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Pintura del primer tercio del siglo XVI en la antigua diócesis de Zamora

Fiz Fuertes, Irune Rosario

Abstract

Producción Científica

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SIC VOS NON VOBIS. COLECCIÓN DE ESTUDIOS EN HONOR DE FLORIÁN FERRERO 407 Pin u a del p ime e cio del siglo XVI en la an igua diócesis de Zamo a Pain ing o he i s hi d o 16 h cen u y in he old diocese o Zamo a I une Fiz Fue es Uni e sidad de Valladolid [email p o ec ed] Resumen El a ículo se p opone econs ui el pano ama pic ó ico de la diócesis zamo ana en el siglo XVI. La mayo ía de los e ablos e an de pin u a, pe o nos han llegado escasos es os ma e iales así como documen ales. Es cla a la pe i encia del sus a o lamenco du an e las dos p ime as décadas de siglo, a ándose además de una pin u a muy in luenciada po g abados del no e de Eu opa. Hacia 1525 se empiezan a pe cibi a isbos de enacimien o que se aduce en un mayo manejo del espacio así como en la in oducción de es ampas de o igen i aliano. En e los esponsables de es e cambio es án seguido es del Maes o de As o ga. Palab as cla e: Pin u a, e ablo, hispano lamenco, enacimien o, g abados, Zamo a. Abs ac The aim o his pape is o shed a new ligh on he pic o ial landscape o he Zamo a diocese du ing he 16 h cen u y. Gi en ha mos o he e ables we e made ou o wood, we ba ely ha e kep ma e ial emains o e en documen s ela ed o hese mas e pieces. In spi e o all, i is easy o asce ain he Flemish in luence o he wo i s decades o his cen u y, no o men ion he no h eu opean in luence o eng a ings. F om 1525 on, we can obse e he i s glimme s IRUNE FIZ FUERTES SIC VOS NON VOBIS. COLECCIÓN DE ESTUDIOS EN HONOR DE FLORIÁN FERRERO 408 o enaissance in he way space is ea ed and he in oduc ion o eligious p in s om I aly. Followe s o As o ga Mas e we e esponsible o his change. Key wo ds: Pain ing, e able, hispano- lemish, enaissance, eng a ings, Zamo a. 0. In oducción El ma co de es udio del p esen e abajo1 es la an igua diócesis de Zamo a, cuyo e i o io e a mucho más es ingido que el de la ac ual. Se encon aba di idida en cua o a cediana os: Zamo a, Tie a del Vino, Sayago y To o, pe o los núcleos de pode se educían a dos: las ciudades de To o y Zamo a en o no a las que o bi a án el es o de las á eas. A es e e i o io se une en el no oes e el de la zona de Alba y Alis e, englobada en dos ica ías pe enecien es al obispado de San iago, aunque desde el pun o de is a a ís ico e an ecep o as de los a í ices zamo anos. Bena en- e pe enecía a la diócesis de O iedo, aunque en ocasiones ambién se con ó con la p esencia de a is as zamo anos, al igual que en los e i o ios de la diócesis de León más ce canos a Zamo a. To o y Zamo a, po an o, se nos p esen an en la época que nos ocupa como dos ocos po en es y di e enciados de los que ha pe i ido escasa ob a, aunque en el caso o esano se ha conse ado mucha más documen ación, sob e odo en p o oco- los no a iales. No obs an e, los in en a ios incluidos en los lib os de áb ica de las pa oquias, hechos con mo i o de las isi as del p o iso , pe mi e comp oba que la mayo ía de los e ablos consignados e an pic ó icos, muy po encima de los ealiza- dos únicamen e en alla. 1. P ecisiones es ilís icas y e minológicas Como en el es o del e i o io hispánico, en Zamo a se pa e de un modelo hispano lamenco pa a i inco po ando paula inamen e el epe o io enacien e, de modo supe icial y eminen emen e deco a i o en un p ime momen o. 1 Es e a ículo ha sido elabo ado en el ma co del GIR de la Uni e sidad de Valladolid Idin a : Iden- idad e in e cambios a ís icos. De la Edad Media al mundo con empo áneo. Así mismo, se engloba en el p oyec o de in es igación Pode , sociedad y iscalidad en la Mese a no e cas ellana en el ánsi o del Medie o a la Mode nidad, inanciado po el Minis e io de Ciencia e Inno ación, Plan Nacional de I+D+i (2012-2014) (HAR2011-27016-C02-01). Dicho p oyec o o ma pa e de un p oyec o coo dinado en e las Uni e sidades de Valladolid y la Uni e sidad del País Vasco (Pode , sociedad y iscalidad en la Co ona de Cas illa: un es udio compa ado de la Mese a No e y de la Co nisa Can áb ica en el ánsi o del Medie o a la Mode nidad (HAR2011- 27016-C02) y es á in eg ado en la ed emá ica A ca Comunis (h p://a cacomunis.uma.es). PINTURA DEL PRIMER TERCIO DEL SIGLO XVI EN LA ANTIGUA DIÓCESIS DE ZAMORA SIC VOS NON VOBIS. COLECCIÓN DE ESTUDIOS EN HONOR DE FLORIÁN FERRERO 409 Los es udios de la pin u a de los inicios del XVI suelen cen a se en el análisis de es e epe o io y la p opiedad de denomina Renacimien o a las mani es acio- nes del p ime e cio de siglo. Sin emba go, an es de abo da es e asun o, con iene de ene se, aunque sea b e emen e, en la p oblemá ica que plan ea la pin u a hispa- no lamenca2. No se a a de en a a alo a lo adecuado o no del é mino, sino de sub aya algunos aspec os. En p ime luga , la a iedad de opciones es ilís icas que engloba, incluso en una misma á ea geog á ica, pues no es un único modelo el que se adop a sin isu as. No es lo mismo la pin u a de Roge an de Weyden, muy imi a- do en la península, que la dulzu a y delicadeza de la llamada «segunda gene ación» de la escuela de B ujas, o que la exp esi idad de Die ick Bou s, nee landés es ablecido en Lo aina. Y odos es os modelos in luyen en nues o e i o io. En segundo luga , más que de lamenco, debe íamos habla mejo de un mo- delo del no e. Jun o con la indudable in luencia de la pin u a de Flandes que llegan a España no sólo po enca go de los g andes seño es, sino po medio de las e ias, no ue menos decisi a en la con o mación de un modo de hace p opiamen e hispano el in lujo de los g abado es alemanes de inales del siglo XV3. Me ece la pena sub aya es os ac o es a eno de la pin u a que nos amos a encon a en el p ime e cio de siglo en Zamo a, que se mues a muy he e ogénea pese a los pocos es imonios con que con amos pa a ehace es e pe iodo. Pa iendo de es as p emisas, con iene empeza diciendo que las mani es a- ciones de pin u a hispano lamenca no son en Zamo a sinónimo de imi ación de la nume osa ob a que dejó en la zona Fe nando Gallego. 2. La o ganización del abajo Hay aspec os ela i os a la o ganización del abajo de los que nada podemos apo a en es e p ime e cio de siglo debido a las lagunas documen ales. Sin emba - go, hay un asgo undamen al que se p esen a desde los p ime os con a os conse a- dos. En la mayo ía de ellos se e i ica que son los pin o es los que con a an las ob as e ablís icas en o igen pa a luego subcon a a la ob a de alla. Exis en dos azones dis in as pa a al hecho. La p ime a de ellas es, como ya se ha apun ado, el p o ago- nismo de la pin u a en la mayo ía de los e ablos has a la década de los sesen a del 2 Pa a el es ado de la cues ión en ocado globalmen e se puede consul a A.A.V.V. La pin u a gó ica hispano lamenca. Ba olomé Be mejo y su época. Ba celona: Museo Nacional de Ca aluña-Museo de Bellas A es de Bilbao, 2003. 3 Si bien es cie o que los g abado es ge manos es án in luenciados po el ipo de pin u a de la que hablamos, pe o con una pe sonal in e p e ación. IRUNE FIZ FUERTES SIC VOS NON VOBIS. COLECCIÓN DE ESTUDIOS EN HONOR DE FLORIÁN FERRERO 410 siglo XVI, lo que con ie e a la ob a de alla en me o ma co de las escenas pic ó icas4. Po lo que pod íamos deci que el con ol sob e la con a ación de las ob as p ocede del peso supe io que enga en un de e minado con ex o geog á ico los e ablos de alla o los de pin u a5. La segunda iene un sesgo más in elec ual; se in ie e de algu- nos de los con a os conse ados que los pin o es no sólo se enca gaban de ealiza la labo pic ó ica, sino de diseña la aza del e ablo. Los ejemplos zamo anos no dejan luga a dudas: en 1505 Lucía Fe nández con a a con Jácome Fe nández Cabe o una abla con la Asunción pa a un al a en la iglesia del San o Sepulc o en To o, en el cual se p ecisan odas las ca ac e ís icas que ha de ene la alla del e ablo en el que i á la pin u a. En 1506 el en allado Juan Sánchez se comp ome e a da hecho al pin o Juan de Vadillo la alla del e ablo mayo de San Julián de los Caballe os en To o. En 1527 Ped o Díez se comp ome e a ac ecen a (siguiendo aún esquemas gó icos) el e ablo mayo de la iglesia de San a Ma ía de Ronces alles. En una de las condiciones se especi ica que «ha de lle a una episa en lo iejo en que se asien e nues a seño a con sus moldu as de la mane a que Ped o Cabe o pin o manda e»6. En 1530, Luis del Cas illo, ins alado en To o dos años a ás, con a a el e ablo de la iglesia de San Juan, en Alma az de la Mo a y se obliga «de hace de alla e pin u a un e ablo pa a la iglesia de San Juan del dicho luga de Alma az»7, e c. Es e sis ema de abajo conlle a una dimensión emp esa ial que no debemos ol ida : o o ga a los pin o es indudable en aja a la ho a de di idi los bene icios, pues o que el comi en e les enca ga la ob a a ellos en exclusi idad, eciben po com- ple o el pago de la ob a y son los pin o es, po an o, los que es ipulan cuán o ha de cob a el o icial de alla. Aunque queda ue a del ma co c onológico que nos hemos ma cados, no es á de más deci que los ejemplos se mul iplican desde la década siguien e an o en To o como en Zamo a, con Lo enzo de Á ila, de nue o Luis del Cas illo y Blas de Oña 4 Con la excepción de la calle cen al que albe ga la imagen del i ula del emplo, que solía se de alla. 5 Se con i ma es e supues o en o os ocos de la península; los ejemplos son nume osos, pe o ci- a emos dos de signo con a io. En Na a a, du an e el p ime e cio del siglo XVI, ue on los pin o es quienes hicie on es e papel de emp esa ios, ECHEVARRÍA GOÑI, Ped o L. «Pin u a». En FERNÁNDEZ GRACIA, Rica do (coo d.). El a e del Renacimien o en Na a a. Na a a: Gobie no de Na a a, 2005, p. 279. En A agón, el ago amien o de los alle es escul ó icos acaba- do el p ime e cio del siglo XVI, con la consiguien e hegemonía de los pic ó icos, desembocó en «si uaciones inédi as» en la que los pin o es se hacen con enca gos en e amen e de bul o, CRIA- DO MAINAR, Jesús. Las a es plás icas del Segundo Renacimien o en A agón: pin u a y escul u a 1540-1580. Ta azona: Cen o de Es udios Tu iasonenses, 1996, p. 43. 6 NAVARRO TALEGÓN, José. «Pin o es en To o en el siglo XVI». En Pin u a en To o. Ob as es- au adas. Zamo a: 1985, p. 8. 7 Ibídem, p. 13. PINTURA DEL PRIMER TERCIO DEL SIGLO XVI EN LA ANTIGUA DIÓCESIS DE ZAMORA SIC VOS NON VOBIS. COLECCIÓN DE ESTUDIOS EN HONOR DE FLORIÁN FERRERO 411 como p incipales exponen es de es e modo de abaja . Es a si uación se man end á has a el úl imo e cio de siglo, cuando comienzan a impone se los e ablos de alla. 3. Las dos p ime as décadas del siglo XVI en la ciudad de Zamo a De la ciudad de Zamo a y su ámbi o de in luencia no ha llegado pin u a de los p ime os años del XVI. Dos ablas con sendos p o e as, Da id y Salomón, p oceden- es de San a Ma ía de Cas oponce (localidad en onces pe enecien e a la diócesis de León, hoy a la de Valladolid) son el es imonio más an iguo que enemos. Se a a de los es os de un e ablo con a ado en 1516 po el pin o a incado en Zamo a Ale- jand e de Villes én8. Hay no icia de su ac i idad en e 1506 y 1510 en la pa oquia de la Magdalena en Tamame, cuando ealiza el desapa ecido e ablo mayo 9, pe o es a de Cas oponce es su p ime a ob a conse ada y en ella se ap ecia la dependencia de los modelos de Ped o Be ugue e. Se pe cibe no sólo en la ei e ación de eyes y p o e as, mo i o u ilizado ya desde la pin u a hispano lamenca, sino ambién po el deseo de anquea el ma co en la zona que se desen uel e delan e del pe sonaje. En las ablas de Cas oponce es pe cep ible en el modo en el que los eyes aspasan el p e il: Salomón descansa en él con un lib o y Da id apoya la cí a a ( ig. 1). 8 REDONDO CANTERA, M.ª José; FIZ FUERTES, I une. «El pin o Zamo ano Alejand o de Villes én y el e ablo de Cas oponce (Valladolid)». Anua io del Ins i u o de Es udios Zamo anos Flo ián de Ocampo, 1998, 15, p. 253-261. 9 Con an e io idad no había e ablo, sólo la imagen de la Magdalena con su abe náculo, A.H.D.Za., Tamame, San a Ma ia Magdalena. Fáb ica y Visi as I. Visi as de 1491 y 1493. Fue en allado po el maes o Gi al e, iado de Juan de B uselas en el e ablo de Ma ía Niño de Po ugal en 1508, donde uel e a igu a nues o pin o ambién como iado . VASALLO TORANZO, Luis; FER- NANDEZ SALMADOR, Ana Isabel. «La capilla de don Juan Bau is a de Mon e ey. Juan de B uselas, Juan de Campos y Diego Hanequín». Bole ín del Semina io de A e y A queología, 1989, LV, p. 383. Los pagos al pin o en Tamame se p olongan has a 1510. El e ablo se asa en 1511; la pa e de pin- u a po un al «Muxica», la de escul u a, po Sancho de Ampue o. IRUNE FIZ FUERTES SIC VOS NON VOBIS. COLECCIÓN DE ESTUDIOS EN HONOR DE FLORIÁN FERRERO 412 Figu a 1. Alejand e de Villes én. Da id. Iglesia de San a Ma ía. Cas oponce (Valladolid). Figu a 2. Alejand e de Villes én. Je emías. Re ablo de la Capilla del chan e. Iglesia de San Félix. El Pe digón (Zamo a). Po o a pa e, hay un ue e deseo de indi idualiza y do a de ealismo a los os os, del mismo modo que lo hace Be ugue e. Asimismo, se pe cibe la con adic- ción exis en e en las p edelas del pa edeño, en e la in e upción del espacio angible po el ondo do ado y el deseo de p opo ciona una ilusión de idimensionalidad median e la igu ación del al éiza y los obje os que se apoyan en él. Sin emba go, sus cualidades dis an mucho de las de Be ugue e, sob e odo en lo que se e ie e a la p opo ción ana ómica y a la e osimili ud en los alo es ác iles. El documen o que incula es as dos ablas con Villes én no es el con a o de la ob a, sino la esc i u a en la que Ped o Ramí ez, pla e o medinense, sale como iado de nues o pin o en la ob a que se ha comp ome ido a hace «con o me a la mues a que mos ó al seño p o iso de León». El plazo de ealización se ijó en un año y medio y el p ecio, en 78.000 ma a edís. La no icia, además, pe mi e que nos aden emos en el complicado en amado de elaciones que se man ienen en la zona de Tie a de Campos: un pin o ecino de Zamo a ealiza el e ablo de una pa oquia pe enecien e a la diócesis leonesa en la que se pe ciben las huellas de Ped o Be u- gue e y sus ob as palen inas. El hecho de que se acuda a un pin o ajeno a la diócesis plan ea el in e ogan e de si es o se debe la ausencia de pin o es de pincel en León, pe o hay que desca a PINTURA DEL PRIMER TERCIO DEL SIGLO XVI EN LA ANTIGUA DIÓCESIS DE ZAMORA SIC VOS NON VOBIS. COLECCIÓN DE ESTUDIOS EN HONOR DE FLORIÁN FERRERO 413 es a conje u a, ya que exis en a ios a í ices documen ados de esa época10. Tampo- co pa ece plausible que se elija a Alejand e debido a que la calidad de su ob a ue a supe io a la de los pin o es leoneses, habida cuen a de las limi aciones pa a la e- p esen ación que u o nues o pin o . La hipó esis más ac ible nos lle a a pensa en una elección po mo i os económicos, ni siquie a e i o iales, ya que Cas oponce es á conside ablemen e lejos de la ciudad de Zamo a y de su ámbi o de in luencia. En odo caso da la imp esión de que no hay abas po la in e ención de un pin o ajeno a la diócesis; pa ece que no hablamos, como en o as p o esiones, de un sis ema co po a i o ce ado, al menos en es a época, que impida la inje encia de pin o es ajenos a la diócesis leonesa, del mismo modo que no lo hallamos en la de Zamo a. Poco después, p obablemen e en 151711, hemos hallado un agmen o de una conco dia de Alejand e, su muje Inés Cos illa, la he mana de és a y dos c iados del pin o , con un al C is óbal de Zamo a y su muje . Del ex o se desp ende que Alejand e y sus c iados acuchilla on a C is óbal de Zamo a y que, de esul as de la eye a, és e pe dió su mano izquie da y se io inhabili ado pa a su o icio, que no se especi ica12. De su con enido ambién deducimos que el ag edido no quedó sa is e- cho con la esolución del plei o an e las au o idades zamo anas, y decidió ecu i a la ó mula de conciliación en luga de apela la sen encia p onunciada. Alejand e hubo de compensa a la pa e con a ia con 10.000 ma a edís, así como a no pasa po delan e de las casas en las que i ía su oponen e, si uadas en la Rúa de los F ancos. El documen o nos p opo ciona algún da o más pa a la bio- g a ía de Alejand e: el nomb e de su muje y la posesión de dos c iados, lo que nos indica una posición económica holgada además de la posible ecindad en la Rúa de los F ancos o sus aledaños. Lamen ablemen e nos quedamos sin sabe la azón de la eye a, pe o en odo caso la esolución de con lic os po mé odos iolen os y expe- di i os e a muy habi ual en odas las es e as sociales. A pa i de las ablas de Cas oponce le hemos a ibuido los p o e as de la pa e supe io del e ablo de la capilla del Chan e en la pa oquia de San Félix de El Pe digón, ob a ealizada hacia 1525 ( ig.2). El deseo de espacialidad se ha agudizado, nos hallamos an e un espacio angible, en el que el ondo do ado se limi a a cub i la espalda del ep esen ado, lo que pe mi e e el paisaje que su ge as de sí. F en e a Cas oponce, aho a encon amos que no sólo hay un espacio angible delan e de ellos, con el p e il en el que se apoyan di e sos elemen os, sino que de ás se si úa un 10 Vid. RODICIO, C is ina. La pin u a del siglo XVI en la an igua diócesis de León. León: Ins i ución F ay Be na dino de Sahagún, 1985. 11 El legajo es á muy de e io ado. Se encuen a, jun o con o as esc i u as echadas en 1517, inse o en un p o ocolo de 1532. A.H.P.Za., P o ocolos, leg. 19, ols. 35-36. 12 E a és a una cos umb e más ex endida de lo que pensamos en e gen es que desempeñaban un o icio en el que las manos e an he amien a imp escindible. IRUNE FIZ FUERTES SIC VOS NON VOBIS. COLECCIÓN DE ESTUDIOS EN HONOR DE FLORIÁN FERRERO 414 mu e e, se c ea un espacio eal en e és e y el an epecho en el que se desen uel en los pe sonajes. Como Be ugue e, se aleja de las ep esen aciones es e eo ipadas, desea do a de indi idualidad a cada os o y huye de la idealización; el deseo de e ismo le lle a incluso a p esen a los mal asu ados, en el caso de Salomón y Ezequiel, o o de alle copiado del pin o palen ino. Es es a su mayo i ud, allando en cambio en la ep esen ación de una ana omía plagada de incohe encias, como ya se ha is o en Cas oponce. El es o de la pin u a conse ada en es e p ime e cio hay que si ua la en una echa en o no a 1525, pe o an es de analiza es e momen o, es p e e ible p o undi- za sob e el pe il que nos o ece To o y su zona de in luencia en es as dos p ime as décadas de siglo. 3. To o 1500-1520 En dicha zona con amos con una se ie de ob as y documen os que nos pe - mi en aza un pano ama más ico que con i ma la di e sidad de opciones de la pin u a del momen o, así como la ue e imp on a del g abado. De las pin u as conse adas, odas ellas ablas desmemb adas de an iguos e a- blos, podemos a ibui es a un pin o a incado en To o llamado Jácome Fe nández Cabe o. Pa a su iden i icación, hay que pa i de una abla de la Piedad ( ig.3) i - mada «IACOME» en la pa e baja de la composición con ca ac e es gó icos, insc i o en una ca ela en la pa oquia de Villa ellid (localidad allisole ana en el ámbi o de in luencia de To o, pe enecien e a la diócesis zamo ana en el siglo XVI)13. Es a a- bla y una O ación en el Hue o, de idén ico es ilo y simila es medidas, se encuen an si uadas en el p esbi e io, cada una a un lado del ac ual e ablo, cons uido a inales del siglo XVI14 y que segu amen e ino a sus i ui a uno an e io del que o ma ían pa e es as dos ablas, ya que las escenas de la pasión de C is o son comunes a la ma- yo ía de los e ablos, independien emen e de la i ula idad de la iglesia. La suposición hecha po Na a o Talegón de que el Jácome que i ma es a abla es el pin o que abaja en To o en las dos p ime as décadas del siglo XVI15, apa- ece aho a a alada po el descub imien o hace unos años de o a pin u a de idén ico es ilo a las de Villa ellid en la iglesia del San o Sepulc o de To o. Es e hecho apoya 13 PARRADO DEL OLMO, Jesús. Ca álogo monumen al de la p o incia de Valladolid, omo IX. An- iguo pa ido judicial de Mo a del Ma qués. Valladolid: Dipu ación P o incial de Valladolid, 1976, p. 308. 14 El e ablo e a de alla y ue ealizado po Tomás de T oas, PARRADO DEL OLMO, Jesús. Op. ci ., p. 307. 15 NAVARRO TALEGÓN, José. «Mani es aciones a ís icas de la Edad Mode na». En His o ia de Zamo a. Zamo a: 1995, . II, p. 561. PINTURA DEL PRIMER TERCIO DEL SIGLO XVI EN LA ANTIGUA DIÓCESIS DE ZAMORA SIC VOS NON VOBIS. COLECCIÓN DE ESTUDIOS EN HONOR DE FLORIÁN FERRERO 415 la hipó esis de que las ablas de Villa ellid ue on hechas po un pin o o esano. La coincidencia del nomb e de pila con el de Jácome Fe nández Cabe o hace muy ac- ible po an o que nos hallemos an e una misma pe sonalidad. Tenemos an sólo dos esc i u as que ma can echas ex emas que apenas pe - mi en enma ca lo c onológicamen e. Apa ece documen ado po p ime a ez en To o el 29 de diciemb e de 1505, en el documen o ya mencionado po el que Lucía Fe - nández le enca ga una pin u a pa a la sepul u a de su di un o esposo. La segunda e e encia, echada en 20 de eb e o de 1521, alude a la cu adu ía eje cida sob e un hijo de nues o pin o , llamado F ancisco Cabe o, «hijo de Jacome Fe nandez Cabe o»16. Pese a que en el con a o ealizado en 1505 con Lucía Fe nández se p ecisa que el a is a debe á segui como modelo el desapa ecido e ablo mayo de la iglesia del con en o de San Ilde onso, con a ado en 1502 po Ped o Be ugue e17, lo cie o es que, en las ablas conse adas el es ilo que es á p esen e es el hispano lamenco, sin que ello signi ique iliación alguna con Fe nando Gallego. Jácome op a po ipos humanos de asgos más sua es y dulces, menos exp esi os, así como po un mayo equilib io composi i o. De hecho, su pin u a es á más ce cana a los modelos de Ro- ge an de Weyden que a la de ningún pin o au óc ono, como se e idencia en el uso de g isalla en el ma co a qui ec ónico de la Piedad, ecu so ecuen e en el a is a lamenco. Des aca además de es e a is a es la maes ía con la que u iliza el colo , como se pe cibe en las opas de sus pe sonajes, en las que g acias a su des eza consigue do a a las elas de unos b illos o nasolados. Asimismo, compa e con los mejo es a is as hispano lamencos el gus o po la ep esen ación po meno izada de la na u aleza an- o en el paisaje de la lejanía como en p ime plano. Es e in e és po los pa icula es no le lle a a pe de se en lo anecdó ico, ni es obs áculo pa a que en sus ob as pe ci- bamos una cla idad composi i a. Nos hallamos pues, an e un magní ico pin o que o ma pa e de lo más des acado de la pin u a hispano lamenca. La pin u a de la Bajada de C is o al Limbo ue hallada en 2002 en la iglesia del San o Sepulc o18. T as su es au ación, se puede ap ecia el p eciosismo del au o en de alles como la c uz que po a Jesuc is o. La a ibución a Jácome se jus i ica po la 16 NAVARRO TALEGÓN, José. Op. ci ., 1985, p. 8. En el documen o no se especi ica que el pin o haya mue o. Tal hecho se puede in e p e a como un lapsus del esc ibano, pues o que no mal- men e la cu ado ía de un meno implica su o andad, pe o la delegación en e ce os de la u ela de un hijo no sólo ocu ía po allecimien o, o as de las causas ecuen es es el enca celamien o del p ogeni o . 17 NAVARRO TALEGÓN, José. Ca álogo monumen al de To o y su al oz. Zamo a: Caja de Aho os P o incial, 1980, p. 140. 18 Debo a Luis Vasallo To anzo el conocimien o de es a pin u a. Pese a la coincidencia en la pa e - nidad y en la localización de la abla en la iglesia del Sepulc o, queda desca ada su iden i icación IRUNE FIZ FUERTES SIC VOS NON VOBIS. COLECCIÓN DE ESTUDIOS EN HONOR DE FLORIÁN FERRERO 422 ob as en la zona. Vinculada al mundo lo en ino po Gómez Mo eno27, en es a abla ambién se ap ecia la in luencia de la escuela de B ujas, con la que se elaciona po el de allismo y los ipos humanos empleados; además, y como mues a de esa mezcla de in luencias de la que enimos hablando, es e a is a conocía los g abados ena- cien es i alianos, que eno a on el pano ama igu a i o desde la e ce a década del Quinien os. Como mues a de es o, la muje es ida de ojo que lanquea el ono en segundo plano a la de echa de C is o es á ep oduciendo pa e de una es ampa de Ma can onio Raimondi i ulada Dios apa eciéndose a Noé28, que a su ez copia el ema homónimo pin ado po Ra ael en el Va icano en la Es ancia de Heliodo o en e 1511 y 1514. Po o a pa e, pese a la acumulación de pe sonajes en o no a la igu a de C is o, se pe cibe un a amien o del espacio muy di e en e al hispano lamenco, aquí hay un in en o de c ea un espacio idimensional cohe en e, que ue p obable- men e lo que lle ó a Gómez Mo eno a ap ecia una in luencia lo en ina. Años después, las ob as a ibuidas al Maes o del T asco o ue on asignadas po Díaz Pad ón a un pin o al que llamó Maes o de Zamo a, muy inculado es- ilís icamen e con el Maes o de As o ga29 y que hemos iden i icado con el pin o a incado en Zamo a Gil de Encinas30. Debido a su complejidad, la igu a del maes o de As o ga y sus seguido es zamo anos desbo da la ex ensión de es e abajo y me ecen se a adas en un es udio independien e31. Bas e deci que Gil de Encinas es el au o de la mencionada abla del asco o de la Ca ed al zamo ana, así como de una Deposición o igina ia de la iglesia del San o Sepulc o de Zamo a, hoy en manos p i adas, la mayo ía de las ablas del despiezado e ablo de San Es eban de Fuen elca ne o, un San Ped o pe enecien e al Museo de San Diego (Cali o nia)32, un Jesús en e los doc o es que se encon aba en come cio en 199833, un San Miguel ubicado po Vande i e e en una colección ale- 27 GÓMEZ MORENO, Manuel. Op. ci ., 1927. p. 123. 28 The illus a ed Ba sch. The wo ks o Ma can onio Raimondi and o his school. Nue a Yo k: Aba is Books, 1978. 29 DÍAZ PADRÓN Ma ías. «El íp ico de la o e de Luzea y la escuela del Maes o de As o ga». En Renacimien o y Ba oco. Colección Banco Hispano-Ame icano. Museo de San a C uz. Mad id: Jun a de Comunidades de Cas illa-La Mancha-Banco Hispano Ame icano, 1987, p. 11-17. 30 FIZ FUERTES, I une. «Gil de Encinas y Ba olomé de San a C uz en el e ablo de Ho cajo de las To es (Á ila) y su elación con el alle del Maes o de As o ga». Bole ín del Semina io de Es udios de A e, 2013, 79, p. 59-68. 31 Del que nos encon amos en p oceso de ealización. 32 A ibuida po Pos al Maes o de As o ga. POST, Raimond. Chandle . A His o y o Spanish Pain - ing, olume IX, pa II, «The beginning o he Renaissance in Cas ile and Leon». Camb igde, Massa- chusse s: Ha a d Uni e si y P ess, 1947, p. 566. 33 FIZ FUERTES, I une. «Nue a ob a del Maes o de As o ga». A chi o Español de A e, 1998, LXXI, p. 431-433. PINTURA DEL PRIMER TERCIO DEL SIGLO XVI EN LA ANTIGUA DIÓCESIS DE ZAMORA SIC VOS NON VOBIS. COLECCIÓN DE ESTUDIOS EN HONOR DE FLORIÁN FERRERO 423 mana34, la Na i idad de la colección del G upo San ande y la abla de la Vi gen con donan e de la p edela del e ablo de la Capilla del Chan e en El Pe digón. Además, abajó con el Maes o de As o ga en el an iguo e ablo mayo de la iglesia de San Ti so en A quillinos35. Hay o a ob a que se debe menciona pa a ilus a la a iedad de opciones mani ies a en es a p ime a época. Se a a del e ablo de la capilla del Chan e de la iglesia de San Félix de El Pe digón ( ig.7), una localidad muy p óxima a la capi al. Ilus a adecuadamen e ese momen o híb ido en el que con i en elemen os apa en- emen e con adic o ios en una misma ob a, la mazone ía gó ica, pe o ya con una endencia a des aca en al u a la calle cen al y con deco ación a candelie i en el gua - dapol o, pe o sob e odo el es ilo de sus ablas es el que nos habla de ese momen o de ansición. Como ya se ha apun ado, es cla a la in luencia de Ped o Be ugue e y sus se ies de pe sonajes e e o es amen a ios en el cue po supe io del e ablo. La deuda de lo hispano lamenco, las a iadas esoluciones de los aspec os composi i os, así como los débi os con Be ugue e hacen a es e e ablo, el p ime o del siglo XVI que nos ha llegado in si u y comple o, el ejemplo pe ec o de las soluciones ecléc icas que se adop an en es a época. 34 VANDEVIVERE, Ignace. Juan de Flandes. Mad id: Museo del P ado, 1985, p. 95. 35 Localidad zamo ana pe enecien e a la diócesis de As o ga en el siglo XVI. Figu a 7. Re ablo de la Capilla del chan e. Iglesia de San Félix. El Pe digón (Zamo a). IRUNE FIZ FUERTES SIC VOS NON VOBIS. COLECCIÓN DE ESTUDIOS EN HONOR DE FLORIÁN FERRERO 424 El e ablo o ma pa e del mobilia io li ú gico de la capilla que mandó e igi don Ped o López, chan e y canónigo de la ca ed al zamo ana, allecido en 1525, como eza su epi a io. La capilla se ealizó en e 1501 y 151536 y el e ablo debió de empeza se hacia 1525. Es á es uc u ado en es cue pos más un banco. En és e, apa- ecen ep esen ados a ios san os y el donan e acompañado de la Vi gen y el Niño en una de ellas. El úl imo cue po es á ocupado po eyes y p o e as del An iguo Tes- amen o. Po encima del banco, en las calles ex emas se si úan cua o escenas, dos a dos, de la ida de la Vi gen, mien as que las en ecalles se dedican a la ep esen- ación de los cua o e angelis as. En la calle cen al se dispone una Piedad de bul o y encima de ella una pin u a con el Juicio Final. No se a a de una ob a ealizada po un único pin o , sino que se pe ciben ac u as muy di e sas37. Es e hecho le es a a monía, pe o pe mi e comp oba las soluciones con empo áneas de a ios a is as pa a esol e una escena. Las di e encias que hay en e los ipos humanos se ían su i- cien es pa a conclui que no es una ob a de una sola mano, pe o ambién di ie e en la concepción espacial y en el a amien o de los ondos do ados. Figu a 8. izq.: Maes o anónimo. Epi anía (de .). Iglesia de San Félix. El Pe digón (Zamo a); cen o: Na i idad (de .). Iglesia de La Asunción. Villa ín de Campos (Zamo a); de echa: Visi ación (de .). Iglesia de San a Ma ía. Villa á ila (Zamo a). 36 NIETO GONZÁLEZ, José Ramón. «El sepulc o de don Ped o López en El Pe digón (Zamo a)». En A in oduçao da A e da Renascença na Peninsula Ibe ica. Coimb a: Epa u , 1981, p. 109. 37 La his o iog a ía del e ablo se inicia con GÓMEZ MORENO, Manuel. Op. ci ., 1927, p. 323, que lo elaciona con el in lujo de Ped o Be ugue e. POST, Raymond Chandle . Op. ci ., 1947, p. 586, lo incula a la in luencia de Juan Rod íguez de Solís. Siguen es a hipó esis NIETO GON- ZÁLEZ. Ca álogo Monumen al del Pa ido Judicial de Zamo a. Mad id: Minis e io de Cul u a, 1982, p. 271-272, y NAVARRO TALEGÓN. Op. ci ., 1995, p. 562. Más ecien emen e GAR- CÍA BUESO, F ancisco Ja ie . «Je emías» «Ezequiel». En Ky ios, Las Edades del Homb e. Ciudad Rod igo: Fundación las Edades del Homb e, 2006, p. 120-122. PINTURA DEL PRIMER TERCIO DEL SIGLO XVI EN LA ANTIGUA DIÓCESIS DE ZAMORA SIC VOS NON VOBIS. COLECCIÓN DE ESTUDIOS EN HONOR DE FLORIÁN FERRERO 425 La Epi anía es una de las ablas más log adas. Po una pa e en onca con Be ugue e, en conc e o con el e ablo de San a Ma ía de Bece il de Campos. Los débi os se pe ciben en la concepción gene al de la escena, en la disposición de los pe sonajes y en los ipos humanos, siendo es o más e iden e en la Vi gen y en el Rey Mago que se a odilla a sus pies. Pe o en lo espacial es más a anzada38. Aunque sigue siendo un modo a esanal de ace ca se a la pe spec i a, lo cie o es que en es a abla hay un deseo de ec ea un espacio cohe en e. El peso de la composición no ecae sólo en las igu as. Siguen siendo las a iculado as del discu so na a i o pe o ambién se o o ga un p o agonismo al espacio. A es e a is a, en la ó bi a del Maes o de As o ga y de Gil de Encinas, podemos a ibui le además o as dos ablas en la p o- incia de Zamo a, cu iosamen e ambién o mando pa e de e ablos ealizados po o os pin o es. Se a a de la Visi ación del e ablo mayo de San a Ma ía de Villa á i- la, y la Na i idad pe enecien e al e ablo mayo de Villa ín de Campos39. El os o de la Vi gen de El Pe digón se epi e sin apenas cambios en esas dos ablas ( ig.8). Ninguna de las es ob as es á echada ni documen ada, pe o se pueden enma can den o de las ob as que se ges an en el c uce de in luencias que supone la zona de Tie a de Campos zamo ana, pe enecien e a la diócesis de As o ga en el XVI. La Na i idad emplea el mismo ma co a qui ec ónico que la Epi anía. Es o es así has a en de alles nimios, como los pája os que se encuen an en un i an e de la es uc u a o en la cla e o a del a co del ondo de la composición. Sin emba go, en la segunda, las líneas p incipales con e gen hacia un pun o de uga si uado a la izquie da de la mano del ey40, po encima de línea del ho izon e, mien as que en la Na i idad hemos de habla más bien de una zona de uga, ya que el pin o no ha hecho con lui con des eza las o ogonales. Se cons a a a simple is a en la ex- cesi a ele ación del mu o la e al donde se apoyan dos igu as espec o a la co nisa que sob e uela los a cos. Si a es o añadimos la ausencia de paisaje y el empleo de igu as más oscas, pa ece cla o que hablamos de dos pin o es di e en es, aunque pe enecien es a un mismo alle . El au o de la Na i idad ambién es esponsable de la escena de la Anunciación, pues se obse an los mismos allos, acen uados aquí al a a se de un espacio ce ado, que e idencia aún más la desp opo ción exis en e en e a qui ec u a y igu as. 38 Vid. COLLAR DE CÁCERES, Fe nando. «Pe spec i a y e e en es i alianos en el úl imo Be u- gue e». En Ac as del Simposium In e nacional Ped o Be ugue e y su en o no. Palencia: Dipu ación P o incial de Palencia, 2004, p. 179-188, y GARRIGA RIERA, Joaquim. «Geome ía espacial en la pin u a de Ped o Be ugue e en Cas illa». En Ac as del Simposium In e nacional Ped o Be ugue e y su en o no. Palencia: Dipu ación P o incial de Palencia, 2004, p. 189-216. 39 Sob e es e e ablo, Vid. FIZ FUERTES, I une. «A p opósi o del Maes o de los San os Juanes». A chi o Español de A e, 2001, 295, p. 257-272. 40 No con e gen las de los capi eles, pe o es a ci cuns ancia no modi ica el esul ado inal. IRUNE FIZ FUERTES SIC VOS NON VOBIS. COLECCIÓN DE ESTUDIOS EN HONOR DE FLORIÁN FERRERO 426 En la Ci cuncisión, po ejemplo, la al a de calidad en e a las ablas mencio- nadas es e iden e. La p o undidad de la es ancia es á apoyada, como es usual, en el azado del suelo embaldosado, cuyas líneas con e gen en la columnilla de la en ana del ondo. Pe o el es o de los elemen os el pin o no se ha p eocupado de si ua los en pe spec i a, como se puede comp oba en la mesa de al a . Tampoco se ha apo- yado en el ma co a qui ec ónico pa a c ea es a p o undidad, és e apa ece solamen e como ma co e e encial, como locus que ayuda a ubica la escena. Todo es o se a- duce en la concepción de un espacio más p opio de la pin u a hispano lamenca que de la enacen is a. Los pe sonajes no sólo son de mayo amaño del adecuado pa a es e in e io , sino que además es án menos elabo ados que los del es o de las ablas. Hay, po an o, un sus a o común, pe o unas di e encias de au o ía innega- bles que pe mi e habla pa a es as cua o ablas de la in ancia de C is o de un mismo alle pe o con di e en es manos. Es os a is as se ocupa ían ambién del banco. Las ablas de los ex emos, en las que se ep esen a en pa eja a San o Tomás con San And és, y a San a Apolonia con San a Lucía, ue on ejecu adas po el mismo a is a que en el cue po del e ablo, se ocupó de la Anunciación y el Nacimien o. El pin o menos do ado que ealizó la Ci cuncisión ambién hizo la San a Ca alina del banco, mien as que la abla en la que apa ece el donan e con la Vi gen y el Niño gua da g andes simili udes con la abla del C is o del asco o de la Ca ed al, ealizada po Gil de Encinas, como se ap ecia en el idén ico os o de la Vi gen en ambas pin u as. Po o a pa e, las ablas del Juicio Final, los e angelis as y la abla cen al de la p edela, con la Ve ónica, San Ped o y San Pablo, di ie en lo su icien e de las an edi- chas como pa a a ibuí selas a o o a is a. A es os a í ices hay que añadi además el nomb e de Alejand e de Villes én pa a el cue po de eyes y p o e as. Somos conscien es de que es ine i able la a omización al p ocede de es a o ma, y no pa ece con enien e inc emen a la lis a de nomb es de maes os anó- nimos a los que no podemos asigna más ob a. Lo que in e esa es deja cla o que el e ablo es uni a io en lo iconog á ico, pe o que se pe ciben dis in as sensibilidades. Acudi a la soco ida exp esión de «ob a de alle » sin mayo es p ecisiones nos pa e- ce insu icien e en es e caso. El hallazgo del con a o de la pin u a ampoco hubie a p opo cionado los nomb es de odos los pa ícipes en ella, pues, como e a habi ual, la esc i u a la i ma ía sólo uno de ellos, quien se ía el enca gado de subcon a a con el es o. Respec o a su iconog a ía, En la pa e supe io se ep esen a, de izquie da a de echa, a Da id, Ezequiel, Salomón, Je emías e Isaías. Las ilac e ias que po an comienzan po iden i ica los con su nomb e pa a con inua con un pasaje de sus p o ecías, esc i as en un la ín muy inco ec o. En la ilac e ia de Da id es á esc i o «Redes a sis e insulem», donde debe ía deci «Reges ha sis e insulae»; es á omado del salmo 72, 10. En cuan o a Ezequiel, su ilac e ia dice «in e condesas»; ase de la que no se halla co elación en su lib o ni PINTURA DEL PRIMER TERCIO DEL SIGLO XVI EN LA ANTIGUA DIÓCESIS DE ZAMORA SIC VOS NON VOBIS. COLECCIÓN DE ESTUDIOS EN HONOR DE FLORIÁN FERRERO 427 en el de o os p o e as. En la ilac e ia de Salomón es á esc i o « o a pulc a es amica m», el conocido pasaje del Can a de los Can a es, 4, 7, « o a pulch a es amica mea e macula non es in e». Con inuando con Je emías y su insc ipción, «in is isus es e cu», en ealidad se e ie e a un pá a o incluido en el lib o de Ba uc (3, 38), sec e- a io de Je emías: «in e is isus es e cum hominibus con e sa us es ». Po úl imo Isaías, cuya insc ipción eza: «ecce i go concipi e pa i», donde debe ía deci «ecce i go concipie e pa ie illium», es el capí ulo 7, 14 de su p o ecía. De la lec u a de es os pasajes se desp ende la co elación exis en e con las escenas na a i as del e ablo. Empezando po la Anunciación, es común ecu i a Isaías y su isión: «he aquí una doncella que es a encin a y a a da a luz un hijo»; siguiendo con la Na i idad, la p o ecía que mejo se adap a es la de Ba uc, «apa eció en la ie a y en e los homb es con i ió» in e p e ada adicionalmen e como la en- ca nación de Ya é en la ley judía y que en el e ablo se puede elaciona con la escena de la Na i idad41. La Ado ación de los Magos, se e ie e inequí ocamen e al salmo 72 que acompaña a Da id, i ulado «el ey p ome ido», que oma mayo sen ido si lee- mos su con inuación: «mune a o e en eges A abiae e Saba ibu um con e en , e ado abun eum omnes eges uni e sae naciones se ien ei» –los eyes de Ta sis y las islas ae án ibu o, los eyes de Saba y de A abia paga án impues os; odos los eyes se pos a an an e él, le se i án odas las naciones–. Hemos dejado pa a el inal la Ci cuncisión po los p oblemas que plan ea ads- c ibi la a alguno de los dos pe sonajes bíblicos que nos al an po inse a en el p og ama iconog á ico. Si an sólo nos es a a uno, la duda es a ía esuel a au omá- icamen e, pe o con amos con dos y una sola escena. En el caso de Salomón, su cán ico se suele pone en elación con la Inmaculada Concepción de Ma ía. No hay en el e ablo ninguna alusión di ec a a es e hecho, pe o es signi ica i o que se ese e el espacio cen al y lige amen e más ele ado al Rey Sabio, o almen e on al, en e a la disposición del es o de los p o e as lige amen e inclinados hacia el eje ma cado po la igu a de Salomón. Pensamos que su insc ip- ción do a de un sen ido gene al al p og ama iconog á ico del e ablo, dedicado a la Vi gen como in e ceso a. Aunque desde inicios del siglo XVI se u iliza en nues o país la o a pulch a pa a e e i se a la Concepción de Ma ía, iconog á icamen e a da- á en desplaza al Ab azo an e la Pue a Do ada y al Á bol de Jessé como modos de e e i se a es e asun o42. De es e modo, hay que in e p e a la inclusión de es e salmo como una alabanza en gene al a la Mad e de Dios43, p o agonis a del e ablo, sin 41 Tal y como ya plan ea, con alguna ese a GARCIA BUESO, F ancisco Ja ie . Op. ci . 42 STRATTON, Suzanne. «La Inmaculada Concepción en el a e español». Cuade nos de A e e Iconog a ía, 1988, I, 2, p. 38. 43 Tal y como se enía haciendo desde la Edad Media, siendo San Be na do el p ime o en aplica las alabanzas con enidas en es e salmo a la Vi gen. STRATTON, Suzanne. Op. ci ., p. 35. IRUNE FIZ FUERTES SIC VOS NON VOBIS. COLECCIÓN DE ESTUDIOS EN HONOR DE FLORIÁN FERRERO 428 mani es a un pa alelismo con ninguna de las escenas en conc e o. De ahí la posición des acada de Salomón y su cán ico en el e ablo. No obs an e, no pa ece adecuado uni sin más, sólo po eliminación del es o de a iables, la igu a de Ezequiel con la escena de la Ci cuncisión. Ya se ha apun ado que la insc ipción que se incluye en el e ablo no alude a ningún pasaje en conc e o de la Biblia. Sin emba go, Ezequiel es el único p o e a del An iguo Tes amen o que hace mención a la ci cuncisión: «haec dici Dominus Deus: Omnis alienigena inci - cumcisus co de e inci cumcisus ca ne non ing edie u sanc ua ium deum» (Ez., 44, 9), aducido al cas ellano como «Así dice el Seño : ningún ex anje o, inci cunciso de co azón y de cue po en a á en mi san ua io». Po lo an o, pa ece plenamen e jus i icada la inculación exis en e en e Ezequiel y la escena de la Ci cuncisión, pe o sigue sin encaja la insc ipción de su ilac e ia. Del la ín empleado en las ilac e ias se desp ende que el a is a ca ecía de conocimien os p opios de es a lengua, y lo único que hizo ue mal segui unas di ec ices sin comp ende el signi icado: « edes» en ez de « eges», «in is» en ez de «in e is», e c. Aún a iesgo de lanza una hipó esis a iesgada, basándonos en es e desconocimien o del la ín, p oponemos que donde el a is a esc ibió «in e condesas» en ealidad hubo de pone «inci cumcisus», que iene el mismo núme o de sílabas y simila en onación, enlazando de es e modo con la p o ecía de Ezequiel. Ajena a es as elaciones, en el cen o del e ablo se si úa el Juicio Final odeado de los e angelis as. És os se disponen de pie po ando una ilac e ia con una ase esc i a en mal la ín. El con enido es simila en los cua o: «sequencia san i e angeli secundum», a la que sigue el nomb e de «Ma cum», «Ma eum» o «Lucam». Sólo en San Juan se añade algo más: «sequencia san i e angeli secundum Joanem in p incipio e a ». Es a ase, –en ealidad «in p incipium e a [ e bum]»– es el inicio del e an- gelio de San Juan. El es o de las ilac e ias, apa e de p opo ciona nos el nomb e de cada uno de los e angelis as, ca ecen de con enido, po que la ase que incluyen –es- c i a co ec amen e se ía «Sequen ia sanc i E angelii secundum»–, es simplemen e la que iniciaba la lec u a del e angelio. Con lo cual c eemos que de nue o el a is a enca gado de es a pa e del e ablo desconocía el signi icado de lo que es aba ponien- do en la ilac e ia y quizá dejó incomple o el ex o e angélico que acompañaba a esa ó mula. Los e angelis as end ían a sub aya el con enido esca ológico de la abla cen al del Juicio Final. Ped o López se hizo e a a en una de las ablas de la p edela jun o a la Vi gen y el Niño, que es á en egando al di un o un colla de cuen as, un «pa e nós e », como se llamaban en la época, que no hay que con undi con un a ibu o p opio de la ep esen ación de la Vi gen del Rosa io44. En el e a o, el pin o se apa a de 44 En es a época a la Vi gen del Rosa io se la ep esen aba como Vi gen de la Mise ico dia, acogien- do a los ieles bajo su man o. Po o a pa e, es os colla es de cuen as se ían, como su nomb e PINTURA DEL PRIMER TERCIO DEL SIGLO XVI EN LA ANTIGUA DIÓCESIS DE ZAMORA SIC VOS NON VOBIS. COLECCIÓN DE ESTUDIOS EN HONOR DE FLORIÁN FERRERO 429 los es e eo ipos, pe cibiéndose un deseo de indi idualización, pa alelo al que exis e en su bul o une a io. Al chan e le acompaña una ilac e ia en la que es á esc i o «o ma e dei memen o mei» –oh Mad e de Dios acué da e de mí–, en cla a alusión al papel in e ceso de Ma ía en el momen o de la mue e. La ase no se co esponde con ningún ex ac o de la Biblia. Es p obable que se es é haciendo e e encia a uno de los mo e es del músico nee landés Josquin des P es, «A e Ma ía g a ia plena, i go se ena», una de las a iaciones sob e la o ación del A e Ma ía. Es un mo e e esc i o en el úl imo e cio del siglo XV, cuya úl ima ase es p ecisamen e és a. Ped o López, en su calidad de chan e de la ca ed al de Zamo a45, debía de conoce lo, pues es uno de los más céleb es –has a nues os días– del músico nee landés. Teniendo en cuen a odo lo dicho, los a gumen os p incipales del e ablo son dos: po una pa e la exal ación de Ma ía median e las escenas e angélicas en co- nexión con los p o e as del cue po al o; po o a, el sen ido esca ológico, p opio de un e ablo de ca ác e une a io, explíci o en la abla del Juicio Final, que ocupa el cen o del conjun o y es la de mayo amaño. P obablemen e es e segundo mensaje queda ía comple ado po las ci as que debían habe incluido los e angelis as en sus ilac e ias. Tales signi icados en ealidad se unden en uno solo: la idea de Ma ía como in e ceso a an e su Hijo. Po eso se ensalza la igu a de la Mad e de Dios en el momen o de la mue e, y el pa ono se hace e a a jun o a su imagen y la del Niño en el banco del e ablo. Las ablas de los san os que ocupan el es o de la p edela hay que en ende las como ibu o a de e minados san os po los que Ped o López p o esa ía pe sonal de oción. En es e sen ido, no es á de más des aca la p i ilegiada ep esen ación de San a Ca alina en soli a io po su especial papel como p o ec o a de los mo ibun- dos46, además de se pa ona de los clé igos. La Ve ónica en el cen o del banco sigue la p ác ica medie al de si ua se en dicho luga pa a que los ieles se inclina an o la besa an po su p o ección con a la mue e súbi a47. Respec o a su c onología, las ca ac e ís icas es ilís icas de la ob a la si úan en la segunda mi ad de la e ce a década de siglo. No solo po el a amien o espacial. indica, pa a con a pad enues os y se ep esen an po ando uno a san os, após oles, así como a simples ieles en con ex os une a ios. TRENS, Manuel. Ma ía. Iconog a ía de la Vi gen en el a e español. Mad id: Plus Ul a, 1946, p. 282-288. 45 Pese a que en es a época es e ca go empezaba a se sob e odo de ca ác e hono í ico. 46 REAU, Louis. Iconog a ía del a e c is iano. Iconog a ía de los san os. De la A a la F, omo 2, ol. 3. Ba celona: Se bal, 1997, p. 275-276. 47 Ídem. Iconog a ía del a e c is iano. Iconog a ía de los san os. De la P a la Z, omo 2, ol. 5. Ba ce- lona: Se bal, 1998, p. 317. Tengamos en cuen a, no obs an e, que en es e caso se a a de un luga de cul o es ingido al a a se de una capilla une a ia, po lo que se ha man enido la ubicación de la Ve ónica pe o no su unción. El in es igado ancés ambién apun a que se la ep esen a con un u ban e, al y como aquí sucede, debido a sus p e endidos o ígenes si ios. IRUNE FIZ FUERTES SIC VOS NON VOBIS. COLECCIÓN DE ESTUDIOS EN HONOR DE FLORIÁN FERRERO 430 Algunos elemen os como la ambigüedad con la que se a an los ondos do ados, que po una pa e cumplen la unción de si ua en un con ex o di ino y sob ena u al a la imagen, pe o po o a se odea de una cene a oja que le con ie e una ca ego ía de obje o ma e ial, co idiano, es p opia de la e ce a y la cua a década de siglo. Po su modo algo desmañado de esol e se c eemos que es inmedia amen e pos e io a la mue e del donan e48. Al chan e, inculado a los Reyes Ca ólicos, po habe sido limosne o del p íncipe Juan, se le supone la su icien e cul u a humanís ica como pa a no come e ales e o es en las insc ipciones en la ín de las ilac e ias49. El p og ama iconog á ico se ía ideado po él o po o o p elado de la ca ed al, pe o el modo en el que al inal se lle ó a cabo es esponsabilidad de los es amen a ios. Algo nada ex año, po que no malmen e el pa ono dejaba cons uido el espacio, pe o no la do ación de los o namen os li ú gicos, que e an asumidos po los he ede os. Na- u almen e és os no ponían el mismo in e és que el inado en la consecución y sob e odo en el gas o de la ob a (que no suele se es ipulado con p ecisión), con lo que el esul ado inal desme ece de lo deseado po el allecido. Pa a comple a el pano ama pic ó ico hay que menciona dos ablas del p i- me e cio del siglo XVI inse as en e ablo mayo de la pa oquia de Flo es. P oba- blemen e se a e de los es os que se ap o echa on del p imi i o e ablo al cambia lo po el ac ual en el siglo XVIII. Flo es es una pequeña localidad ce cana a Alcañices que pe enecía al a cip es azgo de Alis e, ica ía de la diócesis compos elana en el siglo XVI. La lejanía de la sede me opoli ana empuja a que sean los a is as de la ciu- dad de Zamo a los que se enca guen de las ealiza las ob as a ís icas de es a zona. Y así, su ecien e es au ación pe mi e es ablece inculaciones es ilís icas con algunas de las ablas del e ablo de El Pe digón. En pa icula , gua dan g an semejanza con la Na i idad y la Anunciación. Los ipos humanos son los mismos y el a amien o espacial en la abla de Pen ecos és coincide con el de la Anunciación de El Pe digón: un espacio ce ado, ep esen ados sus mu os de mane a aus e a con silla es; los anos de medio pun o y el echo de made a es uc u ado de mane a idén ica. Respec o a la da ación, las concomi ancias con las del e ablo de la capilla del Chan e, así como el a amien o del espacio, la limi ación del o o a los nimbos, así como los de alles enacien es del ono que cen a la composición de Pen ecos és, las si úan a mediados de la década de los ein e. 48 NIETO GONZÁLEZ, José Ramón. Op. ci ., 1981, p. 108, conside a que el sepulc o pudo habe sido hecho po enca go de uno de sus hijos. 49 Tampoco es necesa io pensa en una as a e udición, MARÍAS, Fe nando. El la go siglo XVI. Los usos a ís icos del Renacimien o español. Mad id: Tau us, 1989, p. 20, habla de «la incul u a la ina gene alizada de nues as éli es», pe o c eemos que el desa ollo de un p og ama iconog á ico de una cie a complejidad como és e debe ía de i acompañado de algún bagaje cul u al. PINTURA DEL PRIMER TERCIO DEL SIGLO XVI EN LA ANTIGUA DIÓCESIS DE ZAMORA SIC VOS NON VOBIS. COLECCIÓN DE ESTUDIOS EN HONOR DE FLORIÁN FERRERO 431 6. Los p ime os indicios de Renacimien o en To o En To o no se han conse ado pin u as de es os p ime os años de la década de los ein e, pe o sus p o ocolos no a iales nos o ecen el p ime documen o en el que se menciona el é mino de omano. Alonso Ba bage o se comp ome e a pin a la capilla mayo de la iglesia de San Juan de los Gascos en To o. En una de sus con- diciones se piden «dos a cos de omano», apa e de o os elemen os que aluden al epe o io clásico, como unos a esones cuad ados «con o mes a los de San Sal ado de la capilla mayo »50. El con a o se ealiza en 1525, lo cual nos uel e a indica que en esa echa ya se manejaban las o mas enacen is as, aunque sea epidé micamen e. Sin emba go, como se ha is o pa a el á ea de in luencia zamo ana, es o no implica la desapa ición de las o mas p eceden es. Dos años después de es e con a o, ya hemos mencionado como el en allado Ped o Díez se comp ome e a ac ecen a el e ablo mayo de la iglesia o esana de San a Ma ía de Ronces alles bajo la supe isión del pin o Ped o Fe nández Cabe o, pe o en el con a o no se habla de pin u a, sino de la mazone ía del e ablo, que e a gó ica. Lo expues o has a aho a p esen a una isión de conjun o he e ogénea y ica en soluciones, pe o es a a iedad de opciones es é icas se á b e e. El asen amien o hacia 1528 en la ciudad de To o de Luis del Cas illo y Lo enzo de Á ila de end á es a e olución e impond á nue os modelos en oda la diócesis que se man end án has a el inicio del úl imo e cio de siglo. Lo enzo de Á ila consiguió no sólo con a a ob as ue a de es a coma ca, sino c ea una as a legión de discípulos, colabo ado es –en e los que des aca Juan de Bo goña II– e imi ado es que ex ienden sus o mas supe- ando la dema cación diocesana, ex endiéndose sob e odo hacia la zona de León y As o ga. El pe iodo de madu ez de Cas illo y Á ila se halla en los años cua en a. Du an- e la década p eceden e oda ía asis imos a una cie a a iedad de opciones p o ago- nizada po Blas de Oña, pin o zamo ano documen ado en e 1531 y 1545; Ma ín de Ca ajal, documen ado p ime o en To o, al lado de Lo enzo de Á ila y luego en Zamo a en e 1529 y 1545, y a la del anónimo au o de dos e ablos en la pa oquia de Fuen elapeña, localidad si uada al su de la p o incia, en una zona inculada a - ís icamen e a Salamanca, en e i o io pe enecien e a la o den mili a de San Juan51. 50 NAVARRO TALEGÓN, José. Op. ci ., 1985, p. 9. 51 FIZ FUERTES, I une. «Apo aciones a la pin u a salman ina de la p ime a mi ad del siglo XVI». Bole ín del Semina io de Es udios de A e, 2010,76, p. 91-102. IRUNE FIZ FUERTES SIC VOS NON VOBIS. COLECCIÓN DE ESTUDIOS EN HONOR DE FLORIÁN FERRERO 438 a la do e que su iuda p opo ciona a su c iada88. La ca a de p omesa de do e y la de lib e y qui o de la misma se echan en ene o y no iemb e de 1535 espec i amen e, en la que el pin o igu a ya como di un o. En la p omesa de do e igu a como es igo un Ma ín de Ca ajal que no especi ica su p o esión, pe o cuya i ma coincide con la del pin o que conocemos. Quizá u ie a pa en esco amilia con el pin o que nos ocupa, o con su muje , llamada F ancisca de Ca ajal. No obs an e, hemos de ene en cuen a la ecuencia con la que el apellido «Ca ajal» apa ece en la documen ación zamo ana89. Un al Jus o, que se nomb a pin o en una esc i u a de 1535, cuando se obliga a paga a Ped o Bo goñón, ecino de Ocono, eino de F ancia90, seis ducados de o o que és e le había p es ado91. No pa ece que es e pago ue a de índole a ís ica, dado que un año más a de el mismo pin o se enca ga de paga la alcabala po un asno que le había endido el al Ped o Bo goñón92. La úl ima no icia e e ida a es e a is a da a de 1541, cuando segu amen e ya había allecido, pues se cob a un censo de una i ienda a la de Jus o pin o 93. Po úl imo, Ví o es He nández apa ece documen ado en 1534, Ese año ecibe un pode po pa e de un me cade y del mayo domo del p io de San Juan pa a que cob en una can idad de ma a edís al alcalde de T e ejo (Cáce es), en azón de una deuda que iene con aída con ellos Don Diego En íquez, comendado de la encomienda sanjuanis a de T e ejo. Además, el me cade o o ga un segundo pode al pin o pa a que cob e una deuda con el adminis ado de las en as del A zobispo de San iago de Compos ela94, que en ese momen o e a Juan Ta e a, nomb ado ese mis- 88 A.H.P.Za., P o ocolos, leg. 8, ol. 118, 9 de no iemb e de 1535. A.H.P.Za., P o ocolos, leg. 22, ol. 113, 10 de ene o de 1535. 89 De hecho exis e un Diego de Ca ajal con empo áneo del pin o , pe o cuya p o esión e a la de esc ibano. En 1535 se le nomb a en e los ein e esc ibanos de núme o de la ciudad. A.H.P.Za., P o ocolos, leg. 31, ol. 62, 21 de agos o de 1535. Aunque no se han conse ado p o ocolos no a iales edac ados po él, apa ece a menudo en la documen ación, pe o nunca po asun os de índole a ís ica. 90 Quizá se a e de la localidad bo goñona de Auxonne. 91 A.H.P.Za., P o ocolos, leg. 22, ol. 229, 21 de junio de 1535. 92 A.H.P.Za., P o ocolos, leg. 31, ols. 7-8, 22 de ma zo de 1536. Vid. apéndice documen al. Como es sabido, la alcabala g a aba cualquie ope ación de comp a en a, y la pagaba el ende- do . Quizá pagándola Jus o es aba saldando la deuda mencionada en el documen o de 1535. 93 A.H.P.Za., P o ocolos, leg. 11, ol. 218. Se a a de una deuda incluida en los documen os de Alonso de Loza ela i os a su es amen o y pa ija de bienes. 94 A.H.P.Za., P o ocolos, leg. 30, ols. 57-58, 4 de oc ub e de 1534. El pode se o o ga conjun- amen e al pin o y a un c iado del me cade . T e ejo se encuen a al no e de la p o incia de Cáce es, que has a el siglo XIX pe eneció a la de Salamanca. Cuando se diluyó la o den de San Juan en la Península, la localidad pasó a depende de la diócesis de Ciudad Rod igo, aunque ac ualmen e pe enece a la de Co ia. PINTURA DEL PRIMER TERCIO DEL SIGLO XVI EN LA ANTIGUA DIÓCESIS DE ZAMORA SIC VOS NON VOBIS. COLECCIÓN DE ESTUDIOS EN HONOR DE FLORIÁN FERRERO 439 mo año A zobispo de Toledo. Pese a que el da o no es a ís ico, la inculación, aun- que sea de modo indi ec o, con el comendado don Diego En íquez y con el p io don Diego de Toledo es in e esan e po cuan o es e úl imo emp endió muchas ob as a ís icas en Zamo a y o as localidades ce canas du an e su manda o95. Hay que con empla la posibilidad de que el cob o de la deuda en la pe sona del comendado de T e ejo sea un modo indi ec o a a és del que se es á saldando una deuda con el pin o po un abajo de índole a ís ica. Pe o, aun siendo nula la e ien e a ís ica de es e enca go, el hecho de que se encomiende a un pin o el cob o de una deuda de nue o uel e a incidi en la di e si icación de labo es más allá del desempeño del o icio a ís ico, como ya se ha is o en o os pin o es con empo áneos. 95 Pa a las emp esas a ís icas de es e pe sonaje id. PÉREZ MONZÓN, Olga. «El con en o de las Comendado as de Zamo a: el p oyec o a ís ico del comendado sanjuanis a Diego de Toledo». Anua io del ins i u o de es udios zamo anos Flo ián de Ocampo, 1993, 10, p. 229-246. y PÉREZ MONZÓN, Olga. «La iglesia de San a Ma ía de los Caballe os de Fuen elapeña (Zamo a)». Bole ín del Museo e Ins i u o Camón Azna , 1996, LXIV, p. 45-58. Página in encionadamen e en blanco