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El libro de Occidente : leyendas árabes de Granada

Abstract

Fascículos incompletos, falto de la p. 9 a la p. 16

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El libro de Occidente : leyendas árabes de Granada

Author: Almagro Cárdenas, Antonio
Publisher: Granada : Imprenta La Lealtad
Year: 1882
Source: https://digibug.ugr.es/bitstream/10481/69935/1/C002076-15.pdf
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EL LIBRO *
DE OCCIDENTE
LEYENDAS ÁRABES DE GRANADA
po
ANTONIO ALMAGRO CÁRDENAS.
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’ UNIVERSITARIA ^
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■ aN ’-a
GRANADA
Imp en a de La Le a l a d .
1882.
/
Es a ob a es p opiedad de su au o , y
nadie, sin su consen imien o, pod á im
p imi la ni aduci la.
Queda hecho el depósi o que ma ca
la ley.
Hace algunos meses los pe iódicos publica on la ca a si
guien e, que había esc i o el au o de es e lib o desde la ca
pi al diplomá ica del impe io ma oquí:
Tánge 7 de Oc ub e de 1881.
S . Di ec o de La Leal ad.
Mi que ido amigo: Voy á habla á us ed en es a ca a de un acon e
cimien o que me pa ece ha de escila i amen e la cu iosidad de los
que lean su ilus ado pe iódico.
Me e ie o á una eunión que en la noche an e io ha enido luga ,
casa de mi amigo el acaudalado mo o Sid Elhach Abdelkáde Esselagüi,
á la cual he enido el gus o de asis i , especialmen e in i ado po Sidi
Elhach. lié aquí el mo i o de la eunión.
Ilabia yo mani es ado á Esselagüi, alguna ez, mis deseos de euni ó
a ios mo os en mi casa, pa a lee les un lib o cuyos bo ado es lie aí
do de España al A ica y al que acabo de da en la ciudad de Tánge el
úl imo oque. Ti úlase El Lib o de Occiden e, y es una se ie de adi
ciones muslímico-g anadinas, escogidas de las que co en de boca en
boca en nues a simpa G anada, y que he podido co egi y aumen a
du an e los dias que lle o de pe manecencia en el impe io ma oquí.
4El L ib o de Oc c id e n e .
Nunca e he e elado es os sec e os po el emo
de ama ga pa a siemp e u exis encia; pe o ha lle
gado el momen o en que se me hace imp escindible
descub í elos, pues engo que da e á conoce un
mis e ioso a cano y enca ga e un asun o del cual
al ez depende la elicidad de u exis encia.
Yo soy pob e, bien lo es, hiji o mió, y como emía
que al ez después de mi mue e e al ase el pan,
odos los dias he ele ado una o ación al g ande Allah
pa a que, cuando yo baje al sepulc o, no apa e de í
su excelsa mi ada. Es a noche, cuando me hallaba
en egado al sueño, se me p esen ó Allah excelso
(alabado sea, no hay Dios sino él) y me dijo: «Hay en
G anada un eso o iquísimo que cuando se llegue á
descub i ha de llena de dina es (1) á odo el mundo.
Es e eso o se lia de descub i con dos palab as que
se hallan esc i as jun o á una mano, y yo he dec e a
do que u hijo sea el que descub a es e eso o.» Así
me habló Allah excelso (alabado sea, no hay Dios si
no él) po lo cual hijo mió, cuando yo ya hubie e
mue o, e emba ca ás al momen o y pa i ás á G a
nada pa a descub i el eso o, que Dios excelso y yo
e mi a emos desde el cielo.
Calló mi buen pad e y eg esamos á nues o adua .
T ascu ió el iempo y le llegó la mue e al au o de
mis dias (Dios haya enido de él clemencia) y en
(1) Monedas de o o.

INTRODUCCION. 5
aquel ins an e me hice á la ela encaminándome á
G anada, como me había sido enca gado.
En una sola noche c ucé el ma Medi e áneo, lle
gando al amanece á la ie a de Andálus. Yo no
pude menos de exclama cuando pisé el suelo de
Esbánia (1) y con emplé su he mosu a:—¡Alabado
sea Allah el g ande y pode oso, que ha c eado es a
ie a bella como ninguna! Ya comp endo, oh mu
sulmanes, po qué en la mezqui a ele áis á Dios
ues as o aciones mezcladas con el llan o de ues
os ojos, pa a que os uel a á ese pais bello como
el ja dín del Pa aíso.
Es o decía yo en mi co azón cuando a ibé á Me
dina Almonácab (2), pue o de ma en el li o al de
Esbánia, y con emplé aquellos luga es he mosísi
mos, y aquella ie a nue a, y aquel pano ama an
bellamen e a iado, y aquel paisaje an he moso.
Aquí se ex iende un campo semb ado de plan as
y lo es, egado po mansos a oyos y salpicado de
casi as blancas. Los lab ado es se dedican en él á
sus a eas y en odas pa es se con emplan los p o
g esos del a e. Ce ca hay un bosque que desde lo
p o undo del io se ele a has a la cumb e de una co
lina, dejándola es ida como con un alquicel de e 
du a; más allá mul i ud de p eciosos hue os esmal
ados de lo es, y en lon ananza una obscu a oca
que pene a los cielos con su cumb e.
(1) España.
(2) Almuñéca .
6El L ib o d e Oc c id e n e .
Después de habe ele ado ó Dios e ien e acción
de g acias, p oseguí mi camino hacia G anada. Como
e a pob e y no enia dine o pa a bes ia, ni ca oza,
u e que hace lo con mi p opio pié.
—¿Dónde es á el camino de G anada? p egun é á
unos buenos homb es á quienes encon é dedicados
á las aenas del campo.—Hácia allí, me con es a on
ellos ex endiendo sus manos hácia una escab osa y
ele ada mon aña. Luego p osiguie on.—Pob e mu
sulmán, aya Dios con igo en u iaje.—Díles las g a
cias y me encaminé hacia donde me habían indicado.
Poco he de deci sob e mi iaje á a és de la a
mosa mon aña que se conoce con el nomb e de Ye-
bel-Tsely (Mon e de la Nie e, Sie a Ne ada); de
esa ex ensa co dille a en la cual odo es admi able,
g andioso, imponen e. G andes y ele adas ocas,
es echas sendas, p o undos ba ancos. Aquí un
mon e es ido de i mes ú obscu os cas años, allí
un he moso campo donde las ides en elazan g a
ciosamen e sus e des allos. A lo lejos se escucha
el ien o silba en e las ocas, ó el agua de un o
en e que se p ecipi a en sono a cascada, el eco de
una campana de emo a aldea que llama á la o ación
de los naza enos, ó el uido de una peña que a o
dando po el mon e, desp endida de un alcáza le
an ado po los musulmanes, hoy ya a uinado y
desie o.
Después de habe a a esado es os luga es, llegué
á un ondak (1) y en é en él pa a oma descanso.
(1) Posada, pa ado .
INTRODUCCION. 7
Es aba g andemen e a igado. Hállase es e ondak no
• lejos de un si io amoso que los c is ianos llaman
«Suspi o del Mo o» en el que dice la adición que
el úl imo Rey de G anada ió á la he mosa ciudad
po úl ima ez y suspi ó y llo ó lo mismo que un
pequeñuelo.
Los que se hallaban en el ondak me con a on es a
his o ia, pe o yo la sabia de mucho an es.
Después de habe do mido un poco p oseguí mi
iaje y llegué al luga an es ci ado, es deci al Sus
pi o del Mo o.
¡Que he mosa pe spec i a se o ece desde allí á
los ojos! Una sábana de e du a, semejan e al ma ,
se ex iende po odas pa es, salpicada de g aciosos
adua es que asemejan bandadas de blancas palo
mas. Di ísase á lo lejos, después de es e ma de
e du a, la imagen emo a de una g an ciudad. Mi
co azón la ió i amen e po que aquella ciudad e a
Ga na ha (1). Co í y a a esé en un momen o el ca
mino que une al Suspi o del Mo o con la ciudad y
llegué sano y aleg e á Medina Ga na ha (2) al iempo
de pone se el sol. *
* *
Es á ico eco í las anchas y espaciosas calles de
la he mosa ciudad. Sus alcáza es y sus e geles
su gie on an e mi is a como po la i ud de p odi
gioso ensalmo. Yo a a esé una calle en que se le-
(1) G anada.
(2) La ciudad de G anada.
8El L ib o d e Oc c id e n e .
yan aba un edi icio de iempo de los muslimes, en el
cual había un ele ado pó ico p imo osamen e ado 
nado. En e sus labo es se leían he mosas in oca
ciones y e sos del Ko an. Algunos homb es sen a
dos a su pue a, luego que me ie on, se ie on de
mí, á causa de que iba con el aje de los musulma
nes. En onces dije den o de mi alma: soy ex anje
o en la pa ia de mis an epasados y jun o ó los al
cáza es que ellos mismos le an a on.
En es as e lexiones a a esé la ciudad y llegué á
un bosque admi ablemen e g andioso. Sen éme de
bajo de sus á boles pa a descansa un poco y con
empla despacio aquel he moso luga . E a seme
jan e á un emplo de esme alda, ab icado po la
misma mano de Allah. Sob e su pa imen o se ex
endía una al omb a de e du a bo dada p imo osa
men e po la p ima e a, y se pen eada po mul i ud
de a oyuelos que enían á se los hilos de pla a
con que es a al omb a había sido bo dada. Los
oncos de los á boles se le an aban como las co
lumnas del emplo, sob e los que se dila aba una
he mosa cúpula de indesc ip ible belleza. Las amas,
en elazadas cap ichosamen e, o maban a cos y
gale ías, an p eciosas como si hubie an sido cons
uidas según el diseño del más sabio ala i e. Las
hojas, asemejando icos ejidos, descendían de al o
abajo y eco daban las bande as y o eos con que
se ado nan las mezqui as. Solo hacia al a á aquel
emplo un un aquih. (1) Sin emba go, de ez en
(1) Sace do e.
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