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El retablo mayor de la iglesia parroquial de Olivares de Duero

Martín González, Juan José

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EL RETABLO MAYOR DE LA IGLESIA PARROQUIAL DE OLIVARES DE DUER® Desde hace algún iempo, di e sos esc i o es se han enido ocupando del impo an e e ablo de la illa de Oli a es de Oue o (Valladolid). P ime amen e ué O ega y Rubio en su ob a «Los pueblos de la p o incia de Valladolid», quien me amen e esal ó su in e és, lo mismo que Clemen e In an e (1). Más a de Agapi o y Re illa le dedicó un abajo de cie a ex ensión (2), desc ibién dole, aunque sin llega a ealiza el es udio a ís ico que me ecía. Ex aña en nues o iempo el e ob as an magni icas en pueblos como és e, sumidos en el ol ido y que apenas p egonan, si no es po es as demos aciones, la glo ia de su pasado. Oli a es, a o illas del Due o, en su é il ega, ué illa y p opiedad del Abad de Valladolid, que u o allí o aleza impo an e y luga de ec eo al mismo iempo. Es a ci cuns ancia a o eció sin duda la e ección de un buen edi icio pa oquial, ennoblecido po uno de los conjun os capi ales de la pin u a enacen is a española. Po des en u a al an los lib os pa oquiales del siglo x i, lo que nos p i a de conoce a los au o es. T es aspec os hemos de conside a en el e ablo: la a qui ec u a, la escul u a y la pin u a. La o ma poligonal de ábside gó ico de e mina que el e ablo se disponga en es planos, con o as an as calles cada uno. La más ex e na de és as sob esale, o mando un ala bien acusada, pe ilándose además con una labo de encaje en made a, a modo de pulse a. Po la pa e supe io se co ona con es a cos, igualmen e es oneados con labo es enacien es de muy i na lab a. Se apoya en un pequeño zócalo, deco ado con medallones de (1) Excu sión a Quin anilla de Abajo, Oli a es de Due o, e c. Bole ín de la Sociedad Cas ellana de Excu siones, 1904, pág 309. (2) Oli a es de Due o, illa de abadenéo, y su magno e ablo de pin u a. Bole ín de la Academia de Bellas A es de Valladolid, 1934, n,® 11. 32 JUAN JOSÉ MARTÍN GONZÁLEZ San as enidos po in an es ag u escados, de alla p imo osa. Sob e el zócalo iene una p edela, con epa imen os cuad ados. Encima se disponen es i las de epa imien os, de mayo al u a. En ellos se colocan ablas pin adas, cub iéndose la pa e al a con un es echo able o, eminiscencia de las chab anas gó icas. Sepá anse los epa imien os po medio de columnas, que son de dos ipos, ag u escadas y abalaus adas, i gu ando en los isos cabezas de ángeles, medallones, e c., odo de lab a muy menuda y esme ada. Cons i uye el e ablo un ejempla excelen e de es ilo pla e esco, ca ac e izado po el escaso elie e de la alla y la abundancia de pequeños able os, pe o co espondiendo a una disposición go icis a ya supe ada. Los elemen os a qui ec ónicos y los emas o namen ales son enacen is as, pe o se ac edi a cómo es a ob a y o as muchas españolas de la época se apoyan en esquemas gó icos. Ya no ó Agapi o y Re illa la semejanza de es e e ablo, en pun o a a qui ec u a, con el de San Ma ín, de Medina del Campo. A es o añadi emos que los i on ones cu os con que se ema an los e ablos es moda idad nacida en la a qui ec u a eneciana del siglo x , y bas a eco da pa a ello la Scuola di San Ma co- Al i n de cuen as ya sa emos que el pla e esco ep esen a un b o e nue o de la a qui ec u a cua ocen is a i aliana en ie as de España du an e el sig ® En luga de pin u a hay en uno de los epa imien os de la p edela un eUe e de la Resu ección, que deco a la po ezuela de una alaceni a. Supuso Agapi o y Re illa que se ía un sag a io o caja pa a gua da obje os de cul o. Que no es sag a io lo ice el hecho de que ya exis e el acos umb ado en el cen o c e ablo, que ha ía innecesa io o o. Más pa ece que haya si o elica io, donde se con u ie an eliquias del San o i ula , como sucede en o os e ablos, en el de la iglesia de Villamu iel de Ce a o, po ejemplo. La calle cen al del e ablo, más ancha que las demás es á ocupada po i gu as de bul o, como se acos umb a. En luga p e e en e y den o de espacioso nicho, es á el San o i ula , San Pelayó. Vis e a la moda de la época, con go a y la gas melenas, déla mane a como apa ece e a ado Ca los I de España en su ju en ud; esg ime espada y iene bajo sus pies a un musul mán, su e dugo. Encima se dispone la Asunción de la Vi gen, co onada po ángeles. El es ilo de es as escul u as o ece an g andes semejanzas con el de los able os al os de la sille ía de EL RETABLO MAyOR DE OLIVARES DE DUERO 33 San Beni o, del Museo de Valladolid, a ibuidos po Weise a Guillén de Holanda, que los c eemos sin duda esculpidos po és e. Además de las p opo ciones, algo echonchas, y del aspec o gene al ienen de común es as ob as la écnica del paño, con sus a ugas onduladas y de blanda consis encia. En el on ón cen al mués ase un Cal a io de meno es dimensiones. Se a a de o o es ilo, exp esi is a, con no o ia endencia al desequilib io, al esquema en zig^zag, anguloso, popula izado po Be ugue e. Sin emba go no c eemos que sea de és e el Cal a io, sino más bien de algún discípulo suyo, al ez Co nielis de Holanda o Juan de Camb ais, que ienen ob as documen adas en el Museo de Valladolid. El es o de los espacios ocúpase con pin u as sob e abla, cincuen a y una en o al, sin con a los «lejos» o ondos de paisaje, según ecuen o que hicie a Agapi o y Re illa. Po des g acia hállanse an sucias y an lejos de la is a, que enemos que concen a el es udio en las más p óximas. En algunas de ellas se con ienen pasajes de la ida de San Pelayo, de aquel jo en san o ma i izado po Abde amán el 26 de junio del año 925. La adición nos ha ansmi ido con lacónica b e edad la ida de és e, que no i gu a en la Leyenda Au ea de Vo ágine. Según ella, en una co e ía .en ó Abde amán en Galicia, lle án dose de allí a Có doba copioso bo ín y p isione o a He moygio, obispo de Tuy, que según Pé ez de U bel (Año C is iano) ué cap u ado en la ba alla de Valdejunque a. El obispo hizo ges iones pa a su esca e. Pa a p epa a le hizo eni a Có doba, en calidad de ehén, a un sob ino suyo, Pelayo, niño a la sazón. a he mosu a de és e despe ó en Abde amán III o pes inclina- c ones, y deseoso de consegui su obje o le o eció oda clase de place es, con al de que abju ase. Rechazó el he oico Pelayo el el epugnan e o ecimien o, incu iendo en la i a de Abde amán, que lo hizo o u a y despedaza . A ojados sus miemb os al Guadalqui i , más a de ue on ecupe ados, c is ianamen e en e ados y i nalmen e asladados p ime o a León y luego a O iedo. Damos a con inuación el o den y ema de las pin u as. En las alas se disponen diez y seis ablas i gu ando en ellas Doc o es de la Iglesia, Após oles y o os San os. En la p edela se colocan de izquie da a de echa pin u as de Je emías, Isaías, Salomón. Da id, Daniel y Balaán. En e Da id y Daniel se halla colocada, 34 JUAN JOSÉ MARTÍN GONZÁLEZ la Sibila F igia. Todas es as pin u as se eco an sob e un ondo monóc omo cla o. La banda supe io es á consag ada a e e i episodios de la ida de San Pelayo. En la p ime a abla de la izquie da se ep e sen a al San o p eso. En las que siguen i gu an San Pelayo conducido a p esencia de Abde amán, San Pelayo echazando los o ecimien os del caudillo á abe, la o u a del San o y su des cua izamien o, y, po úl imo, un monj'e ecomponiendo el cue po del San o, es deci , es o es lo que pa ece. Ya se sabe cómo en los e ablos dedicados a un San o las ep esen aciones de la ida de és e no cons i uyen ma e ia única, sino que se incluyen o as e e en es a Jesuc is o y la Vi gen. Así ocu e con és e, en el que an sólo seis ablas se e ie en a San Pelayo. En la i la inmedia a i gu an la Anunciación, el Nacimien o, la Do mición de la Vi gen, la Co onación, la Ado ación de los Reyes y la Pu i icación; y en la úl ima, la O ación del Hue o, el P endimien o, la C uz a Cues as, el Descendimien o, el En ie o y la Resu ección. Angeles con a ibu os de la Pasión ocupan los dos on ones cu os la e ales. Según se exp esó an es, ca ecemos de la documen ación del e ablo. Nada nos pe mi e señala al au o , pues los documen os han a lo ado pocos nomb es de pin o es de es a época, y apa e de ello la pin u a de la egión es á aún muy mal conocida. Un sólo maes o u o a su ca go oda la pin u a, pues no se ap ecian desigualdades de es ilo. Llama emos p o isionalmen e Maes o de Oli a es a dicho pin o , de acue do con lo que se acos umb a cuando se desconoce el nomb e de un a is a. Un es ilo muy p óximo se ap ecia en las ablas de San a Ma ía del Rey, en A ienza (Guadalaja a) (1). A no duda lo se a a de un pin o español del cí culo de Juan de Bo goña, sin con ac o ap eciable con el a e de Ped o Be ugue e. El in enso i alianismo del Maes o Oli a es, de p i me a mano y que no se explica sino po isión di ec a de los modelos, obliga a pensa en una ase de o mación en I alia. Sal o in lujos cua ocen escos de meno cuan ía (de Lucca Signo elli), el Maes o de Oli a es, se deja imp esiona p inci palmen e po el g an genio de la pin u a i aliana del Cinque- (1) Publicadas po F. Layna Se ano, en el Bole ín de la Sociedad Española de Excu siones, 1953, pág- 273. EL RETABLO MAYOR DE OLIVARES DE DUERO 35 cen o, po Miguel Angel. De modo que ep esen a en la pin u a española una ase muy en angua dia de la segunda oleada del i alianismo. Si Juan de Bo goña enca na el Cua ocen ismo i aliano en la pin u a española del siglo x i, el Maes o de Oli a es, lige amen e pos e io a él es el ep esen an e del Cincuecen ismo y de Miguel Angel. No ué, po an o, an sólo Alonso Be ugue e sa éli e en I alia de Miguel Angel. No es segu o, como ha dicho Gómez Mo eno en Las águilas del Renacimien o, que la ca a de Miguel Angel de 2 de julio de 1508, en la que hace alusión a un a is a español que que ía pin a el ca ón de la ba alla de Caseína, se e ie a al mismo Be ugue e. Didbo pin o pod ía habe sido, con los mismos í ulos, el Maes o de Oli a es. Es e pin o es el más migue)angelesco de la pin u a española, pues Be ugue e, aun apoyándose en el a e de Miguel Angel, ep esen a «su an i esis, de o mando el na u al en busca de un e ec o exp esi o» (Gómez Mo eno, Las águilas, e c., pág. 145). Es un pin o desigual, que hace muy bien las manos y los os os, pe o se mues a o pe en el mo imien o de las cue pos. Pocas eces copia a Miguel Angel, p e i iendo in e p e a le. De odas o mas su a e es más alioso en los momen os en que le inspi a Miguel Angel. Es o es lo que da ocasión pa a que el pin o de Oli a es se con ie a en un g an maes o del desnudo. Asomb a un poco al osadía en e noso os, con la pa icula idad ag a an e de que se a a de pin u a eligiosa. Ello p ueba que en la pin u a española del Renacimien o exis e el desnudo aunque con ca ác e excep cional, y que si es in ecuen e se debe a na u al epugnancia y al a de acos umb amien o, pe o no a que hubie a e minen es no mas p ohibi i as. Apa e de lo dicho, el ambien e, deno a el hispanismo del maes o. Las composiciones son muy españolas. Da o cu ioso es, sin emba go, la al a de conocimien o de lo musulmán. Pese a un asun o que an o se p es aba —la Co e musulmana de Có doba— el pin o se desen uel e como un ex año en dicho ambien e. Ni los ipos aciales, ni las a qui ec u as ienen nada de o ien ales. No cabe mayo ibu o al Renacimien o, ni más adhesión a lo eu opeo. Indica su icien emen e el iun o de es as ideas y el e oceso de lo a icano en iempos del Empe ado . El Maes o de Oli a es, po las azones aducidas, encaja muy bien en la cali icación de manie is a, manie is a de Miguel 36 JUAN JOSÉ MARTÍN GONZÁLEZ An^el. Como p opio del manie ismo o ece el ala gamien o de las p opo ciones y el en laquecimien o de las ca nes. Es el caso de Mo ales. Bas e e las manos, emeninas, delicadas, llenas de sensibilidad. El plegado de paños o ma ondulaciones sua es y la gas, e i ando oda angulosidad. De lo clásico p ocede la en dencia a adhe i las elas al cue po, anspa en ándose és e con oda ni idez. El b ocado es eliminado o almen e de los ondos y sólo pe manece en algunos es idos; o a eacción con a la pin u a del siglo x española. El somb eado adquie e sua ísimas g adaciones, asemejándose al es uma o de la escuela de Leona do. Pe o más bien pa ece ap endido de los discípulos de Da Vinel, singula men e de Pon o mo(l). El colo ido abunda en esa gama de semi onos undidos con ansiciones impe cep ibles po la in omisión de i no somb eado, lo cual es ca ac e ís ico del manie ismo enacen is a. Las escenas se colocan en a qui ec u as de líneas pu as, sin ado nos pla e escos, i ngiéndose jaspes, usados en I alia du an e el siglo XVI. Mien as el pin o encaja pe ec amen e en el ambien e i aliano de su época —pu is a po lo que se e ie e a la a qui ec u a—, el ensamblado del e ablo se compo a como un pla e esco, es o es, como un cua ocen esco. Sin emba go, y po in lujo de lo español, emos al pin o jun a den o de un mismo cuad o dos escenas, a la mane a medie al, dando a las pe spec i as ambién un pun o de is a muy ele ado, cuando ya en I alia p edominaba un ipo de cuad o de pocas i gu as y de ho izon e bajo. Sob e odo se ap ecia es o en el cuad o de la Do mición, en el que las i gu as se colocan en pisos, en desni e les. Po es a misma azón el suelo se dispone ue emen e inclinado, iolen ando la na u al pe spec i a. Pa ece opo uno señala el e ce decenio del siglo x i como la época en que se hizo el e ablo. En las líneas que siguen amos a ealiza un lige o es udio de aquellas ablas de mayo impo ancia y que a la ez se encuen an más al alcance de nues a is a. La pa e in e io , según se dijo, con iene a ias i gu as de P o e as, Reyes y una Sibila. De acue do con una cos umb e pues a en boga en el siglo x , p esen an i lac e ias, en las que (1) Compá ese a es e p opósi o el os o del P o e a Daniel con el del e a o de Cosme de Médicis (U izl), pin ado en 1518 po Pon o mo. £L e ablo mayo de oli a es de DUERO á7 emos la insc ipción que pe mi e iden i ica a los pe sonajes. Dichas insc ipciones o ecen ca ac e es enacien es, pe o és os ya se usan en España en la pin u a de i nales del siglo x , aunque ambién pe sis en los gó icos. Da id apa ece ocando el a pa, uel o hacia el espec ado , en un esco zo muy poco hábil, pues la cabeza causa la imp esión de es a me amen e pegada al cue po. Vis e una piel de a miño y lle a en el b azo izquie do un b azale e de o o, donde emos a dos niños po ando o e den o de láu ea. Un niño que lle a lib o y sos iene la íilac e ia con ibuye a llena el espacio lib e, siguiendo un p ocedimien o usado po Miguel Angel en la bó eda de la Six ina. La composición de Da id es á suge ida po la del P o e a Isaías, de la Six ina, in e ida la composición, pe o la ob a esul an e es muy dis in a, azón po la cual no hay plagio. El os o pudie a lige amen e eco da al Moisés; pe o es p e e ible conside a le como c eación del a is a. Lo no able en él es la g an densidad de sen imien o. El dibujo minucioso de ba bas y cabellos nos e elan unas do es en es e pun o no in e io es a las de un Du e o. La igu a de Da id es á enma cada po ne os deco ados con dos escenas alusi as a és e; en una da mue e a un león que a acaba sus ebaños, según el ela o que hizo a Saúl; en la o a le emos iun ando de Golia , en composición muy clásica. En ambas escenas o ece el cue po desnudo, con p opo ciones ala gadas y análisis ana ómico p o undo, exage ando la muscula u a, lo que hace pensa en una posible in luencia de Signo elli. También la idea de in oduci ne os con i gu as iene de la Six ina, de aquellos niños que l anquean y sepa an los epa imien os donde se asien an P o e as y Sibilas. Pe o insis amos en la di e encia de esul ados, lo que ag anda el mé i o del Maes o de Oli a es. La Sibila F igia oma su composición de la Sibila Dél ica, óe la Six ina. Pe o sólo la composición, ya que son o os sus b azos y sus manos. En la ca ela se os eii a el le e o p o é ico: «Venie de supe i lius...» En el espacio que dejan los b azos y la ca ela se halla colocado un g acioso niño, excelen emen e dibu jado. La edonda íbula de la Sibila Dél ica se ha con e ido en ese p ecioso b oche o alado, odeado de pe las. Tiene un cama eo den o, que ep esen a una diosa de la an igüedad, segu amenn e Mine a, po que es á a a iada con yelmo y po que siendo símbolo de la sabidu ía nos sugie e el pode adi inado de la Sibila. La áé jÜÁN JOSÉ MARTÍN GONZÁLEZ cabeza esponde a o a uen e miguelangelesca, ya que puede elaciona se con la de la Vi gen de los Médicis o la Raquel de la umba de Julio ll. La segu idad de azo en el os o es magní ica. La p esencia de es a Sibila es o a demos ación del espí i u enacen is a del pin o , quien sin duda impuso su pensamien o en el e ablo, sin some e se me amen e a las indicaciones de los comi en es. En el siglo x se empieza a gene aliza la idea de que las Sibilas anuncia on al Sal ado en G ecia e I alia (1). Sólo las Sibilas E i eay Tibu ina ue on ep esen adas an es del siglo x . I alia es la pa ia del ema, que en la segunda mi ad del siglo x apa ece ya ex endido po oda Eu opa. Desde 1481 en que Filippo Ba bie i publica a su lib o i ulado «Disco dan iae nonnullae Ín e sanc um Hie onymum e Augus inum», Sibilas y P o e as se ep esen an conjun amen e, como aquí en Oli a es. Admi able es asimismo la abla de Daniel. El os o cons i uye un acabado ejemplo de es uma o a lo Leona do, con el ípico emanso de somb a en las comisu as de la boca. Las^ nanos i gu an en e las más sensibles y emeninas que pin a a es e maes o. O as excelen es manos mues a el P o e a Balaán, que nos le hacen imagina pulsando un ins umen o musical, pues son manos de ocado . Veamos el di e en e ideal que le sepa a de su modelo de composición, el P o e a Isaías de la capilla Six ina. Miguelangelesca es la disposición del cabello, con me chones muy despeinados. A los ex emos del e ablo y en la pa e baja, San Agus ín y San G ego io son o a mues a de excelen e pin u a. Comen a emos algunas de las ablas que con ienen episodios de la ida de San Pelayo. En una de ellas apa ece el san o sen ado a la mesa, obsequiado po Abde amán, quien a a anamen e de seduci le. El San o se indigna, echaza la p oposición, aga ando con ue za el man el y ompiéndose el ico es ido de b ocado que le egala a el Cali a. Na u almen e odo es o sucede de una mane a desc ip i a y pací ica, con o me al ideal del gó ico oda ía impe an e. En la abla inmedia a le e emos su i el o men o sin mani es a dolo alguno. También hay aquí manos p imo osas como las de Abde amán y del se ido que po a el pla o. (1) Emile Mále: h'a e iéicux de la in du Moyen Age en F ance, Pa ís, 1931. ÉL RETABLO MAYOR DE OLIVARES DÉ DUERO 3^ En el ondo y al pie de la en ana hay dos i gu as masculinas esnu as, del ipo de las de L. Signo elli. Una de ellas a ca gada con un bul o, en el que se lee ADV.RA.MEN.RES., que sin duda band ^ ABDERRAMEN REX. La o a i gu a sos iene «na ae a. Un ema semejan e egis ó Don Diego Angulo Iñi- EncV pin u a del Maes o de Bece il, del mismo ema. A " n . dicha escena en una es ampa de Ma co No h ^iuiondi, i ulada «El homb e de las dos ompe as». alió el signi icado, aunque supuso ue a sen encia de algún a lo de la an igüedad. Es e iden e que la pin u a de Oli a es ^ elación emá ica con la o a, aunque los pe sonajes han que ado educidos a dos. Aunque yo ampoco he conseguido da c -í li e a ia que explique la escena, sin emba go su ca o pa ece e iden e. El San o acaba de escoge el camino e sac i icio, abandonando el goce de place es y iquezas. Es o es lo que se e oca en las dos i gu as del ondo. San Pelayo iene ep esen ado po el jo en que camina decidido, pe o ab umado po la ca ga, que simboliza la enganza de Abde amán. La o a i gu a sin es ue zo alguno sos iene una bande a, apoyada en el suelo, que se bambolea po causa de su misma lige eza y l exibilidad, i gu a que enca na el iun o de los place es y de lo e enal. A no duda lo la escena más log ada y uni a ia en su i alia- nismo es aquella en que apa ecen dos neg os o u ando a San ayo en p esencia de Abde amán. El cue po bellísimo de San pelayo esal a aún más jun o al neg o colo de sus e dugos. Con elemen os de Miguel Angel, el Maes o de Oli a es ha sabido c ea un cue po admi able de adolescen e, que hace hono a la ama de he moso que enía Pelayo. Es un desnudo excepcional en la pin u a española, donde se inde cul o, a imi ación de I alia, a la belleza obje i a del cue po humano. La posición ines able ué un ecu so ha o ecuen e en Miguel Angel, posición que an o le copia a Be ugue e. Reco démosla po ejemplo en la Six ina, en la Sibila Líbica, y en uno de los «Escla os» del Lou e. Pe o lo esencial de es a i gu a, con su cu a an bella, p ocede de la i gu a de Adán, de la escena de la C eación, en la Six ina, aunque cambiando o os elemen os. El Maes o de Oli a es, a en o a e i a el plagio, oma di e en es pa es y con ■ ' s o de Bece il, A chi o Español de A e, 1937, pág. 15. m m I