LA
MAS
DIVINA
M
1M
BCT™,
Ó
SEA
LA
OBRA
DE
LA
SANTA
INFANCIA
PARA
SALVACION
DE
LOS
INFIELES,
Y
FELICIDAD
TEMPORAL
Y
ETERNA
DE
LOS
NIÑOS
CRIS
TIANOS
Y
DE
TODOS
CUANTOS
Á
ELLA
COOPEREN
CON
SUS
LIMOSNAS.
REIMPRESO
EN
SANTIAGO:
IMPRENTA
DE
MANUEL
MIRÁS
Y
ALVAREZ,
Plaiuela
de
Fuen e-Seca
núm.
i.
BIBLIOTECA
UNIVERSITARIA
DE
SANTIAGO
00375668
R.í o
LA
MAS
DIVINA
H
LAB
«AB
»™,
Ó
SEA
LA
OBRA
DE
LA
SANTA
INFANCIA
PARA
SALVACION
OE
LOS
INFIELES,
Y
FELICIDAD
TEMPORAL
Y
ETERNA
DE
LOS
NIÑOS
CRISTIANOS
Y
DE
TODOS
CUANTOS
A
ELLA
COOPEREN
CON
SUS
LIMOSNAS.
CON
LICENCIA
DEL
ORDINARIO.
SA.T»MCXZk.<iO»
XST73.
OFICINA
TIPOGRÁFICA
DE
M.
MIRÁS
Y
ALVAREZ,
Plazuela
de
Fuen e-Seca
núm.
1.
u
que
á
ella
consag an
sus
es ue zos
las
mas
copiosas
ecompensas;
esa
Ob a
Di
ina
que
ab e
las
pue as
de
la
e e na
biena en u anza
á
innume ables
almas,
y
ob iene
á
sus
socios
y
coope ado es
las
abundan es
y
p eciosas
bendiciones
del
Cielo.
Al
lee
en
los
anales
de
es a
San a
Ob a
el
cuad o
de
las
can idades
ecau
dadas
en
odo
el
o be
ca ólico
que
en
los
úl imos
diez
años
pasan
de
cincuen a
mi
llones,
y
el
núme o
de
niños
bau izados,
cuya
máxima
pa e
ha
subido
al
Cielo
y
es á
ya
gozando
de
Dios,
que
en
dicho
pe íodo
escede
de
es
millones,
mi
alma
se
ha
llenado
de
aleg ía:
pe o
al
consi
de a
los
muchos
millones
que
han
mue
o
ya
sin
bau ismo,
y
al
e
que
la
ca ó
lica
España,
an
celosa
en
o o
iempo
en
es ende
la
é
de
Jesuc is o,
que
no
bas an
do
ásus
deseos
el
mundo
conocido,
descu
b ió
un
Nue o
Mondo
pa a
ilumina le
con
la
luz
del
E angelio,
y
anquea
á
sus
mo ado es
las
pue as
del
pa aíso,
al
e
digo
á
la
Ca ólica
España
igu a
casi
en
úl ima
linea
en e
las
Naciones,
que
con
sus
limosnas
con ibuyen
á
es a
Ob a
eminen emen e
ca i a i a,
de
mi
co azpn
se
apode ó
la
is eza
mas
p o
unda.
¿Como,
me
he
dicho
epe idas
e
ces,
es
posible
que
los
c is ianos,
que
los
españoles
sepamos
que
en
o as
egiones
mue en
anualmen e
muchos
millones
de
niños
sin
bau ismo,
po
es a
sus
pad es
sen ados
en
las
inieblas
de
la
in idelidad
y
en
las
somb as
de
la
mue e;
que
con
co os
sac i icios
podamos
sal a
á
mu
chos
de
ellos,
y
que
eniendo
como
ene
mos
po
la
bondad
del
Seño
abundan es
medios
de
soco e los,
los
dejemos
pe e
ce
empo al
y
e e namen e
po
nues a
indolencia?
¿Es
posible
que
eniendo
e
cu sos
de
sob a
pa a
pe de nos,
y
quizá
pa a
pe de
á
o os,
no
los
empleemos
en
soco e
almas
an
necesi adas,
ab ién
doles
po
el
bau ismo
el
palacio
inmo al
de
la
glo ia?
¿Es
posible
que
nues a
Es
paña
que
iene
cua o
eces
mas
es en-
sion
y
población
que
Po ugal
y
que
Bél
gica,
no
haya
dado
en
algunos
años
ni
aun
la
mi ad
de
lo
que
ha
dado
Po u
gal;
ni
la
igésima
pa e
de
lo
que
ha
dado
Bélgica,
y
que
eniendo
casi
igual
supe icie
que
F ancia
no
haya
con i
buido
con
la
cen ésima
pa e
de
lo
que
—
li
dió
la
Nación
ecina
an
cul a
ó
ilus-
_
i ada?
(*)
¿No
es
es o
bas an e
casi
pa a
a e gonza nos
de
se
españoles?
¿Es
po
sible
que
an o
hayamos
degene ado
de
nues os
an epasados?
¿Es
posible
que,
siendo
como
son
indudablemen e
los
es
pañoles
an
piadosos
y
ca i a i os,
ha
yamos
mi ado
has a
aquí
con
an a
indi
e encia
una
Ob a
an
del
ag ado
de
Dios,
y
an
p o echosa
y
necesa ia
á
nues os
p ógimos?.
¿No
se á
es a
al
ez
una
de
las
causas
po que
nues a
Nación,
la
p ime a
del
mundo,
cuando
an
g ande
e a
su
celo
po
es ende
la
Religión
del
C uci icado,
haya
decaído
an o,
y
se
(*)
En
el
año
de
1871
á
72
la
colec a
gene al
pa a
la
Ob a
de
la
San a
In ancia
ha
ascendido
en
oda
la
c is iandad
á
cinco
millones
seiscien os
mil
eales,
de
los
que
solo
F ancia
con ibuyó
con
mas
de
es
millones,
Bélgica
ce ca
de
un
millón,
I alia
cua ocien os
mil
eales,
Po ugal
sesen a
y
cua o
mil
y
España
en
dicho
año
so
los
ein idós
mil
eales.
Cie o
es
que
en
o os
años
dió
mayo
can idad,
pe o
no
lo
es
menos
que
es
una
e güenza,
que
la
Nación
ca ólica,
ha
ya
mos ado
en
ese
año
an
poco
celo
po
sal a
almas
de
in an inos
y
es ende
el
Ca olicismo.
¿No
la a emos
es a
mancha
aumen ando
nues
as
limosnas?
u
ea
hoy
aba ida,
desp eciada,
pe didas
sus
posesiones,
anonadado
su
pode ío,
ex inguidas
sus
ue zas
espe ando
po
momen os
su
disolución
y
su
uina?
Pa
ece
que
no
puede
es o
duda se
si
se
conside a
que
Dios
da
siemp e
en
es e
mundo
á
las
naciones
el
p emio
ó
cas i
go
de
su
p ocede ;
mas
aun
que
á
los
indi iduos,
pa a
quienes
hay
o a
ida
en
donde
comple a
la
ecompensa
ó
pe
nalidad
á
que
se
hayan
hecho
ac eedo es.
Mas
¿cuál
se á
la
causa
de
es a
apa ía
de
la
Ca ólica
España
hácia
una
Ob a
que
es
la
mas
di ina
de
las
ob as
di i
nas?
¿No
hab á
algún
medio
de
qui a
es a
causa
unes a,
y
hace nos
sali
de
nues a
indi e encia?
Sí:
la
causa
e da
de a
de
que
los
españoles
no
hayamos
has a
aquí
con ibuido,
como
debíamos,
á
la
sal ado a
Ob a
de
la
San a
In ancia,
es
po que
la
máxima
pa e
de
los
espa
ñoles
no
conocen
lo
que
es
esa
Ob a,
y
aun
los
que
la
conocen
ienen
de
ella
una
idea
muy
impe ec a:
si
comp endié a
mos
la
nobleza
y
excelencia
de
su
in,
sus
po en osos
esul ados,
los
abundan
es
y
segu os
medios
de
consegui los,
la
—
13
—
es echa
obligación
de
pone los
en
p ác
ica,
las
abundan es
bendiciones
con
que
el
Cielo
la
ecompensa,
imposible
se ia
que
hubiese
un
solo
español
que
no
se
consag ase
á
ella
con
odas
sus
ue zas.
Si
llegamos
á
o ma
de
es a
San a
Ob a
una
jus a
idea,
odos,
odos,
nos
eñ u-
siasma emos
po
ella,
odos
con ibui e
mos
á
ella
según
nues as
acul ades
y
así
España
ocupa á
el
pues o
de
hono
que,
como
Nación
Ca ólica
po
excelen
cia,
le
co esponde
en
odas
las
Ob as
de
Religión
y
de
Ca idad;
y
así
nos
mos
a emos
econocidos
al
inmenso
bene i
cio,
que
Dios
nos
concedió,
o o gándo
nos
el
p ecioso
dón
de
la
é,
y
conse
ándolo
in ac o
en
nues o
p i ilegiado
suelo;
y
así
ha emos
e
al
mundo
que
no
hemos
degene ado,
que
somos
dignos
hijos
de
aquellos
que
olaban
á
Amé ica
y
Occcanía
en
alas
de
su
é
y
de
su
celo
po
p opaga
la
Religión
C is iana,
mas
bien
que
guiados
po
una
uin
codicia
ó
una
baja
ambición;
y
así
se
allega án
muchos
mas
ecu sos
y
se
bau iza án
muchos
mas
milla es
de
niños,
y
se
sal
a án
muchos
mas
miles-de
almas,
y
subi án
al
Cielo
co os
mucho
mas
nume
osos
de
inocen es
angeli os,
á
can a
las
di inas
mise ico dias
y
a ae
sob e
nos
o os
las
bendiciones
celes iales.
Tal
es
el
obje o
que
me
p opongo
en
es e
esc i o
del
que
como
dice
San
Al onso
hablando
de
su
opúsculo
sob e
la
o ación
quisie a
que
se
imp imiesen
an os
ejempla
es,
como
c is ianos
hay
en
el
mundo;
po
que
es oy
ín imamen e
con encido
de
que
no
es
posible
conoce
á
ondo
es a
Ob a,
y
no
ama la,
no
en usiasma se
po
ella,
no
coope a
á
ella
con
odas
nues as
ue zas.
Voy,
pues,
á
explica
el
obje o
y
in
de
es a
Ob a,
la
acilidad
y
mul i
ud
de
medios
pa a
consegui lo,
la
se
gu idad
con
que
se
ob ienen
los
mas
po en osos
esul ados,
la
obligación
es
echa
y
igo osa
de
coope a
á
ella,
el
inmenso
p emio,
el
cúmulo
de
bendicio
nes
y
ecompensas
que
agua da
á
sus
asociados
y
p o ec o es,
y
la
u ilidad
de
los
p e es os
que
pudie an
e ae nos
de
se
sus
celosos
p opagado es.
La
Ob a
de
la
San a
In ancia
es
una
aso
ciación
o mada
p incipalmen e
po
los
niños
c is ianos,
y
secunda iamen e
po
los
adul os,
quienes
con
sus
o aciones
y
limosnas
con ibuyen
á
p opo ciona
¡a
g acia
del
bau ismo
al
mayo
núme o
posible
de
esa
mul i ud
de
niños
in ieles,
especialmen e
de
la
China
y
de
la
India,
cuyos
pad es
yacen
sen ados
en
las
i
nieblas
y
somb as
de
la
mue e,
y
los
abandonan
y
a ojan
á
los
ce dos
y
mu
lada es
cual
pesada
é
inmunda
ca ga;
lib ándolos
así
de
la
mue e
e e na,
y
conse ando
á
eces
su
ida
empo al.
La
nobleza,
excelencia
y
mé i o
de
es a
Ob a
se
conoce
po
su
obje o
y
in,
Es os
son
allega
ondos
pa a
emi i
á
los
Misione os,
cong egaciones
eligiosas
y
c is ianos
e o osos,
que
especialmen
e
en
la
China
y
en
la
India,
además
de
las
o as
ocupaciones
de
su
minis e io,
se
consag an
á
bau iza
mul i ud
de
ni
ños
mo ibundos,
ó
abandonados
po
sus
c ueles
pad es,
ó
comp á selos
po
insig
ni ican e
p ecio,
pa a
egene a
sus
al
mas
con
la
sang e
de
Jesuc is o;
lib a
de
la
mue e
e e na
(y
muchas
eces
de
la
empo al)
á
an as
in elices
c ia u as,
sumidas
en
la
mayo
necesidad
co po al
y
espi i ual,
que
puede
imagina se;
a
—
16
—
anea
sus
pob eci as
almas
¿le
las
ga
as
del
León
in e nal,
en
que
yacen
po
el
o iginal
pecado;
lib a las
de
las
inie
blas
del
limbo
ó
quizá
de
las
penas
del
in ie no
(si
llegan
al
uso
de
la
azón);
blanquea
y
he mosea
sus
almas
con
la
Sang e
del
Co de o
Inmaculado;
an
quea les
con
el
san o
bau ismo
las
pue
as
del
palacio
inmo al
de
ine able
bie
na en u anza;
en ia
al
Cielo
mul i ud
de
ángeles,
que
desde
luego
y
po
oda
la
e e nidad
alaben
al
Seño ,
can en
sus
mise ico dias,
desa men
su
jus icia,
apla
quen
su
indignación
con a
un
mundo
c iminal,
é
implo en
incesan es
g acias
y
bendiciones
sob e
sus
bienhecho es;
educa
en
in
a ios
niños
y
niñas,
que
c iados
con
ia
leche
de
la
Religión
y
á
la
somb a
del
san ua io,
sean
den o
de
poco
o os
an os
após oles
e o osos
de
Jesuc is o,
pa a
dila a
su
eino,
é
ilu
mina
con
la
an o cha
del
E angelio,
aquellas
dila adísimas
y
pobladísimas
e
giones,
sen adas
oda ía
en
las
inieblas
y
somb as
de
la
mue e:
he
aquí
el
in
de
la
Ob a
de
la
San a
In ancia.
¿Puede
ni
aun
imagina se
ob a
mas
g ande,
mas
u
—
17
—
noble,
nías
excelen e,
mas
me i o ia,
mas
sublime,
mas
ag adable
á
Dios
y
p o e
chosa
á
los
homb es,
mas
di ina
en
una
palab a?
Si,
según
San
Dionisio,
la
mas
di ina
de
las
cosas
di inas
es
coope a
con
Dios
pa a
sal a
las
almas,
po
pe
didas
y
c iminales
que
sean,
¿qué
di e
mos
de
la
ob a
que
iene
po
obje o
sal
a
esas
almas
inocen es
de
oda
culpa
pe sonal,
pe o
jus a
é
inexo ablemen e
p i adas
de
en a
en
el
Cielo;
esas
al
mas
an
necesi adas,
que
no
pueden
po
sí
mismas
lib a se
de
an o
pelig o
y
p o
cu a se
un
bien
an
inmenso
é
inap e
ciable?
¡Ah!
su
alo
es
al,
su
obje o
an
san o,
su
in
an
deseable,
que,
si
pa a
consegui lo
uesen
p ecisos
medios
di íciles,
a os,
de
incie o
y
escaso
e
sul ado
gus osos
debe íamos
emplea los
aun
con
lige a
p obabilidad
de
ob ene
los:
Elsi
em
g andem
dixisse
ibí...
ce e
ace e
debue as
¿quan o
magis....
decían
con
azón
á
su
amo
los
c iados
de
Naa-
man
Si ó:
¿pues
con
que
a do
no
debe
emos
consag a nos
á
ob ene
an
noble
in,
oda
ez
que
los
medios
son
muchos,
y
odos
áciles,
y
odos
de
e icácia
se-
2
u
-18
—
gu a
é
in alible?
Pa a
con ence nos
de
la
mul i ud
y
acilidad
de
medios
con
que
podemos
coope a
á
es e
impo an
ísimo
in,
bas a
enume a los
y
espli-
ca los:
l.°
P ocu a
que
se
alis en
como
so
cios
el
mayo
núme o
de
niños
desde
que
nacen
has a
los
ein iún
años:
y
como
asociados
ó
p o ec o es
después,
dando
la
limosna
mensual
de
dos
cua os.
¿Qué
pad e
c is iano
po
pob e
que
sea,
no
da á
de
buena
gana
á
su
hijo
dos
cua os
cada
mes,
pa a
p ocu a le
en
la
co e
celes ial
amigos
y
p o ec o es
que
cui
den
de
él
y
le
ob engan
las
bendiciones
di inas?
En
la
ciudad
de
Tolosa
de
F an
cia
an
solo,
se
han
alis ado
mas
de
cua
o
mil
niños.
Felices
los
niños
que
se
asocien
á
la
Ob a
de
la
San a
In ancia,
ha
ciéndose
desde
los
mas
ie nos
años
coope
ado es
del
Seño
en
la
sal ación
de
las
almas,
encendiendo
en
su
ie no
pecho
el
uego
san o
de
la
ca idad,
y
acos um
b ándose
desde
la
cuna
á
ende
una
ma
no
compasi a
á
sus
semejan es.
Pa a
sa
be
como
se
es ablece
es a
asociación
y
ob ene
lib os
y
medallas
e e en es
á
su
u
—
25
—
empleados
icos
eso os,
aunque
esas
al
mas
es án
segu as
del
Cielo,
y
no
hay
segu idad
de
lib a las,
sino
solo
de
ali
ia las
¿pués
que
se á
lib a
de
la
e e
na
mue e
las
almas
de
esos
niños,
que
de
o a
mane a
quedan
i emediablemen
e
pe didas,
y
es o
con
an a
segu idad
como
hay
en
que
un
niño
bau izado,
que
mue e,
sube
de echo
al
Cielo?
Si
pues
debemos
se
muy
de o os
y
solíci os
de
soco e
las
almas
del
Pu ga o io,
que
padecen
allí
po
su
culpa
¿cuán o
mas
las
almas
de
es os
pob eci os
niños,
ino
cen es
de
odo
pecado
pe sonal?
¿Quién
no
da ía
gus oso,
aunque
ue e
odas
sus
iquezas,
po
cons ui
pa a
glo ia
de
Dios,
en
hono
de
la
San ísima
Vi gen,
un
emplo
an
magní ico
y
sun uoso
como
el
de
Salomón,
ó
como
el
Va icano
de
Roma?
Pues
mas
que
odo
ale
el
alma
de
uno
solo
de
esos
niños
bau izados;
el
emplo
de
Salomón
pe eció,
y
pe ece á
algún
dia
el
del
Va icano;
mas
no
pe
ece án
nunca,
du a án
siemp e
las
al
mas
de
esos
niños,
emplos
i os
de
la
Di
inidad,
monumen os
e e nos
que
publi
ca án
siemp e
las
glo ias,
las
bondades,
u
—
26—
las
mise ico dias
del
Al ísimo.
Y
bas
ando
muchas
eces
una
co a
limosna
—
<
‘
i
eces
la
cuo a
anual
de
un
niño
aso
ciado,
unos
es
eales
—
pa a
esca a
pode
bau iza
un
niño
in iel,
como
nos
asegu an
los
misione os
de
esos
paí
ses,
y
o as
pe sonas
igualmen e
dignas
de
c édi o
¿hab á
quien
no
con ibuya
cuan o
pueda,
á
sal a
el
mayo
núme o
de
es as
pob eci as
almas?
Si
á
cos a
de
pequeños
sac i icios
pudié amos
impedi
la
des ucción
de
un
g andioso
emplo,
o
edi ica
en
nues o
pais
una
iglesia
ó
Ca ed al
insigne,
no
lo
ha íamos?
¿Y
no
es
incompa ablemen e
mas
sal a
un
alma?
¿Y
no
se
en e nece án
nues as
en añas,
y
ablanda á
nues o
co azón,
y
mul iplica án
nues as
limosnas,
á
is
a
de
la
g a ísima
necesidad
espi i ual
y
co po al,
en
que
yacen
an os
in eli
ces
niños,
necesidad
que
nos
impone
una
obligación
igo osa
de
soco e los?
Asomb an
al
mas
in épido,
y
con
mue en
al
mas
du o
las
elaciones
aco
des,
que
po
muy
di e en es
y
encon
ados
conduc os
llegan
á
noso os
del
is ísimo
es ado
de
una
mul i ud
de
ni-
u|
—
n
—
ños,
en
esas
es ensas
y
populosísimas
coma cas
de
la
China
y
de
la
India.
Oigamos
sob e
es e
pa icula
el
es i
monio
de
un
au o
inglés
omado
de
la
ob a
i ulada
In es igaciones
ilosó icas
so
b e
los
Chinos:
«Allá,
dice,
las
pa e as
ahogan
en
un
cubo
de
agua
calien e
á
los
niños....
ó
bien
los
a ojan
á
los
ios
con
una
calabaza
sil es e
acía
y
a ada
po
de ás,
de
modo
que
sob enadan
mu
cho
iempo
an es
de
espi a
(sucediendo
á
eces
—
según
a i man
o os
—
que
las
a es
de
apiña,
ho adándoles
el
ce eb o,
les
comen
los
sesos
an es
de
mo i ).
Los
g i os,
que
dán
en onces,
ha ían
es e
mece
á
la
na u aleza
humana;
pe o
allí
es án
acos umb ados
á
oi los,
y
no
se
ha
ce
al o.
O a
mane a
de
deshace se
de
ellos
es
la
de
espone los
en
las
calles,
po
donde
pasan
odas
las
mañanas,
es
pecialmen e
en
Pekin,
unos
ca e ones,
en
los
cuales
ca gan
es as
in elices
c ia
u as
espues as
desde
la
noche,
y
las
•
conducen
á
un
hoyo,
que
no
cub en
con
la
espe anza
de
que
los
mahome anos
lleguen
á
oma
algunos
de
ellos.
Pe o
an es
de
ecoge los...
pa a
aslada los
al
mulada ,
sucede
con
ecuencia
que
los
pe os,
y
oda ía
mas
los
ce dos,
que
in es an
las
calles
de
las
ciudades
de
la
China,
se
los
comen
Di os.
Se
ase
gu a
que
en
solo
Pekín
en
es
años
se
con a on
nue e
mil
se ecien os
de
es os
des
g aciados,
que
ue on
conducidos,
como
queda
indicado,
al
mulada ;
sin
hace
mención
de
los
que
ue on
aplas ados
po
los
caballos
y
las
muías,
ni
de
los
que
habían
sido
ahogados
al
sali
del
seno
de
sus
mad es,
ni
de
los
que
o
ma on
los
mahome anos,
ni
de
los
que
pe ecie on
en
si ios
donde
no
había
quien
los
con ase.
Añadamos
los
a ojados
á
los
ios,
que
algunos
hacen
subi
á
die2
ó
doce
mil
cada
ano
en
sola
la
ciudad
de
Pekín,
y
a ios
ele an
á
ein a
mil.
O o
Au o -
Dobel,
conseje o
del
come cio
al
se icio
de
Rusia
en
su
ob a
sie e
años
en
Clima
—
se
esplica
en
es os
é minos:
«Muchos
de
los
habi an es
pob es
de
Can
ón
po
un
esceso
de
mise ia
abandonan
á
sus
ecien
nacidos,
los
cuales
po
lo
común
son
ic imas
de
la
o acidad
de
los
pe os.
Los
pob es
......
c ian
algunos
de
es os
ñiños
pa a
hace los
comedian es,
—
29
—
y
algunas
niñas
pa a
en ega las
al
de
so den....
e a
moda
en e
los
icos
aho
ga
muchas
de
sus
hijas
eciennacidas,
po que
les
pa ecía
bocho noso
ene
c e
cida
amilia
de
es e
sexo.^
Es os
hechos
se
con i man
con
las
ecien es
elaciones
de
nues os
misione os.
El
P.
Jose
esc i-
bia:
«en
es os
países
hay
la
cos umb e
de
que
un
chino
pob e,
no
pudiendo
c ia
sus
hijos,
los
ahoga,
les
dá
o o
géne o
de
mue e,
ó
los
i a
á
la
calle,
expues
os
á
se
de o ados
po
los
pe os
......
cen ena es
y
milla es
pe ecen
de
es e
modo.
Todos
nues os
misione os
se
ocu
pan
en
ecoge
á
es as
in elices
c ia u as:
á
mi
mismo
me
las
aen
con
ecuen
cia
po
seis
ancos
y
aun
de
alde,
di-
ciéndome
que,
si
no
las
admi o
acaba án
con
ellas.
No
a ándose
mas
que
de
da
seis
ancos,
se ia
muy
ácil
el
negocio:
pe o
¿en
donde
ecoge las?
quién
les
da
á
de
mama ?
quién
las
c ia á?.
...
Sin
emba go
V.
conoce
que
el
echaza las
se ia
una
c ueldad.»
El
R.
P.
Mouly
dice
hablando
de
es
os
desg aciados:
«Si
ienen
alguna
en
e medad,
que
se
juzga
incu able,
los;
u
—
30
—
pad es
los
abandonan
en
la
calle,
des
pués
de
habe los
enneg ecido,
de
modo
que
no
puedan
dis ingui se,
y
lo
mismo
sucede
si
son
muy
he mosos.
Yo
eco
miendo
es as
c ia u as
in elices
á
las
o a
ciones
de
nues as
buenas
he manas
de
ca idad.»
El
quisie a
ecoge
un
g an
núme o
de
ellos,
pe o
lo
que
le
de iene
es
la
al a
de
ecu sos.
Habla
de
algu
nos
ecogidos
ya
en
las
calles,
que
a
ios
c is ianos
piadosos
le
p esen an
pa a
que
los
bau ice,
y
que
los
con inúa
adop
ando:
«po que,
añade,
después
de
ha
be los
hecho
hijos
de
Dios,
yo
no
pod é
jamás
esol e me
á
desampa a los,
de
jándolos
mo i
en
la
calle,
expues os
á
se
comidos
po
los
pe os.
Ay!
yo
es
pe o
mucho
que
end á
un
dia
en
que
la
P o idencia,
compadecida
de
es os
ni
ños
y
niñas,
les
depa a á
un
co azón
ie no
y
pa e nal,
un
nue o
San
Vicen e
de
Paul;
y
así
como
se
ha
in e esado
po
los
espósi os
de
Eu opa,
ha á
esplan
dece
su
mise ico dia
con
los
de
la
Chi
na.
Tal
es
uno
de
mis
mas
a dien es
de
seos».
Es e
deseo
cumple
la
Ob a
de
la
San a
In ancia.
El
P.
Re o d
dice:
«El
in-
u
-31-
an icidio
es
muy
ecuen e
en
China:
muchas
eces
las
mismas
mad es
des
na u alizadas
ahogan
con
sus
manos
el
u o
de
sus
p opias
en añas.
KL
uso
cíe
abandona
los
niños
en
las
calles
p e a
leció
an o,
que
las
medidas
adop adas
po
el
gobie no
pa a
con ene
los
abu
sos,
no
han
p oducido
e ec o.»
«La
ca
nice ia
de
niños,
añade
el
P.
Ricci,
no
se
hace
á
escondidas,
sino
á
is a
de
odos».
(Véanse
o os
es imonios
en
el
lib i o
«La
Ob a
de
la
San a
In ancia,
1
a-
ís,
Be hune,1843»).
El
céleb e
capi án
y
dis inguido
sabio
Dumon
D'U bille
se
exp esa
así:
«En
China,
como
en
la
Roma
pagana,
un
pad e
puede
ende
á
su
hijo
po
escla o,
y
usa
con
e
cuencia
de
es e
de echo.
Especialmen e
las
hijas
son
un
obje o
de
á ico....
La
humanidad,
el
amo
pa e nal,
la
ca
^"
dad,
son
i udes
desconocidas
a
los
chi
nos....
A
su
es úpido
egoísmo
debe
se
gu amen e
a ibui se
la
eno me
can idad
de
in an icidios
de
que
cada
año
es
es igo
aquel
país.
Una
de
las
ocupaciones
de
la
policía
de
Pekín
es
ecoje
cada
se
mana
los
niños
a ojados
á
la
calle
po
se
mi ne D»
-
;
1
u
-32
—
la
noche.
Amon onan
las
íc imas
en
ca e as,
y
lle an
mezclados
i os
y
mue os
á
un
mulada
ue a
del
pueblo...
Los
que
habi an
ce ca
de
los
ios,
aban
donan
los
niños
á
la
co ien e
con
una
calabaza
al
cuello,
que
les
man iene
la
cabeza
ue a
del
agua.
No
es
a o
e
lo a
así
cadá e es
de
niños
y
los
ba
cos
que
pasan,
hacen
de
ellos
el
mismo
caso,
que
ha ían
de
un
pe o
mue o.»
En
in,
po
no
se
in e minables,
los
PP.
Cha ie
y
Galy,
Misione os,
cuyo
es
imonio
es
an o
mas
idedigno,
cuan o
que
el
uno
e angelizó
aquellos
luga es
du an e
doce
años,
y
ambos
u ie on
la
dicha
de
se
apaleados
y
lle a
las
glo
iosas
cadenas
de
Jesuc is o
ce ca
de
dos
años,
espe ando
po
momen os
el
ma i
io,
p oclaman
las
inmensas
en ajas
de
la
Ob a
de
la
San a
In ancia,
en
a o
de
an os
y
an
desg aciados
niños.
A
is a
de
elaciones
an
dolo osas,
de
necesidades
an
es emas
¿quién
no
sien e
conmo e se
sus
en añas?
Nos
con
mo e ía
y
no
pod íamos
p esencia ,
sin
emedia lo
pudiendo,
e
padece
an o
á
homb es
c iminales.
...
que
digo
á
hom-
u
-33
—
b es?
á
las
ie as
mismas....
¿y
mi a e
mos
impasibles
esos
niños
inocen es
y
cando osos,
pe o
an
desg aciados,
sin
que
el
cando
y
a ac i o,
que
nos
a i
ciona
has a
á
los
animali os
ie nos,
halle
eco
en
nues o
co azón,
en
a o
de
es
os
in elices,
que
son
nues os
he manos?
Los
deja emos
abandona ,
ahoga ,
en
de ,
degolla ....
sin
hace
cuan o
es é
de
nues a
pa e
pa a
emedia
su
g a
ísima
necesidad
co po al?
Pe o
es a
necesidad
an
'es ema,
es
como
nada,
si
se
compa a
con
la
que
a lige
sus
pob eci as
almas.
Es os
niños
mo ibundos
¡ay!
no
es án
bau izados,
es
án
en
las
ga as
del
demonio
po
la
cul
pa
o iginal,
ienen
ce adas
las
pue as
del
cielo,
es án
pa a
cae
en
la
oscu i
dad
del
limbo...!
y
¿con empla emos
se
enos
su
desg acia
sin
emedia la
pu-
diendo
an
ácilmen e?
¿Y
dónde
es á
en
onces
nues o
amo
á
Dios,
nues a
ca
idad
con
el
p ógimo?
Qui.
..
ide i
a-
em
suum
necesi a em
habe e
(co po alem
á
o io e
spi i ualem),
e
clause i
- isce a
sua
ah
eo,
quomodo,
cha i as
Dei
mane
in
eo?
I.
Jo.
3.
¿Cómo
pod emos
c ee
que
3
u
amamos
á
Dios,
si
iendo
esas
imágenes
suyas
des igu adas
po
la
culpa,
no
las
esca amos
y
limpiamos
con
su
pu ísima
sang e?
¿si
no
soco emos
á
esas
almas,
que
El
amó
mas
que
así
mismo,
pues
dió
po
ellas
su
sang e
y
su
ida,
si
nó
auxiliamos
á
es as
in elices
p isione as
des inadas
pa a
hijas,
he manas
y
es
posas
de
Dios
mismo?
¿Cómo
podemos
deci
que
Gha i as
Ch is i
u ge!
nos,
que
el
amo
de
Jesús
eina
en
noso os,
sino
mi amos
con
in e és
lo
que
Jesús
es ima
an o?
Y
sin
la
ca idad
de
Dios
y
del
p ógimo,
¿cómo
pensamos
sal a nos?
Si
ié amos
ce ca
de
nues a
casa
un
niño
mu iéndose....
y
sin
bau ismo...
¿no
o
la íamos
á
soco e lo
y
á
bau iza lo?
¿No
es a íamos
es echamen e
obligados
á
p ac ica lo
á
cos a
de
cualquie
sac i
icio?
¿Y
po
en u a
la
dis ancia
dis
minuye
la
obligación?
Si
hoy
pa a
nada
hay
dis ancias,
¿las
ha
de
habe
pa a
la
eina
de
las
i udes,
pa a
la
ca idad
en
su
ac o
mas
me i o io?
Pe o
si
no
bas a
pa a
encende nos
en
a ec os
de
compasión
y
pe suadi nos
á
emedia
con
mano
gene osa
an
ap e
—
41-
dio
de
sal ación;
pues
si
bien
la
P o i
dencia
Di ina
absolu amen e
pod ía
sal
a les
sin
el
bau ismo,
mas
no
puede,
dada
la
ley
de
su
indispensable
y
abso
lu a
necesidad;
y
es e
medio
es
su icien-
ísimo,
si,
co espondiendo
noso os
á
sus
amo osos
designios,
en iamos
cuan
iosas
limosnas
pa a
esca a los
á
odos,
ó
al
menos
el
mayo
núme o
posible....
Pe o
¡ay!
emo
que
el
demonio,
bajo
cuyo
pode
es án
esas
c ia u as,
y
que
iene
in e és
g andísimo
en
impedi
que
nues a
ca idad
los
a anque
de
sus
ga
as,
log e
pe suadi nos
que
la
di i amos,
ó
la
limi emos.
.
.
.
.
Nada,
pues,
de
dilaciones
ni
limi acio
nes:
p on o,
p on o
á
consag a
á
ella
nues os
in e eses
y
nues as
ue zas
o
das.
Su
necesidad
es
u gen e,
u gen í
sima.
Si
no
acudimos
p on o,
p on o,
mañana
ya
se á
a de
pa a
los
in elices
que
hoy
mue an
sin
bau ismo,
que
se
án
muchos.
La
necesidad
es
g andísima
y
muy
es ensa.
Ce ca
de
cua ocien os
millones
ienen
de
población
esos
países:
y
en e
es os
¡cuan os
cen ena es
de
mi
les
y
has a
millones
de
niños
p óximos
u
-4^-
á
mo i
sin
el
san o
bau ismo!
Si
bien
es
cie o
que
á
eces
con
solo
es
ea
les,
po
el
g ande
alo
que
alli
iene
la
moneda,
y
aun
po
menos
se
consi
gue
en ia
al
cielo
un
alma,
¿cuán os
ecu sos
no
son
necesa ios
pa a
sal a
los
á
odos,
y
sos ene
los
es ablecimien
os
de
educación
de
los
que
sob e i en?
¿Quién
no
se
es o za á
po
sal a
el
ma
yo
núme o?
¿Quién
se
a e e á
á
pone
á
su
ca idad
o os
lími es
que
los
de
una
absolu a
é
indeclinable
necesidad
p opia?
Si
los
malos,
si
los
impíos,
si
los
p o
es an es,
eunen
anualmen e
muchos
mi
llones
pa a
pe de
las
almas,
pa a
es-
ende
sob e
ellas
el
eino
del
demonio,
si
son
an
p on os
y
gene osos
¿hemos
de
se lo
menos
noso os?
¿y
noso os
c is
ianos
que
an o,
que
odo
lo
debemos
á
la
Religión?
¿noso os
que
espe amos
e e na
y
magní ica
ecompensa?
¿noso os
que
enemos
absolu a
y
g a ísima
obli
gación?
¿noso os
que
aho a
conocemos
la
sublimidad
y
he oísmo
de
es a
ob a
di ina?
¿noso os
que
enemos
an os,
an
áciles,
an
segu os
medios
pa a
p o
mo e la
e icazmen e?
¿noso os,
alimen-
u
odos
con
el
Cue po
y
sang e
del
Di i
no
Co de o,
escogidos
en e
an os
pa a
ope a ios
de
su
iña,
pa a
p omo e
su
glo ia
y
la
sal ación
de
las
almas
cpie
El
an o
ama,
obligados,
al
ez
mas
que
ninguno,
á
epa a
po
es e
medio
las
unes as
consecuencias
de
nues as
mu
chas
omisiones
y
quizá
escándalos?
¿he
mos
de
pe mi i
que
sean
mas
celosos
los
minis os
del
demonio
que
los
de
Je
suc is o,
que
los
hijos
de
inieblas
sean
mas
ac i os
que
los
hijos
de
la
luz?
¿Los
hijos
de
la
é
hemos
de
se
menos
p u
den es
que
los
hijos
del
siglo?
¿Y
quién,
quien
end á
alo
pa a
ce a
con
sus
bu las
sa ánicas,
ó
sus
chanzas
impías,
la
mano
abie a
pa a
soco e
á
esos
po-
b eci os?
¿Quién
se
a e e á
á
de ene
el
b azo
le an ado
pa a
a anca
á
un
niño
de
la
mue e?
¿Quién
des ia á
la
mano,
que
á
á
ab i le
las
pue as
del
Cielo
de amando
sob e
su
cabeza
el
agua
del
bau ismo?
Ea,
pues,
escuchemos
las
solemnes
palab as,
con
que
el
inmo al
Pío
IX
ecomienda
es a
Ob a
á
odos
los
Obis
pos
de
la
Iglesia:
Vene ables
he manos.
u
—44
—
Obispos
del
O be
ca ólico,
os
amones amos
que
cada
uno
de
oso os
p ocu e
in oduci
en
su
Diócesis
es a
c is iana
ins i ución,
cul
i ándola
cual
ie na
plan a,
que
c ece
en
la
iña
del
Seño ,
po que
ella
á
su
iempo
p oduci á
sazonados
y
abundan ísimos
u
os.
Ca ísimo
c is iano
que
es o
lees,
pe
mi e
que
el
úl imo
de
us
he manos
e
haga
la
misma
ecomendación,
y
e
p o
me a
idén icos
esul ados.
Pe mí eme
que
pos ado
á
us
pies;
con
el
co azón
angus iado
y
los
ojos
bañados
en
lág i
mas
po
no
pode
emedia
an
u gen e
y
g a ísima
necesidad,
e
pida
y
e
con
ju e
po
lo
mas
san o
y
sag ado,
po
el
amo
de
ese
Dios,
que
iene
con
e
cuencia
á
nues o
pecho;
po
el
amol
de
la
Inmaculada
Ma ía,
á
quien
des
pués
de
Dios
odo
lo
debemos,
y
á
quien
no
pod emos
o ece
obsequio
que
mas
le
ag ade;
po
el
amo
de
an as
in e
lices
c ia u as,
que
son
nues os
he ma
nos
en
Jesuc is o;
po
el
amo
en
in
de
u
sal ación,
que
depende
al
ez
del
celo,
que
de
hoy
mas
concibas
po
esa
ob a,
po
odo
es o
e
pido,
y
e
conju o
que
le
consag es
us
in e eses
y
us
ue zas
con
p e e encia
á
cualquie
o a.
Y
si
[lo
dicho
has a
aquí
no
bas a
pa a
conmo e e
V
encende
en
u
pecho
un
san o
en usiasmo
po
ella,
as
láda e
con
la
imaginación
á
uno
de
esos
mulada es
ó
zangas
donde
yacen
mul
i ud
de
niños,
espe ando
po
ins an es
la
mue e
co po al,
y
lo
que
es
in ini
amen e
peo
¡ay!
la
mue e
del
alma.
Mí alos
oncos
ya
de
an os
g i os,
con
la
lengua
seca
y
pegada
al
palada ,
sus
ojos
desecados
po
an as
lág imas,
ex
halando
una
que
o a
ez
las ime os
ayes,
capaces
de
ablanda
las
peñas,
le
an ando
hácia
í
sus
inocen es
mane-
ci as
en
ac i ud
suplican e,
que
encen
de ía
en
ca idad
al
co azón
mas
helado
y
egoís a,
pidiéndo e
con
su
semblan e
es enuado,
sus
mo ibundos
suspi os,
su
oz
apagada
pe o
elocuen ísima:
sál ame
¡oh
c is iano?
sal a
mi
alma,
áb eme
las
pue as
del
Cielo
po
el
san o
bau ismo;
da-
me,
dame
el
pan
de
la
elicidad
e e na,
pa a
que
ui
c iado;
limpia
mi
alma
con
la
san
g e
del
Co de o,
cuija
dispensación
e
se
con
ió:
adó name
con
la.
es idu a
déla
g acia,
y
subi é
muy
p on o
á
oga
po
i
y
al
canza e
abundancia
de
bendiciones;
mi a
que
soy
u
he mano,
que
Dios
le
manda
que
me
soco as,
y
e
p ome e
magni ico
p emio;
que
en
u
mano
ienes
mul i ud
de
medios
á
ciles
y
segu os
pa a
emedia me
(*)
y
e
pa a
us
al as
y
omisiones.
F
me
deja ás
pe ece ?
¿y
no
se
ablanda á
u
co azón?
¿y
no
eme ás
el
cas igo
de
u
du eza
inc ei-
ble?
y
pe ece á,
sabiéndolo
ú,
mi
alma
pol
la
que
un
Dios-Homb e
dio
su
sang e
y
su
ida.....?
Con empla
he mano
mió,
ese
espec áculo
an
ie no
y
sublime,
an
pa
é ico
y
conmo edo ,
‘
que
no
es
una ic-
(*)
Pa a
que
se
ea
con
cuan a
azón
se
po
nen
es as
palab as
en
boca
de
esas
c ia u i as,
di é
de
un
c is iano
que,
desde
que
u o
no
icia
de
es a
Ob a,
se
pe suadió
de
su
inmensa
impo ancia,
y
se
consag ó
á
p omo e la
con
al
empeño,
que
hace
años
en ía
anualmen e
no
pocos
miles
de
eales
de
limosna
pa a
la
San a
In ancia;
la
mayo
pa e
no
suyos,
po
las
c í
icas
ci cuns ancias
que
a a iesa
el
Cle o
es-
panol,
sinó
de
pe sonas
ca i a i as,
que
nunca
al an
g acias
al
Cielo.
Cuan as
pe sonas,
si
hu
bie a
quien
las
ins uye a,
da ían
pa a
ella
al
menos
una
pa le
de
lo
que
dedican
á
o as
ob as,
buenas
si,
pe o
no
an
me i o ias
ni
necesa ias
ó
lo
que
in ie en
á
eces
en
o os
inconside
ados,
y
sob e
odo
lo
que
malgas an
en
lujo,
galas,
y
o os
escesos
semejan es.
—47
—
cion
poé ica
sinó
una
is e
ealidad,
mi a
á
esos
niños
di igiéndo e
po
úl ima
ez
sus
mi adas
suplican es.
Ellos
mo i án
si
no
los
ayudas
y
no
p ocu as
su
so
co o
p on a
y
gene osamen e;
mo i án
co po al
men e,
y
mo i án
¡ay!
espi i ual
men e
.....
queda án
p i ados
pa a
siem
p e
de
e
á
Dios.
Ellos
i i án,
al
me
nos
en
ouan o
al
alma,
si
les
en ías
p on
as
y
abundan es
limosnas,
i i án
e e
namen e
gozando
de
Dios.
Qué
esuel es
pues?
Vi i án
ó
mo i án?
Mo i án
e e
namen e
esas
almas
comp adas
con
la
sang e
de
Jesuc is o?
Pudiendo
an
á
cilmen e
sal a los,
pe ece án
á
us
mis
mos
ojos
esos
in elices
he manos
uyos?
Pe ibi
in
ua
scien ia
a e ,
p o
quo
Ch is-
us
mo luus
es ?
Jesús,
u
Sal ado ,
sa
c i icó
su
ida
di ina
po
esas
almas,
y
ú
no
ha ás
un
pequeño
sac i icio
pa a
esca a las
de
las
ga as
del
demonio,
y
ab i les
las
pue as
de
la
glo ia?
¡Ah!
sin
que e
e
inju io,
c eyéndo e
capáz
de
acila
ni
un
ins an e
siquie a.
No
mo i án,
al
menos
en
cuan o
al
alma,
no
queda án
en
las
inieblas
del
limbo,
nó.
Vi i án,
si,
y
i i án
pa a
siem
u
p e;
i i án
y
subi án
al
Cielo
á
pedi
po
noso os.
Vi i án,
y
can a án
las
di inas
alabanzas
en
desag a io
de
nues as
o en
sas
y
aplaca án
la
Jus icia
di ina,
p o
ocada
po
nues as
culpas,
y
pedi
án
á
Dios
po
la
elicidad
de
sus
bien
hecho es;
i i án
pu i icadas
sus
almas
con
la
sang e
de
Jesús,
y
unidos
á
Él,
cual
co o
de
inocen es
angeli os,
ela án
sob e
nues os
in e eses
y
nos
p o eje án
en
los
pelig os,
nos
anima án
y
o ale
ce án
en
los
úl imos
comba es
de
la
i
da;
y
nos
conduci án
á
la
pá ia
celes ial,
i i án
algunos
aun
en
es e
mundo,
pa a
se
após oles
de
sus
he manos,
y
i i
án
la
máxima
pa e
en
el
cielo,
á
don
de
subi án
y
nos
alcanza án
abundan
es
auxilios
pa a
sal a nos
y
sal a
á
muchos
o os.
Quie a
Dios
que
así
sea.
Haga
la
Inmaculada
Mad e
de
Dios
y
Vi gen
pu ísima
Ma ía
que
odos
e mi
nemos
diciendo:
«.Desde
es e
momen o
quie o
consag a
mis
in e eses,
mis
alen os,
mi
in luencia,
odas
mis
ue zas
á
sal a
el
ma-
go
núme o
posible
.
de
almas,
po
medio
de
la
Ob a
de
la
San a
In ancia.
Amen.»