es elas, haciendo que un ipo de écnica caiga
en desuso.
No es compe encia mía juzga sob e la ob a
de Ga cía Bacca en su o alidad. Basándome en
el esc i o comen ado, ha é solamen e dos consi-
de aciones. De un lado, son muy aliosos sus
es ímulos e lexi os de ca a a la si uación ac ual
de la ciencia, pe o, po o a pa e, queda mucho
po o dena
y
p o undiza . El au o me deja con-
c e amen e en la duda de si él ha pensado a on-
do lo que es « aza es elas en la ma », lo cual,
en é minos heidegge ianos, equi ald ía a e igi
un mundo. ¿Cómo se compagina el que, de un
lado, el camino no es é hecho, y, de o o, haya-
mos de ia nos de la ciencia como es ue zo po
conoce la ealidad al cual es? ¿Cuál es el c i-
e io de dis inción en e la es ella que md ca
el camino
y
la es ela de la des ucción?
Raúl Gabás
Edua do NICOL, C i ica de la azón simbólica,
F.C.E., México, 1982.
Me emo que la b e edad de una simple e-
censión es incapaz de aba ca -ni siquie a p e-
sun amen e- oda la complejidad de es a ú1-
ima ob a de Edua do Nicol. Tengo pues un
buen mo i o pa a abo da su con enido sin más
odeos.
La C i ica
de
la azón simbólica se p opone
lle a a cabo la undamen ación de la ciencia
como «sis ema de p oposiciones álidas con ca-
ác e uni e sal
y
necesa io» (p. 167). Es a a-
ea a añe a la iloso ía en un doble sen ido:
l)
A
la iloso ía compe e el descub i los p inci-
pios adicales de la ciencia.
2)
Siendo a su ez
«ciencia de la ciencia», ambién ella iene su
condición de posibilidad en ales p incipios. De
ahí que su unción consis a en descub i los, y
no en gene a los a pa i de
sí
misma.
Las disc epancias de Nicol espec o a las a-
dicionales eo ías del conocimien o empiezan a
mani es a se con el p opio í ulo de su ob a, de
ob ia inspi ación kan iana. También se insinúa
la éplica en la es uc u a, que gua da cie a ana-
logía con la que Kan ins i uye a en su C í ica
de la azón pu a. Me pa ece plausible lee la se-
gunda pa e del lib o («Teo ía
y
mé odo de las
si uaciones i ales. Rela i idad del espacio
y
el
iempo») desde la Es é ica ascenden al; la e -
ce a pa e («El undamen o a caico». «El p in-
cipio ocacional y el e hos de la ciencia») desde
la Analí ica;
y
podemos en ende la cua a pa e
(«Discu so sob e el mé odo») como una Dialéc-
ica ascenden al que e ie e con a su au o
p imigenio.
Lo cie o es que, si que emos in e p e a el
lib o de Edua do Nicol como o a c í ica de la
azón «pu a», debemos ol ida nos de su acep-
ción kan iana. «En su o ma cien í ica, la azón
es pu a po que se p opone pu amen e cap a el
se al como es en sí mismo, sin qui a le ni aña-
di le nada» (p. 41). La pu eza de la azón eside
en la in ención del suje o cognoscen e,
y
no se
con unde con la as ingencia o mal pues con-
sis e en una «p edisposición i al». Luego no
es un asgo epis emológico sino exis encial. La
azón es pu a po ocación del cien í ico; así la
ida eje ce su in luencia posibili ado a en un
ámbi o (conocimien o) del que había sido ex-
cluida.
Sin emba go, Nicol no a ibuye la debilidad
de la iloso ía kan iana a la doc ina del suje o
ascenden al. En su opinión, la cla e es el p o-
blema de la ini ud, que él analiza desde una
pe spec i a his o icis a. «La elación del pensa-
mien o con un de e minado si us espacio- empo-
al es indudablemen e un ac o de his o icidad.
Es ambién el que comp ome e con se e idad
mayo la in ención en la ciencia» (p.
56).
E ec-
i amen e, cada ac o de pensamien o se p oduce
en el seno de una de e minada si uación que lo
con igu a. Además, cada si uación es un acon-
ecimien o singula que jamás se epi e. En con-
secuencia, la e dad se halla some ida a una do-
ble es icción. Inicialmen e (a) las coo dena-
das espacio- empo ales en las que se insc ibe su
nacimien o pa ecen p i a la de la libe ad que
debe ía se le inhe en e, pues ac úan a modo de
condicionamien o. Luego,
(b)
su p opia igencia
queda comp ome ida; si la eje ce en un momen-
o exclusi amen e singula izado de la cadena
empo al, ya no puede egi pa a ninguno más.
Resumiendo:
O
la e dad no exis e en nues o
mundo (a), o sólo dis u amos una plu alidad
de e dades que suplan an a la e dad (b).
Los homb es nos las habe nos con e dades
his ó icas, pe o cuya condición de posibilidad e-
side en la Ve dad. Ella es la
mismidad
de nues-
as sucesi as segu idades, la que pe mi e ag u-
pa las bajo el ó ulo de e dades. Tal mismidad
no de i a de una abs acción concep ual. No es
lógico-lingüís ica, sino biológica: el asun o
epis emológico de nues a necesidad exis encia1
de
pe manencia.
«Todas las o mas de e dad
son his ó icas; a pesa de lo cual, iene que ha-
be en cada una algún sopo e in a iable que
pe mi a deci : es posible una e dad de opi-
nión, es posible una e dad cien í ica. Es e so-
po e es exis encial. Las opiniones e elan una
mane a humana de elaciona se con las cosas
que no es pasaje a, sino que esponde a nece-
sidades i ales comunes» (p.
40).
Más allá de
la singula idad si uacional, las e dades en e-
ejen la con inuidad que el homb e necesi a pa a
i i . A ni el eó ico, es a exigencia equie e
una
nue a concepción del iempo.
Sólo así e i-
a emos que la
unidad
de la ciencia se ea dis-
pe sada en el des ile de las eo ías.
Po que la e dad en la ciencia no se iden i ica
sin más con la e dad eó ica. Nicol dis ingue
las
e dades de eo ía
y las e dades de he-
cho; és as a su ez se di iden en
e dades ác-
icas
y
e dades de hecho p incipales.
El p oble-
ma de la e dad se plan ea cuando con undimos
sus es o mas. Las eo ías son c eación huma-
na; de ahí que su co espondencia con la ea-
lidad no sea obse able inmedia amen e y no
haya más e i icación que la
sus i ución
de unas
po o as. Dis in o es el caso de las e dades
ác icas, que se
co igen
co ejándolas con los he-
chos. En cuan o a las e dades de hecho p inci-
pales, ni siquie a admi en la con as ación; no
la necesi an po que son «e idencias i ecusa-
bles» (p.
72).
Las azones de su «no adecua-
ción» con la ealidad son jus amen e las opues-
as a las de las eo ias.
Y,
sin emba go, los iló-
so os han endido a con undi las, pensando que
ambién los
p ime os p incipios
-y el Se en
la
cúspide de odos ellos- son e dades his ó i-
cas, cuando en igo p eceden a oda his o ici-
dad. Así Hegel, cuyo sis ema p e ende se des-
pliegue del undamen o, como si a un sis ema
eó ico
le ue a posible
gene a
su p opia con-
dición de posibilidad.
Y
es que la iloso ía adicional ha en endido
la azón «pu a» como azón abs ac a. Gie a-
men e, la azón es lógica: el o den y la medida
que pe sis en, igiéndolo, a a és del de eni
ón ico; eso es,
logos.
O
mejo dicho, dia-lógica:
lenguaje en el que se exp esa la complemen a-
iedad en e los se es; eso es,
simbolo.
Nicol
nos habla de la azón simbólica, pe o no o mal.
Po que nos equi oca íamos buscando la com-
plemen a iedad en una supues a es uc u a lógi-
ca de la ealidad. La unción simbólica se inicia
con el ac o de
nomb a ,
p emisa an e io a cual-
quie p oceso de in e encia. También an e io a
odo in en o de e i icación, ya que el nomb e
es
obje i ación
de la ealidad. Lógica o mal y
e dad eó ica le esul an -en p incipio- indi-
e en es.
La
ealidad
se nos hace pa en e po sí mis-
ma. Es enómeno que no ocul a as de sí a la
« e dade a» esencia. Pa a descub i lo se bas a
la
azón enomenológica.
El Se es da o; es á
a la is a. No es cie o que el homb e deba des-
ela lo, como p edican incluso los enomenólo-
gos y Heidegge en e ellos. «No hay que em-
p ende ningún camino pa a pa icipa del Se :
bas a con se y con e y con habla » (p.
179
).
El Se es la ealidad; y es a jamás nos engaña.
Incluso el e o pa icipa de ella. Además, la
descon ianza común an e las apa iencias ca ece
de sen ido en iloso ía, ya que aquí la pu eza de
la azón consis e en una ocación de e dad, p e-
ia a la posible caída en el e o , siemp e con-
ingen e. La in ención p ima sob e las conse-
cuencias. Hay que epensa la in e p e ación
usual de la dico omía esencia/apa iencia. Así
subsana emos lo que ue ambién el allo kan-
iano: conside a que la ini ud del suje o se a-
duce en la imposibilidad de conoce el nóumeno.
El absolu o no es ascenden e; nos desbo da
p ecisamen e po su inmanencia, po que es a-
mos en él. El absolu o es el hecho de que
hay
Se ;
po doquie , siemp e.
En e esencia y apa iencia no es á en juego
la e dad, sino una elación exp esi a. Po eso la
e dad de la ciencia pe manece a sal o, di e en-
e de una adecuación en e eo ias y ealidad,
en endida más bien como au en icidad de la
exp esión
en que consis e. El quehace cien í i-
co no se p opone la adquisición p og esi a de
e dades acabadas
y
pe ennes, sino que se plan-
ea a modo de búsqueda incesan e; un p oceso
siemp e an abie o como la his o icidad de los
suje os que lo p ac ican,
y
a los cuales exp esa:
«Quién exp esa, qué exp esa, cómo exp esa. Las
es cues iones son solida ias, cuando se a a
de la e dad. Exp esa el homb e. Lo exp esado
p ima iamen e es el homb e mismo. Los modos
de exp esión son a ios, y la ciencia es uno de
ellos» (p.
45).
Y
pues o que la au en icidad
de la exp esión -su comp ensión- es an e io
a la e i icación, el e o no es menos
posi i o
que la e dad. También en él se hace p esencia
el Se pues, igual que la e dad, el e o es eal.
Po ende, incen i a a menudo la p axis cien í i-
ca, impulsa la dinámica his ó ica. «Incluso des-
pués de habe sido denunciado como al, lo
e óneo sigue siendo p omo o de nue as e le-
xiones, de inno aciones inespe adas» (p.
67).
El
e o , como la e dad, es una posibilidad que
alimen a la ocación cien í ica.
La azón enomenológica nos dice que hay
e o ; nos con ence de su posi i idad on ológica
po que el e o es un hecho e iden e. Sin emba -
go, el c édi o a la e idencia no ha de lle a nos a
c ee en la exis encia de « ai s b u s». «Los he-
chos se dan en conjun o. Las co elaciones am-
bién son da os. Mejo aún: son los e dade os
da os, po que eso que el posi i ismo conside ó
"el hecho posi i o" no es más que una abs ac-
ción.
Lo
posi i o es el con ex o eal: los hechos
o man unos sis emas
o
campos que se cap an
inmedia amen e0 (p. 124). Nos e e íamos a es a
comunicación cuando mencionábamos la azón
dialógica. Inhe en e a la ealidad, el o den (lo-
gos) es a uye la a monía a a és (diá) de los se-
es. El de eni ón ico es
dialéc ico.
Lo cual
-en iéndase bien- no signi ica con adic o io,
como han solido in e p e a cie as iloso ías
que se decla aban dialéc icas; la hegeliana, po
ejemplo.
Todos los enómenos son compa ibles en e
sí. Lo p ueba el que es én ahí, coexis iendo: son
hechos. En la ealidad no hay con adicción. Es-
a es un a ibu o lógico ( o mal del pensamien-
o. «Es ob io que ninguna cosa eal con a-dice
nada, pues o que no
dice
nada»
(p.
216).
La
a i mación y la negación son mecanismos discu -
si os, pe o su condición de posibilidad, la ea-
lidad subyacen e. es siemp e posi i a. También
el no-se . Gua démonos de pos ula la nega i i-
dad on ológica.
Y
muy especialmen e de absolu-
iza la, sen ando la Nada como p incipio. Me-
dian e la ausencia de Se los ilóso os sólo han
log ado concebi un iempo discon inuo, es de-
ci , i acional. «El no-se debe conside a se co-
mo ac o gené ico de la empo alidad, y és a
sólo es acional cuando es con inua. En es os
da os y azones iene que unda se una
dialéc-
ica posi i a»
(p.
2
18).
E iden emen e, el no-se exis e; luego es.
Nicol esuci a la a gumen ación pla ónica de El
So is a que in e p e a el no-se como al e idad.
La nega i idad es p incipio de de e minación;
Hegel es aba en lo cie o. Pe o se equi ocó al
imagina un de eni an i é ico de lo eal. La an-
í esis eside en la elación, que no modi ica la
na u aleza p opia de los é minos. Es os son (en
an o son) esis, siemp e posi i os. Cie o que
pa a esol e el p oblema íilosó ico del cambio,
hemos de acep a el no-se : la ca encia impulsa
el dinamismo. En palab as de Nicol, «el no-se
es el se que e a, an es de cambia de se . Es a
es la al e idad en la mismidad. Se es i siendo:
de eni es pe de se , sin pe de el se , ganan-
do o o se » (p. 254). Pe o la ealidad no in-
cluye la con adicción, po que los opues os son
posibilidades
del Se ; pe enecen al o den de lo
po encial, nunca al enoménico. Aho a bien, eso
no signi ica que la nega i idad se aloje en el ám-
bi o de lo posible, ya que incluso a las posibi-
lidades no ealizadas les econocemos posi i i-
dad, pues las p esuponemos al cons a a su no
ealización. En de ini i a, comp endemos el de-
eni si el no-se iene posi i idad; po el con-
a io, si es nega i o, induce la up u a y, con
ella, la pa alización de la his o ia.
El p incipal empeño de Edua do Nicol se ci-
a en asegu a la
acionalidad del iempo.
Pe o
desecha la acionalización subje i a a que lo ha
some ido la adición ilosó ica, pues sólo con-
duce - al el caso de Hegel- a una so is ica-
ción eó ica cuyo desenlace es jus o el con a-
io del pe seguido: up u a e i acionalidad se
dan la mano con la con adicción subje i a. Ni-
col quie e es i ui a la ó mula hegeliana «lo
eal es acional* su e dade o signi icado. La a-
zón es in ínseca a lo eal
y
sólo así queda legi i-
mada la acionalidad humana; no
a
la in e sa.
Po an o, el iempo es acional en sí mismo.
Su
condición de posibilidad no es iba en la his o i-
cidad del suje o humano, sino en la
ahis o icidad
del Se .
Aho a bien, es e desplazamien o hacia
la a empo alidad del Se absolu o in oduce una
p ecisión impo an e espec o a la in e ención
del homb e. Pues o que «el Se no iene azón
de se » (p.
122),
únicamen e podemos
da a-
zón
de la empo alidad del
se del en e.
La dia-
léc ica del cambio a ec a en exclusi a a los exis-
en es, de los que se p edican la a i mación
y
negación co ela i as. Sólo a ellos puede apli-
ca se el discu so humano..
.
po que sólo ellos lo
necesi an.
La plena e idencia de los se es no es me a-
men e pe cep i a; no nos iene dada.
«El
luga
de la p esencia e iden e es el logos.
Incluso es
posible que el logos e ec úe la p esen ación en
ausencia del obje o, o sea, sin el es imonio ac-
ual de los sen idos» (p. 232). Dijimos an e io -
men e que la azón es dia-lógica: o den que a a-
iesa la plu alidad de los en es; o lo que iene
a
se lo mismo: elación simbólica en la acep-
ción g iega del é mino; eso es, elación de com-
plemen a iedad. Aho a se nos alumb a el pleno
signi icado de es e concep o. El luga de la p e-
sencia e iden e es el
lenguaje
humano, en an o
comp ensión in e subje i a.
Los obje os sólo
exis en cuando los nomb amos, en lo que es
la ope ación inicial de la unción simbólica/dia-
léc ica. El ac o p ima io de da azón es el nom-
b a . «El nomb e no se lo damos a la cosa: ella
no lo ecibe ni lo exhibe. El nomb e se lo damos
a alguien pa a que en ienda de qué cosa es amos
hablando» (p. 231). Luego, pa a Nicol, la azón
es, sob e odo,
diálogo;
comunidad in e subje i-
a del lenguaje que obje i a la ealidad y le da
sen ido.
Apa en emen e, con es e concep o de azón
dialógica, hemos a anzado bien poco espec o
del adicional subje i ismo ilosó ico. Se di ía
que aho a el
szlje o
gene ado de ealidades que-
da sus i uido po la comunidad
in e subje i a.
Pe o que, de odos modos, segui emos iendo al
homb e ocupa un luga p i ilegiado
y
condicio-
nado . Sin emba go, nues as conclusiones acie -
an sólo a medias. Según es a concepción, el
homb e desempeña aún un papel decisi o, pe o
no en an o suje o del conocimien o, sino po su
modo de se .
En el mundo ini o, el Se se nos e ela en
o ma de physis. Ella es el se de los en es múl-
iples
y
di e enciados, que conc e iza la inde e -
minación de su undamen o. Po an o, se dis-
ingue del Se absolu o; cons i uye su modo de
se . En el homb e, esa di e encia on ológica ie-
ne acen uada po una sob ede e minación:
su
physis es logos.
Fue a de él, «en la ealidad na-
u al, no exis en elaciones simbólicas» (p. 229).
És as i umpen
en
el uni e so con la apa ición
del logos, es deci , de la especie humana. El Se
se desdobla po el ad enimien o del lenguaje.
No obs an e, la inmanencia del absolu o sale
indemne de es e acon ecimien o his ó ico. Nicol
nos lo indica al pun ualiza que la physis es el
modo de se , pe o ambién o igen: el logos se
basa en ella. Aho a bien, es a concepción me pa-
ece ambi alen e, pues nos da a la ez el lími e
pa a las p e ensiones del homb e
y
la ga an ía
de su p epo encia (po pasaje a que se nos anun-
cie). El homb e, po lo mismo que es un modo
de Se , ope a en és e como una
mu ación
in e -
na. Algo se ha al e ado en el Absolu o. El logos
posee sus p opias leyes, dis in as a las de la na-
u aleza o igina ia.
El
lenguaje adquie e au o-
nomía espec o de una ma e ia a la que esul a
indi e en e.
Y
sin emba go, desde que se p o-
dujo el nacimien o del p ime o, logos y physis
son insepa ables. Es a mu ua pe enencia -que
se obse a ya en la indisociabilidad del cue po
y
la pe sonalidad- se ep oduce en cada ac o
simbólico, con la emisión de la palab a: en la
pe ec a conjunción de sonido
y
signi icado, de
pe cepción
y
concep o.
La ma e ia,
sin
la cual no hab ía Se , no ie-
ne his o ia, po que es á exen a de las elaciones
simbólicas que desencadenan aquélla. Pe o ha
gene ado al se his ó ico po excelencia. La an-
sición del Se al modo de se no sólo ep esen a
la caída a al de lo e e no en el iempo hi o
-ab e además una posibilidad insóli a: la inci-
dencia del o den empo al en la e e nidad im-
pe u bable.
Si, desde el comienzo de su ob a, Nicol no
cesa de señala el luga decisi o del homb e en
la undamen ación adical de la ciencia, po
nues a pa e, noso os hemos in en ado descu-
b i lo en el análisis de su discu so. C eo que las
úl imas conside aciones nos pe mi en ol e al
pun o de pa ida, cuando nos p egun ábamos
po la compa ibilidad de e dad e his o ia des-
de la ciencia. Aho a sabemos que la undamen-
ación on ológica de su unidad pasa po los (cua-
o) p ime os p incipios: acionalidad de lo
eal, unidad
y
comunidad de la azón, unidad
y
comunidad de lo eal, empo alidad de lo eal
(p.
141).
Pe o ambién que és os cub en sólo la
ex e io idad del undamen o ín eg o. Po enci-
ma de ellos es á el hecho de que «la ocación
ue una p omoción in e na, y a la ez esul ó
modelado a. De sue e que ella es, en cie o
modo, condición de las condiciones: condición
de que se decla ase exp esamen e el undamen-
o eal de un sabe e dade o» (p. 141). La uni-
dad de la ciencia depende, en úl imo é mino,
del e hos humano.
Asimismo, en la exis encia del homb e se ha-
ce pa en e la elación exp esi a en e esencia y
apa iencia, de la que ambién hablamos al co-
mienzo. «La exis encia del se humano es una
con inuidad simbólica» (p. 239). Ac ualizando
una pa e de sus posibilidades a lo la go de su
ida: y desechandi o as que ambién le pe e-
necen, el homb e se exp esa a sí mismo, a su in-
e io idad, en cada acción e ec i a. Es, pues,
símbolo de sí mismo -complemen a io po
dual- y ambién dialéc ico, ya que su ida es
un discu i in e ecundan e de posibilidades
de Se . Po odo ello es el homb e ga an ía de
con inuidad, pues a as a consigo (en calidad
de po encial, haya sido o no ac ualizado) su p o-
pia biog a ía y la adición de la especie.
(En es e pun o, quizá se ía in e esan e oma
como e e encia el concep o de «exp esión»
y
analiza el campo que Nicol ab e a una eo ía
del lenguaje, en la que el sen ido adicional de
«exp esión», «signi icación» y « ep esen ación»
queda e o mulado, jun o a sus elaciones con
la e dad. Sin emba go, es ob io que azones
de espacio -ya excesi amen e ansg edido-
me lo impiden).
Hemos dicho que el homb e es símbolo del
homb e (sen encia debida a Pla ón) po que a lo
la go de su ida su u a la dualidad en e la exis-
encia que es en cada caso la suya y las posibili-
dades que le son p opias (ambos ó denes se
complemen an, man ienen una elación exp esi-
a). Pe o, sob e odo, nues a a i mación ad-
quie e su pleno signi icado cuando epa amos en
que odo se humano es una posibilidad
p opia
de cada uno de los demás. «El ú es una posi-
bilidad del yo» (p. 239). La au én ica elación
simbólica es la in e subje i a,
y
consis e en una
comunidad exis encial. De es a sue e, cons i u-
ye el más i me aside o de la iloso ía, po que
«en las más p imi i as expe iencias, el homb e
es conscien e de su comunidad on ológica con
los demás homb es,
y
de la di e encia en e ellos
y
el se no humano. ¿Qué
es
el homb e? No
hay más que e lo pa a sabe lo. Su se es á a
lo de piel» (p. 261).
Pe o ese con igu a se una comunidad dis in-
guiéndose de los demás se es susci a un g a e
p oblema. Al p ohibi le el solipsismo, le ab e
el in e ogan e sob e cuál es su ipo de elación
con una al e idad muy dis in a de la que media
en e el yo y el ú. He aquí la cues ión: El dis-
cu so del homb e e sa sob e la ealidad. Y, sin
emba go, no es á cla o que en e el lenguaje y
las cosas haya una elación simbólica, más allá
de la comp ensión en e suje os, de modo que los
en es na u ales no queden educidos a me a oca-
sión pa a la comunicación de los in e locu o es.
An es bien «el se no humano pa ece que no
in e iene en la elación simbólica sino como
pun o ex e io de e e encia» (p. 231).
Nicol lo o mula en é minos on ológicos, los
que a él le in e esan. Cons a a que «la physis na-
u al y la physis lógica son on ológicamen e i e-
duc ibles, y al mismo iempo, bio-lógicamen e
compa ibles»
(p.
264). Es un hecho que el hom-
b e habla
de
la ealidad; pe o no podemos a i -
ma la complemen a iedad en e ambos. Yo di-
ía que aquí es donde el homb e e e ec i amen-
e ebajadas sus p e ensiones c eado as, po que
igno a las condiciones que las posibili an. El
homb e, en an o se lógico, no puede
~LJY
azón
de su p opio undamen o. No concibe cómo pu-
do desp ende se el logos de una « ealidad i-lógi-
ca» (p. 258). Pe o sólo el escla ecimien o de la
génesis compo a ía el de los ac os simbólicos,
que la ec ean. El au o nos pone an e ese «mis-
e io de la palab a» en el úl imo capi ulo, que
me pa ece d amá ico y seduc o .
D amá ico po que Nicol llega al mis e io po
la ía de la cohe encia. Eje ci a la au oconcien-
cia al máximo sin imp imi le el mo imien o cen-
ípe o en el que abso be ía a la ealidad inco -
dian e. Pues supe a no se educe a ecupe a .
La au oconciencia no dice « ambién» sino «ade-
más». Sabe que planea no es un buen modo de
es a en lo al o; p e ie e emon a se. Po es o,
cuando desc ibe al homb e como sede de posi-
bilidades, el au o le obliga a p egun a se po
la de su p opio se .
Y
iel a su de inición, no le
concede a és e -1ogos- más es a u o on ológi-
co que el de se me amen e posible; po su o i-
gen y po su
in:
«Sabíamos que el logos e a
ad enedizo; debemos concebi lo además como
episódico» (p.
266).
Seduc o po que, dado el Se como una
se-
gu idad
en la que es amos y de la que pa en
igualmen e nues a exis encia y la p ác ica cien-
í ica, «de él no de i amos ines i ales» (pá-
gina 166). El Se es la ealidad; pe o el p o-
blema de la e dad queda abie o. Pues o que
-po su e idencia enoménica- al Se ya no
hace al a busca lo, de iene legí ima nues a de-
dicación a los en es.
Y
sin emba go..
.
el mis e io es á en el e-
nómeno: la
C i ica de la azón simbólica
culmi-
na así su in e sión del kan ismo.
Me c2 Rius
T anspa encies. Philosophycal Essays in Hono
o
J.
Fe a e Mo a,
edi ed by P iscilla Cohn,
Humani ies P ess, A lan ic Highlands, N.J.,
1981.
El des í d'un 6lbso que gaudeix de enom
in e nacional és el de acaba essen conegu
i
econegu
només
co n a ilbso , malg a ha e
ingu al es ocupacions, cu iosi a s o de ies. Es
el cas de Josep Fe a e Mo a a qui a es
anys li ou dedica un conjun d'assaigs amb el
í ol de
T anspa encies.
Un conjun d'assaigs,
pe b, que, co n bé comen a o lamen an -ho l'e-
di o a i enco a jado a de l'homena ge, P iscilla
Cohn, és un conjun de
philosophical essays,
un
ibu al ilbso i no a l'home i c eado que
anma eix és José Fe a e . Tan sols un dels es-
c i s, el del poe a Joan Oli e , glossa la igu a
de I'amic i no pa la del pensado .
Deixem, pe b, de banda aques a incon enien-
cia gai abé ine i able, pe di que els esc i s e-
colli s són e ec i amen « anspa encies», al
a
di , in e p e acions lúcides i c í iques subs an-
cioses d'un pensamen que, només pe que és
cohe en i igo ós, es deixa sin e i za en uns
e s onamen als
i
cons an s. Des del p i ne
llib e publica ,
Cóc el de e dad
(1935), íins el
penúl im (em e e eixo a a a I'ob a ilosb ica),
De la ma e ia a la azón
(1979), o es les ideas
i emes desen olupa s pe Fe a e Mo a, e-
ben el ac amen i l'a enció que es me eixen.
Lle a d'una excepció pe ec amen comp ensi-
ble, pe o lamen able: el da e llib e esmen a ,
De la ma e ia a la azón,
pe aons de emps
( ou publica en els momil s en que s'esc i ia
l'homena ge), no és conside a en de all i co n
cal pe cap dels au o s. J. L. A angu en, en la
In oducció que glossa o a la se ie d'esc i s, es
do1 mol jus amen d'aques a absencia, an més
que
De la ma e ia a la azón
és decididamen
una de les ob es majo s del ilbso homena ja .
Aques a e en uali a a que el ma eix Fe a e
Mo a, en l'úl im capí ol del olum, des ina a
comen a els a icles que 1í dediquen, es egi
obliga a e con ínues e e encies al seu da e
llib e on una g an pa de les ambigüi a s, equí-
ocs o de ec es d'esc i s an e io s s'han olgu
esold e.
Una cosa és l'opinió de P iscilla Cohn en e
un epis
i
alo ació del conjun de l'homena ge,
i o una al a l'opinió de Josep Fe a e . Si
c eiem en l'hon adesa dels seus comen a is i-
nals (i, co n el1 ma eix a egi ia, no enim aons
su icien s pe no e -ho), jo di ia que els a i-
cles el sa is an p ou, i po se pe dues aons bi-
siques: 1) pe que ce amen cons i uieixen un
compendi ben e de la «se a iloso ia» in eg a-
cionis a i con inuis a,
2)
pe que po se sia la p i-
me a egada que an sols de pas es a esmen
del
Dicciona io de Filoso ia
( o s sabem que l'au-
o d'aques a ob a admi able de uig se iden i-
ica només co n l'au o del
Dicciona io).
Penso
amb A angu en que l'obli , olun a i o in o-
lun a i, és injus , pe bé que complagui l'in-
e essa .
No és qües ió aquí de esumi un pe un els
esc i s ecolli s a
T anspa 2ncies.
En g ans e s,
pod iem dis ingi dos g ups di e en s. Els que es
e e eixen més di ec amen a qües ions susci a-
des pel me ode in eg acionis a i pe la idea de
que la eali a és un
con inuum:
p oblemes epis-
emolbgics, me odolbgics, on olbgics o lingüís-
ics, ac a s amb e iden compe encia i ima-
ginació pe M. Bunge, J. Eche e ía, J.
G.
Ca -
a ena, M. K ausz,
J.
Mugue za,
U.
Moulines,
G ace A. De Laguna o la ma eixa P iscilia
Cohn. To s ells es concen en en la in e p e a-
ció c í ica dels dos esc i s de Fe a e Mo a que,
in encionadamen , són ambé un
con inuum
me-
odolbgic:
El Se y la mue e
i
El Se y el sen-
ido
(el e ce de la se ie ha ia de se
De la
ma e ia a la azón).
Amb més o menys ese es,
comp ensió o simpa ia, l'in eg acionisme de Fe-
a e és is pels seus c í ics co n una on de
sugge encies i p egun es ilosb iques.