scieee Open visual document viewer

Ressenyes

Rius Santamaria, Mercè

Abstract

Index de les obres ressenyades: Eduardo NICOL, Crítica de la razón simbólica.

Full text

es elas, haciendo que un ipo de écnica caiga en desuso. No es compe encia mía juzga sob e la ob a de Ga cía Bacca en su o alidad. Basándome en el esc i o comen ado, ha é solamen e dos consi- de aciones. De un lado, son muy aliosos sus es ímulos e lexi os de ca a a la si uación ac ual de la ciencia, pe o, po o a pa e, queda mucho po o dena y p o undiza . El au o me deja con- c e amen e en la duda de si él ha pensado a on- do lo que es « aza es elas en la ma », lo cual, en é minos heidegge ianos, equi ald ía a e igi un mundo. ¿Cómo se compagina el que, de un lado, el camino no es é hecho, y, de o o, haya- mos de ia nos de la ciencia como es ue zo po conoce la ealidad al cual es? ¿Cuál es el c i- e io de dis inción en e la es ella que md ca el camino y la es ela de la des ucción? Raúl Gabás Edua do NICOL, C i ica de la azón simbólica, F.C.E., México, 1982. Me emo que la b e edad de una simple e- censión es incapaz de aba ca -ni siquie a p e- sun amen e- oda la complejidad de es a ú1- ima ob a de Edua do Nicol. Tengo pues un buen mo i o pa a abo da su con enido sin más odeos. La C i ica de la azón simbólica se p opone lle a a cabo la undamen ación de la ciencia como «sis ema de p oposiciones álidas con ca- ác e uni e sal y necesa io» (p. 167). Es a a- ea a añe a la iloso ía en un doble sen ido: l) A la iloso ía compe e el descub i los p inci- pios adicales de la ciencia. 2) Siendo a su ez «ciencia de la ciencia», ambién ella iene su condición de posibilidad en ales p incipios. De ahí que su unción consis a en descub i los, y no en gene a los a pa i de sí misma. Las disc epancias de Nicol espec o a las a- dicionales eo ías del conocimien o empiezan a mani es a se con el p opio í ulo de su ob a, de ob ia inspi ación kan iana. También se insinúa la éplica en la es uc u a, que gua da cie a ana- logía con la que Kan ins i uye a en su C í ica de la azón pu a. Me pa ece plausible lee la se- gunda pa e del lib o («Teo ía y mé odo de las si uaciones i ales. Rela i idad del espacio y el iempo») desde la Es é ica ascenden al; la e - ce a pa e («El undamen o a caico». «El p in- cipio ocacional y el e hos de la ciencia») desde la Analí ica; y podemos en ende la cua a pa e («Discu so sob e el mé odo») como una Dialéc- ica ascenden al que e ie e con a su au o p imigenio. Lo cie o es que, si que emos in e p e a el lib o de Edua do Nicol como o a c í ica de la azón «pu a», debemos ol ida nos de su acep- ción kan iana. «En su o ma cien í ica, la azón es pu a po que se p opone pu amen e cap a el se al como es en sí mismo, sin qui a le ni aña- di le nada» (p. 41). La pu eza de la azón eside en la in ención del suje o cognoscen e, y no se con unde con la as ingencia o mal pues con- sis e en una «p edisposición i al». Luego no es un asgo epis emológico sino exis encial. La azón es pu a po ocación del cien í ico; así la ida eje ce su in luencia posibili ado a en un ámbi o (conocimien o) del que había sido ex- cluida. Sin emba go, Nicol no a ibuye la debilidad de la iloso ía kan iana a la doc ina del suje o ascenden al. En su opinión, la cla e es el p o- blema de la ini ud, que él analiza desde una pe spec i a his o icis a. «La elación del pensa- mien o con un de e minado si us espacio- empo- al es indudablemen e un ac o de his o icidad. Es ambién el que comp ome e con se e idad mayo la in ención en la ciencia» (p. 56). E ec- i amen e, cada ac o de pensamien o se p oduce en el seno de una de e minada si uación que lo con igu a. Además, cada si uación es un acon- ecimien o singula que jamás se epi e. En con- secuencia, la e dad se halla some ida a una do- ble es icción. Inicialmen e (a) las coo dena- das espacio- empo ales en las que se insc ibe su nacimien o pa ecen p i a la de la libe ad que debe ía se le inhe en e, pues ac úan a modo de condicionamien o. Luego, (b) su p opia igencia queda comp ome ida; si la eje ce en un momen- o exclusi amen e singula izado de la cadena empo al, ya no puede egi pa a ninguno más. Resumiendo: O la e dad no exis e en nues o mundo (a), o sólo dis u amos una plu alidad de e dades que suplan an a la e dad (b). Los homb es nos las habe nos con e dades his ó icas, pe o cuya condición de posibilidad e- side en la Ve dad. Ella es la mismidad de nues- as sucesi as segu idades, la que pe mi e ag u- pa las bajo el ó ulo de e dades. Tal mismidad no de i a de una abs acción concep ual. No es lógico-lingüís ica, sino biológica: el asun o epis emológico de nues a necesidad exis encia1 de pe manencia. «Todas las o mas de e dad son his ó icas; a pesa de lo cual, iene que ha- be en cada una algún sopo e in a iable que pe mi a deci : es posible una e dad de opi- nión, es posible una e dad cien í ica. Es e so- po e es exis encial. Las opiniones e elan una mane a humana de elaciona se con las cosas que no es pasaje a, sino que esponde a nece- sidades i ales comunes» (p. 40). Más allá de la singula idad si uacional, las e dades en e- ejen la con inuidad que el homb e necesi a pa a i i . A ni el eó ico, es a exigencia equie e una nue a concepción del iempo. Sólo así e i- a emos que la unidad de la ciencia se ea dis- pe sada en el des ile de las eo ías. Po que la e dad en la ciencia no se iden i ica sin más con la e dad eó ica. Nicol dis ingue las e dades de eo ía y las e dades de he- cho; és as a su ez se di iden en e dades ác- icas y e dades de hecho p incipales. El p oble- ma de la e dad se plan ea cuando con undimos sus es o mas. Las eo ías son c eación huma- na; de ahí que su co espondencia con la ea- lidad no sea obse able inmedia amen e y no haya más e i icación que la sus i ución de unas po o as. Dis in o es el caso de las e dades ác icas, que se co igen co ejándolas con los he- chos. En cuan o a las e dades de hecho p inci- pales, ni siquie a admi en la con as ación; no la necesi an po que son «e idencias i ecusa- bles» (p. 72). Las azones de su «no adecua- ción» con la ealidad son jus amen e las opues- as a las de las eo ias. Y, sin emba go, los iló- so os han endido a con undi las, pensando que ambién los p ime os p incipios -y el Se en la cúspide de odos ellos- son e dades his ó i- cas, cuando en igo p eceden a oda his o ici- dad. Así Hegel, cuyo sis ema p e ende se des- pliegue del undamen o, como si a un sis ema eó ico le ue a posible gene a su p opia con- dición de posibilidad. Y es que la iloso ía adicional ha en endido la azón «pu a» como azón abs ac a. Gie a- men e, la azón es lógica: el o den y la medida que pe sis en, igiéndolo, a a és del de eni ón ico; eso es, logos. O mejo dicho, dia-lógica: lenguaje en el que se exp esa la complemen a- iedad en e los se es; eso es, simbolo. Nicol nos habla de la azón simbólica, pe o no o mal. Po que nos equi oca íamos buscando la com- plemen a iedad en una supues a es uc u a lógi- ca de la ealidad. La unción simbólica se inicia con el ac o de nomb a , p emisa an e io a cual- quie p oceso de in e encia. También an e io a odo in en o de e i icación, ya que el nomb e es obje i ación de la ealidad. Lógica o mal y e dad eó ica le esul an -en p incipio- indi- e en es. La ealidad se nos hace pa en e po sí mis- ma. Es enómeno que no ocul a as de sí a la « e dade a» esencia. Pa a descub i lo se bas a la azón enomenológica. El Se es da o; es á a la is a. No es cie o que el homb e deba des- ela lo, como p edican incluso los enomenólo- gos y Heidegge en e ellos. «No hay que em- p ende ningún camino pa a pa icipa del Se : bas a con se y con e y con habla » (p. 179 ). El Se es la ealidad; y es a jamás nos engaña. Incluso el e o pa icipa de ella. Además, la descon ianza común an e las apa iencias ca ece de sen ido en iloso ía, ya que aquí la pu eza de la azón consis e en una ocación de e dad, p e- ia a la posible caída en el e o , siemp e con- ingen e. La in ención p ima sob e las conse- cuencias. Hay que epensa la in e p e ación usual de la dico omía esencia/apa iencia. Así subsana emos lo que ue ambién el allo kan- iano: conside a que la ini ud del suje o se a- duce en la imposibilidad de conoce el nóumeno. El absolu o no es ascenden e; nos desbo da p ecisamen e po su inmanencia, po que es a- mos en él. El absolu o es el hecho de que hay Se ; po doquie , siemp e. En e esencia y apa iencia no es á en juego la e dad, sino una elación exp esi a. Po eso la e dad de la ciencia pe manece a sal o, di e en- e de una adecuación en e eo ias y ealidad, en endida más bien como au en icidad de la exp esión en que consis e. El quehace cien í i- co no se p opone la adquisición p og esi a de e dades acabadas y pe ennes, sino que se plan- ea a modo de búsqueda incesan e; un p oceso siemp e an abie o como la his o icidad de los suje os que lo p ac ican, y a los cuales exp esa: «Quién exp esa, qué exp esa, cómo exp esa. Las es cues iones son solida ias, cuando se a a de la e dad. Exp esa el homb e. Lo exp esado p ima iamen e es el homb e mismo. Los modos de exp esión son a ios, y la ciencia es uno de ellos» (p. 45). Y pues o que la au en icidad de la exp esión -su comp ensión- es an e io a la e i icación, el e o no es menos posi i o que la e dad. También en él se hace p esencia el Se pues, igual que la e dad, el e o es eal. Po ende, incen i a a menudo la p axis cien í i- ca, impulsa la dinámica his ó ica. «Incluso des- pués de habe sido denunciado como al, lo e óneo sigue siendo p omo o de nue as e le- xiones, de inno aciones inespe adas» (p. 67). El e o , como la e dad, es una posibilidad que alimen a la ocación cien í ica. La azón enomenológica nos dice que hay e o ; nos con ence de su posi i idad on ológica po que el e o es un hecho e iden e. Sin emba - go, el c édi o a la e idencia no ha de lle a nos a c ee en la exis encia de « ai s b u s». «Los he- chos se dan en conjun o. Las co elaciones am- bién son da os. Mejo aún: son los e dade os da os, po que eso que el posi i ismo conside ó "el hecho posi i o" no es más que una abs ac- ción. Lo posi i o es el con ex o eal: los hechos o man unos sis emas o campos que se cap an inmedia amen e0 (p. 124). Nos e e íamos a es a comunicación cuando mencionábamos la azón dialógica. Inhe en e a la ealidad, el o den (lo- gos) es a uye la a monía a a és (diá) de los se- es. El de eni ón ico es dialéc ico. Lo cual -en iéndase bien- no signi ica con adic o io, como han solido in e p e a cie as iloso ías que se decla aban dialéc icas; la hegeliana, po ejemplo. Todos los enómenos son compa ibles en e sí. Lo p ueba el que es én ahí, coexis iendo: son hechos. En la ealidad no hay con adicción. Es- a es un a ibu o lógico ( o mal del pensamien- o. «Es ob io que ninguna cosa eal con a-dice nada, pues o que no dice nada» (p. 216). La a i mación y la negación son mecanismos discu - si os, pe o su condición de posibilidad, la ea- lidad subyacen e. es siemp e posi i a. También el no-se . Gua démonos de pos ula la nega i i- dad on ológica. Y muy especialmen e de absolu- iza la, sen ando la Nada como p incipio. Me- dian e la ausencia de Se los ilóso os sólo han log ado concebi un iempo discon inuo, es de- ci , i acional. «El no-se debe conside a se co- mo ac o gené ico de la empo alidad, y és a sólo es acional cuando es con inua. En es os da os y azones iene que unda se una dialéc- ica posi i a» (p. 2 18). E iden emen e, el no-se exis e; luego es. Nicol esuci a la a gumen ación pla ónica de El So is a que in e p e a el no-se como al e idad. La nega i idad es p incipio de de e minación; Hegel es aba en lo cie o. Pe o se equi ocó al imagina un de eni an i é ico de lo eal. La an- í esis eside en la elación, que no modi ica la na u aleza p opia de los é minos. Es os son (en an o son) esis, siemp e posi i os. Cie o que pa a esol e el p oblema íilosó ico del cambio, hemos de acep a el no-se : la ca encia impulsa el dinamismo. En palab as de Nicol, «el no-se es el se que e a, an es de cambia de se . Es a es la al e idad en la mismidad. Se es i siendo: de eni es pe de se , sin pe de el se , ganan- do o o se » (p. 254). Pe o la ealidad no in- cluye la con adicción, po que los opues os son posibilidades del Se ; pe enecen al o den de lo po encial, nunca al enoménico. Aho a bien, eso no signi ica que la nega i idad se aloje en el ám- bi o de lo posible, ya que incluso a las posibi- lidades no ealizadas les econocemos posi i i- dad, pues las p esuponemos al cons a a su no ealización. En de ini i a, comp endemos el de- eni si el no-se iene posi i idad; po el con- a io, si es nega i o, induce la up u a y, con ella, la pa alización de la his o ia. El p incipal empeño de Edua do Nicol se ci- a en asegu a la acionalidad del iempo. Pe o desecha la acionalización subje i a a que lo ha some ido la adición ilosó ica, pues sólo con- duce - al el caso de Hegel- a una so is ica- ción eó ica cuyo desenlace es jus o el con a- io del pe seguido: up u a e i acionalidad se dan la mano con la con adicción subje i a. Ni- col quie e es i ui a la ó mula hegeliana «lo eal es acional* su e dade o signi icado. La a- zón es in ínseca a lo eal y sólo así queda legi i- mada la acionalidad humana; no a la in e sa. Po an o, el iempo es acional en sí mismo. Su condición de posibilidad no es iba en la his o i- cidad del suje o humano, sino en la ahis o icidad del Se . Aho a bien, es e desplazamien o hacia la a empo alidad del Se absolu o in oduce una p ecisión impo an e espec o a la in e ención del homb e. Pues o que «el Se no iene azón de se » (p. 122), únicamen e podemos da a- zón de la empo alidad del se del en e. La dia- léc ica del cambio a ec a en exclusi a a los exis- en es, de los que se p edican la a i mación y negación co ela i as. Sólo a ellos puede apli- ca se el discu so humano.. . po que sólo ellos lo necesi an. La plena e idencia de los se es no es me a- men e pe cep i a; no nos iene dada. «El luga de la p esencia e iden e es el logos. Incluso es posible que el logos e ec úe la p esen ación en ausencia del obje o, o sea, sin el es imonio ac- ual de los sen idos» (p. 232). Dijimos an e io - men e que la azón es dia-lógica: o den que a a- iesa la plu alidad de los en es; o lo que iene a se lo mismo: elación simbólica en la acep- ción g iega del é mino; eso es, elación de com- plemen a iedad. Aho a se nos alumb a el pleno signi icado de es e concep o. El luga de la p e- sencia e iden e es el lenguaje humano, en an o comp ensión in e subje i a. Los obje os sólo exis en cuando los nomb amos, en lo que es la ope ación inicial de la unción simbólica/dia- léc ica. El ac o p ima io de da azón es el nom- b a . «El nomb e no se lo damos a la cosa: ella no lo ecibe ni lo exhibe. El nomb e se lo damos a alguien pa a que en ienda de qué cosa es amos hablando» (p. 231). Luego, pa a Nicol, la azón es, sob e odo, diálogo; comunidad in e subje i- a del lenguaje que obje i a la ealidad y le da sen ido. Apa en emen e, con es e concep o de azón dialógica, hemos a anzado bien poco espec o del adicional subje i ismo ilosó ico. Se di ía que aho a el szlje o gene ado de ealidades que- da sus i uido po la comunidad in e subje i a. Pe o que, de odos modos, segui emos iendo al homb e ocupa un luga p i ilegiado y condicio- nado . Sin emba go, nues as conclusiones acie - an sólo a medias. Según es a concepción, el homb e desempeña aún un papel decisi o, pe o no en an o suje o del conocimien o, sino po su modo de se . En el mundo ini o, el Se se nos e ela en o ma de physis. Ella es el se de los en es múl- iples y di e enciados, que conc e iza la inde e - minación de su undamen o. Po an o, se dis- ingue del Se absolu o; cons i uye su modo de se . En el homb e, esa di e encia on ológica ie- ne acen uada po una sob ede e minación: su physis es logos. Fue a de él, «en la ealidad na- u al, no exis en elaciones simbólicas» (p. 229). És as i umpen en el uni e so con la apa ición del logos, es deci , de la especie humana. El Se se desdobla po el ad enimien o del lenguaje. No obs an e, la inmanencia del absolu o sale indemne de es e acon ecimien o his ó ico. Nicol nos lo indica al pun ualiza que la physis es el modo de se , pe o ambién o igen: el logos se basa en ella. Aho a bien, es a concepción me pa- ece ambi alen e, pues nos da a la ez el lími e pa a las p e ensiones del homb e y la ga an ía de su p epo encia (po pasaje a que se nos anun- cie). El homb e, po lo mismo que es un modo de Se , ope a en és e como una mu ación in e - na. Algo se ha al e ado en el Absolu o. El logos posee sus p opias leyes, dis in as a las de la na- u aleza o igina ia. El lenguaje adquie e au o- nomía espec o de una ma e ia a la que esul a indi e en e. Y sin emba go, desde que se p o- dujo el nacimien o del p ime o, logos y physis son insepa ables. Es a mu ua pe enencia -que se obse a ya en la indisociabilidad del cue po y la pe sonalidad- se ep oduce en cada ac o simbólico, con la emisión de la palab a: en la pe ec a conjunción de sonido y signi icado, de pe cepción y concep o. La ma e ia, sin la cual no hab ía Se , no ie- ne his o ia, po que es á exen a de las elaciones simbólicas que desencadenan aquélla. Pe o ha gene ado al se his ó ico po excelencia. La an- sición del Se al modo de se no sólo ep esen a la caída a al de lo e e no en el iempo hi o -ab e además una posibilidad insóli a: la inci- dencia del o den empo al en la e e nidad im- pe u bable. Si, desde el comienzo de su ob a, Nicol no cesa de señala el luga decisi o del homb e en la undamen ación adical de la ciencia, po nues a pa e, noso os hemos in en ado descu- b i lo en el análisis de su discu so. C eo que las úl imas conside aciones nos pe mi en ol e al pun o de pa ida, cuando nos p egun ábamos po la compa ibilidad de e dad e his o ia des- de la ciencia. Aho a sabemos que la undamen- ación on ológica de su unidad pasa po los (cua- o) p ime os p incipios: acionalidad de lo eal, unidad y comunidad de la azón, unidad y comunidad de lo eal, empo alidad de lo eal (p. 141). Pe o ambién que és os cub en sólo la ex e io idad del undamen o ín eg o. Po enci- ma de ellos es á el hecho de que «la ocación ue una p omoción in e na, y a la ez esul ó modelado a. De sue e que ella es, en cie o modo, condición de las condiciones: condición de que se decla ase exp esamen e el undamen- o eal de un sabe e dade o» (p. 141). La uni- dad de la ciencia depende, en úl imo é mino, del e hos humano. Asimismo, en la exis encia del homb e se ha- ce pa en e la elación exp esi a en e esencia y apa iencia, de la que ambién hablamos al co- mienzo. «La exis encia del se humano es una con inuidad simbólica» (p. 239). Ac ualizando una pa e de sus posibilidades a lo la go de su ida: y desechandi o as que ambién le pe e- necen, el homb e se exp esa a sí mismo, a su in- e io idad, en cada acción e ec i a. Es, pues, símbolo de sí mismo -complemen a io po dual- y ambién dialéc ico, ya que su ida es un discu i in e ecundan e de posibilidades de Se . Po odo ello es el homb e ga an ía de con inuidad, pues a as a consigo (en calidad de po encial, haya sido o no ac ualizado) su p o- pia biog a ía y la adición de la especie. (En es e pun o, quizá se ía in e esan e oma como e e encia el concep o de «exp esión» y analiza el campo que Nicol ab e a una eo ía del lenguaje, en la que el sen ido adicional de «exp esión», «signi icación» y « ep esen ación» queda e o mulado, jun o a sus elaciones con la e dad. Sin emba go, es ob io que azones de espacio -ya excesi amen e ansg edido- me lo impiden). Hemos dicho que el homb e es símbolo del homb e (sen encia debida a Pla ón) po que a lo la go de su ida su u a la dualidad en e la exis- encia que es en cada caso la suya y las posibili- dades que le son p opias (ambos ó denes se complemen an, man ienen una elación exp esi- a). Pe o, sob e odo, nues a a i mación ad- quie e su pleno signi icado cuando epa amos en que odo se humano es una posibilidad p opia de cada uno de los demás. «El ú es una posi- bilidad del yo» (p. 239). La au én ica elación simbólica es la in e subje i a, y consis e en una comunidad exis encial. De es a sue e, cons i u- ye el más i me aside o de la iloso ía, po que «en las más p imi i as expe iencias, el homb e es conscien e de su comunidad on ológica con los demás homb es, y de la di e encia en e ellos y el se no humano. ¿Qué es el homb e? No hay más que e lo pa a sabe lo. Su se es á a lo de piel» (p. 261). Pe o ese con igu a se una comunidad dis in- guiéndose de los demás se es susci a un g a e p oblema. Al p ohibi le el solipsismo, le ab e el in e ogan e sob e cuál es su ipo de elación con una al e idad muy dis in a de la que media en e el yo y el ú. He aquí la cues ión: El dis- cu so del homb e e sa sob e la ealidad. Y, sin emba go, no es á cla o que en e el lenguaje y las cosas haya una elación simbólica, más allá de la comp ensión en e suje os, de modo que los en es na u ales no queden educidos a me a oca- sión pa a la comunicación de los in e locu o es. An es bien «el se no humano pa ece que no in e iene en la elación simbólica sino como pun o ex e io de e e encia» (p. 231). Nicol lo o mula en é minos on ológicos, los que a él le in e esan. Cons a a que «la physis na- u al y la physis lógica son on ológicamen e i e- duc ibles, y al mismo iempo, bio-lógicamen e compa ibles» (p. 264). Es un hecho que el hom- b e habla de la ealidad; pe o no podemos a i - ma la complemen a iedad en e ambos. Yo di- ía que aquí es donde el homb e e e ec i amen- e ebajadas sus p e ensiones c eado as, po que igno a las condiciones que las posibili an. El homb e, en an o se lógico, no puede ~LJY azón de su p opio undamen o. No concibe cómo pu- do desp ende se el logos de una « ealidad i-lógi- ca» (p. 258). Pe o sólo el escla ecimien o de la génesis compo a ía el de los ac os simbólicos, que la ec ean. El au o nos pone an e ese «mis- e io de la palab a» en el úl imo capi ulo, que me pa ece d amá ico y seduc o . D amá ico po que Nicol llega al mis e io po la ía de la cohe encia. Eje ci a la au oconcien- cia al máximo sin imp imi le el mo imien o cen- ípe o en el que abso be ía a la ealidad inco - dian e. Pues supe a no se educe a ecupe a . La au oconciencia no dice « ambién» sino «ade- más». Sabe que planea no es un buen modo de es a en lo al o; p e ie e emon a se. Po es o, cuando desc ibe al homb e como sede de posi- bilidades, el au o le obliga a p egun a se po la de su p opio se . Y iel a su de inición, no le concede a és e -1ogos- más es a u o on ológi- co que el de se me amen e posible; po su o i- gen y po su in: «Sabíamos que el logos e a ad enedizo; debemos concebi lo además como episódico» (p. 266). Seduc o po que, dado el Se como una se- gu idad en la que es amos y de la que pa en igualmen e nues a exis encia y la p ác ica cien- í ica, «de él no de i amos ines i ales» (pá- gina 166). El Se es la ealidad; pe o el p o- blema de la e dad queda abie o. Pues o que -po su e idencia enoménica- al Se ya no hace al a busca lo, de iene legí ima nues a de- dicación a los en es. Y sin emba go.. . el mis e io es á en el e- nómeno: la C i ica de la azón simbólica culmi- na así su in e sión del kan ismo. Me c2 Rius T anspa encies. Philosophycal Essays in Hono o J. Fe a e Mo a, edi ed by P iscilla Cohn, Humani ies P ess, A lan ic Highlands, N.J., 1981. El des í d'un 6lbso que gaudeix de enom in e nacional és el de acaba essen conegu i econegu només co n a ilbso , malg a ha e ingu al es ocupacions, cu iosi a s o de ies. Es el cas de Josep Fe a e Mo a a qui a es anys li ou dedica un conjun d'assaigs amb el í ol de T anspa encies. Un conjun d'assaigs, pe b, que, co n bé comen a o lamen an -ho l'e- di o a i enco a jado a de l'homena ge, P iscilla Cohn, és un conjun de philosophical essays, un ibu al ilbso i no a l'home i c eado que anma eix és José Fe a e . Tan sols un dels es- c i s, el del poe a Joan Oli e , glossa la igu a de I'amic i no pa la del pensado . Deixem, pe b, de banda aques a incon enien- cia gai abé ine i able, pe di que els esc i s e- colli s són e ec i amen « anspa encies», al a di , in e p e acions lúcides i c í iques subs an- cioses d'un pensamen que, només pe que és cohe en i igo ós, es deixa sin e i za en uns e s onamen als i cons an s. Des del p i ne llib e publica , Cóc el de e dad (1935), íins el penúl im (em e e eixo a a a I'ob a ilosb ica), De la ma e ia a la azón (1979), o es les ideas i emes desen olupa s pe Fe a e Mo a, e- ben el ac amen i l'a enció que es me eixen. Lle a d'una excepció pe ec amen comp ensi- ble, pe o lamen able: el da e llib e esmen a , De la ma e ia a la azón, pe aons de emps ( ou publica en els momil s en que s'esc i ia l'homena ge), no és conside a en de all i co n cal pe cap dels au o s. J. L. A angu en, en la In oducció que glossa o a la se ie d'esc i s, es do1 mol jus amen d'aques a absencia, an més que De la ma e ia a la azón és decididamen una de les ob es majo s del ilbso homena ja . Aques a e en uali a a que el ma eix Fe a e Mo a, en l'úl im capí ol del olum, des ina a comen a els a icles que 1í dediquen, es egi obliga a e con ínues e e encies al seu da e llib e on una g an pa de les ambigüi a s, equí- ocs o de ec es d'esc i s an e io s s'han olgu esold e. Una cosa és l'opinió de P iscilla Cohn en e un epis i alo ació del conjun de l'homena ge, i o una al a l'opinió de Josep Fe a e . Si c eiem en l'hon adesa dels seus comen a is i- nals (i, co n el1 ma eix a egi ia, no enim aons su icien s pe no e -ho), jo di ia que els a i- cles el sa is an p ou, i po se pe dues aons bi- siques: 1) pe que ce amen cons i uieixen un compendi ben e de la «se a iloso ia» in eg a- cionis a i con inuis a, 2) pe que po se sia la p i- me a egada que an sols de pas es a esmen del Dicciona io de Filoso ia ( o s sabem que l'au- o d'aques a ob a admi able de uig se iden i- ica només co n l'au o del Dicciona io). Penso amb A angu en que l'obli , olun a i o in o- lun a i, és injus , pe bé que complagui l'in- e essa . No és qües ió aquí de esumi un pe un els esc i s ecolli s a T anspa 2ncies. En g ans e s, pod iem dis ingi dos g ups di e en s. Els que es e e eixen més di ec amen a qües ions susci a- des pel me ode in eg acionis a i pe la idea de que la eali a és un con inuum: p oblemes epis- emolbgics, me odolbgics, on olbgics o lingüís- ics, ac a s amb e iden compe encia i ima- ginació pe M. Bunge, J. Eche e ía, J. G. Ca - a ena, M. K ausz, J. Mugue za, U. Moulines, G ace A. De Laguna o la ma eixa P iscilia Cohn. To s ells es concen en en la in e p e a- ció c í ica dels dos esc i s de Fe a e Mo a que, in encionadamen , són ambé un con inuum me- odolbgic: El Se y la mue e i El Se y el sen- ido (el e ce de la se ie ha ia de se De la ma e ia a la azón). Amb més o menys ese es, comp ensió o simpa ia, l'in eg acionisme de Fe- a e és is pels seus c í ics co n una on de sugge encies i p egun es ilosb iques.