SOBRE
EL
PERSONAJE
REPRESENTADO
POR
«EL
GRECO»
EN
SU
«RETRATO
DE
UN
MEDICO»
Las
incidencias
de
una
in es igación
his ó ico-biog á ica
sob e
uno
de
los
más
eminen es
médicos
del
siglo
x i,
nos
han
conducido
a
con empla
ei e adas
eces
es e
amoso
cuad o
del
g an.Domenico.
Se
halla
es a
pin u a
en
una
de
las
Salas
dedi-
cadas
al
G eco
en
nues o
incompa able
Museo
del
P ado
en
Mad id
y
es á
designada
con
el
núme o
807.
¿Quién
e a
el
médico
que
me eció
los
hono es
de
que
se
pe pe uase
su
i
gu a
po
medio
de
los
pinceles,
del
g an
pin o ?
Camón
Azna
en
su
magni ico
lib o
sob e
Domenico
O ecp,
esc ibe
al
pie
de
la
ep oducción
de
es e
cuad o:
«Re a o
dé
Don
Rod igo
de
la
Fuen e».
Y
en
las
líneas
que
si en
de
comem
a io
al
cuad o
dice
que
el
pe sonaje
en
cues ión
habia
sido
iden i icado
po
Allende
Salaza
y
Sánchez
Can ón
en
su
lib o
Re a os
del
Museo
del
P ado,
publicado
en
1919.
En
e ec o,
en
la
página
95
de
es a
edición
del
lib o
de
dichos
au o es,
leemos
que
undamen an
su
opinión
an e
el
pa ecido
de
es e
pe sonaje
del
G eco
con
un
e a o
del
D .
La
Fuen e
exis en e
en
la
BibliO'
eca
Nacional.
Es e
D .
La
Fuen e
dicen
«no
sólo
eje cía
la
medicina
sino
que,
como
poe a
la ino,
ué
p emiado
en
el
ce amen
que
se
celeb ó
en
Toledo
en
1587;
se
médico
oledano
amoso
en
los
mismos
años
en
que
el
G eco
pin aba
en
la
impe ial
ciudad,
la
a a
comunidad
de
asgos
con
el
e a ado
en
el
Museo
y
aun
en
el
i i
en
los
años
que
i ió
-amplio
ma gen
pa a
que
el
G eco
le
e a a a
unos
ein a
años
más
a de
que
el
desconocido
pin o
de
la
Biblio eca
Nacional-
c eemos
que
son
indicios
de
alguna
ue za,
y
que
sin
eme idad
puede
lanza se
la
hipó esis.
Po
la
écnica,
y
es
un
nue o
apoyo,
clasi ica
el
maes o
Cossío
es a
pin u a
como
de
la
p ime a
época
del
G eco
en e
los
años
de
1577
a
1584».
76
EMILIO
ZAPATERO
BALLESTEROS
«Ges o
y
ademán
son
en
el
médico
mesu ados
y
dignos:
bondad
y
sabidu ía;
di íase
un
maes o
que
despaciosamen e,
se enamen e,
es á
comen ando
un
iejo
lib o».
An e
la
lec u a
de
es as
líneas
decidimos
con empla
los
dos
e a os:
el
del
D .
La
Fuen e
de
la
Bibliií eca
Nacional
y
el
pin ado
po
el
G eco
del
Museo
del
P ad ").
Y
como
po
mucha
buena
olun ad
que
pusimos
no
encon amos
pa ecido
alguno,
an es
bien
muy
ma cadas
di e encias,
en e
los
dos
pe sonajes,
hicimos
descolga
el
del
D .
La
Fuen e
y
ob ene
de
él
una
buena
o og a ía
pa a
compa a la
de enidamen e
con
o a
del
amoso
cuad o
del
G eco.
Ambas
o og a ías
las
damos
en
las
láminas
I
y
II
que
ilus an
es as
líneas.
Las
dos
ep oducen
ambos
cuad os
po
en e o.
En
la
pa e
in e io
del
e a o
de
la
Biblio eca
Nacional
se
dice
cla amen e
«Doc o
La
Fuen e»,
sin
más,
o
sea
sin
el
nomb e.
Don
Rod igo,
lo
que
hacemos
esal a
pa a
ene lo
en
cuen a
en
lo
que
di emos
después.
Con
obje o
de
hace
más
ácil
la
compa ación
de
los
dos
pe sonajes
hicimos
ob ene
la
o og a ía
que
ep oducimos
en
la
lámina
IIL
An es
de
que
hagamos
los
comen a ios
que
nos
sugie e
la
compa ación
es
bueno
deci
que,
según
los
seño es
Sánchez
Can ón
y
Allende
Salaza
median
ein a
años
en e
el
e a o
de
la
Biblio eca
(lámina
I)
y
el
del
Museo
(lámina
II)
del
supues o
mismo
pe so'
naje.
Po
lo
an o
si
el
pe sonaje
en
cues ión
pa ece
ene ,
según
dichos
au o es,
unos
cincuen a
años
en
el
p ime
e a o
hab ía
de
ene
ochen a
cuando
lo
pin ó
el
G eco.
Pues
bien,
nos
gus a ía
pode
dialoga
con
los
lec o es,
si
es
que
enemos
la
o una
de
ene los,
pa a
que
nos
dijesen
en
qué
se
pa ecen
los
dos
homb es
de
los
dos
e a os.
Hay
que
p ocu a
no
e
el
somb e o
del
p ime o
pa a
pode
es udia
mejo
el
os o
y
compa a lo
con
el
pin ado
po
el
G eco.
C eemos
que
se
puede
a i ma
o undamen e
que,
aun
después
de
ein a
años,
no
es
posible
que
la
na iz
de
una
pe sona
haya
su ido
las
modi
i
caciones
necesa ias
pa a
que
la
del
D .
La
Fuen e
se
di e encie
an
adicalmen e
de
la
del
pe sonaje
del
G eco.
No
c eemos
necesa io
desc ibi las,
nos
pa ece
bas an e
que
se
con emplen
los
asgos
del
apéndice
nasal
de
uno
y
o o.
Una
na iz
anca^
men e
aguileña,
cuya
pun a
desciende
casi
has a
el
labio
supe io
(lámina
I)
no
puede
de
ninguna
mane a,
en
nues a
opinión,
se
la
misma,
que
deja
ampliamen e
al
descubie o
el
labio
y
aun
el
bigo e
(lámina
II),
que
la
del
pe sonaje
del
G eco.
Compá ese
SOBRE
EL
PERSONAJE
REPRESENTADO
POR
«EL
CRECO»,
ETC.
77
la
al u a
de
es e
labio
supe io
en
uno
y
o o,
éase,
odo
lo
despacio
que
se
quie a,
la
con igu ación
de
una
y
o a
na iz,
asgo
más
sob esalien e
del
os o
del
D .
La
Fuen e,
y
dígase
se ena
y
desapasionadamen e
si
los
dos
apéndices
nasales
pueden
se
el
mismo
aún
a
ein a
años
de
dis ancia
uno
de
o o.
A
noso os
no
pa ece
sencilla
y
llanamen e
que
no.
Aún
hay
más.
Véase
en
el
D .
La
Fuen e
lo
ma cado
de
las
a ugas
de
la
en e,
la
del
su co
nasogeniano
y
sob e
odo
las
bolsas
del
pá pado
in e io .
Es
lógico
pensa
que,
en
el
anscu so
de
los
años,
al
pe de
e su a
y
jugosidad
la
piel,
esas
a ugas
y
esas
bolsas
de
los
pá pados
in e io es,
debie an
habe se
acen^
uado.
Y
nada
de
es o
se
e
en
el
e a o
del
G eco.
Los
ojos
del
D .
La
Fuen e
apa ecen
a
una
dis ancia
mínima
de
las
cejas;
en
el
e a o
del
G eco
hay
una
zona
ela i amen e
amplia,
en e
el
a co
supe cilia
y
el
pá pado
supe io ,
de
ejidos
blandos.
Y
así
la
con igu ación
y
posición
del
pabellón
au icula ,
los
pómulos
y
el
ó alo
del
os o.
En
suma:
pa a
noso os,
después
de
es a
compa ación,
no
exis e
el
pa ecido
en e
los
dos
pe sonajes
que
han
c eído
e
Allende
Salaza
y
Sánchez
Can ón
y
en
el
que
se
unda
Camón
pa a
pone
al
pie
del
cuad o
del
G eco
el
nomb e
de
Don
Rod igo
de
la
Fuen e.
Tan o
es
asi
que
llegamos
a
pensa
si
el
e a o
del
médico
oledano
que
ie on
los
e e idos
au o es
no
se ía
el
que
se
nos
mos aba
a
noso os
y
que
hubiese
o o
e a o
en
la
Biblio eca
de
o o
D .
La
Fuen e.
Pe o
se
nos
dijo
que
e a
el
mismo
y
que
es
el
único
de
es e
pe sonaje
que
hay
en
nues a
Biblio eca
Nacional.
Además
el
dicho
e a o
de
La
Fuen e
se
publicó
en
la
e is a
«La
Es e a»
en
el
núme o
del
día
11
de
Agos o
de
1917.
Es
el
caso
que
Allende
Salaza
y
Sánchez
Can ón
e minan
su
comen a io
en
el
lib o
ci ado,
con
es as
palab as:
«Con
es a
clase
de
ese as
enunciamos
la
iden i icación».
Es
deci ,
que
no
a i man
o undamen e
que
el
pe sonaje
en
cues ión
sea
el
Doc o
La
Fuen e,
y
sin
emba go
Camón,
undándose
solamen e
en
lo
que
dicen
dichos
au o es,
lo
deja
ue a
de
oda
duda
y
al
pie
del
e a o
del
G eco
pone
o undamen e
el
nomb e
del
médico
de
Toledo.
Noso os
hemos
indagado
ace ca
de
la
pe sonalidad
del
an as
eces
ci ado
D .
D.
Rod igo
de
la
Fuen e
pa a
e
si
exis ía
algún
mo i o
po
el
cual
su
e a o
i
gu ase
en
el
eal
Alcáza ,
EMILIO
ZAPATERO
BALLESTEROS
que
es
donde
es aba
el
cuad o
del
G eco.
Es e,
en
e ec o,
en
1668
es aba
aún
en
el
palacio
en
la
Gale ía
del
Cie zo,
has a
que
en
1773
pasó
al
Re i o
y
después
ai
Museo
de!
P ado
Po
más
que
hemos
ebuscado
en
cuan as
his o ias
y
abajos
hemos
])odido
indíi^a .
e e en es
al
einado
de
Felipe
II
y
a
los
médicos
que
p es a on
sus
se icios
en
la
Real
Cáma a
y
a
los
miemb os
de
la
amilia
eal,
no
hemos
is o
esc i o
en
pa e
alguna
el
nomb e
de
l^on
Rod igo
de
la
Fuen e.
En
La
His o ia
Bibliog á ica
de
la
Medicina
Es[)añola
de
He nández
Mo ejón
(edición
de
1843)
en
la
que
hay
la gas
lis as
y
no as
biog á icas
de
cuan os
médicos
licin
enido
alguna
nomb adla
en
España,
y
especialmen e
en
los
omos
dedicados
a
las
i
gu as
médicas
del
siglo
XVI,
ampoco
apa ece
el
nomb e
del
médico
de
Toledo.
Hemos
llegado
a
la
conclusión
de
que
Don
Rod igo
de
la
Fuen e
ha
pasado
a
la
His o ia
po
el
único
hecho
de
que
Ce an es
lo
ci e
en
La
ilus e
egona:
«Venía
en e ma
y
descolo ida
y
an
a igada
que
pidió
que
luego
le
hiciesen
la
cama,
y
en
es a
misma
sala
se
la
hicie on
los
c iados.
P egun á onme
cuál
e a
el
médico
de
más
ama
de
la
ciudad.
Díjeles
que
el
Doc o
de
la
Fuen e.
Fue on
luego
po
él,
y
él
ino
luego;
comunicó
a
solas
con
él
su
en e medad,
y
lo
que
de
su
plá ica
esul ó
ué
que
mandó
el
médico
que
se
le
hiciese
la
cama
en
o a
pa e
y
en
luga
donde
no
le
diesen
ningún
uido».
T a a
Ce an es,
en
es e
episodio
de
su
no ela,
de
la
«seño a
Pe eg ina»
que
ocul aba
un
emba azo
i
ngiendo
una
hid opesía,
con
lo
que
el
D .
La
Fuen e
es
manejado
po
Ce an es
en
un
asun o
bien
poco
ai oso.
La
niña
que
dió
luego
a
luz
la
al
seño a,
ué
andando
el
iempo
la
bella
Cons anza,
o
sea.
La
ilus e
egona.
Pues
bien,
es
muy
posible
que
si
no
uese
po
es a
ci a
de
Ce an es
en
su
celebé ima
no ela,
no
es a íamos
aquí
aho a
ocupándonos
del
al
D .
D.
Rod igo
de
la
Fuen e.
Pe o
aún
hay
más:
en
el
e a o
en
cues ión
se
dice
solamen e
al
pie
«El
Doc o
La
Fuen e»
sin
el
nomb e
de
pila,
y
noso os
nos
p egun amos:
¿po
qué
es e
doc o
del
cuad o
ha
de
se
p ecisamen e
Don
Rod igo
y
no
Don
Je ónimo
de
la
Fuen e,
ambién
doc o ,
que
exis ió
a
i
nes
del
siglo
x i
y
p incipios
del
x ii,
y
que,
además,
e a
«bo ica io
del
Rey»?
Cla o
que
es e
Rey
e a
ya
Felipe
III,
pe o
si
el
cuad o
en
cues ión
ué
a
pa a
a
la
Biblio eca
Nacional
p oceden e
de
alguna
dependencia
palaciega
¿no
es
más
lógico
SOBBE
EL
PERSONAJE
REPRESENTADO
POR
«EL
GRECO»,
ETC.
79
pensa
que
enía
más
mo i os
el
bo ica io
del
Rey
que
el
médico
de
Toledo
pa a
que
su
e igie
i
gu ase
en
al
dependencia?
En
i
n,
c eemos
ene
azón
al
a i ma
que
el
médico
e a'
ado
po
el
G eco
no
es
el
D .
La
Fuen e
(¿Don
Rod igo
o
Don
Je ónimo?)
del
cuad o
de
la
Biblio eca
Nacional.
En onces,
¿quién
es
el
pe sonaje
e a ado
po
el
g an
Domenico?
El
p ime o
en
emi i
una
hipó esis
sob e
la
iden i icación
del
«Médico
desconocido»
de
el
G eco,
o
«Re a o
de
un
Médico»,
ué
el
D .
D.
Nícasio
Ma iscal,
quien
en
la
in oducción
del
Lib o
de
la
Pes e
del
D .
D.
Luis
de
Me cado,
hace
un
es udio
de
la
ida
y
ob as
de
es e
amoso
médico
de
Felipe
II,
y
en
él
hace
una
se ie
de
azonamien os
en
i ud
de
los
cuales
el
médico
e a ado
po
el
G eco
se ía
el
D .
Me cado.
Vamos
a
desa olla
la
hipó esis
de
Ma iscal,
e o zando
algunos
de
sus
a gumen os
y
apo ando
las
p uebas
g á icas
en
que
al
hipó esis
se
apoya,
así
como
o as
azones
que
noso os
c eemos
dignas
de
ene se
en
cuen a
pa a
la
iden i icación
del
ci ado
pe sonaje.
En
p ime
luga ,
de
un
es udio
se eno
y
desapasionado
del
cuad o
del
G eco,
se
deduce
que
el
médico
que
e a ó
es á
en
ac i ud
de
comen a
el
lib o
en
que
iene
apoyada
su
mano
izquie da;
que
la
de echa
es á
en
ac i ud
de
acciona
al
di igi se
a
unos
oyen es,
a
los
que
ambién
iene
di igida
la
mi ada,
ia
que
compone
el
ges o
noble
y
sosegado
del
os o.
Es
p eciso
ene
en
cuen a
que
los
ca ed á icos
de
aquel
iempo
«leían»
sus
cá ed as,
o
sea
que
después
de
lee
el
ex o
en
igo
lo
comen
aban,
ampliaban
y
alegaban
las
azones
que
su
sabe
les
inspi
aba.
Pues
bien;
es
es o
lo
que
pa ece
que
es á
haciendo
el
pe sonaje
de
G eco.
Si
aho a
enemos
en
cuen a
que
el
Doc o
Me cado,
además
de
Médico
de
la
Real
Cáma a
de
S.
H
Felipe
II
y
P o omédico
Gene al
de
los
Reinos,
e a
ca ed á ico
de
P im
de
A icena
en
la
Uni e sidad
de
Valladoiid,
ya
enemos
un
da o
impo an e.
El
D .
Me cado
e a
el
médico
más
des acado
de
los
d
Cáma a
del
Rey,
como
lo
p ueban
nume osos
da os
que
eco í
^
mos
en
la
biog a ía
de
es e
ilus e
médico
allisole ano
que
en
'
mos
en
p epa ación.
Su
ama
había
aspasado
las
on e as
has '
el
pun o
de
que
sus
lib os
se
edi a on
en
F anc o
y
Venecia
^
como
his o iado es
de
la
medicina
ex anje os
dicen
on»
'
médico
de
nomb e
más
conocido
po
aquel
en onces
en
Eu
u opa.
80
EMILIO
ZAPATERO
BALLESTEROS
Luego,
si
e a
el
médico
de
con ianza
de
Felipe
II,
como
después
lo
ué
de
Felipe
III
has a
su
mue e
acaecida
en
Valladolid
el
18
de
Diciemb e
de
1611.
si
e a
P o omédico
Gene al
de
sus
Reinos,
si
en e
1577
y
1584
es aba
en e
los
cincuen a
y
an os
y
sesen a
años
(época
en
que
Cosslo
si úa
el
e a o),
si
en onces
e a
ca ed á ico
de
la
Escuela
de
Medicina
de
Valladolid
¿no
son
es os
í ulos
más
que
su icien es
pa a
que
los
Reyes
u iesen
en
su
Palacio
el
e a o?
F en e
a
es o
no
encon amos
azón
pa a
explica
que
en
el
Real
Alcáza
i
gu ase
el
e a o
de
un
médico
de
Toledo
que
no
apa ece
en
ningún
ela o
en
elación
alguna
con
los
mona cas
ni
con
la
amilia
eal.
La
echa
del
e a o
del
G eco
coincide
con
la
de
la
máxima
ama
del
D .
Me cado
(ca ed á ico
desde
1572
y
médico
de
la
Real
Cáma a
desde
1578)
y
ya
habia
publicado
a ias
de
las
ob as
que
le
die on
enomb e
in e nacional.
Po
pa e
del
pin o
hay
ambién
una
coincidencia
de
echas:
Felipe
II
le
habia
enca gado
un
«San
Mau icio»
pa a
uno
de
los
al a es
del
Monas e io
del
Esco ial,
po
lo
que
segu amen e
hubo
de
ecuen a
la
Co e,
en
la
que
an
impo an e
papel
ep esen aba
Me cado.
Po
o a
pa e
és e
ambién
iba
a
Toledo
llamado en
consul a,
po
lo
p on o
sabemos
que
en
Toledo
obse ó
su
p ime
caso
de
ga o illo,
en
el
hijo
de
Rod igo
Suá ez
(Ma iscal).
C eemos
que
iene
azón
Ma iscal
cuando
dice
lo
siguien e:
«No
senos
obje e
diciendo
que
pudie on
conse a lo
—se
e ie e
al
e a o
y
el
Rey—
como
una
ob a
de
a e,
sin
in e esa les
el
pe sonaje
del
cual
e a
asun o.
Es o
es
muy
bueno
pa a
algunos
siglos
después.
En onces
no
solo
no
e a
g ande
el
ap ecio
que
se
hacía
de
las
ob as
del
G eco,
sino
que
has a
quedó
descon en o
el
Rey
Felipe
II
del
enca go
que
le
había
hecho
—el
cuad o
de
San
Mau icio—
y
no
quiso
coloca lo
en
el
al a
que
se
le
había
des inado.
No
le
ag adó,
sin
duda,
su
nue o
es ilo».
Es
muy
lógico,
en
nues a
opinión,
pensa
que
si
los
eyes
gua da on
y
conse a on
el
e a o
lo
hicie on
más
po
a ec o
al
pe sonaje
e a ado
que
po
admi ación
hacia
el
pin o ,
del
que
po
en onces
Felipe
II
no
es aba
muy
sa is echo.
Y
aho a
amos
con
o o
pun o
in e esan e,
po
la
in e p e
ación
que
se
le
ha
dado:
el
anillo
que
el
médico
del
G eco
iene
en
el
dedo
pulga
de
su
mano
izquie da,
apoyada
en
el
lib o.
Allende
Salaza
y
Sánchez
Can ón,
en
su
an as
eces
ci ado
lib o,
dicen
que
pa a
iden i ica
como
médico
al
pe sonaje
SOBRE
EL
PERSONAJE
REPRESENTADO
POR
«EL
GRECO»,
ETC.
81
e a ado
po
el
G eco
es
digno
de
oma
en
conside ación
el
anillo
que
os en a
en
el
dedo
pulga
de
la
mano
de echa;
y
ci an
un
ex o
de
Que edo,
cuyo
au o
e i iéndose
a
algún
médico
dice:
«so ijón
del
pulga ,
con
pied a
an
g ande
que
cuando
oma
el
pulso
p onos ica
al
en e mo
la
losa».
Aducen
ambién
que
el
cuad o
«como
médico
se
in en a ía
en
1686
en
la
Gale ía
del
Cie zo
del
Alcáza
de
Mad id.
Además
se
aduce
como
p ueba
el
ci ado
ex o
de
Que edo».
«Con
es o
—siguen
diciendo—
pa ece
queda
i
me
que
de
un
médico
se
a a;
sin
emba go
es
de
ad e i
que
en
los
e a os
de
Nicolás
de
Mona des
no
se
e
el
anillo
en
el
pulga ».
A
es o
ag egamos
noso os
que
el
lle a
anillo
en
el
pulga
e a
cosa
limi ada
exclusi amen e
a
los
doc o es.
En
aquel
iempo
en
la
solemne
colación
del
g ado
de
Doc o
se
imponían
las
insignias
siguien es:
el
bi e e,
como
signo
de
a ón
y
de
la
excelencia
de
Doc o ;
el
anillo
de
o o,
pa a
signi ica
su
des
poso io
y
unión
pe ec a,
así
como
su
amo ,
po
la
ciencia
de
que
es
c eado
nue o
p o eso ;
en
e ce
luga
que
se
coloque
al
nue o
doc o
en
asien o
si uado
en e
el
suyo
y
el
del
cancille
pa a
signi ica
la
segu idad
con
que
enseña á
en
las
cá ed as
públicas;
en
cua o
luga
se
le
p esen aba
el
lib o,
dándole
a
en ende
con.
ello
el
es udio,
lec u a
y
ap o echamien os
que
queda
obligado;
en
quin o
luga
se
le
da
el
beso
de
paz
pa a
demos a
el
mu uo
a ec o
y
la
ca idad
pa e nal...
Po
consiguien e,
solamen e
los
doc o es,
y
po
ello
los
ca ed á icos,
podían
usa
el
anillo,
po
lo
que
no
es
de
ex aña
que
en
odos
los
e a os
de
médicos
no
apa ezca
el
anillo
en
cues ión.
A
ales
é minos
se
ajus aba
la
ce emonia
de
in es idu a
del
g ado
de
Doc o ,
y
a
odas
ellas
se
some ió
Me cado
en
la
Uni e sidad
de
Valladolid,
con o me
ela amos
en
la
biog a ía
de
es e
ilus e
médico
que
enemos
en
cu so
de
edacción.
Pues
bien,
el
anillo
que
os en a
en
el
dedo
pulga
el
pe sonaje
del
G eco
(lámina
IV)
no
iene
una
sola
pied a
sino
a ias
y
hialinas,
ninguna
es
de
colo ,
y
en
el
in en a io
de
los
bienes
del
D .
Me cado,
que
i
gu a
en
el
P o ocolo
de
Tomás
López
en
el
A chi o
de
Valladolid
(úl imo
omo
de
1611,
olios
574
a
688,
documen o
que
ep oduci emos
ín eg o
en
nues o
abajo
sob e
el
médico
allisole ano)
i
gu a
«una
so ija
con
cinco
diaman es»,
y
la
del
cuad o
en
cues ión
pa ece
co esponde
a
la
que
poseyó
82
EMILIO
ZAPATERO
BALLESTEROS
el
D .
Me cado.
Decimos
es o
po
que
Allende
Salaza
y
Sánchez
Can ón
en
apoyo
de
su
hipó esis
de
que
el
médico
del
G eco
uese
el
D .
La
Fuen e,
dicen
que
es e
ué
p emiado
en
un
concu so
celeb ado
en
Toledo,
y
como
poe a
la ino,
con
«una
so ija
de
cinco
esme aldas»:
pe o
si
uese
es e
el
anillo
del
pe sonaje
del
G eco
hubiese
dado
és e
a
las
pied as
el
colo
co espondien e,
siendo
así
que
en
el
cuad o
apa ecen
sin
colo
y
hialinas,
como
co esponde
a
diaman es
y
no
a
esme aldas.
Uno
de
los
lib os
de
Me cado
es á
dedicado
al
es udio
de
«las
di e encias
que
hay
en
las
coyun u as,
y
los
modos
que
puede
habe
de
desconce a se.
Asimismo
cómo
se
pueden
y
se
deben
educi
a
su
i
gu a
y
luga ».
El
lib o
es á
esc i o
po
enca go
del
Rey
y
dedicado
a
los
Algeb is as,
o
sea
a
quienes
se
dedicaban
a
educi
las
luxaciones
y
cu a
las
ac u as
de
los
huesos.
De
és e
lib o
noso os
conocemos
la
edición
en
cas ellano
(imp esa
en
Mad id
en
casa
de
Ped o
Mad igal,
en
1599)
y
o a
pos e io
imp esa
en
F anc o
y
en
la ín.
En
es a
úl ima
se
ep oducen
los
g abados
de
la
edición
cas ellana.
La
edición
española
exis e
en
la
biblio eca
de
San
Ca los
en
Mad id,
y
la
de
F anc o
en
la
Uni e si a ia
de
San a
C uz
en
Valladolid.
Pues
bien,
en
dichos
g abados
ilus a i os
de
es e
lib o
apa ece
un
pe sonaje
que
es á
en
ac i ud
de
maes o,
enseñando
a
sus
ayudan es
a
educi
la
luxación
o
la
ac u a.
Es e
pe sonaje
es
el
mismo
en
di e en es
g abados,
po
lo
que
hay
mo i os
pa a
pensa
que
el
dibujan e
se
inspi ó
en
la
i
gu a
del
au o
del
lib o,
como
maes o
enseñan e
de
la
ma e ia
de
que
a a,
y
es e
pe so'
naje
es
el
que
apa ece
a
la
izquie da
en
la
lámina
V,
el
cual
po
el
os o,
po
la
ba ba
y
po
la
edad,
se
pa ece,
a
nues o
juicio,
al
pe sonaje
e a ado
po
el
G eco.
Ya
Ma iscal,
al
expone
su
hipó esis,
había
obse ado
la
misma
semejanza
pues o
que
a
p opósi o
de
es e
lib o
de
los
algeb is as
esc ibe
ex ualmen e;
«...obse amos
que
opues amen e
a
lo
que
suele
acon ece
en
es as
iñe as,
donde
las
imágenes
son,
po
lo
gene al,
especies
de
muñecos
o
maniquíes
con
os os
e sos
e
inexp esi os,
más
pa ecidos
a
i
gu ines
de
modas
que
a
g abados
que
ep oduzcan
las
ope aciones
manuales
e
ins umen ales
que
en
el
ex o
se
desc iben,
cuando
no
son,
como
ocu e
en
muchas
ob as
i alianas
de
esa
época,
i
gu as
clásicas,
admi ablemen e
dibujadas,
an o
pa a
ep esen a
al
pacien e
como
al
p o eso
y
ayudan es
que
le
auxilian,
se
ep oducía
en
la
mayo
pa e
de
aquellos
la
imagen
SOBRE
EL
PERSONAJE
REPRESENTADO
POR
«EL
GRECO»,
ETC.
83
de
un
p o eso
ene able,
de
la ga
ba ba
blanca
e minada
en
pun a
y
no
con
mucho
esme o
cuidada,
de
sesen a
y
an os
a
se en a
a ios
de
edad,
os o
g a e
e
in eligen e,
sencillo
en
el
es i ,
noble
en
su
aspec o,
y
supusimos
que
el
osco
dibujan e
había
que ido
ep esen a
allí
la
i
gu a
de
un
p o eso
que
le
e a
conocido,
y
que
dedujimos
podía
se
la
del
au o
del
lib o,
la
cual
segu amen e
no
se
apa a ía
de
su
imaginación
mien as
es u iese
cumpliendo
su
enca go».
Es os
azonamien os
de
Ma iscal
los
hacemos
nues os
al
conside a
la
semejanza
que
encon amos
en
los
e e idos
g abados
del
lib o
de
los
algeb is as,
el
cual
hemos
es udiado
con
el
de alle
que
me ece
en
el
cu so
de
nues o
ya
ci ado
abajo
en
p epa ación
sob e
la
i
gu a
y
las
ob as
del
D .
Me cado.
En
el
claus o
que
ci cunsc ibía
el
ja dín
in e io
de
la
an igua
Facul ad
de
Medicina
de
Mad id,
había
una
se ie
de
medallones
con
la
e igie
de
unos
cuan os
médicos
ilus es:
Laguna,
Mona des,
Po cell,
Se e ,
Valles
y
Villalobos,
es aban
allí
i
elmen e
e a ados;
pues
bien,
po
el
mismo
escul o ,
que
an
i
elmen e
había
e a ado
a
es os
médicos,
se
hizo
un
medallón
de
Me cado,
que
i
gu aba
al
lado
de
aquellos
eminen es
médicos.
Es e
medallón
de
Me cado
le
ep oducimos
en
la
lámina
IV,
se
a a
de
un
dibujo
del
e e ido
medallón
hecho
po
el
concien
zudo
pin o
de
his o ia
y
hábil dibujan e
D.
Ramón
Pulido
y
Fe nández,
y
que
Ma iscal
da
en
su
es udio
sob e
Me cado
en
la
in oducción
del
lib o
sob e
la
pes e
edi ado,
pa a
su"
colección
de
Clásicos
de
la
Medicina,
po
la
Real
Academia
de
Medicina
de
Mad id.
El
homb e
ep oducido
en
el
medallón
iene
un
so p enden e
pa ecido,
aun
apa eciendo
de
pe il,
con
el
médico
e a ado
po
el
G eco:
la
misma
o ma
de
su
ba ba,
idén ica
na iz,
en e,
mejillas,
ojos,
o ejas...;
cabe
pensa
que
el
uno
es aba
omado
del
o o
o
ambos
del
o iginal;
pe o
como
es o
no
es
posible,
pues
que
la
pa e
más
an igua
del
edi icio
en
que
el
medallón
es aba
e a
del
siglo
x iii,
cabe
sospecha
que
el
escul o
sabía
quién
e a
el
pe sonaje
e a ado
po
el
G eco,
o
u o
a
su
disposición
una
QQpia^
au én ica
que
no
conocemos
noso os
y
de
ella
se
si ió
pa a
esculpi
el
medallón
(Ma iscal).
Y
con
es o
hemos
llegado
al
i
nál
de
nues o
abajo
a
lo
la go
del
cual
c eemos
habe
aducido
azones
su icien es
pa a
o mula
es as
dos
conclusiones: