scieee Science in your language
[es] (orig)

Los frailes arquitectos del siglo XVIII en Galicia: trayectoria artística de los arquitectos regulares de las órdenes de San Benito, San Francisco y Santo Domingo

Author: Pita Galán, Paula
Year: 2019
Source: https://minerva.usc.es/bitstreams/5b448753-2281-4035-8262-527900976423/download
!
!
!
!
!
!
T ESE!DE! D OUTORAMENTO !
LOS$FRAILES$ARQUITEC TOS$DEL$SIGLO$XVII I$ EN$
GALICIA:$ trayectoria$artística$de$los$ maestros$ regulares$
de$las$órdenes$de$ San$Benito,$San$ Francisco$y$Santo$
Domingo $
$
!
Paula!Pita!Galán !
!
ESCOLA$DE$DOUTORAMENTO$ INTERNACIONAL $
PROGRAMA$DE$DOUTORAMENTO$ EN$ HISTORI A,$ XEOGRAFÍA$E$HIS TORIA$DA$ARTE $
$
SANTIAGO!DE!COMPOSTE LA !
2019 !

!
!
!
!
!
DECLARACIÓN !
DO !AUTO R /A !DA!T ESE
!
Los!frail es!arquitect os!del! siglo!XVII I!en!Gali cia:! !
trayector ia!artística!d e!los!mae stros!reg ulares!de !las!órden es!de!San ! Benito,! !
San!Francisco!y!Santo! Domingo
!
!
!
!
!
Dna. ! Paula!Pita! Galán
!
!
!!
Presento! a! mi ña !t es e ,!s e gui ndo! o !proced e ment o! axeit ado ! ao !Reg u la men to,! e !dec laro!q ue: !
!
1) A !tes e !aba rca ! os!resultados! da!elabor ación!d o !m eu !traba ll o. !
2) De!se lo! caso,! na !tes e! fa i se !refe rencia ! ás !c olabo raci óns !qu e!t i vo!este!traba ll o. !
3) !A !tes e!é ! a!versión!definit iva!presentada!par a!a! súa !defen sa! e !coin cide!c o a! versión!enviada!en!
formato !electrónico. !
4) Confirmo!que ! a!tes e !no n! in corre !e n!nin gún!t ipo!d e!pla x io !d ou tros!auto res!ni n !de!tra ba ll os!
presentados! por! mi n !para!a!o bten ción!d o u tros!títulos. !
!
!
En! Santiago!de!Compostel a ,!25 !de! abril !de!2 0 19
!
!
!
!

!
!
!
!
!
Asd o .
!Paula !Pita!G alán
!

!
!
!
!
!
!

!

!
!
!
!
A UT ORI Z A CI ÓN !
DO !
DIREC T OR !
/!
TI T OR ! DA ! TESE !
Los!frail es!arquitect os!del! siglo!XVII I!en!Gali cia:! !
trayector ia!artística!d e!los!mae stros!reg ulares!de !las!órden es!de!San ! Benito,! !
San!Francisco!y!Santo! Domingo
!
!
!
!
!
!
D .!
Migue l!Ta ín! Guzmán
!
!
!
INFORM A :!
!
!
Q ue $ a$ presente$ tese ,$ correspó nde se $c o $t r a b a l l o$ realizado$ por$ Dn a.$ Paula$ Pita$ Galán ,$ ba ixo$ a$ m iña $d i r e c c i ó n ,$ e$
a
utoriz o$
a$ súa$
pr esentaci ón
,$ conside r ando $
que $ r eúne $ os $
r
equisitos$
esixido s$ n o$ R
egulament o$
d e$ E studo s$
d e$
D outo r ament o $d a $U S C ,$
e$
que$
com o$ d i r ecto r$ d esta
$
no n$ $ inc o r r e$ na s$ causa s $ d e$
abstenció n$
establecidas$
n a$ L e i$
40 / 2015 .$
En$Santiago $de$Compostel a,$25 $de$abril$de$20 19
$
!
!
!

!
!
!
!
!
Asd o .
!Migu el!Taí n!Guz mán
!

!
!
!
!
!
!

!

ÍNDICE

1 INTRODUCCIÓN, 15
1.1. Tras las huellas de los arquitectos regulares: situación
historiográfica , 15
1.2. Objetivos del estudio, 39
1.3. Metodología, 42

2 MONJES Y FRAIL ES ARQU ITECTOS EN GALI CIA , 55
2.1. La Edad Media: la impl antación de las órdenes regula-
res y los escasos te stimo nios de sus primeros maestros de
obras, 55
2.1.1. La s órdenes monás ticas, 55
2.1.2. La s órdenes mendicantes y sus maestros de
arquitectura, 73
2.1.2.1. La fundación de las casas minoritas y la arquitectura de
sus conventos, 78
2.1.2.2. Presencia y arquitectura de los frailes domini cos, 81
2.2. Los siglos XIV y XV: la crisis de las órdenes regulares, 92
2.3. Los regulares ga llegos durante el Antiguo Régimen, 94
2.3.1. La reforma monást ica, 94
2.3.2. La reforma de las órdenes mendicantes, 100
2.4. La reconstrucción de los m onasterios y c onventos entre
los siglos XVI y XVIII , 1 01
2.4.1. La s órdenes regulares y los profesionales de la
arquitectura en Galicia en la Edad Mode rna, 103
2.4.1.1. Los be nedictinos, 123
2.4.1.2. Los franc iscanos, 156
2.4.1.3. Los dominicos, 163
2.4.1.4. La orden del Císter, 174

8

2.4.1.5. Jesuitas, carmelitas y otras órdenes asentadas en
Galicia, 183

3 LOS FRAILES ARQUI TECTOS EN GALICIA EN EL SIGLO
XVIII , 191
3.1. Una vida entre la relig ión y la arquitec tura, 19 1
3.1.1. El abandono del siglo, 191
3.1.2. La preferencia por el hábito pardo, 196
3.1.3. Viajes y desplazamientos: los trabajos para otras ca-
sas de la orden y la contratac ión de obras fuera de sus con-
ventos, 201
3.2. La formación profesional de los arquitectos religioso s, 207
3.2.1. La instrucción práctica, 202
3.2.2. La formación teórica: la importancia de las bibliote -
cas monásticas, 219
3.2.2.1. La cultura biblio gráfica de los frailes ga llegos: des -
cripción de los fondos artísticos de las biblioteca s regula-
res gallega s, 225
3.2.2.2. Un ejemplo prác tico: fra y Plácido Caamiña y la bi-
blioteca de San Martiño Pinario, 248
3.2.3. La s bibliotecas personales de los arquitectos y maes-
tros de obras regulares, 27 6
3.3. Los arquitectos reg ulares y el desempeño de su oficio, 285
3.3.1. Los trabajos para sus órdenes relig iosas, 28 5
3.3.1.1. El monasterio de San Salvador de Celanova y sus ma es-
tros de obras regulares: fray Pedro de San Bernardo, fray
Primitivo Rodríguez y fray Plácido Ig lesias, 289
3.3.1.1.1. Fray Plácido Iglesias y la conve rsión del claustro
reglar en una obra ba rroca, 297
3.3.1.2. Los trabajos de fray Manuel de los Mártires para la
orden de Santo Domingo, 304
3.3.1.2.1. La conc lusión del claustro de Santa María de Bel -
vís, 305
3.3.1.2.2. La ig lesia de S anto Domingo de A Coruña, 312

9

3.3.1.3. Los maestros de obras franc iscanos y la construc -
ción de la iglesia de San Fra ncisco, 321
3.3.1.4. El patronazgo de los prelados regulares, 32 6
3.3.1.4.1. Fray Anselmo Gómez de la Torre y los maestros
de obras be nedictinos, 327
3.3.1.4.2. El obispo fray Francisco I zquierdo y Tavira y fray
Manuel de los Mártire s, 333
3.3.2. Los c ontratos con insti tuciones y pa rticulares, 345
3.3.2.1. El dominico fray Francisco Cousiño, autor del
Cuarto de la Librería de la Universidad de Santiago, 356
3.3.2.2. Fray Francisco Velasco y la construcción de las Ca-
sas de la Inquisición e n Santiago de Compostela, 36 4
3.3.2.2.1. Las casas de la I nquisición y el Palacio de Monte -
rrey e n Compostela, 374
3.3.2.2.2. La Casa Grande del Hórreo o de Calo, 3 78
3.3.2.2.3. Las nuevas Ca sas del Santo Oficio en Porta da
Mámoa, 385
3.3.2.2.4. Los proy ectos para las nuevas casas de la Inquisi -
ción en Compostela, 395
3.3.2.2.5. Propuesta de autoría, 400
3.3.2.3. Los principales trabajos de fray Manuel de los Már-
tires fuera de la Orden de Santo Domingo, 401
3.3.2.3.1. Los trabajos para e l Pazo de Oca, 402
3.3.2.3.1.1. Breve historia construc tiva del Pazo de Oca, 403
3.3.2.3.1.2. La ca pilla de San Antonio de Oca, 409
3.3.2.3.1.3. Análisis estilístico de un e jemplo poco conven-
cional, 414
3.3.2.3.1.4. Autoría y modelos, 419
3.3.2.3.1.5. La ca pilla de Oca como parte de un espacio aris-
tocrático y de vocional, 42 9
3.3.2.3.1.6. El amueblamiento de la c apilla, 437
3.3.2.3.2. Obras para San Martiño Pinario, 447
3.3.2.3.2.1. Las escalera s de la fachada monástica, 448
3.3.2.3.2.2. La remodelación del zaguá n del Pórtico Real, 465

16

En su libro La figura del a rquitecto en el siglo XVII , García
Morales incluyó las órdenes religiosas como uno de los posibles
oríge nes o vías p ara ejercer la a rquitectura. Este estudio ofrece un a
base par a comprender el ambiente profesional en el cual se movieron
los arquitectos religiosos, y analizar las cara cterísticas g enerales que
marcaron el des empeño de su oficio; establecer lo s puntos en común
entre maestros procedentes de distintas órdenes, s us particularidades,
y confrontar su trabajo con el de sus cole gas s eglares. Actualmente, la
comparación entre regulares y l aicos se puede e stablecer fácilmente
gracias a los numerosos trabajos dedicados a la figura del arquitec to y
del artista en la España Moderna, des arrollados con especial vitalidad
durante las décadas de los años seten ta y ochenta del siglo XX 2 . Por
mencionar algunos ejemplos, Martín González, en su obra El artista
en la sociedad española del siglo XVII , aportó interesantes noticias
sobre monjes y frailes arquitectos 3 , y años más ta rde, Bérchez dedicó

2 El estudio de García Morales result a de gran importancia para apro xima rnos a la
figura d el arquitecto en Españ a en época moderna; n o obstante, no es el único dedicado a esta
materia qu e ta mbién h a sido abordada en lo s siguien tes trab ajos, RODRÍGUEZ G. DE
CEBALLOS, A . (1966) : “Juan de Herrera y los Jesuitas: Villa lpando, V aleriani, Ruiz y
Tolosa”. Archivum Historicum S . J., X XXV , 285 -321; BUST A MANTE GARCÍ A, A. (1976) :
“Entorno a Juan de Herrera y la Arquitectura”, Boletín del Seminario d e Arte y Arqu eología ,
XLII , 227 -248; LEÓN TELLO, J. (1979) : “ La teoría d el arte en el siglo XV III: e l concepto de
la arquitectura y del arquitecto en el Tratado de Teodoro de Ardema ns”, Revista de Ideas
Estéticas, 148, 287-298; MARÍAS, F. (1979) : “El problema del arquitecto en la España del
siglo XVI”, Academia, Boletín de la Real Acad emia de Bella s Artes d e Sa n Fern ando , 48 ,
173 -2 16; RIVERA BLANCO, J. (19 86) : “La elección del arquitecto una cuestión de estilo.
Ideas y Diseño (La Arq uitectura) ” , en IV Centenario del Monasterio de San Lorenzo d e El
Escorial . Madrid; CERVERA VERA, L. (19 89) : “El arquitecto en las ‘M edidas d el Rom ano’
de Diego de Sag redo”, Academia, Boletí n de la Re al Academi a de Bellas Artes de San
Fernando , 68 , 15 -34; CÁMA RA MUÑOZ, A. (1 990) : Arquitectur a y sociedad en el S iglo d e
Oro: idea, traza y ed ificio . Madrid: Tex tos Universitarios, Ed. El A rquero; GARCÍA
MORALES, M . V. (199 1) : La figu ra del a rquitecto en el siglo XVII. Madrid: Universidad
Nacional a Distancia; C ÁMARA MUÑOZ, A. (coord .) (2005) : Ingeniero s militares d e la
monarquía hispán ica en los sig los XVII y XVIII. Madrid: Ministerio de Defensa. Este tipo de
estudios se d esarrolló algo m ás tarde en Galicia, ya en la décad a de los noventa con los
trabajos d e FERNÁNDEZ ÁLVAREZ, M. A. (1 996 ) : Arte y sociedad en Compostela 1660 -
1710. Sada: Edicións do Castro; T AÍN GUZMÁ N, M. (1997) : Los arquitectos y la
contratación de obra en la Galic ia barroca (1650 -1700). Sada: Edicións do Castro y GOY
DIZ, A. (1998) : Artista s, talleres e gremios en Galicia (1600 -1650). S antiago de Compostela:
Universidade de Santiago de Com postela.
3 MARTÍN GONZÁLEZ, J. J. (1 984) : El a rtista en la sociedad española del sig lo
XVII. Madrid: Cátedra.

17

un apartado a los frailes constructores en el li bro Arquitectura barroca
valenciana , debido a la actividad de numerosos frailes arquitectos en
la región a lo largo del siglo XVIII 4 . Entre los elementos que este
historiador del arte des taca s e encuentran la formación teórica y
constructiva nada desdeñable que tuvieron muchos de estos maestros,
así como el modo en que habían asimilado las tendencias
arquitectónica s de la é poca, des arrollando e n sus trabajos un
clasicismo culto no c eñido al lenguaje estricto de la arquitectura
antigua . Bérchez distingue a estos profesionales de los frailes
practicone s encargados de la albañilería de las obras emprendidas por
la orden, que en realidad fueron los más numerosos. No obstante, no
siempre resulta sencillo determinar el grado de p ericia que re almente
alcanzaron los m aestros regulares localizados, y a que sólo se les
conocen obras menores; aunque en ocasiones se int uyan
conocimientos propios de un tracista. Por otro lado, destacó una d e las
caracter ísticas de estos profesionales: que no se limi taron a las obras
de su orden, sino que la alta consideración social de sus conocimientos
arquitectónicos los llevó a ser reclamados por clientes no
conventuales, mient ras q ue su capacidad les permitió trabajar fuera de
su región, pudiendo inc orporar a sus trabajos la novedad de algunas
fórmulas arquitectónicas poco implantadas en el ámbito valenciano.
Para concluir señala cómo la creación de las a cademias ilustradas puso
fin a finales del XV III al protag onismo de e stos a rquitectos ; una
circunstanc ia que, como se verá, se dio en toda la Península.
El interés por los arquitectos religiosos se inició,
paulatinamente, a partir de los estudios dedicados a los p rincipales
monasterios y conventos españoles. Con ellos surg ieron los nombres
de sus tracistas, maestros de obras, aparejadores o superintendentes,
muchas veces perte necientes a la orden. Aquellos arquitectos regulares
que dejaron obras destacadas comenzaron a ser o bjeto de análisis por
parte de los hist oriadores del arte, con la publi c ación de artículos que
abordaba n su personalidad artística o al guno de sus principales
trabajos. Al conocimiento de los arquitectos regulares en el mundo

4 BÉRCHEZ, J., JARQUE, F. (199 3) : Arquitectura barroca valenciana. Valencia:
Bancaixa, 140-170.

18

hispano han contribuido muy especialmente los e studios dedicados al
arte de las órdenes religiosas, destacando carmelitas y jesuitas. Ya a
comienzos del siglo XX los propios carmelitas comenzaron a
reivindicar el a rte d e su orden 5 . Sin embargo, fu e en la s egunda mitad
del mi smo c uando sur gió un claro interés por la arquitectura del
Carmelo. En 1964 Bonet C orrea publicó en Archivo Español de Arte
un artículo sobre los conventos del Carmelo en México y su principal
arquitecto, fr a y Andrés de S an Miguel. Unos años después, Martín
González presentó su análisis del convento de Santa Teresa de Ávila,
relacionándo lo con la arquitectura c armelita 6 . Desde este mom ento
comenzaron a aparecer estudios de obras específicas, c omo el
dedicado por Fernández García y Echeverría Goñi al convento
pamplonica 7 . El principal estudio sobre la arquitectura de esta orden
es el de Muñoz J iménez, que analizó los conventos que se erigieron en
España, Portu gal e Iberoamérica, teniendo en cu enta las motivaciones
de la creación de un modelo propio, los dist intos ti pos que
caracter izan a l as casas carmelitas y los trabajos de sus principale s
maestros 8 . Más recientemente, Narváez Case s hizo lo propi o

5 SAGRADA F AMIL IA, Fr. Emigdio de la (1948): “A rte y artistas del Carm e lo
español”, Monte Carmelo , 145 .
6 BONET CORREA, A. (19 64) : “Las iglesias y convento s d e los carmelitas en
México y fray Andrés de San Miguel”, Archivo Español de Arte, 145 -146 , 31 -47; MART ÍN
GONZÁLEZ, J. J. (1976) : “El convento de Santa Teresa d e Ávila y la A rquitectura
Carmelita”, Boletín del Seminario de Arte y Arqueología, 42, 306 -324.
7 FERNÁNDEZ GARCÍA, R., ECHEVERRÍA GOÑI, P . L. (1981) : “El convento e
iglesia de los Carme litas Descalzos d e Pam plon a. A rquitectura”, Príncipe de Viana, 164, 793.
8 MUÑOZ JIMÉNEZ, J. M. ( 1991) : Arquitec tura carmelita na ( 1562 -1800).
Arquitectura de lo s Carmelitas Descalzos en España, México y Portuga l durant e los siglos
XVI a XVIII. Ávila: Dip utación P rovincial d e Áv ila, Institución Gran Duque de Alba. Antes
de p ublicar este trabajo Mu ñoz realizó una revisión de la obra del convento abulense d e San ta
Teresa y estudió a lo s principales ca rmelitas castellanos: fray Alberto de la Madre de Dios y
fray Alonso de San José, vid. MUÑO Z JIMÉNEZ, J. M . (1985) : “El convento de ‘la Santa’ en
Ávila. Nueva docu me ntación sobre la p olémica del convento de S anta Teresa de Ávila (165 2 -
1655): la arquitectura carmelitana en la d i syuntiva manierismo versus b arroco”, Mon te
Carmelo, 93, 17; MUÑOZ JIMÉ NEZ, J. M. (1986): “Fray Alonso de San José (1600 -1654),
arquitecto carm elita”, Boletín d el Semina rio de Historia d el Arte y Arqu eología, 52, 429-434;
MUÑOZ JIMÉNEZ, J. M. (1989): “ Fray Alberto d e la M adre de Dio s y la arquitectura
cortesana: u rbanism o en la villa de Lerma”, Goya, 211- 21 2 , 52 - 59; MUÑOZ JIMÉNEZ, J. M.
(1990): Fray Alberto d e la Mad re de Dios (1575 -1635), Arquitecto. S antander: Ed. Tantí n ;
MUÑOZ JIMÉNEZ, J. M. (1990): “El a rquitecto Fray Alonso d e San José y la sacristía del
Monasterio de Guadalupe”, Goya, 219, 143-148.

19

publicando los r esultados de su tesis doctoral, d edicada al arquitecto
catalán fra Josep de la Concepció 9 . Entre sus trabajos hemos de
destacar La arquitectura en la congregación de los C armelita s
Descalzos (siglos XVI- XVIII), donde condensó las conclusiones d el
estudio de Muñoz Jiménez y las ex traídas de sus propias
investigac iones, y aporta un elen co de los principales maestros d e
obras de la orden, tradicionalmente considerada como la religió n que
contó con más profesionales de la arquitectura 10 .
Los jesuitas y su arquitectura también han suscit ado el interés
de los historiadores del arte españoles. A pesar de coincidir con los
carmelitas en la importancia que concedieron a dotar sus edificios de
una imagen propia claramente identificable con l a orden y construidos
a partir de una dir ectrices concretas, la Compañía no hizo especial
énfasis en da r su hábit o a arquitectos, ni pote nció la p resencia de
legos; antes prefirieron d isponer de brillante s matemáticos u hombres
con una elevada c apacidad intelectual que, ad emás, podían ejercer la
arquitectura. El relevo de los jesuitas a la Escue la de Matemáticas del
Escorial impulsó su produc ción teórica en el ámbi to de la arquitectura
y la in geniería y, si bien sus arquitectos más destacados no
procedieron del ámbito académico contaron s iempre con buenos
conocimientos teóricos de arquitectura, destacando como tracistas y
no como meros oficiales o practicones 11 . Rodríguez G. de Ceballos
escribió el primer estudio monográfico a cerca de la arquitectura de los
jesuitas españoles, sin limitarse a una única región 12 . Dicho autor
llevaba décadas estudiando los principales edificios de la Compañía
en España y los trabajos de los maestros de la orden, como Pedro
Sánchez o el h ermano Francisco Bautista, y ha continuado aportando

9 NARVÁEZ CASES, C. (20 01) : El tracista fra Josep de la Concepcio i
l´arquitectura carmelitana a Catalunya. Barcelona: Universitat Autòno ma d e Barcelona
(T esis doctoral inédita).
10 NARVÁEZ CASES, C. (2003) : La arquitectura en l a congregación de Carmelitas
Descalzos (siglo XVI-XV III). Burg os: Monte Carmelo.
11 CÁMARA MUÑOZ, A. (dir.) (2005) : Los ingeniero s militares d e la mo narquía
hispánica en los siglos XV II y XVIII. Madrid: Ministerio de Defensa, Asociación Española de
Am igos d e los Castillos, Centro de Estudios Europa Hispánica.
12 RODRÍGUEZ G. DE CEBALLOS, A. (2002) : La arquitectura de los jesuitas.
León: Edilupa Ediciones.

20

nuevos estudios sobre esta temá tica 13 . El interé s suscitado por la
arquitectura jesuita y l a necesaria vit alidad de sus estudios cristalizó
en 2010 en el sim posio internacional La ar quitectura j esuítica,
celebrado en Zaragoza, cuya publicación resultante, coordinada por
Álvaro Zamora, Ibañez Fernández y Criado Mainar, re coge las
reflexiones sobre el esta do de la cuestión de los estudios entorno a la
arquitectura de la orden en Castill a por el mencionado Rodríguez G.
de Ceballos; en Andalucía por Alfre do Mo r ales; en Valencia por
Merce des Gómez -Ferrer L ozano; en Aragón por los citados Ibáñez y
Criado; una aproximación a la arquitectura jesuítica en
Hispanoamérica por parte de Elena Alcalá; y en China y Filipinas por
Lue ngo Gutiérr ez 14 . L os resultados de este encuentro demuestran
tanto el impac to de la orden en los territorios hispanos como la
necesidad de crear un corpus de arquitectura jesuítica y establecer
unas líneas para los nuevos estudios sobre sus edificios 15 .

13 Por citar algunos título relevantes: RODRÍGUEZ G. DE CEBALLOS, A. (19 66) :
“El prim itivo colegio de la Co m pañía de Jesús en Salamanca (1545 - 1665)”, Miscelánea
Comillas: Revista de Ciencias Humanas y So ciales , 24 (46), 101 -168; RODRÍGUEZ G. DE
CEBALLOS, A. (196 8): “El antig uo noviciado de los Jesuitas en Madrid ”, Archivo Español
de Arte, 1 64, 245-265 ; RODRÍGUEZ G. DE CEBALLOS, A. (1 970): “El arquitecto h erm ano
Pedro Sánchez”, Archivo Español de Arte, 43 (169), 51-82; RODRÍG UEZ G. DE
CEBALLOS, A. (1970): “El Colegio Imperial de Madrid”, Miscelánea Comillas: Revista de
Ciencias Humanas y Soci ales , 28 (54), 407 -444; RODRÍGUEZ G. DE CEB ALLOS, A.
(1997): “El Ge sú Nu ovo de Nápoles: Giuseppe V aleriano y El Esc orial”, Mitteilungen der
Carl Justi-Vereinigung, 9 , 64-66; RODRÍGUEZ G. DE CE BALLOS, A. (20 12): “La
arquitectura jesuít ica en Castilla: e stado de la cuestión” en A LVARO ZAMORA, M. I.,
IBAÑEZ FERNÁNDEZ, J., CRIADO M AINAR, J. F. (coord.): La a rquitectura jesuítica.
Actas del Simposio Internacional, Zaragoza 9 , 10 y 11 de diciembre de 2010 . Zaragoza:
Instituto Fernando el Católico, 305-325 ; RODRÍGUEZ G. DE CEBALLOS, A. “Arte y
arquitectura de la Co mpañía d e Jesús en América Meridion al: apuntes p ara una
investigación”, en ALBE RO MUÑOZ, M. M., PÉREZ SÁNCHEZ, M. (2016): Las artes de
un espa cio y u n tiempo: el seteciento s borbónico. Murcia: Fundación Universitaria Esp añola,
Sem inario d e Arte Marqués de Lozoya, Universidad de Murcia , 17 -31.
14 ALVARO ZAMORA, M. I., IBAÑEZ FERNÁNDEZ, J., CRIADO MAINAR, J. F.
(coord.) (2012): La arquitectura jesuítica. Acta s del Simposio Internacional , Zaragoza 9, 10 y
11 de diciembre de 2010 . Zaragoza: In stituto Fern ando el Católico, 305 -325; 327 -354; 355 -
392; 393 -472; 473-496; 5 23 -540.
15 Para Galicia la p rincipal obra sobre los Jesuitas es el libro de RIVERA V ÁZQUEZ,
E. (1989) : Galici a y los Jesuitas: sus colegios y enseñanza en los siglos XVI a l XVIII. La
Coruña: Fundación Barrié de la Maza. Actualme nte, en la Universidade de Santiago de
Compostela, María Ribo está llevando a cabo u na tesis d octoral dedicada a la arquitectura
orden en esta comunidad.

21

De las investigaciones sobre el a rte de las g randes órde nes
derivaron las primeras m onografías dedicadas a arquitectos religiosos,
centradas en aquellos que habían realizado las obras más brillantes
dentro de la orden y , a menu do, solían ser los más activos. Buen
ejemplo son el estudio d e fra y Alberto de la Mad re de Dios por pa rte
de Muñoz Jiménez 16 o el de Narváez Cases ace rca de la figura d e
Josep de la Concepció 17 . Cano Sanz publicó las conclusiones de su
tesis doctoral sobre el maestro de obras jerónimo fray Antonio de San
José Pontones, que adem ás de tr abajar para su o rden tuvo una intens a
relación con el C onsejo de Castilla, que le comisionó numerosas obras
hidráulicas 18 . Otros reg ulares españoles han sido objeto de estudio po r
su labor como tratadistas. Los casos más destacad os son los del citado
Villalpando, o fray Lorenzo de San Nicolás 19 . Y es que el acce so a la
cultura y a los discursos teóricos que tenían los religiosos gracias a los
ricos fondos de las bibliotecas monásti cas y conve ntuales, las mejores
de su tiempo, favoreció que algunos d e estos reli giosos desa rrollasen
una faceta má s puramente intelectual.
Galicia, con sus destacados focos r eligiosos y artísticos y sus
poderosas casas monásticas, no se mantuvo al margen de este
fenómeno y también co ntó con la presencia d e arquitectos regu lares,
coincidiendo con la eclo sión de la arquitectura barroca en la re gión.
No por casualidad, los principales monasterios y c onventos receptores
de hombres con formación en el ámbito d e la construcción se
encuentran en Santiago de Compostela, ciudad que desde l a segunda
mitad del si glo XV II y durante todo el XV III se erigió como principal
centro artístico del reino , sumi da como estaba, en un radical proceso
de transformación urbana que afectó tanto a sus principales

16 MUÑOZ JIMÉNEZ, J. M. (1990) : Fray Alberto de la Madre de Dios...
17 NARVÁEZ CA SES, C. (2001 ) : El tracista fra Josep de l a Concepció...
18 CANO SANZ, P . (2006) : Fray An tonio de San José Pontones arquitecto jerónimo
del sig lo XVIII. Madrid: CSIC y C ANO S ANZ, P. (2010): Fray An tonio d e San Jo sé
Pontones: a rquitecto, ingeniero y tratadista en España (1710 -1774). Madrid: Fundación
Universitaria Española.
19 DÍAZ MORENO, F. (2004) : “Fra y Lorenzo de San Nicolás (1593-1679).
Precisiones entorno a su biograf ía y obra escrita”, Anales de Historia del Arte, 14 , 157 -179 ;
DÍAZ MORENO, F. (2008): Arte y Uso d e arquitectura. Edición anotada. Madrid: Instituto
de Estudios Madrileño.

22

monumentos como a la arquitec tura domé stica. Los primeros
arquitectos regulares que gozaron de é xito prof esional, los
benedictinos fray Tomás Alonso y fra y Gabriel de Casas, trabajaron
en el último tercio d el XVII, p ero l a prolifer ación de arquitectos
relig iosos en territorio g allego tuvo lu gar en la centuria siguiente ,
pudiendo identificarse el XVIII como el siglo de los arquitectos
regulares en Ga licia.
La s primeras noticias acerca de la p resencia de monjes y frailes
arquitectos en nu estra c omunidad las encontramos recogidas en los
diccionarios de artistas gallegos el aborados por Manuel Murguía 20 ,
Pérez Costanti 21 y C ouselo Bouzas 22 . En 1912 el historiador
franc iscano Atanasio López publicaba un artículo sobre los arquitectos
que habían levantado la iglesia de S an Francisco en Santiago, y en
1916 una r ecopilación d e artistas españoles d e su orden aporta ndo los
nombres de varios arquitectos que habían vivido y trabajado en
nuestra región 23 . En Gal icia artísti ca Couselo dedicó los úl timos
párrafos de la introducción a la arquitectura gallega a hablar de los
maestros reli giosos que hicieron de este arte su profe sión 24 . Po r
primera v ez un historiador gallego s eñalaba la pa rticularidad d e estos
profesionales, presentándolos bajo un punto de vista colectivo, con sus
específicas circunstancias laborales y vitales como principal n exo de
unión, aunque no el único. Al año siguiente el padre Pardo Villar,
relig ioso de la Orden de S anto Domin go, pu blicó dos artículos
dedicados a lo s artistas dominicos gallegos en l os cuales hablaba de

20 MURGUÍA , M. (1 884) : El arte en Santiago durante el si glo XVIII y noticia de los
artistas que florecieron en d icha ciudad y centuria. Madrid: Establecim iento tipográf ico d e
Ricardo Fe.
21 PÉREZ COSTA NTI, P. (1930) : Diccionario de artistas que florecieron en Galicia
durante lo s siglos XVI y XVII. Santiago de Compostela: Im pr enta, Librería y Enc. d el
Sem inario C. Centr al .
22 COUSELO BOUZ AS, J. (1932) : Gali cia artística en el siglo XVIII y primer tercio
del XIX. Santiago de Compostela: In stituto Teológico Compostelano, Santiago d e
Compostela.
23 LÓPEZ, A. (1912) : “Los arquitectos d e la iglesia d e San Francisco de San tiago”, El
Correo Compostelano, 26, 27 y 29 de n oviem bre, hoja 1; LÓPEZ, A . (1916) : “A rtistas
franciscanos españo les”, El Eco Franciscano, 556, 570 -574; LÓPEZ, A. (1 916) : “Artistas
franciscanos españo les”, El Eco Franciscano, 557, 594 -598; LÓPEZ, A. (1 916) : “Artistas
franciscanos españoles”, El Eco Franciscano , 558, 618-621.
24 COUSELO BOUZAS, J. (1932) : Galicia artística... , 37.

23

los arquitectos fray Man uel de los Mártires, fray Ambrosio de Santo
Tomás y fra y F rancisco Cousiño 25 . En 1935 Bouza Bre y amplió con
nuevas noticias el diccionario de artistas gallegos que habían trabaja do
entre los siglos XVI y X IX 26 , y diez años más tarde publicó el artículo
“Monjes bene dictinos maestros de obras en el Monasterio de San
Martín Pinario”, elaborado a partir de la información que extrajo de un
Catálogo de monjes procede nte de la librería de dicha casa, y
conserva do en la Biblioteca Xeral d e la Universidad de Santiago 27 .
Algunos de los nombres recogidos en este trabajo constaban y a en los
diccionarios precedentes, pero ahora s e dab a a co nocer el de maestros
menores — maestros de obras, canteros y carpinteros — , y de al gunos
cuy o vín culo con la arquitectura fue administ rativo y no profesional
(aunque por entonces estaba por d eterminar la diferencia entre los
maestros de obras con una función ar tística y lo s maestros de obras
administradores). Este artículo resaltaba que la presencia de los
constructore s tenía más importancia para las casas religiosas galle gas
de la que se había estimado por los escasos autores localizados en un
primer momento. Ese mismo año, Bouza publi có un segundo trabajo
en el que presentaba datos biográficos sobre dos reputados arquitectos
benedictinos: fra y G abriel de Casas y fra y Plácido Caamiña, de gran
importancia para posteriores investigac iones acerca de su formación y
sus trabajos 28 . Filgueira Valverde también contribuy ó a estos estudios
con un artículo sobre fray Gabriel de C asas 29 . En la década de los
cuare nta el padr e Arias, benedictino de San Juli án de Samos, publicó
un artículo sobre el maes tro de obras samonense f ra y J uan Vázquez y,

25 PARDO VILLAR, A. (1 933) : “A rtistas d ominicos galaicos (Fray Manuel d e lo s
Mártires”, Logo s. Boletín Católico Mensual, 27 , 40-43; PARDO VILLAR, A. (1933):
“A rtistas dominicos galaicos. Fray Ambrosio de Santo Tom ás, Fray Francisco Cousiño y Fra y
Xosé Álvares” , Lo gos. Boletín Católico Mensual, 30 , 102-105.
26 BOUZA BREY, F. (1935) : “Aportación ao d iccionario de artist as na G alicia do s
séculos XVI ao XIX”, separata de Nós. Santiago de Com postela.
27 BOUZA BREY, F. (19 45) : “Monjes benedictinos m aestros de obras en e
Monasterio de San Martín Pinario” , Cuadernos de Estudios Gallegos, IV , 663-672.
28 BOUZA BREY, F. (194 5) : “La patria de los ma estros d e ob ras b enedictinos Fray
Ga briel de Casas y F ray P lácido Caam iña”, Boletín de la Comisión Provincial d e
Monumento s Histó rico-artísticos de Lugo, I ( 4) , 35 y 36.
29 FILGUEIRA V ALVERDE, J. (1946) : “Sobre la b iografía d e fray Gabriel de
Casas”, Cuadernos de Estudios Gallegos, II ( 5) , 144-146.

24

en 1946, otro sobre Caamiña, natural d e dicho a yuntamiento lucense 30 .
Por últim o, para los arquitectos regulares de la sede de Mondoñ edo la
principal referencia la encontramos en los trabajos desarrollados por
Le nce-Santar en las primeras décadas del siglo XX; sin embargo,
dicho autor no se centró tanto en los maestros como en sus obras. Sus
publicaciones acerca de l monasterio de Vilano va de Lourenzá, el
convento de San Pedro de Alcántara, o el Santuario de los Remedios
mencionan al benedictino fra y Benito Ponte, maestro de obras de
Lourenzá; mientras que a fra y Lorenzo de Santa Teresa, maestro del
convento de Alcántara, lo hallamos trabajando en esta casa y como
supuesto autor del Santuario de los Re medios 31 .
A pesar d e estas aprox imaciones, la línea de investigación
apuntada por Couselo Bouzas y l a id ea d e llev ar a cabo un estudio
centrado en estos arquitectos no acabaron de calar entre los
historiadores del arte galleg os quienes, enco ntrándose ante una
disciplina que para la región se hallaba e n una fase de desarrollo
embrionaria, ce ntraron s us esfuerzos en aproximarse a sus principales
monumentos y artistas mediante estudios de ti po formalista, estilísti co,
estructuralista y los propios de la sociología del arte. Desde enton ces,
las semblanzas de los maestros re gulares que desarrollaron su
tray ectoria profesional e n Galicia han sido abordada s (con diferente
profundidad) en obras en ciclopédicas, estudios est ilísticos, de historia
de la arquitectura, mon ografías sob re monume ntos (monasterios y
conventos principalmen te), estudios generales sobre el oficio d e
arquitecto, o en capítulos de libros y artícul os dedicados a sus
principales obras. El primer investigador que an alizó individual mente
la tra y ectoria de dos arq uitectos religiosos cu ya carrera se des arrolló

30 ARIAS, P. (1941) : “El R. Fr. Juan V ázquez, arquitecto de la magnífica iglesia d e
Sam os”, en Boletín de la Comisión Pro vincial de Monumentos Histó ricos y Artísticos d e
Lugo, I (1), 16- 17; ARIA S, P . (1946): “ En to rno al seg undo ce ntenario de un gran arquitecto
galleg o, Fray Plácido (Antonio) Cam iña (1746- 1946)”, Boletín d e la Comisión de
Monumentos Históricos y Artísticos de Lugo, II ( 17 -18) , 180-182.
31 LENCE-SANTAR Y GUITIÁN, E. (1909) : Mondoñedo: el santuario de lo s
Remedios. M ondoñedo; LENCE-SA NTAR Y GUITIÁN, E. (1 910): El convento d e
Villanueva de Lo renzana y San Francisco de Viveiro. M ondoñedo ; LENCE-SANTA R Y
GUITIÁN, E. (1910 ): Mondoñedo: el convento de Alcántara. Mondoñedo; LENCE-SANTAR
Y GUITIÁN, E. (1958): El Santuario de Nuestra Señ ora de los Remedios . Mondoñedo.

25

en Galicia fue Bonet C orrea en su libro La arquit ectura en Galicia
durante el siglo XVII , donde habla de los maestro s de obras regulares
de San M artín Pinario e n el si glo XV II: f ra y T omás Alonso y fray
Gabriel de Casas 32 . Ambos pasaron desde entonces a contar entre los
principales arquitec tos compostelanos y a aparecer en ob ras
enciclopédicas: como la g eneralista Enci clopedia Gallega — en la que
y a const an autores hasta ahora menos conocidos, como fray Manuel
de los Mártire s — 33 , o de temática a rtística, como Galicia. Arte, cu yos
tomos dedicados al Ba rroco reda ctó García Iglesias (quien y a
menciona los trabajos de otros regulares como fray Manuel de los
Mártires, fra y J uan Vázquez o fray Plá cido Iglesia s) 34 , o Artistas
Gallegos 35 . La s investigaciones acerca de las ob ras de monjes y fr ailes
arquitectos gallegos se retomaron a finales de la década de los
ochenta, pero casi siempre dentro de una temática más amplia.
Diversos trabajos de la profesora Vila J ato sacaron a la luz la figura
del maestro dominico compostelano fra y Manuel de los Mártires, que
destacó en el segundo tercio del si glo XVIII. En su li bro Lugo barroco
lo presenta traba jando a las ó rdenes del obispo I zquierdo,
encargándose de la construcción de l a traída de agua lucense y del
ornato público relacionado con esta interv ención; y apunta su posible
participación en otr as obras contemporáneas 36 . Al año siguiente
vuelve a reflex ionar sobre la personalidad de M ártires en el estudio
que dedicó al mec enazgo del arzobispo Bartolomé Rajoy y L osada en
Pontedeume, donde el benedictino había llevado a cabo la
reconstrucción de la iglesia de Santiago, financiada por el prelado

32 BONET CORREA, A. (19 66) : La a rquitectura en Galicia d urante el siglo XV II.
Madrid: CSIC, 443-452 y 471-500.
33 FOLGAR DE LA CALLE, M . C. (1974) : “Fray Manuel de los Mártires” en Gran
Enciclopedia Gallega. Tom o XX, Santiago de Compostela , 161 -162.
34 GARCÍA I GLESIAS, J. M . (1993) : Galicia. Arte. El Ba rroco (I): La época. Los
patrocinadores. Arq uitectos del siglo XVII. Tomo X IV. A Coruña: Hércules Ed iciones ;
GARCÍA IGLESI AS, J. M. (1993) : Galicia. Arte. El Barroco (II). Arquitectos del siglo XVIII.
Otras actividades artísticas. Tom o XIV. A Coruña. Hércules Ediciones.
35 FERNÁNDEZ GASALLA, L. (2 004) : “Frey Tomás Alonso e Frei Gabriel de
Casas”, en P ULGAR SABÍN, C. del: Arti stas Gallegos. Arquitectos (sé culos XVII e XVIII).
Vigo: Nova Ga licia Edició ns, 234-267.
36 VILA JATO, M. D. (1989 ) : Lugo barroco. Lugo: Deputación provincial.

32

Monasticorum IV y Op us Monasticorum V) ; el análisis de Santiago
como principal centro catalizador del arte gallego ( Opus
Monasticorum VI) ; un a v isión general sobre los pr incipales maestros y
las obras destaca das e n las casas benedictinas de Galicia ( Opus
Monasticorum VII ); el aná lisis de tex tos e im ágenes tras el arte
monástico gallego ( Opus M onasticorum VIII ); y los r esultados del
congreso internacional sobre el arte de las órdenes religiosas en
territorio hispano celebrado en Santiago de Compostela en diciembre
de 2014 ( Opus Monasticorum IX ) 60 . Estos trabajos no sólo ponen de
relieve la pr esencia de la orden de San Benito en Galicia y el reflejo
de su poderío espiritual y tempo ral a través de sus fábricas, sino que
en ellos encontramos al gunos de los estudios más recientes sobre
arquitectos benedictinos menos conocidos, como el samonense fra y
Juan Vázquez, a quien Folgar de la Calle presentó como un ducho
tracista con personalidad propia. En el año 20 07 se celebr ó el MC
aniversario del nacimiento de S an Rosendo con ex posiciones en las
ciudades gallegas vincu ladas al santo: Mondoñedo, Compos te la y
Celanova, que culminó con la celebrac ión d e un con greso. El

60 LÓPEZ VÁZQUEZ, J. M. (2005) : Patrimonio, arte, historia y o rden: Opus
monasticorum. Santiago de Compostela: X unta d e Galicia, Dirección Xeral de Patrimonio
Cultural; F ERNÁNDEZ CASTIÑEIRAS, E., M ONTERROSO M ONTERO, J. M. (2006) :
Ar te beneditina nos camiños de Sa ntiago: Opus monasticorum II. Santiago de Compostela:
Consellería de Innovación e Industria, S. A. de X estión do P lan Xac obeo; FOLGAR DE LA
CALLE, M. C., GOY DIZ, A. (20 08) : San Xulián d e S amos: h istoria y arte nun mosteiro :
Opus Monasticorum III. San tiago de Compostela: Consellería de Innovac ión e Industria, S. A.
de X estión d o P lan Xaco beo; FERNÁNDEZ CAST IÑEIRAS, E., MONTERROSO
MONTERO, J. M. (2010) : Piedra sobre agua: el monacato en torno a la Ribei ra Sacra, Opus
Monasticorum IV. A Coruña: Fundación P edro Barrié de la M aza ; FERNÁNDEZ
CASTIÑEIRAS, E., MONTERROSO MONTERO, J. M. (2012 ) : Entre el ag ua y el cielo: el
patrimonio moná stico de la Ribeira Sacr a. Opus Monasticorum V. Santiago de Compostela:
Universidade de Santiago de Composte la; FERNÁNDEZ CAST IÑEIR AS, E.,
MONTERROSO MONTERO, J. M. (coords.) (2012) : Santiago, ciudad de encuentros y
presencias. Opus Monasticor um VI. Santiago de Compostela: Con sorcio d e Santiago,
Alvarellos ; GOY DIZ, A., MONTERROSO MONTERO, J. M. (d irs.) (2014) : De nombre y
obras: Opus Monasticorum VII. Santi ago de Compostela: Andavira Ed itora ; MONTERROSO
MONTERO, J. M. (dir.), FERNÁNDEZ MARTÍNEZ, C. (coord.) (2014) : La h uella imp resa.
Textos e imágenes para u na h istoria d el arte gallego . Opus Mo nasticorum VIII . Santiag o de
Compostela: Un iversidade d e Santiago de Compostela, Alvarellos Editora; GARCÍA
IGLESIAS, J.M. (dir.), CACHEDA B ARREIRO, R. M., FERNÁ NDEZ MA RTÍNEZ, C.
(coord.) (2016) : Universos en orden: las ó rdenes religiosas y el patrimonio cultural
iberoamericano. Opus Monasticorum IX. Santiago de Compostela: Alvarellos.

33

abundante material científico derivado de estas actividades se publicó
en tres catálogos, d e los cua les el de dicado al monaster io de San
Salvador de C elanova inclu y e varios estudios que revis an la
reconstrucción de la aba día entre los siglos XVI y XVIII; siglo, este
último, en que la casa contó con destacables ma estros de obras en el
siglo XVIII: fra y Pedro de S an Bernardo, fra y Primit ivo Rodríguez y
fray Plácido Iglesias; este último el principal de los tres 61 . Alguna s d e
las invenciones de estos maestros han sido abordadas en los capítulos
redac tados por López Vázquez y Folgar de la Calle 62 . A la hora de
escribir sus contribuciones, ambos hist oriadores del arte habían tenido
acceso a un catálogo de abades localizado por Cotelo Felípez en el
archivo del monasterio de S an Julián de Samos, publicado poco
después 63 . En este catálogo se mencionan las ob ras promocionadas por
la ma y oría de los abades orensanos, p ermitiendo precisar la datación
de la reconstrucc ión de la abadía.
Así mi smo, los estudios sobre los monasterios del Císt er
aportaron información s obre int ervenciones dise ñadas o diri gidas por
arquitectos regulares, tanto de su orden como de otras religiones 64 . El

61 SINGUL LORENZO, F . (dir.) (2007) : Rud esindus: El legado d el Santo. Iglesia del
monasterio d e San Salvador d e Celanova 1 d e octubre -2 de d iciem bre de 2007. Santiago de
Compostela: Xunta de Galicia, Co nsellería de Innovación e In dustria, Dirección X eral de
Turismo, S. A. de Xestión do Plan Xacobeo.
62 FOLGAR DE LA C ALLE, M . C. (2007) : “Á so mbra do compás e d o espello.
Tradición e m odernid ade na arquitectura monástica d e San Salvador de Celanova desde os
tem pos do Barroco ata a Desam ortización” en SING UL LORENZO, F. ( dir.): Rudesindus. O
legado do Santo. Santiago de Compostela: Xunta, Dirección Xeral de T urismo, S.A . de
Xestión do P lan Xacob eo , 264-285; LÓPEZ V ÁZQUEZ, J. M. (2 007) : “El p resbiterio y el
coro, la m édula de la iglesia monástica benedictina: el caso de Celano va” en SIN GUL
LORENZO, F. (dir.) : Rudesindus. El legado del sa nto. Santiago de Compostela: Xunta,
Dirección Xeral de Turism o, S.A. de Xestión do Plan Xacobeo , 287-311.
63 COTELO F ELÍPEZ, M. (2007) : “A portaciones documentales para el estudio del
Monasterio de San Salvador de Ce lanova”, Compo stellanum, 52 ( 1- 2) , 59 - 71.
64 YÁÑEZ NEIRA, D., V ALL E PÉRE Z, J. C., LIMIA GARDON, F. (coo rds.) (1988) :
El monasterio de Oseira: cincuenta años de restauraciones. Ourense: Dipu tación d e Ourense;
YÁÑEZ NEIRA, D., VALLE PÉREZ, J. C., LIMIA GARDON, F. (co ords.) (1992): Actas del
Congreso Internacional sobre S an Bernardo e o Císter en Galicia e Po rtugal. Ourense 1991.
Santiago de Compostela: X unta de Galicia ; RODRIGUES, J. y V ALLE PÉRE Z, C. (coords.)
(1998) : Arte del Císter en Galicia y Portugal. Lisboa: Fundaçao Calouste Gulbenkian, A
Coruñ a: Fundación P edro Barr ié de la Maza; YA ÑEZ NEIRA , D. (coord.) (20 00) :
Monasticón Cisterciense Gallego . Vigo .

34

capítulo de Folgar de la Calle s obre las int ervenciones llevadas a cabo
en las c asas cistercienses de G alicia desde el Barroco a l a
desamortización, donde reconstruy e los tr abajos realizados por fra y
Plácido Ig lesias para Oseira y men ciona po sibles obras de fra y
Agustín de Outeiro en S ob rado, ha resultado de especial interés para
nuestra investigación 65 . Al igual que la tesis de Limia Gardón: L a
proyecc ión artística del Monasterio Cist erciense de Santa María de
Oseira: de dom fray Suero de Oca (1485-1512) a dom fray Santiago
Sola (1832-1835 ), y las publi caciones resultantes de su tr abajo, que
aportan nueva información acerca de las obras acometidas por esta
comunidad en Época Moderna. Entre las más su gerentes, aquellas que
dan a conocer a fra y Ca yetano C ornide y sus trab ajos para la abadía, o
las que apuntan a posibles intervenciones de fray Plácido Ig lesias 66 .
Mientras podemos considerar que los estudios artí sticos sobre
los monasterios ga llegos, tanto en época mediev al como en la Edad
Moderna, se encuentra n en un estado avanzado, esta situación varía
para los conventos dominicos y franciscanos. La arquitectura
medieval de sus casas g allegas ha sido analizada por Manso Porto, en
el caso de los domi nicos, y Fraga Samped ro para l os franciscanos. Sin
embargo, en cuanto se refiere a las intervenciones emprendidas entre
los siglos XVI y XV III el grado de análisis se vuelve desigual, con
una notoria ausencia de estudios integrales. Pa ra S an Francisco de
Santiago, cabe za de provincia y, por consiguiente, principal casa
ga llega, disponemos de l a monografía d el padre Pazos, la aportación
de Ríos Miramonte s en su estudio acerca d el mecenazgo d e Monro y y
el estudio de la iglesia de Fol gar de la Calle 67 ; sin embargo, para los

65 FOLGAR DE LA CALLE, M. C. (1998) : “La arquitectura d e los monasterios
cistercienses d e Galicia desde e l Barroco h asta la desamortización”, en RODRIG UES, J.,
VALLE P ÉREZ, J. C. (coords.): Arte del Císter en Galicia y Portugal. Lisboa: Fundaçao
Calouste Gulbenkian, A Coruña: Fundación Pedro Barrié de la Maza , 280 -327.
66 LIMIA GARDÓN, F. J. (2006) : La pro yección artística del Monasterio
Cisterciense de S anta María de Oseira: de dom Fray Su ero de Oca (148 5 -1512) a Dom F ray
Santiago Sola (1832 -1835). Santiago d e Co mpostela: Universidade de Santiago d e
Compostela. (Tesis doctoral inédita).
67 PAZOS, M . R. (1979) : El Convento de San Francisco de Santiago y sus dos
iglesias, la actual y d erruida en 1741: (1518 -1862). Santiago de Compostela: El Eco
Franciscano ; RÍOS MIRAMONTES, M. T. (1986 ) : Aportaciones al barroco gallego. Un gran

35

restantes conv entos minoritas gallegos la bibliografía resulta mu y
irregular . Esta cir cunstancia confiere especial valor a los estudios
dedicados al convento de Santa C lara de Santiago, principalmente a la
contribución de Folgar de la Calle que analiza la hist oria constru ctiva
del convento, y al de San Fra ncisco de L ugo, hoy sede d el Museo
Provincial de L ugo, dond e Goy Diz analiza su claustro y apunta a fra y
Manuel de los Má rtires como posible auto r del piso superior 68 . Algo
similar ocurre con los conventos dominicos cuya h istoria estudió en su
día el padre Pa rdo Vill ar, principal referencia a la hor a de
aproximarnos a los dominicos gallegos pero que publicó,
principalmente, en la primera mitad del siglo X X 69 . Carecemos, por
tanto, de análisis modernos que pon gan al día sus t rabajos y los
aborden desde una nueva perspectiva. A nivel histórico -artístico la
bibliografía es parcial y disp ersa. El estudio de la a rquitectura
medieval de las casa s d ominicanas gallega s fue llevado a c abo por
Manso Porto 70 . Sin embarg o carecemos de un estudio sistemático de
sus obras modernas. San Domingos de Bonaval, principal convento
del reino, ha recibido una mayor atención. Ríos Miramontes le dedicó
un artículo y estudió las obras emprendidas como parte del mecenazgo

mecenazgo. S antiago de Compostela, 303-307; FOLGAR DE LA CALLE, M. C. (1989) :
Simón Rodríguez. La Coruña: Fundación Barrié de la Maza, 120 -143.
68 GOY DIZ, A. (2011) : “O convento de San Francisco de Lugo n a épo ca m oderna”,
en ARRIBAS ARIAS, F. (coord.): O claustro franciscano d o Museo Provincial d e Lugo .
Lugo: Museo Provincial de Lugo, Servicio de Publicacións da Deputación de Lugo , 107-143.
69 Del historiador dom inico , d e quien ya h emos d estacado sus artículo s ded icados en
exclusiva a lo s artistas d e la Orden, destacamos las siguientes obras: P ARDO V ILLA R, A.
(1930) : “El convento de Santo Domingo de Betanzos”, Bo letín de la Real Academia Gallega,
XIX (227), 249-255 ; PARDO VILLAR, A . (1931 ): “El c onvento de Santo Domingo d e
Betanzos”, Boletín de la Real Ac ademia Gallega, XX (230) , 44 - 45 , (231), 59 - 61 ; PARDO
VILLAR, A. (19 32): “El Convento d e Santa María la Nova d e Lugo. (Notas históricas)”,
Boletín de la Academia Ga llega, XX I (241), 6 - 14 ; P ARDO VILLAR, A. (1 939 ): Los
dominicos en Galicia. Santiago d e Compostela ; P ARDO V ILLAR, A. (1943): “El convento
de Santo Domingo de Lugo (Notas históri cas) (I)”, Boletín de la Real Academia G allega,
XXIII (273), 321 -325 ; P ARDO VILLAR, A. (19 45): “El convento de Santa María de Belvís.
(Apuntes históricos)” Boletín d e la Comisión d e Monumento s d e Ourense, XV (2), 32-100 ;
PARDO VILLAR, A . (194 7): “ El Convento de Santo D omingo de La Co ruña (A puntes
históricos)”, Boletín de la Comisión Provincial d e Monumentos Histó ricos y Artísticos de
Orense, XV I, 89 -205 ; PARDO VILLAR, A . “Los Do minicos en S antiago. (Apuntes
históricos)”. Cuadernos de Estudios Gallegos, anejo VIII. Santiago de Com postela, 1953.
70 MANSO P ORTO, C. (1 993) : Arte gótico en Galicia: los do min icos. La Coru ña:
Fundación Pedro Barrié d e la Maza .

36

del arzobispo santiag ués fra y Antonio de Mon roy, miembro de la
Orden de S anto Domingo e impulsor de la reforma del convento 71 .
Taín Guzmán ana lizó las int ervenciones de Domingo de Andra de,
responsable de los trabajos financiados por Monro y , y Folgar de la
Calle también abordó la arquitec tura del convento en un c apítulo
dedicado a los conventos compostelanos integrado e n un volumen
sobre el patrimonio de la ciudad de Santiago. Las reformas modernas
del convento femenino de Santa María d e Belvís, vecino a Bonaval,
las analizó R íos Miramontes y , años más tarde, fueron revisadas por
Fernández Gasalla en su mencionada tesis doctoral 72 . P or otro lado,
Ríos escribió sobre inte rvenciones aisladas en conventos domi nicos
ga llegos, como la construcción de la torre de S anto Domingo de
Betanzos 73 . Hay conventos cu ya s obr as se han relacionado con
arquitectos regulares pero carece n de análisis individualizados. Por
ejemplo, S anta María la Nova de Lugo, cu y o est udio más riguroso lo
publicó Vila Jato en el libro Lugo Barroco, y donde pudo hab er
trabajado fray Manuel d e los Mártires como tr acista de la i glesia 74 . O
Santo Domingo de A Coruña, que contó con maestros de obr as como
fray José García Fraga y fr a y Alexos Fontenla , y encargó el diseño de
su templo al mencionado Mártires, a nalizado por primer a ve z por
Vi go Trasancos 75 . Si contrastamos estos estudios con los referidos
para los monasterios po demos comprobar que, en efecto, el grado de
atención que han recibido los conventos de las órdenes mendicantes

71 RÍOS M IRAMONTES, M. T. (1982) : “El convento d e Santo D om ingo d e Bon aval
en Santiago de Compostela”, Cuadernos d e Estudios Gallegos, 33 , 549-557; RÍOS
MIRAMONTES, M. T. (1983): “El Convento de Belvís, en Santiago de Compostela: obra
gallega d e un arquitecto leonés”, Tierras de León , 50 , 69 -84; RÍOS MIRAMONTES, M . T.
(1983): “La iglesia del convento de San to Dom ingo de Bonaval en Santiago de C ompostela.
Obras realizadas en lo s siglos XVII y XV III”, Cuadernos de Estudios Ga llegos, XXX IV ( 99) ,
191 -2 04; RÍOS MIRAMONTES, M. T. (1986) : Aportaciones al Barroco gallego .. .
72 RÍOS MIRAMONT ES, M. T. (1983 ) : “El Con vento de Belvís …” .
73 Ibídem.
74 VILA JATO, M. D.: Lugo barroco ... , 105 -113.
75 BARRAL RIV ADULLA, M. D. (1994) : “Una nueva o bra d e Fernando d e Ca sas
Novoa en la Coruñ a: el pabellón d e la plaza d e Santa Bárbara”, A nuario brigantino, 17, 281-
286; F ERNÁNDEZ GONZÁLEZ, A. (2006 ) : Fernando d e Casas y Novoa , 2 54 y 255; V IGO
TRASANCOS, A. (200 7) : A Coruña y el Siglo de las Luces: la construcción de una ciud ad
de comercio (1700-1800). A Coru ña: Universidade da Coruña, Universidade de Santiago d e
Compostela, 164-173.

37

en Galicia por pa rte de lo s historiadores del arte re sulta , al menos para
la Edad Moderna, considerableme nte menor.
En realidad, tanto el an álisis de Vila J ato sobre la iglesia de
Santa María la Nova co mo el trabajo de Vigo sobre la iglesia de Santo
Domingo de A C oruña deberíamos encuadrarlos dentro de los estud ios
dedicados al arte, la arquitectura y el urbanismo local, que también
han aportado interesantes datos a cerca de la participación de
arquitectos r egulares en obras civiles y religiosas emprendidas en las
ciudades gallegas. Lugo Barroco , de Vila J ato, se centra en las obras
llevadas a cabo en la capital lucense durante los siglos XV II y XV III .
En esta publicación se ana lizan trabajos trazados por arquitectos
relig iosos, como los dise ñados y dirigidos por fray Gabriel de Casas
en la Catedral, o el a cueducto y fuentes trazado s por fra y Manuel de
los Mártires; al tiempo que se informa de la participación de otros
regulares en labores técnicas. De igual modo, la bibl iogra fía dedicada
a la ciudad de Santiago ofrece noticias sobre la participación activa de
monjes y f railes en l a transformación de l a ciudad. Así se aprecia en el
trabajo de Singul L orenz o La Ciudad de las Luces. Arquitectura y
urbanismo en Santiago de Compostela durante la Ilustración donde se
muestra que, a pes ar de tratarse de un periodo en que los ma estros
regulares iniciaban una pro gresiva de cadencia, los regulares
compostelanos todavía tenían su lugar en la ciudad del Apóstol 76 . Uno
de los libros que ofrece más información a cerca de la integración de
este colectivo en la vida artística santiaguesa es U nha historia urbana:
Compostela 1595 -1780, escrito por Rosende Valdés. En esta obr a
resulta especialmente patente la participación de los reg ulares en obra s
civiles y su labor como peritos 77 . Sobre este g énero de intervenciones,
y en especial las empr endidas en la arquitectura doméstica de la
ciudad, también aporta n oticias Costa Buj án en s u estudio La ciudad
heredada. Evolución urbana y cambios morfológ icos de Santi ago de

76 SINGUL LORENZO, F. (20 01) : La Ciudad de las Lu ces. Arquitec tura y Urbanismo
en Santiago d e Compostela durante la Ilustraci ón. Santiago de Compostela: Consorcio d e
Santia go .
77 ROSENDE V AL DÉS, A. (2004) : Unha historia urbana: Compostela 1595 -1780.
Santiago de Compostela: Nigra Tr ea .

38

Compostela 1778-1950 78 . Igua lmente Vi go Trasancos ha contribuido a
difundir la participació n de maestros re gulares en la conversión
moderna de la ciudad de A Coruña. D esde la i mplicación de fr a y
Francisco Velasco en las tareas d e construcción del viaje de a gua de la
urbe en la década de 1720, a la y a citad a obra d e la i glesia de Santo
Domingo y otra s labores de carácter menor 79 .
Por últ imo, la progresiva modernización de los archivos
ga llegos h a permitido avanzar en el conocimiento de sus fondos.
Desde finales del si glo X X diversas publicaciones han dado a conocer
buena pa rte de los fo ndos de planos y dib ujos de arquitectura
custodiados, no sólo en los archivos, museos y colecc iones privadas
de la comunidad, sino también nacionales e internacionales. En ellas
se inclu yen dibujos de a rquitectos re gulares co mo fra y Gabriel de
Casas, fra y Plácido Iglesias, fra y Plácido Caamiña, fray M anuel
Caeiro, fra y Ignac io F ontecoba o fra y Manu el de los Mártires,
permitiéndonos conocer su pericia como dibujantes y aproxim arnos,
en la ma y oría de los casos, a obras y a desapar ecidas o que nunca
ll eg aron a levant arse. La pionera de dichas public aciones corresponde
a Taín Guzmán, que dio a conocer los dibujos del Archivo de la
Catedral de Santiago 80 . Posteriormente, vieron la luz las may ores
recopilac iones de planos y dibujos de arquitectura y urbanis mo de
Galicia p ara los siglos X VI, XV II y XV III, resultado de dos pro yectos
de investigación dirigidos por Vigo Trasancos y desarrollados por los
investigadores y colaboradores d el grupo d e investi gación de la
Universidade de Santiago Historia del Arte, de la Arquitectura y del
Urbanismo (HAAYDU) 81 .

78 COSTA BUJÁN, P. (2015) : La ciudad h eredada. Evol ución urbana y cam bios
morfológicos, Santiago de Compostela 1778 -1950. Santiago de Compostela: Teófilo
Edicións, Consorcio de Santia go .
79 VIGO TRASANCO S, A. (2007) : A Coruña y el Si glo de las Luces…
80 TAÍN GUZMÁN, M. (19 99) : Traza s, Planos y Pro yectos del Archivo de la
Catedral de Santiago. A Coruña: Dipu tación de A Coruña.
81 VIGO TR ASANCOS, A. (dir. ) (2 003) : Planos y d ibujos de arqu itectura y
urbanismo: Galicia en lo s siglos XVI y XVII. Santi ago de Co mpostela: Con sello Ga lego de
Colexios de Aparelladores e Arquitectos Técnicos de Galicia; V IG O TRASANCOS, A. (dir. )
(2011): Galicia y el siglo XVIII. Planos y dibujos de arquitectu ra y u rban ismo (1701-1800).
A Coruña: Fundación Barrié de la Maza.

39

Se comprende, pu es, la importancia qu e los arquitectos regulares
tuvieron también e n la Galicia del XV III , y l a p ertinencia de llevar a
cabo una investigación profunda sobre este col ectivo. L os estudios
realizados hasta el mo mento dan idea d e la continua actividad
desarrolla da por estos hombres en el periodo mencionado, así como de
la pluralidad de sus traba jos, derivada de la div ersidad de sus patrones.
Pero, como h emos resaltado, la par cialidad d e los estudios llevados a
cabo, deja también pat ente la importancia de ofrecer una visi ón
holística, un análisis sis temático que se a proxime a la vida y al trabajo
de estos hombres desde la perspectiva propia de la historia social del
arte; todo ello sin dejar de lado el necesario r egistro de los monjes y
frailes arquitectos ga llegos en la Edad Moderna, así c omo de sus
trabajos. Esta es la « laguna » que aspira a cubrir nuestra investigación.

1.2. O BJETIVOS DEL ESTUDIO
El objetivo ge neral de l a presente tesis docto ral consis te en ofrecer un
análisis de la vida religiosa y profesional de los arquitectos miembros
de órdenes regulares qu e trabajaron de manera estable y continuada en
Galicia. Para ello se p restará especial atención a los regulares que
vivieron y d esarrollaron su carrera a lo lar go del siglo XVIII, al
tratarse del periodo en que se han localizado un mayor número de
dichos profesionales. Si bien el título de nuestr a t esis hace referencia a
los « frailes» arquitectos, conviene aclarar que el empleo de e ste
término proc ede d el tratamiento que recibían, con independencia d e si
pertenecían a una orden contemplativa (caso de los benedictinos y
cisterciense s) o activa (f ranciscanos, dominicos, carmelitas, jesuitas,
etc.). De ahí que no sólo no ha y amos ex cluid o a los primeros sino que
hay amos con cedido esp ecial atención a los maestros de obras de la
orden benedictina. Dado que las órdenes de S an Benito, San Francisco
y Santo Domingo gozaron de más y mejor es maestros propios hemos
decidido dar prioridad al estud io de las obras lleva das a cabo por sus
constructore s. Ello no impli ca que dejásemos de l ado a los arquitec tos
de órdenes como el Císter o el Carmelo, que se instaló en Galicia en el
siglo que centra nuestro estudio, o a los maestros localizados en el

40

siglo XV II; al contrario, sus circunstancias han sido tenidas en cuenta
para completar el análisi s social de los maestros de obras reg ulares, al
igual que se ha analizado la presencia de maestros llegados d e otras
regiones para emprender obras concretas, r egres ando luego a sus casas
de origen. Sólo así podíamos obtener una versió n completa sobr e el
modo de vida de estos profesionales. No obstant e, hemos ex cluido a
estos hombres de los capítulos dedicados al análisis de las obras
emprendidas por arquitectos regulares: a los pr imeros debido a la
escasa entidad d e sus trabajos y a la dificultad para determinar su
participación en las obras que se les atribu y en, derivada de la falta de
fuentes o d e la es casa c oncreción de las mismas; a los maestros del
XVII por exceder el marco cronológico esta blecido para nuestro
estudio; y a los foráne os por la excepcionalidad de su labor en Galicia.
Partiendo de este objetivo general nos hemos fija do los siguientes
objetivos específicos:
En primer lugar, deter minar las condiciones de ingreso de los
arquitectos regulares; es decir: edad aproximada, lugares de origen,
formación profesional previa y posterior a la toma de hábito, tipo de
hábito que vestían al abandonar el si glo, y circunstancias en que tuvo
lugar l a profesión en s us respectiva s órde nes. Estos datos nos
permitirán establecer el papel de monasterios y conventos como
centros d e formación de arquitectos y profesional es de la construcción
o si, por el contrario, las abadías propiciaban el ingre so de hombres
formados en dicho oficio para beneficio de la comunidad. L os lugares
de origen aportan información acerca del entorno sociocultural y
artístico del cual procedían los maestros de obras, mientras que la
edad de in gre so determina, en gran medida, el ti po de hábito que s e
concedía al aspirante: bie n como monje de coro o como hermano le go.
De igual modo es interesante conocer qué a rgumentos apo yan la
concesión de l hábito.
A continuación, analizar el desarrollo de las carr eras profesionales
de los arquite ctos regulares en el seno de sus órdenes. Resulta de gran
importancia conocer el impacto que el ingreso en una orden regular
tenía sobre las carreras profesionales d e nuestros protag onistas. Si su

41

nuevo estado contribu y ó a su formación práctica y/o teórica, prestando
es pecial atención a sus bibliotecas p ersonales y a las bibliotecas
monásticas y conventuales. Tratando de establecer si trabajaron a las
órdenes d e otros ma estros, si llegaron a alcanzar la cima p rofesional o
si, por el contrario, desempeñaron puestos de ti p o técnico o
meramente prácticos, a sí como qué tipo de obr as ll evaron a cabo,
determinando si trabajaron sólo para su abadía o también para otras
casas de la orden. De i gual modo, nos interesa conocer si pudieron
aceptar comisiones de otras inst ituciones y particulares; y la tipología
de sus obras.
Asimismo, el estudio de la participación de los arquitectos
regulares en la construcción de sus abadías nos permitirá contribuir al
conocimiento del proceso de reconstrucción de los monasterios y
conventos de Galicia e mprendido durante los siglos XVI y XV III.
Tras la reforma de las órdenes regulares, las casa s religiosas gallegas
comenzaron a actualizar paulatinamente la arquitectura de sus
complejos. Antigua, arruinada, en muchos casos, insuficiente para el
volumen de las nuevas comunidades y los nuevos modos de vida. Esta
fase de puesta al día resultó lenta y costosa, va riando de monasterio en
monasterio, de un conve nto a otro; pero, en todo caso, ofreciendo el
contexto perfecto par a la incorporación de arquitecto s a las
congregaciones. El anál isis de la trayectoria d e estos profesionales
permite, en algunos casos, concretar su participación en las obras de
sus abadías, en ocasion es confirmando atribuciones y a plante adas,
gracias a nuevos d atos docuentales, o bien permit iendo aportar nuevas
hipótesis en base a noticias indirectas o al estudio estilístico de los
trabajos de e stos personajes.
De cara a compr ender su trabajo nos proponemos analizar sus
principales intervenciones, agrupadas en las siguientes cat egorías:
trabajos para sus órden es religiosas; los contratos para instit uciones y
particulares; obras de in geniería; y la literatura artística y t écnica. Esta
parte del estudio nos permi tirá aproximarnos a lo s trabajos llev ados a
cabo por estos maestros, contribu y endo a la comp rensión del prestigio
de que gozaron los arquitectos regulares más re putados, así como al
conocimiento de la calidad de sus edificios e intervenciones.

48

depositaron prelados y cabildos catedralicios vol vió imprescindible la
revisión de los libros de cabildos, f ábrica, casas y tenencias,
memoriales y al gún ex polio en los archivos de las catedrales de
Santiago, Lugo, Ourense, Tui y Mondoñedo. De i gual modo, tuvimos
que revisar fondos específicos como los de la C asa de Medina celi o el
Hospital Real, en el Archivo Histórico Universitario de Santiago. Pa ra
estudiar las obras de los arquitectos re gulares en el Hospital, también
se revisar on fondos del Archivo Histórico Nacional y e l Palacio Real.
Finalmente, para tratar de evaluar y compr ender el proceso de
decadencia de los ma estros de obras regulares a finales del si glo
XVIII , acudimos a revisar los fondos del archivo y la biblioteca de la
Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, donde tamb ién se
conserva n copias de los inventarios de desamortiz ación de las
bibliotecas de los mona sterios ga llegos. El estudio se cie rra con el
análisis de las circunstancias que propici aron el declive de estos
profesionales de la arquitectura en las décadas fin ales del siglo XVIII
y su escasa pres encia en el primer te rcio del XIX . A modo de coda,
ofrecemos un apéndice con un diccionario d e los arquitectos re gulares
en Ga licia en los sig los XVII y X VIII. En nuestr a opinión, se trata de
una herramienta útil a l os investigadores en la cual actualiz amos el
catálogo de los maestros de obras de las órdenes regulares gallegas,
renovando l a información aportada por otros autores acerca de estos
artífices; of reciendo nuevas referencias documentales y biblio gráficas;
aportando nuevos nombres; y completando las biografías artísticas de
los autores más destacados. Somos conscientes de que este c atálogo
constituirá un inicio, y deseamos que el interés por nuestra
investigac ión conlleve la recuperac ión de la memoria de más
regulares; posiblemente no de primer ord en, pero miembros, al fin y al
cabo, de una tradición a la hora de entender el oficio de la arquitectura
y las posibilidades de la vida regular.

49

  

Este estudio nunca h abría sido posi ble sin la colaboración y
apoy o de un importante g rupo de personas e institucione s que me han
ay udado a lo lar go de los años de trabajo. En primer lugar mi director
de tesis y maestro, Mi guel Taín Guzmán, que me propuso el tema d e
investigac ión y estuvo ahí para revisar y corregir mis avances. S in
saber de v acaciones ni fines de semana. Alfr edo Vigo T rasancos, qu e
aceptó ser mi tutor durante unos años y me integró en el grupo de
investigac ión GI - 1510 Hist oria da Arte, de Arquitec tura e do
Urbanismo (HAAYDU), del cual es coordinador. Además puso a mi
disposición, siempre que lo nece sité, el magnífico repositorio de
planos y dibujos de arquit ectura y urbanismo galleg os que custodia
como resultado de los proyectos de investigac ión dirigidos.
Mi estudio estuvo financiado entre 2006 y 2010 por una beca
de investigación FPU de l Ministerio de Educación y C iencia, y entre
2010 y 2011 por una beca de investi gación de la Deputación de A
Coruña. Como becaria FPU realicé una estancia de investigación de
cuatro mes es (d e septiembre a diciembr e de 2007) en el Centro
Italiano di Studi Compostellani de la Università di Perugia, entonces
dirigido por Paolo Caucci von Sauken, que m e acogió en su c entro
con los brazos abiertos. En este ti empo aproveché para pasar largos
días en la bibliot eca del Kunsthistorisches I nstitut in Florez, a cu y o
director, Gerhard W olf, y personal esto y mu y agradecida. Al año
siguiente mi destino fue la Universidad Complutense de Mad rid,
donde el coordinador de mi estancia fue el profesor Migu el Ángel
Castillo Oreja, quien me hiz o compre nder la importancia de los
maestros de obras regulares y gracias al cual este estudio ha ido más
allá de los « grandes nombres » . Algún día saldaré mi deuda con él.
Como se ha explicado en el apartado d edicado a la
metodología del estudio, han sido muchos los archivos visitados para
poder complet ar mi inve stigación. Por ello no pu edo dejar de recordar
a sus directores y técnicos. Mu y esp ecialmente a los dir ectores de l
Archivo de la Cated ral de Santia go: José María Díaz F ernández,

50

Segundo Pérez y Fra ncisco Buide; a Miguel Ángel González, director
del Archivo de la Catedral de Ourense; y a Cés ar Carnero, director del
Archivo de la Catedral de Lugo. Y también m e gustaría recordar al
padre García Oro y al padre Hipólito, que me abrieron las puertas del
archivo d el convento de San Francisco en Santi ago. De igual modo,
me hallo en deuda con q uienes me ab rieron las «puertas de sus casas » :
los abades y priores de Santa María d e Oseira, San J ulián de S amos,
Santa María de Sobrado dos Monxes, San Francisco de S antiag o y
Santo Domingo de A Coruña; las prioras de Santa Clara y Santa María
de Belvís; los párrocos de Santa María la Real de Sar, Santiago de
Pontedeume y Santa María de Melias; al rector de San Ma rtiño
Pinario y a su secretaria, Eva Varela; al personal del Museo do Pobo
Galego; y al director de l Hostal de los Re y es Católicos.
En este proceso hubo q uien me echó un a mano con diversas
ge stiones o me facilit ó el a cceso a aquellas instalaciones que
ge stionaban. Gracias a Mario Cotelo y Dolores Fraga pude entrar a
fotografiar el claustro, refectorio y otras dependencias del convento de
Santa María de Belvís. Ramón Yzquierdo Peiró, director del Museo de
la Catedral de S antiag o, me procuró el acceso al edificio cuando
necesité tomar foto grafías. Eduardo Pardo de Guevara, antiguo
director del Instituto de Estudios Galleg os P adre Sarmiento (CS IC),
me dio acceso a sus sede s para estudiar el anti guo C uarto de l a li brería
de la Universidad de Santiago. Y la dirección del Colegio Montessori
de Santiago, que a ccedió a que visitara y foto grafiara sus instalaciones
en las antig uas casas de los canóni gos de Sar.
También me hallo en deuda con Valeria Ma nca y Guido
Tamburlini, que han dedicado su ti empo a revisar mis traducc iones al
italiano, con ex celente resultado. Y Fernando Vela, que me a y udó a
hacer d e la maqu etación de la tesis un trance llevadero con un curso
acelerado de InDesing.
Entre mi s profesores de l a Universidad de S antiago, ade más de
a Dolores Fraga quiero mencionar a quienes me han dado consejo a lo
larg o de estos años, compartiendo conmigo sus c onocimientos del arte
y la historia de G alicia: José Manuel López Vázquez, María del

51

Carmen Fol gar de la Calle, Fernando Lópe z Alsina, Roberto Lópe z y
Ofelia Re y C astelao. A Juan Monterroso por su asesoramiento con los
siempre f arragosos pap eleos. Y, con especial cariño, a Domingo
González L opo. Además no puedo d ejar de recordar a quienes se h an
preocupa do por el desarroll o de mi investi gac ión y , dicho sea de paso,
por mí: Antonio Bonet Correa, Alfredo Mor ales, Rafael López
Guzmán, Cristóbal Belda, José L uis Senra, y José Carlos Valle Pérez.
En mi entorno más cercano me g ustaría comenzar por mis
colegas y amigos : Miguel Ángel C ajigal Vera, J avier Raposo
Martínez, Francisco J avier Novo, y J avier Gómez Darriba. A los dos
últimos con especial gratitud pues me han abierto las puertas a Tui y
Mondoñedo respectivamente. Mi añorado Iván R ega, con quien he
compartido tantas charlas sobre arte y de qu ien tanto aprendo.
Victoriano Nodar, que además de ser un soplo de aire fresco, está ahí
siempre que se le necesita. Milena Cortés por las muchas charlas sobre
escaleras y barroco y s u gran generosidad. M arcos Calles L ombao,
que está pendiente de to do cuanto maestro de obras regular localiza.
Los compañeros del grupo de investi ga ción HA AYDU, especialmente
Irene Mera Álvarez y Juan David Díaz . Raquel Gallego, brillante
investigadora y compañera de aventuras por Italia. Y José Anido
Rodríguez y David V arela Gómez, que además de queridos amigos
son mis cicerones siempre que nece sito adentrarme en la Edad Media.
Finalizo con un recuerdo especial para los pil ares de mi vid a,
no puede ser de otro modo: mis amigos, David y mi familia. Sin su
apoy o no habría llegado hasta aquí.
A todos ellos, infinitas gracias.

2 MONJES Y FRAILES
ARQUITECTOS
EN GALICIA

2.1. L A E DAD M EDIA : LA IM PLANTACIÓN DE L AS ÓRDENES REGULA-
RES Y LOS ESCASOS TE S TIMONIOS DE SUS PRIM E ROS MAESTROS DE
OBRAS
2.1.1. Las órdenes m onásticas
Como hombres dedicados a la vida religiosa, la ex istencia de monjes y
frailes que ejercieron la arquitectura no se pu ede comprender al mar-
ge n d e la aparición y desarrollo del Monacato en el Occidente europeo
y de las funciones religiosas, económicas y sociales que éste va adqui-
riendo con el avance de los siglos 1 . Los esc asos restos arqueológicos
conserva dos de las p rimeras comunidades cenobíticas, han ll evado a
considerar que contaban con pocos int egrantes, congregados en com-
plejos humildes, de construcc ión sencilla y con escasa entidad arqui-
tectónica, en cu y a e rección pudieron hab er parti cipado al gunos reli-
giosos 2 . No obstante, se trataría de una práctica no profesionalizada y
pensada para contrarrest ar las carencias e conómicas y materi ales de
dichos monasterios. Con el desarrollo del monacato en la Alt a Edad
Media las comunidades monásticas asumen progresivamente nu evas
funciones que condicionan la estru ctura d e sus centros: aumenta el
número de mi embros y su morfología se modifica según las distint as
actividades qu e incorp oran a su vida cotidiana. La m a y or complejidad
de la vida comunitaria tiene un reflejo en su arquit ectura, de manera
que los reli giosos nec esitarían de p rofesionales especializados pa ra

1 MASOLIVER, A . (1 994): Historia del Monacat o c ristiano. Madrid: E ncuentro ;
LAWRENCE, C. H. (1 999) : El mo nacato medieval: fo rmas de vida religiosa en Europa
Occidental durante la Edad Media. Madrid: Gredos.
2 KRUGER, K. (2008) : Órdenes relig iosas y mona sterios. 2000 años de a rte y cultu-
ra cristianos. Barcelona: H. F. Ulmann.

54

erig ir sus casas. La ma y oría de los monasterios primitivos han desapa-
recido, pero los hallazgos arqueológ icos indican que no existía una
tipología única para los cenobios, que debían de s er considerablemen-
te difer entes entre ellos. Por lo tanto, cuando en l os siglos VII y V III
se levantaron monasterios en gra n número, no existía una tradición
arquitectónica que fijara cuál debía ser el aspecto de estos complejos 3 .
A partir del siglo VI ap arecieron las primeras reglas monásti-
cas dedi cadas a regular la vida de estas comunidades. En lo concer-
niente a l a arquitectura, dichas normas no r esultan de gran a yuda ya
que no contenían datos c oncretos acerca de cómo debían ser las casas,
limitándose a señalar — como lo hacía l a regla de San Benito — la
obligac ión de comer todos juntos y contar con un dormitorio común 4 .
La s d ependencias ll amadas a formar el núcleo fundamental de los mo-
nasterios occidentales se señalaban indirectamente, y eran dos elemen-
tos básicos de la vida comunitaria: la iglesia o capilla y el área h abita-
cional, donde se instalaban el dormitorio y el re fectorio. Las iglesias
solían construirse de materiales más durad eros que las dependencias
habitacionales, que eran refor madas y reconstruidas con ma yor fre-
cuencia, adaptándose a las nuevas necesidades s urgidas de la evolu-
ción de la vida monástica y el tamaño de las co munidades. Según la
regla de San Benito, los monasterios debían ser autosuficientes, lo
cual requería que, junto a la capilla y habitaciones, el cenobio dispu-
siese de un huerto o zona de labor donde los religiosos pudieran culti-
var aquellos alimentos necesarios para su vida d iaria, desp ens a para
almacenarlos y cocina. Los conocimientos sobre los monasterios pri-
mitivos son escasos, debido a la falta de restos m ateriales y la depen-
dencia de las excavacion es arqu eológicas, muchas de las cuales están
todavía por h acer 5 . No obstante, no dife rían del modelo que, se gún

3 Al respecto son de in terés las reflexiones de GONZÁLEZ SALINERO, R. (2009) :
“La di me nsión edif icante del espacio sagrado: la arquitectura de culto cristiano en las fuentes
escritas h ispano - visigodas del siglo V II” en CA BALLERO ZORE DA, L., MATEOS CRUZ,
P., UTRERO AGUDO, M. A. (ed s.): El siglo VII frente a l siglo VII : Arquit ectura. Madrid:
CSIC , 11 - 32 , y en la misma o bra: MORENO MARTÍN, F. J. (200 9) : “Arquitectura y u sos
monásticos en el siglo VII. De la rec reación textual a la invisibilidad m aterial” , 275 -307.
4 BUTLER, C. (2001) : Monacato benedictino. Zamora: Monte Casino.
5 De la Alta Ed ad Media se conserva buena información del m onast erio de Romain-
môtier, fundado en el siglo V . El primer complejo contaba con una iglesia ad aula y al sur de

55

Bango Torviso, tení an los mo-
nasterios prerrománicos his-
panos: con una dialéctica irre-
gular , sujet a a una división del
espacio pensado para resolver
las necesidades que v a tenien-
do el monasterio y qu e, ade-
más, estaría condicionado por
el terreno sobre el cual se eri-
gía el complejo 6 . L os monas-
terios contarían con un primer
recinto ce rrado, que Bango
denomina “claustral” , y un
segundo recinto “extraclaus-
tral” con comunicación con el exterior del cenobio (fig. 1). En el re-
cinto claustral el lugar principal era o cupado por el templo, en cu y o
atrio se disponía la domus maior o vivienda de los religiosos. En esta
área se encontrarían también la cilla y demás dependencias privadas
de la comunidad, mientras que en el espacio ex traclaustral l os monjes
tendrían sus ti erras de la branza e incluso se pod ría disponer una hos-
pedería en l a cu al llevar a cabo labores de enfermería y asistenciales,
atendiendo tanto a regulares c omo a personas ajenas al monasterio.
Acerca de la participación de l os religiosos en las actividades
manuales de tipo artístico o artesano, en las excavaciones realizadas
para estudiar el monast erio benedictino de San Vincenzo de Volturno
(Abruzzo, I talia) se com probó que en el siglo IX — coincidiendo con

ésta se con struyeron edificios de piedra qu e debieron de albergar los espacios para la comida
y el descanso de los m onjes. Pero p ronto se produjo una transformación en el monasterio: los
anteriores edificios y su parte no rte se de molieron p ara dejar espac io a un a segunda iglesia.
De nuevo, al sur se levantaron los edificios de los monjes, con d ependencias para com er,
dormir, d escansar y al macenes. Según las excav aciones las do s iglesias coexistieron hasta
bien entrado el siglo X. Cfr. IOGNA -PRAT, D. (2001) : “Romainmôtier et l´Eglise clun isenne
des origin es”, en M OREOD, J -D.: Romainmôtier Histoire de l´abbaye. Lausanne, 85 -95;
KRUGER, K. (2008) : Órdenes religiosas y monasterios... , 48.
6 BANGO TORVISO, I. (2003) : “La topografía monasterial en España. Desde los
orígenes del monacato a las primeras manifestaciones del claustro d el b enedictino” en YAR-
ZA LU ACES, J. y BOTO V ARELA, G. (coord s.): Cl austros romá nicos hispanos. León:
Edilesa, 31-45.

Fig. 1: Reconstrucción de un monaste-
rio altomedieva l según Bango Torviso .
Imagen tomada de YARZA LUACES, J. y
BOTO VARELA, G. (coords.) (2003):
Claustros románicos hi spanos. León:
Edilesa

56

la etapa de máx ima expansión de esta casa — la comunidad había al-
canzado un elevado grado de desarrollo y una autosuficiencia derivada
de la v ariedad de l as actividades realizadas por lo s monjes 7 . S e descu -
brieron hornos destinados a elaborar tejas y azulejos para los suelos,
en los que también se producían trabajos en b ronce y cobre. Había un a
cavidad para la fundición de campanas, un taller para talla en hueso,
que producía peines y figuritas de s antos, un taller de orfebrería y de
esmalte y un gra n taller de cristalería (el más antiguo conocido en la
Europa medieval cristiana), en el que se p roducían bandejas, platos,
copas, lámparas y vidrio s para las ventanas. No sólo se abastecían de
elementos primarios, sino que tenían capacidad para producir aquellos
objetos decorativos ne cesarios para el embellecimiento y mejora de
las dependencias monásticas, así como utensilios para la ejecución de
la liturg ia y ot ras piezas de arte suntuarias que se cree que podían co-
mercializar. Queda la du da de si en algún mome nto los miembros de
una comunidad altomedieval dieron el
paso desde estas actividades artesanales a
las labores arquitectónicas, pues hasta el
siglo XI no se ha hallado constancia d e
este tipo de prácticas e n la documentación.
La prime ra muestra de la implica-
ción de los religiosos en el diseño de sus
complejos monásti cos la encontramos en
el plano del monasterio de Sankt-Gallen,
diseñado hacia el 814 p or Haito de Rei-
chenau (fig. 2). Este fam oso pergamino es
hoy en día una de las fuentes documenta-
les más importantes de la Edad Media, y l a
primera muestra conocida de la interven-
ción de los abades en la fase espec ulativa del proyecto 8 . L a propuesta
para Sankt-Gallen sirvió de arquetipo para los monasterios benedicti-
nos y las grandes abadías cluniacenses, construidas siguiendo el sis -

7 HODGES, R. (ed.) (1993): San Vincenzo a l Volturno I: th e 1980- 1986 Excavations.
London.
8 COLOMBIER, P . (1984) : Les chantiers des Cath édrales. Picard, P aris, 1973;
KOSTOF, S.: El arquitecto: historia de una profesión. Madrid: Ed. Cátedra , 66.

Fig. 2: Plano del monas-
terio de Sankt-Gallen

57

tema de organizac ión claustral, que se perfeccionó y generalizó a par-
tir de la segunda mitad del siglo X I 9 . La p articipación de las máximas
autoridades monásticas en el diseño y mejora de sus casas (bien como
promotores, bien como verdaderos inspiradores) es una práctica bien
documentada para los monasterios benedictinos franceses de los si glos
XI y X II y qu e, por tant o, debió de estar bastant e extendida 10 . Preci -
samente es en Francia, d urante la Plena Edad Media, cuando comien-
zan a surgir en las fuentes documentales abundantes noticias vincu-
lando a los regulares con labores arquitectónicas, aunque no siempre
es fácil determinar en qué consistía su participación. Al revisa r estu-
dios sobre la arquitectura monacal en Europa durante este periodo
queda claro que l a presencia de monjes en los ta lleres monásticos se
encontraba directamente vinculada a las circunstancias económicas y
relig iosas de cada casa y orden, y a su modelo de expansión. Por este
motivo, es preciso tener pre sente el contexto en q ue surgieron los mo-
nasterios y conventos gallegos, qué motivó su p resencia en la re gión,
y cómo evolucionaron hasta la Ed ad Mod erna; además de conocer
cómo fue el proceso de implantac ión y construcción de sus casas, y en
qué modo concibieron y materializaron sus complejos, subra y ando la
presenc ia (o ausencia) de mi embros de la orde n entre sus maestros.
Como en el resto de Europa, en Galicia la implantación de ór-
denes religiosas estuvo estrechamente vinculada al devenir político,
económico, so cial y religioso de la región; convirt iéndose, con el p aso
del ti empo, en uno de los puntales de su organización territorial y
manteniendo su influencia hasta bien avanzado el siglo XIX. Las pri-
meras comunidades religiosas surgieron en la Alt a Edad Media, p ero

9 Sobre el p lano de Sankt -Galle n véase HORN, W., BORN, E. (197 9) : Th e Plan of St.
Gall. A study of the Archit ecture & E cono my of & life in a p aradigmatic carolingian monas-
tery . L os Ánge les: University of California Press, Berkeley .
10 Acerca d e lo s monasterios franceses medievales y sus arq uitectos veánse B AU-
CHAL, CH. (18 87): Nouveau d ictionnaire biographique et critique des architectes fra nçais.
Paris, Librairie G énérale de l´A rchitecture et d es travaux publics . André, Daly fils et Cie. ;
MORTET , V . (1911) : Recueil de Textes relatifs à l´h istoire de l´architecture... en France au
Moyane Âge. Vol. I , 40 y 130, SWA RTWOUT (193 2) : The Monastic Cra ftsmen. Cambridg:
Heffer and Sons, 123, 173 y 174; KNOOP, D, JONES, G . P. (1933) : The mediaeval mason.
Manchester, 1933; EV ANS, J. (1938) : The Romanesque architecture o f th e Order of Cluny.
Cambridge; DIMIER, A. (1964) : Les moins bâtisseurs. P aris; CAST ELNUOVO, E. (a cura
di) (2004) : Artifex bonus. Il mondo dell´artista medievale. Bari: Editori Laterza.

64

bajo el mismo techo, a l a s órdenes de un abad, y en un conjunto edili-
cio pensado como una villa-monasterio. Éste debía contar con una
infraestructura arquitectónica que facilitase el desarrol lo de la vida
regular en los límites de un espacio cerrado y a utónomo respec to al
mundo exterior, puesto que la finalidad última de los monasterios era
la consagración de sus habitantes a la vida religiosa. Tal y como que-
dó recogido en las dist intas reglas medievales, la actividad litúrgica y
la oración domi naban el devenir cotidiano de los monjes pero, según
el principio de l a regla b enedictina d el “ Ora et la bora”, debía compa-
ginar se con el opus manuum o trabajo manual que, en el caso del Cís-
ter, no supe raba las cuatro horas diarias y en otr as órdenes benedicti-
nas acabó teni endo un v alor meramente testimonial. L a vid a espiritual
se dividía en Opus Dei y Lectio Divina; la pri mera comprendía las
actividades li túrgicas, en su ma y oría corales, y la se gunda se t rataba
de una actividad individual consistente en la le ctura y medita ción de
pasajes bíblicos o tex tos teológi cos fundamentales para la formación
intelectual y espiritual del monje 32 . Esto en cuanto atañe a la vida co-
mún y privada de los regulares, y a que l os monasterios también
desempeñaron cierta labor pastoral en el ámbito rural, dedicándose a
la intercesión y recuerdo de los difuntos, y a la admi nistración de las
iglesias rurales dependie ntes del monasterio. En lo que se refiere al
trabajo manual, la r egla benedictina veía en la ociosidad un elemento
pernicioso, de ahí qu e encomendase a los mon jes la dedicación de
algunas horas del día al opus manuum. En gran parte de las comuni-
dades monásticas, estas tareas qu edaron reducid as a f aenas domésti-
cas, labor es en el huerto y en la cocina, la copia e ilumi nación de li -
bros en el scriptorium, o trabajos manu ales vin culados a l a el abora-
ción de textiles y otros objetos artesanales 33 . Únicamente los ciste r-
cienses sigui eron con m ayor rigor los preceptos de la regla, co nstitu-
y endo l a orden qu e más horas diarias d edicaba al trabajo físico y los
que durante más tiempo vincularon su labor a la ex plotación de sus
posesiones agríc olas. Para ello dife renciaron entre los monjes con vo-
tos ma y ores, dedicados a la vida espiritual, y los conversos (el equiv a-

32 Ibídem, 63-66; LINAJE CONDE, A. (2 007 ) : La vida cotidiana de los Monjes de la
Edad Media. Madrid: Editorial Complutense.
33 ANDRADE CERNADAS, J. M. (1995): Monxes e mosteiros..., 70, 72- 76.

65

lente a los hermanos le gos): relig iosos con una formación intelectual
menor que sólo destinaban parte d e su ti empo a l a oración, siendo los
responsables d e realizar las f aenas necesarias p ara el sust ento d e la
comunidad — como fra des lavradores — y el mantenimiento de la ca-
sa , pudiendo dedicarse a tareas como la construcción.
En Europa Occidenta l, la intensa actividad constructiva pro-
mocionada por el cl ero regular entre los siglos X I y X IV favoreció la
presenc ia de a rquitectos en sus comunidades, doc umentándose en este
periodo los primeros nombres y referencias. En el caso de Francia, el
país donde hemos localizado más noticias sobre monjes arquitectos,
las fuentes reflejan la diferenciación entre el arti fex theoricum , id eó-
logo que en el caso d e la arquitectura r eligiosa s olía pertenecer a las
élites de la I glesia, y el artífice práctico, autor material de la obra. S e
da así una abultada nómina de ab ades que aparecen en la do cumenta-
ción como « autores » de un monasterio o de al guna de sus partes des-
tacada s: la i glesia, dormit orio, sala capitular o refectorio. Dos ejem-
plos bien conocidos son el ya citado Haito de R eichenau y Su ger de
Saint Denis, el cual dejó re cogidas sus inici ativas en el Liber de r ebus
in adminisrationi sua gentis 34 . El engrandecimiento o mejora de la
casa monástica se concebía como un signo de buena gestión, al ti empo
que se tr ataba de ob ras pías puestas al servicio de la r eligión cristiana
y a ma yor gloria de Dios ; por esto mismo, los abade s tuvieron cuidado
de que quedase constancia de sus actos, reg istrándolos en las historias
de la orden y los abadologios de sus comunidades. Como señaló
Kostof: “cuando encontramos, en los docu mentos, palabras descripti-
vas como fecit, construxit, aedifica vit, se refieren, por regla g eneral,
al patrono” y no a los maestros que materializaron la obra en cues-
tión 35 . La s construcciones promovidas por los jerarc as r eligiosos, a
menudo se justificaron y ensalzaron mediante la i dea de la inspir ación
divina, seg ún la cua l sus obras no sólo era n alabanz as a Dios — como

34 PANOFSKY, E. (ed.) (1979) : Abbot Suger on the Abbey Ch urch of St. Denis a nd its
art treasures. New Jersey: P rinceton University; P ANOFSKY, E. (1986): Arquitectura gótica
y pensamiento escolástico. Madrid: La Piqueta; RUDOL PH, C. (1990) : Artistic ch ange at St
Denis: Abbot Suger´s Program and the Ea rly Twelfth Century Con troversy Over art. New
Jersey : P rinceton.
35 KOSTOF, S. (1984) : El arquitecto... , 66.

66

defendía el citado abad de Saint Denis — , sino que respondían a una
demanda de la divinidad y , en ocasiones, estaban inspiradas por ella.
En una miniatura francesa del siglo XII se representa al ab ad Gunz o
recibiendo en sueños las directrices de San Pedro, San Pablo y San
Esteban, que s eñalan con cuerdas los contornos de la nu eva iglesia
monástica 36 (fig. 3).
A pesar de tratarse de u n tópico ampliamente extendido en la
Edad Media, l a idea de la just ificación divina perd uró en el imaginario
benedictino hasta bien entrada la Edad Moderna: el libro Vita et mira-
cula sactissimi Patris Benedicti (Roma
1576), se ilustra con un grabado dise -
ñado por Bernardino P asseri y realizado
por Aliprando Caprioli en el cual vemos
a San Benito interviniendo en el sueño
de sus monjes para inspirarle s la obra
de su nuevo monasterio (fig. 4). Frente
a las aportaciones de la documentación
francesa — que además de los nombres
de abades t ambién recoge l a identidad y
las obras de monjes benedictinos, clu-
niacenses y cistercienses que se hicie-
ron carg o de fábricas monásticas, e in-
cluso de en cargos civiles — , en Galicia
la consolidación d el mo nacato no pare-
ce que conllevase la aparición de arqui-
tectos en el seno de las casas reg ulares.

36 COLOMBIER, P. (1973) : Les chanti ers...

Fig. 3: El sueño del abad
Gunzo. Manuscrito del
siglo XII. Biblioteca Natio-
nal du Colombier, París.
Imagen tomada de Les
chantie rs des Cathédrales
(1973)

67

Cuando, a pa rtir del se gundo ter-
cio del si glo XII, se inició la reconstruc-
ción románica de los complejos monásti-
cos gallegos, se contrató a taller es y can-
teros formados o f amiliarizados con la
fábrica de la Catedral de Santiago, que
por entonces finalizaba s u principal etapa
constructiva 37 . P or otro la do, tampoco se
han conservado noticias documentales
que presenten a abades y priores como
mecena s o autores int electuales d e sus
monasterios. Únicamente la Orden del
Císter puso un particular interés en la ar-
quitectura de sus centros monásticos, so-
bre todo en lo concerniente a la decora-
ción y al re sultado estéti co de sus conjun-
tos, creando un estilo propio que estuvo presente en todas sus casas.
La crónica de Oderic Vital afirm a que eran los pr opios monjes quienes
construían sus casas, dir igidos por el cillerero o algún otro religioso
sobre el cual r ecaía el tra bajo de coordi nación y a dministración. Algu-
nos investigadores, consideran que m ás que una realidad, lo descrito
por Vital es una elaboración oficial de los propi os cistercienses, in-
teresados e n divulgar su imagen de « m onjes constructores » 38 .

37 YZQUIERDO P ERRÍN, R. (199 3) : “Das orixes ó románico”, en GARCÍA I GLE-
SIAS, J. M . (coord.): A Catedral de Santiago de Compostela. Lara cha: Ed. Xu n tanza, 137 -
158; M ORAL EJO, S. (19 95) : “Sa ntiago d e Compostela: la instau ración d e un taller rom á ni-
co” en CASA NELLI, R. (a cargo de): Ta lleres de arquitectura en la Edad Media. Barcelon a:
Moleiro, 127-144; FERRÍN GONZÁL EZ, J. R. (19 99) : Arquitectura románica en la “Costa
da Morte”: d e Fi sterra a Cabo Vilán. A Coruña: Depu tación da Coruña; CARRILL O LIS TA,
M. P . (2005) : Arte románico en el Golfo Ártabro y el o riente coruñés. Santiago d e Co mposte-
la: Universidade d e Santi ago de Compostela (Tesis doctoral inédita); NÚÑEZ RODRÍG UEZ,
M. (2005) : A la búsqueda d e la memoria: los tres p órticos mayores de la Basílica de Gelmí-
rez. Madrid: Círculo Románico; CASTIÑEIRAS GONZÁLEZ, M. (2009) : “La Catedral d e
Santiago d e Compostela (1075 - 1 112): obra maestra del Ro mánico Eu ropeo”, en HUERTA
HUERTA, P. L. (ed .) : S iete maravillas d el románico español. Aguilar de Campoo : Fund ación
Santa M aría la Real , 227-289; YZQUIERDO P ERRÍN, R. (2012) : “Arte ro má nico en Gali-
cia”, en YZQUIERDO PERRÍN, R. (et. al.): Arteixo patrimonio r ománico. A Coruña: Depu-
tación da Coruña , 7-24.
38 KRUGER, K. (2008 ) : Órdenes re ligiosas y monasterios. .. , 178-180.

Fig. 4: Vita et miracula
sanctissimi Patris
Benedicti (1576) Roma

68

Para dicha autora, aquellos conversos qu e disponían de las co-
rrespondientes destrezas, y participaban ocasionalmente en las tareas
edilicias, eran una excepción. Sin embarg o, s e han conservado algunas
manifestaciones artísticas que parecen confirmar, por un lado, que la
idea de los « m onjes constructores » tuvo cierto calado en l a socied ad
medieval y , por otro, el mantenimiento de dicha i magen más allá d e la
Edad Media. Un ejemplo de lo primero lo tene mos en las Cantigas de
Santa María de Alfonso X, el Sabio. En la cantiga X LV se cuenta la
historia de un pecador resucitado por Santa María que hace construir
un gran templo en honor de la Virgen. En la quint a imagen (XLV e) se
ve al patrono a caballo dando indicaciones a dos monjes que delinean
con cordel los perfiles de la nueva edificación (fig. 5). Teniendo en
cuenta que en las ilustraciones de
las Canti gas se reproducen con
fidelidad las vestimenta s de las
distintas órde nes — si endo posi-
ble dist inguir a los ben edictinos
con sus h ábitos negros (e n las
cantigas CXX III y CLXXXVI), a
los frailes dominicos (cantiga
CIII ), y fra nciscanos (cantiga
CCLXVI ) — , el hábito blanco de
los religiosos los identifica como
monjes o conversos del Cí ster,
ejerciendo de c onstructores.
El empeño de la orden en conservar y difundir s u vínculo con
el trabajo arquitectónico se comprueba en dos repre sentaciones de la
Edad Moderna halladas en Alemania: una tabla del retablo de l a ab a-
día de Maulbronn (Wurtemberg), de 1450 (fig. 6) , y los dibujos relati-
vos a la edifica ción del monasterio cisterc iense de Schöna u realizados
en la segunda mitad del siglo XVI 39 (fi gs. 7 y 8).

39 Al re specto v éase BEISEL -AUTENRIETH, P. (2 002):"Das Kloster Schönau im
Spiegel der Nürnberge r Federzeichnungen", in : Klo ster u nd Hühnerfautei S chönau . Heid el-
berg: Jörg Kreutz und Berno Müller.

Fig. 5: Monjes construc tores.
Cantigas de Santa María, Can-
tiga XLV

69

Ambas obras son, en
realidad, una idealización del
trabajo manual de los cister-
cienses según la imagen difun-
dida por el cronista benedic-
tino Oderic Vital. La tabla de
Maulbronn presenta a los mon-
jes de co ro, con sus vest imen-
tas impolutas, afana dos en
desempeñar dist intos oficios
propios de las grandes fábricas
arquitectónica s, incluidos
aquellos propios de peones
(como la puesta en funciona-
miento de las grúas o el trans-
porte de piedras).
También serían simbó-
licos los dibujos de S chönau
que, como la pintura ant erior, ofrecen una rica vi sión de las dist intas
tareas propias de la construcción, especialmente la figura 7. S i en la
tabla de Maulbronn se r epresentaba a monjes de coro, en este caso, el
pie de la ilustración: “ Constrvxere domv m conversi Schonaviensem
qvospivs indvxit religionis amor” vincula a los conversos de la cas a en
los trabajos edilicios, sit ua ción que pudo darse en m uchos monasterios
europeos, aunque no en una propor ción tan elev ada como mu estra el
dibujo 40 . Esta imag en ideal de la Orden del Císter no está exenta de
verdad: si bi en es cierto que bu ena parte de los trabajadores de las

40 Con todo, la presencia d e conversos en las casas cisterc ienses co menzó a descender
a partir d el siglo XIII; un problem a qu e fue tratado en el Ca pítulo General de 1274. Cfr.
KNOOP, D, JONES, G. P . (1933) : The mediaeval mason. Manchester; AUBERT , M . (1942) :
L´architecture Cístercienne e n France. P aris ; y DIMIER, A. (1964) : Les moins bâtisseurs.
Paris. Para Christian V andeke rchove este dibujo encierra una intención moral, al presentar la
arquitectura como la tran sform ación d e lo bruto — representado en la cantera y en lo s b osqu es
de p iedra si n lab rar — a lo finito y perfeccionado . VANDEKERCHOVE, CH. (1989) : « Des-
sin d e la con struction du monastère de Schönau. Allemag ne, deuxième m oité d u XV I e
siècle », en LE GOFF, J. (ed.) : Les Batisseurs des Cathedrales Goth iques. Strasbourg : Edi-
tions Les Musees de la Ville de Strasbourg , 346 y 347.

Fig. 6: Predela del retablo de la
abadía de Maulbronn (Wurtem-
berg). Imagen tomada de Órde-
nes religiosas y monas terios. ..
(2008)

70

grandes fábricas cistercienses eran obreros locales laicos, también lo
es la ex istencia de maestros de obras de la orden que eran enviados
por sus superiores para trazar y diri gir las construcciones de sus mo-
nasterios, y de ahí la existencia de una a rquitectura reconocida y reco-
nocible como cisterciense derivada del p rototipo de la abadía de
Clairvaux 41 .
La s fuentes documentales gallegas d emuestran el interés de los
monjes blancos por controlar y expandir el modelo arquitectónic o que
habían elaborado en Francia mediante el envío d e monjes con cono-
cimientos de arquitectura. En 1142, entre los doce reli giosos ll egados
de Clairvaux para fund ar y habitar la casa de Sob rado, se encontraba
Alberto, presentado en l a documentación como “faber” — es decir,
constructor o maestro de obras — , que según s e rel ata en la Vita Prima
fue curado d e un a parálisis por intercesión de Sa n Bernardo 42 . S egún

41 VALLE PÉREZ, C. (1982) : L a arquitectura Cisterciense..., Tomo I , 36.
42 VALLE P ÉREZ, C. (1982) : La arquitectura Cisterciense..., Tomo I , 67 y nota 3 3; a
partir de Vita Prima, Libro IV, Capítu lo VI, nº 35; MIGNE, J. P.: Pa trología Latina. T.
CLXXXV, col. 341 http://www.documentacatholicaomnia.eu/1815-
1875,_Migne,_Patrologia_Latina_01._Rerum_Conspectus_Pro_T omis_Ordinatus,_M LT .html

Figs. 7 y 8: Monjes y conversos construyendo el monasterio de
Schönau. Imágenes tom adas d e Kloster und Hühnerfautei Schönau,
2002

71

se ha visto en otros ejemplos europeos, el citado Alberto se ría el en-
carga do de diri gir a los maestros locales en la construcción del nuevo
edificio, dando su diseño y marcando las pautas a seguir; aunque no se
aclara si se trataba de u n monje o de un converso. S i bien no resulta
extraño que la orden enviase a un maestro con noc iones de arquitectu-
ra que pudiera diseñar y hacer cumplir los principios estéticos cister-
cienses en la constru cción de la nueva casa, t anto el tipo de fuente
como la vinculación de su nombre a un he cho milagroso nos ll evan a
desconfiar d e la historicidad del referido personaje. A estos motivos
hemos de unir el que en Galicia no ha ya constancia de que la lle gada
de un monj e francés co n nociones de arquitectura se diera en otras
fundaciones de l a orden, aunque sí se ha encontrado noticia de otro
maestro cister ciense en Meira. En un documento rec ogido en el Tum-
bo del monasterio, con f echa de 1 de noviembre d e 1246, se registra la
presenc ia de Domingo Yáñez, que es pr esentado como “monachus et
mag ister operis monasteri Sancte Marie...” 43 .
Alberto y Domingo Yá ñez son los primeros maestros de obr as
miembros de una orde n r egular que hemos loc alizado en Galic ia 44 . L a

(Consultado el 3/10/2011); MANRIQUE, A. (1 642 ) : Annales cisterc ienses. Vol. II, Lugduni ,
193 y CARBAJO , M.: Cronicón manu scrito de Santa M aría de Sobrado, B.C.G., f ol. 511.
43 VALLE P ÉREZ, J. C. ( 1982) : La arquitectura cisterciense… , 1 72; M ARIÑO VEI-
RAS, D. (1983) : Seño río de Santa María de Meira: de 1150 a 1525. Espacio rural, régimen
de propiedad y régimen de explotación en la Galicia medieva l. A Coruñ a: Ediciones Nós.
44 Este es el resultado tras consult ar tanto fuentes documentales co mo estudios d edica-
dos a la historia mediev al de las prin cipales casas gallegas: DU RO PEÑA, E. (1972) : El
monasterio de San Pedro de Ro cas y su colección documental. Ouren se; SA BRAVO, H.
(1972) : El monacato en Galicia... ; DURO PEÑA, E. (1977 ) : El monasterio de San Esteban de
Ribas de S il. Ourense; P ALLA RES MÉNDEZ, M. C. (1979) : El monasterio de Sobrado... ;
PORTELA SILVA, E. (1981) : La colonización Cister ciense... ; VALLE PÉREZ, C. (1982) :
La arquitectura cisterciense... ; LUCA S ÁLVAREZ, M . (1986) : El Tumbo d e S an Julián de
Samos (siglos VII -XI): Estudio introd uctorio. Ed ición d iplomática. Apéndices e índices. San-
tiago; ROMANÍ M ARTÍNEZ, M. (198 9) : A colección d iplomática... ; ARIA S CUEN LLAS,
M. (1992) : Historia del monaster io d e San Julián de Samo s. Samos; RODRÍGUEZ GON ZÁ-
LEZ, A., REY CAIÑA, J. A. (1992) : “Tum bo de Lorenzana. Transcripción y estudio ”, Archi-
vos Mindonien ses, 8 , 11 -324; ANDRADE CERN ADAS, J. M . (1995) : Monxes e mosteiro s... ;
ANDRADE CERN ADAS, J. M. (1 995): O Tombo de Celanova (ss . IX -XII) ; ANDRADE
CERNADA S, J. M. (1 997): El monacato bened ictino y la sociedad de la Galicia medieval. .. ;
YAÑEZ NEIRA, D. (coord .) (2000) : Monasticón Cisterciense... ; LÓP EZ V ÁZQUEZ, J.M .
(coord.) (2005) : Patrimonio, a rte, h istoria y orden … ; FERNÁNDEZ CAST IÑEIRAS, E.,
MONTERROSO M ONTERO, J. M. (dirs.) (2006) : Arte b eneditina n os camiños de Santia-

72

riqueza de noticias sobre abades y monjes impli cados en ta reas arqui-
tectónicas que ofrec en las fuentes francesas o it alianas contrasta con el
vacío gallego. Mientras en Francia nos encontramos con una larga
lista de maestros be nedictinos, cluniacenses y cisterciense s que se
afana n en una important e variedad de obras — c onstrucción de i gle-
sias, monasterios, catedrales, fortificaciones, u obras de in geniería
hidráulica — , en Galicia sólo hemos encontrado a los citados reli gio-
sos del Císt er. En los r einos hispanos también son pocos los nombres
registrados; en 1256 se cita en unas necrologías de la C atedral de Ta-
rragona a Fra ter Bernardus identificado como “ magister operis” 45 .
Por su tratamiento y la fe cha que se cita es posible que se tratase de un
miembro de una orden mendicante cu ya participación en la fábrica
catedralicia parece indicar que nos e ncontramos ante un ma estro mu y
capaz.
La falta de datos impide que podamos hacernos una idea de
cuál fue la formación de estos hombres y en q ué circunstancias se
produjo. En el caso de los monasterios era frecuente que, incluso para
aquellas labores que la comunidad había delegado en terceros (po r
ejemplo, la ex plotación agraria), hubiera uno o va rios monjes con car-
gos directivos a los que se encomendaba vel ar por el correcto cum-
plimiento de las tareas asociadas, para lo cual debían pose er ciertos
conocimientos relaciona dos con dicha actividad. Este podría s er el
caso de los denominados “faber” o “magister ope ris”, como Alberto
o Domingo Yañez, que serían los responsables de organizar la fáb rica,
contratar al personal, ha cer que el arquitecto de la obra res p etase l as
directrices que ellos mis mos daban a la hora de tr azar el conjunto y en
su posterior ejecución, a demás de cont rolar el trabajo de los conver-
sos. Siendo así, ¿cuál era la formación de estos religiosos? Evidente -
mente debían contar con conocimiento s de arquitectura, pero ignora-
mos si lo habitual era que ingresasen en la orden con ciertas nociones
o si las adquirían en sus años como religiosos. Parece que aquellos

go … ; FOLGAR DE LA CALLE, M . C., GOY DIZ, A. (2008) : S an Xulián d e Samos ... ; F ER-
NÁNDEZ CASTIÑEIRAS, E., MONTERROSO M ONTERO, J. M . (eds.) (2010) : Piedra
sobre agua .. .
45 LLAGUNO Y AMIROLA, E. (18 29) : Noticias de los a rquitectos y arquit ectura d e
España desde su Restauración. Tomo I, Madrid: Imprenta Real , 26.

73

que e ran enviados para dar las directrices sobre los monasterios d e
nueva planta eran monjes de coro con formación intelectual y que,
gracias a su contacto co n las principales casas de la orden, conocían
los modelos arquitectónicos de su tiempo.

2.1.2. Las órdenes mendicantes y sus m aestros de arquitectura
Al igual que sucedió en el resto de Europa O ccidental, el desarro-
llo de las ciudades gallegas a partir del siglo X II propi ció la inst ala-
ción de las órden es men dicantes, cu y as princip ales casas se fundaron
entre el primer tercio del siglo XIII y el si glo XV 46 . El cambio de espi-
ritualidad vivido por la sociedad c ristiana durante los XI y XII y el
auge de la vid a urbana, favorecieron la aparición de una religiosidad
más humana que buscaba predicadores populares, humildes, y capaces
de transmitir con claridad y cercanía las enseñanzas del Evangelio 47 .
Esta necesidad social fue resuelta por los mendicantes, regulares que
contaban con un conce pto más dinámico de la religión y que se encar-
garon de repeler las in cipi entes herejías d e la época y adoctrinar al
pueblo sobre los principios de la Iglesia. Frente a la vida retirada de
los monjes, el p apel acti vo de los frailes les llevó a alternar la convi-
vencia de la casa con la predicación y servicio a la población, mante-

46 Al respecto vé anse LÓPEZ , A. (1915) : La Provincia d e España de lo s fra iles meno-
res. Santiago de Compostela; CASTRO, M. (1961) : “Vitalidad histórica d e la Provincia F ran-
ciscana de Santiago y su influencia en la cult ura ga llega”, Cuaderno de Estudios Gallegos, 16 ,
300 -3 39; CAST RO, M. (1971 ): Crónica d e la Provincia Franciscana de Santiago, 1214 -
1614. Por un franciscano anónimo del siglo XVII. M adrid: Archivo Ib ero Americano; RO-
DRÍGUEZ P AZOS, M. (1979) : El convento de San Francisco de San tiago y sus d os iglesias,
la actual y la derruida en 1 741 (1518 -1862). S antiago de Compostela: El Eco Franciscano;
CASTRO, M. (1984) : La Provinc ia francisc ana de S antiago, ocho siglos d e historia. Santia-
go de Co mpostela; MANSO PORTO, C. (1993) : Arte gó tico e n Ga licia … P ARDO VILAR,
A. (1993) : Los do minicos en Galicia. San tiago de Compostela; FRAGA S AMPEDRO, D.
(1995) : Arquitectura de los fra iles meno res conventuales en la Edad Media gallega (s. XIII-
XV). Santiago de Com postela: Universidade de Santiago de Co mpostela ( Tesis do ctoral inédi-
ta ); GA RCÍA ORO, J. (200 6) : Los fra nciscanos en España. Historia de un itinerario religio-
so. Santiago de Co mpostela: El Eco Fran ciscano; GARCÍA ORO, J. (2010): “Monjes y fraile s
en la Iglesia d e S antiago”, Ruta Cicloturística del Románico Internacional, XXV III , 177-180;
GARCÍA ORO, J. (201 2): “Cuan do los frailes se asoman a la Hi spania medieval”, Ru ta Ci-
cloturística del Románico Internac ional, XXX , 126-131.
47 GARCÍA ORO, J. (1987 ) : Ga licia en los siglos... , 48.

80

estipula que: “ Los Frailes que sepan trabajar, tra bajen, ejerc iendo el
trabajo que sepan, si no es contra la salud de su alma” 59 . San Fran-
cisco, influenciado por la regla de San Benito y la importancia que
ésta concedía al opus manuum , consideraba que el trabajo era el medio
idóneo para huir de la pe rniciosa ociosidad, y por ello lo fomentó en-
tre sus hermanos. Este prec epto podría haber propiciado que entre los
frailes menores de G alicia hubiera p rofesionales d e la arquite ctura, tal
y como sucedió en Italia donde, a partir del siglo X I V, se re gistra un
buen número de arquitectos francisca nos. Pero, si fue así, no ha y me-
moria documental de ello. La úni ca mención referida a un arquitecto
franc iscano s e remonta al siglo X IV y la aporta el padre fra y J acobo
de Castro en su Primera parte de el Árbol Cronológico de la Santa
Provincia de Santiago (1 722). Aquí informa de la construcción de “un
hermoso puente sobre el Miño” proyectado con “cuidado e inteligen-
cia” por fra y Fernando Bolaño, miembro de la comunidad fra n ciscana
de Lugo 60 . No obstante, la lejanía de la fuente respecto al hecho citado
obliga a tomarla con la debida cautela. Atanasio L ópez recogió esta
noticia publicada por el padre Castro y , posteriormente, por López
Ferreiro 61 , indicando que la documentación qu e consiguió localizar
únicamente lo presenta como procura dor de la obra d el puente en
1336 con lo que, a falta de nuevas noticias, no podemos considera rlo
como tal arquitec to o maestro de obras.

59 Ibídem.
60 Esta intervención se pagó con la donación de una bib lioteca que supuso el germen
de la librería d el convento, tristemente desaparecida en el incen dio su frido por el in mueble en
1638. CAST RO, J. de (1722 ) : Primera p arte d e el Árb ol Chronológico de la Santa Pro vincia
de S antiago . En Salam anca po r Francisco G arcía Onorato y San Miguel; en Santiago por
Andrés Frayz, 17 22; G OY DIZ, A. (2 011 ) : “O convento d e San Francisco de L ugo na época
moderna ”, en ARRIBA S ARIAS, F . (coord.): O claustro franciscano do Museo Provincial de
Lugo. Lugo: Museo Provincial de Lugo, Servicio d e Publicacións da Deputación d e Lugo,
118.
61 LÓPEZ, A. (1916 ) : “Artistas franciscanos españoles” , El Eco Franciscano, 557 ,
595 y 596; a p artir de CA STRO, J. (1722) : Primera par te de el Árbol Ch ronológico … I , 183 y
LÓPEZ FERREIRO, A. (1888) : Galicia en el siglo XV. S antiago de Com postela, 2 65.

81

2.1.2.2. Presencia y arquitectura de los frailes domin icos
Los conventos dominicos se financiaron a partir de los legados
de miembros de las tres clases estamentales. Los predicadores se b e-
neficiar on especialmente de las mandas testamentarias y l as cartas de
donación, que les permitieron aumentar sus propied ades y, sobr e todo,
sufragar la construcción y mantenimiento de sus casas. Generalmente,
se espe cificaba a qué ob ra debía i r destinado el di nero: el convento, la
iglesia o alguna empresa particular y, en el caso de los testamentos, se
encargaba n de misas, fu nerales y otros compromisos litúrgicos, así
como del enterramiento del difunto. En las ciudades episcopal es el
alto clero y la noblez a solí an financiar las capillas mayore s de los
conventos dominicos como lugar de enterramiento familiar, amena-
zando con e l traslado d el mismo en caso de incumplimiento de las
obligac iones litúrgicas por parte de los frailes 62 . La intervención en los
conventos dominicanos era mucho más intensa en aqu ellos periodos
que coincidían con el as censo a la prelatura de la sede de un f r aile
dominico, puesto que éstos tendían a intervenir de manera más directa
en la actividad edilicia de las casas, masculinas y femeninas, de su
orden: fray Rodrigo González de León (1286-130 4) amplió la iglesia y
las dependencias de Bon aval; el obispo luc ense fra y Pedro López de
Aguiar (1349-1390) hiz o lo propio con la cabec era del convento de
Santo Domingo e impul só la construcción d el convento femenino de
Santa María la Nova; y el orensa no fra y Alfonso de Cusanza (1420 -
1424) favoreció al convento de Ribadavia, del que había sido prior,
impulsando la construcción de la fachada de su templo. Esta práctica
no sólo se dio en la Edad Media, a finales del siglo X VII el mecenaz-
go d el arzobispo compostelano y domi nico fra y Antonio de Monro y
impulsó la renovación de San Domingos de Bonaval — con la inter-
vención del maestro de obras de l a Catedral Domingo de Andrade — ,
y de las d ependencias co nventuales de Santa Mar ía de Belvís — éstas
diseñadas por fra y Gabriel de Casas, maestro de obra s de S an Martiño
Pinario. Asimismo, a me diados del XVIII el obispo de L ugo fra y
Francisco Izquierdo promocionó, entre otras importantes obras, la
renovac ión de Santa María la Nova donde, tal vez, pudo haber tomado

62 MANSO PORTO, C. (1993 ) : Arte gótico en Galicia ... , 61 - 66.

82

parte el arquitecto dominico fra y Manuel de los Mártires, que por en-
tonces había sido llamado por el prelado para realizar la nueva traída
de agua de la ciudad y diseñar varias fu entes. Otro modo en que los
miembros de la nobleza contribuyeron a la riquez a de las casas domi-
nicas fue a partir de sus dotes — destinadas a la propia manutención —
y del patrimonio familiar, invirtiendo parte del mi smo en las mejoras
de sus conventos. En las restantes vil las eran la noblez a y l a bur guesía
local las que int ervenían en la financiación de las obras. Los p rimeros
promovían la constru cción de la capilla m a yor, mientras que los s e-
gundos garantizaban la finalización del templo y abrían sus capillas
funerarias en las naves, el transe pto o el claustro.
Como sucedió a los francisca nos, la primera ar quitectura do-
minicana gallega se c aracterizó por su carácter pr ovisional y mod esto,
a menudo poco adecuado a la vida en comunidad 63 . Esto conllevó el
traslado de p arte de los conventos a otros emplaz amientos más apro-
piados. A nivel arquitectónico los dominicos ga llegos si guieron las
pautas generales emplea das por las comunidades europeas, optando
por amoldarse a los mod elos locales a la hora de erigir sus edificios.
La eclosión edilicia de los predicadores se p rodujo a partir del siglo
XIV, momento en el cual modernizaron sus casas bajo el auspicio de
las clases altas e int rodujeron en Galicia el modelo de iglesia mendi-
cante. La contratación de talleres locales acentuó los paralelos exist en-
tes entre los templos dominicos y franciscanos de una misma villa o
diócesis con las iglesias parroquiales y sedes catedralicias. Estas in-
fluencias h an sido bien estudiadas por Manso Porto que, por ejemplo,
observó que en el área co mpostelana se impuso el estilo mateano 64 . En
Pontevedra localiza la presenc ia de un taller que trabaja en las iglesias
de Santa Clara y Santo Do mingo, en una capilla funeraria de San
Francisco, y los claustros de los conventos mendicantes. En Lugo la
influencia procede d e un taller orensano que había elaborado, al me-
nos, uno de los c apiteles de la Cated ral y , por fin, en Tui encontramos
a maestros de l a Catedral trabajando en el convento de Santo Domin-

63 MANSO PORTO, C. (1993 ) : Arte gótico en Galicia ... , 98.
64 Ibídem , 99.

83

go, dond e se aprecia una clara inspiración en el pórtico occidental de
la sede episcopal.
La documentación domi nica para la Edad Media rara v ez apor-
ta datos sobre la identidad de los artífices de sus iglesias y dependen-
cias conventuales. Se conservan noticias de canteros , al gunos de los
cuales comparecieron en pleitos en calidad de test igos, o que son cita-
dos como parientes de los frailes, por lo que se podría presumir su
participación en los trabajos edilicios. En el documento de compra de
una cantera por parte del convento de S anto Doming o de Pontevedra
firmado el 22 de febrero de 1304, encontramos como testigo al domi -
nico “ frei Martiño, pedr eyro”, que sería miembro de la comunidad 65 .
El término “ pedreiro ” se emplea en la documentación gallega medie-
val para denominar aquellos oficios relacionados con el trabajo de l a
piedra, y se aplicaba indi sti ntamente a ca nteros, escultores, aparejado-
res o a ma estros de m a yor entidad que d esempeñaban las labo res de
arquitecto 66 . Frente a este personaje, cu ya ex istencia y tr abajo pode-
mos considerar hist óricos, la Orden de los P redicadores fue l a única
que aportó a G alicia con un ejemplo de santo constructor en l a figura
de fra y Pedro González, Telmo 67 . En el relato de la vida de San Telmo

65 ARMAS CASTRO, J. (1992) : Pontevedra en los siglos XII a XV. Configuración y
desarrollo de una villa marinera e n la Galicia medieval. Pontevedra, docu me nto 10.
66 Al re specto véase VÁZQUEZ CASTRO, J. (200 9) : “Los maestros de ob ras y la
construcción en Galicia d urante la Ed ad Media” en SÁNCHEZ GARCÍA , J. A ., TAÍ N GUZ-
MÁN, M., VÁZQUEZ C ASTRO, J. y Y ÁÑEZ RODRÍ GUEZ, J. M.: El aparejador y su
profesión en Galicia. De los maestros de o bras a los arquitect os técnicos e ingen ieros d e
edificación. A Coruña: Consello Galego de Colexios de Aparelladores, A rquitectos Técnico s
e Enxeñeiros de Edificación , 28 y 29.
67 Sobre la vida y milagros d e S an Telmo véanse Incipit L egenda B. Petri Co nfessoris,
Ordinis Praedicatorum en FLOREZ, E. (1767) : España Sagrada. Theatro g eográphico -
histórico d e la Iglesia de España… Continuación d e las memorias de la Santa Iglesia d e Tu y.
XXIII, Madrid: por Antonio Marín, 1767 ; CASTILLO, H. de (1612) : Primera parte de la
Historia General de Santo Domingo, y de su Orden de Predica dore s. V alladolid, 1612, 290 -
301; FERNÁNDEZ DEL P ULGAR, P . (1679) : Histo ria secular y eclesiástica d e la ciudad de
Palencia. Madrid, 290 -301; ANTIST, V. J. (1687) : La vida de Sant Ped ro Gonçález T elmo,
abogado d e los na vegantes. V alencia; MEDRANO, M. J. (1727) : Historia de la Provincia de
España de la Orden de los Pre dicadores. Primera parte . Tomo II , 3 49-351; FLÓREZ, E.
(1767) : España Sagrada. Theatro Geográphico - Histórico de la Iglesia de España, XXIII,
Madrid, 1767, 131-176 y 246 -263; FILG UEIRA V ALVERDE, J. (1 983) : El Corpo santo de
Fray Pedro González San Telmo (c. 1 194 -c. 1246 ) patrón de marineros y navegantes. P onte-
vedra: Diputación de P ontevedra; IGLESIAS ALMEIDA, E. (1992) : “Sobre el culto e icono-

84

titulado Incipit Legenda B. Petri Confessori s, Ordinis Praedicato-
rum 68 — texto escrito en el siglo X IV o, como mu y ta rde, h acia el
1400 — , se r ecoge un pa saje de l a predicación del dominico en tierras
ga llegas que lo presenta como impulso r de la construcción del puente
de Castrelo de Miño (Ribadavia). Y el padre Flóre z le atribuye además
la iniciativa de construir otro puente en la Ramallosa 69 . Sobre la erec-
ción del primer pue nte la Legenda dice lo siguiente:

“... bajó pred icando la palab ra
de Dios por los lugares, río aba-
jo del Miño, hasta Riba davia,
donde por inundación de la s
aguas y falta de Puente junto al
lugar de Cas trillo [ ... ] sucedían
muchas desgracias. Y compade-
cido, el santo meditó edifi car un
puente. A e ste fin pas ó a esta r
co n el rey San Fernando, y sacó
cartas del s anto para todos los
señores, ecle siástico s y se glares,
exortándoles p romovies en y auxi-
liasen la buena obra de fray Pe-
dro. Empezola el santo con dili-
gencia, concurrieron los fieles
con l imosnas, y en breve se aca-
bó con tal firmeza que per severa
hasta hoy. Mientras la obra del

grafía d e San Telm o”, Boletín d e estudios del Seminario “Fon tán Sarmiento” de h agiografía,
toponimia y onomástica d e Galicia, 14 (13), 1 5-21; RODRÍGUEZ OTERO, R. (2000) : “El
Fragoso en el relatorio del siglo X III de los milagros de San Telmo”, Bo letín del I nstituto de
Estudios Vigueses, 6, 49-60.
68 Esta obra está reprod ucida en varios do cumentos co nservado en el Arc hivo de la
Catedral de Tui (a partir de ahora AC T) y fue p ublicada por el padre Flórez. ACT, Santoral
tudense, fols. 257 r.-261v.; ACT , Libro Becerro I, fols. 257 r.-261v.; FLÓREZ, E. ( 1767) :
España Sagrada... , XXIII , 246-263.
69 FLÓREZ, E. (1767) : Esp aña Sagrada..., XX III, p. 141; Cfr. NOVO SÁ NCHEZ, F.
J. (2006 ) : “La vida y lo s milagros de San Telmo en la sillería de co ro de la Catedral d e Tui”,
en GONZÁLEZ S OUTEL O, S. y CENDÓN FERNÁ NDEZ, M. (c oords. ): T ui. Presente,
pasado y futuro. Tui: Diputación de Pontevedra, Servicio de Pu blicacion es, 207 y 208.

85

puente continu aba la de edificar
a los fieles con egemplos y pala-
bras, y cooperando Dios al zelo
de su minis tro con al gunos mil a-
gros crecía la fama de santidad,
y con ella l os frutos de la predi-
cación. Uno de los milagros más
atestiguado s por relación de mu-
chos fidedignos fue que, faltando
algunas veces pesca en aquel si-
tio, i ba el santo hacia el río con
el compañero actual, que era
fray Pedro Martínez, y ahora
(dice el escritor de esta vida) es
venerado en Tuy en el convento
de lo s Pr edicadores, acom pa-
ñando al santo en es ta ci udad
después d e mue rto como e n vida.
Salían pues los dos a la orilla del
río y venían los peces a buscar -
los y ofrecerse a sus manos, co-
mo si tuvieran uso de razón. To-
maban los que necesitaba n y no
se r etiraban los demás hasta
echarles el santo la ben dición,
entonces se explayaban p or las
aguas, retirándose cada uno a su
lugar 70 .

70 FLÓREZ, E. (1767) : España Sagrada..., XXIII , 139-140. El texto también ha sid o
reproducido en NOVO SÁNCHEZ, F. J. (2006) : “La vida y lo s milagros de San Telm o...” ,
207 y 208.

86

Acerca d el puente de la Ramallosa, que estudios modernos han
datado ha cia finales del siglo XV o c omienzos del XV I 71 , el padre
Flórez relató:

“ Detúvose algo en Bayona y sus
cercanías, pred icando como
acostumbraba por mejorar las
almas, sin d escuidarse tampoco
de procurar l as comodidades
temporales de los pueb los. A este
fin solici tó edificar el Puente de
la Ramallosa en tierra de M iñor,
entre Gondomar y Bayon a. Es-
tando velando sobr e l a fábrica
predicaba a u n gran concurso de
gente. Sobrevino de re pen te por
la parte del mar una furiosa tem-
pestad de relámpagos y agua tan
copiosa que todos se querían re-
tirar y dejarle solo. Pero cono-
ciéndolo el Santo y l leno de ce-
lestial confianza en el Señor les
dijo con espíritu profét ico: No
temáis hermanos, persever ad en
oír la palabra divina: p ues aquel
a quien obedecen l a tierra, mar y
Cielos, de tal suerte dividirá a
vuestra vista la tempestad que e n
ninguno de nosotros causará el
más leve perjuic io. Dicho y he-
cho, levantó el Santo su brazo
derecho ácia la tempestad que ya
iba acercándos e al audi torio, y
cumpliendo Dios lo que prometió

71 ALVARADO BLANCO, S ., DURÁN FUENTES, M. , NÁRDIZ ORTIZ, C. (19 89) :
Puentes históricos de Galicia. A Coruñ a: Colegio Oficia l de Ingenieros de Caminos, Canales
y Pu ertos, Xunta de Galicia, 195.

87

su Ministro, obedeció la nube la
palabra, y la t empestad se di vi-
dió en dos partes, con el visible
prodigio de que parecien do se
inundaba la región con la ll uvia ,
truenos y relámpagos d e una y
otra vanda del auditorio, su cen-
tro experimentó una serenidad
inopinada, sin acer carse a ellos
ni una gota de agu a.
De es te modo f ue continuando
por aquel la tierra su predicació n
y las utilidad es de lo s pueblo s,
pues fuera del bene ficio del
puente de Ramallosa (que ahora
concluyó) hizo otros que las Ac-
tas mencionan en general, sin
explicar los s itios ” 72 .

En la hagiografía del sa nto estos pasajes sirven para resaltar
varios aspectos de su vida. P or un lado, lo presentan como benefactor
de las gentes: la constru cción de estas obras de ingeniería suplía los
peligros de atravesar el río en barca o v adeándolo, favoreciendo l a
circulac ión de p ersonas y bienes 73 . También aparece como evangeli-
zador pues, en ambos relatos, se dispo nía a pie de obra para p redicar a
los oficiales, obreros y demás personas que se afanaban en levantar los
puentes. Por últim o, se refuerza una vez más su capacidad milagrera:
en el caso del puente de Castrelo de Miño obrando un mi lagro diario
que permitía alimentar a los constructores (fig. 9), y en el de la Rama-
llosa dispersando una tempestad que amenazaba a quienes se habían
acerca do a escuchar su prédica.

72 FLÓREZ, E. (1767) : España Sagrada..., XXIII , 141 y 142 .
73 Manso Porto, al hacer referencia a este pasaje, planteó la h istoricidad del m ism o
contrastando las fec has apro xim adas de la intervención del santo con n oticias documentales
sobre dichos puentes en la Baja Edad Media. MANSO P ORTO, C. (1 993) : Arte gótico en
Galicia... , p. 36.

88

Medrano en la Historia de la Provincia de España resaltó su
face ta de promotor — pues para l a construcción del puente de Castrelo
se vio obligado a pedir e l apo y o del propio Fernando III — , al ti empo
que lo califica de sobreestant e, ubicándolo de nue vo a pi e de obra 74 .
Los textos hagiográficos señalan que p ara ll evar a cabo ambos traba-
jos el domi nico habría c ontado con la a yuda de dos correligionarios:
fray Pedro das Mariñas y Miguel González. El cronista Lucas de Tu y,
amigo y pariente de San Telmo, atribu yó la ob ra del puente de Castr e-
lo de Miño a Alfonso VII , sin citar ningún tipo de participación por
parte del santo. Esto llevó a P ardo Villar a sugerir que fra y Pedro
González habría llevado a cabo una reconstrucción. Según Ferreira
Priegue , que encontró n ot icias que se remontan a 1247 y 1252, la
erección de dicho puent e data del siglo XIII, padeciendo ya al gunas
reconstrucciones en la mi sma centuria 75 . Por su parte, Manso Porto
consideró que los puentes de
Castrelo y R amallosa po-
drían haber contado con ca-
pillas u hospitales accesorios
y habrían s ervido c omo
ejemplo para otros puentes
portugue ses y gallegos 76 ,
pues, en Portugal, a fra y
Gonzalo de Amarante —
quien supuestamente con oció
a San Telmo — también se le
atribuy e un episodio según el
cual este dominico había
levantado un puente sobre el
río Támega, en la ruta portu-
gue sa d el Camino de Santi a-

74 MEDRANO, M. J. (1727) : Historia d e la Provincia de España... , Primera parte,
Tomo II, 349-351.
75 FERREIRA P RIEGUE, E. (1988) : Los caminos medievales de Galicia. Ourense:
Museo Arqueoloxico Provincial, 153 -154.
76 MANSO PORTO, C. (1993 ) : Arte gótico en Galicia ... , 36.

Fig. 9: Milagro de fray Pedro Go nzález,
San Telmo, durante la construcción del
puente de Castrelo de Miño. Francisco de
Castro Canseco , Sillería del coro de la
Catedral de Tui, 1699. Imagen de Fran-
cisco Javier Novo Sánchez

89

go 77 . Este tipo de fundaciones eran habituales de l a época, quedando
los religiosos de la orden promotora como administradores de dichos
hospitales y de las limosnas recaudadas en las obras pías. L a consis-
tencia hist oriográfica de estos pasajes y d e estas « autorías» es cuestio-
nable 78 , pero se imbrica dentro de la tradición de l os santos construc -
tores, consolidada en Europa Occid ental en Plena Edad Media como
parte d e las h agiografías de abades y obispos, y cristaliz ada durante el
auge de las p eregrinaciones 79 ; donde la ruta a Co mpostela cuenta con
santos tan representativos como S anto Domingo de la Calz ada y S an
Juan de Orte ga 80 . En todo caso, estos personajes son presentados s e-

77 De hecho el puente va a ser uno de l os atributos de la icono graf ía de San Gonzalo .
La vida y milagros de S. Gonzalo de Am arante han sido relatados en MEDRANO, M . J.
(1727) : Historia de la Provin cia de España..., Tomo II , 454-469. Sob re este dom inico véase
tam bién CARDOSO, A. (1 978 ) : S. Gonçalo de Amarante, Lenda e Histo ria/ o seu culto.
Iconografía amarantina. Exposiçao Biblio-iconografica, p. 41; RIBEIRO DA CUNH A A. de
M. (1995) : São Gonzalo h istoria o u lenda. Am ara nte; RIBEIRO DA CUNH A A. d e M .
(1996): São Gonçalo de Amarante un vulto en un culto. Vila Nova de Ga ia.
78 No obstante, co mo señaló Mans o Porto, algunos estu dios apuntan a qu e la antigüe-
dad d e estos puentes podría remontarse a lo s tiempos de San Telmo, aunq ue n i las fuentes
documentales ni los restos materiales permiten ser concluyentes. MANSO PORTO, C.
(1993) : Arte gó tico en Galicia ..., p. 36. Po r su parte el P. Eiján adjudicó a San Telm o la fun-
dación del puente de San Francisc o d e Ribadavia. P ero no aporta datos documentales o bi-
bliográficos q ue sustenten tal atribución. EIJÁN, S. (1920) : Histo ria de Ribadavia y sus alre-
dedores. Madrid .
79 Caso, por ejem plo d e San Raym ond Gairard o de Saint De nis.
80 Acerca de este te ma y de la vida de estos san tos véase V EGA, fr. P . de la (1572 ) :
Flos Sanctorum. Sevilla; VEGA, L. d e la (1606): Historia de la vida y milagros de Sant o
Domingo d e la Calzada. Burgos; GONZÁLEZ DE TEJA DA, L. (1702) : Historia d e Santo
Domingo d e la Calzada. Abraham de la Rio ja, patrón d e los obispados d e Calahorra y la
Calzada y notici a de l a fundación y au me ntos d e la Santa Iglesia Catedra l y ciudad nob ilísi-
ma d e su nombre. Madrid; AGUIANO, M. (1704) : Compendio h istorial d e la provincia de la
Rioja, de su s santos y milagrosos santuarios. Madrid; SAL VADOR, fr. J. d e (178 7) : Com-
pendio d e la vida y milagros de la vida de Santo Domingo d e la Calzada. P am plona; EN-
TRAMBASAGUA S, J. de (19 40) : Santo Do mingo de la Calzada. El ingeniero del cielo.
Madrid; LÓ PEZ MARTÍNEZ, N. (1963) : San Juan de Ortega. Burgos; V AL DIVIESO AU-
SÍN, B. (1985) : San Juan de Ortega, hito vivo en el Camino de Santiago. Burgos; RINCÓN
GARCÍA , W. (1992) : “A proxim ación a la iconografía de d os santos d el Camino de Santiago:
Santo Domingo d e la Calzada y San Juan de Ortega”, en SANT IAGO OTERO, H. (coord .):
El Camino de San tiago: la h ospitalidad monásticas y las p eregrinaciones. Junta de Castilla y
León, 221-228; ANDRÉS ORDA X, S. (1995) : San Juan de Ortega. Santuario del Camino
jacobeo. León; CAPEROS SIERRA , A. (20 00) : Comentarios a los hagiógrafos d e San to
Domingo de la Calzada. Quintana; SIL VA Y VERASTEGUI, S. de (2005) : “Los sepulcros de
los santos constructores del Cam ino a Santi ago de Com postela” en LA CARRA DUCAY, M.
C.: Los Caminos de Santiago. Arte, Historia, Literatura. Zaragoza: Diputación de Zaragoza ,

96

sia del 27 de julio del mi smo año, la que dio poder al arzobispo de
Mesina y a los obispos de Coria y Cat ania para c astigar los abusos de
los reg ulares, privar de sus oficios a los indignos y t rasladar a religio-
sos observantes a l as casas pendientes de reforma. A pesar de contar
con ciertas deficiencias que fueron subsanadas con el avance de la
reforma, esta bula fue la norma básica del proceso reformador. En un
primer momento, la o rganización del pro ceso re cayó sobre prelados
que gozaban de la confi anza de los mon arcas, p ero ant e la enconada
oposición presentada por los conventuales se comprobó que lo más
efec tivo era dejarlo en m anos de los superiores reformados, llevando a
cabo la renovación d esde el interio r de las órde nes reli giosas. Para
ello, los Rey es Católicos soli citaron la fa cultad de someter los monas-
terios a la jurisdicción de las congregaciones ob s ervantes, una manio-
bra que pron to dio buenos resultados.
La reforma de los monasterios gallegos tuvo lugar entre finales
del siglo XV y l a primera mitad del XV I 85 . Como señaló Fernández
Cortizo, los Reyes Católicos tuvieron noti cia de la necesidad de re-
fo rma de dich as cas as en el concilio nacional de Sevilla de 1478. S in
embargo, no tomaron co nciencia de la grave situación hasta su visita a
Galicia en 1486. Como hemos visto, la ur gencia se plasmó en la bula
Quanta in Dei Ecclesia de I nocencio VIII (1487) e n la que se daba
facultad a cuatro prelados españoles pa ra llevar a cabo la reforma de
los monasterios de benedictinos, cistercienses y canónigos de San
Agustín, pudiendo empr ender cuantas ac ciones fueran n ecesarias para
tal fin. El elegido para emprender la restauración fue el cardenal Al-
fonso Carrillo d e Alborn oz, que visi tó las casas gallegas en 1489, pero
sus disposiciones no dieron los resultados esperados. El esca so éxit o

85 FERNÁNDEZ COR TIZO, C. (2000) : “La re forma d e las Órdenes d e San Benito y
el Císter en Galicia en tiempos de Carlos V ”, en EIRAS ROEL, A.: El Reino d e Galicia en la
Época d el Emperador Carlos V. Santiago d e Compostela: Xunta de Ga licia, 20 00 , 847-877;
FERNÁNDEZ CORTIZO, C. (2007 ) : “’La regular o bservancia queb rada’: visita y reforma de
los monasterios gallegos de los Religiosos d e la Orden de San Benito en tiempos d e los Reyes
Católicos”, en FERNÁNDEZ CASTIÑEIRAS, E., MONTERROSO MONTERO, J. M .
(coords.): Arte benedictino en los camino s de Santiago. Santiago de Co mpostela: X unta de
Ga licia , 77 -112; MAT É SADORNIL, L. (2007 ) : “Los monasterios gallegos en la Congrega-
ción benedictina de V alladolid entre los siglos X VI - XVIII”, en F ERNÁNDEZ CASTIÑEI-
RAS, E., MONTERROSO MONT ERO, J. M . (coords.): Arte b enedictino... , 113-146.

97

de esta tentativa llevó a los R ey es Católicos a demandar más f aculta-
des para los reformadores y en 1493 Alejandro VI expidió la segunda
bula Quanta in Dei Ecclesia, según la cu al los tres prelados en carga-
dos de dirigir la r eforma debían ir acompañados por relig iosos obser-
vantes de las respectivas congregac iones castellanas: la Congreg ación
de San Benito de Valladolid y la Congregación de San Bernardo de
Castilla. Nuevamente , los éx itos cosechados fuer on escasos y sólo el
monasterio de San Martiño Pinario se adhirió ese mis mo año a la con-
gregac ión vallisoletana. Ante el nuevo fiasco se comprendió que la
única vía para que l a ref orma prosperase era dej arla en m anos de las
Congregac iones d e Obs ervancia de las propias órdenes religiosas.
Mediante un breve papal de 1494 la congre gación benedictina de Va-
lladolid y la Congregación de Castilla del Císter se hicieron cargo de
la reforma d e los monasterios gallegos, que gracias a una bula expedi-
da ese mi smo año podían unirse a la observancia d e manera li bre. Con
todo, la reforma era s olicitada por una autoridad ajena a los monaste -
rios — re ye s, obispos, abades generales de una ciudad — , por lo que
era habitual chocar con las reticencias del abad y de los monjes, vo-
luntariamente acogidos a un modelo de observancia diferente al que se
les quería imponer 86 . L as grandes abadías benedictinas de Celanov a y
Samos se adhirieron a la Congregación vallisoletana en el primer cuar-
to del siglo XVI, al igual que Ribas de Sil , conv ertido en colegio de
artes. El monasterio de Lérez, colegio pa ra li cenciado s, se reformó en
tiempos de Carlos V, al ig ual que las casas de L ourenzá — cu y os reli-
giosos presentaron tal resist encia a los reformadores que fue necesaria
la int ervenc ión militar 87 — , el pequeño monasterio de Tenorio, o San
Xoan de Poio, incorporado en 1547 como monasterio de tamaño me-
dio. Los benedictinos contaron, además, con la abadía femenina de
San Paio de Antealtares, reformada en 1499, y elegida como sede en
la cual reunir a las religiosas de los pequeños monasterios femeninos
ga llegos re gidos por la regla de S an Benito. Únicamente el monasterio
de San Vicente d e O Pino (Monforte) e ra dependiente del monasterio
de San Benito de Valladoli d, al que también pertenecían los prioratos
de Chantada y Moraime.

86 MATÉ SADO RNIL, L. (2 007) : “L os monasterios gallegos...” , 120.
87 Ibíd.

98

Esta práctica renovadora también fue llevada a cab o por la Or-
den del Císter cu ya reforma se realizó a partir d e la Congregación de
Castilla, fundada por fray Martín de Vargas haci a 1425 88 . A pesar de
que tras la bul a de 1493 l a congregación aceptaba la visita del abad d e
Cîteaux o de una casa principal, el Capítulo General puso trabas a la
anexión de los monasterios reformados a la congregación y a la ele c-
ción trienal de los abades, por lo que la observancia cisterciense no se
asentó hasta la década de 1520. El primer monasterio galleg o qu e se
incorporó a la congrega ción del Císter fue el d e Sobrado (1498), al
que se uni eron entre 15 05 y 1514 las casas de Acibeiro, Pen amaior
(estos dos unidos al colegio d e Salamanca), Melón, Monfero y Meira.
En 1518 se r eformaba el monasterio d e Montederramo gracias a la
renuncia de sucesivos abades comendatarios, qu e er an quienes com-
plicaban y dilataban la observancia de sus casas. Los abades de Ar-
menteira y San Clodi o tuvieron que s er presionados, y en el caso del
primero su bula de adhes ión se retrasó durante trece años ha sta que la
muerte del encomendero facilitó el proceso. Mucho más complej a
resultó la reforma del ric o monasterio de Oseir a que se inició en 1513
y no finalizó hasta 1545, dos años antes de la anex ión a la Congrega-
ción de Castilla de Santa María de Oia, la última casa en ab andonar el
conventualismo 89 .
La adh esión de los mon asterios galleg os a las congre gac iones
castellanas implicó una p rofunda reestructuración de su vida espiritual
y t emporal. El principal cambio se produjo en el funcionamiento in-
terno de las casas, que p asaron a estar sometidas al firme control de
los abade s trienales y a la voluntad de la congregación. Entre las con-
secuenc ias de la nueva dinámica estuvo la castellaniz ación de sus
miembros, a menudo im pulsada por los propios abades, que tend ían a

88 YÁÑEZ NEIRA, D. (1991) : “Los monasterios cistercienses gallegos en la reform a
de F ray Martín de V argas”, VALLE PÉREZ, J. C.: El m onacato e n Galicia durante la Edad
Media: La Orden del Císter. S ant iago de Compostela , 71 -106 .
89 GARCÍA ORO, J. (1991) : “La reforma del Císter gallego en el reinado d e Carlo s
V”, Estudios Mindonienses, 7 , 659 -673; REY CASTELAO, O. (19 98) : A Galicia clásica e
barroca . V igo: G alaxia , 7 6 y 77 y FERNÁNDEZ CORT IZO, C. (2000) : “La reforma de las
Órdenes...” , 861-870.

99

promover a aspirantes pr ocedentes de su entorno geográfico 90 . L a re-
forma espiritual se asentó en el control de las congrega ciones sobre el
cumplimiento de la observancia, especialmente d e los votos de clausu-
ra y pobreza. Las constituciones — que se revisaban y aprobaban pe-
riódicamente — regulaban la vida comunitaria, recayendo sobre el
abad la responsabilidad d e hacer cumplir la norma tiva en su c asa. Para
prevenir desvíos como l os que habían provoc ado la anterior crisis es-
piritual se tomaron diversas medidas, entre ell as el nombramiento
trienal de los abades, las visitas periódicas que evaluaban el modo de
vida de c ada comunidad, un ma y or c ontrol sobre las concesiones d e
hábitos y la profesión de hermanos legos, o el impulso de la formación
espiritual de los monjes.
Junto a la restauración d e la obse rvancia se produjo la recupe-
ración económica de las casas d e Galicia, as entada en l a restitución de
su patrimonio y un ma yor control sob re el mismo. La ma yoría d e los
pequeños monasterios rurales desap arecieron, p asando a engrosar los
bienes de los centros reformados, convirtiéndose en sus prioratos o
sirviendo económicamente a la propia congregación 91 . Una vez reha-
bilitadas, las casas se convirtieron en grandes contribu y entes dentro de
sus congregaciones, de manera que sólo una parte de su riqueza reper-
cutía sobre ellos. C on todo, la r eforma de los monasterios gallegos
culminó en un periodo de esplendor económico y espiritual que propi-
ció la elaboración de una imagen de poder basada en la reconstrucción
de sus edificios y en un importante mece nazgo artíst ico.

90 Vid. REY CA STELA O, O. (1992 ) : “Cistercienses y benedictinos en la G alicia
moderna: evolución numérica y an álisis social”, Actas do Congreso Internacional sobre San
Bernardo e o Císter en Galicia e Po rtugal, Oseira 17 -20 o utubro 1991. V ol. 1, Ou rense, 3 09-
324.
91 Por ejemplo, las rentas de Cin es y Bergondo se unieron al colegio de San Vicente de
Salamanca y las de Morai me s ervían a la celebr ación d e los Capítulos Generales y la s visitas.
FERNÁNDEZ CORTIZO, C. (2000 ) : “La ref orma de las órdenes...” , 870.

100

2.3.2. La reforma de las órdenes m endicantes
Hacia 1591 se había completado la reforma monástica en Galicia,
pero todavía estaba pend iente la de los mendicantes, que concluyó en
el sig lo XVII. Tras el Concilio de Tre nto, Felipe II se apuró a presen-
tar un pro y ecto de reformas ajustado al marco conciliar, dando su
apoy o a la observancia y abogando por la desaparición del conventua-
lismo, lo cual afectó de manera especial a los franciscanos. El sanea-
miento de la Orden de S an Francisco en Galicia s e completó a media-
dos del X VII, y a partir de este mo-
mento conoció un pe riodo de esplendor
impulsado por el incremento de las
vocaciones religiosas 92 (fig. 10). Los
dominicos, con menos casa s, tuvieron
asimismo un menor núm ero de frailes,
pero su reforma consolidó el éx ito de
los mendicantes, que se benefic iaron de
la política de ingresos de las órdenes
monásticas y se convirtieron en los
principales receptores de las vocacio-
nes galleg as. A fin ales del siglo X VI
los regulares gallegos pertenecían ma-
y oritariamente a las órdenes monásti-
cas pero esta tendencia se invi rtió en la
centuria si guiente a favor de minoritas
y p redicadores, y se mantuvo durante
el XVIII hasta que, en el últim o tercio, se dio un descenso general de
las profe siones, reflejo, en buena medid a, de la situación demográfica
ga llega. S u inst alación e n urbes y villas — más dinámicas a nivel eco-
nómico y pobla cional — , favoreció el aumento de ing resos en las casas
mendicantes. Las ex plicaciones que se han d ado a l éx ito de las ó rde-
nes activas frente a las c ontemplativas resaltan el empleo de unos mé-
todos de acceso más abi ertos y « democráti cos » , el orige n gallego y la

92 BARREIRO M ALLÓN, B., REY CASTELAO, O. (1 989) : “El cler o regular m endi-
cante en G alicia: evolución numérica, pro cedencia social y comportami ento s de lo s francisca-
nos, ss. XVI al XIX”, Archivo Ibero Americano, 49 (195-196), 459 -490 ; REY CAST ELAO,
O. (1998 ) : A G alicia clásica... , 156 y 157.

Fig. 10. Regula Beatissimi
Patris Francisci , 1621

101

extracción social mesocrática de sus integrantes, el contacto directo
con el pueblo gracias a su función predicador a y soci al, su modo de
vida humilde e independiente de las rentas raíces, y la apertura de sus
casas. Nada que ver con los métodos de selección de aspirantes al há-
bito de benedictinos y cistercienses, cu ya vida tr anscurría en el int e-
rior de sus monasterios, por lo general ubicados en zonas rurales de
escasa población, concentrados en la gestión de su patrimonio y en el
estudio, con un nivel social superior al de la media y con comunidades
formadas ma y oritariamente por monj es foráneos, procedentes de dis-
tintas zonas de C astilla 93 . La dependencia d e las órdenes monásticas
de la gestión del patrimonio raíz les obligaba a ajustar el volumen d e
sus casas a su nivel de ingresos, pero en contrapartida disponían de
más medios materiales que los mendicantes, que vivían de las rentas
procede ntes de las fund aciones particulares instaladas en sus conv en-
tos y de los ingresos percibidos por la celebrac ión de actos fúnebres y
de culto; lo cual les permitía una vida digna pero modesta 94 . Geográfi-
camente, los regulares ga llegos se concentraron en las provincias de A
Coruña y Pontevedra, más urbanizadas, y en el entorno de las sedes
episcopales: Mondoñedo , Tui, L ugo, Our ense (aunque en esta provin-
cia siguieron teniendo un importante peso grandes casas monásticas
como Oseira o Celanova), y S antiago de C ompo stela como principal
centro religioso de l a región. A f ranciscanos y d ominicos se unieron
ag ustinos y mercedarios , congregac iones de observancia como los
alcantar inos, órdenes de fundación moderna como los jesuitas y otras
relig iones con menor presencia en Galicia como los carmelitas, cu y a
instalación fue tar día 95 .

2. 4. L A RECONSTRUCCIÓN D E MONASTERIOS Y C ONVEN TOS ENTRE
LOS SIGLOS XVI Y XVII I
Hacia el ecuador del siglo XVI, las comunidades reformadas de Gali-
cia retomaron su vida espiritual en aquello s cenobios que habían « so-

93 REY CAST ELAO, O. (1 998 ) : A Galicia clásica... , 167-169.
94 Ibídem , 234-242.
95 Ibídem , 168.

102

brevivido » a l a r eforma. Tras unirse a sus nuevas congregaciones, las
casas re gulare s volvi eron a percibir sus r entas — en algunos casos ín-
tegramente , sin ten er que nutrir a las casas p rincipales — , por lo que se
produjo una re cuperación económica que, una ve z consolidada, permi-
tió a los religiosos reconstruir y modernizar sus monasterios y conven-
tos, empleando la arquit ectura p ara pro yectar un a imagen propagan-
dística de la renovada grandeza espiritual y t emporal de sus casas y
órdenes. El problema con que se toparon l a ma yoría de estas f amilias
al repoblar los antiguos cenobios residía en la ruinosa situación en qu e
se encontraban las infrae structuras monásticas y conventuales despu és
de un largo periodo de abandono 96 . L a ma yoría de estos complejo s
necesitaron reconstruir espacios fundamentales para el des arrollo de
su vida cotidiana — sal as ca pitulares, refectorios, cocinas, dormitorios
u hospederías — , lo que en muchos casos supon ía levantar a funda-
mentis uno o varios claustros. A ma y or es, las e structuras propias d e
los cenobios medievale s se habían quedado obsol etas, precisando
adaptarlas a l as ne cesidades de l a espiritualidad moderna. En el si glo
XIV, coincidiendo con la aparición de movimientos que abogaba n por
la recuperación espiritual de los religiosos, se introdujeron las corrien-
tes de la “ devotio moder na ”, mu y difundid as en l a Europa Occident al.
Con ellas se extendió la práctica de un a religiosidad individual, carac-
terizada por tiempos de silencio, meditación y o ración p er sonal, que
sustituían parte del oficio de coro. El cambio hacia una espiritualidad
introspectiva modificó el desarrollo de la vida comunitaria de los re-
gulares, cu ya reorganización afec tó a la configuración arquitectónica
de sus c asas. Comenzó a gene raliza rse la demanda de un espacio per-
sonal, ampliándose el es pacio asi gnado a cada individuo. Surgier on
así los cuartos de c eldas que sust ituían a los dormitorios comunes del
Medievo. También se suprimió la total prohibición de la propiedad
privada, consintiéndose que monjes y frailes pudieran tener objetos de
higiene personal, de devoción (como crucifijos, pequeñas imágenes,

96 Dicha situ ación fue señalada por V ila Jato para la Orden del Císter, pero pu ede
hacerse extensiva a todas las religiones asentadas en la región desde la Plena y Baja Edad
Media. VILA J ATO, M. D. (1998) : “La arquit ectura de los m onasterios cistercienses en G ali-
cia durante el Renacimiento”, en RODRIGUES, J. y VALLE P ÉREZ, C. (coords.): Arte del
Císter en Galicia y Portugal. Lis boa: Fundaç ao Calo uste G ulbenkian, L a Coru ña: Fundación
Pedro Barrié de la Maza, 185-187.

103

etc.), cor respondencia o libros 97 . Aunque esta novedad se introdujo
tras la reforma, derivaba del desarrollo de una cult ura de lo material
iniciada en el siglo X III , que dio lugar a unas pautas de bienestar en la
vida cotidiana a las que los miembros de las órdenes religiosas no qui-
sieron renunciar. Así las cosas, las comunidades gallegas emprendie-
ron sucesivas c ampañas en las cuales acometer las re formas más ur-
ge ntes para sus casas: en la ma y oría de los casos c onservando aquellas
estructuras previas que todavía cumplían su función, como la iglesia,
algún claustro, cocinas, o salas capitulares. Pero la ma yoría de ceno-
bios consiguieron, mediant e varias intervenciones, una renovación
integral de sus arquite cturas 98 . Un proce so que a menudo duró más de
una centuria. Cada orden adoptó una estrategia di stinta en cuanto a la
puesta al día de sus complejos residenciales. P ero en todas se aprecia
la necesidad de encontrar unos criterios capaces de equilibrar la volun-
tad de construir un edificio monumental con la necesidad de controlar
los onerosos gastos de la fábrica.

2.4.1. Las órdenes regulares y los profesionales de la arquitec-
tura en Galicia en la Edad Moderna
En el largo proceso de reconstrucción d e sus casas, las ó rdenes
regulares lograron captar a los mejores arquitectos y talleres asentados
en el Reino de Galicia. Sus i glesias y claustros fueron diseñados en los
estilos artísticos im perantes en cada momento, y s iempre por arquitec-
tos de renombre — forá neos o autóctonos — , co mo Juan de Tolosa,
Bartolomé Fernández Lechuga, José de Peña d e Toro, Domingo d e
Andrade, P edro Monteagudo, Dieg o de R oma y , Fernando de C asas y

97 Este permiso acabó deformá ndose en órdenes como la de San Benito, cuyos religio-
sos disfrutaron d e bienes de lujo qu e, en ocasiones servían ú nicame nte como orn ame ntación
de su s celdas. JUAN GARCÍA, N. y SAGASTE, D. (2 012) : “Lujo monacal: p ecados estéticos
de los monjes bened i ctinos”, Mirando a Clío: el a rte español espejo d e su h istoria. A ctas d el
XVIII Congreso Nacional d e Historia d el Arte CEH A, Santiago de Composte la 20 -24 de
septiem bre de 2010 . Santiago de Com postela: Universidade de Santiago de Com postela,
1298-1317.
98 Esta op ción tuvo may or predicamento entre lo s monasterios, mucho má s solventes
económicam ente que las casas pertenecientes a órd enes me ndicantes.

104

Novoa, o Simón R odrígue z, a cuy a disposición se ponían las mejores
cuadrillas de constructores. L a búsqued a de la calidad artística de sus
edificios no se limitaba al ex terior de sus casas, sino que claustros,
refectorios, escaleras, o s acristías contaron con una factura, mobili ario
y orn amentos minuciosamente escogidos. Los m onasterios y conven-
tos gallegos se convirtieron en custodios de las obras de los mejores
canteros, entalladores, e scultores y orfebres qu e trabajaron en la re-
gión. El elevado coste q ue tuvieron estas empresas propici ó qu e las
órdenes re gulares d esarrollaran estrategias qu e les permitieran conte-
ner el gasto de sus fábricas, y una de ellas consist ió en fomentar, o al
menos no poner trabas, a la toma de hábito d e profesionales d e la ar-
quitectura en sus comun idades; de manera qu e a la nómina de maes-
tros antes citados se añaden los nombres de arquit ectos religiosos co-
mo fray Tomás Alonso, fra y Gabriel de Casas, fray Francisco Velas-
co, fra y Juan Vázquez, fray Manu el de los Mártires, fra y Plá cido Ig le-
sias o fray Plác ido Caami ña.
Tras revisar la documentación y bibliografía de las casas regu-
lares d e Galicia para los siglos XV II y XV III , h emos elaborado una
tabla y varios gráficos co n las órdenes religiosas que contaron con sus
propios mae stros de a rquitectura, y su distribuci ón por provincias.
Hemos dejado fuera de este cómputo a aque llos maestros que trabaja-
ron de manera esporá dica en Galicia, sin formar parte de una comuni-
dad gallega , como sucedi ó con los arquitectos del carmelo fra y José de
los Santos, fray J osé del Espírit u Santo y f ra y Juan de S anta Teresa —
llega dos a Galicia para t razar los conventos de S antiago y Pad rón — ,
el arquitecto benedictino fray P edro M artínez de Cardeña, qu e fue
llamado a Samos, o el franciscano portugués fra y Mateo de Jesús Ma-
ría, activo en la ciud ad de Tui, donde también habría trabajado fra y
Jerónimo Pinedo, monj e de Herbón que, se gún C ouselo Bouzas, había
diseñado la sillería de c oro del convento franciscano tudens e 99 . Del
mismo modo, hemos decidido no registrar en este cómputo a fra y Pe -
dro de San Nicolás, un t rinitario mencionado por Couselo en su di c-
cionario de artistas acerca del cual no h emos logrado enc ontrar nueva

99 COUSELO BOUZAS, J. (1932) : Galicia artística… , 41, nota al pie.

105

información 100 ; al padre maestro Burgués, locali zado en Poio pe r o
cuy a vin culación con la arquitectura nos resulta muy dudosa 101 ; a l
franc iscano fra y J osé Piñeiro, a quien Simón Rodríg uez legó sus he-
rramientas de trabajo pero del que no tenemos más noticias, puesto
que no lo hemos localizado en los li bros de San Francisco d e Santiago
ni tenemos constancia de sus trabajos; y a fra y Ben ito Cobas, localiza-
do por Rega Castro en el L ibro de Fábrica de San Xulián de Laíño
(Dodro, A C oruña) dond e se l e identific a como maestro de obras de
San Martiño Pinario, pero que no consta en los L i bros de Gradas ni en
las Actas de C onsejo de dicha abadía 102 . Entre los expedientes de la
Real Audiencia, en el Archivo del Reino de Galicia, hemos localizado
a dos regulares r ealizando dibuj os para ilustrar pleitos. Se trata de fra y
Juan de Santa Teresa, suponemos que el mi smo que había sido envia-
do para construir el convento carmelita de Padrón, y fra y Pedro P as-
cual García. El primero e s autor de un dibujo del río Sar a su paso por
el lugar d e Codesido — feligresía de Santa Mariñ a de Ribasar (Rois, A
Coruña) — , con los mol inos que centran la causa del pleito (1732) 103 .
El segundo, c u ya orden descono cemos, fi rmó en 1745 junt o a J osé
Blanco Santana un dibuj o del coto de As Me rcedes, en San Bartolomé
de Baldriz (Ourense) 104 . Además de no figurar registrado en la tabla
que mostramos a continuación, este religioso tampoco h a sido incluido
en el diccionario de arq uitectos y m aestros regulares que adjuntamos

100 Couselo ni tan siquiera indica qué obra u obras habría llevado a cab o. Ibíd.
101 Sospechamos que este religioso no era constructor sino uno de los monjes designa-
dos para encargarse de la sup ervisión y administración econ ómica d e la fábrica. BOUZ A
BREY, F . (1935) : “Aportación ao diccionario de artistas na Galicia dos séculos XVI ao XIX”,
Separata de Nós, 17 (139 -144) , 1 27.
102 En las cuentas del 18 de ma rzo de 1742 se lee: “... entreguo a dicho fray Benito
Covas ciento y veinte reales ma estro de obras del dicho Real Monasterio para las plantas que
d ijo había echo para esta o bra” . Arc hivo Histórico Dio cesano de Santiago (a partir d e ahora
AHDS), S an Xulián d e Laíño, Iria Flavia, Administración P arroquial, Libro d e Fábrica (1677 -
1763), leg. 2 , fol. 212 v. a partir de REGA CASTRO, I. (2 010) : Los retablos mayores en el
sur de la diócesis de Santiago de Compo stela durante el sig lo XVIII (1700 a 1775). Iglesia,
cultura y poder. Sa ntiago de Compostela: Universidade de Santiago d e Com po stela, Santiago
de Compostela (Tesis doctoral inédita) , 225.
103 Ar chivo d el Reino de Galicia (a partir d e ahora A RG ), Dib ujos, Real Audiencia,
114.
104 AR G, Dibujo s, Real Audiencia, 1 04.

112

das es fray Sim ón Fontanes, le go del conv ento de San A ntonio de
Herbón que en 1711 fue contratado p ara trazar la Capilla de San Cae-
tano, en la feligresía d e Santa María d e Alba (Po ntevedra), y a quien
el padre Eiján at ribuye también la traza del ór gano ma y or de la Cate -
dral de Ourense. Estos contratos fuera d e su convento y orden hablan
de la repercusión de su trabajo por lo que cabe pensar que Fontanes
hubiera tenido un papel destaca do en Herbón, ac aso como maestro de
obras. De ser así, entre sus int ervenciones para el convento francis-
cano se e ncontraría la traz a y construcción de la original sacristía.
Con los maes-
tros de obras colabora -
ron otros religiosos que
se dedicaron a la traza
de retablos o a realizar
tareas técnicas, más
propias de oficiales.
Así suc edió a fra y
Ambrosio de Santo
Tomás, autor del reta-
blo de San Vicente
Ferrer d e la iglesia de
Bonava l y aparejador
de fra y M anuel de los
Mártires en la obra para los canónigos de Sa r. E ntre los pocos cons -
tructores que aporta la Orden de los Predicadores se encuentran fra y
José García Fraga y f ray Alexos Fontela que, e n dist intas fases, se
encargaron de dirigir las obras del llamado pabellón inglés del con-
vento de las Bárbaras de A Coruña, trazado por Fernando de Casas y
Novoa en un espacio co ntiguo al convento de Santo Domingo (fi g.
11).
Otro re gular qu e habría t rabajado como aparejador a las órd e-
nes de Fernando de Casas es fray Benito Pon te, aunque albergamos
dudas acerca de este per sonaje y su verdadera fu nción en el monaste -
rio benedictino de Vilanova de Lourenzá. A Ponte lo conocemos gra-
cias a un relato donde de scribe los t rabajos de co nstrucción de la igle-

Fig. 11: Fernando de Casas y Novoa y fray José
García Fraga, Cuarto inglés del convento de
Santa Bárbara de A Coruña, 1739

113

sia del mencionado monasterio, del cual era miembro. Por los térmi-
nos en que se ex presa, Le nce -Santar consid eró que P onte habría for-
mado parte de sus talleres 116 . P ero tenemos ciertos recelos sobr e este
personaje dado qu e no s e conoce su p articipación en otr as obras de l a
abadía ni consta que hubiera trabajado para otros mecenas.
La ab adía de S an Martiño Pinario, siempre rec eptiva a los
constructore s, contó con los aparejadores fra y Iñigo Suárez y fra y Ig-
nacio Trasmonte, profesión que también pudieron desempeñar fra y
Ignacio Fontecoba y f ra y Pascual de Castro en el convento composte-
lano de S an Francisco. Tanto Fontecoba com o Castro han dej ado
muestra de sus habilidades como dibujant es en unos pro y ectos qu e
nunca lle garon a materi alizarse (fi gs. 12 y 13). Fontecoba ap arece
trabajando si empre a p artir de los diseños de otros arquitectos o a la
orden de éstos, aparentemente sin llegar a ostentar nunca l a maestría
de obras de su casa. D e fray Pas cual se conserva un diseño para la
remodelac ión d e la puer ta de San F rancisco p ub licado por Rosende
Valdés 117 . La propuesta de este franciscano s e des cartó a favor del
proy ecto presentado por Clemente Fernández Sarela. En San Francis-
co hemos loc alizado también a fray Manuel de C astro, compostelano
vinculado familiarmente al mundo de la escultura y la const rucción.
Algunos autores concedieron a Castro un estatus de maestro de obras
que, sin embargo, no hemos podido constatar en la documentación
franc iscana. Si llegó a ejercer un oficio vinculado a la construcción,

116 LENCE-SANTAR Y GUITIÁN, E. (1910) : El convento d e Villanuev a de Lorenza-
na y San Francisco d e Viveiro. M ondoñedo, 29 -31; COUSELO BOUZAS, J. (19 32) : Galicia
artística… , 663-664; TAÍN GUZMÁN, M. (20 01) : “Los ap arejadores gallegos en la época
moderna (siglos XV I- XVIII)”, en V ÁZQUEZ CASTRO, J., TA ÍN GUZMÁN, M. , S ÁN-
CHEZ GARCÍA, J. A. y YÁÑEZ RODRÍGUEZ, J.M. : El aparejador y su p rofesión en Gali-
cia. De los maestros de obras a los Arquitectos T écnicos. A Coruña: Consello Galeg o de
Colexios de Aparelladores e Arquitectos Téc nicos , 1 05 y 10 6; FOLGA R DE LA C ALLE, M .
C. (2008) : “ Iter operis ou a relación sobre a definición da fábrica do mosteiro samonense: a
construció da nova igrexa e du n novo claustro”, en FOLGAR DE LA CALLE, M. C., GOY
DIZ, A.: San Xulián d e S amos... , 151; FERNÁNDEZ GONZÁLEZ, A. (2006) : Fernando de
C asas y Novoa… , 249; F OLGA R DE LA C ALLE, M. C., FERNÁNDEZ CASTIÑEIRAS, E.
(2009) : “Magisteris, ordo et architectura...” , 611.
117 ROSENDE VALDÉS, A . (2 004 ) : Unha h istoria urbana ... , 872.

114

circunstanc ia que ignoramos, habría sido como un miembro más del
taller de San Fra ncisco.

A partir de la tabla de arquitectos y ma estros de obras regul a-
res de Galicia en los si glos XVII y X VIII hemos realizado una s erie de
gráficas para plasmar p orcentualmente su presencia dentro de cada
orden; su distribución según las provin cias actuales; y una g ráfica
combinada mostrando el reparto po r provincias de los arquitec tos d e
cada orden.

Fig. 12: Fray Ignacio Fontecoba, Fachada de una iglesia.
A.P.F.S., Carpeta planos, 3 ( izqui erda) . Fig. 13: Fray Igna-
cio Fontecoba, Remate barroco para una fachada con es-
cudo real. A.P.F.S., Carpeta planos 4 ( derecha)

115

La orden qu e aglutinó a un ma yor número de arquitectos y
maestros de ob ras fu e la de San B enito, con un 34 ’69% de los religio-
sos registrados. Debemo s recordar qu e, tal y como se apunta en los
Libros de Visitas de S an Martiño Pinario, los benedictinos acusaron
pronto los inconvenientes de contratar como ma estros de obras y t r a-
cistas a im portantes arq uitectos laicos, a menud o vinculados a otras
instituciones. Por ello se encuentra entre las primeras congregaciones
ga llegas que fomentaron la toma de hábito de legos cuyo oficio fuera
el arte de la arquitectura (tabla y gráfico 1 ). Esta política, que inició el
monasterio de San Martiño Pinario, fue seguida poco despué s por Ce-
lanova, Poio, Ribas de Sil, Samos y Lourenzá. Pero fue la casa pionera
la que recibió más soli citudes por parte de maestros alarifes — en con-
creto 7, frente a las 3 de Celanova y Lourenzá, aparentemente dos en
Poio y Ribas de Sil , y una últim a en Samos — , sin duda por en contrar-
se ubicada en el princ ipal centro artístico de Galicia y porque, dado el
volumen de su comunidad, podía admitir un ma yor número de herma-
nos legos. También los f ranciscanos atrajeron hacia sí a un buen nú-
mero de arquitectos y oficiales; en concreto a un 32’65% de los locali-
zados. La orden de S an Francisco fue una de las que gozó de ma y or
devoción entre los fieles galleg os durante los siglos X V II y XV III,
Gráfico 1. Arquitectos y maestros de obras re gulares en
Galici a ss. XVII y XVIII
OSB
OFM
OP
OC
OSA
OCD
SJ

116

especialmente en las áreas urbanas, por ello no res ulta extraña la abul-
tada nómina de maestros regulares se reuniese en el convento de San
Francisco de Santiago, e l mayor de Galicia 118 . Como indican las ci-
fras, durante el periodo q ue duró su reconstru cción dicha casa se con-
virtió en un centro de gran atractivo prof esional, lleg ando a albergar a
maestros procedentes d e otros conventos durante l a construcción de su
imponente iglesia, que centró durante décadas los esfuerzos edilicios y
económicos de los minoritas. Fray Manuel de la P eña llegó a Compos-
tela procedente d el convento de Herbón, mientras que e l hermano
Francisco de Mira pertenecía a la comunidad d e San Francisco de
Pontevedra. Los domi nicos también gozaron de gran devoción en l as
área s urbanas de Galicia pero, ex ceptuando al acti vo fra y Manuel d e
los Mártires, maestro de obras de San Domingos de Bonaval durante
el segundo te rcio del si glo XVIII, la o rden d e los padres predicadores
apenas dispuso de maestros de renombre; únicamente un 14’28 % del
total. Aún así hemos localizado alarifes en las casas dominicanas de
Compostela, Betanzos, A Coruña, L ugo y Tui. De las órd enes instala-
das en Galicia la que tr adicionalmente contaba con una may or tradi-
ción de dispon er d e sus propios maestros era la d e los Carm elitas des-
calzos. S u implantación tardía y limi tada a dos conventos, el mascu-
lino de Padrón y el femenino de Santia go, impidió que destacase por
el número y la calidad de sus maestros, y sólo aporta a la nómina ga-
llega un 6’12%. Con todo, el conv ento de S an J osé de Padrón albergó
a hombres con fo rmación en el ámbito de la cons trucción que, además
de trab ajar en su propia casa, aparecen colaborando en tareas menores
en el entorno de la lo calidad 119 . El mismo porcentaje ofrece la ord en
del C íster que, a pesar de competir con los benedictinos en número d e
monasterios, volum en e conómico y actividad d e sus fábricas, prefirió
contratar a maestros se glares, optando por una estrategia diferente a la
hora de reconstruir sus complejos. Entre los a gustinos y je suitas úni-
camente h emos localizado un maestro por ord en, y no siempre pode-

118 Más allá de esta casa, d entro de lo s actuales límites de la p rovincia de A Coruña
únicamente Betanzos y Herbó n contaron con un mae stro cada una, a los q ue h em os de sumar
otro arquitecto Pontevedra y un cuarto en Tui.
119 Las no ticias acerca d e estos regulares son muy dispersas y , a falta de que aparezca
nueva docum entación, es imposible reconstruir c on fiabilidad su vida personal, religiosa y
artística.

117

mos identificarlos como tracistas. L os a gustinos contaron con pocas
casas en Galicia. Al afrontar menos empresas arquitectónicas, la pre-
sencia de arquitectos en sus comunidades no er a prioritaria y, por con-
siguiente, debe s er v alorada como circunstancial. L a Compañía d e
Jesús fue la primera religión en traer a G alicia a sus propios maestros
de obras; pero estos ho mbres no se as entaron en el reino, viéndose
obligados a viajar para v isi tar y diri gir aqu ellas fábrica s que les en co-
mendaba la orden. Por este mot ivo, sólo hemos conseguido contabili-
zar un maestro de obras jesuita que podamos considerar gallego; esto
es, que viviera y trabajara el grue so de su vida en nuestra región.

Gráfico 2. Arquitec tos y maestros d e obras regulares en
Galici a. Gráfico por provinci as
A Coru ña
Lugo
Ourens e
Pontev edra

118

Tomando la actual división provincial, comprobamos que más
de la mitad de arquitectos reg ulares (en torno a un 63’04%) pertene-
cían a casas ubicadas en la provincia de A Coruña (véanse las gráfic as
2 y 3). Si a estos datos unimos los de Pontevedra — que con u n 8’69%
fue la provincia en la qu e habitaron menos maestros relig iosos — , nos
encontramos con qu e cas i las tres cuartas p artes d e estos constructores
se localizan en las áreas más pobladas de Galicia, la atlántica y la c an-
tábrica 120 . L os monasterios y conventos asentados en la provincia de
Lugo reunieron entre los siglos XVII y XVIII al 15’22% de maestros
regulares, mientras que l as cas as our ensanas aglutinaron en torno a un
13’03%. Estos datos r esultan más clarificadores si atendemos a los
resultados que ofre ce la distribución de maestros de cada orden por
provincias. Así comprob amos que San Martiño P inario, la única casa
coruñesa de la Orden de San Benito, dio el hábito al 41’18% de los
maestros ben edictinos gallegos; se guido de Celanova con un 29’41%.
En las casas benedictinas lucenses p rofesaron el 23’52% y , mu y aleja-

120 REY CAST ELAO, O. (1 998 ) : A Galicia clásica … , 25 -35.
0
2
4
6
8
10
OSB OFM OP OC OCD O SA SJ
Gráfico 3. Arquitec tos y maestros d e obras regulares en
Galici a ss. XVII y XVIII. Impacto de las ó rdenes por provincias
A Coruña
Lugo
Ouren se
Pontevedr a

119

dos de éstas, los monasterios pontevedrese s con un modesto 5’88%. A
pesar de la disparidad comprobaremos que sólo los benedictinos con-
siguieron tener una p resencia más o menos significativa en l as cuatro
demarcaciones. Los franciscanos reunieron al 71’43% de sus maestros
en conventos coruñeses, mientras que las casas lucenses y pontevedre-
sas ofrecen el mismo porcentaje: un 14 ’28%. M ayor diferencia es la
que encontramos para l a Ord en de P redicador e s. El 85’71% d e los
maestros dominicos habi tó en conventos de la provincia de A Coruña,
y el 14’29% rest ante hizo lo propio en Ponteved ra. Los maestros d el
Císter se repartieron ent re el monasterio coruñés de Santa María de
Sobrado, con un 66’66%, y el or ensano de Santa María de Oseira, con
el 33’34% restante. Los maestros del Carmen descalzo pertenecían a
la única casa masculina que la orden tenía en el Reino: el convento de
San J osé de P adrón (A Coruña). Y d e aquellas órdenes p ara l as sólo
hemos localizado un ma estro, éstos s e encontraban: el agustino en l a
importante casa de Compostela, y el jesuita en Monforte.
En buena medida, estos resultados reflejan la vital idad artística
y r eligiosa que durante lo s siglos XV II y XV III tuvo el arzobispado de
Santiago, encabezado por su capital. La ciudad de Compostela se
mantuvo como principal centro espiritual d e Gal icia durante la Edad
Moderna y ex perimentó una importante r ecuperación económica que
coincidió con la finalización de las refor mas del clero secular y r egu-
lar. Entre los siglos XVII y XV III l a urbe medieval se transformó pau -
latinamente en una ciudad moderna, siendo los edificios religiosos —
con la Catedral a la cabeza — , los que marcaron las pautas del cambio.
La configuración de una ciudad monumental habí a iniciado en el si glo
XVI con la construcción del Hospital Real, el Colegio de Fonseca, el
nuevo claustro catedralicio y , ya en los últimos años de esta centuria,
la nueva iglesia del monasterio de San Martiño Pinario; obras rea liza-
das por im portantes maestros y talleres proc edentes de diversos puntos
de la Península I bérica (Castilla, Andalucía y Po rtugal, principalmen-
te). La puesta al día de la arquitectura composte lana continuó en la
primera mi tad del XV II con la construcc ión de la escalera del Obra-
doiro y del Quarto nuevo de San Paio de Antealtares. Sin embargo, el
principal motor artístico de la ciudad fue la fábrica barroca de su Ca-

120

tedral 121 . Entre 1656 y 165 7 el canónig o fabriquero de la Catedral de
Santiago d e C ompostela, Vega y Verdugo, redactó un in forme en el
cual dejaba d eterminadas las directrice s artísticas y estéticas qu e iban
a servir como arranque t eórico d e una de l as etapas más brillantes del
arte gallego 122 . El Barroco l legó a Galicia de la mano de este clérigo, y
se materializó artísticamente merced al trabajo de los maestros que
entonces trabajaban para la fábrica catedralicia: Francisco de Antas,
Bernardo Cabrera y del a rquitecto José de la Peña de Toro, todos ellos
foráne os 123 . La puesta en marcha d el ambicioso pro y ecto de Vega y
Verdugo hizo de la catedral compostelana un gran taller, centro de
formación de maestros locales y de recepción de los artistas más bri-
llantes de Galicia, qu e estaba ll amados a elaborar una arquitectura
barroca de marcada pers onalidad y con un vi gor tal que fue el es tilo

121 VIGO TRASANCOS, A. (201 2) : Ba rroco. La a rquitectura sagrada d el antiguo
Reino de Gali cia (1658-1763). Santiago de Compostela: Teófilo Edición s, Consorcio de
Santiago.
122 Sobre estas o bras p ueden con sultarse C ARRO GARCÍ A, J. (19 61) : “El canónigo D.
José d e V ega y V erdugo, p ropulsor d el barroco e n Compostela”, Cuadernos de Estudios
Gallegos, IL, 194-217; CARRO GA RCÍA, J. (1 962): “Del Rom ánico al Barroco: V ega y
Verdugo y la capilla may or de la Catedral de San tiago”, Cuadernos de Estudios Gallegos, LII,
223 -2 50; CARRO GARCÍA, J. (19 63): “V ega y V er dugo y revestimiento barroco d e la Cate-
dral de Santiago”, Cu adernos de Estud ios Gallegos, LIII, 167-189; TAÍN GUZMÁN, M.
(2007): “Citas escurialenses en el manuscrito sobre la Catedral de Santiago del canónigo José
de V ega y V erdugo (1656- 1657)”, Libros co n arte. Arte con libros. Cáce res: Junta de Extre-
madura, Consejería de Cultura y Turismo, Universidad de Ex tre ma dura, 670 -689; TA ÍN
GUZMÁN, M. (2008) : “El proyecto d el canónig o José d e V ega y V erdugo para el sepulcr o
del Apóstol d e la Catedral d e Santiago”, Actas do IV Congresso Internacional do Barroco
Ibero-Americano Ouro Preto, Ouro Preto 31 de octubre al 3 de n oviembre d e 2006 . Belo
Horizonte: Universidade Federal de Minas Ge rais, Univeridade Federal de Ouro P reto, Uni-
versidad P ablo Olavide d e Sevilla, 5 96 -610; TA ÍN GUZMÁN, M . (2 009): “La Memoria de la
Catedral de Santiago’ by José de V ega y Verdu go: an example o f artistic baroque literatura in
Spain”, en KURRER, K.-E., LORENZ, W., WETZ, V. (coords.): Proceedin gs of the Thirth
International Congress on Construction History, Brand enburg University of T ecnology Co tt-
bus, Germa n y , 2 0th -24th M ay 2 00 9. Vol. 3 , Cambridge , 1398 -1402; V ICENTE LÓPEZ, S.
(2012) : Vega y Verdu go, Peña de To ro y la introducción del b arroc o en Comp ostela. San tia-
go de Compostela: Consorcio de Santiago, Teófilo Edi cións.
123 Francisco de Antas era portugués, Ginés Martín ez de Aranda, autor de la escalera
del Obradoiro, y Fernández Lechuga procedía d e Jaén y Baez, respectivamente, Bernardo
Cabrera pro cede de la escuela vallisoletana, Peña d e Toro llega de Salamanca, y o tro arquitec-
to presente en el ciudad, Melchor d e Velasco, es d e o rigen trasmerano. Todo ello propicia q ue
en los dos p rimeros tercio s del siglo XVII se junten en la ciudad diversas tenden cias escuelas
y estilos. GARCÍA IGLESIAS, J. M. (1993) : “La presencia in sisten te d el Barroco en Galicia”
en GARCÍA IGLESIA S, J. M.: Gali cia. Arte. El Barroco (II) … , 15.

121

imperante hasta el último cuarto del si glo XVIII , cuando la Academia
consiguió imponer el estilo neoclasicista. Como ha resaltado Vigo
Trasanc os, Domin go de Andrade, los citados fra y Tomás Alonso y
fray Gabriel de Cas as, P edro Monteagudo y Dieg o de Ro ma y asimila-
ron con permeabilidad los principios del nuevo arte y una amplia ga-
ma de repertorios que reinterpretaron y t rabajaron con absoluta liber-
tad, g enerando un arte propio y de inusual personalidad que llevó a la
arquitectura gallega a sus más altas cotas 124 . Para l a década d e 1670,
momento en que Andrade y sus contemporáneos se afianzaron en l a
profesión, la actividad edil icia compostelana era bulliciosa, con dos
grandes fábricas activas — la Catedral y el mona sterio benedictino de
San Martiño Pinario — , y ot ras inst ituciones religiosas y civiles dis-
puestas a renovar y embellecer sus edificios, co mo hicieron el Hospi-
tal Real, los merce darios, los dominicos, o el propio ayuntamiento.
Además, tres de las órdenes que contaron con u n mayor núme ro de
arquitectos propios t enían en Compostela sus p rincipales casas galle-
ga s: el mencionado monasterio de Pinario y lo s conventos de San
Francisco d e Santiago y San Domin gos de Bonaval. Ubicadas en la
ciudad sant a, estas sedes resultaban atractivas t anto por la calidad d e
sus talleres como por su importancia religiosa; mi entras el ma yor vo-
lumen de sus comunidades, les p ermitía disponer de más plazas pa ra
hermanos legos. Por estos motivos, la concentración de arquitectos
regulares en Santiago fue may or respecto a centros u rbanos como
Pontevedra, L ugo, Tui o A Coruña. C ada casa tenía estipulado un nú-
mero máximo de integrantes y una nómina limitada de hermanos le-
gos, con lo cu al el in greso estaba condicionado a la disponibi lidad de
hábitos. Esta normativa — cuyo cumplimiento estaba mu y controlado
por las con gregac iones — pudo ser el motivo por el cual el lego bene-
dictino fra y Plácido Caamiña en lugar de ingresar en el monasterio de
Samos, próximo a su aldea natal, lo hiciera en San Martiño P inario
(aunque no hemos de d escartar l os alicientes profesionales). L a con-
fluencia de oportunidad profesional e importancia reli giosa no fue

124 Sobre estos maestros de obras véase también FERNÁNDEZ GA SALLA, L. (2 004 ) :
La arquitectura en los ti empos de Domingo de Andrade. Arquitectura y sociedad en Galicia
(1660-1712). Santiago de Composte la: Un iversidade de Santiago de Compostela ( Tesis docto-
ral inédita); VIGO TRASANCOS, A. (2012) : Barroco. La arquitectura s agrada.. .

128

nombraba a un religioso de confianza p ara dirigir la fábrica y cuidar
de que los traba jos avanzasen adecuadamente:

“Que quando se hub iere de hazer
alguna obra principal como
yglesias, claustras, quarto o mo-
nasterio entero, se hagan mode-
los o traças de maestros fa mosos,
y con parecer de monge s que
tengan bien entendido lo que se
requiere en un monaster io cum-
plido para nuestra mane ra de vi-
vir, y lo sepan dar a ente nder a
los maes tros de la architectura, e
los modelos o traça s sean t odos
de una f orma diferenc iándolo s
según mas o menos en la canti-
dad de la magnitud de los mo-
nasterios que unos han me nester
más que otros. (...) El ab bad en
las dichas obras guarde el orden
e traça que le esta dada y se le
diere por el general. (...) Que en
todas las casas de nuestra con-
gregación donde hubiere obras
principales haya un religioso
maestro dellas, el qual este asis-
tente a ellas para mirar como
trabajan l os jornaleros e tener
cuenta con ellos e que para la s
dichas obras se señale la quanti-
dad determinada de lo que han
de gastar, d e lo qual el abbad no
pueda gastar cosa alguna sino en
la dicha obra” 135 .

135 Ibídem, fols. 134 r. y 134 v.

129

El “religioso maestro” era un monje elegido por el capítulo pa-
ra desempeñar un car go semejante al de superint endente de obras 136 .
Velaba po r la bu ena marcha de la obra tanto a nivel arquitectónico
como económico y era el enlace entre la Fábrica y el Capítulo. A su
cargo también estaba el Libro de Gastos de Obra o de Fábrica, donde
debía anotar “el dinero que rec ibe para las obras, y lo que gasta en
ellas: y cada Sábado d é cuenta por menor en el Depósito, y assenta -
rase en el Borrador por mayor, como queda ordenado en la Constitu-
ción del Mayordomo” 137 ; y en las Constituciones de 1575 se menciona
además un arca “donde se ponga todo el diner o de las rentas, que
para las dichas obras estuuiere n señaladas, y tenga la una llave el
abbad y la obra el maestro de obras y la tercer uno de los ancianos”
y en la cu al se guardaba el libro 138 . Como cualquier monj e que forma -
ba parte del gobierno del monasterio, su puesto era de carácter tempo-
ral, debía ser p ropuesto por el abad de la comunidad y r efrendado en
votación por los padres del C onsejo, al que se incorporaba como
miembro 139 . Para formar p arte del órgano r ector, l os monjes debían
tener quince años de há bito, doce en caso de que hubieran estudiado
en los colegios de la orden o si gozaban de estudios en el momento de
su ingreso, y veinte si carecían de ellos 140 . Si el monje elegido como
maestro de ob ras no era miembro del Consej o en el momento de su
designación, debía se r propuesto en C apítulo y ac eptado como tal. La s
actas capitulares de Pina rio han conservado noticias que constatan la
existencia de dicha práct ica. En la reunión de 24 de junio de 1685 el
abad propuso como m aestr o de obras a fray J uan Romero, qu e fue

136 Al respecto véase P ITA GALÁN, P. (20 09) : “M onjes capitulares y frailes arquitec-
tos: dos aspectos de la maestría de o bras en el monasterio d e San Martín P inario (siglos XV I -
XVIII) ” en CASAL , R., ANDRADE, J., LÓP EZ, R.: Galicia moná stica. Homenaxe a la
profesora Dra. María José Portela Sil va. S antiago de Compostela: Universidade de San tiago
de Compostela, 537-559.
137 Ibíd.
138 Constituciones (...), 1575, fol. 134v.
139 MATÉ SADO RNIL, L. (2 007) : “ L os monas terios gallegos…”.
140 Según las Constituciones de la Congregac ión de V alladolid, las casas de cuarenta o
más religioso s debían de tener hasta quince co nsejeros, incluido el padre ab ad. E n las c omu-
nidades menos populosas el Consejo debía estar form ado por un terc io de los miem bros de la
misma. Ibídem , 120.

130

recha zado por un animidad de habas negras, ignoramos el motivo 141 . A
pesar de que no ha qued ado constancia d e ello en el li bro de actas, el
citado monje consiguió ser aceptado para el cargo, registrándose su
juramento como capitular en el acta del 23 de julio del mismo año 142 .
Como éste, tampoco el padre Álva ro ni José Vela eran miembros del
Consejo cuando fueron elegidos para el cargo, en 1693 y 1698 respec-
tivamente; aunque su admisión en el Consejo fue mucho menos acci-
dentada que la de Romero 143 . En 1737 se reg istró un hecho excepcio -
nal en el nombramiento del maestro de obras: el Consejo había elegi-
do para el cargo al padre predicador Dí az quien, no querie ndo aceptar
el puesto, se puso de acuerdo con el padre predicador Jaló n pa ra qu e
fuera éste quien lo desempeñase . El cambio fue aceptado sin inconve-
nientes por los padre s capit ulares 144 .
El capitular a quien se había confiado la maestrí a de obr as era
el responsable administrativo de la fábrica del monasterio. Como se-
ñala el texto de las Constituciones, su función era fundamentalmente
organizativa y actuaba como enlace ent re el arqu itecto que dirigía las
obras y el Capítulo. Las condiciones en que éstas debían llevarse a
cabo eran decididas en e l Consejo, y transmiti das y disc utidas por el
maestro de obras con los directores de la fábrica. En los momentos en
que el monasterio no co ntaba con nin gún capitular desempeñando la
maestría de obras esta labor recaía en los padres ma y ordomo y grane-
ro. Estos mi nistros fueron los desig nados por el abad para llevar a ca-
bo la negociación con P eña de Toro cuando se decidió renovar su con-
trato al frente de las obr as del monasterio de San Martiño Pinario 145 .
El padre m aestro d e obras era también el en carga do de realizar las
visitas a aquellos inm uebles y propiedades monásticas cu yo estado
debía verificarse o evaluarse, siempre en compañ ía de algún otro mi-
nistro o miembro destacado de la comunidad y, si era posible del ar-

141 AH DS, San Martín, Actas de Consejo (1683 -1703), leg. 1 8, fol. 14r .
142 AHDS, San Martín, Actas de Consejo (1683 -1703), leg. 18, fol. 14v .
143 AH DS, San M artín, Actas de Consejo (1683 -1703), leg. 18, fol s. 91r, 92 v y 153 -
154.
144 ACS, Fo ndo Ge neral, Actas monásticas de San M artín, (1703 -1771), leg. 719, fol.
360v.
145 AHDS, San Martín, Actas de Consejo (1657 -1668), leg. 16, fol. 7v.

131

quitecto que estuviera al frente del taller de la ab adía 146 . De esta prá c-
tica han quedado nume rosos ejemplos en las actas ca pitulares. En
1684 el Consejo de San Martiño envió al padre maestro de obr as a
tasar varias casas propiedad del monasterio, la primera en compañía
de fray Ambrosio de San Benito y la se gunda junto con el secretar io
fray Bernardino Vaca 147 ; y acudió con el p adre pr ocurador a visitar
dos haciendas en Arines 148 . En la siguiente década fay Juan R omero
visitó varios foros y la hacienda de Vila garcía 149 . Esta prá ctica se
mantuvo durante el si glo XV III ; así, en 1772 el Consejo envió al
maestro de obras y al padre minervero a tasar dos casas en la Costa
Vella, que interesaban al monasterio por su proximidad al dormitorio
de los monj es 150 . Cuando la visita requería de un informe pericial más
profundo, el capitular se hacía acompaña r del di rector de la f ábrica
para que éste emitiese un juicio técnico. El 9 de ma y o de 1676, se de-
cidió en Capítulo que fray Tom ás Alonso acompañase, en calidad de
experto, al padre p redicador fra y Plácido de la Torre y al p adre Grane -
ro en la inspección d e una casa que el monasterio pretendía aforar a
Antonio Sanza y debí a ser tasada 151 . Si, por el contrario, el ministro
contaba con sólidos conocimientos de arquitectura, podía incluso ac-
tuar como tasador y diri gir las obras que se debían llevar a cabo, aun-
que esta circunstancia no parece que se ha ya dad o en la abadía de Pi-
nario. También ha queda do constancia de la prese ncia de estos capitu-
lares en pleitos y contiendas que afectaban a las propiedades inmue-
bles de la comunidad, incluy endo aquéllas en las que se nece sitaban
conocimientos de ingeniería. Tal es el caso d el l arguísimo pleito que
mantuvo San Martiño por el disfrute de las a guas de la arqueta de S an

146 El hecho de q ue nunca fuera solo a realizar estos reconocim ientos o peritajes se
debe a la prohibición q ue tenían lo s m onjes de abandonar la casa en soli tario, debiendo salir
siempre de dos en dos. Cfr. Constituciones de la Cong regación d e Nu estro Glorioso Padre
San Ben ito de España e Inglaterra; augmenta das y añadidas con las n uevas d ifiniciones, que
desde el año d e 1610 y hasta 1 701 han si do establecidas y aprobadas en diversos capítulos.
Impressas en Mad rid: En la Oficina d e la V iuda d e Melchor Álva rez. A costa de la congrega-
ción, 1706 , 202.
147 AHDS, San M artín, Ac tas de Consejo (1683 -1703), leg. 18, fol. 5r.
148 Ibídem, fol. 6r.
149 Ibídem, fols 35v y 38v.
150 AHDS, San Martín, Actas de Consejo (1771 -1816), leg. 19, fol. 13.
151 AHDS, San Martín, Actas de Consejo (1668 -1683), legajo 17, fol. 40r.

132

Miguel, aunque en este ejemplo el maestro acu diera únicamente en
calidad de testi go ante la intervención del J uez S ubdeleg ado del Inten-
dente General y no como perito 152 . Por último, en calidad de miembro
del Capítulo, el padre maestro de obras tambi én era susceptible de
llevar a cabo aqu ellos m enesteres que tradicionalmente recaían sobre
los ancianos de la casa, como la realización de los ex polios de aque-
llos miembros de la comunidad que fa llecían 153 .
Este puesto directivo parece estar inspirado en l as funcion es
que se asi gnaba n a los ca nónigos fabriqueros en los cabildos catedrali-
cios, y ha generado al guna confusión a la hora d e elaborar la lista de
maestros de obras (tracistas) de San Martiño Pinario, que daremos a
conocer más adelante . En ella no incluiremos a los padre s fra y Benito
Moxica, fray Cristóbal Osorio, fra y Ambrosio de San Benito, fra y
Alonso Vázquez, fray D ámaso P azos, fray J uan Romero, fra y Ruperto
Romay, fra y Veremund o de Castro, Fra y Juan Antonio Alvaro, fray
Manuel Casas, fr a y J osé López Vela, fra y José Laguna Elías, fra y Be-
nito Saavedra , f ra y Benito Mezeta, fra y Tomás Blanc o, fray Pedro
May oral, fra y Leandro de Rivas, fray Diego de la s Heras, fr a y Mauro
Vázquez, fra y Alonso Cornejo, fray Antonio Jalón, fray J osé Elías
Lópe z, fra y J uan de Somoz a Sobrado, fray Veremundo Amandi, ni a
fray Millán Guti érrez. Estos hombres que Bouza Bre y inclu y ó en el
elenco de maestros de obras de Pinario nunca s e d edicaron al oficio d e
la construcción, limitándose a desempeñar el cargo administrativo 154 .
De hecho, la breve reseña bio gráfica incluida por Bouza pone de ma-
nifiesto que se trató de individuos que hicieron carrera dentro de su
casa y de la Orden, siempre desempeña ndo pu estos directivos. Por

152 Véase la documentación conserv ada en el AHDS, San Martín, leg ajo 62 y , concre-
tamente, el documento 9, folios 34 y 35.
153 En el consejo celebrado el 14 de abril de 1684 se nombró al m aestro d e obras y al
secretario com o contadores del expolio del pa dre Ortega. AHD S, San Martín, A ctas d e Con-
sejo (1683 -1703), leg . 18, fol. 7r.
154 Únicamente fray Ben ito Mo xica pudo tener algún vínculo con la pro fesión. Bouza
Brey menciona un con trato de aprendizaje d el 22 de diciembre de 1647 en el cu al se compro-
mete a enseñar el oficio d e entallador al Pedro Bóo, vecino de Medín. S in em bargo, no con s-
tan o tras n oticias q ue indiqu en que Mo xica d esem peñó dicho oficio en el seno de la Orden de
San Benito. BOUZA BREY, F. (1945) : “Monjes benedictinos m aestros de obras…” , 664.

133

dichos motivos, estos personajes no han sido ten idos en cuenta a la
hora de e laborar la tabla de arquitectos regulares de Galicia (tabla 1).
Frente a la función del maestro de obr as del C apítulo, el come-
tido de aquellos hombres designados para dirigir la fábrica monástica
era el mi smo que el de los arquitectos seglares q ue las comunidades
monásticas contrataban para atender sus obras du rante largos periodos
— por ejemplo Ba rtolomé Fernández Lechuga o José de la Peña de
Toro en San Martiño Pinario. Sus tareas queda ban descritas en los
contratos que firmab an con los ab ades, y consistí an en: “asis tir a la
continua en la dicha obra y obras que el dicho monasterio tuviere y
quisiere aser [ ...] dando las tras sas, moldes, excritas y todo lo demás
que fuese necesario”, y asistir a las obras en sus iglesias y prioratos
“... por su persona el tiempo que fuese necessario para dar las trasas,
moldes y lo más que fue se conveniente para el la a los secuaces qu e
ubieren de aser la dicha obra de cantería y mampostería”, fac ilitán-
doles para el desplazamiento una “mula moça” 155 . Además del sueldo
los regulares pa gaban el alojamiento y la manutención de los arquitec-
tos laicos y de sus familias, por lo que el contar con un tracista dentro
de la comunidad equivalía a un ahorro anual muy importante. Junto a
dichas funciones era f recuente que el Consejo soli citara a sus arquitec-
tos la redacc ión de infor mes y peritajes sobre su patrimonio inm obilia-
rio. Frente a los que realiz arían los maestros de obras del C apítulo, los
peritajes de los hermanos constructores serían mucho más técnicos,
pudiendo consisti r en el ajuste de una tasación o en un info rme acerca
del estado de una propiedad, con la relación de la s reformas necesarias
y el im porte de las mismas. Y no sólo se encargaban de este ti po de
tareas, t ambién recaía so bre ellos la tr aza, dirección y sup ervisión de
la arquitectura líg nea 156 .
Comprobamos, por consiguiente, que la gra n preocupación de
los benedictinos no fue tanto crear una arquitectura propia, o un mode-

155 En concreto estos fragme ntos pertenecen al co ntrato firmado con José de la P eña de
Toro en 1652. Archivo Histórico Universitario de Santiago (a partir d e ahora AHUS), Proto-
colo de Juan de Quintana, legajo 1904 (1652), fols. 2r. -6v. A partir de PITA GALÁN, P.
(2009) : “ Monjes capitulares y frailes arquitectos ... ” , 547.
156 PITA GALÁN, P. (2009) : “ Monj es ca pitulares y frailes arquitectos...” , 552 -554.

134

lo de monasterio, como el que sus casas gozasen de una economía
saneada , mot ivo por el cual las Const ituciones de la Congregación de
Valladolid también se hacían eco d e la ne cesidad de controlar el ga sto
en obras:

“Porque los edificios de l os Mo-
nasterios son la mas principal
parte, en que se suele consumir
la hazienda de ellos, es ne cessa-
rio, que en las obras aya mucha
prudencia y tino. Por tanto man-
damos que ningún Abad, pena de
suspensión por seis meses, haga
en su tiempo obra alguna en ca-
da vn año, que passe de cinquen-
ta ducados, sin parecer de la ma-
yor parte del Consejo” 157 .

Y llegaron a prohibir el emprenderla s a las casas endeudadas:

“Primerament e enc arga mos e
mandamos que en las casas qu e
tienen deudas no se hagan obras
que buenamente se puedan escu-
sar hasta que las deudas se an
pagadas, ni que por las obras
dexe el convento de ser proveído
de todo lo nece ssario, de lo qual
le informen e provean nuest ro
muy reverendo padre, e padre s

157 Constituciones de la Congregación d e N. Glorioso Padre S . Benito de España e
Inglaterra. Imprenta Real, Madrid, 1671, fol. 148 v.

135

visitadores, quando v isitar-
les” 158 .

Asimismo, se advertía que las obras no debían ir nunca en de-
trimento del correc to niv el de vida de los monjes, ni tampoco exced er
las cantidades estipulada s en el contrato. Además, para garantizar el
buen uso de los fondos, se optaba por c rear un depósito que era con -
trolado por tr es person as destacadas de l a comunid ad: el abad, el mon-
je maestro de obras y uno de los relig iosos más ancianos:

“Que en l as casas que a l presen-
te se van edificando se sustenten
los monges y se gaste en obras lo
que a cada una le esta señalado
en particular en fi n destas consti-
tuciones y que quando alguna
casa se hubiere de edificar de
nuevo el general quando visitare
señale lo que han de gas tar e n
obras y los monges que l e han de
sustentar. (...) Que para que en
las obras haya muy buena quenta
y razón en el depos ito este un ar-
ca; con tres llaves distintas de
las del convento, donde se ponga
todo el dinero de l as re nta s, que
para las dichas obras estuvieren
señaladas, y t enga l a una l lave el
abbad y la obra el maestro d e
obras y la t ercer uno de los an-
cianos e que haya en la di cha ar-
ca un libro adonde se assiente
todo el recibo del dinero que el
arca vin iere y en otro partido lo

158 Constituciones..., 1575, fol. 133 v.

136

que se da al padre maestro para
las obras y mandamos en virtud
de santa obediencia e so pena de
privación de sus cargos a los de-
positarios de la dicha arca que
no dispensen ni gasten ni den por
vía de empréstito dinero alguno
de lo que toca a las obras para
cosa ninguna otra sino para
ellas” 159 .

Como medida de ahorro y control se impedía el tener como
asalariados a oficiales d e arquitectura, así como la contratación de
obras a tasación:

“ Que no aya albañiles ni carpin-
teros de ordin ario con salario,
sino que se l es paguen sus obras,
por p arecer se r esto m ás expe-
diente, e de menos costa. (...)
Mandamos que ningún mo naste-
rio ni priorato de nuestra orden
se den obras a tasación, en quan-
to sea possible guardar esto,
porque de lo contrario se han se-
guido grandes inconvenientes, e
d años” 160 .

Estas disposiciones se ampliaron en las Const ituciones de 1671
donde se seña la que:

159 Ibídem, fol. 134 v.
160 Ibídem, fol. 137 r.

137

“Quando el Reuerendíssim o die-
re l icencia para començar algu-
na obra, mande en la misma li-
cencia, que primero se h aga la
planta, y traza por vn Maestro
Arquitecto, que sea bien instrui-
do en el arte, y que no se de a
tassación, sino à destaxo, po-
niendo primero cedulas en par-
tes, donde pueda auer Maestros ,
y oficiales, que puedan tomar la
obra; y señalando día d e r emate,
para que se dè al que mejor, y
mas var ato, y con mejores fia-
nças la hiziere: y que en la escri-
tura se conci erten tambi én las
mejoras que se alteraren de la
traça: y el remate se ha g a con
parecer de l a mayor parte del
Consejo, y no de otra manera: ó
se haga la obra à mae stría, y à
jornal. El Abad que no guardare
esta cons titución, sea su spenso
por vn año” 161 .

Aunque no está considerada como una de las órdenes con una
tradición arquitectónica propia por carecer de modelos arquitectónicos
más o menos unitarios, l as Constituciones demuestran que l a orden de
San Benito se p reocupó, y mucho, po r las cu estiones arquitectónicas
que afectaban a sus casas. En esto inciden también numerosas disposi-
ciones recogidas en los Libros de Visi tas de las casas benedictinas,
donde una de las órdenes más frecuente era instar a los abades que
antes de emprender nu evas obras s e finalizaran las comenzadas 162 .

161 Constituciones..., 1671, fol. 149r.
162 Así se in dicó a la comunidad de S an Mart iño Pinario en 1634: “Itten por la grande
necessidad que esta cassa tiene de que se acabe la obra de la Iglesia y claustro n uevo e ncar-
gamos al P. Abbad que con todo cuydado lo prosiga sin divertirse a o tra obra y co ncertando

144

Casas 177 . En 1707, fra y Pedro se d esplazó a Tui para reformar los do s
primeros tramos de la C apilla de Santa Catalina en la Catedral tuden-
se 178 . Y años más tarde se ría el maestro elegido para dirigir la cons-
trucción de los tirantes que atan los pilares del crucero de la Catedral
de Tui se gún la traza de fra y Francisco Ve lasco, cuy a pat ernidad que-
dó para la posteridad en una inscripción que rememora su autoría y el
año en que se realizaron los trabajos 179 . Es posible que Velasco y San
Bernardo coincidieran en 1713 en la obra d e una canalización del mo-
nasterio de San Estevo de Ribas de Sil a propuesta del padre General
fray Pedro Ma gaña, que quería qu e fu era supe rvisada por “el maestro
de obras de Santiago y el de Zelanova” 180 . En lo concerniente a su
participación en l as obr as del monasterio de C elanova, Fol gar de la
Calle cree que fra y Pedr o podría haber sido el responsable del cuarto
de celdas d el claustro « do poleiro» , cu ya construcción había qued ado
en suspenso a comienzos del siglo XV II . Los trabajos se reiniciaron
durante el abadiato de fra y J osé de Arriaga (1693-1697), aunque su
avance fue lento, constando trabajos en el mismo en 1709 y entr e
1720 y la década si guiente 181 . Su hipótesis se basa tanto en la cronolo-
gía de la obra (ca.1700-1727) como en su estilo arcaizante, que consi-

177 MARTÍNEZ MURGUÍA, M. (1888) : El arte en Santiago... , 1 36, no ta 1; FOL GAR
DE LA CALLE, M. C. (2005) : “L a eclosión …” , 182 y 198 ; FOLGA R DE LA C ALLE, M. C.
(2007): “Á sombra do compás e do espello. Tradición e modernidade na arquitectura monásti-
ca de San Salvador de Celano va desde os tempos do Barroco ata a Desamortización” en SIN-
GUL LORENZO, F. (dir.) : Rudesindus. O legado do Santo … 276; FERNÁNDEZ GASA-
LLA, L. (2004) : La arquitectura en tiempos..., Tom o 2 , 1180-1183.
178 Debió de llegar a Tui convo cado po r el obispo fray Anselm o Gómez de la Torre,
importante mecenas y mie mbro de la Orden de San Benito. IG LESIAS ALMEIDA, E. (1989 ) :
Arte y artistas en la antigua diócesis d e Tu i. Tui: Archivo y Mu seo Dio cesano , 103; TA ÍN
GUZMÁN, M . (2 003 ) : “Interv enci ones arquitectónicas en la catedral de Tui en el Barroco (s.
XVIII): tradición y renovación en la an tigua b asílica” en RAMALL O ASENSIO, G.: Actas
del Congreso “El co mportamien to de la s Catedrales Españo las. Del Barroco a los Histori-
cismos. M urcia: Universidad de Mu rcia, Consejería de Edu cación y Cultu ra F undación Caj a-
murcia, 18 3-200; FOLGAR DE LA C ALL E, M. C. (2005) : “ La eclosión...” , 198; NOVO
SÁNCHEZ, F. J. (2011) : El retablo en la Catedral d e Tui durante el pontificado de fray
Anselmo Gó mez de la Torre (1 689-1720). Santiago de Co mpostela : Universidade de Santiago
de Compostela (Memoria de licenciatura inédita ), 20-25.
179 ACS, Ín dice General, San Martín Pinario, Actas de Consejo ( 1703 -1771 ), leg. 719,
fol. 117.
180 FOLGAR DE LA CALLE, M. C. (2005) : “ La eclosión...” , 198 .
181 FOLGAR DE LA CALLE, M. C. (2007) : “Á sombra do compás e do espello…” ,
277 y 278.

145

dera el resultado del contacto mantenido con fra y Gabriel de Casas en
Santiago 182 . L amentablemente, no podemos confirmar esta atribución
pues no hemos localizado nuevos datos sobre esta obra ni acerca d e la
vida del maestro benedicti no. Parece que fra y Pedro de San Bernardo
fue sucedido como maestro de Celanova por fra y Primitivo Rodríguez.
Éste fi gura como m aestro de obras y monje en el contrato de la reja de
la vía sacra en 1735. Durante el abadiato de fray Rupe rto Carrasco
(1734-1737) s e levantó el trascoro: una estructura pétrea d eco rada con
los retablos de Santa Gertrudis y Santa Es colástica. Aunque no se han
localizado datos que confirmen la autoría d e la estructura ni del mobi-
liario, Fol gar y López Vázquez han apuntado la posibilidad de que
Rodríguez, como maestro de obras de la ca sa, se encontrara tras la
obra; pero sin descartar que siguiera las trazas dad as por otro artista 183 .
Desaparec idos los L ibros de Visitas, las Actas d e Consejo y otr a do-
cumentación im portante de Celanova, las pistas ace rca d e Rodríguez
se li mitan a la exigua mención como maestro de obras recogida en el
contrato de la reja del presbiterio de la iglesia monástica. No obstante,
existe un dato documental que indica que fra y Primiti vo pudo haber
tenido una ma yor implicación en las obras de Celanova de lo conside -
ra do hasta el momento. Entre las dudas sobre su perfil profesional se
encontraban su partic ipación en otras obras realizadas durante la prela-
tura del padre Carrasco — la finalización de la Librería y la construc-
ción de la celda de la torre sobre la botica y o tra celda sita en la galería
de la cámara “en el corr edor que está al mediodía” — ¸ o en los traba -
jos afrontados durante el tercer abadiato d e fray P edro Blanco (1737 -
1741) – el pasadizo del claustro de la barbería, ocho tragaluces en la
librería y el enlosado del “claustro nuevo bajo” 184 . En agosto de 1736

182 FOLGAR DE LA CALLE, M. C. (2005) : “L a eclosión...” , 198 .
183 FOLGAR DE LA C ALLE, M. C. (2007) : “Á so mbra d o com pás e do espello...” ,
272 y LÓPEZ VÁZQUEZ, J. M. (2007) : “O p resbiterio e o coro, o cerne da igrexa monástica
ben editina: o caso de Celanova” e n SINGUL O LORENZO, F. (d ir.) : Rudesindus. O legado do
santo… , 302.
184 Catálogo de abades de Celanova a partir d e COTEL O FELÍP EZ, M. (2007) : “Apor-
ta ciones docume ntales para el estud io del monasterio de San Salva dor de Celanova”, Co mpos-
tellanum, 52 (1-2) , 5 9- 71 . Existe un Abazo logio cuyos datos d e interés han si do publicados y
ampliados hasta llegar al año 1713 en “Un abazologio in édito d e Celanova”, Bo letín de la
Comisión Pro vincial de Monum entos Históricos y Artísticos d e Orense, 8 (174), 53- 67 ; 8
(175), 73- 86.

146

un memorial presentado a los regidore s orensan os para informar del
mal estado del Puente May or de Ourense (ho y co nocido como Ponte
Vella ), y los puentes de Lonia, Pedriña, Outeiro y Codesal rec omen-
daba que:

“… para mayor integrid ad de
materia de t anto peso se escriva
al Reverendísimo Padre Abad del
Monasterio de Celanova a f in de
que permita a l Padre Maestro de
obra de dicho monaster io concu -
rra a la inspección de dichas
ruinas, con la asistenc ia de los
dos caballero s regidores …” 185 .

Desconocemos si esta visita tuvo lugar, y a que en a gosto de
1737 el P rocurador Gen eral de la ciudad inst a a un nuevo reconoci-
miento, insistiendo en la necesidad de evaluar los daños en uno de los
pilares del P uente Ma y or aprovec hando la época estival y el meno r
caudal del río Miño . A esta petición respondió el consistorio aproban-
do escribir al abad d e Celanova pa ra que envíe (¿de nuevo?) a su
maestro de obras. En septiembre de dicho año se registra en las actas
municipales la libranza d e “ trescientos reales de vellón para los gas-
tos de asistencia del maestro de obras del monasterio de Zelanova
que ha venido al reconocimiento del Puente maior de esta ciudad y
otras de su jurisdizión sobre sus reparos y constitución” 186 . Tras el
peritaje, el maestro de C elanova, identificado por Fernández Re y co-
mo fray Plácido Ig lesias, redactó un informe y elaboró los planos y
condiciones de las reformas necesarias. Sin embargo, creemos que el

185 Arc hivo Histórico Provincial de Ourense (a partir de ahora AHPO), Fondo Munici-
pal, Ourense, L.A . 8 9 (1736), fol. 155v. FERNÁNDEZ REY, A. A. (2011 ) : “El pu ente may or
de Ourense: siglos XVII y XVIII”, Porta d a Aira: revista de historia del arte de Ourense, 13,
172.
186 AHPO, Fondo Municipal, L.A . 90 (1737 ), fols. 9 4v. -98v. FERNÁNDEZ REY, A.
A. (2011) : “El puente may or de Ourense…” , 1 73.

147

encargado de llevar a cabo la visita y de realizar los per it ajes y el pro-
y ecto de mejora no fue el herma no Ig lesias sino fra y Primi tivo Rodrí-
gue z. Nuestra suposición se basa en una noticia r ecogida en las a ctas
del consistorio de 9 de diciembre de 1737 en las cuales se registra l a
aprobac ión del envío de un informe sobre el P uente Mayor redactado
por los regidores Felipe Gonz ález Blanco y J osé S antana Araujo al
agente en la corte, Benit o de S enra Hernández, para qu e lo presente
ante el Consejo. Adjunta ndo “copia auténtica del reconocimiento ju-
dicial que se ha echo por el maestro de obras fr. Permitibo Rodrigues
y más deligencias obradas en este asumto” 187 . Esta información indi-
ca que el responsable del peritaje, y por consig uiente maestro de obras
de Celanova, e ra R odríguez. Dato que nos lleva a pensar en él como
posible responsable de las obras ll evadas a cabo en el monasterio a
finales de la dé cada de 1 730. Espec ialmente de aquellas funcionales o
con menor componente artístico.
El principal arquitecto regular de Cel anova fu e fray Plácido
Iglesias, un hermano lego natur al del arzobispado de Santiago que
recibió el hábito de la O rden en el monasterio de Sahagún. D esde l a
casa leonesa fue enviad o a Galicia, desarrollando en territorio oren-
sano su ca rrera como arquitecto 188 . L a prime ra noticia que sitúa con
toda fiabilid ad a fra y Plácido en Galicia es su d iseño para el Cuartel
de Mil icias de Ou rense, presentado en 1755 189 . P ara entonces ya debía
de estar al frente de la fábrica de su monasterio, trazando y dirigiendo
la remodelación del Claustro reg lar (1755- 176 0), su obra más em-

187 AHPO, F ondo Municipal, L.A . 9 0 (1737), fol. 156 r. FERNÁNDEZ REY, A. A .
(2011) : “El puente may or de Ourense…” , 17 3.
188 Así se id entifica en el lib ro d e gradas de Celanova. ZARAGOZA PASCUAL, E.
(1992) : “Libros de gradas de b enedictinos p rofe sos en los m onasteri os de Celano va, Ribas de
Sil, P oyo, Lérez y Tenorio (1590 - 1833)”, Estudios Mindonienses, 8 , 557. En las gradas de
Sahagún entre 1 733 y 183 3 se rec oge el nombre del lego P lácido de la Iglesia qu e podría ser
nuestro hombre, dada su p roced encia, que es lo úni co qu e se indica. ZARAGOZA P AS-
CUAL, E. (1986 ) : “G radas de monjes de las abadías benedictinas leonesas (1565 - 1833)”,
Archivos leoneses, 40 , 296. Los leg os no constan en el extrac to del libro de gradas de Sahagún
conservado en el archivo de Silos. ZARAGOZA P ASCUAL, E. (1 976) : “Un siglo y medio de
tomas de hábito en el monasterio de Sahagún”, Archivos leoneses, 30 , 35-79.
189 AHN, Con sejos, MP D 2983 -2984 A p artir de VIGO TRASANCOS, A. (dir.)
(2011) : Galicia y el siglo XVIII .. . , 379.

148

blemática 190 . Por el cargo desempeñado hemos de suponer que las
tareas arquitectónicas emprendidas por la comunidad hasta 1787 fue-
ron planeadas, dirigidas y supervisadas po r Iglesias, entre ellas la re-
construcción de la linterna de la cúpula de la i gl esia (1783), dañada
tras la caída de un ra yo 191 . Sus trabajos para otras instituciones sin
duda conllevaron la part icipación de otros directores de ob ra d e con-
fianza de los monjes y con ca pacidad suficiente para p ermitir los des-
plazamientos del maestro de obras sin que la f ábrica padeciera parones
o se ralentizasen las tarea s edilicias. En 1757 fue llamado por la co-
munidad cisterc iense d e Santa María de Oseira, con la cual desarrolló
una relación profesional que duró varias déc adas. En dicho año se
registra un pa go del mon asterio “al maestro d e o bras del Monasterio
de Celanova que vino por Orden de la Santa Comunidad a registrar el
Claustro reglar deste monasterio y informar del estado en que se ha-
lla” 192 . La s obr as del cl austro reglar se llevaron a c abo entre 1759 y
1762 pudiendo haber dado el benedictino las direc trices a seguir. En
1775 se amplió la fachada monástica con la construcción de un tercer
piso. Una intervención que, se gún la documentación de Oseira, “diri-
gió un lego zurdo del monasterio de Celanova que asistió a ella hasta
acabarse” 193 . Aunque no se indica el nombr e del maestro, las caracte-
rísticas formales de esta int ervenc ión dejan pocas dudas acerca d e la
autoría de fra y Plácido, cuyo últim o trabajo p ara l os cistercienses con-
sistió en una int ervención en la Sala Capitular 194 , y la reconstrucción
de la bóv eda de ac ceso a la escalera principal, donde también pudo
haber diseñado la fuente del descansillo superior, dispuesta junto a la
puerta d el refectorio 195 . Iglesias también llevó a cab o una intens a acti-

190 FOLGAR DE LA C ALLE, M . C. (2007) : “Á so mbra d o compás e do espello...” ,
279.
191 SERRANO, L. (1 903 ) : “El monasterio de San Salvador d e Celanova en 17 85”,
Galicia Histórica , 2 ( 7) , 481- 495 ; GÓNZÁL EZ GARCÍA, M. A. (1990) : “La cú pula de la
iglesia monasterial de Celanova” , Porta da Aira, 5, 82 y 83.
192 FOLGAR DE LA CALLE, M . C. (1998) : “La arquit ectura de los monasterios cis-
tercienses…” , 309 y 310.
193 YÁÑEZ NEIRA, D., VALLE PÉREZ, J. C., LIMIA GARDÓN, F. J. (1988) : El
monasterio de Oseira: cincuenta años de restauraciones. Ouren se, 71.
194 FOLGAR DE LA CALLE, M . C. (1998) : “La arquit ectura de los monasterios cis-
tercienses…” , 310 y 311.
195 Ibídem , 314.

149

vidad en la ciudad d e Ourense: en 1755 dio las trazas para el C uartel
de Milicias; en 1763 fue el maestro elegido p ara dirigir las obras de
reconstrucción del P uente Ma yor de l a ciudad, que llevaba décadas en
deplorables condiciones y con serios p roblemas de estabilidad 196 ; se
encarg ó de r econstruir el puente de R ibeiro (Cela nova), arruinado tras
una tormenta 197 ; dio las tra zas para la iglesia parroquial de Santa Ma-
ría de Melias; sus últ imos trabajos para el monasterio de Osei ra coin-
cidieron con la constru cción del Patín de la C ated ral de Ourense, dise-
ñado en 1785 y t erminado de construir en 1787 198 ; y realizó varios
peritajes. De h echo, uno de sus últimos trabajos conocidos fue el in-
forme dado para las cárceles de l a ciudad de Our ense 199 . Además, se
le atribuyen otras obr as destac adas como el diseño de la fac hada d e la
iglesia de Santa Eufemia, ori ginariamente templo del convento d e los
jesuitas.
El monasterio mindoniense de L ourenzá también contó con
apare jadores y maestros propios, aunque sin gozar nunca de a rquitec-
tos de la entidad d e los maestros de Pinario, Celanova y Samos 200 . El

196 FERNÁNDEZ REY, A . A. (2 011) : “El Puente Mayor de Ourense…” , 151.
197 AHN, Con sejos, leg. 428-12; GARCÍA ALCAÑIZ-YUSTE, J. (1 989) : Arquitectura
del Neoclásico en Galicia. A Coruña: Fundación Pedro Barrié de la Maza , 53 y 54.
198 Sobre esta ob ra véanse Arc hivo de la Catedral d e Ourense, Cuentas Libro Fábrica
de la Catedral, 1785; COUSELO BOUZAS, J. (193 2) : Galicia a rtística… , 402; HERVELLA
VÁZQUEZ, J. (1993) : “La catedral barroca” en YZQUIERDO P ERRÍN, R., GONZÁLEZ
GARCÍA , M. A. y HERVELLA V ÁZQUEZ, J.: La Catedral de Orense. León , 145; LIMIA
GARDÓN, F. J. (1993) : “La remodelación del exterior” en GA RCÍA I GLESIAS, J. M. (dir.):
La Catedral de Ourense. Larac ha: Editorial Xuntanza , 488 y 489.
199 JUSTO M ARTÍN, M. J. (1981) : “A Cárcere de Ourense n o século X IX. Noticias
históricas” , Boletín Auriense, XI, 1 95-225; GARCÍA MELERO, J. E. (1995) : “Las cárceles
españolas d e la Ilustración y su censura en la Academia (17 77 - 1808)”, Espacio, Tiempo y
Forma, V II, 241 -271; SÁNCHEZ GARCÍA, J. (19 99) : “Tipo, función, y Sociedad. Evo lución
del espacio carcelario en Galicia”, Cuardernos de Estudios Gall eg os, XLVI, 245-286; PÉREZ
RODRÍGUEZ, F. (2010) : El arquitecto D. Miguel Ferro Caaveyro. .., tom o II , 815-823.
200 Acerca de este monasterio véanse: LENCE-SANTAR Y GUITIÁN, E. (1910) : El
convento de Villanueva de Lorenzana y S an Francisco de Viveiro. Mondoñedo; GÓMEZ, M.
(1943) : “Monasterio de S an Salvador de Lorenzana: apuntes para su historia”, Boletín de la
Comisión Provincial de Monumentos Histórico y Ar tí sticos de Lugo, 5 , 109-113; CUNQUEI-
RO, A. (et. Al.) (19 69) : Milenario d el Monasterio de Villanuev a d e L orenzana. Madrid;
CHAVARRIA P ACIO, C. (19 86) : La vida d el conde Santo. Lugo; ANDRADE CERNADAS,
J. M . (2006) : “El m onacato gallego y l a reg la bened ictina: el Monasterio de San Salvador de
Lourenzá en la Edad Media”, I Xornadas d e Estud ios Medievais na Mariña Central. O maris-
cal Pardo de Cela e o seu tempo. Lugo: Deputación Provincial de L ugo , 3 47-374.

150

primero de cuantos h emos localizado es fra y Antonio L orenzo, un
hermano lego oficial de carpintería que entre el 31 de marzo de 1655 y
octubre de ese año colaboró con G abriel Fern ández de Ulloa en los
trabajos finales del claustro reg lar 201 . En la déc ada de 1730 se hallaba
en el mon asterio fra y Benito Ponte quien, según un texto publicado
por Lence-Santar y divul gado por C ouselo Bouzas, pudo haber sido el
apare jador de las obras de la iglesia monástica 202 . La obrita hallada
por Lence-Sa ntar era un cuaderno donde se copiaba un escrito de Pon-
te en el cual se describían los problemas técnicos surgidos durante la
construcción de la iglesia y quienes fueron sus maestros, al tiempo que
se alababa la intervención del aparejador presentado como responsable
último de la resolución de las dificultad es sur gidas. Ponte no se identi-
fica en ningún momento como tal aparejador, pero el tono con que se
refiere a este personaje ha llevado a identificarlo con él, posiblemente
con acierto. Fray B enito habría colaborado primero con fra y Juan
Vázquez y , posteriormente, con Fernando de Casas y Novoa, maestro
elegido para rematar la empresa. Ponte tomó el hábito el 29 de juni o
de 1733, por lo que suponemos que se incorpo ró rápidamente a la fá-
brica monástic a 203 . La construcción de la iglesia se había iniciado en
1732 según la traza y dirección del hermano V áz quez, que en 1735
abandonó la obra, estimando, según el relato de Ponte: “ que (…) no se
podía fiar de ningún maestro del Reyno, sí sólo de Simón Rodríguez o
de Fernando de C asas, maestro de la catedral d e Santiago” 204 . Fra y
Benito informa en su tex to que la obra trazada po r fr a y Juan Vázquez
contaba con unos defectos estructura les que Cas as y Novoa pasó por
alto, corrig iéndose gracias al ce lo del benedictino. Como ha vis to

201 AHPL, P rotocolos d e Bernab é García Cordid o, (1655), leg. 7033/1, fols. 57r. -58r.
Véase FOLGAR DE LA CALLE, M. C., FERNÁ NDEZ CA STIÑEIRAS, E. (2009) : “Magis-
teris, ordo et architectura ... ” , 592-593 y 617-618.
202 Sobre fray Benito Ponte véanse LENCE-SANTAR Y GUITIÁN, E. ( 1910) : El
convento d e Villanueva d e Lorenzana … , 29 -31; COUSELO BOUZAS, J. (1932) : Galicia
artística… , 663-664; TAÍN GUZMÁN, M. (20 01) : “Los ap arejadores gallegos en la época
moderna …” , 1 05 y 106; FOLGAR DE LA CALLE, M. C. (200 8) : “ Iter operis … ” , 151;
FERNÁNDEZ GONZÁLEZ, A. (20 06) : Fernando de Casas y N ovoa… , 249.
203 ZARAGOZA P ASCUAL , E. (1 990 ) : “Libros de gradas de benedictinos profe sos en
los monasterios de Lorenzana y Samos (1597 - 1834)”, Estudios min donienses, 6, 871.
204 LENCE-SANTAR Y GUITIÁN, E. (1910) : El con vento de Vi llanueva de Lorenza-
na… , 29 -31.

151

González Ferná ndez, es posi ble que el benedictin o se atribu y a un ex -
cesivo mérito e iniciativa en sus memorias. No sólo desmerece el tra-
bajo de Vázquez como tracista al señ alar los pro blemas estruc tural es
de la c úpula del crucero — “falta ocasionada de descuido de fray
Juan, por no levantar di cha capilla [de S an Benito]” — , sino que criti-
ca el que Casas y Novoa hubiera olvidado abordar el problema como
consecue ncia de su espo rádica presen cia a pie de obra 205 . A pesar de
que fray Benito se expresa siempre en tercera persona, los términos en
que se refiere al trabajo realizado por fra y Juan Vázquez y Fernando
de Casas han ll evado a creer a los historiadores que el escrito es una
reivindicac ión propia, identi ficándolo con el aparejador que detecta y
advierte de los er rores pasados por alto por los a rquitectos. En la no-
che del 27 de noviembre de 1733 se declaró un in cendio que arrasó la
sacristía menor o capilla de la Valvanera, un lienz o del claustro nuevo
y otro del viejo y l as estancias que uní an las dep endencias conventua-
les con la iglesia. Dado que entonces el he rmano Ponte habitaba la
casa es posible que participara en las tareas de reconstrucción de las
zonas dañadas, pudiendo haber diri gido la erección de la bóveda de la
capilla de la Valvanera, que Fol gar y F ernández C astiñeiras han vin-
culado a Fernando de C asas 206 . J unto a fra y Benito Ponte, C ouselo
Bouzas menciona a fr a y Lorenzo de Santa Rosa, a quien atribuye las
obras del convento de S an Pedro de Alcántara y de la capilla de los
Remedios de Mondoñedo 207 . Sin embargo, no tenemos constancia de
que dicho personaje h abitara en el monasterio de Lourenzá. Este nom-
bre únicamente lo hemos encontrado en un a pu blicación de Lence-
Santar sobre el convento de Alcántara 208 , y las obr as que le atribuye

205 Según f ray Benito , Ferna ndo d e Casas apenas p asó en Lourenzá dos meses d urante
los cuatro añ os que fue maestro de obras del templo. Según el acta capitular de San tiago de 24
de enero de 1735, el cabildo com postelano había concedido perm iso a su arquit ecto p ara
acudir a Lourenzá dos veces al año “deteniéndose en cada vez vei nte días y a lo más treinta y
esto no ha de ser en tiempo que ha ga falta en esta Santa Yglesia”. No sabemos si P on te es
preciso al estimar el tie mpo pasado p or Casas en la ob ra, o si en realid ad se refería a dos
meses al año. En tod o caso se aprecia en su texto que el tiem po pasado por el arquitecto en el
entorno de Mondoñedo le pareció del tod o in suf iciente. Ibídem.
206 FOLGAR DE LA CALLE, M . C., FERNÁNDEZ CASTIÑEIR AS, E. (2009) : “Ma-
gisteris, ordo et architectura...” , 611.
207 COUSELO BOUZAS, J. (1932) : Galicia artística... , 41 nota al pie.
208 LENCE-SANTAR Y GUITIÁN, E. (1910) : Mondoñedo: el convento de Alcántara.
Mondoñedo, 15. Couselo no indica al lector de dónde extrae esta información.

152

coinciden con las llevadas a cabo por fray L orenz o de S anta Teresa,
lego franciscano y uno de los primeros moradores del convento min-
doniense de San Pedro de Alcántara; él sí, dire ctor de las obras del
convento y de l a capilla de los Remedios, entre otras. Parece, pues,
que el mencionado fra y Lorenzo de Santa Rosa podría tratarse de un
personaje ficticio. En el último cuarto de si glo el monasterio de Lou-
renzá contaba entre sus mi embros a fra y Guill ermo Cosío, un ingenie-
ro catalán al que el padre Luciano S errano localizó trabajando en Ce-
lanova en el último cuar to del siglo 209 . Sobre Cosío aporta una breve
mención Murguía refiriéndose a unas Apuntacio nes en las cuales el
benedictino relata la construcción de la i glesia d e su mon asterio aun-
que, por las referencias que da, creemos que est e tex to se tom ó del
relato del hermano fra y Benito Ponte 210 . L amentablemente, la pérdida
de gran parte del fondo documental de Vilanov a de Lourenzá a causa
de un incendio en 1878 nos impide conocer m ás acerca de la historia
edilicia de esta casa y sobre los maestros regulares localizados, de-
biendo recurrir a las noti cias de archivo recopiladas por Lence -Santar
a comienzos del siglo X X. Cosío tomó el hábito de le go el 18 d e agos-
to de 1774 y falleció en 1813, por lo que cabe su poner que las inter-
venciones arquitectónicas llevadas a cabo en est e monasterio lucense
entre esas fechas ha brían estado bajo su dirección 211 .
El monasterio de S an Xulián de Samos ( L ugo) 212 , tuvo entre
sus moradores a uno de los maestros de obras regulares más destaca-
dos del siglo XVIII: fra y Juan Vázquez 213 . Fra y Juan de Samos debió

209 SERRANO, L. (1903 ) : “El monasterio de S an Salvador de Celanova…” , 491 -495 y
FOLGAR DE LA CALLE, M. C. (2007) : “Á sombra do co mpás...” , 280.
210 MARTÍNEZ MURG UÍA, M. (1888) : El arte en Santiago en el sigl o XVIII… , 203.
211 ZARAGOZA P ASCUAL, E. (19 90) : “Libros de gradas de be nedictinos profe-
sos…” , 871.
212 Sobre la historia de este m onasterio véanse CAST RO, M. (1912) : “Un monast erio
galleg o”, Bo letín de la Comisión de Monumentos de Ourense, 4 ( 82 ) , 113 -120; 4 ( 83 ), 136-
143; 4 ( 84) , 163 -171; 4 (85), p. 189-195; 4 ( 86) , 201-208 ; DURÁN, M. (1947) : La Real aba -
día de Sa mos. Estudio histórico a rqueológico. Madrid; ARIAS, P . (1950) : Historia del Real
Monasterio de Samos ; A RIA S CUENLLAS, M. (1992) : Historia del Mo nasterio de San
Julián de Samos. Zamora .
213 Sobre fray Juan Vázquez véanse : ARIAS, P . (1941) : “ El R. F r. Juan Vázquez, ar-
quitecto de la magníf ica iglesia d e Sam os ” , Bo letín de la Comisión Pr ovincial d e Monumen-
tos Históricos y Artí sticos d e Lugo , I (1) , 1 6; ARIA S, P . (1950) : Historia d el Real monasterio

153

de ingresar en la comunidad en la primera década del Sete cientos,
ocupando la ma estría de obras de l a casa durante el primer te rcio del
siglo. Vázquez no era el primer reli gioso en tr abajar para los monjes
samonenses, que en la úl tima década del XV II habían contactado con
el también benedictino f ra y Pedro Martínez, de la casa bur galesa de
Cardeña, para que pro yectara l a obra de la nueva iglesia. Fra y J uan
in gre só en la comunidad en un momento en que la iglesia estaba tra-
zada e iniciada, pero su primera intervención consis tió en construir el
último piso del claustro p equeño o de las Nereidas, entre 1709 y 1713;
año, este últim o en que su nombre aparece po r p ri mera vez en la do-
cumentación conservada 214 . La prox imidad de esta fecha con la co-
rrespondiente al año en que conclu y ó la primera fase constructiva de
la iglesia monástica (1710) llevó a Folga r de la Calle a plantear la po -
sibilidad de que fray J uan participase en la fábrica del templo junto
con los talleres de ma estros de Terra de Montes que habían sido ll a-
mados por los benedictinos 215 . Una hipót esis que, si bien no ha sido
posible refrendar por falt a de d atos documentales, desde lue go no está
exenta de ló gica y deb e ser tenida en cuenta. Vázquez debió de h acer-
se con una buena reputac ión como arquitecto, primero en el seno de la
orden de San Benito y , posteriormente, en otros círculos profesionales.

de Samo s. Santiago de Com postela, 250-253; BONET CORREA , A. (1966): La a rquitectura
en Galicia ... , 5 55; FOLGAR DE LA C ALLE, M . C. (2003) : “La iglesia d el monasterio de
San Julián de Sam os: Fray P edro Martínez y Fra y Juan Vázquez” en FOLGA R DE LA CA-
LLE, M. C., GOY DIZ, A., LÓPEZ V ÁZQUEZ, J. M.: Memoria artis: studia in memoriam
M. Dolo res Vila Jato. Vol. 1, Santiago de Com postela: Xunta de Galicia, Consellería de
Cultura, Comunicación S ocial e Turismo, X erencia d e Promoción do Camiño de Santiago ,
289 -3 09; FOLGAR DE LA CALLE, M . C. (2006) : “A construcción d o gran mosteiro de San
Xulián d e Samos. Cen anos de transf ormacións arquitectónicas” en FERNÁNDEZ CA STI-
ÑEIRAS, E., MONTERROSO MONTERO, J. M.: Arte beneditina nos Camiños de Santia-
go … , 213; FOLGA R DE LA C ALLE, M. C. (2008) “ Iter op eris...” , 149-170; FERNÁND EZ
GONZÁLEZ, A. (2006 ) : Fernando de Casas y Novoa… , 249-254 ; GOY DIZ, A. (2008) : “A
formulación da arq uitectura beneditina lo go da incorporación á Congregación. O mosteiro de
San Xulián de Samos”, en FOLGAR DE LA CALLE, M . C., GOY DIZ, A. (dir.): San Xuliá n
de Samos... , 134-141.
214 BONET CORREA, A. (19 66) : La a rquitectura en Galicia... , 555; ARIAS
CUENLLAS, P. (1992) : Historia del Real Monasterio... , 248-251; FOLGAR DE LA CALLE,
M. C. (2003) : “La iglesia d el monasterio...”; FOLGAR DE LA CALLE, M. C. (2006 ): “A
construcción d o gran mosteiro...”; GOY DIZ, A . (2008) : “A fo rmulación da arqu it ectura
beneditina...,” 139 -141.
215 FOLGAR DE LA CALLE, M . C. (2008) : “ Iter operis...” , 153.

256

tir en todo él muc has velas
puestas con la mexor syme-
tría. En él se hará un altar y
en éste un pabellón o dosel
debaxo de el qual se ha de co-
locar la Custodia en la que se
ha de reser var el Santísimo y
no se ponga este altar en sitio
a donde no se pueda subir a
colocar el Santísimo sin con-
tingencia de cae r el que le ll e-
va o sin incidencia, como su-
cederá si se coloca muy alto, y
a donde sea preciso subir por
escaleras. T ampoco se han de
colocar Reliquias ni ymágenes
en el Monumento, a lo menos
sobre el Altar pues esto está
prohibido por Decreto de la
Sagrada Congregación de Ri-
tus [ sic] . Y aunque lo prohíbe
estando el Santí simo expuesto
y el Día de hoy parec e no ha-
verse de exponer pues se ha de
reservar en la Custodia, con
todo eso le considera la Igle-
sia como expuesto” 214 .

214 URÍA, Fr. Benito (1769): Ceremonial monástico arreglado y confo rme al Ro mano
reforma do p or la Santidad de Inocencio X y al M issal y Breviario con cedido por Paulo V a los
que p rofesan la Regla del Gran P atriarcha San Benito, y a los Decre tos de Santa Congrega-
ción de Ritus; y assimism o a las costumbres lo ables de la Congreg ación de Valladolid en
Hespaña. Nuevame nte dispuesto p or orden d el Capítulo General celebrado en 1769 , 239
http://hdl.handle.net/10347/13529 [ Consultado el 17/ 02/2013]

257

Algunos de los preceptos mencionados en el Ceremonial, co-
mo el no dispo ner el Santí simo en un lugar demasiado elevado y con
escaleras, o l a recomend ación de no adornar el Monumento con esta-
tuas — especialmente el altar — , fue ron pasados por alto por algunas
instituciones. Ya hemos comentado que el Monu mento de S an Marti-
ño Pinario se ornaba con nada menos que 33 imág enes, pero no fue el
único que contó con imaginería, un elemento común en este tipo de
muebles. Ig ualmente debió de contar con escaleras, al igual que los
monumentos de las catedrales de Sevilla, Cádiz, Toledo o, en G alicia,
el de la Catedral de Tui 215 . El Ceremonial reco gía, además, la ubica-
ción que debía tener el a parato, señal ándose la preferencia por un altar
o capilla lateral, y a que el Monumento únicamente se e mpl eaba en l as
funciones d e J ueves y Vi ernes Santo, debiendo d esmontarse el sábado
antes de l a misa si se dis ponía ante el altar mayor: “El Monumento se
hará, si puede ser, en alguna capilla para dexar libre el Altar mayor,
y si no se hará en este y se pas ará a otro altar el Santísimo” 216 . El
Ceremonial de O lalla y Aragón también insiste en este aspecto:

“ En alguna parte de la I glesia,
remota de la Capilla M ayor,
en donde se pudiere, en otra
capilla, ó nave de la iglesia, se
ha de preparar un alt ar, según
comodidad ó fines, en que ha
de estar el Santísimo Sacra-
mento hasta el Viernes ( lla-
mado Monumento)” 217 .

215 Esta m isma desatenció n ha sido detectada por Monterroso M ontero respecto al
ceremonial de Olalla y A ragón (1708), que consultó para sus estudios sobre esta pieza.
MONTERROSO MONT ERO, J. M. (1997) : “A apoteose eucarística”... , 247.
216 URÍA, Fr. Benito (1769) : Ceremonial monástico… , 239
http://hdl.handle.net/10347/13529 [ Consultado el 17/ 02/2013]
217 OLALLA Y ARAGÓN, F. B. (170 8) : Ceremonial de las missas solemnes, canta-
das, con Diáconos o sin ellos, según las Rúbricas del Missal Romano, II. Madrid, por Antonio

258

La env ergadura d el Mon umento eucarístico de P inario im pedía
ubicarlo del ante del altar ma y or, pu es su montaje y desmontaje r eque-
ría de varios días y de la participación en el proceso de un nutrido
grupo de op erarios. Teniendo en cuenta esta circunstancia y las di-
mensiones de las figuras del Monumento de Pina rio que se conservan
en la s acristía del monasterio, Monterroso estimó en un primer mo-
mento que el conjunto se dispondría bien en un o de los brazos del
transepto — acaso en el lado del Evangelio — , o bajo la cúpula 218 . Sin
embargo, la descripción aportada por Diego Antonio C ernada s de Cas-
tro, cura de Fruime, qu e t uvo ocasión d e contemplar el Monumento en
la S emana Santa de 177 3, descarta dichas localizaciones, pues se gún
el relato su ubicación era la nave de l templo:

“… el Y nagotable fondo de
Piedad, de Religión, y de ri-
queza, que haz e brillar el
Gran Communidad de los
Monges Benedictinos de esta
Capital, en tantas y tan costo-
sas Obras que fabrica diari a-
mente para el más dezente
Culto deel todo Poderoso, se
ha descubierto más cumpli-
damente en el Magnífico Mo-
numento que en medio de la
Nabe principal de su Espacio-
so Templo se ha levantado pa-
ra reservar en él, el aug usto y
venerable Sacramento de el Al-
tar. Su Arquitectura, su

Gonçalez de Reyes, t. II , 324. A partir de MONTERRO MONTERO, J. M. (1997) : “A apo-
teose eucarística”... , 246.
218 MONTERRO MONT ERO, J. M. (1997 ) : “A apoteose eucarística”.. . , 246.

259

adorno y su Elebación extra-
ordinaria, han dejado y a sin
nombre los más Robustos Co-
losos – las Pirámides y los más
Soberbios obeliscos que la an-
tigüedad consagró y exigió a
sus fungidas Deidades o sus
despreciables Héroes. Y a n o
podrá jamás borrarse de la
memoria de nuestros N atura-
les y de tantos Forasteros que
han tenido la fortuna de con-
currir en aquel tiempo, la
abultada Y dea que en cada
qual debió ymprimir aquel be-
llísimo Rasgo deel Poder y
Religiosidad Benedictina y se
hará recome ntable sin d uda a
nuestra Posteridad, como un
eterno monumento” 219 .

Esta descripción, a mayores de la info rmación q ue aporta, no
hace sino avivar nuestra curiosidad sobre el aspecto de esta máquina
de recuerdo indeleble, a de cir d el cura de Fruime. Noticias dispersas
contenidas en el libro de fábrica donde se re gistran los trabajos del
Monumento mencionan un baldaquino, dos cuerpos, y o cho capiteles
que se pagaron al escultor Ferreiro 220 . En alzado el monumento conta-

219 CARRO OTERO, J. (199 5) : “La ciudad de Santiago durante al Año Santo Compos-
telano d e 1773, a través de un manuscrito inédito del “cura de F ruime”, en Actas del Congre-
so d e Estudios Jacobeos. Santiago de Compostela. Noviembr e d e 1 993. S antiago de Co mpos-
tela, 7 9-108; M ONTERROSO MONT ERO, J. M. (1991) : “M onum ento de Jueves Santo”, en
Santiago. San Martín Pinario... , 309-311.
220 El término b aldaquino o , más concretamente “ba ldaquín” se recoge en el li bro de
fábrica, don de también se ano ta el p ago a Ferreiro por los ocho capiteles se registra en el lib ro
de fábrica de la Min erva. A HDS, San Martín, Minerva, M aestría de obras 17 58 -1773, fol.
250v. En las actas monásticas de 1802 se menciona el peligro que entrañab a montar el segun-

260

ba con t res frentes visibles al espectador y el posterior cerrado por un
gran dosel para el cual s e habrían com pr ado dos cofas ( “cofinas” ), un
par de poleas y un pabe llón de tela pintada 221 .
A partir de estas noticias Monterroso Montero propuso un mo-
numento de tipo tur riforme 222 , con un a estructura de planta centraliza-
da que, a su entender, “no se diferenciaría demasiado del adoptado
por cualquier sagrario, tarbernáculo o túmulo funerario” 223 . Podía
tratarse, por tanto, de un baldaquino “octástilo” de planta cuadrada,
circular , u ochavada —“cuadrangular coas súas esquinas chafrana-
das pola distribución de oit o columnas” — 224 , semejante al pab ellón
central del Patio de los Evangelista, o al tabernáculo del túmulo fune-
rario levantado en Barc elona con motivo de las honras fúnebres de
Carlos II. Finalmente, para la maqueta realizada con motivo de la
muestra Galicia renace (hoy expuesta en l a sacristía de San Martiño
Pinario), Monterroso se decantó por una estructura de planta circular
similar a la del sa grario del retablo ma yor d e la vecina parroquia de
San Migue l dos Agros (Santiago de Compostela), tallado en 1786 por
Pablo Rosende a partir de unas trazas enviadas desde Madrid 225 . El
autor estimó que una máquina que ll amó tanto la atención como la del
Monumento tuvo que in fluir en los m aestros d el entorno composte-
lano, y acaso el sagrario de San Miguel dos Agros — de corado, al
igual que nuestra obr a, con las esculturas de los Evangelistas y rema-
tado por la imagen de la Fe — , constitu y ese un ej emplo de ello. Así, el
tabernáculo se presenta como un templete sosten ido por ocho colum-
nas y un segundo cuerpo compuesto por un ent ablamento con tres

do cuerpo del Monu me nto. AHDS, Fondo de San Martín, Actas d e Con sejo 1771 -1816, fol.
226v.
221 AHD S, S an Martín , Min erva, Maestría de obras 1 758 -1773, fol. 245v; y Estad o d el
Monasterio de San Martiño Pinario, do c. 6 (1777), f ol. 7v.
222 Para las tipologías más habit uales de los monume ntos pascuales puede consultarse
CALVO RUATA, J. I., LOZ ANO LÓPEZ, J. C. (2004 ) : “Los Monu mentos de S em ana Santa
en Arag ón (siglos XV II- XV III)”, Artigrama, 19, 106-108.
223 MONTERROSO MONT ERO, J. M. (1997) : “A apoteose eucarística”… , 247 y 248.
224 MONTERROSO MONTERO, J. M. (1991) : “A pun tes sobre o Monum ento…” ,
421.
225 MONTERROSO MONT ERO, J. M. (1997) : “A apoteose eucarística”… , 24 8 y 249.

261

frontones trian gulares
y rematado con una
cúpula de media n a-
ranja (fig . 34).
Los interco-
lumnios se ocupan con
las estatuas de los
Evangelistas, los fron-
tones se ornan con seis
Virtudes dispuestas en
repossoir sobre un
asiento de nubes, y la
cúpula se corona con
la imagen de la Fe. Dado que se primaría un punto de vist a frontal,
Monterroso estimó que la pareja formada por esculturas de la Espe-
ranza y la Caridad se dispondrían en el frente principal, completándo-
se el trío de las virtudes teologales con la F e que, simbólicamente,
preside el monumento eucarístico. P or ser apóstol es, ade más de evan-
ge listas, las tallas de San Mateo y San J uan ocuparía n los in tercolum-
nios delanteros, quedando San L uca s y San Marcos en una posición
lateral, al igual que las virtudes cardinales 226 . Dado que las descrip-
ciones de la época destacan la elevación del conjunto, propuso alzar el
tabernáculo sobre un elevado graderío, un recu rso habitual tanto en los
túmulos funerarios — el mencionado d e Carlos II es ejemplo d e ello —
, como en los monumentos eucarísticos. Las gradas acogerían los 22
ángeles portadores de los arma Christ i, distribuidos en sus tres frentes,
y los principales candelabros. En la reconstrucción hipotética se pro-
puso una plata forma de dieciséis gradas, las esti madas ne cesarias p ara
que el Monumento alcanzase la altura de la media naranja que cubre el
crucero de la i glesia de Pinario. S in embargo, en los estudios que
compusieron el catálogo de la ex posición, Monterroso Montero apos-
taba por la ubicación del mueble en uno de los b razos del crucero, lo
cual obligaría a reducir las dimensiones del grad erío. Tras conocer la

226 MONTERROSO MONTERO, J. M. (1991) : “ Apuntes sobre o Monumento …”,
310.

Fig. 34: Reconstrucció n hipotética del M onu-
mento de Jueves Santo. Macua & García-Ramos.
Galicia renace (1997) …, 237

262

descripción del párroco de Fruime, el
autor comprendió que la plataforma
debía ser todavía menor para ajustar el
alto del conjunto a las dimensiones de la
nave ma y or 227 . Las gradas se encontra-
rían int errumpidas, al menos en su fre n-
te principal, por una escalera a través de
la cua l el c elebrante y el diácono pudie-
ran acceder al altar y la urna del S antí-
simo, tal y como se r ecoge en el Cere-
monial de los benedictinos 228 .
La propuesta de Monterroso se
inspira, al menos parcia lmente, en uno
de los tabernáculos eucarísticos más
importantes de c uantos se conocen e n
España: el Monumento Grande de la Catedral de Toledo, diseñado por
Ignacio H an en 1807, ya en un estilo plenamente neoclásico (fig. 35).
Esta arquitectura compa rte algunos elementos con la máquina com-
postelana y aporta posibl es soluciones a los problemas planteados por
la falta de noti cias contenidas en las fuentes gallegas, como la coloca-
ción de la estatua de la Fe, la y a mencionada sob r eelevación mediante
gradas, o la disposición de los ángeles. Los estu dios de Monterroso
han aportado la hipótesis principal a partir de la cual comprender el
esquema arquitectónico del Monumento de J ueves Santo, pero la plan-
ta circular nos genera d udas a la hora d e r esolver la disposición del
alzado. Para sostener una estructura arquitec tónica de e nti dad y con un
cuerpo sup erior compuesto de cúpula y tres front ones de gran tam año
con esc ulturas en repossoir no bastaría con cuatro pares de columnas.
Lo h abitual en esos casos es, bien optar po r un segundo cue rpo más
ligero, bien r eforzar los puntos de soporte m ediante dobles pares de
columnas, de manera qu e en lugar de ocho serían necesarias, al me-

227 MONTERROSO MONT ERO, J. M. (1997) : “Monumento de Jueves Santo”… , 311.
228 URÍA, fr. Benito (1769) : Ceremonial monástico… , 242 y 2 43.
http://hdl.handlenet/10347/13529 [Consu ltado el 17/02/2013 ]

Fig. 35: Grabado del ‘Mo-
numento Grande’ de la
Catedral de Toledo, obra
de Ignacio Haan, 1807
(derecha)

263

nos, dieciséis, o disponer una estructura arquitectónica a la cual adosar
dichas columnas (f ig. 36).
Es necesario, pues, plantear nuevas hipótesis en base a solu-
ciones circulares dond e las columnas se adosan a un lienzo que aporta
mayor solidez al conjunto, y t ener en cuenta otro ti po de plantas, que
podrían ser ochavadas o cuadrangulares, i gualmente muy empleadas
en la a rquitectura e fímera y temporal del barroco. Un ejemplo d e esto s
tabernáculos lo encontramos en un Templo de la Paz ideado por Fran-
cisco P reciado d e la V ega, cu y o diseño compart e algunos elementos
de nuestro monum ento: con los frontones sostenidos por columnas –
aunque en este caso bas tarían seis y no las ocho mencionadas en la
documentación-, y una cúpula que podría coronarse con una imagen
(fig . 37).

Fig. 36: F. Galli Bibiena, Cata falco per Ranuccio II in Piacenza
(1695). Parma, Biblioteca Palatina. Imagen tomada de FAGIOLO, M.,
MADONNA, M. L. (a cura di) (1992): Il Barocco Romano e l’Europa.
Roma: Istituto Poligráfico e Zecca de llo Stato, Librería dello Stato,
s.p. (izquierda); G.L. Bernini y taller, Catafalco para Carlo Barberini
en Sta. María in Aracoeli, 1630. Windsor Castle. FAGIOLO, M. (a cura
di) (1997), L a Festa a Roma dal rinasci mento al 1870. Rom a:
Umberto Allemandi & C. per J. Sands, pág. 28 (centro); DEL GRANDE,
A., Catafalco de Felipe IV en Santiago, 16 65. FAGIOLO, M. (a cura di)
(1997): La Festa a Roma… , 33 ( derecha)

264

El tratado del padre Andrea P ozzo
Perspectiva Pictorum et Architec torum,
consultado por Caamiña meses antes de
construir el Monumento, ofr ece al gunas
soluciones para tab ernáculos de planta
ochavada y tabernáculos cuadrangulares
que también pudier on servir de inspira-
ción a Caamiña a la hora de tra zar su má-
quina. El primero de ell os es un modelo
octogonal del cual aporta planta y alz ado,
afirmando haber usado este diseño en otra
de las festividades populares dedicadas al
culto eucarístico: las ll amadas Cuarenta
Horas 229 (fig . 38). El culto de las Cuaren -
ta Horas, par a el cual se llegaron a crear
verdaderas tramo y as que transformaban
por completo el int erior de los templos,
no impl icaba una celebración litúrgica
como la del Jueves Santo, pero sí requería
de un altar y un lu gar donde disponer el
expositor, verdadero protag onista de la

229 Las Cu arenta Horas son una celebración eucarística que consiste en la adoración
ininterrumpida ante el Santísimo Sacram ento durante dich o periodo de tiem po. Surgida en
Milán en tiem pos de la reforma católica, San Carl os Borrom eo estableció la práctica en to da
la dió cesis y codificó el culto, que se expandió po r el norte de Italia y llegó a Roma de la
mano d e San Felipe Neri hacia 1 550. Solía celebrarse en Adviento y d urante el Carnava l,
como contrarresto religioso a los excesivos festejos que precedían a la Cuaresm a. F AGIOLO
DELL’ A RCO, M, CARANDINI, S. (1977): L’Effimero barocco. Strutture della festa a
Roma d el’600. Roma : Bu lzoni, 1 38- 140 ; TORNIA I, P . (1991): “Il Carn evale sacro a Ro ma
nel Seicento. V ocabolario artístico, ap parato scenotecnico, corredo icon ográfico d elle
Quarantore”, Sto ria dell’arte, 71 , 95; DIEZ, R. (1997): “Le Quarantore: u na pred ica figurata”,
a FAGIOLO, M. (a cura di): L a Festa a Roma d al Rinascimento a 1870. Vol I, Rom a:
Umberto Allemandi & C. p er J. Sands, 8 4 -97; CA RMONA MOR ENO, F. ( 2003): “Cuarenta
Horas. Cu lto eu carístico con siglos de tradición” en CAMPOS Y FERNÁNDEZ DE SEV I-
LLA, F. J. (coord. ): Religio sidad y ceremonias en to rno a la eucaristía: Actas del sim posium
1/4- IX -2003. Vol. 2, 633 - 652; TOZZI, S. (2010): “Carnevale e Quaran tore” a Incisioni
barocche di feste e avvenimenti. Giorni d’allegrezza. Ro ma : Gagemi Editore, 133 -137.

Fig. 37: PRECIADO DE
LA VEGA, F., SPEC-
CHI, M, Máquina con
el templo de la Paz,
1749. FAGIOLO, M. (a
cura d i) (1997): La
Festa a Roma… , 264

265

celebración. En esencia, un tabernáculo como el ideado por Pozz o
podría servir como monumento con la adición de piezas como el arca
para guarda r la sagrada forma.
Los tabernáculos de pla nta ochavada tuvi eron una importante
presenc ia entre las arquitecturas efímeras del barroco e uropeo. Un
ejemplo que s e ajusta en gran medida a lo que pudo haber sido el mo-
numento de San Martiño Pinario, y que casa con la idea gene ral de la
hipótesis de Monterroso, es el c atafalco que ser erig ió en 1638 e n la
iglesia romana de Santa María sopra Minerva d urante la celebración
de las exequias del cardenal Hipólito Aldobrandini (fig. 39).

Fig. 38: Andrea Pozzo (1711), Perspectiva pictorum et ar-
chitectorum, figura 59 planta de un tabernáculo o ctogonal
(izquierda) y figura 60 alzado de un tabernáculo oc togonal
(derecha)

272

Otra posi bilidad es que el basa-
mento se ajustase a una caja cuadrada en
cuy o inte rior co rrerían l as escaleras d e
acceso al baldaquino. Una solución si-
milar a la que encontra mos en el monu-
mento ga ditano o en el de la Catedral de
Tui (fig. 48).
La principal muestra de la in-
fluencia de l as láminas del padre Poz zo
sobre Caamiña la en contramos en el
diseño de los frontones y la disposición
de las virtudes sobre ello s. A la hora de
inclinarnos por un tipo de frontón para
el Monumento estamos convencidos de
que las Virtudes reposaban sobre uno de
tipo semicircular. Si rep aramos con atención en las esculturas de Fe-
rreiro tal y como se exponen en la sacristía de Pinario podemos obser-
var que las nubes sobre las que se recuestan dibuj an en su borde ex te-
rior un perfil curvo al cual se adaptan las figuras (figs. 49 -51). Esta
solución, aunque menos historiada en lo escultórico, la encontramos
en la Figura 33 del tratado de padre Poz zo, que presenta un modelo de
frontón semicircul ar pa rtido adornado con una par eja de mujeres en
repossoir , que habría servido de inspiración al benedictino (fig. 52).
Pozzo empleó este tipo de ornamentación es cultórica en al gu-
nos de sus r etablos, y Caamiña pudo conocer el e fecto resultante gra-
cias a los ejemplos que el jesuita publi có en su t ratado, como el altar
de San I gnacio en la iglesia del Gesú, o tres mod elos que re alizó para
el de San L uis Gonzaga en la iglesia del Colegio R omano, los dos
segundos — cor respondientes a las láminas 64 y 6 5 de la seg unda par-
te del tratado — , finalmente descartados (fig. 53). L a amplia difusión
de esta propuesta se c omprueba, por ejemplo, gracias a su presencia en
retablos como el diseñado por Fanzago para el altar ma y or de la igle-
sia napolitana Santa Ma ría di Costantipoli (fig. 54).

Fig. 48: Juan Luis Pereira,
Monumento de Jueves Santo
de la Catedral de Tui , 1775

273

Fig. 49: José Ferreiro, Virtudes teologales del Monumen to d e Jueves
Santo de San Martiño Pinario, 1772 (izquierda); Fig. 50: José Ferreiro ,
Esculturas de Justici a y Fort aleza para el Monumen to de Jueves Santo de
San Martiño Pinario (derecha)

Fig. 51: José Ferreiro, Esculturas de Prudencia y Templanza del Mo-
numento de Jueves Santo de San Martiño Pin ario, 1772; Fig. 52: An-
drea Pozzo (1711), P erspect iva Pictorum…, figura 33 (derecha)

274

Fig. 53: Andrea Pozzo (1711), Perspectiva Pictorum…, par-
te II, altar de San Ig nacio en el Ges ú (izquierda) y alta r de
San Luis Gonzaga en la iglesia del Colegio Romano (derecha)

En los a lzados para edificios pro-
puestos por Andrea Pozzo en la primera
parte del tratado, se ofrecen varias solucio-
nes que pudieron haber guiado la ubicación
de las esculturas de los evangelistas en el
Monumento de Caamiña: sobre los ángulos
de la meseta d el graderío; en nichos dis-
puestos en los chaflanes — en caso de que
la planta fuera ochavada — ; sobre las co-
lumnas; o de pie sobre ménsulas dispue stas
ante los netos de los soportes (fig. 55).
No obst ante, no creemos que el be-
nedictino aplicara alguna de las d os últi-
mas soluciones puesto que las columnas
visibles al espectador eran seis y no cuatro,
quedando descompensado el reparto de
esculturas. Si, como apuntó Monterroso y
es también nuestra opini ón, las figuras se
encontraban en los esp acios entre las co-

Fig. 54: Cosimo Fanzago ,
Altar mayor de la iglesia
de Santa María di Costan-
tinopoli , Nápoles, ca.
1638

275

lumnas gigantes que co mponían el baldaquino, vemos plausi ble que
Caamiña se inspirase en las soluciones o frecidas en otras láminas del
tratado de Pozz o, como por ejemplo la meseta de la figura 39, o el
pedestal exento de la figura 58 (f ig. 56).
Estos diseños le ofrecían además el sistema de proporciones
idóneo entre la estru ctura arquitectónica y las esculturas, para las cua-
les Poz zo sugería realizar las p ertinentes correcciones ópticas, reco-
mendación que fue seguida por Ferreiro tal y como demuestran sus
esculturas de los Evangel istas.

Fig. 55: José Ferreiro, Lo s cuatro Eva ngelistas. Monu-
mento de Jueves Santo de San Martiño Pinario, 1772/73

276

Fig. 56: Andrea Pozzo (1711): Perspectiva pictorum… , figura
39 y figura 58 (izquierda y derech a respectivamente)

3.2.3. Las bibliotecas p ersonales de los arquitectos y maestros
de obras regulares
El que la biblioteca de la casa dispusiese de un buen fondo de lite-
ratura artística no e ra óbice par a que los religiosos tuviesen sus pro-
pias bibliotecas. La posi bilidad de disponer de u na biblioteca particu-
lar a partir de la cual formarse en la teorí a de su oficio como b ase para
el desarrollo de sus prop ias ideas, s e encontraba entre los ideales del
buen arquitecto, así como de cualquier bu en artista. Los maestros d e
arquitectura atesorarían l os principales tr atados d e construcción de su
tiempo: las obras de Vitruvio, Alberti, Serlio, Vignola, o fray L orenzo
de San Nicolás, por mencionar algunos de los autore s más manejados
por los arquitectos hispa nos. Sin embargo, la realidad fue mu y otra,
dado que los libros eran un bien costoso, casi de lujo, y no siemp re
resultaban fáciles de conseguir. Por lo ge n eral, a ma y or éxito profe-
sional y posi ción social alcanzados por el maestro may or, más va riada
resultaba su biblioteca. Los arquitectos adquirían l os tratados en libre-
rías o en las almonedas organizadas a la muerte de algún colega o per-

277

sonaje destacado 233 . En ocasiones le gaban sus bibliot ecas, o algunas
obras, a sus más estrechos colabora dores — a menudo mi embros de su
familia — , y t ambién eran frecuentes los préstamos en vida. Según la
noticia rescatada po r Folgar de l a Calle, Sim ón Rodríguez dejó estipu-
lado en uno de sus testa mentos que algunos de sus libros “... y papeles
los puede dar [ el P. Barros] al P. Fray Joseph P iñero conuentual en
dicho conuento [de S antiago], con mis co mpazes” 234 . Es decir, que no
sólo le legó parte de su biblioteca y apuntes sin o también su instru-
mental. Ho y en día, gracias a los estudios d e Marías, Martín González,
García Mo rales y Cámara Muñoz, conocemos las bibliot ecas de alg u-
nos arquitectos españoles como J uan de Herre ra, J uan Bautista Mon-
tenegro, Francisco de M ora o Juan Gómez de Mora 235 . P ara Galicia
han sido los trabajos d e Folgar d e la Calle, Go y Diz, Taín Guzmán o
Fernández Gasalla, los que han arrojado luz sobre las lecturas de José
de la P eña de Toro, Domingo de Andr ade, Francis co Dantas, Diego d e
Romay, o Fernando de Casas 236 .
Entre los bien es que podían custodiar y adquiri r los regulares
que disponían de ingresos económicos se encontraban los libros, po-
sey éndolos ad usum hasta su muerte, momento en que pasaban a los
anaqueles d e la bibliotec a de la comunidad. Fray Martín Sa rmiento lo
explica en sus Reflexiones literarias para una biblioteca real y para
otras bibliotecas públicas del año 1743:

233 Do mingo de A ndrade compró la Ge ografía E narrationis (L ugduni, Hugonem à
Porta, 1 541) de Claudio P tom oleo procedente de la “librería” del arzobispo Francisco de
Seijas y Losada. TAÍN GUZMÁN, M. (1998) : Do mingo de Andra de... , 41 y 42.
234 FOLGAR DE LA CALLE, M. C. (1989) : S imón Rodríguez. .., 130.
235 Véanse M ARÍA S, F. (1979) : “El p roblem a del arquitecto…”; MA RÍAS, F. (1981):
“Juan Bauti sta Monegro, s u Bi blioteca, y « De Divina Proportione»” , Boletín d e la Real Aca-
demia de Bella s Artes de San Fernando, LIII , 89 -117; MART ÍN GONZÁLEZ, J. J. (1 982) : El
artista en la sociedad española...; CÁMARA MUÑOZ, A. (19 90) : Arquit ectura y sociedad...;
GARCÍA MORAL ES, M. V. (1991) : La figura del arquitecto...; MA RÍAS, F. (19 94) : “Tres
testamentos de arquitectos reales del siglo XVI : Juan d e Valencia y Anton io de S egura”,
Boletín del Seminario de Estudios de Arte y Arqueología, 60 , 343-352.
236 FOLGAR DE LA CALLE, M. C. (1 982) : “Un inventario de bien es de Fernan do de
Casas”, Cua dernos de Estudios gallegos, 33 (3 8) , 535-547; FERNÁNDEZ GASALLA, L.
(1992) : “Las bibliotecas de los arquitectos gallegos en el siglo XVII: Los ejem plos de F ran-
cisco Dantas y Diego d e Romay”, Museo de Pontevedra, 4 6, 327 -355; GOY DIZ, A . ( 1996) :
“A proxi mación a las bibliotecas d e los artistas gallegos d e la pri mera mitad del siglo XV II”,
Minius, 5, p. 157-166; TAÍN GUZMÁN, M. (1998) : Domingo de Andrade..., T. 1 , 41 y 42.

278

“…las Bibliotecas de las Comu-
nidades se componen por lo co-
mún de libros sagrados; y sólo se
aumentan con los que dexan los
Religiosos. […] Es ve rda d que
tal o cual Religioso que tuvo la
ocasión de tener al gunos mara-
vedises, y el caso de adquirir al-
guna afición a todo género de li-
bros, habrá comprad o algunos
pocos triviales, con el fin de en-
riquecer la Biblioteca de su Con-
vento, y hacerla más universal.
Vmd. sabe muy bien que la por-
cioncilla de li bros que tengo ad
usum en mi celda son de aquella
clase; y que sólo los compré con
el fin de hacer más numerosa y
universal la B ibliotec a d e este
Monasterio de San M artín, casa
de mi profesión, á la cual perte-
necen de derecho despué s de mis
días” 237 .

237 SARMIENT O, fr. Martín (1 743 ) : Reflexiones literaria s para una bibli oteca real y
para otras bibliotecas públicas, hechas por el R .P. Maestro F. Martín S armiento, b enedic-
tino, en el mes de diciembre del año de 1743, p ublicada en VALLA DARES DE SOTOMA -
YOR, A. (1787 -1791) : S emanario erudito que comprehende varias obras inéditas, criticas,
morales, instructivas, políticas, históricas, satíricas, y j o cosas de nuestros mejores auto res
antiguos y modernos. Tom o XXI. Madrid: Blas Román , 154 y 155.

279

La principal fuent e para conocer las bibliotecas personales s e
encuentra en los testamentos e inventarios post mortem 238 . En el cas o
de los a rquitectos seglares también puede aparecer información en
otros inventarios de bienes, como el realizado ant es de los esponsales
de F ernando de Casas, o en la documentación deriva da de l a venta d e
sus bienes en almoneda s por parte de sus h erederos. Para los maestros
regulares la información acerca de sus pertenenci as suelen contenerla
los libros de expolio que las comunidades religiosas empleaban para
contabilizar los bienes de los hermanos fallec idos. L a riqueza de los
datos aportados por estos documentos depende del celo y minuciosi-
dad puestos en el registro por los r eligiosos d esignados como contado-
res de l as alhajas d el difunto. La mentablemente, para el caso gallego
sólo hemos l ocalizado los inventarios de alhajas del monasterio de
Santa María de Sobrado que, no obst ante, nos han permitido sab er qu e
entre sus posesiones tanto fray Agustín de Outeiro como fray Casimi-
ro C ornide at esoraban li bros. El expoli o de fr a y Agustín es escue to y
en él sólo se señala la ex istencia de este tipo de bienes 239 , pero de

238 En las última s décad as se ha avan zado mucho en el conocimiento y estud io de las
bibliotecas particulares en Galicia d urante la Edad Moderna, incl uidas las pertenecientes a
artistas. REY C ASTELAO, O. (2 003) : L ibros y lectura en Galicia... ; REY CASTELAO, O.
(2008): “El comercio de lib ro s en la Galicia del Antiguo Régimen”, Obradoiro de histo ria
moderna, 17 , 277-302; REY CAST ELAO, O. (2014): “Lo escrito y la im agen en la Galicia de
la Ép oca M oderna: el im pacto de la imprenta” en MONT ERROSO MONT ERO, J. M. (dir.),
FERNÁNDEZ M ARTÍNEZ, C. ( coo rd.): L a huella impresa… , 11 -27. P ara un a aproximación
a las librerías de los arquitectos y maestros d e obra véase LEIRÓS FER NÁNDEZ, E. (1945) :
“El testamento de Simón de Monasterio, con structor del Colegio de la Co mpañía de Monfor-
te”, Boletín de la Comi sión Provincial d e Monumentos d e Lugo, II , 112-118; FOLGA R DE
LA CALLE, M. J. (1982) : “Un inventario d e bienes de Fern ando de C asas”, Cua dernos de
Estudios Gallegos, XXX III , 5 35-547; FERNÁ NDEZ GASALLA, L. (1 992) : “La s bibliotecas
de lo s arquitectos gallego s…”; TAÍN GUZMÁN, M. (1993-1994) : “El taller y la b iblioteca
del maestro de o bras compostelano José de Seixas”, Cuadernos de Estudios g allegos, XLI
(106), 263-276; G OY DIZ, A . (1996) : “Aproxim ación a las bibliotecas…”; PÉREZ RODRÍ-
GUEZ, F. (1997 -1998) : “Alg unos dato s sobre el maestro d e cantería Juan d e las Tijeras: su
‘testamento - inventario’”, Bo letín do Museo Provin cial de Lugo, II (8), 195 -199; FERNÁN-
DEZ GASALLA , L. (200 4) : “Los tratado s técnicos y profesionales en las bibliotecas de los
arquitectos galle gos d el siglo XVII y p rincipios del XV III”, en COL OMA MARTÍN, I. et. alii
(eds.): Correspondencia e integración d e la s artes. A ctas d el XIV Congreso Nacional de
Historia del Arte, Málaga, del 18 a l 2 1 de septi embre de 2 002. Vol. 2, Málaga: Min isterio de
Ci encia y Econo mía, Fundación Unicaja, 731-744 .
239 “Espolio de la s a lhajas que se encontraron por muerte del herman o fr. Agustín
Otero dos untadoras viejas, sus libros, tabardo, una saia, un escapu lario y quatro estampas
por todo lo qual se le dijeron 12 mis as. Limo snas 324 de las q uales se le dixo la tercera parte

280

Cornide se especifica la prese ncia de “varios tomos de diversa s mate-
rias y ocho de Arquitect ura”, y más adelante se señala que, entre di-
chas materias, había tratados de escultura 240 . Por desgrac ia, la docu-
mentación no especifica los títulos de estos ejemplares, ni aporta el
número ex acto de volúmenes que componían su b ibl ioteca, impidi én-
donos conocer sus lecturas y si, además de los libros de artes, contaba
con tratados de matemáticas, ge ometría, u otros temas afines a su pro-
fesión. L os p apeles e instrumental de trabajo p asaban a se r custodia-
dos por la comunidad, y los tratados se integraban en los fondos d e la
biblioteca monástica, especialmente aquellos títulos que todavía no
estaban presentes e n su c olección 241 .
Al comparar el número de volúmenes de arquitectura de la bi-
blioteca person al de Cornide con los de otros ar q uitectos gallegos de
la Edad Moderna comprobamos que, para su ti empo, se encontraría en
las cifras propias de un maestro obras de tra y ectoria modesta. A pesar
del nutrido número de arquitectos y maestros de obras que trabajaron
y vivieron en Galicia en Épo ca Mod erna la información conservada
acerca del acerbo cultural de estos hombres es escasa, y no ll ega a la
decena el número de lib rerías conocidas. La más antigua d e la que
tenemos noti cia corresponde a S imón de Monasterio. Gracias a su
testamento, datado en 16 24, sabemos que s e componía de cu arenta y
una obras, entre las que se encontraban los principales tratados de ar-
quitectura de su ti empo 242 . Veinticinco eran los ejemplares que con-
formaban la bibliot eca d e Diego Ibáñez Pachec o en 1651. Y Francisco
Dantas, maestro de obras de la Catedral de Santiag o, poseía setenta y
cinco títulos de los cuales once li bros se identifican en su inventario
post mortem — del año 1664 — , como “de su facultad o de su ar-

de misas”. Co mo se puede comprobar, el inventario no especifica tan siq uiera qué tipo de
libros atesoraba. Además, ll ama la atención la f alta de refe rencia a las herram ientas de su
oficio, una d e las posesiones habituales de los ma estros de obras y arquitectos. A.R.G ., Mo-
nasterio de Santa María de Sobrado, Libro de Expo lios (1685-1815), s.f.
240 A.R.G., Monasterio de Santa María de Sobrad o, Libro de Expolios (1685 -1815), s.f.
241 En el expolio de fray Casi miro Cornide se especifica que: “compases, in strumentos
de su a rte y Lib ros de las fa cultades de Arquitectura y Escu ltura con otros papeles por lo que
en lo su bcesibo pu eden hacer a l caso se hallan depositados en dos arcas, y lo s demás libros
se pusieron los que faltaban en la Librería…”. Ibíd.
242 LEIRÓS, E. (1945) : “Testamento de Simón Rodríguez” …

281

te” 243 ; tan solo tres más que nuestro religioso. El ar quitecto composte-
lano Diego d e Roma y poseía al momento d e su muerte (1694), cin-
cuenta y un ejemplares, de los cuales doce eran li bros de arte y dos de
matemáticas 244 . S urtida con catorce títulos y cuatro “de dibuj os o es -
tampas” estaba la biblioteca que atesoraba Fer nando de Casas en
1718, poco antes de contraer matrimonio 245 ; lo que hace supone r que
sería más num erosa a su muerte. Las librerías se vuelven más modes-
tas cuando, en lugar de hablar de g randes arquit ectos, nos aproxim a-
mos a maestros de obras como J osé de Se ix as, que dispuso de una
biblioteca compuesta de quince tí tulos de los cuales únicamente cuatro
corre spondían a tratados de arquitectura 246 . Fray C asimiro Cornide –
de quien, recorde mos, n o ha quedado memoria profesional — , debió
de gozar de un perfil sim ilar al de Seix as, por lo que no resulta extraño
que sus librerías c onstasen de un número semejante de volúmenes 247 .
Dado que las bibliotecas particulares de los regulares pasaban
a en grosar l as librerías de sus conventos, éstas pueden arrojar también
información acerca de las primeras por varias vías: los catálog os o
registros elaborados por los bibl iotecarios, y aqu ellos ejemplares que
los propietarios ma rcaban con ex li bris. A tr avés de estas fuentes co -
nocemos dos de las obras que pasaron a la biblioteca de Sa n Martiño
Pinario a través del expoli o del arquitecto fray G abriel de C asas. En el
último índice de la librería monásti ca, iniciado en la década de 1790,
se indica qu e la obra D ella tras portazione dell´Obelisco Vaticano e

243 FERNÁNDEZ GA SALLA, L. (1 992) : “Las bibliotecas de los arquitectos…” , 327-
355; FERNÁNDEZ ÁLVA REZ, M. A. (1996) : Arte y so ciedad… , 12 6.
244 FERNÁ NDEZ GASALLA, L. (199 2) : “L as bibliotecas de los arquitectos…”, 327 -
355; FERNÁNDEZ ÁLVA REZ, M. A. (1996) : Arte y so ciedad… , 127.
245 FOLGAR DE LA CALLE, M. J. (1982) : “Un inventario de b ienes…” , 535 -547;
FERNÁNDEZ ÁLVAREZ, M. A. (1996) : Arte y soc iedad… , 129 y 130.
246 TAÍN GUZMÁN, M . (19 93-1994) : “El taller y la b iblio teca del maestro de obras
compostela no José de Seixas…”, 263 -276 .
247 Como señaló Fernández Gasa lla, las b ibliotecas de lo s arquitectos gallegos de los
siglos XVII y XV III se encontraron lejo s d e alcanzar el nú me ro de ejem plares atesorados por
algunos de los grandes ma estros castellanos como Juan de Herrera, Juan Bauti sta Montene-
gro, Francisco de Mora o Juan del Ribero Rada, dueños respectivamente de 750, 610, 378 y
151 ejem plares. Pero hablamos d e bibliotecas ex cepcionales. Nuestros ma estros se m ovieron
en la me dia de Juan Gómez de Mora, Ju an d e Arfe y V illafañe o Juan Bautista d e Toledo, d e
68, 23 y 41 títulos. FERNÁNDEZ GASALLA, L. (200 4) : “Los tratad os tén icos y profesiona-
les…” , 739.

288

el tabernáculo del Lignum Crucis; y
trabajó en San Pela yo d e Oviedo y en
Eslonza, donde diseñó la portada ba-
rroca de la i glesia mo nástica — ho y
reconstruida en la i glesia de San Juan y
San Pedro de Renue va de L eón 256 .
Por lo general, las trazas viaja-
ban más que sus autores, ya qu e el
envío de una traza no implicaba nece-
sariamente el desplaza miento de su
artífice, qu e podía seguir atendiendo
aquellas fábricas con las que tenía una
relación contractual o que no podía
abandonar sin consentimi ento de sus
superiores, como suc edía a nuestros
arquitectos. Cuando se tr ataba de obras
importantes, podía darse el caso de qu e
fuese el propio tracista quien se encar-
gara de la dir ección de la obra, o se
desplazase a r ealizar visitas oculares a
la fábrica para comprobar el correcto seguimiento de sus indicaciones,
o solucionar complicaci ones técnic as. El benedictino fra y Gabriel d e
Casas, concentró su actividad en la localidad de S antiago — trabajando
principalmente p ara su comunidad y l as monjas benedictinas de San
Paio de Antealtares — , p ero ha y hipótesis qu e lo señalan como t racista
de la i glesia monástica d e S an J uan de Poio 257 , y en 1697 la co muni-
dad benedictina de San Vicente de S alamanca le soli citó unas trazas
para l a cubrición de la i glesia monástica, un pro yecto que fu e materia-

256 Acerca de este arquitecto véanse LLAGUNO Y AMIROLA , E. (18 28) : Noticias de
los arquitectos y arquitectura d e Espa ña desde su Restauración. Tom o IV, Madrid , 118-122;
SCHUBERT, O. (192 4) : Histo ria del Barroco… , 283-286; GARCÍA BE LLIDO, A. (19 30) :
“Estudios sobre el barroco español…” , 145; SAMBRICIO, C. (1986) : La arquitectura espa-
ñola de la Ilustración... , 2 ; MA RTÍN GONZ ÁL EZ, J. J. (1993 ) : El retablo ba rroco .., 116 y
166.
257 BONET CORRE A, A. (1 9 66) : La arquitectura en Galicia... , 496-497; FERNÁN-
DEZ GASALLA , L. (2 004) : La arquitectura en tiempos..., Tomo II , 1226-1236.

Fig. 61: Fray Pedro Martínez
y fray Juan Vázquez, Iglesia
del monasterio de San Julián
de Samos, finales del s. XVII-
segundo tercio del s. XV III

289

lizado por los maestros salmantinos Domingo Forcén y Die go Díez 258 .
De semejante modo, el c onvento de San Francisco de S antiago tuvo la
fortuna de poder contar con varios maestros durante los años que duró
la construcción de su iglesia, trazada por Simón Rodríguez, pero diri-
gida por franciscanos, algunos pert enecientes a la comunidad santia-
gue sa y otros llegados d e otras casas seráfi cas como el convento se-
minario de Herbón o el convento de Pontevedra 259 . Por el volumen de
noticias hallado — no sólo en Galicia también en otras regiones espa-
ñolas — , podemos afirmar que las obr as co misionadas por la o rden se
encontraban ent re l as qu e, con ma y or frecuencia, motivaban la movi-
lidad de los arquitectos r eligiosos: para dar trazas, dirigir sus fábricas,
informar sobre los trabajos que se llevaba n a cabo, etc.

3.3.1.1. El monasterio de S an Salvador de Celanova y sus
maestros de obras regulares: fra y Pedro de San Bernardo, fra y
Primitivo Rodríguez y fray Plácido Ig lesias
Durante el p eriodo que transcurre d esde finales del siglo XVII
hasta las últim as décadas del XVIII , el monaste rio benedict ino de S an
Salvador de Celanova contó con arqu itectos y maestros de obras per-
teneciente s a la p ropia comuni dad (fig. 62 ). En este ti empo se culminó
la transform ación del vi ejo cenobio medi eval e n un complejo mo-
derno, debidamente acondicionado para la vida de sus relig iosos. La
renovación de las infrae structuras c elanovesas había iniciado, de ma-
nera p rogresiva, a mediados del siglo XV I, comenzando por la cons-
trucción d el nuevo claustro reglar, y concluiría en la segunda mitad
del siglo XVIII 260 .

258 Ibídem, 1174-1177.
259 MURGUÍA , M . (18 88) : El arte en Santiago... , 201-203; COUSEL O BOUZ AS, J.
(1932) : Galicia artística... , 2 15-216, 264, 512; F OLGAR DE LA CALLE, M. C. (1 989) :
Simón Rodríguez... , 120- 143; F OLGA R DE LA C ALLE, M. C. (1993): “O s con ventos…” ,
327.
260 FOLGAR DE LA CALLE, M. C. (2 002) : “La épo ca barroca en lo s centros benedic-
tinos galleg os: el m onasterio de San Salv ad or de Celanova” en BARRAL RIV ADULLA, M.
D., LÓPEZ VÁZQUEZ, J. M. (coo rds.): Estudios sobre patrimonio artístico. Home naje del
departamento de Historia del Arte y de la Facultad de Geografía e Historia de la Univers i-

290

Este proceso
resulta fácilmente ras-
treable g racias a los
catálogos de abades
del monasterio cu yo
contenido ha sido pu-
blicado y contrastado
por Cotelo Felípez 261 .
El impulsor de las
obras fue el abad fra y
Alonso de Valladolid
(1548-1550) pero, se-
gún los catálo gos de
abades, las reformas in iciaron en tiempos de fray Pedro de Torrecilla
(1550 -1552) por el claustro re glar (fig. 63), cu ya construcción abarcó
los abadiatos de fray Ant onio de Chantada, fray Francisco de Monfo r-
te (1580), fra y Pedro de Castro (1583 -1586) y fra y Francisco Gutié-
rrez (1599-1604). El encargado de da r el plante amiento general del
complejo moderno, fue e l prestigioso maestro Juan de Bada joz el Mo-
zo, sin duda por ini ciativa de la Congregación de San Benit o de Va-
lladolid, que entre 1532 y 1550 y a le habí a comisionado los pro yec tos
de reforma de los monasterios de San Claudio de L eón, San Pedro de
Eslonza, S an Vicente de Oviedo, S an Zoilo de Ca rrión de los Condes,
Nuestra Señora de la Vega y San Vicente de Salamanca 262 . Sin em-
bargo, las trazas y condicione s de obra del claustro reglar se contra ta-
ron a Rodrigo Gil de Hontañón, quedando al frente de la fábrica Juan
Ruiz de P ámanes. Tras su fallecimiento en 1571 se eligió como suce-
sor a J uan de Herrera d e Gajano hasta que, en 15 76, se volvió a sacar

dad de Santiago de Com postela a la Prof . Dra. Mª d el Soco rro Ortega Romero. Santiago de
Compostela: Xunta de Galicia , 337-365.
261 Para las obras mencionadas a continuación véase COTELO FELÍP EZ, M. (2007) :
“A portacion es documentales…” , 60 -63.
262 GOY DIZ, A . (200 7) : “El monasterio de San S alvado r de Celanova en la época del
Renacimiento: una aproxima ción a su arquitectura” en SINGUL LORENZO, F. (dir.) : Ru-
desindus. O legado do santo... , 243.

Fig. 62: Monasterio de San Salvador de Cela-
nova

291

a subasta la obra para buscar a un nue-
vo maestro, llevándose el remate Ma-
teo L ópez 263 . La s obras con cluyeron en
1595.
El claustro del dormitorio se
inició en tiempos del abad fray Ped ro
de Ho yos (1607-1610 ) 264 , completán-
dose durante los gobiernos de f ra y Ál-
varo de Sotom ayor, fra y Leandro Sal-
vador (1624-1625) y fra y Pedro de
Deza (1629-1633 ). P ara dirigir los tr a-
bajos se contrató a Francisco González
de Araujo el Mozo. Según los Apunta-
mientos para una hist oria del monaste-
rio de San Salvador de C elanova, texto
conserva do en el archivo del monaste-
rio de S an Xulián de Samos, en tiempos de fray Álvaro de Sotoma y or
(1621-1624) se levantó la facha da de la portería, continuada por el
abad fra y Leandro Salvador (1634 -1637) en su segundo mandato, y se
inició el dormitorio. El Catálogo de abades conservado en Samos, sin
em bargo, data la obra en el tercer gobierno de fray Leandro Salvador
(1641-1645). Fray Torcado Ortiz (1637 -1641) hizo la despensa nueva
y los arcos de inicio del segundo cl austro, y fray Leandro No guerol
(1649-1653) comenzó a fundamentis una nueva fachada para el tem-
plo monástico, de estilo románico 265 . Como ex plicó Go y Diz, esta s
intervenciones sirvieron de « armazón » para la re novación barroca que
dotó al complejo de su imagen definitiva 266 . Una nueva puesta al día
emprendida bajo la dire cción, y posible traza, de los maestros fray

263 Ibídem , 246-247 y 250.
264 Periodo en el cual se construy ó también la Torre de las Campanas. Con todo , la
fecha del gobierno de este abad no coin cide en las publicaciones de Cotelo Felípez y Goy Diz.
El p rimero data su gobie rno entr e 16 07 y 161 0, y la segunda en tre 1617 y 16 22. L a datación
de Go y p resenta un desarrollo de las obras m ucho más fluido que el que da a entender la
temprana fecha de Cotelo. Cfr. COTELO FELÍPEZ , M. (2007) : “A portaciones documenta-
les…” , 61 y G OY DIZ, A. (2007) : “El monasterio de San Salvador de Celanova…” , 2 55.
265 GOY DIZ, A. (2007) : “El monast erio de San Salvador de Celanova …” , 2 59.
266 Ibídem, 238-263.

Fig. 63: Claustro reglar de
San Salvador de Celanova,
piso inferior

292

Pedro de San Berna rdo, fra y Primitivo Rodrí guez y fray P lácido Igle-
sias.
Con el frente ya terminado, el abad fra y Pedro Vergaño (1660 -
1661) de rribó la iglesia antigua, y su sucesor, fra y Rosen do Múx ica,
contrató la obra nueva c on el arquitecto Melchor de Velasco. En el
último tercio del sig lo XVII el monasterio de San Salvador de Cela-
nova contó, que sepamos por vez primera, con un maestro de obras
procedente de la propia comunidad. Nos referimos a fra y Pedro de San
Bernardo, cu y a fecha de ingreso en el monasterio desconoce -mos. La
ausencia de este dato dif iculta estimar en qué momento las obras em-
prendidas en la abadía orensana pasaron a depender del hacer de este
maestro de obras. D ado que
entre 1703 y 1705 lo locali-
zamos trabajando en la igle-
sia del monaste rio composte-
lano de S an Paio de Ant ealta-
res, suponemos que su r epu-
tación como arquitecto ha-
bría aumentado tras hacerse
cargo de la f ábrica de Cela-
nova durante los últ imos
años del XV II 267 . Por enton-
ces, los esfuerzos de la co-
munidad se concentraban en
la conclusión de la iglesia monástica y de su amueblamiento. En la
década de 1790 el padre fray J osé de Arriaga (1 693 -1697) retomó la
construcción del claustr o del dormitorio, conocido popularmente co-

267 El desconocimiento de su fecha d e pro fesión nos impide saber, por eje mplo, si l legó
a coin cidir con el arquitecto P edr o Monteagudo, encargado de dirigir la cubrición de la iglesia
entre 1 678 y 1685 , am én d e traz ar un a n ueva cúpu la pa ra el crucero. En todo caso sí pu do
haber trabajado junto a sus colaboradores, canteros procedentes de Terra d e Mo ntes. GON -
ZÁLEZ GA RCÍA, M. A . (19 90) : “La cúp ula de la iglesia monasterial de Celanova, o bra del
arquitecto pontevedrés P edro de Monteagudo”, Porta d a Aira , 3 , 75 -92; FOLGA R DE LA
CALLE, M. C. (2007) : “A la sombra del compás y del espe jo…”, 271 -272, 275.

Fig. 64: Vista del Claustr o do poleiro
del monasterio de San Salvador de Ce-
lanova

293

mo claustro do pol eiro, poniendo sus cimientos y l evantando “ hasta
tres estrados de pared con dos arcos” (fig. 64) 268 .
El claustro del dormitorio se había ini ciado a comienzos del si-
glo XV II, pero las obras habían sido paralizadas, según indic a la do-
cumentación, por temor a que el terreno no fuera estable. El padre
Arriaga se decidió a retomar el proyecto siguiendo las trazas dadas a
comienzos de siglo. Teniendo en cuenta que en juni o de 1699 fray
Pedro de San Bernardo es elegido por l a Congregación de Va lladolid
para diri gir l as obras de la iglesia del monasterio santiagués de San
Paio de Antealtares 269 , cabe suponer qu e llevaría algunos años ejer-
ciendo como m aestro d e obras de Celanova. Tal vez desde tiempos de
fray J osé Arriaga y , con seguridad, dur ante el cuatrienio de fra y Ma-
nuel Pim entel (1697-1701). P or iniciativa de este abad, se reparó el
lienzo sur de la torre del claustro o «de la Sastre ría» , y se llevaron a
cabo intervenciones menores como la apertura de dos ventanas y enlo-
sado de la Sala Capitular, así como otras tareas de mantenimiento 270 .
Unos años más tarde, el abad fra y J osé Sotelo (1705 -1709), hiz o cu-
brir las estancias de los abades y constru yó un balcón sobre el claustro
de la portería 271 . Estas interve nciones tuvieron lugar en un periodo en
que el arquitecto ya había abandonado la fábrica de San P aio de Ante-
altares y , posiblemente, regresado a Celanova, d onde habría residido
hasta que en 1707 viajaba a Tui para trabajar en la reconstrucción de
la Capilla de Santa Catalina, en la Catedr al. A est a localidad debió de
acudir d e manera m ás o menos regular hasta 1715, cuando s e finalizó
la obra de los tirantes q ue aseguraban l a estabili dad del templo cate-
dralicio, diseñados por s u correligionario f ra y Fra ncisco Velasco, aun-
que realizados bajo la direc ción del maestro de Celanova.
A pesar de pasar temporadas lejos de Celanova, San Bernardo
desempeñaría su trabajo como tantos otros arquitectos de prestigio que

268 COTELO FELÍPEZ , M. (2007) : “Aportaciones documentales…” , 67; FOLGAR DE
LA CALLE, M. C. (2007) : “A la sombra del com pás y del espejo …” , 277.
269 FERNÁNDEZ GASALLA , L. (2004) : La a rquitectura en tiempos … , 1177- 1190.
270 COTELO FELÍP EZ, M. (2007) : “Aportaciones do cumentales…” , 66 -68; FOL GA R
DE LA CALL E, M. C. (2007) : “A la sombra del compás y del espejo…” , 277.
271 COTELO FELÍPEZ, M. (2007) : “A portaciones do cum entales…” , 68.

294

atendían más de una obr a a la vez. Por tal motivo, podría haber traza-
do y /o supervisado l as re formas empr endidas en su monasterio duran-
te los cuatrienios de los abades fray José de Arriaga (1709 -1713) y
fray J osé Sotelo (1713-1717): la construcción de unos arc os de cante-
ría en la iglesia para disposi ción de los órganos; del balcón de la cá-
mara abacial sobre la p ortería y d e un nuevo cuarto de celdas en el
claustro de «o poleiro» ; o el diseño de los retablos de San Rosendo y
de la S oledad, aunqu e n o descartamos que estas piez as hubieran sido
planteadas por un maestr o especializado en la arquitectura m ueble 272 .
En la si guiente década lo s abades de C elanova co ntinuaron la obra del
claustro del dormitorio construy endo nu evas celdas para sus religio-
sos. En tiempos de fray Pedro Blanco (1723 -1725) se hizo el lienzo
del claustro “que empieza junto a la lampari lla y acaba en la fuente
de las mulas, y d esde allí los cimientos que van a la forja” 273 . Si no
emprendió la obra completa, desde lue go se e ncargó de concluirla
pues la do cumentación informa qu e “dicho lienz o lo enmaderó y tejó,
juntamente con la torre nueva que sirv e de solana” 274 . Bajo el go-
bierno de fra y Juan de Villamarín (1725 -1729) se continuó la obra del
claustro de celdas “ desde los cimientos del paño meridional hasta
fenece rlo y tejarlo” , y, concluida esta panda, se trabajó en la crujía
norte, la cual “faió, techó y retejó”. Además, se renovaron los techos
de la crujía oriental 275 . Para Folgar de la Calle, la f echa de 1727 gr a-
bada en una de sus pand as indica el fin de los trabajos de cantería. En
su opinión, tanto San Bernardo como los demás maestros que pudie-
ron aborda r la dirección de estas obras respetaron el proy ecto orig inal
del claustro, dado a comi enzos del siglo XV II ; inc luso cuando el dise-
ño de las fachadas resul taba, en su lenguaje fo rmal, “ exce sivamente
clasicista para el pleno sigl o XVIII” 276 . Co mo señala Folgar, el ele-
mento dieciochesco de este espacio claustral s e encuentra en la vol ada

272 Ibid.
273 Ibídem , 69.
274 Ibíd.
275 Ibíd.
276 FOLGAR DE LA CALLE, M. C. (2005) : “L a eclosión d el Barroco ”… , 278.

295

ga lería de ménsulas de p erfil mixtilíneo que conecta las entreplantas y
servía de acceso a los cuartos de los novicios (f ig. 65) 277 .
Ante la ausencia de noticias que aporten otros nombres, fra y
Bernardo pudo s er sust ituido al frente d e la maestría de obras de la
abadía por fray Primitivo R odrígue z. Atendiendo a una noticia exhu-
mada por López Ferreiro, este artífice podría lle var una lar ga tempo-
rada en Celanova cu ando accedió al mencionado puesto. En ella se
informa acerca de un hermano lego de nombre f ra y Primitivo que en
1718 asentaba el r etablo de San Rosendo en la iglesia monástica 278 .
Un mueble que habría sido sustit uido por el que ho y se contempla en
la nave sur, concluido, se gún Cote-
lo Felípez, hacia finales de la dé-
cada de 1740 279 . Si fray Primiti vo
Rodríguez es el mismo individuo
que ya trabajaba en el monasterio a
finales de la s egunda d écada del
siglo XV III , podría haber partici-
pado en las obras del claustro do
poleiro . Pero h emos de ser prud en-
tes, pues la primera mención que
hemos localizado en la cual se le
menciona como fraile de C elanova
— identificándolo, adem ás, como
maestro de obras de la abadía — ,
data de 1735, momento en que se

277 Ibíd.
278 LÓPEZ FERREIRO, A. (1907) : Biografía d e S an Ro sendo. Mon doñe do , 2 6; CO-
TELO FELÍPEZ , M. (2007) : “Aportaciones documentales…” , 69; COTEL O FELÍP EZ, M.
(2007): “Los retablos laterales d e la iglesia de Celano va. A puntes para una lectura artística y
cultual”, en S INGUL L ORENZO, F. (d ir.) : Ru desindus. El legado d el Santo... , nota 11;
FOLGAR DE LA CALLE, M. C. (2007) : “ A l a sombra del com pás y del espejo…” , 284, nota
28; GONZÁLEZ GARCÍA, M . A. (2001) : “Arte en el monasterio…”, en P AS TOR, V. (dir. ):
San Salvador de Celanova. Vigo: Caixanova , 117.
279 COTELO F ELÍPEZ, M. (2007) : “Los retablos laterales de la iglesia de Celano-
va …”, 315.

Fig. 65: Galería del claustro de
« o poleiro » en el monas terio de
San Salvador de Celanova

296

contrata la forja de la rej a de la vía sacra d el templo según un diseño
suyo 280 .
Finalizada la obra de las fachadas del claustro del dormitorio,
el abadalogio menciona la construcción d e los r etablos del trascoro,
entallados durante el g obierno de fra y Ruperto Carrasco, entre 1734 y
1737 (fig. 66) 281 . Teniendo en cuenta su cargo, cabe pensar que el di-
seño de dichas arquitect uras reca y era en R odríguez quien, a demás, s e
habría ocupado de dirigir el taller e ncargado de entallarlos 282 . Antes de
trabajar en los retablos d el trasc oro, pudo h a berse responsabilizado de
las obras emprendidas d urante el cuatrienio del antecesor del padre
Carrasc o, fra y P edro Blanco (1729 -1733); un periodo en que se finali-
zó la Librería y construyeron la celda de la torre sobre la botica y otra
en la galer ía de la cámara “en el corredor que está al mediodía”.
Igualmente, pudo
encargarse de los trabajos
afrontados durante el tercer
abadiato de fr a y Pedro
Blanco (1737-1741), cuan-
do se ll evaron a cabo el
pasadizo del claustro de la
barbería, la apertura de
ocho tra galuces en la libre-
ría, y el enlosado del
“claustro nuevo bajo” 283 .
La última noti cia que he-
mos localizado donde se le

280 GON ZÁLEZ GARCÍA, M. A . (2 001) : “Arte en el monasterio…” , 117.
281 COT ELO FELÍPEZ, M. (2007) : “A portacion es docum entales…” , 70.
282 FOLGAR DE LA CALLE, M. C. (2007) : “ A la sombra d el compás y d el espejo...” ,
272 y LÓPEZ VÁZQUEZ, J. M. (2 007) : “ El p resbiterio y el coro, la médula de la igle si a
monástica ben edictina: el caso de Celanova” , en SINGUL LORENZO, F. (dir.) : R udesindus.
El legado del santo… , 302.
283 COT ELO FELÍPEZ, M. (2007) : “Aportaciones docu me ntales…” , 59 -71. Existe un
abadologio cuyos datos de in terés han sido publicados y am pliados h asta llegar al año 171 3 en
“ UN ABAZ OLOGIO in édito de Celanova”, Bo letín d e la Comisi ón Provincial de Mon umen-
tos Históricos y Artísticos de Orense (1927) , 8 (174) , 53 -67 y 8 (175) , 73 - 86.

Fig. 66: Trascoro de la iglesia de San Sal-
vador de Celanova

297

presenta como m aestro d e obr as de C elanova se encuentra relacionada
con las reparaciones de los puentes de Ourense, y d ata de 1737 284 .
La mentablemente, al desconocerse la fecha de su defunción, tampoco
podemos determinar hasta qué año ejerció como maestro de obras de
la abadía ni qué int ervenciones afrontó, aunque, atendiendo a la falta
de noticias del catálogo de abades, a partir de ese año la a ctividad
constructiva de scendió hasta la década d e 1750.
Su sucesor como maestro de obras de Celanova, fra y Plá cido
Iglesias, llegó al monas terio procedente de la casa benedictina de
Sahag ún, dond e había to mado los hábitos 285 . Una vez más, ignora mos
la fec ha de su incorporación a la comunidad orensana y s i coincidió
con Rodríguez. La noti cia más temprana que lo identifica como arqui-
tecto celanovés se remonta a 1754, cuando fue lla mado por los r egido-
res de la ciudad d e Ourense para dar los planos de un cuartel de mili -
cias. Entre 1755 y 1761 se hizo cargo d e l cierre del claustro r eglar del
monasterio de Cel anova, en lo que Folgar de la Calle denominó “uno
de los trabajos máis harmoniosos y cuidadosamente diseñados del
barroco gallego final” 286 .

3.3.1.1.1. Fray Plácido Iglesias y la conversión del
claustro reglar en una obra barroca
Como acaba mos de ver, la transform ación del c omplejo
medieval de San Salvador de C elanova en un monasterio moderno se
inició en la se gunda mitad del siglo X VI por la construcción de u n
nuevo claustro reglar. El proyecto de reforma se d efinió en ti empos de
fray Alonso de Valladolid (1548-1550) pero no se completaría hasta
1595, cuando se concluyó la crujía septentrional. Las tr azas se soli ci-
taron a J uan de Badajoz, el Moz o, maestro estrechamente vinculado a
la Congregación de San Benito de Valladolid quien, según el padre

284 AHPO, Fondo Municipal, Ourense, Libros de acuerdos 90 (1737), f ol. 156r.
285 ZARAGOZA PASCUAL, E. (1986) : “G radas d e monjes d e las ab adías…” , 296 ;
ZARAGOZA PASCUAL, E. (1990 ) : “Libros de gradas de be nedictinos …” , 557.
286 FOLGAR DE LA CALLE, M. C. (2007) : “La so mbra del compás y del espejo…” ,
279.

304

aseguradas con bar rotes de ye-
rro y rejas de alambre para su
resguardo ” 297 .

Fray Plácido se guía en activo en el cuatrienio de fray J osé
La nza (entre 1785 y 1789), periodo en que se entalló el monumento d e
Ju e ves Santo, acaso a par tir de sus trazas. La últim a noti cia que h emos
localizado sobre I glesias data de 1788, y des conocemos la f echa de su
muerte, razón por la que no podemos as egurar que las obr as ll evadas a
cabo durante el cuatrienio de fra y J osé Albare da (1789-1793) — la
construcción a fundamenti s de la cocina — , y en e l de su sucesor, fra y
Manuel C aballero (1793-1797) — impulsor de las obras de l a botica y
de la cá mara — , correspo ndieran al maestro benedictino.

3.3.1.2. Los trabajos de fray Manuel de los Mártir es para la
Orden de Sa nto Domingo
La pérdida de buen a parte de la documentación d el convento
dominico de Santa María de Belvís compromete e l conocimiento de la
actividad de fr a y M anuel de los M ártires como m aestro de obras de la
casa. Por el contrario, conservamos int eresantes ejemplos de cómo la
Orden d e los Dominicos acudió a él cuando necesitó emprender algu-
nos trabajos de cierta enjundia, que en la actualidad constitu ye n el
único resto mater ial del vínculo del arquitecto con su congregación.

297 GÓN ZÁLEZ GARCÍA, M. A. (1 99 0) : “La cúpula de la igle sia monasterial . ..” , 82 y
83.

305

3.3.1.2.1. L a conclusión del claustro de Santa María de
Belvís
En 1310 se fundaba la primera casa femenina d e la Or-
den de Santo Domingo en Galicia 298 . Este proyec to, que ll evaba varios
años intentando materi alizarse, aprovechó la don ación de unos terre-
nos por parte de Constanza Fernández “ ad constr uendum monasterium
un Belvís ”, un lugar situado al sureste de Santiago de Compostela,
cercano a Bonaval 299 . La s obras del nuevo convento debieron de co -
menzar en la citada fecha de 1310 y se habrían concluido hacia final es
de 1313 gracias a las importantes donaciones reci bidas, aunque du ran-
te buena parte del si glo X IV continua ron los tr abajos 300 . El recién
construido cenobio todav ía tardó va rios meses en ser habitad o dada la
falta de religiosas dispuestas a abandonar sus con ventos y trasladarse a
una nueva ca sa, siendo
preciso contar con domi ni-
cas pro cedentes de otr as
regiones, como su primera
priora sor Vel asquita. C on
el tiempo, las muchas y
ge nerosas donaciones reci-
bidas por el convento de
Santa María d e Belvís du-
rante el si glo X IV hicier on
de él uno de los más im-
portantes de la ciudad de
Santiago (fig . 71).

298 Este apartado ha sido p ublicado parcialmente en P ITA GALÁN, P. (2017) : Fray
Manuel de los Mártires, maestro de ob ras de San Domingos de Bonaval (1734 -ca. 1772 ).
Santiago de Compostela: Co nsorcio de Santiago, Universidade de San tiago de Co mpostela,
2017 , 66 -72.
299 La don ación realizada por Teresa González el 8 de enero del citado año con sistió en
conceder a los frailes el lugar de Piñeiros en la aldea de P arada, perteneciente a la villa d e San
Mamed de Carnota a fin de fundar un monasterio de «Donas» en d icha villa, en el arzobispa-
do de Santiago o en otro lugar del Reino elegido p or los dominicos. P ARDO V ILLAR, A.
(1945) : “El convento de S anta María d e Belvís. (Apuntes históricos)”, Boletín de la Comisión
de Monumentos de Ourense, 15 ( 2) , 33.
300 Así lo indica el diploma del arzobispo D. Martín Fernández de G res. Ibídem , 44.

Fig. 71: Monasterio de Santa María de Bel-
vís, Santiago de Compostela

306

Durante los siglos XV y XVI el convento obtuvo el favor papal
para propiciar la entrada de limosn as y favorecer el correcto sustento
de las religiosas. El 14 d e marzo de 1489 el Papa Inocencio V III expi-
dió, a petición d e la mon ja Elvi ra Peñ a, una bula por la cual se conce-
dían 100 días de indul gencia por visitar la iglesia de Belvís desde pri -
meras a segundas vísp er as en las festividades d e Viernes S anto, As-
censión del Seño r, Asunción de la Virgen, Dedicación de la Iglesia, y
de los Diez Mil Má rtires. Sin embargo, las noticias del últ imo tercio
del quinientos parecen indicar qu e dich as medid as no b astaron p ara
garantizar un mantenimiento continuado de la comunidad. En 1579 las
dominicas llamaron al apare jador de la Catedral, Diego González, para
evaluar la gravedad de la ruina del convento alegando que:

“la mayor parte de él está de-
rribado y caído y para se re-
edificar tener necesidad de
mucha suma de maravedís, y
como ay en él más de q uaren-
ta religiosa s de noble casta,
hijas de personas principal es,
y […] padecen detrimento en
alimentos y enfermedades y no
tienen renta ni dineros para
botica y medicinas...” 301 .

Y éste “anduvo con otros oficiales reparando el arco del coro
y así la iglesia como tod o está para caerse”. La falta de medios, unida
a las n ecesidades qu e p adecían l as dominicas, derivó en nuevos don a-
tivos, algunos especialmente ge nerosos, como el realizado por el ar-
zobispo Sanclemente, qu e en su testamento dejó un a manda de 1.800
ducados para evita r que las reli giosas salieran a pedir limosna.

301 Ibídem , 51

307

El convento permaneció en estado ruinoso hasta 1664, cuando
se inició una p rogresiva reconstrucción d e todo el co mpl ejo iniciada
por la z ona residenc ial. El 18 de marzo del citado año, el arquitecto
Melchor de Velasco fue contratado por las domi nicas para r ealizar
“un quarto de casa en dicho monasterio que se ha caído o arruinado,
conforme a tres plantas y traça dell as” , ajustado en 26.000 reales y
con una longitud de 94 pies de largo por 21 de ancho 302 . Se trataba de
la panda sur del claustro y cierre meridional de la abadía, y la inte r-
vención de Velasco se li mi tó a un trabajo eminentemente funcional y
de escaso valor artístico. En esta crujía dispuso c inco celdas por cada
una de las dos plantas, más una en el desván. Cada una disponía de su
propia chimenea y contaba con dos vanos: la p uerta y una vent ana.
Los sótanos se concibieron como un espacio abovedado a pa rtir de
arcos fajones. El material emplea do fue mampostería d e piz arra en ca-
lada, dejándose a la vista, únicamente, las piez as de cantería que re-
forzaban los vanos. En 1 694 se inau guraron las o bras de la capilla de
la Virgen del Portal y, poco después, el arzobisp o fra y Antonio de
Monroy contribu yó a la ampliación del convento con más de 36.000
ducados 303 . En 26 de febrero de 1699 dicho prelado dio a su ma y or-
domo un poder para contratar con maestros de cantería y carpintería
las labores de reedificaci ón del convento, y el 4 de marzo se empleó a
los carpinteros Domingo Botana y Francisco V aamonde la obra de
carpintería de un tramo de 30 va ras de la rgo y dos pisos en la huerta,
desde la esquina hasta la torre , en el cua l dispone r 11 ce ldas. El 13 de
septiembre de 1700, una vez concluida la obr a anterior, se contrataron
con fra y Gabriel de Casas los planos para construir la crujía o ccidental
del claustro, diseñ ando l a portería, vic aría, locutorios y un grupo de
celdas. J unto a este encarg o, el benedictino recibió el de re alizar el
camarín de la ca pilla de la Virgen del Portal.

302 FERNÁNDEZ GASALLA , L. (2004) : La a rquitectura en tiempos ... , 866-867.
303 Monroy, además, agasajó a la co munidad con otras d onaciones como un a custodia,
un juego d e vinage ras con p alm atoria y cam panilla, un crucifijo c on peana de ébano cuajada
de reliquias y un busto co n la cabez a del má rtir San P róspero guardado en u na urna d e plata.
PARDO VILLAR, A. (194 5) : “El convento de Santa María de Belvís...” , 54 y 55.

308

En 1725, con el grue so del convento construido y la capilla de
la Virgen del Portal y a rematada, la comunidad decidió erigir una
nueva i glesia que sustituyese al anti guo templo gótico (fig. 72 ) 304 . Las
trazas elegidas fueron la s del arquitecto Fernando de C asas y Novoa,
que dirigió las obras entre 1726 y 1728; un periodo que se gún F ernán-
dez González se corresponde con la primera etapa constructiva 305 . En
estos años se debió de levantar buena parte del edificio, pues en el mes
de febrero d e 1728 se r egistraron pagos p ara la s ventanas y pa ra la
construcción de “estadas para la obra de la igl esia”. Los trabajos se
interrumpieron en 1729, se desmontaron los andamios y se almacena-
ron los materiales sobra ntes hasta que en febrero de 1735 se volvió a
abrir la fábrica. Durante un año Casas y Novo a estuvo al frente de los
trabajos, contando con fray Ma nuel de los Má rtires como aparejador.
Según Ferná ndez González, y así lo creemos nosotros también, el do-
minico únicamente parti-
cipó en esta s egunda fase.
En las cue ntas del mes d e
septiembre de 1726 se
indica que envi aron un a
persona a C oruña “a bus -
car el aparejador” , pero
ignora mos de quién se
trataba y a que en ningú n
momento la documenta-
ción aporta su nombre .
En contrapartida,
en el momento en que s e retoman las obras en 1735, se informa del
envío de Mártires a compra r madera y desde este momento su pres en-
cia en la documentación es constante. La con fianza que tanto el arqui-
tecto como la comunidad tenían en el maestro leg o se manifestó un
año más tard e, cu ando relevó a Fern ando de Ca sas al fr ente de l as
obras. P ara entonces y a estaba cubier ta buena pa rte de la ig lesia, pues

304 Arc hivo d el Con vento de Belvís (a partir de aho ra A .C.B.), Libro de Fábrica de la
Iglesia, leg. 75, s.f.
305 FERNÁNDEZ GONZÁLEZ, A . ( 20 06) : Fernando de Casas y N ovoa… , 204-209.

Fig. 72: Fernando de Casas y Novoa: Igle-
sia de Santa María de Belvís. 1726 - 1739

309

en el mes de octubre se realiza la primer a compra de teja. En 1737 se
inició la cúpula, y en 1738 se disponían algunas cristalera s, s e enlosa-
ba la i glesia, el retablo may or estaba y a rematado y solamente faltaba
la bóveda d el coro alto ( fig. 73 ). El 2 de junio d e 1739 se celebró la
inaugurac ión y bendició n del nuevo templo, siendo priora L uisa de
Le ira y vic ario f ra y Matías Rosende. La solemne ceremonia , q ue con-
tó con la asistencia d e todas las comunidades y c olegios d e Santiago,
fue oficiad a por el prior de Bonaval, fr a y Pedro Valladares, y la predi-
cación co rrió de la man o del lector de T eología de S an Esteban de
Salamanca, fray Francisco Pereira.
Con la iglesia y a
rematada , l a comunidad
continuó con su actividad
edilicia, ll evando a c abo
obras de mejora en algunas
de sus dependencias. El 7
de agosto de 1749 el vicario
provincial de la O rden de
Santo Domingo, fray Ma-
nuel Medrano, autorizó la
reedificación de un dormi-
torio, el refectorio y otras
oficinas que amenazaban ruina. Para iniciar estos trabajos se adquirió
en 1750 un censo de 55.000 reales f acilitado por las benedictinas de
San Paio de Antealtares. El 28 de oc tubre de 1751 el mismo vicario
concedió una nueva autorización a la priora de Belvís para llevar a
cabo la reparación de la cocina, refectorio y celdas con un coste de
13.200 reales, y en 29 d e enero de 1753, el nuev o vicario provincial,
fray Antonio Barcia, autorizó a la priora para destinar a este pro y ecto
1.200 ducados de la dote de sor María Teresa Carballido. L as obras,
que supusieron la construcción de dos tramos de la panda oriental del
claustro, el r efectorio y otras depe ndencias, s e r ealizaron entr e 1751 y
1755 según las pautas dadas por fray Manue l de los Mártires.

Fig. 73: Fernando de Casas: Cúpula de
la iglesia de Santa María de Belvís,
1737 - 1739

310

Según el libro de cuentas su coste ascendió a 197.718 reales y
el arquitecto recibió, desde febrero de 1751 y hasta julio de 1753,
3.000 reales a cuenta de su salario como maestr o de obras. En este
caso el a parejador fue Jua n Antonio Fontenla. La reconstrucción d e
estas depend encias pudo deberse tanto al estado de conservación de
esta zona del convento como a la necesidad de ampliar ciertos espa-
cios comunes dado el elevado número de r eligiosas que lo habita-
ban 306 . L os tramos re construidos se corresponden con los de la mitad
septentrional de la panda, que lindan con los muros de la iglesia. En la
facha da d el claustro el domi nico ha resp etado l a estructura original
con una arquería formada por arcos de medio pu nto moldurados dis-
puestos entre pilastras festoneadas gigante s, atando el alzado (fig. 74).
La a rquería está realiz ada en sillerí a de piedra vi sta mientras qu e, en
los registros superiores, los paramentos se escon den bajo un caleado,
dejándose a la vista los
elementos estructurales,
que ponen de manifiesto la
organización r eticular del
frente; nos referimos a las
citadas pilastras y una lí nea
de im posta que s epara los
pisos altos. En el se gundo y
tercer registro, Mártires
introduce una lev e varia-
ción respec to a la mitad
oriental de la panda q ue
afec ta a los vanos: respeta
su tamaño, pero divide l as ventanas con montantes. El claustro se cu-
bre mediante bóvedas de arista sustentadas por arcos fajones que se
apoy an en ménsulas dent adas de canter ía (fig. 75).

306 En 1760 eran 36 l as religiosas de coro. Un n úmero nada desdeñable para una comu-
nidad feme nina. A partir de esta fecha y con motivo d e las medidas adoptad as por el General
de la Orden, el P adre Boxadors, que pretendía evitar el ingreso de personas que no cumplieran
el total de los re quisitos para la vida religiosa, el núme ro de religiosas de Belvís iniciaría u n
paulatino descenso, pasando a estar f ormada por 29 mujeres en 1773.

Fig. 74: Claustro del convento de Santa
María de Belvís

311

El arranque de los a r-
cos se realiza con sillares bien
labrados que dan paso a la
mampostería, que ha sido re-
cebada y en calada. Est e tipo
de cubierta la emplea t ambi én
en el r efectorio, dispue sto en
el primer piso ocupando el
espacio co rrespondiente a cua-
tr o tramos del c laustro. Con-
siste en un aula rectangular,
sobria y eminentemente funcional, únic amente animada por el arran-
que de cantería vista de l os arcos ( fig. 76). La il uminación de este es-
pacio es t enue y proced e de los v anos de los mont antes, y a qu e l as
ventas se han dejado ciegas. En esta zona del claustro, se conserva n
algunos d etalles que nos remiten al ha cer d e nu estro dominico. Por
ejemplo, la ornamentación de los marcos de cantería de las puertas del
piso primero de la crujía oriental donde el ar quitecto ha dejado s u p er-
sonal impronta al vaciar el trasdós d e los dinteles con motivos mix tilí-
neos, como si se tratase de un negativo de la co mbinación de placas
dentadas y c irculares que emplea en algunas de sus obras (fig. 77).

Fig. 76: Fray Manuel de los Mártires: Refectorio del convento de Santa Ma-
ría de Belvís , 1753 (izquierda); Fig. 77: Fray Manuel de los Mártires, Detalle
de la guarnición de las puertas orientales , 1753 (derecha)

Fig. 75: Planta baja del claustro de
Santa María de Belvís

312

3.3.1.2.2. La iglesia de Santo Domingo de A Coruña
Según crónicas de la Orden de Santo Domingo, el con-
vento coruñ és d e los pre dicadores fue fundado por dos discípulos d el
santo en 1227 307 . La tradición quiere que dich a fundación se realizase
bajo el patrocinio de doñ a Sancha y doña Dulce, h ijas de Al fonso IX y
tenentes de la ciudad 308 , pero la primera noticia d ocumental sobre l a
existencia de esta casa se retrasa hasta 1294, año en que aparece men-
cionado en un testamento de Juan Pérez, vecino de Ribadavia 309 . Su
primera ubicación fue un solar extramuros d el recinto de la C iudad
Alta coruñesa, en las inm ediaciones de la Puerta de Aires, donde se
mantuvo hasta su destrucción durante el asedio de Francis Dr ake, en
1589 310 . La a cometida de la flota británica llevó a la orden a procurar-
se un solar intr amuros, eli giéndose el ocup ado por unas casas que per-
tenecían a Domin go de Lastres, sitas entre la Casa de la Moneda y el
convento de l as Bárbaras 311 . En un primer momento, la comunidad se
instaló en las casas alquiladas a Lastres y no se inició la edificación
del conve nto hasta qu e en 1596 los frailes compr aron otras casas p ró-
ximas para aumentar el s uelo disponibl e. Por las n otas incluidas por el
carde nal Jerónimo de l Hoy o en sus Memorias del Arzobi spado de
Santiago sabemos que en 1607 estaba en pie el templo, pero la casa no
estaba acabada, siendo h abitable una década más tarde. La nueva i gle-
sia fue descrita por el obispo de Monópoli, cronista de la Orden, como

307 BARRAL RIV ADULLA, D. (1998) : La Coruña en los siglos XII I a l XV. Historia y
configuración urba na d e una villa de realengo en la Galicia medieval. A Co ruña: Fundación
Pedro Barrié de la Maza , 334.
308 Ibíd. a partir de REY ESCARIZ, A. A. (19 08-1909) : “El convento anti guo de Santo
Domingo de La Coruña”, Boletín de la Real Academia Gallega, 3 , 128 -132.
309 BARRAL RIV ADULLA, D. (19 98) : La Coruña... , 335 a partir de P ARDO VI-
LLAR, A. (1953) : La orden dominicana en La Coruña. La Coruña , 11 y MANSO PORTO, C.
(1990) : “El convento de Santo Dom ingo de La Coruña”, Anua rio Brigantino, 13, 207.
310 BARRAL RIVADULLA, D. (1998) : La Coruña... , 335 y VIGO TRASANCOS, A.
(2007) : A Coruña y el siglo de las luces ... , 164-173.
311 Vid. VAAMONDE LORES, C. (1924) : “Noticias acerca d e la construcción del
convento nu evo de Santo Dom ingo d e La Coruña”, Boletín de la Real Academia Gallega ,
XIV (161) , 110 -119.

313

“muy hermosa y muy g rande de cantería” 312 . S egún el prelado, los
dominicos coruñeses c ontaron con:

“el gran s ocorro de los Católico s
Reyes de Castilla Felipe Se gundo
y su hijo Fel ipe Terce ro, como
también con las limosnas q ue con
larga mano han venido, compa-
deciéndose la ciudad y la tierra
de la mi serable ruina del monas-
terio” 313 .

Por su parte, el citado cardenal del Ho yo se hiz o eco de la a yu-
da aportada por el pr elado J uan de San Clemente, y resaltó la calidad
de la iglesia, capillas laterales y sacristía 314 . A pesar de los elogiosos
términos en que se expresaron ambos r eligiosos, las noti cias sobre el
reaprovechamiento de materiales, el precario estado en que el edificio
llegó al siglo XVIII y la decisión de su total reconstrucción — con la
excepción de la sacristí a y la Capilla del Rosario, ll evaron a Vi go
Trasanc os ha pon er en duda la pretendida calidad de la igle sia del
XVII 315 .
En 1762 el general de los dominicos, fray Tom ás de Boxadors,
ordenó a la comunidad coruñesa que ini ciase las obras de la nueva
iglesia (figs. 78-93). Las trazas debier on de realizarse ese mi smo año,
y los t rabajos comenzaron sin dilación, pero la obra no s e conclu y ó
hasta 1787 con el remate de la capilla ma y or. A pesar de qu e la docu -

312 Ibídem , 165.
313 PARDO VILLA R, A. (1947) : “El Convento de Santo Dom ingo de La Coruña
(Apuntes históricos)”, Bo letín d e la Comisión Provincial de Monumentos Históricos y Artísti-
cos de Orense, XVI , 115 y VIGO TRASANCOS, A. (2007) : A Co ruña y el siglo de la s lu-
ces... , 165.
314 HOYO, J. (1607): Memoria del arzobispado de S antiago. Santiago d e Compostela,
221v.
315 VIGO TRASANCO S, A. (2007) : A Coruña y el sigl o de las luces... , 165.

320

dominicano se asoma al mar y destaca como una atalaya que domi na
la Ciudad Alta de A Cor uña (fig. 85). A fin de darle tal notoried ad la
trazó de tres cuerpos: el primero cuadrangular y macizo actuando co-
mo pedestal y con dos aletones laterales que, además de aportar pro-
fundidad y dilatar el espacio, propician una unió n más armónica entre
el volum en central y el ancho del f rontis; el segundo para l as campa-
nas, con planta cuadrada con las esquinas cortadas en chaflán y articu-
lado en sus cuatro frentes con las habituales pil astras cajeadas; y el
último ochavado y rem atado con un cupulín n ervado y pináculo h as-
tial. Para animar plástica mente las transiciones entre los tres volúme-
nes dispuso balaustradas con placas y profusión de pequeños pinácu-
los, según es habitual en sus trabajos. De hecho, el precedente de la
torre hemos de ir a bus carlo, una vez más, a Pontedeume y los mode-
los compostelanos que l e inspiraron esta ob ra, aunque, como apuntó
Vigo Trasancos, el re sultado ahora es seco y falto de gracia 321 .
La iglesia de S anto Dom ingo de A Coruña fu e la última que fra y
Manuel de los Mártires r ealizó para la orden dom inicana. Su propues-
ta, barroca pero sometida y a a la limpi eza ornamental que caracteriz a
su proceso de ade cuación a los nu evos ti empos, da buena cu enta d el
gusto de este a rquitecto, y en el diseño del interior es uno de sus traba-
jos más log rados, sum a de las enseñanzas de sus maestros (de taller y
literarios) pero con una resolución personal. Por el contrario, una su-
cesión de malas d ecisiones, unidas a una medio cre mater ializ ación y,
acaso, a otros tantos añ a didos desafortunados, han hecho que el exte-
rior desmerezca y devalúe la obra, con carácter y potencia visual, pero
de escasa calidad artística. Tratándose de una f echa tan avanzada d el
XVIII , el edificio resulta un eco del pasado y de un estilo en vías de
extinción, especialmente en una ciudad donde — gracias a la iniciativa
militar — se estaban promocionando obras plena mente clasicistas, más
acorde s con el academicismo que paulatinamente imperaba en el país.

321 Ver VIGO T RASANCOS, A. (2 007) : A Coruña y el siglo de las luce s... , 170-173.

321

3.3.1.3. L os maestros de obras franciscanos y la construcción
de la ig lesia de San Francisco de Santiago
Un ejemplo d e cómo un a ord en religiosa podía sacar partido
de sus arquitectos y maestros de obras lo encontramos en la constru c-
ción de la iglesia del convento de S an Francisco en la ciudad de S an-
tiago de C ompostela 322 . El t emplo conventu al culmin aba el pro ceso de
modernización de este c onvento de frailes menores, iniciado en el si-
glo XVII. La sustit ución del antiguo templo gótico rec a y ó sobr e el
arquitecto compostelano S imón Rodríguez, que pro y ectó u n edificio
de dim ensiones ma gníficas y sobr ada capacidad para albergar a la
numerosa comunidad franciscana. El t amaño pr evisto para el inmue-
ble obligó a modi ficar la tradicional orientación Este -Oeste del edifi-
cio por otra Norte-Sur, con el consecuente der rib o de uno de los dor-
mitorios y la ocupación del camino que va a N uestra Señora de la
Fuente”, propiedad de San Martín Pinario 323 .

La s ob ras se iniciaron en 1742 bajo la dirección d el propio Ro-
dríguez, que tuv o a su disposición un taller int egrado por pro fesiona-
les laicos y he rmanos de la orden seráfica. Durante el ti empo que pasó
al frente de la fábrica — hasta su de función el 17 de febrero de 1752 —
, el arquitecto coincidió con al menos, cu atro ma estros de obra s fran-
ciscanos: fra y Ignacio Fontecoba, f ra y P ascual de Castro, fray M anuel
de la P eña y fra y José P iñero. Se gún estima Folgar de la Calle 324 , Fon-
tecoba pudo ser el sustit uto de Sim ón Rodríguez al frente de la fábrica
durante sus ausencias, desempeñado el pu esto d e sobrestante 325 . Es

322 El co ntenido d e este apartado ha si d o publicado en P ITA GALÁ N, P . (2014) : “Ar-
quitectos, mae stros de ob ras, canteros y carpinteros…” , 112 -118.
323 Sobre la iglesia d e S an Francisco véanse RODRÍGUEZ P AZOS, M. (1979) : El
convento d e San Francisco de Santiago... , 81 -142 y FOLGAR DE LA C ALLE, M. C. (1989) :
Simón Rodríguez... , 120 -143.
324 FOLGAR DE LA CALLE, M. C. (1989) : S imón Rodríguez... , 127.
325 Es p osible que sus ausencias fueran más p ues en el tiem po qu e el arqu itecto se
encontraba al frente de la iglesia dio las trazas para el retablo mayor de la Capilla de San
Roque (Santiago de Compostela), diseñó la parroquial de San Nico lás y la Capilla d e la Orden
Tercera en A Co ruña, se encargó de la reconstrucción del convento de Conxo (Santiago ), y
pudo ser el arquitecto tras el diseño d e las escaleras del atrio de Sa n Cristo vo d e Xavestre, la
puerta de bajada a la cripta d e la Catedral de Santiago desde la nave septen trional, y el te mplo

322

poco lo que se conoce a cerca de este arquitecto más allá de su fecha
de defun ción (†1750) y que tenía bu enas dotes para el dibujo, tal y
como demuestra la calidad de los diseños autó grafos que se conservan
en el Archivo de la P rovi ncia de Santiago (figs. 12 y 13) 326 . Año y
medio antes de iniciarse la construc ción de la igl esia, el 22 de octubre
de 1740, el capítulo de San Francisco inició las di ligencias para reali-
zar la información de “ m oribus et vita de c alidad y limpieza” d e Pas-
cual de Castro, qu e soli citaba el hábito de lego 327 . Las in formaciones
se aprob aron el 27 de d iciembre d e 1740, y el 31 de diciembre de
1741 profesaba como h ermano lego. Aunque las mencionadas infor-
maciones no dan cuenta de su oficio sabemos que fra y Pascual de Cas-
tro estaba vinculado profesionalmente al á mbito de la construcción
porque a comienzos de su año de noviciado realizó un diseño para la
reconstrucción de la P uerta de San Francisco de l a muralla composte-
lana 328 . Teniendo en cuenta la capacidad d e este rel igioso, lo lógi co es
considerar su participaci ón en la obra de la i glesia de San Francisco,
aunque su presencia en el taller no ha ya qu edado registrada en los
documentos que han llegado ha sta nosotros, ni tampoc o teng amos
noticias acerca d e cu áles fueron a partir d e enton ces sus circunstancias
vitales. Otro lego franciscano que participó en la construcción de la
iglesia conventual fue fra y J osé Piñero. Este maestro de carpintería
tomó el hábito seráfico el 10 de febre ro de 1726 junto a su compañero

de Santa Clara de Allariz. V id. FOLGAR DE LA CALLE, M. C. (1 989) : Simón Rodríguez... ,
143 -1 74.
326 Según Atanasio Ló pez, Fo ntecoba falleció en Betanzos en la fecha arriba citada. Su
nombre no consta en el Libro de Novicios de San Francisco por lo que podría h aber pro fesa do
como lego en el convento b etanceiro. MARTÍNEZ MURGUÍA, M . (1888) : El arte en Santia-
go… , 135, nota 2; LÓPEZ, A. (1 912) : “Los arquitectos de la iglesia de San Francisco de
Santiago”, El Correo Co mpostela no, 1 6 d e noviembre de 1 912; LÓPEZ, A. (1916): “A rtistas
franciscanos...” , 572; FOLGAR DE LA CALLE, M. C. (1989) : Simón Rodríguez... , 207 n ota
68; P ara los dibujos véa se V IGO TRASANCOS, A. (dir.) (2011) : Galicia y el siglo XVIII… ,
tomo II , 552 y 553.
327 APFS, Tomo 9 , s.f.; Car peta 46, Libro de Recepción de Nov icios del Noviciado de
San Francisco de Santiago, 1 710-1829 , fol. 51v.; Carpeta 120, Libro de Re cepción de Novi-
cios del Noviciado de San Fran cisc o de Santiago, 1710 -1834, fol. 61v.
328 Sobre esta obra véase FOLGAR DE LA CALLE, M. C. (1 985) : Arquitectura gall e-
ga del siglo XVIII. Los Sarela. San tiago: Universidad de Santiago de Compostela , 41 -43;
ROSENDE V ALDÉS, A. (2004) : Unha historia urbana ... , 81 -83. El diseño se con serva en el
Arc hivo Histórico Universitario de S anti ago con la signatura AHU S, Fondo Municipal d e
Santiago , Gobierno, Consistorios 1741, Libro 157, fol. 136r.

323

de oficio fray Mateo Gil 329 . Piñero debió de ser uno de los más estre-
chos colaboradores de Simón Rodríguez quien en su test amento le
lega pa rtes d e sus libro s y papeles, además d e sus compases 330 ; un
trato que no recibió ningún otro maestro regular. Coincidiendo con l os
últimos años de vida de Fontecoba y Simón R odríguez, se inco rporaba
al taller de la iglesia fray M anuel de la Peña, el maestro de obras del
convento de San Antonio de Herbón, supuestam ente, para situarse al
frente de la maestría de obras 331 . Según Couselo Bouzas, pasó a ocu-
par dicho puesto hacia 1748 , aunque la primera noti cia firm e de tal
estatus data de 1751 332 . En el momento de su llegaba a Compostela,
De la Peña contaba con una amplia experiencia adquirida a base de
intervenciones en Herbón, las c asas de Ponteved ra y Monterre y , y en
San L our enzo de Trasoutos 333 . Para entonces la iglesia se hallaba bas-
tante avanzada en lo correspondiente a las naves occidental y central,
y se trabajaba en l a fin alización de la nave oriental y en el inicio de l a
cubrición de lo construid o hasta enton ces 334 . En 1751 la fábrica se vio
obligada a paraliz ar los t rabajos a r esultas de una denuncia int erpuesta
por la comunidad de San Martiño P inario, desconfiada ante las dimen-
siones y proximidad del nuevo templo. Es en la documentación resul-
tante que se informa del papel directivo desempeñado por De la Peña.
El pleito retrasó los tra ba jos dos años y tuvo como re sultado l a supre-
sión del último tramo del inm ueble 335 . La obra se reanudó una vez
resuelta la contienda. Para entonces, S imón Ro dríguez y a había falle-
cido y el hermano De la Peña seguía al frente de l a fábrica conventual.
En el tiempo qu e duró s u maestría, que supon emos sería h asta su de-
función en 1769, los trab ajos se desarrollaron a u n ritmo menor al ex-

329 Am bos carpin teros tenían la edad de 26 y 27 años respectivamente y procedían de la
felig resía de San Tomé de Quireza. APFS, Carpeta 46, fol. 22r. y Carpeta 120 fol. 28r.
330 FOLGAR DE LA C ALLE, M. C. (1989) : S imón Rodríguez... , 130.
331 APFS, Tomo 30, Informa ciones de Manu el de la P eña, s.f.
332 Cfr. LÓPEZ , A. (1916) : “Artistas franciscanos españoles...” , 57 2; COUSELO
BOUZAS, J. (1932) : Galicia artística... , 512; FOLGA R DE LA CALLE, M. C. (1 989) : Si-
món Rodríguez... , 1 30, a p artir d e APFS, Iglesia. Estado , planos, p leitos, Carpeta 5 0, Iglesia,
pleitos nº1, s.f.
333 COUSELO BOUZAS, J. (1932) : Galicia artística... , 512.
334 FOLGAR DE LA CALLE, M. C. (1989) : S imón Rodríguez... , 123.
335 Durante este lapso fray Manuel d e la P eña se hizo cargo, jun to co n Luca s Ferro
Caave iro, de las obras de la parroquial d e Camariñas. COUSELO BOUZA S, J. (1932) : Gali-
cia artística... , 512.

324

perimentado en las décadas precedentes. Las fu entes conservadas no
informan de las circunstancias de la construcción en la dé cada de
1750. Hemos de esperar hasta la década siguiente para conoc er el
desarrollo de las obras, registrado en la M emoria del convento d e San
Francisco 336 . Gracias a este documento, sabemos que durante la guar -
dianía de fra y Diego Giráldez (1761-64) se ll evó a cabo el aboveda-
miento de la capilla ma yor y la finalización de lo s corillos del pr esbi-
terio, quedando pendiente su cubrición 337 . En 1764 el arzobispo Barto -
lo mé Rajoy procedía a la bendición del templo y se trasladaba el San-
tísimo al altar ma yor; sin embargo, d esde entonces y hasta 1784 “sir-
vieron” como iglesia el presbiterio y “la nave d e la sacristía” 338 . En
la última déc ada de su vida, fra y M anuel de la P eña c ontó con la ayu-
da de un joven cantero
procedente, como él, de la
feligresía de S anta María
de los Baños, se trataba de
fray M anuel Ca eiro. In-
gresado como lego en l a
comunidad compostelan a
el 25 de febrero de 175 9,
a la edad d e 18 años 339 ,
este franciscano sin duda
completó su formació n
profesional junto al maes-
tro de ob ras d e su conven-
to — esto es, dentro de l a tradición arquitectónica del barroco santia -
gué s — , pudiendo aprovecharse d el conocimiento teórico que l e pro-
porcionaban los tratados de arquitectura presentes en los r icos fondos
de la bibliot eca convent ual 340 . Sin embargo, Caeiro tardó en pasar a

336 APFS, Memoria de la Provincia de Santiago (1653 -1829), Carpeta 61.
337 Ibídem, s.f.
338 APFS, Libro becerro de San Franc isco de Santiago, Carpeta 114, fol. 35r.
339 AP FS , Tomo 7, s.f.; Carpeta 4 6, fol. 83r.; Carp eta 120, fol. 102r. y COUSELO
BOUZAS, J. (1932) : Galicia artística... , 215 y 216.
340 Depositaria a su vez de parte d e la biblioteca de Sim ón Rodríguez y con unos fon-
dos artísticos nada despreciables. GARCÍA ORO, J. (1993) : “La biblioteca de San Francisco
de Santiago antes de la Exclaustración…” , 387-396.

Fig. 86: Cúpula del crucero de la iglesia de
San Francisco de Santiago, ca. 1770- 1774

325

primera línea y, si bien
contaba con 28 años a la
muerte del hermano f ray
Manuel de la Peña y una
experiencia considera-
ble, no parecía gozar de
la plena confianza de la
casa. Unos meses d es-
pués del fallecimiento
del maestro de obras se
puso al fr ente de los
trabajos el arquitecto
fray Francisco de Mi ra,
lego del convento de
San Francisco de Ponte-
vedra 341 . Mira, qu e h abía t razado diversas obr as 342 , dirigió l a fábric a
de la iglesia ent re 1770 y 1774 343 . Poco antes d e abandonar el talle r,
redactó una m emoria de lo realizado bajo su maestría entr e el 24 de
mayo de 1773 y el 16 de septiembre del año siguiente, señalando que
su actividad se había concentrado en la cubrición del templo 344 ; un
tipo de trabajo cu y a co mplejidad podría explicar la preferencia de la
comunidad por un arquitecto más avezado que Caeiro (fig. 86). Tras la
marcha d el herm ano Mir a la fábrica estuvo parada dos años por falta
de fondos 345 , hasta que en 1776 el problema e conómico se solventó
gracias al donati vo del indiano Manuel Prego de Montaos, propietario

341 COUSELO BOUZAS, J. (1932) : Galicia artística... , 455 y 456.
342 Ibídem, 42.
343 FOLGAR DE LA C ALLE, M. C. (1989) : Simón Rod ríguez... , 125 y FO LGAR DE
LA CALLE, M. C. (19 99 ): “L os convento s”, …, 327.
344 En ella informa de la realización de tres b óvedas de la n ave oriental más otras cua-
tro, y a co ncluid as, del cierre d el b razo d el crucero donde se dispone el altar de San A ntonio,
dice qu e “queda labrado el arco toral o princ ipa l d el cuerpo de la yg lesia” así como d os
estribos de la zona oriental, lo s arranques para dos arcos y las dovelas necesarias para un
tercero, y lo s “aristones” para las b óvedas, ade más d e varias varas d e la cornisa exterior.
APFS, Carpeta 61, s.f.
345 Sa bem os que Mira abandonó la casa puesto q ue la comunidad cubrió lo s gastos d el
envío d e su s pertenencias. Lam entab lem ente igno ramos si regresó a P o ntevedra o si, por el
contrario, se dirigió a trabajar para otro convento. Ibídem .

Fig. 87: Fray Manuel Caeiro, Planta,
sección y fachada de la iglesia de San
Francisco de Santiago, ca . 1778

[Document text truncated for crawler view.]