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De la certidumbre en los juicios criminales o Tratado de la prueba en derecho penal

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De la certidumbre en los juicios criminales o Tratado de la prueba en derecho penal

Author: Ellero, Pietro
Publisher: Madrid : Hijos de Reus, 1913
Year: 1913
Source: https://idus.us.es/bitstreams/d018af6b-497d-4dd5-86f4-3954e719b7b0/download
• lb
P o eso en la Uni e sidad de O iedo.
(Te ce a edición espailoia.)
DE LA CERTIDUMBRE
EN LOS
JUICIOS CRIMINALES
o
TRATADO DE LA PRUEBA EN MATERIA PENAL. Biblio eca PixeLegis. Uni e sidad de Se illa.
PON
I
D
EIDIR0CD
EL

O
Senado del Reino y Conseje o de Es ado.
TRADUCCIÓN
DE
ADOLFO POSADA
6
pese as
811
Mad id
y
6,50
op
p o incias.
MADRID
HIJOS DE REIJS, EDITORES
Cañiza es, 3 duplicado.
1913
ES PROPIEDAD DEL
EDITOR
HIJOS DE RE
1
US, Imp eso es.— Ca ilza es,
3 duplicado.
PROSPECTO
111111.1.1M
n
1711~711
n
••••
nnnnn
Con es e décimosex o olumen, de indiscu ible alo ,
con inuamos hoy la biblio eca manuable, que iniciamos
con la
No ísima legislación del Impues o de De echos
Reales,
biblio eca manuable que iene á soluciona la ne-
cesidad cons an emen e eclamada po los p o esionales
del o o.
Los
Manuales
Reos
comp ende án siemp e
olúmenes de índole ju ídica y adminis a i a, ya comen-
ando, ano ando y publicando disposiciones ecien es de
nues a legislación, ya dando á conoce algunas ob as de
au o es impo an es, que, po su especial índole, me ezcan
se publicadas en es a sección.
Sob e es os
Manuales
bás anos asegu a hoy que
odos sus olúmenes se án esme adamen e con ecciona-
dos, con no as cuidadosas y acla aciones adecuadas, ade-
más de impo an e ju isp udencia adicional sob e cada
ma e ia, po los más compe en es edac o es de nues a
Re is a gene al de Legislación y Ju isp udencia,
hecho
signi ica i o de que, bajo los auspicios de publicación an
impo an e, no pod á menos de euni el ca ác e u ili a-
io, que es cualidad p imo dial é indispensable en es a
clase de ob as.
Los edi o es
Hijos
de
Reus,
conocidos de odo
p o esional ju ídico, demos a án, en es os nue os
Ma-
nuales,
igual in e és po a ende las exigencias del
público que el demos ado en publicaciones que, po su
impo ancia, son de odos conocidas:
Re is a gene al de
Legislación y Ju isp udencia , Colección Legisla i a de
España, Biblio eca ju ídica de Au o es españoles y ex-
anje os, Biblio eca o icial legisla i a, Biblio eca de
Oposiciones, Biblio eca de Repe o ios, Clásicos ju ídi-
cos,
e c., e c.
Los
Manuales Reas
se publica án en olúme-
nes de un amaño ap oximado á los dieciséis publicados, se-
gún la ex ensión de cada ma e ia, y su p ecio no se á nun-
ca supe io
á
10 pese as
po cada o no. Todos ellos i án
encuade nados en igual o ma que es e ejempla , y con-
o me a ance es a publicación, end á cada ez más com-
ple a odo abogado su biblio eca necesa ia é indispensable.
Nunca descuidamos los in e eses económicos de nues-
os cons an es a o ecedo es; jamás en ninguno de nues-
os ac os dimos señal de desag adecimien o
á
los que con
su ayuda nos pe mi ie on lle a siemp e adelan e nues as
ob as en bien de la cul u a ju ídica de nues a Pa ia, y si-
guiendo es a adicional cos umb e, á los que desde hoy
nos en usiasmen con su adhesión á es a Biblio eca, les
o ece nos una en aja conside able, dado el cos e ele ado
de es os abajos; un bene icio posi i o que gus osos ea-
lizamos.
Dicho bene icio consis e en el descuen o del
diez
po cien o
en el p ecio de los olúmenes publicados
y sucesi os á odos los adqui en es de es e ejempla que
llenen el bole ín adjun o de susc ipción , emi iéndolo á
co eo seguido
141 endedo .
de es e ejempla .
Se uega á los seño es lib e os y co esponsales no de-
jen nunca de ija el sello de su es ablecimien o en el bo-
le ín de susc ipción, que igu a en es e lib o, pa a eme-
dia la al a de cumplimien o de es a indicación po pa e
del comp ado . Es a Casa edi o ial, an p on o como eci-
ba el bole ín de susc ipción, pasa á un a iso al endedo
del lib o comunicándole la llegada del bole ín y no a de
comisión po los olúmenes publicados é igualmen e po
cada uno de los que sucesi amen e se en íen.
Sin es e p e io equisi o, se á inú il solici a ninguna
clase de ebajas po ningún concep o, po se es a en aja
excepcional, concedida únicamen e á los que con ibuyen
económicamen e al desa ollo de es a publicación.
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DE LA CRITICA
CRIMINAL
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1
De
las disciplinas c iminales en gene al
y especialmen e de la c í ica c iminal.
El amo pa io ué siemp e un acica e de noble
y magnánimas acciones; pe o en ano hie e y se
agi a en el pecho cuando el pueblo se encuen a
despojado de su ida pública; en onces, quien
quie a que en el ebaño de escla os sien e incli-
na se su alma hacia las g andes p oezas, y, si .
emba go, iene que e ena se y has a apaga ej
a do que las inunda, debe mo i sin habe sido
comp endido, in uc uoso y desconsolado. Ce a-
do el camino de las g andes aspi aciones sociales,
los espí i us nobles uel en sus mi adas y di igen
sus pasos á la li e a u a; pe o los más, a emo iza-
dos an e el á ido desie o que les odea, y deses-
pe ados po que no hab á de se oída su
oz, I,
1
— 2._
po que se á nulo su in lujo, pasan su ida en aú
OS
en e enimien os, con i iendo las le as en
me o solaz y ec eo indi idual. Mas quien quie a
hon a á la pa ia y se i la, á causa de la is eza
de los iempos, con sólo ob as de pluma, debe, á lo
menos, cul i a es udios se e os, p ocu ando des-
pe a la conciencia pública y p epa ando á los
demás en la disciplina de la ida cí ica.
Y á la e dad, á pesa de lo ad e so de las ci .
cuns ancias de los úl imos iempos, algunos espí-
i us ue es, luchando con el celo de quien p e-
endía p ohibi les el cul i o de la e dade a sabi-
du ía, die on p ueba espléndida de que el genio y
el sen ido ju ídico no se habían ago ado en los des-
cendien es de los ju isconsul os omanos. Una de
las disciplinas sociales, p edilec a du an e casi
siglos, en e noso os, y á ida de odas las e o -
mas necesa ias, ué la penal; en ella se p odujo
una ilus e pléyade de ingenios i alianos que ele-
a on. sus nomb es muy al o é in luye on pode o-
samen e en el ex anje o, impulsando hacia ade-'
la e la ci ilización. Realmen e, si en Eu opa y en
Amé ica se ans o mó la legislación penal, de
ie a en humana, y desapa ecie on los o men os
a oces y los alsos deli os, á noso os se debe, á
nues os g andes homb es, como Becca ia, Filan-
gie i, Pagano, Renazzi, C emani, Romagnosi, Ca -
mignani,
Rossi... y al
ué
la Úl ima ic o ia, en el
_ 3
o den del iempo, de la i álica ci ilización: Po
es o los es udios penales (únicos en e los sociales
que e an líci os en cie as pa es de la península)
deben cons i ui nues a más i me ambición, y,
po deci lo así, nues a he encia, llegando has a
los úl imos p incipios; que el campo no es á aún
lib e de odos los obs áculos, ni es an augus o que
no se pueda mejo a inde inidamen e.
Es a si uación no comple amen e anca, es lo
que ha impedido lle a al deba e a duo y di ícil
de la ju isp udencia penal, algunos de los es u-
dios geniales, debiendo además ene en cuen a
que una du a expe iencia impone oda ía nue a
ese a... Po mi pa e,
al si uación me obliga á
p ocede con cau ela y p udencia, ya que, al in y
al cabo, conside aciones debidas á la anquilidad
gene al, impiden en cie os momen os deci las
cosas con oda cla idad. no an o, po eme al pe-
lig o (¡ Dios nos lib 1), cuan o po hábil deseo de
con empo iza . Dada es o, uno de los es udios
más ino ensi os de p o esa y más ú iles de ex-
pone , y que mis se sepa an de las con ingen-
cias
p
g
lí icas, de los in e eses conc e os, de los
emo es y d las esp anzas, pa éceme el e e-
en e á la lógica judicial, á bien al c i e io
y
á los
medios de la ce idumb e Así, dejando pa a el
41

po eni el es udio

aquellos emas que pod ían
susci a cie as discusiones, limi a éme á a a de
---

—
aquello que es necesa io que de lo que es co u,in-
gen e y, po an o, más ambién de lo es
cons an e que de lo que es e en ual?
Pe o añade Filangie i: «Es una ce eza me a-
ísica, según la idea comTi que de la ce eza se
iene, que en los i Ingulos ec ángulos el cuad a-
do de la hipo enusa es igual á la suma de los cua-
d ados e e los ca e os,
y
es una ce eza mo al que
Césa ( onquis á las Galias. Y se p egun a: ¿Cuál
de es as dos p oposiciones se á más cie a a a
un homb e? A lo cual espondo que pa a un geó
me a se á más ci(- a la p ime a y pa a un iló-
logo la segunda. Fál ale al geóme a el conoci-
mien o en e o de odos los monumen os que es i-
ican las conquis as de Césa , y al ilólogo el de los
aciocinios que demues an la igualdad del cua-
d ado de la hipo enusa con los cuad ados de los
ca e os; ó si ienen el conocimien o de odas es as
cosas, no ienen la cos umb e de combina con
acilidad comple a odo lo que se pide pa a e
odas las elaciones y odos los esul ados.»
Fi
.
j.Lnonos en las azones que el ilus e legis a
aduce pa a jus i ica el g ado di e so de ce idum-
b e en los dos casos indicados: la posesión á no
de los conocimien os co espondien es. Pe o poco
cues a opone se á sus p oposiciones, pues o que
lo ec o se ía supone en condiciones semejan es
de ciencia ilológica y geomé ica al ilólogo
y
al

— 11 --
geóme a, pa a luego in es iga su ce eza. Dada
la igualdad de condiciones, ambos se inclina ían.
con una c eencia supe io á la
p
oposición ma e-
má ica; ealm( n e la supues a di e sidad de sus
juicios nace al in
y
al ca o sólo de la al a de co-
noci nien o de los ex emos necesa ios en que el
juicio mismo hubiei a debido unda se, y sin los
cuales no pod ía se e az, y es o no po azones
esenciales ó sis e ná ica . Sin duda al conside a '
y ponde a los mo i os obje i os, mézclanse con
ellos, é in luyen, mo i os subje i os; y así puede
uno es a cie o de lo que á o o le pa ece dudoso,
pe o, supues a la ce eza en sí, esul a á mayo ó
meno en a ención sólo á la esencia de los p inci.-
pios mismos que son su causa. Tan segu o es es o
que, sin di igi se á los doc os, si se p esen an dos
. e dades de ácil comp ensión á cualquie homb e
ulga , una del o den me a ísico
y
la o a del his-
ó ico
k
co no, po ejemplo, la pa e es meno que.
el odo, Napoleón enció en las Pi ámides), desde
luego aquél se inclina á con i esis ible ímpe u á
la p ime a de las dos. En ealidad, pudo ó no pudo
.se lo de que Napoleón encie a en las Pi ámides;
pe o no puede no se lo de que la pa e es meno
que el od .
El ci ado au o de la
Ciencia de la Legislación
añade la ci a del ejemplo de Bo illaud
y
de Vie e,
dos ma emá icos que no con i ma on las p opie-,
— 12 --
Jades de la espi al, demos adas po A químedes
hoy econocidas po odos, pa a demos a que
ccace ca de un mismo pun o la ce eza me a ísica
de un homb e puede se p obabilidad ó duda en
o o». Pe o ¿qué p ueba es o sino que aquéllos ó
no en endie on al céleb e si acusano ó no calcu-
la on bien, y que, en de ini i a, igno a on ó e a-
on? Aho a bien; es o nada iene que e con la
ce eza y con 1.a duda, sino con la ciencia y con la
al a de ciencia. Noso os, po ejemplo, es amos
cie os de que Amé ica exis e, mien as que an-
es del descub imien o del ma ino geno és nues-
os pad es no lo es aban. ¿Qué quie e deci es o?
¿que su ánimo es aba menos inclinado á c ee que
el nues o? ¿no se á más bien que no enían aque-
llos medios y da os que noso os enemos pa a
conoce la exis encia del nue o mundo: e e encias
de iaje os, pe sonas y cosas de allí p o enien es,
nues a p opia inspección ocula ?... Y si en e
noso os se dije a que los que no ie on Amé ica
pueden es a más cie os de su exis encia que los
que la ie on, ¿no p o oca ía el supues o la isa?
Sin duda que cualquie a de noso os, aunque no
haya ido allá, es á cie o, cla o es, de que exis e;
pe o su ce eza no puede se igual á la que en-
d ía si hubie a ido. Yque en igo la ce eza ísica
pe suade más que la his ó ica, apa e de que así
se mani ies a en el común sen i (como cuando se
13 --
dice:
e con los p opios ojos, oca con la mano...),
nos lo demues a de un modo cla o aquel ejemplo-
de San o Tomás, el cual apenas c eía en el es i-
monio plu al y san o de los após oles, como és os
no habían c eído an es en el de las san as muje-
es, sino en el de los p opios sen idos. Aquél dice
de Jesús esuci ado: Ve y c ee : «si yo no eo en
sus manos la señal de los cla os, y si no pongo
el dedo en la señal de los cla osy la mano en su
cos ado, yo no c eo.» Ve dad es que la cau ela del
após ol no ué del gus o del Maes o cuando le
espondió: «Po que has is o, Tomás, has c eído:
biena en u ados los que no ie en y c eye en »
Mas p eciso es econoce que en los negocios hu-
manos impe a la imi ación del após ol que duda,
has a el pun o de c ee en los dichos lo menos que
se puede. Y es na u al, ya que en el es imonio
p opio no puede ocu i más que la ilusión de los
sen idos, mien as que en los es imonios ajenos,
además de es o, puede da se la men i a.
Po o a pa e, co no en la ce eza me a ísica no
puede ocu i ni siquie a el engaño ó ilusión de
sen ido, cual ocu e en la ísica, el alma descansa.
en aquélla más anquila que en és a. Y si se nos
dice que en la p ime a puede da se el e o , es o
es, que es posible una ce eza e ónea, es ablecida
me ced á la elación de pu as ideas (ya que sin
es e e o no se end ía el also azonamien o).
espondo que no po eso es menos cie o que 1,1
ce eza me a ísica es mayo que la ísica, como
és a supe io á la his ó ica. Pues si la posibilidad
de un also azonamien o subsis e espec o de la
p ime a, no subsis e menos pa a las o as dos, en
cuan o ya ambas ienen necesidad po igual de un
azonamien o, es ando además suje as á o as al
sedades especiales suyas. De hecho en la ce eza
me a ísica hay una sola causa posible de alsedad,
el e o ; en la ísica, dos, el e o
y
la ilusión de les
sen idos; en la his ó ica, es, el e o , la ilusión de
los sen
idos y la men i a del es imonio. Además,
en la es e a de la ce eza me a ísica, hay nociones
cie as de que no puede pe mi i se duda homb e
alguno: son és os axiomas en los cuales ce eza y
e dad son casi una misma cosa ( e big acia, odo
e ec o iene una causa, la pa e es meno que el
odo, dos cosas iguales á una e ce a son iguales
en e sí.. ). Po an o„ siemp e que el aciocino se
a enga á ellas, p oduci á en noso os aquel g ado
sublime de ce eza que llama nos
e idencia..
No
ale que un escép ico la niege; su negación no
puede o na se en se io, pues no dice lo que sien-
e„ 4:5 deli a. Aho a bien, po más que la duda sea
sabia y ú il, á quien me dije a: dudo de que e ha-
blo, dudo de que pienso, de que exis o, dudo de mi
duda, dudo de que dudo de mi duda..., yo le di ía:
pe done, he mano, Ino dice más que on e ías!
— 15 --
Bien sé, sin emba go, que si
p
o undizamos en
los abismos de la me a ísica sen imos el e o ,
el
é igo, y que el alma a emo izada se en ega á la
e, cogiéndose á ella como á oca que a anza sob e
un p ecipicio; y aun allí, que la necesidad del a -
gumen o nos pe sigue has a ales abismos, expo-
niéndonos á la be a de los escép icos ¡Oh la e!..,.
Sin duda pa ece que no se ha encon ado aún el
modo de con ence nos indudablemen e, cuando se
é en ez de soña , y cuando se azona en luga
de deli a . .; en cambio odo el que sueña c ee es-
a despie o, y el demen e se c ee cue do... ¿A
quién nos asegu a que no deli amos y no soña-
mos? Pe o uel o á mi asun o, y epi o que en al
gunas p oposiciones de ca ac e iden e debe el
homb e c ee ciezaolen o, no pudiendo da o as
azones. Aho a bien, ales axiomas no exis en sino
en la ce eza me a ísica, y ahí es á su excelencia.
Co que aun cuanio se diga
e 'cien,:id isica,
es un
modo de deci inexac o é imp opio, pues po nyís
que se enga el es imonio de las p opios s •nsacio-
nes además de las e e encias ajenas, siemp e ha
luga al engaño. Tene nos en las p uebas, además
de las ilusiones
y alucinaciones de
los sen idos an
ex ao dina ias, las o dina ias decepciones
de
los
mismos; así. po ejemplo, cuanio en el c epúsculo
se oma lo e de po lo azul, ó
bien cuando se e
un
bas ón o o en el agua y no lo es á, 6, po
in,

— 16 ---
en el cu ioso enómeno del espejismo... Ea el ondo
de las a dien es a enas del desie o su ge un oasi:
lleno de encan os: ¡Hélo, allí, allí es á!, se excla-
ma; el e do de las p ade as, los lagos, las pal-
me as, ¡oh in eliz caminan e!, odo es also...
La
is a, más que ningún o o sen ido, es muy enga-
ñado a; si no ue a el sen ido del ac o que la auxi-
lia y ec i ica, i i íamos en un con inuo e o .
San o Tomás no se sa is acía con e , que ía oca
las llagas del C is o esuci ado; la is a po sí sola
le pa ecía insu icien e pa a la ce eza, el ac o sólo
podía da le la pe suasión de la p esencia de un
cue po.
IIl
De la ce eza c iminal.
Examinadas la na u aleza y las especies de la
ce eza (II), es ú il conoce cómo se o ece en los
múl iples negocios de la ida. A menudo nos de-
e minamos á algo sólo en i ud de simple c een-
cia; cuando no cabe la ce eza, nos con iene elegi
aquello que es más p obable. Todo lo humano sa-
bido, y odas las ciencias en pa icula , cons an
análogamen e, no sólo de da os cie os, sino am-
bién de p obables. El asun o de es a in es igación
es sólo la ce eza; pe o la doc ina de la p obabili-
dad
hállase an conexa con ella, que ácilmen e
puede deduci se De hecho un caso es p obable
en cuan o el ánimo p opende más á ene le como
cie o que á desconoce le al ca ác e . A medida
que las dudas se amino an, la
p obabilidad
aumen-
a; una ez des anecidas, la
ce eza
su ge. Hay,
pues un ín imo lazo en e ambas.
Has a donde alcanzan mis conocimien os, la c í-
ica en gene al no es á muy adelan ada; pe o a o -
unadamen e un a ado de c í ica c iminal puede
supli en cie o modo á aquélla: de ahí la u ilidad
de és a aun ue a del cí culo de las gen es p o e-
sionales. Vis os los medios
y
las p ecauciones,
me ced á las cuales se llega á conoce si un hom-
b e es eo ó no es ácil u iliza al es udio pa a
las demás in es igaciones. La his o ia, sob e odo,
no puede menos de ap o echa lo, da ez que
mi a las acciones humanas al modo como en el
p oceso penal; la c í ica h
i
s ó ica y la nenal son.„
en e ec o gemelas. Sin emba go la jus icia his ó-
ica debe muchas eces da se po sa is echa con
las p obabilidades. mien as la jus icia penal pide
la ce eza. El homb e, cuando se a a de g a es
asun os, oma sas de e minacio les, no sólo en
is a de las p obabilidades, sino en i ui de jui-
cios cie os; únicamen e de oga es a egla cuando
se sien e obligado á ob a en azón de necesidades
pode osas. Viéndose colocado en e la espada
y la
2
-- 18
pa ed, como suele deci se, ya pa a pe manece
inac i o causando un daba ya pa a ob a co ien-
do el mismo pelig o, escoge aquel camino (no sin
acila ) que le pa ece mejo .
Aho a bien, el minis e io penal, si es pa a la so-
ciedad ó quien la ep esen a uno de esos g a es
asun os, es ambién sag ado y e ible; as1 debe
pone se en él un cuidado no meno que el que
pone el indi iduo en las p ime as exigencias de
la
ida; en su i ud, es p eciso no ob a sino en is a
de juicios cie os sob e la jus icia de la ob a. Y que
el minis e io penal es, no sólo g a e, sino
sag ado
y e ible,
no hace al a demos a lo; como que pa-
ece un o icio usu pado á los dioses. El homb e,
es e se ágil, o mado en la culpa y nu ido en el
e o , elé ase, po la unción que desempeña , so-
b e sus iguales; adminis a la jus icia en la ie-
a: la jus icia , que es de los cielos; juzga, en-
ega, qui a el hono , la libe ad, la ida mis-
ma... ¡he ahí el minis e io penal! Pues bien, ¿no es
esa una misión sag ada y e ible, un pode que el
homb e no maneja sino opezando, acilan e y
siemp e con el emo de que su p e endida jus icia
caiga bajo la condenación de la jus icia di ina? Y
si es o es así, ¿no es á el homb e obligado á mo-
e se en an g a e asun o con la pa simonia y p u-
dencia que en los más g a es, pa a no deja cae
la espada sino cuando es é cie o de que debe ha-
19 .......
ce io? Realmen e, ¿qué unción más a dua hab á
sob e la ie a ue a de aquella que al cielo misma
oca?...
Esa g an impo ancia de la misión penal, que
exige la ce eza, excluye al p opio iempo aquella
necesidad que en di e sas ci cuns ancias de la
ida se p esen an, y en i ud de la cual hay que
con en a se con las simples p obabilidades. De
que la bondad de las leyes y de las sanciones pe-
nales, an es de aumen a disminui ía, si se pu-
die a cas iga á los ciudadanos en is a de me as
sospechas; en ealidad debe p e e i se la impuni-
dad del eo al cas igo del inocen e.
Si el homb e, al cas iga , cumple una misión
augus a y casi di ina, pa a que su acción esul e
sensa a y adecuada, debe
inclina se hacia la e -
dad con la mayo p udencia y i meza de que el
homb e es capaz, con la que exige el es ado de
ce eza; de o o modo, el llamado á cas iga pa e-
ce íase á un beodo que, acilan e
é
insegu o, agi-
a a en sus manos un a ma emible. No igno o que
algunos legislado es, ju isconsul os y jueces, han
c eído, y c een, que puede condena se á alguno en
i ud de una simple
su icien e pe suasión 6 u -
gen e p obabilidad
de su culpabilidad, alegando
como excusa la necesidad de
cas iga bien ó mal
en cie as ci cuns ancias Comúnmen e al dispa-
idad de c i e io p o iene más de e o del dis-
— 26 —
sul a á acaso que u ce eza p e endía se obje-
i a y co esponde , po an o, de un modo abso-
lu o á la e dad...? Sin duda el e o no es imposi-
ble, y no p e endo yo se en es e pun o una ex-
cepción; pe o si lo que yo expongo y demues o
se impone al ánimo de los lec o es, es que sos en-
go p incipios y leyes que es án en la na u aleza
de odos. Haciendo esal a es as leyes y p inci-
pios con un azonamien o ceñido y con enien e,
en elación con aquellas p ime as nociones axio-
má icas que se imponen de un modo uni e sal,
se á na u al admi i los. El juicio y el azonamien-
o ienen sin duda sus no mas in lexibles, que una
ez conocidas y seguidas plenamen e (cosa di í-
cil), la ilusión ha de esul a e dade a. A. es a
p ueba in ínseca del p opio in elec o y de la p o-
pia conciencia cabe añadi una comp obación ex-
ínseca: el es imonio de odos los homb es que
en ello consien en y con ienen. Realmen e el que
p ocede indagando en sí mismo é in ocando des-
pués el apoyo de la expe iencia ajena, sea legisla-
do ,
sea ju isconsul o, sea lógico,
se á el que po-
d á o ece las mejo es y más comunes no mas de
ce eza. Sin duda, si no uese posible de ini las
leyes de la ce eza, y si las leyes de inidas no se
epu a an, cuando menos, p obablemen e e da-
de as, se ía inú il a a de ellas. Pe o la iden i-
dad de la na u aleza en odos los homb es implica

— 27 --
la comunidad de semejan es leyes, siendo la ob a
del lógico, del ju ispe i o y del legislado descu
b i las Así ocu e de hecho á eces, que el legis
lado señala al juez eglas in a iables, según las
cuales debe p ocede en su unción, conside ando.
que dichas eglas esponden á la humana na u a-
leza. En ese caso el con encimien o del juez no
bas a, sino que se exige el concu so de las ci -
cuns ancias exigidas, ó bien el con encimien o del
legislado , y de es a sue e enemos al lado de la
ce eza
mo al
ó na u al una ce eza a i icial ó
legal.
Los esc i o es que a an de las p uebas c imi-
nales se limi an á dis ingui demasiado b e e-
men e las dos especies de ce eza c iminal, á sa-
be : la
de la ley
y la
del homb e,
diciendo que la
una su ge de la ín ima con icción del juez, mien-
as la o a es á ijada po el legislado , esul an-.
do que en es a úl ima no en a pa a nada la p i-
me a. Señálase, además, una e ce a mane a de
ce eza c iminal, en la cual ambas se unden has a
cons i ui lo que pudie a llama se la ce eza mo al
y á la ez legal. De hecho la ob a de la ley en es e
pun o de las no mas de juzga es de dos mane as:
la una pudié amos llama la despó ica, siendo la
o a conciliado a; es o es, que, ó bien se a a de
un impe io absolu o, ó an sólo de una igilancia
mode ada. Según es o, la ce eza legal, ó sea la
28 --
de inida y egulada po los cánones legisla i os, se
subdi ide en dos especies según el di e so in lujo
del legislado ; és e, o a de e mina los modos po
los cuales con, exclusión de o os) se debe á p o-
ba siemp e un deli o, o a dejando en libe ad al
magis ado de juzga según su pe sonal con ic-
ción, le impone un lími e ó un eno. Y le dice:
end ás po no ma de us juicios la azón na u al:
pe o cuando concu an ales ó cuales ex emos,
debe ás condena , ó bien al con a io, cuando a-
les á cuales ex emos no concu an, no p )d ás
condena . Según se e, á bien le p esc ibe un
Indx knum
de medios p oba o ios supues o el cual
se debe dic a sen encia de culpabilidad, ó bien
un
mínimun,
sin el cual no puede p onuncia es a
sen encia.
Aho a bien, la ce eza egulada según es a mo-
de ada in omisión legisla i a , di ie e cla a y
esencialmen e de las dos que los c iminalis as
suelen enume a ; de donde esul a una e ce a
'especie de ce eza c iminal, ó sea una a iedad de
la legal. La denomina emos, po es a azón,
legal
imp opia,
pa a dis ingui la de la p opia. Tal ce -
eza es aquella en la cual, á bien el legislado pe -
mi e al juez el c i e io na u al de ce eza, aunque
sea ijando cie as ci cuns ancias pa a odos ó
pa a algunos deli os como, po ejemplo, la con-
esión espon ánea ó el es imonio doble), ci cuns
ancias que, una ez dadas, imponen como cie a
la inculpabilidad, ó bien some e al mismo al c i e-
io legal, pe o pe mi iéndole sepa a se
'
de él si no
ha llegado á o ma se pleno
con e
ncimien o. En
el p ime caso, el legislado pa ece p eocupa se
más de los in e eses de la sociedad que de los del
acusado, oda ez que el lími e ijado le es des a-
o able: en el segundo caso, po el con a io, el
limi e es á en su a o . Es e segundo mé odo de
ce eza legal imp opia deja al magis ado más li-
be ad de lo que se c ee, libe ad de a o ece al
acusado cuan o quie e, ya que, si hay alguna limi-
ación, es en su a o y siemp e pa a su bien. –
Tú no puedes condena , dice la ley al juez, sino 1
cuando es és ín imamen e con encido de la culpa-
bilidad; pe o cuando ú es és con encido sin el
concu so de ales ó cuales ci cuns ancias, según
las cuales me con enzo yo de la culpabilidad mis-
ma, no pod ás condena . Como se e, la
in omi-
sión del legislado en es e caso es poca cosa, es
más nega i a que posi i a; si el juez no iene plena
libe ad pa a condena , la iene, sin emba go, pa a
absol e .
Aho a bien, al es la única mane a de in omi-
sión legis a i a, que me pa ece ú il, buena
y i
azo-
nable, especialmen e cuando impe a el i o sec e-
o é inquisi o ial; en cambio pa écen ne censu a-
bles, an o la o a in omisión (en odio del acusa-
do) pa a ija el máximum de medios p oba o ios,
cuan o la ins i ución exclusi a y obliga o ia del
c i e io legal de ce eza. Po lo demás, aunque sea
en la adquisición de es a legal ce eza p opia, en-
a de algún modo el c i e io na u al de juzga ,
oda ez que, como el legislado no puede des-
cende Áá ilas pa icula idades y minucias de
o-
dos
los casos p obables, el juez queda siemp e, en
una buena pa e, á bi o. Y éngase en cuen a
que es e a bi io del juez, aumen a necesa ia-
men e, en la adquisición de la ce eza legal im-
p opia, has a impe a de un modo exclusi o en la
de la ce eza mo al.
En su i ud, la c í ica c iminal, que gobie na
al a bi io del juez según las no mas de la lógica,
es an necesa ia pa a la buena adminis ación del
de echo
cons i uido,
como pa a unda el
cons i-
uyen e,
según las palab as del ilus e Ca mig-
nani.
Queda, pues, ad e ido que aun cuando la ce -
eza sea subje i a, no quie e es o deci , que cada
homb e p oceda como le pa ezca, ya que odos
ienen una misma na u aleza, y deben con ene se
den o de cie os ex emos acionales y expe i-
men ales. Po es o el legis a que a a y egula
es e ema ec amen e, debe acomoda se á lo
que
el comun sen i gene al ha es ablecido, ó debie a
,es ablece .
— 31 —
P egún ese aho a, lo que ale y has a dónde
Tale el c i e io legal de la ce eza. Si el legislado ,
al in e eni en es e como en cualquie o o obje-
o del p ocedimien o c iminal, debe concilia la
libe ad p i ada con la segu idad pública, hab á
de hace lo de modo que las en ajas concedidas á
la una no dañen á la o a. El sis ema absolu o 6
p opio, ó que ambién pudie a llama se, de ce -
eza legal (admi iendo po hipó esis, y, po an o,
negando en esis, que uese azonable en sí mis-
mo, lo que equi ald ía á llama lo in alible), conci-
lia ía, ó á lo menos pod ía concilia equi a i a-
men e, las exigencias de és a y de aquélla. Po su
pa e, el sis ema ela i o ó imp opio de ce eza le-
gal, que deja al juez la libe ad de con encimien-
o, aunque p esc ibiéndole que en caso de conde-
na, semejan e con encimien o ha de esul a de-
mos ado po cie os cánones impues os, a o ece,
sin duda, á los acusados, que e i an la pena siem-
p e que la ce eza de los jueces no se acomoda con
la del legislado ; pe o en cambio expone á la so-
ciedad á de e minados pelig os, en cuan o que, á
pesa de la exis encia indudable de los deli os, de-
ben queda impunes los delincuen es.
De es o se in ie e que, desde el pun o de is a
abs ac o, al mane a de in omisión legisla i a
en la ma e ia p oba o ia se debe echaza ; pe o
eniendo en cuen a que semejan es abs accione

— 32 —
no son líci as con
elación á las ins i uciones so-
ciales, y que puede habe en las leyes una bondad
me amen e ela i a, cabe que exis an casos con -
c e os en los cuales la pa cialidad y la limi ación
se con apesen median e encon ados elemen os,
siendo en su i ud lógico acep a la e e ida o -
ma de in omisión, que, po o a pa e, acaso e-
p esen e lo mejo posible, an e la imposibilidad de
lo absolu amen e bueno. Y cuen a que la coyun-
u a á que nos e e imos, se p esen a posi i amen-
e cuando las ga an ías sociales p edominan de
al mane a en las ins i ucion
e
s, que los bene icios
econocidos á los p ocesados, me ced á las eglas
legisla i as del juicio lejos de implica desp opo -
ción espec o de las ga an ías, suponen una manee
a de con apeso ha mónico.
Es e azonamien
,
) nos lle a na u almen e á
sos
ene que el sis ema ela i o ó imp opio de ce eza
legal, median e la ijación del mínimum de medios
p oba o ios, es acep able cuando el juicio sob e la
culpabilidad sea ob a de unciona ios gube na i-
os,
y
nJ de e ce os,
in e media ios en e el que
cas iga
y
aquel á
quien el cas igo se e ie e, oda
ez que aquellos unciona ios
se inclina ían
más
bien en a o de las
ga an ías sociales que
en
el
de la libe ad p i ada. .A-4, si la ins i ución de la
magis a u a judicial, nomb ada y pagada po el
pode es
más a o able á és e que al acusado, en
1.- 33
cambio la ins i ución de la ce eza legal, limi a i á
de la del magis ado, es más a o able al p ocesa-
do que al pode , po donde esul an equilib adas
las ga an ías debidas á uno y á o o.
Va ios esc i o es que a an de la ma e ia de
p uebas c iminales , ales como Mi e maie y
B ugnoli, conside ando que las p uebas legales
ienen una bondad ela i a en el p ocedimien o
inquisi o io ó sec e o (á di e encia del público ó
acusa o io, en que el juez descansa sob e la con-
ciencia dé los ju ados), deciden ec amen e es a
con o e sia, siemp e, sin emba go, en el supues -
u de que las e e idas p uebas legales se deban
in e p e a en un sen ido ela i o ó imp opi9, es o
es, como lími es impues os al juez, y sólo en a o
del acusado. Pe o el sis ema de p uebas legales
absolu o ó p opio, es o es, el que sin cuida se del
con encimien o ín imo del magis ado, le impone
la necesidad de juzga de la ce eza, con una lógi-
ca o icial in lexible, ni cuando la decisión ela i a
al hecho co esponda á lós jueces ni cuando com-
pe e á. los ju ados, es admisible. Realmen e, al
sis ema es un absu do en cuan o implica un ala de
de in alibilidad, una p esunción de omnisciencia,
un despo ismo impe ioso po pa e de quien lo
sanciona, según cla amen e esul a de cuan o se
dijo ace ca de la subje i idad de la ce eza.
Se ha c eído po algunos legislado es, que
se po-
3
— 34 —
dían y debían egula y disciplina odas las cosas
en la ida p i ada y pública de los ciudadanos. La
economía ha p onunciado hace un siglo con Gou -
nay el céleb e
¡dejad hace !...
Y se le ha obedeci-
do en algunos si ios; pe o hace al a que se nos
deje hace en muchos o os asun os, de más im-
po ancia, que los mismos in e eses ma e iales;
impone un yugo á la lógica, ¿no es quizá una p e-
ensión isible y mise able, análoga, po ejemplo,
á la de o dena po la ley que los e sos no engan
más que an as sílabas y an os acen os? Sin duda
una poesía gube na i a se ía un e dade o c i-
men; pe o no lo es menos una lógica o icial.
Donde quie a que el llamado á decidi ace ca
del hecho de la acusación sea impa cial, y po
an o
un
e ce o
en e la sociedad y el acusado,
nómb ese como se quie a, sea un juez ó un pa ,
al
decisión debe deja se á
su lib e a bi io En cam-
bio, cuando el juzgado no sea un e ce o y pueda
suponé sele inclinado en a o de la sociedad ó de
la Adminis ación pública, aun cuando se le pe -
mi a o ma su con encimien o con el c i e io mo-
al de ce eza., se le pod án impone cie os enos
(po
ejemplo, que no condene sino en i ud de un
mínimun de p uebas) que limi en
su
a bi io. Aho-
a bien, de cuan o lle amos dicho en las an e io es
indicaciones, esul an cla as
es as dos g andes
e dades:
_ 35 _
I.
Que el c i e io legal co e el pelig o de an e
pone la ce eza o mal á la esencial (VIII);
II.
Que, po o a pa e, oda de e minación de
la ley á es e p opósi o, es siemp e impe ec a y
ecuen emen e iluso ia, oda ez que no cabe con-
side a sino la meno pa e de los casos, siendo
siemp e necesa io en ega se en úl imo é mino
la disc eción de los jueces (XLI, XLII). Es os dos
icios nos lle an á hace o os con el ilus e ju is-
a alemán ya ci ado, á in de que de odas sue es,
las p esc ipciones del legislado en es e pun o, an-
es que obliga o ias y coac i as, sean acul a i as
y di ec i as; y sob e odo á in de que lo e e en e
á la libe ad del juicio, y á la ce eza na u al, siga
la misma senda de p og eso que en la sociedad si-
guen odas las ins i uciones lib es.
Pa a hace posible la aplicación del c i e io le-
gal á los jueces, los an iguos doc o es habían in-
en ado cie a nomencla u a y cie os a i icios,
ales como
los medios, los cua os y los oc a os
de
p ueba: a i icios és os que ponen bien de mani-
ies o su al a de lógica, al modo como los e udi í-
simos T a ados sob e la o ma del o men o, e-
elan su al a de humanidad. Po o a pa e, un
legis a insigne y benemé i o, nunca bas an e ad-
mi ado, el céleb e Je emías Ben ham, bajo el in-
lujo de cie os icios que en las indagaciones pe-
-42--
las niega
debe p oba lo con a io. Si, ol iendo
al ejemplo ci ado, se p obase que Ticio, po cual-
quie causa, no es aba en posesión de su azón, á,
que no quisie a
ó
no supie a el e ec o de la he ida,
bien que igno ase el ca ác e necesa io de la
mue e, en esos casos, esul a ían, desde luego,.
des anecidas las p esunciones que inducían á de-
mos a el homicidio. La p esunción, pues, es una
ci cuns ancia que se iene como cie a mien as no
se
p uebe lo con a io. Tienen las p esunciones á.
uni se á las p uebas en ajuicio c iminal, llegan-
do á conside a se como ales p uebas, en cuan o,
son medios adecuados pa a p o oca la ce idum-
b c en el ánimo del juez.
Enume a odas es as p esunciones, además de
se inú il, se ía imposible po su g an a iedad y
su g an núme o; ealmen e, suelen es a allí don-
de menos se piensa. Po ejemplo, una pe sona que
se p esen ase an e el juez con aldas, no habiendo
o os da os que denuncia a el sexo con a io, se ía
conside ada po aquél como una muje y, sin em-
ba go, podía no se muje . Realmen e, la iden i-
dad pe sonal se admi e sólo con que uno se p e-
sen e como al ó cual; pe o ¿no puede ocu i que
haya dos pe sonas an semejan es que sea ácil
con undi las, has a cambia la una po la o a?
Las mismas p uebas se undan en p esunciones:.
así, po ejemplo , ¿po qué se c ee á ales ó cuales

-43--
pe sonas sino po que se las p esume e aces?
Todos, en cualquie ac o i pensamien o, acudimos
á ellas quizás demasiado, naciendo de ahí una.
uen e de desengaños y de desdichas: és e no sa-
luda, pues es un o gulloso; aquél nos mi a ceñu-
dos, pues es un enemigo; el o o obse a con cui-
dado, es un espía; el de más allá a á misa, pues
es un hipóc i a, y así discu iendo. Pe o los
DIA -
gis
a d o s , cuyas a gumen aciones lle an á la cá -
cel y á eces al pa íbulo, deben, cuando se a a
de p esumi , anda con mucho cuidado, con g an
cau ela, de ningún modo como el pueblo suele ha-
ce lo. Así no puede menos de censu a se la p eci-
pi ación en los juicios, sob e odo, la de aquellos
que ienden á sen a más bien la culpabilidad que
la inocencia.
Respec o de las p esunciones, con iene ad e i -
que la ley no puede, en azón de su a iedad in-
de inida, de e mina las odas; así, aun donde ige
el c i e io legal de ce eza, el juez usa en es o el
mayo , aunque no no ado a bi io. Ob an mal, sin
duda, aquellas leyes que, de e minándolas, ya
mal, ya i e ocablemen e, ab en ancha ía á los
mayo es e o es y daños. He aquí algunos ejem-
plos:
En Ingla e a, según el es a u o 21, de jaco-
bo I, cap. 27, «si una mad e ocul ase la mue e
de su hijo legí imo, debe p oba con un es imo-
— 44 —
nio que el mismo nació mue o; de o o modo se
la conside a con ic a de homicidio». Po la enun-
ciación de es a p esunción legal, que hace Blascks-
on, se e que la ley supone, an e odo, que se des-
conoce si el hijo nace i o ó mue o: po donde se
deduce que pudo muy bien nace mue o. Una
mad e, pues, que haya enido un hijo na u al, se
la
l
considé a como in an icida, si no o ece la p ue-
ba de que su h
i
jo ha nacido mue o; la ley a con-
a las mad es ilegí imas, las cuales, p ecisamen e
po el ca ác e de sus uniones ilegales, sien en
un mayo incen i o pa a ocul a los u os de las
mismas, y a has a el pun o de que las pone en
cie os casos en la al e na i a, nada menos que
del pa íbulo ó de p esen a un es imonio. Aho a
bien:
¿y
si no uese posible ob ene lo? No impo a.
¿Y si siendo posible, po pudo ó miedo ó po cual-
quie o a causa, no puede usa lo? No impo a,
siemp e se á eo de homicidio. Dejemos lo ex año
de impone á una pe sona, que debe p esumi se
inocen e, la ca ga de p oba su p opia inocencia;
ealmen e, ¿qué p esunción de homicidio puede
lógicamen e induci se de un supues o como el in-
dicado? La mad e, ó no puede ene un es imonio
que p uebe la mue e de su hijo (y es lo más ácil
en pa os que son, po lo gene al, ocul os), y en-
onces es injus o que
semejan e in o unio si a
de base á una acusación capi al, ó bien no quie e
— 45
ene lo, y en onces es acional é inhumano in e i .
de es o un homicidio. Po que, ó el niño nace mue -
o pudiendo habe lo ocul ado po e güenza, po
miedo ó po igno ancia, y en al caso se á eo de
pa o ó en e amien o clandes ino, pe o nunca de
homicidio, ó el hijo ha nacido i o, pudiendo habe
sido mue o po negligencia po o o, en cuyo caso
la mad e es inocen e.
Una p esunción legal no menos ex aña es la de
la an igua ju isp udencia, según la cual la muje
que se casa e den o del p ime año de iudez, se
la conside aba eo de adul e io en el p eceden e
ma imonio con el segundo ma ido. Peo aún, y
e dade amen e cosa de locos, es aquella de que
céleb es c iminalis as hablaban á ines del siglo
úl imo, y que (si es cie o cuan o nos dice Gue az-
zi
en su
S o ia d'
un
moscone)
se conse a en e
los p ejuicios del pueblo co so aun hoy; según ella,
se p e ende que la sang e de un mue o hie e y
sal a al os o del ma ado . P esunción es a que
ecue da las o dalías, las cuales, á deci e dad,
no e an más que p esunciones e óneas, en i ud.
de las que se enía po eo á aquel á quien al ase
el alo , la buena sue e ó el auxilio del cielo.
En la necesidad en que el juez se encuen a de
ale se de las p esunciones, y an e la imposibili-
dad de p e eni las y p esc ibi las odas, la legis-
lación y la ju isp udencia con ienen en señala
_ 46 _
las p incipales; es o es, aquellas que es án al al-
cance de la men e de odo homb e hon ado, y que
cuen an con el es imonio del géne o humano. Li-
mi a éme aquí á eco da an sólo las ca dinales
y gené icas, de donde se de i an como co ola ios,
las que más pa icula men e puedan aplica se á
los di e en es casos especiales. Se p esume, pues:
I.
Que lo que sucede de un modo cons an e su-
cede ambién al p esen e.
II.
Que el que ealice un ac o iene la in ención
de ealiza lo..
III.
Que, po an o, cuando la acción en añe
c iminalidad, el au o es eo.
IV.
Que nadie desea su p opio daño.
V.
Que no se delinque sin un mo i o.
VI.
Que el homb e es e az,
VIL Que es á sano de la men e y de los sen-
idos.
VIII.
Que su es imonio no iene alo si es de
cosas in e osímiles.
IX.
Que la pe ec a semejanza en una pe sona
ó en una cosa es iden idad.
X.
Que el homb e es inocen e.
XL Que se concep úa c iminal lo menos po-
sible.
Es as
p esunciones hab án de eco da se luego,.
— 47 —
sob e odo la II y III, cuando a emos de las p ue-
bas in encionales (XI, XXXIX); en onces se e á
lo que debe en ende se po la amosa
P esunción
de dolo.
De la IX se debe deci que, cuando en una
pe sona ó en una cosa se econozcan aquellos ca-
ac e es que apa en emen e las indi idualizan, se
deben e e i á aquellas mismas de que se a a;
pe o no es imposible que sean dis in as, ya que es
posible que haya dos homb es, y sob e odo dos
ins umen os homicidas, dos obje os obados...,
pe ec amen e semejan es. La semejanza de ca ac-
e es en la esc i u a no es su icien e pa a iden i i-
ca , ni la desemejanza pa a di e si ica , en i ud
de la ins abilidad de la calig a ía, po lo ácil de
la alsi icación, y especialmen e po que al in y al
cabo, la pe ec a iden idad en e un esc i o dado y
o o no es posible (XXXV). Ace ca de la p esun-
ción VIII se habla á en el capi ulo siguien e (VI);
pe o con iene hace aho a alguna indicación ace -
ca de la no o iedad.
En e los da os del juicio c iminal igu an cie -
as nociones expe imen ales ( ales como aquello de
que el uego quema y el sol alumb a), las cuales
nadie se de iene á p oba .
Aho a bien, ocu en casos en que el juez se ale
de nociones que, no sólo no es án p obadas, sino
que ob iene de su p i ada y ex ajudicial expe ien-
cia. Se debe an e odo econoce que ales nocio-

— 48 —
nes no se e ie en
á
cada caso en conc e o, sino al
conjun o de ci cuns ancias en que el caso puede
p oduci se. Uno, po ejemplo, decla a en juicio
que á media noche de un día de e minado ió á.
o o oba ó he i . No es cie o, le puede espon-
de el juez; es aba muy oscu o y no podía e se.
En es e caso el juez ap ecia me ced á su pe sonal
conocimien o que la noche es á oscu a, sin necesi-
dad de que se lo ase e en Ticio ó Cayo. Bien se
e
que sin un conjun o de conocimien os pa ecidos y
de ideas semejan es no se pod ía siquie a discu i ;
y cuan o más se p o undiza en es a ma e ia, más
cla o esul a que el juez no es la
abla asa
de Loe-
ke, que debe ecibi las imp esiones que p epa an
la sen encia de iniendo según ellas. Si las p uebas
le hacen al a pa a conoce el hecho c iminoso, no
es menos cie o que pa a ap ecia es as p uebas y
pa a ce i ica cie os hechos no p obables, y espe-
cialmen e el elemen o mo al del c imen, y, ade-
más, pa a aciocina sob e odo es o, el juez ne-
cesi a acudi á su pa imonio de expe iencias é
ideas. Cie o es que el
juez puede ene expe ien-
cias
é ideas alsas, equi ocadas; pe o sabido es que
el juez po se lo no deja de
se homb e. Po
o a
pa e, semejan es expe iencias é ideas ienen una
con i mación común, po mejo deci , un es imo-
nio uni e sal, cual es
la
no o iedad.
Po an o, si
la no o iedad no excusa la p ueba en las ci cuns-
ancias que cons i uyen la pa icula idad del c i-
men, ale, sin emba go, siemp e como p esunción
que p esupone cie os da os de la expe iencia.
VI
De la e osimili ud.
En e las p esunciones, queda enume ada aque-
lla en i ud de la cual una ci cuns ancia no se,
puede ene po e dade a (aun después de p oba-
da) si no es e osímil (V). La
e osimili ud,
de
hecho, es el sello de oda p ueba; es en cie o
modo la pied a de oque, á si se quie e una con-
ap ueba. Pudiendo p oba se una ci cuns ancia
sin se e dade a, desde luego se comp ende que
la p ueba no implica la e dad siemp e, oda ez
que aquella es siemp e impe ec a, no es ando de
un modo absolu o lib e de se alsa; en i ud de
es a posibilidad, po la que, á pesa de habe se ob-
enido las p uebas, cabe que el obje o mo al á ma-
e ial de las mismas no exis a, in ié ese acional-
men e que no se debe a ibui alo alguno á aque-
llas p uebas que una ez admi idas da ían pol
cie a una cosa in e osímil. Y es es o, después de
odo, muy na u al; ealmen e, si la e osimili ud
implica conco dia y co espondencia con lo e -
dade o, la in e osimili ud implica disco dia
y
opo-
4
— 50 --
sición á la e dad; aho a bien, lo que no es e da-
de o, p obado, ó no p obado, no puede acep a se
nunca. Supongamos que un milla de es igos ase-
e an habe is o á un lad ón hui po el aguje o
de la lla e de una pue a; es a p ueba, po muchas
apa iencias que enga, no puede p o oca en modo
alguno la ce eza, á causa de lo in e osímil del
caso.
Con iene aho a es ablece en qué consis e es a
in e osimili ud y qué cosas se deben es ima
Ced o
in e osímiles.
Ya hemos indicado en cie o modo cuál es en
nues a opinión al concep o, al llama la una dis-
co dia ú oposición con lo e dade o; pe o dando
o ma más cla a á nues o pensamien o, se la pue-
de de ini en es os é minos: aquel es ado ideal,
aquella no a, aquella cualidad de una cosa pensa-
da ó discu ida, me ced á la cual dicha cosa pa e-
ce imposible; en igo , la in e osimili ud su ge en
azón de una p esun a imposibilidad. Aho a bien,
se debe dis ingui una imposibilidad mo al y o a
ísica ó me a ísica; una e dade a imposibilidad
no se puede imagina más que de es as dos úl i-
mas especies.
Se usa más a iba el e bo
pa ece ,
po que, á
deci e dad, ales imposibilidades pod ían pa e-
ce sin que ealmen e lo ue an, ya que al in y al
cabo dependen de un juicio de nues a men e pe -
— 51 —
ec amen e alible. Supongamos que hubie a en
algún pun o del mundo, habi ado po la aza cau-
cásica, un pueblo que no hubie a enido elación
alguna di ec a con la e íope, no eniendo además
ninguna no icia de su exis encia; supongamos que
unos cuan os indi iduos de ese pueblo eco en y
isi an el mundo, y de uel a al seno de su ibu
dicen habe is o pueblos de neg os. ¡Nadie segu-
amen e los c ee ía! Tienen la p ueba me ced á
es imonios idóneos; pe o como conside an la cosa
como no e dade a, ó sea in e osímil, no les dan
e. El ey de Siam se eía cuando oyó á los holan-
deses deci que en su país el agua se solidi icaba
al hela se, lo cual no iene nada de ex año, pues o
que nunca había is o ni jamás había oído habla
del hielo. Po el con a io, añade Ben ham, «los
j
aponeses que en 1803 ue on es igos en San Pe-
e sbu go del iaje aé eo de Ga ne ín, no expe i-
men a on inquie ud alguna: a ábase de un hecho
muy amilia ya á su imaginación. La his o ia a-
bulosa de sus b uje ías los había p epa ado pa a
e sin so p esa odo lo que pudie a ene de ex-
ao dina io el e e ido iaje.» Pe o dejemos los
bá ba os: acudamos á uno de nues os ibunales,
donde un acusado po homicidio con iesa que, en
e ec o, ha he ido á su íc ima en el si io del co a-
zón, pe o que, sin emba go, eniéndolo aquélla á
la de echa del hígado, no pudo habe lo a.-pasa-
— 58 ---
de necesidad; he aquí el c i e io pa a juzga de la
pe ección de la p ueba: Casia ha dado á luz, lue-
go ha pe dido su i ginidad; Ticio no u o mo i os
ni medios pai a come e el deli o, luego no es de-
lincuen e; Semp onio no podía engaña se ni quie e
engaña , luego es e az... Así esul an la des lo a-
ción de Casia, la inocencia de Ticio y la e acidad
de Semp onio
necesa iamen e
mani ies as, pe ec-
amen e p obadas, cie as. La necesidad, como se
e, es á en que la ci cuns ancia
p oba o ia
implica
exclusi amen e lo
p obado.
Todas las p uebas bajo cie o aspec o son indi-
cios, en cuan o son as os y consecuencias, mo a
les ó ma e iales, del deli o, ecue dos y a gumen
os del mismo. Di e éncianse de los medios p oba-
o ios llamados en sen ido es ic o indicios, en que
aquéllas son ci cuns ancias de donde el deli o se
induce, mien as que és os son ci cuns ancias de
donde se inducen o as que nos lle an á su ez á
induci el deli o. Pe o, en ambos casos, el ánimo
alcanza la elación de necesidad que exis e en e
la ci cuns ancia que indica el deli o y el deli o
mismo, ó bien en e dicha ci cuns ancia y la ci -
cuns ancia indicada, si bien en unos casos lo indi-
cado es ya el hecho ó el deli o. Pe o la necesidad
de que se habla no es una necesidad me a ísica,
sino ísica á his ó ica, y, po an o, no apodíc i-
ca. Aho a bien, el obje o del juicio c iminal 'la

— 59 —
cons i uyen los sucesos, los hechos humanos; en
su i ud, lo que da á conoce aquella necesidad
es la
expe iencia.
Del pasado, de lo conocido, se
pa e pa a juzga del p esen e, de lo desconocido,
según lo que se llama el
o den na u al de las
cosas.
Sin emba go, á pesa de la obje i idad de la in-
dicada elación necesa ia, con iene ambién que
dicha elación se econozca subje i amen e ; y
como no siemp e puede se así, de ahí nace la po-
sibilidad del e o . Y ¿cómo se conocen los ca ac-
e es que hacen que una ci cuns ancia sea indicio.
necesa io de un hecho? ¿Cómo econoce la pe -
ección de una p ueba sino median e p esuncio-
nes? Po ejemplo, es una necesidad mo al que la
deposición de Tulio sea e ídica, si no iene in e-
és en men i , si no obse ó mal, si no es aba p i-
ado momen áneamen e de su azón, ni es aban
o uscados sus sen idos; pe o ¿cómo elimina odos
es os icios posibles? ¿Cómo descub i en su co a-
zón que no iene mo i o pa a inclina se de un
modo pa cial? ¿Cómo que lo ha obse ado odo
a en amen e, sin pe de ni disimula ci cuns ancia
alguna? ¿Cómo que no ha enido momen ánea
o uscación de los sen idos, ni expe imen a
do
pe -
u bación alguna en la men e?... Sin duda, has a
donde sea posible, con las p uebas; pe o al in me-
dian e las p esunciones. Es as úl imas son, des-
— 60
pués de odo, las azones in ínsecas de la ce i-
dumb e, ó, lo que es lo mismo, los medios ya me-
dia os, ya inmedia os, de comp obación, po lo que
has a las p uebas mismas necesi an de su auxilio
y apoyo.
La ce eza, en cuan o es subje i a, a ía ó pue-
de a ia en cada homb e; es o es, puede uno da
po cie o lo que o o es ima dudoso, según ya he-
mos ad e ido (II); en su i ud, no puede o -
ma se un juicio absolu o y uni e sal espec o de
los medios plenamen e e icaces ó bien espec o de
las p uebas pe ec as; sólo cabe en es e pun o o -
ma un juicio ela i o é indi idual. Sin duda que,
como odos los homb es ienen una misma na u a-
leza y una misma azón, odos suelen juzga de
un modo semejan e; pe o es posible ambién que
lo hagan de un modo desemejan e, sob e odo en
aquellas p oposiciones que no son de una e iden-
cia absolu a. La misma na u aleza, sin emba go,
de los homb es, nos hace e que la mayo ía de
las eces deben juzga y ap ecia las cosas de una
misma mane a; pe o sin que es e sea un p incipio
absolu o, pues cabe que en algunas ocasiones ap e-
cien y juzguen de una mane a dis in a: po donde
se debe ad e i que, an e de e minados medios
de p ueba, la mayo ía de las gen es se pe suaden
y con encen.
¿Quién niega la exis encia de Julio Césa y de
— 61 ----
sus
haza ias?
Sin emba go de es o, no enemos
sino medios capaces de p o oca una ce eza his-
ó ica (las más de las eces débil): ales son las
adiciones, los anales, los monumen os. Aho a
bien, si á pesa de ello odos c eemos que aquel
ha exis ido y ob ado (y quien no c ee lo hace po
ala de de escep icismo), con iene ad e i que,
desde el momen o en que se p esen en cie as
ci cuns ancias dadas, odos ó casi odos los hom-
b es suelen c ee como e dade o un ase o, un
hecho. Es e su agio del mayo núme o es el que
es a uye ace ca de cuáles de en e los medios o e-
cidos pa a comp oba son undados; y es segu o
que quien se acomoda á es e juicio ob a bien, oda
ez que, en igualdad de ci cuns ancias, es menos
posible que se engañen los más que no los me-
nos. Hablo, na u almen e de p obalidades, sin ne-
ga que, á pesa de odo, exis e la posibilidad de
e a . Vol iendo al indicado ejemplo, auque odos
c eamos que Césa ha exis ido, como exis e nues-
a I alia, sin emba go, no es una necesidad apo-
díc ica al c eencia; pues siemp e queda en pie la
posibilidad de lo con a io, es o es, que Césa no
haya exis ido. Sin sepa a nos de la His o ia oma-
na, la misma ce eza que noso os enemos aho a
en cuan o á la exis encia de Césa , la enían nues-
os pad es espec o de la exis encia de Rómulo>
el undado de la ciudad mad e, y sin emba go,
— 62 —
es a exis encia es dudosa, oda ez que los o íge-
nes de Roma co esponden á la leyenda.
Los es udios his ó icos pueden suminis a nos
oda ía muchos más ejemplos de hechos enidos
mo almen e como cie os du an e la gos siglos
po los di e en es pueblos, y pos e io men e des-
men idos: así, e big acia, hoy en el día hay quien
c ee que Home o y Pi ágo as han i ido y quien
no; los que no c een en la exis encia de Ho ne-
o y de Pi ágo as, a i man que los poemas hon é •
icos son can os popula es eunidos, y Pi ágo as
la pe soni icación de una ins i ución, de una sec-
a, de un mi o. ¿Y qué deci de la c eencia, an o
iempo admi ida, aun po las pe sonas más cul-
as, en las b ujas? ¿Quién hubie a dudado hace
es siglos?.., De donde esul a que, á pesa de
que la ce eza se de e mina, ó mejo , debe de e -
mina se, según la indicada elación segu ísima de
la necesidad, á causa de la impe ección de los
medios y de los da os con que la ce eza se log a,
el e o es posible; lo cual no impide que el c i-
e io in ínseco del o o gene al del común sen i
sea el único que, en é minos no males, debe guia
pa a la decla ación de si una p ueba es pe ec-
a ó no.
Aho a, pasando á la aplicación p ác ica, no se
puede de e mina en un
sen ido p opio
cuáles son
las p uebas pe ec as, conc e as, ó bien en qué
— 63 --
consis en aquellos equisi os
,
que hacen necesa ia
su espec i a indicación; sólo cabe señala , en un
sen ido imp opio, cuáles son las ci cuns ancias en
las cuales los homb es, po lo común, suelen con-
ence se, indicando los equisi os de las p uebas
que suelen p oduci en odos ó casi odos los hom-
b es la ce eza; de es a mane a uel en á apa e-
ce las p esunciones como las e dade as p emi-
sas de las p uebas. Conyiene ad e i que uso en
es e caso del e bo
sole
po que cabe que las cosas
pasen de o o modo; así, cuando la ju isp udencia
ó la legislación llaman á esas p uebas
p uebas pe -
ec as,
ha de en ende se es o en un sen ido imp o-
pio; es o es, que el legislado y el juez las consi-
de an ales, undándose en la mane a o dina ia y
no mal de juzga . Mas ambién aquí cabe nue a-
men e la posibilidad de equi oca se; po lo que la
de e minación de es as p uebas imp opiamen e
pe ec as esul a, no sólo di ícil, sino poco p ecisa;
pues ealmen e, no es an ácil descub i po qué
concu so de ci cuns ancias oda pe sona sensa a
suele adqui i la ce eza de una cosa dada, siendo
en cambio excesi amen e acilísimo sus i ui con
el p opio modo de juzga el uni e sal.
Cuando hay es ablecido co no igen e un c i e •
io legal de ce eza, el legislado se halla obliga-
do á de e mina cuáles son es as p uebas pe ec-
as; y (aunque no es á igen e) la de e minación.

— 64 —
de las mismas según las no mas de la lógica y
del común sen i es ú il, oda ez que, eniéndolas
p esen es el juez, le si en de eno con a la p e-
cipi ación y la lige eza de los juicios, coope ando,
po o a pa e, á la segu idad pública y p i ada.
Aho a bien, la no ma gene al y p ima ia en al
in es igación es la siguien e:
decla a p ueba pe -
ec a (ó plena, ó comple a)
aquella que según el
modo común de juzga suele suminis a d odos
la ce eza.
De es e p incipio se desp enden como
co ola ios las di e en es p uebas pe ec as espe-
ciales, como se e á luego al especi ica las, aun-
que siemp e de un modo eó ico. Con iene aho a
hace las siguien es ad e encias:
Cuando uno ase e a una cosa, si no iene in-
e és en men i , y posee además odas sus a-
cul ades ísicas y mo ales, decimos que se le de_
be c ee . Aho a bien: ¿o ece á és e ambién una
p ueba pe ec a en lo c iminal? Sin duda; si de-
cla a y demues a, si la ce eza es una, no hay
azón pa a que las decisiones penales exijan ab-
su damen e una mayo ce idumb e. Mas, se di á,
es cos umb e que ni la legislación ni la ju isp u-
dencia se sa is agan con un simple y singula es-
imonio; an es exigen que es é odeado de cie os
equisi os, y ad( más que sea plu al. Cie o es
es o; pe o, cn p ime luga , no es p ecisa la plu-
alidad, como luego se demos a á (XXIV); es a
65
plu alidad signi ica una exube ancia, á eces lau-
dable; una cau ela, no siemp e necesa ia. P eci-
samen e á causa de la descon ianza , ó mejo ,
de lo di ícil que es llega á de e mina , p ác i-
camen e, los da os que lo ha ían obje i a é in-
ínsecamen e e ídico y pe ec o, se acude al
expedien e de la duplicidad de es imonios (ya
que es menos di ícil que dos pe sonas se engañen
á la ez ó se pongan de acue do pa a engaña );
pe o eniendo en cuen a que no se hace es o en
i ud de azones obje i as é in ínsecas. Cosa
análoga debe deci se de los demás equisi os que
suelen p esc ibi se pa a la legí ima p ueba es i-
monial, y los cuales se con ienen implíci a y abs-
ac amen e en los ca ac e es exigidos pa a el
es imonio e ídico , á sabe : que los es igos no
sean meno es , so domudos ó locos , pa ien es,
amigos ó enemigos del culpable , in ames , pe ju-
dicados ó co eos , e c. ; que no espe en daño o
bene icio de la condena ; que na en ex ensa y sus-
ancialmen e el hecho; que decla en en juicio; que
ju en, e c.
En la legislación, ó en la ju isp udencia penal,
se han adop ado a ios g ados de p ueba pe ec-
a, y en su i ud de ce idumb e, á pesa de que
si aquélla no iene g ados, como se dijo en el
capí ulo III, ealmen e no debie a ene los la
p ueba Po ejemplo, en la legislación aus iaca
— 66 —
enemos es clases de p uebas, en cuan o al a-
lo , ela i as
á
es clases de deli os: la p ime a,
pa a los c ímenes capi ales; la segunda, pa a los
c ímenes y pa a los deli os, y la e ce a, pa a las
al as. Se conside a p ueba o dina ia y gene al la
segunda, y p uebas ex ao dina ias y excepcio-
nales la p ime a y la e ce a. Aho a bien: ¿de
cuál de es as es clases de p uebas se hace e-
sul a la ce eza? De odas es, sin duda, pe o
con ayéndolas á las es clases de deli os á que,
espec i amen e, se e ie en; así, á
lo
menos, de-
be á esponde un in é p e e del eglamen o p o-
ba o io aus iaco. Mas ¿po qué azón se les im-
pone limi ación semejan e? ¿Po qué azón las
p uebas que ase e an la exis encia de una al a
no si en ambién pa a ase e a la exis encia de
un c imen ó de un deli o? ¿Po qué azón, en in,
las que asegu an la exis encia de un c imen ó de
un deli o, no han de pode p oduci el mismo
e ec o, cuando se a a de un c imen cas igado
con pena de mue e? Segu amen e que
el
in é -
p e e no pod á esponde á semejan es p egun as,
pues o que, una de dos, ó las p uebas p esc ip-
as pa a las al as son e dade as
p uebas,
es o
es, medios capaces de p oduci ce eza, ó no lo
son. Si lo son, se i án pa a p o oca la ce idum-
b e ambién con elación á los deli os
y
c ímenes
comunes
y capi ales de lo con a io, ampoco
— 67 --
pueden p o oca la con elación á las al as, de
donde esul a á que és as se cas iga án sin se
p obadas. Lo mismo puede deci se de las p uebas
p esc ip as pa a los deli os no cas igados con pena
de mue e, connillación á aquellos que se cas i-
gan con dicha pena.
Po lo demás, no deja de jus i ica se es e (digá-
moslo cla o) absu do, de p esc ibi mayo ó me-
no p ueba, mayo ó meno ce idumb e; es icio
ine i able del sis ema de las p uebas legales. Lo
absu do adica en lo que ya se ha dicho; la jus i i-
cación es á en que, cuan o más se e a es la pena,
an o más aumen a el emo de cas iga la inocen-
cia, sob e odo cuando se a a de una pena i e-
pa able, como la pena capi al; aho a bien, el le-
gislado , con o me aumen a la g a edad de la
pena, exige mayo es segu idades. Todo ello, como
se e, po i ud de una exube ancia y no po o a
cosa, pues o que la p ueba adecuada pa a ase e-
a los deli os meno es, se debe conside a ade-
cuada ambién pa a p oduci el mismo e ec o con
elación á los mayo es; de o a sue e, los p ime-
os se cas iga ían sin habe alcanzado el juzga-
do el es ado de ce eza. La ley aus iaca al dis-
pone que cuando los c ímenes capi ales no ue-
sen ase e ados con las p uebas excepcionales
p esc ip as, sino de o o modo, se cas iguen con
una pena dis in a, acep a el sis ema, echazado
— 74 —
Como se e, pues, p escíndese aquí de la cues ión
de la ce eza de los hechos y demás; la omisión, el
desis imien o de una pa e, pueden se su icien es
pa a que el juez a o ezca á la o a.
En i ud de es as conside aciones, esul a cla-
amen e la mayo impo ancia de la c í ica penal
compa ada con la ci il, oda ez que, e i iéndose
la
p ime a á de echos inalienables y la segunda á
de echos alienables,
y
no a ándose en és a más
que de la p opiedad, mien as que en aquélla se
a a del hono , de la libe ad y has a de la ida,
el juez de lo c iminal es á obligado á in es iga la
e dad aun con a la olun ad de la pa e misma,,
mien as que el de lo ci il p escinde de sus p o-
pias in es igaciones, bas ándole en e las supues-
as alegaciones y documen aciones las que le pa
ezcan más ue es, ó bien las que no esul en des-
men idas, y si lo ue en, le pa ezcan las más p o-
bables. Pa a da un nue o ejemplo que acili e la
comp esión de la ac i ud del juez en una causa ci-
il, supongamos que el e dade o obje o del li igia
sea un alo de seis li as y que el ac o eclame
po su pa e nue e, mien as que el demandado
econoce sólo la p ocedencia de la eclamación de
es. Si el juez an es que a ene se á la in es iga-
ción de una ce eza a i icial se a u ie a á la na u-
al; si en ez de decidi se po la mejo en e las
dos alegaciones se ijase en la e dad. ., an es que

— 75 —
Te si el hecho alegado po una de las pa es es
más e dade o que el alegado po la o a, se e-
sol e ía á in es iga qué hecho, p escindiendo de
los alegados, e a el e dade o. Sin emba go, no se
cuida del obje o e dade o del li igio, sino que se
p opone a e igua cuál de las dos alegaciones
aducidas se á la más p obable. ¿O ece mayo es
p obabilidades el ase o del ac o ? Pues bien, en
ese caso el obje o del li igio se án las nue e li as.
¿Las o ece mayo es el del demandado? Pues en
al caso dicho obje o se án las es li as, siendo así
que, según hemos supues o, el e dade o obje o
e an seis li as. Y cuen a que al ob a así el magis
ado, p ocede á ec amen e en sus juicios, pues
sabido es que iene que limi a se á alcanza un es-
ado de ce eza condicional, siguiendo o zosa-
men e un camino de e minado. Sin duda hay cie -
as o mas del p ocedimien o ci il en las cuales, á
causa de su índole inquisi o ia, el juez pe sigue la
e dad po sí mismo, p oponiéndose alcanza en
mayo ó meno medida una ce eza esencial no
o mal; pe o és a no deja po eso de se p opia del
p
ocedimien o ciyil como aquélla lo es del c i-
minal.
— 76 —
IX
De las p uebas simples y compues as, inmedia-
as y media as, pe sonales
y
eales.
Examinadas las p uebas pe ec as é impe ec-
as, esenciales y o males, y demos ada la legi i
midad de las pe ec as y de las esenciales, an
sólo es p eciso (an es de p ocede al examen de
los di e en es medios p oba o ios y á su cálculo)
examina los di e en es aspec os bajo los cuales
pueden e se las p uebas po la men e humana,
pa a de es e modo p ecisa y de ini sus especies;
cabe en es e pun o dis ingui dichas p uebas en
simples y compues as, inmedia as y media as, pe -
sonales y eales, in e nas y ex e nas, di ec as é
indi ec as, posi i as y nega i as, de inculpación y
de desca go, obje i as y subje i as, in encionales
y de ejecución, p incipales y acceso ias. El con
cep o de la p ueba pe ec a (VII implica la posibi
lidad de la impe ec a, la cual exis i á siemp e que
los da os o ecidos no sean su icien es pa a p odu-
ci en la men e una i me y azonable pe suasión.
Aho a bien, como en lo c iminal sólo es álida la
p ueba pe ec a, no se ía necesa io a a de la
impe ec a, si no ue a po que puede és a coadyu-
a á los ines del p oceso penal me ced á su coin-
— 77 —
cidencia con o as. Es cosa admi ida que a ios-
da os, que omados aisladamen e no p oducen una
ce eza e dade a, pueden, sin emba go, p o o-
ca la omados colec i a á conjun amen e; así, un
concu so de p uebas impe ec as puede equi ale
á una p ueba pe ec a. De es o esul a que hay
p uebas pe ec as, ya po que lo son en sí mismas,
ya po que esul en del conjun o de a ias p uebas
impe ec as. Llámanse las p ime as
simples,
y las.
segundas
compues as
(XXXVII).
Tan o las unas como las o as pueden llega á
quien de ellas se si e inmedia a á media amen e>
En e ec o, un hecho cualquie a puede se nos e e-
ido bien po un es igo del mismo (ya como suje o
ac i o ó pasi o, ya como simple espec ado ), bien
po quien lo ha sabido de o o; el p ime o cuen a
el
hecho, el segundo, nos hace la e e encia del
mismo, iniendo á se como un es igo del es igo.
Aho a bien, las p uebas p o enien es de la p ime-
a o ma, ya p ocedan de un en e mo al ó de ob-
je o ma e ial, en suma, de los homb es á de las co-
sas, las llamo
inmedia as
ú o iginales, y las de la
segunda
media as
á de i adas.
Así, po ejemplo, si Ticio con iesa en juicio ha-
be obado á Cayo, o ece una p ueba inmedia a
de su deli o; y si, po el con a io,
m
„,e _o
y
Lucio
ase e an que Ticio les ha con esado el deli o,
aquéllos o ecen una p ueba media a del hu o,
— 78
aunque inmedia a de la con esión. No debe ex a-
ña que ecue de aquí la an igualla de Ticio y de
Cayo, de que algunos acaso es én ya a igados.
Al in y al cabo la usaban los omanos nues os
abuelos, que se alían de semejan es su ilezas ju-
ídicas pa a sus demos aciones. Aho a bien, oja-
lá sepamos siemp e imi a los... Supongamos que
Me io y Lucio hayan sido es igos del deli o y que
lo hayan con ado á Julio y á Manlio: los p ime os
son en el juicio es igos inmedia os, llamados im-
p opiamen e
ocula es;
los segundos lo son media-
os, ó, ambién imp opiamen e,
au icula es.
Digo
imp opiamen e po que , an o unos como o os ,
pueden habe llegado al conocimien o del hecho
median e la is a ó median e el oído. Es e cali ica-
i o lo usa on los ju isconsul os, undándose en
que el es igo inmedia o
e, po deci lo así,
el he-
cho que ase e a (aunque haya podido oi lo,
como
en el caso de inju ias e bales>, y el media o la
oye .de o os (aun cuando ambién pueda e lo,
como en el caso de decla aciones esc i as).
Desde luego se comp ende que una p ueba me-
dia a, en igualdad de ci cuns ancias, ale menos
que una inmedia a, siendo po su na u aleza im-
pe ec a, ya que, si la e dad puede oscu ece se
al se comp endida po los p ime os es igos,
siemp e hay más p obabilidades de que se oscu-
ezca mayo men e, en los es igos
ul e io es á,
79
quienes se cuen a; y si puede susci a se la
duda
espec o de los p ime os, en cuan o pudie on equi-
oca se y pueden engaña , cuando se a a de los
segundos, cabe la duda ambién de que hayan sido
engañados y de que engañen, De aquí nace una
jus a descon ianza, la cual aumen a cuan os más
son los g ados po que el es imonio pasa, oda ez
que la e dad e e ida de es igo á es igo , a
poco á poco pe diendo, de un modo na u al y ne-
cesa io, su luz y su p ecisión p ime a. Y nó ese
además que las e e encias no o ecen al in y al
cabo odas aquellas ga an ías que hacen idóneo el
es imonio judicial, po ejemplo: el in e oga o io,
las solemnidades i uales, el ju amen o y el emo
de la pena.
Con iene á es e p opósi o eco da aquella es-
pecie de p ueba usada en los an iguos iempos, la
cual no es ealmen e una e dade a p ueba: me
e ie o á la ama,
á la oz pública, que daba o i-
gen á lo que se llamaba
no o iedad.
Bas aba és a
pa a condena á algunos; y ambién, según el pa-
ece de algún ju ispe i o y las p esc ipciones
de algún legislado , puede ale , ya que no como
o a cosa, como p ueba impe ec a ó como indicio;
más á deci e dad, es a acusación inde e minada
y
aga cuyo o igen p ime o se desconoce, y que
en modo alguno puede da luga á un conoce p o-
pio, no puede ene ningún alo : es un conjun o

— 80 —
de mil umo es, ó bien, como decía Vol ai e,
eco
ya de o os umo es,
cuyo o igen, si uese posible
de e mina , acaso se encon a ía en el miedo ó
en la calumnia de algún aná ico ó de algún mal-
ado.
La no o iedad (me e ie o á la que ecae sob e
las ci cuns ancias p incipales y especiales del de-
li o) es el úl imo lími e y la suma de las p uebas
denominadas media as; es una e e encia gene al
que cons a de di e sas e e encias especiales, las
cuales, á su ez, p o ienen de o as e e encias
p eceden es, y és as de o as... De modo que aun
cuando pueda llega á la e dad, la p esen a ne-
cesa iamen e á a és de an os medios y de á-
mi es an os, que ya no puede se econocida, no
siendo dable p es a le e. Sin duda puede se i
como indicación suges i a pa a inqui i , pa iendo
de ella, po el camino de las e e encias enlazadas
has a
llega ,
si
es posible, á aquella que oca con
la ma e ial pe pe ación del hecho e e ido; eal-
men e, en los
juicios
sob e asun os penales, como
en odos aquellos que son an impo an es en la
ida, no se puede da c édi o á una decla ación
cualquie a, sino an sólo á las que engan cie o
undamen o. Yo c eo que es e dad el hu o de Ti -
cio, en i ud de/ ase o de Me io y Lucio, po que
és os ie on come e lo; en cambio, en i ud del
ase o de Julio y Ma ino, que lo oye on á los o os
'31
— 81
dos, sólo c eo en la e dad de la e e encia,
pe o
no que el hu o de Ticio se haya ealmen e
eali-
zado
si Julio y Manlio no lo ie on come e . Si es-
os
úl imos hubie an e e ido á o os lo que á
Me-
io y Lucio han oído, los nue os es igos p oba án
an solo la e dad de la e e encia de Julio y
Man-
lio, pe o no di ec amen e la del dicho de Me io y
Lucio, y menos oda ía la e dad de la pe pe a-
ción del hu o, del cual sólo se end án en onces
indicios más ó menos ue es.
Si la deposición de los es igos p ime os ó inme-
dia os, se hicie e á los segundos ó media os con
aquellos equisi os que se exigen pa a que sea le-
gí ima ó sea álida y cie a, se pod ía ob ene ,
me ced ambién á es os úl imos, una p ueba pe -
ec a en juicio; pe o como la deposición indicada,
ni se hace, ni se puede hace , con los equisi os
exigidos po la ley y po la ju isp udencia, esul a
que la e e encia no puede nunca cons i ui po si
sola p ueba plena. Po lo demás, ace ca de es e
asun o se habla á especialmen e en el capí ulo de
las p uebas impe ec as (XXXVII).
Conside adas desde el pun o de is a ex e io , las
p uebas pueden se obje o de una ul e io dis in-
ción en azón de los medios que en añan, los cua-
les medios son, como es sabido, ó nues os sen i-
dos ó las e e encias ajenas. Las huellas que el de-
li o deja, ya en los homb es (mo ales), ya en las
6
— 82 —
cosas (ma e iales), llegan á conocimien o del juez
me ced á es os dos medios, cons i uyendo las uen-
es de dos di e sas clases de p uebas, las cuales
se llaman po es o mismo
pe sonales
y
eales
Las
p ime as se mani ies an al juez en
audiencia;
las
segundas, con la inspección, de un modo inmedia-
o; pudiendo ambién mani es a se media amen e,
como en el caso de una ci cuns ancia ase e ada
po pe sonas, ó de una deposición pe sonal pues a
de mani ies o po cosas (po ejemplo, en los docu-
men os). Sin emba go, a ándose aquí, como se
a a de las p uebas, las conside o bajo el aspec o
de su inmedia a p esen ación al juez; es o es, al
cual se o ecen á su ap eciación en el ac o de dic-
a sen encia.
X
De
las p uebas in e nas y ex e nas, di ec as
é indi ec as, posi i as
y
nega as.
Según lo expues o, podemos deci que nos pe -
suadimos de la e dad de un hecho, ya po que ui-
mos espec ado es de él noso os mismos, ya po -
que nos lo a es iguan e ce os que lo p esencia-
on En el p ime caso la e dad pudo habe sido
alseada po nues os sen idos; en el segundo, po
os sen idos ambién de los es igos y po su mali-
83 _
cia; la ce eza, po an o, debe se mayo en el p i-
me o que en el segundo caso, siendo mayo la c e
dibilidad que su ge de la p opia obse ación que
la esul an e de las na aciones de o os. El juez,,
sin emba go, la mayo ía de las eces, iene que
o ma una ce eza his ó ica; es o es, la que e-
sul a de las p uebas pe sonales ó es imoniales, ó
como quie a deci se; si cabe que algún hecho se
p uebe en i ud de la simple inspección, no hay
modo de que al hecho sea el deli o sal o cuando
és e ocu a en el mismo juicio.
El hecho, pues, que se nos mani ies a á noso os
ó á o os es aquel sob e que que emos juzga , ó
bien sob e una simple ci cuns ancia del mismo;
a ándose de ma e ia penal, el juicio ecae sob e
el deli o ma e ial ex e no ó sob e una de sus ci -
cuns áncias• Supongamos que un es imonio nos
ase e a habe is o á Ticio ma a á Cayo, y o o
habe is o á Ticio es a ce ca del cadá e de
Cayo con un puñal ensang en ado en la mano; el
p ime o es i ica el hecho ma e ial sob e que se
juzga, y el segundo un hecho sólo que es simple
ci cuns ancia del p ime hecho; en o os é minos,
aquél mues a la mue e al cual ha ocu ido; és e,
una ci cuns ancia de la misma, que puede na u al-
men e di idi se
en
dos: p esencia en el luga y po-
sesión de un ins umen o mo í e o.
Los c iminalis as, en el supues o de que
una
— 90 —
manse p uebas
nega i as,
á
di e encia de las
po
si i as,
que son las que se e ie en al hecho mismo
obje o de la con o e sia. Las p ime as o écense
más bien en el desca go que en la acusación, y con-
sis en en odas aquellas ci cuns ancias que el
acusado opone al e ec o de neu aliza , po deci lo
as , las que le esul an con a ias; pe o pueden,
sin emba go, p esen a se en la misma acusación,
como en el caso en que se impu e á uno un deli o.
po el hecho de que sólo él y no o o enía la po-
sibilidad de come e lo: dichas p uebas, ya sean
de ca go, ya de desca go, son siemp e indi ec as
en cuan o con emplan el hecho que se in es iga
de un modo oblicuo. Los an iguos juicios de Dios
son p uebas de es a clase, pe o o males; lo mismo
puede deci se de la pu gación canónica, me ced á
la
cual ju aba el acusado la p opia inocencia, y
es o bas aba.
El concep o esencial de la p ueba nega i a es á
en que en luga de ase e a di ec amen e la e -
dad ó la alsedad del hecho que cons i uye el ob-
je o de la con o e sia, ase e a uno que lo admi e
ó lo echaza necesa iamen e. Se dice que Ticio ha
ma ado á Cayo; pe o, obse a aquél, ¿cómo puede
se es o, si cuando Cayo ué mue o me encon aba
yo á 1.000 millas de dis ancia?...

— 91 —
X
I
De las p uebas de inculpación y de desca go,
obje i as y subje i as, in encionales
y
de eje-
cución, p incipales
y
acceso ias.
Conside adas las p uebas en su aspec o in e no,
con iene subdi idi las pa a acili a su uso, ya
que después de odo, mucha pa e
s
del sabe es á
en clasi ica adecuadamen e. En p ime é mino,
es ácil obse a de qué modo se pa e de un p e-
juicio cuando se dice que el obje o del juicio c i-
minal es el c imen , siendo así que puede ó no
se lo. De ahí la endencia y el háb o de mi a las
p uebas y las ci cuns ancias an sólo como de im-
pu ación, ol idando que el obje o del juicio c imi-
nal es un cúmulo de ci cuns ancias mo ales y ma-
e iales de impu ación c iminosa ó no, po lo que
al ija el hecho c iminal es p eciso pone de ma-
ni ies o an o la culpa como la inocencia. De las
di e sas ci cuns ancias some idas al examen judi-
cial, unas cons i uyen ó es án en conexión con un
c imen; o as, ó son comple amen e indi e en es,
cons i uyen y es án en conexión con hechos ales
que echazan el c imen y le son opues as. Se a a
de in es iga , e big acia, un deli o de es up o;
las señales ísicas de la iolación se án una ci -
— 92 —
cuns ancia conexa con el deli o; la comp obada
impo encia del que ue e acusado como au o , una
ci cuns ancia opues a al mismo, y la eligión de
la íc ima, una ci cuns ancia indi e en e. Debe
ad e i se
.
que una ci cuns ancia en sí indi e en e,
puede deja de se lo con elación á un hecho dado;
así, en el caso supues o, el ínculo de es echa
consaguinidad en e el eo y la íc ima según se
conside e, puede se una ci cuns ancia esencial
del es up o inces uoso, ó bien una ci cuns ancia
de p obable exclusión del es up o simple. Tene-
mos,
pues, ci cuns ancias que p incipal ó acceso-
iamen e se e ie en al conjun o sob e el cual se
ha de unda el juicio de ini i o; pe o eniendo en
cuen a que aquellas ci cuns ancias, que de uno ú
o o modo apoyan el deli o, se denominan ci cuns-
ancias de inculpación ó de ca go, mien as que
las que apoyan la inocencia son ci cuns ancias
que disculpan, es o es, ci cuns ancias de des-
ca go.
Las p uebas in e nas y de inculpación pueden
se di ididas ul e io men e, en a ención á la es-
e a de su e icacia p oba o ia, en obje i as ó sub-
je i as, in encionales y de ejecución, p incipales y
acceso ias.
Si una p ueba se e ie e á un ac o c iminoso co-
me ido, p escindiendo del au o , llámese
obje i a;
si se e ie e al au o , p escindiendo del ac o, llá-
— 93 —
o ase
subje i a;
la p ime a la llaman
ambién los
p ác icos
gené ica, y
la segunda
epeci ica;
pe o,
apa e de que es o implica una ex aña mane a de
oma las ideas de géne o y de especie, acusa una
al a de p ecisión en el uso mismo de es as pala-
b as, según el cual, p ueba gené ica no puede
equi ale á obje i a, po e e i se más bien al ele-
men o ma e ial, al cue po del deli o omado en su
sen ido la o, p escindiendo, no sólo de los aspec-
os subje i os, sino ambién de la impu abilidad
del ac o y del g ado de la misma. La dis inción de
las p uebas en obje i as y subje i as no es más
que una sepa ación men al del conjun o p oba o-
io, po lo que no eo la necesidad ó mejo lo a-
zonable de aquel p ecep o, según el cual, la p ueba
subje i a no ale cuando no exis e la obje i a. No
cab ía imagina el caso en que pueda exis i la
una sin la o a, si aquélla implica és a necesa ia-
men e. Po o a pa e, si el epí e o de obje i a se
puede oma en el sen ido p ác ico de gené ica,
es o es, si se ha de deci que no se puede a i ma
el eo sin que cons e el hecho en gene al, ó la eje-
cución ma e ial, es cosa de que más adelan e se
habla á (XXVIII-XXX).
P osiguiendo la clasi icación , es de ad e i
cómo cada acción se compone de dos elemen os
esenciales: la
in ención
y la
ejecución.
Pa a come-
e un homicidio, po ejemplo, es p eciso el p opá--
— 94 —
si o de ma a (elemen o mo al), y el ac o de ma a
(elemen o ma e ial); y si uno ú o o al an, no hay
deli o, ni habiéndolo se puede conside a p obado,
de no p oba se conjun amen e el p opósi o y el
ac o. Cada deli o equie e, pues, una ez ealiza-
do, dos p uebas dis in as: la
in encional
y la que
pudié amos llama de
ejecución.
La p ime a e-
ié ese al elemen o in e io , y la segunda al e ec o
c iminoso. Ya a dicho (X, XXXIX) cómo á pesa
del es imonio o ecido con las mayo es ga an ías,
es o es, judicial, doble, o iginal, impa cial, ju a-
do..., el cual ase e a que Ticio ha ma ado
á
Cayo,
y és e y ace cadá e , sin emba go no es á p obado
el homicidio, sino an sólo, á lo más, uno de sus
elemen os, el ma e ial.
¡Cuán os jueces equi ocados, cuán as íc imas
no manchan los as os c iminales á causa de es a
con usión, en i ud de la cual se iene po p oba-
do un deli o po que
se
ha llegado á demos a
su
e ec uación ma e ial! In es igando los medios
ade-
cuados
pa a consegui la p ueba del elemen o mo-
al in e io de cada deli o, desde luego emos que
no hay ni
se puede ene o a p ueba di ec a
que
no sea la de la con esión del eo, y
como
és a es
.di ícil, se impone la necesidad de acudi á las
p uebas indi ec as. Realmen e,
sólo
me ced á las
p esunciones y á los indicios, se puede descub i
o dina iamen e el p opósi o c iminoso. Suponga-
— 95
mos que se iene la p ueba ma e ial y ex e io de
la mue e de Cayo po mano de Ticio; como és e
no se con esa e, la p ueba mo al in e io se po-
d ía ob ene en i ud de los siguien es a gumen-
os: el conocimien o p esun o en Ticio
,
como en
odo homb e, de que una he ida hecha con al ins-
umen o y en al si io suele, sin duda alguna,
ocasiona la mue e; el odio mo al hacia el mue -
o; las amenazas an e io es al deli o; la sa is ac-
ción pos e io , e c. Además, la p ueba ci cuns an
cial del elemen o mo al del c imen puede se ne-
cesa ia, no obs an e la con esión del acusado, siem-
p e que pueda p esumi se que es a úl ima es alsa
ó pa cial.
Sabido es que en una causa penal concu en
con más ó menos in luencia ci cuns ancias se-
cunda ias, po lo que es co ien e que en oda
decisión judicial se necesi a p oba , además del
hecho c iminoso, o os hechos cola e ales, sin los
cuales aquél no se conoce ía. Aho a bien, las p ue-
bas del hecho que cons i uye el obje o y el in de la
sen encia las llamo
p incipales
y
acceso ias,
las
ela i as á un hecho cola e al.
He aquí un ejemplo: Se io es acusado de biga-
mia; cons a el nue o ma imonio y el mismo bí-
gamo lo con iesa. Semejan e con esión, con más
las e elaciones de la esposa y de los es igos de
ma imonio, p ueban el hecho que cons i uye el

— 96 --
deli o, y, en su i ud, o ecen una p ueba p inci-
pal; pe o es o no bas a, es p eciso la de la pe -
sis encia de un p eceden e ma imonio no di-
suel o.
Es a p ueba, que no se e ie e al deli o de un
modo di ec o, sino á, una ci cuns ancia indepen-
dien e y sin la cual aquél no exis i ía, p ueba que
puede saca se de los egis os del es ado ci il, de
las no as pa oquiales, de los es imonios. de las
con esiones, e c., es la p ueba acceso ia.
Bien sé que es una exp esión apa en emen e
e ónea aquella de que la p ime a p ueba (la p in-
cipal) demues a el deli o, cuando luego se añade
que sin la segunda al deli o no esul a demos-
ado; pe o an e la pob eza del lenguaje en es e
asun o, bas a con que nos en endamos; ya es un
absu do llama
p ueba
una p ueba incomple a,
oda ez que si es incomple a deja de se p ueba.
Téngase, pues, como no ma, que en endemos po
p ueba demos a i a del hecho p incipal la que se
e ie e al hecho mismo c iminoso, y po p ueba
demos a i a del hecho cola e al, la que se e ie e
á un hecho ma e ial ó mo al independien e del
c iminoso, pe o necesa io pa a cons i ui lo ó com-
p oba lo.
Aho a bien, son muchos los hechos acceso ios
que, unidos al hecho p incipal, con ibuyen á cons-
i ui un deli o; sin duda uno de ellos, que se oh-e-
ce siemp e en la p ueba in encional, es el
dolo
(si
es que puede llama se acceso io). Analicemos un
hecho cualquie a, po ejemplo un hu o, el cual
cons a de los siguien es ex emos; ap opiación
dolosa y el hecho de apode a se del obje o en el
lad ón, que sea ajena la cosa hu ada, y oposi-
ción en el obado. Pa a que el hu o subsis a
son, pues, p ecisas, cua o p uebas; las ela i as
á la ap opiación y al hecho de apode a se de la
cosa, al cambio de és a, y á la oposición ó al a
de asen imien o de su dueño; en suma, enemos
cua o hechos ísicos ó mo ales que cons i uyen
de un modo p incipal ó acceso io el deli o. Se-
gún el común sen i , la p ueba p incipal es la
que se e ie e al hecho po el cual el lad ón se
apode a de la cosa, siendo acceso ias las o as
es. En su i ud, no bas a que se p uebe que
uno se apode a de una cosa cualquie a pa a que
se le enga po eo de hu o, sino que es nece-
sa io ambién la p ueba de que la cosa ap opiada
es ajena, que el p opie a io no ha consen ido en
dicha ap opiación, y que el suje o ac i o del he-
cho, á sabiendas de que la cosa no e a suya,
y
de
la al a de asen imien o de su p opie a io, se la ha
ap opiado !pa a luc a se). Cuando ocu e un hu -
o ó cualquie o o deli o, no siemp e suelen ha-
ce se semejan es indagaciones po los jueces,
lo
cual no obs a pa a que deban hace se, no debien-
7
do condena se nunca sin habe ob enido un éxi o
eliz en las mismas.
Cons a que Gneo ha qui ado á Ticio un anillo;
Gneo, pa a un juez ulga , es sin más un lad ón,
y p obablemen e lo se á; pe o el anillo de que
se a a, ¿no podía se de Gneo?, ó bien, ¿no po-
día és e c ee que e a suyo?, ó bien oda ía, ;no
pudo Ticio dá selo, ó cuando menos c ee Gneo
que se lo había dado? Y aun cuando se suponga
que el anillo uese de Ticio y Gneo lo supiese, y
que supiese ambién que aquél no asen ía al he-
cho, ¿no podía habe lo omado sin el p opósi o de
ap opiá sélo, sino en simple p és amo ó como de
b oma?, ¿y no cabe que aun con in ención de ap o-
piá selo Gneo lo hicie a con el p opósi o de hace -
se jus icia, de cob a se, de esa ci se, sin ánimo
de luc a se injus amen e?...
_Realmen e semejan es dudas é indagaciones su -
gen y ocu en, si el sospechoso las p omue e ne-
gando cualquie a de los ex emos c iminosos, ya
sea el de la ap opiación dolosa, ya el de que la
cosa es ajena, ó la oposición del dueño. Y en es e
pun o, pa a que al negación sea necesa ia, es p e-
ciso que
exis a una p esunción des a o able con-
a el acusado: la p esunción de hu o. Sólo de
es e modo es a á obligado á p esen a las p uebas
de su inocencia, que á la e dad no deben im-
pone se á nadie; po que la inocencia se p esume,
— 99 —
co espondiendo po lo común al acusado p oba
la delincuencia y no al acusado la no c imina-
lidad. Lo que hay es que la p esunción de inocen-
cia en es e caso (y puede és e se i pa a los di e -
sos deli os análogos) pod á, en cie as ci cuns an-
cias, e se con a es ada po la de la culpabili-
dad en i ud del hecho de la enencia del obje o,
que si no se jus i ica puede esul a en e dad ex-
aña. Así enemos que si o dina iamen e el hom-
b e se p esume inocen e, cuando ha ealizado cie -
os ac os que no acompañan po lo común á la ino-
cencia, se le p esume eo, pues ales ac os impli-
can de o dina io dolo. No siemp e, pues, incumbe
la p ueba de és e á la acusación. Cuando la p e-
sunción del dolo su ge po la índole del ac o, co-
esponde á la de ensa des anece la p esunción
del mismo (XXXIX). Puede cie amen e ocu i
que la de ensa ol ide es o, y que, impues a al acu-
sado la obligación de jus i ica se, és e, aunque ino-
cen e, no enga medios, esul ando á pesa de odo
condenado. Supongamos que Gneo, el p esun o
lad ón, c eyese ingenuamen e que el anillo de Ti-
cio e a suyo, aunque no lo uese; si no e ela es a
ci cuns ancia con a ia al deli o, desde luego se le
decla a á eo con el cas igo consiguien e, y aun
cuando la e ela a, si no u iese modo de p oba la
( oda ez que su simple ase o no ale), ambién
se
le impu a á el hu o, imponiéndole la pena
con
— 106
' e dade a en e an as posibles.» De hecho,
a ía'--
de, «un indicio mo al puede llega á se necesa-
io cuando con la p ueba se echazan odas las hi-
pó esis posibles, excep o una sola.»
La p ueba indi ec a, compa ada con la di ec a,
iene la en aja de que es menos ácil de u di una
alsedad; pe o en cambio hay el pelig o de que el
e o iene un doble campo; pues o que, además
de pode p oduci se aquél en la ijación de la ci -
cuns ancia indicia ia 'en i ud de una ilógica in-
e encia), cabe ambién que se p oduzca en el a
bajo men al encaminado á in es iga el nexo cau-
sal del indicio.
Gene almen e la p ueba indicia ia es maze y
úsase sólo como subje i a; pe o no hay azón al-
guna pa a es a es icción, oda ez que la acción,
como el au o , puede induci se de ci cuns ancias
indi ec as; en el ci ado caso de la des lo ación in-
ducida del emba azo enemos un cla o ejemplo de
p ueba indicia ia obje i a. Po o a pa e, ¿cuán-
as a gumen aciones indicia ias no se p esen an
en la p ueba pe icial y documen al que la p ác-
ica llama di ec as y conside a como su icien es
en la p ueba gené ica?
Los indicios hánse clasi icado de mil mane as,
pe o á mi e muy ilógicamen e, cambiando mu-
chas eces á cap icho las clases, el alo espec-
i o y has a la na u aleza. Enume a los odos se »,

- 101 -
ía imposible, pues son an os como los casos in-
ini os
que pueden p esen a se y supone se. Toda
ci cuns ancia, oda cosa, oda elación (de incul-
pación , de desca go ó indi e en e) puede ene
como indicio o a; aho a bien, ¿cómo especi ica
odas las ci cuns ancias que suponen un indicio
de o a:,?... Sin emba go, omando los indicios en
su unción ec iminado a (es o es, en cuan o son
ci cuns ancias que a guyen el deli o , y eniendo
en cuen a que es as ci cuns ancias pueden edu-
ci se á es clases, de las cuales la p ime a se e-
ie e al concu so de los ex emos mo ales que ha-
cen i
p
sible el deli o, ijando, po deci lo así, el de-
li o i ual (XIII, XV); la segunda. á las huellas
ma e, iales que su ejecución deja (XVI); la e ce-
a, á las mani es aciones del au o y de los e ce-
os ,XVII, XVIII, XXXVII), adop o es a di isión
ipa i a que me pa ece la más lógica, y sin más,
comienzo á a a de la p ime a clase.
Del indicio de la capacidad de delinqui .
Hay es especies ó subclases de indicios, los
cuales, po conside a los emo os, es o es, no co-
nexos ma e ialmen e con un deli o dado, no ienen
ni en el pasado ni en el p esen e sis ema p oba o-
io más que un alo secunda io ó suple o io,
— 108 --
siendo así que, es udiados de ce ca, excep uando
las comp obaciones ma e iales, componen p eci-
samen e aquel concu so an es indicado de ci cuns-
ancias mo ales necesa ias y su icien es pa a de-
linqui . Re ié ense es os indicios á la capacidad,
al mó il y á la opo unidad de delinqui . Hágase
que un homb e de alma pe e sa sea lle ado po
algún
mo i o
hacia un deli o y que enga acilidad
pa a come e lo; es e homb e se á ine i ablemen-
e eo.
Habla é p ime o del indicio mo al y subje i o
de la
capacid id
de delinqui ,
ad i iendo an e odo
que se
a a
de un indicio complejo, p o inien e de
o os indicios, ó más bien de una indicación, la
cual á su ez se e ie e al deli o Po capacidad
(mo al de delinqui , que ambién pod ía llama se
índole c iminosa, en iéndese aquella cualidad del
ánimo p opia de algunos, y en i ud de la cual
és os no sólo se inclinan, sino que apa ecen dis-
pues os á ob a mal. No debe con undí sela, pues,
ni con la capacidad ísico-in elec ual necesa ia
pa a delinqui , ni con el mó il c iminoso, como
suelen hace los p ác icos. Las ci cuns ancias que
la ponen de mani ies o son: la ida an e io y las
cualidades pe sonales de las cuales se puede indu-
ci un hábi o c iminoso.
La
ida
an e io
puede sabe se, ó en i ud de
las sen encias, ó po es imonios públicos ó p i a-
— /09 —
dos; es o es, median e e e encias (p ueba ex e -
na). P escindo de la
ama,
po que és a, según dejo
dicho (IX), sólo ale educida á e dade os es i-
monios. Los juicios ó sen encias an e io es ienen.
alo en cuan o demues an condenas an e io es
y deli os an e io es. Más agos é inde e minados
los es imonios, á menudo se limi an an sólo á
na a acciones o pes, pe o no c iminosas; así e-
sul a mucho más di ícil la inducción. Aho a bien:
supues a la p ueba ex e na de las ci cuns ancias
de inculpación, ase e adas an o po las decisio-
nes judiciales como po los a es ados o iciales ó
p i ados, puede esul a que la pe sona á quien se
e ie en había come ido an e io men e acciones,
ya c iminosas, ya simplemen e inmo ales, de una
ó a ias especies y una ó a ias eces El indicio
se á más ehemen e cuando la pe sona de que se
a e haya come ido a ios deli os de la misma es-
pecie en las mismas ci cuns ancias, y lo se á menos
cuando sólo se demues en cie os hábi os c imi-
nosos en gene al. La ida an e io , según es o,
puede indica ó puede p oduci la p esunción que
se unda en aquello de que los homb es de o di-
na io no cambian y de que el que iene po cos um-
b e ob a mal puede p esumi se que segui á ob an-
do de la misma mane a.
Po o a pa e, la azón po la cual las
cualida-
des pe sonales,
mo ales ó ísicas hacen p esumi
— 110 —
ac os análogos, se apoya en la co espondencia
en e lo mo al y lo ísico, y en e un ac o mo al y
o o. Un indi iduo es, po ejemplo, de es uc u a
débil: p obablemen e se á ímido,
y
como ímido,
coba de. En p ime é mino es án las cualidades
mo ales, es o es, la índole c iminosa; luego las í-
sicas, á sabe : la índole inducida de los ca ac e es
ex e io es del cue po humano.
Cada deli o iene po mó il un a ec o: la maldad
en gene al, en p ime é mino, y después, ya más
pa icula men e, la codicia, la sobe bia, la luju ia,
la e ocidad... De dos homb es, uno bueno y el
o o malo, sobe bio, e oz..., ¿cuál es el eo? No
hay pa a qué deci lo. Cuando en una pe sona se
da al índole, y el hábi o icioso, con su endencia
hacia un obje o dado pa a sa is ace una inclina-
ción de e minada, desde el momen o en que con-
cu an las condiciones p opias pa a que aquella
índole y el hábi o icioso se mani ies en, el deli o
puede su gi .
Mas si la índole mo al, indica, es indicio del de-
li o, necesi a ambién se
á
la ez indicada; aho a
bien: el ánimo de cada cual no puede mani es a se
sino po p opia e elación de quien lo iene, ó po
os ac os ex e io es y los ca ac e es ísicos del
mismo. Espe a de un mal ado la
con esi'Sn
de su
maldad se ía inú il; es p eciso ija se en las accio-
nes, que le ponen al desnudo (lo cual acili a el
in-
— —
dicio ya ci ado de la ida penal an eceden e) y
además su mismo aspec o ex e io .
El cue po se ha dicho que es «el espejo del
alma
»
, y cie amen e, sin desconoce las posibles
excepciones, an ín imo es su concu so
y
ecíp oca
su in luencia, que no pocas eces léense en aquél
las pasiones y las lucub aciones de és a. Ya se
conside e el cue po modi icado po el alma, ó ya
el alma po el cue po (ó bien al e na i amen e), lo
indudable es que á menudo exis en ales analogías
en e sus cualidades, que pueden conside a se las
del p ime o como indicio de las de la segunda. El
sexo, la edad, la sang e, la cons i ución, el es ado
de salud, la con o mación del c áneo (á c ee á los
enólogos), in luyen en la o mación de las pa i-
cula es inclinaciones. Quin iliano ad e ía ya que
se debía conside a como más ácil el la ocinio en
el a ón y en la muje la hechice ía; una eno me
pasión, la c ueldad, p esén ase en unos insidiosa,
en o os enaz. T es g andes pasiones dominan en
las es di e sas edades: el amo en la ju en ud,
la, ambición en la edad madu a, la a a icia en la
ejez De ahí los es g andes icios, la luju ia, la
sobe bia y la a a icia, las es ie as dan escas.
Las mismas azas ienen su peculia in lujo en loe
icios y en las i udes; son amosas la mala
e
g iega, la men i a en los chinos, la gula alemana,
el o gullo cas ellano, la enganza co sa, la
a a i-

— 112 —
cia heb ea. A noso os los i alianos se nos ha a i-
buído una índole aido a, dispues os á usa , ya
del puñal, ya del eneno

Pe o ambién los ha-
bi an es de la Ligu ia enían en e los an iguos la
ama de uines escla os; e dad es qug dicha a-
ma la enía odo homb e y odo puebloisome ido;
más dejemos es o, que no nos es líci o den o de la
ciencia con undi los pensamien os con los sen i-
mien os del alma, y mucho menos cuando, como
yo hago aho a, se a a de ales su ilezas me a ísi-
cas y ju ídicas. No es líci o .....; pe o los an iguos,
aun a ando de las más g a es disciplinas, no
desp eciaban el sen imien o, la inspi ación, lo be-
llo. No e an á idos y p olijos ana omis as como
hoy, sino his o iado es como Tucídides, o ado es
como Demós enes, ilóso os como Pla ón; no había
un
di o cio en e la azón y el co azón, en e la
ciencia y el genio

P osiguiendo mi azona-
mien o, añadi é que odo pueblo puede ene una
especial inclinación hacia una sue e de deli os;
pe o que es o no debe conside a se como una pe-
culia idad e nog á ica, sino en i ud del in lujo
de o as concausas, como son la cul u a, la econo-
mía, la eligión, la ci ilización, el gobie no. Así,
ese en e los bá ba os p edomina los deli os con-
a
la
ida, y en e los pueblos a asados los deli-
os con a la p opiedad. La cons i ución y el es a-
do de salud de una pe sona in luyen
igualmen e
sob e
su índole; el empe amen o bilioso lle a
á
la
i a, el empe amen o ne ioso á la Venus, cie as
en e medades a i an ape i os y es ímulos pa icu-
la es. Conside ando el ce eb o, no como un ó ga-
no simple, sino como un conjun o de a ios ó ga-
nos, los cuales ienen cada uno su asien o p opio,
dependiendo su ene gía de su pa icula desen ol-
imien o, el sis ema de Gall nos o ece ía un me-
dio de conoce las inclinaciones de un homb e me-
dian e el examen de la disposición de su c áneo.
De es e modo, el que u iese desen uel o de una
mane a p edominan e el ó gano del he e ismo se
inclina ía á las pasiones amo osas, el que u ie a
desa ollado el ó gano del ins in o de la lucha en-
de ía al homicidio

, y así los deli os se lee ían
en el c áneo como se leen en las ocas las edades
geológicas. Pe o es o es una exage ación; la
c a-
noscopia
pod á o ece cie os indicios de las con-
diciones men ales, y nada más, y á ello debe limi-
a se. An es que conside a aquellos ó ganos y
p ominencias como causa e icien e de los icios y
de las i udes, deben es ima se como e ec os. Un
mayo ó meno desen ol imien o del ce eb o sólo
puede es ima se como causa gene al é indicio de
cualidades y de de ec os; su olumen puede in lui
é in o ma especialmen e sob e el mayo ó meno
g ado de in eligencia.
Po lo demás, la enología y la isonomía,
con
8
114 —
elación á las p uebas c iminales, y especialmen e
á la p ueba conje u al de la capacidad de delin-
qui , alen pa a la indicación de los a ec os del
ánimo ó de los hábi os. An es de noso os ya se
habían ijado en es as cosas A is ó eles, Galeno,
Albe o Magno, Po a
y
La a e

la expe ien-
cia misma desde los más emo os iempos había
hecho no a el nexo en e el semblan e y los mo-
dos ex e io es del cue po humano y las cualidades
del alma. An iguas son las obse aciones sinies-
as de los cabellos ubios, de los labios es echos
y su iles, de la mi ada oblicua, de la na iz hincha-
da, del cuello co o, de la oz onca .....; indicios,
po lo demás, agos siemp e y nunca más que p o-
bables: el libidinoso, el a a o, el men i oso, el e-
oz, ienen sin duda á eces aspec o al, que ácil-
men e se les econoce; pe o siemp e es posible el
engaño. ¡Cuán as eces la belleza, má mol sepul-
c al, no esconde bajo sus apa iencias la idio ez, y
cuán as o as no se ocul a un alma gen il y g ande
bajo miemb os mise ables! Realmen e los es udios
isionómicos son demasiado impe ec os
é
incom-
ple os: las inducciones ienen que se p ecipi adas
y alaces. Lo bello es imagen de lo bueno; pe o bajo
las apa iencias de la belleza puede la i la dep a-
ación. Pa a la buena ma cha de las cosas c imi-
nales se ía ú il una a en a obse ación de los sig-
nos
isionómicos:
los mismos gobie nos pod ían a-
—
115 —
- o ece la, impone la; y una comisión segui la con
las cá celes po clínica y escuela: así de odo eo
con ic o, median e de enidas inspecciones de hábi-
les in es igado es, se pod ían ob ene da os in e e-
san es, indicado es de la isonomía p opia del deli-
o. También acaso se ía dable alcanza algún u o
de las indicaciones pe sonales que los jueces e-
dac an en los p ocesos pa a es ablece la iden i-
dad, si aquéllas uesen menos gené icas; ecue do
bien de qué mane a, en mi co a ca e a judicial,
examinando á los acusados, me inclinaba á hace
semejan e in es igación de los c ímenes; pe o la
sue e me qui ó p on o el o icio del medio. O os
pod ían segui , si la magis a u a se conside ase
como algo más que un o icio, y si los magis ados
quisie an hon a á la ciencia y á la pa ia dedican-
do pa e de su iempo á es os es udios ele ados.
iPe o an as cosas hab ía que hace y an as que
deci

I Obsé ase á menudo que los lad ones
ienen los cabellos uliginosos, los iolen os una
mi ada o a, oscu a

El aude deja as os i-
sibles en el os o; el a e del alsa io no bas a pa a
ence á la na u aleza; los amposos lle an el se-
llo del engaño en aquel unci de cejas y a uga
de la en e, que no debe con undi se con el que
ca ac e iza las medi aciones de un déspo a ó las
lucub aciones de un sabio

Es, sin duda, admi-
able, aquella mane a de pin a Gue azzi la senil
— 122 —
As no cons a po p uebas que un indi iduo es-
u ie a necesi ado ni que uese codicioso; pe o si
cons a el hu o, cabe p esumi una de ambas co-
sas, á no se que se demos ase que e a ico y ge-
ne oso, en cuyo caso se pod ía c ee en un hu o
ingido ó en una simple b oma. Cla o es que cuan
do el mó il no se p esume po la na u aleza mis-
ma del hecho, se induce me ced á p uebas di ec as
ó indi ec as de los sucesos y a ec os que lo o igi-
nan: el amo , la u ilidad, la enemis ad, las o ensas,
los pelig os, e c., e c.
Pod ía obje a se que hay deli os que pa ecen
no ene un mó il, ales como, po ejemplo, los de
la luju ia; pe o en es e caso, ¿no es un mó il el
mismo ape i o ca nal? También hay o os deli os.
que no ienen mó il, ó lo ienen desmedido; pe o
en al caso no se a a de deli os, sino de ac os no
impu ables, que deben conside a se como de lo-
cos. Si uno ma a á o o sólo po que no le ha salu-
dado, es que su men e es á pe u bada, y con
mayo azón si no hubie a habido ningún p e-
ex o. Po es o, aun cuando la al a de in es iga-
ción y de ap eciación del de ec o de mó il c i
minoso, lle a á muchos inocen es al pa íbulo, sin
emba go, es p eciso ene en cuen a que no con-
iene p ecipi a se y conside a que el mó il al e
sólo po que no se e ela ácilmen e ó po que pa-
ezca inadecuado. Hay homb es an pe e sos,

que ob an mal po una simple olup uosidad de
a o men a , que después de odo cons i uye su
e dade o mó il.
P escindo de los es agos de Tibe io y de Ne-
ón y conso es, pa a ija me an sólo en el caso
de un An onio Lege , el cual, sin azón apa en e
de ninguna clase, degolló á una niña, la es up ó
semi i a, bebió su sang e y comió sus miemb os
palpi an es. Semejan e ne ando suplicio pa ece
g a ui o á quien indaga las acciones humanas se-
gún los cálculos del dine o que epo an. Sin duda
Lege no sen ía odio con a su íc ima ni podía
espe a luc o alguno de su c imen; pe o ¡qué im-
po a!: ¿son acaso la i a y la codicia los únicos
mó iles de las humanas acciones? ¿No hay mu-
chas más pasiones condenables? La e ocidad y
la mons uosa luju ia, pasiones an a ines, ¿no
bas an po sí solas de un modo su icien e pa a
explica lo hecho po Lege ? Hubie a podido es a
loco; pe o la p esunción de lucidez no ué con a-
dicha po la p ueba, po lo que hubo de p e ale-
ce . Sin emba go, siemp e que ocu an semejan-
es mani es aciones mons uosas de la bes ia hu-
mana (cuando el ánimo del juez oscile en e la
pe suasión de la salud y la de la locu a), es p e-
ciso di igi se á pe i os alienis as, los cuales deci-
di án si el acusado ob ó conscien emen
e
al eali-
za el deli o (XXXIX).
— 124 —
XV
Del indicio de la opo unidad pa a delinqui .
Debemos habla aho a del e ce indicio mo al,
á sabe : de la opo unidad pa a delinqui . En ién-
dese po es a la con-lición especial en que el acu-
sado se encon aba, ya po sus cu xlidades pe s
le , ya p
g
sus e
y
adones con las cosa
s,
y ?n”/c-cd d
/a
cual esu
a pa a él más ó menos ácil la pe pe-
ación del deli o.
És e, co no los o os dos indi-
cios, de. la capacidad y del mó il, puede se más ó
menos espe
c
ia', más
ó
menos p óximo, y
más
6
menos ue e. An e odo, la opo unidad pa a
delinqui se esuel e, ya en una me a posibilidad,
ya en una especial acilidad. A eces implica una
ue za p oba o ia de al na u aleza la opo uni-
dad, que puede llega á se po sí sola indicio ne-
cesa io de culpabilidad; po ejemplo, cuando cons-
a que sólo la pe sona indicada pudo habe come-
ido el deli o. Puede es o ocu i en el caso en que
un deli o se come ie e en una habi ación ó en el
emplo, en que es u ie e sola una de e minada
pe sona an es y después, esul ando absolu amen-
e necesa io, dado el deli o, que dicha pe sona lo
haya come ido.
La opo unidad pa a delinqui e ié ese, según
queda dicho, ya á las cualidades pe sonales del
— 125 —
acusado, ya á las elaciones en que és e se encon-
aba con las cosas, oda ez que las acciones c i-
minales, como odas las demás acciones, se e i-
ican con cie os medios. Es os medios son la in e-
ligencia, la ue za, la pe icia, el conocimien o, el
uso de cosas ó de las ob as ajenas, esul ando cla-
o que algunos de es os medios son p opios del acu-
sado y o os no.
Figu a en p ime é mino la opo unidad pa a
delinqui , que pudie a llama se pe sonal; es o es,
que p o iene de les conocimien os y de las posibi-
lidades de la pe sona. Roba , po sí solo, es un
ac o ácil que no exige peculia des eza ni ue za,
po lo que es posible á odos; pe o si a acompa-
ñado de iolencias, ya no es posible más que á al-
gunos; y si ue e unido al escalamien o en una o -
ma ingeniosa, sólo es posible á pocos. Cie os de-
li os, pues, son posibles á casi odas las pe sonas,
o os no; á medida que la posibilidad se es inge
á
meno núme o, el indicio de la opo unidad pe -
sonal se de e mina cada ez más. He aquí algu-
nos ejemplos: no puede pe pe a se una iolencia,
sino po uno que es ue e; un es up o, sino po
quien es capaz del coi o; una ampa, po un as u-
o; una inju ia, median e libelo, po quien sabe es-
c ibi ; una inju ia, median e imágenes, po un di-
bujan e; una alsi icación de monedas, po un g a-
bado ; un deli o de imp en a, po una pe sona
—
126 —
ilus ada.....; y de es a sue e, las clases de los
capaces, ísica é in elec ualmen e , disminuyen
has a que se llega á cie as acciones que no pue-
den se come idas más que po poquísimas pe so-
nas, y acaso acaso po una sola; como en el caso
de la des ucción del emplo de los ilis eos, que
no podía ealiza se po ob a humana á no se po
la de Sansón . Análoga á és a pod ían ci a se
ob as li e a ias y a ís icas, c iminosas; de que no
pueden se au o es sino al li e a o y al a is a.
Supongamos el caso de una peculia pe icia, de
un sec e o p opio de una sola pe sona; es ácil
comp ende que sólo ella pod ía come e un deli-
o dado, lo cual puede ácilmen e ocu i en la
alsi icación de papel moneda y de e ec os banca-
ios.
Es e indicio de la opo unidad pe sonal, ó sea de
la capacidad in elec ual y ísica, puede esul a
de p uebas eales y pe sonales, di ec as é indi-
ec as, y de p esunciones: como cuando se consi-
de a á un jo en capaz del come cio ca nal, á un
a macéu ico de la con ección de un eneno, á un
ce aje o dé la ab icación de lla es alsas. Debe
ad e i se ambién que la opo unidad al igual
que
el
mó il, no sólo es un indicio, sino ambién
una condición del deli o; po lo que no puede p es-
cindi se de ella, sino que es p eciso siemp e p o-
ba la ó
p esumi la.
IZ7
Es e iden e de qué modo los indicios complejos
po mí enume ados, comp enden o os muchos;
así el de la opo unidad pa a delinqui , que pudié-
amos llama
eal,
comp ende los indicios y sub-
indicios de la p oximidad y p esencia en el luga ,
del conocimien o de cie as ci cuns ancias, de la
posesión de medios adecuados pa a pe pe a el
deli o, cada uno de los cuales puede á su ez e e-
la se po o os.
Hay hu os que inmedia amen e que se descu-
b en se e que son
domés icos;
aho a bien, la pe -
sona que los ha come ido necesi aba ene conoci-
mien os ales que sólo puede posee una pe sona
de la casa. Po ejemplo, un come cian e suele
ocul a la bolsa con el dine o en cie o luga del
mos ado , del cual sólo iene no icia su único de-
pendien e; sin duda que la casualidad, ó es e mis-
mo, pueden habe indicado aquel si io á un e ce-
o ó á e ce os; pe o en cuan o se descub ie a la
sus ación de la bolsa, ¿no hab ía un indicio ehe-
men e en con a del dependien e? Su ge aquí ,
pues, en i ud del conocimien o, un a gumen o
ela i o á la opo unidad de delinqui , no pe so-
nal, como al p on o pa ece, po que no se de i a
de la capacidad in elec ual de la pe sona, sino de
las elaciones en que és a es aba con la cosa, ó
más de inidamen e, del conocimien o de las ci -
cuns ancias eales. Pudié amos deci que se a a.

— 128 —
de una opo unidad mo al y eal, á di e encia de la
ma e ial, que consis e en la acilidad de pe pe a
el deli o po es a ce ca del luga á la ocasión y
po ene los medios adecuados.
La opo unidad eal y ma e ial pa a pe pe a
el deli o, puede se ambién de a ios g ados, y
po an o, ene alo dis in o como indicio. Pue-
de, como ya he dicho, llega á se indicio necesa-
io de la pe pe ación, cuando se ha p obado que
en el luga y en el momen o de la misma no es a-
ba ni podía es a o o que el acusado. Mas no po
es o se di á que semejan e indicio po sí solo p ue-
ba el deli o, po que no indica más que el
.
au o del
hecho ma e ial del mismo en el supues o de que
se enga a la p ueba obje i a. Ni ampoco pod á
deci se que se ha come ido de al mane a dada
(po cuan o puede esul a p obado lo con a io,
como en el caso de que el acusado uese incapaz
de pe pe a lo, ó cons ase como au o un e ce
o): po que no se ha podido en modo alguno p o-
duci al e en o, al absu do. Pa iendo de las
p emisas según las cuales mien as se había pe -
pe ado el deli o el acusado e a el único que se
hallaba en el luga de la pe pe ación, u o que
se és e capaz necesa iamen e y no pudo se de-
lincuen e un e ce o.
Aho a bien:
de
es e e iden ísimo indicio de opo -
unidad se
puede
descende po g ados has a
ile-
—
129
‘ga á aquella posibilidad común á casi odos
los
homb es de ob a con a la ley de una ü o a ma-
ne a. Roba en la ía pública es ácil á odos; en
una casa es ácil especialmen e á un c iado; en un
si io sec e o, á un con iden e...; pa a un abo o se
exige una poción, pa a un he ido un puñal, pa a
un en enenamien o un óxico...; quien iene es os
medios puede se indicado más especialmen e
como eo. Mas no debe ol ida se que la p esencia
en el luga y la posesión de ins umen os ela i os
al c imen come ido, pueden se conside ados bajo
dos aspec os, o mando así dos clases de indicios:
unas eces alen como indicaciones de acul ades
pa a delinqui , y o as (XVIII) como indicios del
deli o come ido.
XVI
Del indicio de las huellas ma e iales del deli o.
Los es indicios has a aho a señalados se e ie-
en, po deci lo así, al deli o en po encia, y los es
de que aho a amos á habla (incluso el p esen e)
e ié ense al deli o en ac o; aquéllos hacen induci
el deli o de la exis encia de los es elemen os que
le dan ida (capacidad, mó il, opo unidad); és os
lo hacen induci de las di e en es mani es aciones
que del cieli o pueden da se en el au o mismo,
en los e ce os ó en las cosas. En el p ime caso,
9
— 130 —
de la causa indúcese el e ec o: en el segundo, del
e ec o se a á la causa. En o os é minos: en el
p ime caso se dice: dados los ex emos de donde
el deli o su ge, és e debe acaece ; y en el segundo
se dice: dadas ales ó cuales mani es aciones pe -
sonales ó eales, el deli o debió de e i ica se,
pues o que en e causa y e ec o hay una conca e-
nación necesa ia. Aho a bien; po que yo a i me
que el indicio es un e ec o del cual se in ie e una
causa, no se me debe acusa de con adicción, e-
co dando que al a a de los es indicios mo ales
ya examinados conside o el indicio como una cau-
sa. El indicio
ses
siemp e, á pesa de odo, un e ec-
o con elación al que juzga, es o es, subje i amen-
e, po que de él, como de lo conocido á lo descono-
cido, in ié ese la causa; aho a, obje i amen e pue-
de se causa y e ec o.
Toda p ueba, además, bajo cie o aspec o, es un
indicio en cuan o es la huella pe sonal ó eal del
deli o; es un hecho conocido ( es imonio, po ejem-
plo
)
, de donde se induce uno desconocido (deli o);
sin emba go, en un sen ido es ingido y más co-
mún, se llama indicio al hecho que no se e ela al
juez,
como exis e y ocu e, po es imonios, po
documen os..., sino que se induce po él. Las ci -
cuns ancias, pues, sob e que ecae el juicio, unas
son e eladas
y
o as inducidas de o as ci cuns-
ancias e eladas.
La p ueba eal suminis a am-
131 —
bién al juez dos clases de ci cuns ancias di ec as ó
indi ec as, ó, lo que es lo mismo, ci cuns ancias
sob e que ecae al juicio y ci cuns ancias que ma-
ni ies an o as sob e las cuales aquél ambién
ecae.
T a amos aquí de es as úl imas, ó sea de la p ue-
ba eal de indicios; pe o debe ad e i se an e odo
que si po p ueba de indicios se en endiese oda
p ueba, en an o que no e ela po sí sola odo el
deli o, la p ueba eal debe ía se siemp e p ueba
de indicios al modo que las es imoniales, y así es
como la conside aba Ben ha n. Mas si se e lexiona
que muchas eces se iene una comp obación di-
ec a de ci cuns ancias po y median e ella, esul-
a á cla o que la p ueba eal, ci cuns ancial siem-
p e, es ó di ec a ó indi ec a.
El hallazgo de un cadá e comp ueba la mue e
de un homb e; si és e es á he ido, comp uébanse
las lesiones; si después se descub e que aquellas
he idas ue on p oducidas en cue po i o y e an
absolu amen e mo ales, esul a á que la mue e
aquella ué causada po aquellas lesiones, demos-
ándose de es a mane a el hecho y modo de la
mue e. En el p ime caso se iene una p ueba de
la mue e y de las lesiones di ec amen e, po que
los hechos que cons i uyen el obje o del juicio se
p esen an en su ealidad al cual son; en el segun-
do caso, el hecho de ma a no se e ela al p on o,
— 138 —
XVII
Del indicio de las mani es aciones an e io es
al deli o.
Es bas an e di ícil que una cosa pe manezca
ocul a, sob e odo cuando se a a de algo g a e;
odo ac o iene sus p eceden es y sus consiguien-
es po los cuales ó se p esien e ó bien se in ie e.
El ins in o de la muchedumb e suele descub i lo
p on o, y aun cuando de es o no se cuide el au o
mismo, él es quien se ende no pocas eces.
«Mise chi mal op ando si con ida
Ch'ogno s a debbia il male icio occul o;
Che, guando ogn'al o accia in o no g ida
L'a ia e la e a s essa in ch'é sepul o:
E Dio a spesso ch'il pecca o guida
11
peca o poi ch'alcun di gli ha indul o;
Che sé medesmo, senza al ui ichies a
Ina edu omen e mani es a.»
Llamo, como se e, al di ino A ios o pa a que
nos dé alguna lección sob e la p ueba judicial;
cosa és a que, después de odo, no debie a pa ece
ex aña, pues la ju isp udencia nunca desdeñó la
poesía; a i ma o a cosa, co no se p e ende po
cie os leguleyos de hoy, se ía nega que Moisés,
Manú, Solom, Mahoma, ue on poe as, é igno a
que las an iguas leyes se edac a on en e so; es o

— 139 --
apa e de que los mismos ju isconsul os omanos
no la echazan, llegando Jus iniano á in e cala en
una de sus Cons i uciones ozos de poemas. Aho a
bien, la oc a a de A ios o, e ié ese b e emen e á
los indicios, an o de las huellas como de las ma-
ni es aciones del eo; son és as, en e ec o, p inci-
pios de conocimien o cuando al an o os más di-
ec os es imonios.
Es p eciso no con undi las mani es aciones ju-
diciales del eo con las ex ajudiciales: aquéllas
cons i uyen un e dade o es imonio (cuando son
legí imas) y una p ueba ex ínseca; és as no son
más que indicios in ínsecos del deli o. Las
mani-
es aciones
se di iden en
an e io es
ó
pos e io es
á
és e, siendo las p ime as di ec as ó indi ec as y
es as úl imas e bales ó eales.
La mani es ación di ec a en uno, y e bal, es-
pec o del deli o (que pudie a llama se
p omesa,
si
es a palab a no implicase la idea de un bien an es
que la de un mal u u o), es la ase e ación median-
e palab as ( ocal, g á ica ó mímica) de una pe -
sona que a á come e un deli o: como se e, iene
á se una con esión p e ia del mismo. Es a o que
quien se p opone delinqui exponga desde luego
su in ención; an es bien, de al mani es aci
ón
po-
d á induci se lo con a io, ya que es á en su in e-
és el calla se po dos mo i os pode osísi
mos
( a-
cilidad en el deli o y e i a la pena). Puede, sin
– 140 —
emba go, acaece lo siguien e: que la u u a íc-
ima enga conocimien o del deli o en i ud de
a iso del delincuen e, ó bien po los co eos, los
cuales pueden ad e i le, po ejemplo, median e
ca a, que un día dado se pond á en ejecución el
concie o, ó bien po los cómplices, los con iden-
es... El p ime caso cons i uye la amenaza c imi-
nosa, la cual puede se una mani es ación di ec a,
á aunque sea indi ec a, según que se e ie a á un
c imen de e minado ó algunas ci cuns ancias, ó
una o ensa gené ica. Si una pe sona que an es hu-
bie e sido inju iada po o a le ju a a enganza
sang ien a, y pos e io men e aquélla esul ase
mue a, end íamos una di ec a y e bal mani es-
ación del c imen. Lo mismo ocu i ía en el su-
pues o de que un mandan e ó un manda a io e e-
la an la p oposición ó acep ación de manda os c i-
minosos ecibidos.
Las más ecuen es, sin emba go, son las mani-
es aciones indi ec as , ó p esun as , ó áci as,
como quie a deci se, las cuales esul an de los di-
chos y hechos del acusado, que denuncian más ó
menos cla amen e el deli o. Ocu e es o en el caso
de
a meazas
de pe juicios (con palab as, signos
ges os) no de e minados en la cualidad ni con e-
lación al iempo, ó bien hechas de una mene a
aga; ocu e ambién con los
consejos
buscados,
las ins ucciones dadas pa a come e el deli o, los
— 141 —
diálogos, encuen os
y
elaciones
ín imas con los
eos ya con esos ó con ic os, con los
P epa a i os
y los planes y demos aciones, y, inalmen e, con
odos aquellos ac os que, siendo en sí indi e en es,
ienen sin emba go conexión con el deli o ul e io -
men e ealizado. Da emos a ios ejemplos de o-
dos es os di e en es casos. Cons a que un indi iduo
pin ó con in a oja una c uz en la pue a de la
casa del mue o, ó bien que ha dicho que se las pa-
ga ía den o de an o iempo, ó bien que había p o-
me ido acaba con él, con su ida...; ales son las
amenazas c iminosas. O o se in o mó dónde gua -
daba su dine o el obado, ó p egun ó á un químico
ace ca de la e icacia de una sus ancia suminis a-
da después al en enenado...; son es os consejos
c iminosos. Un e ce o e a de la cuad illa misma
de aquellos que asesina on á Fulano; al de más
allá, an es del asesina o, se le ió en a os cospe_
chosos con ellos...; ales son los encuen os c imi-
nosos. Un cua o ué so p endido an es del homi-
cidio en eje cicios de puñal, aguzando és e, e c.;
ales son los p epa i os c iminosos. Po úl imo,
un quin o, an es del deli o, se dis aza, se pone un
es ido que no suele usa ...; odas es as son seña-
les indicado as del c imen.
La p esencia en el luga en el momen o del de-
li o, que an es se ap eció como indicio de la acili-
dad pa a delinqui cuando ocu e an es del deli o,
— 142 —
puede ale ambién co no mani es ación an e io
al mismo, y si ocu e después, como subsiguien e
aunque,
á
deci e dad, su signi icado p opio es el
de indicio ela i o á la acilidad.
No hace al a epe i que es os indicios, sacados
de las mani es aciones an e io es del deli o, pue-
den se ambién más ó menos ue es, más és me-
nos especiales y más ó menos p óximos. Las ma-
ni es aciones pueden cons a de una ó de a ias
mane as; en odos esos casos no pueden se indi-
cio necesa io del deli o, sino an sólo de una de sus
ci cuns ancias, y especialmen e del elemen o mo-
al. La mani es ación an e io ale menos que la
pos e io , po que és a sólo puede se iciada po
la posibilidad de olun a ia ó in olun a ia equi o-
cación en quien la hace, mien as que espec o de
la o a cabe ambién la posibilidad del olun a io
ó in olun a io desis imien o del hecho; ¡cuán os
deli os se quedan en el es ado de simples amena-
.
zas! En ealidad es lo más ecuen e.
XVIII
Del indicio de las mani es aciones pos e io es
al deli o.
Cuando hablemos de las p uebas ex e nas (XXI,
XXVI y XXVII) demos a emos de qué modo las
desposiciones es i icales pueden p o eni , ya de
pa e del eo, ya de pa e de los e ce os, no obs-
I43--
an e lo cual se egulan de un modo análogo. En
igo , no ale en la p ueba c iminal una simple
con esión o mal ó una olun a ia admisión de la
acusación; se necesi a una na ación ci cuns an-
ciada y jus i icada del hecho sea punible ó no.
Pe o la con esión puede con empla se bajo dos
aspec os: ex e no é in e no; en es e úl imo caso, la
con esión ale como indicio. No se a a de una
simple elación de hechos impu ables ó no, sino
de una decla ación de c iminalidad . La con e-
sión c iminal se es ima á eces como la con esión
omada en el sen ido an iguo, es o es, análoga á la
ci il; no se mi a en onces si es ó no con o me á la
ealidad po la olun ad ó la c eencia de quien la
hace, sino que se conside a como un olun a ia
desis imien o en la causa, como un da se po en-
cido. Así ocu e que en el p oceso acusa o io, o-
mado como el ci il, cual con ienda en e un ac o
y un demandado, dicha con esión, nuda y o mal>
en opinión de algunos debe ía bas a pa a la con-
dena, oda ez que el acusado mismo ha dado
la azón al acusado . Po mi pa e ya he ad e -
ido (I) que es indi e en e la di e sidad de los i os
p ocesales cuando se a a de la esencia del sis-
ema p oba o io; la acusación y la inquisición ien-
den igualmen e al descub imien o de una e dad
eal, no de una con encional, como puede ocu i
en el p ocedimien o ci il; po an o, la con esión.

-144--
ex e namen e, sólo iene alo en cuan o eune
los mismos equisi os de oda desposición es imo-
nial como al. Po lo demás, la con esión ap éciase
aquí in e namen e como indicio, pues aunque sea
a o que un inocen e quie a decla a se eo, sin
emba go, puede ocu i lo con a io, ya po jac-
ancia, ya po emo , ó bien po una o cida ma-
ne a de in e p e a el p opio in e és.
La p esunción, cuando se induce el deli o de la
con esión ex ajudicial (que es á lo que se educen
las
mani es aciones pos e io es
al mismo), consis e
en lo siguien e: que debe da se c édi o al ase o
de odo nomb e siemp e que és e no enga un con-
a io in e és en men i , y que po lo común un
eo es á in e esado en no descub i se. Aho a bien,
las mani es aciones pos e io es al deli o, así como
las an e io es, pueden se exp esas y explíci as
implíci as y áci as; en es e segundo caso necesi-
an in e i se de ac os ó dichos co espondien es.
Una e dade a con esión ex ajudicial es aquella
po i ud de la que un indi iduo declaa de pala-
b a, po esc i o y aunque sea con signos, habe
come ido un deli o, an e un pa icula , ó bien an e
un unciona io público. Puede deci se de ella am-
bién lo que de la judicial, pues o que mien as la
con esión es nuda y o mal, sólo es un in e no in-
dicio de c iminalidad y nunca una p ueba ex e na,
como lo es la con esión ci cuns anciada jus i ica-
— 145 —
da, esencial y e dade amen e legí ima. Semejan-
e indicio puede cons a inmedia amen e an e el
T ibunal me ced al acusado , ó media amen e
g acias á. e ce as pe sonas ó á documen os. Los
mo i os que la explican son los siguien es: pa a
desca go, pa a me ece el p emio, po jac ancia,
en espe a de pe dón, po a epen imien o, po
miedo, po a acción i esis ible de la e dad y
ambién po seducciones, y aunque sea po ins in-
i a é inocen e locuacidad. Puede ocu i el caso,
que de con ínuo se obse a en la ida o dina-
ia, de que una pe sona, la cual no es aba dispues-
a de ningán modo á mani es a su in e io , con a
su olun ad y casi sin da se cuen a lo mani ies e,
as o nada po la ue za del discu so, po las p e-
gun as, po la al a de se enidad;
y
¡ay de ella en
cuan o comienza á con adeci se! Se a u de poco
á poco, ol ida la decidida ese a, has a que al in,
haciéndose aición á sí misma , decla a cuan o
pensaba calla .
Las mani es aciones pos e io es, en dichos y en
ac os, equi alen á una con esión ex ajudicial del
hecho, no pudiendo in e p e a se de o o modo.
Realízanse de a ios modos, y son:
L Decla ación de habe come ido una acción
ep obada en gene al, ó cie os ac os que cons i u-
yen ci cuns ancias del deli o.

10
— 146 —
II.
Deposición alsa.
III.
Silencio ó impo encia pa a jus i ica y ne-
ga la inculpación.
IV.
Fuga.
V.
Ocul ación y ebeldía.
VI.
Sup esión de las huellas ma e iales del de-
li o.
VIL
T ansacción con la íc ima.
VIII.
Sobo no de es igos y magis ados.
IX.
Remo dimien o.
X.
Cambio súbi o de si uación económica.
XI.
P esencia en el luga después de come ido
el deli o.
XII. P osecución de ac os e e en es al deli o
mismo.
Aho a bien: de odos es os subindicios, de los
cuales eme ge el indicio de las mani es aciones
del deli o, el p ime o ocu e cuando el eo no
mani ies a el deli o come ido y no dice, po ejem-
plo: he obado, he ma ado á Fulano; si no me la
ha pagado, me he engado
(o ensa en gene al);
bien: uí de noche en casa de Fulano; he com-
p ado un puñal
(ac os que cons i uyen ci cuns an-
cias del deli o).
En es e caso se iene la mani es a-
oión, no del deli o, sino de ci cuns ancias del mis-
mo ó de indicaciones más ó menos agas; pa a
que la con esión áci a 6 pa cial equi alga á la
— 147 —
explíci a y comple a, con iene acudi al auxilio de
o as ci cuns ancias ó p esunciones. Po ejemplo,
si un homicida dijese á uno que se ha engado, á
o o que había comp ado el eneno, á un e ce o
que había hecho calla á su enemigo... El conjun o
de odas es as decla aciones équi ald ía á la de
habe come ido el homicidio. Es a mane a de ma-
ni es aciones
.
ale, sob e odo, cuando las mani-
es aciones se e ie en á ac os y cosas, que ase e-
ados ya, no podían habe se sabido sino po el au-
o mismo del deli o. Ve dad es que pudo sabe los
an es de o os; pe o quien
los
mani ies a, ¿po qué
azón hab á de deci que ha hecho
ó
is o
po
sí
mismo lo que o o le ha e e ido? Apa e de que á
eces puede echaza se semejan e elación: e bi-
g acia, en el caso de que quien mani ies e las ci -
cuns ancias del deli o hubie e es ado en la imposi-
bilidad de sabe lo de o o modo, que po su misma
acción, dando así ma gen en i ud de al conoci-
mien o, no sólo á un subindicio necesa io de la
con esión, sino ambién has a á un indicio necesa-
io de la ma e ial ejecución del deli o. Suponga-
mos una muje que hubie e ocul ado á odos un
icio o gánico de sus pa es geni ales: si, ealizado
un es up o, uese so p endido un indi iduo, no in-
agan i, sino inmedia amen e después (de sue e
que no quepa comunicación con un e ce o, posi-
ble au o del deli o),
y al indi iduo e elase aque-
— 250 —
as que en el p ime o iene una p ueba pe sonal
ex e na de una
p ueba eal in e na ( es imonio
o iginal), y en el segundo una p ueba eal ex e na
de una p ueba pe sonal ambién ex e na. Es o es,
no se iene una p ueba inmedia a más que en el
úl imo caso; pues en los dos p ime os casos no
iene el juez una p ueba del hecho juzgable, sino
que an sólo iene la p ueba de una p ueba. Aho a
bien, cuando se con ía en el dicho de o o, no se
pe cibe el hecho, sino el dicho; y en su i ud,
no se a i ma po un hecho pe cibido, sino po una
na ación, pe cibida ambién, de un hecho no pe -
cibido, omando como base el p incipio de au o i-
dad, un c i e io ex ínseco.
Con iene eco da lo que ya epe idas eces
dejo dicho, es o es, que al a a de los medios
p oba o ios los expongo cons an emen e conside-
ándolos como si se p esen asen á las decisiones
de la pe sona cons i uida en juez; así, cuando en
es a c í ica se habla de la p ueba eal, la conside-
o cual si es u ie a some ida á la inmedia a ap e-
ciación
del juez. Aho a bien, la p ueba eal,
como
al,
consis e en lo que se some e á su comp obación
ma e ial;
excep úanse, sin emba go, los es imo-
nios,
sean e bales, sean esc i os, de
o icio,
pues
ales p uebas se epu an pe sonales, po que al in
y al cabo se educen á na aciones, aun cuando
deban se comp endidas po los sen idos. Po o a

— 251
pa e, en i ud de una me a icción
j
u ídica, los
ac os edac ados po los minis os de jus icia ó
po o os magis ados se epu an es imonios o a-
les, siendo quien los edac a como delegado del
juez, y equipa ándose su edacción á la consigna-
ción judicial de los dichos.
Es muy a o que un deli o se co ne a an e el
ibunal; puede, sí, acaece , como en el caso de
alsas deposiciones, pe ju ios, inju ias, iolencias,
umul os; en onces, cla o es, el ibunal juzga á
sob e la base de su p opia p esencia an e el de-
li o lag an e, es ándole an sólo algún o o de -
alle ela i o á la p ueba in encional. Más ácil
y común es la comp obación de cualquie ci cuns-
ancia p incipal ó acceso ia, cons i u i a, indicia-
ia ó p oba o ia de la culpabilidad ó de la ino-
cencia. Pe o el más ecuen e y e dade o
obje o
de la p ueba eal lo cons i uyen las huellas ma e-
iales, pe manen es, conexas con un hecho dado,
que a guyen la exis encia ó no exis encia de un
deli o.
Es a es la p ueba eal en sen ido es ic o, y,
siendo de inculpación, es a es la que se e ie e á
los
cue pos del deli o,
ó á los
monumen os,
ó como
quie an llama se, de la c í ica c iminal.
Es os úl imos son de a ias especies. En p ime
é mino es án los ins umen os con que el deli o
se ha pe pe ado: las a mas, en los homicidios
y en las lesiones; los enenos, en los en enena-
— 252 --
mien os; las pociones abo i as en los abo os; las
lla es alsas, las ganzúas, las escalas, en los hu -
os cali icados; las ma e ias combus ibles en los
incendios.
Son ambién cue pos del deli o las cosas en que
consis e el elemen o ma e ial de un deli o: las mo-
nedas alsas, los documen os de banco alsos, las
esc i u as alsas y odos los obje os de ca ác e
also que se emplean en las es a as; el libelo, en
las inju ias; las a mas, en las denuncias de a mas
p ohibidas; el cadá e , en los homicidios; los con-
a os audulen os, en la usu a, en las quieb as,
en el es eliona o...
Son además cue pos del deli o las huellas pe -
manen es dejadas po la ejecución del mismo en
las pe sonas ó en las cosas: las he idas, en las le-
siones; la lace ación del himen, en las iolaciones;
cualesquie a as os de iolencias pe sonales de-
jadas en el cue po humano, en los es up os; las
uinas, en la de as ación; las ma e ias quemadas,
en los incendios; las ac u as de pue as, de ce a-
du as, en los obos, en las iolencias; el emba azo,
en la o nicación, en el abo o p o ocado; en la ex-
posición y en la mue e del niño, las manchas de
sang e, las manchas cá denas; la huella del pie, en
o os c ímenes po el es ilo...
Y lo son ambién—cue po del deli o los obje os
adqui idos me ced al mismo: la cosa obada, en
— 953 —
los obos y en los hu os; las can idades ecibidas
y dadas, en los deli os come idos po manda o; la
misma pe sona en la de ención ilegal, en el secues-
o ó en el ap o..., así como cualesquie a obje os
que con ocasión del deli o, no po el deli o mismo,
se colocan ó esul an de cualquie modo en el lu-
ga de aquél, ó bien desapa ecen de dicho luga ;
e big acia: los es idos del eo dejados ú ol ida-
dos en el si io donde el deli o ué come ido, ó los
exis en es en ese mismo si io an es ó du an e el de-
li o y luego encon ados en pode del eo; lo cual
puede ocu i en muchos deli os...
Po in, son cue pos del deli o odas las p uebas
es imoniales ex ajudiciales esc i as, ó bien de-
cla aciones, con a os, ca as, manda os, pólizas,
p esen adas en juicio en calidad ó á í ulo de
p uebas.
Po donde, pues, si esumimos lo expues o, nos
encon amos con las seis clases de cue pos del de-
li o siguien e:
I.
Los
ins umen os
con que se delinque;
II.
Las
cosas
en que consis e y se pe pe úa la
ejecución ma e ial del deli o;
III.
Las
huellas dejadas po el mismo;
IV.
Los
u os
que de él se de i an;
V.
Los
obje os
dejados ó lle ados po el eo;
VI.
Los
documen os
ex ajudiciales.
— 254 --
Como la exp esión misma del cue po del deli o
se oma en di e sos sen idos, dándole di e en es
signi icaciones, con iene acla a la.
XXX
Del cue po del deli o.
La in e p e ación adecuada de la esis indica-
da (XI, XXVIII):
pa a la comp obación de los de-
li os de hecho pe manen e se equie e la del cue po
del deli o,
exige p ime o una cla a noción de lo
que se llama
cue po del deli o,
ya que se oma és e
en di e sos sen idos. Todos dicen: pa a condena
á alguno es necesa ia la p ueba del cue po del de-
li o; pe o igu ándose és e de modo muy dis in o.
Hay quien en iende po es o el
deli o en gene al,
el hecho obje i o, an o
pe manen e
como
ansi-
o io;
hay quien, po o a pa e, alude al
e ec o ma-
e ial
del deli o, ó sea al hecho obje i o, pe o pe -
manen e; o os, en in, se e ie en á una
huella
eal cualquie a de i ada del Mli o mismo. Aho a,
pa a acili a la in eligencia, he aquí es ejemplos:
según la p ime a opinión, cue po del deli o es la
acción punible, p escindiendo del au o (un incen-
dio, po ejemplo; un homicidio); según la segunda,
es es a misma acción con emplada sólo en su as-
pec o ma e ial (lo incendiado, una mue e); según
— 255 —
la e ce a, un es o ó eliquia de al acción ma e-
ial (un izón, un puñal). Pa a la p ime a hay cue -
po del deli o en odo deli o; pa a la
segunda,
sólo
en los de hecho pe manen e; pa a la
e ce a,
en los
de hecho pe manen e que dejan huellas an sólo.
Así ocu e que se ha de en ende de
un modo
dis-
in o lo que cada cual en iende po
comp oba
el
cue po del deli o. En
'
el p ime caso,
no
se hace
más que aludi á la p ueba obje i a del deli o, ya
eal, ya pe sonal (pudiendo p oba se aquél po es-
igos é indicios); en los segundos, se alude á la
p ueba eal obje i a.
A
in de e i a , pues, los equí ocos y las consi-
guien es logomaquias, ad ie o que ese o la de-
nominación de
cue po del deli o
pa a el e ce sen-
ido (es deci , huella ma e ial de la pe pe ación
de un deli o, e big acia: a mas, lesiones, cosas
obadas,', llamando
hecho obje i o
del deli o aquel
á que se e ie e la p ime a signi icación, y
ma e-
ia
del deli o aquel o o á. que se alude en la se-
gunda.
Es o sen ado, añadi é: pa a condena á uno se
equie e cie amen e la p ueba obje i a de su de-
li o; y yo no sé po lo demás cómo sin ella se pue-
de adqui i una p ueba subje i a, po lo que, como
ya he dicho (X1), me pa ece inú il y ociosa, á la
e dad, la cues ión.
En cuan o á lo ma e ial y al cue po del deli o,

— 256
6 á la p ueba consiguien e, ha de se pe sonal (de
e e encia) ó eal (de inspección). En el p ime
caso se debe sin duda consegui la pa a la conde-
na; mas encuen o aquí ambién inú il y ociosa la
cues ión, po que, inmedia amen e que se iene la
elación del deli o, se iene la de sus ci cuns an-
cias y de sus huellas ma e iales. Dos es igos a i -
man habe is o á un indi iduo pe segui á o o y
pega le; y e ie en el ac o, indicando la pe sona.
el palo
(obje o ma e ial y cue po del deli o),
odo,
en in.
Así, pues, cuando se dice que no se puede con-
dena á uno sin la p ueba de lo ma e ial y del
cue po del deli o, si se en iende que es o debe
cons a al juez me ced á su misma pe cepción,
espondo que no eo eó icamen e al necesidad.
Sin emba go, si la ley, ó la ju isp udencia, ó la
p ác ica son de opinión con a ia, no condena án
á nadie po un deli o de hecho pe manen e sin que
cons e ma e ialmen e al juez su ma e ial e ec o;
po ejemplo, si se a a de un homicidio, no iendo
la íc ima; si se a a de un incendio, no iendo
las uinas quemadas. Las azones que impelen á
man ene es a ese a son el emo de los alsos
juicios, la pena, la a en a, el ho o an e la posi-
bilidad de e p esen a se i o y sano al que se
c eía mue o, mien as el supues o ma ado en-
egó su alma en el pa íbulo, como acaeció con
—
257 —
Pin y con la Chau elín. Pe o es o no jus i ica aI
exigencia, digan lo que quie an los sos enedo es
de ella, á los cuales pa ece é á menudo poco hu-
mano, y es au ado de las an iguas eo ías p o-
ba o ias c iminales. Y no lo jus i ica, digo, po que
no es acional, dado que la cualidad di e sa de
los deli os de hecho ansi o io ó de hecho pe ma-
nen e, no implica es a di e sidad de ue za p o-
ba o ia, de modo que bas e á los p ime os la p ue-
ba es i ical, y pa a és os se pida la p ueba eal.
Ocu e, en e ec o, un homicidio del cual ue on
es igos mil pe sonas; aho a bien, po que el cadá-
e haya desapa ecido, ¿se a á conside a el ho-
micidio cual si no hubie a ocu ido? El cue po del
deli o sólo puede exigi se de un modo necesa io
cuando la al a del mismo deja a incomple a la
p ueba; pe o si és a se hubie e ob enido de o o
modo (y sin ob ene la no hay ce eza), ¿pa a qué
se necesi a mayo p ueba?... Pe o se di á; y si un
día cualquie a apa ecie e el que se c eía mue o
en i ud del es imonio con o me de mil es igos,
¿qué ale su a es ado con a ese hecho? — Nada
di emos á es o. Realmen e, ¿qué p uebas no pue-
den se con adichas, si en la aplicación de la c í-
ica judicial se anida el engaño, la omisión, el
e o , y no pueden se descubie os odos los e-
quisi os in ínsecos de la e dad? Mas ¿queda án
impunes odos los deli os de hecho ansi o io que
17
— 258 —
no puedan ene es a señal ísica? ¿Y se c ee á
que aun cuando se enga cesa á de pe segui nos
el a al des ino que condena al homb e al e o ?...
Desa ío, pues, á que se demues e po qué azón
una p ueba igual ce i ica una pa e de los deli os
y no ce i ique y ase e e o a, y (po ejemplo) po -
qué si un es imonio idóneo y legí imo ase e a y
a i ma un adul e io, no ha de hace lo mismo con
una lesión. O se i á pa a demos a en ambos á
dos hechos, ó no se i á pa a demos a ninguno.
¿Se pide la p ueba eal, ó lo que es lo mismo, la
del cue po del deli o, po que o ece una más ex-
quisi a ce eza, cual es la que esul a de la e iden-
cia ísica? Es o quie e deci que se duda de la e-
acidad de la p ueba pe sonal; pe o al duda no da
el de echo de deja impune el deli o de hecho pe -
manen e, po la misma azón que ampoco lo da
pa a el deli o de hecho ansi o io. Si el ánimo se
sien e más con iado apoyándose en una p ueba
eal, es o ale, no pa a exigi la, sino pa a desea -
la, a o ece la, p ocu ando has a donde sea posi-
ble su ob ención. El cue po del deli o, pues, no es
necesa io, sino ú il. Se conside ó, sin emba go,
necesa io con elación á las condenas i e oca-
bles, po que, aun conside ándolas jus as, pa ecía
injus o impone las al ando la e idencia ísica.
del deli o. No se osaba condena á mue e á un
supues o asesino an e el emo de que la supues a
- 2259 ---
íc ima i ie a y se p esen ase un día, cual si i-
nie a á eclama con a la sang e inocen e e i-
da. Nada más saludable que semejan e emo ; po
sí
solo ale, si o os mil y mil no hubie a que cla-
man y exigen la abolición de la ppna de mue e.
Yo, que no c eo necesa ia, ni jus a, ni
ú il
es a
pena, como no c eo necesa ia, ni jus a, ni
ú il
pena
alguna i e ocable y e oz, pues no la epu o ins-
umen o de jus icia, sino de i anía, puedo, en
e dad, p escindi de ella, y así, no sólo puedo de-
ende sin emo , que la condena po cualquie de-
li o pueda e i ica se sin la comp obación del
cue po del deli o, sino aleg a me y celeb a que
en es a doc ina encuen en un obs áculo los pa -
ida ios del suplicio ex emo . Cuando se a a,
pues, aunque sea de deli os capi ales, pa a los
cua-
les
la mode na ju isp udencia pide la comp oba-
ción
del cue po del deli o, y el es imonio di ec o,
me doy po con en o con los me os indicios, no
J 1

me hacen al a siquie a las huellas ma e iales,
siemp e y cuando la al a de las mismas no impli-
que la in e osimili ud. Y si es e sis ema de c í ica.
;
,
0

c iminal no pa ece compa ible con o os, con los
que admi en los suplicios ó penas i epa ables,
1

cosa es que no puede ma a illa me, po que la e -
dad no cabe que ni de ce ca ni de lejos llegue á
acomoda se con el e o .
la
411
En onces, es deci , cuando la huella ma e ial se
adicione y una á un es imonio, iniendo á con i -
ma lo, se iene una p ueba mix a, es á sabe : una
p ueba pe sonal y eal ó documen al de que luego
habla emos (XXXIV-XXXVI). Y iénese ambién
una p ueba mix a análoga cuando el magis ado,
pa a conoce las mismas huellas eales, necesi a
de un auxilio pe sonal cualquie a; po ejemplo: del
pe i o ace ca del cual se habla á en los dos subsi-
°mien es capí ulos (XXXII-XXXIII).
Mas ¿cuándo se á pe ec a la p ueba
eal?--Al
igual de lo que engo ya dicho espec o de la p ue-
ba indicia ia y de la es i ical , con es a é que
(-mando en e ella y la cosa signi icada haya una
elación de necesidad,
de modo que no pueda signi-
ica o a dis in a. Lo que hay es que aquí la ela-
ción de necesidad es más ácil de econoce que en
la p ueba es i ical, en la cual es p eciso a güi la
ealidad de la cosa según el cálculo de las cualida-
des, de la in eligencia, de los sen idos y de ánimo
de las pe sonas, á menudo pe ec amen e inexc u-
ables. En la p ueba es i ical se a a de una ela-
ción ex ínseca de necesidad: la a i mación es
au-
o izada,
luego el hecho a i ma i o es cie o;
en
la eal, en cambio, se a a de una elación in ín-
seca:
la
cosa se pe cibe, luego exis e.
Pe o la p ueba eal, al igual que la es i ical,
duede se di ec a é indi ec a y en es a su segunda

-267--
o ma no bas a la simple pe cepción, sino que es
p eciso la ob a del aciocinio, pa a induci de ella
necesa iamen e un hecho desconocido. Cuándo y
cómo se impone al inducción, ya queda dicho al
a a de la p ueba de indicios (XII, XX), pues debe
ad e i se que el uso más común de la p ueba eal
ocu e en es e modo indi ec o p ecisamen e. Se
inspecciona una he ida, un eneno, una alsi ica-
ción..., y se induce la lesión, el en enenamien o y
la alsi icación... Pe o no debe ol ida se que en el
uso indicia io de la p ueba eal, ue a del pelig o
común hay un pelig o p opio y peculia de la in-
di e encia e ónea; es e es el pelig o de que la cosa
(de donde se in ie e un hecho cualquie a) es é en
sí misma alseada. Así. si el homb e puede men i
en su deposición es i ical, ambién puede p odu
ci se la men i a en las cosas mismas, cambiándo-
las, al e ándolas, alsi icándolas, en suma.
Me explica é con un ejemplo: el ins uc o en-
cuen a á un homb e colgado de un lazo; ce ca de
él un banquillo pa a pode sal a y queda pen-
dien e; además un esc i o de le a que pa ece la
suya, en el cual aquél decla a su olun ad de ma-
a se... En cuan o la comp obación del juez se li-
mi e á la p ueba di ec a de es e hecho, es o es, al
hallazgo de un cadá e en ales ci cuns ancias, no
hay pelig o de e o , pues se a a de un hecho se-
gún el cual en al luga se halla un Fulano pen-
— 268 —
dien e de una cue da, con un banquillo al pie y el
esc i o en el bolsillo. No hay emo de alsas ima-
ginaciones; más po bien que odo aquello se ea,
el e o puede sin emba go su gi y el e o puede
consis i en que aquello que así se o ece á la ins-
pección di ec a no sea la consecuencia de un suici-
dio, sino el a i icio de cualquie asesino. Nó ese
aquí que el pelig o del engaño no es á en la p ueba
di ec a de lo que se pe cibe y e (la ob a, sea de
un suicidio, sea de un homicidio, allí es á, exis e
de un modo indudable), sino en la indi ec a, es o
es, en la inducción que ha lle ado á a i ma el sui-
cidio. Y he ahí, en e dad, el lado ulne able de la
p ueba eal, la posibilidad de lo also, ó lo que es
lo mismo, que no sea la consecuencia del hecho
que se quie e induci , sino juego del aza , ó bien
esul ado de la as ucia de un e ce o; de o o modo,
la cosa se ía acilísima.
A pesa del de ec o indicado, la p ueba eal es
siemp e mejo que la pe sonal po las azones ya
expues as (II), y en i ud de la ísica e idencia
que p opo ciona una ez eliminados odos los mo-
i os que puedan p esen a se con a las na u ales
inducciones. Y al modo como la alsedad en el di-
cho no se ad ie e cuando en e él y el hecho exis-
a la co esponaencia que esul e de una selección
de mo al necesidad, así la alsedad en el hecho na
es admi ida po azones que necesa iamen e la
— 269 —
excluyen, Aquí, como en los demás casos
análo-
gos, me ced á la eliminación de odos aquellos
sig-
ni icados de una p ueba que pueden p oduci
con-
adicción y que pueden supone o as conclusio-
nes di e en es, es como se llega á de e mina aquel
signi icado que apa ece al in como único y i me,
no con a iado po ningún da o
y
supues o nega i-
o. En el ejemplo an es indicado pueden hace se
muy a ias inducciones, de las cuales sólo una ie-
ne que se la e dade a, y que esul a á al de las
demás ci cuns ancias que se descub an. Si el aho -
cado aquel se econoce que ué mue o, no como
pa ece, sino de o o modo (po en enenamien o,
e big acia), lo que se indica es que el Fulano de
que se a a, no se dió á sí p opio mue e, sino que
ué mue o po o o, con adiciendo de
ese
modo
lo que en los p ime os momen os pudie a c ee se.
Hace al a, según odo lo expues o, que esas hue-
llas ma e iales se comp ueben pe ec amen e, no
de una mane a supe icial; de ahí la necesidad de
acudi al dic amen y auxilio de la ciencia y de la
habilidad, á in de que su doc ina y su p ác ica
suplan la igno ancia del juez.
En
el caso p eci a-
do, un es igo cualquie a c ee ía mue o po aho -
camien o al Fulano que ió pendien e de la cue -
da; en cambio un médico descub e que lo del
lazo
no ué más que una maniob a de o o, y que
la
e dade a causa de la mue e ué el eneno,
— 270 —
XXXII.
De los pe i os.
El dic amen pe icial (la pe icia) es una
comp o-
bación y un juicio de hecho, ob a de pe sona ex-
pe a ace ca de una cosa dada que excede del p o-
pio conocimien o del juez.
Hay
en un cadá e una
ma e ia desconocida pa a el juez; és e se di ige á
un químico, el cual a i ma que la sus ancia de que
se a a es eneno. Se comp ende na u almen e
que si el juez supiese de un modo indubi able lo
que la indicada sus ancia e a, no hubie a acudido
al dic amen del pe i o; de donde esul a que es o
pa ece se un elemen o auxilia , una ayuda p es-
ada á la ciencia y conocimien o del juez ace ca
de una cosa dada.
El dic amen pe icial se enume a en e las p ue-
bas; pe o ealmen e no es una p ueba, sino el e-
conocimien o de una p ueba ya exis en e. Es un
medio subsidia io de la in eligencia del juez, auxi
liándola al modo como los an eojos auxilian el sen-
ido de la is a. En el caso supues o del en enena-
mien o, ¿qué es lo que pone de mani ies o la exis.
encia del mismo? ¿El dic amen pe icial ó el ene-
no? El eneno sin duda; es a es la e dade a
p ue-
ba, p ueba eal di ec a á indi ec a del en enena-
mien o,
p ueba
es e dad que se llega á econoce
— 271 —
y á a i ma más median e el pe i o. Así, pues, si
que emos conside a el dic amen del pe i o como
p ueba, no es una p ueba o iginal, sino de e e-
encia; una especie, en suma, de la p ueba es i i-
cal de una p ueba eal.
Julio es acusado de homicidio, pe o al p opio
iempo es sospechoso de locu a. El juez acila so-
b e si hab á de concep ua le como loco á no; en
su i ud, se di ige á un alienis a pa a que dic a-
mine, y el alienis a lo decla a loco en e ec o. La
p ueba del pe i o, ¿de dónde su ge? ¿Del pa ece
del médico, ó bien de los sín omas y de los ca ac-
e es maníacos?—No hay duda que de és os; el pe-
i o se limi a á e isa los, á es udia los y á in e i
de ellos la manía. Si el juez u iese la misma ex-
pe iencia y ciencia, no hubie a enido necesidad
de su auxilio; acude á él como á medio subsidia-
io; equie e el apoyo de su sabe y doc ina pa a
juzga sob e el hecho de la en e medad. Es a ín-
dole auxilia y acceso ia de lo pe icial se debe e-
ne an en cuen a, que al in y al cabo se educe á
la
ce eza ísica,
á aquella ce eza que el p opio
juez adquie e con sus pe sonales pe cepciones;
sólo se di e encia de la
inspección
en que en es a
el juez adop a sus mismas pe cepciones, mien as
en lo pe icial, econociéndose el juez inexpe o,
acude al dic amen de las pe sonas expe as, ó pe-
i os.

— 272 —
Aho a bien, ácil es dis ingui y decidi cuándo
se á su icien e la me a inspección y cuándo se e-
que i á el dic amen pe icial: el sabe ó la igno an-
cia del juez, cons i ui án la egla. ¿Es homb e ins-
uído y doc o en la ma e ia de que se a a? Pues
puede juzga po sí. ¿No lo es? Pues en ese caso
debe hace que o os le auxilien pa a o ma jui-
cio. El ing eso iolen o en una casa dejó huellas:
un aguje o, escomb os, ma illos

; se quie e sa-
be si po aquel aguje o pudo pasa un homb e; si
aquellos escomb os son los mismos del mu o y si
son ecien es, y si con aquellos ma illos se pudo
ab i la b echa. Supongamos que és a sea an al a
que pase pe ec amen e un homb e; na u almen e,
el juez puede decla a po sí mismo la posibilidad
del paso; en cambio espec o de los o os dos ex-
emos, acaso acile pa a esponde adecuada-
men e; en ese caso acudi á al auxilio de los pe i-
os, pidiendo dic amen á mampos e os ó albañiles.
Resul a ambién cla o que la necesidad y los lí-
mi es de la p ueba pe icia', a ían según los g a-
dos de cul u a de cada juez y de cada época judi-
cial. Puede se cue po del deli o, e big acia, el
abaco; si se hubie a pedido el econocimien o á un
juez g iego
ó
omano, po doc o que és e uese, no
hubie a sabido esponde lo que al hoja es; p e-
gún ese es o mismo aho a al más humilde de los
ju ados de Eu opa, y sab á dis ingui lo sin
nece-
— 273 --
sidad de pe i os. Pe o si, en gene al, la cul u a su-
pe io y más di undida en nues os días, hace que
el juez mode no sea más ilus ado que los an i-
guos, de o o lado la di isión de las compe encias
in elec uales (signo de ci ilización y de indus ia
a anzada) y la jus a exigencia de que los úl imos
pos ulados del sabe si an de sos én y apoyo al
minis e io social, piden que acudan, más bien más
que menos, á las pe sonas que po sus ci cuns an-
cias pa icula es, sean maes as de la ciencia ó del
a e espec i o.
Mas debe ene se en cuen a que es a dispa idad
de cul u a en e pueblo y pueblo, no cambia an o
los limi es en e la ob a p opia (judicial) y la ob a
delegada
(pe icial) como la dispa idad en e indi-
iduo é indi iduo. Aho a bien, como no es posible
señala una exac a dema cación de los lími es, es
ácil y ecuen e en es o la mani es ación de lo a -
bi a io, del e o , siendo muy de eme la suges-
ión y el p ejuicio. Sin causa pa a ello puede un
juez c ee se pe i o en aquello que no lo es, espe-
cialmen e en cues iones elacionadas con la impu-
abilidad de una pe sona. Y así es cie o que no
pocos han subido al pa íbulo como asesinos incu-
ables, los cuales no hubie an sido penados en al
o ma an e el dic amen pe icial que los de ini ía
como locos y dignos del manicomio. Puede, en
e dad c ee se que la mayo ía de los suplicios
18
— 274 ---
de los pasados iempos, po deli os ho endos y
ex años (bes iales , he ejes , e c.), ocu ie on á
causa de la al a de pe i os ó de conocimien os pe-
iciales adecuados, pa a juzga con undamen o,
ace ca del es ado mo al é in elec ual de los supues-
os eos.
Respec o de es e asun o de la p ueba pe icial se
debe da el p ecep o siguien e: el magis ado acu-
di á á ella siemp e que se concep úe incapaz de
juzga po sí mismo una cosa cualquie a. Real-
men e es imposible de ini po adelan ado los ca-
sos conc e os; en su i ud, una sabia y p uden e
legislación que quie a limi a de un modo g ande
el a bi io judicial, debe inclina se más bien en
el sen ido de aumen a el núme o de casos en que
imponga como una necesidad la in e ención de
las p uebas, sob e odo cuando se a e de asun os
elacionados con la medicina o ense.
Como la inge encia pe icial no se e i ica sino
po disposición ó manda o y además iene un ca-
ác e subsidia io, el juez puede echaza y en-
menda sus dic ámenes cuando su ciencia y su ex-
pe iencia así lo aconsejen. Así, pues, si un pe i o
decla ase la au en icidad de un documen o en
azón de la simple semejanza de la le a, el juez
pod á echaza , ob ando sabiamen e, su dic amen.
XXXIII
De la p ueba pe icial pe ec a.
Las b e es indicaciones del an e io capí ulo,
ya dejan en e e bajo cuál aspec o conside o la
p ueba de pe i os, cuándo se discu e, si se debe
clasi ica como es imonio ó como comp obación
judicial, y si el pe i o se ha de epu a como un
magis ado ó como un es igo. El pe i o, de hecho,
en cuan o e ie e cosas que ha pe cibido, es un es-
igo; y así, pa a que sus decla aciones sean acep-
ables en jus icia, és as y quien las p oduce deben
es a ado nados de aquellos ca ac e es que hacen
idóneos al es igo y al es imonio. Aunque el es i-
go na e cosas ya pasadas y el pe i o se e ie a á
las p esen es; y aunque en aquél no se exige una
ciencia ó a e especial, y en és e sí, no po eso hay
en e ambos una di e encia esencial; ealmen e, la
exigencia de la ciencia y del a e es gene al y es-
pon ánea con elación á oda la p ueba es imo-
nial, pues el es igo sólo p ueba espec o de aque-
llo que sabe y has a donde sabe.
Una di e encia esencial en e el pe i o y el es i-
go es iba más bien en lo siguien e: en que es lí-
ci o al p ime o, y no al segundo, el
juicio del he-
cho,
si no sob e el c imen en o al, á lo menos
ace ca de ci cuns ancias muy in luyen es. El es i-
— 282 —
ba go, la especial en aja de que es as ideas pue-
den ansmi i se y conse a se á dis ancia y á a-
és de los iempos; y po o a pa e, como lengua-
je al abé ico, es o es, como asimilado al hablado,
goza ambién de sus en ajas: de ahí la g an u ili-
dad de la esc i u a. Realmen e es una u ilidad in-
ap eciable, pues si el homb e sin la palab a habla-
da no pod ía ale se de la azón, sin la esc i u a.
no pod ía pe pe ua su memo ia. La humanidad
di ícilmen e goza ía y se ap o echa ía de las ex-
pe iencias del pasado median e la adición o al;
poco ó nada hubiese p ospe ado con ella an sólo,
pues los pueblos y los indi iduos no sab ían cómo
u iliza las lecciones de la his o ia. Si la esc i u a,
enciendo las di icul ades del espacio y del iempo,.
aumen ó, aumen a y aumen a á el desen ol imien-
o humano, la imp en a (que es una esc i u a aci-
li ada) asegu a y amplía los iun os que la huma-
nidad alcanza. Así hoy es ya una po encia emida,
pe o... ¡que el espec áculo sublime no nos haga
ol ida el obje o limi adísimo de nues as in es i-
gaciones!
La peculia ísima y aliosa en aja de la esc i u-
a de ence al espacio y al iempo, es p ecisa-
men e lo que de e mina su uso; siemp e que es ne-
cesa io conse a pa a lo po eni ó ansmi i á
dis ancia una memo ia, un hecho, se esc ibe, se
hace un
documen o.
En e los p incipales ac os de
-...~111111.1
n
_

— 283 ----
la ida igu an sin duda los ju ídicos; de ahí el
g an uso que del esc i o se hace-pa a consigna los
y ga an i los, y de ahí el o igen de la p ueba es-
c i a en los juicios ci iles y c iminales. Puede en
e dad deci se que en las elaciones de de echa
p i ado y en las ci ilizaciones a anzadas al ciase
de p ueba ocupa un luga p e e en e; un docu-
men o es un p esen e ecue do de un de echo, y,
p obado ó p esun o e dade o, zanja odo li igio.
En lo c iminal, es p eciso se más cau os; aquí la
esencia no puede sac i ica se á la o ma; no se
puede concede p i ilegio alguno
á
los documen-
os, ninguna ap eciación supe io á las indicadas
en los p incipios indeclinables de ce eza esen-
cial.
Es, pues, p eciso p escindi en es e caso de las.
conside aciones del p ocedimien o y del égimen
p oba o io ci il, pa a in es iga la e dade a na-
u aleza de la
p ueba documen al
esc i a desde el
pun o de is a de la c í ica aplicada á los juicios
penales. Mas an e odo es p eciso conoce los di e-
en es modos como el documen o puede p esen-
a se, en los asun os c iminales , pa a indica
luego la índole de la p ueba documen al, sus es-
pecies y modos de examina la, así como su pe -
ección.
An e el juez sen enciado de una causa c iminal
pueden p esen a se los esc i os siguien es:
— 284 —
I.
Documen os que con ienen ac os del mismo
juez ó de sus dependien es ó delegados pa a la
ins ucción de la causa ( ales son los au os del
juicio ela i os al examen de las pe sonas y ace -
ca de la inspección de las cosas, obje o del p o -
ceso).
II.
Documen os cons i u i os de una ó a ias
ci cuns ancias del hecho (ó conjun o de hechos)
que han de comp oba se en el juicio.
III.
Documen os en los que se exp esan una ó
a ias ci cuns ancias del hecho indicado.
De odos es os di e en es documen os, los de la
p ime a son públicos; los o os pueden se , ya p i-
ados, ya públicos. A ellos se e ie e la p ueba es-
c i a ó
li e al;
pe o debe ene se en cuen a que,
cuando en ju isp udencia se habla de al p ueba,
se excep úan las de la p ime a especie, es o es, las
edac adas po el juez ins uc o del p oceso ó po
sus manda a ios, pues se supone que aquél y los
suyos son uno mismo con el juez sen enciado .
pe soni icando és e, po deci lo así, oda la cu ia.
En su i ud, odos los au os de la ins ucción se
es iman como p oducidos an e el ibunal que juz-
gue, concep uando eal y p esen e lo que sólo es á
ano ado en los olios p ocesales.
Semejan e icción lógica y ju ídica no es excesi-
amen e pelig osa, apa e de que es necesa ia. A
— 285 ---
causa de la impe ección de las cosas humanas, eI
ibunal ó el ju ado (y oda ía menos un solo magis-
ado) no pod ían obse a po sí mismos y sen i
odo aquello que al p oceso oca, ni conse a lo
en la memo ia. Es, po an o, necesa ia la exis en-
cia de unciona ios auxilia es, que a iendan, como
mejo se pueda, á es a necesidad, siendo de desea
que el juez los elija de condiciones ales, que sean
dignos de ep esen a le, y que po lo demás sea él
quien di ija la ma cha o al de la ob a. Los ac os
in e nos de o icio no suelen, pues, conside a se
como p uebas documen ales; p escindiendo de su
o ma, y a endiendo sólo á su esencia, son és as
eales ó es imoniales.
En las conside aciones que amos á hace nos
e e i emos á odos los esc i os ó monumen os g á-
icos, p oducidos an e el magis ado en una causa
penal, excep uando aquellos de que es au o él
mismo (ú o o unciona io ó delegado al e ec o) en
el asun o especial y de e minado de la indicada
causa. Ad e ido queda ya que las dos especies de
documen os sob e que ecae el examen judicial, y
la e icacia de la p ueba li e al, deben ene es e
doble ca ác e :
I.
Con ene ó mani es a el deli o.
II.
P o eni de uen e pública ó p i ada.
Como se e, la p ime a dis inción se e ie e al
— 286
e ec o ú obje o, y la segunda, al ins umen o ó me-
dio p oba o io; aquélla oca á la p ueba li e al in-
e na y és a á la ex e na. Aho a bien, con iene
dis ingui adecuadamen e es os dos di e en es as-
pec os de la misma pa a pode conoce su e da-
de o alo . Comenza emos po conside a el as-
pec o ex e no.
XXXV
De la p ueba documen al ex e na.
Se iene un documen o, y p escindiendo de la
e icacia p oba o ia de su eno , se a a de sabe
si es ó no e dade o; al es el obje o y el in del
examen de la p ueba documen al en su aspec o ex-
e no. Con iene an e odo sabe en que consis e
la e dad del documen o, po se es o lo ca dinal
de semejan e p ueba. La e dad del documen o es
el ca ác e ó la cualidad del mismo, en i ud de
la cual no es la ob a del aude y del engaño; y
como es ineludiblemen e la ob a de un homb e,
en igo la e dad en es e caso consis e en que el
esc i o sea de la pe sona á quien se a ibuye, ó en
o os é minos, que sea au én ico.
Aho a bien; cuando un documen o es la ob a de
un magis ado, ó de una pe sona cualquie a á
quien la ley delega unciones o iciales y a ibuye
especialmen e la
acul ad de edac a decla acio-
— 287 —
nes e es idas de la e pública, en lo ocan e á la
compe encia 6 es e a de su acción ju ídica, ale
la p esunción de au en icidad del esc i o mismo,
siemp e que es é ado nado de los equisi os ex e -
nos legalmen e p esc i os, ales como las ó mu-
las, la i ma, los sellos. No hace al a ad e i que
una cosa es la p esunción de au en icidad y o a
la de e acidad de los documen os públicos, y de
la cual a se habla á luego; la e acidad sé p esu-
me en i ud del ca ác e au o izado del unciona-
io de quien el documen o emane; la au en icidad
en cambio se p esume en i ud del cumplimien o
de las o malidades p opias del mismo. Ni ampo-
co hace al a que epi a aho a que en lo c iminal
las p esunciones se des anecen po la p ueba ó
p obabilidad en con a io ; y al p incipio aquí,
más que en ningún o o caso, nos pa ece jus o, ha-
bida cuen a el pelig o de que no sea e dade o el
hecho basado en dos p esunciones, ó mejo , en la
p esunción de una p esunción, la una de la e aci-
dad del ase o, y la o a de la au en icidad del es-
c i o. Toda p udencia en es e pun o es en e dad
poca... Cuando se piensa lo ácil que es el que un
unciona io, po incu ia 6 po equi ocación, acoja
como e dade a una ci cuns ancia alsa, ó bien
que un pa icula cualquie a, simule en un docu-
men o la i ma pública, se comp ende desde luego
cuán g ande es el pelig o á que la inocencia se ha-

— 288
—
11a expues a. Y aunque los documen os públicos no
p ueben comple amen e la pe pe ación ó la ac
ción p incipal del deli o, pueden, sin emba go,
p oba ci cuns ancias cola e ales esencialisimas.
No pocas eces, al con empla los egis os pa o-
quiales mal lle ados, deso denados, con usos, im-
posibles pa a de e mina un da o p eciso, necesa-
io, he pensado cuán di ícil y a en u ado se ía in-
en a ob ene median e ellos una e dade a y
adecuada p ueba.
La e concedida á los documen os públicos, ó
mejo , la p esunción a o able á su au en icidad,
debe induci á p esc ibi o mas ales que hagan
imp obable la alsi icación de los mismos. La cu-
ia omana ué maes a en es a ex e na au en i-
cación de los documen os; pe gamino, ca ac e es,
disposición del esc i o, edacción, sellos, signos...,
odo es á po ella esc i o igu osamen e. El mal
había suge ido el emedio, ya que del cle o, que
en aquellos é eos iempos enía el monopolio de
las le as, salie an amosos alsi icado es. Los cá-
nones y dec e ales, después de habe dominado
uno y o o siglo, una ez pasada la opo unidad,
conside ábaseles como impos u as . Quizá algún
escép ico osa ía has a deci o o an o de las do-
naciones de Pipino y
Ca lomagno...
No niego que
en los mode nos ibunales, más que de los equi-
si os ex ínsecos, la au en icidad se in ie e y p o-
-289....
iene del o igen ó de la di ec a ansmisión de los
documen os mismos de pa e de aquel de quien
emanan. Mas aunque sea exac o, se exigen é im-
ponen o as p esunciones y icciones ju ídicas. El
cancille que ansc ibe el ac o, el expedido que
lo ansmi e, el dependien e que lo en ega, son
odos auxilia es, que desapa ecen, quedando sólo
á la conside ación del ap ecio c í ico una única au-
o idad, que compone y cons i uye en jun o el ac o
insc i o y ga an ido; de modo que es p eciso ima-
gina se un paso na u al de uno á o o, cual si eal-
men e se hubie a is o e ec ua se. Aho a bien, en
odos esos ámi es, ¡cuán amplio campo no queda
á la alsi icación posible!
Pasemos ya á los ins umen os p i ados: consi-
dé anse ales odos aquellos que no de i an ó p o-
ienen de los magis ados compe en es. Respec o
de és os no ige p esunción alguna de au en ici-
dad; es p eciso mos a és a ó ce i ica la po
o os medios. No bas a que en un esc i o es é la i -
ma de una pe sona, pa a que sin más se a gumen-
e en el supues o de que dicha pe sona es el au o
del mismo. Debe p oba se és a como cualquie
o a ci cuns ancia; ealmen e, un í ulo p oba o io
es una
ci cuns ancia p obada
(el esc i o de una
pe sona dada), la cual p ueba
o a cons i u i a
6
indicio del deli o 6 bien el hecho mismo de que el
juicio a a.
Se equie e, pues, en odo documen-
19
— 290 —
o, pa a que si a como p ueba demos a i a de
un hecho, que an e odo se p uebe ó se p esuma
su
au en icidad
(al modo como en la p ueba es i-
ical se debe p oba ó p esumi la
idoneidad),
im-
po ando poco, al e ec o, que cons i uya el hecho
mismo, ó una ci cuns ancia que pe mi a indica lo,
ó , po úl imo , un simple es imonio. Con iene
aho a ija se en la na u aleza mix a y e olu i a
de la p ueba esc i a.
Las in es igaciones ace ca de un documen o
pueden ende eza se á dos ines opues os: la com-
p obación del mismo, es o es, si el documen o es
ó no au én ico, y si lo que el documen o con iene
es e dade o ó also. Ambos ines exigen examen,
y pa a ambos se equie e a ende á ci cuns ancias
del esc i o mismo y á ci cuns ancias ex añas y
a ias. A es e p opósi o exis en medios y p ocedi-
mien os p oba o ios di ec os ó indi ec os, pe sona-
les ó eales. Sólo cabe indica los aquí: las pa i-
cula idades, los de alles, y más aún las nociones
expe imen ales y los análisis pe iciales, no deben
se a ados en es os es udios de me a lógica ju-
dicial.
Habla é en p ime é mino de las ci cuns ancias
que dan á conoce como au én ico un esc i o; lue-
go se habla á de pone en cla o su al a de au en-
icidad. Un documen o , conside ado bajo cie o
aspec o, es un suceso, un hecho; puede en al con-
'•
—
291 —
cep o se obje o de na ación y obje o de p ueba
pe sonal. Cuando es imonios in achables decla an
au én ico un documen o, o ecen p ueba de su
au en icidad, ni más ni menos que si se a a a
de cualquie o o hecho. Y desde el
momen o
en
que
se
iene una p ueba es i ical di ec a, se de-
ben aplica las mismas no mas que pa a las de-
más comp obaciones ob enidas de un modo seme-
jan e. Una pe sona que, según el o den na u al de
las cosas (p esunción), no puede equi oca se, ni
quie e engaña , que es i ica
la
au en icidad de
un documen o, o ece, al eno de los cánones an-
es expues os, la p ueba plena de al hecho. Debe,
pues, eco da se cuan o se dijo ace ca de la na u
aleza
y
de las condiciones del es imonio (XXII,
XXVIII); no se a a, co no es sabido, de una a
gumen ación, de una suposición ni de un juicio,
sino de una elación de hechos pe cibidos po el
mismo que la hace. Así, un es igo no puede de-
ci : c eo que es e documen o sea au én ico sino:
es. Y p onunciando es e
es,
no debe en modo al-
guno segui una opinión induc i a, basada (po
ejemplo) en la ci cuns ancia de la semejanza ó
aunque sea de la igualdad de los ca ac e es esc i
os, ó
bien de la iden idad de es ilo
y de eno , ni
ampoco a ende á un simple ecue do de un he-
cho de que ué espec ado . De no habe sido es-
pec ado de un hecho al que implique la au en i-
— 298 ---
medios; así enemos las deposiciones es i icales
di ec as ( e big acia, que ué hecho po una pe -
sona dada) é indi ec as (que el supues o au o ni
siquie a sabe esc ibi ), y las p uebas eales indi-
ec as. Pe o un documen o puede se also de dos
modos:
1. Cuando se hace un documen o de mane a
que pa ezca au én ico.
II. Cuando se al e a uno au én ico,
El p ime o de los documen os es un documen o
o almen e also; el segundo esul a alsi icado.
Así como la semejanza de las le as es un indicio
de au en icidad, la di e encia lo es de alsedad.
Son más y más ue es los indicios eales que
apoyan y exp esan és a que los que denuncian á
aquélla; no es, en e dad, di ícil, median e el a e
del pe i o químico ó calíg a o, e ela la alsedad
alsi icación po cuidadoso y hábil que haya sido
el alsa io. Así los pe i os, que con g an di icul ad
pod ían p o oca la plena ce eza de la au en ici-
dad de un esc i o, sin g an es ue zo p o oca án la
ce eza plena de su alsedad.
Hay deli os especiales cons i uidos po la alsi-
icación; ales son las a ias especies de alsi ica-
ción de documen os (decla aciones simuladas de
obligaciones, ecibos, le as, cancelaciones, adul-

-- 299 —
e aciones, adiciones audulen as en documen os
au én icos, sus egis os

) La iden idad de la
p ueba li e al ex e na con la eal apa ece aqui
aún más cla a; un documen o also no es una cosa
dis in a de cualquie o a huella pe manen e del
deli o, e big acia, una sus ancia adul e ada, una
moneda alsa, un documen o banca io ó del Es a-
do also, po lo que la indagación judicial se enca-
mina á, disce ni la cualidad de la cosa y el a i i-
cio usado. Puede á eces ocu i que no sólo se
enga una me a p ueba obje i a del deli o, sino
ambién una indicación subje i a, po en aña la
ob a alsi icada huellas p opias del au o . Real-
men e cabe econoce en una moneda el ingenio de
un hábil g abado , como cabe descub i as un do-
cumen o el de un esc i o eminen e.
An es de da in á es e pun o de la p ueba li e-
al ex e na, es p eciso deci algunas palab as ace -
ca de la imp en a. En a ención á su ca ác e y con-
dición de publicidad, hay quien la da una ue za
igual á los documen os públicos; pe o en igo no.
há luga á es e p i ilegio. Una imp en a es una
ins i ución p i ada; y aunque lo ue a pública, no
se puede epu a documen o público uno imp eso,
oda ez que es acilísimo imi a lo con los necesa-
ios elemen os. Si una imp en a iene ipos espe-
ciales compa ados con los de o as, es o únicamen-
e puede se i pa a de e mina la exis encia de
indicios análogos á los que su gen de la semejanza
de los ca ac e es esc i os. En cuan o al con enido
de un imp eso, es o es, al
uso in e no,
no puede
ene o o alo que el de una deposición judicial
esc i a, inmedia a ó media a (conocido el au o ),
cuando no con u ie a una ó a ias de las ci cuns-
ancias mismas á que el juicio se e ie e. En un de-
li o de imp en a, la acción ma e ial pe manece
p ecisamen e en el imp eso; p obada la p oceden-
cia—el au o —se iene la p ueba del elemen o ma-
e ial; pe o no se puede da como p obada aquélla
sólo po que aya indicado en el imp eso el nom-
b e del au o . El imp eso es como cualquie a o a
pe sona que pone en un documen o la i ma de
o o; queda siemp e la necesidad de sabe si és e
es de e as el au o . En suma, la imp en a no es
más que un modo especial de esc ibi (ó bien, más
exac amen e, de igu a g á icamen e las ideas), y
en su i ud es á suje a á las mismas eglas que
las o mas o dina ias. O o an o puede deci se de
o os medios g á icos, ales como g abados, im-
p esiones de palab as ó de símbolos ó imágenes
equi alen es, en papel, má mol, b once, e c.
— 301 —
XXXVI
De la p ueba documen al in e na.
Conside ada la p ueba documen al en su aspec os
in e no, ácilmen e se in ie e de qué modo al p ue-
ba (ó mejo el documen o de donde se saca) añade
necesa iamen e una ci cuns ancia que compone
cons i uye el hecho del juicio, ó bien, lo decla a ó
es i ica. Una e dade a p ueba in e na, - según lo
que ya se dijo, se ía an sólo la ci cuns ancia como
componen e ó cons i u i a del hecho juzgable; pe o
aquí, en el uso especial de la p ueba esc i a, doy
es e nomb e ambién al es imonio que llama ía-
mos
in e no
de los documen os, pudiendo dis in-
gui en ellos mismos el con enido y el sen ido.
En la aluación p oba o ia de los documen os es
p eciso dis ingui según que con engan ci cuns-
ancias ó elaciones del hecho some ido á examen.
Si se a a, po ejemplo, de aude, el documen o
cons i uye la con ención audulen a, ó bien una
decla ación espec i amen e del de audado , del
de audado ó de e ce os. En el p ime caso el do-
cumen o mismo cons i uye el deli o ó el obje o que
ha de consigna se; es ambién, aunque in e namen-
e, una p ueba eal de és e, siendo ácil su ap e-
ciación. Cuando un documen o de al na u aleza
se p esen a al juez, es como si le o eciese un me-
— 302
dio p oba o io eal, ó bien como si asis iese él mis-
mo á la ealización del hecho de la p ueba. Es és a.
en e dad, una copiosa uen e de ce idumb e, y
se e i ica siemp e que una ci cuns ancia que debe
hace se cons a se ingie e, po deci lo así, en un
documen o.
Los casos más ecuen es de un con enido c imi-
noso en los documen os son:
I.
En cie os deli os polí icos, un es a u o ó e-
glamen o de sociedades sec e as, un pac o de con-
ju a, un bando de insu ección, una p oclama e-
oluciona ia.
II.
En la iolencia ó en la concusión, una ca a
conmina o ia.
III.
En el inces o ó en el adul e io, una ca a
amo osa.
IV.
En los deli os de imp en a, los lib os mis-
mos imp esos.
V.
En las inju ias, el libelo inju ioso.
VI.
En la alsi icación de documen os, el docu-
men o alsi icado.
VII.
En las di e sas especies de engaño y au-
de, los con a os audulen os, capciosos, usu a-
ios, simulados.
VIII.
En la co eidad in elec ual de a ias es-
pecies, y pa icula men e en el homicidio, los
man-
da os.
— 303 —
1X. En el duelo, la ca a de desa ío.
X.
En la calumnia, la que ella ó la denuncia.
XI.
En la pe u bación eligiosa, el esc i o an-
i eligioso ó sac ílego.
XII.
En el abuso de pode los ac os y egis os
ilegales.
Y en gene al odos los casos en que es posible
que el deli o, ó bien el elemen o ó ci cuns ancia
ma e ial del mismo, se imp iman é iden i iquen
en su esc i o. Lo cual, como se e, ocu e más á-
cilmen e en aquellos deli os que esiden especial-
men e en maldades del pensamien o que se ex e-
io iza.
Además de es e uso di ec o de la p ueba in e -
na de los esc i os, es posible, como ocu e con
cualquie o o medio p oba o io, un uso indi ec o;
en o os é minos, es posible se i se de la ci -
cuns ancia indicada po el documen o, como indi-
ca i a, á su ez, de lo que se quie e p oba . Su-
pongamos un caso de usu a: si en el documen o
es u iese esc i o de un modo cla o que el mu ua-
a io paga á al mu uan e un in e és supe io al
legal, end íamos una p ueba di ec a; si po el
con a io ue a una con ención simulada, una
en a ingida ó cualquie o a as ucia, end íamos
una p ueba indi ec a. La p ueba de indicios se in-
oduce en odo momen o en la ap eciación de los

— 304 —
medios de ce eza. Según se ha is o, se p esen a
en el uso ex e no del documen o; como se e, p e-
sén ase en el in e no eal; y como se e á inme-
dia amen e, ocu e lo mismo en el in e no es imo-
nial. Ruego al lec o que no ome á mal es a esco-
lás ica nomencla u a, de que gus osos p escindi-
íamos si u ié amos o o modo de exp esa con
igual p ecisión el pensamien o. Siemp e que la
ci cuns ancia de hecho con enida en un docu-
men o no es aquella á que el juicio se e ie e, pe o
es al que la
indi a
po una na u al indi e encia,
se iene el indicio documen al; el cual, además,
como oda o a combinación análoga, puede se (y
necesa io ó con ingen e.
Es, pues, azonable y cla o que pa a que se pue-
da alua la signi icación in e na de un documen-
o, se equie a que és e esul e ex e namen e p o-
Dado como au én ico; de o o modo no iene alo
alguno. Pe o ace ca de es o se dijo ya lo su icien-
e, que no hay pa a qué epe i ; bas e sen a que
se pa e siemp e del supues o de su au en icidad.
Admi ida és a, un documen o p ueba po su con-
enido, en la medida misma en que po sí solo,
ó con el apoyo de o os medios p oba o ios, esul-
e necesa iamen e indicado el obje o que se a a
de p oba . Pe o debe ad e i se que, como odas
las p uebas eales, és a puede se ambién a i-
iciosamen e c eada ó adul e ada, duda que es p e-
.......
305 --'
ciso
des anece , llegado el caso, con p esunciones
ó con p uebas.
Ho a es ya de habla de la p ueba in e na pe -
sonal po documen os, ó bien del es imonio esc i-
o, di ec o á indi ec o, explíci o á implíci o, ex-
p eso á p esun o. No es posible imagina un í ulo
p oba o io en lo c iminal, sin que él mismo con-
enga bien sea las ci cuns ancias que han de de-
mos a se, ó bien las elaciones de las mismas; y
en es a segunda conje u a es cuando cons i uye
un es imonio (dicho de una pe sona ela i o á una
cosa) ecogido ue a del juicio me ced á la esc i-
u a . Que el í ulo sea
p econs i uído
á
casual
(pa a usa las palab as de Ben ham), no impo a;
lo cie o es que con iene una deposición que no se
ha e i icado an e el Juez, que no es, po an o,
inmedia a, ni es á e es ida de aquellas solemni-
dades y ga an ías p opias de lo judicial, po lo
que no es álida como p ueba di ec a es imonial,
aun cuando alga en concep o de indicio.
Pudie a alega se, sin emba go, con a lo expues-
o, el uso gene al en i ud del cual se acep a la
p ueba plena y di ec a de los í ulos públicos; pe o
es o equie e una acla ación. Cuando decimos qD
un documen o o icial p ueba, sin más, la ci cuns-
ancia á que se e ie e, enunciamos una máxima
que en aña dos dis in as, pues ó bien se alude á
la p ueba ex e na, ó bien se alude á la in e na.
20
-306--
Re i iéndose
á
la ex e na , ¿qué quie e deci la
p ueba plena del documen o público sino que se
p esume au én ico ó sea ado nado de los equisi-
os ex ínsecos del legalidad? Co esponde es o
á
la e dade a noción de los documen es. Pe o en
cambio , al habla de la p ueba plena in e na,
cuando se dice: al ci cuns ancia es cie a, po que
lo es i ica así un documen o o ic

, aun cuan-
do es o pa ezca de i a se de la p ueba esc i a, y
así se concep úa en la p ác ica, no se de i a en
modo alguno No se debe ene po e ídica una
elación po que es é esc i a en o ma pública, sino
po que p ocede de una au o idad pública. El es-
c i o es idedigno, no po se
au én ico,
sino po
se el dicho
au o izado.
La au en icidad del do-
cumen o ce i ica que exis e semejan e elación;
pe o lo
au o izado
de la e e encia es lo que ce -
i ica la cosa ela ada. No hace al a un es udio
especial pa a e que la esc i u a, en una decla a-
ción de o icio, no es más que un a i icio empleado
con el p opósi o de pe pe ua la y de ansmi i la.
Así, pues. el alo p oba o io in e no de un docu-
men o público
;
no es más que el alo de un pú-
blico es imonio; de un es imonio p i ilegiado, en
cuan o que, aunque sea ex ajudicial, se p esume
i e agable, pe ec o, legí imo. Pe o es e pun o
de is a ya lo hemos es udiado con elación á la
p ueba es i ical. Bas e aquí no a que, en i ud
-- 307 --
de la p esunción de e acidad que ado na á las
e e encias o iciales, és as alen como di ec os y
pe ec os es imonios, en cuan o su obje o es de la
compe encia del magis ado que e ie e, y en
cuan o la p esunción no se des anezca en azón
de in lujo de p uebas, aunque sean impe ec as, de
la inidoneidad mo al, in elec ual ó ísica del mis-
mo (XXII).
Mas ue a 'de es e p i ilegio de las deposiciones
o iciales (inhe en e,po lo demás, no al documen-
o, sino á la elación), cualquie e elación con e-
nida en un documen o es una e dade a deposi-
ción de que el esc i o iene á se deposi a io, y, si
-así puede deci se, el es igo mismo de un modo
media o inanimado. Síguese de aquí que la p ue-
ba de una ci cuns ancia ela ada en un documen o
es de índole indicia ia, y se esuel e en aquellos
indicios que su gen de las mani es aciones ex a-
judiciales del impu ado ó de los e ce os, an e-
io es ó pos e io es al hecho del p oceso (XVII-
XVIII). No es, pues, p eciso epe i lo ya dicho,
oda ez que no cambian la na u aleza ó esencia
de ello po a a se de esc i os, y que con inúan
siendo los mismos los indicios. Supongamos que
hay en un p oceso una hoja, en la cual uno ame-
naza á o o con una enganza, un lib o en que o o
ano a una suma ecibida, una ca a en que un
e ce o pide pe dón al o endido de una inju ia,
— 314 —
d emos el de ec o men al de la p ime a compen-
sado con la in eligencia del segundo, y la al a
de p obidad de és e con más sus ocul as mi as,
neu alizadas con la p obidad y el desin e és de
aquélla.
La p ác ica no es á de acue do; pe o po mi
pa e no encuen o absu da en eo ía es a com-
pensación. An es bien, encuen o que la ponde a-
ción en e los medios de ce cio a se, se e ec ua á
de ese modo, en i ud de mu uos auxilios y exci-
siones. Que puede habe azones de con eniencia
polí ica que aconsejen p escindi de ese p ocedi-
mien o, es una cues ión muy di e en e; la lógica
no echaza, ni epugna, que un es imonio que se
p esuma sospechoso, se haga álido una ez eli-
minada, de cualquie modo que sea, la causa de la
sospecha. ¡Qué más!... En la misma coincidencia
de dos ó más es imonios impe ec os, aunque po
dis in o mo i o, se puede ene al eliminación.
compensándose la impe ección pa cial del uno,
con la pe ección pa cial del o o, ya que, al in, un
es imonio sospechoso (no inidóneo ó inhábil en
absolu o) iene de peculia y p opio el se pa cial-
men e pe ec o y pa cialmen e impe ec o. Según
las exigencias de la lógica, es, pues, admisible una
ce eza ( éngase siemp e en cuen a: de un hecho
pa icula , no de un c imen) esul an e del concu -
so de dos p uebas impe ec as, aun cuando la
ju-

— 315 —
isp udencia p ác ica no la econozca. Ve dad es,
que po o o lado con iene no a que, mien as
és a admi e á eces como idónea la deposición con
cie os equisi os de los co eos, aquélla no la ad -
mi e sino como sospechosa, sea cual ue e su nú-
me o. Y es o po que aunque sean mil los es imo-
nios sólo alen como uno y con inúan siendo im-
pe ec os si odos ienen un mismo de ec o pues
no cabe en ales ci cuns ancias compensación mu-
ua de ningún géne o. «Realmen e, dice Pagano,
si de la unión de a ios indicios débiles po medio
de su acumulación y en i ud de su g an núme o
puede ob ene se la pe ec a demos ación mo al,
sin emba go, es menes e que los ales indicios
sean dis in os y no el mismo indicio a ias eces
epe ido; en es e caso úl imo, po mucho que el in-
dicio se epi a, como la unidad mul iplicada po si
misma no p oduce más que la unidad, el esul ado
p oba o io no pod á cambia nunca. Aho a bien:
el indicio de los llamados de a ios socios es
Un
mismo indicio a ias eces epe ido.» Aun cuan-
do una u ba de co eos a i me que una pe sona
ha delinquido,
la
sospecha
queda siemp e en pie,
ya que la in amia, la pena y sob e odo un in e és
cualquie a, un p opósi o dado de impunidad ó de
enganza, alcanza á odos y á cada uno en pa i-
cula . Po an o, pues, pa a que el de ec o de un
es imonio cese, es p eciso o o es imonio que,
— 316 —
aunque enga su de ec o, és e no sea semejan e al
-del p ime o. Si pa a p oba una ci cuns ancia bas-
a un solo es imonio idóneo, aun cuando el es i-
monio o ecido enga un de ec o, si es e de ec o se
suple con el equisi o posi i o de o o es imonio
di e en e, el p ime o esul a á apoyado po el se-
c
undo, al modo como un indicio puede se apoyado
po o o indicio, alcanzando así mayo alo . En
cambio, cuando el apoyo del es imonio de ec uoso
p o enga, no de o o es imonio, sino de a ias ci -
cuns ancias eales (como en el caso de que un pe-
nado die a cuen a de habe su ido cie as iolen-
cias y hubie a huella de las mismas, ó un ciego
con esa e habe dado mue e á quien yace en el
suelo exánime), se log a á ya la pe ección com-
ple a de la p ueba. Cuando en el p oceso exis an
p uebas impe ec as y no puedan comple a se con
o as, en onces no ienen alo ; pues sólo puede e-
ne se po cie a una ci cuns ancia, desde el mo-
men o en que cons e en i ud de una p ueba pe -
ec a, simple ó compues a.
Las es especies que siguen de impe ección
e ié ense ambién á la p ueba ex e na, y su gen
de la al a de equisi os especiales; así, la segunda
-p o iene de la al a de
o iginalidad
en el medio
p oba o io aducido; la e ce a, de
la
libe ad, ju-
isdicción
ó
compe encia;
la cua a, de la al a de
p ecisión, de e minación
y
a i mación.
— 317 —
Comenzando po la segunda especie, que puede
a ec a an o á la p ueba eal como á la pe sonal,
se e que la p ueba, media a bajo un cie o as-
pec o, es inmedia a espec o de la ci cuns ancia á
que e dade amen e se e ie e, y como al pe -
ec a. Dada la pe ección ex e na, es de hecho
cie o que la copia (que es p ueba media a eal), si.
no ce i ica la ci cuns ancia conside ada en el do-
cumen o o iginal, p ueba sin emba go es e docu-
men o mismo; como es un hecho ambién que el
es imonio au icula , si no p ueba la ci cuns ancia
que di ec amen e se conside a, p ueba sin emba -
go la exis encia de lo que conside a de un modo
inmedia o, lo que ha
oído.
Así, pues, las p uebas
media as, en cuan o se e ie en á la inmedia a, son
pe ec as, si bien mien as se e ie en á la ci cuns-
ancia á que es as úl imas aluden son impe ec as;
y cuando se posean semejan es p uebas, debe el
juez azona de un modo análogo á es e: es á a e-
iguado que hay un documen o o iginal
ó
una de-
posición judicial; sólo es a ap ecia el alo de es-
as ci cuns ancias p oba o ias, induci qué signi i-
cado ienen y acudi , en suma, á la p ueba de in-
dicios. P ecisamen e po es o he enume ado en
pa icula las deposiciones ex ajudiciales en e
los indicios (XVIII), siendo de es e modo co no
puede esol e se la cues ión á ellas e e en e. La
a gumen ación indicia ia puede po ía de ejem-
— 318 —
plo o mula se de es e modo: de la exis encia de
una decla ación ex ajudicial, ¿qué inducción cabe
hace ? Con end ía en ese caso examina las condi-
ciones de aquél que la p es a, de aquél que la e-
cibe, así como el modo, el iempo, el luga , el po
qué y las ci cuns ancias acciden ales; en suma, el
obje o de es a p ueba inmedia a, que ya no lo es
espec o del juez, que ya no es una p ueba pe so-
nal, ex e na, di ec a y pe ec a pa a él, sino in e -
na é indi ec a, y que sin emba go (co no cualquie
o o indicio), una ez de e minadas cie as ci -
cuns ancias y el nexo necesa io en e ellas, puede
se igual á una pe ec a. Pe o se me puede p e-
gun a : ¿cuál es en gene al el alo de un es imo-
nio de oídas? —Tiene un alo de indicio ehemen-
ísimo con ingen e, el cual puede ele a se al g ado
de necesa io, cuando los equisi os que hacen pe -
ec o el es imonio isual, se comp ueben po o os
medios en el au icula . De hecho, ¿po qué azón
el es imonio inmedia o judicial iene un pleno a-
lo si no es po que, habiéndose e i icado an e el
juez mismo, és e lo comp ueba di ec amen e, cons-
ándole así que es al y como debe se , es o es, ex-
plíci o, pa icula izado, comple o, lib e, idóneo en
suma, condiciones és as que el es imonio media o
no puede p esen a ó p esen a inadecuadamen e?
Añádanse, sin emba go, o as p uebas y p esun-
ciones me ced á las cuales se e idencie que el es-
— 319 -----
imonio ex ajudicial eune odos los equisi os del
judicial, y que el que lo ha p es ado no se equi ocó
ni que ía engaña ..., y en onces su gi á necesa ia-
men e una p ueba pe ec a.
Es ácil, po lo demás, ap ecia y es ima las
p uebas pe sonales ilegí imas en es ic o sen ido,
po se ex ajudiciales, ó incompe en es, ú ob eni-
das en i ud de engaño, de amenazas ó iolencias.
En al caso es necesa io subsana el de ec o me -
zed al concu so de o as p uebas, que de e minan
la o mación de una p ueba compues a, in e na ó
ex e na.
Ocu e á eces que con esan es, es igos y pe i-
os deponen dudosa y agamen e; indican, e bi-
g acia, en o ma de suposición un hecho que, sin
emba go, no se deciden á a i ma . Casia, que que-
ía con esa since amen e su deli o, no sabe deci
si el niño po ella a ojado al agua es aba i o ó
mue o; pe o más bien se inclina á c ee que es a-
ba mue o... Ticio obó a ias eces á Semp onio;
pe o igno a él mismo el momen o y la suma...
A algunos es igos les pa ece habe econocido á
la luz de la luna á Julio como ma ado de Manlio;
pe o no pueden a i ma lo con segu idad... O os
ie on á Publio y á Lucio pelea se, y c een que el
ins igado ué Lucio; pe o no se a e en á asegu-
a que la cosa no haya pasado de o o modo...
Los pe i os suponen que la he ida hecha á Ti o le

— 320 —
había p oducido la mue e; pe o sin a i ma lo e-
suel amen e... O os pe i os opinan que el docu-
men o es á esc i o po Tulio, pe o no lo asegu-
an... Aho a bien, es as suposiciones, es os pa e-
ce es que admi en la posibilidad de lo con a io,
es as deposiciones á medias, es as a i maciones
incie as, ¿qué alo p oba o io ienen? —No e-
niendo en sí mismas la cualidad de cie as, no
pueden, na u almen e, despe a la ce eza en el
juez; pa a que se consoliden, saliendo del campo
de la p obabilidad, es p eciso que o os medios de
mayo ue za engan en su apoyo y hagan su gi
la ce eza; aquí ambién se puede consegui una
p ueba compues a median e la ase e ación de he-
chos que jus i ique sus lados débiles. Con es ando
á los p eci ados ejemplos, si el e o de Casia no
o ecía ca ac e es de i alidad; si los hu os de
Ticio pueden de e mina se de un modo ap oxima-
do po o os caminos; si Julio e a enemigo de la
íc ima y con esó ex ajudicialmen e la mue e; si
Lucio e a el más iolen o y enía algo que enga ;
si Ti o mu ió inmedia amen e después de he ido y
no había causas mo bosas y g a es p eexis en es;
si el es ilo del documen o es el mismo de Tulio y
és e lo poseía, e c., e c., end íase el suplemen o
necesa io, el emedio del de ec o, median e el e-
ue zo exigido pa a ence las oscilaciones de las
deposiciones aducidas.
321 —
En suma, an o en es as p uebas como en las
p eceden es de las di e en es clases de impe ec-
as, ese al in y al cabo que son, po deci lo así,
indicios
ex e nos,
y que la p ueba compues a e-
sul an e de los mismos, equi ale á la p ueba con-
je u al esul an e de los in e nos, po lo que se
deben aplica las mismas leyes . Ace ca de la
p ueba impe ec a indicia ia (quin a especie), no
son p ecisas ul e io es acla aciones; bas a, en i-
go , eco da cuan o se ha dicho ace ca de la
p ueba de indicios en gene al (XII, XV); sabido es
que un indicio con ingen e no ale, no es en un
concu so, del cual su ja un indicio complejo nece-
sa io.
XXXVIII
Del
cálculo p oba o io.
Enume adas ya odas las especies de p uebas,
es na u al habla del uso y del cálculo que debe
hace se cuando se p esen an; pe o an e odo séame
pe mi ida una ad e encia. No se puede p onun-
cia un juicio exac o y ec o sino después que se
posean odos los elemen os sob e los cuales ha de
unda se. El juicio (ó sen encia) c iminal p esupo-
ne, pues, que se han ecogido odos los ma e iales
que su jus icia exige. La a gumen ación no puede
se jus a á no se po acciden e cuando no se ie-
21
— 322 —
nen odos los ex emos que lo jus i ican. Si en un
p oceso hay un es igo que a i ma y o o que nie-
ga, y no se admi e más que el p ime o, y ambién
si hay un es igo que conoce el hecho con la ci -
cuns ancia que excluye ó a enúa la impu abilidad
y sólo se ecoge la na ación del hecho, sin la ci -
cuns ancia, es p obabilísimo y casi segu o que la
sen encia se á injus a. Hay una p ueba pe ec a
pe sonal con a un indi iduo po homicidio; pe o
si la supues a íc ima i e y anda, y si en nada se
ha esen ido su exis encia, si aquél uese conde-
nado, se á condenado un inocen e. De es e modo,
el
juicio es jus o con elación á los da os p esen a-
dos y ecogidos; pe o no lo es absolu amen e, es o
es,
con elación á los da os posibles. No se debe
deci , pues, que pa a la adquisición de la ce i-
dumb e se exige (po ejemplo), además de la con
esión y del es imonio, el
cue po del deli o
pedido
po los p ác icos. No, se puede p escindi de és e
cuando aquéllos son pe ec os y siemp e con ela-
ción á hechos e e idos ó e e ibles. Mas es, sin
emba go, cie o que en la ins ucción del p oceso,
en que se iene que a a an o de lo que p ueba
la inocencia como de lo que p ueba la c iminali-
dad, debe in es iga se dicho cue po del deli o. Y,
en odo caso, si no cons ase, y su exis encia uese
necesa iamen e inhe en e á la exis encia del hecho
depues o (como cuando en un es up o ecien e no
•
—
323 —
hubiese huellas, ó en una he ida ambién ecien e
no hubiese he ida); una ez a e iguado que una
ci cuns ancia eal nega i a con a iaba de al mo-
do la a i mación es imonial, és a pe de ía su a-
lo . Aho a bien, esumiendo es as indicaciones,
ad e i emos que, cuando el magis ado se ciñe
al juicio penal, debe p ocu a se odas las p uebas
humanamen e ob enibles, ya de ca go, ya de des-
ca go; de o o modo no cabe habla ni de ec o
cálculo ni de sen encia jus a. Realmen e es es e
un paso pelig oso. Cuando se llega á la sen encia,
cla o es, se p esupone la comple a comp obación
de odas las ci cuns ancias a i ma i as y nega i-
as, p incipales y acceso ias; pe o ¿quién puede
asegu a que no al e algo? No debe ol ida se
nunca lo ágil de los medios con los cuales busca-
mos y emos la e dad; ¡siemp e p esunciones y
p esunciones... sin con a con la excepciones de
hecho que espec o de las ales p esunciones ocu-
en cons an emen e! En el p ocedimien o c imi-
nal, más aún que las a bi a iedades, deben p e-
eni se las omisiones. Aquéllas, po su índole po
si i a, pueden econoce se ácilmen e, mien as
que és as, dada su índole nega i a, no siemp e es
ácil econoce las . Supongamos un es igo : lo
c eemos in achable po que así lo decla an y ga-
an izan odas las apa iencias. Pe o si no se ha in-
es igado las ci cuns ancias de su ida, sus a ec-
330
XXXIX
De la p ueba in encional.
An es de habla del juicio de ini i o ó sen encia,
y á in de p ecisa su
campo his ó ico,
á bien aquel
conjun o de hechos sob e que iene que ecae , es
p eciso examina la pa e in e na y mo al del de-
li o, ya que, como queda dicho (XXXVIII), odas
las ci cuns ancias del mismo deben se enidas en
cuen a y comp obadas. Todo deli o cons a de dos
elemen os esenciales: el p opósi o y el
ac o;
no
puede, pues, es ima se aquél demos ado sin la
mu ua comp obación de és os. iN o bas a la p ueba
de la ma e ial ejecución del deli o, sino que es p e-
ciso la de la in ención. Cla o apa ece, pues, el
e o de aquellos que concep úan demos ado un
deli o en cuan o cons a su elemen o ma e ial y ex-
e no.
Toda
acción
es á de e minada po una
olición;
pe o no oda olición es
impu able,
y aun cuando
lo sea, no lo es siemp e en igual g ado; de ahí na-
cen las ci cuns ancias eximen es, ag a an es y
a enuan es de la impu abilidad. Un ac o de la o-
lun ad que, ex e io izado po la ob a, da o igen á
lo que cons i uye la pa e ma e ial del deli o, sólo
es impu able cuando es
lib e;
siendo más á menos
impu able según que es más ó menos lib e.

— 331 —
Ni aun obje i amen e (es necesa io pe suadi se)
exis e un deli o cuando al lado del
e ec o
no hay el
a ec o
c iminal. Cons a la mue e de un homb e. No
po es o cons a la delincuencia obje i a, no po ello
hay el
homicidio doloso.
Pa a que haya es e c imen
es p eciso, no sólo al acción ex e na, la mue e,
sino ambién una in ención c iminosa, sin la cual
el hecho pudo se u o del
acaso,
de la
desg acia
ó bien
mue e po descuido, po imp udencia.
Es o no obs an e, las p ác icas c iminales, cie-
gas y p ecipiiadas an as eces, cuando no esul a
desde luego, no suelen cuida se de es a p ueba,
que llama é
in encional—po
e e i se á la com-
p obación del elemen o in e no mo al del c imen,
la in ención—. Inmedia amen e que se iene
la
p ueba de cómo se
p odujo
el deli o, se le concep-
úa demos ado, ol idando que con eso no se iene
p obado el deli o, sino sólo uno de sus elemen os.
Ticio qui a á o o el eloj.—¡Es un a e o, un
la-
d ón! —
¿Despacio! ¡despacio! — ¿No pudo habe c eí-
do Ticio que el eloj e a suyo? ¿No pudo oma le
pa a esa ci se de cualquie deuda? O bien, ¿no
pudo hace lo con in ención de es i ui lo, ó
po
b oma?

Pa a a i ma que Ticio lo ha obado es
p eciso echaza odas es as posibilidade
s
y las
demás análogas, sea median e p esunciones ó me-
dian e p uebas con a ias.
La comp obación de la in ención es necesa ia,
— 332 ---
no sólo pa a de e mina si y cuál delincuencia ha
habido en un hecho ealizado, sino ambién es-
pec o del no ealizado, es o es, espec o de la en-
a i a. Cayo se in oduce de noche en una casa po
una b echa abie a po él. ¿Qué a á hace ?

Va
á oba ; di á un juez que en odas pa es e lad o-
nes. Sin emba go, bien puede habe se in oducido
po o os mo i os; po ejemplo, pa a eje ce de e -
minadas iolencias con ines sexuales ó po mo i-
os inocen es, po b oma ó ealizando un lance
amo oso; y como odo es o y mucho más es e o-
símil, de ahí la necesidad de a e igua el e da-
de o in. Pe o dado que sea conocido és e y que
sea p ecisamen e el obo, ¿de qué especie y en qué
g ado le se á impu able? ¿in en aba un obo sin
impo ancia ó un obo con iolencia en las pe so-
nas, de qué cosas y de qué suma? Y en el supues o
de que hubiese log ado ab i un a ma io, ¿se hu-
bie a apode ado de odas ó de alguna de las mone-
das que allí había?

Todo es o debe hace se
cons a po p uebas di ec as ó indi ec as, lo cual
es, sin duda, di ícil; po lo que se á necesa io su-
.
pli las con p esunciones.
La p ueba in encional debe, según lo expues o,
esol e las siguien es cues iones:
1. Si el ac o de la olun ad de e minan e de la
acción ué lib e ó no.
_ 333 —
II.
Si en caso de se lib e lo ué pe ec a ó im-
pe ec amen e.
III.
Si se ealizó de imp o iso ó con
p
emedi a-
ción.
IV.
Si ué con conocimien o ó no de sus conse-
cuencias.
V.
Si, en el supues o del conocimien o de las
consecuencias, se pe seguía alguna.
VI.
Si ué po necesidad ó po elección.
Sólo examinando odos es os es ados psicológi-
cos, odos es os g ados de la olun ad, en que pue-
de encon a se el ánimo del au o de un hecho,
que puede se deli o, y sólo consignando ó com-
p obando alguno, se pod á decidi con elación
al mismo, si hubo impu abilidad, y de qué clase,
en el agen e y en la acción. Y digo
en la acción,
po que és a en sí misma sólo es impu able y c i-
minosa, en cuan o en ella concu e la lib e o-
lun ad.
Se ía inú il espe a la comp obación de odos
es os es ados del ánimo con las p uebas di ec as;
pe o dígase lo que se quie a, deben eni en
auxilio las indi ec as y las p esunciones
.
Dado
es o, cla o esul a cuán mal azonan las leyes y
los a ados que, bien sea pa a odos, bien sólo
pa a algunos c ímenes, echazan los indicios y las
p esunciones, cual si con una sola ó aunque sean
— 334 —
con a ias p uebas di ec as (la con esión, e bi-
g acia, ó el es imonio) se pudie a ce i ica odo
el conjun o múl iple de hechos mo ales y ma e ia-
les que se llama
deli o.
Supongamos el caso más
a o able: Ti o con iesa po sí mismo un homicidio
y lo a es iguan así pe sonas y cosas. Pe o, ¿y si
es á loco?... Es p eciso, pues, e de echaza el
supues o de la locu a. La mejo p ueba y la úni-
ca en e las di ec as de la in ención c iminosa
es , sin duda, la con esión , siemp e que en el
ánimo del eo no haya in ención de descub i á
nadie sino á sí mismo an sólo. Pe o puede ocu
i que, sin p opone se engaña , se engañe á sí
p opio; y al posibilidad de olun a io ó de in o-
lun a io engaño es necesa io que quede desecha-
da. El auxilio de los indicios y de las p esunciones
se impone.
Bien sé que es a admisión de las
p esunciones
en las cosas penales susci a á p o es as en algu-
nos. ¿Qué puede p esumi se en ma e ia c iminal
sino lo que es á p obado? Analícense, sin emba -
.o, odos aquellos hechos en que el juicio c iminal
se desen uel e , examínense las azones, y no
siemp e se opeza á con su espec i a p ueba.
Y es que en odo caso algunos hechos se p esu-
men (V). En el mismo sis ema de p uebas legales;
empieza el legislado al es ablece lo po ale se
de las p esunciones, de ellas, además, iene que
— 335 --
se i se luego el juez pa a colma los acíos que
aquéllas dejen. Realmen e, ¿po qué decla a el le-
gislado idedigno un es imonio ado nado de los
equisi os que p esc ibe, sino po que lo
p esume
e az? Y ¿po qué el juez concep úa que un indi i-
duo sabía las consecuencias de su acción, sino
po que
p esume
que odo homb e en el goce de sus
acul ades in elec uales debe sabe lo?
Pe o pasemos ya á examina las di e en es cues-
iones que el juez debe p opone se pa a conoce
el elemen o in encional del deli o.
1.
El ac o oli i o, ¿ ué lib e ó no?
Sin un impulso de la olun ad no se ealiza ac o
alguno: ni el b azo se mue e, ni la pupila cambia...
Pe o la olun ad es
lib e
sólo
cuando se de e -
mina sin pe u bación del sen ido ó de la in eli-
gencia; po lo que las acciones come idas po
un loco, po un necio, po un eb io, po un sonám-
bulo... no son lib es, epu ándose cual si uesen
casuales. Teniendo en cuen a, pues, que
á
al-
a de p uebas con a ias se
p esume la inocencia,
siemp e que ocu a un hecho que p esen e los
ca ac e es ex e io es del ac o c iminoso, se debe,
en hono de la humanidad, deci : el que lo ha co-
me ido es un loco, un necio, es aba eb io, es un
sonámbulo...,.: no debe de habe deli o. Pe o de
o o lado hay ambién una con a ia p esunción

— 336 —
de sabe , de in eligencia, de since idad, de cono-
cimien o de lo que se hace.

, que neu aliza
la p ime a; po lo que, an e un hecho, no se pue-
de menos de a ibui lo á la lib e olun ad, de-
biendo p oba lo quien al niegue. No digo que
deba p oba lo la de ensa. Es, sin duda una ma-
ne a ha o imp opia de habla el deci (po ejem-
plo) que el acusado debe p oba al alegación, de
modo que si no lo hiciese se enga en cuen a. El
acusado no iene obligación alguna, aun cuando
el juez la enga de in es iga y ponde a odos
los da os posibles de inculpación y de desca go,
ya que no es á llamado á da se po sa is echo con
una e dad
o mal
(como en el p ocedimien o ci-
il), sino que ha de a ende al log o de una e -
dad
esencial, pa a lo cual es p eciso que po sí
mismo alcance oda la ce eza necesa ia, al e ec o-
de unda adecuadamen e su sen encia condena-
o ia ó absolu o ia.
En igo , pues, no es necesa io que en su de en-
sa alegue el p ocesado las causas odas de su dis-
culpa; pe o debe p esupone se que en el ac o del
juicio de ini i o, al sen encia , en suma, no ha-
b á omi ido el magis ado ninguno de los me-
dios de ce eza que le e a dable euni y ob e-
ne an o en p o como en con a. En su i ud, si
se le ocu iese la más le e duda ace ca del dis-
ce nimien o y p opósi o con que una acción se ha
— 337 —
ealizado, debe, sin más, po p opia inicia i a,
busca po odos los modos los da os y a gumen-
os adecuados pa a disipa al duda y e o za
su c eencia. En al caso, la p ueba anula la p e-
sunción , ó bien apoya la p imi i a p esunción
de inocencia, ya que mi se ía acional condena á
uno en la duda ace ca de an esenciai pa icula .
Aho a, sí, se debe ene p esen e que no ha de se
cosa de una duda pue il, de un icio escép ico
(pues de ese modo no hab ía sen encia posible),
sino que ha de a a se de una duda bien undada
en a gumen os de al na u aleza, que haga acila
la p esunción a o able á la conciencia que de sí
iene odo homb e.
Una ez p esen ada semejan e duda, la p ueba
de lo inconscien e del que e , ó sea la al a del li-
b e a bi io, se puede consegui de a ios modos,
di ec os é indi ec os. A eces la o ece la misma
acción: po ejemplo, en el caso de acciones g a ui-
amen e mal adas. Siendo de hecho absu dos los
deli os g a uí os, inmedia amen e que cons a una
acción que iene las apa iencias del deli o, y po
o o lado no se encuen a ni se puede encon a
un mo i o, una azón que la explique, se sien e
uno lle ado á pensa que quien la come ió no es-
aba en sus cabales. Una mad e que ama sob e
oda ponde ación á su hijo, y un día lo ma a, po -
que sí, iolen amen e, la clasi icamos, sin más, po
22
— 338 ---
na u al impulso, como demen e. O as eces la
acción es en sí misma an ex aña, que desde lue-
go e ela en quien la ejecu a un es ado ano mal
de la men e. Cons a, e big acia, que un homb e
hon ado y piadoso co e po la ciudad blas eman-
do con a Dios, y luego se en e iene en besa las
imágenes de los san os, pa a pasa más a de á
blas ema de nue o... é inmedia amen e se ocu e
que al homb e ha sido p esa de un deli io, ó que
es á bo acho.
Las en e medades, pe manen es ó empo ales,
de la men e, que p i an de la libe ad de que e ,
ienen como jueces inmejo ables los pe i os médi-
cos y psicólogos, á los cuales debe á acudi el juez
en caso de duda.
Así como hay acciones que implican una olun-
ad uni o me, así las hay que la excluyen; un eb io,
po ejemplo, no puede u di una conju a ó un au-
de habilidoso; un idio a no puede compone un li-
b o c iminoso, un libelo in aman e, e c., e c.
Las mani es aciones an e io es ó pos e io es al
c imen, o ecen ambién la p ueba del concu so de
la olun ad lib e en una acción come ida. Resul a
es o de los ac os y dichos del acusado, el cual, po
ejemplo, no pod ía habe es ado dominado po un
deli io, al pe pe a un c imen que de an emano
p oyec a a y p epa a a, y de cuya ejecución die a
.cuen a á sus cómplices.
II.

ac o oli i o, ¿e a pe ec o ó impe ec o?
Comp obada la libe ad del que e y decla ada
de es e modo la impu abilidad, es p eciso indaga
los g ados de aquélla pa a, en is a de ellos, juz-
ga de los g ados de és a y sen encia á la pena
co espondien e. Es impe ec a la libe ad cuando
in e iene una ceguedad pa cial causada po pa-
siones ó en e medades, que exci an á ob a de un
modo que la anquila azón echaza. La emb ia-
guez, po ejemplo, ó bien p i a po comple o de
la azón, ó la oscu ece; en es e segundo caso la
libe ad del que e ya no es pe ec a. Fácil es no-
a en las pe sonas que se hallan dominadas po
la emb iaguez de qué modo, sin deja de ene
conciencia de las p opias acciones, se ponen, sin
emba go, locuaces, exci ables, licenciosas, siendo
en onces ácil susci a con ellos pendencias, y
siendo ácil que en al es ado inju ien, que sean
iolen os, libidinosos, e c., e c. Sin duda que en-
onces no pueden concep ua se dichas pe sonas
con esponsabilidad no mal, y en su i ud, aque-
llos deli os causados po ue es pasiones, po
exal aciones imagina i as, po desespe ación....,
ó que esul en de la o uscación de la azón, no de-
ben juzga se sin más, conside ando el hecho como
la egula mani es ación de las in enciones, sino
que es p eciso es ima lo según un c i e io pa icu-
la . Po lo demás, la p ueba de es os icios de la
— 346 --
dichos cánones, con enien e se ía, sin duda, pa a
e i a las negligencias áciles, las a bi a iedades
posibles en lo ocan e á es a p ueba in encional,
que en su mayo pa e esul a de p esunciones,
que el legislado de e minase las p incipales, y
que el juez indicase en la mo i ación de la sen en-
cia si y de cuáles se ale pa a con ence se.
¡G a e y pelig oso asun o es es e de las p esun-
ciones!: ó bien se dejan á la lib e decisión del hom-
b e, y pod á c ea las á su albed ío, e dade as ó
alsas, ó se decla an po la ley, que no puede me-
nos de p escindi de muchas, po se las p esun-
ciones an inde inidas como lo son las icisi udes
de los se es humanos. Sin emba go, el segundo es
un mal meno , y como al debe se p e e ido. Que
el legislado , pues, decla e
p esunciones legales
las p incipales de aquellas que esul an es i ica-
das po el sen ido y po el asen imien o común de
los homb es, y que son como los p incipios unda-
men ales de los cuales su gen las o as á modo de
co ola ios; pe o que se gua de mucho de decla a -
las p esunciones absolu as indeclinables, ó
de de-
echo
y
en el
de echo.
como dicen los doc o es,
es o es, álidas á pesa de la p ueba en con a io,
ya que la ce eza o mal no iene cabida en los
i os penales.
De la indagación ela i a al ánimo del homb e
an e io men e expues a, y del conocimien o de sus

es ados, se in e i á lo que debe en ende se po
la
amosa p esunción de dolo
de la an igua ju isp u-
dencia. No es exac o que, dado lo
ma e ial
del de-
li o, se deba p esumi siemp e el dolo; únicamen-
e, como hemos is o, cuando y en cuan o el dolo
aya implíci o en la acción.
XL
Del juicio c iminal.
Decía Césa Becca ia que la sen encia es un si-
logismo; puede deci se con igual e dad que el
juicio de donde aquélla su ge es, no sólo un con-
jun o de a ios juicios, sino de a ios aciocinios,
ó
mejo un la go y coo dinado azonamien o. Con-
iene aho a eco da (XXXIX) de qué mane a en
las leyes, en los comen a ios y en los T a ados de
ma e ias penales, pa ece indica se, que el juez no
iene o a uen e de donde ob ene ce eza que las
p uebas, debiendo, según es o, juzga en is a de
ellas. Y así se dice: al condena se dic ó me ced á
la p ueba es imonial; al o a me ced á la con e-
sional, sin pa a mien es en que es as p uebas, no
hacen más que ase e a algunos hechos que el
ibunal iene como cie os. Se decla a po dos
pe sonas que han is o y oído á una e ce a inju-
ia á una cua a: he ahí, se di á, p obado el deli-
o de inju ia median e deposición es i ical,
y
en su
— 348 —
i ud comp obado odo hecho
á
él ela i o. Pe o
analizando oda la elabo ación men al que indujo
al
juez á sen encia , odos los hechos que se han
dado como p obados (y en iendo po
hecho
cual
quie obje o mo al ó ma e ial, en cuan o se consi-
de a como obje o, como é mino del juicio de los
ibunales), se e á que solo uno de aquellos se ha
consignado me ced á la p ueba indicada, que los
o os, odos lo han sido con p uebas dis in as ó con
p esunciones, y que, po o o lado, la misma p ue-
ba de que se a a ha enido necesidad de con a-
p ueba e ec i a ó p esun a. ¿Qué es lo que en igo
p ueba el e e ido es imonio ue a de que un indi-
iduo inju ió de palab a á o o? ¿Consis e en es o
sólo el delilo, ó no es p eciso además que el inju-
ian e haya enido conciencia de su ac o, que haya
sabido que sus dichos cons i uían inju ia, que haya
ob ado en se io y no á modo de b oma? ¿No es ne-
cesa io ambién que el acusado haya sido eal y
posi i amen e el inju ian e, y no o o que á él se
pa eciese, has a pode con undi le, y que los di-
chos hayan enido e dade o alcance inju ioso,
e cé e a, e c.? Y aun dado que odo es o se haya
esuel o, ¿no hace al a que se hayan admi ido
como idóneos á los es igos, sin con a con o as
comp obaciones me ced á las cuales se demues e
que los dos es igos no se han equi ocado ni que-
ían engaña ?...
-
77.7
-1117
"71
— 349 —
Si se sigue odo el p oceso lógico po el cual, de
juicio en juicio, se a en busca de la e dad, has a
econoce és a como necesa ia, se llega á aquellas
e dades p imo diales, á aquellos p incipios axio-
má icos en que el alma se apoya y descansa. En-
onces es cuando la men e echaza la duda; se ha
log ado la conciencia de la e dad ó la e idencia,
de cuya azón ya no podemos ni da nos cuen a,,
pe o que es azón que exis e po sí. El p oceso ju-
dicial es análogo al p oceso lógico; sin emba go,
no ope a has a alcanza las úl imas y su iles in-
es igaciones, de iénese en cie os pun os in e -
medios que iene y acep a como e dade os. Es os
pun os son las
p esunciones,
ó sea las e dade as
p esun as, como ya se dijo (V), con que la indaga-
ción c í ica se alimen a y sos iene. Un me a ísico
exigi ía aun más, que ía llega has a los
p ime-
os p incipios;
pe o el juez
omi e,
ó mejo
supone,
es e úl imo p oceso lógico pa a llega á la úl ima
azón apodíc ica
de la ce eza, pa ándose en las
azones hipo é icas
y en los da os de la espe ien-
cia. Po odo lo cual se debe a i ma , de con o mi-
dad con lo ya expues o (V, VII), que bien sean las
solas p esunciones, bien sean las p uebas a alo-
adas con el apoyo de las p esunciones, cons i u-
yen, según los casos, los elemen os y los é minos
de la ce eza judicial. Pa a que se ea cla a y
p ác icamen e el cómpu o y men al disce nimien o,
— 350 —
de aquellos ex emos en que se o igina la
sen en-
cia de hecho
(la cual no es o a cosa que una
ce i-
icación),
oy á expone aquí un caso c iminal de
los más comunes, elegido á la en u a.
Supongamos ealizada una inquisición ó in es i-
gación de un pa icidio, y supongamos ya el p o-
ceso penal en aquel es ado en que sólo al a la inal
y esencial decisión, la sen encia. Los au os o e-
cen los da os obje os siguien es:
I. Decla ación del p ocesado econociendo el
cadá e de su p opio pad e, a i mando habe le he-
ido según es á y yace, en de ensa de su p opia
ida, po habe se uel o aquél u ioso y habe se
di igido al p ocesado en la u ia puñal en mano
pa a ma a lo; no econoce como p opio el docu-
men o que ob a en au os.
II.
Deposición de un es igo, el hijo del pa ici-
da, de habe is o al abuelo an es de se mue o
a en a con a la ida del pad e.
III.
Deposición de o o es igo econociendo el
puñal como p opio del ma ado .
IV.
Deposición de un e ce o de habe oído
días an es del hecho al ma ado amenaza de
mue e al pad e.
V.
Ce i icación del je e de o den público, se-
gún la cual el ma ado es homb e de mala índole
y ida deso denada y pe dida, po lo cual ué
— 351 —
echado de la casa pa e na, siendo en cambio
el
pad e buena pe sona.
VI.
Ce i icación del Regis o
ci il,
según la
cual el ma ado es hijo de la íc ima.
VII.
Cue po del deli o: puñal encon ado ce ca
de la íc ima, el cadá e de és a, la he ida que se
e en el mismo.
VIII.
Documen o con el nomb e del acusado,
en el cual pa icipa és e á un compañe o que p on-
o ol e ía á la casa pa e na.
IX.
Decla ación ó dic amen de un pe i o que
opina es del acusado la le a y la i ma del e e i-
do documen o.
X.
Dic amen de o o pe i o, el cual a i ma que
el mue o ha allecido á consecuencia de la he ida
que el cadá e iene, mo al po sí sola, habiendo
sido la he ida in e ida po un ins umen o seme-
jan e al que se le ha mos ado po el juez.
Tales son odas las p uebas ob enidas y p esen-
adas al juez sen enciado , que las ecoge y ap o-
echa, sea po p opia inspección, bien en la is a.
Ra a ez es posible ob ene más; la mayo ía
de
las eces al an algunas y se p ecisa de o as
(como po ejemplo, el a es ado de la pa e nidad
del mue o).
Son ales p uebas de a ias clases:

— 352 ---
1. En cuan o á la uen e,
eales
la sép ima y la
oc a a, y
pe sonales
las
demás.
II.
En cuan o á la especie,
con eso ia
la p ime-
a;
es i icales
la segunda, la e ce a y la
cua a;
o iciales
la quin a y la sex a;
ocula
la sép ima;
esc i a
la oc a a y
pe icial
las o as dos.
III.
En cuan o al modo,
di ec as
la p ime a, la
segunda, la sex a y la décima, é
indi ec as
las
demás.
IV.
En cuan o al alo , odas
pe ec as,
excep o
la p ime a, la segunda y la no ena, que son
im-
pe ec as.
Pe o es a nómencla u a y dis inción puede a-
ia según el di e so aspec o bajo que las p uebas
mismas se conside en. He aquí, de odas sue es,
cómo debe p ocede el juez al alua las p uebas,
en el supues o siemp e de que cuando alguna
al a iene que acudi al auxilio de las p esun-
ciones.
Imaginémonos que el juez hace pa a sí el azo-
namien o siguien e:
Todo homb e se p esume inocen e; pe o al p e-
sunción no ale espec o del acusado, an e el con-
cu so con a io que o ecen las p uebas. Aho a
eamos qué es lo que le impu an ales p uebas: El
acusado a i ma habe he ido de mue e á su
pad e,
que
yace exánime. No cons a que es é loco;
debo,
— 353 --
pues, p esumi le cue do. No puedo p esumi que
se haya equi ocado, c eyendo an es ó en el mo-
men o de ealiza el ac o que hacía cosa dis in a
de la que hizo, pues no cabe equi ocación al en
asun o an g a e y e ible; ni ampoco cabe que
mien a, pues no es p esumible una men i a en es e
caso y ci cuns ancias; ni que lo haga po jac ancia,
pues es in e osímil es e supues o an e la majes ad
de los jueces, en la pe spec i a de una g a ísima
pena; en e al cadá e de un pad e, hipó esis se-
mejan e es inadmisible. Pod ía ocu i que, inde-
pendien emen e de la he ida, su pad e hubie a
mue o po causa o ui a; pe o los pe i os decla-
an que las cosas han pasado de o o modo, es o
es, que la mue e ocu ió á consecuencia de la he-
ida, al como apa ece y al cual lo con iesa el p o-
cesado. Y no pa ece que el pe i o se equi oque, ya
que es á ado nado con odas las condiciones que
hacen de él pe i o idóneo, e az y sabio. Se ía du-
doso, Si la disciplina en que es maes o, la medici-
na, no pudie a o ece es a absolu a decisión; pe o
p esumo que sí. Cons a, pues, que el p ocesado ha
in e ido al mue o lesiones ales que p oducen
consiguien emen e la mue e, como ealmen e
ha
ocu ido. Ve dad
es que decla a aquél que ha
ob ado en de ensa de su p opia ida, po lo que no
deben se le impu ables; y cie amen e, como la
inocencia mili a siemp e en a o de odo homb e,
23
— 354. —
se ía p eciso conside a e ídica su disculpa, si no
media an da os con a ios, que es lo que aho a
ocu e. Es cie o, sin duda, que un es igo, el único
p esen e en el momen o de la mue e depone de
con o midad con el p ocesado; pe o al deposición,
como sospechosa ( icio que no se ha con a es a-
do po con a ios da os), no ale. No cabe, en i-
go , an e la oposición de los demás es imonios in-
achables de los pe i os, de los documen os públi-
cos, de los cue pos del deli o, odos los cuales des-
cub en á implican hechos que de un modo ó de o o
lo con adicen; la sospecha nace de la condición
del deponen e, hijo del p ocesado (coin e esado
na u al en sal a lo, y po lo an o, in e esado en
men i ): no puede, po an o, dá sele e. Aho a
bien, de odas las demás p uebas p ocesales esul-
an más ó menos p obadas ex e io men e, los si-
guien es hechos que con a ían las a i maciones
del p ocesado y del hijo y que son o os an os in-
dicios más ó menos ehemen es de su culpabilidad.
P ime o el puñal (con el cual ,se ha admi ido que
la mue e ué pe pe ada), además de habe sido
econocido po el ma ado mismo y de habe sido
encon ado ce ca del cadá e , un es igo idóneo
decla a que es el que el ma ado aía siemp e
consigo. Aho a bien: ¿cómo supone que el mue o
haya a acado? Y ¿cómo no supone la in ención
homicida en el ma ado
si
iba a mado?... Segundo,
— 355
el ma ado , unos días an es del hecho, amenazaba
de mue e á su pad e; no se amenaza po amena-
za de ese modo... Te ce o, el mue o e a un buen
homb e; en cambio el ma ado e a un mise able y
mal ado ; aquél no enía in e és ni inclinación
pa a delinqui : és e sí. No hay duda que, en igual-
dad de ci cuns ancias, el segundo debe conside-
a se eo con p e e encia al p ime o... Po úl imo,
el acusado esc ibió á un amigo suyo que en b e e
eg esa ía de nue o al hoga pa e no. ¿Cómo ex-
plica se es o en él, en el expulsado? ¿Espe aba
acaso que su pad e se hubie a a epen ido? Si así
uese, ¿cómo explica el a aque u ioso del pad e
con a su ida? An e esa mani es ación, an e a i -
mación al, ¿no se e cla o el neg o p opósi o de
pene a en el hoga domés ico con el obje o de
hace lo que hizo?... Es os cua o indicios, más ó
menos ehemen es, no con adichos po o os, nos
lle an á pensa que, siendo necesa io econoce el
p opósi o homicida en uno de los suje os del deli-
o y no en el o o, indudablemen e debió de es a
en el suje o ac i o, en el ma ado . Y ¿no hay oda-
ía un úl imo g a e indicio, es á sabe : que si és e
que ía an sólo de ende se podía habe se limi ado
á los p ime os golpes y no insis i has a el úl imo
ex emo? ¿Puede pensa se que no
sabía que aque-
llos
e an mo ales? Pe o no se p esume siemp e
que odo homb e sabe que,
cuando hie e en
cie as
— 362
consecuencias. Tal cosa se debe es ima a e igua-
da cuando sea p obada; al o a cuando se p e -
sen e de es a ó de aquella mane a; y así se iene
un conjun o de no mas, que pueden guia nos en el
cómpu o de las p uebas y de las p esunciones.
Dése á oda no ma un nomb e, un núme o, una
le a, un signo cualquie a; hágase que al sis ema
cunda y. se ap enda po odos, que llegue á se de
uso gene al y común, ya que no en la plaza públi-
ca, á lo menos en los ibunales, como un sis ema
de pesas ó de monedas, de modo que los signos
nominales, li e ales ó nume ables no dejen de e-
ne ese sen ido, y en onces se pod ía deci con
lenguaje de inido y ácil pa a el azonamien o: al
hecho se ha e i icado según ales ó cuales cáno-
nes. Es lo único que puede ob ene se en la en a-
i a de una ju isp udencia c í ica que enga cie -
a p ecisión ma emá ica, y es lo que , aunque im-
pe ec amen e, ocu e en los códigos que es a u-
yen y egulan la ce eza legal. O a cosa es sim-
plemen e un deli io, análogo á aquél de Bu on
cuando en su ensayo de a i mé ica mo al, después
de muchos cálculos, a i ma que la ce eza ísica
es á espec o de la mo al como 22.189 999 á 1.000.
Todo sis ema de
j
u isp udencia, odo eglamen-
o legal ace ca de la p ob anza c iminal, debe en-
de á unda se en aquellos p incipios de c í ica que
he p ocu ado desen ol e en el cu so de es a ob a

y que aho a esumo. La ju isp udencia y la ley,
po mo i os de p udencia y de con eniencia polí-
ica, pod án sin duda añadi alguno más (como,
ejemplo, p esc ibi el doble es imonio cuando bas-
a ía el es imonio único); pe o se á siemp e en
es e mismo o den lógico. La p ác ica solo puede
sepa a se de la eo ía en lo acceso io; lo p incipal
es ob a de los indeclinables p incipios de la a-
zón c í ica. Po es o donde exis e la ins i ución del
ju ado (y pienso que es e es udio mío a güi á es-
pec o de su opo unidad), donde se puede p escin-
di de eglas posi i as, es donde, más impo a e-
ne p esen e es as leyes ilosó icas. Según ellas,
no según cie o ciego ins in o (c o m o al gun os
c een), es como debe p oduci se un
na u al é in i-
mo con encimien o.
Es p eciso, en e dad, sabe
da se cuen a del mismo, lo cual no se puede de
o o modo que con la c í ica. Es a, al cual yo la
comp endo cien í icamen e y cual la engo a an-
do, no es más que una indagación de las azones
pe suasi as, que iende además á encon a y á
o mula sis emá icamen e lo que muchos sien en
y pocos ienen conciencia de ello. Es indudable,
los
jueces de hecho
pueden p escindi de odo p e-
cep o legal, pe o no pueden p escindi de esos p e-
cep os lógicos, Así que, si no es necesa io que a-
les gen es pene en odas las su ilezas de la ju is-
p udencia, es sin emba go, p eciso que, además
— 364
de la
p obidad
y del
buen sen ido
(únicas do es
has a aho a exigidas), engan una ap i ud especial
pa a los azonamien os di íciles y un cie o cono-
cimien o de la lógica. No o ios son los e o es de
los ju isconsul os; imagínense los de los homb es
ulga es que no ienen p ác ica alguna en es a
clase de asun os. Po lo que, si me asis e la azón
y si la p obanza se lle ase á su e dade a uen e,
la lógica, no hay duda que los ju ados no pod ían,
se elegidos sino en e pe sonas que, además de
se p obas y sensa as, uesen pe spicaces y ocul-
as en g ado sumo. Pe o he aquí aho a ya los a o-
ismos c í icos que deben o dena los juicios de
hecho.
Cánones del juicio.
1.
Pa a que una pe sona se epu e eo, es p eciso
la
ce eza de su delincuencia.
2.
La ce eza (que es subje i a) es aquel es ado del
<Mimo en i ud del cual se es ima una cosa como in-
dudable.
3.
La e dad (que es obje i a) es la con o midad
de
¿a
idea con la cosa.
4.
El ánimo
alcanza la ce eza siemp e que log a
ob ene los ca ac e es de e acidad,
es o es,
de con o -
nidad con lo e dade o.
— 365 —
5.
Son uen e de ce eza (además del
azo
namien-
o) los sen idos del juez
y
las e e encias de los demás.
6.
La exis encia de
un
hecho se conside a induda-
ble cuando es necesa ia.
7.
La necesidad de un hecho esul a cuando no
puede se de o a mane a.
8.
La necesidad es de es especies: me a ísica, ísi-
ca é his ó ica; la p ime a es apodíc ica, las dos úl i-
mas
hipo é icas: es deci , aquélla lo es en un sen ido
p opio, és as en un sen ido imp opio.
9.
La necesidad me a ísica se jus i ica en i ud
de
es e axioma: un azonamien o, basado en p incipios
incon o e ibles y lle ado según las eglas de la lógi-
ca, debe o ece como esul ados in e encias con o mes
á la e dad.
10.
La necesidad ísica se jus i ica según es e o o
axioma: las mani es aciones del sen ido in e io y ex-
e io deben co esponde se p ecisamen e con los obje-
os de que se de i an.
11.
La necesidad his ó ica se jus i ica según es e
e ce axioma: el homb e dice la e dad siemp e que
no enga in e és en men i .
12.
Po consiguien e, pues, la ce eza es de es es-
pecies: me a ísica, ísica é his ó ica.
13.
Los medios de la ce eza son las p uebas y las
p esunciones.
14.
El deli o es un hecho complejo, y pa a que e-
sul e ce i icado, es p eciso que sean p obados ó p e-
— 366
y
un os los hechos simples (ci cuns ancias) de que se
compone; así, pues, cuando es os úl imos cons en a -
mónica y conjun amen e, cons a desde luego aquél.
15.
Las p esunciones son p incipios ó nociones e-
cibidos como e dade os del juicio común de los hom-
b es, y los cuales cuando concu en lib an de la p ueba.
16.
Las p incipales son: la de la inocencia, la de la
conciencia del ac o y la de la e acidad de los homb es.
17.
Las ci cuns ancias que cons i uyen la pe N a-
ción ma e ial del deli o
y
su
gene ación, no se pueden
p esumi : se deben p oba .
18.
Cuando no cons a la g a edad de un deli o, se
es ima la meno g a edad del mismo.
19.
La conciencia del hecho p opio, así como el co-
nocimien o de la ley p omulgada, se p esumen.
20.
Nadie delinque sin mo i o,
y
con mayo azón
nadie ob a á conciencia en pe juicio ó daño p opio.
21.
Pa a que la ce eza de i ada de una p esun-
ción se des anezca, es p eciso una p ueba que la con-
adiga.
22.
Las p uebas son aquellos medios de adqui i
ce idumb e me ced á la huellas que odo hecho pa i-
cula deja en la men e de los homb es y en las cosas.
23.
Po es a azón las p uebas son pe sonales
ó
eales: aquéllas o ecen la ce idumb e his ó ica, és as
la ísica; debiendo, sin emba go, ad e i se que una
p ueba
pe sonal puede eme ge de
una
eal, 6
bien
-és a de aquélla.
367 —
24.
Una p ueba es pe ec a cuando en e el hecho
que decla a
y el
eal haya una elación de necesidad
mo al ó ma e ial, ó sea cuando la decla ación del he-
cho cie e odo camino á la duda.
9
5.
Así el es imonio de los p opios sen idos, lib es
de engaño, ó el de un e ce o que no se haya equi o-
cado
y
no quie a engaña , son p uebas pe ec as del
hecho pe cibido po los sen idos p opios, ó inducido
de o o que á su
ez
lo haya pe cibido de igual ma-
ne a.
26.
Pa a co oce la elación de necesidad en e
una p ueba y su obje o se p ocede po ía de elimines -
ción:
una ez
echazados odos los mo i os que la po
nen en duda, echazados odos los signi icados
y
los
hechos posibles con adichos á consecuencia de o os
p uebas, el signi icado, el hecho que esul e no con a-
dicho, es el necesa io, el e dade o.
27.
En una causa penal se equie en an as p ue
bas di ec as ó indi ec as, in e nas ó ex e nas, cuan as
sean las ci cuns ancias conside adas
y
necesa ias pa a
cons i ui el
c imen.
28.
Las p uebas son in e nas cuando se conside an
con elación al obje o que ha de p oba se; ex e nas, e-
i iéndolas á los ins umen os animados ó inanimados
de donde su gen.
29.
Son además di ec as ó indi ec as según que se
e ie en á las ci cuns ancias sob e que ecae el juicio ó
á o as de las cuales aquéllas se induce:

V5idas
sc
.
.041"
•

Y
p‘
cia 14, e induce i ¿as i
y,31,
31.
,

indicios
(como
p z i s'i n e nas) deben su:-
pone pe ec a la p ueba e.x e na, (di ec a 1ndi ee-
a); pe o no hace al a que sea di e sa pa a 4a uno
de ellos.
32.
Los indicios son de es clases y se esuel en.
en los ex emos
,
q e
dan o igen al deli o, ó en las he:
¿las que deja, ó

sdi,mani es aciones:
y p oba o ia cuando hay una elacion de
,e-
33.
Una ci cuns ancia inducida (una induc407) es
na u al
cesidad en e ella y la o a de donde se induce deM
modo, que és a no pueda subsis i sin aquélla.
34.
Las p uebas pe ec as dan, ó un indicio decesa-
io, ó un cúmulo necesa io de indicios consiguien es
con elación
á
la ci cuns ancia á que el indicio se e ie e.
35.
La deposición es i ical p ueba pe ec amen e
cuando no su ge duda espec o ¿ei el es igo se ha
equi ocado ó si quie e engaña .
36.
Si ales condiciones concu en en un solo
hom-
.
b e, su deposición única es su icien e.
37.
Del p opio modo, una
ez
excluido el elemen o
de duda, la deposición del eo y del co ed
y de
cual-
quie es igo sospechoso, p ueba pe ec amen e an o
el hecho como la impu abilidad.
38.
No se
engaña aquel que, es ando p o is o del
necesa io disce nimien o
y
con sis. sen idos sanos, ha
obse ado a en amen e un hecho.
369
39.
No quie e
eny
A
la
quien no iO
in e és c
N.,
•nen i .
40. La
espe anza
se e ene
un
bene icio impo an-
e, el á i
y
el odio hacen p esumi ?1,


impo a a-
in e és,
41,
Las causas que inducen
á
in oly
g
u ‹, io ó ?().
lun a ío engaño, en odos 6 en cie os cas a.,
hacen, -
capaz, absolu a ó ela i amen e, á una pe sono, ( .;
unción de ¿a p ueba.
42.
Tienen incaplcidad absolu a (inh
engaño in olun a io los locos
y
los imbéciles, p
os
gos
espec o de las cosas que han debido se
is as,
so dos pa a las que han debido se oídos,
y
los niños
(en el sen ido ilológico de es a palab a).
43.
Tienen incapacidad ela i a y condicione: c:
(sospechosos) en i ud de engaño olun a io
los
acu-
sados, los coin e esados, los pa ie ( es, los compaiie os
bene iciados, amigos, dependieni es, en caso de
disca:
pa;
en
caso de inculpación
los
Q:ie espe an un ',enes
cio á consecuencia de la
ac2. ouci p, 6
de
Za
condena, y
en ambos casos los que
77 0 xse
ep-a a a
idedignos poi.
sus malas cos umb es,
i
-
ci,ac-s,
deli os
come idos
(cómplices, co eos).
44.
Las cosas (median e su
inspección) c
I
n
s i'
'1Y
p ueba pe ec a cuando no se susci a
la
duoi :
alsedad ( alsi icaciones, disposición
a
C J .!
4-5.
Sin emba go, la comp;'obación
del eleine "
ma e ial 6
cue po del
deli o puede hace se
po
m°d°
dis in o de la p ueba eal.
24
— 370 —
46.
Un documen o p ueba las cosas
á
que se e ie e
cuando no se susci a duda sob e su au en icidad ó
e-
acidad.
47.
El documen o público que eune los equisi os
p esc i os, po las leyes ó po las cos umb es, se p esu-
me au én ico (o iginal, genuino).
48.
El documen o p i ado no se puede p esumi de
quien igu e como au o no ce i icándose es o po es e
ul imo ó po e ce os que lo sepan, ó
bien en i ud de
indicios ci cuns anciales necesa ias ase e adas po pe-
i os.
49.
Se conside a e ídico un esc i o en su eno
mien as mili en en p o de al opinión las azones
mismas de la p ueba es i ical:
es o
es, que el que lo ha
hecho no se haya equi ocado ni haya que ido engaña .
50.
En el caso
de colisión de p uebas pe ec as es-
i icales, ó de pe ec as con impe ec as, apoyadas en
p esunciones (bas ando), po ejemplo, la de la inocen-
cia), se anulan mu uamen e.
51.
En la sín esis p oba o ia inal debe habe a mo-
nía en e las
di e en es p uebas
y
debe su gi de ella
un
nexo necesa io, sin que quede duda alguna.
52.
Es equisi o esencial pa a que
una
p ueba pe -
sonal pe ec a si a, su e osimili ud y posibilidad;
po an o, no solo debe se con adicha po o a, sino
que no ha de se po sí imposible ó simplemen e
in e-
osímil.
53.
Es in e osímil odo aquello que se opone
á
lo
— 371 —
que comúnmen e se c ee; é imposible lo opues o d lo
que de o dina io sucede.
XLII
Del sis ema c i ico adop ado y de la alibilidaa
de los juicios humanos.
Las exp esadas' eglas, an b e e
,
ien e o mu-
ladas y ácilmen e compa ables con las de o dina-
io admi idas, ponen de elie e con oda cla idad
el sis ema c í ico adop ado, dando de ese modo
ma gen á que sea dable conside a las. como pa-
adógicas en cie os pun os, que si bien se en-
cuen an aquí y allá en la doc ina de algunos au-
o es, se apa an, sin emba go, de las opiniones
comúnmen e sos enidas. Así, po ejemplo, el es-
imonio único p oba o io se admi e ' ue a de los
deli os de al a y baja aición) po la ju isp uden•
cia inglesa, pe o no po la ju isp udencia común
de Eu opa (XXIV); la necesidad de la exis encia
del cue po del deli o, pa a p oba és e, se man ie-
ne po casi odos los a adis as, y sin emba go,
alguno, como Be na di, la echaza y dice: «que
cuando se a e de un homicidio no es absolu a-
men e necesa io que exis a el cadá e del mue o.
Pues se ab i ía amplia pue a á la impunidad si
odos los mal ados que hubie an log ado cega
— 378 —
emisibles y epa ables. El daño y la e güen-
za cabe ex i pa los ó esa ci los. El ciudadano
penado po la ley puede se ehabili ado po ella.
Aquie adas las pasiones de un pe íodo, apagados
los odios, disipados los emo es, las cadenas pue-
den cae deshechas ó o as. Camilo, un des e a-
do; Víc o Pisani, un p isione o, pod án al menos
comba i po la pa ia y sal a la.
Cuan o más se in es iga la e dade a na u aleza
de la ce idumb e y de las p uebas, ya lo he dicho,
más cla a se e la posibilidad del e o en los jui-
cios; así que quien no se decidió a á echaza lasa..
penas i emisibles en is a de o os a gumen os
de jus icia , ó po sen imien os de mo alidad y de
piedad, debe ía hace lo an e esa sola conside a-
ción. ¡Los legislado es y los jueces, ya que no po
las íc imas, po ellos mismos, po su esponsa-
bilidad an e los ibunales de la jus icia in alible
y de la his o ia, no debie an ce a las espe anzas
al a epen imien o!
Y doy é mino así, de endiendo la san a causa
de la humanidad, á es os es udios de lógica apli
cada al de echo, no sin descon ia de mí mismo y
sin pensa en la posibilidad de habe caído en
nue os e o es al comba i los an iguos. Yo c eo
que hab á mucho sin duda que censu a en es e
lib o; pe o, sin emba go, algo
hab á acep able La
espe anza de que en el lib o se con enga al cual

— 379 —
e dad, me anima á desa ia las censu as, aun
cuando sean me ecidas; al in los p og esos de la
ci ilización y del sabe p oceden siemp e en e
equi ocaciones y desengaños ; el indi iduo su-
cumbe , pe o , la especie mejo a. Puede ocu i
ambién que no siemp e se me comp enda, ya po
de ec os, ya po omisiones en que hab é incu-
ido, ya, en in, po habe usado cons an emen e
de cie o laconismo y ialdad, bajo la ansia sen i-
da pa a llega p on o al in, lo cual me ha impues-
o po modo necesa io una o ma de es ilo que
e ela á las ci cuns ancias is ísimas en que el
au o esc ibe, cons eñido con a su olun ad á
emplea a gumen os de hielo , mien as á su al e-
dedo impe a un calo olcánico.
Aho a, aun cuando en oda ob a li e a ia, aun-
que sea és a de ju isp udencia, se debe cuida
mucho de la p opiedad del lenguaje, no puedo
menos de econoce el de ec o en que he incu i-
do al usa cie as palab as que no son cie a-
men e las más pu as, algunas has a bá ba as ó
nue as. Pe o como no enemos modelos no ables
de noble p ole i aliana que imi a en la ma e ia,
ueme p eciso segui , donde pude, á los esc i o-
es no pu os, y donde no he podido, a e e me
cie as libe ades de locución, cuidando de hace -
me en ende con acilidad y p ecisión. Po lo de-
más, de lo que he huído es de la aguedad, de los
— 380 —
a caísmos y de los neologismos, e i ando así es-
c ibi enma a iadamen e como se usa en e cie -
os doc o es, p e i iendo la simple
Aignidad
sin
pompa.
FIN
INDICE
Paginas..
I.—De las disciplinas c iminales en
gene al y especialmen e de la
c í ica c iminal

1
II.
—De la ce eza y de sus especies


6
III.
—De la ce eza c iminal

16
IV.—De la ce eza legal

25
V.--De los medios de ce eza, en
p ime é mino de las p esun-
ciones

39
VI. —De la e osimili ud.

49
VIT.—De las p uebas en gene al, y es-
pecialmen e de las pe ec as

56
VIII.—De las p uebas o males y esen-
ciales


68
IX.—De las p uebas simples y com-
pues as, inmedia as y media-
as, pe sonales y eales

76
X.—De las p uebas in e nas y ex e -
nas, di ec as é indi ec as, po-
si i as y nega i as
— 381 —
Páginas.
XI.—De las p uebas de inculpación y
I
de desca go, obje i as y sub-
.

je i as, in encionales y de eje-
cución, p incipales y acceso-
ias

• • • • •

91
XII.—De los indicios

100
XIII.—Del indicio de la capacidad de
delinqui .

107
XIV.—Del indicio del mó il pa a de-
linqui

119
XV.—Del indicio de la opo unidad
pa a delinqui

124
XVI.—Del indicio de las huellas ma e-
iales del deli o

129
XVII. —Del indicio de las mani es acio-
nes an e io es al deli o .

138
XVIII.—Del indicio de las mani es acio-
nes pos e io es al deli o

142
XIX.—De los indicios de disculpa. e ... 157
XX.—De la p ueba indicia ia pe ec a. 164
XXI.—Del es imonio

173
XXII.—De los equisi os que dan ali-
dez al es imonio.... ....... .

177
XXIII. —Del ju amen o de los es igos

187
XXIV.—De la plu alidad de es igos.... 192
XXV. -De los icios que in alidan los
es imonios

199
Páginas.
X XVI.–De la con esión.

.... 212
XXVII.–De la di isión de la con esión y
y,
de las demás p uebas es i i-,
cales.

226
XXVIII. —De la p ueba pe ec a es i ical. 232
XXIX.–De las p uebas eales

242
XXX.– Del cue po del deli o...

254
XXXI.–De la p ueba eal pe ec a.

260
XXXII.–De los pe i os

270
Y
XXXIII.
–De la p ueba pe icial pe ec a

275
XXXIV.
–De los documen os .

279
XXXV.– De la p ueba documen al ex-
e na .

286
XXXVI.–De la p ueba documen al in-
e na

......... 301
XXXVII.–De las p uebas impe ec as .. . 309
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XXXVIII.–Del cálculo p oba o io
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321
XXXIX.–De la p ueba in encional .....
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XL.–Del juicio c iminal....
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347
XLI.–De los a o ismos de la c í ica y
de los cánones del juicio
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XLII.–Del sis ema c í ico adop ado y
de la alibilidad de los juicios
humanos.
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