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España bajo el reinado de la casa de Borbon : desde 1700, en que subió al trono Felipe V, hasta la muerte de Carlos III, acaecida en 1788. T. 3

Coxe, William (1747-1828)

Abstract

Bibliografía de mss. : p. IX-XII

Full text

ESPAÑA BAJO EL REINADO 1 DE LA CASA DE BORBON, Desde 1709 en que subió al trono Felipe V hasta la muerte de Carlos III, acaecida en 1789. ESCRITA EN INGLÉS POR GUILLERMO COXE .Biblioteca PixeLegis. Universidad de Sevilla.Y TRADUCIDA AL ESPAÑOL CON NOTAS, OBSERVACIONES Y UN APÉNDICE, POR DON JACINTO DE SALAS Y QUIROGA. T011110 III. MADRID: 1846, ESTABLECIMIENTO TIPOGRAFICO DE D.5 1 . DE P. MELLADO. Editor. • • a CAPIT LILO XXXVI. 1126. Rersárnen de los tratados celebrados por Riperdá en Viena.— Viage de este diplomático y su llegada á España. Su falta de comedimiento v mode- racion.—Es recibido en Madrid de un modo halagüeño.—Conásele la direecion de todos los negocios del reino. No tardó mucho en quedar satisfecha la impaciencia de la, corte de España , porque mes y medio despues de la despedida de la infanta , supo Europa con un asom- bro mezclado, de recelo, que acababa de celebrarse (30 de abril) un tratado entre el emperador y el rey de Es- paña. Confirmaba este documento todos los artículos de la cuádruple alianza, cediendo ambos soberanos mú- tuamente los estados á que anteriormente habian renun- ciado ya pero se convino en que se conservarían du- rante su vida , los títulos que usaban respectivamente. El eh aperador confirmó la posesion eventual de los du- cados italianos , y Felipe por su parte abandonaba to- dos los derechos y reclamaciones á los territorios des- membrados de España por el tratado de Utrecht , así como la proteccion de lbs estados italianos, además sus derechos á la devolucion de Siciia por la de Cerdeña. El articulo mas esencial , era la garantía de la sucesion establecida-en España por el emperador , y la contra garantía de la pragmática sancion por Felipe. El emperador á nombre del pueblo germánico , firmo 6  CAPITULO TREINTA Y SEIS. .° de mayo) otro tratado en que aprobaba las estipu– laciones hechas para la sucesion de Payma y Toscana, cuyo acto confirmó la Dieta ( á 9.0 'de julio del mismo año ). Tambien se firmó otro tratado el mismo 4 .° de nrcl— y o relativo al comercio , en el que aprobaba el rey de tspaiia la compañía de Ostende , ofreciendo proteger á los súbditos del emperador en su comercio con las In– dias Orientales , v concediéndoles franquicias para la entrada y salida en todos los puertos , y los mismos pri- vilegios comerciales de que habian disfrutado las nacio- nes mas favorecidas. Con propósito de que fuese mas útil todavía este convenio , y de facilitar á los mercade- res y fabricantes de los Paises Bajos y. de los estados hereditarios , los medios de sostener competencia ven- tajosa con los de Inglaterra . y Holanda , se pensaba en establecer una nueva tarifa de aduanas á favor suyo en que se rebajase la mitad de derechos. Al mismo tiempo se firmó un tratado secreto á que se dió el nombre en lenguage diplomático de defensa; pero que en realidad era un tratado de alianza ofensiva, el cual encerraba además de otra garantía de los esta- dos respectivos , la designacion especial del contingen- te que debia dar cada uno en caso de ataque , así co- mo el compromiso de sostenerse recíprocamente con todas sus fuerzas si llegaba á hacerse necesario. Ofrecia ademas el emperador que emplearia su rnediacion para conseguir la restitucion de Gibraltar y Menorca;  es indudable que se convino tambien en otros p_untoS par– ticulares aun cuando no con tanta solemnidad B , en daño de las posesiones y tranquilidad' de la G r an Bretaña. El misterio con que se llevóá.clbo esta negociacion dió motivo á infinitas conjeturas relativas á losartículossecre- tos; ya hemos hablado con demasiada es ension de este punto en otra obra (1) para que p re itamos aquí lo mis– mo. Nos limitaremos á manifestar que segun las Prue- bas que caben en este asunto , y que creemos nosotros Ji 4726..  7 sol)  fuer tes mea coavencer á todo el que no se ha- lle prevea4/0.1,ln coatra de an.4te mano. , estos compromi- sos abrararect hal . toma de Gibraltar por medio de las ar- maS y . el. re.4.ablecimiento dei la familia de los Estuardos, eme= caso de wolie, se:. negase.. Inglaterra á someterse, á las peticiones de tos aliados de \ r iera-. Copiaremos sucinta- me•te algunos.,. de tos puntos de estos,compromisos segun se coM!ulti q a ron Dor losa bates s KJllanos , de , quienes. se ha podido em 0--* , .oí y raillotar cuán exactas. eran las noticias delgza;rde. favor que goi-zabart con. Felipe . En caso nece- sario , tantbiejt se podiallathar milyores, pruebas en ci testimonio de, Miandgon , quien por entonces era conti - dente india] o, del rey. Artículo  Sus Ennestades .im,perial y católica, presumiendo que se opondria Inglaterra á la ejem- cion de estos planes , • tanto á causa de sus inter . eses particulares, como parytie n:o ha de querer renun- ciar a su preponderancia en . Europa , y que por esta causa ocurrirán infatiblemente que la, iiacion inglesa, los holandeses y los -demás príncipes formarán una 11-ga coman, se obligan 'á procurar del mejor modo que sea posible,. el restablecer al Pte.tendiente en el: trono , de la Gran »retal a. Para esto, tendra.S. M. G. 11 1 11 pretesto plausible : en: la restitucion de -Gibraltar , que debe pe- dir- tan llulego como. se. publique la paz Je Viena (2). Al comunicarse estos tratados á la có:rte de Madrid, Riperda de parte del emperildor la seguridad mas Solemne. de qu.e consentirla este soberano en el enlace de su hija mayor COI' clon Cárlos.„ • que prestarla asimis- mo. su apoyo para , recobrar . á, Gibraltar y Menorca, y que cooperada coa Felipe a la ekee-tic ion de los proyee- b"m que . ¡laba este formado contra . Inglaterra y Francia. Recibiéronse en Madritt tan buenas nuevas con demos- ilaciones,  jábila , produciendo est raordinario au ha_ viva imaginacion de Felipe que creta • ya Itegadel el momento . de .vengarse de las. humillaciones Vasatfas,.,,,. saciando: su ambitiou burlada. tantass veces. 8  CAPITULO TREINTA Y SEIS. (o i Publicóse desde luego el tratado de paz ,yen seguida `,,il n ,,i - `1,' ,, el de comercio. Las denlas estipulaciones pe rmanecie ron durante algun tiempo cubiertas con un veto , sin.  ')1i 1" que se tratase en secreto ma . s , que por algunas baladro- ill nadas de Riperdá , y por el jubilo é imperiosas exigen-  ,It, , das de la córte de Madrid. Se concedió a Orendayn, el 11p título de marqués de la Paz , como prenda de llossser- hl vicios que habia prestado en el curso de la negociacion, 1 á cu y a alta distincion siguieron otras pruebas de la be- 11 nevolencia real. Riperdá fué creado duque y grande de  151 á atencion de las potencias mas interesadas en ella. A.  ,1',1) \ \ 1 1( España , tan luego como regresó Madrid (3).  ? Las circunstancias de esta negociacion , llamaron la  ' consecuencia de la jactancia de Riperdá , que decía á si las autorizaba ó no el rey de España. Al principio no á Gibraltar y Menorca , pidió Stanhope una esplicacion  á( categórica relativa á estas declaraciones , preguntando voz en grito que se verja Inglaterra obligada á restituir  hl ' vacilaron Felipe y Grimaldo en desmentir al ministro  111 imprudente ; pero en los momentos mismos en que se  1 disponia Stanhope á comunicar esta noticia á la córte, recibió una nota de Grimaldó , pidiendo la restitucion inmediata de Gibraltar,  medio único de evitar un rompimiento. Sorprenddo al saber tal exigencia , pidió una audiencia el inglés , en la que se quejó respetuosa-  1 mente de una peticion tan precipitada , manifestando que antes de ofrecer nada,  indispensable obtener el consentimiento del palament o  , el cual no podria reunirse hasta el regreso del rey que se hallaba enton- ces en Hannover. Le interrumpió la reina , exclamando, con su acostumbrada viveza.—No ,. que regrese al pun- to el rey vuestro amo á Inglaterra y convoque el > parla- mento ; debemos creer segun sus protestas de amis- tad , que lo hará así, , y yo por mi parte estoy conven- cida de que no habrá en ambas cámaras ni un solo voto que se oponga á la restitucion. Para que la proposicion sea mas categórica , es preciso valerse de este razona- 4726.  9 miento lacónico: es preciso que opteis entre la pérdida de Gibraltar ó la ruina de vuestro comercio en las In- dias, porque semejante punto no puede ofrecer duda ni un solo instante, .ni sufrir mas dilaciones (a). En vista de los avisos dados va al gobierno inglés, tocante a las estipulaciones secretas verificadas entre la córte de Madrid y la de Viena. Se rechazó en Lóndres esta proposición atrevida é insolente , si bien con toda la dignidad propia de una gran nacion. Al punto se ob- tuvo de Francia una declaracion 6 de agosto) en la que anunciaba, el gobierno de este pais su resolucion de combinar con Inglaterra todas las medidas necesarias para la conservacion de Gibraltar , y el goce de los pri- vilegios comerciales (5). Con mucha actividad Austria y España., se ocuparon en hacer los preparativos necesarios para la guerra. Con esta union , halagábase Felipe creyendo poder dic- tar ya leyes á Europa ; atentó_ por lo tanto á los parti- darios que tenia en.Francia , anudó sus intrigas contra el duque de Borbor' , poniéndose, de acuerdo con el em- perador para formar un partido á favor del Pretendiente, tanto en Inglaterra como en el continente. Los dos so- beranos aliados lograron captarse la voluntad de la cór- te de Rusia , adquiriendo de este modo un predominio manifiesto en Alemania los partidarios de esta causa, confiaban en que conseguirian la mayoría de votos, gra- cias á los tesoros de España y del influjo del emperador. El marqués de San Felipe salió para Holanda con obje- to de asegurar la accesion de los holandeses. La alianza estipulada con. Viena , las intrigas conti- nuas , que se urdian , los ataques clandestinos , y por último los preparativos hostiles de las dos potencias, lograron perfectamente excitar la inquietud general que se creía inspirar,  no se consiguió intimidar como se creia ni á Ingaterra ni á Francia. Decidieron estas dos naciones , rechazar la fuerza con la fuerza , y el riesgo coma estrechó mas y mas los vínculos que las 40  CAPITULO TREINTA Y SIETE. unían , formando causa comun coa ellas machos de los pequeños es ! ados que estaban amenazados igualmente por recelosos. El resultado de sus esfuerzos mutuos y de sus negociaciones , fué la alianza famosa de Hanno- ver entre Inglaterra, , Francia y Prusia , que formó el contrapeso de la alianza de Viena. El nudo de esta union era un tratado definitivo , en que se garantizaban aquellas naciones recíprocamente sus estados y ter- rito ' ios, comprometiéndose todas á perjudicar á la com- pañía de Ostende , y á cuantos pro y ectos formase en España el emperador. A.provechó esta ocasion para re- novar y confiFinar todos los tratados anteriores de co- mercio (6). Así , pues , se dividió Europa á consecuencia de los esfuerzos de las potencias rivales que procuraban au- mentar el numero de sus partidarios y dar ma y or fuer- za á sus respectivas alianzas. Cada córte se revolvia y agitaba en su órbita por las ráfagas  , a w as de la intriga la seduccion de los regalos , y el uso de los demaZ ard` des de una diplomacia astuta y pérfida. En tanto q este movimiento se propagaba,. b ( r eneralizáudose,  °age -une- te principal que lo dirigia, provocador de aquella gran- d to e m r Ó ev e o l l t u í c tu io lo n y pe r il a í n ti c c o a , de ab t l i t ri nd e o m nó ba utor último su retiro, y e la categoría mas elevada. Ilin j óSe de vanidaida,d embajador el va char- latan de suyo , se hizo ina cr uantable, gracias al orgullo, compañero inseparable Ja  s o sobrada frecuencia de Los triunfos primeros. Noerdio' h ocasion ninguna para dar publicidad á sus planes ,  hablar con énfasis de los resultados inmensos quede y bia producir aquella formi- dable alianza de las dos córtes mas poderosas de la cristiandad. Cuando todo quedé bien arreglaiI y entendido, de - jo Riperdá, en Viena a su hijo Luis., que tendria unos diez y nueve ales corno encargado de negocios riendo de a gacil l a capital sia despedirse - siquiera ; es costumbre de los denlas ministras estrangeros (7`). 1726.  I I Sin mas compañía que un solo criado , se dió prisa á regresar á Madrid con deseo de gozar de los honores y recompensas que le esperahan en su pais adoptivo. Durante su viage , su jactancia y vanidad pueril debie- ron quedar satisfechas para pasar por Génova ; en. don- de fué recibido con grandes distinciones , agasajo que le causo un júbilo estravagante , inspirándole nuevas baladronadas. Al desembarcar en Barcelona , lo primero que hizo fué el enterar de todo á los oficiales de la guarnicion, quienes lo felicitaron en cuerpo, dandelés él menuda cuenta del objeto y resultado de su inision.—El empera- dor ' les dijo, tiene un ejército de ciento cincuenta mil hombres listos para entrar en campaña; á mi salida de Viena , 11.1C, encargó el principe Eugenio que asegurase al rey mi amo , que doble númerode soldados estarian prontos dentro de seis meses y á las órdenes de España. El emperador mismo se dignó declararme del modo mas franco y positivo , su: resolucion de apo y ar al rey de España con todas sus fuerzas para recobrar á Gi- braltar (8).—Habló en seguida del duque de Borbota y del gobierno francés con el mayor desprecio. —Si los aliados de Ilannover decia , se atreven á oponerse á los planes del emperador y España , el primer granade- ro (aludiendo al rey de Prusia) tendrá que bajar del trono. Jorge f perderá sus estados en solo una campa- na, y el trono de Inglaterra será ocupado por el here- dero legítimo , que es Jacoba III. No se verificará re- conciliacion ninguna,  que egerza yo algar' in- flujo ,-y si yo vivo Ista que tenga esto lugar , cierto estoy de llegar á edad muy avanzada. Tal prisa tenia de dar la halagüeña noticia de su feliz éxito , que caminó como iltil correo de gabinete , y llegó á Madrid en la tarde del 4.4 de diciembre. Seguro como estaba de que no se llevaria á mal el que inCrin- giese todas las , fórmulas de la etiqueta española , solo permaneció un momento en compañía de su muger , y 12  CAPITULO TREINTA Y SIETE. se fué al punto á palacio en trage de viage. Al llegar á la antecámara , le dijeron que los reyes estaban despa- chando con Grimaldo ; le causó mucho disgusto el tener que esperar un rato. Por último , sale el ministro de la cámara real ; pero Riperdá no consintió en dar cuen- ta de su encargo á un ministro á quien vela ya caído y reemplazado por él ; antes bien , hizo que se anunciase su llegada á los reyes quienes lo recibieron con una benevolencia especial. Se le concedió una audiencia muy larga , en la que espuso las transacciones que aca- baba de concertar, y desarrolló la série de los grandes proyectos que había formado para tiempos venide- ros (9). Prodigáronse honores y recompensas al aven- turero diplomático , que al siguiente día fué nombrado ministro de Estado, en lugar de Grimaldo. Una órden que se comunicó á los embajadores y ministros estrangeros de que no tuviesen relaciones mas que con él solo , re- veló que • como en otros tiempos Alberoni , se le decla- raba primer ministro. Difícil fuera el contar todos los favores sucesivos con que lo agració el rey en el corto espacio de dos meses. Jamás se habla visto elevacion mas rápida , pues no solo reunió aquel  g persona e los ministerios de la Guerra, de Marina, de Hacienda é In- dias , sino que se le dió tambien la revision y superiri- tendencia de los tribunales de justicia (40). Hemos visto que la conducta y lenguage de Riperdá hasta entonces fueron poco comedidos y hasta imPud tes; pero al llegar este aventurero al colmo del poder, no tuvo lí m ites su insolencia No se le oia hablar mas que de las fuerzas del emperador y de España, que, de- cia, con su union no solo resis . tiriau á todas las p áoten- cias de Europa, sino  podrian cuando quisiesen cas- tigar  quien se atreviera á oponerse á su voluntad. —El Pretendiente e añadía, será restablecido en el trono de Inglaterra ; se Francia enflaquecida por sus divi- siones intestinas, verá obligada á la neutralidad, y el parlamento inglés no sancionará j amás la guerra contra 4726.  43 España , ni los holandeses podrán nunca acceder á la alianza con liannover. Por lo demas, el ilimitado influ- jo de Riperdá y los recursos de su fecundo genio, saca- rán de España todos los tesoros que necesarios sean. La corte que creia todas estas habladurias que hala- gaban sus pasiones, no se mostró menos confiada y pre- suntuosa que el ministro. No tardó en anunciar la cele- bracion de una alianza ofensiva con el emperador, y po. díasejuzgar por las palabras altaneras de su declara- cion que se prometía intimidar á Europa con tales , amenazas (11). A CAPITULO XXXVII. 1126. Administracion de Riperdá.—En vano trata primero de intimidar y luego de dividir á las potencias marítimas y á Francia.—Dificultade s de su po- sicion.—No cumple las palabras dadas á la córte imperial.—Ataques por parte de sus enemigos.—Pierde la confianza de los reyes.--Su caida.— :Busca un refugio en casa del ministro de Inglaterra.—Revela los se- cretos del gabinete español. — Su arresto y confinamiento en el castillo de Segovia.—Cambio en la administración. Todo lo disponía Riperdá á quien el favor real habia llenado de orgullo y presuncion, para realizar sus vas- tos planes. Confiando la córte en tales planes , le habia entregado el time), del Wado en la firme creencia de conseguir triunfos ofrecidos con semejante seguridad. Igual era el entusiasmo de la nacion , y todo por últi- mo presagiaba un cambio feliz en el . gobierno. El nuevo favorito recibió el incienso hiperbólico de los romances españoles; era, decian, un nuevo planeta que se elevaba por el horizonte político; era un hermoso meteoro pre- sagio de paz y bonanza, cuyo benigno influjo iba muy en breve á esperimentar España. Nada tampoco descui- daba el objeto de estas adulaciones para dar alimento con su propia confianza á esta creencia universal; mos- trandola petulancia presuntuosa de un hombre que tiene fe en sus propios recursos, en su capacidad superior, y que ni la menor duda abriga de que podía cumplir las promesas prodigadas con tan poca criterio al soberano 1726.  45 y á la nacion. -Considerábase como el llamado á efectuar Ilstambiodel antiguivvicioso , sistema ,en la política es- pañola, la reforma de los tribunales y en general de todos los ramos del estado, rompiendo las travas con que querian las p.otencias marítimas ligar al comercio es- pañol, contando en conclusion con resucitar el esplendor de una ,nacion que habia'en otros tiempos dado leyes á Europa, y cuya energía se hallaba debilitada á causa de los vicios , ignorancia y torpeza de los gobiernos ante- riores. Riperd es ,un egemplo elocuente de que las mas bellas esperaazas suelen .con frecuencia no ser mas que una ilusion, y de que la necia presuncion es compa- ñera del desaliento propio y el desprecio ageno; porque jamas proyectista se vio burlado, de un modo mas com- pleto que el. Castillos en el aire habian entusiasmado su lozana imaginacioa, y alucinado con el aplauso univer- sal y una confianza ,repentina, se olvidó de calcular las fuerzas-de la grande oposicion que no podia menos de formar el interés particular en contra de sus proyectos, inclusos los que parecian mas beneficiosos. Tampoco supo juzgar los obstáoulos que habría de engendrar el carácter ,del pueblo, circunstancias locales de su situa- cion personal. Con sobrada ligereza se habia jactado de alcanzar al punto, y corno por encanto lo que no podia ser'sino el fruto desuna continuacion norinterrumpida de años prósperos; sobre todo muy lejos se hallaba de pen- sar que,antes , de regresar de Viena . ya la malicia, liaba sembrado los gérmenes de una prevencion que mas tarde se desarrollaba en el ánimo del rey. Felipe, desconfiado y suspicaz por carácter, que no depositó jamás su entera confianza en nin g un ministro, quiso someter los proyectos brillantes e' de Riperdá á los abates sicilianos y á otros .confidentes,a quienes acos- tumbraba .á pedir dictámenes secretos. Este paso fue un golpe terrible para el ministro , porque los conseje- ros secretos no contentos con esponer y hasta exagerar 4 e  COITULO TREINTA Y SIETE. defectos de aquellos planes dando pruebas de que los eran erróneos, despertaron diestramente la predileccion con que miraba Felipe sus prerogativas como soberano, disuadiéndolo de que concediese al nuevo ministro el estenso poder necesario para ejecutar tales proyec- tos (42). No menos se había equivocado Riperdá al juzgar el carácter y principios de la reina, y nada tenia de cuan- to es preciso para avasallar y dominara una princesa al- tanera é impetuosa que llevaba á cabo con inflexible perseverancia sus pensamientos, y estaba siempre pre- parada á luchar con los obstáculos , y que no toleraba observacion ninguna por importante que fuese, cuando era opuesta á sus preocupaciones y sobre todo á sus in- tereses personales. En tales circunstancias se vió Riperdá puesto al frente del gobierno como una especie de muñeco con todos los títulossios estertores de mando, pero sin el poder real que signo habla tenido en otros tiempos Albero ni. Era ya sospechoso á los ojos del rey y en todos sus pro y ectos tropezaba con la impaciencia de lareina que lo miraba tambien de mal talante. Detestábalo la gran- deza y hasta los empleados de escasa importancia lo contradeeian y comprometian, hostigándolo por último un enjambre de enemigos ocultos ó declarados sin que tuviese medio de burlar su vigilancia ó rechazar sus ataques. Apenas tomó las riendas del gobierno , halló obstáculos insuperables para pagar los subsidios que tenia ofrecidos al emperador. Las continuas guerras, la urgencia de los gastos corrientes y las sumas exhor- bitantes enviadas a Viena, hablan dejado exhausto el tesoro. La servidumbre del rey no estaba pagada al corriente; el ejército que subía ya á ochenta mil hom- bres tampoco, careciendo además de vestuarioy arma- mento. Geinia el pueblo bajo el peso de enormes tribu- tos cuya recaudacion iba haciéndose cada dia mas difi- cil, y finalmente, el comercio de industria estaba com 4126.  / 7 pletamente paraliado, habiéndose perdido el crédito á consecuencia de-las disputas con Francia y- las poten- cias mafítimas. En medio de estas dificultades llegó á Madrid, como embajador de Austria, el i condeKoningse 41 . , q ue fu é reci- bido con las mayores demostraciones efe júbilo y las muestras mas estravagantes de influjo. Parecía que la presencia: a de un embajador de Viena debia consolidar mas que nada el valimiento de un ministro que habia concebido el primero la idea de unir á, entrambas cór- tes; pero tal era la situacion de España y del empera- dor,tales las circunstancias que rodeaban al mismo Riper ej da, que este acontecimiento contribuyó á multipli- car las dificultades. Ya en medio de la alegría pública. que festejaba 'allegada de Koningseg se notó que el ministro andaba temeroso é inquieto , saltando á los ojos de todo el mundo su turbacion marilliesta (13). Pronto se conoció lo que vallan las palabras de Ri- perdá. Descubriéronse los artificios de la cOrte de Austria, pues lejos el emperador de darse prisa a efec- tuar el enlace ofrecido , buscaba pretestos plausibles para. diferirlo. Los preparativos militares no eran ni con mucho ni tan importantes ni tau inmediatos como habia espresado; la ligereza de Riperdá. En restlinen, lejos España de tener en el Norte y en el Austria un in- flujo preponderante , los aliados ganaban terreno por todas partes. Riperdá dolíase de esto, y además de ver- se hostigado sin cesar con las exigencias del embaja- dor imperial, que-pedia el dinero de los subsidios pro- metidos á los príncipes: del imperio, y los fondos nece- sarios para activar los preparativos del emperador. No podía desentenderse de estas peticiones urgentes, y así es que se veia obligado á amontonar disculpa sobre dis- culpa alegarido siempre la penuria del tesoro; con mu cho trabajo consiguiótquese le diese un resuello hasta la llegada de los galeones que llegaban de América á épocas determinadas'. 4032 Biblioteca popular.  T. 11!. 58 4 8  CAPITULO TREINTA Y SIETE. Estas causas interminables de descontento y exas- peracion, hacian que de dia en dia fuesen menos ínti- mas (as relaciones de ambos ministros; esta frialdad se convirtió luego en enemistad manifiesta; pero el interés que tenian ambos á contemporizar con la reina, suspen- dió durante algun tiempo que reventase la nube que iba formándose. Koningseg alucinaba de su compañero con protestas y elogios dados en nombre de su sobe- rano, y por su parte Riperdá se deshacía buscando por cuantos medios eran posibles, con quéalirnentar la ava- ricia de la córte imperial. A. fin de alcanzar un apoyo momentáneo , introdujo reformas considerables en to- dos los ramos de la administracion ; suprimió destinos de varias categorías, é impuso contribuciones á todos los empleados que habian desempeñado destinos lucra- tivos, valiéndose del pre testo odioso é injusto de dila- pidacion. Elevó el valor de la moneda de oro, y adoptó la medida no menos cruelque impolítica de suspender todas las pensiones y mgos. En odas tiempos, hubie– ran bastado medios tan desastrosos para irritar los ánimos; pero en aquellas circunstancias , tan 'grande abuso de poder hacia mas profunda impresion ema- nando de un aventurero, y pareciendo ser resultado de aquella alianza de que se esperaban tales ventajas y que no . habia producido aun mas que males incalcu- lables. No porfia ya ocultarse á Riperdá los obstáculos que lo e rodeaban; pero deseoso de nutrir la esperanza que ha– bia inspirado, trató de sostenerla, supliendo la fuerza real que le faltaba con habladurías, amenazas y bala- dronadas. Con este intento, persuadió á Felipe que convendria escribir á los Estados generales de Holanda (23 de enero) una carta anunciándoles que se vela obli- gado á prestar apoyo al emperador en caso de guerra, vengando al mismo tiempo las ofensas que recibiese de sus enemigos; que baria en todo y por todo causa co- Ruin con S. M. I. declarando la guerra á cuantos lo 4726.  19 provocasen: que consideraria á los enemigos del em– perador como si fueran suyos, porque se Callaba plena- mente convencido de que le pagaba el emperador en la misma moneda. Con idéntico objeto se valió Riperdá de varios me- dios para alarmar á Inglaterra, comunicando con aire de confianza al embajador inglés algunos de los artícu- los secretos del tratado de Viena, relativos al compro- miso de España de sostener la compañía de Ostende, y la promesa recíproca de ayudar á España á recobrar á Gibraltar por grado ó por fuerza, si esto último era in- dispensable. Le esplicó, al mismo tiempo, cuáles eran los medios escogidos para ejecutar estos proyectos , di- ciéndole qué el emperador enviaria treinta mil hombres á España, y añadiendo corno una especie de amenaza contra Inglaterra, que podria él poner á disposicion del rey igual número de hombres, á sus espensas si fuese posible, en donde quiera que fuese necesaria esta fuer- za para apoyar los planes de la alianza. No contento con estas amenazas, concibió el pensa- miento de una espedicion contra las Islas Británicas á favor de la familia de los Estuardos; en seguida aparen- tando temer un ataque en las costas septentrionales de España reunió doce mil hombres en Galicia al mando de don Luis de Córdova, equipó seis buques de guerra con pretesto de un viage á las Indias Occidentales , y mandó que algunos buques rusos que acababan de lle- gar á los puertos del norte de España tomasen parte en la espedicion (14). A. fin de atender á los gastos del armamento propu- so apoderarse de los fondos de beneficencia de San Justo que importaban unos 9.000,000 de duros , sin promesa de devolverlos á un período fijo; pero ni el mo- narca se atrevió á tocar á tan sagrado depósito sin el consentimiento del consejo de Castilla. La reina , me- nos escrupulosa trató con el auxilio de su confesor , de ganar al presidente que era el obispo de Sigüenza; • 20  CAPITULO TREINTA Y SIETE. pero ni ella ni Riperdá eran bastante amados para a.1– canzar el apoyo de un ministro español para una . vio- lación tan manifiesta de los principios y sentimientos nacionales. El presidente dió cuenta de la proposicion á los abates sicilianos sus amigos y siguiendo los conse- jos de estos no solo negó su adhesion, sino que protes- tó solemnemente contra en paso que tenia por objeto hacer que se creyese necesaria tan terrible injusti- cia (45). Este obstáculo imprevisto irriló y humilló á un tiem- po á la reina y al ministro; la primera sobre todo mos- tró un resentimiento tan violento contra el presidente á quien asustó tanto, que el honrado anciano cayó en- fermo. Ya desde entonces, no se cuidó mas que de sal- var las apariencias, y se supo dar á esta proposicion el colorido del bien público. - El ministro pidió á nombre - del rey, á Francia é Inglaterra una dec!aracion termi- nante en que se desmintiese cualquier provecto hostil que contra las costas de España hubiese. Árcanzóse dificultad esta declaracion , y mandóse á las tropas que se retirasen á los cantones (16). Entonces puso Riperdá sus miras en Francia , con intencion de escitar los celos ó el temor que en vano quiso inspirar á Inglaterra. Halagábale la esperanza de que la córte de Vers.alles seria fácilmente seducida con la esperanza de una reconciliacion, ó con la pers- pectiva de establecer un príncipe Borbon en el trono del imperio. Jactóse, con su orgullo ordinario, que podria cuando quisiera, realizar esta reconciliacion. Con este objetó entabló una correspondencia secreta con Fleury, por medio del confesor de la reina, de Montgon, y de otros agentes franceses . ; , y tratar de ganarlo ofreciendo- le favorecer su designio de reemplazar al duque de Borbon. Pero nada podria salir bien á tan imprudente tro. La órden a menazadora comunicada -a ' Holanda, sus ataques contra el comercio de aquel pais, que veia en 4726.  21 su propio daño protejer á la compañía de Ostende, su rival, escitaron contra él muchas ciudades que hasta en- tonces, habian sido opuestas á la alianza de Hannover, y . debilitaron aquel feliz influjo que habia propor- cionado á España en todos tiempos tau señaladas ven- tajas. El pueblo inglés y el parlamento Se agruparon en torno del trono, corno acontece , por lo genera[', en los momentos de mucho riesgo. Contra -las esperanzas de Riperclá no solo se cumplieron los compromisos de alianza con Hannover, sino que la nacion inglesa, mos- tró su resolucion de defender á, los estados alemanes del rey, si llegaban á ser atacados, en, defensa de las me- didas que tomase el gobierno británico. Viendo por todas partes en derrota á sus proyectos, cambió Riperdá totalmente de tono, convirtiéndose ea tan flexible y sumiso como antes habia sido insolente y vano. En vez de insistir en la reciarnacion de Gibraltar aseguraba muy amistosamente á Stanhope que no seria esto motivo de guerra; que el rey sin renunciar á sus derechos se hallaba dispuesto á esperar u a año y mas, si preciso fuese, apuntando que era mdispcnsable el en- tenderse buenamente sobre este punto en litigio, y para esto respondia con su cabeza, que ofreceria España una compensacion que satisfaria completamente á la nacion inglesa (17). Todas las esperanzas locas que 'labia concebido el ministro, se desvanecieron una á una, inclusa la de se- parar á Francia de la alianza hannoveriana, Fleury era, á un mismo tiempo, muy circunspecto, y conocía el in- flujo que egercia en el animo del jóven soberano , para servirse del apoyo de España contra el duque de Bor- boa, que sabia harto que el único medio posible para conservarse en el poder, era la union con Inglaterra. Las dos córtes publicaron, por lo tanto una declaracion espresa que encerraba la manifestacion de su union ín- tima y firme, la cual comunicó Stanhope , que durante CAPITULO TREINTA Y SIETE. la ausencia del embajador francés, habia quedado como encargado de los negocios públicos de Francia en Ma- drid. Los reyes dejaron conocer, en esta ocasion cada uno á su modo, á causa de la diferencia de sus carac- teres el disgusto que les causaba 'semejante aconteci- miento imprevisto. Stanhope presentó la carta que le habia escrito Morville, ministro de negocios estrange- ros en Francia, y el rey , despues de leerla en voz alta hizo al punto la observacion siguiente :—Resulta de todo esto que el rey, vuestro amo, y la córte de Francia están íntimamente unidos, como lo estamos el emperal dor y yo.—Por el contrario Riperdá, dejándose llevarle su carácter arrebatado y no sabiendo ahogar los afectos que lo oprimian, no pudo disimular su pesar y su ha- millacion estremada. Recia en sus cartas el ministro in- glés que se hallaba este personage desconcertado y aterrado mas de cuanto parecia  p ima o inable (48). Estos terribles golpes , rayos para Riperdá ' eran r tantos anuncios que revelaban la desaparicion próxima • de aquel meteoro político.  pesar de hallarse abruma- a do con el despacho de los ne o -ocios de todos los ministe- os, apenas si tenia el número  de l s. i u alter- nos, despues de las severas reformas que .i h habia ntro- ducido, que lo aliviase en el trabajo material. La opa- sicion interesada de lo s consejos y o y ministros ponla obstáculos á sus planes in - as útil  no tar b  cló en inti- midarlo un clamor ge n eral que ue se , generalizó contra la alianza con Viena. Felipe,  besar de su hipocon- dria tenia un entendimiento clu d e es a pe . iado , , y que sobre todo, amaba mucho á su pueblo, juzgó por último, en lo que valían los sueños dorados y locos de su ministro. Alentó los ataques de los enemigos de este, y manifestó varias veces á la reina que era preciso quitar todo po- der á un loco de este géne  Sin embargo, se sostuvo todavía algun t g i , e e r l iz h R ánl ip e e t r I r o t d e' á, gracias á la proteccion de aquella mugen  que no se desprendía S100 muy á pesarsuyo de la esperanza de ver realizadas 4726.  23 las . promesas magníficas con que habia halagado su am- bicion el ministro. Con la seguridad del apoyo de su protectora, trató de intimidar á sus enemigos y 'consolidar su poder va- cilante, llegando su audacia hasta el estremo de olvi- dar el respeto debido á los príncipes de la familia real. Como un guarda bosques del príncipe de Asturias ma- tase de intento ó por descuido un perro de la duquesa de Riperdá , el ministro lo mandó prender al punto; cuando se presentó el príncipe ante el rey pidiendo que se pusiese en libertad á Su criado, se atrevió Riperdá á interrumpirlo; pero el príncipe le impuso silencio con una dignidad verdaderamente castellana, diciéndole lacónicamente:—Al rey es á quien hablo.—Felipe hizo un movimiento de aprobacion , y el ministro confuso y humillado .tartamudeó algunas disculpas, retirándose en seguida. Un 'dia en la recepcion matinal del rey dijo al con- fesor delante de varias personas, que debía mezclarse de los asuntos espirituales del soberano y jamás de nin- gun punto mas. En otra ocasion dijo públicamente:—Sé harto que me aborrece la`nacion española; pero me bur- lo de su malquerer en tanto que pueda contar con la proteccion de la reina á quien he prestado los mayores servicios.—Otra vez pronunció la siguiente frase ab- surda y pueril:—Tengo seis amigos especiales : Dios, la Virgen María, el emperador, la emperatriz, el rey y la reina de España. Sin embargo, la falta de circunspeccion y de siste- ma, su insolencia y conducta estravagante no tardaron en destruir la opinion sobrado ventajosa que tenia la reina de sus recursos. Por orgullo, por vanidad ó am- bicion luchó todavía durante algun tiempo contra la opinion general, y puede añadirse contra su misma conviccion; siempre que el rey lo acosaba con sus razo- namientos pasaba todo el dia á veces enfadado sola- mente y otras llorando (19). Por último se tomaron me- 24  CAPITULO TREINTA Y SIETE. didaspara vencer aquella prevencion , pers _ ei u.e adsiénd-cole que se hallarían otros ministros no menos paces que Riperdá, que realizasen los pro_yectos en a- n que tenia tanto empeño, y que no tendrianm . 4 la van i dad, - ni la falta de comedimiento que con justiciase whaba tan en cara á su favorito. Los dos hermanos Castelar y Patito, , que fue,rolt se- parados p r isa facilitar la elevacion de Riperdá, se halla- ban al frente del partido que intrigaba contraiél, -y que lo hirió de muerte. Los dos hermanos tenian por auxi- liares á Sopeña., Arriara y demás ministras 'cardos, es- pecialmente á su pariente Monteleon, que tabia reco- brado su influjo, al regresar de Francia. Paro el prin- cipal apovo era el confesor de la reina, que acababa de ser elevado al rango de arzobispo de Amidainpartibus;‘ este clérigo Babia sido recomendado, por Alberoni y Dauhenton para el puesto que desempeñaba .porque lo consideraban como hombre casi nulo y sin ambicion nin- guna. Durante el ministerio de Alheroni permaneció retirado ; pero se cansó pronto .de su papel de -subalter- no , puso en accion todos losartiflcios y .arterias que le su g irió su carácter flexible é insinuante , lin de cap- tarse el favor de su sobe rana, _lo cual consiguió halagan-- do su ambicion y haciendo un alarde .'esitrensado de 'su- mision á su voluntad. Su ignorancia -en Los •n-egocios po- liúcos y su deseo de conservar su influjo lo movieron P. travar íntimas relaciones con loslabates . sicálianos y mas particularmente conos dos Patiños(20)'quesetallaban en estado de darle datos que su entendimiento limitado y las ocupaciones de su profesion no tem-mit:ida adqui- rir. Por este conducto tuvieron los P4aktátos medios tde hacer o bservaciones, con cuyo-auxilio podian aun ;mis• mo .tiempo minar el _poder del .ministro y darse á, I cono- cer á si -mismos. No =menos influjo consiguieron -con conde de Koningseg scomprometiésdoseiá realizar las promesas de Riperdá, y en-el apoyo de ,este,,alcanzaron un apoyo poderoso ea la .£órteimpezial. 4 726.  25 En tanto que esta intriga, manejada diestramente, minaba en secreto el influjo mal seguro del ministro, se vió este combatido por los -que componian la alianza de Hannover. Sin declaracion de guerra, Francia é In- glaterra tomaron prontas y e eficaces medidas de parali- zar los esfuerzos de España, amenazándola Francia con un ataque por tierra en tanto , que Inglaterra envió tres escuadras, una al mar Báltico, otra á las costas de Es- paila, recibiendo órdenes la tercera de bloquear las no- tas en tós puertos de América. La primera en efecto contuvo á las potencias del Norte, la segunda obligó á, España á velar con todo cuidado en la custodia de sus propias costas, y la tercera interceptó por sus cruceros los socorros ordinarios, destruyendo el crédito público, último recurso con que contaba Riperdá. En medio de esta crisis, la enemistad oculta duran- te niucho tiempo entre el ministro y el conde Koningseg, estalló abiertamente. El embajador echó en rostro al ministro que había engañado á la córte de Viena, soste- niendo que el rey de España era mas rico solo que jun- : tos todos los demás príncipes de Europa, en tanto que se hallaba aquel soberano no menos apurado que el mis- mo emperador. Riperdá por su parte se quejó á los mi- nistros de Inglaterra y 'Holanda -de que los alemanes .eran insaciables, y que nunca se darian por satisfechos hasta que se hubiesen apoderado del último doblan del rey de España.  todas estas desavenencias siguió una queja formal del emperador contra la locura éirnpruden- zia de Riperdá que Babia revelado al ministro inglés los Irtículossecretos del tratado de'Viena, imprudencia cu- yas funestas consecuencias exageraba. Fué decisivo este iataque,-rhasta la reina se Unió ál.oningseg para inflamar la cólera del rev contra el ministro, valiéndose de todo su influjo para : derribar á su propia hechura y recomen- dando con empeño ar monarca, á los Patiños que se ha- bian. , comprometido á pagar los subsidios ;y cumplir las promesas con que Riperdá halagó á la córte de Viena. 26  CAPITULO TREINTA. Y SIETE. Sin embargo, no fué tan rápida la caida de Riperdá como la de Alberoni. Desde luego se le separo de la superintendencia de hacienda, dando por motivo de esta medida la necesidad de aliviarlo de una parte de la pesada carga de la administracion. Harto bien cono- cia el ministro lo instable que era el influjo palaciego, para no adivinar la suerte que le esperaba , por lo, que. pidió permiso para retirarse. Pero ya sea que las bate- rías de sus enemigos no se hallasen todavía dispuestas, ya que se temiesen los efectos de su falta de modera- cion, no se admitió su renuncia ; hasta se le permitió que hiciese una defensa de su conducta y continuó por algunos Bias mezclándose como de costumbre de los ne- gocios de la administracion.  I de marzo al salir del palacio del rey le entregó el marqués de la Paz un de- creto en el que se le admitía su renuncia por el sobe- rano, yse le concedía la gracia de 3,000 doblones anua- les en consideracion á. sus antiguos servicios. Todo indica que se hubiese permitido á este niño mimado de la fortuna el pasar de las ilusiones del po- der á una vida sosegada en un honorífico retiro sin. los temores que retrasaron y suavizaron su caida, y enton- ces cobraron mayor fuerza. Como lo dominase el resen- timiento ó el miedo, habia tratado hacia algun tiempo de captarse la amistad de los gobiernos de Inglaterra y Holanda., Agitado todavía con las emociones que le causó su raida, corrió precipitadamente á casa del mi- nistro de Holanda, Vandermeer, con pretesto de ponerse á cubierto de la indignacion del populacho que se habia precipitado á las puertas de su albergue. Como no le acogiese su paisano del modo que él esperaba , se refu– gió á casa de Stanhope que se hallaba entonces en Aranjuez con la córte. Al regreso de este embajador mostró Riperdá la bajeza mas servil y pagó una protec- clon momentánea con- la revelacion de los secretos del gabinete español. El desórden 'de sus ideas hizo que lo exagerase todo v aturdido con los peligros que le cer– y 4726.  27 caban no solo descubrió los artículos secretos, sino que puso en conocimiento del ministro los enlaces proyec- tados de dos archiduquesas con dos infantes, con todos los pormenores en que se había convenido para resta- tablecer al Pretendiente, y reveló los proyectos de des- membrar de Francia la Alsacia, el Franco Condado, la Borgoña, Navarra, el Rosellon y todas las demás pro- vincias tomadas á la Austria y á España ; á fin de que fuese mas completa la revelacion, comunicó varias ideas relativas t la sucesión eventual de Felipe al trono de Francia, divulgando todos estos secretos con la confu- sion . que era consiguiente v en medio de la agonía de su situacion, y su relato de ' vez en cuando fué interrum- pido con suspiros y sollozos. Pero á pesar de la flaqueza é inconsecuencias de ca- rácter tan ligero, en los momentos mismos en que aca- baba de perder todos los títulos á la confianza del rey, este hombre no menos estravagavite que osado, todavía quiso probar fortuna, tratando de recobrar el influjo que habla perdido; con cuyo motivo escribió una carta á los reyes en laque recordaba sus servicios pasados, termi– nando con esta provocacion (21): «¿No soy yo quien he celebrado á favor de VV. MM. el tratado de Viena y los enlaces de don Cárlós y don Felipe con dos archiduque- sas?» Llevó su locura hasta el estremo de aconsejara! rey que abandonase al emperador , uniéndose estrecha- mente con Inglaterra y Francia, de quienes podría al- canzar mayores ventajas para sus hijos ; esto es, Italia para don Carlos y los Paises Bajos para don Felipe. Al final de esta cartapedia permiso para retirarse a un convento. No se podia esperar fundadamente que los soberanos de España ' tolerasen tales insultos de su pa– sado favorito, que se hallaba bajo la proteccion de un ministro estrangero. Pidieron por lo mismo que se les entregase á Riperdá; mas como diesen lugar a largas discusiones los privilegios de los embajadores y los principios del derecho de gentes, enviaron un destaca- ti a 28  CAPITULO TREINTA Y SIETE. mento de tropas con órden de apoderarse de él ycondu- cirio con buena escolta a la fortaleza de Segovia. Lle– fiaron sobrado tarde estas precauciones para evitar los efectos de su traicion, pues Stanhope habla ya escrito todas las noticias adquiridas tan impensadamente con- fiándole este papel á un amigo. Al 'momento despachó á Keen, cónsul de Inglaterra, como correo para que in- formase de todo verbalmente al ministe r io ingles y á la córte. Stanhope protestó contra la violacion de las pre- rogativas de su empleo; perola conducta de Riperdá no a j mitia disculpa. La córte de Lóndres se aprovechó de sus relaciones sin olvidarse de tomar todas las medidas necesarias para conseguir una reparacion (22). A.1 examinar la efímera administracion de Riperdá, se inclina uno naturalmente á compararla con la de su antecesor Alberoni. Los dos eran hombres dotados de estrenada capacidad, y profunda instruccion, y ambos labraron su propia follona. Subió Alberoni al poder gracias á la energía natural de su carácter, y Riperdá, aprovechándose del tiempo y las circunstancias. Pare cm uno nacido para mandar, y el otro para figurar ea segunda linea. El primero era superior á su posicion. heria antes de amenazar, velaba sus recursos y proyec- tos con un secreto impenetrable que les daba mayor fuerza, se levantaba de su derrota con mayor vigor, y durante algun tiempo, luchó con los esfuerzos reunidos de las grandes potencias de Europa, gracias á los re- cursos 'poderosos de su genio fecundo; mientras que el segundo, tan pródigo de promesas como incapaz de cum- plirlas, hacia despreciable su poder á causa de sus va- nas amenazas y estravagantes baladronadas, quitaba todo prestigio á su persona, y desacreditaba la dignidad de su empleo con mil falsedades, inútiles por lo menos valiéndose de subterfugios infames (23) y mostrán: dose a veces 'insolente y bajo á veces,  ambos eran vehementes é impetuosos. Álbe  •  d roni no dejaba ja- más que se trasluciese su temor ó esperanza, ni en me- Page 27 could not be converted This page was skipped, but the rest of the document is available. 520 Server Error: <none> for url: https://convert.identific.com:2053/api/convert CAPITULO XXXVIII. 1)126. Ascendiente de la política alemana en París. — Caida de Grimaldo- y cam- bio del ministerio.—EleYacion de Patiño.—Vanos esfuerzos d.e la córte de Francia para conseguir una negociacion.—Log ra por fin la reina la caida del confesor y de los abates sicilianos.—Forma Felipe nuevos pro- yectos para la sucesion del trono de Francia.—Instruccion es y misma del abate Montgon á París.—Principio de una correspondencia entre las dos córtes francesa y española.—RegresaMo n tgo n á Madrid.—Hostili- dades momentáneas contra Inglaterra._Sitio de Gibraltar.—Fírmanse los preliminares por el emperador.—Lentitud de España.—Consecuen- cias de la muerte de Jorge I.—Restablecimiento de la correspondencia entre Francia y España. La caida de Itiperdá aumentó el influjo de los ale- manes en Madrid y la disposicion. hostil que existia contra Inglaterra y Francia. La córte se ligó mas estre- chamente con el emperador, á quien consideraba corno amigo no menos síacero que aliado poderoso, que se ocupaba ea defender los intereses y honor de la corona de España, abriendo el camino que conducta, á la trans- mision de los vastos estados de la casa de Austria á la familia de Felipe. Este era el objeto predilecto de los pensamientos y esperanzas de la reina; quien, alu–* cinada coa esta agradable perspectiva, no podía vis- lumbrar la menor dificultad ni prever ningun obstácu- lo para el cumplimiento de sus deseos. Era en Madrid un artículo de fé que no existia sinceridad mas que en Viena, y cualquier insinuacion vertida contra esta idea favorita, no solo hubiera sido escuchada con desden, si- 1726.  31 no que hubiera causado infaliblemente la calda del fa- vor de quien la propalase. Con sobrada severidad fué castigado Riperdá por su. falta de confianza en la córte de Viena, para que se guardase de imitarlo el nuevo ministerio. Habíanse en- viado alemperader 300 ,000 duros, y á toda prisa, se negoció un empréstito de 2.!00,000 mas, reci- biendo casi toda esta suma el mismo destino. Las tro- pas que se habian retirado por órden de Riperdá, reci- bieron contra órden: dirigiéndose á las fronteras de Francia y á las costas de Galicia. De igual modo, se hi- cieron armamentos considerables en varios puertos , y se prodigaron nuevos testimonios de consideracion por la córte y el ministro del emperador á los duques de Ormond y Wharton, así corno á los demás desterrados del partido jacobita. Todo, en suma, anunciaba la in- tencion de llevar á cabo los planes hostiles desmentidos tan á menudo y tan solamente(25), y el cambio en todos los departamentos del estado fué completo. Todo mi- nistro sospechoso tan solo de afecto á Inglaterra ó Fran- cia fué Separado, y cuanta no llevaba el sello de una ad- hesion absoluta, á la córte de Viena fué mirado con se- ñales de reprobacion (26). El marqués de Grimaldo, favorito particular del rey hacia tanto tiempo, y que lo hacia acompañado en su retiro, siendo depositario de sus mas ocultos pensa- mientos, fué una de las primeras víctimas. Todos los ataques se habian estrellado hasta entonces contra su. valimiento, no logrando mas que consolidarlo mas y mas. Cuando sucedió la desgracia de Riperdá fue re- puesto en su ministerio; pero segun los deseos de Ko- ningseg, que era omnipotente, no tuvo relaciones con la córte de Viena, las cuales se confiaron esclusivamente al marqués de la Paz. Los celos que produjo esta esclu- sion en el corazon del ministro, dió lugar á frecuen- tes disputas entre él y su antiguo subalterno; sus ene- migos, aprovechándose entonces de sus momentos de 32  CAPITULO TREINTA. Y OCHO. mal humor y de su manifiesta aficcion á Inglaterra, lo- graron alcanzar la separacion del fiel Grimaldo. El mi- nistro de Hacienda, Arriaza, tuvo la misma suerte por haberse mostrado opuesto á la concesion de los enor- mes subsidios concedidos á la córte de Viena. Al anunciar este acontecimieato á Walpole, minis- tro entonces en . París, hacia S.tanhope la observacion siguiente; 50 de setiembre de 172. «Sin duda sorprenderán mucho á V. E. los últimos cambios ocurridos en esta córte, como sucede aquí á to- dos particularmente alas personas sacrificadas como víc- timas. El marqués de Grimaldo, es indudable que no se esperaba esto ayer mañana; ocupado se hallaba enorde- rtar sus papeles en la cartera para llevarlos al despacho del rey cuando le entregaron la órden de separacion, mandándole que saliese al punto de Madrid. Se le deja.. una pensionde 2,000 doblones. «El único, que segun parece, gana en estoscambios es don José Pabilo, que reune el empleo de presidente, de intendente y secretario de hacienda, á los que ya te- nia, esto es, la superintendencia de marina y el ministe- rio de Marina é Indias. El marqués de la Paz mas pier- de que gana en lo que ha sucedido, puesto que se ve obli- gado á dejar el ministerio de Hacienda, sin ganar mas que algunos negocios que estaban en manos de Grimal- do, porque la parte mas numerosa y considerable. le es.: taba ya confiada, hacia mucho tiempo. «Patiño cada dia adquiere influjo con SS. MM. CC. y si logra todo el lleno del poder, lo . conservará mucho:- tiempo, porque está, dotado de un entendimiento raro y tiene esperiencia de los negocios, sin contar una afil clon infatigable al trabajo.». Pero el mas importante de todos estos cambios fu.1 la separacion del padre Bermudez , confesorpadretildraeryiz. enemigo declarado de . la alianza alemana y eo II 4726.  33 no menos solicito de una reconciliacion con Francia. Gozaba de reputacion de hombre de la mas severa inte- gridad, y superior á las intriguillas demasiado frecuen- tes entre los individuos de su clase. Le habia tomado Felipe afecto por el esmero con que desempeñaba sus deberes, y sin duda á causa de la confianza que le daba su encargo de confesor. En vano, hasta entonces, habia trabajado la reina para conseguir su separacion , aun cuando tratase por todos los medios posibles, de predis- poner á su marido en contra de él ; lo acusó de cuanto se le ocurrió, y hasta de traicion. Cuando quiso ensalzar su inocencia , tomó un crucifijo que le quitó el rey de las manos diciéndole:—Me infunde demasiado respeto la imágen del Salvador para tolerar que la ultrajéis con un per . ' urio.—Sin embargo, pudo salir el confesor de tan mal paso, y volvió á recobrar el perdido influjo (2) ; mas corno se comprometiese en una correspondencia secreta que siguió con el cardenal Fleury, se decidió el que se hiciese directamente al rey una proposicion de re- conciliador' sin que lo supiese la reina. Se aprovechó Berinudez de los momentos de la confusion para presen- tar una carta de Fleury , á la que iba unida otra del ministro soberano de Francia. Apenas habia echado la vista Felipe sobre aquella carta , cuando la reina que no dejaba lunch tiempo solo t su marido con su confe- sor, entró en la cámara. Viendo que tenia papeles ea la mano, y que el confesor parcela turbado, hizo como que se retiraba , diciendo que sentia mucho interrum- pirlos, cuando estaban tratando de negocios. El ardid produjo el resultado deseado:—Podeis entrar ' dijo el rey, no tenernos negocio ninguno ; el padre Bermudez me habla de una carta que recibió del cardenal Fleury entregándome otra que me escribe el cardenal ; y , al decir esto, entregó estos importantes papeles á la reina. Fácil es de adivinar la indignacion de aquella mu- ger altiva al descubrir la tentativa que se habia ensaya- do para destruir su sistema favorito. Al confesor, turba- 1033 Biblioteca popular,  T. ni. 59 CAPITULO TREINTA Y OCHO. do, se le mandó que se retirase al nromento • , y antes' de que seacabase el dia había' re . cilSido órdlives p:a'ra rarseasu colegio, sin que le-asignase pensio'n ninguna ni serial de aprecio del soberario (  de setiembre'). Lo reem-  ;11 play') el . padre Clarke, jesuita oridúdo de Irlanda , rde- tor de los escoceses de Madrid, á quien el rey no codo- cia, y que hablaba francés con harto trabajo. Consistia todo ` su mérito en su amor' á la familia  los Estria,rdoS", 11 era al mismo tiempo, confesor delconde deKoningseg (28).  / Otras intrigas intentadas despues de estas no tuvie– ron mas resultado que el de causar la ruina de sus auto- res. Los abates sicilianos, Platania y Caraccioli, tenian la costumbre, tiempo hacia, de presentar dictámenes al rev , y de manifestar su parecer al mismo soberano; poseian ambos una gran capacidad politie`á , y Felipe daba mucha importancia á las opiniones de estos perso- nages, aun cuando eran estas opuestas' al sistema do- minante de la reina , y ellos fueron quienes mas con- tribuyeron á la caida, de Riperdá. Entablaron corres- pondencia parl,icularcon Fleuryv los ministros ingleses, y se aprovecharon de las conferencias que con el rey teman para esponer los inconvenientes que resultaban de la union coa los alemanes r las ventajas de una re- conciliacion con Francia. Se atribu y ó generalmente á estas observaciones rana parte de la frialdad, ó mas bien repugnancia, con que Felipe se prestó á la alianza con Viena. Permaneció secreta esta correspondencia, duran- te algun tiempo, sin que las miradas penetrantes de la, reina lograsen descubrirla, hasta tanto que , en una de lasindisposiciones á que estaba sujeto . Felipe, una carta hallada en el bolsillo de su casaca, enteró á la reina de todo y reveló el nombre de los consejeros. Entonces recurrió á la Inquisicion, tribunal rio menos injusto cine sanguinario , y los abates se hallaron complicados en una acusacion relativa á materias religiosas, sin que Felipe supiese nada de esto. Tan estimados eran del rey que no se atrevió la reina á solicitar de otro modo 4726.  35 el ve fuesen despedidos; pero llegando ya á este estre_ nio la acusacion, se los dió órdenes de salir inmediata mente para Italia (29). Así, pues , esta tentativa corno las anteriores solo dió por resultado el fortificar el poder de la reina, y el poner a España en mayor sumision con respecto á, la Alemania. El conde de Koni ngseg cuyas promesas reite- radas hablan seducido la imaginacion de esta princesa, ftié el cmducto de los favores palaciegos, y el conseje- ro constante en España. Se leaulorizó para que recibie- se de manos de los gefes de la administracion las mis- ms comunicaciones que hasta entonces se daban al primer ministro, y todo se decidia por medio de su. poderosa intervencion. El mismo Alonteleon , aunque pariente de los Patifios y honrado con la confianza del rey, no logró la embajada de Viena á causa de sus antiguas relaciones con Inglaterra (30). La reina, alucinada constantemente con la esperan- za de ver realizadas sus ambiciosas ilusiones, por medio dé una alianza con Viena, se jactaba de que no seria dificil el desunir á Francia de Inglaterra , ó por lo me- nós de paralizar los esfuerzos del gobierno, francés fo- mentando en Francia turbulencias interiores, con pre- testo de renovar las gestiones de Felipe para llevar en su caso la corona. Los acontecimientos ocurridos en Francia, despues de la caida de Riperdá , confirmaron estas esperanzas que inspiró ella facilmente á su, marido. Ya hemos visto con qué desprecio rechazó el rey católico las cartas de disculpa, relativas al desaire de la infanta; las continuas proposiciones del duque de Borbon no fueron mejor acogidas y hasta se hizo una declaracion en la que se anunciaba que no se admiti- rla disculpa ninguna basta tanto que se presentase el duque en Madrid pidiendo al rey perdon de hinojos. Corno naturalmente se rechazase tan humillante condi- cion, prohibieron los reyes que se pronunciase en pre- 36  CAPITULO TREINTA Y OCHO. sencia suya el nombre del duque. El resentimiento y deseo de venganza decidieron asimismo á Felipe é Isa- bel á valerse de las intrigas de sus parciales en Fran- cia, aprovechándose de los errores y abusos que de- sacreditaban allí á la administracion. El duque de Bor- bon imitó la conducta inmoral del regente, cuya capa- cidad no tenia. Gobernábalo una manceba avarienta y altanera quien se hallaba por su parte sometida á los caprichos de oscuros y avaros aventureros conocidos por el nombre de los cuatro hermanos, Paris, hijos de un hombre que estaba al frente de una sucia hosteria situada al pié de los Alpes habiase elevado gracias á su destreza y capacidad, al colmo del poder político y de la opulencia. Semejante gobierno en que la mas repugnante inmoralidad y una desenfrenada dilapida- clon cornpetia con la debilidad v casi imbecilidad, esci- taron el desprecio de todo hombre honrado é ilustrado. Todo aquel desórden tropezó con una oposicion podero- sa que le habla declarado el partido del duque del Mai- ne y los numerosos secuaces del sistema político de los Borbones (31). En semejante estado de la opinion pública, b e(rercie- ron grande influjo las intrigas de la córte de España, y produjeron un efecto importante. Pero lo que ma-s precipitó la caida del ministro impopular fue' el ascen- diente del obispo de Frejus, preceptor del re y conocido mas tarde por el nombre de cardenal de Fleury E tian continuas disputas entre el duque  el /;* l xis- y y todos se convirtieron ea provecho de este úl t imo. Por último terminó aquella rivalidad con la exhoneracion. del duque , que fué desterrado á sus estados de Chanti- ley, en tanto que Fleur á pesar de sus setenta y tres años de edad, tuvo bastante n t a e Celebróse para tomar las rien- das del carro del estado  lebróse en España este aleara con tanta alea Como se habla manifestado al divulgarse la noticia de la alianza con el emperador. "Veja satisfecho su resentimiento la córte de Madrid, 4726.  37 lo cual era para ella el principio de una nueva era ea lapolítica de Francia. No dudaban Felipe y la reina que el nuevo ministro como eclesiástico y enemigo acérrimo del duque , empezase á egercer el poder rompiendo toda alianza con los hereges, y renovando las antiguas relaciones entre las dos líneas de la familia de Borbon. No puede decirse en verdad que sus espef- Tanzas careciesen completamente de fundamento; pero la Francia se hallaba demasiado agitada interiormente y eran harto vivos sus celos contra el Austria, para 'decidirse á dar un paso tan precipitado y decisivo. Sin embargo la primera medida tomada por el nuevo mi- nistro, fué unaproposicion hecha por la mediacion del nuncio del papa, para zanjar las desavenencias de fa- milia. Iba acompañada de una declaracion en la que manifestaba que había sido completamente estraño al desaire hecho á la infanta. Una respuesta altiva é im- á eriosa del rey de España fué . causa de que durante lgun tiempo, desapareciese toda esperanza de una reconciliación progresiva tal como deseaba efectuarla este ministro circunspecto. Felipe deslumbrado toda- vía con las esperanzas soberbias de la alianza de Viena, insistió para que el emperador fuese mediador en esta contienda; acusando á Fleurv de su intimidad con los enemigos de Dios y de la religion católica (noviembre de 171); pero una mediacion tan inoportuna fue recha- zada como insidiosa y opuesta á la fé de los tratados celebrados con Inglaterra. Siendo vanos todos los pasos dados para romper la union de Francia con Inglaterra, se creyó Felipe obli- gado á llevar á cabo por la fuerza lo que no habla po- dido alcanzar con la intriga y las negociaciones. Hizo todos los preparativos militares que eran precisos para el sitio de Gibraltar, persuadido de que el emperador por su parte tomaria un partido no menos decisivo, y que molestada á los aliados de Hannover enInglaterra. Es ciertoque hasta cierto punto se realizaron tales es- 38  CAPITULO TREINTA Y OCHO. eranzas; porque el emperador decidió á la Rusia á, que accediese á la alianza de Viena, separando ademas de la alianza de Hannovér al rey de Prusia cuyo poder dominaba todo el Norte de Alemania, y alcanzando con promesas de crecidos subsidios el apoyo de los estados, católicos A fin de ocupar toda la atencion .del _no inglés, intrigó con los jacobitas de Inglaterra y del continente, así como con los gefes, de la oposicion que desde entonces se convirtieron en apologistas aboga-- dos de España y Austria. Ea los momentos en que ambas córtes se .hallaban así sériamente, ocupadas en llevar a cabo .sus mutuos proyectos, las nuevas de la mala salud del rey 'de.Fran- cia escitaron la atencion de Felipe y reanimaron su que- rido sueño de sentarse en el trono de sus mayores. En vista de esto, envió á Francia un agente intimo, quien con pretesto de una negociacion llevaba .e.ncar- go de reunir todos los partidos á favor suyo, y tratar da ganar á Fleury ó por lo menos paralizar la oposi- cion de este omnipotente ministro, suscitando .á ,tiempo algunas turbulencias interiores. Este agente era el aba- te Montgon, oriundo de Francia, quien gracias á su fin- gido entusiasmo por la religion, hahia alcanzado-la con- fianza delpiadoso monarca y la de la reina_ Descendia de una familia noble y habla sido educado en casa del príncipe de Conde con el duque de Borbón; -pero re- nunció á su patrimonio en beneficio de .su padre y aban- donó la carrera militar en que sirvia para abrazar el estado eclesiástico. Con la proteccion de Daubenton, trató . de conseguir un empleo en España, y basta pare— ce que pensó en ser maestro .del príncipe de Asturias. Tal vez sin la muerte de su protector, hubiera .consegui- do este codiciado destino; pero no :por eso se desanimó y al abdicar Felipe  nuevo con e V, pidió por medio del fesor permiso para acompañar al soberano,á, su retiro.de San Ildefonso, sin mas objeto, decia, que el .de_ser es- pectador y admirador de tantas virtudes, y. fortalecerse 1726.  ,30 mas y alas en sus sentimientos de cristiano con el egemplo de tanta4evocion. Coo Felipe recobrase tan pronto el poder supremo, no dudó por entonces  '') acocrer- $e su pretension,pero al calvo de algun tiempo se le iió k permIso para que se presentase en España, ofre- ciéndole que se Je colocarla en servicio de la persona del rey. Sa protector que era el duque de Borbon se valió de él-para preparar una reconciLiacion. Si tampo- co por esta parte no „t 4 uvieron éxito sus esfuerzos, ao `por eso dejó de ganar may.or influjo con el rey, pues fué elegido para el dificil encargo de unir , y consolidar todos los partidos, á favor de los dereebas que Felipe creia tene,r para Ja sucesion eventual de la corona de Francia. La reina en la ,audiencia de ,despedida, después de dirigirle algunas frases en que le pinto lo delicada que era la mision que se le confiaba, le dijo ea los momen- tos ea que, ,élhincaba la ,rodilla para besarle la mano. --Vais á un ,país en donde no Ineaman, y vos juzgareis si tienen razon. Ñas Jullian informado, por indio de un mensageroeparticular de la córte de Francia, que se ce- lebrarla el desposorio,en cuanto mi hija cumpliese siete Años, y á pesar de eso nos anunciaron por el primer correo que iba á ponerse ea camino para España. ,Por lo tanto . no tienen que asombrarse si tanto el rey como yo, hemos sentido un lu.sulto que habria °fea- didoal último hombre del pueblo.--Este Insulto, con- testó el .abate,, u po pue.de...de modo alguno achacarse á la nacion francesa que profesa á VV. MM. no menos afecto que respeto; porque la salida de la infanta causó un pe- sar que solopuede COInpararse á la alegría que habla producido su llegada. Este último sentimiento renacerá tan luego como vuestra ,benevolencia hacia la nacion francesa recobre su imperio. Si me dá permiso V. M. para ser portador de tan felices nuevas, no tardará mu- cho en saber el Jozo universal que inspirará á toda Yrancia.=Vo v.ía, interrumpió la reina, no es tiem- 40  CAPITULO TREINTA Y OCHO. po de hablar de eso, y vos conoceis bien nuestros senti- mientos en ese punto. Esperamos tanto el rey como yo que arreglareis estrictamente vuestra conductaá las ins- trucciones que se os han dado. Os encargo mucho que no salgais del objeto de vuestro encargo; mi confesor, el arzobispo de Amida, os comunicará mis ordenes pos- teriores. En seguida, entregáronse á Montgon (24 de diciem- bre de 4726), sus instrucciones escritas de puño del rey, v hé aqui los términos en que estaban redactados: «Si, lo que Dios no permita, el rey mi sobrino lle- gase á fallecer sin heredero va,ron, siendo como soy el mas cercano pariente, y despues de mí mis descendien- tes, debo, y quiero heredar la corona de mis antepasa - dos, y á fin de que pueda verificarse esto, del modo que espero, debeis conduciros del siguiente modo: «lreis á Francia y procurareis conocer á nuestros adictos, á los que profesan amor á la casa de Orleans, y á los . que son indiferentes hacia entrambos partidos. liareis segun espero, cuanto podais para aumentar el número de los primeros sin declararon empero demasia- do, porque puede haber personas que con pretesto de amor á mi persona pudieran querer sonsacaros, para va- lerse de las aclaraciones que les dieseis, con ánimo de perjudicarme cuando llegase el caso, y esto perjudi cada tambien al estado presente de mis negocios; por lo que toda circunspeccion es poca en este punto. «Conviene que no comuniqucis nada de todo esto al cardenal Fleury ni al conde de Morville; al primero, porque siempre ha sido adicto á la casa de Orleans, y tarnbien, porque hace algun tiempo tengo motivos para no fiarme de él. Sin embargo, tratareis al cardenal co- mo particular, pero, sin hablarle de negocios públi- cos, á no ser que os lo mande yo clara y terminante- mente mas tarde. Sin embargo, 'procurareis saber las cosas mas secretas de la córte, ya sea por su conducto ó por otros que juzgueis mas convenientes sin compro- 1726. meterme empero, jamás en nada, ni dar á. Conocer que os he confiado ninguna mision particular. En cuanto al conde de Morville, sé que está. totalmente á favor de los ingleses, y así debeis desconfiar en un todo de él; pero procurad adquirir por su conducto todas las noticias que importen, y dadme al punto cuenta de ellas. «Procurareis manejar vuestras operaciones, de mo- do que no esciten los celos de los ministros del empe- rador, tratando con ellos lo mismo que con los demas, sin darles jamás á conocer ni á sospechar que teneis encargo mio para una cosa oculta, y esto ni ahora ni nunca, sin que se lo mande yo. «Me tenclreis al corriente de las menores bagatelas, me informareis de cuanto pasa, y para eso, procurareis adquirir lús mejores y mas íntimas relaciones, sin afec- tacion. «El aire que debeis tomar en Francia es el de un simple particular de vuestra clase, evitando daros tono de ministro, porque habrá muchos que os observen. «No hablareis ni poco mucho de reconciliacion, atendiendo al estado en que están ahora las cosas. «Tratareis, del mejor modo que podais de ganar si llegase el caso, al duque de Borbon, asegurándole que si quiere empeñarse en mi causa que es la de la justicia olvidaré lo pasado, y podrá' prometerse de mi parte to- da clase de miramiento, y pruebas de amistad. Merece esto todo vuestro cuidado y destreza, porque es preciso que sea este asunto un secreto impenetrable.» Despues de designarle á las personas á quienes de- bia consultar, proseguía así el rey: «Os doy una credencial escrita de mi puño para el parlamento; la presentareis en cuanto ocurra el falleci- miento del rey mi sobrino, pues en este documento man- do que en cuanto suceda esto, me aclamen por so- berano. «Dadme aviso de vuestra llegada, é indicadme si debo escribir en aquel caso, á los diferentes brazos del 42  CAPITULO TREINTA. Y OCHO. estado, tanto eclesiástico como secular. Me apuntareis con exactitud el momento oportuno de remitir estas cartas, especificándome los títulos de las corporaciones ó personas, que es cosa de que yo nó entiendo mucho. «Si es necesario que nombre yo un consejo de gabi- nete, ó cualquiera otro á un regente durante mi ausen- cia, y hasta mi llegada, ,me dareis á conocer las perso- nas que juzgueis mas á propósito para el caso. Si en to- do caso, sobrevive el rey 4, ia reina, me direis si es ne- cesario nombrar á alguien para que la vigile hasta el morneuto del parto, y á quien conveadria nombrar etc.» A esto siguen algunos artículos relativos al sistema de correspondencia. con ,otros puntos , subalternos y la Techa que es de Madrid á 2 de diciembre de 4726. Para no escitar los celos del emperador o mas bien para crear un pretesto plausible á su misión, dió a Mo.t- gou el confesor antes de su salida, .unos apuntes escri- tros de puño de la princesa > sin direccioa especial, los que contenian una declaracion terminante de que no se negaba España á una reconciliacion con Francia y una promesa de reconciliacion si accedia el rey, á la alianza de Viena. Estos apuntes debian comunicarse á Fleury; pero se tuvo cuidado de eludir cualquier com- promiso serio , y se emplearon_ ,mil pequeños ardides para dar al viage de .Montgon los visos de un desaire, a instancias del ministro imperial. Poco tiempo despues se previno nuevamente á Montgon,  conducto del confesor de que procurase en caso de que llegase á, fa- llecer Luis XV, de influir para que .se nombrase á. don Carlos rey de Francia, y xIon Fernando rey de Espa- ña (32). «Debia persuadir yo, dice el abate Montgon, á los que tomasen el partido . del rey de España, , á que pre- firiesen ,a1 infante don.Cárlos (en el ,dia rey ,de Nápo- les) al príncipe de Asturias ,para heredar la corona de Francia, y sirio parecía esto 'posible, debía influir para que tales , personas mirasewcomo cosaindiferenté el que permaneciese .en España el ,príncipe primogénito y , que .0 4736. : su hermano el infante subiese al trono de Francia des- pues de la muerte de su padre.» Estas eran las instruc,- eisolies que llevaba Montgon al salir de Madrid el •13 de ...enero de 4727. Pero semejante plan concebido y meditado con tan- . ta reflexion , no podia ,confiarse para que fuese ejecu- tado á un agente menos circunspecto que el abate. Envanecido con su mision y n.o menos presumido que crédulo y hablador., hizo exactamente lo contrario de uanto se le mandaba en sus instrucciones. Reveló la proposicion de una reconciliacion á Morville , defensor ,-acérrimo de los intereses de Inglaterra, y desde la pri- merconferencia que tuvo CO 3 11 Fleury., hizo de modo que adivinó todo el plan de su mision este miaistro diestro é insinuante , hasta le leyó las órdenes que se le habian confiado, teniendo en seguida, con el consentimiento del cardenal, conferencias particulares coa el duque de Bor- bon, así como con varias personas notables de la no- bleza , favorables á la cansa de Felipe , y transmitió Jos pareceres que estas le dieron con la misma ligereza que su misma embajada é instrucciones. Fué como era natural , muy festejado, •no sin mucha destreza, y llegó ..á-ser el conducto por donde se entendian todos los par- tidos, hasta que se entabló correspondencia entre ambos oberanos. TQstigo Fleury de esta conducta, procuró libertarse de un agente que, sin contar su verbosidad y predispo- rIcion á mezclarse de todo, era un partidario acérrimo <lel duque de 13orbon ; lo trató, pues , con. mucha cunspeccion , obligándolo con su desvío y silencio , á precipitar el instante de ,su salida. Regresó por ,lo tanto .Montgon,á Zspaña el 13 de agosto, siendo portador de aras de disculpa del duque de Borbon, y de pruebas ,  la fidelidad ,de los parciales ,d,e . ,Felipe, pero al pro- , pio tiempo ,dej,ó en manos del primer ministro la llave de todas lasintrigas (le su partido, y el medio de seguir ,T-friultrar t sms panes. Los lafo.rmes que se le ,permit,,ió 44  CAPITULO TREINTA Y OCHO llevar , no podian menos de halagar las esperanzas de la córte de España; por cuya razon , fue recibido a su regreso por los reyes con toda la distincion que se hu- biera concedido al mas diestro y afortunado de los ne_.- gociadores. En la primera entrevista entregó Montgon las cartas que había llevado de Francia, y dió cuenta de su encar- go. La reina sola sostuvo la conversacion, porque el rey sumido en una profunda melancolía, no dió meas pruebas de atencion que un gesto de vez en cuando, ó alguna que otra sonrisa. Al conseguir el abate que se acepta- sen las disculpas del duque de Borbon, favoreciendo los pasos de este personage para alcanzar el favor del rey, se entregó á las mas violentas declamaciones contra Fleury, y para servirnos de su burlesca espresion, hizo lca anatomia exacta de los planes é injusticia del minis- terio francés. La reina que lo escuchaba con satisfae- cion, le preguntó con la sonrisa en los lábios :—¿,Cómo os habeis separado? Al contestar que él mu y indiferen- te y Fleury enfadado, replicó la reina:—Ya creo cuanto me decís, y no tengo confianza ninguna en ese hombre.— Entonces se ocupó de la situacion de Francia, y despues de hablar mucho de las ventajas verosímiles de la re- conciliacion , mostró finalmente el mas vivo deseo de recompensar sus servicios misteriosos, asegurándole la proteccion del rey que lo pusiese á cubierto del resenti- miento del cardenal (33). Empezó entonces el rey de España las hostilidades contra Inglaterra, dando órden de apresar en Veracruz, el navío de la compañía del Sur, Príncipe Federico , á bordo del cual se hallaba un rico cargamento de mer- cancías; en seguida amenazó á las Islas Británicas con una invasion, y reunió un ejército de veinte y cinco mil hombres en Andalucía, con ánimo de sitiar á Gibraltar. En vano le hicieron mil observaciones los generales mas esperimentados; ea vano el marqués de Villadarias, que se hahia visto obligado á atacar esta plaza durante la 4726.  45 guerra de sucesion , manifestó la imposibilidad de salir airosos en tanto que dominasen en el mar los ingleses, prefiriendo presentar su renuncia de todos sus destinos antes que dirigir una empresa tan desesperada. Felipe dió con un general que aprobaba todos sus sueños, que era el marqués de las Torres , quien decia sin rebozo que en elespacio de seis semanas libertaria á España de la vecindad molesta de los estrangeros y hereges. Comenzóse el sitio con vigor el II de febrero de 1727. halagándose con la ilusion de que la celeridad en el em- prender las hostilidades, y la pronta reduccion de Gi– braltar, quitaria por siempre los pretestos para la inter - vencion de Francia , y que se decidiria el emperador, por su parte á dar un golpe decisivo en Alemania. El rey de España quería al mismo tiempo alarmar al gabi- nete de Versalles, por lo que amenazó confiscarlos bienes que pertenecian á los mercaderes franceses á bordo de la flota que se esperaba de un momento á otro de América. El esfuerzo y socorros de la nacion inglesa no tar- daron en disipar tan brillantes esperanzas. El parlamen- to, irritado con las intrigas y hostilidades de España y el emperador, concedió al gobierno socorros estraordi- narios de hombres y dinero : enviáronse sin descanso vituallas á Gibraltar , se infundió temor á' los jacobitas, por medio de medidas vigorosas tomadas á tiempo, y el conde de Palm, ministró imperial, fué despedido brus- camente por haberse dirigido á la nacion para que re- probara la conducta del rey. Holanda, Suecia y Dina- marca, accedieron á. la alianza de Hannover, y se formo un ejército francés en las fronteras de Alemania , pa– gando Inglaterra una fuerza adicional de dinamarque– ses, suecos y alemanes. La muerte de Catalina I privó al emperador y á España de una aliada poderosa en el Nor- te; el rey de Prusia empezaba ya á querer echar el cuer- po fuera; y la falta de los subsidios ofrecidos por Espa- ña, poniaenriesgo al emperadordeperder este apoyo en 46  CAPITULO TREINTA Y OCHO. Alemania, con que había cantado harto á la ligerw; pot* lo cfue lejos de ser sitiador , se halló amenazado. ling, de una corta negociaciod empezada por el papa 'y con tínuada con la mediacion de Francia, sacrifico España a su Impía seguridad; y su embajador formó los prelirni-1- vares de París, á 31 de mayo de 1727, los cuales fueron solemnemente ratificados y aceptados despues de una larga resistencia por el duque de Bournonville , minis- troespañol en Viena, en nombre de su soberano , si bien para ello no tenia autorizacion esplícita (34).  - El artículoprimero suspendia por siete años la cóm- pañía de Ostende; el segundo establecia que' los dere- chos y exigencias de las partes contratantes debian de seguir bajo el mismo pié que antes del año de 1 1725, y si eran violadas, se decidirla la cuestion por medio de un congreso posterior. El tercero estipulaba que las prerogativas comerciales de que gcilaban las potencias marítimas y Francia se restablecerián como antes se ha- liaban. En vil tud del artículo quinto, tendria el rey de España que cesar las hostilidades ocho dias despues de la recepcion de los preliminares. Los buques de la com- pañía de Ostende, comprendidos en una lista particular, suspenderian sus viages, y sieran apresados, serian res- tituidos así como los cargamentos cuya regla se seguirla con los apresados anteriormente. Los galeones tejdrian Cambien permiso para regresar con plena seguridad de que distribuida el rey de España las mercaderías y de- más artículos de América que llegasen abordo, del mis- mo modo que en tiempos de paz. En vista de esto las escuadras inglesas levantarian el bloqueo de los puer- tos de América, y se retirarian de las costas de los es-- tados de España y del emperador, y el comercio b inolés seria restablecido bajo el pié de los tratados anteriores. Segun el artículo octavo, debian cambiarse las ratifica- ciones en el término de dos meses, y cuatro mas tarde le reunirla un congreso en Aquisgran. Ea virtud de este convenio dió el rey de Inglater- , f725.  47 rá Órdenes tanto' al comandante de Gibraltar como á jos almirantes de las Indias Occidentales, para que njátidaset cesar las hostilidades, restitu y endo las pre- sas hechas d'Orante la guerra, dejando pasar los galeo- nes, y por «Itimü„- levantando el bloqueo' de los puertos Y: costas'de España. Transmitieronse estas órdenes Vandermeer, ministro de Holanda en Madrid, quien durante la ausencia de ? los embajadores de Franja é Inglaterra, tuvo á su e rgo los negocios de ambas na- ciones. S'e le mandaba (pie los comunicase t la córte, y obtuviese la rátificacion d los preliminares y órdenes para que se levantase el sitio de Gibraltar, así como para restituir los buques capturados ó apresados, espe- cialmente el Príncipe Federico. Pero los aliados desconocian los sentimientos de. que se hallaba animado el gabinete de Madrid. Felipe esperando sin cesar confiadamente un cambio en los negocios públicos, suspendió la ratiticacion de los pre- litninares, y de dilaciori ea dilacion no hizo nada hasta la 'úneme de Jorge. Con este- acontecimiento resucita- ron todas sus esperanzas; anudó al punto sus intrigas con los jacobitas , dió órdenes á sus embajadores y agentes en las córtes  '') estran u eras para que alentasen á los emigrados ingleses con ofrecimientos de proteccion, / decidió al Pretendiente á correr á cualquier puerto de los Paises Bajos, á fi de hallarse preparado para pasar á Inglaterra en cuanto todo estuviera listo. Es- peraba Felipe que se aprovecharia*Francia de ocasion tan favorable para separarse de Inglaterra, y adopta- ria nuevamente aquel sistema á que debian darle ape- go los instintos de la sangre, de la religion y la políti- ca. Alentábalo el emperador que abrigaba igual resen- timiento contra el gobierno inglés, y volvió á su idea de atacar el electorado de Hannover y las Provincias Uni- das, de Holanda. La esplosion de la nueva revolucion que se esperaba produjo cambio parecido en los senti- mientos interesados de los príncipes de Alemania. El 48  CAPITULO TREINTA Y OCHO. rev de Prusia renovó su alianza con Austria, la Sajonia fué neutral y la Baviera lo mismo que los electores co- marcanos del Rhin se declararon á favor del empera- dor. La posesion de Erfurah daba medios de atacar á Francia, y se entró en tratos con el duque de Bruns- wick Walfenhudden relativamente á la ocupacion de Brunswick, la cual facilitaria la entrada en los estados de Hannover y en las Provincias Unidas de Holan- da (35). Pero tan lisongeras esperanzas que solo habian fun- dado ambas potencias contando con un cambio probable de gobierno, se disiparon con tanta prontitud como con ligereza se concibieron. El gobierno francés no solo resistió á todas las promesas y amenazas de España, sino que el mismo Fleury escribió al nuevo soberano, rogándole que no cambiase el sistema de la adminis- tracion (36). Jorge II tomó tranquilamente posesion de su trono, conservó el mismo ministerio y adoptó el sis- tema político seguido por su parte. El ascendiente que liaba tomado momentaneamente el emperador en Ale- mania, cedió tambien al poderoso influjo de los subsi- dios ingleses, y la defeccion de sus aliados mas útiles fué causa de que adoptasen sus planes de ataque con- tra Francia, Holanda y Hannover. Su inaccion contagió á la córte de Madrid, que siguió su egemplo, pensando en conseguir para sí condiciones mas ventajosas por medio de una negociacion separada. Era forzoso el preparar este convenio, y tanto Feli- pe como la reina no descuidaron nada de cuanto pu- diese acelerar la reconciliacion entre las dos córtes de la familia de Borbon. lía hemos dicho'que se habian ne- gado á admitir toda disculpa del duque de Borbon, por humilde que fuese, mostrando un gozo estremado al sa- ber la caida de este personage; pero este grande obstá- Culo ya estaba llenado y se valieron de Montgon que se hallaba entonces en Madrid, y para manifestar su satis- faccion y deseo de renovar la antigua correspondencia, 4726.  49 cqn tal, empero., que, el rey de Francia, en, bien de la re- ligion de ambas partes, abrazase la causa católica, y accediese á la alianza de Viena. A. esta proposicion dió una respuesta muy amistosa el ministro de Francia, presentando la separacion del duque, como medida to- mad> con objeto de facilitar, la reconciliador". Pero es- 'mesando, al propio tiempo el- pesar quetenia su sobe- rano dem° poder escuchar proposicion ninguna opues- ta á la fidelidad prometida a los aliados. Al anunciar Fleury su.elevacion á la púrpura, romana, iba concebi- da su carta dlicial en el, mismo sentido. Sin embargo, todavía el rey de España abrigaba la, esperanza de formar una alianza con Francia y Aus- tria, por lo cual, en un dia toda reconciliacion que no se efectuase por mediaciow del emperador, y á condi- cion de que las escuadras inglesas se alejarian de las costas de sus estados. Esta resolucion paralizó todos los esfuerzosintentados para conseguir una union mas cordial. Pero la idea de una avenencia era tan popolar en Francia y este convenio era tan ventajoso en sí mismo que redobló Fleury su actividad para alcanzar un fin tan apetecido. La situacion de España y el carácter veleidoso de su soberano ofrecian circunstancias á pro- pósito para este pensamiento. En cuanto pasó su primer resentimiento, recobró Felipe el antiguo amor que pro- fesaba á su familia y a su, pais natal, y si hubiera podi- do obrar segun su voluntad, los escasos obstáculos que estaban todavía en pié, hubiesen sido vencidos facil- mente; pero un resentimiento de la reina cuyo carácter era inclinado á la venganza, y . que abrigaba ódio secre- to á Francia, se aumentaba con el deseo de fijar la suerte de sus hijos Las ilusiones agradables en que se habla mecido, á consecuencia de la alianza, de Viena, y la perspectiva lisongera con que la traia entretenida el emperador babian dado poderoso alimento á su pa- sion. 1034 Biblioteca popular.  T.  60 50  CAPITULO TREINTA Y OCHO. Fleury trató en vano de calmar á la reina por me- dio de doña Laura y de la duquesa de San Pedro (3 i). Procuró captarse la voluntad de Felipe, sin que lo su- piera ella, y con este objeto se valió de la intervencion del confesor, que era el padre Bermudez, cuya cáida hemos contado ya. Una carta comunicada por entonces á Walpole, podrá dar una idea del estilo y argunlentos empleados por este diestro ministro. lié aquí su conte- nido: «Algun tiempo despues, dice Fleury, de entablar relaciones con el padre Bermudez, me decidí á dar cuenta á Y. M. de algunas materias particulares, no menos secretas que importantes, en las que me veo obligado á insistir para descanso de mi conciencia; pues me imponen este deber mi deber y el amor que profeso á la persona augusta de V. M. Confío en que, gracias á vuestro conocido fervor piadoso y por demos esto bajo el secreto inviolable de la confesion que de vos exijo, no revelareis á nadie lo que á manifesta- TOS voy. «A. consecuencia del rumor esparcido de que tenia Y. M. pensamiento de abdicar la corona, y en vista asi- mismo de algunas expresiones algo vivas de que se va- lió el príncipe de Asturias tratando del poder escesivo de que los alemanes disfrutan en Madrid, se ha fragua- do en Viena un cuento no menos horrendo que absurdo: liase dicho que Inglaterra y Francia hablan formado, de acuerdo una nacion conotra, el plan de encerrar á V. M. y á la reina en un convento , haciendo que se procla- mase como soberano al príncipe de Asturias. Se remi- tió á. Lóndres este soñado proyecto, para que fuese co- municado á Pozo Blanco (38); pero Palm, que nada de secreto sabia, ó que habla entendido mal lo que se le dijo, ó que quizá no supo precaverse lo bastante contra la barbarie, compañera inseparable de la mentira y de la calumnia, creyó que hada una gran cosa embelle- ciendo este proyecto con circunstancias á tal punto es- 1726.  51 AraVargantes que lo despojó de todo viso de probabili- , dad. Si, pues, semejante relacion ha llegado por acaso á n V. 1W., tengo sobrada buena idea de su talento é in- tegridad para dudar que haya descubierto al momento tan entraña impostura. ((No quiera Dios que eche yo la culpa de esta mal- dad al emperador, pues conozco harto bien su religio- sidad y rectitud para abrigar la menor sospecha sobre este particular; pero sus ministros son menos escrupu- losos que él. Hemos tenido en realidad hartas pruebas de sus intrigas para que los creamos incapaces de se- mejante calumnia, por indigna que sea de ministros y de cristianos. No cargaré con la responsabilidad de nombrar á ninguno, si bien no es dificil adivinarlo todo en este asunto; pero puedo asegurar que no es el prín- cipe Eugenio. El objeto principal es el de indisponer á V. 11. con Francia, haciendo que sea tal su desacuer- do, que no haya esperanza ninguna de reconciliacion. Se han valido de los medios mas vergonzosos para con- ' seguir tan torpe objeto. (diaria una injusticia evidente á los franceses, que- riendo, aunque no fuese mas que por un instante, tra- tar de lavarlos de tan negra mancha. Harto bien co- noce Y. M. el carácter de la nacion para abrigar tama- ña sospecha. Esperimentan, es verdad, un dolor muy vivo al ver la indiferencia que habeis mostrado hacia ellos, así como la repugnancia que manifestabais para reconciliaros con el rey vuestro sobrino; pero no son capaces de concebir un proyecto tan diabólico, y así es que su pesar no tiene mas origen que el respeto que profesan á V. M. «Tampoco puedo creer que los ingleses se manci- llen hasta el grado de tomar parte en . tan descabellado plan, y tanto conozco la virtud é integridad del rey y de sus ministros,. que puedo responder de ellos. La di- ferencia de religion no autoriza, de modo alguno, pla- nes opuestos á la probidad y al honor. 82  CAPITULO TREINTA Y 0E110. «El motivo que decidió á los ministros imperiales á inventar esta fábula es probablemente el descontento general que existe entre los españoles, á consecuencia de las grandes remesas de dinero hechas á Viena, y el temor de que no decida esto á V. M. á ligarse con Fran- cia. Creo ademas que es deber mio informar á Y. M. de otro negocio de la mayor importancia. No tengo la jac- tancia de querer penetrar los compromisos secretos que existen entre V. M. y el emperador; pero uno existe sobrado público para que ofrezca la menor duda, esto es, que el emperador ha consentido en dar la mano=de las dos archiduquesas, hijas suyas, á don Carlos y don, Felipe. No intento, lo repito, adivinar ningun secreto; pero creo que me imponen los deberes de mi posicion la necesidad de decir á Y. M.que el emperador ha en- tregado una declaracion. escrita de su puño al elector de Baviera en laque niega el que haya dado semejan- te consentimiento. Si e autor autoriza V.S. para ello da- ré pruebas escritas, aun cuando os revele todo lo que contiene este escrito con el ma y or secreto., á fin de no esponer al elector de Baviera al resentimiento del em- perador. Tambien ha dado la mas solemne promesa al duque de Lorena, de que jamás darán su mano las dos princesas á otros príncipes que á los dos hijos de este príncipe, y aunque no tengo de ello pruebas escritas, podria afirmarlo y jurarlo. Creo que debo enteraron de estas circunstancias , porque es muy probable que la palabra de estos enlaces , hecha por el emperador á la reina de España, habrá decidido á, S. M. á adoptar to- dos los planes de la córte-imperiál. «No añadiré mas que una observacion, de que vues- tro agente en Florencia, puede mejor que• nadie, pro- baros la verdad. Los ministros imperiales hacen las.ma- yores investigaciones á fin de adquirir registros y 'do- cumentos de varios siglos en que consten todos los se- ñoríos de Toscana que dependen.aun del Imperio,•para apoderarse de ellos ó venderlos, con objeto de que, 1726.  53 donCárlos llegase á heredar aquellos estados , no le quedase mas que un esqueleto despedazado. «Tal vez sospeche Y. M. que veo yo las cosas así, porque tenga vivos deseos de conseguir la reconcilia- cion entre Francia y España; pero puedo aseguraron que mo • tengo 'mas motivo que mi deber . y el amor que profeso á. Y. M., y el interés con que miro vuestro ho- nor y dignidad. «4cabamos de saber, en este instante, que el con- de de Palm ha hablado de la supuesta conspiracion contra vos, diciendo que teneis la intencion de pedir la separacion del caballero Stanhope. Esto dará á conocer á Y. M. las ideas de los imperiales, quienes si desean la separacion del ministro cuya penetracion temen con razon , es con objeto de ser señores en , vuestra cór- te (39), » Los reveses anteriores , y la separacion que había causado .al confesor la última tentativa , convencieron por último akardenal de que todo trato seria inútil sinla cooperacion de la-reina. Cambió pues, de puntería y se valió de la mediacion de Montgon para entablar cor- respondencia directa con el confesor de la reina, á quien hizo concebir la esperanza de que obtendria el capelo de cardenal, consiguiendo el que esta princesa se de- cidiese ‹á entrar en relaciones por escrito con el rey de Francia. La separacion de Morville y el nombramiento de Chauvelin que era uno de los preliminares necesa- rios para un cambio de política , se hicieron valer co- mo señales de atencion á la córte de España, y al cesar la mision de Montgon,. se verificó la comunicacion por el conducto de los nuncios del papa en Madrid, París y Viena. Las manifestaciones de Fleury iban tomando vue- lo á medida que adquiría publicidad la defeccion del emperador, y se aumentaron los conflictos de España. Entonces la reina dejó caer una mirada favorable sobre Francia, y solo meras formalidades, y un resto de ce- 51  CAPITULO TREINTA Y OCHO. los políticos, impedian una avenencia franca y durade- ra. Se aprovechó con desprecio aquella ocasion y por último se supo que la corte de Madrid estaba dispuesta á declarar públicamente la reconciliacion con tal que el rey de Francia manifestase desearlo en una carta llena de disculpas y felicitaciones. A consecuencia de este convenio, escribió Luis XV á los reyes las afectuosas cartas siguientes: Al rey. «He sabido por una carta de mi nuncio Aldobran- dini que va no os oponeis á nuestra -reconciliacion y que tenéis á bien olvidar las circunstancias que cau. só la interrupcion de la buena armonía naturaLentre dos príncipes de la misma familia, y parientes tan cer—: canos. Ninguna noticia podia ser para mí tan agradable como esta; no puedo espresar mi alegría, y juro que nunca olvidaré esta prueba de vnestro . afecto. Ya sa- beis con qué empeño hé deseado en todos tiempos es- ta reconciliacion, no, tan solo porque es necesaria á la felicidad mútua. de nuestras familias y reinos , sino á causa de la tierna amistad que os profeso. Deseo viva- mente que me mireis del mismo modo como debe su- ceder siempre entre , tios y sobrinos, y podeis contar con mi empeño en servirós. 'Envio esta carta por el correo ordinario, contando segun la carta del nuncio que jará satisfecho . á V. M. por ahora, sin que y o nombre embajador hasta tanto que conozca vuestras in- tenciones á las que gustoso me sujetaré.» A la reina: «Despues de manifestar al rey mi tio , mi gratitud por su consentimiento á, nuestra reconciliacion, no pue- do dispensarme de dar tambien gracias á Y. 151.,tstando muy persuadido (le lo mucho que habeis contribuido á 1726.  55 tan próspero resultado. Tal es el tierno vínculo que os enlaza , que no podría el rey abrigar un solo sentimien- to que no tuviése , is vos. Os ruego que me conserveis un fino afecto como debe prometérselo un sobrino de una tia. Vos podeis contar con la perfecta amistad que os profeso , y ruego con empeño al cielo que salgais con bien y pronto de vuestro embarazo , deseando en parti- cular cuanto pueda contribuir á vuestra felicidad (40).» Una carta de Fleury que acompañaba la del rey, era menos satisfactoria. Despues de algunas espresiones frívolas, relativas á su alegría por el. restablecimiento Je la buena armonía y del interés _que le inspiraba la union de las dos coronas, manifestaba que lo único que faltaba á su satisfaccion era una reconciliacion con el rey de Inglaterra , medio esencial (le lograr una pacifi- cacion general. Pero aun 'cuando esta manifestacion intempestiva entiviase el ardor de las esperanzas que abrigaban los soberanos , no desagradó á estos la pro- posicion , antes bien seducida la reina con la aparente flexibilidad de Fleury , pensaba que no le faltarían ocasiones para vengarse de Inglaterra, siendo España el lazo que , uniese á Francia la Inglaterra. --b'n.t104(1- CAPITULO XXXIX. 1121-172S. Subterfugios y vacilaciones dula córte de Madrid en lo relativo á la ej e- cueion de los preliminares.Preparativos de guerra de la Gran Bretaña. -z-Mision de Keene y del conde de Rottembourg, plenipotenciarios de In- glaterra y Francia en Madrid.=-Reciben los reyes áRottembourg. — Ca- racter y resentimientos de la reina.=llecide esta princesa á Rottem- hours á que acepte la modificacion de los preliminares, segun las exi- gencias de la córte de España. —Consentimiento de los ministros, de In- glaterra y Holanda.—Resultados de este supuesto convenio._Insiste Inglaterra en rechazar la modificacion propuesta por España.--Exige' la concurrencia de Francia.—Reconvenciones y amenazas de los aliados de Hannover._Oposicion y obstinacion de la reina. — Motivos que la deciden á renunciar á sus exigencias.—Enfermedad del rey. — Acta del Pardo. Los reyes de España'abeptatónioS . prelitninaTes tan' solo para evitar los ataques-inevitables de la escuadra. que cruzaba en su costa é interceptaba las comunicacio- nes con América; pero no es fácil formarse idea del es- píritu turbulento de que iban impregnadas todas sus medidas. No hay subterfugio ninguno de que no se va- liesen para eludir la ejecucion de estos preliminares, haciendo de modo.-queda terminacion del ataque contra Gibraltar , dependiese de la retirada de la escuadra in- glesa que cruzaba en las costas de España. Retuvieron al Príncipe Federico , no como presa hecha durante la ultima guerra, sino como compensacion por otras pér- didas , ó como declarado buena presa por tráfico ile- gal, negándose igualmente á, distribuir los efectos de la flota conpretesto de que los preliminares no habian. si- do ejecutados por Inglaterra. 4727.-1728.  57 El' emperador ' cuyos subsidios debian cesar en cuanto se abriese el congreso , no descuidó por su par- te artificio ninguno , ni intriga para prolongar la que- rella en tanto que el espíritu de intriga de la córte de Madrid se mantenía con las revelaciones secretas del marqués de Chanvelin, y con la predisposicion general del gabinete francés. No selallaba Fleury muy distante de contentar á España ' . pero se tropezaba con un gran- de obstáculo que eran los celos de Inglaterra que im- portaba calmar. Otras varia9 circunstancias contribuyeron igual- mente á favorecer este sistema contemporizador. El so- lo conducto diplomático con la córte de Madrid era Vandermeer embajador de Holanda, que era una fuen- te perenne y viva de nuevas dificultades. Este ministro carecia/de dignidad , y no gozaba de consideracion nin- guna, no atreviéndose jamás á decidirse por Francia ó Inglaterra, ó mas bien siendo juguete de órdenes con- tradictorias. Para colmo de disgustos , el rev azotado por su en- ferme/dad hipocondrica, no se halla en estado de pres- tar la menor atencioa á los negocios públicos. Apenas habia la reina salido de su embarazo , no quería que se tratase de ningun asunto importante , hasta tanto que se hallase completamente restablecida para poder to- marparte en las deliberaciones. Koningseg era, por de- cirlo-así, 'el gefe del gaierno, el marqués dula Paz, no era mas que su hechura, y el inconstante Monteleon que sin el carácter de tninistro tenia, empero, grande influ- jo como diestro cortesano , quemaba incienso ante el ídolo del dia. Patiño, como ministro de Hacienda , si bien veia con pesar la insaciable avaricia de la córte de Viena , conocía harto bleu los . cimientos poco sólidos en que descansaba la conservacion de swdestino , para oponerse en lo mas mínimo t la pasion dominante de la reina , ni á ia omnipotencia del partido aloman. Pasaron muchos dias en la . misma incertidumbre, 111*, 58  CAPITULO TREINTA Y NUEVE.  1:1 ;/1 Vanderm e er andaba sin cesar de uno á otro ministerio sin conseguir ninguna respuesta categórica , y por va- rias consideraciones le tenia prohibido el que se enten- 1 01 1 1 diese directamente con los reyes. Por otra parte , corno una guerra real era casi preferible á una paz ilusoria,  1111\lí ) 1 el gobierno británico tomó por último la actitud que  11 en las ocasiones anteriores habia vencido a un tiempo la tibieza de sus amigos y la oposicion de sus enemigos. , ,10 Reforzáronse las escuadras inglesas , y quedo bloquea–  01 (Id el puerto de Cádiz , tomando medidas vigorosas para dar el golpe que solo se suspendió á causa de raza de la paz. Inglaterra envió un ministro á Mac.rid para dar á conocer oficialmente y con solemnidad les sentimientos que la animaban. Por amor propio ó política , seguia Francia el mis– gut mo egemplo , y dio el reciente nacimiento del infante.. don Felipe un motivo para anunciar la reconciliacion solemne de las dos córtes de la misma familia , envian- do un embajador. Estaba puesto en uso que fuese este portador de las insignias de la órden del Espíritu San- to (E) para el infante recién nacido, y que felicitase á la reina por su alumbramiento. Inglaterra eligió por representante á Keene , que habia residido mucho tiempo en España corno agente de,.  TI la compañía del Mar del Sur , y quien á causa de su. inteligencia, cordura, y conocimiento profundo clel ma y_ del pais, se habla captado la confializa del gobier–, no. ira embajador de Francia el conde de Rottembourg, _ hidalgo de un mérito eminente y de una amabilidad ra–, ra , pero muy afecto á la antigua córte, quien fué ele7. gido para tan elevado destino á propuesta de . los reyes,' de España. Los dos ministros , á fin de consérvar. •la' cordialidad y union necesarias , se dieron mútna cuenta: de sus instrucciones generales, pueshabian arribos. reci- bido orden de obrar en un todo acordes y con la mas pasible confianza , habiéndoles además encargado que' exigiesen de la corte de España levantase elblopieo de 1  . 1727. 1728.  59 Gibraltar restitu y ese todas las presas sin escepcion , y distribuyese los efectos conducidos por la flota. Las instrucciones particulares de Rottembourg con- tenían órdenes terminantes relativas á la situacion res- . ,pectiva de las dos córtes de Versalles y Madrid. Sin. contar las noticias de costumbre acerca de los caracte- res y miras de los ministros, se le trazaba de un modo muy detallado, la línea de conducta y lenguage que debla usar con la reina, que era el resorte principal que movia la máquina política. «Evitareis, se le decia, e! entrar en pormenores en la primera entrevista, y preguntareis secretamente á los reyes qué dia lograreis el hablarles de algunos asuntos que interesan á, las dos monarquías , añadiendo, que á pesar de vuestro deseo de tratar de ellos directa- mente con príncipes dotados de tan grande capacidad, os entenderéis gustoso con el ministro , cuando agrade á SS. M.I. el mandarlo así. 41 mismo tiempo, sin dejar que se trasluzca la desconfianza menor de los ministros, manifestareis con sagacidad que hay cosas que segun las órdenes, que teneís, debeis confiar al rey ó á otro él mismo, v para estas agradará mucho al rey de Francia que S. M. no se sirva de ningun ministro mas que. de la reina su esposa. Es necesario de igual modo, halagar á la reina; porque no ignora esta princesa que sus planes han sido objeto de no pocas sospechas , y á menudo ha recibido bien á los que á causa del nacimiento ó de cualquier otra razon , son bien mirados en su pais., Conviene no olvidar tampoco que si bien tenia la reina grande influjo con su marido, á veces se ve obligado á cederle en cosas que hieran sus sentimientos á favor de Francia; de lo cual resulta que deben emplearse chos miramientos, v conviene que no pued4 sospechar que se dan pasos para cercenar su influjo y la confianza que el re y deposita 'en ella (42). Los dos plenipotenciarios llegaron á Madrid casi á un tiempo ; pero fueron recibidos de diferente modo. 60  CAPITULO TREINTA Y NUEVE. Dominada todavía por su antiguo resentimiento contra Inglaterra, y queriendo probablemente dar una prueba de visible preferencia á Francia; no se concedió a Keene permiso para que presentase sus credenciales durante algunas semanas. En vista de esto , pasó enteramente la negociacion á manos Rottembourg, que disfrutaba de todas las prerogativas de embajador de familia. La de España , de este modo, tuvo medios de lograr su-inten- to. Rottembourg, muy afecto á las máximas antiguas de los Borbones, y deseoso de conseguir el cordon azul de la órden del Espirita Santo, recompensa que se le habia ofrecido por su mision, empezó á no abogar con gran calor á favor de lo que llamaba él, en su correspon- dencia confidencial , «Los mezquinoslintereses de In- glaterra (í3).» Enero , la corte de Francia, no menos que su embajador, manifestaba profesar la mas since ra amistad hacia Inglaterra, y en los primeros tiempos de su negociacion , no solo se entabló una confianza perfecta entre ambos-ministros, sino que se comunica- ban mútuamente suspliegos oficiales. Tenemos á gran fortuna el poder dar á conocer al lector los pasos que iba dando esta negociacion, mostrando sin embargo, al orgallo, entendimiento y carácter impetuoso de la reina que tomó á su cargo completamente este delicado negocio. Bastó una entrevista á Rottembourg para conocerla terquedad de aquel carácter. Al entrar en la regia camara , despues de las felicitaciones de costumbre, suplicó á SS. MM. que olvidasen las-injurias que hablan recibido del antiguo gobierno de Francia. La -reina, que habla de intento tomado un bordado en que se,entrete- nia , no se dignó contestarle ni una sola palabra , ni dirigirle ni una mirada. Felipe manifestó sumo.afeckrá su sobrino y : pais natal  - y recibió -al embajador con es presiones de estremada benevolencia , presentándole- á la reina , á quien ro y ó que. conservase á Francia y a ' su sobrino el afecto y consideracion que merecian , y 4727. 4728.  61 mirasen con el mayor interés, la únion que hubiera siempre debido existir entre las dos coronas. La reina vaciló un momento, pero pronto tomó un aire de afecto ; sin embargo , no pudiendo vencer sa resentimiento contra Inglaterra , se quejó de la alianza de Francia como impolítica y opuesta á los sentimientos ,de familia. En esta audiencia que fué corta , repitió veinte vecesconénfasis:—Os habeis entregado vosotros mismos á los ingleses cuyo soberano os manda , corno señor.—Apenas habia salido Ilottembourg de la cámara del rey, cuando se suscitó una disputa entre los reyes, y se oyó á la reina repetir, mas de una vez , con tono altanero: ¿Puede tener Y. M. todavía confianza en su familia, despues de haber sido tantas veces víctima de ella? (44) Esta audiencia primera se redujo á una vana cere- monia, y se aplazó á la segunda la discusion del nego- cio. Como debian los puntos principales de la cuestion tratarse en esta audiencia, y que ofrece el relato del embajador un cuadro no menos fiel que entretenido de los modales y carácter de la rema, vamos á reproducir- lo aquí con tanta fidelidad como puede permitirlo una version. «Me pareció , segun , el tenor de la primera confe- rencia, que no hiña otro medio de ganar el corazon del rey de España, que el de valerse de los razonamientos basados en la ternura, y afecto que profesa á su sobrino y á su pais natal. Este medio parecia mas seguro que todas las condiciones políticas , porque no podia yo tocar estas sin hablar de los compromisos entre Francia é Inglaterra , y la reina se hahia hallado á pique de desmayarse de cólera , oyendo tan solo pronunciar el nombre de ingleses. Tuve, pues, cuidado antes de ir á palacio , de ganar varias personas que á lo que tengo entendido , gozan de cierto influjo con SS. MM. CC., sobre todo los dos co4fesores y. los marqueses delaPaz y Castelar. Me ofreció este último no solo su apoyo, sino t2  CAPITULO TREINTA Y NUEVE. *el de su hermano Patino, asegurándome uno y otro que se baria todo por Francia y nada por Inglaterra. «Dí principio á la conferencia , manifestando á •SS. MM. CC. mi gran pesar al saber los rumores que circulaban acerca del objeto de mi embajada, esto es,. que habla llegado con órdenes de ponerles el puñal al pecho, •v declararles la guerra , si no se sometian con. los ojos cerrados , á las órdenes de los ingleses. En Francia, les dije, jamás se daban señales de disgusto ó dureza, tratándose de una negociacion con los sobera- nos de España.---De cuando en cuando  á veces.... interrumpió la reina sonriendo y mirando al rey.—Nada, añadí ,.es mas opuesto á eso que el objeto de mi em bajada, y ni nada dista tanto de esto como las órdenes que se me han confiado , porque estas son en primer lugar, el espresar de parte del rey mi amo, el afecto que profesa á SS. MM. CC. , y el vivo gozo que siente, al saber la reconciliacion; en segundo lugar , el de su- plicarles que ejecuten los preliminares, y finalmente el asegurarles cuan sinceramente desean el contribuir á fijar la suerte de sus hijos. «La reina me interrumpió otra vez con viveza , en. estos términos :—No es tiempo oportuno para hablar de todo eso; yo no tengo mas intereses que los de mi mari- do.—Entonces le supliqué que viviese persuadida de que yo estaba en la misma creencia.—Añadió, empero: —Está bien; y en suma, ¿qué nos pedir? ¿nos acusan aun de que ponemos estorbos á la reunion del congreso? ¿no ha enviado el rey á Viena las ratificaciones hace mas de un mes? ¿no ha dado órdenes á su plenipo- tenciario de que se presentase al punto en Francia? Contesté , con la sonrisa en los labios, que se hubie- h . e reunido antes el congreso, si se hubiesen cumplido O los preliminares, y la llegada de los plenipotenciarios se hubiera esperado con mayor impaciencia.— cr  ¿Qué en- tendeis por preliminares? preguntó la reina..-- . La res– titucion del Príncipe Federico, D conteste, y la distribu- 1727 —1728. 63 'cion del cargamento de la flota.—Está bien , ¿no es mas : -que eso ? me -replicó. Reparad como los ingleses', esos señores del mundo, presentan las cosas del modo que mas les agrada.—Esta esplicacion .4 , señora , está. firmada por S. M. , es el contenido literal de los preli- binares , y el rey, mi amo, no pide mas.—Si perteneL cia erbtique apresado al rey de Francia , replicó , se le devolverá al instante, pero á los ingleses nó se les dará, de ningun modo.—De este modo , señora , le dije', 'el rey mi amo., vivirá mas agradecido á SS. MM. que si se lo restituyeseis á él , y el mérito será igual. No pide mas sino que se verifique la reconciliacion, en lo que pone el mayor empeño, y no puede realizarse esto sino dando satisfacción á los aliados, segun. los compromisos existentes.—Pero , ¿quién , á vuestro entender dijo: debe ser juez de esta satisfaccion ?El rey reclama ese buque por pertenecerle , en virtud de mil infracciones del asiento; los ingleses lo exigen tambien ; así , pues, que decida el congreso. «A_ esto contesté yo esplicando el artículo de que se trataba. El rey repitió dos ó tres veces:--Servia para Comercio ilícitamente, era un nido de contrabandistas. —Respondí yo entonces que jamás los ministros 'labial' alegado esta razon entre las que presentaron para opo- inerse á los preliminares, ni de ello se dice una palabra en las cartas del marqués de la Paz.--Suponiendo, dijo la reina, que se hubiese olvidado esta razon, no por eso es menos fuerte.—Como combatiese yo la idea del contrabando, me interrumpió otra vez la rein3:—Ilare- mos, me dijo, que os entreguen una nota relativa al ne- gocio. «Me di prisa á decir que la aceptaba, con intento de promover así mayores dificultades.—Pero, continuó la reina, puesto que todo se reduce á„ pedir, devolvednos a Gibraltar, y os restituiremos el buque.—A. lo que contesté yo sonriéndome :—Si perteneciese Gibraltar al rey mi amo, estoy persuadido de que os lo sacrificaria. 64  CAPITULO TREINTA Y 'NUEVE. Mas no es momento oportuno de tratar de nuevas com- pensaciones, despues de que han sido firmados los pre- liminares que dejan las cosas en él estado que teman en 4725.—¿ Sabeis, añadió la reina, porqué hemos consentido en esa fecha de 1725.—Sin duda, dije, con el único objeto de facilitar la reconciliacion y hacer desa- parecer los obstáculos que se habian opuesto á ello, é interin haya terminado amistosamente el congreso de Cambray.—Puedo daros yo otras razones, replicó »la reina. ((Entonces pidió al rey la llave de un cofrecito, y en cuanto se la dio, se acercó á la cabecera de la cama para abrirlo. Me aproveché de aquel momento para ro- gar al rey, ea nombre del tierno amor que profesaba á su sobrino y á su patria que hiciese de modo que termí- nase este negocio de un modo amistoso , añadiendo que un príncipe tan generoso y desinteresado , depositario de los tesoros del Nuevo Mundo, no deberla esponerse á la reconvencion de provocar una guerra por un solo buque. La reina volvió al, punto la cabeza é interrum- pió diciendo:—¿No seria Cambien justo que los ingleses ya que son tan ricos diesen al rey algunos millones? Si f uésemos tan locosque renunciásemos á ellos , se bur- larian de nosotros. Cierto es que los tesoros del Nuevo Mundo pasan por las manos del rey , pero en España solo . queda de ellos una parte muy pequeña y así toda quisiérais quitárnosla para darla á vuestros íntimos ami- gos los ingleses. ',Quise ya tratar de persuadirle que el rey no hacia mas que cumplir con lo que debia á sus aliados, pero la reina no por eso dejo de hablar; buscando al mismo tiempo algo en su cofrecillo:—Los franceses no sois en el día masque ingleses. No os habeis declarado ene- migos del emperador hasta que ha formado -alianza con mi marido, porque antes erais muy suyos. ¿No recor- dais que durante el congreso de Cambray, os instamos á fin deque alca z'  para España del emperador al- 4727.-4728:  6Z.1 gura satisfaccion? Entonces no queriais y sin embargo no habla que temer. Pero tan luego como firmamos la paz os reunisteis contra nosotros por capricho y sin que sepamos siquiera el porqué. «Por último, halló una carta que buscaba del rey de Inglaterra , que tenia la fecha del 1 .° de junio de 4721 , en la que ofrecia la restitucion de Gibraltar. En tanto que la lela yo:—Qué tal : dijo. ¿Es cierta ó falsa esta carta ?—Como contestase yo que no parecia origi- nal.—Solo os quedaba la disculpa de creer que era apócrifa, añadió chanceándose. Esta es la principal razon para admitir las condiciones de 725. E Que cum- plan con ellas los aliados, y nosotros haremos lo mismo, pero que nos devuelvan lo que nos han usurpado. ¿Con qué derecho bloquean nuestros puertos?—Creyendo que esto no tenia respuesta „volvió la cabeza para mirar al rev Sin embargo, como procurase probar qué sus com- rey. promisos no podian turbar el sosiego de Europa , añadió la siguiente observacion :—Si hubiéramos querido tur- barlo , lo hubiéramos logrado , porque teniamos un ejér- cito poderoso en Cataluña ? y todas vuestras plazas por aquella parte, se hallaban indefensas.—Entonces ma- nifesté yo que no podia darse prueba mas evidente de la confianza que nos inspiraba S. M. C.—No debiais te- nerla tan grande despues del egemplo que habeis dado, proporcionando dinero al emperador para que nos ar- rebatase á Sicilia , amparándoos de Fuenterrabía y San Sebastian, reuniéndoos á los ingleses, con objeto de des- truir nuestra marina; y quemar nuestros, navíos en nues- tros mismos astilleros, y en suma, observando un siste- ma de hostilidad permanente, puesto que el rey vuestro amo no hacia caso ninguno de los consejos desu tio, sin escuchar mas que  personas vendidas á la Inglaterra. Vuestro soberano en Francia es Walpole ¡y yo quisiera tener aquí á Walpole y al cardenal para disputar con ellos de punto á religion de política; entonces ,veriamos si mis argumentos son menos ó masfuertes que los. suyos. 4035 Biblioteca popular,  T. me 61 66  CAPITULO TitEINTA Y NUEVE. «Urgía va el terminar una conferencia que se iha acalorando demasiado, dije, pues, queme cPausaba gran, pesar el no poder conseguir que se aceptasen mis proposiciones, w en seguida, dejando escapar algunas palabras acerca del afecto del rev, atigusto soberano, me preparé á retirarme. Anudando entonces la reina la conversacion, me preguntó si no tenia yo alguna medida que proponer para salir del pantano, y como le contes tase  ninguna, que no tenia ninuna, y continuase despidién- dome, me detuvo haciéndome esta pre u unta:—¿No se podria declarar en sequestro al buque hasta tanto que decidiese el congreso? A. esto contesté yo con frialdad: —¿Y ea manos de quien?—Del rey vuestro amo , con- testó la reina. ((Trate de esponer los inconvenientes de esta medi- da, mas como insistiese la reina, volví la cabeza á don- de estaba el rey, y reflexionando que seria peligroso la oscuridad en este negocio, pregunté si no me auto- rizaba a que diese cuenta yo .de esta proposicion. Me interrumpió la reina añadiendo:—Si, pero por su parte el rey vuestro amo contraera el compromiso de no en- tregarlo sin el consentimiento del rey mi marido.— A. lo cual dijo el rey con su acostumbrado laconis- mo:—Sí. «Entonces pregunté al rey si tenia intenciones de repartir el cargamento de la flota. La reina volvió á ‘to- mar la palabra , v dijo—  - :Si, pero no hasta que los in - se alejen °de las costas de América v de las de España.—Se hará. así, contesté con bastante prisa,, por- que no es justo que haga todo una parte, y nada_ la otra. —Pero, continuó la reina, si el rey vuestro amo %izase la retirada de las escuadras inglesas,  gar"- riamos en repartir el cargamento de la flota; Y eGnse cuando se llegasen á retirar los navíos ingleses, nosátroeSutam2 hien mandariamos que se retirasen las tropas que, por puntillo de honor, solamente se hallan. todavía q a vis-- ta de Gibraltar. 4727.-4728.  67 «Recapitulé, entonces con mucha claridad estas tres proposiciones, añadiendo que me parecia que se 130- dríaa admitir en seguida, dije de paso algunas palabras para darles á entender que era poco conforme á, la po- lítica el que SS. MM. se mostrasen tan poco compla- cientes con los ingleses, que eran tambien responsables y garantes de los estados de Italia, destinados á don Carlos.—No salis de vuestras benditas herencias, escla- mó la reina, y yo por mi parte, estoy pronta á abando- narlas de muy buena gana, si se devuelve Gibraltar al rey; podeis convenceros, por cuanto acabo de decir de,- lante de S. M., que su gloria y riqueza son las únicas que me ocupan. «La conversacion iba durando ya mas de hora y cuarto; saludé, pues, para retirarme. La reina entonces me dispidio con un cumplido.—Volved á, vernos , me dijo, cuando gusteis y sin etiqueta ; tendremos muchas satisfaccion en hablar con vos (45).» No hay necesidad de referir lo que pasó sobre este punto en otras entrevistas del embajador y los reyes; porque todo consistió en repetir con escasa diferencia las mismas proposiciones , refiriéndolas la reina coa todos los argumentos que su terquedad , su perspicacia y su. cólera podian sugerirle. Además , nada descuidó para cansar la paciencia, ó cambiar los sentimientos del ministro francés , aprovechándose del menor pretesto para contemporizar y conformar su conducta á las insi nuaciones del gabinete austriaco. El conde de Keningseg dírigia las negociaciones , ó por lo menos aconsejaba todas las medidas que se tomaban , y los ministos ese- pañoles que no se sometían ciegamente á su voluntad, se , vejan reducidos á la mayor nulidad, pues apenas si se dignaba comunicarles algunos datos relativos á la transaccion. La proposicion de depositar el buque apresado se trasmitió á Versalles , y Luis XV escribió una carta en 19, que se negaba abiertamente á adoptar este pensa- 68  CAPITULO TREINTA Y NUEVE. miento. Iba acompañada de quejas afectuosas, relativas a la aversion suspicaz que la reina habla declarado á los ingleses , y terminado el documento con una pero- racion dirigida al rey de España, en la que se le pre- sentaba la ejecucíon pronta y a b soluta de los prelimi- nares como el medio único de conservar la tranquilidad  :k11 y la union de ambas coronas (46).  11 , «Leía esta carta á SS. MM. CC. , escribia el . emba- jador á 15 de noviembre. La reina hizo algunos gestos  1 cuando llegué al punto en que se hallaba de su resenti- miento ; pero por último , se sonrió. El rey se mostré mey agradecido por las espresiones de afecto que con- tenia , y las escuchó con estraordinaria atencion. Al terminar yo de leer la carta , dijo la reina:—Está bien; hemos hecho -ya cuanto pide , y por lo tanto deben de darse ya por satisfechos.—Dió á entender que esta nueva g arantía estaba de mas , y que hasta cierto punto inuti- fizaria la primera que se rallaba comprendida á los de- mas artículos :--¿Po r qué quereis, repuso la reina, ne- garnos una satisfaccion que no os costará mas que una hoja de papel? Aun cuando dieseis diez garantías igua- les, todas quedarian ejecutadas como solo cumplir una. --Contesté con la sonrisa en los labios , que mucho le costaba el desprenderse de su prevencion contra los in- gleses que no eran tales como los habian pintado á SS. MM. CC. Al hablar así , añadí , tal vez me  r) esponero á desagradar á VV. MM. ; pero habiéndome comprome- tido á decirle la verdad tendré un dia la satisfac- cion de que aprobarán esta libertad. La alianza con los ingleses ofrece ventajas particulares que emanan de su posicion. Consistiendo en que sus aliados pueden es- tender sin inconveniente sus posesiones, y que fácil- mente se puede garantizar lo que tienen en el conti- nente. Entonces volviéndome al rey , proseguí dicien- do :—V. M. convendrá en ello. Si á la muerte de Cár- los II hubiésemos tenido por nuestros á los ingleses, no hubiera la monarquía española sido desmembrada. Lie- 4727  '1728.  69 hará un dia en que los ingleses no serán inútiles para reparar estas pérdidas ; ademas, nos ocupamos en for- mar un congreso para lograr una pacificacion que con- vendria acelerar. «Notando que SS. MM. me escuchaban con placer, aseguré á, la reina que si conociese á Walpole, se verla obligada á estirnarlo , aunque no fuera mas que á causa de la moderacion y . respeto con que habla siempre de SS. MM. CC. No pierdo la esperanza de ver llegar el dia en que S. M. apruebe la union del cardenal y de Walpole que le parece tan sospechoso en el dia. Y en- tonces se aprovecharán de ellos. La reina dijo entonces sonriendo:—Sois demasiado caritativo. Viendo que es- taba de tan buen humor , le rogué que recordase el ar- dor que habla mostrado en mis primeras entrevistas, añadiendo :—IIaced de modo, señora, que pueda el rey ponerse al frente de los aliados , y de mi augusto amo, viereis entonces al cardenal no menos estrechamente unido cuando no sea mas con el embajador de España que con Walpole 47).» Juzgando por la aparente satisfaccion que reinó en esta cenferencia, y por las órdenes terminantes trasmi- tidas al embajador francés , tal vez se creerá. que esta embrollada  ° ne o. ociacion iba á ternunarse pronto. La víspera mismo de la audiencia , tuvo lugar una . larga discusion entre el embajador y el ministro marques de la Paz, á pesar de la inevitable intervencion de Koning- seg. El resultado de esta discusion , fué un informe en forma de carta que dirigió el marqués á Rottembourg, presentando la cuestion por depósito del príncipe Prin- upe Federico bajo un nuevo aspecto , y modificando el artículo entero relativo á este asunto, de modo que que- dasen justificados los derechos que tenia España á una Indemnizacion por las pérdidas que había sufrido su comercio con el bloqueo de sus puertos y costas. Por una inconsecuencia que no se podría atribuir mas que á las insinuaciones secretas de Chanvelin , recibió y tras- 70  CAPITULO TREINTA Y NUEVE. mitió Rottembourg este informe á su córte, aun cuando al mismo tiempo habia solitario una carta pública en ye se le llamase, en caso de que el rey de España se negase á aceptar sin condicion ninguna los prelimi- nares. Al mismo tiempo hacia el rey de Inglaterra nuevas concesiones en una carta del conde de Broglie, embaja- dor de Francia en Lóndres, dirigida á Chanvelin .E1 con- tenido de este documento en sustancia, era la ejecucion de los preliminares en general , y la restitucion del Príncipe Federico; pero el punto del contrabando debia reservarse para el congreso , fiándose enteramente en el honor del rey de España , en cuanto al reparto del cargamento de la flota cuando se retiraran las escua- dras inglesas. Las infracciones á los tratados y demas compromisos públicos ó particulares, anteriores á 1725, se someterian igualmente á la discusion del congreso. Por último , se admitía la garantía del rey de Francia para la ejecucion de estos artículos. Rottembourg , comunicó esta proposicion, y al mo tiempo encareció la sinceridad y buena fé del rey de Inglaterra , y la confianza que hacia de SS. MM. CC.; precisamente en los momentos en que mostraban los reyes de España mayor desconfianza de él , porque ha- bla exigido nuevas garantías de Francia y del empera- dor. Hizo mella esta generosidad en el ánimo del rey, y tambien alguna en el de la reina.—Ya no abrigaré dudas , dijo acerca de cuanto podais decirme. Hasta el dia había considerado todos vuestros argumentos á fa- vor de los ingleses como un medio de apresurar la re- conciliacion ; en el dia estoy plenamente satisfecha de que no es así (48).—Rottembourg replicó:—Puesto que se ha convenido ya en los artículos principales , no hay necesidad de esperar la vuelta del correo con la res- puesta á la proposicion de VV. MM. y cuento con que alcanzaré permiso para enviar á su córte un correo con tan buenas nuevas. Algo turbó á, la reina esta proposi- 4 727 -- 72 8„.  71 cion , y despues de vacilar un rato , contestó : Antes de tomar una resolución.definitiva, es preciso que con- sulteis al marqués de la Paz y al 'conde de Koninerseg. Entonces lo despidieron los reyes con mucha amábili- dad , y al salir de la cámara , dijo la reina de un modo amable:--Quisiera que todos se pareciesen á vos , por- que nunca venís sin traernos buenas noticias (49). Tuvo lugar en vista de esto, una conferencia con el marqués de la Paz y Koningseg ; Keene asistió á ella como particular y sin- niagun carácter diplomático. La disputa, con grande asombro del embajador. de Francia recayó de nuevo sobre los mismos puntos que antes. Sin embargo se decidió por último , que presentase Rottembourg su última propsicion , por medio de una nota oficial , que seria aceptada y aprobada por el mar- qués de la Paz , á nombre de su soberano. Empero , en lugar de una mera a.probaccion, redactó el marqués á su modo una nota , repitiendo las proposiciones del rey de Inglaterra en general , pero cambiando el artículo relativo al Príncipe Federico, y reproduciéndolo en los mismos términos que hablan sido ya rechazados. Segun esta nota, así redactada , debia devolverse el buque, pero el congreso tendria que decidir si debia ó no per- manecer en depósito , para servir de indemnizacion, por las pérdidas que habia sufrido el comercio español por parte de las escuadras inglesas en los mares de América. El embajador francés aceptó, sin vacilar un mo- mento , el documento modificado de este modo, anun- ciando habia recibido ya la órdert pedida para salir de Madrid. Sus cólegas Keene y Vandermeer le dieron, aunque conpesar su consentimiento, seguros como esta- ba de que estos términos eran los únicos que podian contentar á la reina. Confiaban en su franqueza y can- didez aparente , y sobre todo conocían la importancia que le daba el ser el solo conducto de comunicacion con los reyes de España. 'Estos motivos los 'labia deci 72  CAPITULO TREINTA Y NUEVE. dido, y de resultas de ello lo comunicaron á sus ciírtes corno un convenio ventajoso y satisfactorio. Se levantó el. entredicho político que pesaba en palacio sobre Keene, á quien se dió aviso que pronto podria, desplegar su carácter público. No se habia equivocado mucho la córte de España acerca del efecto que producirla esta avenencia aparen- te en Francia. Aun cuando hubieran sido ya rechazadas, estas condiciones , es bastante notable que la órden dada á Rottembourg para que saliese de Madrid iba acompañada de una contraorden para que hiciese de modo que se prolongase la negociacion, y sin duda tambien de instrucciones particulares para aprovecharse de la ocasion favorable de satisfacer á España, á esptn- sas de Inglaterra. Se miró, pues, el convenio por parte de los partidarios de la antigua córte, como una prenda de paz, como el preludio de una union mas íntima con España, en tanto que la clase de mercaderes que habia, sufrido mucho coa la suspensiondel comercio, se halaga- ba con la esperanza de que pronto se distribuiria el cargamento de la flota.--Es necesario hablar franca- mente á Inglaterra, se decía generalmente; es preciso manifestarle que estamos satisfechos con los ofrecimien- tos deEspaña, y que solo los facciosos pueden desear el que Europa vuelva á, verse envuelta en una guerra general (50) . La sensacion que produjo en Lóndres este convenio fue diferente. Habranse gastado va sumas coasiderables en preparativos de guerra; los ejércitos navales decaiaa con la inacciony disminuían á causa de las enfermeda- des, El comercio lucrativo con las posesiones españo- las de Europa y América se hallaba interrumpido, y no se sacaba ninguna de las ventajas que se habrian con- seguido, haciendo la guerra abiertamente. Esta penosa incertidumbre no. podia menos dé exasr. perar los ánimos, y el clamor nacional era; «Queremos la paz ó la guerra; pero no derramemos nuestra sangre y 4727.-4728.  73 tesoros tan solo en preparativos y medidas del momen- to, que enfriara el espíritu público y deshonran la coro- na. «Esperábase que el parlamento seria convocado de un momento á otro, y el ministerio en vez de anunciar que estaba afianzada la paz, ni se atreviaá revelar estas treguas inciertas á un pueblo impaciente é indignado. Por grande que fuese el deseo que tuviese de la paz el ministerio, notó que ya no era posible contemporizar. Tomáronse al punto, medidas mas enérgicas; no se convocó el parlamento, y se e'igió de Francia el cum- plimiento y ejecucion del tratado, insistiendo especial- mente en la ejecucion de los preliniinares, esceptuan— do las concesiones que habia hecho el rey de Inglaterra P or mera condescendencia. «De dos cosas una, se decia , es preciso ó que Francia desapruebe la con- ducta, del conde de Itottembourg, .ó si no hace esto , la alianza de Hannover queda disuelta, y los vínculos que unjan á las dos coronas , en provecho milano , quedan desde ahora rotas. Esta exigencia decisiva sorprendió á la corte y al gabinete de Francia; apenas había un solo cortesano o ministro que no fuese de opinion qne era mas decoro- so al honor nacional de unirse á España, que el some- terse á las órdenes del gabinete inglés. El mismo Fleu.— ry fluctuaba entre ambos partidos, y no tenia esperan- za ninguna de determinar á Inglaterra á desistir de su empeño; mas como hallase inflexible al ministerio in- glés, tomó el prudente partido de conservar la paz y union con Inglaterra antes que sacrificar la felicidad y el sosiego de la nacion á un honor puntilloso y roma- mese°, por no decir á la avaricia imperiosa de la reina de España (51) . Se remitió entonces al conde de Itottembourg una carta escrita á nombre del rey, en la que insistia en los términos mas fuertes, acerca de la ejecucion prc$nta y ,literal de los preliminares. «Estoy no menos sorpren- didoque enfadado , decia de esas condiciones que no 74  CAPITULO TREINTA Y NUEVE. pueden tener mas resultado que el de poner trabas á la ejecucion de cuanto debe preceder á la instalacion del congreso; y que propenden á anular artículos prelimi- nares, ó por lo menos á ganar tiempo para dar , origen á nuevas interpretaciones. Seria poco honroso, y hasta vergonzoso para los aliados y por consiguiente , para mí mismo, el consentir que se aceptasen. Incurriria, con razon, en las reconvenciones de toda Europa.» A. esta carta acompañaba una órden pública, mandándole salir de la corte , y una nota redactada en el mismo sentido por el secretario de Estado. Por fuerte que fuese la sensacion que causaron estas proposiciones en Francia é Inglaterra,' mucho mas viva fué en Madrid, cuando se supo que hablan sido recha- zadas. «Halló, dice Rottembourg , al marqués de la Paz, que por lo general es muy flemático , encendido de cólera, de resultas de la carta que acababa de recibir de París Como habla sin intérpete , he entendido muy poco de lo que dijo , si no es que iba á revocar las órdenes que hahia dado en conformidad de su carta , y que iba á impedir la presentacion de Keene, que debla ser recibido en Palacio aquel dia á las cuatro. Todos mis argumentos le parecieron inútiles , tanto que me vi obligado á decirle que semejante acaloramiento causarla mas males en un cuarto de hora que cuantos pudiera él remediar en toda su vida. « Para impedir  funestas consecuencias de seme-- jante arrebato, fui a verme con el arzobispo de Amida, y lo decidí á, que se encargase él mismo de conseguir la audiencia ofrecida á, Keene, la cual en efecto se ve- rificó á la hora convenida con las muestras mas visibles de agrado. Ayer me recibieron SS. MM. , , de vueltas de la caza; les entregué la carta del rey, diciéndoles , sin entrar en el examen de las razones que decidieron á S. M. á desaprobar las condiciones propuestas por el marqués de la Paz ; solo les hice notar que les habla yo 4'727.-1728.  73 comunicado fielmente las órdenes de S. M. de los días 3 y 40 de noviembre y la carta del conde de Broglie, que debla de ser la base de nuestra conducta.—La es- tension dada á las condiciones contenidas en la carta del marqués de la Paz, dije, me quita los medios de adherirme á ellas, puesto que se declara que sin esta estension, no consentirán SS. MM. jamás en semejante peticion.-4 lo cual añadí poco despues.—Yeoya, por las observaciones del ministro , que la estension del segundo artículo no se admitirá jamás.—En seguida, presenté la nota, y leí esta clausula con otras que de- clan relacion con las potencias neutrales. «Me preguntó la reina si la satisfaeciori exigida por el rey de España no se hallaba estipulada en el articulo segundo ; á lo que contesté yo que lo estaba igual- mente para todas las partes contratantes. Entonces nosotros estarnos tambien comprendidos, replicó la reina ; si vuestras intenciones son rectas no rechazareis esta aclaracion, y en el caso contrario, nada tenemos que hacer con el congr eso, que solo tiene que entender de infraciones miltuas. Nosotros no pedirnos una compensacion vaga, puesto que tan solo exigirnos se tome en consideracion si tenemos ó no derecho á una indemnizacion. « Como contestase yo que ninguna de las partes te- nla derecho de interpretar los preliminares estipulados de acuerdo con las otras, y que las añadiduras á la car- ta del conde de Broglie se hablan hecho sin el consen- timiento de Francia é Inglaterra, interrumpió en los si- guientes términos.—Es cierto : pero Bowmonville, de- beis recordar firmó los preliminares sin conocimiento .nuestro.— Es cierto señora, contesté, pero, Bowmon- ville firmaba por su soberana, y yo por un soberano es- trangero.—Keene estaba presente, dijo la reina.—A. lo cual contesté yo:—Tiene razon V. M. pero estaba allí por casualidad, como quien iba á visitar al marqués de la Paz y lo único que ha hecho, fué traducir y copiar, , 76  CAPITULO TREINTA Y NUEVE. sin decir una sola palabra que revelase sus pensamien- tos. Por otra parte, ni habia presentado sus credencia- les, ni firmado. El rey me dijo entonces:—Sois muy justo. Hizopues que recayese sobre mí toda la culpa, declarando que no habia observado fielmente las instrucciones que tenia'. La reina me dijo en seguida que solo esto podria po- ner término á la negociacion. No vacilé en contestar que me habla equivocado completamente, y que esta malhadada añadidura podria dar lugar a una guerra. La reina replicó:—No habrá guerra; los aliados de Han . - nover no se empeñarán en cosa que les cueste tanto di- nero, en tanto que con 5 ó 6 millones podríamos defender nosotros la frontera de España. Si perdiése- mos algunas plazas, habria que devolvérnoslas; ade- mas tenemos en las manos sobradas prendas para que los aliados respondan de esta suma.—Pero el- empe- rador, contesté, no saldría de su apuro con tan poco di- nero, y tenemos hartas razones para creer que la córte de Viena es la que conmueve todas estas dificultades. —No, contestó con viveza, yo soy quien mandé que se insertase el artículo explicativo. Si consiente Fran- cia é Inglaterra está bien, entonces creeremos que son sinceras sus protestas relativas á la indemnizacion á favor de España. Si lo rechaza es evidente que quiere engañarnos. Por lo demas, nosotros no pedirnos nin- guna preferencia, y solo creemos que los demas se so- metan á las mismas leyes que nosotros (52). Despues de algunos momentos de conversacion ea el mismo tono, despidieron los reyes con frialdad al embajador sin acceder á sus exigencias. Las mani- festaciones hallaron un apoyo eficaz en Vandermeer. que no esperaba órdenes para retractarse y en Keene que egercia ya el cargo de ministro acreditado en la corte de España. Todos declararon unánimemente, que nuevas dilaciones solo podrian causar hostilidades ine- vitables. Indignada la reina de esto, viendo burladas 4727.-1728.  77 sus esperanzas, pareció dispuesta á confiar la decision de esta contienda á la suerte de las armas; por lo cual preguntó á Patiño si se hallaba España en estado de lu- char con las demas potencias. No se atrevió el ministro á dar una respuesta nominativa, limitándose á decir que el cargamento de la flota bastarla para los gastos de la guerra , si no se daban subsidios á los príncipes estrangeros. Entonces mandó que se impusiese una con- tribucion crecida sobre este cargamento; y contestó del siguiente modo á las reconvenciones que Rottem- bourg le hizo con este motivo: —El rey es amo en sus propios estados; puede imponer las contribuciones que guste á sus vasallos. Y ademas, ¿por qué se habrán de mezclar los estrangeros en los asuntos de nuestra flota? En tanto que vacilaba así se reunia el primer parla- mento de Jorge II. El discurso de la corona dió espe- ranzas de un convenio definitivo y satisfactorio; pero recomendaba las medidas de precaucion como indis- pensables en aquellas circunstancias, y esta manifes- tacion produjo una concesion unánime y liberal de hom- bres y dinero, y al punto se enviaron refuerzos á las escuadras que cruzaban en las costas de España. Sin embargo, los aliados no desdeñaron el tornar en cuenta el efecto que producirian las amenazas públicas, sino que nada olvidaron para vencer la obstinacion del ca- rácter de la reina, y sobre todo para ganar á los corte- sanos que la cercaban. Prodigáronse regalos á las per- sonas de la servidumbre de esta princesa, amenazóse al confesor con que se le achacaria la negativa de la rei- na; dándole á, entender que su familia, que amaba con estremo, padecería forzosamente a causa de su conduc- ta. Lo grave del riesgo no dejó de alarmar á los minis- tros colocados con la condieion de favorecer los proyec- tos del gabinete austriaco. Todos se hallaron acordes para manifestar cuan funestas consecuencias podía pro- ducir la dilacion, insistiendo en que e debla evitar una guerra cuyo objeto era de tan escasa importancia, pues- 78  CAPITULO TREINTA Y NUEVE. to que no se trataba mas que del Prbicipelzederico. Tambien el emperador se alarmó al ver la firmeza y actitud de los aliados de Hannover, y sobre todo la frialdad de sus mismos parciales; Convencido de que caeria sobre el Austria el peso principal - de la guerra, dió órdenesáKoningse g que no escitase , el resentimien- to de la reina, sino que por el contrario se uniese con las denlas potencias para pedir la pronta aceptacion de las condiciones propuestas. Este cambio -repentino de conducta solo sirvió para inflamar, mas y mas, el re- sentimiento de la princesa, quien se estrelló con el eme perador, diciendo públicamente á Koningseg, que se habia convertido en abogado de Inglaterra. Pero la verdadera causa ,que contribuyó principal- mente á vencer su terquedad, fué la salud débil, del rey que precisamente por entonces se hallaba en el esta- do de mas riesgo. Tomó en vista de esto el partido de ocultarlo á todo el mundo, y se fué con él al Pardo. Como se aumentase de dia en dia su falta de inteligen- cía para los negocios públicos, admitió desde luego al' príncipe de Asturias en el consejo, y por último alcan- zó un decreto en que se la nombraba gobernadora del reino. Entonces concibió sérios temores de que la muer- te de su marido desvaneciese su proyecto favorito de la posesion de una parte de Italia, y la redujese al triste estado que tienen siempre las reinas de España al que- dar viudas. Así es que se valió del poder de que se ha- llaba revestida para acelerar el convenio. Por último anunció Felipe, por medio de la acta del Pardo, .que aceptaba absolutamente y sin restriccion los prelimtna– res modificados segun. las condiciones de la Gran Bre– taña garantizados por el rey de Francia,. Los plenipo– tenciarios de Francia, Inglaterra y. Holanda en Madrid, y el co ndedeKoningseg por parte del emperador, acep- taron esta declara.cion. La intentada reuma de un co.n- greso quedó decidido que se efectuase en Soisons,. y no ea Aquisgran, consultando ea esto la comodidad del 4727.-1728.  79 cardenal Fleury, á quien corno plenipotenciario francés, pertenecía la principal direccion de esta negocia- clon (53). La misiondeRottembourg se habia con esto conclui- do, por lo que regresó á Francia con licencia, y mien- tras tanto lo reemplazó el marques de Brancas. Como recobrase algun tanto el rey la salud, le instó la reina para que publicase su curacion. Felipe volvió á Ma- drid con régia pompa, ftié á vivir al Retiro, y tomó de un modo ost,2:isible las riendas del gobierno, persua- diénaole la reina á que se presentase á menudo en pú- blico, tanto para borrar la impresion que habia causado su enfermedad secreta, como para destruir las sospe- chas de una recaida. A fin de que fuesen mas eficaces estos paseos que teman por objeto el contentar al pú- blico, la reina hizo una novena en Nuestra Señora de Mocha, objeto de veneraeion particular del rey de Es- paña y r protectora del reino. Ademas, durante dos dias, vistió el hábito de San Francisco, cumpliendo un voto que habia hecho á San Antonio de Pádua (54). CAPITULO XL. 1128.-1135. Lentitud é ineficacia de las operaciones del congreso de Soissons.—Obs- táculos para la ejecucion de los preliminares por parte de España.— Enfermedad de Felige y poder de la reina.—Tiene, durante un momen- to, el pensamiento de abdicar.—Enfermedad de Luis XV, y nuevas es- peranzas de Felipe de heredar la corona de Francia.—Proyectos secre- tos de las córtes de Viena y Madrid.—Dobie casamiento entre las fami- lias de España y Portugal.—La córte fija su residencia en Sevilla.—La enfermedad del rey-va en aumento.—Falta de armonía entre las córtes de España y Austria.—Tratados de Sevilla y Viena.—Caida de Mout- gon.—Muerte del marqués de San Felipe. El congreso de Soissons, cuya instalacion se verifi- có el 14 de junio de 1728, tenia por objeto poner térmi- no á las disputas que turbaban á Europa, tanto tiempo hacia. Como la alianza de Viena hiciese desaparecer, á lo menos en apariencia, todos los motivos de desave- nencia entre España y el emperador, se esperaba poder realizar una pronta avenencia; pero los mismos celos, mejor dicho, los mismos enredos que en el congreso de Viena habian hecho nulos todos los esfuerzos para un arreglo, se renovaron  produjeron el mismo resultado. Las disputas interminables entre el emperador y las po- tencias marítimas relativas al tratado de límites, y á la Compañía de Ostende, volvieron á empezar con nueva acritud. España tambien pidió á Gibraltar, y tanto aque- lla potencia como Inglaterra se insultaban con mútuas reconvenciones á causa de las factorias inglesas, y del 4728.-4'735  81 contrabando que se hacia en las costas de la América del Sur. Inglaterra y Francia, cuyo objeto comun parecia ser el separar á España del emperador, y acelerar la i j acifi- cacioa general, se hallaban guiadas por intereses opues- tos. Francia quería estrecharse sincera é íntimamente con España, y oponerse á la garantía de la pragmática. sancion, Inglaterra deseaba con ardor volver á empren- der su comercio lucrativo con España, y renovar su amistad antigua y popular con la casa de Austria. No habia mas que un obstáculo para esta reconciliacion que era la negativa del emperador, con motivo de la su- presion de la Compañía de Ostencle, y el consentimiento a las pretensiones de Jorge II como elector de Ilannover. La amistad particular y la union íntima que una larga costumbre labia hecli ' j o nacer entre Walpole y el cardenal de Fleury, así corno los principios pacíficos que dirigiaa al gabinete francés, retrasaron la disolu- cion de una alianza basada en intereses recíprocos del momento, hasta la época en que no existiesen es tos in- tereses; pero consideraciones personales no podían pre- valecer mucho tiempo, ni sobre los principios políticos, ni sobre sentimientos nacionales. Así es que las animo- . sidades y la diversidad de pareceres, que mas tarde produjeron un rompimiento, empezaron a manifestarse durante el congreso de Soissons (55). Esta diversidad de pareceres y la tenacidad de Es- paña y Austria, limitaron las operaciones del congreso de Soissons á meras formalidades, y á un cambio contt- uno dé memorias y notas, sin llegar nunca á la decision del menor punto de litigio. Por último, los aliados de Ilannover, á fin de terminar disensiones vanas y desa- gradables, propusieron el que se redactase un tratado provisional -que encerraba los puntos relativos al resta- blecimiento de lapaz bajo las mismas bases que antes del año de 1725, remitiendo todas las cuestiones secun- darias al examen de los comisarios que se ocuparian de 1036 m. 62 Biblioteca popular. 82  CAPITULO CUARENTA. celebrar un convenio definitivo, sin que ni la paz, ni el comercio general, esperimentasen ninguna interrup- cion. La proposicion fué aceptada sin dilacion por el mi- nistro imperial, y un poco mas tarde por el de España; pero las córtes de Viena y Madrid se opusieron al pro- yecto, haciendo la mas viva resistencia. El rey de Es- paña trató de renovar la antigua discusion, aunque con distinta forma, insistiendo en que muchos puntos reser- vados para la discusion entre los comisarios, se com- prendiesen en el tratado provisional. Los intereses de la reina recobraron su ascendiente, y en vez de la peticion de Gibraltar y de las disputas comerciales, todas las ins- tancias tenian por objeto la intróduccion de las guarni- ciones españolas, y no de tropas neutrales, en las plazas de Toscana y Parma. Mientras tanto, Felipe mandó á su plenipotenciario, el duque de Bournonville, que se re- tirase, con pretesto de informarse de sus operaciones, pero con intento real de impedir el curso de la negocia clon, negándose á dar una respuesta definitiva acerca delpata,do provisional, hasta tanto que llegase áMadrid, por lo tanto, Bournonville partió en octubre. Una enfer- medad, cierta ó aparente, lo detuvo en París. Llegó á Madrid en noviembre, y poco despues de su salida de Soissons, la córte de Viena suspendió toda comunicacion con el congreso. En el entretanto, agitaron á la córte de Madrid nue- vos motivos de zozobra. Nuevos intereses y proyectos lijaron la atencion de Felipe y de la reina. Don Fernando , príncipe de Asturias, cayó enfermo de viruelas (1728). En caso de fallecimiento, debía don Carlos suceder á la corona de España; lo cual cambiaba enteramente los planes de la reina con respecto á las posesiones de Italia . La enfermedad de flato que atormentaba al rey, au- mentaba de dia en dia, y á veces se advertia estravio en su razon, aconteciéndole á veces el p ermanecer mu- 4728.-1735.  83 dios días en cama, invirtiendo el órden natural de las costumbres de la vida , haciendo del dia noche y de la noche dia. Recibia con frecuencia los embajadores á, media noche, y despachaba con sus ministros hasta el alba; otras veces ni los vela siquiera durante varias se- manas. En estos ataques, turbábanle sus pasados escrú- pulos, y no solo se mostraba decidido á abdicar, sino que hizo varias tentativas para escaparse de palacio ejecutar así su pensamiento. Hubo necesidad de tomar sérias precauciones á fin de aislar al melancólico mo- narca, y nadie podia verlo sin una órden especial. La misma reina vigilaba todos sus pasos. Las cerraduras de las habitaciones se cambiaban á menudo, la guardia te- nia órden cl , ! impedir al rey que saliese de palacio ; pe- ro fueron inútiles todas estas precauciones. Se aprove- chó de un momento en que la reina cansada de vigilar se habia retirado á otra habitacion, para escribir de su propio puño un decreto que envió por su ayuda de cá- mara favorito , al consejo de Castilla, con órden de pu- blicar su abdicacion y proclamar á su hijo Fernando. (junio 4728) (56). Tan luego como la reina tuvo noticia de este pro- yecto , envió al punto al marqués de la Roche á fin de que estorbase la proclamacion, y recogiese aquel docu- mento, si todavía era tiempo. Por fortuna el arzobispo de Valencia, presidente del consejo, á quien habia sido entregada , era enteramente adicto á la reina, y habia diferir de la ejecucion con pretesto de que faltaba alguna formalidad. El mensagero sin embargo, llegó en los mo- mentos en que se estaba ya ocupando el consejo de eje- cutar el decreto , que se rasgó en el acto, se tomaron nuevas precauciones para impedir que se repitiese se- mejante escena, y á fin de combatir un escrúpulo con otro, se exigió del rey juramento de que no renovaría en lo sucesivo sus tentativas clandestinas para ab- dicar (57). Como el estravio de su razon no afectaba á su sa - • • 81  CAMITLO CUARENTA. lud corporal, no tomó la reina en su mano el timon de estado, como habia hecho en otros tiempos; segura del ánimo y voluntad de los ministros, dirigía todas las ope- raciones á nombre del rey y autorizaba todos los actos públicos con la estampilla de que se hacia uso para evi- tar al rey la molestia de firmar los infinitos documen- tos que eran necesarios para el despacho de los nego- cios públicos. El poder que, á causa del aislamiento del rey, que- daba en manos de la reina, permitió á esta princesa el proseguir sus planes con menos obstáculos que antes; porque cuando Felipe porfia entender algo de los nego- cios del gobierno, aunque los miraba con aversion, era en estremo celoso de su autoridad. Con sospechar tan solo que se trataba de engañarlo, ó egercer desmedido influjo en su ánimo, bastaba para que se enfureciese, sin ceder entonces ni un ápice de su voluntad primera. Por muchos medios que tuviese la reina á su disposi- cion , para manejar semejante carácter se necesitaba mucho arte y serenidad para ocultarle el conocimiento del menor deseo y para apartar de él la sospecha de que no proponia cosa que no estuviese de acuerdo con su propia voluntad (58). La reina estaba siempre presen- te en las conferencias con los ministros estrangeros, en general, era ella quien sostenía, la conversacion; sin embargo, hacia constantemente alarde de una sumision completa al rey, y rechazaba todos los elogios que de ella tratase cualquiera de hacer, declarando que no te- nia mas intereses que los de su marido, ni mas gloria que la de España. Pero con estas apariencias de docili- dad y desinterés, cuidaba sin cesar de los medios de perjudicar á todo el que llevase camino de dominar el animo del rey. A veces conseguía vencer la terquedad de Felipe con mucha destreza y á fuerza de perseve- rancia; daba audiencias particulares ó recibia informes por conducto ya del marqués de la Paz , ya del con- tesor. 4728.-4735.  85 La enfermedad del rey la libertó pronto de todas estas trabas, y entonces, dio ya audiencias públicas, y fue claramente el principal ó mejor el úaico conducto de comunicacion con el rey; considerábase como si fue- ra primer ministro, y en efecto, hacia papel de tal, por- que sin su aprobacion y firma no se despachaba asunto ninguno del gobierno. Podemos atribuir , sin temor de engañarnos, á su influjo preponderante la conducta de la córte de España desde la instalacion del congreso de Soissoas, así como el visible ascendiente que iba to- mando de dia en dia, el valimiento del Austria en. Madrid. Antes de que se verificase el regreso del plenipo- tenciario español de Soissons, sacó á Felipe de su esta- do de afeccion melancólica la enfermedad del rey de Francia, atacado de viruelas el 26 de octubre. Alarmé* esto mucho a la reina; pero por uno de esos accidentes tau frecuentes en semejantes momentos de ansiedad, quedó interrumpida la comunicacion regular entre Pa- rís y Madrid. Bastó esto para producir la mayor agita- cion en el ánimo de la reina y en el de Felipe, que vejan va difunto á Luis XV, y en posesion al monarca espa- ñol del trono de Francia. Debemos á Keene un relato de cuanto ocurrió en esta crítica ocasion, cuyos pormenores le comunicó una de las personas de la servidumbre del rey. 9 de noviembre de 1728. «Los reyes se manifiestan estremadamente inquie- tos por que no reciben noticias de Francia, sacando de aquí que ha muerto Luis XV, y que por eso [labia al- guien con mala intencion interrumpido la comunicacion entre los dos reinos. La reina preguntó al rev qué pen- saba hacer en ocasion tan importante, á lo que contestó S. M. que iria á Francia con ella y las demas personas que componian la real familia, dejando á don Carlos ep. 86  CAPITULO CUARENTA. España; que si lo llamase Francia, no habria dificultad ninguna, pero que en contrario caso, saldría al punto para la capital, y presentándose en donde sabe que se- ria bien. recibido, convocaría un parlamento que lo re- conocería por soberano, y que merecian la muerte los que se opusiesen á esto. La reina propuso que se avi- sase á los gentiles hombres de boca que estuviesen lis- tos; pero el rey se negó á ello, y le dijo que algunos de ellos lo habian acompañado'va antes, y que llegando á Francia , no necesitarla criados que lo acompañasen. «Pasaron entre SS. MM. otras muchas cosas, por egemplo: decia el rey que seria para él una dicha el rei- nar en Francia, porque allí se despachaban los nego- cios de un modo distinto que aquí; que había allí mas grandeza; pero que al mismo tiempo había tambien en Francia un partido que le inspiraba temores, cual era el de los j ansenStas; quienes, á decir Verdad, te- nian razon de ser sus enemigos, porque si conseguia en cualquier tiempo que fuese, la corona de Francia, los echaria del reino.» En esta crisis, mandó la reina llamar á Montgon, á quien recibió particularmente, á media noche, pidién- dole su parecer ea la cuestion importante que ocupaba su imaginacion; pero en vez de la luz que esperaba de él, por ser agente del duque . de Borbon, se entretu- vo el abate en contarle las antiguas injusticias de que había sido víctima, acabando por pedirle, fuera de tiem- po, un destino de consejero de Estado ó una embajada. La reina se ciñó á promesas vagas de proteccion. Sin embargo, él es quien refiere que no se hablaba mas que del viage á Francia, pintando el júbilo de los parciales franceses en Madrid, y afirmando que, si no se hubie- ran recibido noticias, veinte y cuatro horas mas tarde, los reyes se hallarían ya comprometidos en algun pasa imprudente (59). Parece que por esta misma época, se concertó algun nuevo proyecto entre las turbulentas córtes de Viena y 4728.-4735.  87 Madrid. El emperador por su parte, confiaba en alcan- zar de la reina un pronto y terminante arreglo de la cuestion de Italia; porque se hallaba ella todavía fas- cinada con la esperanza que la habia decidido, en otros tiempos, á formar alianza con Viena. Por otra parte, ha- cia España los mayores preparativos militares y maríti- mos, y una escuadra de veinte y cuatro navíos de línea se hallaba ya estacionada en los mares de América, y otros veinte y cuatro navíos están prontos para dar la vela ó en vísperas de ser completamente equipados. Se hacia cierto alarde de indiferencia, ó mas bien despre- cio extremado, al hablar de Francia é Inglaterra, elu- diendo cada proposicion que se hacia, con pretesto de esperar el regreso del duque de Bournonville. Tambien esperaba la reina con impaciencia la llegada de los ga- leones de América, contando con este tesoro para eje- cutar los caros proyectos que ocupaban todos sus pen- samientos. Tambien se puede atribuir á este mismo sistema la adopcion de un proyecto concebido , desde luego, con no menos calor que precipitacion, y que luego fué apla- zado; que era la conclusion de dos enlaces, uno entre el príncipe de Asturias y la infanta de Portugal , y otro entre el príncipe del Brasil y la infanta de España, cu- yo objeto era evidentemente el de separar de las poten- cias marítimas á un aliado tan importante como Por- tugal.  , En medio del invierno , y en cuanto se restableció el rey, con grande asombro de todas las personas ini- ciadas en el secreto de los negocios, accedió este prín- cipe á las instancias de la corte de Portugal , y fijó el 7 de enero, como época de su salida para la frontera, en donde se debia hacer la entrega de las princesas desposadas. No se escaseó, ni por una ni por otra par- te, gasto ninguno para que el séquito fuese digno de la magnificencia de los soberanos respectivos. Acompa- fiábánlo todos los ministrosestrangeros y una seryidum- 88  CAPITULO CUARENTA. bre numerosa; llamáronse á las fronteras varios cuer- pos de tropas, y se hicieron crecidos gastos para her- mosear el sitio que debia de ser teatro de la ceremonia. Las dos córtes llegaron, la una á Badajoz, la otra á El- vas; y el sitio destinado para la entrevista era el puen- te sobre el Caya, que divide á entrambos reinos, y en- cima del que se puso, a propósito, una bandera. Al principio tuvieron lugar varios altercados frívolos acerca de cuestiones de etiqueta, los cuales debilitaron la cordialidad de los monarcas , é influyeron en que fuese menor la pompa de la escena (60). Los dos so- beranos rodeados de sus respectivas familias, se reu- nieron por último, el 20 de enero, y los contratos de ca- samiento se redactaron con las formalidades requeri- das. Hizose la mútua entrega de las princesas, y des- pues de una corta y solemne entrevista, se verificó la separacion con las mayores señales de amistad y afec- to, sobre todo con muestras de pesar por la pérdida de hijos tan queridos. Keene, que se halló presente en la ceremonia, hace así el retrato de la desposada del prín- cipe de Asturias que debia de ser un dia reina de Es- paña. «Me puse a y er de modo que vi perfectamente la en- trevista de las dos familias, y pude Observar que el ros- tro de la princesa , aunque se hallaba S. A. cubierta de, oro y diamantes, desagradó al príncipe, que la miraba como si creyese que lo hablan engañado. Su boca enor- me, sus labios gordos , sus carrillos Mofletudos y sus ojillos diminutos no formaban segun á él le parecia, un co njunto agradable; lo único que tiene la princesa de eno es la estatura y el noble porte (61.) Despues de otras entrevistas, en las que se supri- mió la etiqueta y el consiguiente fastidio , separáronse las dos córtes con muestras de afecto y pesar. Los re- y es de España continuaron su viage por Estremadura (febrero de 1720), y se dirigieron á Sevilla, para desde allí, ir á ver llegar los galeones á Cádiz ; pasaron varios 4728. 4735.  89 meses viendo menudamente el estado y mejoras de aquel gran depósito comercial y marítimo. La reina te- mia sin cesar, que hiciese el rey otro ensayo clandes- tino de abdicacion, y quiso, por lo mismo, cortar toda comunicacion con el consejo de Castilla (62). Con este motivo, decidió al rey á que fijase su residencia en Se- villa; A. consecuencia de estas causas y diversos pretestos para diferir la terrninacion de los negocios públicos, los aliados de Hannover permanecieron en la misma situa- cion siniestra y malhadada que antes del acta del Par- do. Trascurrió el invierno sin resultado ninguno, y to- dos los plenipotenciarios se retiraron., uno tras de otro dejando desierto el ridículo teatro de Soissons. La córte de Madrid se obstinó guardando silencio, á pesar de repetidas instancias. No solo se continuaban egerciendo las mismas vejaciones contra los súbditos y el comercio de los aliados de Hannover, (marzo) sino que aumen- taban cada dia las molestias. Recurrióse á nuevas intri- gas para anudar la discusioa relativa á una compen- sacion por el « bloqueo de los puertos y ensenadas de España é Indias. Los aliados de Hannover se hallaron mas que nunca en el caso de valerse de medios enérgicos para poner término á estas intrigas, de que echaba mano la córte de España con ánimo de dejar pasar la estacion favora- ble á las operaciones militares. El amor estrenado que la reina profesaba al Austria, fué causa de que perdie- se Francia todos sus escrúpulos; y por último, los tres ministros de Francia, Inglaterra y Holanda dirigieron reunidos, como preludio de medidas decisivas, una re- convencion al gobierno español, pidiendo' la ejecucion inmediata de los preliminares, y anunciando que la di- lacion ó negativa se consideraria indistintamente como motivo suficiente para emprender nuevamente las hos- tilidades. No es fácil decir á cuantas combinaciones nuevas hubiera podido dar lugar esta estrada condue- 90  CAPITULO CUARENTA. ta, si no se hubiese verificado en el gabinete de Madrid un cambio repentino. Ya la reina habia aceptado los preliminares, pero con ánimo decidido de eludir la ejecu- cion. Labia probado su conducta que conservaba toda- vía un ódio implacable á Inglaterra y Francia, yun afec- to sincero á la alianza austriaca que habia abrazado cie- gamente. Continuaban dándose los subsidios al empe- rador, y el influ:o de Koningseg prevalecia en los conse- jos á pesar de la murmuracion pública de. la oposicion de los ministros y de los conflictos innumerables que agoviaron al pais; nada porfia disipar esta ilusion si no la conducta misma del emperador. Por fortuna, y ea bien de la tranquilidad general, acaeció un hecho que puso á prueba sus inferiores. Despues de la muerte de Francisco, duque de Par- ma, instaba el emperador á su heredero Antonio para que se casase con una princesa . .de Módena en la espe- ranza de que el nacimiento de un heredero dejaria sin efecto la iL iesticlura que con pesar habla conferido á un infante de España. A pesar de sus 'protestas reiteradas, usó de reparos sin fía á la introduccion dé guarniciones españolas en las fortalezas italianas, enviando agentes á las pequeñas córtes de Italia, á fin de que pusiesen estorbo á los intentos de España, é hizo todas las inves- tigaciones posibles para descubrir y registrar los anti- guos derechos del imperio, á los señoríos de Parma .y Toscana. Con este objeto hizo proposiciones á Francia é Inglaterra á fin de disminuir cuanto posible fuese el valor de esta herencia , dando á entender que no seria dificil que abandonase la alianza de España si se le con- cedia la garantía de la pragmática sancion. Estas intri- gas fueron descubiertas y comunicadas á 4a reina por Mont eleon,quien por aquella época se hallaba todavía en Italia encargado de la mision de que antes hemos hablado. Patiño conoció tambien á consecuencia de un exá- men funesto que la hacienda • se hallaba lejos de bastar 4728. 1735.  91 para las exigencias del emperador y que sino se ataja- ba esta sangra, seria imposible la realizacion de su gran pensamiento de establecer el comercio, de or o l- nizar la marina que tanto tiempo hacia hacia sido el objeto fa,voritode la nacion. Empezó, pues, á. manifestar su desaprobacion por la alianza con Viena, y no le fué dificil el dar pruebas de la falta del emperador. Esta posicion causó una enemistad viva entre Konigseg y él, dando lugar á frecuentes altercados que aceleraron la defeccion de Austria. Patiño atribuía públicamente á la avaricia insaciable de la córte imperial, todos los obs- táculos que hasta entonces hablan pedido el que se ve- rificase un convenio , y contestando á una acusacion for- mal presentada contra él por Konigseg dijo:—Puede el rey si gusta enviarme á, Italia; pero en tanto que viva sirviéndolo, jamas consentiré en concesiones indignas de un ministro de España (63). Hasta los cortesanos no- taron el cambio que se efhtuaba , y predicaron contra los inconvenientes que resultaban de la alianza alema- na, lo cual pocas semanas antes como manifiesta Keene con razón, se hubiera considerado como una especie de blasfemo político (64). Las multiplicadas pruebas de la mala fé del empe- rador que de todas partes salia y las manifestaciones de un ministro que merecía entera confianza, fueron poco á poco haciendo impresion en el ánimo de la reina. De esta disposicion se aprovecharon los aliados de Hanno- ver, manifestando por medio de sus ministros Keene y Brancas á, SS. MM. CC. su voluntad de servirles en cuanto pudiese contribuir á establecer á don C= ríos en Italia, manifestando que estaban prontos á prestar su cóoperacion para que se admitiesen guarniciones espa- ñolas, con tal de que España ejecutase los artículos preliminares. Decidieron estas consideraciones á la reina, la cual por una parte, sospechaba de la buena fé del empe- rador y por otra temía perder con dilaciones las ven- CAPITULO CUARENTA. tajas que le ofrecian los aliados; por cuya razon se di_  ' - fii f P`,/i rigió directamente la córte de Viena con objeto ya de  1111/ poner á prueba su sinceridad, ya de tener un pretesto ill" IP para romper con ella. Pidió una esplicacion pronta y categórica por escrito acerca de las intenciones del em- 9 III perador relativas al enlace de su hija con un príncipe  - español, y á la admision de guarniciones españolas-en 411 Puma y Toscana. La respuesta evasiva que -se le dio  jl, debió convencerlo de que lo único que tenia que espe-  ',1 rar erá una incertidumbre grande, y lentitud eterna.  :,',i1 ;, Sin pérdida de tiempo se decidió por los aliados de  Sil Hannover, pero á pesar de su acostumbrada impacien-  .,;1 cia, no se condujo ni con debilidad , ni con precipitacion haciendo uso de una destreza consumada , indispuso  il mas y mas al emperador con los aliados y á los aliados  li con el emperador, haciendo ademas un esfuerzo para  i, separar á Francia de Inglaterra por medio de Chauve-  1j lin. Propuso un proyecto de convenio (agosto) concebi- do en términos generales en punto. á los intereses de Inglaterra, y remitió á la decision de las potencias neu- trales, los privile g ios relativos al comercio, y los dere- chos á Gibraltar y • Menorca. El cardenal aceptó la propo- sicion, pero en esta ocasion como en las anteriores cedió á las enérgicas instancias ele Walpole (65). Por último, despues de largas dilaciones trató de escitar la genero- sidad y gratitud de las naciones inglesas y francesas, distribuyendo el - cargamento de las galeones. En bato que se hallaba ocupado en meditar sus pro- yectos yen intrigar segun costumbre, desplegando empe- ro todos los recursos del hombre de estado mas esperi- mentado, á fin de conseguir condiciones mas ventajosas, disminuyó para ella el nacimiento del . Delfin de Fran- cia , (4 de setiembre) las probabilidades de una suce- sion eventual, y aumentó el valor de un establecimiento en Italia „menos espléndido es verdad, pero mas seou- ro. Entonces estas negociaciones que iban siendo bya tan largas y enojosas, se terminaron con un tratado fir- 728. ----1735.  93 nudo en seguida á 9 de noviembre de 1729 , el cual, rompió repentinamente todos los lazos de amistad que existían entre España y Austria. El tratado de Sevilla era una alianza defensiva en- tre España , Inglaterra y Francia, á que Holanda acce- dió mas tarde. Despues de las garantías de costumbre, y las estipulaciones de apoyo recíproco , así como la confirmacion de los tratados anteriores,  Espa- ñatodas las prerogativas concedidas á os súbditos del emperador en los tratados de Viena , restablecia sobre el pié antiguo el comercio de los ingleses en América, restituía todas las presas con reparacion de pérdidas , y ofrecia prohibir en lo sucesivo todas las vejaciones. De- bian nombrarse emisarios para arreglar las disputas entre Inglaterra y España relativas al comercio de Amé- rica , y para fallar en lo tocante á las reclamaciones de España relativas á la restitucion de los bajeles apresa- dos en las costas de Sicilia en 4724;'pero sin que se dijese una palabra de la devolucion de Gibraltar (66). Se estableció el sistema de sucesion que habria de regir en p arara y Toscana , y la minuciosa atencion con que se trató esta negociacion , prueba el empeño de la reina y el estrernado interés que tuvieron los aliados para satisfacer sus deseos. Los mismos aliados tomaron sobre sí la responsabilidad de introducir guarniciones españolas , comprometiéndose solemnemente á defen- der á don Carlos contra cualquiera potencia que fuese que quisiera disputarle su posesion , añadiéronse ar- tículos separados para que fuesen mas prontas y eficaces la proyectada abolicion de la compañía de Ostende , la restauracion del comercio y la confirmacion del asiento con Inglaterra. Creyó con sobrada ligereza la córte de Madrid , que asustaría esta alianza al emperador , y que de este mo- do quedarian aseguradas las sucesiones italianas , sin mas dificultades ni dilaciones ; pero los soberanos de España habian juzgado mal su firmeza y perseverancia. 94  CAPITULO CUARENTA. Ofendiólo personalmente semejante defeccion , por lo cual y por verse burlado en la esperanza de alcanzar la garantía de la pragmática sancion , ó indignado de la forzada supresion de la compañía de Ostende , así como de la pérdida de los subsidios españoles sobrepujó á la misma reina en ardides é intrigas para impedir , ó por lo menos, diferir la ejecucion de un tratado que le habia sido tan perjudicial. Declamó contra la córte de España y contra los aliados, mandó á su embajador que se re- tirase de Madrid, y mandó que entrasen tropas en el Milanesado para que dictasen leyes en Italia. Trató además de hacer que se levantasen en masa los estados de Alemania y las potencias del Norte, mostrando su firme resolucion de empeñarse, si era preciso, en una guerra contra toda . Europa , antes de aceptar las condi- ciones que se le querian dictar. Durante algun tiempo, la falta de armonía entre los aliados á causa de la di- vergencia de sus intereses , le alentó y sostuvo en sus sentimientos. A. la muerte de Antonio, duque de Parma, mandó entrar tropas en este ducado que conservó en su poder bajo pretesto de que la viuda sabia quedado ea tintan (67). La córte de Madrid se mostró irritada con semejante lentitud é inactividad de Francia é Inglaterra , y sobre todo de la obstinacion del emperador. La reina dió suel- ta á su indignacion al cardenal ministro y no vaciló en decir al embajador francés públicamente  muger de un rey de la casa real' de Francia , y sin embargo Francia me abandona ; será, pues, preciso unirnos á, nuestros amigos y no á nuestros parientes. Fe l ipe claró por medio de su embajador . , que e s s e: consideraba i  de– libre de los compromisos contraídos en el tratado de Sevilla. Esta medida pronta, decisiva, produjo un efecto eléctrico , porque los ingleses se alarmaron , creyén- dose otra vez en vísperas de perder sus prerogativas c omerciales. El monarca inglés se entendió con el em- su 1728.---1735.  95 perador , y pudo por último conseguir que accediera al tratado de Sevilla , garantizando la pragmática sancion {46 de mayo de 4731) , á condicion de que quedaría abolida la compañía de Ostende , y de que no se conce- deria la mano de la heredera de sus estados á un prín- cipe de la casa de Borbon, ni á ninguno otro soberano tan poderoso que hiciese inclinar la balanza de Europa de su lado. En vista de estó quedó anulada la declara- cion española , y otro tratado celebrado en Viena (el 22 de julio), terminó para siempre todas las disputas entre Felipe y el emperador. En cuanto se celebraron estos tratados , tomó don Carlos posesion de Parma y Plasencia, con la aproba- cion del emperador y de todo el Imperio , y fué al punto reconocido por sucesor del gran ducado de Toscana. Una escuadra inglesa condujo tropas para ocupar la fortaleza de este ducado , sin mas oposicion que una protesta hecha pro forma por el papa , con objeto de preservar los antiguos derechos de la iglesia. Así es como estas enojosas negociaciones , que du- rante doce años habian mantenido á Europa en un esta- do continuo de agitacion y zozobra , y roto todos los la- zos comunes de la pólitica se terminaron por medio de convenios que dejaron la balanza del poder sobre poco mas ó menos corno estaba antes de empezar. Las po- tencias marítimas y Austria se volvieron á unir contra las dos ramas de la casa de Borbon (68 ). A la reconciliacion de Francia con España siguió la caida del abate Montgon, que tan poderosamente habia contribuido á renovar esta union. Despues de su regre- so de Francia , sus modales distinguidos y su aparente devocion le conservaron el favor de Felipe , y durante algun tiempo la benevolencia de la reina. Pero sus rela- " eones misteriosas con la córte , y los obsequios que to- dos le tributaban , tanto españoles como estrangeros hicieron nacer en su ánimo naturalmente apasionado y ardiente, una multitud de proyectos aventurados todos :01 96  CAPITULO CUARENTA. mas ó menos , y lo halagaron con la esperanza de que;'11:11 1i'111 1! no tardaria ea llegar á ser otro Alberoni. En tanto que 1,1, lo te teniasengreido estas quiméricas ilusiones , se vio  ,11/' 10 por todas partes atacado por el influjo irresistible de  ,l;"' Fleury, que no veia sin zozobra la elevacion de un ene–  :4° migo i rreconciliable y partidario declarado del duque  Çll de Borbon. Por último, reparó en la oculta oposicion con  ,111 que estorbaba el cardenal su prosperidad , y arrostró  '„1 su aversion creyendo que su favor con Felipe se halla ',le ba afianzado lo bastante para que nadie pudiese arre– batárselo.  io ti Con este objeto presentó varias memorias al rey,  0 en las que esponia sus padecimientos y servicios, y de-  1 clamaba contra el confesor de la reina , los Patiños , el cardenal Fleury y el embajador de Francia , á quienes  w tenia por consejeros de la reina y sus mortales' enemi– ligera señal de benevolencia , se consideraba ya como  vicio b a os Una sola mirada favorable de Felipe lo llenaba de migos. El confesor , decía , habia ya tomado casa en  11 ' la mas secreta alegría , porque le revelaba que este príncipe no podrir,olvidar los servicios que prestó , tra– bajando para lograr la reconciliacion con Francia. Por este servicio recibió una gratificacion de 2,000 doblo– nes > , lo cual lo colmo de alegría. Envanecido con esta victorioso , pareciéndole infalible la caida de sus ene– Madrid ; Rotternbourg se preparaba para salir de Espa- ña, con pretexto de una indisposicion , y Patiño á, cada instante esperaba su separacion. Sin embargo, veia sin cesar que se alejaba dé él el términoá que aspiraba; por una parte la vanidad, la falta dedinero por otra, lo movieroná lucharcon baterías mas sérias. Preparó una memoria en el estilo de la anterior, y despues de andar á, caza de un momento favorable pa- ra presentarla, se introdujo en la cámara interior en que el rey esperaba que le avisasen que era hora de ir a misa. La reitia, entró en los momentos enue él se– guia andando con su escrito en la mano, y al verlo , lo 4728. --1735 97 dejó aterrado con una mirada de indignacion y despre- cio.—Salid de aquí; salid, esclamó; nadie puede pisar estos umbrales mas que los grandes de España y los gentiles hombres de servicio. Montgon se retiró ; pero despues de misa volvió á penetrar en la cámara con el duque de Osuna y las demás personas de la servidum- bre, y en cuanto presentó el papel al rey salió del apo- sento. La reina que habia notado su vuelta esclamó lle- na de indignacion:—Esta es demasiada insolencia.—Al siguiente dia recibió órden de salir , de la córte en el término de ocho dias y del reino en el de veinte (69). La órden se llevó a debido efecto. El abate por, de pronto halló asilo en Portugal, y mas tarde fué á termi- nar sus dias á su pais natal en su oscuridad primeta. Sus memorias son á nuestros ojos un monumento de la ambicion burlada, de la ambicion hipócrita y de la con- fianza mas ciega, si bien es cierto, preciso es confesarlo., que hay en ellas anécdotas curiosas é interesantes , re- lativas á las dos córtes en que habia hecho papel tan importante (70). Al terminar aquí este período de acontecimientos, la  seriamos ingratos si pasasemos en silencio la muerte 9  del escritor español de quien hemos tomado materiales tan importantes para una parte de estos apuntes. Boa eo  Vicente de Baccalar y Sarna, marqués de San Felipe, P1,1  era oriundo de Cerdeña y descendiente de una familia antiguó española, establecida en aquella isla. Habia, recibido una educacion escelente , siendo notable en varios ramos de los conocimientos humanos ; despues 1t1  de desempeñar destinos, empleos importantes en su pais, se adhirió á la causa de Felipe cuando se apodera- ron de la isla los partidarios del Austria. A su regreso 111  á Madrid, fué creado marqués de San Felipe , y su so- berano se valió de él con provecho y á menudo, teniendo 1 1 ,  sobre todo ocasion de aprovechar su capacidad diplo- 1  mática en las embajadas de Génova y el Haya. Murió en 1 cCesta última ciudad el 11 de junio de 1729 dejando dos 1031 Bibliolecapopuiare  Te ¡11. 63 98  CAPITULO CUARENTA. manuscritos á saber: Historia de la monarquía de los hebreos , y los Comentarios de, las guerras e suceston en tiempo de Felipe , e1 Animoso. Está última obra lo coloca en el rango de los historiadores modernos. Com- 'Asola con presencia de documentos originales y noti- cias que !labia podido recoger, gracias .á su continua costumbre de observarlo todo. No se concedió permiso para impriwir esta obra en vida de Felipe  menas- tancia que recomienda su mérito. Mucho nos duele de que en la edición francesa de tos comentarios , se 'ha- yan omitido de intento ó modificado varios trozos rela- tivos á Luis XIV, á-quien segun el editor , se trataba con demasiada severidad. Si damos crédito á los críti- cos españoles, el título del original es malo, y se re- siente del idioma nativo del autor; pero aun cuando lo haya dictado su espíritu manifiesto de preocupaciones castellanas, es innegable que es grande su autentici- dad y exactitud. El tono de naturalidad y libertad que se nota en él interesa al lector. Desde el año 4725 en que termina esta obra, existe en la Historia de España un vacío que ninguno de los autores que han llegado despees, ha llenado todavía (74). idi CAPITULO XLI. 1732.-1136 Continúa la enfermedad de Felipe.—Exito de la espedicion contra Oran. — Regreso de la familia real a Madrid.—Intrigas de España contra el emperador.—Negociaciones con Francia.—Guerra de la sucesion de Po- ()  lonia.—Campaña en Italia y Alemania.—Conquista de Nápoles y Sicilia. —Don Cárlos proclamado rey.—Division entre los Borbones.—Prelimi- 1  nares de Viena celebrados entre Austria y Francia.—Indignaeion de la córte de España.—Adhiere con pesar á los preliminares.—Disputa con el papa.—Rompimiento momentáneo con Pol . tugal y adquisicion de la colonia del Sacramento. En cuanto fijó Felipe su residencia en Sevilla, volvió á caer en su estado habitual de apatía, por falta de objetos bastante interesantes para despertar su aten- cion. Su situacion empeoró, siendo mas lastimosa que antes de su salida de Madrid, y aun cuando no se ha- llase en la posibilidad de volver á tomar las riendas del gobierno, no tenia tanta docilidad como antes para con- fiarlas á la reina. Acontecia con frecuencia que no que- riendo ocuparse de negocios por si mismo, se ensayaba un medio singular para escitar su indolencia. Se le re- cordó el voto que habia hecho, en otros tiempos de re- conquistar á Oran de los moros, y se le presentó como caso de conciencia el cumplimiento de esta promesa. De este modo se habla conseguido otra vez el hacerlo salir de su apatía, despues de haber agotado ya todas las consideraciones imaginables. El nombre solo de guerra bastó esta, vez para producir el mismo efecto. 400  CAPITULO CUARENTA Y UNO. En cuanto obtuvo Felipe del papa el indulto y las condiciones necesarias para imponer contribuciones a los bienes eclesiásticos con objeto de pelear contra los infieles, y así que se prepararon los armamentos, espi dió órdenes al conde de Montemar para que se pusiese al frente del ejército y fuese á castigar la insolencia de los moros (72). Esta espedicion á Africa una vez terminada , no por eso quedaron los gustos marciales de Felipe sin entre- tenimiento porque la reina lo instó á que emprendiese otra guerra cuyo solo objeto aparente era ayudar á Francia á elevar meramente á, Estanislao al trono de Polonia, y el verdadero deseo de adquirir nuevos esta- dos para sus hijos en Italia. No era de presumir que la accesion de España al tratado de Viena terminase para siempre las disputas con el emperador; porque existían tantas causas de ir- ritacion que era imposible destruirlas por medio de tra- tados. La ambicion de la reina se hallaba inflamada mas bien que satisfecha y el"rompirniento de las últimas re laciones había por ambas partes escitado el resenti- miento mas vivo. El emperador se valla de todos los obstáculos que porfia inventar para hacer que se apla- zase el establecimiento de un príncipe de Borbon ea Italia. Al punto mismo que se verificó este estableci- miento, presentaba ya nuevas quejas por el modo coa que á don Carlos hablan prestado el homenage los tos- canos como una infraccion de los derechos feudalesue posefia el tefe del imperio. El resultado de estas dispqu tas fué el apelar ambas partes á Inglaterra, como á o: tencia mediadora, sin que lograse satisfacerlos ninpgu- na esplicacion. Los reyes de España se alarmaron al tener noticia de los preparativos militares del emperador para arran- car el consentimiento de los estados de Alemania á la p • agmatIca sancion, y á su pensamiento de dar la mano de su hija al duque de Lorena, con objeto de reunir en 4732.-1736.  401 la persona de su yerno la corona del imperioy la pose- sion de los estados austriacos. Velan tambien con celos que renacia la confianza entre el emperador é Inglater- ra, inquietándose por las alianzas que estaba á punto de negociar conlas potencias del Norte, porque tampoco veia España á Inglaterra con afecto. El gobierno espa- ñol que despues de la paz de Utrech trataba de eludir por todos los medios posibles la ejecucion de los com- promisos comerciales, no se hallaba en estos momentos dispuesto á cumplirlos. Tratábase de poner trabas al comercio inglés en América y con este motivo se em- pleaban ardides inauditos. Aplazóse el nombramiento de los comisarios que debían calmar las disputas, y el gabinete español no solo alentaba las vejaciones de sus empleados egercidas contra cuantos hacian un comer- cio fraudulento con las colonias, con protesto del asiento, sino contra los mismos que frecuentaban los mares de las indias Occidentales para otros tráficos. Es fácil de adivinar que la reina se inclinaba á la guerra, pues por una parte tenia á su favor una marina, que bajo la direccion hábil de Patiño se 'labia rehecho de sus pérdidas, un estado próspero en la hacienda de- bido á la misma habilidad, y finalmente un ejército de ochenta mil hombres que habian llenado de entusiasmo los últimos triunfos conseguidos en Africa Además, es- peraba de esta guerra condiciones mas honrosas y ven- tajosas que las del último tratado, pero por otra parte no se ocultaba que las fuerzas de España solas no eran suficientes para resistir á las potencias de Europa coli- gada. A pesar del apo y o de los partidarios de Felipe en Francia no hablan podido sus constantes esfuerzos sacar al cardenal Fleurv de su sistema pacífico. Las Memorias de Villars y los Oficios de los ministros ingleses sumi- nistran innumerables pruebas de los pasos continua- mente dados por España para renovar las hostilidades, así como de los ardides que empleaba Fleury para con- servar la armonía de las dos córies de la familia de los 402  CAPITULO CUARENTA Y UNO. Borbones y para calmar los mas quisquillosos y turba– lentos monarcas de Europa,, que eran por entonces loS reyes de España.  011 Esta princesa no perdonando esfuerzo ninguno pa / ra estender y consolidar el poder de su familia, hizo  1 1!1 cuanto de ella dependia para arrancar á Francia la pro- mesa de tomar parte en una guerra contra Austria, por el lado de Alemania, en tanto que invadirían á Italia fuerzas españolas. Tambien instó al cardenal para que destruyese el establecimiento de la pra( r matica san- cion, sosteniendo al elector palatino y al de Baviera, que alegaban derechos á la sucesion austriaca. Entabló asimismo una negociacion con Carlos Manuel, que ocu- paha el trono de Cerdeña, por abdicacion de su padre, y trató de captarse la voluntad de un príncipe que ade- mas de muchos recursos intelectuales, tenia toda la co- dicia y ambicion de sus antecesores (73). En tanto que los reyes de España fluctuaban entre el deseo de declarar la guerra al emperador y su repug- nancia de entrar en la lucha sin la cooperacion de Fran- cia; en tanto que contemporizando con las potencias marítimas, hasta se prestaban á escuchar las propo- siciones del emperador para renovar su antigua alianza aconteció un suceso en las b re o iones septentrionales de Europa, que produjo la unionde miras é intereses entre Francia y España. Fué este la muerte de Augusto III, elector de Sajonia y rey de Polonia (1.0 de febrero de 1733). Mientras el emperador se habla ocupado en alcan– zar de los príncipes alemanes la garantía dé la prag– mática sancion, el rey de Polonia á consecuencia de los derechos de su familia (74), se habia declarado cons- tantemente su principal adversario. Formó por lo tanto, un arreglo con el elector de Baviera, y tuvo certeza aunque no se le dieron de ello pruebas públicas, que no le faltarla el apoyo de Francia; mas co mo fué á me- nos su salud cada dia, fué fácil de prever que cuando 4732.-4736.  403 quedase vacante el trono de Polonia ocurririan turbu- lencias en Europa, tanto á causa del empeño que mos- traba Luis XV en proteger las pretensiones de su suegro fstanislao; como por el interés no menos natural que tenían el emperador y Rusia en impedirel advenimiento de un príncipe aliado de Francia. Estos encontrados afectos y recíprocos celos produjeron preparativos de guerra, y todas las potencias interesadas en el resulta- do de la disputa se ocuparon de ellos con ahinco. El grande objeto de Augusto era el de asegurar á. su hijo la transmision de la corona de PtIlonia, en vista de la cual estrechó sus relaciones con aquellas poten- cias de Europa que se hallaban en el caso de favorecer su pensamiento y se presentó en Varsovia, en lo mas crudo del invierno, con intento de lograr el consenti- miento de sus súbditos; pero como se labia mostrado muy opuesto á la garantía de la pragmática sancion, el emperador se declaró su enemigo, retiró sus tropas de Italia y los Paises Bajos, reunió un ejercito considera- ble en Silesina y negoció un tratado con Rusia y Prusia para elevar al trono. de Polonia á Manuel, príncipe de Portugal. Todavía Augusto no Babia convocado aun la dieta, pereció siendo víctima del empeño con que ne- gociaba la elev a.cion de su familia; se le introdujo la gangrena en un pié, á consecuencia de un suceso acae- cido durante su viage y murió de resultas de esto. Destruyó su muerte los planes del emperador, por que el nuevo elector de Sajonia sabiendo que no lo sostendría Francia, y convencido de que no ocuparla el trono vacante sin el apoyo de Austria y Rusia, se echó en brazos del emperador y logró su proteccion, garantizando la pragmática sancion. La Rusia consintió sin dificultad en una medida cuyo objeto era alejar á un partidario de Francia por lo cual se unió al Austria en defensa de los deseos del elector. Entre los candidatos que se presentaron solicitando el trono vacante no tuvieron probabilidades de éxito 404  CAPITULO CUARENTA Y UNO.  (1 masque los dos que. sostenian las partidos opuestos. Estanislao, despues de infinitas aventuras estradas, cruzó la Alemania é impensadamente apareció en Var-  101 sovia, siendo al punto elegido por aciamacion en una dieta compuesta de sus parciales que se reunió en las  Pre" llanuras de Yola; pero poco despues, lo arrojaron de aquel territorio los ejércitos ruso y austriaco, y otra dieta, convocada por el influjo de estos, se declaró favo- rable á Augusto. La noticia de la muerte del rey de Polonia hizo en Sevilla profunda sensacion, poi que se consideraba y con razon éste acontecimiento, como suficiente para fijar las disposiciones inciertas de Francia y corno se- iial de las hostilidades contra el emperador. Así, pues, . apenas fué comunicada á Felipe, saltó de la cama en que estaba casi siempre siendo presa de su enfermedad hipocondrica, sin poner atencion ninguna en. los nego- cios públicos y sin cuidar siquiera de su persona. Vol- vió entonces á encargarse del gobierno, recibió públi- camente á las personas de todas clases y condiciones, se enteró menudamente de los asuntos pendientes 'y dió al punto órdenes para que se hiciesen cuánto antes los• preparativos necesarios para entrar en campaña. Nó dejó pasar la reina-tan propicia ocasion sin va- lerse de ella. La vecindad del rey de Portugal 13 espo- nia á intrigas que podrian tramarse contra ellá en Se- villa, porque deseaba este monarca naturalmente ace- lerar el advenimiento de su yerno el príncipe de Astu- riasr Los grandes por su parte intrigaban sin cesar para conseguir un cambio de gobierno, y las córtes de Euro- pa hacían insinuaciones harto claras, indicando la nece- sidad de una abdicacion. Creyó entonces que era prefe- rible.que se fijase la permanencia de la córte en Madrid mas bien que en Sevilla, y quiso dar una prueba pú- blica (le que habia el rey recobrado la salud; esparció con suma destreza que como Felipe habia llegado ser á imitacion de su abuelo, el terror de Europa, era ne- 4732.-1736.  403 cesario burlar la vigilancia de sus enemigos,  - que de seaban con ardor que volviese á dejar el trono. Con es- te argumento y otros parecidos lo decidió á romper to- da comunicacion familiar con el príncipe de Asturias, con los grandes y todos los ministros estrangeros, bajo pretesto de poner en vigor la antigua etiqueta nacional. Ademas le espuso que era indispensable fijar su resi- dencia en los alrededores de la capital, porque el aire húmedo de Sevilla no era favorable á su salud (75). Felipe pasó repentinamente de una indolencia apa- rente á una actividad estrernada. Le aquejó una ligera indisposicion causada por el cansancio del viage; pero se restableció en breve y se estableció en su retiro amado de San Ildefonso. «En cuanto llegó allí, dice Keene mandó llamar á los directores de los trabajos á quienes dió varias órdenes; y al mismo tiempo manifes- tó su intencion de despachar con los ministros al si- guiente dia, lo cual verificó nombrando á varios gefes militares. Desde entonces continuó ocupándose de los negocios públicos; á tal punto que el gobierno parece girar con regularidad y concierto. Por lo que á su sa- lud toca, jamás lo he visto ni tan alegre, ni tan espan.- sivo (76).» Así despues de una ausencia de cinco años alegró Felipe nuevamente su capital con su presencia. Como su actividad no le permitiese descanso, al participar á la córte de Francia la toma de Oran, propuso la forma- cion de una alianza mas íntima con propósito de entrar en campaña contra el emperador. Fleury gustaba de- masiado de la paz para alarmar á Inglaterra dejando adivinar planes hostiles contra el emperador; pero la proposicion de España dió lu g ar á una negociacion que continuó durante todo el año de 1732 y gran parte del siguiente. Ya una vez se había, frustrado el proyecto de un tratado á causa de la negativa de Fleury de adoptar los planes de la reina contra las posesiones austriacas en Italia, y la muerte de Augusto dió nueva direccion 406  CAPITULO CUARENTA Y UNO. á las miras d'e ambas potencias. La reina alegaba como- un argumento favorable a , la agresion inmediata, que la marina española era sobrado poderosa para llevar a Italia un ejército, y se deshacía en elogios hablando de la disciplina y de la fuerza de las tropas. Por toda res- puesta á los razonamientos del. astuto cardenal escla- maba:—No somos ni el rey ni yo niños á quienes se pue- da infundir miedo; no nos arredran las grandes em- presas (77). Toda la prudencia y timidez de Fleury podian ape- nas bastar presentándose una ocasion tan favorable que de sayo se ofrecia. El gobierno inglés en vísperas de • unas elecciones generales , y apurado á causa del des- contento público á que daba lugar una tentativa para establecer ciertos derechos de consumo , solo pensaba en impedir la sumision de los Paises Bajos , y por lo tanto se contentó con un ofrecimiento inútil de media- cion (78). Por su parte Holanda no- queriendo arrostrar las fuerzas de Francia, sin tener apoyo ninguno tomaba el partido de adherirse al partido de la neutralidad. - Como se hallase Francia segura y defendida por la única parte por donde le habla enseñado la esperiencia á temer un ataque, pidió tambien Fleury la cooperacion de España; pero en los momentos mismos en que las dos córtes entretenían constantemente á Inglaterra con va- gas protestas de planes pacíficos y negando que exis- tiese compromiso ninguno particular entre ellas, ya es- taba organizada una triple alianza entre Francia, Espa- ña y Cerdeña (25- de octubre). «Este fué el último acto político del marqués de Castelar , hermano de Patiño, que pasó del ministerio de la Guerra á la embajada de París (79). knuució al momento este cambio de sis- tema el conde . de Montijo , embajador de España en Londres, quien declaró al rey que S. M. C. se hallaba, en el caso de tomar nuevas medidas y unir sus armas con las de Francia contra el emperador (80).» Esta co- municacion fué el preludio de una declaracion de guer- 4732 .-1736.  407 ra, en la que las tres córtes hacian una recapitulacion de todas las quejas y agravios contra el Austria desde la paz de Utrecht. Al mismo tiempo un ejército francés á las órdenes de Berwick pasaba el Rhin, y otros á las de Villars que era el general á quien con mayor predileccion amaba la córte de Madrid, se unja á los sardos al pasar los Alpes. Diez y seis mil hombres de infantería española, escolta- dos por veinte navíos de línea, iban de Barcelona y Mi- cante á las costas de Génova, en tanto que cinco mil ca- ballos se dirigian á Antibes, cruzando los Pirineos para embarcarse allí para el mismo punto. Veriticóse el des- embarque , y estas fuerzas á las órdenes del conde de Montemar dirigieron su marcha á Toscana , estable- ciendo su cuartel general en las orillas del Sena. Ea tanto que se efectuaban estos movimientos, declarando don Carlos que se hallaba ya en edad competente, tomó las riendas del gobierno de Parma, y fijó la mayoría de los duques futuros en catorce anos. Al punto salió de Parma , y sintiéndose llamado á, mas elevada posicion, despojó el palacio ducal de sus ricos muebles y precio- sas curiosidades. Al llegar á Siena , tornó el título de generalísimo del ejército español en Italia (24 de fe- brero de 173) (81). Figurábase_a los franceses y sardos que este ejército seria destinado á cooperar la rendicion del Milanesado; pero Felipe poco deseoso de dividir de antemano su bo- tin con los aliados, meditaba una adquisicion de la ma- yor importancia, que codiciaba hacia mucho tiempo. En lin pueblo tan inconstante como era entonces el de Ná- poles, y tan opuesto á un gobierno regularizado de cual- quier modo que se constituyese , era tan fácil el apode- rarse del trono, como dificil de sostenerse en él. El gobierno aleman era aborrecido en alto grado, a causa de la diferencia de len g uage, de modales y carác- ter nacional. Los nuevos sistemas de contribuciones y reglamentos militares sino eran opresivos , eran por lo 4 08  CAPITULO CUARENTÁ Y UNO. menos odiosos por su novedad. En estas circunstancias los restos del partido español habian ganado continua- mente mas fuerza. En varias ocasiones hiciéronse ma- nifestaciones á la córte de Madrid, á fin de que liberta $e á la nacion del yugo alernan. Este fin halagüeño y tan fácil de conseguir en apariencia, tuvo mas peso en la balanza que los intereses generales de la alianza de que formaba parte España. Las reconvenciones del maris- cal de Villars que se presentó en Siena con objeto de conseguir la cooperaczon de los españoles, no tuvieron resultado ninguno. Don Carlos dejó que los franceses y sardos continuasen en los proyectos que tenian en Lom- bardía, retiró las tropas españolas del estado de Móde- na, y cruzando los estados de la iglesia con el consenti- miento del papa , fué recibido por los ministros de la córte de liorna, con un respeto real ó aparente, si bien no se le tributaban los honores debidos á las testas co- ronadas. Ea tanto que proseguia su marcha dirigiéndose á las fronteras de Nápoles, una fuerte escuadra- á las órdenes del conde de Clarico, teniendo á bordo una di- -vision de ocho mil hombres, costeó la Italia,  facilitó el ataque de Nápoles , ocupando las islas de Ischia Prócida. El infante al cruzar por Cápua, pasó el Val= dama y reunió todas sus fuerzas en San Augelo de Roca Canina. Publicó en seguida una proclal i dri– gida á los napolitanos en nombre del rey su padre, en la que expresaba, usando del  . len fr uag-e coman, su satis– faccion al ver tanto afecto y anunciando su resolucion de libertar al pais de la mucho  alemana, ofreciendo, lo cual debla halagar m io a pu . e l b o tan caprichoso, lt que darla ma y or estensio i n susprivi privilegios, destruyendo ' toda clase de impuestos pri . nci d pa í ltnente aquellos que tenian por orígen  avaricia del gobierno alernan. A. este manifiesto acompañaba otro en nombre del mismo infante que confirmaba las promesas de su padre en general , y anunciando su resolucion de no permitir la introducclon de ningun tribunal nuevo, tanto civil como 1732.-1736.  109 eclesiástico, promesa indispensable, á fin de calmar los temores que abrigaban los napolitanos de que el esta- blecimiento de la Inquisicion seria una consecuencia inevitable de la administracion española. Tan pomposas promesas produjeron grande efecto en un pueblo naturalmente amante de la novedad, afor- tunadamente tambien para el éxito de esta empresa, el virey Visconti , como si hubiese adivinado el resultado funesto de la lucha . , se retiró á Roma; los generales aus- triacos Caraffa y Traun no estuvieron acordes en el plan de operaciones que convendría adoptar. Despues de un vivo altercado decidieron permanecer á la defensiva, diseminando sus fuerzas disponibles en las fortalezas y dividiendo lo restante en dos cuerpos, de los cuales de- bia uno guardar Apugna, en tanto que el otro debía to- mar la posicion opuesta de San Angel de Canina para cubrir la frontera del Norte (82). El ejército español forzó sin trabajo la oposicion de los imperiales en San Angel, rechazándolos hasta Cá- pua y Gaeta, y dejando allí un cuerpo que los hostiga- se, se dirigió á Napoles. En Aversa recibió el infante una diputacion de la capital , y el 10 de abril tres- cientos hombres de su ejército entraron sin oposicion, tardando poco en ser ocupados por los españoles los fuertes que dominan la ciudad y el puerto de Baies. Como resultados de este triunfo, el infante hizo una entrada triunfal en Nápoles, y publicó un decreto á nombre de su padre, declarándole soberano de aquel reino, y reno- vando las promesas hechas en la primera proclama. En tanto que el infante se ocupaba así de contentar á sus súbditos v de organizar el gobierno de sus nuevos estad-os, Montemar hostigó el resto de las tropas alema- nas, que en número de nueve mil hombres se retiraban por Barei y ocupaban una posicion ventajosa á las puertas de Bitonto (83). Poco tardaron en entrar las tropas es- pañolas en esta poblacion, y antes de fines de aquel año, quedó concluida la conquista con la toma de Gaeta que 110  CAPITULO CUARENTA Y UNO. defendió Traun durante varios meses con un valor es- traordinario. Don Carlos recibió en Nápoles la corona con entu- siasmo del pueblo que se alegraba mucho de tener un rey en lugar de un virey. El primer acto de su reinado fué el recompensar los servicios de Monternar con el ti- tulo de duque de Bitonto, una pension anual de catorce mil ducados , y el gobierno perpétuo de Castel Nuovo. Fué además creado como era consiguiente, grande de España de primera clase (84). Estando va completamente derrotados los imperia- les , se tomaron medidas para la sumision de Sicilia, aun antes de que Gaeta, Pescara y Cápua se hubiesen rendido. Monternar, reforzado con los socorros consi- derables llegados de España, desembarcó en aquella isla, en las cercanias de Palermo, al frente de un ejér- cito crecido, y al punto fué reconocido como virey del nuevo soberano, antes de la mitad del verano in– mediato, ya estaa sometida toda la isla. Trapani que era la última fortaleza que seguia en manos d los austriacos, se rindió el 24 de julio. El rey se embarcó para Sicilia, y fué coronado en Palermo con la mayor , pompa el 3 de julio. Nada faltaba ya para consolidar el trono de Carlos, mas que la apro- bacion del papa, como señor feudal de aquel reino; y aun cuando no hubiese conseguido semejante investidu- ra, intimidó la córte de España de tal modo al pontífi- ce, que se decidió á permanecer neutro negándose á recibir el tributo acostumbrado de la hacaneael bolsillo con dinero que le remitió segun práctica el yem– perador (85) . Durante esta rápida conquista, los ejércitos aliados alcanzaron triunfos no menos brillantes en el Norte de Italia. El conde de Merey q_ue , era el mas arrojado de los generales austriacos, fue derrotado y muerto al querer entrar ea el . pais que esta al Mediodia del Pó ea la batalla sangrienta de Parma. Para reparar esta; á SI 4732.-1736.  141 pérdidas llegaron algunos refuerzos al ejército imperial; el anciano general Staremberg que tomó el mando en gefe, probo menas veces el pasar el Pó; pero no lo logró ~poco, y antes del fin de la campaña se vió reducido á la posesion de Orbitello de ,Mirandola y Mántua con su territorio. En la primavera inmediata, llegaron de Francia y España numerosas tropas, y como se hubiese ya reali- zado la reduccion total del reino de Nápoles y Sicilia, un cuerpo de españoles á las órdenes del vencedor de Bitonto , desembarcó c:1 las costas de Toscana , cuya fortaleza ocupó, incorporándose á los aliados á fin de recoger nueves laureles en Lombardía. Con este au- mento de fuerzas, redujeron los españoles á Orbitello; 11  los imperiales fueron rechazados al país de Trent°, y Mantua , que es el baluarte de Lombardía se halló 11!  bloqueado-por los ejércitos combinados (86).. Al mismo tiempo las operaciones militares en Ale-- m  manía, si bien menos brillantes, eran no menos fatales á los imperiales El ducado de Lorena fué ocupado sin oposicion (4733) , y un ejército de cien mil franceses, despues de la toma de Kehl , marchaba allende el Rhin. la g  Al año siguiente , el pais bañado por el Mosela, se vió p  asegurado con la toma de Treveris y Traerback , y la sumision de Philisbourg facilitaba la entrada en Mema- fha. El sitio de estaplaza  adquirido cierta celebridad, á causa de la muerte del mariscal Berwick que cayó muerto al pié de sus murallas. El ejército imperial, 1111  aunque mandado por Eugenio, era muy inferior en nú- mero, demasiado mal disciplinado y pagado, y en suma sobrado dividido á causa de las intrigas de sus genera- les, para tomar la ofensiva, asi'es que pasó toda la cam- paña de 1735, siendo solamente testigo de los triunfos de los enemigos, sin hacer nada para vencerlos (87). En medio de estos acontecimientos se vió Felipe empeñado en una disputa con el papa. A pesar de su 111  afecto á la iglesia , y su título de rey católico , se dió 111 412  CAPITULO CUARENTA Y UNO. por ofendido de los insultos de la córte de Roma , mostró una firmeza y nobleza de sentimientos dignos del sucesor de Cárlos Y. Algunos de sus agentes , que trataban de enganchar soldados en Roma, fueron asesi- nados en una conmocion popular. Igual levantamiento tuvo b lu o. ar en Velletri; á consecuencia de las exacciones de los españoles, un destacamento de sus tropas se vio en la precision de salir de la ciudad y retirarse á Roma. Como Clemente XI no diese la satisfaccion que se le habia pedido, los ministros de España y Nápoles salie- ron de Roma, y mandaron á los súbditos de sus sobera- nos que siguiesen  egemplo. El nuncio del papa fué despedido de Nápoles , y al mismo tiempo regresaron los españoles á Velletri con nuevas fuerzas, levantaron horcas en los mercados , prendieron á cuantos habiaa tomado parte en la última conrnocion , y despues de al g unos escesos, impusieron y cobraron una contrihu- cion de 8, 000 escudos como indemnizacion necesa- ria. Otro destacamento exigió idénticas contribuciones en Ostia, y otro mas, con un protesto frívolo, impuso 50,000 escudos á los habitantes de Palestrina. La córte de Madrid no manifestó menos resentimiento con- tra el papa, despidióse de Madrid al nuncio y se cerró el tribunal de la Rota (88); suspendióse asimismo el pago de todos los tributos que se enviaban á la córte de Roma. Estas medidas vigorosas obligaron al papa á so- meterse , y no solo dio la satisfaccion que se le habla pedido, sino que compró una reconciliacion completa con el capelo de cardenal que envió al infante don Luis (diciembre 19) , que tan solo tenia diez años , y que fué tarnbien nombrado administrador del arzobispado de Toledo (89). En esta próspera situacion de los negocios, contaba ya Isabel Farnesio con la espulsion de los austriacos de Italia, y con un nuevo señorío para su hijo segundo don Felipe. Pero las divisiones que por lo comun ocur- ren en los que forman toda granele asociacion , despues 1732.-1736.  413 del triunfo, hicieron que se desvaneciesen las esperan- zas que habia formado la reina. La Francia habiendo alcanzado la Lorena , cuya posesion habia codiciado durante mas de dos siglos, miraba con desvío el pensa- miento de conferir otro señorio en Italia, á los sardos ó á los españoles. Las amenazas y preparativos de In- glaterra y Holanda no dejaron de amedrentar al pruden- te y circunspecto Fleury. Aquellas dos naciones cono- cieron . que no ~venia á su política el tolerar la hu- millacion de la casa de Austria ; pero el rey de Cerde- ña sobre todo, que habia contribuido poderosamente al éxito de las últimas campañas, se alarmó con los triun- fo s . de sus mismos aliados, ylomó la resolucion de no consentir que se diese soberanía ninguna en Lombar- dia á otro príncipe español , sobre las ruinas de la dOnlinacion austriaca. Los celosy esta discordancia de iffiereses, produjeron una oposician rnútua y negocia- ciones separadas. Francia y Cerdeña , de acuerdo se- ; tretamente con Inglaterra, pusieron estorbos al bloqueo de Mántna, impidiendo que se rindiese la plaza, princi- palmente negándose á dar una batería de artillería que •  era indispensable (90) . El objeto general de los esfuerzos de todas las par- tes era una negociacion, en tanto que las potencias le   marítimas instaban á todos los gobiernos para que acep- tasen su mediacion , preparándose á sostener , si era preciso sus deseos con las armas. Pero Francia se aprovechó diestramente del descontento del empera- iiy  con motivo del apoyo débil , ó mas bien de la de- feccian de las potencias marítimas, para entablar una Óo  negociacion secreta. La Baune, agente íntimo del carde- nal Fleury , volvió á Viena, y con el mismo misterio y ba  el mismo éxito que Riperdá , arregló los preliminares para una j)acificacion general , el 3 de octubre , sin participacion de ninguna otra potencia (94). El resú- '1 1  men ó contenido de estos preliminares que tardaron poco en ser modificados y conocidos , era que Estanis- 1038 Biblioteca popular.  T. nr. 64 4 4 1k  CAPITULO CUARENTA Y UNO. lao renunciarla á la corona de Polonia, conservando el título de rey; que poseeria durante su vida el datado de Lorena que habría de incorporarse á Francia á su muerte; como compensacion se daria Toscana á el duque de Lorena, á fin de indemnizarlo de la pérdida de su herencia. Francia garantizaría la pragmática san- cion , reconociendo á Augusto como soberano de Polo- nia, y consintiendo en el enlace proyectado de la mayor de las archiduquesas con el duque de Lorena. Ratifica- ba el emperador la cesion de la Lorena y de Bar, re- nunciando á Nápoles y á Sicilia á favor de don Cárlos, y recibiendo en cambio á Parma y Toscana , con los territorios conquistados durante la guerra en el Norte de Italia (92) . A estos preliminares siguieron treguas á fin de ocu- parse del ajuste de un tratado de paz definitivo. Seme- jante convenio hecho sin la participacion de España, que exigían los lazos del parentesco, escitó la indig- nacion de Felipe y mas aun la de la reina. El rey vela con pesar la falta de confianza que le habia mostrado su sobrino, y la reina se sintió ofendida profundamente con la cesion forzosa de su herencia paterna, que era la mayor de las humillaciones que podia esperimentar, tras de las esperanzas en que se habia mecido de una alianza austriaca, y que llevaba consigo la pérdida de una posesion en Lombardía, con que contaba ya para su hijo segundo. El modo con que recibió la primera noticia de este suceso, descubre sobrado cuan ofen- dida se hallaba y cuan grande era su indignacion. «Jamas he visto al rey, dice Keene, ni tan ale- gre ni tan deseoso de hablar como desde que reci- bió las primeras nuevas de esta transacion. Ha habido medio de hacer que desempeñase bien su papel, y la conducta de la reina muy lejos está de ser afectada. Pa- tiño pone la mejor cara que puede , pero no cabe duda que el rey sufre mucho con el trato que le da Francia; 14 reina al ver burlada su ambicion, y Patiño viendo 1732. /1736.  445 que ha sido víctima creyéndose capaz de hacer que sean víctimas suyas todos los hombres de estado del mundo á causa de la superioridad de su genio. Nada he nido de cuanto ha podido decir la reina con este motivo; tan solo ayer manifestó á uno de mis amigos que mien- tras viva, no tendrá relacion ninguna con Francia. «El embajador de Francia va á palacio como siempre, pero como lo reciben SS. MM. con tanta frialdad no le queda gana de repetir sus visitas. Con todo intento los reyes , cuando él está delante, se deshacen en atencio- ciono con el otro ministro de familia que es el duque de Sosa, embajador de Nápoles. «Cuando recibió el embajador de Francia los prime- ros pliegos en que se le mandaba hablar al gobierno español de este asunto, Patiño le manifestó que todas las disculpas que se diesen eran frívolas y, sin importan- cia; que le aconsejaba el que no dijese ni una sola pa- labra de esto al rey, si quería evitarse los disgustos que no podria menos de proporcionarle aquella entre- vista, en la que tal vez la reina daria rienda suelta á su carácter impetuoso mas bien que si sabia esto estan- do sola. Es escusado decir que este consejo fué seguido al pié de la letra. «En sus conversaciones conmigo, repitió Patiño que. la reina habia anunciado á Rottembourg cuanto ha su- cedido, cuando instaba á España que se comprometiese. á la guerra. El gobierno de aquí ha pagado 2.500,000 duros á cuenta de subsidios á los franceses, que han pe- dido tambien la mitad de lo que se debia de dar á Sue- cia mediante el último tratado. Envió ademas sin inter- rupcion cada mes, 600,000 duros á Italia, y á pesar de todo esto se hallaba en posicion de poder sostener la guerra todavía durante dos años, lo cual hubiese hecho si no lo hubiesen abandonado (93.) «Quéjanse mucho los reyes de la córte de Francia. Manifestad al cardenal, dijo la reina indignada á Pati- no, que nada mas que su vejez podria aconsejarle se- t: 416  CAPITULO CUARENTA Y UNO. mejantes chocheces, y no lo volvais á recibir jamás al embajador de Francia (94.) «Felipe, manifiesta tarnbien su pesar con espresio- nes tan enérgicas como lo consiente la cortesía, en una carta escrita al rey de Francia acusándole del recibo de los preliminares. fié aquí el contenido de su carta. «El embajador de Y. M. me ha entregado su carta del 29 de noviembre, la cual me informa de que V. M. está per- suadido de que ha tenido motivos poderosos para ajus- tar sin participacion mia, y en los momentos mismos en que acabábamos de conseguir señaladas ventajas, un tratado particular con el emperador. Mi amor ala perso- na de V. M. y mi afan por que se conserve ileso el honor de la nacion francesa, no me dejan examinar estos mo- tivos. Solo si creo que deben ser de naturaleza muy grave, puesto que segun las consecuencias llevan ventajas á. los que en todos tiempos han nacido de nues- tra íntima union de familia, de mi deseo personal de buena armonía y de mi ciega deferencia á los deseos é instancias que Y. M. me ha repetido eón frecuencia en sus cartas. Sin embargo, me l•songéo con la esperanza de que los compromisos contraidos con Y. M. no llega- rán hasta el grado de abandonar á mi hijo el rey de Ná- pojes, dejando que sea presa de la ambicion del ene- migo y poniendo mis tropas á sus órdenes. Espero esto por lo menos del invariable afecto que profeso á Y. M. (%).» En medio de estas humillaciones y de tal chasco los reyes recurrieron á Inglaterra para hacer unaro posicion al emperador, y decididos á continuar solas la guerra, se negaron á ratificar los preliminares, pero esta dilacion iinprudente colocó sus tropas en , una si– tuacion crítica y alarmante. Montemar, cuyo ánimo no decayó en estas circunstancias, y q ue semostró deseoso de añadir este nuevo lauro á su °corona de gloria, .se ha- bia negado á admitir las treguas sin una órden termi- nante de su soberano. Sin embargo, sus tropas se ha- 4732,-4736.  417 liaban diseminadas en una éstension de terreno dema- siado vasta y mezcladas á, los franceses y suecos, sin esperar socorro ninguno. Lejos de hallarse en estado de. tomar la ofensiva, sospechaban que los austriacos las arrojasen, y hasta temían el verse atacados por sus mismos aliados. En esta situacion no quedaba á Mon- temar otro partido que tomar que el evitar el riesgo inevitable que lo amenazaba , y volver á pasar el Po, que es precisamente lo que se dió prisa á ejecutar. Desde allí se retiró á Bolonia, esperando que el respeto debido á la iglesia lo pondria á cubierto de un ataque en los estados del papa. Pero en los momentos en que fes- tejaba en su posada á las familias principales de la cin.- dad, se vió envuelto por un destacamento de húsares alemanes. Creyó que eran la vanguardia del ejército imperial, aceleró su marcha á Toscana ; y se vió osti- gado en su retirada por varios tercios irregulares que saquearon sus bagages, hicieron algunos prisioneros y se apoderaron de su hospital de Bolonia en donde habla mil y quinientos heridos. Durante esta marcha ar- riesgada, con trabajo logró persuadirle el duque de Noailles que aceptase un armisticio de dos meses, como único medio de salvar á sus tropas, y evitar así la pér- dida de sus últimas conquistas (96). Reducido Felipe á semejante necesidad , viéndose abandonado por sus aliados , amenazado con los prepa- rativos hostiles de las potencias marítimas , alarmado ademas rtor la aparicion repentina de una escuadra in- glesalen sus costas, accedió aunque con pesar, á los pre- liminares de Viena, el 18 de mayo de 1736. A su acep- tacion precedió la de don Carlos como rey de Nápoles, el 4.° de mayo. Sin embargo, antes de que se terminase este arre- glo, una disputa nueva y de naturaleza muy diferente se suscitó entre España y Portugal , cuyo objeto real, ó por lo menos, el resultado definitivo, fué un proyecto hostil contra la colonia del Sacramento en las orillas 418  CAPITULO CUARENTA Y UNO. de la Plata, codiciada hacia mucho tiempo por España. Juan 1, rey de Portugal, unido por los vínculos ma- trimoniales con la familia real de Austria y por interés con las potencias marítimas, abrigaba contra la casa de Borhon una antigua enemistad, arraigada profundamen- te para que pudieran borrarla los dos enlaces celebrados poco hacia. Por su parte, la córte rival de Madrid abri- gaba celos no menos interesados contra Portugal. En semejante disposicion de los ánimos, la disputa d , iplo- p lática mas frívola hizo temer que se volviesen á em- prender las hostilidades . y produjo casi un rompimiento abierto entre dos príncipes igualmente quisquillosos y coléricos. Los criados de Cabral de Belmonte , ministro de Portugal en Madrid, dieron asilo á un malhechor para sustraerlo á la justicia; por lo que los mandaron pren- der los tribunales. El ministro español en Lisboa pidió al mismo tiempo satisfaccion por este ultrage á la justi- cia pública; pero tuvo que pasar por la humillacion de ver llevar á la cárcel diez y nueve criados suyos arran- cados de la legacion de España. Promovió este quejas y notas, y como ninguno quería ceder, los dos minis- tros se retiraron de sus respectivas embajadas, y las dos naciones hicieron preparativos de guerra. El rev de Portugal se quejó á las potencias maríti- mas y al emperador del mal trato que esperimentaha su hija por parte de su suegra, y manifestó . que la me- nor esperanza de un apoyo exterior moverla hl partido descontento de España á sacudir el y ugo de la tiranía de la reina, poniendo las riendas del gobierno en ma- nos del . príncipe de Asturias. El emperador hizo en es- ta ocasion, promesas y ofrecimientos muy liberales de a po y o, con esperanza de renovar las hostilidades , ba- sándolas en el mismo principio, que durante la guerra de sucesion; pero las potencias marítimas estaban har- to decididas a favor de la paz para prestar oidos á estos proyectos estravagantes; así es que el gobierno" inglés 4732.-1736.  449 se limitó á enviar una escuadra de veinte y cinco na- víos á las órdenes de sir Jon Norris, á fin de asegurar el regreso de la flota mercante del Brasil , é impedir toda tentativa por parte de España para estorbar su ar- ribo (97). Al mismo tiempo , los aliados negaron todos los planes hostiles que se les pudieran suponer, v ofre- cieron su mediacion para terminar la disputa. `i Esta medida, si bien iba acompañada de todas las pruebas de consideracion, produjo las quejas acostum- bradas y los arrebatos tan comunes en la córte de Ma- drid. Felipe rechazó toda mediacion que no fuese la de Francia; pero en tanto que la disputa se prolongaba, atacó en América la colonia del Sacramento, y logró arrojar á los portugueses de las posesiones qu a , hablan usurpado al gobierno español. Una vez logrado este ob- jeto, temiendo ademas las pérdidas que esperimentaria el comercio de América , si estallaba la guerra contra Inglaterra á consecuencia de esta agresion, se mostró mejor dispuesto á un convenio y consintió en remitir la decision de la disputa á las potencias marítimas y á Francia. Las potencias mediadoras no se oponian á la esclusion parcial de los portugueses del rio de la Pla- ta, para lo que se exigió el consentimiento de Portugal. Despues de varias contestaciones y sutilezas, las dos córtes aceptaron' un convenio dictado por las potencias mediadoras, y por último, un tratado firmado en París puso término á esta disputa que, si bien frívola en la apariencia, `hubiera todavía podido arrastrar á Europa en una guerra general (98). Durante la negociacion, no espresó la reina su re- sentimiento con mayor dignidad que en las ocasiones anteriores. Al hablar con el embajador de Francia, se espresó en estos términos:—Si no hacemos andar á la- tigazos ese menguado rey de Portugal, nada consegui- remos de él.—Como preguntase entonces el rey si no era dueño de tratar á, Portugal de el modo que indicaba la reina:—Nada es mas fácil, respondió el ,embajador, 4 20  CAPITULO CUARENTA Y UNO. pero el negocio se halla en manos de los mediadores y conviene dejarles que jazgen lo que ha pasado.— Esto no tiene réplica , dijo la reía;; per eso nada es- tá aun decidido;—y cambiando entonces de tolla—No haceis todos, interrumpió,, mas que echar á perder estas córtas con vuestras condescendencias; os aseguro que si no fuese por esa niña (aludiendo á la princesa de las Asturias), ya hubiera recibido una hofeiada el rey de Portugal (99).» 4---010=1, 9  CAPITULO XLII. 1736.-1139. Repugnancia que tenia España de acceder á un tratado definitivo, y ten- tativa para emprender otra venlas hostilidades. --Muerte, carácter y ad- ministracion de Patiño.—Noticia de su sucesor La Cuadra y de la nueva administracion.—Eirma del tratado definitivo. • El gabinete español que no queria abandonar á Par- ola y Plasencia, ni renunciar á Guastalla, á favor de la casa de Lorena, puso reparos innumerables, durante el curso de la negociacion, y se dirigió á, Francia y á las potencias marítimas como responsables de estas suce- siones, pero como no queda Francia mezclarse en es- te negocio, é insistiesen como antes las potencias ma- rítimas en la evacuacion, de Toscana, los reyes alega- ron derechos á los bienes alodiales del difunto duque. Contemporizaron hasta los momentos ea que las tropas imperiales salieron de Italia, á consecuencia de la o mer- ra que estalló entre Rusia y Turquía. Entonces volvien- do precipitadamente á sus preparativos , se mostraron pintos á emprender otra vez las hostilidades, so pre- testo de los alodiales , creyendo que la ocasion era favorable para apoderarse de la totalidad de la he- rencia. La muerte de don José Patiño destruyó completa- mente .los planes que habian formado. Se dio á este personage el nombre de Colbert español, y sin disputa era el mas hábil úe cuantos desde el advenimiento de 122  CAPITULO CUARENTA Y DOS. Felipe, hablan dirigido la administracion pública. Des- cendía de una familia noble, y si damos crédito á, Mont- gon, estudió con los jesuitas (100). Llegó á ser muy á principios de su carrera , el único confidente y coope- rador principal de Alberoni, contribuyó . en seguida á la caída de Riperdá, y fué él solo en quien por entonces tenía confianza Felipe, ademas del marqués de la Paz. i Su capacidad superior no tardó en darle pronto un n—• flujo estraordinario. Murió su cólega en 1733, de re- sultas de lo que dispuso solo de todo el poder, pues le adornaban todas las cualidades necesarias para mane- jar á un monarca tan receloso éhipocondrico como Fe- lipe, y á una muger tan vehemente é interesada como la reina. Eran inmensos sus conocimientos en todos los ramos de la administracion pública, á lo cual agrega- ba una claridad estraordinaria , y la mayor facilidad para el despacho de los negocios públicos. Ademas era singularmente diestro en cuanto emprendia , astuto y dulce á un tiempo, y reunía la firmeza de alma al ánimo enérgico de los españoles. Lo mismo que su hábilante- cesor procuró evitar la dependencia de los consejos, y él fué quien suprimió aquellas discusiones intermi- Eables que se prolongaban, graciasá multiplicadas me- morias é informes, que hablan dado celebridad á la lentitud del gobierno español , concentrando á fin de conseguir aquel resultado, en sí mismo la principal di- reccion de todos los ramos de la administracion pú- blica. En medio de continuados obstáculos y disputas in- terminables   • se hizo memorable el ministerio de Patiño, con los esfuerzos constantes , si bien ocultos que hizo para aumentar la fuerza y prosperidad de España. Co- nociendo enteramente la alta importancia de las colo- nias de América, fijó toda su atencion en escluir á los estrangeros del comercio lucrativo de aquellas recio— nes. Formuló un plan que parecia casi ser el acto regio- gundo del de Alberoni; quedó concentrado en Cádiz ca- 4736.-1739.  423 si esclusivamente el comercio de América, y el tráfico con los colonias, gracias á él, fué desde entonces, di- recto, seguro y regular, lo cual no existia antes de su ministerio. A fin de ejecutar este proyecto, se ocupó de fomen- tar la marina española, mandando que una fuerza res- petable, sin grande obstentacion, se estacionase en los mares de América. Ya en 4728 , medidas semejantes llamaron la atencion de la recelosa Inglaterra. «Desde que he vuelto á este pais, dice Keene, he notado con gran disgusto, los adelantos que hace Patiño en su plan de fomento para la marina española, y de ello he ha- blado en casi todos los oficios que he tenido la honra de escribir. Lo domina á tal punto esta idea que ni los subsidios pagados al emperador, ni la miseria de las tropas españolas , ni la pobreza de las personas que componen la servidumbre real y los tribunales, pueden apartarlo de estos sentimientos. Tiene el tesoro á su disposicion, y todo el dinero que no va á Italia para realizar los planes de la reina se aplica á la construc- cion de buques. Sostiénese con el rey, halagándolo con la esperanza de que será poderoso en los mares é inde- pendiente de todas las demas naciones, y con la reina prohijando sus proyectos particulares. «Tambien he manifestado que continuando con seme- jante sistema, ha evitado toda esterioridad , á fin de no despertar los celos de las potencias marítimas. Con es- te objeto, sus buques se construyen y equipan en dife- rentes puertos para que solo puedan zarpar dos ó tres á un tiempo, sin que nadie los note ni llamen la aten- clon de Europa. Los tres navíos que salieron reciente- mente para las Indias Occidentales son un egemplo pa- tente de este modo de obrar ; se hizo cundir el rumor que iban á cruzar el Mediterráneo , y se les dió víveres para una espedicion de esta naturaleza ; pero á penas á llegaron  cierta latitud , se abrieron las instrucciones que coatenian órdenes terminantes para que los coman- 124,  CAPITULO CUARENTA Y DOS-:: dantes hiciesen rumbos á los mares de América, tocan- do en las Islas Canarias á fin de tomar mas provisiones. Así es que á lo que parece, no hay intencion de enviar á la vez un número crecido de buques á América , sino por grados. No puedo hablar con certeza mas que de los que están en Cádiz, sabiendo por uno de los abastecedo- res, que solo hay ea este puerto órdenes para dar pro- visiones á ocho navíos. Por la lista de los buques , ad- junta á mi carta del 26 del Ultimo mes; se echa de ver que solo se deben construir nueve en las Indias '; pero como no hay en aquellas regiones varios artículos de construccion que habrá que enviar de Europa , imagino que se enviarán los materiales por los primeros bage- les que saldrán para aquel destino.. Ya deben de haber salido algunos, porque me asegura Patio sin cesar que los representantes de la compañja del mar del Sur , no dejarán de hallar toda clase de materiales en Vera- cruz (401). Sin entrar en pormenores de naturaleza fastidiosa, bastará para dar una idea del espíritu de la administra- cion de Patiiio , el llamar la aten cion del lector a lOs planes y establecimientos que formó por el modelo de otras compañías de comercio de otros paises. Durante el reinado del influjo aleman ,_ cuando se trató de que pa- sase á Trieste, la compañía de Ostende , redactó un pro- yecto para fomentar el comercio de las . monarquías es- pañola y austriaca, por medio de esta compañía, y pa- ra que Cádiz fuese el centro del comercio con el Norte, los Paises Bajos, Alemania, Levante y las Indias Orien- tales y Occidentales (102). Como fracasase el proyecto á causa de la abolicion de la compañía , formó otro esta- blecimiento para proporcionan á España el comercio de cacao, y disminuir el contrabando que hacian los ingle!- ses, holandeses y franceses con el continente de las is- las del golfo de Méjico. A. este establecimiento se dió el nombre de compañía de Guipuzcoa , cuyo objeto era dar prosperidad al comercio y el aumento de la marina, 4736.-4739.  425 debiendo suministrar cada año dos navíos de cuarenta á cincuenta cañones cada uno; los cuales debian recibir en San Sebastian y Pasages su cargamento que consistia ea productos y mercaderias del pais . que cambiarían en América por productos de Venezuela, Cumano , Si- galita y la Trinidad. Tanto á la salida de los puertos co- mo á su regreso , gozarían de particular favor en punto á los derechos y á las lemas prerogativas. En el inter- valo de sus viages, debian cruzar como guarda-costas, vigilando constantemente la costa entre el Orinoco v el rio de la Hacha , y apresando todos' los buques quel'to- masen parte en. tratos comerciales ilícitos (4 03). El éxito de este primer ensayo estimuló mas tarde al ministro para realizar el plan de una compañía de co- mercio con las Indias Orientales y las Islas Filipinas, idea propuesta en otros tiempos por Riperdá. Esta com- pañia obtuvo privilegios no menos considerables que la de Guipozcoa; y el gobierno mostrándose superior á los mezquinos celos con que los monarcas españoles ha- llan manifestado empeño en conservar sus derechos de soberanía, les concedió el privilegio cte formar estable- cimientos militares y adquirir territorios en todas las partes del Oriente que pudieran ser favorables á su co- mercio y á la consolidacion de su poder (1733). Esta compañía escitó como era natural la envidia de las na- ciones comerciantes'; pero solo se hundió y sin estrépito bajo el peso de las capitales superiores de estas, de su poderio é influjo (404). Felipe trataba con mucha consideracion á Patiño, cuyos consejos escuchaba; pero no le concedía ni afecto ni confianza. La astucia de la reina y la capacidad del ministro se tuvieron con frecuencia que emplear para evitar las consecuencias de la irritabilidad que engen- draba la enfermedad del rey, y á fin de templar la des- confianza natural del carácter de Felipe. En la corres- pondencia de Keene , se encuentra el siguiente hecho que lo confirma: 426  CAPITULO CUARENTA Y DOS. Algunos de los consejeros secretos á quienes pedia constantemente Felipe su dictámen, acusaron á los mi- nistros de un modo que dejó profunda impresion en el ánimo del monarca, tan desconfiado y receloso de suyo. La reina que notó el efecto producido por estas acusacio- nes, en vez de irritar á su marido con una oposicion direc- ta, aparentó que las hallaba fundadas, siendo de parecer que convendría llamar á los ministros acusados para que contestasen á los cargos que se les hacian. ;Este pretesto dió ocasion á Patiño para presentar una memoria tan detallada como elocuente, en la que no se descuidó en encarecer el lastimoso estado de los negocios al entrar él en el ministerio, trazando al mismo tiempo un cuadro brillante de los beneficios que habia producido su admi- nistracion. Con una modestia aparente, rogaba al rey que le indicase los defectos de su sistema, y tuviese á bien señalar las modificaciones y cambios que deberían hacerse en él. Este escrito del ministro estaba muy ea los gustos y principios de Felipe, á quien contentaba semejante situacion de mejoras nacionales, y halagaba esta sumision aparente á su discernimiento. La reina siempre pronta a sacar partido de las disposiciones de su. marido, aparentó ceder á su conviccion, é hizo como que» se dolía de las injustas preocupaciones con que habia mirado á Patiño (405). A pesar del éxito feliz de este ensayo, se vio todavía Patiño obligado á luchar con infinitos obstáculos, sin contar la suspicacia y preocupaciones de su soberano. Necesitó valerse de toda la capacidad deue estaba do- tado para sostener la guerra que se empeñó la reina en fomentar en Italia y Portugal; porque aun cuando se jactaba delante de todo el mundo de que tenia medios todavía para sostener la lucha dos años mas, muy atra- sado andaba elpago del haber de las tropas, y á la ser– vidumbre real se le debian cuatro años de sueldo. El despacho , ordinario de tantos ministerios, era una carga superior á sus fuerzas, y Keeae describe así los apuros 4736.--1739.  427 de los primeros tiempos de su ministerio, antes de que se aumentasen con las dificultades que nacian de la guerra de Italia. «No puedo, dice, daros idea exacta del estremado desórden que reina aquí en el despacho de los negocios, á causa del modo de vivir del rey, ni de los apuros en que se ven los que tienen que cuidar- se de esto. Durante muchos meses se han reducido to- das las ocupaciones á equipar la escuadra española, y enviar al infante a Italia. Patiño que tiene todo á su. cargo, pierde todos los dias cuatro horas en palacio, y yo otras tantas esperándolo. Desde las dos hasta las seis pasa el tiempo en conversacion con SS. MM., y cuando tiene un momento disponible, piensa forzosamente en el mejor medio de que estén ambos acordes, y de con- servar su valimiento. Apenas si le queda tiempo para comer y dormir; pero no entiendo hacer de este modo su apología, porque nadie está mas convencido que yo, que es acérrimo enemigo del comercio estrangero; como tiene mas conocimientos comerciales, y sabe los abusos que se cometen en las aduanas, mejor que los ministros antecesores suyos, nos molestará mucho mas que los otros. Antes nos quejábamos de las dilaciones, lamentándonos sin cesar de la lentitud española; en el dia hay que añadir la mala intencion tambien, porque el ministro solo se cuida de reformar y anular todas las medidas perjudiciales á España (406). » No cabe duda que sucumbió Patiño á consecuencia de tan violentas y continuadas fatigas , que afectaron de un modo notable su cuerpo y su ánimo. Murió el 3 de noviembre de 4736, á la edad de setenta años; y co- mo mirase con el mayor empeño los intereses del rey hasta los últimos instantes de su vida , remitió poco antes de morir sus papeles secretos al soberano , dando su parecer acerca de la situacion crítica de los negó- cios , formulado con la misma justificacion y brillantez que si se hallase en cabal salud. Felipe recibió la noti- cia de aquella pérdida con la indiferencia y apatía que 128  CAPITULO CUARENTA Y DOS. lo caracterizaban , pero la reina sintió vivamente la pérdida de un ministro que sirviéndonos de la espresion de Keene , lo era segun su corazon. Sin embargo , por respetos al rey , disimuló su pesar delante del público, aparentando indiferencia. Para halagar á Felipe , le re- paro que el difunto ministro era discípulo de ambos.—E1 rey y yo , decía á Keene , lo hemos formado en la cien- cia de los negocios estrangeros. Podemos , si nos place, dirigir nosotros mismos la nave del estado, y si no for- maremos otros ministros. A pesar de este alarde de orgullo ó dignidad , se manifestaron al ministro toda clase de atenciones duran- te su enfermedad, y se tributaron honores á su memo- ria despues de su muerte. Felipe , consoló sus , últimos instantes, creándolo grande de España para < sí y sus herederos , concediendo ademas una pension conside- rable á su sobrina la condesa de Fuen- Clara. Sus fune- rales se pagaron de los fondos del tesoro público , y en el fúnebre convoy iban el ayuntamiento y el corregidor de Madrid. Se enterró su cadáver con una pompa muy parecida á la que se usa para un príncipe de la real fa- milia (107). Pocos pormenores pueden darse ya acerca de este ministro habil , despues de lo que acabamos de decir. Su carácter y conducta han sido presentados por los es- trangeros bajo un aspecto poco favorable , sin duda por no haber tornado en consideracion que se vió obli- gado á sostener el choque impetuoso de mil intereses encontrados, viéndose á un mismo tiempo en la preci- sion de contemporizar con las preocupaciones arraiga- das del rey y de ser instrumento de la voluntad de la reina , y hallándose cercado por todas partes de obs- táculos á veces invencibles. Decia Fleurv hablando de él, que hablaba como escribia, esto es , en cifra y enig- máticamente. Hasta se le ha acusado de doblez , falsía y falta de fé , suponiendo que lo dominaban preocupa- ciones nacionales y personales. Tal vez no carecen to- 4736.-1739.  429 uz- talmente estas acusaciones de fundamento ; pero j c r  como ándolo coo ministro , es justo no  los perder de vista obstáculos que le ataban las manos y las difíciles cir- cunstancias que le dominaban. En cuanto á su capaci- dad y a su mérito superior, el parecer de sus amigos y enemigos está acorde y unánime. Uno de sus rivales en politica , confesó que la pérdida de Patiño era una des- gracia irreparable para España (108). La muerte de este ministro concentró otra vez la ad- ministracion en manos del rey. Acudieron entonces de- salados á la escena pública infinitos actores. El gefe del nuevo ministerio fue don Sebastian de la Cuadra , que habia sido page de Grimaldo , al mismo tiempo que el marqués de la Paz. Ambos habian caminado Juntos en la carrera administrativa, y á la muerte de Grimaldo, era don Sebastian oficial mayor del ministerio de Esta- do. Despues de pasar en aquella oficina treinta años, fue nombrado ministro. Era hombre de escasa capaci- dad, en lo que tenia la franqueza de convenir él mismo; y en suma , era tan inferior á su antecesor , que los, chuscos solían decir que Patiño le habia dejado encar- go de que hiciese llorar su muerte. Cuadra nada pare- cido á Patiño, que tenia trazas de amenazar á sus k sobe- ranos hasta cuando se sometia á sus deseos y halagaba su ambicion , tenia toda la timidez é irresolucion de un entendimiento mezquino y turbado. Toda su ,ambicion se limitaba á ser un mero agente de los reyes. Keene escribia en los momentos de su nombramien- to : «Hará Cuadra consistir todo su mérito en su suini- sion á la voluntad soberana , sin aconsejar á los reyes que tomen tal ó cual medida v sin responder del me- nor contratiempo.' Tanto miedo e' tiene de comprometerse cuando habla , que r.i siquiera dice las cosas que qui- siera decir; creerla revelar á un ministro estrangero los secretos mas importantes del gobierno, si citase el pun- to de donde llegase un correo que acabara de recibir. Por lo denlas , pasa por hombre muy de bien , no pro- 039 Biblioteca, popular.  T. 111. 65 9 30  CAPITULO CIL‘RENTA Y DOS. • fesa mas amor á su pais loe á otro , ni tiene secretos pensamientos que lo inclinen á dar a los -negocios que pasar por su mano otra interpretacion que la natural. Sera calmoso en sus resol uciciles , y pedirá informes y dictámenes en abundancia hasta para el negocio mas trivial de comercio como hacia el marqués de la Paz, V como siempre se ha usado, hasta que Patiño destruyó tan molestas é inútiles formalidades (409). El marqués de Tor • enueva era otro de los ministros recomendados por Patiño, que lo había, formado por si mismo en los negocios de hacienda, Fué sucesor de . esd- Le personage en este ministerio, y la Mar ina e Indias, se confiaron a doa Francisco Varas, que Babia sido daraa- te mucho tiempo agente del gobierno en Cádiz. La sola persona notable ' del nuevo ministerio , era el duque de Montemar , quien á su regreso de Italia, tomó posesion riel despacho de la Guerra , destino que merecía su espe • iencia y capacidad militar. Casi , pues , era aquella la vez primera desde el ad- venimiento de Felipe , que se hallaba confiada la direc- cion de los negocios páblicos á españoles ; pero la per- dida difícil de reparar del Ultimo ministro , cuya acti- vidad competía con la destreza, la incapacidad de sus ,sucesores que no le igualaron en mérito , el deficit que iba en aumento en la hacienda , y la tibieza del g abi - lacte francés , decidieron 4 Feli p e a abandonar susL'pla- nes de agresion y á prestar oido í s á las instancias que se le sacian para el arreglo de la paz general (110). Inglaterra y Francia interesadas de igual modo en el restablecimiento de la paz , no cesaban de insistir en que se acelerase el ajuste de un tratado del -  t ,  O )a- sado en los preliminares de Viena. Por último al cabo de muchas disputas enredos 's r sordas intrigas,  pesar de los encontrados intereses (fue nacían y se combatian cada vez que las córtes de Madrid , Vierta y Francia se vejan co mprometidas en discusiones diplomáticas , que- dó firmado el tratado definitivo entre Francia y Austria, 4736.-1739.  431 el 8 de noviembre de 4739. El rey de Cerdeña accedió á él el 3 de febrero inmediato, y los reyes de España yNá,- polos el 2 de abril. El rey de España retiró sus tropas de. Parma y Plasencia , y de las denlas plazas que ha- bian ocupado en Lombardía , y don Carlos fué reco- nocido solemnemente rey de Nápoles y Sicilia , re- cibiendo ya la investidura del papa. El gran duque de Toscana murió en julio de 1737 , y el convenio recibió la mas completa con la cesion absoluta de Lorena á Francia , y la ocupacion de la Toscana por Francisco, duque de Lorena que acababa de casarse con Maria Te- resa , hija primogénita del emperador . (411). CAPITULO XLIII. • 11739-1740. Origen y progresos de las disputas entre Inglaterra y España, relativas al comercio inglés, y á sus establecimientos en las Indias Occidentales; —Compañía del mar del Sur.—Vanas tentativas para ajustar un comer- cio .—Declaracion de Génova.—Toma de Portobello. El reinado de Felipe Y , no fué mas que una suee- sion de proyectos aventurados y arreglos del momento, á lo que seguían incesantes hostilidades. En efecto, tes de que el último tratado definitivo diese paz á aba y Alemania , ya habia nacido una disputa entre España. é Inglaterra , que como resultado turbó la paz general de Europa. El origen de esta disputa dimanaba de los celos continuos y cada vez mas ardientes de España , ea lo relativo al comercio de América y á las empresas de los ingleses , con objeto de entender por todas partes su tráfico , ya legal , ya de contrabando , sin cuidarse de modo alguno del espíritu, sentimientos, miras y de- rechos del gobierno español. La causa distante, real , de esta disputa consistia en la diversidad el sis- tema político causada por el cambio de la dinastía aus- triaca, y por la accesion de la casa de Borbon. Otra causa mas era tambien el laudable empeño del nuevo gobierno, á fin de ensanchar y fomentar el comercio na- cional , la marina y las manufacturas con esclusion de los estrangeros ; estas medidas y proyectos de mejora, escitaban en sumo grado vivos recelos en Inglaterra. 4739. 1740•  133 Con el apoyo que le prestaba el d escubrimiento de las Américas y la célebre bula de Alejandro VI, dirigi- da á Fernando el Católico, se abrogaba España el derecho esclusivo de propiedad en todo el continente americano. Sin embargo, no respetaban las denlas naciones esta posesion, y Portugal especialmente logró establecer la colonia del Brasil en el centro mismo de las posesiones españolas, pero cuando Felipe II, despues de conquis- tar á, Portugal, se apoderó del Brasil, sostuvo el dere- cho esclusivo con mayor empeño, impidiendo, gracias á su forMidable marina, todas las tentativas de las de- mas naciones para que se comerciase, de un modo re- gularizado, con las regiones meridionales del continen- te americano. Su poderío marítimo decayó con la pér- dida de la invencible armada, y la nacion española ha- llándose enflaquecida por la mala administracion de los inhábiles sucesores de Felipe II, los ingleses, fran- ceses y holandeses se fueron estableciendo, poco á po- co, unos tras de otros, tanto en el continente, como en las islas del Nuevo Mundo. La conquista de Jamaica, por Cromwell, rompió sobre todo aquella cadena de is- las con que plugo á la naturaleza circundar el golfo de Méjico. A la toma de Jamaica siguió de cerca la crea- cion de varios establecimientos en la bahía de Campe- che, para el corte de las maderas célebres de aquellos puntos y principalmente de la provincia de Yucatan. Estos establecimientos, sostenidos por el comercio lu- crativo, si bien ilegal, con los españoles de los paises circunvecinos, y que se aumentó con los filibustieres piratas, se entendió gradualmente, al suprimirse esta especie de merodeo en las costas de la bahía de Hon- duras y Mosquitos. Sin embargo, el gobierno español no renunciaba á sus exigencias primitivas á la posesion esclusiva de América, y. las disputas relativas á los ne- gocios de comercio causaban hostilidades casi conti- nuas, si bien no autorizadas, en las Indias Occiden- tales. 431  CAPITULO CUARENTA Y TRES. A la muerte de Felipe IV, acaecida en 1667, las agresiones de Francia en Europa unieron con mas inti- midad á España con Inglaterra, y los celos mercantiles desaparecieron ante los intereses políticos. Los minis- ros del rey menor, Carlos  reconocieron claratnen- e, por medio de un tratado en regla, los derechos que tenia Inglaterra para formar establecimientos en Amé- rica; porque se insertó en él un artículo que permitia li- bertad absoluta para la navegacion y comercio en todas las plazas en que esta nacion habia tenido permiso de traficar en otro tiempo; sin embargo, se reservó España el derecho de visitar todos los buques mercantes en los puertos y en los mares de sus respectivas posesiones, así como el de confiscar las mercancias de contrabando. No tardaron en suscitarse disputas acerca del, modo de entender este artículo, el cual, como estuviese con- cebido, de intento, en términos ambiguos para poner á cubierto los derechos ó exigencias de ambas partes, ca- da cual lo interpretaba á, favor suyo. Los españoles re- clamaban el derecho de visita en todos los mares de América, y los ingleses alegaban que estas palabras: mercancías de contrabando, no significaban, conforme á la interpretacion general, mas que las armas y muni- ciones de guerra enviadas á los estados berbériscos, con los que por entonces estaba siempre en guerra Espa- ña. Estas disputas dieron lugar á otro tratado en / 670, que confirmó el derecho de los ingleses á sus posesio- nes en las Indias Occidentales, y regularizó las comu- nicaciones entre ambas ilaciones en el mar de América. El artículo tercero principalmente defendió á los súb- ditos de las dos naciones todo comercio con las colonias de cada una de ellas, en las Indias Occidentales, sin permiso de sus respectivos gobiernos; pero el: amor del lucro y el espíritu inventivo de los mercaderes medios de eludir la letra de esta condicioh. Aprovecha- banse estos del permiso coman concedido á un número fijo de buques ingleses para abordar y abastecerse en /1739.-1740.  135 los puertos españoles, yendo á ellos en pequeñas es- cuadras, y traficando clandestinamente sin el permiso estipulad& Las guerras continuas con Francia, y la cesidad importante de quedar bien con Inglaterra, de- cidieron al gobierno español á consentir en este tráfico, t y a egercer el derecho de visita con tanta indulgencia que se redujo pronto, poco ñas que á una mera - for- malidad. Tal era de ventajoso y lucrativo el comercio entre Inglaterra y España, hasta estincion de la casa real de Austria; pero parecía evidente que al advenimiento de un príncipe de la familia de Borbor seguria una revo- lucion en la politica comercial; así es que apenas Feli- pe se sentó en el trono, volvió sus miradas inmediata- mente á, las mejoras mercantiles en América, y por consiguiente, se fijó en la esclusion de los est•angeros. En 1710 fué cuando se creó en Inghterra la com- pañía del mar del Sur, para el comercio con las colonias españolas., la; cuales, durante la guerra de sucesion, hablan estado privadas de toda comunicacion ordenada con la metrópoli; sin embargo, la paz de Utrecht pro- dujo un cambio completo en las relacionas de Inglater- ra con América.. Los artículos favorables de los pri- meros tratados se habian eliminado y en su lugar se es- tablecia un sistema .nuevo de comercio. La importacion de negros, privilegio de que habían disfrutado al prin- cipio los holandeses, y mas tarde los franceses, se trans- firió á la compañía «j del mar del Sur, en un contrato llamado asiento. Adquiría así el derecho de introducir cuatro mil negros cada año en las colonias españolas durante tresaños, empezándo el /1.° de mayo de 1713, y gozaba ademas, del privilegio de enviar todos los años un buque con un cargamenlo fijo á la feria de Veracruz. En cambio de estas concesiones tocaba al rey de Espa- ña la cuarta parte de los beneficios en el comercio de los negros, y en el buque despachado anualmente, y ademas un derecho sobre todo lo restante. 136  CAPITULO CUARENTA Y TRES. Sin embargo, ni la compañia, ni la nacion inglesa pudieron nunca aprovecharse de estas ventajas que habían servido de pretesto principal para justificar la paz de Utrecht. Felipe en cuanto fue reconocido por soberano no escaseó artificio ninguno para eludir seme- jantes compromisos, y desde aquel tiempo, á pesar de varias negociaciones y convenios, el comercio de la Gran Bretaña siempre sufrió vejámenes mas ó menos opresivos segun eran los planes y los temores de la cór- te de Madrid.  las disputas originadas de esto siguie- ron otras no menos vivas, relativas á los progresos gra- duales de los colonos ingleses en las costas del golfo de Méjico, al comercio ilícito que hacian estos estable- cimientos; y á los privilegios de la compañia del mar del Sur, aumentando tantos motivos de desacuerdo las disputas y exigencias opuestas de las dos coronas. Empero harto habla va España tenido ocasion de reconocer la superioridad' marítima de Inglaterra para querer que se verificase un rompimiento abierto. V. principio adoptado por Felipe y por sus ministros era el de sostener una hostilidad perpétua, si bien indirec- ta contra el comercio inglés, valiéndose del pretesto del derecho de visita y de el desoberania. Sabian muy' bien que sus empleados y guarda costas hacian con fre- cuencia presas ilegales, propasándose áult . ages en que no cabía disculpa contra las tripulaciones de los buques ingleses, si bien es cierto que varias de estas presas hablan sido restituidas, y que los empleados españoles rabian sido castigados aunque con la lentitud acostum- brada de los consejos españoles, y con el pesar de vio- lar constante y visiblemente los reglamentos comerciales establecidos entre ambas naciones. Por su parte sir Ro- bert Walpole, que era ministro en Inglaterra , quería de igual modo conservar la paz. No se escaparon á su penetracion que los mercaderes ingleses ahusaban de la indulgencia con que se les trataba , ya fuese por el imperio que era costumbre, ó á consecuencia de los 4739. 1740.  43/ tratados; pero sabia tambien que esta indulgenciael yn comercio permitido tendria qué padecer mucho con la guerra, y no , quería tampoco ofender las creencias na- turales de los españoles ni el carácter vehemente del rey Felipe. El enviado de Inglaterra, que era Keene, se guiaba por estas máximas, y trabajaba con. celo á fin de impedir un rompimiento; pero sir Robert Waipole tenia en contra de sus planes pacíficos la violencia de la nacion inglesa escitada sin cesar por el influjo de una, oposicion poderosa, y además tenia que luchar, y no flojamente, con sus mismos cólegas que desaprobaban sus proyectos. Así es que en tanto que las instrucciones de este ministro no respiraban mas . que paz y cordia- lidad, el duque de Newcashle, ministro de Estado , se quejaba amargamente de los ultrages de los españoles y destruia las esperanzas de conciliacion pidiendo con imperio una satisfaccion pronta ; llegando hasta el es tremo de redactar una nota en la que estas quejas y exi- gencias se recapitulaban y espresaban  lenguage hostil, y mandando que de todo se diese cuenta á la cor- te de España. La prudencia de Keene, y las medidas pacificas de sir Robert Walpole suavizaron la impre,sion que no po - dia menos de causar en Madrid semejante lenguage. Entabláronse negociaciones en las dos córtes entre don Tomás Geraldini, enviado de España, y el , gabine- te inglés por una parte, y entre Keene y don Sebastian de la Cuadra por otra. 41 cabo de muchas dilaciones y dificultades, se envinó en Lóndres en un arreglo, me- diante el cual se concedieron á Inglaterra 140,000 li- bras esterlinas, como , compensacion de los perjuicios que habia sufrido su comercio. Se remitió á Madrid es- te convenio, pero el gobierno español se negó á satis- facerlo declarando que Geraldini habia traspasado sus poderes. Negativa causada probablemente por los cla- mores incesantes en Inglaterra y . la exigencia peren- toria de ab,,andonar el derecho de visita, exigencia que 438  CAPITULO CURENTA Y TRES. pasó con un solo voto de mayoría en la cámara de los. lores,y que rechazó la de los comunes tan solo con una escasa mayoría. El ministro pacífico se valió del *influjo en virtud del que habia hecho rechazar esta peticion en la ca- mara baja contra la opinion de sus campaneros y los  vi clamores de la opinion, para renovar las proposiciones relativas á una negociacwn, evitando con sumo cuida- do, como hasta entonces habla hecho , toda alusion al  5 tratado de visita. Bajo sus auspicios logró Keene al ca- bo de algun tiempo, calmar el orgullo ofendido del lo- bienio y la nacion española. Despues de una discusion bastar larga, se com'ino en otro arreglo con condi- ciones hon rosas v ventajosas á ,en traen has partes firma- do en el Pardo á 1 á. de enero de 1739. Los principales artículos de este convenio eran que en el termino de seis semanas se reunirian en Madrid los plenipotenciarios para arreglar los derechos respec- tivos de las dos coroLas relativos al comercio y navega- cion de América y Europa, así como á los límites de la Floridayde la Carolina, y á otros puntos que clebian ar- reglarse conforme á los antiguos tratados v que todavía no lo rabian sido; además que los indicad n os plenipo- tenciarios ter1.1-.inarian sus conferencias ea el término de dos meses, y que en el ínterin se suspenderian to- das las obras y reparaciones en las fortificaciones de la Florida y la Carolina. S. M. C. habría de pagar cuatro meses despues del cambio de las ratificaciones al rey de la Gran Bretaña la suma de 90,000 libras esterlinas (9.000,000 reales vellon) , como cosa debida á Ingla- terra, despues de deducir las sumas reclamadas por España,. Esta suma baria de servir para liquidar los créditos que los súbditos de Inglaterra tenían contra el gobierno español; pero esta compénsacion recíproca no tendria nada que ver con las cuentas v desavenencias entre la corte de España y la compañía 4 'del asiento , sin que otro ningun. contrato celebrado entre las dos coro- A 739.-1710.  139 nas ó sus ministros eón los súbditos de la otra ó entre los súbditos respectivos de las dos naciones. Sin embargo, la efervescencia que aumentaba sin cesar de la nacion inglesa y las peticiones indebidas hechas por la oposicion en el parlamento, movieron á, la córte de España á insistir en sus exigencias con igual vigor. Despues de firmado el convenio , el ministro es- pañol suscitó otra disputa exigiendo 68,000 libras es- terlinas (6.800,000 reales) para España como salido de su parte de beneficios en las operaciones de la compa- fifa del mar del Sur, con una declaracion de que su so- berano suspenderla el asiento y retirada la ratificacion del convenio sino se le daban seguridades de que se li- quidarla esta suma en un termino dado. Keene se vió obligado á firmar la negociacion con esta cláusula , y remitió el convenio acompañado con esta peticion á la aprobacion de su gobierno. Estas condiciones eran tan poco conformes á las vi- vas y ambiciosas esperanzas de la 'lacio' ," inglesa , corno las exigencias de Inglaterra eran poco agradables á los ojos de los españoles. En Inglaterra se irritaron los áni- mos hasta el último grado, y en vano el ministro y sus amigos,desplegaron toda su elocuencia á favor del con- venio; en vano alegaron que el derecho de visita re- clamado por España se fundaba en los tratados, y en vano expusieron que la discusion de este punto delicado se habla sometido al fallo de comisarios nombrados para este fin; se recurrió á los artificios mas inconcebibles para que no tuviesen feliz éxito sus pasos y á fin de escitar el resentimiento popular. Las ve j aciones de los emplea- dos españoles, exageradas hasta el Wremo las mas, servían de testo á las declamaciones públicas, y el par- lamento inglés se rebajó hasta el grado de escuchar el relato de un llamado Jenkins, capitan de un buque contrabandista. Este hombre se presentó en la barra de la cámara de los comunes en donde refirió las vejacio- nes ciertas ó falsas que lo habla hecho sufrir un guarda CAPITULO CUARENTA Y TRES. costas español , entre otras cosas la pérdida de sus orejas (112.) Tal era la exaltacion de los ánimos, que se dió la mayor importancia á cuentos de esta naturaleza y la nacion entera, movida por un impulso general, pedía la guerra á gritos, como el medio único de humillar el orgullo español y de vengar el honor británico al mis- mo tiempo que se castigaban tan inauditas crueldades. Una mayoría poco importante aprobó el convenio en las dos camaras, pero al mismo tiempo, se abrió un cré- dito considerable á los ministros para los_ preparativos de guerra, y una escuadra inglesa á las órdenes del al- mirante Haddock, salió para Gibraltar con objeto de apo y ar las negociaciones que debian entablarse -en Madrid. El ministro no tuvo mas remedio que ceder á los clamores públicos; sin embargo, al comunicar al go- bierno español un relato de las medidas adoptadas , tra- tó de calmar su irritacion presentándolas como mera- mente provisionales, y manifestando que no serian ejecu- tadas sino en el último caso. No tuvieron resultado nin- guno estos esfuerzos,_ por que la efervescencia reinaba, de igual modo en ambos paises. La córte de España des- deño de abandonar por medio de la violencia lo que consideraba como un derecho legítimo é incontestable, negándose á ejecutar los artículos del convenio que se le quería imponer con el auxilio del terror, y contestó á la violencia de la nacion  I' in a l)sa y de su parlamento con la misma violencia. La reunion de los plenipotenciarios no se verificó mas que pro fo2 , 544/a, y don Sebastian de la Cuadra, que acababa (le ser creado marqués de Villarias, no solo eludió la ejecucion del convenio, sino qué declaró que consideraba España la permanencia de la escuadra de Haddock en Gibraltar, como una deshonra para ella, y que mientras durase semejante afrenta, no baria conce= mon ninguna, sino muy por el contrario, que trataria á 1739. 1740.  141 los ingleses segun las reglas de la mas estricta justicia,. Felipe', en una audiencia pública que concedió al mi- nistro inglés )(cene, confirmó la declarácion del minis- tro español , quejándose de la permaencia de una es- cuadra inglesa en lás costas de España como de cosa que tenia por un insulto manifiesto. Anunció ademas la intencion que tenia de anular el asiento y de apropiarse los efectos de la compañía del mar del Sur, como in- demnizacion de la suma reclamada de 68,000 libras es- terlinas (6.800,000 reales). Por último, declaró Villa- rías que no se tendria confianza ninguna en las prome- g as de la córte de Inglaterra, y que no se estableceria ninguna negociacion sin. que anteriormente se recono- ciese el derecho de visita. Ya era demasiado tarde para retroceder, y el mi- nistro inglés, se vió, si bien á pesar suyo, obligado á tomar un partido definitivo. Se dieron órdenes á Keene para que reclamase, á nombre del rey, la ejecticion in- mediata del convenio, el reconocimiento de los dere- chos de los ingleses á la Georgia y Carolina,y una re- nuncia terminante al derecho de visita. Estas reciprocas peticiones eran el preludio de una declaracion de guer- ra, á la cual se r prepararon las dos potencias toman- do sus disposiciones con la actividad mayor. (Diciem- bre.) A la declaracion de guerra por parte de España iba unido un manifiesto en que se comparaba la conducta del monarca español á la del rey de la Gran Bretaña, con motivo de las transaciones que habian precedido ó seguido al convenio del Pardo. En este escrito, entraba el rey en esplicaciones relativas á las quejas exagera- das de las vejaciones y barbarie de los oficiales que mandaban los buques guarda costas, refiriendo las tro- pelias que, desde 1716, hablan cometido los capitanes de los buques mercantes ingleses. No solo recordaba el degüello ó suplicio de mas de setenta españoles„ sino que citaba un egemplo de crueldad que, segun todas 4 42  CAPITULO CUARENTA. Y TRES. las apariencias, era cosa parecida y respuesta á la fábu- la de las orejas de Jenkins. «Un capitan inglés, se dice en este documento, de los que infestan nuestras costas ,- no menos criminal por. el tráfico ilícito en que se emplea como por su crueldad, atrajo á bordo de su buque á dos españoles de una ca- tegoría distinguida, y á fin de exigir un rescate los en- cerró sin darles alimento ninguno , pero viendo que no conseguia su objeto con invento tan horrendo de inhu- manidad, cortó á 11110 de ellos las orejas y la nariz,. y poniéndole un puñal al pecho , lo obligó á que se nutrie- se con este alimento» Despues de referir estos egemplos de barbarie que la credulidad de los españoles acogía con tanta ceguedad, como se habia creido en Inglater- ra los cuentos de la crueldad de los españoles, justifica- ba el manifiesto el derecho de visita con la autoridad de los tratados y con la costumbre no interrumpida. En se-; guilla venia una protesta contra el insulto hecho á Es- paña con la perrynencia de una escuadra inglesa en las costas como para patentizar su sutnision á las injustas reclamaciones de Inglaterra, y una wstificacion de la negativa del rey á desembolsar las 68,000 libras ester- linas pedidas, fundándose en que el convenio' habia sido anulado por Inglaterra, y que este pago,, sin espe- ranza de una reconciliacion , solo serviria para aumen- tar los recursos de un enemigo manifiesto. Las órdenes para usar de represalias y la declaracion de guerra, se presentaban como medidas que habia hecho necesarias el egemplo del gobierno inglés (113.) Se limitó Inglaterra á contestar al manifiesto espa- ñol con una mera declaracion de guerra, fundada prin- cipalmente en el derecho que quería España apropiarse injustamente de visitar todos los buques  g que nave aban en los mares de América, en las vejaciones cometidas por los guarda costas que faltaban a ' los tratados exis– tentes, en la demora del gobierno español á pagar la indemnizacion es t ipulada, en las presas ilegales de 4739. 4740.  143 y en la espulsion de súbditos in— mercaderías inglesas ( r ieses del territorio español. Por vez pritnera, desde el tratado de Utreci,:t, el monarca español y su pueblo se hallaban animados del mismo espíritu; porque hasta entonces las guerras ha-- Man sido provocadas por las pasiones del rey,y por los planes particulares de la reina, en provecho del en- grandecimiento de su familia, pero en esta ocasion, se consideraba la guerra com e , lina lucha en la que se tra- taba de los verdaderos in l ereses nacionales, del honor del rey y del Estado, de la conservaeion del comercio y de la defensa de importantes derechos (144.) Contando Felipe con las buenas disposiciones de su pueblo, tomó medidas severas para buscar el dinero que necesitaba á fin de atender á los gastos de la guer- ra, suspendiendo por un año todas las pensiones así como todo pago del gobierno, y disminuyendo los inte— reses de la deuda pública. Suprimió primió ademas por dos años todos los sueldos dobles por recompensas dadas á los empleados, sin mas escepcion que la de las viudas y militares, y otras de menor cuantia. Este solo decreto debla dar al tesoro 3.000,000 de duros al año, y no contento con esto mandó tambien que se redujesen los sueldos de los militares y marinos, introduciendo gran- des reformas en los gastos de palacio. Verificadas estas economías adoptó otros proyectos con objeto de au- mentar los ingresos del tesoro, y especialmente un plan para que se apoderase el erario de los fondos deposi- s  todos en los monasterios por particulares, con un inte- rés peqiieño, medida que jamas Babia tomado sin per- miso emanado de la autoridad eclesiástica, y en casos de urgente necesidad (415.) Se calculó que todas estas medidas debian producir poco mas ó manos 400.000,000 de reales al año. Por fortuna tambien, en aquellos momentos de apuros, y cuando se hacían tan estraordinarios esfuerzos, llegó de América la flota con riquezas considerables, des- 1 44  :CAPITULO CUARENTA Y TRES. pues de burlar la vigilancia de los cruceros ingle- ses (4 4 6.) Ademas de estas medidas de precaucion y defensa, adoptó España una guerra de hostilidades que perjudi-  111 có á Inglaterra en lo mas sensible molestando su co- mercio - interior. Una infinidad de buques armados en corso salió de todos los puertos de las costas españolas, mandados por capitanes del vais y tripulados con ma- rinería francesa, los cuales apresaron á la entrada del canal un número crecido de buques mercantes que se dirigian al Mediterráneo. Tres meses despues de la pu- blicacion de las represalias ya habian entrado en el puerto de San Sebastian diez y ocho presas inglesas, y antes de que se concluyese el primer año una lista remi- tida desde Madrid y publicada en Holanda, especificaba cuarenta y siete presas, cuyo valor se calculaba en 235,000 libras esterlinas (23.400,000 reales vellos) ; á la cual se agregaban que iban á zarpar de los puertos otros cuarenta y cuatro corsarios y se estaban arman- do muchos mas. A. fines del año siguiente , el número de presas ascendía á, mas de cuatrocientos buques, va- luados en 100.000,000 de reales. Al mismo tiempo se esparcian listas exageradas de los buques de guerra que tenia España en Europa v América, ó que iban á dar ála vela, en las que se de tj cia contaba la nacione spa- fiola, con veinte y cuatro navíos de línea, sin contar las fragatas y buques menores, con novecientos ochenta cañones y doce mil setecientos setenta y cinco hombres de tripulacion (4 47). Estas vejaciones ilimitadas llevaron á su colmo el descontento de los ingleses y aumentaron la aversioa general manifestada contra el ministro , cuya repug- nancia á empeñarse en una guerra se tenia por prueba suficiente de un plan concertado para sacrificar los in- tereses y el poderío de la Gran Bretaña. Los ataques principales de Inglaterra se dirigian contra las posesiones que tenia España en el Nuevo 4739.-1740 .  445 Mundo; pero aun cuando las colonias se hallaban casi indefensas, y los preparativos de estas espediciones de guerra eran considerables, poco mal resultó á América « de todo esto, y el resultado se limitó á algunas hazañas brillantes sin ventaja ninguna positiva, y á las que su- cedieron grandes desastres. Dió la primera señal de alarma la salida de una escuadra á las órdenes del almirante Vernon , com- puesta de nueve navíos de guerra, sin contar otros bu- ques menores; que llevaban á bordo un cuerpo de tro- pas de desembarco. Al llegar á Antiguoa , destacó una parte de la escuadra para atacar á varios buques carga- dos de azogues y otros ricos efectos que se hallaban en la Guaira , puerto principal de Caracas; pero corno la plaza estaba bien defendida para quepudiesen tomarla las fuerzas tan escasas, los buques ingleses despues de algunas pérdidas sufridas por ambas partes, renunciaron á realizar su empresa. El 5 de noviembre se dirigió el almirante á Porto- velo . , .objeto principal de la espedicion, con seis'navíos de línea. Desembarcaron las tropas que atacaron la plaza por tierra y mar con el arrojo acostumbrado de las tropas inglesas. Dos fuertes que dominaban la ba- hía fueron tomados al punto y la ciudad pidió capitu- lacion (22 de noviembre) ; el resultado de este negocio no correspondió . empero á la esperanza que de antema- as  no se habia concebido, Los efectos de mas valor esta- ban -va ocultos, ó se habian alejado, y los vencedores no hallaron enel puerto mas que tres buques pequeños, una cantidad de 3,000 duros destinada al pago de las tropas, y algunas municiones de guerra ; por lo que despues dedestruir las fortificaciones abandonaron pre- uo  la ciudad; pero durante la guerra los bu- ques ingleses anclaron de cuando en cuando ea aquel puerto seguro con objeto de rehacerse de sus averías. Esta conquista fue muy honrosa para los ingleses; pero no merecía por cierto el júbilo universal que cau.- 1 1 ,  T. in. 66 1040 Biblioteca popular. 446  CAPITULO CUARENTA Y TRES. só en Inglaterra, en donde se celebró como precursora de otras hazañas mas importantes que debían recordar los tiempos antiguos y realizar las magníficas ilusiones de los proyectosdel mar del Sur. La toma de Portovelo en vez de abatir el ánimo de los españoles, lo llenó por el contrario de justa indigna naciou. El gobernador fué juzgado en consejo de guer- ra por haber entregado la plaza á fuerzas tan inferio- res, y el grito de venganza contra los ingleses , se es- parció por todas partes. Se espidió al punto un real decreto , en el que se mandaba á todos los súbditos de Inglaterra que abandonasen el suelo de España, y otro decreto impon g a la pena capital á cuantos importasen mercaderías y productos de Inglaterra, ó que vendie- sen á los ingleses frutos de España ó de sus colonias. El gobierno español harto sabia que las Indias Occiden- tales eran el objeto codiciado por la avaricia inglesa que las consideraba corno la parte mas fácil de atacar del reino, sabiendo además que se hacían en los puer- tos de Inglaterra armamentos considerables con este objeto. En vista de esto envió una escuadra bastante fuerte á las órdenes de Pizarro que se jactaba de ser descendiente del conquistador del Perú. Reforzáronse las guarniciones y espidiéronse órdenes terminantes para fortificar los puntos principales y fortalezas, espe- cialmente Cartagena que se proponían los ingleses ata- car muy en breve (118). o --WIlk141% CAPITULO XLIV. 11410-1142. Muerte de Cárlos VI.—Advenimiento de María Teresa.—Pretendientes la stIeesion austriaca.---Planes hostiles de Francia.—Invasion de la Si- lesia por el rey de Prusia __Espedieiones de los españoles á Italia.— Ministerio de corta duracion de Campillo.—Cuerra en la América es- pañola.—Los ingleses fracasan en sus ataques contra Cartagena y la isla de Cuba. — Espedicion del comodoro Auson. En tanto que pasaban estos sucesos en el Nuevo Mundo, y que España é Inglaterra se ocupaban en sus preparativos de guerra , la muerte del emperador Cárlos VI escitaba una conmocion general en Europa y ofrecia á los ojos de Felipe y su muger la perspectiva de la elevacion que halagaba su arnbicion hacia tanto tiempo. El príncipe Eugenio tenia razon en hacer notar al emperador antes de su muerte, cuando pasaba por to- das las consideraciones y sacrificaba grandes intereses para conseguir la garantía de la pragmática sancion, que un ejército de doscientos mil hombres y un buen tesoro eran cosa de mas importancia para conseguir este fin que todos los compromisos escritos. Desgracia- damente para su pais y para la cristiandad, no siguió el emperador tan buen consejo , y á su muerte dejó, es cierto, tratados firmados con todas las potencias de Eu— ropa; pero al mismo tiempo un ejército enflaquecido á causa de las campañas desgraciadas contra los turcos • 148  CAPITITV? 9311ENTA Y CUATRO. y un tesoro exhausto. Su heredera, María Teresa, era una princesa de edad de veinte y tres años, sin espe- riencia, rodeada de ministros demasiado apegados á la r ru tina de sus empleos, destituidos completamente de u valor, de resolucion y de la capacidad necesaria en ocasion tan delicada y espuesta (149). Felipe, á imitacion de las denlas potencias, habia concedido una garantía solemne de la sucesion aus- triaca ; pero sus escrúpulos de conciencia no tuvieron mas fuerza en esta ocasion que 'al renunciar á la corona de Francia, y en las lemas circunstancias en que su ambicion particular ó los intereses particulares de su reino se vejan comprometidos. Por lo tanto, fué uno de los pretensores á la sucesion austriaca , y además .de una protesta que hizo en Viena, a,nombré sayo, su-em- bajador el conde de Montij.o , presentó ,á la dieta ger- mánica una esposicion muy bien trabajada en , que ma- nifestaba sus derechos á los estados de Austria, como descendiente de Carlos V, y en virtud de los'convenios de familia celebrados entre este emperador y su herma- no Fernando, en los que se estipulaba que los territorios alemanes eran reversibles á la rama . primogénita , en caso de estincion- de la descendencia masculina. No limitaba á esto sus pretensiones, sino que alegaba dere- chos á la Hungría y á la Bohemia, como descendiente de varias princesas austriacas, que se habian casado con los reyes de España, sus antecesores (120). No era Felipe bastante fuerte para poderse prometer qué fuesen acogidas pretensiones tan vastas; pero las espresaba para distraer y ocupara los demas . príncipes, sobre todo para asegurar las posesiones austriacas en Italia, con objeto de b erio'ir otro nuevo reino en Lombardía á favor de su hijo don Felipe. La debilidad del poder de María Teresa alentó la idea de tentar empresas que hubieran sido imposibles en un estado de firmeza y fuerza; y todos los soberanos que teman ó creian tener derechos á, la inmensa sucesion f740--4742.  449 de la casa de Austria , los proclamaron '  d* O se ispusie- ron-á invocarlos. El elector de Baviera, que era el único príncipeque no habia garantizado la pragmática sancion , fué el primero que declaró su intencion de protestar contra el gobierno de baria Teresa. Apoyábanlo secretamente Francia y España, quienes en tanto que escitaban á los estados de segundo órde'n á provocar un rompimiento, lo preparaban todo para un ataque con objeto de des- ' Unir completamente la casa de Austria , rival suya. Otros príncipes siguieron este egemplo por considera- ciones mas ó menos fundadas, principalmente el clec- , -tol e r palatino y el rey de Polonia. l i eniaprisa Felipe de empezar las hostilidades, queriendo encender la guerra en , Italia , en donde se jactaba de que alcanzaria triunfos no menos rápidos que felices. La reina de Hun g ría molestada con la irupcion re- pentina del rey de Prusia en Silesia , Le habia visto obligada á retirar una gran parte de sus tropas del Milanesado , para defender sus estados hereditarios. Creyó, pues, Felipe que debia unirse á Francia para formar una coalicion con el rey de Prusia, y los electo- tores de Baviera y Sajonia , sin desistir de la guerra de Alemania. Entró tam bien en tratos con el rey de Cerde- ña cuyo apoyo necesitaba absolutamente para luchar Con éxito en Italia, ocultando muy diestramente los proyectos verdaderos que habia formado con respecto al Milanesado; y por medio de promesas y falsas espe- ranzas, comprometió á Carlos Manuel para que accedie- se á la liga con los príncipes alemanes (48 de mayo de 4741). En tanto que Francia enviaba sus ejércitos á Alema- nia, y que de acuerdo con Prusia y España, disponia de la corona imperial á favor del elector de Baviera , eje- cutaba Felipe el plan trazado por Móntemar para esta- blecerse en Italia. Con este objeto ocupaban ya las 150  CAPITULO CUARENTA Y CUATRO. tropas napolitanas las fortalezas situadas en la costa de Toscana. Se reunió un ejército considerable en los puer- tos del Este de España, para . poder desembarcar como. antiguamente en el pais de Génova y encender la guer- ra en Toscana y Lombardía. La presencia de una escuadra inglesa en el Medi- terráneo !labia impedido salir á esta , espedicion hasta fines de 1741. Por esta época ya se hallaba Francia en. estado de tomar una parte activa y vigorosa en la guer- ra. Al mismo tiempo que quería evitar el obrar ofensiva- mente contra Inglaterra, reunió una escuadra en Tolon para proteger el paso de las tropas españolas á Italia. Estando ya terminados todos los preparativos, la escua- dra española compuesta, de trece navíos aparejó y saliendo del puerto de Cádiz, pasó el estrecho mientras se ocupaba el almirante inglés en hacer víveres en Gibraltar. Costeó las provincias orientales para unirse con la escuadra de Tolon, y el almirante inglés le dió caza y consiguió descubrirla enteramente en los momentos en . que se veia en el horizonte la escuadra francesa. Maniobró á fin de empeñar la lucha con los españoles; pero como el almirante francés se interpusiese entre él y el ene- migo, izó la bandera que indicaba suspension de ar- mas, anunciando que tarnbien debía cooperar á la es- pedicion con los españoles , y declarando que si estos eran atacados, tenia órden de defenderlos. Haddock no se hallaba con fuerzas para luchar con tan poderosos enemigos; por lo cual se retiróá Mahon y las dos escua- dras condujeron tranquilamente á las costas de Génova la espedicion de quince mil hombres que se hablan reunido en Barcelona (octubre) Por aquella época ocurrió en Madrid un cambio en el ministerio. Villanas no servia mas que para la parte material de su empleo, y los grandes planes en que se pensaba llevaron á la escena política un actor mas hábil , el cual apenas era conocido de nombre en las paises e strangeros. Era este personage don José de 1740.-4742.  151 Campillo que se elevó por su solo mérito y destreza á los empleos mas importantes del Estado, y siguió las huellas de Patiño, en cuya escuela se habia formado. Nació Campillo en 1693 en Alles, aldea del valle de Peñamellera en. Asturias , y se dedicó desde niño á la carrera eclesiástica. Desde luego reparó en él don Francisco de Ocio, intendente de Sevilla, que lo tomó para secretario, :y mas tarde Patiño siendo intendente de marina , le concedió su proteccion , colocándole en clase de pagador de marina en Cádiz. En 1717 le tocó acompañar la espedicion que salió para Cerdeña , y al siguiente año obtuvo un. ascenso , y como desplegase conocimientos poco comunes durante la guerra marítima en el Mediterráneo , al regresar á Cádiz fué nombrado comisario de marina. Desde entonces, siempre gozó del favor del gobier- no que lo consultaba sin cesar. En 1719, formó parte de una espedicion destinada á los mares de América, y tuvo la dicha de salvar la tripulacion del navío San Luis, que habia arrojado la tempestad á las costas de Campeche. A. su regreso, obtuvo otros empleos de que no se sabe ni la fecha ni las circunstancias. Fué de- nunciado á la Inquisicion , pero fué absuelto y se le confirió el hábito de Santiago (1,21) . Cuando se verifi- có la espedicion contra Nápoles, fué nombrado comisa- rio general del ejército , y se distinguió durante la guerra que puso esta corona en las sienes del infante don Cárlos. Como su capacidad fuese conocida y estimada en Es- paña, lo llamó á la córte Felipe V para encargarlo de la haciendapública en Aragon. No fué este destino mas momea preludio de otros mas importantes. En aquellos momentos críticos cuando fluctuaba toda Europa entre el temor y la esperanza á causa de la disputa relativa á la sucesion austriaca, se le confió el gobierno del es- tado y la direccion de los departamentos de Marina, Ha- cienda y Guerra. Probablemente fué entonces cuando se 452  CAPITULO CUARENTA Y CUATRO. recompensaron sus servicios con la encomienda de Oli- va. Desplegó tanta actividad como capacidad en la di- reccion de la marina y hacienda, ocupándose de refor- mar muchos abusos en la administracion ; pero fue su poder de corta duracion; pues murió de repente en Ma- drid en abril de 1713 (J22). Escribió varios tratados relativos á puntos de econo- mía politica. lié aquí el título de algunos: El despertar de Espaiia.—Lo que falta y lo que sobra en España.— Nuevo sistema de j administracion para las colonias de Amé- rica (1/3). Otro discípulo de Pabilo, don Cenon de So- modevilla, conocido mas tarde con el nombre célebre de marqués de la Ensenada, lo reemplazó en sus funciones. Suspendamos aquí nuestra narracion acerca de las transacciones europeas, y fijemos nuestras miradas en el Nuevo Mundo, por el riesgo en que se veian las colo- nias españolas. Los ingleses hablan equipado una es- cuadra formidable que, segun decian, iba destinada á las costas septentrionales de España. Los vientos con- trarios fueron un obstáculo para la espedicion ; por lo que se cambió de plan, y dos meses despues una es- cuadra de veinte y un navío de línea á las órdenes de Chaloner Ogle, escoltando un cuerpo de nueve mil hom- bres, dió la vela para las Indias Occidentales. Al incor- porarse á la escuadra de Jamaica, tomó Vernon el man- do marítimo y el general Wentworth el del ejército de tierra, vacante por muerte de lord Cathcart. Se esparció el rumor de que esta formidable espedicion se dirigia contra las islas y regiones situadas en el golfo de Méji- co. En el ínterin, el comodoro Anson salió con una es- cuadrilla compuesta de tres navíos para cruzar en las costas del Perú y Chile, y abrir apoderándose de Pana- má, una comunicacion por el ismo que une los continen- tes del Norte y del Mediodia de América. Pensábase con razon que cuando perdieseEspañalacomunicacion entre los dos mundos, y el gran socorro de los tesoros de Amé- rica , seria fácil reducirla á sentimientos mas pacíficos. 4'740.-4742.  453 Felizmente para España el retraso causado por el clima y las estaciones, no menos que los obstáculos po- líticos y naturales que acompañan siempre las opera- ciones de una escuadra inglesa en regiones apartadas, prolongaron los preparativos de la que debia obrar; por otra parte se encontraba en la estacion de las lluvias. La presencia de dos escuadras francesas en las Indias Oc- cidentales contribuyó asimismo á llamar la ateneion de las fuerzas británicas, y solo á su regreso á Europa, las comandantes ingleses se aventuraron á, salir al mar con su espedicion. La escuadra despues de una penosa tra- vesía á causa de los contrarios vientos, hallándose á la altura de Haiti, hizo rumbo hacia Cartagena. Las dilaciones que habitan acompañado todas las operaciones de esta grande espedicion, dieron tiempo á los españoles para acabar sus preparativos de defensa. La plaza estaba defendida por don Sebastian de Eslaba, virey de la Nueva Granada , oficial no menos valiente que inteligente, que ardia en deseo de acreditar en de- fensa de su patria las virtudes guerreras que habia ad- * mirado y aprendido con la lectura contínua de las his- torias griega y romana (1,24). Comunicó su arrojo á la uarnicion, , é impidió con botavantes el que se acercasen upes al , puerto, echando á, pique varios buques. An- tes de que se acercase á la costa la espedicion inglesa, en el Semicírculo eri que se halla situada Cartagena, fue fortificada con muchas obras en las posiciones mas fa- vorables , coronadas con mas de doscientas piezas de ruesa artillería, y además de los obstáculos naturales, abtanse estacionado tres navíos de linea corno baterías flotantes en la parte mas estrecha por donde habia que pasar. Con tales medios de defensa se hubiera podido re- sistir á u' ejército de cuarenta mil hombres; pero los in- gleses no escuchando mas , que su arrojo , empezaron el ataque á pesar de la inferioridad de su número. Una di- vision de la escuadra arrojó á los españoles de los puer- 154  CAPITULO CUARENTA Y CUATRO. tos avanzados Chamba , San Felipe y Santiago, que fueron al punto ocupados; desembarcó al momento al– u una tropa, con municiones y artillería. En seguida ata– c h aron los sitiadores el castillo de Bocachica , ó la parte mas estrecha del paso, defendido por ochenta piezas de artillería de buen calibre. En tanto que lo atacaban vi- gorosamente por tierra, el almirante Lestock , con una divísion de la escuadra, empezó á hacer un fuego terri– ble por el lado del mar (22 de marzo de /741 .)hHabien- do conseguido practicar una brecha, desembarcó un des- tacamento de marinos, el cual sostenido por las tropas, tomó el fuerte y las obras que dependian de él; en vista de este triunfo, la Galicia que era el nombre de unade las baterías flotantes cayó en poder del enemigo, y los espa- ñoles quemaron ellos mismos ó destruyeron las otras dos. Los fuegos de las numerosas baterías que defen- dían cada lado del paso, fueron apagados uno tras otro. La escuadra entró en el puerto, y halló el castillo Gran- de y otras obras considerables casi abandonadas. Al desembarcar las tropas , fueron situándose á una legua de la ciudad, tratándose ya tan solo de tomar el fuerte de San Lázaro, el cual situado en una eminencia que* dominaba la plaza, prometia una pronta rendicion. Envanecido con este triunfo , envió el almirante in- glés pliegos á Inglaterra para anunciar lleno de confian- za , que pronto seria dueño de la plaza. A. tal punto le halagaba la esperanza de ver realizados sus proyectos, que se acuñó una medalla representando á Cartagena, por un lado y por el otro el busto del almirante Vernon, con inscripciones lisongeras para el vengador del honor nacional; pero mientras tanto que la nacion inglesa con- taba harto ligeramente con un triunfo incierto gozándo- se en la idea de esta conquista; en tanto los españoles temblaban por la seguridad de una plaza de que depen- dia casi la suerte de su imperio en América, lá firmeza de la guarnicion , la falta de union é inteligencia por parte de los sitiadores, así como la mortandad causada 4740.-1742.  455 por las enfermedades á causa del influjo de un clima mor- tífero, hicieron fracasar una empresa que tenia inquieta bien puede decirse, a toda Europa. Las tropas inglesas y las que hablan llegado de la América del Norte , desembarcaron y se pusieron en marcha hacia la ciudad. Viendo el general inglés que se acercaba el cambio,de estacion, se decidió á intentar el asalto del fuerte de San. Lázaro. Mil y doscientos hom- bres escogidos para esta empresa arriesgada , subieron á la cumbre en que está situado el fuerte (19 de abril), con un arrojo que no puede esplicarse de otro modo que suponiendo upa completa ignorancia del peligro. Pero al acercarse á las obras, se notó que á causa de una im- prevision inconcebible, eran las escalas demasiado cor- tas, y que las faginas y materiales destinados á ocultar ó á facilitar la aproximacion. , habian quedado atrás. En situacion tan enojosa, los valerosos sitiadores aguanta- ron el fuego del fuerte durante mucho ti e mpo, sin que- rerse retirar hasta que había ya sucumbido la mitad de su número, siendo víctimas inútiles aquellos valientes de un arrojo mal dirigido. A] retirarse se vieron hosti- gados y aniquilados por una salida vigorosa de la plaza. Este re y es aumentó el desacuerdo entre el almiran- te y el general , y los destrozos que hizo el clima, au- mentaron el desconsuelo universal. En el corto perio- do de dos dias, la fuerza efectiva de seis mil hombres quedó reducida á la mitad, sin que esta tuviese mas re- curso para evitar el que la destruyera la guarnieion que el abandonar su empresa. Destruyeron los ingle- ses las fortificaciones de que se habían apoderado, vol- vieron á embarcar el resto de las tropas y se dirigieron á Jamaica (425). En tanto que los establecimientos del Occéano At- lántico se velan de este modo atacados inútilmente, la costa del Perú fué víctima de las mismas angustias. La escuadra del almirante Pizarro padeció mucho en una tentativa que hizo para doblar el Cabo de Hornos, sin 456  CAPITULO CUARENTA Y CUATRO. poder á tiempo evitar las empresas y destruir los pla.' nes del almirante Auson. Aun cuando el comandante inglés no padeciese menos á causa de las mismas tem- pestades, alcanzó llegar al Océano Pacífico, llenó de terror y consternacion á los habitantes de las costas pa- cíficas del Perú y Chile, y despues de saquear la rica ciudad de Paita (126). terminó sus ' hazañas apoderán- dose á, su regreso de la nao de Acapulco, nuestra Se- ñora de Covadonga, la mas rica de cuantas presas kan entrado en los puertos británicos, y á decir la verdad, la única pérdida importante que sufrió por entonces Es- paña. Como tuviese mal resultado igualmente un ataque contra la isla de Cuba, vió España asegurada su domi- nacion y poderío en América contra las armas inglesas, que no hablan tenido mas que desastres. Los gefes in- gleses con tres mil hombres, único resto de las tropas desanimadas .y extenuadas que hablan sido rechazadas de Cartagena, con el auxilio de un cuerpo de mil negros de Jamaica, concibieron el plan, temerario y estraño de someter una isla tan extensa, tan fuerte por sí misma, y que habla hecho el arte inespugnable. Sin embargo, tuvieron el tino de no atacar la Habana, sino desembar- caron en el puerto de Guantanamo, y se encaminaron á Santiago de Cuba, ciudad principal que domina el pa- so del Este , en donde se guarecian infinitos corsa- rios (18 de julio). Entraron en el puerto que llamaron Cumberland, en memoria del duque de este nombre; pero no tardaron en notar que carecian de fuerzas bas- tante considerables para lograr su intento. Se convocó un consejo de guerra , y Vernon, cediendo, si bien á pesar suyo, á la decision de los oficiales, regresó otra vez á Jamaica, con una pérdida de mil v ochocientos hombres, y una gran cantidad de provisiones y muni- ciones de guerra, á consecuencia de los ataques aisla- dos de los españoles. Este segundo revés causó un des-- contento igual entre las tropas de mar que de tierra, y 4740.-17i2.  457 acabó de realizar el desacuerdo entre los geles. El ejército y la escuadra, si merecian este nombre, que- daron casi completamente destruidos. Un escritor con- temporáneo ha hecho un cálculo , del que resulta que veintenil hombres por lo menos fueron locamente sa- crificados en empresas tan temerarias como desgracia- das (127). Otras tentativas menos importantes hechas por los ingleses en las costas del Nuevo Mundo , fracasaron igualmente por las divisiones suscitadas entre los ge- fes, á causa de la intemperie del clima, y por las pre- cauciones de los gobiernos españoles que de cada suce- so próspero sacaban nuevos recursos, y á quienes alen- taba el éxito (428). 'No tardaron mucho en limitarse to- dos sus esfuerzos á reuniones y asambleas , reducién- dose todo á discusiones. Los reveses que los acometie- ron, contribuyeron mucho á disminuir el terror que las hazañas é intrepidez , de los flibustieres habian hecho proverbial en el Nuevo Mundo, cuando por último, to- maron los franceses parte en la lucha, el poder de los ingleses se puso en duda por todos. Las escuadras com- binadas dominaban , con frecuencia, en los mares de América, y si se esceptúan algunas presas hechas de tiempo en tiempo, los tesoros del Nuevo Mundo, que alimentaban la guerra en Europa, llegaban con regu- laridad á las costas de España (129). CAPITULO XLV. 1111.-111441. Espediciones españolas en Italia.---Operaciones militares , durante las campañas de 1741 y 1742.—E1 general español Montemar es rechazado y se ve obligado á retirarse á Nápoles.—E1 rey de Nápoles precisado á aceptar la neutralidad.—Funestas consecuencias de la retirada de sus tropas.— Campaña de 4743.—Reemplaza Gages á Montemar._Batalla de Campo Santo.—Nuevas é inútiles tentativas para ganar alrey de Cerde- ña.--- Tratados de Worms y Fontainebleau.—Casamiento del Delfin con la infanta María Teresa....-Acontecimientos de 1744.— Espedicion mal- hadada contra Inglaterra.—Combate naval en el Mediterráneo.—Divi- sienes entre las escuadras española y francesa.—Espedicion desgracia- da de don Felipe y del príncipe de Conti, al cruzar los Alpes.—Opera- ciones en la Italia meridional.—E1 rey de Nápoles viola la neutralidad. =los austriacos sorprenden á los españoles en Velletri. En cuanto desembarcaron en Italia las tropas espa- ñolas, no se tomó ya Felipe , por mas tiempo , la mo- lestia de disfrazar sus planes y proyectos de conquis- tar toda la monarquía austriaca, y todo al principio pa- recia combinado para darle un triunfo seguro. No solo contaba con la cooperacion de la Cerdeña , sino que se prometia el verse sostenido por un ejército francés, que bajaria á, Italia , á las órdenes del infante don Felipe, y ademas tenia asustado al papa, ó mas bien, lo habla persuadido que concediese permiso para el paso de quince mil napolitanos . por los estados de la Iglesia. La intervencion de Francia le prometia la neutralidad de Toscana, y por lo que respecta al duque delllódena, en- tregóprovisionalmeate sus plazas importantes ea virtud 1741.-1744.  459 de un tratado al cual debla seguir un enlace con la princesa de Francia. Finalmente , los genoveses, va fuese por temor, ya por interés, se mostraron muy d i s- puestos á conceder el paso de las tropas españolas por el territorio de la república. Estos diferentes medios le daban la facilidad de reunir y tener en pié un ejér- cito poderoso en el corazon de Italia, en tanto que los austriacos, privados de toda cooperacion , se hallaban apenas en número suficiente para dar las guarniciones necesarias. El duque de Montemar, que mandaba la es- pedicion reunida en les puertos del Este de España, de- sembarcó con la primera division en Orbitello, el 3 de diciembre de 1741, y se puso al punto' en marcha para los Estados eclesiásticos á fin de incorporarse con los napolitanos. Al mismo tiempo continuaban desembar- cando tropas frescas en las costas de Génova (febrero de 1742), pero en esta ocasion importante, la defeceion del rey de Cerdeña desconcertó los proyectos formi- dables de la córte de Madrid. Este príncipe astuto ha- bia negociado á un tiempo con las dos partes conten- dientes, y si bien habia ajustado un tratado con la casa de Borbon, apenas se convenció de los planes que te- nia España formados en lo del Milanesaclo , se apro- vechó de la mediacion de Inglaterra para hacer un ar- reglo con la córte de Viena, único medio de sostener sus intereses personales, y evitar el establecimiento de una potencia rival en Lombardía. Consiguió un subsi- dio de Inglaterra y ajustó un tratado provisional con María Teresa, en el que sin abandonar sus propias exi- gencias al Milanesado, consintió en unirse con ella para evitar toda invasion en Italia. En el mismo espíritu que habia dictado este tratado, insertó una cláusula que reservaba á cada parte contratante la libertad de se- pararse de la alianza, notificando este acto un mes an- tes. Al mismo tiempo , continuaba engañando con as- tucia á las córtes de Francia y España, á fin de ganar tiempo para fortificar sus plazas y prepararse á la guer- 160  CAPITULO CUARENTA Y crivro. ra, y en cuanto se tomaron todas estas medidas, dejó alas primeros aliados estupefactos, publicando (marzo) su alianza definitiva con Austria y sus pretensiones al Milanesado. Entonces puso en movimiento sus tropas hacia Modena y Plasencia, para impedir que avanzasen los españoles y se reuniesen á sus nuevos aliados. Por la misma época, tomaron los negocios un sesgo favo- rable en Alemania, y la reina de Hungría pudo enviar refuerzos á Italia. El general Traun destacó un cuerpo considerable al Sur del Pó, y consiguió ocupar antes de la llegada de los españoles , una parte del estado de Módena. El general español no podía sostenerse en Italia de otro modo que probando el dar un golpe decisivo. En consecuencia de esto se incorporó á los napolitanos (29 de mayo); y dirigiéndose al Pó todas sus columnas, se reunieron en las cercanías de Bolonia en número de cuarenta mil hombres. Al punto ocupó á Módena y Mi- randola, y como no quisiese el' duque esponerse á un combate, abandonó su territorió y se retiró á, Venecia (22 de julio). El general español tenia órdenes termi- nantes para arriesgarse á dar la batalla; pero no era ni siquiera bastante fuerte para permanecer á la defensi- va. Despues de ser testigo de la reduccion de Módena y Mirandola, se retiró á las fronteras de Nápoles, y los austros-sardos lo siguieron hasta Rimini. En los momentos mismos en que Montemar se veda obligado á abandonar la Lombardía con pérdida de ca- si la mitad de su ejército, una diNi-ision de la escuadra inglesa se presentó repentinamenten delante de 'Nápo– les, pidiendo que se declarase neutra, y amenazando en caso contrario que bombardearia la ciudad. Los mi- nistros recibieron al capitan inglés que hizo la intima- cion, y trataron de eludir esta exigencia imperiosa por medio de una negociacion. Pero el oficial les dijo po- niendo su reloj encima de la mesa que necesitaba una respuesta dentro de una hora (20 de agosto). Toda re- tia re 1744. 4741.  464 flesion es supérflua con este modo rápido y espeditivo de tratar, y para salvar á la capital de la destruccion. que le amenazaba, tomó el rey la resolucion de ceder dando promesa solemne por escrito de observar la neutralidad mas estricta. Esta negociacion estraordi- naria forma un contraste bastante singular con los con- gresos y discusiones que duran tantos años tratando de asuntos de escasa importancia. Veinte y cuatro horas tan solo pasaron desde la llegada de la escuadra á la vista del puerto hasta su salida (130). La retirada de las tropas napolitanas fué un golpe funesto para la córte de España y desconcertó todos sus bellos proyectos de conquista. Montemar, á quien se echó en cara el mal éxito de la campaña y á quien se presentaba como incapaz para continuar sirviendo, fué separado, y el conde de Gages, general mas jóven yac- tivo que gozaba de la proteccion de los soberanos, lo reemplazó (434). Montemar se disculpó mas tarde, alegando que si- no atacó al enemigo, á pesar de las órdenes repetidas del gobierno, fué porque el consejo de guerra, convo- cado con este motivo, no lo creyó oportuno por consi- deraciones poderosas; pero la consideracion de la infe- rioridad numérica del ejército español no hubiera tal vez sido bastante para justificar la deliberacion del con- ejo, ni disculpar al general en gefe por no haberse conformado á las intenciones de la córte de Madrid; porque cinco ó seis mil hombres mas en el ejército austro-sardo no podían amedrentar á, un general activo y arrojado. Lo que parece cierto es que la desercion era considerable en los ejércitos españoles y napolita- nos porque se quejaba Montemar de esto con estrenada amargura. Ademas el espíritu público de los habitan- tes del pais no era de modo alguno favorable á la casa de Borbon, circunstancias una y otra muy esenciales y que justifican la prudencia y circunspeccion del duque de Montemar. 1041 Biblioteca popular.  T. III. 67 462  CAPITULO CUARENTA Y CINCO. Otra consideracion que ciertamente no era la me- nos poderosa, ocupaba sin cesar el pensamiento del general en gefe, la cual mas tarde lo decidió á diri- girse á Rimini, lo cual era la necesidad de conservar á don Carlos el reino de Nápoles. Los ingleses amena- zaban á la capital con una escuadra á bordo de la cual iban cuatro mil soldados, y los austriacos, por su parte despues de firmar la paz con Rusia, reunian en Tries- te y Siena un cuerpo de ejército de diez mil hombres. Una batalia perdida en estas circunstancias hubiera in- faliblemente escitado el descontento de los partidarios secretos de la casa de Austria, en cu y o caso era inevi– table la pérdida de la corona de v Nápoles. Conoció Monternar la necesidad que habia de cubrir el pais con- tra la invasion del enemigo, que es lo que precisamen- te hizo con la mayor cordura. Desde Boudino, en donde tenian su cuartel general, emprendió su marcha á Ri- rnini, á donde los austriacos se dirigian á un mismo tiempo en una direccion paralela. El general español ganó en velocidad á sus enemigos , y ocupó esta este- lente posicion desde la que, podía socorrer á Nápoles, si era atacado este reino, ó incorporarse al ejército del infante don Felipe, si alcanzaba penetrar en Italia por las costas de Génova, -Único punto . que Montemar creía conveniente para efectuar la reunion de los ejércitos, así como lo habia propuesto diferentes veces, desde el principio de la ' • guerra. Con esta intencion, se encami- no á Foligno, y allí fué donde supo la promesa arran- cada al rey de Nápoles de retirar sus tropas. Poco des pues recibió de Madrid órdenes de entregar el mando del ejército al conde de Gages que era el teniente ge- neral mas antiguo del ejército, habiéndose mandado á Castelar, que era el segundo gefe que saliese al punto para España (02). Pero este cambio no tuvo grandes resultados du- rante la campaña. En efecto, el general conde de Ga- ges, despues de un movimiento sobre Módena, con el [Document text truncated for crawler view.]