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La torre de Santa María de Dueñas y Alonso de Tolosa: una huella de lo herreriano en Castilla

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La torre de Santa María de Dueñas y Alonso de Tolosa: una huella de lo herreriano en Castilla

Author: Alfonso Gago, Casimiro
Publisher: Universidad de Valladolid
Year: 1942
Source: https://uvadoc.uva.es/bitstream/10324/50334/3/articulo_2717385.pdf
TT'
UNA
HUELLA
DE
LO
HERRERIANO
EN
CASTILLA:
LA
TOPRE
DE
SANTA
MARÍA
DE
DUEÑAS
y
ALONSO
DE
TOLOSA
La
co ien e
de
depu ación
clasicis a
en
las
obVas
enacien es,
iene
su
o igen
en
el
p ime
albo ea
de
las
nue as
endencias
consl ucíi as
que
apo a
la
g an
e olución
cul u al
con a
los
p incipios
medie ales.
Tal
depu ación
no
es
sino
la
lógica
conse
cuencia
de
un
p oceso
e olu i o,
cuyos
pun os
de
a anque
hemos
óe
busca les
en
maes os
educados
en
I alia;
así,
Ba olomé
O dó-
ñcz
y
Diego
de
Sllóee.
inician
una
e a
a ís ica
que
culmina
pujan e
en
lo
he eiiano,
no
sin
que
an es
se
encuen en
en onques
del
es ilo
i il
y
depu ado
de
Juan
de
He e a
en
a qui ec os
insignes
como
los
dos
Vega-
González
de
La a,
F ancisco
de
Villalpando
y
sob e
odos,
Machuca.
A
a és
de
las
ob as
de
es os
a qui ec os,
empanadas
con
esabios
an
i alianizan es,
puede
segui se
paso
a
paso
la
e olución
p og esi a
de
depu ación
a qui ec ónica
en
la
p ime a
mi ad
del
siglo
XVI,
en
que
el
a e
o cejea
po
libe a se
del
excesi o
empaque
o namen al
de
lo
isabelino
y
pla e esco.
F en e
al
pu ismo
de
épocas
p eceden es,
su ge
aho a
—segunda
mi ad
del
x i—
la
simplicidad
de
o mas,
la
a ogancia
y
esbel ez
de
líneas,
la
se enidad
imponen e
y
majes uosa
de
la
con
a e o ma
he e iana.
Apa ece
és a
cuando
aún
el
pu ismo
no
había
llegado
a
la
pleni ud
de
su
desa ollo,
uncando
de
golpe
su
na u al
e olución.
Sin
sabe
cómo.
He e a
se
e ige
en
dic ado
con
nue as
leyes
a qui ec ónicas
que
ienen
po
base
la
línea
ec a.
Si
que emos
encon a
en
la
an igüedad
clásica
p eceden es
de
es e
nue o
a e,
hemos
de
e o ae
nues a
mi ada
más
allá
de
los
mundos
cul u
ales
omano
y
g iego
pa a
opa
de
lleno
con
las
cons ucciones
monumen ales
del
Egip o
his ó ico.
Aquí,
en
es as
ibe as
nilóíicas.
es
donde
encon amos
plasmadas
las
nue as
ideas
cons uc i as.
Cómo
llega
el
A qui ec o
del
Rey
P uden e
a
encaja
con
las
e us as
cons-
160
CASIMIRO
ALFONSO
GAGO
í ucciones
de
los
a aones
egipcios,
es
p oblema
que
escapa
al
b e e
es udio
que
nos
hemos
p opues o
en
es as
líneas.
Bás enos
sabe ,
que
es e
a qui ec o
ígido,
«homb e
de
ca abón
y
plomada»
en
ase
de
nues o
g an
Políglo a,
e a,
an e
odo,
un
g an
geóme a,
un
pe ec o
ma emá ico
como
lo
ue on
los
a qui ec os
a aónicos
y
como
és os,
en
odo
momen o,
se
ió
in luido
po
una
ue e
y
abs ac a
eligiosidad.
Sencillez
p o unda,
majes uosidad
asomb osa,
pod íamos
deno
mina
a
la
magna
ob a
que
ha
inmo alizado
el
nomb e
de
es e
a qui ec o
mon añés.
Nunca
se
pod án
sepa a
los
nomb es
de
El
Esco ial
y
de
Juan
de
He e a.
Enca na
es a
ob a
cumb e
de
nues o
Renacimien o
con
su
esbel ez,
con
la
g andeza
de
sus
senci
llas
o mas,
ne amen e
el
espí i u
i il
de
la
ue e
aza
española.
Es
además
la
ob a-escuela
de
odos
los
a is as
de
la
época.
He e a
se
impone
aquí
con
sus
genuinas
ideas
a
odos
los
de
su
época,
eclipsando
las
endencias
egionalis as
que
obse amos
en
la
a qui
ec u a
de
siglos
p eceden es,
pa a
uni ica
el
sis ema
cons uc i o
en
un
solo,
ipo,
el
he e iano.
Una
inmensa
pléyade
de
discípulos
eciben
del
maes o
las
no mas
de
cons ucción,
y
cuan os
a is as
se
conocen
de
la
época
eciben
más
o
menos
di ec amen e
las
enseñanzas
del
insigne
san ande ino.
Pocos
son
los
que
se
ace can
al
maes o,
muchos
—mejo
odos—
los
que
le
siguen.
En
es a
incompa able
escuela
de
can e ía
se
o mó
un
a is a,
no
po
cie o
muy
conocido,
que,
al
sepa a se
del
maes o,
di igió
sus
ac i idades
cons uc i as
po
las
es epas
de
la
mese a
cas ellana.
Fué
és e,
ALONSO
DE
TOLOSA.
Pa ece
se ,
como
apun a
el
S .
Ga cía
Chico
en
sus
«Documen os
pa a
la
his o ia
del
A le
en
Cas illa»,
que
el
hon oso
í ulo
de
«c iado
de
su
Magcs ad»
que
os en a
enga
como
undamen o
la
escuela
de
ap endizaje
donde
se
o mó.
En
ella
se
ap opia ía
las
no mas
que
con
an a
esbel ez
y
elegancia
desa olla
en
las
ob as
que
de
él
nos
quedan
po
ie as
de
Paiencia
y
Vailadolid,
A ogan e
y
al i a,
como
igía
de
un
ho izon e
sin
in
se
ele a
sob e
una
pequeña
colina
una
de,
sus
mejo es
ob as,
la
o e
de
San a
Ma ía
de
Dueñas.
Es
cu ioso
obse a
que,
una
ez
mue o
Rod igo
Gil
de
Honía-
i
ón,
uno
de
los
ju is as
en
Cas illa
y
en
cuyas
ob as
es
di ícil
p ecisa
esa
endencia
a
lo
p opiamen e
a qui ec ónico
que
culmina
en
He e a,
el
obispo
de
Paiencia
nomb e
a
Alonso
de
Tolosa
« eedo »
de
las
ob as
de
su
diócesis.
En
al
ca go
desa olla
una
UNA
HUELLA
DE
LO
HERRERIANO
EN
CASTILLA,
ETC.
161
-ac i idad
y
genio
so p enden es.
En
sus
ano aciones
como
inspec o
de
ob as
y
en
sus
plan as
pa a
la
cons ucción
de
o as
nue as,
se
obse a
un
espí i u
a en o
y
minucioso
que
p ecisa
has a
el
más
insigni ican e
de alle.
Pudié amos
deci ,
que
aquel
espí i u
pe spicaz
y
minucioso
has a
la
exage ación
que
ca ac e izaba
a
la
g an
i
gu a
de
nues o
Felipe
II,
había
sa u ado
a
a és
del
maes o
a
es e
i
el
discípulo
del
nue o
es ilo
ue e
y
i il.
Donde
más
pa en e
apa ece
esa
minuciosidad,
esa
p eocupación
del
a is a
consumado
es
en
la
aza
que
da
pa a
la
cons ucción
de
la
nue a
o e
de
San a
Ma ía
de
Dueñas
y
en
las
condiciones
que
apun a
ha
de
lle a
a
cabo
el
maes o
que
se
enca ga e
de
dicha
ob a.
Si
és as
no
se
lle an
a
e ec o
pa ece
se
que
hay
que
a ibui lo
a
un
cambio
de
maes o
de
can e ía,
ya
que
la
des iación
de
las
mismas
iene
luga
cuando
la
ob a
se
encuen a
ya
bas an e
a anzada.
De
un
es udio
compa ado
en e
la
aza
(Lám.
I)
y
la
es uc u a
ac ual
de
la
o e
(Lám.
II)
se
deduce,
que
has a
la
e minación
del
p ime
o den,
de
lo
cons uido
de
nue o
(hay
que
ene
en
cuen a
que
se
cons uye
sob e
un
p ime
cue po
de
ipo
gó ico
a anzado),
se
siguen
paso
a
paso
la
aza
y
condiciones
p opues as
po
Alonso
de
Tolosa.
Se
encuen a
és e
asen ado
sob e
los
es os
de
una
p imi i a
o e,
de
la
que
queda
ín eg o
su
p ime
cue po,
cuyo
ni el
alcanza
los
ale os
dé
mesilla
de
la
iglesia
con
los
que
encaja
pe ec amen e
el
oladizo
que
ema a
lo
ac ual
de
la
an igua
cons ucción.
Sob e
al
oladizo,
y
como
ansición
de
lo
gó ico
a
lo
he e iano,
hay
una
aja
de
pied a
lige amen e
desbas ada
po
sob e
la
cual
co e
una
co nisa,
en
la
que
p opiamen e
da
comienzo
la
ob a
de
Tolosa,
lo
«he e iano».
Es
un
sencillo
cue po
oladizo,
en
el
que
sólo
se
des aca
una
moldu a
con exa
en
su
pa e
in e io .
Sob e
él
descansan
di ec amen e
las
dos
pilas as
que
en
cada
una
de
las
cua o
ca as
de
la
o e
enma
can
los
di e sos
ó denes
de
la
misma.
A
su
al u a
ambién
comienza
la
bó eda
que
cub e
el
ca acol
que
da
acceso
a
la
o e
y
a
la
que
ema a
una
es e a
pé ea.
Es e
p ime
cue po,
además
de
las
dos
pilas as
ya
mencio
nadas,
iene
enma cadas
po
un
ecuad o
dos
en anas
ciegas
y
sob e
cada
una
de
ellas
un
ano,
asimismo
ciego.
En
unas
y
o os
es án
de
una
mane a
muy
acusada
las
jambas
y
din eles.
En
la
pa e
supe io
y
an es
de
llega
al
saledizo
que
aisla
és e
del
cue po
supe io ,
se
des aca
un
i
no
ile e
con exo
que
co iendo
sob e
el
ecuad o
y
a
a és
de
las
pilas as
p es a
cie a
elegancia
a qui ec ó
nica
al
conjun o.
La
co nisa
que
co ona
es e
p ime
o den
es
más
11
162
CASIMIRO
ALFONSO
GAQO
complicada
que
la
de
la
pa le
in e io .
Además
de
una
moldu a-
con exa
que
simula
el
sopo e
del
oladizo,
iene
es e
una
moldu a
semici cula
cónca a.
En e amen e
igual
que
el
an e io ,
si
hacemos
excepción
de
las-
medidas,
había
de
se
el
cue po
de
la
o e
que
aquí
da
comienzo,
según
le
señalan
la
aza
y
condiciones.
Pe o
esul a
que
en
és e
la
cons ucción
se
apa a
con
muy
no o ia
di e encia
de
lo
es ablecido
en
la
esc i u a
y
aza
que
i
ma
Alonso
de
Tolosa.
¿Hubo
modi ica
ción
en
es as?
¿Hay
que
pensa
en
un
cambio
de
maes o?
En
ealidad
nada
se
puede
a i ma
en
conc e o,
ya
que
ca ecemos
de
da os
documen ales.
Sin
emba go
no
pa ece
muy
lógico
que
el
mismo
Tolosa
desdijese
lo
que
an
minuciosamen e
había
p ees able
cido
en
sus
condiciones.
Cuáles,
pues,
sean
las
azones
que
mo i en
la
mu ación,
no
son
áciles
de
de e mina .
Con
odo,
con iene
p ecisa ,
y
en
ello
pudié amos
encon a
una
solución
de
la
incógni a,
que
el
apa ejo
de
es e
segundo
cue po
es á
más
cuidado
que
en
el
o den
an e io .
Es o
pod ía
lle a nos
a
la
conclusión
de
un
cambio
en
la
mano
de
ob a.
En
líneas
gene ales,
sin
emba go,
se
sigue
el
plan
de
Alonso
de
Tolosa;
las
pilas as
son
simé icas
a
las
del
o den
in e io ,
lo
es
asimismo
el
ecuad o
que
enma ca
los
anos
y
lo
mismo
que
en
aquél
exis e
aquí
el
i
le e
con exo
que
co e
al ededo
de
la
o e
sob e
los
ecuad os.
La
di e gencia
de
lo
cons uido
con
lo
ano ado
po
Tolosa
es á,
en
que,
en
luga
de
las
en anas
y
ecuad os
del
an e io ,
se
ab en
aquí
dos
esbel os
anos
ce ados
po
a cos
de
medio
pun o
pe al ados
que
a ancan
de
los
din eles
asen ados
sob e
las
jambas.
La
cla e
de
es os
a cos,
más
p onunciada
que
las
es an es
do elas,
se
p olonga
has a
oca
el
ecuad o
que
encie a
ambos
anos.
El
saledizo
que
sepa a
es e
segundo
cue po
del
e ce o
y
supe
io
de
la
o e
es
igual
a
aquel
que
imos
en
su
pa e
in e io
aislándole
del
p ime o.
Sob e
es e
oladizo
a anca
el
e ce
o den
de
la
o e
donde
la
disc epancia,
ya
consignada,
se
acen úa
de
una
mane a
más
acu
sada.
Un
g an
ano
cen al
ce ado
con
a co
de
medio
pun o,
dos
la e ales
asimismo
ema ados
po
a cos
de
medio
pun o
que
sólo
hab ían
de
llega
a
los
din eles
sob e
los
que
a anca
el
a co
del
an e io
y
pa a
llena
o almen e
el
lienzo
que
ecoge
el
ecuad o,
sob e
es os
dos
anos
y
ya
sob e
el
ni el
de
los
din eles
del
cen al,
hab ía
o os
dos
pequeños
y
cuad ados
que
p es a ían
g acia
a
odo
UNA
HUELLA
DE
LO
HERRERIANO
EN
CASTILLA,
ETC.
163
el
con|unío.
Es o
se ía
el
sup adicho
o den
según
el
pensamien o
de!
ya
conocido
discípulo
de
He e a,
En
la
ealidad
nos
encon amos
con
algo
o almen e
dis in o.
En
luga
de
lo
desc i o,
que
es
lo
que
se
obse a
en
la
aza
y
ma can
las
condiciones,
emos
(lám.
II)
que
en
cada
una
de
las
ca as
de
la
o e
se
ab en
dos
sendos
anos
sin
sime ía
alguna
espec o
a
los
an e io es.
Su
mayo
anchu a
les
hace
se
más
achapa ados
que
los
del
cue po
in e io ,
achapa amien o
que
acen úa
su
meno
al u a
a
la
cla e.
La
do ela
que
cons i uye
es a
sob esale,
como
en
los
anos
del
o den
in e io ,
de
las
es an es
del
a co
y
como
en
aquéllos,
ambién
aquí
se
p olonga
has a
oca
el
ecuad o
que
enma ca
los
anos.
Bien
es
e dad
que
aquí
la
p olongación
no
es
an
exage ada
debido
a
la
mayo
p oximidad
del
asdós
de
los
a cos
al
ecuad o.
A
pa i
de
la
i
na
moldu a
que
hemos
is o
co e
po
encima
del
ecuad o
en
los
cue pos
in e io es,
se
des acan
aquí
los
canes
que
sopo an
el
g an
co nisamen o
sob e
el
que
co e
la
gale ía.
En
núme o
de
ece
po
ca a;
o man
el
g an
oladizo
y
gale ía
un
conjun o
de
sabo
muy
ag adable.
En
la
co nisa
se
ab en
po
lado
cua o
sencillas
gá golas
pa a
el
desagüe
del
canalón
que
co e
po
delan e
de
la
balaus ada
de
la
gale ía,
en
el
que
se
encauzan
las
aguas
de
és a
y
de
la
cúpula.
Pe sis en
las
di e encias
en e
lo
p econcebido
y
lo
ejecu ado
aun
en
la
ci ada
balaus ada.
De
los
dos
pilas ones
cen ales
de
cada
lado,
que
según
la
aza
debían
exis i ,
sólo
se
hizo
uno
ema
ado
po
una
g an
bola
dp
pied a.
Los
chapi eles,
pi ámides
pe
ec as,
es án
en
odo
con o me
con
lo
señalado
en
lo
aza.
Como
en
los
pilas ones
cen ales
ambién
aquí
sendas
bolas
ema an
los
é ices.
De
la
media
na anja,
pedes al
y
pi ámides
que
an
bien
habían
de
en ona
con
el
conjun o
nada
exis e
hoy;
únicamen e
po
la
aza
y
condiciones
nos
podemos
da
cuen a
de!
ono
que
da ía
a
oda
la
ob a.
Pe dió
esbel ez
con
ia
mu ilación
lle ada
a
e ec o
en
la
pasada
cen u ia,
dice
Ga cía
Chico
(1).
La
cúpula
y
pequeño
cimbo io
que
hoy
iene,
en
poco
o
en
nada
con ibuyen
a
hace la
más
ai osa
y
elegan e.
Casimi o
Al onso
Gaoo
(1)
«Documen os
pa a
el
es udio
del
a e
en
Cas illa».
Tomo
I,
A qui ec os.
Valladolid
1940,
pág.
52.
En
es a
ob a
se
ansc ibe
el
documen o
a
que
hacen
e e encia
es ás
no as.

I
*'*
*
11
■
Lámina
I.
—Alonso
de
Tolosa.—To e
y
alzado
de
la
iglesia
de
San a
Ma ía
de
Dueñas
(Palencia).
í;ii5 ''
-
.''W-'.^
" 'V-''"
1
-Jí:
-•-
•
.
.
.•X-
Lámina
11.—Alonso
de
Tolosa.-To e
de
la
iglesia
de
San a
Ma ía,
de
Dueñas
(Palencia).