Re is a de
Psicopa ología
y
Psicología
Clínica
©
Asociación Española de Psicología Clínica y Psicopa ología (AEPCP)
1999,
Volumen 4. Núme o 2, pp. 71-103 ISSN 1136-5420/99
LA DISCREPANCIA ENTRE LA INVESTIGACIÓN Y LA PRÁCTICA
CLÍNICA DE LA TERAPIA DE CONDUCTA
ELISARDO BECOÑA
Uni e sidad de San iago de Compos ela
(Recibido el 14 de ab il de 1999)
La e apia y modi icación de conduc a se ha consolidado como la e apia psicológica
de mayo ele ancia y e icacia en sus 40 años de exis encia. Sin emba go cada ez
más se hace e iden e el su gimien o de disc epancias en e la in es igación que sus-
en a sus écnicas de a amien o y la p ác ica de la misma po pa e de los psicólogos
clínicos. Se analizan dis in as disc epancias que se ienen a as ado desde hace años
(p.
ej., el diagnós ico psiquiá ico; e aluación conduc ual s. psicodiagnós ico clásico;
casos simples s. complejos; a amien os simples s. complejos; a amien o ijo s.
cambian e; e apeu as en la in es igación y en la p ác ica clínica; los diseños de caso
único; c i e io clínico s. es adís ico; poblaciones análogas s. clínicas; du ación de la
e apia; éxi os y acasos; y, seguimien os] así como la si uación ac ual. Den o de és a
se analiza el es ado de las an e io es así como la escasa incidencia de la in es igación
en la p ác ica clínica, el paso del en enamien o o mal a la p ác ica clínica, el iempo
dedicado a la lec u a (ac ualización) po pa e de los clínicos e in es igado es, la p i-
macía de a ios p oblemas clínicamen e ep esen a i os, la eñcacia en la in es igación
y p ác ica clínica y sus pun os ue es y débiles. Se concluye que una pa e impo an-
e de lo expues o se elaciona con el paso de la eo ía a la p ác ica y de la p ác ica a la
ecnología y que ello es habi ual en odas las ciencias aplicadas. El se conscien es de
ello puede ayuda a sol en a algunas de las disc epancias que se han analizado.
Palab as cla e: e apia de conduc a, modi icación de conduc a, in es igación, p ác i-
ca clínica, disc epancias.
Disc epancias be ween esea ch and cUnical p ac ice o beha io he apy
Beha io he apy and modi ica ion, wi h 40 yea s o his o y, i is oday Consolida ed
as he mo e ele an and e iccien o he psychological ea men s. Howe e i beco-
mes e iden he eme gence o disc epancies among he in es iga ion ha sus ain hei
ea men echniques and he p ac ice o he same one on he pa o he clinical psy-
chologis . Di e en disc epancies a e analyzed ha a e come c awling o yea s (e.g.,
he ole o psychia ic diagnosis; beha io al assessmen s. adi ional psychological
assessmen ; single cases s. complex cases; íxed ea men s. changing ea men ; he-
apis in he esea ch and in he clinical p ac ice; he designs o N=l; he clinical sig-
ni icance s. he s a is ical signiñcance; analogue samples s. clinical samples; du a-
ion o he apy; successes and ailu es; and ollow-ups) as well as he cu en si ua ion.
We analized he s a e o he p e ious one as well as he li le incidence o he esea ch
in he clinical p ac ice, he s ep o he o mal aining o he clinical p ac ice, he ime
dedica ed o he eading on he pa o he clinical and esea che s, he p imacy o se e-
al p oblems clinically ep esen a i es, he e ec i eness in he esea ch and in he cli-
nical p ac ice, and i s s ong and weaks poin s. We conclude ha an impo an pa o
he abo e is ela ed wi h he s ep om he heo y o he p ac ice and o he p ac ice o
he echnology and his is usual in all he applied sciences. To know his can help i
o sol e some o he disc epancies ha ha e been analyzed.
Key wo ds: beha io he apy, beha io modi ica ion, esea ch, clinical p ac ice, dis-
c epancies.
Co espondencia:
Elisa do Becoña Iglesias, Uni e -
sidad de San iago de Compos ela, Facul ad de Psico-
logía, Depa amen o de Psicología Clínica y Psico-
biología, Campus Uni e si a io Su . 15706 San iago
de Compos ela, Galicia, [email p o ec ed].
72 Elisa do Becoña
INTRODUCCIÓN
Desde el su gimien o de la e apia y/o
modi icación de conduc a a inales de los
años 50 has a el p esen e se ha eco ido
un la go camino, an o en su aspec o
expe imen al, ecnológico como aplica-
do.
En el momen o ac ual las écnicas
conduc uales cons i uyen el bagaje más
impo an e de que disponemos en psico-
logía clínica, habiendo mos ando sus
écnicas de a amien o que no sólo son
e icaces sino ambién que son e icien es
y de cos e azonable. El es a el a a-
mien o cla amen e es uc u ado, manua-
lizado y e aluado ha ayudado en g ado
impo an e a es a consolidación. Sin
emba go, desde poco después de su su -
gimien o comenzó a ocu i lo que es
ca ac e ís ico a una ciencia aplicada: que
no siemp e hay una conco dancia com-
ple a en e la in es igación, al amen e
con olada y en condiciones óp imas, y la
p ác ica de esa ciencia basada en la
in es igación. Es as disc epancias en e
in es igación y p ác ica clínica son las
que analizamos a con inuación.
En 1986 e isamos las disc epancias
exis en es en e la eo ía e in es igación
y la p ác ica clínica de la modi icación
de conduc a (Becoña, 1986). A pesa de
que desde una pe spec i a ajena a la
modi icación de conduc a un obse ado
pod ía deci de la misma que su me odo-
logía es muy e inada, que ob iene bue-
nos esul ados e apéu icos, que su ango
de aplicación es amplio, e c., la ealidad
de los úl imos años indica que hay iíe -
es disc epancias en e la eo ía po una
pa e, la in es igación po o a y la p ác-
ica clínica en el con ex o eal. Po sue -
e,
es e enómeno, ha ido cambiando pau-
la inamen e en los úl imos años, en lo
que a añe al dis anciamien o en e una y
o a pa e de la modi icación de conduc-
a, aunque ello ha sido a cos a de pe de
algunos de sus elemen os más ca ac e ís-
icos (p. ej., los es udios basados p inci-
palmen e en el labo a o io) y su necesi-
dad de «socializa se» en el con ex o
social de la psico e apia en el sen ido
más amplio. Es o iene sus en ajas y des-
en ajas, pe o cons i uye ambién una
p ueba de madu ez y de sal o comple o
al mundo complejo de la clínica.
Pei a que se ea un poco como ha cam-
biado la si uación en no más de una
década, amos a compa a las disc epan-
cias que noso os apun amos en 1986 con
las que hoy ap eciamos, doce años des-
pués,
en 1998, a las pue as del p óximo
siglo XXI.
DISCREPANCIAS OBSERVADAS
EN 1986
Las disc epancias que noso os conside-
ábamos que exis ían en 1986 en e la
eo ía e in es igación y la p ác ica clíni-
ca de la e apia de conduc a e an doce
(Becoña, 1986): el diagnós ico psiquiá i-
co;
e aluación conduc ual s. psicodiag-
nós ico clásico; casos simples s. casos
complejos; a amien os simples s. a-
amien os complejos; a amien o ijo s.
a amien o cambian e; e apeu as en la
in es igación y en la p ác ica clínica; los
diseños de caso único; c i e io clínico s.
c i e io es adís ico; poblaciones análogas
s.
poblaciones clínicas; du ación de la
e apia; éxi os y acasos; y, seguimien os.
A con inuación amos a comen a b e e-
men e es as disc epancias pa a, pos e-
io men e, e la si uación ac ual de és as
y o as disc epancias, en el sen ido de
cuales se han supe ado y o as nue as
que han su gido.
1) Diagnós ico psiquiá ico. Mien as
que el modelo conduc ual ha echazado
clásicamen e el diagnós ico psiquiá ico,
lo c i icó du amen e cuando su gió la
modi icación de conduc a y de iende la
e aluación conduc ual (Fe nández-
Balles e os, 1981), o el diagnós ico con-
La disc epancia en e la in es igación y la p ác ica clínica de la e apia de conduc a 73
duc ual (Kan e y Saslow, 1965, 1969) o
análisis uncional (Lla ona, 1984), como
un elemen o cen al a la misma e incluso
de ini o io, en la p ác ica clínica e-
cuen emen e los e apeu as de conduc a
han omado p es ados los concep os más
clásicos de la psicopa ología (ej. neu o-
sis) y, desde la apa ición del DSM-III
(Ame ican Psychia ic Associa ion, 1980)
ele an es au o es conduc uales (ej.
Bellack y He sen, 1985; Las y He sen,
1985;
Tu ne y Asche , 1985), han de en-
dido la u ilización del diagnós ico psi-
quiá ico, como elemen o de in e comu-
nicación en e p o esionales. Es o ha
signi icado la incapacidad de ex ende
un diagnós ico conduc ual —po ejemplo
el desa ollado po Kan e y Saslow—
que pueda se u ilizado en la p ác ica clí-
nica co idianamen e. Es a disc epancia
que noso os apun ábamos ha sido supe-
ada en el sen ido ac ual, dado que la psi-
cología clínica en gene al, y la e apia de
conduc a en pa icula , hoy han asumido
o almen e el diagnós ico psiquiá ico,
éase el ac ual DSM-IV, como un ele-
men o de in e comunicación en e p o e-
sionales, adminis aciones y pagado es
de se icios, lo que ha cons i uido en la
pe spec i a his ó ica una e olución. Po
con aposición es o ha lle ado a da le un
meno peso al análisis uncional, como
analiza emos pos e io men e, en el con-
ex o clínico.
2) E aluación conduc ual e sus psi-
codíanós ico clásico. La e aluación con-
duc ual su gió debido a las insu iciencias
del psicodiagnós ico clásico (Nelson,
1983),
siendo ue emen e c i icado en
los comienzos de la modi icación de con-
duc a. La modi icación de conduc a desa-
olló desde sus inicios de modo muy
impo an e odas las écnicas de e alua-
ción conduc ual, con el obje i o de que a
a és de esas écnicas se pudiese eali-
za un adecuado análisis uncional. Los
manuales sob e es a emá ica, an o en
aquellos años como aho a son abundan-
es (p. ej., los capí ulos del lib o de Lab a-
do , C uzado y Muñoz, 1993).
Sin emba go, hace unos 15 años se
i ió una impo an e c isis sob e es a
cues ión, como e lejaban a ios au o es
cuando hablaban de que se i ía un
pe iodo de «desilusión» (Nelson, 1983)
po la e aluación conduc ual, y que ade-
más apa ecía e lejado en di e sas
encues as, como la de Pio i^owski y
Kelle (1984), con miemb os de la Asso-
cia ion o Ad ancemen o Beha io
The apy [AABT), donde los e apeu as
de conduc a u ilizaban en ese momen o
ecuen emen e medidas obje i as de
pe sonalidad, en meno g ado medidas
conduc uales (p. ej., mien as que el
MMPI que lo u ilizaban en un 70% de
las eces, la obse ación sólo en un 20%
y el análisis conduc ual en un 12%), y
llegaban incluso a u iliza alguna écni-
ca p oyec i a (p. ej., el TAT en el 38% de
los casos).
Lo an e io enía a deci cla amen e
que los eó icos e in es igado es iban po
un lado y los clínicos po o o. Mos aba
además que las écnicas de e aluación
conduc ual e an complejas, di íciles de
implan a en las si uaciones eales, ca as
en pe sonal y iempo, e c. El su gimien o
del diagnós ico psiquiá ico más obje i o
y cen ado en los sín omas, a pa i del
DSM-in, ayudó a es a c isis, al ene un
modo de «clasi ica » más obje i o del
que había has a ese momen o.
Es o ue ap o echado además po un
amplio g upo de pe sonas que lle aban
muchos años abajando en la elabo a-
ción de es s o cues iona ios, su giendo
un nue o «boom» de cons ucción, ali-
dación y u ilidad de los es psicológicos.
La ealidad es que el diagnós ico clínico,
siemp e ha sido algo esencial pa a el psi-
cólogo cuando iene que analiza los p o-
blemas y di icul ades que iene la pe so-
na que acude en busca de ayuda
p o esional (Blanco, 1988). Es e hecho se
74 Elisa do Becoña
ha is o e lejado en las publicaciones,
plan eamien o de los casos, e c. Hoy la
ealidad nos dice que cualquie abajo
publicado exige un diagnós ico psiquiá-
ico cla o (DSM-IV), su e aluación con
un p ocedimien o de en e is a clínica
es anda izada jun o a o as p uebas adi-
cionales que le podamos aplica , al iem-
po que no apa ece la e aluación conduc-
ual o el análisis uncional po si io
alguno. De nue o queda educido al caso
único, cuando así ocu e.
3) Casos simples e sus casos com-
plejos. Mien as que en las in es igacio-
nes clínicas se seleccionan a los suje os
con un as o no único (simple) y p eci-
so (p. ej., as o no dep esi o mayo ), los
suje os que acuden no malmen e a a a-
mien o suelen ene p oblemas comple-
jos (Tume y Asche , 1985). Mien as que
a ni el in es igado los casos complejos
(p.
ej.,
im suje o que iene al mismo iem-
po un as o no de ansiedad gene aliza-
da, dep esión y g a es p oblemas ma i a-
les) se echazan, no ocu e es o en la
clínica.
Sin emba go supe a es e p oblema es
complejo en algunos ni eles. La ciencia
p e ende la clasi icación y o ganización
adecuada de la ealidad. Los casos sim-
ples posibili an más ácilmen e es a cla-
si icación que los casos complejos. Tam-
bién, po cues iones didác icas, es más
ácil ene un núme o de ca ego ías
manejables y no o o que sea inmaneja-
ble.
La in es igación, inalmen e, a a de
con ola las a iables del modo más ade-
cuado pa a e i a los e ec os de con u-
sión. Todo es o unido lle a a que es a
disc epancia haya exis ido y siga en pa -
e exis iendo, y no solo en la psicología,
sino en muchas o as ciencias. Sí hay que
deci que, en los úl imos años, se han
dado pasos impo an es pa a soluciona
es os p oblemas, aunque no siemp e se
econoce que es o ocu e. Vol e emos
más adelan e sob e es e pun o.
Lo que si es cla o es que si enemos una
disc epancia en e la in es igación, que
selecciona casos simples en el sen ido de
que engan un solo diagnós ico y los
casos sean casi «pu os» al no ene o os
p oblemas g a es o pa ologías asociadas,
y en la clínica jun o a los casos «pu os»
ambién apa ecen aquellos «complejos»
con más de un p oblema, nos amos a
encon a con odo un conjun o de dis-
c epancias a pa i de ello, como ipo de
a amien o, e apeu as, seguimien o, e c.
4) T a amien o simple e sus a a-
mien o complejo. La exis encia de casos
simples en la in es igación y casos com-
plejos con ecuencia en la p ác ica clíni-
ca, nos conduce a que en la in es igación
se aplique un a amien o, no malmen e
co o y cla amen e delimi ado, mien as
que en la clínica pa a los casos comple-
jos se dediquen más sesiones y sea nece-
sa io u iliza más de una écnica simple
o más de un paque e de a amien o. Es o
se e leja cla amen e en que los in o mes
de in es igación hablan habi ualmen e
de 8 a 10 sesiones de a amien o, mien-
as que en la p ác ica clínica del e a-
peu a de conduc a puede en algunos
casos lle a a ias decenas de sesiones
(Fishman y Lube kin, 1983).
Hace 15 años comenza on a oi se las
p ime as oces sob e es e ema. Un cla o
ejemplo se podía e en el lib o de casos
de He sen y Las (1985), en donde, como
hoy es mucho más cla o, el núme o de
sesiones, incluso pa a casos simples,
dependía más del as o no que de un
p omedio pa a cualquie as o no. In e -
enciones en p oblemas como obesidad,
indican cla amen e que las ípicas 8 a 10
sesiones a las que nos iene acos umb a-
da la in es igación pa a muchos as o -
nos,
es insu icien e en ella. Más ecien e-
men e, es o ha cambiado en pa e, dado
que hay una impo an e a iabilidad en
el núme o de sesiones dependiendo de
cada as o no conc e o.
La disc epancia en e la in es igación y la p ác ica clínica de la e apia de conduc a 75
5) T a amien o ijo e sas a a-
mien o cambian e. En la línea de lo
an e io , mien as en la in es igación el
a amien o se lle a a cabo según un
plan p e iamen e p ees ablecido —y po
an o sin posibilidad de cambios en el
ascu so del mismo—, en la p ác ica
clínica en muchos casos es p eciso y
con enien e cambia el plan de a a-
mien o que se es aba lle ando a cabo. En
el p ime caso el obje i o es cumpli el
plan es ablecido; en el segundo que un
a amien o sea e icaz en un de e mina-
do pacien e.
La an e io cues ión no es posible solu-
ciona la y hay que asumi que la in es i-
gación iene un in y un sen ido: e alua
a amien os pa a consegui mejo a la
e icacia de nues as in e enciones. Ello
exige unos con oles me odológicos igu-
osos,
en e los que es án que los suje os
sean equi alen es en su as o no y en
sus ca ac e ís icas demog á icas, la asig-
nación de los suje os al aza a un g upo
de a amien o y con ol, la aplicación
del a amien o al como es á desc i o
(hoy, en o ma de manual de a amien-
o),
la misma e aluación pa a odos, y un
adecuado seguimien o pa a comp oba
que los esul ados se man ienen a co o,
medio y la go plazo.
En la clínica sí que es cie o que lo que
se p e ende es ob ene el mejo ni el de
e icacia con un clien e conc e o. Pa a
ello,
el clínico iene que ene una buena
o mación p e ia, conoce qué es lo más
e icaz en ese momen o (a a és de lo que
lee y conoce sob e es udios de e icacia
pa a dis in os as o nos) y combina su
expe iencia con odo lo an e io . Pe o no
son incompa ibles un ni el y o o. Más
bien el segundo ni el (la p ác ica clínica)
es posible lle a la a cabo adecuadamen-
e cuando enemos bien e aluados los
a amien os pa a cada as o no (in es i-
gación). Se p ecisa ene buenos in es i-
gado es y clínicos pa a el a ance de los
a amien os psicológicos. Hace ambas
cosas acili a conoce cuál es el camino
más adecuado pa a es e a ance.
6) Te apeu as en la in es igación y en
la p ác ica clínica. Mien as que los e a-
peu as que lle an a cabo los a amien os
en la in es igación son no malmen e
ecien licenciados o con pocos años de
expe iencia, los e apeu as de la p ác ica
clínica ienen la mayo ía de las eces
más años de p ác ica y de expe iencia (p.
ej.,
Be gin y Ga ield, 1994). Es a disc e-
pancia siemp e se ha apun ado y ha sido
en ocasiones una uen e de c í ica sob e
los a amien os psicológicos.
Una de las líneas de supe ación de es e
p oblema han sido los es udios mul i-
cén icos sob e e aluación de dis in as
écnicas psicológicas, en compa ación
con o as a macológicas, pa a dis in os
as o nos. Quizás el ejemplo más cono-
cido y ecien e es el es udio sob e la e i-
cacia de dis in os a amien os pa a el
a amien o de la dep esión, auspicado
po el Na ional Ins i u e o Men al Heal h
( e Elkin, 1994). En és e se compa a on
la e apia cogni i a de Beck, la psico e a-
pia in e pe sonal, a maco e apia (imi-
p amina) y una condición placebo. Los
e apeu as que lle a on a cabo cada una
de las in e enciones, uese psicológica o
a macológica, e an clínicos expe imen-
ados en cada uno de esos a amien os,
ue on a su ez en enados concienzuda-
men e, y odas sus in e enciones e a-
péu icas g abadas en ideo. Es e es un
ejemplo que pe mi e soluciona el an e-
io p oblema.
7) Los diseños de caso único en la
in es igación y en la p ác ica clínica.
Una de las ca ac e ís ica de ini o ias de
la modi icación de conduc a desde sus
inicios ue el desa ollo de los diseños de
N=l. Pa iendo de Skinne (1957), que
de endió es e ipo de diseños como el
único adecuado, el e lejo bibliog á ico,
en o ma de manuales, sob e los diseños
76 Elisa do Becoña
de N=l o de caso único es abundan e (p.
ej.,
A nau, 1984, He sen y Ba low, 1984,
Kazdin, 1994).
Sin emba go, cuando pasamos de la
eo ía a la p ác ica obse amos que los
diseños de N=l se u ilizan undamen al-
men e en la in es igación y escasamen e
en la p ác ica clínica. Incluso es más, la
mayo ía de los diseños que apa ecen en
los manuales son imp ác icos, di íciles
de aplica o hay muy pocos casos en la
li e a u a con los mismos.
¿Po qué ocu e es o?, ¿po qué se u i-
lizan an poco? A pesa de que los dise-
ños de N=l ienen una indudable u ili-
dad, hay a ias azones que explican su
baja u ilización, como son el g an con ol
que exigen, p oblemas é icos o de es a-
blece una línea base adecuada, comple-
jidad de su análisis es adís ico, cos e, e c.
(Becoña, 1986; Hayes, 1981; Wilson,
1982).
En la p ác ica clínica el obje i o básico
es el a amien o, consegui que el clien-
e mejo e en el meno iempo posible. Va
a depende del e apeu a el dedica más
o menos iempo a la e aluación y al es a-
blecimien o de la línea base pa a la u ili-
zación o no de es os diseños. Sin emba -
go,
c eemos que es e ipo de diseños es
un modo adecuado de abo da muchos
casos,
especialmen e aquellos sob e los
que no hay un a amien o cla amen e
es ablecido, en aquellos en los que el
e apeu a iene poca expe iencia e a-
péu ica, o cuando quie e pone en ma -
cha nue as écnicas de a amien o. Ade-
más,
den o de la me odología de
in es igación de un a amien o psicoló-
gico,
el es udio de un caso con un diseño
N=l puede apo a mucha in o mación
an o al clínico como a la ciencia psico-
lógica ( e Maciá y Méndez, 1988).
8) C i e io clínico o e apéu ico y
G i-
e ío es adís ico o psicomé íco. Mien as
que a ni el de in es igación p ima el c i-
e io es adís ico, en la clínica p i a el c i-
e io e apéu ico o de mejo a del suje o
an o obje i a como subje i amen e.
El c i e io clínico o e apéu ico (Kaz-
din, 1982, 1992) se e ie e a la signi ica-
ción clínica o aplicada de los cambios
conduc uales o si el a amien o es e icaz
a eno de las di e encias que se puedan
p oduci en el uncionamien o co idiano
del clien e. El c i e io es adís ico, expe i-
men al o psicomé ico, se e ie e al modo
en que los da os son e aluados pa a
de e mina si el a amien o u o algún
e ec o. Puede hace se con los diseños de
caso único, median e inspección isual
en el caso más simple o aplicando una
p ueba es adís ica, o ambién compa an-
do un g upo de suje os con o o. El p o-
pósi o del c i e io expe imen al es deci-
di si se ha demos ado un au én ico
cambio y si es e cambio puede se a i-
buido al a amien o.
La isión que iene el clínico sob e
ambos c i e ios queda exp esada cla a-
men e en las siguien es palab as de Kaz-
din (1982) «los esul ados de la in es i-
gación que se cen an en los cambios
es adís icamen e signi ica i os pueden
no se impo an es; el clínico es á in e e-
sado en p oduci un e ec o clínicamen e
signi ica i o, po ejemplo, un cambio que
es cla amen e e iden e en la ida dia ia
del pacien e» (p. 14). Además, cuando el
cambio clínico es e iden e, el e apeu a
lo ap ecia, el clien e lo econoce y una
me a inspección isual de los da os
(Eading on, 1984) nos pe mi i ía e ese
cambio sin más, aunque se ía ambién
deseable y ácil de comp oba que el mis-
mo ambién es es adís icamen e signi i-
ca i o, aunque en la clínica es cla o que
la signi icación es adís ica es á, o al
menos debe es a , subo dinada a la signi-
icación clínica.
P opues as como las de Ba low, Hayes
y Nelson (1984) en lib os que han sido
muy in luyen es en e los clínicos, han
lle ado a que hoy en la in es igación no
siemp e sea su icien e el c i e io es adís-
La disc epancia en e la in es igación y la p ác ica clínica de la e apia de conduc a 11
ico y haya que demos a ambién que
jun o a la signi icación es adís ica ha
habido una signi icación clínica. En
España Páez, Echebu úa y Bo da (1993)
ha mos ado modos e ec i os de e alua -
lo desde un con ex o clínico.
9) Poblaciones análogas e sus
poblaciones clínicas. Una disc epancia
que,
po sue e, hoy es á casi o almen e
supe ada, pe o que hace 15 años oda ía
cole eaba, e a la u ilización ecuen e de
poblaciones análogas de as o nos clíni-
cos en la in es igación, mien as que en
la clínica las poblaciones, como su mis-
ma palab a indica, e an poblaciones clí-
nicas.
El e apeu a de conduc a en su p ác i-
ca clínica ha is o siemp e suje os con
p oblemas eales y conc e os, mien as
que a lo la go de la his o ia de la in es i-
gación de muchos as o nos o p oblemas
conduc uales el in es igado ha u ilizado
ecuen emen e suje os de poblaciones
análogas (p. ej., es udian es que han sido
seleccionados pa a aplica les dos écni-
cas de educción de la ansiedad, en un-
ción de sus pun uaciones en una escala
de ansiedad). Un ejemplo bien conocido
ha sido el g an núme o de es udios que
se han lle ado a cabo con es udian es
uni e si a ios con obia a las se pien es
en el pasado. Es e e a uno de los dos
ipos undamen ales de in es igaciones
análogas que se han ealizado (Bellack y
He sen, 1985). La p ime a es la ya
comen ada de u iliza poblaciones sub-
clínicas, como es udian es con obia a las
se pien es, y la segunda análogas de éc-
nicas clínicas eales (p. ej., cua o sesio-
nes de desensibilización sis emá ica en
g upo).
Se u ilizaban, po an o, pobla-
ciones sub-clínicas, que no poblaciones
clínicas. Aunque la in es igación análo-
ga es un ipo especí ico de in es igación
(Bayés, 1984; Kazdin,1982,1986), p e ia
a una in es igación con suje os con ese
p oblema clínico eal, sólo debe u iliza -
se en es e con ex o, a pesa de la di icul-
ad que acEi ea en algunas ocasiones con-
segui suje os clínicos pa a las in es iga-
ciones, po di e sas azones.
Hoy es a disc epancia se ha supe ado,
c eemos, que o almen e. Al se necesa-
io ene un diagnós ico DSM-IV, CIE-10
o de una en e is a clínica es uc u ada
de i ada de los mismos, los casos que no
ienen la denominación de «casos clíni-
cos» quedan ue a de los es udios. Au o-
es como Tu ne y Asche (1985) ya a i -
maban que muchos de los es udios
análogos no aguan a ían diagnós icos
como el del DSM-III de aquel momen o.
Es o ha a o ecido la u ilización casi
exclusi a de suje os con as o nos clíni-
cos y ha aído, como con apa ida y
oque de a ención, la e isión de muchas
écnicas de modi icación de conduc a
que se daban po bien asen adas y que en
es os años se cues iona on, especialmen-
e algunas cogni i as, donde su e alua-
ción e a de icien e y con oles me iculo-
sos no siemp e mos a on que e an
e icaces (Becoña, 1991). Además, el su -
gimien o de la écnica del me a-análisis
y la necesidad de ee alua odas las
in es igaciones a a és del mismo, ha
p oducido o o de los cambios e olucio-
na ios pa a la e aluación de los a a-
mien os psicológicos, a la que no es aje-
na la modi icación de conduc a, al
iempo que es la p ime a in e esada, po -
que siemp e ha de endido y de iende, la
e aluación obje i a y cien í ica de cual-
quie a amien o psicológico.
10) Du ación de la e apia en la
in es igación y en la p ác ica clínica. Los
in o mes de in es igación nos ienen
acos umb ados a lee que las in e en-
ciones e apéu icas en e apia de con-
duc a son co as, de 8 a 10 sesiones en la
mayo ía de los casos. Los lib os de casos
de e apia de conduc a siguen una línea
semejan e, en donde con pocas sesiones,
menos de una docena, el clien e/pacien-
78 Elisa do Becoña
e supe a su p oblema sa is ac o iamen e
(p.
ej., Maciá y Méndez, 1988). Sin
emba go, en la p ác ica clínica habi ual
es o no ocu e exac amen e así. Po una
pa e, si el caso es semejan e a los desc i-
os en la in es igación ( as o no único,
cla amen e de inido y sin p oblemas con-
comi an es), el a amien o en la clínica
es ápido, como el que apa ece en la
in es igación. Pe o si el p oblema es más
complejo, el núme o de sesiones en la
clínica se a a inc emen a de acue do a
esa complejidad. Y, si enemos que a on-
a cie os p oblemas, la du ación del a-
amien o a a se muy supe io a las 8-10
sesiones de que hablábamos, como a a-
mien os desc i os de 18 meses pa a un
p oblema de inadecuación social (Black
y Sch oede , 1985), 11 meses pa a un
p oblema de obesidad con 35 sesiones
(Ma cus, 1985), e c.
Hay o o ac o impo an e elacionado
con el núme o de sesiones de a amien-
o:
la c ecien e o mayo complejidad de
los p oblemas de las pe sonas que acu-
den a a amien o. Ya en 1983 Fishman y
Lube kin (1983) apun aban que el núme-
o medio de sus sesiones en la p ác ica
p i ada con e apia de conduc a se les
había inc emen ado de 22 sesiones a
p incipios de los años 70 a 50 en el
momen o de publica el a ículo (1983).
Fishman y Lube kin (1983) achacaban el
aumen o del núme o de las sesiones de
e apia a que los p oblemas de los clien-
es se habían hecho menos conc e os y
mucho más complejos. La expe iencia
clínica en España indica que es o ocu e
igualmen e, an o po que cada ez acu-
den más pe sonas a a amien o y con
p oblemas en los que el psicólogo no
in e enía hace 10 o 15 años, como po -
que las pe sonas acuden cuando ienen
un p oblema complejo o ienen en un
es ado de de e io o impo an e y no en
las ases iniciales del mismo.
Lo que sí nos in e esa des aca aquí,
como ya hemos indicado (Becoña, 1986),
es que no oda la e apia de conduc a
enía una isión an op imis a del núme-
o de sesiones. Laza us (1971) p esen a-
ba el a amien o de una muje con ago-
a obia que du ó 38 sesiones a lo la go de
cinco meses. Nó ese que en esa época,
incluso ese pe iodo de iempo e a muy
educido espec o a la psico e apia adi-
cional que echa ía dos o es años pa a el
mismo p oblema. Pe o donde más cla a-
men e apa ece la du ación de la e apia
de conduc a es en uno de sus pad es un-
dado es, Wolpe. Wolpe (1958) en su lib o
de Psico e apia po inhibición ecíp oca
p esen a en una abla de su lib o (Wolpe
1958/1878, pp. 242-249) la du ación del
a amien o en meses y el núme o de
sesiones. Las ocho o diez sesiones a las
que es amos habi uados, solo cons i uía
el 15.9% de los casos a ados po Wolpe,
aunque el 26% de ellos e an a ados en
un pe iodo de iempo meno a dos
meses. En aquellos casos g a es, ebeldes
o di íciles e a más no mal echa a ios
años en a amien o, como es bien ep e-
sen a i o el caso que es u o sie e años en
a amien o, con 426 sesiones, con las
ca ac e ís icas clínicas de ansiedad in e -
pe sonal, obias múl iples y es ado obse-
si o g a e. Nó ese que el lib o de Wolpe,
el clásico lib o de Wolpe pa a la modi i-
cación de conduc a, es un ejemplo que se
pone siemp e de lo co a que e a la
desensibilización sis emá ica, como eal-
men e lo es de modo gene al, y mucho
más ápida que o os a amien os, pe o
no uni e salmen e ápida.
11) Éxi os y acasos. No cabe duda de
que la e apia de conduc a ha apo ado un
conjun o de écnicas que han mos ado
expe imen almen e su e icacia en un con-
side able núme o de as o nos, siendo
además sus p o esionales nume osos y su
p odución cien í ica ex ensa. Pe o no
siemp e es e icaz. Po ello es ele an e
analiza po qué las écnicas conduc uales
no son e ec i as en odos los casos.
La disc epancia en e la in es igación y la p ác ica clínica de la e apia de conduc a 79
Wolpe (1958) hablaba de un po cen a-
je de éxi o de ap oximadamen e un 90%,
po cen aje que se ha is o ebajada a un
70%
en la encues a de Swan y MacDo-
nald (1978), aunque hoy se ía un a e i-
mien o habla de un po cen aje de éxi o
pa a la « e apia de conduc a» pa a
« odos» los « as o nos clínicos». Hoy los
po cen ajes de éxi o hay que conside a -
los pa a cada as o no especí ico y en
ellos e el mejo o peo uncionamien o
de las dis in as écnicas conduc uales, en
donde en unos casos uncionan muy bien
(p.
ej., dis unciones sexuales) y en o as
no an bien (p. ej., as o nos de pe sona-
lidad),
como analizamos en un apa ado
pos e io sob e la e icacia de la e apia de
conduc a.
Po lo que a añe al análisis de los a-
casos en modi icación de conduc a, ha
sido el lib o de Foa y Emmelkamp (1983)
el que más c udamen e ha plan eado es e
ema y en los di e sos capí ulos del mis-
mo,
esc i os po ele an es e apeu as
conduc uales. Las azones que se han
apun ado pa a que con an e io idad no se
haya hablado más de es e ema han sido
pa a Emmelkamp y Foa (1983) el no
acep a las e is as a ículos donde apa-
ecen esul ados nega i os; el sen i se los
au o es o zados y casi obligados a
demos a la e icacia y no el cues iona-
mien o de sus écnicas, po las c í icas
que en o a época la e apia de conduc a
ealizó a la psico e apia adicional; y,
po que los in es igado es, po múl iples
azones bien comp ensibles, p e ie en
indica sus éxi os más que ela a sus a-
casos.
Emmelkamp y Foa (1983), de modo
gené ico, clasi ican en cua o los acasos
que suelen ene los a amien os con-
duc uales. El p ime o son las nega i as.
Es o se e ie e a que hay clien es que
siendo ap opiados pa a el a amien o lo
ehusan. Po an o no llegan ni a empe-
za lo.
El segundo son las e i adas. Hay
clien es que no llegan a comple a el a-
amien o, e i ándose del mismo en su
ascu so. El e apeu a los clasi ica en
es e caso como acaso. El e ce o a añe al
clien e no espondien e, donde aunque
se le aplica al suje o el a amien o (que
po el e apeu a es conside ado el ade-
cuado pa a el mismo) no le esul a e ec-
i o,
no alcanzando el ni el de mejo a
que se espe aba an es del a amien o.
Se ía el caso de acaso po excelencia. El
cua o se e ie e a las ecaídas, el clien e
log a el obje i o e apéu ico en el a a-
mien o, pe o con pos e io idad no se
man iene y ecae. Es e es un enómeno
ípico de las conduc as adic i as (Beco-
ña. Lis a y F oján, 1988).
Analizando más especí icamen e po
qué se acasa, Emmelkamp y Foa (1983)
apun an como undamen ales las siguien-
es:
a) e o en el diagnós ico; b) aplica-
ción inadecuada del a amien o; y, c)
a iables elacionadas con el man eni-
mien o de la ganancia (o ecaída) a la go
plazo pueden no se las mismas que las
exis en es du an e el cu so de la e apia.
Los acasos, como Emmelkamp y Foa
(1983) a i man, no deben se una uen e
de desánimo, sino más bien odo lo con-
a io.
Pueden se , p ecisamen e, una
uen e in alo able de in o mación que
puede pe mi i nos conoce mejo los
mecanismos subyacen es a nues os a-
amien os, y con ello pode pe ecciona -
los y p oponiendo o os nue os. En el
a amien o de las conduc as adic i as
es e ema, po ejemplo, iene ac ualmen-
e una g an ele ancia, como es buen
e lejo la p e ención de la ecaída (Ma -
la y Go don, 1985).
Po an o, an o en la in es igación
como en la clínica nos amos a encon-
a con acasos. Más que una uen e de
us ación iene.que se un elemen o
que nos haga econoce las limi aciones
de nues as écnicas de a amien o, y
una ez econocido és o, pe ecciona -
las cada día pa a inc emen a su e i-
cacia.
86 Elisa do Becoña
un clínico en su pe iodo de o mación y
lo que hace luego en su p ác ica clínica.
A pa i del modelo de Boulde no ea-
me icano de hace ya casi 50 años se ha
op ado en odos los países po una o -
mación del psicólogo clínico como cien-
í ico y como clínico. La ealidad no
siemp e indica que ello haya sido siem-
p e bueno ( e Hayes, Folíe e, Dawes y
G a es, 1995). Además, en los úl imos
años han su gido oces c í icas buscando
una solución a la disc epancia que se
ap ecia en e la o mación, cie o ipo de
o mación, y los p oblemas a los que lue-
go se ienen que en en a en su p ác ica
clínica.
Cone, Alexande , Lich szajn y Masón
(1996) a i man que los p og amas de
en enamien o de e apia de conduc a
ienen que abandona su « o e de c is-
al» y pasa a elaciona se con el mundo
eal, al como la a ención p ima ia, los
sis emas de cuidado de salud, la emp e-
sa y la indus ia. Es os au o es p oponen
un sis ema más lexible de en enamien-
o,
donde se le da más én asis a la expe-
iencia de campo como un elemen o bási-
co del en enamien o, saliendo más de la
si uación clínica ígida de los sis emas de
en enamien o habi uales. Conside an
que si se desea o ma a los e apeu as de
conduc a adecuadamen e pa a el p óxi-
mo siglo hay que hace es o. Es e modelo
implica que el e apeu a de conduc a a-
baja en di e en es iempos con indi i-
duos,
g upos y sis emas (o ganizaciones,
amilias o comunidades). Además, los
cambios en el se icio de cuidado de la
salud ha dado más impo ancia a la in e -
ención psicoeduca i a y a o as o mas
de in e ención en g upo. Reconocen,
igualmen e, que en Es ados Unidos en los
p óximos años, el u u o a ni el de
empleo es a á básicamen e en el campo
de la psicología de la salud ( e Cum-
mings, 1995). Po ello ambién se á muy
impo an e que sea capaz de p edeci los
cos es de sus a amien os, un aspec o
nue o has a hace muy poco sin ele an-
cia. Cada ez se in oducen nue os p o-
esionales en los dis in os campos, con
meno es cos es; cada ez se p opo cio-
nan se icios básicos a bajo cos e; las
o ganizaciones quie en a gen e que sea
e sá il; los cambios sociales son hoy
ápidos y ex ensos. El e apeu a de con-
duc a, como o os p o esionales, ienen
que adap a se a ello.
También, los es udian es de psicología
no eame icanos ap ecian an es de ina-
liza sus es udios que lo que se les ense-
ña no iene que se necesa iamen e lo
mejo pa a su p ác ica (p. ej., Buckley y
Tu ne , 1996). En nues o país, po el
p opio sis ema de o mación, és a es una
queja habi ual.
Realmen e, lo cie o es que la supe i-
encia de la e apia de conduc a pasa po
la ans e encia de su ecnología (S o-
sahl, 1995). Toda ía hoy muchos admi-
nis ado es de salud siguen pensando
que la e apia de conduc a es ca a, de ahí
que la desechen a a o de o os a a-
mien os psicológicos. El habe se cen a-
do la e aluación de la e apia de conduc-
a básicamen e en la e icacia y habe
dejado a un lado el análisis de los cos es
es á en la base de odo ello. Hoy p ima el
cos e-e ec i idad (Echebu úa, 1998). Un
p ocedimien o pa a que se implan e ie-
ne que se idealmen e e icaz, e icien e y
ba a o o que en el análisis cos e-e icien-
cia salga bien pa ado. Las palab as de
S osahl (1995) son bien elocuen es cuan-
do dice: «yo pido una mo a o ia de los
a ículos que discu en po qué los clíni-
cos en enados conduc ualmen e no
siemp e inco po an la in es igación a su
p ác ica clínica. Es o es i ele an e pa a
el u u o de la e apia de conduc a. Cada
uno de noso os sabemos que los pacien-
es de la ida eal son más complicados
que los pacien es de la in es igación.
Es o es, la in es igación es in es igación
y la p ác ica clínica no es in es igación»
(p.
132).
La disc epancia en e la in es igación y la p ác ica clínica de la e apia de conduc a 87
Po ello, en los p og amas de o ma-
ción hay que da ambién un peso espe-
cí ico a es a cues ión pa a que luego los
p o esionales no se encuen en sin habi-
lidades pa a hace le en e a es o. No hay
que ol ida ampoco el ma ké ing de las
compañías a macéu icas (S osahl,
1995),
con enciendo a la gen e de que la
solución es á en la pildo a o el á maco,
y de que hay un á maco o una pildo a
pa a cualquie padecimien o y que, ade-
más,
unciona. Es o lle a a que aunque
en ocasiones los a amien os conduc ua-
les en algunos as o nos son mucho más
e ec i os que los á macos la población
c ee lo con a io e, incluso, algunos p o-
esionales ambién lo igno an po la p e-
sión del ma ké ing sob e cie os á ma-
cos,
incluso a eces con publicidad en
los p opios medios de comunicación o a
a és de no icias o en e is as a p o e-
sionales o in es igado es ele an es. La
solución pasa an o po la di usión de
nues os p ocedimien os e ec i os como
po ene p esencia en los luga es donde
se an a oma decisiones sob e ello o en
los luga es de discusión adecuados.
En es a línea, Hayes (1995), en un agu-
do a ículo, cuen a su expe iencia pe so-
nal y sugie e la necesidad de u iliza len-
guajes dis in os al habla de los
p ocedimien os conduc uales a los es u-
dian es de psicología, que a los adminis-
ado es. Mien as que los p ime os
en ienden bien los da os empí icos, los
segundos solo saben de e icacia y e icien-
cia. De ahí que pa a és os como pa a o os
lo mejo es habla le de los mé odos con-
duc uales con palab as de sen ido común
y sin ninguna je ga conduc ual, y sin abs-
acciones, ya que no las en ende ían.
Po an o, son necesa ias nue as habi-
lidades pa a esponde al cambio del sis-
ema sani a io, al como es á ocu iendo
en odos los países, desde Es ados Unidos
al nues o. Dado que los a amien os con-
duc uales se es án adap ando len amen e
a es a nue a ealidad, es p eciso, como
indica algún au o (p. ej., Be gan, 1995),
que los p og amas de en enamien o
necesi an una impo an e adap ación
«pa a p oduci p o esionales que puedan
compe i en el ac ual me cado de abajo»
(p.
162). En la conside ación de Be gan
(1995),
es necesa io que los psicólogos
ambién engan conocimien os de econo-
mía y cos es del se icio, jun o a una sóli-
da o mación en el campo del a amien-
o.
Es p eciso un cambio en el
a amien o, siendo necesa io que los e a-
peu as de conduc a se habi úen a u iliza
g upos, po el ema de los cos es, y po -
que la e icacia di e encial espec o al a-
amien o indi idual no es signi ica i a o
lo es poco. Se ía ambién necesa io una
mayo incidencia en p og amas b e es.
Las lec u as de unos y de o os:
compa a i amen e ¡os in es igado es
en exceso, los clínicos en de ec o
Una cla a disc epancia de aye y de
hoy en e in es igado es y clínicos es lo
que leen unos y o os. Mien as que el
in es igado es á dedicado ho as y ho as
del día a la lec u a de a ículos cien í i-
cos y lib os sob e su emá ica de es udio,
el clínico en a as ocasiones iene iempo
pci a ello o, cuando más, no dedica á más
que unas pocas ho as a lee lib os o e is-
as cien í icas. Al mismo iempo, el clí-
nico se encuen a habi ualmen e que en
dichos lib os o e is as no e e lejado su
abajo, en el sen ido de las disc epancias
que habi ualmen e hay en e in es iga-
ción y clínica como ya hemos epasado.
Los in es igado es lo que hacen es
di undi su in o mación en e is as espe-
cializadas, donde p edomina un con ol
me odológico igu oso. Pe o es as e is-
as en ocasiones an más di igidas a los
cien í icos que a los clínicos, po que
és os no las leen y los p ime os sí, aun-
que ealmen e si no se aplican luego los
conocimien os la u ilidad de lo descu-
88 Elisa do Becoña
bie o o comp obado puede se escasa o
nula. Fal a, o alla, la «di usión» del des-
cub imien o.
Como puede e se po ejemplo en
Suinn (1993), donde publican los cien í-
icos es en e is as que escasamen e son
leídas po los clínicos. Además, en e lo
que conocemos los cien í icos y lo que
hace la gen e, como mues a c udamen e
el es udio de Seligman (1995) del Consu-
me Repo , sob e le e icacia de la psico-
e apia al como la en los no eame ica-
nos,
hay un abismo. Además, los clínicos
encuen an poco ú il los es udios po que
muchos suje os son excluidos de ellos, lo
que les hace e un abismo en e lo
publicado en e is as de al o ni el y su
p ác ica clínica co idiana. Como esume
Sobell (1996) «los cien í icos publican
sus hallazgos de in es igación clínica y
luego espe an que el «campo» adop e sus
in e enciones «exi osas». Si los cien í i-
cos conduc uales es u iesen en una
emp esa, su sus en o segu amen e es a ía
en pelig o. Lo que yo y o os cien í icos
no hemos sabido hace ha sido come cia-
liza nues os p oduc os pa a la comuni-
dad de clínicos» (p. 299).
Todo ello ha lle ado ecien emen e a la
Associa ion o Ad ancemen o Beha-
io The apy, en 1995, a c ea una e is-
a especí ica pa a ein eg a la ciencia
con la p ác ica de la e apia de conduc a,
la Cogni i e and Beha io al P ac ice. La
idea es que aquellas in es igaciones
inno ado as, y aquellos a ículos con la
aplicación de la e apia de conduc a al
mundo eal se publiquen en es a e is a.
El mo i o de ello es que mucha de la li e-
a u a cien í ica publicada, incluyendo
pa e de la conduc ual, no puede se apli-
cada di ec amen e a la p ác ica clínica
(Pe e son, 1995). Dado que la p ác ica clí-
nica de la e apia de conduc a se basa en
los p ocedimien os de i ados empí ica-
men e, la necesidad de es a e is a es cla-
a. También ha apa ecido, publicada po
Wiley, o a e is a de las mismas ca ac e-
ís icas bajo el í ulo de In Session. Su
obje i o es mos a le al clínico el abajo
co idiano de los e apeu as, aunque en
es e caso a di igido a odos los psicólo-
gos clínicos, más que especí icamen e a
los e apeu as cogni i o-conduc uales.
En odo lo an e io subyace algo que se
sos iene eó icamen e pe o que luego no
se e siemp e e lejado en la p ác ica: la
e apia de conduc a se ca ac e iza ( eó i-
camen e) po i en ella muy unida la
in es igación y su p ác ica. Po ello, se
espe a que la in es igación incida en la
p ác ica y que dicha p ác ica —y la
comunicación pública de sus esul a-
dos—
ambién incida en lo que se in es-
iga. Es o no siemp e ha sido así, y el que
se econozca ya es un paso impo an e.
Sin emba go, la ealidad es que los clíni-
cos leen poco, po que ampoco ienen
mucho iempo, y los in es igado es no
siemp e seleccionan aspec os de un p o-
blema que les pa ezca ele an e a los clí-
nicos,
o los hallazgos no se comunican
bien, o los cauces de comunicación no
son odo lo adecuados que debie an se .
El su gimien o de guías e apéu icas
p obablemen e a a ayuda a que en el
u u o se p oduzca un cambio en es e
sen ido, y el su gimien o de las dos e is-
as an e io es dedicadas exclusi amen e
a la clínica son un buen indicio. Con ello
se p oduci á un mayo ace camien o de
lo que se in es iga a lo que se hace en el
«mundo eal».
Dado que el iempo que se le dedica a
dis in as ac i idades den o de la e apia
iene dis in o alo , el iempo disponible
debe se adecuado a ello, pa a op imiza -
lo y dedica el iempo a ac i idades que
ienen alo eal a ni el e apéu ico. Po
ejemplo, O'Donohue (1995) p esen a
a ias ac i idades inadecuadas que se lle-
an a cabo en ocasiones den o de la e a-
pia, como pa ologiza al clien e g a ui a-
men e (se in ie e lo que iene an es de
hace le la en e is a y la e aluación); da
consejo sob e qué debe hace pa a solu-
La disc epancia en e la in es igación y la p ác ica clínica de la e apia de conduc a 89
ciona su p oblema, más que en ena le
en es a egias de solución de p oblemas;
soluciona la c isis de la semana p e ia
del clien e; u iliza ins umen os de e a-
luación con malas p opiedades psicomé-
icas;
aplica e apias sin alidación
empí ica; e alua ac o es i ele an es; y,
u iliza la e apia pa a las necesidades
pe sonales del e apeu a, soluciona sus
p oblemas o pa a sa is ace sus in e eses.
Po an o el clínico dedica poco iem-
po a la lec u a y es necesa io que lo que
lee sea ú il pa a su p ác ica. No puede
es a a ias ho as dia ias leyendo o no
desea hace lo. El dispone de e is as
especializadas, manuales conc e os
o ien ados a la clínica y cu sos de o ma-
ción o ien ados a la p ác ica son algunas
de las soluciones pa a e i a es a disc e-
pancia que siemp e ha es ado p esen e
en e la clínica y la in es igación.
La p imacía de a ios p oblemas
clínicamen e ep esen a i os y su
a amien o
La p e alencia de los as o nos más
impo an es son, en p ime luga los as-
o nos de ansiedad y, en segundo luga ,
el abuso de sus ancias. En Es ados Uni-
dos solo el cos e en as o nos de ansie-
dad ep esen a el 32% del cos e anual de
odo el cos e en salud men al (Tu ne ,
Beidel, Spaulding y B own, 1995).
Un es udio de g an in e és es el de TYi -
né e al. (1995) pa a conoce los cos es
de los a amien os conduc uales y cog-
ni i o-conduc uales en los as o nos de
ansiedad. U ilizando una mues a de 148
miemb os del Phobia and Anxie y
Diso -
de s Special In e es G oup de la AABT,
les p egun a on a ios aspec os sob e el
ipo y cos e del a amien o que aplica-
ban a seis as o nos de ansiedad: as o -
no obsesi o-compulsi o, as o no de
pánico con y sin ago a obia, obia social,
as o no de ansiedad gene alizada, obia
especí ica y obia a la sang e/lesión o
inyecciones. De los que con es a on, el
55%
abajaba en la p ác ica p i ada, el
21%
en cen os uni e si a ios, o o 21%
en la combinación de hospi ales p i a-
dos,
p ác ica p i ada y agencias de la
comunidad y el 2.4% es an e en agen-
cias de la comunidad. De odos ellos el
88%
se conside aban cogni i o-conduc-
uales y el 12% conduc uales.
La du ación del a eimien o es á mayo-
i a iamen e en e 3 y 6 meses, aunque en
el caso de la obia a la sang e/agujas/daño
es meno . El mé odo que u ilizan más
pa a el as o no obsesi o compulsi o es
la exposición con p e ención de la es-
pues a (71.4% de los casos), seguida de
és a combinada con o os p ocedimien os
(14.3%) y e apia de conduc a cogni i a
(14.3%).
Pa a el as o no de pánico,
u ilizan la e apia de con ol del páni-
co (35%), e apia cogni i o-conduc ual
(32.5%),
exposición, e apia de con ol
del pánico, eeducación espi a o ia, e a-
pia cogni i o-conduc ual y bio eedback
(25%) y solo exposición (7.5%). Pa a la
obia social el a amien o combinado de
exposición, écnicas cogni i o-conduc-
uales y en enamien o en habilidades
sociales (78.8%), es a egias cogni i o-
conduc uales (15.1%) y exposición (6.1%);
pa a el as o no de ansiedad gene aliza-
da básicamen e elajación y e apia cog-
ni i a-conduc ual (82.9) y, en meno
g ado, a amien o combinado de bio e-
edback, medicación y exposición imagi-
na ia (5.7%) y elajación (2.9%). Pa a la
obia especí ica, desensibilización sis e-
má ica, imagina ia o en i o (51.4%),
e apia cogni i a-conduc ual (18.9%) y
exposición (8.1%). Y, pa a la obia a la
sang e/daño/inyecciones el a amien o
combinado de elajación aplicada, algún
ipo de exposición, e apia cogni i o-con-
duc ual, elajación, hipnosis y desensibi-
lización sis emá ica (44%) jun o a e apia
cogni i a-conduc ual (20%), exposición
(20%) y elajación aplicada (16%).
90 Elisa do Becoña
A ni el de cos es, és os oscilan en
dólei es, en e 1.000 y 4.000. También se
u ilizan ampliamen e sesiones de apoyo,
aunque pa a ellas no les ue posible
de e mina su cos e, po no sabe si es án
o no incluidas en el cos e que indica el
e apeu a pa a odo el a amien o. Un
da o in e esan e que encuen an en es e
es udio es que cuando se u iliza un a a-
mien o combinado, és e exige más iem-
po y, consiguien emen e, el cos e se
inc emen a. Apun an en a i amen e que
ello puede se debido a no ene cla o
qué a eimien o iene que aplica el e a-
peu a.
Pa a lo que aquí es amos analizano,
es e es udio es de g an in e és po que nos
mues a el uncionamien o eal de los
e apeu as con sus clien es y nos ace ca a
lo que hacen ealmen e en la p ác ica. Lo
p ime o que se ap ecia es que el núme o
de sesiones en la clínica es supe io al de
la in es igación. Es o pa ece ía con i ma
que lo que encon amos en la clínica son
casos más di íciles, más complejos, más
de e io ados o, como explicación al e -
na i a, que el clínico p e ie e ene más
sesiones con el clien e has a que es e sol-
en e o almen e su p oblema. No emos
que en la in es igación, cuando se inali-
za el p o ocolo de sesiones p e is as se
da de al a al pacien e haya o no mejo a-
do.
En la clínica no ocu e es o, y és a es
quizás la azón más impo an e del
mayo núme o de sesiones.
O o alo de es e es udio es que nos
p esen a los cos es eales de los a a-
mien os. Es a es una cues ión impo an-
e,
dada la necesidad de conoce cada ez
más los cos es que iene cada a amien-
o,
o la media de cos e pa a un suje o.
Es o pe mi e compa a la e icacia con
o os a amien os, an o de ipo psicoló-
gico como a macológico.
No debemos ampoco deja de plan e-
a que no siemp e la e apia de conduc a
se ha in e esado po odos los p oblemas
clínicos. T as o nos como la esquizo e-
nia no han enido nunca un in e és
impo an e, a pesa de impo an es apo -
aciones; los as o nos de pe sonalidad
han sido e i ados has a hace poco; e c.
En cambio, la i upción de las écnicas
conduc uales en el campo de la salud ha
sido muy impo an e desde los años 70,
al iempo que se con e ía en un á ea de
in e ención p io i a ia, especialmen e
debido a las posibilidades p o esionales
que ab ía el mismo, su giendo así la psi-
cología de la salud.
Sob e la e icacia de la in e ención
clínica en la in es igación y p ác ica
clínica
Se pa e de la base de que aquello que
se ob iene en un es udio de in es igación
a a se ob enido de igual modo pos e-
io men e en la clínica. Se asume que los
esul ados de una in es igación clínica
son isomó icos a los que ob end á pos-
e io men e el psicólogo en su consul a.
Po lo que hemos is o has a aquí, es o
no iene po que se así, dado que no hay
al isomo ismo en e la in es igación y
la clínica. Sin emba go, siemp e se ha
sos enido que la e icacia en la clínica e a
igual o aún mejo que la ob enida en la
clínica, dado el a amien o indi iduali-
zado,
adap ación del a amien o al clien-
e,
mayo núme o de sesiones si es nece-
sa io,
e c. Desde una pe spec i a
empí ica, se ha plan eado es a cues ión.
Weisz y colabo ado es (p. ej., Weisz,
Weiss y Donenbe g, 1992; Weisz, Donen-
be g. Han y Weiss, 1995) han c i icado el
que las conclusiones que se ob ienen en
dis in os me aanálisis sólo ienen alidez
en la in es igación, sin conoce se qué
ocu e ealmen e en la clínica. Cie a-
men e, hay pocos es udios en los que se
analiza la e icacia de las e apias psico-
lógicas en un con ex o clínico más que
expe imen al. Recien emen e, Shadish,
Ma , Na a o e al. (1997) han eanaliza-
La disc epancia en e la in es igación y la p ác ica clínica de la e apia de conduc a 91
do 11 me aanálisis p e ios sob e es a
cues ión, llegando a conclui que se
ob ienen los mismos esul ados bajo
in es igación que en la p ác ica clínica.
Po an o, la e idencia disponible, aun-
que escasa, nos iene a indica que los
esul ados que se ob ienen en la in es i-
gación pa ecen ob ene se de modo seme-
jan e en la clínica. Es de espe a que p ó-
ximos es udios nos pe mi an conc e a
más es a cues ión e, igualmen e, conoce
cómo mejo a la e icacia de las in e en-
ciones en la clínica, cuando el e apeu a
lle a a cabo los cambios que hemos
comen ado an e io men e (p. ej., adap a
el a amien o pei a un especí ico clien e).
Pun os ue es y débiles de la e apia de
conduc a
Un modo de conoce un poco más las
disc epancias que nos encon amos en e
in es igación y p ác ica clínica nos iene
de la mano de los pun os ue es y débi-
les de la e apia de conduc a que han
p esen ado Gold ied y Cas onguay
(1993).
Los mismos son ele an es, dado
que es os au o es p opugnan el in eg a-
cionismo, pei iendo de la e apia de con-
duc a. Pa a ellos, la ealidad ac ual es
que la e apia de conduc a iene una g an
impo ancia clínica y que además ha
in luido de modo di ec o o indi ec o a las
o as in e enciones e apéu icas, en el
sen ido de que la mayo ía de los e apeu-
as no eame icanos se iden i ican como
conduc uales o cogni i o-conduc uales
(Mahoney, 1991) y, al iempo, o as o ien-
aciones, especialmen e la psicodinámi-
ca y la expe iencial han inco po ado éc-
nicas conduc uales a sus p ác icas, en la
línea del eclec icismo o del más ecien e
mo imien o del in eg acionismo. Aún
así,
como a i man, la e apia conduc ual
sigue siendo la p incipal ue za de la psi-
co e apia. Al iempo, la e apia de con-
duc a siemp e ha sido c í ica con ella
misma y abie a al análisis de sus limi a-
ciones desde sus inicios. En el a ículo de
Gold ied y Cas onguay (1993) hacen
es o,
p esen ando 6 pun os ue es y de
és os sus limi aciones y las nue as di ec-
ciones que se apun an. Es os pun os ue -
es son: 1) la e apia conduc ual nos p o-
po ciona ca ac e ís icamen e un análisis
de allado de cómo eacciona el indi iduo
an e si uaciones especí icas de la ida; 2)
la e apia conduc ual se ha dedicado no -
malmen e al desa ollo y es udio de éc-
nicas especí icas e ec i as; 3) la e apia
conduc ual hace uso de la o ien ación de
en enamien o en habilidades; 4) la e a-
pia conduc ual se cen a p incipalmen e
en la si uación i al p esen e del clien e;
5) la e apia conduc ual ha a o ecido la
in es igación de los esul ados de la psi-
co e apia; y, 6) la e apia conduc ual ha
desa ollado di e sas o mas de in e -
ención pa a educi sin oma ologías
especí icas.
Respec o al p ime pun o ue e «la
e apia conduc ual nos p opo ciona
ca ac e ís icamen e un análisis de allado
de cómo eacciona el indi iduo an e
si uaciones especí icas de la ida», lo que
és a hace es disecciona los p oblemas
del indi iduo en a iables que puedan
se medidas en é minos especí icos. Se
da más impo ancia a lo especí ico que a
lo gene al, y és a puede se una limi a-
ción en el sen ido de que cuan o más
especí ico menos isión de lo global,
dejando a un lado el in e és po los pa o-
nes de conduc a, pa ones que en ocasio-
nes pueden se es ables y no cambia de
una a o a si uación. La nue a di ección
que los au o es p oponen es cen a se no
solo en lo especí ico sino ambién en los
pa ones gene ales de la ida de los clien-
es,
dando impo ancia a un en oque que
sub aye las elaciones in e pe sonales,
eo ía de sis emas pa a la e apia ma i al
conduc ual, e c.
El segundo pun o ue e «la e apia
conduc ual se ha dedicado no malmen e
92 Elisa do Becoña
al desa ollo y es udio de écnicas espe-
cí icas e ec i as», es indudable la apo a-
ción de las écnicas conduc uales pa a el
a amien o de múl iples p oblemas.
Además, las écnicas conduc uales es án
cla amen e especi icadas, se pueden
ap ende ácilmen e, se puede in es iga
su u ilidad y e icacia, y es posible su
cons an e pe eccionamien o. Dejando
es o cla o los au o es indican que en ello
puede habe dos limi aciones: las di e-
encias en e el clien e indi idual y el
e apeu a y el p incipio subyacen e de
cambio. Respec o a la p ime a, pa ece
que el mi o de la uni o midad de Kiesle
(1966) se ía aquí aplicable, dado que en
las in es igaciones conduc uales las di e-
encias indi iduales se conside an
«e o » o « uido», sin oma las en consi-
de ación po que se asimie que ienen una
impo ancia mínima. Sob e es e aspec o
los au o es apun an que sí hay di e en-
cias en e especí icas di e encias indi i-
duales de los clien es (p. ej., locus de
con ol) y el esul ado del a amien o. Lo
que sugie en es á en la línea del ac ual
«empa ejamien o» [ma ching) suge ido
en dis in os campos (p. ej., Mille e al.,
1995,
pa a el alcoholismo). Es a a a se
una nue a di ección, aunque ac ualmen-
e hay poca in es igación sob e ello.
Sob e la segunda de las limi aciones al
segundo pun o ue e, el pasa po al o el
p incipio de cambio, al pensa en é mi-
nos de écnicas se puede pe de de is a
el p incipio que subyace al cambio a a-
és de esa écnica. A es e aspec o los
au o es lo conside an de g an ele ancia,
dado que en el momen o en que se pen-
sase en é minos de p incipios de cam-
bio,
ello pe mi i ía conside a o os
modos dis in os de in e ención al cog-
ni i o-conduc ual, en la línea de su p o-
pues a de la in eg ación (Gold ied,
1992).
El e ce pun o ue e se e ie e a que
«la e apia conduc ual hace uso de la
o ien ación de en enamien o en habili-
dades», en el sen ido de que se ha adop-
ado un modelo educa i o en ez de un
modelo de en e medad, pa a enseña a
los clien es habilidades pa a maneja los
p oblemas de la ida eal. Es e pun o
ue e, en ocasiones puede se una limi-
ación, al se excesi amen e didác ico y
di ec i o con algunos clien es. Los au o-
es p oponen como nue a di ección el
cons uc o de «alianza de abajo» o clá-
sica «alianza e apéu ica», su gido de la
adición psicodinámica. Cu iosamen e,
en el es udio de Raue, Cas onguay y
Gold ied (1993), encon a on que los
e apeu as cogni i o-conduc uales alo-
aban más la alianza e apéu ica que los
e apeu as psicodinámicos. Es e cons-
uc o se ha mos ado especialmen e ú il
en as o nos de pe sonalidad, y conc e-
amen e en la e apia conduc ual dialéc-
ica de Linehan (1993), donde uno de sus
p ime os pasos es es ablece con el clien-
e una elación empá ica, no di ec i a y
de acep ación. Sólo cuando se log a es o
se pasa a la aplicación de las dis in as
écnicas de in e ención.
El cua o pun o ue e se e ie e a que
«la e apia conduc ual se cen a p inci-
palmen e en la si uación i al p esen e
del clien e»; es o es, en el aquí y aho a.
El pasado iene poca o ninguna ele an-
cia, y escasas o nulas las expe iencias
in an iles, elemen o básico de la o ien a-
ción psicodinámica. En cambio, a ni el
conduc ual, nos cen amos en el p esen-
e,
y po ello iene g an ele ancia la
asignación de a eas pa a casa, pa a que
a a és de ellas los clien es se adap en a
la si uación ac ual. Las limi aciones que
apun an los au o es sob e es e pun o
ue e son dos: los aspec os ela i os a lo
que ocu e den o de cada sesión, y las
p opias eacciones del e apeu a an e el
clien e. Sob e la p ime a, y dado que su
obje i o es cen a se en las a eas pa a
casa, se puede pe de de is a lo que ocu-
e den o de la p opia sesión de a a-
mien o. En ocasiones, en és a el clien e
La disc epancia en e la in es igación y la p ác ica clínica de la e apia de conduc a 93
puede p esen a demandas que si no se
a ienden puede limi a , e asa o hace
acasa el a amien o. Po ello, conside-
a que en el u u o hab á que da más
peso a la exp esión emocional del clien-
e,
analiza cómo e y cómo eacciona el
clien e an e el e apeu a, p es a especial
a ención a si no quie e hace las a eas
pa a casa o las boico ea. Quizás hayan
sido Kohlenbe g y Tsai (1991) quienes
han p opues o, a a és de su psico e a-
pia analí ica uncional, quienes más han
insis ido en es e pun o, al conside a ele-
men o cen al del a amien o una buena
in e acción e apéu ica.
La segunda limi ación se e ie e a las
p opias eacciones del e apeu a an e el
clien e. Siguiendo el es udio de Hen y,
Schach y S upp (1990) donde han
demos ado que los clien es pueden lle-
a a que el e apeu a mues e hos ilidad
hacia ellos, la clásica «con a ans e en-
cia»,
el e apeu a conduc ual no sólo
debe cen a se en la aplicación de las éc-
nicas sino ambién en que es o no ocu a,
y se conscien e de que puede ocu i .
Es e es un aspec o que puede e se en el
u u o como de g an ele ancia.
El quin o pun o ue e es que «la e a-
pia conduc ual ha a o ecido la in es i-
gación de los esul ados de la psico e a-
pia»,
y po ello la unión en e
in es igación y p ác ica clínica ha sido
siemp e un elemen o de inido de la e a-
pia de conduc a. Realmen e, la e apia de
conduc a ha e olucionado el campo de
la psico e apia, en la pe spec i a his ó i-
ca desde su apa ición has a el momen o
ac ual. Pe o ello, ambién, iene en opi-
nión de los au o es la limi ación de que
se ha cen ado en la in es igación del
esul ado y ha dejado de lado la in es i-
gación del p oceso de cambio. Ac ual-
men e hay un g an in e és en es e ema,
y se i á ac ecen ando en el u u o. Aun-
que has a aho a se analizaba la cues ión
de modo global, el análisis del «p oceso
e apéu ico», hoy hay un mayo in e és
en analiza algo más especí ico y más
ele an e, el «p oceso de cambio». Sin
emba go, son pocos los e apeu as con-
duc uales in e esados po es a cues ión.
El sex o, y úl imo pun o ue e, a añe a
que «la e apia conduc ual ha desa olla-
do di e sas o mas de in e ención pa a
educi sin oma ologías especí icas». Es o
ha aído como en aja que no ha desa-
ollado un p ocedimien o de in e en-
ción gene al pa a odos los p oblemas,
sino écnicas especí icas pa a p oblemas
especí icos. La limi ación que le achacan
a es o es que la e apia de conduc a ha
p es ado especialmen e su a ención a los
p oblemas del Eje I pe o no a los del Eje
n, a los as o nos de pe sonalidad, a los
que equipa an con la «complejidad de
los p oblemas in e pe sonales». Nó ese
que his ó icamen e no se acep aba ni
siquie a el concep o de pe sonalidad,
pe o la ealidad de su exis encia y de su
g an incidencia hace necesa io una in e -
ención en es os complejos as o nos. Y
p ecisamen e la in e ención conduc ual
en es e campo ha e omado concep os de
o as o ien aciones e in es igaciones no
conduc uales que han mos ado se p o-
me edo as (p. ej., Linehan, 1991). De
igual modo, Tu ne (1993) ha p opues o
la e apia cogni i o-conduc ual dinámi-
ca, la cual in eg a la psicología cogni i a,
la e apia cogni i o-conduc ual y la e a-
pia psicodinámica de o ien ación cogni-
i a, pa a se aplicada a p oblemas in e -
pe sonales de los clien es. Algo
semejan e ocu e con odo el mo imien-
o cons uc i is a (p. ej., Mahoney, 1991)
y con o os e apeu as cogni i o-conduc-
uales (p. ej., Beck y F eeman, 1990).
Gold ied y Cas onguay (1993) conclu-
yen que no se puede duda de la u ilidad
y e icacia de la e apia cogni i o-conduc-
ual, de como o as o ien aciones han
sido in luenciadas po ella, pe o que
como cualquie o a iene ambién sus
limi aciones, concluyendo que «hemos
de endido (Gold ied, Cas onguay y
94 Elisa do Becoña
Sa an, 1992) que el en oque cogni i o-
conduc ual, así como o as o ien aciones
impo an es, segui án man eniendo sus
posiciones p edominan es en la psico e-
apia del u u o. Aunque la e apia con-
duc ual man end á p obablemen e su
in eg idad y con ac o con sus aíces, su
desa ollo puede e se en iquecido
median e la inco po ación de las con i-
buciones eó icas y clínicas de o as
o ien aciones» (p. 522).
DE LA TEORÍA A LA PRÁCTICA Y DE
LA PRÁCTICA A LA TECNOLOGÍA
Poco después del su gimien o de la e a-
pia de conduc a ha enido coleando una
cues ión que hoy pe mi e en ende , o es
un elemen o más, pe o impo an e, pa a
comp ende el es ado de cosas impe an-
e en la e apia de conduc a ac ual: la
elación en e ciencia (o eo ía) y ecno-
logía (o aplicación de las écnicas de a-
amien o a dis in os as o nos). Como
dice Rachman (1997), la eo ía del ap en-
dizaje jugó un papel cla o en la apa ición
de la e apia de conduc a; sin ella hoy no
exis i ía. Pe o es e papel a dec eciendo
al dec ece pa alelamen e el in e és en
cons ui eo ías. Es el paso de la ciencia
a la econología (Wolpe , 1992). Pa a
Rachman (1997), la in oducción de los
concep os cogni i os en e apia de con-
duc a lo que ha conseguido es llena el
acio en e ciencia y ecnología, lo que él
a ibuye a la ápida acep ación de es a
o ien ación en pocos años, y la insa is-
acción con un empi ismo ex emo y no
siemp e conec ado con la ealidad. Lo
cie o es la di e sidad siemp e ha ca ac-
e izado al campo de la e apia de con-
duc a (Beck, 1999).
A p incipios de los años 70 cob ó ele-
ancia la discusión en e ciencia y ec-
nología, e e ida a la e apia de conduc-
a, con la in oducción del concep o de
«ingenie o conduc ual». La in es igación
de labo a o io p opo cionaba p incipios
y écnicas, desde una pe spec i a cien í-
ica basada en la eo ía, pe o e a necesa-
io da un paso más: su aplicación al
mundo eal. Con esa aplicación comen-
zaban los p oblemas, como el dis in o
uncionamien o de esos p incipios y éc-
nicas del labo a o io a la ida eal
(Sch óede , 1978). Eso p odujo las p i-
me as e impo an es insa is acciones
en e la eo ía y la p ác ica que poco a
poco ue ab iendo isu as en la e apia de
conduc a, ab iendo la misma hacia o as
pe spec i as y haciendo su isión más
amplia.
La solución que die on algunos au o es
an e es e hecho ue insis i en que p i-
mase la ecnología más que la eo ía.
Au o es como A hu (1971), Laza us
(1971) y London (1972) son ep esen a i-
os de es a línea, llegando a a i ma que
el clínico no necesi aba eo ías ni ma cos
de e e encia eó icos, sino écnicas que
enían que unciona de modo e icaz. Las
palab as de London (1972) sob e es a
cues ión e an bien ep esen a i as: «lo
u gen e en es e momen o es c ea una
p ác ica sis emá ica y una ecnología que
le dé apoyo: nue os equipos, nue as
d ogas, nue os apa a os y adi amen os
debe án se la base pa a i c eando sis e-
má icamen e nue os mé odos de modi-
icación de conduc a y pa a da dina-
mismo a las écnicas ya es ablecidas
median e una comp obación expe imen-
al con olada. En luga de nue os p in-
cipios o de jus i ica los ya gas ados,
debemos busca nue as explicaciones.
¿Cómo a a al caso si se iene al
maquina ia? ¿Qué necesi a ía pa a e igi -
la?
Y,
inalmen e, pa a de e mina lo que
signi ica ¿qué hace ?» (p. 918). O o a gu-
men o impo an e que apun a London
(1972) es que oda buena ecnología aca-
ba echando po ie a una mala eo ía.
Po ello sugie e que si una écnica un-
ciona, pos e io men e hay que comp oba
pa a quién y cuándo se puede aplica .
La disc epancia en e la in es igación y la p ác ica clínica de la e apia de conduc a 95
Comp oba cómo y po qué unciona
end ía después, y se ía cla amen e
menos ele an e que lo an e io . Es amos
an e el p agma ismo clínico, an as eces
eñido con pa i de la eo ía y o za la
p ác ica en unción de ella, an ca ac e-
ís ico a la psicología.
Fue A hu (1971) uno de los au o es
que más abie amen e ha de endido un
en oque de «ingenie ía conduc ual», é -
mino que se ha man enido has a el p e-
sen e den o del análisis conduc ual apli-
cado.
A hu (1971) dis inguía en e la
ciencia eó ica, la ciencia empí ica y la
ciencia ingenie il. Pos e io men e, Ya es
(1975),
esumía el es ado de la cues ión,
indicando las azones po las que los
aspec os esenciales de la in es igación
cien í ica, desde un ma co eó ico que no
clínico, se con e ía en inadecuada pa a
la oma de decisiones clínicas: 1) un es u-
dio eó ico no e alúa las posibilidades
p ác icas de los esul ados ob enidos; 2)
un es udio de labo a o io no iene en
cuen a los e ec os mode ado es de las
a iables exis en es en la ida eal; 3) los
concep os eó icos que se emplean (po
p.
ej., ansiedad) en un es udio de labo a-
o io pueden ene poca elación con la
si uación en los pacien es eales (p. ej.,
los pacien es con ansiedad eal); 4) los
esul ados de un es udio eó ico no siem-
p e son ú iles pa a pasa los a la p ác ica;
y, 5) un es udio eó ico no demues a que
sus hallazgos sean supe io es a los en o-
ques al e na i os. Po con a, un en oque
en el que la in es igación se o ien a a la
acción iene más p obabilidad de da es-
pues a a un p oblema eal y pe mi e más
ácilmen e conoce si es ú il pa a solucio-
na lo.
Es a dico omía, que su ge mismo en
los comienzos de la e apia de conduc a,
iene quizás a su caso más ex emo en
Laza us, quién pa iendo de es a dico o-
mía eo ía-p ác ica, op ó desde muy
p on o po una p imacía de la p ác ica en
con a de la eo ía, lo que le lle ó a o -
mula a p incipios de los años 70 su
conocido eclec icismo écnico y su e a-
pia de conduc a mul imodal (Laza us,
1971,
1976), pos e io men e edenomi-
nada como e apia mul imodal (Laza us,
1981),
la cual con el anscu i de los
años encuen a un buen luga de acomo-
do en los mo imien os de la in eg ación
de la psico e apia (p. ej., Laza us, 1997),
y en donde el papel de Laza us ha sido
impo an e po su quehace eal hacia
es e mo imien o.
El hilo conduc o del plan eamien o
de Laza us es que cualquie p ocedi-
mien o cien í ico basado en la expe i-
men ación de cualquie e apeu a de
cualquie en oque que sea ú il, es apli-
cable, apa e del modelo eó ico del que
haya pa ido. Es e en oque lle a a que al
inal se u ilice cualquie écnica o e a-
pia que « uncione». Es o lle ó a Laza us
a plan ea su pe il mul imodal o BASIC
ID.
El BASIC ID son las iniciales de las
á eas p oblema que el clínico debe in es-
iga en su clien e, y que oman su nom-
b e de la p ime a palab a de las sie e á e-
as que se deben e alua , que en inglés
son beha io (B, conduc a), a ec (A,
a ec o), sensa ion (S, sensaciones), ima-
ge yil, imágenes), cogni ion (C, cogni-
ción),
in e pe sonal ela ions (I, elacio-
nes in e pe sonales), y d ugs (D, d ogas
y ámacos), aunque en es e caso se e ie-
e a ac o es biológicos, pe o aplica la
palab a d ogas pa a ene el ac ónimo
BASIC ID, po las conno aciones que ello
iene, más que BASIC IB, que no iene
ese mismo signi icado. Pa iendo de
es as sie e á eas, se aplican écnicas
especí icas pa a aquellos aspec os de i-
ci a ios del suje o en ellas.
Como no a de in e és his ó ico, debe-
mos a A nold A. Laza us se la p ime a
pe sona, según muchos, que acuñó po
p ime a ez el é mino e apia de con-
duc a en 1958 (Laza us, 1958), y ambién
p ecozmen e uno de los au o es que p o-
dujo una up u a con los p incipios ini-
102 Elisa do Becoña
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