y á sus establecimientos en las Indias Occidentales;
—Compañía
del mar del
Sur.—Vanas tentativas para ajustar un comer-
cio
.—Declaracion de Génova.—Toma de Portobello.
El reinado de Felipe Y , no fué mas que una
suee-
sion
de proyectos aventurados y arreglos del momento,
á lo que seguían incesantes hostilidades. En efecto,
tes de que el último tratado definitivo diese paz á aba
y Alemania , ya habia nacido una disputa entre España.
é Inglaterra , que como resultado turbó la paz general
de Europa. El origen de esta disputa dimanaba de los
celos continuos y cada vez mas ardientes de España , ea
lo relativo al comercio de América y á las empresas de
los ingleses , con objeto de entender por todas partes
su tráfico , ya legal , ya de contrabando , sin cuidarse
de modo alguno del espíritu, sentimientos, miras y de-
rechos del gobierno español. La causa distante,
real , de esta disputa consistia en la diversidad el sis-
tema político causada por el cambio de la dinastía aus-
triaca, y por la accesion de la casa de Borbon. Otra
causa mas era tambien el laudable empeño del nuevo
gobierno, á fin de ensanchar y fomentar el comercio na-
cional , la marina y las manufacturas con esclusion de
los estrangeros ; estas medidas y proyectos de mejora,
escitaban en sumo grado vivos recelos en Inglaterra.

4739. 1740•

133
Con el apoyo que le prestaba el
d
escubrimiento de
las Américas y la célebre bula de Alejandro VI, dirigi-
da á Fernando el Católico, se abrogaba España el derecho
esclusivo de propiedad en todo el continente americano.
Sin
embargo, no
respetaban las denlas naciones esta
posesion, y Portugal especialmente logró establecer la
colonia del Brasil en el centro mismo de las posesiones
españolas, pero cuando Felipe II, despues de conquis-
tar á, Portugal, se apoderó del Brasil, sostuvo el dere-
cho esclusivo con mayor empeño, impidiendo, gracias
á su forMidable marina, todas las tentativas de las de-
mas naciones para que se comerciase, de un modo re-
gularizado, con las regiones meridionales del continen-
te americano. Su poderío marítimo decayó con la pér-
dida de la
invencible armada,
y la nacion española ha-
llándose enflaquecida por la mala administracion de
los inhábiles sucesores de Felipe II, los ingleses, fran-
ceses y holandeses se fueron estableciendo, poco á po-
co, unos tras de otros, tanto en el continente, como en
las islas del Nuevo Mundo. La conquista de Jamaica,
por Cromwell, rompió sobre todo aquella cadena de is-
las con que plugo á la naturaleza circundar el golfo de
Méjico. A la toma de Jamaica siguió de cerca la crea-
cion de varios establecimientos en la bahía de Campe-
che, para el corte de las maderas célebres de aquellos
puntos
y
principalmente de la provincia de Yucatan.
Estos establecimientos, sostenidos por el comercio lu-
crativo, si bien ilegal, con los españoles de los paises
circunvecinos, y que se aumentó con los
filibustieres
piratas, se entendió gradualmente, al suprimirse esta
especie de merodeo en las costas de la bahía de Hon-
duras y Mosquitos. Sin embargo, el gobierno español
no renunciaba á sus exigencias primitivas á la posesion
esclusiva de América, y. las disputas relativas á los ne-
gocios de comercio causaban hostilidades casi conti-
nuas, si bien no autorizadas, en las Indias Occiden-
tales.

431

CAPITULO CUARENTA Y TRES.
A la muerte de Felipe IV, acaecida en 1667, las
agresiones de Francia en Europa unieron con mas inti-
midad á España con Inglaterra, y los celos mercantiles
desaparecieron ante los intereses políticos. Los minis-
ros del rey menor, Carlos

reconocieron claratnen-
e, por medio de un tratado en regla, los derechos que
tenia Inglaterra para formar establecimientos en Amé-
rica; porque se insertó en él un artículo que permitia li-
bertad absoluta para la navegacion y comercio en todas
las plazas en que esta nacion habia tenido permiso de
traficar en otro tiempo; sin embargo, se reservó España
el derecho de visitar todos los buques mercantes en los
puertos y en los mares de sus respectivas posesiones,
así como el de confiscar las mercancias de contrabando.
No tardaron en suscitarse disputas acerca del, modo
de entender este artículo, el cual, como estuviese con-
cebido, de intento, en términos ambiguos para poner á
cubierto los derechos ó exigencias de ambas partes, ca-
da cual lo interpretaba á, favor suyo. Los españoles re-
clamaban el derecho de visita en todos los mares de
América, y los ingleses alegaban que estas palabras:
mercancías de contrabando,
no significaban, conforme á
la interpretacion general, mas que las armas y muni-
ciones de guerra enviadas á los estados berbériscos, con
los que por entonces estaba siempre en guerra Espa-
ña. Estas disputas dieron lugar á otro tratado en / 670,
que confirmó el derecho de los ingleses á sus posesio-
nes en las Indias Occidentales, y regularizó las comu-
nicaciones entre ambas ilaciones en el mar de América.
El artículo tercero principalmente defendió á los súb-
ditos de las dos naciones todo comercio con las colonias
de cada una de ellas, en las Indias Occidentales, sin
permiso de sus respectivos gobiernos; pero el: amor del
lucro y el espíritu inventivo de los mercaderes
medios de eludir la letra de esta condicioh. Aprovecha-
banse estos del permiso coman concedido á un número
fijo de buques ingleses para abordar y abastecerse
en

/1739.-1740.

135
los puertos españoles, yendo á ellos en pequeñas es-
cuadras, y traficando clandestinamente sin el permiso
estipulad& Las guerras continuas con Francia,
y
la
cesidad importante de quedar bien con Inglaterra, de-
cidieron al gobierno español á consentir en este tráfico,
t
y a egercer el derecho de visita con tanta indulgencia
que se redujo pronto, poco ñas que á una mera
-
for-
malidad.
Tal era de ventajoso y lucrativo el comercio entre
Inglaterra y España, hasta estincion de la casa real de
Austria; pero parecía evidente que al advenimiento de
un príncipe de la familia de Borbor seguria una revo-
lucion en la politica comercial; así es que apenas Feli-
pe se sentó en el trono, volvió sus
miradas
inmediata-
mente á, las mejoras mercantiles en América, y por
consiguiente, se fijó en la esclusion de los est•angeros.
En 1710 fué cuando se creó en Inghterra la com-
pañía del mar del Sur, para el comercio con las colonias
españolas., la; cuales, durante la guerra de sucesion,
hablan estado privadas de toda comunicacion ordenada
con la metrópoli; sin embargo, la paz de Utrecht pro-
dujo un cambio completo en las relacionas de Inglater-
ra con América.. Los artículos favorables de los pri-
meros tratados se habian eliminado y en su lugar se es-
tablecia un sistema .nuevo de comercio. La importacion
de negros, privilegio de que habían disfrutado al prin-
cipio los holandeses, y mas tarde los franceses, se trans-
firió á la compañía
«j
del mar del Sur, en un contrato
llamado
asiento.
Adquiría así el derecho de introducir
cuatro mil negros cada año en las colonias españolas
durante tresaños, empezándo el /1.° de mayo de 1713, y
gozaba ademas, del privilegio de enviar todos los años
un buque con un cargamenlo fijo á la feria de Veracruz.
En cambio de estas concesiones tocaba al rey de Espa-
ña la cuarta parte de los beneficios en el comercio de
los negros, y en el buque despachado anualmente, y
ademas un derecho sobre todo lo restante.

136

CAPITULO CUARENTA
Y
TRES.
Sin embargo, ni la compañia, ni la nacion inglesa
pudieron nunca aprovecharse de estas ventajas que
habían servido de pretesto principal para justificar la
paz de Utrecht. Felipe en cuanto fue reconocido por
soberano no escaseó artificio ninguno para eludir seme-
jantes compromisos, y desde aquel tiempo, á pesar de
varias negociaciones y convenios, el comercio de la
Gran Bretaña siempre sufrió vejámenes mas ó menos
opresivos segun eran los planes y los temores de la cór-
te
de Madrid.

las disputas originadas de esto siguie-
ron otras no menos vivas, relativas á los progresos gra-
duales de los colonos ingleses en las costas del golfo
de Méjico, al comercio ilícito que hacian estos estable-
cimientos;
y
á los privilegios de la compañia del mar
del Sur, aumentando tantos motivos de desacuerdo las
disputas y exigencias opuestas de las dos coronas.
Empero harto habla va España tenido ocasion de
reconocer la superioridad' marítima de Inglaterra para
querer que se verificase un rompimiento abierto. V.
principio adoptado por Felipe y por sus ministros era
el de sostener una hostilidad perpétua, si bien indirec-
ta contra el comercio inglés, valiéndose del pretesto
del derecho de visita
y
de el desoberania. Sabian muy'
bien que sus empleados y guarda costas hacian con fre-
cuencia presas ilegales, propasándose áult
.
ages en que
no cabía disculpa contra las tripulaciones de los buques
ingleses, si bien es cierto que varias de estas presas
hablan sido restituidas, y que los empleados españoles
rabian sido castigados aunque con la lentitud acostum-
brada de los consejos españoles, y con el pesar de vio-
lar constante y visiblemente los reglamentos comerciales
establecidos entre ambas naciones. Por su parte sir Ro-
bert Walpole, que era ministro en Inglaterra , quería
de igual modo conservar la paz. No se escaparon á su
penetracion que los mercaderes ingleses ahusaban de
la indulgencia con que se les trataba , ya fuese por el
imperio que era costumbre, ó á consecuencia de los

4739. 1740.

43/
tratados; pero sabia tambien que esta indulgenciael
yn
comercio permitido
tendria
qué padecer mucho con la
guerra, y no
,
quería tampoco ofender las creencias na-
turales de los españoles ni el carácter vehemente del
rey Felipe. El enviado de Inglaterra, que era Keene, se
guiaba por estas máximas, y trabajaba con. celo á fin
de impedir
un
rompimiento; pero sir Robert Waipole
tenia en contra de sus planes pacíficos la violencia de
la nacion inglesa escitada sin cesar por el influjo de una,
oposicion poderosa, y además tenia que luchar, y no
flojamente, con sus mismos cólegas que desaprobaban
sus
proyectos. Así es que en
tanto que
las instrucciones
de este ministro no respiraban mas
.
que paz y cordia-
lidad, el duque de Newcashle, ministro de Estado , se
quejaba amargamente de los ultrages de los españoles
y destruia las esperanzas de conciliacion pidiendo con
imperio una satisfaccion pronta ; llegando hasta el es
tremo de redactar una nota en la que estas quejas y exi-
gencias se recapitulaban y espresaban

lenguage
hostil, y mandando que de todo se diese cuenta á la cor-
te de España.
La prudencia de Keene, y las medidas pacificas de
sir Robert Walpole suavizaron la impre,sion que no po -
dia menos de causar en Madrid semejante lenguage.
Entabláronse negociaciones
en las
dos córtes entre
don Tomás Geraldini, enviado de España, y el
,
gabine-
te inglés por una parte, y entre Keene y don Sebastian
de la Cuadra por otra. 41 cabo de muchas dilaciones y
dificultades, se envinó en Lóndres en un arreglo, me-
diante el cual se concedieron á Inglaterra 140,000 li-
bras esterlinas, como
,
compensacion de los perjuicios
que habia sufrido su comercio. Se remitió á Madrid es-
te convenio, pero el gobierno español se negó á satis-
facerlo declarando que Geraldini habia traspasado sus
poderes. Negativa causada probablemente por los cla-
mores incesantes en Inglaterra y
.
la exigencia peren-
toria de ab,,andonar el derecho de visita, exigencia
que

438

CAPITULO CURENTA
Y
TRES.
pasó con un solo voto de mayoría en la cámara de
los.
lores,y que rechazó la
de los comunes tan solo con una
escasa mayoría.
El ministro pacífico se valió del *influjo
en virtud
del que habia hecho rechazar esta peticion en la ca-
mara baja contra la opinion de sus campaneros
y los

vi
clamores
de la opinion, para renovar las
proposiciones
relativas á una negociacwn, evitando con sumo cuida-
do, como hasta entonces habla hecho , toda alusion al

5
tratado de visita. Bajo sus auspicios logró Keene al
ca-
bo de algun tiempo, calmar el orgullo ofendido del lo-
bienio
y
la nacion española. Despues de
una discusion
bastar larga, se com'ino en otro arreglo con condi-
ciones hon rosas
v ventajosas á
,en traen has
partes firma-
do en el Pardo á 1
á.
de enero de 1739.
Los principales artículos de este convenio
eran que
en
el termino de seis semanas se
reunirian
en
Madrid
los plenipotenciarios para arreglar los derechos
respec-
tivos
de
las dos coroLas relativos al
comercio y
navega-
cion de América y Europa, así como á
los límites de
la
Floridayde la Carolina, y á otros puntos que
clebian ar-
reglarse conforme
á los
antiguos tratados v que todavía
no lo rabian sido; además que los indicad
n
os

plenipo-
tenciarios ter1.1-.inarian sus conferencias ea el término
de dos meses, y que en el ínterin se suspenderian to-
das las obras y reparaciones en las fortificaciones de
la
Florida y la Carolina. S. M. C. habría de pagar cuatro
meses despues del cambio de las ratificaciones al rey
de
la Gran Bretaña la suma de 90,000 libras
esterlinas
(9.000,000 reales vellon) , como cosa debida
á
Ingla-
terra,
despues de deducir las
sumas reclamadas por
España,. Esta suma
baria
de servir para liquidar los
créditos que los súbditos de Inglaterra tenían contra
el
gobierno español; pero esta compénsacion recíproca
no
tendria nada que ver con las cuentas v desavenencias
entre la corte de España y la compañía
4
'del
asiento ,
sin
que
otro ningun. contrato celebrado
entre las dos coro-

A 739.-1710.

139
nas ó sus ministros eón los súbditos de la otra ó entre
los súbditos respectivos de las dos naciones.
Sin embargo, la efervescencia que aumentaba sin
cesar de la nacion inglesa y las peticiones indebidas
hechas por la oposicion en el parlamento, movieron á,
la córte de España á insistir en sus exigencias con igual
vigor. Despues de firmado el convenio , el ministro es-
pañol suscitó otra disputa exigiendo 68,000 libras es-
terlinas (6.800,000 reales) para España como salido de
su parte de beneficios en las operaciones de la compa-
fifa del mar del Sur, con una declaracion de que su so-
berano suspenderla el
asiento
y retirada la ratificacion
del convenio sino se le daban seguridades de que se li-
quidarla esta suma en un termino dado. Keene se vió
obligado á firmar la negociacion con esta cláusula , y
remitió el convenio acompañado con esta peticion á la
aprobacion de su gobierno.
Estas condiciones eran tan poco conformes á las vi-
vas y ambiciosas esperanzas de la 'lacio'
," inglesa , corno
las exigencias de Inglaterra eran poco agradables á los
ojos de los españoles. En Inglaterra se irritaron los áni-
mos hasta el último grado, y en vano el ministro y sus
amigos,desplegaron toda su elocuencia á favor del con-
venio; en vano alegaron que el derecho de visita re-
clamado por España se fundaba en los tratados, y en
vano expusieron que la discusion de este punto delicado
se habla sometido al fallo de comisarios nombrados para
este fin; se recurrió á los artificios mas inconcebibles para
que no tuviesen feliz éxito sus pasos y á fin de escitar el
resentimiento popular. Las ve
j
aciones de los emplea-
dos españoles, exageradas hasta el Wremo las mas,
servían de testo á las declamaciones públicas, y el par-
lamento inglés se rebajó hasta el grado de escuchar el
relato de un llamado Jenkins, capitan de un buque
contrabandista. Este hombre se presentó en la barra de
la cámara de los comunes en donde refirió las vejacio-
nes ciertas ó falsas que lo habla hecho sufrir un guarda

CAPITULO CUARENTA Y TRES.
costas español , entre otras cosas la pérdida de sus
orejas (112.)
Tal era la exaltacion de los ánimos, que se dió la
mayor importancia á cuentos de esta naturaleza y la
nacion entera, movida por un impulso general, pedía
la guerra á gritos, como el medio único de humillar el
orgullo español y de vengar el honor británico al mis-
mo tiempo que se castigaban tan inauditas crueldades.
Una mayoría poco importante aprobó el convenio en
las dos camaras, pero al mismo tiempo, se abrió un cré-
dito considerable á los ministros para los_ preparativos
de guerra, y una escuadra inglesa á las órdenes del al-
mirante Haddock, salió para Gibraltar con objeto de
apo
y
ar las negociaciones que debian entablarse -en
Madrid.
El ministro no tuvo mas remedio que ceder á los
clamores públicos; sin embargo, al comunicar al go-
bierno español un relato de las medidas adoptadas , tra-
tó de calmar su irritacion presentándolas como mera-
mente provisionales, y manifestando que no serian ejecu-
tadas sino en el último caso. No tuvieron resultado nin-
guno estos esfuerzos,_ por que la efervescencia reinaba,
de igual modo en ambos paises. La córte de España des-
deño de abandonar por medio de la violencia lo que
consideraba como un derecho legítimo é incontestable,
negándose á ejecutar los artículos del convenio que
se
le quería imponer con el auxilio del terror, y contestó á
la violencia de la nacion

I'
in
a
l)sa y de su parlamento
con la misma violencia.
La reunion de los plenipotenciarios no se verificó
mas que pro fo2
,
544/a, y don Sebastian de la Cuadra, que
acababa (le ser creado marqués de Villarias, no solo
eludió la ejecucion del convenio, sino qué declaró que
consideraba España la permanencia de la escuadra de
Haddock en Gibraltar, como una deshonra para ella, y
que mientras durase semejante afrenta, no baria conce=
mon ninguna, sino muy por el contrario, que trataria á

1739. 1740.

141
los ingleses segun las reglas de la mas estricta justicia,.
Felipe', en una audiencia pública que concedió al mi-
nistro inglés )(cene, confirmó la declarácion del minis-
tro español , quejándose de la permaencia de una es-
cuadra inglesa en lás costas de España como de cosa
que tenia por un insulto manifiesto. Anunció ademas la
intencion que tenia de anular el
asiento
y de apropiarse
los efectos de la compañía del mar del Sur, como in-
demnizacion de la suma reclamada de 68,000 libras es-
terlinas (6.800,000 reales). Por último, declaró Villa-
rías que no se tendria confianza ninguna en las prome-
g
as de la córte de Inglaterra, y que no se estableceria
ninguna negociacion sin. que anteriormente se recono-
ciese el derecho de visita.
Ya era demasiado tarde para retroceder, y el mi-
nistro inglés, se vió, si bien á pesar suyo, obligado á
tomar un partido definitivo. Se dieron órdenes á Keene
para que reclamase, á nombre del rey, la ejecticion in-
mediata del convenio, el reconocimiento de los dere-
chos de los ingleses á la Georgia y Carolina,y una re-
nuncia terminante al derecho de visita. Estas reciprocas
peticiones eran el preludio de una declaracion de guer-
ra, á la cual se
r
prepararon las dos potencias toman-
do sus disposiciones con la actividad mayor. (Diciem-
bre.)
A la declaracion de guerra por parte de España iba
unido un manifiesto en que se comparaba la conducta
del monarca español á la del rey de la Gran Bretaña,
con motivo de las transaciones que habian precedido ó
seguido al convenio del Pardo. En este escrito, entraba
el rey en esplicaciones relativas á las quejas exagera-
das de las vejaciones y barbarie de los oficiales que
mandaban los buques guarda costas, refiriendo las tro-
pelias que, desde 1716, hablan cometido los capitanes
de los buques mercantes ingleses. No solo recordaba el
degüello ó suplicio de mas de setenta españoles„ sino
que citaba un egemplo de crueldad que, segun todas

4 42

CAPITULO CUARENTA.
Y TRES.
las apariencias, era cosa parecida y respuesta á la fábu-
la de las orejas de Jenkins.
«Un capitan inglés, se dice en este documento, de
los que infestan nuestras costas ,- no menos criminal por.
el tráfico ilícito en que se emplea como por su crueldad,
atrajo á bordo de su buque á dos españoles de una ca-
tegoría distinguida, y á fin de exigir un rescate los en-
cerró sin darles alimento ninguno , pero viendo que no
conseguia su objeto con invento tan horrendo de inhu-
manidad, cortó á
11110
de ellos las orejas y la nariz,. y
poniéndole un puñal al pecho ,
lo obligó á que se nutrie-
se con este alimento»
Despues de referir estos egemplos
de barbarie que la credulidad de los españoles acogía
con tanta ceguedad, como se habia creido en Inglater-
ra los cuentos de la crueldad de los españoles, justifica-
ba el manifiesto el derecho de visita con la autoridad
de
los tratados y con la costumbre no interrumpida. En se-;
guilla venia una protesta contra el insulto hecho á Es-
paña con la perrynencia de una escuadra inglesa en las
costas como para patentizar su sutnision á las injustas
reclamaciones de Inglaterra, y una wstificacion de la
negativa del rey á desembolsar las 68,000 libras ester-
linas pedidas, fundándose en que el convenio' habia
sido anulado por Inglaterra, y que este pago,, sin espe-
ranza de una reconciliacion , solo serviria para aumen-
tar los recursos de un enemigo manifiesto. Las órdenes
para usar de represalias y la declaracion de guerra, se
presentaban como medidas que habia hecho necesarias
el egemplo del gobierno inglés (113.)
Se limitó Inglaterra á contestar al manifiesto espa-
ñol con una mera declaracion de guerra, fundada prin-
cipalmente en el derecho que quería España apropiarse
injustamente de visitar todos los buques

g
que nave aban
en los mares de América, en las vejaciones cometidas
por los guarda costas que faltaban a
' los tratados exis–
tentes, en la demora del gobierno español á pagar la
indemnizacion es
t
ipulada, en las presas ilegales de

4739. 4740.

143
y en la espulsion de súbditos in—
mercaderías inglesas
(
r
ieses del territorio español.
Por vez pritnera, desde el tratado de Utreci,:t, el
monarca español y su pueblo se hallaban animados del
mismo espíritu; porque hasta entonces las guerras ha--
Man sido provocadas por las pasiones del rey,y por los
planes particulares de la reina, en provecho del en-
grandecimiento de su familia, pero en esta ocasion, se
consideraba la guerra com
e
, lina lucha en la que se tra-
taba de los verdaderos in
l
ereses nacionales, del honor
del rey y del Estado, de la conservaeion del comercio y
de la defensa de importantes derechos (144.)
Contando Felipe con las buenas disposiciones de su
pueblo, tomó medidas severas para buscar el dinero
que necesitaba á fin de atender á los gastos de la guer-
ra, suspendiendo por un año todas las pensiones así
como todo pago del gobierno, y disminuyendo los inte—
reses de la deuda pública. Suprimió
primió ademas por dos
años todos los sueldos dobles por recompensas dadas á
los empleados, sin mas escepcion que la de las viudas y
militares, y otras de menor cuantia. Este solo decreto
debla dar al tesoro 3.000,000 de duros al año, y no
contento con esto mandó tambien que se redujesen los
sueldos de los militares y marinos, introduciendo gran-
des reformas en los gastos de palacio. Verificadas estas
economías adoptó otros proyectos con objeto de au-
mentar los ingresos del tesoro, y especialmente un plan
para que se apoderase el erario de los fondos deposi-
s

todos en los monasterios por particulares, con un inte-
rés peqiieño, medida que jamas Babia tomado sin per-
miso emanado de la autoridad eclesiástica, y en casos
de urgente necesidad (415.)
Se calculó que todas estas medidas debian producir
poco mas ó manos 400.000,000 de reales al año. Por
fortuna tambien, en aquellos momentos de apuros, y
cuando se hacían tan estraordinarios esfuerzos, llegó
de América la flota con riquezas considerables, des-

1 44

:CAPITULO CUARENTA Y TRES.
pues de burlar la vigilancia de los cruceros ingle-
ses (4 4 6.)
Ademas de estas medidas de precaucion y defensa,
adoptó España una guerra de hostilidades que perjudi-

111
có á Inglaterra en lo mas sensible molestando su co-
mercio
-
interior. Una infinidad de buques armados en
corso salió de todos los puertos de las costas españolas,
mandados por capitanes del
vais y tripulados con ma-
rinería
francesa, los cuales apresaron á la entrada del
canal un número crecido de buques mercantes que
se
dirigian al Mediterráneo. Tres meses despues de la pu-
blicacion de las represalias ya habian entrado en el
puerto de San Sebastian diez y ocho presas inglesas, y
antes de que se concluyese el primer año una lista remi-
tida desde Madrid y publicada en Holanda, especificaba
cuarenta y siete presas, cuyo valor se calculaba en
235,000 libras esterlinas (23.400,000 reales vellos) ; á
la cual se agregaban que iban á zarpar de los puertos
otros cuarenta y cuatro corsarios y se estaban arman-
do muchos mas. A. fines del año siguiente , el número
de presas ascendía á, mas de cuatrocientos buques, va-
luados en 100.000,000 de reales. Al mismo tiempo se
esparcian listas exageradas de los buques de guerra
que tenia España en Europa v América, ó que iban á
dar ála vela, en las que se de
tj
cia contaba la nacione spa-
fiola, con veinte y cuatro navíos de línea, sin contar las
fragatas y buques menores, con novecientos ochenta
cañones y doce mil setecientos setenta y cinco hombres
de tripulacion (4 47).
Estas vejaciones ilimitadas llevaron á su colmo el
descontento de los ingleses y aumentaron la aversioa
general manifestada contra el ministro , cuya repug-
nancia á empeñarse en una guerra se tenia por prueba
suficiente de un plan concertado para sacrificar los in-
tereses y el poderío de la Gran Bretaña.
Los ataques principales de Inglaterra se dirigian
contra las posesiones que tenia España en el Nuevo

4739.-1740 .

445
Mundo; pero aun cuando las colonias se hallaban casi
indefensas, y los preparativos de estas espediciones de
guerra eran considerables, poco mal resultó á América
«
de todo esto, y el resultado se limitó á algunas hazañas
brillantes sin ventaja ninguna positiva, y á las que su-
cedieron grandes desastres.
Dió la primera señal de alarma la salida de una
escuadra
á las órdenes del almirante Vernon , com-
puesta de nueve navíos de guerra, sin contar otros bu-
ques menores; que llevaban á bordo un cuerpo de tro-
pas de desembarco. Al llegar á Antiguoa , destacó una
parte de la escuadra para atacar á varios buques carga-
dos de azogues y otros ricos efectos que se hallaban en
la Guaira , puerto principal de Caracas; pero corno la
plaza estaba bien defendida para quepudiesen tomarla
las fuerzas tan escasas, los buques ingleses despues de
algunas pérdidas sufridas por ambas partes, renunciaron
á realizar su empresa.
El
5
de noviembre se dirigió el almirante á Porto-
velo
.
, .objeto principal de la espedicion, con seis'navíos
de línea. Desembarcaron las tropas que atacaron la
plaza por tierra y mar con el arrojo acostumbrado de
las tropas inglesas. Dos fuertes que dominaban la ba-
hía fueron tomados al punto y la ciudad pidió capitu-
lacion
(22
de noviembre) ; el resultado de este negocio
no correspondió
.
empero á la esperanza que de antema-
as

no se habia concebido, Los efectos de mas valor esta-
ban -va ocultos, ó se habian alejado, y los vencedores
no hallaron enel puerto mas que tres buques pequeños,
una cantidad de 3,000 duros destinada al pago de las
tropas, y algunas municiones de guerra ; por lo que
despues dedestruir las fortificaciones abandonaron pre-
uo

la ciudad; pero durante la guerra los bu-
ques ingleses anclaron de cuando en cuando ea aquel
puerto seguro con objeto de rehacerse de sus averías.
Esta conquista fue muy honrosa para los ingleses;
pero no merecía por cierto el júbilo universal que cau.-
1
1
,

T.
in. 66
1040
Biblioteca popular.

446

CAPITULO CUARENTA Y TRES.
só en Inglaterra, en donde se celebró como precursora
de otras hazañas mas importantes que debían recordar
los tiempos antiguos y realizar las magníficas ilusiones
de los proyectosdel mar del Sur.
La toma de Portovelo en vez de abatir el ánimo
de
los españoles, lo llenó por el contrario de justa indigna
naciou. El gobernador fué juzgado en consejo de guer-
ra por haber entregado la plaza á fuerzas tan inferio-
res, y el grito de venganza contra los ingleses , se es-
parció por todas partes. Se espidió al punto un real
decreto , en el que se mandaba á todos los súbditos de
Inglaterra que abandonasen el suelo de España, y otro
decreto impon
g
a la pena capital á cuantos importasen
mercaderías y productos de Inglaterra, ó que vendie-
sen á los ingleses frutos de España ó de sus colonias.
El gobierno español harto sabia que las Indias Occiden-
tales eran el objeto codiciado por la avaricia inglesa
que las consideraba corno la parte mas fácil de atacar
del reino, sabiendo además que se hacían en los puer-
tos de Inglaterra armamentos considerables con este
objeto. En vista de esto envió una escuadra bastante
fuerte á las órdenes de Pizarro que se jactaba de ser
descendiente del conquistador del Perú. Reforzáronse
las guarniciones y espidiéronse órdenes terminantes
para fortificar los puntos principales y fortalezas, espe-
cialmente Cartagena que se proponían los ingleses ata-
car muy en breve (118).
o
--WIlk141%

CAPITULO XLIV.
11410-1142.
Muerte de Cárlos VI.—Advenimiento de María Teresa.—Pretendientes
la stIeesion austriaca.---Planes hostiles de Francia.—Invasion de la Si-
lesia por el rey de Prusia __Espedieiones de los españoles á Italia.—
Ministerio de corta duracion de Campillo.—Cuerra en la América es-
pañola.—Los ingleses fracasan en sus ataques contra Cartagena y la
isla de Cuba.
—
Espedicion del comodoro Auson.
En tanto que pasaban estos sucesos en el Nuevo
Mundo, y que España é Inglaterra se ocupaban en sus
preparativos de guerra , la muerte del emperador
Cárlos VI escitaba una conmocion general en Europa y
ofrecia á los ojos de Felipe y su muger la perspectiva
de la elevacion que halagaba su arnbicion hacia tanto
tiempo.
El príncipe Eugenio tenia razon en hacer notar al
emperador antes de su muerte, cuando pasaba por to-
das las consideraciones y sacrificaba grandes intereses
para conseguir la garantía de la pragmática sancion,
que un ejército de doscientos mil hombres y un buen
tesoro eran cosa de mas importancia para conseguir
este fin que todos los compromisos escritos. Desgracia-
damente para su pais y para la cristiandad, no siguió el
emperador tan buen consejo , y á su muerte dejó, es
cierto, tratados firmados con todas las potencias de Eu—
ropa; pero al mismo tiempo un ejército enflaquecido á
causa
de
las campañas desgraciadas contra los turcos
•

148

CAPITITV? 9311ENTA Y CUATRO.
y un tesoro exhausto. Su heredera, María Teresa, era
una princesa de edad de veinte y tres años, sin espe-
riencia, rodeada de ministros demasiado apegados á la
r
ru
tina de sus empleos, destituidos completamente de
u
valor,
de resolucion y de la capacidad necesaria en
ocasion tan delicada y espuesta (149).
Felipe, á imitacion de las denlas potencias, habia
concedido una garantía solemne de la sucesion aus-
triaca ; pero sus escrúpulos de conciencia no tuvieron
mas fuerza en esta ocasion que 'al renunciar á la corona
de Francia, y en las lemas circunstancias en que su
ambicion particular ó los intereses particulares de su
reino se vejan comprometidos. Por lo tanto, fué uno de
los pretensores á la sucesion austriaca , y además .de
una protesta que hizo en Viena, a,nombré sayo,
su-em-
bajador el conde de Montij.o , presentó ,á la dieta ger-
mánica una esposicion muy bien trabajada en
,
que ma-
nifestaba sus derechos á los estados de Austria, como
descendiente de Carlos V, y en virtud de los'convenios
de familia celebrados entre este emperador y su herma-
no Fernando, en los que se estipulaba que los territorios
alemanes eran reversibles á la rama . primogénita ,
en
caso de estincion- de la descendencia masculina. No
limitaba á esto sus pretensiones, sino que alegaba dere-
chos á la Hungría y á la Bohemia, como descendiente
de varias princesas austriacas, que se habian casado
con los reyes de España, sus antecesores (120). No era
Felipe bastante fuerte para poderse prometer qué fuesen
acogidas pretensiones tan vastas; pero las espresaba para
distraer y ocupara los demas
.
príncipes, sobre todo para
asegurar las posesiones austriacas en Italia, con objeto
de b
erio'ir otro nuevo reino en Lombardía á favor de su
hijo don Felipe.
La debilidad del poder de María Teresa alentó la
idea de tentar empresas que hubieran sido imposibles
en un estado de firmeza y fuerza; y todos los soberanos
que teman ó creian tener derechos á, la inmensa sucesion

f740--4742.

449
de la casa de Austria , los proclamaron '

d*
O
se
ispusie-
ron-á invocarlos.
El elector de Baviera, que era el único príncipeque
no habia garantizado la pragmática sancion , fué el
primero que declaró su intencion de protestar contra el
gobierno de baria Teresa. Apoyábanlo secretamente
Francia y España, quienes en tanto que escitaban á los
estados de segundo órde'n á provocar un rompimiento,
lo preparaban todo para un ataque con objeto de des- '
Unir completamente la casa de Austria , rival suya.
Otros príncipes siguieron este egemplo por considera-
ciones mas ó menos fundadas, principalmente el clec-
,
-tol
e

r
palatino y el rey de Polonia.
l
i
eniaprisa Felipe de empezar las hostilidades,
queriendo encender la guerra en
,
Italia , en donde se
jactaba de que alcanzaria triunfos no menos rápidos que
felices.
La reina de Hun
g
ría molestada con la irupcion re-
pentina del rey de Prusia en Silesia ,
Le
habia visto
obligada á retirar una gran parte de sus tropas del
Milanesado , para defender sus estados hereditarios.
Creyó, pues, Felipe que debia unirse á Francia para
formar una coalicion con el rey de Prusia, y los electo-
tores de Baviera y Sajonia , sin desistir de la guerra de
Alemania. Entró tam bien en tratos con el rey de Cerde-
ña cuyo apoyo necesitaba absolutamente para luchar
Con éxito en Italia, ocultando muy diestramente los
proyectos verdaderos que habia formado con respecto
al Milanesado; y por medio de promesas y falsas espe-
ranzas, comprometió á Carlos Manuel para que accedie-
se á la liga con los príncipes alemanes (48 de mayo
de 4741).
En tanto que Francia enviaba sus ejércitos á Alema-
nia, y que de acuerdo con Prusia y España, disponia de
la corona imperial á favor del elector de Baviera , eje-
cutaba Felipe el plan trazado por
Móntemar
para esta-
blecerse en Italia. Con este objeto ocupaban ya las

150

CAPITULO CUARENTA Y CUATRO.
tropas napolitanas las fortalezas situadas en la costa de
Toscana. Se reunió un ejército considerable en los puer-
tos del Este de España, para
.
poder desembarcar como.
antiguamente en el pais de Génova y encender la guer-
ra en Toscana y Lombardía.
La presencia de una escuadra inglesa en el Medi-
terráneo !labia impedido salir á esta
,
espedicion hasta
fines de 1741. Por esta época ya se hallaba Francia en.
estado de tomar una parte activa y vigorosa en la guer-
ra. Al mismo tiempo que quería evitar el obrar ofensiva-
mente contra Inglaterra, reunió una escuadra en Tolon
para proteger el paso de las tropas españolas á Italia.
Estando ya terminados todos los preparativos, la escua-
dra española compuesta, de trece navíos aparejó y saliendo
del puerto de Cádiz, pasó el estrecho mientras se ocupaba
el almirante inglés en hacer víveres en Gibraltar. Costeó
las provincias orientales para unirse con la escuadra
de Tolon, y el almirante inglés le dió caza y consiguió
descubrirla enteramente en los momentos en
.
que se
veia en el horizonte la escuadra francesa. Maniobró á
fin de empeñar la lucha con los españoles; pero como
el almirante francés se interpusiese entre él y el ene-
migo, izó la bandera que indicaba suspension de ar-
mas, anunciando que tarnbien debía cooperar á la es-
pedicion con los españoles , y declarando que si estos
eran atacados, tenia órden de defenderlos. Haddock no
se hallaba con fuerzas para luchar con tan poderosos
enemigos; por lo cual se retiróá Mahon
y
las dos escua-
dras condujeron tranquilamente á las costas de Génova
la espedicion de quince mil hombres que se hablan
reunido en Barcelona (octubre)
Por aquella época ocurrió en Madrid un cambio en
el ministerio. Villanas no servia mas que para la parte
material de su empleo, y los grandes planes en que se
pensaba llevaron á la escena política un actor mas
hábil , el cual apenas era conocido de nombre en las
paises
e
strangeros. Era este personage don José de

1740.-4742.

151
Campillo que se elevó por su solo mérito y destreza á
los empleos mas importantes del Estado, y siguió las
huellas de Patiño, en cuya escuela se habia formado.
Nació Campillo en 1693 en Alles, aldea del valle de
Peñamellera en. Asturias , y se dedicó desde niño á la
carrera eclesiástica. Desde luego reparó en él don
Francisco de Ocio, intendente de Sevilla, que lo tomó
para secretario, :y mas tarde Patiño siendo intendente
de marina , le concedió su proteccion , colocándole en
clase de pagador de marina en Cádiz. En 1717 le tocó
acompañar la espedicion que salió para Cerdeña , y al
siguiente año obtuvo un. ascenso , y como desplegase
conocimientos poco comunes durante la guerra marítima
en el Mediterráneo , al regresar á Cádiz fué nombrado
comisario de marina.
Desde entonces, siempre gozó del favor del gobier-
no que lo consultaba sin cesar. En 1719, formó parte de
una espedicion destinada á los mares de América, y
tuvo la dicha de salvar la tripulacion del navío San
Luis, que habia arrojado la tempestad á las costas de
Campeche. A. su regreso, obtuvo otros empleos de que
no se sabe ni la fecha ni las circunstancias. Fué de-
nunciado á la Inquisicion , pero fué absuelto y se le
confirió el hábito de Santiago (1,21) . Cuando se verifi-
có la espedicion contra Nápoles, fué nombrado comisa-
rio general del ejército , y se distinguió durante la
guerra que puso esta corona en las sienes del infante
don Cárlos.
Como su capacidad fuese conocida y estimada en Es-
paña, lo llamó á la córte Felipe V para encargarlo de la
haciendapública en Aragon. No fué este destino mas
momea
preludio de otros mas importantes. En aquellos
momentos críticos cuando fluctuaba toda Europa entre
el temor y la esperanza á causa de la disputa relativa
á la sucesion austriaca, se le confió el gobierno del es-
tado y la direccion de los departamentos de Marina, Ha-
cienda y Guerra. Probablemente fué entonces cuando se

452

CAPITULO CUARENTA Y CUATRO.
recompensaron sus servicios con la encomienda de Oli-
va. Desplegó tanta actividad como capacidad en la di-
reccion de la marina y hacienda, ocupándose de refor-
mar muchos abusos en la administracion ; pero fue su
poder de corta duracion; pues murió de repente en Ma-
drid en abril de 1713 (J22).
Escribió varios tratados relativos á puntos de econo-
mía politica. lié aquí el título de algunos:
El despertar
de
Espaiia.—Lo que falta y lo que sobra en España.—
Nuevo sistema de
j
administracion para las colonias de Amé-
rica
(1/3). Otro discípulo de Pabilo, don Cenon de So-
modevilla, conocido mas tarde con el nombre célebre de
marqués de la Ensenada, lo reemplazó en sus funciones.
Suspendamos aquí nuestra narracion acerca de las
transacciones europeas, y fijemos nuestras miradas en
el Nuevo Mundo, por el riesgo en que se veian las colo-
nias españolas. Los ingleses hablan equipado una es-
cuadra formidable que, segun decian, iba destinada á
las costas septentrionales de España. Los vientos con-
trarios fueron un obstáculo para la espedicion ; por lo
que se cambió de plan, y dos meses despues una es-
cuadra de veinte y un navío de línea á las órdenes de
Chaloner Ogle, escoltando un cuerpo de nueve mil hom-
bres, dió la vela para las Indias Occidentales. Al incor-
porarse á la escuadra de Jamaica, tomó Vernon el man-
do marítimo y el general Wentworth el del ejército de
tierra, vacante por muerte de lord Cathcart. Se esparció
el rumor de que esta formidable espedicion se
dirigia
contra las islas y regiones situadas en el golfo de Méji-
co. En el ínterin, el comodoro Anson salió con una es-
cuadrilla compuesta de tres navíos para cruzar en las
costas del Perú y Chile,
y
abrir apoderándose de Pana-
má, una comunicacion por el ismo que une los continen-
tes del Norte y del Mediodia de América. Pensábase con
razon que cuando perdieseEspañalacomunicacion entre
los dos mundos, y el gran socorro de los tesoros de Amé-
rica , seria fácil reducirla á sentimientos mas pacíficos.

4'740.-4742.

453
Felizmente para España el retraso causado por el
clima y las estaciones, no menos que los obstáculos po-
líticos y naturales que acompañan siempre las opera-
ciones de una escuadra inglesa en regiones apartadas,
prolongaron los preparativos de la que debia obrar; por
otra parte se encontraba en la estacion de las lluvias. La
presencia de dos escuadras francesas en las Indias Oc-
cidentales contribuyó asimismo á llamar la ateneion de
las fuerzas británicas, y solo á su regreso á Europa, las
comandantes ingleses se aventuraron á, salir al mar con
su espedicion. La escuadra despues de una penosa tra-
vesía á causa de los contrarios vientos, hallándose á la
altura de Haiti, hizo rumbo hacia Cartagena.
Las dilaciones que habitan acompañado todas las
operaciones de esta grande espedicion, dieron tiempo á
los españoles para acabar sus preparativos de defensa.
La plaza estaba defendida por don Sebastian de Eslaba,
virey de la Nueva Granada , oficial no menos valiente
que inteligente, que ardia en deseo de acreditar en de-
fensa de su patria las virtudes guerreras que habia ad-
*
mirado y aprendido con la lectura contínua de las his-
torias griega y romana (1,24). Comunicó su arrojo á la
uarnicion,
,
é impidió con botavantes el que se acercasen
upes al
,
puerto, echando á, pique varios buques. An-
tes de que se acercase á la costa la espedicion inglesa,
en el Semicírculo eri que se halla situada Cartagena, fue
fortificada con muchas obras en las posiciones mas fa-
vorables , coronadas con mas de doscientas piezas de
ruesa artillería, y además de los obstáculos naturales,
abtanse estacionado tres navíos de linea corno baterías
flotantes en la parte mas estrecha por donde habia que
pasar.
Con tales medios de defensa se hubiera podido re-
sistir á u' ejército de cuarenta mil hombres; pero los in-
gleses no escuchando mas
,
que su arrojo , empezaron el
ataque á pesar de la inferioridad de su número. Una di-
vision de la escuadra arrojó á los españoles de los puer-

154

CAPITULO CUARENTA Y CUATRO.
tos avanzados Chamba , San Felipe y Santiago, que
fueron al punto ocupados; desembarcó al momento al–
u
una tropa, con municiones y artillería. En seguida ata–
c
h
aron los sitiadores el castillo de Bocachica , ó la parte
mas estrecha del paso, defendido por ochenta piezas de
artillería de buen calibre. En tanto que lo atacaban vi-
gorosamente por tierra, el almirante Lestock , con una
divísion de la escuadra, empezó á hacer un fuego terri–
ble por el lado del mar (22 de marzo de /741 .)hHabien-
do conseguido practicar una brecha, desembarcó un des-
tacamento de marinos, el cual sostenido por las tropas,
tomó el fuerte y las obras que dependian de él; en vista
de este triunfo, la Galicia que era el nombre de unade las
baterías flotantes cayó en poder del enemigo, y los espa-
ñoles quemaron ellos mismos ó destruyeron las otras
dos. Los fuegos de las numerosas baterías que defen-
dían cada lado del paso, fueron apagados uno tras otro.
La escuadra entró en el puerto, y halló el castillo Gran-
de y otras obras considerables casi abandonadas. Al
desembarcar las tropas , fueron situándose á una legua
de la ciudad, tratándose ya tan solo de tomar el fuerte
de San Lázaro, el cual situado en una eminencia que*
dominaba la plaza, prometia una pronta rendicion.
Envanecido con este triunfo , envió el almirante in-
glés pliegos á Inglaterra para anunciar lleno de confian-
za , que pronto seria dueño de la plaza. A. tal punto le
halagaba la esperanza de ver realizados sus proyectos,
que se acuñó una medalla representando á Cartagena,
por un lado y por el otro el busto del almirante Vernon,
con inscripciones lisongeras para el vengador del honor
nacional; pero mientras tanto que la nacion inglesa con-
taba harto ligeramente con un triunfo incierto gozándo-
se en la idea de esta conquista; en tanto los españoles
temblaban por la seguridad de una plaza de que depen-
dia casi la suerte de su imperio en América, lá firmeza
de la guarnicion , la falta de union é inteligencia por
parte de los sitiadores, así como la mortandad causada

4740.-1742.

455
por las enfermedades á causa del influjo de un clima mor-
tífero, hicieron fracasar una empresa que tenia inquieta
bien puede decirse, a toda Europa.
Las tropas inglesas y las que hablan llegado de la
América del Norte , desembarcaron y se pusieron en
marcha hacia la ciudad. Viendo el general inglés que se
acercaba el cambio,de estacion, se decidió á intentar el
asalto del fuerte de San. Lázaro. Mil y doscientos hom-
bres escogidos para esta empresa arriesgada , subieron
á
la cumbre en que está situado el fuerte (19 de abril),
con un arrojo que no puede esplicarse de otro modo que
suponiendo upa completa ignorancia del peligro. Pero
al acercarse á las obras, se notó que á causa de una
im-
prevision inconcebible, eran las escalas demasiado cor-
tas, y que las faginas y materiales destinados á ocultar ó
á facilitar la aproximacion. ,
habian quedado atrás. En
situacion tan enojosa, los valerosos sitiadores aguanta-
ron el fuego del fuerte durante
mucho
ti
e
mpo, sin que-
rerse retirar hasta que había ya sucumbido la mitad de
su número, siendo víctimas inútiles aquellos valientes
de un arrojo mal dirigido. A] retirarse se vieron hosti-
gados y aniquilados por una salida vigorosa de la plaza.
Este re
y
es aumentó el desacuerdo entre el almiran-
te y el general , y los destrozos que hizo el clima, au-
mentaron el desconsuelo universal. En el corto perio-
do de dos dias, la fuerza efectiva de seis mil hombres
quedó reducida á la mitad, sin que esta tuviese mas re-
curso para evitar el que la destruyera la guarnieion
que el abandonar su empresa. Destruyeron los ingle-
ses las fortificaciones de que se habían apoderado, vol-
vieron á embarcar el resto de las tropas y se dirigieron
á Jamaica (425).
En tanto que los establecimientos del Occéano At-
lántico se velan de este modo atacados inútilmente, la
costa del Perú fué víctima de las mismas angustias. La
escuadra del almirante Pizarro padeció mucho en una
tentativa que hizo para doblar el Cabo de Hornos, sin

456

CAPITULO CUARENTA Y CUATRO.
poder á tiempo evitar las empresas y destruir los pla.'
nes del almirante Auson. Aun cuando el comandante
inglés no padeciese menos á causa de las mismas tem-
pestades, alcanzó llegar al Océano Pacífico, llenó de
terror y consternacion á los habitantes de las costas pa-
cíficas del Perú y Chile, y despues de saquear la rica
ciudad de Paita (126). terminó sus
'
hazañas apoderán-
dose á, su regreso de la nao de Acapulco, nuestra Se-
ñora de Covadonga, la mas rica de cuantas presas kan
entrado en los puertos británicos, y á decir la verdad,
la única pérdida importante que sufrió por entonces Es-
paña.
Como tuviese mal resultado igualmente un
ataque
contra la isla de Cuba, vió España asegurada su domi-
nacion y poderío en América contra las armas inglesas,
que no hablan tenido mas que desastres. Los gefes in-
gleses con tres mil hombres, único resto de las
tropas
desanimadas .y extenuadas que hablan sido rechazadas
de Cartagena, con el auxilio de un cuerpo de mil negros
de Jamaica, concibieron el plan, temerario y estraño
de
someter una isla tan extensa, tan fuerte por sí misma,
y que habla hecho el arte inespugnable. Sin embargo,
tuvieron el tino de no atacar la Habana, sino desembar-
caron en el puerto de Guantanamo, y se encaminaron
á Santiago de Cuba, ciudad principal que domina el pa-
so del Este , en donde se guarecian infinitos corsa-
rios (18 de julio). Entraron en el puerto que llamaron
Cumberland, en memoria del duque de este nombre;
pero no tardaron en notar que carecian de fuerzas bas-
tante considerables para lograr su intento. Se convocó
un consejo de guerra , y Vernon, cediendo, si bien á
pesar suyo, á la decision de los oficiales, regresó otra
vez á Jamaica, con una pérdida de mil v ochocientos
hombres, y una gran cantidad de provisiones y muni-
ciones de guerra, á consecuencia de los ataques aisla-
dos de los españoles. Este segundo revés causó un des--
contento igual entre las tropas de mar que de tierra,
y

4740.-17i2.

457
acabó de realizar el desacuerdo entre los geles. El
ejército y la escuadra, si merecian este nombre, que-
daron casi completamente destruidos. Un escritor con-
temporáneo ha hecho un cálculo , del que resulta que
veintenil hombres por lo menos fueron locamente sa-
crificados en empresas tan temerarias como desgracia-
das (127).
Otras tentativas menos importantes hechas por los
ingleses en las costas del Nuevo Mundo , fracasaron
igualmente por las divisiones suscitadas entre los ge-
fes, á causa de la intemperie del clima, y por las pre-
cauciones de los gobiernos españoles que de cada suce-
so próspero sacaban nuevos recursos, y á quienes alen-
taba el éxito (428). 'No tardaron mucho en limitarse to-
dos sus esfuerzos á reuniones y asambleas , reducién-
dose todo á discusiones. Los reveses que los acometie-
ron, contribuyeron mucho á disminuir el terror que las
hazañas é intrepidez
,
de los flibustieres habian hecho
proverbial en el Nuevo Mundo, cuando por último, to-
maron los franceses parte en la lucha, el poder de los
ingleses se puso en duda por todos. Las escuadras com-
binadas dominaban , con frecuencia, en los mares de
América, y si se esceptúan algunas presas hechas de
tiempo en tiempo, los tesoros del Nuevo Mundo, que
alimentaban la guerra en Europa, llegaban con regu-
laridad á las costas de España (129).

CAPITULO XLV.
1111.-111441.
Espediciones españolas en Italia.---Operaciones militares , durante las
campañas de
1741
y
1742.—E1
general español Montemar es rechazado
y se
ve
obligado á retirarse á Nápoles.—E1 rey de Nápoles precisado á
aceptar la neutralidad.—Funestas consecuencias de la retirada de sus
tropas.— Campaña de 4743.—Reemplaza Gages á Montemar._Batalla de
Campo Santo.—Nuevas é inútiles tentativas para ganar alrey de Cerde-
ña.--- Tratados de Worms y Fontainebleau.—Casamiento del Delfin con
la infanta María Teresa....-Acontecimientos de 1744.— Espedicion mal-
hadada contra Inglaterra.—Combate naval en el Mediterráneo.—Divi-
sienes entre las escuadras española y francesa.—Espedicion desgracia-
da de don Felipe y del príncipe de Conti, al cruzar los Alpes.—Opera-
ciones en la Italia meridional.—E1 rey de Nápoles viola la neutralidad.
=los austriacos sorprenden á los españoles en Velletri.
En cuanto desembarcaron en Italia las tropas espa-
ñolas, no se tomó ya Felipe , por mas tiempo , la mo-
lestia de disfrazar sus planes y proyectos de conquis-
tar toda la monarquía austriaca, y todo al principio pa-
recia combinado para darle un triunfo seguro. No solo
contaba con la cooperacion de la Cerdeña , sino que se
prometia el verse sostenido por un ejército francés, que
bajaria á, Italia , á las órdenes del infante don Felipe,
y ademas tenia asustado al papa, ó mas bien, lo habla
persuadido que concediese permiso para el paso de
quince mil napolitanos
.
por los estados de la Iglesia. La
intervencion de Francia le prometia la neutralidad de
Toscana, y por lo que respecta al duque delllódena, en-
tregóprovisionalmeate sus plazas importantes ea virtud

1741.-1744.

459
de un tratado al cual debla seguir un enlace con la
princesa de Francia. Finalmente , los genoveses, va
fuese por temor, ya por interés, se mostraron muy d
i
s-
puestos
á
conceder el paso de las tropas españolas por
el territorio de la república. Estos diferentes medios
le daban la facilidad de reunir y tener en pié un ejér-
cito poderoso en el corazon de Italia, en tanto que los
austriacos, privados de toda cooperacion , se hallaban
apenas en número suficiente para dar las guarniciones
necesarias. El duque de Montemar, que mandaba la es-
pedicion reunida en les puertos del Este de España, de-
sembarcó con la primera division en Orbitello, el 3 de
diciembre de 1741, y se puso al punto' en marcha para
los Estados eclesiásticos á fin de incorporarse con los
napolitanos. Al mismo tiempo continuaban desembar-
cando tropas frescas en las costas de Génova (febrero
de 1742), pero en esta ocasion importante,
la
defeceion
del rey de Cerdeña desconcertó los proyectos formi-
dables de la córte de Madrid. Este príncipe astuto ha-
bia negociado á un tiempo con las dos partes conten-
dientes, y si bien habia ajustado un tratado con la casa
de Borbon, apenas se convenció de los planes que te-
nia España formados en lo del Milanesaclo , se apro-
vechó de la mediacion de Inglaterra para hacer un ar-
reglo con la córte de Viena, único medio de sostener
sus intereses personales, y evitar el establecimiento de
una potencia rival en Lombardía. Consiguió un subsi-
dio de Inglaterra y ajustó un tratado provisional con
María Teresa, en el que sin abandonar sus propias exi-
gencias al Milanesado, consintió en unirse con ella para
evitar toda invasion en Italia. En el mismo espíritu que
habia dictado este tratado, insertó una cláusula que
reservaba á cada parte contratante la libertad de se-
pararse de la alianza, notificando este acto un mes an-
tes. Al mismo tiempo , continuaba engañando con as-
tucia á las córtes de Francia y España, á fin de ganar
tiempo para fortificar sus
plazas y prepararse á la guer-

160

CAPITULO
CUARENTA Y
crivro.
ra, y en cuanto se tomaron todas estas medidas, dejó
alas primeros aliados estupefactos, publicando (marzo)
su alianza definitiva con Austria y sus pretensiones al
Milanesado. Entonces puso en movimiento sus tropas
hacia Modena y Plasencia, para impedir que avanzasen
los españoles y se reuniesen á sus nuevos aliados. Por
la misma época, tomaron los negocios un sesgo favo-
rable en Alemania, y la reina de Hungría pudo enviar
refuerzos á Italia. El general Traun destacó un cuerpo
considerable al Sur del Pó, y consiguió ocupar antes de
la llegada de los españoles , una parte del estado
de
Módena.
El general español no podía sostenerse en Italia
de otro modo que probando el dar un golpe decisivo.
En consecuencia de esto se incorporó á los napolitanos
(29 de mayo); y dirigiéndose al Pó todas sus columnas,
se reunieron en las cercanías de Bolonia en número
de
cuarenta mil hombres. Al punto ocupó á Módena y Mi-
randola, y como no quisiese el' duque esponerse á
un
combate, abandonó su territorió y se retiró á, Venecia
(22 de julio). El general español tenia órdenes termi-
nantes para arriesgarse á dar la batalla; pero no era
ni
siquiera bastante fuerte para permanecer á la defensi-
va. Despues de ser testigo de la reduccion de Módena
y Mirandola, se retiró á las fronteras de Nápoles,
y
los
austros-sardos lo siguieron hasta Rimini.
En los momentos mismos en que Montemar se veda
obligado á abandonar la Lombardía con pérdida de ca-
si la mitad de su ejército, una diNi-ision de la escuadra
inglesa se presentó repentinamenten delante de 'Nápo–
les, pidiendo que se declarase neutra, y amenazando
en caso contrario que bombardearia la ciudad. Los mi-
nistros recibieron al capitan inglés que hizo la intima-
cion, y trataron de eludir esta exigencia imperiosa por
medio de una negociacion. Pero el oficial les dijo po-
niendo su reloj encima de la mesa que necesitaba una
respuesta dentro de una hora (20 de agosto). Toda
re-
tia
re

1744. 4741.
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464
flesion es supérflua con este modo rápido
y
espeditivo
de tratar, y para salvar á la capital de la destruccion.
que le amenazaba, tomó el rey la resolucion de ceder
dando promesa solemne por escrito de observar la
neutralidad mas estricta. Esta negociacion estraordi-
naria forma un contraste bastante singular con los con-
gresos y discusiones que duran tantos años tratando de
asuntos de escasa importancia. Veinte y cuatro horas
tan solo pasaron desde la llegada de la escuadra á la
vista del puerto hasta su salida
(130).
La retirada de las tropas napolitanas fué un golpe
funesto para la córte de España y desconcertó todos sus
bellos proyectos de conquista. Montemar, á quien se
echó en cara el mal éxito de la campaña y á quien se
presentaba como incapaz para continuar sirviendo, fué
separado, y el conde de Gages, general mas jóven yac-
tivo que gozaba de la proteccion de los soberanos, lo
reemplazó (434).
Montemar se disculpó mas tarde, alegando que si-
no atacó al enemigo, á pesar de las órdenes repetidas
del gobierno, fué porque el consejo de guerra, convo-
cado con este motivo, no lo creyó oportuno por consi-
deraciones poderosas; pero la consideracion de la infe-
rioridad numérica del ejército español no hubiera tal
vez sido bastante para justificar la deliberacion del con-
ejo, ni disculpar al general en gefe por no haberse
conformado á las intenciones de la córte de Madrid;
porque cinco ó seis mil hombres mas en el ejército
austro-sardo no podían amedrentar á, un general activo
y arrojado. Lo que parece cierto es que la desercion
era considerable en los ejércitos españoles y napolita-
nos porque se quejaba Montemar de esto con estrenada
amargura. Ademas el espíritu público de los habitan-
tes del pais no era de modo alguno favorable á la casa
de Borbon, circunstancias una y otra muy esenciales y
que justifican la prudencia y circunspeccion del duque
de Montemar.
1041
Biblioteca popular.
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T.
III. 67

462
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CAPITULO CUARENTA Y CINCO.
Otra consideracion que ciertamente no era la me-
nos poderosa, ocupaba sin cesar el pensamiento del
general en gefe, la cual mas tarde lo decidió á diri-
girse á Rimini, lo cual era la necesidad de conservar
á don Carlos el reino de Nápoles. Los ingleses amena-
zaban á la capital con una escuadra á bordo de la cual
iban cuatro mil soldados, y los austriacos, por su parte
despues de firmar la paz con Rusia, reunian en Tries-
te y Siena un cuerpo de ejército de diez mil hombres.
Una batalia perdida en estas circunstancias hubiera in-
faliblemente escitado el descontento de los partidarios
secretos de la casa de Austria, en cu
y
o caso era inevi–
table la pérdida de la corona de
v
Nápoles. Conoció
Monternar la necesidad que habia de cubrir el pais con-
tra la invasion del enemigo, que es lo que precisamen-
te hizo con la mayor cordura. Desde Boudino, en donde
tenian su cuartel general, emprendió su marcha á Ri-
rnini, á donde los austriacos se dirigian á un mismo
tiempo en una direccion paralela. El general español
ganó en velocidad á sus enemigos , y ocupó esta este-
lente posicion desde la que, podía socorrer á Nápoles,
si era atacado este reino, ó incorporarse al ejército del
infante don Felipe, si alcanzaba penetrar en Italia por
las costas de Génova, -Único punto
.
que Montemar creía
conveniente para efectuar la reunion de los ejércitos,
así como lo habia propuesto diferentes veces, desde el
principio de la '
•
guerra. Con esta intencion, se encami-
no á Foligno, y allí fué donde supo la promesa arran-
cada al rey de Nápoles de retirar sus tropas. Poco des
pues recibió de Madrid órdenes de entregar el mando
del ejército al conde de Gages que era el teniente ge-
neral mas antiguo del ejército, habiéndose mandado á
Castelar, que era el segundo gefe que saliese al punto
para España (02).
Pero este cambio no tuvo grandes resultados du-
rante la campaña. En efecto, el general conde de Ga-
ges, despues de un movimiento sobre Módena, con el

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