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El retablo mayor de la iglesia parroquial de Olivares de Duero

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El retablo mayor de la iglesia parroquial de Olivares de Duero

Author: Martín González, Juan José
Publisher: Universidad de Valladolid
Year: 1953
Source: https://uvadoc.uva.es/bitstream/10324/29989/3/BSAA-1953-1954-20-RetabloMayorIglesiaParroquialOlivares.pdf
EL
RETABLO
MAYOR
DE
LA
IGLESIA
PARROQUIAL
DE
OLIVARES
DE
DUER®
Desde
hace
algún
iempo,
di e sos
esc i o es
se
han
enido
ocupando
del
impo an e
e ablo
de
la
illa
de
Oli a es
de
Oue o
(Valladolid).
P ime amen e
ué
O ega
y
Rubio
en
su
ob a
«Los
pueblos
de
la
p o incia
de
Valladolid»,
quien
me amen e
esal ó
su
in e és,
lo
mismo
que
Clemen e
In an e
(1).
Más
a de
Agapi o
y
Re illa
le
dedicó
un
abajo
de
cie a
ex ensión
(2),
desc ibién
dole,
aunque
sin
llega
a
ealiza
el
es udio
a ís ico
que
me ecía.
Ex aña
en
nues o
iempo
el
e
ob as
an
magni icas
en
pueblos
como
és e,
sumidos
en
el
ol ido
y
que
apenas
p egonan,
si
no
es
po
es as
demos aciones,
la
glo ia
de
su
pasado.
Oli a
es,
a
o illas
del
Due o,
en
su
é il
ega,
ué
illa
y
p opiedad
del
Abad
de
Valladolid,
que
u o
allí
o aleza
impo an e
y
luga
de
ec eo
al
mismo
iempo.
Es a
ci cuns ancia
a o eció
sin
duda
la
e ección
de
un
buen
edi icio
pa oquial,
ennoblecido
po
uno
de
los
conjun os
capi ales
de
la
pin u a
enacen is a
española.
Po
des en u a
al an
los
lib os
pa oquiales
del
siglo
x i,
lo
que
nos
p i a
de
conoce
a
los
au o es.
T es
aspec os
hemos
de
conside a
en
el
e ablo:
la
a qui ec
u a,
la
escul u a
y
la
pin u a.
La
o ma
poligonal
de
ábside
gó ico
de e mina
que
el
e ablo
se
disponga
en
es
planos,
con
o as
an as
calles
cada
uno.
La
más
ex e na
de
és as
sob esale,
o mando
un
ala
bien
acusada,
pe ilándose
además
con
una
labo
de
encaje
en
made a,
a
modo
de
pulse a.
Po
la
pa e
supe io
se
co ona
con
es
a cos,
igualmen e
es oneados
con
labo es
enacien es
de
muy
i
na
lab a.
Se
apoya
en
un
pequeño
zócalo,
deco ado
con
medallones
de
(1)
Excu sión
a
Quin anilla
de
Abajo,
Oli a es
de
Due o,
e c.
Bole ín
de
la
Sociedad
Cas ellana
de
Excu siones,
1904,
pág
309.
(2)
Oli a es
de
Due o,
illa
de
abadenéo,
y
su
magno
e ablo
de
pin u a.
Bole ín
de
la
Academia
de
Bellas
A es
de
Valladolid,
1934,
n,®
11.
32
JUAN
JOSÉ
MARTÍN
GONZÁLEZ
San as
enidos
po
in an es
ag u escados,
de
alla
p imo osa.
Sob e
el
zócalo
iene
una
p edela,
con
epa imen os
cuad ados.
Encima
se
disponen
es
i
las
de
epa imien os,
de
mayo
al u a.
En
ellos
se
colocan
ablas
pin adas,
cub iéndose
la
pa e
al a
con
un
es echo
able o,
eminiscencia
de
las
chab anas
gó icas.
Sepá anse
los
epa imien os
po
medio
de
columnas,
que
son
de
dos
ipos,
ag u escadas
y
abalaus adas,
i
gu ando
en
los
isos
cabezas
de
ángeles,
medallones,
e c.,
odo
de
lab a
muy
menuda
y
esme ada.
Cons i uye
el
e ablo
un
ejempla
excelen e
de
es ilo
pla e esco,
ca ac e izado
po
el
escaso
elie e
de
la
alla
y
la
abundancia
de
pequeños
able os,
pe o
co espondiendo
a
una
disposición
go icis a
ya
supe ada.
Los
elemen os
a qui ec
ónicos
y
los
emas
o namen ales
son
enacen is as,
pe o
se
ac edi a
cómo
es a
ob a
y
o as
muchas
españolas
de
la
época
se
apoyan
en
esquemas
gó icos.
Ya
no ó
Agapi o
y
Re illa
la
semejanza
de
es e
e ablo,
en
pun o
a
a qui ec u a,
con
el
de
San
Ma ín,
de
Medina
del
Campo.
A
es o
añadi emos
que
los
i
on ones
cu os
con
que
se
ema an
los
e ablos
es
moda
idad
nacida
en
la
a qui ec u a
eneciana
del
siglo
x ,
y
bas a
eco da
pa a
ello
la
Scuola
di
San
Ma co-
Al
i
n
de
cuen as
ya
sa
emos
que
el
pla e esco
ep esen a
un
b o e
nue o
de
la
a qui ec u a
cua ocen is a
i aliana
en
ie as
de
España
du an e
el
sig
®
En
luga
de
pin u a
hay
en
uno
de
los
epa imien os
de
la
p edela
un
eUe e
de
la
Resu ección,
que
deco a
la
po ezuela
de
una
alaceni a.
Supuso
Agapi o
y
Re illa
que
se ía
un
sag a io
o
caja
pa a
gua da
obje os
de
cul o.
Que
no
es
sag a io
lo
ice
el
hecho
de
que
ya
exis e
el
acos umb ado
en
el
cen o
c
e ablo,
que
ha ía
innecesa io
o o.
Más
pa ece
que
haya
si
o
elica io,
donde
se
con u ie an
eliquias
del
San o
i ula ,
como
sucede
en
o os
e ablos,
en
el
de
la
iglesia
de
Villamu iel
de
Ce a o,
po
ejemplo.
La
calle
cen al
del
e ablo,
más
ancha
que
las
demás
es á
ocupada
po
i
gu as
de
bul o,
como
se
acos umb a.
En
luga
p e e en e
y
den o
de
espacioso
nicho,
es á
el
San o
i ula ,
San
Pelayó.
Vis e
a
la
moda
de
la
época,
con
go a
y
la gas
melenas,
déla
mane a
como
apa ece
e a ado
Ca los
I
de
España
en
su
ju en ud;
esg ime
espada
y
iene
bajo
sus
pies
a
un
musul
mán,
su
e dugo.
Encima
se
dispone
la
Asunción
de
la
Vi gen,
co onada
po
ángeles.
El
es ilo
de
es as
escul u as
o ece
an
g andes
semejanzas
con
el
de
los
able os
al os
de
la
sille ía
de
EL
RETABLO
MAyOR
DE
OLIVARES
DE
DUERO
33
San
Beni o,
del
Museo
de
Valladolid,
a ibuidos
po
Weise
a
Guillén
de
Holanda,
que
los
c eemos
sin
duda
esculpidos
po
és e.
Además
de
las
p opo ciones,
algo
echonchas,
y
del
aspec o
gene al
ienen
de
común
es as
ob as
la
écnica
del
paño,
con
sus
a ugas
onduladas
y
de
blanda
consis encia.
En
el
on ón
cen al
mués ase
un
Cal a io
de
meno es
dimensiones.
Se
a a
de
o o
es ilo,
exp esi is a,
con
no o ia
endencia
al
desequilib io,
al
esquema
en
zig^zag,
anguloso,
popula izado
po
Be ugue e.
Sin
emba go
no
c eemos
que
sea
de
és e
el
Cal a io,
sino
más
bien
de
algún
discípulo
suyo,
al
ez
Co nielis
de
Holanda
o
Juan
de
Camb ais,
que
ienen
ob as
documen adas
en
el
Museo
de
Valladolid.
El
es o
de
los
espacios
ocúpase
con
pin u as
sob e
abla,
cincuen a
y
una
en
o al,
sin
con a
los
«lejos»
o
ondos
de
paisaje,
según
ecuen o
que
hicie a
Agapi o
y
Re illa.
Po
des
g acia
hállanse
an
sucias
y
an
lejos
de
la
is a,
que
enemos
que
concen a
el
es udio
en
las
más
p óximas.
En
algunas
de
ellas
se
con ienen
pasajes
de
la
ida
de
San
Pelayo,
de
aquel
jo en
san o
ma i izado
po
Abde amán
el
26
de
junio
del
año
925.
La
adición
nos
ha
ansmi ido
con
lacónica
b e edad
la
ida
de
és e,
que
no
i
gu a
en
la
Leyenda
Au ea
de
Vo ágine.
Según
ella,
en
una
co e ía
.en ó
Abde amán
en
Galicia,
lle án
dose
de
allí
a
Có doba
copioso
bo ín
y
p isione o
a
He moygio,
obispo
de
Tuy,
que
según
Pé ez
de
U bel
(Año
C is iano)
ué
cap u ado
en
la
ba alla
de
Valdejunque a.
El
obispo
hizo
ges iones
pa a
su
esca e.
Pa a
p epa a le
hizo
eni
a
Có doba,
en
calidad
de
ehén,
a
un
sob ino
suyo,
Pelayo,
niño
a
la
sazón.
a
he mosu a
de
és e
despe ó
en
Abde amán
III
o pes
inclina-
c
ones,
y
deseoso
de
consegui
su
obje o
le
o eció
oda
clase
de
place es,
con
al
de
que
abju ase.
Rechazó
el
he oico
Pelayo
el
el
epugnan e
o ecimien o,
incu iendo
en
la
i a
de
Abde amán,
que
lo
hizo
o u a
y
despedaza .
A ojados
sus
miemb os
al
Guadalqui i ,
más
a de
ue on
ecupe ados,
c is ianamen e
en e ados
y
i
nalmen e
asladados
p ime o
a
León
y
luego
a
O iedo.
Damos
a
con inuación
el
o den
y
ema
de
las
pin u as.
En
las
alas
se
disponen
diez
y
seis
ablas
i
gu ando
en
ellas
Doc o es
de
la
Iglesia,
Após oles
y
o os
San os.
En
la
p edela
se
colocan
de
izquie da
a
de echa
pin u as
de
Je emías,
Isaías,
Salomón.
Da id,
Daniel
y
Balaán.
En e
Da id
y
Daniel
se
halla
colocada,
34
JUAN
JOSÉ
MARTÍN
GONZÁLEZ
la
Sibila
F igia.
Todas
es as
pin u as
se
eco an
sob e
un
ondo
monóc omo
cla o.
La
banda
supe io
es á
consag ada
a
e e i
episodios
de
la
ida
de
San
Pelayo.
En
la
p ime a
abla
de
la
izquie da
se
ep e
sen a
al
San o
p eso.
En
las
que
siguen
i
gu an
San
Pelayo
conducido
a
p esencia
de
Abde amán,
San
Pelayo
echazando
los
o ecimien os
del
caudillo
á abe,
la
o u a
del
San o
y
su
des
cua izamien o,
y,
po
úl imo,
un
monj'e
ecomponiendo
el
cue po
del
San o,
es
deci ,
es o
es
lo
que
pa ece.
Ya
se
sabe
cómo
en
los
e ablos
dedicados
a
un
San o
las
ep esen aciones
de
la
ida
de
és e
no
cons i uyen
ma e ia
única,
sino
que
se
incluyen
o as
e e en es
a
Jesuc is o
y
la
Vi gen.
Así
ocu e
con
és e,
en
el
que
an
sólo
seis
ablas
se
e ie en
a
San
Pelayo.
En
la
i
la
inmedia a
i
gu an
la
Anunciación,
el
Nacimien o,
la
Do mición
de
la
Vi gen,
la
Co onación,
la
Ado ación
de
los
Reyes
y
la
Pu i icación;
y
en
la
úl ima,
la
O ación
del
Hue o,
el
P endimien o,
la
C uz
a
Cues as,
el
Descendimien o,
el
En ie o
y
la
Resu ección.
Angeles
con
a ibu os
de
la
Pasión
ocupan
los
dos
on ones
cu os
la e ales.
Según
se
exp esó
an es,
ca ecemos
de
la
documen ación
del
e ablo.
Nada
nos
pe mi e
señala
al
au o ,
pues
los
documen os
han
a lo ado
pocos
nomb es
de
pin o es
de
es a
época,
y
apa e
de
ello
la
pin u a
de
la
egión
es á
aún
muy
mal
conocida.
Un
sólo
maes o
u o
a
su
ca go
oda
la
pin u a,
pues
no
se
ap ecian
desigualdades
de
es ilo.
Llama emos
p o isionalmen e
Maes o
de
Oli a es
a
dicho
pin o ,
de
acue do
con
lo
que
se
acos umb a
cuando
se
desconoce
el
nomb e
de
un
a is a.
Un
es ilo
muy
p óximo
se
ap ecia
en
las
ablas
de
San a
Ma ía
del
Rey,
en
A ienza
(Guadalaja a)
(1).
A
no
duda lo
se
a a
de
un
pin o
español
del
cí culo
de
Juan
de
Bo goña,
sin
con ac o
ap eciable
con
el
a e
de
Ped o
Be ugue e.
El
in enso
i alianismo
del
Maes o
Oli a es,
de
p i
me a
mano
y
que
no
se
explica
sino
po
isión
di ec a
de
los
modelos,
obliga
a
pensa
en
una
ase
de
o mación
en
I alia.
Sal o
in lujos
cua ocen escos
de
meno
cuan ía
(de
Lucca
Signo elli),
el
Maes o
de
Oli a es,
se
deja
imp esiona
p inci
palmen e
po
el
g an
genio
de
la
pin u a
i aliana
del
Cinque-
(1)
Publicadas
po F.
Layna
Se ano,
en
el
Bole ín
de
la
Sociedad
Española
de
Excu siones,
1953,
pág-
273.
EL
RETABLO
MAYOR
DE
OLIVARES
DE
DUERO
35
cen o,
po
Miguel
Angel.
De
modo
que
ep esen a
en
la
pin u a
española
una
ase
muy
en
angua dia
de
la
segunda
oleada
del
i alianismo.
Si
Juan
de
Bo goña
enca na
el
Cua ocen ismo
i aliano
en
la
pin u a
española
del
siglo
x i,
el
Maes o
de
Oli a es,
lige amen e
pos e io
a
él
es
el
ep esen an e
del
Cincuecen ismo
y
de
Miguel
Angel.
No
ué,
po
an o,
an
sólo
Alonso
Be ugue e
sa éli e
en
I alia
de
Miguel
Angel.
No
es
segu o,
como
ha
dicho
Gómez
Mo eno
en
Las
águilas
del
Renacimien o,
que
la
ca a
de
Miguel
Angel
de
2
de
julio
de
1508,
en
la
que
hace
alusión
a
un
a is a
español
que
que ía
pin a
el
ca ón
de
la
ba alla
de
Caseína,
se
e ie a
al
mismo
Be ugue e.
Didbo
pin o
pod ía
habe
sido,
con
los
mismos
í ulos,
el
Maes o
de
Oli a es.
Es e
pin o
es
el
más
migue)angelesco
de
la
pin u a
española,
pues
Be ugue e,
aun
apoyándose
en
el
a e
de
Miguel
Angel,
ep esen a
«su
an i esis,
de o mando
el
na u al
en
busca
de
un
e ec o
exp esi o»
(Gómez
Mo eno,
Las
águilas,
e c.,
pág.
145).
Es
un
pin o
desigual,
que
hace
muy
bien
las
manos
y
los
os os,
pe o
se
mues a
o pe
en
el
mo imien o
de
las
cue pos.
Pocas
eces
copia
a
Miguel
Angel,
p e i iendo
in e p e a le.
De
odas
o mas
su
a e
es
más
alioso
en
los
momen os
en
que
le
inspi a
Miguel
Angel.
Es o
es
lo
que
da
ocasión
pa a
que
el
pin o
de
Oli a es
se
con ie a
en
un
g an
maes o
del
desnudo.
Asomb a
un
poco
al
osadía
en e
noso os,
con
la
pa icula idad
ag a an e
de
que
se
a a
de
pin u a
eligiosa.
Ello
p ueba
que
en
la
pin u a
española
del
Renacimien o
exis e
el
desnudo
aunque
con
ca ác e
excep
cional,
y
que
si
es
in ecuen e
se
debe
a
na u al
epugnancia
y
al a
de
acos umb amien o,
pe o
no
a
que
hubie a
e minen es
no mas
p ohibi i as.
Apa e
de
lo
dicho,
el
ambien e,
deno a
el
hispanismo
del
maes o.
Las
composiciones
son
muy
españolas.
Da o
cu ioso
es,
sin
emba go,
la
al a
de
conocimien o
de
lo
musulmán.
Pese
a
un
asun o
que
an o
se
p es aba
—la
Co e
musulmana
de
Có doba—
el
pin o
se
desen uel e
como
un
ex año
en
dicho
ambien e.
Ni
los
ipos
aciales,
ni
las
a qui ec u as
ienen
nada
de
o ien ales.
No
cabe
mayo
ibu o
al
Renacimien o,
ni
más
adhesión
a
lo
eu opeo.
Indica
su icien emen e
el
iun o
de
es as
ideas
y
el
e oceso
de
lo
a icano
en
iempos
del
Empe ado .
El
Maes o
de
Oli a es,
po
las
azones
aducidas,
encaja
muy
bien
en
la
cali icación
de
manie is a,
manie is a
de
Miguel

36
JUAN
JOSÉ
MARTÍN
GONZÁLEZ
An^el.
Como
p opio
del
manie ismo
o ece
el
ala gamien o
de
las
p opo ciones
y
el
en laquecimien o
de
las
ca nes.
Es
el
caso
de
Mo ales.
Bas e
e
las
manos,
emeninas,
delicadas,
llenas
de
sensibilidad.
El
plegado
de
paños
o ma
ondulaciones
sua es
y
la gas,
e i ando
oda
angulosidad.
De
lo
clásico
p ocede
la
en
dencia
a
adhe i
las
elas
al
cue po,
anspa en ándose
és e
con
oda
ni idez.
El
b ocado
es
eliminado
o almen e
de
los
ondos
y
sólo
pe manece
en
algunos
es idos;
o a
eacción
con a
la
pin u a
del
siglo
x
española.
El
somb eado
adquie e
sua ísimas
g adaciones,
asemejándose
al
es uma o
de
la
escuela
de
Leona do.
Pe o
más
bien
pa ece
ap endido
de
los
discípulos
de
Da
Vinel,
singula men e
de
Pon o mo(l).
El
colo ido
abunda
en
esa
gama
de
semi onos
undidos
con
ansiciones
impe cep ibles
po
la
in omisión
de
i
no
somb eado,
lo
cual
es
ca ac e ís ico
del
manie ismo
enacen is a.
Las
escenas
se
colocan
en
a qui ec u as
de
líneas
pu as,
sin
ado nos
pla e escos,
i
ngiéndose
jaspes,
usados
en
I alia
du an e
el
siglo
XVI.
Mien as
el
pin o
encaja
pe ec amen e
en
el
ambien e
i aliano
de
su
época
—pu is a
po
lo
que
se
e ie e
a
la
a qui
ec u a—,
el
ensamblado
del
e ablo
se
compo a
como
un
pla e esco,
es o
es,
como
un
cua ocen esco.
Sin
emba go,
y
po
in lujo
de
lo
español,
emos
al
pin o
jun a
den o
de
un
mismo
cuad o
dos
escenas,
a
la
mane a
medie al,
dando
a
las
pe spec i as
ambién
un
pun o
de
is a
muy
ele ado,
cuando
ya
en
I alia
p edominaba
un
ipo
de
cuad o
de
pocas
i
gu as
y
de
ho izon e
bajo.
Sob e
odo
se
ap ecia
es o
en
el
cuad o
de
la
Do mición,
en
el
que
las
i
gu as
se
colocan
en
pisos,
en
desni e
les.
Po
es a
misma
azón
el
suelo
se
dispone
ue emen e
inclinado,
iolen ando
la
na u al
pe spec i a.
Pa ece
opo uno
señala
el
e ce
decenio
del
siglo
x i
como
la
época
en
que
se
hizo
el
e ablo.
En
las
líneas
que
siguen
amos
a
ealiza
un
lige o
es udio
de
aquellas
ablas
de
mayo
impo ancia
y
que
a
la
ez
se
encuen an
más
al
alcance
de
nues a
is a.
La
pa e
in e io ,
según
se
dijo,
con iene
a ias
i
gu as
de
P o e as,
Reyes
y
una
Sibila.
De
acue do
con
una
cos umb e
pues a
en
boga
en
el
siglo
x ,
p esen an
i
lac e ias,
en
las
que
(1)
Compá ese
a
es e
p opósi o
el
os o
del
P o e a
Daniel
con
el
del
e a o
de
Cosme
de
Médicis
(U izl),
pin ado
en
1518
po
Pon o mo.
£L
e ablo
mayo
de
oli a es
de
DUERO
á7
emos
la
insc ipción
que
pe mi e
iden i ica
a
los
pe sonajes.
Dichas
insc ipciones
o ecen
ca ac e es
enacien es,
pe o
és os
ya
se
usan
en
España
en
la
pin u a
de
i
nales
del
siglo
x ,
aunque
ambién
pe sis en
los
gó icos.
Da id
apa ece
ocando
el
a pa,
uel o
hacia
el
espec ado ,
en
un
esco zo
muy
poco
hábil,
pues
la
cabeza
causa
la
imp esión
de
es a
me amen e
pegada
al
cue po.
Vis e
una
piel
de
a miño
y
lle a
en
el
b azo
izquie do
un
b azale e
de
o o,
donde
emos
a
dos
niños
po ando
o e
den o
de
láu ea.
Un
niño
que
lle a
lib o
y
sos iene
la
íilac e ia
con ibuye
a
llena
el
espacio
lib e,
siguiendo
un
p ocedimien o
usado
po
Miguel
Angel
en
la
bó eda
de
la
Six ina.
La
composición
de
Da id
es á
suge ida
po
la
del
P o e a
Isaías,
de
la
Six ina,
in e ida
la
composición,
pe o
la
ob a
esul an e
es
muy
dis in a,
azón
po
la
cual
no
hay
plagio.
El
os o
pudie a
lige amen e
eco da
al
Moisés;
pe o
es
p e e
ible
conside a le
como
c eación
del
a is a.
Lo
no able
en
él
es
la
g an
densidad
de
sen imien o.
El
dibujo
minucioso
de
ba bas
y
cabellos
nos
e elan
unas
do es
en
es e
pun o
no
in e io es
a
las
de
un
Du e o.
La
igu a
de
Da id
es á
enma cada
po
ne os
deco ados
con
dos
escenas
alusi as
a
és e;
en
una
da
mue e
a
un
león
que
a acaba
sus
ebaños,
según
el
ela o
que
hizo
a
Saúl;
en
la
o a
le
emos
iun ando
de
Golia ,
en
composición
muy
clásica.
En
ambas
escenas
o ece
el
cue po
desnudo,
con
p opo
ciones
ala gadas
y
análisis
ana ómico
p o undo,
exage ando
la
muscula u a,
lo
que
hace
pensa
en
una
posible
in luencia
de
Signo elli.
También
la
idea
de
in oduci
ne os
con
i
gu as
iene
de
la
Six ina,
de
aquellos
niños
que
l
anquean
y
sepa an
los
epa imien os
donde
se
asien an
P o e as
y
Sibilas.
Pe o
insis
amos
en
la
di e encia
de
esul ados,
lo
que
ag anda
el
mé i o
del
Maes o
de
Oli a es.
La
Sibila
F igia
oma
su
composición
de
la
Sibila
Dél ica,
óe
la
Six ina.
Pe o
sólo
la
composición,
ya
que
son
o os
sus
b azos
y
sus
manos.
En
la
ca ela
se
os eii a
el
le e o
p o é ico:
«Venie
de
supe
i
lius...»
En
el
espacio
que
dejan
los
b azos
y
la
ca ela
se
halla
colocado
un
g acioso
niño,
excelen emen e
dibu
jado.
La
edonda
íbula
de
la
Sibila
Dél ica
se
ha
con e ido
en
ese
p ecioso
b oche
o alado,
odeado
de
pe las.
Tiene
un
cama eo
den o,
que
ep esen a
una
diosa
de
la
an igüedad,
segu amenn e
Mine a,
po que
es á
a a iada
con
yelmo
y
po que
siendo
símbolo
de
la
sabidu ía
nos
sugie e
el
pode
adi inado
de
la
Sibila.
La
áé
jÜÁN
JOSÉ
MARTÍN
GONZÁLEZ
cabeza
esponde
a
o a
uen e
miguelangelesca,
ya
que
puede
elaciona se
con
la
de
la
Vi gen
de
los
Médicis
o
la
Raquel
de
la
umba
de
Julio
ll.
La
segu idad
de
azo
en
el
os o
es
magní ica.
La
p esencia
de
es a
Sibila
es
o a
demos ación
del
espí i u
enacen is a
del
pin o ,
quien
sin
duda
impuso
su
pensamien o
en
el
e ablo,
sin
some e se
me amen e
a
las
indicaciones
de
los
comi en es.
En
el
siglo
x
se
empieza
a
gene aliza
la
idea
de
que
las
Sibilas
anuncia on
al
Sal ado
en
G ecia
e
I alia
(1).
Sólo
las
Sibilas
E i eay
Tibu ina ue on
ep esen adas
an es
del
siglo
x .
I alia
es
la
pa ia
del
ema,
que
en
la
segunda
mi ad
del
siglo
x
apa ece
ya
ex endido
po
oda
Eu opa.
Desde
1481
en
que
Filippo
Ba bie i
publica a
su
lib o
i ulado
«Disco dan iae
nonnullae
Ín e
sanc um
Hie onymum
e
Augus inum»,
Sibilas
y
P o e as
se
ep esen an
conjun amen e,
como
aquí
en
Oli a es.
Admi able
es
asimismo
la
abla
de
Daniel.
El
os o
cons i
uye
un
acabado
ejemplo
de
es uma o
a
lo
Leona do,
con
el
ípico
emanso
de
somb a
en
las
comisu as
de
la
boca.
Las^ nanos
i
gu an
en e
las
más
sensibles
y
emeninas
que
pin a a
es e
maes o.
O as
excelen es
manos
mues a
el
P o e a
Balaán,
que
nos
le
hacen
imagina
pulsando
un
ins umen o
musical,
pues
son
manos
de
ocado .
Veamos
el
di e en e
ideal
que
le
sepa a
de
su
modelo
de
composición,
el
P o e a
Isaías
de
la
capilla
Six ina.
Miguelangelesca
es
la
disposición
del
cabello,
con
me
chones
muy
despeinados.
A
los
ex emos
del
e ablo
y
en
la
pa e
baja,
San
Agus ín
y
San
G ego io
son
o a
mues a
de
excelen e
pin u a.
Comen a emos
algunas
de
las
ablas
que
con ienen
episodios
de
la
ida
de
San
Pelayo.
En
una
de
ellas
apa ece
el
san o
sen ado
a
la
mesa,
obsequiado
po
Abde amán,
quien
a a
anamen e
de
seduci le.
El
San o
se
indigna,
echaza
la
p oposición,
aga
ando
con
ue za
el
man el
y
ompiéndose
el
ico
es ido
de
b ocado
que
le
egala a
el
Cali a.
Na u almen e
odo
es o
sucede
de
una
mane a
desc ip i a
y
pací ica,
con o me
al
ideal
del
gó ico
oda ía
impe an e.
En
la
abla
inmedia a
le
e emos
su i
el
o men o
sin
mani es a
dolo
alguno.
También
hay
aquí
manos
p imo osas
como
las
de
Abde amán
y
del
se ido
que
po a
el
pla o.
(1)
Emile
Mále:
h'a
e iéicux
de
la
in
du
Moyen
Age
en
F ance,
Pa ís,
1931.
ÉL
RETABLO
MAYOR
DE
OLIVARES
DÉ
DUERO
3^
En
el
ondo
y
al
pie
de
la
en ana
hay
dos
i
gu as
masculinas
esnu
as,
del
ipo
de
las
de
L.
Signo elli.
Una
de
ellas
a
ca gada
con
un
bul o,
en
el
que
se
lee
ADV.RA.MEN.RES.,
que
sin
duda
band
^
ABDERRAMEN
REX.
La
o a
i
gu a
sos iene
«na
ae a.
Un
ema
semejan e
egis ó
Don
Diego
Angulo
Iñi-
EncV
pin u a
del
Maes o
de
Bece il,
del
mismo
ema.
A
"
n
.
dicha
escena
en
una
es ampa
de
Ma co
No
h
^iuiondi,
i ulada
«El
homb e
de
las
dos
ompe as».
alió
el
signi icado,
aunque
supuso
ue a
sen encia
de
algún
a
lo
de
la
an igüedad.
Es
e iden e
que
la
pin u a
de
Oli a es
^
elación
emá ica
con
la
o a,
aunque
los
pe sonajes
han
que
ado
educidos
a
dos.
Aunque
yo
ampoco
he
conseguido
da
c
-í
li e a ia
que
explique
la
escena,
sin
emba go
su
ca
o
pa ece
e iden e.
El
San o
acaba
de
escoge
el
camino
e
sac i icio,
abandonando
el
goce
de
place es
y
iquezas.
Es o
es
lo
que
se
e oca
en
las
dos
i
gu as
del
ondo.
San
Pelayo
iene
ep esen ado
po
el
jo en
que
camina
decidido,
pe o
ab umado
po
la
ca ga,
que
simboliza
la
enganza
de
Abde amán.
La
o a
i
gu a
sin
es ue zo
alguno
sos iene
una
bande a,
apoyada
en
el
suelo,
que
se
bambolea
po
causa
de
su
misma
lige eza
y
l
exibilidad,
i
gu a
que
enca na
el
iun o
de
los
place es
y
de
lo
e enal.
A
no
duda lo
la
escena
más
log ada
y
uni a ia
en
su
i alia-
nismo
es
aquella
en
que
apa ecen
dos
neg os
o u ando
a
San
ayo
en
p esencia
de
Abde amán.
El
cue po
bellísimo
de
San
pelayo
esal a
aún
más
jun o
al
neg o
colo
de
sus
e dugos.
Con
elemen os
de
Miguel
Angel,
el
Maes o
de
Oli a es
ha
sabido
c ea
un
cue po
admi able
de
adolescen e,
que
hace
hono
a
la
ama
de
he moso
que
enía
Pelayo.
Es
un
desnudo
excepcional
en
la
pin u a
española,
donde
se
inde
cul o,
a
imi ación
de
I alia,
a
la
belleza
obje i a
del
cue po
humano.
La
posición
ines
able
ué
un
ecu so
ha o
ecuen e
en
Miguel
Angel,
posición
que
an o
le
copia a
Be ugue e.
Reco démosla
po
ejemplo
en
la
Six ina,
en
la
Sibila
Líbica,
y
en
uno
de
los
«Escla os»
del
Lou e.
Pe o
lo
esencial
de
es a
i
gu a,
con
su
cu a
an
bella,
p ocede
de
la
i
gu a
de
Adán,
de
la
escena
de
la
C eación,
en
la
Six ina,
aunque
cambiando
o os
elemen os.
El
Maes o
de
Oli a es,
a en o
a
e i a
el
plagio,
oma
di e en es
pa es
y
con
■
'
s o
de
Bece il,
A chi o
Español
de
A e, 1937,
pág.
15.
m
m
I