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Pintura del primer tercio del siglo XVI en la antigua diócesis de Zamora

Abstract

Producción Científica

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Pintura del primer tercio del siglo XVI en la antigua diócesis de Zamora

Author: Fiz Fuertes, Irune Rosario
Publisher: Ministerio de Educación y Cultura
Year: 2015
Source: https://uvadoc.uva.es/bitstream/10324/34581/1/Pintura%20del%20primer%20tercio%20del%20siglo%20XVI%20en%20Zamora.SIC%20NON%20VOBIS.pdf
SIC VOS NON VOBIS. COLECCIÓN DE ESTUDIOS EN HONOR DE FLORIÁN FERRERO
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Pin u a del p ime e cio del siglo XVI
en la an igua diócesis de Zamo a
Pain ing o he i s hi d o 16 h cen u y in he old diocese o Zamo a
I une
Fiz Fue es
Uni e sidad de Valladolid
[email p o ec ed]
Resumen
El a ículo se p opone econs ui el pano ama pic ó ico de la diócesis zamo ana en el siglo
XVI. La mayo ía de los e ablos e an de pin u a, pe o nos han llegado escasos es os ma e iales
así como documen ales. Es cla a la pe i encia del sus a o lamenco du an e las dos p ime as
décadas de siglo, a ándose además de una pin u a muy in luenciada po g abados del no e
de Eu opa. Hacia 1525 se empiezan a pe cibi a isbos de enacimien o que se aduce en un
mayo manejo del espacio así como en la in oducción de es ampas de o igen i aliano. En e
los esponsables de es e cambio es án seguido es del Maes o de As o ga.
Palab as cla e: Pin u a, e ablo, hispano lamenco, enacimien o, g abados, Zamo a.
Abs ac
The aim o his pape is o shed a new ligh on he pic o ial landscape o he Zamo a diocese
du ing he 16 h cen u y. Gi en ha mos o he e ables we e made ou o wood, we ba ely
ha e kep ma e ial emains o e en documen s ela ed o hese mas e pieces. In spi e o all, i is
easy o asce ain he Flemish in luence o he wo i s decades o his cen u y, no o men ion
he no h eu opean in luence o eng a ings. F om 1525 on, we can obse e he i s glimme s
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o enaissance in he way space is ea ed and he in oduc ion o eligious p in s om I aly.
Followe s o As o ga Mas e we e esponsible o his change.
Key wo ds: Pain ing, e able, hispano- lemish, enaissance, eng a ings, Zamo a.
0. In oducción
El ma co de es udio del p esen e abajo1 es la an igua diócesis de Zamo a,
cuyo e i o io e a mucho más es ingido que el de la ac ual. Se encon aba di idida
en cua o a cediana os: Zamo a, Tie a del Vino, Sayago y To o, pe o los núcleos de
pode se educían a dos: las ciudades de To o y Zamo a en o no a las que o bi a án
el es o de las á eas. A es e e i o io se une en el no oes e el de la zona de Alba y
Alis e, englobada en dos ica ías pe enecien es al obispado de San iago, aunque
desde el pun o de is a a ís ico e an ecep o as de los a í ices zamo anos. Bena en-
e pe enecía a la diócesis de O iedo, aunque en ocasiones ambién se con ó con la
p esencia de a is as zamo anos, al igual que en los e i o ios de la diócesis de León
más ce canos a Zamo a.
To o y Zamo a, po an o, se nos p esen an en la época que nos ocupa como
dos ocos po en es y di e enciados de los que ha pe i ido escasa ob a, aunque en el
caso o esano se ha conse ado mucha más documen ación, sob e odo en p o oco-
los no a iales. No obs an e, los in en a ios incluidos en los lib os de áb ica de las
pa oquias, hechos con mo i o de las isi as del p o iso , pe mi e comp oba que la
mayo ía de los e ablos consignados e an pic ó icos, muy po encima de los ealiza-
dos únicamen e en alla.
1. P ecisiones es ilís icas y e minológicas
Como en el es o del e i o io hispánico, en Zamo a se pa e de un modelo
hispano lamenco pa a i inco po ando paula inamen e el epe o io enacien e, de
modo supe icial y eminen emen e deco a i o en un p ime momen o.
1 Es e a ículo ha sido elabo ado en el ma co del GIR de la Uni e sidad de Valladolid Idin a : Iden-
idad e in e cambios a ís icos. De la Edad Media al mundo con empo áneo.
Así mismo, se engloba en el p oyec o de in es igación Pode , sociedad y iscalidad en la Mese a no e
cas ellana en el ánsi o del Medie o a la Mode nidad, inanciado po el Minis e io de Ciencia e
Inno ación, Plan Nacional de I+D+i (2012-2014) (HAR2011-27016-C02-01). Dicho p oyec o
o ma pa e de un p oyec o coo dinado en e las Uni e sidades de Valladolid y la Uni e sidad
del País Vasco (Pode , sociedad y iscalidad en la Co ona de Cas illa: un es udio compa ado de la
Mese a No e y de la Co nisa Can áb ica en el ánsi o del Medie o a la Mode nidad (HAR2011-
27016-C02) y es á in eg ado en la ed emá ica A ca Comunis (h p://a cacomunis.uma.es).
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Los es udios de la pin u a de los inicios del XVI suelen cen a se en el análisis
de es e epe o io y la p opiedad de denomina Renacimien o a las mani es acio-
nes del p ime e cio de siglo. Sin emba go, an es de abo da es e asun o, con iene
de ene se, aunque sea b e emen e, en la p oblemá ica que plan ea la pin u a hispa-
no lamenca2. No se a a de en a a alo a lo adecuado o no del é mino, sino de
sub aya algunos aspec os. En p ime luga , la a iedad de opciones es ilís icas que
engloba, incluso en una misma á ea geog á ica, pues no es un único modelo el que se
adop a sin isu as. No es lo mismo la pin u a de Roge an de Weyden, muy imi a-
do en la península, que la dulzu a y delicadeza de la llamada «segunda gene ación» de
la escuela de B ujas, o que la exp esi idad de Die ick Bou s, nee landés es ablecido
en Lo aina. Y odos es os modelos in luyen en nues o e i o io.
En segundo luga , más que de lamenco, debe íamos habla mejo de un mo-
delo del no e. Jun o con la indudable in luencia de la pin u a de Flandes que llegan
a España no sólo po enca go de los g andes seño es, sino po medio de las e ias, no
ue menos decisi a en la con o mación de un modo de hace p opiamen e hispano el
in lujo de los g abado es alemanes de inales del siglo XV3. Me ece la pena sub aya
es os ac o es a eno de la pin u a que nos amos a encon a en el p ime e cio de
siglo en Zamo a, que se mues a muy he e ogénea pese a los pocos es imonios con
que con amos pa a ehace es e pe iodo.
Pa iendo de es as p emisas, con iene empeza diciendo que las mani es a-
ciones de pin u a hispano lamenca no son en Zamo a sinónimo de imi ación de la
nume osa ob a que dejó en la zona Fe nando Gallego.
2. La o ganización del abajo
Hay aspec os ela i os a la o ganización del abajo de los que nada podemos
apo a en es e p ime e cio de siglo debido a las lagunas documen ales. Sin emba -
go, hay un asgo undamen al que se p esen a desde los p ime os con a os conse a-
dos. En la mayo ía de ellos se e i ica que son los pin o es los que con a an las ob as
e ablís icas en o igen pa a luego subcon a a la ob a de alla. Exis en dos azones
dis in as pa a al hecho. La p ime a de ellas es, como ya se ha apun ado, el p o ago-
nismo de la pin u a en la mayo ía de los e ablos has a la década de los sesen a del
2 Pa a el es ado de la cues ión en ocado globalmen e se puede consul a A.A.V.V. La pin u a gó ica
hispano lamenca. Ba olomé Be mejo y su época. Ba celona: Museo Nacional de Ca aluña-Museo de
Bellas A es de Bilbao, 2003.
3 Si bien es cie o que los g abado es ge manos es án in luenciados po el ipo de pin u a de la que
hablamos, pe o con una pe sonal in e p e ación.
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siglo XVI, lo que con ie e a la ob a de alla en me o ma co de las escenas pic ó icas4.
Po lo que pod íamos deci que el con ol sob e la con a ación de las ob as p ocede
del peso supe io que enga en un de e minado con ex o geog á ico los e ablos de
alla o los de pin u a5. La segunda iene un sesgo más in elec ual; se in ie e de algu-
nos de los con a os conse ados que los pin o es no sólo se enca gaban de ealiza la
labo pic ó ica, sino de diseña la aza del e ablo. Los ejemplos zamo anos no dejan
luga a dudas: en 1505 Lucía Fe nández con a a con Jácome Fe nández Cabe o una
abla con la Asunción pa a un al a en la iglesia del San o Sepulc o en To o, en el cual
se p ecisan odas las ca ac e ís icas que ha de ene la alla del e ablo en el que i á la
pin u a. En 1506 el en allado Juan Sánchez se comp ome e a da hecho al pin o
Juan de Vadillo la alla del e ablo mayo de San Julián de los Caballe os en To o. En
1527 Ped o Díez se comp ome e a ac ecen a (siguiendo aún esquemas gó icos) el
e ablo mayo de la iglesia de San a Ma ía de Ronces alles. En una de las condiciones
se especi ica que «ha de lle a una episa en lo iejo en que se asien e nues a seño a
con sus moldu as de la mane a que Ped o Cabe o pin o manda e»6. En 1530, Luis
del Cas illo, ins alado en To o dos años a ás, con a a el e ablo de la iglesia de San
Juan, en Alma az de la Mo a y se obliga «de hace de alla e pin u a un e ablo pa a
la iglesia de San Juan del dicho luga de Alma az»7, e c.
Es e sis ema de abajo conlle a una dimensión emp esa ial que no debemos
ol ida : o o ga a los pin o es indudable en aja a la ho a de di idi los bene icios,
pues o que el comi en e les enca ga la ob a a ellos en exclusi idad, eciben po com-
ple o el pago de la ob a y son los pin o es, po an o, los que es ipulan cuán o ha de
cob a el o icial de alla.
Aunque queda ue a del ma co c onológico que nos hemos ma cados, no es á
de más deci que los ejemplos se mul iplican desde la década siguien e an o en To o
como en Zamo a, con Lo enzo de Á ila, de nue o Luis del Cas illo y Blas de Oña
4 Con la excepción de la calle cen al que albe ga la imagen del i ula del emplo, que solía se de
alla.
5 Se con i ma es e supues o en o os ocos de la península; los ejemplos son nume osos, pe o ci-
a emos dos de signo con a io. En Na a a, du an e el p ime e cio del siglo XVI, ue on los
pin o es quienes hicie on es e papel de emp esa ios, ECHEVARRÍA GOÑI, Ped o L. «Pin u a».
En FERNÁNDEZ GRACIA, Rica do (coo d.). El a e del Renacimien o en Na a a. Na a a:
Gobie no de Na a a, 2005, p. 279. En A agón, el ago amien o de los alle es escul ó icos acaba-
do el p ime e cio del siglo XVI, con la consiguien e hegemonía de los pic ó icos, desembocó en
«si uaciones inédi as» en la que los pin o es se hacen con enca gos en e amen e de bul o, CRIA-
DO MAINAR, Jesús. Las a es plás icas del Segundo Renacimien o en A agón: pin u a y escul u a
1540-1580. Ta azona: Cen o de Es udios Tu iasonenses, 1996, p. 43.
6 NAVARRO TALEGÓN, José. «Pin o es en To o en el siglo XVI». En Pin u a en To o. Ob as es-
au adas. Zamo a: 1985, p. 8.
7 Ibídem, p. 13.
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como p incipales exponen es de es e modo de abaja . Es a si uación se man end á
has a el úl imo e cio de siglo, cuando comienzan a impone se los e ablos de alla.
3. Las dos p ime as décadas del siglo XVI en la ciudad de Zamo a
De la ciudad de Zamo a y su ámbi o de in luencia no ha llegado pin u a de los
p ime os años del XVI. Dos ablas con sendos p o e as, Da id y Salomón, p oceden-
es de San a Ma ía de Cas oponce (localidad en onces pe enecien e a la diócesis de
León, hoy a la de Valladolid) son el es imonio más an iguo que enemos. Se a a de
los es os de un e ablo con a ado en 1516 po el pin o a incado en Zamo a Ale-
jand e de Villes én8. Hay no icia de su ac i idad en e 1506 y 1510 en la pa oquia
de la Magdalena en Tamame, cuando ealiza el desapa ecido e ablo mayo 9, pe o
es a de Cas oponce es su p ime a ob a conse ada y en ella se ap ecia la dependencia
de los modelos de Ped o Be ugue e. Se pe cibe no sólo en la ei e ación de eyes y
p o e as, mo i o u ilizado ya desde la pin u a hispano lamenca, sino ambién po el
deseo de anquea el ma co en la zona que se desen uel e delan e del pe sonaje. En
las ablas de Cas oponce es pe cep ible en el modo en el que los eyes aspasan el
p e il: Salomón descansa en él con un lib o y Da id apoya la cí a a ( ig. 1).
8 REDONDO CANTERA, M.ª José; FIZ FUERTES, I une. «El pin o Zamo ano Alejand o de
Villes én y el e ablo de Cas oponce (Valladolid)». Anua io del Ins i u o de Es udios Zamo anos
Flo ián de Ocampo, 1998, 15, p. 253-261.
9 Con an e io idad no había e ablo, sólo la imagen de la Magdalena con su abe náculo, A.H.D.Za.,
Tamame, San a Ma ia Magdalena. Fáb ica y Visi as I. Visi as de 1491 y 1493. Fue en allado po
el maes o Gi al e, iado de Juan de B uselas en el e ablo de Ma ía Niño de Po ugal en 1508,
donde uel e a igu a nues o pin o ambién como iado . VASALLO TORANZO, Luis; FER-
NANDEZ SALMADOR, Ana Isabel. «La capilla de don Juan Bau is a de Mon e ey. Juan de
B uselas, Juan de Campos y Diego Hanequín». Bole ín del Semina io de A e y A queología, 1989,
LV, p. 383.
Los pagos al pin o en Tamame se p olongan has a 1510. El e ablo se asa en 1511; la pa e de pin-
u a po un al «Muxica», la de escul u a, po Sancho de Ampue o.

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Figu a 1. Alejand e de Villes én.
Da id. Iglesia de San a Ma ía.
Cas oponce (Valladolid).
Figu a 2. Alejand e de Villes én. Je emías.
Re ablo de la Capilla del chan e. Iglesia de
San Félix. El Pe digón (Zamo a).
Po o a pa e, hay un ue e deseo de indi idualiza y do a de ealismo a los
os os, del mismo modo que lo hace Be ugue e. Asimismo, se pe cibe la con adic-
ción exis en e en las p edelas del pa edeño, en e la in e upción del espacio angible
po el ondo do ado y el deseo de p opo ciona una ilusión de idimensionalidad
median e la igu ación del al éiza y los obje os que se apoyan en él. Sin emba go,
sus cualidades dis an mucho de las de Be ugue e, sob e odo en lo que se e ie e a la
p opo ción ana ómica y a la e osimili ud en los alo es ác iles.
El documen o que incula es as dos ablas con Villes én no es el con a o de
la ob a, sino la esc i u a en la que Ped o Ramí ez, pla e o medinense, sale como
iado de nues o pin o en la ob a que se ha comp ome ido a hace «con o me a la
mues a que mos ó al seño p o iso de León». El plazo de ealización se ijó en un
año y medio y el p ecio, en 78.000 ma a edís. La no icia, además, pe mi e que nos
aden emos en el complicado en amado de elaciones que se man ienen en la zona
de Tie a de Campos: un pin o ecino de Zamo a ealiza el e ablo de una pa oquia
pe enecien e a la diócesis leonesa en la que se pe ciben las huellas de Ped o Be u-
gue e y sus ob as palen inas.
El hecho de que se acuda a un pin o ajeno a la diócesis plan ea el in e ogan e
de si es o se debe la ausencia de pin o es de pincel en León, pe o hay que desca a
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es a conje u a, ya que exis en a ios a í ices documen ados de esa época10. Tampo-
co pa ece plausible que se elija a Alejand e debido a que la calidad de su ob a ue a
supe io a la de los pin o es leoneses, habida cuen a de las limi aciones pa a la e-
p esen ación que u o nues o pin o . La hipó esis más ac ible nos lle a a pensa en
una elección po mo i os económicos, ni siquie a e i o iales, ya que Cas oponce
es á conside ablemen e lejos de la ciudad de Zamo a y de su ámbi o de in luencia.
En odo caso da la imp esión de que no hay abas po la in e ención de un pin o
ajeno a la diócesis; pa ece que no hablamos, como en o as p o esiones, de un sis ema
co po a i o ce ado, al menos en es a época, que impida la inje encia de pin o es
ajenos a la diócesis leonesa, del mismo modo que no lo hallamos en la de Zamo a.
Poco después, p obablemen e en 151711, hemos hallado un agmen o de una
conco dia de Alejand e, su muje Inés Cos illa, la he mana de és a y dos c iados
del pin o , con un al C is óbal de Zamo a y su muje . Del ex o se desp ende que
Alejand e y sus c iados acuchilla on a C is óbal de Zamo a y que, de esul as de la
eye a, és e pe dió su mano izquie da y se io inhabili ado pa a su o icio, que no se
especi ica12. De su con enido ambién deducimos que el ag edido no quedó sa is e-
cho con la esolución del plei o an e las au o idades zamo anas, y decidió ecu i a
la ó mula de conciliación en luga de apela la sen encia p onunciada.
Alejand e hubo de compensa a la pa e con a ia con 10.000 ma a edís, así
como a no pasa po delan e de las casas en las que i ía su oponen e, si uadas en
la Rúa de los F ancos. El documen o nos p opo ciona algún da o más pa a la bio-
g a ía de Alejand e: el nomb e de su muje y la posesión de dos c iados, lo que nos
indica una posición económica holgada además de la posible ecindad en la Rúa de
los F ancos o sus aledaños. Lamen ablemen e nos quedamos sin sabe la azón de la
eye a, pe o en odo caso la esolución de con lic os po mé odos iolen os y expe-
di i os e a muy habi ual en odas las es e as sociales.
A pa i de las ablas de Cas oponce le hemos a ibuido los p o e as de la
pa e supe io del e ablo de la capilla del Chan e en la pa oquia de San Félix de El
Pe digón, ob a ealizada hacia 1525 ( ig.2). El deseo de espacialidad se ha agudizado,
nos hallamos an e un espacio angible, en el que el ondo do ado se limi a a cub i
la espalda del ep esen ado, lo que pe mi e e el paisaje que su ge as de sí. F en e
a Cas oponce, aho a encon amos que no sólo hay un espacio angible delan e de
ellos, con el p e il en el que se apoyan di e sos elemen os, sino que de ás se si úa un
10 Vid. RODICIO, C is ina. La pin u a del siglo XVI en la an igua diócesis de León. León: Ins i ución
F ay Be na dino de Sahagún, 1985.
11 El legajo es á muy de e io ado. Se encuen a, jun o con o as esc i u as echadas en 1517, inse o
en un p o ocolo de 1532. A.H.P.Za., P o ocolos, leg. 19, ols. 35-36.
12 E a és a una cos umb e más ex endida de lo que pensamos en e gen es que desempeñaban un
o icio en el que las manos e an he amien a imp escindible.
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mu e e, se c ea un espacio eal en e és e y el an epecho en el que se desen uel en los
pe sonajes. Como Be ugue e, se aleja de las ep esen aciones es e eo ipadas, desea
do a de indi idualidad a cada os o y huye de la idealización; el deseo de e ismo
le lle a incluso a p esen a los mal asu ados, en el caso de Salomón y Ezequiel, o o
de alle copiado del pin o palen ino. Es es a su mayo i ud, allando en cambio en
la ep esen ación de una ana omía plagada de incohe encias, como ya se ha is o en
Cas oponce.
El es o de la pin u a conse ada en es e p ime e cio hay que si ua la en una
echa en o no a 1525, pe o an es de analiza es e momen o, es p e e ible p o undi-
za sob e el pe il que nos o ece To o y su zona de in luencia en es as dos p ime as
décadas de siglo.
3. To o 1500-1520
En dicha zona con amos con una se ie de ob as y documen os que nos pe -
mi en aza un pano ama más ico que con i ma la di e sidad de opciones de la
pin u a del momen o, así como la ue e imp on a del g abado.
De las pin u as conse adas, odas ellas ablas desmemb adas de an iguos e a-
blos, podemos a ibui es a un pin o a incado en To o llamado Jácome Fe nández
Cabe o. Pa a su iden i icación, hay que pa i de una abla de la Piedad ( ig.3) i -
mada «IACOME» en la pa e baja de la composición con ca ac e es gó icos, insc i o
en una ca ela en la pa oquia de Villa ellid (localidad allisole ana en el ámbi o de
in luencia de To o, pe enecien e a la diócesis zamo ana en el siglo XVI)13. Es a a-
bla y una O ación en el Hue o, de idén ico es ilo y simila es medidas, se encuen an
si uadas en el p esbi e io, cada una a un lado del ac ual e ablo, cons uido a inales
del siglo XVI14 y que segu amen e ino a sus i ui a uno an e io del que o ma ían
pa e es as dos ablas, ya que las escenas de la pasión de C is o son comunes a la ma-
yo ía de los e ablos, independien emen e de la i ula idad de la iglesia.
La suposición hecha po Na a o Talegón de que el Jácome que i ma es a
abla es el pin o que abaja en To o en las dos p ime as décadas del siglo XVI15, apa-
ece aho a a alada po el descub imien o hace unos años de o a pin u a de idén ico
es ilo a las de Villa ellid en la iglesia del San o Sepulc o de To o. Es e hecho apoya
13 PARRADO DEL OLMO, Jesús. Ca álogo monumen al de la p o incia de Valladolid, omo IX. An-
iguo pa ido judicial de Mo a del Ma qués. Valladolid: Dipu ación P o incial de Valladolid, 1976,
p. 308.
14 El e ablo e a de alla y ue ealizado po Tomás de T oas, PARRADO DEL OLMO, Jesús. Op.
ci ., p. 307.
15 NAVARRO TALEGÓN, José. «Mani es aciones a ís icas de la Edad Mode na». En His o ia de
Zamo a. Zamo a: 1995, . II, p. 561.
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la hipó esis de que las ablas de Villa ellid ue on hechas po un pin o o esano. La
coincidencia del nomb e de pila con el de Jácome Fe nández Cabe o hace muy ac-
ible po an o que nos hallemos an e una misma pe sonalidad.
Tenemos an sólo dos esc i u as que ma can echas ex emas que apenas pe -
mi en enma ca lo c onológicamen e. Apa ece documen ado po p ime a ez en To o
el 29 de diciemb e de 1505, en el documen o ya mencionado po el que Lucía Fe -
nández le enca ga una pin u a pa a la sepul u a de su di un o esposo. La segunda
e e encia, echada en 20 de eb e o de 1521, alude a la cu adu ía eje cida sob e
un hijo de nues o pin o , llamado F ancisco Cabe o, «hijo de Jacome Fe nandez
Cabe o»16.
Pese a que en el con a o ealizado en 1505 con Lucía Fe nández se p ecisa que
el a is a debe á segui como modelo el desapa ecido e ablo mayo de la iglesia del
con en o de San Ilde onso, con a ado en 1502 po Ped o Be ugue e17, lo cie o es
que, en las ablas conse adas el es ilo que es á p esen e es el hispano lamenco, sin
que ello signi ique iliación alguna con Fe nando Gallego. Jácome op a po ipos
humanos de asgos más sua es y dulces, menos exp esi os, así como po un mayo
equilib io composi i o. De hecho, su pin u a es á más ce cana a los modelos de Ro-
ge an de Weyden que a la de ningún pin o au óc ono, como se e idencia en el
uso de g isalla en el ma co a qui ec ónico de la Piedad, ecu so ecuen e en el a is a
lamenco.
Des aca además de es e a is a es la maes ía con la que u iliza el colo , como se
pe cibe en las opas de sus pe sonajes, en las que g acias a su des eza consigue do a
a las elas de unos b illos o nasolados. Asimismo, compa e con los mejo es a is as
hispano lamencos el gus o po la ep esen ación po meno izada de la na u aleza an-
o en el paisaje de la lejanía como en p ime plano. Es e in e és po los pa icula es
no le lle a a pe de se en lo anecdó ico, ni es obs áculo pa a que en sus ob as pe ci-
bamos una cla idad composi i a. Nos hallamos pues, an e un magní ico pin o que
o ma pa e de lo más des acado de la pin u a hispano lamenca.
La pin u a de la Bajada de C is o al Limbo ue hallada en 2002 en la iglesia del
San o Sepulc o18. T as su es au ación, se puede ap ecia el p eciosismo del au o en
de alles como la c uz que po a Jesuc is o. La a ibución a Jácome se jus i ica po la
16 NAVARRO TALEGÓN, José. Op. ci ., 1985, p. 8. En el documen o no se especi ica que el pin o
haya mue o. Tal hecho se puede in e p e a como un lapsus del esc ibano, pues o que no mal-
men e la cu ado ía de un meno implica su o andad, pe o la delegación en e ce os de la u ela
de un hijo no sólo ocu ía po allecimien o, o as de las causas ecuen es es el enca celamien o
del p ogeni o .
17 NAVARRO TALEGÓN, José. Ca álogo monumen al de To o y su al oz. Zamo a: Caja de Aho os
P o incial, 1980, p. 140.
18 Debo a Luis Vasallo To anzo el conocimien o de es a pin u a. Pese a la coincidencia en la pa e -
nidad y en la localización de la abla en la iglesia del Sepulc o, queda desca ada su iden i icación
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ob as en la zona. Vinculada al mundo lo en ino po Gómez Mo eno27, en es a abla
ambién se ap ecia la in luencia de la escuela de B ujas, con la que se elaciona po
el de allismo y los ipos humanos empleados; además, y como mues a de esa mezcla
de in luencias de la que enimos hablando, es e a is a conocía los g abados ena-
cien es i alianos, que eno a on el pano ama igu a i o desde la e ce a década del
Quinien os. Como mues a de es o, la muje es ida de ojo que lanquea el ono
en segundo plano a la de echa de C is o es á ep oduciendo pa e de una es ampa
de Ma can onio Raimondi i ulada Dios apa eciéndose a Noé28, que a su ez copia el
ema homónimo pin ado po Ra ael en el Va icano en la Es ancia de Heliodo o en e
1511 y 1514. Po o a pa e, pese a la acumulación de pe sonajes en o no a la igu a
de C is o, se pe cibe un a amien o del espacio muy di e en e al hispano lamenco,
aquí hay un in en o de c ea un espacio idimensional cohe en e, que ue p obable-
men e lo que lle ó a Gómez Mo eno a ap ecia una in luencia lo en ina.
Años después, las ob as a ibuidas al Maes o del T asco o ue on asignadas
po Díaz Pad ón a un pin o al que llamó Maes o de Zamo a, muy inculado es-
ilís icamen e con el Maes o de As o ga29 y que hemos iden i icado con el pin o
a incado en Zamo a Gil de Encinas30.
Debido a su complejidad, la igu a del maes o de As o ga y sus seguido es
zamo anos desbo da la ex ensión de es e abajo y me ecen se a adas en un es udio
independien e31. Bas e deci que Gil de Encinas es el au o de la mencionada abla
del asco o de la Ca ed al zamo ana, así como de una Deposición o igina ia de la
iglesia del San o Sepulc o de Zamo a, hoy en manos p i adas, la mayo ía de las ablas
del despiezado e ablo de San Es eban de Fuen elca ne o, un San Ped o pe enecien e
al Museo de San Diego (Cali o nia)32, un Jesús en e los doc o es que se encon aba en
come cio en 199833, un San Miguel ubicado po Vande i e e en una colección ale-
27 GÓMEZ MORENO, Manuel. Op. ci ., 1927. p. 123.
28 The illus a ed Ba sch. The wo ks o Ma can onio Raimondi and o his school. Nue a Yo k: Aba is
Books, 1978.
29 DÍAZ PADRÓN Ma ías. «El íp ico de la o e de Luzea y la escuela del Maes o de As o ga». En
Renacimien o y Ba oco. Colección Banco Hispano-Ame icano. Museo de San a C uz. Mad id: Jun a
de Comunidades de Cas illa-La Mancha-Banco Hispano Ame icano, 1987, p. 11-17.
30 FIZ FUERTES, I une. «Gil de Encinas y Ba olomé de San a C uz en el e ablo de Ho cajo de las
To es (Á ila) y su elación con el alle del Maes o de As o ga». Bole ín del Semina io de Es udios
de A e, 2013, 79, p. 59-68.
31 Del que nos encon amos en p oceso de ealización.
32 A ibuida po Pos al Maes o de As o ga. POST, Raimond. Chandle . A His o y o Spanish Pain -
ing, olume IX, pa II, «The beginning o he Renaissance in Cas ile and Leon». Camb igde, Massa-
chusse s: Ha a d Uni e si y P ess, 1947, p. 566.
33 FIZ FUERTES, I une. «Nue a ob a del Maes o de As o ga». A chi o Español de A e, 1998,
LXXI, p. 431-433.

PINTURA DEL PRIMER TERCIO DEL SIGLO XVI EN LA ANTIGUA DIÓCESIS DE ZAMORA
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mana34, la Na i idad de la colección del G upo San ande y la abla de la Vi gen con
donan e de la p edela del e ablo de la Capilla del Chan e en El Pe digón. Además,
abajó con el Maes o de As o ga en el an iguo e ablo mayo de la iglesia de San
Ti so en A quillinos35.
Hay o a ob a que se debe menciona pa a ilus a la a iedad de opciones
mani ies a en es a p ime a época. Se a a del e ablo de la capilla del Chan e de la
iglesia de San Félix de El Pe digón ( ig.7), una localidad muy p óxima a la capi al.
Ilus a adecuadamen e ese momen o híb ido en el que con i en elemen os apa en-
emen e con adic o ios en una misma ob a, la mazone ía gó ica, pe o ya con una
endencia a des aca en al u a la calle cen al y con deco ación a candelie i en el gua -
dapol o, pe o sob e odo el es ilo de sus ablas es el que nos habla de ese momen o
de ansición. Como ya se ha apun ado, es cla a la in luencia de Ped o Be ugue e
y sus se ies de pe sonajes e e o es amen a ios en el cue po supe io del e ablo. La
deuda de lo hispano lamenco, las a iadas esoluciones de los aspec os composi i os,
así como los débi os con Be ugue e hacen a es e e ablo, el p ime o del siglo XVI
que nos ha llegado in si u y comple o, el ejemplo pe ec o de las soluciones ecléc icas
que se adop an en es a época.
34 VANDEVIVERE, Ignace. Juan de Flandes. Mad id: Museo del P ado, 1985, p. 95.
35 Localidad zamo ana pe enecien e a la diócesis de As o ga en el siglo XVI.
Figu a 7. Re ablo de la Capilla del chan e. Iglesia de San Félix. El Pe digón (Zamo a).
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El e ablo o ma pa e del mobilia io li ú gico de la capilla que mandó e igi
don Ped o López, chan e y canónigo de la ca ed al zamo ana, allecido en 1525,
como eza su epi a io. La capilla se ealizó en e 1501 y 151536 y el e ablo debió de
empeza se hacia 1525. Es á es uc u ado en es cue pos más un banco. En és e, apa-
ecen ep esen ados a ios san os y el donan e acompañado de la Vi gen y el Niño
en una de ellas. El úl imo cue po es á ocupado po eyes y p o e as del An iguo Tes-
amen o. Po encima del banco, en las calles ex emas se si úan cua o escenas, dos
a dos, de la ida de la Vi gen, mien as que las en ecalles se dedican a la ep esen-
ación de los cua o e angelis as. En la calle cen al se dispone una Piedad de bul o
y encima de ella una pin u a con el Juicio Final. No se a a de una ob a ealizada
po un único pin o , sino que se pe ciben ac u as muy di e sas37. Es e hecho le es a
a monía, pe o pe mi e comp oba las soluciones con empo áneas de a ios a is as
pa a esol e una escena. Las di e encias que hay en e los ipos humanos se ían su i-
cien es pa a conclui que no es una ob a de una sola mano, pe o ambién di ie e en
la concepción espacial y en el a amien o de los ondos do ados.
Figu a 8. izq.: Maes o anónimo. Epi anía (de .). Iglesia de San Félix. El Pe digón (Zamo a);
cen o: Na i idad (de .). Iglesia de La Asunción. Villa ín de Campos (Zamo a); de echa:
Visi ación (de .). Iglesia de San a Ma ía. Villa á ila (Zamo a).
36 NIETO GONZÁLEZ, José Ramón. «El sepulc o de don Ped o López en El Pe digón (Zamo a)».
En A in oduçao da A e da Renascença na Peninsula Ibe ica. Coimb a: Epa u , 1981, p. 109.
37 La his o iog a ía del e ablo se inicia con GÓMEZ MORENO, Manuel. Op. ci ., 1927, p. 323,
que lo elaciona con el in lujo de Ped o Be ugue e. POST, Raymond Chandle . Op. ci ., 1947, p.
586, lo incula a la in luencia de Juan Rod íguez de Solís. Siguen es a hipó esis NIETO GON-
ZÁLEZ. Ca álogo Monumen al del Pa ido Judicial de Zamo a. Mad id: Minis e io de Cul u a,
1982, p. 271-272, y NAVARRO TALEGÓN. Op. ci ., 1995, p. 562. Más ecien emen e GAR-
CÍA BUESO, F ancisco Ja ie . «Je emías» «Ezequiel». En Ky ios, Las Edades del Homb e. Ciudad
Rod igo: Fundación las Edades del Homb e, 2006, p. 120-122.
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La Epi anía es una de las ablas más log adas. Po una pa e en onca con
Be ugue e, en conc e o con el e ablo de San a Ma ía de Bece il de Campos. Los
débi os se pe ciben en la concepción gene al de la escena, en la disposición de los
pe sonajes y en los ipos humanos, siendo es o más e iden e en la Vi gen y en el
Rey Mago que se a odilla a sus pies. Pe o en lo espacial es más a anzada38. Aunque
sigue siendo un modo a esanal de ace ca se a la pe spec i a, lo cie o es que en es a
abla hay un deseo de ec ea un espacio cohe en e. El peso de la composición no
ecae sólo en las igu as. Siguen siendo las a iculado as del discu so na a i o pe o
ambién se o o ga un p o agonismo al espacio. A es e a is a, en la ó bi a del Maes o
de As o ga y de Gil de Encinas, podemos a ibui le además o as dos ablas en la p o-
incia de Zamo a, cu iosamen e ambién o mando pa e de e ablos ealizados po
o os pin o es. Se a a de la Visi ación del e ablo mayo de San a Ma ía de Villa á i-
la, y la Na i idad pe enecien e al e ablo mayo de Villa ín de Campos39. El os o
de la Vi gen de El Pe digón se epi e sin apenas cambios en esas dos ablas ( ig.8).
Ninguna de las es ob as es á echada ni documen ada, pe o se pueden enma can
den o de las ob as que se ges an en el c uce de in luencias que supone la zona de
Tie a de Campos zamo ana, pe enecien e a la diócesis de As o ga en el XVI.
La Na i idad emplea el mismo ma co a qui ec ónico que la Epi anía. Es o es
así has a en de alles nimios, como los pája os que se encuen an en un i an e de
la es uc u a o en la cla e o a del a co del ondo de la composición. Sin emba go,
en la segunda, las líneas p incipales con e gen hacia un pun o de uga si uado a la
izquie da de la mano del ey40, po encima de línea del ho izon e, mien as que en
la Na i idad hemos de habla más bien de una zona de uga, ya que el pin o no
ha hecho con lui con des eza las o ogonales. Se cons a a a simple is a en la ex-
cesi a ele ación del mu o la e al donde se apoyan dos igu as espec o a la co nisa
que sob e uela los a cos. Si a es o añadimos la ausencia de paisaje y el empleo de
igu as más oscas, pa ece cla o que hablamos de dos pin o es di e en es, aunque
pe enecien es a un mismo alle . El au o de la Na i idad ambién es esponsable
de la escena de la Anunciación, pues se obse an los mismos allos, acen uados aquí
al a a se de un espacio ce ado, que e idencia aún más la desp opo ción exis en e
en e a qui ec u a y igu as.
38 Vid. COLLAR DE CÁCERES, Fe nando. «Pe spec i a y e e en es i alianos en el úl imo Be u-
gue e». En Ac as del Simposium In e nacional Ped o Be ugue e y su en o no. Palencia: Dipu ación
P o incial de Palencia, 2004, p. 179-188, y GARRIGA RIERA, Joaquim. «Geome ía espacial en
la pin u a de Ped o Be ugue e en Cas illa». En Ac as del Simposium In e nacional Ped o Be ugue e
y su en o no. Palencia: Dipu ación P o incial de Palencia, 2004, p. 189-216.
39 Sob e es e e ablo, Vid. FIZ FUERTES, I une. «A p opósi o del Maes o de los San os Juanes».
A chi o Español de A e, 2001, 295, p. 257-272.
40 No con e gen las de los capi eles, pe o es a ci cuns ancia no modi ica el esul ado inal.
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En la Ci cuncisión, po ejemplo, la al a de calidad en e a las ablas mencio-
nadas es e iden e. La p o undidad de la es ancia es á apoyada, como es usual, en el
azado del suelo embaldosado, cuyas líneas con e gen en la columnilla de la en ana
del ondo. Pe o el es o de los elemen os el pin o no se ha p eocupado de si ua los
en pe spec i a, como se puede comp oba en la mesa de al a . Tampoco se ha apo-
yado en el ma co a qui ec ónico pa a c ea es a p o undidad, és e apa ece solamen e
como ma co e e encial, como locus que ayuda a ubica la escena. Todo es o se a-
duce en la concepción de un espacio más p opio de la pin u a hispano lamenca que
de la enacen is a. Los pe sonajes no sólo son de mayo amaño del adecuado pa a
es e in e io , sino que además es án menos elabo ados que los del es o de las ablas.
Hay, po an o, un sus a o común, pe o unas di e encias de au o ía innega-
bles que pe mi e habla pa a es as cua o ablas de la in ancia de C is o de un mismo
alle pe o con di e en es manos. Es os a is as se ocupa ían ambién del banco. Las
ablas de los ex emos, en las que se ep esen a en pa eja a San o Tomás con San
And és, y a San a Apolonia con San a Lucía, ue on ejecu adas po el mismo a is a
que en el cue po del e ablo, se ocupó de la Anunciación y el Nacimien o. El pin o
menos do ado que ealizó la Ci cuncisión ambién hizo la San a Ca alina del banco,
mien as que la abla en la que apa ece el donan e con la Vi gen y el Niño gua da
g andes simili udes con la abla del C is o del asco o de la Ca ed al, ealizada po
Gil de Encinas, como se ap ecia en el idén ico os o de la Vi gen en ambas pin u as.
Po o a pa e, las ablas del Juicio Final, los e angelis as y la abla cen al de la
p edela, con la Ve ónica, San Ped o y San Pablo, di ie en lo su icien e de las an edi-
chas como pa a a ibuí selas a o o a is a. A es os a í ices hay que añadi además el
nomb e de Alejand e de Villes én pa a el cue po de eyes y p o e as.
Somos conscien es de que es ine i able la a omización al p ocede de es a
o ma, y no pa ece con enien e inc emen a la lis a de nomb es de maes os anó-
nimos a los que no podemos asigna más ob a. Lo que in e esa es deja cla o que el
e ablo es uni a io en lo iconog á ico, pe o que se pe ciben dis in as sensibilidades.
Acudi a la soco ida exp esión de «ob a de alle » sin mayo es p ecisiones nos pa e-
ce insu icien e en es e caso. El hallazgo del con a o de la pin u a ampoco hubie a
p opo cionado los nomb es de odos los pa ícipes en ella, pues, como e a habi ual,
la esc i u a la i ma ía sólo uno de ellos, quien se ía el enca gado de subcon a a con
el es o.
Respec o a su iconog a ía, En la pa e supe io se ep esen a, de izquie da a
de echa, a Da id, Ezequiel, Salomón, Je emías e Isaías. Las ilac e ias que po an
comienzan po iden i ica los con su nomb e pa a con inua con un pasaje de sus
p o ecías, esc i as en un la ín muy inco ec o.
En la ilac e ia de Da id es á esc i o «Redes a sis e insulem», donde debe ía
deci «Reges ha sis e insulae»; es á omado del salmo 72, 10. En cuan o a Ezequiel,
su ilac e ia dice «in e condesas»; ase de la que no se halla co elación en su lib o ni
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en el de o os p o e as. En la ilac e ia de Salomón es á esc i o « o a pulc a es amica
m», el conocido pasaje del Can a de los Can a es, 4, 7, « o a pulch a es amica mea
e macula non es in e». Con inuando con Je emías y su insc ipción, «in is isus es
e cu», en ealidad se e ie e a un pá a o incluido en el lib o de Ba uc (3, 38), sec e-
a io de Je emías: «in e is isus es e cum hominibus con e sa us es ». Po úl imo
Isaías, cuya insc ipción eza: «ecce i go concipi e pa i», donde debe ía deci «ecce
i go concipie e pa ie illium», es el capí ulo 7, 14 de su p o ecía.
De la lec u a de es os pasajes se desp ende la co elación exis en e con las
escenas na a i as del e ablo. Empezando po la Anunciación, es común ecu i a
Isaías y su isión: «he aquí una doncella que es a encin a y a a da a luz un hijo»;
siguiendo con la Na i idad, la p o ecía que mejo se adap a es la de Ba uc, «apa eció
en la ie a y en e los homb es con i ió» in e p e ada adicionalmen e como la en-
ca nación de Ya é en la ley judía y que en el e ablo se puede elaciona con la escena
de la Na i idad41. La Ado ación de los Magos, se e ie e inequí ocamen e al salmo 72
que acompaña a Da id, i ulado «el ey p ome ido», que oma mayo sen ido si lee-
mos su con inuación: «mune a o e en eges A abiae e Saba ibu um con e en , e
ado abun eum omnes eges uni e sae naciones se ien ei» –los eyes de Ta sis y las
islas ae án ibu o, los eyes de Saba y de A abia paga án impues os; odos los eyes
se pos a an an e él, le se i án odas las naciones–.
Hemos dejado pa a el inal la Ci cuncisión po los p oblemas que plan ea ads-
c ibi la a alguno de los dos pe sonajes bíblicos que nos al an po inse a en el
p og ama iconog á ico. Si an sólo nos es a a uno, la duda es a ía esuel a au omá-
icamen e, pe o con amos con dos y una sola escena.
En el caso de Salomón, su cán ico se suele pone en elación con la Inmaculada
Concepción de Ma ía. No hay en el e ablo ninguna alusión di ec a a es e hecho,
pe o es signi ica i o que se ese e el espacio cen al y lige amen e más ele ado al Rey
Sabio, o almen e on al, en e a la disposición del es o de los p o e as lige amen e
inclinados hacia el eje ma cado po la igu a de Salomón. Pensamos que su insc ip-
ción do a de un sen ido gene al al p og ama iconog á ico del e ablo, dedicado a la
Vi gen como in e ceso a. Aunque desde inicios del siglo XVI se u iliza en nues o
país la o a pulch a pa a e e i se a la Concepción de Ma ía, iconog á icamen e a da-
á en desplaza al Ab azo an e la Pue a Do ada y al Á bol de Jessé como modos de
e e i se a es e asun o42. De es e modo, hay que in e p e a la inclusión de es e salmo
como una alabanza en gene al a la Mad e de Dios43, p o agonis a del e ablo, sin
41 Tal y como ya plan ea, con alguna ese a GARCIA BUESO, F ancisco Ja ie . Op. ci .
42 STRATTON, Suzanne. «La Inmaculada Concepción en el a e español». Cuade nos de A e e
Iconog a ía, 1988, I, 2, p. 38.
43 Tal y como se enía haciendo desde la Edad Media, siendo San Be na do el p ime o en aplica las
alabanzas con enidas en es e salmo a la Vi gen. STRATTON, Suzanne. Op. ci ., p. 35.

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mani es a un pa alelismo con ninguna de las escenas en conc e o. De ahí la posición
des acada de Salomón y su cán ico en el e ablo.
No obs an e, no pa ece adecuado uni sin más, sólo po eliminación del es o
de a iables, la igu a de Ezequiel con la escena de la Ci cuncisión. Ya se ha apun ado
que la insc ipción que se incluye en el e ablo no alude a ningún pasaje en conc e o
de la Biblia. Sin emba go, Ezequiel es el único p o e a del An iguo Tes amen o que
hace mención a la ci cuncisión: «haec dici Dominus Deus: Omnis alienigena inci -
cumcisus co de e inci cumcisus ca ne non ing edie u sanc ua ium deum» (Ez., 44,
9), aducido al cas ellano como «Así dice el Seño : ningún ex anje o, inci cunciso
de co azón y de cue po en a á en mi san ua io». Po lo an o, pa ece plenamen e
jus i icada la inculación exis en e en e Ezequiel y la escena de la Ci cuncisión, pe o
sigue sin encaja la insc ipción de su ilac e ia. Del la ín empleado en las ilac e ias se
desp ende que el a is a ca ecía de conocimien os p opios de es a lengua, y lo único
que hizo ue mal segui unas di ec ices sin comp ende el signi icado: « edes» en
ez de « eges», «in is» en ez de «in e is», e c. Aún a iesgo de lanza una hipó esis
a iesgada, basándonos en es e desconocimien o del la ín, p oponemos que donde
el a is a esc ibió «in e condesas» en ealidad hubo de pone «inci cumcisus», que
iene el mismo núme o de sílabas y simila en onación, enlazando de es e modo con
la p o ecía de Ezequiel.
Ajena a es as elaciones, en el cen o del e ablo se si úa el Juicio Final odeado
de los e angelis as. És os se disponen de pie po ando una ilac e ia con una ase
esc i a en mal la ín. El con enido es simila en los cua o: «sequencia san i e angeli
secundum», a la que sigue el nomb e de «Ma cum», «Ma eum» o «Lucam». Sólo en
San Juan se añade algo más: «sequencia san i e angeli secundum Joanem in p incipio
e a ». Es a ase, –en ealidad «in p incipium e a [ e bum]»– es el inicio del e an-
gelio de San Juan. El es o de las ilac e ias, apa e de p opo ciona nos el nomb e de
cada uno de los e angelis as, ca ecen de con enido, po que la ase que incluyen –es-
c i a co ec amen e se ía «Sequen ia sanc i E angelii secundum»–, es simplemen e
la que iniciaba la lec u a del e angelio. Con lo cual c eemos que de nue o el a is a
enca gado de es a pa e del e ablo desconocía el signi icado de lo que es aba ponien-
do en la ilac e ia y quizá dejó incomple o el ex o e angélico que acompañaba a esa
ó mula. Los e angelis as end ían a sub aya el con enido esca ológico de la abla
cen al del Juicio Final.
Ped o López se hizo e a a en una de las ablas de la p edela jun o a la Vi gen
y el Niño, que es á en egando al di un o un colla de cuen as, un «pa e nós e »,
como se llamaban en la época, que no hay que con undi con un a ibu o p opio
de la ep esen ación de la Vi gen del Rosa io44. En el e a o, el pin o se apa a de
44 En es a época a la Vi gen del Rosa io se la ep esen aba como Vi gen de la Mise ico dia, acogien-
do a los ieles bajo su man o. Po o a pa e, es os colla es de cuen as se ían, como su nomb e
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los es e eo ipos, pe cibiéndose un deseo de indi idualización, pa alelo al que exis e
en su bul o une a io. Al chan e le acompaña una ilac e ia en la que es á esc i o «o
ma e dei memen o mei» –oh Mad e de Dios acué da e de mí–, en cla a alusión al
papel in e ceso de Ma ía en el momen o de la mue e. La ase no se co esponde
con ningún ex ac o de la Biblia. Es p obable que se es é haciendo e e encia a uno
de los mo e es del músico nee landés Josquin des P es, «A e Ma ía g a ia plena, i go
se ena», una de las a iaciones sob e la o ación del A e Ma ía. Es un mo e e esc i o
en el úl imo e cio del siglo XV, cuya úl ima ase es p ecisamen e és a. Ped o López,
en su calidad de chan e de la ca ed al de Zamo a45, debía de conoce lo, pues es uno
de los más céleb es –has a nues os días– del músico nee landés.
Teniendo en cuen a odo lo dicho, los a gumen os p incipales del e ablo son
dos: po una pa e la exal ación de Ma ía median e las escenas e angélicas en co-
nexión con los p o e as del cue po al o; po o a, el sen ido esca ológico, p opio de
un e ablo de ca ác e une a io, explíci o en la abla del Juicio Final, que ocupa el
cen o del conjun o y es la de mayo amaño. P obablemen e es e segundo mensaje
queda ía comple ado po las ci as que debían habe incluido los e angelis as en sus
ilac e ias. Tales signi icados en ealidad se unden en uno solo: la idea de Ma ía
como in e ceso a an e su Hijo. Po eso se ensalza la igu a de la Mad e de Dios en el
momen o de la mue e, y el pa ono se hace e a a jun o a su imagen y la del Niño
en el banco del e ablo.
Las ablas de los san os que ocupan el es o de la p edela hay que en ende las
como ibu o a de e minados san os po los que Ped o López p o esa ía pe sonal
de oción. En es e sen ido, no es á de más des aca la p i ilegiada ep esen ación de
San a Ca alina en soli a io po su especial papel como p o ec o a de los mo ibun-
dos46, además de se pa ona de los clé igos. La Ve ónica en el cen o del banco sigue
la p ác ica medie al de si ua se en dicho luga pa a que los ieles se inclina an o la
besa an po su p o ección con a la mue e súbi a47.
Respec o a su c onología, las ca ac e ís icas es ilís icas de la ob a la si úan en
la segunda mi ad de la e ce a década de siglo. No solo po el a amien o espacial.
indica, pa a con a pad enues os y se ep esen an po ando uno a san os, após oles, así como a
simples ieles en con ex os une a ios. TRENS, Manuel. Ma ía. Iconog a ía de la Vi gen en el a e
español. Mad id: Plus Ul a, 1946, p. 282-288.
45 Pese a que en es a época es e ca go empezaba a se sob e odo de ca ác e hono í ico.
46 REAU, Louis. Iconog a ía del a e c is iano. Iconog a ía de los san os. De la A a la F, omo 2, ol. 3.
Ba celona: Se bal, 1997, p. 275-276.
47 Ídem. Iconog a ía del a e c is iano. Iconog a ía de los san os. De la P a la Z, omo 2, ol. 5. Ba ce-
lona: Se bal, 1998, p. 317. Tengamos en cuen a, no obs an e, que en es e caso se a a de un luga
de cul o es ingido al a a se de una capilla une a ia, po lo que se ha man enido la ubicación
de la Ve ónica pe o no su unción. El in es igado ancés ambién apun a que se la ep esen a con
un u ban e, al y como aquí sucede, debido a sus p e endidos o ígenes si ios.
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Algunos elemen os como la ambigüedad con la que se a an los ondos do ados, que
po una pa e cumplen la unción de si ua en un con ex o di ino y sob ena u al a
la imagen, pe o po o a se odea de una cene a oja que le con ie e una ca ego ía de
obje o ma e ial, co idiano, es p opia de la e ce a y la cua a década de siglo.
Po su modo algo desmañado de esol e se c eemos que es inmedia amen e
pos e io a la mue e del donan e48. Al chan e, inculado a los Reyes Ca ólicos, po
habe sido limosne o del p íncipe Juan, se le supone la su icien e cul u a humanís ica
como pa a no come e ales e o es en las insc ipciones en la ín de las ilac e ias49. El
p og ama iconog á ico se ía ideado po él o po o o p elado de la ca ed al, pe o el
modo en el que al inal se lle ó a cabo es esponsabilidad de los es amen a ios. Algo
nada ex año, po que no malmen e el pa ono dejaba cons uido el espacio, pe o no
la do ación de los o namen os li ú gicos, que e an asumidos po los he ede os. Na-
u almen e és os no ponían el mismo in e és que el inado en la consecución y sob e
odo en el gas o de la ob a (que no suele se es ipulado con p ecisión), con lo que el
esul ado inal desme ece de lo deseado po el allecido.
Pa a comple a el pano ama pic ó ico hay que menciona dos ablas del p i-
me e cio del siglo XVI inse as en e ablo mayo de la pa oquia de Flo es. P oba-
blemen e se a e de los es os que se ap o echa on del p imi i o e ablo al cambia lo
po el ac ual en el siglo XVIII. Flo es es una pequeña localidad ce cana a Alcañices
que pe enecía al a cip es azgo de Alis e, ica ía de la diócesis compos elana en el
siglo XVI. La lejanía de la sede me opoli ana empuja a que sean los a is as de la ciu-
dad de Zamo a los que se enca guen de las ealiza las ob as a ís icas de es a zona. Y
así, su ecien e es au ación pe mi e es ablece inculaciones es ilís icas con algunas
de las ablas del e ablo de El Pe digón. En pa icula , gua dan g an semejanza con
la Na i idad y la Anunciación. Los ipos humanos son los mismos y el a amien o
espacial en la abla de Pen ecos és coincide con el de la Anunciación de El Pe digón:
un espacio ce ado, ep esen ados sus mu os de mane a aus e a con silla es; los anos
de medio pun o y el echo de made a es uc u ado de mane a idén ica.
Respec o a la da ación, las concomi ancias con las del e ablo de la capilla del
Chan e, así como el a amien o del espacio, la limi ación del o o a los nimbos, así
como los de alles enacien es del ono que cen a la composición de Pen ecos és, las
si úan a mediados de la década de los ein e.
48 NIETO GONZÁLEZ, José Ramón. Op. ci ., 1981, p. 108, conside a que el sepulc o pudo habe
sido hecho po enca go de uno de sus hijos.
49 Tampoco es necesa io pensa en una as a e udición, MARÍAS, Fe nando. El la go siglo XVI. Los
usos a ís icos del Renacimien o español. Mad id: Tau us, 1989, p. 20, habla de «la incul u a la ina
gene alizada de nues as éli es», pe o c eemos que el desa ollo de un p og ama iconog á ico de
una cie a complejidad como és e debe ía de i acompañado de algún bagaje cul u al.
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6. Los p ime os indicios de Renacimien o en To o
En To o no se han conse ado pin u as de es os p ime os años de la década
de los ein e, pe o sus p o ocolos no a iales nos o ecen el p ime documen o en el
que se menciona el é mino de omano. Alonso Ba bage o se comp ome e a pin a
la capilla mayo de la iglesia de San Juan de los Gascos en To o. En una de sus con-
diciones se piden «dos a cos de omano», apa e de o os elemen os que aluden al
epe o io clásico, como unos a esones cuad ados «con o mes a los de San Sal ado
de la capilla mayo »50. El con a o se ealiza en 1525, lo cual nos uel e a indica que
en esa echa ya se manejaban las o mas enacen is as, aunque sea epidé micamen e.
Sin emba go, como se ha is o pa a el á ea de in luencia zamo ana, es o no implica la
desapa ición de las o mas p eceden es. Dos años después de es e con a o, ya hemos
mencionado como el en allado Ped o Díez se comp ome e a ac ecen a el e ablo
mayo de la iglesia o esana de San a Ma ía de Ronces alles bajo la supe isión del
pin o Ped o Fe nández Cabe o, pe o en el con a o no se habla de pin u a, sino de
la mazone ía del e ablo, que e a gó ica.
Lo expues o has a aho a p esen a una isión de conjun o he e ogénea y ica
en soluciones, pe o es a a iedad de opciones es é icas se á b e e. El asen amien o
hacia 1528 en la ciudad de To o de Luis del Cas illo y Lo enzo de Á ila de end á es a
e olución e impond á nue os modelos en oda la diócesis que se man end án has a el
inicio del úl imo e cio de siglo. Lo enzo de Á ila consiguió no sólo con a a ob as
ue a de es a coma ca, sino c ea una as a legión de discípulos, colabo ado es –en e
los que des aca Juan de Bo goña II– e imi ado es que ex ienden sus o mas supe-
ando la dema cación diocesana, ex endiéndose sob e odo hacia la zona de León y
As o ga.
El pe iodo de madu ez de Cas illo y Á ila se halla en los años cua en a. Du an-
e la década p eceden e oda ía asis imos a una cie a a iedad de opciones p o ago-
nizada po Blas de Oña, pin o zamo ano documen ado en e 1531 y 1545; Ma ín
de Ca ajal, documen ado p ime o en To o, al lado de Lo enzo de Á ila y luego en
Zamo a en e 1529 y 1545, y a la del anónimo au o de dos e ablos en la pa oquia
de Fuen elapeña, localidad si uada al su de la p o incia, en una zona inculada a -
ís icamen e a Salamanca, en e i o io pe enecien e a la o den mili a de San Juan51.
50 NAVARRO TALEGÓN, José. Op. ci ., 1985, p. 9.
51 FIZ FUERTES, I une. «Apo aciones a la pin u a salman ina de la p ime a mi ad del siglo XVI».
Bole ín del Semina io de Es udios de A e, 2010,76, p. 91-102.
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a la do e que su iuda p opo ciona a su c iada88. La ca a de p omesa de do e y la de
lib e y qui o de la misma se echan en ene o y no iemb e de 1535 espec i amen e,
en la que el pin o igu a ya como di un o. En la p omesa de do e igu a como es igo
un Ma ín de Ca ajal que no especi ica su p o esión, pe o cuya i ma coincide con
la del pin o que conocemos. Quizá u ie a pa en esco amilia con el pin o que nos
ocupa, o con su muje , llamada F ancisca de Ca ajal. No obs an e, hemos de ene
en cuen a la ecuencia con la que el apellido «Ca ajal» apa ece en la documen ación
zamo ana89.
Un al Jus o, que se nomb a pin o en una esc i u a de 1535, cuando se obliga
a paga a Ped o Bo goñón, ecino de Ocono, eino de F ancia90, seis ducados de o o
que és e le había p es ado91. No pa ece que es e pago ue a de índole a ís ica, dado
que un año más a de el mismo pin o se enca ga de paga la alcabala po un asno
que le había endido el al Ped o Bo goñón92. La úl ima no icia e e ida a es e a is a
da a de 1541, cuando segu amen e ya había allecido, pues se cob a un censo de una
i ienda a la de Jus o pin o 93.
Po úl imo, Ví o es He nández apa ece documen ado en 1534, Ese año ecibe
un pode po pa e de un me cade y del mayo domo del p io de San Juan pa a
que cob en una can idad de ma a edís al alcalde de T e ejo (Cáce es), en azón de
una deuda que iene con aída con ellos Don Diego En íquez, comendado de la
encomienda sanjuanis a de T e ejo. Además, el me cade o o ga un segundo pode al
pin o pa a que cob e una deuda con el adminis ado de las en as del A zobispo de
San iago de Compos ela94, que en ese momen o e a Juan Ta e a, nomb ado ese mis-
88 A.H.P.Za., P o ocolos, leg. 8, ol. 118, 9 de no iemb e de 1535. A.H.P.Za., P o ocolos, leg. 22,
ol. 113, 10 de ene o de 1535.
89 De hecho exis e un Diego de Ca ajal con empo áneo del pin o , pe o cuya p o esión e a la de
esc ibano. En 1535 se le nomb a en e los ein e esc ibanos de núme o de la ciudad. A.H.P.Za.,
P o ocolos, leg. 31, ol. 62, 21 de agos o de 1535. Aunque no se han conse ado p o ocolos
no a iales edac ados po él, apa ece a menudo en la documen ación, pe o nunca po asun os de
índole a ís ica.
90 Quizá se a e de la localidad bo goñona de Auxonne.
91 A.H.P.Za., P o ocolos, leg. 22, ol. 229, 21 de junio de 1535.
92 A.H.P.Za., P o ocolos, leg. 31, ols. 7-8, 22 de ma zo de 1536. Vid. apéndice documen al.
Como es sabido, la alcabala g a aba cualquie ope ación de comp a en a, y la pagaba el ende-
do . Quizá pagándola Jus o es aba saldando la deuda mencionada en el documen o de 1535.
93 A.H.P.Za., P o ocolos, leg. 11, ol. 218. Se a a de una deuda incluida en los documen os de
Alonso de Loza ela i os a su es amen o y pa ija de bienes.
94 A.H.P.Za., P o ocolos, leg. 30, ols. 57-58, 4 de oc ub e de 1534. El pode se o o ga conjun-
amen e al pin o y a un c iado del me cade . T e ejo se encuen a al no e de la p o incia de
Cáce es, que has a el siglo XIX pe eneció a la de Salamanca. Cuando se diluyó la o den de San
Juan en la Península, la localidad pasó a depende de la diócesis de Ciudad Rod igo, aunque
ac ualmen e pe enece a la de Co ia.

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mo año A zobispo de Toledo. Pese a que el da o no es a ís ico, la inculación, aun-
que sea de modo indi ec o, con el comendado don Diego En íquez y con el p io
don Diego de Toledo es in e esan e po cuan o es e úl imo emp endió muchas ob as
a ís icas en Zamo a y o as localidades ce canas du an e su manda o95. Hay que
con empla la posibilidad de que el cob o de la deuda en la pe sona del comendado
de T e ejo sea un modo indi ec o a a és del que se es á saldando una deuda con el
pin o po un abajo de índole a ís ica. Pe o, aun siendo nula la e ien e a ís ica
de es e enca go, el hecho de que se encomiende a un pin o el cob o de una deuda
de nue o uel e a incidi en la di e si icación de labo es más allá del desempeño del
o icio a ís ico, como ya se ha is o en o os pin o es con empo áneos.
95 Pa a las emp esas a ís icas de es e pe sonaje id. PÉREZ MONZÓN, Olga. «El con en o de las
Comendado as de Zamo a: el p oyec o a ís ico del comendado sanjuanis a Diego de Toledo».
Anua io del ins i u o de es udios zamo anos Flo ián de Ocampo, 1993, 10, p. 229-246. y PÉREZ
MONZÓN, Olga. «La iglesia de San a Ma ía de los Caballe os de Fuen elapeña (Zamo a)».
Bole ín del Museo e Ins i u o Camón Azna , 1996, LXIV, p. 45-58.
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