EL ESCRITOR PERIÓDICO:
LEOPOLDO ALAS CLARÍN, 1883-1884
SANTIAGO
DÍAZ LAGE
Uni e sidade
de
San iago
de
Compos ela
CRISIS
DE LA
ESCRITURA
Los años
de
1882
a
1884
en la
p ime a ascensión
y la
p ime a caída
del
pe iodis a Leopoldo Alas Cla ín, desde
su
econocida pa icipación
en el de-
ba e sob e
el
Na u alismo, has a
el
momen o
en que se
encuen a
sin
«una
almena
que
pueda deci
que es
mía»,
sin
ninguna hoja «donde deci
mi
leal
opinión»^
Lo
pa adójico
del
caso
es que
es e p oceso coincide
en el
iempo
con
la
expansión
de la
p ensa egis ada
a lo
la go
de la
década
de 1880,
cuando empiezan
a
apa ece nue os dia ios, semana ios cul u ales, e is as
ilus adas
y, con
ellos, oda clase
de
suplemen os especializados
y
almana-
ques^.
Leopoldo Alas, en egado
a la
cons ucción
de una
igu a pública,
consag ado como c í ico li e a io
ya
an es
de
publica se Solos
de
Cla ín
en
1881,
no
pe de á
la
ocasión
de
p odiga se
en
esos medios ecién undados,
conjugando dis in as pe iodicidades
y
buscando dis in os cauces pa a cada una
de
las
o mas enuncia i as
que
cul i ad Pe o,
al
hace lo,
se
e á
en la
nece-
'
La
p ime a ci a p ocede
de una
ca a
a
Galdós echada
el 24 de
julio
de 1884, en
Soledad
ORTEGA
(éd.), Ca as
a
Galdós, Mad id: Re is a
de
Occiden e,
1964, pp. 221-
223,
p. 223; la
segunda,
de la
ca a
sin
echa
que la
p ecede,
pp.
218-221,
p. 220.
^ Véase,
a
í ulo indica i o, Jean-F ançois BOTREL, «Es adís ica
de la
p ensa mad ile-
ña
de 1858 a
1909»,
en
Lib os, P ensa
y
Lec u a
en la
España
del
siglo
XIX,
Mad id:
Fundación Ge mán Sánchez Ruipé ez-Edi o ial Pi ámide,
1993, pp.
360-379;
y
Cecilio
ALONSO,
«Cla ín
y la
con igu ación
del
espacio li e a io
en la
p ensa
de la
Res au ación»,
en A aceli IRAVEDRA
VALEA,
Elena
DE
LORENZO ALVAREZ
y Al a o Ruiz
DE LA
PEÑA
(eds.),
Leopoldo Alas, Un clásico con empo áneo: Ac as
del
cong eso celeb ado
en
O iedo
(12-16
de
no iemb e
de
2001), O iedo: Uni e sidad
de
O iedo, 2002,
pp.
157-201.
^
Si en 1881
esc ibe,
con una u
o a i ma, pa a
La
Publicidad,
El
Mundo Mode no,
El P og eso,
El
Impa cial
y El Día, en 1883 ya
colabo a pe iódicamen e
en El Día, La
Publicidad,
El
Guadale e,
El
Po eni
de
Se illa,
La
Ilus ación Ibé ica, A e
y
Le as,
El P og eso, Mad id Cómico
y La
Diana,
y más
ocasionalmen e
en La
Ilus ación Espa-
ñola
y
Ame icana,
La
Ilus ación A ís ica,
La
Re is a Ibé ica
y en el
Almanaque
de la
Ilus ación (pa a 1884):
c .
Y an LiSSORGUES,
«La
p oducción pe iodís ica
de
Leopoldo
Rli ,
LXVII,
134
(2005), 411-439
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412
RLi ,
LXVII,
134,
2005
SANTIAGO
DÍAZ LAGE
sidad de ajus a su esc i u a a una lógica de p oducción de ex o y unas con-
diciones de publicación que ya no son las de su época de edac o en El
Sol eo y en La Unión, sino las de un esc i o pe iódico que, más que ob e o
li e a io, como que ía la o odoxia na u alis a, acaba á po se emp esa io de
sí mismo"*.
El esc i o pe iódico es aquel que, pa a p ocu a se unos ing esos y man-
ene un cie o ma gen de libe ad c ea i a, empieza a colabo a en dis in as
e is as y dia ios, endiéndole a cada uno de ellos, según su ca ác e y su
na u aleza, un géne o de ex o más o menos especializado; jun o a la pe s-
pec i a an as eces imaginada de di igi se a dis in as acciones sociales su -
ge,
pues, la posibilidad eal de di igi se a dis in os momen os de una misma
acción social. Pe o al dispe sa se la p esencia pública del esc i o en a-
ios pe iódicos, se espacian ambién sus in e enciones en cada uno de ellos,
de modo que el p incipio y el inal de cada enunciado quedan mucho más
ma cados y je a quizados, y la conciencia de es a diciendo algo, de debe
deci lo, o de no deci lo cuando debe ía deci se, llega con ecuencia a
e ela se en el discu so: con la expansión capi alis a de la p ensa, la palab a
pública se uel e al mismo iempo más banal y más i e e sible^.
El desa ollo de la esc i u a pe iódica, en an o que modo de p oducción
de ex o, se asien a sob e dos enómenos complemen a ios: uno, la disg e-
gación de la plana de los pe iódicos en o mas ex uales cada ez más b e-
es y he e ogéneas; y dos, el éxi o pa alelo de los suplemen os semanales
concebidos según el modelo de Los lunes de El Impa cial, que acogían, bajo
una o ma pe iódica, los ipos de ex o que no cabían en el dia io, ocupando
así un espacio que has a en onces es aba ese ado a las e is as ilus adas.
Tan dispa es son las oces que con o man la lec u a dia ia, semanal o men-
sual de un lec o cada ez más anónimo, que los esc i o es busca án écni-
cas pa a ende un hilo ex ual que a a iese an os e azos de co idianeidad
y cons uya, ambién en el hábi o de lee el pe iódico, una memo ia de lo
que se dijo aquí
mismo
días, semanas o meses an es. Quizás po eso las éc-
nicas de nues os esc i o es pe iódicos a an, ya no sólo de con e i le al ex o
una con inuidad a gumen ai o a gumen a i a que no u o ni en la concepción
ni en la esc i u a, sino más bien de es i ui le al esc i o , median e el ex o,
una imagen uni a ia y cohe en e de sí mismo y de su ac i idad. El ca ác e
Alas,
Cla ín (1868-1901)», en Leopoldo
ALAS
Cla ín, Ob as comple as il: A ículos
(1882-1890), ed. Jean-F ançois Bo el e Y an Lisso gues, O iedo: Nobel, 2004, pp. 7-57.
"^ Remi o aquí a Émile ZOLA, «L'a gen dans la li é a u e» [1880], en Le Roman
Expénmen al, Pa is: Ga nie -Flamma ion, 1971, pp. 175-210. C . Jean-F ançois BOTREL,
«Zola, l'a gen e la condi ion de l'éc i ain en Espagne», en Simone
SAILLARD
y Adol o
SOTELO VÁZQUEZ (eds.), Zola y España: Ac as del coloquio in e nacional (Lyon, sep iem-
b e de 1996), Ba celona: Edicions de la Uni e si a de Ba celona, 1997, pp.
35-43.
^ C . Mijail M.
BAJTÍN,
«El p oblema de los géne os discu si os», en Es é ica de la
c eación e bal, México: Siglo XXI, 1997 (T éd.), pp. 248-293, especialmen e pp. 256-270.
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EL ESCRITOR PERIÓDICO: LEOPOLDO ALAS
CLARÍN,
1883-1884
RLi , LXVII, 134, 2005 413
social
de la
esc i u a queda sepa ado
del
esc i o , como
si
uese
un
don
na-
u al social
del
p opio ex o.
En
los
años
1883
y
1884,
oda
la
esc i u a
de
Leopoldo Alas Cla ín
pa-
ece es a a a esada
po
es as p oblemá icas eó icas
y
p ác icas,
y de
ello
enemos p uebas an o
en su
co espondencia como
en los
ex os pe iodís i-
cos
que me
p opongo analiza aquí,
a
sabe ,
las
ca as
de El
hamb e
en
Andalucía-La c ísis
de
Andalucía
y los
cuen os
de Los
anseún es, «A eci-
lla»
y
«Bus aman e». Esos es í ulos ep esen an
en
o al ein a
y
nue e
en egas,
es
deci , ein a
y
nue e unidades
de
esc i u a, publicación
y
e i-
bución^:
las
ein iuna
de
El
hamb e
en
Andalucía
se
publican
en El Día
en e
el
31
de
diciemb e
de
1882
y el
21 de
julio
de
1883;
las
once
que
cons i u-
yen «A ecilla» apa ecen
en La
Ilus ación Ibé ica en e
el 6 de
ene o
y el 6
de sep iemb e
de
1883;
y las
sie e
de
«Bus aman e» empiezan
a
publica se
el
10 de
ab il
y
e minan
el 27 de
diciemb e
de
1884,
poco an es
de
sali
«Zu i a»
en el
Almanaque
de la
Ilus ación Española
y
Ame icana pa a
1885.
A
lo
la go
de
1883
habían
ido
en e e ándose
en la
p ensa, desde
La
Ilus-
ación A ís ica has a Mad id Cómico,
«El
amigo
del
d ama»,
«Mi
en ie o
(Discu so
de un
loco)», «Los seño es
de
Casabie a»
y
«Paloma es
I
(F ag-
men o
de
una
no ela): Mosquín»,
y
muchos
de
los
cuen os
que
después apa-
ece ían
en
Pipa (1886)^.
Al
p epa a los pa a
la
edición
en
lib o,
a
inales
de 1885, Alas insis ió
en
da a
los
ex os, «pa a
que
se
ea que
odo
es an-
e io
a La
Regen a»^, como
si ya
quisie a aco a
en su
ayec o ia
una
e apa
cohe en e
en la
que
el
c í ico li e a io
y
polí ico
a
haciéndose no elis a.
¿Qué puede signi ica
al
dedicación
a la
na a i a? Es á cla o
que
en e
1882
y
1884
Alas u iliza
sus
colabo aciones
en
p ensa como banco
de
p ue-
bas
de
ideas, écnicas
y
pe sonajes
que
desa olla á
y
u iliza á
en La
Regen a^.
^ Pa a
la
dis inción
de
í ulo, a ículo
y
en ega, éase Y an LiSSORGUES,
op. ci ., p. 13.
"^ Tomo
los
da os
de los
cuad os c onológicos
que
incluye Ca olyn RICHMOND
en su
edi-
ción
de los
Cuen os comple os
de
Cla ín, Mad id: Al agua a, 2000, omo ll/2,
pp.
617-625.
^
De una
ca a
a
Manuel Fe nández Lasan a,
sin
echa pe o con es ada
po
es e
el 4-
XII-1885,
en
Jose e
BLANQUAT
y
Jean F ançois
BOTREL,
Cla ín
y
sus
Edi o es:
65
ca -
as inédi as
de
Leopoldo Alas
a
Fe nando
Fe
y
Manuel Fe nández Lasan a, 1884-1893,
Rennes: Uni e si é
de
Hau e B e agne, 1981,
pp.
19-21,
p. 20.
^ Véase Simone
SAILLARD,
«Leopoldo Alas, 1882-1884:
el
iempo
de La
Regen a»,
en Juan José
GiL
CREMADES
y
Leona do ROMERO TOBAR (eds.), Cla ín, ca ed á ico
de
Za agoza, Za agoza: P ensas Uni e si a ias, 2001,
pp.
121-143;
y
Leopoldo Alas (Cla ín),
collabo a eu
du
jou nal
El
Día.—Du jou nalisme
au
oman. Thèse
de
Doc o a d'É a ,
Uni e si é
de
Toulouse-Le Mi ail,
1974. C .
ambién Se gio
BESER,
«In oducción»,
en
Se gio
BESER
(éd.), Cla ín
y
«La
Regen a», Ba celona: A iel,
1982, pp. 9-93;
Leona do
ROMERO TOBAR,
«La
e apa za agozana
de
Cla ín: biog a ía
y
c eación li e a ia»,
en
Juan
José
GIL
CREMADES
y
Leona do
ROMERO TOBAR
(eds.),
pp.
77-93; Ca olyn
RICHMOND,
«Conexiones emá icas
y
es ilís icas
del
lib o Pipa
con La
Regen a»,
en
An onio ViLANOVA
(éd.),
Ac as
del
Simposio In e nacional «Cla ín»
y su
ob a
en el
Cen ena io
de La
Re-
gen a, Ba celona: Edicions
de la
Uni e si a
de
Ba celona, 1985,
pp.
229-250,
y
«Gé me-
nes
de La
Regen a
en
es cuen os
de
Cla ín»,
en
Ac as
del
Vlil Cong eso
de
la
Asocia-
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414 RLiu LXVIl
134,
2005
SANTIAGO
DÍAZ
LAGE
Pe o,
al
mismo iempo,
la
p oducción de ex os de icción eacciona
a la
c isis
de esc i u a que he mencionado,
e
in en a conju a la po dos ías: po un lado,
el a gumen o,
la
si uación
e
incluso
los
nomb es
de los
pe sonajes pueden
cohesiona
el
discu so, encamando
en el
ex o inal
la
unidad pe dida
del
abajo in elec ual,
la
edacción,
los
dis in os momen os
de la
publicación,
y
la lec u a;
po
o o,
la
icción
no
gene a necesa iamen e
un
sus a o
de do-
cumen os
que
pueda di icul a
o
di e i
la
pues a
en
ases
del
o iginal de i-
ni i o, sino
que
desde
el
p incipio pone
en
ci culación pública oda
la
le a.
Si
la
ealización
de un
a ículo-cuen o^° es, pa a Cla ín,
un
eje cicio
de me-
mo ia que cob a o ma
en el
ac o mismo
de
esc ibi
una
en ega des inada
a
la publicación,
la de una
encues a económica como
El
hamb e en Andalucía
es á a a esada po
un
in incado as ondo
de
da os, ci as, documen os
y
es-
imonios an e io es
al
momen o
de la
esc i u a,
que son
ambién abs accio-
nes
y
cuan i icaciones
de
ealidades sociales
que el
en iado especial io,
in-
e p e ó
y
acionalizó ^^ Aunque las p ime as ca as ue on edac adas du an e
el iaje,
el
p oceso gene al
de
p oducción
de
ex o queda escindido
en dos
momen os enden es
a
au onomiza se
el
uno
del
o o:
el de la
ecolección
de
da os
y
ci as,
que se
ealiza
en
con ac o
con la
ealidad
de la
que
se
habla,
y
el de la
edacción
a
pos e io i
del
o iginal,
en el que han de
econcilia se
la memo ia
y los
núme os ob enidos.
Es a pa icula idad
se
e ela incompa ible
con las
écnicas
de
esc i u a
discon inua
que
Alas
usa
pa a
sus
ex os
de
icción,
en la
medida
en que
incluso
su
plan
de
abajo pa ece exclui ,
o al
menos desaconseja , odo a isbo
de imp o isación.
De las
condiciones
y
de e minaciones que ello impone,
de
las di icul ades p ác icas
a las que se
en en a Alas
en El
hamb e en Anda-
lucía
y en
Los anseún es,
de los
opos ideológicos
con que les da
consis-
encia
a sus
ex os,
de la
lógica económica
que
domina
la
esc i u a pe iódi-
ca, quie e a a
el
p esen e abajo.
ción In e nacional
de
Hispanis as,
ol.
II/2, Mad id: Is mo, 1986,
pp.
499-506;
y
Gonza-
lo SOBEJANO, Cla ín
en su
ob a ejempla , Mad id: Cas alia, 1985,
pp.
77-91.
'° Sob e
el uso de
es e é mino, éase José Manuel
GONZÁLEZ HERRÁN,
«'A ículos'/
'cuen os'
en la
li e a u a pe iodís ica
de
Cla ín
y
Pa do Bazán»,
en
Luis
F.
DÍAZ
LARIOS
e al.,
La
elabo ación
del
canon
en la
li e a u a española
del
siglo
XIX:
II
Coloquio
de la
Sociedad
de
Li e a u a Española
del
siglo XIX (Ba celona, 20-22
de
oc ub e
de
1999),
Ba celona: Publicacions
de la
Uni e si a
de
Ba celona-PPU, 2002,
pp.
209-227.
^' Véase
el
es udio p elimina
de
Simone
SAILLARD
a su
edición
de
Leopoldo
ALAS
Cla ín,
El
hamb e en Andalucía, Toulouse: P esses Uni e si ai es
du
Mi ail, 2001, pp.
15-
140.
Sigo siemp e es a edición, indicando en e pa én esis
en el
cue po
del
ex o,
en nú-
me os omanos,
la
ca a donde
se
encuen a
la
ci a
y, en
núme os a ábigos,
la
página
co-
espondien e. Sob e
lo que
digo
de la
esc i u a
de
Cla ín, éase Jean-F ançois BOTïŒL,
«En
el
alle
de
Cla ín:
de la
cua illa
a la
página», Tu ia
57
(2001),
pp.
151-163.
(c) Consejo Supe io de In es igaciones Cien í icas
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EL ESCRITOR PERIÓDICO: LEOPOLDO ALAS
CLARÍN,
1883-1884
RLi , LXVII, 134, 2005 415
LA
VOZ DEL CONTRIBUYENTE
Du an e su iaje po Andalucía,
el
en iado especial de El Día se moles-
ó
en
consul a
a
pe sonas «a icionadas
a
los es udios económicos»
( i,
p.
168), «pe sonas impa ciales» (II, p. 153)
y
«muy au o izadas» (lii, p. 155),
«que conocen
el
pueblo» (IV, p. 160)
y
«que po azón de
su
o icio se en
en con inuo con ac o con
la
clase ob e a» (IV, pp. 161-162), pa a ecopila ,
o dena
y
sis ema iza «lo que po ue za de
la
lógica enemos que acep a
odos:
los hechos» (I, p. 147).
A
a és de las palab as
de
sus in o man es
y, sob e odo,
a
a és
de
los da os
y
las ci as que
le
p opo cionan. Alas
in en a á in e io iza
en su
p esencia pública odas las di e encias
de
una
ealidad social i ida, aunque ajena,
y
cons ui un discu so que, sin cae en
la esc i u a gené ica, p oduzca un e ec o de obje i idad e impa cialidad. Es os
es imonios se án
la
exp esión de los «hechos» que cons i uyen
el
p incipal
pun o de encuen o en e el pe iódico y el co esponsal, pe o ambién la som-
b a de una igu a que a icula, cual p o agonis a colec i o
y
anónimo, odo
el ex o de El hamb e en
Andalucía:
la
igu a del con ibuyen e.
En
un
a ículo publicado
en
La Publicidad
el
ein icinco
de
ene o
de
1882,
o
sea apenas dos meses después de su p ime a colabo ación en El Día,
Cla ín les p esen a el siguien e dilema
a
sus lec o es: «se o no se con ibu-
yen e;
és a
es la
cues ión.
Si
soy con ibuyen e algo engo que e con
el
Es ado,
algo me oca del Es ado
a
mí, aunque no me oque nada de nómi-
na»^^.
Si en ab il de 1880 hablaba de «los pací icos bueyes que son a los o os
lo que los con ibuyen es
a
los polí icos ac i os» ^^, aho a con empla
la
con-
ibución como una elación especí ica del ciudadano con
el
Es ado,
es
de-
ci , como una ía de pa icipación polí ica que, as e se educida
a la
es-
e a p i ada de la economía domés ica, in en a adqui i una cie a isibilidad
pública. En El hamb e en Andalucía la imagen del con ibuyen e
y
la lógica
de
la
con ibución o man
un
ideologema singula men e ambi alen e, que
e ec úa la mediación en e las es e as desgajadas de la economía y la polí ica,
en e
la
ida pública
y la
ida p i ada^"^: en cuan o que g a a sob e odo
a
las nume osas clases medias y a la pequeña bu guesía, la con ibución apa ece
^^ «Palique» [La
Publicidad,
25-1-1882],
en
Leopoldo ALAS Cla ín, Ob as comple as
VI:
A ículos (1879-1882), ed. Jean-F ançois Bo el
e
Y an Lisso gues, O iedo: Nobel,
2003,
pp. 832-835,
p.
833.
'^ La ci a p ocede
de
«Ecos
y
Rumo es» [Re is a de As u ias, 15-V-1880],
en
Ob as
comple as V/; A ículos (1879-1882), pp. 475-478, p. 475. Véase ambién el «Palique» [18-
XI-1881] que inaugu a
la
colabo ación de Cla ín en El Día,
ibid.,
pp. 761-763: «igual que
en los d amas mo ales mue e siemp e
el
aido ,
en el
ea o polí ico quien
la
paga...
es
el con ibuyen e. Ese compa sa» (p. 763).
^"^ Pa a
el
concep o de ideologema, éase Valen in N. VOLOSHINOV, El ma xismo
y la
iloso ía del lenguaje (Los p incipales p oblemas del mé odo sociológico en la ciencia del
lenguaje),
Mad id: Alianza Edi o ial, 1992, pp. 31-50.
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como imagen económica complemen a ia de la imagen polí ica del su agio
uni e sal, y las co up elas iscales y ocul aciones, an as eces denunciadas
en El Día, ienen a se la imagen económica del caciquismo^^. Quizás obliga-
do po los é minos de su con a o, Alas a a de cons ui en omo a ella una
posición que no es es ic amen e la suya p opia, sino más bien la de sus in o -
man es andaluces y la de Camilo Hu ado de Amézaga y Balmaseda, ma qués
de Riscal y p opie a io de El Día: de ellos p oceden los da os y las ci as,
muchas imp esiones y umo es de los que Alas se hace eco, y has a agmen-
os li e ales de su discu so^^. De ese ex añamien o del esc i o an e su ma-
e ial de i an, como e emos a con inuación, no pocas de las di icul ades éc-
nicas con las que hab á de en en a se en el p oceso de p oduci su ex o.
¿Quién es a ía en condiciones de exigi esponsabilidades aho a que «el
Es ado y la inicia i a indi idual pueden y deben mi a de en e, y en su
o alidad y con madu a e lexión, es a cues ión pa o osa que Andalucía nos
p esen a» (l, p. 150)? La p ime a ez que delimi a un suje o pa a ese p oce-
so his ó ico en c isis. Alas habla en gene al de «el Gobie no y cuan os de-
ben p ocu a algo en a o de Andalucía», y les a ibuye la a ea «de es u-
dia el e ible p oblema y busca emedios du ade os y jus os pa a an os
males» (i, pp. 149-150); en e a ellos apa ece un hamb e apenas pe soni i-
cada, simple obje o de las medidas que debie on oma se y no se oma on:
«cuando el hamb e e a al que salía al paso a los caminos, en aba a las a-
honas a coge el pan, con e ía en g i os de mo ín los ayes de sus dolo es,
los emedios enían que se palia i os, e an conquis as, y la o ma cualquie-
a» (I, p. 150). El con ibuyen e, los almacenis as y los iñis as enca nan así
^^ Incluso el in e encionismo económico y el caciquismo quedan imb icados po ía
nega i a en las ocul aciones: «Cae en el pesimismo en que caen algunos, lib ando de
esponsabilidad a odas las au o idades y diciendo que el mal no iene emedio, po que
nace de icios in encibles en la aza, de decadencia, o po lo menos, es ancamien os in-
e i ables, como es ine i able la ejez en los o ganismos ísicos, es ol ida los hechos que
es án diciendo a g i os que muchos de los males nacen de e o es isibles, ajenos a es as
is es conside aciones e nológicas, . g ., si en un pueblo como Je ez hay al desigual-
dad en la ibu ación, que se io [sic} ocupando el oc a o luga en la lis a je á quica de
con ibuyen es, homb es que no enían pa a paga su en ie o, y muy po debajo de él quien
podía en e a a odos los je ezanos, ¿se pod á a ibui es o a icios isiológico-mo ales
de la aza? [...] Pues ni el gobie no piensa en cas iga es os deli os [las ocul aciones] ni
la opinión los mi a con odo el odio que debie a. A mí me cons a que a disposición del
minis e io de Hacienda es u ie on años y años (y en igo en su pode es án siemp e) los
da os que pueden ilus a le en es e pun o, da os que, casi con los núme os y sus elacio-
nes,
es án diciendo los nomb es de los que ocul an iqueza e i o ial; y la Hacienda nada
ha hecho, po que, como odo se da la mano en la ida social, pa a mal como pa a bien,
los mismos que ienen in e és en que esa clase de deli os no se pe siga, son pe sonajes
in luyen es en la Adminis ación y en la polí ica: hay dipu ados, hay g andes digni a ios
[sic} que e ían su nomb e en la lis a de los g andes ocul ado es, el día eliz y de jus icia
en que esa lis a se publica a» ( i, pp. 167-170).
^^ C . Simone
SAILLARD,
«Es udio p elimina », 15-30 y 61-74.
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EL ESCRITOR PERIÓDICO: LEOPOLDO ALAS
CLARÍN,
1883-1884 RLi , LXVII, 134, 2005 All
a oda una sociedad con apues a a las dos únicas clases que eciben al nom-
b e,
que son la clase ob e a o jo nale a y la clase expo ado a ( eco demos
la dis inción en e es a y los «almacenis as y iñis as» que se plan eaba en
la «Ca a» núme o ca o ce). Mien as que las clases ienen una a iculación
ins i ucional que las ampa a y les concede una cie a isibilidad polí ica, el
con ibuyen e es la íc ima silenciosa de odas las culpas y odos los e o-
es:
con sus impues os en iquece a un Es ado que después encub e y a o-
ece desca adamen e a sus compe ido es, y ca a su p opia umba apo ando
los ondos necesa ios pa a sos ene a la clase ob e a con sala ios municipa-
les que no co esponden ni a la ealidad del me cado ni al p ecio del abajo.
En e es os elemen os desgajados, omados como enca naciones de los
p incipios de la economía polí ica y la es adís ica, no exis e mediación al-
guna, y Alas se a ibuye la misión de concilia ios en un «es udio se eno y
se io de una en e medad eal, que es p eciso a aca , no po el p u i o de a aca
a nadie, sino po que no hay o o camino pa a p ocu a el adecuado emedio»
(II,
p. 154). La culpa común y los e o es que a nadie son ajenos p opagan,
como una imagen e leja, la idea de que exis e un in e és social gene al, y
la p ensa se a oga la unción polí ica especí ica de media en e el Es ado
y unas clases que se quie en enca nación indi e enciada de oda la sociedad:
«ojalá el débil concu so de es e abajo que emp ende El Día, pueda se i
de algo, poco que sea, a la g an ob a, que debe se común, como lo es el
in e és de que se a a» (I, p. 150); «no es la p ensa la que debe ol ida que
con la ue za sólo se puede emedia el mal que se haga po la ue za» ( il,
p.
172); «ayuda a esos no ables de su ie a a hace memo ia, es a lo que
deben di igi se los cona os de la p ensa ilus ada; no sólo a sa is ace con
na aciones de imp esión la cu iosidad del público ne ioso» ( il, p. 174).
La p ensa se p esen a, en suma, como un pode e dade amen e au ono-
mizado que a a á de «ilus a una ma e ia di ícil, de cuya solución p ác ica
es án p incipalmen e enca gados el gobie no y los dis in os pode es, según
su es e a de acción p opia» ( ill, p. 176): se a a de ab i un espacio ideo-
lógico donde pueda eje ce se «la p esión de la opinión pública, i esis ible
cuando se p onuncia»^^. Alas da una imagen muy cla a de las implicaciones
p ác icas de es e p oyec o cuando le a ibuye a su abajo la unción de ha-
ce e lexiona y de enseña al «obse ado », que ya no es an sólo un ciu-
dadano ac i o y esponsable que se in e esa po lo que la ideología bu gue-
sa del momen o llamó la cues ión social, sino ambién el «spec a eu d'un
d ame qui se enou elle con inuellemen e dans lequel les seuls élémen s
éellemen ac i s son les choses ine es»^^:
'^ La ase es á omada del p og ama polí ico de El Día: éase Simone
SAILLARD,
«Es udio p elimina », pp.
31-43,
p. 35.
'^ Lucien GOLDMANN, «La Réi ica ion», en Reche ches dialec iques, Pa is: Gallima d,
1959,
p. 79, la cu si a es mía.
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Los que piensan que la c isis económica de es as p o incias es á encida sin
más que ap o echa el agua que cayó de las nubes, cambia ían de opinión bien
p on o, si en ez de hace conje u as, an áciles como anas, iniesen a es e
país y iesen... ¿qué? nada más que lo que sal a a los ojos; la mise ia que se
exhibe po las calles. No se igu e el lec o que, en Có doba a lo menos, el
hamb e anda amo inada, p o i iendo g i os sub e si os, ni pidiendo pan a las
o mas de gobie no; nada de eso; es e pueblo es pací ico, como ya e emos
a ando de su si uación social más despacio; a a ez se suble a. Aquí la mi-
se ia de la clase jo nale a, cuyo núme o se no a á en los da os exac os que he-
mos de publica , se mani ies a de o a mane a; en o ma menos ala man e que
la sedición; pe o en igo no menos is e (il, p.l51).
La pe soni icación de la opinión pública pa ece se la imagen complemen-
a ia de las pe soni icaciones del hamb e y la mise ia, que pa adójicamen e
no hacen sino impe sonaliza el con lic o y p esen a odo el aspec o huma-
no de la cues ión social como una co elación de ue zas au ónomas que sólo
pueden con ola se, o bien median e un análisis que demues e que la eco-
nomía es á en c isis, o bien a a és de las ins i uciones pe inen es del Es-
ado.
G acias a la ambi alencia de los concep os, incluso el é mino abs ac o
de las pe soni icaciones queda obje i ado en la apa en e e idencia de da os
y ci as, que ocul a pe o no supe a las sepa aciones i educ ibles que subyacen
a ella: la mise ia, po ejemplo, llega a se a ibu o de la clase ob e a cuan i-
icada («cuyo núme o se no a á en los da os exac os que hemos de publica »)
p ecisamen e po que su e e encia ideológica, an amplia como abs ac a,
puede econoce y designa desde ue a, iden i icándolas como un obje o
ex e io e indi e enciado, i encias y expe iencias sociales muy di e sas^^.
Lejos de educi se a oma una pos u a polí ica. Alas a a de p oduci
una comunidad en e sus lec o es median e mecanismos de iden i icación
ideológica: po un lado, con igu a un campo especí ico de in e és social y,
po o o, in en a delibe adamen e que su discu so se imb ique en la pe cep-
ción de la sociedad y la ac ualidad que les supone a sus lec o es, de modo
que cada uno de los p oblemas e ocados median e pe soni icaciones y igu-
as de e iden ia quede despojado de oda singula idad p oblemá ica. La dis-
con inuidad de las en egas, la p esión de la ac ualidad y el an asma del
no icie ismo^°, son obs áculos que Alas a a de supe a , p ime o, cons uyen-
do un escena io ideológico pa a su in e ención pública y, después, di e en-
ciando su discu so de odos aquellos que pod ían con undi se con él. La i-
1^
C . Valen in N. VOLOSHINOV, op. ci ., pp. 118-137.
^° La c í ica del no icie ismo no la desa olla á Alas has a 1888, en «Tea o c í ico.
Un esc i o , una i ma» [La Jus icia, 13-XII-1888], en Ob as Comple as
VU
(1882-1890),
pp.
751-755. Es de no a que el a ículo comienza equipa ando el p incipio de que «se
deben i ma los a ículos de los pe iódicos» con el de echo al o o indi idual, en uno de
esos pa alelismos en e li e a u a y pe iodismo, po un lado, y economía y polí ica ep e-
sen a i a, po o o, que desde mediados de la década de 1880 an haciéndose cada ez
más ecuen es en el discu so de Alas.
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gu a del con ibuyen e pa ece habe hecho las eces de p o agonis a, po no
deci de hé oe, que in en a econs ui
la
unidad social
en un
momen o
en
que el p ole a iado empieza
a
de ini se al ma gen de la legalidad bu guesa^^
y que cohesiona
el
discu so cuando las en egas pie den su egula idad
y su
pe iodicidad.
LA
ELOCUENCIA DE LOS NÚMEROS
Y
LA ECONOMÍA DE LA ESCRITURA
Sin
el
apoyo empí ico
o
posi i o, las conside aciones gene ales
de
Alas
sob e «la si uación económica de las p o incias» ( , p. 163) se dispe san en
un con uso mosaico
de
«cues iones que con es e asun o
se
elacionan»
(II,
p. 154) y «asun os» den o de «es a cues ión» (Vlii, p. 176), «muchos pun-
os que con iene es udia según la casualidad [de e mine]» (III, p. 157), «an-
eceden es que pudie an amplia se de modo inde inido» (ix, p. 182-183), e c.^^
En sus o mulaciones más cla as,
el
obje o
de
es udio
es la
«si uación que
han c eado en Je ez di e en es causas, que es p eciso
i
de e minando en sus
o ígenes,
has a donde sea posible,
y
en sus elaciones» ( iii, p. 176). Y an
p on o como a lo a
en la
a gumen ación
de
Alas
un
asun o conc e o
y
sin-
gula , que no
se
deja educi
a
las leyes abs ac as de
la
economía polí ica,
su único pun o de e e encia es
la
elás ica posición del con ibuyen e,
en la
que coinciden odas las es e as del p oblema.
Aho a bien, las cons an es e e encias de Alas
a
lo que ya se ha dicho
y
a lo que oda ía se ha de deci , las in e minables ecapi ulaciones de aque-
llos p incipios gene ales que los p opios núme os
ya
debe ían es a dicien-
do,
no
son u o exclusi o del descuido
ni
de
la
o peza, sino de las de e -
^^ C .,
a
pesa de
la
i onía,
la
siguien e ase: «de aquí se deduce que
el
p ole a io
es
en Je ez
el
que debe se g an con ibuyen e.
Si
no paga se á po que no come.
Y
aun es o
no
lo
iene
en
cuen a
el
Fisco.
Él
necesi a cob a , haya
o no
consumo» (x il,
p.
212).
^^
En El
hamb e en Andalucía
no
al an alusiones
a la
«elocuencia
de los
núme os»
(XIV,
p.
201)
y a su
impo ancia den o del p oyec o
de
Alas: «p ocu a é e i a
la
con u-
sión que ae ía
el i
a ando
de los
muchos pun os que con iene es udia según
la ca-
sualidad de e minase, sin más o den que
el
deso den en que
a
mí llegan los da os que oy
ecogiendo» (III,
p.
157);
«a mí
me cons a que
a
disposición
del
minis e io
de
Hacienda
es u ie on años
y
años
(y en
igo
en su
pode es án siemp e) los da os que pueden ilus-
a le
en
es e pun o, da os que, casi con los núme os
y
sus elaciones, es án diciendo
los
nomb es
de los
que ocul an iqueza e i o ial» ( i,
p.
170); «necesi amos o dena nues-
os da os, publica núme os, compa a , a a cues iones pa ciales» (ibid.); « an co a di-
e encia
se
explica po las no as que publica emos
en
nues o a ículo siguien e» (XII,
p.
196);
«quedábamos
en
demos a , con los da os
a la
is a» (ibid.); « ecoge é algunos
da-
os que
me
me ecen c édi o» (x il,
p.
211);
«a la
ho a
en
que es os da os
se
nos acili-
an,
la
ope ación no había podido ealiza se» (x ili,
p.
215). C . ambién IV,
p.
161; il,
p.
175;
y
XIII,
p.
197
y
198. Sólo cuando
se
hace e e encia
a
da os
ya
publicados
po
o os co esponsales encon amos ó mulas gené icas ales que
«es
sabido»
o
«como
sa-
ben odos».
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gas,
cua o en e el 16 de junio y el 7 de julio, y de nue o es en e el 25
de agos o y el 6 de sep iemb e; en los meses de ene o a junio, que son am-
bién el momen o c í ico de El hamb e en Andalucía, sólo apa ece una en-
ega, el 19 de mayo^^. Todas ellas es án cons uidas como cuad os más o
menos au ónomos, que esul an in eligibles y ienen sen ido ue a de su si-
uación a gumen ai pe o que, ensamblados, e a an a un pe sonaje en sus
dimensiones pública y p i ada, unciona ial y domés ica^^.
El p ime ciclo de publicación, que a del 6 al 20 de ene o de 1883, se
dis ingue de los o os po un de alle cu ioso, y es que la ex ensión de las es
en egas que lo componen a disminuyendo isiblemen e de semana en se-
mana, has a el pun o de que la e ce a ocupa poco más que la mi ad de la
p ime a. Pod ía pensa se que Alas esc ibió en p incipio dos en egas y, al e
que la segunda e a bas an e más la ga que la p ime a, la co ó en dos pa a
adelan a abajo con is as'a su iaje a Andalucía; pe o ambién cabe la
^^ Ag adezco al p o eso Jean-F ançois Bo el la in o mación sob e la ex ensión y la
echa de publicación de cada en ega en La Ilus ación Ibé ica. Las de allo a con inua-
ción, indicando en e pa én esis las páginas co espondien es en la edición de Ca olyn
Richmond, po la que ci o siemp e. «A ecilla» (pp. 214-234): «Don Cas o A ecilla había
pasado... lo mismo que su pad e» (pp. 214-216), 6-1-83; «Decía an es que iba don Cas-
o...
sob e odo cuando le al aban a gumen os» (216-217), 13-1-83; «Vengamos al día...
y ninguna sospecha nada.—¡Ab amos!» (217-218), 20-1-83; «jÉl e a!... Vamos al ea o»
(218-221), 19-V-83; «Vencidos los úl imos esc úpulos... y Pepi a sale con la co ba a de
su pad e en e manos» (221-223), 16-VI-83; «Don Cas o con empla a su hija con melan-
colía... —¿En qué quedamos, papá?» (223-225), 23-VI-83; «El en usiasmo a ís ico de don
Cas o... o mas abul adas de muje go da y desnuda» (225-227), 30-VI-83; «Ausen óse de
aquel si io la hon ada amilia... en cuan o a la go du a o p o undidad» (227-228), 7- ii-
83;
«Es a ez iun ó el amo de la casa po comple o... menos cul a que bien in encionada»
(228-231), 25-VIII-83, con indicación de que «.(Se con inua á)»; «Salie on los A ecilla
abocho nados... en la pan o illa de Mlle. Goguena d» (231-232), l-lx-83, con indicación
de que «(Se con inua á)»', «Don Cas o se acos ó sin qui a se la co ba a... ¡Si hubié amos
ido a la Za zuela!» (232-234), 6-IX-83.
«Bus aman e» (ed. ci ., pp. 269-289): «¡Pe o, seño , si él no lo negaba, si ya sabía que
enía azón su muje !... que de Gib al a a Mad id» (269-271), lO- -84, con indicación
de que «(Se con inua á)»; «Aho a sí, eso de que habían de es a mal los omances... ¡Así
espe ó la ho a de se p esen ado a los sa í icos del Bis u í» (271-274), 17-V-84, p ecedi-
do del epíg a e «(Con inuación)»; «Cuando Miguel Paleólogo Bus aman e... Aquí hay que
da se ono» (274-276), 21-VI-84, con indicación de que «(Se con inua á)»; «Y ace cán-
dose a Rueda o a ez... —¿Si comié amos en el Inglés?» (276-280), 30-VIII-84; «La p o-
posición ue ap obada po unanimidad... una ci a de p ime as le as» (280-283), 18-X-84;
«Blindado y Miguel Paleólogo... de que ya dimos cuen a a nues os lec o es» (283-286),
6-XII-84, con indicación de que «(Se conclui á)»; «Los p ime os días de su des ie o en
Guadalaja a...
«PALEÓLOGO»»
(286-289), 27-xii-84.
^^ C . Y an LiSSORGUES, «Es udio p elimina : las na aciones b e es de Leopoldo
Alas», en Leopoldo
ALAS,
«Cla ín», Na aciones b e es, Ba celona: An h opos, 1989,
pp.
7-51, especialmen e
17-21;
y Ca olyn
RICHMOND,
«Ap oximaciones a la na a i a b e e
de Cla ín», en Leopoldo
ALAS
Cla ín, Ob as Comple as lll: Na a i a b e e, ed. Ca olyn
Richmond, O iedo: Nobel,
2003,
pp. 7-88, especialmen e 55-58.
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EL ESCRITOR PERIÓDICO: LEOPOLDO ALAS
CLARÍN.
1883-1884 RLi , LXVII, 134, 2005 All
posibilidad de que, ap emiado po los plazos, eduje a sob e la ma cha la
ex ensión de cada en ega, has a llega a una especie de mínimo enuncia i o
en la del 20 de ene o. Lo in e esan e del caso es que las en egas no se li-
mi an a con inua las an e io es en un desa ollo más o menos lineal, sino
que las co igen, e o mulando y eo ien ando uno o a ios de los aspec os
en ellas con enidos, pa a ab i le nue as pe spec i as al ela o y saca le más
pa ido, o simplemen e pa a encauza lo: así, la segunda en ega pa ece poco
más que una eesc i u a de la p ime a, un eplan eamien o de la cues ión
desde el pun o de is a de lo habi ual, o sea, del iempo con inuo de la ida
que una a de «de las p ime as ías de oc ub e» se e á al e ado po «una
copa de Valdiñón» y po un p oyec o que se le había me ido «en e ceja y
ceja» a don Cas o A ecilla.
Ambos elemen os, el ino y el al p oyec o, habían apa ecido ugazmen-
e en la en ega del 6 de ene o: es el ino lo que hace que don Cas o ea de
colo osa incluso la in a de las minu as, es es a imp esión la que le mue e
a p egun a se «¿quién ha aído es a in a an cla a?» y añadi «es boni a pa a
ca as de lechuguinos, pe o no es p opia de la dignidad del Es ado», y es el
uso de es e é mino lo que mue e a la oz del au o ^^ a «ad e i de paso,
que A ecilla, muchos años después de habe comenzado su ida bu oc á i-
ca, había a e iguado que lo que él había llamado el Gobie no siemp e, no
e a p ecisamen e quien le pagaba ni a quien él se ía» (p. 214, la cu si a es
mía).
En apenas es líneas, median e un mínimo comen a io hecho de paso,
se desencadena y se esuel e la en ega, como si Alas, lle ado po una idea
que se le ocu e en el momen o, cambiase sob e la ma cha el plan que has a
en onces había ido p epa ando.
El 13 de ene o apa ece dos eces la imagen de don Cas o ezagado du-
an e el paseo «pa a conside a su pe sonalidad ju ídico-adminis a i a a sus
anchas» (p. 216), que ya había apa ecido, casi en los mismos é minos, en
el ex o de la semana an e io . En cada uno de los es pá a os que o man
es a segunda en ega hay una alusión a lo ya dicho, a lo ya publicado, como
si la oz del au o llamase la a ención sob e las di icul ades del esc i o en
la p oducción de su o iginal: «decía an es que iba don Cas o con su muje y
con su hija a paseo» (p. 216), «en cuan o a él, don Cas o A ecilla, e a, como
dejo dicho, una ueda de la maquina ia adminis a i a» (ibid.); y al llega al
e ce o, añade i ónicamen e que «iban delan e su muje y su hija Pepi a, y
él quedábase a ás, como ya dije dos eces; poníase el sol en el ocaso, como
suele» (p. 217). A pa i de ahí A ecilla en a en sus dia ibas sob e su im-
po ancia en cuan o uedecilla adminis a i a, que concluye cuando sien e un
^' Uso el é mino oz del au o es ic amen e en el sen ido que le da Mija l M.
BAJTÍN,
P oblemas de la poé ica de Dos oïe ski, Mad id: Fondo de Cul u a Económica, 2004
( eimp. de la 3' éd.), pp. 264-298.
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428
RLi ,
LXVII,
134,
2005
SANTIAGO
DÍAZ
LAGE
poco de ío y se ab ocha el gabán «pa a que una pulmonía no enga a in e-
umpi el juego de las ins i uciones» (p. 217).
Es as acilaciones y eo ganizaciones, más habi uales de lo que pa ece,
pueden da luga incluso a lige as con adicciones y a esoluciones cuando
menos con encionales: po ejemplo, hacia la mi ad de la en ega del 19 de
mayo, cuando empieza a ago a se la pa odia de los a gumen os de don Cas-
o pa a con ence a su muje . Alas in oduce el con as e en e el ca ác e
an asioso de aquel y de Pepi a y el menos imagina i o de doña Pe a. En-
onces la oz del au o alude de pasada al «sec e o deseo» de doña Pe a, que
e a « ol e a e las igu as de ce a» (p. 220); y apenas ocho líneas más
abajo anuncia, hablando en p ime a pe sona, como si acabase de descub i
un ilón den o de su p opio discu so, que «aunque ella ocul e el deseo de
que hablo, po que sabe que a su ma ido le pa ece indigno de la esposa de
un A ecilla, bien ecue da don Cas o el place in enso que expe imen ó Pe a
en Za agoza du an e las e ias de la Pila ica, con emplando la exposición de
igu as en mo imien o de M . B une iè e» (p. 220)^^. Ese acaba po se el
asun o p incipal del es o de la en ega, que as desa olla la di e encia en e
las igu as de ce a y el ea o e mina ol iendo, una ez más, a la de e mi-
nación aplazada de don Cas o: «en in, Pe a, ú es ás dispensada de ene
ideas es é icas. Vamos al ea o» (p. 221).
Las ei e aciones y eesc i u as son, pues, as os de un cambio de plan,
o del descub imien o de un plan posible: median e la segunda oma del pa-
seo,
en el ex o del 13 de ene o, se desa olla y se explica, es a ez como
asgo de ini o io en la ca ac e ización de don Cas o, su endencia a oma al
pie de la le a «cuan as me á o as y alego ías andan po los luga es comu-
nes de la e ó ica pe iodís ica y pa lamen a ia», iendo «los espec i os ob-
je os en la o ma ma e ial del opo» (p. 216). Es como si Alas sólo hubiese
descubie o o decidido en es a segunda en ega, quizás incluso de epen e,
cuál se ía el umbo de su cuen o, y cuál el aspec o que pod ía cohesiona
odas las ace as del p o agonis a y odas las en egas del cuen o: en onces
empieza a desa olla más de enidamen e la pa odia del discu so de don
Cas o, que se á el e dade o pun o de mediación en e su ida domés ica y
su ida pública (o así la conside a él) de pequeño unciona io, has a que se
demues e áci amen e, en su con esión inal an e los o os esc ibien es, que
son sus palab as las que hacen la inadecuación: «no se le dejó p osegui ;
ya no pudo en su ida explica aquellas palab as, y quedó como a ículo de
e en la o icina que don Cas o A ecilla e a como los demás, que enía que-
ida y e a obus a» (p. 234).
La impo ancia de la pa odia puede comp oba se de un modo muy g á i-
co,
ya que Alas la acen úa en odos los inales de ciclo de lec u a, an es de
^^ Sob e los an eceden es de es a escena, c . Leona do ROMERO TOBAR, «La e apa
za agozana de Cla ín: biog a ía y c eación li e a ia», pp. 85-88.
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EL ESCRITOR PERIÓDICO: LEOPOLDO ALAS
CLARÍN,
1883-1884
RLi , LXVII, 134, 2005 429
suspende
la
na ación du an e cua o meses, un mes
o
seis semanas: con
el
discu so más
o
menos mediado
de
don Cas o e minan las en egas del
20
de ene o, del 19 de mayo
y
del 7 de julio^^ A lo la go de odo el cuen o, no
es sólo que don Cas o hable a o, sino más bien que con sus g andes pala-
b as in en a ans igu a
su
ealidad
y su
si uación, p esen ándolas como
mani es aciones de p incipios g andiosos y haciendo de ellas el cen o de odo
un uni e so que pa ece amenazado:
así es
como magni ica
su
« ie sans
d ame»^"^,
y
sólo así consigue ab i se paso en
el
ex o de Alas. Pod ía e se
en su ayec o ia un acaso del ipo social que enca na
y
cues iona
al
mis-
mo iempo, po que sólo
es
capaz de conside a sus ac os
y
sus necesidades
en elación con alguna de las g andes ca ego ías del discu so cos umb is a:
de ahí, po ejemplo, que cuando comienzan
a
camina po
la
Pue a del Sol,
en
la
en ega del
30
de junio, «al alo de gas a se doce
o
ein e eales,
p o egiendo el a e nacional», le suceda
en'
su espí i u p ecisamen e «una se ie
de e lexiones ela i as
a las
en ajas
del
aho o
en las
clases pob es»
(p.
225). Al inal del cuen o, cuando don Cas o se ea i ma en su conclusión
de «aquella maldi a noche» g i ando que «jLo ba a o
es
ca o,
lo
ba a o
es
ca o!...
Yo bien decíal», doña Pe a se ha á oí como nunca an es, epi ien-
do «cien
y
cien eces» su p opia conclusión: «jSi hubié amos ido
a la
Za -
zuela!» (p. 234). I ónicamen e, es en
el
lance inal del ex o cuando deja de
ene la úl ima palab a don Cas o A ecilla.
^^
En el
ex o del
20 de
ene o pa ece que don Cas o, que
ha
ido polemizando
en su
ue o in e no odo
el
camino, sigue hablando po boca
de su
muje
y su
hija, como
si
incluso las palab as
de
es as ue an las que
él se
igu a pa a sí: «—¡Una cana
al
ai e!—
g i a á Pepi a, que iene
el
pelo neg o como
la
end ina. Las canas
de
los pob es son
los
ocha os. Dejemos
a
don Cas o colgado del co dón
de la
campanilla, jadean e, anhelando
comunica
a
sus que idas esposa
e
hija
su
esolución eme a ia.—¡Tilín, ilín, ilín!...
—Es
él
—dice Pepi a le an ándose. —El — epi e
la
mad e,
y
ninguna sospecha nada.
—¡Ab amos!» (20-1 83, p. 218). Los o os pasajes
a
los que me e ie o son los siguien es:
«—Figú a e, hija mía; anac onismo sob e anac onismo (Pepi a no sabía
lo
que e a es o);
un u un ulu un ( o um e olu um), un ademécum (pandemónium)[,] una caja de Pando ga
(Pando a),
en
suma... Allí [en
el
museo
de
ce a]
i
¡ho o !
a
don Al onso XII,
al
pode
mode ado , es ido
de
capi án gene al, con
su
di un a esposa Me cedes, del b azo de e-
cho
y la
eina C is ina del izquie do, ambas
en
aje
de
boda. ¡Bigamia espan osa, cuyo
ejemplo hubie a bas ado pa a desmo aliza oda
la
adminis ación!... Después Ri a Luna
codeándose con Julio Fab e,
el
Empecinado mano
a
mano con
la
Empe a iz Eugenia,
Ma iana Pineda,
a
pa i
un
piñón con
el
obispo Caixal...
y
po úl imo, Calde ón
de la
Ba ca, con un lib o enca nado en e las manos, un lib o, hija mía, i ulado, bien lo ecue do,
Voyage
su
les glaces (como suena)...
En in,
Pe a,
ú
es ás dispensada
de
ene ideas
es é icas. Vamos
al
ea o» (19-V-83, pp. 220-221). «—Dis ingo, seño a mía, dis ingo
—dijo don Cas o—. No es gigan e en sen ido longi udinal; pe o has de sabe , esposa mía,
de aquí
en
adelan e, que hay es dimensiones: longi ud
o
la go, la i ud
o
ancho,
y
p o-
undidad
o
g ueso... pe o g ueso ale an o como go do, luego esa seño a
es
gigan e
en
sen ido la o,
o
mejo di é,
en
cuan o
a la
go du a
o
p o undidad» (7-VII-83,
p.
228).
^"^ Hono é DE BALZAC, «Le e
à
Hyppoli e Cas ille, l'un des édac eu s de La Semaine»
[ab il
de
1845],
en
Éc i s su
le
oman, éd. S éphane Vachon, Pa is: Lib ai ie Géné ale
F ançaise, 2000, pp. 307-323,
p.
314.
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2005
SANTIAGO
DÍAZ
LAGE
SE
CONTINUARÁ,
SE
CONCLUIRÁ
Hay,
sin
emba go,
un
as o
de la
esc i u a
que sí se
pie de
en el
paso
de
La
Ilus ación Ibé ica
a
Pipa,
y son las
ma cas pa a ex uales
que
a isan
a
los
lec o es,
en
unos casos,
de que el
ex o debe ía segui se, aunque
se de-
enga du an e
un
iempo inde e minado,
y en
o os,
de que
segui á
en las
semanas inmedia as,
en los
p óximos núme os
del
pe iódico: bajo
la
alusión
a
la
con inuidad
del
ex o
se
escondía,
en
cie o modo,
una
apelación
a la
con inuidad
de los
lec o es
y una
sue e
de
comp omiso
con la
e is a, an o
más e iden e cuando
se
anuncia
que el
ex o
«se
conclui á».
El uso de
ales
ma cas puede
da pie a
algunas conclusiones gene ales sob e
la
c isis
de
esc i u a
de que he
a ado
en
es as páginas,
y
uel e
a
llama
la
a ención
sob e
las
de e minaciones l;iis ó icas
de
quienes, empezando
a
comp ende
«que
el
lec o mi aba
ya con
has ío
y
descon ianza
el se
con inua á
de los
no elones,
y
que ía sabo ea
de
una sen ada odas
las
emociones
de un
asun-
o»^^,
busca on soluciones
de
comp omiso an es de educi sus a ículos-cuen-
os
a una
única en ega.
En
la
e ce a en ega
de
«A ecilla»,
ya
comen ada. Alas anuncia
po dos
eces
la
inminen e in e upción
de su
ex o:
la
p ime a
es con un
comen a-
io
muy
e elado
en que el
na ado le an a la pluma
y
dice «¡Oh,
el
ale-
g ón
que con
es a no icia
dio don
Cas o A ecilla
a los
suyos, a ículo apa -
e me ece,
así
como
las
icisi udes
de
aquella noche consag ada
al
a e!»
(p.
218, la
cu si a
es
mía);
la
segunda
es con un «se
con inua á»
que
ab e,
as
el
pun o
y
apa e
del
úl imo pá a o,
la
ince idumb e
del
pun o
y
inal,
que
se
p olonga á du an e casi cua o meses. Alas uel e
a
u iliza
el
mis-
mo ecu so
en las
en egas
del 25 de
agos o
y del 1 de
sep iemb e,
con la
di e encia
de que
aho a
el
ela o
se
con inúa
y se
concluye
en
es en egas,
en es semanas consecu i as,
en
es núme os
de
La Ilus ación Ibé ica. Es e
de alle iene
su
in e és po que,
en los
meses
que nos
ocupan. Alas pa ece
habe
ido
in e io izando
el
ciclo
de
sie e días
en
casi odas
las
ace as
de su
esc i u a; an o
es
así que,
en
es
de los
cua o ciclos
de
publicación
de
«A e-
cilla», consigue en ia a ículo du an e a ias semanas consecu i as,
sin in-
e upción. Además,
a lo
la go
del mes de
ab il
las
«Ca as»
de El
hamb e
en
Andalucía
se
publican más
o
menos cada sie e días,
con
alguna de i a oca-
sional
que se
co ige adelan ando
la
siguien e:
la
décima segunda
se
publica
el sábado sie e
de
ab il,
la
décima e ce a
el
sábado ca o ce,
la
décima cua -
^^ Beni o PÉREZ G ALDOS, «P ólogo
a
Cuen os
de
Fe nan lo » [1904],
en
P osa c í i-
ca,
ed.
José Ca los Maine
y
Juan Ca los
A a
To alba, Mad id: Espasa-Calpe, 2004,
pp.
223-227,
p. 224.
Reco demos
que el
p o agonis a
de
«González B ibón», b e e ela o
incluido
en
Cuen os mo ales (1896), es á «loco
de
con en o»
con lo que
llama
«el
c ack
de
la
«no ela la ga»», po que «sus p incipales an iguos enemigos
son
«no elis as la gos».
(Él esc ibe cuen os)»,
en
CLARÍN,
Cuen os comple os
ll/2, pp.
205-208,
p. 206.
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EL ESCRITOR PERIÓDICO: LEOPOLDO ALAS
CLARÍN,
1883-1884
RLi , LXVII, 134, 2005 431
a el ma es ein icua o
y la
décima quin a, in en ando ol e
a la
egula i-
dad de an es,
el
domingo ein inue e. Es como
si la
cos umb e de esc ibi
en semana ios o en suplemen os
y
secciones semanales le hubie a c eado una
nue a pe iodicidad
al
esc i o pe iódico.
Vol iendo
a
«A ecilla»,
la
ad e encia del 25
de
agos o ambién hace
no a que el ex o no e mina ahí, que ese no es
el
inal, como
si
en él exis-
iese una ambigüedad de base que debie a se esuel a desde ue a. Veamos
ese inal p o isional, que co esponde
al
momen o
en
que don Cas o, doña
Pe a
y
Pepi a salen abocho nados del ea o:
Cogie on las muje es sus ab igos
y
salie on
a la
calle,
no
sin que les acompa-
ña a
el
público de las al u as con ese cas añe eo de
la
lengua con que se echa
a
los pe os
de
odas pa es
y a
los espec ado es impacien es
de
los ea os,
se-
gún mode na cos umb e, menos cul a que bien in encionada (p. 231).
Aunque ya se ha esuel o el hilo a gumen ai que pa ece p edominan e,
a
sabe ,
el
acaso del p oyec o «pedagógico-cul u al» de don Cas o, oda ía
hay cabos suel os en elación con las dos p ime as en egas, donde ni siquie a
se había mencionado el ea o, sino un ago p oyec o inspi ado po la eb ie-
dad de A ecilla: de habe e minado ahí
el
cuen o, hab ía quedado esuel o
un aspec o, pe o
el
ma co ijado
en
las p ime as en egas, esc i as cuando
quizás no es aba muy cla o
el
a gumen o, se hab ía is o educido
a la
un-
ción de pun o de pa ida ine e. El ex o del uno de sep iemb e, más ambiguo
oda ía, ambién pod ía conclui la his o ia, sólo que es a ez p edominan
la
mo alización i ónica y la dimensión p i ada de don Cas o, sus p eocupaciones
de pad e de amilia que empieza a eme la ealización li e al de sus palab as:
—Es oy esuel o, ¡[pa a no despe a
a
Pepi a] Me acos a é con co ba a
y
con camisa! ¡Yo, que no he consen ido jamás que me hicie an do mi con opa
almidonada! ¡Pe o,
en
in, me sac i ica é! ¡Todo, an es que in e umpi
el
sue-
ño de la inocencia! Po que aún se á el sueño de la inocencia, ¿ e dad, Pe a mía?
—¡Pues cla o, homb e! (p. 232)
Pa ece lógico que Alas, emiendo un malen endido, p e i iese acla a que
el desenlace oda ía es aba po llega , po que, cuando acasa el p oyec o de
i
al
ea o, acasan ambién odas las ilusiones de pa icipación
en la
al a
cul u a
y en
«la es e a a ís ico-adminis a i a» (p. 218) que albe gaba don
Cas o,
y
es o
sí
me ece
un
desa ollo más allá de
la
anécdo a. Mi ando
el
conjun o del cuen o al
y
como se edi ó en Pipa, sin a ende
a
la di isión en
en egas, pa ece imp escindible
la
coda en la que, as e e i cómo A ecilla
se pone en ( alsa) e idencia an e sus compañe os de
la
o icina, se nos cuen-
a
la
des en u a de Pepi a
en
sus amo es
de
in an e ía; mi ándolo desde
la
lec u a casi cíclica
de las
en egas,
en
cambio, esul a e iden e que Alas
ad ie e
a
sus lec o es de que ese no es
el
inal pa a ene él la
úl ima
pala-
b a. El a iso de que un cuen o «se con inua á» si e en onces, po un lado.
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134,
2005
SANTIAGO
DÍAZ
LAGE
de acica e de la memo ia y, po o o, de inci ación al coleccionismo, como
si la memo ia de lo dicho hubiese quedado diluida en la dispe sión del de-
ci , po eso el sen ido ha de ija se a pos e io i, en una o ma concluida que
el ex o no enía en el p oceso de su p oducción.
Pe o Alas no sólo u iliza es e p ocedimien o de ce azón discu si a en el
inal anunciado de los cuen os que publica, sino ambién, de modo mucho
más su il, en las ansiciones en e en egas y en o os momen os c í icos de
la esc i u a. Analizando como enunciados au ónomos las en egas de «A e-
cilla», me llamó la a ención el hecho de que la ansición en e el úl imo
pá a o de cada una y el p ime pá a o de la siguien e e a, en ocasiones,
mucho menos ab up a y menos ma cada, desde el pun o de is a discu si o,
que la ansición en e el p ime y el segundo pá a os de es a úl ima: puede
compa a se, po da un solo ejemplo, el inal del ex o del 19 de mayo con
el a anque del publicado el 16 de junio, cuyo segundo pá a o apela b us-
camen e al lec o , an es de sal a sin solución de con inuidad del p o eccio-
nismo g ama ical de don Cas o a la desc ipción del ocado de Pepi a^^. Lo
que es á en juego es, en mi opinión, un aspec o c ucial del o icio que desa-
olló Leopoldo Alas Cla ín pa a hace en e a las c isis y las di icul ades
especí icas de la esc i u a pe iódica, y así pa ece demos a lo un análisis
de enido de «Bus aman e».
La mayo pa e de las en egas de es e cuen o an acompañadas de se-
ñuelos pa a ex uales, que hacen no a que el ex o de la semana es una pa e
den o de un odo más amplio: la p ime a a isa de que «se con inua á» y la
segunda, publicada una semana después, a encabezada con el epíg a e «con-
inuación»; la e ce a, apa ecida el 21 de junio, e mina p ome iendo una
con inuación que no llega has a el 30 de agos o; la cua a y la quin a, apa-
ecidas el 30 de agos o y el 18 de oc ub e espec i amen e, no lle an indi-
cación alguna; y la sex a, del 6 de diciemb e, p ome e una conclusión que
se publica es semanas más a de. Es a ez Alas pa ece habe esuel o la al a
de pe iodicidad haciendo en egas más la gas y au ónomas, que ca ac e izan
al pe sonaje Miguel Paleólogo Bus aman e y desa ollan sendos episodios de
su es ancia en Mad id, desde la llegada en busca de una c edencial o de una
posición como «esc i o sa í ico» has a su exilio, « íc ima de nues as
disensiones polí icas», p ime o en Guadalaja a y después en Andalucía. De
^^ P ecisamen e en es e momen o, según la in e p e ación de Lau a
DE LOS
Ríos, «el
cuen o adquie e una nue a dimensión» y «en amos en un mundo que comienza a des eali-
za se» {Los cuen os de Cla ín, p oyección de una ida, Mad id: Re is a de Occiden e,
1965,
p. 41). Pod ían aduci se o os muchos casos, en e ellos el inal de la en ega del 6
de ene o y el p incipio de la del 13: el p ime pá a o de es a a anca enlazando muy di-
ec amen e con el inal de aquella («decía an es que iba don Cas o con su muje y con su
hija a paseo...»), y apun a después una di ección al e na i a pa a el desa ollo del cuen o
(la manía de don Cas o con las palab as compues as); pe o el segundo pá a o no sigue
esa di ección, sino que uel e a la p ime a («conside ando, pues, su pe sonalidad, o dígase
en idad, que lo mismo le daba a él, ju ídico-adminis a i a»).
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EL ESCRITOR PERIÓDICO: LEOPOLDO ALA5CLA/?/A^. 1883-1884 ' RLi ,
LKVII,
134, 2005 433
hecho, en «Bus aman e» se econocen muchos menos as os de la p oduc-
ción de ex o que en «A ecilla», como si el mayo esquema ismo del a gu-
men o pe mi iese compone en egas mucho más ce adas sob e sí mismas sin
desme ece el conjun o.
La imp esión de ce azón discu si a, casi de inmanencia, que ansmi en
las en egas se debe, c eo yo, a la disposición de su p incipio y su inal: po
un lado, comienzan an ab up amen e que pa ece, según dice la oz del au o
sob e el es ilo de Me engueda, «como que se sigue hablando... de lo que no
se había hablado oda ía» (p. 275), y po o o, e minan siemp e en un pun o
de in e upción, de modo que la escena queda co ada sin a anza sus conse-
cuencias ni deja que se desencadenen los acon ecimien os. Pa adójicamen e,
es os co es an ab up os pa ecen se la mejo ad e encia de que el ex o de
hoy con inúa una se ie emp endida en núme os an e io es de la misma e is a,
unas semanas a ás; y el e ec o de que una en ega no
e mina ealmen e
has a
la siguien e llega casi a disol e la discon inuidad del ex o, pau ando y con-
igu ando desde la esc i u a sus lec u as posibles. Ocu e incluso que las
ilaciones discu si as y las ecapi ulaciones o mula ias ípicas de las na a-
ciones discon inuas, en e ellas el consabido «como íbamos diciendo», no
apa ecen en el p ime pá a o de cada en ega, sino en el segundo:
No ocul aba Bus aman e que le cos aba mucho abajo hace es os e sos y o os
po el es ilo, y si no se hubie an in en ado los ipios los hubie a in en ado él
pa a sali de amaños apu os. Y aquí me pe mi i é una dig esión ela i a a la
e ó ica y poé ica de es e li e a o de su pueblo, dig esión ú il po que pin a la
mane a de ma a e sos que ienen muchos esc i o es de cabeza de pa ido.
Bus aman e, conside ando que el esc ibi e sos e a ope ación que hacía suda
y llegaba a calen a la cabeza, c eía, lleno de lógica, que el mayo mé i o de
un e so ( ulgo poesía) es aba en que ue a muy g ande; cuan os más englo-
nes mejo . ¿No iene más mé i o un anda ín que anda cinco ho as sin descan-
sa que o o que sólo ande es ho as? ¿No apues an los anda ines a quién aguan-
a más? Así e a Bus aman e, un poe a de esis encia; y así c eía él que debían
se los poe as. El cambia de me o se le an ojaba una abdicación. Nada de
edondillas (que además nunca le salían a de echas), omance y en e ieso; pe o
omance con un solo asonan e (él no lo llamaba así) aunque uese más la go el
e so que de Gib al a a Mad id. [(Se con inua á)]
[(Con inuación)] Aho a sí, eso de que habían de es a mal los omances si
caían en copla comple a (consonan e) le pa ecía a Miguel una ba ba idad, con
pe miso de Ruedi a. El que las palab as acabasen con las mismas le as, exac-
amen e, ¿no e a mé i o mayo ? ¿No enía más di icul ad? Pues cuan os más
consonan es en el omance, mejo . Sin sabe po qué, p e e ía los omances
agudos, po que el ecu so de los e bos en in ini i o (si e a en a, ^ o / el o-
mance) le pa ecía muy ú il, y cuando no bas aba eso, alía aquello de: Zas, ya,
¡ as!, ¡ahí ¡quia! ¡ o o a! pues, ¡eh! ¡pa diez! en in, g ano de anís, ¡po San
Gil! y o as in e jecciones y asecillas po el es ilo.
Bus aman e, como íbamos diciendo, en ez de i a la onda de López buscó
la posada de Rueda y so p endió al li e a o es udian e en el lecho, es ho as
escasas después de habe se acos ado el au o cillo sa í ico, que asnochaba, po
no se menos que o os (pp. 271-272).
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434
RLi ,
LXVII,
134,
2005
SANTIAGO
DÍAZ
LAGE
Lo cie o es que el p ime pá a o de la segunda en ega pa ece más bien
el úl imo de la p ime a. Teniendo en cuen a que se publica on con sólo una
semana de di e encia, cabe la posibilidad de que Alas esc ibie a las dos en-
egas de un i ón, o mando una sola mucho más ex ensa, y las en ia a a
La Ilus ación Ibé ica con la in ención de publica las en el mismo núme o,
el del 10 de mayo de 1884; pod ía pensa se ambién que es po ese mo i o
po lo que ambos ex os lle an las indicaciones co ela i as de «se con inua-
á» y «con inuación». Pe o no pa ece muy e osímil, po que las dos p ime as
en egas, sumadas, o ma ían una unidad de esc i u a mucho más la ga de lo
que suele se habi ual en Alas, que en es e momen o debía de es a bas an e
a a eado e minando la p ime a pa e de La Regen a y cumpliendo sus o os
comp omisos ineludibles, como la se ie sob e «Los poe as en el A eneo» pa a
El Día y las colabo aciones más sal eadas en Mad id
Cómico^^.
La cla e es, me pa ece, ,un uco p opio de un esc i o de o icio: p oba-
blemen e Alas, ab umado po las imposiciones de la esc i u a pe iódica, le
en iaba a su edi o odo el o iginal de que disponía, menos el úl imo pá a-
o,
que conse a ía pa a u iliza lo como p incipio de la siguien e en ega y
señuelo pa a eco da po dónde iba. Con sólo hojea sus epis ola ios, espe-
cialmen e las ca as a Sinesio Delgado, Fe nando Fe y Manuel Fe nández
Lasan a, comp obamos que Alas no solía conse a el o iginal de sus ex os
ni a eso a las en egas ya imp esas de sus a ículos-cuen os, ni siquie a de
aquellos que es aban pendien es de con inuación o conclusión; esc ibía, se-
gún su p opia decla ación, p incipalmen e de memo ia, y sin duda esul a ía
poco p ác ico y muy poco deco oso pedi le al pe iódico o e is a de umo
que le en iase las úl imas en egas de sus p opios a ículos-cuen os cada ez
que quisie a segui con ellos o e mina los. Además, el hecho de u iliza el
úl imo pá a o de una en ega (en el sen ido de «unidad de esc i u a») pa a
comenza la siguien e pod ía da le una cie a con inuidad, an o ma e ial como
in elec ual, al p oceso de p oducción de ex o; casi pod ía pensa se que en
el a anque de la esc i u a, as ese pá a o que si e de puen e, a insinua-
da o esbozada la eacción que se espe a p o oca en la memo ia del lec o .
Las en egas de «Bus aman e», an poco pe iódicas, pa ecen habe sido
esc i as u ilizando esa especie de hil án na a i o: po ejemplo, la del 21 de
junio e mina ab up amen e cuando Miguel se da cuen a de que, si quie e
queda bien con los edac o es de El Bis u í, a a ene que da se impo an-
cia, y la del 30 de agos o empieza, casi como si no hubiese habido in e up-
ción, cuando le p egun a a Rueda «oye, ú, ¿qué opinan es os seño es de
López... el dipu ado de allá?». La p egun a encie a, en apenas dos líneas,
^^ Ya en ma zo le p ome e a Galdós que «de To men o habla é en El Día en cuan o
concluya unos a ículos ace ca de los poe as en el A eneo» (ca a echada en O iedo el
15-III-1884, en Soledad
ORTEGA,
pp. 213-216, p. 216), pe o la eseña se e asa, p ime o
po p oblemas de esc i u a, quizás po desa enencias con el Ma qués de Riscal después,
has a el mes de julio.
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EL ESCRITOR PERIÓDICO: LEOPOLDO ALAS
CLARÍN,
1883-1884
RLi , LXVII, 134, 2005 435
a ias e e encias ana ó icas que podían e esca le la memo ia al lec o , pe o
ambién un señuelo pa a guia la esc i u a y eco da , andando el iempo, que
aho a enía
la
«discusión polí ica». Lo mismo ocu e en las en egas del
18
de oc ub e
y
del
6
de diciemb e, que enga zan con las p eceden es median e
un b e e pá a o que ecapi ula los úl imos acon ecimien os y, al mismo iem-
po,
insinúa un posible pun o de pa ida: en un caso es
la
ase «la p oposi-
ción
ue
ap obada
po
unanimidad, pe o
se le
impuso una condición
a
Bus aman e: que no había de paga él po odos» (p. 280), que alude al des-
enlace
de la
en ega an e io
y al
episodio del ca é, donde había pagado
Miguel,
y
apun a
la
posibilidad de desa olla en una escena cómica las al-
sas disuasiones de Ruedi a, Blindado
y
Me engueda; en
el
o o es un b e e
pá a o que ecue da la con e sación de los es udian es-pe iodis as en el Ca é
Inglés
y
a anza
la
isi a de Paleólogo
y
Blindado
a
cie as seño as conoci-
das de es e, aunque
al
inal an
al
Tea o Real
y
Bus aman e acaba de eni-
do:
«Blindado
y
Miguel Paleólogo queda on
en
que
la
mo al e a ela i a
y
en
i
aquella noche
a
isi a
a
a ias damas de las Camelias, i edimibles
y
has a empeñadas» (p. 283).
Los episodios an ensa ándose en
el
iempo casi cíclico de
la
a en u a
de un p o inciano en Mad id,
al
que Alas
da
salida con
la
p isión
y
pos e-
io exilio de Miguel, «en e o os es udian es» (p. 286).
El
ex o del
6 de
diciemb e
y el
del desenlace, publicado
el
27, an unidos po
el
anuncio
explíci o de que «se conclui á»:
si el
p ime pá a o de
la
conclusión hace
e e encia
a
lo que es semanas an es decía una supues a no icia de La Co-
espondencia,
p esen ando ya la ase que a icula á el inal del cuen o («su
ca ác e de íc ima de nues as disensiones polí icas
le
enía muy o gulloso
y descon en adizo»),
el
segundo,
el
e ce o
y el
cua o in oducen muy
ab up amen e unos pasajes
de
las memo ias
de
Paleólogo, po aho a una
na ación que ya pod ía hace se pesada:
La Co espondencia
lo
decía: «Don Miguel Bus aman e, alumno de
la
acul ad
de Medicina; Don Ped o Pé ez,
de la de
Fa macia,
y
Don An onio Gómez,
de
las
de
Ciencias, han sido des e ados
a
Guadalaja a,
a
consecuencia del escán-
dalo del Tea o Real,
de
que
ya
dimos cuen a
a
nues os lec o es». [(Se con-
clui á)}
Los p ime os días
de su
des ie o
en
Guadalaja a
se
abu ió mucho Miguel
Paleólogo. Su ca ác e de íc ima de nues as disensiones polí icas, le enía muy
o gulloso
y
descon en adizo. Hablaba poco con la pa ona, nada en
la
mesa, iba
al ca é
y
pedía
su
eneno co espondien e po señas,
y sin
deci una palab a
pagaba.
Empezó
a
esc ibi sus memo ias pa a en e ene sus ocios.
Un ex ac o
de
aquel dia io nos aho a á muchos pá a os
de
sopo í e a na-
ación.
Copio:
[...]
(p. 287).
Es a pa ece se
la
única salida posible pa a conclui el ex o,
y
no es
de
ex aña que Alas a isase de que oda ía iba a habla de nue o, es a ez pa a
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